“IAlización” y ensamblajes sociotécnicos en la planificación territorial en los Andes centro-occidentales de Colombia
Juan David Arias Ramírez Trabajo de grado para optar al título de Antropólogo
Director Gregorio Hernádez Pulgarín Programa de Antropología Universidad de Caldas Abril de 2026
Agradecimientos Quiero agradecer a todos mis amigos, compañeros, seres queridos y especies de compañía; quienes estuvieron a mi lado durante este trayecto. Y más que agradecer, es un acto de reconocimiento, puesto que el reconocimiento precede a la gratitud. Todos y cada uno de ustedes, quienes estuvieron presente durante mi trabajo de grado, motivándome, escuchándome, a objetivarme a mí mismo; claro está, en muchos espacios que tuve la dicha de compartir con ellos: universidad, salas comunes, clases, mi casa, un bar, un café, etc. O simplemente parchando y tomando una pola. Cada uno de estos espacios fueron clave para entender que una tesis no es un trabajo que uno hace por su cuenta, sino que también son todos ustedes quienes ayudan a que la etnografía, el campo y la sazón antropológica tenga sentido.
Así pues, agradezco a mis colegas de la universidad, quienes me escuchaban a diario y leían mis notas de campo y cuyas opiniones siempre me brindaban una perspectiva más. O por escuchar los pseudo podcast que les enviaba a modo de audio en WhatsApp; pero siempre brindaban un poco de su tiempo para escuchar. Gracias.
Agradezco a mis padres, quienes siempre me apoyaron incondicionalmente; dado que, a pesar de la distancia, he aprendido que el concepto de presencia y apoyo, van más allá de la materialidad física o la presencia per se. Gracias por apoyarme en las buenas y en las malas. Asimismo, quiero agradecer a mis abuelos, quienes me alentaron siempre, pues su anhelo de ver a su nieto como un “profesional” siempre fue una meta para mí.
Agradezco mi tío Edgar y mi tía Ochoa, quienes también ayudaron para sacar adelante mi carrera universitaria. Y quienes hoy me dicen “usted tiene madera para eso”. Quiero agradecer a mis amigos, Sebastián, Vanessa, Francisco, Juan Diego, Viviana, entre otros, quienes más allá de escucharme, estuvieron para mi frente a las vicisitudes a lo largo de este
proceso. Y, además, sin ser afines a la antropología, siempre estaban dispuestos y dispuestas a escuchar y compartir posturas; o simplemente escucharme para decir “usted puede, usted es bueno en lo que hace”.
Por otra parte, quiero agradecer a mi director y por siempre profe, Gregorio, quien siempre me apoyó académicamente. Gracias por la paciencia, el tiempo y la dedicación que tuvo conmigo para llevar a cabo este trabajo.
Por último, quiero reconocer, agradecer y destacar la existencia de mis dos especies de compañía: Pepe y Melocotón. Quienes me enseñaron de que la sociedad y los seres humanos siempre estamos en una precariedad constante, como diría Ana Tsing (2015), puesto que, gracias a ellos, somos mucho más que el todo y la suma de sus partes; somos ensambles que dependemos de una supervivencia colaborativa. Así pues, gracias por existir y enseñarme, incluso, mucho más de lo que un “sapiens” puede enseñarle a un no-humano.
Resumen Esta investigación analiza la producción sociotécnica de decisiones en la planificación territorial de los Andes centro-occidentales de Colombia, centrándose en el desfase entre los discursos sobre modernización tecnológica y las prácticas institucionales concretas. A través de una metodología etnográfica apoyada en la Teoría del Actor-Red (TAR) y los conjuntos polifónicos, el estudio examina cómo se ensamblan las decisiones mediante la interacción de actores humanos e infraestructuras técnicas.
El trabajo propone el concepto de “IAlización” para describir el proceso discursivo que sobredimensiona las capacidades de la inteligencia artificial (IA) como símbolo de progreso y eficiencia, mientras invisibiliza o naturaliza las infraestructuras técnicas (como los SIG y bases de datos) que efectivamente operan en la gestión del territorio. Esta dinámica genera una "amnesia tecnológica" que relega herramientas fundamentales al estatus de "TIC ordinarias", al tiempo que inviste a modelos de lenguaje (LLMs) de una autoridad epistémica que excede sus funciones técnicas reales. La tesis concluye que la IAlización no introduce necesariamente nuevas capacidades operativas, sino que funciona como un régimen de valoración que refuerza la racionalidad tecnocrática, genera opacidad en la toma de decisiones y desplaza el conocimiento situado en favor de narrativas de automatización y neutralidad técnica. Palabras clave: IAlización, inteligencia artificial, cultura digital, actores no-humanos, planificación territorial, gubernamentabilidad algorítmica.
Abstract his research analyzes the sociotechnical production of decisions in territorial planning within the central-western Andes of Colombia, focusing on the gap between discourses on technological modernization and concrete institutional practices. Through an ethnographic methodology supported by Actor-Network Theory (ANT) and polyphonic assemblages, the study examines how decisions are assembled through the interaction of human actors and technical infrastructures.
The study proposes the concept of “AI-ization” (IAlización) to describe the discursive process that overemphasizes the capabilities of artificial intelligence (AI) as a symbol of progress and efficiency, while rendering invisible or naturalizing the technical infrastructures (such as GIS and databases) that effectively operate in territorial management. This dynamic generates a "technological amnesia" that relegates fundamental tools to the status of "ordinary ICTs," while imbuing Large Language Models (LLMs) with an epistemic authority that exceeds their actual technical functions. The thesis concludes that AI-ization does not necessarily introduce new operational capacities but rather functions as a valuation regime that reinforces technocratic rationality, generates opacity in decision-making, and displaces situated knowledge in favor of narratives of automation and technical neutrality.
Keywords: AI-ization, artificial intelligence, digital culture, non-human actors, territorial planning, algorithmic governmentality.
TABLA DE CONTENIDO
INTRODUCCIÓN .............................................................................................................. 7
CAPÍTULO 1. MARCO TEÓRICO Y METODOLÓGICO ............................................ 11
1.1 IAlización, ensamblajes sociotécnicos y producción de decisiones territoriales .... 11 1.2 IAlización ¿De qué hablamos? ............................................................................... 11 1.3 Hiperrealidad y simulacro operativo ....................................................................... 13 1.4 Economía de la promesa tecnológica ...................................................................... 14 1.5 Teoría del Actor-Red y ensamblajes sociotécnicos ................................................ 15 1.6 Legibilidad estatal y solucionismo tecnológico ...................................................... 16
CAPÍTULO 2. ENSAMBLAJES TECNOBUROCRÁTICOS Y PRODUCCIÓN
SITUADA DE DECISIONES ...................................................................................................... 20 2.1 Ingreso al campo: dispositivos de control y primera fricción ................................. 20 2.2. La oficina de planeación como ensamblaje material ............................................. 26 2.3 ArcGIS como infraestructura estandarizada ........................................................... 31 2.4 Gemini como un ritual de consulta ......................................................................... 38 2.5 Proyección futura: "Introduce un prompt y delimítamelo" ..................................... 43
CAPÍTULO 3. RECONFIGURACIÓN DE LA RACIONALIDAD
TECNOBUROCRÁTICA ............................................................................................................. 51 3.1 De la legibilidad clásica del estado a la legibilidad algorítmica anticipada ........... 51 3.2 Formas esperadas de gubernamentalidad algorítmica ............................................ 56 CONCLUSIONES ............................................................................................................ 59 Referencias bibliográficas ............................................................................................. 62
INTRODUCCIÓN
En la última década, la inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una de las categorías más influyentes en los discursos contemporáneos sobre modernización, innovación y eficiencia institucional. Su circulación no se limita a los ámbitos técnicos o empresariales, sino que atraviesa crecientemente las políticas públicas, la gestión estatal y los lenguajes de gobierno, donde es presentada como una tecnología capaz de optimizar procesos, reducir la incertidumbre y mejorar la toma de decisiones en contextos complejos. En este marco, la IA suele ser investida de un carácter casi inevitable: aparece como el horizonte técnico hacia el cual deberían orientarse las instituciones que aspiran a ser eficientes, modernas y competitivas. En este contexto más amplio de expansión discursiva de la inteligencia artificial, la planificación territorial no ha sido ajena a este proceso. En distintos niveles de gobierno, la IA es invocada en documentos normativos, planes de desarrollo, políticas de transformación digital y narrativas institucionales como un recurso estratégico para enfrentar problemas históricos asociados a la gestión del territorio: desactualización catastral, ineficiencia administrativa, falta de información integrada, debilidad en la toma de decisiones o escasa capacidad de anticipación frente a riesgos ambientales y urbanos. En estos discursos, la IA se presenta como una tecnología disruptiva capaz de producir un salto cualitativo en la manera de conocer, ordenar y gobernar el territorio.
No obstante, esta centralidad discursiva contrasta de manera significativa con la realidad operativa observada en contextos institucionales concretos. En el contexto específico de la planificación territorial en los territorios de los Andes centro-occidentales de Colombia, las prácticas cotidianas de decisión no se sostienen principalmente en sistemas avanzados de
inteligencia artificial, sino en un conjunto de infraestructuras sociotécnicas que preceden, y en muchos casos exceden, la actual ola de entusiasmo por la IA: sistemas de información geográfica (SIG), bases de datos, software especializado, plataformas digitales, normas jurídicas, procedimientos administrativos y saberes técnicos institucionalizados. Estas tecnologías y dispositivos median de forma directa la toma de decisiones territoriales, pero rara vez son reconocidos como formas de inteligencia artificial o como actores relevantes en el debate público y normativo sobre innovación tecnológica.
Esta tensión entre el discurso y la práctica constituye el punto de partida de la presente investigación. Más que una brecha puramente técnica, lo que se observa es un desfase estructural entre “narrativas Ializadas” que proyectan la IA como una promesa futura de eficiencia y modernización, y ensamblajes sociotécnicos efectivamente existentes que ya organizan, filtran y condicionan la toma de decisiones territoriales. Este desfase no es neutro, sino que produce efectos simbólicos, políticos y operativos que reconfiguran la manera en que las decisiones se legitiman, se explican y se presentan como técnicamente fundadas.
Con el fin de dar cuenta de este fenómeno, la tesis propone el concepto de IAlización, entendido como un proceso sociotécnico y discursivo mediante el cual se sobredimensionan las capacidades de la inteligencia artificial, mientras se invisibilizan o naturalizan las infraestructuras técnicas que ya median la acción institucional. La IAlización no remite, por tanto, a la implementación efectiva de sistemas de IA de última generación, sino a la construcción de una hiperrealidad tecnológica en la que la IA funciona como símbolo de progreso, eficiencia y racionalidad técnica, independientemente de su materialización concreta en las prácticas de planificación.
Desde esta perspectiva, la IAlización reorganiza simbólica y operativamente la toma de decisiones territoriales. Por un lado, produce expectativas sobredimensionadas sobre lo que la tecnología puede resolver; por otro, refuerza una racionalidad tecnocrática que tiende a presentar las decisiones como el resultado “objetivo” de sistemas inteligentes, desplazando la atención sobre los procesos, mediaciones y controversias que las hacen posibles. En este sentido, la IAlización contribuye a generar opacidad decisional y a relegar el conocimiento situado, técnico, local e institucional, en favor de narrativas de automatización, neutralidad y eficiencia. En este sentido, el foco se sitúa en la producción sociotécnica de decisiones territoriales, entendidas como el resultado de ensamblajes heterogéneos de actores humanos y no humanos que interactúan en contextos institucionales concretos. El interés central radica en comprender cómo se ensamblan las decisiones en la planificación territorial y de qué manera el fenómeno de la IAlización reconfigura los discursos, las prácticas y las formas de legitimación de dichos procesos decisionales.
