Sembrar y cosechar animales Análisis de los datos arqueozoológicos obtenidos en Cerro Azul, a través de la etnografía y la etnohistoria del Noroccidente Amazónico colombiano
Jeison Lenis Chaparro-Cárdenas
Universidad Nacional de Colombia Sede Amazonia Leticia, Colombia
2026
Sembrar y cosechar animales Análisis de los restos arqueozoológicos obtenidos en Cerro Azul, a través de la etnografía y la etnohistoria del Noroccidente Amazónico colombiano
Jeison Lenis Chaparro-Cárdenas
Tesis de investigación presentada como requisito parcial para optar al título de: Magister en Estudios Amazónicos
Director:
Ph.D., Eduardo Góes Neves Codirector:
Ph.D., Carlos Eduardo Franky Calvo
Línea de Investigación:
Historias y Culturas Amazónicas Grupo de Investigación:
Pueblos y Ambientes Amazónicos
Universidad Nacional de Colombia Sede Amazonia Leticia, Colombia
2026
A la fuerza de Vida y Creación que se manifiesta en la energía de los espíritus de los seres que habitamos este cosmos, tanto los antiguos como los presentes y futuros, y que me permiten estar aquí con esta bella oportunidad;
A mis Sapitos: Cami y Luna, mi fuente de inspiración;
A mi Vivis, mi eterna cómplice
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Agradecimientos
A Dios. A la Selva. A los antiguos. A mi familia. A mi madre, mi padre y mis hermanos. A mis hijos Daniel Camilo y Luna Verónica. A mi esposa linda, la Vivis. A la comunidad de Cerro Azul, especialmente a don José Noé Rojas y sus hijos, Yurani, William, Norbey y Marcela. A la comunidad de Playa Guío, especialmente a don Álvaro Callejas y don Gerardo de Jesús Rincón “el Paisa”. A mis compañeros Germán Piñeros, Nataly Morales, Laura Hernández y James Zorro y Juan Kosztura. A las y los profesores del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia, en especial a los profesores Germán Alberto Peña-León, Hugo Fernando López e Iván Mujica (q.e.p.d.). A la Beca Bicentenario de MinCiencias SGR – COLFUTURO, Convocatoria No. 15. Al Programa PAFD liderado por el Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad Nacional de Colombia sede Bogotá. A las y los profesores, administrativos y compañeros del Programa de Posgrados en Estudios Amazónicos de la Universidad Nacional de Colombia sede Amazonia. Al Instituto de Estudios Amazónicos – IMANI de la Universidad Nacional de Colombia sede Amazonia. A la profesora Karold Viviana Coronado Franco, a Catalina Buitrago, a María Alejandra Garzón González y a Carlos Suárez Álvarez. Al Programa de Fomento a la Investigación del Instituto Colombiano de Antropología e Historia. Al Smithsonian Tropical Research Institute, en especial a la dra. Ashley Sharpe, al dr. Richard Cook y Máximo Jiménez. Al Museo de Arqueologia e Etnologia de la Universidade de São Paulo. Al profesor Santiago Mora de la Saint Thomas University. A la profesora Gabriela Prestes-Carneiro y al profesor Philippe Béarez del Muséum national d’Histoire naturelle de París.
Agradecimientos especiales al profesor Gaspar Morcote-Ríos del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia. A la profesora Dany Mahecha Rubio y al profesor Carlos Eduardo Franky Calvo de la Universidad Nacional de Colombia, sede Amazonia; y al profesor Eduardo Góes Neves del Museo de Arqueologia e Etnologia de la Universidade de São Paulo.
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Resumen Sembrar y cosechar animales: Análisis de los restos arqueozoológicos obtenidos en Cerro Azul, a través de la etnografía y la etnohistoria del Noroccidente Amazónico colombiano Esta investigación presenta el estudio de las evidencias arqueofaunísticas recuperadas del sitio arqueológico de Cerro Azul (Guaviare) en el Noroccidente Amazónico colombiano, donde se analizaron un total de 106.228 estructuras óseas de fauna, de las cuales, el 16% (17.009 NISP) corresponden a material diagnóstico agrupados en 35 taxones: peces (60%), mamíferos (32%), reptiles (5%), bivalvos (2%) y aves (0,2%): cuya mayoría está asociada a fauna acuática, con evidencias de alta fragmentación, termoalteración y modificación antrópica.
Se identificó un registro paleoecológico a través de siete capas estratigráficas que demuestran la ocupación continua del sitio, desde el Pleistoceno final (~12300 cal AP) hasta el Holoceno tardío (~308 cal AP), permitiendo analizar las muestras arqueofaunísticas desde periodos precerámicos tempranos hasta grupos cerámicos tardíos.
El volumen y características de las evidencias arqueofaunísticas recuperadas, muestra la complejidad de las interacciones de larga duración entre los grupos humanos, el paisaje y los recursos animales, planteando desafíos interpretativos sobre la dicotomía en las relaciones entre cultura-naturaleza. Es así como a través de este estudio, se propone un marco analítico basado en los conceptos de bosque cultural, ecología histórica y familiarización-reciprocidad, mediante un enfoque interdisciplinar que integra la arqueología, la etnohistoria y la etnografía.
Partiendo de la comprensión histórica y ecológica de los vínculos entre las sociedades humanas y la fauna a través del tiempo, y usando un marco interpretativo basado en la familiarización y la reciprocidad como dinámicas de gestión de los recursos faunísticos en el pasado de esta región, se concluye que las interacciones humanas del pasado no buscaban simplemente la explotación de recursos, sino una integración profunda con el bosque y los ambientes acuáticos, de tal forma que su presencia en el registro arqueológico no es solo producto de una captura eficiente, sino el reflejo de una convivencia e interdependencia establecida a lo largo del tiempo.
Palabras clave: arqueología amazónica; etnografía amazónica; etnohistoria amazónica; arqueozoología; Guaviare; ecología histórica.
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Abstract Sow and reap animals: Analysis of the archaeozoological remains obtained at Cerro Azul, through the ethnography and ethnohistory of the Colombian Amazon Northwest This research presents the study of archaeofaunal evidence recovered from the Cerro Azul archaeological site (Guaviare) in the northwestern Colombian Amazon. A total of 106,228 faunal bone fragments were analyzed, of which 16% (17,009 NISP) correspond to diagnostic material grouped into 35 taxa: fish (60%), mammals (32%), reptiles (5%), bivalves (2%), and birds (0.2%). The majority of these fragments are associated with aquatic fauna and show evidence of high fragmentation, thermal alteration, and anthropogenic modification.
A paleoecological record was identified across seven stratigraphic layers, demonstrating continuous occupation of the site from the Late Pleistocene (~12,300 cal BP) to the Late Holocene (~308 cal BP). This allows for the analysis of archaeofaunal samples from early preceramic periods to late ceramic groups.
The volume and characteristics of the recovered archaeofaunal evidence reveal the complexity of long-term interactions between human groups, the landscape, and animal resources, posing interpretive challenges regarding the dichotomy in culture-nature relationships. Therefore, this study proposes an analytical framework based on the concepts of cultural forest, historical ecology, and familiarization-reciprocity, using an interdisciplinary approach that integrates archaeology, ethnohistory, and ethnography.
Based on the historical and ecological understanding of the links between human societies and fauna over time, and using an interpretive framework based on familiarization and reciprocity as dynamics of faunal resource management in the past of this region, it is concluded that past human interactions did not simply seek the exploitation of resources, but a deep integration with the forest and aquatic environments, such that their presence in the archaeological record is not only the product of efficient capture, but the reflection of a coexistence and interdependence established over time.
Keywords: Amazonian archaeology; Amazonian ethnography; Amazonian ethnohistory; archaeozoology; Guaviare; historical ecology.
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Resumo Semear e colher animais: Análise dos restos arqueozoológicos obtidos em Cerro Azul, através da etnografia e etno-história do Noroeste Amazônico Colombiano Esta pesquisa apresenta o estudo de evidências arqueofaunísticas recuperadas do sítio arqueológico de Cerro Azul (Guaviare), na Amazônia noroeste colombiana. Um total de 106.228 fragmentos ósseos de fauna foram analisados, dos quais 16% (17.009 NISP) correspondem a material diagnóstico agrupado em 35 táxons: peixes (60%), mamíferos (32%), répteis (5%), bivalves (2%) e aves (0,2%). A maioria desses fragmentos está associada à fauna aquática e apresenta evidências de alta fragmentação, alteração térmica e modificação antrópica.
Um registro paleoecológico foi identificado em sete camadas estratigráficas, demonstrando ocupação contínua do sítio desde o Pleistoceno Superior (~12.300 cal AP) até o Holoceno Superior (~308 cal AP). Isso permite a análise de amostras arqueofaunísticas desde os primeiros períodos pré-cerâmicos até os grupos cerâmicos tardios.
O volume e as características das evidências arqueofaunísticas recuperadas revelam a complexidade das interações de longo prazo entre grupos humanos, a paisagem e os recursos animais, apresentando desafios interpretativos quanto à dicotomia nas relações entre cultura e natureza. Portanto, este estudo propõe uma estrutura analítica baseado nos conceitos de floresta cultural, ecologia histórica e familiarização-reciprocidade, utilizando uma abordagem interdisciplinar que integra arqueologia, etno-história e etnografia.
Com base na compreensão histórica e ecológica das relações entre as sociedades humanas e a fauna ao longo do tempo, e utilizando uma estructura interpretativa fundamentada na familiarização e na reciprocidade como dinâmicas de gestão dos recursos faunísticos no passado desta região, conclui-se que as interações humanas passadas não visavam simplesmente à exploração de recursos, mas a uma profunda integração com os ambientes florestais e aquáticos, de modo que sua presença no registro arqueológico não é apenas produto de captura eficiente, mas reflexo de uma coexistência e interdependência estabelecidas ao longo do tempo.
Palavras-chave: arqueologia amazônica; Etnografia amazônica; etno-história da amazônia; arqueozoologia; Guaviare; ecologia histórica.
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Contenido
Lista de figuras..........................................................................................................................10 Lista de tablas ...........................................................................................................................12 Introducción ..............................................................................................................................13
1.
Características geomorfológicas y ecológicas de la serranía de la Lindosa .......................18
2.
Panorama general de la arqueozoología en el Noroccidente Amazónico colombiano ........26
3.
Metodología .......................................................................................................................30 3.1 Metodología de campo ....................................................................................................30 3.2 Metodología en laboratorio ..............................................................................................37
4.
Estratigrafía y cronología de Cerro Azul .............................................................................45
5.
Resultados del análisis de los restos de fauna arqueológica en Cerro Azul .......................51
5.1
Análisis del material diagnóstico .................................................................................54
5.1.1
Termoalteración ...................................................................................................54
5.1.2
Evidencias de modificación o trabajo antrópico en las estructuras óseas ............56
5.1.3
Frecuencia de los NISP diagnósticos por niveles de excavación .........................59
6.
Etnohistoria de la relación de los grupos humanos con los animales en el Noroccidente Amazónico colombiano .............................................................................................................87
6.1
Biodiversidad y técnicas de pesca indígena en la cuenca del Orinoco y el Noroccidente Amazónico colombiano .........................................................................................................89
6.1.1
Abundancia y entorno geográfico .........................................................................89
6.1.2
Comportamiento y reproducción ..........................................................................91
6.1.3
Técnicas de pesca indígena ................................................................................92
6.1.4
Descripción detallada de algunos peces ..............................................................94
6.2
Biodiversidad y técnicas de caza indígena en la cuenca del Orinoco y el Noroccidente Amazónico colombiano .........................................................................................................95
6.2.1
Ecosistemas y paisajes descritos .........................................................................96
6.2.2
Técnicas de cacería indígena ..............................................................................97
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9
6.2.3
Descripción detallada de algunos mamíferos, reptiles y aves ..............................99
7.
Algunos referentes etnográficos de la Amazonia Noroccidental sobre la relación entre los grupos humanos y los recursos faunísticos ............................................................................. 102
8.
Aspectos ecológicos de los taxones identificados ............................................................ 108 8.1 Análisis comparativo de las especies identificadas ........................................................ 108 8.2 Ecología de los taxones identificados en el registro arqueofaunístico de Cerro Azul ..... 112
9.
Interpretación de la familiarización y la reciprocidad como marco conceptual en la ecología histórica .................................................................................................................................. 125
9.1
Un acercamiento metodológico ................................................................................. 125
9.2
Domesticación .......................................................................................................... 131
9.2.1
Domesticación de paisaje y bosques en la Amazonia ........................................ 132
9.2.2
Domesticación de plantas en la Amazonia ......................................................... 134
9.2.3
Domesticación de ambientes acuáticos ............................................................. 136
9.2.4
Domesticación de animales en la Amazonia ...................................................... 139
9.3
Familiarización y reciprocidad ................................................................................... 141
10.
Discusión ...................................................................................................................... 147
10.1
Sobre la arqueozoología de Cerro Azul. ................................................................ 148
10.1.1
La alta fragmentación y el sesgo en la cantidad de NISP................................... 148
10.1.2
El material arqueofaunístico a través de las capas estratigráficas. .................... 150
10.1.3
La baja representatividad de taxones de talla grande ........................................ 152
10.1.4
La termoalteración y las posibles prácticas culturales asociadas. ...................... 155
10.2
Conocimiento profundo de la ecología de los paisajes y la fauna de la región ...... 157
10.3
Ecosistemas acuáticos como fuente primaria de acceso a recursos ..................... 158
10.4
Sembrar y cosechar animales ............................................................................... 159
11.
Conclusiones ................................................................................................................ 161
11.1
Más allá de la domesticación: la familiarización y reciprocidad en Cerro Azul ....... 162
11.2
Recomendaciones finales ..................................................................................... 163
12.
Anexos ......................................................................................................................... 166
13.
Bibliografía ................................................................................................................... 186
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Lista de figuras Figura 1. Ubicación de San José del Guaviare en la Amazonia colombiana .............................13 Figura 2. Ubicación de Cerro Azul en la Serranía de la Lindosa ...............................................14 Figura 3. Vista desde la planicie de “Cerro Pinturas”, vereda Cerro Azul ..................................18 Figura 4. Aerofotografía con drone de Cerro Pinturas, vereda Cerro Azul .................................19 Figura 5. Caño Dorado ..............................................................................................................20 Figura 6. Caño Pinturas ............................................................................................................21 Figura 7. Vista al bosque que recubre la serranía de la Lindosa ...............................................22 Figura 8. Detalle de las formaciones rocosas en Cerro Azul .....................................................23 Figura 9. Algunos paneles con pictografías en Cerro Azul ........................................................25 Figura 10. Uso de Barreno ........................................................................................................31 Figura 11. Área de la excavación del Corte 1 en el primer nivel de Cerro Azul .........................32 Figura 12. Detalle de las manifestaciones rupestres cerca al Corte 1 en Cerro Azul .................32 Figura 13. Área de la excavación del Corte 2 en el nivel dos de Cerro Azul ..............................33 Figura 14. Detalle de las manifestaciones rupestres cerca al Corte 2 en Cerro Azul .................33 Figura 15. Plano de la excavación en el nivel 1 del Yacimiento de Cerro Azul, con los Corte 1 y
2 ...............................................................................................................................................35
Figura 16. Lavado del material arqueológico en Caño Pinturas ................................................37 Figura 17. Proceso de preparación de la colección de referencia de peces para uso arqueológico .............................................................................................................................38 Figura 18. Proceso de limpieza y organización del material arqueofaunístico ...........................39 Figura 19. Colección de referencia de peces más comunes para uso arqueológico .................42 Figura 20. Proceso de análisis taxonómico en el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales .................................................................................................................................43 Figura 21. Estratigrafía del perfil oriental del Corte 1.................................................................45 Figura 22. Estratigrafía del perfil oriental del Corte 3.................................................................46 Figura 23. Material arqueofaunístico recuperado en Cerro Azul ................................................51 Figura 24. Ejemplo de estructuras óseas en varios estados de termoalteración .......................56 Figura 25. Espina de pez con posible pulido en su punta ..........................................................57 Figura 26. Cráneo de pez con posible pulido en sus bordes .....................................................57 Figura 27. Fémur de Cervidae con una posible evidencia de corte ...........................................58 Figura 28. Metatarso de cérvido con posibles evidencias de pulido en los bordes ....................58 Figura 29. Muestras de espinas de peces con marcas de quiebre o ruptura antrópica .............59 Figura 30. Frecuencia de los NISP diagnósticos por niveles de excavación .............................60 Figura 31. Total de NISP diagnósticos por Capas estratigráficas ..............................................61 Figura 32. Total de las frecuencias de taxones recuperados.....................................................62
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Figura 33. Algunas estructuras diagnósticas de Piaractus sp. ...................................................65 Figura 34. Algunas estructuras diagnósticas de Pygocentrus sp. ..............................................66 Figura 35. Posibles espinas de Doradidae indeterminadas. ......................................................67 Figura 36. Estructura dental diagnóstica de peces Hydrolycus scomberoides ..........................67 Figura 37. Estructura dental del género Curimatella sp. ............................................................68 Figura 38. Estructuras óseas Pseudoplatystoma sp. .................................................................68 Figura 39. Algunas estructuras diagnósticas de Dasypus sp. ....................................................71 Figura 40. Algunas estructuras diagnósticas del género Dasyprocta sp. ...................................73 Figura 41. Algunas estructuras diagnósticas del género Proechimys sp. ..................................74 Figura 42. Algunas estructuras diagnósticas de las especies Cuniculus paca e Hydrochoerus hydrochaeris. ............................................................................................................................76 Figura 43. Algunas estructuras diagnósticas de Cervidae .........................................................77 Figura 44. Fragmento de vértebra caudal de Didelphidae indeterminado..................................78 Figura 45. Fragmento de falange perteneciente a la familia Procyonidae comparado con la colección de referencia .............................................................................................................78 Figura 46. Algunas estructuras diagnósticas de Crocodylia ......................................................81 Figura 47. Algunas estructuras diagnósticas de serpientes .......................................................82 Figura 48. Algunas estructuras diagnósticas de Iguana sp .......................................................83 Figura 49. Algunas estructuras fragmentadas diagnósticas de tortugas ....................................84 Figura 50. Algunas estructuras indeterminadas de bivalvos ......................................................85
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Lista de tablas Tabla 1. Descripción de las capas u horizontes culturales ........................................................47 Tabla 2. Fechas radiocarbónicas (¹⁴C) Antes del Presente (AP) ...............................................49 Tabla 3. Total de NISP por nivel de excavación ........................................................................52 Tabla 4. Resumen del total de NISP por capa estratigráfica .....................................................54 Tabla 5. Termoalteración de los restos óseos faunísticos a partir de su coloración ..................55 Tabla 6. Total de NISP diagnóstico ...........................................................................................61 Tabla 7. Total de taxones identificados por Capas estratigráficas .............................................62 Tabla 8. Estructuras óseas de peces recuperadas en las muestras ..........................................64 Tabla 9. Estructuras óseas de mamíferos recuperadas en las muestras...................................70 Tabla 10. Estructuras óseas de reptiles recuperadas en las muestras ......................................80 Tabla 11. Taxones identificados en el registro arqueofaunístico, etnohistórico y etnográfico .. 108 Tabla 12. Síntesis de la ecología y temporadas de los texones identificados en Cerro Azul ... 122 Anexo 1. Tabla 13. Técnicas de pesca indígena descritas en las crónicas ............................. 166 Anexo 2. Tabla 14. Descripción detallada de peces ................................................................ 170 Anexo 3. Tabla 15. Técnicas de casería indígena descritas en las crónicas ........................... 173 Anexo 4. Tabla 16. Descripción detallada de algunos mamíferos, reptiles y aves ................... 176 Anexo 5. Tabla 17. Datos etnográficos sobre pesca y casería en el noroccidente amazónico colombiano ............................................................................................................................. 182
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Introducción
Cerro Azul, ubicado en la serranía de la Lindosa (San José del Guaviare), se sitúa en una zona de transición ecológica entre la Orinoquia, los Andes y la Amazonia (De La Cruz y Jiménez, 2022). Esta serranía es reconocida por su alta complejidad de paneles rupestres donde se reconocen figuras geomorfas, antropomorfas y zoomorfas (Morcote-Ríos et al., 2020). Debido a su densidad de abrigos rocosos, pictografías y asentamientos tempranos, la región se ha declarado Área Arqueológica Protegida (Becerra, 2019).
Figura 1. Ubicación de San José del Guaviare en la Amazonia colombiana
Fuente: elaboración propia.
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En el año 2015 se iniciaron los trabajos de excavación con un proyecto de semilleros de investigación llamado: “Estudio arqueológico y paleoecológico asociado a las pictografías en San José del Guaviare (Amazonia colombiana)1“. Posteriormente, se realizó en el año 2017 el proyecto: “Adaptación humana en la última glaciación en el noroccidente de la Amazonia colombiana2“.
Figura 2. Ubicación de Cerro Azul en la serranía de la Lindosa
Fuente: adaptación a partir de Google Maps, 2018.
Durante las excavaciones se recuperó una alta cantidad de restos de cultura material representados en desechos de talla e instrumentos líticos, fragmentos cerámicos y restos de ocre mineral, así como ecofactos paleoecológicos representados en microrestos (fitolitos), macrorestos como semillas y las primeras evidencias tanto de restos óseos humanos como material faunístico para la Amazonia colombiana.
1 Semillero de investigación 2015, Universidad Nacional de Colombia, código HERMES 25957. Estudiantes: Nataly Morales, Laura Hernández, Germán Piñeros y Jeison Lenis Chaparro-Cárdenas; tutor: profesor Gaspar Morcote-Ríos (Morcote-Ríos et al., 2017). 2 Beca de investigación No. 199 de 2017, Programa de Fomento a la Investigación, Instituto Colombiano de Antropología e Historia
– ICANH. Estudiantes: Jean Valentín Castellanos y Jeison Lenis Chaparro-Cárdenas, Universidad Nacional de Colombia, Benito
Benegas, Universidad Autónoma de Yucatán - México; profesor Sneider Rojas, Universidad de Antioquia; coordinadores del proyecto: profesor Gaspar Morcote-Ríos, Universidad Nacional de Colombia y profesor Francisco Javier Aceituno, Universidad de Antioquia (Morcote-Ríos et al., 2020).
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Con 11 dataciones de radiocarbono para este sitio, se inicia la presencia humana desde 12300 años antes del presente (AP), hasta el Holoceno tardío con 308 años AP. Se reconocieron 7 capas estratigráficas que sugieren la presencia de grupos humanos precerámicos en las Capas I, II, III y IV; y de presencia de grupos alfareros en las Capas V, VI y VII (Morcote-Ríos et al.,
2017, 2020).
Ahora bien, esta investigación se enfoca en el análisis del material arqueofaunístico recuperado, el cual es único para la Amazonia colombiana y que tiene unas particularidades como son restos altamente fragmentados y en diferentes etapas de termoalteración, así como especies de animales entre las que se destacan en su mayoría animales acuáticos. Se analizaron un total de
106.228 estructuras óseas de fauna, de las cuales, el 16% (17.009 NISP) corresponden a
material diagnóstico agrupados en 35 taxones: peces (60%), mamíferos (32%), reptiles (5%), bivalvos (2%) y aves (0.2%), todos estos taxones de tallas pequeñas y medianas lo que pone de manifiesto un contraste con las hipótesis clásicas del poblamiento temprano del continente a través del consumo de megafauna (Langebaek, 2021), permitiendo plantear preguntas sobre las dinámicas que los grupos humanos tuvieron que crear para interactuar con los ecosistemas y el paisaje del bosque húmedo tropical y así acceder a estos recursos faunísticos que aparecen en el registro arqueológico. Se propone como abordaje que alimente la respuesta a la pregunta anterior, una revisión documental de las crónicas de los europeos en llegar a estas regiones tempranamente, y la literatura base etnográfica más reciente para la región del noroccidente Amazónico colombiano.
Es así como se plantea el objetivo de analizar las interacciones que los grupos humanos crearon con el Bosque Húmedo Tropical, en especial en el uso y manejo de los recursos faunísticos en el pasado, a partir de la información arqueozoológica recuperada en Cerro Azul, contrastada con la información etnográfica y etnohistórica del Noroccidente Amazónico colombiano.
Para lograr este objetivo se trazan tres abordajes: en primer lugar, determinar si existieron cambios en el consumo de especies a partir del número de especímenes identificados (NISP), en los diferentes momentos (capas estratigráficas) de ocupación del sitio, desde finales del Pleistoceno hasta el Holoceno tardío (~12300 ~308 años AP); en un segundo momento, documentar las interacciones que los grupos humanos realizaron en el bosque húmedo tropical, para acceder a los recursos faunísticos, a partir de la integración de los datos contenidos en la
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información arqueofaunística con la etnografía y etnohistoria del Noroccidente Amazónico colombiano; y finalmente, revisar el estado actual de la discusión teórica sobre ecología histórica, bosque cultural, y otros conceptos que pueden integrar este debate como son domesticación de animales en la Amazonia, familiarización, reciprocidad, manejo de recursos faunísticos, entre otros.
Mediante el diálogo entre los datos arqueológicos, etnohistóricos y etnográficos, esta investigación analiza las dinámicas de interacción entre los grupos humanos y los animales en el Noroccidente Amazónico colombiano. El estudio contrasta los conceptos tradicionales de domesticación frente a enfoques de la ecología histórica, tales como el bosque cultural, la familiarización y la reciprocidad, para evaluar continuidades y transformaciones en el manejo de recursos interpretados a la luz de teorías más recientes sobre cultura y naturaleza.
Finalmente, la revisión bibliográfica busca discutir la validez de estos conceptos a partir de la evidencia arqueozoológica recuperada en Cerro Azul, alimentando la interpretación y el análisis del material arqueofaunístico, a partir de lo que se encuentre en la etnohistoria y etnografía sobre el uso y manejo de estas especies identificadas en el registro arqueológico, para entender mejor cómo vivían esos grupos humanos y cómo manejaban el medio. Su fin es usar los restos óseos de estos animales, para entenderlos en contextos de procesos culturales e históricos de los grupos humanos en el pasado de esta región.
Si bien este abordaje metodológico donde se integran datos etnohistóricos y etnográficos podría suponer un sesgo analítico, ya que estos datos podrían presumir que son un reflejo de las sociedades prehispánicas, su abordaje permite emplear las descripciones y reflexiones etnohistórica y etnográficas como herramientas heurísticas. Es así como se busca generar preguntas, orientaciones y categorías de análisis que permitan abordar el registro arqueológico con mayor prudencia, aprendiendo de las ontologías indígenas actuales sin ignorar su historicidad.
En concordancia con la propuesta epistemológica de la presente investigación, este documento se ha estructurado de manera que los resultados derivados del análisis arqueofaunístico, etnohistórico y etnográfico se presenten inicialmente como un soporte empírico sólido. Esta organización metodológica permite que el capítulo de discusión se dedique exclusivamente a la
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interpretación profunda de dichos hallazgos y a la consolidación de la propuesta conceptual, facilitando un diálogo interdisciplinar que trascienda la mera descripción de los datos.
En conclusión, la propuesta de Sembrar y cosechar animales en el Noroccidente Amazónico sugiere que las interacciones humanas del pasado no buscaban simplemente la explotación de recursos, sino una integración profunda con el bosque y los ambientes acuáticos. A través de este vínculo, los grupos humanos interactuaron con las especies de tal forma que su presencia en el registro arqueológico no es solo producto de una captura eficiente, sino el reflejo de una convivencia e interdependencia establecida a lo largo del tiempo.
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1. Características geomorfológicas y
ecológicas de la serranía de la Lindosa
El sitio arqueológico de Cerro Azul (N:2º31'47.2”; W:72º51'59.0”), denominado por los habitantes de la zona como Cerro Pinturas, está ubicado en la zona rural de San José del Guaviare, en una vereda que lleva el mismo nombre. Hace parte de la serranía de la Lindosa, que abarca aproximadamente 12.000 hectáreas y corresponde con de una de las formaciones rocosas más antiguas de la tierra, asociada al Escudo Guayanés, con alturas que oscilan entre 225 y 470 msnm.
Figura 3. Vista desde la planicie de Cerro Pinturas, vereda Cerro Azul
Fuente: fotografía propia.
Esta atravesada por el río Guayabero y mayoritariamente se encuentra al noroccidente en el departamento del Guaviare, la otra fracción de la serranía de la Lindosa se encuentra en el
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departamento del Meta. Esta región hace parte de la zona noroccidental de la Amazonia colombiana, que a su vez se considera zona de transición entre la Orinoquia, los Andes y el Amazonas (Cárdenas López et al., 2008), y fue considerada Área Arqueológica Protegida en Colombia por su alta composición cultural representada por sus abrigos rocosos, paneles con miles de pictografías y vestigios de asentamientos humanos muy antiguos (Becerra, 2019).
Figura 4. Aerofotografía con drone de Cerro Pinturas, vereda Cerro Azul
Fuente: fotografía tomada de Becerra, 2019
Geológicamente, la serranía de la Lindosa está conformada casi en su totalidad por rocas sedimentarias pertenecientes a la Formación Araracuara, rodeadas a su vez por otras unidades litológicas como la Sienita Nefelina de San José del Guaviare, la cual forma el relieve de colinas que se presenta al sur del municipio, y las rocas del Terciario de la Amazonia. De acuerdo con los hallazgos de material fósil, se le ha asignado a la Formación Araracuara y, por tanto, a la serranía de la Lindosa, una edad aproximada de 467 Ma (Millones de años), que corresponde al Arenigiano del Ordovícico medio (Cárdenas López et al., 2008).
La zona presenta condiciones climáticas catalogadas como tropical lluvioso, con régimen de precipitación monomodal y un promedio de 2.800 mm al año. El periodo lluvioso se presenta
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entre los meses de marzo y octubre, mientras que el periodo seco comprende de noviembre a febrero. El área está rodeada por numerosos caños que atraviesan la zona, entre los cuales encontramos los de la Lindosa, Agua Bonita, Caño Negro, Caño Yamú, La María, La Pizarra y Caño Dorado (Cárdenas López et al., 2008). Asimismo, forma parte de la microcuenca del río Guaviare, que abarca aproximadamente 1.380 km en la confluencia del río Guayabero y el río Ariari, hasta su desembocadura en el Orinoco (IGAC, 1999).
En el costado occidental del tepuy de Cerro Azul corre, en dirección sur-norte, el Caño Dorado, un caño de aguas negras que nace en el Cerro Capricho hacia el sur y que desemboca en el río Guayabero al noroccidente de Cerro Azul. A su vez, en la base del afloramiento de Cerro Azul se encuentra una pequeña quebrada llamada Caño Pinturas, originada por la escorrentía de las aguas que circulan desde las partes más altas del afloramiento rocoso de Cerro Azul. Este drenaje desemboca en el Caño Dorado, cuyo flujo presenta variaciones por temporadas: durante la época de lluvias corre en sentido oriente- occidente y en épocas de sequía su caudal disminuye considerablemente o desaparece de manera temporal hasta el inicio de nuevas precipitaciones (Vriesendorp et al., 2018).
Figura 5. Caño Dorado
Fuente: fotografía propia.
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Figura 6. Caño Pinturas
Fuente: fotografía propia.
Para la caracterización biológica y paisajística de la zona se toma como referencia el estudio realizado por Vriesendorp et al. (2018), donde se considera la región como un mosaico diverso de ensambles de vegetación. En la serranía de la Lindosa se observan coberturas boscosas que cumplen funciones ecológicas como la protección de fuentes hídricas, el mantenimiento de corredores de conectividad y la mitigación de procesos de la erosión que afectan el patrimonio
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geológico y cultural, así como hábitat natural de especies vegetales emblemáticas como el cedro y la flor del Guaviare, entre otros.
De igual manera, las especies endémicas de la Amazonia colombiana, y en particular de la serranía de la Lindosa, desempeñan un papel central como lo son los árboles padrones en el manejo de semillas en procesos de restauración. Estos lugares presentan un alto potencial pedagógico por la confluencia biogeográfica entre las regiones amazónica, orinoquense y guayanesa. A su vez, los bosques representan una fuente de ingresos económicos para guías ambientales locales mediante actividades de monitoreo a largo plazo, y constituyen un motor de desarrollo sostenible en la región como generadores de capacidades locales en investigación a través de programas de monitoreo, restauración y modalidades de turismo especializado, como el aviturismo y el senderismo, entre otros (Vriesendorp et al., 2018).
Figura 7. Vista al bosque que recubre la serranía de la Lindosa
Fuente: fotografía propia.
Los registros botánicos reportados para la región de la serranía de la Lindosa dan cuenta de 326 especies, 229 géneros y 203 familias, lo que confirma su carácter de mosaico vegetal diverso donde confluyen elementos de la Amazonia, la Orinoquia y el Escudo Guayanés. En dicho mosaico, muchos de los elementos de la Amazonia se encuentran asociados a suelos fértiles de
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la Formación Pebas, entre los que se encuentran especies como la ceiba (Ceiba pentandra), uvo (Spondias globosa), cedro (Cedrela odorata) y papaya del venado (Jacaratia digitata).
Asimismo, se identifican bosques de galería con elementos amazónicos como marupá (Simarouba amara), cariado (Protium spp.) y siringa (Hevea nítida), rodeados por sabanas naturales de filiación orinocense con presencia de pastos de los géneros Hymenancbne, Panicum y Paspalum, árboles de Euplassa saxícola y arbustos de chaparro (Curatella americana). Adicionalmente, se registran especies típicas de afloramientos rocosos con elementos de la Guayana, por ejemplo, Puya floccosa y Vellozia tubiflora (Vriesendorp et al.,
2018).
Figura 8. Detalle de las formaciones rocosas en Cerro Azul
Fuente: fotografía propia.
Los bosques altos de ladera descritos en Cerro Azul presentan un dosel definido, árboles de gran porte (de 20 a 25 m de altura) y bajo grado de epifitismo, mientras que los bosques inundables de várzea se encuentra asociado al cauce bajo de Caño Dorado en la vereda Cerro Azul, el cual
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tiene influencia del río Guayabero. En época de lluvias, el río Guayabero represa a Caño Dorado inundando un área extensa de várzea con profundidades que llegan hasta los 3 m durante varios meses del año. Aunque dicho proceso genera suelos ricos, el estrés producido por el alto nivel freático y el mal drenaje no permite el establecimiento de una gran diversidad de especies. De igual manera, en Cerro Azul se identifican cananguchales mixtos sobre suelos arenosos, en los que predominan individuos macho. Esto sugiere que la población de Mauritia flexuosa en esta zona se ha sometido a un proceso de selección antrópica, en la cual las hembras se han derribado para obtener los frutos (Vriesendorp et al., 2018).
El área arqueológica de Cerro Pinturas, como lo llaman los habitantes de la región, se localiza en la vereda Cerro Azul y es uno de los lugares más representativos de la serranía de la Lindosa. Se trata de un afloramiento rocoso aislado, de gran tamaño, que se alza aproximadamente 330 m de la planicie amazónica, y que se separa del resto del bloque de la serranía por la microcuenca del caño Yamú. Esta es una zona boscosa bien conservada con selva de dosel con grandes abrigos rocosos. En este cerro se concentra la mayor densidad de manifestaciones rupestres de la serranía de la Lindosa (Becerra, 2019).
Para acceder a los paneles con pinturas, se inicia desde la finca La Florida cuyo propietario es el señor José Noé Rojas, quien nos dio la posibilidad no solo de pernoctar en su casa, sino también de convertirla en centro de operaciones para las diversas expediciones. Desde allí, para acceder a las pinturas, es preciso subir por un sendero en medio del bosque que comunica con varios niveles donde se exponen los murales. En el primer nivel, a aproximadamente 277 m.s.n.m., se encuentran los murales de Los demoledores, Las avispas, Las mariposas, De los niños, Didier, Zarigüeyas, Serpiente, Las manos y El principal. Así mismo, entre las diversas paredes que abarcan este nivel hay varios grupos de pinturas en murales que no tiene nombre, es el caso de las paredes conjuntas a la excavación tanto del Corte 1 como del Corte 3.
Por una escalera en madera en medio del bosque se asciende al segundo nivel del afloramiento rocoso, donde se encuentran los murales de Las dantas, La familia, Los insectos, Caimán, Cosmos, Plantas, Mamíferos y El más largo. Al igual que el caso anterior, hay varias paredes con muchas pictografías cuyos murales no tiene nombre (Becerra, 2019). En este mismo nivel, se encuentra una cueva que atraviesa el afloramiento de un extremo al otro a lo lardo de aproximadamente 200 m, formada por la roca madre de la montaña. Su interior es amplio y
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carece de iluminación natural, y actualmente se encuentra habilitado para actividades de experiencia sensorial dirigidas a visitantes y turistas. Vale la pena aclarar que en el interior de esta cueva no se han reportado ni pinturas, ni material cultural arqueológico.
Existen otros niveles con murales de pinturas rupestres, pero debido a su complicado acceso están restringidos. Si bien fue posible acceder a algunos de estos sectores con el fin de ubicar suelos con las condiciones básicas para una prospección, no se hallaron evidencias de formación de suelos. Tanto los senderos como los murales corresponden directamente a la roca madre de la serranía. Por lo tanto, no hay la posibilidad de hacer una prospección o excavación arqueológica en estas zonas del afloramiento.
Figura 9. Algunos paneles con pictografías en Cerro Azul
Fuente: Fotografías propias. A) Mural “El Principal” en el primer nivel; B) Mural “Los Demoledores” en el primer nivel; C) Mural de “Las Dantas” en el segundo nivel; D) Mural “El Más Largo” en el segundo nivel.
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2. Panorama general de la arqueozoología en el
Noroccidente Amazónico colombiano La zooarqueología es una disciplina arqueológica dedicada al estudio, principalmente, de los restos faunísticos de yacimientos arqueológicos (Azulay et al., 2023). Su objetivo principal es comprender la relación de los seres humanos con su entorno, especialmente con la población animal. Desde esta perspectiva, algunos arqueozoólogos han enfocado sus investigaciones en entender aspectos como son la nutrición, el uso de recursos, la economía, las actividades rituales, entre otros componentes de la vida humana que involucran a los animales o parte de ellos (Reitz y Wing, 2008).
Durante las últimas décadas, los arqueólogos que trabajan con el pasado ambiental han desarrollado conceptos, métodos y técnicas, orientados a entender la relación dinámica entre los seres humanos y los sistemas ecológicos que habitaron. Estos enfoques se sustentan principalmente en el análisis de restos animales y vegetales, teniendo en cuenta su contexto geomorfológico y suelos en los que están inmersos los restos arqueológicos (O’Connor, 1998, citado en Peña, 2013, p. 47).
Por ello, es importante conocer las diferentes variables medioambientales a las que se enfrentaron los seres humanos en el pasado y, por ende, las diferentes estrategias culturales que crearon para adaptarse a estos medios. Es importante señalar que varios de estos aspectos se analizan y comprenden a partir del estudio de los restos tanto de flora como de fauna, en un intento por reconstruir lo que los expertos llaman paleoambientes o paleoecología. Por este motivo, los diferentes enfoques metodológicos que consideren el abordaje del estudio de estos restos en contextos arqueológicos han venido teniendo una importancia significativa en la mayoría de enfoques teóricos de la arqueología, en la medida que permiten dar respuestas a preguntas tan importantes que de otra manera, podrían ser complejas en responder, como, por ejemplo, la domesticación de plantas y animales, la obtención de recursos en épocas prehispánicas, las dietas en relación con los ciclos vitales de los ecosistemas, la adaptación a ciclos o ambientes cambiantes para una población de cazadores-pescadores-recolectores, entre otros.
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Dentro de esta perspectiva, el estudio de los ecosistemas y la fauna colombiana en especial la amazónica, vista en relación con procesos históricos y culturales inscritos en una dinámica ecológica, constituye en la actualidad un campo con múltiples posibilidades de exploración. Ante esto el profesor Germán Peña (1995) señala que una investigación orientada a evaluar la importancia que tuvo una determinada especie en la vida de una comunidad requiere considerar un gran número de variables naturales y culturales, que dependen tanto del análisis del ecosistema particular y la red de nichos ecológicos que lo conforman, como del bagaje de conocimientos y experiencias acumuladas por el grupo humano en su proceso de interacción con éste a través del tiempo.
En la Amazonia, a pesar del creciente número de estudios en zooarqueología, aún son escasas las investigaciones centradas en el análisis de la fauna en contextos arqueológicos. Por ejemplo, existen estudios disponibles realizados en la Amazonia Central, Llanos de Mojos, Sudoeste Amazónico y Noreste de Pará, que muestran la importancia de las especies animales en la alimentación de las sociedades humanas (Campos et al., 2023).
Sin embargo, el aporte del mundo animal en el pasado amazónico ha sido muy poco. Esto puede ser debido a la poca evidencia arqueozoológica que se ha recuperado de los diversos proyectos arqueológicos, lo que dificulta tener evidencia empírica clara para poder contribuir a este debate fascinante del “bosque cultural”. Aun así, los trabajos realizados en este campo han iniciado la posibilidad de incorporar una nueva mirada a los recursos faunísticos en el pasado amazónico (Driesch y Hutterer, 2012; Prestes-Carneiro et al., 2016; Prestes-Carneiro et al., 2020).
Veamos algunos ejemplos en la cuenca amazónica donde los estudios arqueológicos han reportado hallazgos de fauna. Dentro de la literatura de la arqueología amazónica, está Pedra Pintada, este sitio está ubicado en el estado de Pará, Brasil, y allí se mencionan las evidencias de ocupación humana con fechas de ocupación superiores a los 9000 años AP. En este trabajo también se registraron diferentes restos óseos de animales pertenecientes a mamíferos, peces y reptiles sin mayor profundidad de estudio (Roosevelt et al., 1996).
Por su parte, la investigación arqueozoológica realizada en el sitio Hatahara cerca de Manaus (Amazonia central), demostró la existencia por parte de grupos cerámicos de un alto consumo
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de peces de varias especies, seguido por reptiles y mamíferos terrestres (Prestes-Carneiro et al.,
2016).
Para la zona de los Llanos de Mojos en Bolivia, conocida como Loma Salvatierra, se publicó un artículo, donde recogen los estudios arqueofaunísticos realizados en este lugar. Allí la presencia de vestigios de venados (Mazama) evidenció la importancia que tuvo esta especie en el consumo de proteína animal para los grupos humanos que habitaron esta región entre los 800 y 500 años AP. Además, el texto discute sobre la domesticación del pato (Cairina moschata) (von den Driesch y Hutterer, 2012).
Así mismo, un importante estudio nos muestra la reconstrucción de las dinámicas ecológicas del sitio Monte Castelo en la Amazonia sur occidental, para mediados del Holoceno. Esta reconstrucción se realizó a partir del análisis a los restos óseos de los peces que se encontraron en el sitio arqueológico. Allí los investigadores, dieron cuenta de los diversos momentos estacionales que los grupos humanos habitaron en el pasado, con el fin de entender la ecología de los peces representados en los restos arqueofaunísticos (Prestes-Carneiro et al., 2020).
Por su parte, otros trabajos arqueológicos en la región noroccidental de la Amazonia son un referente importante para entender la historia de la investigación arqueológica, aunque no hayan reportado fauna en sus hallazgos. Es así como los primeros trabajos hechos en el Guaviare, donde se encuentran los abrigos rocosos y los miles de pictografías de la Serranía de La Lindosa, fueron los realizados por Álvaro Botiva en el sector del raudal del Guayabero (Botiva, 1986), y por el equipo liderado por Gonzalo Correal, el cual se convirtió en el primer trabajo estratigráfico, con una ocupación precerámica para la Amazonia colombiana de 7000 años AP (Correal et al.,
1990).
En su tesis de maestría, el investigador Juan Miguel Kosztura, trabajó en una Terra Preta en la cercanía a Cerro Azul, donde pudo georreferenciar este tipo de evidencias antrópicas, con la idea de reconstruir la actividad paleobotánica de este lugar (Kosztura, 2020).
