Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios Erika Sierra Ramírez Hernán J. Andrade Milena Segura
2024
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Agradecimientos Se agradece a los agricultores y profesionales que participaron en las investigaciones, locales, nacionales e internacionales. En especial, a las personas que integran el Grupo de Investigación Producción Ecoamigable de Cultivos Tropicales (PROECUT) de la Universidad del Tolima, el cual ha sido respaldado por la Oficina de Investigación y Desarrollo Científico de esta entidad, al financiar algunos de los estudios de caso expuestos en este documento.
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Contenido Capítulo 1. Aspectos generales de la huella de carbono en el sector agropecuario
15
1.1
Introducción
15
1.2
Definiciones
16
1.2.1
La huella de carbono (HC)
16
1.2.2
Balance de carbono
16
1.2.3
Almacenamiento y fijación de carbono
17
1.2.4
Emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI)
18
1.3
Alcance de la huella de carbono
18
1.4
Estadísticas de la huella de carbono
19
1.4.1
Estadísticas mundiales
19
1.4.2
Estadísticas nacionales
20
1.5
Factores que incrementan las emisiones de GEI
21
1.6
Implicaciones al estimar la huella de carbono
23
1.7
Comentarios finales
25
Capítulo 2. Métodos para la estimación de la huella de carbono (HC) en el sector agropecuario
27
2.1
Introducción
27
2.2
Directrices y estándares internacionales
28
2.2.1
Definición del límite de inventario
28
2.2.2
Alcance
28
2.3
Metodologías para el cálculo de la HC
29
2.4
Especificaciones técnicas
30
2.4.1
Especificaciones internacionales
30
2.4.2
Especificaciones para la estimación de la HC en el sector agropecuario
31
2.4.2.1
Estimación del almacenamiento de biomasa y carbono
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios
2.4.2.2
Estimación de la fijación de carbono
32
2.4.2.3
Estimación de las emisiones de GEI
33
2.5
Comentarios finales
40
Capítulo 3. Experiencias en la estimación de la huella de carbono en el sector agropecuario
43
3.1
Introducción
43
3.2
Avances de la estimación de la huella de carbono agropecuaria en el mundo
44
3.3
Avances de la estimación de la huella de carbono agropecuaria en Colombia
48
3.3.1
Normatividad gestionada en Colombia
49
3.3.1.1
Análisis de la normatividad gestionada
52
3.4
Comentarios finales
54
Capítulo 4. Estudios de caso: huella de carbono en productos agrícolas con énfasis en el departamento del Tolima
57
4.1
Introducción
57
4.2
Características del sector agrícola en el departamento del Tolima
58
4.3
Estudios de HC agrícola con énfasis en el departamento del Tolima
60
4.4
Sistemas de producción agrícola a estudiar
62
4.4.1
Sistema de producción de cacao
62
4.4.1.1 Importancia de la cadena de producción del cultivo de cacao
62
4.4.1.2 Resultados recopilados y contraste con otros estudios en la
cadena de producción de cacao
62
4.4.2
Sistema de producción de café
63
4.4.2.1 Importancia de la cadena de producción del cultivo de café
63
4.4.2.2 Resultados recopilados y contraste con otros estudios en la
cadena de producción de café
64
4.4.3
Sistema de producción de arroz
64
4.4.3.1 Importancia de la cadena de producción del arroz
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura
4.4.3.2 Resultados recopilados y contraste con otros estudios en la
cadena de producción de arroz
65
4.4.4
Sistema de producción de caña de azúcar
65
4.4.4.1 Importancia de la cadena de producción de caña de azúcar
66
4.4.4.2 Resultados recopilados y contraste con otros estudios en la
cadena de producción de caña
66
4.4.4.3 Resultados registrados en otras cadenas de producción
67
4.5
Comentarios finales
69
Capítulo 5. Estudios de caso: huella de carbono en el sector pecuario con énfasis en el departamento del Tolima
71
5.1
Introducción
71
5.2
Sector pecuario en el departamento del Tolima
72
5.3
Estudios de huella de carbono en el sector pecuario en Colombia
74
5.3.1
Descripción general
74
5.3.2
Metodologías usadas
75
5.3.3
Resultados recopilados y contraste con otros estudios en la cadena de producción ganadera
75
5.4
Comentarios finales
78
Capítulo 6. Avances y retos para la estimación de la huella de carbono en los sistemas de producción agropecuaria
81
6.1
Introducción
81
6.2
Avances en la estimación de la huella de carbono
81
6.3
Retos para la estimación de la huella de carbono en el departamento del Tolima
82
6.4
Cambios adicionales que requiere el sector agropecuario en Colombia
86
6.5
Comentarios finales
89
Referencias bibliográficas
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios Lista de figuras Figura 1 Repercusiones del modelo de desarrollo adoptado en Colombia sobre los recursos naturales.
23
Figura 2 Ventajas del cálculo de la huella de carbono.
24
Figura 3 Detalles de los enfoques para analizar las emisiones y la huella de carbono en sistemas agropecuarios.
29
Figura 4 Estructura de la cadena de producción del café y cacao.
34
Figura 5 Estructura de la cadena de producción de la caña de azúcar y arroz.
35
Figura 6 Generalidades de la huella de carbono bovina.
36
Figura 7 Antecedentes que dieron origen a las políticas relacionadas con las emisiones de GEI en Colombia.
51
Figura 8 Políticas nacionales relacionadas con el cuidado ambiental y la producción agropecuaria en Colombia.
53
Figura 9 Interconexión de los diferentes roles y funciones de la actividad agropecuaria.
59
Figura 10 Características de los estudios de huella de carbono en cultivos de café y cacao en el país.
61
Figura 11 Características de los estudios de huella de carbono en algunos cultivos transitorios producidos en el país.
61
Figura 12 Descripción de algunos beneficios que pueden adquirir los productores en mercados internacionales al indicar y disminuir su huella de carbono.
84
Figura 13 Clasificación de los negocios verdes.
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Lista de tablas Tabla 1 Alcances que permiten la detección de emisiones directas e indirectas.
19
Tabla 2 Factores de emisión recomendados para América Latina en la estimación de emisiones en huella de carbono agropecuaria.
37
Tabla 3 Resumen de algunas investigaciones sobre la huella de carbono agrícola en el mundo.
45
Tabla 4 Resumen de algunas investigaciones sobre la huella de carbono pecuaria en algunos países del mundo.
48
Tabla 5 Participación del departamento del Tolima a nivel nacional según el Censo Nacional Pecuario al año 2020.
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Presentación E l cambio climático ha causado impactos en los sistemas naturales y humanos en todo el mundo. Esto en gran parte se debe al incremento en las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) a la atmósfera (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático [IPCC], 2001; 2023). En particular, el cambio climático afecta de forma negativa la producción agropecuaria y los medios de vida de agricultores, silvicultores y pescadores (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura [FAO], 2016b). Los impactos de este fenómeno varían de acuerdo con la región y se ven reflejados en la disminución de la cantidad y calidad de los recursos hídricos y los bajos rendimientos de producción, junto a la proliferación de hierbas y plagas, los cuales son impulsados por la frecuencia y severidad de fuertes lluvias, inundaciones, sequías, fluctuaciones abruptas de temperatura y olas de calor (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático [IPCC], 2018; Yadav et al., 2019). Los impactos del cambio climático vislumbran la alta vulnerabilidad, directa e indirectamente, de la seguridad alimentaria y, en general, del mantenimiento de la vida en el planeta (Alvi et al., 2020; Wiebe et al., 2019).
El presente documento pretende ofrecer una visión global de la huella de carbono, explicando la importancia de la producción agropecuaria en el cambio climático. Además, se pone de manifiesto la urgente necesidad de modificar las actividades y prácticas implicadas en la producción agropecuaria para disminuir su impacto ambiental. También, este libro presenta especificaciones técnicas para estimar la huella de carbono, mediante la descripción de la cuantificación de las emisiones de GEI y las absorciones de carbono en sistemas de producción agropecuaria. De la misma forma, se muestran algunos estudios de caso particulares de la estimación de la huella de carbono en cultivos como café, cacao, arroz y caña de azúcar y en sistemas de producción ganadera bovina en el departamento del Tolima, Colombia. Finalmente, se presentan los avances y retos del departamento del Tolima para neutralizar sus emisiones de GEI y contribuir al cumplimiento de las metas nacionales e internacionales que permitan mitigar el cambio climático y alcanzar la sostenibilidad del planeta.
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios En gran parte de las investigaciones expuestas en este libro, el Grupo de Investigación Producción Ecoamigable de Cultivos Tropicales (PROECUT) de la Universidad del Tolima ha participado y continúa trabajando, con el fin de informar e incentivar las buenas prácticas agropecuarias para dar un mejor manejo a los recursos naturales e incrementar la restauración y conservación biológica de especies y ecosistemas. Es por ello, que este escrito está dirigido a profesionales del sector agropecuario que no han tenido acercamiento con la temática central, especialmente técnicos del sector productivo, estudiantes en formación, investigadores, así como productores y tomadores de decisiones. En razón de ello, el libro se presenta de una forma práctica y sencilla, de modo que pueda ser apropiado por el público en general.
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Obra: Ganado bovino localizado en el municipio de Ibagué, Tolima (Colombia). Obra: Reserva Natural Semillas de Agua, municipio de Cajamarca, Tolima (Colombia). Obra: Ganado bovino (vacas y búfalos) registrados en el municipio de Ibagué, Tolima (Colombia).
Estas fotografías son ilustrativas y fueron tomadas por uno de los autores (Erika Sierra Ramírez, 2020).
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Capítulo 1.
Aspectos generales de la huella de carbono en el sector agropecuario
1.1 Introducción
L a huella de carbono (HC) es uno de los principales componentes de la huella ecológica del planeta, representando el 50% de esta (Vilizzo, 2010). La huella ecológica es un indicador del deterioro ambiental que considera las emisiones de CO2, la calidad del aire, agua y tierra en diferentes actividades económicas que influyen sobre los sistemas ecológicos (Khezri et al., 2023). Sin duda alguna, la HC es el componente que genera mayor preocupación sobre los efectos potenciales del cambio climático, a diferencia de otras huellas específicas como la energética, la hídrica y la mineral (Schneider y Samaniego, 2010). La información obtenida de la revisión de la huella de carbono brinda un panorama del impacto ambiental de cada una de las actividades antropogénicas y permite la identificación de puntos críticos y factores que influyen en la toma de decisiones (Adewale et al., 2019; Ottelin et al., 2019).
Desde hace varias décadas, las investigaciones realizadas por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) han facilitado evaluaciones integrales sobre el cambio climático, sus causas, posibles repercusiones y estrategias de respuesta a nivel mundial (Dupar, 2020; IPCC, 2014; 2023). Además, el IPCC ha establecido las directrices para los inventarios nacionales de emisiones de GEI, el cual incluye el sector energético, los procesos industriales y uso de productos (IPPU), la agricultura, ganadería, forestación y otros usos del suelo (AFOLU) y los desechos de residuos orgánicos (IPCC, 2006). El planeta reduce cada día la sostenibilidad y el mantenimiento de la vida, por lo cual, urge el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) (Millennium Ecosystem Assessment, 2005). Alcanzar la neutralidad de carbono involucra la participación activa de gobiernos, consumidores, empresas, trabajadores, entidades verificadoras y acreditadas para un cambio social y económico de gestión de la HC (Álvarez y Rodríguez, 2015). El presente capítulo se centra en mostrar, de manera general, conceptos importantes para entender la HC, incluyendo definiciones, alcances, estadísticas y factores desencadenantes de las emisiones de GEI y sus implicaciones en la vida del planeta.
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios
1.2 Definiciones
1.2.1 La huella de carbono (HC)
La HC es un indicador de las emisiones directas e indirectas de Gases de Efecto Invernadero (GEI), acumuladas durante el ciclo de vida de un proceso, producto o servicio (Bajan y Mrówczynska-Kamińska, 2020; Plassmann y Edwards-Jones, 2010). La contabilización de las emisiones se expresa en términos de dióxido de carbono equivalente (CO2e), lo cual indica el potencial de calentamiento global de cada GEI con relación al del CO2 (IPCC, 2006; Jaiswal y Agrawal, 2020; Pandey et al., 2011 y Agrawal, 2010; Plassmann y Edwards- Jones, 2010). La HC se puede calcular por área de producción y por unidad de producto (Bajan y Mrówczynska-Kamińska, 2020).
La estimación de la HC se origina por la necesidad de estimar el impacto de las actividades al ambiente, debido a la disminución de la calidad ambiental, el cambio climático, la disminución de los servicios ecosistémicos, la afectación a la salud y a la seguridad alimentaria de las presentes y futuras generaciones (FAO, 2019b; Feijoo y Moreira, 2020; Litskas et al., 2020; Plassmann y Edwards- Jones, 2010; Schneider y Samaniego, 2010).
1.2.2 Balance de carbono
El balance de carbono es definido como el saldo de carbono de un escenario específico que resulta de comparar un escenario de referencia inicial y un escenario final, originado de la contabilidad del CO2e implicado en un proceso, producto o servicio (Castrofino, 2020). Dicho saldo se comporta como un sumidero (balance < 0) o una fuente de carbono (balance > 0), o como carbono neutral (balance ~ 0) según las variaciones interanuales de las emisiones y absorciones estimadas en diferentes escalas (FAO, 2011; IPCC, 2006). De forma natural, el ciclo del carbono involucra la hidrósfera, la biósfera y la atmósfera, así como la geósfera, donde se acumula especial cantidad de carbono en decenas de millones de años hasta convertirse en combustible fósil (Castrofino, 2020). Las actividades humanas y la explotación de los recursos naturales han alterado el balance y el ciclo del carbono (IPCC, 2001). Esto ha llevado a que investigadores en todo el mundo traten de encontrar alternativas que generen un equilibrio, donde las absorciones y las emisiones de carbono sean llevadas a cero mediante rigurosas estimaciones (Andrade et al., 2014b; Arcos, 2016; Bajan y Mrówczynska-Kamińska, 2020;Benbi, 2018; Castrofino, 2020; Chiriaco et al., 2019; Desjardins et al., 2020; Hu et al., 2019; IPCC, 2006).
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura
1.2.3 Almacenamiento y fijación de carbono
El carbono en la tierra se almacena principalmente en tres componentes: la biomasa, la necromasa y el suelo (Dixon et al., 1994; Galicia et al., 2015; IPCC, 2006; Pérez-Piqueres et al., 2020). La biomasa es una vía alternativa para almacenar el CO2, la cual ocurre como producto del CO2 atmosférico a través de una serie de reacciones químicas dentro de los organismos fotosintéticos que van desde plantas hasta microorganismos como bacterias, hongo levadura y algas (Gayathri et al., 2021). La biomasa en las plantas corresponde a todo el material vegetal vivo, e incluye material arriba del suelo y subterráneo (IPCC, 2006). El suelo es el mayor sumidero de carbono, pues se estima que su primer metro contiene cerca de 1,4 Gt C, valor que se incrementa a 2,5 Gt C al considerar los dos primeros metros (FAO, 2016a). Este componente tiene grandes posibilidades de ser incrementado, capturando carbono de la atmósfera. La necromasa corresponde a la hojarasca o material vegetal muerto sobre el suelo, al igual que árboles muertos en pie, árboles caídos y ramas caídas, los cuales aún conservan parte del carbono que las plantas capturaron de la atmósfera (FAO et al., 2018;
IPCC, 2006).
En las plantas, el carbono es asimilado durante la fotosíntesis por las hojas y se convierte en azúcares que se emplean para la producción de nuevos tejidos estructurales en forma de hojas, madera y raíces, que en conjunto permiten el crecimiento y desarrollo (Mäkelä y Valentine, 2020). Este carbono puede ser conservado en la biomasa por mucho tiempo, de modo que no actúe perjudicialmente como lo hace en la atmósfera cuando está en exceso (IPCC, 2006). Las plantas juegan un papel esencial en el ciclo del carbono de los ecosistemas terrestres al almacenar carbono (Dixon et al., 1994; Guaraná et al., 2023; Pan et al., 2011) y fijarlo a través de los años (Carvajal-Agudelo y Andrade, 2020; Chacón et al., 2007; Mena y Andrade, 2021), de esta manera, reduciendo su concentración atmosférica (Gayathri et al., 2021; Yepes y Silveira, 2011). Todos los ecosistemas vegetales pueden almacenar y fijar CO2, pero su eficacia depende de la capacidad de transformación de carbono en formas con tiempos de residencia prolongados (IPCC, 2006). Por ejemplo, los cultivos anuales pueden secuestrar más carbono que los sistemas forestales (plantaciones o bosques en crecimiento) y cultivos perennes, pero durante tiempos más cortos (Pérez et al., 2020), lo cual reduce la permanencia del carbono (IPCC, 2006). Los métodos recomendados por el IPCC para el balance de carbono en países tropicales, se han usado por diferentes autores en el establecimiento y monitoreo de parcelas de inventarios forestales (Segura et al., 2019; 2020) y cultivos (Canal y Andrade, 2019; Marín et al., 2016), inversión atmosférica, uso de satélites (área forestal, reservas de carbono y concentración de GEI) y modelamiento (Mitchard,
2018).
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios
1.2.4 Emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI)
El efecto invernadero es un proceso natural, en el cual la composición atmosférica absorbe eficazmente la radiación solar emitida por la tierra, la atmósfera y las nubes, permitiendo la temperatura óptima para el mantenimiento de la vida en el planeta (IPCC, 2001). Los principales GEI son: CO2, CH4, N2O, HFC, PFC, SF6 y NF3 (Espíndola y Valderrama, 2018; IPCC, 2001; IPCC, 2006). Las actividades humanas, tal como la combustión de combustibles fósiles, la producción de acero, cemento, cal y vidrio, la deforestación y el cambio de uso del suelo, adicionan CO2 e incrementa las emisiones, a tal punto de acelerar el cambio climático global (Buder, 2020; Jones, 2013; IPCC, 2006; Segura et al., 2019; Wang et al., 2019).
1.3 Alcance de la huella de carbono
La estimación de la HC se puede realizar en cualquier escala espacial o temporal. Es decir, la HC se puede estimar a nivel de producto (Desjardins et al., 2020), granja (Adewale et al., 2019), empresa, ciudad, departamento, país (Zhang et al., 2017), hasta el mundo, durante un periodo de tiempo (Global Carbon Project, 2018). Sin embargo, es muy importante definir los límites temporales y espaciales de la estimación de la HC (Chen et al., 2020). El cálculo de la HC se emplea con el fin de generar conciencia, plantear políticas y desarrollar estrategias de gestión ambiental que minimicen los impactos asociados a todas las actividades que se realizan en la cotidianidad (Feijoo y Moreira, 2020).
