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Influencia de la Negligencia Parental en la Autonomía del Adolescente

Kelly Melissa Lasso Calvache1 Maribel Muñoz Catuche2 Maryury Sepúlveda Cubides3

Diana Carolina Arias Rodríguez4 Resumen Este artículo de reflexión permite precisar aspectos de la negligencia parental y cómo estos afectan el desarrollo del individuo en la adolescencia. Para lograrlo, se hizo una revisión sistemática de libros y artículos extraídos de bases de datos con evidencia del enfoque sistémico, que incluyen la estructura familiar, dinámica parental, negligencia parental, ciclo vital y autonomía. Se puede concluir que una dinámica parental negligente afecta la forma en que el individuo termina expresándose y relacionándose con el medio que lo rodea. Así como el éxito por alcanzar sus propias expectativas que si bien no son imposibles son difíciles y toman tiempo en ser alcanzadas; comparado con aquellos que han recibido un apoyo diligente por parte de sus padres.

Palabras claves:

Familia, Negligencia parental, Adolescencia, Autonomía, Enfoque Sistémico. Abstract This reflection article allows us to clarify aspects of parental neglect and how they affect the development of the individual in adolescence. To achieve this, a systematic review

1Profesional en psicología, Fundación Universitaria de Popayán (FUP). Contacto: meeli1906@hotmail.com. 2Profesional en Psicología, Fundación Universitaria de Popayán (FUP). Contacto: maribelcatuche7@gmail.com. 3Profesional en Psicología, Universidad de San Buenaventura (USB). Contacto: maryurisepulveda_81@hotmail.com. 4Directora. Máster en orientación educativa familiar, Universidad Internacional de la Rioja. Psicóloga clínica. Docente y asesora en la Universidad Católica de Pereira. Contacto: carolina.arias@ucp.edu.co.

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was made of books and articles extracted from databases with evidence from the systemic approach, including family structure, parental dynamics, parental neglect, life cycle and autonomy. It can be concluded that a neglectful parental dynamic affects the way in which the individual ends up expressing him/herself and relating to the environment around him/her. As well as the success in reaching their own expectations which although not impossible are difficult and take time to achieve; compared to those who have received diligent support from their parents.

Key words:

Family, Parental neglect, Adolescence, Autonomy, Systemic Approach.

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Con el presente artículo de reflexión pretendemos hacer una aproximación teórica acerca de cómo la negligencia de los padres influye en el desarrollo de la autonomía del adolescente, para ello, se hizo una amplia revisión bibliográfica a partir de la investigación y exploración de artículos y libros publicados en bases de datos académicas como Ebsco, Scopus, Elibro, Scielo y Redalyc desde el año 1994, teniendo en cuenta que la búsqueda arrojó pocas publicaciones primarias recientes. En la revisión realizada se destacan autores que se han dedicado a esta temática tales como Minuchin, Fishman, Bermúdez, Jordan, Ríos y Sierra, siendo estos grandes exponentes al respecto, caracterizados por un profundo análisis a la luz del enfoque sistémico.

De este modo, se tienen en cuenta conceptos que se hacen relevantes para la construcción del artículo, como lo es el concepto de familia, sistemas y subsistemas, ciclo vital, negligencia parental y autonomía del adolescente. En ese sentido, encontramos significativo referirnos a este tema ya que representa una problemática familiar que se ha invisibilizado en muchos hogares y consideramos que repercute enormemente en la mayoría de las falencias sociales de nuestro país; reflejado así, en sujetos inseguros que no tienen la facultad de tomar sus propias decisiones, no logrando así avanzar en su ciclo vital. Todo esto se traduce en una escasa producción intelectual, convirtiendo a los jóvenes de este país en seguidores de frases como: “no nacimos pa’semilla”, “el gobierno no me da oportunidades”, y “el soy pobre y vivo lejos”, siendo así, víctimas de mentes macabras que ofrecen una rápida fuente de identidad que promulgan la aceptación e inclusión que nunca tuvieron en sus hogares, pues les permiten tomar decisiones independientes de su grado de

