"Nada por arte de magia, todo por arte de barrio": prácticas de re-existencia en el Festival en La Frontera: Arte, Memoria y Comunidad
Verónica Muñoz Ocampo Valentina López Gómez
Trabajo de grado presentado para optar al título de Trabajadoras Sociales
Asesores Hugo Alexander Villa Becerra, Magíster (MSc) en Educación y Desarrollo Humano Luz Dary Ruiz Botero, Magíster (MSc) en Educación y Desarrollo Humano
Universidad de Antioquia Facultad de Ciencias Sociales y Humanas Trabajo Social Medellín, Antioquia, Colombia
2023
Cita (Muñoz Ocampo & López Gómez, 2023) Referencia
Estilo APA 7 (2020) Muñoz Ocampo, V., & López Gómez, V (2023). “Nada por arte de magia, todo por arte de barrio”: prácticas de re-existencia en el Festival en La Frontera: Arte, Memoria y Comunidad [Trabajo de grado profesional]. Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia.
Agradecimientos especiales a Ana María Castrillón, integrante de la Casa Cultural Botones, quien diseñó la diagramación del texto, al igual que otras piezas gráficas presentes en el mismo.
CRAI María Teresa Uribe (Facultad de Ciencias Sociales y Humanas) Repositorio Institucional: http://bibliotecadigital.udea.edu.co
Universidad de Antioquia - www.udea.edu.co Rector: John Jairo Arboleda Céspedes.
Decano/Director: Alba Nelly Gómez García Jefe departamento: María Edith Morales Mosquera.
El contenido de esta obra corresponde al derecho de expresión de los autores y no compromete el pensamiento institucional de la Universidad de Antioquia ni desata su responsabilidad frente a terceros. Los autores asumen la responsabilidad por los derechos de autor y conexos.
Agradecimientos
A todos aquellos botones con los que hemos construido un refugio, un lugar de enunciación frente al mundo, una grieta donde las preguntas se levantan sobre las certezas inamovibles y, las banderas son la palabra y la acción tierna y rebelde. Les agradecemos por ser incitadores del fuego necesario para iniciar este viaje, por acompañarnos y celebrar cada momento vivido. Les queremos y esperamos que esta sistematización contribuya a seguir pensando y construyendo un mundo donde quepan muchos mundos.
Agradecemos especialmente al profe Hugo y a la profe Luz por el compromiso, respeto y dedicación al asumir junto a nosotras este proceso, por la lectura y las correcciones precisas, por darnos la libertad para imaginar, explorar y realizar un trabajo que estéticamente, en sus formas y contenido, fuera cercano a la Casa Cultural Botones.
Finalmente, queda agradecernos la una a la otra, por el tiempo y el amor puesto en cada encuentro, decisión y palabra.
Tabla de contenido Resumen...................................................................................................................................... 7 Abstract ....................................................................................................................................... 8 1 “Nada Por Arte De Magia, Todo Por Arte De Barrio” Memoria Metodológica ......................... 9 1.1 Objetivo General .............................................................................................................. 15 1.2 Objetivos Específicos ....................................................................................................... 15 1.3 Referente Teórico - Conceptual ........................................................................................ 15 1.4 Memoria Metodológica .................................................................................................... 19 1.5 Participantes en el Proceso de Sistematización ................................................................. 21 1.6 Momentos de la Sistematización de Experiencias ............................................................. 21 1.7 Organización, Análisis e Interpretación ............................................................................ 26 1.8 Consideraciones Éticas .................................................................................................... 27 2 Migrante: Caminando tras las prácticas de re-existencia.......................................................... 28 3 Casa Adentro, Casa Afuera ..................................................................................................... 44 3.1 Lento, Pero Avanzamos ................................................................................................... 45
3. 2 Botones, Porque los Botones Unen. ................................................................................. 48
3.3 Los Colores de los Botones .............................................................................................. 53 4 Un Mundo Donde Quepan Muchos Mundos ........................................................................... 57 4.1 Memorias de barrio .......................................................................................................... 58 5 Conclusiones .......................................................................................................................... 64 6 Recomendaciones ................................................................................................................... 67 7 Referencias ............................................................................................................................. 69
Lista de figuras
Figura 2 Logo Casa Cultural Botones ......................................................................................... 9 Figura 1 Globo de corazón ardiente [Ilustración] ....................................................................... 9 Figura 3 Registro fotográfico Museo de la experiencia ........................................................... 23 Figura 4 Registro fotográfico Museo de la experiencia ............................................................. 23 Figura 5 Registro fotográfico Memorias del barrio .................................................................. 24 Figura 6 Registro fotográfico Memorias del barrio .................................................................. 25 Figura 7 Registro fotográfico Buzón de la experiencia ............................................................. 26 Figura 8 Registro fotográfico I Festival. Homenaje al padre Pablo Salazar ............................. 31 Figura 9 Registro fotográfico II Festival. Homenaje a Sergio Bueno........................................ 34 Figura 10 Línea del tiempo Festivales en La Frontera ............................................................. 42 Figura 11 Línea del tiempo Festivales en La Frontera .............................................................. 43 Figura 12 Lento, pero avanzamos ............................................................................................ 45 Figura 13 Los rostros, dibujo de Gustavo Lujan, integrante de Casa Cultural Botones. ........... 56
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Resumen El siguiente viaje en globo da cuenta del recorrido emprendido para dar respuesta, desde la sistematización de experiencias, a la pregunta: ¿cómo han sido las prácticas de re-existencia en el territorio que ha posibilitado el Festival en La Frontera: Arte, Memoria y Comunidad desarrollado en el sector La Frontera- Altos de Niquia, entre los años 2017 y 2021? interrogante que condujo a la reconstrucción de las prácticas de re-existencia del Festival manifiestas en las expresiones artísticas y los ejercicios de memoria llevadas a cabo por la Casa Cultural Botones, así como a indagar por las vivencias, significados y aprendizajes construidos por las personas participantes del Festival e integrantes de la Casa, para encontrarnos con las formas de apropiación y transformación del territorio que se este ha posibilitado.
Palabras Clave: Prácticas de re-existencia, expresiones artísticas, ejercicios de memoria, territorio.
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Abstract
The following balloon trip gives account of the journey undertaken to answer, from the systematization of experiences, to the question: how have been the practices of re-existence in the territory that has enabled the Festival in La Frontera: Art, Memory and Community developed in the sector La Frontera- Altos de Niquia, between the years 2017 and 2021? This question led to the reconstruction of the practices of re-existence of the Festival manifested in the artistic expressions and memory exercises carried out by the Casa Cultural Botones, inquiring into the experiences, meanings and learning constructed by the participants and members of the Casa Botones and thus finding the forms of appropriation and transformation of the territory that have occurred from the practices of re-existence carried out during the Festival in La Frontera.
Keywords: Re-existence practices, artistic expressions, memory exercises, territory.
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1 “Nada Por Arte De Magia, Todo Por Arte De Barrio”1:
Memoria Metodológica
De nuevo, en los dominios del Imperio británico, cuestiono la terrible soberbia con que mi gobierno piensa que estas tierras le pertenecen. ¿En qué se parece la “Lágrima de la India” a nuestra Inglaterra Esta isla maravillosa solo puede pertenecer a los tamiles y cingaleses y a las plantas, y a los animales nativos y maravillosos como el Pájaro globo, Sin duda es el ave más grande de las que tengo registro.
Su magnífica anatomía está compuesta por cientos de retazos de hermosas telas bordadas, como las colchas que hacen las abuelas. Pero lo más fascinante está adentro de su corazón de fuego, que arde e inflama de aire caliente su interior para elevarlo en las alturas. (Carvajal, 2016, p. 59)
Nota. Fuente (Carvajal, 2016). Nota. Fuente Casa Cultural Botones (2017).
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Fragmento de la canción “Y Zas, Mora o la esperanza” del grupo Pasajeros.
https://www.youtube.com/watch?v=ScWFtxIZobY Figura 1 Logo Casa Cultural Botones Figura 2 Globo de corazón ardiente [Ilustración]
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Entre puntadas e hilos se van encontrando botones, todos diversos, que al ritmo de la aguja van y vienen, uniendo retazos, formas y colores. Esta danza, unas veces ordenada y otras tantas un poco suelta, va tejiendo y dando forma a aquello que el arte representa en los territorios marcados por múltiples violencias; es algo así como un globo que se levanta entre los barrios y pueblos al margen, periféricos. Un globo cuyo combustible es la curiosidad, la creatividad y la voluntad que encienden el fuego de la indignación y la justa rebeldía. Sus tripulantes: hombres y mujeres, de variadas edades, que levantan y movilizan sus voces, sus manos y pies para construir, a cada minuto, posibilidades de existencia y vida en dignidad desde diferentes lugares del mundo. La Presente es una invitación a vivir y sentir el recorrido de este globo, el cual tiene como punto de partida y llegada la Casa Cultural Botones, en el municipio de Bello/Antioquia, y cada una de las personas que han permitido que la llama que eleva este globo se mantenga con la energía necesaria para seguir volando; este es un viaje a través del tiempo, la experiencia y los sentidos que han tenido lugar en una de las estaciones, el barrio La Frontera y especialmente en el mes de Octubre que es cuando se celebra el Festival en La Frontera.
Desde las nubes, es un poco más sencillo entrever las geografías de los pueblos, sus líneas y relieves. La magia del globo, cómo si se tratara de una placa radiográfica, permite también ir descubriendo los movimientos y dinámicas de los mismos. Desde arriba, se observa miseria, guerras y hambre, pero, a la par, en algunas esquinas, más de las que se creería, se logra ver cuerpos rápidos, inquietos y diferentes.
Ellos y ellas, cansadas de sus repetidas y pesadas realidades adversas, le apuestan a la transformación de estas a través de iniciativas de re-existencia, cultivando un camino mediado por la creación y las múltiples oportunidades para la construcción de futuros otros. Sobrevolando Latinoamérica, se evidencia la existencia de experiencias donde el arte se constituye en una estrategia política para denunciar y sobreponer la vida ante contextos violentos. En la revista Iberoamérica Social, Revista-red de estudios sociales, se evidencia que, en países como Chile, Uruguay y Argentina, marcados por procesos de dictaduras, las prácticas artísticas como la música, el teatro, la literatura, entre otros, se presentaron como posibilidad de resistir y reexistir en el territorio. Comprendiendo que
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resistencia no se trata solamente de una cuestión de negar un poder opresor, sino también de crear maneras de existir, lo que incluye formas de sentir, de pensar y de actuar en un mundo que se va construyendo el mismo a través de variadas insurgencias e irrupciones que buscan construirlos como un mundo humano. (Torres, 2017, p. 26) Así mismo en Colombia son: El encuentro de mujeres afrocolombianas, en especial de la región del pacifico2, alrededor del canto y la tambora para compartir su legado cultural de generación a generación, proteger sus territorios y sus tradiciones y, reconstruir y sanar el tejido social en un territorio que ha vivido la violencia sistemática por parte de diferentes actores armados y no armados que participan en el conflicto colombiano.
Se destaca también los procesos llevados a cabo por el colectivo AgroArte en la comuna 13 de Medellín, donde la siembra, el arte y la memoria se entrelazan para re-construir tejido social y resignificar el territorio marcado por hechos de suma violencia como asesinatos, desapariciones forzadas y demás acciones violentas ocurridas a mediados de los 2000 (Gaviria & Velásquez,
2016).
Por su parte, el Hip Hop como cultura propia construida alrededor de la música ha permitido a los y las jóvenes apropiarse del espacio público, en el que se “desarrolla (...) vínculos emocionales y de pertenencia, (y) toma (de) conciencia sobre su entorno y las problemáticas sociales” (Garcés et al. 2006, p. 15).
Por otro lado, la investigación “Las posibilidades de la fotografía social como estrategia de interacción, intervención e investigación social con niños, niñas y jóvenes víctimas del conflicto armado en Colombia.”, llevada a cabo por estudiantes de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Colombia da muestra de la potencia del arte, en este caso de la fotografía, como: forma alternativa para fortalecer la apropiación del territorio y las relaciones que se establecen con él, pues en los diferentes registros fotográficos se plasman los nuevos
2 “En la región del Pacífico colombiano las mujeres cantan “Alabaos” cantos de origen religioso que con el tiempo se convirtieron en parte del rito fúnebre, estas voces acompañan durante días la despedida de sus muertos, han sido parte de la resistencia de los pueblos a la guerra (...)cantan para curar la tierra y las almas” (Los Alabados del Pacífico de Colombia, 2017, video)
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lugares, los objetos, las personas, entre otros elementos con los cuales se van empezando a reestructurar nuevas relaciones de identidad. (Cubillos & Quintanilla, 2009, p. 9) Por su parte, en el municipio de Bello, sector La Frontera, la Casa Cultural Botones se presenta como un espacio para la re-existencia. Más allá de hacerle frente a un contexto adverso, de resistirlo, se tejen en él otras posibilidades, otras formas de habitar y ser en el territorio a través de expresiones artísticas que se llevan a cabo en escenarios como el Festival en La Frontera: Arte, Memoria y Comunidad.
Las personas que habitan este y otros barrios de la zona en Bello fueron declaradas población en riesgo en la Alerta Temprana N°036-19 de la Defensoría del Pueblo, dada la presencia de bandas como Niquía Camacol, también conocida como los camacoleros, en alianza con Los Chatas, “grupo que en el 2016 fue considerada la banda más poderosa del Valle de Aburrá” (Hincapié. 2019, p. 13). Según el mismo autor, esta banda hace presencia en sectores de La Frontera, Ciudad Perdida, El Cementerio, El Sótano y La Guarida, a través de actividades delictivas como el cobro de extorsiones, homicidios selectivos, balaceras indiscriminadas, microtráfico, desplazamiento forzado, reclutamiento de niños, niñas y adolescentes, entre otros delitos. Ante este panorama la Casa Botones germinó con y en medio de la palabra a mediados del 2016. Bien es dicho por los botonianos y botonianas3, fue ella la mediadora entre los sueños y el hacer. En el encuentro, las palabras se fueron haciendo acordes, arpegios y rasgueos. Y, con la excusa de hacer música, se fueron conquistando otros espacios y otras formas de decir y de sentir. El barrio, la juventud y las ganas de ser quien se es, de la manera como se quiere, fue la combinación que permitió pensar y vivir de otras formas en y con el territorio, “porque uno también ve que los barrios se están quedando sin espacios de encuentro para la comunidad. Las canchas, los parquecitos, no existen, entonces uno ve que a los jóvenes los condenan, ¿dónde pueden parchar ellos? en la esquina” (EPM, 2017, min: 1:44).