Las emisiones de GEI se clasifican como directas o indirectas, ello depende de las actividades que están contempladas dentro o fuera de los límites definidos de una región, organización o producto a evaluar. Si bien, las emisiones indirectas ocurren en fuentes que están controladas por otra organización, son consecuencia de las actividades internas (Allwood et al., 2014). A continuación se describen los alcances y algunos ejemplos (Tabla 1).
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Tabla 1 Alcances que permiten la detección de emisiones directas e indirectas de Gases de Efecto Invernadero.
Alcance Descripción Ejemplos
1
Son las emisiones directas provenientes de fuentes propias o controladas.
Emisiones provenientes de la combustión.
Emisiones fugitivas (fugas de aire acondicionado).
2
Son las emisiones indirectas provenientes de la generación de energía comprada.
Emisiones asociadas a la generación de electricidad adquirida y consumida por la organización.
3
Son las emisiones indirectas que ocurren en la cadena de valor de la organización, incluyendo emisiones previas o posteriores.
Extracción, producción de materiales o servicios adquiridos, viajes de trabajo a través de medios externos, transporte de materias primas, de combustión y de productos, residuos generados en las operaciones, desplazamiento de empleados, activos arrendados.
Fuente. Adaptado de World Business Council on Sustainable Development [WBCSD] y World Resources Institute [WRI] (2004).
1.4 Estadísticas de la huella de carbono
1.4.1 Estadísticas mundiales
Las emisiones de CO2 en el mundo para el año 2021 fueron de 37.124 Mt CO2e con diferencias significativas entre los países. Los primeros cinco países más emisores del mundo son China, Estados Unidos, India, Rusia y Japón con 11,5; 5,0; 2,7, 1,8 y 1,1 Gt CO2e; mientras que Colombia, al ser un país poco industrializado, se encuentra en el puesto 43 (Global Carbon Project, 2021). En el 2019, las cifras de las emisiones provenientes de fuentes humanas mostraron que el 34% correspondió al uso de la energía, seguido del 24% de procesos industriales, el 22% de aquellas derivadas de la agricultura, ganadería y forestería y uso de la tierra (AFOLU), 15% del transporte y, finalmente, el 6% proveniente de las construcciones (IPCC, 2022). El sector agropecuario representa alrededor del 21,3% de las emisiones globales antropogénicas (FAO, 2016b; Lamb et al., 2021; Litskas et al., 2020). Al distribuir estas emisiones por continente, América Latina y El Caribe son responsables del 25% de las emisiones globales, con un incremento anual de 0,5% (FAO, 2016c; Lamb et al., 2021). En este continente la cría de ganado contribuye al 25% de las emisiones de CH4 proveniente de la fermentación entérica a diferencia del continente africano que contribuye con el 17,9% (FAO, 2016c; Lamb et al., 2021).
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios
1.4.2 Estadísticas nacionales
Las emisiones de GEI para Colombia al año 2018 fueron de 302,9 Mt CO2e. La agricultura, silvicultura y otros usos de la tierra aportaron el 59,1% de estas emisiones; mientras que el sector energético registró 30,7%, seguido de las emisiones por residuos y el IPPU con el 6,8% y 3,5%, respectivamente (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales [IDEAM] et al., 2022). En estas estadísticas, el IDEAM et al. (2022) mostró que el sector AFOLU presenta las mayores emisiones en el país, esto incluye los pastizales, la fermentación entérica y tierras forestales con el 19,8; 14,0 y 10,8%, respectivamente. Al comparar los promedios históricos de 1990 y 2018, se observó un aumento de la huella de carbono al pasar de 189 a 279 Mt CO2e, debido a la disminución de las absorciones totales evidenciadas por el cambio de uso del suelo (IDEAM et al., 2016; IDEAM et al., 2022). Las mayores emisiones en Colombia son de CO2 con el 70%, seguido de CH4 responsable del 24%, al N2O se le atribuye el 4% y el valor restante corresponde a las emisiones de gases fluorados, perfluorocarburos y hexafluoruro de azufre (IDEAM et al., 2022). El incremento de las actividades antropogénicas hace que el cambio climático sea el mayor desafío de la actualidad en los países, evidenciado en los patrones cambiantes del clima, deshielo de los nevados, pérdida de cultivos, alteración de las precipitaciones, aumento en la frecuencia e intensidad de sequias e inundaciones, como también el desequilibrio ecológico, lo cual resulta en pérdidas económicas significativas (Pandey y Agrawal, 2014). En países ubicados en los trópicos, como Colombia, o en áreas áridas y semiáridas, estos eventos climáticos extremos podrían ocurrir con mayor frecuencia (Litskas et al.,
2020).
En Colombia, la duplicación de las emisiones de CO2 en el siglo XXI podría aumentar en un grado la temperatura del aire, y en algunas regiones la precipitación podría variar de -10% a +15% del volumen anual observado con relación al promedio estimado entre 1961 y 1990; mientras que en el Tolima la reducción de la precipitación podría ser superior al 50% (IDEAM y UNAL, 2018). Aunado a esto, el país cuenta con baja capacidad de respuesta ante los efectos del cambio climático, así como, baja capacidad de adaptación debido a las limitaciones financieras y de gobernabilidad en comparación con países estratégicos en sostenibilidad (Basher, 2006; Litskas et al., 2020; Wiebe et al.,
2019).
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1.5 Factores que incrementan las emisiones de GEI
El aumento de las emisiones de GEI obedece a diversos factores como el crecimiento poblacional y los hábitos nutricionales, que al favorecer un mayor consumo hace que aumente la demanda mundial de alimentos y, por ende, se intensifique la producción agropecuaria (Litskas et al., 2020). Hashmi y Alam (2019) mencionan que el incremento de 1% del crecimiento poblacional y del Producto Interno Bruto (PIB) aumentan las emisiones de CO2 en un 1,5 y 0,5%, respectivamente.
El gran aumento de las emisiones se agudiza por el crecimiento de la industria alimentaria y la agricultura, debido a la expansión del consumo de energía (emisiones derivadas del transporte o de actividades como labranza y riego), uso de productos químicos empleados, la producción animal y la transformación del uso del suelo natural para la quema y siembra de cultivos (Bajan y Mrówczynska-Kamińska, 2020). Otros factores, como la intensificación de los sistemas de producción intensivo (mayor uso de insumos) y el aumento de condiciones climáticas extremas (mayor uso de insumos para la producción), incrementan las emisiones y afectan de forma negativa el balance del carbono (Litskas et al., 2020). A esto se suma el crecimiento del comercio internacional, el cual está directamente relacionado con la tasa de crecimiento de emisiones de CO2 (Peters et al., 2011). Si bien, el productor es el responsable de las emisiones como en el caso de China, país exportador que alcanzó un crecimiento anual promedio de CO2 del 5,7% entre 1990 y 2017, la responsabilidad también puede ser compartida con los países demandantes, debido a la transferencia de emisiones de CO2 causadas por descuidar las diferencias en el eslabón de producción (Fei et al., 2020). Con ello, se contribuiría al principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas propuesto por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (ONU, 1992).
A continuación, se describen algunas características de la población colombiana que podrían incidir en la HC del país:
• La población pasó de 2.379.888 habitantes en 1827 a 48.258.494 en el 2020 (Departamento Administrativo Nacional de Estadística
[DANE], 2020).
• Incrementos en la densidad poblacional, adicional a necesidades externas, causan una demanda mayor de productos y a su vez, la producción continua e intensiva agota los recursos naturales (Dupar,
2020).
• Exportaciones de forma tradicional de café, carbón, ferroníquel, petróleo y sus derivados desde 1992 hasta 2020 (DANE, 2020).
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios • Exportaciones no tradicionales como confecciones, flores y follaje cortados, leche y productos lácteos, trucha, tilapia y carne bovina, tabaco, azúcar, algodón, cacao, banano, limón y aguacate (DANE, 2020), lo cual incrementa las emisiones de GEI en este sector. En abril de 2020, fueron vendidas al extranjero 4.384 toneladas de carne bovina, que costaron cerca de US$14.708 M (Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural [Minagricultura], 2019a). Sin embargo, este indicador de desarrollo económico esconde problemas del impacto ambiental, el desbalance en la distribución de los recursos y la seguridad alimentaria insatisfecha en la población colombiana (Figura 1), la cual registró en el 2015, altas tasas de obesidad y de desnutrición crónica (Ministerio de Salud y Protección Social
[MPS], 2019).
Por otra parte, el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural [Minambiente] (2019a) afirma que Colombia es el tercer consumidor de fertilizantes de la región luego de Brasil y Argentina, al importar 98% de los ingredientes activos desde Rusia, China y Estados Unidos, principalmente. Los fertilizantes representan el 55% de las ventas de insumos demandados, seguido de los plaguicidas (27%), los medicamentos veterinarios (13%) y los productos biológicos (5%) (Torres, 2020). La aplicación de fertilizantes nitrogenadas es una fuente importante de GEI, ya que se convierte en N2O, cuyo poder de calentamiento es 265 veces más el CO2 (IPCC, 2013). Adicionalmente, el agotamiento de los recursos naturales al cambiar el uso del suelo, e incrementar la deforestación y la pérdida de la biodiversidad desequilibran los ecosistemas e impiden la regulación de los sistemas naturales (Contraloría General de la República, 2020; Rinaudo, 2019). En consecuencia, se intensifica el cambio climático y los problemas socioeconómicos de las comunidades, afectando a la población más vulnerable del país (Basher, 2006; FAO, 2019a; Litskas et al., 2020; Yadav et al., 2019).
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Figura 1 Repercusiones del modelo de desarrollo adoptado en Colombia sobre los recursos naturales.
Fuente. Adaptado de Flórez et al. (2018) y Uribe (2015).
1.6 Implicaciones al estimar la huella de carbono
La estimación de la HC tiene grandes implicaciones en el desarrollo sostenible de las comunidades, al indicar cuales son las absorciones y emisiones de CO2 y otros GEI en las actividades cotidianas (Wang et al., 2019; Zerón y Arias, 2019). De esta forma, se podrían implementar mejoras en los sistemas de producción agropecuario que conduzcan a la gestión de prácticas sostenibles y se impulse un cambio global con enfoques de políticas para el cambio climático, energía y seguridad alimentaria (Litskas et al., 2020). Además, el cálculo de la HC permite la identificación de estrategias que incrementen los sumideros de carbono, junto a alternativas que disminuyan las emisiones y establezcan un equilibrio armónico con la naturaleza (FAO, 2019b; Rinaudo, 2019; Segura y Andrade, 2012).
Dentro de las ventajas de estimar la HC (Figura 2) e impulsar estrategias que permitan la gestión de ecosistemas saludables, se destacan las mejoras en la sustentabilidad de la producción (Litskas et al., 2020), corrección de las ineficiencias de los procesos productivos y generación de un valor agregado que le permite al productor competir en nuevos mercados (Frohman y Olmos, 2013; Ordoñez, 2012; Pandey et al., 2011 y Agrawal, 2010). Adicionalmente, el comparar la HC permite identificar las variedades locales con mayor adaptación
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios a las lluvias y la sequía, en consecuencia, las variedades adaptadas requerirán menos insumos y, finalmente, una menor HC, que en gran medida disminuye los efectos del cambio climático en sus terrenos (Frohman y Olmos, 2013; Litskas et al., 2020).
Figura 2 Ventajas del cálculo de la huella de carbono.
Fuente. Adaptado de Zerón y Arias (2019).
Una alternativa que tienen los consumidores, empresas, organizaciones y gobiernos para mitigar los GEI e implementar una economía baja en carbono es la información de la huella de carbono de cada producto mediante el etiquetado, esto, a su vez, motiva u obliga a los mercados a reducir la HC para optimizar recursos en términos de insumos y reducción de impactos al ambiente (Litskas et al., 2020). Además, de atraer a la demanda de clientes con espíritu ambiental; las estrategias de venta que incluyan la estimación de la HC, impulsan el cumplimiento de las metas mundiales de reducción de emisiones y de sostenibilidad, al hacer más popular la elección de productos amigables con el ambiente (Osorio, 2019; Wang et al., 2019).
Además de la contabilidad de HC, la atención también debe centrarse en la responsabilidad de implementar el cambio en cada individuo, dado que se debe garantizar una justicia social a largo plazo y cambio en las tecnologías de producción (Andrade et al., 2013; Mesa, 2020; Wiebe et al., 2019). Se debe
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura promover el cambio de los patrones de productos importados, por el consumo de productos locales, dando paso a la reducción de emisiones mediante la reubicación comercial (Wood et al., 2020). Esto asociado a cambios políticoadministrativos, jurisdiccionales y de competitividad personalizada, donde se propicie un verdadero bienestar a las comunidades rurales y urbanas en los territorios (Ottelin et al., 2019).
Por tanto, la HC es una herramienta de gestión eficaz que involucra a consumidores, comerciantes e industrias de la producción agropecuaria y su correcta evaluación puede contribuir a una gestión más equilibrada con los servicios ecosistémicos que brinda la naturaleza (Litskas et al., 2020). Las prácticas agrícolas que podrían disminuir los GEI son: la rotación de cultivos, ajuste de siembra a los patrones de lluvias modificados, emplear variedades mejor adaptadas a las condiciones locales de los territorios, gestionar los suelos para almacenar carbono en vez de emitir CH4 y N2O mediante el uso de fertilizantes orgánicos (Andrade et al., 2013; Wiebe et al., 2019; Yadav et al., 2019).
1.7 Comentarios finales
La descripción de conceptos implicados en la estimación de la HC permite la adecuada gestión del conocimiento en las diferentes regiones del país, con lo cual es necesario se evidencie la adherencia de nuevos conceptos y cuestionamientos que permitan trascender hacia un desarrollo sostenible. El contexto de las comunidades campesinas y el potencial que tienen para ser sostenibles requiere un conocimiento profundo de los factores locales que impulsan el incremento de las emisiones, como también de las implicaciones sociales, económicas y ambientales en el corto, mediano y largo plazo, con el fin de revertir las emisiones de todos los sectores y llegar a la neutralidad del carbono (IDEAM et al., 2022).
La reubicación comercial de mercados globales a mercados locales es uno de los pasos que se requieren para disminuir la HC, al igual que la inversión en tecnología de producción e incorporación de prácticas que permitan la adaptación y mitigación de las emisiones de GEI, junto a la implementación de políticas eficaces de la venta de carbono a escala local, nacional y mundial (IDEAM et al., 2022; Organización Mundial del Comercio [OMC], 2022; Sousa et al., 2018).
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios Obra: Ganado bovino localizado en el municipio de Santa Isabel, Tolima (Colombia). Obra: Vista paisajística desde la vereda Vallecitos municipio de Santa Isabel, Tolima (Colombia).
Obra: Ganado bovino en el municipio de Ibagué, Tolima (Colombia). Estas fotografías son ilustrativas y fueron tomadas por uno de los autores (Erika Sierra Ramírez, 2020).
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Capítulo 2.
Métodos para la estimación de la huella de carbono (HC) en el sector agropecuario
2.1 Introducción
L a estimación de la HC requiere los registros de la participación sectorial de las emisiones de GEI y las absorciones (IPCC, 2006; Marín, 2016). En Colombia, el sector agropecuario impacta de manera significativa, seguido del sector energía, residuos y actividades industriales (Contraloría General de la República, 2020; IDEAM, 2016; IDEAM et al., 2022), aunque las absorciones de CO2 en ecosistemas terrestres también se dan en tierras forestales, cultivos y una mínima parte en pastizales (IDEAM, 2016; IDEAM et al., 2022). Un primer paso para lograr una reducción cuantificable de las emisiones es la estimación de la HC de manera periódica (Awanthi y Navaratne, 2018), donde se plasmen ideas claras y se informe a las comunidades campesinas y el sector agroindustrial, las medidas a priorizar de las estrategias frente al cambio climático (FAO, 2019b). Por ende, el monitoreo, el mejoramiento continuo, la comunicación y cooperación en el marco de la Política Nacional del Cambio Climático (PNCC), las Contribuciones Determinadas a nivel Nacional (NDC, sigla en inglés) y el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) denotan el avance para revertir el impacto de las actividades humanas sobre el ambiente (Awanthi y Navaratne, 2018; IDEAM et al., 2016; IDEAM et al., 2018). La combinación de las emisiones de GEI y las absorciones de carbono muestran el balance de carbono o el impacto de los GEI de un producto, servicio o actividad agropecuaria (Castrofino, 2020).
El abordaje de los métodos de la HC permite aclarar dudas, contrastar la información registrada en otras investigaciones, así como la priorización de los componentes o actividades que logren altos beneficios de mitigación y gestión efectiva del uso de la tierra en los territorios (Espíndola y Valderrama, 2012; 2018). Los resultados de la estimación de la HC deben evidenciar el total de las emisiones, al igual que la cuantificación de la HC por unidad de producción y por práctica agrícola o pecuaria (Bajan y Mrówczynska-Kamińska, 2020). El presente capítulo permite mostrar la importancia de la HC al definir los límites del inventario, las estrategias del procesamiento de la información, incluidas las especificaciones técnicas internacionales, los métodos existentes para el cálculo de la HC en el sector agropecuario. En este capítulo se entregan
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios las explicaciones detalladas de los cálculos para estimar las emisiones de GEI, enfatizando en el uso de instrumentos de información primaria como lo son las encuestas semiestructuradas, la estimación del almacenamiento y la fijación de carbono en biomasa, bajo la estructura y lógica contable de las directrices del IPCC (2006) para la elaboración de inventarios de GEI.
2.2 Directrices y estándares internacionales
Dada la necesidad de aplicar el indicador de HC, se han generado múltiples interpretaciones de su definición y, a su vez, la creación de varias metodologías a nivel internacional. Estas metodologías, gracias a su difusión, son consideradas como estándares, las cuales enfatizan en definir muy bien el límite del inventario y el alcance (Peñaranda et al., 2022).
2.2.1 Definición del límite de inventario
La estimación de la HC requiere, inicialmente, que cada empresa, finca, municipio o departamento defina el límite del análisis según el alcance deseado para el cálculo, lo cual incluye la identificación del área geográfica y el periodo de tiempo (Grewer et al., 2016; World Resorces Institute et al., 2014). Por otro lado, el límite sectorial define los niveles productivos como el institucional, transporte, industrial, agropecuario, residuos o usos del suelo, cambios de uso de suelo y silvicultura (IDEAM et al., 2016; IPCC, 2006; Páez et al., 2018).
2.2.2 Alcance
Existen dos estrategias de procesamiento de información, el arquetipo de abajo hacia arriba “bottom-up” y el arquetipo de arriba hacia abajo “topdow” (IPCC, 2007; Wiedmann, 2009; Wiedmann y Minx, 2007). Espíndola y Valderrama (2018) explican que el enfoque de abajo hacia arriba, parte de un análisis específico de la magnitud de las unidades de muestreo, y al extrapolarlas permite obtener una magnitud global de la HC (Figura 3a). En cambio, el enfoque de arriba hacia abajo, parte de una visión amplia en un contexto global que desciende hasta llegar a un punto concreto, como por ejemplo la empresa, la finca o el hogar tomados como objetos de estudio (Figura 3b). Se suma también el enfoque híbrido del ciclo de vida “Hybrid ACV”, el cual recopila el enfoque de abajo hacia arriba como el enfoque de arriba hacia abajo, siendo en la actualidad objeto de debate (Bajan y Mrówczynska-Kamińska, 2020).
