Migración Trans: tejiendo saberes alzando voces Construcciones de identidad trans en procesos migratorios
Yeny Alejandra Arenas Suaza Catalina Silva Botero Ange Vargas Bedoya
Trabajo de grado presentado para optar al título de Trabajadoras Sociales
Asesores Pablo Bedoya Molina, Magíster (MSc) en Historia Martha Inés Valderrama Barrera, Magíster (MSc) Metrópolis Contemporánea
Universidad de Antioquia Facultad de Ciencias Sociales y Humanas Trabajo Social Medellín, Antioquia, Colombia
2022
Cita (Arenas et al. 2022) Referencia
Estilo APA 7 (2020) Arenas Suaza, Y.A., Silva Botero, C. & Vargas Bedoya, A. (2022). Migración Trans: tejiendo saberes, alzando voces. Construcciones de identidad trans en procesos migratorios. [Trabajo de grado profesional]. Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia.
Centro de Investigaciones Sociales y Humanas (CISH).
CRAI María Teresa Uribe (Facultad de Ciencias Sociales y Humanas) Repositorio Institucional: http://bibliotecadigital.udea.edu.co
Universidad de Antioquia - www.udea.edu.co Rector: Jhon Jairo Arboleda Céspedes Decano/Director: Alba Nelly Gómez García Jefe departamento: María Edith Morales Mosquera
El contenido de esta obra corresponde al derecho de expresión de los autores y no compromete el pensamiento institucional de la Universidad de Antioquia ni desata su responsabilidad frente a terceros. Los autores asumen la responsabilidad por los derechos de autor y conexos.
Agradecimientos
El presente trabajo fue posible gracias al cariño que tres valientes mujeres nos brindaron, la confianza que depositaron en nosotras y a la fortaleza que ellas nos enseñan. Queremos agradecer a Lina Quevedo por posibilitar encontrarnos con ellas, a Charlot, July, Analú Laferal, Pablo Bedoya y Martha Valderrama por compartir su conocimiento y experiencia, pero sobre todo y con un amor muy especial queremos agradecer a Rachel por su generosidad, a Divana por su simpatía y carisma y a Samantha por su entereza, mil gracias por permitirnos conocerlas.
Tabla de contenido Resumen ........................................................................................................................................... 6 Introducción ..................................................................................................................................... 8 Capítulo 1. Identidad trans: un devenir por el género. ................................................................... 32 1.1 ¿Cómo se llega a la pregunta? .............................................................................................. 32 1.2 Construcción de identidades trans: “una metamorfosis de mucho tiempo no tiene una fecha límite y eso sigue hasta que uno así lo decida” .......................................................................... 35 1.3 Experiencias de vida trans: redes de parentesco y relaciones. ............................................. 42 1.4 Identidades en resistencia ..................................................................................................... 47 Capítulo 2. Migración e identidad: Procesos de tránsito por el territorio ...................................... 54 2.1 Cuerpo y frontera: límites territoriales y corporales entre Colombia y Venezuela .............. 57 2.2 Redes y rutas migratorias ..................................................................................................... 60 Capítulo 3. Medellín: un espacio de posibilidades para tres mujeres trans. .................................. 63 3.1 Medellín: espacio de abordaje y lugar de residencia… ¿permanente? ................................ 63 3.2 Territorio e identidad:Transformaciones de la identidad a partir de la integración a Medellín.
.................................................................................................................................................... 68
3.3 El cuerpo como lienzo en el que se externaliza su construcción subjetiva .......................... 72 4 Conclusiones ............................................................................................................................... 77
5. Referencias ................................................................................................................................. 84
Lista de figuras
Figura 1 Taller ............................................................................................................................... 27 Figura 2 Foto lenguaje y línea de tiempo ...................................................................................... 29 Figura 3 Cartografía corporal ........................................................................................................ 35 Figura 4 Técnica quitapesares. Taller de cierre............................................................................. 82
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Resumen
El presente trabajo analiza las implicaciones de la migración en la configuración identitaria de tres mujeres trans migrantes venezolanas, conociendo la experiencia migratoria en los trayectos hacia Colombia y analizando los tránsitos identitarios a través de su experiencia de vida y proceso de integración en la ciudad de Medellín. La investigación se realiza con una metodología basada en el paradigma comprensivo interpretativo y un enfoque cualitativo el cual posibilitó comprender que la identidad no puede concebirse como un proceso lineal o cíclico, ya que depende del desarrollo personal que se liga a las experiencias de vida de cada una de ellas, por lo cual, el análisis se realiza sobre las particularidades y no sobre las generalidades. Entre las conclusiones más relevantes se hallan el conocer las formas de agenciamiento acorde a los espacios que se habitan en busca de la seguridad y protección requerida, la importancia de las transformaciones corporales como forma de mostrar un deseo identitario y la premisa de que las personas trans son migrantes persé en busca de espacios que les permita su libre desarrollo.
Palabras clave: migración, mujeres trans, tránsitos, territorio, identidad de género.
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Abstract This paper analyzes the implications of migration in the identity configuration of three Venezuelan trans migrant women, learning about their migratory experience in their journeys to Colombia and analyzing their identity transits through their life experience and integration process in the city of Medellin. The research is carried out with a methodology based on the comprehensive interpretative paradigm and a qualitative approach which made it possible to understand that identity cannot be conceived as a linear or cyclical process, since it depends on the personal development that is linked to the life experiences of each one of them, therefore, the analysis is carried out on the particularities and not on the generalities. Among the most relevant conclusions are the forms of agency according to the spaces they inhabit in search of the required security and protection, the importance of body transformations as a way of showing a desire for identity and the premise that trans people are persé migrants in search of spaces that allow them to develop freely.
Keywords: migration, trans women, transits, territory, gender identity.
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Introducción El conflicto venezolano presente desde la década de los 80 es un fenómeno que ha llamado la atención a nivel mundial por las implicaciones políticas, económicas y sociales que transformaron las dinámicas del país en sus relaciones internas y externas, lo que alude a todos los ciudadanos venezolanos. Venezuela en su trasegar histórico se había caracterizado por ser un país receptor de migrantes, donde las riquezas, la abundancia de oportunidades y el alto nivel de vida constituían un escenario prometedor; sin embargo, luego de la crisis económica y posterior llegada de Hugo Chávez a la presidencia en 1999, se implementa un cambio en las políticas que hasta entonces el país había experimentado; expropiaciones arbitrarias, persecución política, inseguridad, aumento de robos, secuestro, extorsión y homicidios, son algunas de las consecuencias que desató las nuevas políticas de gobierno; hecho que además, desestimó y paralizó la inversión extranjera, detuvo la producción, ocasionando así el cierre de muchas empresas y con ello altos índices de desempleo.
Tras la muerte de Hugo Chávez en el 2013, Nicolás Maduro asume el poder dando continuidad a las políticas denominadas por el primer mandatario como antimperialistas, pues se oponen fuertemente a las relaciones de poder que existían entre Estados Unidos y Venezuela. Castillo & Reguant en el 2017, esbozan algunas de las consecuencias de la adopción de estas políticas afirmando:
Como continuidad de las políticas económicas de Hugo Chávez, Nicolás Maduro ha mantenido y profundizado medidas como: devaluaciones del bolívar; mayor control de precios (...). Todo ello incentiva más cierre de empresas, y por ende disminución de fuentes de empleo. (...) en el 2014 quebraron 77.839 empresas en toda Venezuela. Según el Instituto Nacional de Estadística en el año 2015, 58.000 empresas más cerraron sus puertas ante un panorama cada vez peor del sector empresarial nacional (Rodríguez, 2016 citado en Castillo & Reguant, 2017, p. 151).
Ante este panorama y considerando que la crisis se agudiza en los años posteriores, dada la escasez de recursos económicos, alimenticios y de salud, además de fuertes problemáticas sociales que potenciaron la pobreza y la falta de oportunidades, se genera una emigración masiva de venezolanos a todas partes del mundo. Según datos de la agencia de la Regional Para Refugiados Y Migrantes De Venezuela- RMRP, esta cifra ascendió a 4 millones de personas en
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el 2019, estableciendo así que “el éxodo de personas venezolanas ya es el más grande en la historia moderna de América Latina y el Caribe e involucra tanto a refugiados como a migrantes de Venezuela” (2019, p.11). En estas rutas migratorias, Colombia se ha establecido como uno de los destinos más comunes de los migrantes, lo que puede deberse, entre otras, a él fácil acceso a través de la frontera y las similitudes culturales que pueden favorecer la adaptación al contexto colombiano. Según datos de la Plataforma de coordinación interagencial para refugiados y migrantes de Venezuela, la cifra de venezolanos migrantes y refugiados para mayo del año 2022 corresponde a 6.133.473, de los cuales 5.083.998 se encuentran distribuidos en América Latina y el Caribe, y 1,842,390 en Colombia. (Plataforma de coordinación interagencial para refugiados y migrantes de Venezuela, 2022) Al establecerse Colombia como país receptor de migrantes venezolanos le ha significado un reto, ya que a lo largo de la historia se ha caracterizado por ser un país expulsor, hecho que pone en evidencia la falta de experiencia, preparación y adecuación para dar manejo a esta situación y a los fenómenos sociales y culturales que de allí se desprenden, logrando desbordar los alcances del gobierno y la ciudadanía. Esta realidad, ha significado para muchos migrantes la privación del acceso a derechos en el territorio colombiano, más aún si se tiene en cuenta las condiciones de ingreso y permanencia al interior del país de manera irregular como consecuencia de la urgencia migratoria, acción que se convierte en un limitante para la garantía de algunas condiciones básicas y, en consecuencia, obstaculiza una estancia gratificante e integral en materia de derechos. Dicho esto, es importante anotar que para los ciudadanos colombianos tampoco existe una total garantía de derechos lo que complejiza aún más el fenómeno de la migración venezolana en Colombia.
En este sentido, llama la atención el analizar que, si bien para gran parte de migrantes venezolanos está siendo complicado acceder a una estancia gratificante en el territorio colombiano, ¿cómo lo está siendo para los grupos poblacionales que históricamente han sido vulnerados, excluidos e invisibilizados? Dentro de este espectro de posibilidades, se encuentra una larga lista de ocupantes; sin embargo, es de interés adentrarse en el relato de un grupo poblacional que en razón a una lógica hegemónicamente patriarcal han sido particularmente invisibilizadas, las personas trans, pues por la manera como asumen su identidad de género subvierten la hegemonía de la heteronorma. Los procesos migratorios contemporáneos han sido
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un tema ampliamente estudiado, reconociendo diferentes teorías acerca de la voluntariedad de la migración, motivaciones y arraigos de esta, autoras como Martinicorena en 2014 afirman que: se presupone que los desplazamientos poblacionales responden a determinada normatividad binaria sexual y de género generalmente incuestionada, que ha dado por sentado que estos movimientos han sido realizados por personas 'tipo', mujeres y hombres cis-sexuales/ género y heterosexuales; obviando por tanto, la diversidad y multiplicidad de posiciones posibles al interior de la categoría 'migrantes', desatendiendo experiencias de migración que, cuestionan y huyen de las narrativas y relatos dominantes y más habituales, reduciendo, por tanto, las complejidades del fenómeno (Martinicorena, 2014,
p. 20).
Al analizar lo afirmado por Martinicorena surge la inquietud alrededor de las motivaciones de la migración trans venezolana a Colombia ¿se da a raíz de la crisis económica y social? O ¿existen motivaciones adicionales al contexto económico del momento? Reconocer un marco histórico que hace que el movilizarse fuera de su lugar de origen sea un fenómeno que, para muchas personas trans, puede no ser desconocido, es el primer hito que para el grupo investigador se hace necesario comprender. Para las personas el reconocerse con una identidad de género diferente a la asignada a partir del cuerpo sexuado es comúnmente problemático en distintas latitudes de América Latina, lo que ha favorecido el desarrollo de procesos migratorios en busca de espacios de mayor libertad y aceptación. El reconocimiento del cuerpo y el desarrollo de la identidad es un proceso natural para los seres humanos, permeado por las experiencias que el contexto brinda; para la población trans se complejiza este ejercicio, no solo por lo que implica descubrirse a sí mismo, sino también porque debe enfrentar todas las situaciones que desata en el entorno familiar y social el sentirse diferente.
Venezuela es un país que presenta un Estado basado en la hegemonía patriarcal que, en las palabras de Soledad Román en 2018, genera un contexto violento y hostil contra las personas con identidad de género no binarias, En Venezuela el colectivo LGTB carece de suficiente reconocimiento (especialmente las personas trans) y la normativa de protección de sus derechos es escasa e ineficiente. Si bien la discriminación está prohibida de iure, las personas LGTB la sufren de facto, estando expuestos a situaciones de discriminación y violencia tanto por parte de la policía
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como de la sociedad. Con la situación de crisis humanitaria y de derechos humanos que atraviesa actualmente el país, la situación del colectivo parece estar menos en el punto de mira, sin embargo, esta crisis está sumiendo a estas personas en una vulnerabilidad aún mayor. (p.3) Al mismo tiempo que se ve la escasa intervención estatal en materia de derechos humanos, es posible dimensionar los limitantes que se pueden estar presentando en cuanto a espacios de crecimiento e inclusión a la diferencia, lo que permite ampliar el espectro de razones que motivan a las personas trans a migrar de ese contexto que no los acepta, ni reconoce. En materia legal y de protección el Estado venezolano se queda corto, lo que da lugar a que los actos violentos que se generan contra esta población no sean considerados un delito grave. Soledad Román (2018) afirma que, no se cuenta con una normativa que prohíba la incitación de odio contra las minorías “No existe reconocimiento del colectivo: quedan expresamente excluidos el matrimonio, las uniones de hecho o la posibilidad de adoptar para estas personas” (Román, 2018. P.4). Hoy día, no se encuentra un dato oficial otorgado por Venezuela que dé cuenta de las personas trans que han sido maltratadas o asesinadas, ya que es de relevancia menor y constituye un ápice dentro de la normativa, pues, según entes internacionales como Transgender Europe, red que recopila diferentes organizaciones de personas transgénero, transexuales y de género no conforme; muchas de las violencias de las que son víctima la población trans es ejercida por organizaciones estatales y no estatales. desde 2008 a septiembre de 2017, 116 personas trans fueron asesinadas en el país, lo que sitúa a Venezuela como el cuarto país de América Latina con mayor número de asesinatos de personas trans. Las circunstancias de los asesinatos y el estado de los cuerpos muestran un especial odio de los autores hacia las víctimas. (Román, 2018. p. 6) Teniendo en cuenta el no reconocimiento de los derechos a la población trans y la exacerbación de las precarias condiciones de vida en Venezuela a raíz de la crisis humanitaria, como alternativa para huir de estas constantes situaciones de vulneración, la población trans decide migrar, pero, sería injustificado afirmar que allí termina todo, por el contrario, en el trayecto migratorio también se ven abocados a permanentes experiencias que pueden aludir a su identidad, ya sea por parte de diferentes actores estatales, paraestatales, al margen de la ley y la sociedad civil. Esto sin considerar lo que la Red Regional de Protección de Personas LGBTI+
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refugiadas refiere al decir que, por arrastrar con discriminaciones históricas, la mayoría de personas refugiadas y migrantes de este grupo se ha visto abocada a desplazarse por medios irregulares. Teniéndose en cuenta que los únicos mecanismos disponibles en la actualidad para regularizar su situación conllevan una serie de requisitos como contratos laborales y otras formalidades que por la misma segregación que viven las personas LGBTI y que se exacerba con el desplazamiento, les resultan imposibles de cumplir. (Red Regional de Protección de Personas LGBTI+ refugiadas, solicitantes de asilo y migrantes de América Latina y el Caribe,2020, p.8) Esta condición de migrante irregular y persona trans, ubica al sujeto en una realidad mucho más compleja, pues en esta situación “tienden a pasar en el anonimato, no acceden a derechos y no denuncian violencias de las que suelen ser víctimas; esa doble “situacióncondición” les vuelve vulnerables y en muchas ocasiones lleva a que sus cuerpos sean instrumentalizados” (Red Regional de Protección de Personas LGBTI+ refugiadas, solicitantes de asilo y migrantes de América Latina y el Caribe, 2020, p.17). Evidencia de ello, son las grandes mafias que se encuentran alrededor de las fronteras, legales o ilegales, donde sus transeúntes se ven expuestos a discriminaciones, extorsiones, robos, violencia sexual, e incluso, caer en redes de mercados ilícitos, comercio sexual forzado, tráfico y trata de personas. A pesar de todas las implicaciones debido al cúmulo de acciones desfavorecedoras, para la población trans venezolana se hace necesaria la migración y en este sentido, Colombia se ha establecido como un lugar de destino o paso para estas personas, lo cual no quiere decir que al llegar a este territorio las condiciones sean las más óptimas para su completa adaptación y desarrollo de su identidad. Si bien, muchas de las sociedades actuales se encuentran encaminadas a trabajar en desligarse de los prejuicios y tabúes que se heredan para aceptar la diferencia como algo natural, es una situación que aún, al menos en el caso colombiano e incluso latinoamericano, se encuentra en proceso. En esta medida, para las personas trans venezolanas el panorama es más complejo aún, teniendo en cuenta la constante discriminación y el rechazo que los imaginarios sociales han venido creando sobre el migrante venezolano y su accionar en el territorio colombiano. Para este grupo poblacional, el hecho de irrumpir con el parámetro binario del género los expone y los sitúa en una condición de vulnerabilidad mucho más grande; a pesar de que en Colombia existen leyes de protección para la población LGTBI no quedan eximidos de la violencia interseccional y patriarcal, la explotación y el abandono estatal. Como bien se pudo describir, la realidad colombiana respecto al contexto para las personas trans es compleja, no obstante, es válido
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resaltar los múltiples esfuerzos organizativos que se han gestado principalmente por grupos y movimientos sociales defendiendo las libertades y la igualdad de derechos de este grupo poblacional, haciéndose visible, posicionando y posibilitando la aparición de temas de interés en la agenda política.
En Colombia el movimiento que lucha por los derechos de la población LGTBIQ+ surge con fuerza a finales de la década de 1970, sin embargo, es a partir de los años 90 cuando, con un marco legal y constitucional más favorable se inicia una mayor visibilización en el país. Desde entonces han logrado ampliar su inclusión en las leyes y una mayor adhesión en la sociedad. (Álzate, 2019, p.4).
Esta investigación sobre migración trans: “Tejiendo saberes alzando voces, construcciones de identidad trans en procesos migratorios”, es realizada por tres mujeres cisgénero, que en el 2018 se interrogan en la Línea de Profundización en Problemas Sociales Contemporáneos del Departamento de Trabajo Social de la Universidad de Antioquia, por la necesidad de conocer, explorar y analizar el escenario de Colombia como país receptor de migrantes; emergen las preguntas sobre, cuáles herramientas posee y cuáles no, para afrontar este fenómeno que es nuevo para este contexto. Como equipo de investigación, surgieron interrogantes relacionados a las condiciones en las cuales la población venezolana LGTBIQ+ estaba realizando su recorrido por el territorio y las implicaciones de ser una persona con identidad de género que se sale de heteronorma. A través del rastreo documental y hablando con académicos cercanos al tema de interés, se evidenció que en la ciudad de Medellín ya se estaban realizando estudios enfocados en esta población como es el caso de, “Sujetos en tránsito y sexualidades fronterizas, derechos de migrantes venezolanos LGBT en el Caribe colombiano” (2019), no obstante, no se identificó una investigación centrada en la población trans, que permitiera conocer y reconocer las motivaciones que estaban incidiendo en la decisión de migrar, identificar las trayectorias migratorias y las condiciones en las que la población estaba resistiendo en Colombia, como lugar de destino para muchos.
Desde este panorama, surge el interés de profundizar en la migración de personas trans venezolanas como consecuencia de la crisis humanitaria, pero también, reconociendo una carga contextual histórica; luego de la disertación sobre los múltiples fenómenos alrededor de la migración y sus implicaciones en las personas trans venezolanas y para efectos de la presente
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investigación se decide hacer hincapié en describir las narrativas de las personas trans para, a través de ellas, comprender cómo ha sido el proceso de construcción de la identidad de género a lo largo de la vida, contemplando su estancia en Venezuela y su entorno familiar como pilares en este proceso,de analizar qué ha implicado ser una persona trans en el tránsito por el territorio de Venezuela a Colombia, haciendo énfasis en las experiencias que alrededor de su identidad no binaria se teje en esos espacios y, finalmente, indagar sobre cuáles han sido las transformaciones en la identidad de personas trans migrantes venezolanas en Medellín, a través del proceso de integración a la ciudad. Todo esto, teniendo como objetivo general, analizar el proceso de construcción de la identidad de género de personas trans venezolanas residentes en Medellín y sus transformaciones en medio de las experiencias migratorias.
Fue necesario generar un abordaje teórico que fundamentó esta investigación y allí se retomaron las teorías contemporáneas de la migración, con la intención de comprender las transformaciones y particularidades de los desplazamientos migratorios actuales, dados en un contexto de globalización, lo que ha implicado constantes transformaciones sociales, políticas y económicas que hacen de la era actual un escenario inestable donde mantener condiciones de vida óptimas se vuelve un desafío. Por estas razones, es vital para comprender ahora la migración, recurrir a las lógicas contemporáneas que han demarcado un contexto mundial, propicio para reconfigurar los movimientos migratorios actuales y sus características. Al respecto, Arango (2003), en su artículo La explicación teórica de las migraciones: luz y sombra afirma que en “el último cuarto del [siglo] XX, grosso modo, las migraciones internacionales han experimentado cambios tan profundos que hacen permisible hablar de una nueva era en la historia de la movilidad humana” (p. 10). Los circuitos y las conexiones que hasta la época se habían configurado, se transformaron progresivamente, y así, “Asia, África y América latina han reemplazado a Europa como principales regiones de origen” (Arango, 2003, p.10), y a su vez, los países receptores crecieron sobre manera, sin necesariamente contar con las características de un país receptor que hasta esa época se creía.
