Sporala red del conocimiento
Página 1 de 25Duelo y estrategias de afrontamiento en población adolescente : la rel…
p. 1

Duelo y Estrategias De Afrontamiento En Población Adolescente: La Relación Terapéutica Como Eje Movilizador Del Proceso Psicoterapéutico1 Grief and Coping Strategies in the Adolescent Population: The Therapeutic Relationship as a Mobilization Axis María del Pilar Calderón Villegas Victoria Andrea Meza González Daniela Dayanna Isaza Díaz2 María Claudia Martínez Arboleda3 Resumen Objetivo: Identificar la influencia de la relación terapéutica sobre la identificación, instauración y promoción de las estrategias de afrontamiento en población adolescente que experimenta un proceso de duelo por muerte de un ser querido. Método: se realizó una revisión sistemática de 30 artículos de investigación científica. Resultados: uno de los hallazgos de esta revisión fue el número reducido de información encontrada acerca de las estrategias de afrontamiento que tienen los adolescentes durante el proceso de duelo por muerte. Conclusión: se logró evidenciar cómo el adolescente que se encuentra en un proceso de duelo por muerte de un ser querido necesita desarrollar, aplicar herramientas y estrategias de afrontamiento; al no contar con ellas deben ser instauradas y promovidas a través de medios externos para lograr su aplicación en este caso a partir de un proceso psicoterapéutico, obteniendo como resultado la vinculación paciente-psicólogo con una relación bidireccional que da como resultado el

1 Artículo de revisión que aborda el Duelo y las Estrategias De Afrontamiento En la Población Adolescente: La Relación Terapéutica Como Eje Movilizador Del Proceso Psicoterapéutico. Abril 2022. 2 Psicólogas, Estudiantes de la Especialización de Psicología Clínica con énfasis en niños y adolescentes Universidad Católica de Pereira.

3 Directora, Magister en Desarrollo Infantil de la Universidad de Manizales. Especialista en Psicología Clínica de la Universidad Católica de Pereira; Docente de la facultad de ciencias Humanas, Sociales y de la Educación, en la ciudad de Pereira. maria1.martinez@ucp.edu.co

p. 2

cumplimiento de los objetivos y las metas propuestas como plan de tratamiento en el dicho proceso psicológico.

Palabras clave: adolescencia, duelo, muerte, afrontamiento y relación terapéutica Abstract General purpose: To identify the influence of the therapeutic relationship on the identification, establishment and promotion of coping strategies in the adolescent population experiencing a grieving process due to the death of a loved one. Method: a systematic review of 30 scientific research articles was carried out. Results: one of the findings of this review was the reduced number of information found about the coping strategies that adolescents have during the process of mourning death. Conclusion: it was possible to show how the adolescent who is in a process of mourning for the death of a loved one needs to develop, apply coping tools and strategies; As they do not have them, they must be established and promoted through external means to achieve their application in this case from a psychotherapeutic process, obtaining as a result the patient-psychologist relationship with a bidirectional relationship that results in the fulfillment of the objectives. and the goals proposed as a treatment plan in said psychological process.

Key words: adolescence, grief, death, coping and therapeutic relationship

p. 3

Introducción El duelo es una respuesta emocional que se manifiesta por medio de diferentes comportamientos ante una pérdida o ruptura de algún vínculo afectivo, Meza Dávalos et al (2008) mencionan que el duelo viene del latín dolium, dolor, aflicción el cual es definido como la reacción natural ante la pérdida de una persona, objeto o evento significativo. A lo largo de la vida el ser humano vive experiencias de pérdida que permiten desarrollar herramientas, que lo llevarán a crear a partir de dichos eventos los recursos necesarios para sobrellevar los acontecimientos negativos que conlleva esta. Al respecto, Sigmund Freud (1948) definió el duelo como un trabajo de elaboración de los afectos dolorosos que siguen a la pérdida de un objeto amado.

Algunos teóricos como Kübler-Ross (1969), Worden (1997), Bowlby (1993) y Parkes (1964), definieron el duelo y el proceso desde su propia teoría; con algunas divergencias y convergencias entre estas, siendo símiles en la identificación de tareas, etapas o fases del proceso de duelo. Desde la teoría de Kübler-Ross (1969) se mencionan cinco etapas del duelo en las que se encuentran la negación, el pacto/negociación, la depresión y la aceptación, en el marco de las cuales es menester desde el proceso de intervención cognitiva, el desarrollo de unas tareas específicas sujetas al acompañamiento psicológico. A nivel teórico se evidencia una amplia congruencia basada en las estrategias de afrontamiento que podrían ser utilizadas para desarrollar o abordar ante la pérdida.

Es fundamental entender el duelo como un proceso dinámico, con cambios y múltiples posibilidades de expresión; y no como un estado estático con límites preestablecidos (Oviedo et al, 2009) lo que sustenta la idea de que a pesar de que existan tareas, fases y etapas en el tránsito del duelo, estas no necesariamente se cursan de manera rígida o lineal.

p. 4

Durante el proceso de duelo se deben tener en cuenta las estrategias de afrontamiento como constructo ampliamente estudiado, arrojando diferentes propuestas explicativas; uno de los modelos teóricos más citados a nivel investigativo corresponde a Lazarus y Folkman (1984) quienes definen el afrontamiento como los “esfuerzos cognitivos y conductuales constantemente cambiantes, que se desarrollan para manejar las demandas externas y/o internas que son evaluadas como excedentes o desbordantes de los recursos del individuo” (p.

164).

Por su parte Casullo y Fernández (2001) conciben el afrontamiento como el conjunto de respuestas ante los pensamientos, sentimientos y acciones que se utilizan para hacer frente a las situaciones generadoras de malestar, con la finalidad de resolver el problema o reducir la tensión.