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Figura 3 Detalles de los enfoques para analizar las emisiones y la huella de carbono en sistemas agropecuarios.
Fuente. Adaptado de Espíndola y Valderrama (2018).
Posteriormente, se identifican los GEI y las fuentes de emisión cubiertas por el inventario (Espíndola y Valderrama, 2018). Los GEI regulados corresponden a los de efecto directo: CO2, CH4, N2O, HFC, PFC, SF6 y NF3. Cada GEI presenta un Potencial de Calentamiento Global (PCG), cuyo valor es expuesto en el Quinto Informe de Evaluación del IPCC (2013). Finalmente, se recolectan los datos y se escogen los factores de emisión para calcular la HC e interpretar de forma detallada los resultados en cada sector (IPCC, 2006; Páez et al., 2018).
2.3 Metodologías para el cálculo de la HC
Actualmente, para la cuantificación de HC de empresas, organizaciones, servicios, procesos y productos se emplean varias metodologías propuestas por diferentes instituciones y autores: i) Balance de Carbono, ii) Especificaciones Públicas Disponibles (PAS 2050 y PAS 2060) y iii) Método Compuesto de las Cuentas Contables (Espíndola y Valderrama, 2018). Así mismo, se cuenta con las normas de la familia ISO 14060 de GEI (Organización Internacional de Normalización, 2018), el Protocolo Global para Inventarios de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero a Escala Comunitaria (GPC), como estándar de contabilidad y de reporte para las ciudades (World Resorces Institute et al., 2014), y las Directrices del IPCC para los inventarios nacionales de gases de efecto invernadero descritas en cinco guías en las categorías de energía, procesos
b. Alcances del enfoque de arriba hacia abajo
2. Electricidad adquirida.
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios industriales, agricultura, uso de la tierra, cambio de uso de la tierra y silvicultura, y residuos (IPCC, 2006).
Además, se destaca la creación de más de 31 calculadoras de HC
(Mulrow et al., 2019), entre estas: Global Footprint Network (https://
www.footprintcalculator.org/food1), WWF’s climate calculator (http:// www.climatecalculator.net/), Cool Climate (https://coolclimate.berkeley. edu/calculator), Carbon Footprint of the United Nations (https://offset. climateneutralnow.org/footprintcalc), las cuales detallan información a nivel per cápita de algunas emisiones del consumo de bienes y servicios, energía residencial, transporte, alimentos y bebidas (Andersson, 2020). A futuro, la fusión de las funciones de las calculadoras podría precisar la HC y, a su vez, ampliar la retención de conocimiento entre los usuarios, permitiendo mediciones complejas de aspectos económicos, sociales y ambientales en los territorios (Mulrow et al.,
2019).
2.4 Especificaciones técnicas
Las especificaciones técnicas internacionales son la pauta para conocer el impacto del consumo de productos en el cambio climático (Plassmann y Edwards- Jones, 2010). En particular, las especificaciones para la estimación de la HC en el sector agropecuario incluyen la estimación del almacenamiento de carbono en biomasa (Andrade et al., 2014c; Mäkelä y Valentine, 2020), de la fijación de carbono (Andrade e Ibrahim, 2003) y de las emisiones de GEI (Andrade et al., 2014b; 2014d; Segura y Andrade, 2008; Andrade et al., 2015 Canal y Andrade, 2019; Marín, 2016; Suárez y Patiño, 2018).
2.4.1 Especificaciones internacionales
A nivel internacional, se cuenta con la ISO 14067, y sus normas de HC de Productos, Cuantificación y Comunicación para su estimación con un nivel de especificación técnica (Espíndola y Valderrama, 2018). Sin embargo, estas normas no son de obligatoriedad y en la gran mayoría de productos se desconoce el impacto del consumo en el cambio climático (Plassmann y Edwards-Jones, 2010). En el mercado de carbono, comúnmente los estándares de certificación son exigidos por los compradores.
Gobiernos y empresarios de países como Alemania, Estados Unidos, Reino Unido, Japón, Francia y China han iniciado investigaciones de las estimaciones de la HC, al invertir e incluir el uso de energía, procesos industriales y uso de productos, agricultura, silvicultura y otros usos de la tierra y residuos, con el fin de disminuir el impacto ambiental de las actividades antropogénicas (Espíndola y Valderrama, 2018; Huang et al., 2019; IPCC, 2006; Usva et al., 2020; Wang et al., 2019; Zhang et al., 2017).
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura
2.4.2 Especificaciones para la estimación de la HC en el sector agropecuario
En la estimación de HC agropecuario, la mayoría de estudios incluyen las emisiones de CO2, CH4 y N2O. En particular, en la Tier 1 se incluye el consumo de combustibles fósiles, uso de fertilizantes, quema de residuos agrícolas, manejo de estiércol, fermentación entérica, consumo de refrigerantes y en a Tier 2 el consumo de energía eléctrica (Páez et al., 2018; Suárez y Patiño, 2018). Autores como Canal (2017), Guallasamin y Simón (2018), Lomerí (2020) Segura y Andrade (2012) Páez et al. (2018) afirman que en un sistema de producción agropecuaria, se cuantifican las emisiones de GEI derivadas de las actividades culturales de establecimiento y manejo y producción (de la cuna a la finca), así como los procesos de transformación, embalaje, transporte, distribución y consumidor (de la finca a la tumba).
Dichos sistemas de producción también pueden ser amigables con el ambiente al neutralizar las emisiones, mediante el almacenamiento y la fijación de carbono en la biomasa del componente leñoso o en el suelo (Andrade et al., 2014d; 2015; Marín et al., 2016; Segura y Andrade, 2012). Además, se suman las prácticas de transformación agrícola a través de enfoques inclusivos y multisectoriales que reducen las emisiones de GEI y, a su vez, construyen resiliencia y capacidad adaptativa frente al cambio climático (FAO, 2019b).
2.4.2.1 Estimación del almacenamiento de biomasa y carbono. La
biomasa almacenada se estima a través de ecuaciones alométricas de biomasa, las cuales se generan de manera o destructiva (Andrade et al., 2014c; IPCC, 2006; Mäkelä y Valentine, 2020; Segura y Kanninen, 2002).
Los métodos no destructivos implican el uso de ecuaciones matemáticas genéricas que se prueban con datos colectados en campo sin requerir el corte del árbol o leñosa perenne (Andrade et al., 2014). También, se puede estimar la biomasa mediante la creación de modelos no destructivos al realizar la medición de variables alométricas, en las leñosas perennes asociadas a los sistemas agrícolas y/o pecuarios (Díaz et al., 2016; Dobbs et al., 2011; MacFarlane et al., 2014; Mäkelä y Valentine, 2020; Tackenberg, 2007). Dependiendo de la estructura de la especie de leñosa perenne variarán las variables a tomar en campo. Finalmente, se aplican las ecuaciones matemáticas según la arquitectura de la especie (Andrade et al., 2014c; Díaz et al., 2016; MacFarlane et al., 2014; Mäkelä y Valentine, 2020; Tackenberg, 2007).
El muestreo destructivo implica el uso de mínimo 30 árboles, idealmente divididos equitativamente entre clases de tamaño diamétrico y la medición del árbol en pie (MacDickeen, 1997; Picard et al., 2012; Segura y Andrade, 2008). Posterior a la cosecha del árbol, se realiza la medición de volumen (cubicación) o biomasa (peso directo en árboles pequeños) (Segura y Andrade, 2008).
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios Los procedimientos para el desarrollo o construcción de modelos de biomasa en detalle se encuentran en las guías metodológicas (Andrade et al., 2014c; IPCC, 2005; Segura y Andrade, 2008; Tackenberg, 2007). La biomasa total se obtiene de sumar la biomasa arriba y abajo del suelo en cada cadena productiva, finalmente se multiplica por el valor default 0,47 como fracción de carbono (IPCC, 2006).
2.4.2.2 Estimación de la fijación de carbono. Las tasas de fijación
de carbono de un rastrojo, cultivo perenne, plantaciones u otras agrupaciones arbóreas se estiman al dividir el almacenamiento de carbono en la biomasa total entre la edad promedio de cada componente, asumiendo que al año 0 el almacenamiento es 0 (Ecuación 1).
En el caso de no tener certeza de la edad, ésta puede ser estimada por diferentes métodos (cualitativos y cuantitavos), entre los cualitativos se encuentra el conteo de anillos de crecimiento, anatomía de la madera e isótopos. Entre los métodos cuantitativos se aplican los modelos determinísticos (tiempos de paso y ecuaciones no lineales) y modelos estocásticos (proyecciones y probabilidades). Es posible también indagar al productor o administrador de la finca cuando disponen de la edad de los componentes leñosos perennes (Marín et al., 2016). La tasa de fijación también se puede obtener mediante el incremento del carbono sobre el tiempo, tal como los estudios de captura de carbono orgánico del suelo (COS) (Andrade e Ibrahim, 2003; FAO, 2017). Luego de obtener la fijación de carbono se multiplica por la constante de 3,67 para reportar las estimaciones en términos de CO2e (IPCC, 2006). En cultivos transitorios, la estimación de la HC no cuantifica el almacenamiento y fijación de carbono, ya que no alberga carbono representativo en su biomasa, debido al corto periodo de permanencia del carbono en la biomasa de los cultivos (Andrade et al., 2014c; Pérez-Piqueres et al., 2020).
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Ecuación 1. Andrade e Ibrahim (2003).
Donde:
FC = Fijación de carbono por proyecto (t C/ha/año) ACp= Almacenamiento de carbono por el proyecto (t C/ha) AClb= Almacenamiento de carbono en la línea de base (t C/ha) t = Edad del proyecto en años
2.4.2.3 Estimación de las emisiones de GEI. La estimación de la HC
requiere de la estimación de las emisiones de GEI provenientes de las actividades vinculadas a la producción y transformación de productos, en los cuales incluya el consumo de energía, IPPU, AFOLU y desechos sólidos (IDEAM et al., 2022;
IPCC, 2006).
Algunos autores han empleado la entrevista semiestructurada como instrumento de información primaria para estimar las emisiones de GEI (Segura y Andrade, 2012; Canal, 2017; Marín, 2016; Suárez y Patiño, 2018). En ellas se indaga a propietarios de los predios, administradores, dueños de maquinaria, operarios, vendedores de insumos y personal de apoyo que participa en las distintas fases de la cadena de producción y transformación de un producto, según el alcance establecido en el estudio y los niveles de precisión (Tier I, II, III) que se describen en las guías del IPCC (2006).
En la cadena de producción agrícola, independientemente del tipo de cultivo perenne o transitorio se registra la cantidad y periodicidad de productos utilizados en cada eslabón (Figura 4 y 5). Además, es importante incluir la cantidad de grano o producto cosechado, densidad de siembra, dosis, tipo de fertilizante (orgánicos e inorgánicos), número de aplicaciones de fertilizantes y concentración de nitrógeno (N) aplicada por área o por ciclo de cultivo, uso y tipo de combustibles empleados por hora (diésel, gasolina, gas natural vehicular), la duración de la labor en cada una de las etapas, así como el consumo de energía eléctrica (Andrade et al., 2014b; 2014d; Canal y Andrade, 2019; Marín, 2016; Segura y Andrade, 2012; Suárez y Patiño, 2018).
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios Figura 4 Estructura de la cadena de producción del café y cacao.
Fuente. Adaptado de Universidad Industrial de Santander (2017) y Chaves et al. (2009).
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Figura 5 Estructura de la cadena de producción de la caña de azúcar y arroz. Fuente. Adaptado de Araque-Cruz (2019) y Asociación Colombiana de Productores y Proveedores de Caña de Azúcar [PROCAÑA] (2020).
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios Además, en la estimación de las emisiones de GEI derivadas de la producción pecuaria (Figura 6), diferentes autores han indagado mediante la encuesta el uso y aplicación de fertilizantes nitrogenados, insumos internos o externos como concentrados de animales, otros agroquímicos, electricidad, combustibles fósiles utilizados en el manejo de los animales, transporte (tipo y cantidad de combustible) de operarios y el transporte del producto elaborado (carne, queso, leche y sus derivados) hasta su destino de venta (Arcos, 2016; Peri et al., 2020; Suárez y Patiño, 2018).
Figura 6 Generalidades de la huella de carbono bovina.
Fuente Adaptado de Pirlo et al. (2014).
En la actividad pecuaria, la emisión directa de los animales (de origen entérico) y la derivada del estiércol corresponde generalmente a CH4 y NO2 y varía según la especie y categoría a la que pertenece (Bonilla y Lemus, 2012). Por ende, previo a la estimación de las emisiones de GEI del sector pecuario, se debe preparar un listado completo de la población como el número de vacas lecheras, otros vacunos, búfalos, ovinos, caprinos, camellos, llamas, alpacas, ciervos, caballos, conejos, mulas y asnos, porcinos y aves de corral, las vacas lecheras y la producción lechera (IPCC, 2006). Según la población objeto de estudio, el inventario anual debe ser lo más detallado posible de acuerdo a las pautas que recomienda el IPCC (2006). La precisión de la estimación dependerá del nivel Leche Queso
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura de detalle que se elija (Tier I, II, III) y las características regionales y esto, a su vez, depende de la calidad y confiabilidad de la información registrada (Bonilla y Lemus, 2012).
En específico, el Tier I es el nivel más bajo y simple, al incluir las ecuaciones y factores de emisión por defecto del IPCC, los promedios de las emisiones a escala mundial o continental, basadas en suposiciones simplificadas y solo es utilizada cuando se carece de datos. El Tier II utiliza ecuaciones por defecto del IPCC, pero con factores de emisión específicos del país, con lo cual la incertidumbre de los datos es menor. Por último, el Tier III emplea métodos y ecuaciones específicos del país, así como los factores de emisión, esto permite realizar estimaciones más precisas, pero requiere demostrar que el enfoque es mejor que los niveles de Tier I y II (IPCC, 2006).
La información consignada en las encuestas se emplea para realizar un balance de energía, que evidencia la cantidad de emisiones generadas en el sector agropecuario al emplear factores de emisión generales (IPCC, 2006) o específicos para el país (Camargo et al., 2013), que al multiplicarlo por los datos de cada actividad, expresados en CO2e, dan como resultado la suma total de las emisiones de GEI del producto u organización que se esté estimando (Andrade et al., 2014a; 2014b; Awanthi y Navaratne, 2018; Canal y Andrade, 2019; FAO y GIZ, 2017; Marín, 2016; Suárez y Patiño, 2018; Viglizzo, 2010; Wang et al., 2019). Es importe resaltar que los factores de emisión de la energía eléctrica en Colombia están en constante actualización, por lo cual, se recomienda el uso de valores locales, vigentes al año de estudio (Tabla 2).
Tabla 2 Factores de emisión recomendados para América Latina en la estimación de emisiones en huella de carbono agropecuaria.
Uso Factor de emisión empleado Autor Energía eléctrica 0,16 kg CO2e/kWh XM (2020) Nitrógeno 0,01 kg N2O/kg N
IPCC
(2006)
Cal agrícola 0,12 kg C/kg Diésel 2,83 kg CO2e/l Gasolina 2,33 kg CO2e/l Fermentación entérica ganado vacuno Fermentación entérica otros vacunos
63 kg CH4 /cabeza/año
56 kg CH4 /cabeza/año
Nivel 1*
(IPCC, 2006)
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios La producción ganadera de bovinos trae consigo emisiones de CH4 provenientes de la fermentación entérica (FE) y emisiones de CH4 y NO2 resultante de la gestión de estiércol (GE) (IPCC, 2006). Por lo anterior, el análisis de las emisiones provenientes del sector ganadero requiere de una clasificación etaria de los animales. En el departamento del Tolima, los datos de estos animales se encuentran en el Registro Único de Vacunación (RUV) el cual es administrado por el Instituto Colombiano Agropecuario –ICA (DANE, 2023). La estimación del Tier I considera niveles de actividad y FE por cabeza, en este nivel se permite incluir vacas, toros y animales jóvenes para carne, considerando las características de cada animal para todo el hato bovino de cada sitio de estudio. En el Tier II, el FE se calcula a partir del consumo de energía neta para mantenimiento, actividad, crecimiento, gestación y lactación. En el Tier III, se determina el FE a través de metodologías de medición directa de la emisión de GEI (IPCC, 2006). El CH4 y N2O registrado se convierte a CO2e, según el potencial de calentamiento global (PCG) a 100 años (28 g CO2e/g CH4 y 265 g CO2e/g N2O), propuesta por el IPCC (2013). Las ecuaciones utilizadas para la estimación de emisiones de GEI del hato bovino, según la metodología del IPCC (2006), se describen a continuación:
• Fermentación entérica de una categoría de ganado en la ecuación 2. Ecuación 2.
Donde:
Emisiones = Emisiones de metano por fermentación entérica (Gg CH4/año) EF(T) = Factor de emisión para la población de ganado definida (kg CH4/cabeza/ año) N(T) = La cantidad de cabezas de la especie/categoría de ganado T = Especie/categoría ganado • Emisiones totales por fermentación entérica del ganado en la ecuación 3. Ecuación 3.
Entérica
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Donde:
Total CH4= Emisiones totales de CH4 por fermentación entérica. Gg. CH4/año Ei= Emisiones de las jth categorías y subcategorías de ganado. • Emisiones de CH4 de la gestión de estiércol en la ecuación 4. Ecuación 4.
Donde:
CH4estiércol = Emisiones de CH4 por la gestión del estiércol, para una población definida (Gg CH4/año).
ET (T) = Factor de emisión para la población de ganado definida (kg CH4/ cabeza/año).
• Emisiones directas de N2O de la gestión del estiércol en la ecuación 5. Ecuación 5.
Donde:
N2OD(mm) = emisiones directas de N2O de la gestión de estiércol (kg N2O/año). N(T) = cantidad de cabezas de ganado de la especie/categoría T Nex(T) = promedio anual de excreción de N por cabeza de la especie/categoría T (kg/animal/año).
MS(T,S) = fracción de la excreción total anual de N de cada especie/categoría de ganado T que se gestiona en el sistema de gestión del estiércol S en el país, sin dimensión.