Otro sitio de la Amazonia colombiana donde se reportaron restos de fauna arqueológica fue el reseñado por Carlos Castaño-Uribe en el Chiribiquete. Allí se referencian paneles con pictografías, y en algunos se hicieron excavaciones de prospección, donde se encontraron restos
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de semillas, fragmentos de piedra pintada, abundante carbón vegetal, cerámica, lascas de chert y en algunos casos, huesos de animales asociados a mamíferos, aves, roedores, jaguares y serpientes, estos datos arqueozoológicos no son analizados en profundidad (Castaño-Uribe y van der Hammen, 2005; Castaño-Uribe, 2019).
Por otro lado, algunos estudios se han enfocado en analizar los animales representados en los paneles de pictografías de la Lindosa, especialmente en Cerro Azul. Allí, los investigadores reconocieron taxonómicamente varios taxones representados mayoritariamente por mamíferos, entre los cuales se encontraban las familias Cervidae, Procyonidae, Dasypodidae, Didelphidae, y varios géneros de Rodentia; reptiles entre los que figuraban las familias Crocodylia, Testudines Squamata; y, finalmente peces y aves indeterminadas (Robinson et al., 2024; Brito-Sierra y Lopez-Arévalo, 2015). A su vez, un estudio publicado en el año 2016 relacionó algunos animales representados en las pinturas rupestres, con animales traídos desde Europa, en particular, por los exploradores alemanes en el siglo XVI, identificado posiblemente perros, toros y vacunos (Urbina y Peña, 2016).
De esta manera, es el sitio arqueológico Cerro Azul que, por sus características y hallazgos, se convierte en uno de los más importantes de la Amazonia colombiana y del bioma amazónico en general. En él se evidencia del uso de recursos faunísticos por parte de los grupos humanos en el pasado, desde hace 12.300 años AP hasta 308 años AP, con un amplio acceso a diversas variedades de especies animales y del uso de diferentes ecosistemas (Morcote-Ríos et al., 2017, 2020), convirtiéndolo en un estudio pionero para la Amazonia colombiana, razón por la cual se decide profundizar en el análisis de este material arqueofaunístico.
3. Metodología
3.1 Metodología de campo
En el año 2014 se realizó la primera temporada de campo en la serranía de la Lindosa3, con la intención de hacer un reconocimiento de la región y ubicar sitios con formación de suelos adecuados para prospectar en la búsqueda de yacimientos arqueológicos. Se visitaron varios sitios de la serranía de la Lindosa entre abrigos rocosos y paneles con pinturas rupestres; además, se usó el barreno para identificar sitios con suelos apropiados con potencial de vestigios de cultura material. El único sitio con formación de suelos profundos fue un lugar de Cerro Azul. El uso del barreno permitió saber que este abrigo rocoso, cuyas paredes estaba recubiertas de pictografías, tenía un suelo adecuado para una excavación controlada.
A partir de los datos obtenidos en la temporada de campo del 2014, se crea un semillero con cuatro estudiantes de pregrado, quienes formulan un proyecto de investigación para realizar una excavación, reconocer la estratigrafía del suelo y recuperar las evidencias de cultura material que se encuentren a través de un proyecto llamado Estudio arqueológico y paleoecológico asociado a las pictografías en San José del Guaviare (Amazonia colombiana)4.
Este proyecto se realizó durante el año 2015 y duro dos semanas. Al ser la primera exploración del sitio en cuestión, se decidió excavar por niveles arbitrarios de 10 cm cada uno, con el fin de reconocerlo, previendo que posiblemente, el potencial arqueológico fuera bajo o nulo, ya que era la primera excavación en esas zonas de la Lindosa. Además, las exploraciones con barreno en el año anterior no habían sido tan fructíferas.
3 Gracias a una invitación del profesor Hugo Fernando López del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia, quien, en el marco de algunas asignaturas del programa de biología en pregrado, ya venían haciendo visitas reiteradas al norte del Guaviare y de la serranía de la Lindosa. Al ver las pinturas, consideran que “es un asunto de Antropólogos y Arqueólogos” y, por lo tanto, nos invitan a reconocer la región en una salida de campo conjunta con estudiantes del programa de biología de la sede Bogotá, para futuros proyectos de investigación (Conversación personal, 2014). 4 Semillero de investigación 2015, Universidad Nacional de Colombia, código HERMES 25957. Estudiantes: Nataly Morales, Laura Hernández, Germán Piñeros y Jeison Lenis Chaparro-Cárdenas; tutor: profesor Gaspar Morcote-Ríos. (Morcote-Ríos et al., 2017).
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Figura 10. Uso de barreno.
Fuente: Fotografía propia. Profesor Gaspar Morcote-Ríos usando el barreno en el sitio arqueológico de Cerro Azul en la primera expedición en el año 2014.
En las excavaciones correspondientes al proyecto mencionado se hicieron dos cortes. En el primer nivel del afloramiento, bajo un alero del abrigo rocoso con varias pinturas rupestres, se excavó el Corte 1 con 3 cuadrículas cada una de 1 m² nombradas A, B y C. En el segundo nivel, muy cerca de un mural con muchas expresiones rupestres y a poca distancia de un cruce que comunica hacia el miador y la entrada de la cueva, se excavó el Corte 2 con 1 cuadrícula de 1 m² nombrada A.
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Figura 11. Área de la excavación del Corte 1 en el primer nivel de Cerro Azul
Fuente: fotografía propia.
Figura 12. Detalle de las manifestaciones rupestres cerca al Corte 1 en Cerro Azul
Fuente: fotografía propia.
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Figura 13. Área de la excavación del Corte 2 en el nivel dos de Cerro Azul
Fuente: fotografía propia.
Figura 14. Detalle de las manifestaciones rupestres cerca al Corte 2 en Cerro Azul
Fuente: fotografía propia.
El presente trabajo se enfoca en el Corte 1 con 3 cuadrículas, ya que en el Corte 2, aunque se recuperó bastante material cultural, incluido de manera especial el primer registro de restos humanos para la Amazonia colombiana en un contexto funerario, el registro estratigráfico del
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Corte 2 fue muy difícil de recrear, debido a las condiciones del suelo que no permitía leer con claridad los perfiles. Estos suelos eran muy finos, secos y sueltos, llenos de pequeñas rocas, que hacían parte del registro funerario, lo que dificultaba seguir con precisión una excavación controlada; además, no permitía recrear con claridad los niveles estratigráficos. Así mismo, en el Corte 2 no se recuperaron vestigios arqueozoológicos, razón por la cual no hay datos para incluir en este estudio, reduciendo el análisis del presente estudio, a las cuadriculas A, B y C del Corte 1 de la temporada de campo 2015.
Se excavaron niveles arbitrarios de 10 cm, llegando a un máximo de profundidad en la cuadrícula A y B de 100 cm y en la cuadrícula C los 70 cm. Se utilizaron en la excavación palustres, se generaron fichas de registro, dibujos, diarios de campo para la descripción del trabajo y fotos de cada uno de los niveles excavados, así como de los perfiles identificados. El material arqueológico recuperado in situ se registraba en el diario de campo, fichas y dibujos de acuerdo con su localización en la excavación. De igual manera, todo el sedimento excavado se pasaba por una zaranda con una malla de apertura de 1 cm.
En la zaranda se separaba el material correspondiente a cerámica, instrumentos líticos o desechos de talla y, eventualmente, material paleoecológico como semillas o huesos. Luego, se hizo un muestreo controlado para el análisis de fitolitos (Morcote-Ríos et al., 2017). Finalmente, el resto de suelo que quedaba en la zaranda se guardó en bolsas correctamente rotuladas para ser llevadas al laboratorio y allí explorar con más detalle las evidencias de cultura material que se pudieran recuperar. Durante este periodo, todo el material arqueológico fue debidamente rotulado según su procedencia, ya sea cuadrícula, nivel de excavación y tipo de material. Los análisis de laboratorio derivados de esta fase se abordan en la sección 3.2.
Dado el éxito de esta temporada de campo y la enorme cantidad de material arqueológico recuperado, asociado a fechas tempranas de finales del Pleistoceno, se toma la decisión de gestionar un segundo proyecto de investigación que, en este caso, fue apoyado por el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), el cual contó además con la participación de
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investigadores de la Universidad de Antioquia. El proyecto se llamó Adaptación humana en la última glaciación en el noroccidente de la Amazonia colombiana5.
Esta tercera temporada de campo, realizada en 2017, se llevó a cabo en la misma área del Corte 1, en el primer nivel del yacimiento de Cerro Azul. Esta zona fue seleccionada por presentar las evidencias antrópicas más tempranas y por contar con condiciones de suelo adecuadas para realizar una excavación controlada y más rigurosa.
En esta ocasión, la zona de excavación fue muy cerca donde se realizó el Corte 1, y se denominó Corte 3, se dividió en cuadrículas cada una de 1 m² y se organizó una grilla de 12 m². Cada cuadrícula se nombró con las letras A, B, C, D, E, H, I, J, K y L, a la cuales se les iba dando el rótulo en el orden en que se iban excavando (ver figura 15).
Figura 15. Plano de la excavación en el nivel 1 del yacimiento de Cerro Azul, Corte 1 y 2
5 Beca de investigación No. 199 de 2017, Programa de Fomento a la Investigación, Instituto Colombiano de Antropología e Historia
– ICANH. Estudiantes: Jean Valentín Castellanos y Jeison Lenis Chaparro-Cárdenas, Universidad Nacional de Colombia, Benito
Benegas, Universidad Autónoma de Yucatán - México; profesor Sneider Rojas, Universidad de Antioquia; coordinadores del proyecto: profesor Gaspar Morcote-Ríos, Universidad Nacional de Colombia y profesor Francisco Javier Aceituno, Universidad de Antioquia. (Morcote-Ríos et al., 2021).
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Se excavaron niveles arbitrarios de 5 cm. Las cuadrículas ubicadas en el norte (M, N, A y B) alcanzaron mayor profundidad en contraste con las del sur (H y E), que presentaron menor profundidad. Para un análisis más detallado de la profundidad de las cuadrículas se recomienda consultar la sección 4, que corresponde al estudio estratigráfico.
En este nuevo proyecto, se hicieron descripciones detalladas de todo el proceso de excavación en diarios de campo y fichas. También se hicieron dibujos de los niveles y perfiles, así como un registro fotográfico del proceso de excavación. El material arqueológico recuperado in situ fue debidamente rotulado y extraído con mucha prudencia para embalarse según sus requerimientos. Así mismo, se realizaron muestreos en los perfiles para el análisis de fitolitos (Morcote-Ríos et al., 2021).
Durante el proceso de excavación in situ, se recuperaron varias muestras de material arqueofaunístico, las cuales se describieron a detalle tanto en el diario, las fichas de campo y los dibujos, según su lugar de procedencia y características. Todo el sedimento resultante de la excavación fue tamizado por una zaranda con apertura de 1 cm, lo que permitió recuperar material arqueológico adicional, el cual se clasifico en artefactos o ecofactos y rotulado según su procedencia.
El suelo resultante del tamizado se empaquetó en bolsas debidamente identificadas. Posteriormente, durante la temporada de campo 2017 y ante la enorme cantidad de bolsas que saldrían de suelo, se seleccionó un punto adecuado en una quebrada cercana a la base del cerro, denominada Caño Pinturas, donde cada bolsa fue lavada con agua y pasada por una malla de 4 mm de apertura. Este proceso permitió separar materiales no arqueológicos, como piedras y raíces, de los restos de interés, entre los que se identificaron una enorme cantidad de macro restos como semillas, carbón y huesos, así como micro lascas y pequeños fragmentos de cerámica. Todo este material se secó en campo al ambiente, y se embaló en bolsas correctamente rotuladas para su posterior análisis de laboratorio.
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Figura 16. Lavado del material arqueológico en Caño Pinturas
Fuente: fotografía propia. El lavado se realizó para la recuperación de todos los artefactos y ecofactos, extraídos del Corte 3, temporada 2017.
Para la obtención de las muestras elegidas para ser fechadas, se seleccionaron principalmente fragmentos de semillas carbonizadas por cada nivel de excavación. Estos fragmentos se identificaron en plena excavación y, posteriormente, se manipularon con instrumentos limpios como pinzas para evitar su contaminación. Las muestras se embalaron en bolsitas de aluminio limpias debidamente rotuladas y se almacenaron en un lugar adecuado para su posterior traslado a Bogotá.
3.2 Metodología en laboratorio
Todo el material recuperado de la excavación en la temporada de campo del año 2015, correspondientes a los Cortes 1 y 2, fue llevado al laboratorio de arqueología del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá. Allí cada bolsa con suelo se lavó de forma controlada con agua y se pasó por un tamiz con apertura de 4 mm. Posteriormente, el material húmedo se extendió sobre una mesa para que se secara a la temperatura ambiente. Cuando el material ya estaba seco, se procedió a separarse dado la enorme cantidad de fragmentos pequeños que se evidenciaba. Para esto se usaron pinzas de precisión, placas de Petri y estereoscopios, con el fin de facilitar la observación del material en el proceso de separación. El material se organizó en las siguientes categorías: fragmentos
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cerámicos; desechos de talla y micro lascas; carbones vegetales; restos óseos humanos; y restos óseos de animales.
Para el caso de la presente investigación se hará precisión sobre los detalles de tratamiento de los restos óseos de animales en laboratorio y sus respectivos análisis.
Figura 17. Proceso de preparación de la colección de referencia de peces para uso arqueológico
Fuente: fotografía propia.
El material óseo de fauna se empacó en bolsas individuales y rotuladas según sus características de procedencia (corte, cuadrícula, nivel). Un análisis preliminar, apoyado por el profesor Germán Peña León, arqueozoólogo del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia, quien brindó orientaciones iniciales sobre la forma de abordar el análisis del material arqueofaunístico, demostró que en su gran mayoría correspondían a restos de peces. A partir de
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este análisis preliminar, se presentó un póster informativo en el IV Encuentro Internacional de Arqueología Amazónica, con el objetivo de dar a conocer el inicio de este estudio6.
Figura 18. Proceso de limpieza y organización del material arqueofaunístico
Fuente: fotografías propias.
6 Póster titulado Estudio de la fauna en el contexto arqueológico de cerro azul (noroccidente, Amazonia colombiana), que se presentó en el IV Encuentro Internacional de Arqueología Amazónica que se desarrolló en Trinidad, Beni (Bolivia) en 2017. Autores: Jeison Lenis Chaparro-Cárdenas estudiante de Antropología; Profesores Gaspar Morcote-Ríos y Germán Alberto Peña-León, Instituto de Ciencias Naturales, Universidad Nacional de Colombia.
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Así mismo, se presentó un proyecto el cual fue aprobado para una beca de investigación por parte del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) en el año 20177, con la cual se creó la primera colección de referencia de peces para uso arqueológico de la región amazónica colombiana.
Esta colección se estructuró con el objetivo de consolidar una colección de referencia contemporánea para uso arqueológico, conformada por los elementos óseos desarticulados de las especies de peces más comunes y de mayor importancia socioeconómica para las comunidades actuales de la región de la Lindosa (San José del Guaviare). Para alcanzar este propósito, la investigación se desarrolló en cuatro momentos.
En primer lugar, se consultó la bibliografía pertinente para identificar las especies ícticas que habitan los cuerpos de agua (ríos, caños y lagunas) aledaños a la Lindosa y Cerro Azul. Esta búsqueda inicial contó con la asesoría y orientación de profesionales ictiólogos del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la Universidad Nacional de Colombia, lo que permitió dar rigor taxonómico al inventario preliminar.
Paralelamente, se recolectó información sobre el recurso pesquero utilizado por las poblaciones locales como sustento alimenticio. Esto se llevó a cabo mediante trabajo de campo en las comunidades cercanas a la Lindosa y Cerro Azul.
A partir de la triangulación entre la revisión bibliográfica, las asesorías del ICN y los datos etnográficos suministrados por los habitantes de la región, se consolidó un listado definitivo de las especies más representativas, con un alto potencial de uso y de interés arqueozoológico para el proyecto.
Con base en el listado depurado, se realizaron dos temporadas de campo, para la captura de las especies seleccionadas en sus entornos hídricos naturales. Asimismo, se visitaron las plazas de mercado y galerías de la zona para adquirir aquellos ejemplares comerciales faltantes en los muestreos de pesca.
7 Beca de investigación No. 205 de 2017, Programa de Fomento a la Investigación, Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH). Proyecto: Colección de referencia contemporánea de peces más comunes, para la región amazónica asociada con la serranía de La Lindosa, para uso arqueológico. Investigador: Jeison Lenis Chaparro-Cárdenas.
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Todos los especímenes obtenidos se trasladaron al laboratorio en estado completo (sin eviscerar y sin alteraciones físicas o morfológicas) para garantizar la integridad de los análisis posteriores.
La fase analítica y de preparación se ejecutó en el Laboratorio de Arqueología del ICN (sede Bogotá) bajo el siguiente protocolo:
● Análisis taxonómico y biométrico: se realizó la descripción taxonómica con rigurosidad de cada ejemplar capturado, a través del acompañamiento del profesor Iván Mujica (q.e.p.d.) y su grupo de trabajo en taxonomía de peces del laboratorio de ictiología del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia. Así mismo, se realizó bajo criterios de catalogación formal el registro de sus pesos y medidas para futuros análisis arqueozoológicos.
● Desarticulación ósea: se prepararon los esqueletos mediante procesos enzimáticos o mediante el uso de colonias de escarabajos derméstidos (Dermestidae). ● Identificación y marcaje: utilizando la información osteológica disponible y los elementos diagnósticos de cada familia, se identificaron y marcaron individualmente las piezas óseas. ● Depósito y conservación: los ejemplares preparados se incorporaron formalmente a la colección de referencia del Laboratorio de Arqueología del ICN para su conservación y consulta científica.
Finalmente, se elaboró la documentación técnica (metodologías y resultados) y se socializó el informe final tanto con las comunidades de San José del Guaviare como en el ámbito académico, específicamente dentro de la asignatura de Zooarqueología de la Universidad Nacional de Colombia.
Como resultado directo de la metodología implementada, se obtuvieron y procesaron en laboratorio un total de 104 ejemplares pertenecientes a 51 especies de peces, capturados en caños, lagunas y ríos de las veredas Playa Güío, Raudal del Guayabero y Cerro Azul en la serranía de la Lindosa.
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Figura 19. Colección de referencia de peces más comunes para uso arqueológico
Fuente: fotografía propia
Es así como se inició el proceso de identificación taxonómica de los restos óseos de animales. Para el correcto estudio taxonómico, se obtuvo una beca de pasantía en el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales en 20198. A partir de estas dos becas de investigación, se estudió aproximadamente el 60% del material arqueofaunístico solo en su etapa de descripción taxonómica, correspondientes a las cuadrículas A, B y C del corte 1 y A, B, N, y M del Corte 3. Los resultados de este primer abordaje se publicaron en un artículo colaborativo (Morcote et al., 2021), en donde solo se incluyeron los datos del Corte 3 (cuadrículas A, B, N y M). Esto permitió al autor de la presente investigación obtener el título de antropólogo en la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá.
8 Beca de Pasantía - Short-Term Fellowship, Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales - STRI, Grant No. 4497 de 2019. Proyecto: “Estudio taxonómico de la fauna en el contexto arqueológico de Cerro Azul (San José del Guaviare - Amazonia colombiana)” Investigador: Jeison Lenis Chaparro-Cárdenas.
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Figura 20. Proceso de análisis taxonómico en el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales
Fuente: fotografías propias
Al Instituto Smithsonian se llevó el material de las cuadrículas A, B y C del Corte 1, y las cuadrículas A, B, M y N del Corte 3. Allí en primer lugar, se volvió a lavar el material con agua, y se pasó por un tamiz de apertura de 4 mm para eliminar cualquier sedimento que impidiera una clara identificación de los detalles taxonómicos. El material se extendió sobre una mesa para que se secara a la temperatura ambiente. Posteriormente, y con el uso de pinzas de precisión, platos Petri y un estereoscopio, se inició el proceso de separación de elementos diagnósticos de los no
Sembrar y cosechar animales
44
diagnósticos. Los elementos diagnósticos se eligieron a partir de estructuras óseas que permitieran la identificación taxonómica. Las estructuras óseas no diagnósticas se contabilizaron y se pesaron para incluirse en los datos globales del estudio, pero ante la imposibilidad de ubicarse dentro de un taxón en particular, se rotularon como “no diagnósticos”.
El material diagnostico luego se separó por taxones generales de acuerdo con las características de los restos; estos fueron “peces”, “mamíferos”, “reptiles”, “bivalvos” y “aves”. Además, en el proceso de identificación taxonómica se usaron los especímenes de referencia de mamíferos y reptiles de la colección de referencia arqueozoológica del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales y el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia. Igualmente, para la identificación de peces se usó la reciente colección de preferencia creada para este fin.
El proceso de identificación taxonómica se llevó a cabo mediante la comparación de las particularidades morfológicas de las piezas óseas arqueozoológicas con aquellas pertenecientes a la colección de referencia, con el fin de establecer similitudes que permitieran una aproximación lo más precisa posible de la identificación de taxones. Como resultado de este procedimiento, la mayoría de los especímenes pudieron identificarse a nivel de familia y género, y en algunos casos específicos a nivel de especie.
Una vez identificados los taxones, los datos se consolidaron en un archivo plano en una tabla de Excel, donde se registraron las características del material analizado. Entre esas variables incluidas se encuentran el taxón identificado, el peso de las muestras, el tamaño y diversas características tafonómicas, entre las cuales se identificó la termoalteración, evidencias de manipulación antrópica como huellas de corte, entre otras.
El material ya analizado taxonómicamente fue rotulado y almacenado dentro de una bolsa adecuada para su conservación, incluyendo en cada una la información de procedencia, así como los datos de información de análisis de laboratorio. Finalmente, se seleccionaron algunos elementos diagnósticos para su registro fotográfico, ya que, por el volumen de los datos analizados, no era pertinente fotografiar cada estructura ósea analizada.
4. Estratigrafía y cronología de Cerro Azul
Para el análisis estratigráfico se tomó como base los análisis realizados y publicados en dos artículos de Morcote-Ríos et al. (2017; 2021). La estratigrafía del sitio está constituida por sedimentos que se derivan de la matriz rocosa de Cerro Azul, la cual está compuesta por la Formación Araracuara, así como por la deposición de materiales culturales resultantes de las ocupaciones humanas en el lugar. La profundidad de los depósitos varía con los distintos cortes de excavación y la ubicación de sus cuadrículas, siendo el sector suroriental el más superficial, debido a que se encuentra más cerca a la pared del abrigo conformada por la roca madre; mientras que el sector noroccidental presenta mayores profundidades, asociadas a zonas de tránsito y actividad antrópica. En el marco de esta investigación, la cuadrícula C del Corte 1 es la de menor profundidad con 60 cm y la cuadrícula M del Corte 3 la más profunda con 115 cm. Así mismo, se identifica que en el Corte 1, no se reconocen la Capa I y VII que sí aparecen en el Corte 3.
Figura 21. Estratigrafía del perfil oriental del Corte 1
Fuente: Adaptado de Morcote-Ríos et al. (2017)
Sembrar y cosechar animales
46
Figura 22. Estratigrafía del perfil oriental del Corte 3
Fuente: Adaptado de Morcote-Ríos et al. (2021)
Dada la homogeneidad litológica de los perfiles excavados en los Cortes 1 y 3, la definición de los estratos se basó en las capas culturales detectadas durante las excavaciones, en las se procedió a diferenciar, describir y registrar, en forma general, las características del sedimento (color, textura y geoquímica), así como la presencia o ausencia del conjunto de artefactos y ecofactos con su densidad. Por otro lado, las Capas V, VI y VII están asociados a grupos humanos que disponían de la tradición alfarera. Esta conclusión se deriva por la presencia en estos niveles de fragmentos cerámicos. De igual forma, la recuperación de semillas de yuca (Manihot esculenta) sugiere la presencia de grupos con prácticas agrícolas.
A partir del análisis de la estratigrafía de los Cortes 1 y 3, se definieron siete horizontes o capas culturales, cuya descripción se presenta a continuación, partiendo de los contextos más superficiales a los más profundos.
Sembrar y cosechar animales
47
Tabla 1. Descripción de las capas u horizontes culturales
CAPAS
CORTE 1
2015
CORTE 3
2017
VII
0 - 5 cm de
profundidad Ausente 5 - 0 cm de profundidad.
Solo está presente en las cuadrículas M, N, A, B, C y D, desaparece en las demás cuadrículas tanto del Corte 1 como del 3. Suelo muy arenoso, color 10 YR 5/3 Munsell (marrón). Esta unidad incluye líticos, fragmentos de cerámica, semillas carbonizadas y fauna; el estrato está muy perturbado por agentes como animales, turistas y agua.
VI
5 - 15 cm de
profundidad 0 - 10 cm de profundidad.
Suelo arenoso, con un 10% de limo sin estructura, con presencia de raíces finas, color
10 YR 5/2 (Munsell). En la superficie hay
fragmentos de rocas angulares de aproximadamente 10 cm y semillas secas de palmas y frutales. En este nivel se recuperó fragmentos de cerámica diagnóstica con diseños geométricos y desechos de líticos. Abundantes fragmentos de huesos de peces, armadillos, tortugas y pequeños mamíferos y fragmentos de endocarpios de palmas y de frutales silvestres y carbón vegetal.
5 - 15 cm de profundidad.
El color es negro (7.5 YR 2/1 Munsell) y la textura es arena arcillosa (LS). Se encontraron restos humanos, y los fragmentos de cerámica presentan la mayor densidad dentro de la estratigrafía, lo que coincide con el aumento de artefactos líticos, abundantes restos de animales, semillas carbonizadas y carbón vegetal.
V
15 - 35 cm de
profundidad 40 - 10 cm de profundidad.
Suelo arenoso, sin estructura, raíces finas, color
7.5 YR 3/3 (Munsell); presenta fragmentos de
cerámica arqueológica y líticos, así como pigmentos minerales (ocre). Abundante carbón vegetal, fragmentos de semillas y vestigios de fauna. Hay algunas rocas subangulares de superior a 10 cm. Aquí se obtuvo una fecha radiocarbónica de 320 AP. A 27 cm de profundidad.
28 - 15 cm de profundidad.
Está marcada por una disminución en la densidad del material lítico en relación con la Capa IV. Esta Capa marca la transición entre el estrato precerámico y el cerámico. El color es 7.5 YR 2/2 Munsell y la textura es arena franca (LS) con un marcado aumento de arena de los estratos inferiores. Los macrorestos de animales y plantas son abundantes. Un rasgo de sedimento negro (7.5 YR 2/1) es evidente en el perfil norte entre las cuadrículas A y B, donde se recuperaron abundantes semillas carbonizadas. Los valores geoquímicos de NO3 (18,5 mg / kg), Ca (9,58 meq / 100g), Mg (2,37 meq / 100g) y Zn (18,7 mg / kg), son los valores más altos en el perfil estratigráfico, lo más probable es que los valores de Ca y Mg estén relacionados con la gran presencia de huesos (animales y humanos).
Sembrar y cosechar animales
48
IV
35 - 65 cm de
profundidad 60 - 40 cm de profundidad.
Suelo arenoso, sin estructura. Color 7.5 YR 3/2 (Munsell). Abundantes líticos y micro lascas, así como abundantes pigmentos minerales (ocre). Ausencia de cerámica. Semillas y carbón vegetal. Se recupera abundantes vestigios de fauna.
68 - 28 cm de profundidad.
Está compuesto por una textura franco-arenosa (SL) negra (7.5 YR 3/3 Munsell). Se observan cambios geoquímicos entre la Capa III y IV; los más notables son el calcio (0,46–3,41 meq / 100g), magnesio (0,08–0,55 meq / 100 g), zinc (4,43–11,5 mg / kg) y cobre (2,15–3,09 mg / kg). El aumento de los elementos anteriores de la Capa III a la Capa IV se corresponde con un aumento de los restos de fauna.
III
65 - 85 cm de
profundidad 85 - 60 cm de profundidad.
Suelo arenoso, sin estructura. Color 7.5 YR 2/2 (Munsell). Abundante material lítico y pigmento mineral (ocre).
Ausencia de fragmentos cerámicos. Alta densidad de semillas, carbón vegetal y fauna. Se registró, a 85 cm de profundidad, la cronología de mayor antigüedad asociada a actividades antrópicas de grupos cazadores-recolectores.
80 - 68 cm de profundidad.
Está compuesta por una textura de arena franca (LS) negra (7.5 YR 2/3 Munsell) y varía en espesor a lo largo del bloque de excavación. La Capa incluye piedras grandes, ligeramente más pequeñas que el estrato anterior (~10 cm), y un marcado aumento en la densidad de artefactos líticos. Los sedimentos son ácidos (pH 5,17) y hay un ligero aumento de carbono orgánico (2,01%), fuerte disminución de NO3 (4,15 mg / k) y un ligero aumento de Cu (2,15 mg / kg) y Zn (4,43 mg / k). k) en relación con la Capa II. Estos valores se correlacionan bien con un aumento de material arqueológico, lo que indica una mayor actividad humana en el sitio.
II
85 - 105 cm de
profundidad 100 - 85 cm de profundidad.
Se caracteriza por baja presencia de elementos culturales, únicamente presencia de carbón vegetal y algunos fragmentos de restos de semillas procedentes del estrato inmediatamente superior. El suelo es arenoso, sin estructura, de color 7.5 YR 4/6 (Munsell).
105 - 80 cm de profundidad.
Es la primera Capa arqueológica claramente definida, que contiene abundante carbón vegetal, artefactos líticos, restos de plantas y fauna. Una característica marcada de esta Capa es el tamaño de los bloques de piedra, con una longitud promedio de 25 cm, mucho mayor que las capas superiores. La matriz es de color marrón oscuro-negro (B: 7.5 YR 3/4; A / M / N:
7.5 YR 2/3 a 3/3 Munsell), arena arcillosa (LS)
ácida (pH 5) sedimento que contiene cantidades muy bajas de carbono orgánico (0,56%), nitrógeno (<0,08%) y fósforo (21,3 meq / 100g), mientras que tiene un alto valor de NO3 (15,9 mg / kg). Este último está formado por la descomposición de proteínas.
I
105 - 115 cm
de profundidad Ausente 115 - 105 cm de profundidad.
Sembrar y cosechar animales
49
Formada por rocas de diferentes tamaños, desde grandes clastos angulares hasta detritos del tamaño de grava que corresponden a desprendimientos naturales de la pared del refugio rocoso. Estos bloques están mezclados con sedimentos con predominio de arenas gruesas de color amarillo rojizo (7.5 YR 6/6 Munsell). En esta Capa se recuperaron algunos fragmentos de carbón, fauna y pequeños desechos de talla, que interpretamos como intrusiones desde arriba.
Fuente: tabla adaptada a partir de la información consignada en Morcote-Ríos et al. (2017;
2021).
A continuación, se muestran las fechas radiocarbónicas obtenidas para el sitio de Cerro Azul. La información se obtuvo de los artículos publicados en Morcote-Ríos et al. (2017; 2021).
Se cuenta con un total de 11 fechas radiocarbónicas calibradas: dos correspondientes al Corte 1 y nueve al Corte 3. La priorización en la obtención de estas dataciones estuvo orientada a confirmar las ocupaciones tempranas del sitio, particularmente las asociadas al final del Pleistoceno. Por esta razón, la distribución de fechas no es homogénea a lo largo de cada momento cultural en el sitio; no obstante, se dispone de al menos una datación para cada capa u horizonte cultural. Las muestras analizadas provienen principalmente de semillas arqueológicas carbonizadas.
A partir del análisis estratigráfico, se presentan a continuación las fechas radiocarbónicas calibradas, obtenidas pare el sitio arqueológico, asociadas cada una a las capas u horizontes culturales.
Tabla 2. Fechas radiocarbónicas (¹⁴C) antes del presente (AP) Código de laboratorio Corte Cuadrícula Profundidad (cm) Tipo de muestra Fecha ¹⁴C (AP) Cal AP (2 σ)
CAPA
Beta 421467
1
A
27
Semilla
330 ± 30
472-308
V Beta 489154
3
A
15-20
Semilla
2760 ± 30
2929-2779
V
Sembrar y cosechar animales
50
Beta 489155
3
A
55-60
Semilla
2820 ± 30
3002-2849
IV Beta 421468
1
A
85
Semilla
10360 ± 40
12398-12039
III
Beta 489156
3
B
80-85
Semilla
10130 ± 30
11984-11620
III
AA111449
3
A
90-95
Semilla
6205 ± 28
7179-7004
II AA111448
3
A
95-100
Semilla
8350 ± 35
9466-9288
II Beta 492720
3
A
100-105
Semilla
8160 ± 30
9246-9013
II Beta 492723
3
N
100-105
Semilla
10280 ± 40
12180-11826
II Beta 489157
3
B
95-100
Carbón
16120 ± 50
19619-19257
II Beta 492721
3
N
100-105
Carbón
16790 ± 60
20464-20044
II Fuente: adaptado de Morcote-Ríos et al. (2017; 2021).
Como se observa en la tabla 2, en Cerro Azul se obtuvieron dos muestras de carbón vegetal con fechas del Último Máximo Glacial ~20.500-19.200 cal AP. Ambas fechas provienen del carbón vegetal recuperado en la Capa II, que se compone de sedimentos naturales mezclados con algunas lascas de chert, semillas carbonizadas y carbón vegetal. Se propone que en futuras excavaciones se pueda proporcionar un contexto más definido para los estratos inferiores del yacimiento, con el fin de esclarecer si estos corresponden a actividad antrópica o a fragmentos de carbón producidos por incendios naturales. Por el momento y dado las evidencias culturales, se aceptan las fechas del Pleistoceno final del yacimiento como evidencia firme de actividad humana. Tres datos de radiocarbono realizados en semillas de palma carbonizadas procedentes de contextos culturales seguros proporcionan fechas del Pleistoceno final entre ~12.300 y ~ 11.800 cal AP. Estas fechas marcan el inicio de una actividad humana estable y repetida en la región. Tres fechas de semillas de palma carbonizadas del Holoceno temprano a medio (~9.090
- ~7.004 cal AP) demuestran la continuidad de la actividad en la región. Una fecha del Holoceno
tardío de ~3.002-2.849 cal AP marca los estratos precerámicos, los cuales están presentes hacia 2.929-2.779 y 472-308 cal AP (Morcote-Ríos et al., 2017, 2021).
Sembrar y cosechar animales
51
5. Resultados del análisis de los restos de
fauna arqueológica en Cerro Azul
De acuerdo con los datos mencionados anteriormente, para esta investigación, se analizaron los vestigios arqueofaunísticos recuperados de las cuadrículas A, B y C del Corte 1 y las cuadrículas A, B, M y N del Corte 3.
Figura 23. Material arqueofaunístico recuperado en Cerro Azul
Fuente: fotografía propia.
Se analizaron un total de 106.228 fragmentos óseos, los cuales presentaban distintos grados de termoalteración (calcinación y carbonización) y un alto nivel de fragmentación, con tamaños promedio entre 5 a 8 mm. Esta condición limitó desde el inicio la posibilidad de estimar con precisión el Número Mínimo de Individuos (NMI), razón por la cual, los resultados se presentan con base en los números de especímenes identificados (NISP, por sus siglas en inglés de number
Sembrar y cosechar animales
52
of identified specimens). En laboratorio, después de ser lavado y limpiado, se pesó el total neto del material arqueofaunístico (incluyendo diagnóstico y no diagnóstico) de las cuadrículas A, B y C del Corte 1, y A, B, M y N del Corte 3, con un peso total neto de 2.166 gramos.
Del total de restos analizados, 17.009 (16%) tenían características morfológicas que permitieron su asignación a algún grupo taxonómico, por lo que se clasificaron como NISP diagnóstico. Por el contrario, 89.219 (84%) de los restos arqueofaunísticos recuperados fueron catalogados como no diagnóstico, por sus dificultades para establecer alguna característica que permitiera el análisis.
A continuación, se muestran los resultados totales del análisis taxonómico, donde se observan los NISP diagnósticos y no diagnósticos por nivel de excavación cada 5 cm tanto del Corte 1 como del Corte3.
Tabla 3. Total de NISP por nivel de excavación Trabajo de campo: 2015 – 2017; Jeison Lenis Chaparro-Cárdenas Trabajo de laboratorio: 2019 – 2020; Jeison Lenis Chaparro-Cárdenas Análisis Arqueozoológico: 2024 – 2025; Jeison Lenis Chaparro-Cárdenas
CORTE: 1; Cuadrículas: A, B y C; CORTE: 3; Cuadrículas A, B, M, y N Ni ve l Prof:
(cm) CA PA Peces diagnóstic os Mamíferos diagnósticos Reptiles diagnóstico s Bivalvos diagnósticos Aves diagnóstic as
NISP
diagnóstic os NISP no diagnóstico s TO TA L
NIS
P
1
0 - 5
VII
204
62%
103
31%
23
7%
0
0%
0
0%
330
2%
729
1%
105
9
2
5 - 10
VI
702
52%
488
36%
146
11%
1
0%
5
0%
1342
8%
4720
5%
606
2
3
10 -
15
VI
709
55%
460
36%
113
9%
4
0%
0
0%
1286
8%
4590
5%
587
6
4
15 -
20
V
722
55%
430
33%
104
8%
42
3%
8
1%
1306
8%
10462
12%
117
68
5
20 -
25
V
435
55%
288
37%
62
8%
2
0%
0
0%
787
5%
3926
4%
Sembrar y cosechar animales
53
6
25 -
30
V
1462
66%
572
26%
88
4%
91
4%
3
0%
2216
13
%
12245
14%
144
61
7
30 -
35
V
463
55%
290
34%
35
4%
57
7%
0
0%
845
5%
3634
4%
447
9
8
35 -
40
IV
682
67%
284
28%
41
4%
17
2%
0
0%
1024
6%
7378
8%
840
2
9
40 -
45
IV
292
54%
203
38%
26
5%
19
4%
0
0%
540
3%
2811
3%
335
1
10
45 -
50
IV
590
55%
382
35%
51
5%
53
5%
5
0%
1081
6%
6329
7%
741
0
11
50 -
55
IV
395
55%
285
40%
30
4%
8
1%
1
0%
719
4%
4243
5%
496
2
12
55 -
60
IV
554
59%
327
35%
53
6%
10
1%
3
0%
947
6%
4541
5%
548
8
13
60 -
65
IV
609
64%
303
32%
29
3%
9
1%
0
0%
950
6%
5223
6%
617
3
14
65 -
70
III
531
66%
241
30%
33
4%
4
0%
0
0%
809
5%
4680
5%
548
9
15
70 -
75
III
779
67%
329
28%
43
4%
7
1%
0
0%
1158
7%
5574
6%
673
2
16
75 -
80
III
563
65%
292
34%
13
1%
0
0%
0
0%
868
5%
4537
5%
540
5
17
80 -
85
III
305
68%
138
31%
5
1%
0
0%
0
0%
448
3%
1926
2%
237
4
18
85 -
90
II
111
69%
43
27%
4
2%
3
2%
0
0%
161
1%
823
1%
984
19
90 -
95
II
35
64%
19
35%
1
2%
0
0%
0
0%
55
0%
220
0%
275
20
95-
100
II
67
65%
34
33%
2
2%
0
0%
0
0%
103
1%
498
1%
601
21
100-
105
II
16
62%
10
38%
0
0%
0
0%
0
0%
26
0%
112
0%
138
22
105 -
110
I
7
100
%
0
0%
0
0%
0
0%
0
0%
7
0%
15
0%
22
23
110 -
115
I
1
100
%
0
0%
0
0%
0
0%
0
0%
1
0%
3
0%
4
TOTALES
1023
4
60%
5521
32%
902
5%
327
2%
25
0%
1700
9
16
%
89219
84%
106
228
A continuación, se muestran los resultados totales del análisis taxonómico, donde se observan los NISP diagnósticos y no diagnósticos, a través de las Capas estratigráficas tanto del Corte 1 como del Corte 3.
Sembrar y cosechar animales
54
Tabla 4. Resumen del total de NISP por capa estratigráfica CORTE: 1; Cuadrículas: A, B y C; CORTE: 3; Cuadrículas A, B, M, y N
CAPA
Profundidad (cm)
PECES
MAMÍFEROS
REPTILES
BIVALVOS
AVES
TOTAL NISP
TOTAL NISP
TOTAL
NISP
Diagnóstico Diagnóstico Diagnóstico Diagnóstico Diagnóstico Diagnóstico No diagnóstico
VII
0 - 5
204
62%
103
31%
23
7%
0
0%
0
0%
330
2%
729
1%
1059
VI
5 - 15
1411
54%
948
36%
259
10%
5
0%
5
0%
2628
15%
9310
10%
11938
V
15 - 35
3461
61%
1683
30%
302
5%
192
3%
11
0%
5649
33%
35411
40%
41060
IV
35 - 65
2743
58%
1681
35%
217
5%
116
2%
9
0%
4766
28%
25381
28%
30147
III
65 - 85
2178
66%
1000
30%
94
3%
11
0%
0
0%
3283
19%
16717
19%
20000
II
85 - 105
229
66%
106
31%
7
2%
3
1%
0
0%
345
2%
1653
2%
1998
I
105 - 115
8
100%
0
0%
0
0%
0
0%
0
0%
8
0%
18
0%
26
TOTALES
10234
60%
5521
32%
902
5%
327
2%
25
0%
17009 100%
89219
84%
106228
5.1 Análisis del material diagnóstico
A continuación, se presentan los resultados del estudio del material diagnóstico analizado, correspondiente a 17.009 NISP, que representan el 16% de todo el material recuperado en las cuadrículas A, B, C del Corte 1 y A, B, M y N del Corte 3, las cuales tienen características de termoalteración y algunas evidencias de manipulación antrópica.
5.1.1 Termoalteración
En todo el material diagnóstico se evaluó la termoalteración a partir de la coloración de los restos óseos. Esta se determinó a partir de los cambios de color secuenciales asociados a la exposición térmica y a la pérdida de componentes orgánicos como son el colágeno. Dichos cambios pueden variar de marrón a negro, proceso conocido como carbonización, lo cual indica una combustión incompleta o a baja temperatura, en la que el colágeno se carboniza, otorgando al hueso una tonalidad negra. Este fenómeno suele ocurrir a temperaturas inferiores a los 500°C. Por su parte, las tonalidades grises y blancas indican el inicio de la calcinación, en la cual el carbón se oxida
Sembrar y cosechar animales
55
y la materia orgánica se quema, dejando solo la hidroxiapatita mineral, lo que resulta en un color blanco tiza. Este proceso se asocia a temperaturas entre los 600°C y 800°C. Otros tonos como el azul, el verde, el rojo o el amarillo indican variaciones específicas o contaminación del material (Díaz Vico, 2023; Lucero, 2019).
Tabla 5. Termoalteración de los restos óseos faunísticos a partir de su coloración Color °C9 Peces Mamíferos Reptiles Bivalvos Aves
TOTAL
Ninguna aparente
0-200
300
89
24
327
740
Negro gris
200-400
10
83
93
Gris
400-600
103
41
1
145
Gris Blanco
400-600
9065
4875
864
14
14818
Blanco
600-800
121
6
8
135
Gris, blanco azulado
600-800
565
316
13
894
Blanco azulado
600-800
70
111
3
184
Total
10234
5521
902
327
25
17009
Como lo muestra la tabla 5, la gran mayoría del material se encuentra en estado que va de la carbonización final a calcinación inicial, por las tonalidades que oscilan entre el gris y el blanco, lo que plantea que probablemente la mayoría de las estructuras óseas estuvieron sometidas a temperaturas entre los 400 y 600°C. Así mismo, se evidencia que las muestras correspondientes a Bivalvos aparentemente no se sometieron al fuego directo. No obstante, esto no descartan que hayan pasado por un proceso de cocción. Si fue así, este proceso no superó las temperaturas de más de 200°C, por lo cual no hay rastros de carbonización inicial.
Sin embargo, es importante resaltar que es probable de que existan, además, otros procesos tafonómicos tanto antrópicos como naturales en el sitio que aún no se han detectado, que probablemente también incidieron en la coloración de los huesos, lo que plantea la necesidad de futuras investigaciones que determinen con más detalle otros posibles factores que alteran la coloración de las estructuras óseas del material arqueofaunístico de Cerro Azul, y así ser más precisos a la hora de evaluar la termoalteración en el registro.
