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Página 1 de 110A la deriva. Gestos liminares para un acercamiento poético
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A LA DERIVA

GESTOS LIMINARES PARA UN ACERCAMIENTO POÉTICO

Jimmy Alejandro Echeverri Ramírez

Asesor Mg. Jefferson Martínez Santa

Tesis de grado

Universidad Tecnológica de Pereira Facultad de Ciencias de la Educación Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana Pereira

2026

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Agradecimientos Para aquellos guerreros y guerreras que tienen su propósito claro: construir la realidad desde bellos poemas, levantar castillos fantásticos e indestructibles, bañados por la belleza.

Para quienes construyeron o me acompañaron en este camino.

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Índice Prólogo …………………………………………………………………………………... 5 Carta Inicial ……………………………………………………………………………… 6

Caída como método ……………………………………………………………... 9

País de la Pena de Hanni Ossot ………………………………………………… 12 Inefable ………………………………………………………………………………… 20 Liminar …………………………………………………………………………………. 22

Liminar: a la deriva …………………………………………………………….. 26 Gestos …………………………………………………………………………………... 28

Gestos: a la deriva …………………………………………………………….... 32 Acercamiento …………………………………………………………………………... 36

El vigilante ……………………………………………………………………... 43

Acercamiento: a la deriva ……………………………………………………… 48 Imaginación poética ……………………………………………………………………. 55 Las piedras ……………………………………………………………………... 61 Poemario de piedras ……………………………………………………………………. 62 Espacio para el sueño ………………………………………………………………….. 91 Melancolía ……………………………………………………………………………… 94 Bibliografía …………………………………………………………………………… 106

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Prólogo Este trabajo titulado A la deriva: Gestos liminares para un acercamiento poético obedece a la naturaleza de una investigación-creación, donde se crea una conversación con la poesía desde un lenguaje poético. La investigación se encamina a ahondar en el sentir frente al poema; las relaciones que se construyen entre la literatura y el mundo, aquellas resonancias que deja en nosotros como sujetos. Es por esto que esta investigación se ha enfocado en sostener y exhibir esas resonancias. Exponer la Viada 1 del poema que menciona Mario Montalbetti en términos poéticos.

Hay una búsqueda por traer a la palabra aquello que persiste después de una experiencia estética. La investigación surge a partir de la lectura del poema Del país de la pena de Hanni Ossott. En este poema se presenta una divagación en la pregunta de “¿Quién soy?”, la creación obedece a la naturaleza de la divagación. Perseguir una errancia dentro del mundo literario. Es por esto que el trabajo inicia con la siguiente frase:

“Terminé de leerlo y no pude hacer más que divagar. No pude analizarlo. Solo pude escribir desde adentro del silencio.

Lo que sigue es eso.”

Hace dos años cuando leí este poema, quedé con una sensación de un vacío persistente. Un vacío que no hubiera podido abordar en un análisis o un ensayo académico. Había un impulso allí, quise trabajar con esa sensación.

En el siguiente verso se encuentran unas comillas sutiles, sin referencia por ningún lado respecto a su origen: “¿Quién soy?... “¿La luz que ilumina esta verja, esta tierra?” 2 . Pasé por alto este signo de puntuación. Después de dos años de leerlo repetidamente, concluí que era un elemento estético, incluso la edición de mi poemario parecía haberlo naturalizado. Mucho tiempo después me encontraba leyendo Las Olas de Virginia Woolf, cuando de repente en la página 833

1 Mario Montalbetti. (2018). Sentido y ceguera del poema. Editorial Bisturí 10, 36. 2 Ossott, Hanni. 2004. Canto de penumbra. Reverso Ediciones, 85.

3 Virginia Woolf, Las Olas, traducción de Andrés Bosch, Oveja Negra, 1983, 83.

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de mi libro encuentro la cita. Exactamente esas palabras “¿Quién soy?... “¿La luz que ilumina esta verja, esta tierra?”. Fue un encuentro insólito, no tenía conocimiento de la relación entre Hanni Ossott y Virginia Woolf. Claro que en el poema Del país de la pena también se hace una alusión a Un cuarto propio. Sin embargo, la cita seguía en el aire. Esto me hizo imaginar la experiencia que tuvo Hanni Ossott frente a este soliloquio de Susan en Las Olas. La resonancia del “Quién soy” de Virginia Woolf creería que impulsó a Hanni Ossott a crear el poema que a su vez me llevaría a construir esta investigación-creación. En esta experiencia se concentra la intención de todo lo que conlleva este trabajo: exhibir cómo la poesía genera ecos que atraviesan diversos cuerpos, tiempos y voces. Virginia Woolf resonó en Hanni Ossott. Hanni Ossott resonó en mí. En lo literario persisten las resonancias.

Dicha resonancia traía consigo una idea de construcción bastante abstracta. De alguna manera definir mi experiencia frente al poema resultó en algo sumamente complicado, fue intentar traer a la palabra una experiencia personal. Es por esto, que decidí empezar con aquello que parece ser difícil de tocar, incluso con la palabra: lo insondable. Hay una apuesta por la honestidad, lo que no puede decirse pero insiste en ser, aquello que nace de una punción. Fue encontrarme a mí mismo habitando un lugar en el mundo, desde las palabras y el dibujo.

El dibujo viene junto a la escritura como una forma nacida del pulso, un gesto que intenta el tacto por encima de la explicación.

He dibujado en cuadernos, con la esperanza de encontrar las palabras fuera del alfabeto.

Dibujar, como escribir, ha sido la forma de habitar la superficie del mundo desde adentro. Desde un espacio propio. Orhan Pamuk en Recuerdos de Montañas lejanas habla del deseo de pintar como una intuición de un mundo lejano, paisajes sugeridos en sueños. Hay una visión allí de lo salvaje4. Esto también apela a una naturaleza de ensueño, el acercamiento y los silencios en torno al poema suscitan divisar aquello que está lejano.

4 Pamuk, Orhan. 2024. Recuerdos de Montañas Lejanas / Memories of Distant Mountains. N.p: Penguin Random House Grupo Editorial, 102.

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Los encuentros con lo lejano parecen devenir desde espacios abstractos, donde la divagación toma posesión del acto de leer, de escribir o dibujar. Es ello lo que interpela lo liminar que responde a las fronteras poco establecidas. María Zambrano en Filosofía y Poesía trae a colación la siguiente idea respecto al pensamiento del poeta: Tenía por lo pronto lo que ante sí, ante sus ojos, oídos y tacto, aparecía; tenía lo que miraba y escuchaba, lo que tocaba, pero también lo que aparecía en sus sueños, y sus propios fantasmas interiores mezclados en tal forma con los otros, con los que vagaban fuera, que juntos formaban un mundo abierto donde todo era posible. Los límites se alteraban de tal modo que acababa por no haberlos5 Aquí me propuse experimentar la divagación, construir desde esa no-margen. Habitar el espacio donde los límites se alteran hasta desaparecer, entre la vigilia y el sueño, entre el poema y quien lo lee. Ese espacio para el sueño es tomado por la errancia de un cuerpo sintiente, la palabra es tomada por un sentir más que por la razón. Hay una búsqueda allí por el sentido de la literatura y sobre todo de la palabra misma. Surge de esta manera, una frontera indómita para la imaginación poética.

A partir de esos espacios para el sueño y para la vigilia se configuran los momentos que posee la investigación-creación. Dónde el trayecto del sentir frente al poema apela a una luz clarificadora o una oscuridad introspectiva. Estos momentos se dirigen hacia la demostración y la exhibición de un acercamiento poético desde la divagación.

En estas páginas hay un enfrentamiento con el silencio, habitándolo. Ha tomado como suyo el espacio poético que surge entre el lector y el poeta, y el lector que se vuelve poeta. Es convivir con la errancia de un mundo que se creó a sí mismo. La invasión de un sentir que plagó al arte para hacerlo suyo, construir un sistema que apelara a esos momentos donde nos sentimos callados.

5 Zambrano Alarcón, María, and María Zambrano. 1996. Filosofía y poesía. N.p.: Fondo de Cultura Económica, 18.

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Carta inicial Terminé de leerlo y no pude hacer más que divagar. No pude analizarlo. Solo pude escribir desde adentro del silencio.

Lo que sigue es eso.

Convertí estas páginas en un diario personal, donde no busco respuestas. Solo deseo plasmar mi mente en algo y espero no buscar la aprobación en ello.

Y si alguien, allí, lee esto, espero que le sea placentero, que encuentre, de alguna manera, un reflejo de sí mismo.

He pensado mucho en este trabajo. No creo que sea por miedo al rechazo o la negación de la existencia de estas páginas como tesis, sino por una sensación vertiginosa, que me abarca por completo. En estas páginas hay un deseo de indagar el sentir en la literatura. No solo el mío: es la incitación por los sentires de todos. Le apuesto a la humanidad desde aquí, le apuesto al poema. Es la idealización de lo que deberían buscar las escuelas de humanidades.

Y trato de escribir, porque no se trata de ser suficiente, ni de convencer a nadie. Se trata únicamente de no traicionar aquello que existe en mí. Si esto no basta, entonces tal vez la salvación efectivamente, nunca estuvo aquí.

Amé la carrera profundamente. Sentí cada minuto y cada palabra. Y para mí, eso es lo importante.

Conocí a personas en el camino como jamás pensé hacerlo. Entre los pasillos y las novelas de cada semana. Aprendí a reírme de historias y llorar con la poesía, con el mundo entero a nuestro alrededor. La sensibilidad, aunque creo que me ha acompañado desde siempre —una mirada abarcante— terminó por acentuarse aquí.

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Jamás idealicé la literatura como un repertorio de intelectualismo, como un modo de llenar el ego en nombre del arte. La siento como el espíritu que posee al ser humano desde lo más íntimo. Siempre busqué expresar, en cada palabra, lo que la literatura me hacía sentir y lo llevé hasta el final de sus consecuencias.

Estoy aprendiendo a ver el mundo. Divisando sus bellezas y sus horrores, donde lo bello posee el horror. Y el horror posee lo bello.

como si lo blanco reuniera a lo negro como si lo negro reuniera a lo blanco 6 Estoy aprendiendo a ser sensible ante lo humano y lo natural. Sensible ante el dolor del otro. Sensible ante las guerras y el caos. Sensible ante la vida. Sensible ante la muerte. Sensible ante la luz.

Aunque… se siente como caer a un vacío:

Caída como método Más allá del vacío, cuando la neblina amparaba lo inmutable, se vio el reflejo de los guerreros que envainaban sus espadas frente a todo aquello que les resultaba aberrante. No sin antes besar sus filos y rezar a los cielos para que la muerte concedida fuese alivio, y para que el alma de los deshumanizados se llenara de pasión, de fiesta y de gozo. Que descansen allí donde las rosas son eternamente rojas. Con la garganta mutilada por pensamientos, los guerreros, fueron abarcados por el miedo, se encontraban en lo espantoso de poseer un lugar en este mundo.

Los guerreros tenían su propósito claro: construir la realidad con bellos poemas, levantar castillos fantásticos e indestructibles, bañados por la belleza. Castillos con amplios jardines y con el rocío brindando luz detallada a las flores donde se divisa la luna. Música por toda parte, poemas que cobijan las

6 Ossott, “Del país de la pena”, 85.

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almas, metáforas para una existencia. Una tibia corriente de aire que decore todo el entusiasmo por ser algo más en este bloque sin esperanza. Pero había flagelaciones contra ese Otro que terminaban por destruirlos. Se permutaron las sangres por el rocío; que fuera la luna quien juzgara a los desamparados por el velo de sus palabras, allí donde la gota cae y arde al instante.

Entonces un guerrero le temió a la enorme cumbre que posaba al frente de ellos. Decidió rodear el llanto del aislamiento y se internó en el vasto llano. No había almas allí. Se perdió entre la arena y jamás volvió. Yo, por mi parte, pisé y bebí del río, donde encontré el reflejo demacrado de alguien que me juzgaba. Caminé sobre las rocas, las montañas y los volcanes, hasta que pisé las posibilidades. Lloré los helechos y los pesares. Y caí, finalmente, agotado por la pena.

*** ¿Puedo hacer esto real?

¿Puedo llorar por la incertidumbre?

y es que he construido todo un esquema para explicarme,

para sentirme más real a través de las palabras, sentir real la punzada sentir real el silencio del poema ¿Le pasa a alguien allí afuera?

Puedo creer en algunas verdades, a veces quiero llegar al final, a veces quiero pisar algo, a veces quiero caer en algo lo que sea, aunque sea el llanto, o donde está la felicidad.

Eso.

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Para toda la vida.

¿Puedes creer que esto la vida cada vez se hace más real?

¿Tenemos que adaptarnos a ello?

*** Estoy intentando escoger las palabras correctas para provocar el acontecimiento de esto o de lo otro. Creo que hay una parte de mí que sigue pensando que esto no debería ser. Quiero creer que la literatura es libre.

A veces quisiera escoger palabras rimbombantes, demostrar que quien escribe esto no es un tonto. Pero he leído y escuchado tantas a lo largo de mi vida que siento que las olvido a propósito. Lo que sí recuerdo es cómo me he sentido. Guardo en mí cada poema, cada película, cada canción. A veces pienso que es el único discurso que sé manejar. Y… espero que no sea una decepción.