A diferencia del capital, las libertades sobre la libre circulación y permanencia de migrantes laborales cada vez fue más restrictiva, “las migraciones laborales —para el asentamiento indefinido— han dejado de ser predominantes, siendo sustituidas por nuevas formas de migración, basadas en títulos habilitantes o corrientes irregulares y tráficos clandestinos” (Arango, 2003, p.11), se consolidan todos unos circuitos migratorios que más allá
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de estar anclados a una motivación específica, como lo laboral, académico, económico o familiar, conjugan todo un entramado de condiciones donde en últimas prima el bienestar y la necesidad de permanecer en un lugar que permita unas condiciones óptimas de vida. Es por estas características que se considera una transformación notoria en los sistemas migratorios y “para intentar dar cuenta de una realidad crecientemente compleja, han visto la luz un cierto número de enfoques conceptuales y teóricos nuevos, algunos construidos ex novo, otros importados y adaptados de diversas áreas del comportamiento humano” (Arango, 2003, p.11). Desde las teorías contemporáneas de la migración, en un intento por comprender las realidades más micro, las relaciones que se entretejen entre y para el proceso migratorio y el capital social que se convierte en un facilitador para los desplazamientos; se presenta el enfoque de redes migratorias, desde el cual, se hace una aproximación al contexto particular de movilidad humana de tres mujeres trans. Para comprender un poco a qué refiere dicho enfoque, se debe considerar que, este surge a finales de 1970, en un contexto de crisis del paradigma cuantitativo hegemónico. Esto dio lugar a la recuperación de perspectivas antropológicas desde enfoques cualitativos y a las dimensiones subjetivas del proceso histórico y la microhistoria. Permitió retornar al actor social y recuperar a los sujetos como los protagonistas que viven el proceso en el que se encuentran involucrados; esto se vincula con el estudio de las relaciones sociales y las estrategias llevadas a cabo por los propios individuos y los grupos sociales. (Fernando Devoto,1991, citado en Pedone, 2000, p.4)
El enfoque de redes migratorias permitió ampliar la concepción de la migración como una acción meramente individual, en tanto es una perspectiva que le apunta a rescatar lo social, lo colectivo y lo relacional de los sujetos al momento de migrar. Es por esto que, la compresión desde este enfoque radicó en “analizar un proceso colectivo: la familia, las cadenas migratorias de amistades, los lazos comunitarios previos y la existencia de redes de connacionales” (Devoto, 1991; Massey et.al., 1993; Ramella, 1995 citado en Pedone, 2000, p.4). Si bien la migración se presenta como un fenómeno macroestructural, las redes migratorias permiten comprender escenarios microestructurales dentro de la migración, las cuales han permitido mantener en el tiempo y en el espacio las movilidades humanas. Las redes se ubican en nivel intermedio, entre el plano individual y colectivo. Se consideran las redes migratorias como “un conjunto de lazos y conexiones sociales que
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se forma a través de vínculos de parentesco, de amistad, sentimentales, laborales, de pertenencia a una comunidad específica, etc.” (Massey et al. 2008 citado en García, 2017,
p. 191). Estos vínculos “se llevan a cabo a través de relaciones inmediatas, distantes,
temporales o permanentes” (Pérez 2010 citado en García, 2017, p. 191). Las redes migratorias se encargan de conectar a diversas generaciones de personas, así como también a migrantes, no migrantes, culturas, identidades, economías, territorios, espacios y tiempos (Rivera 2007; Pedone 2010; Pérez 2010; Massey et al. 2008 citado en García,
2017).
Desde este enfoque se generó el análisis y la compresión de la migración de estas 3 mujeres trans, el cual toma aún más sentido al interpretar las micro realidades de personas con identidades de género no hegemónicas, pues generalmente sus experiencias vitales son posibles en la medida en que son acompañadas por redes de apoyo que no siempre incluyen a las familias consanguíneas, de hecho es común que se conviertan en una de las principales motivaciones para la migración, al igual que todo ese contexto de origen. En este sentido, es inherente a sus procesos la vinculación con pares, con otras personas que se encuentran en procesos de construcción identitaria similares, quienes finalmente son quienes acompañan, acogen y orientan en el camino, para el cual es innegable el hecho de la exclusión por parte de la sociedad, sin embargo, desde la posición de Camacho (2015) allí hay “oportunidades para conformar redes transnacionales y de cooperación entre las comunidades” (p. 70). Por esto es recurrente encontrar iniciativas asociativas en medio de las comunidades de personas disidentes sexuales y de género, dentro de las cuales habría que reconocer que no siempre se crean con un fin netamente para la migración, sino en gran medida para apoyar y proteger el ser, para proveer un espacio de seguridad y refugio.
No obstante, a partir de la incorporación de este enfoque como eje de análisis, fue posible dimensionar cómo las redes dentro de la migración ocupan un lugar importante como facilitadoras en gran medida de todo el proceso de movilidad, pues tienen gran ingerencia en la decisión de migrar y decidir el lugar de destino, en esta dirección, se encargan de proveer información de los lugares de destino, de facilitar procesos de adaptación e integración, de brindar acompañamiento emocional y económico, de alguna manera hacen que se puedan
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tramitar más fácilmente todas las trasformaciones que ocurren en medio de una experiencia como esta.
En este punto, fue necesario enlazar la comprensión que aporta el enfoque de redes migratorias con el análisis que facilita los estudios trans y así comprender a profundidad las sujetas de investigación desde una perspectiva crítica proporcionada por las mismas personas trans. Por ello vale la pena aclarar que, en la última década, han emergido nuevas tendencias en torno a la noción de género y su incidencia en el sexo y la sexualidad, propuestos desde activistas y la academia, en oposición a los movimientos feministas, gay y lésbicos, que de cierta manera se han quedado cortos en la inclusión de reflexiones en torno a las identidades de género no hegemónicas como lo son las identidades Trans, cuestionando el estatus quo binario en el que se quedaron inmersos. Así pues, a partir de estos nuevos movimientos Trans y Queer, se busca superar estas dificultades por medio de nuevas teorizaciones que giran alrededor de la representación y la innovación del género, a partir de las subjetividades y la identidad que quieran construir.
Los Estudios Trans son un campo académico en desarrollo con sus orígenes en los años 70 que se consolida hacia la década del 90 en Estados Unidos, pero de gran acogida y estudio en el mundo. Presentan gran desarrollo en América Latina por autores como Blas Radi y Mauro Cabral en Argentina, Karine Espiñeira en Chile, Fran Demetrio en Brasil, Rebeca Garza y Jessica Marian en México, Camilo Lozada, Nikita Vargas, Andrea García, Analú Laferal y Ange la Furcia en Colombia, por mencionar algunos.
Se inserta dentro de las teorías críticas con un fuerte compromiso político y características interdisciplinarias que retoman metodologías en la misma línea. Su producción académica va siempre en referencia a acciones políticas concretas, según Blas Radi (2020) presenta críticas en dos orientaciones fuertes que han retomado el tema trans, el campo médico y las teorías feministas. Reconoce el conocimiento encarnado de la experiencia de sus autorxs y se establece un reconocimiento a los estudios en torno al alza de sus voces. En este sentido, los Estudios Trans no solo deben considerarse como un campo académico de estudios sino también como movimiento político, que se abrió lugar en un tiempo en el que las únicas personas autorizadas y legitimadas para hablar del hecho trans eran los médicos, para ese momento una serie de activistas trans decidió tomar la palabra, hablar, escribir y publicar sus posiciones políticas, a la
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vez que reivindicar que su saber iba mucho más allá del testimonial y que las personas trans tienen algo que aportar al debate sobre el hecho trans (Galofre & Missé, 2015, p. 8) Dentro de sus postulados principales se encuentra problematizar las relaciones entre sexo, género, corporalidades, identidades y deseo; del cual surge la idea de enfatizar “que no existe ningún proceso natural por el cual nadie se vuelva mujer, y también que el género de todes es producido” (Citado en Fernández, 2020. p. 270). Aluden fuertemente a la definición de lo cis para hacer referencia, más allá de la definición, al reconocimiento de la identidad de género como un proceso en construcción y no determinado fisiológicamente al nacer. Dicho postulado se convirtió en un eje central de articulación y de gran ilustración para comprender los desarrollos de los procesos identitarios de estas tres mujeres trans durante el ejercicio de investigación y de análisis.
Se reconoce que los estudios trans son una puesta teórica y política que se desarrolla en la voz de varixs académicxs con identidades de género no hegemónicas, lo que permite generar conocimiento encarnado en la propia experiencia; retomar esta perspectiva teórica para esta investigación fue vital, pues no es posible acercarse a lo trans sin conocer y reconocer los avances académicos y políticos que desde elles se gesta. Comprender su visión del mundo a través de sus propios postulados, experiencias y voces es el primer paso para garantizar un diálogo horizontal, que facilite el análisis de sus narrativas a la luz de las puestas teóricas ya desarrolladas y a su vez indagar nuevos postulados que en su experiencia se deban abordar.
No obstante, para comprender esto fue necesario realizar un acercamiento a diferentes conceptos que se convirtieron en ejes transversales durante el análisis y la comprensión del objeto de investigación, en esta dirección, se ubica el género como una categoría vital para reconocer en los procesos de construcción identitaria. Mara Viveros (2004) desde la teoría feminista retoma a la autora Margaret Mead, que desarrolla su noción de género en su libro sexo y temperamento, argumentando que este pretende dividir los rasgos humanos del carácter en dos, con el objetivo de encasillar y atribuir a cada uno de los sexos determinadas actitudes, comportamientos y actividades, para generar un orden social jerárquico de acuerdo a la importancia dada a los elementos mencionados, y otorgando roles preestablecidos.
Esta categoría surge con más fuerza desde teóricas feministas americanas para hacer oposición al determinismo biológico, específicamente al uso de los términos “sexo” y “diferencia sexual” que en primer momento dan paso a unos roles para el hombre y la mujer, y además, para
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dar cuenta de la segmentación social dada a raíz de lo anterior, principalmente por las definiciones normativas de la feminidad, que relegan a la mujer en la esfera privada -la familia, la crianza- y al hombre lo ubican en el privilegio de hacer parte de la esfera pública -lo institucional, la política- (Joan Scott, 1990). creando así una desigualdad arraigada en el cuerpo -los genitales de los sexos-, otorgando relevancia al del hombre y, por ende, aumentando su virilidad. No obstante, si bien la conceptualización de algunas de estas trayectorias de la teoría feminista es necesaria para develar las violencias estructurales que se vivencian en razón del género, parte de una concepción binaria del género lo cual excluye completamente identidades que no se enmarcan en esta dicotomía, como puede ser el caso de algunas experiencias de vida trans. En ese sentido, se apropian algunas características que le otorga Judith Buttler (1997) al género para comprenderlo El género no es una categoría identitaria rígida, sino que más bien, una identidad débilmente constituida en el tiempo, instituida por una repetición estilizada de actos. Más aún, el género debe ser entendido como la manera mundana que los gestos corporales, los movimientos y las normas de todo tipo, constituyen la ilusión de un yo generalizado permanentemente. (Altamirano et al. 2012, p.110)
Histórica y culturalmente es un término que ha esquematizado, clasificado y moldeado a la humanidad, estructurando los aspectos relacionales de la sociedad en sus distintas esferas, para finalmente dominarlas a través del discurso de la dualidad del género, sin permitir ninguna variedad de este. El binarismo que este ha impuesto a lo largo de la historia impide que las personas que desafían este orden establecido lo hagan con libertad y de forma segura, por el contrario, son señaladas, juzgadas, atacadas y violentadas en razón de su diferencia; y no solo a nivel externo, sino también a nivel subjetivo, a través de los estereotipos físicos que pretenden idealizar y moldear, el cómo se es mujer u hombre.
Para entender cómo cada sujetx apropia esta categoría, será necesario abordar la Identidad de género, la cual será conceptualizada a partir de los principios de Yogyakarta creados en 2007 por la Organización de las Naciones Unidas, sobre la aplicación de la legislación internacional de Derechos Humanos en relación a las cuestiones de orientación sexual y la identidad de género, que buscan garantizar protección, oportunidades y no discriminación para
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quienes transitan por este, en este sentido, en su preámbulo, conciben la identidad de género como La vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente profundamente, la cual podría corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo (que podría involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios médicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que la misma sea libremente escogida) y otras expresiones de género, incluyendo la vestimenta, el modo de hablar y los modales. (Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, 2017) Adicional a esto, es importante resaltar la influencia del proceso de socialización en la familia, en la escuela y en los círculos sociales, en la constitución de identidad, que “se construye mediante los procesos simbólicos que en una cultura dan forma al género.” (Lamas, 2000, p. 350), y teniendo en cuenta que cada cultura es diferente en sí misma, los procesos identitarios se dan en tiempos, formas y experiencias distintas, según la subjetividad y las particularidades del entorno.
En este sentido, la identidad de género que cada personaconstruye, se convierte en una decisión esencial para su vida y su personalidad y constituye uno de los aspectos fundamentales de su autodeterminación, su dignidad y su libertad (ONU, 2007, p. 12) En un intento por comprender este entramado psíquico, el concepto subjetividad se hace necesario para respaldar el de identidad de género, pues son transversales en el proceso de construcción identitaria. En esta dirección, desde la perspectiva de Judith Butler (2015) en Mecanismos Psíquicos del Poder, la subjetividad como producto de los rituales a partir de una lógica simbólica, “surge de manera inmaterial de una actuación ritual material (…) que preceda y apoye dicha actuación” (p. 140); en este sentido, la subjetividad se forma a partir del seguimiento a ciertos rituales que se llevan a cabo en diferentes instituciones sociales, que son en sí mismas constitutivas e instituyentes del discurso cultural, generando la identificación del sujeto con distintas prácticas, principios e ideologías, que en su repetición configuran la psique del individuo.
Adicional a lo anterior, se abordan de los estudios culturales los postulados del autor Lawrence Grossberg (1996) para explicar el concepto de subjetividad, que busca dotar de sentido
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y significación las experiencias y la historicidad individual, que en la presente investigación son el eje protagónico en razón de la construcción identitaria en el tránsito migratorio, y que buscó analizar sus implicaciones en consecuencia de la condición de migrante, en este punto, toma sentido la afirmación de que las personas experimentan el mundo desde una posición particular. Es decir, son las posiciones las que las definen espacialmente en relación con los otrxs, en cuanto involucradxs y separadxs; vale entonces decir que la subjetividad describe los puntos de adhesión desde los cuales experimentamos el mundo (Citado en Aquino, 2013, p. 266) Existe un punto de conexión con esta subjetividad, por medio de la cual cada persona logra hacerla explícita en su relacionamiento con otrxs, estas son las narrativas, y para efectos de la investigación, las narrativas se convirtieron en un eje transversal dentro de la metodología, aspecto que se abordará más adelante; no obstante, requieren además un desarrollo conceptual desde donde se conciben estas como expresiones que se dan en forma oral o escrita, a través del cual se relata una experiencia, en la que se configuran acciones, emociones y situaciones que debido a sus características se quedan en el recuerdo y a través de las cuales se puede o no generar referentes identitarios. Durante el desarrollo de este ejercicio investigativo, las narrativas de las personas trans, son el principal medio para comprender el objeto de estudio, pues se reconoce la importancia de escuchar sus voces y se recalca la premisa nada de lo trans sin lo trans. La expresión oral y corporal constituyen un referente de análisis a lo largo de esta propuesta investigativa, pues es vital conocer las experiencias identitarias y de migración, de la voz de sus protagonistas.
Como bien se ha mencionado, la migración es una de las categorías principales dentro de esta investigación, por lo cual se hace necesario identificar a qué se hace alusión con este concepto, y en un intento para establecer un desarrollo conceptual de este término, se presentan discusiones de autores como Grinberg & Grinberg, los cuales presentan una definición clásica sobre la migración La migración que da lugar a la calificación de las personas como emigrantes o inmigrantes, es aquella en la cual el traslado se realiza de un país a otro, o de una región a otra la suficientemente distinta y distante, por un tiempo suficientemente prolonga- do como para que implique vivir en otro país, y desarrollar en él las actividades de la vida cotidiana(Tizón et al, 1993 citado en Micolta, 2005, p.61).
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En otro esfuerzo por conceptualizar, la autora Laura Oso (1998 citado en Micolta, 2005, p.61), agrega a la discusión la demarcación geográfica administrativa como otro elemento a tener en cuenta. Mientras que, Carlos Giménez (2003) incluye “la satisfacción de necesidades como un propósito que alienta a las personas a cambiar de lugar de residencia” (Micolta, 2005, p.61). Sin embargo, para esta investigación se retoma el concepto desarrollado por Cristina Blanco en su libro Las migraciones contemporáneas (2000), donde conjuga tres aspectos para definirla: lo espacial, lo temporal y lo social. En este sentido, la migración se concibe como Los movimientos que supongan para el sujeto un cambio de entorno político administrativo, social y/o cultural relativamente duradero; o, de otro modo, cualquier cambio permanente de residencia que implique la interrupción de actividades en un lugar y su reorganización en otro. (Micolta, 2005, p.61).
Esta migración refiere a un desplazamiento por el territorio, que implica el cruzamiento de fronteras tanto espaciales como simbólicas, representa una serie de tránsitos que en este sentido hacen alusión a los contextos socio-espaciales, sin embargo, es una categoría que puede ser asociada con el tránsito por el género, en tanto, ambos “estarían motivados por el deseo de conocer, negociar y adaptarse a las nuevas condiciones de vida para poder ser reconocidxs como ciudadanxs” (King, 2003, citado en Martinicorena, 2014, p.25), pero además de esto, ambos desplazamientos se constituyen mutuamente para permitir el libre desarrollo de la identidad de las personas trans, quienes representan una movilidad permanente que transfiere los límites de lo tangible. En este sentido, se asocia el tránsito por el género con la condición de migrantes, pues, ambas consisten en un ir y venir por el género y por el territorio, lo cual alude a una condición de movilidad permanente.
El tránsito por el género asociado a una construcción identitaria que subvierte el orden de género establecido, acoge a las identidades trans, las cuales no pueden ser consideradas como una condición fija, pues “lo trans define a las personas que transgreden las normas establecidas del género, que intentan romper los binomios” (Zárate, 2015, p.28). Los trans son cuerpos en tránsito, cuerpos migrantes que convierten las barreras de la identidad de género binarias, en algo flexible y permeable.
De acuerdo con lo anterior, estudiar la sexualidad y la migración, además permite reflexionar sobre las denominadas “geografías de la desigualdad” por Sassen (2003), donde son
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unos cuerpos los obligados a transitar de manera constante a lo largo de ciertas “aperturas” y “cierres” formados por las normativas sociales y sexuales que bordean los territorios y construyen sujetos. (García, 2016, p.15) Esta necesidad casi que permanente de movilidad obedece además a unas lógicas de heteronormativa que han permeado todas las instancias de la vida en la esfera pública y privada, este concepto anteriormente se denominaba heterosexualidad obligatoria, elaborado por feministas lesbianas y liberacionistas gay en la década de 1960 y principios de 1970. Posterior a muchas discusiones alrededor del término desde su aparición en los 60, el concepto de heterosexualidad obligatoria fue estratégicamente reemplazado en la década de 1990 por el de heteronormatividad, cuando la teoría Queer apareció como una reconstrucción de la teoría sexual crítica. (Ventura, R. 2016. p. 934).
Actualmente, este concepto puede considerarse que “refiere al régimen social, político y económico impuesto por el patriarcado, extendiéndose tanto dentro del ámbito público como del privado” (CEAR. S.f. parr.1) es un “razonamiento hegemónico en torno a la sexualidad que legitima y privilegia la heterosexualidad como único modelo válido de relación sexo-afectiva y de parentesco” (Warner, 1991), es decir, lo plantea como el único modelo aceptado de comportamiento. Así, se considera el concepto de “conducta” como la «manera con que los hombres se comportan en su vida y acciones»” (Ventura, R. 2016.
p. 934) lo que deriva en prácticas violentas y de rechazo que surgen para las personas o
colectivos que se salen de este discurso hegemónico.
La heteronormatividad es una característica que hace parte de los contextos latinoamericanos y hasta mundiales, podría decirse, que violenta directa o indirectamente a todo aquello que no se encuentre dentro de la hegemonía radicada en lo hetero, pero más aún en lo masculino, y se ven materializadas en derechos, trato, reconocimiento, oportunidades y demás acciones que se encuentran implícitamente en los contextos sociales y laborales. Las mujeres heterosexuales a pesar de encontrarse identificadas con su sexo asignado al nacer, no se desligan de estas violencias heteronormativas, pues en espacios conservadores, como suele pasar en distintas latitudes del mundo, se les relegan a ámbitos asociados tradicionalmente al hogar o al cuidado, presentando diferencias que suelen ser traducidas en violencia de diversos tipos: psicológica, sexual y patrimonial. Para este ejercicio, se entenderá como heteronormativo a todo
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discurso y/o acción que, arraigado a la creencia de la supremacía de la heterosexualidad como única concepción válida para interpretar las interacciones sociales, ligado siempre al rechazo a la diversidad y necesariamente arraigado a diferentes tipos de violencia. Corrientes como el feminismo y los estudios trans han abordado desarrollos conceptuales alrededor de este término del que resulta, entre muchos, el cisgenerismo, este sería la traducción, con el prefijo latín "cis" que significa "de este lado" opuesto a "trans" que significa "del otro lado". Una persona cisgénero es aquella en la cual la construcción de su identidad de género es coincidente con aquella asignada al nacer. (Gandolfo, C. 2016. parr. 1,2). Este sistema avala, normaliza, naturaliza y da por sentado los correspondientes atributos cisgénero y cisexuales, los excluye del escrutinio crítico al que son sometidos las identidades que se fugan de esta normatividad.