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moralidad por absurdas que estas sean, convirtiéndose así en “redes de amigos convenientes” que tienen como único propósito la mediocridad, el conformismo, la violencia, la improductividad, la anarquía y en algunos casos la pérdida de la vida misma. Es así que, cuando escuchamos de negligencia parental, inevitablemente evocamos situaciones donde los menores están implicados en numerosas experiencias de abandono y descuido por parte de varios de sus miembros, los cuales se manifiestan de forma implícita o explícita, ya que, en mucho de estos casos terminan en instituciones que reconocemos audiovisualmente, tales como: la Unicef, Los Niños Buscan su Hogar del ICBF, hogares como los de Juan Bosco, Papá Jaime y El Padre Nicoló, sin contar, con un sinnúmero de instituciones y ONGs dedicadas a ello; incluso de estas, con interés comercial y económico y no por los niños, como Las Góticas del Grupo Éxito que solo buscan disminución en sus impuestos a través de programas sociales. Posiblemente, todo esto, sucede por falta de empoderamiento de los roles parentales en aquellos hogares donde la dinámica familiar debe cumplir con el papel fundamental de garantía, afecto, protección, estabilidad, acompañamiento a niños, niñas y adolescentes.

Además, este artículo presenta la novedad disciplinar al cubrir esa brecha del conocimiento, aportando información que puede servir de base para futuros estudios investigativos aplicados y relacionados a las categorías abordadas. A continuación, en los apartados del presente artículo se presentarán investigaciones relacionadas con la familia, las dinámicas del subsistema parental, la negligencia parental, el ciclo vital y la autonomía; en las que se mencionarán de forma breve sus conclusiones.

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Empezaremos por ver, uno de los artículos más relevantes en el que se logra apreciar el impacto del rol parental en la vida de los hijos que fue realizado por Nancy T. Jordan, designado Síndrome del Niño Maltratado: Variedad Negligencia, quien expone los diferentes tipos de negligencia parental, las manifestaciones conductuales y emocionales que de manera prolongada puede ocasionar el abuso de sustancias psicoactivas en menores, el ausentismo escolar, la inseguridad, las dificultades para relacionarse y la carencia de habilidades cognitivas. En segunda instancia, un estudio realizado por Rosario Esteinou denominado Autonomía Adolescente y Apoyo y Control Parental en Familias Indígenas Mexicanas, que analiza de forma descriptiva las percepciones de los adolescentes sobre su autonomía y los comportamientos del subsistema parental; teniendo como resultado que el estilo parental más usual es el autoritario, el cual permite un tipo de autonomía desconectada. Por el contrario, una investigación realizada por Paola Vargas, Paula Neuman, Ferrazza Alves, Marco Pereira y Adriana Wagner, titulado Autonomía, cuyo contenido trata sobre la comparación de la evaluación de padres e hijos en variables como autonomía del adolescente y autoridad parental; logrando concluir, que es importante un equilibrio entre afecto y normas en la dinámica del sistema con el fin de lograr el poder de decisión del joven. Sin duda alguna, la familia, es el primer sistema protector de los individuos, encargada de velar por las necesidades somato, auto, y alopsíquicas del sujeto, al mismo tiempo, es el primer sistema que puede poner en riesgo el sistema protector del adolescente, sin embargo, se debe tener en cuenta que a partir de las pautas de interacción y nutrición relacional que se establecen en dinámicas familiares, se puede inferir si éstas pueden o no afectar la salud mental y la integridad de cada miembro de la familia.

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Debe señalarse entonces, que el sistema familiar funciona según Saavedra (2014) como matriz en el desarrollo de la identidad y del desarrollo psicosocial de sus miembros, en especial de los hijos, y por consiguiente las personas que conforman la familia desarrollan un entorno de acciones secuenciales o de emergencia particulares, que solucionan la problemática diaria de la vida y terminan por ayudar a determinar la identidad del sujeto. Se espera, que con este artículo reflexivo se contribuya a una mayor comprensión del impacto de la negligencia parental en el funcionamiento integral del adolescente, en especial en el desarrollo de la autonomía.

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Marco Teórico La familia La familia es la base fundamental para la formación biológica, psicológica y social de todo ser humano, es considerada como un grupo de personas que comparten vínculos de convivencia, consanguinidad, parentesco y afecto. Por ende, el núcleo familiar se encarga de asegurar la socialización y educación para la inserción en la vida social y la transmisión generacional de cultura, identidades y valores. De esta manera para Minuchin y Fishman (citado por Arrans y Torrealba, 2017) a través del tiempo la familia ha construido dinámicas de interacción basadas en pautas que regulan el comportamiento de cada miembro del sistema y facilitan una interacción positiva, además de desplegarse una serie de tareas que fortalecen la individuación y al mismo tiempo forman un lazo de unión afectivo con el mismo. Por consiguiente, debe señalarse los diferentes conceptos que existen con relación a la problemática expuesta de la influencia de la negligencia parental en la autonomía del adolescente; para ahondar, entender y aclarar cómo el sistema familiar elabora pautas de interacción que permiten estructurar la dinámica familiar en subsistemas parentales que van acordes al ciclo vital de cada uno de sus miembros, siendo este diligente o negligente en la construcción de la autonomía del adolescente. Por lo tanto, cabe resaltar y definir el concepto de familia, dinámica del subsistema parental, negligencia parental, ciclo vital y autonomía; como ejes fundamentales que constituyen, desarrollan y determinan a cada ser humano, los

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cuales proporcionan un sentimiento de pertenencia en el proceso de construcción de identidad y proyecto de vida en el adolescente.