Lo único que puedo hacer es amar y ofrecerme ante mis objetos, otorgarle a mi mente un mundo propio.

Sospecho un pánico en mi garganta: a nadie podría interesar estas páginas. Pero aún así, hay que buscar algo en qué creer.

***

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Del país de la pena7 “” ¿Quién soy?. .. "¿La luz que ilumina esta verja, esta tierra?” ¿Soy los árboles y las plantas? ¿Acaso el mar? Soy colinas, riberas, agua bañada de luz Soy un cuerpo cansado de tanta errancia un cuerpo y un alma cansados del miedo Soy el temor.

Desde lo profundo y oscuro escucho y tiemblo Oigo lo profundo, lo oscuro, lo difícil las contradicciones, todos los polos opuestos las negruras, las blancuras, los intercambios como si lo blanco reuniera a lo negro como si lo negro reuniera a lo blanco ¿Quién soy?

Primero una pena, luego el soportar. Veo barcos, barcos múltiples que tocan mi orilla Veo una casa destrozada por el dolor, demasiado cercana. Los barcos relucen en la noche — veo sus banderas ellos son el arribo, la llegada mas no la cura de la más antigua herida. Veo barcos enfermos, antiguos, dolientes y adentro muletas, invalidez, desazón. ¿Quién soy?

El sol me quema, incendia mi piel, ilumina mis ojos Me vuelvo ardiente, soy ardiente respondo con amor a la canícula. Yo te he buscado para saber quién soy, y yo no sé quién soy La hojarasca me ha arrastrado Quizás para salvarme Mi cuerpo está cubierto por una alfombra vegetal la pelusa de las hojas me acaricia me he hundido en lo verde duermo, duermo, duermo

7 Ossott, “Del país de la pena”, 85

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para que todo pase, para que todo termine de pasar. Soy ahora el pájaro que enterré en el jardín duermo bajo la tierra para que todo pase quiero obviar el dolor y el horror. Olvido, olvido... Pienso, ya no es tiempo de la resaca cada ola me dicta una continuidad nos la dicta mi continuidad es una estación sutil, imperceptible a los apresurados.

Tú llegaste del país de la pena. ¿Adónde, adónde? El mar se abre en mí, vasto para lavarme, regarme poco a poco voy hacia él con respeto.

Y lejos veo los barcos barcos cargados de llanto, de indignación contenida barcos magdalenas.

“¿Escribiste el poema, lo lograste hacer bien? Te pregunto”.

¿Quién soy?

Te fui a buscar Pero fue en Venecia donde te vi Allí estaban tus cosas manteles, bisutería, un granate, topacios Venecia: reposo para la melancolía. Padezco ¿Quién soy yo?

Quiero ir a la playa, quiero ver el mar quiero ver la tierra estremecida por el amor del mar adoraré la belleza, los esplendores La ciudad me obliga a trabajar y yo mientras tanto suspiro suspiro.

Después de tanto dolor creo que las cosas se acomodarán un remiendo por aquí, otro por allá estoy extenuada — tres años y medio de edad son suficientes para entenderlo todo vida, muerte, abandonos, distancias. No soy hija de la guerra, suspiro…

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soy nieta Este pasado me lo voy a tomar lentamente, con demoras (mi marido es humorista y ríe, ríe de mí y tiene razón) También mi padre decía: “Hay que reírse” pero no pudo reír, de tanta pena. ¿Quién soy? Creo que soy una trinitaria encendida una trinitaria fucsia colgando sobre el muro.

He colocado mi florecer sobre el muro para que sea más hermoso para que se suavice quizás quiero ocultar u olvidarme de esa piedra tan áspera. El muro. El muro de Berlín.

No quiero el horror sino la tolerancia la casa, amigos, libros, el granate de amor, los hermanos. Quiero que en mí se resuelva el mar, la hojarasca. ¿Dónde estás?

¿Dime, quién soy yo?

Los árboles están silentes, no hay grillos sólo lo metálico suena máquinas y dinero se dejan sentir oigo carros y al fondo una huelga ¡nada pasa aquí!

pero las luces están encendidas y el corazón arde.

Soy testigo de esto. Y de lo otro Soy testigo.

No importa.

Allí está la flor del apamate Tú dijiste que era la flor del apamate. He visto la flor del cerezo era bellísima. Doctor, era bellísima. Ah, tanto agobio, a veces carezco de fuerzas. Todo lo que tenemos que cuidar: nosotros, la tierra, el alma supongamos que la poesía también y los niños, el niño en nosotros la cocina, la lucidez en la cocina

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la lista es demasiado larga y es demasiado para nosotras ¿podrán los hombres ayudarnos? ¿oírnos?

demasiado peso; sí, demasiado peso demasiado agobio.

Venecia, Venezuela Suspiro, tiemblo, ardo Mi marido trabaja y es de noche. Las gatas chillan.

Oigo el mar, la caracola me informa No todo es resolución, pero algo debe resolverse algo así como una paga ¿pero qué?, no sé...

¿Qué soy? Escucho algo en mí, una voz, quizás algo que quiere salir algo claro que ahora no entiendo, que rumorea. ¿Soy de la Edad Media?

atrás están mis muertos atrás y cerca ellos, los dolientes los que no entendieron el absurdo su propio absurdo los que no pudieron verse aún ellos, los adolescentes los que padecían, adolecían. Una vez dije: El mar en mí no deja dormir Ahora lo sé, sé qué significa la vigilia estoy atenta llevo algas apegadas a mi cuerpo. ¿Quién soy? ¿Una ruta? ¿Un camino? ¿Una carretera entre ciudad y ciudad? ¿Seré un intermedio, un lapso? No la conciliación, no. Sino algo más Veamos, debo clarificarme, o quizás no. Veo una línea de palmas, una neblina Allí hay dos y tres un hombre, una mujer dos hombres

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lejos, niños Sé lo que ello significa arenisca, polvo visto entre la luz puntos que atajo Mi corazón arde, latido a latido no hay fragua estoy en calma.

La casa está aquí, aquí los fuegos y las aguas aquí el lar “Pero tú, tú sufriste tanto, para todo esto” Ah... mi pasión. Ah... mis perdones Claridad, luz divina, ven a mí. El sol arde y quema, se consagra frente a mi otoño El sol me habla, contra el otoño, contra la ruina — pero también soy el otoño. Ah fruta veloz pronta a la tristeza todo lo bello en ti, pelusa de durazno se regala para ser higo como si fuese un intercambio entre lo difícil y lo fresco. Mi ámbito, ¡cuánta claridad! Oh tierra, cuánto debo hacer para comprenderte cuán minuciosa debo ser.

Ahora vivo en el detalle, en fragmentos, en trazos sobre la línea de un rostro. ¿Quién soy?

No tengo cara, seguro, es seguro, no tengo cara mis ojos vuelan más allá mis pómulos son contundentes mi cabello revolotea o se hace dócil la luz lo abrillanta, lo achica fuegos en mí arden Y ahora quiero algo parecido a la paz algo así como lo regular tiemblo encendida de tanta pasión (Mi marido está durmiendo..., al fin; así no me oye mi marido sabe cuando pienso, cuando siento, la resonancia de mí le llega y es fuerte).

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Estoy en mi cuarto, en mi "cuarto propio" Allí está la ardilla alemana las muñecas: la inglesa, la merideña la venezolana, la italiana allí está el pájaro primitivo la talla allí la foto del balcón hacia ningún lugar

Grecia, Alemania, Venezuela, Londres, Venecia, Egipto. Los cuidos.

Es demasiado. Suficiente. Suficiente. Carezco de fuerzas He dejado el poema, la palabra He hablado demasiado.

Ya casi no hay culpas sólo la sombra desfalleciente de lo que somos amparo queremos amparo los buques con sus luces las banderas los cañones, las balas, las invisibles balas ya no entran en mí oigo sólo la voz de los grillos la voz de la tierra la voz de la naturaleza queda, casi mugiente como una imploración ¿quién oye?

¿quién está allí?

¿quién habla?

Toco a las puertas No es el de adentro quien pregunta Es el de afuera el demolido el cansado el exhausto Y mi voz se alarga, se extiende ¿Quién está allí?

El rayo de luz se ha acortado debo dormir, es de noche los ángeles nos cubrirán como a una pareja de amor

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en cuido Mi alma sola late y veo los reflejos hay allí un cuaderno, hay allí un lápiz un molinillo de café y está la firma de Steinberg, a quien no conozco El grillo salta y salta -lleva la libertad en sí Acciono, acciono y no comprendo trato de comprender, lentamente mi niñez y mi vejez lo impiden tengo cuarenta años.

Dios, ¿qué significo... ¿quién soy? Hay un alba, sí y una medianoche hay un cuerpo que ondula hay mujeres con un pañuelo amarrado a la cabeza y eso significa algo, un luto quizás pañuelos negros para sujetar la desesperación creo que todo tiene significado sé de todo lo que significa ¿Quién soy? ¿Tengo yo un significado? ¿Soy una palabra, un viento, una planta? Mi corazón arde. Lloro, ardo… Ahí voy, como a la sombra de destinos La pluma de mi pluma está ardiente revoloteando, siguiendo la brisa Mar, en ti confío para que des a los otros su límite como a la playa Estoy absorta ante ti, casi espantada todos mis riesgos se retraen Cuido. Cuido. Cuido. Habrá que ir con cuido. ¿Qué más?

Las estrellas están allí.

Silentes.

Y hay obra.

Corazón.

Si todo esto ha sido malo... ¿entonces? Entonces no habrá corrección. ¿Quién soy?

¿El milagro de un error?

La ventana se abre La culpa se ventila El sol irradia En la costa yace un marinero

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la mujer llora desconsuelo, desconsuelo, desconsuelo No hay punto final para esta guerra esta guerra horrible esta destrucción mi alma ha sido partida en dos piedad por mis ángeles Santa Cruz He llorado.

La tierra me sublima. Los vegetales La carne El hombre me sublima y estoy por él más allá de él entre cacharros y suspiros Por ello lavo la casa Y este grito solitario... ¿qué será? Suficiente.

Es la luz de la Luna lo que hoy me ilumina”.

Noviembre, 1985

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Inefable Espacio para el sueño.

Quizás mis palabras necesiten un filo más hondo: me hallo en la hierba alta, con el rocío velando mis párpados. Creo que pertenezco a esa estirpe de los sensibles, de los que tiemblan ante la caída de una hoja, ante la lluvia que transmuta en espíritu. Las nubes derivan con su calma solemne, mientras yo permanezco abajo, hundido en la tierra, en el fondo. Por favor no se confunda: también creo que estoy vivo. Vivo hasta una especie de desgarro, hasta lo insoportable. He escrito un poema, tras pensar en lo inefable. ¿Puede la voz poética rozar lo inefable? Lo inefable sólo insiste en ser. Hay surcos abiertos en el cielo, creo en la respiración de las plantas, en sus espíritus ocultos, humo secreto que invade mis pulmones.

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Hoy he escrito un poema para aclamar la ausencia. Intento capturar sus exhalaciones, pero no alcanzo a definir las particularidades ¿Existen?

De cualquier modo me sé solo. Sacudo la mente, y hay una penumbra

en el silencio.

Hay un camino perdido.

Hay cosas imposibles de pronunciar.

y persistimos Porque hay que llenar las habitaciones hay que llenarlas hay que cuidar el vacío allí; donde nos disolvemos con las palabras con la melancolía.

Melancolía que nunca abandonan nuestros labios; la inconmensurable desgracia de lo no dicho donde todos parecen posar plácidamente.

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Liminar Espacio para el sueño.

Me he hallado dormitando, con la cabeza recostada en vertiginosos pensamientos. Allí donde la conciencia se difumina y resplandece una sinceridad dolorosa. He atravesado crisis nerviosas, cruzando fronteras en busca de respuestas en el lenguaje de mis aflicciones y desgarros. Llegué a pensar que, sencillamente, mis tormentos no habían sido nombrados. En esa búsqueda, cazando y acechando con herramientas limitadas pero con una apertura inmensa a la desfiguración; sonidos me seguían en el Maelstrom de la noche. Escuché gritos en mis sueños y tiernas melodías me envolvían la realidad; la música se hacía cuerpo, y tomaba forma de un otro: “there's a silence surrounding me, I can't seem to think straight, I'll sit in the corner, where no one can bother me” 8 Las palabras tienen una utilidad íntima, allí me encontré con la indagación: siempre estamos lo confuso, en los rincones. Numerosas palabras me han sido dictadas en esa franja difusa de la vigilia y el sueño.

Mi pensamiento funciona a través de la escritura y solo se cumple en ella; escribo de día, escribo de noche, escribo dormido. Allí se abre lo liminar, donde los límites se confunden, donde lo humano se desploma sin pretensiones. Esta es, pues, la ¿pretensión? de este trabajo. Lo liminar abarca un todo, los gestos, el acercamiento, lo poético, la palabra. Ya no hay fronteras

8 Pink Floyd, "Keep Talking", track 9 en The Division Bell, Columbia Records, 1994.

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visibles en el mar de posibilidades, en la expansión de las plantas y sus vapores germinantes. Ya todo habrá sido dicho, pero quiero buscar en lo dicho para hacerlo mío; lo nuestro. Hay un nuevo día, hay que darle espacio a la razón… Espacio para la vigilia.