Autores como Frydenberg y Lewis (1997) hicieron una distinción entre afrontamiento general y específico, así:

siendo el modo en que el adolescente encara cualquier situación (general) y una problemática particular (específico) identificando 18 estrategias de afrontamiento diferentes, preocuparse, hacerse ilusiones, falta de afrontamiento, reducción de la tensión, ignorar el problema, autoinculparse, reservarlo para sí, buscar apoyo social, buscar pertenencia, invertir en amigos íntimos, acción social, buscar apoyo espiritual, buscar ayuda profesional , concentrarse en resolver el problema, esforzarse para tener éxito, fijarse en lo positivo, buscar diversiones relajantes, distracción física (p. 25) En consonancia con lo anterior, Constanza et al (2010), expresan que: En relación con la utilización de las estrategias, cada sujeto tiende a utilizar las estrategias de afrontamiento que domina, ya sea por aprendizaje previo o por hallazgo fortuito (CORRECHÉ; FANTIN; FLORENTINO, 2005). Estas estrategias estarían fuertemente condicionadas por la percepción que se haga de la situación (evaluación

p. 5

primaria) y de los recursos personales con que se cuenta para hacerle frente (evaluación secundaria) (GÃMEZ et al., 2006). A su vez, las estrategias de afrontamiento pueden resultar adaptativas, cuando reducen el estrés y promueven la salud a largo plazo, o inadaptativas cuando reducen el estrés sólo a corto plazo, provocando un efecto nocivo en la salud a largo plazo (FORNS; ZANINI, 2004). La adaptabilidad o inadaptabilidad de las estrategias de afrontamiento depende de la frecuencia con la que se utilicen (CORRECHÉ; FANTIN; FLORENTINO, 2005). (p. 3)

De acuerdo con los hallazgos literarios manifiestos y las apuestas teóricas planteadas por algunos autores, no se evidenció a nivel latinoamericano información suficiente en torno a la relación de categorías temáticas alusivas al duelo, estrategias de afrontamiento en población adolescente y procesos psicoterapéuticos; razón por la cual surge el interés de indagar acerca del proceso de duelo y la vivencia de este por parte de la población adolescente, qué tipo de estrategias de afrontamiento utilizan, qué recursos implementan para superar y/o significar la pérdida por muerte y cómo estas a su vez son influenciadas por la relación paciente- terapeuta; en el marco de actividades psico-terapéuticas que puedan con efectividad contribuir a realizar en el desarrollo del duelo, a la gestión de emociones y la consecución de cambios en las dinámicas de las personas, entre otros.

En esta perspectiva, surge el siguiente cuestionamiento: ¿Cuál es la influencia de la relación terapéutica sobre la identificación, instauración y promoción de las estrategias de afrontamiento en población adolescente que experimenta un proceso de duelo? La novedad de tal pretensión se identifica al no hallar con suficiencia, referencias del abordaje teórico-práctico de la relación terapéutica en el tratamiento del duelo en adolescentes, para la promoción de sus estrategias de afrontamiento; presentándose entre sus objetivos el determinar los factores intervinientes en la construcción de esta relación con adolescentes, caracterizar el proceso de duelo y el describir las estrategias de afrontamiento; ello, en

p. 6

perspectiva de visibilizar una triada que privilegie el abordaje y discusión de posibles relaciones entre sus vértices, para el fomento de los repertorios cognitivo conductuales a favor de la resolución de procesos de duelo en la adolescencia. Lo anterior en el marco de un ejercicio de revisión sistemática de literatura favorecedor de una reflexión derivada de lo hallado en el acervo teórico y demás aportes investigativos.

Es importante mencionar que el desarrollo de este artículo de revisión se llevó a cabo mediante la recopilación y análisis hallada en bases de datos especializadas como Scielo, Redalyc y Dialnet; privilegiando la búsqueda de literatura en contexto latinoamericano en torno a las categorías temáticas priorizadas, se revisaron 30 artículos investigativos. Desarrollo de Categorías Temáticas Estrategias De Afrontamiento: El Adolescente Y Su Posicionamiento Frente Al Proceso De Duelo Autores como Castro (2000), Casullo y Liporace (2001), Muuss (1995), Millon (1998), Obiols (2000) resaltan que la adolescencia es una etapa que genera transformaciones en la personalidad, conllevando de igual modo, la elaboración y retroalimentación del proyecto de vida y los recursos que posibilitan el afrontamiento de los cambios. González et al (2002) describen que:

La adolescencia es considerada una etapa del desarrollo caracterizada por continuos cambios, que pueden ocasionar estrés. Las exigencias psicosociales derivadas de este proceso evolutivo pueden repercutir en el desarrollo psicológico, influyendo en la confianza en sí mismo, la timidez, la ansiedad (Frydenberg y Lewis, 1991), el sentimiento de eficacia, la autoestima (Frydenberg y Lewis, 1996b), o el desarrollo de estrategias de afrontamiento (Frydenberg y Lewis, 1996b, 1999; Aunola, Stattin y Nurmi, 2000). (p. 1)

p. 7

Por su parte Figueroa et al (2005), señalan que en “esta etapa de la vida se generan cambios significativos en la personalidad” (p. 2), y citando a Aberastury y Knobel (1970) “dicha etapa está plagada de continuos cambios físicos, psicológicos y conductuales” (p. 94) En el mismo sentido Méndez y Barra (2008), citados por Orcasita y Uribe (2010) afirman que el adolescente aún no se encuentra o siente preparado para transitar por situaciones de estrés. A su vez, Orcasita (2010) hizo manifiesto que el apoyo social se vuelve un factor protector en situaciones de estrés, razón por la cual los autores relacionados dan cuenta de dos entornos en los que el adolescente crece y se desarrolla, el primero la familia y el segundo su grupo de iguales;la familia, como primer escenario de socialización, donde se desarrollan las habilidades y las herramientas para superar las dificultades planteadas a lo largo de la vida. Guillén et al (2013) sugieren que:

Ante tanta complejidad, lo que los niños piensan de la muerte dependerá de la edad, de las experiencias vitales previas y de la familia, de lo que los niños oyen y sienten a su alrededor, de su grado de madurez y de su capacidad de realizar operaciones formales. En la etapa adolescente, la concepción de la muerte se aproxima a la del adulto, comprenden las consecuencias existenciales de la muerte, de la suya propia y pueden incluso fantasear con ella (con más o menos angustia). A medida que maduran emocionalmente pueden negar su propia mortalidad a través de conductas de riesgo, actuaciones o provocaciones. Los elementos clave en la representación de la muerte son la insensibilidad, la irreversibilidad, la universalidad de la muerte y las angustias asociadas a la evocación de la muerte, ajena y propia. Esta concepción es alcanzada a los 9 años aproximadamente. (p. 496)

p. 8

En la misma línea, Arango (2018) expresa que:

El adolescente entiende la muerte como algo inevitable y como parte de la vida. Sin embargo, algunos manifiestan una actitud un poco arrogante cuando no han vivenciado una pérdida cercana se creen exentos de la posibilidad de su propia muerte y con frecuencia, toman riesgos extremos. Cuando les acontece una muerte cercana, es enorme el pesar que internamente experimentan por el dolor y la angustia que les provoca la pérdida. Pueden reaccionar de manera exagerada, ya sea con mucho dolor, con mucha rabia o con una negación total. También pueden responder cuidando excesivamente a los demás, con hipervigilancia de sus seres queridos o volverse agresivo y autoritarios. (p. 66 – 67) Aunado con lo anterior, Bermejo (2005) y Howarth (2001) relacionan el duelo como un proceso posterior de adaptación ante la muerte de un ser querido, siendo este un proceso normal y necesario; sin embargo autores como Horowitz et al (2011) mencionan sobre este proceso, un curso susceptible de alteración si le antecede un afrontamiento deficiente, repercutiendo así en un duelo complicado. Bermejo et al. (2016) señalan que el proceso de duelo se realiza de manera individual a partir del afrontamiento y el concepto que se tenga de la muerte, siendo esto parte fundamental en la elaboración de este. Como lo mencionan Macías et al (2013) las estrategias de afrontamiento son recursos psicológicos que evitan o disminuyen conflictos, promoviendo beneficios y fortaleciendo a los seres humanos para el afrontamiento de situaciones estresantes. Al respecto Burgos et al (2000) y Hesselink et al (2004) percibieron el afrontamiento como una parte de los recursos psicológicos o psicosociales del individuo, los cuales anudados a los rasgos de personalidad, contribuyen al tránsito por eventos estresores.

p. 9

Es así como desde el modelo de Lazarus y Folkman (1984) se señala que la interpretación que el individuo realiza de las situaciones es lo que provoca como tal una respuesta, comprendiendo el afrontamiento como “aquellos esfuerzos cognitivos y conductuales constantemente cambiantes que se desarrollan para manejar las demandas específicas externas y/o internas que son evaluadas como excedentes o desbordantes de los recursos del individuo” (p. 141); valiéndose además de dos estilos de afrontamiento, uno centrado en el problema y otro en las emociones. El primero está dirigido a modificar la situación, solucionando el problema o disminuyendo su impacto con el fin de hacerlo menos estresante; el segundo por su parte, consiste en disminuir o eliminar la tensión o reacción emocional causados por las condiciones estresantes. (Lazarus y Folkman,1984) Al respecto, Endler y Parker (1990) citados por Jimeno y Conejero (2019), mencionan que en la categorización de estrategias centradas en el problema y en la emoción, se identifica una categoría alternativa orientada a estrategias de evitación; “Este tipo de estrategias consisten en evitar el problema o la situación estresante realizando otro tipo de tareas que consigan distraer a la persona de dicho problema o situación”. (s.p) Por su parte, Frydenberg y Lewis (1996a) definieron tres tipos de afrontamientos, el primero de tipo productivo el cual está basado en promover acciones para la resolución de los problemas, el segundo, el no productivo generando sentimiento de culpa, aislamiento, acciones no encaminadas en la resolución de las situaciones estresantes o la situación problema y el tercero, orientado en otras situaciones que están encaminadas a la búsqueda de apoyo social, profesional o religiosa.

Por otro lado y debido a su complejidad, Romero et al. (2010) postulan que no existen estrategias de afrontamiento peores o mejores, siendo necesario analizar el contexto, las características de la situación de estrés por la que se encuentra el individuo, el ciclo vital del mismo, su comportamiento y el apoyo social.

p. 10

El Duelo y Sus Características: Elaboración y Significación De La Pérdida La palabra duelo proviene de la raíz latina dolus, que significa dolor. Este término es definido como un proceso humano natural por el cual la persona afectada o doliente, atraviesa una serie de fases o estados que conllevan a la superación ante la pérdida irreparable o trauma personal, evento o condición (Ortego, 2001).

Como lo menciona Pangrazzi (1993) existen elementos influyentes en el proceso de elaboración del duelo, determinados por diversos factores socioculturales e identificados comúnmente como ansiedad por separación y la consecuencia de apegos. A su vez, también se relacionan entre los factores determinantes de la elaboración o abordaje de un duelo las respuestas fisiológicas y psicológicas (consecuentes de duelos elaborados anteriormente), los vínculos afectivos primarios, los mecanismos de defensa, las estrategias de afrontamiento, entre otros; los fisiológicos por su parte, involucran como algunas enfermedades predisponentes.