3 A nuestros ojos: hombres y mujeres que, con distintas formas, colores e intensidades de fuegos, se congregan al calor de una casa, La Casa Cultural Botones.
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Así, la búsqueda por un espacio propio se fue materializando en una casa. Pero ¿por qué una casa?, según Manuela, integrante y cofundadora de Botones (la casa) es un refugio, espacio donde las personas se sienten tranquilas, acogidas, donde no tienen que ir exactamente a un taller, pueden ir a hacer una tarea y encontrarse con el amiguito. Es un espacio acogedor, tranquilo y caluroso, por ende, la llamamos casa y no centro cultural. Es la casa de todas y todos, por esto hacemos trueque, donde los partícipes llevan algo de alimentos, implementos artísticos o de aseo. (El colectivo: periodismo para la utopía, 2020, párr. 4) Botones, porque los botones unen, se ha encaminado, en medio del contexto de La Frontera, de Bello, del país y del mundo, hacia la construcción del tejido social desde la educación popular y el arte. Esto, a través de talleres formativos y artísticos, y apuestas como las Vacaciones Creativas, la Escuela itinerante de Educación Popular, las Novenas populares y el Festival en la Frontera: Arte, memoria y comunidad.
Este último, es uno de los espacios que conjugan las diferentes apuestas que la Casa Botones reivindica en su ser y hacer, las cuales toman acción en la calle -lugar dispuesto día a día para el tránsito afanado de vehículos y personas, difícilmente disponible para el encuentro y el juego-. El Festival, como centro de la presente investigación, dio inicio en octubre del 2017 con el arte, la memoria y la comunidad como premisas, manteniéndose en los siguientes encuentros celebrados anualmente hasta el año 2021. El arte concebido como un mecanismo o camino para el encuentro con el otro y la otra que permite la creación y acción colectiva. La memoria, como generadora de recordación del pasado, para resignificar el presente y construir futuros otros, y la comunidad como “la puesta en acción de los saberes individuales para la construcción colectiva, ya que sin esta las apuestas artísticas y de memoria, no tendrían cómo fluir, retroalimentarse y potenciarse” (Casa Cultural Botones, 2017, p. 12).
Descrito lo anterior, reafirmamos la importancia de, en primer lugar, darle valor a las acciones que emergen desde abajo y se mantienen con el propósito de pensarse espacios para la reproducción de la vida y la re-existencia a las lógicas violentas que condenan, primordialmente a la juventud y a la niñez, a la guerra y a la pobreza como únicas formas de ser y estar en el mundo
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y en el barrio. En segundo lugar, profundizar en el estudio y comprensión del arte como camino para la transformación y re-existencia en territorios con dinámicas que históricamente han sido complejas como las que se dan en el municipio de Bello, y en especial, el sector de Niquia parte alta.
Y, por último, reconstruir y sistematizar dichas acciones y experiencias posibilita, por un lado, la generación de espacios de reflexión para el auto-reconocimiento de la práctica, los aprendizajes, sentidos y significados construidos en el tiempo, que por la celeridad y la multitud de responsabilidades dadas en lo cotidiano pasan desapercibidos. Así mismo, como una posibilidad de mejoramiento de la práctica a nivel organizativo, el sistematizar la experiencia permite que se constituya en punto de referencia y aprendizaje para otros procesos de base. Entendiendo que nuestra profesión se enfoca en el estudio e intervención de realidades sociales mediadas por procesos políticos, económicos y socioculturales específicos que permean a los sujetos, a sus espacios y a las múltiples formas en que ambos se relacionan y se dotan de sentido y significado, el carácter político de la sistematización de experiencias permite la búsqueda constante por la construcción de otros mundos posibles, de escenarios que permitan el reconocimiento del camino recorrido y los aprendizajes, sentires y vínculos que en él se construye. Asimismo, las reflexiones alrededor del arte, la memoria, el territorio y la re- existencia se han venido haciendo con el fin de reconocer y potenciar las acciones comunitarias generadas en y desde contextos complejos, las cuales, poseen la fuerza para generar cambios en las personas partícipes de las mismas y en sus entornos. De ahí que sea necesario profundizar, relacionar e interconectar dichos conceptos, en especial, a la luz de un municipio como Bello, que se ha enfrentado a tensiones particulares entre la vida/alegría y la muerte/miedo. Es de suma importancia reconocer las acciones e iniciativas artísticas situadas y contextualizadas de organizaciones, colectivos y sujetos, que, desde abajo, se piensan otras formas de re-existir y resignificar el territorio como es el caso de la Casa Cultural Botones.
Por esta razón nos preguntamos: ¿Cómo han sido las prácticas de re-existencia en el territorio que ha posibilitado el Festival en La Frontera: Arte, Memoria y Comunidad desarrollado en el sector La Frontera- Altos de Niquia, entre los años 2017 y 2021?
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1.1 Objetivo General
Interpretar las prácticas de re-existencia que ha posibilitado el Festival en La Frontera: Arte, Memoria y Comunidad desarrollado por la Casa Cultural Botones en el sector La Frontera- Altos de Niquia, entre los años 2017 y 2021.
1.2 Objetivos Específicos
-
Reconstruir las prácticas de re-existencia del Festival en La Frontera llevadas a cabo por la Casa Cultural Botones.
-
Describir las vivencias, significados y aprendizajes construidos por las personas participantes e integrantes de la Casa Cultural Botones alrededor de las prácticas de reexistencia en el territorio.
-
Analizar las formas de apropiación y transformación del territorio que han posibilitado las prácticas de re-existencia del Festival en La Frontera.
1.3 Referente Teórico - Conceptual
Este viaje investigativo, si bien estuvo atento a aquellas categorías emergentes, tuvo como horizonte de sentido la categoría de re-existencia, propuesta por el colombiano Adolfo Albán Achinte en su tesis doctoral publicada en el año 2007 Tiempos de zango y de guampín: transformaciones gastronómicas, territorialidad y re-existencia socio-cultural en comunidades Afro-descendientes de los valles interandinos del Patía (sur de Colombia) y Chota (norte del Ecuador), siglo XX.
En esta búsqueda, Albán construye la categoría de re-existencia refiriéndose a la “reelaboración de la vida en condiciones adversas intentando la superación de esas condiciones para ocupar un lugar de dignidad en la sociedad” (Albán, 2007, p. 23). De igual manera plantea que si bien las comunidades afro históricamente han resistido al poder hegemónico colonial, también han
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creado y re-creado de manera creativa formas de vidas otras para la continuidad de la existencia en lo cotidiano, reconociendo en este proceso formas de re-existir.
Si bien esta categoría nació de la vivencia con comunidades afrodescendientes y campesinas, diferentes autores y autoras la han apropiado para leer experiencias a nivel rural y urbano, con población joven, mujeres, niños, niñas, docentes universitarios, entre otros. Teniendo como horizonte prácticas pedagógicas comunitarias y decoloniales, el arte, la memoria, el cuidado y demás dispositivos que permiten la re-existencia en los territorios. A nivel latinoamericano en diferentes países como El Salvador, Puerto Rico, Argentina, Bolivia y Ecuador, diversos autores han abordado esta categoría como irrupción (Maldonado, 2017), práctica política (Romero, 2019) y producción activa de prácticas de visibilización leídas desde la sociología de las ausencias (Soto, 2019). Coincidiendo en que re-existir es la búsqueda permanente de estrategias creativas que permitan el mantenimiento y la defensa de la vida ante el sistema moderno-colonial que impone la muerte en todo sentido.
En Colombia desde diferentes localidades como Buenaventura-Chocó, Manizales-Caldas, Sumapaz-Cundinamarca, Medellín-Antioquia y el sur del país se ha entendido la re-existencia como dispositivo (Albán, 2009), gramáticas de vida (Jaramillo et al. 2019), como prácticas (Castro et al. 2019), nuevas formas de existir (Álzate, 2015), formas de producción de existencia cotidianamente y resignificación permanente de la vida (Albán, 2017) y, como pensamiento, dispositivo o acción (Santamaria, 2018).
Comprendiendo que esta se orienta, en contextos marcados por la marginalización, la pobreza, la violencia estatal y el conflicto armado, no solo a resistir al proyecto político y económico hegemónico, sino también a revalorar y dignificar lo propio con perspectiva crítica, visibilizando lo diverso, recreando nuevos códigos de identidad y, en suma, inventando y reinventando nuevas formas de existir, alternas a las lógicas occidentales. En esta búsqueda por el sentido de la re-existencia, se hizo evidente la presencia de conceptos claves como: territorio, memoria y expresiones artísticas. En primer lugar, el territorio como aquel eje que transversaliza las formas de ser y estar en el mundo, es entendido como todo espacio socialmente construido y apropiado (Porto-Gonçalves, 2009) por diversos actores territoriales que, mediante el establecimiento de relaciones entre sí y con el entorno (Haesbaert, 2012), lo intervienen y transforman desde su “cosmovisión” u “ontología” (Escobar, 2014). Dicho territorio está caracterizado por aspectos biológicos, culturales y sociales determinados
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(Santamaria, 2018) y “hacen posible ordenar la convivencia y construir proyectos comunes, que posibilitan la vida productiva y social en un territorio" (Melenge & Chévez, 2018, p. 152) Por tanto, es importante resaltar que, si bien en la construcción de territorio inciden múltiples procesos y actores, como los descritos anteriormente, son estos mismos, mediados por relaciones de poder, sentidos y significados generados y construidos continuamente, los que propician las formas particulares o propias en que estos actores habitan en y con el territorio. Así mismo, cabe mencionar que estas formas particulares de vivir en el territorio se enfrentan a tensiones que imponen otras formas de habitar el espacio y de relacionarse en él y con él, producto del sistema económico moderno-colonial, que amenaza toda construcción identitaria dada en territorios atravesados por diversas violencias como el desplazamiento forzado hacia centros y periferias urbanas, la exclusión, la desigualdad y el extractivismo. Ante esta realidad las comunidades más allá de resistir en los territorios han re-existido en ellos “reinventando el territorio como espacio de vida a través de prácticas que buscan protegerla, redefiniendo sus identidades culturales y construyendo sociedades-otras, con la particularidad que lo hacen desde la colonialidad y contra la colonialidad” (Santamaria, 2018, p. 23). Los procesos de re-existencia dados en territorios caracterizados por la presencia de construcciones simbólicas, culturales y performáticas (Castro et al. 2019), son llevados a la acción, entre otras cosas, mediante expresiones artísticas que permiten, según Albán (2009), “interpretar, re-presentar, comprender, imaginar, simbolizar y problematizar el mundo” (p. 446), a través del acto creador y creativo.
De ahí, que la fiesta y la burla se conviertan en estrategias y posibilidades políticas utilizadas históricamente por las comunidades para reestructurar los órdenes establecidos, pensarse otras formas de habitar-se y habitar con él y lo otro y, en definitiva, reinventar la vida misma. Según Albán (2019) “Las fiestas son muy importantes porque son tiempos liminales que desestructuran las relaciones de poder que se construyen en la vida cotidiana. La fiesta es un acto político, de desestructuración del poder” (min 40:14).
Maldonado (2017) por su lado, establece la relación arte, territorio y re-existencia, refiriéndose al primero como territorio de re-existencia que, “desde un punto de vista decolonial, [permite] la creación de zonas de afirmación de la vida frente al mundo de la muerte moderno/colonial” (párr. 7).
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Así mismo, los procesos de re-existencia han sido llevados a cabo a través de ejercicios de memoria reivindicando saberes construidos en lo comunitario, reconociendo a personas, procesos y organizaciones que han estado presentes en el territorio y han sido valiosos para la comunidad y, defendiendo el derecho a recordar el pasado para construir el presente y el futuro. Para Jaramillo et al (2019) la re-existencia “utiliza distintos repertorios político-culturales y son desplegadas en distintas espacialidades no conectadas sólo con entornos físicos, sino con usos simbólicos, políticos y culturales de espacios y de memorias (Cortés Severino 2007)” (p. 118). De igual manera, Albán (2019) reconoce el papel fundamental que tiene la memoria en los procesos de re-existencia atribuyéndole a ésta un carácter político y enfatizando en el poder que tienen las comunidades de decidir lo que recuerdan y lo que olvidan. Así mismo, según Castro (2016), pensadores latinoamericanos como Alfonso Torres (2014) han cuestionado aquella historia(s) y memoria(s) eurocéntrica y moderna que se ha construido valiéndose del silencio forzado de los sujetos y grupos dominados. Siendo los estudios subalternos, los postulados de la microhistoria y la historia social crítica los que se interesaron por pensar y elaborar el pasado desde abajo
Así, los sectores populares construyen y activan su memoria colectiva y pueden ser capaces de proponer un conocimiento histórico sobre y desde su acción histórica. En consecuencia, la recuperación colectiva de la historia, la recuperación crítica de la historia, la recuperación de la memoria popular y la re-construcción colectiva de la historia (RCH), son propuestas que posibilitan que la gente común y corriente elabore un/su conocimiento histórico (Torre, 2014, p. 104).
Lo anterior, reafirma la intención de leer, desdeñar y reflexionar la experiencia vivida en el Festival en La Frontera: Arte, Memoria y Comunidad teniendo presente la categoría re-existencia, ya que esta nos puede permitir reconstruir y comprender las expresiones artísticas, los ejercicios de memoria y las múltiples territorialidades que confluyen a través del encuentro y permiten la apropiación y transformación del territorio, a la luz de las nuevas formas y capacidades de las comunidades de resistir y re-existir.
Entendiendo que el Festival, en sus cinco versiones, ha posibilitado la generación, construcción y creación de múltiples posibilidades alternas de ser, estar y vivir en el territorio, es
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pertinente que la re-existencia como categoría pueda ser leída y entendida al amparo de corrientes epistemológicas pensadas desde y para la reivindicación del sur. Un sur cargado de saberes, sabidurías y prácticas que históricamente han sido invisibilizadas bajo la premisa moderna y colonial de la racionalidad indolente (Santos, 2006), la cual, al considerar torpemente al conocimiento -y las formas de producirlo- provenientes del pensamiento occidental/norte como únicos y exclusivo, invalida y deslegitima saberes, conocimientos y prácticas sociales populares construidas desde abajo y desde el sur.
