Voces que permanecen: memoria, vínculos y reconocimiento social de los adultos mayores institucionalizados
Estudiante Laura Johana Marulanda Fernández ID: 0000029744
Asesora: Diana Marcela Alzate Torres
Universidad de Caldas Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales Manizales, Caldas Colombia
2026
Tabla de Contenido
RESUMEN............................................................................................................................................2 PALABRAS CLAVE..................................................................................................................................3 INTRODUCCIÓN....................................................................................................................................4 ORIGEN Y CONSOLIDACIÓN DE LA PROPUESTA DE INTERVENCIÓN ...............................................................5 DESARROLLO DEL PROCESO ...................................................................................................................8 ANÁLISIS REFLEXIVO ........................................................................................................................... 19 ROL DEL TRABAJADOR SOCIAL DENTRO DEL CAMPO DE PRÁCTICA ............................................................. 26 RECOMENDACIONES ........................................................................................................................... 28 BIBLIOGRAFÍA .................................................................................................................................... 30 TABLA DE ANEXOS .............................................................................................................................. 31
Resumen La práctica profesional se desarrolló en el Banco Arquidiocesano de Alimentos de Manizales, en articulación con el Centro Vida La Cuchilla del Salado de la Fundación Newman y el Voluntariado Vicentino Chinchiná, con la participación de adultos mayores institucionalizados, sus familias, personal institucional y actores comunitarios. La intervención, denominada “Voces que permanecen:
memoria, vínculos y reconocimiento social de los adultos mayores institucionalizados”, tuvo como propósito promover el reconocimiento de los adultos mayores como sujetos de derechos, memoria, historia y dignidad, mediante el fortalecimiento de vínculos afectivos, familiares, institucionales y comunitarios, así como aportar a la transformación de imaginarios sociales negativos asociados a la vejez.
El proceso se desarrolló entre los meses de marzo y mayo de 2026 desde un enfoque participativo, de derechos, sustentado en referentes como la teoría ecosistémica de Urie Bronfenbrenner, la propuesta se estructuró en cuatro fases: socialización del proyecto, transformación institucional, fortalecimiento de vínculos familiares y reconocimiento comunitario, para ello se implementaron encuentros reflexivos, espacios de escucha activa, actividades de expresión emocional, intercambios narrativos y encuentros intergeneracionales orientados a visibilizar las historias de vida, los saberes y las necesidades emocionales de los adultos mayores. Entre los principales resultados se evidenció una mayor expresión emocional, reconocimiento mutuo entre los adultos mayores y el personal de dichas instituciones, en algunos casos el restablecimiento de vínculos familiares, así como cambios en la percepción de la comunidad frente a la vejez, reconociendo a las personas mayores como sujetos activos, portadores de experiencia, memoria y capacidades valiosas para la sociedad.
La experiencia permitió comprender que muchas de las necesidades de los adultos mayores trascienden la atención material, siendo también importante el afecto, la escucha y el reconocimiento, de igual manera se reafirmó la importancia del Trabajo Social en la construcción de procesos más humanos, participativos e inclusivos, capaces de fortalecer la dignidad, los vínculos y el bienestar integral de poblaciones que con frecuencia enfrentan situaciones de invisibilización y exclusión.
Palabras clave: adultos mayores institucionalizados; reconocimiento social; vínculos afectivos; escucha activa; Trabajo Social.
Introducción La presente práctica de Trabajo Social se desarrolló a través del proyecto denominado “Voces que permanecen: memoria, vínculos y reconocimiento social de los adultos mayores institucionalizados”, el cual estuvo orientado al fortalecimiento del reconocimiento emocional, social, familiar y comunitario de los adultos mayores, vinculadops a centros de protección. La práctica se llevó a cabo en el Banco Arquidiocesano de Alimentos de Manizales, a través de este se desarrollo el proyecto en el Centro Vida La Cuchilla del Salado perteneciente a la Fundación Newman y el Voluntariado Vicentino de Chinchiná, escenarios institucionales en los cuales se desarrollaron las acciones de intervención, los principales actores participantes en este proceso fueron los adultos mayores institucionalizados, el personal institucional, las familias, las voluntarias del Voluntariado Vicentino de Chinchiná, la comunidad cercana a dichas instituciones y la estudiante en práctica de Trabajo Social responsable del desarrollo de la intervención. El propósito central de la práctica profesional fue promover el reconocimiento de los adultos mayores como sujetos de derechos, memoria, historia y dignidad, mediante el fortalecimiento de vínculos afectivos, familiares, institucionales, comunitarios, asimismo, se buscó generar espacios de escucha activa y expresión emocional que permitieran a los participantes compartir sus experiencias de vida, fortalecer sus vínculos familiares, comunitarios y aportar a la transformación de imaginarios sociales negativos asociados a la vejez. La ejecución del proyecto de practica se desarrolló entre los meses de marzo y mayo de 2026, periodo durante el cual se implementaron las diferentes fases de intervención, orientadas a la socialización del proceso, la transformación institucional, el fortalecimiento de vínculos familiares y el reconocimiento comunitario, estas fases se llevaron a cabo de manera articulada en los distintos escenarios de práctica, ajustándose a las dinámicas, necesidades y particularidades de cada institución.
En cuanto a la estructura del presente informe, este se encuentra organizado de manera secuencial, en primer lugar se presenta la introducción, en la cual se exponen los elementos generales de la práctica, sus actores, escenarios, objetivos, temporalidad, posteriormente, se
desarrolla el apartado de origen y consolidación de la propuesta de intervención, donde se describe el proceso de diagnóstico además la identificación de la problemática que dio lugar a la práctica. Seguidamente, se presenta el desarrollo del proceso de intervención, en el cual se detallan las fases implementadas, las actividades realizadas y los principales resultados obtenidos, luego, se incluye el análisis reflexivo del proceso de práctica, donde se abordan los logros, alcances, límites, niveles de transformación y condiciones que facilitaron u obstaculizaron el desarrollo de la intervención.
Posteriormente, se presenta el apartado correspondiente al rol del Trabajador Social en el campo de práctica, en el cual se reflexiona sobre el posicionamiento profesional, la responsabilidad ética, el desarrollo de capacidades, los dilemas enfrentados durante el proceso, finalmente, el informe termina con el apartado de recomendaciones, orientado a la continuidad, fortalecimiento de los procesos desarrollados en los diferentes escenarios institucionales, familiares y comunitarios.
De esta manera, el presente informe da cuenta del proceso de práctica profesional desarrollado, evidenciando la experiencia formativa, los aprendizajes construidos y los aportes del Trabajo Social en el acompañamiento a la población adulta mayor institucionalizada. Origen y consolidación de la propuesta de intervención La propuesta de intervención “Voces que permanecen: memoria, vínculos y reconocimiento social de los adultos mayores institucionalizados” surgió en el marco de la práctica profesional de Trabajo Social desarrollada en el Banco Arquidiocesano de Alimentos de Manizales, específicamente desde el eje social de la institución, orientado al acompañamiento, seguimiento y fortalecimiento de las fundaciones beneficiarias vinculadas al banco, este eje tuvo como propósito no solo garantizar procesos relacionados con la distribución alimentaria, sino también realizar acompañamiento institucional frente a aspectos organizativos, administrativos y sociales presentes en las diferentes fundaciones.
Durante el proceso de práctica se realizó inicialmente un acercamiento a catorce instituciones beneficiarias del Banco Arquidiocesano de Alimentos, en estos escenarios se
desarrollaron funciones relacionadas con el seguimiento institucional, entre ellas la revisión de documentación legal, observación de condiciones higiénicas y de almacenamiento de alimentos, verificación de listados poblacionales, acompañamiento a procesos organizativos y realización de visitas institucionales.
A partir del diagnóstico participativo realizado entre el 24 de julio y el 2 de octubre de 2025, mediante entrevistas semiestructuradas, observación institucional y visitas de seguimiento, se identificaron diferentes necesidades presentes en las instituciones de protección al adulto mayor, durante este proceso se evidenciaron situaciones relacionadas con el debilitamiento de vínculos familiares, la escasa participación de las familias en los procesos institucionales, sentimientos de soledad y abandono emocional, así como la necesidad de escucha, acompañamiento y reconocimiento afectivo hacia los adultos mayores.
De igual manera, se identificó que, aunque las instituciones realizaban esfuerzos importantes frente al cuidado físico y la atención básica, persistían necesidades emocionales y relacionales que requerían ser abordadas desde una perspectiva más humana e integral, asimismo, se evidenció que muchos adultos mayores deseaban compartir sus historias, recuerdos y experiencias, pero no siempre contaban con espacios donde pudieran sentirse escuchados, reconocidos y valorados.
En la dimensión social se identificó que muchos adultos mayores experimentaban sentimientos de tristeza, nostalgia y aislamiento emocional debido a la poca comunicación con sus familias o al distanciamiento progresivo de sus redes de apoyo, además, en algunos casos las familias reducían el contacto a llamadas esporádicas o visitas poco frecuentes, generando sentimientos de olvido e invisibilización.
También se evidenció la persistencia de imaginarios negativos sobre la vejez, asociados principalmente a la enfermedad, la dependencia o la improductividad, dejando de lado las trayectorias de vida, experiencias, saberes y memorias construidas por las personas mayores a lo largo de los años, estas percepciones incidían en la manera en que eran reconocidos dentro de los ámbitos familiares, comunitarios e institucionales.
En la dimensión institucional se reconocieron fortalezas importantes relacionadas con el compromiso del personal de cuidado y el acompañamiento permanente, sin embargo, debido a las dinámicas cotidianas de atención, gran parte de los esfuerzos se concentraban en la satisfacción de necesidades básicas y asistenciales, dejando en segundo plano aspectos relacionados con la escucha, el reconocimiento afectivo y el fortalecimiento de vínculos. A partir de la información recolectada durante el diagnóstico participativo y del análisis realizado mediante la matriz de situaciones, se identificó como situación principal la invisibilización social y emocional de los adultos mayores institucionalizados como sujetos de derechos, memoria y valor social, esta problemática se constituyó en el eje central de la intervención debido a que los adultos mayores eran reconocidos con frecuencia desde una perspectiva asistencial, dejando de lado sus trayectorias de vida, saberes, experiencias y necesidades emocionales.
Como situaciones subsidiarias se identificaron, por una parte, el debilitamiento de los vínculos familiares y comunitarios de los adultos mayores institucionalizados, evidenciado en la limitada cercanía de las familias, la poca participación comunitaria y la disminución de redes de apoyo; y por otra, la escasez de espacios de acompañamiento emocional y escucha dentro de los contextos institucionales.
En respuesta a estas situaciones, surgió la propuesta “Voces que permanecen: memoria, vínculos y reconocimiento social de los adultos mayores institucionalizados”, concebida como una apuesta orientada al fortalecimiento del reconocimiento emocional y social de las personas mayores institucionalizadas, la propuesta se consideró pertinente debido a la necesidad de generar espacios de escucha, acompañamiento emocional y fortalecimiento de vínculos afectivos que contribuyeran al bienestar integral de esta población.
Asimismo, la propuesta buscó promover una mirada más humana sobre la vejez, reconociendo a los adultos mayores como sujetos portadores de memoria, experiencias, saberes y trayectorias de vida, desde esta perspectiva, se planteó la necesidad de generar procesos que favorecieran no solo su bienestar emocional, sino también la sensibilización de familias, instituciones y comunidad frente a la importancia del reconocimiento en esta etapa de la vida.
La propuesta se sustentó en diferentes referentes conceptuales y metodológicos que permitieron comprender la realidad de los adultos mayores desde una perspectiva integral. Uno de los principales referentes fue la teoría ecosistémica de Bronfenbrenner (1987) la cual permitió analizar cómo la vida de las personas mayores se encontraba influenciada por diferentes sistemas de interacción. Asimismo, se retomaron los aportes de Axel Honneth (1999) sobre el reconocimiento social, los cuales facilitaron la comprensión de las experiencias de invisibilización y la importancia del reconocimiento en la construcción de la identidad, la dignidad y el bienestar emocional.
Metodológicamente, la propuesta se orientó desde un enfoque participativo y reflexivo, fundamentado en la escucha, el diálogo y la construcción conjunta de alternativas de intervención a partir de las necesidades identificadas en el proceso diagnóstico. La construcción y consolidación de la propuesta estuvo directamente relacionada con los hallazgos obtenidos durante el diagnóstico participativo, la información recolectada permitió definir los objetivos, los ejes de intervención y las estrategias generales que orientarían el proceso, procurando responder de manera integral a las necesidades emocionales, familiares y sociales identificadas en los adultos mayores institucionalizados.
Como resultado de este proceso, la propuesta quedó estructurada en tres dimensiones de intervención: institucional, familiar y comunitaria, estas dimensiones permitieron organizar y orientar las acciones planteadas, reconociendo la importancia de intervenir de manera articulada en los diferentes escenarios que influyen en la vida de las personas mayores y en sus procesos de reconocimiento, participación y fortalecimiento de vínculos.
Desarrollo del proceso El proceso de intervención desarrollado a través del proyecto “Voces que permanecen: memoria, vínculos y reconocimiento social de los adultos mayores institucionalizados” se llevó a cabo entre los meses de marzo y mayo de 2026, en articulación con el Banco Arquidiocesano de Alimentos de Manizales, el Centro Vida La Cuchilla del Salado perteneciente a la Fundación Newman y el Voluntariado Vicentino de Chinchiná. La propuesta se estructuró a partir de diferentes fases orientadas al fortalecimiento de vínculos afectivos, familiares y comunitarios de
los adultos mayores institucionalizados, reconociéndolos como sujetos de derechos, memoria, historia y dignidad.
El desarrollo del proceso se fundamentó en una perspectiva de Trabajo Social centrada en la escucha, el reconocimiento y la construcción de vínculos significativos, comprendiendo que el cuidado de las personas mayores no debía limitarse únicamente a la atención física, sino que también contempla la dimensión emocional, afectiva y relacional, a lo largo del proceso fue posible evidenciar cómo pequeñas acciones relacionadas con la escucha, la palabra y el reconocimiento generaron transformaciones importantes en la forma en que los adultos mayores se percibían a sí mismos y en la manera en que eran reconocidos por las familias, el personal institucional y la comunidad.
El proceso se desarrolló a través de cuatro fases: socialización del proyecto, transformación institucional (microsistema), fortalecimiento de vínculos familiares (mesosistema) y reconocimiento comunitario (exosistema), estas fases fueron implementadas de manera articulada en dos escenarios institucionales: el Centro Vida La Cuchilla del Salado de la Fundación Newman y el Voluntariado Vicentino de Chinchiná, aunque ambas instituciones participaron en el proceso y compartieron el propósito de fortalecer el reconocimiento y los vínculos de los adultos mayores, las actividades se desarrollaron de acuerdo con las particularidades, dinámicas y posibilidades de participación de cada contexto.
En el Centro Vida La Cuchilla del Salado se desarrolló la totalidad de las fases contempladas en el proyecto, incluyendo acciones dirigidas al fortalecimiento institucional, familiar y comunitario; por su parte, en el Voluntariado Vicentino de Chinchiná se llevaron a cabo actividades correspondientes principalmente a las fases de transformación institucional y reconocimiento comunitario, de acuerdo con las dinámicas propias de la institución y las características de participación de sus usuarios y voluntarias, de esta manera, algunas actividades fueron implementadas en ambos escenarios, mientras que otras se desarrollaron de manera específica en una de las instituciones, manteniendo en todo momento la coherencia con los objetivos generales del proyecto y con la apuesta profesional orientada al reconocimiento, la escucha y la dignificación de la vejez.