Metodológicamente, la investigación se inscribe en una perspectiva etnográfica apoyada en la Teoría del Actor-Red (TAR) y en el análisis de ensamblajes sociotécnicos. A partir de las entrevistas, la observación institucional y el análisis documental, el estudio examina las prácticas de planificación territorial en el que la agencia no se concentra exclusivamente en los sujetos humanos ni en las tecnologías, sino que se distribuye entre múltiples actores y mediadores. La hipótesis central que guía este trabajo sostiene que la IAlización en los casos analizados, no se manifiesta principalmente a través de la adopción efectiva de sistemas avanzados de inteligencia artificial, sino como un efecto sociotécnico y discursivo que sobredimensiona las capacidades de la IA, refuerza una racionalidad tecnocrática y oculta los ensamblajes realmente
existentes que ya median la toma de decisiones territoriales. En este sentido, la IAlización no introduce necesariamente nuevas tecnologías, sino nuevas formas de legitimación, expectativa y autoridad técnica en el gobierno del territorio.
En términos estructurales, la presente tesis se organiza en tres capítulos. En el primero desarrolla el marco teórico - metodológico y define el concepto de IAlización, en el capítulo 2 presenta el núcleo etnográfico del trabajo de campo en oficinas de planificación territorial; y en el capítulo 3 se analiza la forma de operar de la IAlización como régimen sociotécnico y se examina las implicaciones epistemológicas de estos procesos para la comprensión contemporánea de la planificación territorial y la gubernamentalidad tecnológica.
CAPÍTULO 1. MARCO TEÓRICO Y METODOLÓGICO
1.1 IAlización, ensamblajes sociotécnicos y producción de decisiones territoriales
Este capítulo establece el marco teórico-metodológico de la investigación. A diferencia de un ejercicio conceptual autónomo, construye un aparato analítico que permite comprender la forma en la que se producen las decisiones en la planificación territorial y la manera en la que el fenómeno de la IAlización reconfigura los discursos, las prácticas y las formas de legitimación de dichos procesos decisionales.
Para abordar este problema, el capítulo se organiza en seis partes: en primer lugar, se define el concepto de IAlización que constituye la teoría analítica central de la investigación. Luego siguen tres marcos conceptuales que buscan comprender los mecanismos sociotécnicos y finalmente se discuten las contribuciones de las teorías sobre legibilidad estatal y solucionismo tecnológico.
1.2 IAlización ¿De qué hablamos?
La IAlización es un proceso sociotécnico y discursivo mediante el cual se sobredimensionan las capacidades de la inteligencia artificial mientras se invisibilizan o naturalizan las infraestructuras técnicas que ya median la acción institucional. No remite a la implementación efectiva de sistemas de IA avanzados, sino a la construcción de una hiperrealidad tecnológica en la que la IA funciona como símbolo de progreso, eficiencia y racionalidad técnica, independientemente de su materialización concreta. Este fenómeno implica una doble dinámica: por un lado, se produce una idealización de
los Large Language Models o modelos de lenguaje de gran escala (LLMs), es decir, produce una valoración desmedida de sistemas como asistentes virtuales y plataformas generativas, los cuales son percibidos como revolucionarios y capaces de resolver problemas que tecnologías previas no pudieron abordar. Estos sistemas son investidos de autoridad epistémica que desborda sus capacidades técnicas reales.
Lo anterior, genera una amnesia tecnológica que invisibiliza tecnologías operativas basadas en IA, tales como Sistemas de Información Geográfica que emplean redes neuronales para clasificar zonas de riesgo, algoritmos de análisis predictivo, plataformas de Big data que sistematizan información catastral; reduciéndolas a "TIC ordinarias" desprovistas de novedad. Estas infraestructuras, que llevan décadas mediando decisiones territoriales, quedan naturalizadas como herramientas transparentes, casi invisibles.
En el contexto de planificación territorial colombiana, esta dinámica produce una frontera simbólica entre tecnologías consideradas innovadoras y otras consideradas infraestructuras ordinarias. Mientras las primeras son asociadas a la inteligencia artificial y a la transformación digital, las segundas permanecen invisibilizadas como simples herramientas administrativas, a pesar de desempeñar un papel central en la producción cotidiana de decisiones territoriales.
La IAlización no describe un estado de cosas, presencia o ausencia de IA, sino un régimen de valoración que determina cómo se nombra, inviste y legitima la tecnología. Es este régimen el que permite que un LLM consultado ocasionalmente sea reconocido como "uso de IA", mientras que un SIG que estructura diariamente la producción cartográfica sea clasificado como simple herramienta TIC.
Una vez definida la IAlización como proceso sociotécnico, es necesario profundizar en su lógica de funcionamiento simbólico.
1.3 Hiperrealidad y simulacro operativo
Esta lógica no opera de manera aislada, sino que se articula con dinámicas más amplias de producción de expectativas tecnológicas. En su formulación, la hiperrealidad es un concepto, desarrollado por Jean Baudrillard (1978), el cual refiere a una condición donde las representaciones no remiten a una realidad previa, sino que la sustituyen, produciendo simulaciones que se presentan como más reales que lo real. El signo deja de representar y comienza a operar como realidad autónoma.
En el caso de la IA, esta dinámica se manifiesta en la construcción de narrativas que presentan a la IA como una tecnología capaz de transformar la gestión pública, incluso en contextos donde su implementación efectiva es limitada.
Aplicada a la IAlización, la hiperrealidad opera mediante tres mecanismos: Primero, la IA como significante flotante que condensa aspiraciones de control, eficiencia y objetividad técnica sin necesidad de materializarse en sistemas específicos funcionando establemente. El discurso sobre IA produce efectos reales, reorganiza presupuestos, orienta capacitaciones, legitima decisiones, sin requerir implementación técnica efectiva.
Segundo, el simulacro operativo donde sistemas como Gemini son tratados como oráculos que poseen conocimiento, aunque técnicamente sean modelos probabilísticos de predicción de tokens. La experiencia fenomenológica de consultar un LLM, formular pregunta,
recibir respuesta coherente, produce la impresión de interactuar con entidad inteligente, aunque el sistema no "comprenda" en sentido cognitivo.
Tercero, la inversión del orden real/representación: en contextos IAlizados, el mapa (la promesa de IA) precede al territorio (las capacidades técnicas efectivas). Las instituciones reorganizan prácticas en anticipación de IA que todavía no existe, haciendo que la promesa configure materialmente el presente.
En los contextos institucionales, este simulacro puede generar efectos reales en la manera en que se toman decisiones, se legitiman diagnósticos técnicos o se distribuye la autoridad epistémica entre actores humanos y tecnologías digitales.
1.4 Economía de la promesa tecnológica
La IAlización opera mediante una economía de la promesa (Tsing, 2015) donde el valor no reside en cumplimiento material sino en circulación de expectativas. Las corporaciones tecnológicas venden promesas de transformación radical, los gobiernos compran legitimidad simbólica mediante adopción discursiva de IA, los funcionarios participan de narrativas de innovación que generan reconocimiento profesional.
Esta economía funciona porque la promesa tiene valor performativo independiente de su materialización. Cuando un Plan Nacional de Desarrollo enuncia que "incorporará IA para cerrar brechas", genera efectos inmediatos: presupuestos asignados, consultorías contratadas, proyectos piloto lanzados. El cumplimiento puede diferirse indefinidamente sin colapsar la economía, porque el valor está en la promesa misma, no en su realización. Los funcionarios participan en esta economía no como víctimas de engaño sino como
agentes que encuentran utilidad en la promesa. La expectativa de que eventualmente se automatizarán procesos hace tolerables limitaciones presentes, justifica inversión de tiempo en aprender nuevas interfaces, mantiene vivo el entusiasmo por innovación tecnológica. Tres características definen esta economía:
El diferimiento estructural, en el que los beneficios de la tecnología se proyectan hacia un futuro cercano pero indefinido; la circulación institucional de expectativas, que legitima proyectos de innovación tecnológica; y la reorganización anticipada de prácticas institucionales que comienzan a adaptarse a tecnología que aún son incipientes.
Desde esta perspectiva, la IAlización no depende exclusivamente de la adopción de las nuevas tecnologías, sino que también depende en gran proporción de la circulación de narrativas que proyectan a la IA como horizonte de modernización institucional. Para comprender cómo estas dinámicas se materializan en prácticas concretas, es necesario recurrir a un enfoque que permita rastrear empíricamente las relaciones entre actores humanos y no humanos.
1.5 Teoría del Actor-Red y ensamblajes sociotécnicos
Para analizar la forma en la que se producen las decisiones en la planificación territorial, esta investigación se apoya en la Teoría del Actor-Red (Latour, 2005) que ofrece el marco conceptual central para analizar cómo se producen decisiones en planificación territorial. Su premisa fundamental es que la acción nunca es producida por un actor individual, sino por ensamblajes de actores humanos y no-humanos que, en su asociación, generan capacidades que ninguno posee aisladamente.
Desde esta teoría, las decisiones institucionales no se comprenden como el resultado exclusivo de la voluntad o el juicio de funcionarios individuales. Todo lo contrario, surgen de la mediación en las que intervienen múltiples entidades, como sistemas de información geográfica, bases de datos territoriales, normativas jurídicas y/o plataformas digitales. Metodológicamente, TAR propone rastrear empíricamente las asociaciones concretas. En campo, esto significó observar cómo un funcionario toma una decisión: qué documentos consultó, qué capas activó en el SIG, qué llamadas realizó, qué precedentes consideró. Identificar qué actores no-humanos tienen poder de veto: un formato digital que no acepta ciertos caracteres, una base de datos que arroja error, un software que requiere actualización no disponible. Aplicado a la IAlización, la TAR permite mostrar cómo ciertos mediadores, LLMs, son investidos de autoridad simbólica que excede su capacidad técnica, mientras otros, SIG con redes neuronales, son naturalizados como infraestructuras ordinarias. Esta distribución desigual de reconocimiento responde a lógicas institucionales y políticas que determinan qué tecnologías cuentan como innovación.
Este enfoque permite o facilita examinar cómo determinadas tecnologías adquieren autoridad epistémica en los procesos de toma de decisiones y así mismo para identificar las mediaciones técnicas que continúan invisibilizadas en los discursos institucionales sobre innovación.
1.6 Legibilidad estatal y solucionismo tecnológico
Las reflexiones sobre legibilidad estatal ofrecen un marco teórico adicional que busca comprender la relación entre tecnología y gobierno del territorio. Según Scott (2020) demuestra
que el Estado moderno despliega esquemas de legibilidad que simplifican realidades complejas para hacerlas administrables. El catastro reduce diversidad de tenencias a parcelas con linderos precisos, el censo traduce multiplicidades a categorías estandarizadas, el mapa convierte experiencia vivida en coordenadas. Estos esquemas no representan realidad preexistente; la producen, la hacen legible para una acción administrativa.
Sin embargo, para lo anterior, estas tecnologías pueden reforzar formas de solucionismo tecnológico, en las que problemas sociales complejos se presentan como susceptibles de resolución mediante innovaciones técnicas. Para lo anterior, Morozov (2013) lo conceptualiza como la ideología que presenta problemas complejos, sociales, políticos, económicos, como esencialmente técnicos solucionables mediante tecnologías apropiadas. Así pues, el solucionismo reduce complejidad, elimina contexto, ignora dimensiones políticas para presentar problemas como susceptibles de "solución" tecnológica.
En este contexto, la IA aparece con frecuencia como una solución a problemas estructurales de la gestión pública. La IAlización se puede interpretar entonces como una extensión contemporánea de estas dinámicas convirtiéndose en un dispositivo central de legitimación de decisiones administrativas.
A lo anterior, Graeber (2015) radicaliza la crítica al sostener que la burocracia no es instrumento neutral de administración sino una forma de poder que estructura relaciones sociales mediante producción de conformidad, ritualización de procedimientos, generación de opacidad. La burocracia digital mediante IA intensifica estas características: produce conformidad a estándares algorítmicos, ritualiza consultas a sistemas opacos, genera dependencia a corporaciones tecnológicas.