Ante esto, corrientes como la Sociología de las Ausencias y por ende la Sociología de las emergencias, propuesta por el pensador portugués Boaventura de Sousa Santos, se presenta como “un procedimiento transgresivo, una sociología insurgente para intentar mostrar que lo que no existe es producido activamente como no existente, como una alternativa no creíble, como una alternativa descartable, invisible a la realidad hegemónica del mundo” (Santos, 2006, p. 23). Según el autor, una de la forma de producir ausencias es a través de la “monocultura del saber y del rigor”, desde la cual sólo se reconoce y privilegia al conocimiento riguroso y científico y se desconoce y elimina múltiples conocimientos y saberes otros que configuran y construyen la realidad (epistemicidio). Así, se “reduce (la) realidad porque “descredibiliza” no solamente a los conocimientos alternativos sino también a los pueblos, los grupos sociales cuyas prácticas son construidas en esos conocimientos alternativos” (Santos, 2006, pp. 23, 24). De ahí que el autor mencione un “desperdicio de experiencias” producto de esas faltas o ausencias que genera el sistema.
Es por esto que abordar la re-existencia como categoría, sumado a las expresiones artísticas, los ejercicios de memoria y el territorio como subcategorías, desde perspectivas como la sociología de las ausencias/ sociología de las emergencias permite, como una opción política y ética, hacer visibles aquellos saberes y prácticas generados en el Festival en La Frontera, que resisten y reexisten en contextos hostiles; haciendo presente lo que está ausente, poniendo en evidencia lo existente como no-existente, haciéndolo disponible.
1.4 Memoria Metodológica
Este viaje investigativo precisó una ruta metodológica que guio el andar; un andar que fijó horizontes, posibilidades y sueños, sin dejar de lado la sensibilidad, flexibilidad y escucha
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necesarias para caminar con un pie en la utopía y otro en la realidad. Así, con el propósito de interpretar las prácticas de re-existencia en el territorio que ha posibilitado la Casa Cultural Botones, y teniendo presente la intención política que alberga el respaldarse en corrientes teóricas del sur como la sociología de las ausencias y por ende las sociologías de las emergencias, es congruente que este camino metodológico estuviera fundamentado en el paradigma sociocrítico, el enfoque participativo y en la sistematización de experiencias como modalidad. En lo que respecta al paradigma sociocrítico, Vasco (1990) retomando a Habermas (1975), lo define como uno de los intereses intrateóricos presentes en las ciencias sociales que busca la liberación y la emancipación. Según el autor, desde este paradigma se pretende develar las ataduras, velos o dependencias para luego romperlas y abrir paso a otras formas posibles de vida y de existencia (p. 12).
Para Carmen Ricoy (2006), desde este paradigma, el o la investigadora poseen un compromiso ético y político con su práctica profesional que le demanda permanentemente un ejercicio reflexivo sobre su acción para que de esta forma asuma “el cambio y la liberación de las opresiones que generen la transformación social” (p. 17).
En esta misma línea, desde el enfoque participativo se reconoce la relación existente entre el proceso investigativo y la práctica que le da sentido, entendiendo a ésta como una espiral permanente de reflexión y acción en la cual confluyen diferentes individualidades, grupos o colectivos con diversos intereses, orientados a realizar acciones que buscan mejorar sus prácticas y condiciones de vida, esto con un “compromiso de acción desde la base” (González & Pereda, 2009, p. 1).
Alfonso Torres (2019) en su artículo “La sistematización como investigación participativa” hace mención del enfoque participativo en modalidades como la sistematización de experiencias, reconociendo a ésta como una investigación participativa crítica, en la medida en que permite reconocer a las y los actores involucrados en la práctica como sujetos de conocimientos, de experiencia, de saber y de poder. Así mismo, refiere que “como la participación no es connatural a los seres humanos, sino hay que aprenderla, ello exige un proceso formativo permanente del equipo sistematizador, así como de la toma de decisiones colegiadas durante todo el proceso de indagación” (p. 87).
La sistematización de experiencias, como apuesta teórica, metodológica y política que emerge en América Latina, se entiende como un proceso que trasciende la recolección,
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clasificación y ordenamiento de datos, buscando “comprender y potenciar prácticas de transformación social” (Torres, 2019, p. 74) propias de la región. Constituyéndose así, según Jara (2014), en un esfuerzo por interpretar, cuestionar y romper, desde nuestra realidad particular, aquellos esquemas de dominación colonial heredados del proceso de conquista. Esto, en el marco del contexto histórico-social que atravesaba América Latina con eventos tales como la Revolución Cubana en la década del 60 y el surgimiento de la Unidad Popular Chilena, en 1970 (p. 53).
1.5 Participantes en el Proceso de Sistematización
Para este proceso de sistematización se conformó un equipo sistematizador que estuvo integrado por personas de la Casa que fueron participantes de una o todas las versiones del Festival en La Frontera, esto tuvo como objetivo la construcción colectiva del proyecto investigativo en especial el problema, referentes, generación y análisis de información, considerando la participación de otros integrantes de la casa y personas externas a la casa que participaron del Festival.
1.6 Momentos de la Sistematización de Experiencias
Para llevar a cabo la sistematización se propuso en un primer momento, la reconstrucción de la práctica e interpretación de la experiencia por medio de la construcción colectiva y el diálogo de saberes, procurando trascender, desde la apuesta política y ética de la sistematización, la noción clásica de técnicas de generación de información (Agudelo et al. 2020, p. 30-31). Es importante mencionar que, siendo la sistematización una modalidad investigativa que desdibuja el rol del investigador o investigadora como sujeto único de conocimiento, lo construido se realizó de manera conjunta y concertada con el equipo sistematizador, el Festival en la Frontera estuvo siempre trazando la ruta, este interés surgió desde el primer día y fue motivado por la necesidad de reconocer, organizar y mirar con más detalle esta práctica que desde el 2017 se viene realizando en el territorio.
En los primeros encuentros a medida que se conversaba sobre la experiencia del Festival se manifestaba el interés por reunir diferentes voces que habían participado de los festivales, darles un orden a los archivos reunidos y también la pregunta por el barrio, por la comunidad y la memoria
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estaban presentes y fueron elementos claves para proponer los siguientes dispositivos metodológicos
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Organización Política del Archivo. Según Agudelo et al. (2020) más allá de la información que se encuentra en los archivos, existe en ellos un valor histórico, social y político para las organizaciones o colectivos (p. 31). Dentro de este proceso se buscó recoger, agrupar y ordenar materiales a través de revisión documental, búsqueda de fotografías, Fanzine, videos, publicaciones en redes sociales (Facebook e instagram), pronunciamientos, comunicaciones personales, memorias internas y demás elementos que faciliten la reconstrucción histórica de las prácticas de re-existencia.
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Museo Comunitario o Museo de la Experiencia. Este dispositivo, de acuerdo a Alfonso Torres (2016), posibilitó activar el recuerdo y la reflexión a través de objetos personales como fotografías y demás elementos audiovisuales, relatos, obras, canciones, títeres, que guardaban los y las integrantes de la Casa. Esto estuvo acompañado de un testimonio o relato que permitió conectar con lo sentido, lo vivido y lo aprendido en el Festival (p. 20). Activado el relato y el recuerdo presentamos la bitácora botonera que, como artefacto provocador de la conversa, contenía preguntas como: ¿Cómo nacen los ejes del festival: arte, memoria y comunidad? ¿Por qué guardar la memoria del Festival en un Fanzine? ¿Cuáles han sido las intencionalidades estéticas y políticas del Festival? ¿Cómo es la relación entre los diferentes actores que habitan el territorio para pensarse el festival? ¿A nivel personal estos espacios cómo me han impactado? ¿cómo me han transformado?
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Figura 3 Registro fotográfico Museo de la experiencia
Nota. Fuente archivo personal.
Figura
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Registro fotográfico Museo de la experiencia
Nota. Fuente archivo personal.
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La Cartografía. Este dispositivo, nombrado Memorias del barrio, tuvo por objetivo reconocer e interpretar aquellas concepciones, sentidos y construcciones que del barrio se han hecho, especialmente a partir de las memorias que ha dejado la Casa y el Festival. Según Agudelo, Jiménez, Zapata & Ospina (2020), esta permite develar vínculos, relaciones, sentires y demás que dotan a los espacios de significados.
Figura 5 Registro fotográfico Memorias del barrio
Nota. Fuente archivo personal.
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Figura 6 Registro fotográfico Memorias del barrio
Nota. Fuente archivo personal.
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Camino de la Experiencia. Buscó, a través del dibujo y la narración, realizar el recorrido por la experiencia, teniendo en cuenta los puntos de partida, los ascensos y descensos, permitiendo entrever una panorámica más amplia de lo vivido en los festivales (Torres, 2016). Esto se hizo mediante el Buzón de experiencias.
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Figura 7 Registro fotográfico Buzón de la experiencia
Nota. Fuente archivo personal.
1.7 Organización, Análisis e Interpretación
Tanto el desarrollo de los dispositivos dialógico-participativos planteados anteriormente, como los espacios de reflexión, análisis e interpretación de lo recuperado en ellos, tuvo lugar en la Escuela del Mundo al Revés, un espacio de formación interna que lleva a cabo la Casa Cultural Botones en la que se abordan diferentes temas cada año. En el 2021 se trabajó alrededor de la sistematización de experiencias, retomando categorías como prácticas de re-existencia, territorio y educación popular. Esto a través de lecturas compartidas, círculos de la palabra y debates. De igual manera, se desarrollaron operaciones analíticas como codificación, categorización, clasificación y ordenamiento de la información de manera conjunta con las y los miembros de la Casa Cultural Botones en el proceso mismo de la reconstrucción de la práctica.
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1.8 Consideraciones Éticas
Durante el proceso investigativo se procuró asumir con responsabilidad y respeto las siguientes consideraciones éticas que hacen parte de las apuestas políticas que tiene Trabajo Social como profesión y que a su vez como estudiantes en formación y futuras profesionales asumimos. Se tuvo presente el código de ética de los y las trabajadoras sociales en Colombia, como un elemento imprescindible a la hora de realizar investigaciones e intervenciones con alto sentido y compromiso ético y político. Este será siempre el punto de partida y de llegada en la investigación social.
La sistematización de experiencias se desarrolló en el marco de un proceso académico que tiene como fin la elaboración de la tesis de pregrado. Esto, sitúa la necesidad de resaltar asuntos como la confidencialidad en temas que puedan ser álgidos, más tratándose de procesos que se han desenvuelto en contextos de violencia. Así mismo, el consentimiento informado fue indispensable ya que por medio de este se tuvo autorización para hacer uso de la información para fines estrictamente académicos.
La devolución de los resultados investigativos se asumió como una responsabilidad permanente del equipo de investigadoras, ya que esto permite resaltar la potencialidad del proceso realizado y de las prácticas de re-existencia de la Casa, logrando así un reconocimiento por parte del territorio- barrio y el territorio-casa, además de un reconocimiento a las personas participantes de la sistematización, abriendo un espacio de diálogo donde tuvo lugar un proceso importante de retroalimentación.
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2 Migrante: Caminando tras las prácticas de re-existencia
Las fronteras se hacen mucho más marcadas, se emprenden proyectos para construir muros que dividan a la tierra del progreso donde gobierna Mickey Mouse con ese sur latino ingobernable; el Mediterráneo ya se encuentra en la registraduría haciendo papeles para cambiar su nombre a Mar Muerto II porque la Unión Europea sólo acepta que aquello que cruce sus líneas limítrofes sean los recursos materiales del África, ya que las personas que allí habitan perdieron su valor desde que no los pueden esclavizar abiertamente. Aún con ese intento de cierre de las fronteras, no logran parar la migración por eso incentivan ese narcisismo de las pequeñas diferencias para alimentar nuestra aporofobia, porque realmente sólo se detesta al extranjero cuando éste es pobre.
Esas fronteras nacionales han encontrado su réplica en nuestros barrios, haciendo cada vez más limitada nuestra experiencia corporal del mundo y exacerbando ese miedo por aquella que habita otro territorio. Ante esa situación nuestra respuesta debe ser el migrar, el poner a andar aquello que estamos siendo por otros lugares para alterar nuestra realidad y desestabilizar esa idea confesional y apologética de marcar una división entre los territorios.
Migrante se abre a esa posibilidad de salir de nuestra Frontera e incursionar en otros lugares, ideas y experiencias, de echarnos a andar por un mundo que entre su hostilidad han aflorado afectos y emociones que han dado cabida a otras formas de ser y habitarlo. (Casa cultural Botones, Migrante #3, 2019)
Conoce y camina La Frontera, viendo a los ojos a algunas mujeres y hombres que, hombro a hombro, han configurado y significado su vida individual y colectiva a la luz de aquello que el arte posibilita: el encuentro sensible, la pregunta punzante y uno que otro intento de respuesta a las mismas.
En el viaje, tal vez, pueda entreverse aquello que se ha venido tejiendo en una de las laderas de Bello, el antecedente cultural del barrio que gracias a las semillas sembradas y abonadas por sus
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mayores sigue vivo a través de las prácticas de re-existencia que la Casa Botones, como hija de este, vivifica y recrea en el Festival en La Frontera: Arte, memoria y comunidad. Reconocer a este como práctica de re-existencia, ubica la necesidad de nombrar sus formas, intencionalidades y contenidos que a lo largo de sus cinco años de vida han tenido lugar.
“Esas fronteras nacionales (e internacionales) han encontrado su réplica en nuestros barrios, haciendo cada vez más limitada nuestra experiencia corporal del mundo y exacerbando ese miedo por aquella que habita otro territorio”.
El barrio La Frontera, en el municipio de Bello, podría asemejarse a muchos de los barrios populares que conocemos o de los que hemos oído hablar, más es uno singular. Ubicado a los pies del cerro Quitasol, se abre camino a través de callejones, casas rejuntadas, rejas que pretenden alcanzar el vuelo de los pájaros e incansables lomas, escalas y laberintos que esconden mucho más que los secretos de cada familia.
Una vez se conquista la loma de la 47b y, teniendo como referencia La Abundancia supermercado que, con o sin inocencia, se dibuja en un contexto contrario a su forma de nombrarse: La abundancia en La Frontera: un posible oxímoron- se inicia la búsqueda de la avenida 47a, entre variados hilos de cemento que hacen las veces de entrada a cada segmento de casas. A la derecha y junto a uno de los tantos basureros que adornan el sector, se abre paso una nueva subida con las mismas características que los otros callejones.