En la poesía hallamos un territorio de sombras, donde el lenguaje se convierte en espejismo, en visión, en ilusión. Lo propone Octavio Paz: “La poesía está hecha de palabras enlazadas que despiden reflejos, visos y cambiantes: ¿lo que nos enseña son realidades o espejismos?” La palabra se enmudece y se abre al mismo tiempo, como una flor que no sabe dónde terminará su esencia, ni en qué manos, ni en qué tierra. “el poema no lo vemos con nuestros ojos de carne sino con los del espíritu” 9. Allí parece hallarse lo liminar y lo inefable. Aquello que parece emerger de una naturaleza distinta. Esta naturaleza toma forma en los sentidos, en las pérdidas, en la dirección que el poema decide tomar solo, lo que Mario Montalbetti llama la viada: Ese es el sentido del poema.

El sentido como algo distinto a su contenido, o a su significado, y ciertamente como algo distinto a su interpretación. El sentido, más bien, como dirección; repito, como cuando decimos «el sentido del tránsito», la forma en la que se mueve algo, la forma en la que se mueve el poema; lo que a veces llamamos «la viada» del poema.10 Es importante abarcar cómo acontece el poema ante los ojos del espíritu; el poema tiene caminos extraños, difusos y liminares para acontecer. Espacio para el sueño.

¿Cómo acontece el poema?

9 Paz. O. (1993). La llama doble: Amor y erotismo. Editorial Seix Barral, 3. 10 Montalbetti, Sentido y ceguera del poema, 41.

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Hay una capacidad mágica en la pregunta; la articulación nace de la apertura que genera el gesto de vernos a nosotros mismo habitando un mundo.

¿Qué significa para mí el agua? ¿Qué puede haber en las plantas que emancipan mi alegría como algo genuino? La relación con la respuesta es algo que no me interesa: hay que divorciarse de ella y quererla lejos, que jamás nos alcance y nos frustre. Porque en la palabra hay incógnitas que fermentan lo humano.

¿Resultados? ¿De qué? ¿Para qué? ¿Para quiénes?

Responder es la muerte de la incógnita, y por ende, del entendimiento de la pregunta como elemento vivo y vacilante, que posa sus plumas en la sensibilidad del ser humano. Perder el hilo de la pregunta inicial para acentuar otras cuestiones bulliciosas. La poesía tiene lugar en el gesto; la aparición de lo bello es posible frente a la apertura de nosotros mismo hacia el mundo. Ella no nace del resultado.

¿Qué de mí?

¿Qué de la línea naranja divorciando el mar y el cielo? ¿Qué sucede con la estrella, con el mar, con el amor, con el amar, con el dolor, con la melancolía? Hay que buscar ser pregunta para acontecer en el sentido de lo que llamamos yo. Pero ¿quién es ese?

De la pregunta por nosotros mismos, nace el poema.

Espacio para la vigilia.

El poema no ha buscado ser transparente y responder a una comunicación lineal, en él surgen esferas vivas e inertes, vacíos y sofocos. No hay un fin. Octavio Paz acentúa la naturaleza del poema diciendo: “Los significados se congelan o se dispersan; de una y otra manera, se niegan. Las palabras no dicen las mismas cosas que en la prosa; el poema no aspira ya a decir

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sino a ser. La poesía pone entre paréntesis a la comunicación” 11 El poema se dirige al sentido único e irrepetible de la naturaleza humana. Allí donde lo sensible se hace visible.

11 Paz. La llama doble: Amor y erotismo, 3.

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Liminar: a la deriva Espacio para el sueño.

El vaso es bello, es azul y tiene pequeñas gotas a su alrededor, parece rocío. Las hojas son bellas, en su silencio natural; y me estremezco cuando el viento las hace gritar porque chocan unas con otras.

Los libros y las letras me pertenecen, allí parece emerger un mundo privado, mío. A Veces en el silencio, digo:

“¿Cómo a alguien se le ocurre esto?” Hanni Ossott ha escarbado en mi mente una especie de cuestión por lo humano, una cuestión indefinible, que sólo parecemos entenderla ella y yo. Porque puedo abordarlo desde lo que conozco de mí mismo.

¿Qué tanto puede abordar sus propias cuestiones, lector? *** Pero no hay guía que explique cómo llego a la pregunta: “¿A quién se le ocurre esto?” Tras leer algún fragmento que sacude el cuerpo entero. Solo me queda divagar, llenar el papel de preguntas que se alejan, cada vez más, de la pregunta inicial; a la deriva de las cuestiones. Perderme. No quiero llegar a ningún lado. Estoy donde debo estar. ¿Por qué escribiría esto? ¿Cómo escribiría esto? ¿Qué significa escribir la noche?

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Estoy bien aquí.

Otra pregunta, que me lleva a otras más, que me alejan del objetivo inicial que, a estas alturas, ya ni sé cuál era. Solo quiero hacerme deriva y escalar los techos de mi mente. Hacer ronronear mis sentidos.

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Gestos Espacio para la vigilia.

Habitamos un mundo que ha convertido el acto en producción y la praxis en resultado. Nos ahogamos en el para qué, que exige fines, donde se desconfía de lo no concluyente. Frente a eso, el gesto.

Agamben distingue tres esferas de la acción hiladas por Aristóteles: l. hacer (poiesis), que es un medio con vistas a un fin; 2. el actuar (praxis), que es un fin sin medios; 3. y el gesto, que rompe esa alternancia. El gesto, dice Agamben, “presenta unos medios que, como tales, se sustraen al ámbito de la medialidad, sin convertirse por ello en fines”. El gesto no produce ni actúa, en él hay búsqueda por el asumir y el soportar. Allí donde se abre “la esfera del ethos como esfera propia por excelencia de lo humano” 12.

La danza no existe para desplazar el cuerpo ni para alcanzar un objetivo. En ella existe el soportar y el exhibir, carácter de medios de los movimientos corporales 13. Es gesto en su forma más pura. La escritura nacida del silencio de un poema funciona del mismo modo. No hay una búsqueda por concluir o poseer lo leído. Es la exhibición de un estar-en-el-lenguaje que no puede enunciarse de otra manera. Agamben menciona que “el gesto es, en este sentido, comunicación de una comunicabilidad. No tiene propiamente nada que decir, porque lo que muestra es el seren-el-lenguaje del hombre como pura medialidad” 14. El gesto muestra que el lenguaje nos habita antes de que nosotros lo habitemos. Porque se trata más de mostrar que de decir.

Es por el gesto que en este trabajo hay una exhibición del habitar el lenguaje, desde lo liminar como única postura honesta frente a la poesía.

Espacio para el sueño.

12 Agamben, G. (2001). Notas sobre el gesto. En Medios sin fin. Notas sobre la política, 54. 13 Agamben, Notas sobre el gesto, 55.

14 Agamben, Notas sobre el gesto, 55.

p. 29

Cuando reconocemos que la marejada tranquila del pensamiento fue cautivada por la penumbra, surge la elección de recurrir al espacio del gesto; para ver las iluminaciones del trayecto oblicuo del sentido. La palabra toma posesión del acto de sentir por medio del poema. ¿Sentir es acaso un acto? o ¿una sentencia que encapsula a lo humano en batallas inacabadas? La palabra se vuelve protagonista cuando un gesto la convoca. En ella habita el oleaje: a veces tsunami, a veces marejada, a veces Maelstrom. El gesto es más que sólo movimiento; es una apertura a ese transcurrir no nombrado, una hoja suspendida en su tallo, a la espera. El gesto permite acceder a la palabra, y la palabra, a su vez, abre el camino hacia el sentido. Detrás del significado o más allá de él, el sentido se posa en la voz poética: una pequeña o gran estancia donde hay que permitir el reposo, donde nosotros encarnamos la experiencia de lo humano.

Espacio para la vigilia.

Elisa Martínez Ortega, en su libro La belleza en la infancia y alumbramiento, dice “El sentir se identifica con el “pensar vivo”, el pensamiento y la emoción integrados bajo la acción de recordar. Pero si exploramos la palabra más a fondo, el recuerdo se remite también al despertar”15. Ser atravesados por el poema es un acto de transición donde el pensar, pensarnos, recordar y recordarnos baña el momento del pleno reconocimiento. El proceso de recordarnos y querer recordarnos, es gesto: la acción de prescindir del mundo para escucharnos desde adentro. Gesto liminar responde a aquel ritual de ondulación donde la potencia no es fija y donde el tránsito no tiene un sentido de dirección concreto. Se prescinde de un inicio y el final no existe. ¿De qué se sirve reconocernos? Para lo mismo que sirve amar y ser amados.

15 Martín Ortega, E. (2023). La belleza en la infancia & Alumbramiento. Angosta Editores, 40.

p. 30

Considero importante traer a colación a Fernando González Ochoa, en Viaje a pie. Sus meditaciones lo llevaron a pensar en la palabra. Si bien lo hace en el marco del cortejo de una mujer, la reflexión no podía pasar inadvertida:

Las palabras sirven casi siempre para disimular, para vestir los actos, para hacerlos amables al bautizarlos, para tergiversar su origen. Un acto, antes de ser bautizado, está en la niebla de la posibilidad, puede ser mil cosas, es indeterminado, vago e inexistente. Una vez que se le ha dado nombre, queda petrificado (p. 36)16.

Quisiera sostener la metáfora de “la niebla de la posibilidad” y declarar este trabajo bajo el signo de la palabra. Toda mi vida he buscado nombrar los vacíos y las bellezas que me atraviesan. Cuando se lee, se está a la deriva; cuando se ama, también. La palabra es iniciática (como sugiere el giro lingüístico) y profundamente perlocutiva: no se limita a decir, sino que muestra. Divaga y aterriza, temblorosa, en nuestros sentidos. En el sentido, precisamente, habitan nuestras pérdidas; y son ellas las que nos devuelven la posibilidad de formular preguntas sobre nosotros mismos.

***

16 González, F. (2015). Viaje a pie. Corporación Fernando González - Otraparte, 36.

p. 31

¿Cuáles son tus sentidos, lector? ¿Cuáles tus preguntas?

*** En el silencio del poema, las vías para pensarlo solo se dan desde medios poéticos. Analizar un poema desde afuera es describirlo. Habitar el poema exige otro gesto. Elisa Martínez Ortega lo dice con precisión: “hacer visible el pensamiento tiene poco que ver con describirlo, y mucho más con dibujarlo, sentirlo, o evocarlo”. Y cita a Russel Meares: "Poner en imágenes lo que no puede ser visto, y por tanto decir lo que de otro modo no puede ser dicho.”17 Por eso la escritura pos-poema emerge como la alternativa más honesta. No el análisis, es buscar la respuesta viva que el poema convoca en quien lo lee. Un acto de reconocimiento que, como señala Elisa Martín Ortega, “solo se alcanza por medios indirectos, dando muchos rodeos,

17 Martín Ortega. La belleza en la infancia & Alumbramiento, 50.

p. 32

perdiendo el rumbo, y dejándose llevar por extrañas compañías, bordeando vericuetos ocultos de la mente”18.

Es la manera más frágil de habitar la poesía.

Gestos: a la deriva Perder el rumbo y dejarse llevar por extrañas compañías define el gesto de estar a la deriva. Estar a la deriva es el primer movimiento para alcanzar el gesto y lo liminar. Es un acto de la no pretensión: sólo una apertura a lo que acontece. Hay que habitar el extravío, renunciar a las líneas rectas que impone un sistema obsesionado con los fines y no con los procesos. Por eso, estar a la deriva exige moverse en espiral. La espiral es la forma de lo que no tiene cláusula, el espacio donde los límites se disuelven y la guía se ve extraviada. En la bruma de las líneas indefinidas (que si bien podrían llamarse vida) se abre el gesto de perdernos: perdernos en la música, en las letras, en la literatura, en el amor, en el poema.

18 Martín Ortega. La belleza en la infancia & Alumbramiento, 50.

p. 33

Espacio para el sueño.

p. 34

***

p. 35

Primero: el gesto.

Segundo: el caos.

Se han abierto unas puertas, debo entrar en ellas. Ante mí, la palabra camina erguida por un camino. Ha creado en sí, una energía, perpetua ondulación del acto. De lo que está fuera, de lo que está adentro. Hay una luz parpadeante, amarilla en la vista, azul en el sentido. Hay ondulaciones, transitan las plantas y besan sus delicados vellos invisibles. Hay colinas intermitentes, se desplazan con el viento, porque son de arena. Allí viaja un alma, en la ondulación. Perpetua palabra para la ondulación incomunicada. Palabra ahora camina bajo las palmas y el viento. Palabra ondulante, permítete ser ondulante. Te propongo palabra, las palabras del asombro por la palabra. Lo callado que tiene su lenguaje en las no palabras; los vértices del ángulo agónico; las flores silentes; la nube que llama. Lo agónico: impulso, fuerza transmutable e inacabada.

Existir: Agónico acto de toda vida sentenciada.

Transitar en los ángulos agónicos, caminar el cuerpo y la estructura. Caminar por las vertientes inexploradas por el sentido único. Sueño de lo vigente; tránsito de lo perpetuo, de lo presente. Gotas diáfanas y verdaderas ante el golpe. La caída; la unión. La unión de dos cuerpos agotados por la no voluntad. Aprendamos de la voluntad. Los cuerpos están en su totalidad iluminados: hay una línea azul y otra roja. (Era amarilla, señor) Basta. Hay una línea azul y otra roja. ¡Crepitan!

