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Recuperación de la memoria histórica del conflicto armado de Mogotes Santander “Historias que Impactan”

Presentado por:

Anyi Lorena Feo Serrano Daniela Carolina Hernández Rivera

Bajo la asesoría:

Ps. Daisy Yurani Fuentes Eslava

Universidad Autónoma de Bucaramanga – Extensión Unisangil Facultad de Ciencias de la Salud Programa Psicología San Gil, 2026

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Tabla de contenido Resumen: ........................................................................................................................... 4 Abstract: ............................................................................................................................ 4 Introducción ...................................................................................................................... 5 Antecedentes .................................................................................................................... 7 Planteamiento del problema .......................................................................................... 14 Objetivos .......................................................................................................................... 15 Objetivo General.......................................................................................................... 15 Objetivos específicos ................................................................................................. 16 Justificación .................................................................................................................... 16 Marco teórico .................................................................................................................. 18 Metodología ..................................................................................................................... 24 Tipo de investigación: ................................................................................................ 24 Participantes: ............................................................................................................... 26 Instrumentos: .............................................................................................................. 26 Procedimiento: ............................................................................................................ 27 Resultados ....................................................................................................................... 31 Discusión de los resultados .......................................................................................... 51 Conclusiones .................................................................................................................. 54 Referencias ...................................................................................................................... 57

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Apéndices ........................................................................................................................ 64 Apéndice 1. Consentimiento informado .................................................................. 64 Apéndice 2. Estructura de la entrevista .................................................................. 66

Lista de figuras Figura 1 ............................................................................................................................. 27 Figura 2 ............................................................................................................................. 28 Figura 3 ............................................................................................................................. 31 Figura 4 ............................................................................................................................. 34 Figura 5 ............................................................................................................................. 37 Figura 6 ............................................................................................................................. 39 Figura 7 ............................................................................................................................. 41 Figura 8 ............................................................................................................................. 43 Figura 9 ............................................................................................................................. 44 Figura 10 ........................................................................................................................... 46 Figura 11 ........................................................................................................................... 48 Figura 12 ........................................................................................................................... 50

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Resumen:

La presente investigación tuvo como objetivo describir las secuelas psicológicas y sociales en víctimas del conflicto armado del municipio de Mogotes a través de sus narrativas de vida. Se desarrolló desde un enfoque cualitativo con diseño narrativo, mediante entrevistas realizadas a cinco personas afectadas por la violencia. Los resultados evidenciaron afectaciones emocionales como miedo, tristeza, ansiedad y dolor por la pérdida de seres queridos, así como consecuencias sociales relacionadas con el desarraigo y la ruptura de proyectos de vida. Sin embargo, también emergieron procesos de resiliencia, fortalecimiento familiar y apoyo espiritual como mecanismos para afrontar las secuelas del conflicto. Se concluye que el conflicto armado dejó huellas profundas en la memoria individual y colectiva de las víctimas, pero también permitió procesos de reconstrucción emocional y esperanza hacia una convivencia más pacífica Palabras clave: Conflicto armado, secuelas psicosociales, resiliencia, memoria colectiva, víctimas.

Abstract:

The objective of this research was to describe the psychological and social consequences experienced by victims of the armed conflict in Mogotes through their life narratives. The study was conducted using a qualitative approach with a narrative design, based on interviews with five people affected by violence. The findings revealed emotional impacts such as fear, sadness, anxiety, and pain caused by the loss of loved ones, as well as social consequences related to displacement and the disruption of life projects. However, processes of resilience, family strengthening, and spiritual support also emerged as coping

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mechanisms. It is concluded that the armed conflict left deep marks on the individual and collective memory of the victims, while also encouraging emotional reconstruction and hope for a more peaceful coexistence.

Keywords: armed conflict, psychosocial consequences, resilience, collective memory, victims.

Introducción En Colombia, el conflicto armado interno ha sido un proceso histórico y social caracterizado por enfrentamientos entre grupos armados ilegales, fuerzas del país, generando múltiples consecuencias políticas, económicas y psicosociales en la población. A estos hechos de violencia se le denominó “conflicto armado”, el cual se ha desarrollado como un proceso extenso que ha marcado y ha generado graves afectaciones sociales, políticas y emocionales, al país, ya que no solo transformó los territorios, si no que ha dejado un legado de sufrimiento y padecimiento que se ha transmitido entre generaciones. Es así como las personas han sido víctimas de violencia física, social, psicológica y emocional. Según el informe ¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad del Centro Nacional de Memoria Histórica (2013), el conflicto armado ha generado profundas afectaciones sociales y emocionales en millones de colombianos.

Durante más de seis décadas de lucha por el poder, se ha presentado la confrontación entre grupos insurgentes, fuerzas especiales del Estado y actores armados ilegales, que han propagado desplazamientos forzados, vulneración a los derechos humanos que generan una afectación, directa o indirectamente, la seguridad de los individuos, su dignidad, justicia y la paz de los habitantes. De esta manera, la

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violencia ha tenido un impacto significativo en la memoria individual y colectiva de las poblaciones afectadas. Como señala Pécaut (2001) & Sanchéz (2019), la violencia en Colombia no solo se manifiesta en los hechos armados, sino también en las huellas simbólicas y emocionales que configuran la identidad colectiva de las comunidades. En el municipio de Mogotes Santander, se evidenció un escenario representativo de violencia mediante el análisis de hechos históricos que se han reflejado y repercutido en los relatos del conflicto armado en la comunidad, quien ha sido caracterizado por la lucha constante de un pueblo que vivió momentos de tensión y enfrentamientos que alteran la cotidianidad de sus habitantes, afectando las relaciones sociales, la estabilidad emocional, la paz, y la percepción de un entorno libre de conflicto, como: La presencia en la década de 1990 del Ejército de Liberación Nacional (ELN) generó hechos de violencia, intimidaciones y afectaciones directas a la población civil. Uno de los acontecimientos más recordados ocurrió el 11 de diciembre de 1997, cuando miembros del ELN realizaron una toma guerrillera en el municipio y secuestraron al alcalde recién elegido, ocasionando además enfrentamientos armados y víctimas civiles y policiales Las experiencias de las víctimas y sobrevivientes en Mogotes permitieron comprender, mediante los recuerdos que comparten a través de sus relatos, como la violencia transformó su identidad personal y colectiva, las dinámicas familiares, las formas de convivencia y el posible desarrollo local.

En este proyecto de grado se buscó comprender, desde la perspectiva subjetiva de cada persona, las consecuencias psicológicas y sociales del conflicto armado, considerando procesos fundamentales como la resiliencia y el perdón. De esta manera, se pretendió aportar en la creación de un recuerdo colectivo que pueda servir como

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canal para aquellas voces que no fueron escuchadas en el pasado, y que hoy alzan su voz para darle la importancia y el valor que realmente merecen. Antecedentes

Durante el transcurso de la historia, Colombia ha adoptado diferentes formas de confrontación que han perjudicado el desarrollo político, social y cultural. Según Bernal y Moya (2006): la guerra se ha convertido en una historia de la vida nacional. Colombia ha estado en un debate constante con los enfrentamientos civiles del siglo 19 y aquella violencia ejercida por los grupos guerrilleros en contra de la ley, los narcotraficantes y los grupos criminales de los siglos 20 y 21, lo que plasma una experimentación en desequilibrio político, institucional y social de un tiempo superior a los doscientos años. De acuerdo con lo anterior, Yeste y Fernández (2006) establecen que: el recorrido violento por el que se ha visto expuesto Colombia debió dar inicio en el siglo XIX. Esta situación se presentó entre 63 conflictos y “miniconflictos”, dicho evento logro alcanzar un pico por la “Guerra de los Mil Días”, quien se dio entre “1899 y 1903”, en la cual hubo un enfrentamiento por un tiempo superior a los tres años, donde los grupos de “partidos liberales” y “conservador”, causando más de “100.000” fallecimientos en una población con una cantidad inferior a tres millones de habitantes y asumiendo la pérdida de Panamá.

La violencia en Colombia incremento tras el fallecimiento del gran “Jorge Eliecer Gaitán líder del partido liberal”, quien falleció en abril de 1948. Se estima que cerca de

300.000 habitantes civiles fueron asesinados, especialmente campesinos, y cerca de

2,000,000 tuvieron que abandonar sus tierras y dirigirse a las ciudades; este suceso se le conoce como El Bogotazo.

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Desde ese momento, estalló una situación, definidia por divisiones internas dentro del grupo gobernante y una gran incapacidad para gobernar, contribuyendo al golpe que conllevo el poder al “general Gustavo Rojas Pinilla” desde el “13 de junio de 1953”. Por otro lado, en “1957” el régimen de “Roxas Pinilla” colapsó y este se reemplazó temporalmente por el “Consejo Cívico Militar” con restauración de un grupo organizado políticamente del estado. “El Frente Nacional”, surgió como un nuevo régimen quien se acordo por viejos oponentes de la política, marcó un cambio del poder entre aquellos grupos liberales y conservadores.

Desde la década de 1970, los conjuntos guerrilleros se han consolidado en Colombia. Ya en 1949 se constituyeron las primeras células móviles guerrilleras y de autodefensa campesina, pero 2 décadas después se conformaron tres conjuntos guerrilleros quienes jugaron un papel decisivo sobre los testimonios de los enfrentamientos armados: las “Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)”, con raíces campesinas y guía comunista; el “Ejército Popular de Liberación (EPL)” declara una guía maoista; y el “Ejército de Liberación Nacional (ELN)”, fundado bajo la influencia de la “Revolución Cubana” e impulsado por el movimiento estudiantil. El Observatorio del “Centro Nacional de Memoria Histórica” (2018) estableció

353.531 situaciones de violencia, entre los cuales, la guerra que dejó aproximadamente

80.514 personas desaparecidas (quienes 70.587 se encuentran desaparecidos), 37.094

víctimas de secuestro, 15.687 víctimas de violencia sexual y 17.804 menores de 18 años reclutados.