Es importante, en este sentido, resaltar algunas de las emociones que se pueden presentar durante un proceso de duelo, entre estas el enfado, la impotencia, el shock, la culpa y el autorreproche, cambiantes y fluctuantes durante todo el proceso. Solo cuando se reconoce, se acepta, se entiende y se sabe expresar adecuadamente los sentimientos, se puede entender y relacionarse mejor con los demás, siendo estos una estrategia para asumir el duelo de una mejor forma (Cabodevilla, 2007).

Así como los sentimientos surgen durante el proceso de duelo, de igual manera se pueden dar síntomas a nivel fisiológico de carácter aislado o correspondiente con enfermedades fisiológicas, malestares e incluso dolores físicos. En algunas ocasiones las personas suelen acudir a los servicios de la salud por diferentes motivos de consulta, convergentes con posibles procesos de duelo enmascarado, que ha sido somatizado en el cuerpo físico (Cabodevilla, 2007); dichas manifestaciones tienen un papel importante en el

p. 11

proceso de duelo, ya que estas influyen en cuestiones de la salud y son factores determinantes en este proceso de duelo (Ochoa y Borrero, 2016).

Al respecto, los pensamientos tienen una función determinante en dicho proceso, pues algunos relacionados con negación, visión de túnel y desesperanza, generalmente tienden a desaparecer después de un breve espacio de tiempo; no obstante, algunas veces estos pensamientos persisten y desencadenan síntomas y comportamientos que pueden llevar a desarrollar un duelo complicado, depresión o problemas de ansiedad (Bellver et al, 2008). Con respecto al duelo vemos como Tizón (2007) lo aborda como un proceso continuo, no lineal, incesante y en algunos casos intermitente que se manifiestan a lo largo de la vida del ser humano, ya que en múltiples ocasiones y por diversos motivos, puede repetir o presentarse una sola vez en la vida. Lo describe como una experiencia única e individual determinada por niveles culturales, sociales, económicos entre otros.

Algunos autores abordaron la temática del duelo y los diferentes momentos por los que se atraviesan a la hora de sufrir cualquier tipo de pérdida, uno de ellos fue Worden (1997) con la teoría del apego, basada en los abordajes de John Bowlby (1998); esta teoría propuso que los seres humanos al ser seres sociales establecen a lo largo de su vida vínculos, relaciones interpersonales, lazos emocionales junto con otros individuos, en donde de manera innata se da una necesidad de protección y seguridad. Estas relaciones sociales forjan el desarrollo de habilidades interpersonales, intrapersonales y rasgos de la personalidad de los seres humanos. Desde la teoría de Worden (1997), y enfocado hacia la temática del duelo se plantearon unas tareas que se desarrollan ante el momento de la pérdida: aceptar la pérdida de la persona o del objeto, experimentar las emociones vinculadas a la pérdida, capacitarse para desenvolverse en el mundo sin el objeto perdido y recolocación de lo perdido de modo que no impida el investimento afectivo de otros objetos. La tarea número uno explica que cuando ocurre una pérdida y en el momento en el que se tiene conocimiento de ésta, generalmente existe una sensación de negación y se busca de alguna manera afrontar la realidad de los

p. 12

hechos. Así como lo explica Worden (2013) “la persona en duelo puede ser intelectualmente consciente de la finalidad de la pérdida mucho antes de que las emociones le permitan aceptar plenamente la información como verdadera” (p. 172).

La tarea número dos explica la necesidad de trabajar las emociones y el dolor de la pérdida, con el objetivo de dar continuidad al proceso de recuperación emocional esperado, pues, al darse sentimientos de posible represión emocional, aumentaría la probabilidad de padecer un duelo patológico. Horowitz (1980) definió el duelo patológico o complicado como el proceso en el que se presentan síntomas intensos que llevan al individuo a sentirse desbordado y recurrir a conductas desadaptativas que le impiden avanzar en el proceso de duelo y su resolución. Oviedo et al (2009) expresan que “Es necesario reconocer y trabajar con este dolor o éste se manifestará mediante algunos síntomas y otras formas de conducta disfuncional” (p. 6).

La tarea número tres resalta la adaptación y reorganización a cualquier medio en el que el fallecido no está. En esta etapa el doliente debe ajustarse a las anteriores actividades que tenía antes de sufrir la pérdida, además crear y organizar un nuevo sistema con diferentes dinámicas para dar un sentido a sí mismo y al entorno. En este momento del duelo se pueden experimentar emociones adaptativas y positivas que llevarán al doliente a sentirse tranquilo a pesar de la ausencia del ser querido. Finalmente, la cuarta tarea plantea que se debe recolocar al fallecido en un “lugar” para el doliente, que le permita continuar viviendo de manera adaptativa en el mundo a pesar de la ausencia física del ser querido. Es importante resaltar que el duelo finaliza cuando la persona ya no necesita reavivar el recuerdo de la persona con una intensidad emocional excesiva en el curso de la vida diaria (Vargas, 2013). Por otro lado Kubler (1969) enfocó su teoría hacia los cuidados paliativos con el objetivo de afrontar la muerte de una manera serena y tranquila; adujo cinco etapas del duelo, entre ellas se encuentra la negación, momento donde surgen diferentes preguntas ante el acontecimiento como ¿Por qué? ¿Por qué pasó esto? ¿Por qué a mí? entre otros. Cabe