A medida que las rodillas lo permiten y las gotas de sudor continúan cayendo por partes del cuerpo no conocidas, te percatas de que no es una cuadra común y corriente. En ella hay marcas, colores - un tanto desteñidos, pero colores- formas y botones. Se sigue subiendo y, a lo lejos, comienzan a levantarse los banderines que dicen a gritos “aquí pasa algo, aquí algo es distinto, aquí puedes ser distinto”. Continuamos la marcha y, poco a poco, se ve una fachada colorida, con puertas y ventanas abiertas y, un gran letrero apretado que dice CASA CULTURAL BOTONES. Esta, aunque lugar físico, apuesta al movimiento, al salir de las cuatro paredes, a salir para comprender, compartir, llenarse y volver. Ir y venir, venir e ir. Un ejercicio que va casa adentro, casa afuera. Con la imagen de la casita en mente, continuamos loma arriba. En toda la esquina se levanta un basurero construido por algunas manos del barrio, re- pintado y remendado de cemento a causa
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de uno que otro bus que no frena a tiempo; a su lado, permanece un palo de mangos que resiste a los curiosos y violentos que arrancan sus frutos sin pedir permiso. Una buena metáfora de la cotidianidad en La Frontera.
Las víctimas: las esquinas, los pocos parques y canchas, las muchas casas. Los victimarios: Un sistema económico y político que perpetúa la pobreza, las relaciones desiguales, el abuso de poder, la violencia machista; un sistema que arrebata el derecho al espacio público, el derecho al arte, el derecho a gozar de tiempos para el descanso, el disfrute, la creación y el derecho a una vida distinta.
Más allá, se entrevé la parroquia El divino Salvador que, aunque hija del legado católico que teme a lo diferente y lanza juicios que condenan a esos muchachos mechudos, barbados, de pintas raras que escuchan música del diablo y hacen dizque unas “manualidades” todas extravagantes y excéntricas, ha sido referente importante para el barrio en tiempos del padre Pablito.
El padre Pablo Salazar, como ha narrado Tavo (co-iniciador de este fuego llamado Botones) en diferentes ocasiones “fue como esos últimos destellos de la teología de la liberación en los barrios” (Gustavo Luján, Arte para re-existir, 13 de julio de 2021), además de una “figura paterna” para muchos y muchas jóvenes que crecían en La Frontera con un papá ausente. Pablito, como le dicen de cariño, en la década del 2000, le apostó a la construcción de espacios para el arte, el encuentro y la creación de vínculos comunitarios a través del trabajo con y por la juventud, representado en grupos juveniles, de teatro, los festivales de la Familia y los domingos de sancocho.
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Figura 8 Registro fotográfico I Festival. Homenaje al padre Pablo Salazar
Nota. Fuente archivo Casa Cultural Botones.
Para Tavo “más que una parroquia, era un centro de animación parroquial [...] allá fue donde yo hice por primera vez teatro” (Gustavo Luján., Arte para re-existir, 13 de julio de 2021). Así, los espacios para la creación y la formación en artes se presentaron como otras posibilidades de ser y estar en un barrio periférico, casi al borde del monte, envuelto en las dinámicas de la rapidez, el consumo comercial y de sustancias, y el trabajo más informal que formal, y muchas veces más ilegal que legal.
Un tanto después de la iglesia, en la acera de frente, un establecimiento con mesas de madera hace visos para que quien fuese que pase por ahí, entre convencido por el olor a pan recién horneado o por la nostalgia y memorias que guarda la estética del edificio y el personaje que se mueve tras el mostrador.
Guillo, panadero de profesión, pero soñador de tiempo completo, teje sus historias y recuerdos conforme sus manos juntan levadura, harina, agua y huevos para preparar el pan
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que llenará de aromas el sector de Altos de Niquia. Él es alto, delgado, con gafas diminutas que esconden sus ojos observadores e infantiles. Sobre sus hombros lleva un delantal blanco con un bolsillo de dónde saca las historias que va contando (Casa cultural Botones, Fanzine Migrante #2, 2018).
Guillo y su panadería se suman a las causalidades que, como semillas, formaron lo que es hoy la Casa Botones y, en suma, el movimiento cultural del barrio y del municipio de Bello. La comida y la conversación, en el 2016, fueron testigos del encuentro de un grupo de muchachos desconocidos con curiosidades por la música y el teatro. Fue allí donde empezó el grupo de teatreros que tendría por escenario, durante un gran tiempo, la cancha, los atrios de la iglesia y, luego, la terraza de Tina.
¿Qué decir de Tina? mujer de pocas palabras, pero mucho movimiento; entre las reuniones en la iglesia, los grupos de manualidades y la creación mágica de elementos extraordinarios a partir de cosas comunes, abrió las puertas de su casa y de su corazón para que estos muchachos pudiesen armar un refugio, un escondite, un mundo nuevo repleto de prosa y gestos que daban cuenta de su realidad.
Diagonal a Guillo y en toda una esquina, se levanta la casa de Tina. Al abrir la reja del antejardín, dos caminos se abren a los ojos. Uno lleva al interior de la casa y otro, mediado por unas escalas - recurrente en La Frontera- lleva a la terraza. Al subir, la imagen de Bello, Medellín, el río, el polideportivo y el parque se despliegan. Inicias un juego incansable por descifrar y señalar dónde se encuentra cada uno de los lugares que has transitado y habitado. Calculas las distancias, haces consciente la altura en la que te encuentras. Al otro lado, ves al Quitasol cerca, realmente estamos en un morro.
Con la ciudad a un costado y todo un escenario dispuesto para el performance, los botones iban hilando puntadas, acercando sueños y construyendo mundos otros que cambiaban las vidas de estos actores empíricos y de todo un barrio. ¿El motor? el arroz con leche para resistir hecho por Tina y muchos sueños.
Una vez abajo de la terraza, se vuelve a la vía principal de La Frontera y se camina un poco más al sur. Esta vez, algo sucede. Ya no hay una loma que se erige ante nosotros para que sea escalada, sino más bien se descuelga como una forma de darnos un “respirito” necesario para continuar el recorrido. Un poco más allá se encuentra el parque de la Titi, un parquecito de dos
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pisos que juega con la organización de los suelos, con lisaderos, columpios y otros juegos para los y las niñas.
La Titi, una mujer que camina con un poco de dificultad y aun en cada actividad o festejo está en primera fila, es sin duda, al igual que el padre Pablo, Guillo y Tina, una mujer clave en la configuración del barrio. Con su pasión por la música, junto a su esposo, reivindicó los acordes y las letras mediadas por el canto, como medios y fines en sí mismos para sobrellevar la vida en contextos adversos.
La música y su perrenque la llevaron a pelearse ante la municipalidad espacios como el Comedor comunitario, en el 2002, que benefició en gran medida a niños y niñas. Así mismo la construcción del parquecito, en la alcaldía de Oscar Suárez, fue producto de su insistencia al testimoniar que los espacios para el juego, la imaginación y encuentro en el barrio eran muy limitados, casi inexistentes.
Una vez en el parquecito, deshacemos los pasos y, regresando a la calle de la Casa Botones, volvemos a transitar la casa de Tina, la panadería y la iglesia hasta llegar al palo de mangos. De nuevo en Botones, recorremos la sala, la cocina y sus salones. En uno de ellos, los títeres y las costuras se apropian del espacio y así recordamos a Sergio Bueno, otro referente importante en el caminar de la Casa.
Un duende reparador de sueños, un hombre silencioso, un maestro de la invención, ese hombre que entre sordera y risa traviesa nos dijo un día: “lo que me gusta de La Casa de los Botones es que uno se siente parte de algo”, y esas palabras, se nos han quedado grabadas en la piel y en el hacer, queremos ser parte de algo, sentirnos de algún lugar, ser un botón de esta colcha de retazos que son nuestros barrios y cuadras. (Casa Cultural Botones, Fanzine Migrante #2, 2018)
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Figura 9 Registro fotográfico II Festival. Homenaje a Sergio Bueno
Nota. Fuente archivo Casa Cultural Botones.
Sergio, un artista que entre títeres, hiladas y puntadas acompañó el tejido que Botones trenzaba en su primer espacio propio iniciando el año 2017, abrió la puerta de la creación para las vecinas mayores que, agobiadas por los empleos y tareas del hogar, se encontraban aún más excluidas de los espacios artísticos y de disfrute. El costurero de vecinas, las historias bizarras y con humor han sido su legado.
Con los pies un poco cansados, pero la piel conmovida con las historias que salvaguardan y narran cada rincón recorrido del barrio, nos damos cuenta que en el salón de gráfica, espacio que da hacia el patio, una luz se entrevé. Un muchacho de cabellos largos y lentes semiredondos juega con la tinta, la madera y algunos bastidores. Tavo, que desde pequeño ha caminado, amado y sufrido el barrio es la pieza faltante que conecta aquellos referentes ya mencionados y el nacimiento de Botones.
Él, junto a Diego y Ferney fueron algunos de los muchachos que, al son de la palabra, la música y el pan de Guillo, unieron caminos y se aventuraron hacia otros desconocidos. Desde niño, su acercamiento a la iglesia como acólito lo llevó a acercarse al padre Pablo y a sus ideas revolucionarias en un barrio que apenas iba agarrando forma.
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Su participación en los grupos juveniles y artísticos propuestos por la iglesia, fueron sin duda un referente para lo que estaría a punto de nacer. Tina, mujer con la que se encontraba en la parroquia ya había sido cómplice de sus travesuras y amistad con una de sus hijas, por esto, ensayar a crear otros mundos en su terraza no fue nada difícil.
Tavo o Zancudo como le gusta nombrarse a veces, con su sueño de crear un espacio cultural en su cuadra, ha sido ese botón que ha unido a otro botones, aunque su modestia no le permita reconocerlo. Él con su parsimonia y terquedad ha sido fundamental para avivar aquello que es hoy Botones.
Sus recuerdos, palabras, dibujos y presencia nos recuerdan todo el tiempo que el accionar de la Casa no nació de la nada, al contrario, esta emergió a luz de un sueño que eran muchos más. Las apuestas y acciones de Tavo, fueron lugar de convergencia para otros tantos que han tenido lugar en el barrio y para otros muchos que se van sumando, teniendo presente estos referentes de compromiso político y ético ante lo que implica habitar los sectores menos favorecidos. Este movernos por el barrio, por lo que ha sido, por lo que es y por quienes lo han construido con tesón es fundamental para comprender las dinámicas e historia del movimiento cultural del barrio que es atravesada por lo que fue y ha sido el movimiento cultural de Bello. Recorrer, traspasar y desafiar La Frontera, implica tener los ojos, los oídos y el corazón atentos a lo que las calles, lugares y personas hablan y comunican. Caminar en y por La Frontera es una suerte de juego en la que se descubre y se construyen memorias vivas.
Ampliando la mirada hacia la formación del movimiento cultural de Bello se destaca su antecedente en la influencia realizada por la fábrica de hilados y tejidos del Hato Fabricato y, diferentes movimientos sociales y obreros con tendencias de izquierda y vocación cristiana. De ahí que se vuelva a sobre el papel trascendental de la iglesia católica quien “fortaleció muchos procesos barriales (...) de allí surgieron una cantidad de grupos, que optaron por acciones comunitarias concretas, de allí salió TECOC, la biblioteca comunitaria de Niquía y otros” (Alcaldía de Bello,
2015,
p.
12).
La crisis de Fabricato en 1980 dio paso a lo que se conoció como “la industria del crimen” (Spitaletta, 2008, p. 13), causando un cambio importante en el imaginario colectivo y afectando principalmente a los y las jóvenes que en otro tiempo tenían como primera opción en sus proyectos
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de vida ser obreros de Fabricato, ya que esto a nivel social les otorgaba estatus y era sinónimo de comodidad, con la crisis, Fabricato tuvo que iniciar un proceso de recortes de personal que causó en el municipio una ola de desempleo (Spitaletta, 2008, p. 11).
Ante este panorama, el ascenso de los carteles de droga y figuras como Pablo Escobar comenzaron a presentarse como esa nueva posibilidad para la juventud, aunque esta se impuso como la realidad de muchos jóvenes del municipio, paralelamente se gestaba en las calles y los barrios el movimiento cultural como alternativa a las armas y al estilo de vida que proponía el narcotráfico. Desde ese momento, hasta la actualidad, el arte en Bello se ha orientado hacia la creación de otras formas posibles de habitar y relacionarse en y con el municipio. El hecho que consolida el movimiento cultural es, paradójicamente, la demolición del antiguo teatro Bello en 1989, durante la gobernación del conservador Alberto Builes Ortega. Los diferentes grupos artísticos del municipio ante este injusto suceso deciden convocar el 15 de abril de 1990 a la “Reunión de Artistas y Trabajadores de la Cultura de Bello” que más adelante pasaría a ser la “Corporación Cultural Rearte” y desde ahí comenzó un período de movilización bajo la consigna “En Bello la Cultura necesita espacios”. A raíz de esto se logra
la construcción del Centro Integrado de la Cultura “Cerro del Ángel”, la dotación de un edificio de cinco niveles para la Biblioteca Pública Marco Fidel Suárez y la elaboración e implementación del primer Plan de Desarrollo Cultural de largo plazo, concebido para el período 1998-2008. (Alcaldía de Bello, 2015, p. 13)
En la actualidad el movimiento cultural de Bello aún debe enfrentarse a diferentes retos. Por un lado, si bien se ha ganado un reconocimiento dentro de la institucionalidad, aún la gestión cultural sigue supeditada a las voluntades políticas. Además, debe mediar con la presencia de las bandas en el territorio, ya que muchos de los procesos artísticos se encuentran en zonas donde se dan disputas por el control territorial y las plazas de vicio, como es el caso de la Casa Cultural Botones ubicada en la Comuna 7- Altos de Niquia.
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“Migrante se abre a esa posibilidad de salir de nuestra Frontera e incursionar en otros lugares, ideas y experiencias, de echarnos a andar por un mundo que entre su hostilidad han aflorado afectos y emociones que han dado cabida a otras formas de ser y habitarlo”
Esta es la apuesta “movernos. Las preguntas que nos toman por asalto son ¿hacia dónde?, ¿cuál debe ser el objetivo de la Casa?” (Casa cultural Botones, Fanzine Migrante #1, 2017). Sin duda, dichas preguntas han llevado a la construcción de apuestas nacidas, desde la praxis, es decir, desde la necesaria relación entre la acción y la reflexión.