EFa(S)= factor de emisión para emisiones directas de N2O de sistema de gestión del estiércol S en el país, kg N2O-N/kg N en el sistema de gestión del estiércol S. S = Sistema de gestión del estiércol
,
S
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios T = especie/categoría de ganado 44/28 = conversión de emisiones de (N2O-N)(mm) a emisiones de N2O(mm) La sumatoria de las emisiones de GEI estimadas en cada eslabón del cultivo o etapa de elaboración de un producto agropecuario, en un periodo de tiempo determinado, da como resultado las emisiones totales de GEI (Espíndola y Valderrama, 2018). Grewer et al. (2016) mencionan que al profundizar en la intensidad de las emisiones de GEI, los resultados se presentan por unidad de producción; por ejemplo, la estimación de las emisiones de GEI por hectárea o cabeza de ganado, dividido por el rendimiento anual efectivo (rendimiento anual menos poscosecha perdida). Por último, se realiza el balance de carbono, entre la tasa de fijación de carbono en biomasa total y las tasas de emisión de GEI en equivalentes a CO2, dentro de los límites y alcances establecidos previamente, por unidad de área y unidad de producción, dando como resultado una huella de carbono positiva o negativa (Canal y Andrade, 2019).
2.5 Comentarios finales
La estimación de la HC requiere del conocimiento previo de la cadena de producción, así como la definición de objetivos y alcances claros. Debido a que a mayor detalle de las actividades dentro de la cadena de producción agropecuaria, se pueden estimar cálculos más cercanos a la realidad, lo que permite la elaboración de estrategias de mitigación para minimizar los impactos de las emisiones de GEI.
Entender los métodos y especificaciones técnicas y las directrices para la elaboración de los inventarios de GEI del IPCC, sumado a la aplicación de los factores de emisión actuales en cada región, es indispensable a la hora de realizar estimaciones de las emisiones y absorciones de carbono. El manejo adecuado de esta información y técnicas permite incrementar la precisión en las estimaciones. Financiar el monitoreo de la HC agropecuaria en cada empresa, finca, municipio o departamento es un inicio para informar a la población de la afectación ambiental que producen las emisiones de GEI derivadas de actividades cotidianas. Adicionalmente, la periodicidad de las estimaciones permite evaluar el mejoramiento que se ha realizado a lo largo del tiempo para revertir las afectaciones al ambiente.
En la actualidad, el esfuerzo de investigadores y diferentes gobiernos de países desarrollados han avanzado en la creación de aplicaciones tecnológicas como las calculadoras en línea, donde las personas pueden cuantificar su HC. Se espera que en el futuro estas calculadoras sean más robustas al combinar diferentes funciones de acuerdo al contexto de cada territorio.
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Obra: Planta de zonas altas (2800 m) en el municipio de Santa Isabel, Tolima (Colombia). Obra: Ganado bovino localizado en el municipio de Ibagué, Tolima (Colombia). Obra: Liquen de zonas altas (2800 m) en el municipio de Santa Isabel, Tolima (Colombia). Estas fotografías son ilustrativas y fueron tomadas por uno de los autores (Erika Sierra Ramírez, 2020).
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Capítulo 3.
Experiencias en la estimación de la huella de carbono en el sector agropecuario
3.1 Introducción
L a HC agropecuaria comprende todos los GEI que se emiten durante el ciclo de vida al obtener un alimento o insumo, incluyendo la producción, el transporte, la elaboración, la distribución y el consumo, así como las emisiones que surgen de la eliminación de desechos. No obstante, durante la planeación de la estimación de la HC, el investigador debe dejar claro cuáles etapas evaluará, ya que las emisiones se van acumulando a medida que el producto completa su ciclo y varían de acuerdo con el tipo de cultivo y/o el sistema de producción de cada región (FAO, 2019a). De la misma forma, se deben dejar claros los límites temporales y espaciales de la estimación de la HC (Chen et al., 2020; Espíndola y Valderrama, 2018; Schneider y Samaniego, 2010). El sector agropecuario, aunado al cambio de uso de la tierra y la silvicultura, representa una cuarta parte del total de las emisiones de GEI de origen antropogénico; mientras que utiliza el 40% de las tierras del mundo. Se espera un aumento de la producción en países emergentes y en desarrollo por la disponibilidad de recursos, como América Latina o por la fuerte demanda, como ocurre en India y África, lo cual traerá consigo mayores emisiones, en razón de cambiar el uso de la tierra y el incremento del uso de fertilizantes sintéticos y la deforestación (OCDE y FAO, 2019). La HC en la pérdida y el desperdicio de alimentos en el planeta es mayor en los cereales y legumbres con más del 60%, seguido de raíces, tubérculos y cultivos oleaginosos con cerca del 20% y en menor cantidad las frutas y hortalizas, siendo América Latina y el Caribe una de las regiones con mayor contribución, antecedida por Asia central y meridional y América del Norte y Europa (FAO, 2019a).
Los países de América Latina y el Caribe tienen una participación importante en el total de emisiones derivadas de la agricultura, al ocupar entre
44 y 59% de sus áreas en tierras de cultivo. Se prevé un crecimiento en la
producción del 22% en los cultivos de la región, lo cual significa siete puntos por encima del promedio mundial y al 2028 la región representará más del 25% de las exportaciones mundiales. Esta proyección reta a inversionistas y políticos en el desarrollo de estrategias para producir de manera sostenible, al incorporar mejoras en el desempeño en materia ambiental, reducir la erosión del suelo, la deforestación y las emisiones. De la misma forma, otro reto es la ampliación de iniciativas exitosas para contrarrestar la pobreza extrema y los problemas de salud pública que se derivan del inequitativo acceso a los alimentos (OCDE y
FAO, 2019).
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios Las investigaciones en la estimación de la HC contribuyen con información valiosa a los avances que se tienen e incentiva la adopción de medidas de mitigación en los procesos de producción (Frohman y Olmos, 2013; Ordoñez, 2012; Zerón y Arias, 2019). Estos estudios también promueven cambios de hábitos de consumo que impulsen la demanda de productos y servicios con el mínimo impacto ambiental (Andersson, 2020).
La implementación de medidas para afrontar el cambio climático de forma resiliente en el sector agropecuario requiere modificaciones que reviertan la aceleración e intensificación de los procesos de desertificación, perdida de fuentes y cursos de agua, así como los impactos sobre la producción, salud humana, economía y la competitividad regional (IDEAM et al., 2015). Por lo anterior, se hace necesario indagar sobre el avance de la estimación de la HC agrícola y pecuaria a nivel internacional y nacional.
3.2 Avances de la estimación de la huella de carbono agropecuaria en el
mundo Desde 1997, bajo la firma del Protocolo de Kioto, surge a nivel internacional el primer manifiesto formal de plantear soluciones para frenar el cambio climático (Bajan y Mrówczynska-Kamińska, 2020). No obstante, los registros de las investigaciones sobre la HC en el sector agropecuario eran muy escasos en la década pasada, debido a que estos estudios fueron realizadas por organizaciones privadas y empresas de gran posición económica, mas no se caracterizaban por presentar una responsabilidad ambiental (Pandey et al., 2011). Actualmente, la comunidad internacional se centra en realizar esfuerzos para reducir las emisiones de GEI, bajo el Acuerdo de París que entró en vigor el 2016, a excepción de Irán, Turquía y Estados Unidos, que si bien son emisores significativos no son parte del acuerdo (Bajan y Mrówczynska-Kamińska, 2020). Los compromisos adquiridos por los países firmantes impulsan la elaboración de políticas nacionales, al igual que la estimación de las emisiones de GEI en diferentes sectores económicos (IDEAM et al., 2022). Entre estos, se encuentra el sector agropecuario, que requiere investigación de su HC, en diferentes escalas y cadenas de producción, como por ejemplo, en cultivos como el café (Usva et al., 2020), arroz, maíz, trigo, soya, caucho (Huang et al., 2019), al igual que en la cadena de producción porcina (Martínez, 2019) y bovina (Lizarralde, 2013; Robert et al., 2015). La estimación de la huella agrícola se ha realizado en diferentes continentes, pero en pocos productos (Tabla 3).
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Tabla 3 Resumen de algunas investigaciones sobre la huella de carbono agrícola en el mundo. # Cultivo Producto elaborado Huella de carbono Incluye País (Fuente) América
1
Aguacate Aguacate 5,47 kg CO2e/kg Producción y distribución México (Lomerí, 2020)
2
Apicultura Miel de abejas 0,11 kg CO2e/0,66 kg de miel Producción, procesamiento y distribución final Honduras (Fabián, 2019)
3
Banano Banano 78,6 t CO2e/ ha Producción, empaque y transporte al puerto Costa Rica (FAO y GIZ, 2017)
4
Café Grano de café verde 7,6 t CO2e/ ha Producción y transformación del café Costa Rica (Segura y Andrade, 2012)
5
Caña de azúcar Caña de azúcar 5,3 t CO2e /ha Preparación del suelo, cosecha y entrega a la industria Cuba (Gavilán y Reinoso, 2017)
6
Tabaco Tabaco seco 1614,1 kg CO2e/t Procesamiento industrial Brasil (Boettcher et al., 2020)
7
Rosas Rosa exportada 3,75 kg CO2e/kg Producción y distribución Ecuador (Guallasamin y Simón, 2018)
8
Tomate Tomate
20 kg CO2e
/kg Producción bajo invernadero y distribución Colombia (Cordero, 2017)
9
Maní Extracto de maní
1 kg CO2e
/kg Producción, procesamiento y transporte Argentina (Bongiovanni et al., 2016)
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios Europa
1
Plátano Plátano 21,3 t CO2e /ha Producción con SEFEL y comercialización España (Fanegada Medio Ambiente, 2018)
2
Papaya BH-65 Papaya 14,5 t CO2e /ha
3
Plátano mango aguacate Plátano, mango y aguacate 4,1 t CO2e /ha
4
Viñedos Botella de vino 0,79 kg CO2e/botella Producción y transformación Italia (Chiriaco et al.,
2019)
5
Café Litro de café 0,70 kg CO2 e/l Producción, transformación y consumo Finlandia (Usva et al.,
2020)
Asia
1
Yuca Almidón de yuca
115 kg
CO2e/t Procesamiento Tailandia y Vietnam (Tran et al., 2015)
2
Té Té 7,03 kg CO2 e/kg Producción, fase industrial, distribución, consumo y disposición Taiwán (Hu et al., 2019)
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura
3
Caucho Caucho 3,97 t CO2e / ha/año Producción China (Huang et al.,
2019)
4
Arroz Arroz 14,9 t CO2e ha/año
5
Maíz-trigo Maíz-trigo 4,05 t CO2e ha/año
6
Maíz-soja Maíz-soja 3,02 t CO2e ha/año
7
Maíz Maíz 5,77 t CO2e ha/año La HC pecuaria también se ha estimado en diferentes continentes y países del mundo (Tabla 4). Es de resaltar que las investigaciones mencionadas en las Tabla 3 y 4, tanto en la HC agrícola y pecuaria, sugieren que el cambio climático es una amenaza para la permanencia de la vida en el planeta (IPCC, 2023). Sin embargo, un gran número de países del mundo no cuentan con la estimación y el monitoreo de la HC, lo cual evidencia vacíos de información, así como falta de planeación y ejecución de estrategias para mitigar el cambio climático (Red Regional de Cambio Climático y Toma de Decisiones, 2020). Este panorama deja entrever la necesidad de invertir en ciencia, tecnología e innovación, especialmente en las cadenas de producción agropecuaria del país y el mundo.
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios Tabla 4 Resumen de algunas investigaciones sobre la huella de carbono pecuaria en algunos países del mundo.
# Sector Producto Huella de carbono Incluye País (fuente) Europa
1
Porcícola Carne de cerdo 3,47 kg CO2e/kg Producción, transporte y comercialización España (Martínez,
2019)
2
Búfalos Leche 3,75 kg CO2e/kg
LCGP
Producción
Italia (Pirlo et al., 2014)
3
Bovino Leche 1,72 kg CO2e/kg
LCGP
Alemania (Robert et al.,
2015)
América
1
Bovino Leche 0,99 kg CO2e/kg
LCGP
Producción Uruguay (Lizarralde,
2013)
2
Ovinos Carne 25,98 kg CO2e/ kg Producción, transporte y procesamiento industrial
Argentina (Peri et al.,
2020)
Lana fina 13,27 kg CO2e/ kg
3.3 Avances de la estimación de la huella de carbono agropecuaria en
Colombia En Colombia, el sector agropecuario se expande por más de 50 Mha, 5 Mha de las cuales son dedicadas a cultivos permanentes (60%), cultivos transitorios (33%) y cultivos forestales (7%). Así mismo, en 2,4 Mha de uso agrícola se emplea la mecanización, actividad que afecta de forma progresiva la funcionalidad del suelo, lo cual repercute en la calidad de los cultivos y su producción (Torres et al., 2017). La actividad agrícola es un contribuyente de las emisiones antropogénicas, por lo que su cuantificación es esencial para la identificación de prácticas más sustentable y que permitan un eficiente mejoramiento ambiental (Pandey y Agrawal, 2014).
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura
Las emisiones de GEI del sector agrícola del planeta ha aumentado
un 35% entre 1970 y 2010, al pasar de 4,2 a 5,7 Gt CO2e/año (Benbi, 2018). La estimación de las emisiones en Colombia por parte del sector forestal y agropecuario es de 87,2 Mt CO2e según el Inventario Nacional y Departamental de GEI (IDEAM et al., 2016). Sin embargo, las estadísticas que ha publicado el IDEAM en el país reportan las emisiones producidas por las actividades agrícolas, sin mostrar los datos provenientes de las etapas de producción ganadera (Vejarano, 2020). Estas emisiones se derivan de diversas actividades, tal como el uso de fertilizantes y combustibles derivados del petróleo para las operaciones de trabajo de campo y funcionamiento de maquinaria. Las emisiones directas de cambio de uso del suelo, así como las emisiones provenientes del suelo se han calculado de acuerdo con las directrices del IPCC (2006). La estimación de la HC en el mundo ha sido ampliamente usada a nivel empresarial. En Colombia, la HC se ha aplicado principalmente en entidades públicas del distrito capital, pero a nivel agropecuario son limitados los estudios
(Andrade et al., 2014; Andrade et al., 2015; Arias et al., 2018; Canal, 2017;
Castillo-Tabares et al., 2020; Cordero, 2017; Gutiérrez y Montoya, 2014; Marín, 2016; Rodríguez, 2013; Suárez y Patiño, 2018; Umaña, 2012; Vejarano, 2020). Esto representa una barrera en la toma de decisiones tanto políticas como técnicas, al igual que una baja gestión para abordar estrategias de mitigación y adaptación en el sector agropecuario.
3.3.1 Normatividad gestionada en Colombia
El origen de la política vigente en Colombia, encargada de prevenir y controlar las emisiones de GEI, inició en 1967 cuando el Ministerio de Salud se interesó en monitorear la calidad del aire. Esta red estaba compuesta por 25 estaciones, distribuidas en Barranquilla, Bogotá, Bucaramanga, Cali, Cartagena y Medellín (Daniels et al., 2007). Los resultados del monitoreo promovieron la formulación de la Ley 23 que expide el Código Nacional de los Recursos Naturales y Protección al Medio Ambiente reglamentado mediante el Decreto
2811 de 1974, cinco años más tarde la Ley 9 (1979) dicta mecanismos de control
y prevención para las fuentes de contaminación.
En la década de los 90, Colombia revolucionó con la nueva constitución donde el ambiente sano fue consagrado como un derecho y un deber (Constitución Política de Colombia, 1991). La carta política, junto con la normatividad nacional anterior, permitió promulgar la Ley 99 en 1993 (Congreso de la República de Colombia, 1993), la cual sentó los principios relacionados con el ambiente y el orden estructural institucional encargado de cumplir, formular y establecer la política ambiental direccionado hacia el desarrollo sostenible. En 1995, se
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios crea el Reglamento de Protección y Control de la Calidad del Aire, mediante el Decreto 948, el cual pauta, medidas preventivas, permisos y prohibiciones referentes a las emisiones, que dio origen a amplios cambios normativos en años posteriores. Dado los avances normativos, la partición y la aceptación de acuerdos internacionales, tal como la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), el Protocolo de Kioto (PK) y el Acuerdo de París (AP), el país se ha comprometido a aunar esfuerzos que contribuyan a la agenda del cambio climático (Ministerio de Relaciones Exteriores [Cancillería], 2023). Es de resaltar que esto ha sido un proceso de varias décadas, el cual se presenta en la Figura 7.
Años más tarde, se modificó el nivel permisible de emisión de fuentes móviles (Resolución 910 de 2008) y las normas y estándares admisibles de las fuentes fijas (Resolución 909 de 2008). Desde el 2010, se ha dictado de manera oficial la Política de Prevención y Control de la Calidad del Aire (PPCCA) (Minambiente, 2010). Adicionalmente, Colombia cuenta con la Ley 1931 (2018), por la cual se establecen directrices para la gestión del cambio climático, y se definen los instrumentos de planificación y gestión del cambio climático a nivel nacional. En estos, se destaca la Contribución Nacionalmente Determinada (NDC), la Estrategia Colombiana de Desarrollo Bajo en Carbono (ECDBC), el Plan Sectorial de Mitigación (Torres, 2020), la Política Nacional de Cambio Climático (PNCC), los Planes Integrales de Gestión del Cambio Climático Sectoriales (PIGCCS), Planes Integrales de Gestión del Cambio Climático Territoriales (PIGCCT), Planes de Desarrollo de las Entidades Territoriales y los Planes de Ordenamiento Territoriales, comunicaciones nacionales, inventarios de GEI y Reportes Bienales de Actualización (RBA) (IDEAM et al., 2018).
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Figura 7 Antecedentes que dieron origen a las políticas relacionadas con las emisiones de GEI en Colombia.
Nota. CMNUCC: Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, MDL: Mecanismos de Desarrollo Limpio, CC: Cambio Climático, CP: Constitución Política, D.C: Distrito Capital, CONAIRE: Comisión Técnica Nacional Intersectorial para la Prevención y Control de la Contaminación.
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios
3.3.1.1 Análisis de la normatividad gestionada. La normatividad
colombiana relacionada con las emisiones de GEI se incrementó durante la primera década del siglo XXI en comparación con la década de los años 90 del siglo anterior (Figura 7). Sin embargo, el análisis de la PPCCA junto con las demás políticas ambientales colombianas entre 2000 y 2010, realizado por Muñoz- Gaviria (2011), detalla que las falencias para hacer eficaz y eficiente la política ambiental radica en la débil planeación, institucionalidad y el bajo presupuesto nacional para el SINA. A la fecha, esto sigue sucediendo, puesto que la corrupción corroe al país y el Presupuesto General de la Nación para el 2021 del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Territorial fue de $334 mil millones, valor inferior a la inversión de otros sectores como Minas y Energía, Vivienda, Ciudad y Territorio, Defensa y Policía con $4,5; 2,3 y 1,3 billones, respectivamente (Decreto 2295 de 2023). Por ende, falta coherencia entre los compromisos internacionales asumidos, además el incumplir los retos ambientales, asignar bajo presupuesto y aplicar un modelo económico que impide la efectiva aplicación política. Esto evidencia la baja capacidad del país para priorizar el cuidado del aire y de los demás recursos naturales.
