El estatuto del juego en la adolescencia1
Victoria Eugenia Ascanio R.2 Jenny Paola Polanco Jiménez3
Resumen.
La comprensión psicoanalítica de la adolescencia considera que ella es un momento lógico, no cronológico, es decir, que para ella no se tiene definido un inicio o culminación. Por otro lado se reconoce que la adolescencia implica una metamorfosis que conlleva experiencias variadas como separaciones, duelos, cambios de pensamiento, formas de manifestación de las ideas y en la manera de concebir el mundo, incluye momentos de tensión, desorientación y padecimiento. Lo anterior implica que los adolescentes realicen una reorganización psíquica, allí cobra un lugar importante la fantasía, esta reorganización precisa de herramientas, podría pensarse en el juego como una de ellas, ya que durante la infancia le permitió realizar elaboraciones, el trabajo clínico con adolescentes permite vislumbrar que en este momento cobra un lugar importante no solo el juego sino también la fantasía. No obstante, el juego del adolescente no es igual que el del niño, pues así como se transformó su andamiaje y construcción simbólica esto implicó que así mismo su psiquismo también lo hiciera. De modo que este escrito busca contribuir a la comprensión de la función que a nivel inconsciente y simbólico el juego y la fantasía pueden tener para el adolescente a partir de una aproximación psicoanalítica.
1 El presente artículo pretende realizar una reflexión frente al juego y la fantasía como
herramienta que le sirve al sujeto adolescente a sus elaboraciones psíquicas. 2 Psicóloga Universidad de Manizales. Estudiante aspirante a grado de la Especialización en Psicología Clínica, Énfasis en Psicoterapia Niños y Adolescentes. vickyar127@gmail.com 3 Asesora. Especialista en Psicología Clínica con orientación psicoanalítica de la Universidad de San Buenaventura. Correo electrónico jenny.polancoj@hotmail.com
Palabras Claves: Adolescencia, juego, psicoanálisis, fantasía, subjetivación.
Abstract:
The psychoanalytic understanding of adolescence considers that it is a logical moment, not a chronological one, that is to say, that it has no defined beginning or culmination. On the other hand, it is recognized that adolescence implies a transformation that involves varied experiences such as separations, mourning, changes of thought, ways of manifesting ideas and in the way of conceiving the world, including moments of tension, disorientation and suffering. This implies that adolescents perform a psychic reorganization; there is where the fantasy takes an important place. Such reorganization needs tools, the game could be considered as one of them, since during childhood it allowed him/ her to make elaborations. Clinical work with adolescents allows us to glimpse that at this moment the game takes an important place and also the fantasy. Nevertheless, the game of adolescents is not the same as that of the child, because just as his scaffolding and symbolic construction was transformed, this meant that his psyche did so too. That is how this paper seeks to contribute to the understanding of the function that at an unconscious and symbolic level, the game and fantasy can have for the adolescent from a psychoanalytic approach. Keywords: Adolescence, Game, Subject, Psychoanalysis, fantasy.
Introducción
Cuando se realiza un acercamiento al diario vivir de un adolescente se encuentra que tienen numerosas exigencias, entre ellas, una fundamental se refiere al reconocimiento de su subjetividad; éste esfuerzo tiene como objetivo conseguir ser visibilizado como sujeto, es decir, ser reconocido en su singularidad. Se encuentra por parte de los sujetos adolescentes la negación a ser vistos como una mera réplica de otros e intentan reafirmar sus particularidades, las cuales en el espacio de la clínica van a desplegarse en el caso a caso.
Así las cosas, al indagar a los adolescentes sobre su ser se pueden visibilizar cuestiones interiores tan profundas y complejas, que a él mismo le cuesta dar cuenta de lo que le ocurre, y, en ocasiones, la risa con la que responde ante los interrogantes que le formulan los adultos parece manifestar una dificultad para nombrar aquello que le sucede.