A partir de este término, activistas y escritorxs con identidades de género no hegemónicas, como Julia Serano, han desarrollado el concepto de “cisexismo”, que consiste en una jerarquía que coloca a las personas que son o que parecen ser trans en un lugar inferior con respecto a aquellas que son cis, es decir, que no son trans (Cabral, 2014). En términos de Radi (2015), el cisexismo se trata de un sistema de exclusiones y privilegios simbólicos y materiales vertebrado por el prejuicio de que las personas cis son mejores, más importantes, más auténticas que las personas trans. (Citado en Fernández, F. 2020. p. 267-268). En esta misma dirección, aparecen los planteamientos de la escritora y activista trans, Julia Serano, quien argumenta en su texto “el privilegio cisexual” (2011), que este mismo concepto “promueve la idea de que los géneros de las personas transexuales son distintos y menos legítimos que los géneros de las personas cisexuales” (p. 3).
En esta dirección, lo cis permite el análisis alrededor de la posición en la que culturalmente se ha ubicado lo trans en relación a la jerarquía con lo cis, lo cual, además, sería importante analizar a la luz de unos Contextos territoriales, que permiten que estas jerarquías y todo lo derivado de ella se complejicen más, o por el contrario, se minimicen, en el mejor de los casos. Pues estos contextos, están asociados directamente a las dinámicas sociales, económicas, políticas, culturales y religiosas que se atañen a una expansión geográfica determinada y que brinda múltiples escenarios sociales.
Para fines de este ejercicio investigativo se entenderá el contexto territorial como un medio en el que interactúan diversos factores sociales, económicos, políticos, culturales y religiosos, que
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potencia o coarta acciones, y en esa medida posibilita espacios de libertad para el desarrollo identitario de las personas trans. Reconocer la interacción de varios fenómenos presentes en un mismo contexto, la influencia que esas acciones pueden tener sobre la identidad y las afectaciones derivadas de ello, es necesario para comprender y analizar las diferentes circunstancias que hacen que una persona pueda estar más expuesta a diferentes violencias, en estas circunstancias sería fundamental entender esta realidad desde las posibilidades de análisis que permite la interseccionalidad, la cual podría considerarse que es “inherente a toda relación de dominación y que como estructura de dominación impide o debilita las tentativas de resistencia” (citado en Lewis, 2012, p. 234), es el cruce de fuerzas opresivas sobre una persona o fenómeno considerado diverso, por lo general ligado a procesos de discriminación, rechazo y violencias heteronormativas.
Captar las idiosincrasias de la experiencia de personas trans y sus procesos migratorios, requiere de un enfoque sutil y múltiple para poder entender y contrarrestar las causas y condicionantes de los contextos de vulnerabilidad en lxs que se ven expuestxs, que lxs sumerge en situaciones muchas veces invisibles de fuga y hostigamiento. Esto se logrará reconociendo la naturaleza interseccional (de cruce) de sus experiencias de dominación y marginación. Es decir, no se podrá explicar sus realidades sin situarlxs en la intersección de diversas fuerzas y relaciones de poder. (Lewis, 2012, p. 234) Como ya se abordó desde la conceptualización inicial, las experiencias trans se hallan vinculadas a una serie de dinámicas violentas y excluyentes, ligada a la interacción de diversas fuerzas. La interseccionalidad permite estudiar este fenómeno de relación en conjunto, reconociendo la influencia de cada factor sobre el ser de estas tres mujeres trans, migrantes venezolanas y trabajadoras sexuales.
Finalmente, se generó un diseño metodológico que parte del enfoque cualitativo, el cual según Hernández, R (2014) orienta acciones de interpretación y comprensión sobre los sujetos o fenómenos de estudios, mediante el uso de métodos que propician lecturas particulares desde contextos locales y sus actores, “La acción indagatoria se mueve de manera dinámica en ambos sentidos: entre los hechos y su interpretación, y resulta un proceso más bien “circular” en el que la secuencia no siempre es la misma, pues varía con cada estudio” (Sampieri,R. 2014. p. 7). Los desarrollos cualitativos permiten formulaciones constantes, diseños flexibles y miradas
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personales “contacto directo con actores y escenarios, comprensión desde múltiples perspectivas” (Galeano, E. 2004. p. 4).
El enfoque cualitativo se convierte en un insumo que fortalece el proceso investigativo desde la diversidad y el análisis de situaciones específicas, permitiendo poner en el centro las experiencias particulares para comprender sus motivaciones, significados y emociones que los mismos autores expresan y que terminan configurándose como parte importante para el proceso de construcción identitaria de tres mujeres trans migrantes venezolanas en Medellín. Para complementar este enfoque cualitativo, se recurrió al enfoque narrativo, ya que el foco principal de esta investigación son las narrativas de las personas trans migrantes venezolanas, para ubicar la construcción de la identidad de género en el proceso migratorio, permitiendo “entender la sucesión de hechos, situaciones, fenómenos, procesos y eventos donde se involucran pensamientos, sentimientos, emociones e interacciones, a través de las vivencias contadas por quienes los experimentaron” (Czarniawska, 2004 citado en Hernández, 2014, p. 487-488), favoreciendo la visibilización de las experiencias de las personas trans migrantes venezolanas, pero también de las personas trans en general que, en muchos casos, han sido migrantes per sé, pues en diferentes procesos académicos e investigativos, al igual que en distintos escenarios de construcción política de la movilización trans, se ha demostrado que, dado a las dificultades de ser reconocidos e incluidos en la sociedad civil y en la institucionalidad, las personas trans han experimentado procesos de tránsito corporal y territorial continuos. Muchas personas trans han debido huir de sus hogares, sus barrios, sus territorios de origen en la búsqueda de la realización de un proyecto vida en el cual puedan crearse sin ser señaladas. Esto ha dado lugar a una experiencia de continuo movimiento de las personas trans que, a la luz de la interconexión entre las experiencias de vida trans y los procesos de movilidad humana, invitan a pensar en los modos en que estos movimientos se imbrican: aquellos relacionados con la construcción del género y aquellos vinculados a la movilidad territorial. Las protagonistas de esta investigación son 3 mujeres trans venezolanas que nos acercaron a sus experiencias vitales, durante sus estadías en Venezuela, como en sus procesos de construcción identitaria, en sus trayectorias migratorias y su estadía a lo largo del país hasta llegar a Medellín. Ellas son Rachel, Divana y Samantha.
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Figura 1 Taller
Nota: diciembre de 2020. Fotografía de Alejandra Arenas.
Las narrativas fueron transversales en el proceso de co-construcción del conocimiento, desde el primer contacto hasta la elaboración de sus relatos de vida. Con Rachel, Divana y Samantha se generó un ambiente empático, de confianza, de escucha y compañerismo. Respecto a los dispositivos que se generaron para activar el diálogo y la construcción de saberes, se llevaron a cabo algunas conversaciones que se dieron de forma individual, para profundizar particularmente en cada proceso identitario y en el proceso migratorio, ya que estos implican sentires y vivencias muy personales, respetando la confidencialidad de la información y lo sensible que podría ser este espacio. Las técnicas interactivas en su mayoría se dieron de forma colectiva, teniendo en cuenta que las mujeres trans que hicieron parte de este proceso se conocían, al haber un nivel de confianza se facilitaron estos espacios fluida y armónicamente. Inicialmente, para generar una relación armoniosa se dispuso una entrevista semiestructurada como herramienta de diálogo, que facilitó la apertura y un espacio de cercanía con las tres mujeres trans venezolanas, este primer momento se dió en su lugar de trabajo, el Parque Bolívar de la ciudad de Medellín, este punto de encuentro que había sido previamente pactado vía telefónica, espacio de interacción que posibilitó no sólo el diálogo, sino el inicio de
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lazos de confianza y empatía. Allí se conoció un poco de su entorno cotidiano en la ciudad de Medellín y algunas experiencias importantes dentro de su tránsito corporal y territorial. Posteriormente, en una entrevista a profundidad y cartografía territorial, se conocieron y se comprendieron de forma detallada experiencias de vida, el momento de los tránsitos corporales, territoriales y la influencia en el desarrollo identitario. La cartografía territorial, estuvo enfocada en la ruta migratoria de Venezuela a Medellín, con el fin de conocer los puntos comunes, redes de apoyo, violencias y experiencias de vida que ante nuevos contextos se presentan; así mismo, la entrevista a profundidad facilitó conocer a Divana, Rachel y Samantha desde sus propias narrativas, su historia, quiénes son, quiénes han pasado por su vida y quiénes han aportado en todas sus formas a la construcción de su identidad de género; este espacio fue uno de los más nutritivos para esta investigación, ya que cada una de ellas tuvo una gran apertura, se evidenció una apropiación de sus relatos de vida que potenció enormemente los lazos generados.
Para continuar comprendiendo el desarrollo identitario de estas 3 mujeres trans, construimos juntas una línea de tiempo y un foto-lenguaje, ya que la intención no solo era conocerlas sino también, que ellas supieran a quienes le estaban contando su historia; para escuchar, graficar y mostrar eventos importantes de su vida, considerados por ellas como parte fundamental en su desarrollo personal, ahondando en experiencias específicas en torno al proceso de construcción identitaria, desde las experiencias más significativas en su tránsito identitario como por el territorio, dando cuenta de sus luchas, de sus travesías pero también de sus victorias, esto en cuanto a la línea de tiempo, en el foto-lenguaje, mostraron sus transformaciones corporales y lo que para ellas significa su estancia actual. A continuación, se presenta una fotografía de lo que fue uno de los resultados de este este ejercicio descrito anteriormente.
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Figura 2 Foto lenguaje y línea de tiempo
Nota: elaborada por Rachel. Noviembre de 2020. Fotografía de Alejandra Arenas.
Seguido, se acordó la realización de una cartografía corporal, como estrategia de intercambio de sentires de cada una de ellas frente a sus experiencias de vida en el proceso de tránsito territorial por el género y las emociones más persistentes o significativas para ellas. En este espacio se llevó a cabo la grabación de un video, donde las participantes ubicaron esos sentires en un lugar de su cuerpo y narraron por qué se encontraban allí; y lo que para ellas significa ser una mujer trans en medio de un proceso migratorio, que está lleno de dificultades y más aún cuando no se pertenece al género binario establecido, pero a su vez, aludiendo a lo que toda esta trayectoria les ha dejado y que de alguna forma, las ha vuelto más fuertes, defensoras, más conscientes y lo más importante, ha hecho que se amen más a sí mismas. Finalmente, para cerrar el trabajo de campo de forma muy simbólica, se diseñó una estrategia para la construcción de un quitapesares, materializado en una muñeca de tela que pertenece de la tradición centroamericana y que hace parte de los rituales que buscan sanar
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aquellas heridas y angustias que aquejan el ser. Esta actividad fue un espacio de cierre, reflexión y agradecimiento ante las experiencias vividas y compartidas, reconociendo el aporte a su proceso de construcción de identidad de género, permitiendo mirar atrás sin rencor, dando lugar a cada una de estas experiencias independientemente de cuánto haya aportaron a su proceso, haciéndolas las mujeres trans que son ahora. En este espacio se agradece su participación y apoyo en este proceso investigativo.
Debido a circunstancias personales de las mujeres trans, desatadas durante el contexto de la pandemia por Covid-19, se generan encuentros de acompañamiento psicológico, dirigidos por profesionales en el área; y de escucha, que no se tenían contemplados inicialmente. A pesar de haber finalizado este proceso de campo, los lazos con las mujeres trans siguen siendo vigentes, conociendo sus experiencias para continuar visibilizando sus experiencias de vida trans. Es importante denotar las consideraciones éticas que se tuvieron en cuenta para el pleno desarrollo del ejercicio investigativo, sobre todo, por el compromiso y respeto que debe establecerse con las mujeres trans que hicieron parte de esta investigación. Se determinó la necesidad de grabar la voz de los encuentros y en algunos momentos toma de imágenes, esto se hizo a partir de la firma de unos acuerdos de participación donde tuvieron la plena libertad de decidir qué querían que fuera grabado y qué no, no solo grabado, sino también compartido. Además, los nombres en esta investigación son revelados sólo porque ellas dieron la autorización para hacerlo, también como un derecho de reivindicar el sentido de la identidad. En todo momento se dieron a conocer los instrumentos de las técnicas, previamente: las guías de preguntas y los objetivos de cada actividad, esto con el fin de reconocer su disposición frente a estos, e identificar alguna incomodidad o desacuerdo y que de esta forma se sintieran cómodas en todo momento. Se actuó en calidad de reconocer los derechos y garantías de las sujetas LGTBIQ+, en este caso trans, de respetar sus ideas y perspectivas de la realidad, principios y sus particularidades culturales.
En relación con la estructura del presente informe de investigación, se encuentra dividido en tres partes, la primera de ellas responde a la Identidad trans: un devenir por el género, allí se realiza un abordaje del proceso de construcción de la identidad de género de tres mujeres trans donde se establecen algunas claridades teóricas alrededor de la identidad y además, se centra el análisis en las experiencias ocurridas en sus territorios de origen en Venezuela. En este sentido, se desarrollan esos procesos subjetivos, particularmente ocurridos en las experiencias de vida
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como mujeres trans, que han tenido lugar en esa construcción identitaria, allí se ve involucrada la familia, los entornos académicos, laborales, amigxs y las redes de apoyo, se hace énfasis en las posibilidades que el medio les brinda para realizar el tránsito identitario de forma segura. El segundo capítulo nombrado Migración e identidad: Procesos de tránsito por el territorio, analiza las motivaciones de la migración y se focaliza en el trayecto de Venezuela a Colombia, dando cuenta de las rutas migratorias y de las condiciones que cada una de ellas ofrece para las personas trans migrantes venezolanas. En este apartado emergen violencias de índole simbólico estructural de los órdenes de nación heterosexual, lo que permite establecer que, a pesar que haya diferencias en el desarrollo de políticas legales, hay asuntos más profundos que son la raíz de las múltiples situaciones que la población trans vivencia en su cotidianidad, además, se analiza la condición de movilidad territorial permanente en la población trans y su imbricación con los tránsitos identitarios.
En un tercer momento, se encuentra el último capítulo denominado, Medellín: un espacio de posibilidades para tres mujeres trans hace referencia a las transformaciones que la movilidad permitió en sus procesos de construcción identitaria y así, particularmente aparece Medellín, aludiendo a las posibilidades que les ofrece la ciudad para su integración a la misma como mujeres trans; a su vez se analizan algunas transformaciones en ellas dadas a partir de su instancia en Medellín.
Para finalizar, se presentan las conclusiones que recogen las principales reflexiones de todo el proceso investigativo, planteando lo encontrado, pero también, los desafíos en relación con el trabajo social, las responsabilidades a asumir por las entidades pertinentes, y el compromiso como sociedad civil de reconocer a la población trans y sus derechos, con una implementación real de políticas públicas, pero también, con la acogida y respeto hacia la población venezolana. Es importante aclarar que durante todo el trabajo hace alusión a comunicaciones personales, las cuales, por decisión del equipo investigador son citadas con el nombre de las protagonistas y no con los apellidados, dado que, no representan la identidad de las participantes.
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Capítulo 1. Identidad trans: un devenir por el género.
El presente capítulo está orientado a reconocer las formas en cómo tres mujeres trans venezolanas migrantes radicadas en Medellín, vivencian y asumen sus procesos de construcción identitaria. A modo de generar un acercamiento desde lo conceptual y definir cómo y por qué se llega a la pregunta sobre la construcción de identidades de mujeres trans, se presenta un breve análisis y descripción al inicio del capítulo. Seguidamente, se aborda el proceso de construcción identitaria en relación con esos desarrollos subjetivos desde la infancia, donde claramente tiene implicaciones el contexto, la familia, el momento histórico, la institucionalidad y las redes de apoyo. En un segundo momento, se indaga por esas relaciones cotidianas que emergen diariamente con otrxs, las redes de parentesco que tienen cabida dentro de las comunidades trans, las relaciones interpersonales entre amigxs, afectivas-amorosas y finalmente, la relación con ellas mismas. Por último, se hace hincapié en las violencias que permean constantemente la vida de estas tres mujeres trans en medio de sus procesos de construcción identitaria por fuera de los márgenes establecidos para el género.
1.1 ¿Cómo se llega a la pregunta?
La identidad es un proceso continuo que se presenta durante todo el desarrollo de la vida de las personas, y si se quiere, representa un devenir de lxs sujetxs que constantemente está en movimiento y que además, se construye en relación con el entorno, pues estas no son fijas ni esenciales, por el contrario “son construidas de múltiples maneras a través de discursos, prácticas y posiciones diferentes, a menudo cruzadas y antagónicas” (Camacho, 2015, p.11), a su vez, van estructurando una serie de significados en lo social que terminan situando y condicionando unas fronteras en las formas como se debe construir el sujeto, ya sea interpelándolas o reafirmándolas. La identidad, entendida como la definición de sí mismx, configura un mapa interno a través del cual las “personas orientan su vida, y, a su vez, constituye un modelo subjetivo del mundo configurado (...). En la medida en que nuevas experiencias modifican este modelo del mundo, la definición de las personas respecto de sí mismos/as también se irá modificando”. (Ahumada Et al. 2018, p.228). La identidad en su concepción más amplia conjuga un grupo de representaciones, las cuales se generan tanto consciente como inconscientemente, y en últimas, van a permitir un reconocimiento del sujeto en relación con sí mismo, pero también a otrxs, es decir, como distintx a otrxs. (Techeira, 2014, p. 19)
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Si se considera la identidad como la construcción misma del ser desde todos los ámbitos posibles, es claro que se encuentra estrechamente relacionada con el género, en la medida que este ha consolidado unas únicas maneras de habitar, sentir y construir unos marcos de referencia que históricamente han tratado de moldear la identificación de sí mismxs. Bajo estas condiciones, se ha estructurado el género desde una posición binaria, cargado de un sin número de atribuciones que parten desde lo biológico hasta lo social y cultural, de esta forma lo argumenta la profesora y psicóloga social Patricia García, quien asume: La concepción del género como lo social, lo cultural y el sexo como la división biológica hombre-mujer es la propuesta dominante en la actualidad. Este planteamiento defiende la existencia de una continua interacción entre lo biológico y lo cultural, entre el dimorfismo sexual, hombre-mujer, y el producto sociocultural de cada uno de ellos: masculinidadfeminidad (2005, p.72).
Es por esta percepción que se han instaurado solo dos maneras válidas de reconocer el sexo y el género, los cuales, a su vez, deben tener una correspondencia absoluta entre ambos, y de entrada establecen una serie de roles y estereotipos que demarcan estrictamente cómo se es mujer y cómo se es hombre, claro está, heterosexual. Bajo dichos parámetros se “define cuáles son las identidades legítimas y legibles y reduce a dos las posibilidades de ser una persona coherente: mujeres, femeninas con vagina y heterosexuales, y hombres, masculinos con pene y heterosexuales”. (Foucault, [1976] 1991, citado en García, 2009, p. 127). En este sentido, tratar de interpelar el orden establecido sobre el que debe partir la construcción del sujeto, de entrada, ya es un reto que implica romper con unos parámetros históricos. Más aún, si es una construcción que, además, subvierte el orden del género, pasa y se expresa mediante el cuerpo. No obstante, es un camino que las personas trans en medio de su proceso de construcción de la identidad de género, transitan, resisten y transforman permanentemente.
Bajo este análisis surge la pregunta y el interés por reconocer las formas en que las personas trans construyen su identidad de género, haciéndole frente, reafirmando o re-apropiando constantemente las categorías del género hegemónicas, a partir de la materialización de nuevas corporalidades y formas de expresión identitarias que diluyen la dicotomía heteronormativa constituyendo nuevas posibilidades de ser y habitar el mundo desde la alteridad, la otredad y
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diferencia, lo cual deja entrever además, todo el repertorio de agencia y la furia travesti que ha caracterizado a las personas trans.
Hacerse la pregunta sobre los procesos de construcción de identidad de género de estas tres mujeres trans y además abordarla, le apunta a construir un conocimiento que nace y se materializa a través de la propia experiencia vivida, desde las posibilidades de la narración y la relación que ellas establecen consigo mismas y su entorno, como bien se mencionó en el abordaje teórico, una de las apuestas de los Estudios Trans según la posición de Stryker (2017) en su prólogo del libro políticas trans, es partir del “conocimiento producido desde los cuerpos y de la sabiduría de las experiencias vitales de las personas trans, sin llegar a situar estas formas de conocimiento como la única verdad, o como una autoridad incuestionable en temas transgénero” (p.3) La razón de ser de ello es poder sumar otras voces al debate alrededor de lo trans, sobre todo debates que vinculen realmente a lxs propios protagonistas de la historia, que hasta hace poco tuvieron la posibilidad de hacerlo. Es además, una apuesta por “transvalorar aquellas vidas monstruosas o inhumanas y derrocar la tiranía del Hombre, al cuestionar las dicotomías de sexo y género” (Stryker, 2017, p.3), esta es una de las implicaciones más radicales y oportunas de los Estudios trans y de las prácticas transgénero, para esta misma autora, posición que se articula con las intencionalidades que han motivado la construcción de este capítulo.
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Figura 3 Cartografía corporal
Nota: diciembre 2020. Fotografía: Alejandra Arenas.