El concepto de familia ha ido evolucionando, es por ello por lo que los científicos refieren varias versiones que dan cuenta del origen etimológico de la palabra familia, sin que haya un verdadero consenso de criterios frente a este grupo de personas que unifique su proceder frente a lo que se espera “culturalmente”, la manera en la que se desenvuelve cada sistema familiar depende mucho de las figuras que la conforman, su organización y expresión favoreciendo o no un fundamento grupal de unión.

No obstante, en la actualidad, para la Organización Mundial de la Salud (Citado por CANVIS, 2021), define a la familia como el “conjunto de personas que conviven bajo el mismo techo, organizadas en roles fijos (padre, madre, hermanos, etc.) con vínculos consanguíneos o no, con un modo de existencia económico y social comunes, con sentimientos afectivos que los unen y aglutinan”. (prr.6) Reflexionando, se puede decir, que el concepto de familia transmuta a través del tiempo, adoptando diversos significados transgeneracionales que constituyen ideologías, jerarquías y nutrición relacional, que no sólo representan propósitos y objetivos claros en programas de acción, sino que también, determinan un sistema y una unidad constitutiva de cualquier comunidad, tomando a la familia como la célula o el núcleo fundamental de toda sociedad. En este sentido, la familia es el escenario donde se construyen una serie de interrelaciones sinérgicas que dinamizan las etapas del ciclo vital de cada integrante, posibilitando un sostén individual que potencializa la evolución negativa o positiva de cada sujeto.

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La anterior reflexión, es argumentada por Sierra (2018) al referir que la familia es el primer lugar de socialización, donde se aprenden normas, creencias y costumbres que acompañan el desarrollo de la personalidad del sujeto; siendo así, un apoyo emocional donde se establecen vínculos afectivos en los diferentes sistemas relacionales, construyendo experiencias que le permiten al sujeto desenvolverse en diversas situaciones de la vida cotidiana, permitiendo que las familias sean diferentes y que cada miembro tenga distintas características individuales. Es por ello, que es fundamental enfatizar en la inclusión de un verdadero sistema de pautas interaccionales que permitan la predisposición al fortalecimiento de vínculos y recursos, que conlleven a la secuencia de experiencias seguras para el desarrollo del adolescente.

Todo esto nos confirma, que la familia es el eje estructural de cada individuo, la cual se encarga de estimular y desarrollar las competencias pertinentes para desenvolverse en la sociedad. De esta manera, es trascendental abordar diferentes autores que permiten conocer la influencia de la dinámica familiar en la autonomía del adolescente. Dinámica del Subsistema Parental Para describir la dinámica en el subsistema parental, es necesario destacar, que el sistema familiar está conformado por diferentes subsistemas, entre estos el subsistema conyugal, el cual está formado por la pareja; el subsistema parental, el cual está constituido por madre y padre, y el subsistema filial, que está compuesto por los hijos (Ríos, 2014). Vale la pena mencionar que el subsistema parental, continúa integrado aun cuando el padre y la madre estén separados.

Así pues, la dinámica en el subsistema parental está enfocada en la crianza de los hijos y a su vez, ejerce una función de vital importancia como lo es la socialización, entre otros.

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La relación interpersonal de cada menor inicia en la familia y de las primeras experiencias depende la adaptación con el medio en el que se desenvuelven; los niños y adolescentes se comunican en este espacio según sus necesidades, aprendiendo a reconocer qué es aceptado o no según su comportamiento, además de experimentar la modalidad familiar con la que se resuelven los conflictos. (Minuchin y Fischman, 2007). Por lo tanto, a partir de la interacción de los padres con los hijos se fijan diversos estilos de crianza, los cuales terminan cumpliendo un papel fundamental en el desarrollo de la personalidad de cada sujeto, teniendo en cuenta que bajo esta premisa se fijan normas, reglas y creencias colectivas e individuales, de este modo en el círculo familiar se establecen experiencias de comunicación y relación que precisan o no un adecuado funcionamiento. De acuerdo a Fishman y Minuchin (2007) se debe tener en cuenta, que el subsistema parental presenta cambios significativos a medida que los hijos crecen, brindando el espacio para que ellos puedan dar a conocer su punto de vista, además de tomar sus propias decisiones; en especial durante la adolescencia ya que esto reafirma su búsqueda de autonomía, por lo tanto, se recomienda iniciar un proceso de negociación de normas y roles dentro del hogar, cediendo un poco de libertad sin eximir de responsabilidades.

