Colección José Félix Patiño · 1778
Discurso sobre la historia universal : para explicar la continuación perpetua de la religión, y las varias mutaciones de los imperios. Segunda parte, desde el principio de el mundo hasta el año de ochocientos de Nuestro Salvador, en que se estableció el imperio de Carlo Magno
El Discurso sobre la Historia Universal es obra polémica. Bossuet se había dejado impresionar por los argumentos que los librepensadores esgrimían contra la Providencia de Dios —la distribución del bien y el mal en el mundo está hecha de modo injusto e irracional; la Historia demuestra que, siendo un juego de pasiones, triunfa el mal y fracasa la justicia— y trató de responderles no con el recurso a la Fe, como era la tradición agustiniana, sino con razonamientos de orden natural. Colocarse en el terreno del adversario era error, que el prelado aumentó argumentando con motivos que tenían cierto aire conservador ingenuo: la doctrina de la providencia, dijo, es la mejor barrera puesta a la inmoralidad. De hecho Bossuet se colocaba en la línea de su siglo y pretendía demostrar que en el decurso histórico —único y no doble, como en San Agustín y Santo Tomás— se hacía visible de una manera actual el dedo de Dios. Dios dirige la Historia y esta doctrina forma parte de la Revelación, de modo que no puede ser negada. Bossuet explica su pensamiento en estas palabras: “Dios no declara a diario su voluntad por medio de sus profetas respecto a los reyes o monarquías que exalta o derroca. Pero habiéndolo hecho tantas veces en estos grandes imperios a que nos hemos referido, nos enseña, por medio de estos famosos ejemplos, cómo actúa en todos los otros, haciendo saber a los dirigentes de pueblos dos verdades fundamentales: que es Él quien funda los Imperios, para darlos a quienquiera Él desee, y que conoce cómo hacerlos durar, en su propio orden y tiempo, para cumplir los designios que tiene con referencia a su pueblo”