Construir un saber acerca de estas nuevas experiencias no es un asunto fácil, puesto que se trata de cuestiones internas que por momentos no se traducen con palabras, con lo que se quiere decir que escapan a las posibilidades simbólicas de significación y, cuando se intenta hacerlo, el discurso muchas veces puede no venir en su ayuda. Ese discurso es de vital importancia puesto que si la adolescencia supone una reorganización pulsional, “es un tiempo de trabajo, de construcción subjetiva” (Imbriano 2007, p.1); pero dicha construcción no es posible considerarla desligada de los semblantes que hasta el momento al niño le han permitido un soporte, los cuales hasta ahora significaban una garantía acerca de la sexualidad, aunque ahora hay asuntos para los adolescentes que no quedan recubiertos por el sentido, lo cual trae consigo la consideración de un tiempo subjetivo que acarrea una crisis. La clínica y la teoría relativas al trabajo con adolescentes enseñan que ellos deben encontrar nuevas formas de tramitar sus
asuntos para hallar soluciones singulares, en un tiempo único donde muestran de manera clara que las distintas formas de goce son posibles y con ello se evidencian como un reflejo de las nuevas coordenadas de la época.
Respecto a lo que es la experiencia de la adolescencia, es frecuente encontrar madres y padres desbordados que acuden a las instituciones buscando una forma de resolver las cuestiones y confrontaciones que les plantean los adolescentes, siendo habitual encontrarse con frases como “no sé qué hacer con él o ella; “no me siento capaz, ya lo he intentado todo”; “yo mejor lo voy a entregar, lo voy a internar”. Pero en ésta búsqueda se activan otros mecanismos que también consiguen silenciar la experiencia adolescente recurriendo a su homogenización y estandarización, puesto que, cuando se acude a los discursos y dispositivos médico-psiquiátricos en busca de una respuesta acerca de los conflictos subjetivos del adolescente, desde ese lugar sólo suele recibirse como respuesta el etiquetado y la medicalización correspondiente, con lo cual queda cerrada la posibilidad de ahondar en la subjetividad. Con esto se genera que las cuestiones propias de este momento sean vistas como sintomáticas, se mantenga la tendencia a patologizar todo lo referente al adolescente, y éste quede sumido en el silencio sin la posibilidad de decir algo acerca de su experiencia, y es allí que se abona el espacio para que queden cerradas las puertas a la construcción singular y su encuentro con el deseo. Como lo plantea Néstor Braunstein en su libro Clasificar en psiquiatría (2013):
La “psicopatología cumple con la misión de establecer, mediante sus nominaciones vacilantes, un cierto orden en el embrollado terreno de los casos singulares, siempre distintos, siempre “atípicos”, pues ningún paciente es un “tipo”, respecto de esas construcciones teóricas llamadas enfermedades o, con más vergüenza pero con idéntica intención, trastornos. (p. 30)
Teniendo en cuenta que la pregunta que orienta el presente artículo es ¿Cuál es la función del juego y la fantasía en la adolescencia?, el abordaje se realizará desde los planteamientos freudianos en torno al tema, pero, antes de ello, a modo de ingresar con claridad en el tema, se realizó una aproximación a algunos trabajos que plantean asuntos interesantes frente a ello. Así, Álvaro Nin (2006), en su ensayo juegos de vida y juegos de muerte logra dar claridad a los aspectos subjetivos que llevan al adolescente a jugar y la consideración de cuáles son sus juegos. Establece como puntos claves del juego que el adolescente puede jugar con sus fantasmas, “lo cual supone una gran libertad psíquica, sumergirse en ese espacio de tenues límites entre aquello que no está más que en la propia mente (realidad interna) y lo que existe en el afuera” (p. 217) pero hacer emerger estos fantasmas en el adolescente implican desplegar una puesta en acto, con variados matices, los cuales dan cuenta del caso a caso. El autor menciona algunos tipos de juego como el juego en el espejo, explicándolo como “una mutación de orden narcisista donde las manifestaciones corporales difieren dramáticamente de lo percibido en forma objetiva” (Nin, 2006, p. 218). Siguiendo la línea de este autor se encuentra otro tipo de juego, el denominado juego del otro- los otros; este juego responde a la angustia de identidad del adolescente y en su imposibilidad de materializarla , recurre en su tránsito a distintas modalidades de ser dependiendo de sus posibilidades de discriminación entre el sí mismo y el otro ( Nin, 2006, p. 219). Así mismo menciona el juego El enamoramiento y los juegos del amor. Frente a la imposibilidad de desarrollar la relación amorosa con los progenitores que imponen la ley de la prohibición del incesto, la decepción amorosa infantil es inevitable, al mismo tiempo se pierden los padres infantiles cargados de omnipotencia, idealización y grandiosidad. A su vez con la eclosión de la pulsión sexual puberal, se produce un aumento de los mecanismos defensivos tales como la represión, la transformación de los ideales, etc. El adolescente marcha así
en busca de otros objetos sustitutos con los cuales llevar a cabo sus deseos (Nin, 2006; p. 223).
