Tom o Cuent o sI
TOMÁS CARRASQUILLA
Narrativa breve E d ic ión c r í t ica
Editores académicos Félix Antonio Gallego Duque Edwin Carvajal Córdoba Equipo de editores críticos Edwin Carvajal Córdoba - Félix Antonio Gallego Duque Ana María Agudelo Ochoa - Juan Esteban Hincapié Atehortúa Héctor Fabio Buitrago Correa - Laura Daniela Arboleda Ramos Walter Darío Parra Cardona - Alejandría del Sol Monsalve GaviriaI Tom o Cuento s
TOMÁS CARRASQUILLA
Narrativa breve Edició n crítica
TOMAS CARRASQUILLA. NARRATIVA BREVE.
CUENTOS. TOMO I
Colección Humanismos / Ediciones críticas © Fondo Editorial Facultad de Comunicaciones y Filología, Universidad de Antioquia © Tomás Carrasquilla © Félix Antonio Gallego Duque y Edwin Carvajal Córdoba © Ana María Agudelo Ochoa, Juan Esteban Hincapié Atehortúa, Héctor Fabio Buitrago Correa, Laura Daniela Arboleda Ramos, Walter Darío Parra Cardona y Alejandría del Sol Monsalve Gaviria ISBN: 978-628-7706-78-1 / ISBNe: 978-628-7706-81-1 Dirección editorial: Diana Guzmán Comité editorial (2024 - actual): Juliana Restrepo Santamaría, Diana Ramírez Hoyos y Paula Andrea Marín Colorado Comité editorial (2020 - 2024): Alba Shirley Tamayo Arango, Mauricio Naranjo Restrepo, Andrés Vergara Aguirre, Juan Fernando Taborda Sánchez Editores asistentes: Laura Daniela Arboleda Ramos, Christian Benavides Martínez, Juan Felipe Varela García Diseño y diagramación: Juan Esteban Ávalo, Christian Benavides Martínez y Yon Leider Restrepo Primera edición: agosto de 2024, Medellín Impresión y terminación: Shop Design
100 ejemplares
Carrasquilla, Tomás, 1858-1940, autor.
Tomás Carrasquilla. Narrativa breve / editores: Félix Antonio Gallego Duque y Edwin Carvajal Córdoba; autores: Félix Antonio Gallego, Edwin Carvajal Córdoba [y ocho más].. -- Medellín : FOCO. Fondo Editorial, 2024.
2 volúmenes (460, 430 páginas)
(Tomás Carrasquilla. Narrativa Breve ; 1) Contiene: volumen 1: Cuentos -- volumen 2: Novelas breves. ISBN: 978-628-7706-77-4 (colección) ISBNe: 978-628-7706-80-4 (colección) ISBN: 978-628-7706-78-1 (volumen 1) ISBNe: 978-628-7706-81-1 (volumen 1)
1. Carrasquilla, Tomás, 1858-1940 -- Crítica e interpretación. 2. Literatura colombiana. 3. Cuentos colombianos. I. Gallego Duque,
Félix Antonio, editor. II. Carvajal Córdoba, Edwin, editor. III. Agudelo Ochoa, Ana María, autora. IV. Hincapié Atehortúa, Juan Esteban, autor. V. Buitrago Correa, Héctor Fabio, autor. VI. Arboleda Ramos, Laura Daniela, autora. VII. Parra Cardona, Walter Darío, autor. VIII. Monsalve Gaviria, Alejandría del Sol, autora. IX. Serie. Catalogación en publicación de la Biblioteca Carlos Gaviria Díaz LC: PQ8173.C3 CDD: C863.62 ed. 23 Portada: mural Las siete palabras (1955) de Horacio Longas. Impreso y hecho en Colombia. Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio o con cualquier propósito sin la autorización escrita del Fondo Editorial de la Facultad de Comunicaciones y Filología de la Universidad de Antioquia. Contacto: foco@udea.edu.co, (604) 219 59 26, Calle 67 No. 53 - 108, Medellín, Colombia.
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3604 “Estudio previo y edición crítica de la narrativa breve de Tomás
Carrasquilla”, financiada por el Comité para el Desarrollo de la Investigación (CODI) de la Universidad de Antioquia, y adscrita a los grupos de investigación Estudios Literarios (GEL) y Colombia: Tradiciones de la Palabra (CTP) de la misma universidad.
I Tom o Cuento s
11 •— Introducción
19 •— Nota filológica
22 •— Criterios ortográficos
26 •— Criterios morfológicos
27 •— Criterios tipográficos o de distribución del espacio textual
29 •— El texto
30 •— Simón el mago
50 •— En la diestra de Dios Padre
68 •— Blanca
90 •— Dimitas Arias
126 •— El ánima sola
140 •— San Antoñito
152 •— ¡A la plata!
160 •— Mirra
170 •— Historia etimológica
176 •— El prefacio de Francisco Vera
186 •— El gran premio
196 •— La perla
204 •— El rifle
216 •— La mata
222 •— Esta sí es bola
246 •— Rogelio
262 •— Copas
276 •— Salutaris Hostia
Contenido
283 •— Dominicales
284 •— En los campos
290 •— Estudiantes
300 •— Curas de almas
306 •— Elegantes
314 •— Estrenos
322 •— Veinticinco reales de gusto
330 •— El ángel
340 •— Vestes y moños
348 •— Mineros
354 •— Vagabundos
360 •— Alma
366 •— Titanes
372 •— La horca
377 •— Acuarelas
378 •— El hijo de la dicha
384 •— Palonegro
390 •— Fulgor de un instante
398 •— Los cirineos
404 •— Regodeos seniles
410 •— Superhombre
424 •— Tranquilidad filosófica
432 •— Por Jesús, recién nacido
439 •— Lexicón de la narrativa breve de Tomás Carrasquilla
449 •— Referencias bibliográficas de variantes, lexicones y notas
explicativas
457 •— Abreviaturas de la narrativa breve de Tomás Carrasquilla
Contenido
Tomás Carrasquilla (1858-1940) con su creación literaria expresó una vitalidad singular y sensible para representar en su obra la realidad colombiana de la transición entre los siglos xix y xx, así como la dicotomía entre el campo y las incipientes ciudades del periodo en el que vivió. Para este escritor no fue ajeno ninguno de los temas de la sociedad decimonónica en su paso hacia la modernización del siglo pasado; reflexionó y escribió sobre diversas situaciones de lo cotidiano y lo complejo de las pasiones humanas. Su visión del mundo, representada en sus historias e invenciones, corresponde a una mirada jocosa, aguda, crítica e irónica frente a las costumbres, las ilusiones y los problemas de la sociedad colombiana. Por estas razones, desde su primer cuento, el escritor se propuso narrar con una voz particular, realista y auténtica las vicisitudes más íntimas o habituales de su sociedad. En él mismo se hallan vida y obra de manera coherente, para romper con la estética establecida de su época, con miras a una apuesta artística e intelectual desde la provincia, y de esta forma recrear su propio mundo con aliento universal. Carrasquilla es un escritor fundamental para comprender la tradición literaria colombiana de las primeras décadas del siglo xx, por esto mismo nuestro homenaje a su obra con este estudio de edición crítica que busca una mejor comprensión, difusión y valoración de su universo literario.
Es cierto que la obra de Tomás Carrasquilla ha sido objeto de un significativo número de ediciones y estudios críticos en el contexto literario universal. Quien lee estas líneas podrá preguntarse cuál es el objetivo de una nueva edición. Para responder tal cuestionamiento es necesario explicar el origen de los dos volúmenes que componen esta edición crítica. Hace algunos años un grupo de investigadores —profesores y estudiantes de la Universidad de Antioquia— interesados en la crítica textual y en la historia de la literatura colombiana emprendimos el proyecto “Estudio previo y edición crítica de la narrativa breve de Tomás Carrasquilla” con el fin de estudiar cuidadosamente un corpus de la obra del escritor antioqueño y establecer, con fundamento en los postulados de la crítica textual, nuevas ediciones de los relatos que atendieran, en lo posible, a la última voluntad del autor. El presente volumen es el resultado de este primer objetivo. Asimismo, el equipo de trabajo se propuso preparar un volumen con nuevos estudios en torno a Carrasquilla y su obra. Este segundo propósito se cumplió con el volumen Tomás Carrasquilla. Nuevas lecturas críticas de su obra literaria (2019). Entre las características que diferencian este trabajo de otras ediciones de la obra de Carrasquilla se cuentan, en primer lugar, el sólido fundamento teórico y metodológico tras el proceso del establecimiento de las ediciones definitivas de cada uno de los textos. En este sentido, hay que advertir que la presente edición crítica se cimenta en los postulados de la crítica textual, disciplina filológica que, Introducción
basada en sus propios métodos y recogiendo la experiencia de varios siglos, pretende fijar un texto, generalmente literario, tal y como salió de las manos de su autor, depurándolo de las imperfecciones y errores, así como de los aciertos que en dicho texto acumularon la intervención de los hombres y el paso del tiempo (Morocho Gayo, 2004, p. 117).
Para Germán Orduna (2000) la crítica textual es la operación esencial del quehacer filológico, al tiempo que la entiende como “metodología de la edición crítica de un texto” (p. 3); para Paul Maas (2012) el objetivo fundamental de la crítica del texto o crítica textual es “la restitución de un texto (constitutio textus) que se aproxime lo máximo posible al autógrafo (original)” (p. 27); Belem Clark de Lara (2009) concibe la crítica textual como “la disciplina que rescata, depura y fija con autenticidad los textos” (p. 13), y para Alberto Bernabé (2010) esta disciplina filológica constituye “el conjunto de operaciones ejercidas sobre uno o varios textos alterados por diversas vicisitudes sufridas desde el momento en que fueron escritos hasta aquél en que llegan a nosotros, y encaminadas a tratar de restituir lo que se considera era su forma originaria” (p. 10).
En síntesis, el lector de la presente edición encontrará que la crítica textual es el referente conceptual que orienta la fijación de la narrativa breve de Carrasquilla, dada su vocación por la conservación, el estudio y establecimiento inequívoco de los textos; referente que se verá claramente especificado con la fijación en edición crítica del corpus de la presente edición, y su aparataje crítico representado en el estudio de la collatio, las variantes filológicas y las notas explicativas. Con esto se cumple con la premisa filológica que inspira la presente edición académica y que en palabras de Alberto Blecua (2012) se precisa como una edición crítica que “depure los textos de los errores que impiden una interpretación literal segura para intentar reconstruir la voz original o la más cercana al autor de todas las posibles” (p. 21).
En segundo lugar, se encuentra la utilización de periódicos y revistas como fuentes primarias en el proceso investigativo. Este tipo de publicación, a menudo olvidada por los estudiosos de la literatura, permite acceder a las versiones de los relatos de Carrasquilla que circularon en los impresos periódicos, los cuales, en la mayoría de los casos, fueron la materialidad primera de las obras. Además, se debe mencionar que las publicaciones periódicas son medios fundamentales de difusión de la literatura en los sistemas literarios hispanoamericanos a lo largo del siglo xix y durante las primeras décadas del xx. De hecho, buena parte de la cuentística de Tomás Carrasquilla ve la luz por primera vez gracias al espacio brindado por periódicos y revistas de la época, como La Miscelánea (Medellín), El Montañés (Medellín), Alpha (Medellín), El Correo Liberal (Medellín), El Espectador (Medellín), El Liberal Ilustrado (Bogotá), El Espectador (Bogotá), El Gráfico (Bogotá), Sábado (Medellín), El Bateo (Medellín), Lectura Breve (Medellín) y El Diario Introducción
(Medellín). De esta manera, la publicación en formato libro es un fenómeno posterior a la publicación en prensa. Incluso, en vida del autor las ediciones realizadas en formato libro recopilaron la mayor parte de su obra narrativa dispersa en los impresos periódicos; estos volúmenes estuvieron a cargo de editores como Carlos E. Rodríguez con su imprenta o Germán Arciniegas con su colección Ediciones Colombia; también es relevante el papel de la editorial Atlántida, la cual editó volúmenes recopilatorios de su obra cuentística.
Para el establecimiento del texto base de cada una de las narraciones que integran este volumen se recurrió precisamente a las primeras ediciones de las obras aparecidas en los impresos periódicos, los cuales presentan información valiosa como antecedente textual de las publicaciones en formato libro. En ausencia de manuscritos que atestigüen una voluntad del autor diferente a las ediciones príncipes publicadas inicialmente en la prensa y en las revistas literarias, estos testimonios son la base fundamental para la fijación de las narraciones, que en la mayoría de los casos pudieron recuperarse a pesar del paso del tiempo y del mal estado de algunos medios impresos. Se debe tener en cuenta que tampoco hay evidencias de la intervención de Tomás Carrasquilla durante su periodo vital en la edición de sus obras en formato libro, especialmente por los quebrantos de salud en diferentes momentos de su vida; además, se identificaron decisiones de diferentes editores que alteraron el sentido primigenio de la obra. En suma, esta edición procura restituir la voluntad inicial de Carrasquilla en aquellos pasajes omitidos o intervenidos arbitrariamente por algunos editores, tomando como base las primeras apariciones de sus narraciones en impresos periódicos, pues la mayoría de los recopiladores de su obra han tomado como base para la historia de trasmisión textual las ediciones de los textos de Carrasquilla en formato libro, desconociendo el valor de las primeras publicaciones en la prensa. Debido a la vastedad de la obra narrativa de Tomás Carrasquilla, se hizo necesario seleccionar un corpus de obras como objeto de estudio. De allí que se delimitara a su narrativa breve de ficción, tomando los cuentos y las novelas breves, atendiendo a la propia clasificación que el narrador antioqueño propone de sus obras, de la que queda constancia en su “Autobiografía”, en su correspondencia y en las notas consignadas en documentos privados que reposan en el archivo que resguarda la Casa Museo Tomás Carrasquilla, en Santo Domingo (Antioquia). En este sentido, el proceso de la búsqueda bibliográfica de la narrativa breve del escritor fue complejo, así como la definición del género literario, dado que sus obras aparecieron en periódicos y revistas literarias, tal como se vio antes, con diversidad de apelativos de género y con visibles problemas tipográficos o de imprenta. En las ediciones en formato libro de sus primeros volúmenes de cuentos se compilan estas primeras publicaciones seriadas, pero no hay evidencia de que obedecieran a un criterio de clasificación claro; por ejemplo, la segunda publicación de Luterito (primera en formato de libro, presentada con el título de Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
El padre Casafús: Novela en 1914), considerada hoy como novela corta, incluye en su índice otras obras señaladas tradicionalmente como cuentos: “Blanca”, “El ánima sola” y “Dimitas Arias”, entre otros, sin que en ninguna parte de la publicación se especifique el criterio de selección y agrupación de estas obras literarias. Al realizar hoy una revisión bibliográfica se identifica que en vida del autor se publicaron otras compilaciones de narraciones breves por parte de la editorial Atlántida de Medellín. La primera, denominada Dominicales (1934), contiene una serie de cuentos o narraciones consideradas menores dentro de la producción narrativa del escritor; sin embargo, incluye obras como “¡A la plata!” y “La mata”, que originalmente no eran parte del corpus. Por otro lado, dos años después aparece el volumen de cuentos denominado De tejas arriba (1936), donde se encuentran algunas de sus primeras narraciones breves, aquellas que le dieron reconocimiento al autor y que son las de mayor trascendencia en su narrativa breve, como “Simón el mago”, “En la diestra de Dios Padre” y “San Antoñito”. Se debe resaltar, además, la primera selección póstuma de sus cuentos realizada por Benigno A. Gutiérrez, con unos primeros e incipientes criterios filológicos de fidelidad y rastreo de sus publicaciones en las ediciones príncipes, conocida como Cuentos de Tomás Carrasquilla: “Náufrago asombroso del siglo de oro”, publicada en 1956 por la editorial Bedout. A partir de las primeras publicaciones póstumas de Obras completas de Tomás Carrasquilla (EPESA, 1952 y Bedout, 1958), la obra ficcional empieza a clasificarse y a enmarcarse en su gran mayoría dentro del género narrativo, diferenciando de forma tradicional la clasificación entre novelas, novelas breves y cuentos. Sin embargo, existen algunas otras piezas narrativas afines a la cuentística que son denominadas como Acuarelas y las mencionadas Dominicales, que en diversas publicaciones son tratadas indistintamente; por ejemplo, en la publicación Veinticinco reales de gusto (y otros cuentos), realizada por la Editorial Universidad Pontificia Bolivariana en 1998, se clasifican como cuentos algunas obras que diez años más tarde, en la edición conmemorativa de Obra completa de 2008, realizada por Jorge Alberto Naranjo a través de la Editorial Universidad de Antioquia, son diferenciadas de los “cuentos mayores” o más reconocidos que aparecen en el primer volumen, y son propuestos en el tercer volumen bajo el tradicional título de Dominicales; es decir, se asume como otro tipo de obra narrativa “menor”, que no está enmarcada en la producción principal del autor, dándole un tratamiento diferente, tal vez porque inicialmente apareció en una publicación seriada bajo el nombre de una columna de prensa; lo anterior solo para ejemplificar dos de los casos editoriales más recientes. La falta de sistematicidad en la denominación y agrupación de la obra de Tomás Carrasquilla en sus diversas publicaciones, así como las valoraciones críticas y múltiples de su obra, han generado confusión sobre el verdadero carácter de las narraciones cortas; denominaciones como cuento, relato y semblanza son comunes al tratar su obra; inclusive la denominación de estas narraciones como muestras de Introducción
“folklore antioqueño” contribuyeron a afianzar en una primera época la apreciación de esta narrativa como regional, costumbrista y autóctona. El escritor Mario Escobar Velásquez (2007) estableció que Carrasquilla más que buen cuentista había sido buen novelista, y especificó de la siguiente manera que solo un cuento podría tomarse como emblemático entre dieciséis obras reconocidas de don Tomás: Por eso decimos que mirando hoy, con las normas de hoy, Carrasquilla solo se salva con un solo cuento formidable, y que los usos de su época fueron otros usos. No es extraño, entonces, que “¡A la plata!” sea, pues, el cuento de don Tomás que aparece sistemáticamente en las antologías rigurosas realizadas por expertos. Porque los otros quince son fábulas, son asuntos folclóricos, o meramente anécdotas bien narradas, con salero, como acontece con “Simón el mago” (p. 24). Con base en lo anterior, se puede evidenciar cómo no hay consistencia en el tratamiento, clasificación y determinación del género literario de la obra narrativa de Tomás Carrasquilla a lo largo del tiempo y de las sucesivas publicaciones, motivo que nos lleva a presentar una nueva edición de su narrativa breve, esta vez una edición crítica, que atienda a los criterios de su género en aquel momento histórico de su producción y recepción. Adicionalmente, la agrupación histórica de su narrativa no ha sido clara y los criterios en su tratamiento han sido arbitrarios; si bien hoy hay consenso relativo frente a las denominadas “obras mayores”, siendo estas sus novelas o incluso sus novelas breves, sobre las “obras menores”, enmarcadas igualmente en un género históricamente menos apreciado como el cuento, no hay un corpus delimitado o de clasificación adecuada, presentando de manera dispersa y confusa esta producción que no puede considerarse menor en la calidad narrativa de este escritor antioqueño. Por el contrario, en muchas ocasiones los referentes literarios ineludibles de don Tomás no podrían estar desligados de obras de gran trascendencia como “Simón el mago”, “En la diestra de Dios Padre” o “¡A la plata!”. Para sintetizar la discusión sobre el género literario, resta decir que los cuarenta y cuatro relatos que conforman el corpus analizado, presentados en esta ocasión en dos volúmenes, tienen en común que son obras narrativas, breves y de ficción, cuyas primeras ediciones tuvieron lugar entre 1890 y 1931. De las denominaciones utilizadas por Carrasquilla para clasificar sus relatos dan cuenta las siguientes líneas tomadas de su “Autobiografía”:
[…] he publicado tres novelas extensas, varias cortas, algunos cuentos y muchísimas chilindrinas, a guisa de crónicas, que llaman ahora. El año pasado publiqué, en El Espectador de Medellín, una serie de cuadros rústicos y urbanos, alternados, con el título de Dominicales, que por ser enteramente regionales, agradaron bastante en esas Beocias (Carrasquilla, 1915, p. 698, énfasis añadido). Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
El uso de categorías como “novela extensa”, “cuento”, “cuadro”, “crónica” pone en evidencia una conciencia autorial a propósito de los géneros. La investigación respeta este criterio del autor no solo en la selección del corpus, también en la clasificación de las obras. Algunas ediciones que anteceden el presente volumen optan por cambiar la clasificación genérica declarada por Carrasquilla; tal es el caso de la obra El Zarco (1922), denominada “novela” por Carrasquilla en El Espectador de 1922, pero enmarcada como “novela corta” por epesa en 1952 y “novela breve” por la Editorial Universidad de Antioquia en 2008, sin que quede muy claro el fundamento de la nueva clasificación. Podría argumentarse que las discusiones teóricas a propósito de los géneros literarios permitirían proponer otras denominaciones sobre los mismos; no obstante, dado que el espíritu de la edición crítica es respetar la voluntad del autor, se ha optado por mantener las denominaciones originales del escritor, con leves variaciones, para la organización y presentación del corpus, tal como se verá a continuación. Para la presentación y denominación del género literario de la narrativa breve de Carrasquilla se siguieron algunos criterios de orden cronológico y testimonial. El primero tiene que ver con el año de publicación de cada obra, toda vez que representa una evolución estética y conceptual en la creación del autor; en tal sentido, es fundamental atender a este criterio en la organización y presentación del presente corpus de la narrativa breve. El segundo criterio se relaciona con el testimonio del autor que se halló en un cuaderno de notas que reposa en la Casa Museo Tomás Carrasquilla de Santo Domingo, Antioquia, en el que se transcribe una entrevista con el autor, en la época de enfermedad y disminución de su capacidad física, donde él plantea la clasificación propia de su obra literaria, a partir de categorías como cuento, novela, novela corta y novela larga, entre otras. Para la organización del corpus se siguió el criterio académico relacionado con la especificidad y rasgos distintivos del género narrativo; en este sentido, los editores optamos por organizar y presentar el corpus en dos grandes grupos: el primero, contenido en el primer volumen de la presente edición crítica, contiene los cuentos en su forma narrativa breve, donde se incluyen los publicados desde 1890 hasta 1931, así como aquellas colecciones de relatos identificados y agrupados desde su publicación original como Dominicales y Acuarelas. El segundo grupo se compone de aquellas narraciones que por su extensión, calidad estética y desarrollo temático se consideran novelas breves, las cuales se compilan en el segundo volumen de esta edición, dando continuidad al conjunto de cuentos. La estructura y organización de la presente edición crítica de la narrativa breve de Carrasquilla está pensada para ofrecerle al lector la opción de transitar por los relatos apoyado en diferentes herramientas que le permitan ampliar sus posibilidades interpretativas. La “Nota filológica preliminar” que abre la edición expone los criterios editoriales y de fijación de los textos, así como algunas observaciones a propósito de los procesos de recensio y dispositio textus, es decir, del Introducción
proceso de búsqueda, compilación y análisis de todas las ediciones de las narraciones que integran el corpus objeto de estudio, así como su fijación definitiva en edición crítica. En este primer apartado el lector podrá comprender la dimensión del trabajo filológico realizado, toda vez que allí se consignan los procedimientos, las decisiones, las explicaciones y responsabilidades asumidas por los editores durante el proceso de edición. Fundamentalmente, el establecimiento de los criterios de edición reúne las particularidades ortográficas (puntuación, acentuación, uso de mayúsculas, entre otras), morfológicas, sintácticas, tipográficas y todos aquellos procedimientos filológicos aplicados a la estructura del texto, dadas las exigencias y particularidades de la obra editada, así como del mismo proceso editorial. La siguiente sección, el “Texto” o la narrativa breve en edición crítica, está constituida por las cuarenta y cuatro narraciones, organizadas en dos partes, correspondientes cada a un volumen de esta colección: cuentos —organizados a su vez con un criterio cronológico según el año de publicación de la primera edición—, salvo el conjunto de narraciones de Dominicales y Acuarelas, los cuales van agrupados también cronológicamente según su corpus original; en total son treinta y nueve cuentos; y las cinco novelas breves, también en orden cronológico; cada una de las narraciones presenta al inicio los testimonios o ediciones tomadas como base de collatio o comparación; además, incluye sus respectivas variantes filológicas y notas explicativas, las cuales explicitan respectivamente el fenómeno filológico afectado, así como el universo referencial esbozado en cada obra literaria. La siguiente sección de cada volumen es el “Lexicón”, el cual compendia un listado de términos, y sus definiciones, alusivos a fenómenos lingüísticos propios del habla antioqueña y de expresiones fijas que se tejen en los relatos de la presente edición. Al final de esta sección se compila la bibliografía completa que sirvió de referencia para la elaboración de las notas explicativas y del propio lexicón del volumen en el que está presente la terminología. Cierran el primer tomo las referencias bibliográficas sobre Tomás Carrasquilla y su obra literaria, una suerte de estado del arte de todos los estudios sobre el antioqueño y su creación artística. Abordar la figura de Tomás Carrasquilla con todas sus circunstancias personales, con su contexto histórico y cultural, es tarea tan compleja como la misma elaboración de esta edición. De manera sucinta se puede decir que este escritor antioqueño viajó a través de sus diversas lecturas y de la imaginación a diferentes latitudes, pero su universo referencial siempre estuvo cercano a su realidad; su sueño fue viajar a España, pero un inesperado revés en su fortuna hizo que solo estuviera itinerante durante su vida entre Santo Domingo, su pueblo natal; Medellín, la capital de la provincia decimonónica de Antioquia; y Bogotá, la “Atenas Suramericana” de la época de la Regeneración en Colombia. Sus vastas lecturas y su formación autodidacta le permitieron leer “de cuanto hay, bueno y malo, sagrado y profano, lícito y prohibido, sin método, sin plan ni objetivos determinados, por puro pasatiempo” (Carrasquilla, 1915, p. 698), ampliando sus conocimientos con cuanto libro había al alcance en su época; esto le permitió Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
Bernabé, A. (2010). Manual de crítica textual y edición de textos griegos. Madrid: Akal. Blecua, A. (2012). Estudios de crítica textual. Madrid: Gredos. Carrasquilla, T. (1915). “Autobiografía”. El Gráfico, v (237), pp. 698-699. Carvajal Córdoba, E.; Agudelo Ochoa, A. M. y Gallego Duque, F. A. (editores) (2019). Tomás Carrasquilla. Nuevas lecturas críticas de su obra literaria. Berlín: Peter Lang. Clark de Lara, B. y otros (editores). (2009). Crítica textual. Un enfoque multidisciplinario para la edición de textos. México: El Colegio de México, Universidad Nacional Autónoma de México y Universidad Autónoma Metropolitana.
Escobar Velásquez, M. (2007). Antología comentada del cuento antioqueño. Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Maas, P. (2012). Crítica del texto. Sevilla: Universidad Internacional de Andalucía. Morocho Gayo, G. (2004). Estudios de crítica textual (1979-1986). Murcia: Universidad de Murcia. Orduna, G. (2000). Ecdótica. Problemática de la edición de textos. Kassel: Edition Reichenberger. convertirse en un Maestro y referente para la literatura nacional. Su vasta obra pasa por diversos géneros como la crítica, la crónica y la narrativa, pero será esta última la que lo consagre entre los lectores de diversas épocas.
Sobre Carrasquilla existe una variada información personal en varios de sus textos como “Autobiografía” y las entrevistas con él, así como en una serie de estudios críticos que se han publicado en diferentes épocas desde mediados del siglo xx hasta el presente. Los editores de la presente edición han optado por no registrar un apartado en el que se proporcione información básica sobre la vida de Tomás Carrasquilla, fundamentalmente porque existen estudios muy solventes y académicos que ofrecen información fidedigna al respecto, con fechas, lugares, personajes y eventos importantes en la vida de este escritor colombiano, y no sería novedoso repetir dichos acontecimientos en esta investigación. Para conocer este tipo de estudios se recomiendan las investigaciones realizadas por estudiosos de la vida y obra de Carrasquilla como Benigno A. Gutiérrez, Kurt Levy, Jorge Alberto Naranjo, Flor María Rodríguez-Arenas, Luis Iván Bedoya y Álvaro Pineda Botero, por mencionar los más representativos, y cuyas obras se referencian más adelante en el apartado titulado “Bibliografía sobre Tomás Carrasquilla y su obra literaria”. Por último, el equipo de investigación espera, en un futuro próximo, emprender una segunda etapa de este proyecto, la cual se concentrará en la narrativa extensa de Carrasquilla. No obstante, con este primer aporte esperamos contribuir al estudio riguroso de la obra de una de las figuras emblemáticas de la literatura colombiana, y de esta forma fomentar la difusión de su legado literario y estético. Edwin Carvajal Córdoba Félix Antonio Gallego Duque Ana María Agudelo Ochoa Editores críticos Referencias bibliográficas Introducción
Nota filológica La edición crítica de la narrativa breve de Tomás Carrasquilla tiene como propósito fundamental ofrecer una nueva edición de carácter académico, atendiendo a los propósitos estéticos y de visión de mundo del escritor, para que los lectores y los críticos contemporáneos puedan hacer una renovada lectura de la obra reunida aquí; en síntesis, la presente edición permitirá una nueva valoración estética de los textos del escritor colombiano.
Esta primera edición crítica de la narrativa breve de Tomás Carrasquilla aspira a enmendar, siguiendo la terminología de la crítica textual, todas las inconsistencias que ha acumulado esta obra narrativa en su historia de transmisión textual, bien sea por parte de editores y correctores, o bien por causas atribuibles al paso del tiempo y a la ausencia del material pretextual de la obra, para verificar la fidelidad con la cual ha sido transmitida.
En esta perspectiva, la presente edición ha significado un trabajo complejo para el equipo de investigadores de los grupos de investigación Grupo de Estudios Literarios (GEL) y Colombia: Tradiciones de la Palabra (CTP) de la Facultad de Comunicaciones y Filología de la Universidad de Antioquia, debido a la cantidad de testimonios de los textos objeto de la edición crítica, así como a la dificultad para acceder a las primeras ediciones de algunos de ellos, especialmente los que aparecieron en la prensa a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Esto evidencia la necesidad de una política pública que garantice la preservación, la conservación y el almacenamiento de las primeras publicaciones periódicas del país. Un caso específico de esta complejidad se encuentra en la primera edición de “Rogelio”, cuento publicado el 18 de diciembre de 1922 en El Espectador de Medellín, versión que no pudo encontrarse completa en ninguno de los depósitos nacionales, como la Biblioteca Luis Ángel Arango, la Biblioteca Nacional o la Biblioteca Carlos Gaviria Díaz de la Universidad de Antioquia. Esto obligó a seleccionar como texto base la segunda edición, publicada en 1926 por Ediciones Colombia. Esta situación lleva, por consiguiente, a tomar decisiones en la fijación textual con el uso de los fragmentos de la primera edición, de tal suerte que se puedan enmendar los pasajes problemáticos incluidos por la segunda edición y garantizar un texto confiable que corresponda a las intenciones de Tomás Carrasquilla, tal como se propone, a pesar de las dificultades, en esta compilación de su narrativa breve. Desde el punto de vista filológico, el proceso de edición crítica de la obra de Carrasquilla reunida en este volumen se llevó a cabo siguiendo las fases metodológicas de la crítica textual: recensio, constitutio textus y dispositio textus. La primera consiste en la búsqueda, recolección, sistematización, descripción y filiación de los testimonios de la narrativa breve, los cuales han sido transmitidos en un momento determinado de la historia, sean estos de tradición impresa en su totalidad, de forma directa o indirecta, en vida o tras la muerte del escritor. Miguel Ángel Pérez Priego (2011) plantea que esta fase es esencialmente una operación de búsqueda, descripción y filiación de los testimonios que han contribuido a la
difusión de una obra (p. 116). La segunda fase, constitutio textus, se fundamenta en la selección de variantes y la reparación de errores de los testimonios; para Alberto Blecua (2012) esta parte constituye un momento crucial de la edición crítica, puesto que es una etapa “decisoria, más pragmática, que tiene como fin dar un texto crítico concreto a los lectores” (p. 18). La última fase, dispositio textus, consiste en la fijación textual de la narrativa breve mediante el estudio de los errores, la selección de variantes, la instauración de notas explicativas y el establecimiento de las normas o criterios propios que sigue el editor para la fijación definitiva de la obra en edición crítica. Resta decir que dichas fases se vivieron con el corpus de la narrativa breve de Carrasquilla durante varios años en los cuales transcurrió la investigación que antecedió a la presente edición, y que se puede evidenciar en las tablas de cotejo de todo el corpus, en las publicaciones de corte filológico y crítico previas, publicadas en diversos medios, así como en otros archivos de uso interno de los investigadores.
El estudio de la collatio o cotejo hace parte de la primera fase metodológica y se convierte en un insumo sin el cual no sería posible presentar esta edición. Consiste en la comparación o confrontación del texto base del corpus con todos los demás testimonios seleccionados para el estudio. Para esta edición crítica el texto base corresponde por lo general a la edición príncipe o en su ausencia a las primeras ediciones de cada una de las obras seleccionadas como parte de este corpus: en la mayoría de los casos, como se esbozó en la introducción, pertenecen a testimonios publicados en prensa y revistas nacionales. Los demás testimonios de cada obra fueron fundamentales para el ejercicio de collatio, pues por medio de este procedimiento filológico se lograron establecer todas las inconsistencias entre los testimonios de una misma obra. Una vez realizado y analizado el cotejo con todos los testimonios seleccionados para tal fin —mediante una tabla de cotejo que contiene la página, la columna, la línea y la situación textual a la que refiere la inconsistencia en las distintas ediciones comparadas—, comprobadas sus convergencias y divergencias para identificar la filiación estemática, se pudo determinar la naturaleza de las alteraciones, los testimonios más cercanos o que tomaban distancia con respecto al texto base, para proceder después al establecimiento y fijación del texto en edición crítica. Por lo anterior, en la presente edición, como antesala a cada una de las obras de la narrativa breve de Tomás Carrasquilla, se especificará cuál fue el texto base y cuáles fueron los testimonios objeto de la collatio, los cuales sirvieron para un posterior estudio y valoración textual, pues no todos los testimonios tienen igual valor, ya que muchos son simples reediciones o reimpresiones que no fueron objeto de estudio en el componente filológico de la presente edición. Llegado a este punto, es necesario entonces explicitar los criterios generales con los cuales se fijaron los textos que conforman el corpus de la narrativa breve de este escritor colombiano. En primer lugar, resaltamos que la disposición textual está en armonía con las recomendaciones de la Real Academia Española en su Ortografía Nota filológica
de la lengua española (ole) de 2010, para garantizar el equilibrio entre el usus scribendi o el estilo propio del autor con los consensos actuales de la normativa ortográfica. Para ello, cada editor tuvo en cuenta las directrices de la Real Academia en relación con los diferentes niveles de la lengua: morfológico, sintáctico, pragmático y semántico. Así, se analizó cada caso que requería algún tipo de intervención, considerando los resultados del cotejo de cada texto junto con la normativa vigente. En cada uno de los cuentos y novelas que conforman la narrativa breve, los lectores encontrarán el aparato crítico de esta edición, el cual se representa por medio de notas explicativas al final del texto y de las variantes filológicas en el margen lateral externo, las cuales evidencian el tipo de intervención realizada por el editor crítico. Dichas variantes pueden ser positivas cuando recogen no solo las variantes rechazadas, sino también la lección acogida en el texto, o negativas, cuando se limitan a relacionar exclusivamente las variantes rechazadas (Pérez Priego, 2011, p. 182). Generalmente, el Diccionario de la lengua española (dle), la Ortografía y la Nueva gramática de la lengua española (ngle) son las fuentes teóricas para justificar la intervención o no del editor crítico; sin embargo, en diferentes casos el asunto no se limita a la aplicación de la norma, sino especialmente al análisis del usus scribendi de Carrasquilla para la toma de decisiones por parte del editor crítico. En este sentido, los lectores encontrarán diferentes posturas de los editores en virtud de ciertos casos particulares, en los cuales se consideraron criterios relacionados con la fecha y lugar de aparición de la edición príncipe o primera edición de cada obra, las correcciones posteriores realizadas por los editores, el contexto de la variante, los hallazgos del cotejo, entre otros factores. Por lo tanto, las variantes que se presentan en esta edición crítica no se restringen a una simple actualización ortográfica a la luz de la normativa vigente; por el contrario, es un ejercicio consciente de la situación textual pero también de las circunstancias de la escritura y publicación de la obra que involucran al autor y su época. De igual forma, es necesario recordar que el aparato crítico de esta edición se compone fundamentalmente de variantes y notas explicativas. Las primeras, como ya se expresó antes, corresponden a las intervenciones que realiza el editor para la restitución textual de la obra, y serán informadas en cada caso mediante notas en el margen lateral externo de página, una sola vez con cada generalidad de casos similares o ejemplos arquetípicos, tras lo cual se procede con el cambio de los demás elementos sin dejar anotación. Las variantes se señalarán con letras minúsculas en superíndice, ordenadas alfabéticamente, y se reiniciará la nomenclatura en cada página de la obra. Algunas variantes irán acompañadas del comentario filológico del editor, anotación que se marcará con cursiva y entre corchetes, siguiendo las normas establecidas por la Colección Archivos “Nueva Serie” para el establecimiento del texto en edición crítica. En cuanto a las notas explicativas, entendidas como las anotaciones que amplían el universo referencial de la obra, se identificarán en superíndice con números arábigos, con numeración
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continua de principio a fin para cada narración, y se ubicarán al final de cada obra. La mayor parte de las notas explicativas, así como algunas de las variantes, registrarán la fuente de consulta en normas apa, es decir: (Fuente, año, pág.). Por último, la bibliografía utilizada para la construcción de las variantes, las notas explicativas y el lexicón se presentarán después de la última de estas referencias que acompañan el corpus de la presente edición crítica.
Como segunda instancia de esta nota filológica nos referiremos a los principios generales de edición de la presente obra, categorizados en componentes que agrupan diferentes aspectos de la lengua; en esta ocasión se especifican las decisiones tomadas por los editores críticos en casos ortográficos, morfológicos, tipográficos y sintácticos, sin desconocer que existen otras categorías con menor frecuencia pero que se tuvieron en cuenta para la fijación textual. Todos los criterios específicos que requieren de una observación adicional se presentan en notas al margen lateral de cada obra.
A continuación se enumerarán otros criterios de edición fundamentales para la comprensión de la fijación de todas las obras que componen el corpus de la narrativa breve de Tomás Carrasquilla.
Criterios ortográficos Acentuación Debido a la fecha de aparición de las obras que conforman este corpus, la acentuación fue uno de los aspectos de mayor intervención, dado que en la mayoría de los casos se aplicaban las directrices del Prontuario de ortografía de la lengua castellana en preguntas y respuestas (1870), que estuvo vigente hasta finales de 1920. En este sentido se realizaron actualizaciones ortográficas en el uso de tildes en palabras agudas y graves especialmente, en pronombres demostrativos y algunos monosílabos (salvo cuando llevan acento diacrítico), en el adverbio solo y en los pronombres relativos. Sobre este último grupo de palabras, cabe señalar que la intervención involucra también el aspecto semántico, debido a que las “palabras qué, cuál/es, quién/es, cómo, cuán, cuánto/a/os/as, cuándo, dónde y adónde son siempre tónicas y se escriben con tilde cuando pertenecen a la clase de los interrogativos y exclamativos” (ole, 2010, p. 246). De modo que el criterio del editor contribuye a esclarecer la intencionalidad del emisor, en la medida en que determina si se trata de preguntas, exclamaciones, o si funcionan como relativos, conjunciones, preposiciones, locuciones o expresiones.
Asimismo, se actualizó el acento gráfico en mayúsculas, teniendo en cuenta que “puesto que la mayúscula y la minúscula son únicamente distintas realizaciones de un mismo grafema, no existe motivo alguno por el que las palabras escritas en mayúsculas deban recibir distinto tratamiento en lo que al uso de la tilde o la diéresis se refiere”
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(ole, 2010, p. 448). Esta intervención fue recurrente debido a las limitaciones de orden tipográfico a finales del siglo xix y principios del xx, que supeditaban las palabras en mayúscula sostenida o los grafemas en mayúscula a la ausencia de la tilde. Uso de mayúsculas En cuanto al uso de las mayúsculas, cabe anotar que se mantiene la inicial en todos los nombres propios, conforme a la normativa vigente, referidos a nombres de personas, ciudades, deidades, advocaciones, celebraciones religiosas, títulos de obras completas o de piezas de creación, al igual que en festividades civiles, militares y religiosas.
Por otra parte, la mayúscula inicial es reemplazada por minúscula en los casos de conceptos del ámbito religioso, nombres de oraciones católicas, días de la semana y meses. También en los sustantivos que designan títulos nobiliarios, dignidades y cargos o empleos de cualquier rango (ya sean civiles, militares, religiosos, públicos o privados) (ole, 2010, p. 470). En el caso de las calles y espacios urbanos, se utiliza la minúscula inicial, así como en las fórmulas de tratamiento. Ahora bien, respecto al uso de mayúscula versal, esta se omite dado que, como establece la ortografía vigente, “esta mayúscula carece de uso en la actualidad, por lo que solo resulta apropiada en aquellos casos en los que el autor manifieste expresamente su voluntad de utilizarla” (ole, 2010, p. 455). Por otra parte, algunas formas abreviadas de palabras como signos cardinales o fórmulas de tratamiento, que aparecían en los textos originales con mayúscula inicial y punto como signo delimitador, se estandarizan al uso regular del término como “sur” o “don”, en reemplazo de “S.” y “D.”, respectivamente. Finalmente, en cuanto al uso de las mayúsculas condicionadas por la puntuación, se realizan actualizaciones ortográficas respecto al uso de mayúscula o no después de los diferentes signos de puntuación. En el caso particular de los signos dobles, de los dos puntos y de los puntos suspensivos aplicamos los siguientes criterios: a) se escriben con mayúscula inicial las primeras palabras de los enunciados exclamativos e interrogativos, demarcados en su totalidad por el uso de los respectivos signos dobles;
b) la norma ortográfica establece que solo debe escribirse mayúscula después de los dos
puntos cuando estos introducen una cita o en determinados usos de textos epistolares (ole, 2010, p. 355). Además, “se escribe minúscula tras los dos puntos que anuncian una enumeración o que establecen relaciones semánticas de diverso tipo entre las unidades que separan” (p. 355); c) en el caso de los puntos suspensivos, se utiliza la minúscula cuando se continúa el hilo narrativo en el enunciado posterior; cuando la idea que se plantea después de los puntos implica un nuevo ámbito narrativo, se utiliza la mayúscula inicial en la primera palabra de dicho enunciado.
Puntuación El uso de los signos de puntuación en los diferentes testimonios de las obras incluidas en esta edición crítica evidencia multiplicidad de criterios relacionados
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tanto con la aparición de nuevas ediciones de la Ortografía y la Gramática como con particularidades de las publicaciones en sí. La historia editorial de algunas obras de este corpus es mayor a un siglo, de modo que durante ese periodo las modificaciones en el ámbito de la puntuación han sido considerables. A continuación se especifican las principales intervenciones del equipo de editores en esta materia. Los casos particulares que requieran de mayores consideraciones se presentan en las variantes al pie de página de cada obra. Raya: se unifica la longitud aplicada al tamaño de la raya, que “suele equivaler, en tipografía, a un cuadratín (blanco tipográfico cuyo ancho mide en puntos lo mismo que el cuerpo o el tamaño de la letra que se esté utilizando) [...] al igual que el resto de los signos dobles, las rayas de apertura y de cierre se escriben pegadas al primer y al último carácter del periodo que enmarcan, y separadas por un espacio del elemento que las precede o las sigue” (ole, 2010, p. 373). En este sentido, se incluyen los espacios correspondientes antes o después del uso de la raya. En relación con el aspecto semántico derivado del uso de la raya, cabe mencionar que este signo sirve para introducir o enmarcar comentarios y precisiones del narrador a las intervenciones de los personajes en los textos narrativos. En consonancia con esto, aplicamos los siguientes criterios: a) no se escribe raya de cierre si tras el comentario del narrador no sigue hablando inmediatamente el personaje; b) cuando el comentario o aclaración del narrador va introducido por un verbo de lengua, el comentario se inicia con minúscula; c) cuando el comentario del narrador no va introducido por un verbo de lengua, las palabras del personaje se cierran con punto o, según el caso, el inciso del narrador se inicia con mayúscula;
d) acorde con la Real Academia, en “los textos narrativos [...] se escriben dos rayas,
una de apertura y otra de cierre, cuando las palabras del narrador interrumpen la intervención del personaje y esta continúa inmediatamente después” (ole, 2010, p. 375); e) “Cuando el comentario del narrador se intercala en mitad de un enunciado, el texto del inciso se inicia con minúscula” (p. 377).
Otra situación importante por aclarar es la presencia simultánea de comillas, paréntesis y rayas en los textos bases de las obras del corpus, lo que significó un asunto complejo para la fijación. Si bien estos tres signos tienen la función de encerrar y contener un segundo discurso, el uso de ambas (por ejemplo, rayas y paréntesis) con la misma función implica una situación paradójica en el momento de la fijación. La norma no explicita qué hacer en estos casos; sin embargo, en atención a que son textos literarios y a la distribución narrativa de los diálogos, consideramos pertinente mantener la raya y hacer omisión de las comillas o los paréntesis para no afectar la significación y mantener una lógica contemporánea en la aplicación de los signos, en este caso dobles, con la misma función en el texto. Signos de exclamación e interrogación: “Son signos dobles; así pues, deben colocarse de forma obligatoria al comienzo y al final de la secuencia correspondiente” (ole, 2010, p. 388). Según esto, se adicionan los correspondientes
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Nota filológica
signos de apertura en los enunciados que así lo requieren, en concordancia con el juicio crítico de cada editor para aquellos casos de difícil interpretación. Punto: el punto de cierre, en el caso de los signos dobles que delimitan un segundo discurso, como los paréntesis, la raya, las comillas y los corchetes, debe escribirse detrás del signo de cierre de estos como indicador de que el discurso principal también ha finalizado (ole, 2010, p. 301). En este sentido, se omite el punto cuando tras el cierre de un signo doble continúa el discurso principal. Puntos suspensivos: conforme a la ortografía vigente, “[l]os puntos suspensivos son un signo de puntuación formado por tres puntos consecutivos [...], entre los que no debe dejarse espacio alguno” (ole, 2010, p. 394). Por lo anterior, se eliden los espacios entre estos puntos y se reduce a tres consecutivos el número de estos. Asimismo, estos signos “se escriben siempre pegados a la palabra o el signo que los precede, y separados por un espacio de la palabra o el signo que los sigue” (p. 395). Coma: la aplicación del uso de la coma en la fijación sigue las pautas de cada texto base; sin embargo, en aquellos momentos en los que la coma presenta una aplicación problemática en su función frente a la realidad ortográfica actual, se prescinde de su uso en algunos casos con el fin de mantener una lógica contemporánea. Este tipo de intervenciones por parte de cada editor crítico no intenta cambiar la sintaxis de cada texto, ni mucho menos alterar el usus scribendi del autor; solo se pretende establecer una armonía entre la voluntad de Tomás Carrasquilla y el sistema ortográfico actual.
Comillas: se emplearán comillas inglesas en vez de comillas angulares. Aunque dicho uso no corresponde a las disposiciones de la Ortografía, este criterio obedece a disposiciones editoriales y de publicación por consenso en el uso entre los textos de la época de Carrasquilla y al pragmatismo del uso vigente. Además, conforme a la ortografía, “en su uso prototípico, las comillas sirven para enmarcar la reproducción de palabras que corresponden a alguien distinto del emisor” (ole, 2010, p. 380); por lo anterior, se fijan como signo doble delimitador ante la intervención de un segundo emisor y antes de la apertura de otro signo doble.
En el caso de las comillas adyacentes a otros signos de puntuación, cabe precisar que los signos simples se fijan siempre después de las comillas de cierre; los signos dobles por su parte van al interior de las comillas dado que “[e]l texto enmarcado por las comillas tiene, como se ha señalado, su propia puntuación. Por ello, si la secuencia escrita entre comillas es interrogativa o exclamativa, los signos de interrogación o de exclamación deben colocarse dentro de ellas” (ole, 2010, p. 387). Préstamos Los préstamos aluden a tres categorías: extranjerismos, latinismos crudos y latinismos adaptados. El primero remite a la inserción en el discurso de un hablante de “voces o expresiones en otro idioma. Unas veces se trata de términos usados
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ocasionalmente [...], bien con el fin de aportar color local, bien para aprovechar la capacidad de estas expresiones de aludir de forma automática al origen de su referente o al ámbito cultural al que este pertenece” (ole, 2010, p. 599). Los latinismos son “voces propiamente latinas, que no cabe considerar incorporarlas al caudal léxico del español [...] se escriben con su grafía originaria y sin añadir signos ajenos al sistema latino de escritura [...]. El carácter foráneo de esas voces debe marcarse gráficamente [...] a través de la cursiva o las comillas” (p. 607). En los tres casos aplicamos el uso de la cursiva como elemento demarcador de su origen. Números La escritura de los números en los diferentes textos que conforman la narrativa breve de Tomás Carrasquilla es un aspecto de múltiples versiones en los testimonios analizados durante el proceso de cotejo. Para la fijación de los textos en esta edición crítica se realizan las actualizaciones ortográficas correspondientes a la normativa vigente para la escritura de números y cifras. Criterios morfológicos Concordancia gramatical Este aspecto implica tres tipos de concordancia: de complementos, de sujeto y verbo, y de género. El primero se da cuando algunos verbos transitivos no admiten complementos de régimen preposicional en función de complemento directo, por tal motivo se enmienda la estructura oracional garantizando la concordancia sintáctica. Por su parte, la concordancia entre sujeto y verbo obedece al número, mientras que la de género aplica para la concordancia entre sustantivos y artículos, o sustantivos y adjetivos. Los sufijos apreciativos o diminutivos Son actualizadas todas las derivaciones apreciativas porque “[a]l igual que otros sufijos, los diminutivos se añaden a la base léxica tras suprimir la vocal final cuando es átona [...]. La vocal tónica suele mantenerse” (ngle, 2009, p. 167). Léxicas A este grupo pertenecen los llamados “acortamientos, voces creadas por reducción del cuerpo fónico de una palabra o expresión al eliminar un segmento final o, más raramente, inicial (como es lógico, esa reducción es también gráfica cuando los acortamientos, que nacen casi siempre en la lengua oral coloquial, especialmente en el ámbito juvenil, pasan a la lengua escrita” (ole, 2010, p. 565). Estos acortamientos serán escritos en redonda para establecer una diferencia con los extranjerismos crudos o adaptados.
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Criterios tipográficos o de distribución del espacio textual Las variaciones en materia tipográfica de los textos objeto de la presente edición crítica son muchas y de muy variada forma. En ciertos casos corresponden a asuntos de estilo propios de la edición de la cual hacen parte algunos de los textos de este corpus; en otros, a los usos de la época de aparición de los testimonios. En esta publicación aplicamos los siguientes criterios:
En las dedicatorias Situadas al principio del texto fijado, “no suelen llevar punto final, dado que, por lo común, son textos tipográficamente muy marcados [...] alineados a la derecha y con un cuerpo de letra peculiar” (ole, 2010, p. 296). Uso de la cursiva Además de utilizarla en los préstamos, se aplica a los textos que por sus características especiales necesitan un realce gráfico adicional como, por ejemplo, los versos de algunos poemas o canciones.
En el caso de nombres de plantas y de algunos nombres propios que en los textos bases aparecen con cursiva u otros realces gráficos, se actualiza su escritura a redonda, conforme a la normativa ortográfica vigente. Sin embargo, si se identifica un énfasis particular como usus scribendi de Carrasquilla, se procurará conservar estos rasgos distintivos.
Uso de espacios y caracteres Se omite la adición de espacios en el interior de una palabra y se actualiza el orden de los caracteres de las palabras en los casos que se presente confusión tipográfica y semántica.
En el inicio de cada párrafo o línea de diálogo se utiliza la sangría para diferenciar las unidades textuales entre sí, con excepción de la primera línea de cada obra después de un título o subtítulo, en atención a los criterios editoriales vigentes. Corrección de unidades léxicas Según la forma etimológicamente correcta y la historia de transmisión textual, se enmiendan algunas incorrecciones gramaticales de unidades léxicas. Criterios sintácticos Laísmos Consiste en “la utilización de los pronombres átonos la y las en lugar de le y les como complemento indirecto. El hablante, de este modo, se siente en la
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obligación de marcar el género del referente” (Centro Virtual Cervantes, 2017, s. p.). Este fenómeno es recurrente en los textos del corpus estudiado, y es irregular en las construcciones sintácticas, de modo que no se observa un criterio homogéneo para su uso. Por consiguiente, en esta edición crítica se mantendrán todas las aplicaciones textuales, según las pautas del texto base de cada obra, a fin de mantener el sentido primigenio de dichas expresiones en la voz de los personajes de Carrasquilla.
Para finalizar, se debe anotar que a pesar de los principios filológicos que rigen la edición crítica, es muy importante identificar y familiarizarse con las estructuras propias que determinan el estilo de un autor y la época en la cual desarrolla su producción literaria; por lo tanto, la aplicación de la normativa en ningún caso buscó estandarizar u homogenizar asuntos particulares de la narrativa de Tomás Carrasquilla, pues esta edición crítica busca conservar la voluntad del autor, restituyendo el sentido primigenio dado a sus obras; en ocasiones los editores críticos se vieron sorprendidos ante la maestría en el uso de la lengua y la riqueza léxica del escritor, quien todavía hoy nos sigue enseñando que la apropiación de un idioma se logra mediante el mismo ejercicio permanente y autodidacta de la escritura y la lectura, como bien lo demostró el maestro Carrasquilla en la configuración de su narrativa breve.
Equipo de editores críticos Referencias bibliográficas Blecua, A. (2012). Estudios de crítica textual. Madrid: Gredos. Centro Virtual Cervantes. (2017). Leísmo, laísmo y loísmo. http://cvc.cervantes.es/lengua/ alhabla/ museo_horrores/museo_033.htm Pérez Priego, M. Á. (2011). La edición de textos. Madrid: Síntesis. Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. (2009). Nueva Gramática de la Lengua Española (ngle). Madrid: Espasa. Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. (2010). Ortografía de la lengua española (ole). Madrid: Espasa.
Nota filológica
El texto
Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1890) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: Simón el mago Héctor Fabio Buitrago Correa Editor crítico A: El Casino literario (1890). Medellín: Imprenta de El Espectador.
B: Revista La Miscelánea (1896). Medellín. C: Entrañas de niño (1914). Medellín: Carlos E. Rodríguez.
D: Cuentos de tejas arriba (1936). Medellín: Atlántida.
E: Revista Gloria (1946). Medellín: Fabricato.
F: Obras completas (1952). Madrid: epesa. G: Cuentos de Tomás Carrasquilla: “Náufrago asombroso del siglo de oro” (1956). Medellín: Bedout. H: Cuentos (1973). La Habana: Casa de las Américas.
I: Cuentos de Tomás Carrasquilla (1984). Medellín: Argos.
J: El padre Casafús y otros cuentos (1989). Bogotá: Norma.
K: Cuentos (1991). Bogotá: El Áncora Editores.
L: Antología de cuentos de Tomás Carrasquilla (1992). Medellín: Comfenalco Antioquia.
M: Cuentos (1996). Bogotá: Panamericana. N: Cuentos (1997). Bogotá: Biblioteca Familiar Presidencia de la República. O: Simón el mago (2008). Medellín: Suramericana.
P: Obra escogida (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia. Q: Cuentos (2008). Bogotá: Alfaguara. R: Obra completa (2008): Medellín: Editorial Universidad de Antioquia. S: Simón el mago (2015). Medellín: Fondo editorial eafit.
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Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Simón el magoa1 Entreb mis paisanos criticones y apreciadores de hechos, es muy válido el de que mis padres, ac fuer2 de bravos y pegones,3 lograron asentar un poco el geniazo4 tan terrible de nuestra familia. Sea que esta opinión tenga algún fundamento, sea un disparate, es lo cierto que si los autores de mis días no consiguieron mejorar su prole no fued por falta de diligencia: que la hicieron y en grande.
Mis hermanas cuentan y no acaban de aquellas encerronas, de día entero, en esa despensa tan obscura ¡donde tantoe espantaban! Mis hermanos se fruncen todavía, al recordar cómo crujía en el cuero limpio, ya la soga doblada en tres, ya el látigo de montar de mi padre. De mi madre se cuenta que llevaba siempre en la cintura, a guisa de espada, una pretina de siete ramales, y no por puro lujo: que a lo mejor del cuento, sin fórmula de juicio, la blandía con gentil desenfado, cayera donde cayera; aménf de5 unos pellizcos menuditos y de sutil dolor, con que solía aliñar6 toda reprensión. Estos rigores paternales —¡benditog sea Dios!— noh me tocaron. ¡Soloi una vez en mi vida tuve de probar el amargor del látigo! Con decir que fui j el último de los hijos y además enclenque y enfermizo, se explica tal blandura.
Todos en la casa me querían, a cuálk más, siendo yo el mimo y la plata labrada de la familia; y mal podría yo corresponder a tan universal cariño ¡cuando todo el mío lo consagré a Frutos!
Al darme cuenta de que yo era una persona como todo hijo de vecino,7 y que podía ser querido y querer, encontré a mi lado a Frutos, que, más que todos y con especialidad, pareciomel no tener más destino que amar lo que yo amase y hacer lo que se me antojara.
Frutos corría con la limpieza y arreglo de mi persona; y con tal maña8 y primor lo hacía, que ni los estregones de la húmeda toalla me molestaban, cuando me limpiaba “esa cara de sol”; ni sufría sofocones,9 cuando me peinaba; ni me lastimaba, cuando, con una aguja y de un modo incruento, extraía de mis piesm una cosa que...n no me atrevo a nombrar.10 Frutos me enseñaba a rezar, me hacía dormir y velaba mi sueño; despertábame a la mañana con el tazón de chocolate.
¿Quéñ más? Cuando antes del almuerzo, llegaba de la escuela, ya estaba Frutos esperándome con la arepa frita,11 el chicharrón12 y la tajada.13 Lo mejor de las comidas delicadas, en cuya elaboración intervenía Frutos —que casi siempre consistían en chocolate sin harina, conservón14 de brevas y longanizas— era para mí.
a SIMON EL MAGO b ENTRE c á d fué e tánto f amen g paternales—¡bendito h Dios!–no i Sólo j fuí k cual l parecióme m piés n que....
ñ Qué
Simón el mago ¡Válgame Dios y las industrias que tenía! Regaba afrecho15 al pie del naranjo, ponía en el reguero una batea, recostada sobre un palito; de estea amarraba una larga cabuya,16 cuyo extremo cogía yendo a esconderse tras una mata de caña a esperar que bajara el pinche17 a comer... bajaba el pobre, y no bien había picoteado, cuando Frutos tiraba y ¡zas!...b ¡debajoc de la batea! ¡eld pajarito para mí! Cogía un palo de escoba, un recorte de pañete18 y unas hilachas; y, cose por aquí, rellena por allá, me hacía unos caballos de ojo blanco y larga crin, con todo y riendas, que ni para las envidias de los otros muchachos.
De cualquier tablita y con cerdas oe hilillos de resorte, me fabricaba unas guitarras de tenues voces; y cátame19 a mí punteando20 todo el día. ¡Y los atambores21 de tarros de lata! ¡Y las cometillas22 de abigarrada cola! Con gracejo, para mí sin igual, contábame las famosas aventuras de Pedro Rimales23 (Urde que llaman ahora), que me hacían desternillar de risa; trasportábame a la “Tierra de Irasynovolverás”,24 siguiendo al ave misteriosa de la “pluma de los siete colores”; y me embelesaba con las estupendas proezas del “Patojito”25 —que yo tomaba por otras tantas realidades—; no menos que con el cuento de Sebastián de las Gracias,26 personaje caballeresco entre el pueblo, quien lo mismo echa una trova por lo fino, al compás de acordada guitarra, que empunta27 alguno al otro mundo de un tajo; y cuya narración tiene el encanto de llevar los versos con todo y tonada, lo cual no puede variarse, so pena de quedar la cosa sin autenticidad. Con vocecilla cascada y solo para solazarme, entonaba Frutos unos aires del país —dizque se llamaban corozales—28 que me sacaban de este mundo: ¡tan lindos y armoniosos me parecían!
Respetadísimos eran en casa mis fueros. Pretender lo contrario, estando Frutos a mi lado, era pensar en lo imposible. Que “este muchacho está muy malcriado”, decía mi madre;f que “es tema que le tienen al niño”, replicaba Frutos; que “hay que darle azote”, decía mi padre;g que “eso sí que no lo verán”, saltaba Frutos, cogiéndome de la mano y alzando conmigo; y ese día se andaba de hocico,29 que no había quién se le arrimase.
¡Y cuando yo le contaba que en la escuela me habían castigado! ¡Virgen santa, las cosas que salían de esa boca! Contrah ese judío, ese verdugo de maestro; contra mamá, porque era tan madre de caracol y tan de arracacha30 que tales cosas permitía; contra mi padre porque era tan de pocos calzones,31 que no iba y le metía unos sopapos32 a ese viejo mala entraña. Con ocasión de uno de mis castigos escolares, se le calentaron tanto las enjundias33 a Frutos que se puso a la puerta de la calle a esperar el paso del maestro; y apenas lo ve se le encara, midiéndole puño,34 y con enérgicos ademanes, exclama: “¡Ah maldito! ¡Pusiste al niño como un Nazareno!35 ¡Mío había de ser... pero mirá, te había di arrancar esas barbas de chivo!”.i Y en realidad parecía que al pobre maestro no le iba a quedar pelo de barba. El dómine —que fuera de la escuela era un blando céfiro— quedose j tan fresco como si tal cosa; y yo me la a éste
b zás!.. . c debajo d El
e ó f madre:
g padre”; h contra i chivo!” j quedóse
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla saqué ,36 porque Frutos en los días de azote o férula,37 me resarcía con usura, dándome todas las golosinas que topaba y mimándome con mil embelecos y dictados a cuál más tierno: entonces no era yo “el niño”, solamente, sino “Granito de oro”, “Mi reynitoa” y otras cosas de la laya.38 En casa el de más ropa queb relevar era yo, porque Frutos se lamentaba siempre de que el niño estaba en cueros,39 y empalagaba40 tanto a mi madre y a mis hermanas, que, quieras que no, me tenían que hacer o comprar vestidos; no así tal cual, sino al gusto de Frutos.
De todo esto resultó que me fui abismando en aquel amor, hasta no necesitar en la vida sino a Frutos, ni respirar sino por Frutos, ni vivir sino para Frutos: los demás de la casa, hasta mis padres, se me volvieron costal de paja.41 Qué vería Frutos en un mocoso de ocho años, para fanatizarse así, lo ignoro. Solo sé que yo veía en Frutos un serc extraordinario, a manera de ángel guardián, una cosa allá, que no podía definir ni explicarme, superior, con todo, a cuanto podía existir.
¡Y venir a ver lo que era Frutos!
Ella —porque era mujer y se llamaba Fructuosa Rúa— debía de tener en ese entonces, de sesenta años para arriba. Había sido esclava de mis abuelos maternos. Terminada la esclavitud, se fue de la casa, a gozar, sin duda, de esas cosas tan buenas y divertidas de la gente libre. No las tendría todas consigo, o acaso la hostigarían, porque años después hubo de regresar a su tierra, un tanto desengañada. ¡Y cuentad que había conocido mucho mundo!, ye según ella, disfrutado mucho más. Encontrando a mi madre, a quien había criado, ya casada y con varios hijos, entró a nuestra casa, como sirvienta en lo de carguío42 y crianza de la menuda gente.43 Por muchos años desempeñó tal encargo, con alguna jurisdicción en las cosas del buen comer, y llevándola siempre al estricote44 con mi madre, a causa de su genio rascapulgas45 y arriscado,46 si bien muy encariñada con todos, allá a su modo, y respetando mucho a mi padre, a quien llamaba “Mi amito”.f Mi madre la quería y la dispensaba las rabietas47 y perreras.48 Frutos había tenido hijos; pero cuando mi crianzag no estaban con ella, y no parecía tenerles mucho amor, porque ni los nombraba, ni les hacía gran caso, cuando por casualidad iban a verla. Por causa de la gota, que padecía, casi estaba retirada del servicio cuando yo nací; y al encargarse del Benjamín49 de la casa, hizo más de lo que sus fuerzas le permitían. A no ser porque su corazón se empeñó en quererme de aquel modo, no soportara toda la guerra que la di.h50 Frutos era negra de pura raza, lo más negro que he conocido; de una gordura blanda y movible; jetona51 como ella sola —sobre todo en los días de vena,52 que eran losi más— muy sacada de jarretes53 y gacha.54 No sé si entonces usarían las hembras, como ahora, eso que tanto las abulta por detrás; sí lo usarían, porque a Frutos no le había de faltar; y era tal su tamaño que la pollera55 de percal morado, a A, G, H, I, K y M: reynito / B, C y P: reinito / D, E, F, J, L, N, R y S: reinito / O y Q: reynito.
[Este término es empleado en sentido diminutivo de rey, cuya forma correcta sería “reicito”. Por su parte, el diminutivo “reinito” es más apropiado para “reino”. En este sentido, en la oralidad se permiten licencias lingüísticas que no siempre tienen vínculos con las raíces de los términos o su escritura. Así pues, como quien habla es Frutos, es viable dejar la palabra en esta forma].
b qué c sér d cuénta e mundo! y, f “Mi amito.”
g crianza, h dí i lo
Simón el mago que por delante barría, le quedaba tan alta por detrás, que el ruedo56 anterior se veía blanquear, enredado en aquellos espundiosos57 dedos; de aquí el que su andar tuviese los balanceos y treguas de la gente patoja.58 Camisa con escote y volante era su corpiño; en primitiva desnudez lucía su brazo roñoso59 y amorcillado;60 tapábase las greñudas pasas con pañuelo de color rabioso, que anudaba en la frente a manera de oriental turbante; solo para ir al templo se embozaba en una mantellina, verduzca ya por el tiempo; a paseo o demás negocio callejero, iba siempre desmantada. Pero eso sí: muy limpia y zurcida, porque a pulcra en su persona nadie le ganó.
¡Muy zamba y muy fea! ¿No? Pues así y todo tenía ideas de la más rancia aristocracia; y hacía unas distinciones y deslindes de castas, de que muchos blancos no se curan: no me dejaba juntar con muchachos mulatos, dizquea61 porque no me tendrían el suficiente respeto cuando yo fuera un señor grande; jamás consintió que permaneciese en su cuarto, aunque estuviera con la gota, porque un blanco —decía— “metido en cuarto de negras se emboba y se güelve un tientagallinas”;62 iguales razones alegaba para no dejarme ir a la cocina, y eso que el tal paraje me atraía (cuestión bucólica). Solo por Nochebuenab podía estarme allí cuanto quisiera y hasta meter la sucia manita en todo; pero era porque en tan clásicos días, toda la familia pasaba a la cocina. Mi padre y mis hermanos grandes, con toda su gravedad de señores muy principales, se daban sus vueltas por allí, y sacaban con un chuzo de la hirviente cazuela, ya el dorado buñuelo, ya la esponjosa y retorcida hojuela, o bien asiendo del mecedor revolvían el pailón de natilla,63 que, revienta por aquí, revienta por más allá, formaba cráteres tamaños como dedales.
Las horas en que yo estaba en la escuela, que para Frutos eran de asueto,64 las pasaba esta en hilar, arte en que era muy diestra; pero no bien el escolar se hacía sentir en la casa, huso, algodón y ovillo, todo iba a un rincón. El niño era antes que todo; solo el niño la ponía de buen humor; solo el niño arrancaba risas a esa boca donde palpitaban airadas palabras y gruñidos.
Admirada de este fenómeno, decía mi madre: “¡Estec muchacho lo tendrá mi Dios para santo, cuando desde niño hace de estos milagros!”.d ¡Al amparo de tal patrocinio iba sacando yo un geniecillo tan amerengado65 y voluntarioso que no había trapos con qué agarrarme! Ora me revolcaba, dándome de calabazadas66 contra todo lo que topaba; ora estallaba en furibundos alaridos, acompañados de lagrimones, cuando no me daba por aventar las cosas o por morder. Tía Cruz, persona muy timorata y cabal, al ver mis arranques, se permitió una vez decir delante de Frutos que el niño estaba “falto de rejo”.67 ¡Máse le hubiera valido ser muda a la buena señora! Frutos la hartó a desvergüenzas68 y la cobró una malquerencia69 tan grande, que siempre que la veía, resoplaba de puro rabiosa. Viendo los hilos que yo llevaba, solía protestar mi padre y hasta manifestaba conatos de zurra;70 pero mamá lo aplacaba, diciéndole, con las manos en la cabeza: a diz que b Noche-buena c “Este d milagros!” e Mas
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla “¡No te metás, por Dios! ¿Quién aguanta a Frutos?”.a Y como de todo lo malo casi siempre me daba cuenta, comprendí que por este lado bien cogidos los tenía; y me aprovechaba para hacer de las mías. Cuando veía la cosa apurada, las prendía71 a asilarme en los brazos de Frutos; tomábamos camino del jardín, lugar de nuestros coloquios, y una vez allí… como si estuviéramos en la luna.72 A medida que yo crecía, crecían también los cuentos y relatos de Frutos, sin faltar los ejemplos y milagros de santos y ánimas benditas —materia en que tenía grande erudición—; eb íbame aficionando tanto a aquello, que no apetecía sino oírc y oír. Las horas muertas se me pasaban suspenso de la palabra de Frutos. ¡Qué verbo el de aquella criatura! Mi fe y mi exclamación se colmaron; llegué a persuadirme de que en la persona de Frutos se había juntado todo lo más sabio, todo lo más grande del universo mundo; su parecer fue para mí el evangelio,d palabras sacramentales las suyas. Narrando y narrando llegolese el turno a los cuentos de brujería y de duendería. ¡Y aquí el extasiarse mi alma!
Todo lo hasta entonces oído, que tanto me encantara, se me volvió una vulgaridad. ¡Brujas…! ¡Eso sí era la atracción de la belleza! ¡Eso sí merecía que uno le consagrara todita su vida en cuerpo y alma!
Ser payasito o comisario me había parecido siempre grande oficio; pero desde ese día me dije: ¡Qué payaso… ni qué nada! ¡Cómof brujo no hay!... Cuanto entendía por hazañoso, por elevado, por útil, todo lo vig en la brujería. Las calenturas del entusiasmo me atacaron.
A fuerza de hacer repetir a Frutos las embrujadas narraciones, pude grabarlas en la memoria, con sus más nimios detalles.
Del cuento pasábamos al comentario.
—Coger brujas —me dijo una vez—h ¡es de lo más fácil! Nues más qui agarrar un puñao de mostaza y regala por toíto el cuarto: a la noche viene la vagamunda…!73 y echa a pañar,74 a pañar fruta e mostaza; y a lo questá bien agachada pañando, nues más que tirale con el cinto e sani Agustín... ¡Y ai mesmito queda enlazada de patimano, enredada en el pelo! Un padrecito de la villa de Tunja cogía muchas asina, y las amarraba de la pata diuna mesa; pero la cocinera del cura era tan boba que les daba güevo tibio ¡Y j las malditas se embarcaban en la coca!75 ¡Consiá, cuando a las brujas no se les puede ni an mentar coca e güevo, porque al momentico se güelven ojo di hormiga… y se van!
—¡Ajaá! —dije yo—.k ¿Y cómo hacen pa caber?
—¡Pis! —replicó—. ¡ Anté que si achiquitan76 en la coca a comol les da gana! ¡María Santísima!
—¿Y no se pueden matar? —la pregunté.
—Eso sí; pero al sigún y conjorme:77 si se les mete una cortada bien jonda se mueren; pero como son tan sabidas, ellas mesmas se meten otra y se empatan78 y güelven a quedar güenas y sanas.
a “No te metás, por Dios! ¡Quién aguanta a Frutos?
b é c oir d Evangelio e llególes f Como g ví h brujas, me dijo una vez, i San j ¡y k dije yo.
l cómo
Simón el mago —¿Y matadas cómo hacen?
—¡Tan bobo! No ve quellas no se mueren del tiro, sinuna quiotra vez. Hay que tirales a toda gana la primerita cortada, pa que queden ai tendidas. ¡Pero con el cinto de mi padre san Agustín sí no les valen sus marrullas!79 —¿Y ónde hay deso? —prorrumpí.
—¿Cinto? —dijo mi interlocutora, con gesto de cosa dificultosa—. Eso es muy trabajoso conseguir: tan solamente el obispoa se lo impresta a los curitas jormales. —¡Amalaya80 que mamá se lo mandara a prestar! —exclamé entusiasmado. —¡Ave María, muchacho, y québ vas ahacer con cinto! —¡Eh! Pues pa coger brujas y amarralas de los palos. A pesar de lo difícil que era conseguir el cinto, salí en busca de mi madre con la empresa. Hallelac muy empecinada jugando al tute81 con otras señoras. —Mamá —la dije— óigame un escuchito;82 —y poniendo mi boca en su oreja, la expuse mi demanda con ese secreteo susurrante de los niños. Las señoras, que no eran sordas, largaron la carcajada. —¡Quítate de aquí, empalagoso! —exclamó mi madre—. ¡De dónde sacará este muchacho tanto embeleco!83 Salí rezongando y muy corrido.84 En muchos días no pensé sino en cómo se conseguiría el cinto. La brujomanía se me desarrolló con tanta furia, que no hablaba sino del asunto.
—¿Quién te ha metido todas esas levas?85 —díjome una vez mi hermana Mariana, que era la más sabia de la casa. —¡No hay tales brujas! ¡Esas son bobadas de la negra Frutos! ¡No creás nada!
—¡Mentirosa! ¡Mentirosa! —le grité furioso—. ¡Sí hay! ¡Sí hay! ¡Frutos me dijo!
—Y lo que dice Frutos no puede faltar...86 ¡Como si Frutos fuera la madre de Dios!... ¡Animal!
—¡Pecosa! ¡Pecosa! —aullé, embistiendo hacia ella, con ánimo de morderla. Me detuvo cogiéndome por los molledos y estrujándome de lo lindo.87 —¡Voy a contarle a papá! —dijo—, para que te meta una cueriza88 ¡Malcriado! ¡que ya no hay quién te aguante!
Corrí llorando en busca de Frutos, y, casi ahogado por el llanto, le grité al verla:
—¡Qué te parece, Frutos!... ¡ji! ¡ji! ¡ji!... que esa boba Mariana me dijo quiz que no hay brujas... ¡ji! ¡ji!... ¡quiz que son cuentos que me metés! Ella hizo una cara como de susto; me enjugó las lágrimas; y cogiéndome de una mano con agasajo, nos fuimos en silencio a sentarnos en un poyo89 detrás de la cocina. —Vea, mi hijito —me dijo—: es muy cierto que hay brujas... ¡puú! ¡De que las hay, las hay! Pero... no hay qué crer en ellas. c Halléla b que a Obispo
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Mis ojos ya enjutos90 debieron de abrirse tamaños: tal fue mi sorpresa. Aquello no podía acomodarlo; pero Frutos lo decía y así tenía que ser. Hablamosa de largo sobre el tema, y como yo no perdía ocasión de desentresijarla91 —la pregunté:
—Y decime ¿las brujas son gente que se vuelve bruja, go es mi Dios que las hace?
—¡No sea bobito! Mi Dios no hace sino cristianos; pero se güelven brujas si les da gana.
—¿Y también hay brujos?
—¡No ha dihaber!... ¡pues los duendes! ¿no le he contao pues? Pero como no tienen pelo largo como las brujas, no se encumbran por la región sino que güelan bajito.
—¿Y cómo se aprende a ser brujo?
Guardó corto silencio, y luego,b con aire de quien revela lo más íntimo, me dijo a media voz:
—Pues la gente se embruja muy facilito: la moda es quiuno siunta bien untao con aceite en toítas las coyonturas; se queda en la mera camisa y se gana a una parte alta; y así questá uno encaramao, abre bien los brazos como pa volar, y diciuno, pero ¡con harta fec!: No creo en Dios ni en Santa María, y güelve a decir hasta quiajuste tres veces sin resollar; y antonces si avienta uno puel aire y se encumbra a la región. —¿Y no se cae uno?
—¡Ni bamba!92 Cond tal quel unto esté bien hecho y se diga comués. Sentí escalofríos. No debía de saber que el arrodillarse fuera señal de adoración, que de saberlo, viérame Frutos de hinojos a sus pies. Me había hecho el hombre más feliz: había hallado mi ideal.
Esa noche cuando, después de rezar, me metí en la cama, repetía muy quedo: no creo en Dios ni en Santa María; no creo en Dios ni en Santa María, y me dormí preocupado con esta declaración de ateísmo.
Al día siguiente, muy de mañana, corría yo por los corredores, con los brazos abiertos y repitiendo la embrujada fórmula. Mariana que tal oye, grita: —“¡Mamá, venga y verá las cosas que está diciendo este ocioso!”. Pero mi madre no alcanzó a ver mi dicho, porque antes que llegara, había yo tendido el vuelo a la calle, camino de la escuela. No sé por qué, pero me dioe recelillo93 de que mi madre me viera haciendo tales cosas.
A mi vuelta no salió Frutos a recibirme. Fui a buscarla y a reclamar sus obsequios, y por primera vez la encontré hecha la ira mala94 conmigo: que mamá había ido a querérsela comer viva,95 por las cosas que me contaba y enseñaba; que yo tenía la culpa por icendario; y que ya sabía que no volviera a jorobarla,96 diciéndole que me contara cuentos, porque así como era tan picón...97 Al almuerzo me dijo mi padre con una cara muy arrugada: —“¡Cuidadito, a Hablámos b luégo c fé d con e dió
Simón el mago amigo, como se le vuelven a oír las cositas que dijo esta mañana!... ¡Le cuesta muy caro!”.
Tales razones me desconcertaron.
¡Amenazarme mi padre! ¡Ponerme Frutos casi en entredicho! ¡Y precisamente cuando tenía tanto qué consultarle! ¡Quedarme sin saber a qué atenerme98 en lo del pelo largo, en lo del aceite!
Por tres días rogué a Frutos que tan siquiera me dijera dos cositas, prometiéndola no decir esta boca es mía.99 ¡Andróminas100 inútiles! No pude sonsacarle una palabra.
¡Qué malas! Y lo peor era que eso que al principio no pasaba de un capricho, me fue alborotando con el obstáculo, que se tornó en deseo, en deseo apremioso, irresistible. ¡Ser brujo... volar de noche por los techos, por la torre de la iglesia, por la región! ¿Qué mayor dicha? ¡Qué tal cuando yo diga en casa: ¿Qué me encargan, que me voy esta noche para Bogotá?; y que conteste mamá: “Traeme manzanas”; y que al momento vuelva yo con un gajo bien lindo, acabadito de coger! ¡Y cuando me encumbre serenito, como un gallinazo,101 tejado arriba!... Sí, yo tenía que ser brujo: era una necesidad. ¡Si hasta sentía aquí abajo la nostalgia del aire! Por la gran pica102 —pensaba— que aquí en casa me regañan, y que Frutos ya no me cuenta nada, yo sabré qué hago… Y al primero que se embrujó, ¿quién le enseñó?... Yo siempre consigo aceite... manque sea de palmacristi...103 pero ese cuento del pelo largo, como las mujeres... ¡quién sabe! Aquí el rascarme la cabeza.
Yo, que desde el último amén del rezo hasta las seis dormía a pierna suelta,104 tuve entonces mis ratos de velar. En la excitación del insomnio veía sublimidades, facilísimas de llevar a cabo: dos veces soñé que en apacible vuelo giraba y giraba, alto, muy alto; que divisaba los pueblos, los campos allá muy abajo, como dibujados en un papel. Pepe Ríos, hijo de un señor que vivía vecino a nuestra casa, era un mi compinche;105 y al fin determiné abrirme con él y comunicarle mis proyectos. En un principio no pareció participar de mi entusiasmo, y me salió con el mismo cuento, de que sí había brujas, pero que no había que creer en ellas, lo que me hizo afianzar más, viendo cuán de acuerdo estaba con Frutos. Pero le pinté la cosa con tal fuego,106 que al fin hube de trasmitírselo.
Pepe no era de los que se ahogan en poca agua:107 su inventiva todo lo allanó. —Mirá —me dijo—, mañana que hay salve en la iglesia, tengo que ir de monarcillo.108 Yo sé ónde tiene el sacristán guardado el aceite, cuando vaya a vestirme, le robo. Conseguite un frasco bien bueno, pa que lo llenemos. —¿Y de pelo qué hacemos? —le repuse—, ¡porque la gracia es que volemos bien altísimo!... bajito, como los duendes... ¡pa qué!
—¡Eso sí ques lo pilao!109 —exclamó Pepe—. Las muchachas de casa y mi mama110 se ponen pelo, y se lo robamos. ¡Qué lihace que no sea pelo de nosotros; en
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla siendo largo y que se gulungué 111 harto… con eso hay! Este sí es el muchacho —pensaba entre mí, mientras abría la boca pasmado—. ¡Hasta ai! ¡Qué tal que se ajuntara con Frutos!
Al otro día —en sona de buscar un perico112 que dizque se nos había perdido— invadíamos Pepe y yo las alcobas de las señoritas Ríos. Rebuja113 por aquí, ojea por más allá, dimos con un espejo de gran cajón, y en este con una cata114 de cabellos de todos colores, enredados y como en bucles unos, otros trenzados y asegurados con cáñamo, esotros lacios y flechudos, cuáles en ondas rizosas y bien pergeñadas,115 el cual pelerío se hacinaba entre peines grasientos y desdentados, peinetas desportilladas, horquillas y otras cosas nada bonitas ni perfumadas. Un frasquito de tinta colorada me tentó, y como fuese a echarle mano, con mucha golosina,116 me dijo Pepe:
—¡No lo cojás! Eso es las chapas117 de mi mama, y... ¡hasta nos mata! ¡Qué pocos pelos le quedaron al cajón!
Por la noche trajo el acólito un frasco requintado de aceite. —Pero eso sí —me dijo al entregármelo—, escondé bien todo en tu casa ¡y que no vayan a güeler nada! Ve que vos sos muy cuentero…118 y si nos cogenb… Ni digás tampoco nada de lo que vamos a hacer.
—¡Eh! ¡Vos síc crés! —repliquele con gran solemnidad—. ¡Mirá… no hay ni riesgo que yo cuente!
Desde ese día se nos viod juntos. Y nada que le agradaba a Frutos mi compañía con ese Caifás,119 como llamaba a Pepe.
Esa noche declaré en casa que no me acostaba, sino cuando se acostaran los grandes, porque iba a cumplir diez años. Y así fue. Para distraer mis veladas, me pasaba cerca a la vela, volteando como una mariposa, quemando papeles, o despavesando, lo que incomodaba a Mariana, única que en casa me hacía oposición. —¡Ah mocoso! —decía— ¡Ya nian de noche nos deja en paz!...120 ¡ Andá a acostarte, sangripesado!
Mas yo me sentía entonces tan gratamente preocupado, que solo respondía a tales apóstrofes, sacándole la lengua y haciendo bizcos.121 —¡Ah mohán!122 —gritaba Mariana—. Que si papá no te da una tollina...123 ¡yo sí te cojo!... ¡Pero he de tener el gusto de amasarte!124 Aumento de bizcos.
Doña Rita, madre de Pepe, asistía con sus hijas a la lotería que se jugaba en casa algunas noches, y Pepe no faltaba; pero desde nuestra alianza dejaba este las delicias del apunte125 para irse conmigo. Así, a nuestras anchas, pudimos concertar el plan: la elevación quedó fijada para el domingo siguiente por la noche. ¡Faltaban dos días! ¡Qué expectación aquellae! Hasta la gana de comer se me quitó, hasta Frutos —que en esasf le atacó la gota— se me olvidó. —“¡En qué inguandias126 andarán!” —decía con aire de mal agüero, cuando a són b cojen c si d vió e aquélla f ésas
Simón el mago pasábamos cerca de su cuarto.
Al fin, ese domingo tan deseado amaneció. Desde las doce ya estábamos en el solar de casa apercibiéndonos para arreglar los cabellos. Un forro viejo de paraguas, que pudimos arbitrar,127 nos sirvió para pergeñar sendos peluquines, que, como Dios nos dio a entender, aseguramosa con cera negra y con amarradijos128 de cabuya. Terminada la grande obra, verificamosb la prueba, ante el espejo de Mariana, que fue sacado clandestinamente. ¡Qué bien nos quedaban! ¡Cuán luengos nos caían los mechones! Convinimos, no obstante, que, más que a brujos, nos parecíamos al Grande Hojarasquín del Monte .c129 Guardamosd todo con gran cuidado, y nos salimos a la calle a disimular; pero eso sí, devorados por dentro.
Después de angustiosa espera, apareció por la noche Pepe, con su madre; y no bien la lotería se estableció... como pajaritos para el solar. Trabosee entonces reñida disputa sobre cuál sería el punto a donde debíamos trepar para tender el vuelo. Pepe decía que sobre el horno, que estaba en el corredor del solar; yo, que sobre la tapia del corral, alegando que el horno no era bien alto y que, como estaba bajo tejado, se torcía el vuelo y no podíamos encumbrarnos. Al fin nos decidimos por el chiquero,130 que reunía todas las condiciones. De él volaríamos al “Alto de las Piedras”,f que domina el pueblo por el sur,g y del Altoh… a la región. La elevación debía ser simultánea.
Aunque hacía luna, llevamos cabo de vela, y, encendido este, principiamos en el comedor el brujístico tocado. Colgados que fueron de un palo los vestidos de dril; remangadas las camisas, tomamos sendas plumas de gallina y principió la unción. ¡Válgame Dios y qué efluvios los de aquel aceite!
Agotado el frasco, y luego que las coyunturas nos quedaron hechas un melote, nos colocamosi la rebujina131 de cabellos, asegurados con barboquejo132 de cabuya. Trémulos de emoción, salimos j solar abajo, con la bizarría133 de acróbatas que salen al circo saludando al público.
En lo más remoto del solar, allá tras el movible follaje del platanar, al principiar un declive —que llamábamos el rumbón— estaba el chiquero de recios palos y techumbre de helecho;134 desaguaba por la pendiente aquella, formando cauce de negro y palúdico fango, que fertilizaba los lulos,135 las tomateras,136 el varbasco,137 allí nacidos espontáneamente.
Amenazantes por demás fueron los gruñidos con que, a manera de protesta, nos recibió el cerdo, cuando, en tan desusadas horas, vio invadidos sus dominios; pero nosotros proseguimosk impertérritos, haciendo caso omiso de tales roncas. Adelantándomele a Pepe, no paré hasta poner el pie en el último travesaño. Allí, apoyado en uno de los palos que sostienen el techo —cual otro Girardot138 en su bandera— me detuve un segundo. ¡Mis ojos abarcaron la inmensidad! Toda la fe que atesoraba la gasté entonces, y, con voz precipitada, por temor a asegurámos b verificámos c monte d Guardámos e Trabóse f Piedras,” g A y B: S. / C: S, / D, E, G, I, K, L, M, N, O, P, Q, R y S : sur, / F, H y J: Sur, h alto i colocámos j salímos k proseguímos
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla de faltar al precepto con un resuello intempestivo, dije: —¡No creo en Dios ni en Santa María! ¡No creo en Dios ni en Santa María! ¡No creo en Dios ni en Santa María!… —y me lancé… ¡Cosa rara! en el vértigo me pareció no volar hacia el Alto… Sentí frío, no sé qué en la cabeza y… nada más.
… Abría los ojos; alguien que me cargaba, tendiomeb en una tarima; algo como sangre sentí en la cara; me miré: estaba casi desnudo y enlodado. Por el desorden de los muebles; por las tablas y fichas de la lotería, dispersas por el suelo; por los regueros de maíz; por el movimiento de alarma, sospeché lo que pasaba. Una ráfaga glacial me heló el corazón; cerré los ojos para no verme, para no presenciar no sé qué espantoso que iba a suceder.
—¡Toñito! ¡Antoñito!… ¿Sec aporreó?… ¿Está herido? —preguntaban. Sentí que me tocaban, que me acercaban la vela.
—¡No es nada! ¡No es nada! —clamaban.
—¡No fue nada… es que está aturdido!
—¡Abra los ojos!… ¡Antonio! ¡Antoñito!
—¡Cálmese! ¡Cálmese, mi sia Anita! ¡No es nada!
Un ruido como chasquido de dientes me llegó al alma. ¡Abrí los ojos y vi!… Mi madre estaba tendida en una butaca; con los brazos rígidos; los puños contraídos y apretados; la cara lívida, torcida hacia un lado; los ojos en blanco; la nariz ensanchada, como buscando aire; anhelaba gritar y se quedaba seca, agitada por opresora convulsión; unas señoras la tenían, la rociaban, la friccionaban, la hacían aspirar esencias; mis hermanas lloraban.
Salté de la tarima prorrumpiendo en gritos: —¡Mamita! ¡Mamita! —¡No tiene nada! —vociferaron— ¡No tiene nada!
—¡No está ni descompuesto!
—¡Cómo fue eso, por Dios! ¿Cómo se puso así?… —¡Pero sí se hirió la cara!… ¡Toñito, no se arrime… que está imposible! Horrorizado fui a huir.
Me atajaron en la puerta con un platón139 de agua tibia; la cocinera me paró en medio del humeante baño, sin que yo tratara de hacer resistencia; quitomed la inmunda camisa; y, así hecho un Adán automático, principió el lavatorio, ayudada de unas señoras.
—¡Eh! ¡Pero en qué se cayó este niño, que esto no despega! —dijo una. —¡Si está apestado! —replicó otra, tapándose las narices y haciendo extremos de asco.
—Traigan jabón, a ver si esto sale.
Pronto la pelota de jabón de la tierra,140 corrida por hábil mano, untó todo mi cuerpo.
—¡Pues, mis queridas! —exclamó la enjabonadora—: esto es aceite de a ….Abrí b tendióme c se d quitóme
Simón el mago higuerillo,141 y no cosas de chiquero.
—¡Pues verdá ! ¡Pues verdá ! —repitieron las demás. —¡Eh! ¡Pero cómo puede ser eso!
Del platón fui trasladado a la tarima, y me enjugaron con una colcha. Mariana, ya sosegada, trajo camisa, e iba a vestírmela, cuando, con gran tropel, se llenó la pieza de gente. Mi padre venía allí.
—¿Se mató? —preguntó con voz que nunca le había oído. Sin esperar respuesta, salió. No había transcurrido un segundo cuando volvió: traía una soga.
—¡No le vaya a pegar! —prorrumpen mujeriles voces.
—¡Pobrecito! —dice la del jabón— ¡Qué culpa tiene él! —¡Es una injusticia, papá… véalo herido! —plañían las de casa. Papá no atendió: se acercó a mí; y, cogiéndome de un brazo con una mano, levantó con la otra un extremo doble de la soga, y dijo trémulo: —¡Te he tolerado todas las que has hecho; pero con esta se llenó la medida…!142 ¡Toma, vagamundo… para que aprendas!… —y la soga crujió en mis carnes. Un grito, como aullido de animal, resonó en la pieza: era Frutos que entraba. —¡Mi amito! ¡Mi amito! —gimió, tratando de cogerle la soga e interponiéndose entre él y yo— ¡Mi amito, por Dios! No le pegue, por los clavos de Cristo143 —y se arrodilla, le abraza las piernas, casi lo tumba—. ¡Él no tiene culpa… noa tiene… no tiene! —Mi padre la rechaza; pero Frutos se pone en pie; y, saltando hacia mí, me envuelve en sus faldas.
—¡Vieja bruja! —grita él, arrancándole el pañuelo y cogiéndola de las greñas— ¡Lárgalo… o te mato! —La arrastra con una mano, mientras que con la otra me saca del envoltorio.
—¡Quítenmela… que la mato! —vocifera con coraje.
Ella se endereza, y, como un fardo, se va de espaldas contra el entablado suelo, lanzando extraños sonidos.
Él, entonces, toma la soga, como la vez primera; y, contando… uno… dos… tres… hasta doce, va asentando azotes sobre mi desnudo cuerpo, que se zarandea como maniquí colgado.
No lancé un ¡ay! ¡yo que ponía los gritos en el cielo porque una mosca se me asentara!
Frutos seguía en el suelo, retorciéndose; de repente se levanta y torna a caer; en impúdica rebujina se revuelca, haciendo apartar la gente y tropezando con los muebles; algunos van a cogerla, y los rechaza a puñetazos, a patadas y mordiscos. Pudo entonces articular con voz espantosa:
—¡Déjenme… que ahora mesmo me largo de esta maldita casa! Todos los hombres la acometen, y —arremolinándose en apretada lucha, en que se sentían respiraciones de cansancio y traquear de huesos— logran sacarla al corredor. a nó
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla En el desorden pude verla, y se me antojó, no obstante mi amor a ella, cosa diabólica. Estaba desgreñada, con los ojos crecidos y sanguinolentos, echando espumarajos por la boca.
El médico entra; me examina; declara no haber fractura ni dislocación de hueso, ni cuerda encaramada;144 tocomea el rasguño de la mejilla, sacó un instrumento, y sin dolor extrajo del rasguño aquel pequeña astilla de palo; me dio a tomar un bebistrajo,145 que tenía aguardiente; tomó una copa, puso en ella un papel encendido, y, asentándomela en la espalda, la fue corriendo, inflándome las carnes en dolorosa tensión; manos femeniles empapadas en aguardiente alcanforado frotaron mi cuerpo; y, por último, pegáronme en varios puntos pingos146 de trapo mojados en una agua amarillenta.
Aún no habían terminado estas faenas, cuando se oyeron pasos precipitados, acompañados del crujir de almidonadas faldas. Doña Rita apareció en la puerta: traía en las manos uno de los peluquines de marras.147 —¡Vengo muerta de pena!148 —exclamó sofocada, haciendo visajes—. Allá le hice dar de Ríos una cueriza a aquel bandido!… ¡Vean las cosas de estos diablos! —y exhibió la peluca—b ¡Pues no estaban de brujos!… y esto fue lo que se pusieron en la cabeza, ¡dizque pa volar…! ¡Qué les parece: el pelo que teníamos pa… la cabellera de Jesús Nazareno!… Todos se agruparon para examinar la cosa, prorrumpiendo en mil extremos de exclamación. También el doctor tomó el peluquín en las manos, riendo a carcajadas.
—¡Ave María, dotor! —siguió doña Rita—. ¡Pues no ve! ¡Un milagro patente fue que estos enemigos no se hubieran desnucado! Qué le parece dotor,c ¡aventarse di aquel chiquero tan alto! ¡Y a aquel rumbón…! ¡La fortuna que cayó entre el pantanero,149 y que se enredó en una mata!…150 que si no, ¡tiesecito lo levantan del zanjón! Estábamos jugando la lotería muy a gusto; me acababa de cerrar por las tres pelotas, ¡cuando, dotor!… oímos que aquel mío grita: “¡Corran, que Antonio se mató!”…151 ¡Li aseguro, dotor, que me quedé muerta!… Corrieron todos con las velas… ¡Cuando a un rato nolo traen en guandos!…152 ¡Con la mera camisita!… ¡Con porquería de chiquero hasta los ojos!… ¡Chorriando sangre!… ¡Muertecito… muertecito… mismamente! El mío se escapó, porque, como es tan haragán, no se atrevió a volar primero. ¡Pero qué le parece, dotor, que tuvieron cara, ¡los indinos!,d153 de empuercase154 todos con aceite de higuerillo, que le robaron al sacristán… dizque es preciso pa ser brujos!… ¡Pero así bien untao… se los chupó!e155 ¡No le digo… si estos muchachos dihoy en día aprenden con el Patas!156 —¡No es con el Patas! —prorrumpe mi padre desde el cuarto vecino, saliendo a la escena—. ¡No es con él! ¡Este diablo de negra Frutos, que ha tolerado Anita, es la que los ha metido en esas! Y no crean ustedes que este niño escapa; puede morir de las consecuencias ¡El cimbronazo157 debió ser horrible!… a tocóme b (y exhibió la peluca) c parece, dotor d cara ¡los indinos!
e A, B y C: se los chupó! / D, E, F, I, J, K, M, N, O, R y S: se chupó su buena cueriza! / G: sex chupó su buena cueriza! / H, L, P y Q:
se chupó su buena cueriza! [Hace alusión a los azotes que conlleva la cueriza].
Simón el mago —¡El peligro es muy remoto! y el caso no se presenta alarmante —repuso el esculapio—. Tanto es así que no he tenido que apelar a un tratamiento enérgico. —¡Ojalá así sea! —dijo mi padre.
—Pues sí —agregó—, la maldita negra es la de todo. Desde que me llamaron y supe que la caída había sido del chiquero, todo lo adiviné. Ya él se había chupado su regaño.
Contó, entonces, lo del ensayo de vuelo por los corredores y lo de las palabras aquellas.
Aclarado el misterio, llovieron las admiraciones y repreguntas. Estas pláticas me sacaron del sonambulismo. Me sentí el hombre más desgraciado. Qué le hace que me muera —me decía— ¡Siemprea que Frutos me engaña con mentiras!… ¡Siempre que es tan mala!… ¡Siempre que uno no puede volar!… Así como así mamá se murió —porque la creía muerta—. Así como así papá me ha pegado con rejo ¡Delante de tanta gente!… Así b como me han desnudado… Siempre que Pepe es tan traicionero que contó… Sentíame como si todos los resortes de mi alma se hubiesen roto, sin fe, sin ilusiones… Cerraba bien los ojos para irme muriendo y descansar; pero no: tristezas espantosas pasaban por mi cabeza. Exhalaba hondos suspiros. Muy tarde, cuando ya se había ido toda la gente, me dormí. ¡Más me valiera velar! Cosas horribles y extravagantes estremecieron mi espíritu: veía a Frutos que volaba, que se reía de mí, haciéndome contorciones; oía que las campanas doblaban tristes… muy tristes; en esa vaguedad de los sueños, aspiraba el olor del ciprés,158 de luces ardiendo; y veía a mi madre en un ataúd negro… muy negro. Luego estuve en un pantano, sumergido hasta el pescuezo; quería salir, quería gritar y no podía. Al fin, merced a extraño impulso, pude salir; lancé un grito y desperté temblando, con el cabello parado y empapado en frío sudor. Había luz en la pieza; mi madre, teniéndome de las manos, me sacudía.
—¡Toñito!… ¡Toñito! —me gritaba.c —¡No se asuste, mi hijito!… es una pesadilla.
¡Mamá viva! —pensé—. ¿Todavía estaré soñando?
Me tomó como a un chiquitín, y estrechándome en su pecho, me besó la frente y me dijo, llorando:
—¡No ve, mijo, las cosas que hace… para que papá lo castigue! ¡Y si se ha matado… qué había hecho yo! —y seguía llorando.
—¡Mamita querida!… ¿Ustedd no se ha muerto? ¿No es cierto que no? —¡No, mi hijito! ¿No ve que estoy aquí, con usted? Eso fue que me dio la pataleta del susto… pero ya estoy aliviada… Tome otra vez la pócima que dejó el doctor ¡Está muy sabrosa!
¡Sí estaba viva!
a siempre b así c gritaba… d U.
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Incorporemea para recibir el vaso, y vi que mi padre estaba sentado al extremo de la cama.
¡También lloraba!
Me pasó la mano por la frente, me tomó el pulso y dijo muy triste: —¡Tiene mucha fiebre… pero mucha!
Fue a despertar al doctor, que se había acostado en la pieza contigua; me dieron unas gotas en agua azucarada.
Sosegué por completo, y lloré mucho; pero lloré con alegría. Seis días estuve en cama, oyendo a doña Rita y a las visitas los comentarios, ya cómicos, ya tristes de mi propia aventura. Por ellos supe que Frutos se había ido de casa y que había mandado por los corotos.159 Esto, que el día antes me hubiera trastornado, me fue entonces casi indiferente.
Don Calisto Muñetón —lumbrera160 del pueblo, que arengaba siempre en los veintes de juliob y cuando venía el obispo; que leía muchos libros y que compuso novena del Niño Dios—161 vino también a visitarnos. Sin ser Veintec de Julio,162 se dejó arrebatar de la elocuencia, a propósito de mi caída; disertó sobre las grandezas humanas, poniendo verdes a las gentes orgullosas; y al fin se planta en pie,163 toma en su siniestra su bastón de guayacán,164 levanta la diestra a la altura de su cara, como manecilla de imprenta, y como quien resume, se encara conmigo, con aire patético, y dice:
—“¡Sí, mi amiguito, todo el que quiere volar, como usted… chupa!”. a Incorporéme b Julio c veinte
Simón el mago
1
Cuento publicado por primera vez en El Casino literario de Medellín por la Imprenta de El Espectador en 1890.
2
fuer: (a fuer de) loc. prepos. A ley de, en razón de, en virtud de, a manera de (dle, 2018).
3
pegones: adj. coloq. Aficionado a pegar golpes a otros (dle, 2018).
4
geniazo: m. coloq. Genio fuerte (dle, 2018).
5
amén de: loc. prepos. además de (dle, 2018).
6
aliñar: tr. aderezar (componer, adornar) (dle, 2018).
7
como todo hijo de vecino: Modificación de “cada hijo de vecino”, coloq. Cualquier persona (dle, 2018).
8
maña: f. Destreza, habilidad (dle, 2018).
9
sofocones: m. coloq. desazón (disgusto) (dle, 2018).
10 extraía de mis pies una cosa que... no me atrevo a nombrar:
Alusión a un parásito conocido como nigua: f. Insecto afaníptero originario de América y muy extendido también en África, parecido a la pulga, pero mucho más pequeño y de trompa más larga, cuyas hembras fecundadas penetran bajo la piel de los animales y del ser humano, principalmente en los pies, donde depositan sus huevos, lo que ocasiona picazón y úlceras graves (dle, 2018).
11 arepa: f. Ant., Col. y Ven. Especie de pan de forma circular, hecho con maíz ablandado a fuego lento y luego molido, o con harina de maíz precocida, que se cocina sobre un budare o una plancha (dle, 2018).
12 chicharrón: m. C. Rica, Perú y Ven. Carne de cerdo con por-
ciones de tocino adheridas, picada en trozos pequeños y frita en su propia grasa (dle, 2018).
13 tajada: f. Porción cortada de algo, especialmente de carne co-
cinada (dle, 2018). En el contexto cultural del cuento trátase de una porción de plátano (N. del E.).
14 conservón: m. Dulces de frutas contenidos en recipientes
como calderos (ahac, 1986).
15 afrecho: m. salvado. // m. Cáscara del grano de los cereales
desmenuzada por la molienda (dle, 2018).
16 cabuya: f. Ant., Col., Ec., Hond., Méx., Nic., Pan., Perú y Ven. Cuerda, y especialmente la de pita (dle, 2018). 17 pinche: Nombre con el que se designa a los afrecheros (ahac, 1986). Ave del suborden de los conirrostros muy semejante al gorrión (dle, 2018).
18 pañete: m. Paño de inferior calidad (dle, 2018).
19 cátame: tr. desus. Guardar, tener (dle, 2018). Con el pronom-
bre reflexivo indicaría “me tenían” (N. del E.).
20 punteando: tr. Hacer sonar la guitarra u otro instrumento de
cuerda, tocando las cuerdas por separado (dle, 2018). 21 atambores: m. desus. Tambor. Instrumento musical (dle, 2018).
22 cometillas: f. Armazón plana y muy ligera sobre la cual se ex-
tiende y pega papel o tela, con una cola de cintas o trozos de papel, que, sujeta con un hilo muy largo, se arroja al aire para que el viento la eleve, como diversión de los muchachos (dle, 2018).
23 Pedro Rimales: En la tradición española y latinoamericana es
más conocido bajo el nombre de Pedro Urdemales, de ahí que el personaje indique que es más conocido como Urde (N. del E.). En la tradición popular, los cuentos de Pedro Urdemales tienen una amplia difusión. Originado en la Baja Edad Media española, el personaje de Pedro Urdemales es el arquetipo del pícaro que engaña hasta al diablo. En el contexto de una cultura popular que valora altamente la astucia como forma de supervivencia y ascenso social, las aventuras de un pillo como Urdemales no podían dejar de tener una aceptación más que universal. Así, durante todo el siglo xix y la primera mitad del xx el país estaba lleno de personajes como él, que vagaban por el país sin más fortuna que la ropa que llevaban puesta, la astucia y el sentido de oportunidad (Biblioteca Nacional de Chile, 2018).
24 la tierra de Irasynovolverás: Al respecto, el Museo Etnográfico
de Castilla y León y la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes tienen en común acuerdo que se trata de un cuento de la tradición oral que tiene diferentes versiones, en algunos de los casos no se trata de “La tierra de Irásynivolverás” sino de “El Castillo”. Ahora bien, en resumen, se trata de un cuento tradicional que apela a tópicos infantiles como la valentía, el amor, la astucia, etc. (N. del E.).
25 patojito: Alude al desharrapado, chiquillo del pueblo (ahac, 1986). Posiblemente se trate de historias infantiles cuyo protagonista es un niño (N. del E.).
26 Sebastián de las Gracias: De acuerdo con Beatriz Elena Ro-
bledo (1995), esta narración, recuperada por Euclides Jaramillo Arango y publicada bajo el título La extraordinaria vida de Sebastián de las Gracias, entronca con la tradición picaresca española y parece haber sido contada y cantada por la cultura tradicional antioqueña.
27 empunta: tr. Sal. y Col. Encarrilar, encaminar, dirigir (dle, 2018). En el cuento, la oración contextual es sinónimo de asesinar.
28 corozales: Parece hacer alusión a los Cantos de vaquería los
cuales son cantos de labor, es decir, cantos que ayudan en la labor de arrear el ganado. Sus versos se ajustan al patrón de la copla española, pero su canto es alargado y profundo y se emparenta con los cantos que entonaban los esclavos africanos en las zafras del Caribe (Freja de la Hoz, 2017, párr. 3). 29 andaba de hocico: También “estar alguien de hocicos”. Loc. verb. coloq. Estar enfadado (dle, 2018).
30 tan madre de caracol y tan de arracacha: Esta expresión pa-
rece ser metafórica, aludiendo a la lentitud del caracol y la simpleza de la arracacha, como expresión coloquial que busca caracterizar al personaje a quien remite (N. del E.).
31 era tan de pocos calzones: Expresión por oposición a “tener
alguien muchos calzones”. Locs. verbs. coloqs. Ser de carácter fuerte y decidido (dle, 2018). Por lo tanto, alude a ser de poco carácter y poco decidido (N. del E.).
32 sopapos: m. Golpe que se da con la mano en la cara (dle, 2018).
33 enjundias: f. Fuerza, vigor, arrestos (dle, 2018). En relación con
enfurecerse o exaltarse (N. del E.).
34 midiéndole puño: (Medir uno puño) Amenazar con el puño, mostrándolo (ahac, 1986).
35 pusiste al niño como un Nazareno: “estar alguien hecho un naza-
reno”. Loc. verb. Estar maltrecho, lacerado y afligido (dle, 2018).
36 me la saqué: (Sacárselas uno) Sacar ventaja, sacar partido
(ahac, 1986).
37 férula: f. desus. Palmeta para castigar a los muchachos de la
escuela (dle, 2018).
38 laya: f. Calidad, especie, clase (dle, 2018). En el cuento, enten-
dido con el adjetivo “misma”.
39 en cueros: locs. advs. Sin vestido alguno (dle, 2018).
40 empalagaba: tr. Dicho de algo físico, distinto de una comida, o
de algo moral: Causar hastío (dle, 2018).
41 paja: Cosas insignificantes, sin importancia, o tonterías (da, 2010). 42 carguío: m. carga (dle, 2018).
43 menuda gente: f. coloq. niños (‖ personas que están en la ni-
ñez) (dle, 2018).
44 al estricote: loc. adv. Al retortero o a mal traer. // A mal traer:
loc. adv. coloq. Produciendo una constante preocupación, inquietud o molestia (dle, 2018).
45 rascapulgas: adj. De genio trabajoso, áspero, poco complacien-
te (ahac, 1986).
46 arriscado: adj. Atrevido, resuelto (dle, 2018).
47 rabietas: f. coloq. Impaciencia, enfado o enojo grande, especial-
mente cuando se toma por leve motivo y dura poco (dle, 2018). 48 perreras: f. coloq. Rabieta de niño (dle, 2018). 49 Benjamín: m. y f. Hijo menor de una familia (dle, 2018).
50 dar guerra: loc. verb. coloq. Dicho especialmente de un niño:
Causar molestia, no dejar tranquilo a alguien (dle, 2018). 51 jetona: adj. Que tiene la jeta [boca] grande (dle, 2018). 52 días de vena: (Estar con la vena) Estar de mal genio (ahac, 1986). Notas explicativas
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
53 sacada de jarretes: Parece aludir a la corva de la extremidad (muy
encorvada), o bien, con relación al movimiento, tiesa (N. del E.). 54 gacha: adj. Encorvado, inclinado hacia la tierra (dle, 2018).
55 pollera: f. Col. y Pan. Traje típico femenino de Panamá y de la
costa norte de Colombia, que consta de una blusa y una falda de amplio vuelo, finamente bordadas (dle, 2018).
56 ruedo: Refuerzo o forro con que se guarnecen interiormente
por la parte inferior los vestidos talares (dle, 2018).
57 espundiosos: De espundia. Este nombre debió ser dado a la
enfermedad llamada elefantiasis por la semejanza de los pies elefantiásicos (ahac, 1986); dicha enfermedad se define como “Síndrome caracterizado por el aumento enorme de algunas partes del cuerpo, especialmente de las extremidades inferiores” (dle, 2018) y otros órganos.
58 patoja: adj. Que tiene las piernas o pies torcidos o despropor-
cionados, e imita al pato en andar meneando el cuerpo de un lado a otro (dle, 2018).
59 roñoso: adj, Que tiene suciedad pegada fuertemente (dle, 2018).
60 amorcillado: adj. Que tiene forma de morcilla o se asemeja a
ella (dle, 2018). Morcilla: f. Trozo de tripa de cerdo, carnero o vaca, o materia análoga, rellena de sangre cocida (dle, 2018).
61 dizque: En el español de amplias zonas de América sigue vi-
gente el uso de esta expresión, procedente de la amalgama de la forma apocopada arcaica diz (“dice”, tercera persona del singular de presente de indicativo del verbo decir) y la conjunción que. Se usa normalmente como adverbio, con el sentido de “al parecer o supuestamente” (dpd, 2005).
62 tientagallinas: adj. Despectivo. Pusilánime, afeminado (ahac, 1986). 63 por Nochebuena, y en general en las festividades decembrinas, es costumbre de la región la cocción e ingesta de este tipo de postres: Buñuelo: m. Fruta de sartén que se hace de masa de harina bien batida y frita en aceite, y que al freírse se esponja y sale de varias formas y tamaños (dle, 2018). Hojuela: f. Fruta de sartén, muy extendida y delgada (dle, 2018). Natilla: f. pl. Dulce cremoso que se hace con leche, huevos y azúcar, cocido a fuego lento (dle, 2018).
64 asueto: m. Interrupción temporal por descanso del trabajo, los
estudios u otra actividad habitual, especialmente si dura un día o unas horas (Dle, 2018).
65 amerengado: adj. Afectado, remilgado, obsequioso (dle, 2018).
66 calabazadas: f. coloq. cabezada (golpe dado o recibido con la
cabeza) (dle, 2018).
67 rejo: m. Col., C. Rica, Guat., Nic., Pan., R. Dom. y Ven. látigo
(azote) (dle, 2018).
68 desvergüenzas: f. Dicho o hecho impúdico o insolente (dle, 2018).
69 malquerencia: f. Mala voluntad contra alguien o contra algo
(dle, 2018).
70 zurra: f. coloq. Castigo que se da a alguien, especialmente de
azotes o golpes (dle, 2018).
71 las prendía: tr. Dicho de una cosa: Hacer presa en otra (dle, 2018).
72 estar en la luna: loc. verb. Estar fuera de la realidad, no darse
cuenta de lo que está ocurriendo (dle, 2018).
73 vagamunda, -do: adj. p. us. vagabundo (dle, 2018). Usado en el
sentido de: Andar libre y suelta, o sin el orden y disposición que regularmente debe tener. Estar ocioso (da, 2010). 74 pañar: Recoger, tomar, coger (ahac, 1986).
75 coco, a: Vasija sin asa (ahac, 1986). El término empleado en el
cuento es un sustantivo femenino “coca”, sin embargo, mantiene el mismo sentido propuesto por Villegas en esta definición previa (N. del E.).
76 achiquitan: tr. Col., Guat., Hond. y R. Dom. Achicar, empe-
queñecer a alguien (dle, 2018).
77 al sigún y conjorme: De “según y conforme”: loc. adv. según y
como (loc. adv. De igual suerte o manera que) (dle, 2018). 78 empatan: tr. Can. y Am. empalmar (juntar) (dle, 2018). 79 marrullas: f. Astucia tramposa o de mala intención (dle, 2018). 80 amalaya: interj. Arg., Bol., Hond., R. Dom. y Ven. Ojalá (dle, 2018).
81 tute: m. Juego de naipes en que se cantan puntos reuniendo
caballos y reyes (dle, 2018).
82 escuchito: m. Cantb. y León. Cosa que se dice al oído en voz
baja (dle, 2018).
83 embeleco: m. Embuste, engaño (dle, 2018). 84 corrido: adj. Avergonzado, confundido (dle, 2018). 85 levas: f. trampa (ardid) (dle, 2018).
86 no puede faltar: (No faltaba más) expr. U. para rechazar una
proposición por absurda o inadmisible (dle, 2018). 87 de lo lindo: loc. adv. Mucho o con exceso (dle, 2018). 88 cueriza: f. Bol., Col., C. Rica, Cuba, Ec., Méx., Nic., Pan., P. Rico y Ven. azotaina. Zurra de azotes (dle, 2018) (ver cita 97).
89 poyo: m. Banco de piedra u otra materia arrimado a las pare-
des, ordinariamente a la puerta de las casas de zonas rurales (dle, 2018).
90 enjutos: adj. Seco o carente de humedad (dle, 2018). 91 desentresijar: tr. Sacarle a uno lo que tiene dentro (ahac, 1986).
92 ni bamba: Colom. Expresión equivalente a ¡imposible!, ¡ni lo
sueñe!, y otras semejantes (ahac, 1986).
93 recelillo: Diminutivo de recelar. tr. Temer (dle, 2018). 94 hecha la ira mala: (Ponerse uno la ira mala) Enojarse mucho, enfurecerse (ahac, 1986).
95 querérsela comer viva: loc. verb. Tener gran enojo contra él/
ella, o desear vengarse de él/ella (dle, 2018). 96 jorobar: tr. coloq. Fastidiar, molestar (dle, 2018). 97 picón: Hablador, persona que lleva chismes (dfa, 1995, p. 263).
98 atener: prnl. Dicho de una persona: Ajustarse, sujetarse en sus
acciones a algo (dle, 2018).
99 no decir esta boca es mía: loc. verb. coloq. No hablar palabra
(dle, 2018).
100 andróminas: f. coloq. Embuste, enredo (dle, 2018).
101 gallinazo: m. Bol., Col., Ec. y Perú. zopilote. Ave rapaz diurna
que se alimenta de carroña, de 60 cm de longitud y 145 cm de envergadura, de plumaje negro irisado, cabeza y cuello desprovistos de plumas, de color gris pizarra, cola corta y redondeada y patas grises, que vive desde el este y sur de los Estados Unidos hasta el centro de Chile y la Argentina (dle, 2018). 102 por la pica: En desquite (dfa, 1995, p. 263).
103 palmacristi: f. ricino. m. Planta originaria de África, de la fa-
milia de las euforbiáceas, arborescente en los climas cálidos y anual en los templados, con tallo ramoso de color verde rojizo, hojas muy grandes, pecioladas, partidas en lóbulos lanceolados y aserrados por el margen, flores monoicas en racimos axilares o terminales, y fruto capsular, esférico, espinoso, con tres divisiones y otras tantas semillas, de las cuales se extrae un aceite purgante (dle, 2018).
104 a pierna suelta: loc. adv. coloq. Sin preocupación, tranquila-
mente (dle, 2018).
105 compinche: m. y f. coloq. Compañero habitual en francachelas
y diversiones o en asuntos poco lícitos (dle, 2018).
106 pinté la cosa: expr. Presentar las cosas no como son o han de
ser, sino conforme al capricho o la conveniencia de quien las presenta (dle, 2018).
107 ahogan en poca agua: (También: Ahogarse en un vaso de agua)
loc. verb. coloq. Apurarse y afligirse por liviana causa (dle, 2018).
108 monarcillo: (Monacillo, monaguillo) m. y f. Niño que ayuda a
misa y hace otros servicios en la iglesia (dle, 2018). 109 pilao: (Participio de pilar) adj. Muy fácil (ahac, 1986). 110 mama: f. pop. mamá. U. t. en lenguaje infantil (dle, 2018).
111 gulungué [de gulunguiar]: Columpiarse como el nido colgante
de los gulungos (ahac, 1986).
112 perico: m. Ave trepadora, especie de papagayo, de unos 25 cm
de altura, con pico rosáceo, ojos encarnados de contorno blanco, manchas rojizas, diseminadas en el cuello, lomo verdinegro y vientre verde pálido, plumas remeras de color verde azulado en el lado externo y amarillo en el interno, y mástil negro, plumas timoneras verdosas y su mástil negro por encima y Notas explicativas
Simón el mago amarillento por debajo, y pies de color gris. Es indígena de Cuba y de América del Sur, vive en los bosques durante el celo y la cría, y pasa el resto del año en las tierras cultivadas, donde destruye la flor y el fruto del naranjo, las siembras del maíz y la pulpa del café. Da gritos agudos y desagradables y se domestica fácilmente (dle, 2018).
113 rebrujar: Buscar en los bolsillos de la ropa que se lleve, dinero
o cualquier otro objeto (ahac, 1986). Por extensión, al lugar en el que se busque. En la obra se hace uso de metaplasmo, más coincidente con la forma oral “rebujar” (N. del E.).
114 cata: (Del anticuado catar) en el sentido de guardar, tener. Co-
lomb. Hucha. Provisión de cosas ocultas (ahac, 1986).
115 pergeñadas: (De pergeñar) tr. coloq. Disponer o ejecutar algo
con más o menos habilidad (dle, 2018).
116 golosina: f. Deseo o apetito de algo (dle, 2018).
117 chapas: f. Mancha de color rojo que se ponían artificialmente
las mujeres en el rostro (dle, 2018).
118 cuentero: adj. cuentista (que acostumbra a contar chismes)
(dle, 2018).
119 Caifás: m. Travieso, desjuiciado, mala persona (ahac, 1986).
120 dejar en paz: loc. verb. desus. Besarlo en el rostro en señal de
saludo y de amistad. Era u. t. en sentido figurado (dle, 2018).
121 bizcos: adj. Dicho de los ojos o de la mirada: Desviados respec-
to de su posición normal (dle, 2018).
122 Mohán: (Muán) Mito antioqueño de características antro-
pofágicas, cuyo medio de vida es el monte y las quebradas. Su procedencia es indígena y en la mayoría de los dialectos caribes se encuentra la palabra para denominarlos (dfa, 1995,
p. 226). En este caso no es utilizado como nombre propio, es
empleado en sentido despectivo para referirse a una persona (N. del E.).
123 tollina: f. coloq. Zurra, paliza (dle, 2018).
124 amasar: tr. Es muy común tomar este verbo en el significado
de castigar fuertemente o aniquilar (ahac, 1986).
125 apunte: tr. Am. En un juego de azar, apostar a un número
(da, 2010) 126 inguandia: f. Lío, invención, compilación, lance (ahac, 1986).
127 arbitrar: tr. Idear o disponer los medios, medidas o recursos
necesarios para un fin (dle, 2018).
128 amarradijos: m. Cantb., Col., Hond. y Méx. Amarradura, es-
pecialmente la hecha con descuido (dle, 2018).
129 Hojarasquín del Monte: Mit. Antioqueña. Especie de primate
o antropomorfo de manos y pies peludos, con el cuerpo cubierto de hojas. Fue transformado en monstruo de la selva por haber injuriado a su madre. Otra versión lo describe como un centauro montañés: mitad asno de la cintura hacia arriba y mitad hombre de la cintura hacia abajo. Este centauro al revés tiene un origen en fuentes indígenas confundidas con ancestros africanos (dfa, 1995, p. 184).
130 chiquero: m. pocilga (establo para ganado de cerda) (dle, 2018). 131 rebujina: f. Alboroto (dle, 2018).
132 barboquejo: m. Cinta o correa que sujeta una prenda de cabe-
za por debajo de la barbilla (dle, 2018).
133 bizarría: f. Gallardía, valor (dle, 2018).
134 helecho: m. Planta criptógama, de la clase de las filicíneas, con
frondas pecioladas de 20 a 50 cm de largo, lanceoladas y divididas en segmentos oblongos, alternos y unidos entre sí por la base, cápsulas seminales en dos líneas paralelas al nervio medio de los segmentos, y rizoma carnoso (dle, 2018).
135 lulo: m. Del quichua llullu. Plantas del género Solanum, como
el Solanum Galeatum. Unos son comestibles (ahac, 1986).
136 tomateras: f. Planta herbácea anual originaria de América, de
la familia de las solanáceas, con tallos de uno a dos metros de largo, vellosos, huecos, endebles y ramosos, hojas algo vellosas recortadas en segmentos desiguales dentados por los bordes, y flores amarillas en racimos sencillos. Se cultiva mucho en las huertas por su fruto, que es el tomate (dle, 2018).
137 varbasco: Persicaria hydropiperoides. Planta herbácea de la fami-
lia de las poligonáceas que crece en las acequias y corrientes de agua. No corresponde pues, nuestro varbasco, al que define dle (dfa, 1995, p. 337).
138 Girardot, Atanasio: Prócer antioqueño de la Independencia
(San Jerónimo, mayo 2 de 1791 - Bárbula, Estado de Carabobo, Venezuela, septiembre 30 de 1813). Hombre de confianza del Libertador Simón Bolívar durante la Campaña Admirable en Venezuela, las actuaciones de Manuel Atanasio Girardot, pese a su corta vida, fueron decisivas durante los inicios de la guerra separatista de España. El 30 de septiembre de 1813, Atanasio Girardot murió en el combate, envuelto en la bandera republicana (Molina, 2017).
139 platón: m. Am. Cen., Col., Ec., Méx., Perú, R. Dom. y Ven. Re-
cipiente de gran tamaño y de diversos usos según las comarcas: jofaina, cazuela, fuente, etc. (dle, 2018).
140 jabón de la tierra: m. Jabón que se fabrica de sebo y de ceniza, en un estilo u “olla de barro desfondada, llena de frondas de helecho o de bejucos, dentro de la cual se pone ceniza disuelta en agua. Esta va destilando gota agota y constituye la lejía con que se prepara el jabón”. Su contenido de potasa es grande. Es una industria casera (ahac, 1986).
141 higuerillo: (Higuerilla) f. ricino (dle, 2018).
142 se llenó la medida: locs. verbs. Agotársele la paciencia
(dle, 2018).
143 por los clavos de Cristo: expr. coloq. U. para rogar a alguien
encarecidamente (dle, 2018).
144 cuerda encaramada: Cuerda es definida en relación a “Tendón, nervio o ligamento del cuerpo humano o de los animales” (dle, 2018). En la expresión, se alude a algún tipo de esguince en tanto “Torcedura brusca y dolorosa de una articulación, de carácter menos grave que la luxación” (dle, 2018).
145 bebistrajo: m. coloq. Mezcla irregular y extravagante de be-
bidas. También, bebida nauseabunda o muy desagradable (dle, 2018).
146 pingos: m. coloq. Harapo o jirón que cuelga (dle, 2018). 147 de marras: loc. adj. Que es conocido sobradamente (dle, 2018).
148 muerta de pena: (Tener uno pena o darle pena) Tener o darle
vergüenza (ahac, 1986). El adjetivo muerta es un intensificador (N. del E.).
149 pantanero: (Referente al pantano). m. Terreno hundido de
fondo más o menos cenagoso y abundante vegetación, donde las aguas se estancan de forma natural (dle, 2018). 150 mata: f. Planta (dle, 2018).
151 mató: tr. Quitar la vida a un ser vivo (dle, 2018).
152 guandos: m. Col. y Ec. Especie de andas o de parihuela (cami-
lla) (dle, 2018).
153 indinos: adj. coloq. Dicho de una persona, un muchacho gene-
ralmente: Traviesa o descarada (dle, 2018).
154 empuercase: tr. Cuba, Méx. y Ven. emporcar. U. t. c. prnl. tr. Ensuciar, llenar de porquería (dle, 2018).
155 chupó: Soportar algo desagradable (dle, 2018).
156 el Patas: m. coloq. diablo (príncipe de los ángeles rebelados)
(dle, 2018).
157 cimbronazo: m. Sacudida muy violenta, vibración fuerte
(dle, 2018).
158 ciprés: m. Árbol de la familia de las cupresáceas, que alcanza
de 15 a 20 m de altura, con tronco derecho, ramas erguidas y cortas, copa espesa y cónica, hojas pequeñas en filas imbricadas, persistentes y verdinegras, flores amarillentas terminales, y por frutos gálbulas de unos tres centímetros de diámetro. Su madera es rojiza y olorosa y pasa por incorruptible (dle, 2018).
159 corotos: m. coloq. Col. y Ven. Objeto cualquiera que no se
quiere mencionar o cuyo nombre se desconoce. // m. coloq. Col. y Ven. Cacharro de cocina o de la vajilla (dle, 2018).
160 lumbrera: f. Persona que brilla por su inteligencia y conoci-
mientos excepcionales (dle, 2018).
Notas explicativas
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
161 novena del Niño Dios: Práctica tradicional colombiana que se
celebra del 16 al 24 de diciembre, y en la que se hacen lecturas relacionadas con el nacimiento del Niño Dios [Jesús], se reza y se cantan villancicos junto al pesebre (da, 2010).
162 Veinte de julio: Fecha en la que se conmemora El grito de la
Independencia colombiana. El 20 de julio de 1810 fue el inicio de unos sucesos determinantes que cambiaron la historia de lo que hoy conocemos como Colombia al ser la fecha en que se celebra la independencia de España (MinEdu, 2018).
163 planta en pie: prnl. coloq. Ponerse de pie firme ocupando un
lugar o sitio (dle, 2018).
164 guayacán: m. Árbol de la América tropical, de la familia de las
cigofiláceas, que crece hasta unos doce metros de altura, con tronco grande, ramoso, torcido, de corteza dura, gruesa y parduzca, hojas persistentes, pareadas, elípticas y enteras, flores en hacecillos terminales con pétalos de color blanco azulado, y fruto capsular, carnoso, con varias divisiones, en cada una de las cuales hay una semilla (dle, 2018).
Notas explicativas
A: Revista El Montañés (1897). Medellín. B: El padre Casafús: Novela (1914). Medellín: Carlos E. Rodríguez.
C: A la diestra de Dios Padre; Salve, Regina (1935). Bogotá: Minerva.
D: Cuentos de tejas arriba (1936). Medellín: Atlántida.
E: Obras completas (1952). Madrid: epesa. F: Cuentos de Tomás Carrasquilla: “Náufrago asombroso del siglo de oro” (1956). Medellín: Bedout.
G: Seis cuentos (1959). México: Ediciones de Andrea.
H: Tomás Carrasquilla: Sus mejores cuentos (1960). Bogotá: Primer Festival del libro colombiano.
I: Salve Regina (1961). Lima: Editora Popular Panamericana.
J: Cuentos (1973). La Habana: Casa de las Américas.
K: Un siglo del relato latinoamericano (1976). La Habana: Casa de las Américas. L: Cuentos de Tomás Carrasquilla (1984). Medellín: Compañía de Cementos Argos.
M: En la diestra de Dios Padre (2004). México: Universidad Nacional Autónoma de México.
E Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1897) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: En la diestra de Dios Padre (Cuento de la señá Ruperta) Héctor Fabio Buitrago Correa Editor crítico
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla En la diestra de Dios Padre1 (Cuento de la señá Ruperta) Estea dizque era un hombre que se llamaba Peralta. Vivía en un pajarate2 muy grande y muy viejo, en el propio camino real y afuerita de un pueblo donde vivía el rey.b No era casao y vivía con una hermana soltera, algo viejona y muy aburrida. No había en el pueblo quien no conociera ac Peralta por sus muchas caridades: él lavaba los llaguientos; él asistía a los enfermos; él enterraba los muertos; se quitaba el pan de la boca y los trapitos del cuerpo para dárselos a los pobres; y por eso era que estaba en la pura inopia; y a la hermana se la llevaba el diablo3 con todos los limosneros y leprosos que Peralta mantenía en la casa. ¿Qué te ganás, hombre de Dios —le decía la hermana— con trabajar como un macho, si todo lo que conseguís lo botás jartando y vistiendo a tantod perezoso y holgazán? Casate,e hombre, casate para que tengás hijos a quiénf mantener. —Calleg la boca, hermanita, y no diga disparates. Yo no necesito de hijos, ni de mujer, ni de nadie, porque tengo mi prójimo a quién servir. Mi familia son los prójimos. —¡Tus prójimos!h Será por tanto que te lo agradecen; será por tanto que te han dao. Ai te veo siempre más hilachento y más infeliz que los limosneros que socorrés. Bien podías comprarte una muda y comprármela a yo, que harto la necesitamos; oi tan siquiera traer comida alguna vez pa que llenáramos, ya j que pasamos tantos hambres. Pero vos no te afanás por lo tuyo; tenés sangre de gusano.4 Esta era siempre la cantaleta de la hermana; pero como si predicara en desierto frío.5 Peralta seguía más pior; siempre hilachento y zarrapastroso,6 y el bolsico7 lámparo,8 lámparo; con el fogoncito encendido tal cual vez; la despensa en las puras tablas y una pobrecía, ¡señor! regada por aquella casa desde el chiquero hasta el corredor de afuera. Figúrese que no eran tan solamente los Peraltas, sino que todos los lisiaos y leprosos se habían apoderao de los cuartos y de los corredores de la casa “convidaos por el sangre de gusano”, como decía la hermana. Una ocasioncitak estaba Peralta muy fatigao de las afujias9 del día, cuando, a tiempo de largarse un aguacero, arriman dos pelegrinos a los portales de la casa y piden posada: —Conl todo corazón se las doy, buenos señores —les dijo Peralta muy atencioso— pero lo van a pasar muy mal, porque en esta casa no hay ni un grano de sal ni una tabla de cacao con qué hacerles una comidita. Pero prosigan pa dentro, que la buena voluntá es lo que vale.
Dentraron los pelegrinos; trajo la hermana de Peralta el candil, y pudo desaminarlos a como quiso. Parecían mismamente el taita y el hijo. El uno era un viejito con los cachetes muy sumidos, ojitriste él, de barbitas rucias y cabecipelón. a ESTE b Rey d tánto e Casáte f quien g Cálle i ó j ya k A, B, C, D, F, G, H, I, L:
oracioncita / E, J, K, M:
ocasioncita [Este término cambia en las ediciones señaladas, el contexto, claramente, hace más adecuado el uso de la segunda definición, pues se alude a un espacio temporal y no a prédica como tal].
l posada: Con c á h Tus prójimos!
En la diestra de Dios Padre El otro era muchachón, muy buen mozo, medio mono,10 algo zarco y con una mata de pelo en cachumbos11 que le caían hasta media espalda. Le lucía mucho la saya y la capita de pelegrino. Todos dos tenían sombreritos de caña, y unos bordones muy gruesos, y albarcas. Se sentaron en una banca muy cansaos y se pusieron a hablar una jerigonza tan bonita, que los Peraltas, sin entender jota,12 no se cansaban de oírla. No sabían por qué sería, pero bien veían que el viejo respetaba más al muchacho que el muchacho al viejo; ni por qué sentían una alegría muy sabrosa por dentro; ni mucho menos de dónde salía un olor que trascendía toda la casa: aquello parecía de flores de naranjo,13 de albahaca14 y de romero de Castilla;15 parecía de inciensoa y del zahumerio de alhucema16 que le echan a la ropita de los niños; era un olor que los Peraltas no habían sentido ni en el monte, ni en las jardineras, ni en el santo templo de Dios.
Manque estaba muy embelesao, le dijo Peralta a la hermana: —Hija,b date una asomadita por la despensa; desculcá por la cocina, a ver si encontrás alguito qué darles a estos señores. Miralosc qué cansaos están; se les ve la fatiga. La hermana, sin saberse cómo, salió muy cambiada de genio y se fue derechito a la cocina. No halló más que media arepa17 tiesa y requemada por allá en el asiento de una cuyabra.18 Confundida con la poquedá, determinó que alguna gallina forastera tal vez se había colao por un güeco del bahareque19 y había puesto en algún zurrón viejo de una montonera que había en la despensa, que lo que era corotos y porquerías viejas sí había en la dichosa despensa hasta pa tirar pa lo alto, pero de comida ni hebra.20 Abrió la puerta, y se quedó beleña y paralela:21 en aquel despensón, por los aparadores, por la escusa, por el granero, por los zurrones, por el suelo había de cuanto Dios crió pa que coman sus criaturas. Del palo largo colgaban los tasajos de solomo y de falda,22 el tocino y la empella;23 de los garabatos colgaban las costillas de vaca y de cuchino; las longanizas y los chorizos se gulunguiaban24 y se enroscaban que ni culebras; en la escusa había por docenas los quesitos,25 y las bolas de mantequilla, y las tutumadas26 de cacao27 molido con jamaica,28 y las hojaldras29 y las carisecas;30 los zurrones estaban rebosaos de frijol cargamanto,31 de papas, y de revuelto32 de una y otra laya; cocos de güevos había por toítas partes; en un rincón había un cerro de capachos de sal de guaca;d33 y por allá, junto al granero, había sobre una horqueta un bongo de arepas de arroz tan blancas, tan esponjadas y tan bien asaditas que no parecían hechas de mano de cocinera de este mundo; y muy sí señor un tercio de dulce que parecía la mismita azúcar. Por fin le surtió a Peralta; —pensó la hermana— esto es mi Dios pa premiale sus buenas obras. ¡Hasta ai víver!34 Pues, aprovechémonos.
Y dicho y hecho: trajo el cuchillo cocinero, y echó a cortar por lo redondo; trajo la batea grande, y la colmó; y al momentico echó a chirriar35 la cazuela y a regarse por toda la casa aquella güelentina tan sabrosa. Como Dios le ayudó les puso el comistraje.36 Y nada desganao que era el viejito: el mozo sí no comió cosa. A Peralta ya no le quedó ni hebra de duda que aquello era un milagro patente; y, con d Guaca c Mirálos b Hija, a incensio
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla todito aquel contento que le bailaba en el cuerpo, sargentió por todas partes, y, con lo menos roto y menos sucio de la casa, les arregló las camitas en las dos puntas de la tarima. Se dieron las buenas noches y cada cual se acostó.
Peralta se levantó escuro, escuro, y no topó ni rastros de los güéspedes; pero sí topó una muchila muy grande requintada de onzas del rey, en la propia cabecera del mocito. Corrió muy asustao a contarle a la hermana, que al momento se levantó de muy buen humor a hacer harto cacao; corrió a contarle a los llaguientos y a los tullidos, y los topó buenos y sanos, y caminando y andando, como si en su vida no hubieran tenido achaque. Salió como loco en busca de los güéspedes pa entregarles la muchila de onzas del rey. Echó a andar y andar, cuesta arriba, porque puallí dizque era que habían cogido los pelegrinos. Con tamaña lengua afuera, se sentó un momentico a la sombra de un árbol, cuando los divisó por allá muy arriba, casi a punto de trastornar37 el alto. Casi no podía gañir el pobrecito de puro cansao que estaba, pero ai como pudo les gritó: —¡Hola! Señores, espéremen que les trae cuenta —y alzaba la muchila para que la vieran. Los pelegrinos se contuvieron a las voces que dio Peralta. Al ratico estuvo cerca de ellos, y desde abajo les decía: —Bueno, señores, aquí está su plata. Bajaron ellos al tope y se sentaron en un plancito, en una sombra muy fresca y muy sabrosa, y entonces Peralta les dijo: —¡Caramba que el pobre siempre jiede! Miren que dejar este oral por el afán de venirse de mi casa. Cuentena y verán que no les falta ni un medio.
El mocito lo voltió a ver con tan buen ojo, tan sumamente bueno, que Peralta, anque estaba muy cansao, volvió a sentir por dentro la cosa sabrosa que había sentido por la noche; y el mocito le dijo: —Sentate,b amigo Peralta, en esa piedra, que tengo que hablarte. —Y Peralta se sentó. —Nosotros —dijoc el mocito con una calma y una cosa allá muy preciosa— no somos tales pelegrinos; no lo creás. Este —y señaló al viejo— es Pedro, mi discípulo, el que maneja las llaves del Cielo; y yo soy Jesús de Nazareno. No hemos venido a la tierra más que a probarte, y en verdá te digo, Peralta, que te lucites en la prueba. Otro, que no fuera tan cristiano como vos, se guarda las onzas y se había quedao muy orondo.38 Voy a premiarte: los dineros son tuyos: llevátelos; y voy a darte de encima las cinco cosas que me querás pedir. Conque, pedí por esa boca.
Peralta, como era un hombre tan desentendido para todas las cosas y tan parejo, no le dio mal ni se quedó pasmao sino que, muy tranquilo, se puso a pensar a ver qué pedía. Todos tres se quedaron callaos como en misa, y a un rato dice sand Pedro: —Hombre Peralta, fijatee bien en lo que vas a pedir, no vas a salir con una buena bobada. —En eso estoy pensando, su mercéf —contestó Peralta, sin nadita de susto. —Es que si pedís cosa mala, va y el Maestro te la concede; y, una vez concedida, te amolaste, porque la palabra del Maestro no puede faltar. —Déjeme pensar bien la cosa, su mercé —y seguía pensando, con la cara pa otro lao y metiéndole uña a una barranquita. San Pedro le tosía, le aclariaba, y el tal Peralta no lo voltiaba a ver. a Cuénten b Sentáte c Nosotros—dijo d San e fijáte f Su Mercé
En la diestra de Dios Padre A un ratísimo voltea a ver al Señor, y le dice: —Bueno, Su Divina Majestá, lo primerito que le pido es que yo gane al juego siempre que me dé la gana. —Concedido —dijo el Señor. —Lo segundo —siguió Peralta— es que cuando me vaya a morir me mande la muerte por delante y no a la traición. —Concedido —dijo el Señor. Peralta seguía haciendo la cuenta en los dedos, y a san Pedro se lo llevaba Judas con las bobadas de ese hombre: él se rascaba la calva, él tosía, él le mataba el ojo, él alzaba el brazo y, con el dedito parao, le señalaba a Peralta el cielo; pero Peralta no se daba por notificao. Después de mucho pensar dice Peralta: —Pues, bueno, Su Divina Majestá, lo tercero que me ha de conceder es que yo pueda detener al que quiera en el puesto que yo le señale y por el tiempo que a yo me parezca. —Rara es tu pitición, amigo Peralta —dice el Señor, poniendo en él aquellos ojos tan zarcos y tan lindos que parecía que limpiaban el alma de todo pecao mortal, con solamente fijarlos en los cristianos—. Ena verdá te digo que una pitición como la tuya jamás había oído; pero que sea lo que vos querás. A esto dio un gruñido san Pedro, y, acercándose a Peralta, lo tiró con disimulo de la ruana, y le dijo al oído, muy sofocao: —¡El Cielo,b hombre! ¡Pedí el Cielo! ¡No sias bestia! Ni an por eso: Peralta no aflojó ni un pite;39 y el Señor dijo: —Concedido. —La cuarta cosa —dijo Peralta sumamente fresco— es que Su Divina Majestá me dé la virtú de achiquitarme a como a yo me dé la gana, hasta volverme tan chirringo40 como una hormiga. Dicen los ejemplos y el misal que el Señor no se rio ni una merita vez; pero aquí sí le agarró la risa; y le dijo a Peralta: —Hombre, Peralta, otro como vos no nace, y si nace, no se cría. Todos me piden grandor, y vos, con ser un recorte de hombre, me pedís pequeñez. Pues, bueno… San Pedro le arrebató la palabra a su Maestro, y le dijo en tonito bravo: —¡Peroc no ve que este hombre está loco! —Pues no me arrepiento de lo pedido —dijo Peralta muy resuelto—. Lo dicho dicho. —Concedido —dijo el Señor. San Pedro se rascaba la saya muslo arriba, se ventiaba con el sombrero, y veía chiquito a Peralta. No pudo contenerse y le dijo: —Mirá, hombre, que no has pedido lo principal y no te falta sino una sola cosa. —Por eso lo estoy pensando; no se apure su mercé. Y se volvió a quedar callao otro rato. Por allá, a las mil y quinientas,41 salió Peralta, con esto: —Bueno, Su Divina Majestá; antes de pedirle lo último, le quiero preguntar una cosa, y usté me dispense, Su Divina Majestá, por si fuere mal preguntao; pero eso sí: me ha de dar una contesta bien clara y bien patente. —¡Loco de amarrar!42 —gritó san Pedro juntando las manos y voltiando a ver al cielo como el que reza el Bendito43— va a salir con un disparate gordo. ¡Padre mío, ilumínalo! El Señor, que volvió a ponerse muy sereno, le dijo: —Preguntá, hijo, lo que querás que todo te lo contestaré a tu gusto. —Dios se lo pague, Su Divina Majestá… Yo quería saber si el Patas44 es el que manda en el alma de los condenaos go es vustéd go el Padre Eterno. —Yo, y mi Padre, y el Espíritu Santo, juntos y por separao, mandamos en todas partes; pero al diabloe le hemos largao el mando del Infierno: él es el amo de sus condenaos y manda en sus almas, como mandás vos en las onzas que te he dao. —Pues bueno, Su Divina d busté a Cristianos.—En b cielo c ¿Pero e Diablo
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Majestá, —dijo Peralta muy contento— si asina es, voy a hacerle el último pido:45 yo quiero, ultimadamente,a que Su Divina Majestá me conceda la gracia de que el Patas no me haga trampa en el juego. —Concedido —dijo el Señor. Y Élb y el viejito se volvieron humo en la región.
Peralta se quedó otro rato sentao en su piedra; sacó yesquero,46 encendió su tabaco y se puso a bombiar muy satisfecho. ¡Valientes cosas las que iba a hacer con aquel platal! No iba a quedar pobre sin su mudita nueva, ni vieja hambrienta sin su buena pulsetilla de chocolate de canela. Allá verían los del sitio quién era Peralta. Se metió las onzas debajo del brazo; se cantió la ruanita, y echó falda abajo. Parecía mismamente un limosnero: tan chiquito y tan entumido: con aquella carita tan fea, sin pizca de barba, y con aquel ojo tan grande y aquellas pestañonas que parecían de ternero.
Al otro día se fue p’al pueblo, y puso monte.47 ¡Cómo sería la angurria48 que se le abrió a tanto logrero cuando vieron en aquella mesa aquella montonera de onzas del rey! ¡Óndec te sacates ese entierro, hombre Peralta? —le decía uno. —Este se robó el correo —decían otros en secreto. Yd Peralta se quedaba muy desentendido. Se pusieron a jugar. La noticia del platal corrió por todo el pueblo, y aquella sala se llenó de todo el ladronicio y todos los perdidos. Pero eso sí; no les quedó ni un chimbo49 partido por la mitá: por más trampas que hacían, por más que cambiaban baraja, por más que la señalaban con la uña, les dio capote,50 con ser que en el juego estaban toditos los caimanes51 de esos laos. Con estae no nos quedamos —dijo el más caliente—. A nosotros no nos come este… (Yf ai mentó unas palabras muy feas). Voy a idiar unas suertes, y mañana no le queda ni liendra a este sinvergüenza. Y ai salió del garito, echando por esa boca unos reniegos y unos dichos que aquello parecía un condenao.
Al otro día, desde antes de almorzar, emprendieron el monte. Hubo cuchillo, hubo barbera; pero Peralta tampoco les dejó un medio. Como no era ningún bobo, se dejaba ganar en ocasiones para empecinarlos más. Determinaron jugar dao, y monte-dao, y bisbís, y cachimona, y roleta,52 a ver si con el cambio de juegos se caía Peralta; pero si se caía a raticos, era pa seguir más violento echando por lo negro y acertando en unos y en otros juegos.
Lo más particular era que Peralta con tantísimo caudalg como iba consiguiendo, no se daba nadita de importancia, ni en la ropita, ni en la comida, ni en nada: con su misma ruanita pastusa de listas azules, con sus mismitos calzones fundillirrotos se quedó el hombre, y con su mismita chácara53 de ratón de agua pelada y hecha un cochambre.54 Pero eso sí: lo que era limosnas ni el rey las daba tan grandes. Su casa parecía siempre publicación de bulas, con toda la pobrecía y todos los lambisquiones55 del pueblo, plañendo a toda hora; y no tan solamente los del pueblo, sino que también echó a venir cuanto avistrujo56 había en todos los pueblos de por ai y en otros del cabo a últimadamente b El c Onde d —Y e ésta f [Y g caudad
En la diestra de Dios Padre del mundo. ¡Hasta de Jamaica y de Jerusalén venían los pedigüeños! Pero Peralta no reparaba; a todos les metía su peseta en la mano; y la cocina era un fogueo parejo que ni cocina de minas. Consiguió un montón de molenderas, y todo el día se lo pasaba repartiendo tutumadas de mazamorra, los plataos de frijol y las arepas de maíz sancochao. Y mantenía una maletada de plata, la mismita que vaciaba al día. Siguió siempre lavando sus leprosos; asistiendo sus enfermos; y siempre con su sangre de gusano, como si fuera el más pobrecito y el más arrastrao de la tierra. Pero lo que no canta el carro lo canta la carreta:57 la Peraltona sí supo darse orgullo y meterse a señora de media y zapato. Con todo el platal que le sacó al hermano compró casa de balcón en el pueblo, y consiguió serviciala,58 y compró ropa muy buena y de usos muy bonitos. Cada rato se ponía en el balcón y, apenas veía gente, gritaba: —Maruchenga tremea el pañuelón de tripilla, que voy a visitar a la reina;b Maruchenga treme los frascos de perjume pa ruciar por aquí que está jediendo. Y, si veía pasar alguna señora, decía: —No pueden ver a uno de peinetón ni con usos nuevos, porque al momento la imitan estas ñapangas59 asomadas. Cuando salía a la calle, era un puro gesto y un puro melindre; y aunque era tan pánfila60 y tan feróstica61 caminaba muy repechada y muy menudito, como sintiéndose muy muchachita y muy preciosa. Maruchenga, sacac la sombrilla que hace sol; Maruchenga, sacamed la crisneja; Maruchenga, componemee el esponje que se me tuerce; y no dejaba en paz62 a la pobre Maruchenga con tanto orgullo y tantaf jullería.
La caridá de Peralta fue creciendo tanto que tuvo que conseguir casas pa recoger los enfermos y los lisiaos; y él mismo pagaba las medicinas, y él mismo, con su misma mano, se las daba a sus enfermos.
Esto llegó a oídos de Su Saca Rial63 y lo mandó llamar. Los amigos de Peralta y la Peraltona le decían que se mudara y se engalanara hartísimo pa ir a cas del rey; pero Peralta no hizo caso, sino que tuvo cara de presentársele con su mismito vestido y a pata limpia, lo mismo que un montañero. El rey y la reina estaban tomando chocolate con bizcochuelos y quesito fresco; y pusieron a Peralta en medio de los dos; y le sirvieron vino en la copa del rey que era de oro; y le echaron un brinde con palabras tan bonitas, que aquello parecía lo mismo que si fuera con el obispo Gómez Plata.
Peralta recorrió muchos pueblos, y en todas partes ganaba, y en todas socorría a los pobres; pero como en este mundo hay tanta gente tan mala y tan caudilla echaron a levantarle testimonios. Unos decían que era ayudao; otros, que ofendía a mi Dios, en secreto, con pecaos muy horribles; otros, que era duende y que volaba de noche por los tejaos, y que escupía la imagen de mi amitog y señor.h Toíto esto fue corruto en el pueblo, y los mismos que él protegía, los mismitos que mataron la hambre con su comida, principiaron a mormurar. Tan solamente el curita del pueblo lo defendía; pero nadie le creyó, como si fuera algún embustero. Toditico lo sabía Peralta, y nadita que se le daba, sino que seguía el mismito: siempre tan humilde la g Amito h Señor c dáca d sacáme e componéme f tánta a tréme b Reina
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla criatura de mi Dios. El cura le decía que compusiera la casa que se le estaba cayendo con las goteras y con los ratones y animales que se habían apoderao de ella; y Peralta decía: ¿Paqué, señor? La plata que he de gastar en eso, la gasto en mis pobres: yo no soy el rey pa tener palacio.
Estaba un día Peralta solo en grima64 en la dichosa casa, haciendo los montoncitos de plata para repartir cuando, ¡tun! ¡tun! en la puerta. Fue a abrir y ¡mi amo de mi vida! ¡qué escarramán65 tan horrible! ¡Era la Muerte que venía por él! Traía la güesamenta muy lavada, y en la mano derecha la desjarretadera66 encabada en un palo negro muy largo, y tan brillosa y cortadora que se infriaba uno hasta el cuajo67 de ver aquello. Traía en la otra mano un manojito de pelos que parecían hebritas de bayeta,68 para probar el filo de la herramienta. Cada rato sacaba un pelo y lo cortaba en el aire. Vengo por vos —le dijo a Peralta. —Bueno, —le contestó estea— pero tenés que darme un placito pa confesame y hacer el testamento. —Con tal que no sea mucho, —contestó la Muerte de mal humor— porque ando de afán. —Dateb por ai una güeltecita, —le dijo Peralta— mientras yo me arreglo; go, si te parece, entretenetec aquí viendo el pueblod que tiene muy bonita divisa. Mirá aquel aguacatillo tan alto; trepatee a él pa que divisés a tu gusto. La Muerte, que es muy ágil, dio un brinco y se montó en una horqueta del aguacatillo; se echó la desjarretadera al hombro y se puso a divisar. Date descanso, viejita, hasta que a yo me dé la gana, —le dijo Peralta— que ni Cristo con toda su pionada te baja de esa horqueta.
Peralta cerró su puerta, y tomó el tole69 de siempre. Pasaban las semanas, y pasaban los meses, y pasó un año. Vinieron las virgüelas castellanas; vino el sarampión y la tos ferina; vino la culebrilla, y el dolor de costao, y el descenso,70 y el tabardillo,71 y nadie se moría. Vinieron las pestes en toítos los animales: pues, tampoco se murieron. Al comienzo de la cosa echaron mucha bambolla72 los dotores con todo lo que sabían; pero luegof la gente fue colando en malicia que eso no pendía de los dotores sino de algotra cosa. El cura, y el sacristán y el sepolturero pasaron hambres a lo perro, porque ni un entierrito, ni la abierta de una sola sepoltura güelieron en esos días. Los hijos de taitas viejos y ricos se los comía la incomodidá de ver a los viejorros comiendo arepa, y que no les entraba la muerte por ningún lao. Lo mismito les sucedía a los sobrinos con los tíos solteros y acaudalaos; y los maridos, casaos con mujer vieja y fea, se revestían de una enjuria, viendo la viejorra tan morocha, habiendo por ai mozas tan bonitas con qué reponerla. De todas partes venían correos a preguntar si en el pueblo se morían los cristianos. Aquello se volvió una batajola y una confundición tan horrible, como si al mundo le hubiera entrao algún trastorno. Al fin determinaron todos que era que la Muerte se había muerto, y ninguno volvió a misa ni a encomendarse a mi Dios.
Mientras tanto, en el Cielo y en el Infierno estaban ofuscaos y confundidos, sin saber qué sería aquello tan particular. Ni un alma asomaba las narices por esos a éste f luégo b Dáte c entretenéte d pueplo e trepáte
En la diestra de Dios Padre laos: aquello era la desocupez más triste. El diablo determinó ponerse en cura de la rasquiña que padece para ver si mataba el tiempo en algo. San Pedro se moría de la pura aburrición en la puerta del Cielo: se lo pasaba por ai sentaíto en un banco, dormido, bosteciando y rezando a raticos en un rosario bendecido en Jerusalén. Pero viendo que la molienda73 seguía, cerró la puerta, se coló al Cielo y le dijo al Señor: —Maestro, toda la vida le he servido con mucho gusto; pero ai le entrego el destino: esto sí no lo aguanto yo. Póngame algotro oficio que hacer o saque algún recurso. Cristico y san Pedro se fueron por allá a un rincón a palabriase. Después de mucho secreteo, le dijo el Señor: —Pues, eso tiene que ser: no hay otra causa. Volvé vos al mundo, y tratá a ese hombre con harta mañita, pa ver si nos presta la Muerte, porque si no, nos embromamos.74 Se puso san Pedro la muda de pelegrino, se chantó las albarcas y el sombrero y cogió el bordón. Había caminao muy poquito, cuando se encontró con un atisba que mandaba el diablo para que vigiara por los laos del Cielo, a ver si era que todas las almas se estaban salvando. ¡Qué salvación ni qué demontres, —le dijo San Pedro— si esto se está acabando!
Esa misma noche, casi al amanecer, llovía agua Dios misericordia, y Peralta dormía quieto y sosegado en su cama. De presto se recordó,75 y oyó que le gritaban desde afuera: —Abrime,a Peraltica, por la Virgen, que es de mucha necesidá. Se levantó Peralta, y, al abrir la puerta, se topó mano a mano con el viejito, que le dijo: —Hombre, no vengo a que me des posada tan solamente; vengo mandao por el Maestro a que nos largués la Muerte unos días, porque vos la tenés de pata y mano en algún encierro. —Lo que menos, su mercé, —dijo Peralta— la tengo muy bien asegurada, pero no encerrada; y se las presto con mucho gusto, con la condición que a yo no me haga nada. —Contá conmigo —le dijo San Pedro.
Apenitas aclarió salieron los dos a descolgar a la Muerte. Estaba lastimosa la pobrecita: flacuchenta, flacuchenta; los güesos los tenía toítos mogosos y verdes con tantos soles y aguaceros como había padecido; el telarañero se le enredaba por todas partes, que aquello parecía vestido de andrajos; la pelona la tenía llena de hojas y de porquería de animal que daba asco; la herramienta parecía desenterrada de puro lo tomaíta que estaba. Pero lo que más injuria le daba a san Pedro era que parecía tuerta, porque un demontres de avispa había determinao hacer la casa en la cuenca del lao zurdo. Estaba la pobrecita balda,76 casi tullida de estar horquetiada tantísimo tiempo. De Dios y su santa ayuda necesitaron Peralta y san Pedro para descolgarla del palo. Agarraron después una escoba y unos trapos; le sacaron el avispero, y ello más bien quedó medio decente. Apenas se vio andando, recobró fuerza, y en un instantico volvió a amolar la desjarretadera… y tomó el mundo.b ¡Cómo estaría de hambrienta con el ayuno! En un tris acaba con los cristianos en una semana. Los dijuntos parecían gusanos de cosecha, y ni an los enterraban, sino que los hacían una montonera, y ai medio los tapaban con tierra. En las mangas rumbaba la mortecina, a Abríme b mundo
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla porque ni toda la gallinazada del mundo alcanzaba a comérsela. Peralta sí era verdá que parecía ahora un duende, de aquí pa acá, en una y en otra casa, amortajando los dijuntos, consolando y socorriendo a los vivos.
La Muerte se aplacó un poquito; los contaítos cristianos que quedaron volvieron a su oficio; y como los vivos heredaron tanto caudal, y el vicio del juego volvió a agarrarlos a todos, consiguió Peralta más plata en esos días que la que había conseguido en tanto tiempo. ¡Hijue pucha77 si estaba ricachón! Ya no tenía ónde acomodarla.
Pero cátatelo ai que un día amanece con una pata hinchada, y le coló una discípula de la mala. Al momentico pidió cura y arregló los corotos, porque se puso a pensar que harto había vivido y disfrutao, y que lo mismo era morirse hoy que mañana go el otro día. Mandó en su testamento que su mortaja fuera de limosna, que le hicieran bolsico, y que precisadamente le metieran en él la baraja y los daos; y como era tan humilde, quiso que lo enterraran sin ataúl, en la propia puerta del cementerio onde todos lo pisaran harto. Asina fue que apenitas se le presentó la Pelona, cerró el ojo, estiró la pata y le dijo: —Matame,a pues. ¡Poquito sería lo duro que le asestó el golpe, con el rincor que le tenía!
Peralta se encontró en un paraje muy feíto, parecido a una plaza. Voltió a ver por todas partes, y por allá, muy allá descubrió un caminito muy angosto y muy lóbrego casi cerrao por las zarzas y los charrascales.78 Ya sé aonde se va por ese camino —pensó Peralta—. El mismito que mentaba el cura en las prédicas. Cojo puel otro lao. Y cogió. Y se fue topando con mucha gente muy blanca y de agarre que parecían fefes o mandones; y con señoras muy bonitas y muy ricas que parecían principesas. Como nunca fue amigo de meterse entre la gente grande, se fue por un laíto del camino, que se iba anchando y poniéndose plano como las palmas de la mano. ¡María Madre, si había que ver en aquel camino! Parecía mismamente una jardinera, con tanta rosa y tanta clavellina y con aquel pasto tan bonito. Pero eso sí: ni un afrecherito,79 ni una chapola80 de col ni un abejorro se veía por ninguna parte ni pa remedio. Aquellas flores tan preciosas no güelían sino que parecían flores muertas. Peralta seguía a la resolana,81 con el desentendimiento de toda su vida. Por allá, en la mitá de un llano, alcanzó a divisar una cosa muy grande, muy grandísima, mucho más que las iglesias, mucho más que la Piedra del Peñol.82 Aquello blanquiaba como un avispero; y como toda la gente se iba colando a la cosa, Peralta se coló también. Comprendió que era el Infierno, por el jumero que salía de pa arriba y el candelón que salía de pa abajo. Por allí andaba mucha gente del mundo en conversas y tratos con los agregaos y piones del Infierno.
Él se dentró por una gulunera83 muy escura y muy medrosa que parecía un socavón, y fue a repuntar por allá a unas californias84 onde había muchas escaleras que ganar y unos zanjones muy horrendos por onde corrían unas aguas muy mugrientas y asquerosas. A tiempo que pasaba por una puertecita, oyó un chillido como de a Matáme
En la diestra de Dios Padre cuchinito cuando lo están degollando, y se asomó por una rendija. ¡Virgen! ¡Qué cosa tan horrenda! No era cuchino: era una señora de mantellina y saya de merinito algo mono, que la tenían con la lengua tendida en el yunque, con la punta cogida con unas tenazonas muy grandes; y un par de diablos herreros muy macuencos85 y cachipandos le alzaban macho86 a toda gana. ¡Hijue la cosa tan dura es la carne de condenao! Aquella lengua ni se machucaba, ni se partía, ni saltaba en pedazos: ai se quedaba intauta. Y a cada golpe le gritaban los diablos a la señora: Esto es pa que levantés testimonios, vieja maldita; esto es pa que metás tus mentiras, vieja lambona; esto es pa que enredés a las personas, vieja culebrona. Y a Peralta le dio tanta lástima que salió de güida.
De presto se zampó por una puerta muy anchona; y cuando menos acató, se topó en un salón muy grandote y muy altísimo que tenía hornos en todas las paredes, muy pegaos y muy junticos, como los roticos de las colmenas onde se meten las abejas. No había nadie en el salón; pero por allá en la mitá se veía un trapo colgao a modo de tolda de arriero. Peralta se asomó con mucha mañita, y ai estaba el enemigo maloa87 acostao en un colchón, dormido y como enfermoso y aburridón él. De presto se recordó; se enderezó y, a lo que vio a Peralta, le dijo muy fanfarrón y arrogante: ¿Qué venís hacer aquí, culichupao? Vos no sos de aquí; rumbateb al momento. —Pes, como nadie me atajó, yo me fui colando, sin saber que me iba a topar con su mercé —contestó Peralta con mucha moderación. —¿Quién sos vos? —le dijo el diablo. —Yo soy un pobrecito del mundo que ando poaquí embolatao. Me dijeron que estaba en carrera de salvación, pero a yo no me han recebido indagatoria ni nadie si ha metido con yo. Al momento le comprendió el diablo que era alma del Purgatorio o del Cielo. ¡Figúresen, no entenderlo él con toda la marrulla que tiene! Pero, como los buenos modos sacan los cimarrones del monte, y la humildá agrada hasta al mismo diablo, con ser tan soberbio, resultó que Peralta más bien le cayó en gracia, más bien le pareció sabrosito,88 y querido. ¿Su mercé está como enfermoso? —le preguntó Peralta —Sí, hombre —contestó Lucifer como muy aplacao. Se me han alborotao en estos días los achaques; y lo pior es que nadie viene a hacerme compañía, porque el mayordomo, los agregaos y toda la pionada no tienen tiempo ni de comer, con todo el trabajo que nos ha caído en estos días. —Pues, si yo le puedo servir de algo a su mercé, —dijo Peralta haciéndose el lambón— mándeme lo que quiera, que el gusto mío es servirle a las personas.
