UNA REFLEXIÓN ACERCA DE LOS ADOLESCENTES Y LOS ADULTOS
PRESENTES EN LA FAMILIA
CAMILA ZARATE SIERRA
UNIVERSIDAD EL BOSQUE
FACULTAD DE MEDICINA
ESPECIALIZACIÓN EN SALUD FAMILIAR Y COMUNITARIA
BOGOTÁ
2024
TABLA DE CONTENIDO
AGRADECIMIENTOS ................................................................................................................... 3 RESUMEN ...................................................................................................................................... 4 ABSTRACT ................................................................................................................................ 5 HABLAR DE LA FAMILIA .......................................................................................................... 6 LOS ADULTOS NO SON EXPERTOS ....................................................................................... 12 LA ADOLESCENCIA NO ES UN SIGNO AISLADO ............................................................... 16 ¿QUÉ ES LO COMÚN EN LAS FAMILIAS? ............................................................................. 21 LA FAMILIA ES PÚBLICA ........................................................................................................ 24 SALUD FAMILIAR Y COMUNITARIA .................................................................................... 26 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS .......................................................................................... 28
AGRADECIMIENTOS
A mis padres y a mi hermano.
A mi familia por permitirme ser. Por darme vida y acompañarme en ella, gracias.
RESUMEN
El texto reflexiona sobre las relaciones entre adolescentes y adultos dentro de las familias, destacando cómo las dinámicas de poder, la comunicación y los cambios socioculturales las afectan. A partir de una perspectiva personal, se analizan los retos de generaciones influenciadas por modelos patriarcales al adaptarse a estructuras más democráticas. Se resalta la necesidad de politizar estas interacciones, fomentando un diálogo auténtico que transforme las familias en espacios de colaboración. Basándose en autores como Foucault, Freire y Bauman, se plantea que la familia debe trascender su carácter privado y asumir un rol público con impacto en la sociedad. En última instancia, propone avanzar hacia modelos familiares inclusivos y democráticos para construir una sociedad más equitativa.
PALABRAS CLAVE:
Familia, adolescentes, comunicación, dinámicas familiares, realidades sociales.
ABSTRACT
The text reflects on the relationships between adolescents and adults within families, highlighting how power dynamics, communication and socio-cultural changes affect them. From a personal perspective, it analyzes the challenges of generations influenced by patriarchal models in adapting to more democratic structures. It highlights the need to politicize these interactions, fostering an authentic dialogue that transforms families into collaborative spaces. Based on authors such as Foucault, Freire and Bauman, it is proposed that the family must transcend its private character and assume a public role with an impact on society. Ultimately, it proposes moving towards inclusive and democratic family models to build a more equitable society.
KEY WORDS:
Family, adolescent, adult, family dynamics, social realities.
HABLAR DE LA FAMILIA
Hoy Tengo 26 años y ya no vivo en casa con mis padres, ni siquiera en el mismo municipio. Considero que he tenido todas las oportunidades que dentro de sus alcances me han podido brindar, pero también he llegado a sentir que desde la adolescencia nuestra comunicación se ha transformado, podría decir incluso que a veces se ha roto. Hablar de mi vida y mi experiencia resulta un tanto terapéutico porque a veces creo no ser consciente de mi realidad, de mis pensamientos; al ahondar en mi familia, espero crear un texto que me ayude recrear cuales han sido las circunstancias que han marcado mi vida entorno a la comunicación en mi familia, específicamente con mis padres. Ellos son personas que se criaron bajo un modelo de familia patriarcal donde sus figuras paternas ejercían poder y la toma de decisiones relevantes para el manejo, evidentemente en otro contexto social e histórico. Fueron adolescentes hace aproximadamente 40 años, donde las dinámicas familiares eran muy diferentes a las actuales y se evidenciaban figuras paternas que sostenían económicamente a toda una familia, crecieron con padres ausentes en las labores de cuidado y crianza, y una madre que se encargaba netamente de las labores del hogar y el cuidado de todos los hijos presentes. Si bien mi familia no es completamente un modelo de familia democrática, en el transcurso de mi vida he intentado evidenciar que prácticas manejamos internamente y como funcionamos en las diferentes dinámicas diarias. Si bien somos una familia nuclear compuesta por cuatro integrantes, en el trasegar de la vida he evidenciado como mis padres han deconstruido sus crianzas, derrumbado creencias y así han creado dinámicas