En torno a la consideración de la fantasía, se encontró que el texto de Diego Fernando Bocanegra Antia (2010) titulado La función de la fantasía en la sexualidad
adolescente refiere cómo el adolescente requiere “soportarse en la fantasía para
movilizar las identificaciones, los ideales, y el saber, soporta una apuesta por el deseo” (p.52). Se entiende que el término fantasía no supone una simple comprensión desde lo imaginario o mental, implica cuestiones más profundas y transcendentales al sujeto, “La fantasía instaura una verdad en una realidad alterna a la fáctica, es la construcción del sujeto para hacerse a su propia escena donde pueda proponerse protagonista de una historia.” (Bocanegra, 2010; p. 54). ¿Serán equiparables para la experiencia del adolescente, el jugar, el poetizar y el fantasear? Considerando las concepciones que se hallan en el psicoanálisis sobre lo inconsciente y cómo los adolescentes se posicionan frente a su realidad psíquica se evidencian movilizaciones subjetivas que se configuran en el cómo el adolescente juega, ubicándose en un lugar protagónico, como ya se ha dicho, no es el azar, ni las coincidencias, se encuentra enmarcado en las experiencias previas al momento de la adolescencia, las que siguen determinando las elecciones del sujeto adolescente, se siguen configurando los referentes primordiales como esenciales, el adolescente puede tomar decisiones que lo configuran subjetivamente, el objeto del deseo y luego del sepultamiento del complejo de Edipo y la reactualización del mismo, lo convoca a realizar otras elecciones fuera de su familia o el referente de esta; retomando el texto de la función de la fantasía en la sexualidad del adolescente encontramos que Freud continúa haciendo referencia a la fantasía a través de la sexualidad infantil, retomando esto en la explicación de los síntomas y el sueño como elemento fundamental para una regresión a la fantasía inconsciente, y si
bien por los mecanismos de desfiguración que el Yo promueve en propósito de no dejar emerger nada que moleste la consciencia, es la fantasía la que permite que pueda regresarse a los primeros vínculos infantiles que dejaron una huella sobre el inconsciente. De manera que exista un modo de satisfacción pulsional que es irreconocible para el sujeto (Bocanegra, 2010; p. 56) Esta comprensión sigue permitiendo visibilizar la función del juego en posibilitar al sujeto adolescente emerger lo que lo aqueja y lograr sustituir experiencias displacenteras por otras que en su consideración le generen satisfacción.
El juego en la adolescencia
El juego es una actividad fundamental en la infancia, que bien puede aparecer en la adolescencia y adultez, pero con otras características, la pregunta que se introduce es acerca de lo que cambia en el juego del adolescente con respecto al juego del niño.
Es así como un punto de partida se encuentra en la intervención con adolescentes, dado que es posible hallar el uso de la palabra juego para asumir una presunta posición de no responsabilidad o no pretensión de esta, pero no por ello sus actividades carecen de importancia. La concepción común y cotidiana que la mayoría de la gente tiene respecto al juego como algo irrelevante que todo niño hace con el fin de divertirse es errónea, ya que el acto de jugar es una actividad que va más allá de lo lúdico. En este punto resulta preciso introducir una idea que da cuenta de la importancia que encarna el juego para el niño, en este sentido:
El niño juega solo o forma con otros niños un sistema psíquico cerrado a los fines del juego, pero así como no juega para los adultos como si fueran un público, tampoco oculta de ellos su jugar” (Freud, 1908, p. 129), tal es la seriedad con la que es asumido el juego para el niño. Lo mismo que aparece un objetivo claro para el niño en el jugar, más que de un objetivo sería preciso indicar que se trata de un deseo que direcciona su juego. “El jugar del niño estaba dirigido por deseos, en verdad por un solo deseo que ayuda a su educación; helo aquí: ser grande y adulto. Juega siempre a «ser grande», imita en el juego lo que le ha devenido familiar de la vida de los mayores. Ahora bien, no hay razón alguna para esconder ese deseo” (Freud, 1908, p. 129).
