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Cuadernos de Filosofía Latinoamericana ISSN: 0120-8462 | e-ISSN: 2500-5375 | DOI: https://doi.org/10.15332/25005375 Vol. 42 N.º 124 | enero-junio de 2021 La virgen de los sicarios:

conciencia colectiva y sujeto no consciente [Artículos] Vladimir Sánchez Riaño Lucero Tonkinson  Fecha de entrega: 21 de julio de 2020 Fecha de evaluación: 15 de noviembre de 2020 Fecha de aprobación: 15 de diciembre de 2020 Citar como:

Sánchez Riaño, V. y Tonkinson, L. (2021). La virgen de los sicarios: conciencia colectiva y sujeto no consciente. Cuadernos de Filosofía Latinoamericana, 42(124). https://doi.org/10.15332/25005375.6603

Resumen Desde una perspectiva sociocrítica, este artículo aborda la relación entre literatura, historia y sociedad con el interés de realizar un acercamiento al fenómeno del sicariato en Colombia a partir de la novela La virgen de los sicarios de Fernando Vallejo. Para ello, se realizan tres grandes acápites. Primero, una perspectiva general del fenómeno conocido como “La violencia” en Colombia; segundo, una explicación breve del concepto

 Profesor asociado II de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Doctor en Filosofía por la Universidad Santo Tomás. Correo electrónico: vladimir.sanchez@utadeo.edu.co; ORCID: https://orcid.org/0000-0003-3166-9922  Magister en Lengua y Cultura Española por la Universidad Pontificia de Salamanca, Chicago Public Schools Teacher. Correo electrónico: ltonkinson@cps.edu

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Cuadernos de Filosofía Latinoamericana ISSN: 0120-8462 | e-ISSN: 2500-5375 | DOI: https://doi.org/10.15332/25005375 Vol. 42 N.º 124 | enero-junio de 2021 de sociocrítica como método de estudio; y, tercero, un análisis de la novela.

Palabras clave: sociocrítica, literatura, sicariato, violencia en Colombia, La virgen de los sicarios.

Our Lady of the Assassins: collective consciousness and non-conscious individual Abstract This article addresses, from a socio-critical perspective, the relationship between literature, history and society in order to approach the phenomenon of murder-for-hire in Colombia from the novel Our Lady of the Assassins by Fernando Vallejo. To this end, three main sections are presented. First, an overview of the phenomenon known as “the violence” in Colombia; second, a brief explanation of the concept of sociocriticism as a study method; and third, an analysis of the novel. Keywords: sociocriticism, literature, murder-for-hire, violence in Colombia, Our Lady of the Assassins Introducción El interés de este artículo es mostrar que la literatura puede entenderse como un producto cultural en la que conviven el placer estético de la obra de arte y el ethos de una sociedad. En efecto, la narrativa puede asumirse como una expresión en la que se encuentra la sustancia de los procesos históricos de las sociedades en términos de horizontes de comprensión del mundo, formas de relación social, política, económica, simbólica y estética, los cuales justifican un estudio de la narrativa y de su relación con las diversas dimensiones socioculturales de los pueblos. Al respecto, la novelista y crítica literaria colombiana Laura Restrepo sostiene que las obras literarias contienen diversos niveles de realidad en los que conviven

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Cuadernos de Filosofía Latinoamericana ISSN: 0120-8462 | e-ISSN: 2500-5375 | DOI: https://doi.org/10.15332/25005375 Vol. 42 N.º 124 | enero-junio de 2021 los intereses testimonial y literario (1985, p. 127). La novela, además de ser una obra narrativa, también es un lienzo en el cual ha sido plasmada una visión de mundo particular, de la cual ni su autor, ni la obra misma se pueden “escapar”.

Hablar de violencia en Colombia es reflexionar sobre un fenómeno sociológico de carácter ontológico que ha encontrado en la literatura un espacio para contarse. Es un hecho que se encuentra enraizado en el ser colombiano de los últimos decenios. Sus orígenes, sus causas y su desarrollo hacen que tenga características únicas en la sociogeografía latinoamericana y que, en efecto, ocupe un espacio privilegiado en las letras de los últimos setenta años. El término violencia, en Colombia, tiene una connotación vital, pues se origina por un proceso social de desenraizamiento del campesino a causa de las rencillas bipartidistas, las cuales posibilitaron el surgimiento de guerrilleros liberales, bandoleros, organizaciones guerrilleras con aparataje sociopolítico y logístico propio y grupos paramilitares. Por ello, “La violencia en Colombia”, más que una expresión, es una categoría que comúnmente se usa para referirse a un sustantivo propio acotado a la lucha bipartidista (liberales y conservadores), que se fraguó entre 1948 y 1965. Posteriormente, con el surgimiento de la guerra de guerrillas de corte marxista, castrista, nacionalista o maoísta (dependiendo del grupo guerrillero), se empieza a hablar no de “La violencia”, sino del conflicto interno. Este último abarca históricamente los acontecimientos acecidos desde 1965 hasta la época actual e incluye el conflicto armado con la guerrilla, el surgimiento de los carteles del narcotráfico, el fenómeno del sicariato, la violencia paramilitar y las bandas criminales emergentes.

La literatura, entendida como memoria colectiva y como archivo histórico social, es el marco que permite realizar un acercamiento a la novela La virgen de los sicarios al tomar como punto de referencia la visión

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Cuadernos de Filosofía Latinoamericana ISSN: 0120-8462 | e-ISSN: 2500-5375 | DOI: https://doi.org/10.15332/25005375 Vol. 42 N.º 124 | enero-junio de 2021 sociocrítica de Lucien Goldmann presentada por Altamirano y Sarlo (1980) y Edmund Cros (2010). A partir de esta, se intentará esbozar algunas hipótesis de trabajo en torno a la visión de mundo y la ideología que se encuentran en la obra, y que pueden convertirse en un primer intento de comprender su valor social. A la luz de Altamirano junto a Sarlo (1980), y Cros (2010) han planteado como posibilidades de análisis las categorías conceptuales de visión de mundo, ideología, sujeto individual y sujeto transindividual. En cuanto a esta última, en su acepción más simple y general, puede definirse como aquello que “hace que los individuos existan juntos”, lo que los “hace coincidir”, lo que los “hace comunicar […] a través de las significaciones” (Simondon, 2009). Así mismo, como lo apunta Heredia (2015), la categoría de lo transindividual permite conectar sistemáticamente “la individuación interior (psíquica) y la individuación exterior (colectiva)” (p. 456).