Hay una línea negra, ella escribe al cuerpo, lo transita.

Hay una línea negra, el cuerpo escribe: ¡AHORA ESCRIBE!

Hay una línea negra, el cuerpo siempre escribe.

Basta.

La luz, siempre la luz. El alma, siempre el alma. Siempre primero el gesto y siempre segundo el caos.

p. 36

LOS ÁNGULOS AGÓNICOS: Cuerpo inerte. Cansados por la fusión. Se precipita, ella, la luz. Siempre se precipita y hace ruido. La luz es palabra y la palabra es luz. Se precipita y se precipita y llora y llora y junta los cuerpos y ellos lloran y ella se va y vuelve y ondula y ondulan y se precipitan y lloran y rozan y beben y escriben y escriben y escriben y escriben y escriben… Los cuerpos ahora escriben.

p. 37

Acercamiento Espacio para la vigilia.

“La cosas y las personas se pierden, se mueren, se rompen, supe pronto, pero algo de lo que fueron queda flotando a la deriva en la memoria de quien las ha querido”19 esta frase de Laura Escudero en El guardián del hielo. Apuntes sobre una poesía que le habla a la infancia, guarda una sustancial relación con un verso de Hanni Ossott en el poema Una playa sin fin (1986); “el poema ha llegado de mi pobreza, de mi carencia” 20. Las pérdidas paradójicamente llenan vacíos, donde prontamente se proyectará nuestra sensibilidad frente al mundo. Laura Escudero refiere a la deriva, como un espacio para las pérdidas, porque estas no poseen un espacio concreto, respondido, concluido o definido; las carencias son abrazadas por las palabras, por los lugares liminares que no demarcan fronteras o guías concluidas para habitarlas. La metáfora de la deriva, irónicamente, nos permite encontrarnos en nuestras pérdidas, a través de las preguntas y el acercamiento a las sensibilidades, que son posibles por medio de la apertura.

Laura Escudero recuerda que: “Lo que me quedó de mi madre fue su poesía. Me quedó el efecto poético de lo que ya no está conmigo”21. Es preciso abordar el efecto poético relacionado con el acercamiento.

¿Qué es un efecto poético? ¿Qué es un acercamiento poético?

Un efecto se produce cuando el acercamiento es efectuado, es el cambio de un estado a otro, es el encuentro de nuestra fragilidad con las superficies del mundo.

19 Laura Escudero, “El guardián del hielo. Apuntes sobre una poesía que le habla a la infancia”, Laura Escudero (blog), 11 de junio de 2019, 20Ossott, “La playa sin fin”, 99.

21 Escudero, "El guardián del hielo".

p. 38

Espacio para el sueño.

Tenía doce años y copiaba letras de canciones sobre desamores que no había tenido. No entendía por qué me dolían igual.

Cazaba sensaciones.

Las escribía a mano. Cambiaba palabras. Ponía las mías. No sabía nada, solo que necesitaba verme plasmado en algo.

Quería ser parte de lo que sentía. De alguna manera ya lo era.

p. 39

Espacio para la vigilia.

*** Plasmar El verbo plasmar viene del latin plasmare (formar, modelar dando los rasgos de otra cosa, reflejar una forma o unos rasgos de algo en un modelado, crear). Este verbo se formó en el latín del bajo imperio Romano con influencia cristiana, y se formó a partir de la palabra plasma. Esta es una palabra tomada del griego (obra modelada, figura, también en sentido figurado, modulación de la voz o imitación). 22 *** Efecto poético donde nos preguntamos qué es la poesía

¿puede estar en la música?

¿cuándo sucede la poesía?

¿cómo sucede la poesía?

Hay que adentrarse en nosotros y descubrir la latencia de la poesía en nosotros. *** Hablar del acercamiento es apelar a la relación que existe entre nuestro lenguaje y nuestro yo interior en función de las superficies del mundo, un intento próximo por hallar nuestro sentir en aquello exterior. No es buscar hallarlo, es poder dialogarlo y exponerlo. Hablar de la literatura es siempre un acontecimiento personal. Pablo Maurette, en su ensayo Por qué nos creemos los cuentos 23, nombra ese acontecimiento con una palabra: compenetración. La describe como “un proceso horizontal que

22 Diccionario Etimológico de Chile, s.v. "plasmar," accedido el 25 de Noviembre de 2025. 23 Maurette, P. (2021). ¿Por qué nos creemos los cuentos? Capital Intelectual.

p. 40

se da en el espacio que nos separa de la obra de arte (...) se abre una nueva dimensión en la realidad. Una dimensión efectivamente existente, una dimensión que funciona. Ese «funcionar» y ese «tener efecto» de las artes componen el mayor misterio de la experiencia estética”. 24 Hablar de nuestra compenetración con una obra es adentrarse en una subjetividad sin fondo. La compenetración no se planea, no se repite y sobre todo no se hereda. Es un acto abierto a la modificación, a la duda, a la no respuesta.

Carlos Enrique Mesa González, en Superficies de contacto 25, habla de ese punto impreciso donde dos mundos se rozan sin fundirse del todo. Carlos Mesa apela a la siguiente imágen para encarnar su idea. (ver fig. 1)

Fig. 1. Maurits Cornelis Escher, Sky and Water I, 1938.

24 Maurette, ¿Por qué nos creemos los cuentos?, 10.

25 Mesa, C. (2010). Superficies de contacto. Adentro, en el espacio. Mesa Editores.

p. 41

En el centro exacto hay un umbral.

La sensibilidad desde el mundo no es un estado dicotómico de la materia, donde se dividen los aspectos sensibles de los tangibles.

Es una correlación compacta de ambos aspectos, donde un estado afecta al otro. Los tejidos afectivos, todo lo que somos y el mundo, se unen. Allí afuera, hay una parte de nosotros, aquí adentro hay parte de lo que hay allí afuera. Mesa González, decía que la ‘sensibilidad’ es una configuración subjetiva de cada sujeto. El habitar el mundo, el habitar la literatura y habitarse a sí mismo es la expansión de esa materia tangible. La expresión de ello está en la literatura, en la poesía. Residir el mundo, como lo propone Mesa González, desde una piel estética: cuerpo animado y sensible26.

Mesa González habla de las superficies: “de sus materias inmanentes, de su adentro y de su afuera, de su devenir lleno-vacío, de su animación , de su vida, su ser... de su hacerse sin término; hablar de que ella se hacen al encuentro de los cuerpo animados, de que son geografías del contacto: gestos y sustancias” 27 que se habitan mutuamente. Se adhieren a un tejido en el que ambos son partícipes: superficie de la tierra y superficie del cuerpo. Entrometidas por siempre en los contactos posibles, las superficies de separación constituyen los hábitos del encuentro entre los humanos y entre estos y sus cosas. Hábitos del sentir y ser sentidos, hábitos de la nostalgia por la continuidad perdida. Interdictos al contagio. Entretenimientos que llenan el vacío de la razón, retardando gratamente alguna confusión mortal. 28 El ser humano habita en la superficie del mundo y la superficie del mundo habita en él. El gesto en el acercamiento, el llamado que tiene el mundo para ser habitado, no ocurre bajo un mensaje directo o revelador. Por el contrario, sus llamados son confusos, liminares… Depende de nuestro gesto de querer habitar y ser habitados.

26Mesa, Superficies de contacto, 21.

27 Mesa, Superficies de contacto, 22.

28 Mesa, Superficies de contacto, 32-33.

p. 42

Allí ocurre los gestos liminares, espacios de no nombramiento, donde ocurren acercamientos y distanciamientos y se transforma la sensibilidad. Esa sensibilidad reposa en el lector y el escritor, aquel que trata de alguna manera cartografía ese contacto. Allí surge un espacio donde el mundo y el cuerpo se rehacen en el lenguaje; en lectura y escritura. Se es consciente de las superficies. Podría denominarse meta-superficie; aquello que ocurre en el acto de ser escritos donde sujeto y mundo se inscriben mutuamente.

p. 43

Espacio para el sueño.

p. 44

El vigilante ¿Hay algo allí afuera?

Sé que hay algo más que todo esto que me rodea, porque me vigila. Tengo un espía a mi alrededor, se esconde tras los árboles, cae junto a la lluvia y sobre todo me mira… Toma su capacidad de espía y se posa sobre las piedras disfrazado de polvo. ¡Míralo allí está! Le prometió a la hoja caer junto a ella cuando yo estoy pasando. ¿Lo escuchas? Hace coro junto a los pajaritos amarillos que me visitan en la ventana.

Él me vigila, ayer cuando estaba en lo alto del atardecer me miró, pero sutilmente, él creyó que no lo veía. Pero estaba posado en el campanario de la iglesia para cuando pregunté por la hora.

Ahora está aquí, conmigo. Lo miro y él de verdad cree que no lo veo, pero lo hago todo el tiempo.

En la mañana planté una suculenta en el matero de arcilla, lo vi en la raíz de la suculenta y era rojo. Esta vez, lo capturé y le pregunté sin rodeos:

— ¿Por qué me sigues?

Él me respondió, creo. Pero entendí que me dijo:

— Tú me sigues a mí.

***

p. 45

Espacio para la vigilia.

Orhan Pamuk dibuja barcos cuando está deprimido. En sus diarios Recuerdos de montañas lejanas escribe:

Sensación de confusión, de no encontrar placer en nada... Si al menos pudiera dibujar, me digo. Quizá me iría mejor. ¿Por qué dibujar barcos me hace feliz? Porque vuelvo a la infancia, me dice Aslı, tan inteligente. Pero lo que yo tengo en mente no es la infancia. Quiero irme lejos. UN LUGAR LEJANO. ¿Dónde está ese lugar lejano en el que piensas? Aquí mismo, en este dibujo. Pero ¿dónde está? Allí donde me transporta el sueño cuando estoy deprimido. 29

Fig. 2.

Orhan Pamuk, fragmento de sus diarios, en Recuerdos de montañas lejanas.

29 Pamuk, Recuerdos de Montañas Lejanas, 31.

p. 46

En este fragmento, Pamuk es interpelado por una sensación de incertidumbre, ya que su búsqueda de bienestar parece estar cerca, pero es inalcanzable. “Pero lo que yo tengo en mente no es la infancia. Quiero irme lejos. UN LUGAR LEJANO”, pero este lugar no es un sitio físico, sino un estado del ser. “¿Dónde está ese lugar lejano en el que piensas? Aquí mismo, en este dibujo”. En el papel en blanco, nos enfrentamos a la posibilidad, a lo inexistente que puede volverse nuestro. El lugar donde acontece un acercamiento.

Pamuk dibuja y escribe sobre un barco para simular una partida lejana, un estado a la deriva que solo se alcanza en sueños.

Hay algo en el acercamiento que no podemos controlar. Recordando a Alejandra Pizarnik y su poema ‘Poema’, allí Pizarnik encarna el acto del poema, la voluntad inexistente que rodea el acercamiento al poema, a la palabra:

Tú eliges el lugar de la herida en donde hablamos nuestro silencio.

Tú haces de mi vida esta ceremonia demasiado pura. 30 Hay una pureza en la no-elección, en ese silencio. En ese espacio liminar donde ocurre, una y otra vez, el silencio, las voces susurrantes de aquello que habita en nosotros.

Es por todo esto que afirmo, hablar de la literatura es siempre un acontecimiento personal.

Comprendemos, entonces así, que una geometría de la separación somete y oculta la geografía de la mezcla, huella o trauma del contacto. Y que, para el develamiento de esta forma impositora de la superficie, se requiere la evocación de su espesor afectivo. 31

30Alejandra Pizarnik, “Poema”, en Antología poética, prol. y sel. Marco Antonio Flores (Ciudad de México: UNAM, 2010), 24.

31 Mesa, Superficies de contacto, 34.

p. 47

Evocar ese espesor afectivo implica reconocer que toda lectura está atravesada por una experiencia situada: “En los hábitos superficiales, en las habitaciones humanas, el mundo se renueva a cada instante. Cada mirada, cada roce con las superficies evoca una variedad interminable de separaciones y de mezclas afectivas” 32. Es decir, las experiencias no pueden ser heredadas. Y cada experiencia es igual de valiosa, cada roce de superficies es un acto complejo y subjetivo.

En este sentido, Graciela Montes en La frontera indómita apela a la singular lectura que cada individuo, entendido como superficie, tiene frente a la literatura, y por extensión, frente al mundo. Destaca la subjetividad frente al arte como aquello que otorga “sentido a lo que hacemos”.

La autora enfatiza en que “hay muchos para los que el sentido no es algo codiciable, que descreen de las significaciones. No es mi caso; soy de los que creen, justamente que la búsqueda siempre es difícil, muchas veces dramática y a veces insatisfactoria de significaciones es exactamente lo que nos compete como personas” 33. Existen, sin duda, quienes privilegian una comprensión inerte del mundo, donde las flores no los llaman, la sensibilidad no los evoca. Abandonar la sensibilidad de lo humano, desatender la búsqueda del sentido de nosotros, del arte y del mundo.

Graciela Montes hablando junto a Winnicott, captura la idea y la denomina denomina La tercera zona o lugar potencial allí residen los objetos Transicionales. Estos son aquellos “rituales consoladores, el juego en general y, también, la cultura” 34. La tercera zona o lugar potencial apela a aquel lugar o territorio donde se lleva a cabo una conquista. Allí es donde el ser está en constante construcción; la consolidación del interior en relación con el mundo: el lugar del hacer personal 35.