1.2 Construcción de identidades trans: “una metamorfosis de mucho tiempo no tiene una
fecha límite y eso sigue hasta que uno así lo decida” Para retomar la construcción de la identidad de género de personas trans, es necesario reconocerlo como proceso, el cual generalmente no denota un punto de partida, ni mucho menos uno de llegada, no es algo que pueda tener un inicio y un final, por el contrario, ofrece un constante ir y venir, un trasegar permanente de búsquedas individuales que negocian recurrentemente entre lo que se desea y lo que se impone culturalmente sobre lxs sujetos. Cada etapa de la vida trae consigo una serie de exigencias y transformaciones a nivel físico, emocional, relacional y subjetivo, lo que implica que “la transición nunca es abrupta” (Vuanello & Furgiuele, 2018, p.46) consiste en una búsqueda consciente, constante e intencionada por obtener la plenitud del ser, es por ello que cuando “hay una pregunta o algo sin resolver (...) y se resuelve a través de lo trans, es posible para el sujeto asumir su lugar en la sociedad de una forma más tranquila”. (Laferal, comunicación personal, 2021).
Ello no quiere decir que asumir esa identidad de género por fuera del orden cisgenerista siempre fue la respuesta o que se tuvo siempre claro que lo era, pasa también por un proceso de
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reconocimiento, de experimentar, de asumirse y acoger otras categorías, no siempre conscientes. Se entiende que en un primer momento se parte de una ruptura, una diferenciación con la identificación heteronormativa, en algunos casos, como lo fue el de Samantha, es posible que se asuma la categoría de homosexual como “estrategia de reacomodación, visibilidad para lograr la comprensión del otro (sobre todo con el círculo íntimo)” (Vuanello & Furgiuele, 2018, p.46); si bien los autores lo asumen desde la aceptación por parte de esos vínculos más cercanos, lo cual realmente es necesario, no puede ser limitado solo a ello, ya que también hace parte de ese proceso de exploración y búsqueda de respuestas desde dónde puedan asumir su lugar en el mundo.
En las experiencias de vida como mujeres trans de Rachel, Divana y Samantha, existe una coincidencia en cuanto al reconocimiento de un sentimiento de inconformidad frente a la percepción sobre sí mismas desde la infancia: el cuerpo, prácticas, gestos, forma de vestir... de esta manera lo pone Rachel en su relato al narrar su historia de vida: “nací en 1996 el 29 de abril, desde ahí siempre tuve la duda de que algo no andaba bien, de que no me sentía bien cuando me miraba en el espejo y veía cosas de niño, quería ser niña” (comunicación personal, 3 de diciembre 2020). Este sentimiento usualmente se ve reflejado en la infancia, donde el juego, en medio de la interacción con otrxs, les permite habitar diferentes lugares de enunciación, les permite realizar prácticas relacionadas culturalmente con el género auto percibido, para ello, Vuanello & Furgiuele, en su investigación nombrada Aportes para comprender la construcción identitaria de mujeres trans en la ciudad de San Luis, afirman que la “incomodidad de no saberse en el cuerpo deseado era superada a través del juego que le permitía ocupar otros roles de género” (2018, p. 46). Esta construcción identitaria se va tornando más evidente en la medida en que avanzan en edad y el sentimiento se va haciendo más consciente: “los gustos son diferentes, las actitudes son diferentes, uno crece y uno va creciendo y uno se va creyendo como una niñita, uno quiere jugar con muñecas” (Rachel, comunicación personal, 2020).
Durante la adolescencia se va haciendo más perceptible el alejamiento de los patrones naturalizados del género y la sexualidad, “al mostrar su orientación sexual -en el caso de las personas transexuales heterosexuales- y conductas socialmente asociadas al género femenino [en el caso de mujeres trans]” (Altamirano et.al. 2012, p.116), esto en la medida en que se va haciendo más consciente el sentimiento y se van adquiriendo más habilidades y destrezas para la vida que les permite afrontar, en cierta medida, las consecuencias sociales que puede
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desencadenar hacerlo evidente. De esta manera, se va haciendo más explícito el alejamiento de esos patrones del género en la experiencia de Divana durante su paso por la secundaria: Cuando llegué a la secundaria (al liceo como le dicen en Venezuela), me gustaba mucho participar en las bandas moviendo la batuta y bailando, después también como porrista de los desfiles conmemorativos de las instituciones. Había el grupo que era como de premilitar y ahí se incluía la banda, las batutas y las porristas; en ese momento yo participaba, pero yo no era trans aún, yo daba brincos igual que las mujeres, vestido de hombre, pero con mi toque femenino (comunicación personal, 2020). En ese momento, Divana conservaba su apariencia física masculina, desde allí irrumpía las normativas hegemónicas del género, a través de sus comportamientos, gestos y movimientos que culturalmente son asociados al género femenino. Atravesar y hacerle frente a todas las repercusiones sociales y culturales que acarrea asumirse desde una posición género disidente, se logra por el acompañamiento de una red de apoyo, principalmente de amigxs, ello es vital en medio de ese proceso de construcción identitaria. Dado que, durante la adolescencia tiene lugar las primeras experiencias de travestirse, lo cual se da en un principio, esporádicamente, en espacios privados y en compañía de personas de confianza, amigxs más cercanos, quienes pueden aportarles seguridad y la convicción necesaria para superar el temor de trasladar esa práctica a espacios públicos. De este modo, afirman Vuanello & Furgiuele (2018,) haciendo una descripción que recoge los diferentes momentos que enmarcan ese proceso de trasladar a la esfera pública esa identidad de género sentida, Lo que comienza como lúdico en la temprana edad, se busca en la adolescencia dentro del espacio privado, entre amigas a partir de travestirse hasta que se va generando la confianza, la seguridad en su identidad, que les permite alcanzar el ámbito público en horarios nocturnos y lugares más reservados (boliches). (p.46) Efectivamente los espacios nocturnos, especialmente bares y discotecas gays se convierten en un escenario muy importante en medio del acercamiento a ambientes donde pueden experimentar y expresar abiertamente sus deseos, su sexualidad y su identidad, además, de permitir la socialización con pares, con otras personas que pueden ser quienes acompañen y orienten esos procesos de transición. Referente a esto, Rachel narra una de sus experiencias en
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una discoteca en Venezuela, cuando aún tenían lugar sus primeras experiencias de travestirse. En su relato se hace evidente el escenario de las discotecas como posibilitador para habitar esas corporalidades e identidades deseadas, además, se vislumbra el valor de esas redes de apoyo que se convierten en cómplices en medio del camino.
Mi papá una vez me consiguió en una fiesta, y mi papá me cogió con peluca, pintada, con escote, todo y él sabía que era yo, y yo me hice la borracha y me tapaba y él me decía: “¡Eduardo, Eduardo! ¿eres tú, verdad que sí? ¿eres tú?”, y las maricas que estaban ahí, mis amigas le decían como: “¿qué?, ¡ay no, él no es!, tú estás equivocado”, porque a él le habían dicho que yo estaba en esa fiesta, pero él quería era irme a llevar para que yo no estuviera haciendo el ridículo, porque le habían dicho que yo estaba borracha. (Comunicación personal, 2020) De acuerdo con lo anterior, estos espacios se prestan como el escenario perfecto para experimentar, para compartir la construcción de nuevas corporalidades que materializan formas de expresión identitarias que diluyen la dicotomía heteronormativa. Además de los lugares nocturnos, para Rachel, Samantha y Divana, las peluquerías son otros espacios trascendentales en medio de su proceso de construcción identitaria como mujeres trans, dado que, se establecen en un principio como medio de sustento económico, pero, sobre todo, es un espacio de acogida, de encuentro para orientar, acompañar y explorar en compañía de otras personas disidentes sexuales y de género. En este sentido, Rachel describe un poco los sucesos que han tenido lugar en su vida en medio de ese proceso de construcción identitaria, donde la peluquería como escenario laboral y de conformación de lazos de amistad tiene cabida, Al principio solamente me vestía con ropa femenina, no tan femenina, pero sí ropita femenina, andar en la calle trabajando peluquería, viendo otras amigas, conociendo otras amigas, entrando en el ambiente de discoteca gay y experimentando con hombres sexualmente, ya después empecé a viajar. (Comunicación personal, 2020) En este mismo sentido, el viaje, el migrar, el desplazarse se establece en una actividad permanente y, al parecer, inherente a los procesos de construcción de identidades trans, no obstante, es un planteamiento del que se ocupará detalladamente el siguiente capítulo. La importancia de estos espacios de socialización, de compartir con otras personas que también se
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encuentran en medio de esas conquistas personales, es que “ha resultado indispensable para lograr este proceso identitario ir perteneciendo a grupos de pares que brindan la información y la experiencia necesaria sobre todo lo relacionado al género femenino” (Vuanello & Furgiuele, 2018, p.46), con ello, también la posibilidad de conocer otras formas de habitar el cuerpo, otros lugares de enunciación, otras formas de construir la sexualidad y la identidad por fuera de los márgenes establecidos del género. En esta dirección, como bien se mencionó anteriormente, la categoría de lo trans no siempre fue la respuesta, ni mucho menos se tuvo claro que lo era, por ello.
Una vez descubren la etiqueta de personas transexuales, se categorizan con ésta y comienzan una serie de cambios a partir del acceso a la información que obtienen de esta nueva categoría. Este acceso a la información es proporcionado en todos los casos por el hecho de conocer a otras personas transexuales, las que actúan a su vez como una fuente de validación (Altamirano, et. al., 2012, p.118).
Acompañadxs y orientadxs por otras personas trans, quienes poseen el conocimiento otorgado por la experiencia, inician todo este proceso de transición corporal el cual va más allá de la vestimenta y el maquillaje, es más bien el “sujeto que se auto constituye y en dicho proceso moldea las fronteras corporales de su identidad, así, los cuerpos se transforman en el principal vehículo de movilización y resistencia de las personas trans como lienzo en el que se externaliza su construcción subjetiva” (Jaramillo, 2018, p. 12). Efectivamente, estas corporalidades que finalmente están haciendo posible la materialización de una identidad sentida, se convierten en un escenario visible de resistencias individuales frente a un sistema que invisibiliza y oprime aquello que se sale de los esquemas culturales, sociales e históricos demarcados para habitar el género y la sexualidad.
Cuando inician el proceso de transición corporal, se lleva a cabo un proceso de hormonización, que, para el caso de mujeres trans, se da a partir de la ingesta de métodos anticonceptivos. Por otro lado, se da el cambio del nombre, a partir del cual se “instituye una identidad social “constante y duradera” (Bourdieu, 1997 citado en Barbé, 2013, p.21), que le apunta a garantizar la identidad y el reconocimiento social a partir de la nueva manera de reconocerse y nombrarse.
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Entre otras cosas, esta transición en algunos casos es acompañada por la realización de intervenciones quirúrgicas, principalmente mamo plastia de aumento y aumento de glúteos, sea a través de prótesis o la aplicación de silicona; este último procedimiento es llevado a cabo a pesar de todos los riesgos en la salud que puede ocasionar. Las cirugías estéticas son procedimientos que no están al alcance de todas por sus altos costos y las limitaciones económicas para su acceso, en este sentido, algunas mujeres trans se exponen a procedimientos riesgosos y en lugares clandestinos en consecuencia de esa necesidad y deseo por hacer evidente su identidad de género. Frente a ello, la profesora y activista travesti Analú Laferal, analiza cómo de manera particular se relaciona el cuerpo y estas identidades de género en las experiencias de vida trans. La identidad no siempre tiene que manifestarse en el cuerpo, pero en las experiencias trans hay una necesidad como de hacer evidente ese deseo por un cuerpo definitivo, por un cuerpo que esté definido según sus imaginarios. Se vuelve una manifestación para demostrar justamente, la voluntad de construirse desde unos lugares así supuestamente no sean los naturales. Se pone en riesgo la integridad y la vida es por la falta de dinero, en caso de muchas chicas trans si pudieran ponerse u operarse algunos asuntos del cuerpo donde el riesgo fuera muy mínimo lo harían, la situación es que es muy costoso y al ser tan costoso se vuelve inasequible por lo que prefieren acceder a otro tipo de procedimientos. (comunicación personal, 2020) Además de la necesidad por construir esas corporalidades deseadas, entre otras cosas, está el hecho de que las operaciones son asociadas con un sentimiento de progreso, de manera que se establecen como meta y en la medida en que va siendo posible alcanzarlas denota una sensación de satisfacción y orgullo, sin contar que estas mujeres se convierten en referente para otras. Dicha asociación se hace evidente en la narrativa de Rachel durante la realización de una línea del tiempo, donde ubicó la palabra progreso relacionándolo directamente con el cumplimiento de unos logros personales dentro de los cuales estaban señaladas las intervenciones quirúrgicas, “la palabra progreso porque aquí [en Medellín] obviamente hice mi dinero, me he hecho cosas, operaciones, amistades, tengo mi trabajo, mascotas, tengo mi familia y bueno, estoy toda regia” (comunicación personal, 2020).
Los sentimientos asociados a estos procesos de transición son variados, en un principio los cambios emocionales a causa de la ingesta de hormonas se presentan como una etapa fuerte
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en medio del camino, más aún si no se cuenta con una red de apoyo cercana que pueda acompañar dicho proceso. En la experiencia de vida de Divana, el inicio de las transiciones corporales se dio en un contexto alejado del lugar de origen, para ello tuvo el acompañamiento de un endocrinólogo, este fue quien orientó todo el proceso de hormonización, no obstante, a pesar de ser asistido, Divana lo recuerda como una etapa fuerte en medio del camino, esto en razón del choque emocional y la falta de redes de apoyo.
Eso es muy fuerte, si una chica trans empezando la transición revela su secreto a su familia que no se siente cómoda con su cuerpo y que desea transicionar, si empezó sola y ya está tomando anticonceptivos eso es un choque emocional, yo lo viví porque a mí no me tocó decirle a mi familia que yo quería ser trans en el momento en que yo estaba con ellos, sino que yo me transformé lejos de ellos. (comunicación personal, 2020). A pesar de todas las renuncias, esfuerzos, transformaciones, aprendizajes y mediaciones que se presentan en medio del camino de las transiciones corporales, “los tránsitos sí mejoran ciertos asuntos emocionales adentro” (Laferal, comunicación personal, 2020). Esto, en la medida en que se conciba el “cuerpo y la identidad no solo como una dimensión receptora sino como una dimensión potencial, intencional, activa y relacional” (Barbé, 2013, p. 19). Incluso, la convicción de los tránsitos corporales se convierte en una herramienta tan potente, que les permite a ellas superar cualquier circunstancia a través de un sin número de estrategias de agencia que han adoptado, entre ellas, el volverse quizás más fuertes y aprender a ignorar aquellos comentarios o comportamientos de personas externas que tratan de ofenderlas, este es el caso de Divana, quien comparte uno de los tantos aprendizajes que le ha dejado su proceso de construcción identitaria como una mujer trans, El proceso también nos enseña a no dejarnos afectar por todo, y también a contagiarnos de esa risa, tengo amigas que llaman eso perder la moral, pero yo creo que esa palabra es muy fuerte, yo digo que es aceptarse y ser una persona muy inteligente que se centra solo en su proceso e ignorar todo lo que pasa a su alrededor (comunicación personal, 2020). Esto también ocurre en razón de que llevar todas estas cargas se convierte en una maleta muy pesada de soportar, llega un punto donde es necesario soltar y solo focalizarse en su proceso, sus sueños, anhelos y la posibilidad de convertirse en aquello que tanto han deseado y trabajado.
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El alcance y logro de objetivos son obtenidos con todo el esfuerzo, es quizás por esto que, todo el proceso llega a ser tan satisfactorio para ellas. Si hay algo que debe quedar claro es que cada experiencia de vida trans conlleva circunstancias, sucesos y experiencias muy variadas, lo cual hace casi que imposible denominar una única manera posible de construir estas identidades de género, es por esto que, en retrospectiva, Divana describe el proceso de construcción de la identidad de género asociado a sentimientos y experiencias como, Algo muy interesante, a la vez fácil y a la vez difícil de entender, es un proceso muy largo que nunca termina porque todos los días uno aprende y descubre cosas. Y yo describiría esa experiencia como algo que es inexplicable, yo no le pondría nombre a todo eso porque a nosotros nos toca pasar por muchas cosas a nivel familiar, personal, en todo. (comunicación personal, 2020).
Esta última reflexión que plantea Divana, permite además analizar, cómo todas esas categorías que transitan permanentemente, todas esas experiencias tanto positivas como negativas que vivencian durante sus trayectorias de vida les permite también llegar a ser lo que son hoy, finalmente son esos hechos los que determinan la identidad. Además, es importante analizar cómo esas categorías desde donde se ha intentado comprender el mundo de las disidencias sexuales y de género, en ocasiones son apropiadas inconscientemente y de diferentes maneras. 1.3 Experiencias de vida trans: redes de parentesco y relaciones.
Si se parte de considerar la construcción identitaria como un proceso permanente de apropiación y reapropiación de experiencias, situaciones, emociones, sentimientos, etc, las cuales generan unas implicaciones directas sobre las formas de autopercepción y de configuración del mundo subjetivo, por ende, determinan la manera en cómo cada sujeto orienta su vida. Se puede reconocer la importancia del ámbito relacional para el proceso de construcción identitaria, dado que, constantemente está transmitiendo una serie de significados compartidos, enmarcados en un contexto histórico, social y cultural específico, que finalmente terminan introduciendo nuevas experiencias que modifican este modelo del mundo configurado y así mismo, la definición de las personas respecto de sí. (Ahumanda, et. al., p.228).
En este sentido, es de interés para esta investigación reconocer esas formas de relacionamiento cotidiano que configuran las trayectorias de vida de las personas trans y así identificar qué implicaciones tienen esas relaciones con otrxs, además, cómo se configuran. En
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este orden de ideas, aparecen unas redes de parentesco mediadas por la afinidad más no por consanguinidad, muy particulares en las comunidades trans, las cuales son encarnadas a partir de la figura de “la madre”. Según Camacho, estas relaciones se establecen en el momento en que las personas trans se alejan de la familia nuclear, aquella que es entendida como aparato ideológico de Estado, dado que, se encarga de vigilar las fronteras del género (2015, p.61). Respecto a la familia nuclear como aparato ideológico del Estado, es decir, como aquella que se encarga de controlar y definir esas barreras infranqueables sobre las que se ha construido un sistema de valores y creencias, donde también se encuentra inmerso el género, Divana, trae a colación una experiencia que tuvo lugar en su niñez con su familia de origen donde claramente se deja entrever, esta versión de la familia como aparato ideológico del Estado A los 7 años fue que yo comencé a descubrir cosas, en mi familia me explicaban cositas como que el azul era para niños y el rosa para las niñas, tú juegas con este carro, las niñas con las muñecas y lo que me decían que era para mí, yo me preguntaba por qué eso; ellos me decían fútbol y yo quería bailar, en la escuela participé en obras de teatro y en bailes. (Comunicación personal, 2020) En esta narrativa es evidente el papel que ocupa la familia nuclear y su función controladora y veedora para que en realidad se mantenga el “orden” de las cosas, no obstante, en esta experiencia también se hace explícita la manera como entran estas identidades a cuestionar y reapropiar aquellos mandatos. En contraposición a la figura de la familia nuclear, se encuentra La madre, quien ocupa un lugar central dentro de las redes de parentesco de las comunidades trans y es considerada como aquella que:
Les ayudó a travestirse, a treparse, a montarse. Es la persona que más te acompaña, la que más te apoya, en ese proceso de primeras transformaciones (…) es la persona que las “para” en la calle: “eh bueno, ustedes se paran aquí y les advertía a todas “me las respetan” pero les advertía a ellas tienen que hacerse respetar porque yo no me voy a venir a agarrar aquí (refiriéndose a las zonas de parada para el trabajo sexual)- con nadie. Entonces era: madre voy a participar en el reinado, madre hay tal concurso, madre puedo, madre voy para allá, madre voy para acá, porque es la persona que te respalda y las para, pero ellas también tienen que hacerse respetar, entonces cuentan con ella para todo (Letizia, 2013, citada en Camacho, 2015, p.62).
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En este entramado de relaciones y redes de parentesco que se dan dentro de las comunidades trans se deja entrever una seria apuesta por configurar espacios de acompañamiento para orientar y guiar en ese camino interminable de los tránsitos, pero además, se demarca una apuesta por crear entornos seguros para el sostenimiento del ser, esto también responde a unas lógicas de despojo y desplazamiento frecuentes en las personas trans que las ha obligado internamente a conformar escenarios de acogida.
No obstante, como en todas las formas de relacionamiento humano también están mediadas por la conflictividad y poderes en disputa, sumándole a esto la competitividad, situación dada principalmente por el campo laboral donde se desempeñan. En los relatos se evidencian muchas tensiones y desconfianzas dentro de los círculos sociales entre personas trans, de hecho, Samantha, logra ejemplificar un poco cómo viven estas realidades y por qué, desde una posición individual ella prefirió alejarse de muchos entornos, Había mucho conflicto en el campo de la homosexualidad [transexualidad], o sea, a veces despierta celos o la otra tiene el cabello más largo que la otra, que la otra tiene el color más claro o que la otra tiene mejores cejas, entonces se crea esa discordia. O ir a una fiesta y que un chico gusta de ti y la otra gusta del chico, entonces está esa enemistad, yo aprendí a estar sola ya, yo soy muy independiente. (comunicación personal, 2020) Este tipo de relaciones no ocurren en vano o nacen de la nada, claramente tienen una razón de ser, si se habla dentro de un contexto del trabajo sexual, es válido reconocer que, para tener éxito en dicha labor, “se requiere cumplir ciertos cánones preestablecidos por la sociedad de consumo y que van más allá de la construcción de identidad a un asunto de apariencia. Proyectar una imagen hiper femenina, delgada y bella” (Pérez, 2017, p.368), en esta dirección, el poder reflejar esta imagen deseada implica costear una serie de procedimientos con elevados costos que claramente no son asequibles para todas, entonces, se parte de unas condiciones materiales que son limitadas y de alguna manera, el poder acceder a ellas favorece a tener unos mejores resultados en las jornadas de trabajo. Frente a ello, Charlot quien es una mujer trans venezolana residente en la ciudad de Medellín, con una larga trayectoria como activista por los derechos de las personas LGBT, aporta su análisis al respecto y afirma que, La competencia como tal es esa, por ver ejercer a las compañeras cómo se producen físicamente y ellas no han podido durante el tiempo que hemos estado juntas nosotras.
