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Perfil del detective Frank Molina en las novelas Lady Masacre (2013) y Akelarre (2019) de Mario Mendoza: El papel de las características del detective en el establecimiento del género novela negra

Andrés Felipe Monsalve Gómez Trabajo de grado presentado para optar al título de Filólogo Hispanista

Asesora Paola Andrea Fonnegra Osorio, Magíster (MSc)Magíster (MSc) en Literatura Colombiana

Universidad de Antioquia Facultad de Comunicaciones y Filología Filología Hispánica Medellín, Antioquia, Colombia

2023

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Cita (Monsalve Gómez, 2023) Referencia

Estilo APA 7 (2020) Monsalve Gómez, A. F. (2023). Perfil del detective Frank Molina en las novelas Lady Masacre (2013) y Akelarre (2019) de Mario Mendoza: El papel de las características del detective en el establecimiento del género novela negra. [Trabajo de grado profesional]. Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia.

Biblioteca Carlos Gaviria Díaz

Repositorio Institucional: http://bibliotecadigital.udea.edu.co

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Dedicatoria

A Nata, mi cable a tierra, por más caminos juntos mano a mano (Maite Zaitu).

Agradecimientos

A mi madre, la cual me sostuvo durante todo el pregrado, sin ella este esfuerzo sería en vano, espero devolverte con creces todo lo que has hecho por mí. A mi asesora por su paciencia infinita, por el apoyo, guía y comprensión durante todo este proceso, eternamente agradecido. A Natasha Úsuga, su apoyo, paciencia, compañía y cuidados fueron primordiales para no desfallecer en esta etapa académica, gracias de acá al espacio sideral. A mi hermana y mi tío M, piedras angulares en mi vida. A mi psicóloga por otorgarme un espacio seguro donde escucharme. Y agradecerme a mí mismo, por no renunciar a este objetivo, por aguantar a mi cabeza y mi cuerpo las batallas sometidas.

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Tabla de contenido Resumen ........................................................................................................................................... 5 Abstract ............................................................................................................................................ 5 Introducción ..................................................................................................................................... 6 Capítulo Uno: Novela Policíaca ....................................................................................................... 9 Capítulo Dos: Novela Negra .......................................................................................................... 17 Capítulo Tres: Las novelas ............................................................................................................. 25 Lady Masacre ............................................................................................................................. 25 Frank ........................................................................................................................................... 25 Akelarre ...................................................................................................................................... 36 Molina ........................................................................................................................................ 37 Conclusiones .................................................................................................................................. 48 Referencias ..................................................................................................................................... 51

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Resumen

La novela policial y la novela negra poseen características distintivas que permiten la separación de ambos géneros, sin embargo, suele resultar confuso establecer con claridad elementos diferenciadores, dada la diversidad de temáticas que pueden abarcar. El presente trabajo busca ahondar en dichas diferencias para permitir su comprensión y también explicar la relevancia de los investigadores, sus herramientas y modos de actuar como claves para entender cada género. Tomando en cuenta las obras Lady Masacre y Akelarre del colombiano Mario Mendoza, se presentará un análisis del perfil del detective Frank Molina con el propósito de establecer sus características como personaje original, ubicar el género en el que se desarrolla la obra de acuerdo a sus componentes y establecer la relevancia de las obras de este tipo para la academia, en tanto fuentes de aprendizaje de la realidad literaria de una región.

Palabras clave: Análisis, detective, novela negra, novela policíaca, Mario Mendoza.

Abstract

The detective novel and the crime novel have distinctive characteristics that allow the separation of both genres, however, it is often confusing to clearly establish differentiating elements, given the diversity of themes they can cover. This paper seeks to delve into these differences to allow their understanding and to explain the relevance of detectives, their tools and ways of acting as keys to understanding each genre. Taking into account the works Lady Massacre and Akelarre by the Colombian Mario Mendoza, an analysis of the profile of the detective Frank Molina will be presented in order to establish his characteristics as an original character; to locate the genre in which the work is developed, according to its components; and to establish the relevance of works of this type for the academy, as sources of learning about the literary reality of a region.

Keywords: Analysis, detective, crime novel, detective novel, hard-boiled, Mario Mendoza

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Introducción

«El detective no descifra solamente los misterios de la trama, sino que encuentra y descubre en cada paso la determinación de las relaciones sociales». Ricardo Piglia (2001)

Cuando se lee, quien realiza dicho acto activa sus receptores sensoriales y su imaginación se agudiza. Pero, al leer, no solo la creatividad se pone en juego, también lo hace la capacidad analítica; de ello deriva la curiosidad por saber qué pasará más adelante en la narración. Así que, en la lectura participan tanto la inteligencia como la imaginación; el suspenso surge de la confusión, del deseo de saber, capítulo a capítulo, qué ocurrirá; y del enigma al que se dará solución al finalizar la aventura relatada. Muchas son las sensaciones que nos habitan luego de cerrar un libro. De manera similar funciona la mente del investigador o detective. Este entra a observar detalles, imagina, analiza y procesa la información, avanza a medida que encuentra las pistas para dar por concluidas sus pesquisas y cerrar con éxito su investigación.

No es propósito del presente texto presentar al lector y al investigador como iguales, pero si pretende mostrar, en cierta medida, que la sagacidad y la astucia son herramientas que sirven a ambos individuos para conjurar la esencia del relato negro. Mediante ellas, tanto lector como investigador ficticio logran analizar y conocer cada personaje partícipe del caso y el camino por el que se desarrolla el mismo; es así como, a medida que la investigación va a avanzando, mientras transcurre la lectura y se desarrolla la trama, tanto el lector como el investigador descubren lo que sucederá más adelante, desenredando hilos. Deben armar las piezas del rompecabezas, hacer uso de su intuición y descubrir la respuesta al acertijo que el escritor plantea en el relato. Así sabrá el detective quién fue el culpable y así será el lector, de igual manera, cómplice y observador del desarrollo de los hechos, de la solución del caso.

El detective hace parte del ya clásico género literario, la novela policial, pero también recientemente de la novela negra, así como del hard boiled y novelas de gánsteres, novela de enigma, entre otros. Para la presente investigación, la novela negra y la novela policial conforman un dúo teórico que apoya el proceso de escritura. Más adelante se realiza una aproximación conceptual a ambos géneros, teniendo en cuenta de qué corrientes se derivan y de cuáles se nutren, con el propósito de explicar, con más detalle, la presencia o participación de la figura del detective en la misma. Para seguir el hilo de presentación del detective analizaremos la figura de Frank

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Molina, personaje ficcional creado por el escritor Mario Mendoza1 y a quien el autor vinculó con varias de sus narraciones, que tienen lugar dentro de los géneros antes mencionados. Se pretende que esta investigación construya la base del perfil del detective Molina, se buscaron las características esenciales de su personalidad, bajo la teoría de la novela policial y del género negro, tratando de entender su relevancia como personaje dentro del género y del universo creado por Mario Mendoza; para así, responder a la pregunta de si posee Frank Molina la identidad de un detective clásico o si en él se encuentra en él una figura original y diferente que nutre y cambia lo existente en el género. Se proponen la novela negra y la novela policial como géneros que se entrelazan entre sí teóricamente, ya que el sujeto de la presente investigación es un referente ficcional presente en ambas y en diversas manifestaciones artísticas derivadas o vinculadas a ellas; como el cine, el cómic, las series de televisión y, por supuesto, la literatura de otros géneros. Ahora bien, para seguir la ruta de esta investigación, se trabajará con dos novelas de Mario Mendoza: Lady Masacre (2013) y Akelarre (2019). En estos relatos aparece el detective Frank Molina, periodista especializado en temas judiciales y políticos; quien debido a su pasado inestable y por estar médicamente diagnosticado con trastorno bipolar, es despedido del periódico en el que trabajaba, por lo que decide abrir una oficina y trabajar como detective privado. En Lady Masacre, como protagonista, Frank Molina investiga un extraño asesinato que lo lleva a descubrir oscuros entornos y corrupción política en Colombia. Durante su investigación conoce a Lady Masacre, una misteriosa mujer que practica lucha libre y figura clave para resolver el caso.

En Akelarre, Molina se enfrenta a su último caso, asesorando a la policía en una serie de extraños asesinatos en el barrio Santa Fe, donde el criminal imita a Jack el Destripador. Durante su búsqueda se cruza con su antiguo amigo de colegio, el atormentado sacerdote Lázaro. Además, la novela introduce a Leticia, una joven pintora que descubre que posee poderes ancestrales como hechicera. La historia aborda temas paranormales, esotéricos y místicos, con referencias a la novela policial inglesa clásica y a la leyenda urbana de Jack el Destripador. El estudio y seguimiento del detective, a lo largo de las dos novelas, es el propósito principal de la presente investigación. Teniendo en cuenta su función narrativa y su actuar ambos relatos; su

1 Escritor bogotano, nacido en 1964; ensayista, periodista y docente de cátedra. Ha publicado la saga juvenil de El mensajero de Agartha (2015 – 2018); y entre sus novelas destacadas aparecen Satanás, premio Seix Barral en 2002; Scorpio City (1998); Buda Blues (2009); La melancolía de los feos (2016); y el último libro de ensayo literario Leer es resistir, publicado en 2022. Ha publicado también cuentos y novela gráfica.

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manera de pensar, hablar, reflexionar, interactuar. De igual manera, se expone el modo cómo analiza los casos y premedita cada paso que da. Esto es material para el estudio presente, importante para llegar a la resolución de la investigación. Se indaga en la relación e interacción de Molina con otros personajes, además de cómo él orbita e influye los procesos narrativos del relato. Para dar orden y claridad a este proceso, se divide la investigación en tres capítulos. En el primero se desarrolla la historia de la novela policial y la teoría del detective, rastreando los elementos literarios clave que dan identidad al detective clásico, para acercarse al detective latinoamericano y sus características.

En el segundo capítulo se aborda la novela negra, recorriendo brevemente su origen y desarrollo, para acercarse al contexto latinoamericano, otorgándole voz a los autores que han acudido al género negro; se discute, no sobre límites o definiciones en cuanto a género literario, pero si sobre concepciones generales acerca de la novela negra, los narradores y ciertas diferencias con la novela policíaca.2 El tercer y último capítulo es un ejercicio de análisis entre las dos novelas, para ir dando forma a la caracterización de Frank Molina. Se tienen en cuenta las estructuras de las novelas, los personajes, contexto y contenido; sin perder como objetivo el modo de pensar, decidir y actuar de Molina. Las tensiones narrativas, el suspenso, el enigma, así como los desenlaces y conclusión de los dos casos, nos dan las últimas pistas para resolver la investigación, para lograr trazar el perfil, la identidad, del detective Frank Molina.

El interés por realizar la presente investigación partió del estudio y el acercamiento a la obra del autor, su estética y producción literaria; así como de la amplia recepción de esta entre los lectores colombianos y latinoamericanos. En consecuencia, esta investigación quiere sumarse al debate y consolidación de la novela negra en Colombia, para dar visibilidad al personaje del detective en la literatura colombiana, diferenciado del detective como personaje clásico y con una esencia propia dentro del panorama literario latinoamericano. El contexto colombiano y latinoamericano comparten una ambientación cruda y hostil, presente en el género negro, pero diferenciados por las problemáticas estructurales de cada región, otorgándonos vías de análisis desde lo político, cultural, psicológico y narrativo.

2 Los términos Novela Policíaca y Novela Policial se utilizarán de manera indistinta, más para darle variedad al término bien comprenden el mismo significado.

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Capítulo Uno: Novela Policíaca

El desarrollo cerebral, el pensamiento, la razón y el reconocimiento han generado en el ser humano un deseo por entender su entorno, de su falta de herramientas o método para aprehender lo que lo rodea, surge lo incomprensible, provocando intriga. La literatura, el lenguaje y la comunicación han abordado el anhelo de desvelar, narrar y explorar lo etéreo, dando nombre y significado a lo desconocido. La humanidad ha creado mitos, leyendas, héroes y antagonistas para su entretenimiento y distracción, buscando dar sentido a la realidad y a aquello que no se puede explicar. El miedo y la ansiedad estimulan la creación literaria, ya que a través de ella se logra ordenar lo inaprensible. Por tanto, la literatura, en su tarea de dar sentido a la realidad, resuelve lo surreal mediante la ficción y la imaginación, manifestando así el pensamiento humano. En la novela negra y los cuentos policiacos, el escritor usa su ingenio aplicando recursos como la deducción, la razón, la lógica y la comprensión. Estos elementos son característicos en este género narrativo. El origen de la novela policíaca se le atribuye a Edgar Allan Poe3. Quien plasmó en su obra todo lo que sucedía en su entorno y en su cabeza. Su atormentada visión del mundo dio origen a grandes relatos que contienen misterio, terror y enigma. Narró los cambios de la sociedad norteamericana en el siglo XIX, proponiendo nuevos elementos para el relato de suspenso. Poe crea el esquema básico de la novela policial y el problema literario al que todo autor del género habrá de enfrentarse: ¿cómo impedir que la lógica destruya el enigma, que el razonamiento «devore» a los personajes, que el peso narrativo de la investigación descomponga o aplaste el relato? (Vizcarra, 2012, p. 22) En el siglo XIX, con el inicio de la Revolución Industrial y el crecimiento de las poblaciones urbanas, la novela experimentó cambios estructurales significativos. Estos cambios se manifestaron tanto en la producción en masa, facilitada por la imprenta, como en su papel como recurso para retratar diferentes aspectos de la sociedad.

Cerqueiro (2010) comenta que, ante el crecimiento de la población y de la industrialización en las ciudades, era inevitable un incremento en la criminalidad y la delincuencia; en consecuencia, se conformaron los primeros cuerpos de policía. El control y equilibrio social son importantes para entender la narrativa policial.

3 No fue el único en acercarse al enigma y el crimen en la novela, antes y después de él otros autores escribieron en el género policiaco, pero, por ser el más representativo, será un punto de partida y el de mayor referencia.