El proceso inició con la etapa de socialización, desarrollada durante el mes de marzo de 2026, en un primer momento, el 13 de marzo se realizó la exposición magistral del proyecto ante el Banco Arquidiocesano de Alimentos de Manizales, donde se presentó la propuesta de intervención, sus objetivos y las fases contempladas en el plan operativo, durante este espacio se evidenció apertura institucional frente a la necesidad de promover estrategias para el fortalecimiento de los procesos de las fundaciones afiliadas al Banco de Alimentos. Posteriormente, el 16 de marzo se llevó a cabo la socialización con directores y representantes de hogares de protección al adulto mayor, en este encuentro se presentó formalmente el proyecto, se socializaron los objetivos y metodologías propuestas y se realizó la entrega de folletos informativos relacionados con el proceso, además, se abrió un espacio de escucha donde los participantes expresaron expectativas, necesidades y percepciones frente a la situación de muchos adultos mayores institucionalizados, desde esta primera fase comenzó a evidenciarse una preocupación compartida frente a la soledad, la falta de escucha y la invisibilización emocional que vivían muchos adultos mayores, así como la necesidad de fortalecer procesos más humanizados dentro de las instituciones.
En esta etapa se logró concretarse la apuesta profesional del Trabajo Social relacionada con los procesos participativos, reflexivos y comunitarios, permitiendo que las instituciones comenzaran a reconocer la importancia de trabajar no solo desde la atención asistencial, sino también desde el reconocimiento emocional y la dignificación de la vejez, como evidencias de esta fase se contó con registros fotográficos, y diarios de campo donde se consignaron las primeras percepciones institucionales frente al proyecto. (Ver anexo A) Posteriormente se dio paso a la fase denominada transformación institucional, correspondiente al microsistema, la cual estuvo orientada a favorecer la expresión emocional, la escucha y el reconocimiento de los adultos mayores dentro de las instituciones; para ello se desarrollaron encuentros reflexivos con el personal institucional, actividades de sensibilización relacionadas con la escucha y la empatía, estrategias de acompañamiento cotidiano y espacios de reconocimiento mutuo entre trabajadores y adultos mayores, esta fase fue implementada tanto en el Centro Vida La Cuchilla del Salado como en el Voluntariado Vicentino de Chinchiná, adaptando las actividades a las características y dinámicas de cada contexto institucional, entre el 17 y el 25
de marzo de 2026 se desarrollaron los encuentros reflexivos con el personal institucional de ambas instituciones.
Esta fase se desarrolló en ambas instituciones participantes, adaptando las actividades a las características de cada contexto, aunque los contenidos estuvieron orientados al fortalecimiento de la escucha, la empatía y el reconocimiento de las personas mayores, las experiencias y reflexiones construidas adquirieron particularidades propias según las dinámicas institucionales y los actores involucrados en cada escenario.
En el Centro Vida La Cuchilla del Salado se realizaron actividades relacionadas con la diferencia entre oír y escuchar, la empatía y la importancia de reconocer la historia de vida de cada adulto mayor, durante este encuentro comenzaron a emerger relatos profundamente significativos relacionados con la necesidad de ser escuchados, uno de los adultos mayores expresó: “Uno cuenta una historia varias veces y en la casa le dicen que ya la contó, entonces uno deja de hablar”, este relato permitió identificar cómo muchas veces los adultos mayores experimentaban formas de invisibilización simbólica que afectaban profundamente su bienestar emocional y su autoestima. A medida que avanzaba el espacio, el personal institucional también reflexionó sobre sus propias prácticas de cuidado y acompañamiento, una de las trabajadoras manifestó: “Acá no solo reciben alimentación y atención, sino que nos convertimos en una familia”, este tipo de expresiones permitió evidenciar que dentro de las instituciones ya existían vínculos afectivos importantes, aunque muchas veces estos no eran nombrados ni reconocidos de manera consciente. (Ver anexo B) En el caso del Voluntariado Vicentino de Chinchiná, el encuentro tuvo una carga emocional profundamente significativa, allí se desarrollaron actividades mediadas por la música, especialmente con la canción “El camino de la vida”, la cual movilizó recuerdos relacionados con madres, abuelas y experiencias familiares, las voluntarias compartieron relatos cargados de nostalgia, amor y reconocimiento hacia las personas mayores de sus familias, una de ellas expresó: “Pensé en mi madre, cuánto sacrificio, cuánto amor sin pensar en ella misma”. Otra manifestó: “Me dolería mucho que me vieran como un mueble”, mientras reflexionaban sobre cómo imaginaban su propia vejez. (ver anexo C)
Durante estos encuentros fue posible identificar cambios importantes en las formas de comprender el cuidado y la escucha, se evidenció que el personal reconoció con mayor claridad la importancia del acompañamiento emocional, comprendiendo que escuchar también constituía una forma de cuidado, asimismo, se observó una mayor disposición para generar espacios de conversación cotidiana con los adultos mayores, preguntándoles sobre sus recuerdos, historias y experiencias de vida.
Como resultado de estas reflexiones, la directora del Voluntariado Vicentino expresó la intención de estructurar un espacio de tertulia y conversación dentro de la nueva sede institucional, buscando fortalecer momentos de encuentro más allá de la atención física y asistencial, este aspecto permitió evidenciar que el proceso generó transformaciones concretas en las dinámicas institucionales y en las formas de relacionarse con los adultos mayores. Posteriormente, entre abril y mayo, se desarrolló la estrategia denominada “Pequeños momentos para escuchar”, mediante la cual se compartieron con el personal institucional canciones, mensajes, frases y reflexiones a través de WhatsApp, orientadas a promover pequeñas conversaciones cotidianas con los adultos mayores sobre sus recuerdos, historias de vida y experiencias significativas y aunque se trataba de acciones sencillas, estas buscaban generar cambios importantes dentro de las dinámicas institucionales.
El 30 de abril de 2026 se desarrolló el encuentro de reconocimiento mutuo “Las voces que nos acompañan” en el Centro Vida La Cuchilla del Salado, donde participaron 31 adultos mayores y 4 trabajadoras, este espacio estuvo orientado a fortalecer el reconocimiento entre los adultos mayores y el personal institucional a partir de la escucha y la expresión emocional, durante el encuentro se desarrollaron actividades simbólicas como la “maleta de los agradecimientos” y “el árbol de los vínculos”, desde el inicio fue posible observar un ambiente profundamente emotivo, donde tanto adultos mayores como trabajadoras expresaron sentimientos, agradecimientos y reflexiones sobre el vínculo construido dentro de la institución, Don Diego expresó: “Muchas gracias por todo lo que han hecho”, mientras otras personas mayores agradecieron el acompañamiento recibido y reconocieron el cariño del personal. (Ver anexo D, E y F)
Uno de los momentos más significativos ocurrió cuando una adulta mayor comenzó a llorar mientras expresaba cuánto quería a las trabajadoras y cuánto valoraba el amor y la dedicación que les brindaban diariamente, este momento movilizó profundamente el ambiente emocional del encuentro. Posteriormente, la fisioterapeuta manifestó que para ella el grupo se había convertido en “una familia”, resaltando el amor y la unión que existía entre todos. A través de la actividad de las manzanas que simbolizaban los frutos que daba el vínculo entre ellos, los participantes escribieron cómo se había construido el vínculo dentro del Centro Vida y qué les había dejado esa relación, en muchas de las respuestas aparecieron palabras como “amor”, “respeto”, “acompañamiento”, “paciencia”, “confianza” y “apoyo”, evidenciando que los vínculos construidos trascendían lo meramente institucional y se sostenían desde relaciones profundamente humanas y afectivas.
En esta fase se identificaron cambios importantes relacionados con el fortalecimiento del sentido de pertenencia institucional, la expresión emocional y el reconocimiento mutuo. Los adultos mayores expresaron con mayor libertad lo que sentían, refiriendo: “Uno casi nunca dice lo que siente, son buenos estos espacios”, mientras que el personal institucional manifestó: “Muchas gracias, qué bueno saber que los adultos mayores piensan eso de uno”, sintiéndose reconocidos dentro de su labor cotidiana, asimismo, los compromisos construidos durante la actividad final evidenciaron transformaciones relacionadas con la convivencia, algunos adultos mayores expresaron compromisos como: “Ser más tolerante”, “Acercarme más a mis compañeros” y “Tener más amor con los demás”. Uno de ellos expresó una frase profundamente significativa: “La tolerancia se necesita cada segundo, no solo hoy, sino todos los días”, reflexión que permitió evidenciar procesos de conciencia frente a la importancia de fortalecer relaciones más humanas y respetuosas.
Posteriormente se desarrolló la fase de fortalecimiento de vínculos familiares correspondiente al mesosistema, la cual fue implementada principalmente en el Centro Vida La Cuchilla del Salado, debido a las posibilidades de contacto y articulación con las familias de los adultos mayores vinculados a esta institución, las actividades estuvieron orientadas a promover la comunicación, la expresión emocional y el reconocimiento mutuo entre los adultos mayores y sus
familiares, favoreciendo procesos de acercamiento afectivo y fortalecimiento de los vínculos existentes.
Esta fase inició el 6 de abril de 2026 con el primer contacto y reconocimiento familiar, realizado mediante llamadas telefónicas y mensajes dirigidos a las familias de los adultos mayores, durante este momento se buscó conocer las dinámicas familiares, identificar el tipo de vínculo existente y sensibilizar frente a la importancia del acompañamiento afectivo en la vejez. A partir de estas conversaciones fue posible identificar diferentes realidades familiares, algunas familias mantenían vínculos cercanos y comunicación frecuente, mientras que otras evidenciaban distanciamiento emocional o poca participación en la vida de los adultos mayores. Sin embargo, incluso en los casos donde existía poca cercanía, se observó apertura frente a la posibilidad de participar en el proceso.
El 7 de abril se desarrolló el encuentro narrativo “Lo que quiero decirte hoy”, donde los adultos mayores grabaron mensajes y audios dirigidos a sus familias, este espacio se convirtió en un momento profundamente significativo porque permitió que muchos adultos mayores expresaran emociones, recuerdos y sentimientos que no siempre lograban comunicar en la cotidianidad; algunos expresaron agradecimiento, otros hablaron del amor hacia sus hijos y nietos, mientras varios manifestaron deseos de cercanía y acompañamiento. En los diarios de campo se registró que algunos participantes mostraron timidez y nerviosismo al inicio de la actividad, pero poco a poco comenzaron a hablar desde la emoción y el afecto, este ejercicio permitió evidenciar la importancia de la palabra y la escucha dentro de la reconstrucción de vínculos familiares. (Ver anexo G) Posteriormente, el 14 de abril, se realizó el encuentro con las familias denominado “El valor del vínculo”, donde se compartieron algunos de los audios elaborados por los adultos mayores, este espacio generó importantes movilizaciones emocionales, varias familias manifestaron sentimientos de nostalgia y reflexión frente al poco tiempo compartido con sus adultos mayores, asimismo, comenzaron a expresar compromisos relacionados con fortalecer la comunicación y el acompañamiento. (Ver anexo H - I)
Después de escuchar los mensajes, las familias grabaron respuestas dirigidas a los adultos mayores, expresando afecto, agradecimiento y reconocimiento, enviándolos a la practicante vía WhatsApp, en esta actividad comenzaron a evidenciarse cambios importantes relacionados con la expresión emocional y la disposición para fortalecer los vínculos familiares. El 20 de abril se desarrolló el encuentro “Las palabras que regresan”, orientado a compartir con los adultos mayores los mensajes enviados por sus familias, este espacio tuvo una carga emocional profundamente significativa, muchos adultos mayores lloraron, sonrieron y se emocionaron mientras escuchaban las voces de sus seres queridos, uno de los casos más representativos fue el de don Diego Luis Zapata, quien escuchó un mensaje donde su hija expresaba admiración y agradecimiento hacia él.
Una adulta mayor manifestó: “Muchas veces no me lo dicen en la casa, pero vea, estos espacios sirven para que le digan a uno lo que no le dicen”. Esta frase permitió evidenciar la necesidad de reconocimiento emocional que tienen muchas personas mayores y cómo pequeños espacios de escucha pueden generar transformaciones profundas en su bienestar emocional. Para los adultos mayores que no recibieron mensajes familiares se gestionaron previamente audios y palabras de reconocimiento enviados por miembros de la comunidad y del personal institucional, garantizando que ninguno quedara excluido del espacio. (Ver anexos J) A lo largo de esta fase también se desarrolló la estrategia “Cápsulas de la escucha”, mediante la cual semanalmente se compartieron mensajes, reflexiones y canciones a través del grupo de WhatsApp “Encuentro Familiar Cuchilla del Salado”, esta estrategia permitió mantener contacto permanente con las familias y continuar fortaleciendo procesos de sensibilización relacionados con la escucha y el acompañamiento afectivo.
Posteriormente se desarrolló la fase de reconocimiento comunitario, correspondiente al exosistema, la cual estuvo orientada a fortalecer la visibilidad social de los adultos mayores y promover espacios de integración intergeneracional, para ello se realizaron actividades de sensibilización comunitaria, preparación de muestras artísticas, manualidades y culturales, que permitieron reconocer a los adultos mayores como sujetos activos, portadores de memoria, experiencia y capacidades valiosas para la comunidad.
Las acciones de reconocimiento comunitario se desarrollaron tanto en el Centro Vida La Cuchilla del Salado como en el Voluntariado Vicentino de Chinchiná, adaptándose a las posibilidades organizativas y de participación de cada escenario institucional, en ambos contextos se promovieron espacios orientados a fortalecer el reconocimiento social de la vejez y la participación activa de las personas mayores en la vida comunitaria. Entre el 27 y el 30 de abril se llevaron a cabo espacios de preparación con los adultos mayores para el encuentro intergeneracional “Encuentro de memorias y saberes”, durante los cuales se organizaron stands, manualidades, canciones, poemas y actividades artísticas que posteriormente serían compartidas con las familias y la comunidad, esta preparación permitió fortalecer la participación activa de los adultos mayores, quienes se mostraron motivados y emocionados frente a la posibilidad de compartir sus talentos y experiencias. El encuentro intergeneracional realizado el 5 de mayo de 2026 en la cancha de La Cuchilla del Salado se contó con la participación de adultos mayores, familias, comunidad, personal institucional y la Casa de la Cultura, en la cual asistieron aproximadamente, 150 personas, durante el evento los adultos mayores presentaron manualidades, muestras artísticas y actividades culturales, evidenciando sus capacidades y talentos, las familias y la comunidad comenzaron a reconocerlos desde una mirada distinta, no desde la dependencia o la enfermedad, sino desde sus saberes, historias y potencialidades. (Ver anexo K, L y M) Uno de los momentos más significativos fue el reencuentro afectivo “Lo que aún nos une”, donde las familias entregaron detalles y palabras de reconocimiento a los adultos mayores. Un familiar expresó: “Gracias por ser un padre tan maravilloso”, mientras otra participante manifestó: “Muchas gracias por este espacio, son muy pocas las veces que se hacen encuentros así”, para aquellos adultos mayores que no contaban con familiares presentes se gestionaron previamente detalles simbólicos, garantizando que todos recibieran reconocimiento y acompañamiento. Los adultos mayores manifestaron sentirse felices, agradecidos y emocionalmente valorados, varias personas expresaron que era importante realizar más espacios donde pudieran sentirse reconocidos y escuchados. (Ver anexo N).