Dicha construcción es la subjetividad en sí misma. Es la lectura en sí misma. Es la literatura en sí misma. La literatura es para quién la lee, se construye y destruye constantemente;

32 Mesa, Superficies de contacto, 42.

33 Montes, G. (1999). La frontera indómita: en torno a la construcción y defensa del espacio poético. Fondo de Cultura Económica, 2.

34Montes, La frontera indómita, 2.

35 Montes, La frontera indómita, 3.

p. 48

sus ideas, sus sentidos y superficies. Todo en constante movimiento. Las artes están instaladas en esa frontera cambiante, articulada en la construcción y destrucción de nosotros mismos, de lo que yace en el adentro, en el afuera. Montes lo denomina como una frontera que es: “espesa, que contiene de todo, e independiente: que no pertenece al adentro, a las puras subjetividades, ni al afuera, el real o el mundo objetivo” 36. Aquí está en búsqueda por lo liminar, aquello no establecido, lo difuso, lo pocas veces apalabrado, a los sentidos, al ser, a lo humano. La autora continúa diciendo que esa frontera es, “un territorio necesario y saludable, el único en el que nos sentimos realmente vivos” 37. Es allí, donde la literatura permite la apertura a los sentidos, donde el poema nos atraviesa y donde lleva la escritura atrapar ese silencio dado por el sentido. Donde pienso en Hanni Ossott después de escuchar a Nicolas y los fumadores o Pink Floyd. Todo es un confluir de sentidos, es permitirnos la estadía en la frontera, en ese espacio liminar, donde la exploración abre zonas más fangosas.

36 Montes, La frontera indómita, 3.

37 Montes, La frontera indómita, 3.

p. 49

Acercamiento: a la deriva Espacio para el sueño.

*** He pensado en las personas y sus edificaciones, aquello que las hace levantarse a diario. No lo comprendo. No las comprendo. He rasgado las superficies para encontrar nada. Nada allí. ¿Por qué? He querido tener una respuesta en esta ocasión. He tomado el agua de la pena y me he vestido con la ropa de la alegría, donde permanezco mudo ante el mundo y sus espirales.

He sufrido por la pérdida del mundo en cuanto a propósito. He caminado calles y he leído páginas y páginas y páginas. ¿Dónde encuentro el propósito? Yo creo que lo tengo. He buscado la belleza. ¿Tú que buscas?, pregunto. Cuando veo mi reflejo, veo unos ojos agotados. No sé de qué.

p. 50

Me miro, frecuentemente. Miro los cambios en mi piel y en mi mirada. Propósito, propósito y propósitos.

He rosado mis carnes con las plantas y la tierra fría, húmeda de la noche. El sol es insoportable, Ah… cuando leo un poema o escucho una canción.

El sol, de repente, se vuelve parte de mí. Se vuelve aquello que debería estar allí y deseo que esté allí.

“Pero si se da cuenta, tengo el corazón deshidratado, la mirada seca suplicante” 38 Cuando cierro los ojos, veo círculos y rostros. Veo el futuro próximo y los días en forma de caleidoscopio. He estado pensando en las personas, pienso en su propósito y sus vidas. Me intrigan. Quisiera acercarme al mundo y gritarle. Gritarle y permitirme ser melodramático. Vivir en la función. Gritar y hacer mi monólogo a ojos de los enterrados. Unir mi superficie, mi cuerpo a aquellos desventurados. Anoche pensé modo Pizarnik:

“Sus ojos eran la entrada del templo, para mí, que soy errante, que amo y muero.” 39 (pág. 29)

38 Nicolás y los Fumadores, "El Verano", pista 3 en Dios y La Mata de Lulo o ¿Qué hacer en caso de que haya perdido la luz?, 2022.

39 Pizarnik, “DE EL INFIERNO MUSICAL”, 29.

p. 51

Anoche pensé modo Pizarnik, porque ella quedó capturada en su nombre y su nombre sostiene sus palabras.

SÓLO UN NOMBRE

alejandra alejandra debajo estoy yo alejandra.40 Leí, quedé con el sabor a piedra en la boca. Como si hubiese masticado kilos y kilos de piedras. Me dolía la mandíbula y el estómago lo tenía hinchado. En algún momento llegué a pensar en el grito. He considerado ser melodramático. Permitirme gritar y llenar mis pulmones de todas las sensaciones posibles. Pero, ¿es adecuado? pero, ¿qué es lo adecuado? ¿los formalismos? Hay gente muriendo día a día en guerras interminables. Hay gente muriendo por los formalismos y lo adecuado. ¿Está lejos? ¿Está cerca? Todo está más cerca de lo que parece. ¿Por qué no me permito gritar? Escribo sobre sensibilidades, sobre el calor y la lluvia. ¿Quién escribe sobre la muerte? No pensemos en Colombia, por favor Que me pongo a llorar 41 Yo no puedo hablar de Colombia… claramente, no es mi tema de tesis, no me incumbe. Pero, ¿cómo puedo hablar sobre la sensibilidad sin permitirme llorar por todo esto? Inicialmente pensé en el grito como un instinto para la exploración de la sensibilidad humana; la vida grita, la lluvia grita, el sol grita, la muerte grita y yo ahora quiero gritar.

40 Pizarnik, “SÓLO UN NOMBRE ”, 13.

41 Nicolás y los Fumadores, “El Sueño de los Justos”.

p. 52

En el día nacional del teatro asistí a una obra Como chulo, los ojos42: Había dolor allí de un país que sangra. Una Colombia que sangra. Hay voces y voces que son calladas.

Perturbadas por el miedo.

He visto Como chulo, los ojos y no pude no llorar.

Y es que quiero desbordar las páginas en drama desaforado, en conclusiones sin miedo. He leído y he llorado. Estoy aquí por voluntad.

Y pregunto por voluntad: ¿Por qué?

¿Para qué?

Lloremos.

***

42 Como chulos los ojos, por Casasola Teatro, dirigida/creada por Efmo Casasola, en SALAestrecha, Pereira, Colombia, 28 de marzo de 2026.

p. 53

LINTERNA SORDA

Los ausentes soplan y la noche es densa. La noche tiene el color de los párpados del muerto.

Toda la noche hago la noche. Toda la noche escribo. Palabra por palabra yo escribo la noche. 43 Quise pensar en la melancolía y escribir la noche:

Hay algo en el agua.

Hay verde sordo.

Hay un verde que se aproxima y sube mi dedos, los convierte en arrugas de anciano. Prometo llevarme a la tristeza más segura.

Hay cocodrilos en el cielo, que prometen comerme a penas el poema se agote. Veo las nubes, percibo el apareamiento de dos animales que desconozco. Y bebo vino que está amargo porque alguien lloró. Veo una tristeza, que permite la apertura de las partículas más pequeñas. En ella lloraron hombres y mujeres, que apuñalaron su cuaderno con gritos desesperados. Hay algo en el agua.

Parece vidrio llevando reflejos de hojas silentes y veo a la brugmansia colgada, esperando. Veo la muerte de alguien a lo lejos: Sus colores caen al suelo y se funden con las piedras que lleva el río. Prometo que no sufrió, porque no conocía el valor de las flores.

43 Pizarnik, “LINTERNA SORDA ”, 29.

p. 54

Hay algo en el agua.

Parecen rocas talladas por aquellos forasteros hambrientos que llevaron su pena, tan lejos, tan lejos, que ahora lloran solo en la noche. Hay algo en el agua.

Son gotas del cielo. Creo que lloramos.

Todos Aquí Abajo Nos falta algo, señor. Nos falta algo. Quiero gritarle al cielo, que percibo los horrores de la vida gracias a una palabra. No entienden, no entienden. Parece que les falta borrachero.

*** Hanni Ossott escribió y no pude no sentirlo.

Tracé una línea, ella rompió toda la hoja por la mitad. Era verde y creo que morada. Ambas sentencias son ciertas. Vi en el rostro la expresión de un todo. Todo se concentra allí, en el rostro. Busco rostros y rara vez otra cosa. He visto mis rostros, tan íntimos y detallados.

p. 55

El rostro; el dibujo es el rostro. Las manchas y líneas trazadas que sobre mi superficie transitan. Ay… me transitan muchas cosas y a todos por igual. No me considero especial. En nuestro cuerpo habita la palabra, por favor miremosla. El rostro está ahí, al alcance de los dedos. Anoche vi la noche, flotando sobre mí. Lucía un vestido oscuro y yo quería besarla con el humo. Hace tiempo escribí sobre ella. Pero anoche, la volví a ver, a ella, a la noche. Esa misma noche estaba sobre mí. La miré y le dije: “Pensé jamás volver a verte” y juro haber escuchado de ella: “Me recuperas con un poema”.

Me quedé sentado, pensando. Leí el poema nuevamente de Hanni Ossott. Pensé en que jamás creí conocer a alguien. Y miré a la luna vestida y perfumada por las plantas. Y los grillos le cantaban y la adoraban. Sé que la adoran, porque yo lo hago.

Leí a Hanni Ossott, de nuevo. Y ella dijo:

Redonda, perfecta es la vasija

irregular su contenido cortezas de aguas enervadas

capaz de estertor hendijas por las que huye lo indistinto y uno lo claramente recortado y nítido

para ser fusión No. No hay alba allí, otra Noche se genera y acrece. 44 Fig. 3. Fotograma de Viaje a la Luna (Le Voyage dans la Lune), dirigido por Georges Méliès, 1902.

44 Ossot, “El cántaro y su noche”, 62.

p. 56

Y leí una y otra vez. Perdí la cuenta.

Leo y pierdo la cuenta. Siento y pierdo la cuenta La luna está allí vestida y quiero ponerle un rostro El viaje a la luna, de Méliès (Allí hay un rostro herido) Pero solo veo su vestido ahora. Huelo su perfume y oigo sus cantos ¿Qué hay allí?

“otra Noche se genera y acrece”.

Imaginación poética Espacio para la vigilia.

Hay un mundo allí afuera que parece ajeno ante la mirada. Pero la imaginación lo permite y lo permitirá siempre: lo ajeno puede volverse nuestro. Afuera las piedras, adentro la carne. Todo permanece distante hasta que ocurre el gesto, el acercamiento, y nos dejamos consumir. Cecilia Bajour, en Literatura, imaginación y silencio (2020), entiende por imaginación como el espacio de la posibilidad, donde el mundo de afuera queda al alcance de la creación. Para ilustrarlo, trae un poema de Lisel Mueller llamado Las cosas45: Las cosas Lo que pasó fue que crecimos solos viviendo entre las cosas así que a la moneda le dimos una cara,

45Lisel Mueller, "Las cosas", citado en Cecilia Bajour, Literatura, imaginación y silencio: desafíos actuales en mediación de lectura (Lima: Biblioteca Nacional del Perú, 2020), 22.

p. 57

a la silla una espalda, a la lámpara un pie firme que no supiera de fatiga.

Nos calentamos junto al fuego con lenguas que arden como la nuestra y colgamos lenguas también en las campanas para escuchar su idioma sentimental, y, como adorábamos los perfiles graciosos el vino tuvo su nariz y la botella, un cuello largo y flaco. Incluso lo que estaba más allá lo rehicimos a nuestra imagen, le dimos un corazón a la ciudad, a la tormenta un ojo, a la cueva una boca para poder entrar y estar a salvo. Bajour señala que las metáforas de la vida cotidiana aparecen “poéticamente ligadas a las cosas como un lazo que nos une al mundo, humanizándolo”46. El lenguaje si bien nombra, también logra una corporeidad, hacer propio lo que estaba ya afuera. Pero hay algo más que humanizar. Cuando la luna llora, cuando las rocas se vuelven espejo del alma, no nos basta devolverle una forma humana al mundo. Buscamos hacerlo sensible. Y en este gesto (en esa operación que ocurre entre el cuerpo y el lenguaje) el mundo deja de ser ajeno, para hacerlo nuestro finalmente.

46 Bajour, Literatura, imaginación y silencio, 23.

p. 58

Bajour menciona el capítulo floral del Codex Seraphinianus y ejemplifica la imaginación mostrando cómo una margarita se convierte en globo, y cómo ese globo se vuelve símbolo de vuelo. En sus palabras:

Fig. 4. Luigi Serafini, página del Codex Seraphinianus, 1978.

Reproducido en Cecilia Bajour, Literatura, imaginación y silencio

(2020), 24.

De margarita deshojada a globo, de globo a medio de transporte para acercarse a los pájaros y al cielo. Es decir, la imaginación hace volar, pero en vez de atribuir ese vuelo a la magia o la ensoñación, todos podemos conocer de cerca y manejar los resortes de las diferentes máquinas metafóricas para volar y eso nos vuelve mejores pilotos de vuelos imaginarios 47.

47 Bajour, Literatura, imaginación y silencio, 25-26.

p. 59

La escritura termina por convertirse en ese globo que nos permite ser pilotos de esos vuelos. La escritura permite no evadir esos momentos de elevación y creación. Donde el silencio y el efecto poético no se escapan. Entre las letras, el cuaderno, el lápiz y nosotros, nada ni nadie nos juzga. ¿Qué tiene que ver la margarita con el globo? No lo sé. Y no quiero saberlo. Somos nosotros a la deriva, con la imaginación como única brújula.