Es importante aclarar que lo lúdico conserva un fin claro que es el de la diversión y se instituye como una vía para la constitución del sujeto. Diferente es lo que ocurre con el adolescente y el adulto, a quienes por efectos de la represión les resultan vergonzosas sus fantasías, de allí que su fantasear y su jugar procuran sean mantenidos lo más ocultos posible.
Frente a esta experiencia tan compleja psíquicamente, podemos preguntarnos ¿qué utilidad tiene para el adolescente el juego, que fue su herramienta primordial en la infancia para resolver sus dificultades psíquicas vitales?
“La ocupación preferida y más intensa del niño es el juego. Acaso tendríamos derecho a decir: todo niño que juega se comporta como un poeta, pues se crea su mundo propio o, mejor dicho, inserta las cosas de su mundo en un nuevo orden que le agrada” (Freud, 1908, p. 127). La realidad objetiva impone al sujeto el imperativo de ajustarse a unas normas y unos cánones de los cuales no podrá soltarse con facilidad, el psicoanálisis por tanto propone el juego del niño y la fantasía del poeta como herramientas sustitutivas para compensar lo
insatisfactorio que encuentra en su exterior y el sacrificio que se le impone en términos internos al renunciar a deseos, pulsiones y placeres que el sujeto conserva a lo largo de su vida.
Es así como en El creador literario y el fantaseo (1908) Freud da cuenta de la función que tiene el juego a la vez que le permite al niño realizar una exteriorización de su propio mundo, dar cuenta de lo que a él le ocurre en su interior; poetizar, fantasear, crear, jugar no son aspectos exclusivos de la niñez y esto remite a la consideración de la adolescencia en donde se encuentran actuaciones del sujeto que permiten sustentar tales cuestiones. El adolescente se agrupa, y estos grupos le permiten desplegar su imaginación cuando entre ellos se establecen dinámicas, roles y posiciones que tal vez estén representando su vida anímica. Los adolescente en grupo construyen juegos, se les ve jugar, se les ve reír y divertirse, todo ello antes los ojos de un desprevenido podría entenderse como una cuestión de infantilismo, pero más allá de los prejuicios que se tengan con respecto a los adolescentes es importante profundizar en los detalles que mantienen el jugar en ellos, es conocido que las elecciones que realiza el adolescente no son coincidencia, la cuestión fundamental es preguntarse ¿qué moviliza al adolescente
en la elección de sus juegos y en la creación de estos? Siguiendo los postulados
freudianos, podría afirmarse que el niño en el juego da un orden a su mundo. El adolescente tiene cuestiones fundamentales que debe resolver, dar orden y sentido a eso que le ocurre. En esas operaciones simbólicas sus pares pueden ser referentes que permitan la comprensión psíquica o subjetiva para lo que él no puede nombrar y que se traduce en aspectos no explícitos en las elecciones que realiza.