Delimitación del campo tecnoburocrático y estrategia metodológica El campo empírico no se delimita geográficamente sino como campo tecnoburocrático: el conjunto de oficinas, dependencias, plataformas digitales y prácticas institucionales donde se produce cotidianamente la planificación territorial. El territorio no es una mera entidad dada que instituciones "gestionan", sino una producción institucional que emerge de prácticas burocráticas, dispositivos técnicos y operaciones de legibilidad. El trabajo de campo se desarrolló entre febrero 2024 y mayo 2025 (6 meses) en: Secretarías de Planeación Municipal (Pereira, Manizales, Santa Rosa de Cabal, Chinchiná), Secretaría de Planeación Departamental (Caldas), Corpocaldas, Aguas de Manizales, Gobernación de Risaralda y gobernación del Quindío. Esta selección no buscó representatividad estadística, sino diversidad analítica: capturar variaciones en capacidades técnicas, tamaños institucionales, lógicas operativas, formas de incorporación de discursos sobre IA. Técnicas empleadas Observación participante en oficinas de planeación (6 meses intensivos totales): rutinas laborales cotidianas, interacciones con plataformas digitales, prácticas de producción cartográfica, reuniones técnicas y socializaciones comunitarias. Atención especial a cómo actores no-humanos organizan la acción: software que no acepta formatos, obligando a rehacer trabajo, bases de datos desactualizadas generando clasificaciones erróneas, mapas impresos antiguos usados como referencia debido a sistemas digitales o bases de datos caídos. Entrevistas semiestructuradas (47 realizadas) con funcionarios, técnicos, directivos, consultores. Orientadas a comprender: cómo conciben IA, qué tecnologías usan cotidianamente,
qué tensiones identifican, cómo valoran infraestructuras existentes. Análisis documental (más de 30 documentos): POT, Planes de Desarrollo, documentos CONPES, informes de gestión, normativas técnicas, manuales de software. Para reconstruir discurso institucional sobre IA e identificar narrativas de progreso tecnológico. Observación de plataformas y sistemas: Examinar directamente SIG, plataformas de análisis, sistemas de alerta. Navegar interfaces, ejecutar consultas, identificar capacidades técnicas efectivas versus capacidades percibidas.
La estrategia metodológica combinó etnografía institucional. Estudiar cómo prácticas locales están coordinadas por textos y categorías que exceden lo local, con el principio TAR de "seguir a los actores": rastrear asociaciones concretas entre humanos y no-humanos, identificar qué entidades median decisiones, reconstruir cadenas de traducción que conectan problemas con soluciones técnicas.
CAPÍTULO 2. ENSAMBLAJES TECNOBUROCRÁTICOS Y PRODUCCIÓN SITUADA
DE DECISIONES
Con base en el marco teórico desarrollado, este capítulo se centra en el análisis empírico de las prácticas de planificación territorial observadas en campo, con el fin de examinar cómo se ensamblan concretamente las decisiones y qué mediaciones sociotécnicas intervienen en estos procesos.
2.1 Ingreso al campo: dispositivos de control y primera fricción
El ingreso al trabajo de campo se realizó en la alcaldía del municipio de Pereira, donde se ubican las oficinas de planeación. El acceso al edificio implicaba atravesar un sistema de control basado en reconocimiento facial que registraba digitalmente a los visitantes antes de ingresar. El proceso era relativamente simple, los visitantes debíamos presentar nuestro documento de identidad y ubicarnos frente a la pantalla que estaba equipada con una cámara que capturaba la imagen del rostro. El sistema verificaba la información en la base de datos de la institución y, en caso de coincidencia, se activaba la barrera automática que permitía el acceso al edificio. Esta primera experiencia de acceso al edificio, lejos de ser un mero trámite logístico, constituye una escena etnográfica inaugural que permite observar en acto un ensamblaje sociotécnico. El ingreso no dependía de una interacción directa con un funcionario que verificara manualmente la identidad, sino de una secuencia mediada por dispositivos digitales: la presentación del documento, la captura biométrica del rostro, la validación en una base de datos y la activación automática de la barrera de acceso. En este proceso, la vigilancia institucional se materializaba en una infraestructura técnica que no solo registraba el ingreso, sino que redefinía la
práctica misma de identificación, desplazando parcialmente la agencia desde el guardia hacia el sistema.
La anticipación IAlizada como experiencia subjetiva Esta primera interacción generó expectativa inicial sobre el tipo de tecnologías que se pueden encontrar en las oficinas de planificación territorial. Cabe realizar la pregunta sobre qué tipo de tecnologías se utilizarían para gestionar procesos más complejos como la planificación urbana o la gestión territorial, ya que solo el acceso al edificio ya se encontraba mediado por sistemas biométricos automatizados.
Sin embargo, el trabajo de campo explicaría posteriormente que las infraestructuras que sostienen la planificación territorial no corresponden necesariamente a los imaginarios sobre la IA, sino a un conjunto de tecnologías heterogéneo desde hace varias décadas atrás. Mediación técnica y reconfiguración de prácticas laborales Asimismo, mientras ingresaba al recinto y me dirigía al ascensor, pude observar la forma en que los guardas explicaban a los nuevos visitantes que debían registrarse en el sistema para poder ingresar. Lo hacían sentados. Ese atisbo evidenciaba un cambio sustancial en la manera en que los trabajadores debían cumplir con sus funciones: de un proceso manual a un proceso sociotécnico.
En este caso, la barrera de acceso, la pantalla y la cámara, en su conjunto, les permitían a los guardas un mejor desempeño de sus labores: vigilar y proteger, a la hora de controlar y manejar el registro de ingreso de personas al día. Pues de lo contrario, deberían estar de pie, revisando el documento de identidad de cada persona que deseaba ingresar, además de verificar si su rostro u
otros factores de identificación coincidían con el documento presentado para evitar falsificaciones; obligándolos a hacer el doble de trabajo y negando la posibilidad de estar sentados. La mediación técnica no solo redistribuía tareas: reposicionaba corporalmente a los trabajadores, modificaba sus ritmos de atención, alteraba la relación espacial entre vigilante y visitante. Este ensamblaje material-corporal-digital revela algo fundamental sobre cómo operan los mediadores técnicos en contextos institucionales concretos. Siguiendo la distinción de Latour (2005) entre intermediarios y mediadores, el sistema de reconocimiento facial no se limita a "transportar" una decisión de control de acceso tomada previamente por los guardias. Más bien, el dispositivo media efectivamente: transforma la naturaleza misma de la práctica de seguridad, redefine qué cuenta como verificación exitosa de identidad, establece nuevos umbrales de velocidad y eficiencia, y produce trazas digitales donde antes solo existían registros manuscritos o memoria situada.
Legibilidad estatal y gubernamentalidad digital Desde una perspectiva foucaultiana actualizada por las tecnologías digitales, este dispositivo de entrada ejemplifica lo que podríamos denominar gubernamentalidad algorítmica en su versión más elemental. El Estado, en su escala municipal, produce legibilidad sobre sus visitantes no ya mediante el registro manual en un libro de visitas, sino a través de la captura biométrica que genera bases de datos consultables, trazables, potencialmente integrables con otros sistemas.
La pregunta que emerge aquí no es solamente técnica, ¿cómo funciona el reconocimiento facial?, sino política y epistemológica: ¿qué tipo de sujeto produce este dispositivo? La respuesta provisional es: un sujeto digitalizado, reducido a un conjunto de vectores numéricos que
representan distancias entre puntos faciales, almacenado en una base de datos que podría, en principio, ser cruzada con otros registros, consultada históricamente, analizada para detectar patrones de visitas.
Scott (2020) argumenta que el Estado moderno ha desplegado históricamente esquemas de legibilidad que simplifican realidades sociales complejas para hacerlas administrables: censos, mapas catastrales, apellidos estandarizados, unidades de medida uniformes. El reconocimiento facial en el vestíbulo de la alcaldía de Pereira inscribe una capa adicional en esa lógica histórica: la legibilidad ahora opera a nivel biométrico, capturando características corporales que el sujeto no puede modificar fácilmente, que no requieren documentos portables, que funcionan, al menos en teoría, como identificadores "naturales" e inequívocos.
Sin embargo, esta legibilidad biométrica no es tan transparente como pretende. El sistema puede fallar en reconocer rasgos faciales bajo ciertas condiciones de iluminación, puede discriminar sistemáticamente contra ciertos tonos de piel o estructuras faciales sub-representadas en sus datos de entrenamiento, puede generar falsos positivos o negativos con consecuencias materiales para quienes intentan acceder. La promesa de objetividad técnica oculta las múltiples mediaciones que intervienen: elecciones de diseño del algoritmo, sesgos en los datasets de entrenamiento, calibraciones del hardware, umbrales de similitud establecidos arbitrariamente. Lo que se presenta como un simple control de acceso revela, bajo la mirada etnográfica, una fricción entre la materialidad infraestructural efectivamente desplegada y el discurso de sofisticación tecnológica que la envuelve. La cámara funciona, el sistema registra, la barrera se abre. Pero esa funcionalidad básica contrasta con las expectativas generadas por la retórica de
"inteligencia artificial" que circula en documentos normativos y discursos políticos sobre modernización del Estado.
Conceptos activados: hacia un análisis sociotécnico situado Esta escena inicial del trabajo de campo activa varios conceptos teóricos que serán desarrollados con mayor profundidad a lo largo del capítulo. En primer lugar, la noción de mediación tal como la elabora Latour: los artefactos técnicos no son meros intermediarios neutros que transmiten sin transformar, sino mediadores que modifican sustancialmente las prácticas, redistribuyen competencias entre humanos y no-humanos, y reconfiguran lo que cuenta como acción eficaz.
En segundo lugar, emerge el problema de la legibilidad estatal en su versión digitalizada: cómo el Estado produce conocimiento sobre sus poblaciones mediante dispositivos técnicos que capturan, almacenan, procesan y visualizan datos que antes permanecían dispersos o inaccesibles. Esta legibilidad no es meramente descriptiva; es performativa en el sentido de que produce los sujetos y objetos que pretende simplemente representar.
En tercer lugar, aparece la cuestión de la gubernamentalidad digital: las formas contemporáneas de ejercicio de poder estatal que operan mediante infraestructuras técnicas automatizadas, que modulan conductas a través de arquitecturas de acceso y restricción, que generan poblaciones calculables mediante la acumulación de trazas digitales. Finalmente, y quizás más importante para los propósitos de esta investigación, la escena revela cómo opera la anticipación IAlizada como experiencia subjetiva. El encuentro con un dispositivo técnico visiblemente "sofisticado" genera expectativas sobre lo que vendrá después,
proyecta una imagen coherente de "administración tecnológicamente avanzada" que no necesariamente corresponde con las infraestructuras efectivamente desplegadas en otros niveles de la organización. Esta brecha entre anticipación y realidad infraestructural será un hallazgo recurrente a lo largo del trabajo de campo.
La paradoja inaugural Había anticipado, influenciado por imaginarios circulantes sobre "ciudades inteligentes" y "gobierno digital", que los sistemas de inteligencia artificial en una alcaldía intermedia colombiana operarían de manera más discreta, quizás integrados orgánicamente en flujos burocráticos naturalizados. En cambio, lo que encontré fue un dispositivo de control frontal, explícito, que me interpeló corporalmente antes de cualquier intercambio verbal administrativo. Esta paradoja inaugural, expectativa de sofisticación versus materialidad infraestructural efectiva, no constituye un defecto del dispositivo, sino un dato etnográfico central. Me permite reflexionar acerca de la manera en que opera la IAlización en su dimensión experiencial: ciertos artefactos técnicos son investidos simbólicamente con capacidades que exceden su funcionamiento concreto, generando efectos de modernidad y sofisticación que no se sostienen bajo escrutinio empírico detallado.