De igual forma, el subsistema parental debe suplir tres necesidades que son trascendentales para el desarrollo del adolescente. Como refiere Ríos (2014): Ante los factores familiares el adolescente precisa afirmar, como mínimo, tres necesidades básicas: afirmación a la independencia, afirmación a la autonomía y afirmación a la originalidad. A cada una de estas necesidades la familia va a responder de un modo particular. (p.152)

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Por tal motivo, la familia responderá según sus pautas relacionales, teniendo en cuenta que desde estas interacciones se favorecerán o se limitarán las tres necesidades antes mencionadas. Desde esta perspectiva, se debe tener en cuenta que es importante flexibilizar esta transición sin el ausentismo constante y /o total de los padres, ya que el adolescente en esta etapa requiere desarrollar un mayor acercamiento a otros sistemas, con el fin de favorecer su individualidad, su autonomía e independencia, potencializando su sentido de pertenencia que será decisivo para su vida adulta. De igual manera, en esta etapa se pueden presentar dificultades como: la sobreprotección o excesiva desvinculación de los adolescentes. Por lo anterior, podemos inferir que es esencial que desde el subsistema parental se brinden herramientas de apoyo como la comunicación y las demostraciones de afecto, siendo estas cruciales para estimular la autonomía de los sujetos, de lo contrario causa dificultades en el comportamiento y en la forma de percibir su realidad.

Negligencia Parental Cada adolescente requiere del apoyo constante en su proceso de transformación, empero, se evidencia que algunos subsistemas parentales cuando atraviesan por el incumplimiento de su rol se muestran apáticos e interrumpen de forma drástica el cuidado de los menores. Delgado (citado por Jordán, 2007) define la negligencia como “forma frecuente de maltrato infantil expresada en la dificultad o en la incompetencia de los padres para salvaguardar de forma correcta la salud del niño, así como asegurar su bienestar” (p. 128). El análisis procedente, hace hincapié en la influencia de la negligencia parental en los cuidados del menor, los cuales deben ir acorde a su edad y a sus necesidades, como también a las condiciones mentales, emocionales y económicas de los padres, que al no ser satisfechas, se manifiestan más adelante en comportamientos inadecuados para el sistema familiar y el sistema

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social, así como en la afectación individual del menor que se evidenciaría en la falta de confianza en sí mismo, en la incapacidad para resolver conflictos y en la dificultad para relacionarse, entre otras causales.

De igual modo, como refiere (Jordan, 2007) se ve reflejado en la adultez la influencia negligente, dado que sujetos que han sido maltratados por negligencia tienden a repetir los mismos legados transgeneracionales presentando pocas o escasas estrategias de afrontamiento en la cotidianidad de manera positiva, puesto que, no se le brindaron las herramientas necesarias para hacerlo.

La negligencia se convierte en un desacierto en el intento de ejercer el rol parental, por lo tanto, entorpece las pautas de interacción familiar que pretenden apoyar cada ciclo vital y mejorar la condición de bienestar, con ello, se hablaría entonces de un desligamiento funcional que fomentaría una baja sociabilidad y carencia de nutrición emocional en cada sujeto; este tipo de afectaciones evidencia que las familias negligentes usualmente suelen ser multiproblemáticas (Jordan, 2007).

De esta manera, en relación con los autores podemos referir que la negligencia determina la interacción del sistema familiar, cuando esta se practica de manera permanente priva a todo individuo de una sana convivencia, protección y afecto, lo cual limita en cada ciclo vital un desarrollo armónico que posibilite la integridad del sujeto. Ahora bien, la negligencia parental va relacionada a esa carencia de normas, disposición y afecto que tiene el subsistema parental hacia sus hijos afectando así su desarrollo emocional y comportamental donde se pueden identificar diferentes formas de negligencia una de ellas el abuso emocional, como mencionan Calzada y Reyes (citado por Matángolo, 2019):

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Existen también formas más sutiles como el rechazo a las iniciativas de apego, la exclusión de las actividades familiares, la transmisión habitual de una valorización negativa, la negación de autonomía, las conductas ambivalentes e impredecibles, los dobles mensajes, el aislamiento social y la prohibición de participar de actividades con sus pares. (p.6) Se espera que el sistema familiar brinde protección y bienestar, aun así, algunas familias son quienes ocasionan amenazas a la integridad de los adolescentes afectando su autonomía e independencia, privando su capacidad de desenvolverse asertivamente en las actividades con sus pares o en la sociedad.