Los números cubren 10 tipos de violencia en los conflictos armados: acciones militares, ataques urbanos, ejecuciones, masacres, ataques terroristas, secuestros, desapariciones forzadas, violencia sexual, destrucción de casas civiles, reclutamiento y

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explotación de niñ@s. jóvenes, bombas antipersonal y municiones sin detonar. Del total de personas asesinadas como consecuencia de estas 10 acciones, 94.754 eran miembros de fuerzas paramilitares, 35.683 eran guerrilleros y 9.804 eran agentes del gobierno.

La victimización en Colombia incluye asesinatos contra comunidades, desplazamientos de población, trituración, malos tratos, humillantes e inhumanos, secuestros en pandillas en parte de tácticas de enfrentamiento, desapariciones forzadas, tomas armadas de diversos grupos poblacionales, masacres masivas de civiles, desplazamientos masivos forzados, crímenes contra la libertad y la integridad sexual y violencia de género, minas antipersonal, reclutamiento y abandono forzado o expropiación forzosa de tierras (Ley No. 12). 1448 de 2011; Unidad de Atención y Reparación Integral a las Víctimas

(UARIV), 2012).

Esta hazaña de victimización se clasifica como delitos que atentan en oposición a la vida, autonomía y ética, sobrellevando a la “crisis humanitaria y de derechos humanos”, en varios sectores y ciudades del país. Las consecuencias que se han provocados por el maltrato se cuantifican en: “traumas, morales, políticos y socioculturales” (CNMH), 2013).

En acuerdo con el “Centro Nacional de Memoria Histórica” (2013), el combate o conflicto no puede entenderse únicamente como un enfrentamiento armado, sino como un gran entramado de múltiples actores como: asociaciones guerrilleras, en contra de los militares, y narcotráfico que interactuaron en contextos locales, configurando dinámicas diferentes de violencia.

En este sentido, el “conflicto armado” ha provocado diferentes secuelas durante narración de vida de los habitantes de un país como Colombia. A lo largo de los años se

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ha tomado la decisión de indagar los procederes y las consecuencias que han generado impactos en esas personas que fueron víctimas y se vieron involucrados en el “conflicto armado”.

En este marco de afectaciones y búsqueda de comprensión sobre las huellas dejadas por la violencia, resulta importante mencionar el trabajo de “Domínguez De la Ossa y Alean Romero (2020)”, titulado “Narrativas para la emergencia del perdón, la reparación y la reconciliación en víctimas del conflicto armado en Colombia”, desarrollado en Cartagena en el cual participaron 40 individuos que han sido consecuentes del conflicto armado. Los resultados mostraron que, aunque cuando las víctimas reconocen el perdón como una vía para aliviar su dolor, este depende de factores como la “reparación de los daños”, el acto de arrepentimiento por parte de los agresores y el esclarecimiento de la verdad.

Siguiendo este rango en la forma de pensar, en el estudio de Peltier-Bonneau y Schwartzberg (2019) titulado “Transformación emocional en víctimas del caos armado hacia la reconciliación en Colombia” se analizó un lugar de las emociones en el acuerdo preliminar de paz de Colombia a partir de la ejecución del canal Escuela de “Perdón y Reconciliación (Espere)”. Se destacó que otorgar un lugar central a las emociones es clave para la reconstrucción, pues estas se configuran a partir de experiencias, narrativas y vínculos sociales.

Otra investigación relevante es la de “Albarracín Cerquera y Contreras Torres (2017) La fuerza de las mujeres: un estudio de las estrategias de resiliencia y la transformación en la ocupación humana de mujeres víctimas del conflicto armado de Colombia”. La cual identificó estrategias de fortaleza y aguante delante de una

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conversión de la vida en mujeres que han sido perjudicados por el “desplazamiento forzado”.

Aquí se desarrolló un enfoque cualitativo con 4 mujeres mayores de edad 18 años, que residen en Bogotá, que además de haber sido desplazadas también relataron experiencias de “violencia sexual, torturas, amenazas, homicidios y desapariciones forzadas” que afectaron de una manera significativa sus roles cotidianos, su participación comunitaria y sus actividades de disfrute. A partir de diálogos semi estructurados, y de ejercicios de indagación corporal a través de la danza, se evidenció que las principales estrategias resilientes se relacionan con el cuidado y la motivación que representan sus hijos, la espiritualidad y los proyectos de vida. En conclusión, el conflicto armado transformó de manera profunda la vida de estas mujeres, generando pérdidas materiales, emocionales y sociales, pero que también pese a la adversidad han logrado reconstruir su vida, su identidad femenina desde su fuerza y su lucha (Albarracín Cerquera & Contreras Torres, 2017).

Asimismo, Madrigal & Sanchez (2013) desarrollaron “Las memorias de conflicto armado y la violencia en Colombia”, donde se identificó que el conflicto interno constituye un escenario donde se gestan múltiples memorias, convirtiendo a las víctimas en sujetos políticos que transforman la memoria en un acto de resistencia social.

Cuando los individuos que se encuentran expuestos a ser participantes, principalmente víctimas del conflicto armado rechazan las emociones provocadas por el crimen, se observa que se produce un fenómeno llamado “somatización”, revelando una falta de resiliencia personal. En este sentido, se analizó la participación de femeninas con descendencia afro entre diecisiete y sesenta y cinco años por medio de los

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procesos de perdón y reconciliación impulsados gracias a la “Fundación Reconciliación”, destacando que, frente a los traumatismos ocasionados por la violencia, muchas tienden a encerrarse en sí mismas o en círculos reducidos lo que limita la construcción de nuevas relaciones.

La metodología narrativa evidenció que otorgar un lugar central a las emociones es clave en el proceso de reconstrucción, pues estas no son sólo internas, si no que se configuran también a partir de las experiencias, los recursos narrativos y los vínculos sociales. Compartir sus historias permitió no solo un primer paso hacia la sanación individual, sino también la construcción de un espacio público de memoria y humanización, donde estas narrativas individuales se convirtieron en un aporte social (Peltier-Bonneau, L., & Szwarcberg, 2019 ; Fundación para la reconciliación, s.f.). De igual forma, en esta búsqueda constante de historias, Madrigal & Sánchez en (2013), denominaron su investigación “Las memorias del conflicto armado y la violencia en Colombia”, dividida en dos partes: reflexiones teóricas sobre la memoria, seguidas de aproximaciones a las relaciones con el “conflicto armado” y una indagación del desarrollo del concepto de victimización; y una visión general de las experiencias de reubicación de la memoria en Bogotá, especialmente en Ciudad Bolívar. Gracias a esta investigación realizada en Bogotá, se identificó que especialmente, en Colombia el conflicto armado interno constituye el escenario donde se gestan múltiples memorias, convirtiendo a las víctimas en sujetos políticos que, desde sus experiencias de dolor, transforman la memoria en un acto de resistencia social. En estos dos importantes territorios nacionales se identificó que estas memorias se han consolidado en una identidad local y colectiva, que resguarda las huellas del conflicto armado, manteniendo viva una memoria significativa que da sentido a la comunidad y que resalta la importancia de escuchar las voces de quienes han vivido la violencia.

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Los antecedentes revisados evidencian que el sufrimiento causado por la violencia también ha generado escenarios de resiliencia, memoria y transformación social, cómo se identifica en el trabajo realizado por “José Edward Arroyo Angulo” (2013), denominado “Impacto psicosocial del conflicto armado en familias víctimas de Buenaventura. (estudio de tres casos en Buenaventura)”, donde se buscó averiguar las consecuencias socioemocionales sobre los familiares que son víctimas. Este estudio, concebido como un compromiso ético – profesional, intentó entender una situación complicada y problemática en busca de plantear una solución por medio de pistas. La investigación se centró en recuperar las narrativas de sucesos de tres víctimas del conflicto armado en Buenaventura, pertinentes a unas familias rurales numerosas que sufren hechos violentos destinados a infundir terror y controlar el territorio, lo que obligó al desplazamiento y reconstruir su vida en contextos desconocidos para ellos. La investigación buscó identificar los impactos psicosociales de la violencia, el sufrimiento emocional, y las afectaciones a la dignidad, pero también explorar sobre su resiliencia, la capacidad de afrontamiento y la lucha de estas víctimas por reconstruirse. En conclusión, se observó que el conflicto armado no solo dejó secuelas materiales y emocionales profundas, sino que también abrió caminos para reconocer que las víctimas pudieron reorientar su vida y aportar de forma positiva al país. Arroyo Angulo, J. E. (2013). Teniendo en cuenta lo anterior desde el enfoque psicológico Baro, Samayoa, Kornfeld, y Rozitchner (1990) establecen factores externos e internos de la guerra que ocasionan daños significativos en la salud mental y emocional de individuos o grupos colectivos, como: Trauma psíquico, deshumanización y represión.

Referente a Mogotes, se presentó una toma guerrillera del ELN que tuvo lugar en diciembre de 1997; los "elenos" secuestraron al alcalde de ese entonces. Estos

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hechos llevaron a que al año siguiente, 1998, la Iglesia Católica, desde obispos hasta párrocos, junto con dirigentes de la ciudad y otras autoridades, convocaran al pueblo a formar un ayuntamiento en señal de rechazo y protesta contra la agresión y consecutivas intimidaciones a las personas del territorio.