familiares diferentes, donde han generado una distribución equitativa de las tareas del hogar creando compromiso con las responsabilidades individuales basándose en la colaboración de todos nosotros como integrantes y brindando espacios para fomentar participación activa en la toma de decisiones que concierne como familia. Por ello, si bien la comunicación es una parte importante de la vida diaria y como seres humanos comunicamos todo, considero que cada ciclo de vida comunica de manera distinta su trasegar diario, esa diferencia generacional diversifica la comunicación que puede existir entre adolescentes y adultos. Existen diferentes tipos de familia, pero en la mayoría hay una figura de “líder” que es enmarcada por un padre o una madre, esto no es una generalidad, pero para este ensayo me permitiré mantenerlo en esos términos. El concepto y la estructura de lo que se ha establecido como familia se han transformado a través de los años. Incluso, cada persona, en su familia podrá ser capaz de identificar esta transformación; al comparar las relaciones, arreglos, patrones de crianza, asignación de roles, entre otros; en comparación a generaciones pasadas. Aunque en este texto coincidiré en el concepto de familia desde la teoría de los sistemas, donde “La familia es un conjunto organizado e interdependiente de personas en constante interacción, que se regula por unas reglas y por funciones dinámicas que existen entre sí y con el exterior” (1), aquí nos centraremos en la dupla adolescente adulto, donde hay una figura de poder marcada que busca educar, dirigir, influenciar e incluso moldear a su medida a una figura menor.
Salvador Minuchin en torno a la terapia familiar estructural, menciona que la calidad de estas interacciones puede determinar la estabilidad y funcionalidad de la familia como
sistema (2). En este contexto, politizar y discutir esta comunicación no solo visibiliza las dinámicas de poder y los desafíos generacionales, sino que también fomenta el diseño de estrategias para superar barreras que perpetúan conflictos. Este ensayo explora cómo abrir este debate, desde una perspectiva crítica, contribuye a fortalecer la salud familiar y, en consecuencia, a consolidar comunidades, porque la familia es en su base, una comunidad.
En las familias contemporáneas, la comunicación entre adolescentes y adultos suele estar marcada por malentendidos, tensiones y desafíos propios de las brechas generacionales. Según Paulo Freire, quien enfatiza el poder transformador del diálogo, el establecimiento de una comunicación auténtica puede convertirse en un acto político que cuestiona y redefine roles y estructuras familiares (3). En este ensayo, argumentaré por qué discutir y politizar estas interacciones es necesario no solo para prevenir conflictos familiares, sino también para abordar problemáticas más amplias de salud mental y social. La comunicación familiar entre adolescentes y adultos es un reflejo de los valores, normas y estructuras de poder presentes en la sociedad. Desde enfoques como el de Urie Bronfenbrenner en su teoría ecológica del desarrollo, se reconoce que los vínculos familiares están influenciados por factores culturales y contextuales que moldean las relaciones entre generaciones (4). Politizar estas interacciones permite visibilizar cómo las desigualdades y estereotipos afectan el diálogo familiar, ofreciendo una oportunidad para promover la salud emocional y social de las familias y sus comunidades. De esta manera, considero que la comunicación como una construcción de lo común es un tema difícil en esta dupla, como efecto de la modernidad tardía, como lo explica
Bauman donde se caracteriza por atravesar el fin de una etapa, sin todavía haber podido tener un proyecto claro sobre lo que implica la próxima etapa, en este caso la modernidad tardía inmersa en las transformaciones familiares, donde nos estamos dando por derrotados en la base estructural de la sociedad, en consecuencia vivimos un tiempo de incertidumbre sobre el futuro y lo que vendrá, porque no se encuentra una forma adecuada de articular la relación entre sujetos, saberes, espacios y especies. Esto podríamos incluso relacionarlo con la modernidad liquida, donde el mismo Bauman expone la fluidez y constante transformación en las estructuras sociales, creando incertidumbre en los valores ya creados, evidenciando como las identidades, en este caso familiares, se tornan flexibles incluso hasta llegar al caso de perderse; para así llegar a la perdida de vínculos humanos que se formaban a través de la estructura social llamada familia.