p. 13

mencionar que este momento del duelo resulta difícil y en algunos casos casi imposible realizar una asimilación de la enfermedad, diagnóstico o en otros casos de la pérdida. La segunda etapa es la ira, en la cual surgen diferentes emociones enfocadas hacia la rabia, la hostilidad y el resentimiento. Además, se busca un responsable de la situación o algún culpable sobre el cual se pueda descargar la carga emocional, puede ser una persona cercana, el personal médico o dependiendo de las religiones o creencias de las personas hacia dios. La tercera etapa es del pacto/negociación, esta parte del proceso suele utilizarse como “mecanismo de defensa” para mitigar el dolor y en el que se busca hacer una tregua o negocio a cambio de tener devuelta al ser querido, es decir, “yo hago esto si mi familiar mejora”, “yo cambio esta conducta si tengo más tiempo para estar junto a esa persona”, pero en esta etapa solo se está tratando de dar una solución al dolor experimentado por las personas al tener que afrontar dicha situación. Al final de esta etapa suelen surgir preguntas como ¿qué hubiera sucedido sí? ¿Me faltó hacer más? ¿Si yo hubiera hecho esto o lo otro? En la cuarta etapa de la depresión, se afronta de una manera definitiva la realidad de la pérdida y empiezan a surgir los sentimientos de vacío y profundo dolor, pues la persona doliente se enfrenta a la incertidumbre de lo que vendrá. La última y quinta etapa es la de aceptación, en donde se da una resignificación al concepto que se tiene de la enfermedad, situación de dolor y muerte; no se buscan culpables y la persona se centra en aprender a vivir con el dolor y con la pérdida del ser querido. Al final de este proceso de duelo, las personas aprenden a disfrutar nuevamente de actividades placenteras.

Bowlby (1993) fue otro de los autores que planteó cuatro fases del duelo. La primera llamada “fase de entumecimiento o shock”, la persona se encuentra en un estado de shock o de incredulidad de la situación, incluso se pueden presentar sentimientos y pensamientos de embotamiento, el estado de ánimo puede ser fluctuante; no existe un tiempo exacto por el cual las personas pasen de una fase a otra, pero está en específico suele ser corta. La segunda fase, denominada “de anhelo y búsqueda”, se caracteriza por cambios anímicos en la persona,

p. 14

quien fluctúa entre emociones como la ira y la tristeza profunda, puede además culpabilizarse a sí misma o a otros y se contempla para algunos, el retorno de la persona ausente; esta etapa puede durar meses e incluso años, identificándose en este periodo posibles indicadores de duelo patológico.

La tercera fase “desorganización y desesperanza” está acompañada de un sentido de realidad más real y consciente de la situación que se está viviendo. Esta fase trae consigo un desajuste no solo emocional sino también comportamental, puesto que se puede experimentar pérdida de peso, malos hábitos alimenticios, cambios en los horarios del sueño e incluso se pierde el sentido y propósito de vida. En esta fase es esperado que el doliente se encuentre en un estado de aislamiento de las actividades o personas con las que anteriormente solía compartir y realizaba actividades que generaban placer. La fase 4 llamada “de reorganización” momento en el que la persona se siente apta para continuar con su vida y con las diferentes actividades, obligaciones o tareas que anteriormente realizaba. Plantean nuevas estrategias de funcionamiento o dinámicas teniendo en cuenta la ausencia de la persona que no está, se da un resignificado a la vida y se permite una mirada hacia el futuro. Por otro lado también tenemos la teoría de Parkes (1964) quien planteó un modelo esquemático del proceso de duelo, conformado por 4 etapas, la primera llamada “entumecimiento y embotamiento” la segunda “anhelo y languidez”, la tercera “desorganización y desesperación” y la cuarta “reorganización y recuperación”. Cada teórico llamó de una manera diferente su planteamiento, pero en el proceso de detallar los momentos que tiene un duelo, concuerdan y se relacionan entre sí.

Por su parte Santos del Prado (2013) expresa que “La única finalidad de atravesar y vivir de una manera sana y adaptativa un proceso de duelo es poder dar un resignificado a la pérdida y poder aprender a vivir con la ausencia del ser querido ausente” (p. 24).

p. 15

Factores Intervinientes En La Construcción De La Relación Terapéutica: Su Influencia Sobre La Identificación, Instauración Y Promoción De Las Estrategias De Afrontamiento En Población Adolescente La alianza terapéutica, a partir de la teoría planteada por Hartley (1985), es un concepto utilizado para explicar la relación que existe entre psicólogo y paciente durante el proceso psicoterapéutico.

Bordin (1979) señala que todos los enfoques terapéuticos coinciden en afirmar que una buena alianza terapéutica es indispensable para la consecución de los objetivos propuestos. Sin embargo, este autor aclara que las variables que miden la calidad de dicha relación cambian dependiendo del enfoque que tenga el terapeuta.

Vale la pena aclarar que el concepto de relación terapéutica tuvo su origen desde la teoría psicoanalítica, pero la teoría cognitiva “adoptó presupuestos básicos que han sido modificados y acoplados al marco de referencia” (Arango y Moreno, 2009, p. 4), teniendo en cuenta que para el enfoque cognitivo es importante los esquemas o creencias mentales, definidas como: “estructuras por las cuales se regulan las relaciones humanas, entre ellas la relación terapéutica, además este mismo autor señala los factores empatía, flexibilidad, iniciativa del terapeuta, actitud docente” (p. 10).

Por su parte, Semerari (2002) señala que “los acontecimientos relacionales relevantes de la terapia se generan a partir de aplicar el terapeuta los prototipos relacionales del paciente y de las respuestas del terapeuta mediadas, a su vez, por sus propios prototipos personales” (p. 83), y es importante aclarar que para este autor la relación terapéutica es de gran importancia ya que el éxito de la psicoterapia se encuentra determinado por esta; señalando que “la relación terapéutica tiene la capacidad de mejorar las predicciones negativas de los esquemas interpersonales del paciente y por ende, da lugar a una experiencia que en sí mismo es curativa” (p. 138).

p. 16

Padesky y Greenberger (1995) consideran que la terapia cognitiva ha adoptado la idea de que la relación terapéutica pone de manifiesto el equilibrio de la colaboración entre terapeuta y clientes. Los terapeutas y los niños son verdaderos socios en el viaje terapéutico, se busca con este fomentar una atmósfera de curiosidad compartida entre el terapeuta y el niño.