El primer reconocimiento a este tipo de iniciativas de paz se lo llevó el municipio en 1999, cuando por unanimidad se le otorgó al “Pueblo Soberano de Mogotes el primer Premio Nacional de Paz, como ejemplo de una auténtica cultura de paz" (Redepaz, 2005). Mogotes como antecedente y referente, inspiró un sinnúmero de procesos territoriales, entre ellos los de “Mico ahumado” y “Tarso”; también fue una estrategia destacada por los firmantes del “Acuerdo de Paz” en 2021 ante “Jurisdicción Especial para la Paz” un reclamo por mejores condiciones de seguridad personal. Planteamiento del problema El “conflicto armado en Colombia” ha dejado repercusiones significativas en las víctimas por conflicto armado de “Mogotes Santander”. El 11/12/1997 a las 4 de la tarde el frente “Efraín Pabón Pabón del Ejército De Liberación Nacional del (ELN)” realizó una toma armada que marcó un antes y un después en la memoria histórica de este municipio. En este hecho fueron asesinados tres agendes de la policía y dos funcionarios municipales; además el alcalde de la época, Dorian Giovanny Rodríguez, fue secuestrado junto con miembros de su familia. Toda la población cae en un estado de terror y desconcierto ocasionado por los hechos violentos y además por la presión de las amenazas que comenzaron a cernirse sobre las personas (Redepaz,2002). En Colombia 1096 municipios del país y 569 fueron testigos de tomas guerrilleras del año 1968 al 2015 donde el ELN realizó 228 ataques y 95 tomas, las FARC llevaron a cabo 717 ataques y 389 tomas. Aunque la comunidad impulsó

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iniciativas de resistencia civil como lo es la Asamblea Municipal Constituyente de 1998, el 20 de agosto del año 2000 los hechos de violencia continuaron con el homicidio de 4 personas, sumados los desplazamientos forzados.

La unidad de víctimas de Santander, entre mayo y junio de 2024, indemnizó con $7.293.000 hacia los perjudicados por el “conflicto armado” por 35 localidades del país, incluyendo Mogotes. Como se evidencia anteriormente en los recuerdos históricos del conflicto armado, la diversidad de situaciones vividas violentas ha dejado marcas psicológicas, emocionales y sociales en los habitantes que son los perjudicados por esta clase de conflicto. Según Ortega (2008), “los recuerdos dejan secuelas profundas, perturbando la cotidianidad de las víctimas y modificando sustancialmente sus formas de vida, sus creencias, sus certezas y sus sueños”, por lo tanto, cabe resaltar que de acuerdo a Judith Herman (1992), el trauma psicológico es la respuesta emocional producida por acontecimientos violentos o amenazantes que sobrepasan la capacidad de afrontamiento de la persona y dejan consecuencias duraderas en su bienestar emocional y social. Por consiguiente, dentro del presente estudio, surge la siguiente pregunta:

¿Qué secuelas psicológicas y sociales ha dejado el conflicto armado en las personas víctimas del municipio de Mogotes- Santander?

Objetivos Objetivo General Describir las secuelas sobre las personas víctimas del conflicto armado del municipio de Mogotes -Santander, por medio de sus narrativas de vida.

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Objetivos específicos Recuperar, a través de la narración, las experiencias y formas de vida vinculadas al conflicto armado vivido en el municipio de Mogotes. Analizar aquellas consecuencias a nivel psicosocial que presentan las víctimas del municipio de Mogotes.

Elaborar una memoria colectiva sobre las consecuencias que ha permanecido debido al conflicto armado del municipio de Mogotes en la vida de las víctimas, como aporte al entendimiento de las secuelas que ha dejado la guerra en la existencia de los individuos y la comunidad.

Justificación El “conflicto armado en Colombia” ha sido un enfrentamiento con mayor perduración de América Latina, con graves consecuencias sociales, económicas y emocionales para millones de personas que han sufrido hechos victimizantes como desplazamiento forzado, desapariciones, algún tipo de violencia y homicidios “Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) ,2013”. A comienzos del siglo XX, surgieron diversas confrontaciones entre el grupo liberal y conservador, las muertes, y la crueldad fueron la petición en aquellos días. Como se mencionó anteriormente en los antecedentes, la ejecución del postulante presidencial liberal “Jorge Eliecer Gaitán”, ocurrido el 9 de abril de 1948, provocó gran magnitud de tragedias violentas en Bogotá, conocida hoy como el “Bogotazo”, y en poco tiempo se amplió a gran parte de Colombia. En esa prolongación de guerras se dio el surgimiento de guerrillas contemporáneas, conformado por grupos armados de defensa campesina en algunas en algunas regiones del territorio nacional. Inicialmente, tuvieron el objetivo de defender

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sus tierras y sus comunidades de la violencia y la opresión, sin embargo, con el pasar del tiempo estas organizaciones buscaron derrocar el Estado Colombiano y establecer un gobierno socialista.

En la necesidad de conformar estos grupos se iniciaron las guerrillas más conocidas, en las cuales se trata de las “Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia

- Ejército del Pueblo (FARC-EP), el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el Ejército

Popular de Liberación (EPL) y el Movimiento 19 de Abril (M-19)”. Con la ilusión y esperanza de poder y derrota estos grupos a pesar de los años no miden el daño irreparable que pueden provocar, generando secuelas severas en civiles inocentes quienes pagan las consecuencias.

Estos hechos no solo han transformado el diario vivir de las comunidades, sino que también se han desarrollado impactos psicológicos y sociales profundos que afectan la dignidad, los vínculos sociales y la capacidad de desarrollo de las víctimas (Gonzáles, 2014). A lo largo de los años, distintas generaciones han transmitido los recuerdos del conflicto armado a través de relatos que dan cuenta del dolor, la pérdida y la resistencia vivida en sus territorios, así mismo, dichas narraciones dan pie para acceder a aquellas huellas emocionales, sociales y culturales que han dejado a lo largo su vida. “La investigación narrativa enfoca su atención en la interpretación y entendimiento profundo de experiencias y significados que están presentes en las historias que se cuentan” (Ramsay, 1998); por medio de los individuos dan forma a verdad y el mundo en el que habitan. A partir de ahí a que esta investigación se haya orientado desde un enfoque narrativo, buscando comprender el mundo a través de las historias, reflejado como un camino para que las voces sean escuchadas y conocer la profundidad de estos relatos y su impacto en la vida individual y comunitaria. Terapeutas encuentran la oportunidad de afrontar y superar diversos fracasos, formar y

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demostrar aquellos principios y aficiones intereses de nuestro tiempo; además de mostrar que significan estas experiencias para el futuro. (Walsh, 2004). Según Infobae (2022) el municipio de Mogotes ha sido escenario representativo de las experiencias del conflicto armado como: la toma guerrillera el “11 de diciembre de 1997”, al frente “Efraín Pabón Pabón del ELN”, con más de 150 guerrilleros, para un realizar un “juicio revolucionario” contra el alcalde municipal. La violencia resurgió en el año 2000 cobrando la vida de 4 personas, 3 de ellas de una misma familia, poco tiempo después, en 2002, fue asesinada la religiosa Marta Inés Vélez Serna, dejando una huella de miedo e incertidumbre durante años en la población.

Lo sucedido en esta comunidad evidencia que la violencia no distingue territorios y que, aunque sean poblaciones pequeñas donde se piensa que estos hechos no podrían ocurrir, la dinámica del conflicto también irrumpe de manera significativa. Es por esto, que, al tratarse de un lugar cercano y conocido por sus pobladores, resulta pertinente centrar la investigación en esta comunidad, con el objetivo de recuperar y comprender las historias de quienes han sufrido estos acontecimientos, reconociendo las secuelas, la forma de resistencia y reconstrucción que han emergido de estas experiencias. Si bien múltiples investigaciones han documentado los impactos de la violencia, se hace necesario continuar profundizando en los efectos psicosociales que el conflicto genera en contextos locales específicos, dado que cada territorio configura dinámicas particulares de afrontamiento y reconstrucción (Pizarro, 2017).

Marco teórico Violencia: Conceptualización y dimensiones psicosociales

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“La Organización Mundial de la Salud” (OMS, 2002) establece la violencia como: El empleo intencional del exceso de poder o autoridad ya sea verdadera o amenazante, hacia la misma persona u otras, así como un circulo de individuos que provoque heridas físicas, asesinato, deterioro mental o privaciones. (pág. 3) En este sentido, y siguiendo a Vygotsky (1979), se debe enfatizar que la esfera social (interpsicológica) forma la base de la personalidad (intrapsicológica), que se ocupa esencialmente de los procesos psicológicos e interacciónales. Teniendo en cuenta lo anterior, respecto de las conductas violentas que se encuentran entre los adolescentes. En relación con lo anterior “Gómez Acosta, (2014)”, reconoce que varios sectores de unión en ellos son capaces de causar aglomeración de actos violentos. Aplicado al contexto de la guerra, el enfoque sociocultural permite comprender que las afectaciones psicosociales del conflicto armado no son traumas puramente individuales, sino el resultado de la interiorización de un entorno violentado. Cuando los adolescentes crecen inmersos en dinámicas conflictivas, los significados, símbolos y pautas de relación disponibles en su entorno social están mediados por el uso de la fuerza; en consecuencia, estas lógicas colectivas se internalizan, configurando sus procesos subjetivos, su identidad y sus formas de interactuar.

El conflicto armado colombiano Según la Alcaldía de Caldono (2017), “El conflicto armado en Colombia comenzó hace seis décadas y continúa teniendo un profundo impacto en los civiles, directa e indirectamente”.