¿Migrar para qué? para generar rupturas a lo cotidiano, a “las lógicas dominantes de nuestra sociedad, bajo las cuales el tiempo es dinero y todo debe ser lo más pronto posible para optimizar ganancias” (Casa cultural Botones, Fanzine #1, 2017). Migrar para, a través del encuentro, proponer“ crítica y reflexivamente estrategias y acciones encaminadas a la construcción de espacios para vivir dignamente” (Casa cultural Botones, Proyecto II Festival en la Frontera: Arte, Memoria y Comunidad, 2018), además de “generar otras posibilidades para acercarnos a nuestros vecinos y tejer otros tipos de vínculos, (esas) rupturas de lo cotidiano deben provocar inquietudes y resquebrajar la idea de “normalidad” (Casa Cultural Botones, Migrante #3, 2019). “Migrar, el poner a andar aquello que estamos siendo por otros lugares para alterar nuestra realidad y desestabilizar esa idea confesional y apologética de marcar una división entre los territorios”.
Hay dos días en el año en los que la Casa Cultural Botones, con sus puertas siempre abiertas, se expande, toma vuelos insospechados y llega a lugares y personas a las que nunca imaginó tocar. La Frontera se prepara para recibir El Festival en la Frontera: Arte, Memoria y Comunidad, sus calles se convierten en escenario y taller; la fiesta, la música, el teatro, la pintura son la excusa para hacer una pausa necesaria, para jugar y habitar el barrio con tranquilidad. El acto de verse, encontrarse y reírse abre una burbuja en el tiempo en la que la cotidianidad de los vecinos y vecinas se rompe, la rutina es alterada para ser reemplazada por elementos, acciones, sentimientos, pensamientos y personas que hacen que pensarse el barrio, con sus múltiples relaciones, contradicciones, dolores y posibilidades, sea más tangible, más cercano.
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Botones desde el año 2017 hasta la fecha ha realizado cinco versiones del Festival con el objetivo de tejer vínculos, presentar otros referentes culturales en el barrio, construir memoria colectiva en el territorio y generar espacios para el encuentro y la participación comunitaria a través de las artes. La programación del Festival ha contado con un repertorio amplio de actividades, siendo algunas una constante durante todas las versiones, logrando dejar memorias de lo que ha sido el Festival y convirtiéndose en sí mismas en prácticas de re-existencia. Una de ellas son los murales que aún se pueden encontrar, un poco desteñidos por el paso del tiempo, pero que sobresalen en medio del gris y el color ladrillo. Estos son el recordatorio de que el barrio y sus lugares también son para el arte, para los niños y las niñas, es reafirmar que La Frontera cuenta con un espacio como la Casa, en el cual, “si lo decides serás un pintor, un músico, un titiritero o un actor. Pero sin perder tu verdadero ser, porque este rinconcito no te cambia, al contrario, te puede ayudar a formarte como persona” (Casa cultural Botones, Fanzine Migrante #1,
2017).
Por su parte los homenajes realizados al Padre Pablo Salazar, Guillo el panadero, a Sergio y los artistas ninguneados son algunos de los hilos sumados al tejido de la memoria del barrio, a través de acciones que se han presentado desde los simbolismos que dan un valor a las cotidianidades que aportan a la construcción de lo que hoy es la Casa Cultural Botones, de ahí la importancia de narrar las historias y dejar evidencia de esto a través de El Fanzine Migrante que contiene tanto las expresiones artísticas como los ejercicios de memoria, posibilitando que las reflexiones, historias, preguntas y experiencias de la casa y el barrio viajen a otros lugares, a otros oídos, a través de otras voces.
Durante el año la Casa Cultural Botones vive diferentes momentos, en los que la energía y la disposición se enfoca en asuntos particulares como los talleres, las vacaciones creativas, la escuela de educación popular y las diferentes actividades que se programan. A mitad de año comienzan algunos susurros y preguntas a deambular, “¿Cuándo vamos a hablar del Festival?” “¿Qué vamos a hacer este año?”, “Parce, ya casi es el Festival y no hemos hablado nada”. Cuando ya el tiempo cumple con su función y es imposible hacer más malabares para evitarlo, llega el momento en el que se hace “la reunión” que como siempre nos contaron quienes han estado antes, son eternas, precisamente porque el tiempo es corto y planear y gestionar lo necesario para realizarlo no es tarea fácil.
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El objetivo de estas reuniones, en un primer momento, es definir el tema del Festival. En la primera y segunda versión el enfoque de memoria estuvo muy marcado a través del homenaje al Padre Pablo y a Sergio y los artistas ninguneados; el tercero abordó el buen vivir como propuesta alterna de vida; el cuarto se enfrentó a los retos de hacer un Festival virtual, esta vez de carácter internacional; y el quinto, después de vivir la pandemia, se preguntó por los cambios en las relaciones tanto al interior como fuera de las casas y tuvo por eslogan “Casa adentro/Casa afuera”. Teniendo el tema central definido, nos preguntamos por las intencionalidades estéticas y políticas que van a orientar las diferentes expresiones artísticas y ejercicios de memoria, si bien en la práctica dichos ejes logran un protagonismo y establecen una relación directa con las personas que participan del Festival, el eje de comunidad se plantea como el fin en sí mismo del evento, ya que es a razón de esta que tiene sentido la práctica de la Casa Cultural Botones, por tanto la comunidad es entendida como
La puesta en acción de los saberes individuales para la construcción colectiva, ya que sin esta las apuestas artísticas y de memoria, no tendrían cómo fluir, retroalimentarse y potenciarse. Allí, la importancia de que exista no una comunidad como ente abstracto, sino que ésta se encuentre organizada, en permanente diálogo con esos otros que se presentan ajena a ella, y así permitir un caminar donde se logren encontrar los individuos. (Casa Cultural Botones, Fanzine Migrante #1, 2017)
Las intencionalidades estéticas y políticas que la Casa asume parten de situarse desde las fronteras, la periferia, lo popular y la reivindicación y exigencia del acceso al arte y la cultura. Comprender el Festival desde el lugar geográfico en el que se lleva a cabo y las condiciones sociales, económicas y políticas que confluyen en los barrios periféricos y populares, lleva a que durante el proceso creativo surjan preguntas como: “¿qué obras vamos a traer” y “¿a qué grupos vamos a invitar?” y en algunas ocasiones la interpelación por “es que eso nos gusta a nosotros pero a la gente no” implica pensar en quiénes llegan al Festival, en su mayoría niños y niñas, pero también personas adultas, a su vez nos lleva a cuestionar el sentido del quehacer, recordando esas apuestas políticas que orientan el caminar.
Desde este lugar de enunciación, la Casa ha intentado construir una estética que logre representar, generar una identificación y reconocimiento de esas características propias del lugar
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que se habita y esto se logra evidenciar en los murales que se encuentran en el barrio, pero también en las invitaciones y publicaciones en las redes.
Las estéticas de la Invitación al Festival y de los murales, que se han realizado desde la Casa han estado transversalizados por imágenes del barrio: sus casas, laderas, rostros… Así mismo, han sido elaboraciones colectivas, en las que se aporta desde los diferentes saberes de lxs integrantes de La Casa, [...] las formas de darle vida a la cuadra donde se realiza el Festival son una invitación al encuentro comunitario, la celebración y el compartir. (Anónimo, Museo de la experiencia, 5 de octubre del 2021)
Transversal a la reflexión de la práctica, manteniendo un pie en la utopía y otro en la realidad, comienza toda una labor de gestión de recursos, establecemos comités y delegamos responsabilidades, a partir de la experiencia y aprendizajes adquiridos durante estos años realizando el Festival; este es un momento más operativo, por estos días el movimiento que se vive dentro de la Casa es algo que se podría describir como caótico por el encuentro de emociones, el estrés, las ansias, la expectativa, los nervios, a veces uno creería que todas esas emociones no pueden estar juntas en una Casa o en una persona, pero sucede, sucede en muchas personas al tiempo y la Casa parece entonces un hormiguero, todos y todas van y vuelven todos los días. Al momento de concretar todas estas acciones necesarias para gestionar y planear el Festival, una de las estrategias que con el tiempo ha ido tomando forma, es la distribución del equipo de trabajo por comités. Desde la primera versión han sido esenciales el comité de comunicaciones, logístico, financiero, alimentación, muestras artísticas y mural, surgiendo, en algunas versiones, otros comités que responden a propuestas puntuales. A medida que los días pasan comienza una cuenta regresiva, las reuniones previas al Festival se centran en afinar detalles, concretar gestiones, confirmar las carpas, el sonido, los permisos con la Administración necesarios para cerrar la calle, tener los aportes económicos y los refrigerios para los grupos artísticos, tener claro el cronograma, la campaña de expectativa que se hace en las redes, pero también perifoneando en el barrio: “ya viene, ya viene” “¿Ya viene quién?” “Ya viene El Festival”
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Planear conjuntamente la programación - grupos invitados al Festival-; asumir tareas de logística; aprender rondas y juegos; conocer grupos y personas que se dedican a la creación artística; participar de los talleres y vivenciar la alegría que genera el Festival en los niños y niñas, han afianzado en mí el amor por el arte, por los espacios de encuentro. Han avivado la esperanza por el trabajo colectivo y la juntanza (Mónica Álvarez, Museo de la experiencia, 5 de octubre de 2021).
Pensar en la organización y gestión para hacer posible este evento es evocar el poema de Gonzalo Arango que para la Casa se ha convertido en un ritual que nos recuerda que: “Una mano más una mano no son dos manos; Son manos unidas.
Une tu mano a nuestras manos para que el mundo no esté en pocas manos sino en todas las manos.”
Todas las manos y voluntades entrecruzadas, conversando, encontrándose, tejiendo ideas y acciones que resignifiquen las realidades del barrio, de la vida cotidiana, son la respuesta y al mismo tiempo el fin que persiguen aquellos botones que cada vez son más, con otros ojos, otras preocupaciones y otras lecturas del mundo. Botones y el festival significan un viaje, el viaje el globo que ha volado sobre momentos, esquinas y almas con diferentes puestas en escena y reivindicaciones. Ajusten sus cinturones para volver rápidamente sobre este a través de la siguiente línea del tiempo.
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Figura 10 Línea del tiempo Festivales en La Frontera
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Figura 11 Línea del tiempo Festivales en La Frontera
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3 Casa Adentro, Casa Afuera
El Festival, la fiesta, el encuentro, las risas, los nervios, eso que “no sale tan bien”, eso que fue “mágico”; eso que pasó y vivenciamos hasta dejar recordación y, en un acto casi imperceptible, atribuimos significantes, valor y aprendizajes, eso es lo que construye la experiencia, aquello que aquí ampliaremos desde la voz de la casa, de los y las botones que la habitan y de aquellos seres, que cerca o lejos de ella, han participado en alguna o todas las versiones de este festejo de la vida, la creatividad y la re-existencia.
Ubicar el foco en la experiencia ha implicado poner atención al detalle, a las historias, los sentires y reflexiones que se han construido alrededor de esta. Larrosa & Skliar (2009) definen la experiencia como “eso que me pasa” y en esta definición ubican tres dimensiones de la experiencia que son: la exterioridad entendida como el acontecimiento; la subjetividad como el impacto del acontecimiento en el sujeto; y la pasión, materializada en la formación y transformación del sujeto. Caracterizando la experiencia como un movimiento, un intercambio entre el sujeto y el acontecimiento, que permite el tránsito de sentidos, significados, deseos y concepciones del mundo.
En este movimiento, flujo que se da entre la caoticidad pero a la vez la satisfacción de materializar los sueños, nos dimos cuenta que no únicamente los y las integrantes de la Casa o los y las participantes del Festival eran atravesados por la experiencia, sino que también la Casa Cultural Botones, como proceso colectivo y espacio que se habita, es protagonista y constructora de experiencias. Para ello retomamos las dimensiones que enuncian Larrosa y Skliar (2009) nombrando los acontecimientos como vivencias, el impacto de los acontecimientos como significados y la formación y transformación de lxs sujetos como aprendizajes.
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3.1 Lento, Pero Avanzamos
Figura 12 Lento, pero avanzamos
Nota: Fuente https://justseeds.org/product/ezln-2/ Reflexiones de una casa de barrio.
Soy de una cuadra de escalinatas y música en los balcones; de niñas y niños que juegan en los patios y vendedores de ponche nocturnos. He sido habitada y deshabitada, pintada, renovada, cuidada y abandonada. Estoy llena de historias de barrio, como en la que aquella tarde, escuché un griterío poco común en mi cuadra. Cantos desafinados pero alegres, olor a arroz con leche y pintura; a través de mis ventanas veía pasar muchachos, muchachas, niñas y niños, con caras pintadas y ropas coloridas. Una mañana, de esas en las que no tenía muebles, ni pelos de gato, olor a café o sábanas limpias; abrieron mi puerta, un revolcón se hizo en la mitad de mi cocina. Algunos de esos muchachos que cantaban y jugaban en la cuadra, estaban ahora recorriéndome; imaginaban mientras caminaban, dónde estarían los instrumentos, las pinturas o los títeres. Se me llenó la sala de alegría; yo también imaginé los juegos y cantos, discusiones o celebraciones, que por toda mi arquitectura pasarían. Sonreí. Ahora era La Casa de Los Botones.
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Recuerdo el primer color que tuvo mi sala; un azul claro, con peces de colores pintados por las niñas y niños que venían a los talleres. La infancia me transitaba constantemente, eran rayones por aquí y por allá; pinturas en el suelo y plastilina pérdida, cantos y juegos infantiles. También me llenaban las tardes, los encuentros de los más grandes para cuidarme y sostenerme, sus conversaciones del cómo habitarme colectivamente. Pasa el tiempo. Los movimientos entre ellos y yo son fluidos y tranquilos. Los niños y niñas están creciendo, otras preguntas se formulan; mientras tanto, nuevas pinturas, olores, rostros y voces me caminan. Me veo ahora habitada por jóvenes inquietos y constantes, tranquilos y críticos. Ahora soy Casa de muchas formas: infantiles, juveniles, casi adultas, señoriales. Soy una casa plural, grande; de ventanas y puertas amplias. Ser La Casa de Los Botones, en esta cuadra de barrio, ha hecho vibrar mis columnas con preguntas y juegos, ha permitido que en mi cocina se alimenten los corazones, que en mi sala se pinte de luz el mundo, que en mis alcobas se construyan otras formas de ver la vida. Ser una casa como cualquiera, pero habitada por la magia del tejido comunitario. Ela Espiral Mayo 2022
Estos botones han seguido un camino que es como el caparazón del caracol, un ir hacia adentro, un espiral en movimiento. Ante los ojos de la liebre que corre rápido y compite podría asegurarse que no avanza, pero sí que lo hace. Aunque muchas veces las preguntas y las incertidumbres que se presentan puedan verse como una constante, es preciso que el andar en el barrio y el quehacer se haga con la lentitud necesaria para reconocer el valor de la acción y para pensarla.