Porque si bien en las familias existe un vínculo que garantiza la supervivencia de las mismas, arribamos a un momento donde se genera traumatismo en el trasegar diario de las dinámicas familiares.
Como persona que ha habitado siempre en una familia nuclear, en donde mis figuras paternas han estado presentes, me pregunto por qué la dificultad en la comunicación entre adolescentes y adultos, y cómo esto puede llegar a influir en la salud de dicha población, siento que es necesario ver el mundo a través de los ojos de los adolescentes y problematizar la comunicación entre ellos y los adultos. Es necesario entrar a indagar que sucede en esta relación basada en un vínculo familiar heterogéneo, donde en las familias de modelo patriarcal, el adulto posee un rango superior pero cercano, en este caso
específico, hablando de los hijos. Me parece importante descubrir qué expectativas existen en estas dos poblaciones o como interfiere esto en varias esferas de la vida, como lo son social, espiritual, emocional, sin olvidar la salud; cuáles expectativas tiene cada ciclo vital respecto al otro, qué comunican entre sí con palabras e incluso con silencios, y así poder llegar a saber si existe una relación en la comunicación entre adolescentes y adultos. De esta manera poder analizar los efectos de la comunicación entre adolescentes y adultos en las relaciones de las familias e identificar la transformación de relaciones familiares en la sociedad.
Bajo la premisa que un adulto no siempre fue un adulto y un adolescente no siempre será un adolescente, pero en ese punto específico del ciclo vital y de la trayectoria de las familias, se quiebra una relación natural que se venía construyendo con el pasar del tiempo. Si llega a un punto de la vida donde el adulto se autocalifica como un experto y pretende pasar por encima de la existencia misma del adolescente o si, por el contrario, el adulto al ya haber pasado por esta etapa de vida que es la adolescencia crea una consciencia y unas bases sobre cómo se puede llegar a manejar de la mejor manera estas relaciones que se presentan en las familias.
A lo largo de este ensayo iré avanzando mediante capítulos donde de manera inicial reflexionaré sobre la divergencia que cuestiona a la familia como una estructura jerárquica de poder.
A partir de esa reflexión, daré un hilo conductor crítico para identificar los signos que emergen en las relaciones familiares y una lectura desde el enfoque del modelo de familia patriarcal vs democrática. Y así enfatizar que la comunicación no es solo un intercambio
de información, sino un proceso para encontrar lo común entre las diferencias, un terreno de entendimiento mutuo. Y así tejer el ensayo para llegar a la conclusión que la familia requiere una concepción pública, entendida como la construcción de procesos compartidos que trasciendan lo individual.
LOS ADULTOS NO SON EXPERTOS
Según Foucault (5), el biopoder se presenta como el poder sobre la vida propia, existiendo estructuras de control de los cuerpos según las necesidades de la sociedad, en este caso, hablo de una relación de poder entre los adultos frente a los adolescentes. Bajo las dinámicas familiares conservacionistas, las familias ejercen un poder y control sobre los cuerpos y la vida de los miembros, en este caso, en los adolescentes. Donde regulan la conducta y generan una narrativa de poder sobre la persona en términos de relaciones afectivas, vida diaria, control del tiempo, prohibiciones y vigilancia. La familia como una institución socialmente construida, presenta una anatomopolítica por parte de los adultos sobre el adolescente, específicamente hablando de los modelos de familia hegemónico, se genera un control sobre el cuerpo y la vida misma, incluido los roles de género entre las familias, la presencia de términos como “el primogénito” donde se generan brechas entre iguales, es decir, entre hermanos, también existe la perpetración de comportamientos históricamente asociados al género, asentando las estructuras de poder en la familia.