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El hombre mejora su nivel de vida en algunos casos y empieza a disponer de tiempo libre, creándose lo que se ha denominado literatura de ocio. Los periódicos sufren una notable transformación, se multiplican por toda Europa, y a partir de 1830 aumentarán sensiblemente su tirada con la aparición de la prensa amarilla e incluyendo entre sus páginas novelas o folletines para entretenimiento de esa gran masa de público ocioso. Es en ese contexto y rodeado de todas esas características, a las que se une la ideología positivista y racionalista imperante en esta época, como surge la novela policíaca (Cerqueiro, 2010). Según la Real Academia Española de la Lengua se define como «policíaca», en su segunda acepción, una obra literaria o cinematográfica «cuyo tema es la búsqueda del culpable de un delito». A su vez Poppel (2001) indica que la novela policíaca «conlleva la connotación de asesinato limpio, de investigación lógico-racional y de un comportamiento bien educado de los personajes» (p. 4).4 Así como la novela negra recibe varias denominaciones, estilos o subgéneros, la novela policíaca, en medio de folletines y periódicos, también tuvo corrientes o «escuelas». Dependiendo el país, cada una contaba con características y autores representativos. La novela policiaca puede denominarse también con expresiones como novela de enigma, novela problema, novela criminal o novela detectivesca, entre otros. Para Narcejac (1986, citado por Cerqueiro, 2010) la novela policiaca clásica evoluciona en tres líneas de manera no uniforme. La primera es puramente racionalista, donde aparecen detectives como C. A. Dupin de Poe y H. Poirot de Christie y se considera a «la razón como única fuente de la verdad». La segunda línea es moralista, aparecen personajes como el Padre Brown de Chesterton, Maigret de Simenon, Ms. Marple de Christie con los que «a la razón se unen los conocimientos de la psicología de los personajes». Por último, en la línea empírica confluyen personajes como Holmes de Conan Doyle; donde «la interpretación de los hechos se sustenta en medios técnicos y conceptos científicos».

4 Este autor nos indica también algo que resulta clave para la comprensión de los géneros nombrados en esta investigación y sus cercanías narrativas: «histórica y sistemáticamente existe, sin lugar a dudas, una cercanía del término novela policíaca al subgénero novela detectivesca o de enigma y una cercanía del término novela negra al subgénero thriller. Esas cercanías, sin embargo, no son exclusivas y la utilización paralela de dos conceptos indica, ya en terminología, la pluralidad de los fenómenos» (p. 4).

Es válido aclarar entonces que la novela negra en este trabajo de investigación es prioritaria para el análisis de los personajes y el contexto, pero es necesario conocer la base y estructura del género policiaco para el análisis del detective y su comportamiento en las novelas de Mario Mendoza.

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La novela negra se caracteriza por sostener una estructura básica que se centra en el crimen y su relación con el entorno social. En contraste, en la novela policiaca, el crimen se presenta como un enigma y se inicia una búsqueda racional para encontrar al autor, culminando en la resolución al descubrir al asesino. A diferencia de la novela negra, la novela policiaca otorga mayor importancia a la búsqueda en sí, explorando las causas y efectos del crimen y el impacto en los personajes. En la novela policiaca se busca responder preguntas como ¿quién lo hizo? y ¿cómo lo hizo?, mientras que en la novela negra los interrogantes a responder serían ¿por qué lo hizo? y ¿para qué lo hizo?

Al inicio del capítulo se hace hincapié en el enigma sujeto a la deducción, la psicología y la perspicacia; estos son los recursos de mayor uso en la novela policiaca, los que dan cabida a cuentos y relatos cuya influencia provienen notoriamente de las novelas de aventuras y de la novela gótica de suspense y terror (Vallés Calatrava, 1990, citado por Cerqueiro, 2010). Es importante el nombre de Edgar A. Poe, ya que la historia de la literatura le ha atribuido la paternidad del género. El crimen es el eje principal junto con sus implicaciones, sociales y psicológicas. Poe nos presenta en tres relatos, Los crímenes de la calle Morgue5, El misterio de Marie Rogêt y La carta robada, al detective Dupin. De este afirma «al observarlo en esos casos, me ocurría muchas veces pensar en la antigua filosofía del del alma doble, y me divertía con la idea de un doble Dupin: el creador y el analista» (Poe, 1983, p. 373). Con estos cuentos crea las bases de un género que existe hasta nuestros días cuya «esencia es la resolución del misterio producido por un crimen mediante una investigación racional» (Cerqueiro, 2010). Se examina la función de la observación, del análisis y de la imaginación en el proceso de deducción, en una especie de arte poética del género que acaba de inaugurar Poe, creando de igual forma un nuevo topo de receptor: el lector de relatos policiales (Vizcarra, 2012, p.

23).

En esta primera etapa del género los rasgos más notables de lo policiaco, según Cerqueiro (2010), son: un detective aficionado con extraordinarios cualidades deductivas y de observación, que no pertenece a la policía, incluso es despectivo con esta institución por sus dudosos métodos.

5 Poe inicia el relato de la siguiente manera y muestra el objetivo de despertar en el lector los más recónditos pensamientos acerca de la deducción: «Las características de la inteligencia que suelen calificarse de analíticas son en sí mismas poco susceptibles de análisis. Sólo las apreciamos a través de sus resultados. Entre otras cosas sabemos que, para aquel que las posee en alto grado, son fuente del más vivo goce. Así como el hombre robusto se complace en su destreza física y se deleita con aquellos ejercicios que reclaman la acción de sus músculos, así el analista halla su placer en esa actividad del espíritu consistente en desenredar» (Poe, 1983, p. 368).

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Un narrador coprotagonista, amigo del detective, que le ayuda en las investigaciones, marcando narrativamente la capacidad extraordinaria del detective. La creación de personajes sospechosos o testigos; pistas y testimonios que ayudan a resolver el misterio. La razón, como medio para esclarecer el crimen compuesto por un misterio y unos enigmas; aquí son importantes el conocimiento y la técnica de la investigación. Por último, «existe un predominio de la razón sobre la acción» (p. 4).

Estas características iniciales «planteadas por Poe y sus relatos» son las que toman la mayoría de los autores que se acercan al género policíaco para llevar a cabo sus narraciones; evidenciando notablemente la estructura mencionada anteriormente: ocurre el crimen, surge el detective para llevar a cabo la investigación, une las pistas y testimonios, los analiza y, con ayuda de un amigo-ayudante, realiza el descubrimiento del autor intelectual o material del crimen, para ser posteriormente sometido a la justicia. Varios escritores siguieron dicha ruta narrativa basada en «la resolución de un enigma criminal» (Vizcarra, 2012, p. 24); por ejemplo, el inglés Wilkie Collins en La piedra lunar (1868), el francés Émile Gaboriau en El caso Lerouge (1866) y Arthur Conan Doyle con los relatos de Sherlock Holmes (1887).

Poe y otros autores en el siglo XIX dieron origen y posicionaron, a lo largo de Europa, la narrativa policiaca como género con sus características iniciales. Este, como todo fenómeno literario, fue sufriendo el desgaste por la repetición de su fórmula narrativa y en el siglo XX se reforma dando cabida a estilos y subgéneros similares a la novela policial clásica, como la novela negra y sus variantes según el país, todo esto sin desligarse del crimen como eje narrativo. Algunas evoluciones de la fórmula tradicional según Cerqueiro (2010) son: la historia invertida, donde después del crimen se conoce quien es el asesino y se da persecución a la huida del asesino; el howdunit o «cómo lo hizo»; el whydunit o «por qué lo hizo» y la novela criminal donde hay «mayor énfasis de los personajes, el medio y todo aquello que los rodea». El rompecabezas del crimen no es tan notorio en estos modelos y los autores juegan con la fórmula hasta la aparición de la novela negra en los años veinte y su expansión a Estados Unidos y más adelante a Sudamérica. Es necesario ahondar un poco más en las características y tópicos propios de la novela policiaca para entender, más adelante, el tratamiento del género y su aplicación en el análisis literario, para esto se menciona al teórico Tzvetan Todorov (2003) que en su Tipología de la Novela Policial expone rasgos y estructuras importantes del género. Comenta inicialmente que toda novela policial, o novela de enigma, maneja dos historias: la primera historia es el crimen cometido por el

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asesino, que en muchas ocasiones se encuentra al inicio del relato; y la segunda historia es la de la investigación y pesquisa, llevada a cabo por el detective para identificar al asesino. La primera historia está determinada antes de que comience la segunda, ya que en esta segunda historia «los personajes no actúan, aprenden» (p. 36). Hay una investigación donde los personajes deben tener conocimiento de las pistas y testimonios para poder llegar a la solución del caso, este aprendizaje está dado por la primera historia, la del crimen, y posteriormente aparece el detective para hacerse cargo de la resolución pertinente del caso. «Las páginas que separan el descubrimiento del crimen de la revelación del culpable están dedicadas a un lento aprendizaje: se examina índice por índice, pista por pista» (p. 37).

Para Todorov (2003) esta dualidad tiende a una «arquitectura puramente geométrica» (p.

37) logrando dos principales status: El de la primera es el de una historia de ausencia; al abrir el

libro el lector sabe de antemano que hay un crimen en la narración, pero no sabe nada más y acude al intermediario (narrador o ayudante del detective) quien procederá a contar la segunda historia. Es acá donde aparece el segundo estatus; el de la historia mediadora entre el lector y la narración de la investigación, o sea la segunda historia. Contiene a su vez un «estilo transparente, simple, claro y directo» (p. 38). Con esto el escritor debe guiar tanto al detective como al lector de la investigación a la resolución del crimen.

Todorov menciona a Van Dine (1928), un escritor dogmático de la novela policiaca, y sus «veinte reglas» a la que todo escritor debe sujetarse para escribir una novela policial canónica. Sobresalen entre estas reglas: que la novela debe tener como máximo un detective y un culpable y mínimo una víctima. El culpable no debe ser un criminal profesional ni tampoco el detective, deben existir razones personales para el asesinato. No hay cabida para el amor en el relato. El culpable no debe ser ni el mayordomo ni la mucama, debe ser uno de los personajes importantes. Lo fantástico no es admitido ya que todo debe explicarse de modo racional. No hay lugar para las descripciones ni análisis psicológicos. Por último, deben evitarse situaciones y soluciones banales. Muchos autores de la edad de oro de la narrativa policíaca se sujetaron a estas reglas y algunos las modificaron con el tiempo. Incluso se crearon clubes de escritores donde dialogaban y debatían estas reglas y sus propios manuscritos. Por ejemplo, la asociación London Detection Club, formada en 1930 por Agatha Christie, Dorothy L. Sayers y Gilbert Chesterton, estableció cuatro reglas fundamentales para la escritura de novelas de detectives. Estas reglas incluyen: que el protagonista resuelva el enigma mediante su ingenio sin intervenciones sobrenaturales, que no se

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oculten pistas al lector, que se limite el uso de pandillas y trucos extravagantes, y que no se utilicen sustancias no verificables por la ciencia, como venenos, en la historia. Por su parte, Vizcarra (2012) comenta que los «elementos primordiales en la estructura de la narración policial» son: la transgresión del orden social o el suceso del delito; la mediación que comprende el conocimiento de los hechos alrededor del delito; la aparición del detective; la resolución del enigma (imposición de la lógica racional) y el restablecimiento del orden sancionando al culpable (p. 29).

Tras revisar los elementos narrativos en la novela policial, es importante enfocarnos en un personaje fundamental de dicho género: el detective. En esta investigación el detective juega un papel central como personaje literario. Existen diversos tipos de detectives: detectives privados, como Dupin; detectives profesionales, como Holmes; aquellos que colaboran con el departamento de policía sin formar parte de él, como Pepe Carvalho de Vázquez Montalbán. Para Poppel (2001) son importantes en este personaje sus métodos, si lo hace de modo racional o con el uso de la fuerza física, algunos trabajan en solitario o en equipo. También se mide al detective por su éxito para resolver el caso o su fracaso. El lector puede identificarse con el detective «si es de carácter humano, antihéroe, simpático, superhéroe, ambivalente o antipático. Un detective que trabaja con métodos racionales, que aparece como supercabeza y logra resolver el caso sin ayuda, corresponde probablemente al tipo de novela detectivesca clásica» (pp. 14-15).

Una característica singular del detective policiaco clásico es su inmunidad (Todorov, 2003), no pone su vida en riesgo, no puede ser amenazado, herido, atacado y mucho menos asesinado. Mientras que el detective latinoamericano, influenciado por la novela negra estadounidense, ha tenido que adaptarse al contexto social en el que se desenvuelve, lo que lo hace vulnerable a él y a sus allegados. Por esta razón, sus características difieren notablemente del detective clásico. Autores como Rubem Fonseca con su personaje Mandrake, Paco Ignacio Taibo II con Héctor Belascoarán Shayne, Santiago Gamboa con el fiscal Jutsiñamuy, Élmer Mendoza con el detective el zurdo Mendieta y Mario Mendoza con los detectives Sinisterra en Scorpio City y Frank Molina, un experiodista especializado en crónicas judiciales, por ejemplo, han creado detectives con influencias de la escuela inglesa o estadounidense, pero adaptados a su tiempo y entorno geográfico. Muchos de ellos presentan características propias de la novela negra. Mendoza Luna (2017) menciona respecto al cambio y creación del detective en Latinoamérica:

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El detective como mito latinoamericano, ha llegado a las calles a probar suerte (algunos adoptando otras profesiones), dispuesto a llevar hasta las últimas consecuencias su trabajo, aunque la paga sea miserable y además cada contrato incluya una cláusula de muerte. El detective se erige como símbolo directo de la inteligencia, de sobrehumanidad o exceso de humanidad, de resistencia contra todo aquello que signifique transgresión, aunque él en sí mismo sea también transgresión. Su moral particular y su ética personal lo convierten en un héroe necesario (p. 155).

El detective latinoamericano se caracteriza por su inteligencia, perspicacia y astucia. Lleva una vida austera y generalmente se encuentra en una situación económica estable. Muchos provienen de barrios humildes y están estrechamente conectados con la realidad social de este continente. Estos detectives reflejan la angustia social y actúan como mediadores en la investigación de casos que involucran crímenes cometidos por la clase alta contra la clase baja, o viceversa. La sociedad en la que se desenvuelven es una parte integral de su identidad. Aunque su labor no siempre resulta en la reducción de homicidios o en la captura de los culpables, sí desempeñan un papel de contrapeso y resultan molestos para las instituciones corruptas. Por eso, los métodos pueden no ser similares a los del detective clásico, vivir en una sociedad corrupta complica muchas veces los casos, las relaciones, así como el estilo de vida que llevan estos detectives son diferentes. Muchos de los investigadores ponen en riesgo su vida, su moral, su dignidad, hasta su buen nombre. En el caso de Sinisterra, de Mario Mendoza (s.f), citado por Mendoza Luna (2017), se manifiesta que:

Es una especie de ángel caído, alguien que desciende a esa profundidad de una ciudad, y en ese sentido, siempre estuve como enamorado de un personaje que fuera capaz de dar su vida por unos ideales, ese es un personaje intachable, que no se vende a lo largo de la novela, es un personaje que no hay como comprar, que no tiene precio, creo que eso es lo que ha hecho falta a este país (p. 154).

Comenta Raymond Chandler (s.f), citado por Mendoza Luna (2017) que el escritor de novela detectivesca sea de misterio, enigma o policíaca, si realmente desea que el investigador sea verosímil para el lector debe humanizarle «a tal punto que fuera incluso mejor o peor que un ser de carne y hueso» (p. 155). La idealización del detective en la novela negra no puede ser perfecta, tiene la mentalidad, pero no el actuar decoroso y ético del detective inglés o francés, este actuar es similar al del detective norteamericano.