Y ai se fueron enredando en una conversa muy rasgada, hasta que el diablo dijo que quería entretenerse en algo. Pues, si su mercé quiere que juguemos alguna cosita; —dijo Peralta muy disimulao— yo sé jugar toda laya de juegos; y en prueba de ello, es que mantengo mis útiles en el bolsico —y sacó la baraja y los daos. —Hombre, Peralta, —dijo el diablo— lo malo es que vos no tenés que ganarte, y yo no juego vicio.89 —¿Cómo no he de tener, —dijo Peralta— si yo tengo un alma como la de todos? Yo la juego con su mercé, pues, también soy muy vicioso. La juego contra a Enemigo Malo b rumbáte
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla cualquiera alma de la gente de su mercé. El enemigo malo, que ya le tenía ganas a esa almita de Peralta, tan linda y tan buenita, le aparó la caña90 al momentico. Determinaron jugar tute,91 y le tocó dar al diablo. Barajó muy ligero y con modos muy bonitos; alzó Peralta y principiaron a jugar. Iba el diablo haciendo bazas muy satisfecho, cuando Peralta tiende sus cartas, y dice: —Cuarenta, as y tres, no la perderés por mal que la jugués. —Así será, —dijo el diablo bastante picao— pero sigamos, a ver qué resulta. Pues ¿qué había de resultar? Que Peralta se fue de sobra. Se puso el diablo como la ira mala, y le dijo a Peralta, con un tonito muy maluco: —¿Vos sos culebra echada go qué demonios? —Tanté, culebra; lo que menos su mercé —le contestó Peralta con su humildá tan grande. —Antes en el mundo decían que yo dizque era un gusano de puro arrastrao y miserable. Pero sigamos, su mercé, que se desquita. Siguieron; a la otra mano salió Peralta con tute de reyes. ¡Doblo! —gritó Lucifer con un vozachón que retumbó por todo el Infierno. La cola se le paró; los cachos se le abrían y se le cerraban como los de un alacrán; los ojos le bailaban, qui ni un trompo zangarria,92 de lo más bizcornetos y horrendos; y por la boca echaba aquella babaza y aquel chispero… Doblemos —dijo Peralta muy convenido. Ganó Peralta. ¡Doblo! —gritó el diablo. —Y doblando, doblando, jugaron diecisiete tutes; hasta que el Patas dijo: ¡Ya no más! Estaba tan sumamente medroso, daba unos bramidos tan espantosos, que toítica la gente del Infierno acudió a ver. ¡Cómo se quedarían de suspensos cuando vieron a su amo y señor llorando a moco tendido! Y aquellas lagrimonas se iban cuajando, cuajando, cachete abajo, que ni granizo. En el suelo iba blanquiando la montonera, y toda la cama del diablo quedó tapadita. Un diablito muy metido y muy chocante que parecía recién adotorao, dijo con tonito llorón ¡Nunca me figuré que a mi señor le diera pataleta!a —Pero ¿por qué no seguimos, su mercé? —dijo Peralta como suplicando. —Es cierto que le he ganao más de treinta y tres mil millones de almas; pero yo veo que el Infierno está sin tocar. —Cierto, —dijo el enemigo malo haciendo pucheros— pero esas almas no las arriesgo yo: son mis almas queridas; son mi familia, porque son las que más se parecen a yo. Siguió moquiando, y a un ratico le dijo a uno de sus edecanes: Andá, hombre, sacaleb a este calzón sin gente su ganancia, y que se largue de aquí.
Como lo mandó el Patas, asina mismo se cumplió. Mientras que una vieja ñata se persina, fueron echando toditas las puertas del Infierno la churreta93 de almas. Aquello era churretiar y churretiar, y no se acababa. Lo que a Peralta le parecía más particular era que, a conforme iban saliendo, se iban poniendo más negras, más jediondas y más enjunecidas.94 Parecía como si a todos los cristianos del mundo les estuvieran sacando las muelas a la vez, según los bramidos y la chillería. Sin nadie mandárselos, aquellas almas endemoniadas fueron haciendo en el aire un caracol que ni un remolino. Los aires se fueron escureciendo, escureciendo con aquella gallinazada, hasta que todo quedó en la pura tiniebla.
b sacále a pataleta.
En la diestra de Dios Padre Peralta, tan desentendido, como si no hubiera hecho nada, se fue yendo muy despacio, hasta que se encontró con los tuneros del caminito del Cielo. Aquello era caminar y caminar, y no llegaba. Él tuvo que pasar por puentes de un pelo que tenían muchas leguas; él tuvo que pasar la hilacha de la eternidá, que tan solamente Nuestro Señor, por ser quien es, la ha podido medir. Pero a Peralta no le dio váguido, sino que siguió serenito, serenito y muy resuelto hasta que se topó en las puertas del Cielo. Estaba eso bastante solo, y por allá divisó a san Pedro recostao en su banco. Apenitas lo vio san Pedro, se le vino a la carrera, se le encaró y le dijo, midiéndole puño:95 —Quitá de aquí, so vagamundo. ¿Te parece que te has portao muy bien y que nos tenés muy contentos? Si allá en la tierra no te amasé fue porque no pude, pero aquí sí chupás. —No se fije en yo viejito; fíjese en lo que viene por aquel lao. Vaya a ver cómo acomoda esa gentecita, y déjese de nojarse. Voltió a ver san Pedro, estiró bien la gaita96 y se puso la manito sobre las cejas, como pa vigiar mejor; y apenas entendió el enredo, pegó patas; abrió la puerta, la golvió a cerrar a la carrera y la trancó por dentro. Ni por esas se agallinó Peralta, ni le coló cobardía ni cavilosió que en el Cielo le fueran a meter macho rucio.
No bien se sintió san Pedro de puertas pa dentro, corrió muy trabucao, y le hizo una señita al Señor. Bajó el Señor de su trono, y se toparon como en la mitá del Cielo, y agarraron a conversar en un secreto tan larguísimo que a toda la gente de la corte celestiala le pañó97 la curiosidá. Bien comprendían toditos, por lo que manotiaba san Pedro y por lo desencajao que estaba, que la conversa era sobre cosa gorda, ¡pero muy gorda! Las santas, que anque sea en el Cielo siempre son mujeres, pusieron los anteojos de larga vista para ver qué sacaban en limpio. Pero ni lo negro de la uña. El Señor, que había estao muy sereno oyéndole las cosas a san Pedro, le dijo muy pasito a lo último: —En buena nos ha metido ese Peralta. Pero eso no se puede de ninguna manera: los condenaos, condenaos se tienen que quedar por toda la eternidá. Andateb a tu puesto, que yo iré a ver cómo arreglamos esto. No abrás la puerta; los que vayan viniendo los entrás por el postigo chiquito. Se volvió el Señor pa su trono, y a un ratico le hizo señas a un santo, apersonao él, vestido de curita, y con un bonetón muy lindo. El santo se le vino muy respetoso, y hablaron dos palabras en secreto. Y bastante susto que le dio: se le veía porque de presto se puso descolorido y principió a meniarse el bonete. A esasc le hizo el Señor otra seña a una santica que estaba por allá muy lejos, ojo con él; y la santica se vino muy modosa y muy contenta al llamado, y entró en conversa con Cristico y el otro santo. Estaba vestida de carmelitana; también tenía bonete que le lucía mucho, y en la una mano una pluma de ganso muy grandota.
¡Esto sí fue lo que más embelecó a las otras santas! Por todos los balcones empezó a oírse una bullita y unos mormullos, que la Virgen tuvo que tocar la campanita pa que se callaran. Pero nada que les valió. ¡Figúrese! que en ese momento salió un ángel muy grande con un atril muy lindo, y más detrás un angelito de los a Corte Celestial b Andáte c ésas
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla guitarristas, con la guitarrita colgada a un lao como carriel, y que llevaba en las dos manitos un tinterón de oro y piedras preciosas; y después salieron dos santicos negros con dos tabretes de plata; y los cuatro arreglaron por allá en un campito de lo más bueno un puesto como de escribano. El cura y la monjita se fueron derecho a los tabretes; y cada cual se sentó. El angelito se quedó muy formal teniendo el tintero. ¡Valientes criaturas las de mi Dios! En este angelito sí se esmeró él: tenía la cabecita como una piña de oro; era de lo más gordito y achapao; con los ojos azulitos, azulitos qui ni dos flores de linaza; y sus alitas de garza eran más blancas que una bretaña.98 Casi estaba en cueritos: tan solamente llevaba de la cinta99 pa abajo un faldellín coposo de un jeme100 de ancho, de un trapo que unas veces era de oro y otras veces era de plata, flequiao de por abajo y con unos caracoles y unas figuras de la pura perlería. Pero lo más lindo de todo, lo que más le lucía al demontres del angelito era la cargadera de la vigüelita, que era todita de topaciosa y esmeraldas; la guitarrita también era muy linda, toda laboriada y con clavijitas y cuerdas de oro. Dizque era el ángel de la guarda de la monjita, y por eso estaba tan confianzudo con ella. La santica entró como en un alegato con el cura; pero a lo último, él se puso a relatar y ella a jalar pluma. Esa sí era escribana: se le veía todo lo baquiana que era en esas cosas de escribanía. Acomodada en su tabrete, iba escribiendo, escribiendo sobre el atril; y a conforme escribía, iba colgando por detrás de los trimotiles101 esosb un papelón muy tieso, ya escrito, que se iba enrollando, enrollando. Soloc mi Dios sabe el tiempo que gastó escribiendo, porque en el Cielo no hay reló. Por allá al mucho rato, la monja echó una plumada muy larga, y le hizo seña al Señor de que ya había acabao.
No bien entendió el Señor, se paró en su trono, y dijo: —Toquen bando y que entre Peralta. Y principiaron a redoblar todas las tamboras del Cielo, y a desgajarse a los trompicones toda la gente de su puesto, para oír aquello nunca oído en ese paraje: porque ni san Joaquín, el agüelito del Señor, había oído nunca leyendas de gaceta en la plaza de la corte celestial. Cuando todos estuvieron sosegaos en sus puestos y Peralta por allá en un rinconcito, mandó Cristo que se asilenciaran los tamboreos, y dijo: Pongan harto cuidao, pa que vean que la gloria celestiald no es cualquier cosa. Y después se voltió ponde la monjita, y, muy cariñoso, le dijo: Leé vos el escrito, hijita, que tenés tan linda pronuncia.
¡Caramba si la tenía! Eso era como cuando los mozos montañeros agarran a tocar el capador; como cuando en las faldas echan a gotiar los resumideros en los charquitos insolvaos. La leyenda comenzaba de esta laya: “Nos,e Tomás de Aquino y Teresa de Jesús, mayores de edad, y del vecindario del Cielo; por mandato de Nuestro Señor, hemos venido a resolver un punto muy trabajoso…” —tan trabajoso, tan sumamente trabajoso que ni an siquiera se puede contar bien patente las retajilas tan lindas y tan bien empatadas escritas en la dichosa gaceta. ¡Hasta ai mecha la que tenían esos escribanos!
a lopacios b ésos c Sólo d Gloria Celestial e Nós
En la diestra de Dios Padre Ultimadamente el documento quería decir que era muy cierto que Peralta le había ganao al enemigo malo esa traquilada102 de almas con mucha legalidá y en juego muy limpio y muy decente; pero que mas sinembargo, esas almas no podían colar al Cielo ni de chiripa,103 y que por eso tenían que quedase afuera. Pero que, al mismo tiempo, como todas las cosas de Dios tenían remedio, esta cosa se podía arreglar, sin que Peralta ni el Patas se llamaran a engaño. Y el arreglo era asina: que todas las glorias que debían haber ganao esas almas redimidas por Peralta, se ajuntaran en una gloriona grande, y se la metieran enterita a Peralta, que era el que la había ganao con su puño. Y que la cosa del Infierno se arreglaba de esta laya: que esos condenaos no volvían a las penas de las llamas, sino a otro infierno de nuevo uso que valía lo mismo que el de candela. Y era este Infierno una indormia104 muy particular que sacaron de su cabeza el cura y la monjita. Esta indormia dizque era de esta moda: que mi Dios echaba al mundo treinta y tres mil millones de cuerpos, y que a esos cuerpos les metían adentro las almas que sacó Peralta de los profundos infiernos; y que estas almas, manque los taitas de los cuerpos creyeran que eran pal Cielo, ya estaban condenadas desde en vida; y que por eso no les alcanzaba el santo bautismo, porque ya la gracia de mi Dios no les valía, anque el bautismo fuera de verdá; y que se morían los cuerpos, y volvían las almas a otros, y después a otros y seguía la misma fiesta hasta el día del juicio; que de ai pendelante las ponían a voltiar en rueda en redondo del Infierno por sécula seculórum amén.a Que por todo esto dizque es que hay en este mundo una gente tan canóniga y tan mala, que goza tanto con el mal de los cristianos: porque ya son gente del Patas; y por eso es que se mantienen tan enjunecidos y padeciendo tantísimos tormentos sin candela. Estos quizque son los envidiosos. Y por eso quizque fue que el enemigo malo no quiso arriesgar las almas aquellas del Infierno, porque esas también eran de envidiosos.
Peralta entendió muy bien entendido el relate. Y muy contento que se puso, y muy verdá y muy buena que le pareció la inguandia.105 Pero este Peralta era tan sumamente parejo, que ni con todo el alegrón que tenía por dentro se le vio mover las pestañas de ternero; ai se quedó en su puesto como si no fuera con él. Pero de golpe se vio solo en la plaza del Cielo. ¡Hasta ai placitas!
Aquello era una cosa redonda, enladrillada con diamantes y piedras preciosas de toda color, que hacían unas labores como los dechaos106 de las maestras. En redondo había una ringlera de pilas de oro que chorriaban agua florida y pachulí107 de la gloria; y cada una de estas pilitas tenía su jardinera de cuantas flores Dios ha criao, pero toditas de oro y de plata. También era de oro y de plata el balconerío de la plaza; y al mismito frente de la entrada, estaba el trono de la Santísima Trinidá. Era a moda de una custodia muy grandota, encaramada en unos escalones muy altos. En el redondel de la custodia estaban el Padre y el Hijo, y allá en la punta de arriba estaba prendido el Espíritu Santo, aliabierto y con el piquito de pa abajo. De la punta a secula seculórum amén.
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla del piquito le salía un vaho de una luz mucho más alumbradora que la del sol, y esa luz se regaba y se desparpajaba por arriba y por abajo, de frente y por todos los costaos del Cielo, y todo relumbraba, y todo se ponía brilloso con aquella luminaria. El Padre Eterno, que en todas las bullas de Peralta no había hablao palabra, se paró y dijo de esta moda: —Peralta, escogé el puesto que querás. Ninguno lo ha ganao tan alto como vos, porque vos sos la humildá, porque vos sos la caridá. Allá abajo fuiste un gusano arrastrao por el suelo; aquí sos el alma gloriosa que más ha ganao. Escogé el puesto. No te humillés más, que ya estás ensalzao. Y entonaron todos los coros celestiales, el trisagio de Isaías,108 y Peralta, que todavía no había usao la virtú de achiquitase, se fue achiquitando, achiquitando hasta volverse un Peraltica de tres pulgadas, y derechito, con la agilidá que tienen los bienaventuraos, se brincó al mundo que tiene el Padre en su diestra, se acomodó muy bien y se abrazó con la cruz. Allí está por toda la eternidá.
Botín colorao; perdone lo malo que hubiere estao.
En la diestra de Dios Padre
1
Cuento publicado por primera vez en El Montañés de Medellín en el número 1, septiembre de 1897.
2
pajarate: Construcción cubierta o no, en que el techo descansa sobre palos clavados en el suelo, y las paredes consisten en una armazón de madera englobada en barro y paja mezclados (ahac,
1986).
3
llevaba el diablo: (Llevarse el patas) loc. verb. Estar alguien en una situación desesperada (da, 2010).
4
tenés sangre de gusano (ser uno sangre de gusano): Ser despreocupado, frío, indiferente (ahac, 1986).
5
predicara en desierto frío: locs. verbs. coloqs. Intentar, infructuosamente, persuadir a quienes no están dispuestos a admitir razones o ejemplos (dle, 2018).
6
zarrapastroso: coloq. Desaseado, andrajoso, desaliñado y roto (dle, 2018).
7
bolsico: bolsillo (bolsa de una prenda de vestir) (dle, 2018).
8
lámparo: Sin blanca (Sin dinero) (ahac, 1986).
9
afujías (Tb. Afugias): Afanes, apuros; penas, trabajos (ahac, 1986).
10 mono: coloq. Col. Dicho de una persona: Que tiene el pelo rubio
(dle, 2018).
11 cachumbos: Rizo o bucle de cabello (ahac, 1986). Mechón de pelo
crespo con forma de espiral (dc, 2018).
12 sin entender jota (ni jota): loc. pronom. coloq. nada (ninguna
cantidad) (dle, 2018).
13 flor de naranjo (o Azahar): Flor blanca, y por antonomasia, la del
naranjo, limonero y cidro (dle, 2018).
14 albahaca: Planta anual de la familia de las labiadas, con tallos
ramosos y velludos de unos 30 cm de altura, hojas oblongas, lampiñas y muy verdes, flores blancas, algo purpúreas, que tiene un fuerte olor aromático y se cultiva en los jardines (dle, 2018). 15 romero de Castilla: (Rosmarinus Officinalis) Labiada (ahac, 2018). Arbusto de la familia de las labiadas, con tallos ramosos de un metro aproximadamente de altura, hojas opuestas, lineales, gruesas, coriáceas, sentadas, enteras, lampiñas, lustrosas, verdes por el haz y blanquecinas por el envés, de olor muy aromático y sabor acre, flores en racimos axilares de color azulado, y fruto seco con cuatro semillas menudas. Es común en España y se utiliza en medicina y perfumería (dle, 2018).
16 alhucema (espliego): Mata de la familia de las labiadas, de 40 a
60 cm de altura, con tallos leñosos, hojas elípticas, casi lineales, enteras y algo vellosas, flores azules en espiga, de pedúnculo muy largo y delgado, y semilla elipsoidal de color gris. Toda la planta es muy aromática, y principalmente de las flores se extrae un aceite esencial muy usado en perfumería. Semilla del espliego, que se emplea como sahumerio (dle, 2018).
17 arepa: Ant., Col. y Ven. Especie de pan de forma circular, hecho
con maíz ablandado a fuego lento y luego molido, o con harina de maíz precocida, que se cocina sobre un budare o una plancha (dle, 2018).
18 cuyabra: (Lagenaria siceraria): (Calabaza del peregrino) Vasija he-
cha de calabaza (ahac, 1986).
19 bahareque: Col., C. Rica, Ec., El Salv., Guat., Hond., Nic. y Ven. Pared de palos entretejidos con cañas y barro (dle, 2018). 20 ni hebra: Absolutamente nada (ahac, 1986).
21 quedó beleña y paralela: Quedarse o estar desconcertado, estupe-
facto, indeciso (ahac, 1986).
22 solomo y falda: Solomo: Lomo de cerdo adobado (dle, 2018). Fal-
da: En la res, carne que cuelga de las agujas sin asirse a hueso ni costilla (dle, 2018).
23 tocino y la empella: Tocino: Panículo adiposo, muy desarrollado, de ciertos mamíferos, especialmente del cerdo (dle, 2018). Empella: And., Cuba, Ec., Méx. y R. Dom. pella (manteca) (dle, 2018).
24 gulunguiaban: Columpiarse como el nido colgante de los gulun-
gos (ahac, 1986). Gulungo: Pájaro ictérido —Ostinops y otros géneros— [...]; es negro el vientre y las plumas inferiores de la cola amarillas. Vive en bandadas que se anuncian con gran algarabía; elige las copas de los árboles vecinos a las viviendas campestres para colgar sus nidos que forman numerosas colonias, semejantes a mochilas que se mecen al viento; llegan a domesticarse y a imitar toda clase de voces y cantos con su pico cónico, fuerte y puntiagudo, semejante a las lanzaderas de las máquinas de coser, tejen sus nidos con material de las largas cabelleras llamadas barbas de viejo o de fibras de palmeras que saben arrancar con facilidad (ahac, 1986).
25 quesitos: Cada una de las partes o unidades envueltas y empa-
quetadas en que aparece dividido un queso cremoso (dle, 2018).
26 tutumadas (Tb. totumada): Cantidad de algo, generalmente lí-
quidos o granos, que puede contener una totuma (dc, 2018). Totuma: Vasija hecha con el fruto del totumo (dfa, 1995). 27 cacao: Árbol de América, de la familia de las esterculiáceas, de tronco liso de cinco a ocho metros de altura, hojas alternas, lustrosas, lisas, duras y aovadas, flores pequeñas, amarillas y encarnadas, cuyo fruto se emplea como principal ingrediente del chocolate (dle, 2018).
28 jamaica: Nombre sencillo para designar la Pimienta de Jamaica
que es el nombre vulgar del mirto pimiento, y que, mezclado al chocolate, le daba mejor sabor (ahac, 1986).
29 hojaldre: Masa de harina con manteca o mantequilla, muy so-
bada y que, al cocerse en el horno, forma muchas hojas delgadas superpuestas (dle, 2018).
30 carisecas: Quesadilla. Es un panecillo de harina de casabe con
una concavidad que se rellena de pasta de coco con queso y dulce. En Antioquia se hacen las quesadillas con harina de trigo, queso, miel y levadura (ahac, 1986).
31 frijol cargamanto: Nombre antioqueño de los mejores frisoles
para comer. Son grandes, de un color rojizo y con manchas negras (ahac, 1986).
32 revuelto: Conjunto de alimentos como platano, papa, yuca, ver-
duras, y granos con los que se preparan algunas sopas (dc, 2018).
33 sal de guaca: Parece hacer alusión a: 1. Sal de bigua (da, 2010) o
vigua (dc, 2018) cuyo significado es col. y se trata de sal mineral en su estado natural, antes de ser tratada; o bien puede ser 2. Sal de monte (amaz), esta es la sal que se extrae de las plantas al quemarlas, filtrar las cenizas con agua y cocinar el líquido resultante hasta obtener el sustrato mineral (dc, 2018).
34 víver: Víveres (ahac, 1986).
35 chirriar: Dicho de una cosa: Hacer un ruido agudo, continuado y
desagradable (dle, 2018).
36 comistraje: Comistrajo. Golosina, Bizcochos variados (ahac, 1986). 37 trastornar: Trasponer (ahac, 1986).
38 orondo: coloq. Lleno de presunción y muy contento de sí mismo
(da, 2010).
39 pite: Col. y Ec. Porción pequeña de algo (dle, 2018). “Ni un pite”:
ni un poco (N. del E.).
40 chirringo: coloq. Pequeño, corto, escaso (dle, 2018). 41 las mil y quinientas: coloq. Hora demasiado tardía (dle, 2018).
42 loco de amarrar: loc. adj. coloq. Dicho de una persona: Que en
sus acciones procede como loca (dle, 2018).
43 el Bendito: Parece aludir a la oración “Bendito y Alabado”, de ahí
su acortamiento y referencia a partir del primer nombre. Esta oración inicia siempre con el fragmento: “Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar, y la Virgen María, nuestra Señora, concebida sin mancha de pecado original”. Su constitución es siempre la misma con algunas variantes mínimas según el pueblo que la ore. De ahí en adelante se da el acto de adoración y cambia según el día de oración [construido a partir de la consulta de varios devocionarios litúrgicos] (N. del E.).
44 el Patas: coloq. diablo (príncipe de los ángeles rebelados)
(dle, 2018).
45 pido: De petición (N. del E.).
46 yesquero: Es el tubito de cuerno o de metal, con su correspon-
diente tapa, en que se introduce la yesca o mecha para hacer candela (ahac, 1986).
47 monte: m. En el juego del monte, dinero que apuesta el encarga-
do de la baraja (dle, 2018).
48 angurria: m. - Un americanismo recibido del habla española y
usado en varias repúblicas. Am. Central, Argent., Bol., Colomb., Ecuad., Perú, SDgo., Urug. y Venez. Egoísmo, avaricia. (ahac, 1986). Notas explicativas
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
49 chimbo: En Antioquia era la monedita de plata de valor de me-
dio real, en la desueta nomenclatura española, que perduró en la República hasta que se estableció el sistema decimal francés de pesas y medidas que hoy rige, pasando a ser el chimbo una pieza de cinco centavos de peso (ahac, 1986).
50 dio capote: coloq. Dicho de un jugador: Hacer que otro se quede
sin hacer baza en una mano (dle, 2018).
51 caimanes: Persona que con astucia y disimulo procura salir con
sus intentos (dle, 2018).
52 monte-dao, y bisbís, y cachimona, y roleta: Montedao: Juego de
monte con dados (ahac, 1986). Bisbís: Juego semejante a la ruleta que se hacía en un tablero o lienzo dividido en casillas con números y figuras, en cada una de las cuales colocaban los jugadores sus apuestas (dle, 2018). Cachimona: Tubo de hoja de lata con huecos, que sirve para echar los dados (ahac, 1986). Roleta (de Ruleta): Juego de azar que consiste en lanzar una bolita sobre una ruleta en movimiento dividida en casillas numeradas, y apostar sobre la casilla en que caerá la bolita (dle, 2018).
53 chácara: 1. Col. y Ven. monedero (bolsa para llevar dinero en me-
tálico). 2. Am. Alquería o granja (dle, 2018). [En este sentido hay dos acepciones que pueden ser aplicadas al contexto. La primera alude a la indumentaria de Peralta, la segunda a la vivienda del mismo (N. del E.)].
54 cochambre: coloq. Suciedad, cosa puerca, grasienta y de mal olor
(dle, 2018).
55 lambisquiones: Adulador, lambón (ahac, 1986).
56 avistrujo: Vocablo absolutamente familiar, de significado a veces
cariñoso, a veces despectivo. Vale avechucho, bicho, como diminutivo (ahac, 1986).
57 lo que no canta el carro lo canta la carreta (variante: lo que ha
de cantar el carro, canta la carreta): Ref. que se dice del que se anticipa a reñir o a quejarse, teniendo menos motivo que otro (DH, 1936).
58 serviciala: Arcaísmo. Criada (ahac, 1986).
59 ñapangas: Col. Mestizo, mulato (dle, 2018). 60 pánfila: Cándido, bobalicón, tardo en el obrar (dle, 2018). 61 feróstica: coloq. Irritable y díscolo (dle, 2018).
62 dejaba en paz: loc. verb. Cesar de producirles molestia, de agre-
dirlos o de hablar de ellos (dle ,2018).
63 Su Saca Rial: Fórmula de tratamiento para referirse a la realeza, en este contexto, al rey. La fórmula se compone de Sacra: sagrado (dle, 2018) y Real: Perteneciente o relativo al rey o a la realeza (dle, 2018). En el texto se presentan variaciones sobre las formas, en la primera metaplasmo por síncopa “Saca” y en la segunda palabra con sustitución de uno de sus componentes vocálicos (N. del E.). 64 estar solo en grima: Estar en soledad absoluta (ahac, 1986). 65 escarramán: personaje rufianesco creado por Quevedo (dle, 2018). En este caso es un término asociado al personaje de la Muerte, quizás por su aspecto en general (N. del E.).
66 desjarretadera: f. Instrumento que sirve para desjarretar toros
o vacas compuesto de una cuchilla de acero en forma de media luna, muy cortante, puesta en el extremo de una vara del grueso y longitud de una pica (dle, 2018).
67 helarse el cuajo: loc. verb. Asombrarse alguien de algo (da, 2010). 68 bayeta: Tela de lana, floja y poco tupida (dle, 2018). 69 tomar el tole: loc. verb. coloq. Partir aceleradamente (dle, 2018). 70 descenso: Arcaísmo. Catarro (ahac, 1986).
71 tabardillo: coloq. Insolación (dle, 2018).
72 bambolla: coloq. Boato, fausto u ostentación excesiva y de más
apariencia que realidad (dle, 2018).
73 molienda: coloq. Cosa que causa molestia (dle, 2018). 74 embromamos: Arg., Bol., Chile, Cuba, Par., R. Dom., Ur. y Ven. Perjudicar, ocasionar un daño moral o material (dle, 2018). 75 recordó: despertar (dle, 2018).
76 balda: Desfallecido, falto de fuerzas (dle, 2018).
77 hijue pucha: Exclamación eufemística que expresa emociones
como sorpresa, extrañeza, enfado, etc. (ahac, 1986).
78 charrascales: Charrasca, carrascal, jaral, terreno poblado de male-
zas. —En el No 948 de sus Apuntaciones, tratando Cuervo de la modificación arbitraria que el interior u otra parte de la palabra puede sufrir con letras u otras combinaciones de otra parecida, “ya por la mera semejanza de forma, ya mediante alguna asociación de sentidoˮ, trae entre los numerosos ejemplos el de carrascal, que es el cambio de carrascal, por influencia de chaparral (ahac, 1986).
79 afrecherito: [diminutivo de afrechero (N. del E.)] Arg. Ave del su-
borden de los conirrostros muy semejante al gorrión (dle, 2018). 80 chapola: Col. Mariposa (dle, 2018).
81 resolana: Dicho de un sitio: Donde se toma el sol sin que moleste
el viento (dle, 2018).
82 piedra del Peñol: El peñón de Guatapé, o piedra del Peñol, es un
monolito de 220 metros de altura localizado en Guatapé (Antioquia, Colombia). La piedra se ha convertido en un atractivo turístico del lugar, junto a la represa que la rodea. Miles de personas de todo el mundo han visitado el lugar (ec, 2001).
83 gulunera: Huronera (ahac, 1986). Huronera: coloq. Lugar en que
alguien está escondido (dle, 2018). Por asociación, una cueva muy oscura (N. del E.).
84 californias: Lejanías (ahac, 1986).
85 macuencos: Desmesurado, enorme (ahac, 1986).
86 macho: Mazo grande que hay en las herrerías para forjar el hierro
(dle, 2018).
87 enemigo malo: diablo (‖ príncipe de los ángeles rebelados)
(dle, 2018).
88 pareció sabrosito: Ser simpático (ahac, 1986).
89 jugar vicio: [de vicio]: loc. adv. Sin necesidad, motivo o causa, o
como por costumbre (dle, 2018). Con esta locución se construye el significado del referente, puesto que se anuncia en el contexto que no se juega sin una apuesta, es decir, si no hay un motivo o causa para hacerlo (N. del E.).
90 aparar la caña: Locución para expresar que se acepta una propues-
ta, un ofrecimiento inesperado, que hasta puede parecer de difícil o no muy franco cumplimiento (ahac, 1986).
91 tute: Juego de naipes en que se cantan puntos reuniendo caballos
y reyes (dle, 2018).
92 trompo zangarria: Trompo o peonza que baila a saltos (ahac, 1986).
93 churreta: En sentido metafórico de chorrera (N. del E.). Chorrera:
Gran cantidad de algo (dc, 2018).
94 enjunecidas: Enfurecidas (ahac, 1986).
95 midiéndole puño: (Medir uno puño) Amenazar con el puño, mos-
trándolo (ahac, 1986).
96 gaita: coloq. Pescuezo (dle, 2018).
97 pañó: Recoger, tomar, coger (ahac, 1986). En el contexto es más
aceptable el sentido de dar o tener curiosidad (N. del E.).
98 más blancas que una bretaña: la expresión establece una
comparación con el color de una flor llamada Bretaña (N. del E.), palabra que se usa para referirse al Jacinto: m. Parece que es la Z. Tubispatha – Liliácea. Se trata de una azucena originaria de las regiones amazónicas (ahac, 1986).
99 cinta: desus. cintura (parte estrecha del cuerpo sobre las caderas)
(dle, 2018).
100 jeme: Distancia que hay desde la extremidad del dedo pulgar a
la del índice, separado el uno del otro todo lo posible (dle, 2018). 101 trimotiles (Tb. trimotril): Variación de atril (ahac, 1986). 102 traquilada: Tracalada, cáfila, multitud (ahac, 1986).
103 de chiripa: chiripa: f. coloq. carambola (casualidad favorable)
(dle, 2018).
104 indormia: Arbitrio, forma o maña para hacer algo (ahac, 1986). 105 inguandia: Lío, invención, compilación, lance (ahac, 1986).
106 dechaos: (de dechado). Ejemplar, muestra que se tiene presente
para imitar (dle, 2018).
107 pachulí: m. Planta labiada, perenne, procedente del Asia y Ocea-
nía tropicales. Es muy olorosa, semejante al almizcle, y se usa en perfumería (dle, 2018).
108 trisagio de Isaías (también Libro de Isaías): Obra profética ma-
yor de la Biblia hebrea / Antiguo Testamento, aparentemente del profeta Isaías, que actuó en Judá y Jerusalén en la última mitad del siglo viii a. C. Libro dividido en tres partes: Protoisaías (cap. 1-39), Deuteroisaías (cap. 40-55) y Tritoisaías (cap. 56-66) (dr, 1999). Notas explicativas
A: Revista El Montañés (1897). Medellín. B: El padre Casafús: Novela (1914). Medellín: Carlos E. Rodríguez.
C: Obras completas (1952). Madrid: epesa. D: Cuentos de Tomás Carrasquilla: “Náufrago asombroso del siglo de oro” (1956). Medellín: Bedout.
E: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. F: Blanca (1997). Medellín: Editorial Universidad Pontificia Bolivariana. G: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1897) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: Blanca
Walter Darío Parra Cardona Editor crítico B
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Blancaa1 A las damas de Medellín b I Esc entre monumento y parque. Álzased imponente; se extiende blanqueando sobre el pretil de un granado. La caja en que le vino ae papá El Médico Práctico2 es la base; el primer cuerpo, el molde de hojalata, alto y estriado, en que mamá funde budines y natillas; el segundo, un tarro de salmón; forma el cimborio3 una tacita de porcelana boca abajo; y por remate y coronamiento de tan estupenda construcción, se yergue, blanca, estirada, las manitas puestas, el rostro al cielo, la Virgen Maríaf de terracota,g regalo de “Maximito hermoso”. Espesuras de cogollo de hinojo,4 cármenes5 de fucsiash6 y de heliotropios,7 macetas en cascarones de huevo rodean el grandioso monumento.
Aúni no está satisfecho el genio creador que lo levanta. Como Salomón el templo santo,j8 quiere embellecerlo con todas las riquezas imaginables. Corre al jardín, y, sin temer espinas ni gusanos, troncha con los dientes ratonescos capullos de rosa imperial, y desguaza con aquellas manitas que con las flores se confunden, copos de caracucho9 blanco y de albahaca. Vuela al corral, y recoge cuanto plumón dejaron gallinas caraqueñas y palomas. Jadeante, las mejillas encendidas, volandero el cabello, cogido el delantal con ambas manos, por no perder un ápice del riquísimo botín, torna a la obra, y frisos,10 cresterías,11 cornisones12 surgen en aquel rapto de inspiración.
¡Y qué obra! Tiene todo el encanto de lo torcido, de lo confuso, de lo revuelto, el sello disparatado de la estética infantil. A los divinos ojos de la Virgen jamás se levantó santuario más hermoso. En el gran patio, ok mejor, en el prado de la cocina, junto a la tapia que lo separa del jardín-baño, pasa aquello. El sol de agosto,l sazonando frutos, reventando gérmenes, difunde la vida y la alegría. Son las dos, y las proyecciones de sombra de los madroños13 y naranjos que se alinean del lado occidental, se van extendiendo por el limpio, recién recortado césped, como la calma en el espíritu después de la exaltación.
Tras los árboles, invadiendo por completo la tapia divisoria, casi derribándola, apasionado, escandaloso como este nuestro carácter antioqueño, se desparrama en furiosa eflorescencia un curazao14 solferino. No fuera para mirado a ojo abierto, si f “Virgen María” g terracotta [Se actualiza la ortografía de la palabra a lo largo del texto, se usa en letra redonda, porque deja de ser un extranjerismo y, además, elide una de las dos t de la voz inglesa].
h fuscias [Se actualiza a fucsia a lo largo del texto].
i Aun j Templo Santo a BLANCA b (A LAS DAMAS DE
MEDELLÍN)
c ES d Alzase e á k ó l Agosto
Blanca algo menos violento no se interpusiese: a más de los nombrados, otros árboles menores enfilan adelante. Y es de ver cómo pululan en el esqueleto de los azucenos15 aquellos gusanos de felpa negra bordados de corales; y cómo el mirto se gloría con lo clásico del fruto y del follaje artístico, y el azahar de la India, con los copos virginales que recargan el aire de oriental fragancia. Por ellos trepan y con ellos se entrelazan el norvio,16 el cundeamor17 y el recuerdo18 y otras varias sutiles enredaderas de nombre incierto y altisonante.
Formando escuadra con la ancha faja de árboles floridos, se extiende y ondula de poste a poste, a lo largo del corredor, un cortinaje de bellísima,19 que aquí cuelga en tallos, allá se abullona en ramilletes, para luegoa recogerse en guirnaldas. Colonia rumorosa de insectos enreda y explota con insana codicia aquella Capua20 de mieles y perfumes; en tanto que las mariposas loquean en el aire, besan a sus hermanas vegetativas, ponen en juego sus cambiantes, y, como el anhelo humano, se largan voltarias, caprichosas, en pos de nuevos ideales.
La niña, una vez terminada la magna obra, celebra la consagración, como si dijéramos. De rodillas, las manos puestas como la virgencita, reza con atragantamiento de fervor el Bendita sea tu pureza;21 repítelo más apurada todavía; sigue con el padrenuestro; luego, con frases y palabras sueltas de oraciones y jaculatorias,22 ensarta un disparatorio,23 cuyos vacíos inarticulados llena con una monserga24 que solob María puede entender. No le basta esto: cual si alguno de los ángeles de Jacob la poseyese, se desata en desvarío cómico-celestial. “¡Virgen María queridita! ¡Virgen linda de mamacita y de papá! ¡Virgen María de Pepito y de ‘Maximito hermoso’, de Alberto, de bebé y de Carlitos!”.c Tan pronto alza la voz en una octava y la emite metálica y vibrante; tan pronto la quiebra en ruidos secos linguo-palatinales o la modula en zumbidos de caricia; a veces canta, a ratos murmura, por momentos conversa, y, sea apurada o vacilante, declama siempre. En la improvisación menciona a todos los de la casa, sin olvidar a Pedro, el asistente, sin olvidar a sus amigas, ni mucho menos a Cheresd su madrina.
Almamía, el amigo íntimo, el de los juegos delicados y caprichosos, el de la blancura de algodón boricado, el de las manitas de felpa, se le acerca con volteretas y movimientos de trapo; hace el arco, ronca, y, pasándole el lomo por los bracitos, le pone el hocico y el bigote hirsuto25 en las mejillas. Ella lo carga, lo estrecha, y con él cargado, prosigue su plegaria.
En el corredor trasiega la niñera con el bebé en los brazos, dándole biberón, sin parar mientes en la algarabía ni en las fiestas de la niña. Es la planchadora la que, al ir a avivar la hornilla, oye aquello. Sale y se encanta. “¡Vean esto, por Dios! Lo que yo le vivo diciendo a misiá Ester: esta niña no se cría”.e Y corre en busca de la señora para que venga y admire. Ester, medias y aguja en la mano, aparece en el corredor, levanta la cortina de la bellísima, y se asoma al patio. Permanece un instante silenciosa, y luego, con esa voz, ese acento fingido de mimo tan tonto como b sólo a luégo c Carlitos!” Tan d Cheres [Para el caso particular de esta obra se conservan en cursiva algunos nombres propios, por el carácter especial que revisten para el autor, anteponiendo su usus scribendi frente a la especificación de la norma].
e cría.”
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla sublime de las madres, exclama: “¡Mi Reina, te vas a asoliar! ¿Para qué escogió ese punto tan malo para hacer el altar?...a Tan bella, tan devota de su ‘Virgen María’. Mi Blanquita, mi grandeza, mi terciopelo precioso”. Porque esta niña era unas veces divinidad incomparable, otras,b palomita de la gloria, otras, agua de azúcar, fuera de los mil dictados a cual más inaudito que inventaba la madre en su locura. De Dios y ayuda necesitaron señora y sirvientas para que la niña trasladara el altar al corredor. Con esa volubilidad de la niñez, deja Blanquita el santuario, y dando zapatetas,26 mostrando aquellos calzones con rodilleras y arrugados en las corvas,27 corre por el patio persiguiendo un gorrión que se ha posado en la rama de un hicaco.28 “Voy a traerle arrocito”,c grita entusiasmada. Y en un instante está en la cocina, mete la mano en los esponjados granos que muele la cocinera, los echad en el delantal y torna al patio. El pájaro se ha ido; pero en el tejado de la casa colindante brinca, negro y neurósico,29 un gallinazo, y la niña le grita: “Bajá, cochinito, pa que te comás el arroz”. Y larga una carcajada de burla, al ver aquella ave tan triste, tan desamparada. “Bajáte, que yo sí te doy”. Parece que el ave recelosa no la entiende: da un aletazo y se lanza. Suelta la niña los granos, y, tendiendo la mirada por el cielo, exclama: “Miren lo lindo que está el cielo, barrido, barrido. ¡Miren lo lindo…!e Allá está Carlitos con la Virgen”. Y cerraba los ojos, deslumbrados por aquel azul reverberante.
II No tuvo el encanto de la media lengua, porque antes de cumplir un año articulaba con claridad admirable. Inventaba los verbos y los participios más extraños, rara vez usaba el pronombre de primera persona y sus declinaciones, así como tampoco la inflexión verbal correspondiente, sino que se llamaba a sí misma “la Niña”. “La Niña tiene la bata rotada;f lag Niña está librando [leyendo]; álcenla, cárguenla”. Su voz timbrada, armoniosa, con ese acento de la niñez que parece el capullo del habla, se adaptaba, sin embargo, a todas las modulaciones. Era una ocarina30 articulada y acariciadora de una belleza indecible. El alborear de aquella inteligencia, de aquel sentimiento, auguraba un carácter complejo,h hondo, artístico, delicadamente femenil. Apenas si le gustaban las muñecas: lo predilecto, lo atrayente para ella eran los animales, las flores, los astros y, en general, la naturaleza; y por sobre todo esto aparecía el ideal: “La Virgen María”.
Mamá la tenía en su cabecera con los ojos llenos de lágrimas y el corazón chuzado y de coronita; ella la había visto en la Catedral31 con su manto azul rodeada de muchachitos; ella la veía en la Veracruz,i32 como una señora de verdad, tan linda, tan preciosa, con aquel niño cargado; ella la veía en todas partes; mamá le había dicho que las estrellas y la luna eran el manto de la Virgen; las flores del jardín todas eran para la Virgen María, porque ella las había visto en los ramos de las iglesias y a altar?…… c arrocito,” d los hecha [Se corrige esta errata por la conjugación correcta del verbo echar, tal que se flexiona en la tercera persona singular, tiempo indicativo presente].
b otras e lindo!...
f rotada ; [Se retira el espacio entre el vocablo y el signo de puntuación, por otro lado, en la fijación el punto y coma se presenta en letra redonda].
g La h complexo i Vera-Cruz
Blanca en el oratorio de mamá. La Virgen, la que le traía los niños a las señoras, y que si se los volvía a quitar era para guardárselos en el Cielo cobijaditos con su manto, como había hecho con Carlitos; la Virgen, la que le había traído el bebé a mamá, ese bebé que era un muñeco que comía y que chillaba y que no era un muñeco; esa Virgen a quien ella, y Albertico, y mamá rezaban por la mañana y por la noche; a quien ella quería,a ¡tanto,b tanto!
Aquel corazoncito para todos alcanzaba. A mamá mucho amor; mucho a papá últimamente; con su hermanito mayor tenía intermitencias; con bebé se enloquecía; pero su afecto, la nata y espuma de su ternura, de sus coqueterías, eran para Pepito, el abuelo, para Máximo, el tío, el más fanático, el más tocado de idolatría por esta muñeca, que vino a ser en la familia el blanco y el centro de todos los afectos. Alberto II, inquieto, brusco, voluntarioso, cuyas pasiones hípicas lo arrastraban a grandes atropellos, empalagaba un tanto a Blanca con sus cariños de lienzo gordo, con sus juegos en que la echaba por tierra y le ensuciaba el vestido, punto estec de enorme gravedad, que la limpieza, la pulcritud parecían en esta niña parte integrante de su ser.d Cuando se le antojaba que la bata estaba ensuciada, eran el llanto y el gemir desconsolado. El comer era un martirio, porque se le volvía un desafuero chorrear la servilleta o el delantal. Pero esto era nada para lo que sufría la niña cuando su hermano le aseguraba, por hacerla rabiar, que la Virgen no la quería. Corría entonces a la madre, y, anegada en llanto, exponía siempre su querella en esta forma: “Alberto la molestó”. Y Alberto soltaba la carcajada, porque era esta la gracia que más le celebraba. Carlos, el hermanito muerto ocho años antes de venir ella al mundo, era para la niña la tradición gloriosa de la familia; le llamaba, lo nombraba con frecuencia, lo hacía figurar en sus juegos, cual si estuviese a su lado en cuerpo y alma. A pesar de su blandura no dejaba de ser turbulenta a las veces, sobre todo cuando se las había con el gato; cuando contemplaba los terneros y los pájaros, parecía que la acometieran ansias de correteo, de trisca33 y de vuelo.
Eran especiales sus facultades artísticas para la declamación. Maravillaba tanta memoria en esa cabecita rubia, de toques grises como la seda sin cardar, cuyos bucles en tirabuzones se esfumaban en nimbo de gloria. Y qué rayos de dulzura despedían sus ojos claros de un azul etéreo, indefinible. Obra como esta no la prodiga naturaleza: las líneas rehenchidas34 de aquella escultura de carne tierna diseñaban yae la mujer antioqueña, alta, esbelta, de movimientos lánguidos y cadenciosos; el cuello y el pecho ondulaban en esponjes de paloma cuando arrulla; la boquita, de labios un tanto gruesos pero correctos, se plegaba con el mimo y la monería que solo la inocencia sabe producir, mostrando unos dientecitos que parecían miajas de la pulpa del coco; movía esas manos pompas, de palmas sonrosadas, con la gentileza, la maña y la travesura de una gatita; y cuando, inclinada la cabeza, proyectaba aquellas pestañas crespas, largas y de color atortolado, hubiera servido de modelo para una Virgen niña.
a quería b tánto, c éste d sér e yá
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III
Aquel espíritu que flotaba sobre las aguas en los días del Génesis parecía ahora apacentarse, como en remanso espejado, en el hogar de Alberto Rivas. Sentíase por doquiera, refulgía en las conciencias y en los semblantes, y, cual si su providencia fuese especial para aquella familia, derramaba, al par que la salud y la fortuna, sus dones y sus frutos. Ester era una perpetua oblación; a cada golpe del reloj, hablaba con Dios en el lenguaje mudo del fervor, y le ofrecía sus felicidades, como le ofreciera en otro tiempo sus desgracias.
Nacida en la cumbre social, arrullada por los halagos de la opulencia, por los cuidados de amantísimos padres, despertó a la vida por un choque que, dejándola por tierra, proyectó en su juventud una sombra tenebrosa: la muerte de su madre. Vino luego otra mujer a ocupar aquel puesto. El corazón de Ester se sublevaba. En su bondad, se reprochaba a sí propia aquel sentimiento de antipatía, aquel tributo al barro miserable.
Casada a los diecisiete años con el hombre a quien amaba desde los nueve, creyó alcanzar la dicha, y todos la diputaban por la novia venturosa. Cómo no, si Alberto Rivas reunía cuanto puede apetecerse.
La estatura prócer, el porte garrido y arrogante, el rostro agitanado de perfil enérgico y de ojos de árabe, el brío y regocijo del carácter, las seducciones de la alcurnia y del dinero, el prestigio de los viajes, ese refinamiento, esas mil nonadas que constituyen el buen tono, hacían de “el Negro Rivas”,a el popular “Negro”, el gran partido de Medellín. Empero, bajo las áureas urdimbres que deslumbran, bajo alfombras de rosas que embriagan bien puede solaparse la lepra que lacera. El sentido moral dormía en Alberto Rivas. El placer era su meta; amó por el placer; por el placer se unió a aquella niña inocente y pura,b cuya belleza moral superaba a la física. Tras la embriaguez vino el cansancio, el desvío. Las enfermedades de Ester completaron la obra.
En la primera época del matrimonio, fluctuaba la joven entre el desencanto y la sorpresa. No sabía si amaba al marido como había amado al novio, pero indudablemente ella tenía una noción muy distinta del amor. La maternidad vino a revelarle la felicidad conyugal, a dejársela entrever apenas, que a los seis meses de nacido murió su primogénito; vino luego otro hijo, débil, enfermizo, para quien temía la misma suerte. Estos frutos seguidos prometían la cosecha sin tregua de la fecundidad antioqueña. Mas no fue así: naturaleza pareció resistirse; y para aquella esposa tan joven, tan sana, principió una etapa de dolor callado, de agonía moral. Cuanto una mujer delicada y casta puede sufrir con la intervención médica; las humillaciones, las miserias de una esposa enferma; las dudas que surgen en su espíritu cuando se cree burlada en la más santa de sus aspiraciones; el temor, sugerido por un corazón que adivina, de que su compañero ha de ver en ella un ser inútil, a “el negro Rivas,” b pura [Se agrega una coma para continuar con la oración siguiente de carácter explicativo].
Blanca despreciable, repugnante; las alarmasa de la conciencia al pensar en la disipación del esposo; el ver al único hijo, enfermo, en manos mercenarias y extrañas; el forzado abandono de los deberes domésticos; todas estas penas, complejas, tenaces, realzadas por una sensibilidad exquisita, las sufrió Ester, sola, aislada, allá en los profundos de su alma, durante siete años.
No podía Dios desoír los íntimos clamores de una alma atribulada. Un día se inició la salud en el hijo, y, cual si de ella dependiese la de su madre, tornó Ester a la vida, lozana, radiante de belleza, como en gloriosa resurrección, y vino Blanca. En ella cifraba Ester su dicha; cuanta ternura comprimida acendraba el corazón de esta madre le parecía poco para aquella hija predilecta de sus entrañas. El retorno a la salud y a la belleza de la esposa, la aparición de Blanquita, no fueron parte a devolver al extraviado esposo el prístino entusiasmo. Aún no tenía un mes la parvulilla y ya Alberto emprendía su tercer viaje a Europa. Dieciocho meses lo engolfaron metrópolis y balnearios, para volver a su tierra con la nostalgia de la ajena. Regalos suntuosos para la esposa y para los hijos, muebles, artísticas chucherías de alto precio para la casa; todo aquello lo estimó Ester en un principio como fineza de esposo y de padre, mas pronto su experiencia, la intuición de su amor le enseñaron cuánto más vale la dádiva de un corazón que todas las riquezas del mundo. No importaba: tenía a sus hijos: si con su Alberto no le bastaba en antes, con su Blanca, ese presente con que Dios la favoreciera, tenía ahora para cobrarse con creces la indiferencia, la algidez mortecina del esposo. Qué importaba que el clubb35 y el sport lo absorbiesen, que pasara las noches fuera de casa, que recibiera cartas y fotografías parisienses, que sirenas plebeyas de acá lo hechizasen con su canto: qué importaba, si ella sobre la coraza de su virtud llevaba aquel talismán, aquella pureza, aquel armiño del Cielo. Quejarse, manifestar siquiera en el semblante las ocultas heridas de su dignidad, era regatearle a Dios el galardón aquelc inmerecido. Qué importaba... y sin embargo, cuántas veces la frente inmaculada de la niña recibía, al par que el beso, las lágrimas de su madre; cuántas, la frase amante y delicada de la esposa, al dirigirse al infiel a quien adoraba, moría ahogada por un sollozo que estallaba de lo más profundo de su alma. Qué importaba... y sin embargo, cuántas veces en la alta noche, de rodillas en su lecho de esposa abandonada, pedía a Dios, no la vuelta del esposo, sino el revocamiento de un castigo que en su conciencia creía inminente para el culpable, para ella, para sus hijos inocentes. Si el padre no apreciaba aquella hija, aquel tesoro, si prefería a las fruiciones santas los miserables devaneos, el abuelo, el tío, la madrina, los amigos, todos, competían con la madre en aquel afecto entrañable, que más que afecto semejaba idolatría.
Faltaba en aquel concierto la nota cariñosa de la abuela: Alberto había perdido a sus padres tiempo hacía; Ester era hija de primeras nupcias; pero su padre (Pepito, que le decían sus dos nietos) amaba él solo a Blanca por los otros abuelos que faltaban. a los alarmas [Se corrige la falta de concordancia de género entre el artículo determinado en plural los y el sustantivo femenino alarmas].
b Club c aquél
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla IV Se ha dicho que los matemáticos, a fuer de imbuidos en abstracciones numéricas, tienen carácter reseco y enfadoso. Máximo Santalibrada (único hermano de Ester por padre y madre) desmentía el aserto, y no porque fuera ingeniero a medio untar. Era un mozo ingenuo, con una de esas delicadezas vestidas de niñerías, de frivolidades; risueño, alborotado, travieso; era una grandeza de espíritu esmaltada de pequeñeces, un corazón. Acababa de llegar de Norteaméricaa cuando nació Blanca, y él mismo se ofreció como padrino. Mercedes, la hermana menor de Alberto, fue su compañera de pila. ¿Sería esta circunstancia germen de amor en el corazón de la joven? Ella misma lo ignoraba; ella misma no sabía definirse; pero es lo cierto que tuvo que confesarse a sí propia al fin y al cabo que amaba a Máximo. Corría el tiempo, y Mercedes, a pesar de las muchas ocasiones que de tratar a Máximo tenía, nada lograba descubrir en él que revelase siquiera inclinación por ella, nada, ni siquiera coqueteos de muchacho. Varios adoradores se le presentaron: a ninguno hizo caso: algo le decía interiormente: espera,b espera.
Era una morena acanelada, de ojos adormidos de una tristeza vaga y extática; el cabello espeso y alborotoso; alta, lánguida, de movimientos rítmicos más provocativos que majestuosos; redondo, negro, como dibujado con tinta china, lucía un lunar en la mejilla. Era una niña nerviosa, mimada, impresionable. Según su fe de bautismo, contaba dieciocho años; moralmente apenas tendría nueve. Demasiado espigada36 ya para habérselas con muñecas de trapo o de cartón, se le iban las horas en juegos con su ahijada, muñequita de carne y hueso. La adoraba, no solo por esa ternura que inspira la niñez, ni por aquella especial que inspiraba el angelito, ni por el instinto materno tan pronunciado en Mercedes, sí que también, y quizá más que por todo, porque veía en la niña algo como un vínculo que la unía a su amado. ¿No era Blanca ahijada y sobrina de ambos? ¿No tenía cariño entrañable por los dos? Para el corazón de la joven era esto argumento irrefutable. Ello estaba como en la atmósfera. Blanquita misma llegó a sentirlo.
Un domingo, después de misa de ocho, se hallaban en el corredor, Ester, los padrinos y la ahijada. Mercedes le arreglaba a esta una canastita de flores; Máximo, que había estado bobeando con la niña toda la mañana, entró en juicio, repantigosec37 en una mecedora, levantó la cabeza hacia el cielo del corredor como si contase los portaletes, y dando golpecitos con los dedos en los brazos de la silla, a guisa de acompañamiento, se puso a silbar el Dúo de los Paraguas.38 Hallaríase en los astros, en Norteamérica, en cualquier parte, menos en la casa. Blanquita se entretenía en hojearle el devocionario a su madrina, admirando los registros. De repente toma uno, el primero que halla a mano, lo pone entre las flores, se acerca de lado a Máximo, lo sacude, lo vuelve a la realidad, y, con una chuscada,39 con un gesto de risa contenida que le alumbraba la carita, le dice al oído en un secreto susurrado, aparatoso, que a Norte-América b espéra c repantigóse
Blanca todos oyeron: “Esto es que te manda Cheres”. Y le pone el regalo en las rodillas. La niña lo hizo de tal modo, que Máximo, a pesar de su aplomo, no deja de inmutarse un tanto; Mercedes baja los ojos encendida; y el diablillo agrega con mucho dengue: “Papá y mamá son novios; ‘Maximito hermoso’ y Cheres son novios también; la Niña quiere que sean novios”. Y volviéndose a Ester: “¿No es cierto, mamacita, que Cheres y ‘Maximito hermoso’ van a ser novios?”. Sin esperar la respuesta, y a carcajada tendida, corre saltando hasta el extremo opuesto del corredor, torna hasta la mitad, y, escondiendo la carita tras los tallos fibrosos de una iraca40 que desparramaba sus plumajes tropicales por encima de un aparato a estilo rústico, y señalando con el dedo a sus padrinos, grita con tono burlesco: “¡Hi! ¡Hi! ¡Hi!a ¡Son novios, son novios!”. Suena la campanilla del contraportón, y aparece el abuelo. La niña se le aboca, lo ase con un bracito por una pierna, y, siempre señalando, repite: “¡Véalos, Pepito; véalos!: ¡son novios, son novios!”. Máximo estaba lo que se llama corrido;41 Mercedes palidecía; Ester, viendo que ya no era posible disimular, exclama: “¡Esta sí es la muchacha...!”. Pepito,b que se da cuenta, sonríe maliciosamente, quiere decir algo y nadac dice. Máximo siguió pensativo, y ni siquiera hizo caso cuando Blanquita fue a recitarle al abuelo el Blas y Blasa42 que el mismo Máximo le había enseñado. A poco se despidió, y, pensando en el significativo rubor de Mercedes y en su propia inesperada turbación, esta pregunta surgió en su mente: “¿Por qué no?”. La escena, como todo lo relativo a Blanquita, fue en la casa muy comentada, y todo ello aumentaba el entusiasmo y la admiración por aquella muñeca, con quien todos chocheaban.43 V Todos no:d Alberto continuaba indiferente a los grandes acontecimientos de la casa: por entonces solo lo preocupaba el sport rodado: era el número uno de los ciclistas de la ciudad. Cuando, con el traje del caso, pedido especialmente a Europa, volaba por esas calles, fantástico, trasfigurado, saludando, gorra en mano, a sus muchas admiradoras, parecía “el Negro Rivas” un fin de siglo convertido en meteoro. ¡Ah, Negro elegante y cachaco! Pero ¡oh brevedad de los tabores44 humanos! Un día lo llevaron a la casa en guandos.45 ¿Cómo fue aquello? Nunca se ha averiguado bien. Hubo golpe en la rodilla, y ya se sabe... ¡líquido! Desde que oyó a los médicos la palabra aterradora, todo lo vio entenebrecido; humores negros, esplines46 de lo más británico, neurosis franco-antioqueña le acometieron en gavilla. Pero no hubo remedio: tuvo que encamarse. Aquí de mis deberes, se dijo Ester; y principió una de esas venganzas inconscientes de la esposa amante y abnegada, de la mujer antioqueña, que tiene el talento en el corazón.
Y como si obraran de concierto, por un acuerdo tácito de sus almas, Ester y Blanca se unieron para consumar aquella venganza. Apenas si salía la niña del cuarto a Hi! hi! hi!
b Pepito- [Se cambia el guion por una coma para separar el sujeto del inciso].
cna,da d nó:
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla de papacito; en todo quería intervenir; metía sus manitas para ayudar a mamá y a los médicos a hacer las ligaduras; traía la servilleta cuando le llevaban las comidas; anunciaba la visita del facultativo; le ofrecía a Alberto cigarrillo y le acercaba el cenicero; acariciábale el cabello y los bigotes; lo cobijaba como a un niño, y a cada paso se le oía: “Papacito,a ¿está aliviao? ¿Quiere que la Niña cierre la ventana para que se duerma?”. Y aquella vocecita daba el tono de la caricia, del halago, de la tierna compasión. En su solicitud, todo lo refería a papacito; quería rodearlo, envolverlo en lo que ella más amaba; traíale a la cama las flores, los abanicos-anuncios que le regalaban en las boticas, su favorito Almamía, las estampitas de la Virgen. Hablábale de los palomos, de los gansos y del chivito de la casa de El Poblado;b le tocaba en la guitarrita de pino que le había regalado Pedro, el asistente; denigraba la bicicleta, esa bicicleta fea y malcriada, esa descarada que había tumbado a papacito; lo obsequiaba con barras de caramelo, metiéndoselas en la boca para que chupara; regañaba a Alberto II por los estrépitos, por el taconeo, que no dejaban dormir a papacito; quería que este librara cada rato en unos papeles muy grandes que tenían viejos y animales pintados; lo imponía de la salida y de la entrada de la yegua rucia y del caballo alazán; y cuando en la calle se sentía ruido de carros, corría a cerrar la ventana para que a papacito no le dieran las viruelas.
Fue una escena enternecedora y cómica la aplicación del termocauterio.c47 Blanquita vio los preparativos, con esa curiosidad de lo desconocido, peculiar de la niñez; pero cuando los puntos de fuego iban calcinando la rodilla enferma y empezó a sentirse en la alcoba ese olor de carne chamuscada, la niña prorrumpe en un grito vehemente de pánico y conmiseración: “¡No maten a papacito, no lo maten por Dios! ¡Pobrecito!”. Y loca, arrebatada, se abalanza sobre aquellos “descarados” que acababan con papá. Y cuál se vieron los médicos y Ester para consolarla. De ahí en adelante había que sacarla del cuarto con cualquier pretexto, cuando se trataba de la chamusquina.
Todos los conocimientos que “Maximito hermoso” le había trasmitido, los rezos que mamá le enseñaba, los cantos de la dentrodera,48 los cuentos de la planchadora, todo se lo ofrecía a papá como fuente de distracción; y, acomodada en la silla de asiento de peluche con “floritas pegadas” que le había comprado Pepito, principiaba muy satisfecha: “Esta era una señora que tenía dos muchachitas, una buena y otra mala...”. O bien, poniéndose en pie, con la cabeza ladeada, los bracitos caídos, ajustándose en todo a los preceptos de Máximo, declamaba: Nod hay burlas con el amor.49 ¡Tontería!e Cuando Calderón lo dijo estudiadof lo tendría.g a Papacito ¿está d “No [Se elide la comilla de apertura en el presente verso, ya que este está claramente delimitado por su forma y posición en la página].
e Tontería!
f Estudiado g lo tendría.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ” [Se eliden la línea de puntos y la comilla de cierre, la primera se utiliza “para indicar la supresión de uno o varios párrafos o estrofas” ( ole, 2010, p. 395) en el poema, no es identificable una supresión de texto, estas estrofas son propias del autor].
b El Poblado c termo-cauterio
Blanca Todo esto, sin contar el hechizo de la infancia, esa poesía, esa delicia indefinible de la travesura, esos exabruptos, esas desproporciones de una inteligencia, cuando asimila, cuando busca la relación de las cosas, cuando se abre a la investigación. Y ¡cuidado si Blanquita era investigadora! Más que la belleza y la gracia infantil, más que la blandura de aquel corazoncito, maravillaba tanta inteligencia en aquella criatura que aún no había cumplido cuatro años. Como bien podía decirse que Alberto no la había tratado, las manifestaciones de ese carácter fueron para él otras tantas novedades.
Sus amigos de casino, de sport, de jolgorio,a poco más le acompañaban: si al principio le visitaron unos cuantos, pronto se vio reducido al círculo de la casa, y, como no tenía el dulce vicio de la lectura, si se exceptúa la de periódicos europeos, pasaba las negras horas de reclusión con su mujer y con su hija. El primer mes que estuvo reducido a la cama, parecioleb aquello insoportable, imposible; del segundo en adelante, cuando ya le permitieron los médicos estirarse en una silla, todavía llevaba en su espíritu algunas nubes negras; y cuando con el cuerpo principiaba a hacer pininos,50 iba despuntando por allá en esas oscuridades un alborcillo plácido y tranquilo que lentamente se iba avivando y difundiendo una emoción nueva, enteramente desconocida para él. Tenía notas melancólicas, tal vez tristes; pero, así y todo, lo vivificaba, le infundía calor, ánimo, aliento; descubríale horizontes, lontananzas que nunca contemplara en su vida, cual si el hombre moral se viese de improviso en alta cumbre que dominase extenso, dilatado panorama. En aquel corazón donde antes pulularan larvas, cizaña, f lores de envenenados ef luvios, brotaba poco a poco, como a inf lujo de mágica primavera, una ef lorescencia de dulces, de elevados sentimientos. Cual emanaciones fecundantes, aquellos sentimientos se elevaron a su cabeza, y formando corrientes, condensándose, resolviéronse en agitado torbellino. Por varios días se encontró en completo estado de turbación, y en sus insomnios, aquel cerebro fermentado hervía como la almáciga51 cuando el jugo de la madre tierra la hace reventar. Eran tan puros, tan luminosos los vapores que se alzaron de aquel corazón, que el intelecto de Alberto Rivas tuvo un instante de clarividencia. Replegado, sobrecogido en sí mismo pensó, y por la vez primera contempló el mundo, se contempló a sí propio con miradas de reflexión; tendió la vista al pasado, y todo aquello que en antes lo halagara, todo aquel cúmulo de sucesos en que puso su encanto, se le iba antojando pálido, tedioso, mentido. Tornando al presente encontraba a Ester, a su hijo, su familia, su casa y, por sobre todo, a su Blanca, a su hija, destacada, luminosa, como en tranquila noche de verano la estrella salvadora del marino. El hogar se le definió; la noción del deber se le impuso, y, como si la conciencia hubiese abierto un dique, una ola saludable de remordimiento lo inundó por completo. Alberto se sintió redimido, esposo y padre. a jolgorio [Se adiciona una coma para delimitar la unidad lingüística y así aclarar el mensaje].
b parecióle
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla VI Once meses después del percance del ciclista —quea ya no volaba en ruedas— nació bebé. Este sí que podía llamarse el hijo del amor.
Blanquita estaba trastornada: en su cabeza se anudaban en maraña de confusiones, Carlitos, bebé y la Virgen María. ¿Era bebé el mismo Carlitos que le guardaba la Virgen María a mamá? ¿Era otro Carlitos nuevo? ¿Estaba Carlitos allá en el Cielo arropadito con el manto de la Virgen, o era el mismo que dormía en la cuna, con la gorrita, la camisita blanca y los pañales cosidos por la Virgen y traídos por ella misma en aquel canasto tan bonito la misma noche que trajo a bebé? ¡Confusiónb de ideas! A todos preguntaba, a todos requería; la niña comparaba las distintas versiones, y más y más se ofuscaba. Al fin, “Maximito hermoso” se lo explicó todo con circunstancias de tiempo, de lugar y de persona, con detalles de ociosidad artístico-infantil que asombraban a la niña. Sí era un Carlitos nuevo. Era aquello un poema teológico, unoc a modo de cosmogonía de muñecas, de pajaritos, de ángeles, dictadod en más de una conferencia. “El niño Máximo ha vuelto al estado de l’inocencia”, decía la dentrodera, al oírle los disparatorios con que él se embelesaba, embelesando a Blanquita. La leyenda aquella tenía efectos estupendos. En el patio se oyó una música muy bella; papá y mamá fueron a abrir, y ahí estaba la Virgen con un envoltorio bajo el manto de estrellas y de luna; dos angelitos alumbraban con faroles; otro tenía el paraguas; otro tocaba la campanita; una docena más atrás, cornetas y tambores; y unos pajaritos muy lindos hacían pío, pío.e La Virgen, calladita, se entró a la alcoba; se arrimó a la cuna; puso adentro a bebé con mucha maña, y el canasto de ropa sobre un taburete; y se salió, calladita como había entrado; y ella, y los ángeles, y los pajaritos se volvieron volando para el Cielo. Blanquita, que no era pródiga en sus besos, se los daba entusiasmada a aquel maestro tan sabio, tan enterado de todas las cosas de la Virgen María. Fue entonces cuando él le regaló la de terracota y un devocionario tamaño como una galleta para que librara en misa.
Quería que le dieran a bebé para cargarlo, para estrecharlo entre sus brazos, para comérselo a besos. Era un desbordamiento, una locura de ángel. Aquel bebé con sus piecitosf tan chirringos,52 con sus uñitas como las lentejuelas rosadas que le había regalado Cheres, y que chillaba como Almamía cuando se lo trajo la planchadora; la Virgen María que traía y guardaba muchachitos; aquel Carlitos del Cielo, vinieron a ser para la niña como un delirio. Una mañana, a tiempo que Ester la peinaba, dijo con aire de pleno convencimiento: “Mamacita, la Niña estuvo con la Virgen y con Carlitos”. —“Sí, sí, mi ángel, los has visto en la cruz”,g dijo Ester, creyendo que se refería a la estatua de la Virgen del Perpetuo Socorro venerada en esta iglesia.h “Esa no, mamacita: la Niña los vio durmida, en el Cielo, y la Virgen María la cobijaba con su manto como a Carlitos”. (Porque Blanquita para expresar que soñaba decía b Confusión a ciclista—que c una [Se corrige la falta de concordancia de género de una con poema].
ddictada [Se corrige la falta de concordancia de género de poema con dictada].
epío, pío fpiesitos gCruz”, [Para unificar la aplicación de las rayas y las comillas se decide suprimir las segundas cuando, ambas, estén indicando la intervención de un personaje; a excepción de los pasajes textuales en donde la presencia de ambas señalen los diálogos controlados por el narrador ].
hIglesia
Blanca que había visto).a En ella se recrudeció la ternura, la devoción, el afecto por la Virgen. Entró en tal estado de fervor y misticismo que sus temas, sus juegos revestían el carácter religioso: todo era administraciones, misa, altares, procesión y Mes de María. Unas veces era sacerdote, otras campanero, monaguillo con frecuencia. También Almamía desempeñaba diversos papeles, lo que daba lugar a grandes conflictos, porque a las veces se le antojaba a Blanquita que el turpial de papá, que estaba en su jaula adosada a la pared del patio principal, por allá muy arriba, o que el canario de mamacita, cuya jaula colgaba de la ventana del costurero, tomaran participación en sus fiestas religiosas, pues en su instinto estético se le figuraban estas dos aves canoras y sus elevadas prisiones, algo así como el coro que había visto en las iglesias, a donde la llevaban con frecuencia.
Bien se comprendía que Blanquita era mujer de esta época de las fiestas religiosas, del embolismo53 de devoción y de cofradía que por ahora nos acomete; y si ella se chiflaba por este lado, no le iba Máximo en zaga en esotra chifladura literaria en carne viva que padece esta nueva Atenas de caja de fósforos italianos. Sí, señor; Máximo era uno de tantos, y para Blanquita componía poemas regionalistas al par que decadentes, cuentos de la montaña y hasta discursos en que salía a figurar aquello de la dura cerviz,54 del gran carácter, del hogar cristiano, de esta nuestra influencia antioqueña, avasalladora, definitiva en los destinos del mundo... Como se ha visto, el hogar de Alberto Rivas estaba en el cenit de la felicidad. Ester sentía estremecimientos nerviosos de dicha. Su marido suyo, enteramente suyo, reconciliado con Dios, dedicado a ella, a sus hijos, a su familia, reñido con el club, activo y metódico en sus trabajos; las horas de vagar para su casa, dando la bendición a sus hijitos cada noche, rezando el rosario con frecuencia, acompañándola en sus contadas visitas. Parecía más joven y más bella; sencilla y desprendida, le halagaban ahora los bienes de fortuna, el gusto y la elegancia de su casa. En ella se recluía, como temerosa de que en otra parte pudiera evaporarse tanta ventura. Y Ester, de suyo tan hacendosa y ordenada, tan pulcra, tan fanática por el aseo, como buena medellinense, estaba ahora más exagerada con aquella vivienda tan cómoda que Alberto había hecho refeccionar con todo el lujo y las invenciones modernas. Todo esto era para Ester un sueño, un milagro, obrado únicamente por ministerio de Blanca, que la abnegada esposa ninguna parte se atribuyó en la providencial mudanza.
Pepito, para quien no se habían ocultado las íntimas penas de su hija, y que nunca le había hecho a ella la más mínima alusión a este respecto, estaba rejuvenecido con la trasformación de aquel hogar. Reverdecía en sus nietos y en Máximo y Mercedes, a quienes ya veía casados —que el matrimonio de los padrinos de Blanca al fin se había arreglado definitivamente con aplauso universal. a visto.)
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
VII
Blanquita, a pesar de la traslación de la santa casa de la Virgen al Loreto de la sombra, seguía en el patio contemplando el cielo tan barrido. Más que barrido parecía lavado, bruñido: la luz con que Dios alumbra nuestro valle se prodigaba en un derroche de gloria; las zonas luminosas de todas aquellas paredes recién enlucidas, eran de una blancura incandescente; el follaje de árboles y trepadoras, los frutos, las flores, el césped, heridos por aquel resistero,55 semejaban una vegetación de talco, unoa de esos paisajes con incrustaciones de nácarb que lucen en el fondo de algunos pisapapeles de cristal.
La niña bajó de los cielos a la tierra. Junto a la base de un poste del corredor, en la juntura de dos ladrillos, había repuntado como por encanto un hormiguero, aún no debelado56 por la escoba del asistente. Verlo y sentarse a contemplarlo, todo fue uno. “¡Mírenlas que tan formales, cómo llevan su comidita!” exclama entusiasmada no bien aparecen unos cuantos de esos titancitos laboradores agobiados con un átomo blanco, apenas perceptible, del pétalo de una rosa. “¡Lo que comen es floritas...!c ¡Qué tan lindo!”. Y cual si con la admiración se le acabase el entusiasmo hormiguero, corre al santuario, quita la Virgen, la carga en el delantal y la da a Ester para que se la ponga en la repisa del Divino Rostro, donde había que colocársela siempre “para que no estuviera solita”.
“La Niña quiere coser”, dice Blanquita, acercándose al cesto de medias que repasaba Ester, “quiere coser con naranjita, así como usté, mamacita”. Pero no hubo lugar a la costura, porque de pronto siente que unas manos misteriosas le tapan los ojos y que una voz cavernosa del otro mundo le dice: “¡Que te come el tigre, que te come!”. Y el tigre le comía el pelo, y las mejillas, y el pecho, y los bracitos. La víctima zapatea de gusto, lanzando aquellas carcajadas argentinas que más que de las cosquillas del besuqueo eran de alegría, de aquella como atracción psíquica que sobre ella ejercía “Maximito hermoso”. “No me trajites los pajaritos”, le dice ella con mucho mimo, apenas Máximo se ha sentado, y, metiéndosele entre las piernas y colgándosele a dos manos de la nuca, agrega con fingido enfado: “No te quiero Maximote feo”. —“¿A que sí?”, exclama él, y, tomándola por las axilas, la alza en vilo y la recuesta contra la pared. “Por fin sale de la muchacha”, prorrumpe Ester entre alarmada y satisfecha. Blanquita se retuerce de contento. “¿Qué te dijo Cheres anoche? ¿Qué resolvió por fin que cantáramos en el cumpleaños?” pregunta Ester sin levantar los ojos del zurcido. Máximo, sin atender a la pregunta, baja a Blanquita, y este tío de los tíos se pone muy orondo a hacer con ella el Aserrín, aserrán, las maderas de San Juan,d57 con todo y canto. “¡Este sí es el más bobo que yo he visto! ¡Ese más niño que Blanca. Mira;f si con los sobrinos te pones así, con los hijos habrá que hacerte rancho aparte!”. Élg le soplaba al oído a la niña, y la niña iba repitiendo como un fonógrafo: “Madre cursilona... chiflada... esculta... remendona y perecida... a nno b nacar c floritas...
d [En esta canción española es usual encontrar el verso en diversas versiones como “… los maderos de San Juan”, sin embargo, siguiendo el usus scribendi de Tomás Carrasquilla, se conserva la forma original del texto base].
e Es f Míra g El
Blanca que no sabe hacer... sino oficios... de negra sirvienta...”. Ester pregunta, provoca, incita al hermano de todos modos para hacerlo conversar, pero el tal como si no oyera. Después de repasar con la niña todas las boberías, de haber comprado carne,58 matado el pajarito sin cola,59 enumerádole los nombres de los dedos; después de hacerla andar para ver si aún torcía el zapatico izquierdo —único defecto que encontraban en aquel ángel y que Pepito estaba empeñado en corregir— pasa con toda formalidad a la clase de recitación.
Se trataba de enseñarle a la niña a declamar, con toda la mímica y expresión del caso, unos versos que su padrino le había compuesto para que felicitase a Pepito en su próximo cumpleaños. La niña, paradita en un taburete, con la quietud exagerada que solía gastar en las ocasiones solemnes, fijos los ojos en “Maximito hermoso”, que hacía de figurante,60 iba repitiendo las palabras, imitando los gestos, el movimiento de las manos, sugestionada, hipnotizada por aquel influjo omnipotente de su maestro. Y no era tan solo Blanquita la del ensayo: Ester y Mercedes también querían obsequiar al venerable viejo, grande amigo de la música, con algún bambuco o con algún trozo selecto de ópera cantado a dúo. Tampoco Alberto quería quedarse atrás en aquella fiesta que él mismo había promovido: iba a estrenar oficialmente el landó61 con su tronco de caballos ingleses, y en ello se ocupaba. Como la familia del suegro no cabía toda en el carruaje, había determinado no usarlo para conducirla a casa, sino que, en cuanto terminase la comida, entre cinco y media y seis, darían Pepito, Blanca y él una vuelta por la Quebrada-arriba,62 pasarían por el Parque de Bolívar, y, siguiendo por la Carretera del Norte63 y por la Plaza de Berrío, tornarían a casa, donde ya estarían en escena las cantoras.
No era aquello solamente el natalicio del abuelo: era el brote, el alarde de una felicidad que necesita manifestarse. Todos a cual más tenían especial empeño en excederse a sí mismos en aquel triunfo de la dicha, en aquella orgía del afecto. Blanca, la que volvió la paz al noble abuelo, la ventura a sus padres; la que enlazó los corazones de sus padrinos, era el geniecillo providente que tenía en sus manos los hilos todos de aquella dicha solidaria. Como alma de la fiesta la proclamaba la familia.
La de Rivas, culta y refinada si las hay, preparaba de acuerdo con las modistas, con las grandes cocineras de la ciudad, con floricultores y tapiceros, todos los refinamientos posibles en Medellín para la celebración de este cumpleaños. La víspera todo estaba preparado. Mercedes y Máximo acudieron esa noche a casa de Alberto, ella para dar los últimos perfiles al canto, él para presidir la répétition générale,64 que decía Alberto, la muestra que llamaba Cheres, en que Blanquita iba a interpretar el genio creador de “Maximito hermoso”. En el comedor, escenario de la fiesta, iba a verificarse el ensayo. Los presentes ocupaban el asiento que en la comida debía corresponderles. La servidumbre toda, desde la planchadora hasta Almamía, esperaba ansiosa. A falta de Pepito, ocupa el puesto de honor una almohada que
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Máximo ha declarado por su padre. Él está a la diestra; en el extremo opuesto, entre Alberto I y Cheres, la niña de pie en su silla, donde pueda oír a la novia, que es el apunte, y ver al novio, que es el figurante. “¡Silencio!” manda este con tono imponente de dómine,65 y hace una señal. Blanca, cómicamente pensativa, en actitud petulante de arrobo, con mohín66 picaresco en la boquita, acentuando los hoyuelos de las mejillas, infladas suavemente las narices, parece que invocara; lanza luego un suspiro de su pecho, sacude con blandura la cabeza, revuelve en torno la mirada, tiéndela al frente, y, cual si de esos ojos emanase con el candor del ángel la travesura del diablillo, fíjalos en la almohada, y, a la señal de Máximo, principia: Soy la Princesa Blanca —tú me lo has dicho— dea tal tengo los mimos, tengo el capricho; yo soy un angelito blanco y hermoso; de ángel tengo lo dulce, lo candoroso. Blanca también es mi alma, y en mi pureza vístome de lo blanco con la belleza: Blancos son mis zapatos, bata y sombrero, blancos como el cariño con que te quiero. Yo soy lo más precioso que verse pudo (como todos lo dicen, ya no lo dudo) y para complacerte tanto me esfuerzo, que, mira el zapatico... ¡yab no lo tuerzo! Tú eres, Pepito mío, viejito amado, el papacito tierno, bello, adorado. En la cabeza llevas tú la blancura, y en el cano bigote y en tu alma pura. Tal contento produce tu alegre fiesta que a celebrarla el Cielo mismo se apresta: la Virgen, que guardado tiene a Carlitos, va a mandar a la tierra sus pajaritos. Mi almita blanca supo que hoy es tu día, y a tu alma, que es tan blanca como la mía, un beso manda: agáchate, pues, Pepito, que tu Blanca querida te dé el besito. Pero no, que me raspas con tus mejillas; no, que con los bigotes me haces cosquillas; a De [Cada verso del poema iniciará con minúscula acorde a ole, con excepción de aquellos casos obligatorios por la puntuación].
b Ya
Blanca ha de ser en la frente donde te beso, y parezca, al besarte con embeleso, mi boca, que en tus blancas canas se posa, como cuando en la espuma cae una rosa.
Dijo, y fue a acercarse a la almohada, pero la explosión de besos, de caricias, no la dejó llegar. Albertico casi la sofoca en su entusiasmo; a Alberto I se le saltaban las lágrimas. Ella se vuelve a su maestro con mucho mimo, y le pregunta: “¿Y sí vienen mañana los pajaritos?”. Porque la venida de ellos era el premio que Máximo le tenía ofrecido, y era esto lo que más preocupada la traía.
VIII
¡Con qué solemne júbilo rasgan el aire las campanas de San Francisco!67 Es María que congrega a sus hijas a celebrar su natalicio; y al reclamo de la Madre acuden presurosas las doncellas todas de Medellín. Mercedes es de las primeras en llegar. En su alma límpida, serena, de novia y de huérfana, hay un dejo de tristeza que la enternece y la conturba: ya nunca más volverá a tomar parte en esta hermosa festividad de las vírgenes: en el año venturo,68 corona menos inmaculada, si más santa, ceñirá su frente. No puede más, no puede: aunque la vea todo Medellín llora con ese llanto que no es posible ocultar; recibe a su Dios; eleva su hacimiento de gracias;69 despídese de su madre y la pide su bendición con el lenguaje de las lágrimas, que en su emoción no le es dado ajustarse a las palabras consagradas de las preces70 ni hallarlas por lo pronto.
A las doce estaba en casa de Alberto para peinar a Ester y ayudarle en los últimos retoques. En acabando de colocar unas macetas en la antesala, admiraban el efecto, la perspectiva poética, cándida, deliciosa que ofrecía aquella serie de piezas. En cada puerta, doble cortina calada de dos paños; iracas, cincodeabriles,71 dracenas,72 jardineras de vistosas flores, pareadas a uno y otro lado, como recogiendo y abullonando aquellos encajes, daban la nota selvática sobre aquel fondo vago, trasparente, de espumas; y allá, en el último término, entre un círculo de alternanteras y coleos73 recortados a la inglesa, se veía el baño. “¡Qué bonito!” exclama Mercedes. “Parece el monumento de la Catedral”. —“Eso mismo dijo Pedro”, replica Ester muy satisfecha con aquella aprobación. “Lo que quiero es que papá pase por aquí para ir al baño: no ves que parece que va como por arcos de triunfo. No se le ha de pasar al viejito un día sin su baño antes de comer... Y ahora que me acuerdo: tengo unos jabones finísimos”. Y ambas fueron a buscarlos, y los llevaron al tocadorcito del baño. Este, oval, diáfano, remansado, semeja enorme lente. Dos fucsias simétricamente plantadas campan en el centro de aquellas espesuras artificiosas; extienden sus ramajes, cuelgan sus flores purpurinas y las dibujan en la quieta superficie.
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Las dos cuñadas pasan al comedor; nada falta: tras el cristal de los artísticos aparadores relumbran porcelanas y electroplatas;74 en las rinconeras75 ostentan los cacharros sus campos y arabescos de oro, sus pinturas al fuego, el rococóa de sus relieves; Baccarat76 ha enviado sus primores de muselina, sus copas de gasa; Pomona, sus grosuras; Flora,77 lo más selecto de su reino; y hasta el sol parece que acrecentara su belleza para filtrarse por los vidrios de colores de la ancha reja. Blanquita enreda, mariposea eb indaga por todas partes: “¿Mandará la Virgen los pajaritos a la fiesta? ¿No los mandará?”.
A las dos parte la comisión de Alberto I, Alberto II y Blanca para traer a Pepito con su familia.
Justificando la estrofa de Máximo, Blanca lo estaba por dentro y por fuera: los zapatos, la tela, los encajes y aquel enorme sombrero de resplandor, cubierto, erizado de tules y de plumas: todo era blanco.
Al fin termina su toilette78 y aparece la madre de Blanquita. Llevara una diadema en su frente, y fuera aquella Ester que salvó al pueblo judío. Lo egregio y clásico del tipo; ese color trigueño que los pintores atribuyen a María; los ojos garzos,79 rasgados, que vierten la humildad y la caricia; esa boca que destila la dulzura; el cuerpo escultural de curvas ideales; el andar reposado y majestuoso —todo bíblico.
Traje y peinado contribuyen a la realeza. El cabello castaño que se embomba en quiebras naturales hacia la frente, que se afloja desmayado por la nuca vellosa, se recoge en la coronilla en nudo sobresaliente y gracioso. Seda amarfilada envuelve aquella escultura en una bata Princesa: ciñe espalda y caderas; flota ampulosa en elegante cola; cae suelta, deshecha en encajes por delante; ancha cinta tornasolada en verde y rosa desteñidos se enlaza sobre el pecho y desciende cortada en forma de tijereta, como para besar aquellos pies menudos que pisaron siempre firmes la senda de la virtud.
En una mesa de la sala estaban los presentes con que la familia de Alberto iba a obsequiar a Pepito. En vez de enviárselos a su casa, como es costumbre, querían entregárselos a su llegada. A tiempo que Ester abre una de las puertas que da al corredor, entran los esperados. Hija y padre se confunden en un abrazo. El viejo se enjuga los ojos y se cala las gafas para examinar aquellas bagatelas tan valiosas a su corazón. Todos se agolpan en redondo de la mesa, todos hablan, todos se mueven, todos se agitan.
Blanquita corretea como una loca. Sale al patio; ve un colibrí que revuela junto a una maceta florecida, y salta exclamando: “¡Ya vino un pajarito! ¡Qué tan lindo!”. El colibrí, rumoroso, intangible, se flecha por el zaguán interior y traspasa el muro de curazao. La niña, trasportada, se escurre por la última alcoba. La alegre confusión continúa en la sala. De repente se oye un alarido de dolor, de espanto. Todos se precipitan en tropel. La niñera, convulsa, desencajada, a rococó b é
Blanca brotados los ojos, mesándose el pelo, apenas puede articular: “¡Corran por Dios!”. Máximo, disparado, se lanza al jardín.
Sobre el baño flota como enorme margarita el sombrero blanco. Se arroja al agua. Saca algo blanco, flácido, desmadejado. Enloquecido, fuera de sí, lo sacude, lo zarandea, le insuflaa su aliento, su vida...
¡Todo en vano!...
El colibrí, en tanto, revoloteaba rumoroso entre las fucsias. a ensufla [Se actualiza a la norma ortográfica vigente insufla].
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1
Cuento publicado por primera vez en El Montañés de Medellín en el número 3, 1897.
2
El Médico Práctico: se refiere al libro de medicina El médico práctico doméstico y enciclopedia de medicina publicada en 1889 por Editores World Publishing Co. (N. del E.).
3
cimborio: Cuerpo cilíndrico que sirve de base a la cúpula y descansa inmediatamente sobre los arcos torales (dle, 2018).
4
hinojo: Planta de la familia de las borragináceas, con tallo leñoso y de ramas abundantes de 50 a 80 cm de altura, velludas y pobladas de hojas persistentes, alternas, aovadas, rugosas y sostenidas en pecíolos muy cortos, flores pequeñas azuladas, en espigas y vueltas todas al mismo lado, y fruto compuesto de cuatro aquenios contenidos en el fondo del cáliz. Es originaria del Perú y se cultiva mucho en los jardines por el olor de vainilla de las flores (dle, 2018).
5
cármenes: Quinta con huerto o jardín (dle, 2018).
6
fucsia: Arbusto de la familia de las oenoteráceas, con ramos lampiños, hojas ovales, agudas y dentadas, y flores de color rosa oscuro intenso, de diversos matices, colgantes, de pedúnculos largos, cáliz cilíndrico, con cuatro lóbulos y corola de cuatro pétalos. Es planta de adorno, procedente de América del Sur (dle, 2018).
7
heliotropios: Planta de la familia de las borragináceas, con tallo leñoso y de ramas abundantes de 50 a 80 cm de altura, velluda y poblada de hojas persistentes, alternas, aovadas, rugosas y sostenidas en pecíolos muy cortos, flores pequeñas azuladas, en espigas y vueltas todas al mismo lado, y fruto compuesto de cuatro aquenios contenidos en el fondo del cáliz. Es originaria del Perú y se cultiva mucho en los jardines por el olor de vainilla de las flores (dle, 2018).
8
Salomón y el templo santo: También llamado el Templo de Salomón, fue el santuario capital del pueblo judío. El rey Salomón fue el responsable de su construcción. Se establece en este punto del relato un paralelo importante entre Salomón y Blanca, en relación con la religión (N. del E.).
9
caracucho: Planta herbácea de hasta 80 cm de altura, de hojas muy delicadas, de color verde claro, y flores amarillas de tamaño mediano, con un espolón en su base y agrupadas en ramitos; es ornamental. (Balsaminaceae; Impatiens nolitangere) (da, 2010).
10 friso: Parte del entablamento en los órdenes clásicos que media
entre el arquitrabe y la cornisa, en ocasiones ornamentado de triglifos, metopas u otros elementos (dle, 2018).
11 crestería: Línea continua de ornamentos que coronan una
fachada, tejado, sillería de coro o altar (dle, 2018).
12 cornisones: Conjunto de molduras que corona un edificio o
un orden de arquitectura y que ordinariamente se compone de arquitrabe, friso y cornisa (dle, 2018).
13 madroño: Arbusto de la familia de las ericáceas, con tallos de
tres a cuatro metros de altura, [...] de fruto esférico de dos a tres centímetros de diámetro, comestible, rojo exteriormente, amarillo en el interior (dle, 2018).
14 curazao: Buganvilla. Arbusto trepador sudamericano de la
familia de las nictagináceas, con hojas ovales o elípticas, brácteas de diversos colores y flores pequeñas (dle, 2018). En el Valle se llama veranera; en Cundinamarca, buganvílea; y en Antioquia, curazao, por haber sido importada de la isla de este nombre (ahac, 1986).
15 azucenos: Árbol de tierras frías, de flores blancas, muy allegado
a las quinas y que posee algunas propiedades medicinales de estas (ahac, 1986).
16 norvio: [Planta] trepadora de flores muy perfumadas
(ahac, 1986).
17 cundeamor: Planta trepadora, de la familia de las
cucurbitáceas, de flores en forma de jazmines y frutos amarillos, que contienen semillas muy rojas (dle, 2018).
18 recuerdo. Escrofulariácea. De flores blancas o moradas
(ahac, 1986).
19 bellísima: Planta trepadora de flores en festones y de dos
colores: rosado pálido y rojo subido (Malaret, 1945, p. 526).
20 Capua: Ciudad italiana mencionada en Historia de Roma del
historiador romano Tito Livio (59 a. C. 17 d. C.) en el libro xxiii, donde se describe esta como una ciudad de prosperidad y grandes placeres, en cuya primera batalla comandada por el general cartaginés Aníbal, se da el debilitamiento de su ejército causado por los nuevos deleites y descanso inactivo (N. del E.).
21 Bendita sea tu pureza: oración que invoca la pureza de la Virgen
María. Es relevante su inclusión en la narración ya que la protagonista Blanca representa el ideal mariano de santidad y pureza (N. del E.).
22 jaculatoria: Oración breve y fervorosa (dle, 2018).
23 disparatorio: Conversación, discurso o escrito lleno de
disparates (dle, 2018).
24 monserga: Enunciado confuso y embrollado (dle, 2018). 25 hirsuto: Dicho del pelo: Disperso y duro (dle, 2018). 26 zapatetas: Golpe o palmada que se da en el pie o en el zapato, brincando al mismo tiempo en señal de regocijo (dle, 2018).
27 corvas: Parte de la pierna, opuesta a la rodilla, por donde se
dobla y se encorva (dle, 2018).
28 hicaco: Arbusto de la familia de las crisobalanáceas, de tres a
cuatro metros de altura, con muchos ramos poblados de hojas alternas, ovaladas, muy obtusas, coriáceas y nerviosas; flores de cinco pétalos blanquecinos, agrupadas en las axilas de los ramos más altos, y fruto en drupa del tamaño, forma y color de la ciruela [...]. Es espontáneo en las Antillas (dle, 2018). 29 neurósico: Que padece neurosis (dle, 2018).
30 ocarina: Instrumento musical de forma ovoide más o menos
alargada y de varios tamaños, con ocho agujeros que modifican el sonido según se tapan con los dedos. Es de timbre muy dulce (dle, 2018).
31 la Catedral: se refiere a la actual Basílica de Nuestra Señora
de la Candelaria, anteriormente llamada la Catedral, después pasaría a ser Basílica por la construcción de la Catedral Metropolitana de Medellín (N. del E.).
32 Veracruz: iglesia de la. Su construcción se inició en 1682 y
se le conoció con el nombre de Ermita de la Vera-Cruz de los Forasteros (N. del E.). El mismo Tomás Carrasquilla la describió así: La parroquia de la Cruz vino enseguida. Torre de piedra verdinegra de un solo lienzo, que finge la silueta de un pino, con hornacina para la Enseña Adorable, mucho relieve y mucho pico. Si por fuera sugiere, por dentro no resulta: columnas de palo rudimentarias, toscas alfardas en el cielo encalado, altares broncotes de ladrillo con revoque escabroso. Todo sin arte ni gusto de ninguna especie (Carrasquilla, 1995, p. 86).
33 trisca: Bulla, algazara o estruendo (dle, 2018). 34 rehenchido: relleno de algo (N. del E.).
35 club: Por el contenido de cuento, en cuanto al deporte que
practica Alberto Rivas (el ciclismo), creemos que el club al que hace referencia es el Tándem. “Estaba ubicado cerca de la iglesia de la Veracruz en Medellín. Le viene el nombre de las bicicletas tándem, un modelo de dos o tres puestos, importadas de Europa por el Club Brelán. El Tándem se originó de la unión de los clubes Palito, Brelán y Fígaro. En 1905 este club se unió con El Boston, La Mata de Mora y el Belchite, para fundar el Club Unión” (Carrasquilla, 2018, iii, p. 612).
36 espigada: Alto, crecido de cuerpo (dle, 2018).
37 repantigose: Arrellanarse en el asiento y extenderse para
mayor comodidad (N. del E.).
38 Dúo de los Paraguas: Canción que hace parte del primer
cuadro musical de la zarzuela El año pasado por agua, obra Notas explicativas
Blanca Notas explicativas musicalizada por Federico Chueca y Joaquín Valverde con libreto de Ricardo de la Vega, se estrenó en el Teatro Apolo de Madrid el 1º de marzo en 1889 (Webber, 2002, p. 81).
39 chuscada: chusco “Que tiene gracia, donaire y picardía
(dle, 2018).
40 iraca: Soyacal. Planta herbácea perenne, de hojas grandes, palmeadas, en forma de abanico, con un largo pecíolo que nace a ras del suelo, e inflorescencia de flores diminutas y fragantes, de color amarillo; de las hojas se extrae una fibra empleada para hacer escobas y sombreros (da, 2010). 41 corrido: “Referido a persona, un poco loca” (da, 2010).
42 Blas y Blasa: Hace referencia a los dos personajes principales
de la fábula lxxxiii “La esposa modelo” pp. 456-457, en Obras escogidas (1850) de Juan Eugenio Hartzenbusch (1806-1880). En esta obra, Blas y Blasa es un matrimonio aparentemente feliz, donde el esposo tiene una enfermedad fatal, y la mujer muy desconsolada, pide para sí la muerte, sin embargo, al llegar la personificación de esta, preguntará por quién debe llevarse, a lo que la esposa responde: “llévate al infeliz que está en la cama”. Se alude entonces a la diferencia entre profesar y demostrar amor (N. del E.).
43 chocheaban: chochear. Manifestar de forma exagerada
el cariño y afición a personas o cosas, hasta el punto de comportarse como quien chochea (dle, 2018). 44 tabores: estar en el Tabor. Referencia bíblica al monte Tabor, ubicado en Galilea; la tradición religiosa reconoce el lugar como el sitio de la transfiguración de Jesús (N. del E.).
45 guandos: Camilla hecha de varas o palos, usada para
transportar enfermos (da, 2010).
46 esplines: esplín, Melancolía, tedio de la vida (dle, 2018).
47 termocauterio: Cauterio hueco, de platino, que se mantiene
candente por la electricidad u otro medio semejante (dle, 2018).
48 dentrodera: En algunos sitios había dentrodera, era la
muchacha o criada encargada de los oficios distinto de la cocina, también se decía entrodera; el oficio nos quedó como herencia de la época de los esclavos (Jaramillo Restrepo, 2009, p. 56).
49 No hay burlas con el amor: se refiere a la obra de teatro escrita
por Calderón de la Barca, publicada por primera vez en la Imprenta de Joseph y Thomás de Orga, 1782 (N. del E.).
50 pininos: primeros pasos que se dan en alguna actividad, arte
o ciencia. (da, 2010).
51 almáciga: Resina clara, traslúcida, amarillenta y algo
aromática que se extrae de una variedad de lentisco (dle, 2018).
52 chirringo: En algunas partes es chiquitín, en cambio nosotros
lo usamos para cualquier cosa pequeña (Jaramillo Restrepo, 2009, p. 43).
53 embolismo: Mezcla y confusión de muchas cosas (dle, 2018). 54 dura cerviz: ser de dura cerviz. Loc. verb. Ser indómito (dle, 2018).
55 resistero: [...] es la reverberación solar; cuando se permanece
mucho rato bajo su acción, los viejos decían: quítese de allí que lo va a matar ese [resistero] (Jaramillo Restrepo, 2009, p.137).
56 debelado: debelar. Vencer de modo definitivo al adversario
por la fuerza o con argumentos (dle, 2018).
57 aserrín, aserrán, las maderas de San Juan: Juego en que
el adulto acaballa a un infante en sus piernas y le propone recitar la rima “aserrín, aserrán, los maderos de San Juan”, al compás del movimiento que hace el adulto con sus piernas que semeja el vaivén que hace un aserrador. Como ejemplo representativo del juego, el poema “Los maderos de San Juan” de José Asunción Silva representa una abuela jugando con su nieto (Silva, 1996, pp. 56-58).
58 comprado carne: juego de niños que consiste en tomarle el
brazo a un niño y decirle: “Cuando vayas a comprar carne no vayas a comprar de aquí, ni de aquí y simultáneamente se le sujeta suavemente ciertas partes del brazo hasta llegar a las costillas (N. del E.).
59 matado el pajarito sin cola: juego infantil en que se le dice al
niño: “¡Mira, un pajarito sin cola!”, este al levantar la mirada pone al descubierto su cuello, momento preciso y propicio para hacerle cosquillas bajo la barbilla (N. del E.). 60 figurante: Persona que aparece en una representación teatral, película o serie de televisión con presencia singularizada, pero sin frase ni acción dramática precisa (dle, 2018).
61 landó: Coche de cuatro ruedas, tirado por caballos, con
capotas delantera y trasera, para poder usarlo descubierto o cerrado (dle, 2018).
62 Quebrada-arriba: La mejor descripción de la “Quebrada
arriba” la realizó Tomás Carrasquilla quien escribió: “fue ella alborotosa y levantisca en la parte alta; fastuosa y aristocrática en la céntrica. De tiempo atrás tuvo en ésta quintas majestuosas y señoriales, tuvo juegos de agua, jardines y arboledas a la vista y contemplación del transeúnte” y, finamente, anota sobre el ocaso de esta parte de la ciudad “la cesantía por mora es la claudicación, la muerte, el olvido, el desprecio: es... ¡lo pasado!” (Carrasquilla, 1995, pp. 45-46). 63 Carretera del Norte. Esta carretera comenzaba hacía el norte, “donde hoy desemboca la calle Daniel Botero al camellón de Carabobo” (Olano Estrada, 2004, p. 316). La calle 73, Daniel Botero, separa el Parque de los Deseos y el Parque Explora (N. del E.).
64 la répétition générale: último ensayo antes del estreno de un
espectáculo (N. del E.).
65 dómine: “Maestro o preceptor de gramática latina” (dle, 2018). 66 mohín: “Mueca o gesto” (dle, 2018).
67 San Francisco: Es plaza larga de norte a sur y ancha de
occidente a oriente. La universidad y el Colegio de la Compañía de Jesús campean altaneros, simétricos, iguales a lado y lado de la iglesia, cual si fuesen un mismo edificio. Andén anchuroso atraviesa todo el frente; altas ringlas de nogales más afuera. Fuente, asientos, senderos (Carrasquilla, 1995, p. 82). Actualmente, es conocida como la Plazuela de san Ignacio en la que se ubica la iglesia del mismo nombre, fundada por los monjes franciscanos, quienes también contribuirían a la fundación de la Universidad de Antioquia. Tiempo después la iglesia fue recibida por los jesuitas y ofrecida por estos a san Ignacio (N. del E.). 68 venturo: Que ha de venir o de suceder (dle, 2018).
69 hacimiento de gracias: Expresión o manifestación pública de
agradecimiento normalmente dirigida a la divinidad (dle, 2018).
70 preces: Honor, estima o consideración que se adquiere o gana
con una acción gloriosa (dle, 2018).
71 cincodeabriles: Nombre muy local de una flor, de clasificación
poco extendida (ahac, 1986).
72 dracena: Planta de jardín (ahac, 1986).
73 coleos: Planta ornamental de hojas con colores variados que
forman especie de dibujos geométricos (Carrasquilla, 2018, iii, p. 613).
74 electroplatas: Utensilios de cocina que tienen baño de plata
(N. del E.).
75 rinconeras: “Mesita, armario o estante pequeños, comúnmente
de forma triangular, que se colocan en un rincón o ángulo de una sala o habitación” (dle, 2018).
76 Baccarat: Cristal de alta calidad fabricado en Baccarat, Francia (N. del E.).
77 Pomona y Flora: estas dos divinidades de la mitología romana
representan las frutas y las flores respectivamente, en el cuento son importantes las referencias a los elementos de la naturaleza por su valor simbólico (N. del E.). 78 toilette: sesión de maquillaje (N. del E.).
79 garzos: Dicho especialmente de los ojos: De color azulado
(dle, 2018).
Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1897) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: Dimitas Arias
Héctor Fabio Buitrago Correa Editor crítico A: Revista El Montañés (1897). Medellín. B: El padre Casafús: Novela (1914). Medellín: Carlos E. Rodríguez.
C: Obras completas (1952). Madrid: epesa. D: Cuentos de Tomás Carrasquilla: “Náufrago asombroso del siglo de oro” (1956). Medellín: Bedout.
E: Revista Gloria (1957). Medellín: Fabricato. F: Seis cuentos (1959). México: Ediciones de Andrea.
G: Cuentos (1973). La Habana: Casa de las Américas.
H: Cuentos de Tomás Carrasquilla (1984). Medellín: Compañía de Cementos Argos. I: El ángel y otros cuentos (2005). Bogotá: Instituto Distrital de Turismo.
D
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Dimitas Arias1 Al doctor Uribe Ángela2 I Porqueb era de bahareque3 y porque lo apuntalaban dos palos por el costado de abajo y un diente de tapia por el interior, no se había venido al suelo aquel cascarón de casa. Era el techo un pelmazo gris de algo que así pudo ser palmicho4 como carmaná,5 todo él constelado de parchones de musgo, de lamas verduscas y de tal cual manojo nuevo, puesto allí por vía de remiendo. Bardaban6 el caballete hasta cuatro docenas de tejas centenarias, por entre cuyas junturas medraba el liquen y asomaban mustias y enfermizas unas matas de viravira;7 pendíale por un extremo, desparramándose que era un gusto, un matorral de yerbamora8 fructificado además. Era el interior una gran sala, con un tenducho de madera en el ángulo frontero ac la puerta de entrada, el cual se cerraba como una alacena y olía a ratones y a viejo. De tierra apisonada, y con muchos hoyos y rajaduras era el suelo. Dos ventanillos de batientes partidos por mitad, alumbraban el local; daba el uno a la Calle-abajo, y el otro, al Callejón de El Sapero, pues la casa aquella estaba en esquina. Tenía tres puertas: la de entrada, una que comunicaba con un cuartucho, y la del interior; esta última se abría a un corredor húmedo; y esto era todo el edificio; que el tingladillo9 que hacía las veces de cocina estaba aislado obra de doce varas más adentro. Unas piedras medio enterradas en el suelo servían de pasadizo. Defendían esta propiedad: un trincho, cubierto de maleza, por el lado del callejón; dos guayabos10 machos, tres naranjos11 agrios y un saúco,12 entreverados con unos palos carcomidos, por los dos lados restantes. Arrimadas a los cercos, hileras de ruda13 y de eneldo,14 una mata muy cuidada de romero15 de Castilla y unas cuantas de rosa chagre. Detrás de la cocina, se extendía un solar inculto y pro indiviso, que allá muy lejos tenía por lindero natural el arroyo enlodado y fétido conocido con el nombre de El Sapero. La casa estaba situada en la punta de la Calleabajo, la Patagonia del pueblo, como quien dice.
Era la escuela.
La sección acababa de reunirse.
¡Unad leyenda, muchachos! —dijo el maestroe con tono de cariñoso estímulo…f y aquello principió.
De una banca donde se arracimaban hasta dos docenas y media de mocosas, a (AL DOCTOR URIBE
ANGEL)
b PORQUE c á d Una e Maestro f ….
Dimitas Arias se levantaban, creciendo, atiplándose en terrible sonsonete, todos los horrores del deletreo: ere-a-ra, ere-i-ri, se oía por un lado; be-a-ba, be-i-bi, por otro; aquí, esea-ele, sal-gu-e-ve, salve; por allá, una trabazón de sílabas imposible de desenredar. Total: un babela chiquito.
En la banca frontera, se alineaban como veinte varones, no menos atareados, no menos chillones que las chicas, si bien algunos un tanto graves por sus adelantos, cacareaban con más formalidad, casi de corrida, y a pura memoria por supuesto, aquello de “por la señal de la Santa Cruz venció Constantino al tirano Magencio”, pasaje de la cartilla que abría a aquellos estudiantes, horizontes sublimes en el cielo de la historia y del arte. Cuando se llegaba a eso, estaba uno iniciado en los misterios de la humana sapiencia.
Separados del grupo, como los dioses de la masa de los mortales, había tres ob cuatro por allá en un rincón. No alzaban mucho la voz, no señalaban el renglón con el puntero, y, aunque hacían muchos visajes, estirando el pico, bizcando a ratos, apenas si miraban el catón.16 “A los azores, aves de rapiña, cuenta San Alberto Magno”, cantaba este;c “San Luis, Rey de Francia, al acostarse con sus hijos”, cantaba aquel;d y, absortos, embebecidos en su grandeza, en los ejemplos estupendos del libro inmortal de sane Casiano,17 ni cuenta de la vida ni de su propio serf se daban estos sabiondos.
Compitiendo en aplicación, en apuros y en afanes, pronto se cansaban los dos bandos. Era entonces el rascarse la cabeza, el bostezar tedioso, el estregarse unos contra otros aquellos cuerpecitos. Venía un aleteo rumoroso de cartillas, catones y citolegias;18 ya no había Constantinos ni Magencios, ni los bueyes mugían, ni tiraban de los carros, ni araban la tierra; caíanse al suelo los punteros, y había que irlos a buscar; una muchacha pellizcaba a su compañera; un rapazuelo metía las manos en los bolsillos, las sacaba y hacía fieros; el otro le arrebataba los corozos. Llega el momento de las quejas: “que este me está arrempujando”, “que Carmela me jurgó”, “que Toto me rompió la ruana”; a la vez que de banca a banca se sacan las lenguas, se hacen gestos, y aquel murmullo se define en alboroto de veras.19 ¡Siga la leyenda! —grita el maestro.
Ni por esas.g Muchos se atropellan y quieren ir a dar la lección, todos a una. Como pocos la saben, el maestro, sofocado, esgrime el puntiagudo chuzo de macana20 con que apunta, y aquí pincha una mano, allá un molledo, acullá tumba un catón. Se oyen chillidos lastimeros, tanto más lastimeros cuanto más fingidos, y todos se apartan. Pasa entonces una cosa horripilante: de la camilla-carreta donde yace el maestro, se alza, largo y delgado, un palo que tiene en la punta un rejo más largo todavía; agítase en el aire, ondula y silba como culebra voladora, y, sea en la banca de las hembras, sea en la de los machos, no se oye sino ¡güipi, juipi! En vano se frunce, se compacta, se achiquita la rapacería; en vano protesta a voz en cuello, porque la culebra sigue a destajo, y, caiga donde cayere, cada cual lleva su parte, pagando a a Babel b ó c éste d aquél e San f sér g ésas
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla veces justos por pecadores.21 No siempre va a la montonera; que en ocasiones se ceba en determinados delincuentes, y ¡cuidadoa si es certera!
A raíz de la tormenta, le acometen a la mayor parte necesidades apremiantes. Pónense en pie, levantan la mano, y, por turno, pronuncian las palabras sacramentales. Entre confuso y enojado dice el maestro:
Vayan; pero cada cual por su lado, y cuidado con ajuntasen. Pues es de saberse que el campo aquel tenía dos departamentos, otras tantas entradas y una frontera infranqueable en derecho.
Pasadas la lectura y toma de lecciones, entra el maestro en la enfadosa tarea de echar el renglón, que consiste en palotes, a los de pizarra, y el nombre del discípulo, a los de papel.
Solob Carmela Aguirre no tiene que habérselas con el maestro ni con nadie, sino que se sienta muy satisfecha, y toma por modelo una muestra de letra inglesa que decía: El inocente duerme tranquilo.
El pobre maestro quedaba rendido, y, cuando ya los escribanos garrapateaban en sus puestos, llamaba al monitor de la arena, para que dirigiera esta sección, constituidac por los que de tiempo atrás se denominaban los gorgojos.22 Este monitorazgo, gloria suprema de la escuela, lo disfrutaba seis meses hacía Toto Herrera, no sin que sus envidiosos condiscípulos intrigaran cuanto estaba a su alcance por arrebatárselo.
Inflado de orgullo, alzándose los calzones y sonándose con estrépito, salió
el afortunado. Los gorgojos se arremolinaron, y apercibieron sus chuzos y clavos
para trazar las letras. Una vez en sus puestos, saca Toto la menuda arena del cajón, riégala en toda la tabla, y, pasándole con mucha petulancia la plancha de madera que emparejaba aquello, grita con ese tonillo peculiar que a nada se asemeja: —Manosd abajo. ¡Atención!
Toma su chuzo, se agacha, traza algo y torna a gritar, en tres tiempos: —Vean la letra A. Véanla bien antes de hacerla. Háganla.
No ha terminado el berrido, cuando todas aquellas manitas, torpes, apresuradas, describen, haciendo crujire la arena, escarbamientos de gallina, colas enroscadas de animales desconocidos, jeroglíficos de monumento indígena. Si ha cesado la chillería del deletreo, es para empeorar: la voz de Toto, atascada por el desarrollo de las glándulas carótidas, se destaca bronca y cerril sobre ese fondo de ruidillos a cual más fastidioso: los golpes y los rayones del lápiz sobre las pizarras, que destemplan los dientes; aquella plancha de la arena que parece pulverizando azúcar refinado; ese sobar con babas sobre las engrasadas pizarras a cada garabato que no sale a gusto del calígrafo; las muchachas, que siempre han de estar en secreteos, que se rozan, que se estriegan las ropitas; aquel otro zarrapastroso23 que se rasca contra las asperezas del suelo el jarrete colonizado por las niguas;24 el de más allá que tira de las greñas al vecino; la otra mocosuela que lame el chisguete que ha echado sobre a cuidado b Sólo c constituída d Manos e crugir
Dimitas Arias la plana; los sustos ea inculpaciones por esta catástrofe; el mojar estrepitoso de las plumas hasta el fondo del tintero; aquella movilidad nerviosa de lagartijas, aquel rebullicio de granujas; todo ese ajetreo de rapaces reunidos, ponen al infeliz maestro de pulsarlo con vino.25 Como regañar sería inútil, cierra los ojos por no ver aquello, y qué de cosas se pierde.
Unos, muy pagados de sus planas, estiran el pico, ladean la cara a medida que escriben; hay una rauda pendolista26 que, a cada palotada, levanta la cabeza y da un hipido imitando el movimiento de las gallinas cuando beben; hay una de las judiotas que quiere doñab Sola de Samper27 pintándose lunares en los brazos; uno que lleva los calzones amarrados con el guaral28 del trompo,29 ha establecido la chumbimba30 sobre la pizarra, y tiene el corozo31 a tiro de apuntar a la cabeza del maestro que ha tomado por mocha; un gorgojo hembra, con la cara de ángel toda sucia y el pelo rubio hecho un virutero,c32 se ha quedado como reza la muestra de Carmela, pero con la boca bien abierta; en tanto que los hijos del alcalde, vestidos de paño verde que fue de un billar, sacan de los guarnieles los manises, los carestos33 y los amolaos,34 para despertar envidias.
Aunque de todas las clases sociales, nivelan aquella escuela los remiendos, los desgarrones, la mugre y el olor. Orejas hay allí que parecen untadas de asiento de chocolate; pies tomaditos de carrumia35 y faltos de uñas, si no es que el bicho aquel se los tenga purulentos y manantiales. No hay cabeza que dé indicios de peine, ni corpiño de muchacha que tenga broche con broche, ni posadera de varón que carezca de ventana. Hay faldas rajadas hasta el borde, y que no tremolan porque un nudo hecho con sus puntas las detiene; calzones que, a fuerza de rodilleras, más parecen mangas. De los sombreros no se diga: todos los llevan a la espalda colgados del barboquejo. Calzado no se ve de ninguna clase; pero sí varios guarnieles, cuáles de vaqueta, cuáles de pañete, esotros que fueron bordados en anjeo36 por la mano cariñosa de una madre. Pañolón de trapo gastan algunas, montera, una que otra, ni pañolón ni montera, las restantes; y tales atavíos mujeriles están colgados en un lazo que hay en un rincón, a manera de percha.
Al tenor de la descrita, tenían lugar tres sesiones cuotidianamente: por la mañana, al mediodía y por la tarde. Para entrar y salir no se fijaron horas determinadas, por la sencilla razón de que en el pueblo no había reloj público; y de bolsillo, solo el cura y dond Juan Herrera, padre de Toto, lo gastaban. Así es que los niños no ansiaban el oír campanadas, sino una tosecita que salía de los lados del corredor y que era preludio de la dicha estudiantil, pues no bien sonaba, cuando se abría la puerta, y asomaba, larga y escuálida, la figura de una viejecita, que decía con voz tediosa:
—Y’es l’hora pa largar.
Con lo cual se armaba el gran bochinche de la salida.
b Doña d D.
c birutero a é
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Era esta figura nada menos que la señá Vicenta, mujer del maestro. Tenía carita de loro; traje siempre lavado, con el corpiño abierto por detrás; pañuelo de yerbas en la cabeza, anudado bajo la barba a guisa de capota, y alpargatas en chancleta; toda la viejecita muy aseada y correcta, si cabe corrección en la miseria. El sumo sacerdote de este templo de Minerva yacía en su camilla de ruedas. Sobre ser maestro de escuela, estaba tullido desde tiempo inmemorial. Para los alumnos fue siempre una terrible y misteriosa adivinanza, cómo aquella cabeza de hombre pudiese estar encabada en “una cosa tan chiquita que ni cuerpo de cristiano parecía”; pues el bulto que presentaba bajo las delgadas mantas esta pobre humanidad de “ela Tullido” por antonomasia, no era mayor que el de un rapazuelo de ocho años. Tan contraído y deformado estaba que parecía faltarle el espinazo. Con dificultad podía menear el pie derecho; solo en la nuca y en los brazos tenía movimiento, y este un poco forzado en el izquierdo. La siniestra mano la veían los granujas en sus pesadillas: eran cinco garfios apartados y nudosos de pieza entera, que nunca se cerraban, que agarraban rígidos, sin apretar: algo así como la mano de palo que apaga las luces del tenebrario.37 Con la derecha, a más de persignarse muy bien y de esgrimir el arreador y el chuzo consabidos, escribía claro y pronto, si no muy correctamente; y para lo último le servía de pupitre una caja pequeña que tenía siempre entre el marco de la carreta, caja que parecía estar clavada allí, y en la cual guardaba el recado de escribir, lápices de pizarra, algún pliego de papel, que no dineros, como pretendían los discípulos. La cabeza, en forma de calabazo, podría representar la de un sacerdote poseído de neurosis ascética; era aplanada de cráneo, de cabello recio y entrecano, cortado siempre al rape como un cepillo; ni pelo de barba en aquella cara amarillenta y marchita; y no porque fuese lampiño el santo varón, sino porque su compadre Feliciano, alma caritativa como pocas, lo afeitaba jueves y domingo y le cortaba el pelo cada quince días, merced a lo cual se le formaba por toda la rapadura una sombra cenicienta que lo aclerigaba más y más. Los ojos pardos resultaban muy tristes y abismados entre el paréntesis de la hirsuta ceja y de la ojera negra, tan negra que se dijera de corcho quemado, tan honda que semejaba cicatriz. Solo dos raigones amarillos asomaban bajo los hendidos labios; la nariz tosca, de fosas muy abiertas. Esa cara tan fea tenía una expresión de tristeza resignada y beatífica que atraía.
No fue maestro atrabiliario38 ni de viarazas:39 si chuzaba y daba azotes a la indómita chusma, obedecía a la consigna del superior, a la ley de su tiempo, en que era un axioma aquello de “la letra con sangre entra y la labor con dolor”.b II Por esas calendas40 hubo en la aldea cambio de párroco. A los pocos días de llegado el nuevo, llamoloc el Tullido para que lo confesase; y luego, al punto quedaron a “El b dolor.”
c llamólo
Dimitas Arias encantados uno de otro: el sacerdote, de hallar alma tan sana en cuerpo tan enfermo; el maestro, de tanta sencillez y mansedumbre en aquel que él diputó por lumbrera de la Iglesia.
Acabada la confesión, sacó el padre su yesquero41 de cuerno engastado en plata, ofreció lumbre y cigarro al penitente, y no bien ambos hubieron encendido, acercó aquel un taburete junto a la carretilla, y, con tono de viejo amigo, y como quien reanuda una conversación, dijo:
—¿Conquea hace treinta años que está tullidito?
—Sí, mi padre, treinta años largos —contestó el infeliz, muy agradecido por el tono insinuante y cariñoso del sacerdote. —¡Bendito sea mi Dios que no me ha dejao morir de necesidá!
Y luego,b como el padre curac le manifestase deseo de conocer su historia, el Tullido habló así:
—A los siete meses de casao, me comprometí con los Herreras a iles a componer un molino, puallá a Volcanes, qu’es la cañada más fea y más enferma que hay. Me fuid apenas conseguí dos oficiales, y desde el día en que llegamose encomenzamosf los trabajos. Íbamosg ya muy adelante, y hasta creíamos que íbamos a acabar antes de mes y medio, qu’er’el tiempo que habíamos calculado; pero resultó que los aserradores cayeron con fríos en la misma semana, y, como los llevábamos alcaniaos, nos quedamosh de balde.42 Como yo, mi padre, era un hombre muy guapo y de mucha fortaleza, aquí onde usté me ve, y como estaba de mucho afán, porque tenía que venime a acompañar a Vicenta, qu’en esos días iba a alentase, les dije: Caminen vamos a traer esa madera, y, si no hay aserrada, aserrémola nosotros, que yo también sé aserrar. Ellosi dijeron que sí al momento; echamos j bastimentos en una jíquera,43 y cogimos falda arriba pal aserradero. Resultó que no había qué traer, y, entre los tres arrimamosk y montamosl los palos, y dijimos a echar serrucho. Cuando íbamos a bajar del aserradero, dizque pa comer algo tempranito, se escureció de presto44 ¡y dice a llover, mi padre, y a hacer huracán en aquel monte que aquello parecía el día del juicio! Mientras corrimos al rancho qu’estaba ai mismo, nos volvimos patos.45 Al momento corrieron quebradas de agua de toditos laos, y el rancho se anegó. Creímos que un aguacero tan terrible pronto escampaba; pero de rato en rato más se desataba el aguacero, hasta que se volvió una granizada que parecía desgranando maíz.m Por todo el rancho s’iban haciendo los panes de granizo, que no había un campito onde parase uno. A todo esto vuelve el huracán más duro que antes, ¡ yn dice a bramar y a tumbar palos! Pocas ocasiones me ha dao miedo a yo; pero, mi padre, cuando oímos eso, me coló un recelo que, ai mismo, entre la granizada revuelta con el pantano del aserrín, nos hincamosñ de rodillas a pedir misericordia. Ninguno de los tres sabía rezar la Maunífica; pero rezamoso el Santo Dios 46 y una porción de credos y de padrenuestros. Tiritando y escurriendo los trapitos nos estuvimos hasta la propia oración, que vino a escampar, y tuavía tuvimos qu’esperar un rato a que a Conque m máiz n y b luégo c Cura d fuí e llegámos f encomenzámos g Ibamos h quedámos i —Ellos j echámos k arrimámos l montámos ñ hincámos o rezámos
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla bajara la creciente que venía por la trocha. Ya muy de noche arrimamos al molino, y, después que nos calentamosa al pie de una jogonada qu’encendimos, merendamosb muy a gusto y echamos a grogiar47 por lo que nos había pasao y el susto que nos dio. Esa noche, aunque me sentía muy foguiao,48 no pude dormir, sino que me lo pasé voltiándome en l’estera. Al otro día, cuando aclariaba, me fui a levantar; pero sentí un dolor en las piernas tan sumamente duro, que tuve que volver a acostame. A propia hora me dentró un causón49 muy alto: pues a la noche ya yo estaba gritando de dolor; pero no era en las piernas no más sino en todita l’arca’el cuerpo: me parecía que me machucaban todos los güesos, qu’m’iban clavando estacas atravesadas y de punta. Me fui entiesando, entiesando, hasta que quedé casi sin movención. Mis compañeros y la cocinera que nos llevaba la comida desde el molino de abajo, me valían como a un chiquito.
Así pasé como veinte días: tirao en aquel zarzo, sin pegar los ojos, sin pasar más alimento que unos tragos de aguadulce o de caldo de güevo. Los compañeros me daban sobas de guaco,50 y baños de cordoncillo,51 y bebidas frescas; pero nada me valía. Uno d’ ellos fue a recursase52 al molino de abajo, y trajo un purgante de jalapa53 y calomel.54 Me lo tomé… y como si l’hubieran echao a l’acequia.55 Antoces mandaron por ño Luna, qu’era el médico d’esos laos. Vino al momento, y agarró a tirame de las canillas y de los brazos, dizque pa ver si me desentiesaba, y lo qu’hizo fue atormentame y acabame de postrar. Visto que no hacía nada puese lao, se fue pal rastrojo, y trajo las siete yerbas; las machucó bien, y compuso con ellas un unto de sebo derretido, y les raspó un poquito de l’uña de la gran bestia,56 del colmillo del caimán y del cacho del ciervo que manijaba siempre en el carriel, y, así, bien calientico, me untó por todo el cuerpo. Me dijo qu’estuviera tranquilo, que con ese unto m’iba a aliviar precisadamente. ¡Quién dijo, mi padre! Al otro día amanecí pior, y con una sequía y un fogaje que me quemaba por dentro. Antoces dijo ño Luna que lo que yo tenía era la reuma57 regada por todo el cuerpo, y que se m’estaba secando l’agua’el cogote; pero qu’él m’iba a dar un vaho. Al momentico mandó al molino de abajo que le trajeran tabaco en rama, y todos los cabos que toparan, y un’olla grande. Al momento se aparecieron con tres mazos y con una jiquerad’e cabos y l’olla. Puso todo el cabero con el tabaco picao a jerver, y a un rato subieron l’olla al zarzo. Entre los dos compañeros y un mozo que vino del molino, me alzaron en guando58 de l’estera, y ño Luna me puso l’olla por debajo, y les dijo que me fueran voltiando muy despacio paque recibiera el vaho. Pensé que me sancochaban las espaldas con eso tan caliente; y, cuando me voltiaron boca abajo, y se me vino esa jedentina tan fuerte, me dentraron tantas ansias que ai mismo vomité un caldito que me había bebido. Pero resultó que, con la chapadanza59 que hacíamos en aquel zarzo tan estrecho, se quebró l’olla, y se perdió el remedio.
—¡Gracias a Dios! —interrumpe el sacerdote— porque si no lo envenena ño Luna con su vaho.
a calentámos b merendámos
Dimitas Arias —Tal vez sí, mi padre, porque desde propia hora sentí una fatiga, una maluquera tan grande que hasta se me olvidaron los dolores. Creí firmemente qu’entregaba esa noche los aniseros;60 y les dije a los muchachos que vieran a ver si podían venir al sitio puel cura, a ver si me alcanzaba. Pero, qué cura, mi padre ¡cuando ese monte qued’en el cabo’el mundo y hacía un ivierno que no había caminos! Lo que sufrí en ese monte con ese mal tan violento me parece que me ha de servir pa compurgar mis culpas. Ño Luna se fue, creo que hasta caliente con yo, porque le dije que no me hacía más sus remedios. Antoces le dije a los compañeros que yo era un pobre, pero que les daba una vaquita que tenía y lo que me debía el patrón, con tal que me sacaran al sitio, a ver si acaso alcanzaba a llegar con vida a mi casa. Uno d’ellos fue al molino a buscar socorro, y dio la fortuna que topó allá al patrón que acababa de llegar. El patrón mismo vino aonde yo, mandó cortar guaduas61 y qu’hicieran una barbacoa62 con unos arcos de chusque;63 me pusieron en ella tapao con unos enceraos, y entre cuatro piones me trajeron en hombro al molino. ¡Antoces sí fue que me puse malo! Cada ratico me descargaban en el camino pa dame algún alimento; y en todo el medio día alcanzaron a sacame al alto del Contento. Ai pasé la noche. Cuatro días andaron con yo a raticos, porque les daba un pesar de ver cómo me ponía; pero por fin me arrimaron a las ánimas a a cas de un conocido mío. Ai nos topamosb con el padre Inacito, que Dios tenga en su gloria, qu’iba a confesame; y, anque le parecí muy malo, dijo que d’eso no me moría, y que lo que tenía era debilidá. M’hizo matar gallina; y que me la comiera, anque fuera sin gana. Determinó que no siguieran con yo, porque, en el estao en que yo me hallaba, era matame de una vez. Despachó los piones pa la mina, y arregló con los dueños de la casa pa que me asistieran por unos tres o cuatro días hasta que yo estuviera más fuertecito, y se comprometió a mandar por yo del sitio. Al otro día mandó medecinas, azúcar, sagú64 y otras cosas, y desde ese mismo día recobré alguito de alivio; y si n’hubiera sido por la cosa de Vicenta, no l’hubiera pasao tan mal con esa gente tan formal y tan caritativa. Pero yo no, mi padre, no me halagaba por nada, y siempre me parecía que me moría.
Como a los cuatro días se apareció por yo el dijunto Aguirre con otros dos cargueros. Desde que lo vide me dio no sé qué recelo, porque al pobrecito —mis palabras no le ofendan— le agusta el aguardiente, y me pareció qu’estaba con traguitos. No bien arreglaron la barbacoa, alzaron con yo; Aguirre solo por la punta de abajo, y los otros dos por la cabeza; y cogieron falda arriba. Cuando llegamos al Alto ¡dice a llover!, y determinaron descargame dizque pa que descansara; pero fue pa ellos beber aguardiente. Aguirre sacó la cacha,65 y entre los tres se la metieron íntegra. Sin escampar siquiera, me alzaron otra vez; y en una casita que había más abajo me volvieron a descargar; y yo, desde el alar onde me tendieron, reparé, por un roto del encerao, que compraron trago otra vez y que volvieron a llenar la cacha. Antoces les dije que yo me sentía muy malo, que me dejaran ai: pero Aguirre dijo a Animas b topámos
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla que ni bamba,66 qu’estaban comprometidos con el padre Inacito a poneme en el sitio muy temprano, y que no fuera cobarde, que me tomara un traguito, y vería cómo me componía mucho. Tanto me jeringaron,67 mi padre, todos tres, que tuve que meteme el trago. No me pareció que me hubiera sentao mal, y les dije que siguiéramos, pues. Pero más valía que me les hubiera ranchao: me cogieron a carrera tendida, y encomencé a zangolotiame en aquella barbacoa como árguenes68 en un muleto. Yo les suplicaba por Dios que andaran más despacio, que me acababan de matar, que se caían con yo; y pior lo hacían. Aguirre principió a grogiar: “que aquí llevamos al dijunto Dimitas Arias que se murió puaá en Volcanes”; y, haciendo que lloraba, decía: Noa murió de calentura ni de dolor de costao, sino de una corneaíta que le diob el toro pintao.c —¡Ah, salvajes! —prorrumpió el sacerdote, poseído de santa indignación. —Eso era del aguardiente, mi padre; ellos no estaban en su sentido. Yo sentía que la cacha iba pasando de mano en mano; y seguían con la groja del dijunto. Y como los dijuntos montañeros hay que llevalos muy ligero, porque la sepoltura los tira, me llevaban volando. ¡Me matan estos verdugos! —grité yo casi llorando del desespero y la fatiga—.d Y no había acabao de decilo cuando el Aguirre se resbaló, y yo caí con todo y guaduas, y al caer me salí de la cama, y fui a dar puallá muy abajo contr’una piedra. Ai mismo se me fue el mundo, y me aicidenté. El Tullido hizo una pausa, y el cura una mueca que parecía un puchero. Por disimular su emoción, volvió a sacar lumbre y a encender. —Cuando volví en sí —prosiguió el narrador encendiendo otra vez el cigarro— estab’el padre Inacito encomendándome l’alma. No supe cuándo llegamos al sitio; pero, entre gallos y media noche, me acuerdo que la casa se llenó de gente, que sonaba el esquilón69 y que el padre me trajo a Nuestro Amo... y que yo lo recibí con mucha devoción.
Como la gente d’este sitio es tan buena, no me desamparaban un momento en esos días: todos creían que me moría más hoy, más mañana. A yo me manijaban unos ratos los hombres; otros, las mujeres; pero como yo no perdí enteramente la conocencia, yo auservaba que Vicenta no estaba con yo, ni la vía por parte ninguna, y se me ponía a ratos que se había muerto en el trabajo; mas sin embargo, no oía llorar criatura ni nada.
Como l’iba diciendo, yo siempre ponía cuidao a ver si oía a Vicenta y a la criatura; pero habían tapao la puerta del cuartico con un’estera, y a yo me tenían en un rincón de la sala, casi tapao con unos trapos que colgaron de unos varales. En ocasiones me parecía oír la prenuncia de Vicenta, como hablando pasito, pero pronto vía que eran pareceres míos no más; y ultimadamente, mi padre, yo no estaba más que a “No [Se elide la comilla de apertura en el presente verso, ya que este está claramente delimitado por su forma y posición en la página, asimismo, la mayúscula inicial de cada verso depende de la puntuación].
b dió c pintao”.
d fatiga.
Dimitas Arias pa gritar con los dolores que padecía y pa preparame a buena muerte. El padre Inacito estaba cada momento a mi cabecera, pulsándome, ayudando a bregame, rezándome l’oración a mi padre san José y otras devociones muy preciosas. Un día oí que me dijo:
—Hombre Dimas, d’esta no te morís.
Y comenzó a consolame, diciendo que yo lo que tenía era rematís,70 y que me había descompuesto en la caída; pero que no más me fortaleciera un poquito, iba a mandar por un componedor muy hábil; y que ya le había escrito a un dotor de la Villa contándole mi achaque, pa que mandara la receta.
Antoces le dije:
—Bueno, mi padrecito, pero ¿Vicenta sí es muerta? No me lo niegue. Éla se riyó con una risa que tenía, muy sabrosa, y levantó los trapos de la cama, y fue y levantó l’estera del cuartico, y dijo:
—Vicenta, hablaleb y asomá la cara pa que te vea.
Yo no la vide bien; pero sí le oí que me dijo:
—No tenga pensión,71 mijo: desde aquí de mi cama lostoy acompañando: fue que quedé algo enferma.
Y yo dije, muy confundido:
—¿Pero esto qué contiene?
Y el padre me contestó:
—Lo que contiene es que te quedates sin conocer la pinta:72 el muchachito se lo llevó mi Dios a los tres días de nacido: la víspera de traerte lo enterramos.c Aquí dio un suspiro el Tullido, hizo pausa, y luego, con tono que quería hacer jovial y resultaba amargo, agregó:
—Y sin conocer la pinta me quedé.
—¿Cómo fue…? —repone el sacerdote con aire de vacilación. —¿No tuvo más hijos?
—No, mi padre; —murmuró el pobre hombre un tanto conmovido— desde el día que caí con ese mal, hasta volveme como estoy, no volví a servir pa nada. La crianza qu’iba a hacer Vicenta con los hijos, la ha tenido que hacer con yo… Porque, ya ve, mi padre, que casi me tiene que lidiar como a un chiquito. —¿Pero ni un día siquiera pudo levantarse?
—Ni uno, mi padrecito. Lo qu’es el suelo no lo he vuelto a pisar. La pobre Vicenta, en lugar de marido, lo que le quedó fue un estorbo… No me valieron medecinas de ningún dotor; como tres componedores trajo el padre, y no hicieron más que atormentame: no me valió nada. Mi Dios no quiso sino que yo compurgara aquí mis culpas, porque me pusieron medidas del Señor Caído del Hatogrande,73 y el padre Inacito fue allá a pagar una promesa que mandamos…d y tampoco me valió. De día en día m’iba engorobetando74 más. Primero se me fueron juntando los muslos con el estómago, después, las canillas con los muslos, y asina me he ido quedando a El b hablále c enterrámos d mandámos
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla tieso como fierro, lo mismo que compás de carpintero cuando se mogosea. Lo que fue dolores sí se me fueron quitando poco a poco; después me volvían por tiempos; pero ya hace muchos años que no siento nada. Un dotor que vino a ver a la mujer de don Juan, se admiró de que yo no estuviera embobao o loco, dizque porque tengo no sé qué quebradura en el espinazo y no sé cuántas cosas más. Pero ¡bendito sea mi Dios! de fatuo75 sí que me parece que no tengo nada; antes me parece que tengo más conocencia que cuando era mozo y alentao.
III
El Tullido, engolosinado con la mucha atención que le prestaba el sacerdote, prosiguió el relato, que, por vía de prontitud y claridad, terminaremos de nuestra cuenta y cosecha.
Cuando el padre Ignacio, protector declarado de Dimas, persuadiosea de que este era un inválido, se dio a entender que era preciso inventar algo para libertarlo del hambre. Desde luego, se le ocurrió hacer de él un maestro-escuela. Viérase entonces al buen sacerdote tomar soleta76 todas las tardes, lloviera que tronara, en dirección de El Sapero, a cas de Vicenta; viéraslo haciendo el pedagogo con un discípulo que en su vida había agarrado cartilla, ni tenido noticia cierta del uso de la tinta, y a quien impedían estudiar los dolores del cuerpo y las tristezas del espíritu. Entre pizarra y catón, entre papel y citolegia se fueron endilgando aquellos cursos, y hoy deletreo, mañana junto sílabas; ora palotes, ya signos, día llegó en que Dimas era hombre de escribir —con lirismo ortográfico, se entiende—,b cuanto se le dictase, y de lanzarse él solo en una lectura tan de corrida, que ni punto final, ni el interrogante más pintado, eran parte a detenerlo, ni a que cambiara en un ápice siquiera aquel tonillo piadoso de novena que tomó desde el comienzo, y que lo mismo para él que para el cura era lo supremo del arte. Y a tanto alcanzó en esto de lectura, que, en voz alta, y acentuando cada vez más el estilo, se apechugó todo el Arco Iris de Paz77 y toda La Familia Regulada.78 Oyéndole estos primores, pasaba el padre Ignacio las horas muertas, y le chorreaba cada baba que ni parvulillo en dentición. No menos avanzado se andaba en caligrafía: con ser que la posición era harto incómoda, la pluma, si muy parada y casi cogida del arranque, iba resbalando por el papel sin trepidar un punto. Y, bien que el estilo del maestro fuera clásicamente morante,79 el discípulo se mostró desde el principio original y personalísimo, sobre todo en letra gorda. ¡Y cuenta si sabía garbear! Caracoles rasgueaba, al arrancar mayúsculas, que parecían cachumbos80 de vitoriera;81 palos y rabillos más eran cosa de dibujo, y su rúbrica, la de Pilatos pintiparada.82 Para “echar cuentas” lo tenía el cura poco menos que por un Newton, y en cuanto a saber la doctrina y explicarla, se quedaban en pañales los doctores de la Iglesia. En suma, que a los nueve meses escasos le discernió el grado. Fue aquello desde el púlpito, donde poseído de la elocuencia a persuadióse b entiende,—
Dimitas Arias que da el entusiasmo, hizo el panegírico dela Tullido y anunció la gran nueva de que al día siguiente se abriría la escuela bajo su inmediata vigilancia. No hay para qué encarecer si la exhortación tuvo efecto, siendo esta escuela la primera que se abría en el pueblo y teniendo un patrón de aquel calibre. Con ser que la sala era espaciosa, el cura se vio y se deseó para acomodar aquel muchacherío, sin revolver las hembras con los machos, ni los de siete años con los de quince o dieciséis. Otra clasificación no se intentó siquiera, ni había para qué; pero sí hubo distribución de días y de materias: martes y viernes enteros, para doctrina; los días restantes, para lo demás; y medio sábado, para toma de lecciones. A más de este plan, que poco a poco se fue perfeccionando, ideó el cura la cama-carreta, la cajaescritorio y el palo con el rejo; que lo que fue el chuzo lo inventó el Tullido mucho tiempo después.
Todo discípulo, bien fuese un mocosuelo de seis años o un grandulón de quince, pagaba una peseta mensual o su equivalente en especies. Así era que, a fin de mes, llevaban: el almud83 de maíz o el cuartillo de fríjol, los hijos de labradores; sus dos libras de carne filtrajosa,84 los del carnicero, y así cada cual su parte, siendo pocos los que llevaban los dos reales. Amén de esto, el Tullido recibía a menudo de mano de sus discípulos o de las madres, regalos de tabacos, de cuartos de cacao, de bizcochos, etc., con lo cual se daban marido y mujer la gran vida, tomándose al día cinco cocos de chocolate de harina, con mucho quesito y muchísima arepa de maíz sancochado, fuera de los almuerzos de espinazo y las comidas de fríjoles con tropezón85 de marrano.
Tal era el famoso establecimiento de cuyas aulas salió toda la sabiduría de los viejos del pueblo.
A los pocos años de fundado, pudo el padre Ignacio morir tranquilo con el auge de su protegido. Ni aun en su testamento lo olvidó: lególeb la imagen de mi padre san Roque con todo y nicho, y un Niño Dios quiteño, en el cual cifró el Tullido las delicias y el consuelo de su vida, si no fue que se le antojase ver en él la pinta aquella que no alcanzó a conocer.
Era tan lindo y tan gordito. Sentado muy orondo en su dorada silla de copete, con su mitra de plata y su túnica bordada de lentejuelas, con su carita tan lozana y sus mejillas arreboladas, parecía un obispito de gran parada. En la diestra llevaba el mundo, y en la izquierda, una flor que el Tullido hacía renovar todos los días. Sobre tan buenas partes, tenía el Niño la de poderse vestir, la cual daba lugar a las contemplaciones y al mimo por el lado de los trapos.
Estas imágenes, lo mismo que una de la Cueva Santa,86 otra de la Virgen de Balvanera,87 y algunas más en cromo-litografías empolvadas y roñosas, ocupaban una tabla a modo de aparador, colocada arriba del ventanillo, y que llenaba todo el lado del Callejón de El Sapero. En el centro, el nicho de san Roque, en cuyas alas de escaparate estaban pintados en la parte interior —y no por Vásquez88 seguramente— b lególe a de El
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla una santa Rita89 muy escurrida y tocada y un san Pedro Alcántara,90 muy esqueletudo y miedoso, con tamaña calavera en una mano. Un pañito bordado de hilo rojo, agitado de día por el viento, perseguido de noche por las moscas, colgaba a los pies del Niño. Por delante, por los lados, por todas partes, con simetría primitiva, lucían candeleros de barro, frascos con flores de botón de oro91 y de siempreviva92 y ramilletes de flor de uvito.93 IV En aquella escuela sui generis, la disciplina era cosa desconocida, claro está. Novillos hubo hasta de semana entera; en la clase misma, fuese por acción o por omisión, casi todos se salían con las suyas, si bien los chuzones y latigazos lograban tal cual vez meter en cintura, siquiera por un día, a más de un revoltoso. Pero en la época en que lo presentamos, el maestro estaba ofuscado con un diablo de muchacha que le tenía perdida la escuela, y a quien, por motivos especiales, no podía dar pasaporte, pues era nada menos que Carmen, la de la muestra inglesa, hija del difunto Aguirre, el de la cacha de aguardiente, y de su vecina Encarnación, vecina a quien él debía muchísimos favores.
No había qué hacer con la indómita: ni por las buenas, ni por las malas, ni haciéndose el desentendido, sacaba de ella el pobre maestro cosa de provecho. Y era lo peor que ni siquiera inquina le podía cobrar. ¿Cómo, cuando ella tenía por él y por la señá Vicenta los mayores miramientos? Carmen corría por candela cada vez que se le apagaba el tabaco; Carmen ayudaba a pilar el maíz y le atizaba el fogón a la vieja; Carmen le traía el tarro de agua, y era de verla con aquella guadua dos veces más alta que ella. En cuanto llegaba el maestro Feliciano, ya estaba Carmen inquiriendo si era la hora de la afeitada, a fin de buscar papeles para limpiar la navaja, aprontar el platoncillo de agua tibia y conseguir el trapo enjugador. Era un verdadero brete cuando el maestro determinaba que lo llevaran a misa: desde el sábado por la mañana tomaba la acuciosa el ajuar dominguero de la cama–carreta, para devolverlo a la noche, aplanchadito y con todo el azul de Prusia que el caso exigía, y ella misma enfundaba las almohadas, tendía el rodapié bordado de ojetes, tapaba las pobres mantas con la histórica colcha de zaraza,94 en la cual se reproducía hasta por veinte veces “una señora montada en un caballo muy chisparoso”, que era el encanto de los muchachos. No bien el maestro Feliciano y sus hijos alzaban con el Tullido, ya estaba Carmen al pie de la cama, y ni en la calle, ni en la iglesia lo despintaba,95 hasta traerlo a la casa. Los domingos iba siempre a comprar al mercado, y, unas veces hojaldres;96 otras, empanadas o siquiera dulunsogas97 o pepinos, nunca le faltaba el regalo para su maestro; sin contar los manojos de coles y los de cebolla que a menudo le llevaba de la hermosa huerta que cultivaba Encarnación; sin contar las malvarrosas98 y claveles con que ofrendaba al Niño Dios. En fin, que la rapaza, en medio de su travesura
Dimitas Arias y de su desaplicación, era una providencia para el pobre matrimonio. Y como su casa estaba a un paso de la escuela, la hallaba siempre a mano la señá Vicenta para cualesquiera menesteres.
Con la misma facilidad, con el mismo entusiasmo con que los desempeñaba, insurreccionaba la escuela y le armaba al Tullido unos líos, que el pobre se mareaba, columpiándose entre el deber y la gratitud. Un sentimiento análogo, bien que inconsciente, animaba a toda la turbamulta99 escolar con respecto a Carmen; pues todos, ya de un modo, ya de otro, tenían algo que agradecerle; esto sin contar las roscas de pandequeso100 que le hurtaba a Encarnación y luego repartía en la escuela en menudos pedazos. De aquí el que hasta los más grandulazos101 y puestos en orden se prestasen a todo enredo, a todo desorden iniciado por ella. Tal cual vez le entraban arrechuchos102 de aplicación y decía: “¡Estudiemos hartísimo, muchachos!” Y el hartísimo consistía en chillar hasta quedar roncos; y todos la seguían, y todos quedaban atronados103 y dispuestos a darse al descanso y a la diversión después de tal hazaña.
El maestro, habituado al fin al mariposeo y al vocear de los muchachos, podía perfectamente descabezar un sueño en plena sesión; y pocas veces dejaba de hacerlo al medio día, hora en que le entraba el perro.104 Él, que cerraba el ojo, y Carmen que principiaba. Era una criatura invencionera que cada día añadía algo nuevo a la pizpirigaña105 (que por acá se ha llamado siempre pizingaña), al esconde la rama y a otros juegos infantiles. Pero lo más frecuente en estos retozos clandestinos, era alguna fantasía que se le ocurría de pronto, como banda de música, en que los popos de vitoriera hacían de clarinetes, las cartillas arrolladas, de bajos, y los muebles, de tambora. En cierta vez hizo un muñeco de pañolones, y, arrojándolo a la banca de los machos, exclamó: “Recojan el botaíto”, y el botadito pasó de mano en mano muy acariciado y agasajado por todos. Cayó esto tan en gracia que casi siempre le pedían por unanimidad el botado, nombre con el cual quedó bautizada la invención. Y así, al tenor de esta,a iba sacando mil boberías, para la edificación de los alumnos y la buena marcha del establecimiento. Verdad que estos regocijos acababan siempre con rejo a la redonda, que ni estando muerto el maestro dejara de sentir el alboroto; pero esto en nada arredraba a la Carmela, porque su divisa era aquella de que “después de un gusto…”, que, al fin y al cabo, vino a ser divisa de todo el muchacherío.
El santo varón, con serlo tanto, se daba al diablo;b y a la rapaza, los dictados más depresivos, amenazándola con el destierro perpetuo de la escuela. Poníase ella como una Magdalena,106 y juraba y perjuraba que nunca volvería a hacer nada reprensible, y la enmienda duraba hasta la primera ocasión de acreditarla, con ser que a la indina107 la aterraba la idea de no volver a la escuela. El maestro, por su parte, trataba de hacer esfuerzos para pelearse con Morfeo, pero al fin se persuadió de que era en vano, y diose a pensar que no pudiendo a ésta b Diablo
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla él, como no podía, con el sueño, cuanto menos había de poder Carmela con ese genio que Dios le dio. Tan lógicos razonamientos, unidos a los favores referidos, acabaron de inclinar al maestro en favor de esta chicuela, que necesitaba de tan poco para loquear, según le viniera el humor.
También le daba mucha guerra el monitor de la arena, hijo de don Juan Herrera, uno de los magnates más morrocotudos del pueblo; y no porque fuese de la laya de Carmela, sino por altanerote y levantisco, y porque toda cuestión con los condiscípulos la dirimía a pescozones. Con él había siempre alguna bronca casada para la salida, si no era que la armase en plena sesión; y aunque Toto salía siempre mal ferido en la refriega, no por ello se dejaba de retos ni baladronadas.108 Para tal Reinaldo, tal Armida. A poco de haber entrado a la escuela, estando en la clase de escritura, se le acercó la Aguirre con muchísimo misterio, y le dijo al oído:
—¿Querés que seamos novios, ole Toto?
Quedosea el requerido pensándolo un momento, y, al cabo, contestó: —Cuando salgamos te digo.
—No; decimeb yac —exigió ella.
—Pues bueno, ole —resolvió él, como quien corta el nudo gordiano.109 Consistía la vacilación del muchacho en que Carmen, a más de poco garbosa, era muy cachetona y carisoplada, a causa del ahoguío110 que padecía; pero al mismo tiempo admiraba Toto en ella unas trenzonas muy crespas y unos dientes de pocelana; fuera de que no le parecía nada chinche111 ni acusona. Las roscas de pandequeso acabaron de decidirlo. Fueron acusados ante el maestro, que se echó a reír exclamando:
Asina tenía que suceder. Como nos dejen con vida todo está bueno. En un principio, los novios no se mostraron muy entusiasmados, porque ni en la escuela, ni en las hogueras y juegos de la plaza, ni en las cabalgatas en palos de escoba allende El Sapero, ni en el mataculín,112 ni en el columpio se buscaban demasiado, y acaso el noviazgo se hubiera vuelto tablas, si el maestro, primero, y luego los discípulos no hubieran contribuidod a anudar estos dos corazones. Fue el caso que el Tullido —y detrás de él toda la escuela— vio en las trapisondas113 de Toto alguna conexión con los enredos de Carmela, y viceversa. De tal suerte se poseyó de esta idea, que si Carmen jugaba, regañaba a Toto; si este reñía, Carmen era la culpable. Los ponía de enemigos malos,114 de barrabases, de mataperros115 y de otras cosas que no había por donde agarrarlos, cargando sobre ellos todas las culpas que se cometían en la escuela.
Estos denuestos agradaban por demás a los condiscípulos, pero ninguno les encantó tanto —acaso por lo terrible de las circunstancias— como el de Perjuicios que les espetó cierta memorable ocasión en que la novia, por instigación del novio, sacó de debajo de la cama de señá Vicenta no sé qué utensilio. ¡Qué horror el de aquel día! a Quedóse b decíme c yá d contribuído
Dimitas Arias Desde entonces se quedaron con el mote de los Perjuicios. Y como quiera que el precepto gramatical sobre los nombres epicenos no cuela a los chiquillos, dieron a la hembra la desinencia femenina, y Carmen se quedó Perjuicia, y por Perjuicia se le conoce aún en su pueblo.
De todo esto resultó que los Perjuicios aceptaron incondicionalmente, como se estila ogaño,116 la solidaridad que se les achacaba. Al salir de una sesión, prorrumpió ella, apasionada por su causa:
—Por la pica117 que este Tullido y todos estos zambos de la escuela nos levantan testimonios, nos hemos de querer hartísimo yo y Toto, y hemos de hacer hartas cosas.
—Sí, ole; —aprobó Toto con grande efervescencia— más que nos pelen. Perjuicia sobre todo tomó el asunto con el fanatismo y alarde de las hembras cuando abrazan las causas políticas y religiosas, cuando se les antoja que van a meter mucho ruido y a representar el gran papel.
¿Leoncitos a Carmela?a Desde ese día llevó más pandequeso del que llevara en antes; llevó algarrobas118 y corozos grandes, para tener el gusto de regalárselo todo a su Perjuicio y dejar a los demás “como perros velones”. Desde ese día inventó los buches119 de agua arrojados a media sala; retrató la calavera de san Pedro Alcántara en las planas propias y ajenas, perfeccionó “el Judas”; y verdad que quedaba diabólica con aquellos párpados sanguinolentos doblados hacia arriba, con aquella bocaza destarrallada120 hasta las orejas, con ambos índices parados como cachos, y más que todo, con ese estrabismo de ojos, que era su grande especialidad. Estos horrores, y otros muchos que sería largo de enumerar, los hacía sin que el Tullido se durmiera, con lo cual se llevaba unos ramalazos de padre y señor mío. Tres cuartos de lo mismo121 le acontecía a Perjuicio. Sin alardear mucho del amor a su prometida, se dejó decir en una clase que no estudiaba ni rezaba la doctrina, ni escribía si a Perjuicia no le daba la real gana; y cuando el Tullido, después de ordenar silencio general, fue a sermonearle por esta bocarada, el faccioso metió un corcoveo que a poco más se viene abajo el Niño Dios. (¿Sabe ustedb lo que es corcoveo? —Es un silbo sumamente agudo y destemplado que se produce cruzando los dedos de ambas manos, apretando las palmas e insuflando el aliento por la juntura de los pulgares, y que dice clarito: corcoveo, corcoveo). El maestro, aturdido con tal onomatopeya, levanta el pelo para acabar con el silbante; mas de pronto se suspende, y, convirtiendo la cara a las vigas, exclama con profunda amargura:
—¡Dios mío, Dios mío, revestimec de paciencia pa no hacer un hecho con este perverso!
Da luego un acecido y grita a los muchachos:
—¡Váyasen todos antes que mate uno!
Era un rapto, un desate nervioso que nunca había sentido. En esta repentina, a Carmela!
b Ud.
c revestíme
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla inusitada exaltación se le agolparon en la cabeza sus miserias de enfermo, sus angustias de maestro, el lote de desgracia que le había tocado en suerte. ¡Si le tumbarían la escuela esos enemigos! Eso ya no era escuela, eso ya no era nada, ni una merienda de negros.122 Más respeto le tenían a un palo que a él; y abusaban por su desgracia; porque no podía valerse ni arrojar de la escuela al malvado, puesto que don Juan lo había socorrido siempre y acababa de regalarle una cobija. No podía arrojar a Carmen tampoco, porque así ella como su madre lo tenían obligado con tantas finezas. Y lo mismo daría, porque la escuela toda se la tenían perdida aquellos enemigos. ¡Valientes muchachos tan terribles eran los de ahora! Él, que enseñó a todo el sitio, no había manejado nunca una canalla como ese par. ¡Y de novios y mataperreando juntos, cómo se irían a poner! Si él pudiera dejar ese diantre de escuela. Pero, ¿cómo? ¿quién lo mantendría? Y si no ponía remedio al mal ¿con qué cara iría a cobrarles plata a los padres, para que vinieran los hijos no solo a perder el tiempo, sino a aprender maldades? ¡Ay! Si esa pobrecita Vicenta pudiera trabajar en algo, siquiera para comer agua negra. Pero ¿en qué iba a trabajar una pobre vieja? Harto había hecho la infeliz en bregarlo a él con tan buena voluntad, en conformarse con no tener marido sino un gusano. Gusano no, que estos tan siquiera se arrastraban por el suelo, y él estaba ahí en esa cama como en un cepo. Si tuvieran algún hijo que velara por ellos. ¡Que Dios no le dejase perder su alma al cabo de la vejez! Que si era su santísima voluntad que Vicenta tuviese que salir a implorar el bocado, le diera valor para soportar esa vergüenza, para recibir la limosna con humildad. ¿Por qué se habría puesto así, tan desesperado, después de haber sufrido tanto,a tantos años, tranquilo y resignado?
Volvió la cara hacia el Niño Dios y con el alma le dijo:
—Mi niño querido, mi único consuelo en esta vida, iluminameb lo que he de hacer pa arreglar esto. Mandalesc aplicación y formalidá a estos niños, pa que yo pueda seguir en mi escuelita, pa que pueda conseguir el pan nuestro de cada día; pa que no tenga que pedilo. No me dejés de tu mano, niño adorado. Y aquí siguieron varios padrenuestros y otras oraciones:
La señá Vicenta, maravillada al comprender que la escuela había salido sin que ella diese el aviso de ordenanza, entró a informarse de la novedad, y en cuanto vio al maestro tan cariacontecido y con señales de haber llorado, murmuró, como hablando consigo misma:
—Es’es qu’est’enfermo.
—Ello no, hija; estaba aburrido y largué muy ligero; pero no tengo nada. —En la prenuncia se le ve qu’est’enfermoso. —Y se acerca a la cama y le pasa la mano por frente y cabeza.d —¡Qué achaque he de tener! No sea embelequera. Es que hoy me ha agarrao el flato. (El Tullido, como toda la gente del pueblo en Antioquia, decía siempre flato por tristeza).
a tánto b ilumináme c Mandáles d cabeza.—
Dimitas Arias —Eso sí’stá malo, —replica la viejecita arreglándole la colcha— porque como yo lo vea siempre contento, lo demás ai va.
—Eso se me pasa, hija. ¿No ha visto, pues, que yo siempre estoy tan alegre? —Pues por eso me choca verlo asina. Tal vez es que tiene mucha de la fatiga con toíta la bulla que han hecho hoy esos muchachos. Voy a trele la comidita. Y salió.
¡Esta sí era la que se iba a ir para el Cielo con todo y ropa! ¡Valiente mujer! Toda la vida bregando con un tronco de carne tirado en una cama, y siempre con el mismo modo y siempre con el mismo cariño, sin descuidarlo un momento… cuando otras por ahí... casadas con hombres alentados y buenos mozos... Él, siempre era muy malo cuando no le agradecía a Dios esa mujer que le dio. Era mucho el purgatorio que iba a chupar123 por su poca conformidad, por su mucho desagradecimiento. En tantos años de sufrir, no recordaba el Tullido haber experimentado una angustia como la de ese día, y nunca las notas de su desgracia le parecieron tantasa y tan lamentables.
De ello sacó en limpio que era un hombre comido de pecados, a quien todavía le faltaba “mucho palo” para ponerse en buen punto de cristiano y aprender a conformarse con el querer de su Divina Majestad.
Esa tarde no dio escuela, sino que mandó llamar al cura, quien, después de confesarlo, le aplicó todos los bálsamos y unturas espirituales del caso,
aleccionándolo, además, sobre el modo cómo debía obrar con los Perjuicios, los
cuales, por de contado, figuraron no poco en este largo parlamento. V Amaneció aquel lugar envuelto en niebla tan espesa, que entre las cocineras que madrugaron a coger el agua en los chorros de la esquina del cabildo,b hubo choque y quebrazón de ollas y calabazos. El sacristán,c arrebujado en su bayetón, y en su manteo, el cura, hicieron sonar los zuecos en las empedradas aceras y tocaron a misa; más de un perro, hecho una rosca, tiritaba por ahí contra alguna puerta; las vacas, echando vapor por todo el cuerpo, reclamaban sus crías en los cercados; estas contestaban desde adentro, pero nadie salía a los ordeños; pajaritos cantores no se oyeron, sino que la lora del cura, después de pedir repetidas veces al lorito real que sacara la pata, entonó el Santo Dios con lengua más estropajosa que de costumbre. Despeinadas y flechudas, se andaban por todas partes las gallinas, escarba que más escarba, comadreando si Dios tenía qué; en tanto que unos puercos protestaban de la argolla y de la horqueta con gruñidos de amenaza, hociqueo en las paredes, estregamiento contra las esquinas.
No bien los tules124 aquellos se descorrieron, y el rayo amortiguado de un sol anémico despuntó por detrás de la torre, se abrieron los balcones de la casa de a tántas b Cabildo c Sacristán
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla don Juan, y misiá Nicolasa salió a tender en la baranda los pañales del pequeñuelo; y detrás de ella, otras madres que, a falta de balcones, extendieron los trapajos en taburetes, frente a las puertas de sus respectivas casas. Un capítulo de gallinazos, graves y meditabundos, que también asoleaban sus ropas en las alturas de la basílica y en el palacio municipal, se desgajaron cautelosos, atraídos sin duda por aquellas bayetas de parvulillo, mientras que otros, más muchachos y traviesos, se agolparon al frente de la carnicería, por ver si lograban una parvidad125 de filtraja. Abrió el herrero la fragua; los de la renta, el estanco; señó Benjumea, el ventorrillo; don Juan Herrera, la tienda; y principió el palpitar febricitante, el hervir de la gran metrópoli. ¡Qué tiene qué ver la de Semíramis!126 Grandiosas fábricas de vara en tierra, de bahareques, de techumbres de rabihorcado,127 ahora juntas, ahora dispersas; altos y bajos relieves de boñiga en muros y pavimentos; mozaicos de chorretas128 y rayones por dondequiera; avenidas alfombradas de yuyoquemao,129 de abrojo,130 de espadilla.131 Filigranas de espartillo132 y de helecho133 visten los muros de huertos encantados; sobre los aleros de paja y de terrón se espacian la verbena134 y la sarpoleta135 y se desata en bucles la acedera;136 extienden los morales137 sus espinosas ramazones a través de las verjas de macanas; por los valladares de madera preciosa de caunce138 y de sietecueros,139 se entretejen la batatilla140 y la batata; túpenlos y refuérzanlos el lengüebuey141 y el barbasco…142 tal vez para que ninguna vaca invasora vaya a perderse entre aquellas formidables vitorieras que, cual las huestes napoleónicas, han sepultado las mafafas,143 confundido los achirales,144 invadido hasta el cogollo los arrogantes platanales, puesto en duda la existencia de los chiqueros, borrado las fronteras y enredado la geografía de aquellos continentes. Cual la insensatez humana que paga tributo al lodo inmundo, bordan las márgenes de El Sapero sauces llorones145 que lo besan; chachafrutos146 que le riegan sus pétalos purpúreos; borracheros147 que le adulan con la grosería de sus perfumes y la hipérbole de sus flores; dragos148 que enrojecen sus hojas por adornarlo. En las ciénagas, vestidas de espadaña,149 agitan los yarumos150 su follaje de doble faz; en las hondonadas se yergue el zarro,151 esa palmera de la tierra fría; en los collados ostenta la flor de mayo152 su ríspido ramaje y su tricolor eflorescencia; descuélgase por las breñas el colchón de pobre;153 el helecho se prodiga por dondequiera; y por allá, de trecho en trecho, como caricatura de custodia, se empina, desairada y grotesca, tal cual mata de girasol.
Cubre este lujo pesetero de la naturaleza un riñón atrofiado de los Andes. Sobre él a horcajadas está el pueblecito. Los gallinazos, esos poetas que giran en la altura, deben contemplarlo desde allá como el delineamiento de un alacrán. Las dos callecitas de El Alto, curvadas asimétricamente, son las antenas; la plaza larguirucha, el cuerpo; las tres calles que medio arrancan de ella a lado y lado son las patas, y, por último, forma la cola con todo y nudos, la llamada Calle–abajo. De
Dimitas Arias modo que la escuela viene a quedar en la ponzoña. La paja de los techos, las paredes húmedas o empolvadas, el humo, las telarañas, el abandono, hacen de aquella aldea una mugre, un harapo de villorrio. El cielo que lo cobija parece de zinc lo mismo en invierno que en verano. Tiene la hermosura de la miseria, la poesía de la tristeza, la nota pintoresca del desamparo: dijérase una gitana convertida en pueblo. Consta de muy buena tinta que el Tullido tuvo una noche toledana y que, a pesar de ello, no dejó de llamar a las cuatro de aquella mañana a la señá Vicenta, para rezar de cama a cama el rosario, los padrenuestros del Carmen y los actos de fe, como tenían de costumbre. Cuando hubieron terminado, salió la buena mujer tiritando para la cocina. Y en qué apuros se vio para hacer llamarada, pues, aunque enterró 154 muy bien la noche antes, el frío había penetrado la ceniza; y aquella brasa moribunda no quería revivir. A fuerza de soplos, de pujos y de encarnizarse los ojos, obró el milagro de hacer entrar por el deber a aquella leña aterida. A poco la chocolatera de barro, acariciada por dos lenguonas rojas que la lamían por los flancos, cantaba en delicioso gorgoreo, en tanto que el tiesto encaramado en las tres piedras, se estremecía rabioso, al sentir en sus abrasadas concavidades la frialdad de aquella masa que se le pegaba como una ventosa; pues primero se cortara la cabeza señá Vicenta que dejar al “viejito” sin su arepa caliente al desayuno. ¡Y cómo se le enternecía la pajarilla al buen hombre, al oír el cuchillo raspa que rasparás, y el molinillo de raíz, que se volvía tarumba155 entre aquella onda espesa y perfumada! Después de apecharse156 el coco “cebado por dos veces” tuvo tiempo de echar una tongadita157 de sueño. Que no fue tan corta que se diga, porque en mañanas como esa los discípulos tardaban en llegar, y no por dormilones, sino porque, a más de la “ranchada de la leña”, de que no se escapaba ni la casa de don Juan, los chicos se entretenían en la calle apostando a cuál “echaba más ñeblina”. Y qué bocazas las que abrían aquellas criaturas para arrojar el aliento, y qué de risas y comentarios cuando algún “señor” asomaba a su puerta e iba despidiendo, entre bostezos y estremecimientos de frío, cada bocanada que ni fumando tabaco.
