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Y, ¿qué es la guerra? Crónicas de posconflictos

María Isabel Montoya Pérez

Trabajo de grado presentado para optar al título de Periodista

Asesor Julio Cesar Orozco Ospina, Magíster (MSc) en Filosofía

Universidad de Antioquia Facultad de Comunicaciones y Filología Periodismo Medellín, Antioquia, Colombia

2025

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Cita

Montoya Pérez [1] Referencia

Estilo IEEE (2020) [1] M.I. Montoya Pérez, “Y, ¿qué es la guerra? Crónicas de posconflictos”, Trabajo de grado profesional, Periodismo, Universidad de Antioquia, Medellín, Antioquia, Colombia, 2022.

Biblioteca Carlos Gaviria Díaz

Repositorio Institucional: http://bibliotecadigital.udea.edu.co

Universidad de Antioquia - www.udea.edu.co

El contenido de esta obra corresponde al derecho de expresión de los autores y no compromete el pensamiento institucional de la Universidad de Antioquia ni desata su responsabilidad frente a terceros. Los autores asumen la responsabilidad por los derechos de autor y conexos.

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RESUMEN

El presente trabajo analiza la guerra desde una perspectiva teórica y experiencial, abordando conflictos internacionales e internos en Colombia. A partir de relatos y análisis históricos, se busca responder a la pregunta: ¿qué es la guerra? Se estudian casos como el conflicto en Ucrania y las guerras en Colombia, así como los procesos de paz. La investigación combina fuentes bibliográficas con testimonios de expertos que han vivido el conflicto en primera persona. Se concluye que la guerra no solo involucra enfrentamientos armados, sino también dimensiones sociales, políticas y económicas, lo que dificulta su erradicación.

Palabras clave — Conflicto armado, posconflicto, derechos humanos, paz, guerra.

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ABSTRACT

This study analyzes war from both theoretical and experiential perspectives, addressing international and internal conflicts in Colombia. Through narratives and historical analysis, it seeks to answer the question: what is war? Specific cases such as the conflict in Ukraine and Colombia’s internal wars, as well as peace processes, are examined. The research combines bibliographic sources with testimonies from experts who have personally experienced conflict. The findings suggest that war is not solely a matter of armed confrontation but also involves social, political, and economic dimensions that make its eradication complex.

Keywords— Armed conflict, post-conflict, human rights, peace, war.

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UNA GUERRA DE NUNCA ACABAR, COLOMBIA

El 24 de febrero del 2022, como otro jueves cualquiera, desperté a las 5:00 a.m. para ir al trabajo. Comencé a organizarme y, para cuando tuve tiempo de revisar redes sociales mientras desayunaba, me percaté que ese jueves algo iba a “estallar”.

No sé en cuál medio de comunicación lo vi, solo recuerdo la impresión que generó en mí la noticia: Rusia lanza “acción militar” en el Donbás. Aunque en días pasados la tensión entre Rusia y Ucrania venía creciendo cada vez más, luego de la declaración de independencia de Donetsk y Lugansk la situación había generado un nivel de gran preocupación para la comunidad internacional.

La guerra interna que se vivía en Ucrania del este desde el 2014 tuvo un giro grande en los acontecimientos cuando Vladimir Putin, presidente de Rusia, reconoció las regiones de Donetsk y Lugansk como independientes del Gobierno Ucraniano y decidió movilizar tropas rusas dentro del territorio.

Ese 24 de febrero, el mundo apenas estaba logrando dimensionar la magnitud de los hechos y lo grave que sería para las relaciones internacionales. Sin embargo, que esto pudiese convertirse en la Tercera Guerra Mundial, y más aún, de una Primera Guerra Atómica era como un rumor de pasillo que se escuchaba por todas partes.

Por mi parte, comenzaba como una pregunta, algo que siempre que leo, veo o escucho hablar sobre la historia de las guerras me cuestiona, y es la definición de la misma.

Quizás definir la guerra sea algo que en inicio creamos sencillo, podríamos decir que “la guerra es un acto de fuerza para imponer nuestra voluntad al adversario” [1], como lo menciona Karl Von Clausewits en su libro De La Guerra. O podríamos también mencionar que es “un combate privado entre dos personas, realizado voluntariamente y en conformidad con ciertos pactos, a fin de mantener externamente la soberanía individual absoluta en una esfera de acciones”, [2] según la definición de la Enciclopedia Universal Ilustrada.

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Pero tal vez, la verdadera esencia de la definición no se encuentre en aquellos libros y sentencias, tal vez la definición se encuentre afuera, donde ocurre, donde la sangre corre, donde lo diferente se aniquila y donde la muerte se convierte en el panorama general.

Siempre he pensado que, aunque vivo en un país que ha pasado por una guerra que pareciera no acabar, nunca la he sentido. No niego que quizás me haya tocado en algún punto, pero nunca reconocí que aquellos actos de violencia que he presenciado fueran parte de un entramado mucho mayor, de una guerra que lleva años sin concluir. Y es que, a veces, la guerra en las urbes puede llegar a ser más silenciosa, más escondida, más discreta.