En el caso del Voluntariado Vicentino de Chinchiná, el encuentro se desarrolló en el auditorio municipal y contó con actividades relacionadas con el canto, el baile y la expresión artística de los adultos mayores, las voluntarias entregaron detalles y palabras de reconocimiento, resaltando las capacidades y experiencias de vida de cada participante, la directora del voluntariado expresó que muchas voluntarias quedaron sorprendidas al descubrir los talentos que tenían los adultos mayores y reconoció la importancia de continuar generando este tipo de espacios. Uno de los adultos mayores expresó al finalizar: “Profe, ¿cuándo van a volver a hacer eso en el voluntariado?”, reflejando el impacto emocional y significativo que tuvo el encuentro para los participantes. (Ver anexo O) A lo largo de todo el proceso fue posible identificar transformaciones importantes tanto en los adultos mayores como en las familias, las instituciones y la comunidad, los adultos mayores participaron con mayor seguridad y confianza en los espacios grupales, mostraron mayor disposición para expresar emociones y fortalecieron su sentido de reconocimiento y valoración personal, asimismo, las familias reflexionaron sobre la importancia del acompañamiento afectivo y la escucha dentro de la vejez, mientras que las instituciones reconocieron la necesidad de fortalecer prácticas de cuidado más humanizadas. (Ver anexo P) En la comunidad también se evidenciaron cambios importantes relacionados con la transformación de percepciones frente a la vejez, permitiendo visibilizar al adulto mayor como sujeto activo, portador de memoria, saberes y capacidades valiosas para la sociedad. Como evidencias del proceso se contó con diarios de campo, testimonios, registros fotográficos y audiovisuales, folletos reflexivos, audios familiares, carteleras, huellas simbólicas, árboles de vínculos, cápsulas de la escucha y materiales pedagógicos construidos durante las actividades. Asimismo, se logró una cobertura aproximada de 150 participantes en los encuentros intergeneracionales y la participación activa de adultos mayores, familias, comunidad y personal institucional en las diferentes fases del proyecto.
El proceso permitió comprender que la escucha constituyó una herramienta fundamental dentro del Trabajo Social, no únicamente como técnica metodológica, sino como una práctica profundamente humana, ética y transformadora, la experiencia permitió evidenciar cómo pequeños espacios de reconocimiento y escucha generaron cambios emocionales significativos, fortalecieron
vínculos y contribuyeron al bienestar emocional de los adultos mayores, asimismo, se reafirmó la importancia de comprender la vejez desde una perspectiva dignificante, reconociendo a los adultos mayores como sujetos activos, valiosos y portadores de historias y saberes fundamentales para la construcción social y comunitaria.
Análisis cuantitativo Centro Vida La Cuchilla del Salado
1. Transformación institucional
Tras culminar el proceso de intervención, el 100% (8) del personal institucional participante del Centro Vida La Cuchilla del Salado fortaleció expresiones de escucha activa, empatía y reconocimiento emocional hacia los adultos mayores, evidenciando una atención más humanizada y sensible frente a sus necesidades, intereses y experiencias de vida.
2. Fortalecimiento de vínculos familiares
Al finalizar el proceso, el 30% (6) de las 20 familias participantes evidenció un nivel alto en la expresión de afecto, comunicación y reconocimiento del vínculo con los adultos mayores, reflejando una mayor cercanía emocional y disposición para el acompañamiento. De esta misma manera, el 50% (10) de las 20 familias participantes alcanzó un nivel medio, mostrando avances en el acercamiento y la comunicación afectiva; sin embargo, aún presentaban algunas dificultades en la participación constante y en el fortalecimiento de los vínculos familiares. Por último, el 20% (4) de las 20 familias participantes permaneció en un nivel bajo, debido a la ausencia o fragilidad de los vínculos familiares y a las limitaciones existentes para mantener un contacto constante con los adultos mayores.
3. Reconocimiento comunitario
Tras el desarrollo de las actividades, el 60% (90) de las 150 personas de la comunidad participante alcanzó un nivel alto de reconocimiento social hacia los adultos mayores, expresando
valoración de sus capacidades, historias de vida y saberes, reconociéndolos como sujetos activos y con un importante aporte dentro de la comunidad.
Asimismo, el 40% (60) de las 150 personas de la comunidad participante se ubicó en un nivel medio, evidenciando avances en la transformación de sus percepciones sobre la vejez y una mayor sensibilización frente al valor social de los adultos mayores; sin embargo, persistieron algunas representaciones asociadas a la dependencia y fragilidad propias del envejecimiento. Voluntariado Vicentino de Chinchiná Aunque la población vinculada al Voluntariado Vicentino de Chinchiná estaba conformada por 30 voluntarias, la valoración de los indicadores se realizó con las 20 voluntarias que participaron de manera permanente en los espacios desarrollados durante la intervención.
1. Transformación institucional
Tras culminar el proceso de intervención, el 100% (20) de las voluntarias asistentes fortaleció expresiones de escucha activa, empatía y reconocimiento emocional hacia los adultos mayores, evidenciando una comprensión del cuidado desde una dimensión afectiva, así como una mayor sensibilidad frente a las necesidades y experiencias de vida de esta población.
2. Reconocimiento comunitario
Tras el desarrollo de las actividades, el 70% (14) de las 20 voluntarias participantes alcanzó un nivel alto de reconocimiento social hacia los adultos mayores, expresando valoración de sus capacidades, talentos, saberes y experiencias, reconociéndolos como sujetos activos dentro de la comunidad y como personas con un importante aporte social.
Por su parte, el 30% (6) de las 20 voluntarias participantes se ubicó en un nivel medio, evidenciando avances significativos en la transformación de sus percepciones sobre la vejez y una mayor sensibilización frente a la importancia de los adultos mayores; sin embargo, persistieron algunas percepciones asociadas a la dependencia y fragilidad propias del envejecimiento
Análisis reflexivo El proceso de intervención desarrollado a través del proyecto “Voces que permanecen: memoria, vínculos y reconocimiento social de los adultos mayores institucionalizados” representó una experiencia significativa tanto para los adultos mayores participantes como para las instituciones vinculadas y para la formación como trabajadora social , más allá de la ejecución de actividades y del cumplimiento de un plan operativo, la experiencia permitió comprender de manera más profunda las múltiples realidades que atraviesan los adultos mayores institucionalizados, así como la importancia que tienen la escucha, el reconocimiento y los vínculos afectivos en la construcción de su bienestar integral.
Desde el inicio del proceso se identificó que muchas de las necesidades presentes en la población adulta mayor trascendían los aspectos materiales y asistenciales, aunque las instituciones realizaban esfuerzos importantes para garantizar alimentación, protección, acompañamiento y atención básica, también se evidenciaban necesidades relacionadas con el reconocimiento emocional, la comunicación familiar, la expresión de sentimientos y la posibilidad de ser escuchados. En este sentido, la intervención permitió visibilizar dimensiones que en ocasiones permanecen ocultas dentro de los procesos de atención institucional, demostrando que el bienestar de los adultos mayores no depende únicamente de la satisfacción de necesidades físicas, sino también de la calidad de las relaciones que construyen con quienes los rodean. Uno de los aspectos más significativos del proceso fue comprobar que la escucha puede convertirse en una herramienta de transformación social, durante los diferentes encuentros desarrollados fue posible observar cómo los adultos mayores comenzaban a compartir recuerdos, experiencias, emociones y reflexiones que en muchos casos habían permanecido silenciadas durante largos periodos de tiempo, a medida que avanzaban las actividades, los participantes mostraban mayor confianza para expresarse y para narrar aspectos importantes de sus historias de vida; esto permitió comprender que, en muchas ocasiones, las personas mayores no necesitan únicamente que alguien les resuelva problemas materiales, sino que también necesitan espacios donde puedan sentirse reconocidas, valoradas y tenidas en cuenta.
Al analizar los resultados obtenidos en relación con los objetivos propuestos, puede afirmarse que uno de los mayores logros estuvo relacionado con el fortalecimiento de los vínculos familiares, durante el diagnóstico inicial se identificó que varios adultos mayores experimentaban sentimientos de tristeza, nostalgia o distanciamiento emocional debido a la poca comunicación con sus familias, en algunos casos existían relaciones debilitadas por el paso del tiempo o situaciones conflictivas acumuladas durante años, frente a esta realidad, las actividades orientadas al fortalecimiento familiar buscaron generar acercamientos progresivos a través de mensajes, audios, encuentros de reflexión y espacios de intercambio emocional.
Los resultados obtenidos permitieron evidenciar cambios importantes en algunas dinámicas familiares, durante la evaluación final, una adulta mayor manifestó que gracias a las reflexiones realizadas durante el proceso logró restablecer la comunicación con un familiar con quien anteriormente no hablaba y que ahora mantenía una relación más cercana con sus seres queridos. Este hecho permite comprender que las intervenciones centradas en el diálogo y la comunicación pueden generar impactos que trascienden el escenario institucional y alcanzan espacios fundamentales de la vida cotidiana de las personas.
De igual manera, otro participante expresó que la relación con su hija había mejorado porque había aprendido a controlar mejor sus emociones y a reaccionar de manera diferente frente a situaciones que anteriormente generaban discusiones o conflictos, este aspecto resulta relevante porque evidencia que las transformaciones no ocurrieron únicamente en las relaciones familiares, sino también en los procesos individuales de reflexión y autoconocimiento, la posibilidad de analizar las propias emociones, reconocer comportamientos y construir nuevas formas de relacionarse representa un avance importante en términos de bienestar emocional y convivencia. Otro de los logros más importantes estuvo relacionado con el fortalecimiento de la convivencia entre los mismos adultos mayores, durante el diagnóstico inicial fue posible identificar que, como ocurre en cualquier espacio colectivo, existían desacuerdos, conflictos cotidianos y dificultades en las relaciones interpersonales, sin embargo, a medida que se desarrollaron actividades orientadas a la empatía, la escucha y el reconocimiento mutuo, comenzaron a evidenciarse cambios en la manera como los participantes comprendían las situaciones de los demás.
Algunos adultos mayores manifestaron que aprendieron a ser más tolerantes, pacientes y comprensivos con sus compañeros, uno de ellos expresó que antes reaccionaba con mayor facilidad frente a situaciones que le generaban molestia, pero que ahora intentaba comprender mejor las razones de los demás antes de emitir juicios o responder desde el enojo, este tipo de reflexiones permiten evidenciar transformaciones relacionadas con la convivencia y con la construcción de relaciones más respetuosas dentro de los espacios institucionales. Asimismo, el proceso permitió fortalecer los vínculos existentes entre los adultos mayores y el personal institucional, durante las actividades de reconocimiento mutuo surgieron expresiones de gratitud, afecto y valoración que pusieron en evidencia la existencia de relaciones profundamente humanas construidas a lo largo del tiempo, en muchos casos, los adultos mayores reconocieron el acompañamiento, la dedicación y el cariño brindado por quienes trabajan diariamente en las instituciones Estos espacios permitieron visibilizar una realidad que muchas veces pasa desapercibida dentro de las dinámicas institucionales: el hecho de que el cuidado también se construye desde los vínculos afectivos, la atención integral no se limita a suministrar alimentación, medicamentos o asistencia física, sino que también implica generar condiciones para que las personas se sientan queridas, valoradas y acompañadas; en este sentido, el proyecto permitió fortalecer una mirada más humanizada del cuidado, reconociendo la importancia de los aspectos emocionales en la calidad de vida de los adultos mayores.
Otro aspecto relevante estuvo relacionado con el fortalecimiento de la expresión emocional, durante varios encuentros los adultos mayores compartieron recuerdos relacionados con su infancia, sus familias, sus experiencias laborales, sus alegrías y sus pérdidas, muchos manifestaron que pocas veces tenían la oportunidad de hablar sobre estos temas o de expresar abiertamente lo que sentían. Por esta razón, los espacios construidos durante la intervención adquirieron un significado especial, ya que permitieron reconocer la palabra como una herramienta de dignificación y de construcción de bienestar.
Una de las expresiones que mejor resume este aspecto fue la de un participante que manifestó: “Uno casi nunca dice lo que siente, son buenos estos espacios”. Esta frase refleja la
necesidad que tienen muchos adultos mayores de contar con escenarios donde sus emociones sean escuchadas y valoradas, también evidencia que el reconocimiento emocional constituye una necesidad tan importante como otras formas de atención y acompañamiento. Sin embargo, aunque los resultados obtenidos fueron significativos, el proceso también permitió reconocer límites importantes, uno de ellos estuvo relacionado con el tiempo disponible para desarrollar la intervención, las transformaciones en las relaciones familiares, en las dinámicas institucionales y los imaginarios sociales son procesos complejos que requieren continuidad y acompañamiento permanente, si bien fue posible generar reflexiones y cambios iniciales, muchos de estos procesos necesitan fortalecerse a través de acciones sostenidas en el tiempo. Otro límite estuvo asociado a las propias dinámicas familiares, aunque varias familias participaron activamente y mostraron disposición para fortalecer los vínculos con sus adultos mayores, en algunos casos persistieron dificultades relacionadas con conflictos familiares previos, distanciamiento emocional o limitaciones de tiempo para participar en las actividades propuestas, estas situaciones evidencian que no todas las transformaciones dependen exclusivamente de la intervención realizada, sino que también están condicionadas por factores externos que influyen en la vida de las personas.
Otro aspecto fundamental dentro del análisis reflexivo corresponde a las condiciones que facilitaron y obstaculizaron el desarrollo del proceso, entre los factores facilitadores, uno de los más importantes fue la disposición de las instituciones participantes, tanto el Centro Vida La Cuchilla del Salado como el Voluntariado Vicentino de Chinchiná mostraron apertura frente a la propuesta, permitiendo el desarrollo de las actividades y facilitando los espacios necesarios para la participación de los adultos mayores.
Igualmente, la actitud receptiva de los participantes favoreció significativamente el desarrollo de la intervención, aunque al inicio algunos adultos mayores manifestaban timidez frente a ciertas actividades, progresivamente fueron involucrándose en el proceso, pues su disposición para compartir experiencias, expresar emociones y participar activamente permitió alcanzar resultados que difícilmente hubieran sido posibles sin su compromiso.
También resultó fundamental el acompañamiento brindado por el Banco Arquidiocesano de Alimentos de Manizales, el cual facilitó los procesos de articulación institucional y permitió establecer vínculos con diferentes fundaciones orientadas a la atención de personas mayores, esta articulación institucional constituyó una fortaleza importante para la implementación del proyecto. No obstante, el proceso también enfrentó diferentes obstáculos, uno de los principales estuvo relacionado con el tiempo disponible para la ejecución de la intervención, las prácticas profesionales poseen una duración limitada, mientras que los procesos de transformación social suelen requerir periodos mucho más amplios para consolidarse, esta situación implicó la necesidad de priorizar actividades y ajustar permanentemente las estrategias de trabajo. Otra dificultad estuvo relacionada con la participación familiar, aunque varias familias se vincularon activamente, en algunos casos existieron limitaciones derivadas de las responsabilidades laborales o los conflictos familiares, estas situaciones afectaron la posibilidad de lograr una participación homogénea de todos los familiares vinculados al proceso. En cuanto a los aprendizajes obtenidos durante el proceso, esta experiencia fortaleció significativamente la comprensión del Trabajo Social y de las posibilidades de intervención con población adulta mayor, uno de los principales aprendizajes fue comprender que las necesidades humanas no pueden analizarse únicamente desde una perspectiva material, aunque el acceso a alimentación, salud y protección continúa siendo fundamental, también existen necesidades emocionales, afectivas y relacionales que influyen directamente en la calidad de vida de las personas.