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Diversos autores dicen que la principal innovación de la serie negra fue hacer del relato policíaco, un instrumento de representación realista y, principalmente, de denuncia social, entendiendo por realismo la descripción de determinados aspectos de la sociedad contemporánea (Cerqueiro, 2010, p. 6) Para Dashiell Hammet (s.f), citado por Mendoza Luna (2017), el detective debe pagar un precio por combatir a toda costa a los corruptos y el crimen; «es la comprensión final de la perversión del sistema no es un asunto que un sujeto con gabardina pueda remediar de la noche a la mañana» (p. 150).

En síntesis, el género policíaco sirvió como punto de partida para muchos escritores que se adhirieron a sus bases estructurales, así como para aquellos que las fueron innovando; lo que condujo al surgimiento de la novela negra, fuertemente influenciada por el contexto histórico y el desarrollo humano del siglo XX. Durante finales del siglo XIX, y principios del siglo XX, lo policíaco predominó en Europa y Estados Unidos, viviendo una época dorada con destacados autores. Sin embargo, debido al desgaste y las múltiples variaciones estilísticas asociadas al crimen y al enigma, la novela policial se entrelazó con otras fórmulas narrativas derivadas del mismo género. Esto permitió explorar aspectos sociales, humanos, políticos, psicológicos y sociológicos. Cada escuela, país y época tuvo sus propios detectives con características únicas, moldeados por el imaginario social del escritor y la identidad de la región. En Latinoamérica era inevitable que surgiera un detective cuyo carácter estuviera fuertemente influenciado por su contexto, y esta es la razón principal por la cual el capítulo tres se dedica a descubrir el perfil, las acciones, el pensamiento y las relaciones del detective Frank Molina en la obra de Mario Mendoza, que se fundamenta en el género policíaco y la novela negra.

Tarde o temprano la soledad del detective volverá a ser interrumpida por un nuevo caso, un caso donde por fin se ajusten todas las cuentas y la fachada de los corruptos se derrumbe totalmente, aunque para eso tenga que ser el último caso (Mendoza Luna, 2017, p. 156).

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Capítulo Dos: Novela Negra

En la actualidad, las consecuencias cada vez más notorias del cambio climático convergen en la expectativa de un futuro incierto. Experimentamos un crecimiento de la corrupción que deslegitima las instituciones. Se observa un aumento en la crisis migratoria internacional como resultado del abandono estatal en ciertas regiones. Estas crisis también se deben al recrudecimiento de las guerras civiles, el surgimiento de regímenes autoritarios y a una disminución en la estabilidad económica que afecta la calidad de vida. Todos estos acontecimientos aumentan la perspectiva de una ética humana menguante y generan una sensación generalizada de pérdida del rumbo. La violencia es un fenómeno que ha atravesado a la humanidad a lo largo de su historia, común tanto en sectores urbanos como rurales, y producto de la lucha por el bienestar individual por encima del bien común. Se ha instrumentalizado la violencia con el propósito de defendernos de amenazas externas o internas que ponen en riesgo la comodidad el orden social e institucional. En la actualidad, se reconocen diversas formas en las que esta puede manifestarse: física, psicológica, económica, sexual, emocional, intrafamiliar y laboral. Estas formas de violencia obedecen a la pluralidad de creencias del mundo contemporáneo y a la necesidad de los individuos de imponer y perpetuar las suyas frente a las de otros.

El siglo XIX y XX se ha promovido, de la mano del capitalismo, un modo de vida vertiginoso, basado en la producción y el consumo, aumentando así la brecha social entre pobres y ricos y generando de este modo micro y macro conflictos, que han devenido en una pérdida gradual de valores como la empatía, la bondad, la tolerancia y la solidaridad. Se ha ido notando una decadencia en las relaciones humanas, en el trato y el respeto, de lo que surge un caos colectivo en el que solo se puede buscar la supervivencia.

La violencia, el crimen, la transgresión social han sido tratados en la literatura por autores preocupados por su época. El contexto social y las manifestaciones ciudadanas son tratadas más específicamente en el género de la novela negra, llamada así, por lo oscuro y crudo sus temáticas. Narración pertinente en países con alta injusticia social, ausencia de leyes o vacíos jurídicos que crean en la población desánimo, impotencia, rabia, desilusión frente al Estado y sus mecanismos.6 Casos violentos y juicios que nunca logran resolverse o alcanzar un dictamen justo. En la sociedad

6 Lo anterior es para Forero (2011) lo que él denomina La anomia o ausencia de leyes y justicia suministrada por el Estado, ausencia de poder público.

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colombiana, basta con observar las noticias y periódicos7 para percatarse de los casos que a menudo quedan impunes.

Es por lo anterior que la novela negra es el género social por excelencia, según Paco Ignacio Taibo (s.f), citado por Gustavo Forero (Canal Casa de América, 2015, 6m25s). De ahí la importancia de revisar esta literatura y estudiar la manera en la que presenta la sociedad, ahondando en su propósito y su función como mecanismo para enfrentar la angustia y el desconcierto de la realidad contemporánea. La novela negra refleja el contexto social, el caos que se presenta en la urbe más allá del acto criminal. El investigador existe como figura que busca restaurar el orden social, afanándose por resolver el caso y encontrar al responsable para hacerle rendir cuentas ante la sociedad y la ley, abogando por la verdad y reparación a la víctima. Es por tanto que la razón y la resolución del crimen son la base estructural del género y el motivo por el que el relato resulta atractivo al lector.

Ahora bien, es necesario plantear algunos conceptos de la novela negra expresados por estudiosos del género. Salvador Vázquez de Parga (1987) expresa que el género negro nació en el pulp-magazine norteamericano8, en el año 1922, este género deriva de la novela policiaca9, de tal modo que la novela negra vendría siendo un subgénero del género policiaco. En la novela negra el detective sobrelleva un desarrollo diferente al detective clásico, aquí puede ser un detective independiente, investigador privado, un periodista, un escritor, un fiscal, un ciudadano que conozca de leyes o con sentido de justicia social. Este detective es el que se apropia de la investigación del crimen. En otras definiciones de la novela negra; según Molina (2023, párr.

10) el protagonista suele ser un detective de procedimientos audaces, un poco al margen de la ley,

que, por lo general, posee un hábito adictivo o un trauma generado por la misma situación laboral, social o personal que ha tenido que vivir.

Es pues una característica de lo negro que el detective no necesariamente pertenece al cuerpo de policía o al sistema de seguridad del Estado, este detective permanece fuera del sistema,

7 Los medios de comunicación manejan interés políticos y sociales. Encubrir la verdad o desvirtuar la información es común en sociedades donde el Estado no quiere que el ciudadano tenga crítica o reflexión antes los acontecimientos nacionales.

8 Revistas de pésima calidad, impresión defectuosa, de bajo costo, distribuida por todo Estados Unidos y de corte sensacionalista. Tuvo su auge entre 1920 y 1940. La revista Black Mask fue la más representativa publicando a autores como Dashiell Hammet y Raymond Chandler (Galán Herrera, 2008, p. 61) 9 Género denominado por la crítica también como novela de crimen, novela de enigma, novela problema, thriller, neopolicial, novela polar o novela criminal. Si bien puede existir confusión en la conceptualización de uno u otro, es admisible que los dos son géneros híbridos y las anteriores denominaciones podrían ser más de estilo literario.

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llega a colaborar con la policía, pero tiene su propia metodología para lograr la resolución del caso. Actúa de formas poco convencionales para resolver el crimen (Molina, 2022, párr. 11) Para Galán Herrera (2008), la novela negra surge ligada al contexto histórico10, si bien viene de las revistas pulps en los años veinte, también tiene mucho que ver la primera guerra mundial, la crisis económica del 29 en Estados Unidos, la prohibición del alcohol y el surgimiento de las mafias. Comenta también que el foco del relato pasa del detective y su uso de la lógica y la deducción para resolver el crimen a la manera cómo se realiza el mismo; la sociedad se refleja en ese acto. Sangre y violencia pasan a ser protagonistas, se ha pasado del cómo al porqué (p. 62) En otra definición de la novela negra, Robert Muchembled (2010) en su libro Una historia de violencia dice que:

Él éxito de este género camaleónico se basa en una poderosa contradicción interna en nuestra cultura desde que empezó el proceso de erradicación del homicidio… la ficción sangrienta sirve para dos objetivos opuestos: pacificar las costumbres de los varones púberes ofreciéndoles la válvula de escape de estremecimientos mortales sin pasar al acto, pero también preparar la eventualidad de este último, como atestiguan las dos terribles hecatombes mundiales (p. 302) Ficción o no, es evidente que el crimen, el detective, la investigación y la resolución del crimen son la base estructural de la novela negra. Puede haber castigo al agresor o puede que este quede impune, ya que la corrupción en materia de leyes es tan alta, en ciertas sociedades, que a menudo no se alcanza una resolución justa. Una sociedad afectada por lo anterior tiene voz en el relato negro, los personajes son participes del avance de la investigación, explorando los motivos del ser humano para asesinar, teniendo en cuenta influencias religiosas o culturales para ejercer la violencia. La impotencia de la sociedad a lo largo del relato es notable, siendo reflejo de sí misma. Por dar un ejemplo, la capital colombiana: la Bogotá arrolladora en materia de violencia, es el escenario de la obra de Mario Mendoza.

Cabe destacar que, en ocasiones, el desenlace de una novela negra trasciende las páginas y deja una marca en el lector, quien se identifica en la narración de un contexto familiar. Según Muchembled (2010, p. 304), esta literatura persuade al lector para que adopte una moral punitiva

10 Si bien también la novela negra surgió en el Reino Unido y Francia, entre otros países, y en la presente investigación se recurre a referencias de estos, la mayoría de las citas son de la novela negra norteamericana y más delante de la novela negra Hispanoamericana.

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implacable, después de invitarlo a explorar de forma imaginaria el mundo de lo prohibido. Es por esto que el género causa morbo en el lector, provocando escalofríos ante el espectáculo de lo prohibido y luego sensaciones confusas mezcladas con un sentimiento de alivio, al leer que los culpables han sido castigados. Dado que se presenta como un retrato crudo de la realidad social, la novela negra abarca temas contemporáneos a la época en la que se inspira. A través de este mecanismo logra hacer realidad los temores del lector, atrapándolo y planteándole no solo la posibilidad, sino la probabilidad de que algo como lo narrado haya ocurrido o esté a punto de ocurrir en un futuro cercano en el contexto real. Según Muchembled (2010, p. 304), una vez que el lector encuentra un equilibrio de paz al haber resolución y aplicación de justicia, disfruta del placer del «fruto prohibido» sin peligro de perder su alma. Esta es una de las razones por las cuales el género negro está tan presente en las librerías, ferias del libro, conferencias, congresos, etc. El lector se siente atraído por estas historias que le permiten explorar emociones sinceras y ocultas, siendo partícipe de la investigación.

Teniendo en cuenta el contexto en el que se desarrolla hoy por hoy, el detective, como se mencionó antes, ha cambiado, ya no es el clásico personaje del estilo de Hércules Poirot, Miss Marple o de Sherlock Holmes, con estabilidad económica, frío, calculador, ordenado, disciplinado, de inteligencia desbordante con gran capacidad analítica y deductiva. En la novela negra el detective se ha valido de cualquier método que le funcione, privilegiándose de estar alejado del sistema, siendo una figura vigilante con alma de justiciero. Recorre los rastros y pistas para armar el rompecabezas del crimen, de la astucia que le ha proporcionado la calle, apoyándose de manera oportuna en los avances tecnológicos11 logra encontrar solución a la investigación. En algunas historias, las investigaciones pueden quedar inconclusas y la impunidad prevalece, impidiendo que la verdad salga a la luz por completo. Llega incluso al punto en el que el detective puede ser implicado como sospechoso, mientras que el culpable logra escapar.

11 Según la época del relato y del autor.

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A lo largo de la evolución del género van apareciendo diferentes detectives, diferentes estilos12. Como el de estilo hard boiled 13 en el que, según Galán Herrera (2008, p. 62), el detective no tiene tiempo para la deducción, valiéndose de otros medios poco tradicionales, optando por el uso de fuerza e intimidación. También está el detective latinoamericano, más similar al norteamericano; y aquí, según Mario Mendoza (2022, p. 231), cuando en Hispanoamérica los escritores publican literatura policíaca, incluida la corriente del género negro, no pueden usar a cabalidad las reglas del canon inglés ni francés. En esta parte del mundo no hemos entrado a una Modernidad real «esto es, porque en medio de nuestra confusión, en medio de nuestro caos, no triunfa el bien sobre el mal, la razón sobre la irracionalidad, la moral sobre la inmoralidad. En nuestros viajes policíacos no hay catarsis» (p. 232). El detective Frank Molina, protagonista de los relatos aquí analizados, es un periodista desempleado que aprovecha su experiencia en reseñas judiciales para formarse como investigador privado. Esta nueva trayectoria de vida, aunque vertiginosa, lo impulsa a buscar la justicia desde su rol como detective. El detective de la novela negra suele tener una oficina ruinosa, no está situado muy bien económicamente. Bebe, anda con mujeres y cobra unas cantidades fijas como honorarios. Además, parece tener más un interés personal que profesional en el caso (Galán Herrera, 2008, p. 64). Es un personaje desamparado, a veces sin rumbo, motivado por los casos que toma, por una búsqueda incesante de la verdad. El resto de su vida es monótona, la adrenalina que siente al estar en las calles realizando la búsqueda de un asesino serial le suple los vacíos de su alma provocados por una adicción, una pérdida amorosa, un trauma de violencia o una inestabilidad mental, como la del detective Frank Molina. Para Hammet (1985), citado por Galán Herrera (2008) el detective y su investigación dejan de ser el elemento que introduce el orden en el caos para ser «el hombre ciego en una habitación oscura buscando un sombrero negro que no estaba allí» (p. 65). Tenemos pues, entre las características de la novela negra, un retrato de la sociedad con sus aspectos oscuros y el papel protagónico del detective. Podemos mencionar otras como: el lenguaje

12 También se pueden llamar subgéneros, pero se ha preferido en esta investigación, nominarlos como estilos, ya que cada autor varía en su manera de escribir, teniendo en cuenta, además, el contexto o país en donde se ve reflejado la narración. Pueden compartir rasgos en común una novela negra española a una novela negra en contexto francés, pero pueden ser diferentes en contenido y modo de tratar la investigación, como a su vez pueden ser similares la novela negra norteamericana a la latinoamericana, solo que la última tiene más variaciones; es original la novela negra de Argentina, la de Brasil tiene otro contexto; la Colombiana, por ejemplo, tiene de trasfondo la violencia civil y el narcotráfico, algo parecido al panorama de la novela negra mexicana.