Pero esto Alberto Melucci lo contradice cuando menciona que “… los únicos que pueden informarnos acerca de lo que está ocurriendo y lo que está cambiando en su cultura, en su modo de ser y en sus relaciones con la vida y la realidad, son los adolescentes” (6). Si bien la adolescencia histórica y biológicamente se observa como un momento de cambios profundos y se encuentra acompañada de la presencia de conductas de riesgo dadas por la independencia que se busca en estos años de vida, y muchas de las tensiones
que se presentan en la familia en esta etapa están dadas porque no se logra identificar el contexto. Me permitiría comentar que esta no debería ser una generalidad de la adolescencia, ya que no hay una sola forma específica de ser. En este punto no sería prudente ver a la familia de forma reduccionista, como históricamente nos ha sido plasmada, de forma estructural y jerárquica, donde un padre educa y un hijo baja la cabeza y cumple, porque a eso hago referencia cuando menciono en el título que los padres no son expertos, los adolescentes no se quieren y no deben parecerse a los adultos, los adolescentes se encuentran en el camino buscando su propia verdad con las transformaciones culturales que la sociedad demanda, y muchas veces los adultos continúan con las creencias que son expertos por el simple hecho que en algún momento pasamos ya por esa etapa, pero permitieron que el mundo los consumiera dejando atrás esa creencia de cambio y transformación que en algún momento creó chispa en ellos. Melucci menciona el proceso de identificación como «potencial de individualización» (6), significa la confirmación de la identidad personal y colectiva en el curso de la acción, y sólo en este sentido se constituye la identidad colectiva como el principal incentivo selectivo. Así la individualidad se refleja como resultado de una interacción compleja entre la autonomía personal y la influencia social, lo que refuerza la idea de que el individuo no puede ser entendido fuera de su contexto relacional y simbólico, es decir los adolescentes se encuentran en un momento crucial de la vida donde buscan consciencia de su posición en el mundo, reflexionan sobre los roles (impuestos o no) y están en la construcción de su propia identidad, por esto crean expectativas sociales, son reactivos y emocionales, y si bien buscan pertenecer a un grupo mantienen la lucha constante de crear una identidad y como esta genera una interacción con el entorno.
Como este término nos permea a todos, el potencial de individualización en los adultos para mi genera conflictos, porque no se piensan nuevas realidades, llegamos a un punto donde damos todo por sentado y no cuestionamos el entorno que nos rodea, es allí un punto donde creo debemos aprender de los jóvenes. Los adultos al autocalificarse como expertos nunca van a reconocer que no conoce y eso es violento, porque la crítica y el desconocimiento nos hacer generar dudas, son hace cuestionarnos la sociedad y el mundo, autodefinirse como experto, como lo mencioné antes, es un camino facilista. Recordando mi adolescencia y cómo desde ese momento se ha transformado el camino hacia “ser” un adulto, podría decir tradicionalmente que por “encima de mí” se encuentra un hermano mayor y mis padres.
Para mí, mis padres han sido una total figura de expertos, en su momento tal vez no cuestioné lo que eso podía llegar a significar para un adolescente, y siempre observé a mi hermano como aquel adolescente que respondía, que tenía algo que decir, que era notorio, que cuestionaba; y justo ahora pienso en qué momento comencé a cuestionarme las realidades sociales que rodeaban a mi familia, pero ahora me cuestiono si ellos en su momento se sintieron y se visualizaron como expertos sobre mi presencia. En mi adolescencia tuve voz, no sé aun si una voz notoria fuera de mi familia, y tal vez esa sea otra cuestión del ahora. Pero dentro de mi núcleo familiar, incluso siendo “la última de la cadena” mi voz fue escuchada. Tengo recuerdos que, en algún momento de mi adolescencia, aproximadamente a los 12 años, era capaz de refutar algún comentario de mis padres, literalmente la voz se me cerraba y aunque ellos estaban prestos a escucharme, lágrimas y una cabeza baja no me permitían mencionar nada. Hasta que en
un punto simplemente mis padres me permitieron llorar y su respuesta fue “llora, pero luego nos dices que te pasa”, y creo que, a partir de ese punto, esos momentos que crean quiebres, no ha habido un solo día en el que yo, como parte de una familia no haya podido opinar, debatir, pensar, criticar.