Vedados le estaban estos placeres a la pobrecita Perjuicia, pues Encarnación no la dejaba madrugar, por miedo de que le atacase el ahoguío con esos fríos matinales; razón por la cual llegaba la última a la sesión de la mañana. Las siete de esta serían cuando salió de casa, aspirando el aroma de un enorme clavel, de esosa que por entonces significaban “amor vivo y puro”, que llevaba para obsequiar al Niño Dios.
Ufana por demás con la ofrenda, se llegó a la escuela, dio los buenos días al Tullido, se informó de su salud —atención que nunca omitía— y estiró la flor a Cleto Villa, que, por ser el más mañoso de los chicos, era el encargado de ponerla en la manita del Niño. Pero cuando el muchacho, después de encaramado en un taburete, iba a verificar tan delicada operación, le gritó el maestro en tono de regaño: —Detente, Cleto; no le ponga eso al Niño Dios.
a ésos
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla —¿Por qué, maestro? —exclama Perjuicia en extremo sorprendida. —¿Por qué? Porque él no recibe sino flores que vengan de manos de una niña obediente y respetosa; de unas manos puras… y las suyas están manchadas. —Sí, ya sé —gimió la chica, emperrándose a llorar a todo pecho—. Eso fue porque Toto… ¡Jí! ¡Jí!... chifló ayer el corcoveo… ¿Yo qué culpa tengo, ah? —Sí tiene la culpa, sí la tiene, porque usté y él se han pautao pa cometer faltas y pa irrespetar a su maestro. Por eso el Niño Dios no le quiere su flor. Llévesela y vaya a la iglesia, y ai, junto al altar de mi padre san Cayetano, está el retablo de mi padre san Miguel con el diablo a los pies… Póngasela a Lucifer, que esea sí le recibe su flor. ¡Vaya póngasela corriendo, que allá la está esperando! Por este registro sí no había entonado el maestro, y los niños estaban aterrados. ¡Y qué bonito estaba diciendo esas cosas: sin ponerse bravo ni nada, sino como el curitab cuando echaba las prédicas!
Perjuicia, entre tanto, con la cara apoyada en un brazo, y este contra la pared, seguía sollozando.
El Tullido suspende un instante su filípica,158 y luego, dirigiéndose de nuevo a la muchacha, le dice:
—¿Qué es que no se mueve? ¿No le digo que el diablo l’est’esperando? Y usté no debe hacerlo aguardar: las niñas endiabladas, como usté, deben ir todos los días a hacerle la visita. ¡No ve que él es el que las manda!c
—Por la Virgen, maestrico,d —grita Perjuicia desesperada, tirándose de
rodillas— no me mande p’onde el diablo, no me mande, que yo no soy endiablada… ¡No me mande, no me mande…! ¡Yo no lo vuelvo a hacer, no lo vuelvo a hacer, maestrico de mi vida! Yo le obedezco a usté todito lo que me diga… Yo no vuelvo a ser juguetona ni necia… Pégueme si quiere; demee rejo.
—No, yo no le pego; no se afane. ¿Para qué le voy a pegar? ¿No ve que usté no está sino pa darle gusto al diablo?
—Al diablo no, maestrico —plañe Perjuicia—. ¡Yo no lo vuelvo a hacer; no, por Dios!
Y sigue de rodillas, y de rodillas se va hacia atrás y se viene hacia adelante, y se mesa el pelo y se estriega los ojos, convulsa, desesperada. El maestro, recordando que el cura lo ha motejado159 de falto de entereza, sigue en su propósito, aunque se le vuelva cuesta arriba al ver cuál se pone la muchacha. Levántese de ese suelo —lef manda en tono más severo que antes— y déjese de hacer papeles, que yo no le creo.
Y dirigiéndose a una muñeca de las más gorgojas que se estaba acurrucadita en un rincón, le dice cariñoso:
—Vaya usté, mija, tráigame a su casa una florecita pal Niño. —¿En casa, caso hay bonitas? —replicó el ángel con un mohín160 de lástima de lo más encantador.
a ése b Curita c manda?
d Maestrico e déme f suelo, —le
Dimitas Arias —Eso no le hace,161 mijita. Tráigame de las que haiga. Felicísima con la distinción, corre a cumplir su cometido. Carmen, sintiendo que a su pena se agrega algo como un ultraje, y, concentrando toda su amargura, toda su humillación en un chillido muy largo, se arrastra de hinojos hasta la camilla del maestro, y, hundiendo la cara en los tendidos, sigue sollozando.
La niña, coloradita y jadeante, torna a poco con una rosa amarilla, de esas que llaman de muerto,162 y dice:
—No había sino de esto que güele muy maluco.
—Está muy linda —replica el Tullido, recibiéndole aquella pobre flor— ya anque no estuviera: el Niño Dios la recibe con mucho agrado, porque esta sí viene de manos puras y virtosas. Tome,b Cleto; póngasela.
Dejara de ser mujer Carmen Aguirre si, a pesar de su quebranto, no hubiera levantado la cabeza para ver la flor. Tan luego como el Niño la tiene en su manecita, se alza la cuitada y exclama:
—Quítesela, por Dios, maestrico, que eso está muy feo y jiede mucho. —Está muy preciosa… y el Niño no la va a güeler.
Ella, entonces, se retira a su puesto a llorar en silencio sus tristezas. El Tullido, como para borrar la impresión que esta escena produjo, como para aturdirse,c él mismo mandó:
—¡Ea, pues, muchachos, una leyenda bien sabrosa!
Y la gran chillería se arma.
Cuando se iba calmando gritó, una muchacha:
—¡Maestro, Carmela está con el ahogo!
Y, en efecto, Carmela parecía en lo supremo del ataque: levantaba la cabeza y abría tamaña boca para poder respirar, dando unos acecidos y produciendo unas hervezones y unos levantamientos de pecho, que inspiraba compasión. —Si está con el mal, váyase pa la casa —le dijo el maestro, echando el resto de valor, porque ya se le quería figurar que se había desmedido en el castigo. Perjuicia, haciendo todo el alarde posible de enfermedad, se tocó con el pañolón como una viuda, no dejando fuera sino la punta de la nariz. Le pareció muy del caso un patatús horrible; pero por más que lo provocaba y lo fingía, el patatús no se quiso presentar, por lo cual hubo de contentarse con salir agarrándose de la pared y de las puertas: ¡estaba tan desfallecida!
Por haber enfermado de las glándulas, dejó de asistir Perjuicio por tres días a la escuela, pasados los cuales compareció en ella muy satisfecho y campante. Llegada la hora de pontificar en la arena, se apercibió para ello el monitor insigne; pero… ¡cepos quedos!,163 eld maestro le dice:
—Opa, hijo; no se mueva de su puesto.
Y, revolviendo la vista por toda la clase, añade: a linda, —replica El Tullido, recibiéndole aquella pobre f lor,— y b Tóme c aturdirse d —el
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla —Salga usté, Cleto, a enseñar en la arena. Usté es el monitor de hoy pen delante.
¿Viste a un general cuando lo degradan? Lo que este puede sentir es nada, comparado con lo que sintió Toto Herrera. Él, el hijo de don Juan, el más valiente de toda la escuela, suplantado por ese bobo, por ese pobretón de Cleto Villa. ¿Cómo no se abría la tierra y se tragaba todo el sitio?a Caía cada lágrima por los cachetes de Perjuicio como arveja.
VI ¡No hay qué hacer con el progreso! Es un Micifús164 artero, perseverante, que espera el momento preciso, el cuarto de hora de los pueblos, para echarles el zarpazo. Tal pensaba, más o menos, don Juan Herrera cuando discurría, que era a toda hora, sobre el incomparable adelanto de aquella población. Con él opinaban todos sus convecinos: para ellos no parecía el progreso cosa indefinida, toda vez que habían puesto punto final al de su pueblo: de allí no se podía pasar, era el non plus ultra.165 En realidad de verdad, aquella aldea había conseguido en veinte años lo que en muchísimos no lograra. ¡Qué de cosas sucedidas en tan corto tiempo! El asalto fue por este orden: una vía comercial que rompió el aislamiento de esa comarca; creación de escuelas oficiales; minas y fincas que se montaron y que, dándole valor a las tierras y ocupación a los brazos, atrajeron no pocos inmigrantes; tejares que supeditaron la paja; tapias que derogaron los bahareques; un cabildo chorrudo166 que echó agua y levantó pila; y, por último, una enormidad de suceso, un colmo que casi deja pasmado a don Juan y a sus turulatos167 convecinos; una legislaturab munífica que erigió aquella parroquia en cabecera de circuito.
“¡Ah, el circuito!”c —Y don Juan abría aquella boca, y abría aquellos ojos, y abría aquellas patas. Ese circuito que llevó tantos hombres sapientísimos, que estableció el foro, que elevó el pueblo a la categoría de ciudad, que postergó, que puso bajo su planta aquellas aldeas limítrofes tan antipáticas, tan aborrecidas. ¡Qué triunfos, qué glorias! Todo allí asumió un carácter eminentemente ciudadano: el jipijapa168 del cura fue reemplazado por la teja clásica, y, no contento con la vieja iglesia, no sosegó hasta crear una junta e iniciar los trabajos de un nuevo templo; las grandes damas pasaron de la alpargata a la babucha de cordobán; mermaron un veinte por ciento zuecos y bayetones; estableciosed zapatería; pusieron letreros en tres o cuatro tiendas; pintáronse como ocho casas; se empapelaron la del alcaldee y la de don Juan Herrera, y tuvieron bombas y mesa central; doña Nicolasa no volvió a admitir pañales en sus balcones, con ser que Toto le había llenado la casa de Perjuiciecitos, pues iba ya para diez años que se había casado con Carmela. Todo esto era nada comparado con la instrucción; a más de las escuelas oficiales, abriéronse dos colegios para hombres y para mujeres, y no se oía sino a Sitio b Legislatura c Circuito!
d establecióse e Alcalde
Dimitas Arias “plantel de educación”, por aquí, “plantel de educación”, por allá. El de señoritas era un sueño; hasta las casaderas, y aun papandujas169 y quedadas fueron a abrevar sus espíritus en aquella fuente de sabiduría.
Estamos en noviembre. La ciudad se reviste de todas sus galas para concurrir a la “fiesta suprema de la civilización”.a La comunidad vestida heterogéneamente al gusto de cada alumna, atraviesa la plaza, al sonb de La Garibaldina170 que tocan dos clarinetes, un bajo y la retumbante tambora del maestro Feliciano; precede aquel mujerío sabiondo doña Carmela Bedoya de Pulgarín, la pedagoga ilustre; síguelo la embelesada turbamulta. En la nave central están en rueda todos los taburetes del pueblo, el gran tablero de vaqueta embetunado y la ostentosa mesa de los “réplicas y catedráticos”, paramentada con las colchas de damasco de misiá Nicolasa. Lo más granado de la ciudad ha acudido; aún vibran los últimos bolillazos de Feliciano, cuando misiá Cornelia toca la campanilla y dice: “Se va a dar principio al apto”. Hace una señal con los ojos, y, de en medio de la comunidad, sale una muchacha, chirriando los guasintones.171 ¡Cuán hermosa e interesante! Viste un ornamento de merino azul de cielo, escotado y de manga troncha;172 áurea soga de filigrana le da tres vueltas en el cuello, le pende por delante y se coge en una cadera con un prendedor de águila; recógele una redecilla la enorme castaña; cuatro cachumbos le cuelgan a cada lado; luce zarcillos de lámpara griega, y, en el copete, un ramo de flores de mano de varios colores. ¡Qué esplendor! Es Ester Solina Herrera, la seca —leche de misiá Nicolasa, el mismo de don Juan—. De pie, cerca a una mesa donde están las planas y los dibujos, estira en redondo la mano, relumbrante de pedrerías, y dice:
—“Señores: El magnífico espectáculo que hoy tenéis la satisfacción de presenciar, es de las fiestas más espléndidas que se celebran en las naciones civilizadas, porque es la que hace la educación en la bella y elegante carrera del saber. Pues bien, señores, educad vuestras hijas y ellas serán felices…”.
Esta arenga, obra maestra del doctorc Forero, el famoso abogado de la “ciudad”, iba electrizando la muchedumbre; mas de repente aquello no fue ya electricidad: fue el pasmo. No era para menos: El discurso aquel tenía su paso, su escena culminante: ello fue que de pronto dice Ester Solina: —“Valdremed aquí de las palabras de María”, y se postra de hinojos, y cruza los brazos, y echa toda la ‘Maunífica’, desde el ‘engrandece’ hasta el ‘por los siglos’”. El cura chocoliaba;173 se sonaba don Juan por disimular los pucheros; misiá Nicolasa palidecía de emoción ante la belleza y el saber de su pimpollo.
Siguió luego el examen de francés. El fiscal,e que era el profesor, abre un texto de Ollendorff,174 y le dice a una niña:
—Bueno, señorita Tangarife, sírvase usted verterme al francés las frases que yo le vaya diciendo en español.
Tosió y dijo:
c Doctor d Valdréme e Fiscal a civilización.”
b són
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla —¿Tiene usted miedo?
La señorita Tangarife, a pesar de sus rubores, pronunció muy claro: —¿Abé bu per?
¡Los ojos que abrió aquella gente…! A Perjuicia le acomete tal risa que no tuvo más remedio que romper por donde pudo, con la boca taponada con el pañuelo, y salirse al atrio a desahogar el ataque. Tres o cuatro viejas, contagiadas, la siguen, y detrás una porción de muchachos y noveleros. El fiscal cambiaba de colores; don Juan estaba en ascuas con su nuera.
“La cabra siempre tira al monte”,175 se decía el viejo, y eso que quería mucho a Perjuicia; con una de esas querencias por reacción que son las más intensas. Porque fue mucho lo que se opuso al casamiento de Toto, y muchísimo más misiá Nicolasa: no podían concebir cómo sangre de Herreras y Reboyedos fuera a mezclarse con la de aquella zambita, hija de un borracho y de una mujer tan de todo el máiz176 como Encarnación. Pero el mozo, que a cuentas debía descender de algún aragonés, metió cabeza y, quieras que no, los españoles de sus padres tuvieron que tragarse “la Aguirrona”, que decía misiá Nicolasa.
Mas como la muchacha no era ninguna pintada en la pared,177 y como siempre fue de la humana condición eso de pasar de un extremo a otro, Carmen Aguirre, con todo su ñapanguismo,178 con todo y el mote de Perjuicia, se les impuso al fin y al cabo con su carácter insinuante, con su corazón bondadoso y, más que todo, con el amor a su marido y con el estricto cumplimiento de sus deberes de esposa y de madre; y a tanto alcanzó en el corazón de sus suegros, que, a pretexto de que Toto tenía que ausentarse con frecuencia, como minero que era, determinaron de común acuerdo traérsela a su casa; en la que Carmen vino a ser como un centro que recibía, para devolverlo con creces, el cariño todo de la familia.
—“¡Qué matrona!” —repetía don Juan, este espejo de los optimistas—. “¡Es hasta bonita este diantre de Perjuicia!”.a Pero así y todo, le echó su buena reprimenda por la carcajada y el desorden aquellos: “¡Haber interrumpido con esa montañerada aquella manifestación suprema del progreso!”.
VII
Víctima de él —que no hay progreso que no las haga— fue desde luego el infeliz Tullido.
Siempre había creído el pobre que con la invalidez vitalicia y sus consecuencias, lo tenía Dios más que probado. Pero cuando vio subrogada su escuela por las gratuitas y para él acabadas del Gobierno; cuando presintió el mendrugo arrojado por la caridad y surgió en su conciencia la idea de que era un hombre inútil, un parásito obligado de la savia ajena, vino para aquella alma triste el Getsemaní179 de sus dolores.
a Perjuicia! ”
Dimitas Arias ¡Qué amargura la de ese cáliz inagotable! La fe que henchía aquel corazón sencillo, se conturbó en la crisis. Ansias de morir le asaltaron. Morir no para unirse a su Dios, sino para dejar aquella vida miserable, onerosa a una pobre anciana que él había envuelto y precipitado en su desgracia, y a un pueblo a quien él debía sustento, consideraciones, tal vez prestigio. Tiempo hacía que su organismo, anulado por el sufrimiento, para nada entraba en la dicha de vivir; tiempo hacía que aquel ser humano se había dado cuenta y razón de que su parte animal era como un sarcasmo de naturaleza, como una prueba inaudita de la Providencia. Por eso la vida la refería toda al espíritu, al corazón. Pero he aquí que de repente, por un hecho tan común como inopinado, aquella actividad se encontró sin objeto en qué emplearse. Con la desbandada de la escuela, con la lobreguez de su casa, acabosea para él ese campo que cultivar; el calor en antes no apreciado de efecto y de ternura que le daban sus alumnos —hijos suyos por el espíritu—. ¿Si Dios querría también anularle las facultades del alma, después de haberle anulado las del cuerpo? ¿Si sería él uno como cadáver insepulto? ¿Si sería eso la existencia?
¿Y Vicenta? Vicenta, la santa viejecita, en vez de un consuelo en su desgracia, vino a ser para el Tullido como un remordimiento. Sí, porque aquella mujer, toda abnegación y cariño, no le apagaba la sed de ternura que le abrasaba el alma en aquel desierto de su vida.
La anciana había dejado el calor del fogón y pasaba los días junto a la cama de “su viejito”, remendando los pobres guiñapos o hilando los nevados copos que le diera la caridad de Encarnación. La pobre viejecilla se arrecía de frío en aquella sala húmeda, donde soplaban los cierzos180 de esas alturas andinas. Solitarios como la tristeza, silenciosos como la virtud, se acurrucaban los dos esposos todo el día, y el otro, y el siguiente. El pan de la caridad que a nadie falta en nuestras aldeas ¿quién sino Perjuicia debía traerlo?
En cuanto la rapaza, en medio de su aturdimiento, pudo darse cuenta de la situación de su maestro, ocurriósele en su inventiva, salir ella misma a recoger el condumio para el par de viejecitos. Agobiada por enorme cesto, no había casa adonde no se llegara con su muletilla. “La limosna p’al tullidito”; y en esta costumbre perseveró la muchacha hasta casarse. De ahí en adelante, sostuvo ella misma al Tullido a sus propias expensas. Hizo más: recabó de Toto y de su suegro que le reedificasen al infeliz maestro la vieja casa, que ya se venía abajo. Las oraciones, ese hermoso regalo con que la pobreza recompensa al rico que la socorre, las elevaban a tarde y a mañana el par de ancianos por su bienhechora.
Sin embargo, la nostalgia de niñez, esa necesidad que arrecia con los años, que se hace apremiante en la senectud, seguía experimentándola, sin definírsela, aquel viejo sin hijos, aquel maestro sin discípulos. Seguía cada vez más abrasadora, la sed de aquel desierto; vino el espejismo: soñaba despierto con los Perjuicios, con Cleto Villa, con los gorgojos, con la chusma de rapazuelos que antes lo enloquecieran. a acabóse
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla En ese ser, ajeno a las luchas y a los placeres de la vida, privado de los goces del amor y de la paternidad, inerte, deformado, sin vida corpórea, el espíritu, tanto más activo cuanto obraba solo en aquella ruina humana, tenía que perder la noción de la realidad, del vivir, para vagar por las regiones del delirio. La monomanía de afecto a la niñez, lenta, vacilante en un principio, fue acentuándose poderosa, dominante —chochez181 o locura—,a nadie supo definirlo.
Es lo cierto que aquel Niño Jesús, a quien siempre había querido tanto y tributado el culto ferviente y tierno del cristiano a su Dios, a su Dios que quiso humanarse en la niñez desvalida, vino a ser para aquel loco, no una imagen, ni siquiera la representación del más grande misterio de su religión, sino una criatura en carne y hueso, sangre de su sangre: su hijo, su unigénito, Dimitas Arias, el ser más hermoso de la creación.
Fue bajado de su altar y despojado de sus ropajes e insignias, para ser luego envuelto, como en el portal de Belén, en los pobres harapos de la cama del Tullido. Lo arrullaba con los cantos de las madres a sus niños, y se quedaba dormido, abrazado a la prenda de su corazón, para despertar, sobresaltado, con este grito: “¡Me lo mata! ¡me lo mató ese Aguirre!”.
Vino la enseñanza: Dimitas deletreaba, Dimitas escribía en la arena, leyó después de corrida e hizo planas que ni soñadas. Locura extraña, delicada en su misma extravagancia: nunca se le ocurrió que su hijo necesitase de alimento: nada para el cuerpo, todo para el espíritu. Vestíale a veces sus galas episcopales y le ponía en la manita, no la flor de otro tiempo, sino el báculo, que no era otro que el chuzo de macana, aquel chuzo formidable. Entonces, Dimitas era el obispob Gómez Plata, que venía a confirmar a todos los niños del sitio. Con su ilustrísimac rezaba el rosario, y daba tiempo a que él le contestase las avemarías. ¡Qué dulces debían resonar en el alma de aquel loco las oraciones en boca de su hijo, ese varón preclaro de la Iglesia! Y siempre los sobresaltos por los peligros que corría su niño; por las asechanzas de Aguirre.
La señá Vicenta, esa alma de Dios ocho veces bienaventurada, no era para acobardarse demasiado con las locuras de su marido, ni menos aún para definirlas y apreciarlas. Bien se le alcanzaba que esta chochez era harto extraña en un hombre que ella había considerado siempre tan sabio y tan religioso. Así y todo, no podía menos de reír al oírle tantos disparates.
La noticia de las “ideas” del maestro corrió por todo el pueblo desde el principio, y muchas personas fueron e verle, con achaque de llevarle algún socorro, para satisfacer solamente la groserota novelería. “¡…cito!”—les decía la señá Vicenta a los visitantes—. Y agregaba paso: “El, siempre está distraído, el pobre Tullidito. Tan siquiera no está furioso”.
Cuando los grandes certámenes, estaba el maestro Dimas en el apogeo de su locura.
a locura, b Obispo c Su Ilustrísima
Dimitas Arias Perjuicia iba a verlo a menudo, y salía cada vez más impresionada con sus extravagancias y más compadecida de su demencia.
VIII
Se acercaba la gran festividad del orbe cristiano, la fiesta por excelencia de los hogares antioqueños: aquella que, con su idílica sencillez y santa poesía, obliga a la familia a congregarse, atrae a los miembros ausentes, hace pagar el tributo de lágrimas a los muertos queridos y cultiva los afectos más puros del corazón. Ni en la casa más pobre de estas montañas deja de celebrarse. En nuestras aldeas, los mendigos imploran, no ya el bocado de pan, sino la moneda para hacer en su choza los platos obligados de Nochebuena. Y es que nuestro pueblo no ve en esta festividad una costumbre tradicional y religiosa únicamente, que ve un deber ineludible de cristiano: en el fogón donde no se hace “la nochebuena” se revuelca el diablo, y toda la casa queda contaminada.
En la de don Juan Herrera había comenzado el brete desde la antevíspera. Aquella cocina era un embolismo,182 un caos de cedazos y coladores, de pailas y de cazuelas, de trastos y de cacharros de toda especie. Las señoras de la casa se multiplican: cuelan, ciernen, amasan, baten. Aquí chirrían los buñuelos;183 allá revienta la natilla;184 acullá se cuaja el manjar blanco.185 Corre el bolillo sobre la pasta de hojuelas;186 el mecedor no cesa entre el hirviente oleaje; forma copos de espuma la superficie del almíbar; en esta piedra muelen la yuca y la arracacha; en aquella,a la canela y la nuez moscada; en artesas y platones blanquean los quesitos y las cuajadas; campan la manteca y la mantequilla en hojas y cacerolas; saltan los huevos en cascadas amarillas. Se sofoca esta desmenuzando; atiza aquella por todas partes; unas mandan, otras piden. Los chicos todo lo husmean, todo lo tocan, de todo se antojan, de todo comen. Cuál se ofrece para traer los azahares, cuál para soplar la forja, cuál para acarrear la vajilla. Los grandes entran, indagan, salen, tornan a entrar, tornan a salir, y, ahora buñuelo, luego raspado, cuando llega la hora del banquete está toda aquella gente más para agüitas de apio que para manjares.
Perjuicia corre con la distribución: las delicadezas y filigranas para el cura, para el señor fiscal; los buñuelos ingentes para las Zutanitas y Menganitas;187 la enorme batea de natilla de quesito y la cuyabrona de buñuelos de cargazón para los presos de la cárcel; en fin, la ración para el pobre, el plato que bendice la abundancia del rico. Al Tullido, como era de rigor, le reservaba de todo con opulencia y largueza.
Todos los afanes anticipados de la Perjuicia eran para tener libre el día
siguiente, a fin de fabricar, en compañía de Cleto Villa, y de algunos chicos, el pesebre del Tullido. Desde niña había sido una de las más asiduas a estas deliciosas faenas, en las que tomaban parte, especialmente para acarrear los materiales, casi todos los muchachos de la escuela, razón por la cual el tal pesebre era clásico a aquélla
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla en el pueblo. Perjuicia no dejó ni un año de ayudar en la empresa, a pesar de sus obligaciones de señora de casa y de madre de familia.
Ella y Cleto se proponían aquel año hacer una maravilla; y no solo por sentimiento de piedad y por diversión, sino porque ambos a dos habían mandado la novena al Niño, para que le quitara al Tullido “las ideas”.
Desde las siete de la noche, la casa del Tullido era un hervidero con la gente que entraba y que salía.
¡Nunca en el pueblo se vio prodigio como aquel! Ocupa todo el testero de los santos. La puerta del cuarto de señá Vicenta quedó casi cegada, con solo una abertura por donde la viejecita podía pasar de lado raspándose y magullándose. Hasta el vértice de aquella pajiza techumbre llegan las guaduas que se cruzan en arcos ojivales; más abajo se entrelazan los chusques, formando tupida, erizada bóveda de verdura; cuelgan de las vigas racimos dorados de plátano guineo,188 gajos descomunales y artificiosos de naranjas y enormes ramos de espigas rojas de cardo y de flor de uvito; ringleras de palomas de cuerpo de cera negra y de cola y alas de papel plegado en forma de abanico medio abierto, se mecen al extremo de hebras sutiles; la naranjuela, ese recurso decorativo de tierra fría, se columpia en gargantillas desde las vigas, pende en festones por las paredes, se apiña en mazorcas sobre la tabla de los santos, y en todas partes alegra con su púrpura y su tersura metálica; decora el nicho de mi padre san Roque grandioso arco de género blanco, abullonado en bombas regulares, separadas por lazadas de madejas de lana de los colores más escandalosos; la Virgen de Balvanera, la de la Cueva, todos los santos, quedan sepultados bajo el tapiz espeso de colchón de pobre y colchón de rico,189 y sobre él resalta ostentoso un zodíaco de amarillas flores de muerto. Bajo este solio,190 un terruño antioqueño de asperezas, de escarpas prodigiosas. En la cumbre de un picacho se yergue, cual si fuera la apoteosis de nuestra democracia, una negra gigantesca de cera con tamaña batea de buñuelos en la cabeza. Búrlase con olímpica sonrisa de una ciudad liliputiense que le queda al frente, en el borde de vertiginoso precipicio: es Belén de Judá. Sus magníficos palacios de cartón recortado, sus grandiosas basílicas de tabla de pino se le antojan monumentos levantados al monstruo de la tiranía y al mito tenebroso del fanatismo. Por las gargantas, por los desfiladeros, por las hondonadas se apelmaza el capote color de rosa, el de verdor pálido; los líquenes191 blancos que semejan esponjas, los mechones de musgo192 oscuro y afelpado, la oreja193 y la barba de palo.194 Plumajes de guacamaya y de cardenal, de toche195 y de gallos de monte alfombran los ribazos y se tornasolan en las pendientes. En la base frontal de la obra de Cleto Villa y de Perjuicia se entretejen helechos, cardos, parásitas y todos los prodigios de nuestras selvas. En el centro, el santasantórum: un sudadero de junco por techumbre; por columnas, dos popos forrados en el mismo papel que tapiza la sala de don Juan; a lado y lado, como guardianes del recinto, sendos reyes de espadas recortados primorosamente por la fina tijera de Perjuicia; detrás de ellos, dos caracoles marinos, ornato de las mesas
Dimitas Arias de misiá Nicolasa; un pañuelo de seda verde vela el misterio. En candeleros de barro dispersos acá y allá; en alcayatas196 clavadas a las paredes, en tres arañones de palo que cuelgan de las vigas, arde como una gloria todo el sebo que labró Encarnación. Todo era allí alegría y bullicio. Solo el Tullido permanecía indiferente en esta función que él mismo había motivado. Recostado en su camilla, que ostentaba las galas de renovación,a estrechaba en sus brazos, en místico silencio, a su Dimitas. Los pesebristas, entre tanto, se hallaban en mil apuros y secreteos. Consultada la señá Vicenta, les dijo: —“No tienen pa qué: él no lo afloja. Si no consiguen otro, se pierde este pesebre tan precioso. Ni se lo propongan porque se enfada”. Esto que tal oye la Perjuicia, llama a Cleto Villa “a palabra y perdón”, y salen ambos muy apurados calle arriba. ¿Conseguirb niño en noche como aquella? ¡Un milagro! Y aquí de los recursos de Perjuicia. La que inventó el mataculín en redondo y el botadito, mal podría desmentirse en esta circunstancia suprema. Fuesec a su despensa, hizo bajar una de las turegas de maíz que colgaban de una viga, y luego, con la mejor mazorca y algunos trapajos viejos, formó un muñeco: cátate a Dimitas. Llegosed a poco al lugar del conflicto, sentosee junto a la camilla y principió a hacerle mil carantoñas197 y zalamerías a su maestro. Cuando menos lo pensó Cleto Villa, Perjuicia le metía por debajo de la ruana al Dimitas verdadero, en tanto que, volviéndose al Tullido, le decía con mucho cariño:
No vaya a destapar a Dimitas, que puede darle ceguera con tanto velerío. —Aquí lo tengo empuñao en el rincón —murmuró el pobre loco con transporte, estrechando la mazorca.
A poco principiaron la novena.
Mucho hubiera gozado el maestro con la leyenda de Perjuicia: aquel tono gemebundo y atragantado, las voces disparatadas, el irrespeto a los signos de puntuación, hacían de aquella novena, leída con tanto fervor, una de esas plegarias que suben al Cielo “en olor de suavidad”.
¿Le concedería Dios lo que pedía? Tal vez sí: cuando, al acabar una jornada, hizo pausa, oyó, y lo oyeron todos, que el Tullido roncaba: dormía tan poco últimamente, que esto le auguraba mucho bueno a la peticionaria. A poco de haber terminado la novena, declaró Cleto que iban a ser las doce —las doce de aquella noche en que florece en la tierra la yerbabuena y se postra la Virgen de rodillas en el Cielo— y todos se prosternaron a rezar el Gloria in excelsis Deo198 leído por Perjuicia en el Eucologio Romano;199 luego, por medio de una jaculatoria que allí mismo improvisó, formuló ella su petición, y todos guardaron silencio para hacerla.
Aún no se han levantado los fieles, cuando el velo verde se descorre, y el Niño Jesús, en traje episcopal, con el mundo en la diesta y un platico de natilla en la siniestra, aparece, esplendente, glorioso, sobre el disco inflamado del sol. Edison del grande invento fue Cleto Villa: un papel engrasado y detrás una candileja. b ¡Conseguir c Fuése d Llegóse e sentóse a renovación
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Hubo un paréntesis de jolgorio admirativo; siguió luego el rosario, y lentamente fueron retirándose los concurrentes.
Solo han quedado los Perjuicios, Cleto Villa y uno que otro admirador.
Apagada la luminaria, se acerca Perjuicia al Tullido y le dice con ese tono infantil y chancero200 con que trataba a todos los pobres y desgraciados: —Ole, Tullidito, ¿quiere que comamos nochebuena? —No lo molestés, —le dice su marido— déjalo dormir en sana paz. Sentáronse todos a desacalorarse para la salida, y el Tullido, con el habla tartajosa, medio borrada, de los dormidos, murmuró: Ven, mi Niño amado.
Ven, no tardes tanto —“… cito! —exclama la señá Vicenta— le está rezando a su Dimitas…”. A la madrugada siguiente, cuando la anciana fue a llevarle el desayuno, lo encontró muerto abrazado a la mazorca.
Dimitas Arias
1
Cuento publicado por primera vez en El Montañés de Medellín en el número 4, diciembre de 1897.
2
Manuel Uribe Ángel (1822-1904): médico, escritor científico, político y geógrafo colombiano; contribuyó a los avances de la práctica de la medicina en Colombia y Antioquia. Fue reconocido fuera del ámbito de la medicina por sus estudios y trabajos sobre la geografía y la historia de Colombia. También se desempeñó como Presidente del Estado Soberano de Antioquia y luego, y como senador de Colombia. Se le considera el intelectual antioqueño más importante de su época (ec, 2001).
3
bahareque: Col., C. Rica, Ec., El Salv., Guat., Hond., Nic. y Ven. Pared de palos entretejidos con cañas y barro (dle, 2018).
4
palmicho: (Oredoxa Frigida) Palma de las altas cordilleras. Sus hojas con las que se usan como “ramo bendito” el Domingo de Ramos (ahac, 1986).
5
carmaná: (o Caña de San Pablo) (Chamaedora Latifolia). Palma del grupo de las arecáceas, de pequeña talla, que se ve en los jardines (ahac, 1986).
6
bardaban [de bardar]: tr. Poner bardas a un vallado o a una tapia (dle, 2018). // Barda: f. Cubierta de sarmientos, paja, espinos o broza, que se pone, asegurada con tierra o piedras, sobre las tapias de los corrales, huertas y heredades, para su resguardo (dle, 2018).
7
viravira: Arg., Bol., Chile, Ec., Perú y Ven. Planta herbácea de la familia de las compuestas, con hojas lanceoladas, flores en cabezuela e involucro de escamas blancas. Está cubierta de una pelusa blanca y se emplea en infusión como pectoral (dle, 2018).
8
yerbamora: Planta herbácea de hasta 1,5 cm. de altura, hojas alternas, flores de color blanco o morado y fruto en baya con numerosas semillas, que cuando maduran son consideradas venenosas; se utiliza en la medicina tradicional (da, 2010).
9
tingladillo: Cobertizo (dle, 2018).
10 guayabo: Árbol de América, de la familia de las mirtáceas, que
crece hasta cinco o seis metros de altura, con tronco torcido y ramoso, hojas elípticas, puntiagudas, ásperas y gruesas, flores blancas, olorosas, axilares, de muchos pétalos redondeados, y cuyo fruto es la guayaba (dle, 2018).
11 naranjo: Árbol de la familia de las rutáceas, de cuatro a seis
metros de altura, siempre verde, florido y con fruto, tronco liso y ramoso; copa abierta, hojas alternas, ovaladas, duras, lustrosas, pecioladas y de un hermoso color verde. Es originario de Asia y se cultiva mucho en España. Su flor es el azahar y su fruto la naranja (dle, 2018).
12 saúco: Arbusto o arbolillo de la familia de las caprifoliáceas, con
tronco de dos a cinco metros de altura, lleno de ramas, de corteza parda y rugosa y médula blanca abundante, hojas compuestas de cinco a siete hojuelas ovales, de punta aguda, aserradas por el margen, de color verde oscuro, de olor desagradable y sabor acre, flores blancas y fruto en bayas negruzcas. Es común en España, y el cocimiento de las flores se usa en medicina como diaforético y resolutivo (dle, 2018).
13 ruda: Planta perenne, de la familia de las rutáceas, con tallos
erguidos y ramosos de 60 a 80 cm, hojas alternas, gruesas, compuestas de hojuelas partidas en lóbulos oblongos y de color garzo, flores pequeñas, de cuatro pétalos, amarillas, en corimbos terminales, y fruto capsular con muchas semillas negras, menudas y en forma de riñón, que es de olor fuerte y desagradable, y se usa en medicina (dle, 2018).
14 eneldo: Hierba de la familia de las umbelíferas, con tallo ramoso, de 60 a 80 cm de altura, hojas divididas en lacinias filiformes, flores amarillas en círculo, con unos 20 radios, semillas pareadas planas en su cara de contacto, elípticas y con nervios bien señalados. Se ha usado el cocimiento de sus frutos como carminativo (dle, 2018).
15 romero: Arbusto de la familia de las labiadas, con tallos ramosos
de un metro aproximadamente de altura, hojas opuestas, lineales, gruesas, coriáceas, sentadas, enteras, lampiñas, lustrosas, verdes por el haz y blanquecinas por el envés, de olor muy aromático y sabor acre, flores en racimos axilares de color azulado, y fruto seco con cuatro semillas menudas (dle, 2018).
16 catón: Libro compuesto de frases y períodos cortos y graduados, que
se usaba para ejercitar en la lectura a los principiantes (dle, 2018).
17 san Casiano: (Parece referirse a san Juan Casiano ¿360? d. C. -
435) Monje y teólogo de origen rumano. Casiano fue uno de los primeros “semipelagianos”. Fue autor de las Collationes (sobre los Padres del Desierto), y de un libro sobre el monacato (dr, 1999).
18 citolegias: De citos, prontamente, y légere, leer. Cartilla de lectura
usada antiguamente en las escuelas (ahac, 1986).
19 de veras: loc. adj. y adv. de verdad (dle, 2018).
20 macana: f. Am. Garrote grueso de madera dura y pesada
(dle, 2018).
21 pagando a veces justos por pecadores: loc. verb. Dicho de los
inocentes: Pagar las culpas que otros han cometido (dle, 2018). 22 gorgojos: coloq. Persona muy pequeña (dle, 2018).
23 zarrapastroso: coloq. Desaseado, andrajoso, desaliñado y roto
(dle, 2018).
24 niguas: Insecto afaníptero originario de América y muy extendido
también en África, parecido a la pulga, pero mucho más pequeño y de trompa más larga, cuyas hembras fecundadas penetran bajo la piel de los animales y del ser humano, principalmente en los pies, donde depositan sus huevos, lo que ocasiona picazón y úlceras graves (dle, 2018).
25 pulsarlo con vino: Han llamado así las gentes sencillas de
Antioquia la aplicación de lo que ellas denominan “un confortativo”, o sea un pedazo de carne o de pan, empapado en vino, sobre la arteria radial, en el sitio donde se toma el pulso (ahac, 1986).
26 pendolista: m. y f. Persona que escribe con muy buena letra
(dle, 2018).
27 Sola de Samper: Referencia a Soledad Acosta de Samper, escritora bogotana nacida el 5 de mayo de 1833 y muerta en la misma ciudad el 17 de marzo de 1913. Hija del historiador Joaquín Acosta y Pérez de Guzmán y de la estadounidense Carolina Kemble Rou. Fue esposa del escritor y político José María Samper Agudelo (N. del E.).
28 guaral: Ven. Cordel de grosor mediano, hecho generalmente con
hilos de algodón o cocuiza, torcidos en dos o más ramales (dle, 2018). 29 trompo: juguete que se hace bailar (dle, 2018).
30 chumbimba: Semilla muy negra y redonda del Sapindus
Saponaria (ahac, 1986).
31 corozo: Ant., Col. y Ven. Fruto del corozo. Ant., Col., El Salv. y Ven. Nombre de varias palmeras, de tronco de 6 a 9 m de altura, revestido de fuertes espinas, hojas pinnadas con hojuelas lineares, angostas y puntiagudas y fruto en drupa globular de 35 a 45 cm de diámetro (dle, 2018).
32 virutero: [De viruta] Hoja delgada que se saca con el cepillo u
otras herramientas al labrar la madera o los metales, y que sale, por lo común, arrollada en espiral (dle, 2018).
33 carestos: Parece que es el corozo común, fruto de la palma
Mararay o Chascaray (ahac, 1986).
34 amolaos: Fruto de la palma Acrocomia, llamado corozo grande, el cual, después de descortezado, se le tara con plomo para jugar los niños. Se emplea en el juego de ochas y bolar (ahac, 1986). 35 carrumia: Mugre, especialmente el de los pies (ahac, 1986).
36 anjeo: Especie de lienzo basto (dle, 2018). Tb. Angeo: Malla muy
fina de tela o plástico usada para impedir que pasen insectos como zancudos y mosquitos (dc, 2018).
37 tenebrario: Candelabro triangular, con pie muy alto y con quince
velas, que se encendían en los oficios de tinieblas de Semana Santa (dle, 2018).
38 atrabiliario: De genio destemplado y violento (dle, 2018). 39 viaraza: Acción inconsiderada y repentina (dle, 2018). 40 calendas: f. pl. coloq. Época o tiempo pasado (dle, 2018).
41 yesquero: Es el tubito de cuerno o de metal, con su
correspondiente tapa, en que se introduce la yesca o mecha para hacer candela (ahac, 1986).
42 quedamos de balde [estar de balde]: loc. verb. Estar de más, estar
ocioso (dle, 2018).
43 jíquera: Bolsa de cabuya (dfa, 1995).
44 de presto: loc. adv. Prontamente, con presteza (dle, 2018).
45 nos volvimos patos [estar alguien hecho un pato, o un pato de
agua]: locs. verbs. coloqs. Estar muy mojado o sudado (dle, 2018).
46 Santo Dios [rezo]: Parece hacer referencia a El Rosario, pues al
Notas explicativas
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla finalizar las cinco decenas de la coronilla se repite tres veces: “Santo Dios, Santo fuerte, Santo inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero, amén”; otras variantes “Dios santo, Dios fuerte, Dios inmortal, ten piedad de nosotros, amén” (N. del E.).
47 grogiar (Tb. Grojiar): Estar de gorja, festivo, bromear
(ahac, 1986).
48 foguiao [de fogaje]: Col., Cuba, El Salv., Pan., P. Rico y Ven. bochorno (calor) (dle, 2018).
49 causón: Fiebre alta y pasajera sin graves consecuencias (dle, 2018).
50 guaco: Planta de la familia de las compuestas, con tallos de 15
a 20 m de longitud, sarmentosos y volubles, hojas grandes, ovales, acorazonadas en la base y puntiagudas en su extremo, flores blancas en forma de campanilla, de cuatro en cuatro y con olor fuerte nauseabundo. Este bejuco es propio de la América intertropical, y el cocimiento de las hojas se considera de singular virtud contra las picaduras de animales venenosos, las obstrucciones, el reumatismo y aun el cólera (dle, 2018).
51 cordoncillo: Col., Ec. y Perú. Arbusto con flores diminutas a lo largo
del tallo, que pertenece a la familia de las piperáceas (dle, 2018).
52 recursase [de recursar]: Claramente derivado de recurso, vale
ingeniárselo, buscarlos (ahac, 1986).
53 jalapa: Raíz de una planta vivaz americana, de la familia de las
convolvuláceas, semejante a la enredadera de campanillas, del tamaño y forma de una zanahoria, compacta, pesada, negruzca por fuera, blanca por dentro y con jugo resinoso que se solidifica pronto. Se usa como purgante enérgico (dle, 2018).
54 calomel: [calomelanos] Cloruro mercurioso que se empleaba
como purgante, vermífugo y antisifilítico (dle, 2018).
55 acequia: Cauce, natural o artificial de tierra, cemento, ladrillo
o guadua, que se construye o utiliza para llevar el agua hasta los tanques de aprovisionamiento público del acueducto (ahac, 1986). En sentido metafórico, parece aludir al hecho de que bebió algo rápidamente, comparándolo con el agua del acueducto, que fluye de igual manera (N. del E.).
56 uña de la gran bestia: La uña del pie derecho del alce o anta, la cual, por mucho tiempo, se creyó ser remedio eficaz para la epilepsia (BioDic, 2019).
57 reuma: [de reumatismo] Enfermedad que se manifiesta
generalmente por inflamación de las articulaciones de las extremidades (dle, 2018).
58 guando: Col. y Ec. Especie de andas o de parihuela (Camilla)
(dle, 2018).
59 chapadanza: Equivale a burla, y chanza. Dícese regularmente de
alguna cosa que no es digna de aprecio, y que puede ser ocasión o motivo de algún daño, o perjuicio (dda, 1729). 60 entregar los aniseros: Morir (ahac, 1986).
61 guaduas: Col., Ec., Perú y Ven. Especie de bambú muy grueso
y alto, con púas y canutos de cerca de medio metro (dle, 2018).
62 barbacoa: Ec. y Perú. Zarzo cuadrado u oblongo, sostenido con
puntales, que sirve de camastro (dle, 2018).
63 chusque: Col. Planta gramínea de mucha altura, que es una
especie de bambú (dle, 2018).
64 sagú: Col., C. Rica, Cuba, Guat. y Hond. Planta herbácea de la
familia de las marantáceas, con hojas lanceoladas de unos 30 cm de longitud, flor blanca, y raíz y tubérculos de los que se obtiene una fécula muy nutritiva (dle, 2018).
65 cacha: Col. vaso de cuerno (dle, 2018).
66 ni bamba: Colom. Expresión equivalente a ¡imposible!, ¡ni lo
sueñe!, y otras semejantes (ahac, 1986).
67 jeringar: coloq. Molestar o enfadar (dle, 2018).
68 árguenes: angarillas (andas para transportar materiales de
construcción) (dle, 2018).
69 esquilón: Esquila grande. Esquila: Cencerro pequeño, en forma
de campana (dle, 2018).
70 rematís: Posiblemente refiriéndose a la reumatitis (N. del E.). 71 tener pensión: Tener aprensión (ahac, 1986).
72 pinta: Casta o linaje (ahac, 1986). Forma coloquial para referirse
al primogénito (N. del E.).
73 Señor Caído del Hatogrande: El Señor Caído de Girardota es
una advocación cristológica que se venera en la Catedral de Nuestra Señora del Rosario, Girardota, Antioquia, Colombia. El origen a esta advocación en Colombia viene desde la época de la Colonia, posiblemente deba su nombre a la llegada de la imagen del Señor Caído a la población de Hatogrande (Santoral, 2019). 74 engorobetando: Torcerse, encorvarse (ahac, 1986). 75 fatuo: Falto de razón o de entendimiento (dle, 2018).
76 tomar soleta: locs. verbs. coloqs. Andar aprisa, correr, huir
(dle, 2018).
77 Arco Iris de Paz: Obra publicada por Fray Pedro de Santa María y
Ulloa. Se constata la edición realizada en Madrid, 1806 (N. del E.).
78 La Familia Regulada: Obra escrita bajo el rótulo “La familia
regulada, con doctrina de la Sagrada Escritura, y Santos Padres de la Iglesia Catolica, para todos los que regularmente componen una Casa Seglar, á fin de que cada uno en su Estado, y en su grado sirva á Dios Nuestro Señor con toda perfeccion, y salve su Alma, por el Fr. Antonio Arbiol”, en 1783 (cv, 2019).
79 morante: adj. (de morans-morantis). Tardo, perezoso, lento
(ahac, 1986).
80 cachumbos: Rizo o bucle de cabello (ahac, 1986). Mechón de pelo
crespo con forma de espiral (dc, 2018).
81 vitoriera: (Cucurbita Pepo) Cucurbitácea. Nombre dado a cierta
calabaza comestible, de gran tamaño, que se produce en las tierras frías (ahac, 2018).
82 pintiparado, da: adj. Parecido, semejante a otro, que en nada
difiere de él (dle, 2018).
83 almud: Medida de capacidad, generalmente para áridos, muy
variable según las épocas y las regiones, entre los 1,75 l de Navarra y los 5,68 l de Canarias (dle, 2018).
84 filtrajosa (de filtraja, filtraja): Carne residual con pellejos y grasa, usada como alimento para los perros (da, 2010).
85 tropezón: coloq. Pedazo pequeño de jamón u otro alimento que
se mezcla con las sopas o las legumbres (dle, 2018).
86 Cueva Santa: El Santuario de la Cueva Santa forma parte de
uno de los más emblemáticos símbolos tradicionales, culturales, históricos y religiosos de la villa de Altura, y de la Comunidad Valenciana, se encuentra situado en uno de sus montes, en la provincia de Castellón (Comunidad Valenciana, España), a 12 km de la capital municipal. Alberga en su interior una advocación mariana con el título de Virgen de la Cueva Santa (eb, 1969).
87 Virgen de Balvanera: La Virgen de Valvanera es una advocación
mariana de la sierra de la Demanda, La Rioja (España), de la cual es patrona y es una de las siete patronas de las comunidades autónomas de España. La imagen actual es una talla considerada de un románico primitivo, de finales del siglo xi d. C. o comienzos del siglo xii d. C.).
88 Vásquez: Quizás haciendo referencia a Antonio Vásquez pintor
español (eb, 1969).
89 santa Rita: Pintura del siglo xviii. Lápiz negro sobre papel
verjurado, amarillento, 245 x 150 mm. Dibujo cuadriculado a lápiz; en él se representa en una hornacina a la santa en pie, coronada de rosas, con el crucifijo en la mano derecha, atendida por un ángel mancebo arrodillado que porta una enorme palma con tres coronas. En segundo término una figura juvenil arrodillada, y semiarrodillado en primer término, un ángel niño desnudo, que ofrece un manojo de rosas. Seguramente preparatorio para una estampa (Pérez Sánchez, 1977, p. 51). 90 san Pedro Alcántara: (Alcántara, 1499 - Arenas de San Pedro,
18 de octubre de 1562) fraile franciscano español. Su nombre
real Juan de Garavito y Vilela de Sanabria. Muere a la edad de 63 años. Fue beatificado por el Papa Gregorio XV en 1622 y canonizado por Clemente IX en 1669 (eb, 1969).
91 botón de oro [ranúnculo]: Planta herbácea anual, de la familia
de las ranunculáceas, venenosa, común en terrenos húmedos, de flores generalmente amarillas o blancas, y de la que existen varias especies (ahac, 1986).
92 siempreviva: (Gomphraena Globosa) Amarantácea, originaria de
la India. Hay varias especies, de cabezuelas blancas o purpúreas (ahac, 1986).
93 flor de uvito: Los uvitos son ericáceos del género Cavendishia, que comprende varias especies (ahac, 1986).
94 zaraza: Tela de algodón estampada. U. m. en Bol., Col., Cuba, Ec., El Salv., Méx., Pan., Par. y Ur.
Notas explicativas
Dimitas Arias 95 despintaba: coloq. Apartar la mirada, perder de vista (dle, 2018).
96 hojaldre: Masa de harina con manteca o mantequilla, muy sobada
y que, al cocerse en el horno, forma muchas hojas delgadas superpuestas (dle, 2018).
97 dulunsogas: Dulunsoga: (Solanum Caripensi – Solanum edulis). Solanácea trepadora, de frutos comestibles. Estos solanum son llamados llorones (ahac, 1986).
98 malvarrosas (malva arbórea): Planta de la familia de las malváceas, con tallo recto y erguido, de dos a tres metros de altura, hojas blandas vellosas, acorazonadas, con lóbulos festoneados, y flores grandes, sentadas, encarnadas, blancas o róseas, que forman una espiga larga en lo alto del tallo. Se cultiva en los jardines (dle, 2018). 99 turbamulta: coloq. Multitud confusa y desordenada (dle, 2018). 100 pandequeso: bollo de harina de maíz con queso, sal, mantequilla, fabricado en forma de rosca (ahac, 1986).
101 grandulazos: col. Grandulón (da, 2010). Grandulón: Referido a una
persona joven, que es más grande de lo que debería ser según su edad (dc, 2018). Tiene, a veces, un sentido despectivo (ahac, 1986). 102 arrechuchos: coloq. Arranque (dle, 2018).
103 atronados: adj. Dicho de una persona: Que hace las cosas
precipitadamente, sin cordura ni reflexión (dle, 2018). 104 entraba el perro: Venirle a uno la modorra (ahac, 1986).
105 pizpirigaña: Juego de muchachos que consiste en pellizcarse
suavemente las manos unos a otros (dle, 2018).
106 ponerse como una Magdalena: locs. verbs. Llorar mucho o
desconsoladamente (dle, 2018).
107 indina: coloq. Dicho de una persona, un muchacho generalmente:
Traviesa o descarada (dle, 2018).
108 baladronadas: Hecho o dicho propio de baladrones. Baladrón:
Fanfarrón y hablador que, siendo cobarde, presume de valiente (dle, 2018).
109 nudo gordiano: nudo muy enredado o imposible de desatar
(dle, 2018).
110 ahoguío: ahogo (opresión en el pecho) (dle, 2018).
111 chinche: coloq. Dicho de una persona: Molesta y pesada
(dle, 2018).
112 mataculín: Balancín, llamado también burro (ahac, 1986). 113 trapisondas: Bulla o riña con voces o acciones (dle, 2018). 114 enemigos malos: Diablos (dle, 2018).
115 mataperros: coloq. Muchacho callejero y travieso (dle, 2018). 116 ogaño: La época actual (dle, 2018).
117 por la pica: En desquite (dfa, 1995).
118 algarroba: Fruto del algarrobo, que es una vaina azucarada y
comestible, de color castaño por fuera y amarillenta por dentro, con semillas muy duras, y la cual se da como alimento al ganado de labor (dle, 2018).
119 buches: Porción de líquido que llena la boca, inflando los
carrillos (dle, 2018).
120 destarrallada: Abierto como tarraya (ahac, 1986). Tarraya: red
redonda para pescar (dle, 1998).
121 tres cuartos de lo mismo: exprs. coloqs. U. para afirmar que lo dicho
de una persona o cosa es igualmente aplicable a otra (dle, 2018).
122 merienda de negros: coloq. Confusión y desorden en que nadie
se entiende (dle, 2018).
123 chupar: coloq. Soportar algo desagradable (dle, 2018). 124 tules: pl. Tejido delgado y transparente de seda, algodón o hilo, que forma malla, generalmente en octógonos (dle, 2018).
125 parvidad (Parvedad): Corta porción de alimento que se toma por
la mañana en los días de ayuno (dle, 2018).
126 Semíramis: Semíramis es una reina semimitológica de Asiria, de
los gloriosos días de Nínive y Babilonia (Ecured, 2019).
127 rabihorcado: m. Ciclantácea de hojas como las de plátano, que
sirve para cubrir chozas (ahac, 1986).
128 chorretas: Tiene el significado de chorreadura (ahac, 1986). Chorreadura: Mancha que deja en alguna cosa un líquido que ha caído sobre ella chorreando (dle, 2018).
129 yuyoquemao: Chisacá. Hierba de hasta 60 cm. de altura, de tallos
rojizos, hojas opuestas y flores agrupadas en pequeñas cabezuelas de color amarillo. Tiene diversos usos en la medicina tradicional (da, 2010).
130 abrojo: Planta espinosa de la familia de las cigofiláceas, perjudicial para los sembrados (dle, 2018).
131 espadilla: (Sisyrinchium Micranthum – Sisyrichium Bogotense)
Iridácea. Se encuentra en los prados y mangas donde se confunde con otras yerbas, como las gramas. De flores amarillas y blancas (ahac, 1986).
132 espartillo: (Eleusine Indica) Gramínea, de la cual hay varias
especies. El común es el género Esporovolus; el pata de gallina es el género Eleusine. Existe también el género Choris. Sirve de alimento al ganado (ahac, 1986).
133 helecho: m. Planta criptógama, de la clase de las filicíneas, con
frondas pecioladas de 20 a 50 cm de largo, lanceoladas y divididas en segmentos oblongos, alternos y unidos entre sí por la base, cápsulas seminales en dos líneas paralelas al nervio medio de los segmentos, y rizoma carnoso (dle, 2018).
134 verbena: Planta herbácea anual, de la familia de las verbenáceas, con tallo de 60 a 80 cm de altura, erguido y ramoso por arriba, hojas ásperas y hendidas, flores de varios colores, terminales y en espigas largas y delgadas, y fruto seco con dos o cuatro divisiones y otras tantas semillas, y que es común en España (dle, 2018). 135 sarpoleta: (Polygala Paniculata) col. Árbol de 50 cm. de altura, de hojas pequeñas y estrechas, florecidas blancas agrupadas en racimos y raíces de fuerte olor a mentol (da, 2010).
136 acedera: Planta perenne de la familia de las poligonáceas, con el
tallo fistuloso y derecho, hojas alternas y envainadoras, y flores pequeñas y verdosas dispuestas en verticilos, que se emplea como condimento por su sabor ácido, debido al oxalato potásico que contiene (dle, 2018).
137 moral: Árbol oriundo de Asia, de la familia de las moráceas, de cinco a seis metros de altura, con tronco grueso y derecho, copa amplia, hojas ásperas, lanuginosas, acorazonadas, dentadas o lobuladas por el margen, y flores unisexuales en amentos espiciformes, separadas las masculinas de las femeninas. Su fruto es la mora (dle, 2018).
138 caunce: (Godoya Antioquensis) Ochnácea. De follaje elegante, flores amarillas brillantes y madera resistente (ahac, 1986).
139 sietecueros: Col. y C. Rica. Árbol de la familia de las
melastomatáceas, de unos seis metros de altura, de hermosas flores de cambiantes colores rojo y violáceo (da, 2010). 140 batatilla: (Pharbitis Hispida) Convolvulácea. Las batatillas, llamadas en otras partes coquetas, forman un grupo de enredaderas con hermosas y grandes flores, muy sensibles a la luz y al calor, por lo que sus corolas se abren o se cierran, al parecer, de un modo espontáneo (ahac, 1986).
141 lengüebuey: (Chaetogastra Microphyla) Melastomácea que es
maleza en las tierras frías (ahac, 1986).
142 barbasco: Tb. Varbasco. Bol., Col., C. Rica, Guat., Méx., Nic., Perú y Ven. Bejuco usado por los indios para atontar a los peces (dle, 2018).
143 mafafas: Col., Méx. y Pan. Planta ornamental de hojas grandes
acorazonadas, con largos pecíolos y tallo muy corto unido a un rizoma del cual nacen varios tubérculos comestibles (dle, 2018). 144 achira: Planta sudamericana de la familia de las alismatáceas, de tallo nudoso, hojas ensiformes y flores coloradas, que vive en terrenos húmedos (dle, 2018).
145 sauce llorón: Árbol de la familia de las salicáceas, de seis a
siete metros de altura, con tronco grueso, copa amplia, ramas y ramillas muy largas, flexibles y péndulas, y hojas lampiñas, muy estrechas y lanceoladas. Es originario del Asia Menor y se cultiva en Europa como planta de adorno (dle, 2018).
146 chachafruto: Col. Árbol de la familia de las leguminosas, de fruto
comestible (dle, 2018).
147 borrachero: Arbusto de América del Sur, de la familia de las
solanáceas, de unos cuatro metros de altura, muy ramoso, de hojas grandes, vellosas y aovadas, flores blancas de forma tubular y fruto drupáceo. Despide olor desagradable de día y grato y narcótico de noche, y comido el fruto, causa delirio (dle, 2018).
148 drago: Árbol de la familia de las liliáceas, que alcanza de doce a
Notas explicativas
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla catorce metros de altura, con flores pequeñas, de color blanco verdoso, con estrías encarnadas, y fruto en baya amarillenta. Del tronco se obtiene la resina llamada sangre de drago, que se usa en medicina (dle, 2018).
149 espadaña: Planta herbácea, de la familia de las tifáceas, de metro
y medio a dos metros de altura, con las hojas en forma casi de espada, el tallo largo, a manera de junco, con una mazorca cilíndrica al extremo, que después de seca suelta una especie de pelusa o vello blanco, ligero y muy pegajoso (dle, 2018).
150 yarumo (guarumo): (Cecropia Peltata) Morácea. Árbol de hasta 20
cm. de altura, de copa abierta y extendida, hojas muy grandes y palmeadas, y flores poco vistosas; su madera se emplea en la fabricación de artesanías (da, 2010).
151 zarro (col. Sarro): Helecho arborescente de numerosas raíces
fibrosas que nacen del tallo y hojas grandes y partidas; se le atribuyen propiedades hemostáticas y antiofídicas y los campesinos lo utilizan para construir sus casas (da, 2010). 152 flor de mayo: Melastomácea de varias especies (ahac, 1986).
153 colchón de pobre: Existen tres especies comunes: Licopodium
Cernum; L. Contiguum y L. Complanatum. Este nombre de colchón de pobre se da en Antioquia a varias especies de estas lipodiáceas (ahac, 1986).
154 enterró [de enterrar]: tr. Después de apagar casi del todo la
lumbre del fogón, dejar en este, durante la noche, brasas o tizones encendidos, cuidadosamente cubiertos de ceniza, para evitar que se avive el fuego y que a la mañana siguiente sea fácil encenderlo (ahac, 1986).
155 volverse tarumba: loc. verb. coloq. Atolondrarlo, confundirlo
(dle, 2018).
156 apecharse: Empujar o apretar con el pecho, acometer (dle, 2018). 157 tongadita: Gran cantidad de algo (da, 2010). 158 filípica: Invectiva, censura acre (dle, 2018).
159 motejar: Notar, censurar las acciones de alguien con motes o
apodos (dle, 2018).
160 mohín: Mueca o gesto (dle, 2018).
161 eso no le hace: para conformarse alguien con lo que sucede, dando a entender que no está en su mano evitarlo (dle, 2018). 162 flores de muerto: (Tagetes Patula – Tagetes Erecta) Compuesta. Sus flores, juntísimas, en cabezuelas, que parecen una sola, son amarillas y de olor repugnante (ahac, 1986).
163 cepos quedos: expr. coloq. U. para decir a alguien que se esté
quieto (dle, 2018).
164 Micifús: Persona cuyo nombre se quiere omitir (da, 2010). Por
asociación, no se quiere repetir el nombre “progreso” (N. del E.).
165 non plus ultra: para ponderar algo, exagerándolo y levantándolo a
lo más que puede llegar (dle, 2018).
166 chorrudo: adj. Gastador. De una persona que está gastando
dinero, fuera de lo acostumbrado, se dice que está echando chorro; de ahí la voz chorrudo, como gastador (ahac, 1986). 167 turulatos: coloq. Alelado, estupefacto (dle, 2018).
168 jipijapa: Tira fina, flexible y muy tenaz, que se saca de las hojas
del bombonaje, y se emplea para tejer sombreros, petacas y diversos objetos muy apreciados (dle, 2018).
169 papandujas: coloq. Flojo o pasado de maduro, como sucede a las
frutas y otras cosas (dle, 2018).
170 O La Garibaldina, canción del voluntario: Con este título se hace
alusión a la canción traída a Medellín por la primera compañía de ópera italiana que visitó la ciudad en la década de 1860 y cuyo compositor fue Giusto Dacci (1840-1915), con letra de Rosinganna (Carrasquilla [Nota de editor], 2008, p. 302).
171 guasintones: Los monumentales, feísimos botines, para ambos
sexos, de resortes laterales, provistos de sendas orejas o tiraderas de reata para calzarlos (ahac, 1986).
172 troncha: Corto (ahac, 1986).
173 chocoliaba (de Chocolear): Entristecer, llorar, lagrimar (ahac, 1986). 174 Ollendorff: Método del Dr. Ollendorff, para aprender a leer, hablar y escribir un idioma cualquiera (CV, 2012).
175 la cabra siempre tira al monte: expr. U. para significar que
regularmente se obra según el origen o natural de cada uno (dle, 2018).
176 tan de todo el máiz (maíz): (De todo el maíz) Quiere decir ser
muy antioqueño o ser persona sin cultura (ahac, 1986). 177 pintada en la pared: Bol., Chile, Col., C. Rica, Cuba, Pan., Perú, P. Rico y Ven. Dicho de una persona: Que no se tiene en cuenta o es pasada por alto (dle, 2018).
178 ñapanguismo (de Ñapangas): Col. Mestizo, mulato (dle, 2018).
179 Getsemaní: Fue el jardín donde, según el Nuevo Testamento, Jesús
oró la última noche antes de ser arrestado; los evangelios narran la tristeza agónica que asaltó a Jesús en ese momento (eb, 1969).
180 cierzo: Viento septentrional más o menos inclinado a levante o a
poniente, según la situación geográfica de la región en que sopla (dle, 2018).
181 chochear: coloq. Manifestar de forma exagerada el cariño y
afición a personas o cosas, hasta el punto de comportarse como quien chochea (dle, 2018).
182 embolismo: Confusión, enredo o dificultad en un negocio
(dle, 2018).
183 buñuelos: m. Fruta de sartén que se hace de masa de harina bien
batida y frita en aceite, y que al freírse se esponja y sale de varias formas y tamaños (dle, 2018).
184 natilla: f. pl. Dulce cremoso que se hace con leche, huevos y
azúcar, cocido a fuego lento (dle, 2018).
185 manjar blanco: Dulce que se prepara con leche y azúcar o leche
condensada y se somete a cocción lenta y prolongada (da, 2010). 186 hojuelas: Fruta de sartén, muy extendida y delgada (dle, 2018).
187 zutanitas y menganitas: Usado para aludir a alguien cuyo nombre
se ignora o no se quiere expresar después de haber mencionado a otra u otras personas con palabras de igual indeterminación, como fulano o mengano (dle, 2018).
188 plátano guineo: Fruto de una planta musácea del mismo género
que la higuera de Adán, procedente de una especie originaria de la India y muy cultivada en América Central y las Antillas (dle, 2018).
189 colchón de rico: Parecen ser las especies de Selaginella, ornamentales en su mayoría (ahac, 1986).
190 solio: trono (asiento con gradas y dosel) (dle, 2018).
191 líquenes: Organismo resultante de la simbiosis de hongos con
algas unicelulares, que crece en sitios húmedos, extendiéndose sobre las rocas o las cortezas de los árboles en forma de hojuelas o costras grises, pardas, amarillas o rojizas (dle, 2018).
192 musgo: Cada una de las plantas briofitas, con hojas bien
desarrolladas y provistas de pelos rizoides o absorbentes, que tienen un tallo parenquimatoso en el cual se inicia una diferenciación en dos regiones, central y periférica. Crece abundantemente en lugares sombríos sobre las piedras, cortezas de árboles, el suelo y aun dentro del agua corriente o estancada (dle, 2018).
193 oreja de palo: (Boletus Pavonius) Himenomiceto. Tiene forma
de orejas, cascos de caballo, copas, etc. y se emplea como yesca (ahac, 1986).
194 barba de palo: Ven. Planta de la familia de las bromeliáceas, de
color gris, que cuelga de los árboles grandes y viejos como si fueran barbas (dle, 2018).
195 toche: Col. y Ven. Pájaro de la familia de los ictéridos, de unos 23
cm de longitud, con lomo, vientre y parte superior de la cabeza de color amarillo dorado, y cola, alas y cara de color negro (dle, 2018).
196 alcayata: Par. y Ven. Cada una de las dos piezas metálicas grandes
y fuertes que, recibidas en una pared, sirven para colgar una hamaca (dle, 2018).
197 carantoña: coloq. Caricia, palabra o gesto afectuoso que se hace
a una persona, a veces con la intención de conseguir algo de ella (dle, 2018).
198 Gloria in excelsis Deo: Himno litúrgico, habitualmente cantado
en forma silábica o semi-silábica, que forma parte de las piezas obligatorias del ordinario de la misa, tanto en las liturgias católicas como ortodoxas (eb, 1969).
199 eucologio: Devocionario que contiene los oficios del domingo y
principales fiestas del año (dle, 2018).
200 chancero: Que acostumbra a bromear (dle, 2018). Notas explicativas
A: Revista El Montañés (1898). Medellín. B: El padre Casafús: Novela (1914). Medellín:
Carlos E Rodríguez.
C: Revista La Novela Semanal (1924). Bogotá.
D: Cuentos de tejas arriba (1936). Medellín: Atlántida.
E: Obras completas (1952). Madrid: epesa. F: Cuentos de Tomás Carrasquilla: “Náufrago asombroso del siglo de oro” (1956). Medellín: Bedout.
G: Seis cuentos (1959). México: Ediciones de Andrea.
El ánima sola Héctor Fabio Buitrago Correa Editor crítico Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1898) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: E
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla El ánima solaa1 (Traducción libre del pueblo)b I Enc aquel tiempo, como dicen los Santos Evangelios, hubo una estirpe que llenó el universo con su fama. Su nobleza fue la más alta y esclarecida; sus hombres todos, héroes y conquistadores; riquísimos sus feudos y regalías. Mas la muerte, envidiosa de esta raza, solod dejó un vástago para propagarla. Con los títulos y privilegios que en él recayeron, vino ae ser el castellano más poderoso de su época. Los reyes mismos le agasajaban, porque le temían.
En su ansia de perpetuarse, de restaurar la grandeza del apellido, pedía a Dios hijos varones por decenas. Como no se los diese, bajó a dígitos y, por último, a la unidad. Pero Dios, of no estaba por excelsitudes de la tierra o quería mortificarle: a cada espera enviábale una hembra, cuando no dos.
Entre la ilusión y el desengaño, llegó el caballero a la vejez; y su tercera esposa, sus trece hijas y la muchedumbre de vasallos le pagaban el desaire. Sus crueldades aterraban la comarca; en los calabozos gemía toda una multitud de desgraciados; de las horcas del castillo colgaban los siervos en racimos. Al clamor de tantasg almas, fue Dios servido de otorgarle al magnate un heredero. Pagado, resarcido de todos se consideró con el regalo: parecía hijo de gigantes, y era tan hermoso y perfecto que a nada en el mundo podía compararse. Pesoseh el recién nacido, y diez veces su peso fue mandado, en oro, a varios templos y santuarios. Su sacrarreal majestadi vino en persona a sacarle de pila; repartiéronse ducados entre el pueblo, cual si fuese jura de soberano; celebráronse fiestas por ocho días, y numerosos mensajeros llevaron la nueva a ciudades y castillos. Timbre de Gloria se nombró al heredero. Rejuveneció el castellano con la dicha: de sombrío y sanguinario, tornose j regocijado y compasivo. Bajó a sus pecheros los impuestos; envió sus mesnadas en defensa de la cristiandad; dos galeras, costeadas a sus expensas, purgaban los mares de infieles; y las limosnas salían de sus arcas como de manantiales insecables. Colmó a las hijas y a la esposa, especialmente, de atenciones y finezas; hizo alianza con muchos caballeros, y grandes agasajos en su castillo.
Señores y vasallos, amigos y extraños competían en cariño al vástago precioso que trajo a la comarca tantas bendiciones. Timbre de Gloria confirmaba día por día el nombre que le dieron; en su persona pareció concentrarse el lustre y la grandeza de sus antepasados. El castillo, enantes tedioso y solitario, convirtiolok el infante en animada corte de placeres y discreteos. Tenía a perpetuidad un cuerpo de físicos que a EL ANIMA SOLA b (TRADUCCIÓN LIBRE
DEL PUEBLO)
c EN d sólo e á f ó g tántas h Pesóse i Sacrareal Majestad j tornóse k convirtiólo
El ánima sola le velaban por turno, para extirpar, en cuanto asomase, el amago de la enfermedad; y todo por lujo solamente, porque Timbre de Gloria era la misma salud. Academias laicas y clericales lo instruían en matemática, humanidades y ciencias teológicas. Habilísimos maestros en artes bélicas, musicales y venatorias fueron llamados de lejanas tierras, para adiestrarlo en tan caballerescos ramos. No en balde:2 a los dieciséis años daba quince y raya3 a unos y otros. Abismados se quedan los frailes con las hondas cuestiones que a menudo les propone, con los silogismos, en la más castiza latinidad, de que se vale a cada paso. No menos se pasman los matemáticos, al ver cómo caben y se relacionan en tan juvenil cabeza lo mismo los ápices del número y de la fórmula que las abstracciones del plano y del sólido. Ninguno como Timbre para garbear4 en el potro más indómito; ninguno como él en el manejo de gerifaltesa5 y halcones;b ninguno, para disparar venablos y ballestas. A su flecha no se escapan las pajaritas del cielo, y en cuanto echa la jauría por delante, no hay alimaña segura, a ver porque no se enmadriguera en el mismo centro de la tierra. Traslada a grandes distancias pesos enormes, como si fueran copos de algodón; para trepar y dar saltos, solo las corzas6 lo rivalizan; en canto y danza, parece hijo de Apolo y de Terpsícore; tañe, como él solo, desde el pastoril7 y caramillo8 hasta la cítara9 del poeta; y en cuanto a desatarse en improvisadas endechas,10 al compás de un laúd,11 es para el doncel lo mismo que conversar.
Como, yac en esa edad, tuviera una fiereza, unas lozanías y una beldad que ponían pálida y convulsa a cuanta hembra le mirase, quiso el padre darle estado,12 a fin de que le dejara, antes de marchar a la guerra, un par de nietos, por lo menos. Tras de largo discurrir y excogitar,13 atúvose a la fama, y eligió a Flor de Lis, hija de un poderoso castellano y tenida en el reinod por la más bella y recatada. Distante muchas jornadas del castillo de Timbre de Gloria estaba el de la hermosa; a él se encaminaron padre ee hijo, cargados de riquísimos presentes, con gran séquito de escuderos y servidumbre. No bien hizo la petición el caballero cuando le fue concedida; y al avistarse los prometidos, ambos a dos estuvieron a punto de desmayarse: tan hermosos y seductores se hallaron uno a otro, de tal modo traspasados por puntas de amor. Concertáronse las bodas con el plazo perentorio de los preparativos, y, después de tres días de espléndidos festejos, partieron los peticionarios.
Tamaño acontecimiento trascendió hasta los reinos limítrofes: apenas si cabría en el mundo pareja más hermosa, más ilustre, y novios el uno para el otro más apropiados. Timbre de Gloria estaba como loco: aun a las fieras del monte, hasta a los mismos muros del castillo quería comunicarles su ventura; enajenábase con la ausencia: eternidad se le volvía la rapidez vertiginosa con que se gestionaban los aprestos y diligencias del matrimonio.
Más que con los garzones14 de su clase, le ligaban vínculos de tierna amistad con su maestro predilecto, el licenciado Reinaldo, varón doctísimo y preclaro, en a jerifaltes b alcones c yá d Reino e é
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla quien cifró el mancebo cuanta fe y seguridad cupo entre amigos. El tala se hallaba, últimamente, en la corte, y Timbre de Gloria acudió en su busca, para hacerle partícipe de cuanto le acontecía y esparcirse con él en deliciosas confidencias. Nunca tal hiciera. Grande atención prestó el licenciado al desbordante relato del doncel; y luego,b con aire y tono de quien posee un secreto por nadie sospechado, dejosec decir estas palabras:
—Hermosa como el sol es tu prometida, amigo mío. Ricahembra más celebrada no conozco; pero…d —¿Peroe qué, maestro?
—¡Pero!f —volvió a decir el licenciado.
Y a que se explicase no fueron parte ni el ruego, ni las promesas, ni las lágrimas de su discípulo. Separose g de Reinaldo con el corazón emponzoñado. Ese pero que nada definía, que nada concretaba, tuvo para él, en la boca autorizada de su maestro y amigo, la sugestión terrible de lo desconocido.
¿Qué sería? ¿Qué no sería? ¿Un alerta, acaso? ¿Un pronóstico? ¿Cuántas y cuáles consecuencias tendría eso en su destino? ¡Imposible adivinarlo! Mas, fuese esto, aquello o lo de más allá, no le cabía duda que era algo grave, tal vez vergonzoso, que, en su inexperiencia de niño, no le era dado ni sospechar siquiera. Solo así se explicaba la obstinación de su maestro en aclarar el asunto; de otra suerte no concebía aquel pero en boca por la que hablaban la prudencia y la sabiduría. Labrándole, corroyéndole la palabra cada vez más, llegó al castillo tan tembloroso y desencajado, que todos a una15 tuviéronlo por próximo a expirar.h Corrieron los escuderos, corrió el padre, corrió la madre, corrieron las hermanas; bajáronlo del corcel como un difunto y lo llevaron en vilo16 hasta su lecho. A la gritería y confusión, cobró alientos el mancebo; mas fue para arrojarse desatentado17 y ponerse de hinojos a las plantas de su padre. En tal guisa sacó la tizona18 y, con voces doloridas y entrecortadas, dijo así:
—Padre y señor: tomad mi propio acero y quitadme la vida; no la merezco ni la quiero. No la merezco, porque tengo de faltar al honor; no la quiero, porque no hay bajo el cielo hombre más desgraciado que vuestro hijo. —¡Loco!… ¡Mi hijo está loco! —prorrumpió el castellano, presa del espanto. —No estoy loco, padre y señor —replica Timbre de Gloria, con acento seguro y reposado. —Hoy más que nunca estoy en mis cabales; pero ni vos ni nadie en el mundo será poderoso a que yo tome por mujer a Flor de Lis. ¡Por mis padres que me escuchan, por el Dios que está en los cielos, juro que solo en pedazos me llevan al altar y que no tomaré por esposa a otra mujer! De antemano me declaro reo de muerte, y os pido, padre mío, cumpláis la sentencia. Tomad mi espada… No vaciléis un punto.
—Álzate,i hijo mío; envaina j el acero, que estás loco.
—Tratadme como a tal, si así lo creéis; pero mi juramento es irrevocable. a tál b luégo c dejóse d pero….
e —Pero f —Pero g Separóse h espirar i Alzate j enváina
El ánima sola Dijo y salió.
Creyosea en el castillo que, sobre la locura del hijo, vendría la muerte del padre: tan espantosa fueb la apoplejía que le acometió. Pero estaba de Dios que escapase de esa.c No por ello amainó Timbre de Gloria. Ni su madre ni nadie pudo arrancarle las razones que le asistían para tamaños desafueros. Días después, llamolod el caballero a su presencia, y le ordenó: Trepae a la torre del homenaje y, con tu propia espada, borraf el lema y la heráldica de nuestro blasón.
Ardua fuera la empresa para otro. En el lado más visible del altanero torreón, sobre la serie paralela de saeteras, campaba, labrado en piedra de sillería, el enorme escudo. Su divisa en latín y en grandes caracteres podía leerse a muchísima distancia. Traducida al romance, rezaba, más o menos: Primero la muerte que el deshonor. Apresuroseg el mancebo a cumplir su cometido. Colgó de las almenas una escala a manera de trapecio, deslizoseh por ella como un acróbata, sacó la espada y principió. Había para rato. Trabajó desde el alba hasta la noche. Nada le detuvo: ni la dureza de la piedra, ni lo disparatado del instrumento, ni la violencia de la posición. Pasaban días y días, y el doncel siempre colgado. Ni una palabra le dirigió su padre en tantoi tiempo. Si creyó al principio que con el recurso de la borradura cedería el obstinado, ya lo dudaba. En su cólera, no sabía a qué castigo apelar. Llegó un día en que de la gloriosa y complicada heráldica no quedó ni vestigio en el escudo. Fuese Timbre de Gloria a su padre y le dijo: Venid a ver si he cumplido vuestras órdenes.
Y fue el padre y vio.
Mandó al garzón se vistiera los arreos y las galas de caballero y tornase a su presencia; mandó a sus escuderos le trajesen las cadenas y los grillos más pesados que hubiera en los calabozos, la pellica19 más vieja que encontrasen en la cabaña de los pastores y las tijeras con que esquilaban las ovejas.
Doncel y escuderos tornaron a un tiempo; ellos, temblando de espanto; él, sereno e impasible.
Mándale el padre ponerse de rodillas y, en cuanto lo hace, córtale a tajos la cabellera de arcángel; júntala en manojo, y cual si fuera rayo de su cólera, lo lanza hasta el corral. Cógele por el cuello y lo levanta, tómale la espada, pártela en dos contra la rodilla y arroja los pedazos a un foso; despójalo de la espuela y las insignias, y, a dos manos, frenético, insano, le arranca, le desgarra, le hace añicos recamos,20 sedas y holandas.21 En viéndole desnudo, le echa encima las repugnantes pieles; cíñele luego los hierros remachándoselos él mismo con su propia mano. Apártase unos pasos, no bien termina; brama de ira y, entre acecidos22 y temblores, le dispara estas palabras: ¡Maldito sea el día en que te engendré! ¡Malditas las entrañas que te concibieron! ¡Aparta j de mi vista, hijo desnaturalizado! ¡Vetek a acabar tu vida, enterrado a pan y agua, en el sótano más hondo del castillo! ¡Púdrase tu cuerpo, a Creyóse b fué c ésa d llamólo e Trépa f bórra g Apresuróse h deslizóse i tánto j Apárta k Véte
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla hierva de gusanos antes de morirte, abísmese tu alma en los infiernos y caiga sobre ti la maldición de tu padre!
Repitió el eco las palabras, oscureciosea el cielo, corrió el espanto en la comarca; y Timbre de Gloria, escoltado por sus propios escuderos, marchó a la condena.
Un pergamino, escrito por el capellánb del castillo y firmado por una cruz —quec era todo el autógrafo del castellano— fue remitido al padre de Flor de Lis. Por tal documento se le hacía saber la locura del mancebo y el fracaso consiguiente de las bodas.
De allí a poco, dio el anciano en sacrílega demencia. No la mano, sino el pie puso en el rostro del capellán; acabó a golpes de hacha con cuanta imagen de santo había en el castillo; suspendió de la horca la estatua de sand Miguel, patrón glorioso de su raza; convirtió la capilla en perrera, y las venerandas reliquias de mártires, que de siglos atrás guardaba la familia como tesoro preciosísimo, fueron arrojadas al muladar.23 Tras el furor, le sobrevino lamentable atonía; entrolee frío en el tuétano, y murió, impenitente, blasfemo, espantoso.
La infortunada viuda quiso, al menos, desenterrar al maldecido. Bajó hasta la mazmorra y, a la luz de las antorchas con que dos pajes le alumbraban, vio al hijo de sus entrañas revolcado en su propia sangre, aplastada la cabeza como una masa informe.
No sobrevivió la infeliz a tanta desventura. Sus hijas e hijastras, unas quedaron locas, otras fatuas24 y tontas las restantes. Los siervos se alzaron a mayores; y sobre los inmensos dominios y riquezas de tan ilustre raza cerniosef la rapiña. Flor de Lis, entretanto, se agostaba25 como azucena roída por el gusano. Viuda moralmente, muerta para el mundo y con el alma enferma, metioseg religiosa en orden de estrecha regla.
Tan tétricos sucesos fueron asunto de una balada gemebunda, con que los dulces y errantes trovadores disipaban el tedio de los magnates y hacían llorar a las castellanas, en las sombrías veladas del invierno.
II Ni una vez, ni una,h se acusó a sí propio el licenciado de la tragedia del castillo. A raíz del pero, tembló por su cabeza, temiendo que el garzón le divulgase; con la muerte del castellano respiró. Para el corazón de ángel que le quiso con ternura y le colmó de favores; que llevó, sin venderle, sin maldecir de su nombre, la espina envenenada, no tuvo luego el victimario ni el perfume de un recuerdo.
Pasó el tiempo, y hasta la misma balada se olvidó.
Viento favorable había elevado al licenciado. Prez y honra le dieron a oscurecióse b Capellán c cruz—que d San e entróle f cernióse g metióse h úna
El ánima sola sus talentos, su saber, los altos puestos que ocupó y los grandes personajes que frecuentaba. A mayor abundamiento, un su tío, arcediano26 opulentísimo, lo instituyó su único heredero. No obstante todo esto, y los cincuenta años en que frisaba, permanecía célibe.
Embebido hallábase una noche el insigne Reinaldo en la maraña de ruidosa litis,27 de que era parte, y, a tiempo que pasaba de Las Pandectas a El Digesto28 y de los fueros a las pragmáticas, oyó que Timbre de Gloria, con voz triste y suplicante, le dijo al oído: “¿Pero qué, maestro?”.a Soplo helado de ultratumba le recorrió las vértebras, le erizó los pelos, y lo dejó en la silla como petrificado. Allí quedara, si un trueno horrible que conmovió los cimientos de la tierra, no lo botase del sillón y lo volviese a la vida. Tiroseb en el lecho como un sonámbulo, y la conciencia, muda hasta entonces, le habló. A la mañana siguiente, se postraba, bañado en llanto, retorcido de dolor, ante un sacerdote. De todo le absolvió… menos del pero. Vuela al obispo, y tampoco: es delito reservado al papa,c al papa únicamente. ¿Qué hace?
Sale y publica su falta por calles y por plazas; corre a sus arcas, vacíad las talegas y reparte el oro entre los pobres, va a un escribano y cede lo demás a templos y hospitales. Nada se reserva. Viste luego el sayal de peregrino; coge un báculo y emprende, a pie descalzo, camino de Roma. Implora donde llega el mendrugo de pan; duerme en despoblado sobre asperezas y cantiles;29 golpéase el pecho con piedras puntiagudas. Demacrado, macilento, el cuerpo una sola llaga, toca a las puertas de la Ciudad Eterna, treinta y tres meses después. Merced a los buenos oficios de unos monjes, llega hasta su santidad.e Oyolef el vicariog de Cristo y le dijo: Enorme es tu delito, hijo mío; enorme ha de ser tu penitencia. Mucho has expiado hasta ahora; pero ese mucho es a tu falta lo que una gota de agua al mar. Parteh ahora mismo y, siguiendo siempre hacia oriente,i peregrina hasta que mueras. Tomarás, por todo sustento, tres bocados cuotidianos de pan negro y tres veces la porción de agua que te quepa en la cuenca de tu mano. Solo dos horas dormirás, y estas j al mediodía y siempre sobre piedras y a la intemperie, lo mismo en invierno que en verano. A donde quiera que llegues, solicitak por los muertos del día, y velal tú solo al que la suerte te depare. Si no le hay, vela este esqueleto, que has de llevar siempre contigo, sobre la espalda, pegado a tus carnes bajo el sayal de lana. Te ceñirás tibias y peronés a la cintura, como un cilicio; cúbitos y radios, al cuello, como un cordel. Tomam esta caldereta que contiene el agua inagotable del perdón, y esta rama inmarcesible de olivo. Llévalos siempre ocultos y dan con ellos paz a cuantos muertos velares. Si cumples esto, hijo mío, hasta tu muerte, estarás en vía de salvación.
Ciñoseñ allí mismo el esqueleto, tomó la bacíao30 y el hisopo…p y a andar, a andar.
¿A dónde no fue? Recorrió mares y continentes, metrópolis sabias y populosas; a Pero qué, maestro?
b Tiróse c Papa d vacia e Santidad f Oyóle g Vicario h Párte i Oriente j éstas k solicíta l véla m Tóma n dá
ñ Ciñóse o vacía p A: hisodo.... /
B: hisopo..... / C: hisopo.... / D, E, F y G: hisopo...
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla discurrió por aldeas y cortijos, por comarcas ásperas y desiertas; probó el pan de todas las naciones, bebió el agua de todos los ríos y aspiró el aire de todos los climas; conoció los ritos fúnebres de todas las religiones; veló muertos de todas las razas y oyó lamentarlos en todas las lenguas.
Siempre hacia oriente, hacia oriente, llegó al caer de una tarde melancólica a la ciudad nativa.
¡Tlan! ¡tlan! ¡talán! gemían las campanas, enloquecidas de dolor; seguían otras y luego otras, y los lamentos del bronce llenaban el ámbito, y el eco los repetía más tristes cada vez. Respirábase en la metrópoli ambiente de orfandad; discurría el gentío con aire de pesadumbre, y por entre el clamoreo de las campanas, oíase como un concierto de sollozos.
Avanzó el peregrino ciudad adentro. En todas partes, hombres y mujeres, niños y ancianos, agotaban el mismo tema, en llorosos grupos. Por palabras y frases tomadas aquí y allá, vino en conocimiento del suceso: la madre Esclava del Cordero había muerto en olor de santidad y en uso perfecto de sus facultades, a la edad de ciento quince años. La ciudad toda pedía su canonización. Por los andenes de una plaza, seguido de muchos sacerdotes, venía el obispo.a Arrodilloseb el peregrino en los portales de un edificio, para recibir la bendición. El aire ascético y penitente del romero; su barba centenaria, que al estar él de hinojos, barría por el suelo; los surcos que el llanto había labrado en sus mejillas; la extraña corcova que le formaba el esqueleto, llamaron sobremanera la atención de su ilustrísima.c Detúvose un instante; y el peregrino, con humildad y unción que conmovieron hondamente al prelado, besoled el anillo y le pidió permiso para velar la religiosa. Hízole seguir hasta palacio Su Señoría, y de ahí a poco envió a las monjas orden terminante de dejar sola la muerta, de cerrar la iglesia inmediatamente y de enviarle las llaves.
Con el último toque de ánimas entraba el peregrino en el antiguo templo. La presencia de Dios y el misterio de la muerte sentíanse en el augusto silencio del recinto. Luctuosos paños pendían de las bóvedas en oscilantes pabellones; velado estaba el altar como en cuaresma. Sobre él, sangriento y lastimoso, en cruz enorme de marfil, se destacaba un Cristo de Viernes Santo; como astro distante y solitario, alumbraba apenas la lámpara del sacramento.e En la amplia nave central alzábase, negro e imponente, el catafalco31 de la muerta; seis blandones32 reflejaban sus luces en las guarniciones y lágrimas de plata de las fúnebres colgaduras. Postrosef boca abajo el peregrino y oró un corto espacio; se arrastró, luego, de rodillas hasta el centro, y dio sobre el féretro los treinta y tres asperges de costumbre. Apenas terminados, cae el sudario, y, alta, rígida, con majestad hierática, se alza la monja y dice: —Bieng haces en hisoparme, peregrino. El agua santa de la misericordia cae sobre los muertos como rocío del cielo. Te esperaba. Por permisión divina, tengo de revelarte grandes cosas. Toma un escabel33 y siéntate; girah en torno la mirada y dimei a obispo b Arrodillóse c Su Ilustrísima d besóle e Sacramento f Postróse h gíra i díme g Bien
El ánima sola lo que veas.
Y su voz, argentina y dulcísima, se modulaba en inflexiones de suprema tristeza. Obedeció, subyugado, el peregrino. Velo impenetrable cubrió la lámpara del tabernáculo; apagáronse a un golpe los blandones; tiniebla pavorosa, como de interior de tumba, envolvió el templo.
—¿Qué ves, hermano mío? —preguntó la religiosa.
Guardó silencio el peregrino, como absortado, y al cabo habló así: —Hermana… Grandioso, incomparable espectáculo se ofrece a mis sentidos. Lumbre intensísima, para mí desconocida, inunda cuanto veo. Lejos de cegarme, mi visual alcanza y precisa a distancias incalculables. Oigo, y mi audición percibe la armonía de concierto y distingue, a la vez, el más vago y leve rumorcillo. Todo lo entiendo y lo defino, por obra de intuición sobrehumana. En todo estoy a un mismo tiempo, cual si tuviera el dona de ubicuidad. Ni cordilleras ni nevados limitan el infinito horizonte. Si esto fuere espectáculo del mundo, el globo de la tierra ha debido abrir su planisferio, sin perder por ello sus innúmeras sinuosidades. Colocado estoy en el centro, sobre una eminencia, punto preciso de vista para abarcarlo todo. —¿Y qué ves desde allí, peregrino?
—Veo magníficas basílicas de severa,34 desconocida arquitectura, que hunden en el cielo sus agujas; santuarios que brillan en las cumbres como bloques de nieve inconmovible; dilatados monasterios que blanquean en mitad de las llanuras; villas que en torno de aquellosb se agrupan, cual si buscasen su sombra. Veo, en desiertas altiplanicies, lazaretos más extensos y hermosos que los palacios de los reyes. Veo infinidad de bajeles de mil formas, que surcan todos los mares, que anclan en todos los puertos, que llevan en sus velas y en sus mástiles la cruzc de Jesucristo. ¡Ah!… ¡La divina enseña por todas partes! Osténtanla en sus coronas y en sus cetros monarcas poderosos que pasan ante mí en incontable procesión; osténtala en sus tiaras la serie de pontífices que más allá contemplo; en sus mitras, esotra de prelados que diviso a lo lejos; en sus casullas,35 legión innumerable de sacerdotes.
—¿Y qué más?
—Siempre la cruz, hermana mía; por cientos, a millares, ¡como campo de mieses! En cada cruz, un cuerpo suspendido: son mujeres de ideal belleza. Ásperod saco, erizado por dentro de sutiles puntas, encubre sus encantos y se clava en sus carnes; se distienden sus miembros, medio dislocados; crujen sus huesos; pies y manos se atrincan contra el leño por cordeles de esparto; corona semejante a la de Cristo ciñe sus cabezas; corre la sangre por sus frentes; de sus poros salta el sudor de la fatiga y del suplicio. No mueren: se atormentan. Como la santa de Pazzis36 quieren la vida para padecer; y cada una de aquellas mártires es descolgada por sus hermanas, antes de que la tortura la haya hecho sucumbir; otra la sustituye, y a esta la siguiente, porquee no esté nunca desierta la cruz del Redentor. Son Las Crucificadas. Limpias como la nieve al descender del cielo, se ofrecen en lento, perpetuo holocausto por b aquéllos a dón c cruz d Aspero e por que
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla los crímenes del mundo. Porque la víctima sea más preciosa; por sacrificar lo que más amaron las hijas de los hombres, solo hermosura reciben en su seno. Deténgome, ahora, ante otro cuadro no menos indecible. Son como aves blancas que vagan sin cesar. Se arremolinan en bandadas; se dispersan como pétalos de rosa que se deshojase en el aire; giran, febricitantes de amor, para posarse luego donde quiera que agonicen los mortales. Vuelan de los apestados a los leprosos, del lazareto al cobertizo del campo, donde perece el aislado. Caídas del cielo, surgen en los siniestros y catástrofes. A través del nublado de la metralla y el vapor de sangre de los combates, entre las nubes de polvo y los escombros del terremoto, sobre las aguas furiosas que inundan los pueblos, entre las llamas del incendio, en toda desgracia, en toda muerte, flota y tremola,37 como enseña de paz, el velo cándido que las envuelve. Son Las Cazadoras de Almas. Se diezma, se aclara la bandada. No importa. Por soplar en el oído del moribundo el nombre de Jesús, perecen ciento; ciento, porque bese el labio contraído la imagen de Jesús; y por disputar una alma a Satanás, en su hora suprema de asalto, perecieran todas.
Me pasmo, ahora, ante un prodigio que no soñaron los genios de la tierra. Es un lienzo. El alma del pintor debió de subir al Cielo y tornar aquí abajo para reproducirlo. Arriba, sobre iris y divinos resplandores, corona el Eterno a María por reinaa del Empíreo;38 espíritus angélicos y bienaventurados se prosternan, la glorifican y la aclaman; la inmensidad de cabezas forma horizontes. Abajo, entre incendios de gloria, miro el Cordero; los coros de vírgenesb entonan en rededor el himno de la pureza… ¡Ah! ¡otro cuadro, y otros, y millares! Todos del cielo. Pintando están centenares de artistas. Es escuela al par que oblación. Trabajaban de rodillas, por su Dios y para su Dios, poseídos de fiebre glorificadora. A cada pincelada alzan los ojos al cielo y se transfiguran: piden inspiración al Padre de la Belleza y le ofrecen a un tiempo sus trabajos. Son Los Artistas sin mancha.
Quedosec de pronto silencioso, como abismado en la contemplación. —¿Por qué callas, peregrino?
—El gozo me roba el alma, hermana mía, y temo que mi vista se engañe. Estoy en Jerusalén. Sobre la cúpula de Omar39 se eleva, victoriosa, triunfante, perfilada en el cielo, abiertos los brazos, protegiendo al mundo, la cruz de Jesucristo. Se eleva sobre los encumbrados minaretes40 pintados de arrebol, sobre las torres cuadradas y las cúbicas habitaciones, en los desiguales muros y en las puertas de la Ciudad Santa. Infinidad de templos católicos se yerguen en su recinto; yérguense en las escarpadas alturas del Moria,41 en el valled de Sión,42 en la cima del montee Olivete.43 Arquitectura y estatuaria cristinas, de arte prolijo y hondo simbolismo, cubre de mármoles preciosos las pendientes del Gólgota.44 Las campanas repican gloriosas en todos los templos; vibra el júbilo en las ondas del Siloé45 y del Cedrón,46 en las cumbres del monte del Escándalo;47 regocíjanse en sus sepulcros las cenizas de a Reina b Vírgenes c Quedóse d Valle e Monte
El ánima sola David48 y de Josafat.49 Muchedumbre de fieles se desborda en la que fue mezquita de Omar; resuena el órgano como intérprete de tanto corazón; por el dombo50 anchuroso suben las preces entre gasas de incienso. Sobre el altar de David, en custodia magna, donde cuajó el oriente sus tesoros y el arte sus maravillas, está expuesta la majestada de Dios. El púlpito de ébano y marfil, orgullo de Noradino,51 ocúpalo un prelado. Su rostro hermoso se contrae por la inspiración, flamean deslumbrantes sus pupilas, fuego divino arrebata su verbo en raudales de elocuencia. Celebra el santo de la fiesta, al emperador de orienteb que rescató definitivamente y para siempre el sepulcro de Jesús, los lugares donde se vertió la Sangre Redentora y se instituyó la eucaristía;c al espanto del paganismo que extendió el nombre de Dios por todo el Asia, por las regiones enantes misteriosas de Nubia52 y Abisinia,53 por cuantas islas constelan el océano…d ¡Veo al santo, lo estoy viendo!… Es el mismo… —Basta ya, peregrino —dijoe la religiosa, siempre en pie. Tornó aquel a las tinieblas y revivieron lámpara y blandones—. Basta ya. Cuanto has contemplado es mínima parte del gran todo. Eso, que tanto te enajena, está solo en la mente de Dios, que lo mismo abarca lo que ha sucedido que lo que debió suceder. Nada de esto ha pasado aquí en la tierra, bien lo comprendes. Hubiera pasado, peregrino; mas una simple palabra bastó a impedirlo: fue tu pero. Yo soy aquella Flor de Lis, de otro tiempo; de mi unión con Timbre de Gloria hubiera resultado, por descendencia, la muchedumbre de héroes, de genios, de conquistadores y de santos; el cúmulo de grandes hechos, de instituciones, de obras inmortales y de glorias que acabas de contemplar. Esa lumbre para ti desconocida, fuera la glorificación de Dios acá en la tierra. El santo que has visto y oído celebrar, fuera mi nieto Timbre de Gloria I, majestadf cristiana de todo el oriente. Mide ahora las consecuencias de tu falta. Quitaste una honra; echaste sobre un hombre inocente la maldición de su padre; extinguiste una raza; arrojaste dos almas al infierno; privaste a la tierra de infinitos bienes y al Cielo de infinitos santos; impediste la salvación de millones de almas, el reinado y la glorificación de Dios; te interpusiste entre Élg y sus criaturas. Esto hiciste, licenciado Reinaldo. Un siglo ha,h precisamente, que, en este mismo templo en que estamos, imploraste perdón por tu delito. Perdonado estás. Un siglo llevas de expiación: vas a terminarla en esta vida y a principiarla en la otra. El día supremo del juicio universal saldrá tu alma del fuego que purifica, para ser juzgada la última. También a la pecadora que te habla se le esperan tres siglos de esa llama. Pecó mucho: esposa de Cristo, necesitó noventa años para arrancar de su corazón el amor a un muerto, a un suicida. Mas el Dios de las clemencias concediolei ciento quince años de vida terrenal, para que llorase sus culpas, como te ha dado a ti ciento cincuenta. Encargada estoy en este instante de la justicia divina.
¡De rodillas, peregrino, que vas a comparecer ante el Supremo Juez! Baja del féretro la monja, acércase al licenciado y con la débil diestra le arranca la lengua de raíz.
a Majestad f Majestad b Emperador de Oriente c Eucaristía d Océano….
e peregrino. (Dijo g El h há i concedióle
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Al día siguiente, los alguaciles reales llevaban un reo a la vergüenza. Al acercarse a la picota de piedra, vieron encima una lengua humana que aún palpitaba. Van a quitarla y fuerza misteriosa los rechaza. Ni entonces ni después pudo nadie acercarse. Cerniose el espanto en esa piedra, como sobre lugar de maldición; de él huyeron las aves y las brisas; en torno de esa lengua hízose el vacío, que ni el aire impuro quiso contaminarse. Ahí está: ni el agua la reblandece, ni la calcina el resistero,54 elemento alguno la destiñe. Ahí está, sangrienta, palpitante, indestructible como la calumnia.
Y vosotras, hijas sencillas de mis montañas, rezad por el alma del licenciado. En los grandes días de perdón, cuando se despuebla el purgatorio, allá se queda esa alma solitaria. Si vuestras preces no acortan el plazo irrevocable, amenguan, al menos, el fuego blanco de la purificación. En alta noche, cuando el viento se queje en las ventanas y gima en las techumbres, cuando los perros aúllen de tristeza, rezad por el Ánima sola.
El ánima sola
1
Cuento publicado por primera vez en El Montañés de Medellín en el número 12, agosto de 1898. El ánima sola: Mit. antioqueña. Espectro que aparece por los meses de noviembre, pidiendo una oración. Creencia de origen español. Se manifiesta por una mujer errante que vaga o camina hasta la consumación del mundo (dfa, 1995).
2
en balde: loc. adv. en vano (dle, 2018).
3
dar quince y raya: locs. verbs. coloqs. Excederle mucho en cualquier habilidad o mérito (dle, 2018).
4
garbear: intr. Pasear, moverse (dle, 2018).
5
gerifaltes: m. Halcón de gran tamaño, que vive ordinariamente en el norte de Europa (dle, 2018).
6
corzas: Mamífero rumiante de la familia de los cérvidos, algo mayor que la cabra, rabón y de color gris rojizo, que tiene las cuernas pequeñas, verrugosas y ahorquilladas hacia la punta (dle, 2018).
7
pastoril: [f lauta pastoril] f. Instrumento musical de viento, de madera u otro material, en forma de tubo con varios agujeros circulares que se tapan con los dedos o con llaves (dle, 2018).
8
caramillo: Flautilla de caña, madera o hueso, con sonido muy agudo (dle, 2018).
9
cítara: Instrumento musical antiguo semejante a la lira, pero con caja de resonancia de madera. Modernamente esta caja tiene forma trapezoidal y el número de sus cuerdas varía de 20 a 30. Se toca con púa (dle, 2018).
10 endecha: Canción triste o de lamento (dle, 2018).
11 laúd: Instrumento musical de cuerda parecido a la bandu-
rria, pero de caja más grande y sonido menos agudo que ella (dle, 2018).
12 dar estado: loc. verb. Dicho del padre o de la madre de familia, o de quien hace sus veces: Colocar a los hijos en el estado eclesiástico o en el de matrimonio (dle, 2018).
13 excogitar: tr. Hallar o encontrar algo con el discurso y la me-
ditación (dle, 2018).
14 garzón: Muchacho joven (dle, 2018).
15 todos a una: expr. todos a un tiempo, unidamente o junta-
mente (dle, 2018).
16 en vilo: loc. adv. Sin el apoyo físico necesario o sin estabilidad
(dle, 2018).
17 desatentado: Que habla u obra fuera de razón y sin tino ni
concierto (dle, 2018).
18 tizona: Espada (dle, 2018).
19 pellica: Cubierta o cobertor de cama hecho de pellejos finos
(dle, 2018).
20 recamo: Bordado de realce (dle, 2018).
21 holanda: Lienzo muy fino de que se hacen camisas, sábanas y
otras cosas (dle, 2018).
22 acecidos: De acezar. intr. jadear (dle, 2018).
23 muladar: Lugar o sitio donde se echa el estiércol o la basura de
las casas (dle, 2018).
24 fatua: adj. desus. Falto de razón o de entendimiento (dle, 2018).
25 agostar: Consumir, debilitar, o destruir las cualidades físicas o
morales de alguien (dle, 2018).
26 arcediano: En lo antiguo, el primero o principal de los diáco-
nos (dle, 2018).
27 litis: Der. pleito (litigio judicial) (dle, 2018).
28 Las Pandectas: Cuerpo de leyes (dle, 2018); Digesto: Colección
de textos escogidos de juristas romanos (dle, 2018). El Digesto, nombre que se daba a los tratados muy extensos sobre el Derecho, proviene de digerere (distribuir ordenadamente), o Pandectas (de dos voces griegas que significan contener todo), fue redactado luego de examinar más de 1.600 libros en un plazo de tres años, ordenado por el emperador Justiniano (UniversoJus, 2017).
29 cantil: Borde de un despeñadero (dle, 2018). 30 bacía: vasija (pieza para líquidos o alimentos) (dle, 2018).
31 catafalco: Túmulo adornado con magnificencia, el cual suele
ponerse en los templos para las exequias solemnes (dle, 2018). 32 blandón: Vela gruesa de cera con una mecha (dle, 2018).
33 escabel: Asiento pequeño hecho de tablas, sin respaldo
(dle, 2018).
34 basílicas de severa: Originariamente, edificio romano utiliza-
do como tribunal y lugar de reuniones políticas o comerciales (eu, 1978). Puede estar refiriéndose a una de las más reconocidas basílicas del mundo romano, a saber, la de Lucio Septimio Severo (N. del E.).
35 casulla: Vestidura que se pone el sacerdote sobre las demás
para celebrar la misa, consistente en una pieza alargada, con una abertura en el centro para pasar la cabeza (dle, 2018).
36 santa María Magdalena de Pazzi: (1566-1607), una noble tosca-
na (Florencia-Italia) quien desde muy temprana edad asumió los votos como monja carmelita, cambiando su nombre de Caterina de Pazzi a María Magdalena (eb, 1969). Martirizada en el cuerpo por llagas dolorosísimas, cuando el dolor se hacía insoportable, Sor María Magdalena, que había sido nombrada maestra de novicias, hallaba la fuerza para repetir las palabras que se convirtieron en el lema de su vida: “Pati, non mori”, sufrir y no morir (Amo, 2018).
37 tremola: Enarbolar los pendones, las banderas o los estandar-
tes, y, por extensión, otras cosas, batiéndolos o moviéndolos en el aire (dle, 2018).
38 empíreo: Cielo, paraíso (dle, 2018).
39 mezquita de Omar: Templo musulmán que se encuentra en
Jerusalén, ubicado junto al Santo Sepulcro de la religión cristiana. Construido en honor al Califa Omar ibn al-Jattab (eb, 1969). Este último, considerado el segundo califa ortodoxo del islam (eu, 1978).
40 minarete o alminar: Torre de las mezquitas, por lo común ele-
vada y poco gruesa, desde cuya altura convoca el almuédano a los musulmanes en las horas de oración (dle, 2018).
41 Moria: Nombre que en castellano se da al topónimo hebreo
Moriyyah. Nombre de una región montañosa de Palestina, en la cual se hallaba el lugar donde Abraham debía inmolar a su hijo Isaac (eb, 1969).
42 valle de Sión: El monte en que se estableció Jerusalén en los
primeros tiempos tenía escarpadas depresiones de terreno en tres lados. El mismo monte en sí, estaba dividido por el Tiropeon o valle que forma las dos colinas: una, en la parte de poniente, sobre la cual se hallaba, en la época del segundo Templo, la población superior y a la que se da corrientemente el nombre de monte Sión (eb, 1969).
43 monte Olivete: Hace referencia al Monte de los Olivos. Am-
bos términos son empleados como sinónimos (eb, 1969). Monte situado al oriente de Jerusalén, de la que le separa el valle del Cedrón; monte especialmente relacionado con la historia de Cristo (eb, 1969).
44 Gólgota: Lugar en que crucificaron a Jesús. Está en las afueras
de Jerusalén, pero no lejos de ella (eb, 1969).
45 estanque de Siloé: Piscina o alberca de Jerusalén, donde ter-
mina el túnel que Ezequías hizo construir para la conducción segura, en caso de guerra, de las aguas al interior de la ciudad (eb, 1969).
46 valle del Cedrón: (Torrente del Cedrón). Es el valle que corre
al este de Jerusalén y la separa del monte Olivete (monte de los Olivos) (eb, 1969).
47 monte del Escándalo: Nombre con el que también se conoce al
Monte de los Olivos (Pendiente referente).
48 David: (1040-965 a. C. aproximadamente). Último hijo de
Saúl, de la familia de Isaí o Jesé, de la tribu de Judá (eb, 1969). Asumió el reinado de Israel como su segundo y legítimo rey (eu, 1978). Reconocido en la biblia en los libros de Samuel y Salmos. Recordado por vencer a Goliat, o bien por su historia con Betsabé (N. del E.).
Notas explicativas
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
49 Josafat: (908-849 a. C) Cuarto rey de Judá después de la di-
visión de los reinos y sexto rey de la casa de David (eb, 1969). 50 dombo: Arq. cúpula (bóveda) (dle, 2018). 51 Noradino: Nombre de sultán de Egipto en el siglo xii (eu, 1978).
52 Nubia: Antigua región del NE de África, que comprendía
parte de Egipto y Sudán, situada entre la primera y cuarta catarata del Nilo, y entre el desierto Líbico, al O., y el mar Rojo, al E. (eu, 1978).
53 Abisinia: Antiguo nombre empleado para designar a Etiopía
(eu, 1978).
54 resistero: Tiempo después del mediodía en que aprieta más
el calor (dle, 2018).
Notas explicativas
San Antoñito A: Revista El Montañés (1899). Medellín. B: El padre Casafús: Novela (1914). Medellín: Carlos E Rodríguez.
C: Cuentos de tejas arriba (1936). Medellín: Atlántida.
D: Revista Gloria (1946). Medellín: Fabricato. E: Obras completas (1952). Madrid: epesa. F: Cuentos de Tomás Carrasquilla: “Náufrago asombroso del siglo de oro” (1956). Medellín: Bedout.
G: Seis cuentos (1959). México: Ediciones de Andrea.
H: Cuentos (1973). La Habana: Casa de las Américas.
I: Cuentos de Tomás Carrasquilla (1984). Medellín: Argos.
J: Cuentos colombianos (2009). Madrid: Popular.
Héctor Fabio Buitrago Correa Editor crítico Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1899) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: S San Antoñito
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla San Antoñito1 Aguedita Paz era una criatura entregada aa Dios y a su santo servicio. Monja fracasada, por estar ya pasadita de edad cuando le vinieron los hervores monásticos, quiso hacer de su casa un simulacro de convento, en el sentido decorativo de la palabra; de su vida algo como un apostolado, y toda, toda ella se dio a los asuntos de iglesia y sacristía, a la conquista de almas, a la mayor honra y gloria de Dios, mucho a aconsejar a quien lo hubiese ob noc menester, ya que no tanto a eso de socorrer pobres y visitar enfermos.
De su casita para la iglesia y de la iglesia para su casita se le iba un día, y otro, y otro, entre gestiones y santas intriguillas de fábrica, componendas de altares, remontas y zurcidos de la indumentaria eclesiástica, toilette de santos, barrer y exornar2 todo paraje que se relacionase con el culto.
En tales devaneos y campañas llegó a engranarse en íntimas relaciones y compañerismo con Damiancito Rada, mocosuelo muy pobre, muy devoto y monaguillo mayor en procesiones y ceremonias. En quien vino a cifrar la buena señora un cariño tierno a la vez que extravagante, harto raro por cierto en gentes célibes y devotas. Damiancito era su brazo derecho y su paño de lágrimas: él la ayudaba en barridos y sacudidas, en el lavatorio y lustre de candelabros ed incensarios; él se pintaba solo para manejar albas y doblar corporales y demás trapos eucarísticos; a su cargo estaba el acarreo de flores, musgos3 y forrajes para el altar, y era primer ayudante y asesor en los grandes días de repicar4 recio, cuando se derretía por esos altares mucha cera y esperma, y se colgaban por esos muros y palamentas tantase coronas de flores, tantísimos paramentones5 de colorines.
Sobre tan buenas partes, era Damiancito sumamente rezandero y edificante, comulgador insigne, aplicado como él solo dentro y fuera de la escuela, de carácter sumiso, dulzarrón y recatado; enemigo de los juegos estruendosos de la chiquillería, y muy dado a enfrascarse en La Monja Santa,6 Práctica de Amor a Jesucristo7 y en otros libros no menos piadosos y embelecadores.
Prendas tan peregrinas como edificantes, fueron poderosas a que Aguedita, merced a sus videncias e inspiraciones, llegase a adivinar en Damián Rada no un curita de misa y olla, sino un doctor de la iglesia, mitrado cuando menos, que en tiempos no muy lejanos había de refulgir cual astro de sabiduría y santidad para honra y glorificación de Dios.
Lo malo de la cosa era la pobreza e infelicidad de los padres del predestinado y la no mucha abundancia de su protectora. Mas no era ella para renunciar a tan a á b ó c nó d é e tántas
San Antoñito sublimes ideales: esa miseria era la red con que el Patas quería estorbar el vuelo de aquella alma que había de remontarse serena, serena, como una palomita, hasta su Dios; pues no, no lograría el Patas sus intentos. Y discurriendo, discurriendo cómo rompería la diabólica maraña, diosea a adiestrar a Damiancito en tejidos de red y crochet; y tan inteligente resultó el discípulo, que al cabo de pocos meses puso en cantarilla8 un ropón9 con muchas ramazones y arabescos que eran un primor, labrado por las delicadas manos de Damián.
Catorce pesos, billete sobre billete, resultaron de la invención. Tras estab vino otra, y luegoc la tercera, las cuales le produjeron obra de tres cóndores.d10 Tales ganancias abriéronle a Aguedita tamaña agalla. Fuese al cura y le pidió permiso para hacer un bazar a beneficio de Damián. Concedióselo el párroco, y armada de tal concesión y de su mucha elocuencia y seducciones, encontró apoyo en todo el señorío del pueblo. El éxito fue un sueño que casi trastornó a la buena señora, con ser que era muy cuerda: ¡sesenta y tres pesos!
El prestigio de tal dineral; la fama de las virtudes de Damián, que ya por ese entonces llenaba los ámbitos de la parroquia; la fealdad casi ascética y decididamente eclesiástica del beneficiado formáronle aureola, especialmente entre el mujerío y gentes piadosas. “El curita de Aguedita” llamábalo todo el mundo, y en mucho tiempo no se habló de otra cosa que de sus virtudes, austeridades y penitencias. El curita ayunaba témporas11 y cuaresmas antes que su Santa Madre Iglesia se lo ordenase, pues apenas entraba por los quince, y no así, atracándose con el mediodíae y comiendo cada rato, como se estila ogaño, sino con una frugalidad eminentemente franciscana, y se dieron veces en que el ayuno fuera al traspaso12 cerrado. El curita de Aguedita se iba por esas mangas en busca de las soledades, para hablar con su Dios y echarle unos párrafos de Imitación de Cristo,13 obra que a estas andanzas y aislamientos siempre llevaba consigo. Unas leñadoras contaban haberle visto metido entre una barranca, arrodillado y compungido, dándose golpes de pecho con una mano de moler. Quién aseguraba que en un paraje muy remoto y umbrío había hecho una cruz de sauce y que en ella se crucificaba horas enteras a cuero pelado, y nadie lo dudaba, pues Damián volvía siempre ojeroso, macilento, de los éxtasis y crucifixiones. En fin, que Damiancito vino a ser el santo de la parroquia, el pararrayos que libraba a tantaf gente mala de las cóleras divinas. A las señoras limosneras se les hizo preciso que su óbolo pasara por las manos de Damián, y todas a una le pedían que las metiese en parte en sus santas oraciones. Y como el perfume de las virtudes y el olor de santidad siempre tuvieron tanta magia, Damián, con ser un bicho raquítico, arrugado y enteco,14 aviejado y paliducho de rostro, muy rodillijunto y patiabierto, muy contraído de pecho y maletón, con una figurilla que más parecía de feto que de muchacho, resultó hasta bonito e interesante. Ya no fue curita, fue “sang Antoñito”. San Antoñito le nombraban y por san Antoñito entendía. “¡Tan queridito!” —decían las señoras cuando lo veían salir de la iglesia, con su paso tan a dióse b ésta c luégo d condores e medio-día f tánta g San
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla menudito, sus codos tan remendados, su par de parches en las posas, pero tan aseadito y decoroso—.a “¡Tan bello ese modo de rezar con sus ojos cerrados! ¡La unción de esa criatura es una cosa que edifica! Esa sonrisa de humildad y mansedumbre. ¡Sib hasta en el caminao se le ve la santidad!”.c Una vez adquiridos los dineros, no se durmió Aguedita en las pajas.15 Avistosed con los padres del muchacho, arreglolee el ajuar; comulgó con él en una misa que habían mandado a la Santísima Trinidad para el buen éxito de la empresa; diolef los últimos perfiles y consejos, y una mañana muy fría de enerog vioseh salir a san Antoñito, de panceburro16 nuevo, caballero en la mulita vieja de señó i Arciniegas, casi perdido entre los zamarros17 del mayordomo de fábrica,j18 escoltado por un rescatante que le llevaba la maletak y a quien venía consignado. Aguedita, muy emparentada con varias señoras acaudaladas de Medellín, había gestionado de antemano a fin de recomendar a su protegido; así fue que cuando estel llegó a la casa de asistencia y hospedaje de las señoras Del Pino halló campo abierto y viento favorable. La seducción del santo influyó al punto, y las señoras Del Pino, doñam Pacha y Fulgencita, quedaron luego a cuál más pagada de su recomendado. El maestron Arenas, el sastre del seminario,ñ fue llamado inmediatamente para que le tomase las medidas al presunto seminarista y le hiciese una sotana y un manteo a todo esmero y baratura, y un terno19 de lanilla carmelita para las grandes ocasiones y trasiegos callejeros. Ellas le consiguieron la banda, el tricornio20 y los zapatos; y doña Pacha se apersonó en el seminario para recomendar ante el rectoro a Damián. Pero ¡oh desgracia! no pudo conseguir la beca: todas estaban comprometidas y sobraba la mar de candidatos. No por eso amilanosep doña Pacha: a su vuelta del seminario entró a la catedralq e imploró los auxilios del Espíritu Santo para que la iluminase en conflicto semejante. Y la iluminó. Fue el caso que se le ocurrió avistarse con doña Rebeca Hinestrosa de Gardeazábal, dama viuda riquísima y piadosa, a quien pintó la necesidad y de quien recabó almuerzo y comida para el santico. Felicísima, radiante, voló doña Pacha a su casa, y en un dos por tres habilitó de celdilla para el seminarista un cuartucho de trebejos que había por allá junto a la puerta falsa; y aunque pobres, se propuso darle ropa limpia, alumbrado, merienda y desayuno. Juan de Dios Barco, uno de los huéspedes, el más mimado de las señorasr por su acendrado cristianismo, as en el Apostolado de la Oración y malilla21 en los asuntos de san Vicente, regaloles al muchacho algo de su ropa en muy buen estado y un par de botines, que le vinieron holgadillos y un tanto sacados y movedizos de jarrete. Juancho le consiguió con mucha rebaja los textos y útiles en la Librería Católica, y cátame a Periquito hecho fraile.22 No habían transcurrido tres meses, y ya Damiancito era dueño del corazón de sus patronas, y propietario en el de los pupilos y en el de cuanto huésped arrimaba a aquella casa de asistencia tan popular en Medellín. Eso era un contagio. Lo que más encantaba a las señoras era aquella parejura de genio; aquella a decoroso. — b Si c santidad!” d Avistóse e arreglóle f dióle g Enero hvióse i Señó j Mayordomo de Fábrica k muleta l éste m Doña n Maestro ñ Seminario o Rector p amilanóse q Catedral r Señoras s regalóle
San Antoñito sonrisa, mueca celeste, que ni aun en el sueño despintaba a Damiancito; aquella cosa allá, indefinible, de ángel raquítico y enfermizo que hasta a esos dientes podridos y disparejos daba un destello de algo ebúrneo, nacarino; aquel filtrarse la luz del alma por los ojos, por los poros de ese muchacho tan feo al par que tan hermoso. A tanto alcanzó el hombre que a las señoras se les hizo un sera necesario. Gradualmente, merced a instancias que a las patronas les brotaban desde la fibra más cariñosa del alma, Damiancito se fue quedando, ya a almorzar, ya a comer en casa; y llegó día en que se le envió recado a la señora de Gardeazábal que ellas se quedaban definitivamente con el encanto.
—Lo que más me pela del muchachito, —decía doña Pacha— es ese poco metimiento, esa moderación con nosotras y con los mayores. ¿No te has fijado, Fulgencia, que si no le hablamos, él no es capaz de dirigirnos la palabra por su cuenta? —¡Nob digás eso, Pacha, esa aplicación de ese niño! ¡Y ese juicio que parece de viejo! ¡Y esa vocación para el sacerdocio! Y esa modestia: ni siquiera por curiosidad ha alzado a ver a Candelaria.
Era la talc una muchacha criada por las señoras en mucho recato, señorío y temor de Dios. Sin sacarla de su esfera y condición, mimábanla cual a propia hija; y como no era mal parecida y en casas como aquella nunca faltan asechanzas, las señoras, si bien miraban a la chica como un vergeld23 cerrado, no la perdían de vista ni un instante.
Informada doña Pacha de las habilidades del pupilo como franjista y tejedor, púsolo a la obra, y pronto varias señoras ricas y encopetadas, le encargaron antimacasares24 y cubiertas de muebles. Corrida la noticia, por los reclames25 de Fulgencia, se le pidió un cubrecama para una novia… ¡Oh! ¡En aquello sí vieron las señoras los dedos de un ángel! Sobre aquella red sutil e inmaculada cual telaraña de la gloria, albeaban26 con sus pétalos ideales, manojos de azucenas,27 y volaban como almas de vírgenes unas mariposas aseñoradas, de una gravedad coqueta y desconocida. No tuvo que intervenir la lavandera: de los dedos milagrosos salió aquel ampo28 de pureza a velar el lecho de la desposada.
Del importe del cubrecama sacolee Juancho un flux de muy buen paño, un calzado hecho sobre medidas y un tirolés29 de profunda hendidura y ala muy graciosa. Entusiasmada doña Fulgencia con tantísima percha, hízole de un retal de blusa mujeril que le quedaba en bandera una corbata de moño, a la que, por sugestión acaso, imprimió la figura arrobadora de las mariposas supradichas. Etéreo, como una revelación de los mundos celestiales, quedó Damiancito con los atavíos; y cual si ellos influyesen en los vuelos de su espíritu sacerdotal, iba creciendo, al par que en majeza30 y galanura, en las sapiencias y reconditeces de la latinidad. Agachado en su mesita cojitranca,31 vertía del latín al romance y del romance al latín ahora a Cornelio Nepote32 y tal cual miaja de Cicerón,33 ahora a san Juan de la Cruz,34 cuya serenidad hispánica remansaba en unos hiperbatones dignos de Horacio Flaco.35 a sér b —No c tál d verjel e sacóle
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Probablemente Damianciato sería con el tiempo un Caro36 número 2. La cabecera de su casta camita era un puro pegote de cromos y medallas, de registros y estampitas, a cuála más religioso. Allí Nuestra Señora del Perpetuo,37 con su rostro flacucho tan parecido al del seminarista; allí Martín de Porres,b38 que armado de su escoba representa la negrería del Cielo; allí Bernardette,39 de rodillas ante la blanca aparición; allí copones entre nubes, ramos de uvas y gavillas de espigas; y el escapulario del Sagrado Corazón, de alto relieve, destacaba sus chorrerones de sangre sobre el blanco disco de franela.
Doña Pacha, a vueltas de sus entusiasmos con las virtudes y angelismo del curita, y en fuerza acaso de su misma religiosidad, estuvo a pique de caer en un cisma:40 muchísimo admiraba a los sacerdotes y, sobre todo, al rector del seminario, pero no le pasaba, ni envuelto en hostias, eso de que no se le diese beca a un ser como Damián, a ese pobrecito desheredado de los bienes terrenos, tan millonario en las riquezas eternas. El rector sabría mucho; tanto, si no más que el obispo;c pero ni él ni su ilustrísimad le habían estudiado, ni mucho menos comprendido. Claro. De haberlo hecho, desbecaran al más pintado, a trueque de colocar a Damiancito. La Iglesia Antioqueña iba a tener un san Tomasito de Aquino,41 si acaso Damián no se moría, porque el muchacho no parecía cosa para este mundo.
Mientras que doña Pacha fantaseaba sobre las excelsitudes morales de Damián, Fulgencita se daba a mimarle el cuerpo endeble que aprisionaba aquella alma apenas comparable al cubrecama consabido. Chocolate sin harina, de lo más concentrado y espumoso, aquel chocolate con que las hermanas se regodeaban en sus horas de sibaritismo,42 le era servido en una jícara43 tamaña como esquilón.44 Lo más selecto de los comistrajes,45 las grosuras46 domingueras con que regalaban a sus comensales, iban a dar en raciones frailescas a la tripa del seminarista, que gradualmente se iba anchando, anchando. Y para aquella cama que antes fuera dura tarima de costurero, hubo blandicies por colchones y almohadas, y almidonadas blancuras semanales por sábanas y fundas, y f lojedades cariñosas por la colcha grabada, de candideces blandas y f lecos desmadejados y acariciadores. La madre más tierna no repasa ni revisa los indumentos interiores de su unigénito cual lo hiciera Fulgencita con aquellas camisas, con aquellas medias y con aquella otra pieza que no pueden nombrar las misses. Y aunque la señora era un tanto asquienta y poco amiga de entenderse con ropas ajenas, fuesen limpias o sucias, no le pasó ni remotamente al manejar los trapitos del seminarista ni un ápice de repugnancia. Qué le iba a pasar; si antes se le antojaba, al manejarlas, que sentía el olor de pureza que deben exhalar los suaves plumones de los ángeles. Famosa dobladora de tabacos, hacía unos largos y aseñorados, que eran para que Damiancito los fumase a solas en sus breves instantes de vagar.
Doña Pacha, en su misma adhesión al santico, se alarmaba a menudo con los mimos y ajonjeos47 de Fulgencia, pareciéndole un tanto sensuales y anti-ascéticos a cual b Porras c Obispo d Su Ilustrísima
San Antoñito tales refinamientos y tabaqueos. Pero su hermana le replicaba, sosteniéndole que un niño tan estudioso y consagrado necesitaba muy buen alimento; que sin salud no podía haber sacerdotes, y que a alma tan sana no podían malearla las insignificancias de unos cuatro bocados más sabrosos que la bazofia48 ordinaria y cuotidiana, ni mucho menos el humo de un cigarro; y que así como esa alma se alimentaba de las dulzuras celestiales, también el pobre cuerpo que la envolvía podía gustar algo dulce y sabroso, máxime cuando Damiancito le ofrecía a Dios todos sus goces puros e inocentes. Después del rosario con misterios, en que Damián hacía el coro, todo él ojicerrado, todo él recogido, todo extático, de hinojos sobre la áspera estera antioqueña que cubría el suelo, después de este largo coloquio con el Señor y su santa Madre, cuando ya las patronas habían despachado sus quehaceres y ocupaciones de prima noche, solía Damián leerles algún libro místico, del padre Fáber49 por lo regular. Y aquella vocecilla gangosa, que se desquebrajaba al salir por aquella dentadura desportillada, daba el tono, el acento, el carácter místico de oratoria sagrada. Leyendo Belén, el poema de la Santa Infancia,50 libro en que Fáber puso su corazón, Damián ponía una cara, unos ojos, una mueca que a Fulgencia se le antojaban transfiguración o cosa así. Más de una lágrima se le saltó a la buena señora en esas leyendas.
Así pasó el primer año, y, como era de esperarse, el resultado de los exámenes fue estupendo; y tantoa el desconsuelo de las señoras al pensar que Damiancito iba a separárseles durante las vacaciones, que él mismo motu proprio51 determinó no irse a su pueblo y quedarse en la ciudad, a fin de repasar los cursos ya hechos y prepararse para los siguientes. Y cumplió el programa con todos sus puntos y comas: entre textos y encajes, entre redes y cuadernos, rezando a ratos, meditando con frecuencia, pasó los asuetos; y solob salía a la calle a las diligencias y compras que a las señoras se les ocurrían, y tal cual vez a paseos vespertinos a las afueras más solitarias de la ciudad, y eso porque las señoras a ello le obligaban.
Pasó el año siguiente; pero no pasó, que antes se acrecentara más y más, el prestigio, la sabiduría, la virtud sublime de aquel santo precoz. No pasó tampoco la inquina santa de doña Pacha al rector del seminario: que cada día le sancochaba la injusticia y el espíritu de favoritismo que aun en los mismos seminarios cundía e imperaba.
Como a fines de ese año, a tiempo que los exámenes terminaban, se les hubiese ocurrido a los padres de Damián venir a visitarlo a Medellín, y como Aguedita estuviera de viaje a los ejercicios de diciembre,c concertaron las patronas, previa licencia paterna, que tampoco en esta vez fuese Damián a pasar las vacaciones a su pueblo. Tal resolución les vino a las señoras no tanto por la falta que Damián iba a hacerles, cuanto y más por la extremada pobreza, por la miseria que revelaban aquellos viejecitos, un par de campesinos de lo más sencillo e inocente, para quienes la manutención de su hijo iba a ser, si bien por pocos días, un gravamen harto a tánto b sólo c Diciembre
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla pesado y agobiador. Damián, este ser obediente y sometido, a todo dijo amén con la mansedumbre de un cordero. Y sus padres, después de bendecirle, partieron, llorando de reconocimiento a aquellas patronas tan bondadosas, a mi Dios que les había dado aquel hijo.
¡Ellos, unos pobrecitos montañeros, unos ñoes, unos muertos de hambre,52 taitas de un curita! Ni podían creerlo. ¡Si su Divina Majestad fuese servida de dejarlos vivir hasta verlo cantar misa o alzar con sus manos la hostia, el cuerpo y sangre de mi Señor Jesucristo! Muy pobrecitos eran, muy infelices; pero cuanto tenían, la tierrita, la vaca, la media roza,53 las cuatro matas de la huerta, de todo saldrían, si necesario fuera, a trueque de ver a Damiancito hecho cura. ¿Pues Aguedita? El cuajo se le ensanchaba de celeste regocijo, la glorificación de Dios le rebullía por dentro al pensar en aquel sacerdote, casi hechura suya. Y la parroquiaa misma, al sentirse patria de Damián, sentía yab vibrar por sus aires el soplo de la gloria, el hálito de la santidad: sentíase la Padua chiquita.
No cedía doña Pacha en su idea de la beca. Con la tenacidad de las almas bondadosas y fervientes, buscaba y buscaba la ocasión; y la encontró. Ello fue que un día, por allá en los juliosc siguientes, apareció por la casa, como llovida del cielo y en calidad de huésped, doña Débora Cordobés, señora briosa y espiritual, paisana y próxima parienta del rector del seminario. Saber doña Pacha lo del parentesco y encargar a doña Débora de la intriga, todo fue uno. Prestosed ella con entusiasmo, prometiéndole conseguir del rector cuanto pidiese. Ese mismo día solicitó por el teléfono una entrevista con su ilustre allegado; y al seminario fue a dar a la siguiente mañana.
Doña Pacha se quedó atragantándose de Te Deumse54 y magníficats,f55 hecha una acción de gracias; corrió Fulgencita a arreglar la maleta y todos los bártulos56 del curita, no sin chocolear57 un poquillo por la separación de este niño que era como el respeto y la veneración de la casa. Pasaban horas, y doña Débora no parecía. El que vino fue Damián, con sus libros bajo el brazo, siempre tan parejo y tan sonreído. Doña Pacha quería sorprenderlo con la nueva, reservándosela para cuando todo estuviera definitivamente arreglado, pero Fulgencita no pudo contenerse, y le dio algunas puntadas. Y era tal la ternura de esa alma, tanto su reconocimiento, tanta su gratitud a las patronas, que, en medio de su dicha, Fulgencita le notó cierta angustia, tal vez la pena de dejarlas. Como fuese a salir, quiso detenerlo Fulgencita; pero no le fue dado al pobrecito quedarse, porque tenía que ir a la plaza de mercadog a llevar una carta a un arriero, una carta muy interesante para Aguedita. Élh que sale, y doña Débora que entra. Viene inflamada por el calor y el apresuramiento. En cuanto la sienten las Del Pino se le abocan, la interrogan, quieren sacarle de un tirón la gran noticia. Siéntase doña Débora en un diván exclamando: —Déjenme descansar, y les cuento.
Se le acercan, la rodean, la asedian. No respiran. Medio repuesta un punto, a Parroquia b yá c Julios d Prestóse e Te-Deums f Magníficats g Plaza de Mercado h El
San Antoñito dice la mensajera:
—¡Mis queridas, se las comió el santico! Hablé con Ulpianito. Hace más de dos años que no ha vuelto al seminario… Ulpianito ni se acordaba de él. —¡Imposible! ¡Imposible! —exclaman a dúo las dos señoras. —No ha vuelto. Ni un día. Ulpianito ha averiguado con el vicerrector,a con los pasantes,b con los profesoresc todos del seminario. Ninguno lo ha visto. El portero, cuando oyó las averiguaciones, contó que ese muchacho estaba entregado a la vagamundería. Por ai dizque lo ha visto en malos pasos. Según cuentas, hasta donde los protestantes dizque ha estado… —Esa es una equivocación, misiá Débora, —prorrumpe Fulgencita con fuego.
—Eso es por no darle la beca —exclama doña Pacha, sulfurada—. ¿Quién sabe en qué enredo habrán metido a ese pobre angelito? —Sí, Pacha, —asevera Fulgencita—. A misiád Débora la han engañado. Nosotras somos testigas de los adelantos de ese niño; él mismo nos ha mostrado los certificados de cada mes y las calificaciones de los certámenes. —Pues no entiendo, mis señoras, o Ulpiano me ha engañado —dice doña Débora, ofuscada, casi vacilando.
Juan de Dios Barco aparece.
—Oiga, Juancho, por Dios, —exclama Fulgencita en cuanto le echa el ojo encima—. Camine oiga estas brujerías. Cuéntele, misiá Débora. Resume ella en tres palabras; protesta Juancho; se afirman las patronas; dase por vencida doña Débora.
—Esta no es conmigo —vocifera doña Pacha, corriendo al teléfono. Tilín… tilín… —Central… ¡Rector del seminario!… Tilín… tilín… Y principian. No oye, no entiende, se enreda, se involucra, se tupe;58 da la bocina a Juancho y escucha temblorosa. La sierpe59 que se le enrosca a Núñez de Arce60 le pasa rumbando. Da las gracias Juancho, se despide, cuelga la bocina y aísla. Y aquella cara anodina, agermanada, de zuavo61 de Cristo, se vuelve a las señoras, y con aquella voz de inmutable simpleza dice: —¡Nos co-mió el se-bo el pen-de-je-te!
Se derrumba Fulgencia sobre un asiento. Siente que se desmorona, que se deshiela moralmente. No se asfixia porque la caldera estalla en un sollozo. —¡No llores, Fulgencia, —vocifera doña Pacha, con voz enronquecida y temblona— dejámelo estar!
Álzasee Fulgencia y ase a la hermana por los molledos.62 —No le vaya a decir nada, mi querida. ¡Pobrecito! Rúmbala63 doña Pacha de tremenda manotada.
a Vicerrector b Pasantes c Profesores d Misiá e Alzase
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla —¡Quéa no le diga! ¡Que no le diga! ¡Que venga aquí ese pasmado!… ¡Jesuitab! ¡Hipócrita!64 —No, por Dios, Pacha… —¡De mí no se burla ni el obispo! ¡Vagamundo! ¡Perdido! Engañar a unas tristes viejas; robarles el pan que podían haberle dado a un pobre que lo necesitara. ¡Ah malvado, comulgador sacrílego! ¡Inventor de certificados y de certámenes!… ¡Hasta protestante será!
—Vea, mi queridita, no le vaya a decir nada a ese pobre. Déjelo siquiera que almuerce.
Y cada lágrima le caía congelada por la arrugada mejilla. Intervienen doña Débora y Juancho. Suplican.
—¡Bueno! —decide al fin doña Pacha, levantando el dedo—. Jartaloc de almuerzo hasta que reviente. Pero eso sí, chocolate del de nosotras sí no le das a ese sinvergüenza. Que beba aguadulce o que se largue sin sobremesa. Y erguida, agrandada por la indignación, corre a servir el almuerzo. Fulgencita alza a mirar, como implorando auxilio, la imagen de san José, su santo predilecto.
A poco llega el santico, más humilde, con su sonrisilla seráfica un poquito más acentuada.
—Camine a almorzar, Damiancito, —le dice doña Fulgencia, como en un trémolo de terneza y amargura.
Sentosed la criatura y de todo comió, con mastiqueo nervioso, y no alzó a mirar a Fulgencita, ni aun cuando esta le sirvió la inusitada taza de agua de panela. Con el último trago le ofrece doña Fulgencia un manojo de tabacos, como lo hacía con frecuencia. Recíbelos san Antoñito, enciende y vase a su cuarto. Doña Pacha, terminada la faena del almuerzo, fue a buscar al protestante. Entra a la pieza y no lo encuentra, ni la maleta, ni el tendido de la cama. Por la noche llaman a Candelaria al rezo y no responde; búscanla y no parece; corren a su cuarto, hallan abierto y vacío el baúl… Todo lo entienden. ¡A la mañana siguiente, cuando Fulgencita arreglaba el cuarto del malvado, encontró una alpargata inmunda de las que él usaba; y al recogerla cayó de sus ojos, como el perdón divino sobre el crimen, una lágrima nítida, diáfana, entrañable! a Que b Jesuíta c Jartálo d Sentóse
San Antoñito
1
Cuento publicado por primera vez en El Montañés de Medellín en el número 14, enero de 1899.
2
exornar: Adornar, hermosear (dle, 2018).
3
musgos: Cada una de las plantas briofitas, con hojas bien desarrolladas y provistas de pelos rizoides o absorbentes, que tienen un tallo parenquimatoso en el cual se inicia una diferenciación en dos regiones, central y periférica. Crece abundantemente en lugares sombríos sobre las piedras, cortezas de árboles, el suelo y aun dentro del agua corriente o estancada (dle, 2018).
4
repicar: Picar mucho algo hasta reducirlo a partes muy menudas (dle, 2018).
5
paramentones: Posible sustantivo derivado del verbo paramentar. Adornar o ataviar algo (dle, 2018), lo que generaría como resultado sinónimo de adorno o atavío (N. del E.).
6
La Monja Santa: Posible alusión al libro escrito por De Ligorio, Alfonso María (1848). Verdadera esposa de Jesucristo, o sea La monja santa (N. del E.).
7
Práctica de Amor a Jesucristo: Posible alusión al libro Práctica de amor a Jesucristo o Reloj de la Pasión. Este texto también aparece con el título de Meditaciones sobre la Pasión de Jesucristo (1809) (Palau y Dulcet, 1967).
8
cantarilla: Vasija de barro, sin baño, del tamaño y forma de una jarra ordinaria, y de boca redonda (dle, 2018).
9
ropón: Especie de acolchado que se hace cosiendo unas telas gordas sobre otras o poniéndolas dobladas (dle, 2018).
10 cóndores:
Moneda chilena y colombiana, acuñada originariamente en oro, que equivalía a diez pesos (dle, 2018).
11 témporas: Tiempo de ayuno en el comienzo de cada una de las
cuatro estaciones del año (dle, 2018).
12 ayunar al traspaso: loc. verb. desus. No comer desde el Jueves
Santo al mediodía hasta el Sábado Santo al tocar a gloria (dle, 2018).
13 Imitación de Cristo: Posible alusión al texto escrito por To-
más de Kempis Libro de la Imitación de Cristo y menosprecio del mundo, el cual, al parecer, fue ampliamente difundido en lengua española a través de diversas traducciones y publicaciones (N. del E.).
14 enteco: Enfermizo, débil, flaco (dle, 2018).
15 no dormirse alguien en las pajas: loc. verb. coloq. Estar atento
para aprovechar bien las ocasiones (dle, 2018). 16 panceburro: sombrero de fieltro, gris, de ala ancha (ahac,
1986).
17 zamarros: Col., Ec. y Ven. Especie de zahones que se usan para
montar a caballo (dle, 2018).
18 mayordomo de Fábrica: mayordomo que recauda el derecho
de fábrica (dle, 2018).
19 terno: Vestuario exterior del terno eclesiástico, el cual consta
de casulla y capa pluvial para el oficiante y de dalmáticas para sus dos ministros (dle, 2018).
20 tricornio: sombrero de tres picos (dle, 2018).
21 malilla: desus. comodín (persona o cosa que sirve para fines
diversos) (dle, 2018).
22 cátame a Periquito hecho fraile: expr. coloq. Era usada para
expresar que una dignidad muy deseada alcanzada por alguien es poco merecida (dle, 2018).
23 vergel: Huerto con variedad de flores y árboles frutales
(dle, 2018).
24 antimacasar: Lienzo o tapete que se ponía en el respaldo de
las butacas y otros asientos para que no se manchasen con las pomadas del cabello (dle, 2018).
25 reclames: Publicidad de carácter general (dle, 2018). 26 albear: blanquear (mostrar una cosa su blancura) (dle, 2018).
27 azucenas: Planta perenne de la familia de las liliáceas, con un
bulbo del que nacen varias hojas largas, estrechas y lustrosas, tallo alto y flores terminales grandes, blancas y muy olorosas, y cuyas especies y variedades se diferencian en el color de las flores y se cultivan para adorno en los jardines (dle, 2018). 28 ampo: Blancura resplandeciente (dle, 2018). 29 tirolés: también llamado sombrero bávaro o sombrero alpino, es un tipo de fedora nombrado así por la región del Tirol en los Alpes. Es esencialmente la forma conocida como trilby. Están hechos de fieltro, con un cordón alrededor y llevan una pluma como adorno. El tradicional “cepillo” que suele adornar el sombrero se hace de cola de gamuza. El cepillo se fabrica en una variedad de formas y a menudo puede combinarse con plumas (eu, 1978).
30 majeza: (proviene de majo) coloq. Lindo, hermoso, vistoso
(dle, 2018).
31 cojitranca: adj. despect. Dicho de una persona: Que cojea de
forma llamativa, dando pasos largos o trancos (dle, 2018). 32 Cornelio Nepote: (Galia Cisalpina, c. 99 a. J. C. - ?, c. 24 a. J. C.) Historiador latino. Gran parte de su obra literaria se ha perdido. Escribió numerosas biografías. Redactó su obra más importante, Los varones ilustres, hacia el año 34 a. J. C. Se sabe que escribió también poesías eróticas (eu, 1978).
33 Cicerón, Marco Tulio: (Arpino, actual Italia, 106 a. C. - For-
mies, id., 43 a. C.) Orador, político y filósofo latino. Perteneciente a una familia plebeya de rango ecuestre, desde muy joven se trasladó a Roma, donde asistió a lecciones de famosos oradores y jurisconsultos y, finalizada la guerra civil (82 a. C.), inició su carrera de abogado, para convertirse pronto en uno de los más famosos de Roma (eu, 1978).
34 san Juan de la Cruz: (Juan de Yepes Álvarez; Fontiveros, Espa-
ña, 1542 - Úbeda, id., 1591) Poeta y religioso español. Nacido en el seno de una familia hidalga empobrecida, empezó a trabajar muy joven en un hospital y recibió su formación intelectual en el colegio jesuita de Medina del Campo (eu, 1978).
35 Horacio Flaco: (Quinto Horacio Flaco; Venusia, actual Ita-
lia, 65 a. C. - Roma, 8 a. C.) Poeta latino. Hijo de un esclavo liberto, tuvo la oportunidad de seguir estudios en Roma, y posteriormente en Atenas, adonde se trasladó para estudiar filosofía. Una vez allí, fue acogido por Bruto, el asesino de Julio César, y nombrado tribuno militar de su ejército. Sin embargo, en la batalla de Filipos (42 a. C.) se evidenció su falta de aptitud para el arte militar y decidió regresar a Roma (eu, 1978).
36 Caro: Posible referencia a Marco Aurelio Caro (en latín, Mar-
cus Aurelius Carus; c. 230-283), fue un emperador romano que ocupó el trono imperial desde 282 hasta 283 (eu, 1978).
37 Nuestra Señora del Perpetuo: La Virgen del Perpetuo Socorro
(Madre de Dios de la Pasión o Panagia Strastnaia para el mundo ortodoxo) es una advocación mariana (eb, 1969).
38 Martín de Porres, san: (Lima, 1579 - 1639) Religioso peruano
de la orden de los dominicos que fue el primer santo mulato de América (eu, 1978).
39 Bernardette: Maria-Bernarda Sobirós, más conocida como
Bernadette Soubirous o Bernardita de Lourdes fue una pastora, mística y religiosa francesa canonizada por la Iglesia católica en 1933 (eu, 1978).
40 cisma: División o separación en el seno de una iglesia o reli-
gión (dle).
41 Tomás de Aquino: (Llamado Doctor Angélico; Roccaseca, actual Italia, 1224 - Fossanuova, id., 1274). Teólogo y filósofo italiano. Máximo representante de la filosofía escolástica medieval, abordó brillantemente una profunda y perdurable reformulación de la teología cristiana, que apenas había recibido aportaciones relevantes desde los tiempos de San Agustín de Hipona, es decir, durante los ocho siglos anteriores (eu, 1978).
42 sibaritismo: Género de vida regalada y sensual, como la de los
antiguos sibaritas (dle, 2018).
43 jícara: Vasija pequeña, generalmente de loza, que suele
emplearse para tomar chocolate (dle, 2018).
Notas explicativas
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
44 esquilón: Esquila grande. Esquila: Cencerro pequeño, en for-
ma de campana (dle, 2018).
45 comistraje (o): coloq. Mezcla irregular y extravagante de ali-
mentos (dle, 2018).
46 grosuras: Extremidades y asadura de los animales (dle, 2018). 47 ajonjeo: Acción de adular, seducir o mimar a alguien (da, 2010). 48 bazofia: Comida poco apetitosa (dle, 2018).
49 padre Fáber: Frederick William Faber C.O. fue un destacado
himlista y teólogo inglés que se convirtió del anglicanismo al catolicismo romano en 1845. Posteriormente fue ordenado sacerdote católico en 1847. Su obra más conocida es la Fe de nuestros padres (eu, 1978).
50 Belén, el poema de la Santa Infancia: alude al texto publicado
por R. P. Federico Guillermo Fáber (N. del E.).
51 motu proprio: loc. adv. Libre y voluntariamente, por iniciativa
propia (dle, 2018).
52 muerto de hambre: loc. adj. despect. Que carece de lo nece-
sario (dle, 2018).
53 roza: Canal pequeño abierto en la tierra para dar curso a las
aguas, que a veces se reviste de fábrica (dle, 2018).
54 Te Deum: Himno litúrgico solemne de acción de gracias de la
Iglesia católica (dle, 2018).
55 magníficat: Cántico que, según el Evangelio de san Lucas, di-
rigió al Señor la Virgen María en la visitación a su prima santa Isabel, y que se reza o canta al final de las vísperas (dle, 2018). 56 bártulos: Enseres que se manejan (dle, 2018). 57 chocolear: Entristecerse, llorar, lagrimear (ahac, 1986). 58 tupe: Turbación, azoramiento (ahac, 1986). 59 sierpe: Culebra de gran tamaño (dle, 2018).
60 Núñez de Arce: (Valladolid, 1834 - Madrid, 1903) Poeta
español. Estudió en Toledo y Madrid, intervino en la política de su tiempo y, al igual que el novelista Pedro Antonio de Alarcón, fue cronista de la campaña de África (1859-60) (eu, 1978).
61 zuavo: Soldado argelino de infantería, al servicio de Francia
(dle, 2018).
62 molledos: Parte carnosa y redonda de un miembro, especial-
mente la de los brazos, muslos y pantorrillas (dle, 2018). 63 rúmbala: Col. y Hond. Echar, tirar, arrojar (dle, 2018). 64 jesuita hipócrita: Jesuita: adj. coloq. Hipócrita, disimulado. Usado potencialmente como ofensivo (dle, 2018). Una breve alusión a la evolución del término con relación a la historia de los jesuitas como congregación religiosa puede ampliarse en (Catón (seud.), 2013).
Notas explicativas
¡A la plata!
A: El recluta (1901). Medellín: El Cascabel – Tipografía Central.
B: Dominicales (1934). Medellín: Atlántida. C: Revista Gloria (1949). Medellín: Fabricato. D: Obras completas (1952). Madrid: epesa. E: Cuentos de Tomás Carrasquilla: “Náufrago asombroso del siglo de oro” (1956). Medellín: Bedout.
F: Antología del cuento colombiano: De Tomás Carrasquilla a Eduardo Arango Piñares. 39 autores (1959). Bogotá: Editorial abc. G: Antología comentada del cuento antioqueño (1986). Medellín: Editorial Thulé. H: Veinticinco reales de gusto y otros cuentos (1998). Medellín: Editorial Universidad Pontificia Bolivariana.
Héctor Fabio Buitrago Correa Editor crítico !A ¡A la plata!
(Para hombres solos) Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1901) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes:
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla ¡A la plata!a1 (Para hombres solos)b Aquelc enjambre humano debía presentar ad vuelo de pájaro el aspecto de un basurero. Los sombreros mugrientos, los forros encarnados de las ruanas, los pañolones oscuros y sebosos, los paraguas apabullados, tantose pañuelos y trapajos retumbantes eran el guardarropa de un arlequín.f Animadísima estaba la feria: era primer domingo de mes, y el vecindario todo había acudido a renovación. Destellaba un sol de justicia; en las tasajeras de carne, de esa carne que se acarroñaba al resistero, buscaban las moscas donde incubar sus larvas; en los tendidos de cachivaches2 se agrupaban las muchachas campesinas, sudorosas y sofocadas, atraídas por la baratija, mientras las magnatas sudaban el quilo,3 a regateo limpio, entre los puestos de granos, legumbres y panela. Ese olor de despensa, de carnicería, de transpiración de gentes, de guiñapos sucios, mezclado al olor del polvo y al de tantag plebe y negrería, formaban, sumados, la hediondez genuina, paladinamente manifestada, de la humanidad. Los altercados, los diálogos, las carcajadas, el chillido, la rebatiña4 vertiginosa de la venduta5 componían, sumados también, el baladro de la bestia. Llenaba todo el ámbito del lugarón.
Sonó la campana, y cátate al animal aplacado. Se oyó el silencio, silencio que parecía un asueto, una frescura, que traía como ráfagas de limpieza…h hasta religioso sería ese silencio. Rompioloi el curita con su voz gangosa; contestole j la muchedumbre, y, acabada la prez, reanudosek aquello. Pero por un instante solamente, porque, de pronto, sintiosel el pánico, y la palabra “¡encierro!”m vibró en el aire como preludio de juicio final. Encierro era, en toda regla. Los veinte soldados del piquete que inopinada y repentinamente acababan de invadir el pueblo, habíanse repartido por las cuatro esquinas de la plaza, a bayoneta calada. Fue como un ciclón. Desencajados, trémulos, abandonándolo todo, se dispararon los hombres, y hasta hembras también, a los zaguanes, a la iglesia. ¡Pobre gente! Todon en vano, porque, como la amada de Lulio, ni en la casa de Dios está segura.
De allí sacaron unas decenas. Cayó entre los cazados el Caratejoñ6 Longas. Lo que no lloró su mujer, la señá Rufa, lloroloo a moco tendido7 María Eduvigis, su hija. Fuese estap con súplicas al alcalde. A buen puerto arrimaba: cabalmente que al Caratejo no había riesgo de largarlo. ¡Figúrense! el mayordomo de Perucho Arcila, el rojo8 más recalcitrante y más urdemales en cien leguas a la redonda, un pícaro, un bandido. Antes no era tanto para todo lo rojo que era el tal Arcila. Ya desahuciado y en el cuartel, llamó el Caratejo a conferencia a su mujer y a a A LA PLATA!
b solos).
c AQUEL d á e tántos f Arlequín g tánta h limpieza…… i Rompiólo j contestóle k reanudóse l sintióse m encierro!
n todo ñ caratejo o llorólo p ésta
¡A la plata!
su hija, y habló así: “A lo hecho, pecho.9 Corazón con Dios, y peganos del manto de María Santísima. A yo, lo que es matame, no me matan. Allá verán que ni an mal me va. Ello más bien es maluco dejalas como dos ánimas; pero ai les dejo máiz pa mucho tiempo. Pa desgusanar el ganao del patrón, y pa mantener esas mangas bien limpias, vustedes lo saben hacer mejor que yo. Sigan con el balance de la güerta y de los quesitos, y métanle a estas placeñas10 y a las amasadoras los güevos hasta las cachas,11 y allá verán cómoa enredamos la pita.12 Mirá, Rufa, si aquellos muchachos acaban de pagar la condena antes que yo güelva, no los admitás en la casa de mantenidos. Que se larguen a trabajar, ob a jalale a la vigüela13 y a las décimas si les da la gana.14 Y no s’infusquen por esto… ultimadamente,c el Gobierno siempre paga”.d Y su voz selvática, encadenada en gruñidos, con inflexiones y finales dejativos; ese acento característico de los campesinos de nuestra región oriental, los acompañaba el orador con mil visajes y mímicas de convencimiento, y un aire de socarronería y unos manoteos y paradas de dedo de una elocuencia verdaderamente salvaje. Ayudábale el carate. Por aquella cara larga, y por cuanto mostraba de aquel cuerpo langaruto15 y cartilaginoso, lucía el jaspe, con vetas de carey, con placas esmeriladas y nacarinas. Pintoresco forro el de aquella armazón. Ensartando y ensartando, dirigiosee al fin a la hija, y con un tono y un gesto allá, que encerraban un embuchado de cosas, le dice, dándole una palmadita en el hombro: “Y vos, no te metás de filática16 con el patrón: ¡es muy abierto!”.f ¡Culebra brava la tal Eduvigis! Sazonado por el sol y el viento de la montaña, era aquel cuerpo en que no intervinieron ni artificio ni deformación civilizadores, obra premiada de naturaleza. Las caderas, el busto bien alto la proclamaban futura madre de la titanería laboradora. El cabello, negro, de un negror profundo, se le alborotaba indomable como una pasión; y en esos ojos había unas promesas, unos rechazos y un misterio que hicieron empalidecer más de un rostro masculino. Un toche17 habría picado aquellos labios como pulpa de guayaba18 madura; de perro faldero eran los dientes, por entre los cuales asomaba tal cual vez, como para lamer tanta almíbar, una puntita roja y nerviosa. Por este asomo lingüístico de ingénito coquetismo, la regañaba el cura a cada confesión, pero no le valía. Así y todo, mostrábase tan brava y retrechera,19 que un cierto galancete hubo de llevarse, en alguna memorable ocasión, un sopapo que ni un trancazo. Fuera de que el Caratejo la celaba a su modo. Élg tenía su idea. Tanto,h que, apenas separado de la muchacha, se dijo, hablado y todo y con parado de dedo: —“Verán como el patrón le quebranta ahora los agallones”.20 Y pocos días después partió el Caratejo para la guerra.21
Rufa, que se entregó en poco tiempo y por completo al vicio de la separación, cuando los dos hijos partieron a presidio, bien podría ahora arrostrar22 esta otra ausencia, por más que pareciera cosa de viudez. ¡Y tanto como pudo! Ni las más leves nostalgias conyugales, ni asomos de temor por la vida del marido, ni quebraderos a como b ó c últimadamente d paga.”
e dirigióse f abierto!” g El h Tánto
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla de cabeza23 porque volara el tiempo y le tornase el bien ausente, ni nada vino a interrumpir aquel viento de cristiana filosófica indolencia. A vela henchida, gallarda y serenísima, surcaba y surcaba por esos mares de leche. Y eso que en la casa ocurrió algo, y aun algos, por aquellos días. Pero no:a sus altas atribuciones de vaquera, labradora y mayordoma de finca, en que dio rumbo a sus actividades y empleo a la potencia judaica que hervía en su carácter, no le daban tiempo ni lugar para embelecos y enredos de otro orden. ¡Lo que es tener oficio!
Hembra de canela eb inventora de dineros era la tal Rufa Chaverra. Arcila declarolac luegod luego espejo de administradoras. Ella se iba por esas mangas, y, a güinchazo24 limpio, extirpaba cuanta malecilla o yerbajo intruso asomase la cabeza. Con sapientísima oportunidad salaba y ponía el fierro a aquel ganado, cuyo idioma parecía conocer, y a quien hacía los más expresivos reclamos, bien fuese colectiva o individualmente, ya con bramido bronco —iguale que una vaca—,f si era a res mayor, ahora melindroso, si se trataba de parvulillos; y siempre con el nombre de pila, sin que la Chapola se le confundiese con la Cachipanda, ni el Careperro con el Mancoreto.25 Hasta medio albéitara26 resultaba en ocasiones. Mano de ángel poseía para desgusanar, hacer los untos y sobaduras, y gran experiencia y fortuna en aplicar menjurjes por dentro y por fuera. La vaca más descastada y botacrías no se la jugaba a Rufa, que ella, juzgando por el volumen y otras apariencias de la proximidad del asunto, ponía a la taimada en el corral por la noche, y, si alguna vez se necesitaba un poco de obstetricia, allí estaba ella para el caso. En punto a echar argollas a los cerdos más bravíos, y de hacer de un ternero algo menos ofensivo, allá se las habría con cualquier itagüiseño27 del oficio. Iniciada estaba en los misterios del harem,28 y cuando al rebuzno del pachá29 respondían eróticos relinchos, ella sabía si eran del caso o no eran idilios a puerta cerrada, y cuál la odalisca30 que debía ir al tálamo. Porque sí o porque no, nunca dejaba de apostrofar al progenitor aquel con algo así: “¡Ah taita! ¡Cómog no tenés más oficio que jartar, siempre estás dispuesto pa la vagamundería!”.
Si tan facultativa y habilidosa era para manejar lo ajeno, cuánto y más no sería para lo propio. Ni se diga de los gajes con la leche que le correspondía; ni de los productos del gallinero; ni de esa huerta donde los mafafales31 alternaban con la achira,32 los repollos33 con las pepineras,34 las vitorias35 con las auyamas.36 Pues resultó que todo estuvo a pique de perderse. Del huracán que ahora corre, llegaron ráfagas hasta la montañesa. Supo que unas amigas y comadres mazamorreaban37 orillas de La Cristalina, riachuelo que corre obra de dos millas de la casa de Arcila. Lo mismo fue saber que embelecarse. So pretexto de buscar un cerdo que dizque se le había remontado, fuese a las lavadoras de oro, y con la labia y el disimulo del mundo les sonsacó todas las mañas y particularidades del oficio. Ese mismo día se hizo a batea, y vierais a la rolliza campesina, con las sayas anudadas a guisa de bragas, zambullidah hasta el muslo, garridamente repechada haciéndole a nó b é c declaróla d luégo e bronco—igual f vaca,— g como h zambulli,da
¡A la plata!
bailar a la batea la danza del oro con la siniestra mano, mientras que con la diestra iba chorreando el agua sobre la fina arena, donde asomaban los ruedos oscuros de la jagua.38 Al domingo siguiente cambió el oro, y cuál se le ensancharía el cuajo39 cuando tuvo amarrados a pico de pañuelo 36 reales de un boleo.
Dada a la minería pasara su vida entera, a no ser por un cólico que la retuvo en cama varios días, y que le repitió más violento al volver al oficio. Mas no cedió en su propósito: mandó entonces a la Eduvigis, a quien le sentaron muy bien las aguas de La Cristalina. Mientras la hija pasaba de sol a sol40 en la mazamorrería, la madre cargaba con todo el brete41 de la finca… ¡Y tan campantes y satisfechas! Más rastro deja en un espejo la gota de agua, que en el ánimo de Rufa las noticias sobre la guerra, que oía en el pueblo los domingos y los dos días de semana en que iba a sus ventas. Lo que fue del Caratejo, no llegó a preocuparse hasta el grado de indagar por el lugar de su paradero. Bien confirmaba esta esposa que las ternuras y blandicies de alma son necesidades de los blancos de la ciudad, y un lujo superfluo para el pobre campesino.
Envueltos en la niebla, arrebujados y borrosos mostrábanse riscos y praderas; la casa de la finca semejaba un esbozo de paisaje a dos tintas; a trechos se percibían los vallados y chambas42 de la huerta, las aristas del techo, el alto andamio del gallinero; soloa alcanzaban a destacarse con alguna precisión los cuernos del ganado, rígidos y oscuros, rompiendo esas vaguedades, cual la noción del diablo la bruma de una mente infantil. A la quejumbrosa melodía de los recentales, acorralados y ateridos, contestaban desde afuera los bajos profundos y cariñosos de las madres, mientras que Rufa y Eduvigis renegaban si Dios tenía qué en las bregas y afanes del ordeño. Eduvigis, en cuclillas, remangada hasta las axilas, cubierta la cabeza con enorme pañuelo de pintajos, hacía saltar de una ubre al cuenco amarillento de la cuyabra43 el chorro humeante y cadencioso. Un hálito de vida, de salud se exhalaba de aquel fondo espumoso. Casi colmaba la vasija cuando un grito agudo, prolongado adrede, rasgó la densidad de esa atmósfera. La moza se suspende; el grito se repite más agudo todavía. “¡Mi taita!” exclama la Eduvigis, y sin pensar en leches ni en ordeños, corre alebrestada chamba abajo.
No se engañaba. Buen amigo, que sí lo era en efecto, descolgoseb a saltos, lengua afuera, la cola en alboroto. Impasible, la señá Rufa permaneció en su puesto. A poco llegosec el Caratejo con el perro, que quería encaramársele a los hombros. Marido y mujer se avistaron. Nada de culto externo ni de perrerías en aquel saludo. Dijérase que acababan de separarse.
—¿Y qué es lo que hay pal viejo? —diced Longas por toda efusión. Y Rufa, plantificada, totuma44 en mano, con soberano desentendimiento, contesta:
—¿Y eso qué contiene, pues?