Aunque el periodo histórico concreto en el que se desenvuelve la historia de La virgen de los sicarios es el final de la década de 1980 y principios de 1990, este artículo presenta una visión panorámica sobre las causas de la violencia en Colombia como antecedente y escenario en el cual surge el narcotráfico y, con él, el sicariato. Así mismo, ofrece una visión general sobre el problema del sicariato en Colombia. Posteriormente, presenta una exposición sucinta del método sociocrítico como herramienta de análisis. Y, por último, hace un análisis de la novela en sí misma. Causas de la violencia en Colombia A finales del siglo XX, Colombia había pasado de ser una sociedad agraria a una sociedad urbana, los índices de la década de 1940 muestran un 70 % de la población rural por un 30 % de población urbana, mientras que los indicadores de finales de siglo mostraban un porcentaje inversamente proporcional. Esto hoy se ha visto en aumento por los más de seis millones

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Cuadernos de Filosofía Latinoamericana ISSN: 0120-8462 | e-ISSN: 2500-5375 | DOI: https://doi.org/10.15332/25005375 Vol. 42 N.º 124 | enero-junio de 2021 de campesinos desplazados desde el año 2002; solo entre 2002 y 2010 se dice fueron desplazados más de cuatro millones de campesinos1. Las causas de esta situación, según los autores de este artículo, son de carácter político, económico y social, y van desde las guerras civiles de finales del siglo XIX y principios del XX, pasando por el surgimiento de las guerrillas revolucionarias, hasta llegar al narcotráfico y el paramilitarismo. Causas políticas Las causas políticas se pueden rastrear desde el origen mismo de la República, en el conflicto entre Santander y Bolívar, originado por el pensamiento utilitaristas de Jeremías Bentham, y también en las concepciones federalistas y centralista, que adquirirían mayor relevancia en la segunda década del siglo XIX con el conflicto entre románticos y tradicionalistas, escenario propio en el que se consolidan los dos partidos tradicionales: liberal y conservador (Tirado, 1996). Sin embargo, se analizará el problema solo desde la década de 1930 del siglo XX, al tener en cuenta el marco temporal que la mayoría de los autores le dan al fenómeno de la violencia, comprendido entre 1946 y 1964, el cual Darío Fajardo (1985) divide en cuatro períodos.

El período conocido como hegemonía conservadora termina en 1930 con el triunfo de Enrique Olaya Herrera y da paso a la República Liberal, que iría hasta 1946. Durante los primeros años de dicho periodo, se gestan a partir del gobierno de Alfonso López Pumarejo algunas políticas de transformación social con la “reforma en la educación, relaciones entre iglesia y Estado, movimientos laboristas, seguridad social y uso de la propiedad de la tierra” (Molina, 1982). Sin embargo, dichas políticas comenzaron a provocar rencillas con los grupos conservadores, por lo que

1 Ver datos en: Rueda Rincón (2014).

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Cuadernos de Filosofía Latinoamericana ISSN: 0120-8462 | e-ISSN: 2500-5375 | DOI: https://doi.org/10.15332/25005375 Vol. 42 N.º 124 | enero-junio de 2021 en la década de 1940 se comienza el movimiento reaccionario de represión contra las organizaciones obreras y campesinas. Igualmente, el factor externo que se desarrolló a partir del hundimiento del fascismo y del nazismo y el consecuente surgimiento del socialismo hizo que Colombia entrará en el área de influencia norteamericana y que se implantará con ello la guerra fría en el país, persiguiendo a las organizaciones populares (Fajardo, 1985).

Estas medidas reaccionarias desalentaron a las masas liberales y, como consecuencia, el partido conservador recuperó el poder en 1946 bajo la figura de Mariano Ospina Pérez (1946-1950). Es en este período donde se agudiza la violencia, ya que los grandes terratenientes sobre todo en el Valle del Cauca, apoyados indirectamente por el Gobierno, crean los ejércitos conservadores paramilitares conocidos como “los pájaros” (Guzmán et al., 2019)2. En este contexto, el partido comunista organiza las autodefensas campesinas como mecanismo contestatario a las políticas reaccionarias del Gobierno y al avance y accionar sangriento de “los pájaros” contra los campesinos. Son memorables las autodefensas campesinas del Tequendama y en especial de Viotá (regiones del departamento de Cundinamarca), que resistieron con armas hechizas y palos a los ataques de los ejércitos paramilitares oficiales. Estos procesos llevados a cabo durante la presidencia de Mariano Ospina Pérez empiezan a mostrar el camino para el conflicto entre izquierda y derecha, unido al desdén causado por el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán el 9 de abril de 1948 en Bogotá y cuyo magnicidio dio origen al Bogotazo3. En un ambiente de estabilización conservadora, de persecución por parte de la policía oficial y de resistencia civil por parte de los liberales surgen

2 Ver capítulo cinco “Los grupos en conflicto”.

3 Ver la novela Estaba la pájara pinta sentada en su verde limón, de Alba Lucía Ángel.

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Cuadernos de Filosofía Latinoamericana ISSN: 0120-8462 | e-ISSN: 2500-5375 | DOI: https://doi.org/10.15332/25005375 Vol. 42 N.º 124 | enero-junio de 2021 las guerrillas liberales en los departamentos de Tolima, Boyacá, Antioquia y en los Llanos orientales. Estas guerrillas posteriormente darían origen al fenómeno del “bandolerismo”, que asoló los campos colombianos y dejó tras de sí una estela de muerte y sangre sin control4. Ahora bien, con la llegada del presidente conservador Laureano Gómez (1950), se fortalece la política reaccionaria del conservatismo a través del apoyo velado a la “pajarería” en el Valle del Cauca y del fortalecimiento de un ejercito de policías denominado “chulavita”.