Y tal vez por esto en este ensayo me cuestiono las realidades sociales que yo viví, porque soy consciente que no es la realidad de todas las personas.
Tampoco quiero mencionar y cerrar el círculo diciendo que mi familia es perfecta, pero si quiero llegar un punto en el que no olvidemos que los adultos fueron adolescentes. Mis padres fueron hijos y tuvieron sus propias dinámicas y realidades, en otro contexto, pero tal vez las experiencias de ellos queden pendientes para otro escrito. Por eso las realidades sociales actuales de los adolescentes deben aprender a leerse, debemos aprender a acercarnos, manteniendo las diferencias de las experiencias de los adolescentes y los adultos; y generando convivencia entre los dos, pero sin llevarlos al modo adulto. Pues de ser así mantendríamos las dinámicas de poder que la sociedad pretende dejar atrás en las transformaciones familiares.
LA ADOLESCENCIA NO ES UN SIGNO AISLADO
Desde una perspectiva tradicional, la adolescencia se define como una etapa del desarrollo humano que marca la transición entre la infancia y la adultez, caracterizada por cambios físicos, emocionales y sociales. Esta visión ha sido ampliamente influenciada por teorías del desarrollo psicológico y biológico.
Stanley Hall (1904), fue uno de los primeros en formular una teoría de la adolescencia, este planteaba que los cambios físicos más importantes de esta etapa, causan cambios psicológicos importantes. Los esfuerzos de los adolescentes los lleva a un periodo de "tormenta y estrés", en el que los jóvenes enfrentan conflictos emocionales, impulsos biológicos y tensiones sociales como parte de un desarrollo inevitable hacia la madurez (7). Esta teoría la reafirma Jean Piaget (1972), quien define la adolescencia y la posiciona en el estadio de las operaciones formales, en donde los individuos desarrollan habilidades cognitivas avanzadas, como el pensamiento abstracto y la resolución de problemas, elementos clave para la transición a la adultez.(8) Hoffman (16) también hace énfasis en la diferencia entre la pubertad, como proceso biológico de crecimiento no uniforme y adolescencia como proceso cultural. “Los cambios físicos de la magnitud experimentada por los adolescentes poseen un efecto significativo en cómo se sienten acerca de si mismos.”. “La adolescencia es casi por definición un periodo de transición. Su característica principal es el cambio.” (Hoffman). Y si bien entendemos que la adolescencia está marcada por un componente biológico, también es válido mencionar que la experiencia de los adolescentes depende de su
contexto cultural, donde esta etapa no siempre implica crisis o conflicto, según Margaret Mead (9).
Partiendo de esta premisa, para Carontini y Peraya (1979) (10) los signos son indicadores de algo, el signo es un objeto o evento presente en el lugar de otro objeto o evento ausente, en virtud de un cierto código. Entonces en este ensayo cuestiono cual es el sentido de la adolescencia como signo y cuáles son sus diferentes lecturas sociales, porque puede que un adulto no tenga el mismo imaginario que otro adulto. Por eso me parece necesario conciliar las diferentes lecturas, si bien existe la lectura tradicional y hegemónica en donde se menciona que el adolescente es un ser rebelde, inmaduro, demasiado emocional y hasta conflictivo, también existe otra lectura social donde se permite ver al adolescente como un ser abierto, sensato, dinámico. Y de pronto llegamos a pensar que es un signo que no logramos comprender a totalidad, por eso es importante adquirir una versión de la adolescencia en boca de los adolescentes, donde se logre problematizar lo qué es sentirse adolescentes. La adolescencia como signo está implícita en el entorno cultural, en las relaciones sociales que se enmarcan, en la transformación de las sociedades y en la búsqueda de identidad. Pero también se debe destacar la interpretación desde la percepción adulta donde la adolescencia puede ser vista como un periodo de formación y vigilancia, enmarcada en un ejercicio de autoridad y moldeamiento de normas y controles. Aquí es donde pensamos un equilibrio entre las diferentes perspectivas.