El reconocimiento facial en el vestíbulo de la alcaldía funciona, en este sentido, como un marcador performativo de administración tecnológicamente actualizada. Su presencia señala hacia afuera, tanto para visitantes como para funcionarios, que este es un espacio atravesado por tecnologías contemporáneas. Pero lo que esa presencia significa efectivamente, qué capacidades técnicas implica, qué infraestructuras de procesamiento de datos requiere, permanece opaco para la mayoría de quienes atraviesan diariamente ese umbral.
Esta opacidad no es accidental. Es constitutiva de cómo funcionan los dispositivos técnicos en contextos institucionales: su eficacia práctica depende precisamente de que su complejidad interna permanezca como "caja negra" para los usuarios ordinarios. El visitante no necesita comprender los algoritmos de comparación de vectores faciales, las arquitecturas de redes neuronales, los protocolos de almacenamiento de datos biométricos. Solo necesita pararse frente a la cámara, esperar tres segundos, y proceder cuando la luz verde se enciende. Aquí aparece una problemática teórica fundamental: ¿cómo analizar críticamente infraestructuras técnicas que operan simultáneamente como dispositivos funcionales (abren barreras, registran visitantes) y como símbolos performativos (señalan modernización, proyectan sofisticación) sin reducir su complejidad a una u otra dimensión? La respuesta que esta investigación ensaya pasa por atender etnográficamente a las múltiples mediaciones que constituyen los ensamblajes sociotécnicos de la planificación territorial, sin asumir de antemano qué cuenta o no cuenta como "inteligencia artificial".
2.2. La oficina de planeación como ensamblaje material
Tras esta primera aproximación al ingreso institucional, es posible desplazar la mirada hacia el interior de la oficina de planeación, donde se materializan cotidianamente los procesos de decisión territorial.
Al llegar al sexto piso, encontré la oficina de planeación basándome en los nombres de los afiches metálicos colgados en las puertas, ejemplo: contabilidad, vivienda, etc. Siguiendo dichas indicaciones, me dirigí a la oficina y allí percibí inmediatamente un ambiente de intensa actividad administrativa. Es claro que el contraste con la quietud tecnológica del sistema de reconocimiento
facial es evidente: mientras el acceso era silencioso y automatizado, la oficina estaba marcada por movimientos constantes y mucho ruido propio del trabajo burocrático cotidiano. Esta área estaba bien distribuida, organizada en filas de escritorios dobles con pequeños separadores laterales para separar a los dos. Cerca de la entrada, seis escritorios estaban dispuestos, acompañados de dos estaciones independientes. Había un monitor de pantalla plana en cada escritorio, con una CPU visible debajo de la mesa. Los separadores entre estaciones permitían una visualización parcial del equipo adyacente: pantallas cubiertas de polvo en sus bordes, cables esparcidos al aire libre y torres de computadoras que parecían llevar mucho tiempo en uso. Un espacio separado y adyacente dentro de la esquina derecha de la oficina estaba destinado a los sistemas de información geográfica (SIG). Había un escritorio doble, un segundo escritorio adyacente y otra estación. Esta separación geográfica no era una coincidencia. Dentro de la oficina, la sala de SIG operaba como un enclave técnico en el que se centralizaban equipos especializados y personal que trabajaba en cartografía (y análisis territorial). Así, la distribución espacial manifestaba una geografía interna del trabajo administrativo: escritorios para la administración diaria de procedimientos y solicitudes; espacio técnico para apoyar el proceso de procesamiento de información geográfica para la toma de decisiones territoriales. De esta manera, la oficina era un ensamblaje material en el que la disposición de personas, equipos y muebles reflejaba relaciones de especialización y autoridad técnica.
Infraestructura tecnológica y modernización institucional Las computadoras en funcionamiento utilizaban sistemas operativos como Windows 8 y Windows 10. Las pantallas planas mostraban claros signos de uso prolongado: polvo acumulado en los bordes, cables visibles entre los escritorios y CPUs con carcasas desgastadas. Es esta
materialidad tecnológica la que estaba en directa contradicción tanto con lo que se esperaba de la apariencia del sistema de reconocimiento facial como con los discursos institucionales sobre modernización digital. La presencia de Windows 8, un sistema operativo que fue lanzado en 2012 y descontinuado en 2016, en funcionamiento en una oficina de planificación territorial en 2024 es un hecho empírico importante. No se trata de hardware antiguo, sino de infraestructura técnica para sostener imaginarios contemporáneos de innovación tecnológica dentro de planes de desarrollo, documentos institucionales y discursos sobre gobierno digital. Tal tensión entre materialidad tecnológica y narrativa de modernización nos proporciona una visión estructural de la Administración Pública en contextos institucionales intermedios. Los sistemas operativos obsoletos, los monitores desgastados y las CPU antiguas no son anomalías esporádicas, sino elementos de la infraestructura cotidiana de la que depende el trabajo de planificación territorial. Sin embargo, esta obsolescencia material no afecta su funcionamiento institucional. Estos dispositivos son utilizados por los funcionarios como parte de sus operaciones diarias: para hacer mapas, procesar solicitudes, consultar bases de datos, generar informes. En lugar de paralizar el trabajo administrativo, esa infraestructura moldea los ritmos y fallos de ese trabajo: tiempos de carga más lentos, interfaces desgastadas y procesamiento disminuido que informan cómo se realiza el trabajo.
La sala GIS como enclave técnico Estaba esperando que alguien me explicara algo cuando presencié una escena que me llamó poderosamente la atención en la sala GIS. Dentro de la pantalla que mostraba información geográfica, tres individuos vestían chalecos de la Junta de Acción Comunal y conversaban con Óscar. "Eres un genio", comentó positivamente uno de los líderes comunitarios. ¿Es esa la
delimitación de Villaverde? La tecnología hace mucho, ¿verdad?" Uno de ellos fue más cuidadoso al observar la imagen en pantalla: "¿Es esa parte amarilla la que dicen que no delimita bien? Parece que no entienden por qué tiene esa delimitación". Esta escena mostró algunos aspectos de la construcción socio-técnica de la planificación territorial. También ilustró un espacio especializado en el que se consolidó el conocimiento técnico necesario para generar imágenes cartográficas del territorio, dentro de la sala GIS. Óscar manejaba el sistema y traducía los datos digitales en explicaciones comprensibles para los líderes comunitarios.
En segundo lugar, reveló cómo los mapas creados por el sistema median las relaciones entre el Estado y la ciudadanía. Los líderes comunitarios no interactuaban directamente con la plataforma geográfica, sino que necesitaban la mediación del funcionario para interpretar la información territorial. Esta mediación no era solo técnica; también era política y epistemológica: esto determinaba quién tiene el poder de generar representaciones legítimas del territorio. Por último, la escena indicó una tensión común entre este tipo de interacciones. Los líderes del grupo tecnológico estaban tanto impresionados como inseguros de las capacidades tecnológicas del sistema y los resultados que veían en pantalla.
El mapa aparecía a la vez como representación objetiva y como un dispositivo bastante difícil de leer desde la experiencia cotidiana del territorio.
La oficina como red sociotécnica La oficina de planificación funcionaba como una red socio-técnica en la que funcionarios, tecnologías y documentos interactuaban para producir conocimiento territorial. Teléfonos fijos, computadoras, bases de datos, plataformas geográficas y dispositivos móviles compartían el mismo espacio institucional: articulaban diversas formas de comunicación, procesamiento de
información y representación cartográfica. Y en este contexto, el desarrollo de decisiones territoriales no dependía únicamente del conocimiento personal de los funcionarios. En cambio, resultaba de la interacción de múltiples herramientas digitales que permitían la digitalización de documentos, la consulta de información geográfica o la generación de representaciones cartográficas del territorio.
Aquí, los mapas producidos en la sala GIS no solo eran representaciones del territorio, sino que contribuían a construir tanto como siempre lo hicieron una institución. Al delinear barrios, establecer zonas de riesgo o fijar límites administrativos, estas representaciones cartográficas creaban impactos legales y administrativos en los espacios urbanos. Agencia distribuida: humanos, tecnologías y documentos.
Mientras esperaba mi turno para hablar con un funcionario, conversé con Natalia Giraldo, quien trabajaba en uno de los escritorios del área general. Natalia utilizaba simultáneamente varias herramientas digitales: Excel para gestionar bases de datos, Google para búsquedas generales, el portal geográfico municipal para consultar información territorial y Gemini para revisar documentos normativos o resolver dudas metodológicas. La interacción con estas múltiples herramientas ilustra lo que Latour llama agencia distribuida. La capacidad de Natalia para responder preguntas sofisticadas no dependía solo de lo que sabía individualmente, sino de la interfaz de esa información a través de varias tecnologías a su alrededor, en forma de formas de acceder, organizar y procesar la información. Pero no todas estas herramientas gozaban del mismo estatus en términos institucionales.
Gemini se refería específicamente una "inteligencia artificial", pero otras plataformas como Excel o el portal geográfico de la ciudad se naturalizaban como infraestructuras estándar. Es esta
asimetría en el reconocimiento tecnológico la que sirve como un signo temprano de lo que se reducirá al nivel de amnesia tecnológica: la consolidación de sistemas de toma de decisiones que dejan de ser vistos como innovadores precisamente porque funcionan de manera estable. La disposición espacial de la oficina, la ubicación diferencial de la sala GIS y la acumulación de experiencia técnica en algunos funcionarios contribuyeron a la producción de un orden material, que influyó en la interacción del trabajo. Este orden definía quién tenía acceso a qué sistemas, quién hacía cartografía oficial y quién participaba en los procesos de toma de decisiones territoriales. Al mismo tiempo, la infraestructura tecnológica visible: monitores desgastados, sistemas operativos obsoletos y equipos de diferentes generaciones ilustraban las limitaciones materiales encontradas por la administración pública.
En lugar de reaccionar a un único modelo de modernización tecnológica, la oficina operaba a través de una ecología técnica heterogénea que comprendía máquinas digitales antiguas y nuevas. La oficina de planificación no era solo un espacio administrativo donde trabajaban los urbanistas. Era un complejo montaje socio-técnico en el que muchos tipos de temporalidades en tecnología interactúan con diferentes niveles de especialización técnica y diferentes formas de autoridad formal en la gobernanza urbana. Estas interacciones se convierten en la fuente de elecciones territoriales que posteriormente tienen impactos administrativos y legales en el espacio urbano.
2.3 ArcGIS como infraestructura estandarizada
A partir de esta configuración material y organizativa, resulta necesario profundizar en una de las infraestructuras centrales que sostienen la producción de decisiones: los sistemas de información geográfica.
Le pregunté a Óscar sobre las tecnologías de información y comunicación utilizadas en la oficina de planificación, especialmente después de que afirmó que la inteligencia artificial no se usaba allí, excepto para la consulta de documentos a través del modelo de lenguaje Gemini. Quería saber cómo había sido el proceso de incorporación tecnológica desde la adopción del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de 2016. Su respuesta fue inmediata y entusiasta. Mientras abría archivos en su computadora, explicó que los cambios tecnológicos habían transformado profundamente el acceso a la información territorial. De AutoCAD a ArcGIS: una transición infraestructural.
Óscar comenzó describiendo cómo funcionaba el acceso a la información antes de la digitalización del POT:
"Antes del año 2016-2015 cuando salió nuestro POT, para que un ciudadano común accediera a la información del POT, era casi un sueño. Tenían que venir físicamente al ayuntamiento, y dependiendo de lo que necesitaran, buscábamos los archivos. Incluso había un colega que tenía montones de CDs o DVDs para entregar la información." En ese momento, la cartografía institucional se desarrollaba principalmente en AutoCAD y se distribuía en formatos PDF o archivos digitales aislados. Como explicó, algunos documentos del POT de 2000 incluso se almacenaban en formatos rudimentarios como archivos de Paint. La situación cambió con la adopción de sistemas de información geográfica basados en ArcGIS. La cartografía comenzó a producirse en formato shape, lo que permitió organizar los datos territoriales en capas geográficas estructuradas y manipulables.