13 Género que instauró el escritor Dashiell Hammet, con un detective tosco, fuerte, violento, más al estilo de Sin City de Frank Miller, haciendo relación en el cine y el cómic. Género que solo se menciona como referencia, pero en el que no se hará énfasis. (Martín-Andino Mendieta, 2010, p. 2)

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de estilo realista; un lenguaje nuevo, duro, violento, cortante, un lenguaje que para Galán Herrera (2008) es una prosa cargada de verbos en movimiento, descripciones visuales y diálogos que muestran la psicología de los personajes (p. 63).

Al mostrar un retrato de la sociedad es importante tener en cuenta el lenguaje utilizado en los diálogos, evitando complicaciones innecesarias y manteniéndolo fiel a la realidad urbana que se relaciona con la acción y el desarrollo de la historia, ya sea desde la perspectiva del detective o desde las de otros personajes. La trama se centra en un misterio o crimen que debe ser resuelto, por lo tanto, la narración se dirige hacia la resolución del enigma, capturando la atención del lector con elementos como un asesinato, una desaparición, la presencia de una pista o la revelación de un asesino en serie.

Una atmósfera de tipo delictivo, donde el delito, la infracción, la amenaza y el asesinato son denominador común. Espacio urbano, opresivo, social y realista por antonomasia. Este espacio es precisamente una de las características que lo diferencia de la novela policial clásica porque el detective se ve obligado a salir a la ciudad y a mezclarse con los distintos estratos sociales, se ve obligado a salir de su entorno social para moverse en un terrero que no conoce. El espacio ya no es mera función del esquema crimen-investigación-solución, sino que sirve también para otros aspectos como son la crítica social y la búsqueda de identidad cultural (Galán Herrera, 2008, pp. 65-66).

Respecto al espacio, siendo la sociedad protagonista, el contexto es urbano, el paisaje rural poco está presente, pero puede ser importante en ciertos momentos, sobre todo en la novela negra colombiana; ya que el conflicto armado y el narcotráfico suceden en buena medida en el campo, escenario de muchos de los crímenes que son cometidos por las milicias en conflicto y que comparten nexos en el territorio urbano.14 Como lo comenta Forero (2011), este conflicto urbano en ciertos países se debe al poco sometimiento de los ciudadanos a las normas y leyes que el Estado divulga; y a su vez, este mismo está ausente, sin lograr impartir justicia en muchos casos, presentándose en la mayoría de las ocasiones impunidad jurídica.

Es lo que se entiende como anomia social o jurídica, es decir, la ausencia de ley para un caso determinado o el «conjunto de situaciones que derivan de la carencia de normas sociales o de

14 Véase Será larga la noche de Santiago Gamboa (2019). Editorial Alfaguara

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su degradación» (Forero, 2017, p. 125). Forero compila postulados de Durkheim, Merton y Waldmann acerca de la misma y los traslada a la literatura para darle rigor científico al relato. Forero (2017) prefiere denominar la novela negra, en el contexto latinoamericano, como novela criminal «por abarcar el doble campo de estudio que supone la novela dedicada al crimen» (p. 131). Si bien la evolución de la novela negra se dio en Europa y su zona nórdica, y el patrón narrativo de la novela negra es norteamericano; la novela negra recibe influencia de diferentes corrientes por la particularidad de las sociedades, únicas en su cultura y su pensar. Así como ocurre la anomia en la novela criminal, única en su cultura y su pensar. La novela negra latinoamericana ha sido denominada también como neopolicial, «por ofrecer una nueva perspectiva de la novela policiaca estadounidense y europea» (Forero, 2017, p. 127).

Para Paco Ignacio Taibo II (2003), citado por Forero (2017), este término del género negro hace alusión:

Al carácter de «reflejo» de las complejidades marginales de las sociedades latinoamericanas que posee esta clase de novela en América Latina. Este tipo de obra habla de los grandes traumas sociales, pues según el neopolicial es un género llamado a convertirse en el mecanismo de denuncia y reflexión sobre nuestras convulsas realidades (p.129). La intención de demanda social es característica de la novela negra en América Latina, por ser una literatura que trata el tema del crimen como respuesta a los problemas y conflictos. Esta intención de crítica social se hace desde una narrativa realista. Los escritores describen la sociedad de su tiempo, una sociedad en crisis, donde las mafias tienen el poder y las instituciones públicas son corruptas. De ahí que la figura del detective sea la de un solitario que se sitúa más allá de la legalidad (Galán Herrera, 2008, p. 67). En síntesis, la novela negra se debe a su tiempo, a su contexto, sociedad e individuos, el crimen es parte central del relato, pero el detective, los personajes y el entorno tienen más protagonismo y hacen parte de la trama de la novela. Cada autor habla de su realidad con todo y fallas, así como lo hicieron después de mitad del siglo XX variados escritores latinoamericanos. Estos, a través de los detectives y los casos que llevaban a cabo, muestran el espacio que los rodea, el desacato de la sociedad a las normas sociales y la poca preocupación del Estado por sus ciudadanos. «En la novela criminal latinoamericana persiste una desconfianza fundamental en la autoridad, las instituciones sociales y la ley» (Forero, 2017, p. 131).

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De ahí la relevancia de la novela negra en la actualidad que, como bien se ha planteado, es el género social pertinente para la literatura ya que «a partir de nociones como anomia y origen del delito -causas sociales e individuales- se pueden poner en tela de juicio las estructuras sociales y, en particular, la estructura jurídica de un país» (Forero, 2017, p. 135).

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Capítulo Tres: Las novelas Lady Masacre

La novela fue publicada en el año 2013 por Editorial Planeta en la colección AE&I -Autores Españoles e Iberoamericanos. Esta es la undécima novela de Mario Mendoza, el protagonista es uno de los personajes más entrañables del autor, el detective privado Frank Molina. En esta novela, Molina es despedido de su trabajo como periodista especializado en crónicas de temática judicial, después de tomar un curso para formarse como investigador abre una oficina para ejercer como detective privado. Cuando Frank está a la espera de su primer caso, Mariana Pombo, una mujer de clase alta, acude a su oficina para encomendarle la labor de investigar la extraña muerte de su hermano, el congresista Ignacio Pombo.

A lo largo de la investigación, descubre pasajes oscuros, tanto en su mente como en la sociedad, revela algunos entramados de la corrupción política colombiana y conoce personajes sombríos y conflictivos; como Lady Masacre, una practicante de lucha libre de los barrios bajos de Bogotá. El comienzo de la historia se ubica en julio de 2008, durante la segunda presidencia de Álvaro Uribe Vélez. El trasfondo político que maneja la novela se relaciona con los casos de la parapolítica; el escritor hace uso de hechos de la realidad, instalando en su narración los vínculos que hubo entre los grupos paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia con numerosos políticos del congreso colombiano.

Frank

Frank Molina tiene 43 años, no tiene hijos, ni parientes cercanos. Trabajó ejerciendo el periodismo durante veinte años y obtuvo varios premios a lo largo de su carrera por sus artículos sobre tópicos judiciales y políticos. Su despido por ingerir alcohol en su oficina fue polémico, terminó golpeándose con un guarda de seguridad. Al encontrarse en un medio donde todo tipo de suceso puede ser materia prima, su caso fue noticia en los diarios15:

15 Los medios de comunicación en la novela ejercen como distractores ante la sociedad, ocultando o distorsionando noticias tales como la liberación de Ingrid Betancourt, la cual fue una noticia impactante en la lucha contra los grupos armados en Colombia. Frank y Kalimán debaten acerca de como los medios manipulan, esconden y tergiversan información y como la sociedad colombiana no reflexiona acerca de la veracidad de estos hechos y que intereses esconden, como fue el suceso de la Operación Jaque. Para más información véase la ponencia 1:24:04 “El papel de

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[…] y para empeorar las cosas, los sabuesos de los chismes de farándula se encargaron de desempolvar mis expedientes psiquiátricos (varios ingresos en clínicas especializadas como paciente bipolar y alcohólico confeso), y se cebaron a su antojo exponiendo en público los lados más siniestros de mi intimidad. (Mendoza, 2013, pp. 10 - 11) Frank Molina ha sido diagnosticado con trastorno bipolar16 (maníaco – depresivo)17, se le ha recetado Litio para tratar los síntomas de su padecimiento. En busca de un lugar que le sirva de refugio para aislarse de la sociedad, el 1 de julio de 2008, decide mudarse a una habitación bastante estrecha, «recuerdo también que solía dormir en posición fetal y que en varios de mis sueños aparecía mi madre, siempre bondadosa y cariñosa, acariciándome el pelo, diciéndome cuánto me quería, abrazándome antes de salir para el colegio» (p. 11). Este pensamiento transmite la fragilidad emocional y la búsqueda de protección y salvación por parte de Frank. La figura de su madre fallecida simboliza el anhelo de un refugio seguro y amoroso en un mundo que parece hostil. A pesar de su condición y las dificultades que enfrenta, Frank muestra determinación para superar sus problemas y encontrar una salida a su situación actual. Estos elementos añaden profundidad y complejidad al personaje, generando interés y empatía por su historia. Frank decide dejar ese cuadro depresivo después de diez días de encierro, sin tener empleo y afrontar lo sucedido: […] era un maniaco depresivo alcohólico y marihuanero ocasional que me había quedado sin trabajo, que nunca más volvería a publicar una nota ni siquiera en la sección de los obituarios, y que tenía un deber: rehacer mi vida, luchar, buscar una salida que atravesara ese túnel hediondo y pestilente en el que me había caído de un día para otro (p. 11).

los medios de comunicación en el ejercicio de la censura” que elaboré en el marco de Medellín Negro con la Fiesta del Libro del año 2021. https://youtu.be/vg-yGzICYkE?t=7568 16 La guía de consultas de los criterios diagnósticos y estadísticos de trastornos mentales (DSM, 2014) comenta que la bipolaridad puede tener episodios hipomaníacos tales como la fase maníaca donde el paciente tiene un estado de ánimo «elevado, expansivo o irritable, y un aumento anormal y persistente de la actividad o la energía dirigida a un objetivo» (p. 71) Pero a su vez, como a Frank le sucede también, cuenta con episodios de bipolaridad depresiva donde el paciente «disminuye el interés o el placer por casi todas las actividades la mayor parte del día, sintiéndose triste, vacío y sin esperanza» (p 74). Esta anotación es para entender un poco lo que ocurre clínicamente con Frank, alternando las dos fases durante toda su vida y cuya medicación y la abstinencia de consumo de alcohol o sustancias psicoactivas le ayudan a equilibrar su bipolaridad en ciertas etapas de su vida.

17 Jastrzebska (2021) comenta acerca de las características de Frank Molina: «si bien los vicios y adicciones son rasgo característico de varios detectives de la novela negra – y particularmente la norteamericana o escandinava- y no suele afectar las capacidades investigativas del protagonista, el caso Molina es distinto. El detective padece de psicosis maníaco-depresiva, conocida como trastorno bipolar, que se caracteriza por episodios alternos de euforia excesiva y de depresión. Desde el principio declara abiertamente que la bipolaridad es el rasgo clave de su personalidad y la máxima determinante de su vida, tanto profesional, como personal. Así conocemos a un protagonista-narrador cuya cordura y cuyo juicio de antemano resultan cuestionables» (p. 139).

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En la infancia, Frank vivió con su familia (los padres y un hermano) en el barrio Santa Isabel. Su hermano estudiaba Sociología en la Universidad Nacional.

[…] una mañana, en una redada de la policía, fue capturado en medio de unos disturbios sobre la carrera 30. Dos días después apareció muerto en Medicina Legal y la policía afirmó que lo había soltado y que seguramente lo habían asesinado sus propios compañeros para que no los delataran (p. 182).

Frank y sus padres sufrieron una tristeza enorme por esta pérdida. Los síntomas de trastorno bipolar se agudizaron en él y narra: «desde entonces empecé a vivir con una rabia sorda en el alma, defendiéndome, como si tuviera una cuenta pendiente con la vida y de allí en adelante fuera necesario estar alerta para cobrársela» (p.182). Frank se presentó al entierro de su hermano completamente drogado por la marihuana, bebió durante una semana en bares de mala muerte al sur de la ciudad de Bogotá. En esos días de depresión y alcohol se le presentaron ideas suicidas, preguntas acerca de la muerte de su hermano, y en una de esas reflexiones decidió trabajar en crónicas judiciales, respecto a lo que confiesa: «con el secreto anhelo de descifrar la muerte de mi hermano, con la esperanza de dar con los culpables y de meterlos a la cárcel» (p. 183). Por esta razón, Molina decide estudiar periodismo18, para comprender, a través de la escritura, la dureza de la realidad colombiana. Haciendo uso de sus habilidades como periodista puede investigar a políticos, funcionarios o empresas que caen en la corrupción, puede criticar al sistema de seguridad y defensa, aquel que le quitó a su hermano por el simple hecho de ejercer el derecho a la libre protesta. Puede escribir para destapar las ollas podridas que alberga el Congreso, ser despiadado en su narrativa, mordaz con la pluma. La impunidad del caso de su hermano sumió a Molina en un estado de rabia continuo, contra todo aquello relacionado con la defensa del Estado, la seguridad y sus componentes militares. Este hecho le ocasionó profundos desbalances mentales que aumentaron de manera progresiva. Por eso la medicación es agresiva durante el episodio

18 El periodismo ha ayudado a varios escritores que han ejercido esta profesión para darle mayor veracidad a sus detectives. En el caso de Mario Mendoza, que fue columnista durante varios años, le ayudó a crear ese universo de realismo degradado en sus obras el conocer las calles de Bogotá de manera profunda y real (Scorpio City, Lady Masacre, Buda Blues, Akelarre, entre otros). Santiago Gamboa, también columnista, crea el fiscal Yutsiñamuy en Será larga la noche y Colombian Phsyco. Ernesto McCausland crea a Capeto Cervantes en Febrero Escarlata, personaje del cual Mendoza toma elementos para adaptarlos a Frank Molina. Por último, Leonardo Padura, escritor cubano y periodista en sus inicios, crea la serie de libros del detective Mario Conde, reflejando a través de este la Cuba comunista del régimen de Fidel Castro y años posteriores a este. Vemos, entonces, que el periodismo forma puentes narrativos entre la ficción narrativa y la crónica periodística que relata los asesinatos y crímenes la sociedad Latinoamericana.

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maniaco subsiguiente, con al fin de calmar a ese Frank sediento de venganza, para que perdure el Frank silencioso, que no cuestiona, el dócil.