—Pues que anoche llegamose al sitio, y que el fefef me dio licencia pa venir a a sólo b descolgóse c llegóse d viejo—dice?
e llegámos f Fefe
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla velas, porque mañana go esta tarde seguimos pa la Villa.45 Facha peregrina la de este hijo de Marte. El sombrero hiperbólico de caña abigarrada, el vestido mugriento de coleta, los golpes rojos y desteñidos del cuello y de los puños, los pantalones holgados y caídos por las posas46 y que más parecían de seminarista, dignos eran de cubrir aquel cuerpo largo y desgavilado. Ni las escaseces, ni las intemperies, ni las fatigas de campaña habían alterado en lo mínimo al mayordomo de Arcila. Tan feo volvía y tan caratejo como se fue. Por morral llevaba una jíquera47 algo más que preñada; por faja una chuspa oculta, y no vacía. Rufa sigue ordeñando. Toma Longas la palabra:
—Pues, pa que lo vias.a Ya lo ves que nada me sucedió. Los que no murieron de bala, se templaron de tanta plaga y de tanta mortecina de cristiano, y yo ai con mi carate: la cáscara guarda el palo.48 Y aquí siguió un relato bélico autobiográfico, con algo más de largas que de cortas, como es usanza en tales casos. Rufa parecía un tanto cohibida y preocupada. —¿Y ontá la Duvigis? —dice de pronto el marido, cortando la narración. —Pes ella… pes ella… poai cogió chamba abajo, izque porque vos la vas a matar.
—¿A matala?b ¿Y por qué gracia?
—Pes… ella… ¿no salió, pues, con un embeleco de muchacho? —¿De muchacho? —prorrumpe el conscripto abriendo tamaños ojos, ojos donde pareció asomar un fulgor de triunfo. —¿Conque, muchacho? ¿Y pueso se esconde esa pendeja? ¿Y ontá el muchacho?
—¿Ai no está, pues, en la maca?
—Andá llamamec a esa boba.
Y tirando corredor adentro, se coló al cuartucho. Debajo de la cama, pendiente de unos rejos, oscilaba la batea. Envuelto en pingajos49 de colores verdosos y alterados, dormía el angelito. No pudo resistir el abuelo a la fuerza de la sangre, ni menos al empuje de un orgullo repentino que le borbotó en las entrañas. Sacó de la batea la criatura, quien al despertar y ver aquella cara tan fea y tan extraña, puso el grito en el cielo. Era José Dolores Longas un rollete de manteca, mofletudo y cariacontecido; las manos, unas manoplas; las muñecas, como estranguladas con cuerda, a modo de morcilla; las piernas tronchas y exuberantes, más huevos de arracacha que carne humana; una figura eclesiástica, casi episcopal. Iba a quebrarse con los berridos que lanzaba: ¡Cuidadod si había pulmones! El soldado lo cogió en los brazos, haciéndole zarandeos, por vía de arrullo. Abrazaba su fortuna: en aquel vástago veía el Caratejo horizontes azules y rosados de dicha y prosperidad. El predio cercano, su sueño dorado, era suyo; suyas unas decenas de vacas; suyo el par de muletos y los aparejos de la arriería; ¿y quién sabe si la casa, esa casa tan amplia y espaciosa, no sería suya pasado corto tiempo? ¡El patrón era tan abierto! ¡Tane abierto! Calmosef un tanto el monigote.50 Escrutolog el Caratejo de una ojeada, y se a viás b ¡A matala?
c llamáme d cuidado e tan f Calmóse g Escrutólo
¡A la plata!
dijo: “¡Igualito al taita!”.
Entretanto, Rufa gritaba desde la manga: “¡Que vengás a tu taita que no está nada bravo! ¡Que no sias caraja! ¡Subí, Duvigis, que siempre lo habís de ver!”. La muchacha, más muerta que viva, a pesar de la promesa, subía por la chamba minutos después. Pálida por el susto, parecía más hermosa y escultural. Levantó la mirada hacia la casa, y vio a su padre en el corredor con el niño en brazos. A paso receloso llégase a él; arrodíllasele a las plantas y murmura: —¡Sacramento del altar, taita!
Y con la diestra carateja, le rayó la bendición el padre, no sin sus miajas51 de unción y de solemnidad. Mandolaa luego la madre a la cocina a preparar el agasajo para el viajero, y Rufa, que ya en ese momento había terminado sus faenas perentorias, tomó al nieto en su regazo, y se preparó al interrogatorio que se le venía encima. —Bueno —principia el marido—, ¿y el patrón siempre le habrá dejao a la muchacha… por lo menos sus tres vacas, y le habrá dao mucha plata pa to los gastos? —¡Eh! —replica Rufa— ¿Usté por qué ha determinao que fue don Perucho? —¿Qué no fue el patrón? —salta el Caratejo desfigurándose. —Si fue Simplicio, el hijo de la dijunta Jerónima.
—¡Ese tuntuniento!52 — vocifera el deshonrado padre— ¡Un muertodihambre que no tiene un cristo en qué morir! ¿Y vos, so almártaga,53 pa qué consentites esos enredos?
La cara se le desencajó, le temblaban los labios como si tuviera tercianas. “¡Yo mato a esa arrastrada, a esa sinvergüenza!”. Y, atontado y frenético se lanza a la cocina, agarra una astilla de leña, y a cada golpe escupe sobre la hija un insulto, una desvergüenza, una bajeza. Cuando la infeliz yacía por tierra, convulsa y sollozante, arrimoleb Longas formidable puntapié, y exclamó tartajoso: “¡Te largás… ahora mismo… con tu muchacho… que yo no voy a mantener aquí vagamundas!”. Y salió disparado camino del pueblo, como huyendo de su propia deshonra. b arrimóle a Mandóla
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
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Cuento publicado por primera vez la colección de relatos El recluta (1901) en Medellín, compilación de cuentos convocada por los editores de El Cascabel.
2
cachivache: despect. trebejo (utensilio) (dle, 2018).
3
sudar el quilo: loc. verb. coloq. Trabajar con gran fatiga y desvelo (dle, 2018).
4
rebatiña: f. Acción de coger deprisa algo entre muchos que quieren cogerlo a la vez (dle, 2018).
5
venduta: verdulería (tienda) (dle, 2018).
6
carate: Enfermedad tropical caracterizada por lesiones pigmentarias en la piel, de color blancuzco, rojizo o azul oscuro (dle, 2018). De ahí el apodo de “Caratejo” (N. del E.).
7
llorar a moco tendido: loc. verb. coloq. Llorar copiosa y aparatosamente (dle, 2018).
8
rojo: Izquierdista, especialmente comunista (dle, 2018). En Colombia, hace referencia a miembros del Partido Liberal (N. del E.).
9
a lo hecho, pecho: Se usa para instar a afrontar las consecuencias de una acción equivocada (dfe, 2005).
10 placeño, a: El que vive en la plaza y vende en la plaza (ahac, 1986). 11 hasta las cachas: loc. adv. Sobremanera, a más no poder. U. m. referido a quien se mete en alguna empresa o quehacer (dle, 2018).
12 enredar la pita: Recurrir a diversos medios para ganarse uno
la vida (ahac, 1986).
13 vigüela: Voz coloquial para vihuela (N. del E.). Instrumento
musical de cuerda, pulsado con arco o con plectro (dle, 2018).
14 da la gana: locs. verbs. coloqs. Querer hacer algo con razón o
sin ella (dle, 2018).
15 langaruto: coloq. Larguirucho (dle, 2018).
16 filático, a: Extravagante, caprichoso, caviloso, maniático
(dfa, 1995).
17 toche: Col. y Ven. Pájaro de la familia de los ictéridos, de unos
23 cm de longitud, con lomo, vientre y parte superior de la
cabeza de color amarillo dorado, y cola, alas y cara de color negro (dle, 2018).
18 guayaba: Fruto del guayabo, que es de forma aovada, del ta-
maño de una pera mediana, de varios colores, y más o menos dulce, con la carne llena de unos granillos o semillas pequeñas (dle, 2018).
19 retrechera: adj. coloq. Que tiene mucho atractivo (dle, 2018).
20 quebrantarle a uno los agallones: Dominarlo, vencerlo, corre-
girlo, sujetarlo (ahac, 1986).
21 guerra de los Mil Días: guerra civil colombiana que se dio entre
1899 y 1902. Es catalogada como una de las guerras más largas
y cruentas que haya padecido Colombia, se caracterizó por ser un conflicto bélico originado por elementos políticos - sociales, principalmente, entre los partidos políticos existentes (Liberal y Conservador). Como personajes principales en este conflicto y que figuran en la obra están: Benjamín Herrera (conservador) y Rafael Uribe Uribe (liberal) (ec, 2001). Si bien no es explícita la referencia a esta guerra, depende más de la convocatoria de relatos para el volumen del El recluta (N. del E.).
22 arrostrar: Hacer cara, resistir, sin dar muestras de cobardía, a
las calamidades o peligros (dle, 2018).
23 quebrarse la cabeza: loc. verb. coloq. Hacer o solicitar algo con
gran cuidado, diligencia o empeño, o buscarlo con mucha solicitud, especialmente cuando es difícil o imposible su logro (dle, 2018). Muy similar en sentido a “devanarse los sesos”: Fatigarse meditando mucho en algo (dle, 2018) (N. del E.).
24 güinche: Del vocablo inglés Winch. Herramienta empleada
en tierras ganaderas, donde hay yerba… consiste en una pala metálica, ligeramente cóncava, afilada por los dos lados y ensastada en un cabo de 80 centímetros a un metro de longitud. Se usa para cortar las malezas de los pastizales, voleándolo por los aires (ahac, 1986).
25 la Chapola, la Cachipanda, el Careperro, el Mancoreto: Nom-
bres dados a animales por el personaje (N. del E.).
26 albéitar: cult. veterinario (persona que ejerce la veterinaria)
(dle, 2018). Tiene marca de masculino, aunque aplica para ambos géneros. En este caso, Carrasquilla agrega la vocal temática “a” para señalar el género femenino (N. del E.).
27 itagüiseño: Gentilicio empleado para una persona natural de
Itagüí – Antioquia, Colombia. Cabe aclarar que, de acuerdo con el contexto, Itagüí era famoso por tener grandes hatos de ganado, por eso la referencia de “rivalizar en el oficio” (N. del E.).
28 harem: Zool. Grupo de hembras que conviven con un único
macho en la época de la procreación, como ocurre entre los ciervos (dle, 2018).
29 pachá: (En sentido de padrón) (N. del E.). Arg., Col., Hond. y
R. Dom. Caballo semental (dle, 2018).
30 odalisca: Concubina turca (dle, 2018).
31 mafafa: Xanthosoma utile (ahac, 1986). Col., Méx. y Pan. Planta
ornamental de hojas grandes acorazonadas, con largos pecíolos y tallo muy corto unido a un rizoma del cual nacen varios tubérculos comestibles (dle, 2018).
32 achira: Planta sudamericana de la familia de las alismatáceas, de tallo nudoso, hojas ensiformes y flores coloradas, que vive en terrenos húmedos (dle, 2018).
33 repollos: Col cuyas hojas, de color verde claro, anchas y apreta-
das entre sí, forman como una cabeza redondeada (dle, 2018).
34 pepino: Planta herbácea anual, de la familia de las cucurbi-
táceas, con tallos blandos, rastreros, vellosos y de dos a tres metros de longitud, hojas pecioladas, pelosas, partidas en lóbulos agudos, flores amarillas, separadas las masculinas de las femeninas, y fruto pulposo, cilíndrico, de seis a doce centímetros de largo y dos a cinco de grueso, amarillo cuando está maduro, y antes verde más o menos claro por la parte exterior, interiormente blanco y con multitud de semillas ovaladas y puntiagudas por uno de sus extremos, chatas y pequeñas. Es comestible (dle, 2018).
35 vitoria (calabaza): Planta anual de la familia de las cucurbitá-
ceas, con tallos rastreros muy largos y cubiertos de pelo áspero, hojas anchas y lobuladas y flores amarillas. Su fruto es la calabaza (dle, 2018).
36 auyama: Tb. ahuyama. Col. y Ven. Fruto de la auyama, grande, redondo, de pulpa amarilla y abundantes semillas (dle, 2018).
37 mazamorrear: intr. Explotar en muy pequeña escala y por gen-
tes humildes y trashumantes las arenas auríferas de los ríos o las minas abandonadas (ahac, 1986).
38 jagua: (Del Quechua haguái). Acto de lavar. Residuo que queda
de lavar el mineral del oro (dfa, 1995).
39 ensanchársele a uno el cuajo: Aumentársele la ambición
(ahac, 1986).
40 de sol a sol: loc. adv. Desde que nace el sol hasta que se pone
(dle, 2018).
41 brete: C. Rica, Nic. y Ven. trabajo (ocupación retribuida)
(dle, 2018).
42 chamba: Col. Zanja o vallado que sirve para limitar los predios
(dle, 2018).
43 cuyabra (Lagenaria siceraria): (Calabaza del peregrino) Vasija
hecha de calabaza (ahac, 1986).
44 totuma: Vasija hecha con el fruto del totumo (dfa, 1995).
45 la Villa: Posible alusión a la Villa de Nuestra Señora de la Can-
delaria de Medellín, poblado que por antonomasia se nombraba como “la Villa” durante el siglo xix e inicios del siglo xx, sin embargo, el cuento mismo no presenta una ubicación geográfica definida; la narración se propone abierta para contextualizarse desde otros escenarios de las guerras civiles diferentes a lo local o regional (N. del E.).
46 posas: pl. p. us. nalgas (porciones carnosas y redondeadas)
(dle, 2018).
47 jíquera: Bolsa de cabuya (dfa, 1995).
48 la cáscara guarda el palo: indica crítica y sátira contra aquellos
que solo se bañan ocasionalmente (da, 2010). Aunque este es el sentido fraseológico, la idea que propone, contextualmente, es más literal, en relación al carate (forma exterior) guarda (protege) el interior (palo) (N. del E.).
49 pingajo: coloq. Harapo o jirón que cuelga de alguna parte
(dle, 2018).
50 monigote: [por asociación] coloq. Muñeco o figura ridícula
hecha de trapo o cosa semejante (dle, 2018). 51 miaja: migaja (porción pequeña de algo) (dle, 2018). 52 tuntuniento: Anémico, persona pálida y débil (ahac, 1986). 53 almártaga: Persona abúlica, inútil (dfa, 1995). Notas explicativas
Mirra Mirra Juan Esteban Hincapié Atehortúa Editor crítico Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1907) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: A: Alpha (1907). Medellín.
B: Obras completas (1952). Madrid: epesa. C: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. D: Antología de cuentos de Tomás Carrasquilla (1992). Medellín: Comfenalco Antioquia. E: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
M
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Mirraa1 Para Alfonso Castro,2 como público desagraviob I Esc un rincón íntimo de alcoba. Arriba, sobre rica tela eclesiástica, se destaca un crucifijo de magistral hechura. Más abajo, en suntuoso chisme de anaqueles,3 alternan las madonas4 de porcelana con las de alabastro, arcángeles de biscuit 5 con floreros de oratorio. Al pie, tras el biombo de fantástico paisaje, recostados en un diván, cogidos de las manos, mudos y arrobados, contemplan los esposos un mueble, en torno del cual les vuela un ángel.d En los deliquios6 de aquella dicha infinita, ambos ae unaf sienten que se estremece el aire de la estancia, que el ángel flota, que gira rumoroso; y, cual si aquel serg invisible les trajese en sus alas átomos del cielo, los dos, a un tiempo mismo, dan una aspiración, para insuflar adentro de sus almas la misteriosa ráfaga. Es domingo de fin de año y Medellín está muda y soledosa. Ni un transeúnte turba el silencio de aquella calle de suyo inanimada, y se percibe en todo, ese no sé qué, entre descanso y paz, tan dulce y melancólico, de los días de fiesta. Óyenseh desde la alcoba el monótono ritmo de los surtidores, gorjeos de canarios y rumores de follajes.
Los esposos continúan mudos ante el mueble. Aquel cesto, entretejido de trenza y de cordones, acolchado en raso azul, medio cubierto por la onda de prolijo encaje que le cae desde el mástil, cuelga de las doradas columnillas, cuco7 y primoroso, como nido de tomineja.8 Cruz rompe, al fin, el silencio. —Yo siempre creo —dicei con aire pesaroso— que j no viene la otra caja por el correo próximo. ¡Qué k lástima!
—¡Si eso es lo mismo, mi rey! —repone Elisa, en ese tono de mimo y súplica, con que ciertas mujeres devuelven la ternura de que son objeto—. Despuésl vendrá. Y lo que he hecho, por muestras extranjeras, me ha quedado todo muy bonito. ¿Nom has visto, pues?
—¿Cómon no?
—Voy a mostrarte las gorritas que acabé ayer tarde.
—No vayas tú —ruegañ él, atajándola—. Yoo las traigo.
—¡No! Tú no, porque me lo rebrujas todo.
a MIRRA b Para Alfonso Castro, como público desagravio.
c Es d angel e á f úna g sér h Oyense i creo—dice j pesaroso—que k Qué l objeto.--Después m No has n —Cómo?
ñ tú— ruega o atajándola.-- Yo
Mirra Éla la ayuda a levantarse con exquisita maña. Apenas si crujen las sedas, caracolea la cola, y la bata, suelta y undosa, flota como ropaje de alegoría. Abre un aparato de bambú, busca con sumo cuidado y torna al esposo, sonreída y radiante, con una gorra ensartada en cada mano.
—¡Ve qué tan lindas, mi rey!
—¡Primorosas! —Saltab él, tomando una y examinándola de lado y lado, con toda formalidad. Luegoc agrega, apesadumbrado—. Perod qué te parece que están muy chiquitas.
—¿Chiquitas?...e ¡Ave María! Si mamá me diof la medida... O es que te figuras que el niño es algún cabezón de caja de fósforos.
—¡Tang linda la gatica horcada! —Lah chiquea9 él, besándola en la mejilla. —¡Sí! Ya no me quieres porque estoy fea. ¡No le hace! El niño me quiere mucho.
—¿Te lo dijo él?
—Sí —contesta la mujercita, devolviendo el beso.
Imposible suponer que criatura tan menuda ei infantil se ande por los veinticuatro. Es rubia, con unos ojos dulcísimos, no se sabe si verdes oj azules, y una cara que, a lo fino y correcto de las facciones, agrega el encanto de la expresión; es un rostro todo humildad y candor; un rostro angelical de predestinada. Siéntanse de nuevo. Él conviene, al fin, en el tamaño de las gorras. Viste el traje casero de lino y la feliz pareja como en un dúo de la albura, sigue aquel tema inagotable.
—¡Qué tan querido irá a quedar, con estak del copete color de rosa! —exclama ella, enarbolando aquel zurcido pueril, que vale más que una tiara, más que una corona—. ¡Qué l tan querido, mi rey!
—¿Querido? —dice su majestad, quitándole la gorra, inconsciente y embobado—. ¿De modo que sabes, positivamente, que es niño? ¡Entonces eres una brujita mona y zarca!
Y como quien unta polvos, le pasa por la cara el pompón de la gorrita. —Conque sabes, ¿no?
—Pero... ¿no has visto, pues, quem siempre que sueño, es niño y monito, como yo?
—¡Ah! ¡Sí lo he visto! ¿Cómo no? —afirma él, con cómica seguridad. —¡Tan necio! ¡Si no hay quien lo aguante!, (conn un codazo de horrible indignación).ñ —Mejor que sea un bebequito, como la madre.
—¡Sí! Para ponerle ese nombre tan feo que se te ha metido en la cabeza. ¡Figúrense Sigifredo! Ni aun la gente le irá a decir como es. —¡Vaya! Si-gi-fre-do pueden decir hasta los mudos. Precisamente que me he fijado en que aquí no pueden pronunciar ciertos nombres. Si no fuera por eso, lo a El b —Primorosas!—salta c Luégo d apesadumbrado. Pero e Chiquitas?...... f dió g --¡Tan h —la i é j ó k ésta l corona.--¡Qué m que, n aguante! (con [Para eludir la mayúscula obligada por la puntuación se decide agregar la coma].
ñ indignación)
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla pondría Lohengrin10 o Tannhäuser.11 —¡Sí! Esos nombres de perros y caballos son los que te gustan. Pero ponlo como quieras, mi rey. Y qué te parece: Sigifredo Albano no me suena ni mal, si quieres que te diga. Siempre me gustara más que le pusiéramos tu nombre. —¡No, hijita, por Dios! Tres Cruces de seguido en una casa, es un calvario. Pero si resulta lo que yo soñé, entonces no peleamos por el nombre; ¿no es cierto, mi mona?
—¡Entonces, no! Elsa es muy lindo. Pero,a ¡eso sí! No me vuelves a llamar así, porque se vuelve una confusión.
—¡Mejor, mi Elsa! Allá verás el cochecito tan lindo que le vamos a comprar en París, para que la niñera lo pasee por los parques.
—¿Al niño?
—O a Elsa. Creo que podemos alcanzar la primavera. Si vieras lo hermosa que es la primavera en París. ¡Y tan desaplicada que has estado con el francés! —¡Será por tantasb clases que has vuelto a darme!
—¡Eh, mi mona! ¡Mejor que no sepamos nada, que seamos bien bobos! —¡Pues lo que es tú!... Bien dicen en tu casa que estás chocho,12 a los veintisiete años.
—¡Qué saben en casa!
Una criada asoma a preguntar si les trae el algo o si pasan al comedor. Optan por lo último yc él lleva a su mona, como a convaleciented que hiciera la primerae levantada.
Son las tres. Los vientos de diciembre han barrido el cielo y retozan alegres, cual si también estuviesen en vacaciones. Unas cuantas cometas, más felices que los hombres, surcan el azul inmaculado. Esta sube serena, flechada, imponente, como alma buena; aquellaf divaga en ondas y culebrea el rabo, cual la piedad de ostentación; es otra,g lo mismo que un espíritu reacioh a las gracias celestiales, se resiste, se disloca, da cabezadas y corcovea.
La casa, estrenada por el matrimonio, construidai a todo costo y al capricho de su j dueño, rebrilla flamante, divulgando, no tanto el poderío del dollar, cuanto la magia de esta pulcritud, más que holandesa, de la dama medellinense. Es uno de esos palacetes, graciosos y complicados, con que el papel moneda ha embellecido nuestra capital de provincia. Campeak13 por sus honores en el centro de un local amplísimo de esquina; rodéalo por el frente y los costados un parque a la francesa, con arbustos simétricos, dibujos de alternatera,l14 caprichos de cemento, estanques y juegos de agua. Verdean atrás un césped acicalado y dos hileras de pinos geométricos, y relumbra azul la faja de chinas ovoides,15 que da ingreso a las caballerizas y a la cochera. Las alas exteriores son de dos pisos, y en el segundo ha instalado Cruz su galería fotográfica, el billar, la biblioteca y la sala de gimnasia, amén de un cuarto de honor, para algún caso extraordinario.
a Pero b tántas c último, y dconvalesciente e primer [Primera solo puede ser apocopado cuando precede a un sustantivo masculino].
f aquélla, g esotra h rehacio i construída j sa k Campa l A: alternatera / B, C, D, E:
alternantera
Mirra Cruz Albano no se ha contentado con los jardines exteriores: del patio céntrico, un patio medio morisco, en extremo sugerente,a ha hecho una sucursal del monte virgen. Por las paredes de fingido mármol, apoyándose en troncos enmusgados, trepan y se enredan, a veces prendidos,b a veces sueltos, en rebujones con frecuencia, los selváticos matorrales de hojas enormes, de formas raras y abigarrados matices. Palmas, cactusc y helechos bordean los corredores, y, cual princesas extraviadas en regia cacería, ostentan sus tules16 las azaleas y sus peluches las begonias. ¡En cuáles se ve el pobre Esteban para mantener como nuevas aquellas vegetaciones!
Después de la colación, pasa la pareja a la sala del marido. Es amplia, henchida de oxígeno y de perfumes tónicos, con dos puertas al exterior. Rásganla de un lado, sobre una galería de cristales, cuatro columnas majestuosas. Reina allí un boato17 hipócrita, en su misma selección; una elegancia sobria, sin efectismo ni rebuscamiento. No se nota esa simetría meticulosa y burguesa de antaño, pero tampoco el desorden estudiado y un tanto cursilón que priva hogaño: recto está lo que rectitud demanda; lo demás, por ahí, de cualquier modo y como ha quedado. Si un cuarto es el alma de su dueño, como quiere suponerse, he aquí un alma poco alegre.
Sin percatarse de ello, Cruz ha proscrito de sus dominios íntimos el rojo, tan pomposo como socorrido. Ni en la seda de tintes aceitunos y dibujos heráldicos, que cuelga de las puertas y acolcha la sillería; ni en el papel verdiblanco, flordelisado de oro y sepia, ni en la clara alfombra de arabescos, ni en los tapetes de las mesas, ni en nada, asoma el color rojo ni ninguno de sus afines. Tan solo,d allá en la fiel copia de El pasmoe de Sicilia,18 que glorifica el costado frontero a la galería, resalta, como mancha de sangre, la túnica inconsútil.19 Decoran por ahí, ya en paisajes, ya en marinas, algunos estudios de luz de luna, crepusculares y melancólicos; dos copias penumbrosas de Rembrandt20 y varias espadas toledanas, cruzadas oblicuamente.f Adosados a las columnas centrales, cantan el triunfo del mármol, desde doradas repisas, la Venus21 y el Apolo22 de todos conocidos. Sésgase el piano en un ángulo, con mucha gente en la cubierta. Wagner,23 con su boina arrugada y su cara de clérigo bonachón, parece profundizarse en la metafísica de los Nibelungen.24 Beethoven, melenudo y flacuchento, se inclina siniestro: dijérase que le agobia la divina melodía que oye su alma, cerrada a los ruidos de la tierra. Muéstrase Chopin, nostálgico, abismado, con tamaños ojos en el vacío. No parece escuchar. Acaso le torture algún recuerdo; tal vez de aquella maga, autora de Indiana. Si no él, Godard: este g sí oye, no hay duda, esa música deliciosa, radiante, de caprichos regios. Tan ideal figura no se aviene a reproducciones plásticas: arriba del piano, en rico marco florentino, surge hermosa y ensoñadora, desvanecida por el lápiz de un maestro. Empinada sobre una columnata, cual estilita25 loca, con aire de pitonisa y la batuta en alto, los dirige a todos una Armonía26 modernista, de carnes a sugiriente b A: prendidos / B: [omisión] / C, D, E: prendados c cáctuses [Esta palabra es invariable en plural ].
d sólo e El Pasmo f oblícuamente g éste
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla lívidas y alagartadas, cabellos verdosos, y unos ropajes entre nubes y entre espuma. En el promedio de las dos puertas, en aquel punto tan visible, impresiona,desde luegoa, algo que sugiere la extinción de un culto o cosa así. Es una felpa oscura, prendida en la pared hasta bastante arriba. Un pedestal blanquea abajo, acéfalo, vacío, abandonado. Nótase en el plinto27 una huella cuadrangular, que entristece; y sobre aquel fondo yab inútil parece que aún se diseñara la silueta del ícono destronado. A mayor abundamiento, corona el pedestal, a guisa de escudo, un emblema o capricho harto extraño: una llama azul y áurea entre dos alas de paloma. Por mesas, veladores y atriles se apilan libros y papeles de música. Alguna edición lujosa de obra histórica o crítica, algún tomo de poesías, despunta entre la montonera; pero nada de chismes ni bibelots.28 Tal es el alma de Cruz, reflejada en las cosas.
—Estás muy fatigada, hijita —le arrulla él, en cuanto entran—. Recuéstate un ratico en la otomana.29 —Me da más calor, entre tanto cojín.
—¡Ah! ¡Valiente dificultad!... Pero miss c Ofelia30 ¿cómo va a desarreglar los cojines? ¿No es cierto que es un daño muy grande?, (bizqueándole y haciéndole aspavientos).d Con ademanes cómicos de muchísima formalidad y gran maña, quita, uno a uno, los almohadonese y corre el mueble, desde el rincón donde Elisa lo había arreglado días atrás, hasta la entrada de la galería. Resorte aquí, resorte allá, levanto de un lado, agacho del otro, compone aquello en un periquete.f —¡Ahí quedas deliciosa!, (y g la lleva y la reclina y la acaricia).h ¿Quieres que te lea, para que te duermas?
—Si no tengo sueño...
—¿Quieres que te recite en inglés, con hartos gestos, como en Santa Elena?i —¡No: en francés, a ver si por fin te entiendo! Recítame aquello de Musset,31 que me suena tan bonito. Pero bien despacio y con el tono célebre. —¡Va, pues!
Le toma ambas manos, amoroso, rendido, y con verdadero sentimiento de lo bello y esa acentuación característica del parisiense, va emitiendo despacito las dulces languideces y aquella tristeza tan honda, tan saludable, de Lucía.32 Las acompaña el gorgoreo del agua y los estremecimientos rumorosos de los follajes del patio. —¡Qué lindo! —exclama Elisa, cuando su rey termina—. j Casi no entendí nada... ¡Pero lo dices tan bien!
Le besa, en pago, el mechón lacio y negro que le cae por la frente. Cruz se levanta; recogek las cortinas y suelta los trasparentes, para recatar su dicha de las miradas profanas.
—Mira, hijito; si no te da pereza, tócame alguna cosita. Pero no de esos rebrujones que tú acostumbras.
a impresiona desde luego b yá c Miss d aspavientos e almohadones, f p[ilegible]riquete g deliciosa! [Y h acaricia.] i Santaelena j termina.
k recoje
Mirra —¿Una cosita así, bien facilita y bien paniagua?, (con mimo burlón).a —¡Paniagua, no! ¿No ves que ya me tienes muy civilizada? Una cosa bien bonita, entre alegre y triste.
—¿Clásica?
—Como quieras.
Suspensión y dedo en la frente. ¿Qué será aquello con tantas condiciones? Lo peor es que no sabe nada de memoria. Busca, registra, hojea. Al fin se decide y pone un libro.
—Me parece que te voy a adivinar —dice, sentándose—. Fíjateb en esto, que no recuerdo habértelo tocado.
Ábresec la boca del monstruo; cáele encima la mano que le doma; el teclado, enloquecido por el golpe, se encrespa en oleaje, y, cual relámpago de la armonía, rasga el ámbito un zigzagd perlado y resonante.
Cruz principia, fijo en los garabatos embrujados; principia lento, perezoso. Acorde tras acorde, aquello se bifurca, se combina, se enreda en vaguedades de voluptuosa somnolencia. Pero no se oye en el salón: se oye distante, muy distante, allá en los confines.
Es una lontananza del sonido. Mas,e de improviso, surge cercano, ahí mismo, algo bien diverso ef impensado. Es un aire neto, preciso, un aire travieso, apasionado, de noble galantería; un sí g es no es33 de habanera,34 un sí es no es de gavota.35 Da cosquillas en el alma tanta gentileza. Pero... ¡tate! De pronto vuelve a oírse la melodía intrigadora, allá lejos, más lejos que antes, cual si viniese de otro mundo. ¿De dónde viene? De una fiesta estruendosa, a no dudarlo. Tal vez de alguna orgía en un palacio de la luna; tal vez de un manicomio del Olimpo;36 acaso del aquelarre de las brujas poetisas y de los duendes soñadores. Son ruidos recogidos en el instante de un vértigo y combinados en medio delh nirvana,37 de un nirvana en el espacio. Cruz difuma, borra, hace nubes y... otra vez el aire; el aire más expresivo, más aristocrático; palatino. Sí: en los intercolumnios del alcázar, sobre la regia alfombra, en plena corte de amor, giran y giran, febricitantes, transportados, los príncipes etéreos y las duquesitasi tormentosas. Cruz dora, esmalta, irisa en tersuras de raso, en nitideces de cristal. De nuevo la lejanía, de nuevo el aire; y así, por turno, por magia, se afirma el tema38 y termina aquella locura... y el auditor hipnotizado, no sabe cómo.
—¿Qué j es eso, mi rey? —exclama Elisa39 incorporándose—.k ¿Cómol se llama eso?
—Un baile en sueño.40 —¡Soñado tenía quem ser!... ¿De Beethoven?
—Casi: de Teresa Carreño.41 a [con mimo burlón] b --Fíjate c Abrese d zig-zag e Mas de f é g si h de la i duquecitas j --Qué k incorporándose— l cómo m qué
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
1
Narración publicada por primera vez en: Alpha de Medellín. Año ii, Vol. 2, número 15.
2
Alfonso Castro: (Medellín, 1878 - Bogotá, 1943). Médico, escritor, autor de varias obras entre cuentos y novelas, entre ellas resalta Hija espiritual (1906), la cual desencadenó una controversia y respuesta de Laura Montoya a través de la Carta abierta al doctor Alfonso Castro autor de Hija Espiritual, epístola que Tomás Carrasquilla ayudó a redactar (N. del E.).
3
anaqueles: m. estante (tabla dispuesta horizontalmente) [...].
m. Cada una de las tablas dispuestas horizontalmente en un
mueble o en la pared para colocar objetos sobre ellas (dle,
2018).
4
madonas: f. La Virgen María [...] Cuadro o imagen que representa a la Virgen María, sola o con el Niño Jesús (dle, 2018).
5
biscuit: (voz inglesa) m. Bollo o panecillo hecho de harina de trigo y huevo batido (da, 2010).
6
deliquios: m. Éxtasis, arrobamiento (dle, 2018).
7
cuco: adj. coloq. Pulido, mono (dle, 2018).
8
tomineja. m. Colibrí [...]. Ave americana de la familia de los troquílidos, algunas de cuyas especies son extremadamente pequeñas, capaz de mantenerse suspendida en el aire mientras vuela para libar el néctar de las flores, y de plumaje colorido y brillante (dle, 2018).
9
chiquea: tr. Mx; Cu, pop + cult → espon. Mimar a una persona, tratarla con mucha consideración (da, 2010).
10 Lohengrin: o caballero del cisne, hace parte de la leyenda ar-
túrica como el hijo de Parsifal, el caballero del Grial. Además, Lohengrin es una ópera romántica de Richard Wagner estrenada el 28 de agosto de 1850 (N. del E.).
11 Tannhäuser: o el torneo de canto en el Watburg. Es la quinta
opera de Richard Wagner. Obra que consiste en “la negativa del Papa a conceder el perdón al caballero que se había entregado a los placeres del amor terrenal en brazos de la diosa Venus” (Rodríguez, 2019).
12 chocho: adj. coloq. Lelo de puro cariño (dle, 2018).
13 campea: intr. Distinguirse o destacarse de manera clara
(dle, 2018).
14 alternatera: Alternanthera. Planta utilizada para adornar acua-
rios. Tiene tallos endurecidos, relativamente gruesos, de color vivo y en los entrenudos se producen formaciones radiculares abundantes especialmente cuando los ejemplares se mantienen completamente sumergidos (N. del E.).
15 chinas ovoides: metafóricamente china es [...] la peonza, o
especie de trompo que baila azotada por una correa o cosa parecida (ahac, 1986). Es decir, las imágenes a lo largo del camino (N. del E.).
16 tules: m. Nombre genérico de varias especies de plantas de
tallo largo, con cuyas fibras se tejen petates y asientos de silla (dle, 2018).
17 boato: m. Ostentación en el porte exterior (dle, 2018).
18 El pasmo de Sicilia: Caída en el camino del Calvario. Hacia
1517, óleo sobre tabla pasada a lienzo, 318 x 229 cm, firmado. Este [sic] es uno de los cuadros de altar que Rafael realizó en Roma en la cúspide de su gloria. Se destinó al altar mayor de la iglesia de Santa María de las Angustias de Palermo, de donde pasó, en 1622, a la colección de Felipe IV [...]. Fue Helen Ettlinger la investigadora que, en 1982, puso por primera vez en relación el cuadro de Rafael con el escrito del dominico Tommaso de Vio Cajetan, De spasmo beatae virginis Mariae (1506), en el que el autor diserta ampliamente sobre el comportamento correcto de la Virgen durante el Vía Crucis. Eva-Bettina Krems, en un atento análisis de la relación entre este texto y la iconografía del cuadro, ha demostrado que Rafael concibió esta obra como una reflexión pictórica en diálogo con la disertación teológica de Cajetan, poniendo de relieve ‘la dignidad’ de la Virgen, que resiste al dolor, intentando, en un último y desesperado esfuerzo, ayudar al hijo caído. Resulta una composición bifocal (o plurifocal) que demuestra no solo el saber teológico del pintor, sino también (y sobre todo) su talento al traducir este saber en narración pictórica (Stoichita, 2019).
19 inconsútil: adj. Dicho comúnmente de la túnica de Jesucristo:
Sin costura (dle, 2018).
20 Rembrandt: (Rembrandt Harmenszoon van Rijn; Leiden, Países Bajos, 1606 - Amsterdam, 1669). Pintor holandés [...], A Rembrandt se le recuerda, de hecho, sobre todo por sus magistrales retratos de grupo, absolutamente alejados de los convencionalismos al uso. La maestría compositiva, la perfecta caracterización de los personajes, el detallado estudio de los ademanes, la agudeza de los rostros, hacen de sus tres grandes creaciones de este género (La lección de anatomía del doctor Tulp, La ronda de noche y Los síndicos del gremio de pañeros) unas obras llenas de vida y de genio (Ruiza, 2019).
21 Venus: o Afrodita [en el mundo griego] es la diosa de la belleza, la fertilidad y las relaciones amorosas (N. de Ed.). El hijo [Cronos], saliendo de su escondite, logró alcanzarle con la mano izquierda, empuñó con la derecha la prodigiosa hoz, enorme y de afilados dientes, y apresuradamente segó los genitales de su padre [Urano] y luego los arrojó a la ventura por detrás. No en vano escaparon aquéllos de su mano [...] En cuanto a los genitales, desde el preciso instante en que los cercenó con el acero y los arrojó lejos del continente en el tempestuoso ponto, fueron luego llevados por el piélago durante mucho tiempo. A su alrededor surgía del miembro inmortal una blanca espuma y en medio de ella nació una doncella. Primero navegó hacia la divina Citera y desde allí se dirigió después a Chipre rodeada de corrientes. Salió del mar la augusta y bella diosa, y bajo sus delicados pies crecía la hierba en torno. Afrodita la llaman los dioses y hombres, porque nació en medio de la espuma, y también Citerea, porque se dirigió a Citera. Ciprogénea, porque nació en Chipre de muchas olas y Filomédea, porque surgió de los genitales (Hesíodo, 1990, pp. 78-79).
22 Apolo: es, sin duda, uno de los dioses más complejos de todo
el panteón clásico. Resulta muy difícil resumir los ámbitos de influencia de esta divinidad, pues sufrió numerosos cambios y procesos de sincretismo con otros dioses de menor importancia, acabando por asumir su iconografía y sus funciones. De este modo, Apolo se convirtió en el dios de la belleza y todo lo relacionado con ella: la música, las artes plásticas, la luz. Junto con estas facetas, Apolo es también el dios de ámbitos tan dispares como la curación, la profecía, el tiro con arco. Ejemplo del proceso de sincretismo que experimentó Apolo con otras divinidades fue su asimilación con Helios, el dios del sol, del mismo modo que su hermana Artemisa fue identificada con Selene, la diosa de la luna (López, 2013).
23 Wagner: Richard Wagner, nacido el 22 de mayo de 1813 en
Leipzig [...]. En 1882 Wagner terminó su última ópera, Parsifal, en Palermo; tomó como modelo el Parzival de Wolfram von Echenbach (1160-1220 aprox.) quien, a su vez, había sacado el argumento de antiguas leyendas bretonas. La trama se centra en la montaña de Monsalvat, donde los caballeros del Santo Grial guardan celosamente el cáliz sagrado de la última cena [...]. Wagner sufrió un primer ataque al corazón en Berlín (1881) y el segundo en Bayreuth, donde ya repuesto estrenó el 26 de julio de 1882 Parsifal, dando 16 funciones en las que el tercer acto de cada uno de ellos fue dirigido por el propio compositor. Se trasladó a Venecia para recuperar su salud ya muy deteriorada; pero en 13 de febrero de 1883 moría en dicha ciudad. El día 18 fue enterrado en el jardín de Wahnfried, en Bayreuth, donde después se enterró también a su esposa (Rodríguez, 2019).
24 Nibelungen: Cantar de los nibelungos (en alemán Nibelungenlied)
es un poema épico de la Edad Media, escrito sobre el siglo xiii, anónimo, de origen germano. Este cantar de gesta reúne muchas de las leyendas existentes sobre los pueblos germánicos, Notas explicativas
Mirra mezcladas con hechos históricos y creencias mitológicas que, por la profundidad de su contenido, complejidad y variedad de personajes, se convirtió en la epopeya nacional alemana, con la misma jerarquía literaria del Cantar de mío Cid en España y el Cantar de Roldán en Francia. En el Cantar de los Nibelungos se narra la gesta de Sigfrido, un cazador de dragones de la corte de los burgundios, quien valiéndose de ciertos artificios consigue la mano de la princesa Krimilda. Sin embargo, una torpe indiscreción femenina termina por provocar una horrorosa cadena de venganzas. El traidor Hagen descubre que Sigfrido es invulnerable, por haber sido bañado con la sangre de un dragón, salvo en una pequeña porción de su espalda donde se depositó una hoja de tilo y la sangre no tocó su piel. Aprovechando este punto débil, le mata a traición en un arroyo. Krimilda se refugia entonces en la corte del rey Etzel (Atila), y deja pasar el tiempo, hasta que en un banquete convocado por Etzel, Krimilda consigue que su propio pueblo sea eliminado a traición. Tanto Hagen como la propia Krimilda fallecen en la espantosa carnicería subsecuente (SBUdeA, 2019).
25 estilita: adj. Dicho de un anacoreta: Que por mayor austeridad
vivía sobre una columna (dle, 2018).
26 Armonía: según la tradición griega Harmonía es la diosa de
la armonía, es decir, el equilibrio entre las partes del todo musical. Es probable que Tomás Carrasquilla esté realizando un juego de palabras para entrecruzar semánticamente ambos conceptos (N. del E.).
27 plinto: m. Base cuadrada de poca altura (dle, 2018). 28 bibelots: m. Figura pequeña de adorno (dle, 2018). 29 otomana: f. Diván muy mullido y sin respaldo (dle, 2018).
30 miss Ofelia: Es un personaje conocido por su carácter inhu-
mano en la novela La cabaña del tío Tom (Uncle Tom’s Cabin) escrita por M. Harriet Beecher Stowe y traducida al español en 1852 por A. A. Orihuela. Otra posibilidad para interpretar es Ofelia, un personaje ficticio de la obra de teatro Hamlet, de William Shakespeare. Es una joven de la nobleza danesa, hija de Polonio, hermana de Laertes y enamorada de Hamlet. (N. del E.).
31 Musset: (París, 1810-1857). Escritor francés. Renunció a sus
estudios de derecho y medicina al imponerse su afición por la literatura. Publicó en 1829 Cuentos de España y de Italia, que obtuvieron cierto éxito. En 1833 vio la luz el volumen poético Rolla, donde Musset dio expresión al llamado mal del siglo, del que se convirtió en uno de sus más insignes representantes. De igual modo, puede apreciarse ese desencanto artístico cercano al hastío existencial en su novela autobiográfica Confesiones de un hijo del siglo (1836), donde además, relata su aventura sentimental con George Sand durante un viaje a Venecia. Su obra poética, de la que destacan sus diversas Noches (1835-1837), le sitúa como uno de los principales escritores franceses del romanticismo, posición reafirmada por su teatro, si bien no logró en este las mismas cotas de intensidad expresiva que en su obra lírica (Ruiza, 2019).
32 Lucía: El texto fue escrito en mayo de 1835 por Alfred de Mus-
set (N. del E.).
33 un sí es no es: La expresión “un sí es no es” tiene el significado
de “un tanto, algo” (Fundéu, 2019).
34 habanera: f. Baile de origen cubano, en compás de dos por
cuatro y de movimiento lento (dle, 2018).
35 gavota: f. Especie de baile entre dos personas, ya desusado
(dle, 2018). Danza originaria de Francia de finales del siglo xvi (N. del E.).
36 Olimpo: m. Morada de los dioses del paganismo (dle, 2018). También conocido como el [c]onjunto de los dioses mitológicos que residían en el monte Olimpo (dle, 2018).
37 nirvana: m. En algunas religiones de la India, estado resultante
de la liberación de los deseos, de la consciencia individual y de la reencarnación, que se alcanza mediante la meditación y la iluminación (dle, 2018).
38 tema: en composición musical: Trozo pequeño de una com-
posición, con arreglo al cual se desarrolla el resto de ella y, a veces, la composición entera (dle, 2018).
39 Elisa / Elsa: Es posible que el lector no haya notado duran-
te la lectura que el nombre de este personaje cambia en el transcurso del cuento, pasando de “Elsa”, con tres referencias al inicio, para terminar inexplicablemente como “Elisa”, con cuatro menciones al final de la obra. Los editores de esta edición crítica se inclinan a pensar que para esta obra, al tener referencias musicales, el nombre adecuado se podría unificar como Elisa, aludiendo a la famosa composición de Beethoven, sin embargo, ante la falta de evidencias o correcciones por parte del autor, atendiendo a un elemento que no ha sido cambiando en las diferentes ediciones, conservamos la estructura original del texto base, haciendo la salvedad con esta anotación (N. del E.).
40 Un baile en sueño o Un baile en sueños. Una de las composiciones
musicales más reconocidas de Teresa Carreño (N. del E.). 41 Teresa Carreño: (Caracas, 1853 - Nueva York, 1917). Pianista, compositora, mezzosoprano y divulgadora de la música clásica. Tras sí dejó la leyenda de su maravillosa vida, no solo como pianista y música en general (escribió muchas obras, como el “Himno a Bolívar”, el vals “Teresita”, un Cuarteto para cuerdas en Si bemol, etcétera), sino como mujer que afirmó con sus acciones su derecho a vivir plenamente, sin someterse a los cánones de una sociedad dominada por un machismo asfixiante. En 1977 sus restos fueron traídos al Panteón Nacional de Caracas. En cualquier caso, Teresa Carreño es una de las personalidades más importantes de la vida venezolana, equivalente a las de Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, José María Vargas y los pocos que en realidad han brillado en nuestro país (Casanova, 2012).
Notas explicativas
Historia etimológica Historia etimológica Juan Esteban Hincapié Atehortúa Editor crítico Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1914) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: H A: El Espectador (1914). Medellín. B: Obras completas (1952). Madrid: epesa. C: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. D: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
E: Obra escogida (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
F: Cuentos escogidos 1 (2018). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Historia etimológicaa1 En Gabelagrande, emporio floreciente de una nación magna, urbe por muchos títulos ilustre y blasonada2 cual ninguna, vivía, en tiempos no muy remotos, una real moza, de estas que llaman de “la vida alegre”.b Por sarcasmo lo dirán, seguramente; porque las más de las veces pasan esas pobres la verdadera pena negra, a fuerza de hambres, alifafes3 y quebrantos.
Mas a la muchacha supradicha le cuadraba a maravilla lo de alegre. ¡Yc tanto...!d Su casa, toda fausto y molicie,4 toda flores y enramadas, era un lugar de peregrinación a donde acudían, a toda hora, las tandas de cristianos, como a santuario de Virgen milagrosa.
Aquello era un rito perpetuo de libaciones, comistrajos5 y cantares, que brincaban de gozo los tres enemigos que enumera el padree Astete.6 Aunque en la nobilísima ciudad han imperado siempre la religión y el santo temor de Dios, no faltaban, por ese entonces, peritos competentes en achaques libertinos. Los tales, no bien surgió en el proscenio la mocita aquella, diputáronla al punto como el fruto más lozano y sazonado que hayan dado los huertos de Afrodita. Con ellos, opinaron todos los muchachos y hasta papandujos7 y vejestorios. Todos, a cuálf más, largaron la gata y le echaron la capa al toro, como decían las gentes virtuosas de Gabelagrande y sus contornos.
Luz era el nombre de la maga; ¡Luz, por antonomasia, que su gloriosa celebridad había excluidog apellidos y distintivos!h A su hermosura y gentileza agregaba muchísimo ingenio, una chispa rara, no pocas habilidades artísticas y varios trascendentales sortilegios. Punteaba la guitarra y rasgaba el tiple que aquello era; y, en cuanto a cantar por lo flamenco8 o por lo fino, las mismas sirenas fueran, junto a ella, unas ranillas de charco sucio. Por sobre tantas y tan buenas partes poseíai la prenda de las prendas: un espíritu generoso de equidad y distribución, que era el garfio máximo con que atrapaba los corazones más remisos. Ello fue que jamás se entregó al monopolio enojoso e irritante, por más que se lo implorasen de rodillas hombrones j adinerados y prestigiosos, sino que, como el sol, a todos alumbraba y daba vida. A todos: lo mismo al rico que al pobrete, al viejo verde que al garzón barbilampiño. ¡Al fin Luz!
Sus aranceles fijos, inmutables, no se oponían, claro está, al tributo que le rendían sus más fervientes adoradores,k que mal puede la diosa de Citeres rechazar el incienso de un corazón ingenuo. De aquí el que bajo las frondas de ese paraíso no se enroscase nunca la culebra pérfida;9 de aquí el que la oreja aleve del conejo no asomase ni en sueños por esos cercos venturosos.
a HISTORIA ETIMOLOGICA k A: adoradores, / B, C, D, E, F:
admiradores b de «la vida alegre».
c Y d tánto!...
e el Padre f cual g excluído h distintivos.
i poseia j A, C, D, E, F: hombrones / B: hombres
Historia etimológica Entretanto ena la metrópoli austera corría el viento delicioso del escándalo.b En los estrados, tras el tapujo discreto de los abanicos, puestos en blanco los ojos asustados, se cuchicheaban las insignes damas horripilantes episodios. Ya eran hijos de familia que hurtaban joyas a mamá para regalárselas a esa… Ya maridazos que tenían a pan y agua y en los puros cueros a la mujer y a las hijas, para que la muy sinvergüenza rompiera seda y convidara a champañadas. Luz, en suma, era una palabra abominable que sugería, en sonando, el espíritu mismo de las tinieblas. Ni la eléctrica podía mentarse, sin sobresalto. En alta noche, cuando al rodar de algún carruaje se oían chillidos femeninos, acometía a las damas el vértigo del espanto. Se les antojaba que eranc Luz y su comparsa: el aquelarre hórrido, como quien dice. Hubo intrigas para que expatriasen a la hechicera; hubo peticiones para que la excomulgasen; pero tanto las potestades eclesiásticas como las civiles se hicieron de la oreja gorda.10 Acaso se les volviese cuesta arriba, en sus respectivos fueros, arrojar de la patria y separar de la comunidad religiosad una obra maestra del Creador, una extraviada que algún día, tal vez no muy lejano, podría volver al aprisco y ser otra santae Librada,11 otra santa María Egipciaca.12 El pavor del escándalo llegó a su colmo, cuando se viof caer y hundirse en el abismo una de lasg columnas maestras de la piedad gabelítica. El caso era para amargas consideraciones sobre la fragilidad de los varones justos y sobre las artimañas del enemigo malo.
Tratábase de donh Rodrigo de la Guarda, rico y empingorotado13 caballero, soltero recogidísimo, cuya candidatura para marido fanatizaba a las matronas próceres y devotas de la alta sociedad. No les faltaba razón a las mamás: don Rodrigo era un gran señor, como lo manda nuestra madre Iglesia. Era dignatario en varias cofradías muy piadosas, y tenía franca entrada en la alta clerecía. Devocionario en mano oía la misa con tal concentramiento y unción tanta, que edificaba hasta ai las mismas beatas. Nunca faltaba a las exposiciones del Santísimo; y conducía el guion j en las funciones de cuarenta horas,14 con la gallardía religiosa de un cruzado que enarbolase la Sagrada Enseña.
De tal cristiano, tal caballero. Correcto, correctísimo en todo y para todo, señorial, lleno de sapiencia, de seriedad, de discreción, con sus ribetes de artista y sus embelecos de dandy.k15 El Petronio16 católico le llamaba un sacerdote muy su amigo. Allá él.
Pues así y todo cayó Petronio en el garlito,17 y no así de cualquier modo, sino con un lujo de exhibición y de frescura, que las mamás que solían hacerle panegíricos18 tan férvidos se reventaban de la injuria.
Lo más crudo y ofuscador de tan inopinadas perversidades, era que Rodriguito escogía la hora para lucirse bien lucido. Sí, señor: a la propia salida de misa de doce le esperaba, frente a la Metropolitana,19 su coruscante victoria,20 con el tronco de percherones y el auriga entrajado de gala. Contra el respaldo del vehículo se veía a A: Entretanto en / B, C, D, E: Entre tanto, en / F:
Entretanto, en b A, C, D, E, F: viento delicioso del escándalo / B: viento del escándalo c era d religiosa, e Santa f vió g la h D.
i hastaa j guión k dandy
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla siempre un ramo enorme, de las flores más caras y los cintajos más estrepitosos. En cuanto subía lo enarbolaba en su enguantada diestra. Aquí sí parecía que su amigo el cura fuera a salirse con su dicho: tal iba el calavera de pagano y envanecido. Bajo la gloria del sol atravesaba la suya a vista y contemplación del encumbrado señorío y de los ínclitos magnates. Tomaba la avenida de las Acaciasa y…b derechito a la guarida infame. “Ya lo ven, mis hijitas, para que sepan sus jugadas —lesc dijo cierta vez, a un grupo de casaderas, una de las madres más picadas—. Sid estose son los semanasantos,f ¿qué no serán las fieras?”.g21 Como don Rodrigo se anunciaba siempre por una esquelita muy primorosa y fragante, “Luz de mis ojos” —que tal la llamaba— le esperaba muy aliñada, con todos los arrequivesh y todas las franjamentas22 del traje casero de una dama entonada. Y qué venias y donaires al recibir el ramo. Y qué adormilar los ojos, para alzarlos, luego,i preñados de enigmas. Y qué arrullar la voz y quebrarla en unas emisiones, mitad risa, mitad suspiro.
Consigna era en el palacio de la bella que, no bien compareciese don Rodrigo, todo bicho viviente se retirase a la sala, al comedor o a la cantina; y que la dejasen a solas con su dominical amartelado, en sus cámaras interiores. ¡Conformes! j Pero cátame que la calidad y el aparato de aquel galán, tan forastero en la república de la galantería mercenaria; cátame que estas citas periódicas, metódicas, en hora tan intempestiva y desusada y en el día de más concurrencia en palacio, de más jolgoriok y más laberintos, ocasionaba una intriga y una curiosidad tales, que a hembras y a varones se les deshacían los hígados. Ellos se desfogaban en gruñidos y dicharachos; ellas ponían el oído en las rendijas y el ojo en el de las cerraduras. Peores se ponían, al percibir allá adentro una media monserga,23 algo como una melopea.24 Lo que más extraño se les hacía era el que no pidieran ni una copa; que les bastase el café, que Luz tenía siempre apercibido. Francamente que estos misterios de Samotracia,l25 a plena luz del día, no podían entenderlos, así se los explicase Salomón.26 No así las fámulas cantineras, a quienes el hombre propinaba largamente. Era mucho chuzo y mucho cachaco ese niño don Rodrigo.
Y aquel coche tan lujoso clavado en la calle, una hora entera,m una hora por reloj, y aquel cocheron que no bajaba, que no bebía,ñ que parecía de palo, ponían en rebullicioo al vecindario.
¡Qué cosas! ¡Qué tal que las amigasp de Luz y las señoras iracundas hubieran presenciado las abominaciones de aquellas entrevistas! Ocultas se hubieran quedado a la avidez del historiógrafo, si el diabloq cojuelo,27 levantatechos de oficio y testigo presencial de toda escena íntima, no hubiese venido en nuestra ayuda. He aquí su versión:
Cerradas las puertas, colocado el ramo en el florero de costumbre, se recuesta ella en la otomana, entre formal y sonreída. Él,r a tres varas de distancia, se espeta en una silla. Previo un circunloquio, bastante soso, entran en materia. Ella principia, a «Avenida de las Acacias» b y…… c jugadas— les d picadas.—Si e esto f semanasantos g fieras?» h arrequibes i luégo j Conformes!
k A: jolgorio / B, C, D, E, F:
holgorio l A: Samotracia / B, C, D, E, F:
Afrodita m A: ent[ilegible] / B, C, D, E, F: entera, n A: c[ilegible]ro / B, C, D, E, F:
cochero ñ A: [ilegible] / B, C, D, E, F: bebía, o A: e[ilegible]bullicio / B, C, D, E, F: en rebullicio p A: [ilegible]migas / B, C, D, E, F: amigas q Diablo r El
Historia etimológica principia unos versos románticos y altisonantes. A medida que avanza va acentuando un tono un tanto acomicado. Él escucha, texto en mano, en actitud pronunciada de dómine concienzudo y estricto. “Luz de mis ojos”a termina y el de la Guarda aprueba. A su turno lee, en carácter, la lección para el próximo domingo. Es una clase de algo así como declamación; el texto, una ontología,b muestrario de todos los tropos y perendengues de retórica; la lección, una oda grandilocuente de estilo repujado. No se les nota nada ni de Abelardo ni de Eloísa.c28 No bien acaba, enciende ella la estufilla y recalienta un mocad regional, que no envidiaran los dioses. Viértelo, luego, en la cafetera de un juego chinesco, muy cuco,29 que él mismo le ha regalado. Levántase el maestro muy cortesano y escancia las dos tazas, con maña exquisita y ademanes palatinos. Hay un choque, un tintineo melodioso de las sutiles porcelanas, que es el rasgo travieso de la orgía, el madrigal de aquel poema amoroso de color de lila. Sin azúcar, a sorbitos y a respetuosa distancia, toman el bebistrajo negro de los intelectuales. Como él termina primero, pone en la bandeja, con disimulo que se note,e el precio que él ha fijado a la entrevista. ¡Qué éxtasis! Cuatro esterlinas, radiosas, fulgentes,f como las pupilas de dos hadas benéficas. Razón tenían las cantineras de palacio. Sacada de reloj: la hora ha terminado. Se toman las diestras y él se la besa, casi de hinojos, bien así como pajecillo enamorado a su castellana inaccesible… y ¡a Dios te dejo, “Luz de mis ojos”! Es este el trueno gordo del idilio. Con los variantes de poetas y poesías, la escena dizqueg fue una misma, domínica por domínica.
La hermosa resurgía siempre con una cara y una cosa allá que era el rompecabezas de los cavilosos concurrentes. Las muchachas, capciosas y solapadas, le inquirían siempre por aquí y por allá. Los amigotes le hacían en su cara las más chuscas composiciones de lugar.h Todo en vano: Luz era la esfinge. i30 Tales relaciones duraron mucho tiempo. Este genio, j que todo lo transforma, nada pudo con el hombre inconmovible.
La Circe,31 apurada alguna vez por las amigas, que insistían en saber las propiedades y escuela de la Guarda, se dejó decir, con un gesto harto extraño y picaresco: “¿Donk Rodrigo?...l ¡No es sino elegante!”.m Tan expresiva frase cayó en gracia, se hizo popular, las gentes de viso32 la consagraron, y, cuando en Gabelagrande se quiere significar que alguna cosa tiene mucha apariencia y poco fondo o que alguien alardea de mucho y no hace nada, se valen de la frasecita de la chica.
Y, comoquieran que en Medellín, la rica, recogemos cuanto nos venga de los centros cultos, repetimos el dicho a cada paso, talñ y como lo emplean los gabelitas. Así podéis decir de esta crónica:
“¡No es sino elegante!”.
a Luz de mis ojos e bandeja con disimulo que se note [para mantener el ritmo narrativo se completa el inciso].
f A, C, D, E, F: fulgentes / B:
fulgurantes g A, B: diz que / C, D, E, F:
dizque b A: ontología / B, C, D, E, F:
antología c Heloísa d A: moca / B, C, D, E, F: moka h lugar i A: esfinge / B, C, D, E, F: Esfinge j Este genio que [para mantener el ritmo narrativo se completa la oración de relativo explicativo].
k Don l Rodrigo?......¡No es m elegante!» n A: comoquiera / B, C, D, E, F:
como quiera ñ tál
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
1
Cuento publicado por primera vez el miércoles 4 de marzo de 1914 en El Espectador de Medellín (N. del E.).
2
blasonada: intr. Hacer ostentación de alguna cosa con alabanza propia (dle, 2018).
3
alifafe: m. Achaque generalmente leve (dle, 2018).
4
molice: f. Abandono invencible al placer de los sentidos o a una grata pereza (dle, 2018).
5
comistrajos: m. Bizcochos variados (ahac, 1986).
6
padre Astete: los tres enemigos del alma son: mundo, demonio y carne, según Gaspar Astete, sacerdote jesuita, autor del Catecismo de la doctrina cristiana (1599) (N. del E.).
7
papandujos: adj. coloq. Flojo o pasado de maduro, como sucede a las frutas y otras cosas (dle, 2018).
8
flamenco: adj. Dicho de una manifestación cultural, o de su intérprete: De carácter popular andaluz, y vinculado a menudo con el pueblo gitano (dle, 2018).
9
bajo las frondas de ese paraíso no se enroscase nunca la culebra pérfida: es posible que Carrasquilla se refiera a la caída de Eva debido a la intromisión de la serpiente (Gn 3, 1-5).
10 se hicieron de la oreja gorda: según el contexto las potestades ecle-
siásticas y civiles no hicieron nada a pesar de las denuncias. En ese sentido funciona la unidad fraseológica: “no escucharon nada”.
11 santa Librada: santa Librada (siglo viii) fue la última de las nueve
hijas del gobernador Lucio Catelio y de su esposa Casia, habidas en el mismo parto. Temerosa la madre de ser acusada de infidelidad —para la época se consideraba el parto múltiple fruto de relaciones con varios hombres—, ordenó la muerte de las niñas, pero estas fueron salvadas por la comadrona y criadas como cristianas por el obispo san Ovidio. Llegadas a la adolescencia, fueron acusadas ante el gobernador, quien ordenó la muerte para ambas cuando las jóvenes se negaron a renegar de su fe. Murieron crucificadas y el nombre de Librada se invoca contra la esterilidad y la fidelidad femenina (Bernal, 2018, p. 39).
12 santa María Egipciaca: en el libro Año cristiano se nos cuenta su
origen. Yo soy una pobre mujer natural de Egipto que, habiendo dejado la casa de mis padres á los doce de mi edad por vivir á mi libertad, me fuí a Alejandría, donde me entregué á todo género de disoluciones por espacio de diez y siete años. No pecaba por interés; pecaba únicamente por pecar, no pretendiendo mas premio del pecado que el pecado mismo (Croisset, 1862, p. 40). La historia transcurre entre viajes y penurias; ella conoce la fe y agradece, eternamente, la intervención de la Virgen María que la ayuda superar todos los obstáculos puestos por el enemigo malo para encontrar la paz y, finalmente, su conversión (N. del E.).
13 empingorotado: adj. despect. coloq. Dicho de una persona: ele-
vada a posición social ventajosa. Apl. especialmente a quien se engríe por ello (dle, 2018).
14 cuarenta horas: f. pl. Devoción católica que se celebra estando
expuesto el Santísimo Sacramento (dle, 2018).
15 dandy: m. Hombre que se distingue por su extremada elegancia y
buenos modales (dle, 2018).
16 Petronio: se refiere a George Brummell, el príncipe de los ele-
gantes (N. del E.).
17 garlito: loc. verb. coloq. Caer en la trampa (dle, 2018). 18 panegíricos: m. Elogio enfático de algo o de alguien (dle, 2018).
19 Metropolitana: Tomás Carrasquilla vivió a pocas calles de la ca-
tedral, sobre la calle Bolivia (calle 56 en el centro de Medellín) y posiblemente sirvió como referente para esta escena (N. del E.). La Catedral Metropolitana de Medellín, oficialmente Catedral Basílica Metropolitana de la Inmaculada Concepción de María es una iglesia catedralicia de culto católico romano dedicada a la Virgen María bajo la advocación de la Inmaculada Concepción. Está situada en la zona céntrica de la ciudad de Medellín (Colombia), en el barrio Villanueva, al costado norte del Parque de Bolívar. Además, el templo fue llamado antiguamente y aún se le conoce pero en menor medida, como Catedral de Villanueva, especialmente durante su construcción para distinguirla de la Iglesia de la Candelaria, que por ese entonces era sede episcopal (Arquidiócesis de Medellín, s. f.).
20 victoria: f. Vencimiento o sujeción que se consigue de los vicios
o pasiones (dle, 2018). También se puede referir a f. Coche de caballos de dos asientos, abierto y con capota (dle, 2018).
21 las fieras: Grupo de cachacos parranderos que “azotaron” a la
sociedad antioqueña en la primera década del siglo xx, novelado por Carrasquilla en Grandeza (1910) bajo el nombre de La Horda, comandada por Arturo Granda, apodado la Fiera (Bernal, 2018, p. 41).
22 franjamentas: Flecamenta (ahac, 1986). f. Los vocablos despec-
tivos con esta terminación, tales como Faldamenta, franjamenta, son muy del habla antioqueña y en su aparición debieron influir voces como vestimenta. Recordar el plural latino vestimentum, así como otros derivados de mentum, en diversas formas (ahac, 1986).
23 monserga: f. Exposición o discurso fastidioso, pesado o repetiti-
vo, y en ocasiones reprensivo (dle, 2018).
24 melopea: f. Canto monótono (dle, 2018).
25 Samotracia: victoria alada de Samotracia. La figura es la repre-
sentación femenina de la Victoria (N. del E.).
26 Salomón: según la Biblia es el tercer y último monarca del reino
unido de Israel. Conocido por su sabiduría entregada por Dios como un don para gobernar con justicia y amor (N. del E.).
27 diablo cojuelo: Relacionado con El diablo cojuelo de Luis Vélez
de Guevara en la que aparece la habilidad del diablo para inmiscuirse en los asuntos de otras personas (N. del E.). Y levantando a los techos de los edificios, por arte diabólica, lo hojaldrado, se descubrió la carne del pastelón de Madrid como entonces estaba, patentemente, que por el mucho calor estivo estaba con menos celosías, y tanta variedad de sabandijas racionales en esta arca del mundo, que la del diluvio, comparada con ella, fue de capas y gorras (Vélez, 1641).
28 Abelardo y Eloísa: La historia de Eloísa y Abelardo constituye
una excelente transición [del amor en la Edad media] en la medida en que mantienen relaciones extramatrimoniales hasta que se desposan, de buen grado o contra su voluntad [...]. A finales de
1115 y comienzos de 1116, Pedro Abelardo tiene 36 o 37 años. Es
un maestro célebre. Aborrecía el comercio grosero de las prostitutas. Entonces conoce a Eloísa. Nacida alrededor del año 1100 [...]. Era sobrina de un tal Fulberto, que la instaló en su casa, se hizo cargo de su educación y acudió a Abelardo para su perfeccionamiento. Ambos se ven atrapados por la pasión [...]. Nuestro ardor conoció todas las fases del amor, y experimentamos también todos los refinamientos insólitos que el amor imagina. Abelardo descuida su labor docente. Fulberto descubre la relación y expulsa a Abelardo de su casa. Los amantes continúan viéndose en secreto. Eloísa se percata de su embarazo. Nace su hijo, Astrolabio, en Bretaña. Abelardo se queda en París. Eloísa se opone al matrimonio. A pesar de todo reciben la bendición nupcial, probablemente en el año de 1117. Una noche, sorprenden a Abelardo y es castrado. Lo que lleva a Abelardo a la sombra de un claustro. Los esposos terminan separados cada uno entregado a la vida religiosa (Verdon, 2006, pp. 204-210).
29 cuco: adj. coloq. Pulido, mono (dle, 2018).
30 esfinge: f. En la mitología griega, monstruo fabuloso represen-
tado generalmente como una leona alada con cabeza y pecho de mujer, que planteaba enigmas irresolubles (dle, 2018). También funciona como locs. verbs. Adoptar una actitud reservada o enigmática (dle, 2018).
31 Circe: De Circe, hechicera que en la Odisea convierte a los com-
pañeros de Ulises en bestias (dle, 2018). Es decir, f. Mujer astuta y engañosa (dle, 2018).
32 viso: m. Apariencia de las cosas (dle, 2018). Notas explicativas
El prefacio de Francisco Vera Juan Esteban Hincapié Atehortúa Editor crítico Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1914) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: E A: El Espectador (1914). Medellín. B: Cuentos de tejas arriba (1936). Medellín: Atlántida.
C: Revista Gloria (1949). Medellín: Fabricato. D: Obras completas (1952). Madrid: epesa. E: Cuentos de Tomás Carrasquilla “Náufrago asombroso del siglo de oro” (1956). Medellín: Bedout.
F: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. G: Antología de cuentos: Tomás Carrasquilla (1964). Medellín: Bedout.
H: Antología de cuentos de Tomás Carrasquilla (1992). Medellín: Comfenalco Antioquia. I: Cuentos (1997). Bogotá: Biblioteca Familiar Presidencia de la República. J: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
K: Obra escogida (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
L: Cuentos escogidos 1 (2018). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla El prefacio de Francisco Veraa1 I La señora forastera, de temporada en el poblacho, obtuvo, apenas fue conocida, la gran fama como narradora, no tanto por su repertorio y su verba pintoresca, cuanto por la mímica y los remedos con que solía —porb dar realce a sus anécdotas— transfigurar la fealdad caricaturesca de su vejez.
Una noche de tertulia, casa de uno de los caciques de más fuste,2 la instaron, de sobremesa, para que contara algo de lo bueno y divertido. No se hizo rogar la vivaracha abuela: sacóc su silla al centro de la sala, y antes de sentarse, declamó muy airosa y oratoria:
“Atención,d nobles señores y las damas del decoro, que esta vez voy a contaros un cacho que no es de toro.e Esto no es, realmente, cuento ni historias inventadas, sino un ejemplo que pasó talf y como lo aprendió una servidora de ustedes. Me lo enseñó taita3 Angarita, que era hombre de pluma y de muchos conocimientos:
En la España del reyg nuestro señor —principia muy pausada— h había... y,i ¡hasta lo habrá todavía! Un j pueblo muy grande y muy bonito, llamado Villalbak de Rescatados. En ese pueblo nació mi mamita María de la O. Santofimio, una señora de media y babucha, muy tonable4 y mandataria. Nos contaba ella que la iglesial mayor del pueblo ese, que es uno de los templos más hermosos y ricos de la cristiandad, se lo edificaron exprofeso a Nuestra Señora de las Mercedes,5 aparecida en un retablo muy perfecto y muy antiguo. Se lo encontraron unos cazadores en un peñasco sumamente alto, donde nadie había subido, por allá en tierra de moros. Por revelación que tuvo una religiosam muy santan vino a saberse que la Divina Señora quería que la trasladaran al lugar. Al momento fue por ella el gentío en una solemnidad nunca vista. El día que la colocaron en su templo, se retocó muy patente y más hermosa que antes y ñ siguió retocándose cada doscientos años. Fueron tantísimos sus milagros, que miles de cristianos, que tenían cautivos los indinos6 moros,7 volvieron a su tierra, buenos y sanos, sin faltar tan siquiera uno solo.o Por eso llamaron al pueblo Villalba de Rescatados. Nos contaba mi mamitap que todo el templo está cubierto con imágenes de milagros, pintadas y de bulto, y con ofrendas muy ricas; y que vive siempre lleno de peregrinos que llegan constantemente de toda parte del mundo. b solía—por c Sacó a EL PREFACIO DE
FRANCISCO VERA
d «Atención, e toro.» [Con el espíritu de conservar las marcas ortográficas relacionadas con la introducción del segundo relato estas comillas de cierre se omiten en este punto, pues el relato tiene continuidad en la voz de este personaje].
f tál g Rey h — (principia muy
pausada) — i había...y j todavía! un k A, F, H, J, K, L: Villalba / B, C, D, E, G, I: Villa l Iglesia m A, F, H, J, K, L: religiosa / B, C, D, E, G, I: señora n muy santa, vino ñ antes, y o sólo p A, F, H, J, K, L: mamita / B, C, D, E, G, I: mamacita
El prefacio de Francisco Vera Pues bueno:
Vivía en el pueblo un taitón muy macizo, muy acuerpado y de mucha fortaleza, que se llamaba Francisco Vera. Era tan buscarruidos y altanerote, que le armaba camorra al que lo volteara a ver. Qué tal sería de caudillo y de ventajoso que, en vez de sacar la muñeca que Dios le había dado y tumbar cristianos a cada zuque,8 pelaba, muy sí señor, una guasparria9 tamaña de grande, que manejaba siempre en la cintura. Cada rato había en el pueblo trifulcas y garroteras, asuntadas a las contiendas del tal Francisco Vera. A más de eso, era tan tramposo y malostratos,10 que nadie le fiaba un cuartillo de perro, y tan fabuloso que, por más que jurara y perjurara, no le creían una palabra. Pero ¡eso sí!: devoto, como él solo, de la Virgen de las Mercedes. Cada 25 de septiembre,a aunque no se confesara, ni se enmendara cosa, le llevaba su buena ofrenda y asistía a toditas las funciones. Tal vez por eso, el alcalde mayor y los alguaciles le disimulaban sus fechorías.
Era cura del lugar el vicario Bobadilla, un sacerdote muy virtuoso y algo pariente de mamita María de la O. Aunque ya estaba vejancón y padecía de la gota,11 tenía una voz tan linda y tan sumamente alta que, cuando cantaba en la iglesia, retumbaba por toda la plaza. Tantab fama tenía su habilidad, que venían gentes de otras poblaciones nada más que por oírloc cantar misa.
Era hombre de mucho secreto, y muy querido de todos sus feligreses por lo servicial y lo parejo: lo mismo era con los señores acaudalados que con los pobrecitos limosneros. Su única diversión era cuidar una mulita baya,12 que contemplaba como a las niñas de sus ojos.13 Se me olvidaba decirles que, en sus mocedades, había sido soldado, y que, en una pelea muy tremenda que hubo con los moros, se portó con tanto valor, que el rey nuestro señor lo premió con una bolsa de onzas,14 lo puso en la guardia real y se lo llevó a su palacio.
El vicario se mantenía sancochado15 con las perrerías de Francisco Vera; pero, en vista de aquella devoción a la Virgen, determinó mandarle la novena para que le alumbrara lo que debía hacer con su devoto; porque, como era tan bueno, y quería la salvación de todos los cristianos, no podía convenir que se fuera a perder un alma redimida con la sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Así lo hizo, y, en acabando la novena, llamó a su casa al tal Francisco, un sábado por la noche. Se encerró con él y le dio unos consejos tan lindos y religiosos, que el caimán le prometió cambiar de vida, si lo entablaba en algún trabajo. El vicario convino en todo, con tal que se confesara y cambiara de vida. Dicho y hecho: al otro día se quedaron en el pueblo tamañitos, cuando, en misa mayor, vieron a Francisco Vera arrimar al comulgatorio y recibir la Santísima Forma, con muchísimo recogimiento. Dando y dando: después de misa le entregó el cura cien patacones,16 patacón sobre patacón, para que pusiera una venta, en un paraje muy aparente, por allá en los ejidos del lugar. a Septiembre b Tánta c A, I, J, K: por oírlo / B, C, D, E, F, H: para oirlo / G, L: para oírlo
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Principió el negocio con mucho auge, y la gente estaba admirada con la enmienda del dichoso Francisco Vera, de las caridades tan lindas del vicario y del poder tan grande de la Virgen.
Pues, señor... ¡Sea perdió chicha, calabazo y miel!... Y la cosa hedió a cacho:17 resultó que aquel taita del enemigo malo, hizo, en la venta, lo que nunca se le había ocurrido en su perra vida: aprendió a beber, ¡pero de qué manera! Entonces sí fue cierto que se puso bien canónigo y bien alzado, tanto, que hasta las mismas autoridades le cogieron recelo. Lo metían a la cárcel, pero, como era tan ladino y tan endiablado, se les escabullía, mientras despabilaban,b y la gente se ponía en un hilo, sabiendo que andaba por ahí suelto.
El vicario se dejó, entonces, de bullas, y, en mucho secreto, le puso un posta al rey nuestro señor, con una carta muy bien relatada, en que le pedía los librara de semejante peligro.
Nadie sospechaba ni lo negro de la uña, cuando un día... ¡Muñeco al hombro!: comparecieron en el puebloc diez alguaciles reales, como diez torres; me le echaron mano a mi señor don Francisco; jalaron con él hasta la propia orilla del mar y me lo embarcaron en un navío. Ya se podrá suponer cómo quedarían de descansados en el pueblo. Entonces principiaron las cavilaciones sobre la suerte que había corrido. Unos aseguraban que había perecido en la mar; otros, que lo habían puesto en galeras;18 otros, que se había brincado del barco, y que, nadando, nadando, como perro terranova,19 había alcanzado a una orilla, y que allí vivía, en una caverna, como si fuera un ermitaño.
A estas y las otras, llegó el día de Nuestra Señora de las Mercedes; y cuál sería el pasmo de los fieles cuando lo vieron entrar a la salve, como si lo brotara la tierra. Se arrodilló muy devoto ante el Retablod20 y presentó a la Virgen una ofrenda muy cuantiosa de oro en polvo.
Al otro día asistió a todas las funciones, pero no alzó a ver a nadie ni pronunció una palabra. No bien terminaron las solemnidades, se volvió ojo de hormiga. Nadie pudo averiguar, por más que se volviera mico y mono, dónde había posado ni qué camino había cogido. Esto los puso a todos en el último punto de la curiosidad. Pero el vicario, como tenía una fe tan grande en la Virgen, decía siempre: “Ahíe no hay ningún misterio: Francisco Vera está de ermitaño, haciendo penitencia. Nuestra Señora no va a descuidar el alma de un devoto suyo”.f Al poco tiempo principió el rum rumg21 de que había salteadores, por ahí en los caminos, y que en las casas de campo estaban haciendo muchos daños; pero, como nadie se quejaba a la justicia, ni ninguno mostraba los atentados, determinaron, al fin, que todo era invenciones y habladurías de gente ociosa. Pasaron unos meses, y un día, allá por Cuasimodo,h22 llamaron al vicario, con mucha urgencia, para que fuera a auxiliar un moribundo, por allá a unos guaicos23 algo retirados del pueblo. Ensilló su mulita, y, a propio golpe de las doce, emprendió a señor...¡Se b A, F, H, J, K: despabilaban / B, C, D, E, G, I: espabilaban c el pueblo, diez d A: de El Retablo / B, C, D, E, F, G, H, I, J: del Retablo, / K: del retablo, / L: del Retablo e «Ahí f suyo.» g A: rum rum / B, C, D, E, F, G, H, I, J, K, L: runrún h cuasimodo
El prefacio de Francisco Vera marcha, rezando el avemaría.a Llegó la oración, llegaron las ocho y las nueve, y... el vicario sin parecer. La criada que le servía, salió, entonces, de casa en casa, y puso en movimiento a todo el vecindario. Salieron a buscarlo a pie y a caballo; anduvieron mucho rato, por unos y otros caminos, y... ¡ni un alma por esas soledades! En el colmo de la alarma se juntaron en un alto, para ver qué sacaban en limpio, cuando, por allá a las mil y quinientas, vieron venir una lucecita, falda arriba.b Fueron a ver, y casi no conocen al vicario: venía a pie, alumbrándose con un cabito de vela, sin sombrero, con la sotana rota y todo él tan desempajado y tan mustio, que parecía un limosnero. —¿Y eso qué contiene, mi padre? —le preguntó el alcalde.
—Después se sabrá —contestó él.
—¿Y la mulita?
—Después se sabrá.
Y de aquí no lo sacaron. En el pueblo sucedió lo propio: nadie pudo desentresijarle24 lo más mínimo. Pasaban días y más días; pero el “después”c del vicario no llegaba, y a los feligreses se les reventaba la hiel con el ansia de descubrir aquel misterio.
II La criada del vicario, que era una zamba25 muy conversona y un puro empalago, estaba trastornada con el papel que estaba desempeñando en esos días. Todo el mundo la llamaba para averiguarle. Contaba, entre otras cosas, que su amo, desde ese día, era otro. Que, aunque tan siquiera le había amagado la gota, estaba tristón y desganado; que suspiraba cada rato; y que, en ocasiones, parecía fatuo o distraído. Que a ella no le quitaban de la cabeza que a su amo, aunque fuera sacerdote y tan sabido y tan católico, le habían hecho un maleficio muy terrible. Que, a lo mejor, echaba a cantar, con la tonada del prefacio, unas bobadas como los ciegos que pedían limosna; que, se ponía a escribir en cualquier papel; y que después lo rasgaba; que a una imagen de el Retablo que tenía en su cabecera, le decía, de presto, unas cosas que no eran oraciones, ni décimas religiosas.
Nadie le creía a la zamburria,26 porque el manejo del vicario en la calle y en el templo era tan bueno y tan bonito como siempre.
A esas, otra vez, la festividad de la Virgen. Llegaban y llegaban peregrinos y forásticos,27 y todo el pueblo estaba en atisba, por ver si volvía Francisco Vera. Pasaron vísperas, salve y procesión, y el hombre no resultaba por ninguna parte. Pero dejan para misa mayor y ¡cátamelo en la iglesia! Venía muy fanfarrón, con un traje muy rico de caballero y una capa de grana28 terciada con mucho orgullo. Llevaba colgada en una mano una gargantilla de uchuvas29 y de perlas, de lo más precioso, para ofrendarle a la Virgen. Pero, como el templo estaba ya retaqueado, no pudo, a Avemaría b faldaarriba c «Después»
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla por más que empujaba y metía codo, llegar hasta el trono de plata, donde ponían el Retablo. Tuvo que quedarse muy abajo, junto a una pila. La misa principió con la pompa y la solemnidad de todos los años; y, como Francisco Vera era tan altote y la capa tan vistosa, lo divisó el vicario, bien divisado, cuando volteó a decir el orate fratres.a30 Llegó el momento del prefacio, y todos tosieron y se prepararon a no perder una nota de aquel canto tan maravilloso. Abrió el vicario esa boca (la narradora imita, con propiedad, ademanes y cantos rituales) y... entona: Ahí está Francisco Vera, robador de las haciendas, que despluma a caminantes por atajos y por sendas.
Una tarde en que viajaba, me asaltó el perdonavidas y me robó mi mulita que anda cien leguas seguidas.
Me robó mi silla turca toda de plata chapada y mis espuelas moriscas de labor sobredorada.
Me robó dos mil ducados,31 que el rey mi señorb me diera y llevé siempre conmigo en oculta faltriquera.32 Por evitar sacrilegios y otros horribles delitos, tuve que hacer vil remedo del más grande de los ritos:
Me hizo cantar una misa al pie de frondosa higuera; me hizo elevar por hostia un trozo de calavera.c a frates b Señor c calavera;
El prefacio de Francisco Vera Me hizo alzar como cáliz el zancarrón de una yegua; me hizo beber por vino la sangre de una culebra.
Mando, pues, a los presentes, aunque el lugar sea sagrado, que cojan al bandolero y a la cárcel sea llevado.
¡Quéa susto aquel!b Pero no hubo necesidad de nada, porque Francisco Vera se puso en piec y dijo con voz muy rara: “¡No hay qué tocarme! ¡Me doy por preso, en nombre de la Virgen! ¡Ella responde de que no quiero escaparme!”. Todos miraron al retablod y vieron, muy patente, que la Divina Señora movía el rostro, en señal de otorgamiento. El hombre siguió clavado de rodillas y llorando como un niño. A la salida de misa hizo confesión pública en media plaza, llorando a lágrima viva y pidiendo tormentos y muerte ignominiosa. Divulgó a sus compañeros y el subterráneo donde se escondían y guardaban los dineros, las alhajas y demás cosas robadas. Contó que solo habían vendido las bestias, y que las otras riquezas no las habían repartido todavía. Que podían restituire el valor de todos los robos y pagar perjuicios, porque él y otros dos de la pandilla habían recorrido muchos pueblos, disfrazados de caballeros principales, y que en todos habían puesto banca33 (por cuenta de la compañía) con una suerte tan grande, que, con toda limpieza y legalidad, aumentaron su caudal en más del triple. Contó que su confesión y comunión, cuando el llamado del vicario, fueron sacrílegas, porque calló pecados muy horribles; que ese mismo día, mientras él le contaba los dineros del entable, le robó el cuaderno de los santos evangelios, que desde entonces lo llevaba pegado al pecho con una faja, para librarse de bala, de puñal, de picadura de culebra y de maleficios de toda laya. Contó que los alguaciles reales lo llevaron a una isla del mar, donde vivía gente muy pirata; que allí topó compañerosf de robo y se volvió, con ellos, a la España del rey nuestro señor, donde emprendieron vida de salteadores. Que a los infelices que caían en sus garras los obligaban, después de despojarlos, a jurar sobre los santos evangelios, no divulgarlos ni en artículo de muerte; que a los que se resistían los llevaban a paraje secreto, los abaleaban y ahí mismo los enterraban sin ponerles tan siquiera una triste cruz de chamiza.
Y, como jurar en falso sobre los santos evangelios no tiene perdón de Dios ni en esta vida ni en la otra, nadie chistaba una palabra, por no perder su alma. ¡Por eso andaban esos malignos tan despensionados!
El vicario se ranchó a jurar; pero ¿cómo hacían para matarlo? El que asesina a sacerdote, o le saca sangre por mal, está condenado en vida: queda, ahí mismo, poseído del demonio, y echa a morder que ni perro rabioso, hasta que muere de la rabia. a Qué b aquél!
c pie, y d Retablo e restituír f compañaros
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Por eso inventaron los herejes, ya que no podían asesinar al vicario, el embeleco de la misa. Se resistió, también, ¡seguro que no!a En la sofoquina,34 se le cayó, al pobrecito, el cinto con los dos mil ducados; pero ¡nib por esas se aplacaron esos diablos! Lo amenazaron con secuestrarlo, en el subterráneo y robarle, mientras estuviera preso, el tesoro de la Virgen. Ahí sí se rindió el vicario y cantó la misa, a moco tendido, tal y como la relató en el prefacio.
Dijo también que él tenía su corazonada de que el vicario lo divulgaría apenas lo viera en el pueblo; pero que no pudo resistir a unas ansias muy grandes que le acometieron de presentar él mismo la ofrenda. Por lo cual se vioc patente que ya la Virgen le había tocado el corazón.
Era tanta y tan conmovedora la contrición de Francisco Vera, que todo el mundo lloraba. Ahí mismo lo condenó el justicia mayor, a muerte, de horca. Pero, mientras se hacían las diligencias para la repartija de todo lo robado, a sus debidos dueños, y se cogían los otros criminales, le puso el vicario —en el secreto de siempre— otro posta al rey nuestro señor, para implorarle el indulto del reo. Su sacra reald lo concedió al momento.
Entonces lo condenaron a galeras por muchos años; pero, como se portó en ellas como el más humilde de los santos, le rebajaron la condena. Se fue entonces de criado a un convento de capuchinos. Hizo tanta penitencia, que se volvió un esqueleto, se le salieron los ojos a fuerza de llorar, y la lengua se le convirtió en una llaga. Un día de las Mercedes, al amanecer, sintieron los frailes una fragancia que trascendía por todo el convento, y unas músicas y unos cánticos, de las cosas más preciosas. Fueron a la celda de Francisco Vera y lo toparon muerto. Lo llevaron a la iglesia, y a medida que lo velaban, se iba poniendo tan lindo y tan perfecto que, cuando fueron a darle sepultura, parecía mismamente un ángel del Señor. ¡Así como se los cuento! Y todo el que es devoto de Nuestra Señora de las Mercedes, aunque sea el pecador más empedernido, tendrá muerte santa; porque la Divina Señora, no solo redime los cautivos de infieles, sino que le arranca al diablo las almas que ya tiene entre sus garras.
A mayor gloria de la Virgen María. —Amén”.e a nó c vió d Sacra Real e María.—Amén.» bA: ducados; pero, ¡ni / B, C:
ducados, pero ni / D, E, F, G, H, I, J, K, L: ducados, ¡pero ni
El prefacio de Francisco Vera
1
Publicado por primera vez en el periódico El Espectador de Medellín el miércoles 18 de marzo de 1914. Este cuento es una recreación de Tomás Carrasquilla de un silencio narrativo de la segunda parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, en el capítulo I: —Por mí —dijo el barbero—, doy la palabra, para aquí y para delante de Dios, de no decir lo que vuestra merced dijere a rey ni a roque, ni a hombre terrenal, juramento que aprendí del romance del cura que en el prefacio aviso al rey del ladrón que le había robado las cien doblas y la su mula andariega (Cervantes, 2015, p. 551). Además, es referencia a un romance en el que el párroco denuncia en el introito de la misa al ladrón que le ha robado y que está entre los asistentes (Rico, 2004, p. 551).
2
fuste: m. Nervio, sustancia o entidad (dle, 2018).
3
taita: Fórmula de tratamiento usada en los espacios rurales para dirigirse o aludir al padre y a las personas que merecen respeto (dle, 2018).
4
tonable: loc. adj. De buen tono, propio de gente distinguida o elegante (dle, 2018).
5
Nuestra Señora de las Mercedes: Se refiere a la advocación de la Virgen María relacionada con la “Merced”, es decir, a la fundación de la Orden religiosa de los mercedarios el 10 de agosto de 1218, en Barcelona, por san Pedro Nolasco. Una particularidad de esta orden es el voto de liberar a los cristianos cautivos en manos de musulmanes o moros (N. del E.).
6
indinos: adj. vulg. Que no es digno (dle, 2018).
7
moros: dj. Dicho de una persona: Musulmana, que habitó en España desde el siglo viii hasta el xv (dle, 2018).
8
zuque: m. Golpe, porrazo (N. del E.).
9
guasparria: f. Machete largo, peinilla (ahac, 1986).
10 malostratos: o malos tratos m. pl. Der. Delito consistente en
ejercer de modo continuado violencia física o psíquica sobre el cónyuge o las personas con quienes se convive o están bajo la guarda del agresor (dle, 2018).
11 gota: f. Med. Enfermedad causada por la acumulación de crista-
les de ácido úrico en las articulaciones de las extremidades, en las que produce hinchazón muy dolorosa (dle, 2018).
12 baya: adj. Dicho especialmente de un caballo y de su pelo: De
color blanco amarillento (dle, 2018).
13 niñas de sus ojos: f. coloq. La persona o cosa a las que se tiene el
mayor cariño o aprecio (dle, 2018).
14 onzas: f. Moneda de oro, con peso de una onza aproximadamen-
te, que se acuñó desde el tiempo de Felipe III hasta el de Fernando VII, y valía 329 reales (dle, 2018).
15 sancochado: Referido a una persona, que tiene mucho calor (dc, 2018, p. 414). Es decir, completamente irritado (N. del E.). 16 patacones: m. Antigua moneda de plata de una onza (dle, 2018). 17 hedió a cacho: cosas del infierno (N. del E.).
18 galeras: f. Embarcación de vela y remo, la más larga de quilla y
que calaba menos agua entre las de vela latina (dle, 2018). También, f. pl. Pena de servir remando en las galeras reales, que se imponía a ciertos delincuentes (dle, 2018).
19 perro terranova: m. y f. perro de aguas, de gran tamaño, pelo
largo, sedoso y ondulado, de color blanco con grandes manchas negras, y cola algo encorvada hacia arriba. Tiene los pies palmeados a propósito para nadar, y es muy inteligente (dle, 2018).
20 el Retablo: m. Estructura de piedra, madera u otros materiales
que cubre el muro situado detrás del altar, compuesta de obras escultóricas o pictóricas con motivos religiosos (dle, 2018). 21 rum rum: m. coloq. Voz que corre entre el público (dle, 2018). 22 Cuasimodo: m. Domingo de Cuasimodo (dle, 2018). También m. Segundo domingo de Pascua (dle, 2018).
23 guaicos: Lugar recóndito y despoblado (ahac, 1986). 24 desentresijarle: Sacarle a uno lo que lleva dentro. Por extensión, quitarle lo que tiene (ahac, 1986).
25 zamba: adj. Am. Dicho de una persona: Nacida de negro e india, o de indio y negra (dle, 2018).
26 zamburria: f. Con la desinencia urria, de origen ibérico, se formó
este despectivo femenino de zambo (porque orrio es masculino), a la manera que de zurra vino de zurria y de banda, bandurria (ahac, 1986).
27 forásticos: adj. Forastero (ahac, 1986).
28 grana: f. Paño fino usado para trajes de fiesta (dle, 2018). De color
rojo (N. del E.).
29 uchuvas: frutas de forma circular de color muy parecido al oro. Es posible que Carrasquilla se esté refiriendo a las esferas de oro que hacen parte del collar (N. del E.).
30 orate fratres: Se refiere a la exhortación en la misa católica por
parte del sacerdote para iniciar el rito litúrgico. En otras palabras, significa: orad hermanos (N. del E.).
31 ducados: m. Moneda de oro que se usó en España hasta fines del
siglo xvi, de valor variable (dle, 2018).
32 faltriquera: f. Bolsa de tela que se ata a la cintura y se lleva col-
gando bajo la vestimenta (dle, 2018).
33 banca: f. Econ. Negocio bancario dirigido a la gestión de patri-
monios de clientes con elevadas rentas (dle, 2018). 34 sofoquina: f. coloq. Sofoco, por lo común intenso (dle, 2018). Notas explicativas
Juan Esteban Hincapié Atehortúa Editor crítico E El gran premio Para el proceso de fijación de esta obra se tuvieron en cuenta dos testimonios como Textos bases: para la primera parte (I) del cuento se contó con la segunda edición (1936), ante la imposibilidad de encontrar la primera entrega de la narración en prensa; para la segunda parte (II) del cuento se tomó la primera edición (1914). Los siguientes testimonios son las ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: O: El Espectador (1914). Medellín. A: Cuentos de tejas arriba (1936). Medellín: Atlántida.
B: Obras completas (1952). Madrid: epesa. C: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. D: El padre Casafús y otros cuentos (1989). Bogotá: Norma.
E: Antología de cuentos de Tomás Carrasquilla (1992). Medellín: Comfenalco Antioquia. F: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
G: Óigame un escuchito... (2012). Madrid: Libros de la Ballena.
H: Cuentos escogidos 1 (2018). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla El gran premioa1 I —Sí, hijo: no te desalientes —decíab el padrec rectord a un su antiguo discípulo, recién licenciado en Jurisprudencia—. Ele que lucha con perseverancia, puestos los ojos en Dios y en su Santísima Madre, triunfará aquí abajo y allá arriba. A quien espera en lo eterno, lo temporal le pertenece.
—¡Quiénf sabe, reverencia!g —repone el abogado, medio risueño—. Las cosas de tejas para arriba, por lo mismo que son inescrutables, no pueden someterse a reglas fijas ni a fórmulas humanas.
—¿Hash perdido, acaso, los principios que aquí te inculcamos?i —¡Dios me libre, reverencia! Pero conozco a tantos j que luchan con tesón, que piden con fe, que esperan en Diosk y que, lo que es aquí abajo, no han conseguido sino desengaños y hepatitis. En cambio conozco muchos poltrones muy nulosl que, sin pedir nada a Dios ni acordarse de Él,m andan por ahí, vencedores en toda la línea. A este respecto me sé yo una historia de primo cartello.n2 —No será cosa del otro mundo; pero cuéntala, chico, si no es un secreto. —¡Ni mucho menos! Pero es larga, y la gran reverencia, con toda su fe, no va a creerla. Sin embargo, es tan auténtica y tan comprobada como los evangelios sinópticos.ñ3 —Mucho te curas en salud; ¡asío serán tus evangelios! Cuéntalos, ya que estamos en vacaciones.
—Pues bien. La reverencia habrá de estimular todos sus afectos y todas sus facultades de creyente, y… va de historia fehaciente:
Érasep que se era un pobre diablo, un mandria4 de estos que son ineptos por pereza y perezosos por ineptitud; uno de estos enfermos de la voluntad, que parecía sobrar en la vida, porque para nada servía ni tenía uso de ninguna especie. Mas, como esto no se opone legalmente al santo estado del matrimonio, lo contrajo desde sus verdes años y se fue a vivir a casa de su mujer, por allá a un pueblo de escaso vecindario, cercano a un río caudaloso.
En un dos por tres acabó con el exiguo patrimonio que la esposa aportara, hasta quedar reducidos a la última indigencia. ¡Pero eso sí! Cada año les enviaba el cielo, lloviera que tronara, fruto amable de bendición. Los deberes y responsabilidades que esto implica, lejos de mover al hombrecito, le hundían más y mejor en el marasmo negro de la anulación. Era, en suma, la bestia agobiada que se echa con la carga a la vera del camino.
a EL GRAN PREMIO b desalientes.—decía c Padre d Rector e Jurisprudencia—El f —Quién g Reverencia h —Has i inculcámos j tántos k Dios, y l nulos, que, m El, n primo cartelo ñ Evangelios Sinópticos o salud; así p Erase
El gran premio Pero mi hombre, que tenía vanidad y amor propio a su modo, trataba de engañar a los demás y de engañarse a sí mismo.
Quien no lo conociese lo tomaría por el hombre más activo y ocupado, según eran los afanes y los alardes por aquellas faenas tan grandes y tan perentorias. Íbasea al río a disputar a los pájaros las moras y las bellotas a los cerdos, y, cuando volvía con algún tronco medio podrido, de esos que la corriente arrima a la orilla, entraba triunfante a la zahúrdab5 donde se hacinaba su prole, y decía a la mujer muy satisfecho: “¡Hoyc sí ha sacado buen jornal tu maridito!”.d Y, cuando por evento daba con alguna nidada,6 por ahí en los ejidos,7 gritaba desde la puerta: “¡Prendan candela que hay comida hasta para tirar por loe alto!”. Pero, aunque el caso fuera raro, había que comer los huevos conforme fueron puestos, por falta de sal y de tizones. Estas proezas lo alegraban un momento, para apurarle la murria8 que su vergüenza interior, su irreductible abandono y sus hambres le traían siempre consigo. Nunca se había preocupado de creencias ni prácticas piadosas, y, a fuerza de envenenarse con su propia amargura vino a parar, sin darse cuenta de ello, en ese antideísmof rabioso de los desheredados y vencidos, que es uno como odio a la Providencia, todo lo cual no se oponía a sus agüeros de emperador romano. Claro está que la mujer tenía que pagarle todos sus despechos y atosigamientos. La infeliz, que era una bendita, sufría lo indecible con aquel marido que le deparó su negra estrella. Pero era talg que de nada le culpaba, pensando que todo ello era cosa ingénita en su hombreh y que, por lo mismo, de nada era responsable. Al verlo tan poquita cosa, tan infeliz y tan ridículo, sentía la tierna conmiseración de una madre por un hijo epiléptico. Como a tal lo trataba, oponiendo a los arrebatos y cantinelas cuanta dulzura acendraba su corazón piadoso.
La pobre vivía pegada de los santos, sin perder la esperanza en la divinai Providencia. “Algún día”, pensaba siempre; pero ese día no llegaba. Ayudada por sus dos hijitas mayores luchaba brazo a brazo con el tigre del hambre; pero, por más milagros y sortilegios que obrasen, el tigre se las comía. Las miserias que podían industriarse eran, la mayor parte, para el jefe de la familia. Ella se hacía una cruz en la boca y los chiquitines se iban a merodear a los huertos, o acostar por ahí, con esa boca abierta y esos ojos extáticos de los niños con hambre. Aunque la mujer ocultaba en lo posible tanta j miseria, una vecina pudo imponerse de todo, y, con el disimulo y decoro del caso, los socorría según sus medios. Ella vino a ser la Providencia de la familia. Pero una vez se le ocurrió como rasgo ingenioso de caridad indicar al hombre la caza o la pesca, ofreciéndose a facilitarle perros, útiles y demás enseres respectivos. ¡Qué ofensa aquella!k ¿Él, caza? ¿Él, pesquerías? Un hombre tan ocupado, ¿en esas? Hartó de injurias a la vecina, y… ¡adiós providencia!
Varias veces había pensado en el remedio del suicidio; mas nunca se consideró con el valor o con la cobardía de aplicárselo. Pero un día se despertó tan desahuciado a Ibase b zahurda c muy satisfecho: «Hoy d maridito!».
e A, B, D: por lo / C, E, F, G, H: pa lo f antideismo g tál h hombre, y i Divina j tánta k aquélla
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla y con tales ansias de comer algo que fuese alimento y de tomar algo que no fuese agua, que determinó ensayar a ver si era capaz de alguna hazaña. Pensó que desde cierto peñón altísimo, podría, acaso, tirarse hasta un camino, con tal que el vértigo de la altura coincidiese con el de la muerte.
Con el propósito del ensayo iba a salir, cuando su mujer lo llamó aparte y le dijo: —Miraa el regalo tan rico que nos ha mandado el ama del señor cura —era un cuarto de cabrito primorosamente aderezado, un pan blanquísimo y enorme y una bota de buen vino—. Hoy no estamos en casa desprovistos; y, si me pongo a repartir esto entre todos, de nada nos suplimos. ¿Por qué no lo aprovechas tú solo? Hace días que no pruebas un buen bocado ni catas ningún vino. Veteb por ahí al campo, que el día está hermoso: te distraes, te bañas y almuerzas con toda tranquilidad. Y ahí mismo, sin esperar respuesta, le arregló todo en un morral viejo. Tercióselo el hombre muy convenido, y salió de jira,9 completamente olvidado del ensayo de suicidio.
Llegado apenas a las afueras del lugar acometiolec el deseo de probar aquellas suculencias. Abre el morral, pone todo sobre el poyo de un puente, y, cuando va a partir la prueba, salen a la vez cuatro mendigos, pide que pide. ¡Pues no faltaba más! Enmorrala todo, apresurado; los denuesta furioso; y, como un huracán, toma soleta senda arriba. Llega a un recodo que le parece de encargo para su antojo; saca todo, a las volandas; mas no son, entonces, cuatro: son doce los mendigos que le saltan. ¡Hasta irían a matarle esos infames! Mucho puede el pánico, pero más pudo el hambre: con disimulo guarda todo, con disimulo toma el morralillo, y se escabulle que ni el humo. ¿Qué hacer? Guardarse de caminos reales.
Toma, entonces, un atajo, e internándose por entre las espesuras de un bosque llega a las márgenes de un arroyo. ¡Aquí sí estaba libre de pedigüeños astrosos! Pone sus provisiones sobre el verde césped, muy virgiliano y muy satisfecho, a la sombra deliciosa de unos arrayanes. Va a escanciar la copa, y, ¡oh negra estrella! Un pordiosero, todo harapos y fatiga, surge como brotado de la tierra. Con voces lastimeras implórale un bocado; échalo el hombre enhoramala; guarda de nuevo aquellas provisiones que parecen maldecidas, y trata de escaparse. Pero el pordiosero se le interpone y se le va transfigurando, hasta convertirse en un hombre delgado, melancólico, de túnica nevada, el rostro como cera, los ojos como uvas moscateles, como trigal maduro la barba y los cabellos. Más que el sol resplandece su cabeza. II —¿Me conoces? —pregunta con una voz de flauta.
—Te conozco —contesta el hombre muy sereno—. He visto tu retrato en muchas partes.
—Y, sabiendo quién soy y que sufro siempre sed, ¿med despides y me niegas una gota de tu vino?
a Míra b Véte c acometióle d sed ¿me
El gran premio —Si, antes de saber quién fueras, te la negué, cuánto más ahora que te conozco. —Si he obrado mal, muéstrame en qué, o, si no, ¿pora qué me hieres? —¿Y tú me lo preguntas? ¿Piensas, acaso, que me tienes muy obligado? A muchos concedes facultades, riquezas, honores, magnificencias...b ¡qué séc yo! A mí, ineptitudes, hambre, desprecio, humillación. A los malvados y soberbios los pones en las cumbres: a mí, que soy un humilde, que a nadie hago daño, me hundes siempre. —¿Sabes mi Sermón de la Montaña?d —Sí, aunque lo enredo.
—Ya sabrás, entonces, que en él estás comprendido. Todo es por probarte, hombre. —¿Sí? Pues a mí puedes probarme, si ese es tu gusto; pero mi comida y mi vino no los probarás.
Y, recogiendo todo, con mucha flema, emprende marcha y deja a Jesucristo, plantado a orillase del arroyo. Andando, andando, siente música de aguas; pone oído, busca y da a poco con una gruta escondida, de donde salta un manantial. ¡Aquí sí! Ni Cristo, con su peonada de bienaventurados; ni el diablo, con sus presidios; ni los genios andariegos del monte darían con esta caverna. ¡Mucho que sí! No bien intenta el yantar,10 sale una viejecita, muy remendada y zurcida.11 Se apoya en un bordón, y pide por señas, porque el cansancio no la deja articular. Mas de presto se transforma, a su vez; se transforma en un ser f etéreo, desvanecido en blancuras y nimbado de estrellas. —¡No g me vengas con figuritas, que conmigo nada sacas! —exclama el hombre, enronquecido por el enojo—. No te daré un mendrugo. Mucho le enseñaste a tu Hijo... ¡hasta a hacer milagros! Pero lo que fue justicia y cuentas de división... ¡ni tanto así! Sé que eres la Madre de los Desamparados;h12 pero a mí me borraste de la lista. Sé que cuanto le pidas a tu Hijo te lo concede al punto; mas para mí no has querido pedirle ni una miserable pocilga. No me salgas con que se te ha olvidado, porque harto te lo viven recordando mi mujer y mis hijos. Y, otra vez, guardada, plantón y huida.i Indudablemente que era víctima de alguna travesura del enemigo malo. Ya le había oído predicar al párroco, que el diablo es tal que ha aparentado a veces la figura de Jesucristo. Y esas provisiones estaban, desde luego, bien endiabladas. ¿Y qué? Aunque el vino fuese de los propios lagares13 del infierno; aunque esa carne fuera del mismo macho cabrío y la hubiese guisado el demonio en persona, con sus garras indecentes, había de tener el gusto de engullirse todo, él solo, j sin aflojar a nadie una partícula. Enloquecido por el hambre, se tira, por ahí, en unas piedras, cerca a una roca de donde filtraba, apenas, un hilillo cristalino. Emprende, apresurado, y... ¡lo de siempre! Oye traquidos extraños y quebrazón de cañas y asoma, ¡Dios le asista! el grandísimo espanto. Se le cuadra al frente, augusto y soberano. Trae la armazón muy lustrosa y muy enhiesta la tiara de pedrería. Pide con la diestra; apóyase, con la otra, a O: en qué o, si nó ¿por / A, C, E: en qué; o si nó, por / B, D, H: en qué; o si no ¿por / F: en qué, o si no, por / G: en qué, o, si no, ¿por [El uso de la coma opcional “no implica [...] cambios sintácticos ni semánticos [...] pero sí diferencias que afectan al enfoque que se le da al mensaje, a los matices expresivos que quieren transmitirse o, simplemente, a la claridad del texto” ( ole, 2010,
p. 304)].
b magnificencias…… c se d sermón de la montaña e plantado orillas f sér g O: «¡No / A: —No / B, C, D, E, F, G, H: —¡No [Las comillas en “El gran premio” tienen la función de indicar el inicio y final del segundo relato contado por el personaje narrador, es decir, las conversaciones entre el anónimo personaje, el Nazareno, la Muerte, entre otros; sin embargo, debido a la falta de la primera parte publicada en El Espectador de Medellín no se tiene registro del comportamiento de las comillas según las disposiciones del autor en la primera parte del cuento. En consecuencia, las comillas que indican el segundo relato son suprimidas para garantizar armonía ortográfica y tipográfica según las pruebas materiales disponibles en la colación de los testimonios y evitar confusiones innecesarias en la lectura del cuento].
h desamparados i huída j sólo
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla en el asta áurea y maciza de su guadaña,14 mientras le cuelga atrás y le arrastra, como cascada de sangre, el regio manto de escarlata.
—Acércatea y siéntate —salta el hombre muy solícito, poseído repentinamente de inusitada urbanidad—. Comparteb conmigo esta pobreza. Te la ofrezco con toda el alma. De mil amores te ofreciera un banquete espléndido, pero mi situación no es para tanto.
—Gracias mil, amigo mío —repone su majestad, no menos urbana y efusiva—. Te pedía por guasa,15 únicamente. Siéntate tú y come, que yo te acompaño en espíritu.
—¡Siquiera una copita! Es de lo rico.
—¡Gracias tantas! Estoy afiliada a la logia de los temperantes; pero, por atender a tan amable invitación, te aceptaré la copa, de sobremesa. —¡Pues con tu permiso!c Siéntase mi hombre a comer, que aquello es. ¡Cuidado si sabían guisar en los infiernos! La convidada se recuesta en la peña con gentileza áulica y actitud filosófica. Nadie ignora que, a más de muy sapiente, es ella grande hablista y académica omníglota.d Cuando el cuarto de cabrito, la mitad de la bota y el pan entero colmaban las lobregueces de aquel estómago, se produjo la autócrata con mucho atildamiento y casticismo.
—Estoy altamente maravillada, profundamente agradecida de tan noble como generosa hospitalidad. Por vez primera, en mi larga y fatigosa existencia, merezco los honores de una cordial acogida. Tanto me odian los hombres que, por no mirarme de frente y por hacerme la competencia, se truncan ellos mismos la vida, hora por hora, minuto por minuto, mucho antes del tiempo prefijado para mis ineludibles entrevistas. A menudo me les anuncio a fine de que me acojan cual yo me lo merezco y cumple a seres tan efímeros como las mariposas de los campos. A menudo me les acerco, dulce, sosegada, henchida de promesas, mostrándoles los muros luminosos de la Jerusalénf celeste.16 Todos, empero, me reciben torvos y aviesos. Los deudos mismos, si exceptuamos los presuntos herederos, me ponen ceño siniestro de médico vencido. Tú, solo; solo tú, mortal felice, me has recibido como a mi augusta majestad le es debido. En verdad te digo que me tienes obligada y que sabré agradecerte tus finezas. ¡Finezas, sí, porque, aunque me temas, harto se me alcanza que no me adulas!
—¿Yo adularte? ¿Y a ti?g Pues si por eso me encantas, cabalmente; por eso te quiero y te estimo: porque no eres como otros, porque nunca adulaste al más pintado. Con santos y con malvados, con siervos y soberanos, con potentados y pordioseros, con la juventud y la vejez, con la espuma y la zurrapa,17 eres igual; eres la misma. Eso se llama justicia, equidad, ciencia distributiva; eso se llama ser gente. a —«Acércate b Compárte c permiso!» d omniglota e anuncio, a fin f Jerusalem g tí
El gran premio Y, yendo al hilo de agua, lava la copa, la enjuga con una hoja, la escancia hasta los bordesa y se la presenta a su invitada. Toma él la bota y chocan. —¡Por tu felicidad! —dice ella.
—Por la tuya, alteza. —Y... ¡hasta verte, Jesús mío!
—¡Qué vino más rico y más extraño! —exclama la Soberana, en apurándolo—. Es un néctar que envidiaran los mismos dioses. En verdad te digo, anfitrión amabilísimo, que si le cato antes, no firmara la temperancia que he firmado. A ver la marca... ¡nob la tiene! Es raro. ¡Harto raro! ¡Dijérase extraído de la viña más opima del paraíso! Pero... ¡quién sabe!... Este vino...”. Y se queda suspensa, distraída, ensimismada. Mi hombre, en ascuas, a la vez que en glorias. ¡Valiérale Patetas! ¡Si resultaría que hasta a la Justiciera le estaba alcanzando el embrujamiento! Lo que era él sentíase delicioso, lleno de arrestos, de astucia, de audacia. ¡Si así fuera siempre!
—¿De dónde le hubiste? —le pregunta ella, al cabo.
—¿El vino, Majestad?
—Sí, este vino pérfido, diabólico.
—No sé, alteza. Mi mujer manda a comprarlo, indistintamente, a las bodegas más acreditadas. Hasta hoy nada hemos notado.
—¿Conoces, por acaso, a cierta ama del cura, que se llama Jónica? —La conozco, alteza.
—Pues, acá, en el seno de nuestra estrecha amistad, debo decirte que esa mujer, ahí donde la ves tan recogida, es una bruja de lo más funesto y urdemales. En el conventículo que se ha formado en las ruinas de un templo de Príapo,c18 la he visto, pasada media noche, con otras de la laya, en zambras19 libidinosas con el demonio. ¡El poder del infierno es incalculable! No es difícil que la hembra infame ponga filtros infernales en cualquier vino. Solo el de consagrar está libre de hechizos. Después de ese... nid el agua santa de Dios. Mas, sea de esto lo que fuere, yo no estoy bajo el dominio de Satanás, por más que me alcancen sus influencias, y… vamos a nuestro asunto: pensabae dejarte, como prenda de amistad y galardón por tus favores, unas cuantas talegas de oro amonedado. Pero este vino demoníaco, que alumbra el entendimiento con intuiciones maravillosas, me ha hecho discurrir con el acierto que caso tan inaudito ha menester. Pues bien, amigo mío: si soy la encargada del gran castigo, lo soy asimismo del gran premio; el mayor premio que en lo terrenal pueda alcanzarse. Y, pues eres tú el único nacido que supo hacerme justicia a mí, la calumniada, quiero sellar con esta adjudicación la alianza más hermosa que existir pueda entre mi majestad y el hombre. Acércate.
Y, poniéndole en la sien izquierda la falange extrema del índice, pronuncia muy solemne y ritual:
—Tibi, in nomine Dei, Unus et Trinus, maximum hoc proemiun, dedico.20 Y agrega en castellano: ¡Allá tú con el Ser Supremo!
a bordes, y b A ver la marca...... No c Priapo d ése…ni e asunto: Pensaba
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla No bien quita el imperial hueso, brota en el punto que ha tocado, una verruguillaa apenas perceptible al tacto.
—Cuando quieras algo —prosigue la adjudicante— lo tendrás ahí mismo, con solo llevar el dedo indicador a esa excrecencia providente. No pidas salvación, para ti ni para nadie, que ni ella se da gratis ni está en mis atribuciones concedértela. Eso lo tienes queb buscar tú mismo, por tu cuenta y razón. Hartos medios tendrás, si sabes buscarla. No me pidas, tampoco, resurrección alguna. Los pocos que Cristo y otros han resucitado, sobre hacerles flaquísimo servicio, me los arrancaron a la fuerza. En cuanto a lo demás, no te pares en chiquillas: pide vidas hasta el día del juicio; belleza, salud y juventud hasta entonces; hasta entonces, goces, triunfos, fruiciones. Pide, poderíos, imperios, continentes; pide el mundo. Todo lo tendrás. En verdad te digo que la botac te hizo el juego. Si no es por ese vino... ¡Y adiós! que he perdido un tiempo precioso.
Se estrechan, se ciñen, cruje todo el esqueleto, se desligan y su alteza se va por donde vino.
El hombre torna al pueblo, entrajado que ni un rey. La bota montada en oro, le cuelga airosa, a guisa de escarcela. Cabalga en un bucéfalo que el de Alejandro21 era una rata. Tira a los transeúntesd cada moneda, que se matan en la rebatiña. Halla el pueblo en el colmo del pánico. Su mujer y el ama del cura acaban de morir repentinamente, casi a un mismo tiempo.
Pasadas las pompas fúnebres, apresta a suse hijos, sacude el polvo de su tierra y la abandona, dejando una estela de oro, de pasmo y de envidia. Aunque esto aconteció cuando sanf Juan estaba en su isla y la Magdalena en su espelunca, por ahí anda mi hombre, la bota al cinto, el dedo en la verruga. Por ahí anda triunfante, en perpetua apoteosis. Mientras más liba de la bota inagotable, más grande aparece. Eterno transformista, cambia de accidentes, cambia de escenario; reencarna ya en una forma, ya en la opuesta; pero es el mismo, siempre el mismo. Unas veces es Tamerlán22 y otras Saladino;23 unas, Apolonio;24 otras, Mahoma. Aquí es Carlos V;25 acá, Barbarroja;26 allá, Luis XIV;27 acullá, Lutero.28 Ahora es esto; ahora es aquello; y lo que se quiera… y el demonio coronado. Es, en fin, el hombre terrible de cada siglo de nuestra era:g es la soberbia vencedora, desvanecida... Y punto final.
¿Qué dice de mi historia, la gran reverencia?
—¡Nada! Solo digo que, si estuvieras todavía bajo mi disciplina, te había de aplicar, como a tu héroe, el gran premio de arresto y de ayuno, por estrafalario y ocioso. a berruguilla b qué c O, C, E, F, G, H: bola / A, B, D: bota [La lección es fijada gracias a su historia de transmisión textual, que asegura la continuación del hilo narrativo, relacionada con la bota y su contenido demoníaco].
d transeuntes e apresta sus hijos f San g éra:
El gran premio
1
Cuento publicado por primera vez en el periódico El Espectador de Medellín los días 25 y 26 de marzo de 1914 (N. del E.).
2
primo cartello: de primera mano (N. del E.).
3
evangelios sinópticos: son los primeros tres evangelios que presentan la misma perspectiva general de la vida y predicación de Jesús. Narran casi los mismos hechos, coincidiendo los tres evangelios Mateo, Marcos y Lucas, en sus narraciones. Para repasar sobre la definición de sinópticos, diremos que relatan la vida de Cristo desde un punto de vista común (Salazar, 2007).
4
mandria: adj. Apocado, inútil y de escaso o ningún valor (dle, 2018).
5
zahúrda: f. pocilga (dle, 2018). En otras palabras, f. coloq. Lugar hediondo y asqueroso (dle, 2018).
6
nidada: f. Conjunto de los huevos puestos en el nido (dle, 2018).
7
ejidos: m. Campo común de un pueblo, lindante con él, que no se labra, y donde suelen reunirse los ganados o establecerse las eras (dle, 2018).
8
murria: f. coloq. Especie de tristeza y cargazón de cabeza que hace andar cabizbajo y melancólico a quien la padece (dle, 2018).
9
jira: adj. Amér. En Cuba giro (Alemany, 1917, p. 984). 10 yantar: tr. desus. Comer al mediodía (dle, 2018).
11 zurcida: m. Unión o costura de las cosas zurcidas (dle. 2019). Es
decir, tr. Coser la rotura de una tela, juntando los pedazos con puntadas o pasos ordenados, de modo que la unión resulte disimulada (dle, 2018).
12 Madre de los Desamparados: Es una advocación de la Virgen
María de origen valenciano que motivó la formación de la Congregación: madres de Desamparados y san José de la montaña (N. del E.).
13 lagares: m. Recipiente donde se pisa la uva para obtener el mosto
(dle, 2018).
14 guadaña: f. Instrumento para segar a ras de tierra, constituido
por una cuchilla alargada, curva y puntiaguda, sujeta a un mango largo que se maneja con las dos manos (dle, 2018). 15 guasa: f. coloq. Chanza, burla (dle, 2018).
16 Jerusalén celeste: El libro La Ciudad de Dios es una obra tardía de
san Agustín, escrita ya en su vejez, entre el 412 y el 426. El título original es La Ciudad de Dios contra los paganos, y, dada su extensión, 22 volúmenes, son innumerables los temas que trata: el destino y la historia, la providencia, el bien y el mal, la existencia y naturaleza de Dios, etc [...]. El saqueo de Roma por los visigodos en el año 410 conmocionó al mundo antiguo [...]. San Agustín escribió su Ciudad de Dios para “demostrar” que el Cristianismo no tenía ninguna culpa en esta catástrofe; y que por el contrario, era la solución, pues Roma era la “Ciudad Terrestre, nacida del desprecio de Dios” y la nueva religión trabajaba para la “Ciudad Celeste”, abandonando toda preocupación mundana. Con lo que el mundo, que es la cristalización de nuestro trabajo en él, se fue apagando entre la oscura niebla ácida de una Edad Media que devoró no sólo ciudades, sino casi a la misma condición humana (Fernández, 2017).
17 zurrapa: f. Brizna, pelillo o sedimento que se halla en los líquidos
y que poco a poco se va sentando (dle, 2018).
18 Príapo: Antigua divinidad grecoromana que se representaba
como un pequeño hombre barbudo, normalmente un viejo, con un pene desproporcionadamente grande. Su mayor presencia estaba en el mundo rural, puesto que era el símbolo del instinto sexual, de la fecundidad masculina, y el protector de las huertas y jardines. En este sentido, la población rústica empleaba esta deidad y sus representaciones como fórmula mágica para neutralizar el mal de ojo contra la envidia de las personas y para potenciar la sexualidad. Según la mitología griega, Príapo era hijo de Dionisio, dios del vino y el éxtasis, y de Afrodita, diosa de la belleza, el amor y el deseo. Esto es, el resultado de los dioses más desinhibidos del panteón clásico. No en vano, otras leyendas le achacan su paternidad a Hermes, Pan, Zeus e incluso Adonis. En esta versión, la diosa quedó embarazada de su antiguo amor durante uno de sus viajes a la India, sin que Dionisio lo supiera nunca. Como castigo por engañar al ingenuo de Dionisio, Hera —hermana y esposa del dios Zeus— castigó su falta de compromiso maldiciendo al fruto de su relación extramatrimonial. A causa de los celos de Hera, Príapo fue condenado a tener su falo siempre en erección y, lo que es más grave para el dios del instinto sexual, a no poder reproducirse (otras versiones dicen que su maldición era a no ser amado por ninguna mujer). Hoy, de hecho, se denomina priapismo a la dolorosa enfermedad que provoca la permanente erección del pene sin apetito venéreo. Se considera que una persona sufre de priapismo cuando el pene se encuentra en un estado de erección sin estimulación física y psicológica durante un largo periodo (varias horas) (Cervera, 2016). 19 zambras: f. coloq. algazara (ruido, gritería de personas) (dle, 2018). Es decir, f. Ruido, gritería de una o de muchas personas juntas, que por lo común nace de alegría (dle, 2018).
20 Tibi, in nomine Dei, Unus et Trinus, maximum hoc proemiun, dedico:
A ti, en nombre de Dios, unidad y trinidad, dedico el máximo premio (N. del E.).
21 Alejandro: Existen varias versiones de cómo Alejandro Magno, contando con trece años, logró domar a su caballo Bucéfalo. Cuenta una de las versiones que Alejandro se percató que el caballo le temía a su propia sombra por lo que decidió ensillar al caballo de cara al sol. Otra versión cuenta que Alejandro salió galopando con el caballo y regresó al trote calmado (N. del E.). 22 Tamerlán: (Timur Lang o Timur el Cojo; Kesh, Transoxiana, Asia Central, 1336-Otrar, 1405) Caudillo mongol. Este noble musulmán de origen turco llegó a ser el ministro principal del virrey de Transoxiana, que gobernaba aquella región occidental del imperio mongol. En 1363 se rebeló contra él y le arrebató el poder. Y en 1370 se proclamó rey independiente, alegando su condición de heredero de Gengis Kan, de quien probablemente descendía su padre por línea materna (Ruiza, 2019).
23 Saladino: (Salah al-Din Yusuf; Takrit, actual Irak, 1138-Damas-
co, 1193) Sultán de Egipto (1171-1193) y de Siria (1174-1193). De origen kurdo, inició su carrera militar junto a su padre Ayyub y su tío Sirkuh, que servían a Nur al-Din, uno de los más importantes jefes militares de Siria. Participó en la expedición de Sirkuh a Egipto, y asumió el mando a la muerte de éste, en 1169 (Ruiza, 2019).
24 Apolonio: (c. 295- c. 230 a.J.C.) Poeta épico y gramático alejan-
drino. Nacido en Alejandría o en Naucratis [...], la tradición lo llama Apolonio de Rodas o Apolonio Rodio porque en Rodas pasó los últimos años de su vida [...]. Cuando tenía alrededor de
30 años, es decir, entre el 270 y el 265, Apolonio fue nombrado
por el rey Tolomeo II Filadelfo bibliotecario para suceder al célebre gramático Zenodoto [...]. Coetáneamente al nombramiento de bibliotecario, Apolonio recibió el encargo de educar al hijo de Tolomeo Filadelfo, el futuro Tolomeo III. Durante los veinte años que pasó en Alejandría al frente de la Biblioteca, Apolonio compuso su obra fundamental, Las Argonáuticas, al mismo tiempo que otros numerosos libros sobre gramática. Pero Apolonio no supo granjearse la amistad de su alumno, ya que cuando Tolomeo Evergetes subió al trono (246 a. de C.), fue obligado a abandonar Alejandría y a retirarse a Rodas, donde permaneció hasta el final de su vida (Ruiza, 2019).
25 Carlos V: En 1520, una serie de alianzas dinásticas y fallecimien-
tos prematuros convirtió a un joven de veinte años en el monarca más poderoso de Europa. Nieto de los Reyes Católicos, Carlos había heredado de ellos las coronas de Castilla y Aragón, con sus respectivas posesiones en América y en el Mediterráneo, y reinaba como Carlos I de España desde los dieciséis años. A los veinte, tras la muerte de su abuelo paterno, el emperador Maximiliano I de Habsburgo, fue coronado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, razón por la que la historiografía lo designa como Carlos I de España y V de Alemania. Pese a ser la más habitual, esta denominación omite otros importantes territorios incluidos en su fabulosa herencia (Ruiza, 2019). Notas explicativas
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
26 Barbarroja: (Jayr al-Din, Jeireddín o Hayreddin Barbarroja o
Barbarossa; Lesbos, c. 1475-Estambul, 1546) Corsario turco. Al parecer converso de origen griego, Barbarroja se labró su fama de corsario en los primeros años del siglo xvi junto a su hermano Aruy, que también recibió este mismo apelativo. Desde su base en Argel llevó a cabo una fuerte campaña de hostigamiento contra la navegación cristiana, al tiempo que se enfrentaba a los pobladores del interior del país. El desarrollo de la piratería berberisca representó un escollo insalvable para la expansión norteafricana propugnada por el cardenal Cisneros (Ruiza, 2019).
27 Luis XIV: Traspasado de glorias y catástrofes, los excesos del
reinado de Luis XIV de Francia, sobre todo en lo que a la guerra se refiere, fueron terribles. Sin embargo, a pesar de las dificultades y de los errores y del éxito relativo de la política de prestigio, Francia consiguió ponerse a la cabeza de las naciones europeas. El resultado más duradero del reinado fue el desarrollo del absolutismo administrativo. El estado obtuvo un poder de intervención, de decisión y de iniciativa que sometía con progresiva eficacia a todos los súbditos a una autoridad ejercida en nombre del rey, pero que partía en realidad del Consejo y de sus ministerios y que los intendentes aplicaban en las provincias. Las instituciones provinciales y municipales perdieron gran parte de su autonomía en beneficio del centralismo monárquico (Ruiza, 2019).
28 Lutero: Según que se comparta o no su doctrina, Lutero es un
apóstol o como mínimo un profeta para unos, y para otros un hereje renegado. Destructor de un sinfín de cosas, este hombre de intensas y enérgicas convicciones representa, con su concepción del hombre como individuo aislado de Dios, de la historia y del mundo, uno de los pilares sobre los que se apoya la Edad Moderna. Iniciador de la Reforma (período de dos siglos de amplia repercusión europea en la historia del cristianismo, origen de las Iglesias protestantes y de la Contrarreforma), Martín Lutero rechazó la autoridad del papa y debilitó el poder de la Iglesia. La abolición del purgatorio, de donde las almas eran liberadas con misas, el rechazo de la doctrina de las indulgencias, que mermaría de manera considerable los ingresos del papa, y, sobre todo, la doctrina de la predestinación, que independiza el alma de la acción de los clérigos después de la muerte (a lo que hay que añadir el reconocimiento de todo príncipe protestante como jefe de la Iglesia de su país), obligan a presentar la Reforma como una gran revolución de las naciones menos civilizadas contra el dominio intelectual de Roma (Ruiza, 2019).
Notas explicativas
A: El Espectador (1914). Medellín. B: Obras completas (1952). Madrid: epesa. C: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. D: Antología de cuentos de Tomás Carrasquilla (1992). Medellín: Comfenalco Antioquia. E: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Juan Esteban Hincapié Atehortúa Editor crítico L La perla (Semana Santa) Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1914) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes:
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla La perlaa1 (Semana Santa) I Poníase al extremo de la sala y recogía la vista para contemplar tantab hermosura. Al fin, después de siete años de ilusiones y desalientos, de constante pedir y de perseverar sin tregua, veía realizado su sueño. Su sueño no;c ella no hubiera alcanzado a tanto. Su pobre fantasía no era capaz de esbozar, siquiera, lo que ahora tenía ante sus ojos. Sí: allí estaban aquel par de figuras, a cuál más bella, a cuál más opuesta en el tipo y en la expresión. Imposible decidir cuál fuera más perfecta; imposible que ella pudiera concebir algo que superase a aquellasd dos imágenes que parecían seres vivientes, en la realidad beatífica de la gloria. Se le antojaba que iban a mover los labios para entonar un cántico del Cielo;e que esas dos cabezas inclinadas para adorar, acá en la tierra, a Dios Sacramentado, iban a levantarse para glorificarle en el Empíreo,2 siguiendo el coro de la bienaventuranza. Pero no: sus dos ángeles, las manos puestas, las alas recogidas, en la actitud abismada de la felicidad inefable, seguían y seguían en su adoración sempiterna. Cómo brillaban aquellos cabellos sutiles, de un rubio tan diverso. Cuál se tornasolaban esos ropajes constelados de oro. De qué manera ondeaban o se recogían en esos pliegues: un trapo de verdad no cayera con tanta naturalidad y tanto abandono. ¿Cómo podrían los hombres fingir todo esto, con un trozo de madera y unas substancias colorantes? ¿Puesf y esos rostros? En la boca, en los ojos, en todo, se les veía la felicidad delg Cielo, el amor a Dios, la posesión de Él.h Se les veíani esas almas que no podían mancharse ni con la más leve sombra de pecado; esas almas donde la Trinidad Santísima3 se reflejaba como en un espejo. ¿Qué mejor punto de meditación que sus dos ángeles? ¡Qué j ventura! ¡Si ella fuese siquiera un ángel de madera, para vivir de hinojos ante el Santo de los Santos! Pero no… esok era un pensamiento que no se lo inspiraba el ángel de su guarda: ella, pecadora y todo, era un espíritu, un alma, un soplo del Creador, infundido en un pedazo de carne miserable; era un serl que amaba a Dios, que esperaba en Él, que le tendría algún día en eterna posesión.
La vida, cualquiera vida, aunque pareciese por fuera desventurada, era, por dentro, una dicha. Ahí estaba ella: verdadm que no había podido realizar sus aspiraciones; que no tenía dote;4 que, aunque la tuviese, no podía abandonar a un anciano desvalido a quien debía el ser y el cariño más tierno de la tierra; verdad que había perdido a su madre; que sufría con las enfermedades del pobre viejecito; que sus a SEMANA SANTA b tánta c nó d superase aquellas [Para garantizar la coherencia sintáctica del complemento indirecto se agrega la preposición a].
e cielo [La mayúscula se justifica cuando designa específicamente los lugares establecidos por las distintas religiones como destino de las almas tras la muerte, por su condición de topónimos si bien de carácter mítico o imaginario ( ole, 2010, p. 496)].
f Pues g de h El i veía j Qué k no...eso l sér m Verdad
La perla cuatro hermanos, agobiados de familia, con nada podían ayudarle; verdad que ella sola tenía que luchar para sostener a tres personas; pero en estos mismos infortunios estaba, cabalmente, su ventura: todo eso lo quería Dios; y cumplir la voluntad divina, con gusto y buena cara, había sido siempre el programa de su vida. Y Dios, ¿noa habitaba siempre en las almas que se le ofreciesen por morada? Si estaba adentro,b ¿a qué afanarse, entonces, por buscarlo en otra parte? ¿Sería más visible su presencia y más efectiva su posesión dentro de un convento que en una casa cualquiera? Si ella, sin voto alguno canónico, tenía el alma en clausura, ¿qué mucho que le faltase la del cuerpo? Y,c ¡quién lo sabía!: esas ansias suyas de soledad y de retiro,d ¿no podrían ser, acaso, por buscar, más bien, la propia comodidad? Si el silencio y la calma eran la inclinación natural de su carácter, si eran uno de sus goces en la tierra, ¿qué mortificación tendría, entonces, el claustro? ¿Qué podría ofrecer a su Dios que no se lo ofreciese en casa?
¡Ah! ¡Si viera siempre su vida, como en este momento! ¡Pero imposible! Sería la dicha, la dicha completa, y eso no podía existir aquí abajo. Todas estas cosas,e ¿se las estarían inspirando sus dos ángeles? ¿Por qué no? Todo, a su manera y según su naturaleza, influía en la vida. Y lo bello y lo bueno podrían sugerir nunca ni fealdad ni maldades. Por eso quería ella a losf niños, las flores y las estrellas; por eso se encantaba con las golondrinas y las palomas, con el agua y con las nubes y hasta con las hormigas y las abejas. Ella era, de veras, una bobalicona, una chiquilla que aún podía jugar a las muñecas. Razón tenía su hermano Pedro: en vez de Rosa María, debería llamarse Cándida…g5 sin Rosa, porque una rosa tan fea, como ella, era —¡pesarah a sus padres que tal la pusieron!— uni contrasentido muy risible. ¡Pero qué manos más raras tenían esos ángeles tan grandes! Parecían de niño, parecían de mujer y parecían de hombre. ¡Ah! ¡Si ella fuera escultor, como ese señor Calsina! j6 Habría de hacer un Corazón de Jesús que tenía en la cabeza. ¡Mentiras! Vanidad de mujer… y nada más: ella no era capaz de farfullar ni un mamarracho. Ni siquiera al estilo de La muerte del justo y La muerte del pecador7 que tenía el padrek Ramos, en la capilla de sanl José.
¡Y qué garbo8 el de sus ángeles! ¿Sería el garbo del Cielo? Si en esa sala tan pobre y tan feítam se veían así,n ¿cómo iría a ser en el monumento, entre tantas flores y tantas luces y cerca del Santísimo? No pensara ella en su vida que Dios le tuviese preparado, aquí en la tierra, un goce tan grande y tan legítimo. ¡Habían costado un horror de plata; pero eran regalados! Y qué señor más bueno y más cachaco ese de Medellín. ¡Haberle encargado las estatuas, sin ella haber completado su valor! ¡Advertir a enviárselas tan a tiempo! Ya sabía ella que era muy religioso y ejemplar. Tendría de mandarle un detente,9 de seda y oro, que no lo bordaran mejor las mismas carmelitas10 de la gloria.ñ Segura estaba de que con el bazar de pascuas, ajustaría la suma. Si no, el Santísimo sabría cómo la sacaba del apuro. Ya los tres curas, los sacristanes y dos o tres personas, que estaban en el secreto, tenían bien preparado el golpe. Nadie a Dios ¿no [Para eludir la mayúscula obligada por la puntuación y mantener el ritmo narrativo se decide agregar la coma].
b adentro ¿a qué c Y ¡quién d retiro ¿no e cosas ¿se f ella los niños g Cándida…..
h era—¡pesara i pusieron!—un j Calcina k Padre l San m feita n así ¿cómo ñ Gloria
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla había de sospechar, ni remotamente, la presencia de ángeles en el pueblo. ¡Y qué efecto el del jueves, cuando se descorriese la cortina! Hasta irreverencias irían a haber. II Lo malo era que esas tinieblas se eternizaban y que la gente, embelecada con la curiosidad por todo arreglo, ni desocupaba, ni hacía, ni dejaba hacer. Sí: ya veía el pesebre, ya se sentía, como otras veces, encaramada en las escaleras y haciendo maromas en los andamios,a lo mismo que una mica en función. ¿Cómo evitarlo? Los hombres eran tan torpes que todo lo arrugaban y lo echaban a perder. Para eso que aquel parapeto del monumento era más alto que la torre de Babel.11 El domingo serían las fatigas para los encargos de flores y de frutas. Por fortuna que los campesinos eran tan decididos por el culto. ¡Gracias a Dios que ya había entregado el último trapo y el último sombrero! La tenían hasta la coronilla12 las cintas, los encajes y la mercancía toda. Siquiera cambiaría de faena por una semana. Era eso la única obra que ella podía dedicarle a Dios. ¿Qué limosnas iba a dar una pobretona? ¿Qué servicios podía prestar una alquilada? El monumento era todo y tal vez no sería ni por piedad: bien podría serlo por hábito o por tradición de familia, pues la suya, de tiempo atrás, había sido siempre la encargada de ese arreglo máximo de Semana Santa. Y a ella, a una beata tan poco servida en el ramo, le correspondía más que a sus tías y a sus hermanas, tan ocupadas.
Este año,b ¿iría a parecerle a la gente tan feo como el anterior? ¡Ya verían! Pero… ¿estaría ella por agradar al mundo y no a Dios? Ni lo quería nic lo pensaba; pero, de seguro, era eso. Sí: ¡la maldita vanidad! Ya habían determinado en el pueblo que ella era la única que tenía inventiva, buen gusto y mejor ejecución; y ella,d ¿cómo no? se lo estaba creyendo, bien creído. Pero… si era cierto,e ¿por qué no creerlo? No era justo, ni verídico, ni cosa de agradecidos negarse uno a sí propio lo que Dios le concedía. La cuestión era creer en ello, sin por ello envanecerse. ¡Ahora sí! ¡Estaba lucida!: vanidad por arte y vanidad por virtudes. ¡La última era la peor! Que Dios la librara de todas; pero, especialmente,f de creerse buena. Era la del diablo, la vanidad letal, y… tantas otras cosas.
Todas estas pasaban por la cabeza de María Rosa, la noche del viernes de Dolores,13 como a eso de las nueve, al song de los ronquidos del padre y de la tos asmática de la vieja criada.
No era Rosa María fea, ni mucho menos, por más que ella lo creyese. Tenía veintiochoh años, buenas formas y bastante garbo, cara pálida y correcta, unos ojos entre garzos,14 sumamente dulces y decidores, y unos dientes intachables. Jamás se preocupó de su figura; y, en realidad de verdad, su encanto no estaba en lo físico: estaba en su carácter, en su ser moral. Era una mujercita tan suave, tan ingenua y tan discreta; una mezcla, tan extraña, de travesura y de seriedad,i de a andamios. lo mismo b año ¿iría c Ni lo quería, ni [se eliminan las comas en los casos de coordinación copulativa y disyuntiva. Para el polisíndeton se conservan las comas de la figura literaria].
d ella ¿cómo e cierto ¿por f especialmente. de g són h veinte y ocho i y seriedad,
La perla reserva y de franqueza. Tenía clara inteligencia y especiales facultades para las bellas artes. En otro ambiente hubiera descollado en poesía. Desde niña fue devota y a los dieciochoa años era una mística,15 sin puerilidades ni gazmoñerías, con mucha libertad de conciencia, bastante vuelo mental y extremada delicadeza de sentimientos. Todo esto estaba como enmarcado en su prenda máxima: una naturalidad, tan noble y atractiva, que ella sola le bastara para robar corazones. Y robó muchos. Había alguno que todavía esperaba. ¿Amores a Rosa María?
La que vestía y arreglaba a todas las elegantes del villorrio16 nunca se puso sombrero ni gastó guantes. La austeridad casi monástica de su traje no la alteraba más adorno que el fleco del pañolón o la blonda de la mantilla. Nunca usó más afeites que el agua y el jabón,b y se peinaba liso y asentado, como se peinan ahora algunas modernistas.17 A fuerza de no usar el adorno bárbaro de los zarcillos, se le cerraron las orejas. Bien se ve por esto, que sí era artista por temperamento, no a paso aprendido, como se estila en ocasiones.
La muerte de su madre, acaecida cuando apenas contaba trece años, contribuyó no poco a la seriedad, al recogimiento y a la lucha de su juventud. Era la menor y la única soltera de la casa y, por ende, la llamada a velar por el padre, viejo, achacoso y paupérrimo.
Rosa María proveyó, desde muy niña, a las necesidades de aquel hogar triste y silencioso, ayudando a una hermana pobre y malmaridada, con cuanto podía escatimar en su casa.
En fin, “La Perla”c —como la llamaba el párroco Salas, su director espiritual— no desmentía el sobrenombre.
Desde el domingo, conforme lo pensara, principió el afanarse y el correr. Toda clase de menesteres, así bajos como altos, así masculinos como femeninos, se le esperan a la gran directora, que en todo tiene que ejecutar la mayor parte. La inauguración de los ángeles requería mucho arte, mucho aparato; y Rosa María, de acuerdo con el padred Villalonga, el único medio esteta del triunvirato, se metió en un monumento de romanos. Por fortuna, que ya tenía todo lo de carpintería y de costura; pero con la forrada, armada y decorado, había para rato. El miércoles, a las once y media de la noche, después de trasegar por arriba y por abajo, de hacer equilibrios en escaleras y tablados, con el último brete,18 de aquella fábrica, tirosee la pobre Rosa María por ahí en un escaño. Medio muerta y todo, eleva a Dios el hacimiento de gracias, por el término feliz de esa su obra magna. En acabando, hace que le alumbren lo mejor posible, para ver el efecto. Ahora sí que iba a desvanecerse hasta el vértigo: aquel fondo con nubes e irradiaciones; aquellas ocho gradas con sus respectivos cortinajes; esas treinta y dos columnas, de a cuatro por peldaño, rematadas en canastillos y enlazadas a lado y lado por festones de malvarrosa;f la combinación de josefinas y cinerarias en plena florescencia; la escala libre del centro para subir hasta la urna, que parecía tallada en alabastro; las a diez y ocho b y jabón, c La Perla d Padre e tiróse f malva-rosa
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla hileras de candelabros; los ángeles allá arriba; todo… le parece una visión reveladora; algo como la escala de Jacob.
No sería ella para subir oraciones por esa escala: estaba tan pagada y satisfecha de sí misma que, en castigo a tanto orgullo, se imponía la pena de no mirar su obra al día siguiente. Si tala no hiciera ni comulgar podría: conb actos de fatuidad y de soberbia no podía prepararse a ese jubileo que conmemoraba la humildad del Verbo que se hiciera carne para nutrir a los hombres y habitar en la tierra. Comulgar, ser unoc con Dios, ¿quién podría concebir tanta grandeza en el hombre miserable y pecador?
Se arrodilla, y, con el alma dilatada, enternecida, reza la fórmula: “Te visito con el afecto, ¡oh amor mío sacramentado! ¡Te adoro con mi corazón!...”.d Cuando termina, llueve y llueve, con esa lluvia menuda e insistente, tan propia de las regiones altas.
Muy abrigada, y bajo enorme paraguas, sale poco antes de la una. El jubileo pudo ganarlo acostada: una fiebre altísima la consumía; una opresión extraña y dolorosa la postraba, grado a grado. Salas torna desfigurado. Preguntan, indagan.
“ʽLa Perla’e se va. Se la llevan sus ángeles”.f Dice y vuelve al confesionario.
Mañana de Pascua. El sol, el cielo y la vida glorifican a Cristo; la música estruendosa le manda un hosanna;g19 las campanas, a vuelo, retañen aleluya.h20 El Resucitado asoma en la Cumbrei y… “La Perla” se va. a tál b podría: Con c úno d «Te visito con el afecto, ¡oh amor mío sacramentado! Te adoro con mi corazón!...
e «La Perla» f ángeles.» g Hosanna h Aleluya i La cumbre
La perla
1
Cuento publicado por primera vez con el título de “Semana Santa”, el miércoles 8 de abril de 1914 en la columna del periódico denominada “Edición Literaria”. El título “La perla” se puede rastrear a partir de las Obras completas (1952) de epesa. Se conserva este último título para evitar confusiones con una crónica del mismo autor denominada “Semana Santa” y para ubicar a los lectores en la tradición cuentística del autor.
2
Empíreo: m. Cielo, paraíso (dle, 2018).
3
Trinidad Santísima: consiste en el misterio religioso católico que Dios es uno solo formado en Él por tres personas o partes: Padre, Hijo y Espíritu Santo (N. del E.).
4
dote: m. o f. Conjunto de bienes y derechos aportados por la mujer al matrimonio, que tiene como finalidad atender al levantamiento de las cargas comunes y que le deberá ser devuelto una vez disuelto aquel (dle, 2018).
5
Cándida: adj. Ingenuo, que no tiene malicia ni doblez (dle, 2018).
6
Calsina: Jacinto Calsina Costa (1838-1897) estuvo vinculado al arte religioso. Fue durante varios años gerente de la prestigiosa editorial Vda. e Hijos de J. Subirana (ubicada en la Calle Puertaferrisa de Barcelona) especializada en publicaciones y arte religiosos (Calsina, 2017).
7
La muerte del justo y La muerte del pecador: “La muerte de los justos” hace parte del capítulo xxiv del libro primero de la Guía de Pecadores, en la qual se contiene una larga y copiosa exortacion á la virtud, y guarda de los Mandamientos divinos. Escrita en 1788 por Fray Luis de Granada. Además, como representación religiosa y alegórica, circularon en Colombia diversas pinturas desde la época de la Colonia donde se hacía alusión a la muerte del individuo según como hubiese vivido (N. del E.).
8
garbo: m. Gallardía, gentileza, buen aire y disposición de cuerpo (dle, 2018).
9
detente: m. Recorte de tela con la imagen del Corazón de Jesús y la leyenda Detente, bala, que se usó en las guerras españolas de los siglos xix y xx, prendido en la ropa sobre el pecho (dle, 2018).
10 carmelitas: adj. Integrante de la Orden de los Hermanos de San-
ta María del Monte Carmelo, fundada en Palestina en el siglo xiii (dle, 2018).
11 la torre de Babel: f. Lugar en que hay gran confusión de lenguas
(dle, 2018). Además es una fantástica narración de la Biblia en la que se menciona el tamaño colosal de la torre (N. del E.).
12 la tenían hasta la coronilla: sobrepasar el nivel de tolerancia o
aguante (N. del E.).
13 viernes de Dolores: es el inicio de las procesiones de los fieles
hacia la Virgen de los Dolores o la Virgen Dolorosa, que tiene por significado el dolor de la Virgen María debido a la muerte de su hijo. Son siete los dolores que sufre la Virgen María antes de la muerte de Cristo en la cruz (N. del E.).
14 garzos: adj. Dicho especialmente de los ojos: De color azulado
(dle, 2018).
15 mística: m. Estado extraordinario de perfección religiosa, que
consiste esencialmente en cierta unión inefable del alma con Dios por el amor, y va acompañado accidentalmente de éxtasis y revelaciones (dle, 2018).
16 villorrio: m. despect. Población pequeña y poco urbanizada
(dle, 2018).
17 modernistas: m. Gusto o atracción por lo moderno y novedoso, con menosprecio de lo anterior (dle, 2018).
18 brete: m. Aprieto sin efugio o evasiva (dle, 2018).
19 hosanna: 1. m. Exclamación de júbilo usada en los salmos y en la
liturgia cristiana y judía / 2. m. Himno que se canta el Domingo de Ramos (dle, 2018).
20 aleluya: interj. U. por la Iglesia cristiana en demostración de jú-
bilo, especialmente en tiempo de Pascua (dle, 2018). Notas explicativas
Juan Esteban Hincapié Atehortúa Editor crítico E El rifle (El chino de Belén) Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1915) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: A: Revista El Liberal Ilustrado (1915). Bogotá. B: El Tiempo (1935). Bogotá.
C: Obras completas (1952). Madrid: epesa. D: Cuentos de Tomás Carrasquilla: “Náufrago asombroso del siglo de oro” (1956). Medellín: Bedout.
E: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. F: Antología de cuentos: Tomás Carrasquilla (1964). Medellín: Bedout.
G: Cinco cuentos. Lectura crítica (1976). Medellín: Universidad de Antioquia. H: Antología de cuentos de Tomás Carrasquilla (1992). Medellín: Comfenalco Antioquia. I: Cuentos (1996). Bogotá: Panamericana. J: Cuentos (1997). Bogotá: Biblioteca Familiar Presidencia de la República. K: Desde la Biblioteca (1998). Medellín: itm. L: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
M: Obra escogida (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
N: Cuentos escogidos 2 (2019). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla El riflea1 (El chino de Belén) I La mañana refulge gloriosa y las vitrinas de todos los almacenes están de gala, de alegría y paz en el Señor. En esa víspera clásica se exhiben con ingenua elegancia, para tentación de chicuelos y de papás, cuantos juguetes, comestibles y ociosidades han creado las industrias nacionales y extranjeras. Gentes de toda clase y condición atisban aquí, husmean allá, trasiegan por dondequiera, en busca de los regalos que en aquella noche de venturanzas, ha de traer el Niño Dios a la rapacería de la familia. Demandaderas y sirvientes van y vienen, cargados de cajas y envoltorios; los obsequios se cruzan, los presentes se cambian, mientras la horda mendicante implora e implora en ese momento cristiano en que los corazones se ablandan. Un caballero, de aire noble y ya maduro, observa desde una esquina del Capitolio2 aquel agitarse vertiginoso de la colmena. Su aire revela hondos pesares. ¿Cómo no? Es un señor sin hijos, separado de su mujer y forastero en la capital. La soledad y el hielo de su vida le acosan en este día en que se rinde el culto a la familia, se prende el lar3 de los afectos y se piensa en los ausentes y en los muertos queridos. La felicidad que nota en tantab cara extraña le hace más acerba su desgracia. —¿Embolo,c mesio? —Led dice un granujilla hasta de once años, con voz arrulladora de súplica. El hombre hace una señal de asentimiento, pone un pie sobre la caja y el menestralillo4 empieza.
Está astroso, desharrapado, roto; pero sus manitas y sus pies son escultóricos, sus uñas encañonadas y pulidas. En medio de aquel desaseo se adivina en esas extremidades el proceso de una estirpe aristocrática. En torno del raído casquete5 se alborotan unos bucles castaños que enmarcan una carita de tono ardiente, con facciones de ángel. Hay en sus movimientos, manipuleo y ademanes, esa gracia indecible de los niños cuando ejecutan con esmero algún trabajo. El hombre lo estudia.
—¿Cómo te llamas?
—¿Yo, patroncito? Me llamo Tista Arana. Y muestra unos dientes de rata y pone en el señor unos ojos rasgados, claros y luminosos como la mañana. —¿Tienes padres?
—No tengo más que mi madrina. Mi madrecita se me murióe cuando tenía seis años. ¡Era muy linda! Y mi taita me llevó donde mi madrina. Como vivía en la casa de junto... Élf taba casao con ella.
a A, H, L, M, N: El rifle / B:
EL CHINO DE BELEN /
C: EL CHINO DE BELÉN
(El Rifle) / D, E, F, I, J, K: EL
RIFLE / G: EL CHINO DE
BELEN (EL RIFLE)
b tánto c —¿Embolo, d A, F: mesio?—le dice / B:
mesio?» le / C: musiú?—le / D, G: mesio?— le / E, H, J, M, N: mesio? —le dice / I, K, L:
mesio?— le e A, N: Mi madrecita se me murió / B, C, D, E, F, G, H, I, J, K, L, M: Mi madrecita se murió f El
El rif le —¿Y murió también tu padre?
—Se cayó de un andamio, aquí en el Capitolioa y se le salieron los sesos. —¿Y tu madrina te quiere mucho?
—Ni sé qué le diga a su mercé.
—¿Te pega?
—Me curte6 muy duro cuando no le junto hartos pesos y cuando toma chicha y también cuando se me rasga la ropa. Ayer me jartó a totes. Es muy fregada.7 —¿Y cuánto ganas al día?
—¿Yo,b patroncito? Pues unas veces apenas pa pagale la comida que son doce pesos y otras, cuando más, algunos veinticinco. Los grandes sí consiguen mucho. Pasa a estasc un fámulo8 con unos paquetes y, al caérsele uno, salta al andén un riflecito sumamente cuco.9 —¡Cómo gozarán los hijos de los ricos! —exclama Tista medio transportado— ¡Vea ese rifle, patroncito!
—¿Quisieras uno así?
—¿Y qué me gano con querer?
—Pues, ¡quién sabe!
El señor le paga veinte pesos por el lustre y lo lleva a un almacén para que escoja un rifle o lo que quiera.
El rapaz no puede creer aquel sueño, no puede comprender acto tan raro. Pensara que el patroncito se burla, a no ser por la paga tan enorme que ha recibido. Entra tembloroso, la cabeza baja, cambiando de colores. No puede oír, no puede hablar. Pero uno de los dependientes, que sabe su oficio, viene en su ayuda. Que escogiera el chico zoquete lo que a bien tuviese, ya que la fortuna le sorprendía. Le alcanza tambores, espadas, cornetas, carros, animales. “Un rifle”,d articula al cabo el chicuelo. Le sacan varios y elige uno de salón y aire comprimido. ¡Qué maravilla! La lata parece acero, la caja es un primor y mide casi una vara. “No es tan zoquete”,e dice una compradora. ¡Qué zoquete: si es un experto! En su turbación desarticula el arma y, con sus trémulas manitas, hace jugar el mecanismo. Le dan un dardo amarillo, lo pone con precisión y hace puntería con mucha monada a un elefante. A ser blanco le acertara el Guillermito Tell10 en la propia trompa. “¡Qué chirriado!”, exclaman. Explica, entonces, cómo ha visto el tiro en el salón del Bosque11 y cómo los niños de un míster12 le han prestado sus riflesf cuando ha ido a Chapinero13 a lustrarles el calzado. Una docena de flechas acompaña el rifle. Le envuelven todo aquello y lo recibe en un desvanecimiento de ensueño. Dos granujas del oficio y varios mendiguillos le rodean. ¡Qué envidia la de aquellas criaturas! ¡Qué bocas las que abren! ¡Cómo se les transfigura el colega y cómo miran al caballero extraordinario! El caballero paga y sale apresurado. Ya no tiene cara triste: tres pesos de dicha verdadera bien pueden aliviar un millón de pesadumbres. Pero va pensando, a la vez, que la vida tiene muchos dolores absurdos.
a Capitolio, y b ¿Yo, patroncito? [Adición de raya para completar el diálogo].
c éstas d Un rifle [Aplicación de las comillas para introducir y delimitar el segundo discurso].
e «No es tan zoquete,» f rifles, cuando
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Tista le alcanza, con los ojos humedecidos.
—Dígame su mercé ónde vive p’ir a embolarlea de balde todos los días y hacerle los mandaos.
—¡Gracias, Tista Arana! Ya no podrás servirme mucho: pasado mañana me voy. —¿A dónde, patroncito?
—A Cúcuta, donde estoy a tus órdenes.
—¡A Cúcuta!...b (Y una ráfaga negra pasa por aquel cielo). —¿Y cómo se llama su mercé?
—El señorc Equis. Para servirte.
Y el señor Equis se embebe entre la turbamulta de la calle. Los granujas siguen a Tista, lo cercan, se lo disputan, lo adulan. Aquel rifle caído del cielo le ha conquistado en un instante alta posición y gran renombre. Sino que aquel corazón de niño, que no ha sentido el hálito de otro corazón hidalgo; que, al abrirse a la vida del afecto, no ha conocido un serd que le proteja, que por su ser se interese, que le arroje un mendrugo de cariño, siente ahora, con esa intuición de la niñez desamparada, haber entrevisto la felicidad para perderla al punto. Esto, que el inocente paria no puede comprender, le amarga la posesión repentina de su tesoro. —¿Dónde será Cúcuta, ala? —dice al más prócer de sus flamantes tagarotes.14 —Eso es muy lejos: ¡por allá en los Llanos!
—¿No es cierto, ala, que el señor Equis no me dio limosna como a un chinoe sucio, sino que me dio un regalo como a un niñito suyo? Es un señor muy bueno. —Sí: eso fue un regalo, que vale mucha plata. ¿No viste, pues, que pagó tres billetes de cien pesos? Vendelo pa que comprés ropa. —¡No, ala! Yo quiero más mi rifle que muchos fluxes.15 Yo mantenía mucha gana de rifle y me lo dio él.
—Yo consigo esta noche el blanco y mañana me voy a tirar al Chorro de Padilla.16 Yo compro más flechas cuando se me acaben. Yo sé apuntar mucho. Tiró calle arriba, hacia su casa, no tanto por buscar el almuerzo, cuanto por guardar el regalo y contarle a su madrina la estupenda historia. Vivían por Las Aguas,17 en esa barriada que se extiende falda arriba, entre eucaliptus y cerezos, como banda dispersa de perdices. José Luis, el geógrafo consejero, le sigue hasta allá, por ver si estrenan el arma envidiada.
La niña Belén, madrina del héroe, está a la puerta, medio tomada por la chicha. Oye el relato, admira el rifle, ve cómo se maneja; pero no encuentra el acontecimiento verosímil. Si era hurto de los dos facinerosos, que se confesaran con Cristo. Ni el llanto del uno, ni las protestas del otro, ni la entrega de los dineros ganados la sacan de su sospecha. Tanto moteja18 a José Luis de instigador y urdemales, que el pobre no tiene más remedio que marcharse a la estampía. —¡Guardáf eso horita mismo! —le vocea al triste mocosuelo—g Y yo averiguaré hoy mismo diónde lo sacastes. ¡Y ya sabés!: si vienen aquí los policías a poner pereque, a A, B, D, E, F, H, I, J, K, L, M, N: embolarle / C, G: embolale b —¡A Cúcuta!....
c Sr.
d sér e A, B, D, E, F, H, I, J, K, L, M, N: chino / C, G: chico f —«¡Guarda [Para unificar la aplicación de las rayas y las comillas se decide suprimir las segundas cuando, ambas, estén indicando la intervención de un personaje].
g mocozuelo
El rif le te doy una muenda que te habés de acordar de yo toda tu puerca vida. Andá a almorzar y salí ligero pal trabajo, q’hoya es día bueno y mañana necesito pa las Pascuas.b ¡Caramba con su madrina! Mientras más trabada de lengua, más violenta para echarle a él unas de machete y otras de cañafístula. ¿Por qué sería así su madrina? El cuitado, entre si rabio o lloro, guarda rifle y flechas, bajo la estera del camastro calandrajiento19 donde dormía, por allá en el rincón más oscuro del tugurio. Toma en volandas el pedazo de pan negro, las dos papas y el plato de cuchuco,20 ya con nata arrugada por el frío, y... otra vez en busca de la vida.
II La niña Belén cierra las puertas de su alcázar, se tira sobre el jergón21 y descabeza un sueñecito de dos horas. Despiértase tan bien, que hasta se siente hermosa y más apta que nunca para la pelea.
No es ni vieja: apenas frisa en las tres docenas; y a no ser por los efectos de la chicha, que ya principian a manifestarse en ese cuerpo gentil, aún quebrara corazones la viuda del maestro Arana.
Por lo mismo que su matrimonio no fue, propiamente, el paraíso de las dichas, ni ella el espejo de las casadas, aspira a segundas nupcias; que un clavo saca otro clavo, y al ladrón arrepentido hay que dejarlo entrar para que muestre su enmienda. Es su designado para tan alto puesto nada menos que el maestro Ricardo Albarracín, viudo con hijos, zapatero de viejo, que tiene por allí cerca un simulacro de taller. Y como el amor fue siempre la gran fuente de inspiraciones, cátame que a la niña Belencito le viene, en tal momento, una idea, una idea redentora. Dicho y hecho. Hace arqueo, saca plata y sale; se entra a un tenducho; merca por treinta pesos un mamarracho de muñeca, manufacturada en el país y hasta una libra de confites ordinarios. Torna a su casa, se emperejila, se pone cintajos en la cabeza, se echa encima los mejores trapos. Saca las flechas y el rifle; trata de doblarlo y no puede. Se lo amarra entonces en la cintura con la caja hacia arriba y cubre el cañoncito con el delantal. Toma lo otro, cubre todo con el pañolón, cierra, y... caminito de mi dicha. Ni el más leve escrúpulo la escuece. ¿Por qué? ¿Qué iba a hacer ese chino feróstico22 con el tal escopetín? Holgazanear, molestar, poner pereque o matar a algún cristiano. Sí. Era muy capaz de eso y de mucho más si a mano le venía. Si era tan perverso como la infame que lo había echado al mundo: un culebrón, una tatacoa.23 El zarcucio24 este la tenía jubilada. No había salido de él porque... porque siempre la ayudaba,c ¡valiera la verdad!
Era la niñad Belén una de tantas infelices que llevan en su sangre la tuberculosis del vicio. Nacida y criada entre el foco, fue un milagro el que hubiese conservado sus pulmones hasta su matrimonio. Pero este santo estado, que a tantos salva, la perdió a ella de un modo galopante. No pudo, por más que lo pidiese a cuanto Cristo hubo, a A: q’hoy / B, C, D, E, F, G, H, I, J, K, L, M, N: que hoy b Pascuas.» c ayudaba ¡valiera [Para eludir la mayúscula obligada por la puntuación y mantener el ritmo narrativo se decide agregar la coma].
d Niña
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla juntar a la de esposa la corona de madre, ni supo guardar aquellaa cual debiera. El tal Arana le resultó, desde el principio, muy partidario de la poligamia; y ella tuvo por lógico y equitativo acogerse a la ley mosaica de ojo por ojo y diente por diente. Las mutuas hazañas de aquel matrimonio endiablado se resolvían en una epopeya palpitante de pescozones a la aurora y escandaleras al ocaso. El cónyuge le prendió, junto al suyo, otro lar, con mucha leña y mucha llamarada. En él se recogía, porque lloviera o porque hiciese sol; en él cifró sus delicias; en él se consiguió lo que no pudo en la incubadora bendecida: un polluelo, como un sol. Pero lo bueno nunca dura. Murió el ave de arrullo melodioso y el nido se deshizo. ¿Qué iba a hacer el pobre pajarraco? Traerle el pichón a la gorriona abandonada para que lo abrigase bajo el plumaje helado de una maternidad postiza.
Sentíase la mísera en la picota del ridículo. Así y todo bregó por querer de algún modo aquel inocente; que no hay mujer que no sea madre en cualquier forma. Mas no pudo mover aquel cariño. En ese corazón leproso no había una fibra siquiera donde pudiesen brotar tan santas caridades. Por fortuna que el padre velaba por su chico y le asistía cuanto un hombre pueda hacerlo. Tanto le quiso, que cualquier día le reconoció por escritura pública. Esto envenenaba más, si era posible, a la esposa infecunda. Preparándose estaba para abandonar por siempre aquel techo que le era insoportable, cuando le llevaron muerto y destrozado al esposo aborrecido. Y era tal el tósigo que acendraba aquella entraña, que la viuda solob vio en aquella tragedia el castigo del culpable y su propia liberación.