La experiencia permitió reafirmar que la escucha constituye una herramienta esencial dentro del ejercicio profesional, escuchar implica reconocer al otro como sujeto de saber, valorar sus experiencias y construir espacios donde sus voces tengan significado, durante el desarrollo del proyecto fue posible comprobar que una conversación, una palabra de reconocimiento o la oportunidad de expresar sentimientos pueden generar impactos profundos en la vida de las personas.
Otro aprendizaje importante estuvo relacionado con la necesidad de reconocer a los adultos mayores como sujetos de derechos, memoria y experiencia, ya que con frecuencia la sociedad
centra su atención en las limitaciones asociadas al envejecimiento, olvidando que los adultos mayores poseen conocimientos, aprendizajes y trayectorias de vida que continúan aportando a las familias y comunidades, esta experiencia permitió cuestionar visiones reduccionistas de la vejez y fortalecer una mirada más humana, crítica y respetuosa frente a esta etapa del ciclo vital. Asimismo, se comprendió la importancia de la flexibilidad dentro de los procesos de intervención, aunque la planificación constituye una herramienta fundamental, las dinámicas sociales exigen capacidad de adaptación permanente, cada institución, cada familia y cada adulto mayor presentan características particulares que requieren respuestas diferenciadas y sensibles a sus realidades específicas.
Este proceso permitió reafirmar que el Trabajo Social posee un papel fundamental en la construcción de relaciones más humanas y solidarias, más allá de la ejecución de actividades, la intervención contribuyó a generar espacios donde los adultos mayores pudieron sentirse escuchados, reconocidos y valorados y es precisamente allí que radica uno de los principales aportes de la profesión: promover procesos que fortalezcan la dignidad humana, la participación y el reconocimiento de aquellas poblaciones que históricamente han enfrentado situaciones de invisibilización.
En términos generales, el proyecto logró aportar al fortalecimiento de vínculos familiares, institucionales y comunitarios, favoreciendo procesos de reconocimiento emocional y social en los adultos mayores participantes, aunque persisten desafíos relacionados con la transformación de imaginarios sociales, la continuidad de los procesos y el fortalecimiento de la participación familiar, la experiencia permitió demostrar que pequeñas acciones basadas en la escucha, el diálogo y el reconocimiento pueden generar cambios significativos en la vida de las personas, más allá de los resultados alcanzados, el principal aprendizaje consiste en comprender que cada historia escuchada, cada vínculo fortalecido y cada espacio de reconocimiento construido representan avances importantes en la construcción de una sociedad más humana, inclusiva y respetuosa de la vejez.
Rol del Trabajador Social dentro del campo de práctica Durante el desarrollo del campo de práctica profesional en Trabajo Social, el rol desempeñado se consolidó desde una posición centrada en la escucha activa, el acompañamiento emocional y la construcción de vínculos significativos con los adultos mayores institucionalizados, sus familias y el personal de apoyo de las instituciones, más que una figura externa de intervención, la presencia del trabajador social se configuró como un puente relacional entre los distintos actores, facilitando procesos de reconocimiento, expresión emocional y fortalecimiento de los vínculos afectivos dentro de los escenarios institucionales.
Desde el inicio del proceso, el Trabajo Social se posicionó como una disciplina orientada a la comprensión integral de las realidades sociales de los adultos mayores, reconociéndolos no solo desde sus necesidades básicas, sino también desde sus dimensiones emocionales, relacionales y simbólicas, en este sentido, el rol profesional se alejó de una mirada asistencialista para ubicarse en una perspectiva crítica y reflexiva, donde el acompañamiento se entendió como una acción profundamente humana, ética y transformadora.
La consolidación de la imagen del trabajador social dentro de las instituciones estuvo marcada por la confianza progresiva que se fue construyendo con los adultos mayores y el personal institucional, a través de espacios de diálogo, actividades reflexivas y encuentros de escucha, se fue reconociendo la importancia de la presencia del profesional no únicamente como ejecutor de actividades, sino como facilitador de procesos de reconocimiento y expresión emocional; esta imagen se fortaleció en la medida en que los participantes identificaron que el Trabajo Social permitía abrir espacios donde podían expresar sus emociones, historias de vida y experiencias sin ser juzgados.
La responsabilidad del Trabajador Social dentro del escenario de práctica implicó asumir un compromiso ético con la dignidad de los adultos mayores, garantizando que cada actividad desarrollada estuviera orientada al respeto, la escucha y el reconocimiento de su historia de vida, esta responsabilidad no se limitó a la ejecución de actividades, sino que implicó una constante reflexión sobre el impacto emocional de cada intervención, cuidando que los procesos no fueran invasivos, sino significativos y respetuosos de los tiempos, emociones y particularidades de cada participante.
Asimismo, el ejercicio profesional exigió la capacidad de leer las dinámicas institucionales y familiares, identificando situaciones de vulnerabilidad emocional, aislamiento o distanciamiento afectivo, para orientar las acciones hacia el fortalecimiento de los vínculos, asimismo la responsabilidad ética también se expresó en la necesidad de no generar falsas expectativas, sino de trabajar desde las posibilidades reales de cada contexto, reconociendo los límites institucionales y familiares presentes en el proceso.
En cuanto al desarrollo de capacidades profesionales, el campo de práctica permitió fortalecer habilidades fundamentales como la escucha activa, la empatía, la observación participante y la capacidad de análisis de las realidades sociales, la escucha se consolidó como una de las principales herramientas de intervención, comprendida no solo como una técnica, sino como una postura ética frente al otro, escuchar implicó reconocer al adulto mayor como sujeto de saber, de memoria y de experiencia, validando su palabra como parte central del proceso de intervención. Otro aspecto importante fue el fortalecimiento de la capacidad de planeación y adaptación de actividades, ajustándolas a las dinámicas de cada institución y a las características de los participantes, esto permitió comprender que la intervención social no es rígida, sino flexible y situada, dependiendo de las condiciones reales del contexto.
Un dilema ético importante estuvo relacionado con el manejo de la información personal y emocional compartida por los adultos mayores, ya que fue necesario garantizar la confidencialidad y el respeto por las historias de vida, reconociendo que lo expresado en los espacios de intervención hacía parte de la intimidad de cada persona y debía ser tratado con sensibilidad y responsabilidad.
También se presentó el reto ético de equilibrar la intervención con el respeto por los tiempos institucionales y las dinámicas ya establecidas, debido a que en algunos momentos, fue necesario ajustar las actividades para no interferir con los procesos rutinarios de atención, lo cual implicó una constante negociación entre los objetivos del proyecto y las condiciones reales que permitian los escenarios.
El rol del trabajador social en este campo de práctica se consolidó como un rol mediador, reflexivo y profundamente humano, orientado a la construcción de vínculos y al reconocimiento
de la dignidad de los adultos mayores, la experiencia permitió reafirmar que el Trabajo Social no se limita a la ejecución de acciones, sino que implica una postura ética frente a la vida, basada en el respeto, la escucha y el reconocimiento del otro como sujeto de derechos, memoria y valor social.
Recomendaciones Las recomendaciones que se presentan a continuación se formulan a partir del análisis del proceso de intervención desarrollado en el proyecto y buscan dar continuidad, fortalecimiento y sostenibilidad a las acciones adelantadas en los diferentes escenarios institucionales, familiares y comunitarios.
En primer lugar, se considera fundamental dar continuidad a los espacios de escucha activa y reconocimiento emocional dentro de las instituciones de protección al adulto mayor, el proceso evidenció que estos espacios tienen un impacto significativo en el bienestar emocional de los participantes, permitiéndoles expresar sentimientos, recuerdos y experiencias de vida que habitualmente permanecen silenciadas; por esta razón, se recomienda implementar encuentros periódicos de conversación y escucha, integrándolos dentro de las rutinas de atención cotidiana, de manera que no sean actividades aisladas sino parte del enfoque de cuidado integral. Asimismo, se recomienda fortalecer la formación del personal institucional en temas relacionados con comunicación asertiva, escucha empática, manejo emocional y reconocimiento de la vejez desde un enfoque de derechos, ya que el proceso permitió evidenciar que el personal de cuidado cumple un papel fundamental en la construcción de vínculos afectivos con los adultos mayores, por lo cual su formación continua es clave para consolidar prácticas más humanizadas del cuidado.
En relación con el fortalecimiento de los vínculos familiares, se recomienda dar continuidad a las estrategias de acercamiento implementadas durante la intervención, tales como mensajes, audios, encuentros familiares y espacios de comunicación, pues estas acciones demostraron ser efectivas para generar reflexiones en las familias y promover acercamientos afectivos, se sugiere que las instituciones establezcan un sistema más estructurado de comunicación con las familias, que incluya seguimiento periódico, espacios virtuales o
presenciales de encuentro y estrategias de sensibilización sobre la importancia del acompañamiento emocional en la vejez.
En el ámbito comunitario, se recomienda fortalecer estrategias de sensibilización orientadas a la transformación de imaginarios sociales negativos sobre la vejez, a pesar de los avances logrados, aún persisten representaciones que infantilizan o invisibilizan a las personas mayores, por ello, se sugiere continuar desarrollando encuentros intergeneracionales, campañas pedagógicas y actividades culturales que permitan visibilizar a los adultos mayores como sujetos activos, portadores de memoria, saberes y experiencias valiosas para la sociedad. Igualmente, se recomienda que las instituciones generen espacios permanentes de participación para los adultos mayores, donde no solo sean receptores de servicios, sino también protagonistas de actividades culturales, recreativas y formativas, la experiencia demostró que cuando los adultos mayores tienen la oportunidad de participar activamente, se fortalecen su autoestima, su sentido de pertenencia y su bienestar emocional.
Bibliografía Rojas Aguilar, D. M. (2022). Diagnóstico participativo en salud en una población de adultos mayores en Bogotá-Colombia: un análisis desde la perspectiva de ciudades globales amigables con la persona mayor. Recuperado de: https://academicae.unavarra.es/entities/publication/317e5d64-fd9a-4224-9183-695caf396105 Escalada, M., Fernández, S., & Fuentes, M. P. (2004). Acción, estructura y sentido en la investigación diagnóstica. M. Escalada, MP Fuentes, S. Fernández, E. Kounrouyan & ML Martinelli, El diagnóstico Social. Proceso de conocimiento e intervención profesional, 73-
92.
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(29),
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Recuperado de:
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Barbera, N., & Malavé, L. (2012). Hacia el encuentro dialógico como estrategia metodológica: una lógica de acción cualitativa. Multiciencias, 12(4), 434-440. Recuperado de: https://www.redalyc.org/pdf/904/90428396008.pdf
Tabla de anexos
Anexo A Registro fotográfico de la socialización del proyecto
31
Anexo B Registro fotográfico del encuentro reflexivo sobre escucha, empatía y reconocimiento de las historias de vida de los adultos mayores.
31
Anexo CEncuentro reflexivo con voluntarias del Voluntariado Vicentino de Chinchiná.
32
Anexo D "Maleta de los agradecimientos".
32
Anexo E"Árbol de los vínculos".
33
Anexo F"expresión emocional"
35
Anexo G encuentro narrativo " Lo que quiero decirte hoy"
36
Anexo H Encuentro familiar “El valor del vínculo”
38
Anexo I Planeación encuentro familiar
39
Anexo J “Las palabras que regresan”
43
Anexo K Encuentro intergeneracional
44
Anexo L Encuentro intergeneracional
45
Anexo M Encuentro intergeneracional
45
Anexo N reencuentro afectivo “Lo que aún nos une”
46
Anexo O Encuentro intergeneracional - Voluntariado Vicentino de Chinchiná
46
Anexo P Participación de los adultos mayores
47
Anexo A Registro fotográfico de la socialización del proyecto
Anexo B Registro fotográfico del encuentro reflexivo sobre escucha, empatía y reconocimiento de las historias de vida de los adultos mayores.
Anexo CEncuentro reflexivo con voluntarias del Voluntariado Vicentino de Chinchiná.
Anexo D "Maleta de los agradecimientos".
Anexo E"Árbol de los vínculos".
(página sin texto)
Anexo F"expresión emocional"
Anexo G encuentro narrativo " Lo que quiero decirte hoy"
(página sin texto)
Anexo H Encuentro familiar “El valor del vínculo”
Anexo I Planeación encuentro familiar
REGISTRO PLANEADOR
1.
PLANEACIÓN
Proyecto Voces que permanecen Lugar Acción comunal cuchilla del salado Responsable Laura Johana Marulanda Fernández Cobertura Esperada
30
participantes Asistentes Familias de adultos mayores pertenecientes a la fundación Newman Duración
1 hora y 30 minutos
Fech a
14
04
26
Tema
Encuentro con las familias “El valor del vínculo”
D M A
OBJETIVOS
METODOLOGIA
Generar un espacio de encuentro reflexivo y vivencial con las familias de los adultos mayores institucionalizados, orientado al reconocimiento del valor del vínculo afectivo, la escucha y la presencia emocional, promoviendo la reconstrucción de vínculos familiares.
ACTIVIDAD INICIAL
Para iniciar, daré la bienvenida a las familias, agradeciendo su presencia y la disposición de estar en este espacio, luego me presentaré como practicante de Trabajo Social del Banco Arquidiocesano de Alimentos y compartiré brevemente el proyecto “Voces que permanecen: memoria, vínculos y reconocimiento social de los adultos mayores”, explicando que este proceso busca fortalecer los vínculos familiares, la escucha y el reconocimiento emocional hacia los adultos mayores.
Después, realizaré una actividad rompehielo en grupos, en este momento los participantes deberán introducir un lapicero dentro de una botella utilizando varios hilos amarrados al mismo, de manera que cada integrante sostenga una punta del hilo.
Más allá de la actividad lo importante será lo que ocurra entre ellos, como la necesidad de coordinarse, escucharse y trabajar juntos, en base a esto al finalizar, abriré un pequeño espacio de reflexión para conectar lo vivido con los vínculos familiares, resaltando que así como fue necesario ponerse de acuerdo para lograr el objetivo, las relaciones también se construyen desde la comunicación, la presencia y el compromiso mutuo.
ACTIVIDAD CENTRAL
En un primer momento, abriré un espacio de conversación sobre el vínculo familiar, más que dar una definición, buscaré que entre todos podamos pensar qué es el vínculo, cómo se construye y por qué es tan importante en la vida emocional de los adultos mayores, también compartiré que el vínculo no se trata solo de sentir afecto, sino de lo que hacemos con ese afecto como estar presentes, escuchar, compartir tiempo y reconocer al otro.