En Colombia, “el conflicto armado interno” comenzó con la década de 1950 y continuó hacía varias localidades, como lo demuestran las constantes luchas militares entre grupos que tuvieron lugar en todo el país. Esta situación ha creado dinámicas

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sociales, políticas, familiares y personales continuas y complejas para todas las personas del centro nacional de memoria histórica (CNMH, 2013). La historia del “conflicto armado en Colombia” durante más de 50 décadas ha revelado muchas causas, como el enfrentamiento entre el “Partido Liberal y el Partido Conservador” delante de la integración de la Nación, desigualdades socioeconómicas llevaron a un aumento de los conflictos y deterioros mentales. “(Castañeda y Camargo, 2018; Centro Nacional de Memoria Histórica). (CNMH), 2013; Comisión Histórica sobre el Conflicto y sus Víctimas, 2015), el aumento de la polarización y el riesgo de enfrentamientos violentos (López, 2016), así como los niveles de desplazamiento forzado (Ministerio de Salud y Bienestar Social” (MiniSalud), 2015). Según UARIV, a octubre del 2013 se habían identificado 5.845.002 víctimas. “Estadísticas del Instituto Nacional de Medicina Legal (INMLCF, 2012)”, relatan una gran magnitud de perjudicados y perpetradores de agresión en Colombia son personas que rondan en 15 y 35. En base a la Norma N° 1448 de 2011, los perjudicados son: “Las personas que hayan sufrido daños individuales o colectivos como consecuencia de hechos ocurridos desde el 1 de enero de 1985, como consecuencia de violaciones del derecho internacional humanitario o como consecuencia de violaciones graves y flagrantes de las normas internacionales de derechos humanos cometidas durante conflictos armados internos”. (pág. 9) Los incidentes de victimización en Colombia incluyen asesinatos contra comunidades con la intención de: “expulsarlas, torturas, tratos crueles, degradantes e inhumanos, secuestros y secuestros en pandillas como parte de tácticas de guerra, desapariciones forzadas, tomas armadas de diversos grupos poblacionales, masacres masivas de civiles, desplazamientos masivos forzados, agresiones, masacres y

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asesinatos, crímenes contra la libertad, la integridad sexual y la violencia de género, minas antipersonal, reclutamiento forzado de menores y abandono forzado. o confiscación de tierras (Ley 1448). de 2011; UARIV, 2012)”. Dichos abusos constituyen crímenes que atentan hacia la vida, la dependencia y la tranquilidad, y provocan una “crisis humanitaria y de derechos humanos” en algunas partes de Colombia. Adicional a esto, “La violencia puede ser de muchos tipos diferentes. La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2003) en su informe global sobre violencia y salud identificó tres tipos principales de violencia: violencia autoinfligida, violencia interpersonal y violencia colectiva, incluida la violencia colectiva, toda violencia cometida por grandes grupos como estados, fuerzas ilegales y organizaciones políticas y terroristas”. En este informe, la sección de “violencia colectiva” se propone en tres subcategorías: violencia social, política y económica. En todos los casos, “la violencia en todas sus formas conduce a consecuencias devastadoras para quienes directa o indirectamente son objeto de violencia, de las cuales las más obvias y reconocibles son las lesiones físicas, psicológicas y espirituales (Mollica, 1999; Silva García, 2009; Alonso, J., Ballesteros,J.,Fernandèz-Lira, A., Larizgoitia, I., Izarzugaza, I., Markez, I.,Moreno, F., Fernández, I., Iraurgi, I., Larizgoitia, A.,D. Paez., A. Retolaza, ,2011), sin embargo, La exposición a la violencia puede influir, a veces sin querer, en muchos procesos psicosociales que pueden alterar el desarrollo individual” (Guerra & Dierkhising, 2012).

Según la “Red Nacional de Información (2017)”, al 1 de noviembre de 2017, el conflicto armado en Colombia ha generado más de 8,5 millones de víctimas y diferentes tipos de daños en el país. “El Grupo de Memoria Histórica (2013)” divide los daños causados por el “conflicto armado en Colombia” en cuatro categorías: daño emocional y psicológico, daño moral, daño político y daño sociocultural. Las lesiones emocionales y

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psicológicas afectan la salud mental de las víctimas porque las situaciones que enfrentan en el contexto del conflicto dejan heridas mentales difíciles de sanar. Hombres, mujeres, niños, jóvenes y ancianos presenciaron asesinatos de familiares, torturas, intimidaciones, encarcelamientos, reclutamientos forzados, ataques al cuerpo y a la dignidad, así como la pérdida de riquezas materiales y culturales. Estas situaciones dejan profundas cicatrices emocionales y dañan los recursos mentales de la víctima. Entre ellas, el miedo es una de las emociones más frecuentes y comunes en la sociedad. El miedo paraliza y humilla a la persona, y le impide continuar con las actividades de la vida, como salir de casa, salir a caminar por el campo, reunirse con amigos, además de limitar el surgimiento y fortalecimiento de iniciativas familiares y sociales, como proyectos industriales o culturales. Además del miedo, las víctimas también experimentan angustia, ira e impotencia, culpa y una variedad de emociones que indican los efectos emocionales y psicológicos de estar expuestos a situaciones horribles que exceden la capacidad de hombres y mujeres para afrontar estos eventos. Los síntomas más comunes de daño psicológico informados por las víctimas son alteraciones del sueño, depresión, angustia y coma (GMH, 2013). De acuerdo al párrafo anterior se puede evidenciar una afectación significativa sobre la salud mental de las víctimas de conflictos armados. Según (Campo-Arias, Oviedo y Herazo (2014), puede considerarse un problema de salud pública porque afecta significativamente la psicología y calidad de vida de las víctimas no solo a nivel individual sino también a nivel familiar, comunitario e institucional. En línea con lo anterior, el Estado ha desarrollado estrategias de atención basadas en la Ley No. 1448 de 2011 o Ley de Víctimas, como el programa de atención psicosocial y salud integral a las víctimas (PAPSIVI), para todas las personas afectadas por el conflicto armado interno en Colombia, encaminadas a la efectiva implementación

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de sus derechos a la verdad, la justicia y la reparación con la garantía de no repetición (Ley 1448 de 2011).

Apoyo social y salud mental en víctimas del conflicto armado Según el Ministerio de Salud y Protección Social (s.f.), el programa Papsivi es un conjunto de acciones, procedimientos e intervenciones intersectoriales que permiten a diferentes actores abordar las consecuencias psicosociales y los daños a la salud física y mental de las víctimas derivados o relacionados con el conflicto armado a nivel individual, familiar y comunitario (incluidos los actores de reparaciones colectivas) con miras a aliviar su sufrimiento mental, promover la recuperación física y espiritual y reconstruir el tejido social de sus comunidades. Muñoz (2000) sostiene que el apoyo social es una categoría utilizada en el contexto de la salud. Se refiere a una práctica de cuidado basada en el intercambio de relaciones entre personas y se caracteriza por expresar sentimientos, aceptar o apoyar el comportamiento de otra persona y brindarle ayuda simbólica o material.

El apoyo social es un concepto que incluye varios aspectos: (a) apoyo emocional, que es la oportunidad de compartir sentimientos, pensamientos y experiencias personales; (b) asesoramiento, que incluye la orientación necesaria para orientar las estrategias de afrontamiento emocional y conductual ante las exigencias y demandas ambientales, y (c) apoyo instrumental, entendido como la prestación de apoyo material directo o servicios que la red de apoyo puede brindar a los residentes de Gracia, Herrero y Musitu (citado en Méndéz y Barrera 2008).

Según Pérez, J.M. y García, L. (2018) Las investigaciones muestran que las personas en riesgo o afectadas por violaciones de sus derechos fundamentales, por ejemplo, víctimas de conflictos armados, que se sienten apoyadas por amigos y

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familiares, se caracterizan por niveles más bajos de depresión y ansiedad y una mayor autoestima. Esto les permite resolver los problemas cotidianos de la forma más adecuada, al tiempo que les proporciona mejores condiciones para afrontar situaciones amenazantes que, como en el caso de las víctimas, el entorno les puede presentar. Por lo tanto, el estudio del apoyo social percibido se posiciona como un concepto con gran potencial para contribuir a la comprensión de la salud mental de las víctimas en Colombia y se determina a evaluar el apoyo social percibido de las poblaciones víctimas del conflicto armado en municipios colombianos que han recibido determinada asistencia y reparación según la Ley N° 1448 de 2011.

Memoria histórica y narrativas Según Sandoval (2010), citando a Gergen (1976), señalan que la memoria que interviene a través de narrativas, ya sean significativas individual o colectivamente, contribuye a comprender la construcción de realidades sociales que influyen en los procesos de identidad y puede utilizarse para desarrollar estrategias de acción psicosocial.

Metodología Tipo de investigación:

La investigación cualitativa es un enfoque importante en diversas disciplinas académicas porque tiene como objetivo comprender y explicar los significados, las experiencias y las realidades sociales de las personas en sus entornos naturales. Los diseños de investigación cualitativa a menudo incluyen la recopilación de datos mediante métodos como entrevistas, observaciones, grupos focales o análisis de documentos históricos. Estos métodos permiten a los investigadores recopilar información descriptiva

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detallada sobre las perspectivas, experiencias y contextos de los participantes. Se utiliza ampliamente en ciencias sociales, psicología, antropología y otros campos donde las experiencias e interpretaciones subjetivas son de interés.

Siguiendo las ideas de Merriam y Tidell (2016), se puede argumentar que la investigación cualitativa está interesada en comprender: cómo las personas interpretan sus experiencias; cómo construyen su mundo o entorno; y el significado que aportan a cada uno de ellos. Esta investigación es cualitativa por que se enfocó en comprender la complejidad social, histórica y humana que hay detrás de un fenómeno tan significativo como es la violencia, a través del análisis de contextos, experiencias y significados. Este método es crucial para entender y analizar las causas dinámicas y consecuencias, así como para brindar voz a las víctimas involucradas.