A más no poder retuvo en el suyo al huerfanillo: amigos y allegados lograron que entendiese que, si le abandonaba en manos extrañas, ponía en riesgo la mitad de dos barracas y de un lote, que le pertenecía, legalmente, como herencia de su marido. Ni escuela, ni enseñanza de ninguna especie para aquella criatura que parecía sobrar en la tierra. Su dulzura y docilidad las tomaba la madrastra a hipocresía y falsedad, viendo en él trasunto25 fidelísimo de su madre. Pronto lo mandó a mendigar y, como era tan lindo y tan simpático, como imploraba con una vocecitac deliciosa, siempre llevaba algo a la casa. Él mismo, sin que a Belén se le ocurriese tal oficio, se fue entablando en el de limpiabotas, y figuraba en el gremio como el más chiquitín y andrajoso. De ahí adelante lo fue explotando, a más y mejor, la desgraciada mujerzuela. Henchida de esperanzas se encamina, un tanto envarada por el rifle, al taller de su adorado tormento. Hállalo solo y muy apurado, porque tiene compromisos para el día siguiente, y el oficialillo aprendiz ya se ha declarado en vacaciones. Harto se le alcanzan al remendón las pretensiones de la viuda, de quien tiene las peores referencias. Así es que se pone en guardia acogiendo a la sirenad con alguna displicencia. Pero ella no amaina por tan poco. Todavía en pie, le dice muy seductora: —Hoye no vengo hacele ningún encargo, Ricardito. Es que tenemos, esta noche, una parrandita, donde mi comadre Isaura Primisiero; y, como yo soy una de las alferas, vengo a convidalo.f ¿No es cierto que no me desaíra? a aquélla b sólo c vocesita d la sirena [Para garantizar la coherencia sintáctica del complemento indirecto se agrega la preposición a].
e —«Hoy f A, D, E, F, H, I, J, K, L, M, N:
convidalo / B, C, G: a convidarlo
El rif le —Mucho le agradezco (sin levantar los ojos del trabajo). Y, desde que pueda, iré con mucho gusto; pero creo que no acabo hasta muy tarde. —Asómese, aunque sea un momento. Hay novena y van unos piscos26 que tocan primoroso y una muchacha calentana27 que canta muy bien. ¡Vaya que no le pesa! ¡Allá verá los bambucos28 que vamos a echar!
—Haré lo posible; pero no quedo comprometido.
—¡Vaya! No le hace que sea tarde. Venía, también, a trele loa aguinaldos pa sus dos chinitos. Como soy tan reservada pa todas, pa todas mis cosas, los treigoa muy escondidos. ¡Vea cómo vengo! (Alza él los ojos; ella pone en la mesa, flechas, muñeca y confites y se zafa el rifle). Resulta que, como tengo tantas amigas que tienen chinos, no alcanzó pa todos. Esto no es más que pa los preferidos. Este riflecito, con la cajita de flechas, pa Estebitan; la mona pa Carmencita; y estos confites pa que se los reparta a juntos. —¡Pero, Belén...!b ¿Cómo se puso en esas? —exclama el padre, deponiendo un tantico sus esquiveces.
—¡Eso no vale nada, Ricardito! Y pa eso semos las amigas: pa complacer a los amigos en lo que podamos. Y vea: yo quero q’estos regalitos se los dé usté, como cosa suya. La gente es tan fregada que, si comprende q’es regalo mío,c ¡quién sabe lo que dirán!
Belén se sienta; Ricardo desenvuelve el rifle.
—¡Ah, caray! ¡Este es un regalo de rico! Esto le debió costar muchísimo... cond la mona y los dulces era suficiente.
—Yo quiero regalarle a Estebitan algo que le llame la atención: como está tan grande y tan entendido y tan chirriado... A la niña, como tavía está tan patojita,29 ai le compré ese embustico. Es hasta pecao dale juguetes buenos a los chiquitos, pa que los rompan al momento.
Ricardo examina el arma, presa de encontradas cavilaciones. Calcula su precio y los recursos de la regaladora y aquello no lo compagina. La viuda se va ofuscando. —Vea, niña Belén —murmura luego—, cone mucha pena le digo que no es decente que yo le acepte este regalo. Usté quiere que pase como mío y yo soy un hombre muy pobre. Debo dos meses del arriendo del rancho; y el dueño, que vive en la casa de junto, me ha amenazado con quitarme los muebles, si no le pago al fin del mes. Si él ve este rifle a mi muchachito, me pega la insultada del siglo. Con que mejor sería que le hiciera el regalo a otro amigo más pudiente. —¡Imposible, Ricardito! ¡Eso sería un desaire horrible! Hagamos una cosa... Suspende, se queda lela, la cara se le desfigura. A estar en pie, se fuera al suelo redonda. En la puerta ha surgido, como brotado de la tierra, Tista en persona. Trae sobre la caja de su oficio un disco de cartón. Los tres guardan expectante silencio. Al fin lo rompe el rapazuelo.
—Madrina, aquí le treigo lo que junté. Me vine desde ahora, porque no hay a quién embólale: to los cachacos30 y los guaches31 de botines tan ya emparrandaos. a A, B, D, E, F, H, I, J, K, L, M, N: treigo / C, G: traigo b Belén!...
c mío ¡quién d muchísimo.... Con e luégo—Con
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Ya los policías saben que el rifle no es robao. Yo y José Luis les contamos todo y llevamos testigos. El señor que me lo regaló no se llama nada el señor Equis: es un dotor de leyes que se llama Javier Villablanca. Vive en el hotel Astor.a32 Fuimos dond’él y él le dijo, también, al policía; y...
—¿Esb este el rifle?
—Por supuesto, mestro Ricardo. Y, ¿pac qué lo trajo, madrina? Belén salta del asiento y se dispara a la calle. El zapatero, descompuesto y tembloroso, agarra el resto del regalo y se lanza tras ella: —Vea,d misiá Beléne —le grita ronco—, llévesef su mona y sus confites, no sea que resulten con dueños.
Oye,g ¿cómo no oír?,h pero no vuelve el rostro. Va volando, sonámbula, enchichada con un brebaje enloquecedor, que nunca ha probado. El remendón no acaba de enterarse, porque Tista, por instinto de hidalguía y por temor de su madrastra, trata de tergiversarle los hechos. Ricardo lo despacha, en hora mala, con todos los presentes.
¡Oh, su madrina! Quería regalarle su rifle al chino Esteban. ¿Por qué sería así su madrina? Su corazoncito se le va apretando. Siente angustia, susto, piensa unas cosas vagas que le causan miedo y que le dan tristeza. Ya no piensa en ir, después de la comida, a estrenar el arma. Ya no se ufana de llevarla nii ni de ser su dueño exclusivo. No se le ocurre, tampoco, probar de los confites.
Prosigue indeciso. ¿Subiría o no a la casa, desde ahora? Tiene que subir, irremediablemente, para entregarle a su madrina la plata y la encomienda. ¿A quéj se exponía, si no? Avanza, pero se detiene en cualquier parte, ensimismado y caviloso. Encuentra conocidos y no les ve; le hablan y no les oye; le rodean, y se retira. “¡Chino gediondo! ¡Chino creído!” —le grita un émulo. “¡No cabe en el pellejo por ese rifle!” —le grita otro. “¡Te lo robaste, ladrón! ¡Sos un ladrón!”. Nada contesta. Sigue despacio y por ahí se sienta en un pretil.33 ¡Ay! ¡Si él se fuera para los k Llanos,34 con el doctorl Villablanca! Le lustraría el calzado, le limpiaría la ropa, le ensillaría el caballo, le pondría las polainas35 y el espolín;36 le haría todo, sin que le pagase un peso. Y no le hacía que el doctor le curtiese. De él no le dolerían ni regaños ni totes. Era un patrón tan bueno, tan bizarro37 con los pobrecitos. ¡Ay, los Llanos!
Pasan niñeras e institutrices, con sus chiquitines que vuelven de meriendas del Chorro de Padilla. Pasan carruajes que van de francachela38 hacia La Cuna de Venus;m39 pasan las murgas40 de artesanos punteando sus liras, rasgando sus tiples; pasa gente regocijada y bulliciosa; y Tista, en el pretil, apoyado en el rifle. ¿Por quén se estaría acordando, ahora, de su madrecita? ¡Era tan linda! ¡Le daba tantas cosas! Una nube se desgrana pletórica41 y Tista corre. Cuando se acerca a la barraca, asoma la madrina, le llama por señas y se entra. No bien el chico traspasa aquel umbral, la puerta gira rauda, Belén tuerce la llave y la tormenta estalla. “¡Este a Hotel Astor b ¿Es [Adición de raya para completar el diálogo].
c Y ¿pa d —«Vea, e A: mi sia Belén / B: mi siá Belén / C: misiá Belén!... / D, E, F, G, H, I, J, K, L: misiá Belén!, / M:
misiá Belén! / N: misiá Belén f ronco—Llévese g Oye ¿cómo h oír? pero j que k Los l Dr.
m La Cuna de Venus n qué, se i llevarla, ni
El rif le arrastrao! ¡Este bandido!”. Le arrebata frenética el rifle y, contra un banco, contra una piedra, con los pies, con las rodillas, con los dientes, lo abolla, lo tuerce, lo quiebra, logra partirlo. Sale al patinejo, contra el vallado termina la obra y lanza, falda abajo, pedazo por pedazo. Vuela adentro, hace añicos la muñeca, avienta los confites, salta, pisotea, pulveriza, epiléptica, posesa.
Tista, hasta entonces paralizado, da un alarido de dolor y espanto. Se queda seco y articula luego:
—¡Mea lo quebró, me lo botó, porque el mestro Ricardo no la quiere! —¡Cálla, desgraciao... o te mato!
Le ase de la greña, le arrastra, le da contra el suelo.
—¡Máteme, madrina! —grita enloquecido— ¡Máteme, pero es por eso! ¡No la quiere! ¡No la quiere!
Lo pisa, lo golpea. No lo aplasta de una vez, porque ella misma da consigo en tierra, presa de espantosas convulsiones. Tista brinca, como una rana, y se mete debajo de una mesa. Echa sangre por boca y por narices.
Belén sigue en el suelo revolcándose. De pronto da un corcovo y queda rígida. El niño acezab42 acurrucado en su escondite. El agua cae a torrentes y la noche se inicia. La hembra se sacude al rato. Da un corcovo y se encabrita. Llora y suspira, gime y solloza. Mucho ha sufrido en esta perra vida; pero esta afrenta indecente,c ¡ni en su infierno! Se muere. Mas,d ¡qué morir ni qué demonios!: ¡Chicha, mucha chicha! ¡Aguardiente, harto aguardiente! ¡Y reñir y acabar, con esa tolimense tiznada! Se alza, se estriega,e se yergue.
—¡A verf la plata, maldito! —vocifera trágica.
Tista busca entre sus desgarrones y le entrega lo que encuentra. Trastea ella por un baúl y saca un puñalejo, recuerdo de un su amigo. Sale en seguida, y deja bajo llave al infeliz.
Apenas solo, desata los raudales de su llanto. Tiembla, tirita, los golpes le duelen, le duelen mucho. Tan pronto le viene un frío que le llega hasta los huesos; tan pronto un calor que le sofoca. Siente sed, siente que su carita se crece en dolorosa tirantez, que sus ojos se van tapando. Se tira en su esterilla. No sabe si duerme, o si vela o si sueña. Le parece que oye horas, que oye cohetes y músicas lejanas. Al fin oye claro y distinto las campanas. Repican muy duro.
Los ángeles entonan el gloria in excelsis Deo y el niño se arrodilla e impreca: “¡Madrecita querida! ¡Lleváme p’onde vos! ¡Ya no quiero ir a los Llanos! ¡Lleváme madrecita!”.
a «—¡Me b acesa c indecente ¡ni d Mas ¡qué e estriga f —«¡A ver
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
1
Cuento publicado por primera vez el 3 de julio de 1915 en El Liberal Ilustrado de Bogotá, en el tomo iv, números 1416-1422.
2
Capitolio: La inauguración de las obras del capitolio se dieron el
20 de julio de 1847, en la esquina suroccidental de la plaza mayor
de Bogotá y contó con la presencia del máximo jefe de estado, los secretarios de estado, el arzobispo Manuel José Mosquera, el arquitecto Reed y algunos ciudadanos. En el actual primer patio del capitolio se encuentra una placa en bronce y en relieve, realizada en 1881 por Ferdinand von Miller, que representa ese primer momento en que Reed sostiene el “plano original” que contiene la fachada y la planta del capitolio. En aquel acto, en los cimientos del capitolio, quedó enterrada una urna de cristal que contenía algunas monedas de la época y un documento con los nombres de los participantes (Pinzón, 2018).
3
lar: m. pl. Casa propia u hogar (dle, 2018).
4
menestralillo: de menestral. m. y f. Persona que tiene un oficio mecánico (dle, 2018).
5
casquete: m. Media peluca que cubre solamente una parte de la cabeza (dle, 2018).
6
curte: tr. coloq. Arg. y Ur. Castigar con azotes (dle, 2018).
7
fregada: adj. Am. Cen., Bol., Chile, Col., Ec., Perú y Ven. Exigente, severo (dle, 2018).
8
fámulo: m. y f. coloq. Criado doméstico (dle, 2018).
9
cuco: adj. coloq. Pulido, mono (dle, 2018).
10 Guillermito Tell: Guillermo Tell. Héroe mítico de la indepen-
dencia suiza (siglo xiv). Según la tradición, Guillermo Tell era un ballestero, famoso por su puntería, que desafió la autoridad del gobernador Gessler al negarse a saludar a su sombrero, expuesto bajo el tilo de Altdorf. Gessler lo condenó a tener que atravesar con una flecha de su ballesta una manzana puesta sobre la cabeza de su propio hijo, prueba que Guillermo superó con éxito. Encarcelado por Gessler, Guillermo Tell consiguió evadirse y darle muerte. Esta leyenda, que contiene muchos elementos de tradiciones anteriores, hay que entenderla dentro del contexto de la lucha que los cantones suizos llevaron a cabo contra el Imperio alemán de los Habsburgo, y que terminó con la victoria de los suizos y la independencia del país (Ruiza, 2019).
11 salón del Bosque: o salón de El Bosque. Es el bosque donde los
niños a finales del siglo xix en Bogotá jugaban. También se conoció con el nombre de Casa de Baños el Edén y después, hacia principios del siglo xx, pasó a denominarse el Bosque Centenario de la Independencia (N. del E.).
12 míster: Del ingl. mister; literalmente “señor” (dle, 2018).
13 Chapinero: En 1812, el sector empezó a poblarse por alfareros
y artesanos tras la Independencia como proyecto de primer barrio satélite de la capital. Recibió el nombre de El Villorio pues era una población pequeña y poco urbanizada. En el siglo xix se construyeron también casas campestres para los acaudalados de Bogotá. Contaba apenas con diez casas de teja. En 1885 se adoptó el nombre de Chapinero, mediante Acuerdo del 17 de diciembre. Por la notoriedad del lugar, el señor Antón Hero Cepeda de Cádiz, quien se dedicaba a la elaboración de zuecos o chapines (especie de calzado de madera y correas que se ataban al pie) desarrolló su fabricación y venta. A finales del xix, el sector se caracterizó porque ricos propietarios construyeron villas y casonas en sus terrenos. La actual carrera Séptima reemplazó el antiguo Camino a Tunja, y desde
1876 comenzaron a circular carros tirados por caballos (llamados
omnibuses), que iban de Usaquén a la Plaza de Bolívar, pasando por el Luna Park. La Alameda Vieja dio así paso a la actual carrera Trece (Alcaldía local de Chapinero, 2016).
14 tagarotes: hombre alto y desgarbado (dle, 2018).
15 fluxes: m. And., Ant., Col., Méx., Nic. y Ven. terno (conjunto de
pantalón, chaleco y chaqueta) (dle, 2018).
16 Chorro de Padilla: Es una de las principales fuentes de agua
dulce de Bogotá. Proviene del río San Francisco y limita con el Parque Nacional Olaya Herrera (N. del E.).
17 Las Aguas: La Iglesia de Nuestra Señora de las Aguas está ubi-
cada donde el valle entre los cerros de Guadalupe y Monserrate se abre a la Sabana de Bogotá y donde la calle 19 termina su trazado por el oriente de la Ciudad. El templo se comenzó a construir hacia el año de 1644 por iniciativa de don Juan Cotrina Valero, quien deseaba hacer pública la veneración de una imagen milagrosa de la Virgen del Rosario, cuadro encargado al pintor santafereño Antonio Acero de la Cruz. Esta imagen preside y engalana hasta hoy el retablo del altar mayor. La Iglesia se terminó y se bendijo en 1690. Hacia 1670 se inició la construcción de un claustro, adosado al templo por el costado sur, para albergar los religiosos de la Orden de Santo Domingo, que mantuvieron el cuidado de la Iglesia hasta 1821. En ese año, con la supresión de los conventos menores, el claustro pasó a ser propiedad del Estado. Hoy es sede de Artesanías de Colombia. En 1882 fue erigida la parroquia de Nuestra Señora de las Aguas y en 1901 se construyó la capilla lateral, de estilo neogótico muy diferente del estilo colonial del templo principal (Arquidiócesis de Bogotá, s. f.).
18 moteja: tr. Notar, censurar las acciones de alguien con motes o
apodos (dle, 2018).
19 calandrajiento: de calandrajo m. coloq. Pedazo de tela grande, rota y desgarrada que cuelga del vestido (dle, 2018).
20 cuchuco: m. Col. y Ven. Sopa muy espesa que se prepara a base de
granos de trigo, maíz o cebada (dle, 2018).
21 jergón: m. Colchón de paja, esparto o hierba y sin bastas
(dle, 2018).
22 feróstico: adj. coloq. Feo en alto grado (dle, 2018). 23 tatacoa: Serpiente venenosa del norte de Colombia (N. del E.).
24 zarcucio: de ojos claros. adj. Dicho especialmente de los ojos: De
color azul claro (dle, 2018).
25 trasunto: m. Imitación exacta, imagen o representación de algo
(dle, 2018).
26 piscos: m. despect. Col. Individuo de poca o ninguna importan-
cia (dle, 2018). Es decir, músicos de poca importancia (N. del E.).
27 muchacha calentana: adj. Col., Ec. y Méx. Natural de Tierra Ca-
liente, territorio de Centroamérica (dle, 2018).
28 bambucos: m. Baile popular en Colombia y en la provincia ecua-
toriana de Esmeraldas (dle, 2018).
29 patojita: adj. Que tiene las piernas o pies torcidos o despropor-
cionados, e imita al pato en andar meneando el cuerpo de un lado a otro (dle, 2018).
30 cachacos: adj. Col. Dicho de un joven: Elegante, servicial y caba-
lleroso (dle, 2018).
31 guaches: m. y f. despect. coloq. Col. Persona ruin y canalla
(dle, 2018).
32 Hotel Astor: Regentado por la señorita Elena Copete, según lo
afirma Carrasquilla, quien se alojó en este hotel durante su segundo viaje a Bogotá (véanse cartas del 4 de diciembre de 1914 y del 6 de junio de 1915). Para 1917 ya había cerrado sus puertas (carta del 31 de diciembre de 1917) (Bernal, 2008, p. 87).
33 pretil: m. Murete o vallado de piedra u otra materia que se
pone en los puentes y en otros lugares para preservar de caídas (dle, 2018).
34 los Llanos: Región ubicada al suroriente de la cordillera Oriental
que atraviesa el país y separa la capital de las llanuras, por mucho tiempo fue considerada una región inhóspita y propicia para buscar fortuna (N. del E.).
35 polainas: f. Especie de media calza, hecha regularmente de paño
o cuero, que cubre la pierna hasta la rodilla y a veces se abotona o abrocha por la parte de afuera (dle, 2018).
36 espolín: m. Espuela fija en el tacón de la bota (dle, 2018). 37 bizarro: adj. Generoso, lucido, espléndido (dle, 2018).
38 francachela: f. coloq. Reunión de varias personas para regalarse y
divertirse comiendo y bebiendo, en general sin tasa y descomedidamente (dle, 2018).
39 La Cuna de Venus: Cantina cerca de la Quinta de Bolívar, visita-
da por poetas y bohemios (Bernal, 2008, p. 87). Notas explicativas
El rif le 40 murgas: f. coloq. Compañía de músicos malos, que en Pascuas, cumpleaños, etc., toca a las puertas de las casas acomodadas, con la esperanza de recibir algún obsequio (dle, 2018).
41 pletórica: De plétora. f. Med. Exceso de sangre o de otros líquidos
orgánicos en el cuerpo o en una parte de él (dle, 2018). Es decir, una nube roja se desgarra en el cielo de esa tarde (N. del E.).
42 aceza: intr. Respirar anhelosamente por efecto de algún trabajo
o ejercicio impetuoso (dle, 2018).
Notas explicativas
Juan Esteban Hincapié Atehortúa Editor crítico L A: El Espectador (1915). Medellín. B: Revista Mundo al día (1924). Bogotá. C: Dominicales (1934). Medellín: Atlántida. D: Obras completas (1952). Madrid: epesa. E: Cuentos de Tomás Carrasquilla: “Náufrago asombroso del siglo de oro” (1956). Medellín: Bedout.
F: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. G: Antología de cuentos: Tomás Carrasquilla (1964). Medellín: Bedout.
H: Antología de cuentos de Tomás Carrasquilla (1992). Medellín: Comfenalco Antioquia. I: Cuentos (1997). Bogotá: Biblioteca Familiar Presidencia de la República. J: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
K: Cuentos escogidos 2 (2019). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia. La mata Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1915) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes:
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla La mataa1 Vivía, sola, completamente sola en cuarto estrecho y sombrío de cabo de barrio.2 Sus nexos sociales no pasaban de la compra, no siempre cotidiana, de pan y combustible, en algún ventorrillo cercano; del trato con su escasa clientela, y de sus entrevistas con el terrible dueño del tugurio.
Este hombre implacable la amenazaba con arrojarla a la calle, cada vez que le faltase un ochavo3 siquiera del semanal arrendamiento. Y, como pocas veces complementaba la suma, vivía pendiente de la amenaza.
Después de ensayar con varios oficios, vino a parar en planchadora de parroquianos pobres; que para ricos no alcanzaban sus habilidades. Faltábale trabajo con frecuencia y entonces eran los ayunos al traspaso. El hambre, con todo, no pudo lanzarla a la mendicidad.
Era uno de esos seres a quienes la rueda de la vida va empujando al rodadero sin alcanzar a despeñarlos. Más que vieja, estaba maltrecha, averiada por la miseria y las borrascas juveniles. De aquella hermosura soberana, que vio a sus plantas tantosb adoradores, no le quedaba ni un celaje.4 De sus haberes y preseas de los tiempos prósperos soloc guardaba el recuerdo doloroso. De aquel naufragio no había salvado más que el cargamento de los desengaños.
Su historia, la de tantasd infelices. De cualquier suburbio vino, desde niña, a servir a la ciudad. Pronto se abrió, al sol de la mañana, aquella rosa incomparable; y… lo de siempre. ¡Pobree flor!
Dos hijos tuvo y fueron su tormento. El varón huyó de ella y se fue lejos, no bien se sintió hombrecito. Su hija, un ángel del cielo, la recogió su padre, a los primeros balbuceos, donde nunca supiese de su madre.
Ni un amigo ni una compañera le quedaban en su ocaso a ellaf que los tuvo sin cuento en su zenit;g ni una palabra de conmiseración a ellah que oyera tantas lisonjas. Y, las pocas veces que imploró un socorro, de algún bolsillo en otros tiempos suyo, no obtuvo ni siquiera una respuesta. El desprecio de los unos, el desconocimiento de los otros, caíani sobre ella como la piedra mosaica sobre la hebrea infiel.5 La pobre mariposa, ya ciega, sin esmaltes ni tornasoles, se recogió, en su espanto, para morir entre el polvo abrigado de la gruta.
En su anonadamiento no pensaba ni en el cielo ni en la tierra; no pensaba en nada que pudiera redimirla. ¡Qué iba a pensar la infeliz! Solo sentía el hambre de la bestia, que ya no puede buscarse el alimento; solo, el frío del ave enferma que no encuentra el nido.
a LA MATA b tántos c sólo d tántas e siempre. Pobre f ocaso, a ella [Para garantizar la coherencia sintáctica del complemento indirecto se decide suprimir la coma].
g A: zenit / B, C, E, F, G, H, I, J, K: cenit h de conmiseración, a ella i los otros caía
La mata El hambre material, ¡muya horrible, muy espantosa! Pero esta otra del corazón; esta necesidad de un serb a quién amar, con quién compartir la negra existencia; esta soledad de la vejez, no podía, no era capazc de arrostrarla. Consiguió un gato, un gato muy hermoso. Pero los gatos, lo mismo que el amigo, huyen de las casas donde el hogar no arde. Dos veces tuvo loro, y uno y otro murieron de inanición. Su desgracia le alcanzaba hasta ad los pobres animales. Si ella consiguiera una compañía que no comiese. ¿Peroe cuándo?
Un día al pasar por la calleja un carro con enseres de una familia en mudanza, cayó junto a su puerta un tiesto con una planta. Como se hiciera trizas, lo dejaron allí abandonado. Tomó ella la raíz, sembrolaf en un cacharro desfondado y lo puso en un rincón, junto a la entrada.
Antes de un año era una planta que llamaba la atención de los transeúntes. Regarla, quitarle las hojas secas, ponerle abono, era su dicha, una dicha muy grande y muy extraña. Tan extraña que siempre recordaba a su hijita, las pocas veces que pudo peinarla y componerla. Le propusieron comprársela a muy buen precio.g ¿Vender ella su mata?
Si le parecía que era persona como ella, que era algo suyo, que la acompañaba, que sabía lo que pensaba. Su cuchitril no se le hacía yah tan triste ni tan feo. Y la pobre, autosugestionadai por esta idea, ya ponía algún esmero en el aseo y arreglo del cuartucho.
La planta iba creciendo a la sombra, como si Dios la bendijese. Y Dios la bendecía, porque consolaba a una alma triste. Un día llegó un brazo hasta el dintel; otro levantó un renuevo,6 otro se curvó en arco. Su dueña, entonces, clavó dos varas, amarró el tallo, y la guirnalda de brillante follaje y de campánulas purpúreas se fue extendiendo, pomposa j y exuberante,k hasta formar un dombo.7 Las gentes se paraban a contemplar tanta gentileza y galanura. La pobre mujer, menos cohibida, mandaba entrar a los curiosos para que viesen todo aquello. Hasta una señora muy lujosa entró un día.
Su mata la iba volviendo al trato con las gentes; le iba dando nombre. Ya no se sentía tan despreciada ni tan abatida. Como ya podían verla los extraños, no era tan descuidada en su vestido, y sacudía las paredes y aderezaba sus pobres trebejos con el primor que en la miseria quepa. Día por día iba aumentando el aseo. Tanta limpieza le atrajo más clientela y se hizo célebre en el barrio. El cuarto de María Engracia se citaba como una tacita de plata.
Una mañana entraron dos señoras a contemplar la mata. Admiradas del aspecto de aquella vivienda mísera, que la pulcritud hacía agradable, se deshicieron en elogios. Esa noche hizo lo que no hiciera desde sus tiempos de servicio: rezó a la Virgen el rosario entero. Otro día sacó de un baúl, donde se apolillaba en el olvido, un cuadrito de la Dolorosa.8 Colgolo l sobre su cabecera y le puso un ramo, el primero que cogía de la mata. Un domingo fue a misa de alba.
a material ¡muy [Se agrega la coma con el fin de garantizar la minúscula y eludir la mayúscula condicionada por la puntuación].
b sér c capáz d hasta los [Para garantizar la coherencia sintáctica del complemento indirecto se agrega la preposición a].
e Pero f sembróla g precio h yá i auto-sugestionada j pomposo k exhuberante l Colgólo
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Aquel espíritu, que parecía muerto, resucitaba. Tal lo entendía ella. Todo era un milagro; un milagro, que le hacía nuestro padre Jesús de Monserrate,9 por medio de la mata. Sí: Éla era. Recordó, entonces, que alguna vez enb sus tiempos tormentosos, al bajar del cerro, con otras compañeras, le había dejado una tarjeta, en la última estación. Recordaba todo, punto por punto: su amiga Ana, que era muy instruidac y muy tremenda, tomó un lápiz y puso al pie del nombre de este modo: “Acuérdated de mí, que soy una triste pecadora”.e Y todo esto, que tenía olvidado por completo, ¿por qué lo recordaba ahora, como si lo estuviese presenciando? ¡Pues por milagro!
Al sábado siguiente se postraba ante un confesor. No fue poco el pasmo de los vecinos, cuando la vieron arrodillada en el comulgatorio para recibir la santa forma.f De ahí adelante llevó vida piadosa interior y exteriormente. La mata, más lozana y florida cada día, llegó a ser para ella un ser sobrenatural enviado por Jesús de Monserrate para su enmienda y tutela.
Entre tanto se iba sintiendo muy enferma y quebrantada. Le daban palpitaciones con frecuencia; con frecuencia se le iba el mundo y más de un vértigo la desvaneció en la iglesia.g Presentía su fin muy próximo, pero sin pena; antes bien con una dulce serenidad. ¡Si ella pudiera trasplantar su mata sobre su sepultura! Un día llega furioso el dueño del cuartucho. Solo a una malvada como ella se le ocurría poner ese matorral, para tumbar el cuarto con la humedad. Si no sacaba al punto, aquella ociosidad, la echaba a la calle con todo y sus corotos. Ella se pone a llorar, sin que piense ni en tocar la mata. Por la tarde torna el hombre y arremete a bastonazos contra cacharro, flores y follaje. Tira todo a la calle y hace sacar los muebles en seguida. María Engracia se desploma, presa de un síncope. De allí la llevan para el hospital.h En sus delirios ve su mata frente a su cama, como el arco de triunfo para entrar al Paraíso. Y, al amanecer de un domingo, cae para siempre en la red infinita de lai misericordia. j10 a El b A, B: que alguna vez en / C, D, I, J, K: que un domingo, en / E, F, G, H: que alguna vez, en [Este cuento fue incluido en algunas antologías como parte de los Dominicales, sin embargo, el testimonio de la primera edición, en prensa, evidencia que originalmente no hacía parte de este corpus porque la acción del cuento no sucede en domingo].
c instruída d «Acuérdate e pecadora.» f Santa Forma.
g Iglesia h Hospital i La j Misericordia
La mata
1
Cuento publicado por primera vez el sábado 29 de mayo de 1915 en El Espectador de Medellín (N. del E.).
2
de cabo de barrio: en el extremo del barrio (N. del E.).
3
ochavo: m. Antigua moneda española de cobre con peso de un octavo de onza (dle, 2018). También como unidad fraseológica se emplea para expresar: loc. verb. No tener dinero (dle, 2018).
4
celaje: m. Aspecto que presenta el cielo cuando hay nubes tenues y de varios matices (dle, 2018).
5
hebrea infiel: El episodio joánico conocido como la perícopa de la mujer adúltera (Jn 7, 53-58). Allí [...] hay alguien a quien nadie se atreve a defender: la mujer sorprendida en adulterio. Sus acusadores están dispuestos a acallar violentamente a quien se atreva a ayudarla y por eso la conducen hacia Jesús para tenderle una trampa (Sánchez, 2010, p. 17).
6
renuevo: m. Vástago que echan el árbol o la planta después de podados o cortados (dle, 2018).
7
dombo: Falsa cúpula. f. Arq. Forma primitiva de cúpula, obtenida por aproximación sucesiva de hiladas (dle, 2018).
8
la Dolorosa: es una de las advocaciones de la Virgen María destacada por el sentimiento de dolor de la madre de Jesús ante el sufrimiento de su hijo. Los “siete dolores” hacen referencia a los siete episodios de la vida de Jesucristo, relatados por los evangelios, que hicieron sufrir a María, quien acompañaba a su hijo en su misión de profeta y evangelizador (N. del E.).
9
Jesús de Monserrate: El Santuario del Señor caído de Monserrate, se encuentra ubicado en la cima del cerro de Monserrate, al oriente de Bogotá. Este nombre se da en honor a “Nuestra Señora de Monserrat” que se encuentra en un monte cerca de Barcelona, España. Ya que[sic] su significado es “Monte en forma de dientes”. Cuentan que por los cerros orientales de Bogotá, moran espíritus en silencio junto al Señor caído, los dioses Chibchas y Muiscas. Algunos dicen que a la escultura del Señor caído le crece el pelo, que cuando han bajado la estatua pesa más que cuando la suben [...]. Pero los mitos y leyendas sobre el Señor caído de Monserrate y el lugar donde está encierran más misterios y se centran en las creencias, ritos y milagros que muchas personas le atribuyen. Entre esas historias está [...] la sanación a enfermos que lo visitan, y a cambio, ellos le hacen promesas de fe, como subir de rodillas al santuario, escalar el cerro con los ojos vendados, visitarlo los domingos a primera hora, en fin, existen muchas promesas que le hacen para conseguir su sanación (Alcaldía de Bogotá, s. f.).
10 misericordia: f. Virtud que inclina el ánimo a compadecerse de
los sufrimientos y miserias ajenos (dle, 2018). O también: f. Puñal con que solían ir armados los caballeros de la Edad Media para dar el golpe de gracia al enemigo (dle, 2018). Notas explicativas
Esta sí es bola A: Revista Sábado (1921). Medellín. B: Obras completas (1952). Madrid: epesa. C: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. D: Antología de cuentos de Tomás Carrasquilla (1992). Medellín: Comfenalco Antioquia. E: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
F: Obra escogida (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
G: Óigame un escuchito... (2012). Madrid: Libros de la Ballena.
Juan Esteban Hincapié Atehortúa Editor crítico E Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1921) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: Esta sí es bola (La bola de la felicidad)
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Esta sí es bolaa1 (La bola de la felicidad) Primas y amigas:
Aquí va el episodio que os prometí. Aunque mal farfullado, quiero que lo leáis con el mismo gusto con que os lo dedicob A Lilí y Magdalena Morenoc Óyeme,d Lilí; óyeme, Magdalena: vosotras que apenas desplegáis las alas por el azul infinito del ensueño, acaso toméise a mala parte el que os dedique esta ironía tan dolorosa de la realidad. Perdón si, con ello, os importuno; pero, cuando elaboréisf con las hojillas argentadas, pensad que ese miraje alucinador que llamamos felicidad, es esto, precisamente: una bola de papel radiante, que dura un momento, que cualquiera arrebata, que se escapa de las manos y rueda y se despeña, para siempre, por la misma pendiente de la vidag Hace trompas, recoge la vista, ladea la cara, como para poner, con mayor eficacia, todos sus sentidos y potencias en aquel trabajo tan delicado e importante. Con qué asiduidad y entusiasmo lo ejecuta. ¡Tan! ¡Tan! Aquí.h ¡Tan! ¡Tan! Allá;i y el martillo diminuto suena sobre la bola, cual si golpease en una bigornia2 de ángeles herreros. ¡Tan! ¡Tan! Y aquello no se acaba. Sonaba como plata. ¡Lo mismo enteramente! Y, a medida que el martillo cae, se va bruñendo3 la argentada superficie. “¡Qué maravilla!”. j Ni hacia dentro, ni hacia afuera, ni en parte alguna, se desvirtúa una línea aquella esfera prodigiosa; ni una arruguilla la afea; ni un granulillo interrumpe su tersura. Eso se llamaba redondez hasta en el cielo. Eso era un milagro del amor. ¿Qué bola podía competir con la suya? Y se embarga en esa su obra genial, que, con la gloria artística y la moda y la celebridad, ha de traerle todas las venturas. ¿Qué labor más bella y meritoria? ¡Y qué raro, qué misterioso, labrarse uno mismo la propia felicidad! Suspira, siente hormigueos, divaga en mil ensueños, en que actúa siempre ese Javier de su alma. Si su bola iba saliendo acabada, si él y ella eran tan especiales para forjarla, si tenía un origen tan hermoso, si encerraba algo como el alma de los dos, era porque estaban predestinados a la felicidad más completa. ¿No la sentían desde ahora? Da una mirada en torno de su cuarto: aquí y acullá la animan y le sonríen los cupidos. ¡Ah,k queriditos! El numen del amor, del arte y del trabajo la acometen de consuno.4 a ESTA SI ES BOLA b dedico.
c A Lilí y Magdalena Moreno.
d Oyeme e tomeis f elaboreis g [Con el espíritu de cohesión en las dedicatorias se decide transmutar al inicio en cambio del final, como aparece en el texto base, para que este pasaje textual sea la antesala de la narración].
h ¡Tan! aquí. i ¡Tan! allá; j superficie.«¡Qué maravilla!» k ¡Ah queriditos!
Esta sí es bola Julita es un sera de una tontería y de una ignorancia deliciosas. Ni aun los años revela: tiene veintidós y nadie le echa diecisiete.b Su madre, doña Ilduara, viuda de Castañeda, se ha trasladado a la ciudad, desde su posesión de Barro Blanco,c a fin de educar su par de hijos. Julita ingresó al punto en el colegiod de las Hermanas, y Millo en el de los reverendose jesuitas,f pero ninguno de los dos salió con nada: Julita sabría leer mal y escribir peor; Millo ni eso; ella despuntaba por la moda, él por la juerga; entre los dos le merman el bolsico a doña Ilduara. Esta, por su parte, no deja de meterse en sus honduras, a tal punto que no ha podido comprar casa, como lo desea. Castañeda les ha dejado tierras, cafetal y ganados. Con esto se tienen por millonarios. Eladio, hermano y apoderado de la viuda, le administra todo, con mucha habilidad y honradez.
Julita, no bien salida del limbo de lasg Hermanas, se fueh de cabeza en el infierno de lai Moda. Eso era un círculo que le faltó al Dante.5 Qué delirio, qué sed insaciable de trapos y perendengues, de embelecos y combinaciones. Sus amigas, las Naudines, unas vecinas un tanto pobretonas, que ya han doblado el Cabo de Buena Esperanza, no le pierden ripio. Para mejor afianzar esa amistad nunca desmentida, le pusieron, desde los primeros revuelos, el mote de Vitrina,j y por el mote la llaman en la ciudad. Ellas, que conocen a losk Castañedas, desde su arribo a la corte,l cuentan y no acaban de sus campañas iniciales; de los estilos y dicharachos de doña Ilduara; de los esperpentos de santos y de ropajes, que trajeron de Barro Blanco; de aquellas tazas de caldo de gallina, con tres presas, con que obsequiaban am las visitas… yn de los diablos coronados. Ellas describen las transformaciones de Ilduarita, desde el pañolón hasta el sombrero, desde el cacao hasta el té; ellas describen las perrerías de Millo, cual si las hubiesen presenciado; ellas, los coqueteos y descoques de Vitrina, “con cualquier mugre”. ¡Qué chispa la de las niñas Naudines! Con sus plácemes y sugestiones han acabado de empeorar a la ingenua; con sus videncias de historiadores vaticinan la próxima ruina de la señora.ñ Es lo peor que Eladio opina con las Naudines: cada carta es un sermón, cada venida una conferencia. ¿Pero qué va a hacer la pobrecita? “Yo no les puedo perecidiar6 a los retoños de Castañeda”, es su caballo de batalla yo del caballo no la bajan ni a cañonazos.
A estas y las otras, viene el alza del café, viene el alza del ganado, viene el alza de todo, viene el vértigo. Las pulgas se convierten en mastodontes, los cascajos en diamantes de Golconda. Ante aquel espectáculo y aquellos horizontes, Las mil y una noches p fueran una Trapa.7 Doña Ilduara, que naciera ilusa, desde los pies a la coronilla, se sintió archipotentada. “Es que con sanq Cayetano son bobadas” —es su muletilla—. “Sir Castañeda me lo decía cada rato: Vea, mija: tenemos de vicio para darnos gusto y levantar los retoños”. Y a Castañeda le salía todo. Y los retoños lo entendieron, entonces, más que nunca. ¿Cómo no?s Millo no sale de las cantinas, y, por más que compró caballo, no prescinde una noche de a sér b diez y siete c Barro Blanco d Colegio e Reverendos f Jesuítas g Las h fué i La j Vitrina k conocen los [Para garantizar la coherencia sintáctica del complemento indirecto se agrega la preposición a].
l Corte, m obsequiaban n visitas….y ñ señora o A: batalla, y / B, C, D, E, F, G: batalla. Y p Noches q San r bobadas»—muletilla. —«Si s nó
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla los autos. Vitrina recorre los almacenes de modas y novedades, y vengan las galas y vengan los estuches, y vengan las pajaritas de los cielos. Doña Ilduara compra pianola, y como la música exalta los sentimientos religiosos, se va con sus retoños al Congreso Mariano, de inmortal memoria. Peregrina tres meses y ¡Oh,a premio patente de la Chinca!8 Vieneb retocada. Trae unos abrigos historiados, pieles muy peludas, gorro eslavo de plumaje enhiestoc y la faz velada. De tal guisa debuta en las misas; trasiega por los andenes; se muestra en los paseos al resistero del medio día. Trae, otrosí, varios trastos de plata amartillada, montones de cestos y hermosos regalos para las Naudines. Ellas, en retorno de sus finezas, le levantan el alarmante testimonio de que aspira a reponer a Castañeda; riegan la especie por todas partes y lanzan el candidato: es un viudo de alta estirpe, medio arruinado y no muy sano; es un caso del eterno cambio de nombre por dinero. Tiempo era de negociaciones de toda especie.
Millo torna harto más alhaja, con muchos fluxes,9 algunos alifafes y más bizco y más barroso de lo que partiera. Vitrina ¡Nod se diga! Después de lucir las oscuridades del traje bogotano, recae más impetuosa en las delicias del colorín, en el ingenio de las combinacionese y en el recargo del colgandejo. Es una ave de los trópicos que deslumbra y cabrillea.
Luce buen plantaje, mejor pantorrilla; sus ojos garzos, elocuentes, fulguran, henchidos de promesas, entre las cejas oscuras y las ojeras pintadas. Apeles10 y el Ñopof11 desvanecen por su carita pizpireta, nieves y carmines, en heroicas pinceladas. Las perlas, un tanto occidentales, de su boca, están engastadas en oro. Es por estos días el último grito de la Moda y gran firma en los almacenes de esta autócrata, a quien no derrocan guerras ni anarquismos. La Moda es su religión, y a su rito se ajusta con la escrupulosidad de un observante. Con la práctica crece el fanatismo; y cuanto la Moda vaya derrocando, así sea la sábana santa,g12 es para Vitrina una herejía afrentosa que le inspira horror al par que lástima. Las Naudines, con sus careos y elogios desmedidos, son las Kempis13 que le acendran la piedad; y, en premio de labor tan edificante, elh Señor las recompensa con los desechos de Vitrina, que ellas transfiguran con sus gracias, bien así como el catolicismo a los que fueron templos de los falsos dioses.
Con su celebridad le ha salido un novio, tan en boga como ella misma: nada menos que Honorio Sangrabota, que acaba de llegar de un largo viaje por Europa y Suramérica. Su prestigio es irresistible, su elegancia filosófica: lleva sobrebotinesi impermeables en verano y cuello a lo Byron en invierno.
Este amor y los dineros que le suponen la han trepado hasta el remate del cogollito: ha salido en letras de molde, en varias listas de invitados a fiestas de altísimo coturno. Doña Ildua (ya con todo y apócope distinguido) se planta, muy gallarda, en su puesto de gran señora. Por trascendente futurismo, gasta, como tantos, las enormes ganancias que infaliblemente han de venirle. No le valen las epístolas de Eladio ni las reticencias de las Naudines.
a ¡oh, b viene c enhiesto, y la faz d ¡no e combinaciones, y f El Ñopo g Sábana Santa h El i sobre-botines
Esta sí es bola No en todo festín de Babilonia ha de surgir siempre el letrero fatídico: aquella viceversa cae como un rayo, entre las embriagueces de la orgía. El ensueño se torna en pesadilla, la seguridad en pánico, en miserere14 los himnos de victoria; y esta realidad que llaman la Pavorosa,a15 se va desenroscando apocalíptica y formidable. Cúbrese el horizonte de negruras, se oyen los alaridos de Jeremías,16 y aquellas torres, que desafiaban el azul, se estremecen en sus cimientos.
Eladio vuela desde la finca; mas la cosa es tan enorme, tan inopinada, que a doña Ildua no le cabe en la cabeza. Élb indica, como único remedio, el regreso inmediato a Barro Blanco; a ella le parece que su hermano está loco de remate. ¿Volver ella a ese monte, con sus hijos, después de escalar la cumbre y de clavar su bandera? ¡Elc solo pensarlo es blasfemia, es absurdo! Todo eran alarmas infundadas y pobreterías de montañero. Aquello calmaría pronto. Eladio la amenaza con devolverle el poder, para que ella administre todo y haga el milagro. Ella emprende el llanto y él se vuelve furioso, sin quedar en nada. ¡Salirte ahora con esas, ese zoquete, a ella que iba a dar tantos tésd bailables!... Al verse sola, corre a su paño de lágrimas, al mamarrachito borroso de mi padre san Cayetano. No velas, ni misa, en su día: altar, en ele Sufragio,17 con toda efigief18 envigadeña, si endereza el entuerto. Y se guarda el secreto. ¿A qué molestar con los aspavientos de Eladiog a los retoños de Castañeda? Con heroísmo de elegante, se compone, se adoba y sale a “visitas de la aristocracia”. En todas oye el lamento: en todas, tristes auspicios. Siente amargor en la boca, siente angustia en el estómago; pero no larga prenda. Julita sigue en sus créditos y Millo en sus regocijos: ni él ni ella se dan cuenta de nada, oigan lo que oyeren.
Sangrabota, el radiante, rompe con Julita por cualquier pretexto. Berrinchín agudo en madre e hija; pero a rey muerto, rey puesto. Hace días que la sigue y la flecha un estudiantón caucano, muy entrajado y arrogante. Por más que la ha visto pelando la pava, no deja de pasarle, de vez en cuando. En el momento de la rabieta se le antoja su hombre, se le reviste con los encantos de uno como su salvador providencial. No pena mucho la hermosa: a poco más le pasa, tan flechador como nunca: y Julita le planta muy en firme. No es ningún tímido el galán este: a las primeras de cambio se le aboca a esa ventana que tiene novio cebado. Luegoh al punto resultai que mutuamente se han soñado, que se conocían sin conocerse, que han venido a este mundo el uno para el otro. Javier Vallecilla, que tal se llama el marchante, termina estudios de ingeniería j y recibe la herencia materna, el año próximo venidero. Ni que Dios se lo hubiese mandado expresamente: ¡Esk la pesca milagrosa! Ríese la amada de todos los novios que ha tenido, el ingente Sangrabota inclusive.
Pasan días. La Pavorosa va haciendo de las suyas, pero Julita sigue en sus créditos y en el supremo sacerdocio de la Moda. Viene, a esas, la muy gentil y decidora de los cupidos desalados; y Vallecilla, elegantísimo de fuste, le regala unos cuantos y a ella le fían otros tantos. No tuvo el hijo de Afrodita, en sus glorias a La Pavorosa b El c El d tées e El f A: todo efigie / B, C, D, E, F, G: todo y efigie g Eladio, a h Luégo i resuita j Ingeniería k ¡es
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla helénicas, un templo con más imágenes que el cuarto de Julia Castañeda. Los hay de todos tamaños y actitudes, por anaqueles, repisasa y tocador; cuáles con faldellines en paraguas, cuáles en pelota, estosb con gorro, aquellosc con diadema, y todos muy cabezones, con esos ojazos tan expresivos y picarones. “Qué maravilla”, exclaman las Naudines a cada vista.
Con la de los cupidos coincide esta actualísima elegancia, este rito glorificante de lad Bola de la Felicidad, que trae a tantase chicas fascinadas. No bien llega a esta capital en bancarrota, Javier y Julia se embelecanf19 a un mismo tiempo, por mutua transmisión de pensamiento.
Este fenómeno del amor los entusiasma más, si es posible. Pero no ha de ser una bola así, sin alma, como tantas que por ahí se estilan: ha de ser “una bola sublime”, con toda la andrómina20 y los tiquismiquis21 que se le han ocurrido al invencionero de Vallecilla.
Como lo piensan lo hacen. Una tarde se aparece el pretendiente, con las dos argollitas de ilusión; se las ponen, las cambian, las besan, las juntan; y él, con esos dedazos de gañán, las dobla, las encarruja, las reduce. Ella acaba de repulirlas; los dos besan aquella píldora del amor, y el envoltorio se inicia. Es condición, sine qua non,22 que él solo, él solito, ha de suministrar los materiales. Ningún profano debe intervenir en esta obra que, para ellos solos, van a labrarse ellos mismos. Ciertos días tendrá él la bola; mas, de ordinario, ella será la guardiana del tesoro. Desde los primeros papelorios trae el martillito venturoso y, a cada tarde, la cartera repleta de estas hojitas argentadas, que la felicidad ha elegido, para que la edifiquen. Previo examen del crecimiento y cálculo del peso, pone él siempre la primera capa y ella se reserva las restantes. Y, como el proveedor lo entiende, Julita trabaja a toda hora. Tanto, que ha descuidado compras, combinaciones y estrenos. La bola crece y relumbra que es una bendición.
No necesitaba Julita de tantos requilorios amorosos, para fanatizarseg con la bola: bastábale que fuese ucaseh23 de la Moda. Mas en este caso suyo —parai ella único en el mundo— la j bola asumía atributos sobrenaturales. El agüero, esa larva que germina hasta en cabezas pensadoras, se inoculó en su cerebro de mariposa, y aquello fue la fecundación. ¡Las cosas que se le ocurrían! Javier y ella eran, de antemano, la pareja privilegiada de la fortuna: iban a envidiarlos hasta los bienaventurados de la Gloria. La Moda, la belleza, y la plata, que eran para las chicas las tres potencias de ángeles y hombres, se juntaban en ellos dos, fundidas por este amor que los uniría hasta en la otra vida. Así se lo aseguraba Vallecilla, y a Vallecilla también le salía todo, cual le aconteciera a Castañeda, según mamacita. Cierto que la Moda era tremenda para cambiar; pero ella y Vallecilla serían siempre un matrimonio a la última: no se pasarían nunca, aunque se fueran a usar “cristianos de otra laya”. Se lo decía su corazón, otro que tal para salirse con las suyas.
a repisas, y tocador; b éstos c aquéllos d La e tántas f A, C, D, E, F: embelecan / B, G: embelesan g A, C, D, E, F, G: fanatizarse / B:
fraternizar h ukase i suyo—para
j mundo—la
Esta sí es bola Como la felicidad es una autoapreciación y un punto de vista donde cada cual se coloca, Julita era feliz, felicísima, así como suena. Y, como la dicha embellece hasta el cuerpo, el de Julita se ha compuesto un cincuenta por ciento. Privado está Vallecilla con su beldad, privada doña Ilduara; pero las que aparentan más privaciones son las amigas Naudines. Así y todo, Julita no callejea tanto como ha solido,24 porque la felicidad busca el recogimiento, para refinarse mejor, fueraa de que estáb feliz vive muy ocupada: Vallecilla provee que es una gloria, y el martillo suena noche y día.
Como la Pavorosa está en moda, y es una elegancia que soloc alcanzan los millonarios, Julita no quiere quedarse atrás, y, un anochecer, pasado el boleo ritual, le dice a Vallecilla, muy zalamera:
—Aquí también estamos con la crisis, ¿no sabe?
—¿De veras, Julita? (sonreído y ojiabierto).
—¿Cómo no? Mi tío Eladio, que es el que nos maneja el cafetal y las fincas, nos dice que vamos a perder una suma muy grande. ¡Yo...d con tal que me den para el ajuar!25 —Por eso no se preocupe (con toda formalidad). Mi hermana Melba, que vive en Nueva York, me despacha todo lo que usted necesite. Voy a pedirle catálogos, y usted no tiene más que indicarme.
—¡Ah, pena, Javier!e Eso no se usa aquí. ¿Qué dirían? —¿Qué van a decir? ¿Todo lo mío no es suyo? Usted es mi reina, y a una reina no le puede faltar nada.
—Entonces, si yo soy la reina, usted es el rey.
—El rey, no: soy su esclavo, su negrito para servirle toda la vida. ¿No soy suyo, pues?
—¿Todo entero?
—¡Enterito! Mire (señalando del borsalino26 al zapato), desde aquí hasta aquí. El alma, ya sabe que no es de Dios, porque usted me la quitó. ¿No se lo digo, pues, en los versos? Ya ve: soy un cuerpecito sin alma. ¿No me la presta hoy, un momentico? —¡No, Javier, hoy sí que vino fatal!
—Sí, sí, Julita. ¿No ve que me tiene muerto? (avizora por todas partes). —Allá estarán atisbando las Naudines.
—¡Qué van a saber de estas cosas esos pobres esqueletos! Mete la cara por los barrotes de la ventana, coge atrás el bastón con la siniestra, se apoya con la diestra en el barrote del marco. Nada se oye, nada se ve; pero el cuerpo sin alma torna a erguirse, muy resucitado: es probable que los ojos le relumbren de vida.
Luego hace malabares con la bola; en una suerte se le zafa y rueda por el cemento del andén; vuela a cogerla.
—¿No ve? Por hacer gracias (gruñe ella).f —¡Si nada le ha pasado! ¿Qué le iba a pasar?
a fuéra b A, F: esta / B, C, D: ésta / E, G: está c sólo d Yo e —Ah! pena, Javier!
f gracias, —gruñe ella. [Con el ánimo de conservar la cohesión en el uso de los signos auxiliares y la información allí contenida se decide poner entre paréntesis este pasaje textual que expresa algún tipo de movimiento corporal de los personajes].
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Y la sacude, y la estriega con el pañuelo de seda, que Julia le perfuma jueves y domingo. Después de besar la pelota la devuelve muy humilde a sua Majestad. Varios meses corren en estas glorias. Mas la viuda de Castañeda no las tiene todas consigo. Verdad que ha dado un bailable a todo taladro; pero fue el último cartucho. A Castañeda le va marrando su dicho, y san Cayetano se hace el sordo. Lejos de sobrarle y darse gusto, pasa escaseces y la pena negra. Eladio ha reducido las remesas, y, pagada la casa, no le queda ni para ayunar. Ningún comisionado ha podido conseguirle un centavo. La pianola, con sus cincuenta rollos, ha sido vendida a menos precio; a menos precio, su plata labrada; sus galas bogotanas y sus posteriores medellinenses, han ido al depósito de las Torenos, grandes corredoras de ropas usadas. Ha vuelto a la mantilla, a la falda de viudab y al miseo semanero. La misma reina de Vallecilla y de la Moda ha apelado a los disimulos vergonzantes del tinte y la remonta.27 El servicio se ha reducido a la vieja Ubalda. ¿Qué fuera de esta casa sin esta vieja? Ya viudac y con dos hijos casados, entró de niñera a la familia de Castañeda, y con ella se ha quedado hasta la fecha. Por seguir a doña Ilduara y a losd Niños, ha dejado hijos, nietos, tierra y hábitos, a despacho de todos los suyos. Ubalda, en cuanto ha visto los apuros de esta miseria con guantes, negocia en comestibles y tabacos, provee tenduchos, ofrece en las casas, se entrampa aquí y acullá, por ver de suplir en algo las necesidades apremiantes del sustento. Pero como la vieja no alcanza a tantos menesteres, la gran señora, doña Ildua en persona, ha tenido que descender a los horrores clandestinos del lavado y de la plancha. En horas de comer cierra el portón, a estilo aldeano; y, cuando le caen visitas de cuidos y agasajos finos, suda hiel y ácido sulfúrico. Por cambios tan violentos y notorios, da una explicación muy hermosa: ¿Qué gusto iba a tener ella en esos días? ¡Ay! si Castañeda viviera, estarían para celebrar sus bodas de plata. Por eso no quería músicas, ni galas, ni nada, que no fuera tristezas y oraciones. En cuanto a crisis, ha inventado un sistema muy astuto: se lamenta de sus pérdidas, porque solo de ricos es el tenerlas; pero dando a entender, con chanzonetas y jovialidades, que eso es como una poda.
No bien se ve sola, ya es otro cantar. Suspira que suspira, recorre la casa, con las manos en la nuca; se va a San Cayetano,28 y no le reza, le impreca, más o menos: “Movete, queridito. No me dejés volver a ese monte. Repárame un auxilio para el ajuar de mi muchacha y para hacerle su fiestecita. Y ve, querido: librame, mientras tanto, de estas testigas atuarias, que no me pierden pie ni patada”. Refiérese a las Naudines. Mientras tuvo con qué hacerles viso29 y obsequiarlas, no le fueron importunos su asiduidad y metimiento; pero, ahora, en estas angustias, se le hacen insoportables.
Y todo esto es lo más llevadero; lo negro, lo tenebroso, es Millo. Caballo y avíos han desaparecido como el humo. Le ha sacado a la pobre madre la cadena y los anillos; fluxes y sombreros yacen en las prenderías; en las prenderías, la máquina a Su b viuda, y c viuda, y d Los
Esta sí es bola de coser, tres cuartos de la vajilla, los dos relojes de mesa, floreros y demás chismes que ha podido apandar.30 Cuando da con Vallecilla, en alguna cantina, le arranca hasta los hígados. El Gobierno lo ha montado, varias veces, en su auto hospitalario. Al fin ha tenido que asilarse en el seguro del hogar materno: cierta puerta le ha sido cerrada; nadie le fía un trago; en ningún círculo lo toleran; y, en cuanto pone el pie en la calle, le asalta cada culebra, que hasta él mismo, culebrero impávido, se le enfría la lengua. Los insultos y mojicones31 que por sus trampas se ha granjeado, es mejor no meneallos.a Hételo, pues, en casa, todo astroso, en camiseta, la greña sobre los ojos bizcornetos, los barros reventados, con gafas en las posas, colgándole los tirantes; hétemelo como puercoespínb enjaulado, chiflando a ratos; a rato gruñendo y resoplando; a ratos echando ajos y cebollas, sapos y culebras, por esa boca tabernaria. Que tío Eladio era un ladrón; que doña Ildua, una madre de caracol; que para Julia todo; que para él ni comida; que vendieran esas alcahueterías de fincas; que se le diera su parte; que se iba para la Costa, para la porra,c para cualquier parte, donde no viera “estos asquerosos de Medellín”.
¡Oh,d traje, cuán sabios son tus cultivadores! Mientras viera el retoño bien vestido, lo tuvo su madre por sano y juicioso, por más que se gastase lo propio y lo ajeno; pero, al verlo, ahora, en las miserias y lacerías materiales, ya le da cierto tufillo a podredumbre. Y no la afrentan la claudicación y los vicios: la afrenta ese atalaje.32 La pobre, en cuanto siente que llegan visitas, corre a ver cómo lo esconde; pero, en veces, él se obstina, cual si quisiera estregarles en la cara, a propios y extraños, suse mugres y sus fetideces.
La vieja Ubalda, en medio de sus tareas, hace milagros de plancha y de zurcidos, por ver de inventarle al Niño alguna muda medio decente; mas, con frecuencia, elf Niño la rechaza. Hace milagros por ponerle platos y golosinas que le gusten, pero el Niño se las traga entre tacos y gruñidos. En su hábito funesto de mimarlo y consentirlo, ha llegado la vieja hasta traerle, por ver si le consuela, sus tragos de a veinte pesos. ¡Peor! “No hay trapos con qué agarrarlog —clama acobardada—. Así como así, no me vuelvo a enquimbar33 por él”. Doña Ilduara, tras súplicas y lloriqueos, se ha acogido a la actitud imponente del silencio. A todas estas contrariedades, se muestra Julita muy tranquila. Todo lo ve, todo lo oye; mas, ¿qué h puede apreciar la inconsciencia? A más de que los felices y mimados son, por ende, egoístas e indolentes. En cuanto a ella, estaba escudada con su bola. Y, aunque así no fuese, ¿qué podían importarle las extravagancias de ese monstruo?i Tal j lo llamaba, cuando lo veía tan incorrecto y tan salvaje. Cuanto a mamacita… tampoco. Cualquier bobada la crecía, con sus ofuscaciones; y, sobre todo, Julita, por aquello de que los extremos se tocan, coincidía con santa Teresa: ante las dichas que la esperan, toda mortificación actual le es pasatiempo. a A, C, D, E, F, G: meneallos / B: menearlos b puerco-espín c Porra d ¡Oh!, traje, e cara, a propios y a extraños, sus f El g agarrarlo, —clama h A, G: mas ¿qué / B, C, D, E, F: ¿mas qué [Para eludir la mayúscula obligada por la puntuación y mantener el ritmo narrativo se decide agregar la coma].
i Monstruo j Tál
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Una mañana sale la señora, a misa, según ella, y, en realidad, por ver si aplacaba con lástimas y promesas, al temible dueño de la casa, a quien debe dos meses de arrendamiento. Son las oncea y aún no ha regresado. Julia está en su cuarto, entregada las delicias del martillo. Sobre el tapete rojo de su mesa hace rodar la bola, con travesura de gatita, por entre chismes y chirimbolos.34 En la puerta aparece el fantasmón de Millo. ¿Qué vendría a hacer el monstruo, a tales horas? Se inmuta un tantico ante ocurrencia tan insólita. Él queda hecho un estafermo.35 Al fin, con ese vozarrón, tan ordinario y apatanado, le dice, entre chunguero36 y tonto: —Sí que te está quedando bonita, ole Julia. Yo con esa bola me iba a recorrer. —¿Sí te parece?
—¡Linda! ¿Querés que consiga un taco, pa que reventemos billar con Vallecilla? Yo traigo dos pelotas de balero37 para ajustar la carambola; la mesa del comedor nos sirve. Ese Vallecilla es el taco número 1A.b —Eso dicen.
—Y vos sí que estás cuarta, así motilona; pero no te tapés las orejas, que es lo que tenés más bonito.
—¿Apenas lo notás ahora?
—No había reparado. Ni había visto, tampoco, todas las cosas tan chirriadas que tenés en el cuarto. Parece un pesebre.
—Igualito.
—Decime una cosa: ¿querésc prestarme, por quince días, no más, el reloj de pulsera? —¿Sí? ¿Para empeñarlo...? ¡Bonita propuesta!
—Por quince días, nada más. Ese es un gallo que canta muy bien. Y ve: Martiniano Gamba me entrega, el mes entrante, siete mil pesosd y lo saco precisamente. Ve que tengo que desempeñar siquiera un fluxe y comprar botines. Ya ves que no puedo presentarme delante de la gente. Haceme un servicio alguna vez. —¿Alguna vez? ¡Quiénf te oiga!...
—Haceme ese servicio, Julia. Por mi honor que saco el reloj antes de quince días. —Pero, Millo, ¡por Dios! ¿Cómo quiere que le dé un regalo que me hizo Javier? Aunque no valiera nada...
—No seas cañera: yo te vi ese reloj desde Bogotá.
—Si ese lo cambié, hace tiempos, por unas aretas.
—Pues prestame, entonces, las aretas.
—¡Usted sí, mi querido! ¡Ni el hombre de la lora! (vacila, se levanta, busca algo; mas, de pronto, agrega, enérgica): ¡No le presto nada! Pierdo mis aretas, y usted, en vez de suplirse, se acaba de empiorar: no compra ni desempeña nada. Todo es para beber y vagamundiar. Que lo diga mamacita.
—Préstame,g entonces, siquiera cincuenta pesos para motilarme. Ve como estoy. —Pero si no tengo ni un medio; si aquí todo es fiado ahora; si debemos hasta la libreta de la tienda.
a once, y b A: uno a. / B, C, D, E, F: uno A! / G: 1A!
c quéres d siete mil pesos, y e un flux, y f Quien g —Prestame
Esta sí es bola —¡Egoísta! ¡Hambrienta! ¡Coqueta! (berrea frenético). Esto es lo que merecés. Le descarga un puño en la cabeza, y, agarrando la bola, salta al corredor, se agacha, y la dispara, manzana adentro, por sobre el techo fronterizo. A los chillidos de Julia, acude Ubalda. Todo lo entiende. “¡Virgen santaa mi madre!b —plañe lacrimosa—.c ¡Pegarle a la Niña! ¡Si el difunto don Castañeda lo hubiera visto! Usted si está, de veras, dejado de las manos de Dios. ¡Hasta un castigo bien horrible nos va a caer en casa!”. El monstruo corre a encerrarse en su cuarto. Julia solloza, atacada de convulsiones. La vieja, toda temblorosa, trae agua con vinagre. Doña Ilduara llega.
Julita se deschaveta,d38 entre sollozos y clamoreos. La infamia del golpe era lo de menos; sino que ese monstruo malaentraña la había precipitado, desde las cumbres de la felicidade a los abismos de la desgracia. Cómplice del delito era el tío Eladio, por no mandar dinero; mamá, por no haber confinado a la finca al delincuente; Ubalda, por hacerle tantos mimos.
¿Qué cuenta le daría ella a Vallecilla? Si se buscaba la bola, lo sabría, al punto, por tanto entrometido como había en Medellín. Ni la bola parecería tampoco. El corazón se lo avisaba. Había que ocultar la desgraciaf a todo trance. El enojo de Javier, las burlas de las envidiosas, la vergüenza, no losg soportaba ella. ¿Qué podría disculparla; qué podría decirle? ¡Ay, Dios mío, qué horrible era la vida! La madre, ignorante, hasta entonces, de los arcanos de amor e ilusiones que la pelota encierra, se contagia de la locura. Negros agüeros la acometen en bandada; siente, con más violencia que nunca, esa angustia en el estómago que siempre le presagiaba desdicha. Llora, reza, gira, andorrea, las manos en la cabeza, el cuerpo inclinado por el agobio. “San Cayetano, mi queridito, reparanos esa bola. Vos sabrés cómo. Mirá que si se le daña el casamiento, nos amolamos bien amoladas”. ¡Qué día! Después de esas palabras tan duras que le había dicho ese grosero, dueño de la casa; después de haberle humillado, como a una mujer despreciable, venir este loco furioso a ponerlas en estos trabajos tan horribles. Y para eso que no había ni riesgo de que se largara para la finca, aunque se viera comido de deudas y hecho un cochambre.39 ¡Quién sabía qué pega-pega del enemigo malo tendría por ahí! ¡Valientes jóvenes tan fatales eran los de ahora! ¡Pobre su muchachita! Otro Vallecilla no volvería a conseguir, por más que fuese la más linda y más admirada de Medellín. ¡Qué hombre! Tan rico, tan buen mozo, tan cachaco, con esa educación, con esos sentimientos tan bonitos. Se le veía a leguas la nobleza. ¡Figuráranse: Vallecilla y Sinisterra y Valdemoros! Porque por allá, por esos lados del Valle del Cauca, sí era donde había gente bien principal y acaudalada. ¡Y ver estos patojos de por aquí! Tan interesados y merecidos. Cualquier Sangrabota se hacía de mi alma si la pretendida no tenía de veinte millones para arriba. Seguro que iba a topar ese topante otra mejor que Julita. Esperara en una pata. Vallecilla era tal que ni por a Santa b madre!» [Para garantizar la coherencia de los pasajes entre comillas se decide suprimir estas comillas de cierre para evitar confusiones en la lectura de la obra].
c lacrimosa.— d deschabeta e felicidad, a los abismos f desgracia, a g lo
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla la cosa de la bola se disgustaría; pero esa malvada pérdida, a lo mejor del cuento, siempre tenía que traerles muchísimas desgracias. Esa bola tenía que parecer, de todos modos, porque Vallecilla era la tabla de salvación: con Vallecilla nada se le daba de la tal crisis; sin Vallecilla se la comerían los perros; sin remedio que se la comerían. Cosa rara: en su amontonamiento no se le ocurre ni anotar siquiera el testarazo del hermano a la hermana. No le cabe en el cacumen40 que eso signifique algo; mas sí que debo reforzar la manda41 condicional a san Cayetano, y al consabido altar,a le agrega seis candeleros de a tres cuartas. Ha olvidado cerrarb y corre a enmendar el yerro; pero al abrir el trasportón42 ¡Dios la ampare!: Marciana, Naudín, en persona; Marciana la más ofuscadora de las cuatro. —¿Qué fue, Ilduarita? —indaga en cuanto le echa la vista encima— ¿Porc qué está así?
—Por nada, niña… bobadasd que no faltan.
—Pero ¿por bobadas se pone así?
—Pues fue que Julita amaneció hoy atacada. Allá está en el cuarto llorando a moco tendido; y por trastear se dio hasta un golpe en la barandilla del catre; pero eso no es nada, niña.
—¿No será que está en solfa43 con Vallecilla?
—No, niña: si ellos no pelearon sino una mera vez y no aguantaron ni dos días. Ahora están felices. Eso es la cadavizada, como decía Castañeda. Si así soy yo y así era mi mamita y todos los que tenemos de Cadavid. O si no, vea: ya cerró la puerta. —Eso es solfa.
—¿No le digo que no, Marciana?
—Pero ¿cómo estaban de güetes con la bola?
—¡Hoy ni la ha sacado!
—¿Y Millo?, ¿dónde está que no lo siento?
—Él... durmiendo.
—De veras que él vive al revés. Pero usted, Ilduarita, no habrá almorzado; no hemos visto cerrar el portón.
(¡Ay, no poder amasar a este demonio!).
—Ni he almorzado, ni tengo gana.
—No, Ilduarita; vaya almuerce, que se pone peor.
La obsecuente amiga se alza y agrega:
—Vaya. Pásese siquiera unos huevos. Yo más bien me voy y vuelvo lueguito con los bolillos, a ver cómo la consolamos.
Bolillos le diera ella por las costillas. Si no fuera por Vallecilla, al camellón de la Asomadera44 se iría ella, con tal de salir de estas vecinas. Y no ser ella capaz de echarles una raspa, para ver si se enojaban. Era que los trabajos ponían a uno como una oveja trasquilada. Pero, si cortaba con ellas, peor se pondrían de atisbonas y fatales. Todas sus penas le venían siempre bien adornadas. a altar le [Para mantener el ritmo narrativo se agrega la coma para completar el inciso].
b cerrar, y c ¿por d niña…. Bobadas
Esta sí es bola Como se le rebotara el amor propio, con la reticencia de Marciana, no cierra el portón. Vasea sola al comedor, porque los dos retoños siguen en el encierro. Ahí se traga, con aliño de lágrimas, unas cuantas cucharadas de un fementido sancocho que no quebrantara vigilia, y, encima, bogada, como decimos, una taza de agua de panela. —Guárdele a aquel muchacho lo que puedab —le indica a Ubalda— pero no lo toque: que venga él mismo a buscarlo, si le da su gana. ¡Valiente criatura! —Ail’ice un potajito de una pezuña que me fiaron; pero yo tampoco pensaba rogale. Es que me tiene tan caliente con el sosquín45 que le metió a la Niña. Si como fue en la tusta, hubiera sido en la cara, l’hincha un ojo. Él siempre que sale de noche, amanece con la vena, y más hoy que no le conseguí cigarrillos. —¿Y salió anoche?
—¡Válgame, niña Ilduara! Usté si volvió al estado de l’inocencia, y tan moza. ¡Si es contada la noche que no sale!
—Mi palabra que no sabía.
—Yo pensaba que se hacía la desentendida, como es usté de misteriosa... —¡Qué misteriosa! No tenía idea.
—Es que él no sale sino de media noche p’al día y vuelve al amanecer. Como manija la llave de la puerta falsa... Hay veces, como hoy, que ya me topa levantada. —¡Ave María, quéc muchacho! (con tapada de ojos). Y ve una cosa, Ubalda: apenas te desocupés...
Ruido de auto y golpes entonados en el trasportón, le cortan el discurso. Por la rejilla asoma un penacho. Ese adorno le faltaba: visita del copete. Ubalda acude y abre el salón. La señora, previa sobadura de ojos y repaso de traje, sale sonreída y satisfecha. ¡Qué milagro! El abracijo es tan cordial como elegante: nada menos que la gran Lucy de Torreones. Viene a pedir órdenes para Bogotá. Por fortuna, es cosa corta y sin té, que, si no, hasta un soponcio le sobreviene. El auto que voltea y el portón que se cierra. ¡Fueran al mismo diablo los bolillos de la asidua! Vuela a la cocina, antes de que abra el dragón. —Ve, Ubaldita, lo que te iba a decir: date una vueltecita, por las casas de esta manzana, y averiguás, con mucho disimulo, a ver dónde cayó la bola. En alguna parte debió caer.
—¡Virgen Santísima, niñad Ilduara! Usté si es verdad qu’está chocha a los cuarenta y tres años. Vea, ni san Antonio se la topa. El niño la mandó a la quinta porra. Como ha sido él pa rumbar piedra... Acuérdese en la finca, que avanzaba, desde el patio, hasta la cocina de los Metautes. Acuérdese de las calenturas d’esos taitas ladinos. —Andá, Ubalda, en un momentico: verás que se encuentra.
—Será por tan chiquitas que son estas manzanas, que parecen tres aratas.46 Con todo el rigor de oficio que hay en esta casa,e ¿me voy a ir de boba de puerta en puerta? Ni porque fuera la sábana santa. Contrimás47 esa bobada. —Andá, Ubalda, no siás desconsiderada.
a Váse b pueda, —le c María! ¡qué d Santísima! ¡niña e esta casa ¿me
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla —¿Desconsiderada? ¡Dito sia mi Dios! ¡Y que me lo diga usté! Eso es lo que sacamos las tristes sirvientas.
—Vea, Ubalda; no me venga, ahora, con sus cantaletas: ya sé que ha sido muy buena; y vaya búsqueme la bola. Vea si remedia la hazaña de su niño consentido. —Rabia que le daría de vela, toda empendejada, con esa perdedera de tiempo. —¡Por supuesto! A usted le parece una hazaña muy grande todo lo que haga ese loco. Usted tiene la culpa de todas sus maluqueras.
—Asina será, ya que usté lo dice. Hasta yo haberé incurrido. Pero ultimadamente, yo no tengo mando en él. Si dende que se guyó del colegio y se remontó, l’hubiera puesto oficio, ni estaría asina: animal que se deja en el rastrojo se lo comen los gusanos.
—¿Qué oficio le iba yo a poner a ese maula?48 —Cualquiera, niña Ilduara. Él quería aprender talabartería; él quería poner tienda de víveres; él, cuido de bestias; él volvese pa la finca; pero nada desto le güelió a usté. Todo le parecía oficios de negros montañeros. Harto le rogó don Eladio; harto le rogué yo que no lo dejara suelto. Y sacamos lo que el negro del sermón. Nos vinimos di’onde nada nos faltaba, a esta perdición de Medellín, quizque pa’educar los Niños y disfrutar. Y ya ve el resultao.
—No sea malhablada.
—¿Malhablada, niña Ilduara? ¡Ay, ay! ¿Qué es lo que hemos hecho en este maldito Medellín? Botar en ociosidades y en pecaderas todo el platal que les dejó el difunto don Castañeda; dale de jartar a tanto rico y cuidar a tanto lambón, pa quedanos a chupe y déjeme el cabo y debiendo hasta las orejas. Eso es todo. —Bonito día escogió usted para sus imprudencias. Me voy para no oírla. Vase; pero Ubalda, detrás.
—Más que le pese —continúa ella en cuerda—. Ya ve el Niño: hecho una porquería. Ya ve la Niña: con esos vestidos tan puercos; hociquiando a49 por la ventana, con ese hombre tan azaroso, que ni la palabra le cumplirá. Y usté pinturiando50 con ellos, como una muchacha, calle arriba y calle abajo, en esos autos, y en esas vagamunderías de sus cines y de sus comedias. Ya se ve: una casa onde se almita esos bailes de agarrao, en que todos los caimanes sorrostrican51 a las niñasb y onde no se reza el rosario y se va a misa cuando hay lujos nuevos, antes no ha pasao nada. Torna a la cocina y sigue predicando, a falta de pececillos mediterráneos, a la paila de conserva del negocio:
Que si ella fuera como el gual,52 ya había volado lejos al ver el “esqueleto sin hebra de brincha”;53 pero que todo lo soportaba por los Niños; todo: hasta los insultos de ese “usurero vendepresa”. Que, según le oyera predicar al padrec Salamanca, las benditas ánimas de padres y de madres veían, desde el purgatorio, cuanto pasaba en sus casas; y que allá estaría padeciendo el ánima del difunto don Castañeda, sin que nadie le rezara una oración. ¡Cuánto sufriría, él que había sido de tanta religión y señorío! a ociquiando b niñas, y c Padre
Esta sí es bola ¿Y qué hace? Pues calla, para murmurar, a propia hora, los tres padrenuestros del Camarero,a54 mientras bate aquel menjurje de sidra, que borbolla en esa paila bienhechora. En el silencio de esa casa, donde se esconden cuatro almas atribuladas, se siente, en tal momento, bisbiseo nemoroso e insistente, en la urdimbre medio seca de un recuerdo,b que libra la cocina del poniente. Tal vez no sea el viento: más bien, los espíritus familiares, guardianes de este hogar, que bendicen a la pobre vieja que no ha dejado extinguirlo. Acaso, el alma de Pedro Emilio Castañeda, que le da gracias. El aguijón del hambre saca al feróstico55 del encierro. “Mi almuerzo”, brama, autoritario y montaraz. “Ya va, el Niño”, y la vieja le vuela que ni un rehilete. En atracándose el pipiripao56 de la pezuña y la chocolatada de tres pastillas, torna a encovarse.57 Julita abre, entonces, y ordena se cierre el portón y no se abra, aunque lo tumben a porrazos; mamá sale, toda ingerida y espiritada por la pena; a fuerza de ruegos, le hace comer unos bocados; las dos entran al fin en conciliábulo. La pérdida del bolo prodigioso era un hecho definitivo, ya que ni siquiera podía divulgarse. La madre opina que se debe decir a Vallecilla que se lo han robado, sin saberse cómo ni cuándo. Atroz le parece a la cuitada este recurso; supone enorme descuido de su parte. Más valía, en tal caso, decirle la verdad toda entera; pero doña Ilduara se opone a ello abiertamente: Vallecilla, en vista de atentado tan desdoroso, se guardaría de entrar en la familia. No era para menos la maldad tan inaudita de aquel loco. El único remedio era trabajar otra bola y hacerle creer a Vallecilla que era la misma que él iniciara. “Imposible, mamacita”, gime Julia desesperada. Eso era engaño y traición al par que suprema estupidez. ¿Qué virtud ni que influencia podía tener en su vida otra bola, sin la intervención de su Javier? ¿Qué valor podría alcanzar, con papeles que no pasasen por sus manos? ¿Cuál, sin su ayuda, sin sus ilusiones, sin sus besos? La bola era única, insustituible en el mundo. Ni Javier mismo podía pensar en hacer otra. Ni debería nunca saber su pérdida; porque, a su justa indignación, se agregaría el ridículo que iba a caer sobre los dos. La pérdida era irremediable: era la fatalidad. Ella sola arrostraría58 la desgracia, con todas sus consecuencias. Los sollozos no la dejan hablar y en su mente encalabrinada59 se arremolinan mil horrores. Doña Ildua, gimiendo a moco y baba, sale al corredor, se enjuga, se suena, prende tabaco; y, por entre las hileras de matojos, da vueltas pausadas en torno del claustro. Aquello es un peripato60 hondo y filosófico. El humo consolador, el colorcillo de cielo de las azulinas, la frescura de los helechos, el mismo san Cayetano, le van despejando la mollera. El sentido acomodaticio del casuismo va surgiendo, y al fin se define, preciso y categórico. Con aire inspirado torna a la hija, se sienta y dice, con acento augusto de serenidad:
“Vea, Julita: no se ponga así c y atiéndame un momento: hacerd otra bola no es traición ni engaño, ni siquiera mentira. En estas cosas lo que vale es la intención. Se consiguen las ilusiones; y usted las besa, por usted y por Vallecilla; y las arregla, como las arreglaron entre los dos. Se consigue papel; y lo pega como pegó el otro. a Los tres padrenuestros del camarero b Recuerdo c ponga así, y d A: momento:
Hacer / B: momento. Hacer
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Cuando la bola esté del tamaño del peso de la otra, Vallecilla la coge, la manosea y la besa. Con eso queda con la misma virtud de la otra. Mire:a el papel ha pasado por sus manos; y los besos entran adentro, hasta las ilusiones”. Al argumento del beso, Julita abre los ojos, animada. Mamá tenía razón: los besos se iban muy adentro. Mamá era muy inteligente. Con voz menos ungida de llanto, pregunta ansiosa:
—¿Y qué le digo yo a Javier, mientras tanto?
—Pensemos a ver, m’ija.
Apóyase en la mesa, pone la mano sobre la frente pensadora, entorna los ojos y calla.
—Diga, mamacita —suplica la esperanzada, pasado un minuto. —Pues vea, Julita (saliendo del recogimiento). Le dice, que anoche, soñó... una cosa muy particular. Vea: que estaba... entre muchas señoras, como maestras o religiosas, muy sabias y mandonas; y que una, la más principal de todas, dijo, allá con una voz muy patente y muy miedosa: la Bola de la Felicidad no hay que hacerla de seguido: hay que guardarla por unos días; y que usted despertó con la impresión; y que, por eso, ha guardado la bola; y que no la saca por ningún motivo. Él creerá que es moño suyo; pero de ahí no pasa.
Mamacita era hasta bruja. Y quien la veía. Eso con sueño y todo, era muy lindo, muy elegante, muy distinguido: parecía, enteramente, cosa de cine. Discuten, luego, sobre el modo de practicar el plan; y al fin y a la postre, acuerdan: Las aretas consabidas se cambiarían, con un platero, por el par de ilusiones. Lo que dieran, encima, les venía de perlas. El papel se conseguiría en una confitería... y a la obra.
Teresona, comadre de Ubalda, le ha gestionado a doña Ildua ventas y empeños con gran reserva y mayor habilidad; como que es mujer muy de bien, de mucha labia y discreción.
¿Y qué harían con las Naudines? En eso estaba la dificultad. Si olían el enredo, se lo piconeaban61 al momento a Vallecilla, con mil añadidijos.b No había más que sostenerles lo del sueño y trabajar en la bolac a puerta cerrada. Con tal que no cayesen en las repreguntas...
Ya el municipiod ha prendido sus luces mortecinas, ya humean en el comedor los frisoles vergonzantes; pero las pobres apenas sí los prueban. Vallecilla no tarda. Madre e hija están en expectativa.
En aquel paralelogramo de casas, se emplaza la de doña Ildua en la esquina S. O., con frente a la calle y costado a la carrera. Al extremo de este campea la puerta falsa, esa puerta providente, exenta del ojeo inquisitorial de las Naudines, por donde entran y salen los comercios de Ubalda, las diligencias de Teresona y las proezas de Millo. Como el novio viene indistintamente, ya por la calle, ya por la carrera, se le espera por ambos lados.
bA: añadidijos / B, C, D, E, F, G:
añadijos. c bola, a a Míre d Municipio
Esta sí es bola Mentir es fácil por improvisación; por deliberación ya no lo es tanto: madre e hija están sobresaltadas. Siéntense pasos... Es él.
—Sálgale, usted mamacita, primero —le ruega la apurada—. A mí me nota el ofusque. Cuéntele todo y prevéngalo, usted que sabe. Llámeme cuando sea tiempo. No se hace rogar la dama. Al abrir la ventana aparece la figura prócer del caucano, más blondo62 y zarcucio,63 con el flamante terno,64 azul oscuro. Previo saludo y aún sombrero en mano, pregunta alarmadísimo:
—¿Qué es la cosa, mi señora Ildura? Me acaba de decir Marciana que Julita se ha dado un golpe.
—Si no es nada, Vallecilla.
—No me niegue, mi señora: usted está como asustada.
—El asustado es usted; y le parece que soy a yo. Esas son exageraciones de Marciana, que es tan fatal. Mire: todo fue que, por hacer casabates65 en el cuarto, medio se aporreó contra el catre, pero ni caso le he hecho al golpe. Pero, eso sí: amaneció hoy atacada. Usted no sabe, todavía, lo sensible y tierna que es esta niña. Ha llorado como no tiene idea. No ha querido ni comer. Anoche soñó una cosa, que no tiene nada de malo; pero ella se ha impresionado (narra, no tan bien como quisiera, el poema de su maternal fantasía). Horita sale (recuerdo del congreso).b Fue que la cogió sin arreglarse.
—Y usted, también está como impresionada, ¿es cierto?
—Pues... tal vez; porque así somos las madres.
—Sí está. Se lo noto. Y vea una cosa, señora: creo que ya me debe considerar como a su hijo. Por lo mismo, debe hablarme con toda franqueza. Ahora, con esta situación, son muy pocos los que no están en apuros; y... usted puede estarlo. Si es así, yo le puedo ayudar, con muchísimo gusto. Y no le dé c ninguna pena: hágase cuenta que es Millo o don Eladio.
—Gracias, Vallecilla (casi a punto de llorar). No sabe cuánto se lo agradezco y cuánto gozo al verle esos sentimientos tan lindos. Pero no estoy en apuros. No lo crea. Como le hemos contado, he perdido bastante; pero, hasta ahora, tenemos de sobra, como siempre. Cuanto he hecho —y eso por consejo de Lucy, que es tan práctica— es suprimir el vino en la mesad y conformarnos con las galletas y los dulces de aquí. Eso ha amansado, ahora, las pobres visitas. —Pues con toda franqueza, mi señora, si llega el caso. Estoy para servirle con todo lo mío.
—Le repito las gracias por este interés, tan bonito, que toma por nosotros. —Es mi propio interés, señora: puedo decir que usted y Julita van a ser toda mi familia. Julita le habrá dicho que nunca nos separaremos de usted bien sea que nos vamos para el Cauca o para los Estados Unidos. Mi padre y tía Clemencia están ya muy ancianos; Melba y mi cuñado Lloreda están establecidos en New York; mi madrastra no la va conmigo y le ha inculcado a mis hermanitos la antipatía que me a queso y b Congreso c de d la mesa, y
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla tiene. Ya ve, pues, que no puedo contar sino con ustedes; y, si Millo se asienta y deja las tonterías, puede trabajar conmigo. Yo soy muy acomodado, mi señora Ilduara: puede decirse que rico. Vivo muy bien y no gasto ni la mitad de mi renta. Y no se lo digo por deslumbrarla. A mí no me ha alcanzado la crisis. Al principio me alarmé y puse no sé cuántos telegramas y escribí no sé cuántas cartas; y todos me contestaron que no tuviera el menor cuidado. La casa de “Buenaventura, Cajiao”, donde tengo el capital que me dejó mi madre, ha sido tan previsora que no se ha metido en negocios arriesgados y no ha perdido una sola deuda: se ha escapado, en este diluvio, como el arca. Ya ve, pues, señora, que tiene un yernito que le puede servir. ¿Por qué no me ocupa en algo? Ocúpeme, señora, con toda confianza.
—Cuando llegue el caso, ¿cómo no? (ya no contiene el llanto). Y permítame le llamo a Julia.
Tardan un tantico, por explicar esas lágrimas.
—¡Dios nos libre y nos favorezca! —clama Julita, no bien entiende—; primero me alquilaba de dentrodera.66 —Si no me lo tiene que decir, m’hija.
¡Oh, pudor hipócrita de las apariencias: en cuántas pones a tus esclavos! Así y todo, si no se opusiera Julita...
El coloquio, por motivo de la escondida de la bola, es largo, tendido, con nuevos matices de ternezas. Por tres veces el cuerpo sin alma ha recibido consolaciones inefables. Pasan tres días y la tal Teresona no parece: tiene un hijo enfermo y no hay modo de reemplazarlo. Millo, tampoco ha dado señales de vida, en la casa. La reina de Vallecilla se desespera con la demora.
El sábado las lleva al teatro, a ver, oír admirar la Puebla de las mujeres,67 dada, para obras pías, por señoritas y señoritos, artistas donairosos del copete. A la vuelta, hay cena opípara,68 preparada de antemano, en el hotela Europa. A las nueve del domingo, aún duermen como ángeles roncadores. Ubalda, entre tanto, se enreda con encontradas cavilaciones. Desde las cuatro, sintiera entrar al niño; y a propia hora, sale, a la catedral, a misa de alba. A su vuelta, ¡que espanto! El aparador y la alhacena han sido forzados; el resto de la vajilla, los cubiertos y la mantelería... ni vistos ni oídos; en la cocina, faltan el perol, la olleta grande y la paila conservera. La señora que se levanta y Ubalda que se le aboca.
—Camine y vera niña Ilduara: go el niño es brujo go trujo carro. —¡Ah, infame! —plañe la dama, no bien entiende—. ¡Carros y terciadores traería ese bandido!
—Bandido, tampoco, niña: si quitó es de su casa. El culpante de todo es don Eladio, por mantenerlo en est’inopia. ¿Qué trabajo le dab feriar ganao? —¿También le disculpa esta hazaña?
—Qué tanta necesidá tenería. Póngase a pensar. Y como son aquí pa cobrar... No digo yo el Niño, que es tan avispao: hasta los santos echarían por la call’elmedio. a Hotel b dá
Esta sí es bola La Virgen del Carmen me lo libre de una mala hora... en casa ajena. —Lo que más me duele es mi porcelana china para el té y mis cremeritas color de rosa.
—Pa qu’es uno pegase de unos tristes vidrios. Cualquier día nos morimos y toíto nos sobra.
—Por supuesto. Como le dejó tanto en qué hacer el dulce... —Ay’tá la Virgen, niña Ilduara.
Por fin parece Teresona, ese martes fatídico. Aquel juego de té tan admirado, tan prestigioso, que la dama guardaba en su armario, por escaparlo de las garras de Millo, tiene que venderlo. Teresona vuelve de la venta, y, con el importe, trae la noticia tremebunda: el Niño está en la cárcel, lo han cogido, complicado en una culebra de rateros.
La madre ni aun llora: no tiene alientos. Da por cierto eso sí, que Vallecilla se les corre... Un caballero de su talla,a ¿podría entrar en esa casa? Fáltale aún el adorno de las Naudines. No tardan, las cuatro en comunidad y a cuál más efusiva, acuden a la condolencia: Marciana, la elocuente, lleva la palabra: “Hemos estado tan ofuscadas; la hemos pensado tanto, Ilduarita: eso siempre es un borrón muy grande”. Y esto y lo otro y lo de más allá; y, luego, la indagatoria y los comentarios.
El miércoles llama Vallecilla a la atribulada suegra.
—Vea, mi señora —le dice muy discreto— todo lo suyo, bueno o malo, es cosa mía. Desde ayer supe lo de Millo... Busqué a Palacios, que es muy buen abogado; y, como no lo tienen incomunicado, nos dejaron verlo. Le suplicamos que no nos ocultara nada; y creo que nos habló con toda sinceridad. Según Palacios, lo excarcelan muy pronto. Yo lo mandé, ante el juezb que instruye el sumario, a que me ofreciera como fiador. Así es, señora, que la cosa es de pocos días. Y vea: el susto le puede convenir. —¡Qué vergüenza! Vallecilla (tapándose con ambas manos).
—¿Por qué, señora? Eso son muchachadas de Millo: él todavía es un aturdido. Y estas cosas están al orden del día: son signo del tiempo. Antes serian mal vistas: ahora son casi una elegancia.
Qué hombre, ni por estas picardías tan feas se conmovía su nobleza. ¿Qué fuera de ella y de Julita si no tuvieran a este ángel? San Cayetano se los había enviado. No abulta demasiado la reconocida viuda: Vallecilla es de lo poco bueno que hoy se encuentra. Petulante y aparatoso, en apariencia, acaso por su plantaje y sus majezas, es, en realidad sencillo, sincero, culto por dentro y por fuera, hidalgo y generoso. Con todas las disipaciones de la juventud y todos los medios para proporcionárselas, estudia y lee, a conciencia y con provecho. Es de estos mozos listos, que para todo tienen tiempo y de los que aquí llamamos intelectuales. Con pseudónimo, no divulgado todavía, publica crónicas no muy sosas, y poesías, si no del todo originales, limadas y armoniosas. Ama a Julita con alma y cuerpo, tal como a talla ¿podría b Juez
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla se lo repite. Se encanta de su ingenuidad, de su desconocimiento de la vida y hasta de sus matachinadas69 indumentales. Por lo mismo que la encuentra amorfa y maleable, pretende fundirla a su imagen y semejanza. El jueves siguiente llega, desde las cinco, con aire extraño y negro traje. Madre e hija están a la ventana. Desde el saludo se alebrestan.70 Saca un papel amarillo y dice, con voz medio opaca: —Vea, Julita: todo su llanto de hace ocho días, fue presentimiento. Óigaloa (leyendo): “Patricio gravísimo. Venteb inmediatamente. Opinan médicos alcanzáraslo.c Comunicarémosnos poblaciones pernoctes. Clemencia”.d —¡Imposible, Vallecilla!
—Sí, señora: así es la vida. Mañana me voy: ya tengo arreglado todo y compañeros hasta Manizales. No creo que alcance al viejito; pero debo irme. No lloro, porque... no debo llorar.
Todo sería cuestión de mes y medio, a lo sumo ni soportaba mayor ausencia ni podía perder sus últimos cursos. Juramentos, ternuras, planes, reiteración de servicios, todo se concentra en este adiós, en que hasta la misma bola se ha olvidado. Deja a ambas prendas de despedida; y doña Ildua le pide el telegrama. Apenas parte,e corren, entre lágrimas, a examinar los recuerdos. “Maravilla” y “Sueño” se combinan, en uno y otro. Para mamá, escarcela policroma de abalorio;f71 para Julita, marquesa, entre dos puntos verdes. Supera al ideal, porque ella se la ha soñado sin esmeraldas. Hasta divino era este hombre. Aquello destella lumbres de ilusión y de esperanza. Julita menea el estuche de lado a lado y doña Ilduara no acaba de pasmarse. A tal pena, tales consuelos. Todo eso eran paradas de san Cayetano: apretaba pero no ahorcaba.
En estas y las otras entran Marciana y Ana Joaquina. ¡Qué examen! Doña Ildua, en medio de la tristeza, habla con tal seguridad, que se deja decir muy tranquila: —En el mes entrante nos deben venir los catálogos, que nos manda Melba, de Nueva York. Ella nos va a despachar todo el ajuar.
—¿Por su cuenta, Ilduarita, o por la de Vallecilla? —interroga Ana Joaquina. —Por la mía, niña. No me crea tan ridícula.
—Es que eso se acostumbra en otras partes —enmienda Marciana. —Pero aquí no —gruñe Julita.
Al fin salen. Todavía en el zaguán dice la implacable:
—En la nuca me derrito la vuelta del tal Vallecilla. Hasta fingido será el tal telegrama; ni aun padre tendrá ese farolero. Pobre Vitrina: ahí la deja bien colgada y bien besuquiada. Eso es lo que se sacan de meterse con estos desconocidos, tan engañosos. Ni aun con los conocidos de aquí tiene una con quién casarse. Ahora con esos aventureros.
—Pero siquiera sacó flete la pobre —repone lo otra.
—Eso sí: muchos regalos, mucho auto, mucha María Guerrero.72 Pero para mayor afrenta.
a Oigalo b Vénte c A, B, C, D: alcanzaráslo / E:
alcanzáraslo / F: alcanzaraslo / G: alcanzároslo d —Clemencia”.
e párte f avalorio
Esta sí es bola Día por día, telegrama de cada pueblo. Viene el de la llegada: no ha alcanzado al padre; escribiría por el próximo correo. Menos mal; más corta la demora. Había que emprender la bola; consiguen todo y principian. ¡Idéntica a la otra! Ni la artífice misma las distinguiera. Pero no se entusiasma. Mal podría entusiasmarse: le faltaba, a la nueva bola, la gracia sobrenatural infundida por unas manos y unos labios lustrales: era como una niña sin bautizar.
Pasa el tiempo del primer correo; pasa el del segundo; y... ni telegrama ni nada. ¡Qué ansiedad, qué cavilaciones, qué alfilerazos los de Marciana! Por fin, la carta. La rompen, trémulas. Mucho amor, mucha promesa, mucha poesía; pero la Casa “Buenaventura, Cajiao” ha quebrado, a tal punto que ni paga la décima parte. Casamiento, estudios, porvenir, varados; los amantes tienen qué acogerse al terrible “¡Esperemos!”.a ¿Cómo contar la desgracia a las Naudines? ¿Cómo ocultárselas? Optan por lo primero y Marciana las consuela.
—Mi Dios que la quiere, niña: ese lantagón, tan parecido a un judío de Semana Santa, tan zalamero y entrador, no puede hacer cosa buena: mina con mucho oro resulta mica.
Protestas y llanto, nada más: ahora menos que siempre podían echarse de enemigo a “esa alacrana”.
A la semana siguiente las despiden los diarios para su finca de Barro Blanco. Lo que no dice la prensa son las campañas de Eladio y los papeles apremiantes y usurarios que ha tenido que firmar.
Algo dejan las señoras: y hasta los mendigos dejan. Con frecuencia, los herederos se sienten defraudados por el testador. Mas no así las Naudines: mucho que les agradecen las matas y trebejos que les han tocado. —¡Pobre Ilduarita! —deplora Aquilina—. Bien dicen que uno muere en su ley: sacando arnacos,73 para las agencias, y ella echando cañas: que a la vuelta, si no se van para el Cauca, dizqueb van a comprar mobiliario a la última. —Sí, Aquila —salta Marciana—. Se los despacha Melba, desde Nueva York. Lo malo es que Ildurita se va a ver muy fea en tanto lujo: se le van a desteñir en Barro Blanco esos colores tan lindos que trajo de Bogotá.
—¡Pobrecita la Vitrina! —exclama Rosa Emilia.
—No creás —responde Marciana—; esa se consuela al momento: ya la veo, con todos los corotos, haciéndole caritas a los peones. Pero los infelices cupidos sí se embromaron: se van a poner negros con el humo de la cocina. ¡Pobrecitos! Ya ven: tanto terciopelo y tantas pieles, tanto té y tanta bambolla,74 para volver a los alpargates y al mangarracho75 de la montaña. Las gentes que nacen entre la ceniza, entre la ceniza deben quedarse toda su vida: caranga resucitada no pelecha. Entre tanto, llegan las proscritas al más triste y antinómico de los destierros: al del propio rincón nativo, de quien se ha renegado y cuyo polvo se ha sacudido. Allá están, en la cañada lóbrega de Barro Blanco. Hasta los negros Metautes les adivinan, a esperemos!
b diz que
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla en la cara, el desengaño y la vergüenza. Y ni el consuelo de la vieja Ubalda. ¿Cómo dejar ella al niño comiendo esa bazofia de los presos? ¿Cómoa sin qué fumar? ¿Sinb un harapo limpio, para tirarse encima? Atrafagada76 con el lío y el portacomida la veréis, a diario, por los andenes de la cárcel. Asociada a Teresona ha abierto un tenducho por los aledaños del mercado; mas la infeliz anciana, caída de su nido, alejada de sus afectos, se consume de frío y de tristeza.
a presos? Cómo b fumar; sin
Esta sí es bola
1
Cuento publicado por primera vez en la revista Sábado de Medellín en el Vol. 1, números: 4 (28 de mayo); 5 (4 de junio); 6 (11 de junio) y 7 (18 de junio) de 1921 (N. del E.).
2
bigornia: f. Yunque con dos puntas opuesta (dle, 2018).
3
bruñendo: tr. Sacar lustre o brillo a un metal, una piedra, etc. (dle, 2018).
4
consuno: loc. adv. Juntamente, en unión, de común acuerdo (dle, 2018).
5
Dante: La Divina Comedia escrita entre 1307 y meses antes de la muerte del autor hacia 1321, es una narración alegórica escrita en versos originalmente en italiano. Traducida innumerables veces e lustrada por grandes figuras, entre ellas Miguel Ángel, Botticelli y Doré. Narra en tres cantos el pasaje de Dante, Il Sommo Poeta, por los mundos referidos como los de ultratumba. Dante (Durante) Alighieri guiado por el razonamiento franco de Virgilio, hace su recorrido inicial por el Infierno, primer paraje de La Comedia. Este está estructurado en forma cónica, y se encuentra constituido por nueve círculos en los que habitan dolientes condenados por sus hechos de pecado. Cada círculo va estrechando el cono de acuerdo con el grado de pecado cometido (Méndez, 2012).
6
perecidiar: tr. De parecido. Que no da, o que da muy poco (ahac, 1986).
7
Trapa: La Orden Cisterciense de la Estricta Observancia (O.C.S.O., por su nombre oficial, en latín, Ordo Cisterciensis Strictioris Observantiae), conocida como Orden de la Trapa, es una orden monástica católica, cuyos miembros son popularmente conocidos como trapenses. Tienen como regla la de san Benito, la que aspiran seguir sin mitigar los sufrimientos del ánimo a través del dolor. Fundada en Francia en el siglo xvii (N. del E.).
8
Chinca: abreviación popular de Nuestra Señora de Chiquinquirá (N. del E.).
9
fluxes: m. conjunto de pantalón, chaleco y chaqueta (dle, 2018).
10 Apeles: (Siglo iv a.C.) Pintor griego. Las fuentes de la Antigüedad
lo mencionan como el pintor más famoso de la Grecia clásica; sin duda debió de ser una figura muy destacada, ya que fue pintor de la corte de Filipo de Macedonia y de su hijo Alejandro Magno, de quien hizo varios retratos. Sin embargo, sus obras nos son desconocidas, ya que ninguna de ellas se ha conservado. Solo quedan las minuciosas descripciones de Luciano de Samosata, a partir de las cuales algunos pintores renacentistas, como Sandro Botticelli y Andrea Mantegna, versionaron su famosa obra La calumnia. De otra de sus mejores creaciones, la Afrodita Anadiomene, se dice que la pintó del natural teniendo como modelo a una amante de Alejandro Magno. De sus pinturas se han exaltado, sobre todo, dos aspectos: la excelente composición y los magníficos efectos de claroscuro (Ruiza, 2019).
11 Ñopo: Emiliano Villa, conocido con el nombre del “Ñopo”, nota-
ble pintor al oleo, y autor del cuadro de “San Francisco” el cual se venera en la iglesia de la Candelaria (Escobar, 2008, p. 35).
12 sábana santa: f. sábana en que envolvieron a Cristo para ponerlo
en el sepulcro (dle, 2018).
13 Kempis: Tomás de Kempis, monje y erudito alemán del siglo
xv conocido por su piedad y su carácter humilde, generalmente considerado un modelo de las virtudes cristianas. Su obra más celebre es La imitación de Cristo, el segundo libro más vendido después de la Biblia (de Andrés, et al., 2012, p. 131).
14 miserere: m. Salmo 50, que, en la traducción de la Vulgata, em-
pieza con esta palabra (dle, 2018).
15 la Pavorosa: Entre los años 1919 y 1923, Colombia debió enfrentar
una grave crisis económica. Terminada la Primera Guerra Mundial (1914-1919), el comercio internacional se reactivó y el gobierno de Marco Fidel Suarez abrió las puertas del país a importaciones masivas que, en un primer momento, colmaron almacenes y ambiciones de la élite nacional. Sin embargo, pronto la ilusión se desvanece y se impone la realidad: la insuficiencia portuaria, las altas tasas de interés, la caída de los precios del café, una emisión desbordada de moneda y su corolario: la inflación, el bajo poder adquisitivo y el desempleo precipitan la crisis, que aquí nombra Carrasquilla [...] y que trajo la ruina a numerosos hogares antioqueños (Bernal, 2008, p. 139).
16 Jeremías: Segundo de los grandes profetas del Antiguo Testa-
mento. Sus profecías le valieron ser encadenado y maltratado, pues solo vaticinaba calamidades. Autor de Lamentaciones, en las que deplora la devastación de Jerusalén y el cautiverio de los judíos por los caldeos (Bernal, 2008, p. 139).
17 el Sufragio: La iglesia Nuestra Señora del Sufragio, construida en
1919 en un estilo neorrománico, está situada en el barrio Boston del
centro de la ciudad de Medellín. En ella se rinde culto a la Virgen María bajo la advocación del Sufragio (de Andrés, et al., 2012, p. 131). 18 efigie: f. Imagen o representación de una persona (dle, 2018). 19 embelecan: tr. Engañar con artificios y falsas apariencias (dle, 2018). 20 andrómina: f. coloq. Embuste, enredo (dle, 2018).
21 tiquismiquis: m. pl. coloq. Expresiones o dichos ridículamente
corteses o afectados (dle, 2018).
22 sine qua non: condición sin la cual no (N. del E.). 23 ucase: m. Mandato arbitrario y tajante (dle, 2018).
24 solido: se conjuga como “mover”. intr. Dicho de un hecho o de
una cosa: Ser frecuente (dle, 2018).
25 ajuar: m. Conjunto de enseres y ropas aportados por la mujer al
matrimonio (dle, 2018).
26 borsalino: m. Marca italiana de sombreros de fieltro (ahac, 1986).
27 remonta: f. Compostura del calzado cuando se le pone de nuevo
el pie o las suelas (dle, 2018).
28 San Cayetano: se refiere a la parroquia San Cayetano ubicada en
el barrio Aranjuez de la ciudad de Medellín (N. del E.). 29 viso: m. Apariencia de las cosas (dle, 2018).
30 apandar: tr. coloq. Pillar, atrapar, guardar algo con ánimo de
apropiárselo (dle, 2018).
31 mojicones: m. coloq. Golpe que se da en la cara con la mano
(dle, 2018).
32 atalaje: m. coloq. Ajuar o equipo (dle, 2018). 33 enquimbar: ntr. prnl. Co: Endeudarse. pop. (da, 2010). 34 chirimbolos m. coloq. Utensilio, vasija o cosa análoga. U. m. en pl. (dle, 2018).
35 estafermo: m. Persona que está parada y como embobada y sin
acción (dle, 2018).
36 chunguero: adj/sust. PR. Referido a persona, bromista, diverti-
da. pop + cult → espon (da, 2010).
37 balero: m. Bola pequeña de madera u otro material que se usa en
el juego de las bochas y la petanca (dle, 2018).
38 deschaveta: prnl. coloq. Arg., Bol., Col., Cuba y Ur. Perder el
juicio, volverse loco (dle, 2018).
39 cochambre: m. o f. coloq. Suciedad, cosa puerca, grasienta y de
mal olor (dle, 2018).
40 cacumen: m. coloq. Agudeza, perspicacia (dle, 2018).
41 manda: Voto o promesa hechos a Dios, a la Virgen o a un
santo (dle, 2018).
42 trasportón: m. Co. p.u. Puerta interior que separa el zaguán del
resto de la casa (da, 2010).
43 solfa: f. coloq. Zurra de golpes (dle, 2018).
44 camellón de la Asomadera: Los desposeídos, en Medellín, levanta-
ban sus casuchas por la ruta del Camellón de la Asomadera, calleja irregular desde la que se divisaban gran parte de las edificaciones por allí presentes, de ahí su nombre (de Andrés, et al., 2012, p. 131). 45 sosquín: m. Golpe dado de soslayo (dle, 2018).
46 aratas: adj. Se dice especialmente de dos plátanos pegados o me-
llizos, llamados también pacha (ahac, 1986).
47 contrimás: adv. c. Según el General Uribe (ob. cit.) es corrupción
de cuantimás, es decir cuánto y más. Por tanto, equivale a cuanto más o tanto más cuanto que (ahac, 1986).
48 maula: j. coloq. Dicho de una persona: Perezosa, inepta, que no
cumple con sus ocupaciones o no vale para ellas (dle, 2018).
49 hociquiando: tr. coloq. Besar repetidamente a alguien o
algo (dle, 2018).
Notas explicativas
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
50 pinturiando intr. Gallardear, farolar (ahac, 1986). En otras palabras:
intr. coloq. Hacer ostentación vanidosa o jactanciosa (dle, 2018).
51 sorrostrican: tr. Decir a alguien algo que le ofende o molesta mu-
chas veces o con insistencia. pop. (da, 2010).
52 gual: Una especie de gallinazo. Es posible que se refiera al
Guarcil (N. del E.).
53 brincha: f. Pedazo de carne. Probablemente tiene que ver con brenza
(piltrafa), de Cespedosa (habla meridional charruna) (ahac, 1986).
54 los tres padrenuestros del Camarero: En Hace tiempos dice Carras-
quilla que su inventor fue un criado de san Gregorio y que se rezan por la intención de la encarnación, el sudor, en el Huerto de los Olivos y los tormentos de la crucifixión y, como tienen, mucha virtud con ellos se alcanza muchas indulgencias. El camarero es el sacerdote o el laico destinado al servicio del Papa (Bernal, 2008, p. 140). 55 feróstico: adj. coloq. Irritable y díscolo (dle, 2018).
56 pipiripao: m. coloq. Convite espléndido y magnífico, especial-
mente el que forma parte de una serie de ellos que se van haciendo un día en una casa y otro en otra (dle, 2018). 57 encovarse: tr. Meter o encerrar en una cueva o hueco (dle, 2018).
58 arrostraría: tr. Sufrir o tolerar a alguien o algo desagradable
(dle, 2018).
59 encalabrinada: tr. Hacer concebir a alguien falsas esperanzas
(dle, 2018).
60 peripato: Del gr. περίπατος perípatos “paseo”, porque paseando
enseñaba Aristóteles (dle, 2018). Es posible que Carrasquilla se refiera al caminar pensativo de doña Ildua debido a los recientes acontecimientos (N. del E.).
61 piconeaban: tr. Chismear, comunicar, denunciar (ahac, 1986). 62 blondo: loc. adj. Dicho del cabello: rubio muy claro (dle, 2018).
63 zarcucio: adj. Dicho especialmente de los ojos: De color azul
claro (dle, 2018).
64 terno: m. Conjunto de pantalón, chaleco y chaqueta, u otra pren-
da semejante, hechos de una misma tela (dle, 2018). 65 casabates: m. Revoltillos (ahac, 1986).
66 dentrodera: f. Sirvienta dedicada más especialmente al arreglo
de las habitaciones (ahac, 1986).
67 Puebla de las mujeres: Comedia teatral escrita por los hermanos
Álvarez-Quintero y estrenada en 1912, que cuenta con humor las desventuras de un abogado que llega a un pueblo andaluz y de quien se rumora que está enamorado de una jovencita (de Andrés, et al., 2012, p. 131). Fue representada en Medellín, en abril de 1921 por el “Grupo Escénico” (Bernal, 2008, p. 140).
68 opípara: adj. Copioso y espléndido. U. m. referido a una comida
o un banquete (dle, 2018).
69 matachinadas: m. En fiestas populares de tipo tradicional, hombre
disfrazado ridículamente, con máscara y vestido de varios colores ajustado al cuerpo desde la cabeza hasta los pies (dle, 2018). 70 alebrestan: Estar alerta permanentemente (dle, 2018).
71 abalorio: m. Objeto de adorno vistoso y generalmente de poco
valor (dle, 2018).
72 María Guerrero: Actriz dramática española (1868-1928). Estu-
dio en París bajo la dirección de Coquelin y actuó junto a Sarah Bernhardt. En 1896 contrajo matrimonio con Fernando Díaz de Mendoza, con quien fundó una compañía teatral que recorrió los escenarios de España, Francia, Italia y América. La compañía representó obras de Calderón, Lope de Vega, Pérez Galdos [...]. A finales de la década del 10, del siglo xx, la compañía se presentó en Medellín, en el Teatro Bolívar (Bernal, 2008, p. 141). 73 arnacos: m. Trasto viejo (ahac, 1986).
74 bambolla: f. Cu, Ur. boconada, expresión jactanciosa. pop + cult
→ espon (da, 2010).
75 mangarracho: m. Plátano. Vocablo muy local. En Santo Domingo
llaman mangú al plátano verde cocido en agua con sal (ahac, 1986). 76 Atrafagada: intr. Fatigarse o afanarse (dle, 2018). Notas explicativas
R Rogelio Ana María Agudelo Ochoa Juan Esteban Hincapié Atehortúa Editores críticos Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la segunda edición (1926) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes. No obstante, con base en algunos fragmentos encontrados de la primera edición (1922) son enmendados los pasajes textuales problemáticos. O: Fragmentos de El Espectador (1922). Medellín. A: Ligia Cruz y Rogelio (1926). Bogotá: Ediciones Colombia.
B: Cuentos de tejas arriba (1936). Medellín: Atlántida.
C: Revista Progreso (1949). Medellín. D: Obras completas (1952). Madrid: epesa. E: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. F: Antología de cuentos de Tomás Carrasquilla (1992). Medellín: Comfenalco Antioquia. G: Cuentos (1997). Bogotá: Biblioteca Familiar Presidencia de la República. H: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Rogelioa1 Mira,b Efe Gómez:2 Para tu esposa y tus hermanas, tan comprensivas como bondadosas; para tu casa infanzona:3 para ti,c amigo del alma, he forjado esta fábula, pueril y montañera, escabrosa en apariencia, mística en el fondo. No miréis lo mezquino del tributo: mirad la fe que os guarda el tributario d El lugarón abrupto de Santa Rita del Barcino, minero y rescatante cuando Dios quería, es célebre en Antioquia por sus tres iglesias, por sus funciones religiosas y,e más todavía, por la balumba de santos quef colman altares y sacristías, amén de los que guardan en sus casas varios magnates de mucho predicamento en lo eclesiástico. El mamarracho ostenta no pocas variedades en esta corte celestial, quiteña o no; pero vaya un forastero a ponerle reparos, ante un santarritense, y verá lo que le pasa. Todo un señor juez de aquel circuito, oriundo de Palmares, se permitió decir, en cierta ocasión, que el sang Juan Evangelista de su cabecera4 tenía carita de muchacha boba: y tal fue la inquina que le cogieron, tales las acusaciones que le urdieron, que hubo de perder la tierra y el destino, por escapar el pellejo del acero aleve. Como todas estas imágenes son de vestir y como cada una corre por cuenta de algún vecino o de una familia, se ha formado en la parroquia levítica,5 desde tiempos inmemoriales, una rivalidad harto progresista y emuladora, en esto de indumentaria, sastrería y arrequives religiosos. ¡Qué de galones y sederías, qué de tisúes y de brocados, qué de mantos estrellados, qué de potencias y de resplandores! Ni los de escasa fortuna se dejan echar las roncas6 del ricachón más pintado en esta competencia, que es timbre y prenda segura de salvación de todo el vecindario. A bien que puede hacerlo. Nacido y criado en la cicatería y el trabajo, soloh a la mayor honra y gloria de Dios pellizca sus caudales medio ocultos. Los santos menos populares son celebrados en Santa Rita, con solemnidades adentro y en las calles. Cuanto a esa magnánima patrona, “vencedora de imposibles”,7 no se diga. Novenario y salves, bandas y chirimías, cohetes y castillos, sin contar la misa extraordinaria, la glorifican en este año más que en el precedente. No son, con todo, estas fiestas titulares las que más forasteros atraen: es la Semana Santa. Este pueblo, rezandero y creyente, compite con la santai madre j Iglesia en este recuerdo representativo de la redención.k En las ceremonias despliega Santa Rita todas sus industrias e invenciones, todas sus sabidurías y estéticas, todas sus galas y sus ornatos todos. En los diez desfiles de pasos8 y en la “procesión secreta” —quel es a ROGELIO c tí d [Dedicatoria según los fragmentos disponibles de la primera publicación (O)].
f que que g San h sólo i Santa j Madre k Redención l secreta”—que b Mira Efe e y más
Rogelio el jueves y nocturna, aunque no alumbrada— saca,a año por año, nuevas alegorías y combinaciones, ya por medio de imágenes, ya por personajes de carne y hueso. De pueblos muy distantes acuden, por este tiempo, nada más que para asistir a estos espectáculos conmemorantes, muchísimas personas y hasta familias enteras. Es peregrinación que trae buenas granjerías a comerciantes, vende comidas y mesoneros. La del sesenta y ocho será probablemente la más caudalosa y resonante. Desde el jueves de esa Semana de Dolores está el pueblo en expectativa y en efervescencia la novelería. Con razón: de un momento a otro llegan don Francisco de Borja Palmerín, su esposa y su unigénito. Vienen desde sus minas de Gallonegro, precedidos de su fama de capitalistas y de sus dos cargas de petacas. No se hacen esperar demasiado, y cuál se pasman grandes y pequeños cuando les ven tomarse aquella plaza, muy campantes y atalajados; los esposos, en unas mulas como torres; el chico, en una yegüita mantequilla muy fina y cavilosa; el peón de estribo,9 un negrazo disforme, con su maleta de vituallas a la espalda. ¡Lob que era la gente de tono! ¡Bendito fuera Dios!
Hospédanse, por supuesto, en la famosa y anual fonda de don Telmo, contigua al templo y no mal abastada en tales ocasiones, la cual fonda invaden, al punto granujas y mozas de cántaro, que no quieren perder pie ni patada en aquel recibimiento, nunca visto ni oído en tierra santarritense. “¡Pis! ¡Pis!” “Seránc muy ricos; pero, se les ve el zambo a media legua” —declara al salir, la negra Valeriana y con ella todas las fregonas.10 En aquel jubileo de Dolores, mientras el luto cubre todos los cuerpos y el llanto todas las pupilas, en que todo cristiano comulga y edifica, ¡qué espectáculo de escándalo y relajamiento dan los dos esposos, a tantosd fieles,e y qué ejemplo más lastimosof a ese angelito!
La iglesia está repleta y en palpitante bisbiseo de plegarias. La Virgen Dolorosa,11 en su camarín, casi perdida entre las ricas preseas, y la flora de papel dorado. Antes de principiar la misa, se perfila en la puerta mayor la figura atlética y azarosa del negro espolique.
Viene en traje de palomo,12 en cuerpo de camisa, escarolada y suelta; trae un rollo enorme. Abócase por la nave central, lo mismo que un toro; rompe por entre el hombrerío, seguido de sus amos, que no piensan, siquiera, en santiguarse ni en mojar el dedo en el agua bendita. El negro abre campo, a codo limpio, junto a la primera columna del lado de la epístola, y, desplegando un tapetón de perro y pavo real, lo tiende cuan largo es. Los amos se arrodillan un instante, para luegog aplastarse los tres, peor que unos sapos. El negrazo se escurre, como diablo que ve cruz,h y la bollona sin vergüenzai se queda, muy oronda, metida entre aquella machería.13 ¡Viéranle el pergenio,14 la irreverencia y el sacrilegio! Y las señoras no pierden ripio, de puro escandalizadas. ¡Ni tan siquiera se cubre esa cabeza, cargada de profanaciones y hasta de malos pensamientos!
a alumbrada—saca, b Lo c Serán d tántos e fieles f lastimoso, a g luégo h Cruz i A, C: sin vergüenza / B, D,E, F, G, H: sinvergüenza
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Lleva cabello con copete cerrado, en canales a dedo; rodete de totuma; tres rosas de trapo, junto a una oreja; y, por cimera y coronamiento, una peineta de caguamo,15 que semeja el espaldar de un taburete. Ostenta zarcillones de dos rosetas y largos tilindangos,16 broche de guacamaya picando un racimo de corozos, muchas sortijas y un collar de corales de tres hilos. Es una jamona, repolluda y fofa, con la cara manchada por el paludismo y el colorete; el ojo pardo y luminoso denuncia cosas muy tremendas. Por desgracia ha quedado muy abajo y pocos disfrutan aquel deleite. En la misa está como azogada, atisba que más atisba, tan pronto hacia el coro, tan pronto hacia el altar, ya a las mujeres, ya a los varones; y aseguran varias devotas que se ha sentado a lo mejor, que no ha rezado ni atendido al sermón, que no tiene idea del sacrificio incruento, que es una herejona de siete suelas,a17 una salvaje por conquistar. Tampoco les parece tantab cosa el tal don Borja tan mentado. Es un cincuentón, chamizudo y langaruto,18 cara de curubac y con vetas azulencas de carate, narices de rabino,19 ojos de gato, barba rala, dispuesta en balcarrota.20 Se les hace tan atrasado en religión como la esposa. A ambos los bajan al nivel del negro tapetero. Del niño nada saben, ni él tampoco. Está quieto, casi lelo. ¿Cómo no? Hállase ante lo desconocido. El velo cuaresmal le sobrecoge como algo fatídico: de altares y de cuadros no discierne:d tan solo le sugieren la noción de lo raro. De la Virgen ni se da cuenta; la serie de columnas que a él le quedan a hilo, cubren por completo el lateral altarón. El gentíoe y la apretura le marean y le aturden. Siente ansias y no entiende el sermón. ¡Qué va a entender el pobre!
A medio día salen a recorrer el pueblo y a despampanar a los santarritenses, que los avizoran a traición, desde puertas y ventanas. ¿Iba misiá Gumersinda Daza de Palacín, a botarse de “forástica”,21 con cualesquiera trapillos anticuados? ¡No la conocían! Todos sus arreos y majezas se los ha traído Borja, quince días antes, de la propia Villa de la Candelaria.22 ¡Oh, las modas y elegancias del 68! Es un traje de gasa estambrada,23 con realces de seda blanca y rosa, con millareses24 en picos, cubiertos de mostacilla cual rocío: es un pañolón mágico, tropical, que vale treinta pesos y prolija reseña. Y va una, para regocijo de las damas de antaño y chacota de las damas de hogaño.25 Érasef de cachemir negro y finísimo: de alamares felposos de la pura seda; le guarnecían a uno y otro lado de la tela, sendas fajas de raso solferino: la una ancha, con aplicaciones circulares y multicolores y con cinta sobrepuesta de terciopelo abigarrado, en relieves como gusanos: la otra, angosta y menos historiada. ¡Tal disposición permitía a la cliente el lucir la prenda de diez modos distintos y con diez apariencias! ¡Oh, pañolones transformistas, que hicisteis época y engalanasteis estas calles de Dios! Le lleva misiá Gumersinda en doble ángulo simétrico, medio suelto, a todo aviso,g a toda guarnición, cogidas las puntas por los gordos brazos, con mucho melindre y mucha fullería, mientras empuña y sostiene una sombrilla de raso morado, con arabescos de cuentas blancas que remedan confites. Con su andar menudo y contoneado apenas sih asoman las puntas de las botinas de satín perla, con labores aljofaradas. a zuelas b tánta c cara de curuba, y d dicierne f Erase g A: aviso / B, C, D, E, F, G, H:
viso h sí e gentío, y
Rogelio Gasta el marido boato costoso, a estilo de nabab montuno: aguadeño26 chato y alicorto, de cinta oscura, y ancha camisa extranjera de bayetilla azul, con blancas cadenetas, por el cuello y la pechera; chaquetón de lana amahonado;27 pantalones de paño azurea,28 con galón anchísimo y ceniciento; botines amarillos de vaqueta; ruana superiorísima del Reino,29 con forro de bayeta roja y ribete de trenza. De una reata de lana —una flora en relieve, obra de la esposa— le cae sobre el cuadril derecho un carrielón de nutria muy costoso. Le complementa la totuma de coco,30 para los tragos camineros.31 Su engaste es de plata; su interior, bruñido; por fuera,a tallado por un artista copacabaneño,32 el escudo nacional con todos sus símbolos y menudencias. Del chaleco de piqué blanco le cuelga, en onda mirífica y coruscante, el emblema supremo de su personalidad: una leontina de chicharrones,33 extraídos de sus minas. ¡Hurra al indiano de Gallonegro, condeb criolletas de Montecristo!34 Lleva Rogelio flux de paño tabaco, cuadriculado de rosausco, con cuello sin solapa y ribete de gro;c corbatica roja atada en mariposa; botines extranjeros de chagrín,35 muy cucos y muy labrados. Lleva, otrosí, reloj y pendiente de oro, con guardapelo. Cubre su greña inculta un becónd36 gris pálido (son estos el primer preludio de los cocos o calabazas, que debutaron en Antioquia el año 74).e Es el chico una criatura de once años, ojeroso, desvaído, casi lívido; es una víctima de esta anemia tropical, que ahora persiguen. Tiene muy afilada la nariz, los labios incoloros, la dentadura muy perlada, la sonrisa muy dulce, los ojos muy grandes, muy negros y muy tristes. Mientras andan y trasiegan por calles, callejones y afueras del poblacho, la gente dicta el fallo: muy ricos, muy en grande; pero eran unos ñapangos, unos montaraces. Los viejos marrulleros sospechan algo más. ¡Lo que se les daba, por esos montes, vivir como animales! Varias damas del copete37 aseguran que esos trapos y adornijos son a la moda de Gallonegro; pura chambonada de negros mazamorreros38 del Porce. Pero las señoras de la fonda, lo mismo que las fámulas, cuentan y no acaban de aquellas galanuras, de aquellos esplendores desconocidos en el pueblo. Estos Cresos39 lo tienen todo alborotado, a pesar del tiempo santo: son un pecadero perpetuo. Ya los veían. En vez de ir a rezar las estaciones, como cumple a todo fiel cristiano, se habían quedado, por la tarde, en el balcón, muy tranquilos, jugando tute, bombeando tabaco y tomando rosolí a vista y contemplación de todo el mundo. ¿Podría darse mayor prueba de irreligión y de cinismo? ¡Qué horrible era ver cómo ofendían a Dios en este día tan grande!
Rogelio tampoco ha asistido al vía crucis,f porque las andanzas le han rebotado el mal y ha tenido que echarse en la cama. A pesar de la anemia y acaso por la seguridad que da el dinero hasta a los mismos pequeñuelos, no es apático ni retraído; y, como casi no ha tratado niños de su clase, está ávido de altas relaciones. Así es que el sábado, día en que se da a conocer, se ha captado muchos amigos y camaradas, a las primeras de cambio. Estos, a su vez, están desvanecidos con el forastero: un muchacho tan rico, tan peripuesto, con todo y reloj y tan poco orgulloso y tan parejo a fuéra b Conde c gró d A: becón / B, C, D, E, F, G, H:
becoquín e A: 74 / B, C, D, E, F, G, H: 64 f a la Vía Crucis,
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla y tan formal con todos; un muchacho que maneja plata lo mismo que un grande, que compra frutas y golosinas para todo bicho, es caso inaudito en Santa Rita. El séquito se lo pelotea, se lo monopoliza, y andan con él, calle arriba y calle abajo, y Rogelito por aquí, y Rogelito por allá.
Tres cuartos de lo mismo le acontece a don Borja. A cualquiera que entra en la fonda lo obligaa a tomar de lo fino: ha ido al estanco y le ha brindado a todo el mundo. Se ha insinuado tanto con dos de los magnates más principales, que los ha comprometido, ese sábado por la tarde a ir a jugar tute en cuarto con Gumersinda y a cenar con ellos en la fonda. Destapa para el gran caso vinos finísimos, encurtidos, aceitunas y latas de lo mejor que se trajera. Pide en la fonda lo mejor y más valioso. A los obsequiados, poco conocedores en libaciones y gastronomías elegantes, les sabenb a cuerno quemado40 estos menjurjesc y bebistrajos de la extranjería; pero se defienden con los tamales familiares y el ron. Salen entre peneques y deslumbrados, sin saber qué hacerse con este matrimonio tan incierto, pero tan educado y tan rumboso. Había que usar con esa pareja de tórtolas un estira y afloja muy dificultoso. Con tal de que el señor cura no saliera, en el púlpito, con algún gruñido de los suyos... Amanece aquel domingo con sol y cielo de gloria y venturanza, que la Jerusalénd celeste tiende, ab aeterno,e41 palmas y más palmas al Redentor divino de hombres y de mundos.
Desde las siete comparecen simultáneos por las cuatro esquinas de la plaza, bien así como bandas de gallinazas,f los cuatro cuerpos de penitentes negros, armados de macizas orquetas,g el bronco pie bajo la alpargata abigarrada. Uno, recio y proceroso como un roble, con el capuchón más puntiagudo y más excelso, con aire imponente de jefe, zapatea a su tropa, la amenaza con el palo, mientras gira la pupila en lo blanco de aquel ojo que asoma miedoso por los rotos del percal. Son los sayones que han de cargar algunos pasos, ordenar las procesiones y velar ante el monumento y el calvario. Esta centuria, más trapense que romana, la componen jayanes montañeses, que de ello se glorían. Una vez completado el número, se reúnen en plebiscito y eligen por centurión al más arrogante y garboso de los contornos. Según se maneje y mande, es o no reelegido. Esta como institución se reúne año por año.
Las cuatro compañías avanzan a un mismo tiempo; el centurión se dispara del atrio y se topa en el centro con su gente. Mil zalemas, mil mojigangas en torno de la pila. Luego se forman de a cuatro, en rigurosa fila, y marchan hacia el templo. Deudos y chiquillos, los ovacionan con aspavientos y griterías. Por las ocho calles entran y entran, enarboladas las palmas, las caras satisfechas, campesinos y campesinas. La plaza se cuaja, como un monte espeso. La centuria torna. Pártese en dosh y va ordenando los palmeros de arriba a abajo, plantándolos en sus puestos como en una alameda milagrosa. Arrea que más arrea42 las palmas agrupadas y las dispersas alargan la alameda hasta una esquina de abajo, y siguen por la calle Plana.i Del puente a la plaza deben de estar ya formados los que a A: obliga / B, C, D, E, F, G, H:
convida b sabe c menjurges d Jerusalém e ab eterno f A: gallinazas / B, C, D, E, F, G, H: gallinazos g A: orquetas / B, C, D, E, F, G, H: horquetas h dos, y i “La Calle Plana”
Rogelio hayan venido de ese lado. Los que falten, de los otros, allá convergerán. Son cuatro cuadras y media; pero han de cubrirse de todos modos, sea apartando, sea juntando. La gente impalme43 se desgaja por ambos lados del triunfal sendero. El repique de las campanas del hospital anuncia la terminación de la vía. Lánzanse a vuelo los bronces de las iglesias; lánzanse los de la capilla de Jesús; lánzanse los esquilones y campanillas.a Los ciriales bajan, bajan los sacerdotes; avanzan por entre las palmas y se pierden en la calle.
Don Borja y su señora están ya junto al puente Real; Rogelio se embebe en su séquito de camaradas. La banda,b reforzada para esta solemnidad, prorrumpe en marcha estrepitosa. El niño, selvático y majo, se estremece. ¡Infancia harto rara la de esta criatura! No ha oído música de esta índole en su vida; no ha visto nunca ritos sagrados, por la sencilla razón de que ve iglesia por la vez primera. Élc no sabe nada. Si mucho, medio leer: si mucho, medio escribir y medio contar. En religión e historia, todo lo ignora. Solo ha visto un crucifijod muy pequeño, como quien ve, un amuleto de salvajes; ha oído mentar el “Cristo de Zaragoza”,44 pero del Salvador, ni de dogma alguno, tiene noción mínima. Si por esos montes enseñan la doctrina, a él no se le ha enseñado. Por allá van curas raras veces, pero él ni los ve, ni los conoce. Si allá hay algo como escuela, a él, por enfermo, no le han mandado a ella. En la casa de la mina ha vivido solo, jugando a molinos, a carretas, a socavones. Ha hecho acequias y mampuestos; ha abierto apiques.45 Pero nunca ha jugado a lo eclesiástico. Si lee a mediase es porque el molinero José Duarte, un joven de buena familia, formatodof y servible, le ha hecho, por jugar acaso, una como baraja con letras y le ha indicado cómo se juntan para formar y escribir palabras. Luego le ha conseguido una citolegia46 y le ha puesto renglones, con carbón, en unas tablas. Si sabe signarse, y santiguarse, si dice oraciones, como el loro, es porque Rufina, una arribeña que le cargara de niño, se las enseñó sin explicárselas. Su madre vive siempre muy ocupada en la tienda de ropas, en compras y ventas de víveres, en los negocios de la prendería. Su padre, siempre en trabajos de minas, en rescates, en andanzas, y con frecuencia ausente. La misma anemia no le ha dejado tiempo para nada. Él no sabe lo que es confesarse y comulgar; no sabe lo que es alma ni pecado; no sabe lo que es abstracto ni moral.
En una racha de pensamiento, evoca esta su infancia, pagana y salvaje, en este instante en que su espíritu, apacentado en agüeros y supersticiones, parece tender a otro orden de ideas.
Enfilado entre sus amiguitos contempla, con honda emoción,g aquel espectáculo de culto colectivo para él desconocido. Aquella música estruendosa, que jamás había oído, le enajena. La muchedumbre cubre, a lado y lado, el anchuroso camellón. Todas las palmas, que visten esos montes aledaños, han enviado, a este concurso de piedad montañera, sus más lozanos ejemplares. Forman calle, enhiestos, encumbrados, verdeando al sol, estremecidos por el viento cual si temblasen de fervor. a A: Lánzanse a vuelo los bronces de las iglesias; lánzanse los de la capilla de Jesús; lánzanse los esquilones y campanillas. / B, C, D, E, F, G, H: Lánzanse a vuelo los bronces de las iglesias; lánzanse los esquilones y campanillas.
b banda reforzada [Con el fin de mantener el ritmo narrativo se completa el inciso].
c El d Crucifijo e medias, es f A: formatodo / B, C, D, E, F, G, H: formalote g emoción
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Las caras todas están vueltas hacia la espadaña del hospital, que albea nítida y aguda, en la lejanía de un collado.
—¡Yaa salen! —dice el cicerone47 Gabinob Zárate—. Fíjese,c Rogelito, para que vead qué tan bello y tan perfecto es el Señor del Triunfo48 y qué tan queridos los apóstoles.e En efecto: los ciriales y la cruz alta avanzan, muy bruñidos y rutilantes; detrás, el párroco, con el pluvial escamoso de brocato;49 en seguida, Cristo, en su pollina cenicienta de madera y cabeza movible, clavado en su plataforma de cuatro ruedas. Dos monagos la arrastran con cuerdas festonadas; dos la empujan de los mástiles que atrás lleva. Las palmas, todas a una, se tienden a su paso, para tornar a levantarse, chafadas o rotas por las triunfales ruedas. Parece que el soplo de la gracia las ha santificado, antes que la Iglesia las bendiga. Detrás de Jesús vienen los doce apóstoles, en sendas andas, seis a un lado y seis al otro a hombros de cuarenta y cuatro sayones. Los ojos de Rogelio se abren desmesurados: dijérase que sus pupilas pandas se agrandaran. Clávalas en el Cristo, como en fascinación irresistible. Cristo tiene la rienda escarlata en su siniestra, mientras bendice a su pueblo con la diestra. Bajo la fimbria dorada de su túnica de purpúreof terciopelo, asoman sus pies cándidos e impecables en las sandalias esculpidas. El manto, azul oscuro, luce el boato de galones y encajes que lo guarnecen. Realza el sol el oro del vestido, el de la cabellera natural, el de las potencias irradiadas. La faz hermosa, un tanto pálida y femenil, que creara Quito,50 dice a las almas fervorosas de los misterios del Dios-Hombre. Sus ojos claros, de amor y de piedad, bajan serenos a la tierra redimida, para bendecirla, también, lo mismo que con su mano.
Rogelio se abisma. De un golpe recuerda y relaciona. Es el mismo hombre, de barba rara y cabello de mujer, que él vio alguna vez, en una sala, allá en la mayoría de las minas de san Nicolás, como pintado en una cosa, puesta en la pared. Es Él, es el mismo con quien ha soñado, desde entonces, no sabe cuántas veces: es el Cristo de Zaragoza. Él no lo conoce; pero siente que es el mismo. Bien comprende que este,g que ve montado en esa mulita tan linda, de mentiras, no está vivo como los demás hombres. Por lo mismo es el Cristo. ¿Yh quién pueble ser este sino el Padre Nuestroi que está en los cielos, j a quien él reza para pedirle dé el pan a todos y a todos perdone las deudas? ¿Qué serán las deudas? ¿Qué, el “venga a nos el tu reino”? Y una vislumbre de religión, de culto, alborea de pronto en la tiniebla de esa mente infantil y medio primitiva. De pronto da un grito y se agarra a Gabino: el Señor k del Triunfo ha movido sus ojos, y lo ha mirado, lo ha mirado a él solo, entre tanta gente. —Rogelito, ¿lol pisaron?, ¿le ha dadom algún dolor?
Rogelio, medio recostado en su amigo, no contesta; pero llora y sigue como un autómata en la procesión.
—¿Qué fue, por Dios?
—No diga nada, Gabinito.n Ya me pasó. Fue una cosa que me dio. No diga nada. Entre sonrisas y muecas se enjuga.
a —“Ya b Gavino c Zárate.—Fíjese,
d A: para que vea / B, C, D, E, F, G, H: pa que vea e Apóstoles”.
f perpúreo g éste h Y i Nuéstro j Cielos k señor l —Rogelito, lo m A: le ha dado / B, C, E, H: Li ha dao / D, F, G: ¿Li ha dao n Gavinito
Rogelio —Es que soy muy tuntuniento.51 Pero ya estoy bien. Vea.
Y se sacude y se endereza y atisba, con disimulo, por ver si lo miran. Sus compañeros inmediatos preguntan.
—No digan nada, que me da vergüenza. Fue como un susto que me dio; pero ya se me pasó. Vean que ando muy bien.
A estos montañeritos los asustaba la gente. Eran unos animalitos, sin cola. La procesión entra en calle Plana y la de Rogelio continúa por dentro. Musita padrenuestros,a avemarías, salves, cualquier cosa. Mas solo con los labios: su alma ora de otro modo. Él quería ya al Señor, y, ya que el Señor lo había mirado, tendría de quererle más y más, de rezarle, de hacer las cosas buenas que hacían en Santa Rita, de ser como un criado o peón del Señor, aunque fuera un muchacho enfermo. El Señor lo libraría de todo mal, a él, a sus padres, a todos los de Gallonegro. Pero allí no había ni Señor del Triunfo, ni iglesia, ni curas, ni nada. ¿Por qué sería eso así tan malo? Allá se vivía muy maluco. Ya lo veía y antes no. El Señor del Triunfo o el Cristo de Zaragoza lo quería a él y a todos. El Señor era muy bueno y él no lo había sabido. Cristo entra en la plaza por la calle de palmas, que no dejan torcer los sayones. Las últimas se le tienden al subirlo, entre varios, con todo y pollina, por las escalas del atrio. Frente a la cerrada puerta lo colocan.
Rogelio y otros han logrado entreverarse por el gentío y coger muy buen puesto. Los doce apóstoles quedan en la plaza. En redor del atrio vuelve a levantarse oscilante el monte, y el sol le tuesta con sus rayos, cuarenta y cinco grados, de las nueve.b Los campesinos se cubren la cabeza con una punta de la ruana; y la bayeta, colorada o amarilla de los forros resalta, entre los verdores, como floración carnavalesca de un sueño febril. El sacerdote principia la ceremonia para consagrar aquel “ramoc bendito”, que ha de venerarse, trenzado y en cruz, sobre las ventanas de tanto hogar, para librarlos siempre de una “mala hora”, para ahuyentar con su humo santo, tempestades, terremotos, malas intenciones, asechanzas del demonio. Mientras la boquiabierta chiquillería estudia aquella borriquilla que luce ese cabezal tan lindo, que mueve la cabeza, con las orejas tan quietas; mientras adivina cómo el Señor se sostiene, tan bien sostenido, sin montura y sin estribos, Rogelio sigue rezando, rezando maquinalmente, sumido en aquel despertar, para él tan inopinado. En abriendo la puerta y entrando a la ecuestre imagen, la sigue, como arrastrado; y, separándose de sus camaradas, se coloca, junto a ella, cerca a una columna. No se sabe cuándo han entrado, ni dónded han puesto los doce apóstoles. El celebrante sale. Rogelio se arrodilla y se persigna, porque ve que así lo hacen todos; esta prueba tan dolorosa de su ignorancia la siente como un dolor. Al romper el coro el introito,e torna al llanto, a duras penas contenido. Cierra los ojos, para ver de atajarlo, pero los lagrimones se le emperlan, en la punta de las pestañas, y saltan a las mejillas. Enjúgalas con los dedos, porque los ojos le arden. Aparenta sonarse. Se recoge, se achica para que nadie vea. Muy honda, muy extraña, ha de ser la pena de un niño, que así quiere ocultarla.f a Padrenuestros b A: rayos, cuarenta y cinco grados, de las nueve / B, C, D, E, F, G, H: rayos a cuarenta y cinco grados de las nueve c Ramo d dóndo e Introito f ocultarlo
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla En aquella,a la más larga de las misas del rito católico, sigue, entre lágrimas, entre suspiros, con esta obsesión tan extraña. Ni los doce apóstoles enfilados en su mesa le atraen,b ni el canto, ni el ceremonial. Todo es para Jesús. Por orden del señor cura, se guardaba el paso no bien entraba al templo, porque temía que, estando muy bajo, podrían causarle algún menoscabo o cometerle alguna irreverencia, bien por la apretura del concurso, bien por la curiosidad de algún muchacho campesino. Pues es de saberse que en el movimiento de cabeza de la asnilla, así como la seguridad de la efigie sobrec los lomos de madera, les provocaban mucho a hacer un examen experimental. Se le guardaba en la “sacristía grande”, que da a la nave derecha, por no tener gradas como las otras, y porque ahí mismo iban a arreglarla para el paso del Buen Pastor. Lo dirigía y aderezaba con embeleso de niña y ardor de asceta, doña María Rosa de Zárate, devota ardorosa de este símbolo, tan filosófico como ingenuo, de la divina misericordia. Termina la misa. En el rebullicio de la salida, Rogelio se entreverad por entre el mujerío,e se llega a la sacristía, empuja la puerta y se escurre. A primera vista todo se le confunde entre aquel amontonamiento de cosas, con ser que el recinto lo alumbran los anchos postigos de una ventana. Han dejado al paso de espaldas a la puerta. Rogelio avanza cauteloso: vuelve a un lado, hasta verle de frente. Con la cruz de un costado, y la penumbra del opuesto se le hacen más divinos el rostro y la figura de Jesús triunfante.f Cae de rodillas; le reza con los ojos cerrados, y viéndolo mejor con los ojos del alma ¿qué le reza? Lo que sabe: el padrenuestro, la salve, lag avemaría. ¿Qué le pide? No lo saben formular el labio ignaro, ni el inocente pensamiento; pero Rogelio siente que él implora algo muy grande con todo su ser;h algo muy grande para él, algo muy grande para sus padres. Siente que Jesús le escucha. Que Jesús le concede lo que pide. Alza a mirarlo, y Jesús se lo asegura, se lo promete. Toca la cabeza de la borrica y también se lo asegura. Oye ruido de llaves. Siente recelo, se alza, va a salir. Se acerca a la puerta, tira de un travesaño. ¡Cerrada! Algo sin nombre que solo ha sentido en pesadillas le recorre las vértebras y le entiesa el cabello. Quiere gritar, llamar; pero la lengua solo produce un murmullo, un murmullo estropajoso y confuso.
Por fin, medio despunta, allá dentro del pequeñito. ¿Por qué esto, estando encerrado con el Cristo vivo de Zaragoza, que él quiere tanto? Se apoya contra la puerta. Al fin puede rezar: “Cristo mi queridito”,i golpea, pero no le contestan; torna a golpear más recio y ¡tampoco!... En su angustia y temblores procura rezar de nuevo. Pero ¿cómo? Lo que antes no repararon sus ojos, lo mira ahora sin querer mirarlo: tantos aparatos desconocidos, tanta telaraña, un palo que termina en una mano, dos viejos colgados de cruces y pegados de la pared, bultos tapados con trapos, trastos, cajones, anaqueles. El pobrecito suda de congoja: ¿por j qué esto, a él que había bajado, colgando de una caja, al fondo negro de los apiques; a él que había entrado a socavonesk y galerías derrumbadas:l a él que había matado culebras y arañas tan grandes como pollos? ¿Sería él algún gallina infeliz, algún bobito? Se sube a la ventana, mira por los a aquella la c sorbe.
d A: entrevera / B, C, D, E, F, G, H: cuela e por el mujerío, f triunfnate g el h sér i queridito.
j Por k socabones l derrumbados b atraen; ni
Rogelio postigos; ve un sembrado de coles y de cebollas: comprende al cabo que pertenecen a la fonda. Alcanza a ver la cocina; pero ni un alma. Tira a abrir la ventana; mas tiene llave. Estira la mano por los barrotes de hierro. Llama al peón, al negro espolique, pero la voz apenas si le suena. Se baja para tornar a la puerta. Al acercarse pisa un trapo. El trapo cae y asoma una cosa espantosa; la cara ensangrentada de un Nazareno sin cabellera. Rogelio cae redondo contra el pavimento.
Entre tanto, los padres, han puesto en alarma la fonda y el vecindario. El negro y el mozo de mulas inquieren aquí y acullá; inquieren muchachos y adultos; inquieren todos. Una vieja devota, devota, al fin y al cabo, lo ha visto colarse a la sacristía. Corren a que abran. Lo encuentran privado.52 El negro lo alza y se lo lleva como un pelele. ¡La que se arma en esa fonda, con la novelería, el llanto de los padres, el ayudar de estos y aquellos!a ¿Castigo o aviso de Dios? Esta pregunta estalla en muchas mentes. Con reticencias se lo dicen unos a otros: en secreto se lo declaran: en la calle lo proclaman. En muchas caras asoma el espanto; en otras, la satisfacción de la vindicta pública; en fin, el dedo divino.
Despojo de ropas, fricciones de “agua florida”,53 rociadas de agua fresca, sacudidas, plantillas, estrujones; tanto que al fin resucita el difuntico. Pero no habla. ¿Quedará b mudo de por vida? Llega mano Rufo, llega doña Prudenciana, famosos yerbateros de villorrio. Están acordes: es un ataque de lombrices. Recetan santonina; se la propinan. Por fortuna que el estómago del atacado se las devuelve a los facultativos, luego al punto. Ellos afanan. A la hora puede hablar: pero no cuenta ni lo negro de la uña; ignoraba qué le había acontecido; y de ahí, no le sacan ni con súplicas, ni con mimos, ni con astucias. Misiá Gumersinda casi lo sofoca con los brazos. Don Borja, todavía lacrimoso, paladea un vaso de Oporto para consolarse. —¿No ve, Rogelito? —le gime la madre—. Esc porque se ha ranchadod a tomarse el bacalao,54 desde el camino; porque no ha querido siquiera tomar la chicha, con las pipas de vitoria,55 que le mandé a hacer desde que vinimos; es porque no es formal ni conmigo, ni con su papacito.
—No, madre Sinda —contestae con voz como ungida de llanto y de certeza—: no es por eso.
—¿No ha de ser, m’hijito?
—No es: es porque nunca me he confesado, porque no comulgo como los muchachos de aquí y hasta será porque ni usté, ni mi taita56 rezan, ni me enseñan dotrina (abrazándola). ¡Madrecita, comulgue ustedf también y mi taita! Él que dice y ella que larga el llanto. A más de algo, que en tal instante le apuñala, allá en su corazón de mujer y de madre ve en las palabras de Rogelio señales infalibles de su próxima muerte. ¿El niño pidiendo sacramentos? ¿Qué peor presagio? Don Borja guarda silencio, se esculca, se rasca la cabeza, apura el vaso; y, llamando aparte a la mujer, vaseg con ella al balcón, en ese instante desierto, y le dice, entre despechado y doliente:
a aquéllos b habla . ¿Quedarán c madre.— Es d A: se ha ranchado / B, C, D, E, F, G, H:
si’ha ranchao e Sinda—contesta g váse f A: comulgue usted / B, C: Comulgui’usté / D, G: ¡Comulgui’usté / E: Comulgui usté / F, H: ¡Comulgui usté
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla —Este muchachito hay que sacarlo d’ese monte, más hoy, más mañana. Tenemos que separarnos d’él aunquea nos cueste muchas lágrimas. Él nos estorba y nosotros a él. Cualquier día se impone y nos hace tragar el cabo. ¡Ya ves con lo que nos sale ahora!
—Pero... ¿no nos vamos nada a vivir, con él, a Medellín? ¿O es que no tenemos con qué?
—¿Con qué? ¡Demás!b Pero... ve una cosa, ñatica: yo te he mantenido engañada con el tal viaje, por seguirte la idea y para que trabajaras con más ilusión; pero allác no podemos asomar las narices, los dos juntos: allá saben quién soy yo, y que tengo mujer y familia y que los dejé por vos. Si nos ven por allá, nos friegan:57 vos vas a dar a la reclusión y yo al presidio. Y no solo allá: en cualquier parte es lo mismo. Ya ves que no hemos podido salir, ni de paso, a otros pueblos: ya ves que yo tenía mucha pereza de venir aquí y a la tal Semana Santa. Y eso que me la figuraba muy divertida, con mapalé,58 perillero59 y currulao,60 como la de Remedios.61 Vine por darte gusto y para que lucieras los lujos nuevos y por sacar ald niño. Y ve, ñatica: ¡figúratee Semanas Santas como esta pa vos y yo! Ni pal cuerpo ni pal alma. Hasta creo que estos tierrafrías,62 tan beatos y tan berristas,63 están orejones64 con nosotros: así es, m’hijaf querida, que acabás de lucir el baúl65 y nos volvemos p’al monte a entatabrarnos los dos solos en grima, sin el muchachito.
—Pero Borja, ¡por g la Virgen! (entre sollozo y sollozo). ¿Cómo lo mandamos solo, a él tan enfermito?h Se muere por allá, sin quien lo valga. Ya ves que hastai se quiere confesar. Y, si acaso j no se muere, se vuelve un vagamundo, un caimán,66 quién sabe qué.
—¡Qué se va a morir,k ñatica boba! (con caricia en la barbilla). Si del tuntún67 se muriera, en Gallonegro y en esos laos, se habría acabadol la gente. En Medellín se cura en un mes, en manos de médicos de verdá. Con la plata todo se puede, hija. Ni se pierde tampoco. Donde se pierde es con nosotros, en ese monte. Ve, Sinda:68 se lo mandamos a mi compadre Galo, que conoce mi vida y milagros. Es que vos no sabés qué laya de persona es el compadre ni quién es mi comadre Silverita: esos prenden candela debajo del agua69 porm servirlen a los cristianos y por taparle las picardías.ñ Al tanto habrá matrimonio más cuadrado. Ellos nos cogen al muchachito por su cuenta, lo ponen en colegio, y lo hacen gente. Hasta tienen la ventaja de vivir solos, porque ya sus tres hijos están casados. Y, pa que nos hagan este bien, con más gusto que a todos, les untamos la mano bien untada.70 Allá verás, mi Sinda... Suspenden, porque uno de los convidados de la víspera viene a saber de Rogelito y a ofrecer sus servicios. Misiá Gumersinda sigue llorando; mas entre tanto, el niño salta de la cama, toma ropas y calzado y se viste en un periquete. —No se ponga así, madrecita —le dice al salir, todo ternura y expansiones—: ya estoy bueno y sano; ya se me pasó esa bolada tan maluca; lo que tengo es hambre. Voy a comprar cosas y a buscar a los muchachos pa que no digan que soy un gallina que por todo me acuesto.
a aun que b A: ¡Demá .! / B, C: Demás!.. / D, G: ¡Demás!... / E, H: De más!...
/ F: ¡De más!...
c A: pero allá / B, C, D, F, G, H:
peru’allá / E: peru allá d la e figurate f O, C: m’hija / A, B, D, E, F, G, H: m’hijita h O: emermito? / A, B, D, E, F, G, H: enfermito? / C: efermito?
i O, A: que hasta / B, C, D, G:
qui’hasta / E, F, H: qui hasta j O, A: Y, si acaso / B, C: Y si’acaso / D, G: ¡Y si’acaso / E, F, H: Y si acaso k O, A: va a morir, / B, C, D, E, F, G, H: va’morir, l O, A: acabado / B, C, D, E, F, G, H: acabao m O, B, C, D, E, F, G, H: agua por / A: agua, por n O, A, C: servirle / B, D, E, F, G, H: servile ñ O, B, C, D, E, F, G, H: a los cristianos y por taparle las picardías / A: a los cristianos y por cristianos y por taparle las picardías g ¡Borja por
Rogelio La madre, en silencio, le arregla el nudo de la corbata y le peina la greña: y sin más réplicas ni ajonjeo,71 baja la escalera como un rehilete, pero con otra cara. Aunque no ha oído una palabra del coloquio entre sus padres, lleva en su alma la seguridad de que se han ocupado de su persona. ¿Por qué no habían hablado en su presencia? ¡Qué cosas le estaban sucediendo en Santa Rita!
En la propia puerta del mesón, topa a tres de sus adictos, que no se han atrevido a subir. Allí está el que él deseaba. Es Gabino, que le inspira más confianza que los otros, y a quien supone el más formal y prestigioso de todos. Charlas y cuchufletas por el percance. Rogelio las sostiene; pero no larga prenda: no sabe por qué ni cómo ni cuándo se había privado. Había sido una de esas cosas que pasaban, sin uno caer en cuenta; y él... era también algo enfermo.
Se meten en el mercado y después de obsequiarlos con frutas y comestibles, previo permiso de los restantes, torna con Gabino a la fonda; se entran a las pesebreras y, sentados en unos cajones, le abre su corazón. Nada sabe, nada entiende de Jesucristo ni de su Iglesia; pero Gabino ha de enseñárselo porque va a confesar y a comulgar en esa Semana Santa.
Aquí del hijo adoctrinado de doña María Rosa, la gran catequista del lugar. Gabino le dice, le cuenta, le expresa, le explica: por la tardecita, lo lleva a la madre. ¡Valiérale Cristo con este caso tan bello, tan perentorio y apurado! No había tiempo para cosechar aquella vid tan fértil: pero Dios y la Vencedora mediantes haríana el milagro porque todo ello eran caminos de la Providencia. Esta feliz e inspirada. El neófito abre aquellos ojos. Le cita para la noche. Vuelve con el hijo y el permiso de los padres, sin decirles de qué se trata. Apura por dos horas raudales del padreb Astete,72 del padre Mazo.73 Ahí mismo hace llamar al catedrático doctor Arenas, que explica en el Colegio de san José,c entre lunes y miércoles de cada Semana Santa,d todos los misterios que en ella se conmemoran. Le pide que admita al neófito en sus aulas. Tal se hace, y ella le secunda en su casa, por tres días. Aunque no rece nada, ¿qué mejor oración que salvar un alma? ¿Qué flor más bella podría ofrecer al Buen Pastor? El padre Lamas, penitenciario de niños, es informado del caso. ¿Era ignorante ese niño? Pues precisamente que Dios escogía sus elegidos entre niños e ignorantes. En suma, que lo llama a confesión y que llora, maravillado de esta almita que no sabe de pecado, ni por pensamiento ni por acción; que ha despertado a la vida eterna por el llamamiento de Jesús triunfante y por la sangre de Jesús flagelado. ¡Qué cosa más grande y más hermosa! ¡No poder divulgar, por los cuatro vientos, este milagro tan portentoso! ¡Oh, siglo inexorable! ¡Glorifica al Señor, que hace nacer los lirios de la predestinación en el estercolero de las abominaciones!
El novel penitente comulgae el jueves; llora ante el monumento, ante el monumento vela, puro, henchido de gracia, como un ángel de Jacob.74 Los padres nada han manifestado a todo esto: guardan silencio como dos esfinges. Mas tampoco se han opuesto a nada. Dijérase que el hijo se les impone por divino fuero.
a pero Dios y la Vencedora mediantes, haría b Padre c “Colegio de san José” d semanasanta e comulga,
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla La piedad de esta criatura, el saberse en el pueblo que los padres no guardan la vigilia, el verlos retraídos del templo, ha puesto más en evidencia su alejamiento de Dios. Doña María Rosa, el padre Lamas y el profesor Arenas piden con fervor, por esas almas empedernidas.
La dama, por una de esas bizarrías de la piedad, concibe algo muy atrevido y sensacional. Acaso fuera inspiración de lo Alto; acaso les valiera a los padres extraviados: quiere que uno de sus hijos ceda el puesto a Rogelio, en el apostolado de carne y hueso. Se lo consulta al padre. ¡A quién se lo dice! ¿Quién mejor que esa paloma inocente del Señor? ¡Si era un san Juan; un san Juan vivo! No constaba en los evangelios que los padres de los apóstoles fueran santos. Gabino va con la embajada, ante don Borja. No se opone, tampoco.a Se llevan el niño, se le descalza, se le viste el sayal judaico,75 de lanilla roja, se le enrola en la banda de elegidos. Y el cura le lava los pies y se los besa y se los enjuga con el paño litúrgico, ante aquella cena presidida por el Cristo de Zaragoza. Y el niño llora de ventura y sale radiante a ofrecer a sus padres el pan bendito, ya que no ácimo. Y ellos lo prueban tal vez como Judas, en esta Pascua extraña, en que un alma blanca surge santificada.
Y así entró el niño Rogelio Palacín a las huestes de Cristo; y, luego, a la santa tutela de don Galo. Lo que dijo don Borja: hasta el demonio de la anemia se lo hizo arrojar del cuerpo endeble. El niño crece. Dijérase un ser refractario a la culpa que solo necesitaba propicio ambiente para que él germinara y diera frutos, tempranos y sazonados, la semilla de Dios. Amarle y temerle fue, desde luego, su divisa inmutable. Formóse en la piedad y en la observancia, en elb trabajo y en el estudio. Apenas comprendió la vida, se impuso a sí mismo con la ayuda de Dios, una misión sagrada, ineludible.c ¿La cumplió de hombre?d Doña María Rosa lo sabe, por cartas de Rogelio. Decrépita como está, su mente se ilumina al evocar estos sucesos y sus hermosas trascendentales consecuencias; su fe se diviniza al meditar en los recursos de que se vale su Pastor querido para tornar al aprisco las ovejas perdidas en el monte. a O, B: opone, tampoco. / A, C, D, E, F, G, H: opone tampoco.
b observancia, el c O: ineludible. / A, B, C, D, E, F, G, H: ineludible: romper la unión vitanda que le dio la vida, de volver a su esposa y a sus hijos, un hombre arrepentido; recoger a una madre desgraciada para volverla a Dios, al calor del respeto y la ternura de un hijo amante.
d O: ¿La cumplió de hombre? / A, B, C, D, E, F, G, H: ¿Cumplió, de hombre, está misión?
Rogelio
1
Cuento publicado, por primera vez, en la segunda página de El Espectador de Medellín el 18 de diciembre de 1922.
2
Efe Gómez: seudónimo de Francisco Gómez Escobar, escritor antioqueño (1867-1938). Ingeniero formado en la Escuela de Minas (Medellín), destacado en la vida cultural de su época. Ha pasado a la historia de las letras colombianas como un gran cuentista (N. del E.).
3
infanzona: del contexto se deduce que el autor se refiere con este término a la casa donde el también escritor Efe Gómez pasó su niñez. No confundir con la definición del Diccionario de la lengua española m. y f. Hidalgo que en sus heredamientos tenía potestad y señorío limitados (dle, 2018).
4
san Juan Evangelista de su cabecera: puede referirse a la representación del santo dispuesta como adorno cerca de la cama o a la imagen del santo que se resguarda en la iglesia de la “cabecera municipal” (N. del E.). San Juan Evangelista es el primero de los apóstoles de Cristo, autor de uno de los Evangelios y del Apocalipsis (Ordóñez, 1986, p. 441).
5
parroquia levítica: hace referencia a una iglesia o conjunto de feligreses que se caracterizan por su devoción, por su gran dedicación al servicio del templo (dle, 2018).
6
echar las roncas: no permitir que otros sobresalgan (N. del E.). Esta interpretación se puede deducir de una de las acepciones del término “ronca”: Amenaza con jactancia de valor propio en competencia de otro (dle, 2018).
7
vencedora de imposibles: alusión a santa Rita de Cassia, quien hace parte del santoral católico y es reconocida popularmente como “abogada de los imposibles” (Ordóñez, 1986, p. 193).
8
pasos: en este caso se refiere a la siguiente definición del término: m. Efigie o grupo que representa un suceso de la pasión de Cristo, y se saca en procesión por la Semana Santa (dle, 2018).
9
peón de estribo: m. El que iba al servicio del patrón en sus viajes a caballo (ahac, 1986).
10 fregonas: f. despect. Criada que sirve en la cocina y friega. f. des-
pect. Esp. p. us. Mujer tosca e inculta (dle, 2018).
11 Virgen Dolorosa: una de las advocaciones de la Virgen María
(N. del E.).
12 traje de palomo: posiblemente se refiere a un traje de color blan-
co (N. del E.).
13 machería: conjunto de machos (hombres) (ahac, 1986).
14 pergenio: m. pergeño. Traza, apariencia, disposición exterior de
alguien o algo (dle, 2018).
15 peineta de caguamo: se refiere el autor a un adorno para el cabe-
llo fabricado con el caparazón de la caguama, f. Tortuga marina, algo mayor que el carey, y cuyos huevos son más estimados que los de este (dle, 2018).
16 tilindangos: m. Derivado de tilín, sonido de la campana. Vale
colgante (ahac, 1986).
17 herejona de siete suelas: mujer hereje (N. del E.).
18 chamizudo y langaruto: flaco y desproporcionadamente largo
(N. del E.).
19 narices de rabino: posiblemente se refiere al estereotipo del judío
de nariz “larga y ganchuda” (Cantera, 1998, p. 16).
20 balcarrota: al parecer se trata de una denominación para el tipo
de barba que va de las orejas a la barbilla, sin bigote. Ver la definición Balcarra: f. Mechón largo y de pelo que cuelga de las sienes cubriendo las orejas: este peinado es muy antiguo y hoy se conserva todavía entre muchos de nuestros indios. Porción larga y desordenada de cabellos, lanas ó pelos, que cuelga desairadamente (Ocampo, s. f., p. 130).
21 forástica: forastera (ahac, 1986).
22 Villa de la Candelaria: una de las denominaciones de la ciudad
de Medellín (N. del E.).
23 traje de gasa estambrada: tipo de tela muy delgada. Se deduce
de la definición de gasa: f. Tela de seda o hilo muy clara y fina (dle, 2018).
24 millareses: posiblemente se refiera a un adorno del vestido que
tiene la forma de este tipo de moneda islámica (Ariza, 2014). 25 hogaño: adv. dem. En la época actual (dle, 2018).
26 aguadeño: m. Gentilicio. Natural de Aguadas, Colombia, depar-
tamento de Caldas […] sombrero de paja que se fabrica en la primera población (ahac, 1986).
27 amahonado: no hemos ubicado hasta el momento una definición
del término “amahonado”, aunque tenemos evidencia de su uso por parte de otros autores (José Martí en su texto “Isla de Mujeres”, por ejemplo). Según el dle, mahón es m. Tela fuerte y fresca de algodón escogido, de diversos colores, que primeramente se fabricó en la ciudad de Nanquín, en China (dle, 2018). 28 azurea: Adj. De azur, voz francesa. Azul (ahac, 1986).