9 Teniendo en cuenta la tabla de resultados de coloración cortical tras someter a calor en Díaz Vico (2023).
Sembrar y cosechar animales
56
Figura 24. Ejemplo de estructuras óseas en varios estados de termoalteración
Fuente: fotografía propia. A la izquierda fragmento de falange de cérvido. A la derecha vértebras de peces.
5.1.2 Evidencias de modificación o trabajo antrópico en las
estructuras óseas
Debido a la alta fragmentación de los restos óseos, la identificación de evidencias de manipulación, modificación o trabajo antrópico, como cortes, perforación, pulido, entre otros, resultó limitada. No obstante, en el conjunto de restos diagnósticos analizados se identificaron algunas marcas de trabajo que se describen a continuación.
Se registró la estructura de una espina de pez indeterminada con un posible pulido en su punta, la cual pertenece a la cuadrícula M en el Corte 3, ubicada en la Capa IV (ver figura 25).
Sembrar y cosechar animales
57
Figura 25. Espina de pez con posible pulido en su punta
Fuente: fotografía propia.
De igual manera, se identificó una estructura craneal de un pez, probablemente de la familia Pimelodidae, con un posible pulido en sus bordes, con el propósito de conferirle una forma circular. Este fragmento pertenece a la cuadrícula M en el Corte 3, ubicada en la Capa IV (ver figura 26).
Figura 26. Cráneo de pez con posible pulido en sus bordes
Fuente: fotografía propia.
Sembrar y cosechar animales
58
Asimismo, se identificó una cabeza fragmentada de un fémur de Cervidae, con una posible evidencia de corte, procedente de la cuadrícula B del Corte 3 en la Capa VI (ver figura 27).
Figura 27. Fémur de Cervidae con una posible evidencia de corte
Fuente: fotografía propia.
Adicionalmente, se identificó un metatarso de cérvido con posibles evidencias de pulido en los bordes, procedente de la cuadrícula N en el Corte 3, ubicada en la Capa VI (ver figura 28).
Figura 28. Metatarso de cérvido con posibles evidencias de pulido en los bordes
Fuente: fotografía propia.
Sembrar y cosechar animales
59
Finalmente, las evidentes de manipulación que más se presenta en las muestras óseas, son las fracturas o quiebres realizadas a las espinas de peces, que representan varios taxones. Estas fracturas en las espinas se realizan con el propósito de minimizar los riesgos de una lesión, tras capturar del pez e iniciar su proceso de manipulación para conservarlo o consumirlo (ver figura
29).
Figura 29. Muestras de espinas de peces con marcas de quiebre o ruptura antrópica
Fuente: fotografía propia.
5.1.3 Frecuencia de los NISP diagnósticos por niveles de excavación
En primera instancia, se presentan los resultados analizados por niveles de excavación. Al respecto, en el artículo publicado por Morcote-Ríos et al. (2021) se expone un primer avance de este análisis a partir de niveles correspondientes al Corte 3 (cuadrículas A, B, M y N). En esta investigación se incorporan, además, las cuadrículas A, B y C del Corte 1, lo que permite ampliar la muestra analizada. Como se observa en la figura 30, el nivel 6 (25-30 cm de profundidad) se concentra la mayor cantidad de restos óseos recuperados. Así mismo, los niveles más profundos de la excavación cuentan con una menor frecuencia de fragmentos óseos en comparación con lo demás niveles. La mayor parte de los restos óseos recuperados se asocia a aquellos niveles que, según Morcote-Ríos et al. (2021), corresponden a grupos portadores de tradición alfarera, evidenciada por la presencia de fragmentos cerámicos.
Sembrar y cosechar animales
60
Figura 30. Frecuencia de los NISP diagnósticos por niveles de excavación
Para el análisis de los restos óseos se tomaron como referencia las capas estratigráficas descritas previamente. De esta forma, se observa que la Capa V contiene una mayor cantidad de restos óseos, seguida de la Capa IV y III respectivamente, y en último lugar la Capa II.
La Capa I, como se mencionó en el capítulo de descripción estratigráfica, no tiene mucha influencia en los datos, posiblemente debido a procesos de percolación o filtración de los vestigios arqueofaunísticos provenientes de capas superiores. Por su parte, la Capa VII, la más superficial del sitio, se asocia a actividades antrópicas recientes, producto de las diversas actividades actuales que se desarrollan, entre ellas, la presencia constante de visitantes y
330
1342
1286
1306
787
2216
845
1024
540
1081
719
947
950
809
1158
868
448
161
55
103
26
7
1
0
500
1000
1500
2000
2500
0 a 5
5 a 10
10 a 15
15 a 20
20 a 25
25 a 30
30 a 35
35 a 40
40 a 45
45 a 50
50 a 55
55 a 60
60 a 65
65 a 70
70 a 75
75 a 80
80 a 85
85 a 90
90 a 95
95 a 100
100 a 105
105 a 110
110 a 115
Profundidad cm Frecuencia de NISP por nivel
PECES
MAMÍFEROS
REPTILES
BIVALVOS
AVES
Sembrar y cosechar animales
61
turistas. Por esta razón, aunque contiene vestigios arqueofaunísticos, esta capa no se presenta de forma uniforme en las cuadrículas del Corte 3 y está ausente en el Corte1.
Figura 31. Total de NISP diagnósticos por capas estratigráficas
Dentro del total del material diagnóstico recuperado y analizado, se encontró que la mayoría de NISP pertenecen a peces (60%), seguidos por mamíferos (32%) y reptiles (5%). Es importante señalar que los bivalvos y los restos óseos de aves representan el 2% y 0,2% respectivamente. Si bien estos presentan una baja representación estadística, su presencia permite inferir su importancia dentro de la dieta de los grupos humanos que habitaron Cerro Azul.
Tabla 6. Total de NISP diagnóstico
TAXÓN
Total diagnósticos Porcentaje en la muestra diagnóstica Peces
10234
60%
Mamíferos
5521
32%
Reptiles
902
5%
Bivalvos
327
2%
Aves
25
0.2%
TOTAL
17009
330
2628
5649
4766
3283
345
8
0
1000
2000
3000
4000
5000
6000
VII
VI V IV
III
II I Capas Frecuencia de NISP por Capas
PECES
MAMÍFEROS
REPTILES
BIVALVOS
AVES
Sembrar y cosechar animales
62
Tomando como base el total de taxones identificados (ver figura 32), se reconocen cuatro taxones a nivel de especie, doce a nivel de género y trece a nivel de familia.
Figura 32. Total de las frecuencias de taxones recuperados
Tabla 7. Total de taxones identificados por capas estratigráficas
TAXÓN
NOMBRE
VERNÁCULO
CAPA I CAPA II CAPA III CAPA IV CAPA V CAPA VI CAPA VII
TOTAL
NISP
NISP
NISP
NISP
NISP
NISP
NISP
PECES
Cynodontidae
1
8
18
52
8
1
88
Hydrolycus scomberoides Payara
1
6
1
8
Curimatidae
88
8
4
84
443
41
2
144
26
2
1
1
9390
4806
342
15
4
46
1
4
17
1
62
29
194
633
3
39
29
1
79
13
1
36
1
67
327
25
1
10
100
1000
Cynodontidae Hydrolycus scomberoides… Curimatella sp. (Curimatidae) Serrasalmidae Piaractus sp. (Serrasalmidae) Pygocentrus sp. (Serrasalmidae) Loricariidae Doradidae Platydoras sp. (Doradidae) Pseudoplatystoma sp. (Pimelodidae) Cichlidae Plagioscion sp.
Peces indeterminados Dasypus sp. (Dasypodidae) Rodentia Proechimys sp. (Echimydae) Sciurus sp. (Sciuridae) Dasyprocta sp. (Dasyproctidae) Cuniculus paca (Cuniculidae) Hydrochoerus hydrochaeris (Caviidae) Didelphidae Nasua sp. (Procyonidae) Cervidae Odocoileus virginianus (Cervidae) Mamíferos Indeterminados Crocodylia Alligatoridae Iguana sp. (Iguanidae) Squamata Teiidae Serpentes Boidae Viperidae Testudines Kinosternidae Reptiles Indeterminados Bivalvos indet.
Ardeidae indet.
Total de NISP por taxón
Sembrar y cosechar animales
63
Curimatella sp.
Yamú
2
2
4
Serrasalmidae
27
16
24
15
2
84
Piaractus sp.
Cachama
10
100
100
194
36
3
443
Pygocentrus sp.
Piraña
10
9
21
1
41
Siluliformes
Loricariidae Cucha
1
1
2
Doradidae
10
30
66
28
10
144
Platydoras sp.
Sierra - Mata Caimán
2
24
26
Pimelodidae
Pseudoplatystoma sp. Bagre
1
1
2
Cichliformes
Cichlidae Mojarra
1
1
Sciaenidae
Plagioscion sp.
Curbinata
1
1
Peces indeterminados
8
218
2020
2562
3097
1298
187
9390
TOTAL PECES
8
229
2178
2743
3461
1411
204
10234
MAMÍFEROS
Cingulata
Dasypus sp.
Armadillo
101
943
1485
1344
838
95
4806
Rodentia
1
34
80
192
34
1
342
Proechimys sp.
Ratón Espinoso
3
3
6
3
15
Sciurus sp.
Ardilla
1
3
4
Dasyprocta sp.
Ñeque
1
3
13
19
9
1
46
Cuniculus paca Borugo
1
1
Hydrochoerus hydrochaeris Chigüiro
1
2
1
4
Marsupial
Didelphidae Zarigüella
2
5
5
5
17
Procyonidae
Nasua sp.
Coatí
1
1
Cervidos
Cervidae
2
3
29
24
3
1
62
Odocoileus virginianus Venado
15
6
5
3
29
Mamíferos Indeterminados
1
11
46
84
50
2
194
TOTAL MAMÍFEROS
0
106
1000
1681
1683
948
103
5521
REPTILES
Crocodylia
6
88
151
225
153
10
633
Alligatoridae Caimán
3
3
Squamata
Sembrar y cosechar animales
64
Iguana sp.
Iguana
3
12
9
12
3
39
Teiidae Lagartija
1
1
Serpentes
6
34
38
1
79
Boidae Boa
1
9
3
13
Viperidae Vívora
1
1
Testudines
1
32
1
2
36
Kinosternidae Hicotea - Tereca
1
1
Reptiles Indeterminados
10
19
31
7
67
TOTAL REPTILES
0
7
94
217
302
259
23
902
BIVALVOS
Bivalvos indet.
3
11
116
192
5
327
TOTAL BIVALVOS
0
3
11
116
192
5
0
327
AVES
Ardeidae indet.
Garza
9
11
5
25
TOTAL AVES
0
0
0
9
11
5
0
25
TOTAL DIAGNÓSTICOS
8
345
3283
4766
5649
2628
330
17009
5.1.3.1. Frecuencia de los NISP diagnósticos de peces
Las muestras recuperadas y analizadas estuvieron compuestas, en su mayoría, por fragmentos de cráneos indeterminados, espinas y vértebras indeterminadas. Las estructuras dentales fueron los elementos que fácil se identificaron, lo que permitió, en algunos casos, el reconocimiento a nivel de género y de una especie. Así mismo, se reconocieron otras estructuras anatómicas, las cuales se presentan a continuación (ver tabla 8).
Tabla 8. Estructuras óseas de peces recuperadas en las muestras
ESTRUCTURA ÓSEA
NISP
Vértebras
2099
Premaxila
1
Placa lateral
29
Otolito
1
Neurocráneo
1
Maxilar
5
Fragmentos de cráneo
4258
Sembrar y cosechar animales
65
Espinas
2752
Escama ventral
100
Dientes
612
Dentario
9
Cleito
8
Basioccipital
10
Indeterminados
349
TOTAL
10234
Tomando como base el total de taxones identificados, los peces son el grupo de mayor representación en cantidad de NISP analizados. En este caso, es la familia Serrasalmidae la que más restos óseos tiene, dentro de la cual el género Piaractus sp. concentra el mayor número de evidencias arqueofaunísticas, con 443 fragmentos de NISP diagnósticos en total, representados en su mayoría por estructuras anatómicas dentarias, también aparecieron algunas escamas ventrales y premaxilares.
Figura 33. Algunas estructuras diagnósticas de Piaractus sp.
Sembrar y cosechar animales
66
Fuente: fotografías propias. A) Escama ventral de Piaractus sp.; B) escama ventral de Piaractus sp. comparado con la colección de referencia.; C) premaxilar de Piaractus sp. comparado con la colección de referencia; D) estructuras dentales de Piaractus sp.
En esta misma familia Serrasalmidae, se identificó el género Pygocentrus sp. con 41 NISP descritos, a través de estructuras anatómicas dentales y un maxilar superior.
Figura 34. Algunas estructuras diagnósticas de Pygocentrus sp.
Fuente: fotografías propias. A) estructuras dentales de Pygocentrus sp. B) maxilar superior izquierdo de Pygocentrus sp.
En segundo lugar, se encuentra la familia Doradidae con 170 NISP, aquí se reconoce el género Platydoras sp. con 26 NISP descritos, a través de la anatomía de espinas y placas laterales.
Sembrar y cosechar animales
67
Figura 35. Posibles espinas de Doradidae indeterminadas.
Fuente: fotografía propia
La familia Cynodontidae con 96 muestras de NISP reconocidas, permitió identificar la especie Hydrolycus scomberoides por sus estructuras anatómicas dentales con 8 NISP descritos.
Figura 36. Estructura dental diagnóstica de peces Hydrolycus scomberoides
Fuente: fotografías propias. A y B estructuras dentales de Hydrolycus scomberoides, la B comparada con la colección de referencia.
Sembrar y cosechar animales
68
En menor medida se reconoce la familia Curimatidae con el género Curimatella sp. con 4 fragmentos recuperados, donde se reconocieron a partir de sus estructuras anatómicas dentales.
Figura 37. Estructura dental del género Curimatella sp.
Fuente: fotografía propia
La familia Loricariidae se reconoce a partir de 2 estructuras anatómicas pertenecientes a una vértebra y una placa. La familia Pimelodidae se reconoció a través del género Pseudoplatystoma sp. con 2 fragmentos anatómicos, uno dentario y uno basioccipital.
Figura 38. Estructuras óseas Pseudoplatystoma sp.
Fuente: fotografías propias. A) dentario de Pseudoplatystoma sp; B) basioccipital de Pseudoplatystoma sp.
Sembrar y cosechar animales
69
Finalmente se reconocieron, con 1 fragmento de NISP cada uno, las familias de Cichlidae con un maxilar indeterminado, y la familia Sciaenidae con el género Plagioscion sp. a través de una estructura anatómica dental.
La distribución de NISP de peces en las capas estratigráficas muestra que la Capa V contiene la mayor cantidad de fragmentos, con 3461 NISP descritos. Dentro de esta capa, el género, que más aparece en el registro de NISP, es el Piaractus sp. con 194 fragmentos identificados, seguido por la familia Doradidae (66 NISP indeterminados) y la familia Cynodontidae (52 NISP). La familia Serrasalmidae presenta 24 NISP, mientras que el género Pygocentrus sp. aparece con 21 NISP identificados. Con 2 NISP descritos están los géneros Platydoras sp. y Curimatella sp. Finalmente, con 1 fragmento, hacen presencia la familia Loricariidae, y los géneros Pseudoplatystoma sp. y Plagioscion sp.
En la Capa IV con un total de 2743 NISP identificados, se muestra que el taxón más representativo es el género Piaractus sp. con 100 fragmentos analizados, seguido de la familia Doradidae con 30 NISP analizados. Le siguen las familias Cynodontidae y Serrasalmidae con 18 y 16 NISP respectivamente descritos. Las pirañas o Pygocentrus sp. tiene una representatividad de 9 NISP; mientras que de la especie Hydrolycus scomberoides, llamada popularmente “payara”, se identificaron 6 NISP. Por último, de la familia Loricariidae y el género Pseudoplatystoma sp. se recuperaron 1 fragmento cada uno para esta capa.
La Capa III aparece en tercer lugar en cantidad de NISP con 2178 fragmentos, de los cuales, de nuevo el género Piaractus sp registra la mayor frecuencia, con 100 fragmentos. Le sigue la familia Serrasalmidae (27 NISP), los géneros Pygocentrus sp y la familia Doradidae, cada uno con 10 NISP; la familia Cynodontidae (8 NISP), el género Curimatella sp. (2 NISP) y la especie Hydrolycus scomberoides (1 NISP).
En la Capa VI se identificaron 1411 NISP con predominio del género Piaractus sp. (36 NISP), seguido por Doradidae (28 NISP), el género Platydoras sp. (24 NISP), la familia Serrasalmidae (15 NISP) y Cynodontidae (8 NISP). Finalmente, la familia Cichlidae y el género Pygocentrus sp. o piraña presentan un 1 NISP cada uno.
Sembrar y cosechar animales
70
En la Capa II se reconocieron 229 NISP, de los cuales, el género Piaractus sp. muestra 10 NISP y la Cynodontidae con 1 NISP descritos. Por su parte, la Capa VII cuenta con un total de 204 NISP, en donde predominan la familia Doradidae con 10 NISP indeterminados, que son los de mayor presencia en las muestras. Después, le siguen el género Piaractus sp. (3 NISP), la familia Serrasalmidae (2 NISP), la familia Cynodontidae (1 NISP) y la especie Hydrolycus scomberoides (1 NISP). Finalmente, la Capa I reporta 8 NISP indeterminados en las muestras recuperadas.
5.1.3.2. Frecuencia de los NISP diagnósticos de mamíferos
Las muestras recuperadas y analizadas estaban compuestas principalmente por fragmentos de vértebras, estructuras anatómicas dentales entre las que se encontraban incisivos y molares, falanges, huesos largos de extremidades y placas dérmicas u osteodermos. Así mismo, se reconocieron otras estructuras óseas como se evidencia en la tabla 9.
Tabla 9. Estructuras óseas de mamíferos recuperadas en las muestras
ESTRUCTURA ÓSEA
NISP
Vértebras
31
Falanges
98
Ulna
1
Tibia
16
Radio
2
Molares
31
Podianos
5
Placas dérmicas (Osteodermo)
4753
Navicular
1
Metatarso
8
Metapodianos
28
Mandíbula
4
Incisivos
323
Húmero
8
Fragmento de huesos largos
26
Fémur
Sembrar y cosechar animales
71
Estructuras dentales
85
Costilla
6
Metacarpo
2
Calcáneo
4
Astrágalo
7
Indeterminados
65
TOTAL
5521
En el caso de los mamíferos, es el género Dasypus sp. el que tiene mayor representatividad de NISP en el registro arqueofaunístico con 4806 fragmentos identificados, de los cuales, la mayoría pertenecen a placas dérmicas, esto se analizará más adelante en el capítulo de discusión. Adicionalmente se reconocieron estructuras anatómicas de falanges, mandíbula, metapodianos, podianos y vértebras.
Figura 39. Algunas estructuras diagnósticas de Dasypus sp.
Sembrar y cosechar animales
72
Fuente: fotografías propias. A) Osteodermos o placas dérmicas de Dasypus sp.; B y C) falanges de Dasypus sp. comparadas con la colección de referencia; D) metapodiano de Dasypus sp. comparada con la colección de referencia; D) vértebra de Dasypus sp. comparada con la colección de referencia.
En seguida se encuentra la orden Rodentia con 412 NISP, dentro del cual se identificó el género Dasyprocta sp. (46 NISP), a través de estructuras anatómicas de astrágalos, falanges, metapodianos, húmero, mandíbula, metatarso, molares, radios, tibia y ulna.
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Figura 40. Algunas estructuras diagnósticas del género Dasyprocta sp.
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Fuente: fotografías propias. A) Astrágalo de Dasyprocta sp. comparado con la colección de referencia; B y C) falanges de Dasyprocta sp. comparados con la colección de referencia; D) metapodiano de Dasyprocta sp. comparado con la colección de referencia; E) mandíbula de Dasyprocta sp. comparado con la colección de referencia; F) molar de Dasyprocta sp.; G) radio de Dasyprocta sp.; H) ulna de Dasyprocta sp. comparado con la colección de referencia.
Dentro de los roedores también se identificó el género Proechimys sp. con 15 NISP descritos, a través de estructuras anatómicas de astrágalo, calcáneo, falanges, húmeros, podianos y tibia.
Figura 41. Algunas estructuras diagnósticas del género Proechimys sp.
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Fuente: fotografías propias. A) Astrágalo de Proechimys sp. comparado con la colección de referencia; B) falange de Proechimys sp.; C) calcáneo de Proechimys sp. comparado con la colección de referencia.
En la misma orden de Rodentia, se identificó el género Sciurus sp. con 4 NISP, a través del reconocimiento de una tibia y tres fémures; y dos especies: Hydrochoerus hydrochaeris con 4 NISP descritos y Cuniculus paca con 1 NISP identificado, a través de las estructuras anatómicas de falanges y calcáneo.
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Figura 42. Algunas estructuras diagnósticas de las especies Cuniculus paca e Hydrochoerus hydrochaeris.
Fuente: fotografías propias. A) Calcáneo de Cuniculus paca comparado con la colección de referencia; B) falange de Hydrochoerus hydrochaeris comparado con la colección de referencia; C y D) falanges de Hydrochoerus hydrochaeris.
Se reconocieron 91 NISP pertenecientes a la familia Cervidae, de los cuales 29 corresponden a la especie Odocoileus virginianus. Las estructuras anatómicas que permitieron su identificación estaban integradas por falanges, calcáneos, fémur, tibia, metatarso, navicular, metapodial, y vértebra.
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Figura 43. Algunas estructuras diagnósticas de Cervidae
Fuente: fotografías propias. A) Metatarso de Cervidae comparado con la colección de referencia; B) Calcáneo de Cervidae comparado con la colección de referencia; C) Navicular de cérvido; D) Falanges de cérvidos.
Otros taxones identificados de mamíferos pertenecen a la familia Didelphidae con 17 NISP descritos, a través de sus vértebras caudales.
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Figura 44. Fragmento de vértebra caudal de Didelphidae indeterminado
Fuente: fotografía propia.
Finalmente se identificó 1 NISP correspondiente a la familia Procyonidae a través de una estructura anatómica de falange fragmentada.
Figura 45. Fragmento de falange perteneciente a la familia Procyonidae comparado con la colección de referencia
Fuente: fotografía propia.
La variabilidad de NISP de mamíferos en las capas muestra que es la Capa V la que mayor cantidad de fragmentos presenta con 1683 NISP descritos. Dentro de la esta capa, el género que más aparece en el registro de NISP es el Dasypus sp. con 1344 vestigios, seguido de la orden Rodentia con 219 NISP descritos, donde 19 son del género Dasyprocta sp., 6 Proechimys sp., 2 de la especie Hydrochoerus hydrochaeris, y 192 fragmentos de roedores indeterminados. Por otra parte, aparecen con 30 NISP descritos la familia Cervidae, donde 6 NISP son de la especie
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Odocoileus virginianus. Finalmente, se recuperan 5 NISP de la familia Didelphidae y 1 NISP del género Nasua sp.
En cuanto a la Capa IV, se reconocieron 1681 NISP, donde de nuevo es el género Dasypus sp. (1485 NISP) el que aporta la mayor cantidad de fragmentos. Luego le sigue la orden Rodentia con 101 NISP, donde 13 NISP pertenecen al género Dasyprocta sp., Proechimys sp. y 3 NISP corresponden con Sciurus sp. Por su parte, las especies Cuniculus paca y Hydrochoerus hydrochaeris presentan 1 NISP cada uno. Los cérvidos aparecen en esta capa con un total de 44 NISP descritos, donde la especie Odocoileus virginianus tiene 15 NISP. Finalmente, de la familia Didelphidae se describieron 5 NISP.
En tercer lugar, está la Capa III con 1000 NISP. Allí aparece el género Dasypus sp. con 943 NISP identificados. Le sigue la orden Rodentia con 41 NISP, donde los géneros Proechimys sp. y Dasyprocta sp. tienen cada uno 3 NISP y el género Sciurus sp. con 1 NISP. Los cérvidos aparecen con 3 NISP indeterminados y, por último, aparece la familia Didelphidae con 2 NISP identificados.
En la Capa VI se identificaron 948 NISP, de los cuales 838 NISP son del género Dasypus sp. 47 NISP de la familia Rodentia, donde 9 NISP son del género Dasyprocta sp., 3 NISP de Proechimys sp. y 1 NISP de la especie Hydrochoerus hydrochaeris. La representación de los cérvidos está compuesta por 8 NISP, donde 5 pertenecen a la especie Odocoileus virginianus, además, se reconocieron 5 NISP de la familia Didelphidae.
En la Capa II se identificaron 106 NISP, de los cuales 101 NISP pertenecen a Dasypus sp; 2 NISP de cérvidos indeterminados, 1 NISP corresponde a Dasyprocta sp. y 1 NISP a un roedor indeterminado.
La Capa VII cuenta con un total de 103 NISP. De estos, 95 NISP son del género Dasypus sp., 4 NISP se asocian a Cérvidos, donde 3 de estos corresponden con Odocoileus virginianus. Así mismo, se muestra 1 NISP de Dasyprocta sp. y 1 a un roedor indeterminado. Finalmente, en la Capa I no se identificaron taxones de mamíferos.
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5.1.3.3. Frecuencia de los NISP diagnósticos de reptiles
Las muestras recuperadas y analizadas estaban compuestas por su mayoría de fragmentos indeterminados de vértebras, fragmentos indeterminados de caparazones, estructuras dentales, falanges y placas óseas. Así mismo, se reconocieron otras estructuras anatómicas como se evidencian en la tabla 10.
Tabla 10. Estructuras óseas de reptiles recuperadas en las muestras
ESTRUCTURA ÓSEA
NISP
Vértebras
134
Vértebras caudales
4
Tibia
1
Placas óseas
628
Metatarso
2
Metapodianos
4
Ilion
1
Húmero
5
Fémur
2
Falanges
9
Estructuras dentales
9
Costillas
7
Caparazón
37
Indeterminados
59
TOTAL
902
Para el caso de los reptiles, la orden Crocodylia es la más representativa con 636 NISP identificados, donde 3 corresponden a la familia Alligatoridae. Gran parte de los restos recuperados fueron las placas óseas, las cuales analizaremos más adelante en el capítulo de discusión. Las estructuras que permitieron la identificación de este taxón estuvieron representadas por estructuras anatómicas dentales, húmeros, metatarsos, placas óseas y vértebras caudales.
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Figura 46. Algunas estructuras diagnósticas de Crocodylia
Fuente: fotografías propias. A) Vértebra caudal de Crocodylia; B) metatarso de Crocodylia comparado con la colección de referencia; C) placa ósea de Crocodylia.; D) estructura dental de Crocodylia.
Dentro de los reptiles también se identificó la orden Squamata con 162 NISP identificados dentro de la cual, se reconocieron 93 NISP asociadas a serpientes, incluyendo la familia Boidae con 13 NISP y la familia Viperidae con 1 NISP. El reconocimiento de las estructuras anatómicas diagnósticas se realizó analizando las vértebras y costillas.
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Figura 47. Algunas estructuras diagnósticas de serpientes
Fuente: fotografías propias. A) Vértebras de serpiente; B) vértebras de Boidae comparada con colección de referencia; C) vértebras de Viperidae comparada con colección de referencia; D) costilla de serpiente comparada con colección de referencia.
Dentro de los reptiles, otro género es la Iguana sp, la cual reportó 39 NISP y la familia Teiidae reportó 1 NISP indeterminado. Las estructuras anatómicas que permitieron la identificación de estos taxones estuvieron integradas por falanges, estructuras dentales, vértebras, fémur, húmero, líon, metapodianos y tibia.
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Figura 48. Algunas estructuras diagnósticas de Iguana sp
Fuente: fotografías propias. A) Falange de Iguana sp. comparada con la colección de referencia; B) falange de Iguana sp.; C) vértebra caudal de Iguana sp. comparada con la colección de referencia; D) húmero de Iguana sp. comparada con la colección de referencia.
En cuanto a las tortugas, se identificaron 37 NISP, de los cuales 1 fragmento corresponde a la familia Kinosternidae. Todas las estructuras anatómicas diagnósticas analizadas pertenecieron al caparazón
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Figura 49. Algunas estructuras fragmentadas diagnósticas de tortugas
Fuente: fotografías propias. A) Caparazón fragmentado de tortuga; B) caparazón fragmentado de tortuga comparado con la colección de referencia.
La variabilidad de NISP de reptiles en las capas muestra que es la Capa V la que mayor cantidad de fragmentos presenta con 302 NISP descritos. Dentro de esta capa, la orden Crocodylia muestra 225 NISP indeterminados. Le sigue las serpientes indeterminadas que reportan 43 NISP, donde la familia Boidae tiene 9 NISP. También se encuentra la orden Squamata, que contiene 14 NISP; de ellos, 9 son del género Iguana sp. y 1 corresponde con la familia Teiidae. Finalmente, las tortugas tienen 1 NISP identificado.
La siguiente Capa es la VI con un total de 259 NISP descritos, allí el orden Crocodylia reporta 156 NISP, de los cuales 3 son para la familia Alligatoridae. Asimismo, las serpientes reportan un total de 42 NISP, donde 3 son para la familia Boidae y 1 para la Viperidae. Le sigue la orden Squamata con 28 NISP, de los cuales 12 son para el género Iguana sp. Finalmente, hay 2 NISP para las tortugas en esta capa.
La Capa IV tiene un total de 217 NISP identificados, de los cuales 151 pertenecen a la orden de Crocodylia. Le siguen las tortugas con 32 NISP identificados. A su vez, la orden Squamata tiene 17 NISP, de los cuales, 12 son para el género Iguana sp. Finalmente, las serpientes contienen 7 NISP, de ellos solo 1 es de la familia Boidae.
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De acuerdo con la cantidad de NISP identificados, sigue la Capa III, donde la mayoría de estos restos pertenecen al orden Crocodylia (88 NISP). Por último, hace presencia la orden Squamata, que reporta 6 NISP de los cuales, 3 son del género Iguana sp. Por su parte, la Capa VII contiene 23 NISP identificados. Allí la orden Crocodylia contiene 10 fragmentos indeterminados. Además, se reconocieron 5 fragmentos de la orden Squamata; de estos, 3 son de Iguana sp y 1 de serpiente, así como 1 NISP de tortuga. Siguiendo el orden de frecuencia, la Capa II contiene 7 NISP, de los cuales, 6 corresponden a la orden Crocodylia y 1 a la familia Kinosteridae. Finalmente, en la Capa I no se identificaron taxones de mamíferos.
5.1.3.4. Frecuencia de los NISP diagnósticos de bivalvos
Las muestras recuperadas y analizadas estaban compuestas por estructuras muy fragmentadas de las valvas, en algunos casos se podía identificar la capa exterior o periostraco y en otras la capa interior con residuos de nácar. En todos los casos, las estructuras estaban muy fracturadas y fragmentadas que no permitieron una aproximación taxonómica.
Los bivalvos representan 327 NISP, donde 192 NISP pertenecen a la Capa V, 116 a la Capa IV, 11 a la Capa III y 3 a la Capa II. Las Capas I y VII no reportaron fragmentos de bivalvos.
Figura 50. Algunas estructuras indeterminadas de bivalvos
Fuente: fotografías propias.
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5.1.3.5. Frecuencia de los NISP diagnósticos de aves
Las muestras recuperadas y analizadas estaban compuestas por estructuras muy fragmentadas de huesos largo y una falange, lo que permitió identificar taxonómicamente la familia Ardeidae. Se identificaron un total de 25 NISP, donde la mayor parte se encontró en la Capa V con 11 NISP identificados. Seguido de la Capa IV con 9 y por último la Capa VI con 5 NISP recuperados. En las demás capas no se identificaron restos de aves.
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6. Etnohistoria de la relación de los grupos
humanos con los animales en el Noroccidente Amazónico colombiano
Con la llegada de los primeros exploradores europeos al continente americano, se generaron un conjunto de documentos de valor excepcional, compuesto por diarios, crónicas, correos, entre otros, que registran las impresiones derivadas de las expediciones iniciales. Estos testimonios constituyen registros historiográficos fundamentales para el análisis de las manifestaciones socioculturales de las poblaciones originarias durante las primeras décadas del contacto. De esta forma, tales documentos representan fuentes primarias de información sobre los modos de vida y costumbres de los pobladores de estas regiones, proveyendo datos esenciales para disciplinas como la historiografía, la antropología, la arqueología, la ecología histórica, entre otros.
No obstante, es importante reconocer que estas crónicas están permeadas por la subjetividad inherente a la cosmovisión, los intereses políticos, particularidades históricas y culturales, o incluso, posturas epistemológicas de interpretar la realidad, como por ejemplo la religión, que no escapa al observador europeo de los siglos de la conquista y colonia. Pese a este sesgo, su riqueza informativa resulta necesaria para el estudio del pasado prehispánico y colonial temprano, siendo así las crónicas y demás documentos una fuente clave y muy útil de información, si se leen críticamente por los sesgos que contienen. Así, dichas crónicas permiten identificar patrones de interacción con el mundo natural, especialmente en contextos acuáticos (ríos, lagunas) y terrestres (sabanas, bosques).
Por lo anterior, el presente capítulo tiene el propósito central de sistematizar las interpretaciones de los primeros exploradores y misioneros en el Noroccidente Amazónico colombiano, a fin de caracterizar las lógicas de interacción entre los grupos humanos y la fauna, así como las dinámicas de aprovechamiento de los recursos naturales en dicho entorno. De esta manera, se propone rastrear en los relatos las relaciones entre humanos y animales de estas regiones, identificando la información sobre qué especies se identifican, cómo los grupos humanos
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interactuaban con los animales, qué lógicas de acceso a recursos faunísticos empleaban, y qué técnicas usaban para la pesca y caza.
Para la región que interesa a esta investigación como es el Noroccidente Amazónico colombiano, una de las primeras incursiones europeas a la Orinoquía y la Amazonia, fueron las lideradas por las expediciones financiadas por los alemanes, en especial, se reconoce las crónicas escritas por el alemán Philipp von Hutten, un documento que narra los primeros sucesos de exploración desarrollada hacia inicios del siglo XVI, cuyas experiencias de estos viajes están consignadas en el documento que también incluyen las correspondencias que él le dirigía a su padre y sus hermanos en Europa. El documento se llama Nuevas noticias, informe y correspondencia de Philipp von Hutten sobre su salida de Europa y su travesía por América (Hutten, 2019).
Este documento que, posiblemente, es el primer escrito europeo referente al Orinoco colombiano y, por supuesto, del noroccidente de la Amazonia colombiana, es prácticamente los informes de una empresa cuyo fin, era en primer lugar reconocer nuevos territorios y, por supuesto, reconocer culturas y sociedades con riquezas, las cuales podrían ser de interés para las potencias europeas de aquella época.
El documento no es muy preciso en documentar o describir las característica sociales o culturales de los grupos indígenas con los que entraron en contacto y, por lo tanto, no aborda detalles sobre cómo estos grupos humanos de las tierras bajas del Orinoco y la Amazonia, interactuaban con su ambiente y en especial con los animales.
Seguramente los primeros documentos escritos por europeos que describen a las sociedades y sus características culturales para la zona geográfica de interés son los producidos por las diversas campañas de misioneros que incursionaron en estos territorios desde comienzos del siglo XVII. En este caso, la presencia de la Compañía de Jesús en la región de la Orinoquía y el norte de la Amazonia estuvo marcada por tres figuras fundamentales cuyas misiones se traslaparon y complementaron. Estos personajes fueron el padre Juan Rivero (1681–1736), quien a través de sus crónicas sentó las bases para los trabajos misionales que se desarrollaron posteriormente en los Llanos de Casanare y el Meta (Rivero, 1956), el padre José Gumilla (1686– 1750), quien realizó observaciones naturalistas y cartográficas de los territorios de la Orinoquía
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y norte de la Amazonia (Gumilla, 1994), y el Padre Filippo Salvatore Gilij (1721–1789), quien en su documento, aporta detalles de los paisajes y las gentes que complementan las descripciones de esta región (Gilij, 1965). Así mismo, se integran a este texto algunas reflexiones de Gonzalo Fernández de Oviedo quien en su crónica temprana hace unas descripciones del mundo natural y cultural de los territorios del Caribe que, aunque no sean de la región de interés en esta investigación, sí permiten reflexionar sobre los recursos y las formas en que se gestionan por parte de las sociedades nativas (Fernández De Oviedo, 1995).
6.1 Biodiversidad y técnicas de pesca indígena en la cuenca
del Orinoco y el Noroccidente Amazónico colombiano
Las descripciones sobre los paisajes y las gentes que los habitaban, realizados por parte de los misioneros, los podemos abordar, tomando en primera medida las consideraciones hechas hacia los ambientes acuáticos y los peces de la siguiente manera.
6.1.1 Abundancia y entorno geográfico
La compleja red hídrica de ríos, lagunas y caños en regiones como el Orinoco y el noroccidente de la Amazonia colombiana, constituyen un hábitat ideal para la proliferación de especies de peces, en este caso, cronistas como Fernández de Oviedo y Gilij destacan una “multitud increíble” de peces, no solo en volumen sino en variedad, entre las que destacan sardinas, mojarras y bagres, entre otros. Esta abundancia se debe a la conectividad de los sistemas hídricos, que ofrecen variedad de alimentos abundantes y refugio para las crías:
En Tierra-Firme los pescados que hay, y yo he visto, son muchos y muy diferentes; y pues de todos no será posible decir aquí, diré de algunos; y principalmente digo que hay unas sardinas anchas y unas colas bermejas, excelente pescado y de los mejores que allá hay. Moxarras, diahacas, jureles, dajaos, rajas, salmonados; todos estos, y otros muchos cuyos nombres no tengo en memoria, se toman en los ríos en grandísima abundancia […]. (Fernández De Oviedo, 1995, p. 145)
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“En los murichales hay agua, y suelen ser lagunosos. En estas aguas nunca faltan pequeños peces” (Gilij, 1965, Vol. I, p. 95).
“Algunas ocasiones se metían en los caños, en donde hacían sus pesquerías, y aun hubo vez que la hicieron tan copiosa que sacaron más de cien arrobas de pescado en una tarde; […]” (Rivero, 1956, p. 237).
La causa de la multitud increíble de pescado del río Orinoco, depende, a mi ver, del gran buque del mismo río y de las grandes lagunas a que se extiende, caños en que se divide y multitud de caudalosos ríos que recibe, todo lo cual ofrece conveniencia a los peces para sus crías y pasto abundante para su manutención, (Gumilla, 1994, p. 141).
Otro detalle sobre las características geográficas descritas en las crónicas, son las condiciones estacionales que dictan los ciclos biológicos de los peces. Por ejemplo, el desove y la “subienda” son fenómenos claves que los indígenas dominan con precisión, aprovechando las temporadas de sequía y de lluvia para capturar peces de forma masiva en lagos vecinos, o mediante empalizadas que retienen los peces tras las inundaciones. Por ejemplo, nos mencionan:
En las inundaciones del Orinoco, saliendo del lecho, junto con el agua, sus peces en maravillosa abundancia, cuando viene el verano quedan siempre muchos en los lagos vecinos. Los orinoquenses lo saben, […] tienen el medio de matarlos con flechas y de pescarlos con el anzuelo. Algunos en aquel tiempo usan también de una pequeña red, pues grandes no las hay, […]. En los raudales, particularmente en el de Atures, se pescan los peces con nasas de trepadoras. Y siendo esta fatiga muy tolerable (pues no da otro cuidado que ponerlas por la tarde y volver a verlas a la mañana siguiente) los indios, o para ventaja propia o para ajena, no la rehúsan nunca. […] AI terminar las lluvias hacen empalizadas, con los cuales tanto a los peces como a los otros seres fluviales vivientes les impiden la vuelta a su antiguo lecho. Cerrados de esta manera los lagos y los canales que en invierno tienen comunicación con el Orinoco, se dice que es increíble cuán numerosa pesca recogen. Escribo intencionadamente que así se dice. Y dada la
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abundancia de peces del Orinoco, tengo también por seguro que así es. (Gilij, 1965, vol. II, p. 264)
6.1.2 Comportamiento y reproducción
Las observaciones históricas de los jesuitas consignadas en sus crónicas revelan comportamientos ecológicos específicos. Se describen las características sobre el comportamiento de algunas especies como, por ejemplo, el tiempo de desove, su reproducción, hábitos, alimentos que consumen, entre otros, así como algunos cuidados o comportamientos relacionados con la capacidad de buscar seguridad hacia sus huevos o crías.
Es así como se describen las estrategias de desove, donde algunas especies buscan raudales para soltar sus huevos contra la corriente, y los cuidados o atenciones de crianza, donde los peces como los codoyes y guabinas ocultan sus huevos bajo vegetación, mientras que la mojarra escolta a sus crías hasta que alcanzan cierto tamaño:
[…] porque cada especie de pescado tiene su temporada fija para desovar; y a fin de lograr algunos huevos para su multiplicación, los ha impuesto el supremo autor de la naturaleza, en que dejadas sus madrigueras, busquen un raudal al propósito, en donde puestas las colas contra la corriente, suelten la hueva, y abren al mismo tiempo sus agallas, para recoger entre ellas las huevecillos, que casualmente llegan, y estos únicamente se logran, siendo el resto, pasto para los otros peces, cuya multitud al pie de dichas corrientes es inmensa, amontonándose una avenida de ellos sobre otras. (Gumilla, 1994, p. 142)
No quiero decir por esto, que todo pescado desova al modo dicho; porque tengo bien observado, que los codoyes, y las guabinas ponen su hueva donde no hay corriente arrimada a la barranca, y se dan maña de taparla con hojas y yerbas, estando allí en centinela, hasta que se avivan, y salen los pececillos. El pez mojarra, aun después de nacidos, los acompaña a su lado, hasta que están ya grandecillos” (Gumilla, 1994, p. 142)
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6.1.3 Técnicas de pesca indígena
La siguiente síntesis se abordó, tomando como referencia la información consignada en una tabla de análisis construida para recopilar, organizar y analizar toda la información sobre técnicas de pesca de los grupos indígenas, y que fueron observadas y consignadas en las crónicas misionales de los jesuitas que este estudio abordó (anexo 1, tabla13).
Aquí los cronistas describen diversas técnicas o métodos para pescar, los cuales varían de acuerdo con la estacionalidad, el tipo de río o fuente hídrica que se frecuenta y el tipo de especie de pez que se desea capturar.
a. La sincronía con los ciclos de las aguas
Los ríos de la Orinoquía y Amazonia no mantienen un curso constante, sino que mudan con las estaciones y las épocas de lluvias, es así como los grupos indígenas de estas regiones adaptaron sus técnicas a estos pulsos hídricos:
● En la época de crecientes y aguas altas. Cuando los ríos inundan las selvas y las sabanas, los peces -como cachamas, morocotos, bagres, entre otros- salen del cauce en busca de los frutos que caen de los árboles. Aquí, los indígenas usan técnicas con flechas y varas, imitando el sonido del fruto al caer al agua, para engañar los sentidos de los peces y así capturarlos. Asimismo, se pesca con golpes, para aturdir a los peces y así atraparlos.
● En la época de subienda (migración). Cuando en las aguas hay multitud de cardúmenes de peces en movimiento (bocachicos, payaras, lizas, entre otros), se valen del susto natural de las presas. Es así como el pez salta con el simple golpe de los remos, entrando por sí mismo dentro de las canoas.
En la época de sequía y aguas bajas. Cuando las aguas se retiran, es el tiempo de la abundancia máxima mediante el confinamiento, realizando cercas o empalizadas, atajan
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los canales de las grandes lagunas, aprisionando diversas especies de los ríos como los laulaos (peces de gran tamaño) y las tortugas, entre otros.
b. El uso de plantas químicas (ictiotoxinas)
Los grupos indígenas de estas regiones del Orinoco y la Amazonia, tiene un conocimiento muy profundo sobre las posibilidades que le brindan varias especies de plantas, para adormecer los peces, a través de técnicas que se conocen como cuna o barbasco. Es así como machacan estas raíces, que generalmente es tarea de las mujeres, según sus costumbres y, al esparcir sus jugos en arroyos o charcos, alteran la oxigenación del agua, obligando a los peces a flotar adormecidos y sin movimiento, para que después recogerlos. Es importante señalar que esta técnica, permite la recolección de peces de talla pequeña en la mayoría de las veces.