En este contexto de desestabilización, ocurre en 1953 un golpe militar que llevaría al teniente coronel Gustavo Rojas Pinilla al poder y a plantear como tarea fundamental el llamado a la conciliación para neutralizar el problema de la pérdida de control de los dirigentes liberales en las guerrillas de resistencia. Sin embargo, al lado de esta política, se desplegó otra de corte anticomunista que ejercía acciones contra grupos de resistencia en zonas rurales de los departamentos de Tolima y Cundinamarca (Villarica y Sumapaz). Esto previno a los sectores de orientación comunista, quienes se negaron a entregar las armas, lo que desató entonces la persecución y muerte de los principales dirigentes populares. Esta coyuntura fue utilizada por la dirección bipartidista (liberales y conservadores), quienes hicieron que las masas actuaran en contra de la dictadura, y determinaron así su fin. Ante la ambigua política del dictador Gustavo Rojas, que por un lado desplegaba cursos de acción de carácter populista y, por otro lado, desarrollaba acciones anticomunistas, la burguesía colombiana, unida en el bipartidismo. se decidió a recuperar el poder y obligó al general a salir del país. Se crea así un pacto entre liberales y conservadores llamado Frente Nacional, bajo la

4 Ver la novela Manuel Pacho, de Eduardo Caballero Calderón.

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Cuadernos de Filosofía Latinoamericana ISSN: 0120-8462 | e-ISSN: 2500-5375 | DOI: https://doi.org/10.15332/25005375 Vol. 42 N.º 124 | enero-junio de 2021 excusa de pacificar el territorio colombiano y cuyo primer mandatario fue Alberto Lleras Camargo.

La acción más reaccionaria del Frente Nacional contra las masas populares se dio durante la presidencia de Guillermo León Valencia, quien implementó el plan LASO (Latin American Security Operation). Una operación de ascendencia norteamericana que no fue otra cosa que la conformación de grupos para ocupar las llamadas repúblicas independientes. Esta actúo directamente el 27 de mayo de 1964, cuando se inició el ataque contra Marquetalia en donde se encontraba un grupo de campesinos que resistían los embates del Gobierno, dicho grupo era liberado por Manuel Marulanda Vélez, más conocido como “Tiro Fijo”, fundador y líder de las extintas FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) (Alape, 1994). En ese mismo año se crearían el Ejercito de Liberación Nacional (López, 1989) y el Ejercito Popular de Liberación. Este recorrido histórico permite ver que lo político se consolidó como una de las causas más relevantes de la violencia en Colombia. Lo que ocurre posteriormente, se encuentra en la novela que es objeto de análisis en este artículo y que tendrá un poco más de desarrollo en el acápite correspondiente. Baste decir, por lo pronto, que este fenómeno enrarecido y de conflicto interno fue el escenario perfecto para que en las décadas de 1970, 1980 y 1990 surgiera y se desarrollará el flagelo del narcotráfico en Colombia. El cual es el origen y patrocinador del sicariato, fenómeno de interés en este trabajo5.

Causas económicas Autores como E. J. Hobsbaw (1983) no le dan relevancia estructural al factor económico como causa de la violencia en Colombia; sin embargo,

5 Al respecto ver Duzán (1992).

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Cuadernos de Filosofía Latinoamericana ISSN: 0120-8462 | e-ISSN: 2500-5375 | DOI: https://doi.org/10.15332/25005375 Vol. 42 N.º 124 | enero-junio de 2021 hay que considerar el problema de la tierra como un a causa fundamental en el fenómeno de la violencia. El legado del proceso de conquista y colonización de América y su impacto en la apropiación y manejo de la tierra por parte de la corona española generó una especie de modelo feudal en el nuevo continente, el cual tendría un impacto significativo en la sociedad y en la economía colombiana. Este modelo llega hasta el siglo XXI en forma de terratenientes y gamonales (Sánchez y Meertens, 1983) con un uso y tenencia de grandes extensiones territoriales para la ganadería extensiva (Fajardo, 1985).

Otro factor económico a resaltar lo constituye la presencia de empresas foráneas como la United Fruit Company, causante de la masacre de las bananeras, nefasto episodio de exterminio narrado por Gabriel García Márquez en Cien años de Soledad (2018). Si bien es cierto que el problema político se puede rastrear como la causa formal más relevante para la violencia, también es cierto que el trasfondo que movió las luchas bipartidistas fue en gran medida la tenencia y apropiación por vías “legales” de la tierra, por parte de los terratenientes. Una visión clara de este fenómeno, visto desde la literatura, la ofrece la novela Siervo sin tierra de Eduardo caballero calderón (2003).

Terminada la década de 1970, la guerra de guerrillas se encontraba en pleno auge con la existencia de al menos cuatro grandes grupos armados: las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) de corte marxista, el M-19 (Movimiento 19 de abril) de corte nacionalista, el ELN (Ejercito de Liberación Nacional) de corte castrista y el EPL (Ejercito Popular de Liberación) de corte maoista. Por esta época el mundo atravesaba el conflicto de la guerra fría, acaba de terminarse la guerra de Vietnam (1975) y surgía una generación de jóvenes que gritaban en contra de la guerra. Los jóvenes en Europa, especialmente en Francia, dejan oír sus voces (Mayo del 68) y en Estados Unidos de América la cultura hippie

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Cuadernos de Filosofía Latinoamericana ISSN: 0120-8462 | e-ISSN: 2500-5375 | DOI: https://doi.org/10.15332/25005375 Vol. 42 N.º 124 | enero-junio de 2021 emerge con fuerza tras Woodstock en 1969. Estos jóvenes además de sus ideales políticos y ecologistas se caracterizan por el uso de sustancias psicotrópicas, en especial la marihuana y las drogas sintetizadas como el LSD y los opiacidos.