RECURSOS
Luego, pasaré a una actividad más vivencial a través del tejido del vínculo, acá invitaré a los participantes a ubicarse en círculo y entregaré una lana, explicando que este representa el vínculo con el adulto mayor, a medida que la punta de la lana se vaya pasando de una persona a otra, se irá formando una red. Cada vez que alguien reciba el hilo, podrá compartir su reflexión a partir de algunas preguntas que iré proponiendo poco a poco, como:
¿Qué significa para usted el vínculo con su familiar adulto mayor?
¿Cómo cree que se construye ese vínculo?
¿Qué cosas lo fortalecen?
¿Qué situaciones pueden debilitarlo?
¿Qué podría empezar a hacer desde hoy para fortalecer esa relación?
La idea no es que todos respondan todo, sino que entre todos vayamos construyendo un sentido. Cuando la red esté formada, les pediré que la vean cómo todos están conectados, cómo el movimiento de uno afecta a los demás, y qué pasaría si alguien suelta el hilo, en este momento guiaré una reflexión sobre el cuidado del vínculo, la responsabilidad compartida y cómo nuestras acciones impactan en la relación con los demás y con los adultos mayores, este momento busca que las familias comprendan que el vínculo no es algo dado, sino algo que se cuida día a día y que influye directamente en el bienestar emocional del adulto mayor, teniendo en cuenta que el vínculo es diferente en cada caso. En un segundo momento, se realizará la proyección de los videos enviados previamente por los adultos mayores, pues a través de estos ellos comparten recuerdos, sentimientos y mensajes dirigidos a sus familias, este espacio es sumamente importante ya que puede ser muy significativo, porque permite escuchar la voz de ellos, lo que sienten y lo que muchas veces no dicen en lo cotidiano, la intención es favorecer el reconocimiento y que las familias puedan conectarse desde otro lugar con ellos. Después de los videos, abriré un espacio de diálogo donde quienes lo deseen puedan compartir lo que sintieron, lo que pensaron o lo que les recordó este momento, para cerrar esta parte, invitaré a cada participante a grabar un audio dirigido a su familiar adulto mayor, donde pueda expresar lo que siente, lo que reconoce y lo que quisiera fortalecer en la relación.
Estos audios serán compartidos posteriormente con los adultos mayores, como una forma de continuar fortaleciendo el vínculo desde la palabra.
CIERRE
Para el cierre, realizaré la actividad “Las huellas del vínculo”, invitaré a los participantes a acercarse a unas siluetas de huellas que estarán dispuestas en el espacio, cada persona elegirá una y escribirá una palabra o frase corta que responda a la pregunta:
¿Qué huella deja en usted este encuentro sobre el vínculo con el adulto mayor?
Proyector Computador Parlante Sillas Mesa Videos enviados por adultos mayores Cartulina Lapiceros marcadores
Luego, ubicarán su huella en una cartelera, formando entre todos una construcción que refleje lo que se llevan de este espacio.
Después les propondré tomar una segunda huella, esta vez para pensar en el compromiso: ¿Qué huella quiere dejar usted en la vida de su familiar adulto mayor a partir de hoy? ¿Qué acciones concretas cree que podría implementar para mejorar la comunicación y el acompañamiento al adulto mayor?
En esta escribirán una acción concreta, al ubicarla quienes lo deseen podrán compartirla en voz Más que una obligación, la idea es que este compromiso nazca desde lo que cada uno pudo reflexionar y sentir durante el encuentro.
Para finalizar, haré una reflexión retomando lo vivido, refiriendo que en este espacio no solo hablamos del vínculo, también lo hicimos visible, pues nos dimos cuenta de que los vínculos no se sostienen solos, se construyen con pequeñas acciones, con presencia y con reconocimiento, las huellas que hoy dejamos son una invitación a no quedarnos solo en la reflexión, sino a llevar esto a la vida cotidiana. Finalmente, agradeceré la participación de las familias y la apertura para compartir en este espacio. También contaremos con la participación de la Casa de la Cultura de La Cuchilla, quienes acompañarán el cierre con una presentación artística, generando un ambiente de alegría y encuentro, recordándonos que los adultos mayores son personas llenas de historia, memoria y vida.
Por último, extenderé la invitación al encuentro comunitario del próximo 5 de mayo, como un espacio para seguir fortaleciendo los vínculos entre los adultos mayores, sus familias, la institución y la comunidad.
SUSTENTO TEORICO
El presente planeador se basa en la teoría del vínculo de Enrique Pichon-Rivière, retomada del texto de Hernando Bernal, titulado “Sobre la teoría del vínculo en Enrique Pichon-Rivière”. Bernal plantea que el vínculo es la unidad mínima de análisis en la psicología social, entendido como la relación que una persona establece con otra, a diferencia de una relación unidireccional, el autor explica que el vínculo es bidireccional, es decir que ambos individuos se afectan mutuamente durante la interacción. Desde esta perspectiva, la relación entre los adultos mayores y sus familias no es estática, sino una construcción dinámica en la que las emociones, los recuerdos, la comunicación y la presencia afectiva transforman continuamente la experiencia relacional, además el texto señala que en el vínculo existe una afectación mutua, lo que significa que tanto el adulto mayor como su familiar influyen emocionalmente el uno en el otro.
Además, Bernal menciona que en todo vínculo existen circuitos de comunicación y aprendizaje, es por ello que la escucha de los mensajes enviados por los adultos mayores y la respuesta emocional de sus
familias crean espacios de comunicación significativos, los cuales favorecen la reconstrucción del lazo afectivo, por otra parte la comunicación según esta teoría, no se limita al intercambio de palabras, sino que también implica la transmisión de emociones, afectos, recuerdos y significados compartidos. Otro elemento central es que el vínculo constituye una estructura compleja y cambiante, que puede transformarse a lo largo del tiempo y mediante las experiencias compartidas, además la estructura del vínculo cambia a medida que lo hacen sus elementos, es por ello que la intervención que busca fortalecer la escucha, la presencia y el reconocimiento emocional puede generar cambios significativos en la relación familiar, buscando así una reconstrucción del vínculo. Por tal motivo el encuentro reflexivo propuesto busca ofrecer una experiencia que permita resignificar la relación entre la familia y el adulto mayor, reducir los sentimientos de soledad y fortalecer el reconocimiento del adulto mayor como un sujeto de derechos, memoria y cuidado.
2. EVALUACIÓN
LOGROS
DIFICULTADES
ALTERNATIVAS/ SUGERENCIAS/RECOMENDACIONES
Uno de los principales logros fue la participación activa y significativa de las familias durante el encuentro, evidenciada en las intervención realizada a lo largo de las actividades, especialmente en el ejercicio del “tejido del vínculo”, donde no solo respondieron a las preguntas orientadoras, sino que compartieron experiencias personales, emociones y reflexiones frente a la relación con sus familiares adultos mayores, además esto permitió reconocer no solo la importancia del vínculo, sino también las tensiones, dificultades y cargas emocionales que los atraviesan.
En cuanto a las dificultades, una de las principales fue la necesidad de ajustar la planeación durante la ejecución, debido a las dinámicas del espacio y a la participación de la Casa de la Cultura, lo que implicó reducir el tiempo destinado a la actividad de cierre, ya que esto generó que no se pudiera desarrollar completamente la actividad de “las huellas del vínculo”, específicamente la construcción de la cartelera que era para que pegaran las huellas allí.
De igual forma, se evidenció dificultad en el manejo del tiempo, ya que la carga emocional del encuentro y la participación activa de las familias hicieron que algunos momentos se Se propone como alternativa diseñar actividades más flexibles, especialmente en los momentos de cierre, que permitan adaptarse a posibles limitaciones de tiempo sin perder el sentido reflexivo del encuentro, asimismo, se recomienda organizar de mejor manera con mayor anticipación la articulación con otros actores comunitarios, como la Casa de la Cultura, con el fin de organizar los tiempos y evitar interferencias en el desarrollo de las actividades.
También se sugiere continuar implementando estrategias vivenciales y participativas, ya que estas favorecen la expresión emocional, la reflexión y la construcción de compromisos, evidenciando ser altamente pertinentes para el fortalecimiento de los vínculos familiares.
Se evidenció además que el encuentro logró generar procesos de sensibilización frente a la importancia de la escucha y el reconocimiento emocional, ya que durante el desarrollo de las actividades y especialmente, en la proyección de los videos enviados por los adultos mayores, las familias manifestaron reflexiones como la necesidad de “escucharlos más” y “entenderlos”, lo que logra mostrar un impacto significativo en la manera en que perciben su relación con ellos. Otro logro importante fue la construcción de compromisos por parte de las familias, quienes a través de la actividad de cierre expresaron acciones como “escuchar más”, “tener paciencia”, “compartir más tiempo” y “estar más pendientes”, evidenciando que el espacio no se quedó únicamente en la reflexión, sino que permitió que piensen en cambios en la vida cotidiana y en la forma de relacionarse con los adultos mayores. extendieran más de lo planeado, lo que obligó a priorizar ciertas actividades sobre otras, quedando también el momento de evaluación un poco corta
OBSERVACIONES GENERALES:
_____________________________________________________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________________________________ Bibliografia Bernal, H. (2010). Sobre la teoría del vínculo en Enrique Pichón Riviére. Una sistematización del texto Teoría del vínculo de Pichón. https://www.elcentroargentino.com.ar/centroar/Bernall%20Hernando%20- %20Apunte%20Sobre%20Teoria%20Del%20Vinculo%20De%20P%20Riviere.pdf
Anexo J “Las palabras que regresan”
Anexo K Encuentro intergeneracional
Anexo L Encuentro intergeneracional
Anexo M Encuentro intergeneracional
Anexo N reencuentro afectivo “Lo que aún nos une”
Anexo O Encuentro intergeneracional - Voluntariado Vicentino de Chinchiná
Anexo P Participación de los adultos mayores
RECONOCIMIENTO Y DIGNIDAD EN LOS ADULTOS MAYORES
INSTITUCIONALIZADOS:
APRENDIZAJES CONSTRUIDOS DESDE ESPACIOS DIALÓGICOS EN
TRABAJO SOCIAL
LAURA JOHANA MARULANDA FERNÁNDEZ
YOLANDA MEDINA BERMUDEZ
Profesora de sistematización
SEBASTIAN ARENAS SUAREZ
Coordinador institucional
UNIVERSIDAD DE CALDAS
FACULTAD DE CIENCIAS JURIDICAS Y SOCIALES
PROGRAMA DE TRABAJO SOCIAL
PRÁCTICA INSTITUCIONAL
BANCO ARQUIDIOCESANO DE ALIMENTOS
MANIZALES
2026
INFORME DE SISTEMATIZACIÓN
Tabla de Contenido Introducción ...................................................................................................... 3 Justificación ...................................................................................................... 3 Contexto de la experiencia ................................................................................ 4 Ubicación y descripción del escenario de práctica y sus dinámicas ................... 4 Concepción de sistematización .......................................................................... 9 Pregunta eje y Objetivos.................................................................................. 11 Objetivo general ....................................................................................... 11 Objetivos específicos ................................................................................ 11 Saberes de acción .......................................................................................... 12
POLIFONÍAS DEL RECONOCIMIENTO ........................................................ 12
ENTRE MEMORIAS, CUIDADO Y DIGNIDAD ............................................... 21
Conclusiones .................................................................................................. 26 Recomendaciones .......................................................................................... 27 Referencias Bibliográficas ............................................................................... 30
Introducción El presente informe reúne las reflexiones, aprendizajes y hallazgos construidos durante el proceso de sistematización titulado “Reconocimiento y dignidad en los adultos mayores institucionalizados: aprendizajes construidos desde espacios dialógicos en Trabajo Social”, cuyo objeto de estudio fue la práctica académica de Trabajo Social desarrollada en el Banco Arquidiocesano de Alimentos de Manizales.
En el marco de esta práctica se diseñó e implementó el proyecto social “Voces que permanecen: memoria, vínculos y reconocimiento social de los adultos mayores institucionalizados”, cuyo objetivo general fue fortalecer el reconocimiento de los adultos mayores institucionalizados como sujetos de derechos, memoria y valor social en los hogares de protección afiliados al Banco de Alimentos, para que su participación, bienestar y visibilidad social se incrementen y sean valorados como miembros activos de la comunidad.
Este informe presenta, en un primer momento, el contexto de la experiencia y las dinámicas sociales e institucionales en las que se desarrolló la práctica, posteriormente se expone la perspectiva desde la cual se comprendió el proceso y los objetivos que orientaron la sistematización, de igual manera, se desarrollan los principales saberes de acción construidos alrededor del reconocimiento, el cuidado, la memoria, la dignidad y los vínculos en los adultos mayores institucionalizados, para finalmente presentar las conclusiones y recomendaciones derivadas del proceso vivido.
Justificación La presente sistematización es importante para la institución porque permite recuperar, analizar y comprender los aprendizajes construidos durante la práctica académica desarrollada en el Banco Arquidiocesano de Alimentos de Manizales. Asimismo, posibilita identificar los aportes de los espacios dialógicos como estrategia de intervención para promover procesos de reconocimiento,
fortalecimiento de vínculos y participación de los adultos mayores institucionalizados, de esta manera la sistematización aporta elementos de reflexión que pueden contribuir al fortalecimiento de futuras acciones y proyectos dirigidos a esta población, favoreciendo prácticas institucionales más sensibles a sus necesidades y realidades.
Para la población participante, esta sistematización resulta relevante porque visibiliza las experiencias, voces, reflexiones y aprendizajes construidos junto a los adultos mayores, sus familias y las instituciones, además permite reconocer cómo los espacios de diálogo favorecieron procesos de escucha, encuentro y reconocimiento, contribuyendo a comprender la importancia de fortalecer relaciones familiares, comunitarias e institucionales que promuevan el bienestar, la dignidad y la participación de los adultos mayores dentro de los diferentes escenarios sociales. Contexto de la experiencia Ubicación y descripción del escenario de práctica y sus dinámicas La experiencia de práctica profesional se desarrolló en el Banco Arquidiocesano de Alimentos de Manizales, institución perteneciente a la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia (ABACO), organización orientada a la mitigación del hambre y a la promoción de la seguridad alimentaria en poblaciones vulnerables, conforme a esto, la institución desarrolla su labor mediante dos ejes principales: el eje administrativo, encargado de la gestión de donaciones, inventarios y recursos, y el eje social, orientado al acompañamiento de las instituciones beneficiarias y de las poblaciones atendidas por estas. La práctica profesional se desarrolló desde el eje social, específicamente en el acompañamiento y seguimiento a instituciones de protección al adulto mayor vinculadas al Banco de Alimentos. En un inicio, el proceso contempló el acercamiento a catorce instituciones beneficiarias; sin embargo, durante el desarrollo de la experiencia dos instituciones continuaron vinculadas de manera constante al proceso: la Fundación Newman, a través del Centro Vida La Cuchilla
del Salado, ubicado en la ciudad de Manizales, y el Voluntariado Vicentino Chinchiná, ubicado en el municipio de Chinchiná.
Dentro de las funciones desarrolladas durante la práctica se encontraron procesos de seguimiento institucional relacionados con la verificación de documentación legal, revisión de listados poblacionales, observación de condiciones higiénicas y de almacenamiento de alimentos, verificación del uso adecuado de elementos de protección personal y organización de documentación institucional, estas actividades permitieron un acercamiento a las dinámicas cotidianas de las instituciones y a las realidades sociales y emocionales de los adultos mayores institucionalizados.