Sumado a esto, como menciona Raya (2009) la ausencia de responsabilidad hacia la conducta de los hijos, la falta de límites en el comportamiento del sujeto, derivando sus deberes parentales hacia otras figuras como familia extensa o sistema escolar, ocasionan problemas de comportamiento, un ambiente desorganizado en el sistema y promueven vulnerabilidad a la ruptura familiar.

Según lo expuesto por el autor, es vital que el subsistema parental tenga una estructura definida con roles establecidos, puesto que este es un recurso que debería ser permanente e irrevocable permitiendo así una participación y adecuada en las necesidades de cada adolescente, de lo contrario, el sujeto en este ciclo vital no tendrá una red de apoyo sólida que le permita afrontar las diferentes situaciones de la vida cotidiana. Es decir, el subsistema parental debe tener la capacidad de ser flexible según los cambios y necesidades del ciclo vital por el cual transita cada sujeto, de no ser así se crearán conflictos que desencadenan la disfuncionalidad en la interacción de padres e hijos.

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Del mismo modo, es conveniente conocer las afectaciones que causa la negligencia en los sujetos como expresa Estévez, Jiménez y Musito (2007) en los sujetos formados en familias negligentes con mayor frecuencia presentan problemas de comportamiento, obstaculizando su proceso adecuado de interacción con su entorno. Las afectaciones de estas familias negligentes pueden ser tan graves, que pueden conducir a personas adolescentes o adultas a delinquir o recurrir a actos poco aceptados por la sociedad.

Para finalizar este apartado, se puede evidenciar que las afectaciones que origina un estilo parental negligente son significativas teniendo en cuenta que los adolescentes tendrán dificultades para relacionarse en el entorno familiar y social.

Ciclo vital Para lograr comprender los procesos por los que pasa tanto la familia como el adolescente, es necesario traer a colación el concepto de ciclo vital y que de acuerdo con Minuchin y Fishman (citado por Bermúdez y Brink, 2010) “él mismo, sucede a través de períodos de adaptación al cambio espontáneo y de aprendizaje de nuevas tareas y roles, seguido de desequilibrios que resultan de mayor complejidad al integrar nuevas crisis y adaptaciones” (p.222).

Como hemos visto, el adolescente atraviesa por una serie de transformaciones que exigen un cambio a nivel estructural en la familia, en el que el apoyo del sistema parental se convierte en eje fundamental para el descubrimiento de sí mismo, fortalecimiento de habilidades y exploración de su entorno. Dado que, le permitirá desenvolverse de manera asertiva en las diferentes áreas de su vida.

Es decir, la familia cumple una tarea fundamental en el desarrollo del sujeto, puesto que, de acuerdo con el ciclo vital en el que se encuentren se verá reflejada la dinámica relacional en

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torno a los cimientos morales, emocionales e identitarios que definirán la formación individual de los adolescentes. Por ello, en la etapa de la familia con hijos adolescentes, se evidencia un cambio emocional, el cual consiste en la aceptación del inicio de la autonomía de los hijos, presentando tareas para el sistema como: flexibilizar las normas y los límites, permitiendo aceptar la identidad que los adolescentes van creando (Bermúdez y Brink, 2010). Es fundamental que el subsistema parental comprenda la importancia de la transición de los adolescentes en esta etapa, la cual debe ser acompañada; sin embargo, se debe disponer de cierta flexibilidad que provoque en el adolescente el desarrollo de las capacidades necesarias para transitar a la vida adulta. Por ello, se trae a colación el ciclo vital del adolescente que según la OMS (citado por Muñoz y Gallego, 2016) es entendida como una etapa que transcurre entre los 10 y los 19 años, existiendo una diferencia en su etapa temprana (10-14) y la tardía (15 – 19 años). Además, refiere que es el período de la vida en el cual el individuo adquiere la capacidad reproductiva, transita los patrones psicológicos de la niñez a la adultez y consolida la independencia socioeconómica.