29 ruana superiorísima del Reino: puede referirse a la calidad supe-
rior de un artículo que proviene de España, en contraste con los producidos en América (N. del E.).
30 totuma de coco: vasija hecha con un coco (N. del E.).
31 tragos camineros: expresión que se usa para denominar las be-
bidas que se consumen antes del desayuno: café, chocolate, agua de panela (dc, 2018).
32 artista copacabaneño: hace referencia a la población de Copaca-
bana, departamento de Antioquia, aunque el gentilicio oficial es copacabanense (N. del E.).
33 leontina de chicharrones: cadena de reloj de bolsillo adornada
con dijes de oro “sin pulimento” (ahac, 1986).
34 conde criolletas de Montecristo: posible referencia al protago-
nista de El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas (N. del E.). 35 chagrín: m. Palabra francesa, derivada del turco y persa saghri. Es una especie de piel granujienta que se usa en la industria del calzado, de la encuadernación de libros, etc. (ahac, 1986).
36 becón: posiblemente se refiere a un “becoquín”, es decir, “Gorra
o birrete que tenía dos puntas para cubrir las orejas (dle, 2018).
37 damas del copete: expresión usada para calificar a una persona
engreída. Locución relacionada con el término “encopetado”: adj. Que presume demasiado de sí. adj. De alto copete, linajudo (dle, 2018).
38 mazamorreros: personas dedicadas a explotar a pequeña escala
la arena aurífera en los ríos o minas abandonadas (de “Mazamorrear”, en ahac, 1986).
39 Cresos: Por alus. a Creso, rey de Lidia, célebre por sus riquezas.
m. Hombre que posee grandes riquezas (dle, 2018).
40 les saben a cuerno quemado: “saber algo a cuerno quemado”:
loc. verb. coloq. Hacer desagradable impresión en el ánimo (dle, 2018).
41 ab aeterno: loc. adv. Desde la eternidad (dle, 2018). 42 arrea que más arrea: de arrerar: tr. Dar prisa, estimular (dle,
2018).
43 impalme: es posible que se refiera a la gran cantidad de gente
apretada en un espacio pequeño (N. del E.).
44 Cristo de Zaragoza: advocación de Cristo en el pueblo antioque-
ño de Zaragoza (N. del E.).
45 apiques: m. En minería, perforación vertical en una mina que
no tiene tonga para seguir un filón (E. Robledo en ahac, 1986).
46 citolegia: f. De citos, prontamente, y legere, leer. Cartilla de lectu-
ra usada antiguamente en las escuelas (ahac, 1986). 47 cicerone: alusión al orador romano Marco Tulio Cicerón (N. del E.).
48 Señor del Triunfo: alusión a Cristo (N. del E.).
49 pluvial escamoso de brocato: posiblemente se refiere a las carac-
terísticas de la capa que viste el párroco. Capa pluvial: f. capa que se ponen los ministros ordenados de la Iglesia, es decir, obispos y presbíteros (dle, 2018).
50 que creara Quito: se refiere a la técnica artesanal de elaboración
de piezas religiosas propia de la ciudad ecuatoriana (N. del E.). 51 tuntuniento: adj. Anémico, persona pálida y débil (ahac, 1986).
52 privado: término usado en Colombia para referirse al desmaya-
do, inconsciente (N. del E.).
53 agua florida: posiblemente se refiera a un producto de belleza
de uso en Antioquia en la época, el Agua florida de Murray y Notas explicativas
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Lanman. Véase sobre publicidad del producto (Castiblanco, 2010).
54 tomarse el bacalao: posiblemente hace referencia al aceite de
hígado de bacalao, producto de uso popular muy común en Europa y posteriormente en Hispanoamérica, de cuyas supuestas propiedades nutritivas y curativas hizo eco la publicidad de la época (Jácome, 2005).
55 pipas de vitoria: semillas de la vitoria, Cucurbita ficifolia, enreda-
dera de origen americano (ahac, 1986).
56 taita: m. Voz infantil con que se designa al padre (dle, 2018).
57 nos friegan: relativo a “estar fregado”: estar embrollado, confun-
dido, en problemas (ahac, 1986).
58 mapalé: baile de origen africano propio del litoral Caribe colom-
biano (N. del E.).
59 perillero: ritmo y paso de danza (N. del E.).
60 currulao: baile de origen africano propio del Pacífico colombia-
no (N. del E.).
61 Remedios: población antioqueña (N. del E.).
62 tierrafrías: adj. Habitante de las tierras altas (ahac, 1986). Se aso-
cia a la tendencia política conservadora (N. del E.).
63 berristas: seguidores de Pedro Justo Berrío, político conservador
que ejerció como gobernador del Estado Soberano de Antioquia (N. del E.).
64 estar orejón: adj. Ponerse o estar receloso (ahac, 1986). 65 lucir el baúl: vestir con elegancia (N. del E.). 66 caimán: astuto, disimulado, codicioso (ahac, 1986). 67 tuntún: m. Anemia tropical (ahac, 1986).
68 Sinda: Gumersinda (N. del E.).
69 prender candela debajo del agua: hacer lo imposible (N. del E.).
70 untar la mano: dar dinero por concepto de pago, dádiva o so-
borno (ahac, 1986).
71 ajonjeo: jonjolear, cuidar o tratar con condescendencia a alguien
que es caprichoso o que demanda mucha atención (dc, 2018, p.
269).
72 padre Astete: Gaspar de Astete, sacerdote jesuíta, autor de Cate-
cismo de la doctrina cristiana (N. del E.).
73 padre Mazo: Santiago José García Mazo, escritor español, autor
de El catecismo de la doctrina cristiana explicado (N. del E.).
74 ángel de Jacob: alusión a un pasaje del Génesis, en el cual se narra
la lucha de Jacob contra un ángel. Véase Génesis (32: 22-30).
75 sayal judaico: prenda de vestir hecha de lana burda del mismo
nombre (dle, 2018).
Notas explicativas
A: Revista Lectura Breve (1923). Medellín. B: Dominicales (1935). Medellín: Atlántida. C: Obras completas (1952). Madrid: epesa. D: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. E: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
C Juan Esteban Hincapié Atehortúa Editor crítico Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1923) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: Copas
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Copasa1 A mi amigo y pariente Martín Moreno de los Ríosb Domingoc que convida a las dulzuras de la pereza. Azotea, con sombríos d de enredaderas, en la quinta de Villa Blanca. Su propietario done Lisandro Casas toma las mañanas, con su íntimo el doctor f Albano, después de un baño renovador. Tienen, al frente, los caprichos de la ramificación occidental, con sus numerosas habitaciones; el pedazo más hermoso y más poblado de este valle del Aburrá; las ondulaciones mas atrevidas del río; el trajín palpitante de una carretera. En torno frondas y jardines, ruidos y movimientos virgilianos; en el aire, perfumes y vientos lisonjeros; en la tierra, lumbres y vagas proyecciones; en el firmamento, gloria.
—Ve que si es cierto, hombre Críspulo, lo que te he dicho siempre: que el campo emboba. ¡Mirag al chofer! Eso es lo más mundiado, lo más perro y más tenorio;2 y ahí me lo tienes, hecho un inocente, elevando la cometa con los muchachos del mayordomo. ¡Está más feliz que todos ellos! ¡Mírale las posturas y los mogos3 para recobrar! Este es el cuarto más contento y más vagamundo. —¡Dichosah edad y tiempos dichosos aquellos!i —¡Cierto! Realmente no es de extrañar que Chaparro se ponga así: todavía está muchachón. Pero ¿tú y yo, que dizque somos unos viejos graves, que conocemos medio mundo, que hemos legislado? ¡Y ya ves!: siempre que estamos solos, aquí o en tu casa de Belencito, no hacemos sino hablar niñerías y recordar toda la gente y los tipos y las bobadas de nuestra parroquia y lo que hicimos o dejamos de hacer de chiquitos. j Dice Blanca que yo sufro delirio de recordadera infantil; que no dizque se me olvidan ni los zuecos4 de Antonio Roña ni la lora del padre Rojas ni lo que dijo ñok Matica ni lo que agregó ñal Antonia Serna. Y no exagera mucho: yo tengo como una necesidad de recordar mi niñez y mi pueblo. Es mi chifladura.5 En mí es explicable. Yo soy un montañero medio civilizado a empujones y después que me crecieron las barbas. A poco más saco el carriel y el yesquero. Pero en ti,m ¿labrado a torno y con tanto papel de lija? También es que yo te contagio mi zoquetada,6 y el campo me ayuda a contagiarte. —¡No hay tal contagio, viejo! En esto, soy más chiflado que tú; pero juzgo el campo y el recuerdo de un modo muy diverso al tuyo.
—¿Cómo los juzgas? Dime.n —Pues, hombre, como casi todo el mundo. Lo que tú llamas embobarse lo llamaría yo desembobarse. No podrás negar que en el silencio y en la soledad se a Copas b A mi amigo y pariente Martin Moreno de los Ríos c —Domingo [Se omite la raya para conservar la introducción del narrador omnisciente].
d sombrios e Don f Doctor
g Mira h —¡«Dichosa [Para unificar la aplicación de las rayas y las comillas se decide suprimir las segundas cuando ambas estén indicando la intervención de un personaje; a excepción de los pasajes textuales en donde la presencia de ambas señalen los diálogos controlados por el personaje narrador en una analepsis].
i aquellos»! j chiquítos k Ño l Ña n Díme m tí
Copas reflexiona más y mejor que en el bullicio de las ciudades. No podrás negar que en el campo es uno más consciente, más libre, más dueño de sí mismo. ¿No ves, viejo, que el campo serena el espíritu y simplifica el corazón? ¿No ves que nos quita muchas telarañas con que el mundo nos enreda? Eso se ha sostenido de mil modos. Ya ves qué tan lindo y tan patente lo dicen Cervantes y Fray Luis de León. ¡Cuántas obras inmortales se han escrito en el campo!
—¡Hombre Críspulo! Me vas derrotando, para que lo sepas.
—¡Me alegro, viejito! En cuanto a recordar nuestros primeros años, voy más lejos, todavía. ¡Qué cuento de bobada! Recordar es vivir. Es por lo menos la gran poesía de toda vida. Y los viejos podemos recordar mejor que nadie. Es la única ventaja que les llevamos a los jóvenes. Mira,a viejo: la trayectoria de cualquiera existencia es un ángulo: una vez pasado el vértice, podemos contemplar el lado recorrido, con buena perspectiva e idealizado por la lejanía. Mejor lo contemplaremos mientras más nos aproximemos al fin. Evocar la niñez es darnos un baño de inocencia. No nos purificará como las fuentes sacramentales; pero ¿por qué no ha de quitarnos, siquiera por encima del alma, algunos de los pringues,7 alguna de las partículas de hollín, con que la vida nos ensucia? Tú y yo, lejos de idiotizarnos con los recuerdos, como te lo supones, nos espiritualizamos y depuramos. Creedlo, viejo positivista8 que solob encuentras sabiduría en las conversaciones sobre negocios. He dicho. —¡Bravo, doctor Albano! Me encanta que la cosa sea así y que me la pongas tan floriada y con tanto argumento. No en baldec eres doctor de leyes, de letras, de “lad Iglesia y el Estado”e y de todo. Pues bueno: ahora que el niño llora y antes que se me vuelva a olvidar...f Hace tiempos que estoy por preguntarte, hombre Críspulo, de dónde diablos sacaste tantosg entruches y tanta protección con ña Micaela Calderón, que era tan cavilosa y tan necia. Veía que le dabas cuanto te pedía; y nada que me extrañaba, porque te viene de familia: lo que es de los Cabarcas siempre ha sido para los pobres. Por eso les han dado Dios a chorros. Te oía remedar la vieja, cada rato, y, como siempre has sido tan gozón en medio de tu seriedad, con las bobadas de la gente, pensé que la cultivabas para divertirte con sus relatos y sus estilos; pero cuando me contaron aquí que le habías costeado entierro, ataúd y misas de sanh Gregorio, y que le colocaste a la boba en el hospital, y que le vendiste bien el terrenito, comprendí que la cosa era en grande. Tanto, que hasta llegué a figurarme que podías tener con ña Micaela algún parentesco, de esos que le salen a uno de pronto: pues según las malas lenguas de las viejas, tu bisabuelo Albano fue, desde chiquito, el gallo de esos corrales. Creo que ni cluecas9 se le escaparon. —Ahí no hubo fuerza de la sangre ni cosa que lo valga, viejo lengüilargo10 — repone don Críspulo muy sonreído— loi que hubo fue la fuerza del agradecimiento. —¿Del agradecimiento? Cómo así, ¡hombre! Cuenta a ver.
—Es una cosa muy larga y muy perezosa y muy difícil de contar; es hasta un secreto de familia. Otro día te lo cuento.
a Míra b sólo c valde d «la e Estado» f olvidar....
g tántos h San i sonreído—Lo
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla —Es ya que me lo cuentas, por lo mismo que es largo y es secreto. Ahora estás en vena y das las voces. Después de almuerzo te entra el perro y no te saco ni una sílaba. Otra copa para que remojes la palabra, bien remojada. Pero,a ¡eso sí!, le pones harta tiza y harto adorno.
(Se incorpora, escancia, liban, encienden cigarrillos y don Críspulo se somete). —No sé sí te acuerdas —principia,b entre bocanada y bocanada— cómo era yo de chiquito.
—¡El diablo suelto!
—¡Qué diablo! ¡Ojalá! Un insoportable, una calamidad. Ni vivo era, siquiera, sino un malcriado, un perverso, más pesado que un piano. Creo que ni Caín tenía las entrañas tan negras como las tenía yo. No podía ver a nadie sin buscarle ruido; no podía entrar a ninguna casa sin hacer algún daño; los juegos, con otros muchachos, paraban en riña porque yo la ponía siempre. ¡Y eso que me daban bien duro! No sé cuántasc veces me reventaron la jeta. En la escuela rompía libros y pizarras y tinterosd y lo que había; y, aunque don Isaac me echaba rejo y palmeta a todo taladro y me arrodillaba con los brazos en cruz, no había ni riesgo de que me enmendara: mientras más suplicios inventaba conmigo, más maldades y extravagancias inventaba yo. —¿Cómoe la del quicio?11 Esa te la celebraron mucho. Cuéntame bien esa parada, que apenas medio la recuerdo.
—¿Pero sí te acuerdas que la calle de casa era muy falduda?12 Pues mira: cuando bajaba la gente de misa, me tendía en el zaguán,13 colgaba la cabeza por el borde del quicio, hacía el papel de taparme la cara con el sombrero, para atisbar mejor. A toda vieja, a quien le viera enaguas de bayeta, tenía que insultarla o tirarla de la saya.14 Esas polleras, coloradas o amarillas, como una cobija, me parecían un absurdo de que yo debía protestar con toda energía. Las ofendidas me regañaban, me daban patadas en la cara, me chuzaban con los paraguas... y f nada. Dejé el viciecito, no porque mi papito Esteban, me hubiera dado seis lapos con una soga, sino porque de ahí en adelante me vigilaban. A la pobre mamá y a las dos hermanas, que ya estaban grandecitas, las mantenía afligidas; mis dos hermanos me sacaban el cuerpo, para que no les hiciera males y no les dañara los juguetes; en la casa de los abuelos Albano casi no me admitían; y en las de los vecinos no me podían ver; mi tía Josefa me echaba como a un perro. En vez de enmendarme, me cargaba más de mesas. Como papá había muerto, y yo era el mayor de los varones, yo debía mandar en casa como el amo; y, como siempre oía decir que éramos muy ricos, yo debía imponerme en la calle, en la escuela y en todas partes. Esto era para mí un dogma. Ya podrás suponerte mis altanerías y despotismos. Me figuraba, a ratos, que mi mamá ni mis abuelos tenían dominio sobre mí. Todos en casa tenían su alcancíag y hasta novillonas habían comprado con la cataca.15 A mí me la compraron, primero que a todos; pero ¿para qué? De lo que me daban no iba a ella ni la décima parte. Todo lo gastaba en ociosidades, que botaba o destruía al momento. Ni siquiera por curiosidad intenté a Pero ¡eso b acuerdas—principia, c cuantas d tintero e Como f paraguas....y g alcancía, y
Copas abrir la dichosa alcancía: yo le tanteaba la miseria, aunque me lo dijera la conciencia: no pesaba como la de los otros y sonaba como un guache.16 Lo curioso es que, en medio de mis atrocidades y sublevaciones, no faltaba a la escuela, tal vez porque no le temía a los castigos de don Isaac. Qué te parece que no me dolían ni me humillaban: me figuraba que no me alcanzaban, que yo estaba más arriba de la palmeta y de la pretina y de todas las barbaridades del maestro. ¡Figúrate! A un hombre tan grande,a ¿qué se le iba a dar de tales pequeñeces? De un modo o de otro, yo aprendía algo. No creas que son cañas. En los certámenes del 68 me lucí, que aquello fue; pero don Isaac hizo constar, ante el público, que no se me daba premio por mis adelantos, a causa de mi insubordinación y altanería ¡Qué poco conocía don Isaac Montes a Crispulito Albano! Esta declaratoria fue para mí el mayor premio: eso me probaba mi importancia y mi poder. Pues bien; ya recordarás que me enmendé de repente. —¡No me he de acordar! Eso hizo época en el pueblo. Y te enmendaste para siempre.
—Me volví tan aplicado a los estudios, tan decidido por aprender, que cuatro años después me mandaron a Bogotá.
—Y volviste muy doctor y muy literato y más pulido y redondo que una bola de billar; y entre abogacías y negocios, triplicaste tu herencia y le ayudaste mucho a misiá Eugenia y a tus hermanos.
—Mérmale, viejo, que en la olla no cabe tanta papa.
—¡No mermo!b Y, cuando te casaste eras el gran partido, no solo de allá sino de cualquier parte.
—¡Echa flores, viejo, que para eso hay hartas en esta casa! —Y te viniste, también, aquí a lucir una familia muy bonita y muy bien educada; y haz viajado con ella; y ahora, estás tumbando el bolo y pescando en charco grande.
—¡Qué bolo ni qué charco! ¡Tendré qué comer, esoc es todo! —¿Qué comer? Mira: tú eres muy misterioso con tus minas y tus negocios. Ni a míd mismo me cuentas, sino por encimita y eso porque te lo saco con tirabuzón. Pero es inútil que te rechupes: te tenemos muy bien calculado el revuelto. Ya me quisiera yo, para oír misa, un capital tan bien movido y tan saneado como el tuyo. Y ya ves que no soy ningún muerto de hambre. Serás tú de los pocos que puedan salir a flote en esta crisis.
—Quién sabe, viejo.
—Yo y otros muchos. En la “tertuliae del parque de Berrío” se asegura que no te mueven crisis ni terremotos; y tú sabes que esos cristianos sí conocen el monte donde hay guacharacas.17 Pero... ¡te estoy interrumpiendo de a mucho! Tomémonos otro lote, para que sigas, a ver qué fue la cosa con la vieja Micaela. (Libación, cigarrillos).f —Ni sé qué decía.
a grande b mermó!
c Eso d mi e «Tertulía f (Libación, cigarrillos)
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla —Que te enredaste de pronto.
—¡Ah sí! Espera, a ver si empato. Tendré que contártelo con todos sus pelos y señales. Ya te dije que el disco es kilométrico.
—Así lo quiero, ya que estás dispuesto. Sigue, pues.
—Pues verás: con esta cabeza mía, tan churrusca, he tenido siempre especial atractivo para los piojos. Ya supondrás cómo sería de niño. Aunque mamá o Felipona, la vieja que nos crio,a me expurgaba a diario, nunca me faltaban liendres. Bien: en los asuetos de ese año del 68, un día, después de almorzar, emprendió mamá la tarea de mi desliendre. Me parece que estoy viendo la escena. Era en el costurero; ella estaba sentada en la ventana que da al callejón; yo, en la tarima, con la cabeza apoyada en sus rodillas; Felipona, junto a la puerta, que da al corredor de la entrada, retorcía, en una tabla, las mechas para las velas; el retrato de papá, ese que has visto siempre en casa, presidía desde el costado libre, como si vigilara la serie de alcobas, donde dormían su viuda y sus cinco huérfanos. Creo que para eso lo hizo sacar ella de la sala, donde estuvo mientras él vivió. En la casa se sentía un silencio de convento, porque los cuatro hermanos andaban en un paseo. Los dedos de seda de mamá los sentía como una caricia, pero no me dormía, porque ella me contaba la novela de Pablo y Virginia.18 Ya sabes cómob se expresa mamá.
—Hasta ahí lengua astuta, dulce y salada y todo lo que se quiera. No conozco quién diga las cosas con más garbo19 ni más bien dichas. No es ni gracia, con ese talento y esa instrucción y esa bondad.
—Gracias por ella; pero te recibo el elogio: mamá es mi orgullo, tal vez mi vanidad. Me parece un serc perfecto. Creo que lo poquito de noble que haya en mí lo bebí en su alma. Ya me ves con mujer, con nueve hijos y siete nietos; y cuando pienso que mi madre ha de morir pronto, siento que me derrumbo y que mi casa va a quedar desocupada… ¡Y tú, que me buscas pleito, para que salga con ingenuidades de niño tonto! Te decía que me tenía embobado con aquellos noviecitos tan lindos y tan inocentes, con esas chozas entre el monte y con esa gente tan buena y tan pobrecita. Yo me fijaba en cada palabra, en cada frase, como si quisiera esculpirlas en la memoria. De repente golpean muy recio en el contraportón, que estaba abierto, como se acostumbraba en Santa Ana. “Prosiga,d señá Micaela”,e dice Felipona, y la figura de la vieja apareció en la puerta, como en un marco. Desde que la vi me dio un susto y una angustia tan particulares, que, sin querer mirar a la vieja, no le quitaba los ojos. ¡Hasta sería un caso de himnotismo!20 Si fuera pintor, la retrataría de memoria, ahora mismo. Venía de alpargatas amarradas, saya de fula azul, camisa de lienzo, con rosario y escapularios por fuera; tenía la mantellina de paño puesta desde la cabeza, a estilo de “siervaf del Santísimo”, cogida con un sombrero de caña; se apoyaba en un bordón muy grueso. Aquella cara tan arrugada, tan angulosa y tan amarilla, con aquellos ojitos verduscos, tan hundidos y turbios, con esa barbilla y esa nariz, que casi se juntaban, se me hizo horrible, en tal momento. a crió b como c sér d ‘Prosiga, e Micaela’, f Sierva
Copas “¡Alabaoa sea el Santísimo Sacramento del altar!”b (Remendando la vieja)c “¡Sead por siempre alabado y bendito!”e “Entref y siéntese, señág Micaela”h —le dice mamá— “Mii Dios se lo pague, mi sia j Ugenita; pero mal podería yo sentame en casa de tanto respeuto” —“Siéntesek que vendrá cansada. Arrímele un asiento, Felipa”.l Hasta del taburete me acuerdo: tenía un elefante en el guadamacil.21 Mamá notó mi sobresalto y dejó de expurgarme. Me aparté a un lado; pero quedé como clavado en la tarima. Yo, a mi vez, le noté a ella, en medio de todo eso, cierta cosa, allá medio rara. “¿Ym qué vientos la trajeron por acá, señá Micaela?” —“Pes,n ¿no serán los del Niño Dios, mi sia Ugenita?... Más, siembargo: ultimadamente no son los del Niño,ñ ¿para qué?,o si no es la verdá. Es que yo venía a elevale una queja, que tal vez pueda enfadala a vusté; y eso porque así me l’ordenó mi amo el padrecito Ramón María. Y me l’ordenó bajo preceuto de santa obedencia” —“Diga, a ver qué es. Yo no me enojo. No le dé cuidado” —“Es qu’estando aquí presente este niño Críspalo, mi’ocupap la vergüenza pa decile” —“¿Es alguna queja contra él?” —“Contria él es, precisadamente” —“Bien puede decir. Críspulo no ha de negar nada, desde que sea cierto” —“Tres testigas truje, que no me dejarán mentir. Ai se quedaron sentadas en el quicio del portalón, por si vustéq las llama: son señá Guruguro y sus muchachas” —“¿Conque eso es con testigos y todo? Pero no hay necesidad: yo le creo a usted lo que me diga” —“¡Mi Dios se lo pague porque confía en la palabra d’esta triste vieja! Es qu’este niño me la tiene jurada, dende hace días, a yo y’a mi muchachita Damiana, qu’es una cordera inocente. Nada l’emos hecho ni yo ni ella, pa que los acoce d’esa laya. A mi muchachita la llena d’implopelios, dende que la devisa: le grita Botijona, Ojosdesapo, Careplasta y’otros dichos tan deshonestos, qui’hastar en pecao s’incurre tan solamente con divulgalos. A más d’eso, li’haces unas muecas y unas burletas de lo más horrendas y malvadas: unas veces es qui ni un gato que v’aruñala y’aventásele encima; otras veces echa a latile como un perro bravo, mesmamente. Pero lo más pior, mi sia Ugenita, es que la sorrostrica,22 cada rato, con unos inrrespetos muy endecentes: él le tira las crisnejas, él la jala de la saya y le pelizca la nuca, los mollelos y los tobillos; a ella que no la ha tocao más mano q’esta de su madrecita. Y, el otro día, li’arrancót el pañueloncito, cuasi nuevo, y se lo rumbó pu’aa,u en unas bascocidades, onde duermen unas gallinas. A lo que l’hace llorar, la suelta y echa a bramale y a chiflale el corcobeo, como si mi muchacha juera alguna loca go alguna res toriada” —“El loco es él, señá Micaela” —dice mamá, con una exaltación que no le conocía—. Y no solo loco: es un idiota, que no sabe lo que hace ni lo que dice. No deben hacerle caso, ni usted ni Damiana, a este tronco de carne. ¿No ve que es bobo, completamente bobo?” —“¿Bobo, mi sia Ugenita? Vusté lo dice; pero ¡Ave María...!,v ni un viejo tiene tanta experiencia, ai onde lo ve tan mediano. El otro día ganó por el alto de las Crucesw y se paró en la vereda al propio frente del ranchito, onde vivimos yo y mi muchacha. Ai traía una boloquera pa matar pajaritos; y, no más me vido, echó a’puntame; después se montó en ella, se
a ‘¡Alabao b Altar’ c ( Remendando
la vieja)
d ‘¡Sea e bendito! f Entre g Señá
h Micaela’ i ‘Mi j A, B: mi Sia /
C: mi sia / D, E: misiá k respeuto’—‘Siéntese l Felipa’ m ¿‘Y n Micaela’?—‘Pes ñ Niño ¿para o qué? si p mi-ocupa q busté r qui-hasta s li-hace t li-arrancó u pu-aa v María....! ni w El Alto de las Cruces
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla voltió de p’arriba los pálpados, se metió los dedos en la boca y se la desjaretó cuasi hasta las orejas; y dice a rebuznar, a corcoviar, y’hacemea cizañas, horquetiao en la dichosa boloquera, que parecía el enemigo malo; al’último me tiró un boloque, en la propia devisa de la montera.23 Sí, como jue ai, ha sido en una vista, me vacea el ojo, el niño Críspalo. No más peló la gracia, guyó falda arriba, a toíta estampida. Al rato bajó. Yo’stabab moliendo cacao, y, como la piedra queda cuasi al ventestate, echó a vigiame, a vigiame, por detrás y’ac toceme muy maluco; y, no más me devisó las naguas, se larga contria yo: que yo no era hombre, pa’ponemed ruanas hilachentas y mugrosas debajo de la junda; que no juera tan cochina ni tan endecente, y otro rigor de inominias a cual más puerca y’asquerosa;e porque ¡Ave María, mi sia Ugenita! la boca d’este niño no parece de criatura redemida con la sangref preciosag de mih Amo y Señor: parece, mesmamente, la boca di’uni condenao”. Yo no perdía ni una palabra de aquella acusación tan exacta; la oía como en una pesadilla. Ni si quiera intenté huir: ya te dije que me sentía como paralizado. Debí ser, en esos momentos, la imagen, fiel y precisa, de la culpa. Cerraba los ojos, me los tapaba con una mano convulsa, me temblaban las piernas, sudaba frío, sentía náuseas j y como fatiga en la boca del estómago. ¡Y aún faltaba el cargo grande! No se hizo esperar. La vieja, después de una pausa, continuó, con otro tono, allá medio lastimero: “Yo tenía, mi sia Ugenita, algotra cosita más que alvertile. Es que yo y mi muchachita semos unas méndigas que no pedimos, porque Dios es grande, y será, tamién, porque los ocupa la vergüenza. Tan solamente tenemos pa echalos un bocao y tiralos un trapito encima, uno qui’otrok chimbito que ganamos con la molienda del cacao y lo poquito que vendemos de una güertecita, que labramos losotras mesmas.
Pero qué le parece mi siá Ugenita: ayer, con la tarde, bajamos a la novena del Niño, y, cuando golvimos, topamos la güertecita com’un patiadero de alimales, mesmamente como si sí’hubieranl colao vacas ladronas go cuchinos sin argolla; toítico’staba desguazao go arrancao de pu’entero:m tomateras y cebollas y coles y repollos y las habas y la mafafa y toítos los aliños y las matas pa medecinas; toítico, mi miá Ugenita.n ¡Eso daba compasión! La señá Guruguro, qu’es vecina y lo vido todo, vino y los contó que este niño había sido el del daño. Qu’ella quizque bregó por contenelo, con guenas palabras, y qu’eso jue como echale sebo al candil: lo qu’hisoñ jue ponela com’un pantano, y, a cada dicho qu’él le gritaba, arrancaba go desguazaba con más gana. Consiá mi siá Ugenita, qui’agarróo el taciso rajaleña que teníamos ai en la cocinita —porque allá en esos altos, nadie quita nada— y con él hizo la tumba y los destrozos grandes. Aquello quizqu’era que ni empradizando. Que de presto tiró el tacisop y las emplumó falda abajo, que ni venao perseguido. Los coló tanto flato, a mi muchachita y a yo, que los emperramos a los gritos. En esas pasó el padrecito Ramón María que golvía de una confesiónq y las vecinas le contaron; y, antonces, él me dijo que no pusiera la queja a l’autoridá, sino, mas bien, que viniera onde vusté,r pa que reprendiera el niño y’as ver si quería pagame los perjuicios” a y’ haceme b Yo ’staba c y-a d pa-poneme e y-asquerosa;
f Sangre g Preciosa h Mi
i di-un j nauceas k qui-otro l sí-hubieran m pu-entero:
n Ugenita ñ qu-hiso o qui-agarró p taciso, y q confesión, y r Vusté, s y-a
Copas —“¿Cómo no,a señá Micaela? Nada más justo. ¿Cuántob pide?” —“Vusté dirá, mi siá Ugenita; ya ve que semos unas probecitas desamparadas. Ño Rafael Mocho, qu’es güertero, vido el perjuicio y dijo que, por muy barato, valería de tres patacones24 p’arriba... talvez cinco chimbos25 go tres riales26 más” —“Eso tiene que valer mucho más, señá Micaela”. Se levanta y se entra hasta su alcoba. Yo seguía clavado en esa tarima, agobiado por la cobardía del criminal cogido. Temblaba todo, como con tercianas. Mamá vuelve, comprendo que trae una mochila con plata, siento que la pone sobre la mesa, siento que saca monedas; pero de pronto se parac y le pide a Felipona el martillo y un clavo. Adiviné al vuelo de qué se trataba: la conciencia me lo gritó. Sí, viejito, era mi alcancía. La rompen, y, sin contar, la vacíad mamá en las faldas de la vieja; toma la mochila y le agrega no sé cuánto. ¡Qué aspavientos los de ña Micaela! “Me alegro que se vaya contenta —le dice mamá— hoye mismo le mando un socorro, que le supla a usted y a Damianita, y todos los lunes voy a mandarles con qué pasen la semana, sin que vengan a pedírmelo. Pero ¡eso sí!, esf a condición de no contarle a nadie las estupideces de este locog y que yo quiero favorecerla. Si le cuenta a alguno, lo pierde todo. Ya sabe, pues. Le pido, también, que encomiende a este en sus oraciones”. El llanto de la dicha no dejaba replicar a ña Micaela”.h ¡Cómo bendeciría mis maldades y mi boca de condenado! Mamá hace entrar a la señá Uruburo y las hijas, les da plata, les compra el silencio. Apenas salen, cierra la ventana, manda a la niñera echarle llave al portón, y cae como desmadejada en una silla. Siento que llora, que suspira, que sufre mucho. De repente exclama, como extraviada: “¡Gracias a Dios que te evitaste esta pena y esta vergüenza! ¡Cuántas más te evitarás!”. Comprendí que le hablaba al retrato de papá. Ella, tan serena siempre, siempre tan fuerte, prorrumpe, a poco, con desesperación: “¡Por los clavos de Cristo, Felipa! ¡Qué i no lo sepan mis otros hijos, ni las criadas; que no lo sepan en casa ni en casa de los Albanos, que no lo sepa nadie! Todos mis desvelos, todas mis oraciones, por este hijo, van a ser inútiles. No ha cumplido los trece años y ya tiene el alma manchada con pecados mortales, con infamias. ¡Ya es un criminal! Con esos sentimientos tan ruines, tan depravados, j ¿qué irá a ser de hombre? ¡Un presidiario!... ¿Quién sabe qué? ¡Dios mío: castígame o pruébame con otras desgracias! ¡Perok no con delitos ni deshonras en mis hijos! ¡Yo te ofrezco mi vida, mi...!l No sigue porque los sollozos no la dejan. Yo no conocía un dolor como ese. Lo que pasó por mí nunca sabré expresarlo. El poder que me retenía en mi puesto, se rompió de un golpe: salté desalentado y caí de rodillas a los pies de mi madre. Le imploré castigos; le imploré azotes, palos, vergüenzas públicas; le imploré me atara de los pies con una soga y me colgara de una viga, según la amenaza de don Isaac. Le prometí, le juré; hundí mi cabeza en su regazom y me quedé no sé si inconscienten o privado.
Cuando recobré el sentido su cara y la mía estaban unidas y nuestras lágrimas corrían mezcladas en un solo llanto. Ella se calmó primero, me enjugó y me dijo: c pára, y d vacia e Hoy f sí! es g loco, y h Micaela i ¡Que j depravados ¿qué k ¡pero l mi!....
m regaso n inconciente a nó, b Cuanto
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla “Que Dios te oiga, hijo querido. Y te oirá como me ha oído a mí, que tanto le he pedido tu enmienda. Ya veo que te ha tocado el corazón. Bendigámoslo con toda el alma. No llores más: esos pecados que has cometido los vas a lavar esta misma tarde, para seguir buen cristiano y buen caballero toda tu vida. Si siguieras tan malo como hasta ahora, ni tu abuelito ni yo lo soportaríamos: él moriría de tristeza y a mí tendrían que encerrarme en una jaula como loca furiosa. Debes estar muerto de fatiga, pobre hijito. Te vas al comedor a que Felipa te cuidea y después te entras a tu cuarto a hacer el examen de conciencia. Yo iré de aquí a un rato a darte los últimos retoques. Mientras tanto voy a ver qué ropitas y qué bastimento le mando a esas infelices, víctimas de tus disparates. Pienso protegerlas hasta donde sea posible y no por caridad sino por justicia y por desagravio". Salió y yo volé a cumplir sus órdenes: por vez primera sentí la dicha de obedecerle. Me hizo confesar con el padre, sabedor de mi última culpa, a quien nunca me había arrimado, como penitente. Me encantó tanto que, de allí en adelante, fue mi director espiritual. Mamá y yo comulgamos juntos en la misma tanda y juntos ofrecimos la comunión. Después del desayuno me notificó el castigo que me tenía preparado, de acuerdo con su confesor. De la próxima Navidad que caía, de ahí a seis días, quedaba excluidob y proscrito, en todo y por todo: ni pesebres en la calle, ni intervención en el de casa, ni verlo siquiera. Ítemc más: no acompañaría a los sirvientes a llevarle la comida a los presos, como lo hacíamos siempre los tres varones; no probaría nada que oliese a platos o golosinas de Noche Buena.27 Entre los árboles del huerto, en el jardín, en el cuartico,d anexo a su corredor, debía sufrir mi confinamiento, del veintidóse al veinticinco, inclusive. Solo saldría a misa el último día y eso por ser de precepto. A mi destierro me llevarían la comida y lo más que necesitara. A las seis debía recogerme en mi cuarto. Allí me pondrían el nacimientof deminuto28 de tagüa,29 tan disputado por mis hermanas; me darían novena para que rezara y meditara, yo solo, en el misteriog de Belén. Tan enérgica era mamá y tal estaría yo, que cumplimos el mutuo castigo al pie de la letra. En esos cuatro días leí, recé, pensé tantas cosas. Mamá,h en las treguas que le daba aquella complicación de obsequios y pesebre, caridades y visitas, iba a buscarme, a decirme palabras de aliento y de sabiduría, a sugerirme sentimientos elevados e ideas claras sobre la vida del hombre, sobre su alma y su destino eterno. Eso fue algo así como unos ejercicios verdaderamente espirituales. Aquí se inició, entre Mamá y yo, ese vínculo entrañable que nos ha unido desde entonces. Deudos y extraños comentaban mi castigo pero ¡cuán lejos estaban de la causa! Creían que Mamá quería cobrarme juntas todas mis faltas del año. Adelina, la mayor, aseguraba que todo era por haber roto de una pedrada y, solo por el amor al daño, una jarra de cristal muy fina y admirada. Me chocaba que las visitas me hicieran tantos aspavientos con ella. Así era yo de mala entraña y de arbitrario. Adelina y Felipona pidieron mi indulto, suplicaron, gimieron. Todo en balde. El veintiséisi apenas me asomé a la calle. Me estuve casi todo el día ante el pesebre, j rezando con un fervor que embelesaba a mamá. a te cuide, y b excluído c Item d cuártico e veintidos f Nacimiento g Misterio h Mamá i veintiseis j Pesebre
Copas Ni los platos vedados, que ni chicos ni grandes desdeñan, me entusiasmaron demasiado. Yo me sentía otro, como si me hubieran infundido un alma enteramente diversa a la anterior. Ese mismo día relegué la cerbatana a un rincón del cuarto de los trebejos. ¡Y adiós pajaritos pintados! Ni muertos ni aturdidos los volví a ver en mis manos. Don Isaac no me conocía; no me conocían los condiscípulos. Me buscaban pleito y yo no hacía cara; me decían lambón, hipócrita, engreído y otras cosas, y no hacía caso; se formó gavilla contra mí, dizque para bajarme el moño, y yo la conjuré con buenas razones. Me volví muy casero y estudiaba mucho con mis hermanas, a quienes enseñaba mamá lo que no aprendían en el “colegioa de doña Martina”. Mamá nos fue iniciando en las buenas lecturas y desde entonces data mi pasión por los libros. Mis esparcimientos, por fuera, eran montar, algunas tardes, mi caballito negro, y dar una vuelta por nuestra finquita de “La Angostura”, e ir los sábados con algún hermano a la finca de “El Playón”. De ahí traía a mamá informe detallado sobre animales, siembras y labores. Todos auguraban que iba a largar la tupia30 muy feo; ¡y ya ves,b viejo!,c todavía no se ha visto la inundación. Al año siguiente vino el doctor Arellano a abrir el “Colegio Superior”. Yo fui, si no el mejor, el más aplicado de los estudiantes. Lo digo sin modestia; pero sin vanidad. Solo dejaba los textos los domingos y en las vacaciones, para entregarme a libros de historia, de religión, de viajes y de literatura. El abuelito Esteban tenía bastantes, casi una biblioteca, en casa había algunos, mi mamá me iba consiguiendo y el doctor Arellano indicándome. Te aseguro, viejo, que cuando fui a Bogotá, comprendí que tenía mucha preparación. El doctor me recomendó a tres condiscípulos suyos, que trabajaban en el profesorado, y esto me valía mucho para la habilitación de algunos cursos y para buenas relaciones. Ahora te diré de mis víctimas. La protección de mamá fue para ellas una bendición: les hizo cocina, les transformó el rancho en cabaña, les mandó todos los trapajos y corotos viejos que sobraban o estorbaban en casa. Figúrate la dicha de esas infelices con comida de verdad, con camas, con colchón y abrigos. Todo se les iba en rezar por nosotros. La vieja se remozó y la hija parecía menos idiota. Es que el calor y el alimento hacen milagros. Tan notoria fue su prosperidad, que la gente ignorante de las caridades de mamá, forjó leyenda.
—¡Cómo no! La oí: Que ña Micaela, por cazarle el nido a una gallina idiática,31 se había topado, en un vallado, tamaña limeta llena de oro. —¡Eso! Y que un ño Rivillas, antiguo dueño de ese alto y que espantaba mucho, fue el enterrador... y no sé cuántosd y tantos datos más. ¡Pues bien, viejito! Yo soy más católico que el condee José de Maistre: creo en la intervención de laf Providencia en toda vida humana; creo que Ella emplea los medios más imprevistos, los más insignificantes, en apariencia, para que el pecador se enmiende. Y no me refiero, únicamente, al pecador que cree: me refiero a los incrédulos mismos. Ya ves cómo se vuelven a Dios, muchos que se han sentido ateos y que como tales han vivido. Concretándome a mi caso, voy más allá. Creo que la Providencia ha sido a Colegio b vez, c viejo! todavía d cuantos e Conde f La
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla conmigo especialmente misericordiosa: yo era un inclinado a todas las maldades, una esperanza para los tres enemigos del alma, un candidato elegido para el Congreso Ecuménico del Pecado. Pero vino ña Micaela y quebrantó la esperanza y anuló la elección. Para mí fue esta infeliz vieja el instrumento de que Dios se valió para ponerme, desde niño, en buen camino; creo, también, que sus oraciones, unidas a las de mi madre, son valederas, ante la Providencia y han contribuidoa a que no me haya extraviado. Dirán muchos —y acaso lo digas tú mismo— que todo fue obra de la casualidad y una reacción muy natural en caracteres violentos y extremados, que el mundo está lleno de estos cambios y que por el niño no se puede inducir el hombre; dirán que este criterio mío, para apreciar un hecho tan común, es arbitrario y arreglado al caso, por posterioridad; que son autosugestiones de creyente, fantasías de ilusos, preocupaciones de espíritus estrechos, cuentos de viejas. Bien puede ser cualquiera de estas cosas o todas ellas juntas; pero,b ¿qué vamos a hacerle? Nadie puede ver nada sino por sus propios ojos, nadie puede juzgar sino por su propio juicio. Dada mi sicología, dada mi educación, dada mi madre, tengo de mirar cielo y tierra por el telescopio de la fe. Por otro cristal no puedo verlos. Si esto es una patraña ridícula que me he urdido para mi uso exclusivo, en esa patraña quiero morir. Amén... y perdona el disquito.
—¡Caramba, doctor Albano! ¡Valiente película tan complicada tenías por dentro! Ni media idea tenía de tales enredos, con ña Micaela. Me has trabajado muy bien el disco: con los adornos y repulgos que yo quería. La cosa es así: como tú la sientes. Yo, que soy tan conservetas como tú, la pondría lo mismo de cansona, así a mi modo machetero y chambón. Esa vieja, sea porque mi Dios te la mandó o porque te salió de chiripa, te agarró el alma, te la puso en el chorro, le dio tres estregones y le sacó la peste que te estaba embromandoc (Llena las copas y agrega)d ¡Choca, doctor, y de pie! ¡Por el ánima de la difunta Micaela Calderón!
—¡Por ella, viejo querido!
Y el caballero creyente yéndose al extremo opuesto de la azotea, apóyase en la balaustrada, mira el cielo, y, con todo el corazón, reza pore la vieja, losf tres padrenuestros del Camarero,g32 con sus ofrecimientos y su jaculatoria.h a contribuído b pero ¿qué c embromando. d agrega).
e per f «Los g camarero» h [Se decide disponer este fragmento en cursiva para completar el uróboros del cuento, debido a la correspondencia de este pasaje textual con la voz del narrador omnisciente que inicia el relato del cuento].
Copas
1
Cuento publicado por primera vez en la revista Lectura Breve el 16 de agosto de 1923 (N. del E.).
2
tenorio: m. Hombre mujeriego, galanteador, frívolo e inconstante (dle, 2018).
3
mogos: m. En el n.° 754 de los Apunt. observa Cuervo: Tal cual vez ocurre la conversión de j o h aspirada en g... Entre nosotros dice el pueblo, mogo, mogoso, por moho, mohoso, y mogosiar por enmohecer… Quizás por una acción sicológica dice el vulgo mogo por modo o manera (ahac, 1986).
4
zuecos: m. Zapato de madera de una pieza (dle, 2018).
5
chifladura: adj. coloq. Dicho de una persona: Que tiene algo perturbada la razón (dle, 2018).
6
zoquetada: f. Bol., Col., Cuba, Ec., Hond., Méx., Pan., Perú, R. Dom. y Ven. Necedad, simpleza (dle, 2018).
7
pringues: m. o f. Suciedad, grasa o porquería que se pega a la ropa o a otra cosa (dle, 2018).
8
positivista: m. Fil. Sistema filosófico que admite únicamente el método experimental y rechaza toda noción a priori y todo concepto universal y absoluto (dle, 2018).
9
cluecas: adj. Dicho de una gallina o de otra ave: Que está en el período de empollar los huevos (dle, 2018).
10 lengüilargo: adj. Deslenguado, atrevido en el hablar (dle, 2018).
11 quicio: m. Parte de las puertas o ventanas en que entra el espigón
del quicial, y en que se mueve y gira (dle, 2018).
12 falduda: adj. Col. Dicho de un terreno: empinado (‖ de gran
pendiente) (dle, 2018).
13 zaguán: m. Espacio cubierto situado dentro de una casa, que sirve
de entrada a ella y está inmediato a la puerta de la calle (dle, 2018). 14 saya: f. falda (‖ prenda de vestir) (dle, 2018).
15 cataca: f. Significa en Antioquía propiamente ahorros que se guardan
en una alcancía, en un banco o aún invertidos en alguna cosa, Viene del anticuado catar, en el sentido de guardar, tener (ahac, 1986). 16 guache: m. y f. despect. coloq. Col. Persona ruin y canalla (dle, 2018).
17 guacharacas: f. Col. y Ven. Ave vocinglera del orden de las
galliformes (dle, 2018).
18 Pablo y Virginia: es una novela de Jacques-Henri Bernardin de
Saint-Pierre publicada en 1787 (N. del E.).
19 garbo: m. Gallardía, gentileza, buen aire y disposición de cuerpo
(dle, 2018).
20 himnotismo: hipnotismo (N. del E.).
21 guadamacil: m. Cuero adobado y adornado con dibujos de pin-
tura o relieve (dle, 2018).
22 sorrostrica: “es que la golpea a cada rato” (N. del E.). 23 montera: cabeza (N. del E.).
24 patacones: m. Antigua moneda de plata de una onza (dle, 2018). 25 chimbos: El chimbo fue una moneda que existió en Antioquia, y que luego de perder poder adquisitivo se comenzó a usar para referirse a cosas sin valor (Uribe, 2012).
26 riales: m. Moneda con diverso valor y factura según épocas y
lugares (dle, 2018).
27 Noche Buena: f. Noche de la vigilia de Navidad (dle, 2018). 28 deminuto: diminuto (N. del E.).
29 tagüa: f. Col. y Ec. Semilla de la tagua (dle, 2018). 30 tupia: desarreglos de la conducta (N. del E.). 31 idiática: ideático (N. del E.) adj. Chile, Col., Cuba, Ec., Hond., Méx., Nic. y R. Dom. Venático, maniático (dle, 2018).
32 los tres padrenuestros del Camarero: En Hace tiempos dice Carras-
quilla que su inventor fue un criado de san Gregorio y que se rezan por la intención de la encarnación, el sudor, en el Huerto de los Olivos y los tormentos de la crucifixión y como tienen mucha virtud con ellos se alcanza muchas indulgencias [...]. El camarero es el sacerdote o el laico destinado al servicio del Papa (Bernal, 2008, p. 140).
Notas explicativas
S Juan Esteban Hincapié Atehortúa Editor crítico Salutaris Hostia Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1931) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: A: Revista Mármol (1931). Medellín. B: Revista El Ariete (1933). Copacabana. C: Dominicales (1934). Medellín: Atlántida. D: Revista Vida (1936). Medellín. E: Obras completas (1952). Madrid: epesa. F: Revista Hojas de cultura popular colombiana (1957). Bogotá.
G: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. H: Veinticinco reales de gusto y otros cuentos (1998). Medellín: Editorial Universidad Pontificia Bolivariana.
I: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Salutaris Hostiaa1 En el pueblo lo veneraban. Cuál más, cuál menos le tenían por santo. Aquel sacerdote había llegado en momentos en que la parroquia era un nidal de víboras. Principiaba en el Estado Soberano de Antioquia2 la hegemonía del liberalismo; y por encima de esa tormenta inició su apostolado. Cuando la revolución del 79, ya recogía su cosecha: los odios de partido, si no amansados por completo, no eran para venganzas ni represalias.b Pasada la cuartelada de Jorge Isaacs,3 la paz de Dios reinaba en el pueblo: conservadores y liberales, elemento forastero, elemento oficial, todo lo había unido en su aprisco. Principió entonces la depuración de la piedad: acabó con los escrúpulos farisaicos, con la gazmoñería,c con la devoción indiscreta, y pudo formar de la manera más amplia y más sencilla, la conciencia colectiva. Nada de taciturno ni conventual. La sociedad no era un claustro. El reinado de Dios en las almas solod alegrías podría traer; solo el pecado era tedio y tortura; el pecado era lo único que no podía ofrecerse a Dios. Lo demás todo era oración. Reír,e gozar con lo bello y legítimo de la vida, divertirse, todo era ofrenda y era oblación. Los viejos, conocedores de la historia eclesiástica del pueblo, aseguraban que nunca habían recibido el precepto y el ejemplo con tanta claridad ni eficacia, y una señora definía al párroco de este modo: “Tiene a Dios Padre en todo el cuerpo, a Cristo en el corazón y al Espíritu Santo en la cabeza”. Como en todo se iba a lo esencial, ponía en el culto al Santísimo Sacramento todos sus empeños. Y decían las gentes: “Por más que bregue por ocultar su santidad, se le sale en cuanto toma en sus manos la hostiaf consagrada. Cuando lleva el Santísimo Sacramento, todo él se vuelve custodia”. En efecto, aquella cara descolorida y fea se transfiguraba. La festividad del Corpus Christi g4 la había disciplinado a su manera y el pueblo todo le ayudaba en la tarea. Nada de bandas estruendosas: para las salmodias5 medio gregorianas de aquel rito magno bastaba un armónium.h6 Para eso se le había encargado de poco peso y fácil transporte y dos montañeros endomingados de negro alzaban con él cual si fuese una mesa cualquiera. Nada de ninfas en la procesión, nada de niños con estandartes: ellas regarían la vía antes que los ciriales apareciesen en el atrio; ellos se pondrían junto a sus altares respectivos. Son las dos de una tarde luminosa. Aquella plaza de cumbre perfila su iglesia y casi toda la techumbre de sus casas en pleno firmamento. Ni giros de aves oscuras, ni cendales7 de nubes maculan el azul infinito. La comisión ordenadora ha terminado su cometido. La plaza está como si fuera el templo. Las tiendas están cerradas. Cerrados y desiertos los balcones. Por las ocho bocacalles, por las aceras, a Salutaris Hostia.
b represalías c gasmoñería d sólo e Reir f Hostia g Corpus Christi [Debido a su calidad de festividad religiosa y su escritura como latinismo sin adaptar se decide escribir en cursiva y con mayúscula inicial todos“Los sustantivos y adjetivos que forman parte del nombre de festividades” ( ole, 2010, p. 502) ].
h armonium
Salutaris Hostia por la plaza,a yace el pueblo de rodillas. Cada cual puede girar en su puesto sin levantarse un momento. Salen; músicos y armóniumb enfilan por la vía; enfilan la cruz y los ciriales, luego el guion.c Cuando está distanciado, surge en el pórtico la sacramental, augusta exposiciónd y entra en la vía. La oración de las campanas resuena en la majestad del silencio. Parecen ahí nacidos los palmares que han plantado los campesinos; parecen ahí nacidos los arcos de guaduas y de chusques8 que han erigido a su Dios. Se deposita en el primer altar; se deposita en el segundo. El palio,9 —aquel palioe magnífico, desproporcionado a los recursos y al culto del lugar, y que tiene una historia en sus anales— se f mueve lentamente. Por entre tanto follaje resplandecen sus varas, y los piñones que las rematan flamean al sol como cirios encendidos. Ondula la blanca sedería y cabrillea el brocadog10 y el oro de sus recamos11 y guarniciones.
Por delante del primer altar han pasado músicos, cruz y ciriales; el palio se aproxima. Los niños de los estandartes, allí arrodillados, han perdido su devoción y se comunican el secreto. En el cuadro de un postigo sin vidrio se ha posado el turpial, aquel turpial tan conocido, tan arisco, tan rabioso, que sabe salir o encerrarse en su jaula, que se burla de gatos y gavilanes. Vuela del postigo al pasamano del barandaje. ¿Qué h vendría a hacer el pajarito? Está inquieto, asustado. Mas no por el gavilán, porque no estaría allí. Es el altar uno como pórtico de musgo, rematan sus columnas en matorrales de orquídeas; se alza en el centro un pedestal entre dos cardos enormes que levantan esa flecha rojiza y resistente. A tiempo que el párroco se destaca con la majestad,i vuela el turpial a una orquídea; avizora hacia arriba, avizora hacia abajo. Apenas está la custodia en el pedestal vuela al espigón del cardo, se aferra a una rama, entreabre las alas, entreabre la cola agitado y vibrante, y rompe en un trino que se oye claro a pesar de las campanas. Uno de los sacerdotes hace seña a los músicos, y el rito es rezado, murmurado; y el turpial se columpia en su rama y modula y gorgorea y junta todos sus motivos y afina todas sus cadencias y sigue y sigue. El rezo termina, y el turpial sigue cantando ante aquel auditorio sobrecogido. De pronto calla y torna a su casa por donde ha venido.
¿Levantose j alguna leyenda sobre este caso? No. El mismo párroco se opuso. Una vez en la iglesia y la Majestad velada, habló muy conmovido del suceso: no fueran a inventar milagros ni simplezas, ni lo metieran a él en el asunto. Allí no había nada milagroso, fuese acto providencial o del acaso. Aunque no era dogma, por cierto lo tenían muchos santos, que toda la creación adoraba a su Creador. Bien claro lo expresaban salmos y cánticos de la Iglesia.
Tal vez por esto no salió aquello del curato; mas, en el pueblo, muchos convenían en que el párroco había conjurado al turpial y el turpial había obedecido. ¿Qué trabajo le daba al señor cura? Entre chuscos y cándidos, formaron la historia que se contaba en secreto. Eso era un pacto. En la mañana del lunes precedente a plaza yace b A, B: armoniums / C, D, E, F, G, H, I: armonium c guión d La Sacramental, Augusta Exposición e palió,—aquel pálio f —se g brocato h Qué i Majestad j Levantóse
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla subía el cura. Venía de auxiliar a una moribundo. El turpial estaba desayunando en un matorral de cebada nacido en un tiesto, en el balcón de la casa escalonado más abajo. El cura le dijo: —Cuídateb harto, negrito pechiamarillo, ensaya todo lo que sepas, porque el jueves tienes que venir a tu esquina a echarle un cántico al Señor. El pájaro sacudió la cabeza en señal de asentimiento. Esto es rigurosamente histórico.12 a auxiliar un moribundo [Para garantizar la coherencia sintáctica del complemento indirecto se agrega la preposición a].
b le dijo:—Cuídate
Salutaris Hostia
1
Cuento publicado por primera vez el 27 de junio de 1931 en la revista Mármol de Medellín (N. del E.). O salutaris está formada por las dos últimas estrofas del himno Verbum supernum (el verbo supremo), creado por Santo Tomás de Aquino (siglo xiii) para el oficio de Laudes (el segundo rezo del día) de la fiesta del Corpus Christi. Se canta, con frecuencia, pero con melodía gregoriana, ante el Santísimo Sacramento; pero, también, como motete, en el Ofertorio y Comunión de misas solemnes. Letra original: 1. Oh salutaris Hostia, quae coeli pandis Ostium; Bella premunt hostilia. Da robur fer auxilium. Traducción: ¡Oh, Hostia saludable! Tú que abres las puertas del cielo, préstanos tu fortaleza y tu auxilio cuando los enemigos estrechan el cerco. 2. Uni trinoque Domino. Sit sempiterna Gloria, qui vitam sine termino, nobis donet in patria. Amen. Traducción: Para Ti, Señor, uno y trino, sea siempre la gloria eterna, que nos conceda una vida sin fin en la patria (el Paraíso). Amén (de Morales, 2018).
2
Estado Soberano de Antioquia: El primer paso en el proceso de creación del estado soberano fue la reunificación de las tres provincias en una sola entidad territorial, tal como ella había venido funcionando desde los tiempos coloniales, cuando fue creada por la Corona española en 1576. La reintegración se formalizó mediante la Ley de 14 de abril de 1855, expedida por el Congreso de la República y en la que además se indicaba que la sede de los poderes públicos volvería a ser la ciudad de Medellín, que recuperó así su condición de capital única y desde la que los conservadores […] lideraron su hegemonía sobre las decadentes ciudades de Santa Fe de Antioquia y Rionegro, en alianza con nuevos centros de poder conservador en el sur, como Sonsón y Salaminia [...]. El régimen conservador duró en Antioquia hasta octubre de 1862, cuando en el marco de la guerra civil que se libraba en el país, el general Mosquera ocupó este estado, que era el bastión conservador de la república, y lo sometió después de que el aniquilado gobierno de esta región le ofreciera el acuerdo de paz celebrado en la Aldea de María [...]. Inmediatamente Mosquera se declaró Gobernador Provisorio y con tal carácter dictó el Decreto Orgánico de la Administración Pública de Antioquia, lo que de suyo significaba que la Constitución de 1856 dejaba de regir. El 8 de noviembre siguiente Mosquera suprimió el departamento de Oriente, cuya capital era Marinilla y lo anexó al departamento de Rionegro y el 13 de noviembre suprimió como entidades públicas a casi todos los municipios conservadores de Antioquia y en el oriente solamente dejó a Rionegro y a El Peñol, a los cuales anexionó todos los demás. Finalmente, puso al frente de los destinos del estado al joven Pascual Bravo de solo veinticuatro años, quien en ejercicio de ese cargo y de acuerdo a una visión conservadora más bien contemporánea: fue quizás más exagerado que Mosquera en su odio al clero y en su satánico celo en la persecución a los sacerdotes y a los elementos del orden [...] el joven gobernador Pascual Bravo llevó a cabo medidas muy radicales contra las comunidades religiosas, tales como la expropiación de los bienes de manos muertas y el control de la Iglesia por parte del Estado. Esas acciones le acarrearon una fuerte oposición de sectores muy importantes de la sociedad antioqueña, que llevaron a un levantamiento contra su gobierno, pues los conservadores, descontentos con esas medidas se lanzaron a la insurrección. La revolución conservadora contra el gobierno liberal de Antioquia, que estuvo dirigida por Pedro Justo Berrío, estalló el 7 de diciembre de 1863 y se le denominó la causa de la restauración. Fue muy rápida, porque el joven e inexperto gobernador Bravo no fue capaz de evitar y contener el alzamiento, y en menos de un mes, los conservadores obtuvieron dos triunfos decisivos (Zuluaga, 2013, pp. 77-79).
3
Pasada la cuartelada de Jorge Isaacs: Jorge Isaacs, nacido en Cali en 1837, recaló en Antioquia en 1877 dentro del séquito del general Julián Trujillo [...] que consagraba el derecho de los “estados soberanos” a declararse guerras ante las cuales el gobierno de la Unión debía permanecer neutral [...]. Trujillo asume la “presidencia” del “Estado Soberano de Antioquia”. Legitima su mandato por una asamblea constituyente que lo nombra por cuatro años (hasta 1881). A poco andar se le concede licencia por 30 meses para que ejerza la presidencia de los Estados Unidos de Colombia por dos años en Bogotá, de tal manera que pueda regresar luego a la jefatura del Estado de Antioquia [...]. Por ese tiempo Isaacs dirige el periódico [...] del gobierno de Antioquia y, desde luego, por su prestancia intelectual, influye en sus determinaciones [...]. Entonces, el 25 de enero de 1880 se encarga a Pedro Restrepo Uribe, uno de los cinco designados. Tres días después le da golpe de estado el general Ricardo Gaitán Obeso, y el siguiente 1º de febrero, en Rionegro, con cuatro gatos armados, se proclama Isaacs “jefe civil y militar del Estado”. Su gobierno de facto se prolonga hasta el 13 de marzo de 1880, cuando la intervención armada (pero “inconstitucional”) del gobierno central lo obliga a celebrar un tratado con su prisionero Restrepo Uribe para restablecer a este en el gobierno, convenio que no será respetado porque pronto se libra orden de captura contra Isaacs, quien logra escapar al Tolima antes de llegar a Bogotá, donde es privado de su curul en la Cámara de Representantes. Luego caerá en la más abyecta miseria, de la que saldrá a una decorosa pobreza gracias a empleos públicos de pequeña categoría, hasta su cristiana muerte a los 58 años, en Ibagué. Isaacs narra en 430 páginas la historia de sus 43 días en el “poder”. La “cuartelada” de Isaacs, al decir de Carrasquilla, es una tragicomedia [...] cantada con acento de exaltado fanatismo liberal y antinuñista, porque entonces [...] Jorge Isaacs era radical y comecuras [...] adobada con odios y chismes parroquiales, y sustentada con despachos y proclamas tan bien escritas como inútiles, para detener el pelotón que venía a imponer la “legitimidad” (Alvear, 2013).
4
Corpus Christi: El Corpus Christi también conocido como Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, es un día en el que se conmemora de forma especial la celebración de la Eucaristía como una institución que forjada y puesta en marcha tras las enseñanzas de Jesús en la tierra y sus posteriores influjos en el cómo se desempeñaron sus discípulos tras su ascensión a los cielos [...]. La celebración del Corpus Christi se realiza sesenta (60) días después del domingo de Resurrección, razón por la que se trata de una fecha que está signada por las disposiciones que marquen el inicio de la celebración de la Pascua. A su vez y para complementar el dato, el Corpus Christi se celebra el jueves posterior a la Solemnidad de la Santísima Trinidad, la que a su vez se da el domingo siguiente al Pentecostés (Rivas, 2014).
5
salmodias: f. Parte de la liturgia de las horas en la que se rezan o cantan varios salmos (dle, 2018).
6
armónium: m. Órgano pequeño, con la forma exterior del piano, y al cual se da el aire por medio de un fuelle que se mueve con los pies (dle, 2018).
7
cendales: m. pl. Algodones que se ponían en el fondo del tintero (dle, 2018).
8
chusques: m. Col. Planta gramínea de mucha altura, que es una especie de bambú (dle, 2018).
9
palio: m. Especie de dosel colocado sobre cuatro o más varas largas, bajo el cual se lleva procesionalmente el Santísimo Sacramento, o una imagen, y que es usado también por el papa, algunos prelados y algún jefe de Estado (dle, 2018).
10 brocado: Del it. broccato, y este de brocco. m. Tela de seda entre-
tejida con oro o plata, de modo que el metal forme en la cara superior flores o dibujos briscados (dle, 2018). 11 recamos: m. Bordado de realce (dle, 2018).
12 histórico: en la parte final del cuento en la revista Mármol apa-
rece la fecha, probable, de terminación del cuento el 16 de junio de 1931 (N. del E.).
Notas explicativas
Salutaris Hostia
Dominicales * *Dominicales son, en palabras de su autor, “una serie de cuadros rústicos y urbanos, alternados” (“Autobiografía”, 1915, p. 698) fueron publicados en El Espectador de Medellín entre los trimestres intermedios de
1914. En diversas publicaciones
han sufrido alteraciones en el orden de la colección, para esta edición crítica se mantiene el orden original de publicación y se restituye el corpus de este conjunto, tratado indistintamente por los editores, bien sea separando cuentos del corpus o sumando otros de épocas diversas. Laura Daniela Arboleda Ramos Editora crítica
E En los campos Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1914) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: A: El Espectador (1914). Medellín. B: Dominicales (1934). Medellín: Atlántida. C: Obras completas (1952). Madrid: epesa. D: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. E: Veinticinco reales de gusto (y otros cuentos) (1998). Medellín: Editorial Universidad Pontificia Bolivariana.
F: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Laura Daniela Arboleda Ramos Editora crítica
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla En los campos1 (Campesinos) Flota en el aire un espíritu de santidad que difunde paz y alegría. Se le siente en su reposo, se le oye en su silencio, se lo adivina en todas partes, y, en su misma solemne inmovilidad, que semeja la de un niño que se ha dormido en la muerte,a parece que se agitase errabundo, inspirando a los espíritus pensamientos de bondad y a los corazones una plegaria. El viento, que va y viene ledo y cariñoso, es su vocero, en esas mañanitas dominicales. Murmura en los follajes un rezo fervoroso, que almas buenas repiten sin saberlo; suspira quedo en las rendijas, para recordar a las gentes que es día de visitar a Dios y de ofrecer oblaciones.
Praderías y ganados, aves y montañas, fuentes y peñascos, sol y nubes, están yab congregados en oración, y la naturaleza toda proclama, en su quietud augusta, en su calma religiosa, que es domingo, porque el domingo no ha menester que lo marque el almanaque: el orbe lo anuncia con señales inequívocas. De los hogares montañeros va subiendo, antes que el humo, el coro de alabados, en que se cantan el ángelusc y se bendice la luz del día, y “al Señor que nos la envía”.d De las sierras y las colinas van descendiendo las gentes, “a paso de difunto montañero”,2 mientras trajinan por los llanos los de tierras bajas. Cargan los pobres los productos de sus corrales y labranzas; arrean los acomodados sus cuartagos,e van los ricachos muy campantes, con sus mujeres en sus respectivas “bestias de silla”,f lujo del campesino antioqueño; mientras la prole moza, casados y solteros, hembras y machos, andorrean alegres, entre la chusma de chiquillos, arreando a cuálg más. Unos tras otros, convergen todos al camino real, donde se va formando la pintorescah caravana. ¡Qué i saludos, qué miradas, qué coloquios aquellos! Los novios campesinos j tienen estas juntas andantescas de los domingos por lo mejor de sus idilios. Bajo el sol de la mañana, en las vueltas del camino, humedecido aúnk por el rocío, el corazón dicta y la lengua obedece.
La tribu de mano3 Anselmo Laverde, el patriarca más ricol de estos campos de Santa Ritam y que ha plantado en torno de sus lares los de sus nueve hijos casados, es siempre de las más retrasadas, pues, aunque madruguen con los gallos, se les va el tiempo, mientras cargan, arreglan y se juntan. Aquel domingo ha sido de los más complicados y de mayor apuro. Que el maíz y que el fríjol, que las papas y las arracachas, que el ramo de los quesos y el de los pollos y el de huevos, y que las yerbas estasn y las matas aquellas, y que el bautizo del nieto n.° ñ 27 y que este encargo para a muerte. parece b yá c angelus d «al Señor que nos la envía».
e cuartajos f silla,» g cual h p ntoresca i Qué j campesinos, k aun l rico, m Santarrita n éstas ñ N.°
En los campos el señor cura y este cariño para los compadres fulanosa y las flores para el Santísimo, y que tal y queb cuál.
Mana Irene, que retoña al par que sus hijas,c carga como siempre su último crío; y mano Anselmo lleva uno al anca y otro a la cabeza de la silla. Ella, cual de ordinario, va sofocada con la tardanza “de esos pencas,4 que andan que ni paso de Semana Santa”d y con la pachorra del viejo. ¡Sería por tan poquito que tenían que hacer! La misa del padre Chamiza sería la que ellos iban a alcanzar. —¡Apuren mis hijitos!e —les grita a cada paso.f —Ai vamos madre.
—¡Muévanse, por lag Virgen, que ya dieron primero!
—Deje que den segundo.
¡Valiente canalla tan cueridura5 era la suya, principiando por el buey de sanh Isidro del Anselmo!
Por fin se ven en el pueblo, en esa casa desmantelada de campesinos, que soloi se abre los domingos. Está en la propia plaza; tiene dos salones enormes, corredor afuera y adentro, cuarto de aparejos y una cocina destapada. ¡Qué campaña la de aquel momento! Los hombres desensillan, descargan, ponen las caballerías a buen recaudo y a mejor cuido; estriéganse, en seguida, la carrumia6 de la sierra, a fin de calzarse a la j alpargata, que ha de realzar el carriel envigadeño, a la ruana de paño, a los pantalones de pañete, a la camisa de lana amarrada con cordones, al aguadeño, si no al borsalino enormísimo.
Las mujeres ¡no se diga! medio sacuden unas el polvo semanal y destruyen las labores de las arañas; sacan otras las galas domingueras; estas se apersonan en la cocina a preparar aquel pailón de chocolate de harina y los cacharros de la vajilla; aquellas desenvuelven líos y reparten ropas; todas las grandes acometen, turno a turno, la magna empresa de acomodar el magno pie en botines menos magnos. La chiquillería femenina corre a poner las flores en el altar, antes de que dejen para misa; la turba impía de chicuelos sale en busca de ese “almuerzo del sitio”, que es la gloria. Lloran los párvulos, arrullan las madres, mana Irene grita y mano Anselmo… ausente. Ya se sabía: en llegando… derechito al confesionario. Pronto está allí la batea colmada de tamales y empanadas y los tres candolos7 con la sopa de mondongo y pata, que aliña el comino y el azafrán engualda.8 Repártese aquello a la diabla, comiendo a pares en un mismo plato y con una misma pañadora. Pleitos entre la chusma, por si a este le dieron más y a mí me dieron menos. Pero ahí está la muñeca épica de mana Irene.
¡Talán! ¡Talán! ¡Dejando, Virgen Santa! Y aquellas condenadas de la Chepa y Cariblanca pegadas del espejo. ¡Como tenían novio en el sitio!... Al fin Dios es servido de que salgan. ¡Las Laverdes! Gran espectáculo en el atrio. Van unas con sus niños cargaditos, otras con los suyos de la mano, y todas de saya de merino y pañolón de fleco de seda, tropezándose en una hoja, con esos andares torturantes de campesina calzada. Rodéalas el enjambre de chiquillos. a Fulanos b qué c A, D, E, F: que retoña a la par que sus hijas / B, C: que reverdece con sus hijos d semana santa e hijitos,» f paso g La h San i sólo j al alpargata
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Misa de renovación. Mucho velerío.9 Muchísimas flores y un coro que se callan los turpiales. El sermón,a una preciosidad. Pero mana Irene ¿qué devoción ni qué nada, con todo lo que tenía que hacer? ¡Qué tal que ella y las muchachas se hubieran metido, también, en inguandias10 de confesión! ¿Dónde les hubiera dado el agua? Muy lindo todo, muy grande; pero… ¡qué largo! Eso para el santo de palo de Anselmo, a quien se le paseaba el alma por el cuerpo.
Está muy arriba, junto al presbiterio, clavadito de rodillas, la cabeza doblada, cerrados los ojos. Besa el suelo en la elevación; arrima, luego,b al comulgatorio y recibe a Nuestro Amo, con un fervor y una cosa allá, que edifican. Llega la procesión. Como es chacarón11 y ruanetas,12 no puede agarrar vara en el palio ni mucho menos el guion,c pero hace una seña y todos sus hijos suben. Despójanse de ruanas y carrieles, toman vela, y, andando, andando. Vueltas las caras al Santísimo, llégales al corazón la pompa, el canto y los repiques.
Otra vez a casa. Nuevo brete.13 Mientras lo piensan sacan los jayanesd14 los tercios, las medidas, los taburetes, y arman el toldo. A grito pelado15 pregonan que aquello es. Adentro, las carreras de san Juan: el gran almuerzo para Anselmo; el cambio de las galas miserase16 por las de colorines; el reparto a los contratos de huevos y quesos, yerbas y jabón. Mana Irene cuenta y recuenta los dineros, hace cómputos, partijas, amarra en pañuelos, y esto para tantof y aquello para cuánto y la plata de las ánimas y la manda a san Antonio y los enredos y el demonio coronado. Mano Anselmo, antes de la tamalada, raciona a la rapacería, para confites y colaciones,17 y con el último bocado, cogeg el tole. Liquida con el cura un pico de los diezmos; le habla para el bautizo; vuelve a la plaza; compra la sal para el ganado; y entrah en pagos, cobros y en esas mil menudencias de montañés negociante. Mientras la madre y la mayor de sus hijas arreglan los ajuares bautismales del niño, salen las mozas, con dos casadas, a dar un vistazo y a que las vean por ese mercado. Qué lujo de chales, de trajes rameados y de paraguas. Cintajos por todas partes; collares por esas gargantas cogotudas; sortijones por esas manos pompas, que así echan cien arepas como tumban una vaca; blanquetes por esas caras frescas, que ateza y hembrunai el aire de la sierra. Recorren los tendidos de cachivaches, y… plata j ¿para qué os quiero? Aquí un espejito, allí un collarete, acullá unas postales de corazones y mariposas en relieve, van dejando la estela del billete. Los novios se andan por ahí, como quien no quiere la cosa; pero ¡cómo pespuntan los hipocritones! Viendo ellas salir al acompañamiento del bautizo, únense a él. Una vieja, bajo ancho paraguas y amantada con un pañolón de raso abigarrado, que prende atrás un broche enorme de águila,k lleva el parvulillo. De vuelta de la ceremonia tornan a la plaza, con todo el séquito. Mana Irene, entre riñas con la chiquillería, por todas las cochinadas que han comido y el platal que han botado, hace las mercas de carne y grasa, de sal de Guaca18 y de cominos, del millar de cacao y de la media arroba de chicharrones para el jabón. Va a la botica y compra el purgante de sen y jalapa para Anselmo, el remedio a sermón. una b luégo c guión d gallanes e miséras f tánto g coje h éntra i embruna j Plata k águila. lleva
En los campos nuevo para los ratones y el azul de Prusia para la ropa. Lánzase, luego, seguida de sus hijas al comercio en grande, donde hay mucho en quéa escoger, no poco en qué pensar y muchísimo en qué regatear. “En cuanto a lo primero” el cariñito para su nuera, la nueva comadre. No vacila: no bien entra se le meten entre ceja y ceja unos zarcillos de pensamiento, de estos que fabrican en El Retiro,19 y un pañuelo de seda azafranado. Vienen en seguida los trajes de las muchachas, para el próximo Corpus.b “Engáñense ustedes mismas, mis queridas”, les dice muy rumbosa. Ni la Chepa ni Cariblanca vacilan, tampoco: las gasas a listones color de rosa subido. Encima, los ramos de mano para la cabeza. Negocia, después, a regateo limpio, los artículos ordinarios para esos caimanesc que rompían trapo,20 como si cayera del cielo. Y ella, ¿acaso había molido cacao? Se compra las oleografías del salterio con los quince misterios muy patentes; y ahí mismo contrata, parad que se los tengan “marcados con mucha lógica”, el domingo venidero. Cuando salen, llega mano Anselmo y se van los dos solitos, a la calaverada de todos los domingos. Éntransee al estanco; y, él de anís; ella, de vino, se toman sendos tragos; prenden sus tabacos; se mijean21 que aquello es quererse; y salen muy regocijados,f él llamándola Mi Ñatica; ella, Mig Langaruto. De allí van a tomar el cacao, con pandequeso y hojaldre, en un mismo tazón, babas de un lado y babas del otro.
A las dos y media están terminadas las transacciones en aquella Liorna de la Montaña. A tales horas se toca a trisagio y…h todo el mundo al templo. Termina; pero se queda mano Anselmo, con toda su descendencia,i a rezar el rosario. A que, en noches de domingo, les queda muy cansón allá en la casa. “El rosario de mano Anselmo” es tan clásico en el pueblo, que muchas gentes extrañas se le agregan. Llévalo él muy declamatorio, con su voz rumorosa y bronca de montañés, con mucha pausa y no poco recogimiento.
Al caer la tarde están en el caserón serrano j donde, en veladas como esa, se juntan todos a la cena dominical, que es la suprema dicha el patriarca. Pronto, entre el retozok de los granujas, el llanto de los párvulos y los regaños de Irene, trasciende por todo el ámbito la tremenda fritanga de puerco. Tragan esos cuerpos de cíclopes si Dios tiene qué. Repártense al acabe, las bendiciones, y... cada cual a su nido. A las nueve tiende el sueño su manto de terciopelo, bordado de quimeras, sobre esos lares de las breñas, donde entrará el progreso, Dios mediante. a que b corpus c caimanes. que d contrata para, e Entranse f rejocijados g mi h y…… i descencia j serrano, donde k retoso
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
1
Publicado por primera vez el 17 de junio de 1914 en El Espectador (Medellín) en la columna “Cronistas propios” en la que el autor publicó diversos cuentos y ensayos; en esta incluyó una sección bajo la denominación general de “Dominical”.
2
a paso de difunto montañero: En forma lenta (Muñoz y García, 1996, p. 206).
3
mano: como tratamiento de confianza que se aplica a los amigos (dle, 2018).
4
pencas: Perezoso, torpe (dfa, 1983, p. 516).
5
cueridura: Variación de cuerudo, Dicho de una persona: Que soporta las críticas sin que le hagan mella (dle, 2018).
6
carrumia: Mugre, especialmente el de los pies (ahac, 1986).
7
candolo: Femenino de candola. Fiambrera, vasija que se emplea en los campos para llevar alimentos (lc, 1983).
8
engualdar: Forma verbal del sustantivo gualda. Hierba de la familia de las resedáceas, con tallos ramosos de 40 a 60 cm de altura, hojas enteras, lanceoladas, con un diente a cada lado de la base, flores amarillas en espigas compactas, y fruto capsular con semillas pequeñas en forma de riñón. Aunque abunda bastante como planta silvestre, se cultiva para teñir de amarillo dorado con su cocimiento (dle, 2018).
9
velerío: Aglomeración de velas de alumbrar (N. del E.). 10 inguandia: Complicaciones, lío, embrollo (ahac, 1986).
11 chacarón: Por extensión, este aumentativo ha venido a significar:
hombre sencillo, campesino y rudo (ahac, 1986).
12 ruanetas: Individuo tosco, pobre, de baja condición social
(Cadavid, 1953, p. 294).
13 brete: Aprieto sin efugio o evasiva (dfa, 1983, p. 151). 14 jayán: Persona de gran estatura, robusta y de muchas fuerzas (dle, 2018).
15 a grito pelado: Variación de a voz en grito. En muy alta voz o
gritando (dle, 2018).
16 galas miseras: Vestuario sobrio utilizado para asistir a la iglesia
(N. del E.).
17 colaciones: Especie de confites (lc, 1983).
18 sal de Guaca: Sal producida en las Salinas de Guaca situadas en el
distrito de Heliconia (Antioquia). Pertenecen a dos comunidades distintas llamadas “De Guaca” y “De los Álvarez”, y aun estando las fuentes cercanas unas a otras, producen dos clases de sales: la primera, para salar las carnes muertas; y la segunda, para el uso de la familia y para salar los ganados (Restrepo, 2004, p. 273).
19 El Retiro: Municipio ubicado en el oriente de Antioquia
fundado en 1814 (igac, 2017).
20 romper trapo: Deteriorar las prendas de vestir fácilmente (N. del E.). 21 mijean: Tratar de mijo o mija a alguien (Ospina, 1953, p. 224). Notas explicativas
E A: El Espectador (1914). Medellín. B: Dominicales (1934). Medellín: Atlántida. C: Obras completas (1952). Madrid: epesa. D: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. E: Veinticinco reales de gusto (y otros cuentos) (1998). Medellín: Editorial Universidad Pontificia Bolivariana.
F: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Estudiantes Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1914) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: Laura Daniela Arboleda Ramos Editora crítica
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Estudiantes1 I Juaco Cáceres está para cumplir los veintiún años y para licenciarse en Derecho. Con tanto lucimiento ha hecho sus estudios que sin pedirla ni necesitarla, le han dado, en lo civil, una plaza de diez libras. Sin perjuicio de sus estudios jurídicos ni de sus lecturas nia de sus ensayos en la vida, desempeña su puesto a satisfacción de sus jefes. Es de estos mozos asimilables y activos que en todo aprovechan y para todo alcanzan. Es huérfano de madre, y como su padre ha vuelto a casarse y reside en una población del suroeste, ha vivido en Medellín, desde los once años, con su abuela materna y una tía solterona, que cifran en el joven el afecto y la dicha de su vida. Son señoras, si no muy ricas, bastante acomodadas.
Es su íntimo Fabio Andrade con quien le unen, a más de un cariño nunca desmentido, vínculos especiales de compañerismo. Son de un mismo lugar, más o menos de una misma edad, llevan iguales cursos, desempeñan destinos análogos y sus novias son vecinas y grandes amigas. Los dos se complementan, por contraste. Juaco es vehemente, expansivo y maniroto;2 Fabio,b flemático, disimulado y económico; partec el uno del principio de la riqueza; el otro de la medianía. Un viernes cobra Juaco los cinco mil pesos de la nómina, y sin acordarse de las deudas de cantinas y de autos, se prepara a la celebración de ese primer sábado de mes; ese sábado tan grato a la juventud burocrática y alquilada. Amanece el feliz día, y desde temprano, se acicala y dice en casa que no lo esperen a comer, porque Fabio le ha invitado; que vendrá tarde, porque tienen que aprovechar esa noche de asueto, para echar un repaso muy largo y concienzudo. Como no es el primero,d ya la abuela duda de tanta aplicación; pero ¿cómo contrariar a Juaco?
Desde las cuatro, ya están los dos abogadillos en Monserrate.3 Pronto se les unen dos camaradas, dependientes de casas comerciales y el reporter e de un periódico, que esa noche debuta con los dos estudiantes. Como los cinco están en fondos, copa va y copa viene. A Juaco y a un dependiente les da por la política y que si Carlos4 esto y que si Concha5 aquello y que los republicanos6 y que los concentristas, se traban, se apostrofan, dando cada grito, que el cantinero se ofusca y la policía se empista.f El reporter, que es intelectual, y el otro dependiente, que es poeta y colaborador de Horizontes,7 se asilan en un reservado; y el bardo, propias; el reporter, ajenas, declaman poesías, que ni en actos públicos de jesuitas.g Fabio, a todas esas, cual de b A: Favio / B, C, D, E, F: Fabio c Párte d primero; e repórter f empista g jesuítas a jurídicos, ni de sus lecturas, ni
Estudiantes ordinario: está opaco y silenciario, siempre con su librita lista, para chirrearla en la mensual parranda, ni peso más, ni peso menos.
De pronto, ¡sensacional espectáculo!: Capitolino de la Raya, con su séquito de tagarotes. Es un estudiantón costeño, rico ya rumboso, de estos que estudian en la juerga y no en el libro. Copas para todos, por vía de saludo; en seguida dos coches y... ¡al cine todo el mundo! Cuando llegan, están más alumbrados que el circo.8 Acomódanse en el redondel, entre la crema elegante. Allí está la novia de Capito —cual le llaman sus amigotes— pero las de Juaco y Fabio brillan por su ausencia. Lo cual no empece para que, colectiva e individualmente, pataneen, como por acá se dice y se estila hogaño. Dan golpes con los bastones y hurras estrepitosas, si la cinta es buena o si mala; meten ruido por todo y muestran, como puedan, que son mozos ternes, crudos y contentos. A cada entreacto, a las cantinas. A la salida toma Capito los carruajes de puntob9 y principia aquella odisea del trago por El Globo,c10 Chanteclair,11 La Gironda12 y La Gran Cantina, anuciándose por esas calles de Dios con gritos regocijados y voces en falsetes. Juaco, a quien le da siempre la generosa y altanera, quiere eclipsar a Capito. En su empeño, declárase anfitrión general, en cuanto entran al último, concurridísimo establecimiento. Él también tenía dineros y no era ningún roñoso ni le ponía escalera al creso más pintado. Brandy, rancho, príncipes, champaña... ¡Lo que quieran!
Los rivales en cachaquería13 entran en disputa. Se acaloran. Pretenden irse a las manos. Pero el dueño de la venta y otras olivas de paz, que siempre surgen en estos lances aguardentescos, logran, al cabo,d un arreglo muy decoroso para ambas partes, a saber: Juaco pagaría cuanto ahí se pidiese y Capito mandaría por dos autos, para ir primero a El Kiosco y luego al sarao de la Chata Cambas. En el sarao obsequiarían los que quisieran y como a bien lo tuviesen. ¡Magnífico! ¡Soberbio! Ni los Tratados del Canale14 eran más sabios ni más diplomáticos. Copa universal y chocada para celebrarlos. No bien parten se les acaba de soltar aquella alegría, con la velocidad y el trompeteo de los aparatos y con esa paz redentora que acaban de arreglar. —Póngasela toda, chofer.
—¡La que se pueda, señores!
¡Qué desate! Cantan, gritan, relinchan, saludando a cuantos conocidos puedan entrever en la carrera.f En El Kiosco hay músicos y aquí de las canciones, de los schotises15 bailados y de las jotas.16 El poeta-dependiente canta y baila, en carácter, con uno de los murguistas, los valses de El Conde de Luxemburgo.17 ¡Qué entusiasmo! ¡Qué reírg más delicioso! Pero he aquí que unos artesanos se ingieren en la jarana; que Juaco monta en cólera; y que Capito, protector magnánimo de todos los humildes y bloquista en todos los campos, les acoge y les aclama con estudiado entusiasmo. Vuelta a la bronca entre aquellos dos rivales y vuelta a los arreglos. Pero la policía,h que está avizorai que más avizora, acude al punto, amenaza con el tremendo cautiverio, y el cantinero decreta la evacuación general. ¡Donde manda capitán...! j b carruajes de junto c El Globo d al cabo un e tratados del canal f carrera g reir h policía que i avisora j capitán!.......
a y,
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla De todo ello resulta la división definitiva. Capito declara que pagará ambos autos; pero que cada uno tome el rumbo que le cuadre. “¡Esa palabra!”a clama Juaco, como quien entona el Te Deum.
Los satélites del costeño le rodean y da la orden de marchar a donde él se sabe. Juaco y los suyos parten a la casa de lab Chata, que cae por allá en los ejidos. Va muy colón (como ellos dicen). ¡Los amigos que él tenía! Eran todos unos canallas, principiando por el Fabio: ¡haberlec quitado de entre las garras a ese negro tal por cuald del Capito! ¡Le tenía una gana a ese petulante y descrestador! ¡Venir ese sinvergüenza a gamonearlo18 a él, porque tenía unas libras en el portamonedas! ¡Si negro no la hacía limpia! ¡Pero ya se lase pagaría todas juntas el grandísimo... qué séf yo! Y ya lo sabían todos, para que no salieran con pereques: él pagaría todo, todo, en el baile.
—¿Así estás de mamao, Juaquito? —repone el poeta.
—Suponteg que lo esté.
—Mira que todas las culebras19 de la Chata son las más violentas. —¡A mí no me asustan las culebras de nadie, aprendiz de poeta: me asustan tus recitaciones!h —¡Ya se ve! Que miedo te va a dar de culebras, con esa abuela que tiene el trillón. —La Amelia no tiene qué ver con mis culebras ¡son muy mías! —¿Vas a poner a cantar la bicicleta?
—¡Hasta a la Amelia la pongo!
—Pero advierte, viejo —le dice el dependiente politicón—,i que los prenderos menos asesinos cobran del cinco para arriba. Tengo experiencias. —¡Aunque cobren al mil! Juaco Cáceres es el superhombre… ¡Menos esta noche!: haberle j aceptado tragos a ese negro peinado es una vergüenza. Y sigue con esta obsesión, verdaderamente capitosa; olvidado de que montaba auto a costillas del costeño. El poeta y el Fabio, que no están por esos excesos de dignidad, advierten al chofer, al entrar al baile, que les espere en la puerta, indefinidamente.
—Demás —Bien sabía él qué laya de cliente era el “don Capito”. Recíbelos la Chata, palio en manos. “¡Ya creía que no venían estos dotores! —les dice alborozada—.k ¡Pero valiente las horas...!”.l El auto, el principio de mes, los buenos precedentes de los dos estudiantes y del poeta, les ponían al abrigo de toda suspicacia y abandonan al político y al reporter, poco conocidos de la matrona del sarao.
El baile, aunque algo avanzado y muy bebido, marcha, ¡cosa rara!, como victoria con tronco inglés. Por unas once beldades, de lo más granado y florido de la vega, habrá hasta tres docenas de cachacones, utilizables todavía; el resto yace por ahí, entre modorras, hipos y congojas. Los bailadores fraternizan, esta noche, en solidaria alegría: ni la escasez de damas ni la abundancia de copas son poderosas a «¡Esa palabra!» b La c ¡Haberle d cuál e la f se g suponte h tus recitaciones.
i politicón— que j noche!:Haberle k alborozada— — l horas...!»
Estudiantes a romper tan deliciosa concordia. Ellos se turnan; sostienen ellas el puesto, con esa constancia infatigable, que a las veces producen los fervores alcohólicos. Verdad que alguna tiene la “llorona”, que están unas lengüitrabadas20 y que hay otras tan flácidas que parecen de trapo.
La Chata y sus adictos se glorifican con aquel orden, aquella aristocracia y aquel encanto. Juaco, que opina con ellos, se riega a ofrecer y ninguna deja de aceptarle, kola por lo menos. Enseguida venga una polca21 americana, figurada y retórica; una polca con la Negra Pilar, que es la Terpsícore22 del gremio. ¿Pues y Juaco? Lleva la bella traje leve, azul zafiro, ornado de ramos encendidos. Compite con Pilarcita en hermosura y lujo, la blonda Olvido, quea viste de blanco y oro, como ángel bizantino. Con ambas baila Juaco, con ambas hace figuras teatrales y láminas. ¡Se siente más superhombre que nunca! Le brinca el corazón de dicha. En sus glorias está, cuando, tras el bramar de un auto, comparece Capito, con tres de sus secuaces; él en estado de atonía; ellos con aire de camorra. Verle Juaco y revestírsele el demonio es lo mismo.b —¡A negro para heder maluco! —grita frenético, largando la dama. Él que dice y uno de los capitos que se le avienta, como una hidra. Se amontonan, se arremolinan. Gritos, insultos, bofetones. Quiénes se rebrujan: quiénes se remangan. Las damas chillan, suplican, huyen. Pitazos y más pitazos y... ¡la policía encima! Pilarcita, Fabio y el poeta, merced a la pelotera, se roban a su autor. Lo arrastran al solar, destrancan una puerta,c y le hacen invadir el territorio de unas vacas. Trancan, tornan y Juaco... ni visto ni oído.
Ha lugar a suspensión declara el de la correría. La Chata, que sabe de sus cosas, apoya a la autoridad. En la calle acaba de resolverse el conflicto. Parece aquel mentir a todo trance, una mesa electoral en momentos de identificar a un sufragante; unos, las dan de prudentes y tratan de convencer con razones; mientras los exaltadosd insultan, los prudentes se escabullan. ¿Qué ha de hacer la policía? Se atiene a lo que va y alza con los altaneros y alegones. Caen entre ellos el reporter y el violento partidario de Capito, y este, que de milagro está en pie y mudo como estatua, sale ileso. De allí le cogen, casi en vilo, le trepan en el auto y le llevan a dormir. Fabio ha podido pactarse con el político y el poeta. Les hace montar en el auto y él se queda por ahí en espera. Las damas y los rezagados van saliendo muy en orden, a vista de la policía.
II Son las dos muy corridas. La noche, madre noble y compasiva, tiende sobre sus hijos, el manto espeso de los encubrimientos. El alumbrado eléctrico, que es por ese tiempo un insulto a la oscuridad, le ayuda, con eficacia,e a favorecer sus adictos. Le está ayudando a Fabio a sacar a su amigo de la manga. Le encuentra muy repuesto, a Olvido. que b mismo c A: destrancan una puerta / B, C:
[Omisión] / D, E, F: Le trancan una puerta d exhaltados e con eficacia a
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla porque el Vesubio ha tapado las tres ciudades, y, tras las fatigas y trasudores, ha vuelto la calma. ¡A gozar, entonces! La cuestión está, ahora, en salvar la ropita de aquel alambrado inoportuno. Fabio, con su maña, puede sacarla ilesa al entrar y al salir; pero el tarambana23 de Juaco, se enreda todo, se pincha, se desgarra y el flux24 nuevo queda de jubilarlo. Por fortuna que los dos tienen, más o menos, unas mismas medidas y mutualidad en su ropa.
Cual fieras desencadenadas, poseídas de la brama, se oyen por todas partes los autos; por todas, asoman los enormes ojos, despidiendo lumbres, entre la estampía, las risotadas y los berridos.
Por esas vegas encantadas que demoran al suroeste de la metrópoli,a se dispara uno hacia aquellos campos, cual si fuera un aquelarre que volase. Flotan en el torbellino, bien así como alegoría del huracán, las chalinas de las magas; agítase la comparsa en aquel carro, como revuelto que hierve en la caldera. Cantan y cantan. Cantan En una iglesia de Babilonia; cantanb el Tápame. Ahí van Juaco y Fabio, el poeta y el político. Van a uno de esos ritos, que nunca faltan en estos alrededoresc edénicos, donde se rinde culto al dios Dado, a la diosa Gula, a Baco y aund se creee que a otras divinidades.
Allí amanecen, como una patena.25 Pero Fabio, el prudente, que ha consagrado a Morfeo dos horas de fervores, despacha, al amanecer, en el auto del negro fétido, las chalinas encantadas. En tornando el aparato, logra sacar aquellos tres guayabos, cargados de frutosf y perfumes, y llevarlos a su hotel. Los pobres se arraciman como los muertos en combate.
Fabio, que tiene que cumplir grandes misiones, se tira al baño, se estriega, cambia de ropa, se aliña y queda como purificado con el hisopo del profeta. Saca, luego, el terno y demás trapos para Juaco; y, como el canto va a ser de alta música, toma su revólver y el del otro,g los descarga, se los guarda donde menos se note y sale como un rehilete.
A poco, en casah dei doña Amelia. La señora j está temblorosa de la angustia; Susa, entre triste y enojada. Aquí de la frescura y maquiavelismo del tal Fabio: ¡no alarmarse!k Habían tenido que estudiar tanto y tan largo, que al sentir a la gente por las calles, habían resuelto irse a misa de cinco, a la catedral. Juaco dormía en el hotell un sueño tan profundo que no había tenido corazón de despertar al pobrecito. No vendría a almorzar, porque las novias estaban de paseo a La América y ambos estaban invitados. Y, como ellas estaban aprendiendo a montar en bicicleta de hombre y eran ellos los maestros, se iba a llevar la nueva de Juaco.
—¡No le crea, mamá, a ese sofístico!— exclama Susa, entre veras y chanzas.26 —Eso estoy pensando —murmura la abuela—.m El estudio bien puede ser cierto; pero la misa ¡me la derrito en la nuca!
—¡Y el estudio también, mamá! Lo que no se ha de derretir son los tragos, que estos enemigos se habrán tomado.
a metrópoli. se b Babilonia; Cantan c alrrededores d aún e cree, frutos g otro. los
h cas i di j Señora
k ¡No a larmarse!
l hotel, m abuela—
Estudiantes —¿Tragos, Susa? —protesta Fabio, clavando en ella aquellas pupilas imperturbables, donde brilla la inocencia—.a Dos tazas de café, para despejar la cabeza y una copita de ginebra que tomamos ahora. ¿Tengo cara de haber bebido? —¡Pues quién sabe!: yo les tengo tanta desconfianza...
—No cavilosé, Susita, que incurre.
—Pero ¿y ese paseo así tan trasnochados? —dice doña Amelia— Se van a enfermar. ¡Valientes embelecos los de estos muchachitos! —Pero, señora: ¡cómo vamos a perder el paseo por dormilones! ¡Hasta se nos quitan las novias! A la noche nos desquitamos.b A poco sale en la bicicleta sentenciada. Vasec derecho a casa del prendero y torna al hotel con los cincuenta papeles. Ya Juaco se está vistiendo. No ha podido dormir con ese guayabo27 tembloroso que se lo alza.
—¡Un trago bien grande, o me muero! —le dice a Fabio, con esa cara marchita, esa ojera y aquellos ojos congestionados, que delatan. Traen las copas para los cuatro. Luego otras; y... ¡Oh, anís milagroso!
Otra vez en fondos ¿cómo perder el tiempo en tanta inacción? Las culebras... se matarían después. Si no le sacaba a la Amelia, vendería dos nóminas, con el descuento que quisieran. ¿Y las novias? Las verían en la retreta. No estaba él para parques de Bolívar28 ni para señorear. ¡A Envigado,29 en tren de nueve! Fabio protesta, arguye. “¿Me abandonas? ¿Me dejas en La Playa?”.d30 ¡Qué hacer con aquel terco! Despiertan los otros, les aplican el remedio, y… a alcanzar tren. En el hotel de la estación se bañan, se refocilan con vasos de leche, con chicharrones y caldos de gallina. Se juntan con conocidos o extraños, que no hay como el anís para relacionar a la gente. Otra vez la enorme. Como no hay Capitos que le ofusquen, ni nadie que le hieda, Juaco está en sus glorias. Obsequia, perora, suena; suena con locura de cascabel y alegría de pandereta.
Tornan a la ciudad… y, a los toros, en carroza abierta. Ni el ganado ni los toreros son del gusto del público, ni mucho menos del de Juaco ni del refinamiento del poeta. De la sombra les rechiflan, les insultan, les apostrofan, les tiran con limones, con cáscaras, con lo que pueden. Juaco es de los más energúmenos. Es tal la algarada y el desorden, que la policía interviene. Sacan a un beodo de mala manera y se arma la epopeya entre cachacos y policías. Hay contusos, dislocados, y a la cárcel van a parar inocentes y culpables. Juaco se ha escapado de la barrida.
Sale con su noble factótum,e31 y con los dependientes, a quienes no puede lanzar a la miseria en aquel domingo de crisis y de júbilo. Vanse a El Kiosco;f pero el superhombreg continúa en plena contienda taurino-policíaca, en conexión con lo de negros peinados y de mal olor. Levanta la voz y manotea, que Fabio está en ascuas. Teme las consecuencias de otras veces.
—¡Viejo, por Dios, no te vulgarices, no te entregues tú mismo! a inocencia. — b desquitamos.» c Váse d la Playa e factotum f El Kiosko g superhombre,
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla ¿A quiéna le habla? Sigue peor: Que los policías son esto, que los policías son aquello. Están ellos junto al puente y escamados con el bochinche del circo.32 Nadie puede atajar a Juaco, y les sale. No necesitan de tanto. Los tres compañeros rodean al temerario,b los tres abogan.c ¡Nunca tal hicieran! Todos cuatro a la cárcel. En vano trata Juaco de hacerles resistencia. Insulta, viejo, lo que quieras; pero sigue. Por fortuna que anochece, que les bajan por la arteria,d33 y que la gente afluye al parque de Bolívar, en busca de retreta.
El surtido del establecimiento es de lo más lucido: todos los pronunciados del circo y los peloterosos de la noche anterior. El reporter y el paladín de Capito, les saludan irónicos, con esa solidaridad malsana de la común desgracia. Fabio y el político, que esa noche conocen la cárcel, están anonadados. Ven en este incidentee el presagio de mil desventuras. A mayor abundamiento, la perra34 se les ha pasado con la angustia. El diplomático tiene la boca amarga y el estómago en rebeldía. El dependiente, menor de edad, y que hace sus primeras armas, no puede contener el llanto. El poeta, que es de espuela y avería, como si tal cosa. Juaco ha evolucionado en su borrachera; pero, lejos de amilanarse, entra en una espiritualidad burlona y optimista, muy frecuente en su nerviosidad:
—¡Levanta esa cabeza, nido de mentiras! —declama con prosopopeya cómica— ¡Levántala,f Fabio ilustre, que estos son percances del oficio! ¿Qué g puede ser que no sea? Me dioh la valerosa, la peleadora, y por mí i gimes en negro cautiverio. ¿Y qué? Te cupo la gloria de ser la víctima. Hay que ensayarnos en el sacrificio para cuando la patria nos reclame. Hay que aprender el heroísmo para pelear con los peruanos.35 Hay que estudiar la cárcel, prácticamente, para cuando seamos prisioneros de guerra.
—¡Muy bien...! Pero ¿y misiá j Amelia? ¿Y Susa?
—¡La Amelia! ¡La pobre Susa...!k Las veo: veo sus sombras, como veía Hamlet a su padre. Mañana estarán aquí en busca de su fetiche, como dos Magdalenas. ¡Las veo entrar! Pero ahí estarás tú, para probarles mi inocencia. Me sacarás como al oro del crisol.
—¿Y los patrones?
—Del tuyo nada temas: es un ángel y caes por primera vez. El mío ya me lo notificó: con esta van tres, y a la tercera murió el perro. Ya ves hoy: a la tercera caí contigo en esta trampa. ¡Mañana se la mochan al superhombre! ¡No hay de otra! Pero hay que aprender, también, que “todo perece y muere, como la espuma que va deshaciendo la onda”,l como dice Justiniano.36 Las dos veces que he visitado este recinto sagrado, ha sido por horas, pero, esta noche presiento que mi cautiverio es largo. ¡Aquí recibiré los grados...! ¡Y mira, viejo! voy a cambiar de tema: mi tesis se llamará ¡Influencia bienhechora del anís, en el patriotismo antioqueño! m —¡Famoso! ¿Y qué vas a hacer con las culebras?
—¿Las culebras?... ¡Ahí sí me partiste! ¡Ni en la Amelia confíon ya! Veo el a quien b temerario los c A: abogan / B, C, D, E, F: alegan.
d Arteria e insidente f ¡Levántala Fabio g Que h dió i mi j A: mi sia; B, C, D, E, F: misiá k Sasa...!
l onda,» m «Influencía bienhechora del anís, en el patrotismo antioqueño!
n confio
Estudiantes crotalus horridusa37 de El Kiosco,b veo a la Chata que va a estrangularme,c como boa constrictor. ¡Fin trágico y prematuro, el del superhombre! ¿Qué epitafio pondrás sobre mi tumba, poetilla decadente? (Tirándole del copete).d Pero tú no sabes de arte mayor; no sabes sino de melindres sentimentales. Oye y retiene: Aquí yace el superhombre, sin bicicleta, sin revólver,e sin reloj y sin destino. ¡No lo mató su genio: lof devoró la serpiente espantosa!
a crétalus horriduo b Kiosko c extrangularme d copete) e revólvers f le
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
1
Se publicó por primera vez el 18 de junio de 1914 en El Espectador de Medellín (N. del E.).
2
maniroto: Persona que gasta mucho y sin control (dle, 2018).
3
monserrate: Fue un café ubicado en la Carrera El Palo existente hasta mediados del siglo xx (Botero, 1998, p. 27).
4
Carlos: Se refiere a Carlos E. Restrepo (1867-1937), periodista y político antioqueño quien fue presidente de la República en el periodo de 1910-1914 tras ganar las elecciones contra José Vicente Concha. Fue abogado, inspector de instrucción pública, secretario de juzgado superior, juez de circuito de Antioquia; secretario de gobierno de Antioquia, rector de la Universidad de Antioquia y profesor de la Facultad de Derecho de la misma universidad. Como periodista dirigió El Correo de Antioquia; fundó La República, Vida Nueva, y colaboró en las revistas El Montañés, La Miscelánea, Lectura y Arte y Alpha con poesía, artículos políticos, literarios y religiosos. Fue miembro de la Cámara de Representantes y fundador de la Unión Republicana; bajo los ideales de esta ejerció como presidente, aunque fue conservador (Córdoba Giraldo, 1993).
5
Concha: Se refiere a José Vicente Concha (1867-1929), abogado y diplomático bogotano quien fue presidente de la República en el periodo 1914-1918. En su presidencia se destacó su preocupación por la enseñanza de la filosofía católica en el pueblo. A pesar de ser conservador trabajó con representantes del liberalismo y de las dos fracciones del conservadurismo (Molano, s. f.).
6
republicanos: Partidarios del republicanismo liderado por Carlos E. Restrepo. El republicanismo, como revelación del instinto patriótico contra la intolerancia, intentaba eliminar las recriminaciones, las exclusiones y las persecuciones recíprocas que durante tiempo atrás se venían dando en los diversos ámbitos de la vida nacional. En ese sentido, Restrepo hace énfasis en el problema de identidad nacional, en la falta de un verdadero sentimiento de nacionalidad entre los colombianos. Por este motivo, era necesario crear “algo” que produjera la unión de la nación. Era necesario crear la identidad nacional, unir las fuerzas para el desarrollo de la nación (Brugman, 2001).
7
Horizontes: Fue una revista de entregas quincenales fundada en
1913 en Bucaramanga y dirigida por los Padres de la Compañía
de Jesús, de selecciones literarias y de orientación pedagógica (Cacua, 1968, p. 678).
8
más alumbrados que el circo: Alusión a estar prendidos, “estar casi borracho, copetón” (García, 1991, p. 72).
9
carruajes de punto: Se refiere al carruaje o coche de punto destinado al servicio público por alquiler (N. del E.).
10 El Globo: Fue un café y librería de alquiler de libros de prin-
cipios del siglo xx frente a la puerta del perdón de la iglesia de la Candelaria en Medellín, propiedad de Pachito Latorre y frecuentado por Carrasquilla. Allí tuvo lugar la fundación de la revista Panida por parte de trece intelectuales visitantes asiduos del lugar que se hicieron llamar de igual manera. Para 1915, funcionaban en el mismo edificio las oficinas del periódico El Espectador (Abad, 2015).
11 Chanteclair: Café de principios del siglo xx en Medellín ubi-
cado en la calle Boyacá, en él se realizaban tertulias literarias y bohemias generalmente después de la medianoche (Botero, 1998, p. 272).
12 La Gironda: Fue uno de los nombres que recibió el café La Bas-
tilla antes de recibir este último con el que pasó a la historia (Botero, 1998, p. 18).
13 cachaquería: Vale cortesía y generosidad (ahac, 1986).
14 tratados del canal: Se refiere a los tratados realizados entre el
Congreso de Estados Unidos y el colombiano para terminar la construcción del canal de Panamá ya iniciada por los franceses. Dichos tratados terminarían en la separación de Panamá en 1903 (Beluche, 2003).
15 schotises: Chotis: Baile agarrado y lento que suele ejecutarse dan-
do tres pasos a la izquierda, tres a la derecha y vueltas (dle, 2018).
16 jotas: Copla que se canta con la jota y que está formada general-
mente de cuatro versos octosílabos (dle, 2018).
17 Conde de Luxemburgo: Opereta en tres actos del compositor aus-
tro-húngaro Franz Lehár (1870-1948) (Correa, 1948, p. 20). Esta y el vals de La Viuda Alegre del mismo compositor fueron presentadas en Medellín en 1911 por la compañía de operetas Bagües-Brunat (Botero, 1998, p. 134).
18 gamonear: Actitud de jefe o mando por tener una posición eco-
nómica superior (N. del E.).
19 culebras: Deudas (dfa, 1995, p. 249).
20 lenguitrabada: O trabarse la lengua. Verse impedido el libre uso
de ella por un accidente o enfermedad, o entorpecido por la dificultad de pronunciación de ciertas palabras o combinaciones de palabras (dle, 2018).
21 polca: Danza de origen polaco de movimiento rápido y en com-
pás de dos por cuatro (dle, 2018).
22 Terpsícore: Es una de las nueve musas de la mitología griega, se le atribuye la función de la poesía ligera y la danza (Grimal, 1979, p. 368) 23 tarambana: Persona alocada, de poco juicio (dle, 2018). 24 flux: Conjunto de pantalón, chaleco y chaqueta (dle, 2018). 25 como una patena: Muy limpio (dle, 2018).
26 entre veras y chanzas: Entre verdades y mentiras (N. del E.). 27 guayabo: Malestar después de la borrachera (dfa, 1995, p. 373). 28 parque de Bolívar: La plaza de Bolívar, nivelada como un lago, mide dos cuadras de norte a sur y una de oriente a occidente. Tres calles parten de cada largo. El norte lo llena la nueva catedral, destacada entre las dos carreras que de esa plaza arrancan. La calle de Junín que principia estrecha y quebrada por allá en Guanteros, desemboca ancha y recta frente a la basílica, como pecadora que se enmienda para dormirse con el señor. Varios edificios modernos levantan sus paredes historiadas tras los árboles del parque; otros, tapados por el ramaje, no se ven del lado opuesto. Al revés de San Benito, es este lugar mundano que a pesar de su templo tan enorme no convida a la oración (Carrasquilla, 1995, pp. 82-83).
29 Envigado: Municipio de Antioquia situado en el Valle de Abu-
rrá. Fue fundado entre 1680 y 1700 por los primeros colonos que llegaron al departamento (igac, 2017).
30 La Playa: La actual avenida La Playa fue hasta 1940 conocida
como paseo de La Playa ubicado sobre la quebrada Santa Elena en cuyas orillas se construyeron casas magníficas y jardines floridos (Archivo histórico de Medellín, 2014, p. 40).
31 factótum: Persona de plena confianza de otra y que en nombre
de esta despacha sus principales negocios (dle, 2018).
32 circo: Se refiere al Circo España que funcionó hasta finales de 1930
en el que se ofrecían espectáculos de corridas de toro, boxeo, circo en su sentido estricto, cine y teatro (Botero, 1998, p. 187).
33 La arteria: Como nombre común es la calle de una población, a
la cual afluyen muchas otras (dle, 2018). En Medellín se denomina como tal la calle Ayacucho (N. del E.).
34 perra: Buena borrachera (Jaramillo, 2009, p. 121).
35 “pelear con los peruanos”: El conflicto colombo-peruano tiene
origen en la distribución y limitación del territorio amazónico en 1829, finaliza con la firma del Tratado Salomón-Lozano en 1922 (López, 1934, pp. 24-28).
36 Justiniano: Emperador romano entre 527 y 567 d. C. heredado
por su tío materno Justin. Su reinado estuvo marcado por su lucha contra el paganismo, importantes construcciones de la arquitectura eclesiástica bizantina y la producción de un nuevo código jurídico imperial (Evans, s. f.).
37 crotalus horridus: Nombre científico de la serpiente de cascabel
(The reptile database, 2017).
Notas explicativas
C Curas de almas Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1914) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: A: El Espectador (1914). Medellín. B: Dominicales (1934). Medellín: Atlántida. C: Obras completas (1952). Madrid: epesa. D: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. E: Veinticinco reales de gusto (y otros cuentos) (1998). Medellín: Editorial Universidad Pontificia Bolivariana.
F: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Laura Daniela Arboleda Ramos Editora crítica
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Curas de almas1 El padre Gil, excusador de Santa Ana,a está despierto desde las tres, que tal le acontece con frecuencia, al amanecer de los domingos.
Se incorpora, se arrodilla en el lecho y musita sus oraciones matinales. Entreabre luego la ventana para que le entren los aires de Dios; pero los aires están más para fuera que para dentro: llovizna y, a más del relente, corre ese viento destemplado y cortante con que el páramo de Trespicos,b que le queda frontero, regala a los santaneños con bronquitis y romadizos.
Como lo obliga la higiene, cierra al punto, y a la luz fementida de una lamparilla, se abluciona y se muda de ropas. ¿Qué hacer mientras llama la campana? Mira el despertador que no ha necesitado despertarle. ¿Se preparará para la prédica? No; todavía no; se siente lerdo, con la cabeza reacia.c ¡Mojarse un poco más! Pero ni el agua casi helada de la sierra le despeja la médula, turbada aún por los sueños, tan tristes como extravagantes, que ha tenido. ¿El breviario, entonces?... ¡Tampoco! Ni rezar puede. Siente aridez, mucha aridez en el alma. ¡Cual nunca la ha sentido! No era estado que pudiera malearla, según los tratadistas, bien lo sabía él; pero, sobre agobiarle siempre demasiado, deseaba para días como ese, de tanto penitente campesino, un poco de óleo, unas gotas de piadosa ternura, para curar tanta llaga; para limpiar tanto fango. ¡El confesonario...! Su cruz; la cruz de todo sacerdote que ansiase las alturas del espíritu y las limpideces del corazón. Aspirar a vivir cerca del cielo y tener que bajar cotidianamente a esta tierra, para ver siempre la eterna, ofuscadora historia de la miseria humana; luchar tanto por la salud del alma y tener que respirar a toda hora los miasmas letales de la podredumbre; tener que conocer lo que se oculta bajo las más hermosas apariencias; tener que rendir homenaje social a quien no merecía ni el desprecio... era una prueba superior a sus fuerzas. Harto sabía él que la caridad más excelente era para el pecado, por ser la única desgracia; que Cristo había encarnado por los pecadores; que para ellos había legado las gracias sobrenaturales de los sacramentos. Y, sin embargo,d su corazón se resistía. ¿No probaba esto que era el más vil a la vez que el más soberbio de todos los corazones? Sí:e estaba lejos de la caridad, lejos de la humildad; estaba lejos de Dios. Si consagrando a diario, si llevando a Dios hasta en sus entrañas, se alejaba de Él ¿cuál no se alejarían los pecadores legos? ¡Sarcasmo raro el de su sacerdocio! Si su misión era salvar almas ¿cómo repugnarle, entonces, el curarlas? ¿Qué concupiscencia era esta? ¿Del espíritu?f ¿De los sentidos? ¡Sangre preciosa de Cristo! Y no eran escrúpulos pueriles. Su conciencia le gritaba que no lo eran. ¿Satanás? Tal vez. a A: Santana / B, C: San Javier / D, E, F: Santa Ana b Trespicos c rehacia d sinembargo e Si f espiritu
Curas de almas Suspiros, lágrimas, acto de contrición, examen de conciencia, petición de fuerza y de caridad. Entretanto llueve y los gallos cantan, tan tristes, tan doloridos, que parecen acompañar al sacerdote en sus interiores tribulaciones. Es el verdadero cura de almas de Santa Ana, pues el párroco en propiedad, ya anciano y achacoso, le ha largado toda la carga del confesonario y casi toda la del púlpito. Los dos viven en la rectoral, cual si fuesen padre e hijo: tanta es su concordia, tanto su mutuo afecto. Tiene Gil treinta y dos años, siete de sacerdocio y tres de coadjutoríaa en Santa Ana, donde lob veneran con todo y ropa. Es delgado, mediano de talla, feo, descolorido; pero tiene unos ojos muy negros, muy humildes y muy tristes. Es metódico y pulcro, sin pretensiones de elegancia ni rigorismo de ninguna especie. Su cuarto casi una celda: los muebles necesarios, pobres y aldeanos, unos cuantos libros, un Cristo imperfecto y una Dolorosa tal cual. Sin ser ignorante, tiene más de místico que de ilustrado, más corazón que cabeza. Con él unge sus predicaciones y todos los actos de su ministerio. Por eso le escuchan con amor sus feligreses y le consagran su cariño y su respeto. Muéstrase esquivo con el beaterío oficial; rechaza hasta donde la urbanidad se lo permita, invitaciones y presentes; y solo va a las casas por asuntos de su ministerio. En las otras relaciones sociales es amable o insinuante en su misma seriedad. Propende mucho al culto; pero se fija más en las flores y luces del alma, que en la pompa exterior; más que en los arquitectónicos, en los “templosc vivientes deld Espíritu Santo”.e Aún permanece de hinojos, sumido en su plegaria, cuando lo llama la voz de la campana. Saluda a María, se arrebuja en su manteo y sale un tanto repuesto con los consuelos de la oración. Ya le esperan penitentes y toma el confesonario. Pronto se ve rodeado. Tiene para rato. Viene el párroco a decir la misa primera; pasa esta; pasan carros y carretas; y el padre Gil oyendo aquellos poemas de la culpa campesina que, parecieran fábulas, si se oyesen. A las nueve y media Dios es servido que termine. Sale a la cural, reconcilia, torna a la iglesia, con el alma remansada por la absolución y se prepara para oficiar en la misa mayor. Con el último campanazo de las diez sale al ara con esa actitud hierática que imprimen al celebrante las vestiduras y la ceremonia litúrgicas. Misa él con un recogimiento, una fe y una modalidad tan eficaces que inspira a los fieles ese espíritu de misterio y de amor, base de toda religión. Esta facultad de exteriorizar, con tanta elocuencia, el acto más grande, el milagro perpetuo del catolicismo, es una especialidad del padre Gil. Siéntese, al verlo consagrar y alzar, que laf Sangre de Cristo corre, si no más redentora que por otro consagrante (lo que es imposible) mejor representada y manifiesta a los ojos del creyente; que para todo rito se ha menester corazón.
Terminadas las oraciones, que preceden al sacrificio, le tenemos en el púlpito. Es convenio entre los dos sacerdotes que el viejo, como de casa, eche los regaños y que el joven haga las filigranas. No serán tantas que se diga. Mas, sin ser orador, en el sentido retórico ni el dialéctico, lo es por su voz limpia y sonora, por su claridad y sencillez, y, más que todo, por sentir.
a coajutoría b le c «templos d de El e Santo.» f La
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Como estamos en octubre,a historía,b expone y encarece las excelencias del rosario. ¡Y cómo le entienden esos pobres montañeros! “¡Tan querido y tan católico el padrecito Gil!”, dicen las viejas, por alabar su unción y claridad. El Dios que ha bajado hasta su pecho, merced a esas palabras que siempre le hacen temblar, al pronunciarlas, ha completado la obra: se siente henchido de inefable dicha...:c “¡Has caminado sobre las olas de mi agitado corazón!” le dice, al rendirle el hacimiento de gracias.2 De ahí, a dar a la materia la que ella necesita. ¡Pobre sopa boba,d pobre carne machucada, que sostenéis el cuerpo desmedrado de aquel sacerdote, no habrán de conocerte los sibaritas!3 En un periquetee despacha el frugal almuerzo y... a la colecta para la iglesia. Ya el mercado está establecido. Se entra, se ingiere por la turbamulta. Aunque no es verboso tiene para cada uno algún halago, alguna palabra suave y comedida. “Mi compadre Gilito —suele decir el párroco—f tiene el palito para sacarle a mis montañeros. En pocos años ha recogido más que yo, en veinte. Ahora sí g acabamos la iglesia”.
El zumbar de la colmena mercadante llena el lugarón. Mas tañeh la campana y ¡oh testimonio colectivo de un pueblo creyente!: un silencio misterioso se oye y Gil entona el ángelus. Contesta la multitud, como la creciente de un río. Cesa; continúa el solo del levita y torna la creciente. Tres avemaríasi más fervientes no recibe j Ella ni en su Santuariok de Lourdes.4 No irá el cura ni en la mitad de la colecta, cuando gran tumulto y vocerío. “¡Corra, mi padre!”, le gritan de lado y lado. Empuña el bolso, se dispara y rompe por el pelotón. Un hombre yace en tierra, en las convulsiones de la muerte. Borbótale la sangre de un costado. Inclínase el sacerdote, pronuncia palabras, impone las manos ¡pero el hombre ha muerto! Ha atacado, cuchillo en alto, a un carnicero, su émulo; mas este le ha ganado de mano, y, en el propio corazón, le ha hundido el cortacarnes. Está en pie, más desencajado, más palpitante que el muerto.
Gil prorrumpe en llanto, se postra de hinojos, y, con el alma toda, implora la Divina Misericordia: conoce al asesinado, le sabe su vida y teme por su alma. La autoridad levanta el cadáver; prende al matador; las esposas y los hijos de ambos gritan enloquecidos. El padre huye; trata de continuar su faena; pero las lágrimas le saltan y las carnes le tiemblan. No acierta a devolver, no acierta a recibir. Señó Minos, factótum obligado de los dos sacerdotes, acude en su ayuda y toma el bolso. Así terminan. Tocan a trisagio,l y, al entrar Gil a la iglesia, le llaman a auxiliar un moribundo, a legua y media de distancia y por caminos que el invierno hace intransitables. Vuela Minos a ensillarle la mula; una mulita pava, elástica como caucho y fuerte como acero. Vuela Gil a la rectoral y se calza las polainas y el fieltro de luengas alas. Torna a la sacristía. Se lava las manos, si no “con los inocentes”, con los compasivos; vístese la estola y la capa; cuélgase al pecho el relicario eucarístico y se guarda la ampolleta con los santos oleos. En las gradas del atrio le tienen la bestia, a Octubre b historia c dicha:...
d boba. pobre e periquetes f (suele decir el parroco) g si h tane i avesmarías j recibe.
k santuario l Trisagio
Curas de almas remángase la sotana y... arriba. Minos con la campanilla y dos montañeros con los faroles le rodean, y, en medio de la arrodillada multitud, toma camino de la sierra. A poco andar tiene que ponerse el impermeable, y, al son de una llovizna mojabobos, entona el rosario. Contéstanle, a más de sus compañeros rituales, varios allegados del moribundo, que le han seguido. Pero su pensamiento, siempre en Dios, vaga por otra parte. Teme no alcanzar con vida al hombre que, según cuentas, está acabando. Es otra alma negra que peligra. Ni fangales ni palizadas le detienen. Lleva al cortejo de la lengua. Al fin llegan. Aunque es domingo, hay vecinos esperando la visita del Dios viajero. Unos se adelantan; todos se arrodillan en cuanto se acerca. La habitación, una casita pajiza de pobres, está barrida desde el patio y regada de hojas de naranjo y de ramas de romero, de pétalos de hortensia y de flor de muerto. Baja el cura. Suena la campanilla y principia el rito inefable: “Señor, no soy digno ni merecedor que Vuestra Divina Majestad entre en mi pobre morada...”.a En la salita está el altar, tendido con sabanilla muy bordada, con mucho santo, velas en naranjas, flores en botellas, la taza con el agua y la cuchara. Éntrase el cura al cuarto del moribundo. ¡Dios sea bendecido!b Lac muerte da espera y halla lo que soñara: un pecador contrito y en sus cabales. Los tres sacramentos postrimeros, la protestación de fe y el ayudar a bien morir, todo sale, según la Divina Misericordia y los deseos del cura. Terminada la ceremonia, acepta con noble campechanismo, el tributo de la hospitalidad montañesa: una copita de anís que, por vía de preservativo, le ofrece un vecino, y unos huevos y una leche postrera, con que le brindan las mujeres de la casa. La llovizna ha calmado y, a la luz de los faroles, emprende el regreso a las siete bien corridas. En un atolladero se hunde la mula, y Gilito cae. —¡No será la última esta noche! —exclama saliendo como puede. Sin la segunda, torna al pueblo, a eso de las diez.
Encuentra la novedad de que el párroco vela todavía.
—¡Ay, compadrito! —le dice en cuanto entra— ¡Estoy a cantos de enloquecerme! Ya ve lo que nos afanamos por estos cristianos, y vea el fruto. Demen a mí otra laya de culpas, que... !ahí vamos! Pero no me den mataos en pecado mortal. ¡Y todo por un diantre de puerco que los dos querían comprar! Con este van cuatro en veinte años. ¡Es mucha carnicería! Ahí les hablé al alma en el trisagio; pero ¿qué me valió? Tuve que ir al velorio a aplacar a los hermanos de Gaspar. Han jurado esos enemigos que, si Roque sale libre, se lo tamban. Y son muy capaces de cumplirlo; porque usted no sabe, compadrito, qué laya de ganado son los tales Méndez: démelos muertos y se los doy condenados... ¡Pues no ve! ¡Hasta herejías estoy diciendo!... Y vaya coma y dese una frotación y acuéstese, que estará muerto. Si no ha rezado, machuque ahí lo que pueda, que mi Dios no le exige tanto.
Ni comida, ni lavatorios, ni machuca. Se encierra, y, con toda paciencia y abstracción, reza todas las horas mayores, menores y demás oraciones rituales. Pasadas las doce, aún fluctúa aquel espíritu en místicas, indecibles vaguedades. ¿Qué soñará, luego? Tal vezd tristezas, como en la noche precedente. a morada....
b bendecito c la d Talvez
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
1
Se publicó por primera vez el 24 de junio de 1914 en El Espectador como “Dominical N° 3”.
2
hacimiento de gracias: Nombre en desuso para acción de gracias. Expresión o manifestación pública de agradecimiento normalmente dirigida a la divinidad (dle, 2018).
3
sibarita: Dicho de una persona: Que se trata con mucho regalo y refinamiento (dle, 2018).
4
santuario de Lourdes: Conjunto de lugares naturales y edificaciones en la ciudad de Lourdes (Francia) dedicada al culto de la Virgen María desde la segunda mitad del siglo xix; en este se dieron diversas apariciones de la Señora (N. del E.). Notas explicativas
E Elegantes Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1914) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: A: El Espectador (1914). Medellín. B: Dominicales (1934). Medellín: Atlántida. C: Obras completas (1952). Madrid: epesa. D: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. E: Veinticinco reales de gusto (y otros cuentos) (1998). Medellín: Editorial Universidad Pontificia Bolivariana.
F: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Laura Daniela Arboleda Ramos Editora crítica
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Elegantes1 Once y cuarto p. m.a La victoria para a la puerta, y, en cuanto abren, salta Walter Castañeda, ofrece la mano a la señora de Torralba y la baja del carruaje con estudiada cortesía. Ina les sigue, sin ayuda de nadie. Instancias para que entre. —¡Mil gracias, mi señora Ángela!b Usted necesita dormir. ¡Que se mejore! —Despedida efusiva. Apenas parte, le echa la dama una bendición harto burlesca. —¡Apuesto, mamacita, que no tienes tal jaqueca!
—¡Qué voy a tener! Pero ¿te figuras tú que podíamos quedarnos más tiempo entre toda esa jalapa?2 —Verdad, mamá: ¡Valientes fatalidades nos llevaron esta noche! Es un baile de pobretonas y de quedadas3 de toda clase. ¡Hasta a las Cañolas las metieron en docena! ¿No las viste, qué tan cuartas?
—¿Cómo no? ¡Lo que yo he dicho tantas veces! Aquí ya no se puede ir a ninguna reunión, porque no hay quien soporte el zamberío entronizado. Medellín se ha vuelto una merienda de negros. O si no, ya ves el galán que nos inventamos. —¡Pobrecito Walter, mamá! ¡Mira, que hasta aspirina te consiguió! —Eso sí, atento sí es el zambito.4 Hace bien, ya que la gente buena le damos tiro. Y ¿como que te estaba haciendo la corte?
—¡Un horror!
—Pero ¡ah célebre! ¿Y Filemón?
—Ni aun lo vi.
—¿Están peleados?
—¡Ni sé...!
—¡Eso sí! Porque a cuál de los dos más raro. Por allá vi a las Campillos, que no te perdían pie ni patada. Allá verás las caricaturas que van a sacar del traje. —Eso va a ser cabañuela5 para todo el año.
—Eso es lo peor. Si siquiera lo imitaran como es, aunque lo vulgarizaran. Pero sacan unos disfraces y unas telas...
—¡Bello, bello se veía en el baile! Era el mejor, sin disputa. —Eso me dijeron todas, menos las Campillos.
—Mañana te estrenas el otro, llueva que truene; que a la moda no hay que darle espera, y más con estos trajes tan valiosos. Por muy bien librada me diera si saliera a libra cada postura.
—¡Quién sabe, mamá!
—Y ya sabes: aunque amanezcamos algo trasnochadas, siempre vamos a misa b Angela a cuarto, p.m.
Elegantes de ocho. Quiero ver la cara de tus primas, cuando te lo vean puesto. ¡Ya ves que lo desahuciaron!
—Pero ¿no las conoces, mamá?
—Sí: solo lo que les viene a ellas y lo que les hacen aquí, es lo único que sirve: lo demás es de mal gusto o pasado. Por eso les quiero ver la piquiña mañana, cuando se den cuenta de esa maravilla. Después vamos al tenis y al té de Sara, que es lo único distinguido de ahora.
—¿Al tenis?... ¡Quién sabe! Según como amanezcamos.
Doña Ángela Bobadilla de Torralba y su señor marido, don Javier, viven separados, por mutuo y amigable convenio. No congenian ni en lo chico ni en lo grande. Ambos son ricos y cada cual gasta de lo suyo, a su sabor y talante, sin fijarse en las disposiciones legales sobre los bienes de los cónyuges. Tranquilidad más hermosa no se ha visto en esta tierra del hogar cristiano y del interés pecuniario. Él está en Europa, con sus dos chicos; ella vive aquí con sus tres niñas. Este afecto, que vive por la ausencia, se cultiva con todos los envíos y recursos epistolares. Cuando él viene, es ave de paso que vaga lejos del nido. Cuando ella va, se rinden los fueros delante de la gente. Es ella dama de virtudes agrias, necia, preponderante y exigente. Él, muy caballeroso, pero muy dueño y pagado de su bello gusto. Lo que más se le atraganta de su cara-mitad, es la chifladura por lo distinguido y entonado. Ina (por Ernestina), con ser bastante vana y grandiosa, no lo es tanto como su madre se propone. Nadie ha podido saber a ciencia cierta si es fea o si es hermosa. Si vistiera como cualquiera otra, es probable que resultara, si no bella, muy garrida6 y agraciada. Pero su empeño en llevar toda moda, cuádrele o no,a con una exageración y un recargo verdaderamente indiscretos, hacen de Ina Torralba un serb que desconcierta al mejor conocedor. En todo caso, ella es un maniquí, que se forma o se deforma, según ordene la moda pintada. Más que de carne y hueso, parece de caucho. Esta noche está lo que se llama despechada. Tanto más cuanto tiene grande empeño en ocultarlo. El caso no es para menos: Filemón Casanova, su último pretendiente, a quien juzgaba cogido entre sus redes, se le ha ido zafando poco a poco; y, en el baile, este,c ha tenido la avilantez de cortejar, en su propia cara, a Ruth Lagos, una blonda aborrecible, inferiorísima a ella, en prosapia, en fortuna, y, sobre todo, en elegancias. En medio de su mortificación, trata de figurarse que todo ello no es más que por afinarle la parada, dándole celos con la rubia. Si no, renegara hasta de la moda y de sus trapos. Y no es porque el amor por Casanova sea cosa de los tiempos heroicos; no: estas mujercitas-figurines tienen en el corazón más aserrín que sentimiento. Pero el amor propio... ¡Oh! Filemón bien puede ser, en el fondo, cualquier cosa. De eso no se ha preocupado ni le importa. Mas ¿quién puede igualarled en apariencias?
Viste y vive unas veces a lo yanqui; otras, a lo inglés. Es campeón glorioso en todo sport;e tiene dinero, abolengo, juventud y figura; ha viajado, y es hombre tan a nó b sér c éste, d agualarle e esport
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla de moda, como ella misma. Si no es esta su media naranja, no se completa ella en Medellín. Fuera de que doña Ángela se pirra por él más que la hija. Todo ello le trae un gran conflicto: si va al tenis, pensará el muy engreído que es por buscarlo; si no va, puede perder una ocasión muy favorable a la reconciliación. Nuestraa Señora de las Victorias, abogada de moda en la crema medellinense, habrá de inspirarla.
Ha dormido mal; pero a las siete y media ya está entre los dos espejos, dándose el último perfil, con la postura del sombrero y la cogida del bolso. Doña Ángela, a conveniente distancia, se extasía. Aquella cosa como talego troncho, de color tango, estrecha y templada abajo, abullonada en las caderas y abierta por un lado; aquel casaquín cola de pato, tan flojo y arrugado que parece de otro dueño; la enorme mariposa de cinta que cubre media espalda; la gargantilla de abalorios, como uchuvas pintonas; aquellos zapatos con hebillas de cura y tacones de militar; aquel casquete metido hasta la nuca, con una pluma rígida y parada; aquella figura como de trompo que ha tomado el cuerpo de la chica; todo eso le parece a la señora de Torralba la realización de un ideal que en el grabado parecía imposible. ¡Oh, su Ina! Se había hecho para que la moda la conformase a su capricho. Su Ina era el genio de la elegancia. Sale adelante y tal que, si no fuera por la abertura del talego, no diera un paso el pobre genio. Doña Ángela, atrás, casi bizca.
Desencanto en la catedral: aunque mucha envidiosa, no están las primas Covarrubias. A la salida, muchos cabildeos y consultas, con varias amigas fashionables, dentro del mismo templo, como por acá es usanzab entre gente distinguida. En el atrio demora, a cualquier pretexto, a fin de aprovechar esos momentos tan oportunos para la pública admiración. Filemón, ausente. Allá estaría en el club,c como una tica. Otra vez en casa. Nada de tenis: tal le ha aconsejado Nuestra Señora de las Victorias. Doña Ángela gruñe; pero en vano. Ina se pone al piano y repasa Cuando el amor muere, que machuca tal cual. Pronto en la puerta: “¡Ina! ¡Ina!”,d a grito limpio, porque también es rito consagrado, entre las niñas distinguidas, no entrar en las casas sin gritar desde la calle a la visitada. Ina suspende y sale a recibirla. Tras esta, previo el grito de ordenanza, otra amiga, y luego la tercera, hasta juntarse cinco. Tres son del tenis y vienen por Ina. En vista de su resistencia proyectan cierto programa que no es del gusto de doña Ángela, por parecerle muy poco entonado. Pero ¿cuándo no fue la prohibición el mejor incentivo? Esas cinco cabecitas gentiles de pájaro, se van embriagando con la locuacidad; las cinco hablan a la vez, las cinco levantan la voz; y... ¡oh poder femenino! las cinco se entienden. De todo tratan, menos del proyecto. Sálense al portón, y, antes que doña Ángela se lo percate, han tomado calle arriba. Van a casa de misiá Pura, famosa autora de las clásicas empanadas. Allí, entre mordiscos y soplos a la caliente golosina, hablan de modas, de novios, de regalos. Al fin sacan un tema que a todas les entusiasma. ¿Cuál? Los estuches para las uñas. Cada una hace el elogio de su herramienta, de su habilidad, de lo cucos y pulidos que tienen del remate de sus deditos.
a nuestra b usanza. entre c Club d «¡Ina! ¡Ina!»,
Elegantes A la una están en el parque de Bolívar, sin guantes ni sombrero, departiendo con otras en plena familiaridad, sobre el de trapos y de amores, el tema palpitante del baile. Cuatro que no fueron invitadas hablan de los desórdenes que en él habían ocurrido. Lo sabían de muy buena tinta. Las que asistieron niegan todo acaloradamente.
—¡Sí, mis queridas! —alega una de las detractoras— hubo muchas que se salieron desde temprano, por no presenciar tanta patanería ni tanta perra. Que lo diga Ina.
Inaa no afloja prenda y se sostiene en lo de la jaqueca de mamá. —No lo niegue, niña, que todo el mundo lo sabe.
No sigue la porfía,b porque, a esas, llega Ruth con otras, seguidas de Filemón y de varios de su círculo. Siéntanse al propio frente, en dos escaños que juntan. Él saluda muy amable, y le dice a la Torralba con familiaridad de camarada: —¡Qué elegancia, Ina! ¡Una parisiense es una poma!
—No tanto como otros.
En verdad que está el mozo que ni un brazo de mar; pantalones a listas, con el remangue a media zanca; unos calcetines morauzcos;c un chaleco lila de botonadura triangular, y un pañuelo verdoso asomándole del bolsillo de pecho, como una rama marchita. Se sienta junto a la rubia odiosa, y principia el coloquio a media voz. Por fortuna, que Ina le ha cargado la mano a sus blanquetes, que, si no, se le vieran los cambios de colores. Alguna le dice algo al oído.
—¡No me mientes esa porquería! Después te contaré.
No tarda Walter, y… derechito a ella. No le va en zaga a Filemón en lo elegante. Tan expresiva se muestra con el advenedizo, que sus amigas se quedan en babia.7 No hablan paso; hablan para que los oigan. El baile y lo parrandistas y tranquilos que son los hombres, es el tema. Pero, entre frase y frase, qué de sonrisas y qué jugar de ojos. Otros amigos se les agregan, acercan banca las ponen vis a visd y se traba la charla. Mas llega la hora del té, en casa de Zarah, e Ina y sus amigas se despiden. Doña Zarah (con Z y h) viuda y con hijos casados, es una dama antioqueña, pero europea. Por amor a París ha renegado de su lengua, de sus parientes y de las costumbres de esta tierra. Vive aquí poco y, ese poco, en francés. A sus salones solo asisten extranjeros o antioqueños europeizados. Entrar allí es iniciarse en la logia de la élite. Ya están en ella cinco extranjeros y tres criollos, cuando entran doña Ángela y su hija. Zarah —que las da de virtuosa— perpetra en el piano un nocturno de Chopin.8 Es posible que el ilustre compositor, a estar presente, no hubiera sabido de qué se trataba. Sírvese el bebedizo inglés en el mismo salón, con pastas y bombones pedidos. Solo el agua es regional… y gracias. Un franchute injertoe en colombiano berrea, luego, que aquello es berrear, Sur la tombe qui l’enterre f 9 y el Vorrei g morire.10 Tan pesado está el matiné h de madama Zarah, que uno de los maiceros11 propone que lo terminen en el del teatro. La anfitriona no asiste a estas cursilerías; los extranjeros a Ina. Ina b porfia c morauscos d bis a bis e ingerto f sur la tomba qui l'encerra g vorrei h A: el matiné; B, C, D, E, F: el matinée [Aunque las normas ortográficas establecen que matiné es un nombre femenino, se conserva el género atribuido de forma local con el artículo masculino, según el uso pragmático en la región de Antioquia, expresado originalmente por Carrasquilla en su obra].
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla la apoyan; pero otro antioqueño acoge la ocurrencia y hace embelecar a la prima Ángela. Con primo de tal coturno se presenta ella en cualquier parte. Sale y pronto torna en auto y con palco, porque las butacas están agotadas. Mejor que mejor. Dan Amores y amoríos,12 la gran andaluzada de los Álvarez Quintero.13 Terminan el tercer acto, cuando entran. ¡Qué efecto el de Ina! Mas todo se le vuelve hiel y vinagre, al ver en un palco inmediato a Filemón en persona, con la rubia, la madre y toda la sacra. Lástima que no estuviese por ahí el ñapango14 de Walter. —Acabemos este día, prima, como Dios manda. Vamos a comer al club, y luego, vamos a toros.
—No sea parrandista, Pedro José. Vea que es un viejo casado.a ¿Qué dirá Celia? —Dirá que soy un viejo de muy buen gusto y que busco buena compañía. ¿Qué dices Ina, vamos?
—Mamá sabrá.
—¡Sí, sí! —insiste él— Las dejo de paso en la casa, para que saquen los abrigos y se retoquen, mientras le aviso a Celia que no me espere. Convenido. Tan pronto despachan el yantar, que tienen tiempo de dar unas vueltas por el parque de Bolívar, para oír la retreta y ver la concurrencia. A las ocho y media, en el Circo.15 Grande animación, con los alcoholes del día. Como de ordinario, no sirve el ganado, pero el público está en su cuarto de hora.
Por ahí anda Filemón con los suyos; ¡pero sin la mona ni su gente! No se acerca por los lados de Ina.
—¡Esta parada si no te la entiendo! —le dice alguno— ¿Estás peleado de veras con Ina?
—¡No sé! solo te digo que me tiene jarto, con su pinchamiento y sus elegancias. Ya sabesb que soy otro elegante y que perro no come perro. Me atengo a la Mona, que es una ingenua.
—¿A lo Trigo?
—No tanto. Pero siquiera es mujer; ¡no figurín!
Y ella, la dichosa, la envidiada, se va a casa, con la cola muy larga, la boca muy amarga y el corazón muy lacerado.
¡Pobrecita Ina...!
a Pedro José.— Vea que es un viejo casado.— b sábes
Elegantes
1
Se publicó por primera vez el 27 de junio de 1914 en El Espectador de Medellín (N. de la E.).
2
jalapa: Clase social inferior (ahac, 1986).
3
quedadas: Solteronas (dle, 2018).
4
zambo: Dicho de una persona: Nacida de negro e india, o de indio y negra (dle, 2018).
5
cabañuela: Cálculo popular basado en la observación de los cambios atmosféricos en los 12, 18 o 24 primeros días de enero o de agosto, para pronosticar el tiempo durante cada uno de los meses del mismo año o del siguiente (dle, 2018).
6
garrida: Dicho de una mujer: Lozana y bien parecida (dle, 2018).
7
en babia: Sin enterarse de lo que ocurre alrededor (dle, 2018).
8
Chopin: fue un compositor y pianista polaco, nació el 2 de febrero de 1810 y falleció el 17 de octubre de 1846 a causa de un sinnúmero de problemas respiratorios y sistémicos que lo acompañaron desde su juventud. Su obra se conforma principalmente por estudios de piano, preludios y nocturnos, entre otros (Quadrelli y Dibarboure, 2014).
9
Sur la tombe qui l’enterra: Posible tonada de la época, de origen francés, que se traduce como Sobre la tumba que lo entierra. En algunas de sus obras Carrasquilla da cuenta de expresiones en otras lenguas, como en francés o en italiano, para manifestar las influencias de las culturas europeas en la sociedad medellinense. Representa de forma paródica cierto esnobismo con respecto a las preferencias locales por formas extranjeras (N. de la E.).
10 Vorrei morire: Canción italiana compuesta en 1878 por Paolo Tosti
(1846-1916), su título se traduce como Quisera morir (N. de la E.).
11 maicero: Dicho de una persona: Habitante del departamento de
Antioquia, cuyo alimento principal es el maíz (dle, 2018).
12 Amores y amoríos: Obra de teatro de los hermanos Álvarez Quin-
tero que presenta una historia de amor entre un poeta mujeriego y una bella joven (Herrera, 2012).
13 Serafín y Joaquín Álvarez Quintero: (1871-1938 y 1873-1944). Fueron dos dramaturgos españoles del costumbrista y de humor, produjeron sainetes, zarzuela. Durante toda su trayectoria escribieron más de doscientas obras, entre las que se destacan: La reja, El genio alegre, Las de Caín y Amores y Amoríos (Herrera, 2012). 14 ñapango: Mestizo, mulato (dle, 2018).
15 circo: Nueva referencia al Circo España (N. de la E.). Notas explicativas
E Estrenos Para el proceso de fijación de esta obra se contó con la segunda edición (1934) como texto base, ante la imposibilidad de encontrar la primera entrega de la narración en prensa de 1914. Los siguientes testimonios son las ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: A: Dominicales (1934). Medellín: Atlántida. B: Obras completas (1952). Madrid: epesa. C: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. D: Veinticinco reales de gusto (y otros cuentos) (1998). Medellín: Editorial Universidad Pontificia Bolivariana.
E: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Laura Daniela Arboleda Ramos Editora crítica
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Estrenos1 A Martín Moreno de los Ríos,2 que no olvida a ¿Qué aldeano antioqueño no tuvo en su niñez el goce inefable de la chirimía? ¿Quién no sintió esa música triste y selvática? ¿Quién no fue a encontrarla alguna vez? Desde las doce se la viene anunciando en Quiebrafría, y todos están oído alerta. A eso de las tres, no es ilusión: se oye por el Alto de Moros la nota aguda de aquel clarín primitivo y el redoble monótono de ese tamboril rudimentario. ¡Y tú que lo oíste! Todo mocoso, esté donde estuviere, se dispara desalado. Este camino de la dicha es, al instante, una peregrinación de rapaces y rapazas, un hormiguero humano, falda arriba. ¡Qué gritos! ¿Cuál tendrá la gloria de llegar el primero? Estos magos de las fiestas lugareñas, seguros de su invencible sortilegio, hacen siempre alto a conveniente distancia; se anuncian con el más estridente de sus tañidos, y esperan la ovación glorificadora de la infancia. La de este sábado venturoso es harto más delirante que la de un general que trae el triunfo.
¡Qué de hurras en cuanto divisan los prodigios! Son tres negritos de Girardota,3 tierra clásica de chirimeros y monteras; tres hijos del Congo, de pantalones de dril blanco, tronchos y blandengos, ruana oscura del reino, camisa por fuera y sombreros copiagudos de caña. No bien la multitud les cerca, dos embocan los trompetines, inflan los carrillos, redobla el tercero, y van bajando, bajando. ¿Eres tan infeliz que no oíste esos acordes? ¿Son dulces? ¿Son amargos? ¡Quién lo sabe! Pero llegan al corazón del aldeano como vibraciones de un mundo desconocido donde el ensueño impera. Escucha:
—¿Dónde está la guacamaya?4 —En palenque está.
—¿Dónde está, que no la veo?
—Volando va...
Callan los instrumentos de viento, tantanea el pasacalle y tornan los clarines y torna La guacamayab y torna el tamboril. El pasmo de la hechizada turbamulta es a veces mudo, a veces estrepitoso, a veces mímico. Entran los héroes como tres Aurelianos a Roma,5 al estallido de los cohetes, al repique jubiloso de las campanas, que llaman a salve.
El alma más entusiasmada y sobrecogida, si no la que más se muestra, entre tantas almas, es una de once años: es el alma sonora y embelecada de Lolo Arellano, el ser más feliz de Quiebrafría.
a olvida.
b la guacamaya
Estrenos A que lo sea concurren muchas y diversas circunstancias. Quince días atrás ha sido el vencedor en los certámenes: él ha cautivado a todo prócer por su erudición en el Fleury,6 como por su rapidez en la suma; él ha recitado el discurso que compuso el señor cura, sin equivocarse en un punto, ni cortarse en lo más mínimo; él ha embrujado al público con la conjugación del verbo “satisfacer”,a en todos sus modos, tiempos, números y personas. En el refresco final, arreglado en el atrio, con todo y marcha y música “seria”, ha sido el objeto de las mayores atenciones y ha logrado él solo más tomas de horchata7 y de agua de moras, más panelas y colaciones, más lulos y pepinos, que los hijos del alcalde y los sobrinos del cura reunidos. Mas no es únicamente en lo público; también en lo privado le está mimando la fortuna. Doña Engracia, su abuela materna, ha mandado a hacerle, en premio del lucimiento, un vestido a toda moda y a todo costo. Es de bayetilla verdinegra, a cuadros sonrosados; los pantalones, luengos y holgados; el chaquetón, lo mismo, sin solapa, recto, con cinturón y seis botones de cobre que relumbran como seis morrocotas8 de aquellas que “no volverán”,9 tampoco. Posee, otrosí, cierto secreto de Estado.b Es el caso que, tres días antes, ha habido en el pueblo, según el programa de las fiestas, gran tope público a la gran vestimenta de la patrona, fabricada en La Villa. Nadie la conoce en el pueblo. Solo él ha tenido esa dicha, porque en su casa se ha abierto el ornamento, a puerta cerrada. Claro está que le ha faltado tiempo para contar que lo conoce de pe a pa.10 Pero decir cómo es aquello... ¡Imposible! Doña Teopiste, su madre, y Angelina, su hermana beata, loc han amenazado con quemarle el pico,11 si da siquiera una media idea de tal preciosidad. Con tanto denuedo ha guardado el sigilo, que Chepa Montes, su novia, por no haberle sonsacado una palabra, ha reñido con él hasta devolverle los regalos de la cajita de agujas, del espejo y del frasco de perfume. Todo esto le da, ante sus amigos y ante sí propio, una aureola de juicio y entereza, que le llena de orgullo y le habilita de hombre hecho y derecho. Chepa ha quedado tal, que desde ese mismo día le pone como substituto a Tadeo Rosas, un calandraco12 del poblacho vecino, y, motejándolo de engreído y de falsario, le ha formado entre la chiquillería, envidiosa de suyo, una atmósfera tan tremenda, que Lolo se les ha hecho hasta odioso.
Poco se le da de esta fronda inerme, máxime cuando sus dos íntimos, Evencio Olmedo y Tino Rojo, le son ahora más adictos que lo fueron siempre. En cuanto al rompimiento con Chepurria, así se las dieran todas. Todo era piquiña, pura piquiña, que duraría hasta el día de la patrona,d que también iba a ser su día, su día grande, enorme. Pues es de saberse que Lolo le preparaba a su pueblo una de esas sorpresas que hacen época en los fastos de la elegancia. Todo ello se había preparado por obra de la casualidad, de la predestinación acaso. Poco antes de los dichosos certámenes, estuvo en su casa un pariente lejano, muy rico y principal, que le regaló, al despedirse, dos pesetas de a cuatro reales. Al domingo siguiente fuese Lolo a los tendidos del mercado, y, como por inspiración de lo alto, se compró, él que no conocía calzado, a «satisfacer», b estado c le d Patrona
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla un par de calcetines más blancos que una bretaña.13 Regaño por aquel rasgo de bobo rematado. ¡Solo que se los fuera a poner con alpargatas, como enfermo montañero! Llanto y berrinchín del pobre Lolo. No tiró lejos los seis reales y medio que le sobraron, porque la abuela se los guardó a mano fuerte.
Pues bien: pasados sus triunfos escolares, les llegan a sus hermanas los calzados para las fiestas. Vienen de Rionegro,14 de las manos milagrosas del maestro Cruz Pineda, y son unas maravillas. Pero, ¡oh desgracia! Los de Andrea, los más hermosos cabalmente, no le entran tan siquiera.a En su despecho los bota por ahí. Una idea sublime, una ráfaga de audacia, pasa por la mente de Lolo Arellano; sale, se estriega la carrumia aldeana, saca las medias, toma los botines y se encierra en el cuarto del aparejo. No es tan fácil la empresa para un debutante; pero una idea clavada es gran palanca. Puja, suda, aceza, pero se mete en los botines. Camina por el suelo, medio cubierto de paja; se ensaya por el entablado del cuarto vecino; luego por el corredor de tortuosos ladrillos. ¡Qué bien! No lo hiciera mejor si hubiese cursado la carrera. Quítase todo, no sin alguna dificultad, y feliz, radiante, corre a doña Engracia con el estupendo caso. Tres patacones, veinticuatro reales, real sobre real, siempre era mucho; pero al niño prodigioso ¿qué podía negársele? Una vez dueño de los botines, puede contemplarlos, con todo el encanto de la primera posesión. ¡Qué obra! Tarrudos, de resorte, suela volada y tacones de trompo; de cordobán, con puntera de charol. ¡Y qué puntera! Deslíndanla dos visos picados de tafilete rojo y verde; la cosen tres pespuntes amarillos, y, en el centro, las alas desplegadas, el cuerpo hilado, se posa una chapola azul, con manchas blanquecinas. Si abajo ha de lucir todo eso, no le va en zaga la cabeza. El sombrero marinero, premio de papá, es de hule chocolato, con divisa roja, que cuelga atrás en dos colas; lleva tres áncoras de cobre: una al frente, enfilando con la nariz, y sendas en las puntas volanderas del cintajo.
Como es tan misterioso cual la madre, les guarda a sus íntimos el arcano del marino y del botín. La víspera del gran día, no bien se abre en la plaza la mercancía de esos cachivacheros que atribulan de fiesta en fiesta, completa Lolo el ajuar. Con refinado instinto de elegancia, escoge una corbata de gro,15 angostita y larga, del mismo color de las mariposas. Todos irían a estrenar en el pueblo; pero él y la patrona iban a ser los más galanes. ¡Qué coincidencia más feliz y llena de promesas! Merca, además, un corazón cruento de azúcar y una llave amarilla, de la misma materia, con las cuales va a contentar a Chepa, en esa apoteosis del siguiente día. Aún le restan cinco medios de las dos pesetas consabidas. Con estos y el real de la abuela, que dobla la suma en la fiesta titular, y los medios dominicales de los papás, completa una enormidad para panecitos, colaciones, empanadas dulces, bizcochuelos blanqueados y demás delicias que en tales días se expenden. Hasta arriesga que le alcance para triquitraques.16 a tansiquiera
Estrenos Con este cúmulo de felicidades está medio sonámbulo, en esta víspera de aquel día en que, con sus nuevos triunfos, van a complicarse domingo, renovación y patrona. Evencio y Tino, esos amigos tan queridos con quienes nunca le ha prohibido relaciones la celosa abuela, lo encuentran esa noche reacio a toda diversión y a todo oficio. En solemnidad como aquella no ha querido ir de monago. Evencio, el más fiel, no ha ido tampoco, solo por acompañarle. Entran a salve; pero Lolo está más devoto que Angelina. El tope de la chirimía lo ha empeorado. Ni la música seria, ni el coro, ni los cohetones, ni las tronamentasa le entusiasman. No habla siquiera: “está bedoya, bedoya”.17 Ni ante la patrona misma se mosquea.
Está en sus andas, con su estreno, hierática y fulgente, el rostro de niña con lustre de albúmina,18 derramada la cabellera en luengos tirabuzones. Lleva la guirnalda emblemática de nevadas rosas, de donde salen y se abren, heráldicos, los picos estrellados de su corona de duquesa. Oro y aljófar por los recamos de la blanca túnica; galón y flecos áureos por el manto áulico, purpúreo y simbólico. Péndenle oscilantes los zarcillos hiperbólicos y la ciñen los collares de rosetas. Levanta en la diestra la insignia de plata del martirio y apoya la siniestra en la torrecilla almenada de su prisión tenebrosa.
Todo el pueblo, engrosado por la multitud de forasteros, se agolpa en la plaza. De tal guisa está Lolo, que tiene cara de no ir a recoger los vaniados. Evencio se confunde con el zoquete, pero no le deja.
El fogueo sigue parejo, insistente, espléndido; que los alféreces de este año no son ningunos roñosos, y a los patronos se les venera mejor con pólvora que con novenas, más con santa alegría que con ritos taciturnos. La alegría es el incienso más puro de los corazones sencillos.
Serpentean por el éter los meteoros de la maga luminosa; sus prestigios bordan el firmamento, como un plagio al Divino Artífice. Desgránanse las flores multicolores de los jardines celestes y se filtran de los astros las chorreras de lumbres siderales. Luego surgen en la tierra fuentes, crisantemos, custodias. Después, lo tremebundo: el tiroteo, las máquinas homéricas de aquel estrago sin muerte. Al fin, esa fábrica babélica que se alza junto al atrio se va perfilando en puntos policromos, se inflama en sus paredes. En uno como nicho aparece la patrona, cual la visión de un predestinado. Densa nube la envuelve, como en vida real y efectiva. Todo se cubre, todo se esfuma, todo arde y estalla en trueno apocalíptico. Nadie teme nada: la patrona libra a sus hijos de todo rayo. Tras la tormentosa epopeya, la chirimía, como el reclamo de un ave lastimera. Ya los farolillos llaman por ahí a los devotos de santa Polonia; ya se arman en las aceras la ruleta y el bisbís,19 la cachimona20 y el boliche: arden las hornillas bajo los toldos, se arreglan puestos de pastas y refrescos junto a las barreras, trasciende por la plaza y los ventorros el efluvio provocativo de la cena. Ya preludian las vihuelas21 y los tiples,22 se entonan los bundes23 y las cañas,24 se desafían los troveros y echan sus décimas los ciegos. a tronamentas,
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Préndese el baile, ya en la calle, ya en la sala; y el Hermano Anís, que así da la vida como mata, se inicia por todas partes, cual el genio animador de toda fiesta. Amanece, y toda la gente del lugarón se bota a la calle desde temprano, a lucir la flamante mercancía. Nunca se viera en Quiebrafría lujo semejante. A misa acude la enjalmadaa caravana, entre si honra a Dios o al diablo.b En una esquina de la plaza se congrega, presidido por dos beatas oficiales, el cuerpo de ninfas que ha de regar en la procesión. Allí brilla Chepa, con traje esponjado color de rosa, ampulosa banda, con guirnalda y tirabuzones a estilo de la patrona. Ni de Lolo debe acordarse... Pero cátame que alcanza a ver a uno que sube calle arriba. Porc lo pronto se le figura un forasterito. Viene algo agachado, como mirándose las mariposas. Parece más alto y menos pecoso. Andrea ha logrado abrirle carrera por la greña indómita y le ha atado la corbata azul, en un moñito muy melindroso. Como la calle es falduda y la piedra lisa, camina con mucho tiento y algo trabucado. Quiere él asumir aire y andares muy cursados, pero siempre resulta bastante patojo y primerizo. La tortura del cuerpo se le ve. Mas el viento y el sol ayudan a realzarlo: le revuelan las colas del marinero, como dos gallardetes, y le relumbran los seis botones, que aquello es coruscar. Al llegar a la esquina hace un esfuerzo, y le resultan unos pasos muy regulares. Se planta, más por descanso que por parada. Varias ninfas le contemplan con toda ingenuidad; pero Chepurria como si tal cosa. De pronto exclama: “¡Bendito sea mi Dios...! ¡Hasta a los gatos les da romadizo! ¡Como no lo piquen las chapolas!”.d Lo último siempre le arde algo; mas sabe disimularlo con una risita y un guiño de ojos que dirige a las niñas. ¿Muy picada todavía la Chepurria? ¡A la tarde se verían, sin testigos! Como el número de ninfas se ha completado con tres que llegan, se alinean pareadas, y toman la acera, camino de la iglesia. Él las sigue, bordeando la barrera. Al llegar al atrio, va comprendiendo que no son los botines fruta que come mono. Siente como una quemadura en las plantas, unas agujas en los dedos y unos como mordiscos en la puntera. Era muy natural, según Andrea. Entra y avanza hasta cerca del presbiterio, y se sienta en el último escaño, del lado de la epístola. Se reanima. Eso pasaría. Su edad no le permitía coger vara en el palio, pero cogería cirio, y de los más grandes, y se pondría de los más inmediatos al Santísimo. Para eso le había prestado Andrea el pañuelo de seda amahonado.25 Dejan, y la iglesia se taquea.
Principia la misa, y se arrodillan. Los mordiscos siguen; trata de sacudir los pies en aquella estrechura. Pero ¿cómo?e Al levantarse para el evangelio, se siente como ingerido. No puede estar de pie. Aunque lo regañe el señor cura, se sienta. Con esto y la tregua del sermón, descansa unas miajas. Mas aquellos pobres pies se le van esponjando en las prisiones. Siente en ellos unas facultades que nunca imaginara: tan pronto le laten como si fueran dos perritos, tan pronto se le duermen como si no fuesen suyos. Al fin termina el sermón. ¡Pero otra vez la horrible arrodillada! Él es también mártir, como la patrona. Le reza. Híncase, recostado contra el escaño. ¡Qué inquietud la de aquella criatura! No sabe si se sofoca o si se enfría. No sabe de nada. a enmajada b Diablo c arriba.Por d chapolas»!
e Pero, cómo?
Estrenos Ah, sí: ¡la campana, el prefacio! Un mareo, como borrachera de tabaco, le acomete. Un sudor extraño le gotea desde el pecho. ¡Va a hacer erupción ahí mismo! ¡Qué vergüenza! Ataja la ola, se embute el pañuelo de Andrea. Los vecinos se sofocan con este muchachito tan malcriado. Campanas y esquilones, campanillas y coros se lanzan a vuelo, y lo inatajable estalla. Lolo queda absuelto de sus miserias y hecho una miseria el flux de gala. Un campesino compasivo quiere recostarlo en el escaño, pero el enfermo trata de avisparse y de abrir los ojos. Brega por zafarse aquel suplicio. No puede. Ni aliento ni espacio. Abre bien los ojos y no ve. Aquello es una agonía sin muerte. Las luces le oscilan y le baila todo. El mundo se le va, y él se dobla. Pasa la procesión del Santísimo, sale a la plaza la de la patrona, y Lolo no ha vuelto del soponcio. El “negro Nicolás”, ayudante de sacristía, le alcanza a ver y le corre. Lo sacude, lo tira, lo incorpora. “¡Lolito! ¡Lolito!”. Abre los ojos. “¿Le ha dao algún váguido?”. Que sí, contesta él por señas, e indica los pies. El negro comprende y va a descalzarlo. “¡No! ¡No!”, grita el cuitado. Le parece que son llaga en carne viva; que, si le tocan, toda la sangre se le sale. Pero Nicolás insiste, y, quieras que no, lo saca del tormento. ¡Negro humanitario! Un viento de sufragio dilata aquella pobre ánima. Cuando se ve las medias incruentas, cree soñar. El negro se las quita, y... ¡oh,a milagro! no salen pegados los pellejos. Se atreve a contemplarse aquellos pies, mas no es capaz de ver las mariposas. Nicolás lo lleva a la sacristía, le da agua y le limpia el estreno.
Doña Engracia, Andrea y demás señoras de la casa, que no le han visto por ninguna parte, están alarmadísimas. Al tornar a la iglesia esperan angustiadas. Pronto les avisa Nicolás.
Apenas,b vacío el templo, lo vuelve a un escaño. Está en el colmo del abatimiento y apenas si puede andar. Al momento piden vino y le confortan. Evencio y Tino le sacan a poco, con cierto disimulo, pero como a enfermo que solo se tiene en pie. Al pasar por la casa de Chepa, sale ella con otras ninfas y dice muy tranquila: “¡Le pasó cacho con los borceguíes!26 ¡Mucho que me gusta, pa que no sea tan creído este madurao biche!”.27 Coge cama, con un dolor de cabeza, que se le parte. Encerrado, llora a lágrima viva. Al amanecer, tornan los amigos para que salgan al bureo.28 No sale. Le da la llave a Tino, y el corazón a Evencio.
a y...oh b Apenas vacío el templo,
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
1
Se publicó por primera vez el 3 de julio de 1914 en El Espectador de Medellín (N. del E.).
2
Martín Moreno de los Ríos: Fue pariente cercano y uno de los amigos de infancia más cercanos de Carrasquilla, su amistad perseveró hasta la muerte de este en 1929 (Naranjo, 2008, p. xxiv).
3
Girardota: Municipio ubicado en el norte de Medellín. Fue habitada por los indígenas Nutabes hasta la llegada de los colonizadores Gaspar de Rodas y su hijo, Alonso de Rodas, en 1598 (N. del E.).
4
¿Dónde está la guacamaya?: Versos de La guacamaya, canción que junto con Fandanguillo, fue uno de los bundes más conocidos de la época (Restrepo, 1955, p. 64).
5
Aurelianos: Referencia a Lucio Domicio Aurelio (214/215-275 d. C.), fue emperador romano reconocido por su carrera militar; promovió durante su reinado la unidad, lealtad y valentía militar; restituyó el oriente de Roma; estableció al Sol Invictus como dios supremo del Imperio Romano con el fin de lograr una unidad total, además, contruyó Las Murallas Aurelianas en Roma (Körner, 2017).