En este contexto, Colombia se convierte en el segundo productor de marihuana del mundo y en el primero en cuanto a su calidad. haya mayor demanda aparece la oferta, y hace que el país se convierta en uno de los más grandes productores en el mundo. A este fenómeno se lo conoce como la bonanza marimbera, la cual generará los grandes carteles de la droga en Colombia, del cual saldrá el cartel más grande dirigido por pablo Escobar y conocido como Cartel de Medellín. Este generó más violencia y, en concreto, el fenómeno del sicariato. En resumen, “el problema del narcotráfico es el problema de la violencia” (Camacho, 1985, p. 438). El sicariato en Colombia Para la década de 1980, se da una especie de sofisticación del sicariato, según Juan Miguel Álvarez (2013) los adolescentes de Medellín eran iniciados en el oficio matando indigentes; así, los jóvenes marginados de doce o trece años eran entrenados, armados y reclutados por los carteles para que fueran sus asesinos a sueldo (Álvarez, 2013). En la época del narcotráfico en Medellín, era usual ver a adolescentes en automóviles y motocicletas con sofisticadas armas para matar por encargo y sin miramientos o remordimientos morales. En efecto, como se verá en el análisis de la novela, estos niños entendían el sicariato como un trabajo más y por ello incluso rezaban rosarios a La Virgen para que les fuera bien en el trabajo del día. Dice Álvarez (2013) que los niños de escasos recursos eran “feroces y arriesgados”, dado que no tenían nada que perder, porque no habían “nacido pa´ semilla” (Salazar 2018). Se contentaban con el hecho de que si morían, entonces sus “patrones” les regalaban a sus

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Cuadernos de Filosofía Latinoamericana ISSN: 0120-8462 | e-ISSN: 2500-5375 | DOI: https://doi.org/10.15332/25005375 Vol. 42 N.º 124 | enero-junio de 2021 familias casa y dinero para que vivieran diez años sin trabajar (Álvarez, 2013). Los crímenes se hicieron mucho más sofisticados y sanguinarios, pues los “empresarios” de los carteles empezaron a perfeccionar los métodos tanto de contratación como de ejecución de las misiones. La sociocrítica Lucien Goldmann La sociocrítica procura poner de manifiesto las relaciones existentes entre las estructuras de la obra literaria (o cultural) y las de la sociedad en la que está profundamente arraigada. Su método es el estructuralismo genético, según el cual los actos individuales o colectivos del hombre tienden hacia la totalidad, es decir, constituyen unas respuestas globales y más o menos coherentes a situaciones dadas. En primer lugar, se parte del conjunto de escritos (obra de un autor) que permiten captar la coherencia del conjunto de la obra; en segundo lugar, y como corolario, se debe aprehender la estructura significativa inscrita en los textos. Dicha estructura que “subyace y le da sentido a la obra no se explica poniéndola en relación con la personalidad del autor ni con la totalidad social” (Altamirano, 1980 p. 151.), sino que se debe acoplar la organización significativa de la obra en el marco de unidades sociales, grupos y clases de la sociedad dada. La sociocrítica es un método de los llamados “trascendentes”: aquellos críticos que analizan las obras en virtud de una clave interpretativa que está más allá de la configuración lingüística del texto; es decir, la configuración de una disciplina hermenéutica que está determinada por las vicisitudes del lenguaje y que, por lo general, conduce a conclusiones diferentes en lo que se refiere al significado de los textos. La sociocrítica trata de establecer conclusiones que parten de la consideración de la literatura como una realidad con una tarea social. La sociocrítica apela a

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Cuadernos de Filosofía Latinoamericana ISSN: 0120-8462 | e-ISSN: 2500-5375 | DOI: https://doi.org/10.15332/25005375 Vol. 42 N.º 124 | enero-junio de 2021 las circunstancias de la sociedad para relacionar las obras literarias y sus creadores, con los hombres como exponentes de la sociedad y el momento histórico en el que nacen. La sociología de la literatura requiere un estudio de las relaciones entre el texto y el contexto que plantee en el plano metodológico, el problema de la tensión entre el análisis interno (la estructura de la obra) y el análisis externo (función social). El superar esta división se ha centrado en las mediaciones entre la obra y sus condiciones de producción (Sapiro, 2016, p. 20). A través del concepto de visión de mundo, Goldmann propone relacionar la estructura de la coherencia de un grupo o de una clase con la estructura significativa de la obra (Altamirano, 1980, p. 151).

Edmond Cros En su ensayo “Sociología de la literatura”, Cros (2010) hace un recorrido teórico por las sociologías empíricas, experimentales y el análisis de los contenidos para llegar al concepto de sociocrítica. Para esto, empieza su reflexión en torno al análisis propuesto por Escarpit para estudiar a fondo la composición del público que acoge la obra. Además, plantea que esta sociología ha sido retomada por “el círculo de Praga y más concretamente por Mukarovsky quien distingue en el fenómeno sociológico constituido por el texto literario, la obra material, por una parte y, por otra, su interpretación por una conciencia colectiva” (Cros, 1994, p. 191-192). Cros (2010) considera que los análisis propios de las sociologías experimentales, empíricas y el análisis de los contenidos se alejan del objeto mismo de estudio, ya que se interesan por el aspecto sociológico del fenómeno literario y no por la literatura en cuanto tal, pues estas sociologías no consideran la especificidad del texto de ficción. En relación con la sociología de los géneros literarios, Cros (2010) sostiene que no se pueden omitir los primeros análisis de Lukács en la medida en que ellos