Así mismo, el término adolescencia según Palmonari (citado por Balbi, Boggiani, Dolci y Rinaldi, 2013) hace referencia “al período de la vida, comprendido entre la infancia y la edad adulta, durante el que se produce en la persona una serie de cambios radicales que afectan al cuerpo, a la mente y a la conducta” (p.19). De este modo, se puede evidenciar que de acuerdo con los diferentes cambios que se generan en esta etapa de la vida se requiere de un óptimo acompañamiento del subsistema parental para la construcción de la autonomía del sujeto. Como se ha evidenciado la adolescencia es la etapa en la cual se constituye la independencia y la autonomía, por este motivo, no es una tarea fácil para los padres y mucho menos para los menores, ya que, se generan diferentes perspectivas de la realidad, donde cada

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sujeto tiene prioridades diferentes para llegar a la independencia. Lo cual ocasiona continuos conflictos y comportamientos no aceptados (Moraleda, 1994).

Como sabemos esta es una etapa de transición de cambios (físicos, psicológicos y relacionales) abruptos y de gran relevancia que conllevan al logro de una identidad personal; transformación que requiere de un acompañamiento familiar constante pero prudente, para lograr cambios significativos y positivos.

Uno de los cambios que debe desarrollar el adolescente está orientado a la adquisición de la capacidad de autonomía, ya que de esta depende el logro de diferentes aspectos personales, en este sentido, en este apartado se abordará la influencia de la negligencia parental en el desarrollo de la autonomía en la transición por la adolescencia.

Autonomía La autonomía se convierte en una capacidad a desarrollar de forma fundamental en la etapa de la adolescencia, ya que, mediante el proceso de adquisición de esta, cada adolescente se muestra seguro de sí mismo, confiado y adquiere mayor responsabilidad y disciplina; por otro lado, un adolescente sin autonomía se muestra dependiente y requerirá de apoyo constante. De este modo, es de vital relevancia comprender el término de autonomía que de acuerdo con Noon, Dekovic, y Meweus (Citado por Fleming, 2005) la definen como “la capacidad de dar dirección a la propia vida, establecer objetivos, sentirse competente y ser capaz de regular las propias acciones” (p.35). De igual forma, Alonso-Stuyck, Cea D’Ancona, Ortega, (citado por Fleming, 2005). Consideran que “se puede entender la autonomía adolescente como un aspecto de la madurez psicológica que, partiendo de la toma de conciencia de sí mismo, se manifiesta en un modo personal de pensar, sentir y actuar” (p.35).

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Por esta razón, el adolescente busca ser cada vez más autónomo e independiente, mediante el proceso de escalonamiento desligado hacia la familia y toda reminiscencia de la niñez. En esta etapa es fundamental la interacción con pares y el conocerse a sí mismo; lo cual le permitirá explorar desde sus recursos otras perspectivas que le ofrezca su contexto y así transitar parcialmente de la niñez a la adultez temprana.

De la misma manera, Douvan y Adelson (citado por Moraleda, 1994), refieren que la autonomía puede medirse En tres formas distintas de comportamiento: la autonomía emocional (el grado en que el adolescente ha logrado deshacerse de los vínculos infantiles que le unen a la familia), la autonomía de conducta (el grado en que el adolescente suele actuar y decidir por sí mismo) y la autonomía de valores morales (el grado en que el adolescente es capaz de regirse por sus propios criterios morales). (p. 244) Sobre lo anterior, expresamos que la autonomía puede vislumbrarse de tres formas, las que comprenden desligarse de su familia rompiendo patrones infantiles, tomar decisiones propias y, por último, determinar si estas decisiones están de acuerdo con su marco de moralidad aprendido.

Dentro de este orden de ideas, como se ha afirmado antes, es conveniente reasignar o resignificar los roles en el sistema familiar, con el fin de favorecer a los adolescentes en la búsqueda de su autonomía y plena libertad, sin dejar de lado las funciones que debe cumplir dentro del hogar. Con este cambio a nivel familiar se avala el propio proceso de cada miembro de la familia según su ciclo vital, respetando su individuación (Arias, 2012). De este modo, el subsistema parental les brindará a sus hijos la posibilidad de tomar sus propias decisiones,

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puesto que reconocen que cuentan con los recursos para afrontar las situaciones de la cotidianidad.

En este sentido, se comprende que el ciclo vital del adolescente se manifiesta de forma crucial y expectante para las familias, sin embargo, en algunas ocasiones el subsistema parental presenta dificultades a la hora de hallar una homeostasis positiva que permita otorgar mayor autonomía y responsabilidad en el adolescente.