Al detenerse a mirar las palabras ya dichas y los senderos recorridos, logramos ver que las preguntas, las reflexiones, los golpes contra la realidad, posibilitan el movimiento. Desde los inicios la Casa se ha pensado ese movimiento y aunque
Dichas inquietudes no parecen resolverse, esto ha significado una oportunidad para que ese movernos en el territorio no sea por inercia, sino más bien reflexivo e incluso lento, generando allí una ruptura con las lógicas dominantes de nuestra sociedad, bajo las cuales
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el tiempo es dinero y todo debe ser lo más pronto posible para optimizar ganancias; aquí podemos declarar una pequeña victoria, el tiempo ya no se restringe a esto, sino que hemos logrado que este se unte de nuestros deseos, alegrías, tristezas y desilusiones. (Casa cultural Botones, Fanzine Migrante #1, 2017)
La sensibilidad ha sido la aguja guía que lleva al interior y aunque muchas veces la ilusión empañe la vista, se ha tenido la suerte de abrir las ventanas para que el viento deje salir el vapor y se logre ver con claridad. En ocasiones el enfrentarse con la realidad de que las cosas no van viento en popa puede ser desesperanzador, sin embargo, ha sido necesario “abandonar la idea de “progreso” o, que todo avanza de manera lineal, el barrio nos ha enseñado que otra es su lógica” (Casa Cultural Botones, Fanzine Migrante #3, 2019).
De este andar lento del caracol queda un rastro detrás de sí y se recogen algunos pedazos del camino, que se adhieren a la piel o a ese cuerpo que somos como Casa. Se han sumado vivencias, que han tenido como escenario principal la Casa, el barrio La Frontera y algunos rinconcitos de Bello, en los que se han unido a nuestras manos muchas otras y después de permitirnos sentir y aprender de todo esto se da paso a la palabra a través del diálogo colectivo que se teje, dotando de sentidos, significados y aprendizajes esas vivencias que nos atravesaron, esas acciones que se vuelven parte de la cotidianidad y a veces se les resta importancia, por eso
Sabemos también que no es suficiente con hacer y hacer, Freire nos habla de praxis, pues bien, entre el acto y la reflexión le hemos apostado a la sistematización de experiencias y a la formación interna enfocada en la educación popular y otras pedagogías críticas, nunca dejando de lado el contexto un tanto violento en el que nos movemos y replanteando constantemente las metodologías, porque así como vamos al ritmo de esta modernidad líquida, los talleres tratan de jugar a esa fluidez. (Casa Cultural Botones, Fanzine #3, 2019)
Sostener un paso lento requiere de fortaleza para soportar empujones, y como mencionamos anteriormente, enfrentarse a la desesperanza que se impone al poner en una balanza que mide en números el valor de los sueños, de la juntanza y de los vínculos.
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¿Cómo se sostiene un proceso? necesita de tiempo. Y justo en estos días pensaba, [...] ya va a llegar la nueva generación, o sea, estos chicos [...]nos van a poder mostrar la participación de la gente, eso que se ha logrado tal vez y que ahorita obviamente hemos vivido deserciones, pero es que por ejemplo un Dylan o una Dulce que nos ha conocido desde que tienen 4 años o un Juan David que desde que nació está en la casa, entonces ellos se van a volver [...] personas activas”. (Manuela Cárdenas, Museo de la Experiencia, 5 de octubre de 2021)
Es por esto que cada pequeña victoria o cada meta a la que se llega así sea a paso de caracol, la “celebramos, (ya) que cada vez somos más manos “para que el mundo esté en todas las manos”, celebramos que aún la esperanza sigue viva y que nos queda mucho por aprender y camellar” (Casa Cultural Botones, Fanzine Migrante #3,2019).
3. 2 Botones, Porque los Botones Unen.
En mis viajes alrededor del mundo he conocido lugares fantásticos, pájaros fantásticos, personas fantásticas que me han permitido aprender de todas las cosas, es por eso que quiero contarte de mis hallazgos; mientras viajaba por la región descubrí una nueva familia de aves llamada Botones, las cuales solo se ven si abres el corazón, es por eso que quiero abrir el corazón y contarte sobre ellas.
En las montañas, cerca de las periferias vi al Cóndor Titiritero, un ave que tiene finos hilos en sus alas y con los que construye sueños por medio del arte, junto a él van el Pájaro Bicicleta y el Pájaro Filósofo; el primero llega a todos lados rodando y gracias a su pico en forma de gubia puede tallar la madera en dónde plasma sus sentires; el Pájaro Filósofo por su parte, usa el teatro como forma para expresar su ser, sus principios y sus causas primeras.
En el bosque, muy adentro del bosque, encontré al Pájaro Espiral, es un ave con mucha energía, que le gusta jugar con los pajaritos más chiquitos, abrazarlos y cantarles, se sabe más de cien mil juegos y se los enseña a los otros pájaros. En el viaje me di cuenta
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que hay pájaros que aparecen en días y horarios específicos por lo que es más difícil verlos, pero sabiendo esto empecé a levantarme más temprano y es así cómo pude observar a dos pájaros mañaneros. El primero es el Pájaro Popocho quien a través de su palabra amorosa y sus habilidades para diseñar llega a todos los demás pajaritos. El segundo es el Pájaro de la Palabra Dulce, el cual siempre está con su amiga peludita y recorre el barrio invitando a los pajaritos a jugar y aprender. A las afueras del bosque, llegando ya a una pradera encontré al Pájaro Místico, un pajarito que recién salió del cascarón y que revolotea de un lado a otro aprendiendo con los otros, recordándome que todos pasamos por ahí.
Al igual que hay pájaros que solo se observan por la mañana, hay otros que solo aparecen por la noche como es el Colibrí Explorador, quien se dedica a ayudar a los demás pájaros sin descanso, como si eso le hiciera guardar energías, para después ir a lugares lejanos y conocer nuevos paisajes. También está el Pájaro del Corazón, quien llegó de llanuras muy lejanas, mostrando en pequeñas cajitas historias que contar. De igual forma está el Pájaro de la Palabra, es un pájaro de color rojo, quien a través de las historias y dibujos nos habla sobre las cosas que nadie quiere hablar, mostrando que siempre hay una forma de nombrar lo innombrable.
Estos han sido algunos de los pájaros que he visto en mi viaje, podría hablar más sobre ellos, pero el ala ya me está doliendo, me pregunto cómo ellos se describirían, cómo me describirían a mí que soy un Observador. Sin más que querer decir, me despido. Espero que este pequeño texto sirva para que explores por tus propios medios esta región y que conozcas a cada una de las aves que te he presentado.
Seas bienvenidx a la Casa de los Botones Laniakea Abril, 2022.
A lo largo de la existencia de la Casa, incontables corazones y mentes se han acercado a ella atraídos por aquello que se puede ser y hacer, al mismo tiempo que, esta va siendo y haciendo
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como una compañera más que acoge y cobija mientras impulsa y suelta para caminar otros senderos, desde otros lugares y con otras herramientas.
De esos botonianos y botonianas, con innumerables formas de nombrarse y construirse, borbotean recuerdos vivos, inquietos y a veces esquivos que configuran y dan sentido a aquello que ha venido siendo el Festival en la Frontera como la puesta en acción por excelencia, de las posturas políticas y éticas de la casa y por ende de los y las botones que en ella se encuentran.
Botones y el Festival es y será siempre un lugar de amor -amores-. Llegar fue encontrar un nido, abrirme a un lugar de deseo, un espacio que quería habitar. El Festival es un espacio de pasiones, de goce, de lágrimas, de plenitudes, de micrófono abierto y de miles de expresiones. Todo, todas y todos son aquí amor y resistencia. Aquí es posible ser singular y así mismo ser plural explorando universos compartidos. Sin botones … no me imagino qué hubiera sido de la niña que fui y llegó a Medellín. Soy Botón. Somos botones. Les amo, les quiero, les admiro. (Ana Calle, Museo de la Experiencia, 5 de octubre del 2021)
Del 2017, primera versión del festival, Manuela -cofundadora del fuego botoniano- suelta palabras cargadas de imágenes, sentires y amores que deja ver en su rostro a medida que la risita juguetona y los ojos luminosos se intensifican con el recuerdo. El primer festival, significó extender la casa, salir a la calle para que el arte fuera el mediador con los y las vecinas. Sin muchos recursos, “un festival que hicimos con 500 o 600 mil pesos” (Manuela Cárdenas, Museo de la experiencia, 5 de octubre 2021), la gestión de una carpa, sin carpa (plástico), la fuerte lluvia de tarde, el corre corre buscando plásticos para que las personas no se mojaran, sumado a innumerables detalles por resolver, configuró un festival que sin duda, representó la consolidación de una apuesta llamada Botones que se presentaba ante un barrio que fue testigo e incitador de su nacimiento. El primer festival fue riesgo, salto, nervios, fuerza, “nos dio, o me dio a mí la esperanza, la sensación de que podemos construir este tipo de escenarios de forma colectiva y con la comunidad que era la intención” (Manuela Cárdenas., Buzón de la experiencia, 17 de octubre de 2021).
Con las alas ya desplegadas, un año después, el segundo festival reafirmó las apuestas que alimentaron y sustentaron su primera versión.
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Festival: espacio de encuentro, conversación de mundos, alegría, esperanza, Festival: en La Frontera porque no estamos de ningún lado, de Arte porque creemos en sus mundos posibles, de Memoria porque necesitamos recordar y construir, de Comunidad porque creemos en el encuentro. (Casa cultural Botones, Fanzine Migrante #2, 2018)
Los abrazos, los y las amigas que no se veían hace rato, el juego, la compinchería en la calle y en las tiendas del barrio trajo un nuevo sabor de confianza “volvimos a ser uno con el barrio” (Casa cultural Botones, Fanzine Migrante #2, 2018)”. Un año de recorrido que trajo otras reflexiones, otros tintes, otras miradas, otras responsabilidades y necesidades: más manos, más recursos, más foco, más cercanía con los y las vecinas, a sus estéticas, intereses y lenguajes. El tercer festival, en la voz de Manu, dio cuenta de un nuevo nivel de organización, gestión y consolidación de la propuesta pedagógica de Botones. Talleres a la calle,
ese fue el plus de ese festival, que entendimos también que ese trabajo comunitario y artístico tiene que hacerse a través de la formación y creando referentes porque a eso es a lo que le apuntamos desde la Casa Cultural Botones, es crear referentes para la creación y la transformación artística. (Manuela Cárdenas., Postales del barrio, 2 de octubre de 2021)
Así, cada año iba significando nuevos retos, no solo para las y los botones que desde el inicio han estado presentes, sino también para aquellas que iban llegando, lo que sin duda se puso a prueba en el 2020 con la pandemia por el Covid-19. Con el inminente temor por el contagio y las múltiples restricciones que impuso el aislamiento social, el cuarto festival representó un desafío para la Casa que, con tenacidad y terquedad, reivindicó al mismo como espacio de presencialidad, así sólo fuera parcialmente. Fue en el ejercicio de sacar el video beam, los banderines y las crispetas por las cuadras de La Frontera que
nos dimos cuenta de lo importante que es encontrarnos alrededor del arte y la cultura, entendimos que era importante jugar, mirarnos a los ojos, buscarnos, agarrarnos de las manos y danzar, pero aun así le apostamos a este festival y también aprendimos a expandir las fronteras, porque estuvieron participando grupos a nivel nacional, internacional y local obviamente. (Manuela Cárdenas, Postales del barrio, 4 de octubre de 2021)
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El quinto festival, luego de no vernos por mucho tiempo cara a cara, significó el regreso, las ansias por encontrarnos de nuevo en pleno, en toda la calle, con otras personas que jalonaban el barco. Las fuerzas entrecruzadas, el amor manifiesto en dirección casa adentro y casa afuera representa “un orgullo (...) es super emocionante cada que nos encontramos porque nos damos cuenta de que estamos haciendo un buen trabajo, porque la comunidad ya nos reconoce (Manuela Cárdenas., Buzón de la experiencia, 17 de octubre de 2021).
De las experiencias más bonitas que he tenido hasta ahora. Gracias botones, gracias muchachos porque aquí aprendí a ser más humana, a sentir al otro y a pensar en los demás. ¿Tejer comunidad? hace años no entendía lo que era eso. Ahorita no concibo mi vida sin pensar en comunidad, o mejor aún en familia, pues esa es la palabra, es así como me he sentido durante todo este año en el que he compartido y accionado junto a ustedes. Hoy, bueno, ayer 16 y hoy 17, pude ver materializado el esfuerzo, el amor, el tejido, la palabra a través de una celebración, no solo de la vida, sino de algo que nunca terminará de tejerse; pues cada uno de nosotros, de nosotros y nosotras somos botón que unirá a otros hilos, en otros ovillos, dejando semillas y aprendizajes. (Ana Castrillón., Buzón de la experiencia,
17 de octubre de 2021)
A veces cuesta creer que, ante la imposición de un modelo económico que nos invade hasta en lo más profundo de nuestras relaciones con otros y otras, con nuestro entorno, con nosotras mismas, sea posible crear y habitar espacios para huir y salir por un rato, ya sea corto o largo, de esa burbuja que nos absorbe y aleja, impidiéndonos ver no sólo todo lo que nos rodea sino las posibilidades que tenemos para ser algo más, para reconocernos de otras formas y vernos en el otro y la otra.
En este proceso, la Casa Botones ha permitido que cada ser que cruce las puertas o que se encuentre con algún botoniano o botoniana pueda experimentar desde lo más profundo lo que permite tomarse el tiempo para jugar, aprender, conversar, pensar, crear, estar en colectividad, expandir un universo de posibilidades para seguir soñando y construyendo esos sueños.
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3.3 Los Colores de los Botones
Las personas que habitan la Casa, como espacio físico y simbólico, son múltiples y diversas; sus edades, búsquedas e interés son tan variados como los colores que iluminan a Botones. El festival, como espacio que convoca a grandes, chiquis, vecinos, vecinas, en suma, a cualquiera que se sienta llamado por la fiesta, la burla y lo extraordinario, es escenario de encuentro y convergencia como se ha venido mencionando insistentemente.