Frank decidió, mientras estaba desempleado, hacer un curso con antiguos detectives del DAS y de la fiscalía para obtener una licencia como investigador privado (detective novato); no quería trabajar para nadie más, por lo que hizo uso de sus herramientas como periodista y de su experticia en temas judiciales, para establecer su propio negocio como detective. Conocía el medio y tenía varios enlaces en los bajos fondos porque ser cronista de judiciales implicaba moverse con destreza por todas las capas sociales, pero siempre había estado del otro lado del teclado…así que, de alguna manera, elegir un oficio como el de investigador privado era vital: no más palabras, sólo importaba la acción (p. 12). Después compró una casa barata en el barrio Siete de Agosto, remodeló el primer piso para usarlo como oficina, instalándose en el segundo piso y arrendó el garaje a un mentalista llamado Kalimán1920. A la oficina la llamó Detectives Metropolitanos y se dedicó únicamente a los casos que despertaran su interés, los casos que le permitieran desvelar la corrupción del sistema. Desde joven, familiares, amigos y mujeres se alejaron de Frank21 debido a su trastorno de personalidad. Para él la soledad no era ningún problema: «la bipolaridad enseña una lección brutal desde el comienzo: tarde o temprano los que están junto a ti se van a cansar, van a renegar de tu cercanía, te van a detestar» (p. 13). De igual forma, Molina nunca se hizo a la idea de entablar matrimonio, tener una vida social activa, ni tener hijos; La enfermedad atraviesa desde su mente hasta sus relaciones, por eso la decisión de sobrellevarla individualmente. Jastrzebska (2021) comenta que «dicha bipolaridad no solo es la clave de la personalidad de Frank Molina, sino también el principio que rige toda su actividad detectivesca y, hasta cierto punto, igualmente la realidad en que se sumerge el protagonista» (p. 142). Frank lucha incesantemente con su cabeza a lo largo de su vida. Su psiquis le jugaba malas pasadas y tuvo que

19 Este personaje ayuda a Frank en la investigación en varias oportunidades, Frank encuentra en él un apoyo incondicional. En algunos diálogos logra restablecer el curso de la investigación con la ayuda extra de Kalimán, y se convierten en esa figura de dupla, detective y ayudante, logrando así un equilibrio a lo largo de la narración en el tema del crimen.

20 Kalimán, es un hombre que renunció a la vida moderna para estudiar y analizar los fenómenos paranormales y las teorías de conspiración. Es la mano derecha de Frank en la novela y juntos conforman una amistad sincera y honesta donde se comparten criterios acerca de la sociedad colombiana, los vacíos estatales y la tergiversación de la información por parte de los medios de comunicación.

21 Miranda también es otro personaje que ayuda emocionalmente a Frank, a mantenerse estable. Si bien Molina intentó en varias oportunidades alejarse de ella, el amor incondicional que esta la transmitía hace que los dos lleven una relación siempre en riesgo, debido a los cambios psicológicos que Molina tenía por su enfermedad.

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ser internado varias veces por no saber albergar a dos seres que luchaba en un mismo cuerpo. «El paciente bipolar tiene siempre conciencia de que la vida es doble, que unas veces está en una de sus caras y otras da la vuelta y contempla la realidad exactamente al revés» (p. 93). A mitad del caso de Lady Masacre, Frank es internado en un centro psiquiátrico, ya que su fase alta empieza a dominarlo. Vemos entonces el ambiente que muchas veces tuvo que vivir, rodeado de seres en trance, perdidos en sus laberintos mentales, aislados para evitar interferir en sus dimensiones humanas. Frank conoce personas fuera de lo común: Bipolares, esquizofrénicos, paranoicos, depresivos, personas muy estresadas por sus negocios o por una separación amorosa, gente que estaba haciendo el duelo de algún pariente cercano y que ya no aguantaban más la ausencia de ese ser querido, alcohólicos reincidentes, drogadictos en estado de abstinencia, jóvenes adictos a internet o a sus teléfonos celulares, suicidas compulsivos que ya habían tomado la decisión de retirarse del juego… Las enfermedades mentales son siempre en las clínicas las mismas. La variación es poca (p. 119).

Allí escucha historias difíciles de creer, no sabe sin confiar en su razonamiento, no sabe si son alucinaciones por los medicamentos o porque en realidad suceden cosas inexplicables en este plano de la realidad. Muchas veces no supo distinguir entre la realidad y la ficción, así mismo era su modo de ver la vida: el desconfiar de la sociedad confiando en su soledad resultaba peligroso. Para los otros lo real es un plano fijo, estático. Para mí, un piso frágil y peligroso […] Yo sé bien que soy una fractura de lo real, una falla, arena movediza, una imperfección, un paso en falso. Los demás tienen una biografía. Yo estoy atrapado en la catástrofe, acostumbrado a caminar por la cornisa y mirar hacia abajo, hacia el precipicio, hacia ese abismo insondable que se llama Frank Molina […] Me digo: No sé quién soy. Y la maquina mutante que dice yo no se refiere a ningún sujeto. Es una formalidad del lenguaje nada más. ¿Cómo se llama, entonces, ese nuevo pronombre, ese “yo” vacío, hueco, sin nadie detrás? (pp. 153-154).

Frank logra salir del centro psiquiátrico una vez más. Mendoza utiliza un tono introspectivo y descriptivo para sumergirnos en la mente de Frank y explorar sus altibajos. El protagonista experimenta periodos de euforia en los que disfruta, de un lado, de su personalidad locuaz, aventurero y sin moral, contrastando con otras etapas de depresión y ansiedad. El monólogo interior de Frank juega un papel importante en su experiencia, castigándolo o recompensándolo,

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dependiendo de la fase en la que se encuentre22.El deseo de terminar con el caso de Lady Masacre le impulsa a dejar su condición de interno. Es necesario entonces explicar ese primer caso que resuelve como investigador.

Frank recibe el caso de Lady Masacre23 a través de Mariana Pombo, hermana del congresista Ignacio Pombo asesinado en un intento de robo a su casa. Frank debe averiguar quién es el asesino de Ignacio:

sí está aquí es porque a usted o a uno de los suyos le sucedió algo feo, algo desagradable, algo que conecta con una realidad oscura que a los de su clase no les gusta. Y con ese sastre y esos zapatos no podrá entrar a ese submundo y averiguar lo que quiere. Yo sí (p.18).24 El inexperto detective asume con la mayor seriedad el caso. Sabiendo de sus ventajas, pero a si mismo de las dificultades que encontrará al investigar a políticos, los altibajos de su mente y lo complejo o difícil de lograr que los sospechosos le proporcionen información. Se plantea una hipótesis inicial sobre la muerte de Ignacio, sugiriendo que podría tener vínculos con grupos paramilitares. Sin embargo, esta hipótesis se ve desafiada por la versión de la viuda, quien afirma que el asesinato ocurrió durante un robo en la casa de Ignacio. Este contraste crea un misterio y una tensión narrativa, y plantea la necesidad de que el detective, Molina, aclare y descubra la verdad. Para esto toma cierta metodología clásica del detective: realizar interrogatorios a sospechosos y visitar a contactos que le darían pistas para armar el rompecabezas. Frank utiliza varios métodos en su investigación, estos incluyen la búsqueda de información en Internet sobre la víctima, el examen del entorno político relacionado con la parapolítica y los posibles vínculos con grupos paramilitares. Además, lleva a cabo investigaciones en la Fiscalía y en la Procuraduría General de la Nación en relación a Ignacio. Asimismo, decide visitar a Irene de Pombo, la viuda, cuyo comportamiento levantaba sospechas de estar involucrada en la fabricación de la versión del robo. Mediante un interrogatorio exhaustivo y la captura de fotografías en la sala donde se encontró el cuerpo, Frank concluye que la versión de la viuda no concuerda.

22 La dicotomía entre sus diferentes estados de ánimo y la manera en que lidia con ellos añade profundidad al personaje y crea intriga en torno a su historia.

23 En ningún momento en la novela se denomina de esta manera, la nominación o enunciación es a título personal en esta investigación, para darle claridad y orden, precisión, como caso policial, donde en el crimen del asesinato, el centro, la atención está en el personaje Lady Masacre.

24 Frank es un detective, como antes se ha mencionado, enlazado con el bajo mundo. Característica esencial del detective de novela negra, la versatilidad de moverse en las diferentes capas sociales.

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Molina va creando hipótesis, las va armando con testimonios y visitas a contactos que le ayudan a esclarecer el entramado; como «El flaco» Morales, uno de los instructores del DAS, quien impartió clases a Frank cuando tomó el curso para hacerse detective. Por otro lado, Molina también va a los laboratorios de la Fiscalía, allí dialoga con «Serruchito», con quien consigue otras pistas que van ayudando en la investigación: «el arma utilizada no fue un cuchillo, sino una navaja barata, sin mucho filo… otra cosa, el asesino es zurdo por las inclinaciones de las heridas y por el trayecto que debió describir el arma homicida» (pp. 68-69).

Frank consulta artículos judiciales. Se desplaza a visitar a Enrique Mendieta, un político amigo de Ignacio y que está imputado por nexos con grupos paramilitares. El caso va avanzando a través de reflexiones de Frank, de su creencia en que, si bien la versión de la viuda no encaja, tampoco la forma en que muere Ignacio; no fue por una venganza política al parecer, sino más bien por un tema pasional. Teoría que toma forma mediante los datos que obtiene en la visita a Enrique Mendieta. Frank se da cuenta de que Ignacio tuvo una amante transexual, que participaba en lucha libre femenina en los barrios bajos de Bogotá.

Me contó que Nacho tenía una amante de un barrio popular, una amante que se había enamorado de él de verdad, una mujer de carácter fuerte, muy bella, y que la relación había sido un horno hirviendo desde el comienzo, una pasión que terminó por quemarlos a ambos. Por alguna pelea que tuvieron, ella sacó un cuchillo y se lanzó sobre él una y otra vez (p.

194).

Gabriela López asesina a Ignacio Pombo porque este iba a terminar la relación que tenían y con ello los planes de irse a vivir juntos y conformar una familia. Ella no quiere resignarse y decide poéticamente apuñalar a Pombo en el último encuentro sexual que tienen. Jastrzebska (2021) comenta acerca de la figura de este pasaje, del simbolismo de Lady Masacre: El personaje de Gaby se configura como un enigma más de la novela y conlleva muchos significados in potentia, sometiéndose a interpretaciones muy diversas, lo que, a su vez, desemboca en una bipolaridad o ambigüedad más: la de interpretar la historia del romance del congresista con una mujer transexual del pueblo en términos personales, íntimos, o bien en términos colectivos, políticos, incluso simbólicos (p. 143).

Esta muerte se puede analizar de diferentes formas, ya que Frank quiere encontrar la razón de esta relación; y más que una razón, es la pasión la que marca la unión de Gabriela e Ignacio. Para Lady Masacre, pasión por superar adversidades e instalarse en una buena posición social, así

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como para Ignacio, pasión por encontrar en ella una conexión con sus inicios políticos, ya que Pombo viene de un clase humilde y luchadora, igual que Gabriela. Aluma-Cazorla (2019, p. 120), citado por Jastrzebska (2021) propone también una interesante interpretación del crimen cometido por Gaby en términos simbólicos:

[…] como la muerte de tres figuras masculinas: su propia masculinidad (al convertirse en transexual); la figura del congresista, miembro de la oligarquía bogotana (símbolos del patriarcado político y del poder nacional); e Ignacio Pombo, miembro de la oligarquía blanca bogotana (el poder hegemónico) (p. 120).

Frank se dirige entonces al sur de Bogotá, al barrio las Lomas en la calle 40 sur; realiza su última visita y allí encuentra los últimos hilos que conectan toda la investigación al hallar la última pista para definir el rompecabezas del caso, que para las instituciones y la prensa ha quedado resuelto como el robo y asesinato de Ignacio en su domicilio. Gabriela le cuenta brevemente acerca de sus orígenes, cómo conoció a Ignacio y cómo se estaba preparando para ser la esposa de un congresista. Gaby con su carácter resiliente y luchador, estudia Derecho y afina más su feminidad para poder estar a la altura de esa elite política de Colombia, a la cual aspiraba pertenecer. En esa conversación, Frank descansa al encontrar la verdad tras el asesinato, los verdaderos indicios del crimen que nadie más había podido seguir o tener la voluntad de explorar. Esto hace parte de la esencia de Frank como detective, el no renunciar o darse por vencido ante los obstáculos, el ir hasta el fondo siguiendo su capacidad de deducción y su instinto.

Pero quiero aclararle una cosa: no se trata de nada legal, se trata de la verdad. No me gusta dejar las cosas así, a medias. No puedo vivir con la impresión de que la realidad esta inconclusa, Creo que es una actitud que me viene del periodismo, porque en el pasado sí lo ejercí de verdad. Nunca deje un texto a medias. […] No, yo corregía, revisaba, reescribía, pero no olvidaba ni tiraba a la caneca mis escritos. Estoy empezando a descubrir que con la vida me pasa igual: no me gusta dejarla sin solución (p. 234).

Frank, satisfecho con la confesión de Gabriela, siente su cuerpo descansar y a la pregunta de ella si la iba a denunciar con la policía, le contesta: «Hay una diferencia entre la ley y la justicia, Gaby… no siempre van de la mano […] Yo no he venido a juzgarla. Solo quería saber la verdad. Eso es todo» (p. 248). El caso queda ante la prensa como un asesinato por robo, pero al lector se le revela la verdad completa. No hay reparación social, ni sometimiento del asesino ante la justicia. El detective, que tanto resistió ante las inverosímiles hipótesis del caso, prefiere darse por bien

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servido con haber descubierto la pista final. Frank decide abandonar la casa de Gabriela, presentar un último informe a Mariana para introducirse en la fase baja o depresiva, de la cual su mente ya le venía avisando.

Así termina el primer caso de Frank, saliendo de una fase depresiva por su despido y entrando a otra al final de su primera investigación. Su mente fue su principal rival a vencer y, aunque en ciertos momentos se dejó dominar por esta, logró recuperarse y pudo terminar con el caso, al menos para él mismo.

Fue entonces que entendí por fin lo que este crimen me había producido. Envidia. Envidia pura y dura. Yo me moriría como un perro en una clínica psiquiátrica, babeando, sujetado con correas, solo, aullando de tristeza y de dolor. No tendría el privilegio de morir abrazado a la mujer que amaba, asesinado por ella (p. 251).25 Si bien Frank resuelve el caso, como buen detective aliado, recibió ayuda en las investigaciones; tanto de sus contactos, como de dos personajes que son el contrapeso a su vida inestable. Primero, Miranda, la mujer que no lo abandonó ni en sus peores momentos, y que incluso le ayuda en el caso cuando él estaba recluido en el psiquiátrico. Miranda es presentada en la historia como:

Una masajista que trabajaba en unos baños turcos en Chapinero. Era una caleña divertida, de una bondad inusual, cariñosa, que se había dado cuenta muy rápido de que yo (Frank) era un peligro para mí mismo, pero no para los demás. Desde un comienzo le había explicado mi situación y le había aclarado que yo no era un hombre para armar un hogar. Ella se había sonreído, me había dicho que el matrimonio le parecía una experiencia macabra y que a sus escasos veintiocho años ya sabía que el amor no se conjugaba nunca en un futuro, sino en un presente (p. 14).