Desde esta perspectiva, es relevante el acompañamiento de los padres en el proceso de cambio de la adolescencia a la adultez, del cambio físico, psicológico y relacional de cada menor. Es deber tener claridad en el rol que cumple el subsistema parental en este proceso con el propósito de mantener la armonía familiar.

Como comenta Dusek, Lutte, Palmonari, Kirchery y Pombeni (citado por Aguirre, 1994):

Si la familia estimula la autonomía, mantiene un control flexible, presta apoyo y aceptación, creará un ambiente equilibrador entre la proximidad y la autonomía individual; es decir, será una familia que sabe dejar suficiente “espacio” para el desarrollo de la individualidad. (p. 263) Desde una perspectiva más general, el adolescente en cada subsistema deberá entender que el acompañamiento de sus padres influye de manera significativa, que desde el apoyo del subsistema parental lograrán adecuados procesos evolutivos que facilitarán la armonía en el transcurrir de esta etapa.

En otras palabras, el subsistema parental se modifica debido a los cambios que exige el adolescente según sus necesidades, pese a ello, la cautela debe ser permanente al entrar en concordancia con los acuerdos que genera el vínculo familiar. Esto, con el objetivo de fortalecer

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todas las soluciones intentadas en el sistema y sus recursos, ya que comprende la importancia de los cambios, originando una reciprocidad positiva que sea vista como un bien común que favorecerá la autonomía de cada persona.

Con relación a la problemática expuesta, en última instancia según Nucci (citado por Garibay, 2013) los adolescentes vivencian diferentes perspectivas de su relación con el sistema parental, por ejemplo, cuando se establecen límites claros hay mayor autodisciplina, que cuando se establecen límites difusos o permisivos. Así mismo, cuando los padres conciben mayor autonomía y ejercen un rol más participativo dentro del sistema se refleja en los jóvenes mayor compromiso en las diferentes esferas relacionales. Lo cual ocasiona una negociación de las tareas y normas establecidas en la familia.

En función de lo planteado, la Influencia de la Negligencia Parental en la autonomía del adolescente es evidente cuando la incidencia del rol que cumple el subsistema parental en la coconstrucción del menor, se encuentra dentro de los límites claros en relación al cuidado y apoyo de los padres, los cuales surgen a partir de las motivaciones y posibilidades que el sistema y la dinámica familiar brinda a una autonomía sana y no difusa, haciendo que estos se sientan más seguros de sí mismos, con la convicción firme de ir en búsqueda de lo que desean para su proyecto de vida; por el contrario, al evidenciar límites difusos en la familia se generará en el adolescente poca autonomía e independencia que cuestiona la concepción de todos sus miembros buscando respuestas afectivas, cognitivas y conductuales diferentes, de modo tal que la familia avance hacia un manejo más diferenciado y eficiente de la realidad.

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Discusiones y Conclusiones El objetivo de este artículo estuvo enfocado en conocer la existencia de la influencia de las acciones realizadas desde los subsistemas parentales negligentes en el desarrollo de la autonomía del adolescente. Por ende, se realizó una revisión teórica de libros y artículos con mayor evidencia dentro del enfoque sistémico, entre los que se aprecia desde diferentes tópicos cómo la estructura familiar, el subsistema conyugal y parental, la dinámica parental, la diligencia y la negligencia parental, el ciclo vital y la autonomía, se articulan para concluir finalmente que la negligencia parental si afecta la autonomía del adolescente entorpeciendo o retardando la adquisición de esta.

La familia es un sistema importante en la vida de cualquier ser humano, porque suple tres necesidades fundamentales: la construcción de la independencia, la autonomía y la originalidad, que son favorecidas a partir del grado de estructuración familiar, el cual permite consensuadamente un desligamiento responsable del adolescente y secuencialmente el joven pueda tener un espacio propicio para formular sus propias decisiones, todo esto dentro del nivel de moralidad que le proporcione su familia, permitiendo concretar ideas trascendentes o no para el sujeto y su entorno.

En cuanto a la dinámica del subsistema parental, se puede mencionar (Vega, 2020) que los padres que educan mediante la comunicación activa permiten que sus hijos tengan más confianza para expresar sentimientos o emociones, fortaleciendo así el desarrollo de la

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autonomía y autoestima. Por otro lado, la escasa comunicación entre padres e hijos y una excesiva rigidez en el cumplimiento de las reglas sin tener en cuenta la opinión de los hijos y/o la falta de expresiones de afecto, conllevan a una baja autoestima, dificultades académicas y emocionales. De este modo, hemos logrado observar a futuro estas situaciones conllevan a que la familia tenga la percepción de tener un sujeto “problema”, pues es quien refleja la disfuncionalidad del sistema familiar.