También pueden realizar pelotas de cebo con estas toxinas, mezclando la cuna con masa de maíz para seleccionar con precisión a los peces qué desean capturar especialmente sardinas, lizas, entre otros.
c. La mecánica y el engaño físico
Finalmente, algunas técnicas mecánicas descritas de los pueblos indígenas, es a través de conocer la anatomía de algunas especies de peces. Por ejemplo, usan el engaño con trapo aprovechando los largos colmillos de la payara, la cual, al morder el paño colorado ondeado sobre el agua, queda presa y es fácil capturarla. O en otros casos, para los peces de gran tamaño como el laulao, utilizan anzuelos de hierro o espinas naturales (como la raya de río), llegando al extremo de amarrar las sogas a la cola de un caballo para arrastrar a estos peces y sacarlos a las playas secas.
Esta información demuestra que los indígenas del Orinoco y Noroccidente Amazónico actuaban como eficiencia, escogiendo su alimento según las temporadas del año, usando el arco, la flecha, la empalizada o raíces, celebrando siempre la pesca con gran fiesta, pinturas y alegría.
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6.1.4 Descripción detallada de algunos peces
A continuación, se presenta una síntesis que muestra algunas de las especies de peces y la descripción de sus características, hechas por parte de los misioneros jesuitas. Se realizó también, una tabla para recopilar, organizar y analizar toda la información sobre este tema. Se sugiere explorar el anexo 2 y la tabla 14 para profundizar en las descripciones hechas por los misioneros sobre las especies de peces en estas regiones.
El análisis de las fuentes históricas revela que los misioneros, si bien carecían de una taxonomía contemporánea, fueron muy rigurosos al observar las características y ecología de las especies descritas, registrando rasgos que hoy sirven para profundizar con más detalle sobre la fauna acuática de la región.
Dentro de estas descripciones destacamos las adaptaciones morfológicas y rasgos funcionales específicos que confieren ventajas adaptativas a las especies en microhábitats lóticos y lénticos, por ejemplo, los otolitos en la curbinata (Plagioscion sp.), donde describen los “dos huesecitos en la cabeza”, cuyo uso reportado es por sus propiedades diuréticas.
En el caso de los caribes, guacaritos o pirañas (Serrasalmus sp., Pygocentrus sp.), resaltan las quijadas que funcionaban como tijeras debido a su borde cortante y eficiencia mecánica. Por su parte, los colmillos de la payara (Hydrolycus sp.), evidencian una adaptación evolutiva para la captura de presas en movimiento.
La especie matacaimán o bagre armado (Platydoras sp.) lo describen por sus filas de osteodermos o espinas óseas laterales como “uñas de águila”, que operan como un rasgo de defensa física contra depredadores como el caimán. Además, menciona el rechazo de esta especie para el consumo humano debido a un “intolerable olor a almizcle”.
Los documentos de los misioneros agrupan a algunas especies según su distribución espacial y segregación inducida por los pulsos de inundación. A esto, por ejemplo, menciona que las especies del canal principal y raudales son el valentón o lauláu (Brachyplatystoma sp.) y el
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dorado (Brachyplatystoma sp.), los cuales están en zonas de alta energía, como escollos, cascadas y raudales. El dato de la talla del lauláu donde registran individuos de más de 40 libras e incluso de 10 a 12 arrobas en sistemas lagunares conectados, refleja que es un gran depredador de estos sistemas acuáticos.
Algunas especies de ecotonos de inundación como la várzea o el igapó, durante las crecientes estacionales, son la cachama (Piaractus sp.) que se desplazan hacia el bosque inundado. Por su parte, los refugios de aguas bajas y sistemas someros están habitados por la guabina (Hoplias sp.), el cual se asocian a hábitats marginales, pantanos, palmerales (morichales) y pequeños caños residuales, donde su tolerancia a la hipoxia ambiental y sus morfologías compactas les permiten sobrevivir durante el estiaje.
Otro tema que describen los misioneros son el comportamiento de las especies que influye directamente en las dinámicas culturales de la pesca. Por ejemplo, menciona Gumilla el frenesí alimentario, a través del análisis detallado del comportamiento de agregación y el umbral de detección de la sangre en las pirañas, la cual es una característica de estas especies.
Los textos de los misioneros validan que los sistemas fluviales del Orinoco y la Amazonia Noroccidental sostenía una alta estabilidad en cuanto a especies acuáticas, y una enorme biomasa por unidad de esfuerzo, denotando que las comunidades humanas locales poseían un conocimiento altamente sofisticado para el aprovechamiento biótico.
Finalmente, es destacable que, en estas descripciones, se menciona en varios apartados, la importancia de la captura de peces de talla pequeña como sustento alimenticio.
6.2 Biodiversidad y técnicas de caza indígena en la cuenca
del Orinoco y el Noroccidente Amazónico colombiano
En esta sección, abordaremos la fauna terrestre y acuática que es objeto de cacería por parte de los grupos indígenas que son relacionados en los documentos que relatan las misiones de los
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padres jesuitas. Así mismo, se describen paisajes y ecosistemas típicos de la Orinoquía y las selvas de la Amazonia, como son sabanas, bosques de galería, ríos, lagunas y selvas.
6.2.1 Ecosistemas y paisajes descritos
6.2.1.1. Llanos / Sabanas. Este paisaje que se describe en las crónicas hace referencia a
extensiones de tierra abierta y fecunda, donde predomina la extensa llanura o sabana. Se describe como una tierra fértil e “inagotable” en recursos faunísticos. Estas sabanas experimentan períodos de quema por parte de los indígenas para facilitar la caza de algunas especies de animales. Así mismo, el ecosistema alterna entre inundaciones generalizadas en épocas de lluvia y períodos de aridez extrema en época de sequía.
6.2.1.2. Ríos, lagunas y quebradas. Los textos mencionan varios ríos, lagunas y caños, los cuales albergan una gran diversidad de fauna anfibia y acuática. La vida en estos ecosistemas varía significativamente entre la estación seca y la de lluvias, cuando las crecientes dificultan la pesca, pero facilitan la caza de otros animales como iguanas y tortugas.
6.2.1.3. Bosques y palmerales. Se hace referencia a bosques, árboles y palmerales inmediatos a las orillas de los ríos, así como a selvas inundadas en épocas de lluvias, siendo hábitats para ciertas especies como los monos y una especie de topo grande que vive en madrigueras en los palmerales, posiblemente por su descripción sean ardillas. Así mismo, mencionan a las iguanas las cuales se encuentran comúnmente en los árboles cercanos a las orillas de los ríos.
6.2.1.4. Cuevas y madrigueras. El texto detalla la importancia de las cuevas y madrigueras excavadas por animales como armadillos y roedores, que les sirven de refugio y defensa, pero también los hacen vulnerables a métodos de caza específicos.
6.2.1.5. Sementeras y roza. Aquí los textos mencionan la importancia de los lugares de cultivo de los indígenas que son espacios transformados para siembra de yuca, plátano, frutos, entre otros, así como asociados a algunas especies animales que acuden a comer los cultivos.
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6.2.2 Técnicas de cacería indígena
“Son grandes cazadores de ciervos y venados, y grandes flecheros […]” (Rivero, 1956, p. 152).
En los textos de los misioneros, se describen varias técnicas y métodos de cacería empleados por diversas comunidades indígenas entre las que se mencionana Chiricoas, Goagibos, Otomacos, Guamos, Giraras, Airicos, Achaguas, Orinoquenses, Tamanacos y Maipures, ya sea en la Orinoquía o en las selvas de la Amazonia. Estas técnicas les permitían capturar mamíferos, reptiles y aves, ya fueran terrestres o acuáticos. A continuación, se describe una síntesis de estas técnicas de cacería, tomando como base la tabla 15 en el anexo 3:
E los venados y puercos ármanlos con cepos y otros armadijoz de redes, donde caen, y a veces montean y ojeánlos, y con cantidad de gente los atacan y reducen a lugar que los pueden, con saetas y varas arrojadas, matar; y después de muertos, como no tienen cuchillos para desollar, cuartéanlos y hácenlos partes con piedras y pedernales, y ásanlos sobre unos palos que ponen, a manera de parrillas o trébedes, en hueco, que ellos llaman barbacoas, y la lumbre debajo, y de aquesta misma manera asan el pescado; porque, como la tierra está en clima que naturalmente es calurosa, aunque es templada por la Providencia divina, presto se daña el pescado o la carne que no se asa el día que se muere. (Fernández De Oviedo, 1995, p. 36 y 37)
El análisis cruzado de las fuentes históricas demuestra que los sistemas de caza de las comunidades originarias no eran actividades oportunistas, sino que constituían complejos esquemas de conocimiento de la fauna acoplados a la estacionalidad hidroclimática y basados en una rigurosa comprensión de la anatomía, etología y ecología de los vertebrados de estas regiones.
Un primer punto para resaltar es la modificación antrópica del paisaje y la captura masiva a través del fuego, el cual actuaba como un factor que forzaba a pequeños mamíferos, principalmente el
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armadillo o cachicamo (Dasypus spp.) y algunos roedores, a abandonar sus madrigueras o quedar vulnerables tras la remoción de la capa herbácea tras la quemazón. Después se utilizaban herramientas como redes, macanas o palos puntiagudos, que les permitía acceder a estos animales con un bajo costo energético individual, lo cual transformaba la caza en una actividad comunitaria altamente predecible.
Las técnicas documentadas reflejan un conocimiento minucioso de las respuestas conductuales defensivas de las presas, explotando sus debilidades. Por ejemplo, Gumilla describe con precisión la respuesta de anclaje defensivo del armadillo, el cual expande sus bandas móviles óseas contra las paredes de la madriguera al sujetarse de la cola, superando la fuerza de tracción humana. La técnica indígena de hacer “cosquillas” o estimular mecánicamente la zona caudal con una vara desencadena un reflejo de contracción y desanclaje. Esto evidencia una tecnología conductual sutil que evitaba el colapso de la madriguera y el riesgo de mordeduras por ofidios.
Otro ejemplo es el sometimiento del caimán. Al abordar al reptil mientras está tomando el sol o durante su entrada al agua, el cazador se posicionaba en la zona detrás del animal, montando sobre la espalda para someterlo y capturarlo. Posteriormente se detalla la necesidad de extirpar inmediatamente las glándulas almizcleras, para que la carne no se contaminara y poderla aprovechar de forma fresca.
Otra técnica descrita es el uso de las cerbatanas con curare para la captura de aves y primates en el dosel del bosque, demostrando un forrajeo óptimo, ya que, en los ecosistemas boscosos densos, el uso de arcos convencionales presenta restricciones por el ramaje. La cerbatana minimizaba el esfuerzo de soplado y garantizaba una trayectoria a alturas considerables. Además, el curare que es un alcaloide neurotóxico que actúa de forma casi instantánea al entrar en contacto con el torrente sanguíneo, provoca una parálisis respiratoria. Esto prevenía que los primates se aferraran reflexivamente a las ramas altas tras el impacto, asegurando su caída inmediata al suelo.
Un tema que se menciona con recurrencia es la recolección de tortugas terrestres como los morrocoyes e hicoteas (Chelonoidis spp., Kinosternon spp.) por su baja movilidad y en épocas de desove, donde los cazadores aprovechaban las horas de alta radiación solar, donde las
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tortugas se escondían en cuevas. Allí podían recoger desde huevos hasta pequeñas tortugas que salían de sus huevos para abastecerse con su carne y aceite.
Los datos analizados en la tabla 15 demuestran un fenómeno de complementariedad de nichos tróficos estacionales. Mientras que la pesca dominaba las estrategias de subsistencia durante la transición a la sequía y aguas bajas, los sistemas de caza, particularmente de caimanes, primates y armadillos, se intensificaban durante las quemas de verano o en los picos de inundación, cuando los recursos hidrobiológicos se dispersaban.
Finalmente, las descripciones que comparan el sabor de estas especies con la fauna doméstica europea denotan la alta aceptación y el valor nutricional de estos taxones en la dieta local.
6.2.3 Descripción detallada de algunos mamíferos, reptiles y aves
A continuación, se muestra una síntesis de algunas de las especies de mamíferos, reptiles y aves de la región del Orinoco y el Noroccidente Amazónico, que fueron descritas por parte de los cronistas jesuitas, incluyendo sus características físicas, hábitats y cómo interactúan con los pueblos indígenas. Para la realización de este análisis, se realizó una tabla donde están consignadas las descripciones hechas por los misioneros. La tabla en su totalidad se encuentra en el anexo 4.
Entre el número de los peces podemos contar también las tortugas y otros animales anfibios, como las Iguanas y las Babillas, que son muy parecidas al Caimán, pero de buena carne, los Buíos o Güíos, que son unas serpientes muy largas y gruesas, y son el mayor regalo de los Chiricoas, y en fin otras especies semejantes que paso en silencio por no alargarme demasiado. De todo esto se halla con abundancia en estos sitios, y en el verano que se ven andar tropas de indios, trasegando, lagunas y quebradas y los ríos Meta, Cravo, Guanapalo y otros. (Rivero, 1956, p. 9)
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Uno de los datos significativos dentro de los documentos de los misioneros es el calificativo de tierra “inagotable”, el cual refleja una línea base ecológica donde la oferta biótica superaba con creces los umbrales de extracción de las poblaciones humanas locales.
Esto se puede observar en el caso de los ciervos o venados (Cervidae), el cual representa un claro indicador de la alta productividad. A esto se refiere Rivero cuando observa capturas masivas estacionales que no diezmaban las poblaciones para el ciclo siguiente. Esta resiliencia la explica el misionero por la sincronía entre el uso indígena del fuego en la época seca (que estimulaba el rebrote de pastos ricos en nutrientes) y las altas tasas de natalidad de este taxón.
Por otra parte, las descripciones zoológicas muestran el esfuerzo de los cronistas por asimilar taxones neotropicales desconocidos utilizando analogías con la fauna doméstica europea. Este es el caso de las iguanas, a las que llamaron “serpientes cuadrúpedas”. Así mismo ocurre con el armadillo o cachicamo (Dasypus spp.), donde identifican con precisión la anatomía de los osteodermos, por ejemplo, Gilij y Fernández de Oviedo intentan una clasificación morfológica tripartita que transita entre el cerdo (por la forma del hocico), la tortuga (por el caparazón convexo) y el conejo (por sus hábitos).
Una constante en los mamíferos y reptiles descritos es la presencia de compuestos volátiles de defensa o marcaje territorial, descritos de manera generalizada como “almizcle” u “olor ingratísimo”. Especies como el chigüiro (Hydrochoerus hydrochaeris), la zarigüeya (Didelphidae) y el caimán (Crocodylus intermedius) requerían de técnicas de preparación culturalmente diferenciadas (como el adobo europeo o la extirpación in vivo de glándulas) para neutralizar estos compuestos y hacer la carne aceptable para los paladares.
Las tortugas continentales constituyeron la principal fuente de carne y aceite en las cuencas fluviales. A esto se refiere Gilij cuando registra un fenómeno ecológico relacionado con el engorde acelerado de las hembras tras el desove, impulsado por el consumo de frutas caídas en los bosques inundados de galería. Este incremento en la condición corporal permitía la intensificación de la caza por parte de las comunidades locales. Así mismo, hacen referencia a la forma de cocción utilizando el propio caparazón del animal como vasija sobre un trípode de
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piedras. Se describe también el uso de pimientos (posiblemente Capsicum sp.) y casabe, para consumir las tortugas.
Las iguanas son descritas como “sierpes fieras pero cobardes”, y representaban un recurso proteico de baja inversión energética y alta caza efectiva en los ecotonos ribereños. Fernández de Oviedo documenta que son “almacenes proteicos vivos” durante los viajes fluviales. No obstante, se documenta la prohibición de su consumo para personas afectadas por “bubas” (sífilis), sugiriendo una asociación entre el consumo de esta especie y problemas asociados con el desarrollo de esta enfermedad.
Por su parte las babillas (Caiman crocodilus) eran universalmente apetecidas por su carne “blanquísima”. Los grandes caimanes eran objeto de profundas asimetrías culturales, segregados y aborrecidos por la mayoría de las etnias debido a su rol como depredadores de humanos, pero explotados sistemáticamente por grupos especializados como los Guamos y Otomacos.
En referencia a la avifauna ribereña, las garzas (Ardeidae) y cigüeñas de gran porte como el “soldado” (posiblemente Jabiru mycteria) son correctamente asociadas a las playas secas de verano. Su comportamiento gregario de forrajeo en las playas que quedaban expuestas tras las bajadas de aguas en sequía, se consideraba la época adecuada para el establecimiento de campamentos estacionales humanos.
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7. Algunos referentes etnográficos de la
Amazonia Noroccidental sobre la relación entre los grupos humanos y los recursos faunísticos
Como parte de esta investigación, se abordó un análisis de los datos que, en la bibliografía etnográfica del Noroccidente Amazónico colombiano, hacen referencia a las prácticas de pesca y caza como elemento fundamental en la dieta de estos grupos indígenas, procurando establecer un abordaje sobre las interrelaciones que estos grupos establecen con sus paisajes, para poder acceder a este tipo de recursos.
Es así como se indagaron las etnografías tempranas realizadas por los exploradores alemanes Alexander von Humboldt (1769-1859), quien a través de su texto Del Orinoco al Amazonas: viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente. 1799 - 1804, describe los paisajes e interconexiones de la geografía y naturaleza que observó (Humboldt, 1971); y del etnografo Theodor Koch-Grünberg 1872-1924), del cual analizamos su texto Dos años entre los indios. Viajes por el noroeste brasileño (1903-1905) que, en sus retratos sobre los paisajes y sus gentes del Alto Río Negro, describe culturas y sociedades ligadas a la naturaleza y geografía de la región (Koch-Grünberg, 1995).
Así mismo, se abordaron los textos de Gerardo Reichel-Dolmatoff (1912-1994), que en su etnografía clásica Desana: Simbolismo de los indios Tukano del Vaupés; Cosmología como análisis ecológico y en Una perspectiva desde la selva pluvial, nos aborda las relaciones cosmológicas indígenas, como un análisis ecológico, viendo el mundo natural como un ambiente culturalmente transformado y estructurado por el hombre (Reichel-Dolmatoff, 1977, 1986); y de los profesores Gabriel Cabrera Becerra, Dany Mahecha y Carlos Franky, quienes realizan un trabajo profundo sobre la vida y características de los pueblos Nɨkak ̃. Ellos relatan en su investigación detalles sobre los métodos de pesca y caza específicos, así como el uso de barbasco y trampas, e incluso, sus prohibiciones alimenticias (Cabrera Becerra et al., 1999).
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Finalmente, los trabajos consignados en el texto que editó el profesor François Correa en el libro La selva humanizada, muestran cómo los grupos humanos contemporáneos que habitan los bosques de la Amazonia interactúan de una forma recíproca con estos paisajes construyendo hábitats sostenibles cultural y ambientalmente (Correa, 1993).
Un primer elemento por rescatar en los análisis hechos por los investigadores en los textos consultados son las descripciones sobre las riquezas de recursos que se encuentran en los diversos paisajes boscosos e hídricos de la región, así como la abundancia de especies animales, tanto en variedad como en cantidad, que se encuentran en estos territorios. En esta riqueza de paisajes y de fauna describen, además cómo los grupos humanos aprovechan cada estación para obtener cierto tipo de recursos, lo que implica características culturales como la movilidad estacional, e incluso prácticas particulares relacionadas con la pesca, caza, procesamiento y consumo de alimentos. Así mismo, hace descripciones sobre los comportamientos de los peces que reflejan un claro entendimiento del comportamiento y la ecología de los animales. Por ejemplo, Koch-Grünberg cuando describe parte de los paisajes, sus estaciones y los comportamientos sociales de los indígenas en estos paisajes:
El alto Río Negro y sus grandes afluentes, en especial el Caiarý-Uaupés, son extraordinariamente ricos en peces que se mantienen durante todo el año en una constante migración, obligando así a ciertos grupos sedentarios a asumir un nomadismo temporal. Durante los meses de diciembre a marzo, época en la cual el nivel del agua es bajo y los afluentes pequeños prácticamente se secan, los peces se movilizan hacia el río principal, situándose en las partes profundas, debajo de los rápidos y caídas de agua, o en las innumerables lagunas que están conectadas al río. (Koch-Grünberg, 1995, Vol. II,
p. 33)
A partir de las observaciones sobre las transformaciones del paisaje según la temporada, se describen también las prácticas culturales de movilidad de los grupos indígenas, cuyo interés es acceder a diversos tipos de recursos, dependiendo de cada temporada les ofrece. Aquí un ejemplo que ilustra las dinámicas culturales en época de sequía:
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Los indios abandonan entonces sus pueblos, poco estratégicos para la estación seca del año, y se dirigen con todos ustedes utensilios domésticos, niños y perros hacia estos sitios ricos en pesca, para obtener la codiciada presa de distintas maneras. Constituyen, con rapidez, barracas de palos con techos de palma, y una excitada vida reina en los extensos bancos de arena que derriba dejado al descubierto en su retirada. Parte del pescado es preparado inmediatamente por las mujeres para las comidas, pero la mayoría se conserva a fuego lento, colocándolo sobre grandes parrillas hechas con palos recién cortados. Este pescado conservado sirve de alimento en los días de lluvia, que ni aun en la estación seca dejan de presentarse. Cuando el sitio ya ha sido exhaustivamente explotado, la banda continúa su marcha. Los indios llevan una vida nómada durante un tiempo promedio de tres meses. (Koch-Grünberg, 1995, Vol II, p. 33)
Los detalles sobre el comportamiento de los peces, y la forma en cómo estos interactúan con el paisaje cambiante de las selvas y sabanas, los cuales son producidos por las pulsaciones hídricas de la región son descritas en los documentos analizadas, así mismo, se presentan otras lógicas que dependen de un paisaje inundado y la gestión cultural de los recursos faunísticos:
La estación de lluvias entra con gran fuerza, los peces empiezan a seguir las crecientes de agua y regresan, cada cual, según su costumbre, en parte solos y en parte en grandes bancos, a las regiones más altas de los ríos. Durante mi segundo viaje por el Tiquié (febrero-marzo de 1905), viajamos un día por largo rato entre un desfile tan denso de peces aracú, que percibíamos claramente el chirrido que producían al rozar las paredes del bote. La creciente de aguas en el alto Río Negro y sus afluentes dura, por regla general, de marzo a julio. Los afluentes pequeños, donde se encuentra casi siempre una numerosa población indígena, llevan ahora suficiente cantidad de agua como para que también se puedan establecer en ellos peces grandes. La pesca resulta muy fructífera. Pero el río sube y sube cada vez más, las aguas alcanzan las copas de los árboles de la orilla, llenan de nuevo las lagunas que se habían convertido en pantanos malolientes durante la estación seca, al bajar el nivel de las aguas; inundan las orillas bajas y transforman la tierra en una gigantesca laguna con selva, en la cual se pierden los peces, que quedan así a salvo de la persecución del hombre. La naturaleza ofrece a los peces, en este periodo, el necesario tiempo de veda. En sus inaccesibles refugios desovan con
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toda tranquilidad. La joven cría encuentra por doquier suficiente alimentación y se puede desarrollar tranquilamente, de manera que cuando al entrar el verano las aguas regresan a su cauce estarán en capacidad de seguir a sus compañeros mayores. (Koch-Grünberg, 1995, Vol II, p. 34)
Los ejemplos anteriores indican, por un lado, la capacidad de entendimiento del paisaje en relación con las estaciones y los recursos que dependen de estas temporadas y, por otro, las características de cada especie animal en cuanto a movilidad, alimentación, ciclos reproductivos, entre otros, que comprenden un complejo entendimiento de los ambientes y ecosistemas que habitan los grupos humanos en estas regiones, todo ligado a estructuras culturales que se reflejan en las cosmologías y ontologías tanto individuales como comunitarias de los grupos de humanos y no humanos de estos territorios. Para ahondar un poco más en el análisis de la información cuyo objeto es detallar algunas de las interacciones de los grupos indígenas con el bosque y su paisaje para obtener recursos faunísticos, se ha creado la tabla 17 del anexo 5, donde se propone un abordaje a partir de los eventos de cacería o pesca descritos en los documentos, sus características y diversos enfoques que permitan dar cuenta de los principales métodos y técnicas de pesca y caza, así como algunas características rituales o enfoques culturales relacionadas con estas prácticas.
El análisis revela que las sociedades indígenas estructuraron sus estrategias de pesca y cacería a través de un profundo entendimiento de la ecología de los paisajes de la región. Los métodos de captura documentados trascienden el utilitarismo material y constituyen descripciones donde los grupos humanos actúan como depredadores sensibles, integrados en los ciclos de los ecosistemas acuáticos y terrestres.
Uno de los temas descritos por los investigadores refleja las técnicas de pesca a través de líneas, arcos y engaños, donde, por ejemplo, se destaca la colocación precisa de nidos de termitas a ras de agua o el uso de “cucarrones de mayo” para pescar. El pescador indígena conoce la respuesta de especies como el aracú (Prochilodus sp.) y el pacú (Mylossoma sp.), y así capturarlos con precisión a través de flechas o arpones.
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Se describen también la confección de anzuelos con plumas de tucán o fibras, que al hacerlas “brincar” sobre la superficie, se estimula a los peces como el tucunaré o tunaré (Cichla sp.), para poder visualizarlos y capturarlos con estos cebos.
Se describen tecnologías colectivas o fijas como el kakurí, matapí, yurá o redes de mano, que operan dependiendo de los sistemas hídricos por temporadas. Es así como estas trampas son elaboradas con listones de palmas y tejidos de bejucos, y funcionan como laberintos para retener a los peces. Al ubicarse en raudales y desembocaduras de caños durante las crecientes, interceptan las migraciones reproductivas o de dispersión río arriba. La forma interna de la nasa (estrechamiento cónico) aprovecha la desorientación de los peces, impidiéndoles físicamente maniobrar para retroceder, lo que optimiza la captura sin requerir vigilancia continua.
El uso de redes redondas en playas arenosas durante los claros de luna demuestra un conocimiento del comportamiento de los peces en las noches, el cual, después de un golpeteo del agua con bastones, que imita la caída de frutos, atraen a los peces hacia la red extendida en depresiones del terreno arenoso.
Otra técnica descrita con mucha regularidad es la práctica del “barbasqueo” a base de plantas con compuestos activos (timbó, kunambí). Esta es documentada como la estrategia de mayor rendimiento de pesca en corto tiempo, aquí las raíces liberan toxinas en los cuerpos de agua lénticos (pozos aislados en la estación seca o pequeñas quebradas) que eran estancadas río abajo para controlar que los peces que capturara no se fueran con la corriente. Tras la recolección comunitaria, donde participan activamente hombres, mujeres y niños, se procedía a liberar las represas artificiales del caño.
Frente a la cacería de animales terrestres, se destacan los roedores y cerdos salvajes (Tayassuidae), este último introduce variables éticas, simbólicas que se describirán en los capítulos siguientes.
Se hace una descripción de las trampas usadas para capturar aves y mamíferos, en especial, de aquellos animales con hábitos nocturnos o sigilosos en las áreas de cultivo (chagras o conucos),
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convirtiendo estas zonas en sistemas altamente productivos para la obtención de proteína animal.
El análisis de los documentos destaca que la extracción de animales terrestres o acuáticos está mediada por la figura cósmica del Waí-maxsë o dueño del bosque y las aguas. El cazador indígena reconoce que la selva no es un espacio abierto de libre acceso, sino un sistema cerrado de energía controlada y recíproca. Al restringir temporalmente la caza de especies clave (como dantas y venados) mediante tabúes alimentarios y miedos metafísicos, se impedía el colapso poblacional de los mamíferos de lento recambio biológico, asegurando la sostenibilidad del forrajeo a largo plazo.
Finalmente, el éxito de la subsistencia radicaba en la flexibilidad tecnológica, cuando el pulso del río subía y dispersaba los peces en la selva inundada, el esfuerzo se concentraba en la captura pasiva y masiva de alta energía a través de técnicas como el kakurí o matapí. Por el contrario, cuando el agua descendía y concentraba la fauna en pozos mínimos, se usaba el barbasco y el forrajeo oportunista con señuelos y arcos.
Este dinámico sistema realizado por los pueblos indígenas de la Amazonia Noroccidental demuestra que las poblaciones operaban bajo un esquema que les permitía aprovechar al máximo los recursos faunísticos de la región con mínimos esfuerzos, pero manteniendo salvaguardas culturales a través del chamanismo para no afectar la resiliencia reproductiva de las especies del sistema fluvial y selvático.
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8. Aspectos ecológicos de los taxones
identificados
Con base en la información expuesta en los capítulos anteriores, es evidente la gran variedad de especies animales, tanto terrestres como acuáticas, que se han identificado en distintos entornos naturales o nichos ecológicos. Por lo tanto, este capítulo tiene como objetivo analizar dicho conjunto faunístico a partir de las tres fuentes principales de este estudio, el registro arqueofaunístico de Cerro Azul, y el etnohistórico y el etnográfico del Noroccidente Amazónico colombiano. Este enfoque integral busca profundizar en el conocimiento de cada especie en relación con su entorno ecológico y sus pautas de comportamiento.
8.1 Análisis comparativo de las especies identificadas
Tomando como punto de partida la recopilación de la información sobre la fauna identificada en el registro arqueológico, detallada en la tabla 7 del capítulo 5, así como los datos etnohistóricos y etnográficos organizados en las tablas 14, 16 y 17 que se encuentran en los anexos, donde se identificaron, organizaron y analizaron las especies de animales allí descritas con sus características y ambientes, se realiza un análisis comparativo de las diversas especies descritas en estudio:
Tabla 11. Taxones identificados en el registro arqueofaunístico, etnohistórico y etnográfico
TAXÓN
NOMBRE VERNÁCULO
Información arqueofaunística Información etnohistórica Información etnográfica
PECES
Cynodontidae
Hydrolycus scomberoides Payara X X
Curimatidae
Curimatella sp.
Yamú - Codoy X X
Triportheidae
Triportheus sp.
Sardina - Lisa
X
Anostomidae
Schizodon sp.
Sardina - Lisa
X
Laemolyta sp.
Sardina - Lisa
X
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Characidae
Bryconamericus sp.
Sardina - Lisa
X
Serrasalmidae
Piaractus sp.
Cachama X X
Pygocentrus sp.
Piraña X X X Mylossoma sp.
Pacú - Palometa
X Siluliformes
Loricariidae Cucha X
Doradidae
Platydoras sp.
Sierra - Mata Caimán X X
Pimelodidae
Pseudoplatystoma sp. Bagre X X X Brachyplatystoma sp. Dorado - Valentón - Lauláu
X
Cichliformes
Cichlidae Mojarra X
Cichla sp.
Pavón - Tucunaré
X X Sciaenidae
Plagioscion sp.
Curbinata X X
Erythrinidae
Hoplias sp.
Guabina - Conchudo
X X Prochilodontidae
Prochilodus sp.
Bocachico - Aracú
X X Arapaimidae
Arapaima sp.
Pirarucú - Lauláu
X
Peces indeterminados
X X X
MAMIFEROS
Cingulata
Dasypus sp.
Armadillo X X X Rodentia
X
Proechimys sp.
Ratón Espinoso X
Sciurus sp.
Ardilla X X
Dasyprocta sp.
Ñeque - Picure X X X Cuniculus paca Borugo X
X Hydrochoerus hydrochaeris Chigüiro X X
Leporidae
Sylvilagus sp.
Conejo
X
Marsupial
Didelphidae Zarigüella X X
Procyonidae
Nasua sp.
Coatí X
Cervidae
X X
Odocoileus virginianus Venado X
Tayassuidae Pecarí
X X Tapirus sp.
Danta - Tapir
X X Primates Indet.
X X
REPTILES
Crocodylia
Alligatoridae Caimán - Babilla X X X Squamata
Iguana sp.
Iguana X X
Teiidae Lagartija X
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Serpentes
X
Boidae Boa X X
Viperidae Víbora X
Testudines
X X X Kinosternidae Hicotea - Tereca X
BIVALVOS
Bivalvos indet.
X
AVES
Ardeidae Garza X X
Aves indet.
X
La mayoría de las especies recopiladas en las fuentes etnohistóricas y etnográficas carecían de una denominación científica en el registro original, particularmente en las crónicas de los misioneros jesuitas. Por este motivo, la asignación taxonómica de la primera columna en la tabla 11 se infirió a partir de las descripciones morfológicas, etológicas y ecológicas presentes en los documentos, así como los nombres comunes de loa animales, para acercarlos a la nomenclatura biológica actualizada. No obstante, con el propósito de mitigar sesgos interpretativos y facilitar una revisión rigurosa, en los anexos (tablas 13 a 17) se transcriben literalmente los fragmentos exactos extraídos de las fuentes consultadas. Así mismo, para facilitar el análisis en la triangulación de datos arqueofaunísticos, etnohistóricos y etnográficos, se limitó a incluir los taxones desde su descripción de familia, género y especie.
Partiendo de esto y como muestra la tabla 11, la incorporación de los registros etnohistóricos y etnográficos incrementa de forma significativa los taxones de la fauna acuática, registrándose 19 taxones en total correspondientes a peces. Esta preeminencia en la diversidad de peces demuestra que los recursos ictiológicos han constituido históricamente el principal sustento de proteína animal en las regiones de la Orinoquia y la Amazonia Noroccidental.
En la tabla 11 también se muestra que los peces indeterminados están presentes en los tres registros, reflejado en la cantidad de restos óseos indeterminados de peces que se analizaron en el registro arqueofaunístico y, por otra parte, las diversas descripciones en los registros etnohistóricos y etnográficos que referencian diversas técnicas de pesca con el fin de capturar una gran cantidad de peces de tallas pequeñas.
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Así mismo, los datos sobre peces de talla grande como el Brachyplatystoma sp. y el Arapaima sp. aparecen con claridad en los registros etnohistóricos, con una excepción en los tres registros del Pseudoplatystoma sp. El sesgo en el registro arqueológico podría estar relacionado por razones culturales, así como algunos mamíferos como los primates, pecarís (Tayassuidae) y las dantas (Tapirus sp.), cuyo consumo está regulado por restricciones culturales como se presentó en el capítulo 7. Esto y otras posibilidades se abordarán en profundidad en el capítulo de discusión.
En cuanto el consumo de tortugas, este taxón aparece en los tres registros, dándoles una importancia muy alta en los documentos etnohistóricos y etnográficos, donde las tortugas acuáticas eran un alto sustento proteínico por su carne, huevos y aceite. Resulta importante mencionar que por NISP, en el registro arqueológico aparece muy poco. Sin embargo, es evidente que este taxón fue importante en las dietas de los pueblos en el pasado de esta región del Noroccidente Amazónico colombiano, como se presentó en los capítulos 6 y 7.
Los bivalvos son un taxón que solo aparece en el registro arqueológico, constituyéndose en un dato sensible para entender la dieta de los pueblos prehispánicos en relación con los cambios en las costumbres alimenticias a través del tiempo. Así como la ausencia del consumo de iguanas y serpientes en los datos etnográficos. Estos temas se abordarán más adelante en la discusión y en las conclusiones.
La tabla 11 también muestra una compleja red de conocimientos de los grupos humanos del Noroccidente Amazónico colombiano, sobre los varios ecosistemas que sustentan la caza o pesca de diversas especies. Frente a esto se hace necesario presentar algunos detalles de la información derivada de investigaciones biológicas actuales, para cada uno de los taxones identificados en el registro arqueofaunístico de Cerro Azul. Dicha información contiene datos precisos de las características distintivas de las especies, su distribución geográfica, hábitats que frecuenta, comportamientos, entre otros. Por lo tanto, se considera que algunas reflexiones relacionadas con la etología y la ecología de las especies registradas pueden apoyar el entendimiento de las estrategias que los pueblos utilizaron en el pasado para acceder a los recursos faunísticos.
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8.2 Ecología de los taxones identificados en el registro
arqueofaunístico de Cerro Azul
A continuación, se presentan las características más importantes sobre la ecología y etología de las especies identificadas en el registro arqueofaunístico de Cerro Azul, como parte fundamental para identificar cuáles fueron las estrategias de reciprocidad que los grupos humanos utilizaron en el pasado del Noroccidente Amazónico colombiano, para acceder a estos recursos animales.
a. Peces
• Cynodontidae Hydrolycus scomberoides Conocidos como payara, son depredadores carnívoros que se encuentran en ríos y lagos periódicamente inundados, se reconocen por su dentadura la cual está compuesta por dientes cónicos, largos y afilados, se destacan dos colmillos situados en la mandíbula inferior, los cuales usan para atrapar los peces de los que se alimentan, ensartándolos y sujetándolos. Las aletas pectorales son muy grandes, largas y puntiagudas las cuales sirven para dar saltos por el encima del agua. Pueden llegar a medir 120 cm de longitud y pesar aproximadamente 18 kg. Se alimentan de otros peces. Como muchos otros peces, se reproduce durante el período de crecida de los ríos (entre julio y septiembre), donde las hembras liberan unos 2000 a 3500 huevecillos. La postura de huevos se hace cerca de la vegetación de las márgenes de los ríos. Junto con otras especies de peces realiza migraciones locales y medianas de entre 100 y 500 km de distancia. Es un pez de agua dulce que habita la zona del lecho y la columna de agua de los ríos, lagos y bosques inundables de la cuenca amazónica (Museo de Historia Natural, 2020; Damaso Yoni et al., 2009).
• Curimatidae Curimatella sp.
Son peces conocidos como yamú o codoy, de tallas medias y pequeñas, en general por debajo de los 40 cm. Las formas de mayor tamaño habitan preferencialmente los sistemas
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lagunares de grandes ríos, y la mayor parte migra río arriba durante el periodo aguas bajas. Son peces básicamente detritívoros y no es de extrañar que constituyan la mayor biomasa de los ríos de aguas blancas, pues el detrito que cubre el fondo de sus sistemas lagunares es la base de la principal cadena alimenticia. Las formas pequeñas de esta familia pueden encontrarse también en pequeños arroyos de curso lento, en gramalotes y bosques inundados. Se captura con malla o con flechas. Es abundante en épocas de aguas en ascenso y descenso (Galvis et al., 2006; Damaso Yoni et al., 2009).
• Serrasalmidae Los peces que pertenecen a esta familia son de cuerpo alto y comprimido. Como característica particular, las escamas ventrales son crenadas y forman una especie de sierra. Es frecuente en ellos la presencia de una espina predorsal y dientes tricúspides. Habitan preferiblemente ambientes lagunares, aunque las especies omnívoras realizan migraciones a lo largo de los ríos penetrando en las lagunas laterales y bosques inundados en aguas altas, durante el periodo de fructificación (Galvis et al., 2006). Piaractus sp.
Recibe nombres comunes como cachama, gamitana, entre otros. Son peces de gran tamaño y cuerpo comprimido. En la premaxila se encuentran dos hileras de dientes, y en le mandíbula seis o más dientes. Es una especie omnívora, que se alimenta principalmente de frutos y semillas que caen al agua, así como de insectos e invertebrados. Es de una alta importancia comercial y piscícola, se captura con malla y anzuelo. Habitan la Orinoquía y la Amazonia y se encuentran tanto en ríos de aguas claras, blancas y negras (Galvis et al., 2006; Damaso Yoni et al., 2009). Pygocentrus sp.
Denominada comúnmente como piraña o caribe, se identificada claramente por sus dientes en forma de sierra, generalmente habita en zonas herbáceas inundadas a lo largo de las orillas de los ríos (gramalotes), lagos y arroyos durante todo el año, donde se reproduce adhiriendo sus huevos a las raíces de las plantas flotantes. Se alimenta de peces, y frutas. Se captura con mallas y anzuelos y su carne es muy apreciada (Galvis et al., 2006; Damaso Yoni et al., 2009).
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• Loricariidae Llamados comúnmente como cuchas, son peces que se encuentran en todas las aguas dulces del neotrópico. Los peces de esta familia tienen el cuerpo y la cabeza cubiertos por series de placas duras y la boca en posición ventral en forma de ventosa que le sirve para adherirse a las rocas y troncos sumergidos. La mayoría de las especies habitan en aguas corrientes y bien oxigenadas, frecuentan charcas y lagunas casi anóxicas. La mayoría de estos peces son de hábitos nocturnos, algunos son vegetarianos alimentándose de algas o plantas acuáticas, otros se alimentan de detritos y otros comen insectos moluscos. Se capturan manualmente o con mallas y su carne se considera deliciosa (Galvis et al., 2006; Damaso Yoni et al., 2009).
• Doradidae Los miembros de esta familia se reconocen fácilmente por su piel desnuda y la presencia de una sola hilera de placas laterales, casi siempre cada una de ellas recubierta de esmalte y dirigida hacia atrás. habitan en lagos y ríos de corriente lenta y son capaces de resistir condiciones anóxicas; la mayoría de sus especies son omnívoras y nocturnas (Galvis et al., 2006).
Platydoras sp.
Conocidos como armados, sierras o matacaimán, tienen cuerpo alargado, se caracterizan por tener una hilera de placas óseas en los costados, llegan a medir 24 cm de longitud y es común verlos en fondos arenosos de ríos lentos. Se alimentan de artrópodos, moluscos y restos orgánicos. Generalmente los juveniles se encuentran limpiando otros peces. Son peces robustos de color oscuro con dos franjas y placas longitudinales, la aleta caudal es fuertemente horquillada. Son de actividad nocturna, desplazándose en cardúmenes por el fondo de las aguas, donde prefieren los sistemas lagunares. Algunas especies pueden sobrevivir varias horas por fuera del agua si se mantiene la piel húmeda. Se captura con mallas y atarraya en aguas en ascenso, y su carne es muy apetecida (Museo de Historia Natural, 2020; Galvis et al., 2006; Damaso Yoni et al., 2009).
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• Pimelodidae Pseudoplatystoma sp.
Llamados bagres o pintadillos son peces de gran tamaño que crecen hasta un metro de longitud, alargados y de cabeza deprimida. Cuerpo de color blanco y dorso oscuro con bandas o manchas negras. Habitan ríos y lagunas de inundación. Son peces migratorios que remontan los ríos en épocas de aguas bajas para desovar al inicio de las lluvias en las cabeceras de los ríos. Se alimentan de peces y son de gran importancia comercial, capturándolos con mallas, flechas y arpón (Galvis et al., 2006; Damaso Yoni et al., 2009).
• Cichlidae Reciben varios nombres comunes como mojarra, pavón o tucunaré. Es una familia de peces dulceacuícolas del neotrópico donde en general habitan ambientes lénticos preferiblemente aguas transparentes como los arroyos de la selva Amazónica. Son peces muy coloridos particularmente los machos. Comen insectos, anfibios y pequeños peces. Se caracterizan por el cuidado parental después del desove durante las aguas en ascenso. Se le ve en la parte superior de las aguas, en gramalotes y el bosque inundado, donde se pesca con malla, espinel o anzuelo, y es muy apetecido por su sabor (Galvis et al., 2006; Damaso Yoni et al., 2009).
• Sciaenidae Plagioscion sp.
Conocido comúnmente como curbinata o corbina, son peces de color plateado con una mancha oscura en la base de los pectorales. Este pez se caracteriza por contener otolitos muy grandes. Habita los ríos y quebradas amazónicas y del Orinoco y frecuenta las zonas de inundación en los bosques. Se alimenta de crustáceos y peces pequeños. Se captura con malla o atarraya, y es muy apetecido por su sabor (Galvis et al., 2006; Damaso Yoni et al., 2009).
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b. Mamíferos
• Cingulata Dasypus sp.
Conocidos como armadillos, cachicamos o tatus, son animales generalmente grises con caparazón compuesto por bandas móviles. Tienen un hocico largo y angosto, y orejas largas, poseen garras con las que abren trincheras bajo el suelo, cerca de troncos caídos en las planicies. Viven en bosques, pastizales y matorrales secos, en todas las coberturas y zonas climáticas y son especialmente nocturnos y crepusculares. Consumen raíces, lombrices, caracoles y pequeños anfibios. La caza de armadillo es frecuente como alimento ya que es muy apetecido, y como medicina tradicional en las zonas bajas de la Orinoquia y Amazonia (López-Arévalo et al., 2019).