Esa personalidad, tranquila y sincera de Miranda, le hace bien a Frank en sus altibajos psicóticos. Le brinda un polo a tierra y acompaña al detective en una relación de amor sin interés, consciente de la dualidad de Frank. Ella le brinda un antídoto de lo real ante la locura. Una amistad, un amor, una empatía sincera: «—recuerda que, si algo te pasa, están hiriendo o matando en realidad a tres personas en una— […] En realidad no hacíamos una pareja como los demás, sino un trío extraño que nadie alcanzaba a percibir» (p. 31).

25 Frank vaticina su futuro y muerte sin saber lo que le ocurriría en el caso de Akelarre. Mendoza sabía desde la creación del detective su inicio y final, solo faltaba el proceso o la forma de llegar a ese trágico final que el mismo detective visualizaba.

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Miranda es un personaje importante dentro de la vida de Frank, los diálogos y encuentros así lo manifiestan, aun cuando Frank la trata mal, la quiere sacar de su vida, no lo logra y en Akelarre es de mucha más importancia para la vida del detective.

Desde muy joven escucho voces dentro de mí, siento que estoy invadido por presencias que no puedo controlar, por realidades que me lanzan en una dirección o en otra. Por eso me quedé solo, Miranda, porque sabía que alguien como yo no debería acercarse a otros. […] voy a la deriva, Frank. Estoy en este mundo tan sola como tú. Y te quiero así, como eres de verdad, sin idealizarte (pp. 162-164).

Como segundo personaje tenemos a su mano derecha, quien lo ayuda a resolver el caso: Kalimán, el lector de cartas al que le alquiló el garaje del primer piso de su apartamento, «era un cincuentón solitario, un tipo que se había dado cuenta de que el mundo normal de los salarios, los empleos, los ahorros y el estrés laboral, no eran para él» (p. 25). Antes de ser vidente, Kalimán era un cocinero en laboratorios de coca a quien le tendieron una trampa y resultó en la cárcel. Allí empezó a leer e inició su transformación, a ver la realidad de otra forma, más allá. Le gustaban los libros «que explicaban las profecías antiguas, la astrología, la magia, la simbología nazi, el tarot, la quiromancia y estaba seguro de que seres extraterrestres vivían camuflados entre nosotros desde hacía mucho tiempo» (p. 25). Allí, en la cárcel, analizó las diferentes dimensiones intentando descubrir aquellos misterios ocultos al hombre común.

Cuando salí, ya era Kalimán, el hombre increíble. Ya veía más que los otros, ya entendía los signos del cielo, ya estaba familiarizado con las estrellas… Y tenía una misión: ayudar a los otros a ver y a comprender mejor su propio destino… para que sepa que yo no soy como los otros, que sé lo que significa estar al otro lado de la línea, solo, desamparado, con un hueco en el alma… y siento que ya somos buenos amigos, amigos de verdad, de ésos en los que uno puede confiar con los ojos cerrados (p. 176).

Así de unida era la relación entre Frank y este personaje fuera de lo común. Kalimán ayuda a Frank a vigilar a la viuda de Pombo, a entrar a escondidas a la casa de una de las amigas trans de Gabriela para poder encontrar pistas del paradero de Gabriela. Incluso hace una de las llamadas telefónicas extorsivas a Irene de Pombo, presionándola para que confiese acerca de la muerte de su esposo. Una ayuda que también recibe Frank cuando, a mitad del caso, lo internan Miranda y Kalimán en el centro psiquiátrico. Se preocupaba de todos los aspectos de la vida de Frank sin que

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él se diera cuenta. «De nuevo gracias. Usted sabe que no tengo nadie más con quien contar. —No hay de qué, hermanito. Después pido una rebaja en el arriendo—. —Concedida» (p. 228). Mario Mendoza siempre tiene este panorama político y social presente en sus obras. En Lady Masacre presenta a Frank con sus problemas mentales y dificultades ante un caso, el primero, de tono político. De trasfondo suceden hechos que atraviesan y afectan a la sociedad colombiana; como la corrupción estatal, la ineficacia de los entes de control para brindar seguridad y adelantar investigaciones certeras, la manipulación de los medios de comunicación para desinformar y ocultar la verdad. Al respecto, Jastrzebska (2021) comenta:

[…] en la novela negra de Mario Mendoza, nos movemos sin duda dentro del territorio de las representaciones de la violencia en la cultura popular, ya que, por un lado, el escritor bogotano formula su propuesta artística a partir de formas y modalidades literarias populares; y por el otro, en la construcción de los mundos representados recurre constantemente al imaginario mediático de la cultura popular (p.137). El narcotráfico, las guerrillas y los grupos paramilitares; las masacres y desplazamientos forzados cometidos por estos grupos; los casos de parapolítica; la conservación del prestigio y de la posición social; la marginación de los grupos vulnerables; el escaso tratamiento que se da a los pacientes con diagnósticos de enfermedad mental toma importancia en esta novela y en las obras de Mario Mendoza. Reflejan esa sociedad cansada y resignada, a la que le tocó vivir de cuenta de la violencia y la política.

La estrategia adoptada por Mario Mendoza con el fin de construir el ambiente negro, propio del género detectivesco, consiste, pues, en la yuxtaposición constante de la realidad sociopolítica del país, aparentemente relegada a un segundo plano, y unas fijaciones más descabelladas nacidas de mentes trastornadas. […] Mendoza propone la locura, fantasmagoría e irracionalidad y el imaginario ficcional de la cultura pop como instrumentos de interpretación de la realidad colombiana más adecuados (o más eficientes) que el aparato conceptual arraigado en la racionalidad (Jastrzebska, 2021, pp. 147 - 148). Lo que está claro es que nada se modifica al final de la novela, todo sigue el orden normal, sin alterarse, ni la venganza pasional de Gabriela ni los relatos de las masacres de campesinos, ni los tratos de favores políticos entre congresistas y paramilitares, modifican el curso de la sociedad colombiana. Incluso para Frank todo se mantiene, su mente lo sigue manejando entre su fase alta

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y baja, y lo acepta como es, complacido en esa victoria para sí mismo el haber resuelto favorablemente su primer caso de investigación.

Akelarre

El detective Frank Molina se ve envuelto en el caso de un asesino en serie, imitador de Jack el Destripador. Varias mujeres y transexuales que ejercen la prostitución son asesinadas en el barrio Santa fe de la ciudad de Bogotá. Molina descubre que todas ellas tenían enfermedades terminales y esto hace que empiece a seguir el rastro del asesino. Sin poder evitarlo, el detective es inculpado en ciertos momentos ya que, para Almagro, el jefe del cuerpo de policía resulta sospechoso que el detective siempre sepa los movimientos que va a realizar el asesino. Incluso es encontrado varias veces en escenas de crímenes recientes, aumentando así sus sospechas contra él. En esta novela tienen lugar, paralelamente, otras dos historias que inician de manera independiente y que, a medida que transcurre el relato principal, se van entrelazando por la relación de los personajes entre sí. Tres historias, tres relatos divididos en veinte capítulos, cada uno de con tres secciones, una para cada protagonista: Frank Molina, Lázaro Bautista y Leticia Almanza. En cada una de ellas se desarrolla el descenso hacia el abismo, acompañados de encuentros con personas poseídas por demonios, una bruja que vaticina todo lo que les ocurrirá; reflexiones e introspecciones que liberan a los personajes de sí mismos enfrentándolos a fuerzas oscuras y sobrenaturales, donde la religión, las regresiones espirituales y las visiones proféticas rodean a los tres protagonistas.26 Akelarre fue publicada en el año 2019 por Editorial Planeta, en 421 páginas nos narra el final del detective Molina y cómo su mundo se desmorona paulatinamente, sin poder evitarlo. Hasta el momento ha sido la última novela publicada por Mario Mendoza, ya que se ha enfocado en la producción de novelas gráficas y comics.

26 Mendoza había utilizado esta fórmula de narrar a tres voces en su novela Satanás, donde las tres historias que se van desarrollando se cruzan en el final de la novela, la matanza de Pozzeto. La característica distintiva en Akelarre es que la voz de Molina narra en segunda persona, invitando a lector a acompañar al detective desde otra perspectiva, ya no tan introspectiva sino más heterogénea, destacando incluso de las de los demás personajes que le rodean. Este tipo de narrador en segunda persona lo podemos encontrar en Aura de Carlos Fuentes, obra de la que el mismo Mendoza se ha declarado admirador fervoroso; no es casualidad que el autor bogotano haya querido usar esta segunda voz en Molina, quizá a modo de homenaje a la obra del autor mexicano.

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Molina

En Akelarre, nos enfrentamos a un ambiente sórdido, una ciudad gris y opaca. lo sobrenatural permea el ambiente de la novela. Una esencia espectral acompaña a Molina, el padre Lázaro y la vidente Leticia a lo largo de la obra. Cada protagonista va sumergiéndose en una lucha, contra la ciudad, la religión, la corrupción policial y estatal; en la búsqueda del sentido de la existencia. Los crímenes son varios y nos permiten explorar la psique Molina, un detective dominado por su bipolaridad, que investiga con ánimo delirante llegando a una compresión más amplia de los crímenes en tanto entiende la mente enferma del criminal, mientras mantiene la compostura analizando cada situación, lo que lo lleva a cuestionar su noción de lo real y lo arrastra nuevamente al centro psiquiátrico donde se ve recluido por última vez, para no volver a salir con vida.

Al inicio de la novela tienen lugar una serie de asesinatos de trabajadoras sexuales en el barrio Santa Fe de la capital bogotana. La hipótesis: un imitador de Jack el Destripador, aquel famoso asesino en serie que conmociono a la sociedad inglesa a finales del siglo XIX. El detective Almagro, jefe del cuerpo de policía, acude en busca de Molina, conocedor del modus operandi del asesino, lo que puede servir para desentrañar el caso. Molina ya no es el detective encargado de un caso propiamente, en este relato, el experiodista es un colaborador de la policía, que comparte su conocimiento de cada asesinato histórico comparándolo con los que van sucediendo, es un asesor. Almagro necesita del criterio y análisis de Molina, no son suficientes las deducciones de la policía y Molina aporta con su bagaje de periodístico e investigativo. Aún con un protagonismo secundario, Molina es importante tanto para el caso como para la novela, alrededor de él se va tejiendo un hilo narrativo que conectará a los otros dos personajes. La serie de asesinatos y el asesino mismo van tras el detective, que poco a poco va perdiendo su cordura, dejándose llevar por los estados alterados de su mente y su poca capacidad de deducción.

Sí, te han llamado a ti, Frank Molina, el investigador privado, el alcohólico, el fumador de marihuana, el loquillo desquiciado que suele pasar varias semanas al año en una clínica psiquiátrica, porque solo una mente como la tuya puede entender lo que aquí está ocurriendo (Mendoza, 2019, p. 16).

El asesino, tiene el perfil de una persona solitaria, entre los 35 y 40 años, con una mente trastornada, que, sin embargo, por lo grotesco de los asesinatos y el estado de las víctimas, podía

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tener conocimientos de medicina. Más adelante este perfil se ve complementado con información acerca de una persona conservadora, que atenta contra lo que esté fuera del orden político y religioso, un ser radical, extremista. Al margen de todo esto, a Molina le intriga el actuar del asesino, su capacidad para crear escenas polémicas con los cuerpos de las víctimas, para dejar en claro que el crimen fue hecho con brutalidad, sin modestia. Frank absorto en sus pensamientos, imagina:

Esto es otra cosa. Una mente trastornada, ida, en una dimensión aparte, y al mismo tiempo una personalidad fría, calculadora, matemática, precisa hasta la obsesión. Das una vuelta por la habitación y memorizas la ubicación de las vísceras. El hombre no solo extrajo los intestinos, sino que parece haber ejecutado una danza con ellos, por todo el lugar. Por un momento, cierras los ojos y lo imaginas con las manos ensangrentadas, dichoso, ebrio de contento, frenético, bailando de un punto a otro de la habitación mientras esparcía los pedazos del cuerpo de la mujer (2019, p.17).

Molina hace lo que todo detective canónico: recrea, se ubica en la mente y en la actitud del asesino para encontrar el motivo o razón del asesinato, imagina los últimos sucesos o la secuencia de los pasos que el asesino realizó. Con este imaginar, el detective puede ubicarse fuera de sí y entrar al otro lado del crimen, del que maquina y realiza el acto. Molina ya atrapado por lo denso de los asesinatos empieza a cooperar con Almagro y su cuerpo de policías sin saber que esto lo conduciría a su fin mismo.

Esto se explica porque la condición emocional y mental de Molina no es la mejor, a lo largo de la novela el detective acusa a las pastillas de su poca capacidad de observación, de su lentitud y de su falta de deducción oportuna. Junto a esto, la ciudad es reflejo del estado de ánimo del Molina, ciudad y detective a lo largo de la narración se van mezclando; el ambiente citadino es manifestación del humor de Molina.

La ciudad es una jaula, lo sabes bien, una grieta, una hendidura en lo real. No hay camino de regreso, no hay como escapar del agujero. En Ciudad Gótica estás atrapado, capturado, cumpliendo tu condena. Nunca sale el sol, llueve todos los días, el frío te hiela la médula de los huesos y te pudres en las mismas calles por las que se te escapa la vida día a día como agua entre los dedos. Es una ciudad zombi, un gigantesco cementerio en el que debes acostumbrarse a compartir con otros muertos vivientes como tú (p. 49).

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Ciudad Gótica es una ciudad caótica, oscura, es una metrópolis. Mendoza usa este nombre en varias de sus novelas y conferencias, y tiene como referencia a Gotham City, ciudad ficticia del universo de cómics de la casa D. C., donde vive y crece Bruce Wayne, superhéroe conocido como Batman. Mendoza toma la esencia de esa ciudad y la traslada a la Bogotá presente en sus narraciones. Una Bogotá - Gótica corrupta, sin esperanza de mejora para sus habitantes, donde la violencia predomina, la ausencia estatal es notoria y el clima frío y húmedo añade oscuridad a la psique del perturbado Molina y a sus residentes. «Tú eras un auténtico hijo de Ciudad Gótica. Tú eras un vampiro» (p 52). Según Parra Sánchez (2014), la ciudad:

[...] tiene tanto peso y está dotado de una identidad tan fuerte que podríamos perfectamente decir que, además de actuar como escenario, puede perfectamente ser considerado un personaje más de la obra, quizá el más importante. Bajo la imagen de un monstruo de mil caras, en alusión a su complejidad e imposibilidad de dominio, está constantemente ligado a la imagen de un campo de batalla (p. 81).