Es aquí donde revisando autores como Beck (1979), se encuentra el concepto de empirismo colaborativo para hacer alusión al trabajo en equipo y la colaboración entre paciente y terapeuta. Ambos trabajan en identificación de problemas centrales, instauración y promoción de las estrategias de afrontamiento en adolescentes (Friedberg y McClure, 2011). Es importante anotar que autores como Friedberg y McClure (2011) expresan que el terapeuta debe ser capaz de transmitir una actitud empática, de implicación cálida y genuina. El empirismo colaborativo y el descubrimiento guiado trascienden canales de comunicación y facilitan el establecimiento de relaciones terapéuticas constructivas que impulsen la terapia. Según Friedberg y McClure (2011):

La motivación del niño también determina el nivel de empirismo colaborativo (…). Los pequeños muy evitativos y poco motivados suelen reaccionar intensamente cuando creen que les están controlando, así mismo los estilos interpersonales de los niños influyen en el empirismo colaborativo, algunos niños se comportan de un modo más pasivo que otros y buscan más el apoyo y la orientación de los demás; y otros niños siguen más su propia guía, comportándose de un modo más autónomo (p. 39). La relación terapéutica es vista como un constructo que incluye la relación real y la alianza de trabajo, de acuerdo con Harttley (1985) la relación real remite al vínculo entre el paciente y el terapeuta, la alianza de trabajo tiene que ver con la capacidad de ambos para trabajar conjuntamente según los objetivos previstos, así mismo hace referencia Bordin (1979)

p. 17

quien propuso la definición con mayor aceptación denominando a la alianza terapéutica como un constructo multidimensional en el cual se identifican de tres componentes: 1. Acuerdo en las tareas. 2. Vínculo positivo y 3. Acuerdo en los objetivos (Etchevers, et al, 2013). Botella y Corbella (2011), expresan que:

Es importante tener en cuenta las necesidades que tiene el paciente frente al motivo por el cual llega a consulta y el objetivo se construya conjuntamente, ya que muchas veces el paciente no los percibe por su angustia; pero es una necesidad inmediata para generar los cambios que desea” (p. 27).

Rincón (2018) planteó que durante la psicoterapia el paciente puede tener como objetivo principal el emplear estrategias comportamentales y afectivas para la resolución del duelo patológico en el que se encuentran. Se ha demostrado que el grado de alianza terapéutica durante la terapia genera mejores resultados, tanto por la motivación personal del paciente como el interés por el desarrollo de su self (Millán. y Solano, 2010). Discusión Los adolescentes en su curso de vida experimentan situaciones de pérdida y separación de sus apegos, pues como seres humanos forman vínculos afectivos de manera constante y al desligarse de estos, es posible que se generen síntomas de malestar y sentimientos de duelo (Worden, 2010).

La separación y modificación de los vínculos, requiere del uso de herramientas aprendidas con el fin de mitigar las manifestaciones de dolor causadas por la pérdida de un objeto, de un empleo, por ruptura amorosa, por fallecimiento de un ser querido, entre otros; dado que esta es antecedida regularmente por la creación de apegos que posteriormente conllevan al tránsito de diferentes duelos mediante la experimentación de grados de intensidad

p. 18

emocional y la necesaria puesta en curso de diversas estrategias de afrontamiento (Flórez,

2002).

Teniendo en cuenta que el duelo al ser un proceso intrínseco a la vida humana está permeado por diferentes tipos de apegos en cuanto a objetos, situaciones, personas, animales, empleos, entre otros, resulta importante mencionar lo que Cabodevilla (2007) expresa: Efectivamente, desde el propio nacimiento, como la primera dolorosa separación, la vida de cada uno de nosotros, de nosotras, es un continuo de pérdidas y separaciones, hasta la última y probablemente más temida, que es la de la propia muerte y la de nuestros seres queridos. (p. 164) En este sentido, el afrontamiento del duelo implica el curso del ser humano por fases de negación, enojo o ira, negociación, depresión y aceptación, trasversalmente ligadas a factores diferenciales de connotación cultural, contextual y de carácter psicosocial, lo que implica que los procesos no serán lineales necesariamente, ni con un orden preestablecido; siendo identificado como “natural” o esperado, que el doliente al estar en una etapa transite o regrese a otra (Oviedo, Parra, Marquina, 2009).

Por tanto, a la hora de abordar y de aplicar estrategias de afrontamiento durante un proceso de duelo, los adolescentes se perciben generalmente influenciados por el contexto sociocultural, por lo que, algunas ocasiones se requiere un acompañamiento psicoterapéutico donde puedan promoverse estas herramientas, estrategias y recursos idóneos; ya que es posible evidenciar cómo dicha información ha sido de vital importancia para los profesionales al momento de establecer una óptima relación terapéutica en términos de metas, tareas y calidad del vínculo.

En ese orden de ideas, se observa de manera clara que el abordaje del duelo, contempla la importancia de su resignificación y superación, mediante procesos diferenciales e

p. 19

integradores de las particularidades que le convocan; en perspectiva de brindar una atención terapéutica basada en las necesidades de cada consultante, logrando así potenciar el objetivo primordial del quehacer profesional y el fomento de una óptima relación terapéutica basada en metas y objetivos psicoterapéuticos; al respecto Arango & Moreno, (2009) señalan que: “En esta terapia se pueden generar diferentes tipos de relación según la personalidad del paciente y de acuerdo al tipo de relación se guiará el proceso terapéutico” (p. 2), con el fin de que a través del Descubrimiento guiado y del empirismo colaborativo (Beck 1979), la alianza terapéutica pueda influenciar la búsqueda de los diferentes herramientas y recursos de afrontamiento instaurados o se logre el aprendizaje de otros, con el fin de seguir con el proceso que se esta transitando.