Por otra parte, en la construcción de la autonomía se logran dilucidar cambios en el adolescente de forma puntual y relevante, resultantes de una selección autónoma por el sujeto entre los modelos y estereotipos proporcionados por su familia e iguales, de manera que encajen con la idea de concepción que tienen del mundo, lo cual concreta el punto de partida que los vincula con otros Cazalla y Molero (citado por Mardones y Escalona, 2020). Visto de esta forma, cada adolescente es un mundo diferente, estos comienzan a establecer vínculos afectivos con personas ajenas a la familia; por esta razón, la familia debe exigirse un nivel de comprensión acorde a sus necesidades, con el fin de desplegar una serie de acciones que permita la evolución de cada miembro, aunque cada acción genera incertidumbre de lo correcto e incorrecto.

Por otra parte, el reto para las familias está orientado en brindar flexibilidad en las negociaciones que implican el desarrollo de la libertad, la responsabilidad y la autonomía, dado a que las pautas parentales deben estar encaminadas a cambiar las normas, los límites y el manejo de las relaciones familiares, por ello, es contundente que los padres de familia realicen convenios y tomen decisiones del sistema familiar involucrando a sus hijos adolescentes, de lo contrario Minuchin y Fishman (citado por Aguirre, 1994) puntualizan:

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Uno de los conflictos más comunes que surgen en los subsistemas parentales se da en el transcurso de la adolescencia en donde los requerimientos planteados por los padres comienzan a entrar en conflicto con los de los hijos, que reclaman una autonomía adecuada a su edad. Es en este punto donde la paternidad se convierte en un proceso difícil de acomodación mutua. (p.128) Resumiendo lo planteado, las prácticas parentales deben generar ciertos límites dentro de la dinámica familiar con el fin de promover en el subsistema fraternal herramientas o recursos que les permita afrontar las diferentes situaciones de la vida cotidiana, así pues, Aguirre (1994) afirma que los vínculos entre padres e hijos se vuelven un poco más aislados a medida que el sujeto va desarrollando su autonomía. En síntesis, si los vínculos del subsistema primario se deterioran de forma abrupta antes de que el adolescente haya alcanzado satisfactoriamente su autonomía, este individuo tendrá tendencia a fracasar en sus propósitos de ganar seguridad y el aislamiento más la angustia le obligarán a retirarse y a buscar formas poco beneficiosas a la hora de relacionarse con las demás personas. Así mismo, Peterson y Bush (citado por Esteinou, 2015) plantean que “las relaciones padres/madres-hijas/hijos cambian en cuanto a cómo se expresan la autonomía y la conexión a lo largo del curso de vida, pero el balance aún puede adquirirse cuando existe una base segura” (p.752). Lo cual permite comprender, que en virtud del ciclo vital de los miembros de la familia se irán adaptando los límites establecidos por el subsistema parental. No obstante, el sujeto puede adquirir recursos de otros sistemas externos al familiar, provocando así, que el adolescente logre culminar un proyecto de vida asertivo.

Se concluye, que el acompañamiento de los padres en la adolescencia es vital y fundamental en la evolución del joven ya que en este proceso las competencias parentales se

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convierten en un instrumento eficaz para potencializar las habilidades para la vida. De igual modo, es importante tener claridad y prudencia en las normas o reglas que se establecen al interior del hogar ya que el propósito de la dinámica familiar positiva siempre tendrá como objetivo acompañar, respetar y validar una sana autonomía, que ayudará al adolescente a obtener capacidades sociales; de lo contrario, si la presencia del subsistema parental en la vida de los adolescentes es escasa o nula se afecta de manera negativa la toma de decisiones, la resolución de los problemas, las estrategias de afrontamiento, el logro de objetivos y la adaptación al entorno de forma apropiada; aspectos importantes que no se alcanzan sin un kit de herramientas consolidado que resguarde al adolescente a la hora de afrontar el mundo, el cual no es inocuo y mucho menos color rosa.

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Referencias

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Cita: Lasso Calvache, Kelly Melissa, Muñoz Catuche, Maribel, Sepúlveda Cubides, Maryury (2022), Influencia de la negligencia parental en la autonomía del adolescente, Universidad Católica de Pereira, p. N. http://hdl.handle.net/10785/12253