He llenado páginas y páginas con esos vuelos, nacidos del silencio que me otorga un poema. Y en cada página entendí lo mismo: Hablar de la literatura es siempre un acontecimiento personal.

Poesía Espacio para la vigilia.

p. 60

Cecilia Balcazar de Bucher, en su ensayo Lenguaje, poesía y filosofía, ofrece una clave fundamental para entender que los acercamientos poéticos se acentúan en caminos difusos y liminares:

Como consecuencia del giro lingüístico (o lenguajístico) de las ciencias humanas y sociales, y del establecimiento de una nueva concepción del lenguaje, no se concibe la lengua como un instrumento incuestionado de la comunicación, ni como un medio transparente para nombrar, o representar una “realidad” que pueda concebirse como externa al propio discurso. Además, se produce otra ruptura en el esquema tradicional de la comunicación entre emisor y receptor. Somos emisores y receptores múltiples, como lo propone la lingüística de la argumentación. Nos valemos de un código que no es transparente, en el que lo que se dice no es igual a lo que se significa .48 Esta idea converge con lo planteado por Bajour a través de la imaginación: el lenguaje no es transparente, lo que se dice no es igual a lo que significa, entonces el acercamiento a un poema nunca puede ser el mismo.

La margarita de uno no es la margarita del otro. El globo jamás viaja hacia un mismo cielo.

Balcázar de Bucher continúa aún con esta idea y la vincula al lenguaje del poema. Menciona que el poema no busca representar el mundo, busca fundarlo: “La obra de arte, en general, y el poema, en particular, nos confrontan con una visión propia del mundo diferente a la nuestra. Fundan un mundo al presentarse como una nueva apertura del ser” 49. Allí en el poema se busca abrir el mundo y sentir el poema es recibir mundos fundados. Balcázar de Bucher apela a una cita de Wittgenstein que no pasa por alto: “Creo haber sentado en su conjunto mi posición en relación con la filosofía cuando he dicho que la filosofía, realmente sólo se la debería escribir en forma de poema” 50. No hay otra manera para pensar y pensar el mundo más allá de un lenguaje poético.

48 Balcázar de Bucher, C. (2000). Lenguaje, poesía y filosofía. Revista De Estudios, 1. 49 Balcázar de Bucher, Lenguaje, poesía y filosofía, 5.

50 Ludwig Wittgenstein, citado en Cecilia Balcázar de Bucher, “Lenguaje, poesía y filosofía”, 9.

p. 61

Me permito, al igual que Cecilia Bajour, citar a Luigi Serafini con su Codex Seraphinianus:

Fig. 5. Luigi Serafini, ilustración de Codex Seraphinianus, 1981. El texto se presenta en una superficie rígida, de piedra. Hay algo allí adentro, ¿nuestros sentidos a la espera de ser reconocidos? Y alguien está a la búsqueda de una verdad dentro del poema. Toma sus instrumentos, sus métodos y emprende su extracción. Ahora la superficie permanece en ruinas, el lenguaje fundante parece no habitarnos. Esta imagen es lo contrario a la margarita que se vuelve globo. Allí la imaginación se eleva sin método, sin instrumento, sin destino fijo. Aquí la interpretación llega metódicamente. Los vuelos, como el globo de la margarita, pueden emerger de elementos insospechados. Hay objetos adheridos a su quietud, a su inerte existir; como las piedras. ¿Qué vuelos se emprenden las piedras?

p. 62

Las piedras Espacio para el sueño

p. 63

La piedra, tan silente y taciturna, ha sido modificada. No hay valor en sí misma. Piedra, piedra, piedra… conviértete en hombre para que en ti hallemos el dolor y la pena. Transfórmate, tú, piedra silente. No te niegues al cambio. Ha ocurrido y ocurrirá mil veces.

Hace días vi una piedra. Era preciosa, señor. Preciosísima. Estaba detrás de un cristal.

Pero la sufrí No por su forma, ni por su color, ni por su historia (que seguramente la tenía) Sufrí porque su valor ya había sido dicho por otros. Era preciosa porque alguien lo había decidido antes que yo. Y entonces, ya no había nada que encontrar en ella. Hay piedras en el río que no valen nada.

Nadie las nombra. Nadie las protege. Nadie las encierra. No han sido agotadas por la mirada.

Fig. 6. Roca mineral expuesta en el Museo Nacional de Colombia, Bogotá. Fotografía del autor, 21 de marzo de 2026.

Poemario de piedras.

p. 64

Una piedra tan inofensiva pero a la vez tan peligrosa si tú lanzas una piedra puede hacer daño si tienes una piedra en el zapato

p. 65

eso duele si tienes una piedra de tamaño mediano en el patio de tu casa puedes partir panela con ella 51.

Siempre te vi como si fuéramos uno solo, gris, callada e inmóvil ante el mundo No logro recordar la vida antes de que fuéramos uno solo Mi corazón dejó de latir por que sabía que se podía desmoronar

51 Patricia Ramírez, “Poema 1”, de una colección compilada por el autor, 2026.

p. 66

Hoy somos una roca 52.

Tal vez una pila de piedras No sea más que peso acumulado,

52 Santiago Benitez, “Poema 2”, de una colección compilada por el autor, 2026.

p. 67

Fragmentos de algo olvidado Aunque para una mente con imaginación Solo un momento es suficiente Para que ese montón inerte Revele una catedral latente Porque las piedras no son solo piedras Cuando alguien las ve distintas La luna, por ejemplo No es más que una piedra gigante Y sin embargo Cuántos versos se le han dedicado Y a cuántos hombres a través de los mares ha guiado Porque las piedras cambian y adquieren valor No por lo que son Sino por quien las contempla 53.

cálido

53 Juan Camilo Cardona, “Poema 3”, de una colección compilada por el autor, 2026.

p. 68

inerte (sin pulso) áspero erosivo obstinado opaco volátil callado incendiario Lo inmovil (lo-no dicho) Insiste Sin historia, sin ceder Sin pedir lugar Sin forma Lo que no pasa, pero que se queda Lo que se queda Lo que se queda (más) Lo que se queda (mucho más) 54.

54 Juan Manuel Botero, “Poema 4”, de una colección compilada por el autor, 2026.

p. 69

Caminando me di cuenta de que sigo un camino lleno de piedras y no me refiero a eso por el gran número de problemas que me genera, aunque también, sino de manera más literal.

En ese pensamiento me quedé un rato, absorto en la idea de que yo, a diferencia de ellas, era frágil, que aunque quisiera, nunca podría ser una piedra, ahora ya metafóricamente hablando.

Tal vez podría ser, o soy directamente, una de esas que se desarman en las manos, aunque por desconocimiento no sé si se llamarían piedras igual. Yo no duraré nada, pero dicho camino seguirá con sus piedras, antes, durante y después de mí, y los demás caminos también. Pensé, además, en la idea de inmortalizarme en una, elegir una y darle el valor de mi vida a ella, para que al menos mi valor siga existiendo en la tierra cuando ya nadie sepa de mí. La cuestión es cuál elegiría, si hay montones de ellas, como hay montones de personas similares a mí; pero supongo que habrá algunas que me generen importancia y que, aunque ellas crean tal vez que son piedras que se desarman en las manos como yo, podrían ser de las duras y rugosas que, si son lanzadas con fuerza, puedan romperlo todo, inclusive a mí 55.

55 Geovanny García, “Poema 5”, de una colección compilada por el autor, 2026.

p. 70

La piedra es un material que para mi sería utilizada para fabricación o construcción y utilizada para muchas cosas de construcción como muros de contención pisos de piedra estructuras y hay muchas cosas más que se pueden hacer con la piedra 56.

56 Adriana Ramírez “Poema 6”, de una colección compilada por el autor, 2026.

p. 71

Je pense aux pierres qui sont au bord de la mer. Des formes, des couleurs et des textures différentes. Je les lançais quand j’étais petit, et je continue même à les lancer, un mouvement de décharge visant le néant. J’écoute leur son lorsqu’elles frappent l’eau, qu’elles la percent. Je vois les ondes, les figures parfaites qui appartiennent à la nature. Je leur avais déjà attribué une charge énergétique, j’en ai même un tatouage.

Les pierres ont quelque chose à nous apprendre, même si elles me paraissent particulièrement stoïques. Les pierres me rappellent le silence, le calme, mais aussi l’érosion.

Elles se laissent caresser par le vent et par l’eau, par la vie, et elles changent en fonction 57.

57 Mateo Rave, “Poema 7”, de una colección compilada por el autor, 2026.

p. 72

He visto una piedra resistir el nombre del tiempo, dejarse llover siglos encima sin pedir tregua, sin pedir memoria.

Hay una sabiduría antigua en su quietud: no buscan ser otra cosa, no imploran el movimiento, no mendigan la luz.

Y sin embargo, arden por dentro con la historia del mundo. Dicen que son duras, como si la dureza fuera una falta. Pero yo he tocado piedras tibias, suaves de tanto existir, curvadas por el roce invisible de manos que ya no están. A veces pienso que también fuimos piedra alguna vez: antes del lenguaje, antes del deseo, antes de esta urgencia de explicarlo todo. Piedra era el silencio y era suficiente.

Ahora cargamos nombres, cuerpos, heridas que se pronuncian. Pero en el fondo, muy en el fondo, hay algo que aún resiste sin palabras. Algo que no se rompe, aunque todo lo demás ceda. Quizás por eso las recogemos, las guardamos, las llevamos en el bolsillo

p. 73

como quien protege un secreto 58.

Sobre la arena húmeda del Pacífico, las piedras.

Inermes, solitarias, inciertas, pasajeras. Testigos del tiempo, de las noches sin luna y las mareas.

Algunas como asteroides brillantes, Otras rosadas y azules.

Y en el camino, una, desapercibida, emulando el color de la arena, asombrosamente a corazonada 59.

58 Luz Marina Henao, “Poema 8”, de una colección compilada por el autor, 2026.

59 Ilene Rojas, “Poema 9”, de una colección compilada por el autor, 2026.

p. 74

Камень стоит он крепок я стою я силен и свободен но я могу бежать и плыть Камень не может не убежать ни уплыть Но ребенок прибежит и кинет его в море Море бушует и вот камень уже выплыл на песочный островок он жив он вечен и бессмертен Как моя душа Но моя плоть не бесконечна что есть сила моя ? Говорят что мы произошли из песка земли или камня ? Камень тверд из него делали замки В которых жили короли ,бедняки ..простые люди дворяне Драконы ?

Пингвины дарят самые лучшие камни своим самкам чтобы плодиться Значит ли что все специи одинаковы от людей и имеют ум ? И мы тоже ?

Если ли Бог Что такое добро и зло Где справедливость ?

Подумал я кинул в море камень уходя в закат Одно есть правда что нужны быть твердым как камень во всем а иногда мягким как вода 60.

60 Aleksandr Mikheev, “Poema 10”, de una colección compilada por el autor, 2026.

p. 75

“La piedra, elemento esencial puesto en nuestra corteza terrestre, material precioso que nuestros ancestros dieron forma, el todo allí representado, dando vida y forma a muchas civilizaciones 61. (Carlos Echeverri)

61 Carlos Echeverri, “Poema 11”, de una colección compilada por el autor, 2026.

p. 76

Nacen del silencio, del hueco desnudo donde la tierra guarda su memoria, como un hueso que quedó del primer relámpago, como la noche solidificada... allí yacen, esperando.

Descansan en el lecho del río o en la orilla de los caminos. Tienen siempre la forma exacta de una ausencia. Recuerdan pasos que ya nadie da. Son acaso sombras largas que temblaron, bajo una luna de asombro.

Tienen la piel estriada de los que han sufrido el mundo. Unas son lisas o mansas como un párpado cerrado; otras, ásperas y rotas, labradas por el golpe del tiempo, con la misma geometría irregular de nuestras propias cicatrices. Las hay redondas, pulidas por el llanto inmemorial del agua, o rotas, afiladas por la furia del viento. Se visten con los colores de la intemperie: grises de lluvia vieja, ocres de sangre olvidada, blancos de luna ciega.

Y si acaso las partes, si rompes su mutismo de basalto, descubrirás que laten, cruzadas por venas de cuarzo y plata. Se parecen tanto a nuestra dura soledad. También nosotros endurecemos la corteza contra el invierno para salvaguardar, allá en lo oscuro y profundo de la carne,

p. 77

la frágil simetría de una luz que no se rinde. Hay piedras tan tristes en el mundo... Yo no sé. Piedras cansadas de sostener muros ajenos, piedras negras sobre el camino blanco, piedras que albergan la eternidad en una grieta mínima justo allí donde una brizna de hierba, minúscula y terca, parte la dureza en dos para inventar el verde. No están muertas. Nunca lo han estado. En su quietud mineral arde una paciencia infinita. Nos ven pasar, efímeros, desorientados y solos; nos ven tropezar contra su lomo de pan negado, y nos reciben cuando caemos con la boca en la tierra, con esa compasión callada de quien sabe que todo lo que se rompe, algún día será arena, y la arena, mar, y el mar, de nuevo nube. Tócalas. Siente su latido frío.