• Roedores Proechimys sp.
Conocidos como ratón o rata espinosos, pueden llegar a pesar hasta 500 g. Su pelaje es de textura espinosa en el cuerpo, de coloración ocre naranja en el dorso. La cabeza es más oscura con pelaje más sueve. Se considera el género más abundante de mamíferos no voladores en los bosques del neotrópico. Se encuentran en bosques húmedos tropicales, en bosques perturbados e inalterados, donde son principalmente nocturnos. Algunas especies están asociadas a cultivos de yuca y plátano, también comen frutos, semillas, hongos e insectos (López-Arévalo et al., 2019).
Sciurus sp.
Conocidas como ardillas, se encuentran en bosques húmedos maduros y perturbados, usualmente se desplazan por el sotobosque y pueden verse alimentándose cerca a los palmares. Son arborícolas, aunque algunas veces descienden al suelo en busca de alimentos y agua. Se alimentan principalmente de frutos de palmas y otras nueces y frutos, Se encuentra en la Amazonia y la Orinoquia (López-Arévalo et al., 2019). Dasyprocta sp.
Este género recibe muchos nombres comunes dependiendo de la región, por ejemplo, se le suele llamar ñeque, aguti, chaqueto, guatín, picure, entre otros. Se caracteriza por tener un cuerpo que mide entre 45 y 60 cm, con un pelaje grueso y brillante. Se puede encontrar
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en bosques, matorrales, sabanas y áreas de cultivo, de hábitos diurnos. Por lo general viven en zonas cercanas al agua y se encuentran en las orillas de los arroyos. Se alimentan mayormente de frutas y semillas, las cuales guardan para tiempos de escasez, también consumen tubérculos, nueces, raíces y hojas, eventualmente comen pequeños vertebrados y crustáceos (López-Arévalo et al., 2019).
Cuniculus paca Se le conoce comúnmente como paca o borugo, mide entre 63 y 82 cm y puede llegar a pesar ente 5 y 13 kg, tiene cuerpo robusto y su pelaje es áspero de color pardo o castaño, con manchas redondeadas a los lados. Esta especie se encuentra en varios tipos de bosques en áreas húmedas, se asocia a bosques de tierra firme y bosques inundados siendo buenos nadadores. Son importantes dispersores y consumidores de semillas. Viven en madrigueras de forma tubular por debajo de la superficie. Se consume habitualmente por su carne que es muy apetecida (López-Arévalo et al., 2019). Hydrochoerus hydrochaeris Recibe diversos nombres según la región donde habita, entre chigüiro, capibara o carpincho, se caracteriza por ser el roedor más grande del mundo, con una longitud que varía de 1 a 1.3 m y un peso de más de 50 kg. Son animales nocturnos, sin embargo, donde no hay actividad humana pueden extender su actividad hasta la madrugada y el atardecer. Viven en grupos de hasta 20 individuos frecuentando áreas de vegetación herbácea en tierras bajas, pantanosas y cuerpos de agua, son excelentes nadadores. Son apetecidos por el sabor de su carne (López-Arévalo et al., 2019).
• Didelphidae Llamados comúnmente como chucha, rabipelao o fara, son animales que pertenecen a los marsupiales, pueden variar de entre 716-930 mm, y su peso puede variar de entre
750 y 2500 g. Se encuentra distribuida en el Bosque Húmedo Tropical, en los valles de
los ríos húmedos y bosques inundados. Se alimentan de animales pequeños vertebrados e invertebrados, así como de frutas y follaje. Construyen nidos de hojarasca en agujeros en los árboles o en el suelo, de hábitos nocturnos y crepusculares (López-Arévalo et al.,
2019).
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• Procyonidae Nasua sp.
Conocidos popularmente como cusumbos o coatis, son animales cuyo cuerpo pueden medir entre 525 a 532 mm, y la cola de entre 430 a 444 mm, con un peso promedio de entre 3.8 kg. Su pelaje es rojizo y la cola anillada, con orejas redondeadas y rostro alargado. Se pueden encontrar en los bosques húmedos y sabanas tanto de la Orinoquia como de la Amazonia. Se alimenta de plantas, insectos y frutas dependiendo de las temporadas anuales. Son generalmente sociables y de hábitos diurnos (López-Arévalo et al., 2019).
• Cervidae Odocoileus virginianus Los venados son animales que pueden pesar hasta 55 kg. Tiene una coloración parda rojiza y los machos presentan astas con ramificaciones en una época del año. Es una especie de extraordinaria amplitud ecológica que se encuentra en selvas ralas, matorrales, cardonales, sabanas tropicales, áreas pantanosas y páramos andinos desde los 0 hasta los 4000 msnm., sin embargo, el bioma de sabana parece ser el más favorable. Son herbívoros generalistas que se alimentan de los recursos que están estacionalmente disponibles. Prefiere las hojas tiernas, ramas y frutos de las plantas arbóreas y arbustivas más que de las herbáceas. Las hembras son sociables y la sociabilidad de los machos se produce solo en la época de apareamiento. Son altamente cazados por su carne, actualmente, el venado es una de las especies silvestres más utilizadas por parte de las comunidades en el país, ya sea en caza de subsistencia, de control o deportiva (López- Arévalo et al., 2019; López-Arévalo et al., 2020).
c. Reptiles
• Crocodylia Este antiguo grupo de reptiles acuáticos, el cual incluye a la subfamilia Alligatorinae, habitan la mayor parte de los estuarios, dulces o salobres, ríos y zonas pantanosas de todas las regiones tropicales y subtropicales del mundo. Los representantes de la orden Crocodylia poseen una cubierta protectora ósea (osteodermos), embebida dentro de la
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piel que los protege del ataque de los depredadores. Muchos de los rasgos distintivos de los cocodrilianos se relacionan con sus hábitos de vida acuáticos, como son la posesión de un paladar secundario, una válvula sublingual que previene la entrada de agua cuando el animal está sumergido, entre otras características. Todos los cocodrilos son animales ectodérmicos, que requieren del calor del sol para elevar o regular su temperatura corporal y mantenerla dentro de los óptimos necesarios para su metabolismo. Así mismo, son ovíparos que depositan una gran cantidad de huevos por cada nidada y se reproducen por lo regular una vez al año. La mayoría de los caimanes y cocodrilos son cazadores al asecho y nocturnos, que pasan las horas del día inactivos o asoleándose; su dieta incluye numerosos invertebrados como peces, aves, mamíferos, entre otros, y sus preferencias varían con la edad y el tipo de habitad en que se encuentren (Rueda- Almonacid et al., 2007).
• Squamata Iguana sp.
Este reptil se encuentra en bosques secos, de riberas, vegetación arbórea a borde de pantanos y charcas; en sabanas arboladas y potreros. Es diurno, arborícola y heliotérmico. Son principalmente herbívoros y se encuentran comunales en lugares sin vegetación junto a arroyos y ríos (Calderón-Espinosa et al, 2019).
• Teiidae Son lagartos medianos a grandes, con extremidades bien desarrolladas, cola usualmente larga, escamas laterales y dorsales generalmente pequeñas y granulares y tienen lengua bífida, y dimorfismo sexual. Pueden ocupar diversos ambientes desde bosque secos o bosques húmedos. Son diurnos y terrestres, aunque algunas especies son semiacuáticas. Se reproducen por medio de huevos. Son cazadores activos, buscando diligentemente sus presas, de las que se alimentan de pequeños artrópodos, pequeños y medianos vertebrados, huevos, frutos y semillas (Calderón-Espinosa et al, 2019).
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• Serpentes Boidae Son serpientes grandes con cuerpo robusto, musculoso y cilíndrico, con la cabeza muy diferenciada del cuerpo. Este tipo de serpientes se encuentran en bosques húmedos, primarios y secundarios inundados, al borde, en las sabanas y áreas intervenidas. Se puede ubicar también en las ramas y arbustos o en el suelo con vegetación. Es nocturno y crepuscular, terrestre y arborícola. De dócil a muy agresiva, y se alimenta de lagartos medianos, aves y mamíferos pequeños y medianos, casan a sus presas buscando activamente o a través de emboscadas. Es vivípara y se distribuye por todo Centroamérica y Suramérica (Calderón-Espinosa et al, 2019).
Viperidae Son serpientes de tamaño corporal variable, muy venenosas, con colmillos con los que inocula el veneno, el cual es principalmente hemotóxico y citotóxico. Tiene la cabeza triangular cubierta de escamas y ojos de pupila vertical. Se identifican por presentar a cada lado de la cabeza una foseta termorreceptora, entre los ojos y las narices con las cuales detecta el calor de sus presas, que generalmente son mamíferos, reptiles y aves, las cuales mata por envenenamiento. Son principalmente terrestres, pero hay especies con hábitos arborícolas, encontrándose principalmente en ecosistemas húmedos y cálidos. Hay especies con reproducción ovípara y otras vivíparas (Calderón-Espinosa et al, 2019).
• Testudines En la Amazonia se reconocen las familias acuáticas Chelidae, Podocnemididae, Kinosternidae, y Testudinidae, esta última terrestre (Rueda-Almonacid et al., 2007). Estas familias congregan especies pequeñas y grandes, acuáticas y semiacuáticas, dentro de las que se destacan por su riqueza las Podocnemididae y Kinosternidae, las cuales se pueden reconocer fácilmente por su plastrón móvil, el cual tiene uno o dos de los lóbulos con bisagras que se cierran contra la concha para formar un estuche que protege la cabeza y los miembros cuando estos se encuentran retraídos. Poseen la cabeza y el cuello cubierto por piel suave que les permite intercambiar oxígeno directamente del agua.
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Aunque de hábitos acuáticos, las extremidades ligeramente palmeadas se encuentran más adaptadas para caminar por el fondo de los lechos de los cuerpos de agua que para nadar e incluso algunas especies han desarrollado extraordinarias especializaciones para soportar las sequias. La familia Podocnemididae constituye un invaluable recurso para los habitantes de las zonas selváticas, dado que les proveen de carne, huevos, aceite y otros valiosos productos para su supervivencia. Entre los miembros más apreciables se encuentran la charapa, la cual es la tortuga de agua dulce más grande del continente, y la destrucción de los hábitats han colocado al borde de la extinción a la mayor parte de las especies de esta familia. Habitan las ollas de los ríos Orinoco y Amazonas, donde prefieren las madreviejas y meandros de los ríos y caños del sistema de aguas negras, donde es más abundante que en los sistemas de aguas blancas. Viven en caños grandes selváticos, tributarios de grandes ríos y lagos, y gustan de los remansos, profundos y empalizados (Rueda-Almonacid et al., 2007).
d. Bivalvos
• Bivalvos indet.
En conversación personal con el profesor Edgar Leonardo Linares, experto en moluscos quien trabajó en el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia, comentó que, es muy posible que algunos de los fragmentos de bivalvos que se encuentran en las muestras arqueofaunísticas de Cerro Azul pertenezcan a la familia Mycetopodidae, la cual se caracterizan por su marcada estacionalidad, siendo más abundantes cuando los niveles de agua están en su punto más bajo. Se trata, por tanto, de un recurso abundante y fácil de recolectar en aguas de lento movimiento. Adicionalmente, es consumida localmente por indígenas, colonos visitantes (Linares et al., 2018). Sin embargo, y dada la complejidad de la conservación de los restos de bivalvos en el material arqueofaunístico de Cerro Azul, se sugiere seguir indagando en la posibilidad de ser más precisos en las descripciones taxonómicas de los restos de bivalvos.
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e. Aves
• Ardeidae indet.
Llamadas comúnmente como garzas, son aves delgadas con cuellos y patas largos, además de picos en forma de daga. La mayoría son acuáticas, comunes en los bordes de agua dulce y salobre. En la Amazonia comprenden adaptaciones a los complejos ciclos de inundación de los ríos. Estas aves zancudas regulan las poblaciones acuáticas y ocupan un rol central en los humedales neotropicales. Cazan en solitario vertebrados acuáticos (peces, ranas y crustáceos). Otras se encuentran en áreas abiertas como pastizales donde se alimentan de ranas o invertebrados grandes. Sus técnicas para cazar varían. Algunas son muy activas, otras oportunistas, pero algunas duermen o anidan comunalmente (McMullan, 2021).
Tabla 12. Síntesis de la ecología y temporadas de los taxones identificados en Cerro Azul
TAXÓN
Acuático Terrestres Mejor temporada de captura Ríos Lagos Caños Bosque inundado Bosques Sabanas Sequía Inundación Aguas en subida Aguas en bajada
PECES
Cynodontidae
Hydrolycus scomberoides X X
X
X
X X Curimatidae
Curimatella sp.
X X X
X
X X Serrasalmidae
Piaractus sp.
X X
X
X X X Pygocentrus sp.
X X X
X X X X Siluliformes
Loricariidae
X X X
X X X X Doradidae
Platydoras sp.
X X X X
X X X Pimelodidae
Pseudoplatystoma sp.
X
X X
X X X
Cichliformes
Cichlidae
X X X
X
Sciaenidae
Plagioscion sp.
X
X
X
MAMIFEROS
Cingulata
Dasypus sp.
X X X
Rodentia
Proechimys sp.
X X X
Sciurus sp.
X X X
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Dasyprocta sp.
X X X X X X X Cuniculus paca
X X X X
Hydrochoerus hydrochaeris X X X X X X X
Marsupial
Didelphidae
X X X X
Procyonidae
Nasua sp.
X X X
Cervidae
Odocoileus virginianus
X X X X
X
REPTILES
Crocodylia
Alligatoridae X X X X
X X X X Squamata
Iguana sp.
X X X X X X X X Teiidae
X X X
Serpentes
Boidae
X X X X X
Viperidae
X X X
Testudines
Kinosternidae X X X X X X X
BIVALVOS
Bivalvos indet.
X X X X X
X
AVES
Ardeidae indet.
X X X X X X X X X X
Tomando como base de análisis las descripciones ecológicas, etológicas y de las mejores temporadas para la captura de las especies que se ilustran en el registro arqueofaunístico de Cerro Azul mencionadas anteriormente, y sumado a las descripciones taxonómicas, ecológicas y etológicas que se recuperaron de los registros etnohistóricos y etnográficos del Noroccidente Amazónico colombiano, se sintetiza en la tabla 12, aquellos aspectos más relevantes para tener en cuenta en la discusión y en las conclusiones, todo en vista de poder identificar con más claridad, aquellos aspectos ecológicos que permitan identificar las interrelaciones que los grupos humanos crearon en el pasado con los paisajes de esta región, para poder acceder a los diversos recursos faunísticos.
Se destacan, en primer lugar, los ambientes acuáticos para todos los grupos de taxones identificados, peces, mamíferos, reptiles, bivalvos y aves, ratificando que las poblaciones humanas en el pasado de la región de Cerro Azul interactuaban de forma activa con todos los sistemas hídricos de la región y entendían sus pulsaciones estacionales.
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Por otra parte, se puede proponer que los grupos humanos que habitaron el Noroccidente Amazónico colombiano en el pasado tenían una gran capacidad para entender la complejidad de ecosistemas, los movimientos estacionales de la región, y la multitud de animales acuáticos y terrestres, entendiendo con claridad como se comportaban a través de los años y cuáles eran los hábitats que frecuentaban.
Finalmente, se evidencia que, en todas las temporadas climáticas de la región del Noroccidente Amazónico colombiano, tanto en las temporadas de lluvias, inundación, descenso de aguas o sequía, era posible capturar varias especies de animales tanto acuáticas como terrestres para sustentar su alimentación, a través de diversas técnicas, aprovechando al máximo los recursos estacionales.
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9. Interpretación de la familiarización y la
reciprocidad como marco conceptual en la ecología histórica
Muchos autores manifiestan que, en la Amazonia, los grupos humanos han interactuado con el bioma y el paisaje desde al menos 13.000 años AP. Según estos investigadores, estas interacciones han permitido gestionar diversos procesos de modificación de los suelos, manejo de especies vegetales y domesticación de plantas, al punto de considerar que el bioma amazónico es el resultado de actividad antrópica y, por lo tanto, es un producto de procesos culturales (Rostain y McKey, 2023; Balée, 2006; Clement et al., 2021; Levis et al., 2024; Fausto y Neves, 2018).
Los estudios que sustentan lo anterior están enfocados no únicamente, pero sí principalmente, en las relaciones entre grupos humanos y plantas. Sin embargo, la información sobre procesos de interacción con la fauna en el pasado amazónico ha sido poca (Prestes-Carneiro et al., 2021), razón por la cual aquí abordamos algunas propuestas para su análisis.
A través de esta revisión bibliográfica, se toma la ecología histórica como soporte conceptual para explorar las nociones de domesticación, familiarización y reciprocidad, y así discernir sobre las interacciones que los grupos humanos crearon con el bosque húmedo tropical, en especial con los animales en el pasado del Noroccidente Amazónico colombiano, y cómo estas interacciones respondieron a sistemas de reciprocidad, como procesos continuos que involucraron a humanos y no humanos, con los animales, el bosque y el paisaje en general.
9.1 Un acercamiento metodológico
Cuando los grupos humanos entraron al continente americano y, en especial, a su llegada a Suramérica hacia las tierras bajas de lo que hoy conocemos como Amazonia, emprendieron una larga trayectoria que les permitió conocer cada rincón de esta vasta región, a la vez que
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empezaron a interactuar con el bosque, el paisaje y sus recursos. Las evidencias de la llegada de los grupos humanos a la Amazonia plantean que arribaron alrededor de los 13000 años AP (Shock y Moraes, 2019; Roosevelt et al., 1996). Este ensayo hace referencia a uno de esos primeros sitios tempranos del bioma amazónico, el cual es Cerro Azul en el Guaviare, Colombia, con fechas de poblamiento temprano desde finales del Pleistoceno y una ocupación continua del lugar (Morcote-Ríos et al., 2017, 2021).
Esta travesía, como todas, estuvo inspirada por uno de los elementos que caracteriza a nuestra especie, y es la curiosidad de conocer qué hay más allá, conocer nuevos ambientes, nuevos territorios y paisajes, acceder a recursos para aprovechar de diversas formas e integrarse de forma recíproca con su ambiente.
Posiblemente, estas primeras formas de interactuar con el medio amazónico eran el reflejo de las experiencias que ya traían de esa larga travesía que involucró ecosistemas parecidos como fueron los bosques húmedos tropicales de Centroamérica y las costas caribe y pacífica del norte de Suramérica.
Si bien algunos autores plantean la posibilidad que estos primeros grupos humanos cuando llegaron al continente americano y a su vez al bioma amazónico, se enfrentaron a un territorio desconocido (Morcote-Ríos et al., 2021), es posible, que en el trasegar de estos primeros grupos humanos que arribaron a las tierras bajas de Suramérica, traían técnicas y métodos para aprovechar al máximo los recursos de esos ambientes “nuevos” a los que se enfrentaban. Por ejemplo, los ambientes que descubrieron al entrar al continente americano través del estrecho de Bering seguramente eran muy parecidos a los que encontraron tanto en Siberia como en general a los ambientes del nororiente de Asia. Así mismo, es muy posible que los “nuevos” ambientes que conocieron en la Amazonia, no fueran tan diferentes a los que probablemente descubrieron en su paso por Centroamérica y las costas caribe y pacífica del norte de Suramérica. Por lo tanto, es factible afirmar que los grupos humanos estuvieran habituados a interactuar con ambientes húmedos propios de los bosques y paisajes de las tierras bajas de Suramérica (Iriarte et al., 2020).
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Es así como la interacción con el bosque y sus recursos permitió desde muy temprano aprender a gestionar los ambientes y el paisaje para construir relaciones de reciprocidad que les permitiera crear estructuras culturales y sociales a través de milenos en la Amazonia, ya sea para obtener alimentos, medicinas, fabricar herramientas, construir viviendas, entre otros. “En todos los biomas tropicales de Sudamérica, los pueblos indígenas desarrollaron un profundo conocimiento ecológico sobre cómo utilizar y gestionar las poblaciones de plantas y animales” (Levis et al., 2024, p. 868).
Algunas evidencias de esa temprana interacción de grupos humanos con los biomas amazónicos se observan en los campos elevados y terrazas de cultivos en lo que hoy se conoce como Llanos de Mojos en Bolivia, y Monte Castelo en Brasil (Lombardo et al., 2013; Rostain y McKey, 2023; Hermenegildo et al., 2025). Estos montículos se crearon como respuesta al paisaje hídrico de la región, posibilitando el cultivo temprano de especies vegetales comestibles, entre las que se destacan la yuca (Manihot esculenta) y el arroz (Oryza) (Lombardo et al., 2013; Hermenegildo et al., 2025). Otro manejo significativo de la flora por parte de los grupos tempranos en la Amazonia, fueron las palmas, que constituyeron un recurso vital que, hasta la actualidad, sustentan a los grupos humanos en las tierras bajas de Suramérica (Morcote-Ríos y Bernal, 2001; Levis et al., 2017). Es desde este enfoque que algunos investigadores han planteado la posibilidad de una domesticación temprana de plantas en la Amazonia, favoreciendo complejos procesos agroforestales únicos para el bioma amazónico (Levis et al., 2017; Levis et al., 2018; Iriarte et al.,
2020).
Esto indica que los grupos humanos no solo ya tenían la capacidad de reconocer parte de estos nuevos ambientes, sino que, al mismo tiempo, podrían gestionar estrategias de familiarización con el paisaje y sus recursos desde inicios del Holoceno.
Es decir, cada vez hay más evidencia que sugiere que la composición florística y las estructuras modernas de los bosques amazónicos se han visto influenciadas por la actividad humana en el pasado, de esta manera, los humanos transformaron los bosques de diversas maneras, mediante el cultivo de plantas (precedido por la tala y la quema), la dispersión y propagación de semillas, y el cuidado in situ de recursos útiles, como las plantas domesticadas, entre otros (Levis et al., 2017). La Amazonia ya no se considera una zona silvestre prístina y escasamente poblada por
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grupos humanos, sino un paisaje antropogénico que los humanos han ido domesticando en diversos grados durante milenios, especialmente con fines de producción de alimentos (Shepard Jr. et al., 2020).
Así mismo, las interacciones con el mundo de las plantas están documentadas, de tal manera, que se ha planteado que para el momento del contacto europeo hacia el siglo XVI, 83 especies de plantas se habían domesticado, y otras más estaban en proceso de domesticación (Clement et al., 2015). Sin embargo, en la literatura es muy poca la relación que se ha hecho con los animales (Prestes-Carneiro et al., 2021). En comparación con los restos botánicos, los restos de fauna son muy pocos, tanto en la cantidad, como en los proxis que se usan para recuperarlos y estudiarlos, y también en el número de yacimientos que reportan este tipo de evidencia. Lo anterior puede ser debido a, como lo plantea la investigadora Gabriela Prestes-Carneiro, las condiciones fisicoquímicas de los suelos amazónicos, que no permiten la conservación de estructuras óseas ya sean humanas o de animales (2016). Esta podría ser la razón por la cual, las disertaciones sobre las interacciones entre los grupos humanos y los animales en el pasado amazónico no haya sido tan desarrollada.
Si bien esta tendencia es una realidad, una de las prácticas más extendidas en los investigadores que trabajan con fauna, es tomar algunas metodologías que usan los arqueobotánicos, de esta manera se puede aprender y de ser necesario, experimentar con métodos para la obtención, procesamiento y análisis de los vestigios arqueofaunísticos en el bioma amazónico. Posiblemente en el futuro la arqueozoología amazónica desarrolle sus propios proxis, métodos, técnicas y epistemologías propias de la subdisciplina.
Aunque las investigaciones en ecología histórica generalmente han profundizado sobre las interacciones entre los seres humanos y la vegetación (generalmente los bosques), Szabó nos aporta algunos datos sobre la arqueozoología y su relación con la ecología histórica. Él plantea que el estudio de los animales en contextos arqueológicos tiene una tradición de más de un siglo y ha formado parte de la práctica arqueológica habitual desde al menos mediados del siglo XX, solo excepcionalmente se ha considerado parte de la ecología histórica. Sin embargo, esto parece haber cambiado, menciona Szabó, ya que, en las últimas décadas, ha cobrado importancia los conjuntos faunísticos arqueológicos en los análisis de ecología histórica (2015),
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lo que permite reconocer un importante abordaje que entra a dinamizar las discusiones sobre naturaleza y cultura en las tierras bajas amazónicas.
Ahora bien, lo anterior se sustenta a partir de las reflexiones que la ecología histórica ha venido realizando desde hace algunas décadas, a través de herramientas teóricas utilizadas para comprender las interacciones entre los seres humanos y el medio ambiente. Es así que se propone a la ecología histórica como un programa de investigación interdisciplinario, es decir que integra varias disciplinas donde las ciencias humanas y sociales interactúan con las ciencias exactas y naturales, centrándose en comprender las dimensiones temporales y espaciales de las interacciones a lo largo del tiempo, entre las sociedades humanas y entornos locales, y de las consecuencias o efectos globales acumulativos de estas interacciones, para comprender la formación de culturas y paisajes tanto pasados como contemporáneos (Balée, 2006), convirtiendo así, al mundo natural, en un escenario simbólico y material donde interactúan las plantas, los animales y los fenómenos naturales, ligado, integrado, prácticamente inseparable de la historia y la cultura de los grupos humanos, no solo a través del tiempo, sino en relación directa con el espacio simbólico y directo que habitan. Bajo esta premisa, se plantea que los indígenas amazónicos han tenido efectos duraderos en los ecosistemas hasta la actualidad. Esta es la esencia de la ecología histórica: comprender la ecología de los ecosistemas y entornos actuales a través del conocimiento de su historia. Estos efectos heredados se dan en los genomas de las plantas (domesticación), la composición de la vegetación (domesticación del paisaje), los suelos (tierras oscuras amazónicas, campos elevados), y el funcionamiento del ecosistema (Rostain y McKey, 2023).
Por lo tanto, la ecología histórica se basa en el supuesto de que la interacción entre el ser humano y el medio ambiente es un intercambio dinámico que genera características acumulativas (Douglass et al., 2018), es decir, que el uso de la tierra y el paisaje por parte de los humanos en la antigüedad puede tener efectos duraderos, es decir, que puede haber transmisión hereditaria en las comunidades vegetales, los suelos, el funcionamiento de los ecosistemas y el paisaje (Rostain y McKey, 2023).
La ecología histórica inició como un foco de investigación organizado a mediados del siglo pasado, como producto de la confluencia de las reflexiones de la antropología ecológica, que
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planteó la interacción a largo plazo entre las sociedades humanas y sus impactos en el medio ambiente y el paisaje; y ecólogos que comenzaban a estudiar los efectos de esos impactos humanos previos en una amplia gama de ecosistemas (McClenachan et al., 2015). Los programas de investigación en ecología histórica se han unido en la creencia fundamental de que comprender las condiciones bióticas actuales requiere analizarlas a través de la perspectiva de las interacciones pasadas con las sociedades humanas (Balée, 2006).
A su vez, los ecólogos históricos se han basado en la integración de diversas fuentes, incluyendo evidencia física, como restos arqueológicos, registros polínicos, análisis genéticos, entre otros; y fuentes más propias de las humanidades y las ciencias sociales, como materiales de archivo e historias orales. Estas fuentes históricas han revelado resultados sorprendentes que pueden desafiar las ideas científicas establecidas sobre las especies o los ecosistemas, donde las sociedades humanas logran construir memoria sobre los paisajes y sus ecosistemas, posibilitando recrear activa y asertivamente la historia de los territorios. Esto brinda oportunidades para nuevas hipótesis y, en última instancia, una nueva comprensión de la dinámica ecológica a través del tiempo (McClenachan et al., 2015).
Una de las regiones en el mundo donde la ecología histórica ha tenido un desarrollo significativo, ha sido en las tierras bajas de Suramérica. Allí, durante más de 40 años, especialistas en la Amazonia de varias disciplinas han estudiado el impacto humano en los paisajes de bosques y sabanas amazónicos, consolidado como eje del debate actual, cuál fue el grado en que los humanos que habitaron esta basta región en el pasado transformaron los ecosistemas amazónicos (Rostain y McKey, 2023).
Desde esta perspectiva, la arqueología y la ecología histórica han revelado que la Amazonia no es un lugar de escasez que propicia un bajo desarrollo cultural, sino de abundancia de recursos provenientes de espacios con diferentes niveles de domesticación, lo que “proporciona tanta soberanía alimentaria que muchos pueblos no sintieron la necesidad de esclavizarse a las plantas cultivadas ni a una vida agrícola sedentaria” (Shepard Jr. et al., 2020), cambiando el enorme paradigma eurocentrista donde la “evolución” cultura y social de los grupos humanos, está ligada a la necesidad imprescindible de domesticar plantas y animales como una condición propia en el “desarrollo” de la humanidad. Así mismo, cuestiona la vieja idea de un desarrollo
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cultural lineal o evolutivo, que tiene como epicentro del máximo nivel de constructo sociocultural, al dominio total del mundo natural por parte de los grupos humanos.
Ahora bien, el reto es poder apropiar la ecología histórica como un enfoque que obliga a entender que la arqueología no debe ser observada como una instantánea congelada en un tiempo pasado, sino que se permite pensar los métodos, técnicas, enfoques e incluso repensar las hipótesis que genera la arqueología, desde un intento por comprender un proceso evolutivo a largo plazo. La ecología histórica se ha convertido en una posibilidad científica en la Amazonia que integra diversas metodologías, teorías y disciplinas, propiciando inferencias, hipótesis e innovaciones (Rostain y McKey, 2023).
Es así como, con este enfoque de trabajo, se plantea la integración de la arqueología, la etnohistoria y la etnografía, para interpretar datos de tipo ambiental, en particular los animales, en relación con las dinámicas entre los grupos humanos y el bosque húmedo tropical en el pasado de la región noroccidental de la Amazonia colombiana.
9.2 Domesticación
La ecología histórica ha construido un soporte metodológico y teórico que ha permitido dialogar en torno a diversos enfoques en la investigación arqueológica sobre las relaciones entre humanos y ambientes. Algunas de estas reflexiones están encaminadas a explicar las dinámicas de la domesticación en la Amazonia.
La domesticación está definida por la Real Academia Española (RAE), como la acción y efecto de domesticar. A su vez domesticar viene de “doméstico” que significa 1. Reducir, acostumbrar a la vista y compañía del hombre al animal fiero y salvaje; y 2. Hacer tratable a alguien que no lo es, moderar la esperanza de carácter. Los sinónimos, dice la RAE, son: amansar, desbravar, domar, amaestrar, someter, dominar, acondicionar.
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De esta misma manera, doméstico, que viene del latín y significa domestĭcus, de domus ‘casa’, es definido por la RAE como 1. Perteneciente o relativo a la casa u hogar; y 2. Dicho de un animal: que se cría en la compañía del hombre, a diferencia del que se cría salvaje. Se consideran como sinónimos: casero, hogareño, familiar, cívico, manso (Real Academia Española, 2024).
De esta manera, al integrar las definiciones de la RAE, podemos proponer que la domesticación es un proceso de selección mediante el cual los seres humanos, a partir del control y cuidado, integran a su dominio paisajes, plantas o animales, para hacerlos domésticos o parte de la casa, del domus (Shock y Moraes, 2019).
Para algunos investigadores, los procesos de domesticación que se desarrollaron en la Amazonia pueden abordarse desde la domesticación del paisaje en particular los bosques, la domesticación de plantas, ambientes acuáticos y la domesticación de algunos animales.
9.2.1 Domesticación de paisaje y bosques en la Amazonia
La domesticación del paisaje es un concepto que se entiende como “el proceso mediante el cual, la manipulación humana produce cambios en la ecología del paisaje y en la demografía de sus poblaciones vegetales y animales, lo que resulta en un paisaje más productivo y adecuado para los humanos” (Scheel-Ybert y Boyadjian, 2020).
Es así que la domesticación del paisaje implica todas las prácticas y actividades humanas, intencionales y no intencionales, que transforman el entorno en un paisaje productivo para los humanos y otras especies, a partir de la creación y gestión cuidadosa de recursos, con implicaciones para la diversidad, distribución y disponibilidad de especies a través del tiempo, que incluye entre otros, el trasplante de plantas y animales, la eliminación selectiva de especies no económicas y el fomento de especies útiles; la quema, los asentamientos, la agricultura, la agroforestería o gestión forestal, entre otros (Prestes-Carneiro et al., 2021).
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Uno de los temas que se debaten entre los círculos académicos es la extensión de los bosques o paisajes domesticados en la Amazonia. Se consideran que existen sólidas evidencias de los procesos de domesticación en las tierras bajas amazónicas, pero ¿cuánto de este enorme bioma fue doméstico? Para algunos, las evidencias son claras y señalan la posibilidad que como mínimo, los bosques del oriente de la Amazonia pasaron por procesos de domesticación muy profundos, esto con base en las evidencias arqueológica, paleoecológica, etnográfica y estudios de la vegetación moderna, como respaldos a estas hipótesis que plantean la posibilidad de que estuvieran ampliamente extendidos. La inmensa variedad de procesos socioculturales e históricos que participaron en la configuración del paisaje amazónico durante el Holoceno permite que esta inmensa área se clasifique entre los biomas del mundo que han sido escenario de grandes impactos antropogénicos (Maezumi et al., 2018; Rostain y McKey, 2023).
Estos impactos pueden definirse como procesos abiertos,donde los bosques que han pasado por algún proceso de domesticación aparecen a partir de diversas interacciones con los grupos humanos, por ejemplo, el establecimiento de asentamientos, las talas y quemas controladas, e incluso, no intervenir de forma directa, por constructos culturales, zonas del bosque primario. Esta perspectiva hace que la existencia de categorías como son, por ejemplo, la distinción típica entre grupos de cazadores-recolectores y agricultores, sea inadecuada para el contexto amazónico, ya que la mayoría de los antiguos pobladores de la Amazonia, a menudo etiquetados como cazadores-recolectores, en realidad practicaban, y aún practican, numerosas actividades, entre las cuales se puede mencionar la plantación de especies arbóreas o de palmas con diversos usos (Cabrera Becerra et al., 1999; Levis et al., 2018).
Para ilustrar lo anteriormente mencionado, un buen ejemplo lo encontramos en Iriarte et al. (2020), que nos dan ejemplos de estos ecotonos de bosque-sabana en Llanos de Mojos o las localidades con bosques dominados por palmeras como en Monte Alegre y la Lindosa, donde los grupos humanos interactuaron con el paisaje propiciando el crecimiento de ciertas especies forestales frente a otras. Parece ser que estos bosques proporcionaron los entornos ideales para los primeros colonizadores humanos en estas regiones, donde los datos recientes de las investigaciones demuestran que, en Llanos de Mojos, se produjeron interacciones que propiciaron por un lado los inicios del cultivo de plantas, al tiempo que se creaban islas forestales mientras gestionaban los paisajes de la sabana. A través de estas prácticas, es posible afirmar
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que aumentó la abundancia tanto de diversas especies como su cantidad, al tiempo que la diversidad de recursos se ampliaba para beneficio de los grupos humanos y, posiblemente también, para los animales, lo que evidencia un relación directa y recíproca entre la domesticación del paisaje con la domesticación de plantas, que es posible ver a través de los registro arqueológicos y ecológicos del paisaje amazónico (Iriarte et al., 2020).
Desde la perspectiva de la ecología histórica, se propone que los paisajes amazónicos son más cercanos a un jardín que a una naturaleza virgen y natural. En lugar de “adaptarse” o “limitarse” al entorno amazónico, los humanos crearon, transformaron y gestionaron paisajes culturales o antropogénicos que se ajustaban a sus propósitos. Es así como los paisajes culturales o antropogénicos varían desde los sutiles, a menudo confundidos con “naturales” o “prístinos”, hasta los completamente diseñados. Así mismo, se gestionaron los paisajes acuáticos, donde la gestión del agua ya sea a través de cortes en los ríos, redes de transporte fluvial y controles del agua, gestión pesquera se convirtieron en paisajes domesticados (Prestes-Carneiro et al., 2021).
9.2.2 Domesticación de plantas en la Amazonia
La domesticación fue un proceso lento y recíproco de transformación entre plantas y humanos basado en la observación y manipulación tanto de las especies de plantas como de los entornos en donde estas se encontraban. Según Clement et al. (2021), este proceso comenzó en la Amazonia probablemente hace 10.000 años AP, propiciando relaciones mutuamente beneficiosas entre plantas y humanos. Lo que surge de este proceso es un continuo que abarca desde plantas silvestres favorecidas por los sistemas silvícolas, pasando por domesticaciones incipientes a través del cultivo y la dispersión por humanos, pero con poca o ninguna evidencia de cambio evolutivo por el momento, hasta domesticaciones completas de especies que transformaron tanto las plantas como sus bosques y paisajes (Rostain y McKey, 2023).
Este proceso de domesticación, el cual permitió la interacción constante de los grupos humanos con las plantas silvestres, ya sea promoviéndolas, gestionándolas o cultivándolas, generó cambios sustanciales en los fenotipos y genotipos de algunas especies a través de sus ciclos
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reproductivos generaciones, lo que les permitió hacerse más útiles y adaptadas para los intereses de los grupos humanos a través del tiempo (Clement et al., 2021).
Clement y sus colegas (2021) estiman que en “las tierras bajas sudamericanas se han utilizado al menos 6261 especies de plantas nativas, de las cuales 742 se gestionan fuera y dentro de los sistemas de producción alimentaria, 600 se cultivan y al menos 45 están completamente domesticadas”. Mientras que el cultivo y la domesticación comenzaron quizás hace 10.000 años AP, los sistemas agrícolas elaborados comenzaron a surgir en la Amazonia mucho más tarde, alrededor de 4000 años AP (Clement et al., 2015). A lo largo de este período, y hasta la actualidad, los indígenas amazónicos siguieron dependiendo en gran medida de domesticaciones incipientes y plantas silvestres, gestionadas en sistemas de producción alimentaria o favorecidas por prácticas silvícolas (Neves y Heckenberger, 2019; Iriarte et al., 2020; Clement et al., 2021; Rostain y McKey, 2023).
Esto demuestra que las interacciones entre los grupos humanos y las plantas es muy antiguo, y refleja la capacidad y sensibilidad de las sociedades humanas para comprender los ciclos vitales de las especies de plantas, árboles, palmas y animales, así como dominar profundamente las ecologías y formas de dispersión y propagación de una enorme multitud de especies vegetales que les sirven a los grupos humanos para varios fines. Estos aprendizajes logrados a través de la observación, posiblemente del ensayo-error-corrección, hasta la exitosa agencia, no solo son el resultado de un uso utilitario hacia el mundo vegetal, sino que están muy ligadas a cosmovisiones producto de profundas reflexiones donde, incluso, se les da poder de agencia a las plantas y sus hábitats, condicionando procesos profundos de transformación tanto de las plantas, como de los mismos grupos humanos. Por ello, el concepto clásico de domesticación es problemático a la luz de los procesos culturales e históricos en la Amazonia, porque más que un proceso que buscó traer hacia el ‘domus’ el mundo natural para dominarlo, se conjugan otros procesos de reciprocidad e interacción desde ontologías igualitarias que posibilitan una reinterpretación de lo que comúnmente se ha formulado en la dicotomía naturaleza-cultura.
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9.2.3 Domesticación de ambientes acuáticos
Algunos investigadores han realizado estudios que destacan la importancia de los procesos de domesticación en la Amazonia, pero la mayoría se enfocan hacia los paisajes y sus bosques, o se limitan a las poblaciones de plantas. Solo en contados casos se refieren a los animales terrestres y, dentro de estos últimos, algunas pocas excepciones mencionan la importancia de las relaciones entre humanos y animales acuáticos, principalmente peces y sus ambientes (Prestes-Carneiro et al., 2021).
Como se mencionó arriba, esto es probable por la poca evidencia arqueológica que se ha recuperado y estudiado, razón por la cual, generar discernimientos acerca de las relaciones entre grupos humanos y fauna en el pasado de la Amazonia es terreno aún por explorar.
Sin embargo, esto ha venido cambiando, ya que en la última década se han hecho propuestas como la que realiza la investigadora Gabriela Prestes-Carneiro quien, junto a sus colegas, cuestiona en el concepto de domesticación la palabra “dominio”, la cual tiene la misma raíz etimológica ‘domus’ hogar o casa, pero que, para ellos, puede existir otra forma de reinterpretarse permitiendo relacionarlo con la familiaridad, por ejemplo mencionan ellos, que el mundo acuático es un estado que es familiar o que se vuelve familiar en la vida y la agencia cotidiana de las personas que lo habitan (Prestes-Carneiro et al., 2021). Aquí la propuesta de domesticación está ligada a la de familiarización, desde un enfoque que evoca la capacidad de vincular paisajes con experiencias personales o colectivas, que presumen una capacidad de apropiar desde el afecto, la construcción de ontologías donde esos paisajes tiene la capacidad de agencia que permite a los grupos humanos existir y coexistir, a la vez que los grupos humanos reconocen en esos paisajes la capacidad sensible de autodeterminación recíproca con las personas que lo habitan.
Desde este enfoque, se propone el término “domesticación del paisaje acuático” para describir las interacciones recíprocas entre humanos, no humanos y los paisajes acuáticos en la Amazonia, buscando extender la noción de “paisaje domesticado” a los ambientes acuáticos amazónicos (Prestes-Carneiro et al., 2021).
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El concepto de paisaje acuático no siempre debe asociarse con la idea de la abundancia de agua, o en su efecto, una relación directa o constante con el agua, ya que existen, por un lado, numerosas zonas interfluviales relativamente secas en la Amazonia, pero, por otro lado, los pueblos indígenas gestionaban en el pasado, e incluso actualmente, los paisajes acuáticos utilizando el agua cuando estaba disponible. Por ejemplo, gestionando el territorio, para que el agua permanezca aún en épocas de escasez, a través de la creación de estanques, diques, camellones, montículos u otras obras o estructuras, para garantizar la permanencia del recurso hídrico en todos los momentos del año; respetando las restricciones sobre el uso y aprovechamiento de cualquier tipo de recurso en los humedales o ecosistemas hídricos con sus bosques y rondas aledañas, para garantizar que estos no se sequen por completo en épocas de sequía, entre otros.
Siguiendo los planteamientos de Prestes-Carneiro (2021), y complementándolos, el concepto de paisaje acuático también considera las dinámicas y características de los pulsos del agua y sus fuentes hídricas, por ejemplo, las dimensiones de los ríos y humedales, tanto de ancho, largo como profundo; los movimientos del agua ya sean inundaciones, ensanchamiento de arroyos, eventos de retroceso, entre otros; y la fauna acuática con sus dinámicas, por ejemplo, las zonas de reproducción o las migraciones de peces y aves acuáticas, las zonas de alimentación y los recursos que consumen de las diversas especies de animales acuáticos, entre otros.
Si partimos de la premisa, ampliamente documentada, de que los grupos humanos alteraron significativamente los paisajes amazónicos, podríamos afirmar que algunos de esos paisajes alterados, manipulados, transformados o familiarizados, pueden estar relacionados con estructuras diseñadas para mantener animales acuáticos en cautiverio o para “mejorar los hábitats naturales de los peces silvestres y aumentar su disponibilidad”, más aún cuando en el manejo y la domesticación de animales se han interpretado y estudiado ampliamente en relación con los mamíferos terrestres. Sin embargo, aún existen debates sobre el significado de “domesticación” para los animales acuáticos (Erickson, 2008; Prestes-Carneiro et al., 2021).
Algunos estudios han abordado un conjunto de datos que van desde los arqueológicos, hasta los históricos y etnográficos (muy en línea de los que este estudio realiza metodológicamente), que confirman que los ambientes acuáticos fueron escenarios de domesticación. Los argumentos
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están enfocados a demostrar cómo las estructuras construidas para el cautiverio, reproducción o aprovisionamiento de animales, parecen haber sido procesos planificados a partir de un profundo conocimiento de la diversidad y pluralidad de los microambientes acuáticos y terrestres amazónicos, la estacionalidad (regímenes hídricos), la topografía del terreno, la calidad y disponibilidad de materiales de construcción y, por supuesto, todo lo relacionado con los animales, entre lo que se encuentra la ecología y comportamiento animal (alimentación, migración trófica y reproductiva, interacción social, hábitats, entre otros). Esta postura sugiere que para cuidar, controlar o familiarizar un ecosistema acuático, como un río, un lago o un humedal, a menudo es más efectivo ser un “observador atento” que un “constructor invasivo” que transforme los paisajes, permitiendo a las poblaciones humanas vivir fuera del agua en entornos inundados, y continuar gestionando el agua y su fauna acuática en periodos donde el agua estaría parcial o totalmente ausente (Prestes-Carneiro et al., 2021).