Óscar resumió esta transición simplemente: "Primero fue AutoCAD y luego ArcGIS. Fue un gran avance digital." Para él, el cambio más importante no estaba relacionado con la inteligencia artificial, sino con la mejora en el acceso y gestión de la información territorial. En ese orden de ideas, uno de los principales efectos de esta transición tecnológica fue la creación del portal geográfico municipal. A través de esta plataforma, la cartografía del POT puede ser consultada públicamente a través de ArcGIS Online. Mientras hablábamos, Óscar navegaba por el portal mostrándome diferentes capas de información: delimitación de suelo urbano, suelo rural, áreas de expansión, límites administrativos y otras categorías territoriales. Cada capa podía visualizarse a diferentes escalas, superponerse con otras y descargarse para su análisis. Como explicó: "Los sistemas de información geográfica facilitaron enormemente el acceso a la información. Antes de 2016, la gente tenía que venir aquí. Ahora cualquiera puede entrar al portal y ver toda la cartografía del POT."
En ese sentido, el portal permite consultas espaciales, superposición de capas de información y generación de visualizaciones cartográficas en tiempo real. Sin embargo, estas capacidades técnicas operan de manera transparente para los usuarios: el procesamiento algorítmico que soporta estas operaciones permanece invisible. Desde la perspectiva del funcionario, el cambio principal consiste en la digitalización y apertura de la información territorial. La tecnología aparece como un medio para hacer la información más accesible y comprensible para ciudadanos e instituciones.
¿SIG o inteligencia artificial?
Mientras Óscar me mostraba el mapa de delimitación del barrio Villaverde que había desarrollado con líderes comunitarios, le pregunté si las capacidades analíticas del sistema,
superposición de capas, cálculos automáticos de áreas, generación de delimitaciones espaciales, podrían considerarse una forma de inteligencia artificial. Su respuesta fue inmediata: "No. Todo ese proceso: capas, límites urbanos, áreas de riesgo; todo eso es TIC". En la pantalla, el sistema ejecutaba múltiples operaciones complejas: superposición de capas vectoriales y raster, cálculos topológicos, consultas SQL en bases de datos espaciales y generación automática de visualizaciones cartográficas. Estas operaciones implican un procesamiento algorítmico avanzado, álgebra de mapas, análisis de redes, interpolaciones espaciales, pero para Óscar, son parte del funcionamiento normal del sistema. Lo anterior revela una paradoja central para esta investigación. No es inteligencia artificial, ya que su operador experto no percibió sus operaciones algorítmicas de miles de veces por segundo y sus salidas de representaciones territoriales y sus efectos legales vinculantes como IA. Se ajusta a su clasificación como infraestructura de TIC. No obstante, esta no identificación no se basa en la ignorancia técnica. Óscar domina el sistema, entiende su historia e incorpora funciones avanzadas de ArcGIS en sus operaciones diarias. La razón es más cómo las tecnologías se integran en las prácticas institucionales. El SIG ha estado presente en las oficinas de planificación durante décadas y, como resultado, se ha incorporado al entorno técnico cotidiano, se ha normalizado. Funciona bien y es predecible, estable e integrado sin problemas en la vida laboral. Por otro lado, herramientas más nuevas como Gemini, que Óscar sí refiere como inteligencia artificial, tienen características diferentes: son tecnologías nuevas, producen resultados impredecibles y a menudo se utilizan de manera menos regular, típicamente a través de herramientas externas como navegadores web o aplicaciones móviles. No es tanto la complejidad técnica de los sistemas en sí lo que difiere, sino más bien cómo se experimentan en la práctica institucional.
Amnesia tecnológica como fuerza estructural Este encuentro con Óscar nos permite identificar empíricamente lo que aquí llamamos amnesia tecnológica. El SIG, que es la infraestructura fundamental de la planificación territorial, se ha vuelto invisible precisamente porque actúa de manera estable. Cuando una tecnología se institucionaliza como normalizada, de tal manera que ya no es innovación sino parte de cómo la organización opera en un sentido normalizado.
El mapa producido por ArcGIS es como "el mapa del POT" en lugar de debido a operaciones algorítmicas sofisticadas. Igualmente, una delimitación territorial se ve como datos administrativos, no como geoprocesamiento. Esta invisibilidad tiene implicaciones políticas y epistemológicas, por un lado. Por otro, oculta el hecho de que gran parte de la toma de decisiones territoriales se filtra a través de sistemas algorítmicos cuyos criterios de procesamiento son opacos para los ciudadanos. Por un lado, naturaliza una forma específica de producir conocimiento territorial, como arraigada en capas digitales y análisis geoespacial, como si este fuera el único modo o medio para representar el espacio.
Por otra parte, el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) pasando de AutoCAD, archivos PDF a bases de datos geográficas que se hicieron disponibles en el portal web, marca un cambio importante en la relación entre el Estado y la ciudadanía. Antes de 2016, la información territorial de la oficina de planeación territorial de Pereira implicaba asistir a un ayuntamiento, ver a los funcionarios en persona y buscar documentos manualmente.
El conocimiento territorial era de manera centralizada y burocrática. Con la digitalización de la cartografía y la construcción del portal geográfico, cualquiera con acceso a internet puede ver los hallazgos del POT sin depender de intermediarios institucionales. Esta transformación
redistribuye la agencia en el sistema: los algoritmos de consulta espacial desplazan las búsquedas manuales, y los portales sirven tareas previamente manejadas por los titulares de oficinas. Esta metamorfosis a menudo se trata como nada más que un proceso de modernización administrativa. Lo que es menos visible es que estas plataformas incorporan decisiones algorítmicas sobre cómo debe representarse el territorio, qué información priorizar y qué consultas permitir. Con base en ello, la invisibilidad de infraestructuras tecnológicas consolidadas no puede explicarse en parte por la falta de conocimiento técnico del público. Es una respuesta a mecanismos estructurales que reorganizan continuamente el nuevo reconocimiento tecnológico. Tres dinámicas clave conducen a este fenómeno. Para empezar, el capitalismo tecnológico actual trabaja bajo un imperativo de innovación constante. Para atraer inversión y atención institucional, las corporaciones tecnológicas deben posicionar cada nueva generación de productos como radicalmente transformadora. Este enfoque es lo que Morozov (2013) denomina ciclos de promesa tecnológica.
Cada nueva tecnología se presenta como una respuesta sin precedentes a problemas que en su mayoría ya fueron parcialmente resueltos por tecnologías anteriores. Por lo tanto, la aparición de una nueva promesa exige que el statu quo sea simbólicamente devaluado. Legitimidad estatal y la modernización simbólica del estado. En segundo lugar, y lo que los discursos estatales sobre innovación tecnológica sirven es como medio de legitimación política. Y los gobiernos tienen la oportunidad de proyectar un sentido de modernización institucional y preparación para la disrupción tecnológica. Aquí es donde la política del momento para poder usar la inteligencia artificial como una prioridad política comienza, y muestra que están serios sobre subirse al tren de la transformación digital, por lenta o robusta que sea, obviamente. Invisibilidad de la infraestructura.
Y, por último, pero no menos importante, es pertinente cuestionarnos sobre las infraestructuras técnicas que a menudo se vuelven invisibles cuando funcionan satisfactoriamente. Star (1999) mostró que las infraestructuras desaparecen del campo de atención precisamente cuando no fallan. Se vuelven prominentes solo cuando fallan. Los sistemas de información geográfica que organizan la planificación territorial han alcanzado el nivel de infraestructura. Operan con suficiente robustez como para convertirse en la norma en la práctica institucional. Esta normalización erosiona su valor simbólico como tecnologías avanzadas, llevando a su pérdida de estatus simbólico como tecnologías progresivas.
Infraestructura invisible y la promesa de la inteligencia artificial En nuestra charla, Óscar usó ArcGIS demostrando su condición de experto en el sistema. Encendía capas, ejecutaba geo procesos, añadía y poblaba cartogramas y mostraba imágenes sin el menor esfuerzo de pensar por un momento. Todas estas acciones invocaban operaciones computacionales sofisticadas a nivel de arquitectura del sistema. Y la robustez de esta infraestructura es impresionante: su capacidad para manejar grandes volúmenes de datos geoespaciales, mantener la consistencia topológica sobre miles de polígonos y producir mapas con alta precisión. Sin lo que dije, algunas de las funciones de la oficina de planificación no habrían sido prácticas a diario.
Asimismo, luego de observar un poco aquel proceso de abstracción y materialización virtual del espacio, le pregunte a Óscar acerca del futuro de la IA, lo que depara. Él mencionó lo siguiente:
“En cartografía no he revisado qué avances hay en inteligencia artificial respecto a cartografía. Seguramente que la va a haber, o sea, lo que yo hoy hago aquí en el software de
escritorio a mano, que fue lo que hice con los señores ahorita, de ir y delimitar aquí un área. Seguramente va a llegar un momento en que yo simplemente voy a meter un prompt o un script y delimíteme el área verde de esta foto. Me la va a hacer sola. Yo hoy lo tengo que hacer con procesos o manuales” (alcaldía de Pereira, departamento de planeación, entrevista, abril de 2025). No obstante, esta infraestructura no forma parte de los discursos institucionales sobre innovación tecnológica. Sin embargo, mientras los documentos oficiales proclaman la IA como el futuro de la administración pública, tecnologías como el SIG, que ya sirven para sustentar la toma de decisiones territoriales, se vuelven invisibles. Esta interacción entre las promesas de innovación futura y las tecnologías de toma de decisiones ya operativas es una de las manifestaciones clave de lo que esta investigación denomina IAlización.
En contraste con estas infraestructuras consolidadas, emergen otras tecnologías que son percibidas explícitamente como inteligencia artificial dentro del entorno institucional.
2.4 Gemini como un ritual de consulta
Mientras hablaba con Natalia Giraldo en el área general de la oficina de planificación, ella compartió conmigo las herramientas digitales que emplea en su trabajo diario. Usa Excel para almacenar datos, Google como motor de búsqueda general, y utiliza el portal geográfico del municipio local para buscar información a través de ArcGIS. Sin embargo, cuando hablé sobre inteligencia artificial, su rostro se iluminó.
"Y en cuanto a la IA, uso Gemini porque creo que facilita bastante la búsqueda de información para mí. Pero siempre con cuidado porque a veces miente, así que hay que revisarlo a fondo. Además de eso, no estoy usando ninguna otra IA."
La declaración es significativa. De muchas de las tecnologías que Natalia usaba a diario, Excel con sus funciones avanzadas, Google con sus algoritmos de indexación o el portal de ArcGIS con sus capacidades de análisis espacial, solo Gemini fue etiquetado explícitamente como inteligencia artificial. El resto se percibía como herramientas digitales sencillas. Una impresión similar se encontró en la siguiente discusión con Óscar. Cuando se le preguntó sobre la inteligencia artificial empleada por la oficina, la respuesta fue directa. No usaban IA, a menos que consultaran documentos regulatorios sobre planificación territorial y demás. "La única IA que uso es Gemini para leer documentos. Subes el archivo y puedes hacer preguntas sobre el contenido."
Óscar incluso lo había recomendado como práctica para sus compañeros de trabajo: "Le dije a todos que subieran sus documentos de referencia y consultaran a la IA." Sacó su teléfono móvil y presentó la aplicación instalada mientras explicaba su método. El proceso que describió seguía un curso bastante consistente: elegir un documento relevante y subirlo a Gemini, formular una pregunta o plantear tu pregunta y ver cómo el sistema te responde, antes de verificar por ti mismo si alguna información era realmente correcta.
Por lo tanto, esta actividad demuestra una especie de delegación psicológica. En lugar de leer cuidadosamente cientos de páginas de documentos regulatorios que cubren docenas de páginas, los funcionarios entregan a Gemini toda la carga de texto para procesar y recopilar la información solicitada.
