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Luis Fernando Barrera Delgado Ilustración Manuella del Pilar Gómez Roldán

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Luis Fernando Barrera Delgado Ilustración Manuella del Pilar Gómez Roldan

CAZADOR

Cazado

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© Institución Universitaria Politécnico Grancolombiano Cazador cazado Noviembre de 2021 Editorial Politécnico Grancolombiano Calle 57 No. 3-00 este Tel: 7455555 Ext. 1516 Bogotá, Colombia.

ISBN: 978-628-7534-32-2

ISBN Digital: 978-628-7534-29-2

AUTOR

Luis Fernando Barrera Delgado

DISEÑO E ILUSTRACIÓN

Manuella del Pilar Gómez Roldan

EDITORAS

Victoria Eugenia Peters Rada Marcela Fernanda Téllez Pedraza

DIRECTOR EDITORIAL

Eduardo Norman Acevedo

LÍDER DE PUBLICACIONES

Carlos Eduardo Daza Orozco

CORRECCIÓN DE ESTILO

Marcela Fernanda Téllez Pedraza Xpress Estudio Gráfico y Digital Creado en Colombia Todos los derechos reservados.

No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su incorporación a un sistema informático, ni su tratamiento en cualquier forma o medio existentes o por existir, sin el permiso previo y por escrito de la Editorial de la Institución Universitaria Politécnico Grancolombiano.

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La Editorial del Politécnico Grancolombiano pertenece a la Asociación de Editoriales Universitarias de Colombia (ASEUC)

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Este libro va dedicado para todas aquellas personas a quienes su ser querido se ha ido en unas vacaciones indefinidas, aunque los extrañamos profundamente confiamos en que nos volveremos a ver.

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Un gran pastizal, unos enormes árboles y un granero color rojo que papá pintó hace unos días, rodean el castillo, nombre que le puse a mi casa. Aquí vivimos mi padre y yo, aunque la granja es muy grande y hay mucho espacio, mi madre vive en mi corazón y así mismo en el de papá, ya que hace unos días se fue de viaje sin decir adiós. El rey del castillo le dijo a su hijo, el príncipe, que la reina se fue de vacaciones.

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Con mi madre acostumbrábamos a madrugar todos los días para ir a recoger los huevos donde doña Rita y Jazmín, mis dos gallinas. Siempre nos tenían unas cuantas unidades para preparar el desayuno que, por supuesto, iba acompañado de un pedazo de pan y una taza de café, a decir verdad nunca me gustó el café de papá, pero él lo hacía con tanto cariño para nosotros que terminaba pidiendo un taza más.

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Todo ha cambiado desde que la reina se fue de vacaciones, pero papá ha mencionado que no se demorará en volver, lo que me ha puesto un poco travieso y con muchas ideas para jugarle bromas a mi padre.

Un día, abrí mis ojos para saber si papá ya estaba despierto y así poder asustarlo, lo que no sabía es que él también me estaba mirando y quien cayó en la broma fui yo, ya que pegué un gran salto de tremendo susto.

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Me levanté junto a papá y desayunamos, me lavé los dientes y tendí la cama, luego recordé que Rita me estaba llamando, ya que es la gallina más ruidosa de todas las granjas; de inmediato salí corriendo y por sorpresa vi que había tenido unos cuantos pollitos, lo que me hizo pensar que a mi madre le encantaría esa noticia. Me senté afuera del granero un poco triste ya que Rita me picoteó al intentar agarrar uno de sus hijos, tal vez eso se debe sentir al ser mamá, y espero que mi madre al llegar de vacaciones no picotee a nadie que intente abrazarme.

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Cuando estaba allí sentado y luego de un lapso de tiempo, vi que papá salió de la casa con ese overol de soldado que usa para esconderse, una gran escopeta y unos cuantos cartuchos, que sinceramente desconozco para qué los usa mi padre mientras está en el bosque.

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Salí corriendo para detenerlo y poder jugar un rato, pero él me apartó hacia un lado poniendo su cara de enojo, por supuesto logré entender que debía entrar a casa y quedarme allí adentro. En esa ocasión no le hice caso y fui detrás de él ya que quería saber lo que hacía estando en el bosque.