Es así que las personas en el pasado amazónico tenían un claro conocimiento del territorio y sus paisajes que les permitió planificar cada momento del año, e incluso, por periodos de tiempo más largos, ajustando sus calendarios de recolección, siembra, cosecha, caza y pesca a unas lógicas hídricas que les permitía aprovechar al máximo cada estación seca o de lluvias, proveyendo proteína animal ligada a los ambientes acuáticos como son los peces. A la vez que les permitía construir infraestructuras, ya fueran públicas o residenciales, alrededor de las fuentes hídricas de forma permanente, a través de, por ejemplo, la construcción de palafitos, o camellones, o incluso, de la movilidad territorial, accediendo a lugares bajos de sabanas en épocas de sequía, o a lugares altos en los afloramientos rocosos en épocas de lluvias e inundación, como es el caso de la serranía de la Lindosa en el Guaviare, objeto de este estudio. El aprendizaje en este caso nos dice que no siempre necesitamos “domar” el agua con ingeniería pesada; simplemente fue, y sigue siendo, para las poblaciones amazónicas, conocer el ritmo de los ecosistemas acuáticos, permitiendo mantenerlo sano con acciones mínimas pero precisas, integrándose a través de la observación constante, paciente y recíproca con el entorno.
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9.2.4 Domesticación de animales en la Amazonia
Hay un planteamiento contundente de Reitz y Wing, donde afirman que, en la historia de la humanidad, la domesticación de animales constituye un hito muy importante, no solo porque permitió una relación más estrecha entre humanos y animales, sino que también les permitió contar con una fuente de alimento confiable al ejercer un mayor control sobre los animales de interés (Reitz y Wing, 2008: 297-315). Una segunda afirmación realizada por Lin et al. indica que además de productos primarios como la carne, sangre, piel y médula, los productos secundarios obtenidos de los animales como la lana, la leche y la mano de obra, también se constituyen como grandes beneficios que la domesticación animal trajo a los humanos, en cierto sentido, “sin la domesticación animal, el desarrollo de las sociedades humanas no habría alcanzado su situación actual” (Lin et al., 2024).
Las afirmaciones anteriores, formuladas categóricamente, ponen de manifiesto una condición ineludible frente al “desarrollo” o “avance” de las sociedades humanas. Esto también podría leerse al revés, es decir, ¿la no domesticación de animales por parte de los grupos humanos representa un “atraso” en su “desarrollo” cultural?, siendo así, ¿son las sociedades amazónicas menos “desarrolladas” por no domesticar animales? Veamos con más detalle las posibles respuestas a estos interrogantes que emergen de afirmaciones tajantes, ya que los pueblos del bosque han interactuado y gestionado entornos acuáticos y terrestres a lo largo del tiempo en la Amazonia. Sin embargo, en comparación con los centros de domesticación de fauna de Asia, Oriente Medio y Europa, pocos animales en las tierras bajas de Sudamérica, específicamente en la Amazonia, se han domesticado (Prestes-Carneiro et al., 2021).
Según la definición clásica el concepto tradicional de domesticación se relaciona con la supremacía humana en el control de especies no humanas, es así como, para los biólogos, el proceso de domesticación generalmente implica la modificación del patrimonio genético de una especie. Esto desarrolla un nuevo conjunto de características morfológicas conocido como el “síndrome de domesticación” (Prestes-Carneiro et al., 2021). Si tomamos como referente esta característica, podemos afirmar que en los Andes los ejemplos clásicos de domesticación son la llama (Lama glama), la alpaca (Vicugna pacos) y el cuy (Cavia porcellus) (Stahl, 2008), mientras
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que el único caso de domesticación animal clásica que pudo haber tenido lugar en las tierras bajas tropicales de Sudamérica durante el mismo período es el del pato criollo (Cairina moschata) (Prestes-Carneiro et al., 2021).
Según la evidencia faunística, en la Amazonia de entre 1.400 y 600 años AP proveniente de Loma Salvatierra, en la región de los montículos monumentales de Llanos de Mojos (Bolivia), se documentó restos de pato (Carina moschata) con modificaciones osteopatológicas en las estructuras óseas de los miembros inferiores, atributos que plantean una posible domesticación, así como en los humedales del río Guaporé, en el suroeste de la Amazonia, donde también se perfila como un posible lugar para la domesticación del pato (Von den Driesch y Hutterer, 2012; Stahl, 2008; Iriarte et al., 2020). También se han recuperado restos de pato en otros sitios de la región y en todo el neotrópico, donde se plantea la posibilidad de que, incluso más importante que como fuente de alimento, los patos se hayan domesticado para controlar las plagas en los campos de cultivo (Stahl, 2008).
Ahora bien, sin pretender entrar en la definición clásica de domesticación, es prudente demostrar que los nativos amazónicos también construyeron grandes infraestructuras para capturar peces durante las temporadas de inundaciones en Llanos de Mojos. Estas infraestructuras proporcionaron un medio para gestionar y cosechar los peces que migraban y desovaban en estas sabanas inundadas estacionalmente, y que luego eran atrapados, durante su migración de salida, en estructuras y estanques en forma de V, a medida que las aguas de la inundación retrocedían (Prestes-Carneiro et al., 2019). Además, en la zona del Noroccidente Amazónico y el Orinoco, se construyeron corrales de madera a lo largo de los ríos principales para mantener las poblaciones de tortugas y otros animales animales como manatís, para aprovecharlos cuando las temporadas de aguas altas finalizaban (Gilij, 1965; Iriarte et al., 2020).
Otro planteamiento muestra que, aunque la domesticación clásica de animales fue escasa en la Amazonia, muchas especies silvestres se han mantenido como mascotas, donde los animales silvestres son capturados y adoptados, pero no son criados ni consumidos por la población local, es así como los indígenas evitaban someter a los animales a una posición de dependencia y subordinación (Norton, 2024; Prestes-Carneiro et al., 2021).
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Algunos planteamientos sobre domesticación, especialmente los estudios antropológicos y de ecología histórica, señalan críticamente el discurso clásico sobre la domesticación, la cual asumía la idea del control humano sobre una naturaleza supuestamente pasiva (Norton, 2024). Además, existen argumentos que señalan que no es adecuada la separación o división de especies silvestres con las especies domesticadas, al contrario, señalan que como mínimo, para la Amazonia, no hay tal distinción, y si la hubiera, es muy sutil. Partiendo de estos planteamientos, desde hace algunos años, varios investigadores están proponiendo una nueva forma de llamar a las relaciones entre los grupos humanos y la naturaleza que se aleja del concepto de domesticación, es así que aparecen en escena nuevos nociones o ideas como son la antidomesticación, la depredación familiar, la co-domesticación, la domesticación mutua, la domesticación incipiente, la familiarización, la reciprocidad, entre otras (Norton, 2024; Fausto y Neves, 2018; Prestes-Carneiro et al., 2021).
Las afirmaciones anteriores podrían hacer parecer que los procesos de domesticación, tal vez, estarían incompletos desde una definición clásica occidental, sin embargo, la propuesta plantea todo lo contrario, y lo percibe como algo totalmente intencional, a través de ontologías más profundas, integradas y comprometidas. Un ejemplo de esto es la percepción indígena de los seres intangibles o del poder de agencia de los no humanos como podrían ser los animales, plantas, piedras, fenómenos naturales, entre otros. Por lo tanto, la gestión de estos entornos también implica negociación, colaboración, respeto, experimentación y reciprocidad con múltiples seres y los espacios que habitan a lo largo del tiempo (Reichel-Dolmatoff, 1977).
9.3 Familiarización y reciprocidad
Como planteamos en las notas anteriores, la domesticación puede relacionarse con la agricultura y el cultivo, sin embargo, son procesos distintos, por ejemplo, las poblaciones pueden depender parcialmente del cultivo de plantas domesticadas sin ser agricultores, o, de igual manera, pueden cultivar especies no domesticadas. Considerando esto, Fausto y Neves hacen una propuesta a partir de la siguiente pregunta: ¿resulta útil el concepto de domesticación para los contextos
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amazónicos, o se debería buscar alternativas para comprender estas historias coevolutivas? (Fausto y Neves, 2018).
Los mismos autores responden a la pregunta proponiendo el concepto de familiarización como alternativa al de domesticación para analizar las evidencias del pasado y presente amazónico (Fausto y Neves, 2018). Aunque otros investigadores sostienen que sí existió la domesticación de diversas especies vegetales, se argumenta que este proceso no fue la norma para las culturas de la región. De hecho, las investigaciones arqueológicas subrayan la importancia de la interacción histórica entre los grupos humanos y el bosque tropical; esta actividad antrópica ha potenciado la diversidad biológica, especialmente de la flora, en esta mega región (Fausto y Neves, 2018; Shock y Moraes, 2019; Neves y Heckenberger, 2019).
Es así como, algunos de los debates y aportes significativos que ha cimentado la arqueología amazónica ha sido la recuperación de vestigios vegetales, construyendo a partir de ellos un discurso sólido sobre la relación entre humanos y plantas. Por ejemplo, Fausto y Neves (2018) utilizan esta evidencia para replantear el concepto clásico de domesticación. Proponen, en su lugar, un enfoque donde el cultivo y la siembra se entienden no solo como actividad técnica, sino que también exige habilidades sociales para interactuar en una red de relaciones con agentes humanos y no humanos. Este entrelazamiento trasciende la dicotomía entre naturaleza y cultura, transformándose en un proceso de apropiación mutua. Bajo esta premisa, los autores defienden la familiarización como una noción alternativa y más inclusiva para el contexto amazónico.
En ese sentido, otro planteamiento orientado a explicar el vínculo entre las sociedades humanas y el entorno vegetal sugiere que la creación de lazos de parentesco con las plantas es una tendencia cultural generalizada en el bioma amazónico (Balée, 2006; Cassino et al., 2019; Correa, 1993). Esta perspectiva ha permitido a diversos investigadores proponer que dichas prácticas se emplearon históricamente como una estrategia para la gestión de recursos y el enriquecimiento de los ecosistemas en el pasado amazónico (Fausto y Neves, 2018).
Por consiguiente, la familiarización se concibe como el proceso mediante el cual un individuo, familia o comunidad integra a otro ser humano o no humano como miembro del hogar (Norton, 2024; Fausto y Neves, 2018). Esta interacción surge cuando se reconoce a la otredad como un
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actor fundamental en los procesos de reciprocidad; es decir, cuando el estatus ontológico de “gente” permite al ser no humano integrarse plenamente en el grupo social.
Para diversas sociedades indígenas amazónicas, la categoría de “gente” trasciende lo humano e incluye a seres no humanos como plantas, animales, elementos del paisaje, fenómenos naturales y deidades (Norton, 2024; Descola y Pálsson, 1996). Bajo esta ontología, dichos seres poseen subjetividad, intencionalidad y agencia; además, cuentan con la capacidad de adoptar forma humana para interactuar con el mundo (Fausto y Neves, 2018; Norton, 2024; Descola y Pálsson, 1996; Reichel-Dolmatoff, 1996).
Si bien estas expresiones culturales no se identifican con claridad en el registro arqueológico, disciplinas como la etnografía han aportado numerosos ejemplos y explicaciones sobre los procesos de familiarización entre grupos humanos y seres no humanos, tales como las plantas. A continuación, se presentan algunos de estos casos.
Descola y Pálsson (1996) señalan que entre los achuar del Alto Amazonas la mayoría de las plantas y animales son considerados personas que viven en sociedades propias y se relacionan con los humanos bajo estrictas reglas sociales. En este contexto, “los animales de caza son tratados como afines por los hombres, mientras que las plantas cultivadas son tratadas como parientes por las mujeres” (p. 7). Asimismo, los autores destacan el caso de los cazadores huaorani, quienes reconocen que sus presas se comunican, aprenden y modifican su comportamiento en respuesta a la presencia humana. Bajo esta premisa, se entiende que “los humanos y los animales son seres sociales que interactúan mutuamente en el mundo del otro […] las plantas, los animales y otras entidades pertenecen a una comunidad socio cósmica, sujeta a las mismas reglas que los humanos” (p. 14).
Un caso ilustrativo de estas relaciones es el de la yuca (Manihot esculenta Crantz), a la cual se le adjudica la categoría ontológica de “gente”, integrándose así en complejos procesos de familiarización. Desde el momento de la siembra, esta planta se incorpora a un sistema de parentesco donde especialmente las mujeres establecen con ella una relación de intimidad, protección y cuidado constante. Este vínculo genera lazos de afinidad análogos a la relación entre madre e hija (Clement et al., 2021). Al respecto, se argumenta que “esta apropiación es
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una forma de copaternidad, ya que los tubérculos de yuca también son hijos de quienes los plantaron. En la Amazonia, la yuca se cría en lugar de cultivarse o plantarse” (Emperaire, 2005,
p. 37, en Fausto y Neves, 2018).
El aspecto más relevante en estos procesos de relación entre humanos y plantas es su carácter mutualista, donde ambas poblaciones se benefician: mientras las plantas reciben cuidados para su propagación, los humanos obtienen compañía y valor nutricional. Este vínculo evidencia un complejo proceso de reciprocidad entre ambas partes (Cassino et al., 2021). En consecuencia, se puede afirmar que existe una vía de aproximación a los procesos de familiaridad que vincula de manera recíproca a los grupos humanos con el mundo vegetal, integrando a las plantas destinadas al consumo u otros usos dentro del tejido social.
Hasta el momento se han analizado las aproximaciones entre lo humano y el mundo vegetal; no obstante, la literatura científica identifica otra modalidad de familiarización centrada en la fauna. En este contexto, animales silvestres son adoptados desde temprana edad para integrarse como miembros de la comunidad. La diferencia fundamental entre ambos procesos radica en que, mientras el vínculo con las plantas (o sus dueños) tiene como fin la obtención de alimento y otros recursos, los animales familiarizados no se destinan al consumo ni al sacrificio, sino que se transforman en integrantes del núcleo doméstico (Norton, 2024).
A partir de esta propuesta y con base en evidencias etnográficas, esta investigación sugiere una modalidad adicional de familiarización: la creación de vínculos de parentesco con la fauna o sus dueños para garantizar el acceso a la proteína animal. En este sentido, el proceso no se limita a integrar especies silvestres al núcleo doméstico como miembros de la comunidad, sino que abarca procesos recíprocos, tanto simbólicos como directos, con el mundo animal. Estas relaciones de afinidad resultan fundamentales para sustentar la base alimenticia de los grupos humanos.
En este caso, los animales entran a un proceso de familiarización de dos formas. En primer lugar, a través de la generación de vínculos de parentesco entre los humanos y los dueños de los animales. Aquí la figura del líder espiritual o chamán de la comunidad es fundamental, ya que recae en él la negociación con el dueño de los animales para poder realizar alianzas, trueques o
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relaciones recíprocas que generen equilibrio tanto ecológico, como social y espiritual (Reichel- Dolmatoff, 1986). La importancia de la interacción está orientada a realizar intercambios como suelen desarrollarse entre grupos o clanes “humanos” con los que se tienen lazos de consanguinidad, afinidad o parentesco. Como lo menciona Reichel-Dolmatoff (1986), el intercambio es entre vidas de animales que serán usados como alimentos para la comunidad y las almas de los humanos que, al momento de morir, serán entregadas de forma libre por el chamán al dueño de los animales, como una forma de compensar las vidas de los animales que se entregaron para alimento, y así garantizar equilibrios entre las fuerzas no humanas de la naturaleza y los grupos humanos.
A través de un profundo conocimiento que se refleja en prácticas chamánicas, los hombres aseguran la reproducción de las formas de vida de las que dependen (Århem, 1996), de esta manera, y en consonancia con la literatura sobre los pueblos indígenas amazónicos, el parentesco no se considera un fenómeno natural o predeterminado. Por el contrario, se entiende como un proceso continuo en el cual los individuos se construyen como afines, transformándose activamente en parientes y semejantes (Fausto y Neves, 2018).
La segunda modalidad que se explora y propone en esta investigación, se centra en la creación de vínculos de parentesco con la fauna y sus dueños, donde la comunidad se compromete a mantener relaciones de reciprocidad con el mundo animal mediante la gestión activa del paisaje. Esto implica asegurar condiciones óptimas de alimentación y refugio para las especies animales, estableciendo así un equilibrio entre la fauna obtenida para el consumo y las poblaciones que se reproducen de manera libre y sostenida en el bosque o el agua.
De esta manera, se delimitan zonas del bosque o fuentes hídricas en las que se prohíbe la caza, la pesca o el tránsito, con el fin de asegurar la reproducción sostenible de la fauna. Asimismo, se siembran y protegen diversas especies vegetales que mantienen una estrecha relación con los animales terrestres y acuáticos, consolidando áreas de reserva que favorecen el equilibrio ecosistémico.
Veamos algunos ejemplos: en ciertos casos, se cultivan especies vegetales destinadas específicamente a la alimentación de la fauna silvestre, en esta situación, algunas mujeres
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siembran en sus chagras palmas o variedades de yuca que son aprovechadas directamente por animales, particularmente roedores que, posteriormente, se capturarán en temporadas de caza específicas (Correa, 1993). Esta práctica evidencia una estrategia de manejo del entorno que integra el ciclo agrícola con la posibilidad de cacería directa.
Otros ejemplos ocurren cuando las comunidades siembran árboles y arbustos frutales conocidos como “pepeaderos” en las riberas de caños y humedales para que fructifiquen durante la época de aguas altas. Esta práctica asegura que los peces se alimenten de semillas y frutos, garantizando así su reproducción y disponibilidad para el consumo humano (Trujillo Osorio et al., 2017). Bajo esta lógica, los recursos alimenticios se comparten conscientemente con la fauna; por ello, un árbol frutal nunca se explota en su totalidad. Como señala Laura Rival (1996), “parte de la fruta debe dejarse para que las aves y los monos la consuman” (p. 150), evidenciando un sistema de reciprocidad con el entorno.
Este tipo de interacciones es típico de una relación de parentesco, donde el indígena toma de la naturaleza lo que demanda, y en compensación devuelve a la naturaleza lo que los animales requieren, ya sea de forma simbólica al negociar con el dueño de los animales, o de forma directa al crearles las condiciones para los que animales puedan comer y reproducirse.
Partiendo de lo anterior, se propone ampliar el concepto de familiarización, en contraposición al de domesticación en la Amazonia, como un sistema complejo de interacción y reciprocidad. Aunque en el ámbito arqueológico aún se requieren más evidencias, es posible explorar los taxones identificados en este estudio para contrastar el registro arqueofaunístico con las especies documentadas en la literatura etnohistórica y etnográfica. En este sentido, los datos permiten reflexionar sobre la naturaleza del registro arqueológico y plantean el interrogante de si las prácticas persistentes de caza y pesca tradicional en el noroccidente de la Amazonia colombiana están ligadas a formas ancestrales de familiarización, interacción y reciprocidad con el bosque, el paisaje y la fauna. Esto explicaría, en última instancia, la presencia de dichas especies en el registro de Cerro Azul.
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10. Discusión
Se han expuesto tres fuentes de evidencia que demuestran cómo las sociedades humanas, en el pasado prehispánico, el periodo de contacto colonial y la contemporaneidad etnográfica, han desarrollado estrategias de subsistencia intrínsecamente vinculadas a sus cosmovisiones y ontologías. Estas estructuras culturales han mediado la interacción con el entorno natural mediante lógicas de familiarización y reciprocidad, fundamentales para el acceso y gestión de los recursos faunísticos.
Por supuesto, se plantea una reflexión sobre el potencial sesgo en las analogías etnográficas. Un posible sesgo interpretativo en este tipo de estudios es asumir que los datos etnohistóricos y etnográficos son un reflejo fiel de las sociedades prehispánicas. En el caso de Cerro Azul, donde la presencia humana se remonta a 12.000 años AP, resulta no solo imprudente, sino metodológicamente improcedente, pretender que aquellos primeros grupos poseían estructuras culturales idénticas a las de las comunidades que habitan la Amazonia hoy en día.
Sostener una comparación lineal no solo plantea dificultades metodológicas, sino también epistemológicas, pues niega la profundidad de los procesos históricos que cada grupo indígena ha construido a lo largo del tiempo (Mora, 2007; Langebaek, 2021). Por lo tanto, es fundamental aclarar que esta investigación no utiliza la información etnohistórica y etnográfica como un dato empírico para realizar comparaciones directas o mecánicas.
Lejos de una etnoarqueología clásica o de un estudio comparativo lineal, el objetivo aquí es emplear las descripciones y reflexiones etnográficas como herramientas heurísticas. Se busca generar preguntas, orientaciones y categorías de análisis que permitan abordar el registro arqueológico con mayor prudencia, aprendiendo de las ontologías indígenas actuales sin ignorar su historicidad. En última instancia, se trata de utilizar diversos proxis para reflexionar sobre la interacción humano-ambiente-fauna, construyendo propuestas que reconozcan la complejidad de estas relaciones a través del tiempo.
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Siendo así, en el siguiente apartado se procederá a un análisis detallado que problematiza estas interacciones, proponiendo una perspectiva integradora de los tres proxis de investigación. El objetivo es demostrar que la propuesta teórica aquí planteada emana de la interconexión sistémica entre el registro arqueológico, etnohistórico y etnográfico, permitiendo una comprensión holística de las dinámicas socioambientales en el tiempo.
10.1 Sobre la arqueozoología de Cerro Azul.
En la fase inicial del estudio, la presentación de los análisis realizados al material arqueofaunístico recuperado en Cerro Azul revelan una notable diversidad de taxones identificados, en siete capas estratigráficas definidas, que demuestra, además, una continuidad de uso del espacio a través del tiempo, donde el consumo de animales fue una parte vital en las actividades sociales. Así mismo, más allá de la representatividad taxonómica, el registro presenta atributos diagnósticos de origen antrópico, entre los que destaca la termoalteración (exposición al fuego) y un elevado índice de fragmentación. Si bien esta condición fragmentaria es característica del depósito, la reducción del tamaño de los fragmentos de los restos óseos impone desafíos metodológicos considerables para su determinación anatómica y taxonómica precisa, razón por la cual, para este estudio, se analizó a partir de los NISP y no de los NMI (para más detalles remítase al capítulo 6). No obstante, estas huellas tafonómicas proporcionan evidencia sustancial sobre los procesos de procesamiento, cocción y descarte de la fauna en el sitio.
A continuación, presentamos las consideraciones que permiten establecer un análisis profundo del material arqueofaunístico.
10.1.1
La alta fragmentación y el sesgo en la cantidad de NISP.
Es imperativo reconocer que el elevado índice de fragmentación de los restos óseos faunísticos en el sitio Cerro Azul constituye un potencial sesgo analítico. La imposibilidad de determinar con precisión el número mínimo de individuos (NMI), limitando el análisis exclusivamente al número
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de especímenes identificados (NISP), puede derivar en una sobrerrepresentación de ciertos taxones.
Este fenómeno es particularmente evidente en el orden de los mamíferos, específicamente en el género Dasypus (armadillos). Debido a que un solo espécimen posee una estructura dérmica compuesta por cientos de osteodermos, su fragmentación mecánica genera un volumen de restos que no guarda una relación proporcional con la biomasa o el número real de individuos consumidos. Un escenario análogo se observa en el orden Crocodylia (babillas y caimanes), donde la alta frecuencia de placas dérmicas incrementa significativamente el NISP, distorsionando la importancia relativa de estos reptiles en la dieta.
Adicionalmente, se debe considerar el factor de la identificabilidad taxonómica. En arqueología, se postula que existe un umbral crítico de fragmentación: si los restos de un animal de gran talla sufren una reducción mecánica extrema, su diagnóstico se dificulta, mientras que las estructuras pequeñas de microfauna conservan con mayor frecuencia sus rasgos diagnósticos y son menos susceptibles a la fragmentación (Lee Lyman y O’Brien, 1987).
En consecuencia, la disparidad en la conservación y la morfología esquelética de estos grupos impide establecer una correlación directa entre la abundancia de restos y la representatividad económica de la especie. Por lo tanto, en la presente investigación se establece que un elevado valor de NISP no es necesariamente indicativo de una mayor intensidad en el acceso o consumo de un taxón específico.
Por lo anterior, el análisis no se centrará exclusivamente en la frecuencia cuantitativa de los especímenes (NISP) por taxón, sino que priorizará la comprensión de las especies identificadas en su estrecha relación con las dinámicas del paisaje y las posibles estructuras culturales que podrían sustentar el porqué de esos taxones y las características en el registro arqueofaunístico. El objetivo es trascender la mera descripción numérica para profundizar en la ecología y el significado social de la fauna en el sitio.
No obstante, es pertinente señalar que a continuación se realizará una aproximación a la representatividad taxonómica a través de las diferentes capas estratigráficas, buscando una
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aproximación de análisis diacrónico del sitio. Este ejercicio analítico buscará identificar tendencias de presencia o ausencia de especies en la cronología del sitio, evitando la asunción reduccionista de que una mayor densidad de restos óseos equivale necesariamente a una preeminencia económica o dietario de un taxón sobre otro.
10.1.2
El material arqueofaunístico a través de las capas estratigráficas.
Tal como se expuso en el capítulo 6, el análisis se ha circunscrito exclusivamente al material óseo con valor diagnóstico. En este contexto, se identificó en la Capa I un registro mínimo de 8 NISP pertenecientes a peces. No obstante, la presencia de estos vestigios en dicho horizonte plantea interrogantes de carácter tafonómico.
De acuerdo con el análisis estratigráfico presentado en el capítulo 4, se postula que la Capa I es el resultado de procesos de percolación y filtrado de material cultural proveniente de horizontes superiores hacia niveles más profundos. Este desplazamiento vertical es atribuible posiblemente a fenómenos de bioturbación o a perturbaciones de origen antrópico y post-deposicional. En consecuencia, a pesar de la presencia de evidencia material, la Capa I se ha excluido del análisis interpretativo principal, al considerarse un contexto perturbado que no garantiza la integridad cronológica de los depósitos.
La Capa II constituye un horizonte de especial interés analítico, dado que las investigaciones de referencia para este estudio (Morcote-Ríos et al., 2017, 2021) establecen una cronología precisa de las ocupaciones humanas iniciales hacia finales del Pleistoceno tardío, alrededor de 12300 años AP. Resulta significativo que la asociación faunística de esta capa no se alinee con los debates clásicos sobre el poblamiento temprano de América, los cuales históricamente han enfatizado el papel de la cacería de megafauna como motor de la dispersión humana (Langebaek, 2021). Frente a esto, es importante señalar que los datos empíricos obtenidos en Cerro Azul confirman, hasta el momento, la ausencia absoluta de restos pertenecientes a mega vertebrados.
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Desde el inicio de la secuencia de ocupación hacia finales del Pleistoceno tardío, cuyas evidencias arqueofaunísticas se concentran en la Capa II, se observa una tendencia al incremento progresivo tanto en la densidad del registro como en la diversidad taxonómica a través de las capas estratigráficas.
Esta tendencia alcanza su máximo exponente en la Capa V, la cual se destaca como el horizonte con la mayor densidad de recuperación de material arqueofaunístico. Esta unidad reviste una importancia analítica excepcional, toda vez que en ella se identifica el inicio de la fase cerámica (tabla 1). En consecuencia, se postula que este cambio en el registro material subyace a una diversificación de las actividades socioculturales, las cuales se manifiestan en un incremento significativo de los desechos óseos.
Posteriormente, la Capa VI exhibe una notable reducción en el volumen total de restos óseos, fenómeno cuyas causas subyacentes resultan complejas de determinar con la evidencia arqueológica disponible actualmente para Cerro Azul. No obstante, la reducción crítica observada en la Capa VII se asocia cronológicamente con el periodo más contemporáneo de la secuencia, la cual coincide con el contacto europeo.
La composición taxonómica exhibe una notable estabilidad en las Capas III, IV, V y VI. En el caso de los peces, los taxones más representativos pertenecen a la familia Serrasalmidae, con una presencia significativa de los géneros Piaractus y Pygocentrus. Asimismo, las familias Doradidae y Cynodontidae mantienen una representatividad constante a lo largo de estos segmentos de la estratigrafía. En cuanto a los mamíferos, el registro está dominado primordialmente por el orden de los roedores, donde mayoritariamente se reconocen los géneros Dasyprocta y Proechimys, seguido por los cérvidos. Finalmente, dentro de la clase Reptilia, se observa que a través de las capas señaladas hay una predominancia de los crocodylios, seguidos por las familias Iguanidae y Colubridae.
Un dato relevante surge de la incorporación de los bivalvos como taxón en este análisis. Dada su complejidad analítica, por la alta fragmentación, no fue posible alcanzar un abordaje taxonómico más preciso; sin embargo, esto no excluye su importancia como componente vital
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en la paleodieta de los habitantes de Cerro Azul. Resulta de gran interés observar la recurrencia de este recurso a lo largo de la secuencia estratigráfica, documentándose desde la Capa II hasta la VI, con un incremento significativo en la Capa V. Se sugiere que futuras investigaciones profundicen en el estudio de estos moluscos.
Así mismo, aunque la fragilidad de las estructuras óseas de las aves y las condiciones tafonómicas adversas dificultan su identificación en el registro arqueofaunístico, la abundancia de restos en Cerro Azul permitió confirmar su consumo. Algunos elementos se asociaron a la familia Ardeidae, taxón estrechamente vinculado a los sistemas hídricos de la Orinoquía y la Amazonia. Su presencia en las Capas IV, V y VI coincide con los niveles de mayor abundancia de NISP, lo que ratifica la inclusión de estos taxones en la dieta antigua.
En resumen, podemos plantear que esta recurrencia sugiere que las estrategias de subsistencia y la selección de recursos faunísticos se han mantenido con una variabilidad mínima desde las ocupaciones iniciales del Pleistoceno tardío. Es plausible afirmar que los grupos humanos, tras su establecimiento en la región, integraron un espectro faunístico persistente en sus regímenes alimenticios, cazando, pescando y consumiendo los mismos tipos de animales, con oscilaciones menores en términos de abundancia relativa, es decir, aunque a veces había un poco más de algún taxón y un poco menos de otro, en general, las proporciones de taxones se mantuvieron estables a través de las capas estratigráficas.
10.1.3
La baja representatividad de taxones de talla grande El análisis taxonómico del registro arqueofaunístico de Cerro Azul revela una aparente dominancia de especies de talla pequeña, una presencia moderada de mesofauna y una ausencia importante de animales de talla grande. Esta distribución genera un contraste significativo con los registros etnográficos del Noroccidente Amazónico, los cuales documentan una caza selectiva de especies de gran porte, tales como el pecarí (Tayassuidae) y la danta (Tapirus terrestris) (Correa, 1993), así como la captura peces de talla grande como el Brachyplatystoma sp. y el Arapaima sp. También resulta contradictorio la inexistencia de restos
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de primates, taxones que la literatura etnográfica reporta como recursos alimenticios recurrentes en la región (Cabrera Becerra et al., 1999; Politis, 2007).
Para mitigar posibles sesgos interpretativos ante estas ausencias, es necesario evaluar la integridad del registro y los procesos de formación del sitio. En primera instancia, la conservación de estructuras óseas de animales de talla mediana, como el chigüiro (Hydrochoerus hydrochaeris) y los venados (Cervidae), en diversas capas estratigráficas, sugiere que las condiciones químicas y físicas del suelo son las adecuadas la preservación de restos de mediano y gran tamaño.
No obstante, dada la presencia confirmada de mesofauna y la carencia de evidencia empírica para otros grupos de tallas pequeñas, resulta metodológicamente más prudente fundamentar el análisis en la evidencia material existente. Así, se asume el registro recuperado como la base empírica para interpretar las dinámicas de interacción con el paisaje, sin descartar que las ausencias mencionadas sean producto de la compleja intersección entre decisiones culturales y procesos post-deposicionales. Por lo tanto, la ausencia total de macrofauna y otros animales de talla pequeña como los primates, plantea cuatro posibles hipótesis principales:
a. Restricciones de carácter cultural. Es posible que la ausencia de ciertos taxones responda
a prescripciones o tabúes alimenticios que se pueden registrar desde periodos tempranos de la ocupación, así como a lógicas de consumo diferenciadas. La literatura etnográfica documenta casos evidentes de restricciones alimentarias que operan bajo dos lógicas principales. La primera se refiere a la prohibición de consumir especies de gran tamaño, como dantas (tapires), venados y saínos de monte. Estos animales poseen una profunda conexión espiritual, pues se les considera parientes o seres humanos que, en otros estados de conciencia, adoptan formas animales para transitar por diversos mundos; por tanto, su consumo está estrictamente prohibido. La segunda lógica responde a una cosmovisión donde la ingesta de estos seres puede liberar energías causantes de enfermedades, tanto en el individuo como en su comunidad (Reichel-Dolmatoff, 1986; Cabrera Becerra et al., 1999). En consecuencia, su consumo se limita a contextos rituales específicos o está sujeto a roles particulares; por ejemplo, cazadores y pescadores deben abstenerse de ingerirlos días antes de sus faenas. Una tercera variante de estas restricciones surge durante etapas liminales
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154
como el embarazo, el puerperio o la enfermedad. En estas fases, se prohíbe el consumo de ciertos animales para evitar que el lactante o la madre adquieran características simbólicas indeseables, como la pereza o dificultades motoras, o para prevenir dolencias ligadas a la carga espiritual de la especie. Del mismo modo, si un individuo busca sanar de una enfermedad, debe someterse a una dieta rigurosa donde la fauna de gran talla queda totalmente excluida (Cabrera et al., 1999; Correa, 1993; Norton, 2024; Politis, 2007; Reichel- Dolmatoff, 1977, 1986).
b. Procesos de limpieza y mantenimiento del espacio. Desde una perspectiva
etnoarqueológica, se ha documentado que los grupos indígenas realizan prácticas de limpieza sistemática de sus áreas de vivienda y procesamiento (Politis, 2007). En este contexto, los restos óseos de gran tamaño son más susceptibles de retirarse del sitio o, alternativamente, reutilizados como materia prima para la manufactura de artefactos óseos (puntas de proyectil, agujas, anzuelos, instrumentos musicales, entre otros) (sección
6.1.2. de esta investigación). Por el contrario, los restos de pequeña talla tienden a
incorporarse más fácilmente a la matriz sedimentaria, escapando a los procesos de limpieza y permaneciendo in situ.
c. Cerro Azul como sitio ceremonial. En tercer lugar, es necesario considerar la funcionalidad
diferenciada del espacio en una dimensión regional. Los datos arqueológicos sugieren que el sitio de Cerro Azul no constituyó necesariamente un asentamiento doméstico de carácter permanente. En la región se han identificado diversos tipos de contextos arqueológicos con funciones socioculturales diferentes, tales como las terras pretas do indio o suelos negros, asociadas a procesos de habitabilidad prolongada y alta acumulación de desechos orgánicos (Kosztura, 2020; López, 1993). Bajo una perspectiva de análisis regional, es posible proponer que la captura, procesamiento y consumo de animales de talla mediana y grande, y otras especies ausentes en este registro arqueofaunístico ocurrieran en áreas satélites o asentamientos habitacionales distintos. En este escenario, Cerro Azul habría estado consagrado a prácticas culturales de naturaleza ritual y ceremonial, posiblemente vinculadas a sistemas chamánicos, tal como han sugerido diversas investigaciones (Becerra, 2019; Cabrera et al., 1999; Castaño-Uribe, 2019; Castaño-Uribe y Van der Hammen, 2005). El carácter excepcional de las pinturas rupestres presentes en el sitio refuerza la hipótesis de
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un uso simbólico del espacio, donde la deposición arqueofaunística podría responder a lógicas de comensalidad ritual o actividades específicas que no reflejan la totalidad de la dieta cotidiana de los grupos humanos en el pasado de este territorio.
d. Cerro Azul, como refugio estacional. Una hipótesis adicional, aunque supeditada a la futura
integración de proxis paleoclimáticos regionales, sugiere que la ocupación del sitio de Cerro Azul estuvo determinada por una estacionalidad nómada de parte de los grupos humanos en el pasado. Dado que la mayoría de los taxones identificados en el registro arqueofaunístico corresponden a ecosistemas acuáticos, es plausible proponer que el sitio funcionó como un refugio estratégico durante la estación de lluvias. En periodos de aguas altas, el incremento del nivel hídrico habría motivado el desplazamiento de grupos humanos con alta movilidad hacia los afloramientos rocosos, buscando áreas de habitación en lugares elevados. Esta interpretación se sustenta en la configuración hidrológica del entorno inmediato. El Caño Pinturas, que circunda el afloramiento, presenta un régimen intermitente que alcanza su máximo caudal durante la temporada de lluvias, estableciendo una conectividad hídrica directa con Caño Dorado y, a través de este, con el río Guayabero. Esta red de drenaje activa un corredor biótico que facilita el flujo de una fauna acuática diversa hacia el borde mismo del sitio arqueológico. En consecuencia, dicha dinámica fluvial habría garantizado un suministro constante de recursos ícticos, así como de mamíferos, reptiles y aves asociados a sistemas inundables, permitiendo un acceso eficiente a la proteína animal sin necesidad de desplazamientos extensos durante los picos de inundación.
10.1.4
La termoalteración y las posibles prácticas culturales asociadas.
Partiendo de la premisa de que es probable que existan, además, otros procesos tafonómicos tanto antrópicos como naturales en el sitio que aún no se han detectado, que probablemente también incidieron en la coloración de los huesos, se toma como un rasgo diagnóstico preponderante en el registro arqueofaunístico la termoalteración, lo cual evidencia que los huesos de los animales se sometieron a procesos de exposición térmica intensa. La prevalencia
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156
de las estructuras óseas en estado de calcinación sugiere que los restos alcanzaron temperaturas que oscilan entre los 400 °C y 600 °C. Este fenómeno puede responder a dos dinámicas antrópicas diferenciadas:
En primera instancia, se podría atribuir a los métodos de cocción directa de la fauna capturada; no obstante, la literatura especializada en tafonomía indica que tales rangos de temperatura están más asociados a procesos de gestión de residuos posconsumo. Bajo esta premisa, tras el aprovechamiento de la biomasa, los remanentes óseos se habrían depositado deliberadamente en los fogones como una estrategia de descarte y limpieza del espacio habitacional.
Esta hipótesis resulta de particular interés para explicar la ausencia de restos de fauna de talla grande en el registro. Como se discutió previamente, es plausible que los elementos óseos de animales de talla grande fueran trasladados hacia áreas de disposición final periféricas al sitio, mientras que las estructuras de menor tamaño eran arrojadas de manera expedita y directa al fuego doméstico. La combustión permanente y directa no solo explicaría el elevado índice de calcinación observado, sino también la fragmentación extrema del material. Si bien se requiere de estudios futuros en arqueología experimental para corroborar estas pautas de procesamiento y descarte, la evidencia empírica actual sugiere una probable relación directa entre el tamaño del taxón y su protocolo de descarte térmico.
Finalmente, resulta importante señalar que, en el caso de los bivalvos, la termoalteración no es evidente. Esta ausencia de huellas térmicas claras podría atribuirse a dos factores determinantes. En primer lugar, el elevado índice de fragmentación mecánica del material podría haber dificultado la observación de los rasgos diagnósticos de exposición al fuego, lo que no permitió su identificación. En segundo lugar, es posible considerar la implementación de estrategias culturales de procesamiento orientadas a una cocción indirecta o atenuada. Prácticas como el ahumado o la exposición a vapores a bajas temperaturas no suelen generar alteraciones cromáticas o estructurales permanentes en las valvas, lo que explicaría la carencia de evidencia térmica directa. En ambos escenarios, se sugiere la realización de análisis arqueomalacológicos más profundos para caracterizar con precisión las pautas de procesamiento y el rol de estos invertebrados en la dieta de los grupos asentados en el sitio.
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10.2 Conocimiento profundo de la ecología de los paisajes y
la fauna de la región
Una de las conclusiones fundamentales de la presente investigación, es que los diversos grupos humanos que interactuaron con el entorno de Cerro Azul a través del tiempo poseían un conocimiento profundo de las dinámicas ecosistémicas y los recursos faunísticos regionales. El registro arqueológico evidencia una sofisticada capacidad de interpretación de la etología y la ecología local, abarcando desde los ritmos y actividades diurnas y nocturnas, hasta la complejidad de los sistemas lóticos y lénticos (ríos, caños y lagunas) bajo regímenes de estacionalidad hídrica. Así mismo, en las crónicas y etnografías se insiste en la abundancia de peces y sistemas asociados, explicada por una red hídrica compleja (ríos, caños, lagunas, hoy sabemos con conexiones con la cuenca amazónica), conectividad y refugios para crías, ciclos estacionales (inundaciones y sequías). También se sostiene que los indígenas dominaban el calendario ecológico: “subienda”, desove, asociada a la estacionalidad; y cierres de canales y lagos tras inundaciones para capturas masivas.
Este entendimiento no se limitaba a la fauna, sino que integraba una visión holística del paisaje, correlacionando ciclos reproductivos, hábitos alimenticios y fenología botánica. Tal nivel de observación permitió el desarrollo de técnicas altamente especializadas de captura y procesamiento, adaptadas a las particularidades de cada taxón. No obstante, más allá de la eficiencia técnica, los datos sugieren una sensibilidad ontológica profunda; el entorno no era concebido como un mero reservorio de recursos para la subsistencia, sino como un espacio de interacciones complejas que trascienden el utilitarismo.
En este contexto, la relación entre las sociedades humanas y el mundo natural se configura a través de lo que aquí denominamos ontologías de la reciprocidad. Esta perspectiva propone que el ambiente no es un objeto de extracción, sino un sujeto agente con el que se establece un diálogo constante y una construcción mutua. Bajo esta premisa, los conceptos de familiarización y reciprocidad emergen como categorías analíticas esenciales para comprender estructuras sociales y culturales donde la naturaleza y la cultura se entrelazan en un vínculo de codependencia y respeto mutuo.
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10.3 Ecosistemas acuáticos como fuente primaria de acceso
a recursos
A pesar de que el objetivo de esta investigación no es reconstruir con precisión la paleodieta de los antiguos pobladores desde el Pleistoceno final hasta el Holoceno tardío, la evidencia que aquí se sustenta señala que los recursos ícticos han constituido el pilar fundamental del régimen alimenticio en la Amazonia. En el registro de Cerro Azul, aproximadamente el 60% del NISP corresponde a peces. Si bien se ha discutido el posible sesgo derivado de la fragmentación y la dificultad de establecer el número mínimo de individuos (NMI), la preponderancia de restos diagnósticos de peces en todas las capas estratigráficas es ineludible y guarda correlación con las fuentes documentales que se han consultado para esta investigación. Así mismo, varias especies de mamíferos, reptiles y aves identificados en este estudio también están relacionados con los biomas acuáticos.
Las crónicas consultadas coinciden en que la ictiofauna proveía la mayor proporción de proteína animal para los grupos de la Orinoquía y el Noroccidente Amazónico (Fernández De Oviedo, 1995; Gilij, 1965; Gumilla, 1994; Rivero, 1956). Esta tendencia se ratifica en la literatura etnográfica contemporánea, donde algunos grupos indígenas centran su subsistencia en la pesca. Incluso en sociedades con alta movilidad, como los Nukak, se observa una selectividad alimenticia donde el consumo de grandes mamíferos (venados o pecaríes) suele estar restringido por sistemas de tabúes, reforzando la dependencia de los recursos acuáticos (Cabrera Becerra et al., 1999; Correa, 1993; Koch-Grünberg, 1995; Reichel-Dolmatoff, 1977).
Es fascinante ver como a través de los tres proxis abordados en este estudio y descrito en el capítulo 8 y las tablas 11 y 12, se pueden rastrear los taxones identificados en el registro arqueológico, en correspondencia con las descripciones hechas por los misioneros sobre la fauna en los documentos analizados, y con las descripciones recuperadas en las etnografías abordadas sobre los animales. Es así como, por un lado, el manejo de los paisajes acuáticos y la cantidad de especies animales relacionados con estos ambientes que se relacionan entre los
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tres registros; y por el otro, se identifica con claridad, que la captura de animales de talla pequeña y mediana, son la parte fundamental tanto de la pesca como de la cacería.