El diseño metodológico determinado para esta investigación es narrativo con enfoque cualitativo. Se centra en examinar las historias de vida, las experiencias y las trayectorias personales de individuos o grupos. La investigación narrativa se basa en el supuesto de que los humanos organizan su conocimiento y aportan coherencia a sus vidas a través de historias. Esta perspectiva no sólo registra hechos, sino que también explora la dimensión subjetiva de la experiencia humana, revelando procesos de identidad, memoria y contexto sociocultural. A través de estas historias, el investigador muestra cómo las personas crean significado y dan sentido a sus experiencias.

Dicha investigación adoptó un diseño narrativo por que se buscó dar voz a quienes han vivido el “conflicto armado”, explorando a través de sus narraciones de vida aquellas huellas emocionales, psicológicas y sociales que este fenómeno ha dejado. Cada participante tiene una historia de vida diferente, y se propuso comprender como se reconstruyeron por medio de sus testimonios.

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Participantes:

Los participantes del presente proyecto fueron 5 personas conformadas por hombres y mujeres de edades entre 36-96 años que participaron voluntariamente, los cuales pertenecen a familias que fueron afectados por el conflicto armado en el municipio de Mogotes años atrás, que a través de relatos narrativos nos compartieron sus vivencias durante y después de la violencia, con el propósito de conocer las huellas, el impacto y las transformaciones que este fenómeno dejo y prolongo en sus historias personales y familiares. Como resultado de este estudio se realizó un documental narrativo que da testimonio a los hechos mencionados ocurridos, fortaleciendo la reconstrucción de las historias desde sus propias voces.

Instrumentos:

Como herramienta de recolección de datos se empleó una entrevista de tipo narrativa, donde se implementó nueve preguntas abiertas que favorecieron la narración de experiencias y la libre expresión de los participantes, la cual fue validada por método de pares evaluadores, permitiendo obtener información profunda y contextualizada sobre sus vivencias. Cada pregunta fue diseñada para indagar en las repercusiones emocionales, psicológicas y sociales que las experiencias del conflicto armado dejaron en sus vidas. Esta investigación se realizó bajo la aplicación del consentimiento informado para la recopilación de datos sensibles de las grabaciones que posteriormente fueron transcritas y analizadas y de esta manera seleccionar las narrativas pertinentes del estudio.

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Procedimiento:

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Nota: En la figura anterior se presenta el proceso metodológico de recolección y análisis de narrativas sobre víctimas del conflicto armado en Mogotes.

Figura 2.

Figura 2

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(página sin texto)

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Nota: En este esquema se muestran las categorías que componen la entrevista aplicada a la muestra del estudio.

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Resultados Figura 3.

Nota: En esta figura se evidencia las percepciones sobre el cambio y la experiencia vivida en Mogotes.

Los resultados en la categoría de transformación (P1.1) nos muestran que los participantes señalan un cambio y diferencia notables entre un pasado de violencia y un presente con más calma en el municipio de Mogotes. Se reconoce una perspectiva positiva ante la seguridad actual, destacando que la reducción en la presencia de actores armados y la recuperación de la tranquilidad han posibilitado consolidar el desarrollo social y Figura 3

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comunitario. No obstante, se observa que este cambio no supone el borrón y cuenta nueva, pues la violencia dejó marcas emocionales muy profundas en gran parte de las familias, lo que la memoria una y otra vez y continúa latente en el sentir colectivo. La violencia vivida se rememora como un tiempo difícil al que se pudo poner fin en materia de seguridad, pero que se mantiene como una herida emocional que conforma la historia identitaria del municipio.

En la subdivisión de creencias (P1.2), los datos demuestran que el dolor por la pérdida de los seres queridos conduce a un sentido de búsqueda continua para encontrar un sentido y explicación a sus hechos vividos. La fe y la creencia en una justicia divina son dos mecanismos interpretativos del sufrimiento que le otorgan a la persona respuestas donde la razón humana no se encuentra en condiciones de entender totalmente lo acontecido. Se muestra que la espiritualidad se constituye en un recurso emocional relevante para enfrentar la injusticia y resignificar la pérdida, ubicando a Dios como figura de justicia y del equilibrio moral. Esta categoría indica que el sufrimiento y la conmoción son pasajeras, hay una profunda necesidad de interpretar el acontecimiento tan desde un plano trascendental que les permita mitigar la carga emocional.

Acerca de la categoría de relajación (P1.3), los resultados evidencian una concepción actual de paz, confiabilidad y sustentabilidad en el área. Los participantes expresan que Mogotes es ya un lugar para vivir y trabajar, donde ya no se tiene ese miedo tan constante que ponía la violencia. Poder salir a caminar, dejar que los hijos salgan sin miedo, y realizar los quehaceres diarios con tranquilidad, es una ganancia para toda la comunidad. Esta tranquilidad no significa simplemente la ausencia del conflicto armado, sino se traduce como la recuperación de la confianza social y, en general, un sentido de estabilidad para la vida cotidiana. Las raíces territoriales son fortalecidas y la esperanza se

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sostiene sobre un futuro más seguro para las generaciones venideras, por la paz percibida en el presente.

En conjunto, estas tres categorías permiten evidenciar que la experiencia del conflicto armado en Mogotes no solo dejó dolor y pérdida, sino también procesos de transformación social, reconstrucción emocional y fortalecimiento de la esperanza colectiva. La memoria de la violencia sigue presente, pero convive con una percepción de mejora, con la fe como soporte emocional y con una tranquilidad que representa la posibilidad real de reconstruir proyectos de vida en un entorno más seguro. Estos hallazgos muestran cómo la comunidad ha transitado desde el miedo hacia una nueva forma de habitar el territorio, sin negar el pasado, pero apostando por un presente más digno y pacífico.

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Figura 4.

Nota: La figura presenta las principales consecuencias emocionales, sociales y económicas que dejó el conflicto armado en la vida cotidiana de las víctimas participantes. Los hallazgos de la categoría impacto (P2.1) muestran que la violencia produjo una herida muy profunda en la niñez y la adolescencia de las personas entrevistadas, en particular debido a la pérdida de figuras significativas, como el padre. La realidad de la muerte violenta cambió de la noche a la mañana el día a día, imponiendo el paso de una época de juegos, recreo y tranquilidad a una época de miedo, responsabilidad y necesidad de sobrevivir. Se hace patente cómo la guerra interrumpió el curso natural de la niñez, y la preparación para cargas emocionales y económicas impensadas. El continuo temor, la estigmatización social y el alejamiento de algunas personas cercanas agudizaron el Figura 4

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sufrimiento, con un impacto emocional que dura toda una vida. La violencia no solo le quitó familiares sino la sensación de seguridad y estabilidad de la niñez. Los resultados del impacto (P2.1) muestran que la violencia produjo un daño traumático en niñas y niños y adolescentes de las y los entrevistados, particularmente por la ausencia de figuras significativas como la del padre. La experiencia de la muerte violenta modificó súbitamente la rutina, pasando de una etapa de juegos, recreación y calma a una marcada por el terror, las obligaciones y la necesidad de subsistir. Se ve cómo el conflicto interrumpió la niñez normal ya que impuso cargas emocionales y financieras para las que no había ningún tipo de preparación. Pero el constante miedo, la marginación social y en algunos casos los olvidos de algunos allegados profundizaron el dolor, dejando una marca emocional que atraviesa la vida. La violencia no sólo le robó familiares sino también la sensación de seguridad y la estabilidad que hay en la infancia.

Respecto a la categoría de desarraigo (P2.3), los resultados evidencian cómo la guerra impactó no solo en el ser sino también en las condiciones materiales a las que se habían acostumbrado y en los proyectos de vida de las familias. La presión de salir de una pequeña empresa y dejar atrás el éxito es una gran ruptura con la seguridad material y con las expectativas para el futuro. Este despojo crea un sentido de pérdida múltiple: no sólo económica, sino también del trabajo duro, la identidad como trabajador y la estabilidad que ofrece la red de apoyo social familiar. Pero también muestran un talante de reconstrucción que encuentra base en la fe, la familia, que les permite hacer cara a las adversidades y continuar el camino. La familia y la fe en Dios se manifiestan como elementos centrales para resignificar la pérdida y tener fuerzas para continuar.

En conjunto, la sociedad que aquí se permite entrever comprende que el conflicto armado generó una fractura en todos los ámbitos de la vida: afectó la niñez, transformó las

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relaciones entre los miembros de las familias, afectó la estabilidad económica y dio paso a duelos prolongados. Sin embargo, tiene también una fuerza resistente ligada a la familia, a la fe y a la firme idea de no rendirse ante la adversidad. Los relatos reflejan que las consecuencias de la violencia se mantienen, pero también revelan la fortaleza con la que los pobladores han intentado reconstruir su camino, honrando la memoria de quienes perdieron y encontrando vías para seguir.

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Figura 5.

Nota: En la figura anterior se evidencia el impacto emocional de la perdida y, al mismo tiempo, la resiliencia y fortaleza de las familias para seguir adelante después del conflicto armado.

Figura 5

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Los resultados obtenidos en la dimensión de apego (P3.1) demuestran que el conflicto causó una fuerte emoción negativa que combina tristeza, rabia e indignación por la muerte de múltiples familiares en un solo evento violento. La muerte del padre, los tíos y el devenir sufriente de la familia toda configuraron un síndrome traumático que impactó más allá de lo individual, afectando igualmente a la familia y a la comunidad. No obstante, además de ese dolor se manifestó la fortaleza y la resiliencia como formas de reacción ante la adversidad. A ello se sumó el consenso general de que, pese a la enormidad de lo sucedido, no permitieron que aquello definiera negativamente sus vidas; al contrario, se negaron a aceptarlo y dijeron que iba a ser una motivación para seguir adelante, para reconstruirse y para poder mantener su dignidad. De este modo, la lucha se configura como un proceso de cambio psíquico, en el que el dolor se convierte en un impulso que le permite asomarse al porvenir con la frente alta.