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Cuadernos de Filosofía Latinoamericana ISSN: 0120-8462 | e-ISSN: 2500-5375 | DOI: https://doi.org/10.15332/25005375 Vol. 42 N.º 124 | enero-junio de 2021 han alimentado la reflexión de Goldmann. Cros (2010) considera que el lenguaje literario no solo es ficticio, sino específico y, más que ello, que la especificidad del lenguaje está vinculada con un aparato ideológico del Estado dominante. Así mismo, plantea que estos elementos participan en la institución de una matriz discursiva que, en un primer nivel, conforma a la escritura a modo de una marca genérica de la que la palabra no tiene la posibilidad de sustraerse; y, por último, que la escritura abre en la textualidad estratificaciones semióticas diversificadas, las cuales si no están mediadas por sentidos predeterminados le proporcionan su libertad. A través de lo anterior, Cros (2010) llega al punto central de su análisis al plantear que la sociocrítica, como heredera del estructuralismo genético, se distingue de la sociología de la literatura porque: 1) se limita al análisis del texto literario y su interés está en el adentro del texto; 2) considera que por la escritura la realidad referencial sufre un proceso de transformación semántica; 3) al hacer suyas las nociones de texto y de escritura puede plantear el problema de la mediación y del proceso de producción ideológico de sentido; 4) se ha dedicado al estudio de los microespacios polifónicos y conflictivos que se descubren en la materia pretextual y textual, así como a las modalidades de inscripción de lo social en el texto. Para Cros (2010), desde lo pretextual se analiza en qué se convierten los fenómenos discursivos por medio de la escritura, se constata que, dentro de un mismo texto, los sintagmas estereotipados son deconstruidos según las regularidades significativas, es decir, mediante un mismo juego de interferencias discursivas que, por lo mismo, puede verse como uno de los elementos activos de la producción de sentido. Las reglas que presiden el funcionamiento de estas interferencias discursivas pueden considerarse indicios de estructuras profundas que operan en el marco de la genética textual.

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Cuadernos de Filosofía Latinoamericana ISSN: 0120-8462 | e-ISSN: 2500-5375 | DOI: https://doi.org/10.15332/25005375 Vol. 42 N.º 124 | enero-junio de 2021 Así pues, en la teoría de Cros (2010), el texto ficticio se construye en función de un ajuste intrincado de representaciones. Por esto, el texto literario se organiza en torno a un sistema complejo de estructuraciones y al ir de representación en representación, más allá del texto, se tropieza con la ideología materializada, a la que se considera como la puesta en imagen de diferentes campos sociales problemáticos, organizados en discursos icónicos o verbales susceptibles de ser captados tanto desde la óptica semiológica como desde la semántica. En este marco, Cros (2010) introduce el concepto de ideosema como elemento articulador a la vez semiótico (estructura sistemas de signos icónicos, gestuales o verbales) y discursivo (trasladado al texto garantiza una función estructurante de la misma naturaleza) (Cros, 2010, p. 219-220).

Análisis de La Virgen de los sicarios El autor Fernando Vallejo nació en 1942 en Medellín (Colombia), estudió durante un año Filosofía y Letras en la Universidad Nacional de Colombia, posteriormente se graduó de Licenciado en Biología de la Pontificia Universidad Javeriana. Sus intereses por la música clásica y el cine lo llevaron a Europa, particularmente a Italia, en donde estudio cine. A partir de 1971 se radicó en México, en donde vivió con su pareja David Antón, un escenógrafo mexicano. Tras la muerte de su compañero de vida, en 2018, regreso a Colombia. Durante los últimos cuarenta años ha sido un escritor prolífico de novelas, tales como Los días azules (1985), El fuego secreto (1987), Los caminos a Roma (1988), Años de indulgencia (1989), Entre fantasmas (1993), La Virgen de los sicarios (1998), El desbarrancadero (2001), La rambla paralela (2002), Mi hermano el alcalde (2004), El don de la vida (2010), Casablanca la bella (2013), ¡Llegaron! (2015) y

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Cuadernos de Filosofía Latinoamericana ISSN: 0120-8462 | e-ISSN: 2500-5375 | DOI: https://doi.org/10.15332/25005375 Vol. 42 N.º 124 | enero-junio de 2021 Memorias de un hijueputa (2019), en esta última muestra su visión (que es la de muchos colombianos) sobre la figura del expresidente colombiano Álvaro Uribe Vélez.

Se autoproclama como el último de los gramáticos, sus obras se caracterizan por tener un estilo ácido, mordaz y crítico con la religión católica, la política, las clases dirigentes de la economía y la política, así como con el moralismo. Utiliza un estilo fluido en sus obras, frecuentemente con narradores en primera persona de carácter intradiegético. Su clara y abierta preferencia sexual le permite cierto desparpajo en su narratividad, además de darle un conocimiento desde adentro del mundo de los jóvenes que recrea de forma magistral en su universo narrativo. Actualmente, está radicado en Medellín, su tierra natal, en donde dice ha llegado a morir. Algunos estudiosos de su obra lo han catalogado como un “escritor maldito” (Díaz, 2007). La obra La virgen de los sicarios es la historia de la certeza que los colombianos se niegan a aceptar, es la manifestación del thanatos o pulsión de muerte como sujeto “no consciente” que no se quiere reconocer, aunque ha sido forjado por el sujeto colectivo y convive en el alma de la nación desde hace más de quinientos años. Es la evidencia de la imposibilidad de construir una conciencia posible que evite el contrasentido de la ley humana, según la cual los jóvenes deben sepultar a los viejos y no estos a los jóvenes. A partir de un narrador intradiegético, la novela refiere el resquebrajamiento de una sociedad que ha trasmutado sus valores y su pasado, una sociedad que gracias a un proceso histórico dialéctico ha convertido a los niños en sicarios, guerrilleros y ladrones. Lo anterior induce a concluir que la novela es solo la ficcionalización de una