Pérez (2013), en su análisis del desarrollo de la política ambiental muestra falencias jurídicas, controles ineficientes y falta de conciencia de los diferentes sectores económicos referente a los impactos irreversibles de los ecosistemas, los cuales aceleran la insostenibilidad que se ha conducido en el país. De la misma forma, faltan sanciones rigurosas de estricto cumplimiento para los emisores de GEI derivados del almacenamiento de combustibles (Berrío-Monsalve et al., 2014). Otra debilidad es la discontinuidad vertical en la Política Nacional de la Calidad del Aire establecida entre las entidades públicas ambientales y los sectores para la implementación exitosa (University College London y Universidad de los Andes, 2013), además de la falta de validación y verificación de FE locales, junto con la incertidumbre de los parámetros incluidos en los inventarios (Rojas, 2015). Ruíz et al. (2015), en su crítica, afirman que el uso de tecnologías eficientes en el sector energético no ha tenido el impacto ambiental esperado, sino más bien un aumento del consumismo y, por ende, una mayor degradación ambiental denominado “efecto rebote o paradoja de Jevons”. Esta afirmación deja en evidencia que la política ambiental en Colombia se ha desarrollado de manera incipiente, comparada con la política económica, al medir el desarrollo económico y social con base en el capital acumulado, lo cual ha perpetuado el consumismo.
En la actualidad, la institución encargada de dar apoyo técnico al Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible es el IDEAM, que junto con otras instituciones públicas y privadas han expuesto el Inventario Nacional y
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Departamental de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero (IDEAM et al., 2016) y el Informe del Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero 1990-2018 y Carbono Negro 2010-2018 de Colombia (IDEAM et al., 2022). En los últimos 30 años, las emisiones de Colombia han pasado de 245 a 302,9 Mt CO2e entre 1990 y 2018, dichos resultados dan cuenta del aporte de los sectores económicos a la emisión de GEI y de la necesidad de implementar medidas que neutralicen el carbono (IDEAM et al., 2022).
El país cuenta con una serie de estrategias para gestionar el ambiente de manera sustentable (Figura 8). Dentro de estas, es de resaltar la Política de Crecimiento Verde, la cual contiene líneas de acción orientadas a la reconversión y el desarrollo de procesos productivos eficientes en el uso de los recursos, enfocado en actividades o procesos bajos en carbono, que fomenten la economía circular y el reverdecimiento del país entre 2018-2030. Sin embargo, no es de obligatoriedad dar cuenta de las emisiones en las empresas o del monitoreo continuo de la HC en los sectores económicos.
Figura 8 Políticas nacionales relacionadas con el cuidado ambiental y la producción agropecuaria en Colombia.
Fuente. Tomado de Minambiente (2023).
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios En el ámbito internacional, los reportes del IPCC (2018) derivan de un gran esfuerzo científico, que se ha compuesto de diferentes grupos de trabajo. El Grupo de Trabajo I se ocupa de los cambios en el sistema del clima y en el ciclo del carbono; el Grupo de Trabajo II se ocupa de los impactos pasados y futuros, la adaptación y la vulnerabilidad. Por último, el Grupo de Trabajo III brinda herramientas para mitigar las emisiones de GEI (IPCC, 2018). Estos lineamientos permiten compilar información en las Comunicaciones Nacionales de Cambio Climático, donde se sintetizan los avances del país en materia de vulnerabilidad, medidas de mitigación y adaptación, emisiones de GEI y acciones de educación, formación y sensibilización de públicos. Actualmente, se encuentra vigente la Tercera Comunicación que evidencia escenarios de cambio climático 2011-2100 para apoyar la toma de decisiones, sobre los potenciales efectos que pueden ocurrir en el país, de modo que se pueda anticipar a los posibles hechos y generar un accionar eficaz que permita la gestión de cambios sociales, ambientales, económicos y políticos en los territorios en contraposición a las proyecciones de futuros desfavorables (IDEAM et al., 2015).
A su vez, Colombia se convierte en el país número 14 en ratificar el Acuerdo de Escazú, el pasado 14 de noviembre de 2022 (Minambiente, 2022). El acuerdo involucra el acceso a la información, la participación pública y el acceso a la justicia en asuntos ambientales en América Latina y el Caribe (Organización de las Naciones Unidas [ONU] y Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL], 2020). La aplicación de este acuerdo es muy valiosa para investigar y dar a conocer a profundidad la información sobre los registros de la absorción de carbono y emisiones de GEI, lo cual permitirá el monitoreo, análisis y gestión de prácticas que logren la neutralidad o HC positiva.
3.4 Comentarios finales
Los avances que se han logrado en la estimación de la HC deja entrever la necesidad de invertir en ciencia, tecnología e innovación, en las cadenas de producción agropecuaria del mundo, hasta lograr una huella positiva. La protección y conservación de los recursos naturales deberían ser el norte en nuestras actividades, ya que hacen posible el desarrollo de la vida en el planeta. La política nacional y legal en materia ambiental, a lo largo del tiempo, ha permitido establecer la normatividad concerniente al control y la prevención de las emisiones de GEI, teniendo en cuenta los tratados internacionales y las investigaciones científicas que soportan las designaciones políticas. Sin embargo, es sabido que la investigación es base técnica para el planteamiento de la normatividad, pero el presupuesto destinado para el área ambiental es poco para generar conocimiento necesario que permita un manejo y conservación adecuado de los recursos naturales.
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Los intereses particulares de los tomadores de decisiones públicas afectan el patrimonio de los colombianos y de las generaciones venideras. Es un llamado para tomar conciencia y sentido de pertinencia por la riqueza natural del país. La visión del modelo económico del país es inversa a los planteamientos de la PPCCA. Con lo cual, el cumplimiento de las metas se ve seriamente afectado por la negligencia o más bien la incoherencia entre aceptar los compromisos internacionales, plantear la política e incumplir sus planteamientos mediante la acción anulada de vivir en armonía con la naturaleza.
Colombia cuenta con un arsenal de normas relacionadas con el cuidado ambiental que impulsan la ejecución de las estimaciones de la HC en los diferentes sectores económicos del país. Sin embargo, es necesaria la compilación, el análisis de datos y monitoreo de la HC agropecuaria para informar y recomendar medidas regionales que respalden políticas efectivas y toma de decisiones colectivas e individuales en la mitigación de las emisiones de GEI.
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios Obra: Reserva Natural Semillas de Agua, municipio de Cajamarca, Tolima (Colombia). Obra: Paisaje rural del municipio de Santa Isabel, Tolima (Colombia). Obra: Paisaje rural del municipio de Murillo, Tolima (Colombia). Estas fotografías son ilustrativas y fueron tomadas por uno de los autores (Erika Sierra Ramírez, 2020).
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Capítulo 4.
Estudios de caso: huella de carbono en productos agrícolas con énfasis en el departamento del Tolima
4.1 Introducción
E l manejo adecuado de las prácticas agrícolas es un objetivo central para la mitigación de GEI a gran escala, ya que las especies vegetales pueden almacenar carbono en el suelo y en la biomasa leñosa (Adewale et al., 2019). Adicionalmente, lo ideal es que aquellos sistemas de producción que mitigan el cambio climático también sean adecuados para la adaptación (Vallejo et al., 2016). La proyección de escenarios futuros del clima permite prever cuáles son los cultivos aptos en los territorios si se eleva la temperatura o se aumenta la precipitación a futuro. Estos resultados se deben interpretar de manera diferencial, sujetos a una planificación para garantizar la seguridad alimentaria y la competividad en la producción y transformación de productos amigables con el ambiente.
Esta sección está encaminada a la descripción del sector agrícola del departamento del Tolima y a los estudios de caso desarrollados para la estimación de la HC en los principales sistemas de uso del suelo, como café, arroz y cacao. Estos estudios se comparan con otras investigaciones a nivel de país. Además, se incentiva la gestión del mercado de carbono, el sello verde, la etiqueta ecológica y el buen uso de los recursos naturales, con el fin de minimizar los impactos negativos al ambiente y salud. Las investigaciones que sustenten buenas practicas agrícolas y den como resultado una huella positiva en cada una de las actividades, junto a la aplicación de estrategias de aprendizaje participativo, permitirán el fomento de actividades que mitiguen el cambio climático El análisis de las investigaciones sobre HC es necesario para evaluar la ampliación del alcance de las estimaciones, así como el monitoreo y la gestión de estrategias de mitigación. Esto en virtud de que la rigurosidad de los estudios brinda herramientas para tomar una decisión consiente de producir y transformar los alimentos al gestionar los territorios como patrimonio natural (Proclima, 2020). Está en juego la supervivencia de la vida en el planeta y depende de acciones individuales y colectivas que se realicen hoy. Por lo anterior, el objetivo de este capítulo fue evidenciar los estudios de caso que han estimado la HC en el sector agrícola, con énfasis en el departamento del Tolima.
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios
4.2 Características del sector agrícola en el departamento del Tolima
El departamento del Tolima está posicionado en la cordillera Central de los Andes colombianos, se extiende entre los 2°52’59” - 5°19’59” N y 74°24’18”
- 76°06’23” O (Corporación Autónoma Regional del Tolima [CORTOLIMA],
2016). Este departamento limita con Caldas, Huila, Cundinamarca, Cauca, Valle del Cauca, Quindío y Risaralda.
El Tolima cubre 23.582 km2, en el cual se distribuyen 47 municipios (ASOHOFRUCOL, 2006). La orografía del departamento permite una variación amplia de la temperatura con una media anual de más de 28ºC en el valle del Magdalena; mientras que valores cercanos a los 0ºC se evidencian en la vertiente oriental de la cordillera Central y en altitudes entre 2700 y 2800 m se registran promedios de 12ºC. Del mismo modo, la humedad media en el territorio tiene valores desde 65% hasta más del 85% y la precipitación media anual oscila entre
500 y 3000 mm en un ciclo bimodal con los máximos entre marzo-abril y octubre-
noviembre (CORTOLIMA, 2019).
En el año 2018, el Producto Interno Bruto (PIB) del departamento fue de $20,9 billones y representó casi el 2% del PIB nacional. Dentro de las 12 actividades económicas del Tolima, las de mayor contribución son: el comercio con el 18,3%, la administración pública y defensa con el 17,2% y en tercer lugar, la agricultura, ganadería, caza silvicultura y pesca con el 14,9% (DANE, 2022). El Tolima contribuyó con el 2% del PIB nacional en el 2022. Esto lo ubica en el puesto 11 dentro de los departamentos del país (DANE, 2022). La variedad de alimentos que existen en la región generan múltiples funciones en la sociedad (Figura 9). Los productos agrícolas se han clasificado de acuerdo con la periodicidad del cultivo, por ejemplo, los principales cultivos semestrales son arroz, maíz tecnificado, algodón, maíz, frijol, sorgo, tomate y arveja, además de la producción de hortalizas como cilantro, ahuyama, habichuela, zanahoria y cebolla junca (Gobernación del Tolima, 2021).
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Figura 9 Interconexión de los diferentes roles y funciones de la actividad agropecuaria. Fuente. Adaptado de Bernués (2018).
En los cultivos anuales del Tolima, se destaca la producción de arracacha, yuca, tabaco negro y lulo; mientras que los cultivos permanentes más dominantes son el café, cacao, aguacate, cachaco y frutales como mango, limón, naranja, guayaba, guanábana y mandarina. Por último, se encuentran los cultivos semipermanentes como plátano, caña para panela, banano, bananito, tomate de árbol, papaya y granadilla, destacándose en esta categoría también la producción de anón, flor de jamaica, maracuyá, uchuva, brevo, gulupa y toronja (Gobernación del Tolima, 2021).
En 26 municipios del departamento del Tolima no se mecaniza, debido a las altas pendientes del terreno. En contraste, cultivos como el arroz, que es producido en 22 municipios, emplean maquinaria agrícola como tractores, combinadas y aviones, herramientas que potencian el rendimiento de una o varias labores realizadas para la preparación del terreno, siembra, control de malezas y plagas como también, fertilización y recolección (Minagricultura, 2019b).
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios Algunos agricultores, dentro de las prácticas de manejo de los cultivos al terminar la cosecha dejan que se descomponga la paja o la retiran del suelo para el alimento de animales. De otro lado, otros agricultores realizan quemas in situ, dando como resultado la muerte de la entomofauna edáfica, se pierde la calidad del suelo y se generan emisiones de GEI, generando grandes alteraciones de la calidad ambiental que después de un periodo de tiempo se ve reflejado en la salud humana (Van Beek et al., 2010).
4.3 Estudios de HC agrícola con énfasis en el departamento del Tolima
La HC en el país se ha calculado en diferentes cultivos agrícolas mediante la diferencia entre la fijación de carbono en biomasa arriba y abajo del suelo de los árboles y arbustos (según el cultivo) y las emisiones de GEI generadas en las actividades involucradas en la producción y transformación del producto, siendo principalmente CO2 y N2O (Andrade et al., 2015; Arias et al., 2018; Canal y Andrade, 2019; Marín, 2016; Umaña, 2012), que luego son presentados en términos de CO2 equivalente por unidad de terreno y unidad de tiempo y por unidad de producto (IPCC, 2006). En el departamento del Tolima, se ha estimado la HC solo en algunos cultivos como el cacao en Rovira y Falan (Marín, 2016; Umaña, 2012), el café en el Líbano (Andrade et al., 2014b) plantaciones forestales, cacao y cultivos transitorios de arroz, algodón, maíz y otros (girasol, maracuyá y plátano) en el municipio de Armero Guayabal (Suárez y Patiño, 2018). Otras investigaciones referentes a la HC se han realizado en algunos departamentos del país como el Huila con estimaciones en el cultivo de arroz (Andrade et al., 2014) y café (Arias et al., 2018), en Boyacá y Santander con datos de cultivos de tomate (Cordero, 2017), Valle del Cauca con investigación en cultivos de caña de azúcar (Andrade et al., 2015) y en Cundinamarca, Gutiérrez y Montoya (2014) han indagado sobre la HC generada en un cultivo de flores de la Sabana de Bogotá (Cundinamarca). La descripción general del diseño de las investigaciones que han estimado la HC agrícola en el país se muestra en las Figura 10 y 11 según el tipo de cultivo (perenne o transitorio). Las especificaciones metodológicas de la HC se encuentran descritas en el Capítulo 2.
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Figura 10 Características de los estudios de huella de carbono en cultivos de café y cacao en el país.
Nota. PTM: Parcela Temporal de Muestreo; D: Diámetro del tronco a 15 cm o 30 cm del suelo de altura según el cultivo; ht: altura total (m); SAF: Sistemas Agroforestales; GEI: Gases de Efecto Invernadero; C: Carbono.
Figura 11 Características de los estudios de huella de carbono en algunos cultivos transitorios producidos en el país.
(Suárez y Patiño,
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios
4.4 Sistemas de producción agrícola a estudiar
4.4.1 Sistema de producción de cacao
El cacao (Theobroma cacao L.) es una planta de la familia Malvaceae, originaria de Sudamérica y domesticada en Mesoamérica. Su cultivo incluye las denominadas variedades criollas, forasteras y trinitarias, que se localizan en más de 50 países ubicados en África, América, Asia y Oceanía (Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura [IICA], 2017). La producción del cacao incluye diversos productos como el grano de cacao, licor, pasta, aceite, manteca y polvo de cacao, el chocolate de mesa y los confites a base de chocolate (Chaves et al., 2009).
4.4.1.1 Importancia de la cadena de producción del cultivo de
cacao. El cultivo del cacao tiene gran importancia económica, social, ambiental y cultural, en especial para los territorios donde se produce (IICA, 2017). El área sembrada en el departamento del Tolima, en el año 2019 fue de 11.740 ha, ocupando el séptimo lugar después de los departamentos de Santander, Antioquia, Nariño, Arauca, Norte de Santander y Huila (Federación Nacional de Cacaoteros [FEDECACAO], 2019). Sin embargo, tiene áreas aptas para sembrar 30.400 ha en cultivo del cacao. Entre los municipios, Chaparral, Ataco, Rioblanco, Cunday, Purificación y Melgar, representan el 73% de la superficie cultivada (Minagricultura, 2019b).
El Tolima junto al Huila, integran uno de los núcleos del país que requieren acciones de apoyo en el mejoramiento competitivo del cultivo de cacao. El departamento del Tolima no cuenta con una estructura sólida en el sector cacaotero, carece del eslabón de industrialización y los cultivadores presentan baja capacitación tecnológica. Adicionalmente, la falta de monitoreo y planes de disminución de metales pesados han impactado negativamente a los cacaoteros al verse rechazados algunos lotes de cacao en algunos mercados internacionales (FAO y ADR, 2019b).
4.4.1.2 Resultados recopilados y contraste con otros estudios en
la cadena de producción de cacao. La estimación de la HC en fincas del municipio de Falan (Tolima) permitió a Umaña (2012) identificar un balance positivo en monocultivo de cacao con 57,1 t CO2/ha/año, seguido de asociar cacao y aguacate con 42,4 t CO2/ha/año y en menor cantidad la combinación de aguacate y plátano con 16,5 t CO2/ha/año, lo cual refiere a captura neta de GEI. En cambio, en cultivo de cacao asociado con plátano el balance fue negativo (-2,3 t CO2/ha/año), indicando emisiones netas de GEI. Posteriormente, Marín (2016) estimó la HC en el cultivo en los municipios de Rovira y Falan (Tolima) e incluyó la fase de transformación del grano de cacao, dando un balance general
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura favorable con el medioambiente, al fijar una media neta de 36,5 kg CO2e/kg grano de cacao y 10,7 t CO2e/ha/año. Esto indica que es un cultivo que captura netamente GEI. En Ecuador, la HC media del cacao seco fue menor a los valores anteriores con 1,80 kg CO2e/kg de cacao exportado y su distribución porcentual en el 80% se da en la fase de cultivo, el valor restante integra la HC hallada en la postcosecha y distribución (Guallasamin y Simón, 2018). La diferencia de los valores hallados en Colombia (Tolima) y Ecuador están asociadas al incremento en la fijación de carbono cuando se integran árboles maderables a frutales como cítricos o aguacate, a diferencia de los monocultivos. Este aspecto es clave a la hora de diseñar y manejar sistemas de producción de cacao que capturen carbono atmosférico (Marín et al., 2016).
4.4.2 Sistema de producción de café
El café es una planta que pertenece a la familia Rubiaceae, originaria de Etiopia (África oriental), pero su cultivo se ha extendido en climas cálidos de los distintos continentes, convirtiendo su grano en uno de los productos que más se comercializa en el mundo. El arbusto o cafeto alcanza a medir hasta 12 m de altura y puede llegar a vivir 50 años. Comprende unas 70 especies, de estas 10 son de interes para la producción, siendo las más importantes Arábica y Robusta o Canephora (Echeverri et al., 2005).