En la subcategoría Ansiedad (P3.2) Los resultados en esta subcategoría (P3.2) mostraron un dolor inflexible y emocionalmente profundo por la pérdida de hijos, en la que la tristeza se mantenía viva por el recuerdo constante, y había dificultad para superar la pérdida o el duelo. La ausencia no se siente superada, sino que como una herida abierta que se exacerba con el tiempo. La manifestación de que cada vez se echan más de menos a los seres queridos subraya que el sufrimiento no se atenúa de manera fácil o inmediata, sino que se asienta en la rutina diaria y se convierte en parte del proceso de reconstrucción emocional que implica la experiencia. La angustia se experimenta como una mezcla de pesar, vacío y negación por la dificultad para aceptar una pérdida tan significativa, sobre

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todo cuando los hijos habían sido vistos como una bendición y el foco afectivo de la existencia.

Figura 6.

Nota: La figura evidencia los impactos emocionales del conflicto, así como la resiliencia y capacidad de las personas para reconstruir sus vidas.

Figura 6

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Los resultados en la categoría de resistencia (P4.1) indican que los participantes reconocen la capacidad de convertir el dolor en fortaleza, como una de las principales enseñanzas que les dejó el conflicto. La pérdida de seres queridos y las vivencias traumáticas no fueron únicamente angustia y desgarro interior, sino también oportunidad para autoconstruirse emocionalmente y para mirar hacia otro futuro. Se considera resiliencia como la habilidad de adaptarse frente a la adversidad, sobreponerse a ella, y hacer del dolor una fuente de energía para el avance. La familia emerge como un elemento claves en este proceso, ya que el mutuo apoyo entre hermanos, madre, primos y otros familiares posibilitó hacer frente a la ausencia y mantener vigentes los proyectos de vida. Esta categoría denota que por más de la tragedia la unidad familiar y la voluntad de seguir se constituyen en una resignificación de la experiencia en fortaleza y superación. En la opción de dolor (P4.2), el sufrimiento por la pérdida es profundo, y su visión está marcada por la resignación y aceptación, esta última muy fundamentada en la fe. El dolor sigue siendo una vivencia que es de fondo en la vida cotidiana, sin embargo, la confianza en Dios es un apoyo para hacer frente a la vida. La resignación es más bien un olvidar, si como para poder vivir sin la ausencia y seguir con dignidad'. Por el contrario, en resentimiento (P4.3), emerge una continuidad de emociones muy fuertes hacia la sociedad y hacia aquellos que sufrieron. El resentimiento surge como una emoción difícil de explicar, pero muy profunda, que refleja heridas abiertas.

En último término, en tristeza (P4.4) se constata que la pérdida, el desarraigo y el despojo provocado de la familia y el lugar producen un dolor persistente que muta el modo de vida. La tristeza no solo estaría asociada a la ausencia de los seres amados sino también al desarraigo y a la pérdida de estabilidad individual y familiar y se convierte en una emoción permanente en los procesos de memoria y reconstrucción.

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Figura 7.

Nota: La figura muestra las experiencias emocionales frente al conflicto, evidenciadas en el sufrimiento y en el No-Perdón, generando dificultades para sanar. Los resultados obtenidos en la categoría sufrimiento (P5.1) permiten suponer que las vivencias del conflicto armado generaron una marca emocional profunda y duradera que no se borra del todo con el transcurso del tiempo. Los participantes saben que es difícil sanar completamente, ya que los recuerdos de la violencia, las pérdidas irreparables y las vivencias traumáticas siguen vivas en sus mentes y continúan provocándoles tristeza, desolación y un sin número de emociones contrapuestas. Sobre todo cuando esos hechos se produjeron durante la infancia, la incompresion de frente a Lo sucedido agravó el impacto emocional, dejando cicatrices que acompañan la vida adulta. El dolor que sufren Figura 7

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no es sólo un padecimiento por lo que han vivido, sino también una carga permanente que les obliga a ir aprendiendo a convivir con la memoria de la pérdida y con la necesidad de continuar andando a pesar del dolor.

En cuanto a la categoría no perdón, los resultados indican que todavía las heridas emocionales están abiertas. La manifestación abierta de no perdonar indica que el sufrimiento, enojo y la afectación emocional siguen vigentes y no se ha podido lograr una reconciliación interna con los sucesos acontecidos. Las discusiones sobre el no perdón se plantean como respuestas humanas ante experiencias de extrema injusticia y dolor, en las que la memoria mantiene viva la sensación de pérdida y actúa como un impedimento para soltar por completo el pasado. Esta categoría muestra que el perdón no es inmediato ni obligatorio, sino que es un proceso personal complejo que se ve influenciado por el tiempo, por la elaboración emocional y por la capacidad individual para resignificar el sufrimiento. Figura 8.

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Nota: En la figura anterior se evidencia la unidad familiar como fuente de apoyo, fortaleza y esperanza, permitiendo afrontar la adversidad y reconstruir el proyecto de vida. Los resultados obtenidos en el ítem de la escala UNIDAD (P6,1) demuestran que la familia es el mejor sostén emocional ante las repercusiones del conflicto armado, estableciéndose como la mayor fuente de fortaleza, protección y acompañamiento. Los participantes asumen que, en medio del dolor, la pérdida y la incertidumbre, es también al interior de la familia donde encuentran el sostén para seguir. El rol de la madre tiene un peso fundamental, en especial cuando se pone al frente de la familia y cumple múltiples funciones en el hogar, transmitiendo fortaleza, valentía, y orientación en sus jornadas más oscuras. Esta vivencia lo confirma, los lazos familiares no solo permanecen, sino que se fortifican en tiempos de adversidad.

Figura 8

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También se aprecia que una unidad que va más allá del núcleo familiar, hacemos partícipes a tíos, primos, abuelos, amigos con los procesos dolorosos de duelo y reintegración. Estas redes solidarias posibilitan resignificar los padeceres y entender que aún en la oscuridad, puede asomarse una luz de esperanza. Esa frase de que al final del túnel “hay una luz” simboliza cómo la compañía de los seres queridos es un aliciente para avanzar. En éste sentido, la familia y la comunidad se constituyen como apoyo esencial para la resiliencia repercutiendo que el calor humano, la solidaridad y la convivencia son claves para el éxito individual y colectivo.

Figura 9.

Figura 9

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Nota: La figura muestra cómo la unidad familiar y la fe se convierten en pilares fundamentales para superar la adversidad.

Los resultados para la unidad ( P6.1 ) La familia es por tanto el soporte primordial que provee el apoyo al afecto y social que mantiene la familia en el impacto de las consecuencias del conflicto armado, radicando en el núcleo familiar su función en la de fortaleza, protección, y acompañamiento. Los concursantes comentaron que, en el sufrimiento, la pérdida y la incertidumbre, la familia era el lugar donde encontraban apoyo para seguir. La presencia materna tiene un carácter de especial relevancia ya que cumple funciones de cuidadora, guía y sustento al mismo tiempo, exhibiendo valor y fortaleza ante la adversidad. Al igual que el respaldo de tíos, primos, abuelos y amigos que fortalecen los lazos afectivos y contribuyen a sobrellevar el sufrimiento desde la solidaridad y el abrazo, confirmando que a toda experiencia dolorosa siempre hay una red humana que sostiene y acompaña.

En la subcategoría de Fe (P6.2) que habla de la convicción en Dios, vuelve a ser una para ellos una importante fuente de consuelo y HOP exigiéndole que tome "fuerzas para enfrentar Todos todavía pueden luchar contra la amenaza de usar "los cristos de la cruz que el mundo está con mucha violencia y pérdida a sus pies" dilemas morales. La fe es percibida como un lugar espiritual de calma, confianza y de sentir que “no está sola” en su dolor. Los participantes comentan que en su oración y confianza en Dios hallan el sostén que les permite llevar el dolor y preservar la esperanza ante la adversidad. Esta parte espiritual contribuye a dar otro significado a las vivencias adversas, fortaleciendo también resistencia, y brindando apoyo en el andar en el proceso de reconstrucción de ellos mismos y de su grupo familiar.

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Figura 10.

Nota: La figura analiza como las experiencias vividas moldean la vida familiar a través de tres pilares fundamentales, enseñanza, manejo del miedo y rol familiar. Los resultados para esta categoría (P7.1) indican que las vivencias en la guerra produjeron aprendizajes profundos en construir valores y principios de vida. Los participantes ponen en relieve la relevancia de trabajar para alcanzar metas personales en la vida, sin dañar a otros en el proceso, y subrayan que el trabajo, la honestidad y el respeto son los elementos básicos para soñar con un proyecto de vida decente. Resalta que se debe aprender a vivir con los contrastes, respetar las diferencias de pensamiento y admitir que cada quien cuenta con una manera particular de observar la vida. Esta enseñanza no solo brota como una reflexión personal, sino también como un deber hacia las nuevas generaciones para que éstas aprendan un modo de vivir Figura 10

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desde la empatía, la coexistencia pacífica y la no venganza, para confirmarse en una sociedad más equitativa y humana.

En la categoría Miedo (P7.2) los resultados reflejan el cómo dejó el conflicto una sensación permanente de miedo que afectó la forma de vivir y de criar a los hijos. El miedo se presenta como emoción latente que emerge de la violencia vivida, pero también es palpable un fortalecimiento familiar mediante el soporte mutuo, la fe y el perdón. Los entrevistados son conscientes de que el dolor no desaparece, pero con el perdón se puede encontrar calma e ir hacia la paz interior.