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Cuadernos de Filosofía Latinoamericana ISSN: 0120-8462 | e-ISSN: 2500-5375 | DOI: https://doi.org/10.15332/25005375 Vol. 42 N.º 124 | enero-junio de 2021 problemática sociológica desprovista de cualquier otro factor determinante; sin embargo, el mismo proceso creador y narrativo de la obra muestra que va más allá de lo sociológico, que lo que atraviesa transversalmente de la problemática social es un estado existencial que aboca a los sicarios y, más que ello, que los ubica en una situación de violencia porque ellos mismos son el resultado de esta. Sus padres han venido huyendo de sus parcelas y han insertado la cultura campesina en el imaginario de la ciudad. Esa es la combinación perfecta para que estalle la bomba de la inconformidad como consecuencia de una situación que se les sale de las manos. Situación caracterizada por la carencia de todo; en especial las necesidades básicas. Este proceso dio luz una nueva conciencia, una nueva forma de luchar contra la sociedad que los ha marginado y los ha excluido. Las prácticas agrícolas ya no pueden ser un sustento económico, por esto, es necesario adaptarse para conseguir dinero de forma distinta, a través de formas violentas y fraudulentas. Este descentramiento intempestivo produce niveles de represión que, en muchos casos, son desfogados por vía del alcohol o las drogas. La consecuencia de esto es la fragmentación del núcleo familiar y el debilitamiento de parámetros sociales como la vida, el hogar y la honestidad, a tal punto que el único valor que pervive es el amor maternal. Estos jóvenes, frente a una cultura que les niega absolutamente todo, no encuentren otra forma de realización que el ejercicio del sicariato, sin importar que ello traiga como consecuencia la pérdida de sus vidas: “gentecita humilde que traía del campo sus costumbres, como matarse por chichiguas [...] Y matándose por chichiguas siguieron: después del machete a cuchillo y después del cuchillo a bala y en bala están hoy cuando escribo” (Vallejo, 1998, p 29). La historia transcurre en Medellín dividida en dos mundos, en dos espacios micro semióticos que recortan y categorizan la macrosemiótica, construida por representaciones en el

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Cuadernos de Filosofía Latinoamericana ISSN: 0120-8462 | e-ISSN: 2500-5375 | DOI: https://doi.org/10.15332/25005375 Vol. 42 N.º 124 | enero-junio de 2021 imaginario social que se convierten en espacios e instrumentos de poder y que constituyen una visión estereotipada de la sociedad en la que se enuncian:

[...] bajo un solo nombre Medellín son dos ciudades: la de abajo, intemporal... y la de arriba... rodeándola. [...] La ciudad de abajo nunca sube... pero lo contrario sí: los de arriba bajan, a vagar, a robar, a atracar, a matar. ... bajan los que quedan vivos, porque a la mayoría... tan cerquita de las nubes y del cielo, antes de que alcancen a bajar en su propio matadero los matan. (Vallejo, 1998, p. 82) La ciudad de arriba constituye un mundo completamente distinto al mundo de la burocracia, de la Alpujarra, un mundo con un sino trágico, un mundo que ha construido su ser y quehacer a través de una experiencia histórica de olvido, abandono y muerte. Un mundo que ha acomodado para sí el lenguaje, que ha construido su propia micro semiótica desde la cual se trasluce su visión de mundo, sus prácticas sociales y sus modos de adaptación a las microfísicas de poder: “Cuarto de mariposas” significa cuarto de homosexuales (Vallejo, 1998, p. 10); “Chumbimba”, matar (Vallejo, 1998, p. 24); “mano de changón”, escopeta recortada (Vallejo, 1998, p. 25); “parcerito”, amigo a quien se quiere (Vallejo, 1998, p. 39); “tote, fierro”, arma de fuego (Vallejo, 1998, p.55); “Un tombo está enamorado de mí”, un policía que lo persigue y lo quiere matar (Vallejo, 1998, p. 56).

Y llegado aquí si me quito el sombrero ante el expresidente Barco. Tenía razón, todo el problema de Colombia es una cuestión de semántica. Vamos a ver “hijueputa” aquí significa mucho o no significa nada. “¡Qué frío tan hijueputa!” [...] quiere decir ¡qué frío tan intenso! “Es un tipo de una inteligencia la hijueputa” quiere decir muy inteligente. Pero “hijueputas” a secas como nos dijo ese desgraciado, ah, eso ya si es otra cosa. Es el veneno que te escupe la serpiente. (Vallejo, 1998, p. 48-49)

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Cuadernos de Filosofía Latinoamericana ISSN: 0120-8462 | e-ISSN: 2500-5375 | DOI: https://doi.org/10.15332/25005375 Vol. 42 N.º 124 | enero-junio de 2021 Gracias al narrador, se constatan en la obra estas dos microsemióticas que imponen ciertos instrumentos de poder para cada una de las dos ciudades. En efecto, el narrador hace uso de su condición de gramático cuando cita a Cervantes, Dostoievski, Balzac, etc., pero también utiliza el lenguaje de arriba y, por ello, también hace uso de los instrumentos que le permiten su legitimidad macrosemiótica o primera visión de mundo: ¡Los caballos no tienen porque trabajar, el trabajo lo hizo Dios para el hombre, hijueputa!” Le grité al carretillero [...] Al oírse llamar como dije y al volver la cabeza, le quedo en posición perfecta para Alexis, quien con un tiro en la frente me le remarcó lo dicho y como quien dice le tomó la foto. [...] Y perdón por la palabrita que grite arriba pero es castiza: son los mismos “hideputas” que dijo Don Quijote aunque elevados a la enésima potencia. (Vallejo, 1998, p. 75) En la obra es claramente identificable la visión de mundo gracias a la oralidad del sujeto colectivo o transindividual, el cual se manifiesta en la micro semiótica utilizada por los sicarios y adaptada por Fernando en sus prácticas discursivas al hacer referencia al lenguaje coloquial, al lenguaje del populacho, a los relatos, adagios, refranes y ritos religiosos: “Muerto el santo se acabó el milagro” (Vallejo, 1998, p. 34), “No señor, o sí Señor, aquí la vida humana no vale nada” (Vallejo, 1998, p. 39), “somos una pesadilla de Dios que es loco” (Vallejo, 1998, p. 40). Hay pues una plurilingüística que presenta diversos matices de voces y niveles semánticos, que encierran prácticas sociales y esquemas de pensamiento que constituyen el imaginario colectivo y que denuncian la existencia de una visión de mundo que demarca y categoriza el imaginario colectivo. El sujeto transindividual se muestra en el mundo del sicario, en su visión, en sus amores y desamores, en su creencia religiosa, en últimas, en su ideología. Podría pensarse incluso en una aparente antinomia en lo que tiene que ver con la existencia humana, pues el sicario pareciera no valorar