La población con la que se trabajó estuvo conformada principalmente por adultos mayores institucionalizados, muchos de ellos en condiciones de vulnerabilidad social, abandono familiar o ausencia de redes de apoyo, por ello, en algunos casos se trataba de adultos mayores que habían sido habitantes de calle antes de ingresar a las instituciones, mientras que otros mantenían vínculos familiares débiles o distantes, estas situaciones incidían directamente en su bienestar emocional, generando sentimientos de tristeza, soledad y desmotivación. En el caso del Centro Vida La Cuchilla del Salado, se identificó una dinámica comunitaria caracterizada por la participación de actores del sector interesados en vincularse a las actividades desarrolladas con los adultos mayores, la cercanía con espacios comunitarios como la Casa de la Cultura permitió fortalecer procesos de participación y reconocimiento social, por otra parte, en el Voluntariado Vicentino de Chinchiná se evidenció una dinámica más centrada en el acompañamiento cotidiano y espiritual de los adultos mayores, priorizando el cuidado básico y el sostenimiento institucional.
A partir del acercamiento a estas instituciones comenzaron a evidenciarse situaciones que trascendían las necesidades materiales y administrativas, identificándose problemáticas relacionadas con la soledad, el abandono familiar, la
falta de escucha y la exclusión social de los adultos mayores, muchos expresaban sentirse olvidados por sus familias o consideraban que sus historias y recuerdos ya no eran importantes para otros, estas experiencias permitieron reconocer cómo la institucionalización muchas veces no solo responde a necesidades de cuidado físico, sino también a rupturas afectivas y sociales más profundas. La experiencia de práctica se orientó hacia la construcción de espacios dialógicos que permitieran fortalecer el reconocimiento de los adultos mayores como sujetos de memoria, derechos y cuidado, a partir de las necesidades identificadas durante el diagnóstico y el acompañamiento institucional, la propuesta de intervención se consolidó mediante el proyecto “Voces que permanecen: memoria, vínculos y reconocimiento social de los adultos mayores institucionalizados”. La apuesta principal del proceso se centró en la generación de espacios de escucha, reconocimiento y reconstrucción de vínculos desde tres dimensiones: institucional, familiar y comunitaria, esta apuesta surgió de la necesidad de ir más allá del acompañamiento administrativo y asistencial, reconociendo que muchos adultos mayores requerían espacios donde pudieran expresar sus emociones, compartir sus recuerdos y sentirse escuchados y valorados. En la dimensión institucional se desarrollaron encuentros reflexivos con el personal de cuidado y directivos de las instituciones, orientados a promover una mirada más humana del cuidado y a reflexionar sobre la importancia de escuchar las historias de vida, emociones y experiencias de los adultos mayores, actividades como “La vida que habita este lugar” y “Las voces que nos acompañan” permitieron generar espacios de reconocimiento mutuo entre el personal institucional y los adultos mayores, favoreciendo la expresión emocional y la reflexión sobre el valor de la escucha en la vida cotidiana institucional.
Asimismo, se realizaron estrategias de acompañamiento reflexivo dirigidas al personal institucional, mediante el envío de canciones, frases y mensajes que promovían pequeños espacios semanales de conversación con los adultos mayores
sobre sus recuerdos, emociones y experiencias de vida, permitiendo fortalecer relaciones más cercanas y humanas dentro de las instituciones. En la dimensión familiar se desarrollaron procesos de acercamiento y sensibilización mediante llamadas telefónicas, mensajes de WhatsApp y encuentros reflexivos orientados a fortalecer los vínculos afectivos y promover la reflexión sobre la importancia de la presencia emocional y el acompañamiento familiar en la vejez, dentro de estos espacios se llevaron a cabo encuentros como “El valor del vínculo” y “Las palabras que regresan”, donde las familias y los adultos mayores compartieron mensajes, recuerdos y emociones relacionadas con sus vínculos familiares.
Durante estas actividades se generaron momentos de alta carga emocional, especialmente cuando los adultos mayores escuchaban mensajes enviados por sus familiares o expresaban sentimientos relacionados con la necesidad de sentirse recordados y acompañados, estos espacios permitieron reconocer la importancia de la escucha y del acompañamiento emocional en la reconstrucción de vínculos familiares.
Por otra parte, en la dimensión comunitaria se promovieron espacios intergeneracionales y comunitarios orientados al reconocimiento social de los adultos mayores, este espacio fue llamado “Memorias y saberes”, donde los adultos mayores compartieron historias de vida, poemas, canciones, manualidades y experiencias significativas mediante stands construidos por ellos. Durante este encuentro participaron miembros de la comunidad, familias y la institución quienes pudieron acercarse a escuchar y dialogar con los adultos mayores. Asimismo, se desarrolló el momento simbólico “Lo que aún nos une”, donde familias y comunidad realizaron actos de reconocimiento mediante la lectura de una carta a cargo de una de las alumnas de baile de la casa de la cultura, entrega por parte de las familias de detalles y mensajes de afecto dirigidos a los adultos mayores.
Estos procesos permitieron fortalecer espacios de diálogo y reconocimiento social, favoreciendo que los adultos mayores fueran visibilizados no únicamente como sujetos receptores de cuidado, sino también como portadores de memoria, experiencia y saberes importantes para la comunidad. Dentro de los principales actores involucrados en la experiencia se encontraron los adultos mayores pertenecientes al Centro vida la Cuchilla y al Voluntariado Vicentino Chinchiná, quienes ocuparon un lugar central dentro del proceso como sujetos de memoria, experiencia y participación activa, sus relatos, emociones, recuerdos y experiencias orientaron gran parte de las actividades y reflexiones desarrolladas durante la práctica.
Asimismo, participaron directivos, cuidadoras, manipuladoras de alimentos y demás miembros del personal institucional, quienes acompañan a los adultos mayores y cumplen un papel importante en los procesos de cuidado y reconocimiento emocional, otro actor fundamental fueron las familias de algunos adultos mayores, quienes participaron en encuentros reflexivos y procesos de sensibilización orientados a fortalecer vínculos afectivos y reflexionar sobre la importancia de la presencia emocional en la vejez.
También hicieron parte del proceso miembros de la comunidad de La Cuchilla del Salado, grupos comunitarios y la Casa de la Cultura del sector, quienes se vincularon especialmente en actividades comunitarias e intergeneracionales orientadas al reconocimiento social de los adultos mayores, además de las colaboradoras del Voluntariado Vicentino Chinchiná. Finalmente, la practicante de Trabajo Social, quien por medio de su práctica profesional llevo a cabo todo el proyecto desde una mirada muy humana, para así generar transformaciones y dejar semillas en las familias, institución y comunidad para que se siga trabajando en el reconocimiento del adulto mayor y se sigan fortaleciendo los vínculos, para que así ellos sigan fortaleciendo sus relaciones.
La experiencia estuvo atravesada por diversas condiciones sociales relacionadas con el envejecimiento y la vejez en Colombia, durante el proceso se
evidenció cómo las transformaciones familiares, las desigualdades sociales y las lógicas centradas en la productividad continúan afectando las condiciones de vida de muchos adultos mayores, se identificó que muchos adultos mayores experimentaban situaciones de abandono, distanciamiento afectivo y falta de acompañamiento emocional por parte de sus familias, asimismo, se evidenció cómo la sociedad continúa reproduciendo imaginarios que asocian la vejez con enfermedad, dependencia e improductividad, invisibilizando el valor de los adultos mayores como portadores de memoria, experiencia y saberes. Del mismo modo, aunque existen políticas y programas dirigidos a la protección de esta población, persistían dificultades relacionadas con la corresponsabilidad familiar y comunitaria frente al cuidado y acompañamiento en la vejez, estas situaciones permitieron comprender que el abandono y la exclusión social de los adultos mayores no podían entenderse únicamente como problemáticas individuales o familiares, sino como expresiones de dinámicas estructurales más amplias.
Concepción de sistematización La sistematización, , es un proceso profundamente reflexivo que permite comprender, ordenar y darle sentido a la práctica en el Banco Arquidiocesano de Alimentos de Manizales, no es un ejercicio técnico ni una simple descripción de actividades, es leer de manera más profunda y reflexiva lo que ocurre en esta institución y en las fundaciones beneficiarias del banco, especialmente los centros de protección del adulto mayor, está interpretación se construye a partir de lo planteado por Barragán y Torres (2017), quienes afirman que: Esta conexión con la vida cotidiana, hace que el saber práctico sea significativo; el comprender teórico y la observación empírica, no permiten captar la cotidianidad de la vida concreta, como si lo logra la racionalidad práctica. Por ello, el saber de las ciencias humanas debe basarse en ésta y no en la racionalidad de las ciencias naturales afanada por explicar y
controlar los hechos como fenómenos “objetivos”. Las ciencias humanas deben apuntar a comprender la experiencia humana y el mundo comunitario del cual formamos parte. (p.55) Entendiendo que desde esta perspectiva, comprender lo social implica entender la experiencia de las personas y no limitarse a la mera observación empírica o a la descripción mecánica de lo que sucede en las instituciones. En coherencia con lo anterior, la sistematización se configura como un camino construido desde la historicidad, las experiencias y el contexto situado en el que se desarrolla la práctica, esto también lo plantea Torres Carrillo, al señalar que “cada práctica tiene su propio contexto, que la condiciona y sobre el cual se actúa” y que además las propuestas metodológicas de sistematización han estado atravesadas “tanto por los contextos históricos y de acción específicos, como por las perspectivas y enfoques políticos y epistemológicos de sus gestores”. ( p.2) esto implica que sistematizar exige interpretar la práctica desde la historicidad, las experiencias y el posicionamiento de quien la vive, en este caso interpretar la práctica implica reconocer el trabajo con una población históricamente vulnerada, donde se entrecruzan el abandono familiar, la exclusión social, la pérdida de vínculos afectivos y las memorias silenciosas que habitan en cada adulto mayor. Además también se entiende la sistematización como una forma de investigación situada, porque surge del análisis de la propia práctica y se nutre de la formación, saberes previos, visión del mundo y de la realidad en la que se encuentra cada practicante, así como de quienes participan en ella, adultos mayores, directores de los centros de protección del adulto mayor, familias, comunidad y todas las dinámicas que se dan en el banco arquidiocesano de alimentos.
Desde la educación popular, también se comprende que la sistematización no se realiza en soledad ni se basa únicamente en interpretaciones propias, ya que en la práctica el conocimiento también lo aportan los adultos mayores con sus
memorias, las instituciones con su experiencia, los equipos de trabajo y la comunidad que se encuentra cerca a los centros de protección del adulto mayor, la sistematización es un ejercicio muy dialógico que reconoce a los adultos mayores como sujeto de saberes, además no es una investigación sobre los demás, sino una investigación con los demás.
Por eso la sistematización se convierte en un espacio de encuentro donde la palabra, la escucha y la construcción conjunta de sentidos son fundamentales ya que en cada visita de seguimiento, en cada conversación con un adulto mayor o en cada diálogo con las instituciones, se van construyendo comprensiones más humanas y reflexivas de lo que ocurre en estos hogares como la soledad, el abandono, la exclusión, además es un proceso muy humano y social debido a que se construye desde el encuentro y reconocimiento junto con los adultos mayores.
Pregunta eje y Objetivos ¿Cómo Trabajo Social a través de espacios dialógicos, potencia en la comunidad y las familias el reconocimiento de los adultos mayores institucionalizados como sujetos de memoria, derechos y cuidado? Objetivo general
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Reflexionar sobre los aportes de Trabajo Social para que los adultos mayores institucionalizados sean reconocidos como sujetos de memoria, derechos y cuidado a través de la implementación de espacios dialógicos en la comunidad.
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Objetivos específicos
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Develar los aprendizajes y sentidos que emergen en los espacios dialógicos entre los adultos mayores institucionalizados, la comunidad y las familias, a partir de la escucha y el reconocimiento mutuo.
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Reflexionar sobre las formas en que la comunidad y las familias reconocen y valoran a los adultos mayores institucionalizados como sujetos de memoria, derechos y cuidado, favoreciendo la construcción de vínculos sociales y la inclusión comunitaria.
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Reflexionar sobre prácticas y aprendizajes que contribuyen a fortalecer la inclusión, la dignidad, la autonomía y el cuidado de los adultos mayores institucionalizados, como sujetos de memoria, derechos y cuidado en los espacios comunitarios, institucionales y familiares.
Saberes de acción
POLIFONÍAS DEL RECONOCIMIENTO
A partir del proceso construido durante el proyecto, se logra comprender que el reconocimiento no es una experiencia única ni homogénea, sino una práctica polifónica que atraviesa distintos escenarios de la vida de los adultos mayores, este se manifiesta desde lo institucional, lo familiar y lo comunitario, ámbitos donde puede tanto dignificar como invisibilizar la existencia de las personas mayores. En cada uno de estos espacios aparecen distintas formas de escucha, cuidado, acompañamiento y participación, pero también tensiones, rupturas y silenciamientos que afectan profundamente la manera en que los adultos mayores se perciben a sí mismos y encuentran sentido a su lugar dentro del mundo. Desde esta perspectiva, el reconocimiento en el marco del proyecto “Voces que permanecen: memoria, vínculos y reconocimiento social de los adultos mayores institucionalizados” deja de ser solo una idea para convertirse en una experiencia profundamente humana, ya que no se trata únicamente de ver al otro, sino de reconocer su historia, sus emociones y su forma de habitar el mundo, en el caso de los adultos mayores, este reconocimiento adquiere un carácter aún más significativo, pues sus trayectorias de vida están atravesadas por experiencias de abandono, silenciamiento y pérdida de vínculos.
A partir del proceso construido durante el proyecto, se logra comprender que el reconocimiento no se sostiene en grandes acciones, sino en prácticas cotidianas, en gestos simples pero constantes como una conversación, una escucha atenta o un acompañamiento emocional, esto se evidencia claramente en la voz de una adulta mayor:
“Yo entré al centro vida en un momento en el que me sentía mal emocionalmente, pero al llegar acá me sentí acogida y acompañada, ahora me siento feliz.” (Dc 11, p. 3, prr 3) Esta expresión permite comprender que reconocer la existencia del otro puede transformar profundamente su experiencia emocional, generando bienestar, sentido de pertenencia y vínculos que trascienden lo meramente institucional, sin embargo, este reconocimiento no siempre está presente, ya que también emergen experiencias de no reconocimiento, especialmente en el ámbito familiar: “Uno cuenta la historia varias veces y en la casa le dicen que ya la contó, entonces uno deja de hablar.” (Dc11, p. 4, prr 2) Este relato evidencia una forma de silenciamiento que no es evidente a simple vista, pero que tiene un impacto profundo, cuando una persona deja de contar su historia porque siente que no vale la pena ser escuchada, no solo se interrumpe la comunicación, sino que se produce una ruptura en la identidad, ya que la memoria pierde su lugar y con ella el sentido de si mismo, esto invita a cuestionar las formas en las que en la sociedad se está viendo la vejez. Esta realidad no es aislada, sino que se inscribe en un contexto amplio, por ejemplo, en el departamento de Caldas, según la Dirección Territorial de Salud (2022), el abandono, la negligencia y la violencia hacen parte de las formas más comunes de maltrato hacia los adultos mayores, lo que permite comprender que el no reconocimiento no solo se da en lo individual o familiar, sino que responde a dinámicas estructurales que invisibilizan la vejez.