Es un corazón que sangra a la velocidad de los siglos. Quédate a su lado un instante, sin pedirle nada. Aprende su forma bellísima y triste de resistir la intemperie; aprende que permanecer, a pesar de las ruinas, es también una forma salvaje, purísima, de estar vivo” 62. (Diego Hernández)

62 Diego Hernández, “Poema 12”, de una colección compilada por el autor, 2026.

p. 78

1, 2, 3… Piedra, papel o tijera es el eco que dejan las risas, en los parques ajenos recién deshojados son las marcas en el cuerpo, ronchas de abejas que ya no tienen panal son las caídas en las piedras, el llanto plasmado en papel y la vida recortada en 1, 2, 3… 63

63Alejandro D. Santa, “Poema 13”, de una colección compilada por el autor, 2026.

p. 79

Salga, abra bien los ojos, dilate esas pupilas Tome una piedra suave o con aristas, cuál prefiere?

No importa, la forma que tenga no es un reflejo de cómo elige amor, o si? Mientras usted solo las pisa O las arroja al agua para que reboten Los pingüinos las ofrecen a su amada para comenzar un nido Las nutrias eligen su favorita que los acompaña de por vida Yo no me ilusiono, pero quiero ser la piedra que usted elija cuando renazca en uno de esos animales Mi miedo al futuro es tan real como el miedo de un perro amenazado con una piedra, aunque ambos sean imaginarios Hay gente que se pasa la vida amando a otros que son solo piedras, y hay gente en la calle desesperada por piedra Las piedras son místicas, me dice mi amigo, “esta se llama triturada”, porque sale de otra piedra, me explica “¿Piedra?, piedra es la que me va a sacar usted si sigue preguntando guevonadas”, me dice mi jefe después de preguntarle qué opina de las piedras 64.

64Camilo Ceballos, “Poema 14”, de una colección compilada por el autor, 2026.

p. 80

Un escuadrón de poetas no podría adivinar su nombre y su apellido. Acaso una metáfora sublime para el único lunar que hay en su cuello. Una estrella fugaz, dirán algunos.

Una lejana voz que pide auxilio, dirán otros. ¡Yo veo un hogar microscópico!, dirán los más atrevidos. ¡Yo me veo reflejado en él!, dirán los metafísicos. Ni una sola palabra saldrá de la boca de un poeta, ni un gemido, que pueda inmortalizar el embrujo en su mirada. Medusa citadina, Alma encerrada entre mejillas, de piedra ahora es mi corazón.

Un sol helado de piedra y de sangre dolida 65.

65 Carlos Betancourt, “Poema 15”, de una colección compilada por el autor, 2026.

p. 81

Como las piedras que se anudan dentro de los bolsillos Para luego nadar en las profundidades Hemos de soportar nuestra rocosidad en el oleaje lo helado del sabor salado que el tiempo ha agrietado dentro de nuestra boca La mirada caliza incrustada en nuestro último abrazo o lo angular de las puntas deformadas en las que nos encontramos siempre juntas Te prometí tallar este amor mineral esta amistad calcificada en el lapso de algo que el agua nunca pudo corroer en capas infinitas de piedra 66.

66 Juana María Osorio, “Poema 16”, de una colección compilada por el autor, 2026.

p. 82

Antes de saberse piedra ya guardaba intemperie. No por su cuerpo, su modo de callar la volvía

honda.

La dejaron en casa como quien olvida un latido — entre los muebles— La luz aprendió a esquivarla y el polvo

obediente no la nombraba.

La mujer pasaba cerca con las manos temblorosas. El niño la soñaba como un animal antíguo

que respira despacio y el tiempo — que todo lo vuelve—

costumbre la tiró al recuerdo.

La piedra cedió a su silencio sin ruido — sin miedo— Desde entonces, la casa espera como si algo fuera a volver 67.

67 Judy Duque Baquero, “Poema 17”, de una colección compilada por el autor, 2026.

p. 83

Lastre, cimiento lo que el musgo abraza lo que el fuego rompe lo que lacera piedra soy 68.

68 Laura Aguirre, “Poema 18”, de una colección compilada por el autor, 2026.

p. 84

I Era una piedra fue inmensa. Aunque a veces, no sé si realmente lo era o si mi infancia la agrandaba, pero yo la veía como un meteorito caído del cielo detenido en el cauce del río Otún. Era mi planeta privado. Me subía a ella y sentía que dominaba el mundo, que el agua corría solo para rodearme.

No sé en qué momento la piedra desapareció y con ella, mi infancia. II Hubo un tiempo en que mis manos no sabían medir la fuerza ni las consecuencias. Lanzaba piedras a gallinazos y pájaros como si el mundo fuera un blanco. No pensaba en el dolor ni en el miedo que podía causar. Solo en el acto de lanzar.

Hoy esa memoria pesa más que cualquier piedra. Hay una culpa plomiza que me arroja al fondo de mí mismo.

III

Las piedras tienen alas, me lo dijo un sapo cuando yo tenía cinco años. Desde entonces tiro piedras planas a los lagos.

IV Mi abuela murió hace más de treinta años. De ella me quedan muchos recuerdos y la piedra con la que machacaba la panela, el ajo, cualquier cosa que la cocina exigiera. La piedra es negra. Hace unos años le pinté calaveras y cada primero de noviembre le enciendo velas alrededor 69 (Gleiber Sepúlveda)

69 Gleiber Sepúlveda, “Poema 19”, de una colección compilada por el autor, 2026.

p. 85

Desde lo alto de mi perfil afilado te observo con lástima dubitativa, alcoholizada con una carta en el bolsillo aguardando Desde lo alto de mi piel rocosa, infecunda, desamparada te siento

alguna vez fuiste hermosa Te siento los cachetes colorados, el corazón en la boca abriéndote camino en una multitud a la cual no perteneces Desde lo alto de este mi trono yermo ruego para mis adentros No te acerques rompe esa carta

Él es como yo 70.

70 Diana Vela, “Poema 20”, de una colección compilada por el autor, 2026.

p. 86

Piedra es lo que soy — a veces creo, aveces quiero— Piedra para que el tiempo parezca no marcarme, para que mi huella sea fuerte, definitiva, y no se rompa mi corazón con tanto golpe lejano.

Soy apenas arenisca 71.

71 Paola Gómez, “Poema 21”, de una colección compilada por el autor, 2026.

p. 87

Hay muchos tipos de piedras unas más bonitas unas más valiosas pero de algo si estoy seguro y es que con la energía de su materia vive cada era del mundo y está ahí, inerte.

Pero ha presenciado todo desde el comienzo 72.

72Daniel Echeverri, “Poema 22”, de una colección compilada por el autor, 2026.

p. 88

Una piedra es reflejo.

El peso de la vida.

Todo depende de cómo decidamos llevarla, sentir el peso con cada paso… O en el agua, parece ir más liviana 73.

73 Xiomara Restrepo, “Poema 23”, de una colección compilada por el autor, 2026.

p. 89

Aveces pienso en las piedras a veces pienso en las piedras y que saben más que nosotros. Han estado aquí desde siempre, viendo cómo la tierra cambia, cómo todo se mueve, se rompe y se vuelve a formar Me gusta pensar que guardan historia, no como los libros, sino de otra forma, más silenciosa. Como si cada una tuviera algo que contar, pero no necesitara decirlo Han visto pasar gente, culturas, vidas enteras, y siguen ahí, como si nada. Como si el tiempo para ellas no existiera eso me hace sentir pequeña, pero también tranquila porque mientras todo cambia tan rápido, ellas siguen siendo prueba de que la tierra tiene memoria 74.

74 Sofía Torres, “Poema 24”, de una colección compilada por el autor, 2026.

p. 90

Canta, Canta el río a su milenario llanto. Una piedra, miles y millones de piedras, conservan pretrificadas aún las lágrimas hondas y milenarias, de un mundo, cuya promesa fue nacer para morir. En las piedras, piel de las cavernas, los amantes rugieron sus primeros versos, encontraron su primer refugio. Una piedra es hogar, filo, arma, huella, trazo, camino.

Una piedra está aquí.

Una piedra ha permanecido en la eternidad nuestra. Sabemos que una piedra es anterioridad y posteridad. Una piedra perdura, pervive, subsiste, Insiste.

Para una piedra, el pasado es siempre futuro.

p. 91

Una piedra susurra el porvenir, es predestinación, fatal destino del ave que detuvo el vuelo, de la bestia que bramó su herida, del humano que desvió su paso. Una piedra trae consigo el agua, el viento, el fuego, el volcánico vapor, el destello de los astros, el imperecedero origen de todas las cosas, de la vida, del canto, del llanto, del mugido, del infinito trasegar de la vida, del húmedo abrazo de los musgos 75.

75 Jefferson Martinez Santa, “Poema 25”, de una colección compilada por el autor, 2026.

p. 92

*** Algunas personas hicieron el ejercicio de pensar en las piedras, pensarse en las piedras. Algunos vieron en ella un utensilio para partir panela. Otros se vieron frágiles como aquellas que se desmoronan con el río. Otros sintieron que hay dureza en la piedra y la quisieron para sí mismos. Hubo quien la vio como peso, quien la vio como refugio.

El reflejo nunca fue igual.

La piedra es callada, sí. Pero habla en función de nuestra fragilidad frente a ella. Y esa voz que creíamos encontrar en la piedra realmente siempre fue nuestra. ¿Acaso es necesario que un poema sobre una piedra le pregunte al lector qué piensa sobre las piedras? No. Basta con que exista el poema. Como lectores ya traemos nuestras propias piedras.

p. 93

Espacio para el sueño Espacio para la vigilia.

Hemos de habitar el acontecimiento|poético como la lectura de aquellos lenguajes mudos que conforman el mundo. “Y hay en este mundo muchas instancias poetizables, no se trata de escribir poemas solamente. Se trata de poner atención a lo que se nos revela” 76. Las reflexiones sobre la noche de Hanni Ossott presencian la noche como un estado interior, donde se desciende a regiones de sí mismo apenas reveladas por la luz. Allí, el silencio supone una revelación distinta, donde el lenguaje pierde sus contornos estables y bulle junto a lo deforme que habita nuestra sensibilidad.

El sentir permanece callado, al acecho. “La poesía es un hacer noche hacia la consecución de una claridad distinta y otra. Ese hacer noche significa también hacer silencio; deponer el lenguaje para que éste se vuelva más hablante” 77. De ese silencio surge una tenue

76 Hanni Ossott, Imágenes, voces y visiones: Ensayos sobre el habla poética (Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1987), 14.

77 Ossott, Imágenes, voces y visiones, 27.

p. 94

melancolía, como aquel gesto que apela al descenso hacia aquellos espacios agónicos donde el poema enfrenta sus propias oscuridades. Ser la noche implica aproximarse a otro tipo claridad; habitar una zona donde la sensibilidad pierde certezas y queda expuesta a la noche. Pero los poetas están entregados a ese soportar. Más, ¿si no podemos hacer oscuridad en nosotros? ¿Y si estamos nerviosamente aferrados a la seguridad del día? ¿Y si solo queremos ver bordes, contornos y realidades fijas? ¿Si nos oponemos a la oscuridad? Entonces tendremos, como dice Rilke, mundo ante nosotros, pero no en nosotros 78.

La sensibilidad es un habitar; leer es un habitar; escribir es un habitar. Construir nuestro propio mundo, nuestros propios gestos liminares para acercarnos a la poesía, parece pertenecer a la noche. Entregarse a ese soportar implica permanecer ante una claridad distinta, responder al silencio con un lenguaje capaz de habitar aquello que todavía no puede decirse, lo que: “no da para la altura de la palabra”79.

Hanni Ossott pensaba que “El poema es sólo el resultado de la fragilidad. El poema expresa esa tensión y ese agotamiento. Y el poeta debe descender al fondo abismal” 80. La poesía surge de una búsqueda por la fragilidad del mundo. Esa tensión que emerge del habitar de la carencia.

Es por esto que, la creación de ese lenguaje fundante es lo que permite el acercamiento a las superficies. Aquello que nos interpela y nos lleva a acentuar nuestra sensibilidad y fragilidad ante el mundo, ante lo humano y natural. El lector puede estar un poco más cerca (o más lejos) de ese lenguaje que ocupa la poesía. Ese descenso al fondo abismal es la pregunta que se hace quien está en la hierba alta mirando el rocío: ¿Qué significa para mí el agua? ¿Qué puede haber en las plantas que emancipan mi alegría como algo genuino? ¿Cómo vamos a responder a esa poesía del abismo?.

78 Ossott, Imágenes, voces y visiones, 27.

79 Ossott, “Hay soledad para mucho”, 82.

80 Ossott, Imágenes, voces y visiones, 32.

p. 95

En el abismo se ven difuminados los parámetros de quienes creemos ser, allí permanecemos vedados, al encuentro de nuestro instinto: “El saber del poeta se mueve en los terrenos de la fuerza intuitiva e instintiva” 81. Con esto, el gesto poético habita en nosotros incluso antes del poema. A esto se refieren las aperturas, los abismos; las susceptibilidades que encontramos azarosamente en la poesía.

En torno a esta conversación, Hanni Ossott cita a Rafael Cadenas para relacionar aquel abismo; el espanto que existe de estar precipitados hacia él: Es tan corta la distancia entre nosotros y el abismo, casi inexistente, una delgada lujuria. Basta detenerse y ahí está. Somos eso 82 A propósito de esta cita Hanni Ossott convive con la idea de una delgada lujuria que actúa como noche. “Ella es la huella, la marca, la señal que nos hala hacia sí. Ella nos vuelve más anhelantes. Los anhelantes de lo terrible. Allí donde ella es fermento, febrilidad, fuente de vida, es también, fuente de amor y de destrucción” 83. Es el manto de la noche bajo el cual la sensibilidad toma una forma honesta.