4.4.2.1 Importancia de la cadena de producción del cultivo de
café. En Colombia, la producción de café provee divisas y además es una de las principales fuentes de ingresos en las zonas rurales (Echeverri et al., 2005). El territorio del Tolima es de cordillera en el 67% de su área, cuya principal actividad es la producción de café (FAO y ADR, 2019b). Este producto contribuye con el 12% de la producción nacional, lo cual le permite ocupar el tercer lugar del país y representar el 62% de las exportaciones. Los anteriores resultados se originan de una buena organización de las actividades gremiales, junto a la adopción tecnológica, que de la mano de los productores han logrado obtener la certificación de denominación de origen, siendo la cuarta zona del país en adquirirla (Pacheco y Lozada, 2022).
El avance de esta cadena de producción ha permitido aprovechar al máximo los subproductos que se generan en el proceso. Además, ha tenido alto impacto en la sociedad, al brindar más de 80.000 empleos directos y
180.000 indirectos que benefician a 60.000 familias distribuidas en 38 de los 42
municipios del departamento (FAO y ADR, 2019a; 2019b), con más de 61.608 productores reportados a la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia (FNC) (Minagricultura, 2019a).
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios
4.4.2.2 Resultados recopilados y contraste con otros estudios en la
cadena de producción de café. El cultivo de café asociado a C. alliodora, en el municipio de Líbano (Tolima) presentó una HC positiva al fijar mayor cantidad de carbono en su biomasa que las emisiones de GEI durante la producción y procesamiento del grano de café, lo que contrasta con los SAF con plátano y monocultivo siendo de 12,8 vs -3,0 vs -6,4 t CO2e/ha/año, respectivamente (Canal y Andrade, 2019). Así mismo, Arias et al. (2018) reportaron similares resultados en cuatro municipios del sur del Huila, donde por cada kilogramo de café pergamino seco producido se remueven 11,94 kg CO2e capturado y se emiten 2,17 kg CO2e a la atmósfera. Las actividades con mayores emisiones de GEI también fueron la fertilización nitrogenada y el consumo de combustibles empleados en el transporte y equipos motorizados para el control fitosanitario con 84 y 14%, respectivamente.
La información de HC registrada en los estudios del país están entre 5,0 y 17,6 t CO2e/ha/año, rango estimado también por Segura y Andrade (2012), en cadenas productivas de café en Costa Rica. Investigaciones recientes, como la realizada por Usva et al. (2020), muestran la importancia de evaluar los impactos de la HC, junto al uso del agua en todo el ciclo de vida del café. Los investigadores incluyeron países productores del continente americano y consumidores domésticos en Finlandia, con lo cual, estimaron una HC entre 0,27 a 0,70 kg CO2e/l de café, con variaciones en el impacto de la escasez del agua desde 0,002 hasta 0,27 m3e/l de café, hallando la mayor proporción de impactos en la etapa de cultivo en contraste con la etapa de consumo.
4.4.3 Sistema de producción de arroz
El cultivo de arroz es considerado el más importante del mundo, ya que cerca del 50% de su población incorpora este producto en su dieta. Colombia produce arroz bajo los sistemas de producción secano y riego, y ha sido el tercer cultivo de mayor importancia productiva en las últimas tres décadas, debido al área cultivada, volumen de producción y generación de empleo (Chica et al.,
2016).
4.4.3.1 Importancia de la cadena de producción del arroz. La
producción del grano de arroz ha estado en ascenso durante décadas. Entre 1960 y 2000, la producción de arroz se ha duplicado, alcanzando 2 Gt, producto de variedades mejoradas, uso de fertilizantes, plaguicidas y tecnologías de alto rendimiento que trae consigo el incremento de la demanda de productos agrícolas, la cual se espera además que se duplique para el año 2050 (Benbi, 2018).
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Los municipios del Tolima que hacen parte de la región arrocera del centro del país son: El Espinal, Suárez, Guamo, Saldaña, Purificación, Prado, Natagaima, Ibagué, San Luis, Venadillo, Alvarado, Lérida y Armero, los cuales contribuyen a la producción del tercer cultivo más grande del país, luego del café y la caña de azúcar (FEDEARROZ, 2020) e involucran directa o indirectamente el ingreso de más del 66% de la población de estos municipios (FAO y ADR, 2019a).
FEDEARROZ (2020) describe los procesos de la cadena de valor del arroz, en el cual se integra la selección de insumos, propagación, siembra y cultivo, cosecha y procesamiento agrícola, transporte, fabricación y, por último, la comercialización y el consumo. La organización de los productores y la calidad de los suelos para la producción de arroz tecnificado en el departamento, suma al posicionamiento del cultivo en el tercer puesto nacional con una participación del 30,5%, aportado por 23 de los 32 departamentos del país (FAO y ADR, 2019a).
4.4.3.2 Resultados recopilados y contraste con otros estudios en la
cadena de producción de arroz. Los estudios de HC del cultivo de arroz en el país son muy pocos. Andrade et al. (2014) encontraron en fincas del municipio de Campoalegre (Huila) emisiones de 1,98 t CO2e/ha/año. Así mismo, Suárez y Patiño (2018) estimaron que la HC de arroz en una granja del municipio de Armero Guayabal (Tolima) fue de 1,8 t CO2e/ha/año, seguido de otros cultivos transitorios como el algodón y el maíz con 1,02 y 0,9 t CO2e/ha/año, respectivamente. Ensayos experimentales realizados por Sun et al. (2019) durante dos años en China, evidencian una menor HC en sistemas agrícolas en rotación de maízarroz con 1,67 kg CO2e/kg, en contraste con otros sistemas como maíz-maíz, arroz-arroz o rotación de arroz-maíz que pueden alcanzar hasta 2,49 kg CO2e/kg. Los autores de este estudio sugieren considerar los patrones de cultivo o incluso la secuencia de cultivos en rotación para seleccionar aquella que genere las más bajas emisiones. Otra investigación en cultivos transitorios busca sistemas de producción sustentable que además usen la energía de manera eficiente, reflejada en la disminución de la HC. Como ejemplo, Jat et al. (2019) encontraron en una granja de Nueva Delhi (India) que la combinación de maíz, mostaza y frijol mungo es un poco más rentable y sustentable que la combinación de maíz, trigo y frijol mungo, además sustentan la ventaja de emplear camas permanentes de residuos para aumentar la productividad del sistema.
4.4.4 Sistema de producción de caña de azúcar
El cultivo de caña de azúcar (Saccharum officinarum L.) se desarrolla principalmente en zonas de temperaturas cálidas entre los 700 a los 2000 m de altura. La producción artesanal de caña de azúcar se encuentra en Cundinamarca,
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios Nariño, Antioquia, eje cafetero y Norte de Santander (Velásquez y Diago, 2017). En cambio, la producción industrial de 12 ingenios azucareros asociados a Asocaña, que representan el 99% de la producción de azúcar del país y las seis destilerías productoras de etanol están ubicadas a lo largo del valle geográfico del río Cauca, abarcando la siembra de caña de azúcar en el Valle del Cauca, Cauca, Risaralda, Caldas, Quindío y Meta (ASOCAÑA, 2020).
4.4.4.1 Importancia de la cadena de producción de caña de azúcar. Los principales destinos de exportación de la caña de azúcar en Colombia son: Ecuador, Haití, Estados Unidos, Chile y Perú con ventas totales de hasta 1,51 Mt (ASOCAÑA, 2020). A diferencia del cultivo de caña de azúcar, el cultivo de caña panelera difiere de la tecnología empleada y objetivo del proceso productivo (Figura 7), se realiza en áreas pequeñas, con prevalencia de mano de obra familiar. Se han reportado hasta 167.711 ha plantadas, de estas, 146.957 ha en edad productiva, de las cuales se obtuvo 990.908 t de panela, siendo Antioquia la de mayor participación (43%), seguido de Cundinamarca, Santander, Boyacá, Nariño y Huila con 10, 9, 8, 7 y 4%, respectivamente. Otros 14 departamentos, incluido el Tolima, representan tan solo el 4% de la producción del país (Dane,
2017).
4.4.4.2 Resultados recopilados y contraste con otros estudios en la
cadena de producción de caña. La producción de azúcar tiene una HC que emite aproximadamente 947 kg CO2e/ha/ciclo o 1,3 t CO2e/ha/año, con el principal aporte de los fertilizantes nitrogenados (73%), seguido del uso de combustibles fósiles y energía, con una contribución del 17 y 10%, respectivamente (Andrade et al., 2015). Similar resultado reportó Umaña (2012) al estimar una huella negativa de 1,3 t CO2e/ha CO2e/ha/año en monocultivo de caña de azúcar en el municipio de Falan (Tolima). En cambio, en Villa Clara (Cuba), Gavilán y Reinoso (2017) encontraron valores superiores en promedio de 5,32 t CO2e/ha/ año, la diferencia se atribuye a la metodología empleada con un mayor rigor de las actividades involucradas en la estimación como el consumo de recursos forestales, consumo de bienes intangibles y generación de desechos sólidos y peligrosos.
En la cadena de producción de panela, Benavides-Osorio (2019) estimó una HC de 180,99 t CO2e para el año 2018, en ocho paneleras de Ingapi (Ecuador), donde incluyó las emisiones del Tier I correspondiente a las emisiones directas generadas por fuentes fijas y móviles y en el alcance 2 incluyó las emisiones indirectas por el consumo de la electricidad, junto al inventario de consumo de plástico y papel. El Tier I (diésel, bagazo y gasolina) aportó el 98% de la HC. En Colombia, no se han registrado investigaciones que muestran la HC, por lo que es evidente la necesidad de profundizar en la elaboración de estudios en esta cadena de producción.
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura
4.4.4.3 Resultados registrados en otras cadenas de producción. En
Colombia se registran estudios de HC que involucran otros cultivos, tal como los que se describen a continuación:
• Cultivo de rosas: Gutiérrez y Montoya (2014) encontraron que la HC en un cultivo de flores, ubicado en la Sabana de Bogotá (Colombia) era negativa, al estar compuesta de solo 47,6 t CO2/año fijadas por la vegetación registrada en las fincas y de 28.774 t CO2e/año emitidas, siendo los cuartos fríos, los cultivos y vehículos contratados, factores causantes de las emisiones más significativas con 27.292; 716 y 656 t CO2e/año, respectivamente.
• Cultivo de maíz: Umaña (2012) estimó un balance negativo de 2,1 t CO2/ ha/año en el cultivo de maíz en Falan (Tolima), donde los fertilizantes nitrogenados, combustibles y enmiendas aportaron el 64, 22 y 14%, respectivamente. De igual manera, Suárez y Patiño (2018) reportaron 4,5 t CO2e/año de HC en Armero Guayabal (Tolima). En comparación con los resultados reportados por Huang et al. (2019) en China, la combinación de maíz y soja tienen una huella de 3,02 t CO2e/ha/año y valores superiores en cultivo de maíz combinado con trigo o solo maíz, los cuales emiten 4,05 y 5,77 t CO2e/ha/año, respectivamente. Sin embargo, Huang et al. (2019) recomiendan reportar las huellas de carbono en términos de producción económica, ya que por unidad de área se puede evidenciar una menor intensidad de uso de la tierra, lo cual resultaría en menores insumos agrícolas y, por ende, menos HC y si se calcula en términos de producción por unidad de cultivo, se acumula en rendimiento de diferentes cultivos, lo cual puede causar dificultades en sistemas complejos.
• Cultivo de tomate: la estimación de la HC realizada por Cordero (2017) en el cultivo de tomate, con diferentes tratamientos de fertilizantes, así como el cultivo de invernadero y a campo abierto presentó variaciones en cantidad de emisiones desde 20,6 a 36,0 kg CO2e/kg de tomate. • Cultivo de algodón: Suárez y Patiño (2018) estimaron un balance negativo de 5,1 t CO2/ha/año en Armero Guayabal (Tolima). • Aceite de palma: este producto hace parte del sector de palma, aceites y grasas vegetales. Moreno (2013) registró, para la empresa Guaicaramo S.A. en el departamento de Meta (Colombia), que se registró que las emisiones derivadas del proceso de extracción de aceites de palma y palmiste fue de 115.352 t CO2e/año. El 58% de estas proviene del sistema
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios de tratamiento de aguas residuales, en menos cantidad se encontró el aporte de las actividades de combustión y transporte con el 41 y 1%, respectivamente. En cambio, en Guatemala, la HC fue de 59.238 t CO2e/ año de las cuales el 51% corresponde a la aplicación de fertilizantes y enmiendas, 35% al consumo de combustibles fósiles, 9% al consumo de energía eléctrica y 4% al uso de ganado, donde se obtiene 0,147 t CO2e/t de aceite crudo de palma (GREPALMA, 2018). Sin embargo, en este último estudio no cuantificaron las emisiones de metano que se producen en las aguas residuales, lo cual puede incrementar la estimación (Grepalma, 2018). Adicionalmente, Grepalma (2018) cuantificó las emisiones producidas por la fermentación entérica de algunos animales empleados para transportar los frutos de palma.
• Almidón de yuca: en la fase de transformación de productos agrícolas, Tran et al. (2015) han desarrollado estudios sobre la HC del almidón de yuca en varios países como Tailandia, Vietnam y Colombia, los cuales emitieron 149, 93 y 105 kg CO2e/t de almidón al emplear tecnología a gran escala (Tailandia) y pequeña escala (Vietnam y Colombia). Las empresas que emplearon alta tecnología al hacer uso de las aguas residuales y de la demanda química de oxígeno produjo 101 m3 de biogás por tonelada de almidón, lo cual le permitió cubrir al 100% el proceso de secado del almidón y contribuir con 21% más de energía para otros procesos. Esta opción de mejora es un ejemplo al reducir la dependencia de la energía eléctrica y mitigar los problemas que causa la carencia de un sistema de tratamiento de aguas residuales, sumado a las prácticas de reciclado del agua que hace más eficiente su uso (Tran et al., 2015).
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura
4.5 Comentarios finales
El departamento del Tolima solo cuenta con estudios en algunos cultivos como café y cacao, plantaciones forestales y cultivos transitorios de arroz, algodón, maíz, girasol, maracuyá y plátano, con máximo dos estudios en cada tipo de cultivo. Esto evidencia la necesidad de incrementar investigaciones y políticas de monitoreo para conocer y alcanzar un mejoramiento continuo en cada municipio del departamento.
Los sistemas de producción de cultivos transitorios son emisores de GEI, a diferencia de cultivos perennes como el café que asociado a C. alliodora puede fijar cerca de 12,8 t CO2e/ha/año y el cultivo de cacao puede fijar una media neta de 10,7 t CO2e/ha/año. Estos valores positivos de HC reflejan que estos sistemas de producción son capturadores netos de GEI, lo cual demuestra su potencial contribución a la mitigación del cambio climático. Estos valores se podrían incrementar si se involucra una mayor cantidad de árboles maderables en los sistemas de producción.
Es necesario obtener estimaciones sobre la HC agrícola con mayor rigurosidad metodológica local y a escala espaciotemporal. Así mismo, brindar información sobre la HC como indicador de sostenibilidad de los sistemas de producción agropecuario, para tomar medidas que disminuyan la afectación al ambiente, la explotación intensiva y la transformación de los productos. Además, de divulgar información, realizar capacitaciones y acompañamiento técnico continuo a campesinos y el sector industrial.
Los alcances de la evaluación de la HC en el Tolima no cubren el análisis del ciclo de vida total del producto. Por ende, en futuras investigaciones es ideal la estimación de la HC total que involucre los procesos industriales de todos los productos que se originan en el departamento, donde se incluya también las emisiones de los desechos del consumidor final y la huella hídrica como indicador adicional del impacto ambiental que se genera.
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios Obra: Ganado bovino localizado en Ibagué, Tolima (Colombia). Obra: Ganado bovino localizado en Santa Isabel, Tolima (Colombia). Obra: Ganado bovino localizado en Ibagué, Tolima (Colombia). Estas fotografías son ilustrativas y fueron tomadas por uno de los autores (Erika Sierra Ramírez, 2020).
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Capítulo 5.
Estudios de caso: huella de carbono en el sector pecuario con énfasis en el departamento del Tolima
5.1 Introducción
L a cadena de producción pecuaria es un factor que contribuye al calentamiento global, por ende, se ha convertido en un componente crítico decisivo en la formación de políticas integradas por distintos actores (Ramírez et al., 2020). Los principales GEI en esta actividad son el CH4 y N2O (IPCC, 2006). La actividad ganadera contribuye con 7,1 Gt CO2e/año, que representa el 14,5% de las emisiones antropogénicas; 44% de las emisiones ganaderas provienen de CH4, el 29% del N2O y 27% de CO2 (Gerber et al., 2013). El CH4 se origina de la fermentación entérica y descomposición de la materia orgánica; el óxido nitroso deriva del contenido de N hallado en el estiércol y los fertilizantes orgánicos y químicos que se aplican al suelo para el mejoramiento de pasturas (Páez et al., 2018; Pirlo et al., 2014).
Desde el año 2012, han surgido múltiples intereses en diferentes partes del mundo, con el fin de mejorar el desempeño ambiental de las cadenas de suministro del ganado (vacuno, ovino, caprino, cerdos, pollos y búfalos). Esto inició con la cuantificación de las emisiones de GEI involucradas en la producción; luego entre el 2016 y 2018 empezó la inclusión en algunos países de estimar la huella hídrica, el flujo de nutrientes y la evaluación de impactos sobre la biodiversidad, el carbono del suelo y los efectos de los aditivos alimenticios sobre las emisiones de GEI (FAO, 2020). Sin embargo, el colapso ecológico continua y se evidencia su deterioro en el cambio climático, la baja calidad ambiental y la disminución de los recursos naturales, que cada día tienen mayor competencia y demanda (Contraloría General de la República, 2019).
En el ranking mundial, Colombia ocupa el doceavo lugar, en cuanto al tamaño del hato bovino, Estados Unidos, China y España son los principales productores del planeta (Martínez, 2019). A su vez, el país ocupa el quinto lugar de América y el cuarto en Latinoamérica en producción bovina (Federación Colombiana de Ganaderos [FEDEGÁN], 2018). El sector agropecuario brinda un aporte especial al Producto Interno Bruto (PIB) del país, llegando a contribuir en un 6%. Así mismo, la ganadería aporta el 21,8% del PIB agropecuario y el 48,7% del PIB pecuario, siendo esta la principal actividad agropecuaria del país que genera 810 mil empleos directos (FEDEGÁN, 2018).
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios Sumada la participación de otros países en América Latina y el Caribe, se demuestra la masificación de esta actividad que ha ejercido gran presión sobre los recursos naturales. Cerca del 70% de las áreas de pastoreo se encuentran en proceso de degradación y contribuyen en mayor medida al incremento de las emisiones de GEI con 1,9 Gt CO2e, en comparación con el sudeste asiático, sur de Asia y América del Norte, los cuales emiten 1,6; 1,5 y 0,6 Gt CO2e, respectivamente (FAO y AGROSAVIA, 2018). Adicional a las emisiones que genera la producción ganadera en Colombia, se destaca la afectación de los cuerpos de agua, originado por la tala de bosques y vegetación ribereña. Motivo por el cual, recomiendan el diseño de sistemas silvopastoriles para proteger las fuentes hídricas (Escobar-Pachajoa et al., 2019).