Por ejemplo, Emilio Morán en su libro La ecología humana de los pueblos de la Amazonia (1993), escribe en diversos apartes, donde hace varias síntesis citando a varios autores, donde se confirma que el consumo de peces de talla pequeña es la principal fuente de acceso a proteína animal, en varios pueblos de la Amazonia. dado que, es más fácil capturar en comparación con la caza de animales terrestres, con menos tiempo y energía invertida por horas hombre, con la posibilidad de la participación de toda la comunidad incluyendo mujeres y niños, y no de hombres especializadas como es el caso de la caza de fauna terrestre; y con la posibilidad de acceder a estos recursos acuáticos en diferentes momentos del año, a través de diversas técnicas de pesca, es decir, en temporadas de aguas altas se puede pescar con algunas técnicas en las zonas inundadas, mientras que en las épocas de aguas bajas, se pesca con otras técnicas, permitiendo así, que este recurso esté disponible durante todo el año (Morán, 1993).
Es relevante destacar que el consumo per cápita de pescado en la Amazonia es muy alto, sustentando la seguridad alimentaria regional (Trujillo Osorio, 2008). Aunque excede el alcance de esta investigación, es plausible proponer como hipótesis que esta dieta proteínica se complementa con una vasta diversidad de recursos fitogenéticos (frutos, tubérculos y palmas) e insectos, muchos de los cuales poseen un alto valor nutricional y aportes proteicos de origen vegetal (Morán, 1993). Por lo tanto, la integración de los datos arqueológicos, etnohistóricos y etnográficos permite afirmar categóricamente que la fauna acuática ha sido, y continúa siendo, la fuente primordial de proteína para las sociedades amazónicas, integrada en un sistema de subsistencia diversificado y nutricionalmente equilibrado.
10.4 Sembrar y cosechar animales
El diccionario de la Real Academia define sembrar como el acto de esparcir semillas, dar origen a algo o realizar una acción que dará frutos; asimismo, define cosechar como el acto de recoger la cosecha o granjearse respuestas como afectos o fracasos (RAE, 2024). A partir de estos
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conceptos, proponemos una reconfiguración de sus sentidos clásicos, usualmente restringidos a la domesticación de plantas, para dotarlos de un nuevo enfoque basado en la familiarización y la reciprocidad entre humanos y animales.
Bajo esta perspectiva, sembrar implica, en primera instancia, cultivar relaciones de simetría entre humanos y no humanos. En este marco, se establecen vínculos de solidaridad, cooperación y beneficio mutuo a través de lazos de familiaridad que sustentan la reciprocidad. Por su parte, cosechar animales no se entiende como una mera extracción, sino como el resultado de una red de interconexiones y sensibilidades compartidas con los paisajes, los ambientes y las ontologías animales.
En conclusión, la propuesta de Sembrar y cosechar animales en el Noroccidente Amazónico sugiere que las interacciones humanas del pasado no buscaban simplemente la explotación de recursos, sino una integración profunda con el bosque y los ambientes acuáticos. A través de este vínculo, los grupos humanos interactuaron con las especies de tal forma que su presencia en el registro arqueológico no es solo producto de una captura eficiente, sino el reflejo de una convivencia e interdependencia establecida a lo largo del tiempo.
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11. Conclusiones
La presente investigación constituye un aporte significativo al conocimiento del Noroccidente Amazónico colombiano, al proporcionar un corpus arqueofaunístico extenso, estratificado y con un marco cronológico preciso. La relevancia de este trabajo radica en su capacidad para aportar evidencia empírica a debates fundamentales sobre la larga duración, la centralidad de los recursos acuáticos y la crítica a los modelos clásicos de domesticación, manteniendo siempre un rigor metodológico basado en el análisis tafonómico e interdisciplinar (arqueología-etnografíaetnohistoria).
Los pilares que sustentan esta contribución se resumen en los siguientes puntos:
a. Robustez empírica en una región con vacíos de información. Se aportan datos cuantitativos
sólidos para una zona con escasa evidencia previa. El análisis de miles de fragmentos óseos permite discutir las interacciones humano-fauna desde la ecología histórica sin recurrir a supuestos de “domesticación” a priori. La consistencia de estos datos facilita el estudio de cambios en la composición y abundancia de especies a través de las capas estratigráficas.
b. Marco cronológico y continuidad temporal. Superando la visión de la “instantánea
arqueológica”, la tesis ofrece un esquema temporal robusto basado en 11 fechas radiocarbónicas calibradas. Estas cronologías permiten identificar el inicio de actividades humanas estables y repetidas en la región, proporcionando un orden claro para analizar cambios y continuidades.
c. Centralidad de los recursos y paisajes acuáticos. Los resultados (reflejados en el NISP)
demuestran que lo acuático fue eje central en el poblamiento temprano y las ocupaciones posteriores. La investigación se inserta en debates contemporáneos sobre el manejo de ambientes acuáticos como escenarios de interacción compleja, permitiendo evaluar críticamente hasta dónde la evidencia ósea sustenta propuestas de “domesticación acuática” frente a la gestión de recursos.
d. Rigor tafonómico y prudencia interpretativa. Se caracterizan explícitamente la fragmentación
y la termoalteración como condicionantes del análisis. Al documentar que la gran mayoría del material presenta tamaños entre 5 y 8 mm y temperaturas de combustión entre 400 y 600°C,
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el trabajo sostiene una postura metodológica prudente: no se fuerzan inferencias sobre “manejo” o “control” cuando el registro presenta limitaciones físicas evidentes.
e. Diálogo interdisciplinar y ontológico. El diseño metodológico integra la arqueología con la
etnohistoria y la etnografía para explorar las relaciones humano-animal. Más que intentar “probar” ontologías a través de restos óseos, la tesis utiliza estas líneas de evidencia como marcos comparativos para evaluar interpretaciones sobre la interacción entre especies, reconociendo marcos donde los animales son considerados personas. Así mismo, los taxones identificados en el registro arqueológico, corresponden y se relacionan con las especies identificadas en los documentos de los misioneros y con los datos recuperados de las fuentes etnográficas consultadas, de esta manera, se puede observar que las especies registradas, posiblemente, sean parte de procesos culturales donde los grupos humanos, a través del tiempo, entendieron la posibilidad de pescar y cazar animales de tallas pequeñas y medianas, priorizando los paisajes acuáticos.
11.1 Más allá de la domesticación: la familiarización y
reciprocidad en Cerro Azul
La evidencia recuperada en Cerro Azul invita a trascender la dicotomía tradicional entre “domesticación” y “adaptación”. Siguiendo a Fausto y Neves (2018), se propone que en la Amazonia las relaciones no se limitan al control productivo del humano sobre la especie, sino que se inscriben en procesos de familiarización y reciprocidad. Este concepto ofrece una alternativa a los modelos clásicos, permitiendo entender el manejo del territorio no solo como una estrategia de subsistencia, sino como un entramado de dimensiones materiales, sociales, simbólicas y afectivas.
Bajo esta óptica, el manejo de la fauna en contextos como el Noroccidente Amazónico se fundamenta en una ética del cuidado de la vida. Un ejemplo elocuente es el rol de los animales como “mascotas” o compañeros: su presencia no solo cumple una función pedagógica sobre la biología o ecología de la especie, sino que implica su integración en el núcleo social. Este proceso de “hacer familia” transforma al animal en un sujeto de relaciones, convirtiendo el
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espacio físico en un territorio habitado donde lo pragmático y lo esotérico, como el manejo de sitios sagrados, convergen (Norton, 2024).
En definitiva, la contribución de esta tesis a través del caso de Cerro Azul es demostrar que el registro arqueofaunístico, etnohistórico y etnográfico pueden leerse desde la familiarización y la reciprocidad. Esto permite discutir el “manejo” no como una imposición técnica, sino como una forma de interacción basada en la subjetividad y el reconocimiento del otro (humano o no humano) dentro de un sistema social compartido.
11.2 Recomendaciones finales
A partir de los resultados y la experiencia derivada de esta investigación, se proponen las siguientes líneas para futuros estudios. Estas sugerencias buscan profundizar en el análisis de los restos arqueofaunísticos de Cerro Azul y abordar interrogantes que trascendieron el alcance de los objetivos de la presente tesis.
En primer lugar, es importante destacar que esta investigación tuvo su origen en un semillero de investigación en pregrado. Esta experiencia subraya la relevancia de incentivar los procesos de formación temprana como una herramienta fundamental para el desarrollo de futuros investigadores. A través de estos espacios, es posible que los estudiantes formulen y den viabilidad a proyectos de base que, eventualmente, se conviertan en investigaciones de alto nivel científico.
En este sentido, el presente trabajo reconoce y reafirma la importancia vital de continuar gestando y promoviendo los semilleros de investigación desde las etapas iniciales de la formación universitaria, entendiéndolos como el pilar donde se cultiva la rigurosidad y la innovación necesaria para el avance del conocimiento.
Por otra parte, es fundamental reconocer el valor diagnóstico de las estructuras dentales en la gran mayoría de los taxones identificados. Debido a su composición, estas piezas, al igual que
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los otolitos (cuya ausencia en este registro representa un vacío importante), presentan una alta resistencia a los factores tafonómicos, conservándose de manera óptima en los contextos amazónicos.
De esta manera, se hace indispensable que las futuras investigaciones se enfoquen en fortalecer los métodos de recuperación arqueofaunística en campo, implementando técnicas de cribado fino o flotación que garanticen la captura de microvestigios; desarrollar herramientas de referencia como catálogos detallados, manuales de procedimientos y robustecer las colecciones de comparación para análisis taxonómicos precisos, con un excelente registro fotográfico. Así se aprovechará de forma integral el registro. Estas acciones permitirán explotar el vasto potencial informativo de los vestigios que suelen pasar desapercibidos en los contextos arqueológicos de la región, optimizando así la reconstrucción de las interacciones humano-fauna.
Volviendo al tema de la megafauna y la carencia de estos datos en los taxones del registro arqueofaunístico de Cerro Azul, es bueno señalar que esta escasez no excluye la posibilidad de identificar fauna extinta de otras dimensiones. Es posible que el tránsito del Pleistoceno al Holoceno estuviera marcado también por la posible extinción de diversos taxones de talla pequeña y mediana. En consecuencia, se sugiere que futuras investigaciones empleen tecnologías analíticas de mayor resolución, como la zooarqueología por espectrometría de masas (ZooMS), análisis paleogenómicos, entre otros, para indagar si parte del material recuperado corresponde a especies desaparecidas de micro o mesofauna. Dicho abordaje permitiría trascender la dicotomía entre megafauna y fauna moderna, aportando datos precisos sobre la composición biótica y las dinámicas de extinción en el Noroccidente Amazónico durante la transición climática global.
Así mismo, se recomienda para futuras investigaciones la implementación de análisis microestratigráficos que permitan refinar la resolución crono-cultural del sitio. De esta manera, la integración de estos datos con otros proxis arqueológicos, como estudios paleobotánicos, análisis de material lítico, tipología cerámica, entre otros, resultaría fundamental para reconstruir de manera holística el panorama histórico, cultural y las dinámicas socioambientales a través del tiempo. En consecuencia, se sugiere que posteriores intervenciones prioricen enfoques multidisciplinarios para dotar de mayor precisión las interpretaciones aquí planteadas.
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De igual manera, proyectos de arqueología experimental podrían ser convenientes para clarificar temas, por ejemplo, sobre tafonomía, termoalteración, fragmentación, entre otros, permitiendo clarificar con más precisión lo de temas abordados en cuanto a la coloración de las estructuras óseas y la formación de suelos en el abrigo rocoso de Cerro Azul.
Con referencia al mundo animal representado en las pinturas rupestres de la Lindosa, se sugiere seguir indagando con diferentes estudios que posibiliten la lectura del registro faunístico representado en las pictografías, toda vez que ya se han generado algunos trabajos que han avanzado en interpretar desde el análisis taxonómico esta vasta representación ecosistémica de los animales en los paneles rupestres. A esto se sugiere incluir estudios de comportamiento animal, etnohistoria, datación directa del registro de las pinturas rupestres y una indagación más profunda desde las cosmovisiones contemporáneas de los pueblos indígenas que habitan actualmente el noroccidente de la Amazonia, con el fin de establecer paralelos más asertivos en dicha interpretación ontológica y taxonómica. Y de esta manera, tener una aproximación más acertada para poder, tal vez, relacionar el registro arqueofaunístico, realizado en este estudio, con las representaciones de animales en las pinturas rupestres, y así generar una aproximación de análisis más profundo frente a las relaciones entre los grupos humanos y los animales de la región en el pasado y poder saber si los animales representados son los mismos que aparecen en el registro arqueológico.
Finalmente, se sugiere trascender la escala local mediante estudios comparativos regionales. Estos no deben limitarse al Noroccidente Amazónico colombiano, sino integrarse con registros arqueofaunísticos de otras áreas del bioma amazónico, la Orinoquía y los Andes, e incluso extender el diálogo hacia el Cono Sur, el Caribe y el Pacífico. Dicha amplitud geográfica permitirá identificar patrones macrorregionales de interacción humano-fauna.
Combinado con lo anterior, también se puede profundizar en estudios comparativos sincrónicos para cada uno de los periodos documentados. Un análisis detallado que abarque desde la transición Pleistoceno-Holoceno hasta el Holoceno tardío, medio y temprano, facilitará una comprensión más robusta de las transformaciones ambientales y culturales. Este enfoque diacrónico es esencial para reconstruir de manera integral cómo los grupos humanos han coevolucionado con sus entornos a lo largo del tiempo en diversos ecosistemas.
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12. Anexos
Anexo 1. Tabla 13. Técnicas de pesca indígena descritas en las crónicas
Técnica Descripción Especies comunes Temporada y lugar Descripción en las crónicas Pesca por salto Se rema con velocidad y fuerza para asustar a los peces, que saltan a las canoas Bocachicos, palometas, lizas, sardinas Temporada de subienda (migración) “Y así reparen y verán en aquella ensenada, cuatro canoas que llevan los muchachos de la doctrina a boga arrancada. Y sépase, que es la cosa más curiosa y el modo más raro de pescar, que pueda imaginarse; porque los peces llamados bocachicos, palometas, lizas, sardinas, y otras muchas especies de pescado mediano, saltan de suyo con tanta abundancia en las canoas, que, a no remar con tanta fuerza, y a no navegar con tanta velocidad, hundiera las canoas la multitud que salta en ellas […] Pasan los muchachos, o adultos, remando, remando por encima de aquella multitud de peces, los cuales espantados con el golpe de los remos, saltan sobre el agua por todas partes para escaparse y gran parte de ellos cae en las canoas” (Gumilla, 1994, p. 142). Flecha y vara Se flechan los peces desde la orilla o canoas; una variante usa un fruto atado a una vara para imitar la caída de alimento para atraerlos a la superficie y después flecharlos Payaras, bagres (a pie en las orillas de los ríos); peces que comen frutos (con el uso de vara) Temporadas de subienda o aguas altas (selva inundada) “Cuando suben estas avenidas de peces, que llaman ellos cardume, se ponen otros indios a pie quedo en la orilla del Orinoco y de otros ríos y a todo su gusto flechan cuantos quieren, porque la multitud de ellos, especialmente payaras, y bagres, no da lugar a que hierren tiro” (Gumilla, 1994, p.
142).
“Dos orinoquenses en una pequeña barca, uno haciendo de piloto, y bogando alternativamente, y el otro teniendo dispuesta la flecha, dan vueltas por las selvas inundadas en las que se encuentra gran abundancia de peces para comer frutos que caen de los árboles. Estas frutas caen de vez en cuando, y al oír el ruido los peces, que están debajo del agua, salen a la superficie para tragarlos. Imitando este efecto natural los pescadores, llevan en la mano una varita a cuya extremidad está atada una cuerda de dos brazas de larga, y a ella atado un fruto de los que les gustan a los peces. El piloto, a quien corresponde esta tarea, alza la vara, golpea con el fruto pendiente de ella la superficie del agua e imita el ruido que haría si cayese entonces de los árboles. Acude enseguida el pez para tragarlo, y el flechero, que esta con el arco tendido en la proa de pie, lo mata rápidamente, quedando a flote sobre el agua. De esta manera se llena en poco tiempo una canoa de peces escogidos” (Gilij, 1965, Vol. II, p. 263 y 264).
Engaño con trapo Se usa un trapo rojo ondeado en el agua para que el pez, al atacar, quede Payaras Ríos y lagunas “Estas payaras, en otros tiempos, se pescan con otro modo singular, sin anzuelo, ni flecha: sólo atan reciamente en la extremidad de un palo, un retazo de bayeta, o paño colorado, y toman carrera las canoas a fuerza de remos, llevando otros los trapos, levantados a cosa de una vara sobre el agua, da la payara el salto, y con sus mismos colmillos, que son muy
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atrapado por sus colmillos largos, se prende del trapo, y la atraen a la embarcación, sin escape, ni remedio” (Gumilla, 1994, p. 142). Golpes en zonas inundadas Se golpea el agua con palos o garrotes en áreas inundadas o caños de noche para aturdir a los peces o hacerlos entrar en canoas.
Bagre, cachama, morocoto, payara.
Crecientes de los ríos.
Bosques inundados.
“Entre los otomacos es uno de los modos de pescar, ir de noche a cualquier rincón del Orinoco, y allí, como si estuvieran locos, golpear con palos las aguas y es indecible cuántos peces entran así asustados en las canoas” (Gilij, 1965, Vol I, p. 89).
“Para los meses que Orinoco está crecido, no usan los indios otra industria que de unos fieros garrotes y otros más curiosos llevan sus lanzas: vanse a los llanos bajos, adonde alcanza la creciente cosa de una vara de agua, allá sale toda especie de peces a divertirse y a comer, como fastidiados de haber estado tantos meses en el cauce del río: allí se ven nadar entre la paja, y a todo su gusto los van aporreando los indios, no como quiera, sino escogiendo: estos gustan de bagre; aquellos de cachama, los otros de morcoto o payara, de todo hay y para todos, con una abundancia increíble” (Gumilla, 1994, p. 142).
Cercas y empalizadas Se construyen barreras con estacas y vigas para impedir la vuelta de los peces a su lecho original durante el retroceso del agua.
Peces grandes, tortugas, bagres y laulaos Inicio de la temporada de sequía, cuando el agua en los ríos empieza a baja.
“Todavía logran más abundante y más fácil pesca, cuando el río Orinoco va bajando, y recogiendo las aguas que tenía esparcidas, porque entonces atajan con fuertes cañizos las retiradas y queda innumerable multitud de peces a su disposición, en muy poca agua. […] Pero la cosecha imponderable de pescado, es en las lagunas grandes, adonde entran innumerables tortugas, y bagres, de a dos, y tres arrobas de peso: laulaos, de diez a doce arrobas; […] Luego que empieza a bajar el río, observan los indios el sitio por donde forma canal el desagüe de la laguna, que han escogido para almacén de pescado, porque no se le puede dar otro nombre a la abundancia que allí encierran para muchos meses. Concurre toda la gente del pueblo, forman estacas de largo competente, y muy gruesas, para que resistan a los golpes y avenidas de los disformes peces, que a tropas dan repetidos y casi continuos asaltos contra la estacada buscando el centro del río. Ponen las estacas bien clavadas, y juntas, tanto, que dan paso al agua; pero no al pescado de primera magnitud, ni a las tortugas. Refuerzan su estacada con vigas fuertes, que atravesando la canal de barranca a barranca, hacen espalda a las estacas; y para mayor seguridad, apuntalan con troncos firmes estas vigas, que sirven de atravesaños. […] No es ponderable, ni cabe en la pluma expresar, la multitud de peces grandes, que queda asegurada a la disposición de los indios” (Gumilla, 1994, p. 143 y 144).
“Las pesquerías que hacen por el verano los naturales son aún abundantísimas, pues además de la multitud de pescados que matan con sus flechas, en cuyo rico tiro son muy diestros, pues se ejercitan en él desde niños, son innumerables los que cogen en sus pesquerías generales, función muy plausible entre los indios y a la cual concurre todo el pueblo. El modo es algo curioso, y por eso me detendré algún tanto en referirlo. Algunos días antes de la pesquería atraviesan un brazo del río por lo más estrecho, con unas cañas que para ello buscan y ponen contiguas entre sí, para impedir el paso a los peces. Sobre este encañado, que tendrá de altura como vara y media, fabrican una barbacoa o zarzo, también de cañas muy unidas, capaz y ancho, y con sus barandillas y pretiles. Llegando el día señalado para la función y teniendo prevenidos de antemano sus arcos, flechas, lanzas y arpones que tienen en gran estima, y que adornan y visten con variedad de plumas, se
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sigue lo principal de todo: sacan de sus calabacillos y botes lo más fino de sus embijados y barnices, para seguir de gala, pintándose muy despacio, con variedad de matices, negros unos, colorados otros, amarillos y tal vez blancos, como les parece mejor” (Rivero, 1956, p. 7).
Uso de anzuelos Tecnología usada por los indígenas, los cuales los usan de diferentes tamaños según la especie a capturar Laulao y otras varias clases de peces Época de sequía, en los ríos, caños y lagunas.
“En los tiempos estivales se usa más frecuentemente el anzuelo, que es distinto según el vario tamaño de los peces. El que sirve para pescar el lauláu es bastante grande; los otros son, unos medianos, otros, también pequeños, pero todos de hierro. No sé qué anzuelo usarían los orinoquenses antes de tener conocimiento de los europeos. La espina de la escorzonera orinoquense (raya de río probablemente del género Potamotrygon) puede hacer las veces de un anzuelo. Tanto se le asemeja en su solidez y en su forma. Con los anzuelos, pues, los cuales ahora se hallan en abundancia entre ellos, sacan del agua varias clases de peces, y esta pesca suya no es sin embargo menos feliz que con la flecha […]” (Gilij, 1965, Vol. II, p. 264).
Plantas ictiotóxicas (barbasco/cun a) Se machacan raíces de plantas tóxicas y se echan al agua para atontar o adormecer a los peces, que flotan a la superficie Todo tipo de peces Temporadas de sequía, en charcos, arroyos, ríos pequeños “[…] También son buenos pescadores, y muy diestros; echan en los charcos bien majada la raíz que llaman en español barbasco, y en Achagua cuna; ésta es tan fuerte como se dijo ya, que á breve tiempo que se ha echado en el agua se embriagan los peces, y vacilando sobreaguados, y estando á punto los indios con sus arcos y flechas, y algunos con arpones, van flechando el pescado con facilidad y destreza (Rivero, 1956, p. 152).
“Van al río después. Y por la parte superior del atajadizo de caña, algo lejos, como un tiro de bala de mosquete. majan, una raíz llamada Cuna, con la cual embriagan el pescado, échala después en el agua y los peces, huyendo por natural instinto de tan venenosa raíz, bajan con velocidad; pero como se hallan impedidos por el atajadizo de caña, y preocupados con el temor del veneno, se amontonan todos, dejándose ver la multitud turbada, o discurriendo difusamente por el río, dando repetidos saltos; el aprieto en que se hallan los pescados y aumenta más al llegar al agua aficionada con la Cuna; entonces con la cercanía de su muerte, que miran vecina, hacen el último esfuerzo por escapar del peligro; saltan con grande ímpetu a lo alto; pero como está preparado el zarzo o barbacoa que pusieron sobre el atajadizo, quedan burlados en seco sobre la misma trampa, en donde se amontonan y mueren, siendo muy raro el que escapa. Concurren después los indios contra los que quedaron en el agua, disparando un diluvio de flechas sobre el montón casi embriagado.
Así sacan los pescados a millares, y vuelven contentos a sus casas bien provistos para muchos días, consiguiendo con este arbitrio, aprendido de la nación Saliva, lo que no pudieron conseguir sin él en mucho tiempo” (Rivero, 1956, p. 8 y 9).
“Más cómodo, y usado también en Italia, es el modo de quitar la vida a los peces con raíces o con frutas (El fruto de que se sirven los tamanacos para matar a los peces es el del árbol lechero.) machacadas que se esparcen por el agua. Esto sí lo vi muchas veces. Los tamanacos se sirven a este efecto de las frutas de cierto árbol que nace a las orillas del Orinoco. Otras naciones usan raíces (en español se llaman barbasco, en tamanaco uoto iumdepó). Corresponde a las mujeres machacarlas en hoyitos excavados a la orilla del rio o del lago, a los hombres extenderlas por encima, recoger los
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muchos peces atontados, y tirárselos a las mujeres, que enseguida los cuecen con mucha fiesta […] Allí se cuece sin acabar nunca toda clase de peces” (Gilij, 1965, vol. II, p. 264 y 265).
“Ni por eso dejan de pescar en los ríos pequeños y arroyos, para variar de plato o de divertimiento. Dos especies de raíces crían para este propósito, la una llaman curla, crece al modo de la alfalfa, y cría la raíz semejante a los nabos, menos en el olor, y sabor; uno y otro son tan molestos para el pescado, que machacadas algunas raíces, y lavadas en el agua, lo mismo es oler su actividad, que embriagarse, y atontarse los peces, de modo, que con la mano los van pasando a sus canastos los indios. El resto del pescado huye apresuradamente agua arriba, y abajo. Los que tiran hacia arriba, se encuentran con una fila de indios, que aporreando el agua con garrotes, los hacen revolver con los demás, agua abajo para su ruina, porque los más se aturden con la fuerza de la cuna. Los mayores que corren más, y tienen mayor resistencia, se encuentran con el río atajado, con un cañizo algo más alto, que el agua, topan, vuelven atrás, vuelven a encontrar con el olor de la cuna, y redoblando la fuerza, dan un salto sobre el cañizo de la tapa, y caen sobre otro cañizo grande, que a espaldas de la tapa tienen prevenido los pescadores; y así no hay por donde evadir la trampa. Esta es pesquería muy divertida y de ordinario muy alegre para los indios; porque a este, un pescado al saltar, le da en la cara, al otro en las costillas: los restantes hacen trisca, y lo celebran con chacota, y luego les sucede lo mismo, de que se ríen. La otra raíz con que pescan a este mismo modo, se llama barbasco, es del mismo color, y hechura que el de un tronco de parra y tiene también la fuerza de la cuna” (Gumilla, 1994,
p. 144).
Pelotas de cebo con cuna Se mezcla masa de maíz con raíz de cuna para crear cebos que aturden a los peces al consumirlos Sardinas, lizas, codoyes Temporadas de sequía, en charcos, arroyos, ríos pequeños “Muy fácil, y curioso es el otro modo con que las indias pescan con cuna: muelen el maíz cocido y apartada una; pelota de aquella masa, con la restante muelen una o dos raíces de cuna, hasta que se incorpora bien: vase al río, o arroyo pequeño más cercano y va arrojando aquella masa, que no está inficionada: concurren a la golosina gran cantidad de sardinas, lizas, codoyes y otros de aquellos peces medianos. Ya que los tiene engolosinados, echa mano de la otra masa inficionada con cuna, y entran sus hijitos en el agua cuatro pasos más abajo del charco, cada cual con su cesto. Es gusto ver la brevedad con que coge pescado para toda su familia, porque va arrojando peloticas a toda prisa y con la misma las van tragando los pececillos y con aquella píldora quedan borrachos y sin movimiento: todo es uno. La corriente los va llevando abajo y los chicos con mucha bulla y algazara los recogen. Es por cierto modo raro de pescar y fuera del útil que da, es rato divertido” (Gumilla, 1994, p. 144). Pesca de grandes especies Los peces se arponean para después jalarlos a tierra firme a través del uso de la fuerza.
Dorados, bagres, pirarucú o laulao.
Ríos y raudales.
“Los laulaos, que también son de extraña magnitud y de carne muy sabrosa, caen en anzuelo, que hacen muy grande y recio para que no le rompa. Después que ha tragado el sebo, y el anzuelo, le dejan dar tres carreras, como al manatí, para sacarle al seco después de cansado. […] atan la punta de la soga a la cola de un caballo y la otra extremidad con anzuelo y sebo, la arrojan al río; y lo mismo es prenderse el laulau, que meter espuelas al caballo el jinete, que está esperando encima y no detiene la carrera, hasta que está en la playa seca el laulau; y es buen lance, porque algunos de ellos pasan de doce arrobas (Gumilla, 1994, p. 146).
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Anexo 2. Tabla 14. Descripción detallada de peces Especie Características Comportamiento y Sabor Hábitat Descripción en las crónicas Curbinata ( Plagioscion sp.)
Este pez posee dos huesos craneales blancos similares a piedras o “perlas de nácar” (otolitos), se dice que pulverizados tienen propiedades diuréticas.
Su carne es tierna y suave, pero debe consumirse muy fresca ya que se descompone rápidamente.
Ríos “Uno de los peces señalados del Orinoco es la curbinata. […] Sus escamas son pequeñas y blancas. Su carne es naturalmente tierna, y si se quiere probar plenamente su sabor, se come a la orilla de los ríos y fresquísima. Pasadas algunas horas se pone manida, de manera que aburre. Su peso es de dos a tres libras. Tiene en la cabeza dos huesecitos del tamaño de almendras sin cáscara, trabajados bastante curiosamente por la naturaleza. El color de ellas es semejante al alabastro común, y se dice que sus raspaduras, bebidas con dosis justa en agua, son diuréticas” (Gilij, 1965, Vol I, p. 91).
“La curbinata es pescado mediano, el mayor llega a dos libras, y abunda mucho en el río Orinoco: es de gusto suave, y especial; pero por lo que grandemente se aprecia, es por las dos piedras que cría en la cabeza, del tamaño de las almendras sin cáscara; su color de perla fina y sus visos de nácar. En el mismo sitio donde debían estar los sesos, si los tuviera, allí se cuajan aquellas dos piedras, dividida la una de la otra con una membrana” (Gumilla, 1994, p. 147).
Piraña o caribe (Serr asalmus sp. / Pygoc entrus sp.)
Su cuerpo es plano y tiene dientes extremadamente afilados.
Las quijadas son usadas por los indígenas como tijeras para cortar el pelo.
Son extremadamente agresivos y voraces ante el olor a sangre.
Los indígenas las evitan golpeando el agua con garrotes para espantarlas.
Ríos, caños y lagunas.
“Más para terminar de una vez la relación de los peces de escamas, no debo callar el caribito. Llámase así por los españoles por el extraño amor que tiene a la carne humana. Muerde sin dudar, hiere y se lleva un buen trozo de carne a cualquiera que entre en el río. El que quisiera tener en poco tiempo bien montado un cadáver, bastaría con que lo pusiera unas pocas horas en el Orinoco. Tantos y tan famélicos le acudirían alrededor los caribitos, que alcanzaría seguramente su intento. Son planos, y del peso de una libra y mayores. En Auvana los hay del peso de cuatro y seis libras, y son sabrosísimos. Los caribitos atacan tan decididos a un trozo de carne o a las tripas de pescado que echan los viajeros al río, que enseguida se pelean. Un mozo mío, llamado Ignacio Uopí, a falta de anzuelo se sirvió con fortuna de las entrañas de pescado y de carne salada para sacar caribitos del Cochivero; y cogidos uno de una parte y otro de otra, los logró en abundancia” (Gilij, 1965, Vol I, p. 92).
“Contra la plaga fatal, que voy a referir, de los guacaritos, a quienes los indios llaman muddé; y los españoles escarmentados de sus mortales, y sangrientos dientes, llamaron, y llaman hasta hoy caribes: contra estos, el único remedio es, apartarse con todo cuidado, y vigilancia de su voracidad, y de su increíble multitud, tanta aquella, y tal esta, que antes que pueda, el desgraciado hombre, que cayó entre ellos, hacer diligencia para escaparse, se le han comido por entero, sin dejarle más que el esqueleto limpio. Y es cosa digna de saberse, que el que está sano, y sin llaga, o herida alguna, bien puede entrar, y nadar entre innumerables guacaritos (si sabe espantar las sardinas bravas) seguro, y sin el menor sobresalto: pero si lleva algún rasguño de espina, u de otra cosa, por donde se asome una sola gota de sangre, va perdido, sin remedio: tal es su olfato, para conocer, y hallar la sangre! Y para
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mayor advertencia añado, que precisado a pasar el río Cravo, un buen hombre, ahora pocos años, estando el río muy crecido, dejó la silla de montar al otro lado, y encima del caballo en pelo se arrojó a pasar: tenía el caballo lastimado el espinazo, y al olor de aquella sangre recargaron los guacaritos: con tal ímpetu, y multitud, que por más presto que el hombre se arrojó del caballo a nadar, cogiendo luego tierra, salió destrozado, y murió en breve. El tal no tenía herida alguna; pero sus compañeros discurrieron, que a río revuelto, llevó aquellos fatales mordiscos. Esto es muy creíble, porque se ha reparado, que durante el ataque sangriento, se comen los guacaritos unos a otros, porque por estar los más inmediatos a la presa teñidos de sangre, dan con ellos los que van llegando de nuevo; y creo, que esto es lo que sucedió al referido pasajero” (Gumilla, 1994, p. 262 y 263). “Esta mala casta abunda en Orinoco en todos los ríos, que a él bajan, y en todos los arroyos, y lagunas; y porque ellos, como queda dicho, no saben abrir brecha, si no la hallan, hay con ellos otra multitud innumerable de sardinitas de cola colorada, sumamente atrevidas, y golosas, las cuales, lo mismo es poner el pie en el agua, que ponerse ellas a dar mordiscos, y abrir camino a los voraces guacaritos sus compañeros. Esta es la causa, por la cual los indios, cuando se ven precisados a vadear (por falta de canoa) algún río mediano, pasan dando brincos, y aporreando el agua con un garrote, a fin de que se espanten, y aparten, así las sardinas, y rayas, como los guacaritos, cuyos dientes son tan afilados, que los indios quirrubas, y otros que andan sin pelo, se le cortan, sirviéndoles, en lugar de tijeras, las quijadas de los guacaritos, cuya extremidad, afianzada, con una amarra, que ajusta la quijada de arriba con la de abajo, forma las tijeras de que usan” (Gumilla, 1994, p. 263).
Mata caimán o bagre armado (Pl atydoras sp.)
Se caracterizan por tener varias filas de espinas óseas laterales similares a uñas de águila. Se le llama “mata caimán” por las heridas profundas que inflige al rozar a otros seres.
Según los cronistas, no es comestible debido a un penetrante e intolerable olor a almizcle en su carne.
Caños “Bagre armado se llama otro pez, de que abundan aquellos ríos: a distinción de otros bagres, de muy buen sabor al paladar, que no tienen armas, ni ofensivas, ni defensivas. Dicho bagre armado, desde los huesos en que se ajustan contra el cuerpo sus agallas, hasta la extremidad de la cola, tiene por cada costado una fila de uñas de hueso, muy agudas, y parecidas a las uñas del águila real: nada con la velocidad de un rayo, y a los peces, caimanes, hombres, o cualquiera animal a que se arrima de paso, le deja destruído, e incapaz de vivir. Sus carnes no se pueden comer, por estar todas penetradas de almizcle intolerable” (Gumilla, 1994, p. 264).
Payara (Hy drolycus) Posee colmillos inferiores tan largos que atraviesan su propia cabeza hasta salir cerca de los ojos.
Es un pez saltador atraído por el color rojo. Se pesca sin anzuelo, usando trapos de tela colorada donde sus dientes quedan atrapados.
Ríos y lagos al final del invierno “También de escamas, agradabilísimas, pero con un poco de sabor a lodo, en el que acaso se revuelcan, son las payaras. Los dientes de este pez son bastantes largos y agudos. Comen ciertos tiempos del año una hierba lacustre que los españoles llaman altamisa, que comida de un grato amargor a sus carnes. La payara abunda al fin del invierno en los lagos” (Gilij, 1965, Vol I, p. 90). “La payara es de los peces más hermosos de aquellos ríos, de buen sabor, y algunos llegan a crecer tanto, que pesan
25 y más libras; pero por más que crezcan, dan unos
brincos de más de una vara fuera del agua; y si alguno de los que van en la canoa tiene jubón, ceñídor, o ropa colorada en el cuerpo, da la payara el salto, y queda colgando de la ropa que mordió: estas se pescan sin anzuelo, su golosina es la soga, y sus largos, y agudos
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colmillos, el anzuelo con que pierden su vida. El modo de pescarlas es: atan en la punta de un palo un retazo de bayeta, o sarga colorada, y se la van mostrando, u desde la orilla del río, u desde la canoa, y van saltando, y prendiéndose, como dije; porque fuera de su dentadura, que es larga, y sutil, los colmillos de la quijada inferior son tan largos, que por los conductos que Dios les hizo, por entre la cabeza, le van a salir las puntas junto a los ojos; por lo cual cierra, como con llave; y siendo ropa la que muerde, como no puede cortarla del todo, queda aprisionada con sus proprias armas. Al contrario sucede cuando de repente da un salto, y al pobre indio que va remando, o pescando desnudo (según su costumbre) de improviso le arranca un pedazo de carne de la pierna, o de un muslo: cosa que sucede muchas veces” (Gumilla, 1994,
p. 265).
Cachama y morocoto (Piaractus sp.)
Es un pez escamoso, con pesos superiores a 16 lbs.
Muy apetecidos Selvas inundada s “Por hablar de la Cachama, es un pez, como he dicho, de escamas, de más de diez y seis libras de peso, y de sabor no despreciable. Su carne es un tantico estoposa, y las escamas son cenicientas. El morocoto, no muy distinto en el tamaño, pero más plano que la cachama, es de escamas más blancas, sabrosísimo, y uno de los peces buenos del Orinoco. Las selvas vecinas a este río, inundadas por las crecidas del invierno, están llenísimas de estas dos clases de peces” (Gilij, 1965, Vol I, p. 90).
Palometa ( Mylossoma
)
También llamado pacú, es plano, tiene escamas menudísimas y blancas.
No excede las 5 lbs.
Se captura en gran cantidad con redes mal hechas.
Muy delicioso si se frita.
Caños y lagunas.
“Si nos atuviéramos al sabor, se preferiría la palometa a todo otro pescado. Llámanla pacu los tamanacos, y no excede su peso de cinco libras. Es plana, y son menudísimas y blancas sus escamas. Cocida es desagradable, pero frita es de un gusto incomparable. […] A ir bajando el río, con cualquier red mal hecha, se sacan del agua en gran cantidad” (Gilij, 1965, Vol I, p. 91). Pavón (Cic hla sp.)
Tiene colores naturales que parecen la cola de un pavo real. No es de gran peso.
Agradabilísimo si se come fresco; se vuelve leñoso secado al fuego.
Lagos y caños.
“No es de mayor peso el pavón, llamado por los Tamanacos Akechí. El primer nombre le fue dado por los españoles a causa de sus colores naturales, que parecen la cola de un pavo real. Fresco, y comido a la orilla de un lago, es agradabilísimo. Secado en zarzos, como allá suele, al fuego, es duro, y su carne parece leñosa” (Gilij, 1965, Vol I, p. 91).
Dorado (Br achyplatyst oma sp.)
Es de color similar al oro, por ello los españoles los llamaron así, y es más grande que las cachamas.
Sabroso como los mejores peces del mar, quizás el mejor del Orinoco, según los cronistas.
Habita en los raudales.
“El Dorado (así lo llaman los españoles) es del tamaño de dos cachamas, sabroso como los más agradables peces del mar, y acaso el mejor de todos los del Orinoco. Toma este nombre del oro, pues su color se asemeja mucho a este. Este pez habita en las cascadas” (Gilij, 1965, Vol I, p.
91).
Valentón o lauláu (Bra chyplatysto ma sp.)
Pez de gran tamaño (mínimo
40 lbs), cabeza
larga.
Da saltos y sacudidas muy fuertes al picar el anzuelo.
Habita cerca de escollos y donde el río es más fuerte como en los raudales.
“El rey de los Bagres, si queremos decir así, es el valentón, llamado por los indios lauláu. Si no fuese por la cabeza larga que tiene el valentón, habría con él bastante para tener contenta con él la comida y la cena a una aldea entera. El menor que yo he visto es al menos de cuarenta libras de peso. Ordinariamente (porque nunca lo he puesto en la balanza) puedo decir que el valentón es traído del río por dos indios; y en mi tiempo cogieron uno en el raudal de Atures que, para traerlo a la aldea, requirió cuatro. […] Habita cerca de los escollos y donde río es más fuerte. Para cogerlo se sienta en uno de estos escollos el pescador, y tira hacia el medio con cebo un gran anzuelo,
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al que está atada una fuerte y larguísima cuerda. Cuando se traga, junto con el cebo preparado, el anzuelo, el valentón da un salto y una sacudida tan fuerte al pescador al huir, que no basta sino uno o dos de los más robustos indios. Hay muchos que, sabedores de la fuerza con que el valentón sacude, una vez tragado el anzuelo, para no caer por tierra o para no ser arrastrados por el animal al río, en lugar de atar a su brazo la cuerda, la sujetan con dos o tres vueltas a algún peñasco o también a un árbol, y dejando al pez vagar y correr por el río, cuando quieren, y él está cansado y débil, lo sacan sin fatiga especial a la orilla.” (Gilij, 1965, Vol I, p. 93).
Bagre (Pse udoplatysto ma sp.)
De diversas especies, colores y tamaños (algunos grandísimos).
Tienen solo la espina dorsal.
Sabores variados (celebradísimo el amarillo, se estima el listado y el pintado).
Fritos son preferidos por quienes evitan espinas.
Son apreciados por su facilidad para comerlos (pocas espinas).
Abundan en todo tiempo, más en verano, en los ríos.
“En todo tiempo, pero mucho más en el seco y de verano abundan los bagres, que son de diversas especies y colores. Es celebradísimo el amarillo. No es desagradable el de manchas o pintado. También se estima mucho el listado. Los bagres todos son peces de tamaño de diverso sabor y peso, y algunos grandísimos. Pero lo mejor de los bagres es que no tienen más que la espina dorsal, y aquellos a quienes les molestan las espinas (aunque no son tan sabrosos cocidos como lo son fritos), prefieren los bagres a cualquier otro pescado” (Gilij, 1965, Vol I, p. 92 y
93).
Guabina o conchudo ( Hoplias u otros) De escamas negruzcas.
Tamaño similar a las truchas más grandes.
Dureza de sus escamas Muy sabroso Pequeño s caños, lagunas, palmeral es y pantanos
.
“No omitamos en fin dar una pequeña muestra de los peces que se encuentran en los cauces que llevan agua, en los palmerales y en los lugares pantanosos. El uaipú, llamado por los habitantes españoles guavina, es un pez de cauce, con escamas negruzcas y un sabor no despreciable. Su tamaño es como el de las mayores truchas. Es igualmente de escamas, y también aficionado a los arroyos, un pequeño pez que por la dureza de sus escamas llámase en español conchudo. Este pez, aunque de pequeño tamaño, es muy sabroso (Gilij, 1965, Vol I, p. 95).
Anexo 3. Tabla 15. Técnicas de cacería indígena descritas en las crónicas Técnica Descripción Especies comunes Temporada y lugar Descripción en las crónicas Caza con perros y manualmente Los armadillos (o cachicamos) a menudo son capturados con perros antes de que puedan esconderse en sus madrigueras.
Si el animal ya está dentro, los indios excavan con palos puntiagudos para sacarlos.
Un método particular para sacar al armadillo una vez dentro es hacerle Armadillos y serpientes.
Época de sequía en sabanas y bosques.
“Es tanta la abundancia de cachicamos, o armadillos, y otros animales, que se encuentran por tierra, que son pocos los indios aficionados a la volatería:
llámanse armadillos en español, los que los indios llaman cachicamos, o atuco, che, chucha, y de otros modos, según sus lenguajes; porque con ser del tamaño de un lechón de un mes, todo de pies a cabeza está armado de unas conchas, que a modo de las armas antiguas de los soldados, peto, etc., cubren a todo el armadillo: abundan en sumo grado, y no tienen más armas, ni defensa, que meterse en sus huroneras, o cuevas, que hacen al modo de los conejos, de donde salen a comer grama, y heno: cada mes paren cuatro hijos, y así abundan, cuanto no es decible: el sabor es el mismo puntualmente, que el de un lechoncillo tierno; el modo de cogerlos para los que llevan perros, es fácil, porque estos los cogen antes de que se encueven: una vez metidos en sus cuevas, es muy arriesgado meter la
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“cosquillas” en la cola con un palo, lo que hace que se encoja y se suelte de las paredes de su cueva.