Basados en lo anterior se vuelve fundamental en este punto comprender que “lo opuesto al juego no es la seriedad, sino… la realidad efectiva. El niño diferencia muy bien de la realidad su mundo del juego, a pesar de toda su investidura afectiva” (Freud, 1908, p. 127-128). Y, ¿por qué tendríamos que pensar que el
adolescente no realiza esta misma diferenciación? El adolescente no solo juega sino que, al igual que el niño, hace despliegue en el juego de su subjetividad, aunque el niño toma elementos de su realidad tácita y reconstruye con ellos su realidad psíquica, puede considerarse ya en la adolescencia que posee otras herramientas que le permiten esa construcción y más que herramientas el adolescente cuenta con mayores posibilidades más allá del mundo de sus padres, por ejemplo, acuden a la escuela y ya se plantean interrogantes sobre sus elecciones futuras en cuanto a una pareja o una profesión, cuestiones que si bien aparecían en el juego infantil, en aquel momento se restringían al plano estricto del fantaseo sin la división subjetiva que plantea para el adolescente verse cara a la demanda que los otros exigen, es decir a lo que se espera de él. En algunos de los casos hay mayor independencia que les facilita la experimentación. En este sentido, es inquietante para el adulto observar cómo el adolescente va asumiendo posiciones y toma decisiones. ¿Qué desea el sujeto adolescente? Porque sea lo que fuere que haga el adolescente está tratando de realizar un deseo, y es aquí donde se puede evidenciar toda la emocionalidad que se despliega en el juego del adolescente; muchas veces se les ve reír como ya se había mencionado, el adolescente se divierte cuando construye y pone en acción su creatividad; realiza identificaciones, puede emocionarse con lo que le sucede al otro, principalmente a sus pares; es momento para el amor, pero también odia, se odia a sí mismo y lo que lo rodea, elige, se aventura, se arriesga, todas estas consideraciones si bien caben para el adolescente no son exclusivas de este, pero si se realiza un énfasis en este escrito en el adolescente es por el interés que este despierta en la intensificación de estas vivencias de las cuales se logran vislumbrar asuntos en la clínica y en la consideración del caso a caso. Para sustentar lo anteriormente mencionado, se encuentra que Freud lo afirma en el creador literario cuando expresa que: “el poeta hace lo mismo que el niño que juega: crea un mundo de fantasía al que toma muy en serio, vale decir lo dota de
grandes montos de afecto, al tiempo que lo separa tajantemente de la realidad efectiva” (Freud, 1908, p. 128). En este punto podría pensarse que el adolescente se encuentra en un lugar intermedio, un apuntalamiento hacia el deseo de no asumir la responsabilidad que le exige el adulto de crecer y, en otro sentido, una exigencia creciente de transformarse e ir asumiendo otras posiciones. Ahora bien, de la irrealidad del mundo poético derivan muy importantes consecuencias para la técnica artística, pues muchas cosas que de ser reales no depararían goce pueden empero, depararlo en el juego de la fantasía, y muchas excitaciones que en sí mismas son en verdad penosas pueden convertirse en fuentes de placer para el auditorio y los espectadores del poeta (Freud, 1908, p. 128) Así, podría pensarse la escuela como un escenario, donde se encuentran los adolescentes como actores, como poetas, construyendo juegos. El adolescente podría, por ejemplo, reformular su juego y devenir poeta. Muchos adolescentes encuentran placer en los libros, acuden a ellos, leen pero en estas elecciones literarias y en sus propias creaciones se pueden visibilizar aspectos y contenidos inconscientes que han sido abordados en el espacio clínico y en muchos de los casos sin que ellos se percaten sus preferencias dan cuenta de esto. Algunos otros desarrollan la capacidad de la escritura, se convierten en referentes para los otros quienes solicitan su ayuda; muchas de estas cuestiones develan la angustia, la soledad, el temor que experimenta el adolescente, pero que para el otro puede ser fuente de satisfacción.
Si seguimos lo planteado por Freud, y consideramos que para jugar el niño necesita desplegar su creatividad, vemos que también en el adolescente la función imaginativa es primordial ya que le permite la elaboración de duelos y la fantasía cobra un lugar privilegiado. El adolescente se ve confrontado con múltiples experiencias novedosas, su realidad se ha expandido y necesariamente requiere
un reajuste, para lo cual el pensamiento creativo (emparentado con el sueño diurno, y por esa vía, con el juego) le servirá como herramienta. Al decir de Freud,
Quien conozca la vida anímica del hombre sabe que no hay cosa más difícil para él que la renuncia a un placer que conoció. En verdad, no podemos renunciar a nada; sólo permutamos una cosa por otra; lo que parece ser una renuncia es en realidad una formación de sustituto o subrogado. Así, el adulto, cuando cesa de jugar, sólo resigna el apuntalamiento en objetos reales; en vez de jugar, ahora fantasea. Construye castillos en el aire, crea lo que se llama sueños diurnos (Freud, 1908, p. 128)
Jugar le permite al adolescente un despliegue de su funcionamiento psíquico, introyecciones-proyecciones, reajuste y acomodación de su realidad interna y externa. Jugar le posibilita al adolescente reconocer su cuerpo, conocer sensaciones antes no vividas, jugar le favorece tramitar la angustia ante la no respuesta a la pregunta por la sexualidad. Así mismo, jugar le concederá realizar el trámite de sus duelos, duelos complejos que requieren renuncia a certidumbres que hasta el momento conservaba y nuevas formas de resolver sus interrogantes.