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Hubo una que cuando me engrandecí los senos, aquí en Colombia y me hice los glúteos, después que me veía, ella era la más íntima de mí y me agarró la mala (...) Entonces ahí empezó toda esa diferencia, porque entonces al ver que una tiene más suerte que la otra, trabajan más que otras, porque no es lo físico es la suerte porque como uno siempre lo ha dicho en esta vida, nadie es feo solo ser bien arreglado y saberse organizar. (Charlot, comunicación personal, 2020) Claramente, hay unas condiciones materiales que impiden el acceso igualitario a muchos recursos y dificulta mantener, en algunos casos, unas relaciones interpersonales amorosas y de respeto. Sin embargo, se podría incluir en el análisis otro elemento que también es importante reconocer y es que “cuando las condiciones materiales son violentas y son difíciles, hay unos niveles de salud mental que también empiezan a implicar un montón de cargas sobre elles y eso tiene consecuencias en sus relaciones interpersonales (Laferal, comunicación personal, 2020). Ello no quiere decir que siempre sea así o que no sea posible para ellas conformar lazos de compañerismo, amistad y hermandad, de hecho, es gracias a ello que logran permanecer y sostenerse en medio de cualquier circunstancia. Es el caso de Rachel, a quien su estancia en Medellín le ha permitido consolidar fuertes lazos de compañerismo y amistad que le posibilita mantener un entorno acogedor y confiable para ella.
Yo tengo muchos amigos, tengo amigos en el parque, tengo un grupo de amigos gay con los que vamos a fiestas, a comer, a parques, a muchos lugares, es un grupito de amigos gays y somos solo dos trans las que estamos ahí, que son mi amiga Hanna y yo. Y tengo amigos por mi barrio donde vivo actualmente que son vecinos de Venezuela y son amigos y en el parque, tengo amigos en la panadería, la chica que vende minutos, como ya tengo ya mucho tiempo acá ya tengo lazos con varias personas (Rachel, comunicación personal,
2020).
Por otro lado, frente al tema de las relaciones amorosas o afectivas, Rachel, Divana y Samantha comparten experiencias en cuanto a la inestabilidad en este ámbito, lo traumático que ha sido en algunos casos y las dificultades para entablar relaciones armoniosas, tranquilas, de compañerismo y ayuda mutua. Frente a esto, la profesora Analú Laferal establece un análisis desde su acercamiento experiencial y académico al tema, donde advierte unas posibles razones que involucran la carga social y cultural que implica salir con una persona trans,
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Si hablamos de soledad a nivel afectivo, y es un tema al cual apenas me estoy acercando y comprendiendo porque tampoco es que haya mucho registro de lo que pasa ahí, es que también hay muchas implicaciones sociales cuando tú reconoces que tu pareja es trans, eso no es que él o ella asuma el tránsito y viva esas violencias pero a mí no me toca; salir con una persona trans tomados de la mano significa ya unos niveles de presión y de violencia a las parejas de estas personas y eso hace que sea más difícil que la gente se atreva a tener relaciones estables. (Comunicación personal, 2020) La perspectiva expuesta anteriormente, deja considerar las razones por las que para algunas mujeres trans o para las personas trans, este se convierte en un campo problemático. Claro, además de todas las dificultades que dentro del campo afectivo se encuentran inmersas, lo cual también aplica para personas cis; la situación diferencial que ocurre con las personas trans y dificulta, para algunas, la posibilidad de consolidar relaciones amorosas estables, son esas cargas simbólicas y materiales que ejercen sobre ellas y que de alguna manera son compartidas con la pareja cuando se accede a tenerla.
Finalmente, la relación con ellas mismas también es reinterpretada y modificada en razón de esas transformaciones corporales, subjetivas y emocionales que las ubica desde otros lugares de enunciación y, por ende, las pone en otros puntos de reflexión que quizás en otros momentos no consideraron. Al respecto, Divana expone su narrativa como mujer trans desde las transformaciones y aprendizajes que le ha dejado todo su proceso de construcción de la identidad de género, Todas esas cosas buenas y malas han logrado desarrollar como un séptimo sentido en mí de mujer trans que antes no tenía. Ahora valoro más mi vida, valoro más mi cuerpo como mujer trans que soy; he aprendido a valorar mi seguridad, si antes cuando era chico podía amanecer en la calle, ya como soy una chica trans trato de no quedarme, yo no amanezco en la calle trabajando tengo un horario, yo me cuido en la alimentación y esas cosas, los métodos anticonceptivos, la forma de trabajar, todas esas cosas me hacen quien soy. (Comunicación personal, 2020).
Esta perspectiva pone en el análisis situaciones que involucran el género femenino en su totalidad, el tema de la seguridad y el cuidado debe ser de vital importancia cuando se decide habitar el cuerpo desde la feminidad, precisamente por las violencias estructurales históricas que
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han recaído sobre estos cuerpos. Si se pone en cuestión el análisis desde la interseccionalidad, para Divana, Rachel y Samantha, tiene otras implicaciones sociales, culturales y políticas que intersectan el hecho de ser mujeres, trans, trabajadoras sexuales y venezolanas.
1.4 Identidades en resistencia
Las barreras sociales, culturales, religiosas y políticas que se imponen sobre las identidades trans, materializadas en contextos cercanos como la familia, la escuela, el barrio, la ciudad o el trabajo representan un desafío el cual estos cuerpos abyectos transitan, transforman y resisten permanentemente. Esto ocurre debido a la posición desafiante que ocupan frente al sistema sexo género, donde, de acuerdo con Camacho, se enfrentan desde antes de su nacimiento a la identidad social preconcebida y atribuida a las categorías sociales del género (2015, p.52). Esto puede verse reflejado en el relato de Divina, donde describe los sentimientos o sensaciones experimentadas durante su proceso de transición y, además, las reacciones sociales que produce en su entorno.
En el momento tuve inseguridad, porque la gente me empezó a mirar extraño y yo me sentía triste y baja de autoestima, me sentía como alguien diferente como un extraño, no sé, como una cosa rara porque la gente con la mirada me decía eso. La gente se burla mucho de nosotras también, y más cuando estamos en ese proceso transitorio que apenas estamos empezando a adoptar características femeninas, que a uno le está creciendo el cabello, que uno tiene cosas de varón, que uno está empezando a ser femenino la gente se burla porque ven niños con cosas de niñas y a ellos les da risa, les causa gracia, pero eso nos genera tristeza, por lo menos a mí. (comunicación personal, 2020). Los cuerpos dentro de unos esquemas “normales” culturalmente son inteligibles como femeninos o masculinos, teniendo en cuenta que se han sostenido unas lecturas corporales binarizadas. Habitar un cuerpo que se ubica por fuera de los márgenes del género hace que las identidades se vuelvan socialmente “periféricas e ilegítimas y pertenezcan a la “familia de los perversos”, como “vecinas de los delincuentes y parientas de los locos” (Foucault, [1976] 1991, citado en García, 2009, p. 127). No obstante, es necesario reconocer que, aunque los cuerpos trans son “vigilados en los baños o vistos como asesinos y solitarios, como fracasados, solos, violentos o atormentados, también son un lugar para la invención, la imaginación y para fabulosas proyecciones” (Halberstam, J., 2018, p.173)
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Cuando se hace alusión a que se está por fuera de los márgenes del género, implica que, en un primer momento, no exista la coincidencia absoluta entre sexo y género, además, corporalmente no se cumple con los requisitos estrictos para ser leído como hombre o como mujer, pues aun siendo una persona trans, la idea de reafirmar unos estereotipos de género definidos, sigue siendo la norma.
La sociedad no permite intermedios, ni mucho menos un ir y venir en el género, ubica a los sujetos en unas líneas infranqueables que constantemente las identidades trans están diluyendo y apropiando a su conveniencia, pero también a su sentir, esto lo relata Samantha al contar un poco sobre sus primeras experiencias en medio de su proceso de transición, las cuales tuvieron lugar en Venezuela y afirma que lo hacía para eventos o fiestas, no se presentaba de manera constante como ahora. Esto se daba porque sentía temor de las represalias que podría tener su familia de origen si se enteraban. (Comunicación personal, 2020). Para Samantha, el entorno familiar determinó tajantemente, en un inicio, su proceso de tránsito por el género. Dado el rechazo que la familia presentaba frente a su construcción como mujer trans, se vio obligada a experimentarlo sólo en contextos alejados del hogar donde pudiera disfrutar de su identidad libremente, pero permaneciendo en el anonimato. La construcción identitaria de las personas trans, como para todxs, se ve permeada desde su inicio por la relación que establece con su primer espacio de socialización, la familia, pues la identidad está necesariamente cargada por las experiencias personales y sociales, las cuales, se asimilan de manera subjetiva. La familia se constituye en el primer espacio de interacción, pero no siempre en el espacio protector que se espera. Si hay algo que queda claro del proceso de construcción de la identidad de género en las experiencias de vida trans, es que Las primeras experiencias que tienen las personas trans en el desarrollo de sus identidades de género se vivencian en el seno de sus familias de origen, éstas a su vez entrelazadas con múltiples contextos históricos, socio-culturales y políticos asociados a epistemologías heteronormativas, englobadas en un sistema dicotómico de sexo-género que atraviesa las vidas de las personas, parejas y familias (Ahumanda et al. 2018, p.228) Si bien las personas trans refieren, en su mayoría, sentir desde niñxs una inconformidad con su cuerpo y atribuciones cargadas en razón de su sexo, es durante la adolescencia donde este sentir se agudiza con los diferentes procesos hormonales; así lo expresa Divana, quien frente a la
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pregunta por el inicio de su proceso de transición corporal responde: “a los 19-20 años yo empecé mi proceso de transición, pero si hablamos del sentirme como una trans siempre me sentí niña, entonces yo digo desde que nací” (Comunicación personal, 2020).
Las personas trans durante su proceso de desarrollo humano, deben asumir cambios no solo corporales, sino también, disputas entre lo que desean, lo que emerge de su ser y lo que a nivel anatómico se desarrolla, finalmente, se deben hacer unas renuncias y elecciones de acuerdo a su devenir como sujeto, es por esto que se considera que “las identidades no son simples etiquetas forzadas sobre las personas; son también etiquetas que las personas activamente aceptan, resisten, escogen, especifican, inventan, redefinen, rechazan, defienden, etc.” (Cornell y Hartmann, 1998, citado en Sánchez, 2018, p.4-5), este conflicto no solo se vive y se asume a nivel individual, sino que además se replica y negocia exteriormente, con el entorno. Dicho esto, la familia se convierte en un ápice fundamental en el desarrollo de las personas trans, pues, su proceso de acompañamiento o rechazo impacta de diferentes maneras el desarrollo de la identidad, esto repercute directamente en las maneras de realizar el tránsito por el género. En el mejor de los casos, cuando se generan entornos seguros y protectores en el hogar, se posibilita una transición más libre, fluida y respaldada, en este caso, la familia se convierte en una red de apoyo permanente para brindar estabilidad y acogida. Afortunadamente, en el caso de Rachel, su familia de origen siempre le brindó el apoyo, el acompañamiento, la confianza y la seguridad para llevar su transición de manera más amable, este planteamiento queda reflejado en una de las experiencias que ella narra y tuvo lugar durante sus primeras experiencias de travestirse aun estando en Venezuela, Mi mamá siempre hasta me compraba labiales, las cositas y ella me decía si usted no tiene senos usted no se puede poner una blusa escotada, porque usted no tiene eso, eso es hacer el ridículo y ponerse de burla para que los demás se metan con usted. (comunicación personal, 2020) Mientras que, cuando en el hogar se genera un entorno de rechazo o negación frente a las características no cisgénero de unx de sus integrantes, aboca usualmente, a la huida a temprana edad de los hogares de estxs jóvenes, dado que, pueden sentir una situación de riesgo si permanecen. Como fue el caso de Samantha, quien asume la migración de su lugar de origen como la posibilidad de poder realizar su transición seguramente, es por esto que frente a la
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pregunta de las razones por las que no realizó el tránsito en Venezuela, responde que fue “por miedo a mi familia, mis hermanos, que me fueran a ver en la calle, que me fueran a golpear o agredir o que me fueran a sacar de la casa” (Comunicación personal, 2020). En un caso similar, se presenta la experiencia de Divana (2020) quien afirma que “siempre, cuando estaba pequeña mi familia obviamente me trató de corregir, me reprimieron hasta que ya un día, yo decidí empezar y salir de closet” (comunicación personal). Estas pueden ser experiencias que dificultan un ambiente seguro para el tránsito, sin embargo, no se convierte en un impedimento para hacerlo, evidentemente.
Es por esto que, “la idea de una identidad estable es reemplazada por una perspectiva de una identidad con multiplicidad y diferencia, contradicciones, fluidez, contextualidad y dinamismo” (Pile y Thrift, 1995 citado en Sánchez, 2018, p. 3). Como bien se plantea, la construcción identitaria se presenta como algo flexible que se desarrolla en función de los contextos, lo que tiene que ver directamente con las condiciones óptimas para el tránsito. En este sentido, se constituye en un ir y venir, que no solo se presenta en relación con un sentir o un deseo, sino también, como una estrategia para preservar la vida cuando las condiciones del contexto se vuelven hostiles. Samantha, por ejemplo, en su hogar sabía que no era posible expresar su identidad de género libremente por las consecuencias que podría generar para ella, sin embargo, lo seguía haciendo a escondidas y en lugares donde sabía que no la iba a ser descubierta.
Desde mis 15 como hasta mis 19 o 18, que fue cuando comencé a ser pues ya trans, que ya no me importaba, pero o sea no lo hacía constantemente porque me daba miedo, me tocaba ya como que comportarme como hombrecito por el tema de mis hermanos y de que mi papá, era muy agresivo, bien machito, entonces tocaba como respetar su espacio, no podía andar así de chica. (Comunicación personal, 2020).
Además de la familia, otro entorno que se convierte agresivo para estxs niñxs o jóvenes es el académico, sea escuela, colegio o incluso, universidad, el “continuum de violencia que no les permite estar en lugares educativos, se vuelve muy violento, hostil. El colegio se vuelve una experiencia casi traumática sobre todo para muchas chicas trans; y lograr la universidad sin un colegio es imposible” (Laferal, comunicación personal, 2021). Permanecer en estos contextos, algunas veces implica para ellxs someterse a constantes agresiones, que en ocasiones son
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legitimadas por los docentes; claramente, se constituye en una de las principales razones de la deserción académica. Particularmente, Divana fue víctima de esta violencia estructural que permanece y se hace visible también en estos contextos académicos, y precisamente fue esta la razón por la que se vio obligada a renunciar, de esta manera lo expresa Divana, Mi sueño era realizar mi transición y graduarme de la carrera que había elegido, pero en el camino me di cuenta de que no iba a ser posible, porque allá en Venezuela la aceptación es difícil, recibí mucho bullying por parte de mis compañeros y del alumnado en general y en algunas ocasiones de los profesores. (Comunicación personal, 2020). En algunos contextos académicos estas violencias estructurales se hacen explícitas y son las que conllevan a altos niveles de deserción de esta población, no obstante, no es solo en este sector en el que se cierran las posibilidades para habitar de forma amable, por otro lado, está el escenario laboral, donde también hay implicaciones manifestadas en las limitaciones para acceder a trabajos que garanticen buenas condiciones de empleabilidad. Esta fue la situación de Divana quien expresa algunas transformaciones que ocurrieron a nivel laboral cuando decidió hacer pública su identidad de género, A mí se cerraron las puertas de los estudios y de las oportunidades cuando empecé mi transición, cuando me veía como hombre todo era normal pero cuando comenzaron a verse los cambios, ya se me cerraron las puertas por todos lados y yo eso lo vi cuando me pidieron que renunciara a mi trabajo, yo quería ganar mi dinero para comprarme mis cosas donde ejercía como vigilante. (Comunicación personal, 2020) Es por esto que, en muchos casos optan por salir a edades tempranas del hogar o del contexto cercano donde crecieron; el estar lejos les permite desarrollar con más libertad su identidad y hasta en algunos casos, salvaguardar la vida, dado que, se convierte en una posibilidad de empezar de cero, en un contexto donde nadie lx conoce, bajo unos sistemas de valores y creencias distintos y por fuera de los sistemas de vigilancia que operan en sus lugares de origen. Es esta la reflexión que trae al respecto la profesora y travesti Analú Laferal, Hay algo muy particular que es digamos que cuando se enuncia que se es o se quiere ser trans muchas sufren expulsión de su casa, entonces cuando se empieza a hacer evidente
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ese tránsito empiezan a sufrir muchas violencias en su contexto, sobre todo por asuntos muy sencillos como, las y los compañeritos con quien compartieron en el colegio se los encuentran todo el día, y a los y las vecinas; y eso se vuelve muy incómodo porque puede que refuercen una identidad con la que no se sienten a gusto, entonces es usual que haya una migración del lugar de nacimiento a hacer una vida asumida por una identidad con la que se sienten bien, en un espacio donde no haya gente que les haya conocido, porque digamos que se hace un poco más sencillo. (comunicación personal, 2021) Bajo dichas circunstancias, se configuran otras redes de apoyo, que no parten necesariamente por un vínculo de parentesco, pero sí por afinidades, resistencias, empatía, hermandad y furia. Van sumando amigxs, que acompañan, acogen y orientan en todo ese proceso de tránsito por la vida, lxs cuales finalmente, se convierten en ese núcleo de apoyo, en familia. Como bien lo esboza Camila Sosa Villada, en su libro, Las malas, “con ellas, aprendí cuánto valía mi cuerpo y cuál es el precio que debía ponerle. Con ellas aprendí a defenderme y a mirar dos veces a una persona antes de emitir un juicio. Yo no estaría acá hoy, si ellas no me hubieran defendido de policías y clientes de mierda. Estaría en una zanja, seguramente.” (2019, p.8). Esto, además, debe ser enmarcado en un contexto como Venezuela, el cual debería ser analizado en su totalidad dadas las particularidades que puede contener cada territorio dentro de él, sin embargo, sí se parte de un marco general nacional desde el cual se rigen los derechos de la población LGBTI y particularmente, la población trans, en tanto permite dimensionar el reconocimiento que desde el orden institucional se le otorga a las disidencias sexuales y de género, teniendo en cuenta que la invisibilización se convierte en la principal arma para la intolerancia. Frente a lo anterior, Tamara Adrián, plantea que “Venezuela es uno de los pocos países de Latinoamérica donde la población LGBT no ha logrado obtener ningún tipo de derechos iguales”. (2019, p.8) Esto no quiere decir que hasta el momento no se hayan generado ningún tipo de políticas, no obstante, sí se considera que en los últimos 20 años en Venezuela ha habido un estancamiento en la conquista de derechos frente al tema del género (Pérez, comunicación personal, 2020); además, como bien se sabe, el hecho que estén en el papel, no garantiza su cumplimiento, más aún cuando se establecen las barreras institucionales para el acceso pleno.
Venezuela presenta en las voces de Divana, Samantha y Rachel, un lugar donde la heteronormatividad y transfobia se halla marcada en muchos espacios sociales, lo que traduce en
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la legitimidad de violencias de diferentes formas en contra de las representaciones de disidencias sexuales y de género, las cuales son perpetradas por la institucionalidad y por la sociedad civil. Así lo expresa Rachel, quien fue víctima en repetidas ocasiones de personas que atentaban contra su integridad por ser una mujer trans, “en Venezuela la cosa es muy fuerte, a mi muchas veces me pegaron, en la calle me quitaron la peluca, me rompían la ropa, personas de por allá mismo del barrio o hombres malos me pegaban” (Comunicación personal, 2020). El contexto venezolano en las últimas décadas ha venido presentando situaciones sociales que no son ajenas para Divana, Rachel y Samantha, si bien no constituyen la razón primordial del tránsito por el territorio, si genera motivaciones para la migración, Camacho (2015) afirma que “las mujeres transgénero en sus relatos expresan las razones por las cuales deciden iniciar sus trayectorias, muchas de ellas motivadas por el rechazo familiar o comunitario al que se exponen cuando hacen pública su orientación sexual e identidad de género. Muchas de ellas inician sus trayectorias en busca de un lugar para construir sus identidades” (p. 11) las violencias sociales vividas en diferentes contextos dentro de su lugar de origen favorecen el desplazamiento de las personas trans, no obstante, la experiencia migratoria no está exenta de estas violencias estructurales.
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Capítulo 2. Migración e identidad: Procesos de tránsito por el territorio En este capítulo se aborda la experiencia migratoria de Rachel, Samantha y Divana, haciendo hincapié inicialmente en los procesos de tránsito territorial de Venezuela a Colombia, las causas de la migración desde factores externos e implicaciones personales, seguido, se retoma el cuerpo como factor de impacto durante el tránsito territorial, estrategias de agencia que ellas implementan como medida de protección ante ambientes hostiles. Y finalmente, se cierra el capítulo abordando la influencia de las redes migratorias no formales en el tránsito territorial, así como las rutas migratorias.