Al respecto Frydenberg y Lewis (1997) afirman que el psicólogo necesita conocer los modos de afrontamiento del adolescente, ya que tal información es útil para la interpretación de sus sentimientos, ideas y conductas, estos definen al afrontamiento como “las estrategias conductuales y cognitivas para lograr una transición y una adaptación efectivas” (p. 13). Según Palacio y Romero (2009) la transición de situaciones inesperadas a partir de eventos personales o psicosociales, exige a los adolescentes desarrollar estrategias para su afrontamiento, como grupo de predisposiciones personales útiles para gestionar situaciones generadoras de malestar, siendo determinantes de un proceso concreto y específico para ser utilizadas en diferentes contextos dependiendo de sus condiciones (carver et al., 2003). De acuerdo con lo anterior, el éxito o el fracaso al utilizar las estrategias de afrontamiento no se categorizan como positivas o negativas. Su efectividad se debe evaluar atendiendo a las posibilidades del entorno, los fines que se persiguen con determinada conducta, ciclo vital del joven, entre otros factores asociados (Compas et al 2001).

p. 20

Desde ese punto de vista, dentro del proceso de construcción del presente artículo de revisión, no se logró obtener información que ayudará a profundizar lo relacionado con las herramientas de afrontamiento terapéuticas para adolescentes, siendo esto un asunto que muestra la necesidad de realizar diferentes investigaciones y proponer realizar estudios de caso, tendientes al desarrollo de esta categoría, que si bien se observa esta desarrollada en el ciclo vital de la adultez, no cuenta con elementos suficientes para el ciclo vital de la adolescencia, Conclusiones Los adolescentes al atravesar situaciones de duelo despliegan procesos cognitivoconductuales alusivos a diversas estrategias de afrontamiento de connotación adaptativa o desadaptativa; requiriéndose por tanto, del proceso de evaluación y diagnóstico, un ejercicio clínico hábil en el fomento de la relación terapéutica.

Por otra parte, al establecer un vínculo de relación terapéutica de allí surge el empirismo colaborativo y el descubrimiento guiado para que se logre una dinámica bidireccional orientada a la optimización de los recursos del adolescente y por consiguiente, a la adquisición y el establecimiento de las habilidades de afrontamiento; logrando así permitir movilizarse en contextos y/o situaciones que puedan de modo eventual conllevar interpretaciones de pérdida. Al ser revisada la triada propuesta en este artículo, es menester observar cómo el adolescente que se encuentra en un proceso de duelo por muerte de un ser querido, necesita desarrollar, aplicar herramientas y estrategias de afrontamiento; al no contar con ellas deben ser instauradas, promovidas para lograr su aplicación, obteniendo como resultado la vinculación paciente-psicólogo con una relación bidireccional que como se ha venido expresando, lo que implica un trabajo de exploración, aprendizaje y mantenimiento. Al desarrollarse estos diferentes instrumentos y estrategias el adolescente podrá manejar ya sea

p. 21

en ese proceso de duelo en el que se ve inmerso, o a manejar otro tipo de pérdidas en su vida cotidiana.

Referencias Amezquita, A., Borrero, M., (2016). La inteligencia Emocional como Herramienta para Afrontar un Duelo - Análisis sistemático de la literatura. Universidad Cooperativa de Colombia. 2016_inteligencia_emocional_duelo.pdf Arango A., Moreno, M (2009). Más allá de la relación terapéutica: un recorrido histórico y teórico. Acta colombiana de psicología, 12(2),135-145.[fecha de consulta 14 de noviembre de 2021]. ISSN: 0123-9155. disponible en:

https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=79815640013 Arango, E., Acevedo, A. (2018). Como es el cielo. ISSB. 9789588983134. Bedoya, D., Ochoa, P (s.f) La Alianza terapéutica como predictor de resultados en un adolescente con problemas parentales: reporte de un caso clínico. Universidad Católica de Pereira.

Bermejo C., Villacieros M., Fernandez, Invención. (2016). Escala de mitos en duelo, relación con el estilo de afrontamiento evitativo y validación psicométrica. Acción psicológica.

13(2), 129-142.

Bermejo, J., Magaña M., Villacieros M., Carabias, R., Serrano I. (s.f). Estrategias de afrontamiento y resiliencia como factores mediadores de duelo complicado. Centro Humanización de la Salud. Madrid. 85-95. Aplicaciones psicoterapéuticas.

p. 22

Bowlby, J. La pérdida afectiva, tristeza y depresión. Barcelona, Paidos, 1993. Bowlby, J. (1993). La pérdida Afectiva, Tristeza y Depresión. El Duelo y las Etapas de la Vida,

16. Recuperado el 04 de 11 de 2021, de

https://www.redalyc.org/pdf/2650/265019649011.pdf Cabodevilla, I.. (2007). Lças pérdidas y sus duelos. Anales del Sistema Sanitario de Navarra, 30(Supl. 3), 163-176. Recuperado en 01 de febrero de 2022, de http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1137- 66272007000600012&lng=es&tlng=es.

Etchevers, Martín, & Simkin, Hugo, & Putrino, Natalia, & Greif, Julieta, & Garay, Cristian, & Korman, Guido P. (2013). Relación terapéutica: estudio en población de estudiantes universitarios. Anuario de Investigaciones, XX( ),39-47.[fecha de Consulta 1 de Febrero de 2022]. ISSN: 0329-5885. Disponible en:

https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=369139949035 Figueroa, M., Contini, N., Betina Lacunza, A., Levín, M., Estévez Suedan, A. (2005). Las estrategias de afrontamiento y su relación con el nivel de bienestar psicológico. Un estudio con adolescentes de nivel socioeconómico bajo de Tucumán (Argentina). Anales de Psicología, 21(1),66-72. ISSN: 0212-9728. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=16721108 Friedberg, R., Mcclure. J. (2011). Practica clínica de terapia cognitiva con niños y adolescentes. Conceptos esenciales. Paidos. Madrid.