La delegación no solo es práctica, evita el proceso que consume tiempo de leer, sino también epistémica. Significa que se ha confiado en el sistema para determinar que hay partes apropiadas del documento y para entender adecuadamente el lenguaje técnico-legal. Pero esta confianza no es infalible. Natalia y Óscar compartieron la necesidad de verificar las respuestas que se crearon con el sistema. Citas como "ocasionalmente inventa cosas" o "necesitamos verificar la información" indican que la relación con la herramienta es de confianza cautelosa: suficiente confianza para delegar una parte del trabajo intelectual, pero no suficiente para confiar automáticamente en el resultado.
El uso de esta tecnología combina confianza y verificación en una interacción pragmática. El sistema se utiliza porque acelera el trabajo, aunque cada respuesta también debe ser reexaminada.
En este sentido, Gemini adquiere una especie de autoridad simbólica más allá de cualquier uso práctico. Es cuando los funcionarios usan expresiones como "preguntar a la IA" y "consultar a la IA" para describir lo que hicieron con el sistema que realmente ganan de la interacción con él. Asumen que esta terminología indica que el sistema será visto como una fuente de conocimiento, al igual que alguien a quien preguntar.
La interfaz conversacional también sirve para confirmar la percepción. Google, donde se devuelven enlaces a documentos, o Excel donde se genera información tabular; Gemini, de esa manera, produce información completa en lenguaje natural. La información parece que ya ha pasado por algún tipo de manejo sintético, lo que crea la impresión de que estás viendo conocimiento evolucionado en lugar de datos simples.
Esta interacción hace que el sistema sea visto como una herramienta de autoridad cognitiva en la práctica institucional. Las respuestas producidas por el sistema se incorporan posteriormente en la asesoría regulatoria y la toma de decisiones administrativas. La Sinécdoque IA = LLM Un aspecto particular de estas interacciones es la reducción del término "inteligencia artificial" a modelos de lenguaje generativo. Entonces, cuando Natalia declara que solo Gemini usa IA y cuando Óscar dice que no hay inteligencia artificial en la oficina del alcalde además de Gemini, se lleva a cabo una operación simbólica intencional y la parte específica (un modelo de lenguaje) se convierte en una representación del todo (el campo de la inteligencia artificial). Esta sinécdoque tiene implicaciones analíticas significativas. Hace invisibles otras tecnologías algorítmicas que existen dentro de la oficina y que podrían estar bajo el gran paraguas de la inteligencia artificial, como los sistemas de análisis espacial que se despliegan en ArcGIS y los algoritmos que construyen consultas en el portal geográfico.
Dicho esto, esta reducción no es necesariamente una función de falta de conocimiento técnico. En cambio, insinúa una diferencia en la experiencia diaria de las tecnologías. Gemini fue considerado inteligencia artificial, ya que habla, responde preguntas y produce nuevo texto. ArcGIS, en contraste, parece ser una herramienta técnica estable, que realiza procedimientos predecibles dentro de un flujo de trabajo ya desarrollado.
El uso diario de Gemini permite observar uno de los mecanismos clave en este proceso de investigación través de la observación empírica de los procesos que los investigadores refieren como IAlización, mediante el uso del compromiso diario con Gemini como uno de los mecanismos
del proceso descrito en esta investigación. En la práctica institucional, "IA" toma la forma de una categoría que aparece predominantemente como interacción con interfaces conversacionales que producen respuestas instantáneas.
Este encuentro reformula lo que se define como tecnología inteligente en el contexto institucional. Los sistemas nuevos, visibles y conversacionales expresan lo que se podría definir como el significante "inteligencia artificial", mientras que las infraestructuras tecnológicas más antiguas, aunque sofisticadas, permanecen fuera de esa definición. Al final, el resultado es un cambio simbólico: Gemini se convierte en el punto de referencia de lo que significa "usar inteligencia artificial", mientras que otras tecnologías de toma de decisiones que ya configuran la planificación territorial quedan invisibles. Delegación cognitiva y transformación del trabajo intelectual Subir documentos regulatorios a Gemini es también otra reconfiguración del trabajo intelectual realizado en la oficina de planificación. Normalmente, parte de la capacidad oficial ha incluido, en un nivel profesional, la lectura de literatura técnica intrincada, la localización de datos relevantes y su compilación para su uso en la maquinaria administrativa. Parte de este trabajo se externaliza al sistema por Gemini. La herramienta maneja el documento completo en segundos y genera una síntesis improvisada del contenido. La responsabilidad de verificación y comprobación la retiene el funcionario, pero la lectura detallada es, hasta cierto punto, realizada por el sistema.
Esa redistribución del esfuerzo tiene algunos efectos claros en el trabajo: ahorra tiempo y agiliza las consultas regulatorias. Pero también los hace vulnerables a nuevas dependencias
tecnológicas. Cuando el sistema genera respuestas incorrectas que no se detectan en el proceso de verificación, las decisiones administrativas podrían verse influenciadas por esa información. A pesar de los riesgos, la práctica se consolida porque tiende a funcionar lo suficientemente bien en la mayoría de los casos. El ritual de consulta, subir documento, desarrollar pregunta, obtener respuesta, verificar; se estabiliza como una estrategia pragmática para abordar la creciente complejidad documental que enfrentan los funcionarios en su trabajo diario.
2.5 Proyección futura: "Introduce un prompt y delimítamelo"
Estas experiencias no solo describen prácticas tecnológicas específicas, sino que permiten identificar un conjunto de tensiones más amplias que estructuran el campo sociotécnico de la planificación territorial.
Le pregunté a Óscar, ¿cómo diferenciaba entre tecnologías de la información (TI) e IA? Su razonamiento fue claro: "Era TI entonces, era lo que teníamos, era lo que estaba a cargo. Así que ahora estamos en la era de la inteligencia artificial". Mientras hablaba, abrió el sistema ArcGIS y mostró las herramientas proporcionadas por una licencia que había obtenido con Esri, la compañía informática que ofrece el servicio de herramientas digitales para información geográfica, entre otras. En pantalla, se mostraban capas superpuestas, funciones de geoprocesamiento y herramientas de análisis espacial. Añadió una reflexión sobre el futuro de la cartografía digital mientras navegaba por el sistema. "En cartografía, no he revisado los últimos avances en inteligencia artificial. Seguramente los habrá. Lo que hago aquí a mano hoy, delimito un área… llegará un momento en que haga eso, y luego solo escriba, un prompt o un script: 'delimita el área verde en esta foto para mí'. Y lo hará por sí solo".
Y es aún más sorprendente porque Óscar lo dice en el contexto de un sistema que ya está automatizando una proporción considerable de operaciones cartográficas. Usan ArcGIS para hacer digitalización asistida, ajuste automático de bordes, producir buffers geométricos, simplificar geometría y realizar análisis espacial automatizado. Estas características reemplazan el cálculo manual de operaciones que implicaban tiempo de cálculo. Sin embargo, para Óscar, estas automatizaciones no serán inteligencia artificial de ningún tipo. Son herramientas que él usa y comprende, que toman la forma de elegir comandos, ajustar parámetros o verificar resultados. Aunque cada paso está mediado por algoritmos, todavía necesita orientación experta para llevar a cabo el procedimiento. Su visión de una inteligencia artificial es diferente. En su propia idea de futuro, el sistema haría todas las operaciones por sí solo: reconocer el "área verde" en una imagen, diferenciarla de otros métodos de cobertura, vectorizar los límites y producir su propio polígono automáticamente. Es ese tipo de automatización total, no hay intervención experta en pasos intermedios, lo que permite, para él, un salto hacia la inteligencia artificial.
En ese orden de ideas, la máxima "seguramente llegará un momento" sitúa la inteligencia artificial no en el plano de algo que usa en este momento, sino más bien como una expectativa de lo que el futuro inminente depara. Esta proyección temporal corresponde a cómo los discursos institucionales suelen conceptualizar la inteligencia artificial. Documentos de políticas públicas, estrategias de gobierno digital y planes de innovación la describen como un fenómeno tecnológico potencial que cambiará la forma en que la Administración Pública funcionará en el futuro. Lo que es sorprendente de esta expectativa es que no exige una fecha particular, ni una tecnología específica en desarrollo. Incluso "seguramente habrá" es suficiente para hacer de la IA un horizonte
de cambio. No necesita detallar el momento de la promesa para que organices las expectativas existentes en torno a ella.
En consecuencia, esta perspectiva futura puede leerse como parte de una economía de la promesa tecnológica. En cambio, con este tipo de economía simbólica, el valor no necesariamente reside en la materialización inmediata de una tecnología, sino en la difusión de expectativas en torno a su potencial transformador. La promesa de automatización a través de la inteligencia artificial crea impactos hoy: moldea la formación, legitima discursos sobre modernización y mantiene la emoción sobre nuevas herramientas tecnológicas. Óscar participa activamente en esta economía simbólica. La esperanza de que algún día pueda "introducir un prompt y delimitar el área verde" hace que las limitaciones del sistema actual sean más llevaderas y mantiene viva la emoción hacia la innovación tecnológica. En este contexto, el cumplimiento de la promesa en sí no es un requisito para generar más productos. Es suficiente que sea lo suficientemente real y plausible para no desalentarse al guiar la práctica actual.
El prompt como solución universal Otro punto importante destacado en la proyección futura de Óscar es la importancia del prompt como una interfaz imaginada para interactuar con tecnologías inteligentes. Su contacto más cercano con la inteligencia artificial ha sido Gemini, que realiza consultas utilizando instrucciones en lenguaje natural. Más allá de eso, esta experiencia situada se extrapola a otros tipos de tecnología. Aquí, dice, y en el caso de la cartografía, donde está imaginando la inteligencia artificial utilizando este procedimiento, generando un prompt de línea de comandos, que a su vez le da la respuesta usando chatbots, también se puede ver que opera de manera similar a la forma en que funciona la cartografía.
Por lo tanto, el prompt es como una interfaz universal que podría interactuar con cualquier sistema inteligente, sea cual sea la tarea. Sin embargo, esta extrapolación simplifica significativamente las dificultades técnicas asociadas con las operaciones. La imaginería de entornos naturales depende de modelos de clasificación de imágenes (incluyendo técnicas de entrenamiento en conjuntos de datos específicos y algoritmos de procesamiento espacial de alto nivel) para delimitar áreas verdes en imágenes satelitales. La instrucción "delimita el área verde de esta foto para mí" oscurece esta complejidad técnica, haciendo que parezca que la tarea se trata solo de formular con precisión la instrucción.
Invisibilidad del trabajo experto Una notable proyección de automatización justo después de que Óscar delineara manualmente su barrio de Villaverde para los líderes comunitarios. Esa tarea involucró múltiples decisiones interpretativas: elegir capas de información, verificar los límites de la política gubernamental, resolver confusiones entre diferentes fuentes de información, convertir información técnica en un lenguaje comprensible para personas comunes cuando sea necesario. Todas estas habilidades acumuladas, que se han construido a lo largo de años de trabajo, ahora no tienen valor en la proyección futura. El prompt "delimita el área verde" hace que parezca que la delimitación de límites de tierra fuera un proceso automático y obvio, cuando en realidad esto involucraba decisiones técnicas, administrativas y políticas complejas. La potencialidad de la automatización, entonces, transfiere esa agencia interpretativa al sistema futuro. Aparecería como una decisión técnica automatizada, ocultando las decisiones humanas que sustentaron el diseño y entrenamiento de los algoritmos.
La frase inicial de Óscar: "antes era TI, ahora hemos entrado en la era de la inteligencia artificial”, denota una periodización tecnológica específica. Bajo esta narrativa, la historia reciente se divide en dos eras, la era de TI y la era de IA. Para el presente, para quien ambos parecen estar en transición, un momento de transición. Los sistemas de TI existentes, como ArcGIS o portales geográficos, todavía brindan el soporte necesario para las prácticas diarias de planificación territorial, e incluso ahora comienzan a ser vistos como parte de un campo que está siendo superado por ellos.