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Mi padre entró al bosque, y luego de un rato, mientras lo perseguía y evitaba ser descubierto, vi que se detuvo al observar un grupo de venados frente a él, los mismos animales que tengo en Bambie, uno de mis cuentos. Al igual que papá, me sorprendí de inmediato cuando vi a esos venados, más sin embargo, no pude hacer ningún movimiento ya que mi padre podría descubrirme, así que me escondí detrás de un árbol y al estar allí completamente quieto, escuché un fuerte estruendo.

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Me levanté de inmediato y vi que la mamá de Bambie estaba en el piso, también percibí un color rojo en la garganta del venado, pero no comprendí lo que estaba pasando. Con bastante prisa, mi padre corrió hacia los venados y con un objeto afilado similar a un cuchillo, cortó el cuello de cada uno de ellos, lo cual hizo que unas cuantas gotas de sangre salpicaran su rosto.

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Mi padre tomó a los venados, sacó una bolsa de tela y los guardó bastante apurado, seguramente porque sabía que alguien esperaba por él en casa; así que corrí lo más rápido que pude para que no me descubriera y por fortuna logré llegar mucho antes que él.

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Cuando llegó a la casa se dirigió de inmediato al granero a esconder los venados, pero tristemente yo ya había presenciado la tragedia y por segunda vez observaba aquellos pobres animales. Ese día no hubo cena ya que papá manifestó que se encontraba muy cansado, así que sin poder interrogarlo nos acostamos a dormir.

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Al día siguiente me sentí bastante extraño, cuando abrí mis ojos mi padre estaba llorando, lo que pude comprender fue que no respondí a su llamado, pero a decir verdad no escuché absolutamente nada. Con un poco de fiebre y un poco mareado, desayuné junto a papá y como es costumbre salí camino al granero en busca de mis gallinas.

Estando allí sentí un cosquilleo por todo el cuerpo, era semejante a muchas hormigas caminando sobre mí, así que me asusté y quise volver donde papá, pero en cuestión de segundos caí al suelo.

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Mi padre, quien me observaba desde la casa, salió corriendo a ayudarme, y al levantarme notó que unas llagas brotaban de mi cuerpo, que mis ojos estaban completamente rojos, que mi boca tenía una baba blanca e inclusive que mis movimientos eran extraños, por eso entendió lo que me sucedía y con lágrimas en sus ojos me amarró con unas pesadas cadenas al borde de donde dormían las gallinas. Cuando abrí mis ojos me lancé de inmediato a morder a papá y él en una repentina reacción, sacó el mismo objeto afilado que usó con los venados y lo atravesó alrededor de mi cuello. Sentí mucho dolor, pero rápidamente fui perdiendo la noción a la vez que me iba desplomando en el granero.

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Por fin encontré a mamá, y me percaté de que nunca estuvo de vacaciones, ella desafortunadamente había fallecido, y papá, con la intención de no hacerme sufrir, me lo ocultó. Caso contrario le sucedió a él, quien sufrió la muerte de su esposa y, poco tiempo después, la pérdida de todos los animales de la granja debido a esas gotas de sangre que se esparcieron cuando mató a aquellos venados. Ese fue el inicio de un virus que acabó con todo, incluso con mi propia vida.

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En ocasiones nos contagiamos de un virus, que sin darnos cuenta termina dañando a nuestros seres queridos más que a nosotros mismos. Cazador cazado es la muestra de una historia en la que un padre nos sorprende por las decisiones que debe tomar.

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U n gran pastizal, unos enormes árboles y un granero color rojo que papá pintó hace unos días, rodean el castillo, nombre que le puse a mi casa. Aquí vivimos mi padre y yo, aunque la granja es muy grande y hay mucho espacio, mi madre vive en mi corazón y así mismo en el de papá, ya que hace unos días se fue de viaje sin decir adiós. El rey del castillo le dijo a su hijo, el príncipe, que la reina se fue de vacaciones.

Cita: Barrera Delgado, Luis Fernando, Gómez Roldan, Manuella del Pilar (2021), Cazador Cazado, Politécnico Grancolombiano, p. N. http://hdl.handle.net/10823/6491