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Cuadernos de Filosofía Latinoamericana ISSN: 0120-8462 | e-ISSN: 2500-5375 | DOI: https://doi.org/10.15332/25005375 Vol. 42 N.º 124 | enero-junio de 2021 su propia vida y menos la del otro; pero, al mismo tiempo, tiene una incapacidad semántica de conjugar el verbo morir. Su visión pareciera ser, entonces, la de un crítico utilitario que ve al otro como un simple objeto de trabajo y en algunos casos su mirada se torna casi compasiva cuando decide eliminar a ese otro solo para salvarlo de su mísera condición humana:

“Lo que sea. Yo a este mamarracho lo quisiera matar” “Yo te lo mato — me dijo Alexis... —. Déjame que la próxima vez saco el fierro”. El fierro es el revolver. ... Ah, y transcribí mal las amadas palabras de mi niño. No dijo “Yo te lo mato”, dijo “Yo te lo quiebro”. Ellos no conjugan el verbo matar. (Vallejo, 1998, p. 25) El resultado social del pretérito proceso de la violencia en Colombia se refleja en la visión de mundo del sicario, para quien puede ser más valiosa la vida de un animal que la de un ser humano; y aunque parezca difícil de creer, “el ángel” no puede matar a un perro, aunque si mata a cientos de seres humanos:

—“Hay que matarlo”. “¿Cómo?” “Disparándole”. El perro me miraba. La mirada implorante de esos ojos dulces, inocente, me acompañará mientras viva, hasta el supremo instante en que la muerte, compasiva, decida borrármela. “Yo no soy capaz de matarlo”, me dijo Alexis. “Tienes que ser”, le dije. “Yo no soy”, repitió. Entonces le saque el revólver del cinto, puse el cañón contra el pecho del perro y jalé el gatillo. (Vallejo, 1998, p. 77) El único valor, lo único realmente importante en la vida del sicario quizá sea la figura de la madre; esto se evidencia en la respuesta que le da Wilmar a Fernando tras la propuesta de alejarse de Medellín: “Simplemente tenía que ir antes a su barrio a despedirse de su mamá y a

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El imaginario religioso también es una clave hermenéutica para comprender la urdimbre de la visión de mundo que configura ese sujeto transindividual y se manifiesta en la cultura de la muerte: Entramos en la Iglesia, pasamos ante el señor caído, y seguimos hasta el altar de fondo en la nave de la izquierda, el de María Auxiliadora, la virgencita alegre con el niño... y cosa notable, muchachos con el corte de pelo de los punkeros, rezando, confesándose: los sicarios. (Vallejo, 1998,

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Los sicarios utilizan tres escapularios como parte de su creencia religiosa y creen encontrar en ellos su salvación, su apoyo y la seguridad de cumplir a cabalidad con su “trabajo”, sin importar que sea el de asesinar al prójimo. Se pone así de manifiesto, un fetichismo del culto tradicional y un sincretismo propio de América latina: “y se quedó desnudo con tres escapularios, [...] y son: para que les den el negocio, para que no les falle la puntería y para que les paguen” (Vallejo, 1998, p. 16). Las balas rezadas se preparan así: Póngase seis balas en una cacerola previamente calentada hasta el rojo vivo [...] Espolvoréense luego en agua bendita obtenida en la pila de la Iglesia... y mientras tanto va rezando [...] “Por la gracia de [...] (el santo de tu devoción) que estas balas de esta suerte consagradas den en el blanco sin fallar y que no sufra el difunto. Amén”. (Vallejo, 1998, p. 63) Las prácticas sociales que aparecen en la ficcionalización literaria, insertas en la visión de mundo del sicario de Medellín, muestran cómo el sincretismo religioso, heredado de la imposición del cristianismo en la época de la conquista y la colonia, pervive en la sociedad colombiana. Así, los hijos de la cultura de la montaña, en donde se encuentra arraigada y

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Cuadernos de Filosofía Latinoamericana ISSN: 0120-8462 | e-ISSN: 2500-5375 | DOI: https://doi.org/10.15332/25005375 Vol. 42 N.º 124 | enero-junio de 2021 enraizada la fe católica, adaptan las creencias tradicionales a sus necesidades personales.

Así, en la visión de mundo del sicario aflora, sin la más mínima intuición de antireligiosidad, una alteración de los valores religiosos tradicionales que se demuestra cuando se asume que las figuras religiosas son perfectamente capaces de ayudar al sicario para realizar correctamente su “trabajo”. Hay una adaptación aparentemente antagónica de valores religiosos con prácticas sociales que riñen con el espíritu del catolicismo. El thanatos se empalma con el eros en una dualidad que vista desde el occidente cristiano se evidencia como antinómica (muerte y vida). De modo que la cultura de la muerte como sujeto transindividual (imaginario colectivo) y el sujeto no consciente (la realidad que este sujeto crea y que se niega a aceptar) se hacen presentes como claves de interpretación en el resquebrajamiento social presentado en La virgen de los sicarios. Esto permite que los jóvenes encuentren, en el recurso de la violencia heredada y en el narcotráfico un medio para abrirse espacio en una sociedad que les era ajena y que les hizo identificarse con una máxima inquietante: “no nacimos pa’ semilla”.