La discusión entre la verdadera interacción entre adultos y adolescentes debe ser pensada desde cómo percibimos a los adolescentes. Reflexionando sobre las condiciones dadas
dentro de las familias y cómo podemos abrir dichas condiciones para crear experiencias significativas para la autonomía relativa y la identidad dinámica en la que se encuentran los adolescentes.
Si bien, la adolescencia también es un signo cargado de ideologías, no podemos olvidar que los adultos en algún momento también fueron esos adolescentes que estaban en transformación bajo sus propias creencias, es importante llegar a las dinámicas adecuadas para entender nosotros como adultos que el adolescente se está formando, pero también entender que el adulto no es un ser completamente formado, ni nunca lo va a ser, por eso la adultez también es un signo en discusión.
Teniendo en cuenta esta premisa, y bajo el discurso que la adolescencia no es un signo completamente entendido, quisiera mencionar la voz como un signo dentro de las interacciones familiares, pues esta actúa de manera crucial en la comunicación entre adolescentes y adultos, y menciono la voz porque es un signo que puede fluctuar hacia muchos caminos dependiendo del uso. Podemos mencionar que puede ser un signo de poder, de autoridad, pero también un signo de amor u acompañamiento, la voz como signo puede transmitir una amplia gama de emociones e intenciones por ambas partes. Y vuelvo aquí al apartado anterior donde mencionaba que, en mi familia, yo poseo una voz, así como todos los miembros. Pero es importante cuestionarnos qué clase de voz tenemos en nuestras familias, porque este signo está marcado por una interpretación desde la perspectiva de quien lo produce y otra desde quien lo recibe. Pero más allá de la voz, hay algo más que se percibe en las interacciones familiares, y es el silencio de los adolescentes. Si bien, pudiésemos hablar del silencio de los dos, me quiero centrar en el
silencio del adolescente, porque mientras un adolescente está en transformación, es pertinente del significado de su voz, pero por qué un adolescente estaría en silencio, porque un adulto crea silencio en ellos, si es que los crean. Evidentemente podría tener otro contexto de silencios creados de manera consensuada, pero me refiero a silencios creados bajo dinámicas de poder ejercidas dentro de las familias. Cuando esto pasa, para mí se crea un quiebre en la interacción y en la realidad social del adolescente, crear silencio en los adolescentes es violento y peligroso. Cuando comprendemos que él está en constante transformación, es necesario comprometernos en las experiencias cotidianas de manera adecuada, generando un acompañamiento y una ayuda al joven para lograr de manera adecuada esa identidad.
Para mejorar la calidad de la comunicación, es esencial que ambos grupos reconozcan estas diferencias y adapten su enfoque. Los adultos pueden beneficiarse al adoptar un tono más receptivo y cercano, mientras que los adolescentes pueden ser más conscientes del impacto que su tono tiene en la percepción del adulto. Al hacerlo, pueden construir puentes que faciliten un diálogo más productivo y una mejor relación. De esta forma podría mencionar signos presentes que abarquen la adolescencia y la adultez, incluso sin lograr entenderlos en su totalidad.
Ahora bien, a adolescencia es un signo dinámico y fluctuante, podría generalizar la adolescencia, pero sería un error, y la importancia del término, si así lo podemos llamar, es que se encuentra en constante cambio depende de sus realidades sociales y del contexto en el que se encuentre.
Pero si deberíamos permitirnos dialogar frecuentemente con este término en esferas fuera de la familia, porque allí, es donde se genera conflicto, el adolescente se encuentra en un punto de creación de memorias y cambios significativos, y la familia abandona por un tiempo el rol principal. Y si nos enfrascamos en contener al adolescente en esta esfera en donde como adultos se falla, porque se perpetuarían relaciones de poder basadas en la edad y en posiciones jerárquicas familiares. Es valioso acotar que el adolescente en un punto cercano llegará a ser adulto, y concientizarnos del valor de la adolescencia es trabajo de todos como sociedad. Los futuros adultos son generadores del cambio en las perspectivas de cómo se visualicen las adolescencias.