Integrantes de la Junta de Acción Comunal, sacerdotes, madres, padres, panaderos, cantantes, artesanas, titiriteros, trabajadores, trabajadoras, estudiantes, jóvenes, niños y niñas han sido protagonistas y testigos de la acción creadora y transformadora del festival. Expresiones como las siguientes dan cuenta de la vivencia e impacto que a lo largo de las cinco versiones ha tenido este: “a todos nos cogió por sorpresa, una grata sorpresa. Nosotros como Acción Comunal estábamos muy interesados en que algo ocurriera así” (Danilo, Rememorando el Festival, 2020). “Recuerdo la unión que se hizo con la comunidad, los niños, el fútbol, el teatro, la pintada del mural, participaron por cierto mis nietos. Recuerdo muchas cosas porque se ve la unión y el amor que sienten por la comunidad (Casa Cultural Botones, Rememorando el Festival, 2020). Asimismo, en la voz de algunos y algunas artistas que han dado vida al festival, este, sin duda ha creado y recreado prácticas de re-existencia, en tanto “acto de resistencia” "(Dramaleón, Buzón de experiencias, 17 de Octubre de 2021), y “acto revolucionario” (TallerArte, Buzón de experiencias, 17 de Octubre de 2021), en el que a través del arte, la memoria y los vínculos comunitarios se encienden fuegos, moviliza voluntades y comparte sueños de transformación y cambio ante realidades que hastían y fatigan.
Me parece que es un acto de transformación y de resistencia frente a esta sociedad que quiere anular o aniquilar el pensamiento creativo, el pensamiento que transforma, la diversidad, entonces es una gran oportunidad de diversificar aquello que conocemos como humanidad o como comunidad. (Dramaleón, Buzón de experiencias, 17 de Octubre de
2021)
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El bailar, gritar, ver una obra de teatro jamás vista, escuchar a un hombre con cabello y barbas largas y canosas hilar palabras que se convierten en historias y cuentos fantásticos, ha significado
liberarse (...) puedo sacar mi niña, mi niña interior, y no tengo que esperar a que haya una mirada del otro lado que me esté juzgando, sino que es entender que la vida es esto, que la vida es vivir en comunidad y que también es liberarnos de esas cargas y esas presiones sociales que nos dicen que debemos ser una cosa u otra. (Valentina., Buzón de experiencias,
17 de octubre de 2021)
El compartir, la convivencia, el buen vivir y las nuevas posibilidades que “reafirma(n) que, en este mundo, que son muchos mundos, hay personas maravillosas haciendo cosas maravillosas” (Participante del festival., Buzón de experiencias, 17 de octubre de 2021), son expresiones que constantemente aparecen en las voces de aquellas que, con el recuerdo en la piel reconocen y dotan de sentido lo que se vive.
Muy bueno lo de las experiencias porque, por ejemplo, mire el tiempo que uno tiene acá para compartir con los niños, con la familia, todo eso es tiempo valioso que estaría uno en la casa, no sé, viendo televisión, aquí está uno compartiendo con la familia, con los vecinos; vecinos que no veía hacía toda la vida, porque uno trabajando no tiene tiempo para nada, muy bueno, muy linda la experiencia, muchas gracias a botones. (Diana vecina., Buzón de experiencias, 17 de octubre de 2021)
Reconstruir la experiencia es abrir una puerta que permite ver el interior de eso que sucede mientras hacemos lo que siempre hacemos, es hacer la pregunta ¿qué pasa en mi interior cuando comparto, vivo, cuando estoy en este lugar? Es detenerse y permitir expresar los significados, pensamientos y sentidos que vamos construyendo a medida que vivenciamos, al darle respuesta a esa pregunta vemos una nueva acomodación interna. Ese es el valor que se le atribuye a la reconstrucción de la experiencia.
En este camino que hemos recorrido buscando la respuesta a ¿qué sucede al interior mientras afuera sucede El Festival en La Frontera? hemos encontrado que se logran configurar
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identidades colectivas, unas formas particulares de ser, de soñar, de renovarse, de hacer otras preguntas y de encontrar respuestas juntxs. La Casa y sus integrantes y los y las participantes del Festival han tejido una experiencia colectiva, que de forma particular ha generado movimientos, pero al mirarla en conjunto encontramos aprendizajes, significados y construcciones simbólicas que permiten la apropiación de la experiencia.
La narración de lo que sucedió en el exterior, ubicado en un tiempo y lugar determinado, hace parte de la vivencia, esta narración para llegar a ser experiencia debe de contener los sentidos, la emoción, los pensamientos, significados, reflexiones y aprendizajes que surgieron, que causaron ese movimiento al interior del que ya hemos hablado, este que deja una marca en nuestra historia personal, un recuerdo lo bastante relevante para no olvidarlo.
La experiencia en los Festivales en La Frontera ha sido lo perseguido y lo que nos ha permitido reconocer el valor de las prácticas que se llevan al interior del este y además ver las formas particulares en cómo estas han impactado las historias personales y a su vez la historia del barrio. “Haber estado compartiendo estos años en el proceso a mi si me ha transformado mucho y me ha permitido ver mi barrio como con otra lupa, con otros lentes". (Gustavo Luján., Arte para re-existir, 13 de Julio 2021)
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Figura 13 Los rostros, dibujo de Gustavo Lujan, integrante de Casa Cultural Botones.
Nota. Fuente archivo Casa Cultural Botones.
Yo tenía una frase respecto a la pregunta, por ¿cómo me ha impactado el festival? y como no he estado en el Festival, pero sí en la Casa, es complejo escribir, yo por eso escribí la frase que dice “Imagina haber pasado la vida en un cuarto oscuro y que en un momento dado agujeriaran las paredes. Así el ser humano vio el firmamento lleno de puntos y entendió que todos entretejian redes y tejidos. (Edward., Museo de la experiencia, 5 de octubre del 2021)
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4 Un Mundo Donde Quepan Muchos Mundos
“Queremos realmente incidir en nuestra comunidad (...), que crean que ellos pueden mejorar las condiciones del barrio, que ellos se sueñen el barrio distinto, a pensar el territorio desde otras formas, a vivir en el territorio de otras formas” (EPM- Camino al barrio-Niquia Camacol parte alta- casa de los botones, 2017).
El horizonte marcado por el Quitasol y por el cuadro que se encuentra en el salón principal de la Casa, nos recuerda que la intención de Botones ha sido construir “un mundo donde quepan muchos mundos”4caminar, permanecer, habitar, cuidar, pensar el barrio, el territorio, esa ha sido la labor/apuesta durante estos años en La Frontera.
Precisamente porque el barrio es, más allá de sus escaleras interminables y sus olores particulares, una amalgama de rostros, voces e ideas que lo recorren. En contextos como el colombiano sabemos que, esta multiplicidad de ideas y concepciones conversan, pero también generan tensiones y rupturas que llevan a la violencia; la Casa desde la solidaridad, el reconocimiento del vecino y la vecina, desde el arte como herramienta que permite reinventar la vida, cree en la construcción colectiva que desde allí se puede lograr. Sin pasar por alto las múltiples violencias que se imponen y condicionan esta construcción.
Desde la creatividad, los colores, la invitación amigable, se insiste en abrir otras posibilidades dentro de un contexto que muchas veces para los lugares periféricos pareciera estar ya escrito, sin embargo, este lugar de confrontación dialéctica entre aquello que soñamos y aquello que está afuera, se construye y transforma a partir de las relaciones, interacciones y apreciaciones a medida que lo caminamos, habitamos y reconocemos.
El territorio superando su definición como espacio geográficamente localizado es entendido como todo espacio socialmente construido y apropiado (Porto-Gonçalves, 2009) en el cual se encuentran diversos actores territoriales que, mediante el establecimiento de relaciones entre sí y
4 Frase del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)
El mundo que queremos es uno donde quepan muchos mundos.
La patria que construimos es una donde quepan todos los pueblos y sus lenguas, que todos los pasos la caminen, que todos la rían, que la amanezcan todos.
Comité Clandestino Revolucionario Indígena,
2 de enero de 1996
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con el entorno (Haesbaert, 2012), lo intervienen y transforman desde su “cosmovisión” u “ontología” (Escobar, 2014).
Es en aquellas pequeñas grietas que se busca el punto de fuga donde sea posible un mundo más amplio, que logre integrar todas las tonalidades y matices, ha sido desde la re-existencia como esa “reelaboración de la vida en condiciones adversas intentando [...]ocupar un lugar de dignidad en la sociedad” (Albán, 2007, p. 23), desde donde Botones se enuncia y orienta sus prácticas. Ante la marginalización, la pobreza, la violencia estatal y el conflicto armado, no solo se resiste al proyecto político y económico hegemónico, sino también se revalora y dignifica lo propio con perspectiva crítica, visibilizando lo diverso, recreando nuevos códigos de identidad. En este inventar y reinventar nuevas formas de existir la Casa ha optado por prácticas como los ejercicios de memoria que se realizan durante el Festival, intentando narrar esas “memorias silenciosas” como las ha nombrado Tavo, aquellas que muchas veces no son reconocidas, pero que son tan importantes para el auto conocimiento, para construir y guardar la historia y para aportar a la construcción de la memoria colectiva.
Así mismo, las expresiones artísticas como los Fanzine van guardando aprendizajes y reflexiones que permiten que la Casa siga en movimiento y, los murales, como huella indeleble que, aunque un poco desteñida, son el manifiesto que cada año nos recuerda que La Frontera tiene a la Casa Cultural Botones, la “casa de puertas abiertas”(Gustavo Luján., Arte para re-existir, 13 de Julio de 2021.), ese espacio de fuga, lleno de colores, plastilina, colbón y títeres, en donde es posible crear y pensar en otras formas de habitar, ser y re-existir en el barrio.
4.1 Memorias de barrio
También vivimos entonces la memoria desde el territorio, desde el caminar el territorio con los niños, con las niñas, con los jóvenes, con los adultos y, entender que ahí también la tierra, los árboles, las montañas, el sol empiezan a contarnos un montón de historias del territorio en el que vivimos y de cómo hemos vivido como sociedad porque es una lectura amplia. (Casa Cultural Botones, Jornadas Pre Festival en La Frontera, 10 de octubre de
2021)
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Las memorias que alberga cada calle, esquina y muro de La Frontera, son sin duda, pistas que van permitiendo, poco a poco, ir develando y armando el rompecabezas que da cuenta de las huellas que la Casa, a través de las hiladas de sus múltiples botones, va dejando como acción creadora y transformadora en el barrio.
Han sido históricamente los y las jóvenes, con su vitalidad en máximo y sus pintas un poco extrañas, quienes se han venido pensando y preguntando por los espacios de arte y deporte como posibilidades de encuentro y tejido de lo comunitario, tan urgente en municipios y barrios como los nuestros, donde el coletazo de la modernidad se hace evidente con sus afanes, “faltas de tiempo”, faltas de oportunidades para ser, hacer y estar en libertad, sin que un arma sea la opción para obtener dinero o subir en el escalafón social.
Se re-existe creativamente, buscando hasta el cansancio o, si es necesario, creando o dando forma como se puede, a espacios para el encuentro, para el disfrute, para la fiesta, la conversación y la parceria mediada por el arte; asuntos contrarios a las divisiones, frustraciones y culpas que el sistema trae consigo.
Desde los tiempos de Guillo, y su participación en los procesos organizativos juveniles, se venía cocinando colectividades como el JUVENCLUB a mediados de los 70s, donde el trabajo barrial, deportivo y cultural eran (sus) apuestas (dicho proceso) agrupaba a más de sesenta jóvenes de diferentes edades, ideologías políticas e intereses, que enfocaban sus búsquedas alrededor de una pregunta ¿cómo construir comunidad en un barrio que apenas nacía?, Dice (Guillo), que los jóvenes se juntaron para hacer con mucho esfuerzo la cancha de fútbol, pues este trabajo colaborativo de “echar pico y pala” fue el acto fundacional de lo que sería un trabajo para soñar un barrio en el que los jóvenes tuviesen voz . (Casa cultural Botones, Fanzine Migrante #2, 2018)
De ahí que los procesos de construcción, transformación y apropiación del espacio como territorio se vengan luchando desde tiempos atrás. “Cada paso adelante se debe, sin duda, a muchos otros pasos adelante dados por predecesores y no supone más que el inicio del paso que vendrá inevitablemente después” (Alcalde, 2018).
“A hombros de gigantes”, frase recauchada por Newton, es la expresión que mejor describe lo que ha sido el legado de hombres y mujeres, organizadas o no, que han sido cruciales para la
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emergencia de apuestas como las de Botones. “Arte comunitario y urgente”, como repite constantemente Tavo, para habitar el barrio de otras maneras, para presentar otros referentes a los y las vecinas de distintas edades, para disponer del espacio público, democratizar y adaptarlo a lo que como comunidad se es y se necesita, para tejer relaciones y vínculos distintos, desde la cercanía, la empatía y la camaradería.
Esto, como apuestas que año tras año se fortalecen, conversan y revisan, en el marco del Festival en La Frontera, dando paso, en voz de los y las vecinas, a la posibilidad de tejer y cuidar espacios donde
uno como padre puede estar tranquilo de que no va a pasar una moto o un carro y los va a atropellar, y mírelos cómo están de unidos, jugando, contentos, eso no se ve por acá, sino estuvieran encerrados en la casa. Usted sabe que las cuadras de por acá son de difícil acceso para poder jugar, la única parte plana que tienen es la calle o abajo (La Abundancia). (Omar Vecino., Buzón de experiencias, 17 de octubre de 2021)
Desde su primera versión, el Festival, ha propendido por acercarse a rincones del barrio poco explorados, dándoles otros usos y dotándolos de significado, a través de actos, relaciones y experiencias significativas que resquebrajan las lógicas del andar cotidiano. Los buses, carros y motos, ya no son los dueños de las calles.
Cerradas con un lazo de banderines, una frontera simbólica que prohíbe el paso, queda a disposición las carreteras a nuevos personajes como las ollas de sancochos, las mesas desgastadas listas para soportar los objetos, fotografías y escritos que conmemoran a personajes importantes para el barrio, pero también, dispuestas a recibir los materiales con los que se inventarán otros mundos, otros sueños, otras historias a punta de figuras de barro, muñecos de telas y títeres amorfos.
Los y las vecinas que por sus extensas jornadas laborales poco se ven en semana, van llegando con sus hijos e hijas colgadas de sus brazos. Los sábados y domingos, son casi los únicos días en los que la palabra tierna y la mano apacible pueden juntarse con sus cercanos. El festival lo permite. Dispone, no solo el espacio, sino la música de fondo, el acto performático provocador de la charla, la fotografía para inmortalizar el momento, la pintura y el muralismo para descubrir formas otras de hallar la voz en un mundo cada vez más violento.