Gestionar una producción ganadera que permita la seguridad alimentaria, sin aumentar su impacto ambiental, requiere el diseño inteligente y sostenible de estrategias que brinden mejora en la eficiencia, junto al emprendimiento de pequeños productores y garantía de potenciar beneficios ambientales al establecer prácticas de adaptación y mitigación ante el cambio climático (FAO y AGROSAVIA, 2018). Por consiguiente, la adopción del cambio de producción es necesaria en Colombia, donde la actividad ganadera está distribuida en todas sus regiones, en todos los pisos térmicos y en todas las escalas de producción, las cuales incluye especialidades en cría, levante, ceba, lechería especializada y de doble propósito (FEDEGÁN, 2018). En este capítulo se describe la HC del sector pecuario en Colombia y algunos ejemplos exitosos con la implementación de sistemas silvopastoriles.
5.2 Sector pecuario en el departamento del Tolima
En el departamento del Tolima, la producción pecuaria que destaca es la actividad avícola, orientada a la producción de huevo, ya que para el 2016 superó los 3.952 huevos representando el 31% de la producción a nivel nacional. Se suma también la producción piscícola en criaderos y granjas (FAO y ADR, 2019b). La actividad porcina es poco representativa, siendo desarrollada solo por casos de emprendimiento aislados. En cambio, en el año 2017 la ganadería bovina registró 583.166 bovinos distribuidos en todo el territorio, pero al año
2016 representaron solo el 2% del hato nacional, ubicándose en el puesto 14
(FAO y ADR, 2019a). Datos recientes del Instituto Colombiano Agropecuario [ICA] (2020) muestra que esta cifra aún no supera el 3% de valor nacional de la producción bovina (Tabla 5).
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Tabla 5 Participación del departamento del Tolima a nivel nacional según el Censo Nacional Pecuario al año 2020.
Sector Pecuario Total de individuos a nivel nacional (M) Representación del Tolima (%) Bovinos
28,2
2,8
Porcinos
6,7
0,9
Aves
201,6
3,7
Búfalos
0,34
0,8
Equinos
1,6
7,4
Caprinos
1,0
0,2
Ovinos
1, 7
0,9
Fuente. Tomado de ICA (2020).
En la ganadería bovina del departamento del Tolima se destaca la participación de campesinos enfocados en la producción de carne y leche en un 43%, seguido del 29% dedicado a la cría. Por último, se encuentra la producción ganadera para carne y leche en un 19 y 8%, respectivamente (Minagricultura, 2019b). La oferta bovina es de 113 mil cabezas al año para sacrificio (Minagricultura, 2019b) y el Censo Pecuario Anual del año 2020 registra que los municipios con más de 30 mil cabezas de ganado son Chaparral, Ibagué, Ortega, Guamo, en cambio Palocabildo, Casabianca y Flandes cuentan con menos de 6 mil cabezas de ganado (ICA, 2020).
Erika Sierra Ramírez (2020) Obra: Producción ganadera de doble propósito en el municipio de Santa Isabel, Tolima (Colombia).
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios La producción de leche en el Tolima es de aproximadamente 179 Ml/año, siendo los municipios de Armero, Lérida, Mariquita, Chaparral, San Antonio, Rovira, Cunday, Flandes, Ibagué, Piedras, Villarica, Alpujarra, Suárez, Espinal, Anzoátegui y San Luis los de mayor producción. La producción de leche promedio en lechería especializada ronda los 11 l/vaca/día, en comparación con la lechería tradicional, cuyo promedio asciende a 6,5 l/vaca/día (Minagricultura, 2019b).
5.3 Estudios de huella de carbono en el sector pecuario en Colombia
5.3.1 Descripción general
En Colombia son escasos los estudios realizados de HC pecuario en el país (Castillo-Tabares et al., 2020). Sin embargo, se ha avanzado en la cooperación con algunos países de América Latina y el Caribe mediante la ejecución de proyectos. Por ejemplo, Perú y Colombia desarrollaron el proyecto de Ganadería Andina “Mejoramiento de los sistemas de producción animal con énfasis en la ganadería de leche en la Región Andina dentro del contexto de cambio climático”, financiado por FONTAGRO, donde se realizó un ensayo para la medición de metano entérico (tres en Perú y uno en Colombia) y dos ensayos para la medición de óxido nitroso (en Perú) (Haro et al., 2018). Rico (2021), analizó en Honduras, Guatemala, Uruguay, Costa Rica y Colombialos aspectos técnicos de las Medidas de Adaptación Nacionalmente Apropiadas (NAMA) de ganadería. En diferentes departamentos de Colombia, se registra las siguientes investigaciones en bovinos y porcinos:
• Rivera et al. (2015) estimaron la HC en zonas de altura, trópico seco bajo y zonas ácidas bajas, contrastando Sistemas Silvopastoriles Intensivos (SSPi) y Sistemas Convencionales (SC).
• Páez et al. (2018) estimaron la HC de 55 unidades productivas de ganadería bovina lechera en el municipio de Tunja (Boyacá). • En la Orinoquia colombiana, Ramírez et al. (2020) predijeron la HC en bovinos Brahman (Bos indicus), alimentado con pasturas de Brachiaria decumbens o una secuencia de sabana nativa y pastos de B. decumbens. • Rodríguez (2013) estimó la emisión de CH4 y N2O procedente de sistemas de producción porcina en confinamiento en Colombia.
En el departamento del Tolima, Arcos (2016) evaluó el aporte de los SSPi en la Hacienda El Chaco en el municipio de Piedras (Tolima). Suárez y Patiño (2018) estimaron la HC del Centro Universitario Regional del Norte (CURDN) de la Universidad del Tolima en Armero, Guayabal, en un área de 50 ha de
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura pastos mejorados, incluyendo Angleton y Kikuyo, destinadas para el crecimiento, producción y alimentación de los animales.
5.3.2 Metodologías usadas
Las emisiones provenientes de ganado y su estiércol se calculan de acuerdo con las directrices del IPCC (2006). Además, la HC de la producción de leche emplea la estandarización de resultados dada en kilogramos de leche corregida por grasa y proteína (LCGP), valor que depende del área geográfica (Páez et al., 2018). La HC en Colombia se ha enfatizado en el análisis de las emisiones de CH4 procedentes de la fermentación entérica (digestión ruminal) y el manejo de excretas (estiércol y orina). De igual forma, las emisiones de N2O derivadas de la aplicación de fertilizantes sintéticos en forrajes y pasturas, así como las emisiones de CO2 por el uso de insumos y combustibles para la preparación de pasturas y la utilización de energía eléctrica (Páez et al., 2018). Los estudios realizados en el país han empleado diferentes niveles de precisión, al usar dentro de la metodología, las especificaciones de Tier I (Ramírez et al., 2020; Rodríguez, 2013; Suárez y Patiño, 2018) y Tier II (Arcos, 2016; Rivera et al., 2015). Más detalles son ofrecidos en el Capítulo 2. La generación de futuros estudios con mayor precisión deberá alcanzar un nivel 3 (Tier III), es decir, la generación de factores de emisión locales validados, que permitan hacer proyecciones (IPCC, 2006).
5.3.3 Resultados recopilados y contraste con otros estudios en la cadena de
producción ganadera En el departamento del Tolima son pocos los estudios que cuantifiquen la HC en algún producto pecuario. Dentro de estos, Arcos (2016) evaluó el aporte de los Sistemas Silvopastoriles Intensivos (SSPi) en la Hacienda El Chaco, ubicada en el municipio de Piedras. Los resultados presentaron variaciones en la fijación de carbono desde 2,5 hasta 13,2 t/ha y emisiones de 249,5 t CO2e/año por fermentación entérica y gestión del estiércol del ganado. Las estimaciones generaron un balance positivo de 0,2 t CO2e/año y 1,3 t CO2e/año en ganado sin y con producción de leche, respectivamente. En contraste, Suárez y Patiño (2018) encontraron que los sistemas de producción pecuarios son emisores netos de estos gases con 2,8 t CO2e/ha/año, cuando los animales pastorean potreros sin árboles. Similares resultados en las emisiones de GEI encontró Páez et al. (2018) en Tunja (Boyacá), al obtener un rango amplio de HC desde 1,67 y 55,9 t CO2e en 55 fincas productoras de leche evaluadas En específico, la estimación de las emisiones estuvo entre 0,32 y 9,02 kg CO2e/l de leche, debido a las diferencias en la preparación de suelos y establecimiento de pasturas, así como el uso de fertilizantes y maquinaria especializada. En otro estudio, Rivera et al. (2015)
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios evaluaron tres SSPi en tres zonas contrastantes del país (zonas altas >2000 m; zonas ácidas y zonas secas), encontrando que los SSPi contribuyeron a una reducción del 15% en las emisiones.
En la Orinoquía colombiana, la HC en la fase de crecimiento de las novillas fue positivo debido al uso de pastos mejorados, asociados al pastoreo en sabanas nativas con 292 a -75 kg CO2/ha/año, a diferencia del uso pastos mejorados con -2416 a -9749 kg CO2/ha/año (Ramírez et al., 2020). Esto demuestra la importancia de los componentes leñosos en la HC. Adicionalmente, estos autores registraron que las emisiones en cada etapa de producción son dinámicamente heterogéneas y expresan los desafíos en la toma de decisiones de los agricultores al incorporar al valor productivo y consideraciones ambientales como el tamaño de los rebaños de ganado, las demandas de pastoreo, el uso de la tierra y el agua. En Ubaté (Cundinamarca), Gómez (2018) encontró que la media de HC dentro de las fincas fue de 1,43 kg CO2e/kg de LCGP, siendo la fermentación entérica y la gestión del estiércol en pastoreo las principales fuentes de emisión de GEI con 59 y 20%, respectivamente, lo cual representa el 79% de las emisiones de CH4. Similar resultado, estimó Robert et al. (2015) con 1,99 kg CO2e/kg de LCGP de ovinos en fincas ubicadas en Alemania. En cambio, en fincas del sur de Uruguay, Lizarralde (2013) estimó una HC menor con 0,99 kg CO2e/kg de LCGP e identificó que la alta producción de leche por vaca estaría asociada a un alto consumo por vaca y alta utilización de concentrado. De esta forma, la baja cantidad de reemplazos de vacas de ordeño al año permitió la emisión de menos emisiones de GEI por kilogramo de leche en comparación con los otros grupos de fincas estudiadas. En otro estudio realizado por Pirlo et al. (2014), hallaron una HC de 3,75 kg CO2e/kg de LCGP de búfalo en fincas ubicadas en Italia. López (2019) estimó la HC energética, generada en el proceso de pasteurización de una empresa de lácteos en Bogotá de 1857,24 kg CO2e durante el 2017 y 2018. Sin embargo, estos cálculos están sesgados, ya que emplearon un factor de emisión de energía eléctrica de España de 0,385 kg CO2e/kWh, más no de Colombia que para el año del estudio era de 0,130 kg CO2/kWh (Camargo et al., 2013). Por esta razón, se recomienda el uso y actualización de factores de emisión propios para el país.
Países de importante producción ganadera como España, han realizado valiosos aportes. Martínez (2019) estimó que la media de la HC en el ciclo de vida de la carne de cerdo blanco fue de 3471,3 g CO2e/kg de carne de cerdo comercializable. Así mismo, se encontró que los procesos con mayor impacto al incremento de la HC son: la producción agrícola de los piensos (alimentos constituidos por cereales, subproductos de maíz y trigo, leguminosas y
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura oleaginosas) consumidos por el animal, la emisión de N2O procedente del manejo de las excretas de los animales, como también el transporte de las materias primas, el consumo de electricidad y las emisiones de CH4 que producen los animales (Hospido et al., 2003).
En el sureste de la Patagonia (Argentina), Peri et al. (2020) estimaron la HC en ovinos, sus resultados evidenciaron variación entre 10,64 y 41,32 kg CO2e/ kg de carne de canal de cordero, el 90% corresponde a la etapa en la finca, el 1% en transporte y el 9% en el procesamiento de la carne. Estos autores reportaron, que la producción de lana de calidad fina generó entre 7,83 y 18,70 kg CO2e/ kg de producto, de la cual, el 88, 7 y 5% corresponden a emisiones en la finca, procesamiento y transporte, respectivamente.
Llevar a cabo estudios rigurosos en el sector pecuario del departamento del Tolima requiere de interdisciplinariedad profesional para el abordaje de aspectos ambientales, agropecuarios e industriales, al igual que la formación y capacitación del personal; por ejemplo la predicción y el mapeo de la HC y huella hídrica en cada municipio es posible usando datos geoespaciales (Peri et al., 2020), se suma también el uso tecnológico y científico para gestionar la eficiencia de la producción pecuaria (Pirlo et al., 2014).
Si bien, la percepción local de productores agropecuarios en la zona seca del norte del Tolima es mantener o incrementar árboles en sus fincas para potenciar los servicios ecosistémicos y adquirir mayores beneficios ambientales, económicos y culturales; es poca la educación ambiental, la participación comunitaria o las actividades que involucran la siembra de árboles en sus labores cotidianas (Sierra et al., 2017). Estos mismos autores indican que sumado a esto se encuentran las falencias en el cumplimiento normativo y en impulsar investigaciones demostrativas que den ejemplo de la funcionalidad arbórea en el sector agropecuario. Dada la carencia del desarrollo rural en el país, Osorio (2019) menciona que para llevar a cabo el Plan Estratégico de la Ganadería Colombiana, se debe adoptar una educación de calidad que permita la transferencia de tecnología, mejorar la infraestructura básica rural, consolidación de la institucionalidad pública en temas específicos como el saneamiento y la inocuidad de alimentos, además de la innovación empresarial, la formalidad y trazabilidad, así como la financiación y solidez de la cadena de producción en el departamento.
Efectuar una alternativa requiere la introducción de árboles y arbustos (sistemas silvopastoriles), los cuales amplían hábitats de biodiversidad, almacenan y fijan carbono, junto a una mejor provisión de servicios ecosistémicos (FAO, 2020). Así mismo, los resultados de Peri et al. (2020) evidencian la importancia de mantener pastizales en buenas condiciones ecológicas, puesto que al compararlo
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios con áreas sobrepastoreadas y ecológicamente degradadas genera menos HC en la producción de carne y lana de corderos.
En Colombia, las Medidas de Adaptación Nacionalmente Apropiadas (NAMA, por sus siglas en inglés) son recientes, entre ellas se encuentra NAMA ganadería y NAMA forestal que vinculan la restauración de bosques y sistemas silvopastoriles (Contraloría General de la República, 2019). Estas acciones están alineadas con las Estrategias de Desarrollo bajas en Emisiones (LEDS) y las Estrategias de Desarrollo Bajas en Emisiones y Resiliencias al Clima (Rico,
2021).
Estas adopciones impulsan a la producción eficiente y la conservación ambiental como patrimonio natural, al promocionar la producción orgánica y limpia, convirtiéndose en un reto del sector que exige responsabilidad social empresarial y del consumidor (Federación Colombiana de Ganaderos, 2018; Osorio, 2019). Una de las NAMA´s declaradas en el país tiene el objetivo de reducir las emisiones en la producción animal e incidir en las decisiones de los productores al cambiar el uso del suelo mediante acciones focalizadas en regiones. Sin embargo, es necesario que surtan las fases de implementación para lograr el objetivo propuesto (Rico, 2021).
5.4 Comentarios finales
En el departamento del Tolima, los escasos estudios de los SSPi presentaron una HC positivo de 0,2 y 1,3 t CO2e/año en ganado sin y con producción de leche, respectivamente. Evidenciando que el uso de sistemas silvopastoriles son una herramienta para mitigar las emisiones. Sin embargo, se requieren mayores esfuerzos para incrementar la información disponible de la HC proveniente de la producción pecuaria nacional para alcanzar la aproximación al Tier II y III como lo recomienda el IPCC (2006). Así mismo, el NAMA ganadería requiere de un sistema de monitoreo, reporte y verificación para la gestión de información. Fortalecer las capacidades institucionales, la adopción tecnológica y el ajuste de la alimentación animal es una necesidad del departamento para producir la misma cantidad de productos derivados de la explotación ganadera con un número reducido de individuos por unidad de área y, a su vez, se disminuyan las emisiones de esta importante cadena de producción en el Tolima. Esta intensificación de la producción podría reducir la HC por unidad de producto, aunque se incremente por unidad de área.
La efectividad para cumplir las metas como país es un desafío importante para tomadores de decisiones, la academia y el comercio, los cuales deben integrar estrategias de seguimiento de la HC a nivel local y regional, al igual que la difusión y discusión de las diversas opciones de mitigación que sean rentables y, a su vez, se gestione el territorio de forma sustentable.
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Obra: Ganado bovino del municipio de Ibagué, Tolima (Colombia). Obra: Paisaje de Santa Isabel, Tolima (Colombia). Obra: Ganado bovino del municipio de Ibagué, Tolima (Colombia). Estas fotografías son ilustrativas y fueron tomadas por uno de los autores (Erika Sierra Ramírez, 2020).
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Capítulo 6.
Avances y retos para la estimación de la huella de carbono en los sistemas de producción agropecuaria
6.1 Introducción
L a intensificación excesiva de los sistemas agropecuarios ha causado varios efectos sobre el ambiente, tal como la contaminación del agua, degradación y erosión del suelo, pérdida de biodiversidad y deforestación (FAO, 2019a). Estos impactos ambientales repercuten en la seguridad alimentaria y la sostenibilidad del planeta, dado que los efectos del cambio climático se evidencian en el aumento extremo de la temperatura y la precipitación, la emersión de nuevas plagas y enfermedades en los cultivos. Estos, finalmente, se reflejan en la disminución de la productividad agropecuaria (Andrade et al., 2013; Hu et al., 2019; Yadav et al., 2019).
Dar soluciones efectivas es un reto que requiere de la evaluación concienzuda de estudios y aplicación de prácticas agropecuarias que conserven la naturaleza como patrimonio no canjeable, ya que con el modelo actual de desarrollo, el crecimiento económico de los países en desarrollo está directamente relacionado con mayores emisiones de CO2 (Waheed et al., 2019). La finalidad de transformar este panorama incluye la producción de alimentos con un uso eficiente de los recursos (Hasler et al., 2015), concientización para disminuir el crecimiento poblacional (Jaiswal y Agrawal, 2020) y alentar a los productores a adoptar soluciones en diferentes contextos para reducir la HC (Van Beek et al., 2010) y, con ello, lograr el cumplimiento de los requisitos de certificación y etiquetado de la cadena de producción (Hasler et al., 2015). Este capítulo se centra en mostrar algunos de los avances y retos que se tienen en torno a la disminución de las emisiones de GEI y la neutralidad del carbono en el sector agropecuario, con especial énfasis en acciones encaminadas a la cooperación de entidades para la adopción de estrategias de mitigación del cambio climático que impulsen el desarrollo sostenible en el territorio tolimense.