¿QUÉ ES LO COMÚN EN LAS FAMILIAS?
Basándonos en la premisa que la comunidad no está dada por sí misma, sino que se construye, la familia sería una comunidad si hay presentes vínculos, entendiéndolos como el núcleo de las redes, y estas no solo como estructuras organizativas, sino como interacciones humanas en distintos contextos sociales (11) y un interés en común. Parece lógico, pero debemos derribar ideales históricos de familias creadas, pero sin relaciones algunas. Si bien he puesto el ejemplo de mi familia a lo largo de este texto, es ideal decir que con los miembros que la componen comparto vínculos fuertes, de semejanza e incluso de diferencia, y en el trayecto de la vida se han ido transformando hasta llegar a lo que somos hoy día.
Pero que es aquello que tenemos en común, lo común no está dado naturalmente, sino que se construye a través de la acción de los seres humanos, pues según Alvaro, D (2021)
(12) “nada del orden de lo común precede a la construcción de lo común, salvo el acto de
su propia institución”, por eso entender la familia como una comunidad nos permite darnos cuenta que existe una obligación, por así decirlo, de participar en las actividades que nos encaminen construir vínculos para actuar en medio de la adversidad. Aunque el término común se encuentra en constante debate, y no pretendo encasillarlo a una definición, si vale la pena repensarnos que se vuelve común en nuestras familias, y si en algún momento del trayecto este “común” se desdibuja del plano entre adolescentes y adultos, porque el término en sí nos pide desdibujar estructuras de poder y desafiarlas, y si las familias no estamos encaminadas hacia ese espacio de resistencia. Hardt y Negri sostienen que "lo común aparece en ambos extremos de la producción biopolítica: es el
producto final y la condición preliminar de la producción" (13). Esto implica que la producción social se basa en lo común compartido y, a su vez, produce lo común que se comparte, creando un proceso en espiral donde los recursos que configuran lo común se refuerzan mutuamente. Por eso este trabajo se ha guiado por los diferentes capítulos a dialogar el proceso que sucede en las familias y cómo lo que se va construyendo mediante la interacción que nos lleva a caminos alternativos en la transformación de las familias. Aunque la amenaza nunca deje de estar latente entre las interacciones familiares, es la concordancia la que crea cambios en la relación entre adolescentes y jóvenes.
Así la familia, como comunidad se modifica y redefine roles y funciones constantemente, y más ahora en la transformación social que la rodea. Produce una mayor capacidad para la interacción de sus redes, cambiando las formas de relacionarse y cambiando la concepción del término reduccionista de familia ligado a una jerarquía. Y si me preguntara qué es lo común en mi familia, mencionaría algunas dinámicas que hemos atravesado juntos, pero también tenemos en común todo lo que nos diferencia y aleja. Porque ese común va caminando con la propia vida y nos todos los días es lo mismo. Reconocer que no conocemos en totalidad todo el otro ser que nos acompaña y que siempre estaremos en constante aprendizaje, reconocer que todos los días podemos problematizar nuestras relaciones y que de pronto nuestros vínculos en algunas transformaciones de la vida van a ser más fuertes de en otros. Pero quisiera hablar incluso desde mi recuerdo como adolescente, porque allí también hubo dentro de toda su espiral, algo “común” en mi familia, infinidad. Trabajamos juntos por construir una interacción
que nos mantuviera como familia, y creo que aquí llegamos a un punto de acuerdo. Ya es que, aunque las interacciones entre la adolescencia y la adultez en ciertos momentos sean tensas, siempre están en constante dinamismo, transformación. Como lo hemos mencionado anteriormente, el hecho de ser adulto no implica una completa transformación, por eso es necesario tener contexto de las realidades para crear un común como familia bajo un terreno de entendimiento mutuo.
LA FAMILIA ES PÚBLICA
La familia se ha visto históricamente como el pilar de la sociedad, pero así mismo toda su connotación se ha visto bajo la esfera privada. Barnett Pearce analiza cómo los procesos comunicativos construyen lo público, es decir, cuando los discursos y la realidades no se llevan a la esfera pública, tendemos a creer que simplemente no existen, destacando cómo la interacción humana crea realidades sociales compartidas y cómo estas se vuelven significativas para las personas y las comunidades (14).