Conclusiones De esta forma, se ha intentado mostrar que la sociocrítica, como instancia de análisis literario, permite que la obra no solo sea susceptible de ser estudiada desde la perspectiva sociológica, sino que desde su literariedad y las prácticas discursivas insertas en microsemióticas específicas se puede comprender cómo estas circunscriben semánticamente los espacios sociales y cómo en estos el sujeto individual adapta la visión de mundo del sujeto transindividual, en sus acciones, pensamientos y valores concretos como un proceso de socialización y de supervivencia.

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Cuadernos de Filosofía Latinoamericana ISSN: 0120-8462 | e-ISSN: 2500-5375 | DOI: https://doi.org/10.15332/25005375 Vol. 42 N.º 124 | enero-junio de 2021 Ese sujeto transindividual se ve reflejado en la literatura colombiana, que encontró una fuente viva y concreta para su desarrollo en los fenómenos sociales relacionados con la violencia, el conflicto interno, los conflictos políticos y los sociales. Así, la violencia y el conflicto interno han sido material y fuente para la literatura que los ha contado y recreado. El sujeto transindividual en La Virgen de los sicarios es un ethos que se encuentra en las entrañas del ser colombiano de los últimos decenios y que convive en él como lo hace el folclor, la música y el baile. El “carnaval” está en la sangre del ser colombiano, así también el ser “verraco”, valiente, dispuesto a morir si fuese necesario por defender su honor, su orgullo y lo que lleva en la sangre. La violencia (esta vez genéricamente) se encuentra presente en la historia del país, como lo está en los demás países de Latinoamérica, del sur del río Bravo hacia abajo.

Como se ha dicho el término violencia, que generalmente denota una acción que está fuera de su estado natural contra el modo innato de proceder, en Colombia tiene una connotación vital, que implica un proceso social de desgarramiento y desenraizamiento del campesino por las razones antes mencionadas. El fenómeno de la violencia y el del conflicto interno, así concebidos, son procesos sui géneris que denotan concretamente unos periodos, unos actores y unos conflictos particulares. La virgen de los sicarios permite revisar una parte concreta de estos procesos no desde una perspectiva sociológica o historiográfica, sino desde la particularidad de la literariedad, de la ficcionalización y de sus procesos de verosimilitud que permiten aceptar que los hechos narrados, aunque con nombres y seres del universo ficcional y personal de su autor, relatan historias y procesos sociales de una forma que incluso podría ser más creíble que la que muestra el archivo sociológico, antropológico e histórico de los colombianos. Estos procesos de América llevaron al mundo a admirarse con la literatura del “Boom latinoamericano” y, en especial, con

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Cuadernos de Filosofía Latinoamericana ISSN: 0120-8462 | e-ISSN: 2500-5375 | DOI: https://doi.org/10.15332/25005375 Vol. 42 N.º 124 | enero-junio de 2021 la obra de Gabriel García Márquez, es esa realidad que sucede a diario en la magia del trópico americano y que los críticos denominaron real maravilloso.

Otro aspecto importante para resaltar de ese sujeto transindividual en La virgen de los sicarios es el tema del sincretismo religioso, un fenómeno que se hace latente en la obra de Fernando Vallejo, entendido como una especie de mezcla de creencias y ritos provenientes del cruce de culturas de las que somos el resultado. Ciertamente, corre por las venas de la mayoría de los colombianos (como en la mayoría de los ciudadanos de América) la sangre nativa, la negra y la europea; esto implica que hay también allí un sustrato cultural que se ve reflejado en la sacralidad de nuestros pueblos. El catolicismo popular es heredero de las visiones religiosas del cristianismo, mezcladas con los sustratos del mundo sagrado de los nativos y de los africanos.

En Colombia el sincretismo religioso está muy arraigado en la cultura del pueblo, por esto, muchos católicos del país rinden un culto sagrado a imágenes, les encienden velas, les llevan cuerpos de cera y hacen ritos en conjuros de diversa índole con la firme creencia de que las imágenes les van a hacer un milagro. Además de cargar en sus bolsillos la imagen religiosa cristiana, también pueden llevar un amuleto propio de una cultura animista, que pervive en armonía con el Dios cristiano. Una muestra de ello es el fetichismo y religiosidad popular que se vive cada domingo en una de las basílicas más concurridas de Colombia, la iglesia del barrio 20 de julio en Bogotá. Allí miles de personas provenientes de todas partes del país y del mundo llegan al santuario para realizar diferentes ritos en los cuales se mezcla el sustrato animista de la cultura nativa y africana con el Dios cristiano. En esta iglesia se rinde culto a una advocación de Jesús en su infancia, traída a Colombia por el sacerdote salesiano Juan del Rizo y tomada de el Niño Jesús de Praga, solo que se le

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Cuadernos de Filosofía Latinoamericana ISSN: 0120-8462 | e-ISSN: 2500-5375 | DOI: https://doi.org/10.15332/25005375 Vol. 42 N.º 124 | enero-junio de 2021 ha cambiado su vestido de príncipe, por una manta rosada. Esta imagen es conocida como el Divino Niño. La mayoría de los feligreses que asisten al santuario realizan novenas, llevan sus imágenes y mezclan su culto con prácticas no católicas. Usualmente los feligreses llevan a su casa la imagen de yeso del Divino Niño, bendecida por un sacerdote para venerarla y establecer procesos transaccionales de favores en cambio de ritos o promesas del feligrés. Este fenómeno se convierte muchas veces en una fe ciega, con particulares formas de apropiación del credo religioso, al adaptarlo a las prácticas cotidianas de los creyentes. Esto es justamente uno de los factores más relevantes del sujeto transindividual, que se ve reflejado en la novela La virgen de los sicarios y que caracterizó a este grupo social en la época concreta de la violencia ejercida por el cartel de Medellín.

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Cita: (None), La virgen de los sicarios, Universidad Jorge Tadeo Lozano, p. N. https://hdl.handle.net/20.500.12010/27975