La fantasía en la adolescencia
En el trabajo anímico se anuda una impresión actual, a una ocasión presente que fue capaz de despertar los grandes deseos de la persona; desde ahí se remonta el recuerdo de una vivencia anterior, infantil, la más de las veces, en que aquel deseo se cumplía, y entonces crea una situación referida al futuro, que se figura como el cumplimiento de ese deseo, justamente el sueño diurno o la fantasía, en que van impresas las huellas de su origen en la ocasión y en el recuerdo. Vale decir pasado, presente y
futuro son como las cuentas de un collar engarzados por el deseo. (Freud, 1908, p. 7) Es acaso innegable que dentro del quehacer y trabajo con adolescentes se encuentra cómo ellos van creando y recreando aspectos anímicos, inconscientes en sus elecciones a partir de los cuales es frecuente hallar adolescentes que se identifican con cantantes, actores, deportistas, añoran ser como ellos, asumen posturas que los asemejen con estos modelos, puede pensarse que su elección tiene fundamento en sus experiencias infantiles, ubicados en el momento presente de la adolescencia pero con gran necesidad de “ser como ellos” en el futuro. Así opera la fantasía, sustituyendo cosas por otras pero pretendiendo cumplir un deseo hasta ahora irrealizable.
En el desarrollo freudiano de la fantasía, se encuentra en Pegan a un niño, texto de 1919, donde el autor aborda la fantasía del lado del masoquismo. Establece también la relación entre la fantasía de la segunda fase, donde el niño fantaseado es azotado por el padre y esta sería la expresión de la conciencia de culpa. Debe aclararse que de la fantasía no se tiene conocimiento fácilmente dado que por lo general esta permanece inconsciente y se la debe reconstruir en el análisis.
De la misma manera que el juego es el principal vehículo de expresión de la fantasía en la infancia, la acción es una forma de expresión de la fantasía en la adolescencia, en la medida en que la maduración psicomotriz permite un protagonismo diferente; existiendo a la vez una necesidad de confrontar lo estatuido por la ley parental experimentando nuevas alternativas (Nin, 2004, p. 158) Aunque es indispensable diferenciar lo que ocurre en la niñez de lo que le ocurre al adolescente, es importante retomar la idea de que el adolescente está precedido por una historia, la cual ha significado a través de los juegos en la niñez. Ahora
bien, el adolescente como ya lo hemos mencionado, cuenta con otros recursos, comprensiones, verbalizaciones, creaciones literarias y poéticas, pero siguiendo la línea de lo que le compete al adolescente se pueden visibilizar construcciones de juegos como recurso para el despliegue de sus fantasías, y así el juego permite entrever la realidad psíquica del adolescente.
En el espacio de análisis siguiendo lo planteado por Nin, quien cita a Strachey
(1934)
Es necesario entender las asociaciones libres con un criterio amplio porque a veces se trata simplemente de un gesto, un tono de voz, un silencio y otras veces se trata de palabras. Por otro lado es importante estar abiertos a las cartas, diarios personales, poemas, dibujos, fotos, juegos y a los actos tanto fuera como dentro de la sesión, en los que nos prestamos a jugar ciertos roles que son asignados, donde nuestro carácter de superyó auxiliar permite toda esta gama de expresiones en la seguridad de no ser censurado (Nin, 2004, p. 160).