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Los murales, tal vez sean, una de las muestras más visibles y permanentes de la habilidad inventiva y transformadora de las y los botones. La capacidad de convocar a niños, niñas, jóvenes y adultos, reunirlos, ponerlos de acuerdo alrededor de las estéticas, formas, colores y mensajes que se quieren plasmar, dan cuenta del alcance que sobre el espacio se tiene, en tanto reafirma que este puede ser modificado, hacerlo más cercano, ponerle a hablar con palabras y rostros nuestros. Así mismo, el conocer y reconocer a los y las vecinas, tejer palabras, cercanías y puntos de encuentro, son sin duda, elementos que dan cuenta de la apropiación y transformación que poco a poco va andando en La Frontera.
Se ha habitado, alterado y se ha hecho nuestros espacios como la esquina del palo de mangos para construir una basurero colorido, dadas las dificultades con el manejo de las basuras; el muro del frente que conversa con este espacio, donde se realizó el primer mural con imágenes de mujeres, obreros y obreras, personas afro, jóvenes y demás personajes diversos; el muro de la parroquia que ponía a conversar dos formas de asumir y recrear la vida y, posteriormente se convertiría en un basurero; algunas paredes del coliseo ubicado un poco más abajo que el parquecito de la Titi, donde las figuras de niños y niñas con malabares, balones y diversos colores acompañan el juego; y, una porción de pared del sector de San Andrés, donde dos universos de imagen se esforzaron para ser una.
Las manos unidas, las montañas siempre altas, las escaleras sin fin, las lomas serpenteantes y un globo viento en popa, han sido constantes en las pintas que quedan como marcas de algo que sucedió y seguirá sucediendo. La pregunta y la certeza siempre juguetonas, unas veces, una más presente que la otra, pero siempre juntas, siendo el motor de cada decisión y acción contestataria pero también propositiva, que se emprende. ¿la meta? ¿el camino? más bien, la meta y el camino: la dignidad, el buen vivir, las palabras bonitas, un cultivar de la casa adentro y casa afuera. Queda asimismo mencionar, que el camino no siempre es idílico. Las relaciones entre sí, con los y las vecinas y con otros colectivos u organizaciones, representan variadas hebras que van dando lugar a formas particulares de ser con el otro y con el espacio, de ahí que sea importante tenerlas en cuenta al momento de hablar de territorio.
La casa, como espacio de puertas abiertas, se visiona como lugar de construcción conjunta, pero esto no siempre es así, solo en el primer y tercer festival, vecinas y otras organizaciones participaron activamente en la planeación, ejecución y evaluación del evento. Lo que no significa que no exista interés o procesos de co-construcción en otros asuntos particulares.
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Esto debido en gran parte, al debilitamiento de espacios organizativos como la junta de acción comunal, los cortos tiempos disponibles para la creación de propuestas alternativas, entre otros asuntos que traen cierta sensación de desazón,
como de unas ganas de hacer, pero con frenón ahí constante, porque la casa ya lleva cinco años y uno es muy terco, uno quiere que los procesos sean así como “uhh que venga pues toda la gente”, creemos que otros mundo son posibles pero entonces los vecinos no son tan chéveres, o la gente sataniza mucho el proceso, o el cura habla mal de nosotros, cosas así que hacen que uno ame y odie el barrio. (Gustavo Luján., Arte para re-existir, 13 de julio de 2021)
En suma, recorrer el barrio es darse cuenta de que Botones ya ha venido tejiendo una historia en sus calles, en sus muros. Una acción potente, en tanto el arte es el mediador para ello,
el puente transicional que le permite al sujeto no solo formarse en la disciplina, sino también del territorio que se habita y de este modo poner en discusión las problemáticas de la comunidad, generando propuestas e iniciativas que surgen a partir de la reflexión de las mismas; siendo así como los talleres artísticos que se han realizado trascienden la idea de la creación como mera distracción o manualidad. (Casa cultural Botones, Fanzine Migrante #2, 2018).
Caminar y migrar en y por La Frontera permite entrever y reconocer el trabajo de tantos años, cargado de esfuerzos, miedos y esperanzas. En cada conversa con los vecinos y las vecinas de todas las edades, se asoman palabras de agradecimiento, a veces de extrañeza, pero cada una a su manera, nombra las posibilidades dispuestas para habitar y recrear la vida en el barrio desde otras perspectivas, desde otros espacios destinados para el encuentro de pares, donde se reivindica las diferentes formas de ser, habitar y relacionarse en el espacio, que cada vez intensifican su lucha por hacerlos propios, libres para contar otras historias contrarias a las de la violencia o a las de miedo.
Botones en ese horizonte que se ha trazado camina hacía un mundo más justo, en el que haya lugar para crear y colorear cada rincón, en donde las relaciones con el otro y la otra se den
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desde la amabilidad, el cariño y el respeto, generar espacios para el encuentro de lo diferente, andar por caminos de letras que narran historias en donde los niños y las niñas puedan encontrar otras formas de jugar, donde aprendan a cuestionar, un lugar de dignidad en el que todos los seres sean reconocidos y tengan lugar para poner su voz.
El cuidado, la alegría, la dignidad, la justicia, el buen vivir, la solidaridad, el derecho a la cultura y al arte, enseñar, aprender, han sido los valores que cada día le permiten a la Casa Botones pensar y accionar su apuesta y han estado presentes a lo largo del trayecto recorrido. Valores que sin duda van en contraposición a la apuesta hegemónica y que generan tensiones cuando entran en diálogo porque, así como la Casa Botones en su cotidianidad los expresa, así mismo, este modelo económico y político encuentra en los vecinos y vecinas un canal para expresar el rechazo a lo diferente, las relaciones verticales, el trato despectivo, indiferente y en algunas ocasiones cruel con el otro, la otra, lo que nos rodea.
Sin embargo, se continúa insistiendo, invitando, dejando mensajes en las aceras y al interior de la Casa se sigue pensando en qué otras estrategias se pueden llevar a cabo para que al menos en el barrio se cuestionen algunas prácticas, para que los niños, niñas y los y las jóvenes tengan un lugar para aprender algo diferente.
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5 Conclusiones
El arte para hablar, comunicar, para hacer preguntas, para soñar otros mundos; el arte, la fiesta, el encuentro como posibilidades para, no solo resistir desde el cansancio o la resignación, sino desde la creatividad, sensibilidad y la confianza en otras formas de vivir, “donde la dignidad sea costumbre”. Re-existir, porque se propone, actúa con acciones contundentes, intencionadas y con lecturas del mundo claras. Re-existir para moverse, lento y reflexivamente; para agrietar la cotidianidad, la “normalidad” que priva de los espacios para el juego, la familia, los y las amigas, para la charla y la distensión del mundo de los apuros y las fatigas. Re-existir como forma de dignificar lo propio a través de aquello que el arte permite: la creación sinérgica que posibilita nombrar, cuestionar y desacomodar ideas enquistadas que privilegian a unos pocos, a costa de muchos; así como encontrar valor en aquellos procesos que, con el tiempo, la esperanza y la terquedad en hombros, logran visibilizar, proponer y provocar el pensamiento y la palabra alrededor de las realidades que atraviesan al mundo, al país, a Bello y a La Frontera.
El Festival, como lugar de convergencia de diversas organizaciones artísticas logra dar voz a las diferentes apuestas que, a través de la música, la gráfica, la cuentería, la danza, el teatro, el muralismo, entre otras expresiones artísticas, consiguen ubicarse con fuerza, ofreciendo otras formas de ser, estar, sentir y relacionarse con lo otro y los otros.
Siendo una de las características predominantes, la transversalización de unas estéticas juveniles donde lo alterno y lo “raro” toma lugar para, a la vez, ampliar el espectro de legitimidad de otras estéticas y voces silenciadas por la cultura “adultocéntrica” donde es anulado lo otro, lo extraño u opuesto a aquello que represente rentabilidad.
De ahí que lo colorido, lo punk, lo ancestral, lo juguetón, inocente y el paisaje particular del barrio al margen, en la punta de la montaña lindando con el monte, tomen especial relevancia en esta fiesta. Lo “otro”, lo “diferente” se presenta, entre otras cosas, con la intención de anteponerse al referente que entrega “el pillo” y “el arte mercantilizado y elitista” producto del legado narco, paramilitar, patriarcal y neoliberal.
Ante los actores armados con los que se encuentra y construye territorio, se re-existe o recrea otras maneras de vivir, a través del arte como vehículo, propendiendo por valores y relaciones otras, donde los conflictos no sean resueltos por vías violentas, sino por soluciones conversadas y
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negociadas que pasan por comprender y ver al otro como un igual. Reconfigurando así, la verticalidad con que se han afianzado las formas de encontrarse y construir con los y las demás. Así mismo, caminar con la fuerza y sensibilidad que ofrece el arte, ha permitido resquebrajar la sólida coraza que va levantando el miedo. Miedo a una bala perdida, miedo al desempleo, miedo al hambre, miedo al exterminio físico y simbólico que supone vivir en un sur global, condenado a la pobreza, a la marginalización y a la guerra.
Así mismo se les hace juego a las lógicas productivas, transitando un arte para el disfrute, para el conocimiento de sí, del otro y del mundo; para cuestionar, denunciar, ridiculizar y transformar las realidades. Premisas como “el tiempo vale oro”, son puestas en cuestión al hacerle quite a la premura y poner a este a favor. El tiempo para el encuentro, para la risa, para el vínculo. El tiempo para transitar otras pedagogías, otras formas de acercarse y aprender de y con el otro. La Casa Botones, desde acciones como el Festival reivindican el arte como posibilidad, camino, encuentro y forma de vida. Buscando incansablemente que este pueda descentralizarse y llegar hasta el rincón más lejano y alto de los barrios periféricos, para que esté al alcance de todos y todas.
De esta manera, las prácticas de re-existencia que ha logrado fomentar y consolidar El Festival, han creado la posibilidad de reinventar nuevas formas de existir y, con ello, nuevos códigos de identidad, donde el trabajo mancomunado, cooperativo y creativo alimentan un pensarse en colectivo, donde “es posible ser singular y así mismo ser plural explorando universos compartidos” como bien lo dice Manu.
Pero, ¿Cómo ha logrado el festival reivindicar otras formas de vivir, habitar, relacionarse y hacer en los barrios?
- Acudiendo a la fiesta como acto político de reestructuración del poder hegemónico
representado o ejercido por actores como los grupos armados, entes estatales y demás; siendo fundamentales las preguntas alrededor del uso simbólico, político y cultural del espacio y el barrio.
- ¿para quienes y para qué la calle?-.
- Recuperando las memorias silenciosas o silenciadas de personas y territorios, que guardan
las claves pasadas de la formación y lógicas del barrio, las cuales configuran en el presente y futuro las identidades que desde el arte se buscan fortalecer o, por el contrario, erradicar.
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- Reivindicando saberes y prácticas alternas a la razón occidental como la educación
popular, en que el otro es visto desde la horizontalidad y la colectividad, es indispensable para pensar otros mundos.
“Hemos concebido la educación como la aguja y el arte como el hilo, sin la una o sin la otra, sería imposible coser un botón” (Manuela Cárdenas, 2022)
- Y, como se ha insistido constantemente, recurriendo al arte como vehículo para apropiar
y transformar los callejones, los muros, las casas, los corazones.
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6 Recomendaciones
Vale resaltar que cuando comenzamos a recorrer este camino, se presentaban más dudas y temores que certezas o claridades sobre lo que significaba llevar a cabo un proceso investigativo desde Trabajo Social, así como caminar entre la teoría y la praxis, esta última tan importante, pero a la vez tan lejana, enunciada insistentemente en el aula, en los textos, en las conversaciones con los y las compañeras, pero hasta ese momento incomprensible.
Con urgencia de ser atendida esta cuestión, nos planteamos varias preguntas ¿qué queremos hacer? ¿cómo lo vamos a hacer? ¿cómo hacemos de esto un ejercicio que sea respetuoso? ¿cómo plantear un proyecto que sea coherente desde lo ético y lo político con el proceso? y ¿cómo mediamos entre la teoría y la praxis? Desde estas dudas construimos una propuesta metodológica apelando a la creatividad, el respeto y donde se hiciera menos marcada esa línea que separa el lugar de las y los sujetos y las investigadoras.
Ahí nos encontramos y apostamos por la sistematización de experiencias que presentaba algunos indicios que nos iban marcando la ruta a seguir, transversalizada por una intencionalidad política que busca generar y abrir espacios para que otras voces sean escuchadas y a partir de esto co-construir con ellas, más en un contexto como el colombiano, que exige que la participación trascienda su propio discurso y se materialice a través del cuidado de la experiencia de sus protagonistas, al igual que se reconozca y problematice el lugar que ocupamos como investigadoras en formación dentro de este recorrido investigativo.
Por esto, reafirmamos la necesidad de que, desde los escenarios académicos, se motive y acompañe a los y las profesionales en formación, en la realización de trabajos investigativos y de intervención acordes a las necesidades de la sociedad, instituciones, organizaciones, grupos y/o sujetos; esto en coherencia con las apuestas éticas y políticas que desde trabajo social se vienen construyendo y fortaleciendo.
Hacerlo, permitirá ir ubicando la profesión en lugares de mayor compresión a nivel social y disciplinar, en tanto se clarifica y problematiza el objeto, niveles y campos de intervención, las intencionalidades, metodologías y métodos propios de trabajo social. Asimismo, el acercamiento a organizaciones como Botones representan un aporte en doble vía; no sólo es posible aportar en tanto se reconoce, organiza y sistematiza las acciones y aquellas reflexiones, aprendizajes y conocimientos que de allí devienen, sino también, estas otorgan mayor
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amplitud en las discusiones acerca de lo comunitario, lo popular y cómo se construyen ambos desde el encuentro con la diferencia y diversos contextos que posibilitan o complejizan el accionar. Más que esbozar una serie de recomendaciones para la Casa Cultural, se exalta el trabajo realizado y las preguntas que constantemente emergen permitiendo que el andar encuentre puntos finales, sino que esta, como la espiral, vaya y vuelva alrededor de estas y otras inquietudes: ¿Qué es la comunidad y cómo se teje? ¿Cómo darles respuesta a sus necesidades? ¿Cómo mantener los procesos con recursos económicos, de infraestructura y voluntad humana escasa? ¿Cómo sostener el paso lento del caracol ante el ritmo acelerado que se impone en nuestras sociedades?
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Cita: Muñoz Ocampo, Verónica, López Gómez, Valentina (2023), "Nada por arte de magia, todo por arte de barrio": prácticas de re-existencia en el Festival en La Frontera: Arte, Memoria y Comunidad, Universidad de Antioquia, p. N. https://hdl.handle.net/10495/34715