Vemos entonces los elementos que configuran al relato como novela negra: Hay carencias económicas y laborales en la sociedad, múltiples manifestaciones de violencia como el atraco, el carterismo, el secuestro, la extorsión, habitantes de moral dudosa sin más remedio que hacer uso de estas prácticas para poder sobrevivir, otros sin perder la poca humanidad que poseen buscan los medios para salir adelante con pocas oportunidades de crecimiento económico y desarrollo social. Mendoza nos presenta a un detective cansado, afectado por años de uso de medicación psiquiátrica y sus traumas familiares. Éste se va abstrayendo lentamente en lo poco que lo sujeta a la realidad, se aferra a los casos que lograr resolver y a su relación con Miranda. Akelarre, nos narra escenas del pasado de Molina: la familia, el colegio y su hermano fueron entornos y sujetos que marcaron la vida del detective, nuevamente se nos explica la relevancia de esta etapa en su elección vocacional.

Durante mi juventud hice parte de un movimiento universitario radical de extrema izquierda. Eran los años en que muchos jóvenes latinoamericanos tomaron los fusiles y se fueron al monte a luchar por una revolución. Los de la ciudad nos quedamos enfrentados a la policía y esperando nuestra oportunidad de emancipar a los de abajo. Eso nunca paso, pero a muchos de nosotros nos capturaron y terminamos pagando dos o tres años de cárcel por rebelión. Estoy fichado desde entonces. [...] Luego me botaron del periódico por alcoholismo, por orinarme en los artículos de mis colegas y por adicción a la marihuana.

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También soy paciente psiquiátrico. Y destape varias conexiones entre los políticos y los paracos (pp. 129–130).

Molina siempre fue un inconformista, su sentimiento de rebeldía en la juventud progresó al ejercer el periodismo27y con esto presiona a la clase política y militar del país. Desahogó toda su frustración en los artículos que publicó y en los casos que resuelve más adelante como investigador privado. Quiere inclinar un poco la balanza del lado de la justicia, resistirse al sistema, dando esperanza a las personas que contratan sus servicios. Un personaje que puede dar crédito de la nobleza de Molina, a pesar de sus arrebatos violentos, es el padre Lázaro Bautista, los dos formaron una relación de cuidado y consejo mutuo. Este cura es otro de los protagonistas de la novela, utiliza su poder como sacerdote para ayudar a los más necesitados. Molina, estando en la escuela de niño, recibió consejo y ayuda del padre Lázaro:

A la mañana siguiente, decides ir a visitar al padre Lázaro Bautista. Lo conoces desde tus años de colegio, cuando estabas en el internado, y siempre te ha parecido un sacerdote comprometido a fondo con su causa, aunque también debes reconocer que su comportamiento nunca ha encajado con los preceptos establecidos por sus superiores. Cuando te empezaron los primeros ataques él fue muy comprensivo, amoroso, y en lugar de juzgarte o de expulsarte del colegio, lo que hizo fue buscar ayuda profesional y después comunicarse con tus padres para contarles lo que estaba ocurriendo. […] Muchos años después cuando te expulsaron del periódico y el escándalo se hizo público, él también estuvo ahí, te buscó y te fue a saludar alguna tarde para decirte que no te angustiaras, que el futuro no estaba liquidado (pp. 324–325).

En esta visita que Molina realiza al padre, se dan cuenta de que a los dos los siguen unas fuerzas del mal que estaban dispuestas a arrasarlos, a llevarlos a la muerte. No se trata de algo metafórico de índole religiosa o moral, era más bien una entidad sobrenatural que desde muy niño acompañó a Molina:

27 No es fortuito que Molina fuera periodista, estudia para denunciar y revelar las problemáticas sociales que sufría el país a los lectores del periódico donde trabajaba, ya que muchos casos de corrupción quedan ocultos a la sociedad. También por su pasado como columnista, cercano a los medios de comunicación, Mendoza introduce el periodismo por el poder que manejan los medios de comunicación, otorgándole al detective una herramienta de la que sabe hacer uso, por su pasado en el periodismo. Oficio que ha sido usado por el género negro para reflejar con más realismo la difícil problemática social latinoamericana. Así lo manifiestan Martín Escribá y Sánchez Zapatero (2007): «Lo criminal comenzará a mezclarse así con el ámbito periodístico de la misma manera que ocurrirá en la tradición literaria negra española a partir de la década de los setenta. El enigma se mezcla con los discursos marginales, los ambientes oscuros y los personajes de los bajos fondos de la ciudad» (p. 52).

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Intenté advertirle, decirle que estábamos bajo la mira de fuerzas poderosas que ya estaban al ataque. Porque solo me bastó mirarlo los primeros segundos para descubrir que también él será destruido, que este destino común fue quizá lo que yo intuí desde aquellos primeros años escolares, cuando él fue víctima del primer asalto a la integridad de su ser (p. 332). Molina era un estudiante modelo, la promesa de la familia, izaba bandera, obtenía buenas calificaciones. La familia de Molina estaba a la expectativa de que alguna gran universidad le ofrecería una beca, era la esperanza, el que iba a sacar la cara, «por eso te cuidaban tanto, te consentían, te vigilaban para que no te fueras a mezclar mucho con los vagos del barrio» (p. 344). El destino de Molina era ser médico, arquitecto o ingeniero, incluso tenían planes de que estudiara en el exterior. Hasta que llegó el primer ataque, la primera fase maníaca. Te saliste de tus cabales un día y te agarraste a trompadas en el recreo con un grandulón mayor que tú. Pero la cosa no paró ahí. Buscaste a los amigos del matón y te enfrascaste también con ellos en una lucha a muerte, titánica, desaforada. Nadie te reconocía. Babeabas, amenazabas, maldecías, insultabas. Le rompiste un diente a uno, a otro le dejaste un ojo morado, al tercero le mordiste en una oreja y casi se la arrancas (p. 344). Después de esto, la familia de Molina lo lleva al psicólogo, luego al psiquiatra, donde lo diagnostican como maníaco depresivo. Empezó un tratamiento con medicamentos, vigilancia estricta impuestas por los padres, tiene problemas en el colegio y en casa: Tu papá no volvió a brindar ni a ufanarse del hijo que tenía. Todo lo contrario, empezó a pelear con tu mamá y a decirle con frecuencia: - ¿Ve? Salió como ese primo suyo que terminó medio loco pegándose un tiro en la boca (p. 345).28 Después de esto Molina comienza su etapa universitaria de vida bohemia y relaciones sentimentales inestables Ya no tenías futuro, eras un don nadie, un fracasado, un fiasco. Por eso, apenas te graduaste, tu viejo te rogó que te fueras de la casa, que por favor no les hicieras más daño, que estaban viejos y que tenían derecho a descansar y a llevar una vida tranquila y en paz. Y te fuiste, claro. Entendiste que eras un desquiciado, un frenético, un vicioso, un peligro para todo el mundo, empezando por ti mismo (p. 345).

28 Es claro que la enfermedad de Molina no es por factores sociales o externos, es una condición hereditaria que fue trasladada a él por genética familiar. Si su familia hubiera sido consciente de esto y las enfermedades mentales tuvieran mayor difusión, pedagogía y tratamiento, Molina hubiera tenido un futuro diferente al conocido por su inestabilidad al establecer relaciones sociales y su manejo de las emociones y etapas mentales.

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El único apoyo que tuvo Molina fue el padre Lázaro Bautista quien fue consejero y acompañante espiritual, de ahí la importancia de este personaje en la vida de Molina y en la novela. Como adulto, dadas sus carencias emocionales, el abandono de su familia y su condición mental, Molina se ve a sí mismo y a su trabajo como un fracaso.

«Como investigador privado eres también una estafa, sabes bien que te buscas los casos más simples y fáciles de resolver. Nada que ufanarse» (p. 346).

A pesar de todo, el carácter de Molina es incorruptible, en un país donde la corrupción es un valor mal arraigado. Molina no se deja corromper, comprar o sobornar, siempre buscó la transparencia en sus investigaciones y artículos de prensa. Aunque no se lo reconociera a sí mismo, algunos sectores de la sociedad apreciaban su trabajo, principalmente los marginados, los olvidados por el sistema. Parra Sánchez (2014) comenta acerca de este detective latinoamericano: es un ciudadano desencantado, dotado de un fuerte carácter y dominado por un código ético personal muy estricto al que se aferra para no caer desplomado e inerme bajo el peso arrollador del sistema de bajezas y el paisaje de ruindad moral en el que habita (p. 175). Debido a su condición desde muy joven tuvo relaciones sentimentales poco duraderas, sin embargo, al lado de Miranda establece una relación más o menos estable de la que en ocasiones no se siente merecedor. De tal modo, la vida de Molina no fue fácil, tanto por sus pérdidas, como por su diagnóstico. De tal modo la vida de Molina no ha sido fácil tanto por sus pérdidas, como por su diagnóstico, de haber estado presentes algunos familiares pudo haber estado mejor. Incluso si Molina hubiese seguido un tratamiento adecuado su vida y su relación con Miranda pudo ser diferente.

La tríada narrativa se completa con Leticia personaje que cumple el rol de advertir sobre la posible muerte de Miranda y la suya propia. Leticia es una artista plástica que se da cuenta que tiene sensibilidades psíquicas; sus predicciones se cumplen y las visiones que tiene en la novela refuerzan el ambiente oscuro y peligroso que rodea a los personajes. Molina va a una sesión espiritista siguiendo una de las pistas por orden de Almagro. En ella se encuentran reunidas varias personas entre ellas Leticia, se toman de la mano y comienza la sesión. Kalimán, su viejo amigo ya muerto, entra en contacto con Leticia y es ella el medio por el que éste transmite su mensaje: Hermano, lo siento, no alcancé a despedirme de usted. No alcancé a decirle gracias. Le dije que algún día me comunicaría desde el otro lado y aquí le estoy cumpliendo. Sí hay otra vida más allá de la vida… No le dije cuánto lo estimaba, hermano. Gracias por

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tanto. Yo investigando toda la vida sobre temas paranormales, y míreme ahora, del otro lado, convertido en el espíritu parlante. — Recuerde esto maestro: cuídela a ella mucho. Lo necesita. Es importante que no olvide este mensaje porque de lo contrario se arrepentirá (p. 145).

Kalimán se refería a que Molina cuidara de Miranda, él sabía que fuerzas sobrenaturales estaban detrás de él, pero no tuvo en cuenta que tal vez también iría por sus seres queridos y a esta altura Molina solo tenía a Miranda, no tenía a nadie más. Molina recuerda a su viejo amigo después de este encuentro místico. «Te sientes desamparado, solo, huérfano, como si fueras un niño que necesitara de ayuda adulta que no llega nunca.» (p. 146) Kalimán trata de advertir a Molina que debe cuidar de Miranda. Molina atiende al mensaje, pero el detective está tan afectado por la medicación que lo olvida arrepintiéndose al final de la novela.

Molina continúa colaborando en el caso del imitador de Jack el Destripador. Las pistas del caso y las ayudas que le solicita Almagro le ocupan su mayoría de su tiempo y a lo largo de la novela se nos presentan sus deducciones y su actividad investigativa. Tras tener un encuentro confuso y sobrenatural con Mamá Larisa, una mujer con conocimientos botánicos y místicos que ayudaba a las mujeres del barrio Santa Fe a abortar, Molina va viendo cada vez más extraño y fuera de lo normal el caso en que lo involucro Almagro.

Para este punto se nos presentan en la narración cuatro perfiles del presunto agresor: El de imitador de Jack el Destripador. El de un hombre solitario, fanático religioso que quería limpiar el barrio de trabajadoras sexuales y el de un trabajador del sector salud que, por compasión, asesinó a las víctimas para evitarles el sufrimiento de sus condiciones terminales. Por último, Molina le declara a Almagro que también puede tratarse de una secta secreta de adoradores religiosos que va tras mujeres videntes, médium o brujas a quienes perciben como un peligro para la sociedad y buscan eliminar todo actuar fuera del orden católico. Pero Molina desconfiaba más que nunca de su juicio, culpando a los medicamentos o a la fuerza sobrenatural que lo estaba sometiendo poco a poco.

No sabes que decir. La verdad es que Almagro te acaba de sorprender con un análisis muy detallado del caso. Y tu cabeza a punto de reventar tampoco te ayuda mucho. Quizá lo mejor sea suprimir los medicamentos para ver si logras equilibrarte un poco (p. 293). Molina se siente desconcertado por la superioridad deductiva de Almagro, reconoce que no está en forma intelectualmente y espera prontamente la visita de Miranda para dar por finalizada la

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investigación. Molina sabe que prefiere actuar solo, sin rendir cuentas ni reportes, en este caso a Almagro: «Y no se le olvide, Molina: cualquier cosa, por favor llámenos. No siga moviéndose así, como un lobo solitario.» (p. 295). A esta altura Molina ya no puede aportar mucho al caso, como lo comenta Escribá y Sánchez Zapatero (2007) «es un personaje incapaz de resolver las investigaciones por las vías tradicionales. Ante un panorama caótico como el de la sociedad, de poco sirven las aptitudes clásicas de los detectives de ingenio o capacidad deductiva» (p. 57). Este caso es el último en el que Molina se involucra. El detective no logra resolverlo y se ve implicado por su propio descuido. En la última visita que le hace al padre Lázaro, le comenta de su presagio: «También siento que este caso tiene un vínculo personal conmigo que no logro descifrar. Estoy implicado, pero no sé de qué modo» (p. 326). Todo se deriva de una deducción que hace Molina al seguir el rastro de Mamá Larisa, ya que descubre que el jardín de la casa de esta mujer estaba lleno de fetos enterrados en las macetas de las plantas. Almagro le reclama: «¿Por qué no me sorprende que esté usted de nuevo en el centro de todo este caos, Molina?» (p. 323), le expone que siempre lo encuentra como sospechoso, pero que siempre encuentran pruebas que lo desestiman. Molina se adelantaba a los mismos policías y, por lo cercano que encontraba el caso, era como si el asesino estuviera interactuando o enviándole mensajes a él, al detective secundario. Este se defiende ante Almagro, pero decide sucumbir a su adicción al alcohol, agotado por el estrés: «Porque sigo atolondrado, lento, como metido dentro de un sueño. No solo es la fase depresiva y los medicamentos que tomo, sino encima de eso la pócima que me dio a beber esta señora» (p. 345).

Llegas a la carrera cuarta y te metes en un bar universitario a beber. Como cosa rara en esta ciudad mortuoria, empieza a llover y en los andenes y las calles se inundan y toman ese aire plateado que da la impresión de estar metido en un diseño metálico. Te haces en un rincón y pides una botella de ron (p. 346).