Es importante tomar este punto pues nos permite visibilizar que el adolescente en su análisis también encuentra el juego como recurso de la fantasía que es por lo demás inconsciente, poniendo en escena todo aquello que le acontece psíquicamente.
Lo anterior puede sustentarse en los planteamientos realizados por Freud: Freud plantea que los primeros años de vida de un sujeto dejan, necesariamente, una huella que es reprimida posteriormente, y que al intentar recordarse no hay más que escenas incompletas con omisiones que guardan verdades del sujeto, “elementos desechados”, lo que contiene
“significatividad psíquica” y sólo han quedado unos rastros en la memoria. (citado por Bocanegra, 2010, p 57).
Estas represiones que no se pueden evocar en el momento de la adolescencia hacen fuga cuando en el actuar del adolescente eligen ubicarse en determinadas posiciones. ¿Acaso no puede verse que el adolescente de manera grupal e individualmente elige determinados géneros musicales, o decide consumir drogas, realizarse autolesiones, practicar deportes extremos? De acuerdo a lo planteado hasta el momento, podría sugerirse que estas actividades denotan cómo el adolescente despliega su recurso, el fantasear, y cuando se expresa así es porque estas actividades en el plano de la conciencia están marcadas por unos sentimientos que se pueden visibilizar en las expresiones corporales de quien los realiza, en la seriedad con que se realiza este acto, en el compromiso que se asume, en la importancia que tienen para el adolescente determinadas actividades. De este modo, el juego en el adolescente opera como fantaseo que da las coordenadas pulsionales de lo que se satisface en y con el cuerpo.
Conclusiones
Frente a la manera como el adolescente vivencia el juego, cabe considerar que lo que el adolescente exterioriza es el equivalente a la fantasía donde predomina la existencia de un otro que da signos de amor a través de la exigencia, actos marcados por una posición masoquista, es de este modo que cuando aparecen actos riesgosos para los adolescentes cabe la pregunta por cuál es la fantasía que los sostiene o sobre la cual se fundamentan dichos juegos.
El artículo permitió considerar que la fantasía para el adolescente cobra el lugar de una formación de sustituto o subrogado, lo que quiere decir que el
adolescente no renuncia al placer que en algún momento el juego le provocó y ahora tanto este como la fantasía le proveen ir en búsqueda de una satisfacción pulsional. Así, la vuelta sobre la fantasía indica que existe un retorno de lo reprimido.
El jugar y el fantasear se convierten en dos actividades que lejos de ser excluyentes, son continuas. El fantaseo, como el juego, operan como actos psíquicos que van en procura del cumplimiento del deseo. Por tanto, se trata de un modo heurístico de saber hacer con las exigencias pulsionales de una manera que regulen el empuje de la satisfacción masoquista.
Referencias bibliográficas
Bocanegra, D (2010) Del amor y la fantasía en la época contemporánea: discusiones psicoanalíticas. Universidad Católica Popular del Risaralda Facultad de Ciencias Sociales, Humanas y de la Educación Programa de Psicología Prácticas Profesionales Pereira; p. 49- 74 Braunstein, N (2013) Clasificar en psiquiatría. México : Siglo XXI Editores, 2013.
141 p. — (Psicología y psicoanálisis) ISBN-13: 978-607-03-0465-1
Freud, S (1908) El creador literario y el fantaseo. En obras completas Vol. IX. Buenos Aires Argentina; Amorrortu, 1992.
Freud, S (1919) Pegan a un niño. En obras completas Vol. XVII Buenos Aires Argentina; Amorrortu, 1992.
Imbriano, A (2007) La adolescencia del siglo XXI; Buenos Aires Argentina Nin, A (2004) Algunas peculiaridades en el tratamiento psicoanalítico de pacientes adolescentes. Revista Uruguaya de Psicoanálisis; pág. 153 - 168 Nin, A (2006) Juegos de vida- juegos de muerte en la adolescencia. Revista Uruguaya de Psicoanálisis; pág. 215 – 230
Cita: Ascanio Ramírez, Victoria Eugenia (2019), El estatuto del juego en la adolescencia, Universidad Católica de Pereira, p. N. http://hdl.handle.net/10785/5553