Como es el caso del ámbito institucional, en el cual el reconocimiento aparece como una posibilidad de reconstrucción, a partir de lo evidenciado durante el proceso, se logra comprender que las instituciones no solo brindan cuidado físico, sino que también pueden convertirse en espacios donde se devuelve la dignidad a los adultos mayores.
Reflejándose en prácticas como el reconocimiento de su historia, la atención a su salud emocional y la construcción de relaciones basadas en el respeto y la empatía, cuando el cuidado se ejerce desde estas dimensiones, deja de ser una acción mecánica y se convierte en una experiencia humana. En este sentido, las voces de los actores también lo confirman:
“Acá no solo reciben alimentación y atención, sino que nos convertimos en una familia, compartimos nuestras penas, nos damos apoyo y crecemos juntos.” (Dc11, p. 3, prr 2) Así mismo, otra experiencia muestra cómo el espacio institucional puede resignificar la vida, pues una de las adultas mayores comentaba que en el centro vida no solo encontró la felicidad sino también el amor, estos relatos permiten comprender que el reconocimiento institucional no solo atiende necesidades físicas, sino que también reconstruye sentidos de vida, permitiendo que los adultos mayores se reconozcan nuevamente como sujetos valiosos.
Sin embargo, también se evidencian tensiones importantes, ya que en algunos hogares como en el caso del Hogar Parceritos donde su director refería que los adultos mayores permanecen en la sala “esperando que pase el día”, lo que refleja que el cuidado físico no siempre garantiza el reconocimiento emocional, esta escena no solo muestra una cotidianidad marcada por la pasividad, sino que deja ver una forma silenciosa de exclusión, en la que aunque las necesidades básicas estén cubiertas, persiste un vacío en términos de sentido, participación y vínculo. En este punto, se hace evidente que el reconocimiento no puede reducirse a condiciones materiales de bienestar, sino que implica necesariamente la
construcción de experiencias significativas que le devuelvan al adulto mayor un lugar activo dentro de su propia vida, pues este tipo de experiencias no solo hablan de inactividad, sino de una ruptura en la posibilidad de sentirse útil y de ser tenido en cuenta, lo que afecta directamente la forma en que el adulto mayor se percibe a sí mismo.
Por otro lado, el ámbito familiar se configura como uno de los escenarios más complejos en relación con el reconocimiento, ya que no puede comprenderse únicamente desde la idea de abandono o presencia, sino desde las trayectorias relacionales que han configurado esos vínculos a lo largo de la vida, es así que a partir de lo evidenciado, se comprende que el distanciamiento no siempre responde al desinterés, sino que en muchos casos, está atravesado por historias marcadas por conflictos, violencias y rupturas afectivas que dejan huellas de dolor y en ocasiones son difíciles de sanar en la relación entre padres e hijos. En este sentido, los vínculos familiares no se sostienen por el lazo biológico en sí mismo, sino por la calidad de las relaciones construidas en el tiempo, esto implica reconocer que la vejez no es un momento aislado, sino el resultado de una historia de vínculos acumulada, donde las deudas emocionales, los resentimientos o las ausencias también emergen y toman forma en el presente, así, el no reconocimiento en la vejez no siempre inicia allí, sino que también es la continuidad de relaciones que en algún momento, también estuvieron marcadas por el no cuidado, la violencia o la falta de responsabilidad afectiva por aquellos que hoy están en la tercera edad.
A esta complejidad se suma otro elemento fundamental, como la corresponsabilidad en el cuidado, pues cuando el acompañamiento recae en una sola persona, como lo evidencia el relato “Somos dos hermanas y yo soy la única que está pendiente de ellos y eso es una carga muy dura para mí” (DC 14, p. 2, párr. 7), el vínculo comienza a tensionarse, no solo por el desgaste físico, sino por la carga emocional que implica sostener en soledad una responsabilidad que debería ser compartida, en este punto, el reconocimiento también se fractura, pues
quien cuida puede sentirse desbordado y quien es cuidado puede percibirse como una carga, afectando la dignidad y la forma de auto percibirse de ambos. Sin embargo, reducir el análisis únicamente a la ruptura sería quedarse en una mirada incompleta, pues lo significativo de todo el análisis realizado es que incluso en medio de estas tensiones, emergen posibilidades de resignificación del vínculo , esto lo podemos ver en el momento en el que un hijo expresa: “Aprovecho este espacio para comprometerme con mi mamá, que la tengo aquí al lado, para decirle que le voy a dedicar más tiempo, que voy a estar más pendiente de ella, muchas gracias, porque fue un espacio muy significativo.” Pude observar la emoción que la madre sintió, lo abrazo y le dio un beso, diciendo “gracias hijo”. (Dc 14, pag 4, prr 3), esto no solo representa un acto emocional, sino la apertura de un proceso de reconocimiento que había estado ausente o debilitado, este tipo de experiencias permiten comprender que el vínculo familiar no es estático ni definitivo, sino que puede ser reconstruido a partir del diálogo, la reflexión y la posibilidad de asumir responsabilidad afectiva en el presente.
Desde el ámbito familiar no se limita a evidenciar el abandono, sino que invita a comprender el reconocimiento como un proceso dinámico, atravesado por tensiones, pero también por posibilidades, pues esto implica que la intervención desde el Trabajo Social no debe centrarse únicamente en juzgar la ausencia, sino en generar condiciones que permitan abrir espacios de encuentro, mediación y reconstrucción de los vínculos, reconociendo que incluso relaciones fragmentadas pueden encontrar nuevas formas de sentido.
En el ámbito comunitario, el reconocimiento trasciende la relación individual y se ubica en una dimensión social más amplia, en la que se pone en juego el lugar que ocupan los adultos mayores dentro del tejido social, desde lo evidenciado en el proceso, se comprende que la inclusión no puede reducirse a la presencia física en un espacio o a la participación ocasional en actividades, sino que implica la posibilidad real de ser vistos, escuchados y valorados desde sus capacidades, trayectorias y formas de habitar el mundo.
Experiencias como los grupos de danzas en Asoviejos permiten evidenciar que la vejez no está necesariamente ligada a la pasividad, sino que, por el contrario, puede constituirse como un escenario de expresión, creación y participación activa, ya que, en estos espacios, los adultos mayores no solo ocupan un lugar, sino que lo resignifican, desafiando imaginarios sociales que los reducen a la dependencia o a la inactividad, es así, que el reconocimiento comunitario se materializa cuando se les permite mostrarse desde lo que son y lo que aún pueden construir, rompiendo con miradas asistencialistas que limitan su papel en la sociedad. Sin embargo, esta dimensión del reconocimiento también se muestra profundamente frágil, tal como lo expresa el director de la institución: “Ellos bien ilusionados, esperando la actividad y no vienen… imagínese la tristeza”, se evidencia que la inclusión comunitaria no solo depende de la apertura de espacios, sino de la constancia, el compromiso y la responsabilidad en el sostenimiento de los vínculos, cuando estas interacciones se rompen o no se cumplen, no solo se afecta una actividad, sino que se fractura la confianza, se debilita el sentido de pertenencia y se reviven desde otra mirada experiencias previas de abandono. En este sentido, el reconocimiento comunitario no puede entenderse como un acto puntual o simbólico, sino como una práctica que exige continuidad, pues la falta de compromiso en estos procesos no es neutral, ya que produce efectos emocionales en los adultos mayores, quienes, al sentirse nuevamente relegados al olvido, pueden optar por distanciarse y dejar de participar, reforzando dinámicas de exclusión que justamente se pretendían transformar.
Esto plantea un reto fundamental comprender que la inclusión comunitaria no se limita a gestionar actividades, sino que implica tejer relaciones sostenibles en el tiempo, donde la presencia del otro sea confiable y significativa, pues esto supone ampliar las redes de apoyo y reconocer que el cuidado no puede recaer exclusivamente en la familia o en la institución, sino que debe asumirse como una responsabilidad colectiva.
De este modo el plano comunitario permite comprender que reconocer a los adultos mayores implica también responder éticamente a los vínculos que se construyen con ellos, no basta con “llegar”, es necesario sostenerse; no basta con “incluir”, es necesario garantizar condiciones para que esa inclusión sea significativa, solo así es posible avanzar hacia una comunidad que no solo integre, sino que realmente reconozca a sus adultos mayores como sujetos activos, valiosos y parte fundamental de todo el tejido social.
Hasta este punto, el análisis permite comprender que las formas de reconocimiento identificadas en los ámbitos institucional, familiar y comunitario no surgieron únicamente de manera espontánea, sino que estuvieron mediadas por los espacios dialógicos promovidos durante el proceso de intervención, estos espacios se constituyeron en escenarios de encuentro donde los adultos mayores, las familias, el personal institucional y la comunidad tuvieron la posibilidad de expresar emociones, compartir experiencias, narrar historias de vida y reflexionar sobre las relaciones construidas en torno al cuidado y la vejez.
En este sentido, el diálogo no operó únicamente como una técnica de intervención, sino como una estrategia propia del Trabajo Social que permitió generar condiciones para la escucha, el encuentro y la construcción colectiva de significados, a través de conversaciones, encuentros reflexivos, espacios intergeneracionales y ejercicios de escucha activa, se favoreció la participación de los diferentes actores involucrados, posibilitando que emergieran voces que en muchos casos permanecían silenciadas o invisibilizadas.
Durante estos espacios se produjeron movimientos significativos en las relaciones, en algunos casos, las familias lograron reconocer sentimientos y necesidades emocionales que no habían sido expresadas anteriormente; en otros, los adultos mayores encontraron oportunidades para compartir experiencias que les permitieron sentirse escuchados, valorados y reconocidos.
Asimismo, la experiencia permitió comprender que las historias de vida poseen un importante potencial transformador, cando los adultos mayores compartían sus recuerdos, aprendizajes y trayectorias, dejaban de ser percibidos únicamente desde sus necesidades de cuidado para ser reconocidos como sujetos portadores de memoria, conocimientos y experiencias valiosas, la narración de sus historias favoreció procesos de reconocimiento, permitiendo resignificar la manera en que la vejez es comprendida dentro de los diferentes escenarios sociales. Otro aprendizaje relevante fue comprender que el reconocimiento se construye desde la escucha cotidiana, ya que a lo largo del proceso se evidenció que acciones aparentemente sencillas, como escuchar con atención, validar emociones, interesarse por la historia del otro o propiciar espacios de conversación, tienen un impacto significativo en la construcción de la dignidad, el bienestar y la calidad de vida de los adultos mayores; esto permitió comprender que el reconocimiento no depende exclusivamente de grandes acciones institucionales, sino también de prácticas relacionales presentes en la vida cotidiana. El proceso permitió comprender que el reconocimiento requiere corresponsabilidad social, ya que si bien la familia ocupa un papel fundamental en la vida de los adultos mayores, las instituciones, la comunidad y los diferentes actores sociales también tienen responsabilidades frente a su bienestar y dignidad. Desde esta perspectiva, el Trabajo Social desempeñó un papel mediador al generar escenarios de encuentro y diálogo que favorecieron la construcción colectiva de responsabilidades frente al cuidado, permitiendo avanzar hacia formas de reconocimiento más humanas, participativas y sostenibles en el tiempo. En este punto, resulta pertinente tomar lo planteado por Axel Honneth, quien advierte que “la ausencia o falta de reconocimiento, o el mal reconocimiento, o el reconocimiento fallido, se constituirá como el principal daño a la subjetividad de las personas” (Honneth, 1999; 27), esta afirmación permite comprender cómo las experiencias de invisibilización, silenciamiento y exclusión afectan profundamente la manera en que los adultos mayores se perciben a sí mismos, tal como se
evidenció en relatos donde sus voces son ignoradas o minimizadas, generando rupturas en su identidad y en el sentido de su propia historia. Sin embargo, a partir del proceso desarrollado en el proyecto, es posible ir más allá de esta perspectiva centrada en el daño y ampliar la comprensión del reconocimiento hacia su dimensión transformadora, si bien la ausencia de reconocimiento puede afectar la subjetividad, las experiencias vividas también muestran que su presencia incluso en formas cotidianas, simples y aparentemente pequeñas tiene la capacidad de reconstruir, resignificar y reconfigurar la manera en que los adultos mayores se relacionan consigo mismos y con los otros. Es decir no se trata únicamente de entender el reconocimiento desde lo que falta o desde el daño que produce su ausencia, sino también desde el potencial que tiene cuando se hace presente, además las voces recogidas en el proceso dan cuenta de cómo una escucha atenta, un gesto de cuidado, un espacio de encuentro o una palabra oportuna pueden generar cambios significativos en la experiencia emocional de los adultos mayores, devolviéndoles no solo bienestar, sino también sentido, pertenencia y valor.
La subjetividad no solo se ve afectada negativamente por la falta de reconocimiento, sino que también puede ser reconstruida activamente a través de experiencias de reconocimiento significativo, así el reconocimiento deja de entenderse únicamente como una condición cuya ausencia genera daño, para asumirse como una práctica relacional con un profundo potencial reparador. El análisis desarrollado permite comprender que el reconocimiento no se configura como una experiencia aislada, sino como un proceso relacional que atraviesa de manera simultánea los ámbitos institucional, familiar y comunitario, evidenciando que en cada uno de estos espacios se pueden desarrollar diferentes posibilidades, tensiones y formas distintas de dignificar o invisibilizar la vida de los adultos mayores, pues en el plano institucional, se reconoce como escenario de reconstrucción de sentido, siempre y cuando trascienda el cuidado físico y se
consolide desde vínculos significativos; en el ámbito familiar, se evidencian las mayores tensiones, al estar atravesado por historias relacionales que condicionan las formas de reconocimiento en la vejez, pero también por posibilidades reales de resignificación; mientras que en el plano comunitario, el reconocimiento se amplía hacia una dimensión colectiva, donde la inclusión exige continuidad, compromiso y responsabilidad social.
De este modo, el reconocimiento se revela como una práctica que no solo impacta los vínculos, sino que configura la manera en que los adultos mayores se perciben a sí mismos y encuentran sentido en su existencia, es por tal motivo que no puede ser entendido como una acción puntual, sino como un proceso que debe sostenerse en el tiempo y asumirse desde una corresponsabilidad entre familia, institución y comunidad.
Saber de acción
ENTRE MEMORIAS, CUIDADO Y DIGNIDAD
El cuidado en la vejez, en el marco del proyecto Voces que permanecen: memoria, vínculos y reconocimiento social de los adultos mayores institucionalizados, deja de entenderse únicamente como una acción asistencial orientada a suplir necesidades físicas y comienza a comprenderse como una experiencia profundamente humana, atravesada por la dignidad, la autonomía, la memoria y el reconocimiento de los adultos mayores como sujetos de derechos, con historia, capacidades, emociones y una forma propia de habitar el mundo. A lo largo del proceso fue posible comprender que cuidar no significa solamente alimentar, medicar o proteger, sino también escuchar, acompañar y reconocer trayectorias de vida, permitiendo que los adultos mayores continúen sintiéndose valiosos dentro de sus espacios cotidianos.