Las personas trans son, de algún modo, migrantes persé. Las experiencias de vida trans dan cuenta de un movimiento permanente por el género que, en algunos casos, ha terminado por significar también una movilidad territorial permanente en medio de la búsqueda de un nicho en el que sea posible florecer. (Bedoya, P. Comunicación personal. 2020)
La migración es considerada un fenómeno que puede darse por diferentes motivaciones económicas o culturales que suelen referenciar lugares con mejores condiciones al de origen, posibilitando el crecimiento laboral, académico, personal y económico. Usualmente, las razones que circulan en relación con el desplazamiento internacional de las y los migrantes, se reducen a esta diferencia cultural, asumiendo que la nación que los recibe es mucho mejor que de la que han sido simbólicamente expulsadas o expulsados. (Vidal, 2013, p. 198) Al abordar la migración de personas venezolanas es necesario comprender la influencia que conlleva el conflicto sociopolítico, económico y social presente desde los años 80 donde Castillo & Reguant (2017) afirman “inicia el retorno de algunos extranjeros residenciados en Venezuela, y posteriormente se impulsa la emigración de venezolanos, afectados por los efectos de la recesión económica y descomposición social” (Castillo & Reguant, 2017, p. 141). A partir de este momento la realidad se modifica con todo lo que conlleva la crisis económica: desempleo, inflación, devaluación de la moneda y problemas sociales.
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Luego de esto, la situación se agrava aún más con la llegada de Hugo Chávez a la presidencia, en 1999, quien trajo consigo un cambio rotundo en las políticas que hasta entonces el país había experimentado; expropiaciones arbitrarias, persecución política, inseguridad, aumento de robos, secuestro, extorsión y homicidios, son algunas de las consecuencias que desató las nuevas políticas de gobierno, hecho que además, desestimó y paralizó la inversión extranjera, detuvo la producción, ocasionando el cierre de muchas empresas y con ello altos índices de desempleo. Estas políticas fueron adoptadas por el mandatario Nicolás Maduro, quien asumió la presidencia de Venezuela en 2013, Como continuidad de las políticas económicas de Hugo Chávez, Nicolás Maduro ha mantenido y profundizado medidas como: devaluaciones del bolívar; mayor control de precios (...). Todo ello incentiva más cierre de empresas, y por ende disminución de fuentes de empleo. (...) en el 2014 quebraron 77.839 empresas en toda Venezuela. Según el Instituto Nacional de Estadística en el año 2015, 58.000 empresas más cerraron sus puertas ante un panorama cada vez peor del sector empresarial nacional (Rodríguez, 2016 citado en Castillo & Reguant, 2017, p. 151).
Considerando que la crisis se agudiza en los años posteriores, dada la escasez de recursos económicos, alimenticios y de salud, además de fuertes problemáticas sociales que potenciaron la pobreza y la falta de oportunidades, se genera una emigración masiva de venezolanos a todas partes del mundo. Según datos de la Regional Para Refugiados Y Migrantes De Venezuela esta cifra ascendió a 4 millones de personas en el 2019, estableciendo así que “el éxodo de personas venezolanas ya es el más grande en la historia moderna de América Latina y el Caribe e involucra tanto a refugiados como a migrantes de Venezuela” (2019, p.11).
Al considerar la migración como un fenómeno en general voluntario que se presenta por el deseo de buscar contextos mejores para las necesidades de las personas y sus familias, se hace importante analizar qué tan voluntaria puede considerarse esta acción si las personas que tienen el deseo de migrar lo hace porque su entorno cercano no le brinda la protección necesaria que
permita su adecuado desarrollo como ser y su calidad de vida se ve afectada, esta acción con
hincapié en el género de lxs migrantes se complejiza aún más, pues es preciso aclarar, las motivaciones migratorias de personas trans y si pudiesen ser similares o no a las motivaciones regulares de la migración.
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Abordar la experiencia migratoria siempre será un tema sensible, por las implicaciones personales, familiares y sociales que el tránsito territorial evoca, pero si se aborda desde la perspectiva de tres mujeres trans venezolanas, necesariamente hace pensar la premisa que el profesor Pablo Bedoya lanza al decir que “las personas trans son, migrantes persé” (Bedoya, P. Comunicación personal. 2020) pues las investigaciones muestran que sí existen tendencias entre la población trans a migrar de sus lugares de origen, retomando a Vidal (2013) que afirma “se logró que se vieran los procesos migratorios como constitutivos de la sexualidad y, que se viera, a su vez, la sexualidad como un proceso constitutivo de la migración” (Vidal, 2013, p. 206), es decir, existe una tendencia a que el desarrollo identitario de personas sexo disidentes favorezca el deseo migratorio y así mismo el desplazamiento territorial.
Es importante comprender la afirmación del profesor Bedoya desde dos perspectivas, primero, la claridad sobre el desarrollo identitario como un proceso continuo que implica un devenir por el género, lo que hace referencia al movimiento constante de las personas trans en su ser y su sentir; y seguido, la condición por la cual las personas trans se ven obligadas a movilizarse constantemente por el territorio, razón por la cual se hace necesario reconocer que los contextos venezolanos y colombianos, a pesar del desarrollo político y social alrededor del tema de diversidad e inclusión, aún se quedan cortos y no configuran un ambiente totalmente seguro y protector para la población trans, pues aparte de las condiciones sociales, poco acceso a sistemas de salud con enfoque diferenciador, tramitología en la actualización documental, negativas ante la configuración de las familias homoparentales y sus derechos, acceso a un trabajo digno, ambientes seguros en escuelas, colegios y universidades; por mencionar algunos, sigue faltando respeto de los diferentes actores institucionales y no institucionales ante esta población, lo que termina por motivar la movilización territorial.
Para el caso de Rachel, Divana y Samantha las motivaciones son diversas, pero aborda un punto común, la necesidad de habitar un espacio donde no se sientan rechazadas o señaladas por familiares y conocidos. La crisis venezolana agudizó las violencias contra las personas trans, pues las políticas conservadoras alrededor de la familia tradicional y la cultura de opresión incentiva el deseo migratorio y se convierte en el estímulo que Rachel, Divana y Samantha necesitaban.
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2.1 Cuerpo y frontera: límites territoriales y corporales entre Colombia y Venezuela
Tránsito identitario que además de ser geográfico es corporal, entendiendo el cuerpo como territorio en el que se textualiza las negociaciones que hacen los sujetos cuando sus identidades de género y sexuales superan la coherencia que impone el sistema sexo genérico. Camacho, 2015, p.10
El desarrollo identitario en el lugar de origen de Rachel, Samantha y Divanna fue muy diferente, marcado por violencias patriarcales desde su familia o ambiente cercano, pero a su vez, con fuertes espacios protectores que alrededor de sus pares, peluquerías y fiestas les generaba bienestar, no obstante, son aquellos mismos espacios y el tránsito territorial de sus pares lo que incentiva mucho más el deseo migratorio, es por esto, que se puede afirmar que los desplazamientos territoriales de Rachel, Samantha y Divanna fueron motivados por amigos que les permitió establecer trayectorias territoriales entorno a ellxs.
El desarrollo identitario influye en el tránsito territorial en varios sentidos, inicialmente, el flujo de una identidad diferente a la marcada tradicionalmente al sexo y la respuesta que por familiares, amigos y conocidos se da, influye directamente en el deseo de buscar un espacio que permita la expresión total de su deseo identitario, pues es común en el relato de ellas, escuchar cómo debían ir y venir en su vestimenta debido a conflictos con familiares y violencias por parte de vecinos o conocidos. Seguidamente, el momento en el cual se encuentra el desarrollo de la identidad puede constituir un elemento fundamental para considerar la forma en que se desplaza por el territorio, es decir, Rachel, Divana y Samantha a pesar de sentirse mujeres no todas recorrieron el territorio de esta manera, pues para algunas su proceso de transformación corporal debía verse oculto para familiares o amigos.
Adicional a esto, la apropiación de su cuerpo, el contexto cisheteronormativo predominante en fronteras Colombianas y Venezolanas, determina la necesidad de transformar su sentir alrededor del cuerpo y la apariencia, como forma de protección ante un ambiente hostil, en palabras de Charlot, activista trans venezolana con experiencia migratoria de más de 10 años, la forma física en que las personas trans transitan el territorio está determinada por el temor que entorno al espacio físico y las construcciones culturales alrededor de él se dan. Por aquellas
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mujeres que ya se encuentran con una adaptación corporal mayor, son capaces de transitar siempre los espacios con las transformaciones de vestimenta que desean. Al indagar con Charlot si en algún momento cambió su apariencia por protección durante los tránsitos territoriales ella dice:
No, nunca porque yo ya venía con ese miedo perdido desde Venezuela, yo visto de mujer desde los 15 años. Ya yo ese miedo, ese tabú ya lo había perdido, no tenía aquí que ocultarlo de otras personas simplemente porque me discriminaran, yo soy como soy y me siento como soy. (Charlot, comunicación personal. 2021) Es claro que el desarrollo identitario no puede considerarse un proceso lineal, ni secuencial, con inicio y final, sin embargo, si es posible reconocer algunas características como la apropiación de un cuerpo en concordancia al ser, la distinción de aspectos personales asociados a un deseo de proyección, la seguridad de un ser propio ante sí y ante los otros; dicho esto, se hace importante analizar las acciones que pueden influir en el desarrollo de la identidad, pues para el caso Rachel, Divana y Samantha se observan experiencias de vida tan diversas como el ambiente familiar protector y de apoyo a su proceso de transformación corporal de Rachel y el rechazo, castigo y estigma alrededor de Samantha y su deseo de tránsito.
El apoyo familiar que Rachel recibe en su transformación corporal y en la incorporación de ese sentir al mundo, participación en festivales de diversidad, comparsas y concurso de baile para trans, han hecho de Rachel, una mujer segura, femenina, una matriarca para sus compañerxs y un referente de seguridad y cuidado entre lxs trans. La experiencia de Rachel en el tránsito de Venezuela a Medellín fue marcada por personas que la cuidaban:
En ese trascurso de ir conociendo y viajando, como te digo me tocaba con personas amables, que por el hecho de ser trans, como que eso influía, hay hombres que te miraban y como por el morbo te invitaban a comer, te invitaban a cena, ven siéntate, o personas que porque te veían bonita, chicas te decían, ah se quiere tomar algo, yo recuerdo que yo venía en carretera a mi nuca se me olvida y de hecho pues, me da como cosita, como ganas de llorar y todo porque es algo estúpido, pero yo no tenía dinero y yo venía en el camino, y había una muchacha y ella no se para dónde iba, hicieron una parada para bajar y comer y todo y ella se bajó, todo el mundo se bajó, y ella vio que yo me quede ahí, y ella me regaló una papa, recuerdo que yo ni sabía que era una papa rellena, no mentira un
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pastel de pollo, me regaló un pastel de pollo, y yo pensaba que esa salsita no era ni salsa yo no sabía, que era salsa y ella me decía tómala y yo y esto para qué, para que le untes y me regaló y es una experiencia bonita que recuerdo de una chica, fue viniendo a Medellín. (Rachel, Comunicación personal, 2020) El apoyo que Rachel recibe de desconocidos y de la mujer que la reconoce como par, y de manera desinteresada la cuida, hace que ella confirme esa seguridad que fue gestada en casa, reafirma su condición de mujer y el valor que un ambiente inhabitado le otorga, hace que para ella Colombia y en especial Medellín se convierta en el espacio que desea habitar. Para el caso de Divana y Samantha sus experiencias en Venezuela fueron especialmente marcadas por violencias cisheteronormativas provenientes de entornos familiares cercanos lo que hizo que su proceso de tránsito por el territorio fuese más sumiso, prevenido, temeroso con un entorno que ya las había violentado.
No es posible negar la concepción patriarcal y heteronormativa de las fuerzas armadas con alta presencia en las zonas fronterizas, ni tampoco se puede desconocer la cultura similar que se ve fuertemente arraigada en torno a algunas ciudades colombianas, como Barranquilla, Cúcuta, Valledupar, La Guajira, por mencionar algunas, en palabras de Camacho la multiplicidad de experiencias de los cuerpos trans, también se ubican en los bordes, los límites que además de ser simbólicos, también son geopolíticos, donde el Estado está reforzando los sentimientos de pertenencia, diferenciación y soberanía. (Camacho, 2015, p.19) Estos contextos fronterizos pueden llegar a considerarse un espacio hostil que influya en la forma en que las personas trans, decidan recorrerlo, en otras palabras, la posibilidad de sentirse violentadx en zonas de frontera hace que las personas y en particular las personas trans modifiquen su vestimenta, expresión de género o apariencia general con el deseo de no verse envueltas en situaciones que puedan sentirse vulnerables; las personas trans suelen tener experiencias de vida con situaciones violentas en torno a su identidad de género, por lo cual es entendible que consideren el espacio donde se encuentran para definir su apariencia física. Las experiencias durante el tránsito migratorio son diversas y no siempre positivas, sin embargo, la acogida a redes de apoyo oficiales y no oficiales, el clima, la peculiaridad de las personas, las costumbres, la cultura, la religión, entre otras muchas similitudes de ambos países,
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hacen que Colombia y en especial Medellín se conviertan en un espacio llamativo para establecerse “Medellín ha sido un referente para mucha de la población venezolana porque primero tiene unas dinámicas en palabras de ellas muy parecidas, culturales a las de Caracas, entonces eso las atrae mucho a este territorio” (July, comunicación personal. 19 de abril de 2021) Durante su estancia en Venezuela Rachel, Divanna y Samantha refieren puntos comunes de reunión con amigos y pares, generalmente alrededor de peluquerías, bares gay y lugares de encuentro en parques que terminan estableciendo redes de apoyo entre amigues que configuran un eje fundamental en la adaptación y acomodación en el proceso de tránsito corporal y personal. Son estos mismos grupos de apoyo en los cuales surge frecuentemente la idea de migrar, buscar un espacio que permita el desarrollo identitario lejos de la mirada, a veces juzgadora de la familia y conocidos, además, de la posibilidad de obtener recursos económicos adicionales que posibiliten el acompañamiento desde lejos a la familia.
La amiga con la que me contacté para llegar a Medellín la conocía de Venezuela porque vivíamos en el mismo barrio, de gay éramos amiguitos y después, yo empecé mi transición primero que ella solo que ella se vino a Medellín antes que yo. (Divana. Comunicación personal. 2020)
2.2 Redes y rutas migratorias
Rachel, Divana y Samantha migran de sus lugares de origen en Venezuela motivadas por experiencias de amigues y pares que ya habían migrado, se hallaban establecidos en diferentes espacios de Colombia e incentivan el desplazamiento de ellas, lo que permite establecer redes de afinidad que facilitan el movimiento territorial. Los vínculos que se generan durante la migración permiten establecer redes que mediante la voz a voz se constituyen como referente para otres que desean migrar.
Un punto común para ellas es que el tránsito territorial de Venezuela a Colombia les hizo conocer diferentes ciudades y su abordaje final fue Medellín. Llama la atención durante el proceso investigativo encontrar zonas comunes en el tránsito dentro el territorio colombiano, pues a pesar de no conocerse previamente en Venezuela, Rachel, Divana y Samantha transitaron espacios como Bucaramanga, Cali y Medellín en los cuales afirman, las actividades económicas en que se desenvuelven son similares. El trabajo alrededor de la estética, el trabajo sexual y la modistería son espacios recurrentes para la población trans migrante y terminan configurando una red migratoria
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alrededor de ello. Colombia a pesar de tener un desarrollo teórico sobre equidad de género en cuanto a políticas públicas y movimientos sociales, aún se encuentra lejos la aplicación rigurosa de la norma, característica que se agudiza en las ciudades periféricas. El encuentro con amigos y conocidos en los territorios de abordaje, se constituye en un eje fundamental de la migración, pues en raras ocasiones la migración se da sin apoyo de redes no oficiales. El apoyo de otrxs no garantiza el bienestar en la estancia del lugar de llegada, pero sí constituye una red y un ambiente protector entre pares.
Los viajes son planeados y precedidos de averiguaciones entre amigas que ya se fueron y volvieron; con otras travestis que están en Europa; a partir de redes tejidas en chats en internet, MSN, Orkut [espacio virtual para conocer personas, muy de moda en Brasil], en las esquinas y en otros espacios de socialización. Preguntan, investigan, comparan, calculan, invierten y, algunas, realizan el tan anhelado viaje. (Pelúcio, 2009, p.180) La red no formal que se teje alrededor de amigos y conocidos, para el caso de Rachel, Samantha y Divana no constituye una relación que perdura en el tiempo, pues las expectativas referente a la experiencia migratoria inicial no fue acorde a los deseos de ellas, lo que termina deteriorando las relaciones de afinidad entre ellxs, en el caso de Rachel la migración a Colombia se da inicialmente a Cúcuta con un amigo conocido a través de redes sociales, para Divana es un amigo de un familiar que posibilita su ingreso por La Guajira y su establecimiento en primera instancia en Barranquilla, y finalmente Samantha se ubica en Bogotá gracias al acompañamiento de una amiga, es importante resaltar la diferencia de ruta migratoria realizada por cada una antes de su llegada a Medellín, no obstante, todas refieren presencia de factores interseccionales en el relacionamiento que se da con ellas en las ciudades periféricas.
Divana relata su experiencia migratoria alrededor de Barranquilla resaltando la cultura patriarcal a la que se vio expuesta durante su instalación, el factor cultural se considera un aspecto fundamental en la adaptación e incorporación de migrantes a los nuevos contextos, adicional, de las oportunidades que este les brinde para el desarrollo personal y laboral, pues en consecuencia con lo enunciado anteriormente, una de las motivaciones de la migración para Rachel, Divana y Samantha es hallar un lugar donde pueden adquirir un estilo de vida acorde a su desarrollo identitario, en este sentido, las características culturales de la zona costera Colombiana, no
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representa un ambiente de diversidad y riqueza cultural, lo que dificulta el acople de personas trans y posibilita la migración al interior del territorio Colombiano. Es preciso decir, que muchas situaciones hostiles que se presentan hacia las personas trans, para el caso de las migrantes venezolanas, está relacionado con violencias de orden interseccional. Colombia es un país aún muy conservador y aunque hay ciudades con mayor aceptación hacia las disidencias sexuales y de género, no es posible afirmar que la tolerancia y el respeto hacia las personas género disidentes sea una constante en el territorio colombiano, dicho esto, y sumado al alto flujo de migrantes venezolanos con rotación y estancia en Colombia durante los últimos años se ha provocado un desgaste y un recelo hacia la población venezolana. Para Rachel las violencias a las que ha estado expuesta consideran se dan más por ser venezolana que por ser trans, pues refiere considero que me han negado más bien derechos por ser venezolana que por ser trans, porque vuelvo y te repito, yo vengo de un país donde la salud es gratuita y considero que todo ser humano tiene derecho a la vida y ojalá que algún gobierno que llegue a su país cambiara eso y mejorara eso, yo creo que todo el mundo tiene derecho a la vida y a la salud y si no tienen cómo pagarlo, tú no puedes dejar morir a una persona, no puedes dejarlo morir porque no es el deber ser, entonces yo considero que por lo menos acá en Colombia no me parece que tengan que estar pagando por una salud, porque yo creo que el gobierno debe generar como buenos ingresos para generar como algo. (Rachel, comunicación personal, 2020) Esta afirmación hace pensar, si Colombia no representa para ellas un ambiente protector en materia de reconocimiento legal, beneficios como ciudadanos y acceso a empleo formal, ¿por qué considerar Colombia y en especial Medellín como su lugar de residencia permanente?
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Capítulo 3. Medellín: un espacio de posibilidades para tres mujeres trans. En el siguiente capítulo se abordan las transformaciones identitarias de Rachel, Samantha y Divana visualizadas en su estancia en el país, pero particularmente en Medellín, acercando el contexto socio-político de la ciudad con relación al desarrollo de temas de inclusión, garantías para la vida digna, seguridad y acceso a la salud para la población LGTBIQ+, para ello se retomaron algunos sucesos importantes que han posibilitado el avance y reconocimiento de este sector poblacional, logrando posicionarse en la agenda estatal. Sumado a esto, se presenta un análisis de las transformaciones ocurridas en medio de los procesos de construcción identitaria de estas tres mujeres trans a partir de la integración a la ciudad de Medellín, allí se enuncian elementos que tienen que ver con sus tránsitos corporales, la consolidación de redes de apoyo, pero sobre todo, la posibilidad de poder expresar libremente sus identidades de género y la proyección a largo plazo de ellas en este espacio. Por último, se establece un análisis alrededor del cuerpo como ese baluarte último de la identidad.