Desde esta perspectiva, es necesario decir que la familia no es un entorno privado únicamente, esta actúa como una comunidad de realidad social que repercute en la esfera pública. La familia al volverse pública crea narrativas y genera diálogos, como lo es este ensayo, permitiendo que sus discursos se integren a un panorama global. Como decía Bauman, "El incremento de la libertad individual puede coincidir con el incremento de la impotencia colectiva. Los puentes entre la vida pública y la vida privada están desmantelados o ni siquiera fueron construidos algunas veces" (15) porque hacer pública la familia no significa exponerla indiscriminadamente o que se encuentre como sujeta de deliberación por la sociedad, si bien actualmente se reconoce el papel base de la familia en la construcción social, debe ser entendida como la construcción de procesos compartidos que trasciendan lo individual y lo privado.
La familia en la esfera pública es dadora de conocimiento y construcción colectiva, al volverse públicas las dinámicas familiares, se problematizan y la comunicación pública genera cambios estructurales en la sociedad. La familia sembrada en el espacio privado
pero trasplantada a volverse pública es generadora de transformación social al verse como espacio de aprendizaje, de contribución a la sociedad.
Los modelos de familia deben repensarse y transformarse a la esfera pública, si bien estamos históricamente permeados por familias patriarcales, considero que es mi deber como persona que se encuentra en tránsito a la adultez, plasmar las ideas y la veracidad del cambio transformacional a la sociedad que genera estar inmersa en familias que poseen actitudes democráticas, sería profundamente valioso que desde la institucionalidad de la familia, busquemos llegar a modelos de familia completamente democráticos para ser verdaderos transformadores de las realidades sociales, dejando de lado prácticas de poder y subordinación que no deberían presentarse en las familias como educadoras de personas que salen a la esfera pública social.
SALUD FAMILIAR Y COMUNITARIA
A modo de conclusión, hemos caminado por diferentes apartados y posturas frente a la familia y como transformando las dinámicas familiares, la interacción entre adolescentes y adultos puede ser generadora de cambios para la sociedad.
Evidenciamos que las familias bajo modelos patriarcales que presenten una comunicación deficiente afectan la cotidianidad de las dinámicas familiares, y como esta afectación puede trascender en las demás esferas presentes en la familia. La sociedad actual no busca adolescentes que parezcan adultos y tampoco necesitamos adultos que no sigan transformándose. La vida, como los vínculos son cambiantes, y lo que todos tenemos en común es el constante cambio.
La sociedad debe promover y propiciar por edificar familias bajo modelos democráticos, donde no se perpetúen ejercicios de poder, y así disminuir practicas de violencia en las familias basadas en la comunicación.
La familia debe ser pública, reconocer las dinámicas y problematizar las interacciones nos permiten cambiar. Si bien como sociedad hemos permitido erróneamente que se vea a la familia como una institución privada, bajo las normas establecidas por la sociedad actuando a puertas cerradas y evidenciando las dinámicas y problemas sin los ojos de la sociedad, y no me refiero a que la familia deba estar en el foco publico bajo escarmiento. La familia debe ser pública porque es la base de la sociedad, porque nosotros como seres humanos somos seres públicos, entonces debemos reconocer un espacio donde se genera acciones que impactan a la sociedad.
La familia, por su misma estructura, tiene impacto en la sociedad, es formadora de valores, normas y bases para la convivencia social, por eso es importante darle el foco público que merece, reconociendo su importancia como institución social que requiere interés público, evidenciando la responsabilidad social en las dinámicas y los problemas que se evidencian allí.
La familia, desde su estructura más natural es una institución pública; debe ser vista y tratada como tal.
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Cita: Zarate Sierra, Camila (2024), Una reflexión acerca de los adolescentes y los adultos presentes en la familia, Universidad El Bosque, p. N. https://hdl.handle.net/20.500.12495/13959