García, Silvia; Torres Gómez, A; Castillo, L; Sauri Suárez, S; Martínez Silva, B (2008) El proceso del duelo. Un mecanismo humano para el manejo de las pérdidas emocionales Revista de Especialidades Médico-Quirúrgicas, vol. 13, núm. 1, enero-marzo, 2008, pp.

28-31.

p. 23

Gallego, A; De Pedro, A. (2019), El duelo de la muerte en la etapa de la adolescencia. International Journal of Developmental and Educational Psychology INFAD. Revista de Psicología, Nº1 - Volumen 1, ISSN: 0214-9877. pp:93-101 Gómez, Sancho M. (2004). La pérdida de un ser querido, el duelo y el luto. Madrid: Arán Ediciones, Gómez, B. (s.f). “La relación terapéutica en terapia cognitiva” Recuperado de: https://docplayer.es/155426-La-relacion-terapeutica-en-terapia-cognitiva-beatrizgomez.html Gonzalez, R., Montoya, I., Casullo M., y Bernabéu, J. (2002). Relación entre estilos y estrategias de afrontamiento y bienestar psicológico en adolescentes. Psicotherma. Universidad de Valencia.. Vol. 14. No. 2 pp 363-368. ISSN 0214 – 9915. https://revista.infad.eu/index.php/IJODAEP/article/view/1388/1185 Guillén, E., Gordillo, M., Gordillo, M., Ruiz, I., Gordillo, T. (2013). Crecer con la pérdida: el duelo en la infancia y adolescencia. International Journal of Developmental and Educational Psychology, 2(1),493-498.[fecha de Consulta 15 de Noviembre de 2021]. ISSN: 0214-9877. Disponible en:

https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=349852173033 Kubler Ross, E. (1969). on death and dying. New York: The Macmillan Company. Mestre, V., Samper, P., Tur, A., Richaud, M., Mesurado, B. (2012). Emociones, estilos de afrontamiento y agresividad en la adolescencia. Universitas Psychologica, 11(4),1263- 1275.[fecha de Consulta 15 de Noviembre de 2021]. ISSN: 1657-9267. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=64725418021 Ortego, M. M. (2001). EL DUELO. CIENCIAS PSICOSOCIALES II, 14.

p. 24

Parkes, C. (1964). Las Etapas del Duelo. REVISTA de la Asociación española de Neuropsiquiatría, xxix(104), 455-469. Obtenido de https://www.redalyc.org/pdf/2650/265019649011.pdf Pérez, P (s.f). Trauma, culpa y Dreuelo. Hacia una psicoterapia integradora. Programa de Autoformación en Psicoterapia de respuestas traumáticas.

Reyes, V., Reséndiz, A., Alcázar, R. & Reidl, L. (2017). Las estrategias de afrontamiento que utilizan los adolescentes ante situaciones que provocan miedo. Psicogente, 20(38), 240-

255. http://doi.org/10.17081/psico.20.38.2544

Rincón, S. (2108). Duelo una relación directa con el control de emociones –caso único. Universidad Cooperativa de Colombia – Sede Bucaramanga – Psicología. Modalidad degrado.

http://repository.ucc.edu.co:8082/bitstream/20.500.12494/11212/1/2018_duelo_relacion_ directa.pdf Safran, J., Muran. J. (2005). La alianza terapéutica. Una guía para el tratamiento relacional. Bilbao: Desclée De Brouwer.

Santibáñez, P., Román, M., Vinet, E. (2009). Efectividad de la psicoterapia y su relación con la alianza terapéutica. interdisciplinaria, 26(2),267-287. ISSN: 0325-8203. disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=18011827006 Tizón, J. (2007). La Muerte en Tanto qué Pérdida de la Vida. Clínica e Investigación Relacional- Revista Electrónica de Psicoterapia, 372-393. Obtenido de https://www.psicoterapiarelacional.es/Portals/0/eJournalCeIR/V1N2_2007/03J_Tizon_M uerte%20en%20tanto%20que%20perdida%20de%20la%20vida_CeIR_V1N2.pdf

p. 25

Vargas, M. (2013). No Temas Continuar en la Vida. Ellos siguen contigo. Asociación Mexicana de Tanatologia A.C. Capítulo Regional Querétaro.

Vedia Domingo, V. (2016). DUELO PATOLÓGICO Factores de Riesgo y Protección. Revista Digital de Medicina Psicosomática y Psicoterapia, 1(2), 23. Obtenido de https://www.psicocincias.org/pdf_noticias/Duelo_patologico.pdf Veloso, C., Caqueo,, W., Caqueo, A., Muñoz, Z., Villegas, F. (2010) Estrategias de Afrontamiento en adolescentes. Revista Psicológica. V. 22 – n 1. p. 23-34. Viñas, F., González, M., García, Y., Malo, S., Casas, F. (2015). Los estilos y estrategias de afrontamiento y su relación con el bienestar personal en una muestra de adolescentes. Anales de Psicología, 31(1), 226 233.

Worden, W. (1997) El tratamiento del duelo: asesoramiento psicológico y terapia. Buenos Aires, Paidos, 1997.

Worden, J. (1997). El Tratamiento del Duelo (4 ed.). Barcelona: Ediciones Paidós. https://www.redalyc.org/journal/4975/497557156010/html/

Cita: Calderon Villegas, Maria del Pilar, Meza Gonzalez, Victoria Andrea, Isaza Diaz, Daniela Dayanna (2022), Duelo y estrategias de afrontamiento en población adolescente : la relación terapéutica como eje movilizador del proceso psicoterapéutico, Universidad Católica de Pereira, p. N. http://hdl.handle.net/10785/12251