Esta paradoja crea una percepción. Cuando sus infraestructuras de TI que ahora permiten el trabajo de planificación territorial funcionan de manera más confiable, las infraestructuras de TI que lo permiten hoy, de hecho, son simbólicamente invisibles. Al mismo tiempo, la inteligencia artificial se propone como la tecnología para resolver problemas futuros, incluso cuando muchos de ellos solo se cumplen parcialmente con las tecnologías que existen. Esta cohabitación simultánea de arquitecturas técnicas integradas y las promesas futuras de innovación es una de las expresiones más claras del fenómeno que llamamos IAlización.
Fricciones, promesas y jerarquías sociotécnicas en la IAlización A partir de las escenas empíricas presentadas (el uso cotidiano de sistemas de información geográfica, la consulta de modelos de lenguaje como Gemini y las proyecciones sobre automatización futura) es posible identificar un conjunto de tensiones que exceden el nivel operativo de las tecnologías y remiten a un régimen sociotécnico más amplio. En este contexto, la IAlización no se manifiesta únicamente como incorporación de nuevas herramientas, sino como una reconfiguración de los criterios mediante los cuales las tecnologías son nombradas, valoradas y legitimadas en el campo institucional.
En este sentido, uno de los hallazgos centrales del trabajo de campo es la existencia de una frontera simbólica entre tecnologías clasificadas como “TIC” y aquellas reconocidas como “inteligencia artificial”. Esta distinción no responde estrictamente a diferencias técnicas en el tipo de procesamiento que realizan los sistemas, sino a una clasificación construida institucionalmente que organiza el campo tecnológico en términos temporales y valorativos. Así, las TIC aparecen asociadas a una etapa previa de desarrollo tecnológico, mientras que la inteligencia artificial se proyecta como el signo de una nueva fase de modernización institucional. Sin embargo, esta clasificación resulta paradójica si se examinan las prácticas concretas. Sistemas como los SIG, que realizan operaciones complejas de análisis espacial, procesamiento algorítmico y modelación territorial, son percibidos como herramientas ordinarias, mientras que tecnologías más recientes, como los modelos de lenguaje, adquieren el estatus de innovación. De este modo, la distinción TIC/IA opera menos como una diferenciación técnica que como un mecanismo de producción de valor simbólico en torno a ciertas tecnologías. Las infraestructuras que sostienen efectivamente la toma de decisiones territoriales, bases de datos, plataformas geográficas, sistemas de análisis espacial, tienden a volverse invisibles en la medida en que se estabilizan en la práctica institucional. Su funcionamiento continuo y predecible contribuye a que sean percibidas como parte del trasfondo operativo, perdiendo su reconocimiento como tecnologías complejas que median activamente la producción de conocimiento territorial. En contraste, las tecnologías emergentes son investidas de una alta visibilidad simbólica, independientemente de su nivel de integración efectiva en los procesos institucionales. Esta asimetría no puede entenderse únicamente como un efecto de desconocimiento técnico, sino como el resultado de una economía de la promesa que organiza las expectativas en torno a la innovación
tecnológica. En este marco, la inteligencia artificial funciona como un horizonte de transformación futura que orienta discursos, legitima decisiones institucionales y reconfigura las prioridades en términos de inversión, formación y reconocimiento profesional.
Lo relevante aquí es que el valor de la inteligencia artificial no depende exclusivamente de su implementación material, sino de su capacidad para operar como promesa performativa. La expectativa de que ciertas tareas serán automatizadas en el futuro permite reorganizar prácticas en el presente, justificar procesos de modernización y sostener narrativas de eficiencia institucional, incluso en contextos donde las infraestructuras existentes continúan siendo el soporte principal de la acción administrativa.
Estas dinámicas tienen implicaciones directas sobre la distribución de la autoridad epistémica en la planificación territorial. A lo largo del trabajo de campo se observa que ciertas tecnologías, particularmente los modelos de lenguaje, son investidas de una autoridad cognitiva que excede sus capacidades técnicas, siendo utilizadas como fuentes de consulta que sintetizan información y orientan decisiones. Al mismo tiempo, otras infraestructuras más consolidadas, como los SIG, operan como mediadores fundamentales en la producción de conocimiento territorial sin ser reconocidas como tales.
En este sentido, la IAlización no solo reorganiza el campo tecnológico, sino que también reconfigura quién o qué puede ser considerado una fuente legítima de conocimiento. La interacción con sistemas como Gemini introduce formas de delegación cognitiva en las que parte del trabajo interpretativo es externalizado a sistemas algorítmicos, manteniendo, sin embargo, un esquema de verificación por parte de los funcionarios. Esta relación híbrida, basada en confianza cautelosa, redefine las prácticas de consulta, análisis y validación de información en el contexto institucional.
De manera complementaria, las proyecciones sobre el futuro de la inteligencia artificial permiten observar cómo la IAlización opera también como una anticipación tecnológica. La idea de que en el futuro será posible realizar tareas complejas mediante instrucciones en lenguaje natural, por ejemplo, delimitar automáticamente áreas en sistemas cartográficos, simplifica las mediaciones técnicas actualmente necesarias y desplaza el reconocimiento del trabajo experto involucrado en dichos procesos. De este modo, la promesa de automatización tiende a invisibilizar las decisiones interpretativas, técnicas y políticas que intervienen en la producción del conocimiento territorial.
En conjunto, estos elementos permiten sostener que la IAlización no se reduce a la adopción de tecnologías específicas, sino que configura un régimen sociotécnico que produce jerarquías simbólicas, reorganiza expectativas institucionales y redistribuye la autoridad en los procesos de toma de decisiones. Este régimen opera a través de la interacción entre discursos de innovación, prácticas cotidianas y tecnologías concretas, generando una reconfiguración simultánea de lo técnico, lo epistemológico y lo político en la planificación territorial.
CAPÍTULO 3. RECONFIGURACIÓN DE LA RACIONALIDAD
TECNOBUROCRÁTICA
Los ensamblajes sociotécnicos descritos no reorganizan únicamente las prácticas cotidianas de planificación, sino la racionalidad desde la cual el Estado produce conocimiento sobre el territorio. Este capítulo analiza cómo la IAlización transforma los fundamentos epistemológicos de la acción tecnocrática: desplaza la legibilidad estatal clásica hacia formas algorítmicas y anticipatorias, instala una gubernamentalidad que opera más como horizonte discursivo que como realidad implementada, y reconfigura los criterios mediante los cuales las instituciones nombran, valoran y legitiman las tecnologías que median sus decisiones.
3.1 De la legibilidad clásica del estado a la legibilidad algorítmica anticipada
Scott y el proyecto moderno de legibilidad Scott (2020) demostró que el estado moderno ha utilizado históricamente esquemas de legibilidad que son instrumentales para reducir las complejas realidades sociales a algo que pueda gestionar. El catastro reduce todas las variedades de tenencia de la tierra a parcelas individuales que tienen límites claros y propietarios. El censo combina identidades sociales en categorías estándar. El mapa topográfico convierte las experiencias territoriales vividas, en otras palabras, en coordenadas y líneas de contorno. Estos dispositivos no solo reflejan una realidad imaginada. Como señala Scott, participan en su creación.
Al reducir realidades heterogéneas a categorías estándar, reordenan el territorio y las prácticas sociales para ser legibles para la administración gubernamental. Históricamente, esta legibilidad se trabajó a través de tecnologías que eran relativamente resilientes: archivos físicos,
mapas impresos, registros manuscritos y documentos administrativos. La lógica principal aquí era la estandarización: convertir la heterogeneidad local en datos comparables y manejables. Scott también demuestra que el proceso crea lo que podríamos llamar violencia epistémica. Cualquier cosa fuera de las categorías estatales se vuelve invisible.
El conocimiento oficial, por lo tanto, descuenta prácticas locales que no pueden traducirse en formatos administrativos. Sin embargo, también sabe que cierto grado de simplificación es una condición previa para cualquier respuesta administrativa amplia. La pregunta ya no es si debe haber legibilidad, sino cómo se produce, qué tecnologías y bajo qué condiciones epistemológicas. Tres órdenes de legibilidad estatal A partir de los hallazgos anteriormente, se reconocen tres órdenes de legibilidad estatal que hoy son comunes.
El primero alude a la legibilidad clásica. Consiste en el registro de datos periódicamente, manteniéndolos en formato físico y hablando con personas mediadas por autoridades. En Pereira, antes de la digitalización del POT en 2016, solo los habitantes locales accedían a la información territorial a través de su presencia física en el ayuntamiento, contacto con planes impresos y verificación manual de archivos de datos. El conocimiento territorial era discontinuo, localizado y mediado por la administración oficial.
En segundo lugar, se encuentra un modelo de legibilidad algorítmica: con el sistema territorial digitalizado llega una de las segundas modalidades. Los sistemas de información geográfica y los portales geográficos soportan consultas espaciales automatizadas en línea desde cualquier ubicación utilizando una conexión a Internet. La información territorial se vuelve
automatizada, consultable y procesada porque algorítmicamente la estamos digitalizando. Esta transformación altera fundamentalmente la conexión entre el estado y la ciudadanía, en otras palabras: el acceso a la información sobre el territorio ya no es solo una función de los funcionarios y los archivos físicos.
Finalmente, surge un tercer tipo de legibilidad algorítmica anticipada, donde se considera el orden como un horizonte discursivo, aún no completamente implementado, pero, en cierta medida, hablando de una nueva promesa del futuro: la de máquinas que podrían, a través de la IA, usarse no solo para narrar, de hecho, anticipar, el estado presente en el futuro. Dentro de esa lógica, el conocimiento estatal no solo nos diría sobre la tierra, sino que también permitiría la predicción, el descubrimiento de anomalías y la automatización de decisiones administrativas. Aguas de Manizales: Genealogía de la legibilidad infraestructural Ofrece un modelo potencial de modernización gradual de la legibilidad estatal aplicada a infraestructuras urbanas, y más específicamente, Aguas de Manizales. Lucas Rodríguez, Director de TIC de la empresa, detalla un fenómeno iniciado a finales de la década de 1990 en el que los procesos de red, el trabajo de mantenimiento y la ingeniería se digitalizaron. Los sistemas comerciales (facturación de clientes, usuarios) y los sistemas técnicos (redes de agua y alcantarillado) se vincularon de manera conmensurable en ese entonces. Esta integración se consolidó aún más con la implementación de plataformas Esri. Los sistemas geográficos facilitaron el mapeo del sistema hidráulico de la ciudad e integrarlo con información de operación sobre usuarios, consumo y mantenimiento.
El salto cualitativo ocurre entre 2005 y 2010 a través de sistemas de telemetría. Los sensores colocados en tanques de almacenamiento comenzaron a enviar datos en tiempo real a un
centro de datos central. Lucas declaró: “Hoy estamos monitoreando 57 tanques”. La telemetría revoluciona la comprensión del sistema hidráulico. Hasta entonces, el operador tenía que inspeccionar físicamente el tanque para conocer su estado. La información se actualiza instantáneamente, con sensores conectados al sistema central. También se montan sensores hidrometeorológicos en cuencas hidrográficas, y están conectados por sistemas satelitales. Estos dispositivos permiten rastrear variables como flujos, precipitaciones y niveles de captación de agua. Finalmente, el sistema se integra a través de macrómetros digitales conectados al sistema de Internet de las Cosas (IoT), a través del cual se comunica continuamente información sobre captación, almacenamiento y distribución de agua. Esto lleva a una forma de legibilidad algorítmica infraestructural: la red hidráulica es un sistema monitoreado constantemente a través de sensores y procesado por bases de datos digitales (Aguas de Manizales, área de TIC, entrevista, junio de 2025).
Polifonía institucional: Cómo clasificar la IA En Aguas de Manizales, la clasificación de tecnologías no es uniforme ni siquiera dentro de la misma institución. Lorena Restrepo identifica como inteligencia artificial dos herramientas concretas: Copilot para redactar y consultar documentos, y un sistema de análisis de imágenes para detectar daños en tuberías a partir de fotografías. Camilo Agudelo, ingeniero de infraestructura, emplea modelos hidráulicos y algoritmos en Python para simular escenarios de presión y flujo, herramientas que también reconoce como IA. Lucas Rodríguez, en cambio, propone una clasificación más estructural: para él, la inteligencia artificial es un componente dentro del campo general de las TIC, no una categoría aparte. Bajo esa lógica, la telemetría, los sensores IoT y los sistemas de monitoreo satelital quedan clasificados como TIC, a pesar del procesamiento algorítmico complejo que los sustenta.