6.2 Avances en la estimación de la huella de carbono
La Gobernación del Tolima, realizó un diagnóstico en el año 2019 de las 14 cadenas productivas más importantes del departamento (Minagricultura, 2019b): aguacate, algodón, arroz, frijol, café, cacao, caña panelera, cítricos, mango, maíz tecnificado, plátano, papa, ganadería y piscicultura. Posteriormente,
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios se identificó las cadenas agroindustriales de mayor desarrollo y de potencial comercialización en la región, seleccionando cultivos de: aguacate, algodón, arroz, cacao, café, cárnica – bovina, cítricos y forestal (Daza et al., 2020). Sin embargo, aún está pendiente la descripción exhaustiva de las operaciones realizadas en cada etapa, donde se visualicen los puntos críticos de las emisiones de carbono en el ciclo de vida de todos estos productos, para luego hacer una evaluación y diseño de estrategias que permitan una mínima huella y, con ello, aumentar la competitividad empresarial.
El Tolima solo cuenta con algunos productores de café pertenecientes a
asociaciones y cooperativas certificadas con el Sello FairTrade, el Programa
Coffee And Farmer Equity (C.A.F.E.) Practices (certificación propia de la Fundación Starbucks), la certificación 4C (Common Code for the Coffee Community) y el Sello Rainforest Alliance Certified otorgados por el compromiso con la protección del ambiente. Así mismo, la panela pulverizada de Oritá Alimentos Organicos S.A., ubicada en el municipio de Mariquita, cuenta con certificación orgánica para Latinoamérica y ecológica para Europa por el sello Ecocert de Francia (FAO y ADR, 2019b).
Los resultados recopilados de las diferentes investigaciones señaladas en los Capítulos 4 y 5 permiten evidenciar que la academia en el departamento del Tolima ha realizado esfuerzos para estimar la HC en algunos cultivos y la ganadería. Sin embargo, son pocos los estudios de caso y no existen restricciones y requerimientos que involucren la disminución de la HC.
6.3 Retos para la estimación de la huella de carbono en el departamento del
Tolima Las unidades productivas del departamento del Tolima tienen grandes retos para disminuir la HC, al requerir de los siguientes ítems: • Uso de buenas prácticas: las buenas prácticas y el incremento de la fijación de carbono en los sistemas de uso del suelo contribuyen con la mitigación de las emisiones. Es por esto que se recomienda el uso de Sistemas Agroforestales (SAF), que aunados a la producción agrícola o pecuaria, tienen el beneficio de almacenar carbono en su biomasa (Andrade et al., 2014a; 2014b; Arcos, 2016; Canal y Andrade, 2019). Además, se integran otros servicios ecosistémicos que dan soporte a nuevas interrelaciones funcionales entre la diversidad de especies de fauna y flora (Andrade et al., 2014b; Cotler et al., 2016). Estos, al ser implementados, potencia la conservación de especies y ecosistemas entre la matriz agropecuaria del departamento del Tolima.
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura El incremento de las tasas de secuestro de carbono en los suelos de uso agrícola depende de las prácticas aplicadas. Algunas medidas sugeridas por Andrade et al. (2013) son el no laboreo, laboreo reducido, manejo de estiércol y residuos de cosecha, compostaje, agricultura ecológica y rotación de cultivos. Además, el carbono incide en la formación y estabilización de agregados, los cuales conllevan a una mayor resistencia ante el impacto de la lluvia, mejora la tasa de infiltración y la capacidad de retención de agua, incrementa los microorganismos y el reciclaje de nutrientes (Cotler et al., 2cc016).
• Trabajo en equipo con proveedores: incluye el trabajo conjunto de todas las empresas que suministran los insumos, puesto que un insumo con alta HC en un eslabón del ciclo de vida del producto desencadena un efecto dominó. En este caso, la ineficiencia del cuidado ambiental de otros productos como concentrados o enmiendas se transfiere a la empresa o finca, provocando resultados indeseables en el balance del carbono (Viglizzo, 2010).
• Empleo de indicadores adicionales: un reto adicional a establecer es la vinculación de la HC con el agua, es decir, las etiquetas deben contener información precisa acerca de la HC y, además, indicar la cantidad de agua al año que ahorran los países importadores por tonelada de alimento que compran a países exportadores (Viglizzo, 2010). Dichos esfuerzos ayudarán a la región a mantener el acceso a mercados que innoven la producción con mejores prácticas, así como la oferta de productos agropecuarios de calidad y que contribuyen con el cuidado ambiental (Peri et al., 2020).
El estudio realizado por Usva et al. (2020) en el ciclo de vida del café permite reflexionar que los mayores impactos ambientales originados de la estimación de la HC y la escasez de agua se hospedan en los países exportadores como Colombia. En países consumidores de café como Finlandia, la HC depende de los factores de emisión y los tipos de energía que conforman la matríz energética de cada uno de ellos. Si bien Colombia ha avanzado en el tema, al proyectar la inversión para diversificar y aumentar la proporción de energía renovable, al 2018 contó con apenas el 1% de Fuentes No Convencionales de Energía Renovable (FNCER) contra el 68% de fuentes hidráulicas y un 31% de combustibles fósiles (Cámara Colombiana de Bienes y Servicios Petroleros, 2019). Es muy dispar la comparación de valores con los países desarrollados como Finlandia, donde el 79% de la electricidad es renovable o nuclear (Usva et al., 2020), por lo cual urge trabajar para el mejoramiento del sector energético en el país.
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios • Impulsar las certificaciones orgánicas y etiquetas verdes: dado el bajo número de certificaciones orgánicas y etiquetas ecológicas, se requiere impulsar el sector agropecuario e industrial para que los productos del departamento se caractericen por implementar buenas prácticas reflejadas en el mejoramiento ambiental y la disminución de las emisiones en la cadena de producción. Arias et al. (2018) y Lomerí (2020) puntualizan que existe consenso en los mercados internacionales en brindar diferentes beneficios a aquellos productos que den a conocer la HC (Figura 12).
La Comisión Europea ha expuesto la necesidad de informar al consumidor sobre la huella ecológica mediante la construcción de un mercado de productos ecológicos, que incluyan indicativos de un producto alimenticio y categorías de impacto como la HC, el agotamiento de la capa de ozono, ecotoxicidad, emisiones de material particulado, acidificación, eutrofización, falta de recursos y uso del suelo. Esta iniciativa ha incluido productos como el aceite de oliva, vino, cerveza y piensos para la producción animal (Litskas et al., 2020). Figura 12 Descripción de algunos beneficios que pueden adquirir los productores en mercados internacionales al indicar y disminuir su huella de carbono.
Fuente. Adaptado de Lomerí (2020).
Incursión
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura • Gestionar los negocios verdes: los negocios verdes se integran al cumplimiento del Consejo Nacional de Política Económica y Social [CONPES] 3934 (2018), dado que se establece como estrategia para la implementación de los ODS y es compromiso del país ante la OCDE. Como meta, Colombia se planteó la identificación de 12.630 negocios verdes a 2030 (CORTOLIMA, 2019). Dentro de la clasificación de los negocios verdes (Figura 13), a 2018, el departamento del Tolima reportó
48 iniciativas provenientes de bienes y servicios de la naturaleza y cinco
en la categoría de ecoproductos industriales, lo cual solo representa el 0,4% de las iniciativas iniciales para llegar al número de negocios definidos para el país (CORTOLIMA, 2019).
Figura 13 Clasificación de los negocios verdes.
Fuente. Adaptado de CORTOLIMA (2019).
• Ampliar el estudio y monitoreo de la HC: otra necesidad es el desarrollo de investigaciones de HC en todos los sistemas de producción de la región que involucren el diseño de modelos alométricos específicos para las especies arbóreas locales (Andrade et al., 2014c; Andrade y Segura, 2017; IPCC, 2006, Segura y Andrade, 2008). Así como la gestión de maquinaria y procesos que empleen con mayor eficiencia la energía o uso de combustibles más limpios (Andrade et al., 2013), junto a la evaluación completa de la HC en todos los procesos industriales y los desechos generados al final del ciclo de vida del producto (Espíndola y Valderrama, 2018).
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios
6.4 Cambios adicionales que requiere el sector agropecuario en Colombia
Se pueden apreciar problemáticas del sistema de producción y comercialización en el sector agropecuario, adicionales a la poca estimación de la HC. En particular, la oposición entre campesinos e industriales, junto a la flexibilidad normativa, altos costos de los insumos y el bajo apoyo al sector, son factores que generan la facilidad de la importación de productos e invitan a reemplazar la producción agropecuaria en Colombia por productos importados. Por ejemplo, a partir del año 2022 puede ingresar arroz sin límites desde Perú, después del 2026 desde Ecuador y posterior al 2029 de los Estados Unidos (Araque-Cruz, 2019).
Es necesario replantear la forma en que se ejecutan las actividades y la planeación territorial, con el fin de gestionar una logística verde o sustentable que permita el desarrollo de productos de calidad local y la distribución con transporte automotor de carga modernizado (Araque-Cruz, 2019; Departamento Nacional de Planeación [DNP], 2019). Además, la capacitación al productor, al empresario y al consumidor para disminuir las emisiones en el ciclo de vida de los productos, como también la valoración intrínseca y extrínseca de los recursos naturales con lo cual se gestione un crecimiento verde y se disminuya la pérdida boscosa y de diversidad de los ecosistemas en el departamento del Tolima. Se suma también la necesidad de evaluar y monitorear los impactos ambientales que causa la actividad ganadera a nivel nacional, regional y local, haciendo uso de la evaluación del ciclo de vida (LCA, por sus siglas en inglés) y empleando indicadores de Presión-Estado-Respuesta (PSR). Estos modelos aportan a la descripción del estado actual, los cambios que se han presentado y la respuesta social a las preocupaciones ambientales, con el fin de mitigar y/o revertir los impactos negativos o aportar a la conservación de los hábitats y la biodiversidad (FAO, 2020).
Se requiere entonces la gestión de programas agroambientales con acompañamiento profesional y construcción desde abajo de las prácticas ambientales a desarrollar en cada localidad, junto con la adopción de incentivos financieros específicos, capaces de incrementar la biodiversidad y la conectividad de hábitats funcionales con vinculación armónica entre las comunidades y la naturaleza, repensando maneras para disminuir la huella y valorar el ambiente natural en todas su formas, tamaños y colores (Cotler et al., 2016; Rinaudo, 2019).
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Erika Sierra Ramírez (2020) Obra: Pérdida de vegetación nativa o cambios de uso del suelo en el departamento del Tolima (Colombia).
Este proceso requiere del acompañamiento de las entidades competentes, dando solución a las presiones dinámicas que obstaculizan los procesos (Cotler et al., 2016). Sin embargo, Rinaudo (2019) afirma que dentro de las causas de fondo a modificar son las relaciones y lógicas de poder local que existen en cada región, sumado a la corrupción y el modelo económico extractivista que involucra a las entidades gubernamentales. Wiebe et al. (2019) mencionan que es clave el acceso a recursos, mercados, información y oportunidades, que dependen a su vez de la naturaleza y eficacia de las instituciones sociales, económicas y políticas, los instrumentos de política y los mecanismos financieros para crear un entorno propicio en el que los productores y consumidores tomen la decisión de reducir y llegar a neutralizar la HC.
Académicos e investigadores han expresado algunas formas de gestionar los recursos naturales en el Tolima (Andrade et al., 2013, 2014b; Canal y Andrade, 2019; Sierra et al., 2017). Sin embargo, no llegan en su totalidad a ser ejecutadas o evaluadas por la escasa voluntad política, la poca cooperación entre las partes y la baja masificación de prácticas amigables con el ambiente (Rinaudo, 2019). Sumado al bajo presupuesto para la ciencia, tecnología e innovación en el país, siendo en el año 2012 un valor de $425 miles de millones vs los $270 miles de millones designado en el año 2020, lo cual refleja la negativa inversión de la investigación en Colombia (Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación [Minciencias], 2020).
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios Urge la ética profesional, el uso eficiente de la información, la capacitación y los perfiles académicos acordes a las funciones delegadas de cada funcionario público (Rinaudo, 2019). Este último autor menciona que además del incremento del presupuesto e instrumentos financieros para efectuar un desarrollo sostenible, tangible en las comunidades, como también la articulación institucional, el apoyo de expertos y el aporte continuo a metas con rango amplio de tiempo donde se vinculen conceptos y métodos que logren superar las metas programadas en los territorios.
Rinaudo (2019), describe un diseño de portafolio de Soluciones Basadas en la Naturaleza (SBN) y gestión del cambio climático para Colombia. Este proceso requiere una transición hacia el cambio en las formas de vida, de consumo y de producción, con enfoques transversales como la Adaptación Basada en Ecosistemas (ABE), Adaptación Basada en Comunidades (ABC) y la Reducción de Riesgos de Desastres basada en ecosistemas (eco-RRD), que sin duda el éxito de la implementación está integrado por el diálogo de saberes, el diseño de sistemas de vida sostenible y resiliencia como la cogestión integrada del territorio.
Alcanzar la sostenibilidad ambiental en el departamento del Tolima con soluciones reales demanda la evaluación actual de las prácticas de manejo mediante el uso de indicadores, uno de ellos es la estimación de la HC (Espíndola y Valderrama, 2018). Este indicador, junto con estimación de la huella hídrica (Tran et al., 2015; Usva et al., 2020) y la evaluación de los impactos a la biodiversidad (FAO, 2020), brinda información de base que permite el mejoramiento continuo de la forma de producir, distribuir y consumir productos agropecuarios, al tiempo que se reduce la presión sobre los recursos naturales (The Environmental Conservation Trust of Uganda [ECOTRUST], 2020).
Rinaudo (2019) sustenta que los elementos enmarcados en una planeación e implementación de SBN debe integrar la cooperación de actores, el desarrollo del conocimiento conjunto, la adopción de herramientas tecnológicas, la creación de incentivos para el acceso a financiamiento y la participación colectiva, expresada en verdadera gobernanza y gobernabilidad territorial. La ejecución efectiva de SBN se puede lograr al involucrar perspectivas de mejora surgidas desde imaginarios innovadores que estén enlazados en redes multiescala, para repensar una armonización del marco normativo desde las necesidades locales, donde se implementen medidas que vayan más allá de los límites aceptables que fijan los organismos internacionales (Rinaudo, 2019). Un ejemplo de ello es la gestión que se está realizando en fincas de Uganda (ECOTRUST, 2020) y otros países de África subsahariana, al combinar el secuestro de carbono y mejoras en los medios de vida de las comunidades que preserven la biodiversidad (FAO, 2019b).
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura El anterior panorama muestra que el camino apenas inicia, y como grandes productores agropecuarios, el departamento puede aportar en gran medida en el cumplimiento de las metas, al potenciar el talento humano, planeación estratégica e inversión de recursos a largo plazo. El real negocio se evidenciará en la calidad y el auge de los negocios propuestos, mantenidos en el tiempo al igual que una mayor conservación y cuidado de la naturaleza, que solo puede tener éxito si se da una acción colectiva coordinada (Wiebe et al., 2019).
6.5 Comentarios finales
Analizar las investigaciones sobre HC que se han realizado en el departamento del Tolima, en contraste con otros estudios nacionales e internacionales, permite evidenciar los avances y retos para neutralizar el incremento de las emisiones de GEI en el sector agropecuario. Dentro de estas, se destaca la necesidad de implementar tecnologías, aunado con financiamiento, capacitación y acompañamiento a las cadenas de producción, en especial en el departamento del Tolima.
La disminución de la HC incentiva a la creación y el comercio de insumos etiquetados que garanticen el cuidado ambiental, lo cual es una oportunidad de innovación y emprendimiento empresarial de nuevos mercados que impacten la economía y la empleabilidad rezagada del departamento, como mecanismo de posicionamiento competitivo en el país ante la crisis causada por el Covid-19. La responsabilidad ambiental debe integrar tanto a los productores como a los consumidores, siendo ambos, impulsores de cambio para abordar el uso de buenas prácticas, el estudio y la validez de indicadores y la gestión para certificaciones orgánicas y negocios verdes. Para esto, el primer paso es educar y trabajar en equipo de forma coordinada con académicos, tomadores de decisión y el sector privado.
Establecer estrategias de mitigación y adaptación en el sector agropecuario, reduce las fuentes de GEI y, además, contribuye con el mejoramiento ambiental, al aumentar la biodiversidad que regula los ecosistemas del planeta. Estos, a su vez, regulan el clima y permiten que las comunidades estén menos vulnerables ante el cambio.
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Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura Glosario
ADR:
Agencia de Desarrollo Rural AGROSAVIA: Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria CO2:
Dióxido de carbono CEPAL: Comisión Económica para América Latina y el Caribe CH4:
Metano
DANE:
Departamento Administrativo Nacional de Estadística DNP: Departamento Nacional de Planeación
FAO:
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación FEDEARROZ: Federación Nacional de Arroceros FEDECACAO: Federación Nacional de Cacaoteros FEDEGÁN: Federación Colombiana de Ganaderos
GEI:
Gases de Efecto Invernadero GREPALMA: Gremial de Palmicultores de Guatemala
HFC:
Hidrofluorocarbonos
IDEAM:
Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios ICA: Instituto Colombiano Agropecuario IICA: Instituto Interamericano de Cooperación para la IPCC: Panel Internacional del Cambio Climático Minagricultura: Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural Minambiente: Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible Minciencias: Ministerio de Ciencia, Tecnologia e Innovación Minhacienda: Ministerio de Hacienda y Crédito Público NAMAs: Acciones Nacionalmente Apropiadas de Mitigar N2O:
Óxido nitroso NF3:
Trifluoruro de nitrógeno ONU: Organización de las Naciones Unidas
PFC:
Hidrocarburos perfluorados SBN: Soluciones Basadas en la Naturaleza SF6:
Hexafluoruro de azufre UNFPA: Gobierno de Colombia y Fondo de Población de las y la Agricultura Ambientales Naciones Unidas Agricultura
Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios Unidades del Sistema Internacional empleadas Kilogramo (kg): 1 kg = 1000 g Tonelada (t): 1 t = 1000 kg Gigagramo (Gg): 1 Gg = 109 g = 106 kg Gigatonelada (Gt): 1 Gt = 109 t = 1015 g Hectárea (ha): 1 ha = 10000 m2 Kilovatio hora (kWh): 1 kWh = 1000 Wh
Erika Sierra Ramírez - Hernán J. Andrade - Milena Segura
ISBN 978-958-509-036-1
Cita: Sierra Ramírez, Erika, Andrade, Hernán Jair, Segura, Milena (2024), Huella de carbono en sistemas de producción agropecuarios, Universidad del Tolima, p. N. https://repository.ut.edu.co/handle/001/3954