Así mismo, se menciona la captura directa de serpientes, a las cuales se les quitan la cabeza y la punta de la cola para comerlas.
mano a sacarlos, porque abundan allí culebras, […]. El último artículo, o hueso de la cola del cachicamo, se ha experimentado ser remedio eficaz para el dolor de los oídos: de modo, que puesta aquella extremidad, o hueso, en que termina la cola, dentro del oído, se sosiegan los latidos que da poco a poco, hasta quitarse del todo. Y prosiguiendo en la materia, digo: Que la mayor parte de los cachicamos, en cuanto menten la cabeza, y parte del cuerpo en su cueva, ya se dan por seguros; y a la verdad lo están, si no se sabe la traza, que diré: llega el indio, y coge al armadillo de la cola, que es larga, abre él sus conchas, y las ajusta tan apretadamente contra todas las partes de su angosta cueva, que antes se queda el indio con la cola en las manos (como sucede) que poderle sacar: pues ¿qué remedio? Coge el cazador un palo, o la extremidad de su arco, le hace cosquillas con él, y al instante recoge todas sus conchas, y se deja coger” (Gumilla, 1994, p.
287).
Quema de sabanas/campo s Esta es una técnica común para cazar armadillos, y roedores.
El fuego ahuyenta a los animales de sus cuevas o escondites, facilitando su captura posterior.
Armadillos y roedores.
Época de sequía en sabanas y bosques.
“los armadillos los cogen sin otra diligencia que prender fuego a las sabanas en donde tienen sus cuevas, y acabada la quemazón se encuentran los vivares a cada paso, y con unas macanas puntiagudas que traen consigo, cavan en las madrigueras, y con poco trabajo los sacan de allí” (Rivero, 1956, p. 11). Redes y ballestas Se usan redes, y ocasionalmente ballestas, para capturar animales como los armadillos y roedores.
Esta técnica se combina con las quemas.
Armadillos y roedores.
Cualquier temporada, en bosques y sabanas.
“Los encubertados son animales mucho de ver, y muy extraños a la vista de los cristianos, y muy diferentes de todos los que han dicho o visto en España ni en otras partes. Estos animales son de cuatro pies. y la cola y todo él es de tez, la piel como cobertura o pellejo de lagarto, pero es entre blanco y pardo, tirando más a la color blanca, y es de la fación y hechura ni más ni menos que un caballo encubertado, con sus costaneras y coplón, y en todo y por todo, y por debajo de lo que muestran las costaneras y cubiertas, sale la cola, y los brazos en su lugar, y el cuello y las orejas por su parte. Finalmente, es de la misma manera que un corsier con bardas; e es del tamaño de un perrillo o gozque de estos comunes, y no hace mal, y es cobarde, y hacen su habitación en torronteras, y cavando con las manos ahondan sus cuevas y madrigueras de la forma que los conejos las suelen hacer.
Son excelente manjar, y tómanlos con redes, y algunos matan ballesteros, y las más veces se toman cuando se queman los campos para sembrar o por renovar los herbajes para las vacas y los ganados; yo los he comido algunas veces, y son mejores que cabritos en el sabor, y es manjar sano. No podría dejar de sospecharse si aqueste animal se hobiera visto donde los primeros caballos encubertados hobieran origen, sino que de la vista de estos animales se habían aprehendido la forma de las cubiertas para los caballos de armas” (Fernández De Oviedo, 1995, p. 69).
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Trampas con lazos Los roedores a veces se capturan usando lazos.
Algunas especies de roedores.
Cualquier temporada, en bosques y sabanas.
“Hay en Tierra-Firme, conejos y liebres […] Tómanse las más veces cuando se queman los montes, y algunas veces con lazo por mano de los indios” (Fernández De Oviedo, 1995, p. 68).
“[…] entonces con una recia soga de cuero de manatí, y un lazo en la extremidad de ella, salen de dos en dos, el uno lleva la soga, y el otro el cabo donde está el lazo: en viendo al caimán tornando el sol, procuran no ser sentidos de él, hasta que a un mismo tiempo cae al río el caimán, y el indio que lleva el lazo: monta este sobre la bestia con todo seguro, porque ella, ni puede volver la cabeza para morderle, ni doblar la cola para que le alcance: con el peso del indio, que carga encima, luego va a dar el caimán al fondo del río; mas cuando llega a dar fondo, ya tiene el lazo bien apretado en la trompa, y tres, o cuatro lazadas añadidas, para mayor seguridad […]” (Gumilla, 1994, p. 269).
Cerbatanas con veneno (curare) Para aves y monos, se usa una cerbatana que dispara flechas pequeñas untadas con curare, un veneno de acción rápida que mata a la presa casi instantáneament e al entrar en contacto con la sangre.
Aves y primates.
Épocas de lluvias, en bosques y sabanas.
“En la boca de la cerbatana se pone una flechita aguda de la longitud de un palmo, untada en la punta con cierto veneno llamado comunmente curare. […] la flecha envenenada, en cuanto pasa la primera película y toca la sangre, mata infaliblemente casi repentinamente a cualquier viviente. Para disparar esta flecha a altura incluso grande basta con un ligero soplo, y con ella, además de pájaros, se matan también los monos, que como alados cuadrúpedos están a menudo en los árboles. Apunta hacia ellos un orinoquense, habiéndose puesto debajo de un árbol, con la cerbatana, vuela la flecha con el ligero impulso, y como victoria arrastra a la tierra, no solo tembloroso, sino muerto y como dije helado al mono” (Gilij, 1965, vol. II, p. 265 y 266). Lazos y golpes (caimanes) Los indígenas cazan caimanes por sus carnes y grasa. Usan una soga fuerte con un lazo para atrapar al caimán por la trompa o cuello mientras se asolean o caen al agua. Un indígena se sube a la espalda del caimán para asegurarlo, luego lo someten con fuertes golpes en la cabaza.
Caimanes y babillas.
Cualquier temporada en ríos, lagunas y caños.
“Pero (como apunté) ni chicos, ni por grandes que sean, les valen sus armas contra la industria, y temeridad de los indios otomacos, y guamos, que usan de sus carnes para regalo, especialmente en el invierno, y creciente del río, cuando es poco útil otra pesca: entonces con una recia soga de cuero de manatí, y un lazo en la extremidad de ella, salen de dos en dos, el uno lleva la soga, y el otro el cabo donde está el lazo: en viendo al caimán tornando el sol, procuran no ser sentidos de él, hasta que a un mismo tiempo cae al río el caimán, y el indio que lleva el lazo: monta este sobre la bestia con todo seguro, porque ella, ni puede volver la cabeza para morderle, ni doblar la cola para que le alcance: con el peso del indio, que carga encima, luego va a dar el caimán al fondo del río; mas cuando llega a dar fondo, ya tiene el lazo bien apretado en la trompa, y tres, o cuatro lazadas añadidas, para mayor seguridad; y la última, y mejor, porque asegura a las otras, en el mismo pescuezo:
sale afuera tan fresco, como el mejor buzo de una Armada Real, y él, y su compañero tiran para fuera al caimán, que aunque hace con la cola sus extremos, no puede evadir la muerte. Danle un fiero garrotazo sobre los ojos, del cual queda enteramente aturdido, y antes de darle otro golpe, vivo como está, le cortan, y sacan la tabla de conchas del pecho, donde reside, como en su centro, el fiero almizcle, que gastan estos animales; porque si muere el caimán antes de quitarle dichas conchas, o tabla formada de ellas, de su pecho, se difunde por todo el cuerpo tanto almizcle, que apesta la carne de modo,
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que no la puede comer, ni la gran voracidad de los indios. Quitada dicha tabla, destrozan aquella carne, tan blanca como la nieve; es tierna, y de buen gusto, y sólo queda la sospecha, de que tal vez se habrá comido aquella bestia a muchos hombres. De ordinario tiene mucha grasa, y manteca, que guardan dichos indios para sus amasijos de pan (como ya dijimos) y como hay tanta abundancia de caimanes, pasan alegremente aquellas dos naciones sus inviernos, y con mucha abundancia de vianda. ¡Tanto como esto puede la industria humana!” (Gumilla, 1994, p. 269). Flechas y lanzas Los venados y chigüiros son perseguidos cuando están en manadas.
Las iguanas y tortugas, así como las babillas, se cazan con flechas, a menudo en el agua o en los árboles cercanos a la orilla.
Venados, chigüiros, Iguanas, tortugas, babillas.
Cualquier temporada en ríos, lagunas y caños.
“[…] y aunque los ríos y quebradas abundan en pescados, no obstante, en el invierno carecen de él, porque las crecientes no dan lugar á sacarlo. En ese tiempo suplen su falta con iguanas y tortugas que flechan con gran destreza, con micos, monos, papagayos, y tal cual vez con algún venado ó danta […]” (Rivero, 1956, p. 334 y 335).
Recolección manual Las tortugas terrestres (hicoteas y morrocoyes) son fáciles de capturar debido a su lentitud, y a menudo se encuentran amontonadas en cuevas, de donde se recogen en grandes cantidades, así como sus huevos en épocas de desove.
Tortugas y huevos.
Temporada de sequía, en las playas de los ríos, caños y lagunas.
“Algunos de aquellos territorios abundan en una especie de tortugas terrestres, que llaman icoteas, y también morrocoyes: no se acercan al agua, y su concha está matizada de amarillo, encarnado, blanco, y pardo: estas son muy fáciles de coger, porque es muy tardo su paso: cuando el sol las fatiga, si hallan una cueva, se amontonan en ella muchas, y los que van en su busca, suelen de una sola cueva sacar ocho, y a veces diez cargas de ellas: causa admiración el ver, que multipliquen tanto, siendo un animal tan impróvido, que no se esconde los huevos, como las demás especies de tortugas: como va caminando, suelta acá un huevo, otro acullá, sin cuidarse más de ellos, y con todo se logra tanto multiplico, como llevo dicho” (Gumilla, 1994, p.
288).
Anexo 4. Tabla 16. Descripción detallada de algunos mamíferos, reptiles y aves Especie Características Sabor Hábitat Descripción en las crónicas Ciervos/Ve nados (Cervidae) Muy fecundos y abundantes, cazados por su carne, pieles y piedras “vesicales”.
A pesar de ser cazados “por centenares” en cada verano, los cronistas se Muy apetecido.
Sabanas y bosques, especial mente en verano.
“Es increíble la multitud de ciervos que pacen en estos Llanos y no es poca la ganancia que hacen con ellos los cazadores, quienes enriquecen no sólo con las pieles sino con las piedras vecicales. Después de tanto consumo de venados como cazan por centenares en los veranos los españoles y los indios, es caso de admiración ver cómo al verano siguiente se cazan otros tantos y aun más: prueba de lo fecundo de la tierra, que parece inagotable en este género” (Rivero, 1956, p. 10).
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asombran de que al verano siguiente haya la misma cantidad o más, calificando la tierra de “inagotable” en este aspecto.
Armadillo/C achicamo (Dasypus sp.)
Animal pequeño con un caparazón de piezas movibles, similar a un lechón en la cabeza. Los hay de distintos tamaños, algunos cuatro veces mayores que los comunes.
Tienen conchas con goznes que se ajustan y ensanchan con sus movimientos.
Su cola larga puede usarse para un remedio eficaz para el dolor de oídos.
Carne tierna y se asemeja al sabor del lechón tierno, con olor a almizcle.
Sabanas y bosques en cuevas profunda s.
“En este ojeo encuentran armadillos, cuatro veces mayores que los que se crían en el llano limpio, de que hablaré después. Estos están vestidos por todas partes de unas conchas tales, que como si unas contra otras tuvieran goznes, se ensanchan, y se ajustan, según los movimientos del armadillo: ellos viven en cuevas profundas, que cavan con sus agudas uñas, y no se apartan mucho de su escondrijo para refugiarse en él: su carne es tierna, y delicada; pero algo fastidiosa, por el olor que tiene de almizcle” (Gumilla, 1994, p. 131).
“El cachicamo, cubierto todo de cabeza a pies de escamas apretadas y durísimas, […] Si se le mira el hocico, parece un lechón. Pero su largo lomo, de figura convexa, daría gana de alistarlo entre las tortugas, si no se opusiera el sabor de su carne, no desagradable, ni tan semejante al de las tortugas que se pueda decir que es comida de vigilia. Vive comúnmente en los prados, y en ellos hace agujeros en que habitar” (Gilij, 1965, Vol I, p. 229). Zarigüeya/ Churcha/Fa ra/Rabopel ado (Didelphida e) Del tamaño de un conejo pequeño, color leonado, hocico agudo, cola larga sin pelo. La hembra tiene una bolsa ventral (marsupio) para llevar a sus crías.
Huele mal.
Árboles, rocas y palmeras
,
así como en casas (gallinero s).
“La churcha es un animal pequeño, del tamaño de un pequeño conejo, y de color leonado y el pelo muy delgado, el hocico muy agudo, y los colmillos y dientes asimismo, y la cola luenga, de la manera que la tiene en el ratón, y las orejas a él muy semejantes. Aquestas churchas en Tierra- Firme (como en Castilla las garduñas) se vienen de noche a las casas a comerse las gallinas, o a lo menos a degollarlas y chuparse la sangre; y por tanto son más dañosas, porque si matasen a una, y de aquesta se hartasen, menos daño harían; pero acaese degollar quince, y veinte, y muchas más, si no son socorridas. Pero la novedad y admiración que se puede notar de aqueste animal es, que si al tiempo que anda en estos pasos de matar las gallinas cría sus hijos, los trae consigo metidos en el seno, de aquesta manera: por medio de la barriga, al luengo, abre un seno, que hace de su misma piel, de la manera que se haría juntando dos dobleces de una capa, haciendo una bolsa, y aquella hendidura en que el un pliegue junta con el otro, aprieta tánto, que ninguno de los hijos se le cae aunque corra; y cuando quiere, abre aquella bolsa y suelta los hijos, y andan por el suelo, ayudando a la madre a chupar la sangre de las gallinas que mata; y como siente que es sentida, y alguno socorre y va con lumbre a ver qué causa las gallinas se escandalizan, luégo encontinente la dicha churcha mete en aquella bolsa o sino los hijos, y se va si haya lugar por donde irse, y si le toman el paso, súbese a lo alto de la casa o gallinero a esconder; y como muchas veces la toman viva, y algunas la matan, hace visto muy bien lo que es dicho, y hállanle los hijos metidos en aquella bolsa, dentro de la cual tiene las tetas y pueden los hijos estar mamando.
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Yo he visto algunas de estas chuchas y todo lo que es dicho, y aun me han muerto las gallinas en mi casa de la manera susodicha. Es animal esta churcha que huele mal, y el pelo y la cola y las orejas tiene como ratón, pero es mayor mucho” (Fernández De Oviedo, 1995, p. 74 y 75). “El avaré (en español fara o rabo-pelado), uno de los animales de esta clase, es la grande como conejo, de pelo castaño y de un olor ingratísimo. La hembra, desde el pecho hasta el bajo vientre, tiene una abertura, o digámoslo así, camisola, dentro de la cual tiene agarradas a las mamas a las crías. Pero machos y hembras tienen la cola de cerca de palmo y medio de largo sin pelo ninguno. Habitan entre las rocas y no salen a comer los frutos, de que se dice se alimentan, sino de noche. En el Monte Avaré-ima (lugar de las faras), donde tienen sus sembrados los cabrutenses, se hallan en abundancia” (Gilij, 1965, vol I, p. 222).
Chigüiro/Ca pibara (Hydrochoe rus hydrochaeri s) Del tamaño de una oveja, parecidos a los cerdos o jabalíes por su trompa y sabor de la carne.
Tienen un olor a almizcle y no son muy sabrosos si no se condimentan al modo europeo.
Orillas de ríos, vida anfibia (agua y tierra) “Pero volvamos a registrar otros animales raros, que encuentran, y matan los indios entre los cuales aprecian mucho a los irabubos (chigüiro): son del tamaño de una oveja; pero en la cerda y trompa son muy parecidos a los cebones, y en el sabor de sus carnes se les parece bastante: viven ya en el agua, ya en tierra, y en una, y otra parte están como en su centro: abundan mucho, y salen a manadas a destrozar, y comerse las sementeras, por lo cual, y para lograr su carne, las persiguen mucho los indios” (Gumilla, 1994, p. 290).
“Están igualmente en las orillas, y se meten a menudo en el agua, los chigüiros, llamados en otras partes irabubes. Su tamaño, pelaje y todo el resto se parece a un jabalí, pero el color de su pelo es rojizo. También los chigüiros son poquísimo sabrosos. Tienen un olor nada agradable y muy semejante al almizcle. Comiéndose al modo natural y con el solo condimento de la sal y del pimiento de aquellos lugares, no me extraño. Adobados al modo europeo serían quizá buenísimos, pero siempre de tal calidad como para no comerse en los días de ayuno, como son considerados en América” (Gilij, 1965, vol I, p. 96 y 97 ). Conejos/Lie bres (Sylvilagus sp.)
Hay distintas especies, algunas con lomo de liebre y vientre blanco, otros son salvajes, de color café, y más pequeños que los picures Muy apetecido Prados y bosques “Hay en Tierra-Firme, conejos y liebres, y llámenos así porque el lomo le tienen, en cuanto a la color, así como de liebre, y lo demás es blanco, así como el vientre y las ijadas; y los brazos y las piernas son algo particos; pero en la verdad, a lo que yo pude comprehender, más conformidad tienen con liebres que no con conejos, y son menores que los conejos de España. Tómanse las más veces cuando se queman los montes, y algunas veces con lazo por mano de los indios” (Fernández De Oviedo, 1995,
p. 68).
Picure/Ñeq ue (Dasyproct a spp.)
Especie de conejo más grande y sabroso Muy apetecido Bosques y selvas “En los prados de Cachichana, y quizá también en otras partes, hay conejos salvajes. Son de color café y de buen sabor, pero pequeños. El accuri que los españoles llaman picure, puede decirse también una especie de conejo, sino que es más grande y acaso más sabroso que estos mismos. Los hay por todas partes y los estiman mucho los propios europeos” (Gilij, 1965, vol I, p. 229). Topos, por la descripción Se mencionan tres especies, una común pequeña, otra más grande Bajo consumo.
Madrigue ras en palmeral es y “En los topos del Orinoco hallo una tercera especie de conejos, pero no les gustan más que a los indios. Lo mismo si hay chozas en que estar que si faltan, hay ciertamente topos por todas partes. Hay una especie que llamaremos
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,
pueden ser ardillas (Sciurus sp.)
comestible y una tercera especie de tamaño extraordinario que vive en los árboles.
árboles de selvas inundada s.
común. Son notablemente pequeños, pero semejantes a los nuestros. Los indios se vuelven locos por este topo, y van a buscarlo para dárselo como juguete a sus hijos. Son más grandes, y habitan en madrigueras que excavan en los palmerales, los topos de la segunda especie, y estos son comestibles, y a lo que me parece, una especie de conejos. No los he comido nunca, pero sé de las alabanzas de los indios. He visto la tercera especie de topos en los árboles de las selvas inundadas. Son de tamaño extraordinario, pero no sé otras particularidades de ellos” (Gilij, 1965, vol I, p. 229).
Tortugas Las hay de agua y terrestres (hicoteas/morroco yes) con conchas matizadas.
Carne muy estimada (sabor a cordero).
Playas de ríos, lagunas y caños.
También las terrestres en los bosques y sabanas.
“La comida más grata, tanto para los orinoquenses, como para los habitantes españoles, son las tortugas. […] La carne es universalmente estimada, y bien condimentada se asemeja, como a muchos les parece, a la carne de los más sabrosos corderos capones. No se guisa de modo común ni se come sino condimentada a la orinoquense, es decir, a la bárbara. Sin embargo aquellos salvajes han inventado modos para hacerla sabrosa. Separan así con la carne adherida de la cáscara plana de debajo y la cortan sobre la misma cáscara a manera de picadillo. La condimentan, además de con sal, con pimientos, y mezclan briznas de casabe, míseros estímulos de su paladar. Para darle después el guiso justo ponen la caparazón sobre tres piedras, que hacen las veces de un trípode, y hacen fuego lento debajo. Esta carne picada de la manera susodicha es de un sabor entre el hervido y el asado, y no es desagradable si se cuenta con el gusto común de aquellos países. […] Pero es muy agradable el mondongo de esta tortuga, que se guisa y cocina al modo de callos de vaca o de otro animal” (Gilij, 1965, vol I, p. 105 y 106).
“Los hombres, que habiendo vuelto con los canastillos llenos de tortugas se ponen enseguida a reposar en las redes, se las entregan enseguida a las mujeres, y en poquísimo tiempo, unas cociéndolas, sin siquiera limpiarlas ni quitarles las entrañas, otras friéndolas en aceite, preparan a los cansados maridos, para sí y la familia, una buena comida. He dicho buena, porque tal me ha parecido muchas veces, no sólo por lo tiernas que están estas tortugas, que se comen con su cáscara, que es también tierna y sabrosa, sino porque tanto hervidas como fritas, las he oído alabar comúnmente a todos, y todos les gustan” (Gilij, 1965, vol I, p. 109).
“Descargadas de los huevos, y vuelto al río a su lecho natural, engordan (no sé si con peces pequeños o con frutas que caen de los árboles) las tortugas de maravilloso modo. Entonces son más sabrosas que nunca, y los indios las buscan y matan con flechas” (Gilij, 1965, vol I, p. 109 y
110).
Iguanas/Se rpientes cuadrúpeda s (Iguana sp.)
Lagartos grandes de color verde a ceniciento. Tienen una cresta espinosa y cola poderosa.
De buena carne.
Árboles junto al río y playas.
“Comían a sí mismo una manera de sierpes que en la vista son muy fieras y espantables, pero no hacen mal, ni está averiguado si son animal o pescado, porque ellas andan en el agua y en los árboles y por Tierra, y tienen cuatro pies, y son mayores que conejos y tienen la cola como lagarto, y la piel toda pintada, y de aquella manera de pellejo, aunque diverso y apartado en la pintura, y por el cerro o espinazo unas espinas levantadas, y agudos dientes y
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colmillos, y un papo muy largo y ancho, que le cuelga desde la barba al pecho, de la misma tez o suerte del otro cuero y callada, que ni gime ni grita ni suena, y estase atada a un pie de una arca, o donde quiere que la aten, sin hacer mal alguno ni ruido, diez, quince, y veinte días, sin comer ni beber cosa alguna; pero también les dan de comer algún poco de cazabí o de otra cosa semejante, y lo comen, y es de cuatro pies, y tiene las manos largas, y complidos los dedos, y uñas largas como de ave, pero flacas, y no de presa, y es muy mejor de comer que de ver; porque pocos hombres habrá que la osen comer, si la ven viva (excepto aquellos que ya en aquella tierra son usados para a pasar por ese temor y otros mayores en efecto; que aqueste no lo es sino en la apariencia).
La carne dellas es tan buena o mejor que la del conejo, y es sana, pero no para los que han tenido el mal de las bubas, porque aquellos que han seído tocados en esta enfermedad (aunque haya mucho tiempo que están sanos) les hace daño, y se quejan deste pasto que los que lo han probado, según a muchos (que en sus personas lo podían con verdad a experimentar) lo he yo muchas veces oído” (Fernández De Oviedo, 1995, p. 21 y 22).
“No hay menor abundancia de iguanas en todos los países de tierra caliente, y son unos feísimos lagartos, de color entre verde, y amarillo, que se mantienen de hojas de árboles; y también viven en el río, como en tierra: están reputados por uno de los platos más regalados: hay tantas en Orinoco, y en todos los ríos, que a él corren, que los indios bogadores, mientras unos dan fondo a la embarcación, y otros previenen leña, y fuego, los restantes en media hora recogen cien iguanas, para su cena, y almuerzo” (Gumilla, 1994, p. 287).
“[…] las iguanas. Así son llamados en el Orinoco ciertos lagartos grandes o serpientes cuadrúpedas. Que se encuentran comúnmente en los árboles inmediatos a la orilla. En cuanto oyen el ruido de los navegantes, bajan presurosas y se esconden en el río. Estos lagartos son de la longitud de cuatro palmos o más, y de la parte del lomo y del vientre del grueso de un brazo. Cuando aún son pequeñas y del tamaño corriente de nuestros lagartos son verdes. Pero cuanto más crecen, tanto más cambian su primer color, convirtiéndose luego en cenicientas del todo. Las iguanas tienen cuatro pequeñas patas, y de cada una costa, como las de los lagartos, de varios dedos. La fuerza de esta serpiente, además de los dientes, con los cuales, si le ocurre, ataca a los cazadores, consiste principalmente en la cola, con lo cual, si no la atan bien enseguida, da golpes tremendos a quien se le acerca. La piel es áspera, y sería buena no menos para curtir que para pulimentar maderas. […] Según algunos viajeros, estaríamos obligados a decir que las iguanas son de sabor tan exquisito que parecen pollos. […] De esta serpiente se comen también los huevos […] Los indios no van nunca en busca de los huevos, y cuando tienen gana de ellos, toman las iguanas grávidas, y comen los que encuentran en sus vientres. Ningún animal es agradable en la gravidez, y a veces es incluso nocivo, pero el caldo de las carnes de este
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cuadrúpedo es siempre bueno, y es alabado por todos” (Gilij, 1965, vol I, p. 99 y 100).
Caimán del Orinoco (Alligatorida e) Abundan en los ríos. Son de gran tamaño, con hocico largo y dientes fieros.
Poseen un almizcle muy fuerte en el pecho que se esparce si mueren antes de extraerlo.
Carne blanca y tierna; posee glándulas de almizcle en el pecho.
Ríos, caños y lagunas.
“Hay muchos lagartos y lagartijas de la manera de los de España, y no mayores, pero no son ponzoñosos; otros hay grandes de doce a quince pies, y mucho más de luengo, y más grueso que una arca o caja; y algunos de los más grandes son tan gordos y cuasi como una pipa, y la cabeza y lo demás a proporción, y el hocico tiénenle muy luengo, y el labio de alto horadado en derecho de los colmillos, por los cuales agujeros salen los colmillos que tiene en la parte más baja de la boca; los cuales y los dientes tienen muy fieros; y en el agua es velocísimo, y en tierra algo pesado y torpe, a respecto de la habilidad que en el agua tiene. (Sus huevos) no tienen yema, y todos son clara, y guisados en tortilla son buenos y de buen sabor; yo he comido algunas veces de estos huevos, pero no he comido de los lagartos, puesto que muchos cristianos los comían cuando los podían haber, en especial los pequeños, al principio que la tierra se conquistó, y decían que eran Buenos” (Fernández De Oviedo, 1995, págs. 99 - 101).
“En el Orinoco, lo mismo que en otros ríos que desembocan en él, y en otras varias partes de América, hay una gran serpiente llamada por los españoles caimán. Los tamanacos los llaman auré y los maipures amaná. […] Vive casi siempre en el agua, acechando a los peces, de que se alimenta. […] El cocodrilo o caimán sale frecuentemente del agua, y se pone al sol, sobre la orilla, o en cualquier árbol que la inundación haya llevado a la orilla. […] Solo los guamos comen de esta serpiente, que es extremadamente aborrecida por los otros indios. Se tienen en mucha estima sus dientes, y son de maravillosa grandeza. Los cazadores, como en señal de valor, los cuelgan no menos del cuello de sus niños, que del suyo propio” (Gilij, 1965, vol I, p. 101 y 102).
Babillas (Alligatorida e) Muy parecidas al caimán, pero más pequeñas, no feroces, cubiertas de escamas, de color negro mezclado con amarillo oscuro.
Carne blanquísima y muy apetecida.
Arroyos y pequeño s ríos.
“En fin, hay abundancia de muchos caimanes, de la misma forma, y figura; pero no son bravos (aunque cuando los torean mucho, los he visto enojados) estos sólo se mantienen de pescado, y ellos son comida apetecible, y de buen gusto; y cuando hay babilla (así se llaman) abandonan los indios cualquier otro pescado” (Gumilla, 1994, p. 270).
“No semejantes en la figura de los caimanes, pero con mucho más pequeñas, nada feroces, y carnívoras, son las bavillas. Están también cubiertas de escamas, pero no tan apretadas ni duras como las de los caimanes. Su color es negro, mezclado con amarillo oscuro. Se vuelven locos por esta serpiente todos los indios, pero especialmente los habitantes del interior. […] La carne es blanquísima, y condimentada a la europea, y sin haber visto al monstruo, a más de uno le gustaría. […] En las aguas del Orinoco o no existen en absoluto, o son muy raras las babillas, y los indios las matan siempre en los arroyos o en los pequeños ríos” (Gilij, 1965, vol I, p. 103).
Culebras/G üíos De varias especies, algunas Algunas especies menores son Ríos, lagunas, quebrada “[…] los Buíos o Güíos, que son unas serpientes muy largas y gruesas, y son el mayor regalo de los Chiricoas […] También comen varias especies de culebras, á las
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muy largas y gruesas.
comidas por los indígenas.
s, bosques y sabanas cuales solamente quitan la cabeza y última extremidad, y lo demás se lo comen, dando á todo el sainete, con el demasiado pimiento y ají, para que sea el continuo despertador de la berría […]. (Rivero, 1956, p. 120 y 121). Garzas o Pájaros blancos/Pic azas (Ardeidae) Abundan en tiempos secos, son blancas, grandes y de patas altas.
Caminan de forma pausada y compasada.
Comestibles de buen sabor.
Playas secas: D onde se ven muchos pájaros blancos.
“En los tiempos secos, y cuando habiéndose retirado el río, son grandes y seca las playas, se ven muchos lugares llenos de pájaros blancos. Llamémoslas picazas. Las he comido y no son de mal sabor. El rey, digámoslo así, de las picazas, es cierto ave, blanca también, llamada por los españoles el soldado, y creo que el nombre les conviene muy bien, tanto por el tamaño y altura de sus patas, como porque caminando despacio, pausado y como a compás, parece la marcha de los soldados” (Gilij, 1965, vol I, p. 116).
Anexo 5. Tabla 17. Datos etnográficos sobre pesca y cacería en el Noroccidente Amazónico colombiano Técnica o método Descripción Especies capturadas Tempora da y lugar Descripción en las crónicas Pesca con insectos o frutas como cebo.
Esta técnica demuestra un conocimiento d etallado de los hábitos alimenticios y la ecología de las especies de peces.
Se usan nidos de termitas, coleópteros, saltamontes o frutas como cebo para atraer a los peces u capturarlos con anzuelos o flechas.
Aracú (Prochilodus sp.), pirañas (Pygocentrus sp.), bagre y pintadillo (Pseudoplatystoma sp.)
dormilón (Hoplias sp.), pacú (Mylossoma), entre otros.
Todo el año, a orillas de caños, zonas inundada s o raudales.
“[…] vimos un nido de termitas que colgaba amarrado de una rama y tocaba apenas la superficie del agua. Había allí un estrecho sendero que llevaba al interior de la selva. Ignacio (indígena local) me explicó que el nido redondo servía como carnada para los peces aracú (Prochilodus sp.). Sus hermanos de tribu se esconden entre los matorrales y, cuando llegan los peces a atrapar el codiciado manjar, mueren víctima de sus certeras flechas” (Koch-Grünberg, 1995, vol. I, p. 263).
“Los indios utilizan con agrado cebos durante la cacería de peces. Los makú amarran para este fin, como ya vimos, un nido fresco de termitas a una rama sobresaliente, de manera que roce la superficie del agua. Los ‘cucarrones de mayo’, de color carmelito, de los que hay gran cantidad de empezar la estación seca, se utilizan como cebos flotantes. El cazador lanza un cucarrón al agua, en el sitio donde se halla un banco de peces aracú, los cuales se lanzan sobre éste, oportunidad que aprovechan para disparar” (Koch- Grünberg, 1995, Vol. II, p. 36).
Pesca con señuelos artificiales.
Refleja ingenio en la creación de herramientas adaptativas y la observación del comportamiento de las presas.
Se usan anzuelos con plumitas rojas y amarillas de tucán y fibras blancas que imitan peces pequeños que huyen.
Tunaré (Cichla sp.), Aracú (Prochilodus sp.), pacú (Mylossoma), entre otros.
Todo el año.
Aguas con malezas en las orillas.
“El tunaré (Cichla sp.), muy parecido en apariencia y sabor a nuestra trucha, se captura, al igual que los otros, consejos artificiales. En el extremo superior del anzuelo se aseguran plumitas rojas y amarillas de tucán y fibras blancas de curauá. El pescador deja deslizar el anzuelo a brincos sobre la superficie del agua. El tunaré cree que este objeto colorido es uno de los pequeños peces que, al huir de sus voraces enemigos, brinca a varios metros sobre el agua, se lanza sobre la presunta presa y es capturado” (Koch-Grünberg, 1995, Vol. II, p. 40).
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Pesca con arco y flecha Es una labor que requiere maestría y gran destreza en el rastreo y la persecución de animales, que son muy valoradas a nivel cultural.
La técnica es individual y utilizada en los bordes de caños o zonas inundadas, a veces combinada con carnada, machete o anzuelos.
Aracú (Prochilodus sp.), pirañas (Pygocentrus sp.), bagre y pintadillo (Pseudoplatystoma sp.)
dormilón (Hoplias sp.), pacú (Mylossoma), entre otros.
Todo el año.
Orillas de caños, zonas inundada s o raudales.
“Normalmente el indio pesca a las pirañas con arco y flecha; también lo hace con anzuelo fuerte, atando a una larga cuerda que arroja con gran destreza bien lejos dentro del agua, mientras sostiene el otro extremo fuertemente enrollado en la mano. En su voracidad, este pez no respeta ni a sus iguales. Es por esto que se acostumbra a cortar en pedazos la primera piraña que se pesca, los cuales se utilizan como cebos para las otras” (Koch-Grünberg, 1995, vol. II, p. 41).
Pesca con redes (de mano, redondas) Las redes grandes son usadas para la captura masiva de peces durante las migraciones, lo que puede involucrar a toda la comunidad.
Se utilizan redes tejidas con fibras vegetales o pequeñas redes redondas con cebo en el borde de bancos de arena para peces pequeños.
Grandes bancos de peces migratorios.
Creciente s de agua e inicio de la época de sequía.
“Las redes de pesca son muy variadas, de acuerdo al uso. Se elaboran continuamente con hilos de fibra de tucum, que son muy resistentes. Los peces grandes, por ejemplo el aracú, se cogen con amplias redes de mano ajustables, cuando se dirigen en densos grupos río arriba, durante las crecientes de agua de los rápidos.
[…] Las redes redondas se ponen durante los claros de luna extendidas sobre el suelo, en el borde de un banco de arena, en aguas poco profundas. El indio golpea suavemente el agua con el bastoncito que tiene en la otra mano. Atrae de esta manera los peces pequeños y, cuando ya están sobre la red, los lanza a la Tierra. A ratos atrae también a los peces, con cebos que se colocan en una ligera depresión de la mitad de la red” (Koch-Grünberg, 1995, vol. II, p. 42).
Pesca con nasas (matapí) o giráos (yurá) La elaboración de instrumentos es una labor masculina, y el uso de nasas es común durante la estación lluviosa.
Canastos cónicos o cilíndricos hechos de caña y sipó, colocados en corrientes fuertes o desembocaduras de afluentes para atrapar peces que entran, pero no pueden salir.
También se hacen armazones de palos con esteras de caña colocadas bajo caídas de agua; el golpe de la ola lanza al pez Peces pequeños y medianos. (similares a sardinas).
Durante las creciente
s. Debajo
de caídas de agua y entre rocas sobresali entes.
“Las nasas se llaman en lingoa geral matapí y existen dos clases de ellas, […]. Se confeccionan con palitos de caña partidos, que se entretejen con sipó en anillos paralelos o espirales, manteniéndolos así unidos. Estos canastos se aseguran en las aguas corrientes, en los sitios por donde pasan los grandes bancos de peces a la orilla de la corriente principal, o en los estrechos afluentes que desembocan en ésta. Una de estas nasas sirve para capturar peces pequeños, especialmente en los arroyos aledaños, y es por lo tanto una construcción pequeña. Por una abertura ancha que se estrecha en forma cónica. Los peces entran en un trenzado largo, angosto, en forma de manguera, que se ensancha de nuevo un poco hacia la mitad, estrechándose hacia el final. Al intentar meterse por ese tubo, los peces quedan aprisionados, impedidos en sus movimientos por sus aletas y escamas, hasta que finalmente no se pueden mover y menos aún de volverse y salir por la boca.
Las otras nasas son construcciones mucho más sólidas, hechas con fuertes anillos de bejucos. Según sus dimensiones pueden ser también apropiadas para peces grandes. Su parte delantera es una canasta cilíndrica que adquiere hacia atrás forma cónica. En la abertura posterior tiene una entrada en forma de embudo, construida con palitos y anillos, […]. Para los peces es fácil entrar por ella, pero pocas veces logran salir. Cuando hay pescado en la
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sobre estas esteras.
nasa, ésta se saca del agua, se desata el sipó que sostiene el final de la canasta y se separan los palitos, formándose así una abertura por la que se le sacuden los peces dentro del bote” (Koch-Grünberg, 1995, vol. II, p. 43 y 44). Pesca con trampas comunales (kakurí o parí) Estas trampas son propiedad de toda la comunidad y su reparación y la pesca colectiva son dirigidas por el líder comunitario, reforzando la vida comunitaria y la interdependencia.
Se hacen grandes cercas o armazones (como los giráos con esteras) que atrapan peces en masa durante las crecientes o al bajar el agua.
Grandes bancos de peces migratorios.
Creciente s de agua e ini cio de estación seca.
“[…[ existen métodos de pesca que involucran a toda la comunidad de un pueblo y con los cuales se obtiene un enorme botín. Cada maloka del Içána o del Caiarý tiene una o más trampas grandes, denominadas en lingoa geral kakurí […] Un kakurí se compone en lo esencial de varias cercas hechas con listones de palma paxiúba, entretejidas con sipó. Estas Cercas están ensambladas en una base triangular, sostenidas y apoyadas por postes y palos. Las trampas se colocan erguidas a la orilla del río, en los sitios de fuerte corriente, o en los arroyos afluentes. La parte delantera está dividida en la mitad por una hendidura, provista de un canal. Ésta constituye para los peces una estrecha entrada hacia la trampa, al igual que en las nasas, pero que después no les permite salir. El kakurí está orientado río arriba para poder aprisionar a los grandes bancos de peces que se lanzan en esta dirección, con la creciente de las aguas. En muchas de estas trampas, especialmente en las grandes, la pared delantera se prolonga en unos dientes instalados oblicuamente, a través de los cuales deben ser empujados los peces dentro del kakurí. Los peces pasan a lo largo de las cercas, hacia arriba, hasta que llegan a la rendija y a través de ésta trampa. Las cercas del kakurí son a veces tan altas, que aunque durante las crecientes sobresalen de la superficie del agua. La parte delantera de la trampa está cubierta a ambos lados de la canal con canillas de paxiúba, que lesproporcionan al indio un emplazamiento fijo cuando va a ver si hay peces en la trampa” (Koch-Grünberg, 1995, vol. II, p. 44 y 45).
Pesca con venenos vegetales (kunambí, timbó/barba sco) Es la forma más productiva de pescar. Se realiza en la estación seca e involucra a hombres, mujeres y niños en la recolección; el veneno debe manejarse con cuidado, e involucra el uso de raíces de timbó o barbas co machacadas en el agua para asfixiar o atontar a los peces, que luego se recogen a mano o con redes, en charcos caños o arroyos cerrados.
Variedad significativa de especies de peces entre pequeños y medianos.
Estación seca.
Lagunas semiseca s, pozos aislados y caños de poco flujo.
“Los hombres cortan las raíces de barbasco en trozos y las trasladan hasta una empalizada en el curso del caño; después toman un trozo y lo golpean con un palo duro, lo tuercen para extraer un líquido de aspecto blancuzco, y lo sumergen y agitan dentro del agua para que se esparza. Repiten este procedimiento varias veces y esperan entre unos quince a veinte minutos para que el veneno surta efecto; entonces, las mujeres y los niños entran al agua y capturan con la mano los peces que flotan a causa del veneno, destripándolas allí mismo e introduciéndolos en el catarijano para su transporte.
Luego siguen barbasqueando, avanzando corriente abajo, saliendo y entrando varias veces del caño. Al finalizar la pesca, liberan las represas del caño para que el veneno se diluya y el agua siga su curso normalmente y evalúan la cantidad capturada por cada cual, curioseando el contenido de los distintos catarijanos. La cantidad y variedad de peces que obtienen con esta técnica es bastante significativa. Pueden consumir parte del pescado in situ -cocinado o asado- o en el campamento; si es muy abundante lo ahuman atado a un bejuco sobre el fogón. Al igual que con otros alimentos, los distintos grupos domésticos intercambian el mismo alimento, preparado en cada uno de sus fogones” (Cabrera Becerra y otros, 1999, p. 280).
Cacería de mamíferos y reptiles El cazador persigue a su presa con pasión y gran destreza, Lapa (Cuniculus paca), Chaqueto (Dasyprocta sp.), Todo el año.
“El indio las sabe manejar con maestría y se entrega a la caza con pasión, mostrando gran destreza rastrear y perseguir la pieza. Conoce a fondo los hábitos de los animales y sabe cómo atraerlos, imitando los sonidos que
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conociendo a fondo sus hábitos.
Existe un sistema simbólico complej o con prohibiciones alimenticias hacia las dantas, venados y el jaguar, donde está la creencia de que los animales tienen “dueños” (Waí-maxsë) con quienes los payés (chamanes) deben negociar las presas a través de rituales y visiones para mantener el equilibrio biótico.
La carne se comparte y su preparación tiene división sexual del trabajo.
Se emplean cerbatanas con dardos envenenados, lanzas, arcos y flechas y trampas, así como el uso intensivo de ruidos imitando los sonidos de los animales.
Armadillo (Dasypus sp.).
Babilla (Alligatoridae), Tortugas, entre otros.
En chagras o zonas de cultivos, selva adentro y zonas pantanos as cercanas al campam ento.
ellos emiten. Él detecta con la mayor naturalidad el más mínimo rastro, invisible a los ojos de un europeo y a menudo se vale simplemente de su sentido de observación. Persigue a su presa como un gato, sin cansarse nunca, hasta que la alcanza y la mata con pulso firme” (Koch-Grünberg, 1995, Vol. I, p. 123).
“Los hombres disparan dardos envenenados a otros animales como la lapa (Agouti paca). En una ocasión dɛɨ casó un chaqueto (Dasyprocta spp.)” (Cabrera Becerra y otros, 1999, p. 271).
“Los Nɨ̃kak consumen dos tipos de reptiles, el cachirre o babilla (Caimán sclerops) y el morroco o tortuga terrestre (Geochelone denticulata)” (Cabrera Becerra y otros, 1999,
p. 275).
“En varias de estas viviendas tuve la oportunidad de ver por primera vez trampas para aves muy bien diseñadas y de uso corriente en la región de Caiarý. Se usan más que todo para atrapar palomas. […] Según me aseguraron los indios, también se utiliza este estilo de trampa para capturar pájaros más grandes; claro está que entonces se emplean materiales mucho más resistentes. Así se atrapan yacamís (Psophia crepitans), mutum (Crax sp.) y cuadrúpedos: agutí (Dasyprocta sp.), páca (Cuniculus paca), capivára (Hydrochoerus hydrochaeris), taitetú (Dicotyles tajacu) y otros animales. En la Guyana y el Purús los indios usan trampas similares para capturar peces grandes y caimanes” (Koch-Grünberg, 1995, Vol. I, p. 240).
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Cita: Chaparro-Cárdenas, Jeison Lenis (2026), Sembrar y cosechar animales: análisis de los datos arqueozoológicos obtenidos en Cerro Azul, a través de la etnografía y la etnohistoria del noroccidente amazónico colombiano, Universidad Nacional de Colombia, p. N. https://repositorio.unal.edu.co/handle/unal/90636