3.1 Medellín: espacio de abordaje y lugar de residencia… ¿permanente?
La ciudad de Medellín, ubicada al noroccidente colombiano se caracteriza por un clima templado, bastante atractivo y por la que le llaman “la ciudad de la eterna primavera”, esta posee una cultura conservadora altamente influenciada por la religión católica, también golpeada fuertemente por diferentes olas de violencia de grupos armados al margen de la ley, narcotráfico y paramilitarismo, este último como una forma de violencia estatal no legitimada. Las representaciones sociales que existen en la ciudad sobre las personas que no pertenecen al género binario establecido están cargadas principalmente de prejuicios, que ubican a esta población en un lugar de invisibilización y rechazo, dificultando el establecimiento de vínculos y relaciones propicias para un desarrollo integro; esto sostenido en las ideas religiosas que condenan los comportamientos y las relaciones que no encajan en el marco del sistema sexo/género, catalogándolas de impuras/os y de poco ejemplares para el desarrollo de las sociedades. Sumado a esto, el sistema patriarcal y heteronormativo es transversal en todos los ámbitos, reproduciendo esa dualidad de los géneros y la no variabilidad del mismo. El proceso de colonización fue en gran medida el responsable de estas ideas radicales y conservadoras, teniendo en cuenta que la iglesia que imperaba y que sigue estando vigente es la católica, y en la actualidad existen muchas otras que continúan con el mismo discurso, con preceptos como,
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las prácticas sexuales entre personas del mismo sexo y las formas de transgenerismo eran consideradas tanto un pecado mortal como un delito de lesa majestad, por lo que eran penalizadas y llegaban a castigarse hasta con la muerte. Este pecado/delito se definía como sodomía” (López & Bedoya, 2014, p. 109) Con los procesos de socialización, estas nociones y castigos para aquellos que corrían el riesgo de salirse del sistema sexo/género cumplieron con la creación de una cultura del miedo, en la que la heterosexualidad y la identidad de género binaria, el hombre con lo masculino y la mujer con el femenino, se universalizaron y se constituyeron como el modelo a seguir con relación a la construcción de identidad de género y orientación sexual. Luego de las luchas de independencia, no se determinó de forma legal en Colombia el delito de sodomía, por ende, no era criminalizada, pero no quería decir que no fuera señalada, mal vista o perseguida, por el aparato estatal para la preservación del orden público y cultural. Sin embargo, cabe aclarar que esta ausencia de soporte legal solo tuvo lugar hasta 1936, cuando entró en vigor el Código Penal, donde emergía de forma legítima el control sobre este tipo de prácticas sexuales hasta 1980.
se establecía que los comportamientos públicos o privados de carácter homoerótico atentaban contra la seguridad, la tranquilidad pública, el orden social, la integridad, el patrimonio, la salud pública e, incluso, la economía nacional. Además, ampliaba el poder de criminalización al ya no estar reducido solamente a prácticas sexuales. efectivas, sino a cualquier manifestación pública que rompiera con el orden sexo/ genérico, lo cual ponía en el ojo del huracán a las travestis y a cualquier sujeto/a que desafiara el canon de comportamiento heterosexual. (López & Bedoya, 2014, p. 110).
Para la década de los 70 en la ciudad de Medellín se llevaron a cabo transformaciones importantes en materia de derechos humanos, con relación a nuevas libertades, derechos políticos, reconocimiento de la diversidad sexual, junto con otras peticiones que estaban en auge a nivel mundial. Sin importar los riesgos que se corrían, se gestaron lugares de encuentro para la socialización afectiva, amistosa y también política de aquellas personas que no se ajustaban al sistema sexo/género establecido, esto no quiere decir que antes no se dieran estos espacios, solo se hicieron más visibles; pero en cierta medida se agudizó la violencia policial, ya que se realizaban redadas sorpresa en las que detenían muchas personas, entre ellas trans, que por no
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corresponder los datos de su documento de identidad con su imagen corporal y vestimenta, eran trasladados a los calabozos donde eran víctimas de tortura.
El narcotráfico y el paramilitarismo marcaron un hito en Medellín, con todos los sucesos que trajo para la ciudad, producción y circulación de dinero ilegal, y creación de cultura de trabajo fácil. Para las personas trans constituyó una oportunidad para realizarse transformaciones corporales, aunque, fueron más las consecuencias negativas por el aumento de la cosificación sexual de sus cuerpos, las muertes, las violaciones, las humillaciones y las amenazas. Pero, al mismo tiempo muchas personas gays, bisexuales, lesbianas y transgeneristas fueron asesinadas durante esta ola de violencia cuyas cifras oficiales harían de Medellín, hasta principios del siglo XXI, la ciudad más violenta del país y una de las más violentas de América Latina y del mundo. Escudriñar este asunto es más difícil pues, a la ausencia de reportes estadísticos confiables, se añade que se trata de un capítulo de la historia de la ciudad y el país que aún no se cierra. (López & Bedoya, 2014, p. 115) En el país y en Medellín durante la década de los 60 y 70, emergieron movimientos sociales y políticos afincandos en teorías marxistas y feministas, que buscaban resistir y oponerse a los poderes políticos y económicos, que tenían a toda una población oprimida y en condiciones de desigualdad, generando múltiples brechas, no solo socioeconómicas sino también intelectuales y culturales. Estos se concentraron principalmente en la clase obrera y trabajadora, con el fin de presionar al Estado para que se generaran políticas relacionadas a los derechos laborales, relaciones de poder, la distribución de la tierra, entre otros. Pero, cabe agregar que, “en el corazón de esas mismas luchas algunas personas consideraban que existían otras formas de opresión que no estaban solamente vinculadas al asunto material y económico, sino que también se relacionaban con estructuras culturales.” (López & Bedoya, 2014, p. 127) En medio de este panorama, aparecen los primeros esfuerzos de organización política y social para el reconocimiento de las sexualidades no hegemónicas y sus derechos, El Movimiento de Liberación Homosexual tuvo una gran acogida en América Latina y en Medellín particularmente se destacaron algunos activistas, quienes fueron participes de este e incorporaron a la ciudad estos discursos, a través “de sus elaboraciones teóricas y de sus prácticas políticas que tenían la sexualidad, el cuerpo y la autonomía como eje central.” (López & Bedoya, 2014, p. 127). No obstante, se hace importante resaltar que, “su perspectiva de lucha nunca estuvo
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enfocada a la conformación de lo que, posteriormente, fue denominado “LGBTI”” (López & Bedoya, 2014, p. 127). Y solo hasta mediados de la década de los 90 emergieron nuevamente grupos u organizaciones que trabajarían por las sexualidades e identidades de género no normativas, “si bien durante estos años no existieron organizaciones o líderes muy reconocidos, sí continuó la circulación de ideas a través de algunas personas que sostuvieron una mirada crítica que alentó a otras personas a vincularse poco a poco al activismo”. (López & Bedoya, 2014, p.
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El movimiento trans, en cierta medida ha sido invisibilizado por la lucha gay, debido a que a estos se les ha dado mayor aceptación en los diferentes ámbitos de la sociedad, y, además, se han concentrado principalmente en sus demandas dejando de lado a las demás poblaciones que hacen parte del sector de diversidades sexuales y de género. En Medellín la primera organización trans que se conformó fue Transcity, como visibilización a las personas trans, que en medio de las luchas gay y lésbicas no ocupaban un lugar predominante, desestimando y soslayando sus demandas y por ende, dejadas a un lado; las mujeres fundadoras de este colectivo son Lillith Natasha Border Line, Juliana Osorio, Daniela García y Natalia Loaiza, apuntando a tres ejes: el primero, grupos de apoyo para las personas en proceso de tránsito por el género; el segundo, por medio de las experiencias de las personas trans darle a conocer a la ciudad enfoques distintos a los impuestos por los estigmas sociales; y tercero, la participación política posibilitadora del tema trans en la agenda pública.
De todo lo anterior, se han derivado muchos otros colectivos, organizaciones y movimientos que han permitido que la población LGTBI tenga mayor reconocimiento en social y en las agendas políticas de los gobiernos, como lo son: Antioquia Trans en 2012, Colectivo Académico (In)Visibles – CAIN en 2009, Sáficas, La Fraternidad, La Red Popular Trans de Medellín en 2017, estas juntanzas han favorecido la inclusión de esta población en las Políticas Públicas de la ciudad, no solo de sus demandas sino también, su participación en la construcción de las mismas.
Actualmente, Medellín está ejecutando Diversidad y Ciudadanía: Plan Estratégico de la política pública LGTBI de Medellín 2018-2028, construido de forma participativa con diferentes actores, tanto con personas de la comunidad como con organizaciones sociales y políticas que trabajan en pro de la defensa de los derechos de la diversidad de género, a partir del mejoramiento de las condiciones de calidad de vida, este Plan “trabaja por la transformación de
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imaginarios, comportamientos y actitudes para contrarrestar situaciones de discriminación y de exclusión; a través de la articulación institucional” (Alcaldía de Medellín, 2018, p. 31). En este Plan Estratégico, no se tienen en cuenta a las personas trans migrantes que se encuentran en la ciudad. Según TRANS-MIGRACIONES: CAMINOS POSIBLES Informe sobre derechos de personas Trans Migrantes en Colombia (2020)), las personas trans realizan su desplazamiento territorial en condiciones de alta vulnerabilidad, ya que no tienen protección de ninguna índole y, por el contrario, las autoridades designadas para esto no cumplen con su labor, pues reproducen en gran medida las violencias simbólicas y físicas. Es alarmante la sistematicidad con la que, en los relatos, se exponen situaciones de vulneración a la integridad de quienes se encuentran atravesando las fronteras o conociendo nuevos territorios. Así mismo, encontramos preocupante que ante muchas de estas situaciones las denuncias son improcedentes en tanto las personas vulneradas no reconocen a las autoridades nacionales como protectoras sino como perpetradoras de violencia. Más que guardianes de la integridad, son, en muchas ocasiones, reconocidas como perseguidoras, jueces y verdugos. (GAAT, 2020, p. 67) En relación al derecho a la salud para las personas trans migrantes, no hay una legislación que soporte el acceso y la atención diferenciada a los servicios de salud, “la garantía del derecho a la salud no es para las personas trans en general, el sistema de salud colombiano es muy negligente” (Laferal, comunicaciones personales, 2020). Adicional la Fundación Grupo de Acción y Apoyo a Personas Trans (GAAT), manifiesta que (…) Son muy pocas las personas Trans Migrantes que acceden a tratamientos de salud, especialmente a los relacionados con su tránsito identitario. […] La situación de salud de las personas Trans Migrantes es precaria, no existen rutas definidas para este sector específico y tampoco se manifiesta atención a la problemática que podría surgir por la automedicación y la utilización de sustancias nocivas para la salud. (2020, p. 70). En términos de salud, y específicamente con el VIH, la Personería Distrital ha manifestado que el acceso a estos tratamientos por parte de la población LGTBI ha sido el tercero mayor solicitado. La secretaria de Salud, respecto al tema argumenta que,
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según el estatus regular o irregular de las personas LGBTI migrantes venezolanas, se puede acceder o no a algunas acciones. Para los casos relacionados con las acciones colectivas, las personas migrantes pueden ser intervenida en igualdad de condiciones, con excepción de los tamizajes VIH ya que no se ofertan a personas migrantes irregulares de ninguna nacionalidad. (GAAT, 2020, p. 71) Lo que ubica a las personas con esta enfermedad en un nivel de vulnerabilidad demasiado alto, ya que ni su gobierno, ni sus derechos de migrante le garantizan un tratamiento que les permita llevar una vida digna, ya que desde la legislación colombiana solo se presta atención en salud por medio del servicio de urgencias, lo demás como tratamientos hormonales y trabajo por la prevención de enfermedades de transmisión sexual, no le corresponden, lo que deja una gran preocupación.
Cabe agregar, que estos desarrollos en materia de políticas públicas están iniciando su ejecución; a largo plazo se reflejará si estos esfuerzos institucionales están siendo suficientes para visibilizar las trayectorias y experiencias de la población LGTBI, y, asimismo, darle lugar a las luchas de muchos activistas que han perdido su vida disputando la dignidad y el reconocimiento jurídico y social de las disidencias sexuales y de género. No obstante, en materia de migración no hay un reconocimiento de las demandas de esta población, que además de ser trans, también es migrante, lo que les impide aún más el acceso a los derechos básicos y asimismo, suplir sus necesidades primarias, como lo son la salud diferenciada, la seguridad, el derecho a un empleo digno y al libre desarrollo de la personalidad, que a pesar de presentar tantos avances en esto, persisten las violencias simbólicas y físicas en sus escenarios cotidianos, no solo de la ciudadanía en general, sino también del estado con el desconocimiento de las travesías de las personas trans y de sus necesidades y demandas.
3.2 Territorio e identidad: Transformaciones de la identidad a partir de la integración a Medellín.
No es posible negar la influencia de la experiencia migratoria en la manera como se configuran algunos aspectos identitarios de las personas, la identidad se nutre de las experiencias de vida que terminan orientando la cosmovisión y la actitud frente al mundo. La instalación de Rachel, Divana y Samantha en Medellín ha significado para ellas un espacio que les permite el desarrollo en la esfera pública de su identidad trans, si bien está claro que la identidad es un
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proceso continuo, no lineal, también es claro, como se ha desarrollado en otros momentos de este análisis, que Rachel, Divana y Samantha han tenido un devenir en su apariencia corporal, como forma de agenciamiento frente un ambiente hostil; como forma de protección y como de representación de su tránsito identitario. .
Medellín ha representado para ellas un espacio de resignificación de su desarrollo corporal en orientación con su deseo identitario, pues en esta ciudad no solo se encuentra una variada oferta de opciones para las intervenciones corporales, sino también, redes de apoyo que terminan favoreciendo procesos de integración a la ciudad. Particularmente, Divana ha participado de procesos formativos y de acompañamiento con organizaciones como Putamente Poderosas, Seres de Impacto, Red Popular Trans, organizaciones dedicadas al acompañamiento de personas trans con influencia en los alrededores del parque Bolívar; y programas de la Alcaldía orientados a la prevención y detección temprana de infecciones de trasmisión sexual. En cuanto a las intervenciones corporales Rachel y Samantha reconocen de Medellín la oportunidad de realizarse procedimientos que posibilitan la transformación corporal orientado al imaginario que cada una tiene de belleza y feminidad, que a su vez está relacionado con los imaginarios de cómo se desea ser vista por los demás. Para Samantha el cuerpo y su representación femenina, está ligada además de un deseo propio, a la ganancia económica que esa figura femenina otorga, en el desempeño de sus labores como trabajadora sexual Machi, como yo te dije, yo era un niño, yo era un niño flaco sin cuerpo, sin nada y cuando ya comencé a meterme, que si cadera, que si glúteos, ya los hombres me veían diferente porque yo me ponía una ropa ajustada y ya se veía la forma del cuerpo ¿me entiendes? y eso despertaba la curiosidad, sabes cómo son los hombres ociosos y ya eso por lo menos le da a uno más ganancia de dinero (Samantha, comunicación personal, 2020) La representación del cuerpo en sintonía con una identidad predominantemente femenina configura un punto relevante para Rachel, Samantha y Divana quienes siempre han afirmado su deseo de realizar intervenciones corporales que las acerquen a esos ideales femeninos preconcebidos individual y colectivamente. Esto ligado a las palabras de la profesora Analú Laferal “los tránsitos corporales si mejoran ciertos asuntos emocionales adentro” (comunicación personal, 2021), deja ver la importancia del cuerpo como una representación de su deseo identitario, para lo cual, en el caso de Rachel y Samantha, Medellín ha configurado un espacio
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fundamental que posibilita estas transformaciones “en Medellín he hecho cosas, operaciones, amistades, tengo mi trabajo, mascotas, tengo mi familia y bueno, estoy toda regia” (Rachel, comunicación personal, 2020).
Medellín es una ciudad que en las últimas décadas ha potenciado la industria de la belleza y en este sentido alrededor de las representaciones generalmente femeninas asociadas a la moda, lo que posibilita la oferta de servicios entorno a la estética, en este sentido, no es posible negar la gran afluencia del trabajo sexual alrededor de la ciudad y presente en diferentes modalidades, web cam, prostitución, industria porno, stripers, entre otros. Rachel, Divana y Samantha son tres mujeres trans migrantes venezolanas, que como muchas otras personas han encontrado en el trabajo sexual la posibilidad de generar ingresos económicos que les permita solventar sus necesidades básicas, pues si bien, Medellín en comparación con otras ciudades de Colombia, presenta un amplio desarrollo a nivel de políticas públicas en inclusión, aún la vinculación laboral continua siendo un itém de revisión, pues para la población trans se hace difícil la incorporación a los diferentes mercados de trabajo. Rescatando las palabras de la profesora Analú Laferal Hace falta sobre todo una estrategia fuerte de cupo o empleabilidad trans, el empleo es muy importante para la dignificación de la vida y al ser un obstáculo no permite lo anterior, se requiere generar estrategias que den paso a la empleabilidad trans y no porque el trabajo sexual sea malo, sino que cuando es la única opción es ahí donde se concentra el problema, porque se constituye como una obligación a ejercerlo. (Comunicación personal,
2021)
Es curioso pensar que quizás esa presentación del cuerpo anhelado de las personas trans, es lo que para la sociedad heteronormativa sesgue la vinculación de ellxs a diferentes espacios laborales, lo que hace ver la necesidad de generar estrategias de sensibilización, respeto e inclusión en todos los ámbitos humanos.
La integración en la ciudad de Medellín les ha ofrecido la posibilidad de tener una independencia económica y familiar, incluso, la posibilidad de enviarles unas remesas esporádicamente. Ello ha permitido que, en la distancia, esas relaciones familiares se reconfiguren, se reconstruyan y se recuperen, ha favorecido un proceso de sanación y satisfacción
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frente a todo el proceso. En cuanto a esto, Divana trae a colación cómo desde su experiencia esas relaciones se han modificado a raíz de la migración:
Actualmente mi familia ha visto todo el cambió que he tenido aquí en Colombia por fotos, y se sienten felices y orgullosos, primero que todo me dicen que soy independiente y eso me hace sentir plena, feliz y complacida, porque uno siempre quiere la aceptación de la familia, que se sientan felices y orgullosos de uno. (comunicación personal, 2020) Ese sentimiento de plenitud está relacionado con la posibilidad de progreso ocurrido en Medellín que, en parte también ocurre gracias a esas relaciones de parentesco en las comunidades trans y a la ayuda mutua. Retomando la discusión alrededor de la “madre”, en la experiencia migratoria de Samantha, con su instancia en Medellín y su inicio de la transición corporal como mujer trans aparece en el camino Rachel, quien se ha convertido para algunas mujeres trans del parque Bolívar en Medellín en esa figura de madre, de hecho, es la forma en que se refieren a ella. Estas son las palabras desde donde Samantha la describe:
Es demasiado hermosa, es una persona muy solidaria, consejera, amiga, te apoya en todo, o sea, te falta algo y ella está allí con un consejo, todo, hasta para un abrazo, ella está allí la verdad (…). Yo llegué aquí y parecía un disfraz, mija eso tenía el pelo de todos los colores, no me sabía pintar, no me sabía hacerme cejas, no sabía nada y ella fue la que me pulió y tanto así, que nosotras tenemos aún ropa parecida o la misma de ella, por lo menos si ella usaba un leggis alto, verde, yo también; un leggis rojo, yo lo tenía. (comunicación personal, 2020).
Ese reconocimiento como “madre” es otorgado también en razón de una trayectoria de vida que se convierte en referente para otras por los logros que ha alcanzado a obtener: “Rachel que ha sido una amiga consejera, ejemplar, luchadora, en el sentido que es una persona que puede servir como ejemplo a seguir, porque la verdad sí, una persona que ha logrado muchas cosas en el tiempo que tiene acá y una persona que es seria” (Divana, comunicación personal, 2020). Referente a las relaciones que se han venido presentando en el proceso de integración entre mujeres trans colombianas y venezolanas que ejercen el trabajo sexual en el parque Bolívar, puntualmente en la experiencia de Samantha, Rachel y Divana, existe una reflexión compartida en cuanto a las formas de relacionamiento que se presentan, lo cual expresa Divana claramente:
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A veces en nuestros grupos de travestis cuando uno se integra en un grupo donde hay solo colombianas, hay unas que son bien y muy amigables y nos quieren, pero hay otras que no, dicen que nosotras venimos a quitarles su trabajo, que nosotras cobramos barato, cosas así. Sacan comentarios que a veces no son verdad o que otras lo hacen, pero todas no somos iguales, entonces nos señalan y a veces podemos recibir agresiones de travestis de acá y gente de acá. (Divana, comunicación personal, 2020).
En este mismo sentido, se genera la reflexión antes expuesta, en cuanto a cómo esas condiciones materiales desiguales entran a irrumpir y a limitar unos escenarios de trabajo a menos y de apertura para todxs. además, implica reconocer esto cómo se traslada al plano más próximo, más cercano, obstaculizando las posibilidades de entablar unas relaciones interpersonales mediadas por el respeto y la solidaridad
3.3 El cuerpo como lienzo en el que se externaliza su construcción subjetiva
En esencia las personas trans comprenden unos universos de saberes, relaciones, emociones y experiencias subjetivas que todo el tiempo le están apuntando a configurar esa identidad sentida y además con una latente necesidad de ser expresada. Este viaje por la experiencia vital como personas trans, se asocia con una “actitud muy íntima y profunda de vivir un género distinto al que la sociedad asignó a su sexo. No se trata de la ropa, el maquillaje o las cirugías. Se trata de maneras de sentir, pensar, relacionarnos y ver las cosas” (Berkins, 2003, p.
135).