El abismo y la lujuria nos vuelve anhelantes.

81 Ossott, Imágenes, voces y visiones, 39.

82 Rafael Cadenas (1977), citado en Hanni Ossott, Imágenes, voces y visiones: Ensayos sobre el habla poética (Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1987), 43.

83 Ossott, Imágenes, voces y visiones, 43.

p. 96

Melancolía Se ha inundado la cúpula de un espeso humo grisáceo, se propaga vasto por entre los rincones. Alcanza los espacios, encerrados ante lo oscuro. La penumbra acrece. Y ahora hay un aro de luz debilitado en la línea divisoria trazada por las montañas. Las voces se acallan. La penumbra convoca al silencio. Los cuerpos languidecen, caen en un frío estupor. Ya no hay aro, solo el vapor iluminado de su presencia desvanecida. Ha quedado todo atrás, el vaho del cuerpo se hace visible. Aquellos que aman caen en la errancia hasta que el astro padre se presenta. El silencio sigue en acecho. Todos los cuerpos lloran… La noche ha llegado.

p. 97

Melancolía De todo lo velado, Tenue, lejana y misteriosa surge Vaga melancolía Que del ideal al cielo nos conduce. He mirado reflejos de ese cielo En la brillante lumbre Conque ahuyenta las sombras, la mirada De sus ojos azules.

Leve cadena de oro Que una alma a otra alma con sus hilos une Oculta simpatía, Que en lo profundo de lo ignoto bulle, Y que en las realidades de la vida Se pierde y se consume Cual se pierde una gota de rocío

p. 98

Sobre las yerbas que el sepulcro cubren 84.

La luna está en lo alto. No hay sombras en el cemento ni en el prado. Yo estoy pensando en la melancolía y en José Asunción Silva, agarrando lo que queda del mundo. Porque hay tantas cosas allá afuera y tantas cosas acá adentro. Me pregunto por la melancolía porque en ella existe una duda sobre nuestra existencia. Desde un dolor codificado, desde las faltas insistentes.

Hay un hombre con su centro descascarado y su mirada perdida en la naturaleza. Su centro está comido por los insectos y la agonía. Los rostros del hombre caen a la tierra, quedan perplejos ante la división, pero ahora beben del pantano que la lluvia ha creado. En el lodo caen las hojas secas y caen como si bailaran en su último instante. Ahora todo yace en reposo. El calor secó el lodo y sus restos se petrificaron. Sus miradas seguían perplejas ante la naturaleza del horror. En el viento hay calma, besa lentamente la mirada fragmentada. El vapor de la luna ilumina el acto.

Se ha mojado, se ha secado y siempre permanece. Ahora hay raíces mudas, abarcantes, bajo la tierra. En ellas, hay quietud. La mirada muda,

hay una mirada muda.

***

84 José Asunción Silva, “Melancolía”, en Poemario, consultado en Marzo del 2026

p. 99

Del país de la pena ” ¿Quién soy?. .. "¿La luz que ilumina esta verja, esta tierra?” ¿Soy los árboles y las plantas? ¿Acaso el mar? Soy colinas, riberas, agua bañada de luz Soy un cuerpo cansado de tanta errancia un cuerpo y un alma cansados del miedo Soy el temor.

Desde lo profundo y oscuro escucho y tiemblo Oigo lo profundo, lo oscuro, lo difícil las contradicciones, todos los polos opuestos las negruras, las blancuras, los intercambios como si lo blanco reuniera a lo negro como si lo negro reuniera a lo blanco 85.

85 Ossott, “Del país de la pena”, 85.

p. 100

Hay muchas cosas en el mundo, lo he repetido tanto. Evado y huyo de la pregunta principal.

¿Quién soy?Soy el cansancio de los ojos vedados por la incertidumbre y permanece mi alma en las copas de los árboles silentes, en perpetua ondulación. ¿Quién soy? Poseo varias teorías y todas son ciertas, mis manos se aferran a todo y a nada.

¿Quién soy? Han brotado mis manos besadas por la arena y han llorado mis labios acariciados por un sol. He dibujado en cuadernos, con la esperanza de encontrar las palabras fuera del alfabeto.

He visto la tierra hacerse polvo a mi alrededor y divago en los llanos vacíos de la memoria. Construyo y construyo.

Estoy en la hierba alta, con mi mirada fija en el rocío. Sí, ahora soy penetrado por los múltiples visos y mi alma se eleva junto al ruido de la ciudad, como lo hace Baudelaire86. Ahora hay cantos ahogados de las aves con sus plumas decadentes.

¿Quién soy? La palabra que roza la brisa de abril y los cantos de agosto, la frase que sentencia al delincuente y exhorta de pecados al pueblo.

¿Quién soy? Soy un poeta pagano y blasfemo a la literatura.

El mundo gira: contiene violencia y belleza. ¿La sangre y el agua bendita no son lo mismo?

¿Quién soy? Apago la vida cuando la oscuridad ya es demasiada. Cuando la penumbra canta y se sube por las patas de la cama. Atraviesa la almohada violentamente.

86Se hace alusión al poema “Elevación” (Élévation), perteneciente a la sección “Poesía portátil” de la obra Las flores del mal de Charles Baudelaire (Penguin Random House,

2025)

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¿Quién soy? El sentido de mi vida lo traje a la palabra, al arte que apela y la lágrima que cae y cae.

Ahora… Ha habido un silencio, donde mi mirada se perdió en lo deforme. He pensado en la vida y en el encierro. Detrás de las palmeras está la luna. Y ella parece ir sigilosamente rápido. Quisiera seguirla y gritarle que para dónde va y que si me va a recordar dentro de todos los demás seres humanos que la han visto. Pero ella está allá afuera y yo acá adentro. Siento como mi cuerpo es débil y una imperiosa necesidad de ser inmortal.

p. 102

Hay soledad para mucho hay frío las laderas no nos besan la colina no nos reconoce la casa está vacía sin fiesta y somos lo raro el no invitado el excluido nuestro silencio no da para la altura

de la palabra

p. 103

Nos detenemos

en el rozar del rostro

en la mirada las graves hojas tiemblan

el resplandor se adormece no soy yo quien soy yo

ahora me borro como la arena al viento 87.

Ahora debo hacerle caso al llamado, extender mi manos a mis objetos. Con sus superficies polvorosas; allí están bajo la posesión de esta luz emancipada de mí, amarilla, inerte. Se ha alzado un velo, todos mis objetos se extienden ante mí, han tomado mi cuerpo y lo extienden hacia sí. Y me expando, me abro como un río al encuentro del caótico mar. Acrece mi soledad, permanezco con los ojos cerrados, mis extremidades avanzan y avanzan por los rincones. El techo, mi mente, permanece tan lejos, como el cielo tras las nubes, imperceptible. Mis extremidades no alcanzan la techumbre. Permanezco vedado y agotado. He construido todo un sistema para explicarme y aún así, no alcanzo la techumbre. Mis objetos y sensibilidades, permanecen mudos, al acecho. Mis ojos permanecen vedados. Mi mente lejana. Y ahora solo roso las superficies. Avanzo hacia el vacío, mis amigos están lejos, mi familia está lejos y mi mente está lejos. Hay una soledad aquí adentro y hay mucho que ver afuera. Allí permanece la noche y el rocío aclamando a la luna. Los vapores suben por las corrientes de aire invisibles y se juntan para generar una danza ansiosa, lejos de mi techo y lejos de mis objetos.

He permanecido sentado, leyendo. Se volcó sobre mí el persistente sentimiento de soledad. Allí afuera, hay ocupaciones. Está el asfalto y hay quienes están esperando los

87 Ossott, “Hay soledad para mucho”, 82.

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semáforos, cansados. Vapores de la ciudad. Hay dos hombres buscando refugio en las zonas baldías de la urbe. Hay soledad para mucho, para muchos.

Aquí hay mucho, allí afuera hay mucho. Hay soledad para mucho. Persisto y persisto, mis extremidades están cansadas por las faltas88. Los objetos a mi alrededor están finalmente consumidos por su sombra. Permanecen inmutables ante la oscuridad.

La luz aclama el poema que leí hace dos años, en compañía. Ahora lo leo y estoy solo. Está José Asunción Silva, está Hanni Ossott y por una espiral sale al encuentro Virginia Woolf. Hay soledad para mucho. Están consumados los espíritus que inhalan el vapor de las plantas y besan el coro de las aves. Hay soledad para mucho. Recuerdo y recuerdo.

Estoy en un auditorio, hay máscaras a mi alrededor. Pienso que debí comenzar antes a morirme por dentro. Pienso y pienso, beso mis manos y hay soledad para mucho. Ahora las cortinas se han cerrado, cae el negro por toda su extensión y yo sigo de pie, esperando. Todo espera, siempre hay una espera. Hay soledad para mucho y las cortinas lo saben, porque se cierran. Hay soledad para mucho. Los gritos ahogados están afuera y hay una techumbre inhalcanzada, un grito perturbado por su existencia. Hay soledad para mucho.

88Se hace alusión al poema sin título que inicia con el verso “No sé que hay en la tarde, en la luz, en el alma”, perteneciente a la antología Ya no será de Idea Vilariño (Bogotá: Penguin Random House, 2023).

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Un gran poema89 Ahora no tengo nada claro. He vivido páginas en blanco, se crean torrentes en el aire. Ya hay una calma solemne. Contemplo la caída de cada gota. Están allí, se vuelven charco y a la vez estrellas. Brillan junto al mundo y con él gritan las tristezas. Ha salido un suspiro. ¿Qué será? Hay un mundo allí afuera y yo estoy aquí adentro buscando un cielo al cual poder gritar también.

89Se hace alusión al poema "La playa sin fin", perteneciente al poemario Canto de penumbra de Hanni Ossott (Reverso, 2004), 97.

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Mis manos son el exterior, son lo más cerca que he estado de tocar el mundo. Es una epidérmica tristeza.

La noche de repente es efervescente, se apoderan los espíritus bravíos. La luna está en algún lado del cielo. Se esconde ahora de mí y no veo el lunar de la noche. En cambio, el aire está flotando en el sopor bullicioso y aturdidor. Hay grillos, cigarras y un búho tímido que llama. Todo está en un ajetreo, los cuerpos duermen y las plantas se agitan levemente por la brisa apacible. Los árboles se perfuman por la noche y la luz de la lámpara anuncia el baile de los insectos. En mi ventana la campana de viento es la sinfonía. Yo estoy mudo en medio de las plantas del balcón. Mi garganta está mutilada por pensamientos. Noches Blancas las llama Dostoyevski; la noche atravesada por el candor de las almas. Estoy de visita en el mundo. Mis manos aún se alargan y ahora de ellas aflora la brisa. Otro suspiro… ¿Quién será? Hanni Ossott aclama al Gran poema ese gran poema que lo contuviera todo. los vientos. la melancolía.

El arrastre.

las largas noches 90.

(Hanni Ossott, 1986) Creo que está allí, afuera está ese gran poema.

Hay una carencia, siempre las hay. Señor, no puedo ser el único. Las nubes ahora son una masa enormemente grisácea cubriendo las techumbres. Una playa sin fin “el centro de lo

90 Ossott, “Una playa sin fin”, 97

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improbable” (Hanni Ossott, 1986) Quiero abrazar la totalidad. Hanni Ossott pienso en ti cuando pienso en poesía, en melancolía.

Leyendo las Olas de Virginia Woolf …

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“¿Qué soy? No hay estabilidad en este mundo. ¿Quién es capaz de expresar el significado de algo? ¿Quién puede prever el vuelo de una palabra? Las palabras son como globos que navegan sobre las copas de los árboles. Hablar de saberes es una inútil frivolidad. Todo es experimento y aventura. Constantemente nos mezclamos con desconocidos factores. ¿Qué me espera? Lo ignoro” 91.

Ellas escribieron sobre las olas que cobijan la arena. El mar pone límites y es atravesado sólo por los cuerpos. Ahora veo el mar diferente. El oleaje es un zumbido poético de palabras. Percibo un silencio que quiere interrumpirse con un grito, pero lo callado sale al encuentro de la soledad. Las hojas, las olas y los bichos, todos trémulos con la intención de nuestras palabras.

El balcón se abre como una mandala al encuentro de mi mirada… Una playa sin fin.

La literatura y la escritura me han permitido vivir más allá de lo que creía era el límite de mi existencia. Esto es un manifiesto callado: lo sentido, lo pensado, el día y la noche conmigo. Pereira, Londres, Caracas habitando un mismo sueño. Lo agónico prevalece porque hay un grito solitario92 vedado por la melancolía, trémula ante la existencia de tantas palabras.

91 Virginia Woolf, Las Olas, traducción de Andrés Bosch, Oveja Negra, (1983), 101. 92 Se hace alusión al poema “Del país de la pena”, perteneciente al poemario Canto de penumbra de Hanni Ossott (Reverso, 2004), 97.

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Cita: Echeverry-Ramírez, Jimmy Alejandro (2026), A la deriva. Gestos liminares para un acercamiento poético, Universidad Tecnológica de Pereira, p. N. https://hdl.handle.net/11059/16922