Borracho, Molina llama a Miranda y esta le comenta que llegará a la ciudad al otro día, así que decide irse a su casa a dormir y esperarla. Miranda lo llama al otro día y quedan para almorzar, pero en esa misma llamada Molina se da cuenta de que algo no está bien, que ha sido atacada, que no tuvo en cuenta la advertencia de Kalimán: «Los espíritus te han hablado, pero tú continuas sin escuchar. Ten cuidado. Cada paso que das estás a un metro más cerca de la horca. No solo van por ellas, también tu estas implicado, también tu alma está en juego.» (p. 377)

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Del otro lado de la llamada le habla la voz del asesino «Es la quinta y la última víctima canónica». (p. 378). Molina suplica por la vida de Miranda, pero es demasiado tarde. El detective decide ir a casa de la única persona que lo comprendía y amaba tal cual era, ella no le dio la espalda y lo acompaño en sus etapas más oscuras. Molina sabía que era tarde que había perdido su polo a tierra, la razón de su poca estabilidad, «lo único que realmente sentías como tuyo en este mundo» (p.380) y la ilusión de tener algún día un hogar aun sabiendo que su final siempre era otro, solitario y aislado. Molina, en su dolor, comete el error contaminar la escena, no se da cuenta que el asesino quería eso, que no tuviera juicio y sabía que, si Molina se manchaba, extendía la sangre y movía el cuerpo lo podían culpar. Almagro recibe la llamada de dolor de Molina «La mataron, viejo, no alcancé a llegar…» (p. 380). Seguido de esto el detective pierde el sentido. Cuando entra al lugar Almagro y sus hombres, la escena no puede ser más delirante, más estremecedora: tú, Frank, estás en el piso con el cadáver de Miranda entre tus brazos. Ella está tajada, abierta, acuchillada como un animal sacrificado en la mesa de una carnicería. Te hacen a un lado después de tomarte unas cuantas fotografías en la posición inicial […] Estas atolondrado, ido, sin saber muy bien dónde te encuentras. Los detectives hallan el arma homicida. Esta vez sí tiene tus huellas y tú ni siquiera entiendes lo que ellos dicen y afirman mientras continúan revisando la escena del crimen (p. 383). Molina es detenido y recluido en comisaría. Lo interrogan, le preguntan acerca de sus delirios y brotes psicóticos, de sus fases depresivas y maniacas, la fuga de la clínica Monserrat, su adicción al alcohol y marihuana, la regularidad del consumo del medicamento, de su condición mental, su memoria, sus ataques de violencia, de la comunidad que estaba siguiendo. Molina intenta de nuevo escapar al interrogatorio mostrándose más culpable ante el cuerpo de policía. Lo peor de la situación es que así se planeó esto desde el principio. Ya no habrá más crímenes y tú quedarás como el único responsable, como el asesino que al final descuartizó incluso a su propia novia. El nuevo Jack de Ciudad Gótica (p. 388). Al final el detective no pudo seguir resistiendo, recluido, aislado y adormecido por el medicamento que le suministraban para evitar alteraciones. Molina pasa del duelo de la muerte de Miranda al duelo propio. «El resto del tiempo duermes, te hundes en un vacío, en una atmósfera soporífera que te mantiene buena parte del tiempo suspendido en una realidad aparte». (p. 415). no logra identificar quién o quiénes fueron los artífices de su destrucción. Si fue alguna venganza

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por los viejos artículos contra la clase política corrupta, o la investigación de Ignacio Pombo y sus cómplices paramilitares.

El enemigo de Molina siempre fue él mismo, debido a su constante pelea por mantenerse cuerdo mientras luchaba con su trastorno bipolar. Como lo predijo, murió, convirtiéndose «en un paciente enajenado, sin identidad, sin voz, sin presente ni futuro. No eres nadie, no eres nada». (p.

420).

Al antes detective le crecen el cabello y la barba, las canas aparecen, nadie lo visita, nadie pregunta por él; ni siquiera el padre Bautista. Con el paso del tiempo los enfermeros le quitan la camisa de fuerza, por la que se le atrofiaron las articulaciones. «Has perdido la memoria. No sabes ya cómo te llamas ni quién eres» (p. 420).

Una mañana una enfermera lo encuentra sin signos vitales. No hay nadie que pueda hacerle un entierro decente, no tiene familiares, amigos ni conocidos:

No, eso es para los seres humanos normales. Tú eres un lobo, un animal de presa, un salvaje que ha vivido entre los bosques invernales, las tormentas y el hielo. Te entierran en una fosa común entre indigentes y marginales, sin lápida, sin un nombre que recuerde tu presencia ni tu paso por este mundo. Eres el olvido. Eres la amnesia de un Dios que ya no te reconoce ni te reconocerá jamás (p. 421).

Frank Molina termina según las predicciones de Leticia y el padre Lázaro Bautista: aislado, sin memoria y derrotado. Estos dos personajes se sumarían a su destino, internados junto a él en la clínica psiquiátrica. La ciudad y su ritmo vertiginoso terminaron por arrastrar a Molina a perder lo poco que había construido en los últimos años y sin familia ni conocidos, su nombre solo quedaría en los artículos de prensa que publicó, sus premios y los casos que logró resolver. Con Akelarre termina el ciclo de casos del detective y con él una etapa en la obra del escritor Mario Mendoza, ya que a la fecha se ha dedicado a producir en otros géneros narrativos, como el cómic y la novela gráfica. Sin embargo, en sus relatos siempre aparecen rasgos, trazas de su incursión en la novela negra, sociedades distópicas, donde el ser humano sobrevive aun con la falta de justicia y oportunidades de desarrollo social, personajes oscuros e inteligentes, marginados. Mendoza comenta, en Leer es Resistir (2022), que decidió crear a Molina «como un tipo al orden del día, actual, que fuera capaz de enfrentarse a una realidad oscura de asesinos y políticos corruptos» (p. 236). Después de dar muerte a sus detectives anteriores: Sinisterra en Scorpio City y Capeto en Apocalipsis, el autor comienza una etapa de documentación, visitas e intercambio de

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opiniones con escritores cercanos como Ernesto McCausland; autor de Febrero Escarlata, novela negra cuyo detective, Capeto Cervantes, también es un periodista de crónica roja, el cual Mendoza le solicita prestado a McCausland para la creación de una nueva novela. La única condición de escritor barranquillero fue: «Recuerda que Capeto nunca se rinde, pase lo que pase, y que los hampones de este país jamás podrán comprarlo» (p. 235).

Mendoza comienza desde el 2011 a gestar a Frank Molina, a partir de una epifanía. El autor llevaba varios días con insomnio, con la barba y el bigote desordenados, ojeras marcadas, cabello sucio, boca transformada en mueca grotesca, dice:

me acerqué al espejo, me miré directamente a los ojos, y me dije en voz alta: Te llamas Frank, Frank Molina, y eres un auténtico hijo de puta. Y me sonreí de un modo mefistofélico. Estaba feliz, dichoso. Acababa de tropezarme en el espejo al mejor de todos mis detectives (p. 238).

Por último, Mendoza siempre ha manifestado preocupación por el vacío de una tradición fuerte de novela policíaca o negra Como ya han dicho varios de mis colegas, sorprende que el país con las mafias más famosas del mundo no haya creado en su literatura sagas de detectives encargados de hacer justicia poética. No sabemos muy bien las razones todavía de este vacío, pero no deja de ser curioso en una sociedad con tanta materia prima para el género. Mi generación ha coqueteado mucho con el policíaco, pero no creamos ciclos largos a la manera de un Carvalho o un Héctor Belascoarán Shayne (p. 234).

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Conclusiones

Frank Molina es un detective independiente que no está ligado al cuerpo de policías y acepta los casos según su interés y deseo de ayudar a las víctimas. Con cualidades especiales que posee todo investigador, Molina actúa siguiendo los métodos de los detectives clásicos: toma apuntes en una libreta; consulta la prensa, expedientes y archivos para obtener información; investiga el entorno, a la víctima y las posibles causas del crimen; visita y se desplaza para obtener información de testigos e informantes; reconstruye las pistas y secuencia del crimen una y otra vez; se imagina el actuar y mentalidad del asesino.

El método de Frank Molina es producto de su contexto; teniendo en cuenta las diferencias sociales, económicas y políticas con el detective clásico, el latinoamericano se enfrenta a una realidad diferente: un contexto empobrecido, golpeado por las dictaduras, el narcotráfico, la inmigración, la violencia y desigualdad social. Al investigar va detrás de la verdad, afrontando los riesgos; su sentido de justicia lo traslada a la resistencia y a la búsqueda del equilibrio social; es enlace entre la clase alta y baja para poder obtener información y favores; en ocasiones recurre a tácticas de sutil amedrantamiento, para presionar a sospechosos o colaboradores; si es necesario obtener una pista entra a encubierto a espacios privados, y así consigue información; aprovecha su conocimiento como periodista para interrogar a sus víctimas haciendo uso de una retórica que presiona, acorrala e intimida a los sospechosos. El detective no se encuentra limitado por su conocimiento de la ley; al ser parte de una sociedad donde tanto la ley como la justicia pueden manipularse para beneficio del mejor postor, entiende que el uso de métodos moralmente cuestionables no está fuera de su alcance puesto que su objetivo es descubrir la verdad. Por lo anterior, Frank Molina tiene bases del detective clásico al actuar, pero en el pensamiento y personalidad se asemeja al detective de la novela negra. Está ligado a las capas sociales de la ciudad, de lo urbano, al tráfico y clima inconsistente. Frank es un detective colombiano que ha sufrido en vida los golpes y excesos de poder del Estado, siente rechazo y aislamiento por su condición mental, abandonó a sus padres para evitarles vergüenzas y malos ratos. Su vulnerabilidad es reflejo de la sociedad que habita y por eso, tanto como periodista como detective, intenta devolver a la sociedad una crítica y reclamo ante la clase política y militar, denunciando las injusticias que golpean al más necesitado, realiza investigaciones que devuelven

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esperanza a la víctima afectada por el encubrimiento de la verdad, desafiando la ya instaurada impunidad estatal.

El mayor enemigo de Frank era él mismo, luchaba contra su mente, sus estados de ánimo lo condicionaban. En sus fases altas, donde podía tener energía y temple, lograba todo lo que se proponía, pero este exceso de energía lo volvía irritable, violento y agresivo tanto física como verbalmente, siendo una amenaza para su entorno y la internación era inevitable. En sus fases bajas la ansiedad, depresión, el peso de los días y el estrés lo sumaban en un carácter apagado, con pensamientos suicidas y con una violencia psicológica contra sí mismo en la que se degradaba continuamente. Sin embargo, al mantenerse medicado, estable, sin fumar marihuana ni tomar alcohol, en una sobriedad notoria, para Molina se hacían más claros sus pensamientos y más acertadas sus acciones, hilaba con facilidad las pistas y sus deducciones siempre resultaban correctas. Se sentía tranquilo y enfocado en lo que quería obtener, casi siempre: la verdad de la historia, o del caso, firme y transparente Estuvo estable varios años, con la medicación y la compañía de Miranda y Kalimán, pero poco a poco sus fases terminan por controlarlo, perdiendo fe en la vida y sus capacidades personales. Se mezcló con la ciudad que día a día manifiesta vacíos y desigualdades y empatizó con el que no tiene voz. Por esto Frank es un detective de novela negra, de lo urbano, de socavar fronteras y remover las clases sociales. De mantenerse incorruptible en una sociedad dominada por el capitalismo, la violencia, el dinero y el poder. De resistir ante las adversidades propias y sociales para destapar los errores e injusticias estatales que afectan a los más necesitados. Mario Mendoza nos muestra un detective que renace en Lady Masacre, pero es derrotado en Akelarre, un detective con traumas y abandonos que manifiestan su lucha por el bien de los otros, más que por el propio. En estas dos novelas Mendoza mezcla la base de la novela policiaca, al tener el crimen y la investigación como motivo narrativo, con los elementos de la novela negra, cuando coloca a la sociedad en el centro del relato, con sus contrariedades, conflictos y detrimento. La novela de Mendoza toma elementos de la novela policiaca y los traslada a la novela negra a través del detective, el crimen y la investigación; mostrándonos la sociedad tal como es. Mendoza se considera un escritor de realismo urbano o realismo degradado, como él lo ha manifestado, con una clara influencia de la novela policiaca inglesa y norteamericana. Refleja la problemática social a través de los elementos de la novela negra, donde el por qué y el impacto del crimen son elementales para comprender al detective, la víctima, el asesino y el contexto.

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En sus novelas, Mario Mendoza toca temáticas como la religión, la otredad, la moral, la política, la violencia, la sociedad colombiana, lo sobrenatural, el misticismo, lo paranormal, el existencialismo, la resiliencia, el sentido del ser humano y su supervivencia. Nos muestra la ciudad como es, conflictiva e irritada, una sociedad que para Mendoza puede ofrecer resistencia ante las presiones y censura del Estado, una sociedad que posee pequeños héroes con acciones que parecen pequeñas, pero que sumadas todas ofrecen un gran movimiento de esperanza ante los cambios económicos y sociales acarreados, impuestos por el capitalismo.

Mario Mendoza logra igualar al lector con los personajes de sus novelas, situarlo en su mismo contexto, con problemas reales elevados a la ficción. El lector se relaciona con el marginado, con el necesitado, con el afectado mental, con el personaje que quiere sobrevivir y no ser derrotado, con el que lucha contra sí mismo y su inconsciente, el que lucha contra los patrones de lo que está bien y lo que no lo está, con el que logra encontrar salvación en el amor, en el respeto, en la tolerancia al otro.

La tradición de novela policial en Colombia es poca en comparación con el volumen de obras publicadas en el género de novela negra, ya que este género encaja con la realidad social colombiana, de inconformidad, de lucha y tenacidad. Es por esto por lo que la presente investigación se suma al estudio de la novela negra y los elementos policiales que hay en la obra de Mario Mendoza y del contexto colombiano y latinoamericano. Se partió desde lo canónico e histórico en el ámbito policiaco para adentrarnos en la novela negra y el detective latinoamericano, dando lugar a Frank Molina, producto de la narrativa de Mario Mendoza enmarcada en la real y beligerante Bogotá. Se busca presentar a Molina como un detective con elementos propios del investigador clásico, pero influenciado por el contexto colombiano, caracterizado por dificultades y luchas constantes. Se trata de un detective de novela negra que encuentra refugio en su sociedad. El propósito de esta investigación es contribuir a la renovación y la interacción entre el género clásico policiaco y la novela negra, en particular en el ámbito latinoamericano y colombiano. Además, abre el camino para futuras investigaciones que pueden complementarse con temáticas como la representación de la ciudad y el detective en la obra de Mario Mendoza, el uso de elementos sobrenaturales en la novela negra del mismo autor y el papel del detective en la sociedad colombiana, como una figura que denuncia y resiste en un contexto precario, marcado por la ausencia de justicia social y condenado a la impunidad y el desequilibrio urbano.

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