6
Fleury: Se refiere al Catecismo histórico, que contiene en resumen la historia santa escrita por Claudio Fleury (N. del E.).
7
horchata: Bebida hecha con chufas u otros frutos, machacados, exprimidos y mezclados con agua y azúcar (dle, 2018).
8
morrocotas: En Colombia, moneda antigua de oro o de plata y de tamaño grande (dle, 2018).
9
“no volverán”: Referencia al poema “Volverán las oscuras golondrinas” de Gustavo Adolfo Bécquer: Pero aquellas que el vuelo refrenaban / tu hermosura y dicha al contemplar, / aquellas que aprendieron nuestros nombres... / esas... ¡no volverán! (Bécquer, 2012, p. 48). 10 conocer de pe a pa: Enteramente, desde el principio al fin (dle, 2018).
11 quemar el pico a alguien: Amenazar a alguien con reprenderlo si
da a conocer un secreto (N. del E.).
12 calandraco: Persona ridícula (dle, 2018).
13 bretaña: Femenino de jacinto. Planta anual de la familia de
las liliáceas, con hojas radicales, enhiestas, largas, angostas, acanaladas, lustrosas y crasas; flores olorosas, blancas, azules, róseas o amarillentas, en espiga sobre un escapo central fofo y cilíndrico, y fruto capsular con tres divisiones y varias semillas negras, casi redondas (dle, 2018).
14 Rionegro: Municipio ubicado en el oriente de Antioquia. Fue
fundado en 1541 y nombrado como Santiago de Arma de Rionegro (igac, 2017).
15 gro: Tela de seda sin brillo y de más cuerpo que el tafetán (dle, 2018).
16 triquitraques: Rollo delgado de papel con pólvora y atado en
varios dobleces, de cada uno de los cuales resulta una pequeña detonación cuando se pega fuego a la mecha que tiene en uno de sus extremos (dle, 2018).
17 estar bedoya, bedoya: Persona de actitud displicente y soberbio
(Ospina, 1983, p. 56).
18 albúmina: Es la principal proteína de la sangre; en el texto se
refiere a sonrojarse (N. del E.).
19 bisbís: Juego semejante a la ruleta que se hacía en un tablero o
lienzo dividido en casillas con números y figuras, en cada una de las cuales colocaban los jugadores sus apuestas (dle, 2018).
20 cachimona: Tubo de hoja de lata con huecos, que sirve para echar
los dados (ahac, 1986).
21 vihuela: Instrumento musical de cuerda, pulsado con arco o con
plectro (dle, 2018).
22 tiple: Guitarra pequeña de voces muy agudas (dle, 2018).
23 bundes: Género musical de origen africano, frecuente en el li-
toral como expresión de los ritos fúnebres de los negros. Son cantos de recreación que entonan los niños negros en el Pacífico mientras los adultos se ocupan de los tiros mortuorios en su sentido estricto (N. del E.).
24 cañas: Género musical de origen español que ha tomado naturale-
za colombiana, en especial en Antioquia, se canta con alta entonación, preferida en trapiches e ingenios (Restrepo, 1955, p. 81). 25 amahonado: Variación de almidonado (N. del E.). 26 borceguíes: Calzado que llegaba hasta más arriba del tobillo, abierto por delante y que se ajustaba por medio de correas o cordones (dle, 2018).
27 madurao biche: Dícese de persona que hace actos impropios de
su edad (García, 1991, p. 91).
28 bureo: Entretenimiento, diversión (dle, 2018). Notas explicativas
V Veinticinco reales de gusto Para el proceso de fijación de esta obra se contó con la segunda edición (1934) como texto base, ante la imposibilidad de encontrar la primera entrega de la narración en prensa de 1914. Los siguientes testimonios son las ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: A: Dominicales (1934). Medellín: Atlántida. B: Obras completas (1952). Madrid: epesa. C: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. D: Veinticinco reales de gusto (y otros cuentos) (1998). Medellín: Editorial Universidad Pontificia Bolivariana.
E: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Laura Daniela Arboleda Ramos Editora crítica
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Veinticinco reales de gusto1 Primero la gente, y después lo que hace.
Ni la corriente la envuelve, ni las olas la botan a la orilla, ni la hace zozobrar el remolino: es una balsa que navega serena, sin temores, por el río de la vida. Familia más opaca y menos vistosa en sociedad, no vieron nunca estos lares antioqueños, tan ponderados. Veinte años hace que don Vicente Romero y doña Antonia Molano llevan, en paz y gracia de Dios, la matrimonial coyunda. Él frisa en los cincuenta; ella, en los cuarenta y cuatro. Tardíos y pocos fueron para ellos los frutos de bendición, pues Tocayo, el primogénito, apenas entra en los catorce, y la Nena, cuarta y última, en los nueve.
A este amor, un tanto ocioso y defraudado en los seis primeros años, vinieron a depurarlo y enaltecerlo los frutos supradichos, hasta convertirlo en un afecto práctico, confiado y solidario, harto parecido a un compañerismo industrial. Marido y mujer son buena gente, por la prosapia y el manejo; cristianos de cepa vieja y más conservadores que el padre Astete,2 con ser que don Vicente se rotula liberal y rafaelista.3 Toda su vida ha sido contador a destajo, y gana, en la actualidad, un mes con otro, sus siete mil pesos, los mismos que le entrega a su consorte. A más de grande administradora, es ella el aseo y la pulcritud andando; y ha aportado al matrimonio, por herencia anticipada de sus ancianos padres, una casita nueva, cuca,4 con todo y agua adentro. Mantiénela como un pesebre; que es de estas señoras medellinenses que gastan coco e hisopos para enlucir, brochas y colores para pintar. Fuera del vestido anual, que su marido estrena en jueves Santo, cose todo lo cosible, inclusive las boinas y casquetes de los dos chicos y los sombreros de las niñas. Romero, como ella le llama, vive más cepillado y peripuesto que un cura currutaco,5 pues por el atalaje del marido se saca la esposa. Con primor y ligereza especiales, borda, en sus horas libres, mantillas para el comercio, sin dejar por ello de mantener en planta alguna labor de aguja, para el ornato y la elegancia de su casa. Romero, otro que tal, cultiva, en sus momentos de ocio, el huertecillo hogareño, lucrándose un tantico con los aguacates, mandarinas e hicacos y con las raíces y yerbas para ensalada; con estos gajes pagan el colegio de los hijos y les sostienen el calzado. Comparte con ellos el calorcillo del lar una viuda sin hijos, que ha criado como suyos a los cuatro Romeritos, y que se ha vinculado a la familia por adhesión incondicional y por conveniencia indiscutible. Nicolasa, que tal se llama la fámula, presta toda clase de servicios, dando y recibiendo consideraciones y cariños.
Veinticinco reales de gusto Esta familia, que no tiene por qué hacer viso ni ruido de ningún linaje, no es arisca ni aislada: fuera de las familiares, cultiva relaciones con viejos amigos y discretos entruches6 con algunos vecinos.
Romero, que se pirra por la letra impresa, es abonado a una biblioteca recreativa, y su suegro, suscriptor de los periódicos locales, de varios del país y de algunos extranjeros, le suministra, tarde por tarde, el pan intelectual del papelorio público. Rezan a las seis, y de ahí en adelante, mientras estudian los niños, leen los periódicos, haya o no visita. Así es que, sin entender demasiado los tiquis miquis7 políticos, están enterados del noticierismo.
A las nueve tocan a chocolate, piden los hijos la bendición, y todos se recogen. Viene, entonces, la lectura íntima, en plena cama, hasta las diez y media. La Invernizzio,8 la Braemée, Montépin,a9 Ponson du Terrail,10 así como los horrores policiacos de Raffles11 y Nick Carter,12 son casi siempre los causantes de estos trasnochos conyugales. Mas no hay que temerles: a las cinco y media retañe el despertador inexorable y... ¡afuera todo cobijo! Ya se oye en la cocina la balada de la mazamorra,13 casca arriba, casca abajo. Previos lavatorios, arreglos y desayunos, toma Romero sus fierros de labranza, y Colasa, escoba y regadera; sale Toña para misa y los chicos para sus colegios. A las ocho está Romero en su almacén, y la casa con todos los matorros lustrados y con todas las flores y todos los perfiles que ama y criada le ponen; que las dos se emulan en coqueterías decorativas. Luego, la compra del diario, la costura o lo que sea, con su tiempo fijo, su peso, número y medida; porque... ¡ah vicio!
Los meses de buen manejo en los hijos y de buena entrada en el erario toñeril, hay cine para los siete, y si hay alguno en castigo, se queda con mamá y la Colasa. Pero la gran calaverada de la familia, que entra siempre en el presupuesto, es el paseo al campo, cada tres meses, solos o con uno o dos invitados. Tal extra no puede costar más de doscientos pesos, sea como fuere.
La jira14 de aquel domingo memorable es, como otras veces, a Las Estancias, una de las rinconadas más amenas y pintorescas de las cercanías de Medellín; a una finca de recreo, con plena autorización de su propietario. De tal propiedad es mayordoma, en reemplazo de su difunto, nada menos que la señá Crisanta, madre de la Colasa.
Ocupa la casita de ordenanza, aledaña a la residencia principal, y vive con Escolástica, su hija mayor, muy vieja y santurrona, y con Victoriana, una nieta medio idiota. Los invitados de este día son Graciela Oliva y Fidel Abello. Es ella íntima de Toña desde la infancia, gran modista, de humor regocijado, y sabe sobrellevar su solterismo con tranquilidad y gentileza. Es él un famoso estudiante de ingeniería que cursa la juventud sin violencias ni locuras, con la natural alegría y el espontáneo despertar de sus veinte años. Es primo de Toña, ha dejado novia en su pueblo, rasga el tiple y canta con alguna propiedad, y se emperejila como un petimetre. a Montepin
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Según convenio, se han unido a sus anfitriones en la Catedral,15 frente al lienzo de la Concepción, al salir de la misa de alba. Han salido tan pronto, que, a eso de las siete, se apropincuan a la planta eléctrica. Van los nueve a cuál más alegre y campechano. Colasa les lleva la delantera, con el cesto de comestibles, hechos y por hacer. Tocayo enarbola su insignia pescadora de flecha de cañabrava,16 con el anzuelo en espiral. Va Emilio atafagado, la cometa rabienvuelta a la espalda, el ovillo bajo el brazo izquierdo, arrastrando con el otro a Mochuelo, a quien ha atado del collar con una cuerda. El perrito se alborota, se resiste, quiere retozar con todo bicho volátil. Las dos futuras mamás llevan, con mucho mimo, las muñecas grandes que les trajo el Niño la última Navidad. Con sus sombrerillos cónicos de piqué, sus sacos cortos y sus faldas a la rodilla, asumen un aire muy pronunciado de chorlitos. Los cuatro chicuelos van descalzos, sin darse cuenta de los guijarros del camino: ¿cuándoa los sintió la niñez?
El ingeniero, de flux claro y canotier de gran disco, rasga el tiple y le hace dúo a Graciela, en un bambuco17 muy en boga. Torna ella a sus verdes años, con esa voz suya, que aún tiene frescura y vibraciones. Si majo va el mocito, no se le queda atrás la papanduja: traje sastre medio luto, a cuadros menuditos, sombrerón moderno y sombrilla clara. Aunque ajada de rostro, tiene todavía buena silueta, mejor plantaje y andares juveniles.
¡El Señor nos asista con aquel par de viejorros que vienen de bracero! En cuanto él ve a su Toña de falda alegre y blusa leve, con la canicie y el curte ocultos por la sombrereta y el velo, se le figura una mocita, y el corazón se le derrite. Ella le retorna tales requiebros, entre burlona y satisfecha. Como prueba de su idílico contento, aplaude vocinglera a los cantores y fuma cigarrillo al par que su Romero. —¿Te acuerdas, m’hija, de aquella serenata que te llevé a Santa Elena?b18 —¡Seguro que no!... Cantaron El césped.c ¡Tan lindo!...
—¡Esa sí era canción! Apuesto que a Gracia no se le ha olvidado. —¡Ahora verás!
Llegaron a eso a cierto ventorro. Trago de anís para los grandes y confitada para los chicos. Toña le habla a Gracia. Esta y Fidel ensayan aparte. Tornan a poco. Apoya el instrumentista una pierna en un banco y rasga orgulloso; la donad se engalla, segura del éxito; y... ¡manes de Acuña!19 Va de “céspede blando cubierto de rocío”.f20 Hurra estrepitoso, y otro trago en premio. Toña se aterra; pero se voltea su copa, y prende el cigarrillo muy satisfecha.
—¡Figúrense esta caimana!...
—¡Gracias a Dios que no fui Gracielo! ¡Había sido una sola!
Si tal día no se echaba el resto, ¿para qué la plata? Una mediecita para aperitivo, y ocho de “Antioqueña”, para remojar los comistrajos.21 —¡Viva Romero! —grita Gracia.
—¡Viva!
a cuando b Santa Elena?.
c Césped» d donna e «césped f rocío»
Veinticinco reales de gusto Como colegiales en noche de sábado, llegan a la casa. ¡Qué salutaciones! El regalo de bizcochos y chocolate para la señá Crisanta. El niño Jesús de Praga, para Escolástica; el pañizuelo infantil y fileteado, para la boba. Encántase ella con las visitas y los presentes.
—¡María Santísima! ¿Y qué lay’e camisón es ese, niña Graciela? —¿Te gusta, Victoriana?
—¡Muy precioso! ¡Pero véale, mama, la pluma de la pava! ¡Mismamente de un pisco!
—¿Y este cachaco cómo te parece?
—¿El niño Fidelino? ¡Ah querido que sí es! ¡Y sí que le agracea la corbatona...! La casita está que se puede comer en el suelo, y, como la visita está anunciada, “la sala” espera. Es bajo los pomos, en un pedazo plano, a donde se han llevado una mesa blanca y los tres taburetes de la vivienda. Allí les sirven la media mañana de café, muy lechoso y acompañado.
Apenas frescos, vanse al baño; ellas al de casa, ellos a la Castro. El sol de nueve dora aquellos campos, de cumbres agrias y hondonadas deliciosas; aguas, pájaros y vientos cantan el gloria de la vida. Las niñas y Victoriana juegan a las muñecas bajo la sombra umbría. Tocayo está de pesca, allá en un remanso del Santa Elena,22 mientras que Emilio, asesorado por Mochuelo, suda y batalla con aquella cometa, que, cual Romero el humilde, no aspira a las alturas.
Después del baño, vuelven a los pomos. Un aperitivo... ¡y a cantar! ¡Tres! ¡Qué horror!
—Apenas es tiro —alega Gracia.
Pero no cantan: a la alegre cuarentona se le avivan los espíritus con el trago y larga la sin hueso.23 Con la hipérbole de sus disparates, da en burlarse de su soltería. El estudiante se revienta de la risa y ella apura.
—Vea, Fidel: Todo fue caprichos de mi Dios, que es tan particular en ocasiones. Yo luché hasta los treinta, como una leona. Yo coquetié más que un policía; yo me ricé, me pinté, me escoté; yo vendí en todos los bazares, me mostré en todas partes; yo canté en el teatro, yo llevé el coro en el centenario de Colón, yo me convertí en cielo azul de Italia, que es cuanto puede decirse... ¡y nada! —¡Cuénteme, Gracia, esa aventura! ¡Cuéntemela!
—Pues el cluba Belchite24 daba un baile en la casa de don Tomás Uribe, y había mucho entusiasmo. No tenía, en esos días, ni señal de pretendiente, y determiné que en el baile iba a hacer la pesca milagrosa. Sí, señor: me lo decía el corazón y me preparé al golpe. Me hicieron un traje azul pálido, adornado de armiño y de rosas granates, y… vea Fidel: ¡cuando me lo medí, me sentí reina! Ahí estaba tía Flora, que era muy baquiana25 para la pintura, y me ofreció una crema mágica, muy costosa, que solo ella y sus hijas habían usado aquí. Me dio la receta para aplicarla. Me acuerdo que primero era untura de clara de huevo y luego el menjurje, disuelto en alcohol a Club
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla tibio. Al momento me mandó la cosa, y a propia hora emprendo la operación, por la cara, el pecho y los brazos. ¡Quedé divina! ¡Ya no dudé de nada! Llegamos al baile, y no me pareció tanto el golpe. Se abrió con la cuadrilla y yo la bailé. A poco, noto que todos me miran, que todos me reparan, y yo me encanto. ¡Qué tan bella les estaré pareciendo! No me atreví a mirarme en los espejos, por disimular mi hermosura. Pero sí hacía unas caras, ¡que no les digo! De pronto, mamá me hace una seña muy rara. Me le acerco y me dice: “Niña por Dios, camine para que vea como está”. Corro al tocador y me miro. ¡No caí muerta, porque Dios es grande! Estaba azul, azul; hacía flux con el traje, con el penacho, con el abanico. Hasta los guantes se me volvieron celestes. Todo lo vi color de cielo: fue como un vértigo de azul. Pedimos auxilio. Vinieron camareras, señoras, qué sé yo. ¡Qué campaña! Ni agua caliente nia jabón de la tierra me quitaba aquello. Me dañé el peinado en la zafajina; el traje se me volvió una miseria. Total, que perdí el baile y quedé en vergüenza pública... Ya ve ustedb si habré luchado.
Y como Fidel, pasada la hilaridad, se admira de que no hubiese pescado, le hace ella la silueta de los tres novios que le salieron.
—El uno era tan útil, que la madre, una señora muy pobre, tenía que darle hasta los cigarrillos; el otro no se la bajaba, y el último tenía tal plaga en los pies, que pudría hasta los estribos.
Fidel piensa que si ese diantre de Gracia fuera joven, era capaz hasta de barajarle su muchachita encantadora. No tiene inconveniente en insinuárselo, allá con cierto eufemismo.
—¡Ya ve, Fidel, mi estrella negra! No coincidimos. ¡Qué lindo hubiéramos cantado usted y yo el dúo... de los paraguas!
—O el de los patos.
A esas, traen el almuerzo. Romero, que está virgiliano, tiende la mesa con hojas de plátano. ¡Qué alboroto! Es un almuerzo clásico, copioso, pulido por las manos de Colasa, servido en los platos pegados, pero pulquérrimos, de la señá Crisanta. Charla bohemia la de aquella francachela, en que viejos y niños se confunden. Cambios de tamal por solomo, negociaciones de queso por cerveza, exaltaciones de gente embriagada por el mosto de la alegría.
Pasados los sopores de la siesta, vienen las jotas, los bambucos, las canciones modernas, los valses de la Viuda alegre.26 Gracia, que, vieja y todo, no se cristaliza, está al tanto. Toña se embelesa con esta juventud de alma. Aquello de “Si es culpa quererte tanto”, que no ha oído porque no se ha propagado, la acaba de embelesar. En verdad que Gracia matiza ese aire de tantos contrastes, con sentimiento harto elástico. No la admira menos el ingenierillo adobado. ¡Solterona más cuadrada y más vibradora!
No hay “algo”, para que les quepa la gallina. Pero sí tute, dentro de la casa, entre los arabescos de estampas de santos y de asuntos religiosos, con que Escolástica a Ni agua caliente, ni b ud.
Veinticinco reales de gusto ha empastelado las cuatro paredes. Tal traslado lo ocasiona el resplandor alucinante de aquel resistero. Casan veinte pesos por cabeza, con toda la legalidad del caso. Gracia y Romero se disputan por compañeritos. Al gozón de Fidel no lo deja la risa, con los disparatorios y las artimañas de Gracia. ¡Vejez más importuna! De todas maneras, ella se queda con la plata. Manda a Escolástica a la venta, a que le compre la mitad en cerveza, la mitad en triquitraques.27 La gallina, sazonada parte a la rústica, parte a la urbana, resulta una verdadera gallinación, con todas las locuras que inventa Gracia con Tocayo, Emilio y sus triquitraques. Muchos son los sustos de Toña, muchísimos los aspavientos de Victoriana, y no pocas las carreras y los saques de Fidel para que no le chamusquen el flux claro. Con el último sorbo de café, preparado a conciencia, emprenden el regreso, paso a paso, entre chirigotas28 y cantares. Es un atardecer de estos con que Verano, el eterno Anacreonte,29 se produce en estas latitudes. Fidel, el satisfecho, lleva en el alma como un celaje de oro. Ha dejado a Graciela en su casa silenciosa y a los Romeros en su nido de gorjeos.
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
1
Se publicó por primera vez el 10 de julio de 1914 en El Espectador de Medellín (N. del E.).
2
padre Astete: Religioso jesuita del siglo xvi y autor del Catecismo de la Doctrina Cristiana (N. del E.).
3
rafaelista: Se refiere a Rafael Núñez, quien fue presidente de Colombia entre 1875 y 1886, reconocido por impulsar la fe católica como credo oficial y políticas de corte conservador (N. del E.).
4
cuca: Femenino de cuco, que es hermoso, pulido (dfa, 1995, p. 248).
5
currutaco: Muy afectado en el uso riguroso de las modas (dle, 2018).
6
entruche: De entruchar: Atraer a alguien con disimulo y engaño, para meterlo en un negocio (dle, 2018).
7
tiquis miquis: Reclamos de poca importancia, escrúpulos (dfa, 1995, p. 642).
8
Carolina Invernizzio: También Invernizio, (1851-1916), escritora italiana vinculada a la novela italiana de apéndice. Publicó principalmente por entregas en los periódicos Gazzeta di Torino y Opinione nazionale di Firenze. Sus obras más representativas son las novelas de misterio El asesinato de la condesa (1887), Dora, la hija del asesino (1888), La sombra de Valentino (1890) y El hotel del crimen (1905) (Zaccaria, 2004).
9
Xavier de Montépin: (1823-1902), escritor francés de novelas populares y dramáticas. Entre sus novelas más conocidas se encuentran Los Caballeros de Lansquenet (1847), El drama del adulterio (1873) y El portador del dolor (1885) (Gaudenzi, 1934).
10 Pierre-Alexis Ponson du Terrail: (1829-1871) Fue un escritor
francés de novelas fantásticas y de aventura. Su trabajo literario inicia en periódicos en los que publicó la famosa serie de Rocambole; entre sus textos más reconocidos se encuentran Los caballeros de la luz de la luna (1862), Las noches de la casa dorada (1862) y Los dramas de París (1865) (Gaudenzi, 1935).
11 A. J. Raffles: Es un personaje creado por Ernest William Hor-
nung, considerado el prototipo de ladrón de la novela policíaca (Comeiro, 1994, p. 100).
12 Nick Carter: Es el seudónimo bajo el cual se escribió una serie de
cuentos policíacos creada en realidad por un colectivo de escritores norteamericanos (Comeiro, 1994, p. 100).
13 mazamorra: Comida semejante a las gachas, hecha a base de
maíz, y preparada de diversas formas según los lugares de América (dle, 2018.).
14 jira: Banquete o merienda, especialmente campestres, entre ami-
gos, con regocijo y bulla (dle, 2018).
15 catedral: Se refiere a la iglesia Nuestra Señora de la Candelaria, ubicada en el Parque Berrio en Medellín (N. del E.).
16 cañabrava: Gramínea silvestre muy dura, con cuyos tallos se hacen
tabiques y se emplean en los tejados para sostener las tejas (dle, 2018).
17 bambuco: Es el aire folclórico mestizo más típico de la zona an-
dina colombiana, y por esencia la danza nacional más representativa (Ocampo, 1977).
18 Santa Elena: Corregimiento de Medellín creado por el acuerdo
54 de 1987 del Concejo municipal, se localiza al oriente de la ciu-
dad. Allí se combinan el minifundio en las veredas del centro y el norte (dedicadas a la agricultura de papa, verduras, legumbres), y las medianas propiedades en el sector sur dedicadas a la ganadería y agricultura. Es reconocido ampliamente por sus silleteros, convertidos en símbolo de la ciudad y protagonistas del desfile institucional del siete de agosto, con el cual se inaugura cada año la Fiesta de las Flores, máximo evento cívico y recreativo de la ciudad (Molina, 1996, p. 735).
19 Manuel Acuña: (1849-1873) Poeta mexicano, de su obra sobresale el
poema póstumo Nocturno y el drama El pasado (Acuña, 1910, pp. 6-8).
20 “césped blando cubierto de rocío”: Fragmento de la estrofa V
del poema “Hojas secas” de Manuel Acuña, Si hay algún césped blando / cubierto de rocío / en donde siempre se alce / dormida alguna flor / y en donde siempre puedas / hallar, dulce bien mío / violetas y jazmines / muriéndose de amor (Acuña, 1910, p. 192). 21 comistrajos: Mezcla irregular y extravagante de alimentos (dle, 2018).
22 Santa Elena: Se refiere a la quebrada Santa Elena ubicada en el
este de Medellín (igac, 2017).
23 la sin hueso: La lengua, en cuanto órgano de la palabra (dle, 2018).
24 club Belchite: Club social de principios del siglo xx en el centro
de Medellín (Melo, 1996, p. 443).
25 baquiana: Experto o versado en algo (dle, 2018).
26 vals de la Viuda alegre: Opereta en tres actos más reconocida del
compositor Franz Lehár (1870-1948) (Correa, 1948, p. 20).
27 triquitraques: Rollo delgado de papel con pólvora y atado en
varios dobleces, de cada uno de los cuales resulta una pequeña detonación cuando se pega fuego a la mecha que tiene en uno de sus extremos (dle, 2018).
28 chirigota: Conjunto que en carnaval canta canciones humorís-
ticas (dle, 2018).
29 Anacreonte: Poeta viajero griego nacido en el año 570 a. C. Fue
un poeta de corte sin abordar directamente el tema político. Al igual que Safo de Lesbos, dejó de lado el mundo heroico. Su poesía retoma la herencia de Safo y de los líricos arcaicos. El paradigma creado por el vino, el amor, la danza, la lira y la embriaguez determinan sus imágenes poéticas, por lo que es considerado el poeta del banquete (Atehortúa, 1998, pp. 77-78). Notas explicativas
E El ángel Para el proceso de fijación de esta obra se contó con la segunda edición (1934) como texto base, ante la imposibilidad de encontrar la primera entrega de la narración en prensa de 1914. Los siguientes testimonios son las ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: A: Dominicales (1934). Medellín: Atlántida. B: Obras completas (1952). Madrid: epesa. C: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. D: Antología de cuentos de Tomás Carrasquilla (1992). Medellín: Comfenalco Antioquia. E: Veinticinco reales de gusto (y otros cuentos) (1998). Medellín: Editorial Universidad Pontificia Bolivariana.
F: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Laura Daniela Arboleda Ramos Editora crítica
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla El ángel1 El resonar de la lluvia en los yarumos,2 el lamento del guacó,3 los quejidos de las gurrías4 y los ayes de otras aves nemorosas, anuncian las tristezas de un nuevo día. Por las junturas, medio tapadas, de aquella choza de vara en tierra, suspira el ábrego y despuntan los primeros albores. Se sienten adentro las respiraciones fatigosas de un sueño intranquilo y el aire acre e infecto de la miseria.
Fortunata despierta sobresaltada y se despereza en su nido de harapos, como un gusano que rompiese su capullo. Se incorpora, fija en el otro camastro, donde duerme la madre. ¡Gracias a Dios que aún dormía la pobrecita! No habría pasado tan mala noche... Entre preces y bostezos, se echa encima los míseros vestidos, y sale a la cocina, tiritando de frío. Desentierra el tizón, que yace entre la ceniza, le junta otros carbones, y, a fuerza de soplos y pujidos, consigue que levanten llamarada. No bien arde la leña, pone al fuego un cacharro con agua, hoja de cordoncillo5 y alumbre;6 bájale, después de largo hervor, y, con un hisopillo que allí mismo farfulla con hilas y un popo de carrizo, se hace un lavado dentro de las narices, entre gestos y estornudos. Le duele, le duele mucho lastimar aquella infección crónica. Tanto, que los lagrimones le corren por las escuálidas mejillas. Pasada la tortura, pone la magna olleta, mide tres raciones con un cuenco de coco, echa un cuarto de panela y tres bolas de una mezcla de maíz con algo de cacao. ¡La olleta que canta y ella que acude con el molinillo de raíz! Arrima a las brasas las arepas de mote,7 preparadas la víspera. Pone una en un plato de madera, escancia en el coco el fementido brebaje y corre a llevárselo a la inválida.
—¡Buen día, m’hija! —clama ella en cuanto asoma.
—¡Sacramento’el altar, madre! Pasó muy tranquilita; ¿no, señora? —¡Gracias a mi Amo y Señor y la Virgen del Perpetuo!
—¡Qué tan bueno! Bébase su cacao, qu’está muy sabroso. ¡Tanté que l’eché jamaica!
Torna a la cocina, y, después de tomar su totuma del consabido bebedizo, arregla lo que ha de dejarle a la viejecita para el almuerzo. Sin temor al frío ni a la lluvia, se fregotea brazos y cabeza y se sienta en el quicio a hacerse el gran peinado dominical. Una totuma con agua limpia le sirve de espejo. Acicalada, pone junto a la cama de la enferma un plato de palo, con cuchara de lo mismo, con esa a manera de sopa de maíz cascado que los montañeros llaman “machorrucio”,a una arepa, y otra toma ilusoria de chocolate.
—Ai le dejo su almuerzo. ¡Toíto se lo tiene que comer!
—Sí,b m’hija.
a «machorrucio», b si
El ángel
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—No ayune hoy de su cabito. Ai le dejo tres tabacos muy buenos y los lucíferos. —¿No’stá lloviendo muy duro, hijita?
—Ello no, señora: ¿casu’es tanto? Y no se confunda: yo me tapo con el costal y llevo el encerao por si me llueve a la güelta.
—No se vaya a lavar acalorada cuando llegue al sitio.
—Bueno, señora.
—Encomiéndeme mucho en la misa.
—Bueno, señora.
—Dígamele a mi’amo el señor cura que, si puede, venga a confesame esta semana. —Bueno, señora.
—Póngame al rincón a mi Señora del Perpetuo y écheme el rosario. Hecho esto, descuelga de una cuerda unas sayas8 remendadas; se las viste, se las amarra con un chumbe,9 hasta dejar afuera la esqueletada pantorrilla. Amántase, en seguida, con un pañoloncillo ralo, de algodón, que fue negro en otro tiempo; toma un costal viejo, una tela embreada y se arrodilla. La madre la bendice y agrega:
—No se tarde mucho, hija.
—Apenas consiga el alguito, corro p’acá. Pero vusté bien sabe, madrecita, qu’eso no pende de yo: en ocasiones no se les ablanda el corazón sino algo tarde. Quédese muy tranquila. ¿Quiere que le saque el huso, por si puede hilar? —Domingo no, hijita. Destape el güeco, pa que entre la luz, y déjeme la puerta algo abierta, que yo no tengo frío.
Quita la hija un tarugo de trapos que cubre, al frente del camastro de la madre, una como lucerna, y sale. Puede entonces contemplarse el esplendor persiano de aquella miseria: los dos camastros de pingajos,10 resquicios de algo que fueron telas, fétidos, astrosos, arlequinescos; una como mesa, con tres platos de loza desportillados, un pocillo sin oreja y unos asientos de botella con flores de caunce y de lengua de buey:a11 es el altar de la Virgen. A un lado, un grabado del Nazareno; al otro, uno de san Antonio, a cuál más viejo y roído. Por asiento, dos gruesos troncos de roble, una banca de tablón y patas enterradas, al estilo de las camas; en un rincón, un tacizo y un regatoncillo.12 Pedazos de estera, de zamarros, de cuero, de todo, por donde más abriguen; algo de barro por fuera de las paredes; por dentro, los palos pelados, algunos cestos negros, horquetas para colgar los víveres y unos haces13 secos de cebada y de eneldo.14 Las arañas, la polilla y el polvo han vestido todo aquello de tules orientales. Contigua, en un tingladillo, la cocina: unas piedras en el suelo, un trípode de troncos con la piedra de moler, una barbacoa con tres ollas, unas totumas, una batea y el indispensable calabazo, enorme y corvo. Atrás, la huerta: cuatro matas de col, zanconas y enfermizas; hasta ocho de cebolla, orégano, mejorana, el matorral de culantro y una vitoriera improductiva que se enreda por todo el cerco, con esa exuberancia de lo inútil. Ni una paloma por ese caballete, ni una gallina por ese a lenguadebuey
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla predio. Demora el palacio entre un bosque socolado, de chachafrutos15 y de dragos,16 de yarumos y de caunces, al confín de un monte espeso, donde el chuscal17 se entrevera con los carrizales,18 donde las lianas demócratas enlazan el roble con la matandrea.19 Al frente, un rastrojo de mortiños20 y de salvias,21 de chilcos22 y de cargamantos,23 de esos helechos y esa vegetación efímera que viene tras la quema. Todo ello en una cañada lóbrega, profunda, por donde corre una quebrada muda, donde habitan la soledad, el olvido, los genios de la melancolía y la Madremonte24 con todos sus misterios. Solo la tórtola y la mirla, esas voceras del desengaño, interrumpen con sus quejumbres los rezos funerales de los vientos, en aquella región de la tristeza. ¡Con decir que se llama “Las Ánimas”a...! Aunque por trocha agria, solo dista de Sambruno como cinco cuartos de legua.
Apenas sola, principia a llorar de dolor la pobre viejecita. Siete años ha que una neuralgia, una dolencia irreductible, inexorable, la postra en el lecho. En las noches de sábado, hace un esfuerzo supremo y finge que duerme, para que duerma Fortunata. La pobre hija, tan enferma y todo, tiene que madrugar tanto los domingos; tiene que sudar todo el día para conseguir el sustento. La infeliz madre, al sentirse en esa soledad, no sabe ni qué hacerse; llora y grita todo lo que disimula ante su hija; canta a veces como una loca; a veces impreca en altas voces, saltando como una posesa, entre sus trapos míseros. En sus instantes de tregua, alaba al Señor y apostrofa a la Virgen, con esa piedad extraña e infantil de los seres atormentados por los dolores físicos.
Parece que aquel domingo la escuchan en el cielo más que siempre. De pronto los dolores se atenúan; se atenúan tanto, que casi no los siente. Ve que ha cesado la lluvia y que el sol alumbra. ¡Hacía tanto tiempo que no reparaba en nada! ¿Estaría alegre? ¿Ella alegre? Sí lo estaba. Bendice, reza, conversa con su Virgen: “¡Tan buena, tan querida esta Señora! ¡No nos deja morir de hambre nunca, nunca! ¿No es cierto, hermosa? ¿Vos tampoco, Niñito querido, aunque tengas el zapatico suelto?”. Medio se incorpora y estira la cabeza hasta ver un pedazo de rastrojo. ¡Qué precioso era todo!
Tras el Te Deumb de aquella alma, el pensamiento vuela a lo que tiene de más santo, aquí en la tierra. ¿Ya habría llegado al camino real? ¡Pobrecita! ¿Qué hiciera ella en la tierra sin esa hijita que Dios le había dado? Sin el ejemplo que le daba esa criatura, no tendría ni paciencia ni sabría pedir. Bien se lo decía su amo el señor cura: Fortunata se iba al cielo con todo y trapos. Llora enternecida y toma el rosario. En acabando, la emprende con aquella sopa trasnochada, con un gozo que semeja hacimiento de gracias.
Fortunata, entre tanto, ha llegado a Sambruno, a tiempo que dejan para misa primera. Arrodíllase junto a la puerta del perdón, un poco apartada de los fieles. Nadie se le aproxima, nadie la cerca, aunque haya mucha gente: es bruja y le hieden los untos. No le han hecho en el pueblo mayores daños materiales, porque el a Animas» b Te Deum
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cura la defiende y la ha declarado bajo su égida, ordenando, por precepto de santa obediencia, que se la respete como a la señora más virtuosa y principal. La infeliz reza siempre en la misa para que no la insulten, para que no le hiedan las narices, para que no le nieguen la limosna. No bien sale, principia aquel calvario del pordioseo, tímido, mudo, azorado; aquel trasegar como una larva, de casa en casa y de puesto en puesto. Unos le dan por que se vaya pronto, otros se tapan las narices y le vuelven la espalda, los más la echan noramala;25 que la caridad con el prójimo repugnante no anida en todos los corazones. Esta hiel y este vinagre, con que suelen abrevarla, parecen acentuarle a la mísera su fealdad, su amarillez y su giba. Sus ojos, negros y ribeteados, con aquellas ojeras más negras todavía, adquieren, en esas horas de amargura, una fijeza extática y sibilina, mientras su boca, desdentada, de labios descoloridos, se sume en una mueca desolada, agoniosa, que infunde ideas fúnebres. El temor, el anonadamiento, le embargan la palabra. Su voz, de suyo tan nasal, sale apagada, tartajosa, trémula, las raras veces que tiene de hablar con alguno del lugarón. Solo la fuerza del amor filial es poderosa a que este ser macabro dé ante las gentes manifestaciones de vida. El cura, solo el cura, conoce los tormentos de este corazón que la desgracia santifica.
¿Y qué recoge Fortunata? Muy poco en el mercado y algo en las casas; mas la cofradía del Corazón de Jesús le tiene asignada, aunque exigua, cierta limosna en especies, sin contar los veinte pesos semanales que le da el cura y algunos diez o quince que, peso a peso, le arrojan los tenderos. Con ellos compra tabaco, huesos para caldos, y completa el cacao. A la vuelta, en un ventorrillo de las afueras, la esperan dos llagosos, tan fétidos como ella, con quienes hace trueques de piltrafas26 y panela, por huevos y por grasa.
A eso de la una, cuando apenas han principiado los trasiegos angustiosos de la pordiosera, se ha quedado dormida la viejecita, allá en las soledades de su cañada. Mas de pronto, la despiertan tres detonaciones. Presa del espanto emprende el magníficat.a No ha terminado, cuando invaden la cabaña tres mozos con escopetas y machete al cinto. Les ha atraído el aspecto de aquella vivienda desierta. Más que todo, los sorprende la anciana. Preguntan, indagan. Ella contesta, con esa solicitud del infeliz a quien requiere el venturoso.
Son el nuevo abogado de Sambruno y dos estudiantes en vacaciones, forasteros en el lugar. Es el uno nada menos que “el loco Naos”, el gran tipo de la Escuela de Jurisprudencia. Bien puede tener de loco, pero tiene más de rasgado y de original. A un corazón generoso, une claro entendimiento y una fantasía arrebatada. Mario Naos ha llevado sus estudios a paso de vencedores; está para licenciarse, despunta por las letras, hace hermosos versos, y, a tan buenas partes, agrega la de tener la administración de sus cuantiosos bienes, por ser huérfano de padre y mayor de veintiún años. Van de cacería a tierras de un magnate, casa de unos ganaderos, donde pasarán la noche, y han tomado esos vericuetos por tener noticia de que abundan las tórtolas a Magnificat
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla y otras aves. Les acompaña un mulato que les guía y les lleva las provisiones. Dos siguen en la matanza de las tórtolas; pero Mario, que tiene algunos tragos en la cabeza, pone la escopeta en un rincón y le hace a la enferma el gran reportaje. A fuer de poeta, ha visto en ella un caso hermoso, un buen documento humano. —Pero, ¿por qué vives en este desierto tan inválida y tan sola? —No, mi niño: yo vivo con una hijita, qu’está hoy en el sitio. —¿Es bonita?
—¡Dito siá Dios,27 mi niño! Es un comeme. ¡Si es viejorra y enferma...! —Tú lo que tienes, viejita, es hambre, miseria y desamparo. Voy a hacerte, desde ahora, un remedio famoso.
Pone agua en el pocillo, le agrega un poquito de brandy y se la hace tomar a sorbitos. Él la acompaña y le enciende una conchita. Llama al mulato, le hace abrir el fiambre, saca panes, hojas de carne, de gallina; saca de todo; quiere que la vieja se atraque. —¡Si yo no tengo dientes, mi niño!
—Come de esta carne pisada, y guarda lo otro para que tu hija te lo machuque. Ella prueba.
—Debes tener una historia muy curiosa. ¡Se te ve, viejita! Me la vas a contar, como si te estuvieras confesando conmigo. ¿No dices que hoy estás sin el dolor? Pues aprovéchate. —Saca cuatro monedas de a cincuenta pesos—. Toma, para que tomes harto cacao. Empúñalas bien para que no se te salgan.
¿Soñaría?
—¡Mi Señora del Perpetuo se lo pague!
—¡Qué va a pagar, viejita! ¡Si fue la Virgen la que te mandó conmigo esa suma tan grande! Guárdala, pues, pero ligero.
—¿Y pa qué quiere saber cosas tan tristes?
—¡Pues para entristecerme! Pero, ¿cómo te llamas, que no me lo has dicho? —Yo me llamo Felícita, y mi hija Fortunata.
—¿Felícita y Fortunata? Por eso están como están: asustando a los hombres. (Se sienta en un tronco).a ¿Quién era tu marido?
—¿Mi marido? Yo no he sido casada, mi niño, ¿pa qu’es si no la verdá? Yo soy hija del dijunto Juan de la Rosa Ballesteros, qu’era agregao del dijunto don Roque. Yo’staba tan mediana cuando se murió mi madrecita, que ni’an d’ella me acuerdo. Mi taita taba ya algo viejo, y no topó con quién golvese a casar. Vivía muy alentao, pero de presto se jue hinchando, hinchando, hasta que se golvió un botijambre,28 y, después de muchas penalidades, se murió el viejito, sin dejame ni un cuartillo partido por la mitá. Yo quedé con una tía, en la mesma casita de don Roque, onde los toleraban. Lavábanos ropa y con eso medio comíanos. Me salió, en esas, un novio de agarre; pero jue con malas intenciones: él m’engatusó, a como quiso, y me dejó. Nació Fortunata y pasé muchos trabajos pa criala. Me golví, antonces, mujer mala, y... tuve a Marcos y a Eulogia. Mi tía se fue caliente con yo; mas sin embargo siempre crie a tronco.)
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mis tres muchachos. Marcos taba ya mocito y me ayudaba mucho; pero lo reclutaron cuando la guerra del Palonegro29 y... ¡hasta el sol de hoy! Eulogia era una moza muy bonita y muy alentada; pero cuando menos lo pensé, me la engatusaron como a yo. Yo’staba inocente de todo, y un día se madrugó por leña. Ya muy tarde, visto que no parecía, salí a buscala al monte, con una amiga, y... ¿sabe cómo la incontramos? Pes junto a un palo, que ni una res degollada. Ya los guales prencipiaban a picala y los langarutos habían dao cuenta de todo. (Pausa). No me quedó más que la mera Fortunata, pero muy atembada y con un mal fatal en las narices. El mesmo que padece. Hacíanos hojaldras, pero no las vendíanos porque les dab’asco d’ella. Como era muy feíta de nación y creció gorobeta, parecía una vieja dende moza, y, antonces, determinaron los del sitio qu’era bruja y dieron en aborrecelos. Naide iba a casa. La gente los medía puño y los insultaba. Y los muchachos los tiraban piedra, cuando pasábanos por el camino. Ya yo padecía d’este dolor; mas sin embargo, siempre me valía algo y no tenía que coger la cama. Mi amo el señor cura, en vista de lo que los acosaban en el sitio, determinó mandalos a este monte qu’es d’él. Esto era una troja y la hizo arreglar pa yo y Fortunata. Aquí me acabé de tullir; pero tan siquiera tenemos leña y naide los molesta. Esta Señora del Perpetuo, tan querida, no los ha dejao perecer. Fortunata, anque la aborrecen, sale al sitio y consigue el bocao pa las dos. —¿Y no le has pedido a la Virgen que las cure?
—¡No quiere, mi niño! ¡Asina los convendrá! Me han hecho remedios di’una y otra laya... y nada. Me han visto médicos de lo mejor... y nada. Mi’amo el señor cura me trujo un dotor forástico,30 que vino a curar a un rico del sitio... y tampoco. Él me chuzó con unas agujas; me hizo mil desámenes y sobas... ¡y siempre este dolor! Tan presto es en las piernas, tan presto en los brazos. Hay veces que me paña toda l’arca.31 Vea, mi niño: no me deja día y noche. Tal cual vez tengo un ratico como agora, pero a la noche me las cobra. Quizqu’es qu’estoy purgando dende en vida toítos mis pecaos. —¿Y por qué no te llevan al hospital?
—P’allá querían jalar con yo; pero sin Fortunata: quiz que les jiede. ¡Yo no quije! ¿Qu’iba yo’hacer sin m’hija? ¿Y cómo la dejaba sola en la vida? —No te aflijas, viejita: allá verás que la Virgen, si no te cura del tiro, te va a aliviar mucho, lo mismo que a Fortunata. Ella me mandó que te lo dijera. Toma estos tres papeles más que ella te manda conmigo, para que te alimentes menos mal. Con eso puedes comprar gallinas y leche, y carne y quesito. Guárdalos donde no te los roben. Esta semana vuelvo y te traigo una cobija y hago un convite para que te remienden el techo y las paredes. Ya sabes: si no te destripa un palo de este monte, te hago llevar, antes de tres meses, al asilo de Medellín. Allí te reciben con Fortunata y todo. ¿No ves que soy mandado por la Virgen?
—¡Asina lo veo, mi niño! Que la Virgen se lo pague.
—¿Qué me va a pagar, si le estoy debiendo? Y hasta el jueves. Toma su escopeta y se va.
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla ¡Cuál se quedaría Fortunata con aquel tesoro, casi incalculable! ¿Cómo dudar de que el niño ese fuera un enviado de la Virgen del Perpetuo? —Si es mandao, m’hija. El mesmo me lo dijo. Y vea: manque32 tenía machete y unas botas muy feas y un sombrero de judío, se parece mismamente a los ángeles de la Resurreición del sitio. Asin’es de bonito y de zarco y asina sin bozo, como los ángeles. Tan solamente no tiene el pelo largo.
“El loco Naos”, rico y fantástico, cumplió su promesa, desde el remiendo de la choza hasta la llevada al asilo. En él están Fortunata y Felicita. No han vuelto a ver al ángel, porque los espíritus de Dios solo una vez bajan a la tierra.
El ángel
338
1
Se publicó por primera vez el 18 de julio de 1914 en El Espectador de Medellín (N. del E.).
2
yarumo: Es una especie de árbol de tamaño mediano de tallo delgado y oscuro casi negro, es poco ramificado y de copa rala. Sus hojas y paredes terminales tienen un indumento oscuro (Ministerio de Medio Ambiente, 2017).
3
guacó: Ave de tamaño mediano, cresta corta, cabeza color crema con antifaz negro y collar en la nuca. Habita en zonas tropicales en borde de bosques y caminos húmedos (Ministerio de Medio Ambiente, 2017).
4
gurrías: Armadillo, habita zonas boscosas pantanosas húmedas (Ministerio de medio ambiente, 2017).
5
cordoncillo: Arbusto con flores diminutas a lo largo del tallo, que pertenece a la familia de las piperáceas (dle, 2018).
6
alumbre: Sulfato de alúmina y potasa que se halla en algunas rocas y tierras, y que se emplea para aclarar aguas turbias, como mordiente en tintorería y como astringente en medicina (dle, 2018).
7
arepa de mote: Arepa preparada con maíz cocido y molido sin dulce ni sal (lc, 1983).
8
saya: Falda (dle, 2018).
9
chumbe: Ceñidor (dle, 2018).
10 pingajos: Harapo o jirón que cuelga de alguna parte (dle, 2018). 11 lengua de buey: Planta anual de la familia de las borragináceas, muy vellosa, con tallo erguido, de 60 a 80 cm de altura, hojas lanceoladas, enteras, las inferiores con pecíolo, sentadas las superiores, y todas erizadas de pelos rígidos, flores en panojas de corola azul y forma de embudo, y fruto seco con cuatro semillas rugosas. Abunda en los sembrados, y sus flores forman parte de las cordiales (dle, 2018).
12 regatón: Pala de hierro de cuatro o seis dedos de ancha y una
cuarta o poco más de larga; en la parte superior se redondea en forma de tubo abierto para dar cabida a un cabo de madera de vara y media de largo (dfa, 1983, p. 565).
13 haz: Atado de mieses, lino, hierba, leña o cosas semejantes (dle, 2018). 14 eneldo: Hierba de la familia de las umbelíferas, con tallo ramoso, de 60 a 80 cm de altura, hojas divididas en lacinias filiformes, flores amarillas en círculo, con unos 20 radios, semillas pareadas planas en su cara de contacto, elípticas y con nervios bien señalados. Se ha usado el cocimiento de sus frutos como carminativo (dle, 2018). 15 chachafrutos: Este árbol mide aproximadamente 8 m de altura, de tronco espinoso. Hojas compuestas trifoliadas puntiagudas. Pecíolo de unos 12 cm de largo a veces con espínulas. Los folíolos son cartáceos, glabros, en ocasiones presenta pequeñas espínulas; el folíolo terminal es ovado elíptico, de 8-21 cm de largo por 5-16 cm de ancho y los otros dos tienen 6-16 cm de longitud por 7-12 cm de latitud. Los frutos son legumbres de unos 25 cm. de largo por 3 de ancho, que se contraen entre una semilla y otra con cáscara de color verde-morado por fuera. Semillas en número de 1-6, cada una de las cuales tiene alrededor de 4 cm de largo por
2 cm de ancho, con testa de color vinoso-pálido (Ministerio de
Medio Ambiente, 2017).
16 drago: Árbol de la familia de las liliáceas, que alcanza de doce a
catorce metros de altura, con flores pequeñas, de color blanco verdoso, con estrías encarnadas, y fruto en baya amarillenta. Del tronco se obtiene la resina llamada sangre de drago, que se usa en medicina (dle, 2018).
17 chuscal: Vegetación de chusques, especia de bambú delgado (To-
bón, 2013, p. 134).
18 carrizal: Sitio poblado de carrizos. Planta gramínea, indígena de
España, con la raíz larga, rastrera y dulce, tallo de dos metros, hojas planas, lineares y lanceoladas, y flores en panojas anchas y copudas. Se cría cerca del agua y sus hojas sirven para forraje. Sus tallos servían para construir cielos rasos, y sus panojas, para hacer escoba (dle, 2018).
19 matandrea: Es una especie herbácea originaria de las regiones
tropicales de Asia. Tiene unas flores generalmente blancas con aroma dulce, razón por la cual es muy utilizada como ornamental y como medicinal. Se ha introducido en muchos países tropicales en donde es posible encontrarla naturalizada y mezclada con la vegetación nativa. Presenta flores blancas y sus hojas crecen en dos filas paralelas al tallo. Esta especie tiene alto potencial reproductivo, especialmente de forma asexual, además crece a gran velocidad. Habita en sitios húmedos, sobre todo orillas de bosques y de ríos o cuerpos de agua (Ministerio de Medio Ambiente, 2017).
20 mortiño: Árbol de hojas simples, opuestas, glabras, borde liso, ápice acuminado, curvinervias, peciolo de 2.5 cm de largo, lamina foliar de 15 a 16 cm de largo por 5 cm de ancho. Flores de pétalos blancos con tinte rosado, 1.2 cm de largo por 5 a 6 mm de ancho. Los frutos son bayas globosas rojas, algunas morado oscuro, 1 cm de diámetro (Ministerio de Medio Ambiente, 2017).
21 salvia: Mata labiada, que comprende varias especies, de hasta 60
u 80 cm de alto, con hojas estrechas de borde ondulado cuyo cocimiento se usa como sudorífico y astringente, flores azuladas en espiga, y fruto seco, y que es común en las tierras áridas de España. (dle, 2018).
22 chilco: Arbusto de un metro de altura, con capítulos terminales
compactos de flores de color blanco. Habita principalmente en páramos húmedos (Ministerio de medio ambiente, 2017). 23 cargamanto: Hierba voluble de más o menos un metro de alto; tallos algo angulosos de color violáceo; hojas oblongas, angostadas en la base, mucronadas, regularmente crasas de unos 10-13 cm de largo, 3.5-6.5 cm de ancho, de color verde oscuro; espigas terminales y opuestas a las hojas con flores pequeñas de color violáceo; fruto en baya con costillitas, rojo o purpúreo, 7 mm de diámetro (Ministerio de medio ambiente, 2017).
24 Madremonte: Mito folklórico de Antioquia Grande, de los An-
des centrales y occidentales de Colombia y se extiende también a los valles del Magdalena y el Cauca. Los campesinos de la colonización antioqueña en el occidente colombiano narran numerosos cuentos y anécdotas sobre la Madremonte, la deidad titular de los montes y las selvas, que rige los vientos, las lluvias y todo el mundo vegetal; también se conoce como la madre selva (Ocampo, 2001, p. 31).
25 noramala: Variación de en mala hora, para denotar disgusto, enfa-
do o desaprobación ante lo que se enuncia (dle, 2018).
26 piltrafa: Parte de carne flaca, que casi no tiene más que el pe-
llejo (dle, 2018).
27 dito Siá Dios: Expresión coloquial de bendito sea Dios (N. del E.). 28 botijambre: De botijón: niño robusto (Jaramillo, 2009, p. 29).
29 guerra de Palonegro: Fue una batalla librada durante la Gue-
rra de los Mil Días, en Palonegro, Santander (11-26 de mayo de 1900), entre el ejército del gobierno, liderado por Próspero Pinzón, y el liberal, liderado por Uribe Uribe y Vargas Santos. La batalla terminó con la victoria del primero y un saldo de ocho mil muertos (Santos, 2004).
30 forástico: Forastero (lc, 1983).
31 arca (del cuerpo): Tronco del cuerpo humano (dle, 2018). 32 manque: Aunque (dfa, 1983, p. 437).
Notas explicativas
V Vestes y moños Para el proceso de fijación de esta obra se contó con la segunda edición (1934) como texto base, ante la imposibilidad de encontrar la primera entrega de la narración en prensa de 1914. Los siguientes testimonios son las ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: A: Dominicales (1934). Medellín: Atlántida. B: Obras completas (1952). Madrid: epesa. C: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. D: Veinticinco reales de gusto (y otros cuentos) (1998). Medellín: Editorial Universidad Pontificia Bolivariana.
E: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Laura Daniela Arboleda Ramos Editora crítica
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Vestes y moños1 El Dios Sacramentado va a entrar, por vez primera, en el alma de muchos inocentes. Esos corazoncitos casi angélicos, que ungen y santifican las gracias de los primeros sacramentos, son sus sagrarios más preciosos. “Dejada a los niños que vengan a mí”b, dice el Verbo, y porquec se cumpla este reclamo divino del amor de los amores, baja Él a las almas y a los cuerpos de estos seres, a fin de hacerlos suyos antes de que la culpa los macule.
Esta unión inefable del Creador con sus criaturas es, el milagro perpetuo, y el milagro por excelencia, a la vez que el acontecimiento máximo de la vida humana: con él se cumplen el plan y el objetivo de la encarnación.d Tal tendrán de entenderlo todos aquellos que comulgan; tal los padres que inician a sus niños en la vida eucarística. ¡Y tanto! Bien poco habrán de ser todas las fruiciones del fervor; bien poco las magnificencias de la fe, para celebrar, como ella se merece, la primera identificación de Dios con un alma infantil. Con todo, el hombre mísero hace lo que puede. Padres, hermanos, deudos y amigos de estos niños divinizados, se unen a ellos, en religioso júbilo, para ver de solemnizar “el día más feliz de la vida”, cual rezan las estampas y las dedicatorias rememorantes del rito. Al grande acontecimiento se prepara, en Medellín la católica, la familia más que ilustre de Argüelles de Ripalda: las gemelas Pubenza y Gilma, de nueve años, y Guido, de siete solamente, hacen el próximo domingo, veintiuno de junio, la primera comunión. Desde principios del año, viene anunciándola doña Berta, a parentela y amistades. No es ella ninguna madre de caracol, y aspira, por ende, a que sus hijos figuren siempre, desde temprana edad, en la primera clase de la aristocracia virtuosa. Hace cosa de un mes que prepara esta entrada, en las almas de sus últimos chiquitines. Su familia ha de ponerse, en esta vez como en todas, a la altura de su rango. Y qué de andanzas las suyas, por estos comercios fashionables, a fin de allegar los materiales y presentes eucarísticos; qué de gestiones con las costureras de más boga; qué de rebuscas de modelos para aquellas vestes2 sacramentales; qué de encargos a confitería y fruteras. Pues, ¿y en casa? Preparativos albañilescos y suntuarios, indumentales y gastronómicos. Tortas y pan pintado es todo esto, ante la lucha sin tregua que en su propia casa tiene que sostener, para que los hijos mayores, los sirvientes, el simple de Argüelles o algún vecino entrometido, no vayan a contarles a los presuntos comulgantes las grandes sorpresas que les tiene preparadas; pues es de saberse que doña Berta se desbautiza por los efectos.
a «Dejad b mí» c por que d Encarnación
Vestes y moños
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Los chicuelos están, a todas estas, a cuál más deshecho y husmeante. ¿Qué les irán a regalar? ¿Qué no? Las mellizas, con sus ojazos verdiazules, avizoran por todas partes; por todas, meten las naricillas respingadas, y husmean, y se empistan. Cada instante se comunican sus investigaciones, cual herederos de tío millonario. Pubenza, que es la tremenda, sueña con una muñeca bien grande, para montarla a horcajadas en los lomos felposos de Singo,a el perro de Leonel, o en la bicicleta de Sadí. Gilma, que es la formalita, habla de un álbum para monos de cigarrillos. (Es en el corredor del jardín, mientras cosen trajes de muñecas). Barruntaban las dos, hasta apostarlo, que al bochinchoso de Guido, tan mimado por todos, van a regalarle más cosas que a ellas. Ya les está haciendo fieros, antes de tiempo, el grandísimo consentido. Pubenza protesta, y, hasta cierto punto, se lo explica: era tan papelero y tan metido el mataperros,3 que con todos los vecinos o no vecinos tenía qué hacer. ¿Pero cuáles serían, al fin y al cabo, los regalos? Lo que era pilas y estampas, libros y vírgenes de bulto, ya los veían a rodillo; pero cosas buenas y grandes... ¡Quién sabe!
—¿Qué nos irá a mandar misiá Camila, ole Pubenza?
—¿Misiá Camila? ¡Pis! Algún frasco quebrao. ¡Es tan perecida! Acordate de la lámina tan horrenda que le mandó a la pobre Lola Vasco. ¡Yo la había rasgao! Tras de misiá Camila, el otro, y tras de este el siguiente, hasta hacer el cálculo de los regalos de parientes y amigos.
Libia Ansúrez, que era tan persuadida, aseguraba que su traje iba a ser el más bonito y el más a la moda; pero mamá les ha garantizado que los suyos serán de lo mejor, con ser que a Pubenza le ha costado llanto y regaño el parecerle muy pequeñas las rosas de la corona. Se le antojan para negritas pobres; no para ella. Guido se preocupa de las confitadas y galletadas y de cierta escopeta que ha visto en una tienda, la cual ha descrito a Leonel, como quien sugiere y no pide. El sábado se acuestan las mellizas, pero no pueden dormir. Las exhortaciones y enseñanzas de la “Señorita”,b han sido en vano: no piensan ni en Dios, ni en formac ni en nada que se parezca a comunión: los trapos blancos y flotantes, la escarcela y los zapatos, el devocionario y la vela, los regalos y el refresco, pasan por sus fantasías desorbitadas, como la película radiante y magnética de todas sus ambiciones. Tampoco se duerme tan temprano el fierabrásd4 de Guido, por pensar en su escopeta. Tal había de ser su puntería, que, ya que era un pecado tan grande matar los pajaritos de mi Dios, no habrían de quedar en la arboleda ni aguacate ni naranja, por más que estuviesen en botón.
Doña Berta no acaba la cantinela con el incumplimiento de las fulanas5 y perenganas.6 Ya verían cómo no mandaban a tiempo el ponqué tal y el dulce cual.e Habría que atenerse a lo comprado y a lo hecho en casa. A ella todo le salía sin pies ni cabeza... Las dos hijas mayores tratan de calmarla; pero doña Berta, la señora de los afanes e inquietudes, de los requisitos y los repulgos, no serena sus espíritus hasta ver en poder suyo todo encargo, tal y como ella lo exige. Y como esto no acontece casi a «Singo» b Señorita c Forma d Fierabrás e cuál.
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla nunca, casi siempre está subida. Eso va a ser ofuscamiento y vela por más de media noche. Para mejor adobar, Argüelles se amontona con los amontonamientos de su señora. ¡Valiérales a todos Jesús Sacramentado!
Desde las siete están los comulgantes sin faltarles una coma. Las mellizas, cual dos genios de pureza: los monjiles hasta el suelo, hasta el suelo el manto; suspenso el limosnero; ceñida la guirnalda de rosas contrahechas, en uno como casquete atotumado. Guido, con su terno marinero y el lazo molledo. Al fin salen, atisbados por todos los de casa, enarbolando en la diestra el historiado cirio, apretando en la siniestra el librito de pasta marfileña. Van con esa actitud zurda y afectada de todo niño en exhibición. No son los solos, por fortuna: por esas calles van surgiendo, en dirección a sus respectivas escuelas, los bulticos blancos y los lazos en los molledos;7 que en este domingo celebra la Iglesia el lirio de Gonzaga. Salen luego las comunidades, cuáles a un templo, cuáles a otro. Alegra tanta albura en esta tierra tan sucia. En Dios se regocijan los corazones de los creyentes, y piensan tantas cosas... Piensan que es triste que estos chiquitines, tan limpiecitos, tengan de pisar el fango de la vida, de aspirar sus emanaciones, de asfixiarse entre la humareda de tantas vanidades. Ya lo veis: van a recibir en sus pechos, ignorantes de la culpa, al “Varón de Dolores”, al Dios de las humildades, del amor a los pequeños, del desprecio por el bien perecedero, y el humo maldito les envuelve; les envuelve hasta en las gradas del misterio augusto; que más que al diablo poderoso y a la carne irresistible, llevamos en la sangre al mundo estúpido. Verdad que vanidades y culturas sona sinónimos. Una vez en el templo, les enfilan en la nave, las vestes a un lado, los moños al opuesto. Por este cauce con bordes de azucenas, va a saltar el Agua Inagotable que cura las almas insoladas. Consumado el sacrificio, llamean los cirios emblemáticos en las manitas de los inocentes. Al resonar litúrgico, vuelve el oficiante la espalda al Santo de los Santos. Fulgen sus vestiduras, resplandece en su izquierda el copón de la vida.b Coro y torre callan por ensalmo. Toma una forma, y, con ella en los dedos, dice a los niños palabras temblorosas. Muchos rezan el acto de fe que han aprendido; muchos no rezan. Torna el coro. El sacerdote baja, se inclina, y, una por una, al musitar periódico del Corpus Domini, va llevando a esas bocas impolutas, al Dios de cielo y tierra. ¿Pasa por esas almas infantiles una ráfaga del divino espanto? Dios lo sabe. Termina la ceremonia. Pubenza, conmovida y todo, no puede menos de comparar sus galas con las de otras compañeras. No son las suyas, seguramente, las más ricas ni las más hermosas; mamá se engaña o la engañan a ella. Qué algarabía y qué emociones cuando se ven en casa. Los besos conmovidos de los papás, el de Sadí y el de Leonel, los abrazos de las hermanas, los extremos de Fefa, niñera de los tres, los aspavientos de la servidumbre, la llegada de los vecinos. El desayuno trasciende del comedor a la entrada. Entran. Flores albas por todas partes; pero... ¿y los regalos? Ah, sí: ¡están en la sala! A riesgo de manchar las vestimentas, apuran el café a la carrera. ¡No más tormento! Papá y mamá les llevan a son, b Vida
Vestes y moños
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a la sala. Todos les siguen. ¡Qué visión! Por consolas y anaqueles, por veladores y asientos, las montoneras de chismes, repartidas por dueños. Parientes y amigos se han portado como unos cachacos. Allí está el álbum,a allí la escopeta, adivinados ambos por Leonel; mas, la amazona que ha de montar a Singo no aparece por parte alguna. Se han cumplido los presentimientos: Guido es el más afortunado. Hablan todos a la vez, chillan, trastean, enredan.
—¡Qué lástima, mamá: hay muchos repetidos! ¿No es cierto que se pueden cambiar en las tiendas? Fefa dijo...
—No, Pubencita: es mal hecho.
—¿Por qué, mamá?
—Porque sí.
A doña Berta le escuece cierta piquiña, como un alfiler envenenado. Dos de sus vecinas se han olvidado del regalo. ¡Despreciarle a ella sus muchachos!... Y ella tan majadera, que de todo se acuerda; que ha hartado a dádivas a los hijos de esas desatentas; que, en esta vez, ha gastado un dineral para repartirle cosas a todo bicho comulgante. Como nada traga, despotrica contra las tales, que es una gloria, declarando, al que quiera oírla,b que las tiene apuntadas en el libro verde de las eliminaciones. La mayor de las niñas, también le ha hecho un buen roto a una vecinita, porque ha tenido la avilantez de contarles a las mellizas del regalo que les preparaba. ¡Con gente tan maleducada no se iba a ninguna parte! Llanto de la indiscreta; desagravio de las mellizas.
Guido sale con el arma, escoltado por amigos: quiere mostrarla a todo el mundo y asestarla en lo que pueda. Llaman para el almuerzo. Despachan a los comulgantes al momento, y otra vez a la iglesia, a renovar las promesas del bautismo. Tras la renovación el coche, y... ¡a retratarse tocan! ¡Qué confusiones y apremios los de doña Berta, en aquella fotografía, que parece un horno! Ella quiere un grupo soñado; una cosa bella; una posición muy peregrina, a la vez que natural. Va a mandar el grupo a Bogotá y a Ibagué, y quiere que vean el gusto y la elegancia que aquí se gasta para todo. No le gustan los trabajos que el fotógrafo le enseña, ni él puede entenderle lo que ella desea. El hombre se enreda, se desconcierta. Con la urbanidad del caso, le insinúa que, si le deja obrar libremente y a solas, acaso haga algo bueno; pero doña Berta no abandona el campo. El pobre, después de tres variantes, en que suda la gota gorda8, da el asunto por terminado. ¡A casa!
Ya están casi todos los convidados, con sus respectivas mamás. Felicitaciones por el comedor: “¡No, no, misiá Berta, es una maravilla!”. Doña Berta, feliz. ¡Gracias a Dios que había podido lucir aquellas cristalerías y aquellas bordaduras y aquellos monogramas, casi ignorados! ¡Qué inadvertencia la suya! No haberle hablado al fotógrafo, para que tomase la vista... Con tal que los periódicos hablasen de su refresco... La chusma alborota, se ingiere por todas partes, se arremolina. Es tal, que se han menester tres tandas. Los refrescados salen con Guido a las casas a álbum; b oírla
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla vecinas, a comparar regalos. Las mellizas se riegan de casa en casa. ¡Qué comentos, qué reportajes! Cuando les toca el turno a las mamás, ya no quedan más que los remanentes. Dos de ellas, muy meticulosas, estiran trompa. Nótalo doña Berta, entre iracunda y apenada. Bien merecido se lo tenía por su vicio de llevar a su casa a tanta desagradecida. Guido se aparece a la mesa, a moco tendido: un su amigo le ha dañado la escopeta, hasta dejarla inservible. La madre del delincuente, que está presente, no sabe qué cara ha de poner. La melliza mala se aparece con una amiga comulgada. Traen una muñeca repetida, que quieren cambiar por las repeticiones de Pubenza; madre y hermanas se oponen al truque, y es tal la corajina de la chica, que llora y patalea. De la calle entran dos o tres comulgantes pobres, que andan de casa en casa, pidiendo el regalito; porque ahora se premia la virtud abajo, pero al contado. Fefa las echa por descaradas.
Y Cristo, el manso, el dulce, que da la paz, que la paz deja, que acendra mieles de la propia amargura... no veló aquella noche en esa casa, adonde entrara por la mañana. De ahí salió llorando, camino de Betania.
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1
Se publicó por primera vez el 25 de julio de 1914 en El Espectador de Medellín (N. del E.).
2
vestes: Vestidos (dle, 2018).
3
mataperros: Muchacho callejero y travieso (dle, 2018).
4
fierabrás: Persona grande y fuerte, especialmente la fanfarrona y jactanciosa (dle, 2018).
5
fulana: Persona indeterminada o imaginaria (dle, 2018).
6
perengana: Para aludir a alguien cuyo nombre se ignora o no se quiere expresar después de haber mencionado a otra u otras personas con palabras de igual indeterminación, como fulano, mengano, zutano (dle, 2018).
7
molledos: Parte carnosa y redonda de un miembro, especialmente la de los brazos, muslos y pantorrillas (dle, 2018).
8
sudar la gota gorda: Variación de “sudar la gota amarga”, estar afanado por conseguir lo que se intenta (García, 1991, p. 134). Notas explicativas
M Mineros Para el proceso de fijación de esta obra se contó con la segunda edición (1934) como texto base, ante la imposibilidad de encontrar la primera entrega de la narración en prensa de 1914. Los siguientes testimonios son las ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: A: Dominicales (1934). Medellín: Atlántida. B: Obras completas (1952). Madrid: epesa. C: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. D: Veinticinco reales de gusto (y otros cuentos) (1998). Medellín: Editorial Universidad Pontificia Bolivariana.
E: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Laura Daniela Arboleda Ramos Editora crítica
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Mineros1 Sábado de pago, domingo de cuitas.
No bien asoma el padre Febo,2 principia la peonada la gratísima faena, preludio de venturas. Por las orillas de la quebrada; junto a la represa de los molinos; bajo los rotos de los mampuestos; por donde quiera que cante el agua, se lavan, se afeitan, se cortan el pelo y se acicalan.
Nunca viera aquel hoyo de Peñoles mañana más contenta y despejada. Aquel pedacito de cielo azul e inmaculado, parece que estuviera precisamente debajo del coro de las vírgenes. Hombres y mujeres, niños y adultos; uno a uno; por hileras, por grupos, toman rostriplácidos3 el camino de la cercana aldea. Compiten los trabajadores, en rumbo, con las ruanas y los pantalones de paño, con las camisas de cordón, con los borsalinos hiperbólicos, y, sobre todo, con los carrieles. ¡Oh!, ¡el carriel! Es el orgullo del peón minero; la prenda suprema que demuestra la alteza de su dueño. Tal es el carriel, tal vale. A bien que en esta ocasión no van vacíos. De las casitas, barracas y demás dependencias del establecimiento, que rodean la casa de la empresa como los hijos a su madre, van saliendo con su prole los veinticinco o treinta matrimonios que constituyen la clase media de la mina. Las mujeres van calzadas y con paraguas, como para resarcirse de las inclemencias de sol y suelo, que en la semana han sufrido. Andan las veteranas muy campantes, y un tanto patojas las novatas.
El agua, al mover las maquinarias; las vagonetas, al rodar en los rieles; el mineral, al caer en las tolvas; los pisones, al pulverizarlo, cantan con estruendo de cíclopes el himno del oro, que el eco repite en la cañada y en la cumbre. Día como este faltan voces en el concierto gigante: ni el banco ni el ayunque se escuchan; socavones y aserraderos, aceros y taladros están mudos; mudos dinamita y fulminantes. Descansan todos en el día del Señor. Solo le alaban con su trabajo los cuatro molineros y hasta siete parejas de acarreadores.
Los pocos ahorrativos y desprovistos que se han quedado en la mina, se dispersan por ahí, en busca de algún baño de chorro entre la selva, de alguna colmena, o de cualquier diversión casual y gratis, para tornar a medio día a los deportes de saltos o de columpios, y a los dulces azares del tute tabaquero. A poco sale la cabalgata de los señores: director y contador con sus mujeres y el contratista con sus dos hermanas, ambas jóvenes y hermosas. Solo quedan en casa el sobrestante, la cocinera de los señores, y Teresona, jefe supremoa de las cocinas de los peones. Ese día se basta ella sola para desempeñar a molenderas, gariteros y demás quemaleñas. a jefe supremo [a pesar de que la concordancia de género sugiere el uso actual de “jefa suprema”, se aclara que se conserva el usus scribendi del autor y la forma propia de la época. Se indica el caso pero no se interviene en la fijación textual].
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La gigantesca mulata está en el corredor, remendando unas sayas, mientras crepitan los troncos de a metro, bajo los ollones casi vacuos. Parece una vaca sentada. Frente a ella, entre el fango del patio, retoza Severiano Castañeda, su ilustre hijo. Es el mimo de señores y peones. Figuraos un Cupido negro, de un año, en pura bola, con una cuenta azul en el pescuezo, “paraa que no lo ojeen”.b Gatea, perrea y diablea, a carcajada tendida, señalando con el dedito de ébano a mariposas y escarabajos. “¡Ve, chucho!”. Todos son chuchos. Así y todo, se come cuantos coge. Ni el sol ni el aguacero detienen a este forajido, que se raja de puro gordo y se descuaderna de puro alegre. Trepa por los bancos, baja por las zanjas, les tira la cola a los marranos y destroza cuanto agarra. El Cuarto, como le llaman los peones, disfruta con soberana realeza la dicha del vivir. Si Job yace en el estercolero de la desgracia, el Cuarto se revuelca en el de toda felicidad. Cuando algún gañán le pone en el chorro, da gritos de regocijo, cual si fuese un ángel con la perra alegre. Josué, el sobrestante, lee en el balcón, a la sombra de un granadillo que ondula de poste a poste. Está embebido en los percances de Gil Blas;c mas, de pronto, una desafinación enorme en el coro, le saca de la cueva del capitán Rolando al mundo antipático de la realidad. “¡El molino grande entucado! ¡Maldito sinvergüenza!”. Y tras unos tacos de arriero envigadeño, se desgaja como un alud. ¡Qué molinero ni qué cañafístula!4 El grandísimo tal por cual, duerme la mona fulminante, con la tranquilidad de un bendito. Insultos, horrores, puntapiés. ¿A quién? Gritos de alarma a los acarreadores de mineral. Como un toro, tira, carreteadero abajo, en busca de ayuda en los otros molinos. ¿Y qué topa? Que los tres se han juntado de jolgorio con el Hermano Contrabando; que uno de ellos se ha caído al cárcamo de una rueda y que no se lo ha mascado porque hay un Dios protector de los borrachos. Ileso ha salido de las garras de la fiera. ¡Lástima de tiro! ¿Quién les ha traído el tósigo? Por detrás de una piedra, que en una de las plazas campea, ve revolar una como falda. Se asoma. Sí, señor: ¡la dijunta Herminia tenía que ser! ¿Cuál otra, si no? Iba a denunciarla al instante, ante el estanquero de San Julián.d La infame, no contenta con sus venenos, quería propinarles, encima, la quinta esencia del fique. ¡Sería por lo linda y por lo sana! ¡Chucha mantequera más desaforada que la tal dijunta! Difuntas llama él a las infelices mujerzuelas de la mina. En cuanto a los molineros, no trabajan ese día porque no les da su real gana. Muy bien. Ya verían los borrachones con la multa y la bombeada. ¿Qué hacer? Quitar ante todo el agua y almorzar luego, porque el hambre nada bueno inspira.
¡Qué sensación tan extraña se experimenta en ese hueco, con aquel silencio! Dijérase que el genio del oro se ha escapado de aquellos vericuetos. El cerro del filón, con todos los palmares que lo coronan, con todas las entradas y galerías que le socavan, parece un cuerpo sin alma.
Los catorce vagoneros están en el corredor de la cocina, apurando aquellos platados de sancocho,5 con ese hambre envidiable del jornalero. ¡Y qué migotes de a «para b ojeen» c «Gil Blas» d Sanjulián
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla arepa en ese caldo, constelado de ojos! ¡Qué estilo para comerse aquellas presas, hebra a hebra! El Cuarto, todo zalamerías y adulaciones, se arrastra, ya hacia el uno, ya hacia el otro. Todos le dan. Más que comerse la bazofia, se la refriega en su carita de canturrón. En cuanto se sacia, vuélvese al patio y se entrevera con unos patos y una clueca, que escarba vocinglera, con sus once pollitos, quea aún conservan la horma de donde han salido. El Cuarto está también clueco de contento. En el barranco que limita el banqueo del triangular patinejo, vigilan las gallinazas con su astucia y perseverancia. Un peón tira un nervio al patio. Saltan ansiosas las aves carniceras; mas un pollo le atrapa al vuelo. Tratan de arrebatárselo, y la clueca se enfurece. Lid homérica se traba. Cada aletazo es mortal; cada croajido, un grito de coraje. Los patos huyen enloquecidos. Severiano, presa del espanto, es arrollado. Da un alarido y choca contra un pedrisco. Un peón vuela. Le alza, pero está seco. Le sacude, le agita. Echa sangre por las narices, mas no respira. Le rodean; tiran de sus brazos, de sus pies. Teresona grita como una loca. Cual si el llanto de su madre le volviese a la vida, grita a su vez el nene. Abre unos ojazos; se entiesa, y queda como muerto. De pronto, un temblor fatídico le recorre el cuerpecito. Hace contorsiones. Se le dislocan los ojos y la boca. Aparece en ella algo como espuma. Josué acude, le pone en el chorro, y vuelve. ¡Cantemos al Señor! ¿Conque el Cuarto estaba pasando el páramo?6 ¡Pobrecito el Cuarto! Y el Cuarto es tal que tiene cara de reírse. Endomíngase el empleado a la carrera, y, andarinamente, tomab camino de San Julián. Recorre en un periquete las treinta y cinco cuadras de travesía. Don Caliente, el patrón, así llamado por su entereza, va a comérselo vivo; ¡pero qué remedio! La emparrandada peonada le aclama, en cuanto asoma. “¡Un trago para don Josué!”. No despreciar a nadie, que es con gusto. “Los negros semos negros, pero los gusta atender al blanco, cuando vale”. “¡Gracias, sanc Benito! Dentro de un momento”. Todos se lo disputan para obsequiarlo. ¡Para festejos estaba él! A buscar a don Caliente. Al fin le topa, en gestiones con el alcalde.d “Con su permiso: una palabra”. Expone, y el patrón se vuela. ¡Mentarle a él la bruja de la mina! Ahí mismo pide los gendarmes para que le cojan la vagamunda. ¿De dónde? Los tres del poblacho, dos de ellos pagados por la empresa de Peñoles, no dan abasto a este ganado minero, que tiene hoy el diablo adentro. “Barajo, don Pedro, con el aguardiente de hoy”. En verdad: apenas es la una, y ya tienen cinco en el cepo y varios en remojo. Hasta la difunta Jacinta, la estrella de Peñoles, está de candidata. Le ha dado el anís por unos celos otelunos,7 y ha jurado cortarle la “cara de mica” a una buñolera que va a la mina a vender su mercancía.
El estanquero tiene dos ayudantes y está en sus glorias, porque, en domingos como ese, casi toda la plata del pago se queda en el estanco. Mientras él goza, a los cuatro tenderos se los lleva el diablo con los malostratos y los malapaga. Unos rasgan sus tiples, puntean sus guitarrillos y dan al viento bambucos y guabinas.8 Otros, que tienen la susceptible, rabulean, patiabiertos y manoteadores, porque el a pollitos,que b toma, c San d Alcalde
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compadre fulano o el menganoa9 han querido ofenderlos. Estos se desafían como unos Cyranos;b10 tornan a desafiarse, y de ahí no pasan. Aquellos, quieren que les reciban copas las niñas de la cantarilla, el cura y la señora del patrón. Las tomatragos se bambolean por las tres calles y por el mercado, con el chicote en la boca, babeándose y escupiendo, que es una gloria. Con sus lenguas trabadas ponen en solfa a las elegantes de San Julián, por sus trajes y atavíos. ¡Eso para la mina! ¡Ahí sí había lujo y gente! Las dos hermanas Cifuentesc tienen ambas la llorona, y se querellan con sus maridos, porque en vez de echarles un trapo encima, se lo dejan todo a esos logreros de la renta, que no les dejan sacar tan siquiera una media. Pues, ¿y los idilios? Díganlo el ventorro de El Mico y el mesón de ña Simona. A todo esto, brama de coraje el señorío egregio de San Julián, con tanta sinvergüenzona, y el alcalde husmea y el cura se confunde.
El sol, tan inmoralote y tranquilo, realza con sus prestigios toda esa charla del Hermano Trago. Relumbran los platanares; relumbran los arroyos de las calles; las paredes, las cumbres, y hasta los techos grises de astilla de roble, brillan como brasa con pavesas. Detrás de las cuatro señoras de la mina, van las serranas, pasmándose con los trajes y los sombreros, mientras los mancebos contemplan a las dos niñas, como seres de otro mundo. ¡Qué desgracia ser un triste montañero...! A falta de comisarios, hace el alcalde tres vasallos, y los armad de horquetas para que ayuden a Josué a someter los molineros y le lleven al punto a la feroz contrabandista. Hallan a los cuatro como unos troncos. La difunta Herminia, ni vista ni oída. Buscan a Tigre, contrabandista de atices, íntimo de la maga. Tampoco. Indagan: Ambos han sacado sus corotos. Han huido de ese ambiente, donde todo contrabando es perseguido.
Desde las cinco principian las autoridades de San Julián la ardua tarea de arrear para la mina aquella recua de borrachos. Solo quedan en el pueblo los encarcelados. Los tres comisarios, los horqueteros y el alcalde en persona, les conducen hasta verlos en sus lares.
Las sirvientes de la Mayoría contemplan desde el balcón la llegada de esa gente. Cómo gozan al verlos destacados en el alto, con aquel irse y venirse, con aquellos ademanes y aquel quitarse de la ruana; cómo se burlan de las mujeronas, que bajan que ni muñecas de trapo.
A poco llega la cabalgata de los señores, a tiempo que a Severiano le vuelve el ataque. El Cuarto, el negrito tan hermoso y tan simpático, queda epiléptico. a Mengano b Ciranos c Cinfuentes d árma
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
1
Se publicó por primera vez el 1 de agosto de 1914 en El Espectador de Medellín (N. del E.).
2
padre Febo: El brillante, epíteto y, a menudo, nombre del dios Apolo. En latín, particularmente, este dios es llamado Febo, sin el aditamento de Apolo (Grimal, 1989, p. 195).
3
rostriplácidos: Palabra compuesta formada por el sustantivo “rostro”, a la raíz de esta palabra se agrega el adjetivo “plácido”. En el contexto del cuento hace alusión a la expresión de sosiego y apacibilidad de los trabajadores en su día de descanso (N. del E.).
4
cañafístula: Árbol de la familia de las papilionáceas, de unos diez metros de altura, con tronco ceniciento y hojas compuestas, flores amarillas en racimos colgantes, y por fruto vainas cilíndricas de color pardo, que contienen una pulpa negruzca y dulce que se usa en medicina (dle, 2018).
5
sancocho: Olla compuesta de carne, yuca, plátano y otros ingredientes, y que se toma en el almuerzo (dle, 2018).
6
pasar el páramo: Variación de “pasar a mejor vida”. Morir, perecer (dle, 2018).
7
celos otelunos: Se refiere a la tragedia Otelo escrita por Shakespeare. En esta, su protagonista Otelo asesina a su esposa Desdémona tras un acceso enfermizo de celos provocado por las insinuaciones de su alférez, Iago, de que su esposa le es infiel con el teniente Cassio. Al descubrir posteriormente la fidelidad de su esposa, Otelo se suicida (N. del E.).
8
guabina: Es una de las danzas y cantos típicos del folclor musical boyacense con ascendencia en los aires hispanos. En el siglo xix la guabina se presenta a nivel nacional como un baile populachero y muy especial en los bailes de garrote en los campos; era muy perseguida por el clero en los púlpitos, por ser un baile agarrado o de pareja cogida (Ocampo, 1977).
9
mengano: Voz que se usa en la misma acepción que fulano y zutano, pero siempre después del primero, y antes o después del segundo cuando se aplica a una tercera persona, ya sea existente, ya imaginaria (dle, 2018).
10 Cyranos: Referencia a la obra de teatro en cinco actos de Ed-
mond Rostand basada en la vida del poeta Cyrano de Bergerac. Narra la historia de un soldado y poeta, que por su fealdad y predominante nariz no logra conquistar a su amada (N. del E.). Notas explicativas
V Vagabundos Para el proceso de fijación de esta obra se contó con la segunda edición (1934) como texto base, ante la imposibilidad de encontrar la primera entrega de la narración en prensa de 1914. Los siguientes testimonios son las ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: A: Dominicales (1934). Medellín: Atlántida. B: Obras completas (1952). Madrid: epesa. C: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. D: Veinticinco reales de gusto (y otros cuentos) (1998). Medellín: Editorial Universidad Pontificia Bolivariana.
E: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Laura Daniela Arboleda Ramos Editora crítica
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Vagabundos1 Amanecer radiante de verano. Un sol que justifica el culto de los incas. Cantar de pájaros y rezo de follaje.
Ramón, con el estómago silbando, se encamina al río, entre bostezos y suspiros. Al llegar a la orilla, silba también, y canta luego; canta inconsciente aquella jota En la cuenca de tu mano. Hace frío, o, al menos, él lo siente. Vacila, se detiene, se rasca la cabeza, pero al fin se resuelve. Siéntase en una piedra, bajo el sauce que sabe de sus pesares y su sentir. ¿Sentir? Acaso no sentiría ya nada, como no fuese hambre y sed, en ocasiones. ¿Qué sabía él? ¿Qué sabe una máquina, una máquina oxidada y sin uso? Mas ¿aa qué cavilaciones y pesimismos? Su rumbo estaba marcado, claro y terminante, por el destino inexorable. ¿Quién podía cambiarlo? Se quita los botines, si no torcidos, a punto de rajarse, y descubre esos pies de aristocrático, que hace tiempo no gastan calcetines. Saca un cepillo más que viejo, un trozo de jabón, y, tras el ramaje desmayado, dase a la limpia de aquella americana de moda anticuada, que fue de nueva negra y es ahora verdosa. Los forros quieren desprenderse, pero no haya cuidado, que nunca faltan alfileres; sigue luego el chaleco, y, por último, los pantalones boquibarbados, con un monóculo inoportuno. ¿Qué hacer? No es su ciencia para enderezar tamaño entuerto, ni los alfileres eficaces para valerle en tal apuro. ¡Qué triste era un hombre roto por el fondo! Por fortuna que la americana era larga, y él, muy erguido; ¡que si no...!
El sol ha de secar el terno, mientras Ramón ejecuta la obra magna de los sábados. ¡Al agua el cuerpo con los trapitos íntimos! Jabón y más jabón, estregar y más estregar. Ahí está la piedra, que, si rompe, limpia. ¡A escurrir tocan...! No queda aquello como ampo de nieve; pero, en fin... ¡Bendita moda la de los cuellos sin almidón! Caso de pulir es el lavado, y pule. Luego el borsalino y el retoque de sabia humedad a la corbata de red atabacada. Ramón se pone el flux a cuero limpio, y un pañuelo en el pescuezo. ¡Lanza tus dardos de sesguerete, sol piadoso, sobre esas galas que te tienden!
Ramón se pasea como un poeta, jugando con una varita de sauce, que por gentileza ha descortezado. Lo que era afeitarse, él sabía cómo; pero, ¿y el corte de aquel pelo? Si él fuera capaz de ponerle una culebra al mulato de la barbería aquella. ¡Qué delicia, en ese instante, un “carabinazo”b2 bien cargadito de alcohol! ¡Pero ni eso! El Zarco, su amigo providente, el hombre que sabía inventar y “analizar”, ni visto ni oído. Ya que no en la cárcel, ¿dónde estaría entonces? b «carabinazo» a Mas, a
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Se comprenderá por esto que el infeliz no es ratero ni pedigüeño; busca la ocasión, implora con el pensamiento, procura se lo adivinen; que en noble cuna fue mecido. Tiempo ha que vive como caballero del milagro. Su padre, un viejo débil y achacoso; su madre, una señora tonta y complaciente, se enervaron con Ramoncito, el deseado, único varón y último fruto. Dueño de sus actos fue desde chiquillo. Escuela, cuando él quería; cuando no, la calle con sus encantos y el mundo con su anchura. Su juventud: orfandad, dispersión de sus hermanas, ociosidad y vicios. Flor de un día, cuanto sus padres le dejaron. Grado a grado bajó en pocos años a la hampa miserable, hasta convertirse en uno como expósito, sin techo y sin arrimo. Cumple ahora treinta y cinco años, y, aunque marchito, abúlico y hundido en el marasmo, aún conserva rasgos juveniles. Es una figura insignificante, que no resalta a la vista; un vencido sin luchar, que no se queja ni protesta. La miseria lo ha hecho tímido, a él que nunca fue osado. Como no hurta ni pide, ayuna con frecuencia. Apenas el sol le hace la obra caritativa, se engalana y se va a unas pesebreras, donde suele ayudar, de cuando en cuando.a Les pica caña a las bestias, y se desayunab con unos cuantos cañutos, que raja habilidoso, y con naranjas que ahí mismo coge. ¡Día venturoso! Un viajero, a quien ayuda a ensillar, le da diez pesos por propina. El dueño del cuido, que le traduce los poemas naranjeros, le da otro tanto. ¡Qué riqueza! Ante todo, corte del pelo, café negro, ese café dulcete y peregrino de El Blumen,3 con dos panes, tabacos y un par de “carabinazos” bien violentos. Ha sacado el día. Como no ha conseguido para cama y no se acuesta en la acera, amanece en El Blumen, de pie y silencioso. Nadie le ha ofrecido un vaso de chicha; nadie, un cigarrillo: los conocidos le desconocen, los extraños no le notan. Mas al pasar las gentes para misa primera, entra un camarada: trago, chicharrón y café. Queda solo. Trasiega por ahí. Pregunta por el Zarco. Nadie le ha visto. Los trenes pitan, braman. Vase a la estación del Ferrocarril de Antioquia.c4 Cuánta animación, cuánta alegría. Muchachas bellas y peripuestas. Ve conocidos, amigos de sus verdes años, con quienes partió sus dineros. No le miran: hay tanta gente. Parte el monstruo, y Ramón Sila se queda en el andén, mirando el humo. Se lo echa el viento a la cara. Es tan denso y tan picante, que por los ojos del mísero asoma agua. A través de ella ve la montaña azul, los sauzales, las casas de los campos, la naturaleza que convida con sus dulzuras. Todos, toditos menos él, tenían voz en el concierto de la vida. Ridículo y tonto que era él, en ocasiones. ¿Pedirle algo a la vida un hombre sin medias y con pantalones rotos por detrás? Pues no faltaba más que a él le diera la llorona, de buenas a primeras. Como hay empleados y curiosos, tose y se enjuga esas lágrimas estúpidas. Enciende un tabaco, se engalla, y, taconeando recio, tira hacia el mercado. Va en busca del pinche de un mesón, algo amigo, a que le proporcione navaja y modo de afeitarse. Una vez rasurado, fresco y cepilladito, se disipa la nube: que el agua y el aseo de Dios, tanto valen al rico como al pobre. Al salir, siente efluvios de ventura: ve en el comedor unos cachacos bohemios y noctámbulos, que se desayunan por lo trancado, a cuando Les b desayuna.
c «Ferrocarril de Antioquia»
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla con pericos, morcilla y unos chocolates de canónigo. Los tres son conocidos de otro tiempo; pero no lo conocen, tampoco: está tan limpio. Sale silbando el Tápame. ¿Adóndea ir en mañana tan hermosa?
Son las ocho. Grupos de niñas taconean, como corzas presumidas; columpian las escarcelas y apuran el paso para alcanzar la misa. Ramón añora sus amores ventaneros y sus trueques de postales. Los filipichines5 devotos, sombrero atrás, remangados los pantalones, van fumando cigarrillos pico de oro y cigarros de sortija. A Ramón le amarga el tabaco y lo arroja. Se repecha más, porque se acuerda del roto. El parque le brinda con sus asientos bajo el ramaje, con sus fuentes entre las flores. Entra y se sienta aislado. Estudiantes jovencitos y de vara, compran cuanto les ofrecen, se hacen lustrar el calzado, ríen, gozan. La fila de autos se despuebla, y principia el canto de sus sirenas y la música de sus carreras. Los coches del lado opuesto entran como aprendices en aquel concierto de la dicha. Ramón está tan nervioso con el trasnocho, que el estruendo se le hace insoportable. Se agacha, y, a falta de varita, traza con un tacón espirales en la arena. ¿Qué dicen esos signos serpentinos? No se aguanta. ¿Por qué haberle dado por el centro, a él que vagaba, tiempo hacía, por los extremos? Con ese traje, ¿cómo atreverse por entre tanta gente endomingada? Acaso en La República, tal vez en La Bandera Roja,6 pudiera... ¡Allá, de todos modos! Con las manos atrás, en estudiada absorción, encamínase a esas cantinas. Entran con unos comestibles que provocaran a un agripado. Artesanos amanecidos quitan el guayabo con chichas,7 con jarabes, con pelos de la misma perra, mientras algunos cachaquines8 de media petaca9 la inician fervorosos. Ni unos ni otros alcanzan a mirarle. Pide con mucha cortesía un vaso de agua: él también tenía un guayabo que se lo alzaba. Vase a La Bandera, y... lo mismo, y otro vaso de agua. ¿El Kiosco, entonces? Pudiera ser que allí topase al Zarco. Tira hacia allá, por la avenida de la quebrada. Mozos mañaneros, charla que charla, en la terraza del clubb Unión.10 Autos que les esperan, autos hacia arriba, autos hacia abajo. Siempre ese canto, siempre ese polvo.
Llega, y pregunta. Nadie ha visto al Zarco; pero él sí ve la jarana y el copeo. Se sienta, en espera, en un divancillo de palitroques pelados. ¡Se acabaron los cachacos brindadores! Finge que duerme, y la ficción se convierte en realidad. ¿Qué podrá soñar el triste? Cosa de agonía debe ser lo soñado, porque ronca estertoroso. Un brazo, un brazo fuerte que le sacude, le vuelve a la vida. Todos se han ido y el establecimiento va a cerrarse. Se despereza y sale. Un reloj da las dos. ¡Siquiera! Suenan bandas que anuncian los toros. ¡Oh, los toros! Su pasión, su ideal. Mira al cielo. Felices los gallinazos que gozaban del espectáculo taurino, que no tenían hambre.
Por San Francisco11 se dirige a Guanteros:12 el Zarco tenía por allí ciertos entruches. Pero el Zarco no resulta. Baja por San Juan,13 toma el “Camellón del Medio”,14 y se sienta al sol, en el poyo del puente. Autos, otra vez. Estaba visto que la polvareda había de ensuciarle la ropa. ¿Estarían abiertas las pesebreras? Calmará a Adonde b Club
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el guayabo con naranjas. ¿Por qué no con guayabas, si un clavo sacaba otro?15 Bien podría encontrarlas allí cerca. Se mete a las mangas, por el portillo de un vallado. Nada. Ni un botón. Tírase en el césped retostado y troncho. Tal se siente, que tiene ganas de llorar, de llorar harto... ¡Eso sí no!a Se sacude las hebras de yerba y sale huyendo. Soledades le enferman. Trasiega, aquí y allá, por las tiendas próximas a las estaciones. Siempre igual: conocidos que le desconocen, amigos que no le adivinan. Se va a las pesebreras. Están abiertas; pero la vara malhechora de alguna hada que le odia, solo ha dejado, allá arriba del copo, tres naranjas para muestra. Toma la larga cañabrava; pero está tan torpe y lacio, que nada alcanza. Suda frío y se va a las canoas de las bestias. Torna a la calle y se recuesta en cualquier esquina. Un mero tabaco le ha quedado y está partido. Vase a La Lámina, y se sienta, como atónito, en unos cajones, a un lado del mostrador. Otra vez se hace dormido, mas no se duerme otra vez. A las siete y media se hace el despierto, al pitar gemebundob del tren de abajo. Mas no se levanta. Siente el gentío que atraviesa, calle arriba. Ni le mira siquiera. Desprecio por desprecio. De pronto, el Zarco, de pared a pared: “Viejito —le grita, en cuanto le echa el ojo encima. —¿Tenés pa un carabinazo? Vengo de Bello,16 más rajao que una yuca”. Que no, contesta, con meneo de cabeza. “¡Maldito sinvergüenza! ¡Cuándo habías de analizar vos un jediondo peso!”. El Zarco sale como una hidra, y Ramón Sila, todo amanecido, madruga a picar caña a las bestias.
b gamebundo a Eso sí nó!
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
1
Se publicó por primera vez el 8 de agosto de 1914 en El Espectador de Medellín (N. del E.).
2
carabinazo: Bebida preparada a partir de la mezcla de diferentes licores (lc, 1983).
3
El Blumen: Cantina de principios del siglo xx en Medellín, ubicada en el barrio hoy conocido como Niquitao y frecuentada por el mismo Carrasquilla. Recibe el nombre de su dueño, el músico Manuel Ruíz, cuyo nombre musical fue Manuel Blumen (Obregón, s. f.).
4
estación del Ferrocarril de Antioquia: Referencia a la Estación Medellín ubicada en el sector Guayaquil, inaugurada el 9 de mayo de 1914. Junto con la Plaza cubierta de Guayaquil constituyó un puerto seco para el mercado de víveres y todo tipo de comercios y transacciones realizadas en la ciudad (Botero, 1996, p. 177).
5
filipichín: Lechuguino, afeminado (dle, 2018).
6
La República, La Bandera Roja: Es posible que hayan sido cantinas de Medellín menos reconocidas que El Blumen y El Globo; hasta mediados del siglo xx, el barrio Guanteros dio lugar a gran cantidad de cafés y cantinas de la ciudad. (N. del E.).
7
chicha: Bebida fermentada de maíz (lc, 1983).
8
cachaquín: Dicho de un joven: Elegante, servicial y caballeroso (dle, 2018).
9
Media petaca: Clase social media (ahac, 1986).
10 club Unión: Entre 1890 y 1920 los clubes pequeños de Medellín se
unen para convertirse en clubes de mayor entidad, el club Unión surge en esta época de los clubes Belchite, La Mata de Mora y Boston (Botero, 1998, pp. 129-130).
11 San Francisco: Es plaza larga de norte a sur y ancha de occi-
dente a oriente. La universidad y el Colegio de la Compañía de Jesús campean altaneros, simétricos, iguales a lado y lado de la iglesia, cual si fuesen un mismo edificio. Andén anchuroso atraviesa todo el frente; altas ringlas de nogales más afuera. Fuente, asientos, senderos (Carrasquilla, 1993, p. 82). Actualmente, es conocida como la Plazuela de san Ignacio en la que se ubica la iglesia del mismo nombre, fundada por los monjes franciscanos, quienes también contribuirían a la fundación de la Universidad de Antioquia. Tiempo después la iglesia fue recibida por los jesuitas y ofrecida por estos a san Ignacio (N. del E.).
12 Guanteros: El barrio Guanteros estaba formado por la calle del
mismo nombre, que luego pasó a llamarse calle Maturín, por el Camellón de la Asomadera, hoy Niquitao, por la “Barranca del Caleño” y por la “Barranca de San Antonio” (Zapata, 1984, p. 155).
13 San Juan: En 1914 en la calle San Juan se estableció la plaza de
mercado, lo que atraía a todo tipo de comerciantes, viajeros, transeúntes y empleados. Fue un lugar de encuentro de personas de todos los sectores de la ciudad por lo que en ella se dieron expresiones de la cultura popular y barrial (Archivo Histórico de Medellín, 2014, pp. 24-25).
14 Camellón del Medio: Los camellones son esas vías medio urbanas
del transitar constante, por donde entra y sale cuanto la gente necesita (Carrasquilla, 1993, p. 53).
15 sacar un clavo con otro clavo: Para dar a entender que a veces
un mal o un cuidado hace olvidar o no sentir otro que antes molestaba (dle, 2018).
16 Bello: Municipio ubicado en el norte de Medellín. Fue habitado
por el grupo indígena del cacique Niquía hasta 1574, cuando se adjudicaron a Gaspar de Rodas. Dicho municipio fue nombrado como Bello en 1867 en memoria de Andrés Bello (N. del E.). Notas explicativas
A Alma Para el proceso de fijación de esta obra se contó con la segunda edición (1934) como texto base, ante la imposibilidad de encontrar la primera entrega de la narración en prensa de 1914. Los siguientes testimonios son las ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: A: Dominicales (1934). Medellín: Atlántida. B: Obras completas (1952). Madrid: epesa. C: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. D: Veinticinco reales de gusto (y otros cuentos) (1998). Medellín: Editorial Universidad Pontificia Bolivariana.
E: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Laura Daniela Arboleda Ramos Editora crítica
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Alma1 Cuenta y recuenta, busca y atisba, y siempre le falta una, si no dos. Error o no, tenía de recogerse, porque era tarde. Así, disipándose por una simpleza, ¿cómo podría prepararse para la comunión de un día tan grande? Bien le decían sus hermanas: era tan necia y meticulosa que se ofuscaba a sí misma y empalagaba a los demás. ¡Esa monomanía suya de la exactitud...!
Guarda en la caja portadora, con la simetría y el orden que en todo pone, las ciento noventa y nueve rosetas de cinta roja y amarilla, que acaba de arreglar. La pérdida de una, ya evidenciada, le sigue escociendo, como una falta. ¿Robada? ¿Por quién? Tal vez alguna rata novelera. Son las insignias que han de llevar en la solemnidad del día siguiente los hermanos de la Comunión Reparadora.a Al par que a esta cofradía, pertenece a los Terciarios. En ambas es dignataria, y esta la hora en que aún no ha decidido bajo cuálb de las dos comunidades ha de formar, en esa fiesta en que los corazones fervorosos se rinden al Corazón Sacratísimo. En el silencio de su alcoba, de esa alcoba pulcra y sencilla de solterona mística, se arrodilla en la tira de tapiz, delante de su lecho. Cerrados los ojos, inclinada la cabeza, recoge su espíritu, lo concentra en Dios, y, merced a sus preces de costumbre, practica un acto de verdadero amor. ¡Y de qué modo! Siente esta noche venturosa las fruiciones de las almas purificadas. Siente que alcanza a hablar con su Dios, desde este destierro; que está con Él; que le lleva en los profundos de su alma; que flota en torno suyo, como en el recinto de un templo. Diecisietec horas ha que le ha recibido sacramentalmente, y le parece, no obstante, que acaba de entrar a su boca la Forma indecible. Sí: es Él, que está en ella; el Creador de cielos y tierra, en carne, en sangre, en alma, en divinidad. Y ella, el gusano miserable de siempre. Se examina: imperfecciones, muchas; falta grave, ninguna. ¡Sea Él loado por los siglos de los siglos!
Vuelve la cara, transportada, hacia la repisa gótica que corona su lecho. Ahí está Jesús, abiertos los brazos, abierto el pecho, el corazón abierto, tal como le diseña la predestinada de Alacoque.2 ¡Cuán hermoso! La llama que le alumbra día y noche, se le antoja que sale, no del vaso simbólico; del corazón de la efigie. Comulga espiritualmente, según la fórmula de sand Agustín. Corren lágrimas despaciosas por sus mejillas de cera. Luego, su habitual jaculatoria: “Corazón siempre dispuesto a recibir al pecador, recibid mis humildes suspiros, escondedme en ese asilo inviolable y haced que vuestra sangre misericordiosa caiga sobre mí para que lave todos mis pecados”. a «La Comunión Reparadora» b cual c Diez y siete d San
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Pronto vela su sueño el ángel de su guarda; flota en ese ambiente íntimo el misterio de una iglesia, mientras la llama muda y perdurable arde ante la imagen veneranda. Desde que al sol de la vida abrió la flor de su hermosura, tuvo Margarita Alba rendidos adoradores; pero el corazón de la hermosa no ha sido para pasiones de la tierra. Por educación, por herencia, por temperamento, es mística desde niña. Las contadas expansiones de su juventud fueron siempre por obediencia, por seguir la corriente de sus hermanas, por conveniencias sociales, por lo que llaman representación. Su familia, honorable y esclarecida, fue siempre mediana en bienes de fortuna. Nunca ha pensado en monjíos oficiales, porque siempre ha sido débil y de salud delicada. Otra hermana fue más afortunada. Muertos los padres, casados hermanas y hermanos, quedaron Margarita y Silvia varadas en el Magdalena del solterismo, tan tranquilas y felices cual si navegasen a todo vapor por un mar de leche. Silvia, aunque piadosa, no alcanza a mística como Margarita. Margarita lo refiere todo a Dios: sus pensamientos, sus acciones, sua vida entera. Ya que no en clausura ni bajo reglas canónicas, procura ser su esposa, a su modo, en el ambiente casi monástico de su casa. Los estruendos del siglo llegan a esa mansión ignorada como vibraciones extrañas de un mundo ignoto, y, aunque dignataria en las supradichas cofradías, hace un papel harto oscuro entre el beaterío militante. Es de esas almas que pasan por la vida sin que nadie las sospeche.
Antes de las seis está en San Francisco, en espera de la misa. Desde que entra, siente la emoción de venturanza, que rara vez le sobreviene, en su empeño de vivir mortificada. No puede seguir textualmente, como lo acostumbra, el ordinario de la misa; divaga en uno como sonambulismo del amor divino. Oficia con un rito que su alma dilatada está improvisando. Al arrimar al comulgatorio, pide para no poner función; pero siempre la pone; las lágrimas le corren. Por fortuna que todos están más por mirar hacia adentro que hacia afuera. Vuelve a la casa y desayuna, para tornar a las ocho a la misa solemne.
Entra. Los revestidos salen; el alma alada de Mercadante preludia desde el coro. Margarita principia; ella era canto, incienso y oración; ella misma, una pobre mujer, fortalecida por las gracias sobrenaturales, iba a ofrecer a su Dios, la víctima indecible de Dios mismo. Ella se unía a la víctima sin mancha, para consumirse en un mismo holocausto. ¿No podría ella ser víctima que subiese en “olor de suavidad”?b Si amaba a Dios hasta ser suya, ¿por qué no? Su Dios la estaba alumbrando a ella, una criatura de entendimiento tan limitado. Veía claro. Su corazón, su conciencia, le decían que no se engañaba. Eso era así: la experimentación de lo real, de lo efectivo, visto, oído y sentido por ella, criatura imperfecta. ¿Qué no podría ese lazo de amor entre Dios y sus criaturas?
Sube al pulpito el jesuita, el verbo inflamado de esta sección antioqueña. Habla el corazón de Cristo. Margarita le sigue el movimiento, el ritmo ideológico. Se le figura que ese espíritu de iluminado se une al suyo, tan oscuro. Sí: el predicador a acciones,su b «olor de suavidad»?
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla va diciendo lo que ella va pensando, va sintiendo lo que ella siente. Sí: ¡es su misma expresión, palabra por palabra! ¿Hablaría su alma por boca tan divina? Viene, luego, el sacrificio; siguiendo el texto manda a los hermanos que oren, manda a los corazones que se levanten; consagra, comulga. Este sacerdocio de su alma, en que ella misma se ofrece al par que su Dios; esta misa, la tiene transportada. Tras de todo esto, la exposición. Margarita se postra en un arrobo.
Sale radiante. Su hermana y sus compañeras del barrio le adivinan la ventura en la sonrisa, en la expresión de aquella cara pálida y fina, que han agostado cuarenta y seis canículas.
Después del frugal almuerzo, ¿qué hacer? Pone rosas encendidas y nevadas a la estatua del Sagrado Corazón. ¿Y luego? ¿Meditar? ¡No, no! Su director le ha ordenado que medite más por oblación que por reflexión. ¿Qué ofrecer, entonces, que pudiera mortificarla en día tan feliz? ¿De qué abstenerse? ¿Qué hacer que no le fuese grato? Todo sacrificio le sería una delicia, en este día. Ah, sí: ¡ya caía! Hacía año y medio que no pisaba la casa de las Sabinetas. Iba a sorprenderlas con una visita. Como siempre, le hablarían de modas, de regalos, de matrimonios hechos y deshechos; la impondrían de toda la crónica del vecindario, la interrogarían sobre cosas de que ella no tenía noticia. Tan inocente frivolidad pudiera no agradarle. Tal vez al contrario: eran tan buenas, tan obsequiosas las Sabinetas. ¡Pero no! Su salida, en día como ese, podría tomarse a ostentación de beatería, a vanidad de religiosa. Por seguir el mandato de su confesor, acaso lo estuviera exagerando. Una buena lectura no era, propiamente, la meditación reflexionada. A ello: unas cuantas páginas de La Preciosa Sangre.3 Pero tampoco: ese padre Faber era una de sus delicias, y de mortificarse un tantico se trataba. Pero, ¡ah idiota que era! Iría a la visita, y ¡ojalá la tomasen por ostentadora de piedades! Eso era un rasguño al amor propio. Iba a salir a casa de las Sabinetas, cuando Dios le depara la gran mortificación. Comparece nada menos que doña Justinaa de Villada, señora murmuradora, temeraria ponzoñosa, amiga de ventilar asuntos espinosos de la vida ajena. Es ello como una enfermedad, como una psicopatía. Doña Justina principia a esgrimir esa lengua de sierpe y Margarita a sudar; reza por dentro. Bien merecido se lo tenía por novelera: ¡ocurrírsele otras prácticas, en día como ese, en vez de estarse ante el Santísimo expuesto! No sabe qué cara poner, ni cómo seguir aquellos temas, ni cómo mostrarse amable. Pero Dios es servido de enviarle una amiga, que la llama desde la ventana, para que vayan al trisagio. Se despide y deja el bacilo de las difamaciones. La oración fervorosa la purifica de aquellas sugestiones de la dama. Después del trisagio, la procesión vase formando, comunidad por comunidad. Avanza calle abajo. ¡Hermosas y diversas las huestes de Cristo! Escuelas públicas y privadas, colegios, universidad, academias, cofradías, cuerpo gubernativo, tropa, bandas, santos en andas, uniformes, insignias, estandartes, gallardetes, flores, palmas, aristocracia, clase media, plebe... ¡cuántob Dios ha creado! a Justin a b cuanto
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Margarita se ha decidido por la Comunión Reparadora. Lleva una borla del estandarte, guantes, la cinta con la medalla, y la cabeza baja. La imagen de Jesús con su corazón inflamado va en carruaje, y Margarita en una angustia irresistible que le quiere oler, si no haa pecado, a una imperfección muy grande: no le resulta aquella imagen adorable, arrastrada por ruedas. Verdad que el vehículo es espléndido, soberbio el caballo y correctísimo el auriga, que guía desde abajo. Pero se le figura que no se le rinde a Cristo, como en las andas, el vasallaje de llevarlo a hombros de sus hijos más adictos.
La procesión enfila de seis en seis. Toma hacia arriba la avenida sur del Santa Elena. De la opuesta puede admirarse la magnificencia, la pompa, los adornos de las casas, el juego de tanto color, el cabrilleo de tantos oros, el gentío en tanta variedad, el triunfo de la religión.
En San Francisco espera su ilustrísima.b Toma el Sacramento en la custodia. Le saca hasta la puerta. Un jesuita vocea desde una tribuna la consagración a Cristo. La multitud se postra, estremecida, y la bendición pontificia cae desde el cielo sobre el pueblo católico.
Margarita se levanta ungida, limpia de sus ociosos pensamientos, serena, remansada. Se recoge temprano, para madrugar a la fuente inagotable que la sostiene siempre fuerte, siempre inmaculada.
a a b Ilustrísima
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
1
Se publicó por primera vez el 24 de agosto de 1914 en El Espectador de Medellín (N. del E.).
2
Santa Margarita de Alacoque: (1647-1690). Fue una monja nacida en Borgoña, perteneció a la orden de la Visitación de Santa María, fue reconocida por ser visitada en tres ocasiones por el Corazón de Jesús (Corazones, 2017).
3
La Preciosa Sangre: Escrita en 1860 por Frederick William Faber, devoto predicador y escritor inglés (N. del E.). Notas explicativas
T Titanes Para el proceso de fijación de esta obra se contó con la segunda edición (1934) como texto base, ante la imposibilidad de encontrar la primera entrega de la narración en prensa de 1914. Los siguientes testimonios son las ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: A: Dominicales (1934). Medellín: Atlántida. B: Obras completas (1952). Madrid: epesa. C: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. D: Veinticinco reales de gusto (y otros cuentos) (1998). Medellín: Editorial Universidad Pontificia Bolivariana.
E: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Laura Daniela Arboleda Ramos Editora crítica
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Titanes1 Petrona Escamillo es célebre en El Morro por fanfarrona, autobiográfica, sentenciosa y trabajadora. Venga o no al caso, pone siempre, más o menos, este mismo discurso: “Tresa pares de calzones hubieron en casa, fuera de los de mi marido; pero, si no es por Petrona, a todos nos comen los perros. Ninguno de los cuatro taitas fue pa ver por mi padre, cuando el pobrecito perdió las vistas. ¡Pero con la muñeca de Petrona son pandequesos! No bien me mandé yo sola, me hice cargo del viejito, y ai lo tengo más cuidao y más bien asistido qui’un obispo. Tamién recogí a mis hermanas solteras, y ai las tengo con platica, con sus buenas alhajas y con más ropa las dos solas que todo el señorío del lugar. ¡Con ser que quedé viuda con cinco hijos y en la pura istricia!2 Pero el que caiga en mis manos le enseño a trabajar o me reviento. Ya ven mis muchachos menores: manque los tres tan medianos, ya pueden mantener mujer y familia: tienen tierra y animales. Casé a mi muchacha; enviudó también… ¡y ai la ven! Más abastecida y más llena que Abdonita,b ni la más rica. Ai tengo las dos nietas de colegiantas, de media y zapato y rompiendo lujo; y pienso mandalas al mejor colegio de La Villa, pa que aprendan la parte educativa y vengan a enseñales orgullo a las ricachonas de aquí. Ai ven a José Eleuto. Ningún gamonal3 ha sido pa hacer con un hijo lo que hizo Petrona con su José Eleuto. ¡También es verdá que pocos cristianos tienen esa capacidá! Dende chiquito almiraba a los maestros y a los curas. Lo mandé a La Villa, al mejor colegio de la Universidadc de Antioquia, y ya está pa dotorase de médico. Ai tengo un colino de ganao pa ir a ver el dotorao y pa que compre los fierros y ponga la botica. ¡Ya lo ven! Malo estará el decilo; pero ni entre los mozos del pueblo ni en los forásticos se ha visto ninguno más sabio ni más bien puesto que mi muchacho. A mis otros hijos, si como no les dio por ai, les hubiera dao, dotores los saco a los cuatro, manque echara la jiel en el trabajo; que a yo me gusta que mis hijos valgan. Aquí no nos han tenido ni a los Escamillos ni a los Adarves por del cogollo, porque yo y mis hermanas servimos, de jovencitas, en las casas prencipales, cuando aquí había señorío y plata. Por eso aprendimos a guisar, porque ¡esa sí era la gente que sabía de comida! Y hay algunas que me quieren hacer competencia y no saben hacer un sancocho. Si no es por Petrona, se habían quedao los de ahora sin saber qué es un bocao bueno, ni qué es aseo,d ¡qu’es lo pior! Ai tá la prueba: viene un señor de La Villa, y venga Petrona; viene el obispo, y Petrona; hay boda de ricos, y Petrona. Petrona los saca de apuros y Petrona les gana el rial. Y a todos mis hijos y a mis dos hermanitas les he enseñado a que no trabajen de balde. ¡Y después dicen que culeca sin gallo no saca pollos4...!e El gallo de Petrona dende hace dieciséis años es un viejito ciego y tembleque”.f a «Tres b Audonita c universidad d que es un bocao bueno, ni que es aseo e pollos!..
f tembleque»
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No son menos elocuentes sus apotegmas, que ella echa en sus momentos filosóficos, con cierto aire allá, de inspirada; verbi gratia:a “El que vende por menos del costo, arriesga a perder. Horno frío no asa pan. El pobre que no trabaja como Petrona, arriesga a sudar frío. Conviene arrastrar del as, porque si el tres está solo, tienen que rendirlo. Hijo que no ve por su padre, como Petrona, no es hijo tierno. La mujer vagamunda no puede ser honrada”. Y no sé cuántas bellezas, que los guasones del pueblo le han recogido.
Todos estos perfiles le dan a la viuda de Adarve un nimbo de popularidad que la pone más ufana, si es posible. Y como todos, a porfía, la carean para que despotrique, ella no se para en pelillos. Mas, es lo cierto que, a vueltas de todas sus sandeces, Petrona es una luchadora briosa y empecinada, como ella sola. Su difunto solo le dejó un pedacito de tierra, que ella ha ido ensanchando hasta formar una finca de agricultura y algo de ganadería. De la casuca paterna, que ha ido comprando a los demás herederos, ha hecho un mesón dominical, a donde concurren los peones y oficiales de las dos o tres empresas mineras que dan la vida al pueblo. Fuera de eso, abastece, de tiempo atrás, a la gente de El Morro, en el ramo de las exquisiteces gastronómicas. Su casa es una fábrica en que ella es el motor. Los catorce brazos útiles no paran nunca: los seis masculinos, cortando leña en el monte; los ocho femeninos, quemándola en casa. Amén de los engordes de puercos, ya en el campo, ya en el pueblo.
Desde el viernes están los tres gañanotes en la casa: el uno para la matanza del animalejo, y los restantes para otras diligencias preparatorias y para asistir el ventorro y el comedorcillo, que, en noches de sábado, son unas jaujas,b5 con los tamales y las empanadas, las morcillas y la chicha, los chorizos y los chocolates, despachados directamente del fogón.
Mientras venta y comedor se mueven, la cocina crepita. Fogones y hornos, forjas y hornillas están en bunde, y en bunde las cuatro obreras y las dos niñas colegialas, que en día como ese trabajan a una con las adultas, amén de la fámula que sirve a la familia. ¡Qué humero! Por fortuna que no es en ningún estuche. Unas arman y repulgan, otras fríen y voltean; esta saca del horno todas las variantes del trigo; mete aquella los ejemplares, dulces o salados, del maíz. Quién estira y blanquea la pasta para los “sapos”; quien se la ha, a la vez, con el almíbar para los merengues y con el melote que ha de acompañar el buñuelo, con el picadillo de mondongo y calloc6 para la sopa dominical del pobre y con el de gallina y cordón para el ajiaco de regodeo. Petrona, como el genio de la ubicuidad, está junto a los ollones de tamales y junto a las bateas de pandequeso; junto a la que bate claras y junto al molinillo que agita el lago yemoso que ha de cuajar en bizcochuelo; en el horno, para los puntos; en la pica de papa y de mafafa,7 para graduar la revoltura; en la mesa de las últimas panelas, para indicar el corte. Está en el ventorro y en el comedor; aquí despacha, allí recibe, acullá cobra. Aquel olor tremendo y múltiple de asado y de frito, de crudo a verbigratia b Jaujas c cayo
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla y cocido, de sal y dulce, cebolla y canela, trasciende hasta la calle, como el vaho de la ahitera.
Y de eso será, por lo que sigue. Como promedia noviembre, José Electo está en su pueblo, y de tresillo, en casa del señor fiscal, esa noche del brete. Entra, a eso de las once y media. Si en la venta hay calma, no así en la cocina. Uno de sus hermanos lo anuncia. Petrona sale.
—¡Sí que me da miedo, mamá, con estos trabajos tan a deshoras! Puede darle una angina...
—¡Qué cuento de angina! ¿Soy algún caballo asoliao? Ya me hubiera muerto hace mil años... ¿Qué quiere cenar, m’hijo?
—Nada, mamá; estoy ahíto.a8 —¿Ahíto? ¿Y eso qué es?
—Que estoy jaito, señora.
—¡Ajá!, ¿y eso qué? ¿Tan dotor y no sabe el remedio?
—Tomé bicarbonato y estoy peor.
—¡No le digo...! Vaya acuéstese, que en esto le llevo el remedio. José Electo está de sobretodo, con bufanda blanca, como el conde Danilo.9 Y qué raros se ven los zapatos de charol y la caña en aquel ambiente bodegonero. A poco entra Petrona con el terrible cocimiento de apio. “Tómeselo, manque le sepa a diablo. ¡Es como con la mano!”. El médico obedece.
A las doce están en la tienda, con el orden y elegancia del caso, todos los comestibles y bebestibles, y todos los materiales, a punto de olla, para los cocimientos matinales.
Aquellas hormigas del agio madrugan con los pájaros, y, alternándose en las tres misas, por cumplir todas el precepto, prosiguen la faena: más fritangas y confección de horchatas, despachos de contratas para las pulperías y para los toldos del mercado, venta de almuerzos adentro y para la calle. Después de uno muy copioso, en que regalan al abuelito ciego y al nieto sabido, curado por el apio, salen Petrona y Abdonita, muy peripuestas y emparaguadas. Van a la merca de azúcares, panela y demás elementos. El mozo marranero hace la compra de los víveres hogareños, vende el otro el maíz y el frísol, asiste el tercero las ventas, mientras las dos solteronas reciben las contratistas de huevos y de quesos, de mantequillas y de almidones.
A las tres están de vuelta Petrona y su hija. Ambas se encantan al ver a José Electo enrolado entre las muchachas de la cantarilla, florea que florea y apunta que apuntarás. Todas saben, de boca de Petrona, que tiene “tres noviasb villanas, de lo primero, que se lo pelean”. Así y todo, se dejan querer. Madre e hija toman el cargo en tienda y casa, a fin de que las dos beatas vayan al trisagio, las dos colegialas a lucir sus galas, y los tres mozos a buscar sus novias; que los tres “están en la pepera”, que dice Petrona.
a Ahito b tresnovias
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Es la hora en que los montañeros toman el algo, ese “algo del sitio”, nunca olido en sus serranías. Petrona, después de llevar al pobre ciego un chocolate de padre y señor mío, se apersona en el mostrador, se cuelga la chuspa,10 se remanga, dicta sentencias, y con sus manos pompas, llenas de sortijones, sirve y escancia, ahora la chicha y la horchata, ahora la conserva y la miel, ya el casado o el soltero, ya el surtido de las cosas dulces.
Abdonita se insinúa, atiende y hace el reclamo con su cara de pascua, sus dientes calzados y sus galanuras medio alegres de viuda consolada. Aún hay venta por la noche a los campesinos rezagados, y, cuando no manda en el pueblo algún alcalde caviloso, pone Petrona la lotería en sus salones, a montañeros y sitieños, en que saca de cancha dos pesos por cada alto sencillo y cinco por cada lleno. La sesión se prolonga hasta las once; mas la ilustre familia no se recoge hasta contar los dineros y hacer los cómputos.
El lunes, día consagrado a Morfeo, hay cama libre hasta las nueve. En almorzando, toman los tres calzones camino de susa leñas, las niñas el del colegio y Petrona el de su harina. Abren tabaco las otras, por vía de aperitivo, para seguir luego esa epopeya del trabajo en que se libra batalla cada domingo. ¿Quieres saber qué fue de esta familia? Pues vete al Medellín nuevo, y verás una casa hermosa y confortable. Es el nido de los Adarves; de los Adarves, que están muy bien recibidos y mejor emparentados; que aquí, como en todas partes, es el trabajo honrado la más esclarecida ejecutoria.
a su
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
1
Se publicó, posiblemente, entre el 8 y el 24 de agosto de 1914 en El Espectador de Medellín (N. del E.).
2
istricia: Forma coloquial de estricia. Extremo, estrecho, conflicto (dle, 2018).
3
gamonal: Cacique, magnate (Tobón, 2013, p. 179).
4
culeca sin gallo no saca pollos: Requerimiento de un hombre al mando de una familia (N. del E.).
5
jauja: Denota todo lo que quiere presentarse como tipo de prosperidad y abundancia (dle, 2018).
6
callo: Pedazos del estómago de la vaca, ternera o carnero, que se comen guisados (dle, 2018).
7
mafafa: Xanthosoma utile (ahac, 1986). Col., Méx. y Pan. Planta ornamental de hojas grandes acorazonadas, con largos pecíolos y tallo muy corto unido a un rizoma del cual nacen varios tubérculos comestibles (dle, 2018).
8
ahíto: adj. Que padece alguna indigestión o empacho (dle, 2018).
9
conde Danilo: Es un personaje de La viuda alegre, una opereta del compositor austro-húngaro Franz Lehár. En dicha obra, el conde Danilo es amante de la viuda Hanna (N. de la E.). 10 chuspa: Pequeño morral sencillo (N. de la E.). Notas explicativas
L La horca Para el proceso de fijación de esta obra se contó con la segunda edición (1934) como texto base, ante la imposibilidad de encontrar la primera entrega de la narración en prensa de 1914. Los siguientes testimonios son las ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: A: Dominicales (1934). Medellín: Atlántida. B: Obras completas (1952). Madrid: EPESA. C: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. D: Veinticinco reales de gusto (y otros cuentos) (1998). Medellín: Editorial Universidad Pontificia Bolivariana.
E: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Laura Daniela Arboleda Ramos Editora crítica
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla La horca1 Jefe de la chiquillería del villorrio es el tal Marcos Ciro (a.2 Levas), y no por más fuerte ni más arbitrario, sino por invencionero e inspirador. Para mimo no tendría precio. Tan embelecada mantiene todaa su comparsa de camaradas, que hace de ella cuanto quiere. A ser perverso, la indujera a latrocinios y ferocidades. Por fortuna, no pasa de ser un tarambana muy bullista y un tanto extravagante, que pone siempre en práctica sus facultades de imaginar, de imitar y de hacer gestos. ¡Las cosas que salen de aquella cabeza de once años! ¡Las muecas que transforman aquella cara de mono...! Si es “lab rueda del ángel”,c él le pone detalles apayasados, que varían según le venga el humor. Tres cuartos de lo mismo, si se trata de “el gato y el ratón”, de “el repollo”, de “la pizingaña”, o de cualesquiera juegos infantiles. No descuella menos en los deportes del trompo, la perinola3 y la chumbimba.4 Pero su gran prestigio son las fantasías, que él improvisa a cualquier pretexto. Bandas rompetímpanos, con popos de vitoriera o de arracacha, con timbales y sonajas de cuanto latón halla a mano; cabalgatas en palos, a relincho limpio, a paso de corcovo, describiendo la fila, ahora ondulaciones, ahora caracoles; mascaradas con antifaces de papel, tizne en la cara y trajes al revés, a veces con chillidos en falsete, a veces en carcajada colectiva; entierros en donde sacan, merced a la mojiganga tan socorrida, cuando menos una docena de difuntos; candelarias nocturnas, en plena plaza, con rueda en torno, donde rapaces y rapazas giran vertiginosos, aúllan, mayan,5 croajan, rebuznan, cual si aquello fuese un rito ecuménico del reino animal; combates en el baño, en que el agua ametralla, de orilla a orilla. Total: que Levas mantiene el pueblo lo que se llama prendido. Como toda celebridad, tiene adictos incondicionales y enemigos irreconciliables. Estos últimos no le quitan el sueño ni la gana de jugar; que Levas es de lo tranquilo. Claro está que los maestros le mantienen entre ojos, porque a cada mueca del bufón estalla la risotada; claro que las mamas le arrojan enhoramala, no bien asoma las narices; que si no, les solivianta los hijos y les hace sacar cuanto trapo y coroto tenga por útil a sus inventos.
Pero eso sí: para ayudar en toda empresa, en todo convite, en todo trance, ¡es Levas el número uno! Él, para desgranar maíz o fríjol; él, para escarmenar cerda y desmotar algodón; él, para las aguadulceras6 y mediastardes, para el acarreo de materiales para la iglesia, para el de la leña de sus alfarerías, para los banqueos y cavas de las obras públicas. En toda mudanza de casa, es llamado para el trasteo y el transporte. En cuanto muere alguno, allí está Levas para colgar trapos, poner santos y levantar el catafalco; y, si el difunto es de hoyo, ayuda a abrirlo, a bajar el ataúd y a echarle tierra encima.
a tdoa b «la c ángel»,
La horca
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Por Semana Santa, es una providencia: consigue el gallo y el brasero para el paso de sana Pedro, lleva las tablas para el monumento, labra los chuzos para los fruteros, arbitra las frutas y el barro, y modela según se lo exijan. El viernes trae el sauce para el Calvario, como el montañero más semana-santo. Doña Simona, su madre, una viuda de exiguo patrimonio, así como sus hermanas, aseguran que Marcos es “candil de la calle y oscuridad de la casa”; que solo es activo y acucioso en lo que no le va ni le viene. Así y todo, se encantan con las payasadas del niño y con la adhesión de su partido. Si impertinente, a las veces, les alegra aquella casa, de donde huyeron los otros varones en busca del pan, y donde solo han quedado mujeres maduras y desengañadas.
El estallido jubiloso anuncia que las funciones tristes y las matracas han cesado, para dar lugar al rito alegre en que cantan las campanas. En saliendo de las buenas ceremonias del sábado, emprende Levas la magna obra pascual, que hace tres años le está encomendada. Unido a tres de sus secuaces, se llega al uno, se llega al otro, en demanda de elementos. Quién, le da paja; quién, unos pantalones, perdidos por la plaga; quién, una levita de la pelea pasada; cuál, unos botines como los del gran Pérez; cuál, una chistera apolillada, testigo de sus bodas. El estanquero, según costumbre tradicional en el pueblo, suministra el dinero para la dinamita y demás útiles, y el doctor Castejón, un petronio de cordillera, unos guantes de montar, de lo más seboso y mugriento. Una vez conseguidos los materiales, lo demás es coser y cantar. El trabajo se divide: dos, que entienden de pirotecnias, se van a preparar el gran taco. Levas y Chucho Díez, su compañero en el arte, van a vérsela con el enorme bausán. Desde la Semana de Dolores tienen arreglada la cabeza del malvado. Es una máscara hórrida, como visión de fiebre alcohólica, con una cuarta de lengua afuera; una lengua pintada de un verde putrefacto. Una greña de cerda carrujienta corona aquella testa maldecida. Hanla encabado en un tronco, con otro atravesado, para que atranque.
Enhebran con pita una aguja de enjalmar, y, costurón aquí, costurón allá, pegan los botines a los pantalones, les hinchen con paja, viruta y hojarasca. Cátame el hombre malo, de la cinta para abajo, con unas pernazas, una barriga y unas posas, que era un junco de un lago el gobernador Sancho.7 No es obra tan del momento la otra mitad del traidor. Las manos de piel de gamuza rehenchidas y amorcilladas, con unas uñas simbólicas que Levas le ha inventado al ladronazo, son uncidas a las mangas de la levita predestinada. ¡Otra vez a rellenar! Aquellos brazos pecadores salen a pulso, como dos toletes. Meten, luego, el travesaño que cuadra los hombros; meten la entraña carbonienta e inflamable, y sacan la mecha larguísima por un descosido adecuado. Venga paja y venga viruta, y cuerdas a guisa de tirantes, y bastas que cojan la pretina del cachaco. Con tres puntadas aseguran de la cuerda el sombrero de ceremonia. A la gaita de jirafa le cabe algo más que el dogal. ¡Y es chiquito el cuello parado que Levas le farfulla con cartón...! Y como el Iscariote es a San
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla liberal del bloque, le amarra una corbatona volandera más roja que un ají. Le izan de una viga para ver el efecto. ¡Soberbio! Solo le falta hablar al pobrecito ahorcado. Izado le dejan para que no se dañe, y en prisión oscura para que no le vean. De los sauces más encumbrados del Gólgota,8 que al efecto se ha reservado Levas, arreglan el patíbulo infamante. Se levantan a las tres, abren los hoyos, sacan a Judas, amarran la cuerda, levantan los palos con sendos horquetones, les hincan, apisonan, cuñan, y ahí queda péndulo el infame.
Las gentes aldeanas madrugan en tal domingo a contemplar el pelele aborrecido. ¡Cómo ríen y se burlan! ¡Es tan hondo el gozo de la venganza santa! ¡Es tan grato el espectáculo del cadalso!
La mañana, empero, parece que no celebra la Resurrección del Verbo: está nublada y lluviosa, lo que no empece para que Juan y Magdalena anden en carreras. En efecto, ocho sayones negros, ocultos bajo la caperuza rematada en punta, les llevan a la estampía, hinchados los mantos, los brazos en boleo, al viento los cabellos, calle arriba y calle abajo. La turba de chiquillos les sigue, gorra en mano, aceza que más aceza. La lluvia arrecia. Pero, en sonando las nueve, lánzanse a vuelo las campanas. Retumba la banda con un pasodoble, todo regocijo. La plaza se colma. Cual bandada fatídica de gallinazos, asoman por una esquina cuatro quintos del cuerpo de sayones. Por la opuesta surgen la cruz,a los ciriales y las faldas rojas de los monagos. A poco, Juan y Magdalena, al compás de la música. Los sayones que les cargan, se mueven de lado a lado y les hacen bailar de gozo, así como a David ante el arca de la alianza.b De pronto, encumbrado, glorioso, en alto en pendón albo de la paz, asoma Cristo. Las gentes se apartan del patíbulo; la horca se destaca siniestra. Los sayones de desploman, se revuelcan, dan volteretas en el fango. Estalla un trueno horrible, y Judas vuela vomitando paja.
Cristo, con su tristeza imperturbable, se llega hasta su casa. Su madre le sigue, fulgente, nimbada de oro y pedrería, argentada la veste. ¡Ave, Stella Matutina! a Cruz b Arca de la Alianza
La horca
376
1
Es el último cuento de la colección en publicarse, posiblemente, entre el 24 y el 30 de agosto de 1914 en El Espectador de Medellín (N. del E.).
2
a.: Abreviatura de alias (N de E.).
3
perinola: Pequeño trompo en forma de prisma, con un pequeño pivote para hacerlo girar con los dedos (dle, 2018).
4
chumbimba: el chumbimbo es un árbol frondoso de América. Con sus frutas se elabora una especie de jabón, usado por los campesinos en el lavado de la ropa. También sirve para juego de niños su semilla, esférica y negra, llamada "chumbimba" (dfa, 1995, p. 124).
5
mayar: Variación de maullar (dle, 2018).
6
aguadulceras: Consiste en reunirse los amigos de un dueño de finca o agregado, en su casa, a prima hora de la mañana; para trabajar durante todo el día a las órdenes de quien les reúne, sin paga ninguna, solo por la comida. Al caer la tarde, se dirigen a la casa de quien los invitó y tras una suculenta comida emprenden el baile, al cual están invitadas todas las mujeres de la región, que fueron las que, en el día, prepararon los elementos de la cuadrilla que asistió al convite (Cadavid, 1953, pp. 9-10).
7
gobernador Sancho: Alusión al gobierno de Sancho Panza en la “ínsula Barataria” en Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes (N. del E.).
8
Gólgota: Se refiere al Calvario. Con su cruz a cuestas, Jesús salió al llamado “Lugar de la calavera” que en hebreo es “Gólgota” (Juan 19:17) (de Reina & Valera, 2012, p. 78).
Notas explicativas
Acuarelas*
* Las Acuarelas fueron publicadas
en El Espectador de Medellín en el transcurso de un año, entre diciembre de 1919 y diciembre de 1920. El lector notará que falta la Acuarela H, atribuida a la obra Ligia Cruz, la cual tiene una estructura y calidad estética que la diferencian de esta serie de cuadros narrativos. Esta obra se encuentra en el segundo volumen, con las demás novelas breves de esta colección. Alejandría del Sol Monsalve Gaviria Editora crítica
E Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1919) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: El hijo de la dicha (Acuarela A) A: El Espectador (1919). Medellín. B: Obras completas (1952). Madrid: epesa.
C: Cuentos de Tomás Carrasquilla: “Náufrago asombroso del siglo de oro” (1956). Medellín: Bedout.
D: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. E: Acuarelas y Discos Cortos (1991). Medellín: Autores Antioqueños.
F: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Alejandría del Sol Monsalve Gaviria Editora crítica
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla El hijo de la dichaa 1 (Acuarela A)b Desde su nacimiento se presintieron sus destinos y venturanzas. No consta, sin embargo,c que hubiese nacido de pies; pero sí con el último canto de los gallos, en un amanecer luminoso, bajo el influjo de constelaciones propicias. Fue todo aquello en una empresa minera, muy floreciente, mientras coreaban los molinos el himno del oro, el propio día de sand Antonio de Padua,2 el más querido y venerado del santoral católico por estas montañas devotas. Mucho antes de que la campana llamase a la faena, ya se andaba la puérpera3 muy campante en la cocina, muele que molerás los cotidianos maíces, ni más ni menos que los pisones el mineral perseguido, allá en sus cárcamos de tablones.e Le ordenaron los patrones guardar cama, por unos días, sin pérdida alguna de salarios ni granjerías. Riosef ella de tal locura: ¿Ellag cama? ¿Ella dietas? En su vida se le había ocurrido.h Esas eran invenciones de las ricas remilgadas y consentidas. El mismo día partieron los padrinos con el parvulillo, para sacarlo de pila en la aldea cercana, y, como resultaron muy rumbosos4 y ahí se celebraba el santo extraordinario, hubo por caserío y minerales, jolgoriosi y bebezones nunca vistos por estos vericuetos. Y tanto, que aquel bateo5 hizo época en los anales de la mina. Apenas sacan al aire a la criatura principia el sortilegio. A los seis meses era la celebridad de la empresa, la predilección y el recreo no solo j de sus hermanos y del mujerío sino de la peonada entera. Cuál fuera el autor de sus días lo sabe Dios, que lo que fue la madre lo ignoró siempre.
Por supuesto que a propósito del insigne Tuco hubo muchos comentarios, rebusca de parecidos, chirigotask6 y conjeturas; hubo acusaciones falsas que ningún acusado protestaba. En tales emergencias, resolvieron los peones poner a Tuco en cantarilla,7 para que la suerte resolviera sobre aquella paternidad tan misteriosa. Pero alguno opinó que no fuera de nadie, exclusivamente, sino de todos. Aquella opinión tan socialista acogiose como la más filosófica, y Tuco vino a ser de la comunidad como los bienes de los jesuitas.l Tuco, por su parte, mostrábase, día por día, más digno de tales privilegios. Parecía que los astros y san Antonio se hubiesen pactado para dotarlo con todos los grandes atributos de alma y cuerpo.
Era un serm pleno y felicísimo que hablaba con los ojos, con gorjeos y chillidos de pajarillo. Para todos tenía gestos, garatusas8 y monadas. A la viveza y agilidad de una ardilla unía la gracia de un gatico. Seco siempre de risa disfrutaba, como por fuero a El Hijo de la dicha b ACUARELA A.
c sinembargo d San e A, D, E, F: sus cárcamos de tablones / B, C: su cajón de tablas f Rióse g ¿ella h ocurrido?
i folgorios j sólo k A: chiriogotas / B, C, D, E, F:
chirigotas l jesuítas m A, C, D, E: sér / B, F: ser
El hijo de la dicha
380
privativo, la dicha de vivir y de trasmitirla a sus semejantes. En verdad que el infante afortunado estaba bien poseído de su papel de héroe. Tantos padres no sabían qué hacer con el muñeco comunal y aquella molendera venturosa estaba más ufana que la madre de los Gracos,9 tan mentada.
Apenas Tuco principió el gatear iniciador fuea proscrito de las vecindades del fogón, y, gritando de gozo, recorría el ángulo de los corredores y se metía al patio por entre las piedras, las gallinas y las balumbas10 de leña. No le detenían en sus proezas ni astillas ni cascotes, ni los fangos del invierno, ni las polvaredas del verano. Agarrábase a todo, tiraba de la cola al perro y al marrano, a las gallinas y a las vacas. Trepaba como un mico por talanqueras11 y baúles, por el pilón y el tinajero;12 y, cuando se apoderaba de las bancas donde comía la peonada, era su encanto supremo. Las recorría de punta a punta, suspendiendo la marcha para girar de borde a borde. Asido al canto del tablón, lanzábase hacia atrás, haciab adelante, colgando de la cabeza a carcajada limpia. “Va a ser maromero”, pronosticaban unos. “Va a ser carreteador”, pronosticaban otros. Masc las cocinerasd aseguraban todas que, por lo sabido y ladino, iba a ser “dotor go escribano”. Cuando sus papás se sentaban al condumio,13 Tuco diableaba de puesto en puesto, metiendo la mano en platos y tazones y embadurnándose, hasta en la crespura apolínea, de caldo y arroz, de mazamorra y de frísoles. Sus papacitos, ¿quée no inventan con Tuco? Le cargan, le montan, le ponen al chorro.14 Sus primeros pinitosf fueron sobre bancas y cajones; sus primeros dientes rebrillaron al sol meridiano.g Vida homérica la de aquel Hércules15 en agraz. En los comienzos del gatear prolijo pusiéronle cualquier trapajo; pero al verle tan zarrapastrosoh16 y destrozón, lo lanzaron en bola a sus hazañas, sin que le faltara,i eso sí, un cordón en el pescuezoj con el gran talismán para librarle de culebras y aporreaduras, de tabardillos17 y de mal de ojo: una cuenta azul, tamaña como una uva.k Cualquiera divinidad del hindúl o del Olimpo hubiera entrado a la rifa de la peonada. Tuco era una selección admirable de Buda Niño y de Cupido, de diablillom travieso y de genio benéfico: un ejemplar acabado de la hermosura y armonía infantiles. Su color acanelado de cuarterónn hacía más interesante y peregrina aquella figurilla escultural.
Revolcándose en el estercolero de eseñ patio primitivo, donde se le apagaban los soles y le caían los aguaceros sobre el cuerpecillo desnudo, era, al revés de Job,18 el emblema de la salud, de la alegría y de lao vida.
Ahí trasiega un medio día, entre si anda o se arrastra, entre si duerme o trabaja. A veces mira al cielo, a veces arranca tierra, destripa un escarabajo o persigue, con la pupila dilatada, el vuelo instantáneo de alguna mariposa. Por ahí loquea una clueca19 con su tribu andariega y enredadora. Sobre las cepas de árboles próximos al barranco que alindera el recinto, avizoran los remanentes del almuerzo dos gallinazas20 suspicaces. Uno de los peones retrasados,p a fué b hacía c otros Mas d cocineras, e papacitos ¿qué f A, D ,E ,F: pininos / B, C: pinitos g meidiano h zurrapastroso i faltara j pescuezo, k uva l Hindu m díablillo n A: infan- lero de ese patio primitivo, dón -terón. / B, C, D, E, F: infantiles. Su color acanelado de cuarterón [Error de imprenta. Parte de una línea inferior se imprime en una línea que no le corresponde. epesa enmienda el error y completa la oración supuestamente original, pues no se tiene información sobre la fuente que tomaron].
ñ es e o le p retrazados
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla a quien tocara un pellejo por ración, tíralo al patio enfurecido. Antes que caiga se lanza sobre la presa clueca y gallinazas. Las tres se trabana en lucha tremebunda; las tres se erizan, revuelan, chocan, se hieren, se matan, en un graznar horrísono. Picos y remos, garras y alas se revuelven, se arremolinan en un mismo vértigo. Vuelan las plumas, vuela la basura y hasta tierra vuela.
Y aquella valquiriab21 saraviada,c22 que defiende los intereses de sus hijos, se encresta, se engola,23 se agiganta, triunfa. Las aves fétidas huyen falda arriba; la madre heroica alza en el pico el trofeo de su victoria. Pero Tuco, el jocundo Tuco, ha sido la Bélgica24 de las formidables potencias. Le han envuelto, le han arrollado entre el fragor: ahí yace, como Héctor en Troya, cruento, lívido, difunto. Los peones saltan; lo sacuden, lo ventean, lo ponen al chorro, lo vuelven, lo resucitan. La cuenta azul, los astros y san Antonio han obrado el milagro.25 a A, D, E, F: se traban / B, C: entran b walquiria c sarabiada
El hijo de la dicha
382
1
Publicado por primera vez en el periódico El Espectador de Medellín el 9 de diciembre de 1919.
2
san Antonio de Padua: Festividad católica celebrada el 13 de junio en honor a ese santo (N. de la E.).
3
puérpera: f. Mujer recién parida (dle, 2018).
4
rumbosos: adj. coloq. Desprendido, dadivoso. (dle, 2018).
5
bateo: En su acepción coloquial, refiere a un bautizo (dle, 2018).
6
chirigotas: Conjunto que en carnaval canta canciones humorísticas. Dicho o palabras de zumba o chanza (dle, 2018).
7
cantarilla: f. ant.-cald. Rifa de objetos, generalmente de poco valor, que se hace pregonando por la calle. (dc, 2018, p. 89).
8
garatusa: Halago y caricia para ganar la voluntad de alguien (dle, 2018).
9
madre de los Gracos: Cornelia (c. 189-110 a. C.) matrona romana, madre de Tiberio y Cayo Sempronio Graco, famosos tribunos de la plebe que intentaron implantar ambiciosas reformas sociales en la Roma del siglo ii a. C (N. de la E.).
10 balumba: Bulto que hacen muchas cosas juntas. Conjunto desor-
denado y excesivo de cosas (dle, 2018).
11 talanquera: Valla, pared o cualquier lugar que sirve de defensa o
reparo (dle, 2018).
12 tinajero: Sitio o lugar donde se ponen o empotran las tinajas
(dle, 2018).
13 sentarse al condumio: Locución verbal coloquial. Cuando hay
preparada mucha comida o es grande la abundancia de frutas y comestibles (dle, 2018).
14 poner al chorro: Bañar bajo un chorro de agua (N. de la E.). 15 Hércules: Semidiós romano. Es el Heracles de los griegos (Grimal, 1997, p. 169).
16 zarrapastroso: adj. coloq. Desaseado, andrajoso, desaliñado y
roto. (dle, 2018).
17 tabardillo: Med. p. us. Tifus (enfermedad infecciosa). (dle, 2018).
18 Job: figura principal del Antiguo Testamento. Como prueba de su
fe, Dios le impone múltiples enfermedades y desgracias. (N. de la E.).
19 clueca: adj. Dicho de una gallina o de otra ave: Que está en el pe-
ríodo de empollar los huevos (dle, 2018). Carrasquilla usa el término a modo de sustantivo (N. de la E.).
20 gallinaza: aura. f. Ave rapaz diurna americana, que se alimenta de
carroña, de 70 cm de longitud y hasta 180 cm de envergadura, con cabeza de color rojizo desprovista de plumas y plumaje negro con la parte ventral de las alas de color gris plateado. (dle, 2018).
21 valquiria: Cada una de ciertas divinidades de la mitología escan-
dinava que en los combates designaban los héroes que habían de morir, y en el cielo les servían de escanciadoras (dle, 2018).
22 saraviada: adj. coloq. Dicho de un ave: Que tiene pintas o man-
chas (dle, 2018).
23 engolar: Dar resonancia gutural a la voz (dle, 2018). 24 la Bélgica: Durante la Primera Guerra Mundial, en agosto de 1914, Bélgica fue invadida por Alemania con el fin de atacar a los franceses por el camino más fácil. Esta violación de la neutralidad belga tomó a todos por sorpresa e hizo que Gran Bretaña entrase en la guerra como uno de los defensores de Bélgica (N. del E.).
25 Este final feliz de la narración contrasta con el trágico del cuento
“Mineros”, de la serie Dominicales, con el que comparte el pretexto narrativo. En esa historia, el personaje principal, Severiano Castañeda o el Cuarto, comparte los mismos episodios de travesuras con Tuco, pero su destino es fatídico (N. del E.). Notas explicativas
P Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1919) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: Palonegro (Acuarela B) A: El Espectador (1919). Medellín. B: De Tejas Arriba (1936). Medellín: Atlántida. C: Obras completas (1952). Madrid: epesa. D: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. E: Acuarelas y Discos Cortos (1991). Medellín: Autores Antioqueños.
F: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
G: Obra Escogida (2008). Medellín: Universidad de Antioquia.
Alejandría del Sol Monsalve Gaviria Editora crítica
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Palonegroa1 (Acuarela B)b La señá Custodia trasiega al rededor c de la casa, se vuelve de lado y lado, se parad a cada instante, atisba por la falda, por los flancos, atisba por los sembrados. Como nada ve, como nada inquiere,e su inquietud crece. ¡Valiérale la Virgen del Carmen! Laf desgracia era segura: o ahogado en el río o picado de culebra. Eso del perro, al medio día, cuando ella estaba en el lavadero, había sido un aviso. Bien claro lo veía, ahora. El animalito, que era más entendido que un cristiano, había llegado de presto, todo alebrestadog y aullando tan triste. La había tirado de la saya y se había vuelto, a toda carrera, por donde mismo había venido. Habían salido muy temprano, ya alumbraba el sol de los venados2 y ni el patroncito ni el perro parecíanh por ninguna parte, con ser que andaban con el mero desayuno. ¡Pobrei patroncito! Él, j que había sido tan formal y tan parejo con toda laya de personas, él,k que mimaba tantol a los chiquitos y que se mantenía siempre tan contento y tan tostado de la risa, hacía días que estaba tan atembado,3 tan malosgenios4 y con una rabia allá tan maluca y tan particular. Pero… ¡ya se veía!: peor debía de estar. Desde que se había enredado con la sinvergüenza de “El Tambo”, estaba más que perdido el muchachito. Y, si el cura y el alcalde del sitio no hubieran empuntado5 bien lejos a la escandalosa esa, ya habría dado cuenta del patrón. Esa sonsacadora del enemigo malo era la que le había enseñado el maldito vicio del aguardiente. ¡Qué se perdiera asinam un niño tan bueno, tan buen mozo y tan principal! Pobre madre: una señora que al tanto habría alguna; pero mejor que misiá Rosana…n ¡ni la reina! La tristeza de la tarde, difundida por aquel paraje lóbrego y montuoso encajonado entre breñas abruptas, hacíañ más negros los presentimientos de la vieja. A más no poder torna a la casa. En la espaciosa cocina se congrega su gente. Dolores, la hija, junto a las piedras, hace, a dos manos, aprieta que aprieta, pelotas de una mezcla de cacao y de maíz, que acaba de moler. Un rapazuelo6 de ocho años y tres nenas menoretaso velan la faena, por ver si la madre, como otras veces, le agrega dulce a la postrera pelotilla y la reparte entre los cuatro. El larp apenas si llamea, en su rincón tenebroso, que el hollín viste en grumos de azabache. En el ángulo diagonal, allá donde el humo apenas tiñe, oscila un cajón, colgado por unos lazos desde una vara que se cimbra.q Del cajón sale llanto furioso de párvulo. Custodia acude y saca la criatura.
—¡Pobrecitor mi bolito des vitoria! —exclama,t con esas voces fingidas que la ternura impone—u ¿Tienev mucha de la fatiga? ¿Tiene mucho del jambre? Voy a dale su consuela pa que se aplaque.w a PALONEGRO b ACUARELA B.
c al redor d A, B, D, E: pára / C, F, G: para [Este cuento en particular presenta una muestra de variantes amplia por el tratamiento del habla coloquial que está presente en los discursos de los personajes, sobre los cuales las ediciones dieron diferentes posibilidades].
e inquiere f la g A: alebrestado /
B, C, D, E, F, G: alborotado h parecían [Es constante en la narrativa de Carrasquilla el uso del verbo parecer en su sentido intransitivo aparecer y no copulativo (tener determinado aspecto o apariencia)].
i Pobre j El k él l tánto
m A: asina / B, C, D, E, F, G:
así [Uso arcaico y popular del adverbio así. Es constante en Carrasquilla]. n mi siá Rosana…… ñ A, D, E, F, G: hacía / B, C: hace o A: menoretas / B, C, D, E, F, G: morenotas p A, B: lar / C, D, E, F, G: llar q cimbra r Pobrecito s A: bolito de / B, C, D, E, F, G: bolitu’e t vitoria!— exclama u A: impone / B, C, D, E, F, G: inventa v Tiene w A: se aplaque . / B, C: si’aplaque. / D, E, F, G: si aplaque.
Palonegro
386
Le aplica a la boquita llorona un frasco de agua de panela terciado con leche, que lleva en el corcho un cañutillo de carrizo.7 El bebé rechupa con delicia. La abuela, absesionadaa por un quebranto, agrega en seguida: —¡Goce harto,b el rey d’esta casa, ya que no tiene estas penas de su madrecita Custodia!
Sigue un silencio hosco en que solo se oyen los rechupones del niño.c Al fin lo rompe la cuitada.
—¡Valiente día tan fatal escogió Gaspard pa ise tan lejos, con el mayorcito, a la compra de los dichosos muletos! Losotras aquí lóbregas, en este monte, sin un cristiano que los valga, en esta tribulación tan maluca. ¡Qué noche vamos a pasar si ese niño no parece! Ponete a pensar, Dolores. La hija no replica por el momento; pero, en cuanto termina su trabajo, se resuelve y dice:
—Manque sea malo voy a decirle una cosa, mama:e Aquí onde me ve tengo más pensión que busté, por el niño Manuel María. —¿Sí,f hija?
—¡Mucha, mama! A yo, también, me parece cosa mala lo del perro. ¿Él,g separase de su amo,h sin más ni más, pa volvese ali momento? No puede ser cosa buena. Hogao no es, porque él j nada muy precioso, ¿y el perro con la juerza que tiene l’ibak a dejar hogar? No esl culebra, porque él repara siempre por dondi’andam y es muy baquiano8 pa velas y pa matalas. Tampoco se juen pal Sitio, porqu’él no s’iba asina desgualetao, como se matiene aquí…ñ —Pes, antós, ¿qué o será, hija? —Pes, ¡malo será el decilo!,p pero a yo se me haq metido que talvez el niño Manuel María haiga atentao contra su vida. —¡Virgen del Carmen, mi Madre! ¡No me digás eso, porque hastar cierto será! Estos blancos de agoras se quitan ellos mesmos la vida y se quedan tan frescos. —Es que busté, mama, no sabe de la misa la media. Busté no sabe lo qui’hay.t Yo nada le he dicho, porque Gaspar me encargóu el secreto hasta con busté. Y, si sabe que l’hev mentao la cosa, hasta me confisca. —Pero ¿qu’és,w Doloritas? No mi’hagay pensar más, por Dios. —¿Busté z ta creyendo que todos los desesperos y las aburriciones del niño Manuel María es por el aguardiente y porque le confinaron la guariconga?9 Pes algo será por eso; pero esaa por cosas piores. Él y misiá Rosana estánbb bravos, a cuálcc más. Busté sabe qu’ella v’a venir, más hoy más mañana; pero nu’esdd a ver la finca; es a llevárselo, a sacalo de aquí ee de todas layas, manque sea echándole l’autoridá. Él, manque sea tan hombrón y tan barbao, es, tuavía, un menor: va cumplir, apenas, diez y nueve años.ff ¿Nogg si’acuerda que, l’última vez que vino misiá Rosana, era aihh un calzonsingente?10 Pes el día que busté jue al Sitio, le trujoii Gaspar una carta d’ella. Yo vigié, al disimulo, con el rabo del ojo, y vide, mientras pasaba la vista por el papel, a A: absesionada / B, C, D, E, F, G: obsesionada b A: Goce harto / B, C: Goci’harto / D, E, F, G: Goci harto c A, D, E, F, G: niño / B, C: párvulo d Gaspar, e A, F, G: mama / B, C,
D: máma / E: mamá f Sí g El,
h A: su amo / B, C, D, E, F, G: su’amo i A: volvese al / B, C: volvesi’al / D, E, F, G: volvesi al j A: porque el / B, C, D, E, F, G: porqu’él k A: l’iba / B, C: lu’iba’ / D, E, F, G: lu iba l A, D, E, F, G: No es / B, C: Nu’es m A: dondi-anda / B, C: ondi’anda
/ D, E, F, G: dondi anda. n jué
ñ aquí…. o qué p decilo! pero q A,
D, E, F, G: me ha / B, C: mi’ha r A, D, E, F, G: porque hasta / B, C: porqui’hasta s A, D, E, F, G: di agora / B, C: di’agora t A: quihay / B, C, D, E, F, G: qui’hay u A, D, E, F, G: me encargó / B, C: m’encargó v A, D, E, F, G: le
he / B, C: l’he w qu’és y A: mi-
haga / B, C: mi’haga / D, E, F,
G: mi haga z Busté aa A: pero es /
B, C: peru’es / D, E, F, G: peru es bb A, D, E, F, G: Rosana están / B, C: Rosana’stán cc cual dd A: nu-es / B, C, F: nu’es / D, E, G: nu es ee A: de aquí / B, C: di’aquí / D, E, F, G: di aquí ff A: diez y nueve años / B, C: diecinuevi'años / D, E, F, G:
diecinueve años gg No hh A: era
ai / B, C, D, E, F, G: er’ai iiA, D, E, F, G: trujo / B, C: trajo
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla que se le saltaban las lágrimas. No sé si sería de l’injuria go del pesar. A propi horaa s’encerró y no quiso comer en toítob el día. Y me contó Gaspar que en el mero día se empetacóc enterita la limeta grande de contrabando resacao. —¡Válgamed Dios qué criatura! Pero… ¿lae patrona sabe las cosas di aquí?f —¿Cómog no? ¿Noh ve qu’ella le puso una i carta a Gaspar, que se la entregó j en propia mano y se la leyó, en el Sitio, don Blas Ardila, el pariente de misiá Rosana? En esa carta l’eisige que no l’engañe, que se lo cuente todo… y don Blas mesmo puso la contesta muy patente, y Gaspar le dice que sabía qu’el niño pensaba traer k aquí a la casa a la tal Solina; pero que ellosl que entrabanm por una puerta y losotros que salíamos por otra. ¡Figúresen como esñ el canónigoo pa estas maldades! Al otro domingo le leyó don Blas otra carta de la patrona. Ai le dice que no tenga pensión: qu’ellap va arreglaloq todo. De ai pendió la echada de la vagamunda. Pero hay otra cosa más pior que todas, que inora misiá Rosana; y es que el patroncito tá malísimo de un achaque muy perro. Le dijo don Blas a Gaspar que lo que tiene es un sifilesr malino dentro de la cabeza, que por eso si ha puesto asina; y que, si no le cuesta la vida, arriesga as quedar distraído go elemento.t —¡Pobre niño, tan muchachito! ¡Quién sabe qué yerbas le daría esa condenada! —clama la anciana aterrada.
—Pes esa esu la cosa, mama. ¡Porv eso tengo tanta pensión! La abuela se alza demudada: pone al nieto en la cuna y salta al corredor, como una joven: le parece oír aullidos.
“Él es, madre Custodia —avisa Gasparcito— es Palonegro”. En efecto, allá asoma negreando de entre el plantío. Suelta algo de la boca y aúlla; torna a tomarlo y a soltarlo para aullar de nuevo. —Treye el borsalino del niño Manuel María, grita el chicuelo. Palonegro llega, jadeante,w alocado. Se arrima al uno, se arrima al otro, y suelta el sombrero maculado de sangre y se tirax al suelo a gemir. Cruento tiene el blanco hocico, cruenta la cola. Las dos mujeres largan el llanto. Cae la tarde. ¿Qué y hacer? ¿Pedir z socorro al pueblo? Es cuestión de dos horas. “¡Amarreaa el perro, Gasparcito!”,bb manda la abuela, y, en un instante, busca fósforos, pone vela al farol, guarda otras más, suelta el perro y se lanza tras él, sendero abajo. Gasparcito la sigue subyugado, le toma los enseres y la ayuda. El perro guía pausado, la vieja tiembla y gime y reza y deplora en una salmodia de dolores. Bajan a la vega, rompen por entre el cañal, se meten por las plataneras, bordean por los guaduales. Ni culebras ni tarántulas los detienen.cc Por entre el follaje es casi noche. El niño prende el farol, el perro espera. Al llegar a unas piedras salta espantada una banda de gallinazas.dd “Aquí es”, murmura el hombrecito. No se engaña: detrás de un pedrejón, que la zarza empenacha, casi a las márgenes del río, yace el patrón, boca abajo, bañado en sangre, la cabeza rota. A su diestra, el revólver. Se ciñe el perro al cadáver adorado y sigue su lamento. Nieto y abuela rezan en silencio, postrados de a A: propi hora / B, C, D, E, F, G: propi’hora b toito c A: se empetacó / B, C, D, E, F, G: s’empetacó d Válgame e la f A, D, E, F, G: di aquí / B, C:
di’aquí g Cómo h No i A, D, E,
F, G: puso una / B, C: pus’una j A, D, E, F, G: se la entregó / B, C: se l’entregó k A: traer / B, C, D, E, F, G: trer l A, D, E, F, G: que ellos / B, C: qu’ellos m A, D, E, F, G: que entraban / B, C: qu’entraban n A, D, E, F, G: Figúrese / B, C: Figúre ñ A:
como es / B, C: comu’es / D, E, G: comu es / F: cómo es o A: el canónigo / B, C, D, E, F, G: el de canónigo p A: qu’ello / B, C, D, F, G: q’uella q A, D, E, F, G:
va arréglalo / B,C: v’arreglalo r A: sifiles / B, C, D, E, F: sífiles / G: sífilis s A, D, E, F, G:
arriesga a / B, C: arresg’a t A, D, E, F, G: go elemento / B, C:
gu elemento u A, D, E, G: esa es / B, C: es’es / F: ésa e v Por w A, B, C: jadeante / D, E, F, G:
adelante
x ira y Qué z Pedir
aa Amarre bb Gasparcito”!
cc detiene dd A: gallinazas / B, C, D, E, F, G: gallinazos
Palonegro
388
hinojos. Trae ella agua en la cuenca de sus manos, lava el rostro ensangrentado y lo enjuga con su falda, cierra luego aquellos ojos tan luminosos horas antes, y sobre el cuerpo trasfigurado del suicida caen, cual sacramentos postrimeros, las lágrimas del niño y de la abuela.
La noche cuelga sus crespones, murmura el río desolado, y el eco, vocero de la vida, repite por los montes el dolor indescifrable de un corazón de un perro,a más amoroso y tierno que el corazón de un niño.
a A: de un perro / B, C, D, E, F, G: de perro
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
1
Publicado en el periódico El Espectador de Medellín el 16 de diciembre de 1919.
2
sol de los venados: Expresión que tiene origen en la región de los Llanos venezolanos para referirse a los ocasos de color rojizo; a esa hora de la tarde salían los venados a pastar en las planicies. (N. de la E.).
3
atembado: adj. colq. Col. Atolondrado, atontado (dle, 2018).
4
malosgenios: malhumorado (Ospina, 1983, p. 214).
5
empuntar: Verbo intransitivo de uso coloquial en Colombia. Significa irse o marcharse (dle, 2018).
6
rapazuelo: Muchacho de corta edad (Naranjo, 2008, p. 669).