Por su parte, en la subcategoría rol familiar (P7.3) se muestra una profunda reflexión sobre la paternidad como posibilidad de dar a sus hijos lo que no tuvieron del todo en su niñez: amor, protección, respeto y acompañamiento. Además del rol de proveedor económico, se espera que el padre sea guía afectivo y referente de humanidad en el hogar. Se sabe que el cambio social verdadero empieza en la familia, con la violencia que no sólo tiene lugar en los conflictos armados, sino también en las relaciones del día a día, cuando hay una falta de respeto, afecto y protección dentro del domicilio.

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Figura 11.

Nota: La figura muestra el perdón como un proceso de sanación emocional, comparándolo con el imperdón, que mantiene el dolor y las heridas abiertas. Los hallazgos de la categoría de perdón (P8.1) muestran que el perdón es entendido como un proceso que atraviesa múltiples planos y que no es inmediato, está imbuido del dolor persistente causado por la pérdida de sus allegados. Aunque la tristeza y el sentido de injusticia permanecen, los participantes parecen tener un cierto nivel de disposición a perdonar, que se considera como una manera de liberar su carga emocional y obtener tranquilidad mental. El perdón no es olvidar ni justificar lo que ocurrió, sino una decisión personal y espiritual que ayuda a dejar ir una parte del sufrimiento. En este Figura 11

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proceso la fe en Dios es fundamental, porque en ÉL se puede confiar para hacer justicia y para perdonar hasta a los que hicieron tanto daño. Esta categoría da cuenta de que el perdón se consolida más como una necesidad de paz interior que reconciliación frente al hecho vivido.

Para la categoría de imperdón (P8.2) se encuentra que no todo el mundo puede perdonar, más aún cuando el recuerdo de la pérdida continúa provocando una tristeza intensa y constante. La rememoración de los hechos perpetuamente abre las heridas emocionales, por lo que perdonar se siente como algo distante, difícil y hasta imposible en algunos tiempos. En este punto, el imperdón se convierte en una manifestación normal y válida del duelo y el sufrimiento emocional, en donde la tristeza se mantiene viva en la memoria y entorpece la sanación menos emocional.

Figura 12.

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Nota: La figura transmite un mensaje de esperanza basado en valores, pautas y acciones para contribuir a una mejor convivencia en la sociedad. Los resultados obtenidos en la categoría de mensaje de esperanza (P8.1) los testimonios se caracterizan por una mirada superadora, con foco en la reconstrucción personal, familiar y comunitaria luego de las dolorosas vivencias producto del conflicto. Los participantes destacan la relevancia de no perder la esperanza, de seguir sosteniendo sueños, proyectos de vida, y del anhelo permanente de salir adelante, con la conciencia de que la vida no se puede limitar sólo a dolor y sufrimiento. Se acepta que las pruebas duras, por muy desgarradoras que sean, también ayudan a moldear el carácter de una persona, Figura 12

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hacerla más resistente y le proporcionan valiosas lecciones para la vida. El dolor se revaloriza como una portadora de posibilidades para crecer, verdades para no repetir y para construir modalidades de vida más conscientes y humanas.

Los resultados también revelan que tal mensaje de esperanza está fuertemente vinculado a valores tales como el respeto, la empatía, la convivencia y la responsabilidad en relación a otros. Se señala que tampoco siempre hacen falta grandes cosas para causar daño, ya que con una palabra o una acción se pueden ocasionar heridas emocionales muy profundas, y se llama a actuar con prudencia, respeto y sensibilidad hacia los demás." La principal invitación es no replicar los sufrimientos vividos sino construir una sociedad más tranquila y solidaria donde el buen trato y el amor al territorio sean lo que nos señale el camino. La imagen positiva del municipio de Mogotes como un lugar tranquilo donde puede uno trabajar y que es bendecido por Dios contribuye a fortalecer el sentimiento de identidad local y la esperanza colectiva de avanzar hacia la construcción de un futuro en paz para generaciones venideras.

Discusión de los resultados La discusión de los resultados facilita el entendimiento para que las vivencias relatadas por los participantes referidos al conflicto armado en el municipio de Mogotes, concuerdan con los planteamientos teóricos en cuanto a los efectos psicosociales de la violencia en Colombia. En la subcategoría transformación los participantes hablan de “un cambio de un temor y una incertidumbre a una calma y una reconstrucción social”. Este dato es acorde con lo manifestado por el Centro Nacional de Memoria Histórica (2013), en cuanto a que el conflicto armado perpetúa huellas en la memoria colectiva, al margen de que se detengan los hechos violentos. A pesar de la mejora en las condiciones de seguridad, las secuelas emocionales continúan insertas en la memoria individual y

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colectiva. Esto ratifica que el fin del conflicto no conlleva a la extinción del daño psicológico sino a la coexistencia entre memoria, dolor y reconstrucción social. En las categorías de creencias y fe, se evidenció que la espiritualidad y confianza en Dios se constituyen como elementos que permiten resignificar el dolor, enfrentar la pérdida y dar sentido de esperanza. Lo anterior es congruente con Muñoz (2000), quien menciona que el apoyo social no es sólo el acompañamiento interpersonal, también está constituido por manifestaciones simbólicas de apoyo emocional que fortalecen la capacidad para enfrentar las situaciones. De igual manera el Ministerio de Salud y Protección Social, consciente de que la recuperación espiritual es componente esencial en la reparación psicosocial de las víctimas, por intermedio del PAPSIVI.

En cuanto a las categorías de impacto, duelo, angustia y sufrimiento, el resultado muestra que existen alteraciones emocionales profundas ocasionadas por la muerte de familiares, más aún cuando esto ocurrió en la niñez. La violencia trastornó el día a día, detuvo procesos normales de crecimiento y sembró miedo constante, tristeza, ansiedad y desolación. Estos hallazgos son consistentes con los resultados de Guerra y Dierkhising (2012), para quienes la exposición a la violencia transforma los procesos psicosociales y el desarrollo de la persona. De la misma manera el Grupo de Memoria Histórica (2013) afirma que el miedo, la ansiedad, la depresión y trastornos emocionales son daños psicológicos comunes en víctimas del conflicto armado, los cuales no solo afectan la salud mental individual sino que también las relaciones familiares y comunitarias. En desarraigo, tristeza y dolor, se lee que el conflicto provocó no sólo pérdidas humanas, sino que también implicó quiebres en términos económicos, desplazamientos y rupturas de proyectos de vida. La pérdida de la estabilidad material y del espacio se transforma en una experiencia de múltiple sufrimiento que interroga tanto a la identidad

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individual como a la familiar. Estas consideraciones inciden en la Ley 1448 de 2011 que reconoce como víctimas a los sujetos que han sido objeto de daño individual y colectivo por violaciones de derechos humanos en el contexto del conflicto armado. También la Red Nacional de Información (2017) y el Grupo de Memoria Histórica (2013) señalan que el daño socioemocional comprende justamente la ruptura del arraigo, la desarticulación de redes comunitarias y la disgregación de los proyectos de vida. Las categorías de enfrentamiento, resistencia y cohesión familiar muestran que, aunque la magnitud de las heridas es grande, las víctimas elaboran mecanismos adaptativos que les posibilitan la reconstrucción de sus vidas. familia está como el principal sostén emocional, mientras que la resiliencia emerge como la capacidad para convertir el dolor en fuerza. Estos resultados concuerdan con los de Pérez y García (2018) quienes refieren que las personas que sienten apoyo familiar y social tienen menores niveles de ansiedad y depresión y cuentan con mejores recursos para hacer frente a situaciones amenazantes. Por otro lado, Méndez y Barrera (2008) citando a Gracia, Herrero y Musitu, describen que el apoyo emocional y material refuerza los procesos de superación y adaptación en situaciones traumáticas. Por tanto, la familia es concebida como el núcleo central de reconstrucción emocional.

En cuanto a las categorías de enseñanza, rol familiar y mensaje de esperanza, los participantes resignifican las experiencias dolorosas a partir de valores como el respeto, la empatía, la convivencia y la responsabilidad en la crianza. Las vivencias asociadas a la violencia se transforman en aprendizajes orientados a evitar la reproducción del daño y a fortalecer relaciones más saludables dentro del hogar y la comunidad. Asimismo, estos relatos permiten comprender cómo la memoria de lo vivido trasciende lo individual y se proyecta hacia las nuevas generaciones y los procesos de reconstrucción comunitaria, promoviendo reflexiones sobre la convivencia, la paz y la transformación social. Esto puede

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estar relacionado con Sandoval (2010), quien citando a Gergen (1976), afirma que la memoria narrada permite analizar la construcción de realidades sociales y consolidar procesos identitarios colectivos. Las vivencias traumáticas no quedan solo como recuerdo, sino que también se convierten en herramientas pedagógicas para encauzar nuevas maneras de habitar colectivamente y prevenir los actos violentos en la familia. Asimismo, en las categorías de perdón, imperdón, no perdón y rencor se evidencia que el proceso de reconciliación emocional no es lineal ni homogéneo. Cada víctima vive y resignifica su experiencia de manera distinta, de acuerdo con sus vivencias, emociones y procesos individuales. Para algunas personas, el perdón representa una posibilidad de mitigar el sufrimiento y alcanzar cierta paz interior; mientras que, para otras, la magnitud del dolor y de las pérdidas vividas dificulta la resignificación de lo ocurrido, manteniendo abiertas las heridas emocionales. Este panorama refleja la complejidad de las experiencias subjetivas frente al conflicto armado y la necesidad de comprenderlas desde una mirada empática y respetuosa. Esto es consistente con Campo-Arias, Oviedo & Herazo (2014), quienes indican que la salud mental de las víctimas es un problema de salud pública, por las profundas alteraciones psicológicas que sobreviven a estas, las cuales afectan la vida individual, familiar y comunitaria. El rencor y la imposibilidad de perdonar son el vivo reflejo de daños emocionales no sanados y el perdón se muestra como una opción de reparación subjetiva y no de olvidar el daño pasado.