Desde las primeras visitas institucionales comenzaron a aparecer pequeñas acciones que reflejaban profundas formas de cuidado y reconocimiento, al observar espacios adaptados con rampas, ascensores, camas hospitalarias y medidas de
protección para prevenir accidentes, se permitió comprender que el cuidado también se expresa en decisiones cotidianas orientadas a proteger la vida y favorecer la autonomía de los adultos mayores, permitiéndoles desenvolverse con mayor tranquilidad y seguridad dentro de la vida diaria. Sin embargo, el proceso permitió comprender que el cuidado no puede reducirse únicamente a condiciones materiales o físicas, aunque las instituciones realizan esfuerzos por cubrir necesidades básicas y ofrecer acompañamiento, esto no siempre logra suplir las ausencias afectivas que deja el abandono familiar. Desde allí, se hizo evidente que la dignidad en la vejez no depende solamente de recibir atención, sino también de sentirse visto, escuchado y reconocido como alguien que sigue teniendo valor.
Esto se hizo aún más visible en aquellos espacios donde el cuidado trascendía lo asistencial y se construía desde el afecto y la cercanía humana. Durante una exposición a instituciones, la directora del Voluntariado Vicentino de Chinchiná expresó:
“Uno aporta para que ellos se sientan reconocidos, valiosos, amados, queridos … volverlos a dignificar, volverlos a hacer sentir humanos, mirarlos a los ojos, llamarlos por su nombre, darles la mano, abrazarlos, bailar con ellos.” (Dc 11,
p. 2, párr. 2)
Estas palabras permitieron comprender que muchas veces las formas de cuidado más significativas se encuentran en gestos cotidianos como escuchar, abrazar, llamar por el nombre o compartir tiempo, son prácticas que, aunque parecen simples, tienen un profundo impacto en la manera en que los adultos mayores se perciben a sí mismos, especialmente después de haber vivido experiencias de abandono o invisibilización.
A partir de ello, comenzó a hacerse visible otra dimensión importante dentro del proceso: comprender al adulto mayor como sujeto de autonomía, en distintos espacios se observo a los adultos mayores participando en actividades cotidianas y
manualidades, experiencias que permitieron cuestionar la mirada social que asocia la vejez únicamente con incapacidad o dependencia, estas prácticas no solo favorecían su participación, sino que también fortalecían su autoestima, creatividad y sentido de utilidad dentro de la institución.
En este sentido, la autonomía dejó de entenderse únicamente como independencia física y comenzó a comprenderse como la posibilidad de participar, decidir, crear y sentirse útil dentro de la vida cotidiana, por ello, esto permitió cuestionar profundamente las miradas sociales que reducen la vejez a la pasividad o al deterioro, desconociendo que los adultos mayores continúan siendo sujetos capaces de aportar desde sus experiencias y trayectorias de vida. De igual manera, la música se convirtió en una posibilidad de abrir la memoria y movilizar emociones profundamente humanas. Durante una actividad en la que se escuchó un fragmento de la canción El camino de la vida, una voluntaria expresó: “Pensé en mi madre, siento nostalgia, pero también como tratar de hacer su vida muy feliz, porque todo ese recorrido que ella vivió lo hizo por nosotros.” (Dc 11,
p. 2, párr. 7)
Otra participante recordó a su abuela sentada cosiendo en una máquina de coser, en ese momento observé silencios cargados de emoción, ojos brillantes y lágrimas contenidas, comprendiendo cómo muchas madres y abuelas sostuvieron la vida de sus familias desde el amor, el cuidado y el sacrificio silencioso. Estas experiencias permitieron comprender que cuando los adultos mayores narran sus historias no solo comparten recuerdos individuales, sino memorias que también hacen parte de la construcción social y colectiva, reconocerlos como sujetos de memoria implica entender que sus trayectorias tienen valor y que escuchar sus relatos también es una forma de dignificar su existencia. Hasta este punto, el análisis permite comprender que las comprensiones construidas alrededor del cuidado, la dignidad, la autonomía y la memoria no
surgieron únicamente de la observación de las realidades institucionales, sino también de los espacios dialógicos promovidos durante el proceso de intervención, a través de conversaciones reflexivas, ejercicios narrativos, encuentros con familias y espacios de escucha colectiva, fue posible generar escenarios donde los adultos mayores compartieron experiencias, emociones, recuerdos y significados asociados a sus trayectorias de vida.
Estos espacios permitieron que las personas participantes reconocieran dimensiones de la vejez que frecuentemente permanecen invisibilizadas, cuando los adultos mayores narraban sus historias, compartían recuerdos significativos o expresaban sus emociones, dejaban de ser percibidos únicamente desde sus necesidades de cuidado para ser reconocidos como sujetos de memoria, portadores de experiencias, conocimientos y aprendizajes construidos a lo largo de la vida, de esta manera, la memoria se convirtió en una herramienta para fortalecer el reconocimiento y la dignificación de sus trayectorias.
Asimismo, las actividades desarrolladas favorecieron procesos de reflexión en las familias, la comunidad y el personal institucional sobre las formas de cuidado que se construyen en la cotidianidad, los espacios de diálogo permitieron cuestionar prácticas centradas exclusivamente en la asistencia física y abrir comprensiones más amplias del cuidado, entendiéndolo también como escucha, acompañamiento, afecto, respeto y reconocimiento de la autonomía de los adultos mayores. Otro aspecto relevante fue comprender que la dignidad se fortalece cuando las personas encuentran espacios donde pueden expresar libremente sus pensamientos, emociones y experiencias; a través de los ejercicios narrativos y de las conversaciones promovidas durante el proyecto, los adultos mayores tuvieron la oportunidad de hacer visibles aspectos de su historia que en muchas ocasiones permanecían silenciados, favoreciendo procesos de valoración personal y reconocimiento social.
Desde esta perspectiva, el Trabajo Social desempeñó un papel mediador al generar condiciones para el encuentro, la participación y la construcción colectiva de significados; más que promover actividades aisladas, los espacios dialógicos posibilitaron que los diferentes actores reflexionaran sobre sus formas de relacionarse con los adultos mayores, reconociéndolos como sujetos de derechos, memoria y cuidado. Esto permitió comprender que el reconocimiento no surge únicamente de las acciones institucionales o familiares, sino también de los procesos de diálogo que hacen posible escuchar, comprender y valorar las experiencias de vida de las personas mayores.
Al mismo tiempo, el proceso permitió identificar profundas tensiones frente al abandono y la invisibilización de la vejez, algunos participantes expresaban miedo a ser vistos “como un mueble”, a convertirse “en un problema” o a quedarse solos en un lugar de paso. Estas expresiones reflejan cómo la sociedad muchas veces desvaloriza la dependencia y construye imaginarios donde el adulto mayor pierde importancia cuando deja de ser visto como productivo.
De esta manera, el cuidado, la dignidad, la autonomía y la memoria dejan de entenderse como categorías separadas y comienzan a articularse en una comprensión más amplia de la vejez, donde el adulto mayor aparece como sujeto de derechos, de afecto, de participación y de historia, el proceso permitió comprender que dignificar la vida de los adultos mayores implica mucho más que protegerlos físicamente; significa reconocerlos como personas que todavía tienen voz, capacidades, recuerdos, emociones y un lugar significativo dentro del mundo. Desde allí, el Trabajo Social no puede limitarse únicamente a responder necesidades inmediatas, sino que debe contribuir a transformar las formas en que la sociedad mira, escucha y acompaña la vejez, construyendo prácticas más humanas y corresponsables frente al cuidado y reconocimiento de quienes han sostenido la vida de muchas familias y comunidades.
Conclusiones El proceso de sistematización permitió comprender que el reconocimiento de los adultos mayores institucionalizados no depende únicamente de la satisfacción de necesidades básicas, sino de la posibilidad de ser escuchados, valorados y reconocidos como sujetos de memoria, derechos y cuidado, a partir de la experiencia desarrollada en el Banco Arquidiocesano de Alimentos de Manizales y en las instituciones vinculadas, fue posible evidenciar que muchas de las situaciones que atraviesan los adultos mayores están relacionadas con el abandono afectivo, la soledad y la invisibilización social, problemáticas que afectan profundamente su bienestar emocional y la manera en que se perciben a sí mismos. En relación con la pregunta eje, se logró comprender que el Trabajo Social, a través de espacios dialógicos, puede potenciar el reconocimiento de los adultos mayores mediante la construcción de escenarios de escucha, encuentro y participación, donde sus historias, emociones y experiencias adquieren valor, los espacios desarrollados permitieron que tanto familias como comunidad e instituciones reflexionaran sobre la importancia de acompañar la vejez desde el afecto, la corresponsabilidad y el reconocimiento humano, trascendiendo miradas asistencialistas centradas únicamente en el cuidado físico. Uno de los principales hallazgos del proceso fue reconocer que las prácticas de cuidado más significativas muchas veces se construyen desde acciones cotidianas y sencillas, como escuchar, conversar, acompañar, recordar el nombre del otro o compartir tiempo, estas experiencias permitieron comprender que el reconocimiento tiene un profundo impacto emocional en los adultos mayores, especialmente en quienes han vivido experiencias de abandono, silenciamiento o exclusión social. Así mismo, se evidenció que cuando los adultos mayores encuentran espacios donde pueden narrar sus recuerdos, expresar sus emociones y compartir sus experiencias, fortalecen su autoestima, sentido de pertenencia y percepción de utilidad dentro de la sociedad.
Se identificó que estos encuentros permitieron fortalecer vínculos emocionales y generar procesos de reflexión tanto en los adultos mayores como en las familias, instituciones y comunidad, las actividades desarrolladas favorecieron la expresión de emociones, la reconstrucción de memorias y la apertura de diálogos que muchas veces no existían en la vida cotidiana, además, se comprendió que la escucha constituye una práctica fundamental de reconocimiento, ya que permite validar la historia y la experiencia de las personas.
Se logró reflexionar sobre las formas en que la comunidad y las familias reconocen y valoran a los adultos mayores, el proceso permitió evidenciar tensiones importantes relacionadas con el distanciamiento afectivo, la sobrecarga del cuidado y la invisibilización de la vejez dentro de algunos contextos familiares y sociales, sin embargo, también se identificaron posibilidades de resignificación de los vínculos, especialmente cuando se generaban espacios de encuentro y reflexión que favorecían la empatía y la responsabilidad afectiva, asimismo, desde el ámbito comunitario se comprendió que la inclusión de los adultos mayores no puede limitarse a su presencia en actividades, sino que requiere procesos sostenidos de participación y reconocimiento social.
La experiencia permitió comprender que fortalecer la dignidad, la autonomía y el cuidado implica reconocer a los adultos mayores como sujetos activos, con capacidades, conocimientos y posibilidades de participación, las actividades realizadas mostraron que la autonomía no debe entenderse únicamente como independencia física, sino también como la posibilidad de decidir, crear, participar y sentirse útil dentro de los diferentes espacios cotidianos, del mismo modo, se evidenció que las prácticas institucionales cobran mayor sentido cuando el cuidado se construye desde relaciones humanas basadas en el respeto, la empatía y el reconocimiento de las trayectorias de vida.
la sistematización permitió reconocer que el Trabajo Social desempeña un papel fundamental como mediador en la construcción de procesos de reconocimiento, cuidado y fortalecimiento de vínculos con los adultos mayores
institucionalizados, a través de la generación de espacios dialógicos, la profesión posibilita escenarios de encuentro donde las personas pueden expresar sus emociones, compartir sus experiencias y construir nuevas comprensiones sobre los adultos mayores, el cuidado y la corresponsabilidad social; de esta manera el Trabajo Social no solo acompaña procesos de intervención, sino que también crea condiciones para la escucha mutua, favorece la reconstrucción de vínculos familiares y comunitarios, promueve el reconocimiento de los adultos mayores como sujetos de memoria, derechos y cuidado, e impulsa reflexiones colectivas orientadas a la construcción de relaciones más humanas y solidarias. Asimismo, la experiencia permitió comprender que los procesos de reconocimiento requieren continuidad y corresponsabilidad entre familias, instituciones y comunidad, por ello se hace necesario seguir promoviendo acciones que fortalezcan los vínculos afectivos, la participación y el reconocimiento social de los adultos mayores, contribuyendo a que sean valorados no desde sus limitaciones, sino desde sus capacidades, experiencias y aportes al tejido social. Recomendaciones A partir de la experiencia desarrollada en el proyecto “Voces que permanecen: memoria, vínculos y reconocimiento social de los adultos mayores institucionalizados”, se considera importante fortalecer procesos de intervención que promuevan el reconocimiento de los adultos mayores como sujetos de derechos, memoria, cuidado y participación activa dentro de los ámbitos institucionales, familiares y comunitarios.
En primer lugar, se recomienda que las instituciones de protección al adulto mayor continúen promoviendo espacios dialógicos y actividades orientadas a la escucha, la expresión emocional y la reconstrucción de vínculos afectivos, trascendiendo modelos centrados únicamente en el cuidado físico y asistencial, por ejemplo, actividades relacionadas con la memoria, las narraciones de vida, el arte y
los encuentros intergeneracionales demostraron tener un impacto significativo en el bienestar emocional y en la percepción de reconocimiento de los adultos mayores. Asimismo, se considera necesario fortalecer procesos de sensibilización dirigidos a las familias, orientados a reflexionar sobre la importancia de la presencia emocional, la escucha y la corresponsabilidad en el cuidado durante la vejez, durante el proceso se evidenció que muchas situaciones de soledad y exclusión están relacionadas con el debilitamiento de los vínculos familiares, por lo que resulta fundamental generar espacios que favorezcan el diálogo, el encuentro y la reconstrucción de relaciones afectivas.
De igual manera, se recomienda continuar fortaleciendo la articulación entre instituciones, comunidad y actores sociales del territorio, promoviendo estrategias comunitarias sostenidas en el tiempo que permitan a los adultos mayores participar activamente en espacios culturales, recreativos y comunitarios, esto permitiría avanzar hacia formas de inclusión más significativas, donde los adultos mayores no sean vistos únicamente como receptores de cuidado, sino también como portadores de saberes, experiencias y memorias importantes para la comunidad. En relación con futuras investigaciones, se considera pertinente profundizar en temas relacionados con el impacto emocional del abandono familiar en la vejez, las transformaciones de los vínculos familiares durante los procesos de institucionalización y el papel de las redes comunitarias en el bienestar emocional de los adultos mayores, asimismo, sería importante desarrollar investigaciones orientadas a comprender cómo las prácticas de reconocimiento influyen en la autoestima, la autonomía y la construcción de sentido en la vejez. Finalmente, frente a los procesos de sistematización en Trabajo Social, se recomienda desarrollar metodologías flexibles, participativas y sensibles a las realidades de las poblaciones involucradas, reconociendo la importancia de construir conocimiento desde la experiencia y desde las voces de los propios actores sociales, es por ello, que la sistematización es importante al no solo describir
actividades realizadas, sino al ser un ejercicio reflexivo y crítico que permit comprender las transformaciones, tensiones y aprendizajes que emergen en la práctica profesional.
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ANEXOS
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MATRIZ DE OPERACIONALIZACIÓN
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Cita: Marulanda Fernández, Laura Johana (2026), Voces que permanecen, memoria, vínculos y reconocimiento social de los adultos mayores institucionalizados, Universidad de Caldas, p. N. https://repositorio.ucaldas.edu.co/handle/ucaldas/27392