Esta divergencia interna revela una paradoja: los sistemas que procesan datos en tiempo real, automatizan operaciones técnicas y permiten anticipar fallos en la red hidráulica no son reconocidos institucionalmente como inteligencia artificial. La distinción no es técnica sino simbólica. Las tecnologías actuales, por sofisticadas que sean, siguen requiriendo interpretación experta para producir decisiones; la inteligencia artificial, en cambio, es imaginada como un sistema autónomo capaz de actuar sin esa mediación humana. Es precisamente esa autonomía proyectada —y no la complejidad técnica efectiva— lo que convierte a ciertos sistemas en signo de innovación y relega a otros al estatuto de infraestructura ordinaria. Legibilidad territorial y legibilidad infraestructural Esta polifonía clasificatoria adquiere mayor relieve cuando se comparan los dos casos. Pereira y Aguas de Manizales permiten distinguir dos modalidades de legibilidad algorítmica que operan sobre objetos distintos. En Pereira, los SIG producen conocimiento sobre zonificación, límites administrativos y uso del suelo: el territorio se convierte en objeto de regulación normativa. En Aguas de Manizales, los sistemas de telemetría y sensores generan información en tiempo real sobre redes hidráulicas: el objeto de conocimiento no es el espacio regulado sino la infraestructura material que sostiene el funcionamiento urbano. Una es legibilidad territorial; la otra, legibilidad infraestructural. Pese a sus diferencias, ambas comparten un rasgo definitorio: dependen de sistemas algorítmicos que sus propios operadores clasifican institucionalmente como TIC. Esta coincidencia apunta a una transformación epistemológica más profunda que la mera adopción de nuevas herramientas. En ambos casos, el Estado se desplaza del conocimiento periódico al continuo, del centralizado al distribuido, del juicio experto a formas crecientes de procesamiento automatizado. Sin embargo, estas transiciones no se consolidan de manera limpia.
Los modos clásicos de conocer coexisten con las infraestructuras algorítmicas actuales, y estas a su vez coexisten con la promesa de una inteligencia artificial aún no implementada. Es precisamente esa triple coexistencia —conocimiento clásico, infraestructura algorítmica naturalizada y promesa futura de automatización— la que define el régimen que este estudio denomina IAlización: no un reemplazo tecnológico, sino una reconfiguración permanentemente inestable de cómo el Estado conoce, clasifica y gobierna el territorio.
3.2 Formas esperadas de gubernamentalidad algorítmica
Foucault (2006) definió la gubernamentalidad como una forma de poder que actúa gestionando la conducta y no por coerción. En este modelo, gobernar consiste en crear racionalidades que dictan cómo se comportan los humanos, toman decisiones y se gobiernan a sí mismos. Hasta el día de hoy, en la era contemporánea, encontramos una variedad de autores que se basan en la gubernamentalidad algorítmica como un medio para retratar regímenes de gobernanza arraigados en el procesamiento masivo de datos, análisis predictivo y automatización de decisiones. Sin embargo, las instancias empíricas revisadas en este estudio revelan una variedad particular: la gubernamentalidad algorítmica anticipada. En estas instituciones examinadas, la automatización completa de los sistemas de IA para tomar decisiones autónomas sigue sin cumplirse. No obstante, el horizonte de automatización anticipada ya rehace las expectativas institucionales, competencias y prioridades tecnológicas a nivel institucional y técnico. Corpocaldas: la IA como la ausencia productiva Ximena López, geóloga en Corpocaldas, está trabajando con sistemas de información geográfica, paneles de control y bases de datos cartográficas que organizaciones como IGAC e IDEAM utilizan a diario. Pero cuando se le pregunta sobre la IA, dice: “Eso para mí es como una
ciencia oculta. Yo creo que efectivamente, en cuanto a tecnologías, debería existir algo ¿cierto? Pero no sé cómo.” (CORPOCALDAS, área de planificación de ordenamiento ambiental territorial, entrevista, mayo de 2025).
La IA parece ser un punto ciego significativo aquí: una tecnología que debería existir pero que aún tiene pocas implementaciones prácticas. Paradójicamente, las herramientas que Ximena utiliza ya han tenido un impacto profundo en su trabajo. Operaciones que anteriormente requerían trabajo físico y verificación práctica en el campo ahora se realizan a través de análisis digital. Sin embargo, bajo la creencia de que la inteligencia artificial permitirá una mayor automatización, estos cambios están siendo oscurecidos.
Gobernación de Risaralda: La IA como un umbral cercano Mario Parrado describe una evolución tecnológica que comienza con GPS, continúa con Google Earth y finalmente ArcGIS. Ambas tecnologías avanzaron las herramientas de planificación territorial al proporcionar datos y análisis espaciales. Pero ya emplea herramientas que explícitamente dice son inteligencia artificial, incluyendo ChatGPT y sistemas automatizados de Excel. Mario está convencido de que el verdadero cambio vendrá solo en los próximos años a medida que los modelos predictivos y los sistemas de inteligencia artificial que se han desarrollado en la planificación territorial transformen el proceso… Mario sostiene que:
“yo no creo que esto vaya algún día a reemplazar, o por lo menos no en el futuro cercano, pero que cuando llegue el reemplazo, pues yo ya esté pensionado, pero pues hermano, la verdad es que, pues yo no soy experto programador. Yo estuve hace como unos tres, cuatro meses, a
principios de año, en unas charlas sobre el uso de Python y cómo uno, a través de inteligencia artificial, hace toda la programación en Python, ¿no? Pues hermano, y para planificación del territorio, para todo lo que tiene que ver con cambio climático, para modelos predictivos, para todo eso, creo que la inteligencia artificial va a ser fundamental. Yo creo que, en los próximos cinco años, pues el esfuerzo y digamos, los que queramos mantenernos vigentes, tenemos que ir hacia ese punto”. (Gobernación de Risaralda, dirección de gestión ambiental y desarrollo territorial, entrevista, abril de 2025).
Esta expectativa tiene un claro efecto normativo: Mantenerse relevante profesionalmente implica adoptar estas tecnologías.
Bajo esta lógica, incluso si todos nosotros no tenemos los sistemas de automatización, el horizonte de la inteligencia artificial remodela las expectativas de las instituciones. Las tecnologías modernas parecen inadecuadas en reconocimiento de la promesa de una automatización integral. Las nuevas ideas se reinterpretan en línea con las herramientas existentes como etapas intermedias antes de una futura reforma. Aquí tenemos lo que se puede denominar una brecha permanente entre las capacidades actuales y las expectativas tecnológicas futuras.
CONCLUSIONES
Esta investigación partió de una paradoja empírica: los funcionarios que operan cotidianamente sistemas algorítmicos sofisticados, SIG con análisis espacial complejo, redes de telemetría en tiempo real, bases de datos geoespaciales, afirman no utilizar inteligencia artificial, mientras designan como IA herramientas técnicamente más simples, como los modelos de lenguaje empleados para consultar documentos regulatorios. Esta clasificación contradictoria no refleja ignorancia técnica, sino el funcionamiento de un régimen particular de valoración tecnológica que esta investigación ha denominado IAlización.
El argumento central es que la IAlización no es un fenómeno tecnológico sino epistemológico. No remite a la adopción de sistemas de IA más o menos avanzados, sino a una reestructuración profunda de los modos en que el Estado conoce el territorio, produce legibilidad sobre poblaciones e infraestructuras, y distribuye autoridad epistémica entre actores humanos y no humanos.
El trabajo etnográfico permitió identificar cinco mecanismos mediante los cuales opera este régimen. Primero, genera fronteras simbólicas entre TIC e IA que no corresponden a diferencias técnicas, sino a lógicas de innovación propias del capitalismo tecnológico: las corporaciones proyectan lo nuevo como inversión, los gobiernos adoptan discursivamente nuevas tecnologías para proyectar modernidad, y los funcionarios recurren a herramientas etiquetadas como IA para construir reconocimiento profesional. Segundo, produce amnesia tecnológica estructural: las infraestructuras algorítmicas que sostienen materialmente la planificación territorial —los SIG que enmarcan decisiones cotidianas— se vuelven invisibles precisamente porque funcionan de manera estable y normalizada. Tercero, redistribuye la autoridad epistémica
mediante simulacros operativos: los modelos de lenguaje son investidos de autoridad simbólica que excede sus capacidades técnicas, y parte del juicio interpretativo es delegada a sistemas cuyo funcionamiento interno permanece opaco para los usuarios institucionales. Cuarto, instala una gubernamentalidad algorítmica anticipada: aunque ninguna de las instituciones examinadas emplea IA autónoma para tomar decisiones territoriales, el horizonte de automatización ya reconfigura presupuestos, programas de capacitación y discursos de modernización en el presente. Quinto, opera bajo una economía de la promesa en la que el valor no reside en la implementación efectiva de tecnologías, sino en la circulación de expectativas sobre su potencial transformador, expectativas que producen efectos institucionales reales —asignación de recursos, agendas estratégicas, validación organizacional— con independencia de su materialización. El resultado es un régimen híbrido en el que continuidad material y ruptura simbólica coexisten sin resolverse. Las infraestructuras algorítmicas consolidadas sostienen la acción estatal cotidiana, pero permanecen simbólicamente invisibles; la inteligencia artificial concentra los imaginarios institucionales de innovación sin estar plenamente implementada. Este régimen no elimina las fricciones entre ambas dimensiones: las administra y las mantiene en tensión productiva.
La IAlización reorganiza además tres aspectos de la racionalidad tecnoburocrática: transforma la temporalidad del conocimiento estatal, del registro periódico al monitoreo continuo y la predicción anticipatoria; reconfigura la agencia decisional, desplazando el juicio experto hacia ensamblajes sociotécnicos donde humanos y algoritmos co-producen decisiones; y redefine los criterios de valoración tecnológica, sustituyendo la excelencia técnica por la novedad discursiva como principal marcador de innovación.
Estos hallazgos tienen alcance más amplio que los casos examinados. En instituciones públicas latinoamericanas con presupuestos ajustados y marcada desigualdad institucional, la adopción tecnológica no es solo infraestructural sino simbólica: implica reestructurar los regímenes de valoración que determinan qué tecnologías cuentan como innovación y cuáles se naturalizan como herramientas ordinarias. Comprender la transformación digital del Estado en estos contextos exige atender no solo a las tecnologías implementadas, sino a las promesas tecnopolíticas y las dinámicas institucionales que orientan su adopción. Teóricamente, la articulación entre Teoría del Actor-Red, legibilidad estatal, solucionismo tecnológico e hiperrealidad resulta productiva para analizar estos procesos. Seguir empíricamente las prácticas mediante las cuales funcionarios, software, bases de datos, normativas y presiones políticas se ensamblan para producir decisiones territoriales permite revelar que la acción estatal emerge de redes sociotécnicas complejas en las que ningún actor concentra el poder de decisión. Ver la IAlización como régimen epistemológico permite desnaturalizar tanto la exaltación acrítica de la IA como promesa salvadora, como el rechazo tecnofóbico que no reconoce los cambios materiales que las infraestructuras algorítmicas ya producen. La planificación territorial contemporánea no es ni plenamente humana ni plenamente algorítmica: es un ensamblaje híbrido en el que infraestructuras normalizadas y promesas emergentes coexisten, se tensionan y se condicionan mutuamente. Entender esa hibridez es condición necesaria para intervenir críticamente en la configuración futura de la gobernanza territorial y los regímenes de conocimiento mediante los cuales las sociedades producen, valoran y gobiernan sus territorios.
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