Conclusiones Las implicaciones de este estudio permiten hablar de unas afectaciones profundas a nivel emocional, social, familiar y comunitaria sufridas por las víctimas del conflicto en el municipio de Mogotes y que aún en la actualidad permanecen en la vida de las víctimas a pesar de que las condiciones de violencia directa se han visto reducidas. Reconocemos

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asimismo que la memoria de lo vivido funciona como una huella constante que se traduce en sentimientos de tristeza, temor, angustia, sufrimiento y dolor, particularmente relacionados con la pérdida de seres queridos, con el desplazamiento forzado, con el desarraigo y con la ruptura de proyectos de vida. Estas vivencias demostraron que el fin del conflicto no implicaba el fin de sus efectos, sino que el cese de la violencia armada se traducía en consecuencias particulares en la mente y en la cotidianidad de las personas. La infancia y la adolescencia fueron fases particularmente afectadas por el conflicto, pautas en las que se hallan como sujetos la mayoría de los entrevistados, y para muchos estuvieron marcadas por asesinatos, amenazas y rupturas familiares. La preparación para la adultez en la niñez y la adolescencia se ve alterada por la necesidad de responsabilidad, la constante presencia del miedo, y la pérdida irreparable de sus seres queridos. Los resultados señalan que el impacto del conflicto no solo tuvo consecuencias sobre las víctimas, sino que definió trayectorias de vida completas, espacios de direccionalidad vital que se extienden más allá de la adultez y moldean la manera en la que estas comprenden el mundo.

Igualmente, se constató que la familia es el principal factor de protección y manejo de las secuelas psicosociales del conflicto. La familia, la madre, hermanos, abuelos, tíos y amigos se convierten, en cierta manera, en un grupo fundamental para resistir el dolor, para resignificar la pérdida y para recomponer proyectos de vida. La resiliencia se gesta precisamente desde estos lazos afectivos, posibilitando la transmutación del dolor en fortaleza y promoviendo superaciones que coadyuvan a la reconstrucción personal y social. La fe y la espiritualidad también se destacan como partes esenciales de los procesos de enfrentamiento, duelo y perdón. La fe en Dios se reúne como una fuente de consuelo, justicia, esperanza y fuerza emocional que contribuye en que las víctimas

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puedan encontrar un significado para situaciones que difícilmente pueden comprender de manera racional. En muchas situaciones, el perdón se cimienta en esta dimensión espiritual, sin que ello implique que se olvida o se justifica el daño, sino que es una vía para descargar la carga afectiva y obtener la paz interior. Pero también se afirma que el auxilio pérdida y confianza es legítimo, espejando que reconciliarse no es un proceso homogéneo ni inmediato.

Otro factor que resulta de suma importancia es que las dolorosas experiencias vividas durante el conflicto son transformadas en lecciones dirigidas a la construcción de valores para las generaciones futuras. Los participantes destacan la necesidad de hacer del respeto, la empatía, la convivencia pacífica, la responsabilidad y el amor en el hogar, un mecanismo preventivo contra otras formas de violencia. La familia es reconocida como el primer espacio donde se construye la paz, asumiendo que la violencia no sólo se manifiesta en los grupos armados, sino es por igual ejercida en las relaciones cotidianas cuando están ausentes el cariño, la protección y el buen trato.

Por último, se señala que, a pesar del dolor vivido, las víctimas tienen un mensaje de esperanza profundamente vinculado al amor por su territorio, la reconstrucción de la tranquilidad y el no generar sufrimiento para las futuras generaciones. Mogotes se percibe como un municipio que después del miedo caminó hacia una mayor paz y seguridad, que no obstante no borra la memoria del ayer. La esperanza común se fundamenta en el compromiso de que es posible continuar creando una sociedad más humana, solidaria y respetuosa, donde la experiencia del conflicto no se narre exclusivamente como relato de sufrimiento, sino como una oportunidad de transformación, resistencia y dignificación de la vida.

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Finalmente, resulta fundamental continuar generando espacios de escucha, memoria y acompañamiento para las víctimas del conflicto armado, ya que estos permiten reconocer sus experiencias, dignificar sus voces y contribuir a la reconstrucción del tejido social. Recordar no significa permanecer en el dolor, sino transformar las vivencias en oportunidades de aprendizaje, resiliencia y construcción de paz para las generaciones presentes y futuras.

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https://repository.ucatolica.edu.co/server/api/core/bitstreams/1b0a17e6-cde6-481d- 975c-b1990d7a61a9/content Apéndices Apéndice 1. Consentimiento informado El presente consentimiento fue elaborado con el propósito de brindar información clara, suficiente y comprensible acerca de la participación en la investigación “Conflicto Armado en Mogotes: Historias que Impactan”. En este se describen los objetivos, procedimientos, alcances y condiciones relacionadas con la participación voluntaria dentro del estudio. Asimismo, se resalta el compromiso ético de garantizar la confidencialidad, privacidad y protección de la información suministrada por los participantes, asegurando

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que los datos, testimonios, imágenes y/o grabaciones obtenidas serán utilizados únicamente con fines académicos e investigativos, bajo criterios de respeto, dignidad y manejo responsable de la información.

De conformidad con la Ley 1581 de 2012 y el Decreto 1377 de 2013 sobre protección de datos personales, así como con la Ley 1090 de 2006 y la Resolución 8430 de 1993, el/la participante manifiesta que ha sido informado(a) de manera clara, suficiente y comprensible sobre su participación voluntaria en la investigación titulada Conflicto Armado en Mogotes: Historias que Impactan, desarrollada por estudiantes de psicología de décimo semestre de la Universidad Autónoma de Bucaramanga ext. Unisangil. El/la participante entiende que su aporte consistirá en un diálogo tipo narración de historia de vida relacionada con las huellas emocionales que ha dejado el conflicto armado, la cual será destinada para la elaboración de un documental. Para ello, se requiere su disponibilidad de tiempo para una grabación con una duración aproximada de veinte (20) a treinta (30) minutos.

Asimismo, comprende que, aunque el estudio es clasificado como de riesgo mínimo, podrían surgir emociones asociadas a experiencias vividas. Se le ha informado que puede suspender o retirarse en cualquier momento sin que ello genere perjuicio alguno. El/la participante autoriza de manera libre, previa e informada el tratamiento de datos como: testimonios e información sobre vivencias relacionadas con el conflicto armado, así como su imagen y voz mediante grabación en audio y/o video. Se garantiza la confidencialidad, el respeto por su dignidad y la protección de su identidad mediante codificación cuando sea necesario.

Se le ha informado que no recibirá compensación económica ni asumirá costos por su participación, que los resultados serán presentados en espacios académicos el día 27 de

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mayo de 2026, y que tiene derecho a conocer, actualizar, rectificar, solicitar la supresión de sus datos o revocar esta autorización el 6 de mayo de 2026 antes de la socialización del material.

Finalmente, el/la participante declara que ha leído o le fue leído el presente consentimiento, que comprendió la información suministrada, que tuvo la oportunidad de formular preguntas y que acepta participar de manera libre y voluntaria, entendiendo que el uso de la información recolectada será exclusivamente con fines académicos dentro del proyecto de grado.

Nombre del participante: ______________________________________ Documento de identidad: ______________________________________ Firma del participante: ______________________________________ Fecha: ______________________________________ Nombre del investigador(a): ______________________________________ Firma del investigador(a): ______________________________________

Apéndice 2. Estructura de la entrevista

La presente investigación se realizó con el objetivo de describir las secuelas sobre las personas víctimas del conflicto armado del municipio de Mogotes -Santander, por medio de sus narrativas de vida, la entrevista diseñada como instrumento de recolección de información, fue sometida a evaluación por tres jueces expertos de la

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Universidad Autónoma de Bucaramanga UNAB en convenio con Unisangil. Durante el proceso de revisión, los evaluadores efectuaron aportes y observaciones orientadas al mejoramiento de la claridad, pertenencia y coherencia de las preguntas planteadas. Posteriormente, consideraron variable y pertinente la aplicación de la entrevista, quedando constituida finalmente por nueve preguntas. Cuerpo de la entrevista Preguntas

1. Desde su experiencia ¿Cómo describiría a Mogotes hoy en comparación con los

años de violencia del conflicto armado?

2. ¿Cómo cambió su vida cuando comenzó el conflicto Armado en Mogotes?

3. ¿Qué recuerdos emocionales siente que le dejó el conflicto?

4. Si pudiera describir con una palabra la huella que dejó en usted el conflicto armado,

¿cuál sería? ¿Por qué elegiría esa palabra?

5. ¿Considera que el conflicto armado le dejó experiencias dolorosas que aún no

sanan? ¿Cuáles?

6. ¿Qué le ayudó a seguir adelante después de las experiencias vividas

durante el conflicto armado?

7. ¿De qué manera las experiencias vividas durante el conflicto armado

influyeron en la forma en que usted educó o protegió a sus hijos?

8. ¿Después de las experiencias vividas durante el conflicto armado, ¿qué

significa para usted el perdón?

9. Después de todo lo que vivió durante el conflicto armado, ¿qué

mensaje le gustaría compartir con otras personas de Mogotes que también pasaron por esa violencia?

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(página sin texto)

Cita: Feo Serrano, Anyi Lorena, Hernández Rivera, Daniela Carolina (2026), Recuperación de la memoria histórica del conflicto armado de Mogotes Santander “Historias que Impactan”, Universidad Autónoma de Bucaramanga, p. N. http://hdl.handle.net/20.500.12749/34586