7
carrizo: planta indígena de Venezuela, gramínea, de tallos nudosos y de seis a siete centímetros de diámetro, que contienen agua dulce y fresca (dle, 2018).
8
baquiano: adj. Experto o versado en algo. Experimentado en los caminos, trochas y atajos, y que actúa como guía para transitar por ellos (dle, 2018.).
9
guariconga: Querida. Amante (Ospina, 1983, p. 175).
10 calzonsingente: adj. Pequeñuelo (Ospina, 1983, p. 74). Persona
floja, caída, abatida / Niño que aún no usa ropa de hombre (Naranjo, 2008, p. 600).
Notas explicativas
F Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1920) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: Fulgor de un instante (Acuarela C) A: El Espectador (1920). Medellín. B: Obras completas (1952). Madrid: epesa. C: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. D: El padre Casafús y otros cuentos (1989). Bogotá: Norma.
E: Acuarelas y Discos Cortos (1991). Medellín: Autores Antioqueños.
F: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
G: Obra Escogida (2008). Medellín: Universidad de Antioquia.
Alejandría del Sol Monsalve Gaviria Editora crítica
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Fulgor de un instante1 (Acuarela C)a Las cuatro hijas de doña Felicinda, viuda de Peraza, se citaban en el pueblo como prototipos de simplicidad e insignificancia. Parecía que todas cuatro hubiesen saltado de los catorce a los dieciséis:b que ninguna logró en su vida incolora ni una mañanita de primavera: eran unas otoñales de nacimiento. Ni siquiera se distinguía la primera de la última, ni cuál fuese, tampoco, la figura más saliente de las cuatro. Dijérase que habían surgido en un mismo brote desde los profundos del limbo. El rasero de lo anodino las había emparejado en esa como identidad por la cuna y la convivencia. Amores,c ni divinos ni humanos, jamás se les supieron: no eran beatas ni iglesieras ni el galán más desdeñado rondó por sus ventanas, por más que ellas se mostrasen en sus rejas tarde por tarde y el domingo entero. Como eran pobres y sencillotas no disponían de los recursos del trapo y del afeite, del buen gusto y de la moda. A su casa no asomabad ni la comadrería lugareña, con ser que las Peracitas cumplían con todos, lo mismo en parabienes que en dolencias; a cada enfermo su recado, a cada muerto su corona, a cada novia su baratija. Mas ni por esas: donde no hay mieles ni relumbrones no acuden moscas ni mariposas. No se ocupaban de ellas ni para ponerlas en solfa2 por lo pasmadas y poquitacosa: la maledicencia no parae mientes en lo opaco. Solof algunas viejas levíticas se hacían lenguas de orog ponderándoles a los mozos casaderos las virtudes, la laboriosidad y fundamento de las Peracitas. Pero todos los sermones se predican en desierto.
En verdad que madre e hijas trabajaban como abejas: ya costuras, ya tabaco, ya dulces, ya planchado.
Era rector del villorio, por aquel tiempo, un varón raro, de santidad extraña, discípulo castizo de Francisco de Sales.3 A fuer de tal no veía pecado en los regocijos sociales ni en los coloquios amatorios de la gente moza, pero ni de la vieja tan siquiera. Las “Hijas de María” podían danzar con todos los yernos. De aquí que no faltasen de vez en cuando, en aquel recogimiento pueblerino,h reuniones promiscuadas y bailables, por bodas, paseo y ocasión rodada. Claro que no contaban con las Peracitas para ninguna de estas diversiones. Las pobres, por su parte, jamás mostraron hieles ni despechos por esta jubilación prematura, por este desaire perpetuo a que parecían condenadas desde jóvenes.
Aquella villa oscura, con pujos de ciudad, tenía, como lugar de esta distracción, un casino o cosa así, no muy mal montado, ciertamente, con una treintena de socios a ACUARELA C b A, C, E, G: diez y seis / B, D: treinta y seis / F: dieciséis c Amores d A, C, F, G: no asomaba / B, D, E: no se asomaba e pára f sólo g A, C, E, F, G: lenguas de oro / B, D: lenguas h A, C, E, F, G: recogimiento pueblerino / B, C:
recogimiento
Fulgor de un instante
392
de lo más prócer y granado. El Club Córdoba,a con todo y personería jurídica, era el timbre de la localidad y el agasajo de cuanto forastero de nota arribase a ese rincón escondido de la montaña. Pues cátame que el tal club acordó celebrar la fecha magna de la patriab con una fiesta, culta y aristocrática, nunca vista ni soñada en muchas leguas a la redonda: un “baile de salón”, a todo taco. Convidarían a los caciques de los pueblos circunvecinos, no tanto por obsequiarlos cuanto por deslumbrarlos con aquellas novedades y elegancias. Reunieron, al efecto, la suma presupuesta,c y, desde el primero de aquel julio extraordinario, principiaron los preparativos, encargos y trasteos. El doce lanzaron a la calle las invitaciones despampanantes, tipografiadas en la capital del departamento.d Y, ¡cosae inaudita!, por gentileza, por guasa,4 por patriotismo acaso, invitan a las Peracitas. ¡Qué comentarios! Más que los aprestos mismos les maravilla la ocurrencia.
Doña Felicinda piensa, porf el primer momento, que, sin ser ventiocho de diciembre, las quieren inocentar como a unas tontas. No falta un alma caritativa que se los asegure. Cuando al fin se persuaden que aquello va de veras se ponen —según la propia frase de la viuda— “en mil titulaciones y parangones”: malo si van, malo si no van. Ilusiones y temores, novelería y ansiedad se les barajang y contraponen ante aquella cosa tan complicada como imprevista.
La señora, sin explicárselo ella misma, siente que allá adentro se le impone la categoría social de su familia y que debe honrar la invitación. Con todo, vaseh en consulta al señor cura. Éli le declara que, si ello no le desequilibra el presupuesto, lleve a las niñas en buena j hora; pero que las ensaye antes si no están bien duchas en coreografías. La consultora sale radiante. ¿Y qué hace? Vende el cerdo que cuida en el chiquero, y, pellizcando aquí y completando allá, entre unas y otras, salen a compras las cinco reunidas, y se traen los cortes de gasa y los zapatos y los adornos. No bien tornan, avisan la aceptación.
La nueva cunde por el pueblo. La Peracitas se elevan quince codos en su posición de la víspera. Aquella invitación, emanada del sanedrín5 supremo de magnates, aquellas compras de artículos valiosos son banderas que cubren y j valorizan toda carga. Su casita de las oquedades y lobregueces se ve de pronto invadida por insólito visiteo: todas van a informarse, a tomar lenguas, a animarlas, a ofrecerse, en un jubileo de felicitaciones. Las Mogollones, las más ricas y entonadas, las que imponen moda y protocolo, dirigen los indumentos de las niñas. Ellas mismas, con manos milagrosas, las perfilarán para el baile, y, como un luto repentino les impide asistir, suministran a las protegidas cuantas más galas y arreos necesitan. Unas vecinas, grandes tañedoras y bailadoras, prometen enseñarlas cuanto quieran. Llevan hermanos y amigos con tiples, bandolas y guitarras, y principian los ensayos. Que “hay academia donde las Peracitas” se difunde por los cuatro vientos, y desde la segunda noche se les agregan varios veteranos en el arte.
a El “Club Córdoba”, b Patria c A, C, E, F, G: presupuesta / B, D: propuesta d departamento e cosa f A, C, E, F, G: por / B, D: en g A: se les barajan / B, C, D, E, F, G: se barajan h váse i El j buen j A, C, E, F, G: cubren y / B, D: [omisión].
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Madre e hijas están completamente embelecadas y fuera del carril. Madrugan con los pájaros al tráfagoa de los trajes y de los comestibles que para la fiesta les tienen encargados. “¡Qué laberinto!”b —exclama a cada paso, la señora. Aquel conflicto de horno, de modistería, de amasijo y bailoteo, la tienen por los aires. No bien anochece, principian los ensayos, hasta las once bien corridas; y, como a toda hembra moza le favorece Terpsícore,6 en seis noches y un domingo se inician, cuál más, cuál menos, en los arcanos del valse y de la polca, de la galopa y del estrós.c Se sienten tan enervadas, que la madre pide a María Auxiliadora se las tenga en salud mientras que pasa todo.
La Virgen le oye: se aproxima la hora suprema, y las cuatro están en pie. Desde la tarde las tienen las Mogollones en su laboratorio. A las ocho y media, cuando la madre va por ellas, siente el vértigo: las cuatro se le revelan como otras tantas beldades. ¡Oh,d magia soberana del arte y de la química! Tres están crespas; dos rubias; la penúltima, con pelo liso, crencha caída y diadema en las sienes, como una virgencitae bizantina. ¡Bendijera Dios las ciencias ocultas de las gallardas Mogollones! ¡Cómo aprendían las señoras en Medellín! Apenas pudiera iba a mandar a Romelia, que era la más talentosa.
Pero hef aquí que, en medio del desvanecimiento, nuevo recelo le asalta: teme “el pavo”, el terrible pavo. De nuevo invoca el mariano auxilio, para que libre a sus hijas del ave hórrida.
A las nueve entran por entre el gentío novelero. Desde ahí principia el golpe. Qué pasmo el de aquella plebe. Los dos policías despejan. Desde el zaguán las recibe la comisión. Por la madre las conocen, que, si no,g las tomaran por las forasteras que han venido a la fiesta. Han perdido el encogimiento:h su nueva posición, su repentina hermosura, así como las lecciones mogollescas,i les imprimen, por ensalmo, el aplomo y los mohines de las mujeres triunfadoras.
La viuda, que no tapa el curte de los años, va verdosa. Sus ojos j son un poema de sustos encontrados. Les ofrecen el brazo de la galantería y las suben como a unas princesas. La reina madre es la primera. El caserón del Club, tan disfrazado como las Peracitas, deslumbra y cabrillea. Flores y espejos, cuadros y cortinajes, cuelgan aúlicos y joyantes por todas las paredes. Allí se ha recogido todo el boato7 suntuario de los Cresos.8 Los invitados van entrando, las damas se van acomodando, el mariposear empieza. “La Lira Andina” reforzada por bajo y clarinete, preludia magnética y cosquilleante. Ella que rompe y los galanes más conspicuos que les corren a las Perazas. Así a la segunda pieza; así a la tercera. Doña Felicinda pasa del verde a los tintes simpáticos del azúcar sonrosado. Ya no hay susto en sus ojos de tórtola afligida: resucitan, juveniles y brilladores, en un sortilegio de ventura. Compara, analiza: sus hijas resisten las comparaciones y el análisis.
a A: al altrafajo / B, C, D, E, F, G: al tráfago b laborinto!" c estrós d ¡Oh magia e A, C, E, F, G: como una virgencita / B, D: como virgencita f hé g nó h A, C, E, F, G: el encogimiento / B, D: su encogimiento i A, C, E, F, G: mogollescas / B, D: mogollonescas j A, C, E, F, G: ojos / B, D: ojeras
Fulgor de un instante
394
Los anfitriones más egregios entran con azafates9 de copas y de pastas. Con esa cortesía estudiada de parroquia, ofrecen muy inclinados y supuestos, primero a doña Felicinda y a sus niñas. Tal se sienten, que dos de ellas, con un dengue inspirado, acometen un efecto muy revolante de abanico. No perdieron su tiempo las Mogollones.
El vino espumoso, servido a guisa de champaña, aparece como tal a los ojos ignorantes, en el cuenco bullente de las copas desparramadas. La viuda recibe la suya, temblorosa, y la apura antes que nadie, por miedo de verterla. ¿A qué le sabe aquella copa de la gloria?a Sigue el baile, siguen los obsequios, y sigue, como una consigna individual y colectiva, el atender y el disputarse a las Perazas. Hasta el diminutivo se les quita, que el entusiasmo por contagio o por sistema ve un milagro en el vuelo de una mosca. Solo Graciela Acosta, la belleza indiscutible de la villa, se va ofuscando con aquel fanatismo por estas grandezas improvisadas. Más habrá de ofuscarse, porque la ovación no se desmiente ni un momento. Por capricho, por simulación, por sinceridad, las Perazas no decaen.
A las doce se abre el comedor. A doña Felicinda, a sus hijas y a las señoritasb forasteras se las conducec antes que a todas. La viuda, que ha libado tres copillas, se cierne en uno como ensueño. Ha vuelto a los livores, las ojerasd se le acentúan y el corazón se le desborda. De repente se para,e hace pucheros, suelta las lágrimas, y, dirigiéndose al vacío, exclama sollozante y entrecortada: “¡Cómo hubiera gozado Aquilinof esta noche...!g ¡Sus hijas lo mismo que unas láminas! ¡Sus hijas figurando entre el cogollo…! ¡Y tan bien vestidas...! ¡Tan cortejadas por los gamonales...! ¡Ventiándose con los refrescantes como las principales de Medellín...! ¡Cómo hubiera gozado el pobre… él, que era tan tonable y de tantah educación!
—¡Por Dios, mamita! —clama una de las cuatro— ¡No salga ahora con esas cosas! ¡Pa qué iría a beber ese champán!
—¡No,i María Eudoxia! ¡No me quités este gusto tan grande! ¡Es que vos no sabés lo que es una madre tan tierna como yo! ¡Es que vos no sabés lo que era Aquilino! (Trata de abrazar a dos y sigue gimiendo) ¡Pobres mis hijas, tan huérfanas… pero tan queridas y acatadas! Si Aquilino las viera… ¡él, que nos dejó tan pobres!
Ellas se alzan, gimen, la rodean, le suplican, le imploran. Varios anfitriones tratan de calmarla. Le ofrecen carnes, pechuga, galletas, de cuanto hay. Todo en balde: sigue el llanto y Aquilino sigue. El comedor se va llenando. Por las rejas asoman los espectadores que no quieren perder aquel número que no figura en el programa. Recetan café; se lo traen al punto; se lo hacen apurar… Merma el llanto, más crece la elocuencia. Tanto auditorio la estimula. Se vuelve un Tácito:10 narra las ternuras de Aquilino, sus últimos consejos, su “muerte tan linda y tan a Gloria b y las señoritas c A, C, E, F, G: se las conduce / B, D: se les conduce d A, B, C, E, F, G:
ojeras / D: orejas e pára f A, C, D, E, F, G: Aquilino / B: Cupertino [B cambia el nombre a lo largo del cuento].
g noche!.....
h tánta i No
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla tranquila”. Llega al presente y salen las compras y el marrano, el cura y los ensayos, las Mogollones y María Auxiliadora. Se confiesa en público. No basta el disimulo, no basta la caridad: las risotadas se oyen. Báñase en agua de rosas la Graciela Acosta. Eso sacaban de meter en costura a esas carangas resucitadas.11 No eso: microbios se quisieran volver las infelices pora escaparse de esta cosa tan horrible que las levanta en vilo. Piérdanseb las piezas comprometidas, piérdase todo antes que seguir un instante en el suplicio. Es inútil el ruego. La viuda se opone, mas Romelia le declara que se irán sin ella, y al fin se somete. Para mayor escarnio,c varios las acompañan a la casa. Al verse en la calle con los fastuosos abrigos de las Mogollones, se les antojan algo como los sambenitos12 de la afrenta. Entran y lloran hasta que las rinde la propia amargura. El baile sigue, entretanto, más animado que antes. Graciela derrocha ingenio a propósito del caso. Lamenta con sarcasmo lacerante la caída repentina de aquellos ídolos de un día. Esta fue la boga de las Peracitas; este,d el rayo de sol mañanero que alumbró su existencia.
a A: por / B, C, D, E, F, G:
para b Piérdánse c escarnio d éste
Fulgor de un instante
396
1
Publicado en el periódico El Espectador de Medellín el 5 de enero de 1920 (N. del E.).
2
poner en solfa: loc. verb. coloq. Presentarlo bajo un aspecto ridículo (dle, 2018).
3
Francisco de Sales: (1567-1622). Doctor de la Iglesia y obispo de Ginebra; patrono de los escritores y de los periodistas. Célebre por su dulzura y buen carácter (N. del E.).
4
guasa: Chanza (dle, 2018).
5
sanedrín: Junta o reunión para tratar de algo que se quiere dejar oculto (dle, 2018).
6
Terpsícore: Una de las nueve musas, hija de Zeus y de Mnemósine. Pasa a veces por ser madre de las sirenas, que habría tenido con el dios-río Aqueloo. También pasa por ser madre de Lino, Reso, etc. (Grimal, 1997, p. 275).
7
boato: m. Ostentación en el porte exterior (dle, 2018).
8
Creso: Último rey de Lidia, el reino más poderoso de oriente próximo hasta su conquista por Ciro de Persia en 546 a.C. Su riqueza era proverbial (N. del E.).
9
azafate: Canastillo, bandeja o fuente con borde de poca altura, tejidos de mimbres o hechos de paja, oro, plata, latón, loza u otras materias. Col. Jofaina de madera (dle, 2018).
10 Tácito: Cornelio (59-119), historiador romano. Autor de Diálogos
de los oradores, Vida de Agrícola y Annales (N. del E.).
11 caranga resucitada: Variedad de la frase piojo resucitado. Dícese
de la persona de baja clase que se las da de mucho o que se eleva por malos medios (Villegas Duque, 1986, p. 31).
12 sambenito: Capotillo o escapulario que se ponía a los penitentes
reconciliados por el tribunal eclesiástico de la Inquisición. Letrero que se ponía en las iglesias con el nombre y castigo de los penitenciados, y las señales de su castigo. Descrédito que queda de una acción. Difamación (dle, 2018).
Notas explicativas
L Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1920) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: Los cirineos (Acuarela D) A: El Espectador (1920). Medellín. B: El Correo liberal (1925). Medellín. C: Obras completas (1952). Madrid: epesa. D: Revista Hojas de cultura popular colombiana (1956). Bogotá.
E: Cuentos de Tomás Carrasquilla: “Náufrago asombroso del siglo de oro” (1956). Medellín: Bedout.
F: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. G: Acuarelas y Discos Cortos (1991). Medellín: Autores Antioqueños.
H: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
I: Obra Escogida (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Alejandría del Sol Monsalve Gaviria Editora crítica
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Los cirineosa1 (Acuarela D)b A las cinco, cuando el sacristán abría la iglesia, ya estaban en el atrio; lloviera que tronara, el maestro Rufo Daza en amor y compañía de su unigénito Rufito.c En sonando la campana postrábanse de hinojos en el quicio, y —como dice la jaculatoria— “saludaban a María con gran gozo y alegría”. En seguida se prosternaban ante el Santísimo; hacían examen de conciencia; y, en cuanto entraba el señor cura, acudían, primero el padre y luegod el hijo, a la cuotidiana reconciliación, a fin de comulgar en la misa.
Estas prácticas eran en el pueblo algo como un rito, y el párroco daba tal prelación a estos dos penitentes, sobre las beatas más ilustres, que ni para los celos y resquemores de las endiosadas señoronas. ¡Éle tenía con su par de cirineos! ¡Conf su pan se lo comiera!2 Terminada la misa ofrecía a dúo la comunión y salían calle abajo, como dos rehiletes, hasta un extremo del pueblo, donde demorabag su casa. No bien entraban cambiaban los trapos iglesieros por los remendados del trabajo, tomaban el desayuno y emprendían la faena. Soloh la interrumpían para almorzar a las ocho y comer a la una. A las cinco y media, nuevo cambio de vestido para volar al rosario a la iglesia. Si faltaba el cura, el maestro Rufo “hacía coro”, con su voz plañidera de fervor aldeano. Los viernes se prolongaba el rezo, al rededori de una hora, porque el maestro, con los ojos cerrados y más clamoroso que en el rosario, echaba la Pasión, entera. El canónico y kilométrico relato lo sabía al dedillo, j palabra por palabra, este viejo tan sabio y erudito en oraciones; y, mientras el párroco se encantaba con la unción y los efectos que el orante le ponía, él se iba embriagando de fervores a medida que avanzaba. Sus últimas cláusulas le salían como empapadas en llanto. Padre e hijo, lo mismo que por la mañana, salían para su casa, siempre juntos, siempre silenciosos, siempre sobrecogidos y obsesionados por la devoción. Se encerraban, y, con el último trago de cacao, se acostaban para levantarse antes del alba.
Los domingos, Rufito detrás de Rufo, ambos con alpargatas, trajes de gala y muy afeitados, madrugabank como siempre, esperaban en el templo hasta la misa mayor, y en los momentos de la elevación se ponían en cruz y besaban el suelo. A las once salían a compras, cobros y entrega de obras. Al ángelusl meridiano se arrodillaban edificantes, en pleno mercado, sobre sus pañuelos rabodegallo,3 y corrían a visitar elm Santísimo, mientras tocaban al trisagio4 colectivo. Luego a LOS CIRINEOS b ACUARELA D c A, B, E, F, G, H, I: Rufito / C, D: Rufino [El cambio de nombre se mantiene en estas dos ediciones].
d luégo e El f Con g A, B, F, G, H, I: demoraba / C, D, E: moraba h Sólo i al redor j dedillo k A, C, D, E, F, G, H, I:
madrugaban / B: madrugadores l angelus m El
Los cirineos
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enseñaban la doctrina,a para tornar por la tarde al rosario,b tan concurrido en tales días, y a recogerse en su casa más temprano que en los arduos de trabajo. Luengos años hacía que el maestro era viudo y ni aun en aquellos, todavía juveniles, pensó en reponer a su difunta. Pero…c ¡a la vejez, viruelas!5 Un par de ojos pardos, los de una zambita de Piedragorda, que viera en el mercado, se le entraron tan adentro de las maduras entretelas, que hasta en la casa de Dios llegó a atisbarla. El timorato6 maestro veía en este su amartelamiento7 una artimaña del demonio. Él, a las diez de última ¿embelecado con estos enredos? ¡Quiénd lo dijera! Apuraba sus rezos, apuraba sus ayunos para ver de librarse de tan terribles acechanzas.e Pero entre más remedios, mejor afinabaf el diablo la parada. Confundido de vergüenza y no del todo contrito se acusó, desde el principio, de tamañas enormidades. “¡Ay,g mi padrecito! —le decía, con vocecilla enferma— meh pongo a rezar y el corazón me hace ¡Pun, pun, Piedragorda! ¡Pun, pun, Piedragorda! Me pongo a trabajar y… ¡lo mesmo! Ya he soñado i ¡en tres veces! con ese enemigo malo”. El confesor, entre si me río o me confundo, trataba de quitarle los escrúpulos, con aquello del consentir o no consentir, exhortándolo muy seriamente al santo matrimonio. Pues, señor: el maestro Rufo, en muchísimo sigilo, por supuesto, mandó tomar la pluma a un su compadre muy hábil en estas escribanías, y echó j una carta de propuesta que partía el alma. Pero al diantre de la muchacha, que era el puro Patas,8 no le provocaba, de ningún modo, un maridazo tan santurrón y tan viejorro. Ni por esas amainó el pobrecito: todavía tuvo que sufrir muchos quebrantos. Al fin, merced al tiempo, más que a los santos, logró calmarse y recobrar la mansa corriente de su vida. Fue esta su única borrasca. Según el cura, Dios se la había dado como prueba y afianzamiento de su piedad. De santos eran las tentaciones, no de los malos, que tentados viven. A eso se atuvo el maestro, y siguió más acendrado en sus piedades. Si el viejo tuvo tal arrechucho,9 el mozo se mantenía impasible, como hipnotizado en los albos vergelesk de sul inocencia. Ya se andaba por m los dieciocho,n y aunque hombrachón y barbado, no se le insinuaba el corazón ni por lo sacramental ni menos por lo profano. “Ya es tiempo de que se ponga en estado.ñ Pa eso sabe trabajar —le predicaba el padre, desde que lo viera tan espigado—10 busté o verá si le dita al matrimonio o si quiere ordenase.p Mozo suelto no conviene ni pal cuerpo ni pal alma”. —“Todavía hay tiempo pa pensalo”q —respondía el hijo—.r “Pídale al señor que lo elumine”s —“Yot le pido, padre”. Pero aquel muchachón cariagachado, que no hablaba ni lo preciso, que nunca salía sin el padre, seguía como un santo de palo. Vivían con la señá Bonifacia, hermana del maestro, vieja célibe, coja y gruñona. Así y todo,u desempeñaba hasta los últimos menesteres domésticos y mantenía la casa como unas platas.v Rufito la veneraba; atendíala Rufo con cariño de hermano y protector. Mas, como no fuese ella todo lo practicante e iglesiera que él deseaba,w le escocía la conciencia el no amonestarla en tal sentido. Hacíalo a veces con cierto disimulo y ella, más o menos enfadada, le replicaba algo así: “Yo a Doctrina b rosario.
c Pero…… d Quién e A, B: acechanzas / C, D, E, F, G, H, I: asechanzas f A, B, F, G, H, I: afinaba / C, D, E: afirmaba g “Ay h enferma—Me i A, B, F, G, H, I: soñado / C, D, E: soñao j A, C, D, E, F, G, H, I: echó / B: echóse k A, B: verjeles / C, D, E, F, G, H, I: vergeles l A, B, E, F, G, H, I: su / C, D:
la m A, B, E, F, G, H, I: por / C, D: en n A: díez y ocho / B, C, D, E, F, G, I: diez y ocho / H: dieciocho ñ A, B, C, D:
estado / E, F, G, H, I: estao o A:
espigado—Busté / C, D, E, F, G, H, I: espigado—. Busté / B: espigao— Busté p A, B, C, D, E, F, H, I: ordenase / G:
ordenarse q A, B, F, G, H, I: pa pensalo / C, D, E: para pensarlo r hijo— s A, B, C, E: elumine / D, F, G, H, I: ilumine t A, B, E, F, G, H, I: Yo / C, D: Ya u todo v A, B, E, F, G, H, I: unas platas / C, D: una plata w A, B, E, F, G, H, I: deseaba / C, D: deseara
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla no soy ninguna ociosa, p’andara cojiando calle arriba y calle abajo. Yo tampoco soy santa, como bustedes. Mucho es que no sea una pecadora muy grande”. —“¡Dios nos libre, Bonifacia! Lo que más le pido es que no caigamos en el pecado”.b —“Amén, hermano”. Tales las tempestades de aquel golfo.
Los Rufos eran carpinteros de azuela y hacha, pero a fuer dec concienzudos en precio y obra, mantenían muchísimo pedido. Afamadísimosd eran sus sillas y taburetes: no se desvencijabane así saltasen sobre ellos cabras y potrancos. En su misma casa, en un corredor interior, tenían la carpintería, con todo y torno. Los sábados dejaban las herramientas de sanf José11 para tomar las de san Isidro.12 Y su huerta y su arada, contiguas a la casa, en una vega del riachuelo, verdeaban lozanas lo mismo en invierno que en verano.
Esta vida de bienaventurados tenía cada año dos etapas agitadas y emocionantes, a las cuales se referían todos los pensamientos, ahorros y aspiraciones del maestro. Eran sus gestas de gloria y de fruiciones; eran como el cumplimiento de un voto. Su devoción a La Santa Cruz, infundida desde su cuna, ligada a su infancia de serrano, era el objetivo que llenaba y explicaba su vida. En su instinto de creyente bien se le alcanzaba que en esa enseña, más que en imágenes humanas, estaba la esencia de su fe y la puerta de su salvación.
Así es que el tres de mayog y el viernes santoh eran los días de su alma. Desde soltero había sido el cirineo en la procesión del viernes magno.i Casado y viudo había seguido con el cargo, sin faltar una vez tan siquiera. Sentíase, en tan supremos instantes, como investido de sacerdocio momentáneo. Vestido de sayón, mas no de percal barato, sino de merino caro, medias y alpargatas flamantes, sigue misterioso el paso del Nazareno. Detenida la marcha y, mientras se recita la estrofa del caso, se acercaba tembloroso a las andas sacratísimas, toma el extremo de la j Cruz, la desliza un tanto por el hombro de la Divina Imagen, la apoya en el suyo y sigue hasta el calvario, los ojos cegados por el llanto. ¿Quién era él para ayudarle a Cristo en esta carga redentora del mundo?
En la procesión vespertina del Santo Sepulcro, no iba la Cruz Santísima sobre andas: iba detrás de los ciriales, a hombros de Rufo; de Rufo,k coronado de espinas, penitente, anonadado. En cuanto creció Rufito iba detrás del cirineo, con sayo de lujo, enarbolando el lanzón con la esponja ignominiosa. Sabía el maestro que se burlaban de él, que lo tomaban por loco o insensato, que lo tenían por un payaso,l por un muñeco espantapájaros; y esto le daba una secreta delicia. ¿Qué mayor dicha para él que verse afrentado por cosas del Señor? En el sermón de la Soledad lloraba como un niño y hacía llorar a las viejas. “Es de hambre” decían muchos, pues aseguraban y no mentían, que en tales días ayunaba al traspaso. Él, por su parte, se sentía más redimido que siempre: le parecía que lo acababan de bautizar. Se iba a su casa, sonámbulo, enajenado. a A, B, E, F, G, H, I: p’andar / C, D: para andar b A, B, E, F, G, H, I: en el pecado / C, D: en pecado c A, C, D, E, F, G, H, I: a fuer de / B: a fuerza de d A, B, E, F, G, H, I: Afamadísimos / C, D: Afamadísimas e A, C, D, E, F, G, H, I: desvencijaban / B:
desvencijados f San g A, B, F, G, H, I: tres de mayo / C, D, E: Tres de Mayo h A, B, F, G, I: viernes santo / C, D, E, H: Viernes Santo i A, B, F, G, I: viernes magno / C, D, E, H:
Viernes Magno j La k A, B, F, G, H, I: de Rufo / C, D, E: [omisión].
l A, B, E, F, G, H, I: que lo tenían por un payaso / C, D: [omisión].
Los cirineos
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La gesta del tres de mayo tenía caracteres de triunfo. Él costeaba siempre la festividad: misa solemne, pólvora y “orador de afuera”.a En la procesión iba la Cruz, sobre andas colmadas de flores y de adornos, a hombros de padre e hijo. Si en este símbolo adorable veía los intereses eternos, en este madero material cifraba sus orgullos de artista. Esta cruz,b obra maestra de sus manos, trabajada entre oraciones fervorosas, proporcionada a la tallac del Nazareno, la adoraba en su sala, sobre un pedestal muy historiado, a guisa de catafalco funerario. De ahí el mote de Cirineos que les daban en el lugar. Tal la vida de estos dos seres. Cualquier día reclamó Dios el cirineo padre. A tal vida tal muerte. Canonizolod el pueblo luego al punto; disputáronse, como reliquias, los jirones de su ropa; hablosee de uno que curaba absesos y dolencias por simple imposición. El cura, no menos fanatizado que sus feligreses, erigióle,f contra los muros del campo santo, uno como zaguán, con techo de ángulo y portalón de reja. Sobre la huesa se alza la Cruz del carpintero. A ella acude la gente con sus tribulaciones. Dos veces por año la toma el sucesor para las fiestas consabidas. Deja otra, que ha fabricado al efecto, porque no quede acéfala y morisca la tumba de este oscuro edecán del Nazareno. a afuéra b Cruz c A, B, C, D, E, F, H, I: talla / G: falla d Canonizólo e hablóse f eriogóle
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
1
Publicado en el periódico El Espectador de Medellín el 11 de enero de 1920 (N. del E.).
2
¡Con su pan se lo comiera!: Expresión proverbial, equivalente a las de ¡allá él!, ¡allá se las haya!, ¡allá se las entienda! Nuestro Diccionario actual dice que es expresión figurada con que uno da a entender la indiferencia con que mira las cosas de otro (Iribarren, 1996, p. 107).
3
rabodegallo: Pañuelo de colores vistosos, especialmente rojizos, que llevan los campesinos al cuello (ahac, 1986).
4
trisagio: m. Himno en honor de la Santísima Trinidad, en el cual se repite tres veces la palabra santo (dle, 2018).
5
¡a la vejez, viruelas!: Se emplea cuando sobreviene algo fuera de ocasión o tiempo. Se dice en tono irónico cuando alguien de cierta edad actúa según es costumbre en la juventud, incluido en el amor (rmcvc, 2020).
6
timorato: adj. Que siente temor de Dios, y se gobierna por él en sus actos (dle, 2018).
7
amartelamiento: m. Exceso de galantería o rendimiento amoroso (dle, 2018).
8
Patas: m. coloq. Diablo (dle, 2018).
9
arrechucho: m. coloq. Arranque (ímpetu de cólera) (dle, 2018). 10 espigado: adj. Alto, crecido de cuerpo (dle, 2018). 11 san José: José de Nazaret, patrono de los carpinteros (N. del E.). 12 san Isidro: Isidro Labrador, patrono de los campesinos (N. del E.). Notas explicativas
R Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1920) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: Regodeos seniles (Acuarela E) A: El Espectador (1920). Medellín. B: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. C: Acuarelas y Discos Cortos (1991). Medellín: Autores Antioqueños.
D: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
E: Obra Escogida (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Alejandría del Sol Monsalve Gaviria Editora crítica
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Regodeos seniles1 (Acuarela E) Tiempo hacía que a la vieja Sinforosa se le había concedido la jubilación, con el salario y la asistencia de siempre, el tabaco, las medicinas y todos los privilegios, propinas y aguinaldos que en la casa disfrutaba.
Desde que se fundara había entrado en ella con el flamante matrimonio, pues era nada menos que madre de crianza del marido. Criolea luego,b uno a uno, todos los frutos de bendición que Dios fuec enviando,d con amor entrañable de abuela. De estose había ya varios casados, y Sinforosa siguió con los biznietos, cual si estuviese predestinada, en su esterilidad de soltera, a llevar en su regazo de mestiza los vástagos nobilísimos de la fecunda raza de Meneses.
Tales títulos le daban en la casa el prestigio especialísimo de la tradiciónf y del vínculo. En verdad que Sinforosa era parte integrante de la familia, y ella, por su parte, no tuvo ni reconoció más deudos que a sus patrones y a sus descendientes.g El resto de la servidumbre, un tanto extraña y de datas más o menos posteriores, veía con secreta envidia la privanza2 y metimiento3 de la vieja. Mas, como los señores ordenaban que se la tratase como a miembro importante de la familia, y como la casa fuera infanzona4 y de larguezas, disimulaban el encono contra la veterana por no disgustar a patrones tan llenos y generosos. No abusaba ella de su encumbrada posición con los demás sirvientes; no era mandona ni preponderante, sino que, a causa de la holganza y ociosidad de su jubilación, se le habían anticipado las chocheces y empalagos de la senectud en términos de aburrir a las veces hasta a sus mismos reconocidos patrones. Era su consigna quedarse en su cuarto, en dulce recogimiento, y salir a ratos a tomar el sol de Dios donde mejor se le antojase. Pero la soledad le atediaba,h y la consigna no se cumplía. Renquea que más renquea, trasegaba todo el día, del zaguán a la cocina, de los baños a las pesebreras, husmeando aquí, esculcando allá, en una verbosidad afluente y ofuscadora. De tal modo se le habían irritado el trato y la sociabilidad, que, si no tenía interlocutor, hablaba sola, ni más ni menos que un héroe de teatro. No eran pocas las sofoquinas de la señora con los cabildos que armaba, en el portón o en la “puerta falsa”,i con todos los que pasaban, no menos que con la taifa5 de pordioseros astrosos que atraía no tanto por socorrerlos cuanto por darles palique.6 Sus temas favoritos eran las grandezas del pasado y las calamidades del presente.
a Criòle b luégo c fué d A: enviando / B, C, D, E:
enviándole e éstos f tradicción g A: descendientes / B, C, D, E:
dependientes h A: atediaba / B, C, D, E: asediaba i «puerta falsa»
Regodeos seniles
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¡Lasa cosas de ahora!... ¡Valientesb cosas! Eso para los tiempos del difunto don Juan Antonio, el taita de “el niño Sergio”.c Eso sí era casa, eso sí eran jardines, eso sí era señorío, no estas trampas de ratón que usaban ahora, donde se topetaban los cristianos, donde no tenían los niños ni una triste arboleda para sus retozos. Y aquella despensa, colmada por arrobas y cargas de cuanto había enviado Nuestro Señor para alimento de sus criaturas; y aquel repostero que parecía, mismamente, unas bodas reales; y aquellas camas, con flecos de “seda de Castilla”, rodapiés como paños de altar y holandas7 a rodo; y aquella mantelería y aquellos tinajeros y aquella plata labrada. Eso sí eran comedores, eso sí eran aposentos. ¡Y d ver ahora! Todo tasado como “en casa de mendigos”,e todo lo mismo que jaulas como si la tierra se hubiera acabado, todo de palos de tabaco, todo de mentiras. Y ¿qué dijera ella de aquel chocolate que se derretía en la piedra como unto de ángeles? Aquello trascendía por toda la casa en sonando el molinillo; aquello era gloria y toma de reyes y de obispos, no este agualate de ahora, sin pizca de manteca y que olía a mugre. Mal hubieran las tales máquinas y los tales embelecos.
En cuanto a males y alifafes8 los sufría y lamentaba en variedad pintoresca: ahora, la fatiga en la boca del estómago; ahora, la ventosidad encajada; ya, el dolor en las paletas; ya, en toda el arca del cuerpo; y, como el ápice de tantosf padecimientos, el achacóng supremo, que siquiera la costreñía a tomar cama. Eran “los tres vientos”: “el histérico, el melancólico, el pocondría”.h Aquí el aplicarse el vaho de romero y manzanilla, el tomar el cidrón y la mejorana, las friegas9 de aguardiente con yerbabuena, el envolverse las piernas con bayetas y franelas, y el propinarse la purga de calomel10 y jalapa.11 “¡Me derrito que ni cera en el rescoldo con estos fogajes!”12 —exclamaba en los salones, entre soplos y resoplos. “¡Pobrecitos los caminantes con este resisterio!”.13 En las lluvias eran los clamores. Acurrucada junto al fogón, chupa que chuparás el tabaco con el cabo encendido hacia adentro, tiritaba como una perlática:14 “¡Se me parten mis pobres güesos con estos yelos! Este invierno va a acabari con el lendejo15 de vieja. ¡Ya siento que me agarra el rematís16 canilla17 arriba!”. Frecuentes eran sus monólogos contra la plaga. De noche, las chinches que le roían las zancas y el pescuezo; de día, las pulgas que no le dejaban en paz; las moscas, si era al sol; las hormigas, si era a la sombra; los gusanos, si iba al jardín; el zumbambico,18 si pasaba por el gallinero; los alacranes, si entraba al cuarto de los trastos. Y aquello era el expurgarse, el sacudirse, el rascarse. Cuando se le entraba alguna nigua19 era una película, con la sacadura y las unciones de saliva,j gordana,20 enjundia21 y de cuanto hallaba.
Cuando traían a la casa los biznietos eran tales sus parlamentos y discursos, que los angelitos se le dormían borrachos con la verba avasalladora. Solo k los señores y “los niños” tenían el derecho de llamarla “Vieja”. Con los demás que le diesen el dictado, se ponía iracunda: “Pena de la vida el que no llegue a a Las b Valientes c «El Niño Sergio» d Y e méndigos f tántos g achacòn h «el histérico, el melancólico, el pocondría» i A: va a acabar / B, C, D, E: v’acabar j saliba k Sólo
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla viejo”, replicaba siempre. No confesaba los años, como buena hembra. El patrón, que le conocía esta nota, se le descolgaba a veces con la tremenda pregunta. “Eso lo sabe mi Dios, niño Sergio. ¿Yo pa qué lo voy a saber? A yo no me importa, tenga los años que tuviere”.a Solo el amor y el respeto a su amo e hijo, podían refrenarle aquella rabia.b Sinforosa tenía sus reales, que Fortuna es deidad arbitraria que favorece a quienes menos lo necesitan. Don Juan Antonio le había dejado una herencia que le manejaba “el niño Sergio”, lo mismo que la mayor parte de sus salarios. De tiempo atrás los iba acumulando, para ver de realizar su ideal, pues Sinforosa también tenía su ideal. Se lo había inspirado no el amor a la vida, sino el temor a la muerte: soñaba su gran postrimería muy litúrgica, con mucho rumbo y protocolo, a saber: administración bajo palio, buen ataúd, mejor mortaja, entierro mayor, bóveda en el “cementerioc de los ricos”,22 misas a sand Gregorio,23 cabodeaño24 y saldo para las ánimas. Cada mes reclamaba dos pesos, que repartía entre los frailes mendicantes, las Hermanitas de los Pobres y dos a suse ahijadas más que míseras. No era, sin embargo, rezandera ni amiga de hermandades. Solo comulgaba e iba a misa por precepto; y, desde que habían prohibido la pólvora y la chirimía enf las festividades religiosas, no concurría a ninguna.
El hambre le enconaba lo mismo en los bochornos que en los fríos. Según la cocinera, comía más que un cáncer. Cada rato se le acercaba: “A ver, holita,g echame un traguito de caldo, que me mata esta debilidá”, “dame una uñita de presa, que me caigo de fatiga”.
Sus extras alimenticias eran tales, que hubo que darle forja25 para su uso exclusivo. Hervíah leche, tibiaba huevos, hacía chocolates, calentados y menjurjes, y aquel estómago,i siempre atracado, no podía con la faena.
En aquella casa, donde volcaba la abundancia su cuerno codiciado, dio en la flor de perseguir, más que un gato consentido, cuanto alimento le pareciese sustancioso. Sisando aquí y topando acullá, no daba tregua ni a la carne, ni a los huevos, ni a la mantequilla, ni al queso. Todo despacho que se hiciese con tales elementos resultaba siempre menoscabado, o no resultaba.
Corría con estos suministros culinarios “la niña Camila”, hermana de la señora, de más edad que ella y solterona. Como era el orden y la justeza en todo, la sancochaban26 estos “hurtos estúpidos”, tan nocivos para la salud de la hurtadora. Un día, j saca los ingredientes para cierta torta muy apetecida por los muchachos. Le avisan luego que no basta y acude a la novedad: todo está mermado y el queso reducido a parvedad ridícula. Llama a la cocinera con disimulo. Hablan. Sale en seguida a visitas. Torna a las seis y se dispara a la cocina como un cohete. Allí está la vieja en su banqueta, tragando a cuatro dedos el crasísimo migote.27 —¡Vengo muerta del susto! —vocea Camila, con mil aspavientos. —¿Hiciste la torta?
a tuviere.» b rabia».
c Cementerio d San e dos sus f chirimía, en g A: holita / B, C, D, E: olita h Herv a i estòmago j dìa
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—Ai la tengo levantando en el horno. No va a quedar de servir, porque lo que me despachó estaba muy descaso.
—¿Escaso? ¡Si te saqué mucho! ¿Ya probaste el batido?
—Niánb probé, niña. ¡Pa qué si no es la verdá!
—¡Gracias a Dios, mi querida! Si lo prueba se envenena.
—¿Cómo así, niña Camila?
—Pues fue que, al sacar el despacho, me provocó un queso muy fresco y partí el pedazo que te mandé. No advertí c que el tal queso era uno que envenenaron ayer los muchachos, para ponerle a los ratones, que se están comiendo la biblioteca. Led dejaron en la excusa para que cogiera bien el veneno. ¡Por fortuna que de pronto caí en la cuenta en una visita y me vine volando! Si no, los enveneno a todos en la casa. Saque eso y quémelo, con todo y molde, ¡y e quiebre los trastos en que lo hizo! —¡Ave María,f niña! ¿Perog es estrinina, pues?
—Peor que eso: ¡esh arsénico,i que mata en un minuto!
—¡Virgen del Socorro mi madre! j —plañe la vieja arrojando el migote— ¡Busté k si que saca unas cosas pa bien fatales! Y ¿si va y algún cristiano ha probado d’ese quesito…?l —Si ha probado, que pida el cura, porque el arsénico no da tiempo. —¡Ay, ay, niña Camila! —chilla yéndose de lado en puntapiés de pánico—. ¡Yo probé migajita!
—¿Usted, vieja…? Voy al teléfono a llamar al padre Mazo… o al que se encuentre.
Y sale aterrada.
—¡Ay, ay, Dios mío! plañe la vieja, ya en el suelo, toda convulsa y revolcándose. —¡Yo me comí cuasi un cuarto! ¿No haberá un alma caritativa que me valga…? m ¡Ánimasn benditas del purgatorio!...ñ ¡Yao siento q’ese arsenio me muerde el entresijo!... ¡Ay mis tripas!... ¡Ya se me va ganando al corazón!... ¡Socorro, Chepita!... ¡Mariana!... ¡Agapito!... ¡Gabriel!... ¡Me muero en pecao mortal…! ¡Socorro!p Criadas y asistentes, que no están en el secreto, se alborotan y alzan en vilo a la vieja hasta su cama. En un solo grito se muere como un perro. El atracón se le ha revuelto con los terrores y le acontece lo que a Sancho, cuando el bálsamo.28 Acuden las señoras, acude “el niño Sergio”,q acuden los muchachos. Él se fastidia con la cuñada, los muchachos protestan de la chanza. Camila y la hermana son las del susto. La vieja se muere de verdad. En balde le prueban que todor es una farsa. Hay que llamar al médico.s Al fin le calma el ataque, a tratamiento bravo. A las diez la duermen a pura jeringuilla, pero Camila y Chepa velan angustiadas, entre rezos y promesas. El cielo las oye: la vieja abre los ojos al amanecer. Santo remedio. Aunque las mañas de la vejez no se dejan, Sinforosa no volvió a la sisa, por mást que Camila la autorizara para toparse hasta las pajaritas del aire. a Y b A: Nián / B, C, D, E: Ni an c advertì d A: Le / B, C, D, E: Lo e y f Marìa g Pero h¡Es i arsènico j Madre k Bustè l quesito?...
m valga?.. n Animas ñ Purgatorio
o Ya p Socorro»!
q Sergio,» r toda s mèdico t màs
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
1
Publicado en el periódico El Espectador de Medellín el 20 de enero de 1920 (N. de la E.).
2
privanza: f. Primer lugar en la gracia y confianza de un príncipe o alto personaje, y, por ext., de cualquier otra persona. (dle, 2018).
3
metimiento: coloq. Privanza, influencia, ascendiente (dle, 2018).
4
infanzona: Hidalgo que en sus heredamientos tenía potestad y señorío limitados (dle, 2018).
5
taifa: f. coloq. p. us. Sustantivo coloquial. Reunión de personas de mala vida o poco juicio (dle, 2018).
6
palique: Conversación de poca importancia (dle, 2018).
7
holanda: Lienzo muy fino de que se hacen camisas, sábanas y otras cosas (dle, 2018).
8
alifafe: Achaque generalmente leve (dle, 2018).
9
friega: Remedio consistente en restregar alguna parte del cuerpo con un paño o cepillo o con las manos (dle, 2018). 10 calomel: Cloruro mercurioso que se empleaba como purgante, vermífugo y antisifilítico (dle, 2018).
11 jalapa: Raíz de una planta vivaz americana, de la familia de las
convolvuláceas, semejante a la enredadera de campanillas, del tamaño y forma de una zanahoria, compacta, pesada, negruzca por fuera, blanca por dentro y con jugo resinoso que se solidifica pronto. Se usa como purgante enérgico (dle, 2018). 12 fogaje: Bochorno (dle, 2018).
13 resistero: m. Tiempo después del mediodía en que aprieta más
el calor (dle, 2018). Dado el carácter oral de la intervención, se conserva la ortografía de la palabra (N. de la E.).
14 perlática: adj. Que padece perlesía, esta es una privación o dis-
minución del movimiento de partes del cuerpo. Debilidad muscular producida por la mucha edad o por otras causas, y acompañada de temblor (dle, 2018).
15 lendejo: adj. Persona débil, flaca, raquítica (ahac, 1986).
16 rematís: metaplasmo. Probablemente alude al reumatismo, in-
flamación de las articulaciones de las extremidades (N. de la E.). 17 canilla: f. Cada uno de los huesos largos de la pierna o del brazo, y especialmente la tibia (dle, 2018).
18 zumbambico: Piojo (Ospina, 1986, p. 347).
19 nigua: Insecto afaníptero originario de América y muy exten-
dido también en África, parecido a la pulga, pero mucho más pequeño y de trompa más larga, cuyas hembras fecundadas penetran bajo la piel de los animales y del hombre, principalmente en los pies, donde depositan sus huevos, lo que ocasiona picazón y úlceras graves (dle, 2018).
20 gordana: Unto de res (dle, 2018).
21 enjundia: Unto y gordura de cualquier animal (dle, 2018).
22 Cementerio de los ricos: probable referencia al cementerio de
San Pedro en Medellín (N. de la E.).
23 misa de san Gregorio: iconografía artística católica de finales de
la Edad Media en la que se representa al papa Gregorio I Magno (540-604) teniendo una visión que le convence de la doctrina de la transubstanciación (N. de la E.).
24 cabodeaño: m. Aniversario (oficio y misa en sufragio de un di-
funto) (dle, 2018).
25 forja: Fogón (N. de la E.).
26 sancochar: Vale por mortificar (ahac, 1986).
27 migote: m. Migado que se hace en la taza de un alimento líquido
(ahac, 1986).
28 bálsamo: Alude al bálsamo de Fierabrás, poción capaz de curar
todas las dolencias del cuerpo humano, que en el capítulo xvii de El Quijote tiene efectos benignos en Don Quijote y laxantes en Sancho Panza (N. de la E.).
Notas explicativas
S Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1920) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: Superhombre (Acuarela F) A: El Espectador (1920). Medellín. B: Revista Lectura Breve (1923). Medellín. C: Obras completas (1952). Madrid: epesa. D: Obras completas (1958). Medellín: Bedout.
E: Siete cuentos colombianos (1967). Bogotá: Editorial Sol y Luna.
F: Cinco cuentos. Lectura crítica (1976). Medellín: Universidad de Antioquia. G: Acuarelas y Discos Cortos (1991). Medellín: Autores Antioqueños.
H: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
I: Cuentos escogidos 1 (2018). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia. Alejandría del Sol Monsalve Gaviria Editora crítica
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Superhombre1 (Acuarela F) El poblachón relegado de La Blanca dormía, como un bendito, el sueño nemoroso de la ignorancia. El rumor de sus montes y el caer sus torrentes le arrullaban a porfía en una música de bienaventurados. Sentíanse en su ambiente la libertad de las cumbres, la paz de lo sencillo y de lo ignoto, la gloria del sol y el perfume de la inocencia. Hombres y animales, espíritus y cosas convivían, sin saberlo, en el limbo sedante de la tranquilidad. Eso era el nirvana, soñado por el tedio de los cultos; era la dicha del no ser, la morfina vivificante de la naturaleza.a Por luengos años tuvo La Blanca, por único alimento, la leche milagrosa de la doctrinab cristiana.c El padred Astete, soloe el padre, fue su proveedor lustros y lustros. Pero toda ventura es efímera: llegó un día en que al gobiernof progresista de la época se le ocurrió abrir escuela de varones en esos vericuetosg ignorados del planeta. La llegada del maestro, la apertura de la enseñanza, los útiles y los textos fueron un pasmo complicado. La Cartilla,2 la Citolegia3 y el Catón,4 así como esa tabla con menuda arena, donde se esbozaban con un chuzo números y letras, destaparon ante aquellos espíritus murados el horizonte infinito de la ciencia. Para los selváticos lugareños era el maestro Lara poco menos que un portento. No era, con todo, más que el precursor; ya vendría el mesías. Y el mesías vino. Era oriundo de una villeja, clásica en la tierruca por su conservatismo y militaría, y a la cual se le atribuyen, lo mismo que a Beocia y a Galicia, tantash y tales simplezas que forman una como leyenda complementaria del Bertoldo. El maestro despampanó desde el estreno. Su recogimiento en aquella misa de renovación, su manera de llevar una de las varas del palio,5 fueron edificantes e insólitos. Subiose,i a la salida, a los balcones de La Casa Consistorial; hizo tocar la tambora como en bando; la hizo callar por seña aparatosa de teatro: y, con voz ondeante que resonaba por la plaza, comenzó: “Pueblo encantador y hospitalario de La Blanca: vengo, j en nombre del Gobierno que nos rige y en el mío propio, a traeros el pan sin levadura de la sabiduría ...” k y, floreo tras floreo, tropo aquí, tropo allá, ensartó y expuso su prospecto o lo que fuese. Aquella gente, el cura l inclusive, abría la boca: jamás el hipnotismo de la oratoria había embrujado a tal auditorio. Doña Casimira Palacín, señora del copete, prorrumpe delirante, no bien termina: “¡Mi Dios le bendiga la lengua a este hombre! ¡Este debe ser un sabio muy macuenco!6 ¡María Santísima! ¡Lástima que no fuera cura!”. Esto fue como una consagración. a Naturaleza b Doctrina c Cristiana d Padre e sólo f vericuetos, g vericuetos, h tántas i Subióse j ‘Vengo k sabiduría…..
l Cura
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Caso curioso el de aquel dómine y de aquel medio. No había transcurrido un mes y ya mandaba en el pueblo, harto más que el cura y el alcalde. Don Ceferino Guadaletea —que tal era su gracia— comprendió al punto el partido que podría sacar de aquel venero inexplotado. Previa consulta con el cabildob tornó a su villa, que era entoncesc cabeza de provincia, gestionó con las autoridades respectivas y se trajo un subalterno, llamado Diego Antúnez, mozo reposado, más para industrias artísticas que pedagógicas.
Entregoled la escuela, propiamente tal, con la chiquillería plebeya, y plantó, en el piso alto de la casa municipal,e merced a un mediano sobresueldo, algo así como un maremágnumf politécnico, con los hijos de los caciques, fuesen barbados o mozuelos. Allí se enseñaba desde Aritmética hasta Trigonometría; desde escriturag hasta retórica;h desde el código de Carreño7 hasta el civil; desde lo doctrinario hasta lo teológico; había aulas de latín y de francés y aditamentos de canto y de dibujo. Solo esta última clase y la de caligrafía las daba Antúnez; las demás, doni Ceferino. Nada se les dificultaba a este par de brujos, que hacían hasta miel de abejas: farfullaron mapas, moldes de letras, globo celeste, globo terráqueo, tableros, reglas y demonios coronados. Una vez afirmado don Ceferino, trajo a su señora j y a Leticia, su único retoño, y, en compañía del paisano Antúnez, plantó su tienda y sus penates.8 Fundó, a poco, Junta Escolar y Sociedad de Fomento.k Todos esos patriarcas montañeros, que apenas si firmaban, se vieron en parlamentarismos y en cuerpos colegiados. Pero ¡a Dios gracias! Ahí l estaba aquel vidente que alumbraba a los estúpidos y prendía candela bajo el agua. “La Maestra” —quem tal llamaban a doña Resfa Coello de Guadalete— tambiénn fueñ resultando otro prodigio: cantaba como una sirena, tañía la guitarra y la bandola y tenía manos de ángel para guisos y labores femeniles. Su casa fue, desde luego,o centro y recreo del lugarón. ¡Y qué veladas! Don Ceferino, que también despuntaba por lo músico, la acompañaba, al sonp del tiple, con su vozarrona eclesiástica, mientras Antúnez le sacaba dulzuras y ternezas a los cinco popos9 de un caramillo10 montañero, fabricado por sus propias manos. Cantaban de todo: por lo fino y por lo “jumao”,11 por lo español y por lo criollo. Solo la bobalicona de Leticia no representaba ningún papel.
Pronto principiaron los aprendizajes de cantos y punteos, de pastas y labores. De ahí le vino a don Ceferino la idea de abrir un colegio de señoritas. Casualmente que la tal escuela de niñas, que se iniciaba en esos días, no tenía cara de salir con nada. La tal Úrsula,q su directora, era una montuna “de la nuca del animal”, de esas que no se cocinaban en cuatro días.
Pactoser con el cura y el Alcalde; y con su elocuencia tribunicia fascinó al cabildo y al lugar entero. ¡Qué hombre! Se le quitó a Úrsula, por más que protestase, toda la chiquillería caciqueña, y se completó el personal con mozas casaderas y con varias rezagadas. Agregósele a misiá Resfa, como subdirectora, la Pastorita Mira, a Guadalete.
b Cabildo c entónces d Entrególe e Casa Municipal, f maremagnum g Escritura h Retórica i Don j señora, [el uso de la coma es incompatible con las conjunciones y, e, ni, o, u cuando este signo se utiliza para separar elementos de una misma serie o miembros sintácticamente equivalentes dentro de un mismo enunciado (ole, 2010,
p. 324)]. k “Junta Escolar” y
“Sociedad de Fomento”. l ahí mMaestra”—que n —también ñfué o luégo p són q Ursula r Pactóse
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla hermana del cura, una pobre mema beata y llorona. Bajo la cátedra y patrocinio de don Ceferino, y con el mote de Colegio de la Inmaculada, inauguróse aquel plantel, con tabla y todo. La ceremonia fue un vértigo y las arengas del fundador y de doña Resfa, otras tantas ciceronianas oraciones.
Tuvo, como el otro, cursos inconexos, en montón, sin escala ni precedentes; un mismo reglamento; y palmeta12 para grandes y pequeños. Como las hembras no podían tener, en ningún caso, más privilegio que los machos, reclamaron ellos título y tabla para su universidad. ¿No había de acceder don Ceferino? Plantosea en la baranda un tablón con letras de a cuarta que rezaba: “Colegio de San Antonio”. Por sugestiones del jefe se emulaban aquellos dos centros de la sapiencia magna, avanzando por los tortuosos caminos de Minerva,13 como bandas de gitanos que van a una misma feria.
Aquel apóstol incansable de la civilización hizo venir de su nativo suelo latoneros y carpinteros, pintapuertas, alarifes y hasta músicos. Hubo, entonces, tubos y canoas, rabiosa pintura en cerraduras y salas empapeladas: hubo mesas de adorno, sillería de lujo, portones muy labrados y ventanas de cornisón; hubo “banda de viento” con cinco instrumentos.
Intervenía, también, en lo eclesiástico, y, bajo sus auspicios, inflamó el culto externo, que casi había apagado aquel curita de montaña, que no estaba por embelecos. Ayudado por Antúnez y sus estéticas andróminas,14 fundó el coro, con las mejores voces de ambos colegios; estableció en mayo “Las Flores de María”, con ninfas, riego de pétalos, ofrenda de ramilletes y larguísimos cantorios; y el eco repetía por esos callejones:
“Venid y vamos todos con flores a María”.b Pues, ¿y en Semana Santa? El creó el cuerpo de sayones, capuchón al rostro con el pico en alto; él creó el paso de sanc Pedro, calentándose en el bracero, junto al gallo ominoso; él creó “La Procesión secreta”, sin cura ni ciriales, con “la criada de Pilatos” muy fea, embozada15 y misteriosa; él creó “La Sentencia”, en una esquina, con un muchacho encaramado en un andamio, en traje de procónsul, con percalinas de colorines; él creo el cirineo de luenga túnica y birrete de plumaje. Pero sus creaciones enormes y el encanto de la rapacería fueron El Calvario y La Pascua: tormenta hórrida, tras el velo tenebroso, entre las espesuras de sauce y de guaduas: huracán con bramaderas, tronamenta con golpes y tamboreo, relámpagos de pez griego inflamado por sopletes. Y el domingo, ¡qué carreras las de Juan y Magdalena, calle arriba y calle abajo, y que reventazón la de Judas en su encumbrada horca! Y como el cura no era ningún pico de oro,16 don Ceferino leía y comentaba, desde el púlpito, Las Siete Palabras. Doña Casimira y Pastorita lloraban parejo con las montañeras.
a plantóse b María.» c San
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Logró, otrosí, que aquel presbítero, sumergido en la rutina negligente, celebrase, por vez primera, las funciones de Cuarenta Horasa y las placeras del Corpus Christi.b Aquellos altares, dirigidos por él y por Antúnez, subieron el pedestal en muchas varas.
Haciendo ellos los papeles principales, ensayaron, con varios discípulos, “La flor de un día” y “Pascual Bruno”,c fraguaron decoraciones, construyeron teatro, y dieron las representaciones, en las fiestas del santod titular, a beneficio del culto. En La Blanca no se tenía noticia del tal Veinte de Julio.e17 ¡Pues vieras qué conmemoración! Quitando un tabique de La Consistorial, formaron una salona que ni la nave mayor de la iglesia. Sobre los manes tutelares de la Patria, desgajose f la avalancha aplastante de arengas y recitaciones; cantoseg en coro alterno “El héroe de los héroes”; declamó don Ceferino, desde un parapeto y disfrazado de Bolívar, el “Delirio sobre el Chimborazo”; tocó doña Resfa en la guitarra, “La esponsiónh de Manizales”,i con patente imitación de cornetas y tambores; y moduló en quiebras sollozantes “El patriota en cadenas”, j música del maestro Patiño —dek Rionegro— y l letra de Camilo Antonio Echeverri,18 escrita en la cárcel de Abejorral. ¡Cómo saldría aquella gente!
Pero eso era nada, comparado con “las fiestas de la civilización”, que decía don Ceferino. Celebrábanse en la iglesia, y, a cuatro sesiones cotidianas, duraban todo noviembre: medio para los varones, medio para las varonas. Antes de entrar, daban una vuelta por la plaza, a son de marcha; ellos marcando el paso muy marciales; ellas serenitas como unas monjas.
Balumba de flores, trapos y colgandejos era el palenque, arreglado a diario, para estas justas mentales, ante El Santísimo. Desde agosto se repartían los discursos y se ensayaban a tarde y a mañana. En cada sesión había cuatro, amén de las improvisaciones de los maestros consortes; pues era obligación reglamentaria que todo colegial, así fuese el harrapiezo más chirringo,19 echase su retahíla.m Mozos hubo que relatasen en el mes hasta su media docena. (Así se fue formando la academia de oratoria de La Blanca, que ha dado al mundo tantos Castelares.20 Ogaño, como en aquellos tiempos venturosos, suben a la tribuna, a cada triquitraque,21 hasta monaguillos y caporales). Cerrábanse las fiestas, con un desfile, calle abajo, hasta el morro de un ejido, donde héroes y heroínas tomaban el refresco que en larga mesa les tenían preparado.
El progreso cayó en aquel terreno cual germen de tomate a bordo de cloaca: año por año se acentuaba. Don Ceferino, doña Resfa y compañía eran algo así como el código de Manú:22 legislaban e intervenían en lo público como en lo íntimo. Sobre todo se les consultaba: uniformes y ajuares, construcciones y remontes, edificios y mobiliarios, cuitas de amor o de odio y casos de conciencia. Ellos, por su parte, introducían entre la mocedad, hoy uno, mañana otro, usos y costumbres, modas y elegancias.
a cuarenta horas b Cristi c Bruno,” d Santo e veinte de julio f desgajóse g cantóse h A, B, C, D, E, F: Exponsión / G: Esponsión / H, I: esponsión i Manizales,” j cadenas,” k Patiño—de l Rionegro—y m retahila
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla El hablar fino y figurado fue allí un pacto. No se decía “las mujeres”,a sino “el bello sexo”; nob “mis padres”,c sino “los autores de mis días”; no “la muerte”,d sino “la parca”; y así por el estilo; y a quien saliese con un “gazapo”23 se le rechiflaba de lo lindo. Las señoritas, sobre todo, pulían y perfilaban, como preciosas de las cortese galantes.
Varias aprendieron a cantar sus tonadillas, muchas el Lenguaje de las flores24 y todas a bordar paños de altares, tapaojos hípicos, reatas y guarnieles masculinos. Tan solo Irene Carba mostrábase reaciaf a tales artes y finezas. Oveja arisca, no entraba de lleno en el redil de la imposición.
Don Ceferino, como toda celebridad, era atrozmente autobiográfico y autocrítico: yo esto, yo aquello; a mí lo uno,g a mí lo otro; y del yo no lo sacaban ni con perros. A fuer de dómine y de orador, hablaba siempre como si estuviese en cátedra. Todos lo escuchabanh como a un oráculo, y como oráculo se escuchaba él mismo, embriagándose en su augusta egolatría. El hombre prodigioso narraba y narraba, con cultivo de ficción que era una gloria. Ahora su niñez desamparada de huérfano; ahora su campaña heroica en el Cauca, su herida en cruentísima batalla, sus frecuentes conversaciones con Julio Arboleda,25 el afecto de padre que el guerrero insigne le profesaba; luego, sus triunfos en el Colegio de San Joaquín,i sus polémicas filosóficas con sus profesores, su revelación como orador, sus composiciones, la negra envidia que le tenían sus condiscípulos; después, su influencia con el gobierno y su significado en el partido, sus amores, su matrimonio; y, como mata de alhelí que coronase pétrea fortaleza, sus lauros apolíneos. Porque aquel consentido de don Julio también pulsaba la lira de poeta. Doña Resfa le oía y suspiraba. Como todo vanidoso, llegó a creerse a sí propio sus mismísimas invenciones, y la autosugestión crea a los j héroes. Harto escasos y someros eran sus cacareados conocimientos; pero lo que no sabía lo inventaba, que para el caso es lo mismo. Bien se le ocurría, en su cacumen,26 que entrek enseñar y engañar no existen mayores diferencias, que tanto dan las suposiciones de un pobre dómine como las hipótesis de un sabio esclarecido.
“Hoy me siento inspirado. Esta noche voy a escribir”, anunciaba a los compañeros, en las caminatas vespertinas; y en tales veladas, nadie acudía a su casa: todos respetaban los partos opulentos del pensador. Encerrábase en la sala, donde tenía libros y bufete, y se daba al dulce latrocinio, fuente y origen de sus glorias supremas. Ya del uno, ya del otro libraco sacaba trozos, a veces textuales, a veces disfrazados, y los iba ensartando, empataran o no empataran. Para espolear el numen, venía la copilla de lo blanco, alicuando, alicuando. Ningún escrúpulo por estas mañas. Demasiado se le alcanzaba que de tales merodeos nadie se percataba en el poblacho; que no saldría de sus goteras; que el delito no está en la acción, sino en la divulgación; que ser y aparentar lo mismo dan; que al ratero hábil que no se deja pillar, lo tendrán todos por muy delicado; que las ideas no tienen dueño; y a mujeres,” b nó c padres,” d muerte,” e Cortes f rehacia gúno h escuchában i Joaquín,” j A, D, G, H, I: los / B, C, E, F: dos k entere
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que la forma textual, previas ligeras variantes, es propiedad traslaticia, al alcance de gaceteros y coplistas. ¡Lástima que don Ceferino no hubiera tenido mejor teatro! ¿Qué era este hombre para aquel lugarón? ¡Ni se sabe! Algo como un vidente, un inspirado, un Moisés; mas nunca hubo grande sin su enemigo, ni Marat sin su Carlota.27 Era la de don Ceferino, la tal Irene Carba, moza levantisca, un tanto salvaje e indomable, de muchos alcances y mayores cabiloseos. Huérfana de madre, desde su nacimiento habíala criado, con mucho mimo y ajonjeo, su abuela materna, viuda acaudalada y ferviente admiradora del hombre magno. Por complacerla, solamente, había aguantado la nieta en La Inmaculada; pero, desde el principio, mostrosea insubordinada, burlona y refractaria a muchas prácticas. Tenía novio y estaba más por casangas28 que por educaciones. Don Ceferino la tenía entre ojos: mas como le debiera atenciones y dineros a la viuda, hacíase el tolerante con la chica. Así las cosas, celebrábase un sábado salve de gala, con asistencia, en comunidad, de escuelas y colegios. Quién sabe qué vientos malignos se colarían esa noche a la casa del Señor. Entre la mocedad hubo corrientes magnéticas, suspiros, ojos lánguidos, secreteos y hasta coloquios; y una parte de la chiquillería, apoderada de los incensarios, dio en la flor de quemar semillas de bledo y en reír con aquellas explosiones, que parecían… gases comprimidos. Sería el diablo que se lo sopló todo, ahí mismo, al señor cura: de repente, se vuelve a los fieles y, poseído de santa cólera, echa maldiciones y pone en los infiernos a grandes y a pequeños, a inocentes y culpables. A Pastorita le da ataque; don Ceferino se desfigura; los chicos lloran, los grandes se estremecen.
A falta colectiva, colectivo castigo. Así lo anuncia, a la salida, en medio de aquella corajina que lo levanta del suelo. ¡Qué comentos y qué terror en padres y en comunidades! Él no salió el domingo ni aun a misa: amaneció con el ataque de bilis. La expectativa los pone a todos medio enfermos.
La pela general en las escuelas primarias verificábase en la mañana del lunes, cual si lloviese: tan habituados estaban maestros y discípulos a los rigores del rejo. Pero en aquel “San Antonio”,b donde cursaban hombrachones, la cosa tenía sus bemoles. Don Ceferino recelaba novillos en los días subsiguientes, salida definitiva de algunos, insurrección, acaso. Pero… ¡lo dicho, dicho!
Aquel lunes terrorífico entra a las seis, como de ordinario. Trae el panzadeburro29 tragado hasta el cogote,c dos mechones sobre la frente lívida, palpitantes las narices, anteojos verdes y una bufanda verdusca, puesta allá, como siempre, enroscada. Su chivera entrecana de cincuentón parece más hirsuta, parece más alto su cuerpo achaparrado. Otea en redor de aquella sala y pasa lista. No falta uno solo. “Vosotros no sabéis todavía quién es Ceferinod Guadalete”,e barbotaf trágico en cuanto acaba, y saca un pistoletón de a tercia; tórnale al cinto y toma la palmeta. “Aproxímese uno por uno, por orden de formación”.g Nadie protesta. Desde el alfa a la omega, estos pálidos, aquellos trémulos, recibenh cada uno, en a mostróse b Antonio,” c cogot e
d Seferino e Guadalete,” f A, D,
G, H, I: barbota / B, C, E, F:
borbota g formación.”
h recibe
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla la palma culpable, seis ferulazos,a muy de padre y señor mío. Aquello suena como aplausos. El último grandullón pretende resistirse. “¡Déjese pegar, Juliancito! —chilla un su hermano chiquitín— ¡Déjese, por la Virgen, que lo mata el maestro Ceferino con ese estoperol!”. Y por la Virgen se deja Juliancito. Al terminar los echa a todos: ese día de las justicias es de huelga. El maestro vuelve a la casa, verde y sudoroso. El ataque de bilis le repite. ¡Qué susto el de Leticia y qué vomitar el del maestro! A la mañana siguiente es el suplicio en La Inmaculada.b Pastorita está con baile de san Vito,c30 y doña Resfa, como una esfinge. Todas sufren sus cuatro ferulazos, entre sollozos. Todas no: Irene Carba, que entra la última, se vuelve como una cabra en riña y grita frenética: “¿Te parece que soy como estas ovejas? ¡Eso te quisieras, viejo atrevido, viejo sinvergüenza, viejo verdugo!”; y se flecha a la calle, lo mismo que una loca que huyese del asilo. Siéntese el autócrata como presa de una pesadilla. ¡Por vez primera burla tan sangrienta, irrespeto tan inaudito! Si no lo remedia, él y la disciplina están perdidos. Aquí de sus inspiraciones e inventivas: ¿Y qué hace? Reúne al punto la Junta y decreta una como audiencia pública, para interrogar a la culpable y entablar con ella un careo, a fin de que cante la palinodia y se someta al castigo. Caso que se niegue será expulsada sin remedio. Ahí mismo redacta el acta de aquella sesión extraordinaria; de ahí mismo manda a Irene, con un comisario, la cita de comparecencia, firmada por todos. Contesta ella que a la noche avisará si comparece o no comparece. ¡Otro conflicto! De no venir queda expulsada de hecho. ¿Vendrá? Ella era violenta y de arrebatos; pero, en el fondo, buena y religiosa. El aparato se le impondría y se sometería a todo. Y, ¿si fuera otra burla? De todos modos, quedaban a salvo la honra del superior y la disciplina del colegio. Antes de anochecer recibe la respuesta de Irene: iría a la cita, sin falta. Corre a los de la Junta. Todo como él pensaba. La indómita se sometía, como todas. ¡No podría ser de otra manera! A las doce del miércoles está repleto el salón de las veladas. Reunidas están ambas comunidades colegiales; reunidos Junta Escolar y cabildo; notables y noveleros. Soloc faltan alcalde y comisarios, el cura y doña Casimira. Mano Merejo, el padre de Irene, está presente, como cabildante. Pasan minutos; pasa un cuarto de hora y la emplazada no parece. El público está en un hilo. Al héroe se le ocurre, de pronto, que es mejor que no venga. ¡Sabía Dios con cuántos disparates saldría! Declara abierta la sesión y ordena leer el acta consabida. Apenas principia Antúnez, cuando se siente uno como rumor hacia afuera e Irene se perfila en la puerta. “¡Qué mujer tan arrestada! —cuchichea doña Resfa—. ¡Venir a enredarse con Ceferino!”. Trae bata dominguera de lana azul, al pañolón caído con desgaire y cinta brava entre el copete y la castaña.31 Éntrase rauda y taconeante, con desenfado entre chulesco y señorial. Si no linda, aparece gallarda. Hase dado sus polvos, y, el ojo zarco, medio irritado, chispea centellante. Señálale un comisario el asiento céntrico; ocúpalo y dice: “A ver, ¿para qué me necesitan?”. “Sírvase comenzar de nuevo la lectura, señor a ferulasos b “La Inmaculada.” c A, B, C:
Victo / D, E, F, G, H, I: Vito c Sólo
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secretario” —mandaa el presidente. No bien termina, pónese en pie, toma un papel, tose y declama conmovido: “Señorita Irene: acabab de escucharc la lectura de las disposiciones emanadas de la honorable Junta Escolar. Tan respetable entidad lo ha dispuesto así por ver de evitar las desastrosas consecuencias de un arranque suyo, en que no hay, por su parte, ninguna falta premeditada, sino una simple precipitación, que puede serle funesta a usted y al plantel donde se educa. Ahora bien, señorita Irene: en este instante tan sublime de su vida, en este sol de su juventud florida, se le abren dos caminos: si acata lo dispuesto por sus superiores, si se retracta de sus expresiones a su maestro, si se somete al castigo que han sufrido sus queridas condiscípulas, será usted proclamada como la más egregia del plantel; será proclamada como la más humilde arrepentida, como la mujer fuerte, como la flor más perfumada del jardín de la Virgen sin mancilla. Al contrario: si por una desgracia, que yo no creo, ¡que me resisto a creer!, usted insiste en su rebeldía, será usted señalada por sus amigas, será la adelfa envenenada, la palma carcomida que amenaza muerte. (Pausa. Pastorita ora, doña Resfa se abisma, el auditorio se electriza). Aún es usted, señorita Irene, una tierna niña: usted es muy inteligente, muy atractiva: aún puede nutrirse con el manjar divino del saber; aún...
—Muchas gracias, don Ceferino —interrumpe nerviosa— ¡Estoy muy hostigada del dichoso manjar! Ni yo necesito ser sabia. He durado en el tal colegio por complacer a “mi madrecita”; no por mi gusto. Yo me he de casar con un montañero, que no sabe del tal Telémaco, ni de la tal hipotenusa, ni de los catetos, ni del cabo Comorín. ¿Para qué voy a aprender, entonces, esas cosas tan grandes? Eso para otras que se van a casar con sabios traídos de París y que van a vivir en palacios. ¡Para mí no! Y me parece muy raro que hablen de expulsarme después de haberme salido yo misma, sin que nadie me lo dijera. Es como si yo diera liebre a la mirla que se me huyó ayer de la jaula. ¡Enteramente lo mismo!
—Está bien, señorita: usted misma se dio por expulsada. Pero, ¿y las irreverencias en el templo ante El Santísimo?
—¡Qué irreverencias ni qué demontres! Yo no coquetié en la iglesia, el sábado en la noche, por la sencilla razón de que mi novio no estaba aquí: no vino hasta el domingo por la mañana. Si hubiera estado lo hubiera mirado como lo miro siempre. —Según eso, es una costumbre, una falta habitual.
—¿Falta? ¡Ahora lo oigo! Mirar una mujer al hombre que va a ser su marido, no me parece ningún delito. Eso se hace sin pensarlo.
—Pero en el templo, ¿señorita?...
—¡En el templo, sí, señor! ¡Ni en el cielo que fuera! ¡Caramba! —¡Qué ideas en una niña cristiana!
—No son ideas: es que así lo siento.
—¡Qué conciencia!
—¡No tengo otra, señor cura! ¿Yo qué hago?
a Secretario”—manda b Acaba c [A partir de esta línea y hasta el final del parráfo el periódico presenta gran deterioro. Las carencias fueron enmendadas con apoyo de la segunda edición del texto].
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla —Está bien. La insurrección en el plantel, y el irrespeto al superior, ¿también los niega, señorita?
—¡Usted sí está distraído, don Ceferino! ¿Quería que me dejara pegar como estas bobas?, ¿como estos mozos sin calzones? Un veneno para usted. Usted es el que merece el castigo. No palmeta, ni bala: ¡unos azotes! Pero aquí no hay más que un montón de viejos enjalmados32 y de muchachos sinvergüenza, principiando por mi padre y acabando por mis hermanos. Se dejan pegar, les dejan pegar a las mujeres, a cuenta de los tales planteles, y se quedan muy orondos... ¡No me haga ojos, papá!: yo tenía que decirle a don Ceferino lo que ustedes no se atreven. —Damos por terminada la sesión. ¡No hay sujeto!
—Sí, señor. Pero me escucha antes dos palabras —dice ella subyugadora e imperativa—. Usted no es tal maestro ni tal sabio: usted es un montañero, como nosotros, nacido y criado en La Chapa. Lo pusieron, unos días, en un colegio y lo sacaron de la olla al primer hervor. Usted es un falsario y un fabuloso que ha venido a este triste pueblo a enseñar lo que no sabe y a engañarnos con sus aleluyas. Todas sus clases son invenciones que va sacando de su cabeza. Todas sus peroratas y sus relatos, los copia de libros y gacetas.
—¿Qué está diciendo usted, señorita?
—¡Lo que está oyendo, si no es sordo! Usted no es, tampoco, ningún santo. Usted bebe aguardiente, y anda de noche en malos pasos y le pega a misiá Resfa. Usted vive a media caña.33 ¡Aquí no saben qué laya de culebra se les ha entrado a la alcoba! —¡Usted es una calumniadora!... ¡Una desgraciada! —rugea descompuesto y fuerab de la plataforma.
—¿Calumniadora? —replicac alzándose y cruzando los dos dedos. —¡Lod juro por esta Santa Cruz! Si es mentira, ¡que me caiga un rayo ahora mismo! —¡Usted abusa de su sexo! Si fuera hombre, no me diría tanta insolencia. ¡Aquí mismo le daría su merecido!
—¡Ah, cosa divina!... ¿Con que abuso de mi sexo? ¿Y pegarle un hombre a las mujeres, le parece mucha hazaña? Soy una triste mujer y usted no puede pelear conmigo ni atacarme. Pero lo que le digo es como si se lo dijera el hombre más hombre. Ni mi padre, ni mis hermanos salen por mí, pero mí novio sí sale. Está dispuesto a sostenerle a usted, como quiera y cuando quiera, todo lo que he dicho y... algo más. ¡Y si quiere que se lo pruebe todo, también está pronto! Como usted es tan encumbrado, tal vez no lo conozca, porque no es de los sabios de su colegio. Se llama Donato Parra y vive en la Calle del Alto,e frente al ciprés. Dice y sale.
La ráfaga deliciosa del escándalo pasa por todos los corazones. El maestro torna a los vómitos, ahí mismo. Aquella gente se queda de una pieza. El personero secretea al señor alcalde. Hay que exigirle fianza a la salida. Donato es muy altanero y temen una desgracia. Muy de bracero y en rodeo desagravante sacan los de la Junta a — ruge b fuéra c — replica d dedos.—¡Lo e Alto,”
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al atacado por la bilis. El novio de Irene está en la esquina, muy plantado. Le llaman, le llevan con el enfermo a la Alcaldía, los fiadores se ofrecen y, quieras que no, pulla aquí, palabra allá, tienen de firmar la paz y de tragarse el mutuo encono. ¡Qué incendio en aquel pueblo! Reportean a Donato, a su íntimo el estanquero, a Irene. Citan ellos a “la mulata Naciancena”,a que sirvió en casa de don Ceferino, y la sirvienta cuenta todo con sus pelos y señales. Las compras clandestinas de aguardiente, los celos de doña Resfa, los golpes de su infiel esposo, la copia de los libros y las angustias de Leticia.
La Inmaculada quedó cerrada ipso facto.b Doña Resfa no vuelve “a tener cuentas con gente tan mala y habladora”.c Pastorita ha recabado de su hermano la promesa de no volverla a meter en berenjenales de enseñanza. El cura se esconde, por no oír el chisme, y prohibe se lo lleven al confesionario. Doña Casimira, a quien Irene había asegurado su sometimiento, está aterrada; teme la cárcel para ambos; teme el presidio por Donato. Páctanse los hombres castigados para explicar su mansedumbre y aseguran, los muy enbusteros, que, desde ese domingo nefando, acordaron, a una,d someterse a todo, sin protesta, por no matar al maestro en vil gavilla y no hacer desgraciadas a sus madres; pero que en cuanto lo topasen a solas, cada cual se entendería con él, de hombre a hombre. Algunos se retiran a sus montes; mas los empecinados en sus cursos de oratoria, permanecen impertérritos. Don Ceferino sigue en cama y “san Antonio” apenas sí funciona, bajo un pasantee ad hoc f y la vigilancia, por instantes, del maestrico Antúnez. La Junta Escolar queda en el aire y lag Sociedad de Fomento se vuelve humo. Algunos padres de familia se niegan a pagar, en adelante, las cuotas del sobresueldo. Cabildo, Junta y Alcaldía se unen en consulta. Al fin triunfa la opinión del Personero: no convenía, de ningún modo, estrellarse, por ahora, con personaje tan influyente y poderoso como don Ceferino. El sería tomatragos, pegón y enamoradillo, pero a sabido y perorador nadie le ganaba. Que sacase cosas de otros libros, nada importaba. Todos los sabios eran así, porque nadie sabía por sí solo, sino por lo que supiesen los demás. Si no les cogían “los mogos34 y las merijunjuñas35 de otros”, ¿cómo aprender y decir tan bonito? Don Ceferino, apenas convaleciente, se madruga para su tierra, con su mujer y su hija. El chismorreo, medio contenido por la presencia del héroe, se desata como tormenta. Los discípulos refieren; refieren las discípulas; ellos de los tufos alcohólicos que le han sentido; ellas de las indiscreciones y confidencias de Leticia. Se cuenta y no se acaba de andanzas nocturnas por las afueras, de los saltos de tapias, de negras y blancas, de los celos llorones de doña Resfa. Asegúrase que los cónyuges son, en su tierra, “unos ñapangos36 medio tolerados” y se discute si Leticia nació antes o después. Aún hay huesos qué roerles, cuando el maestro regresa. Trae tres policías bien armados y pliegos del prefecto y del visitador provinciales, en que se ordena al señor alcalde fomentar el colegio y sostener al director. ¡A él, ahora, los Donatos y las Irenes! ¡A él los mozos careados del castigo!
a Naciancena,” b ipso facto c habladora.”
d úna e Pasante f ad-hoc g La
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla “San Antonio”,a mermado en sueldo y en discípulos, languidece, a pesar de los mandatos. Ni los certámenes lo levantan. El ídolo ya no se siente inconmovible. Aparenta la misma seguridad de su apogeo, y, al tratar de estos asuntos, asume aire de grandeza: todas esas pequeñeces eran muy naturales; el mérito y la virtud siempre habían sido perseguidos; la ingratitud era el patrimonio de los hombres: él había tenido enemigos a su altura, y solo sentía que estos nuevos de La Blanca fuesen tan menguados. Mas por dentro le devoraban el despecho y los rencores. Su soberbia destila veneno, al pensar que tenía que salir de su reino por gradual destronamiento. ¡Si su genio benéfico le deparase algún final glorioso!
El genio le oye.
Corre el año de gracia de 1876, décimo primero de su reinado, y estalla la cruzada de Antioquia y el Tolima —entoncesb Estados Soberanos— contrac la oligarquía, el sapismo,37 las escuelas laicas, el matrimonio civil y otras varias herejías implantadas por el Gobierno General. Ciérranse las escuelas; preséntanse unos, huyen otros; los viejos tiemblan, las mujeres rezan.
Vuela don Ceferino a su tierra y ofrece su sangre. Se le hace volver a La Blanca: allí lo necesitan, allí sirve a su causa con más eficacia que en los campos de batalla. Ese pueblo, rojo hasta las uñas cuando Pascual Bravo,38 requiere, ahora, especial vigilancia. A él le toca esta tutela. Allí recae, con un piquete de treinta reclutas y un espadón que lo baja hasta los jarretes. ¿Habían conocido al maestro Ceferino? ¡Ya conocerían al coronel Guadalete!
Odios personales y políticos se revuelven en aquella bilis, y la culebra, que dijo Irene, se desenrosca. Licor y galanteo ya no son en secreto. Sobre tirios y troyanos cae el flagelo: si no todos son hostiles por convicciones, lo serán por compadrazgo. A unos cárcel, a otros, destierro; a estos, compartos; a aquellos, bagajes; a los tales, porque ocultan armas; a los cuales, porque no creen los partesd militares; extorsiona y oprime entre insultos y sarcasmos. Sus discursos respiran exterminio, y ha vuelto al padre Mira un energúmeno.
Donato y su mujer han huído. Las comisiones les buscan por todo vericueto. Al “bastardo del infame Parra” —como llama a su enemigo— es consigna traerlo vivo o en pedazos. Como no parece, pagan el pato bestias y sembrados y la misma doña Casimira.
Día por día juzga su santa causa más triunfante. Pero hee aquí que un día, allá a principios de un abril negro, recibe un posta. Abre el pliego y se le pasa la borrachera. Parte del piquete se evapora. Élf pretende huirg con el resto, pero antes que lo percate, llega de Rionegro otro mayor y lo maniatan. Irene, que sale del escondite, envalentonada por las noticias, preside, cual la hermana de Moisés, el coro jubiloso de la liberación. La cabeza de la serpiente ha sido quebrantada. ¡Alabanzas al Dios de los Ejércitos!
a Antonio,” b Tolima—entonces c Soberanos—contra d pártes e hé f El g huír
Superhombre
422
1
Publicado por primera vez en El Espectador de Medellín el 9 de noviembre de 1920 (N. del E.).
2
Cartilla: f. Cuaderno pequeño en el que aparecen las letras del alfabeto para que las aprendan los niños (ntlle, 2019).
3
Citolegia: f. Método para aprender a leer rápidamente (ntlle, 2019).
4
Catón: m. Libro compuesto de frases y períodos cortos y graduados, que se usaba para ejercitar en la lectura a los principiantes (dle, 2018).
5
palio: m. Especie de dosel colocado sobre cuatro o más varas largas, bajo el cual se lleva procesionalmente el Santísimo Sacramento, o una imagen, y que es usado también por el papa, algunos prelados y algún jefe de Estado (dle, 2018).
6
macuenco: adj. Entre nosotros vale desmesurado, enorme (V. E. Robledo, Vocab. Obs. de Carrasquilla). Vale también estupendo (ahac, 1986).
7
código de Carreño: Manual de urbanidad y buenas maneras, obra muy popular en América, escrita por el literato venezolano Manuel Antonio Carreño (ntlle, 2019).
8
penates: m. Pl. Dioses domésticos a los que rendían culto los antiguos romanos (dle, 2018).
9
popo: m. Cañuto; lo que tiene forma de tubo (ahac, 1986).
10 caramillo: m. Flautilla de caña, madera o hueso, con sonido muy
agudo (dle, 2018).
11 jumao: adj. De ahumado, relacionando la palabra con humo, por
conversión de las dos consonantes. Fuera de significar borracho, entra esta voz en las frases a lo jumao y por lo jumao. Dice Antonio José Restrepo en El Cancionero de Antioquia: “Tanto es así que el propio pueblo divide sus cantares, sus décimas y relaciones en dos maneras o matices distintos, que exteriorizan sus dos grandes preocupaciones: el amor a Dios y sus santos y el amor a las mujeres y sus encantos. Canta a los primeros a lo divino; canta a las otras a lo humano”. Jumao es una corrupción de esta última palabra, anota el mismo Antonio José. Échale, ole Fabián: pero bien por lo jumao (invitación a que cante). Este jumao quiere decir malicioso, picaresco, travieso, verde (ahac, 1986).
12 palmeta: f. Instrumento que se usaba en las escuelas para golpear
en la mano, como castigo, a los niños. (dle, 2018). 13 Minerva: Diosa romana de la sabiduría y la guerra estratégica (N. del E.). 14 andróminas: f. coloq. Embuste, enredo (dle, 2018). 15 embozada: adj. Encubierta (dle, 2018).
16 pico de oro: m. Elocuente (ahac, 1986).
17 Veinte de Julio: Celebración del Grito de Independencia en Co-
lombia (N. del E.).
18 Camilo Antonio Echeverri: (1827-1887) Ingeniero, abogado e
intelectual liberal colombiano. Gobernador de la Provincia de Antioquia en 1855 (N. del E.).
19 chirringo: m. Amér. En Colombia, niño chiquitín, nene (ntlle, 2019).
20 Emilio Castelar: (1832-1899) Político y escritor español, miem-
bro del partido republicano posibilista. Célebre por su habilidad oratoria (N. del E.).
21 triquitraque: Tontería (Ospina, 1983, p. 325).
22 código de Manú: Texto sánscrito de la antigua India en el que se
consignan las leyes o doctrinas del sabio Manú (N. del E.).
23 gazapo: m. coloq. Yerro que por inadvertencia deja escapar quien
escribe o habla (dle, 2018).
24 Lenguaje de las flores: Medio de comunicación de la época victo-
riana mediante el cual se enviaban mensajes codificados valiéndose de arreglos florales (N. del E.).
25 Julio Arboleda: (1817-1862) Literato y político colombiano, pre-
sidente de la Confederación Granadina. (N. del E.). 26 cacumen: m. coloq. Agudeza, perspicacia (dle, 2018).
27 Marat y Carlota: Jean Paul Marat (1743-1793) físico y periodista
de la Revolución francesa, murió asesinado por Charlotte Corday (N. del E.).
28 casanga: f. Voz formada con el sufijo anga, de procedencia ger-
mánica, como fritanga, bullanga. Casanga, f, fest. Colomb. Casorio (ahac, 1986).
29 panzadeburro: m. Sombrero de fieltro, gris, de ala ancha. Tam-
bién “panceburro”. (ahac, 1986).
30 baile de san Vito: m. Enfermedad convulsiva; p. ej., el corea
(dle, 2018).
31 castaña: f. Especie de moño que con la mata del pelo se hacen las
mujeres en la parte posterior de la cabeza. (dle, 2018). 32 enjalmado: Zonzo (Ospina, 1983, p. 142).
33 vivir a media caña: Estar medio embriagado o a comienzos de una
embriaguez. Andar con algunas copas de más (Ospina, 1983, p. 80).
34 coger los mogos: Habituarse a algo (Ospina, 1983, p. 226). Mogo:
Modo o manera (ahac, 1986).
35 merijunjuña: f. Méritos, artes, habilidades, secretos (ahac, 1986).
36 ñapango: f. (Del quich. llapanku, hoy llapangu: descalzo). Co-
lomb. Mestizo o mulato. Ac. / 2 m. y f. Cauca (Colomb.) Muchacho del pueblo (ahac, 1986).
37 sapismo: Círculo político del liberalismo integrado por interme-
diarios políticos de los pueblos de la Sabana y del nororiente de Cundinamarca (N. del E.).
38 Pascual Bravo: (1838-1864) Político y militar colombiano, miem-
bro histórico destacado del Partido Liberal (N. del E.). Notas explicativas
Tranquilidad filosófica
424
T Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1920) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: Tranquilidad filosófica (Acuarela G) A: El Espectador (1920). Medellín. B: Obras completas (1952). Madrid: epesa. C: Cuentos de Tomás Carrasquilla: “Náufrago asombroso del siglo de oro” (1956). Medellín: Bedout.
D: Obras completas (1958). Medellín: Bedout. E: Acuarelas y Discos Cortos (1991). Medellín: Autores Antioqueños.
F: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
G: Obra Escogida (2008). Medellín: Universidad de Antioquia.
H: Cuentos escogidos 1 (2018). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia. Alejandría del Sol Monsalve Gaviria Editora crítica
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Tranquilidad filosóficaa1 (Acuarela G)b Él,c Severiana y lad Niña la mantienen como desvanecida en un ensueño. ¡Esoe sí es vida! La placidez de las insatisfacciones interiores anima siempre aquella cara chupada y angulosa, si no muy curtida y arrugada. Apropíncuase2 a las sesenta navidades, y es alta, espiritada y tiesa, de ojo zarco y agorero, pelo espeso lo mismo que filote de maíz. Vive muy pulcra y muy ceñida, con andar ágil y faldas rumorosas, siempre expedita para cualquier oficio, siempre solemne y entusiasta, y un tanto silenciosa y concentrada en sus venturas. Les aseguro que misiá Polonia siente el corazón repleto hasta el corcho, y urde, como una araña sus telares, el poema triunfal de su existencia. Cada día es un canto, es un himno.
Once años haceg que, por fuero de la madreh Iglesia, se conquistó a Liborio, un montañero garridote que pudiera ser su hijo. En tantoi tiempo la mecha de aquel amor cristiano y anodino no se ha apagado en el esposo: arde siempre con llama descolorida pero estable. j Aquel limbo conyugal tiene, con la calma serena de lo opaco, la moralidad edificante del ejemplo. Liborio es de origen plebeyo; su cara esposa es de lo blanco y timbradok de por acá. Hace algunos años sentaron sus reales en la empresa minera de San Cancio.3 Liborio es lavador en el principal de los molinos. Bajo aquella enorme y trepidante fábrica, techada con astilla, se han labrado aquel nido sin posturas, sin píos ni aleteos. Si no el rebullicio de pichones, le arrullan el pumpúm de los pisones al triturar el pedrisco, el derramarse de las aguas al giro de la rueda, los chirridos de tantosl engranajes y el estruendo periódico del mineral al caer en la tolva. Es un barracón de tablas, a guisa de caja, con sus ventanillas al exterior y un caedizo adyacente, donde plantaron el lar,m el pilón y las piedras de moler. Bordéanle,n por un ángulo, sembrados de coles, cebollas y otras yerbas comestibles o medicinales, entreverados con girasoles y malvarrosas. Del ángulo opuesto alegra “lañ jardinera”, que llama misiá Polonia: ringleras de margaritas y doncenones de claveles cientoenvara y rosaso Chagres. Todo lo mantiene muy limpio y esmerado; todo entre cercos de palizada,p todo muy fresco,q hasta ese campo donde alcanza el salpicar constante de la represa.
Si aquello es por fuera, ¿quér no será por dentro? Allí no se siente ese olor a humedad y a madera que se pudre, tan peculiar de los molinos. Avisos ilustrados de toda industria, muestras de papel de colgadura, arabescos de postales, etiquetas de botellass tapizan,t en mosaico delicioso,u paredes y cielorraso. Cuatro monigotes de la a TRANQUILIDAD FILOSÓFICA b (ACUARELA G)
c El d La e Eso
f mi sia [se unifica esta fórmula de tratamiento para los casos de “mi sia" y "misia" por “misiá", como uso más generalizado a lo largo de la obra del escritor].
g haco h Madre i tánto j estable..
k timbado l tántos m A: lar / B, C, D, E, F, G: llar n A: Bordéanle / B, C, D, E, F, G:
Bordánle
ñ La o rosa p palizada. q fresco.
r qué s A: rabescos de postales, etiquetas de bo- Avisos ilustrados de toda industria, muestra de papel de colgadura, a- tellas / B, C, D, E, F, G: Avisos ilustrados de toda industria, muestras de papel de colgadura, arabescos de postales, etiquetas de botellas t tapizan. u delicioso.
Tranquilidad filosófica
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Emulsión de Scott,4 con su ingente bacalao a cuestas, custodian aquel recinto sacro, cual si fuesen sus manes tutelares. Arrimados a esos muros se enfilan, metódicos, baúles y cajas, el escabel trípode del esposo, la banqueta de la señora y, sobre su tarimilla, la máquina cosedora de manivela. El lecho conyugal, con rodapié colgante de calados y floriloquios,a se acoge al rincón más íntimo, bajo un toldo misterioso de trapo colorado, que Eros, si desenvuelto en los ardores juveniles, fue siempre muy recatado bajo la carne vieja. En el punto más visible, sobre un parapeto de cajones, se alza lab Niña. Sus divinas plantas de higuerón huellan la bola pérfida del mundo y aplastan la cabeza de la sierpe astuta. Soñolac un tanto extraña un artista sanvicenteño: no es la Niña trigueñad de Nazareth;e5 es una criatura desvaída f de las riberas del Porce, bizcorneta6 ella y con anemia tropical. Mas ahí está misiá Polonia para arreglar entuertos. Ahora es la cabellera bermeja de su propio pelambre, en tirabuzones como popos;7 ahora, las vestas con astros de papel dorado; ahora, las coronas de emperatriz y las guirnaldas de florecillas. ¡Qué g manos las de misiá Polonia! Campea en el centro la mesa providente de las utilidades: allí come Él,h allí plancha ella y hace sus tabacos, allí baila y luce sus gracias Severiana, la sin par. Pero esta mesa predestinada esi tan solo j su proscenio:k8 Severiana habita afuera, cabe la barraca, allá sobre un trozo de cable tenso, suspendido de unos zunchos, a modo de trapecio. Es este el único invento que resiste su pico destructor. Vedla en esa percha: sus ojazos relumbran cual topacios; su plumaje se esponja y se irisa; vuélvese de un lado, vuélvese del otro: acá se escorza hacia los zunchos, allá se cuelga como una loca, en croar estridente de alegría. Mira cómo luce el rojo y gualda del pabellón hispánico;l cómo ostenta las gamas del verde y del azul; cómo despliega a cada paso las alas polícromas y esa cola, alterna en blanco y en pajizo. Mira cómo ese pico corvo y prepotente muerde fierro y acero sin mellarse.
No vieron las selvas del Magdalena otra más pintada, más ladina y más revoltosa que la bendita Severiana. A sus dotes naturales aduna la educación. ¿Cómom no? Sus padres se han esmerado tanton con esteñ sero que da significado y alegría al barracón de adultos solitarios. Pero en lo que toca a lenguas sí no le vale: apenas pide cacao y se nombra a sí propiap la muy autobiográfica.
La madre solo rompe la majestad de su silencio para apostrofar a aquellaq hija, con palabras aladas,r9 que dijo el viejo Homero. Éntranles a veces escrúpulos cuando piensa que pueda querer menos a la Niña que a Severiana. Pero no:t es fanatismo materno: a la Niña apenas la desbanca Él.u Por la mañana, no bien la destapa, le soba la carita y le dice con voz fingida de mimo: “¿Quév tal maneció law Niña preciosa? x ¿Tieney mucha de la gana de una velita? Esta noche se la pongo y hoy voy a mudala y a ponela más linda”. Liborio es muy puntual, muy honrado en su trabajo, y sus patrones confían en él como en sí mismos. Por su desentendimiento y sencillez goza de popularidad entre los peones. Siendo él y su viejona grandes personajes de la mina, son, desde luego,z el a floriloquios.
b La c Soñóla d Trigueña e Nazaret f A: desvaída / B, C, D, F, G: desvalida / E:
desválida g Qué h El i A: es / B, C, D, E, F, G: no es j sólo k proscenie l A: hispánico / B, C, D, E, F, G:
hispano m Cómo
n tánto ñ éste o sér
p A: a sí propia / B, C, D, E, F, G:
a sí misma q aquélla r A: aladas / B, C, D, E, F, G: saladas s Entranle t nó u El
v Qué w La x Preciosa y Tiene
z luégo
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla blanco de muchos comentarios. Misiá Polonia tiene sus malquerientes y envidiosos; mas, como quiera que no entra ni sale en los chismes y escándalos de la mina, como soloa va a las casas por ver enfermos y recetarles, como recibe muy bien en la suya, encendiendo tabaco a todos y dando bocado a los pobres; como tiene el prestigio de señora educada, sabidora de usanzas y embelecos cultos y hasta médicos; como gasta alhajas y atalajes costosos y le suponen muchos dineros guardados, mal pueden negarle, al menos por delante, los fueros que se merece, ni dejar de consultarla en muchos puntos. Todos convienen en que, siendo muy “orgullosa” en ropa, casa, comida y jardinera, no lo es con los cristianos, pues orgullo en la acepción montañera equivale a exquisitezb o cosa tal.
La gran dama trabaja más que los arrastres, antes que suene la campana que llama a la faena, ya está la esposa amante muy lavada, puesta y rostriplácida, raspa que raspa, para que él se desayune con la humeante arepa. Siéntese a poco, a pesar de los estruendos del molino, esa música hogareña del molinillo y se difunde, barraca adentro, ese olor de chocolate de harina con jamaica en cuya molienda pone misiá Polonia sus sentidos y potencias. No bien toma Liboria el tazón canonjil,10 toma ella el camino de la Proveeduría, a traer la ración en especies y a mercar las extras. Aquí el vacilar, el escoger y el confundirse. “Es que a Él lo tengo tan mal enseñadito”. Provista al cabo, vuelve a la cocina, para ver qué inventa a fin de sorprenderlo a Él con cuido nuevo. Una vez determinado y puesto el fuego, toma la escoba asoladora y… adiós pajas, gusarapos y residuos. En seguida adereza a la Niña, paramenta el altar y arremete contra el oficio lucrativo. Aquellas son labores: los jueves, empanadas; los sábados, tamales; buñuelos, algunos días; cocadas, con frecuencia; y, de cuando en vez, esas tortas o bizcochuelos, que por acá llaman hojaldres, acaso por extensión, no porque se formen en hojas. Todo ello, más que por venderlo a los peones, es por regalar a Él ese paladar tan ajonjeado. Si se trata de costura, planchados y tabacos, saca fuerac de la puerta muebles y utensilios, no para tener mejor luz, precisamente, sino por contemplar, en amoroso soslayo, ese otro sol de su vida que ilumina su alma. Sí: por ahí trasiega Él, ya por las baterías,d ya por los canales. Al fin toma la batea, circular y pulida como patena,11 la mete en el cajón aleatorio del lavado, la saca, la menea, la inclina, le chorrea agua de un lado, le chorrea del otro, bota arena aquí, bota allá, y torna al remeneo12 y a lo otro. Negrea la panda superficie, la lista de jagua se desvanece, y en el borde, allá abajo, en lo más tenue de aquellas arenillas tenebrosas, asoma como un albor esa amarillez tan codiciada. La mujer le conoce, por la cara, cuándo la pinta es rica, cuándo mediana, cuándo mísera. ¡Pero cómo se interesaba Él en ese trabajo tan delicado! Viéranle esas trompas tan bonitas que hacía. Le mira y suspira de dicha. La parece tan hombrazo y tan buen mozo. ¡Viéranle ese bigote tan espeso y ese pelo! Ni el patrón ni nadie en la mina era tan plantado como Él, ni tan formal, ni de vivir tan bonito. Su corazón, más que los pisones mismos, le advierte los estados del molino: ella sabe cuándo le sobra mineral al cárcamo,13 a sólo b exquisites c fuéra d batería
Tranquilidad filosófica
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cuándo le falta. Poco le rinde a veces el trabajo de sus manos, por atender a esa otra faena de sus entretelas fervorosas. Al atardecer son los esparcimientos con Severiana, y luego el rosario ante la Niña, la cena y…a ¡al descanso, cuerpos fatigados! En las mañanas del domingo, son los baños en el derrame de la represa. Viene en seguida el tocado de gala. Mientras Él se afeita, ella se saca la carrera hasta el cogote, y, alisa que más alisa, se hace las crinejas14 y las remata con cintajos. Luego peina a su hombre con escobababosa15 y le parte por mitad aquella greña que tanto le fascina.
Haya o no viaje al pueblo, son las majezas y galanías. Liborio, el mirífico guarniel envigadeño, de piel de nutria, cinco fuelles y reata charolada; la ruana bogotana, el borsalino alón,16 la camisa de lana con ojaletes, los pantalones de paño claro y las alpargatas, siempre retocadas por la esposa. Pues,b ¿y ella? ¡A un rincón las arrastraderas y trapos semaneros! Y vengan los botines de punta laboreada, la saya azul o florona de merino y los ruedos interiores de bordaduras; venga la blusa que le engloba el busto como una uchuva; venga el cinturón de hebillac magna, la peineta de caguamo, los aúreos aretes de mariposa y el aúreo prendedord de pajarraco. Si hay viaje saca el paraguas crujidor, el pañolón de ampulosa flecamenta17 y la corrosca de cintas volanderas. Ni para los amargores de aquelllas hembras de trapillo pesebrero. Dicen, por la pica,18 que la vieja enyerbadora19 no sale al pueblo por oír misa ni por cumplir con la iglesia,e sino por comprar los embustes para su enyerbado y darle a guardar al señor cura los productos de sus menjurges usurarios. En tales salidas, merced a buenos gajes, se queda a la vela de la casa y de Severiana el famoso Antolín (a.20 Conejo). Es un mozalbete de “La Mosca”, contratista de madera para los socavones; muy valentón a la vez que formalote. Enemigo de bebezones y francachelas en el pueblo de la baraja y de los dados, tan socorridos por la peonada, es alegre y avispado a su manera. Rasga la vihuela, canta, trova y “echa décimas” como él solo. Es el dilecto del matrimonio molinero, el gran amigo de Severiana y un profesor principalísimo. Mientras cuida, tañe y canta y bobea con su discípula.
Los domingos que no hay salida son los grandiosos y gratis matinés: sacan a Severiana en la mesa, a la plaza del molino. Conejo rasga, hacen cajón21 los esposos sobre el mueble, los tres cantan y repiten:
—¿Dónde está la guacamaya?
—En Palenque está.
—¿Dónde está que no la veo?
—Volando va.
Severiana, entretanto, dando cada chillido, se esponja, se retuerce, se engalla, patojea a la diestra, patojea a la siniestra, voltea como a picarse la cola, agita las alas, y, al tercer “volando va” se lanza al suelo o a la cabeza de algún espectador. a y…..
b Pues c hevilla d prenderos e Iglesia
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Pero este número es nada ante esotro mágico que justifica el nombre de la heroína. En él ha puesto Conejo todas sus argucias de educador. En cuanto preludia la vihuela y suena el cajoneo, ya está la Severiana poseída del numen. Es ello una de esas retahílas montañeras que llaman caña,22 en que se apura una misma palabra, hasta producir la obsesión. Conejo, con rasgar impetuoso, con un vozarrón guacamayesco, que se ha ingeniado al efecto, se requinta, y grazna y chilla: Esta Severiana s’enoja conmigo; Mirá, Severiana, que a ninguna sigo.
Ole, Severania, ¿querés que nos vamos?
Verás, Severiana, que algo nos topamos.
Esta Severiana con los ojos mata:
Yo con Severiana consigo la plata.
Esta Severiana me ha de dar la vida.
Yo con Severiana tendré siempre suerte:
Yo con Severiana no temo la muerte.
Ya no es giro: es un saltar, un agitarse, un vértigo. Al final cae en un desmayo de arte. ¡Qué ovación! A misiá Polonia se le humedecen ensanchadas las pupilas de lechuza. Mas no son estas fiestas dominicales de Severiana las únicas en la mina: son, también, las anuales de la Niña. Cada ocho de septiembre23 es una gloria. Previo el novenario, con muda flamante de arte nuevo, bajo baldaquino24 de flores, entre coros de cantares y alabados, la llevan al pueblo, desde el siete, en devotísima cuanto festiva romería. La mina se despuebla; las campanas de la aldea se desbadajan. Por la tarde hay vísperas; por la noche, salve; salve con “música seria” y chirimía, con cohetones y petardos de dinamita, arrojados por los mineros; por la mañana, misa, procesión, arcos de follaje, colgandejos de trapo, girándulas25 y vacalocas.26 Hay trago para todo bicho de la empresa, hay retornos por los obsequiados, perras,27 peloteras,28 cepo29 y hasta sangre. Para los pocos que tornan a la mina hay gaudemus de chocolate, con panecitos y empanadas. Y no se quiebra el matrimonio de los rumbos, porque la Renta de Licores entra por mitad.
Así va singlando esta nave conyugal, entre los goces inefables de los afectos, por aquel mar de suero; así va, con la igualdad ritual del almanaque, con la monotonía narcótica de un rosario.
Uno de los patrones —más fresco y maleante de lo preciso— al ver siempre a Liborio tan campante y satisfecho, al no saberle trapicheos por ninguna parte, le dice cierta vez en que tenía sus copillas:
—¡Pero, hombre Liborio! ¿Vos sí sos feliz de veras? ¡Yo no puedo creerte!... O fue que mana Polonia te contagió la dicha.
—Talvez sí, mi Don: todoa se pega.
—Entonces sí es cierto que la viejorra te dio yerbas, como dicen aquí. —Yerbas me da cada rato; cebolla, ajo, perejil, orégano… ¿No ha visto pues a Todo
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430
la huerta que cultiva?
—¿Pero vos tan muchacho todavía y tan competente? ¿Cómo te conformás con un rejo de vieja?
—Pues aí verá que sí.
—Vos siempre se la pegás de algún modo: vos sos muy misterioso y muy zorro. —Pues averigüe a ver.
—Pero, ¿sí la querés con amor?
—¡Con amor! ¡Pues, si fuera con amor, no me mantendría tan contento! ¡Quién sabe cuantas penalidades sufriría yo si ella fuera una muchacha bien bonita! Talvez angurria30 por ser lo que no podemos. Talvez celos. Y ves una cosa, patrón: eso es lo mismo con fea que con bonita, con vieja que con muchacha: todo está en uno.
Y se fue imperturbable, impasible, a su tarea.
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
1
Publicado en El Espectador de Medellín el 9 de noviembre de 1920 (N. del E.).
2
apropincuar: Acercarse (dle, 2018).
3
San Cancio: Cerro en Manizales conocido por su tradición minera (N. del E.).
4
Emulsión de Scott: Aceite de hígado de bacalao muy popular durante el siglo xx para tratar la anemia y el raquitismo. Su presentación clásica mostraba a un fornido marino —un monigote— cargando un enorme bacalao sobre sus hombros (N. del E.).
5
La Niña trigueña de Nazareth: Epíteto de María de Nazaret (N. del E.).
6
bizcorneta: adj. Bizco. Muy semejante a biscorneado, adjetivo cubano de igual significación (ahac, 1986).
7
popo: m. Cañuto; lo que tiene forma de tubo (ahac, 1986).
8
proscenio: m. Parte del escenario de un teatro más inmediata al público (dle, 2018).
9
palabras aladas: Epíteto de Atenea en las obras homéricas. Otras ediciones transmiten el error “palabras saladas” (N. del E.).
10 tazón canonjil: Alusión a la abundancia de comida de la canonjía
eclesiástica (N. del E.).
11 patena: f. En el rito católico, bandeja pequeña, generalmente
dorada, donde se deposita la hostia durante la celebración eucarística (dle, 2018).
12 remeneo: m. Conjunto de movimientos rápidos y continuos
(dle, 2018).
13 cárcamo: m. Hueco del molino (dle, 2018). 14 crineja: f. Trenza del cabello (ahac, 1986).
15 Escobababosa: f. (Sida Glutinosa). Malvácea. Hierba muy común
en los climas templados y cálidos. Abunda en mucílago y sirve en los campos para barrer (ahac, 1986).
16 Borsalino alón: Sombrero de fieltro de la marca italiana Borsa-
lino (N. del E.).
17 flecamenta: f. Los vocablos despectivos con esta terminación, tales como faldamenta, franjamenta, son muy del habla antioqueña y en su aparición debieron influir voces como vestimenta. Recordar el plural latino vestimentum, así como otros derivados de mentum, en diversas formas (ahac, 1986).
18 por la pica: Por pique o resentimiento (ahac, 1986).
19 enyerbar: Dar bebedizos para dominar la voluntad, sobre todo
en materia amorosa (Ospina, 1983, p. 147).
20 a.: Alias (N. del E.).
21 hacer cajón: Esta locución vale tabalear o acompañar a otra per-
sona en sus fechorías (ahac, 1986).
22 caña: Copla y tonada (ahac, 1986).
23 ocho de septiembre: Celebración de la natividad de la Virgen
María (N. del E.).
24 baldaquino: Especie de dosel o palio hecho de tela de seda o da-
masco (dle, 2018).
25 girándula: f. Rueda llena de cohetes que gira despidiéndolos
(dle, 2018).
26 vacaloca: Llamada también tora o toro de fuego, es un juego
pirotécnico popular en festejos de varios pueblos de España (N. del E.).
27 perra: f. coloq. Embriaguez, borrachera (dle, 2018).
28 pelotera: f. No solo se usa en el sentido de riña, contienda, dis-
puta, sino en el de aglomeración de gentes y en el de dificultades o complicaciones que rodean un suceso o un hecho (ahac, 1986).
29 cepo: m. Instrumento hecho de dos maderos gruesos, que uni-
dos forman en el medio unos agujeros redondos, en los cuales se aseguraba la garganta o la pierna del reo, juntando los maderos (dle, 2018).
30 angurria: m. Un americanismo recibido del habla española y usado
en varias repúblicas. Am. Central, Argent., Bol., Colomb., Ecuad., Perú, SDgo., Urug. y Venez. Egoísmo, avaricia (ahac, 1986). Notas explicativas
P Para el proceso de fijación de esta obra se tuvo en cuenta la primera edición (1920) como texto base y los siguientes testimonios como ediciones cotejadas para el establecimiento de variantes: Por Jesús, recién nacido (Acuarela I) A: El Espectador (1920). Medellín. B: Obras completas (1952). Madrid: epesa.
C: Revista Hojas de cultura popular colombiana (1957). Bogotá.
D: Obras completas (1958). Medellín: Bedout.
E: Acuarelas y Discos Cortos (1991). Medellín: Autores Antioqueños.
F: Obra completa (2008). Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.
Alejandría del Sol Monsalve Gaviria Editora crítica
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla Por Jesús, recién nacidoa1 (Acuarela I)b ¡Quién nos diera arrancarle a uno de esos ángeles, que ahora se aproximan a la tierra, una pluma, siquiera! ¡De sus alas níveas! Con ella, solamente, podríamos narrar, como se debe, la gloriosa gesta que ahora presenciamos. Que abone nuestro cálamo,2 pobre y maculado, la pureza y sinceridad de la intención.
Cristo no muere, nunca, en el corazón de sus criaturas, así estén laceradas por la culpa, así estén medio muertas por el letal escepticismo. ¿Cómo puede morir, si se hizo hombre, por amor a los que pecan? Si muriese, fuera en balde el establo betlemita;c fuera estéril aquella misa inicial de redención,d cuando la Virgen Madre ofreció la hostiae cruenta; lo fueran este Gólgota sempiterno, de los altares católicos, por donde corre la preciosa sangre,f a toda hora; y este Belén, de sus alas sacratísimas, a donde Cristo Uno y Trino,3 baja, a cada instante, a esta vida transitoria. Cristo no muere en el hombre, ni del alma del hombre se separa. Si los pecadores le cerramos las puertas, si lo arrojamos fuera, Cristo vela a la entrada. Cristo golpea, porque padece sed de almas. ¿No son ellas sus templos predilectos? Élg sabe cómo entra; Él sabe cuándo llega: al uno lo arranca del alcázar de la salud, de la opulencia, para postrarle en el estercolero de todas las miserias; le habla, al otro, desde la zarza llameante e inconsumible delh Horeb;4 derriba a este,i del caballo de su soberbia; a aquel, j le muestra la podredumbre del ídolo terreno, que le robara una alma suya.
Cristo habla, siempre, por más que no le oigamos. Y en este mes venturoso, de fin de año, la tierra misma hablak por Cristo. ¿No l la has sentido? Sí: los corazones se dilatan; toda tristeza halla consuelo; todo dolor tiene alivio: hasta en los espíritusm que apagaron sus antorchasn centellean vislumbres prominentes;ñ y hasta a aquellos que se han tapado los oídos, llegan ecos del misterioso cántico. La tierra, toda; la tierra, con sus seres animados, con sus cumbres y sus mares, palpita de alegría, desde sus entrañas abrasadas. ¿Cómo no ha de sentir el júbilo divino? La tierra celebra, con el cielo, el natalicio único,o que hizo de ella —tan pequeña y tan humilde en el cosmos—p la sede moralq del universo entre los millones de orbes que ruedan por lo infinito. Ved, si no,r a esta patria, abatida por la pobreza; ved esta prensa, que no toda sacrifica en el Moria místico; vedla, a una, con los ángeles y los pastores; ved esta Antioquia, en ruina y en afanes.
Ahí va la caravana, que lleva sus ofrendas; ahí va feliz y sonreída. El sendero la regala con sus fragancias campesinas, el éter con su oxígeno, els firmamento con a POR JESUS, RECIEN NACIDO b (ACUARELA I) c belemita d Redención e Hostia f Preciosa Sangre g El h A, B, C: de / D, E, F: del i éste j aquél k habla, l No m espíritus, n antorchas, ñ A: prominente / B, C, D, E, F: providentes o Natalicio Unico p Cosmos q A: [ilegible] / B, C, D, E, F: sede moral [Enmienda realizada gracias a la historia de transmisión textual ]. r no s oxígeno ,el
Por Jesús, recién nacido
434
su azul; la caridad la empuja, los nuncios celestiales la contemplan, la estrella la encamina. Ahí van los pastores, con la leche cuajada de sus ovejas, con el limpio vellón de sus corderos; ahí van los magos, con el oro de este suelo empobrecido, con el incienso de sus adoraciones, con la mirra de sus actuales amarguras. ¡Qué dulce esta Divinidad, recién nacida,a que acoge los dolores de los hombres, como el mejor tributo a su realeza! ¡Qué humilde, este Dios, que recibe en su mano omnipotente el óbolo que se dab al necesitado; que lo santifica antes dec que el necesitado lo reciba! Ahí va la caravana, con el cargamento, que entre todosd recogiera la caridad; ahí va, camino de aquella casa de Simón, el leproso, tan frecuentada por Cristo, desde que anduviera por el mundo.
¿Quién se hizo sordo a este reclamo de Belén? Industria, comercio, los pocos ricos, los muchos pobres, todos acudieron solícitos. Dineros, muchos dineros para repartir entre los enfermos; alimento, mucho alimento, sano y nutritivo, para los hambreados; telas, en abundancia, para los desnudos; para la infancia, traje, y el tejido que le cubra la cabecita amenazada; y hasta el juguete ingenioso, que unas madres desconocidase le envían. Que la mujer, aun en sus faenas de comercio, tiene, siempre, el niño, despierto o dormido, entre las ricas estopas5 y las bagatelas costosas de su oficio.
¿Y qué más? El paraíso del tabaco, en lo másf escogido y variado de estas manufacturas medellinenses; el tabaco, para los que profesan ese culto al humo, que ahuyenta pesares y entretiene insomnios. Más, todavía: pang para los espíritush que tengan hambre de verdades; linfas6 cristalinasi para los sedientos de belleza. Más de mil volúmenes j seleccionados, más de mil, de ciencia y arte, les envían, a estosk que disputamos por infelices. Cuánto habrán de consolarse, con este vino y este pan, que nunca hostigan, que jamás trastornan, que a todo paladarl regalan, que satisfacen todo antojo. Y tú, alma irradiante de Gutenberg:m desden el reino de luz, en donde mores, recibe las bendiciones que tendrán deñ mandarte, todo día,o tantosp enfermos consolados. Ahí va la caravana, de magos y pastores, a ofrendar al Niño Dios, en la persona de sus elegidos, que padecen: ahí van. Los senderos, que bajan al establo, serán La Quiebra7 abrupta y obstruyente, será el trayecto agrio, desde Anapoima8 bochornosar hasta el propio lugar de su destino; su desierto, las vías fluviales y las férreas; sus camellos, ese agente terrible que vuela en tierra, que avanzar contra corrientes impetuosas. Ahí va. Mas,s antes de que llegue, habrá de juntarlas, esa misma estrella de todas conductora, con otras caravanas, que allí convergen, desde diversos puntos de Colombia: cont la capitolina, con la boyacense, la santandereana…u ¡Dios sabe cuántas más! Una vez congregados, en aquella estación predestinada, marcharán, en romería, con su impedimenta de piedades, hasta el punto donde la estrella fije el rayo. Allá estarán el día preciso de la Natividad.
Que Dios bendiga esta francmasonería,v tiznadaw de lax Mancha de Tinta;9 que este su cristianismo, que movió con su ejemplo tantos corazones paralíticos, que a Recién Nacida b dá c antes que d todos, e desconocidas, f en los más g Pan h espíritus, i cristalinas, j volúmenes, k éstos l paladar, m Guttemberg n Desde ñ A: tendrán de / B, C, D, E, F:
tendrán que o A: todo día / B, C, E: todo el día / D, F: todo de
día p tántos q bochornosa,
r avanza, s Más t Con u santandereana……
v fracmasonería w tiznada, x La
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla ha enternecido tantas arideces con el óleo de su misericordia, se sostenga siempre ardoroso, siempre diligente y eficaz. Que esa Agua de Dios os preserve y santifique; que tornéis a vuestros hogares con el soplo que habrá de infundiros adentro de vuestras almas, este Divino Niño que acaba de nacer.
Por Jesús, recién nacido
436
1
Publicado en el El Espectador de Medellín el 18 de diciembre de 1920 (N. del E.).
2
cálamo: m. poét. Pluma de ave o de metal para escribir (dle, 2018).
3
Cristo Uno y Trino: La Trinidad es el dogma central de la fe cristiana, los fieles son bautizados en el nombre de un solo Dios en tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (N. del E.).
4
zarza llameante del Horeb: Denominación del episodio bíblico en Éxodo 3: 2-4, en el cual se aparece Dios a Moisés en el monte Horeb, también llamado Sinaí (N. del E.).
5
estopas: f. Parte basta o gruesa del lino o del cáñamo, que queda en el rastrillo cuando se peina y rastrilla (dle, 2018).
6
linfa: f. poét. Agua (dle, 2018).
7
La Quiebra: Túnel del ferrocarril de Antioquia que dio solución a la continuidad de las vías férreas entre el río Nus y el río Porce (N. del E.).
8
Anapoima: Municipio del departamento de Cundinamarca, ubicado al suroccidente de Bogotá (N. del E.).
9
la Mancha de Tinta: Referencia al “estigma de la mancha de tinta”, denominación de la labor literaria en la Antioquia de los siglos xix y xx (N. del E.).
Notas explicativas
El uso de la lengua en la obra de Tomás Carrasquilla es uno de los principales componentes de su narrativa; cabe decir que en todas las narraciones existe una forma particular de expresión que representa, de una u otra manera, la estratificación lingüística social que quiere manifestar en sus obras, pero dicho uso del idioma está conformado en palabras polifónicas, en términos de la teoría bajtiniana y que, para el caso de Carrasquilla, cobra importancia en pos de lo que Betty Osorio (2011) describe como “gesto desafiante frente a la política de homogeneizar el español hablado en la nueva nación” (p. 41), pues la pluralidad de voces permite reconocer una realidad que pocas veces se narra, de ahí que se represente en la obra narrativa.
Lo anterior sirva de introducción al hecho de que la obra de Carrasquilla presenta unas características lingüísticas diversas y complejas a su vez; lo cual, llevado a la práctica de la edición crítica, exigiría en nosotros la identificación de estos fenómenos lingüísticos como notas explicativas que permitan al lector la identificación y el reconocimiento de dichas voces. Sin embargo, como se indica en este apartado, proceder en este sentido haría que la obra en sí misma se viese interrumpida constantemente, pues la extensión de vocablos de uso coloquial, en muchos de los cuentos y novelas, es altamente significativa. Por lo tanto, presentamos este breve apartado, a modo de epílogo a la narrativa breve, para que el lector cuente con un panorama que le permita familiarizarse con muchos de los vocablos empleados en estos cuentos y novelas breves, así como una explicación general de dichos componentes.
Aunque no definiremos en extenso cada uno de los términos aquí relacionados, invitamos al lector a consultar, ante cualquier inquietud sobre significado alguno, la obra de Néstor Villegas Duque titulada Apuntaciones sobre el habla antioqueña en Carrasquilla (1962) donde se realiza un amplio estudio, con glosario incluido, sobre gran parte de las variaciones y los usos lingüísticos que se esbozan en la obra de Tomás Carrasquilla. Es más, esta obra ha servido de soporte vital para interpretar giros lingüísticos que, en nuestro español actual, no registran ni en la oralidad y mucho menos en la escritura. A continuación presentamos el siguiente lexicón con una síntesis de formas lingüísticas encontradas en la obra de Villegas, además de una breve explicación sobre dichos usos. Esperamos sirva de ilustración al lector de la presente edición crítica.
Lexicón de la narrativa breve de Tomás Carrasquilla
Lexicón
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A las patalas Loc. adv. coloq. “Sin ningún cuidado o esmero” (da, 2010). Variación metaplasmática de la locución “a las patadas” por lambdacismo de la consonante alveolar /d/ en posición intervocálica. (N. de los Eds.).
Aguanegra Es un aguasal con alguna yerba o corteza, con que los muy pobres distraen el hambre a la hora de las dos principales comidas (ahac, 1986). Ahisós Expr. coloq. “Aquí fue” (Bernal, 2018, p. 155). Se construye por composición (aglutinación) del adverbio demostrativo “ahí” y la conjugación del verbo en segunda persona del singular del verbo copulativo “ser” en su forma del voseo (N. de los Eds.).
Ai “Pronunciación anticuada y vulgar de ahí” (ahac, 1986).
Almuada De “almohada”. Metaplasmo constituido por la cerrazón de la vocal posterior /o/ ante la vocal abierta /a/ deviniendo en /u/ (debilitamiento) y formando el diptongo creciente /ua/ (diptongación) (N. de los Eds.).
Anque Metaplasmo por síncopa de la conjunción “aunque” (N. de los Eds.): conj. advers. para contraponer un concepto a otro (dle, 2018). Antós “Entonces” (Ospina, 1983, p. 40). Metaplasmo creado por asimilación y supresión fonética en el habla coloquial. Se da por apofonía de /e/ por /a/, ante la consonante nasal subsiguiente; y síncopa, por haplología, del grupo fonético /nce/ ante el grupo precedente /nt/ (N. de los Eds.). Aporreadura “aporreo” (dle, 2018). Sustantivo deverbal formado por la flexión del morfema -adura (N. de los Eds.). Aquí’stan De “aquí están”. Metaplasmo constituido por la contracción del adverbio y el verbo copulativo a través de la aféresis de la vocal media /e/ entre la vocal cerrada tónica /i/ y la consonante fricativa /s/ (N. de los Eds.). Asina De “asín” y este a su vez de “así”. Significa “así, de esta o de esa manera”. De uso rural (da, 2010). Asin’es De “asina” y “es”. Metaplasmo constituido por la contracción del adverbio y el verbo copulativo a través de la aféresis de la vocal abierta /a/ entre la consonante nasal /n/ y la fricativa /s/ (N. de los Eds.).
Asoliada De “asoledada”. Metaplasmo constituido por la debilitación vocálica de /e/ cerrándose en /i/. Cambio fonético característico en el habla popular de Colombia (Flórez, 1945, p. 338). Ayudao Apocope de “Ayudado” que significa: “Hechicero, más precisamente el que lleva monicongo o familiar” (ahac, 1986).
Botao Botado “es el que es abandonado por quienes le acompañaban”, en este caso de El Zarco, significa ser abandonado por sus padres (ahac, 1986). Brega intr. Dicho de una persona: luchar, reñir, forcejear con otra u otras (dle, 2018). Busté Metaplasmo por transposición y apócope de “vusted” (N. de los Eds.): pron. person. 3.ª pers.
m. y f. desus. usted (dle, 2018).
Cabecipelón Composición de palabra por la unión del sustantivo “cabeza” y el adjetivo “pelón” para hacer referencia a la descripción del personaje sobre la forma física del sujeto en cuestión (N. de los Eds.).
Calai Interj. coloq. De caray. “Usado para expresar extrañeza o enfado” (dle, 2018). Metaplasmo que se constituye por lambdacismo de consonante implosiva /r/ por /l/ (presente en el español caribeño) y la inmutación gráfica de la “y” por la “i”. Esta inmutación gráfica es más cercana a un uso gramatical arcaico que a una diferente realización vocálica (N. de los Eds.). Canotié De canotier “m. Sombrero de paja con el ala estrecha y plana, y la copa baja, cilíndrica y rodeada por una cinta” (dle, 2018). Capacidá De “capacidad”. Metaplasmo constituido por el apócope de la consonante oclusiva en posición /postónica/ (N. de los Eds.). Cas Metaplasmo por apócope del sustantivo “casa” (N. de los Eds.): f. Edificio para habitar (dle, 2018). Caso “Es muy frecuente en el bajo pueblo la aféresis de la palabra acaso” (ahac, 1986). Término Término Definición Definición
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
441
Casu-es De “acaso” y “es”. Metaplasmo constituido por la contraposición de la forma Adv.-Verb. Parte de la aféresis del adverbio y el debilitamiento de la vocal postónica /o/ deviniendo /u/ unido a la conjugación en tercera persona singular del presente indicativo del verbo copulativo (N. de los Eds.).
Chamizudas Adj. “Muy delgado” (Ospina, 1983, p. 110). Adjetivo constituido por proceso de adjetivación denominal proveniente del sustantivo femenino chamiza y el sufijo -uda (N. de los Eds.). Checherecheros “Adj. El que vende baratijas” (ahac, 1986). Chito Interj. coloq. chitón. “Usado para imponer silencio” (dle, 2018).
Cojiando Metaplasmo por transposición en el gerundio “cojeando” (N. de los Eds.). De cojear: intr. Andar inclinando el cuerpo más a un lado que a otro, por no poder sentar con regularidad e igualdad los pies (dle, 2018).
Conque Conj. ilat. U. para introducir una frase exclamativa que expresa sorpresa o censura al interlocutor (dle, 2018).
Contrimás Corrupción del vocablo cuantimás, es decir, cuanto y más. También puede ser el vocablo que proviene del vulgo español, el cual en vez de decir entre más, emplea contra más. En Antioquia suele emplearse como “mucho menos” (ahac, 1986).
Converseta “Adj. Esta voz siempre rural, es del mismo jaez de acusetas y significa persona murmuradora, que habla mucho y, sobre todo, que es portadora de embustes y cuentos” (ahac, 1986).
Cristofijo Composición por aglutinación de la forma N+N–>N de las palabras cristo y fijo. Sinónimo de crucifijo (N. de los Eds.). Decil’eso De “decirle” y “eso”. Metaplasmo constituido por la síncopa de la vibrante simple /r/, la apócope de la vocal media /e/ en posición final del pronombre enclítico “le” y la contracción con el pronombre demostrativo neutro “eso” (N. de los Eds.).
Decime Conjugación imperativa de verbo “decir” en segunda persona del singular ligado al pronombre enclítico “me” (N. de los Eds.). Dejastes
v. Metaplasmo constituido por la conjugación
en segunda persona del singular del verbo “dejar”, en voseo, ligada al pronombre enclítico te. A este se le adiciona la marca morfológica de plural (N. de los Eds.).
Demontres
m. vale como demonio, perverso, malicioso,
pícaro (ahac, 1986).
Desalarmarla Metaplasmo constituido por verbalización deverbal con el prefijo des- que “denota negación o inversión del significado de la palabra simple a la que va antepuesto” (dle, 2018) y unido al pronombre enclítico “la” (N. de los Eds.). Deschabetase De “deschabetarse”. Metaplasmo constituido por la síncopa de la consonante vibrante simple en posición implosiva /r/ (N. de los Eds.). Desesguerete “De lado, oblicuamente” (ahac, 1986). Di Prep. “De”. Metaplasmo constituido por la asimilación de /e/ por /i/ debido a la anticipación de vocal adyacente en la siguiente unidad léxica. Ej. “di Amito” (N. de los Eds.). Diaquí De “de” y “aquí”. Metaplasmo constituido por la aglutinación de la forma Prep.+Adv. Por otra parte, se debilita la vocal media /e/ ante la vocal abierta /a/ deviniendo en /i/ (N. de los Eds.). Di-hoj’e De “de”, “hoja” y “de”. Metaplasmo constituido por contraposición entre la preposición “de” y el nombre “hoja” y, asimismo, por la contracción entre el nombre “hoja” y la posterior preposición por “desgaste fonético” (Flórez, 1945, p. 351). En esta contracción, se apocopa la vocal abierta /a/ (N. de los Eds.). Dizque “En el español de amplias zonas de América sigue vigente el uso de esta expresión, procedente de la amalgama de la forma apocopada arcaica diz (“dice”, tercera persona del singular de presente de indicativo del verbo decir) y la conjunción que. Se usa normalmente como adverbio, con el sentido de “al parecer o supuestamente” (dpd, 2005).
Término Término Definición Definición
Lexicón
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Doñas
f. coloq. “Tratamiento de respeto que se an-
tepone a los nombres de pila. Antiguamente estaba reservado a determinadas personas de elevado rango social”. Usado como plural con significado “señora” (dle, 2018). Dotor/es De “doctor”. Metaplasmo constituido por la síncopa de la consonante oclusiva velar sorda /k/ en simplificación del grupo consonántico / kt/ deviniendo en /t/ (N. de los Eds.). e
1. prep. Metaplasmo caracterizado por la
aféresis de la consonante implosiva /d/ de la preposición “de”. || 2. v. Metaplasmo caracterizado por la apócope de /s/ en la conjugación de tercera persona del singular del presente indicativo “es” (N. de los Eds.). Embotellate Engañar (ahac, 1986).
Entrunches “Relaciones, tratos, halagos” (ahac, 1986). Envolatada Adj. “Referido a persona, que está absorta en algo y no repara en lo que pasa alrededor” (da,
2010).
Escobeos Limpiar con la escoba (N. de los Eds.). Escueliantes Adjetivo para persona que está en edad escolar (ahac, 1986).
Fo “Interj. U. para expresar asco” (dle, 2018). Fuistes
v. Metaplasmo que consiste en el empleo de la
forma analógica medieval de la conjugación en pretérito perfecto simple de la segunda persona del plural del verbo copulativo “ser” (FUIS- TIS>*fuistes>fuisteis), usado como singular y en voseo (N. de los Eds.).
Giel De “hiel”. Metaplasmo constituido por la velarización de la consonante aspirada /h/ proveniente de la /f/ latina en fel (N. de los Eds.). Gufanda
f. De “bufanda”. Metaplasmo que se cons-
tituye por velarización del fonema /bw/ al [gw] en la conjugación del verbo “volver” en presente indicativo en tercera persona del singular. Al respetar el proceso de diptongación creciente (o‒>ue) se fija con diéresis (N. de los Eds.).
Haberá Vulgarismo por influencia del gallego (Uribe Uribe, 1887, p. 146), metátesis entre los fonemas /e/ y /r/ de la conjugación en tercera persona de futuro del verbo haber (N. de los Eds.). Hacele Metaplasmo por síncopa de la conjugación verbal “hacerle” (N. de los Eds.). De hacer: tr. Realizar o ejecutar la acción expresada por un verbo enunciado previamente (dle, 2018). Hajínquemele De “afincar(se)”. “Arraigar, fijar, establecer, asegurar, apoyar” (dle, 2018). Metaplasmo constituido por la prótesis de h aspirada y la aspiración de la consonante /f/ en posición intervocálica del imperativo del verbo “afincar”. Como diría Flórez (1945): “En cualquier posición el habla rural y vulgar pronuncia la f como h aspirada en numerosas dicciones del español moderno” (p. 177). Hijuediós “Hijo de Dios! - Exclamación que [...] denota sorpresa, extrañeza, enfado o emociones semejantes” (ahac, 1986). Metaplasmo constituido por la composición de la forma N+Prep.+N–>Interj. que también incluye procesos de aféresis (pérdida del fonema implosivo /d/ de la preposición) y debilitación del fonema /o/ ante el fonema /e/ por disimilación (o’e>ue) (N. de los Eds.). Huígale Huir. Tal cual vez ocurre la conversión de j o h espirada en g, este verbo se conjuga como gûir. (ahac, 1986).
Ijo
v. De “dijo”. Metaplasmo que se constituye por
la aféresis del fonema dental sonoro /d/. No debe confundirse con el sufijo diminutivo -ijo ni con el metaplasmo producto de la aféresis de la [h] en posición inicial.
Inconocible “Adj. Referido a persona, que no se puede reconocer” (da, 2019).
Indinos Metaplasmo por síncopa del adjetivo “indignos” (N. de los Eds.): adj. Que no tiene mérito ni disposición para algo (dle, 2018). Jaitos Adjetivo que quiere decir “en el lenguaje popular satisfecho con orgullo, vanidoso. Es un caso claro de metátesis, en el que el fonema h pasa al principio de la palabra con el sonido de j dado por el pueblo, que no por el ‘habla pulida’, que lo haría mudo” (ahac, 1986). Término Término Definición Definición
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
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Jartando / Jartates Hartando / hartaste (N. de los Eds.). De hartar: tr. Saciar, incluso con exceso, a alguien el apetito de comer o beber. U. t. c. prnl. (dle, 2018). Jediendo / Jiede Metaplasmo por transposición del gerundio “hediendo” y conjugación verbal “hiede” (N. de los Eds.): intr. Despedir un olor muy malo y penetrante (dle, 2018).
Jiquerad’e Composición de palabra por la unión del sustantivo “jíquera”: saco tejido (ahac, 1986), y la preposición “de” (N. de los Eds.). Jue De “fue”. Metaplasmo constituido por la aspiración de la consonante fricativa /f/ en posición inicial (N. de los Eds.).
Juerz’e De “fuerza” y “de”. Metaplasmo constituido por la aspiración de la consonante fricativa /f/ en posición inicial y la contracción con la preposición “de”. En la contracción se apocopa la vocal postónica abierta /a/ y se realiza una aféresis de la consonante dental /d/ (N. de los Eds.). l’ Metaplasmo por apócope de los artículos y pronombres “la, le, lo” ante sustantivo o verbo. Marcado con el apóstrofo, puede emplearse en diferentes composiciones de palabras, por ejemplo: l’autoridá (la autoridad), l’emos (le hemos), l’hace (le hace), l’hice (le hice), l’hincha (le hincha), l’hubiera (le hubiera), l’inocencia (la inocencia), l’ordenó (lo ordenó), l’agua (la agua), l’estuviera (le estuviera), l’uña (la uña), etc. (N. de los Eds.).
Lambele
v. De “lamber”. Metaplasmo constituido por la
síncopa de la vibrante simple /ɾ/ en posición posnuclear ante la contigüidad de la consonante líquida /l/ del pronombre enclítico de complemento indirecto (N. de los Eds.). Lay’e
f. De “laya” y “de”. “Calidad, especie, clase” (dle,
2018). Comúnmente, entendido como el adjetivo “misma”. Metaplasmo constituido por la contracción y su subsiguiente apócope de la vocal abierta /a/ y la aféresis de la consonante dental /d/ (N. de los Eds.).
Lazón
f. De “razón”. Metaplasmo que se constituye por
lambdacismo de consonante implosiva /r/ por /l/ (presente en el español caribeño) (N. de los Eds.). l’estuvier’arrancando De “la”, “estuviera” y “arrancando”. Metaplasmo constituido por la contracción entre el artículo determinativo “la”, la conjugación del verbo “estar” en subjuntivo de pretérito imperfecto de tercera persona y el gerundio del verbo “arrancar”. Esta doble contracción se caracteriza por la apócope de las vocales abiertas /a/ del artículo y el verbo copulativo (N. de los Eds.). Levantatestimonios Composición de palabra por la unión del verbo “levantar” y el sustantivo “testimonios” con sentido de embustero, chismoso (N. de los Eds.).
Li-olvidó De “le” y “olvidó”. Composición por contraposición de la forma Pron.-Verb. Asimismo, esta contraposición se produce por la sinéresis resultante de la cerrazón de la vocal media /e/ por asimilación (N. de los Eds.).
Llevale / Llevalos Metaplasmo por síncopa de la conjugación verbal “llevarle / llevarlos” (N. de los Eds.). De llevar: tr. Conducir algo desde un lugar a otro alejado de aquel en que se habla o se sitúa mentalmente la persona que emplea este verbo (dle, 2018).
Lumbó
v. De “rumbar”. “Echar, tirar, arrojar” (dle, 2018).
Metaplasmo que se constituye por lambdacismo de consonante implosiva /r/ por /l/ en la primera consonante de la conjugación de pretérito perfecto simple de tercera persona en singular (presente en el español caribeño) (N. de los Eds.). m’ Metaplasmo por apócope del pronombre “me” ante verbo o el adjetivo “mi” ante sustantivo. Marcado con el apóstrofo es empleado en diferentes composiciones de palabras como por ejemplo: m’imagino (me imagino), m’ija o m’hija (mi hija) (N. de los Eds.). Mala entraña / malaentraña Composición de palabra por la unión del adjetivo “mala” y el sustantivo “entraña”. Adj. Refiere a persona de malas intenciones (N. de los Eds.).
Manes
m. pl. Dioses infernales o almas de los difun-
tos, considerados benévolos, a los que rendían culto los antiguos romanos (dle, 2018). Manga
f. coloq. “potrero o terreno pequeño” (da, 2010).
Término Término Definición Definición
Lexicón
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Mano Metaplasmo por aféresis del sustantivo “hermano” (N. de los Eds.): m. y f. Persona o animal que tiene en común con otra el mismo padre y la misma madre, o solo uno de ellos (dle, 2018). Manque Mas que (N. de los Eds.).
Marchante
m. y f. parroquiano (|| persona que acostumbra
a ir a una misma tienda) (dle, 2018). Mataperriando Expresión verbal que significa vagabundear u holgazaneando (ahac, 1986).
Menesta De menestar que significa necesitar (ahac, 1986). Mercé Metaplasmo por apócope de “Merced” (N. de los Eds.): f. Tratamiento o título de cortesía que se usaba con aquellos que no tenían título o grado por donde se les debieran otros tratamientos superiores (dle, 2018).
Merengudo Persona muy delicada (ahac, 1986). Mi sá, mi siá o misiá “La forma misia, sin acento ninguno y seguida del nombre de la persona, es tratamiento familiar corriente entre mujeres adultas, de abajo arriba, de arriba abajo, entre iguales, vocativa y narrativamente, en el campo y en los centros urbanos. También la dicen los hombres a las mujeres: ‘misia Rosita’. ‘No se acuerda misia María que...’. ‘Allá onde misia Matea’. Según informe de una dama nativa de la población de Antioquia, allá todavía tratan de misia a las señoras distinguidas. En nuestros viajes por todos los citados pueblos del departamento pudimos observar que misia corresponde por lo común a don como trato de confianza” (Flórez, 1954, p. 84). Miaja Metaplasmo por síncopa del sustantivo “migaja” (N. de los Eds.): f. porción pequeña de algo (dle, 2018).
Mi-amo Composición caracterizada por contraposición de forma Pron.-Verb. (N. de los Eds.). Miralo
v. Conjugación verbal del verbo “mirar” en
imperativo singular en voz de voseo “mirá”, ligada al pronombre enclítico masculino “lo”. Al pronunciarse con acento grave o llano no se acentúa gráficamente (N. de los Eds.). Mistigrís “Más propiamente mistigrí. Palabra de origen desconocido. Llamábase así a la sota de bastos en algunos juegos de cartas, como la treinta y una y el brelán” (ahac, 1986).
Moguito La expresión hace alusión a una variación de moho en el habla popular. Con Moho se hace referencia al “nombre de varias especies de hongos de tamaño muy pequeño que viven en los medios orgánicos ricos en materias nutritivas” (dle, 2018).
Monopoles “Copas de aguardiente. Viene del monopolio del aguardiente por el Gobierno” (ahac, 1986). Moridera “Sensación, generalmente pasajera, de muerte inminente que experimentan algunos enfermos” (dle, 2018).
Morite De “morí” y “te”. Composición de la forma Verb.+Pron. Esta está constituida por la conjugación del verbo “morir” en segunda persona del singular en modo imperativo y en forma propia del voseo unida al pronombre átono “te” (N. de los Eds.).
Muy malaley Se dice de una persona “enojadiza, agria, áspera” (ahac, 1986).
Nego De “negro”. Metaplasmo constituido por la síncopa de la vibrante simple en posición implosiva (N. de los Eds.).
Ni an De “ni” y “aun”. Metaplasmo constituido por la monoptongación del “diptongo au de aun [que] se simplifica” en /a/ (Flórez, 1957, p. 34). Nojarse Metaplasmo por aféresis de la conjugación verbal “enojarse” (N. de los Eds.). De enojar: tr. Causar enojo (dle, 2018).
Ña / Ño / Ñaes / Ñoes / Ñora Metaplasmos por aféresis y síncopa que refieren al sustantivo “señor / señora” con sus respectivos plurales (N. de los Eds.). Ojos de sabaleta Ojos de pescado (N. de los Eds.). Ole Interj. Usada “para animar y aplaudir” (dle, 2018). También es usada como forma de saludo que reemplaza al “hola” o para llamar a alguien (ahac, 1986).
Término Término Definición Definición
Edición crítica - Narrativa breve - Tomás Carrasquilla
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Onde Corresponde a un arcaísmo de la palabra latina unde como adverbio antiguo. Refiere a “En donde”, “de donde” (dle, 2018). También puede asumirse como metaplasmo por aféresis del adverbio “donde” o el pron. interr. “dónde”. Mantendrá la tilde según la categoría gramatical que esté reemplazando (N. de los Eds.). Ondi-ha De “donde” y “ha”. Metaplasmo constituido por la contraposición de la forma Adv.-Verb. Asimismo, tiene lugar la cerrazón de la consonante media /e/ deviniendo /i/ en el verbo (N. de los Eds.).
On’taba Composición de palabra por la unión del metaplasmo por aféresis y apócope de “donde/ dónde” y el metaplasmo por aféresis del verbo “estaba” (N. de los Eds.).
p’al / pal Composición parcial y completa de la contracción “para el”. Metaplasmo constituido por una sinalefa de la forma ya apocopada de la preposición “para” y el artículo determinativo masculino “el” (N de E.).
Pa Metaplasmo por apócope de la preposición “para” (N. de los Eds.).
Paniaguado
m. y f. despect. Persona allegada a otra y favo-
recida por ella. U. t. c. adj. (dle, 2018). Paradas “Actitud, salida o recurso para obtener un fin” (ahac, 1986).
Parao Adj. coloq. De “parado”. “Derecho o en pie” (dle, 2018). Metaplasmo constituido por la síncopa de la consonante postónica oclusiva alveolar sonora, fenómeno usual en el habla coloquial (N. de los Eds.).
Parecían Metaplasmo por aféresos de la conjugación verbal “aparecían” (N. de los Eds.). De aparecer: intr. Manifestarse, dejarse ver, por lo común, causando sorpresa, admiración u otro movimiento del ánimo (dle, 2018). Pasmadito Diminutivo de “pasmado”. “Dícese del fruto que se seca y no se desarrolla. Herida renuente a sanar. Lerdo, perezoso. Mal desarrollado, desnutrido, abúlico” (ahac, 1986). Constituido por el sufijo -ito, “unas veces con sentido conceptual diminutivo, la mayoría con valor afectivo” (Flórez, 1945, p. 100). Pasmao Metaplasmo por síncopa del adjetivo “pasmado” (N. de los Eds.): adj. Dicho de una persona: Alelada, absorta o distraída (dle, 2018). Patiabierto Adj. coloq. Que tiene las piernas torcidas e irregulares, y separadas una de otra (dle, 2018). Patolevas
m. El traje masculino de ceremonia, que, por
su corte y faldones, recuerda la cola del pato (ahac, 1986).
Patoneados Estar cansado, débil de piernas, envejecido. (ahac, 1986).
Pepos Adj. Petimetre, pisaverde, señorito acicalado. Muchas veces solo significa persona bien vestida (ahac, 1986).
Per-ónde De “pero” y “dónde”. Composición por contraposición de la forma Conj.-Adv. También, este metaplasmo se constituye por la apócope de la vocal media /o/ por asimilación con la vocal subsiguiente del adverbio interrogativo resultante de la aféresis de la consonante /d/ inicial (N. de los Eds.).
Pespunte
m. “Labor de costura, con puntadas unidas, que
se hacen volviendo la aguja hacia atrás después de cada punto, para meter la hebra en el mismo sitio por donde pasó antes” (dle, 2018). Pilao Adj. coloq. “Fácil” (Ospina Londoño, 1983, p. 267). Metaplasmo constituido por el lambdacismo de la consonante alveolar /d/ en posición intervocálica (N. de los Eds.). Pincesa
f. “Hijo del rey que es heredero de la corona”
(dle, 2018). Metaplasmo constituido por la síncopa de la vibrante simple en posición explosiva (N. de los Eds.).
Pintorrajo “Despectivo de una obra con fines artísticos” (ahac, 1986). Flexión proveniente de “pintar” con los sufijos -orra y -ajo. Sinónimo de “pintarrajo” (N. de los Eds.).
Pion/es Metaplasmo por transposición del sustantivo “peón/es” (N. de los Eds.): m. y f. Jornalero que Término Término Definición Definición
Lexicón
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trabaja en cosas materiales que no requieren arte ni habilidad (dle, 2018).
Pionada Conjunto de peones (ahac, 1986). Piss Interj. “Significa desprecio” (ahac, 1986). Metaplasmo por alargamiento de la consonante sibilante en la interjección “pis” (N. de los Eds.).
Plantaje
m. Catadura, traza, facha (ahac, 1986).
Ponde Composición de palabra por la unión del metaplasmo por apócope de la preposición “por” y del metaplasmo por aféresis del adverbio “donde” (N. de los Eds.).
Poneme / Ponese / Ponela Metaplasmo por síncopa de la conjugación verbal “ponerme / ponerse / ponerla” (N. de los Eds.). De poner: tr. Colocar en un sitio o lugar a alguien o algo (dle, 2018). Poque Composición de palabra por la unión del metaplasmo por apócope de la preposición “por” y la conjunción “que” (N. de los Eds.). Pu Interj. para dar énfasis a una afirmación (Tobón Betancourt, 1997, p. 293).
Pu-ai De “por” y “ahí”. Composición por contraposición de Prep.-Adv. Por otra parte, tiene lugar en este metaplasmo la apócope de la vibrante simple /r/ en la preposición y la cerrazón de la vocal posterior /o/ ante la vocal abierta /a/ deviniendo en /u/ (debilitamiento) (N. de los Eds.).
q’ Metaplasmo por apócope de la conjunción “que” o del pron. interr. “qué”. Con la marca de apóstrofo suele emplearse en la composición de palabras, por ejemplo: q’es (que es), q’estos (que estos), q’hoy (que hoy), q’esta (que esta), etc. (N. de los Eds.).
Qu’ Metaplasmo por apócope de la conjunción “que” o del pron. interr. “qué”. Con la marca de apóstrofo suele emplearse en la composición de palabras, por ejemplo: qu’él (que él), qu’ella (que ella), qu’ello (que ello), qu’es (que es), qu’está (que está), qu’estando (que estando), qu’iban (que iban), etc. (N. de los Eds.). Qu-él De “que” y “él”. Composición por contraposición de Pron.-Pron. Por otra parte, este metaplasmo se caracteriza por la apócope de la vocal media /e/ (N. de los Eds.). Quemao De “quemado”. Metaplasmo constituido por la síncopa de la consonante oclusiva /d/ (N. de los Eds.).
Ques De “que” y “es”. Composición por aglutinación de la forma Pron.+Verb. Metaplasmo constituido por la sinalefa de la vocal media /e/ (N. de los Eds.).
Qui De “que”. Metaplasmo constituido por la debilitación de la vocal media /e/ deviniendo en /i/ (N. de los Eds.).
Qui-ha De “que” y “ha”. Composición por contraposición de la forma Pron.-Verb. Asimismo, tiene lugar la debilitación de la vocal media /e/ por asimilación con la vocal subsiguiente (N. de los Eds.).
Raspao De “raspado”. De “quemado”. Metaplasmo constituido por la síncopa de la consonante oclusiva /d/ (N. de los Eds.).
Recibile De “recibirle”. Metaplasmo constituido por la síncopa de la consonante vibrante simple en posición implosiva /r/ (N. de los Eds.). Retajilas Metaplasmo por transposición en el sustantivo “retahílas” (N. de los Eds.): f. Serie de muchas cosas que están, suceden o se mencionan por su orden (dle, 2018).
Retaqueado / Retaquiado Referido a persona o cosa, llena hasta el exceso, atiborrada (da, 2019).
Rumbar “Echar, tirar, arrojar” (dle, 2018). Sacramento’el De “sacramento” y “del”. Hace referencia al “sacramento eucarístico” (dle, 2018). Metaplasmo constituido por la contracción del sustantivo y la contracción de la preposición y el artículo “del”. También, hace parte del cambio fonético la aféresis de la consonante oclusiva /d/ (N. de los Eds.).
Saltatapias Adj. Mujeriego, bribón, pícaro (ahac, 1986). Término Término Definición Definición
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Sangriligero Composición de palabra por unión del sustantivo “sangre” y el adjetivo “ligero”. Hace referencia a una persona agradable que inspira simpatía (N. de los Eds.).
Seño, a Metaplasmo por apócope de “señor, señora” (N. de los Eds.).
Si-ha Composición por contraposición de la forma Conj.-Verb. Este metaplasmo evidencia gráficamente la apertura de la vocal media /e/ ante la subsiguiente vocal abierta /a/ (N. de los Eds.).
Si’stá De “si” y “está”. Metaplasmo constituido por la contracción de la vocal cerrada /e/ del verbo copulativo por asimilación de la vocal cerrada precedente (N. de los Eds.).
Soperiándole De “soperiar”, “tr. Observar, fisgar o intervenir en lo que a uno no le importa” (ahac, 1986). Su sa Su señora o mi señora (N. de los Eds.). Ta / Tá
V. estar. Metaplasmo constituido por la afére-
sis del primer grupo silábico de la conjugación verbal en tiempo presente de tercera persona en singular de indicativo del verbo “estar” (N. de los Eds.).
Taba De “estaba”. Metaplasmo constituido por la aféresis de la primera sílaba de la conjugación del verbo copulativo en tercera persona del singular en pretérito imperfecto (N. de los Eds.).
Tastaciarte Extasiarse (N. de los Eds.).
T’enfermo De “está” y “enfermo”. Metaplasmo constituido por la contracción del verbo copulativo y el adjetivo. Asimismo, a la contracción la preceden la aféresis de la primera sílaba del verbo copulativo /es/ y la asimilación de su vocal tónica abierta /a/ ante la vocal media subsiguiente /e/ (N. de los Eds.).
Tése aí cubando Expresión verbal que puede significar “quedarse esperando o quedarse solo” (ahac, 1986). T’est’atisbando Del sint. verb. “te está atisbando”. Metaplasmo constituido por la contracción parcial gracias a la elisión de vocales finales (por acortamiento) en los dos elementos compositivos iniciales de esta unidad sintáctica (N. de los Eds.). Atisbar: “Mirar, observar con cuidado, recatadamente” (dle, 2018).
Tonable Adj. Persona, cosa o acontecimiento de lujo (ahac, 1986).
Topante Que topa. v. Topar: “dicho de una cosa, chocar con otra” (dle, 2018). En otras palabras, una persona chocante que molesta.
Toy De “estoy”. Metaplasmo constituido por la aféresis de la primera sílaba del verbo copulativo conjugado en primera palara del singular en tiempo presente (N. de los Eds.). Trapajo Un trapo sucio (N. de los Eds.).
Tu-estas De “todas” y “estas”. Metaplasmo constituido por la contraposición de la forma Adj.-Verb. Esta contraposición es procedida de la apócope de la secuencia fonética /das/ y la cerrazón de la vocal media /o/ deviniendo en /u/ (N. de los Eds.).
Untao Metaplasmo por síncopa del participio “untado” (N. de los Eds.). De untar: tr. Aplicar y extender superficialmente aceite u otra materia pingüe sobre algo (dle, 2018).
Uñegato De “uña”, “de” y “gato”. Metaplasmo constituido por la aglutinación de la forma N.+Prep.+N.–>N. Este proceso de composición también contempla la apócope de la vocal abierta /a/ del primer nombre femenino y la aféresis de la consonante oclusiva en posición inicial /d/ (N. de los Eds.). Urdemales Adj. Trapisondista, tramposo, enmarañador, cucañero (ahac, 1986).
Usté De “usted”. Metaplasmo constituido por la apócope de la consonante oclusiva postónica /d/ (N. de los Eds.).
Vagamundiar Metaplasmo por transposición del verbo “vagamundear” (N. de los Eds.): Tb. Vagabundear: intr. Andar vagabundo (dle, 2018). Valgamé Interj. De “válgate”. “Usada con algunos nombres o verbos para expresar admiración, ex- Término Término Definición Definición
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trañeza, enfado, pesar, etc.” (dle, 2018). Usado con enclítico de primera persona en singular y acentuación aguda (N. de los Eds.). Veldá
m. De verdad. “Juicio o proposición que no se
puede negar racionalmente” (dle, 2018). Metaplasmo constituido por lambdacismo de la vibrante simple y el apócope de la consonante oclusiva en posición final (N. de los Eds.). Vide / Vido De la segunda persona del imperativo latino videre (dle, 2018). Aracaísmo empleado para “vi / vió” (N. de los Eds.).
Voliaron De “volearon”. Metaplasmo constituido por la cerrazón de la vocal media /e/ deviniendo en /i/ (N. de los Eds.).
Vulgarote En exceso vulgar (N. de los Eds.). Vustedes Pron. pers. 3ra. pers. pl. desus. De “vusted”. “Usted, 1620, contracción de vuestra merced, princ. S. XV, inventado para sustituir a vos, desgastado como pron. de respeto: formas intermedias son vuasted, 1617; vuested, 1635; vusted, 1619, etc. (también corrieron voacé y otras). Vuecelencia, vuecencia (por vuestra excelencia), vusirla y usla (por vuestra .señoría), presentan contracciones análogas” (Corominas, 1987, p. 611).
Zambiando De “zambear”, “tr. Tildar a uno de zambo o tratarlo como tal” (ahac, 1986). Término Definición
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Referencias bibliográficas de variantes, lexicones y notas explicativas
Abreviaturas de la narrativa breve de Tomás Carrasquilla La siguiente lista de abreviaturas, utilizadas en las variantes, las notas explicativas y las definiciones de los lexicones, corresponden a los títulos de algunas referencias bibliográficas de uso común y a entidades que sirvieron como fuente de información para esta edición crítica.
ahac Apuntaciones sobre el habla antioqueña en Carrasquilla.
cv Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
cvc Centro Virtual Cervantes.
da Diccionario de Americanismos. dc Diccionario de Colombianismos. dda Diccionario de Autoridades (1726-1739) (Vol. II).
dfa Diccionario Folclórico Antioqueño. dh Diccionario Histórico de la Lengua Española (1933-1936) (Vol. II).
dle Diccionario de la Lengua Española. dpd Diccionario Panhispánico de Dudas. dr Diccionario de las Religiones. eb Enciclopedia de la Biblia.
ec Enciclopedia de Colombia.
eu Enciclopedia Universal.
igac Instituto Geográfico Agustín Codazzi. lc Lexicón de Colombianismos.
ngle Nueva gramática de la Lengua Española. ntlle Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española.
minedu Ministerio de Educación Nacional de Colombia.
ole Ortografía de la Lengua Española. rmcvc Refranero Multilingüe del Centro Virtual Cervantes.
sbudea Sistemas de Bibliotecas Universidad de Antioquia.
Las siguientes abreviaturas corresponden a categorías ortográficas y lingüísticas, utilizadas en definiciones de notas explicativas y lexicones. adj.
adjetivo.
adv.
adverbio.
advers.
adversativa.
Apl.
aplicado.
Arq.
arquitectura.
conj.
conjunción.
coloq.
coloquial.
dem.
demostrativo.
despect.
despectivo.
desus.
desusado o desusada.
Ej.
ejemplo.
f.
femenino.
interj.
interjección.
interr.
interrogativo.
intr.
verbo intransitivo.
loc.
locución.
m.
masculino.
Med.
medicina.
N. de la E.
nota de la editora.
N. del E.
nota del editor.
N. de los E. nota de los editores. pers.
persona.
person.
personal.
p. us.
poco usado.
prnl.
verbo pronominal.
prep.
preposición.
pron.
pronombre.
tr.
verbo transitivo.
s.
sustantivo.
s. f.
sin fecha.
U.
usado.
U. t.
usado también.
U. t. c.
usado también como.
v.
verbo.
Impreso en los talleres de Shop Design Agosto de 2024 Tipografía: IM FELL DW Pica , Cormorant Garamond El mural Las siete palabras, pintado por Horacio Longas en 1955, reposa en una casa ubicada en el barrio Manrique de Medellín, nombrada Cuatro vientos, que otrora perteneció al escultor Eduardo Duque. En este lugar se realizaron varias tertulias en las que participaron personalidades como Pedro Nel Gómez y el mismo Longas. Este mural, dado por perdido y que volvió a ser noticia en 2021, representa a varias personalidades de la vida cultural antioqueña, como Tomás Carrasquilla, Efe Gómez, Juan de Dios Uribe, Epifanio Mejía, León de Greiff, Porfirio Barba Jacob, entre otros.
Esta obra estuvo oculta durante más de cincuenta años, hace parte de la portada de este primer tomo de la edición crítica de Tomás Carrasquilla debido al vínculo de Horacio Longas con el escritor, como artista que ilustró varias de sus obras. Agradecemos la gentileza y la amabilidad de los actuales propietarios de Cuatro vientos, quienes adquirieron el inmueble en 1995, el señor Juan Pérez y, en especial, a la señora Marleny Arango, quien amablemente nos permitió hacer el registro fotográfico de este icónico mural de Longas, con el respectivo permiso para este volumen.
Cita: Carrasquilla, Tomás, Gallego Duque, Félix Antonio, Carvajal Córdoba, Edwin Alberto, Agudelo Ochoa, Ana María, Hincapié Atehortúa, Juan Esteban, Buitrago Correa, Héctor Fabio, Arboleda Ramos, Laura Daniela, Parra Cardona, Walter Darío, Monsalve Gaviria, Alejandría del Sol (2024), Tomás Carrasquilla. Narrativa breve. Cuentos. Tomo I, Universidad de Antioquia, p. N. https://hdl.handle.net/10495/43690