De acuerdo con este planteamiento expuesto por la teórica y activista Lohana Berkins en Un itinerario político del travestismo, las experiencias de vida trans trascienden las fronteras de lo corporal, de lo estético y se extrapola a la idea de asumirse como una forma de ser y habitar el mundo que involucra sentires, actuaciones y pensamientos que las ubica desde distintos lugares, es por esto que, se ven abocadas a sumergirse en una serie de retos, travesías y transformaciones que involucran lo personal, lo colectivo y lo espacial, esto se encuentra claramente representado en las historias de vida de Rachel, Samantha y Divana, en las cuales se encuentra la migración o esa figura de identidades migrantes como una estrategia de escape frente a todo un sistema heteronormativo que todo el tiempo está tratando de contener esas representaciones que interpelan el orden de género establecido. En este sentido, se puede interpretar que “en el sistema de dos géneros, los cuerpos transgénero son desafiantes y enfrentan las fronteras simbólicas y
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geopolíticas, trazadas con discursos represores de la amenaza al orden de la nación heterosexual” (Camacho, 2015, p.8). Con ello, la alusión a todos los sistemas de vigilancia y regulación que se encuentran demarcados en los territorios, aquellos que garantizan la pertenencia o no a un espacio y aquellos a los que diariamente los cuerpos transgénero están desafiando. En las experiencias de estas tres mujeres trans, se presenta de manera explícita todos esos desafíos y esos frentes que le hacen constantemente al sistema en razón a la identidad de género, la cual se convierte en esa fuerza movilizadora, esa furia que ha caracterizado por mucho tiempo a la población trans. Es tanto así que, aunque para ellas sea consciente todas las implicaciones sociales, culturales y políticas que conlleva salirse de esos esquemas heteronormativos, lo asumen y lo hacen explícito porque se convierte en una necesidad, es un deber ser que corresponde con ese género auto concebido, en este sentido, Berkins (2003) establece un paralelo entre disidentes sexuales y de género, al afirmar que “a diferencia de gays y lesbianas, las travestis no tenemos opción en cuanto a nuestra visibilidad. No podemos elegir no decir a nuestras familias qué somos o queremos ser, no podemos elegir cuándo salir del closet” (p. 136). En esta misma línea, lo pone Rachel en su relato, coincidiendo con el planteamiento de Lohana Berkins en cuanto al paralelo que establecen, no obstante, Rachel agrega dos nuevos elementos allí: el miedo o el temor al rechazo, por un lado y el deseo de ser mujer o esa identidad deseada, por el otro.
Las diferencias entre las trans y los gays es que muchos de ellos siempre están escondidos, siempre se esconden, porque les da miedo la sociedad, por los amigos, por la mamá, por el papá; en cambio nosotras por ese anhelo de querer ser mujer no nos importa lo que los demás digan o hagan siempre estamos ahí. (Comunicación personal, 14 de noviembre del 2021) Respecto a esta diferenciación, es claro que durante muchos años la sexualidad ha sido un tema que comúnmente ha permanecido en la esfera de lo privado, lo cual ha permitido que se pueda manejar más reservadamente, a diferencia de la identidad de género, que se hace evidente en todas las esferas de la vida y sobrepasa toda posibilidad de ser escondida. Además, el deseo de alcanzar esa identidad sentida se convierte en un movilizador muy potente, el cual les da la fuerza y la furia para hacerle frente a un sin número de situaciones adversas, concentradas principalmente en razón de esos cuerpos considerados como “raros”, “perversos” o “exóticos”, o
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en un sentido más amplio, esto se presenta como consecuencia de una constante disputa donde el cuerpo ocupa:
Un escenario de batalla entre las lógicas hegemónicas normalizadoras que buscan la homogenización de los cuerpos bajo un modelo heterosexual pensado en la reproducción y sustentado en la división binaria del género, y las lógicas que buscan abrir fisuras en dicho sistema y desde la reapropiación de su corporalidad, ejercer un acto de rebeldía, de desobediencia. (Vartabedian, 2008, citado en Jaramillo, 2018, p.18) Claramente en las experiencias de Rachel, Divana y Samantha las posiciones desde las que se autoconstruyen denotan esa rebeldía y desobediencia frente a los intentos de todo un sistema por dominar esas identidades, evidentemente no son cuerpos dóciles, a pesar de todo, sus identidades no logran ser dominadas, por el contrario, representan una tránsfuga al orden de género establecido. Sin embargo, no se puede desconocer que esa posibilidad de construcción subjetiva, “lleva a que en los órdenes de verdad y poder, sean excluidos socialmente o tratados como cuerpos anormales y/o disfóricos”. (Pérez, 2017, p.362) Es claro que es una realidad que permanece en el tiempo y se expande a distintas latitudes del mundo, pero en las experiencias de vida trans esto no es un impedimento para vivir esa identidad sentida a toda costa. En relación a esto, el profesor y activista Alexander Pérez en su artículo derivado de su tésis doctoral: Transitar periferias y resistir en la precariedad: cuerpos e identidades Trans en el caribe colombiano (2016), trae a colación el debate de Foucault (2002) sobre su análisis alrededor del cuerpo, donde en un principio lo concibe como un espacio dominado y producido por dispositivos de vigilancia, control y castigo hasta llegar al punto donde “encuentra otro estatuto y se convierte en un lugar privilegiado para la emergencia subjetiva, para el despliegue racional de los placeres, un cuerpo sexuado y ético. Un cuerpo que resiste e invita a promover nuevas formas de subjetividad que rebasa lo coercitivo” (p. 358). Estas experiencias de vida trans, dejan claro que, si bien la subjetividad se construye con relación a esos saberes, creencias y poderes comunes enmarcados en un contexto, no son determinantes, por lo tanto, el cuerpo y la identidad misma, se presentan como un espacio donde la resistencia es posible, además, como un espacio de creatividad, con la posibilidad de moldearlo hacia donde se desea, donde esos mandatos de género son transformados desde la subversión. En
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relación con esto, la profesora Analú Laferal (2021) destaca todas estas posibilidades de creación corporal como algo valioso en su experiencia como travesti, Me gusta poder modificar el cuerpo hacia donde una quiera, no quedarse como con una idea de si hay algo que no me gusta aceptarlo, muy bien quién lo asume así, pero si hay algo que no me gusta poder cambiarlo, me parece maravilloso. Les pasa a muchas personas trans y también a otras personas que acceden a procedimientos quirúrgicos. (comunicación personal, 2021) Durante esos devenires, se entretejen un sin número de posibilidades a través de esas construcciones individuales, a partir de allí pueden ser con otrxs, es la incertidumbre y el temor, pero al tiempo el anhelo, el deseo, la valentía y la satisfacción de alcanzar eso por lo que tanto se ha invertido. Desde esta posición se ubica Rachel (2020) frente a la pregunta de lo que significa para ella ser una mujer trans, Me gusta ser trans porque es increíble, este mundo es increíble, está lleno de muchas sorpresas, cosas que nadie se imagina y la verdad si pudiera volver a nacer elegiría volver a ser trans, porque es que ninguna mujer, ni un hombre tienen ese factor sorpresa que tenemos nosotras. O sea, nosotras tenemos la capacidad de alcanzar muchas cosas, de lograr muchas cosas, convertirnos en muchas cosas y no es fácil nacer hombre y alcanzar el cuerpo de una mujer y perfeccionarlo. (comunicación personal, 2020) Alcanzar ese nivel de apropiación no ha sido fácil, es un proceso que ha implicado muchas renuncias, esfuerzos y estrategias de sobrevivencia. Es allí donde aparece la figura de la migración y allí Medellín como esa posibilidad de poder ser, de escape como lo nombra Rachel. Además de ello, la juntanza también les ha permitido consolidar unas redes de afinidad que velan por el cuidado colectivo, es la fortaleza en medio del caos, es esa guía en los momentos de angustia, así lo nombra Rachel frente a la pregunta por la fortaleza, de dónde sale en los momentos difíciles: “esa fortaleza sale es de las personas que estaban a mi alrededor que estaban en la misma condición que yo y aprendí de ellas” (comunicación personal, 14 de octubre del
2021).
Sin la necesidad de tener que mencionar cada una de las estrategias de agencia, aunque, de hecho se han venido nombrando durante todo el análisis, lo que queda claro en medio de esta
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construcción es la valentía, la furia, la fortaleza y la gallardía de Rachel, Divana y Samantha, no sólo por enfrentar cada una de las barreras que se les han tratado de interponer durante sus trayectorias de vida por ser mujeres trans, sino también por establecerse en una ciudad como Medellín, por permanecer y resistir en una ciudad que había sido ajena a sus realidades y sobre todo por mantenerse fieles a sus deseos.
Para Rachel, Samantha y Divana Medellín se ha convertido en el espacio que les ha acogido y posibilita el agenciamiento libre de su identidad trans, ese lugar de encuentro con pares, donde ha sido posible generar lazos de afinidad, redes informales de apoyo entre amiguxs que aceptan, reconocen y respetan la diferencia que entre ellxs habita, realizar juntazas alrededor del trabajo y el ocio ha permitido tejer una verdadera posibilidad para el sostenimiento de la vida.
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Conclusiones El propósito de esta investigación ha estado anclado en analizar esas transformaciones de la identidad de tres mujeres trans venezolanas a partir del proceso migratorio de Venezuela a Colombia y su integración a la ciudad de Medellín, para ello, se generó una propuesta analítica cronológica que comienza en su estancia en Venezuela y conjuga el territorio y la identidad bajo la experiencia migratoria como personas trans.
Si bien se presenta un cierre a modo de conclusiones generales de la investigación, es necesario aclarar que simplemente significa dar por terminado una fase de un proceso de indagación que apenas comienza, pues el equipo investigador resalta la necesidad de generar mayor producción investigativa alrededor de la población trans y las variaciones del contexto para elles, en este sentido, los hallazgos y conclusiones que aquí se expresan, más allá de constituirse en afirmaciones o certezas, constituyen un camino para seguir avanzando en el análisis de la migración con enfoque diferencial, que apenas se está convirtiendo en una necesidad de conocimiento para el contexto colombiano.
Las reflexiones realizadas en torno a la construcción de identidades trans, deja entrever todas las instancias que están implicadas en medio de ese proceso, las cuales no actúan aisladamente sino que, por el contrario, conjugan un entramado de relaciones que determinan el contexto y el entorno donde se instauran las personas. En este sentido, Venezuela no se ha presentado como un espacio acogedor para Rachel, Divana y Samantha, de hecho, para la población LGTBIQ+ en general, dado que a nivel jurídico y social las garantías son escazas, se dificulta la posibilidad de expresar esas identidades de género disidentes libremente, tanto en la esfera pública como privada. Esto ha generado que las construcciones identitarias se vean permeadas por experiencias dolorosas, más aún porque la violencia desencadena más afectaciones cuando es ejercida por las personas cuyos vínculos de afinidad y/o consanguinidad presuponen protección.
En este sentido, la familia consanguínea no suele ser el entorno que acoge, guía y acompaña en esos procesos de tránsito, mientras que las relaciones de afinidad, amigxs y pares (otras personas trans) tienen un papel determinante, pues suelen ser quienes a través de la experiencia orientan el camino de tránsito identitario y territorial. Bajo esta lógica, se consolidan redes mediadas por la afinidad en las comunidades trans, generalmente, lideradas por la figura de
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la madre quien encarna la protección, el cuidado y la unión; es gracias a ello que muchas mujeres trans logran permanecer y mantener la vida a pesar de habitar unas realidades complejas. Adicional a las problemáticas económicas y políticas presentes desde hace varios años en Venezuela, el país a nivel institucional, social y normativo tiene poco desarrollo en materia de inclusión a personas disidentes sexuales y de género, lo cual se ve reflejado en altos niveles de rechazo, exclusión y vulneración hacia ellxs, en este sentido, se presenta la posibilidad de la migración como una salida de escape frente a un contexto que les imposibilita desarrollar su ser plenamente en unas condiciones de vida digna, es por esto que, para elles es compartido el sentimiento de no querer retornar a su país de origen y el sin sabor de sentir que no se logró construir nada en Venezuela; no hay nada que extrañar a excepción de la familia de origen. En esta dirección, se presentan todos estos elementos del contexto venezolano conjugados y complejizados con la crisis humanitaria, política, económica y social como determinantes para asumir la migración a Colombia como una salida de escape posible frente a la imposibilidad de la vida allí.
Esas migraciones no se presentan de forma aislada o espontánea, sino que se dan gracias a las redes migratorias establecidas por pares que comparten la experiencia de la movilidad humana y se presentan como una posibilidad de acompañamiento y acogida en esos primeros momentos de integración en el nuevo territorio, el cual es elegido porque se visualiza como una posibilidad de progreso y libertad, donde las condiciones de vida parecen ser prósperas. Para las personas trans, el migrar se convierte en una realidad permanente dado que en el sistema y orden heteronormativo actual, se presentan como cuerpos trasgresores de la norma, que son desafiantes y enfrentan todo el tiempo las barreras simbólicas y geopolíticas de los territorios, pues son vistos como una amenazan al orden de la nación heterosexual, es así como, se convierten en cuerpos e identidades excluidas, lo que interfiere en la adaptación e integración favorable en un territorio; son cuerpos que quieren ser invisibilizados y silenciados y, en las lógicas del conflicto y la violencia, los grupos al margen de la ley actúan bajo un discurso atemorizante hacia ellxs.
El trabajo sexual es la principal actividad económica para Rachel, Divana y Samantha, tiene condiciones laborales inestables y cambiantes, lo que interfiere en esas decisiones de migrar. No obstante, Medellín como territorio de acogida les ha permitido mantenerse estables en relación a su escenario laboral, lo cual se ha convertido en una de las razones para permanecer en
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el territorio, sumado a esto, la integración, consolidación de redes de apoyo, el clima, la cultura y características espaciales similares a Venezuela, son elementos que también aportan a la permanencia en Medellín.
Como se ha venido enunciando, son muchos elementos que se conjugan en la decisión de permanecer en un territorio, por ello se hace complicado para ellas mantener las condiciones de vida en un mismo espacio por mucho tiempo, pues implica tener en consideración dos asuntos: un espacio que les permita expresar su identidad de género libremente y acceder a unas condiciones de vida digna, por lo menos, posibilidades de subsistencia estables. Es aquí donde se intersectan esos dobles tránsitos, que son tanto identitarios-corporales como territoriales. Esas corporalidades permiten diferentes formas de agenciamiento que pueden emplearse ante ambientes riesgosos u hostiles, la moldeabilidad o variabilidad del género es una característica útil y necesaria para la sobrevivencia, se reconoce que el ser trans es una experiencia distinta y única para cada persona, no hay una sola forma de habitar esas identidades de género disidentes.
En cuanto al contexto de la ciudad de Medellín, a pesar de contar con un amplio avance legislativo e institucional en materia de inclusión a población disidente sexual y de género, se ha evidenciado que no son efectivos, no están garantizando a cabalidad el acceso a derechos para las personas trans, siendo más dificultoso aún para las personas trans de nacionalidad venezolana. Respecto a esto, las mayores dificultades están localizadas en el acceso a servicios de salud y empleo, sigue siendo el trabajo sexual y la peluquería los escenarios más recurrentes para la supervivencia, de hecho, es una realidad compartida con Venezuela. No obstante, es necesario reconocer que en Medellín han encontrado un espacio acogedor, donde visualizan su proyecto de vida, es una ciudad que les ha permitido expresar esa identidad de género libremente sin recibir tantos ataques como en otro momento ocurrió estando en Venezuela; les ha permitido alcanzar muchas metas propuestas, intervenciones corporales, recomponer los lazos y relaciones familiares, configurar otras redes de afinidad, y además, vincularse a diferentes espacios de participación política.
Es importante reconocer que el Trabajo social desde sus orígenes ha tenido una fuerte relación con los procesos migratorios, desde los primeros acercamientos con las pioneras Mary Richmond y Jane Adams, centraron sus aportes a la profesión bajo este contexto, pues se dio en una época de migraciones mundiales a causa de los procesos de modernización/industrialización;
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uno de los primeros aportes hacia esa concepción de sujeto realizada por Mary Richmond (1917), le apunta a reconocer esa condición de humanidad a las personas migrantes, advierte que “los
individuos y las familias no pueden considerarse exclusivamente inmigrantes recientes que
presentan ciertas características raciales y nacionales. Son, ante todo, seres humanos” (Citado en Lamcomba, 2020, p.294) esto, para vislumbrar que históricamente no ha sido un campo alejado para la profesión, en el caso colombiano a causa de las dinámicas propias del país, la profesión ha mantenido otros enfoques académicos, de investigación y de intervención. Con las constantes transformaciones mundiales presentadas en los últimos años, las dinámicas migratorias han cambiado y Colombia, que había sido históricamente un país expulsor de migrantes, está teniendo una variación en sus flujos migratorios convirtiéndose así en receptor de ellos, inicialmente con la llegada de personas venezolanas y más recientemente haitianas y africanas como migrantes estacionales, es decir, de paso por el territorio, lo que hace advertir que el país se encuentra en una serie de transiciones y de cara a nuevas realidades que desde la academia también deben ser analizadas, abordadas e intervenidas más aún cuando involucran la cuestión social.
El horizonte de sentido y compromiso ético político de la profesión debe estar centrado en velar por unas garantías de vida digna para las personas a partir del acceso a derechos, en esta dirección, el adentrarse a estas realidades propias desde lxs migrantes permite reconocer estos campos de problematización que están impidiendo una instancia segura para el ser en este territorio, y así dar luces para direccionar futuras investigaciones pero, además, situar la mirada en posibles intervenciones desde lo social que le apunten a garantizar estas condiciones de vida. A partir de allí, sería pertinente evaluar ¿qué lugar realmente está ocupando la profesión frente a estas realidades? ¿hacia qué construcción de sujetos le estamos aportando? ¿Cómo estamos contribuyendo para la construcción y deconstrucción de estos imaginarios en torno al migrante, pero particularmente al migrante trans? Sin duda alguna es un campo que apenas se está abriendo camino dentro de la disciplina y que requiere un abordaje urgente.
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La realización de esta investigación fue más que eso, como mujeres cisgénero nos adentramos en realidades completamente desconocidas, de las cuales escuchábamos por algunos desarrollos académicos compartidos por nuestros profesores, y en el peor de los casos, a través de medios de comunicación que en muchas ocasiones caen en el amarillismo. Salir de nuestra zona de confort y emprender el camino investigativo, implicó no solo rastrear y documentarnos sobre el tema trans y migrante, además, nos invitó a transformarnos, transformar y desnaturalizar los diálogos y comportamientos heteronormativos y patriarcales que este sistema nos ha infundado, por las que han luchado tantas personas y movimientos trans.
Esta investigación no busca darles voz a lxs personxs trans, dado que, sería caer en una postura mesiánica que invisibiliza todos los esfuerzos que desde sus cotidianidades han desarrollado por años para poder existir y habitar en el espacio social y así mantener su propia voz, sino que, por el contrario, pretendemos servir de parlante para que su voz llegue a más personas en un esfuerzo por abrir espacios como escenarios de representación y con la posibilidad de narrarse.
Esto es un llamado para comprender que las migraciones tienen muchas caras, no todxs lxs que migran están en igualdad de condiciones y es allí donde es necesario abrir caminos de lucha y reconocimiento social para la transformación de estos escenarios de acogida que en ocasiones se convierten en espacios hostiles y violentos. También, es la posibilidad de identificar y reconocer los derechos y garantías que ofrece Colombia, y en particular la ciudad de Medellín para las personas trans migrantes venezolanas, pues, es evidente que a pesar del avance en materia de políticas públicas y en parte de la aceptación social de las personas trans en la ciudad, no es suficiente y será necesario incluir allí a quienes se encuentran en condición de migrantes, tanto regulares como irregulares.
Este proceso nos acercó a tres mujeres trans venezolanas, y en el camino encontramos a unas personas maravillosas, con una humanidad inmensa de la cual aprendimos desde otras perspectivas. Rachel, Divana y Samantha permitieron que fuera posible este producto que como dijimos anteriormente, es más que eso, son sus narrativas, sus experiencias, sus vidas, sus luchas y sus triunfos. Finalmente, traemos a colación un fragmento, o más bien, una invitación expresada por Divana en el encuentro de cierre del proceso, donde hace evidente algunos de sus sentires en torno su realidad:
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(…) que más chicas como ustedes nos sigan conociendo, sigan viniendo donde nosotras, nos tomen en cuenta porque somos personas bien, tenemos fallas como todos, pero somos personas que en un ladito del corazón tenemos algo lindo que todos tenemos, sino que a veces, como dice Rachel, siempre hay personas que vienen y dañan eso bonito que uno tiene y uno trata de ponerse duro, un caparazón ¿me entiendes? pero en el fondo sí somos buenas personas. (Divana, comunicación personal, 2020)
Figura 4 Técnica quitapesares. Taller de cierre.
Nota: diciembre de 2020. Fotografía Alejandra Arenas.
La migración venezolana en Colombia trajo un fenómeno inesperado y por tanto no proyectado para el país, lo que generó al interior de las ciudades la aparición de nuevas dinámicas en torno a estos nuevos actores presentes en el territorio. Luego de conocer las experiencias migratorias y de integración a la ciudad de Medellín de Rachel, Samantha y Divana, surgen nuevas preguntas de acuerdo al tema de la migración en Medellín, como… ¿Qué se está realizando en torno a los fenómenos que tras la migración surgen? ¿Cómo desde la condición de ciudadanos se aporta al mejoramiento de las condiciones de vida de lxs migrantes? ¿Qué se está realizando en los espacios públicos y privados para abordar las poblaciones migrantes en sus
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particularidades? Y finalmente, pero no menos importante ¿Cómo generar garantías de vida digna a migrantes en las actuales condiciones sociales?
Los interrogantes parecieran no contar con respuestas claras y concretas, pues durante el desarrollo del proceso investigativo, se tuvo la oportunidad de acercarse a otrxs personas que comparten muchas de las condiciones sociales de Rachel, Samantha y Divana agudizadas, además, por la pandemia de COVID 19, lo que hace pensar la necesidad de insertar de manera urgente el fenómeno de la migración en la agenda pública, pero con perspectiva diferencial de género.
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Cita: Arenas Suaza, Yeny Alejandra, Vargas Bedoya, Ange, Silva Botero, Catalina (2022), Migración Trans: tejiendo saberes alzando voces : Construcciones de identidad trans en procesos migratorios, Universidad de Antioquia, p. N. https://hdl.handle.net/10495/30213