Aun así, desde hace un buen tiempo he sentido mucha curiosidad por las guerras, y aún más por la paz. ¿Es la paz sinónimo de ausencia de guerra, o es quizás la guerra sinónimo de ausencia de paz? Es muy curioso cómo el mundo ha girado durante mucho tiempo en guerras y tratados de paz, en armas que se silencian con tinta, en sangre que se cambia por papel. Y aún más curioso es cómo las diferencias que antes se querían aniquilar, ahora se buscan mediar.

Pero ahora, con el panorama actual del mundo, mi sed por encontrar esa respuesta sobre ¿qué es la guerra? se acrecentó. Por eso, en medio de mis charlas de pasillo con cuanta persona encontraba para intentar dar con diferentes puntos de vista, encontré las de Efraín. Y es que, aunque seamos familia, nunca tuve la posibilidad de ser muy cercana a él, pues gracias a sus trabajos fuera del país no lo conocí a profundidad hasta hace muy poco, cuando decidió regresar a su país natal para reconectar con sus seres queridos. Fue allí cuando comencé a volverme más cercana a él, y un día, en una visita familiar a su finca, en Barbosa, comenzamos a hablar de la situación actual del país. En ese momento me di cuenta que a través de él podría hallar, quizás, la respuesta a mi pregunta.

Efraín Pérez es actualmente profesor de maestría de la Universidad de las Naciones Unidas, pero durante toda su vida se dedicó a trabajar en países en posconflicto como Ruanda, Timor del Este, Kosovo, Honduras e incluso en Colombia. Vio la guerra tan cerca y tan lejos al mismo tiempo, conoció lo que era vivir intentando mediar las diferencias y encontrando soluciones de una manera

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pacífica a conflictos que ya habían derramado tanta sangre que pareciera difícil lograr la paz. Y, este hombre que se enfrentó a la guerra desde tantos frentes, es, además, mi tío.

De países de los cuales yo solo conocía por libros, pude adentrarme mucho más gracias a sus relatos. Pude conocer la guerra a través de sus ojos y ahí fue cuando descubrí que a veces, una mirada diferente a la teórica, puede encerrar más que un libro de historia.

Su travesía comenzó no por querer saber sobre la guerra, sino por querer ayudar al prójimo. Por eso, sus primeros pasos profesionales, además de estudiar ciencia política, fueron para convertirse en cura, pues creía que de esta forma podría ayudar a las personas según los designios de Dios. Sin embargo, luego de haber estudiado 3 años de filosofía y 4 años de teología, como requerimiento para su ordenación, Efraín tomó la decisión de continuar sirviendo, pero de formas diferentes. El celibato para él era algo que no pensaba negociar, así que renunció a la idea de convertirse en siervo de la Iglesia y continuó por la rama de la ciencia política que mejor le parecía para su verdadero sueño: trabajar en la defensa de los Derechos Humanos.

A partir de allí, recorrió el mundo, conoció el sufrimiento humano en toda su profundidad, a las víctimas y a los victimarios, los conflictos y las soluciones, lo que era realmente la guerra y lo que se buscaba con la paz.

Sabía que solo él podía ayudarme a comprender qué era la guerra, cómo la había vivido en carne propia en tan diversos países y finalmente, qué es la paz.

Tomé mi libreta de apuntes por si debía anotar alguna pregunta que me surgiera en la conversación, mi celular para grabar, un sombrero y partí hacía su casa, una finca ubicada en el municipio de Barbosa, a unos cuantos metros de la autopista.

Cuando llegué, me recibió con un abrazo. El sol brillaba aquel día y decidimos sentarnos en la sala, un lugar con una gran vista a los terrenos de la finca. Le gusta la amplitud. Me ofreció un café, como siempre lo hace, aunque le he repetido en multitud de ocasiones que no me gusta. Procedió

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a hacerse uno él en su prensa francesa, porque dice que así se hace un buen café. Me sirvo un vaso de té y entonces inició una larga conversación:

-Tío, quisiera conocer tu postura frente a lo que está pasando en Ucrania. Hace años no estamos tan al borde de una posible Guerra Mundial y los medios de comunicación nos bombardean todos los días sobre la postura de unos, intentando hacer ver mal a los otros. Pero me pregunto ¿qué tan así será?

-Pues sobrina, realmente la situación política es complicada en el momento, la violación sistemática de Derechos Humanos por parte del gobierno de Putin ha sido catastrófica. Sin embargo, hay que tomar las cosas con pinzas, porque no todo lo que se nos muestra en los medios de comunicación es necesariamente así. Hablando de eso, por qué no empezamos esta conversación con un caso que poco vi en medios de comunicación acá en el país y que me tocó vivenciar de primera mano. De hecho, fue el primero que me tocó cuando trabajé en la Defensoría del Pueblo.

En este momento llegaron los 4 perros que tiene, llevaban un rato jugando en la parte de abajo de la finca. Estaban mojados y empantanados, los regañó y simplemente siguió con la conversación.

-Cuando estaba en la Dirección Nacional de Promoción y Divulgación de DDHH hubo un fenómeno y un caso muy concreto sobre los raspachines de coca. Fue un caso sonado porque fueron 300 raspachines de coca, entre hombres y mujeres. Yo estaba encargado de lo que era la biblioteca de la Defensoría. En eso fueron llegando y fueron llegando, cuando ya teníamos 300 en todo el lobby de la Defensoría, entre hombres, mujeres y niños. Era una cosa impresionante. Algunos de ellos se fueron encadenando en el pasillo que iba directamente hasta la biblioteca.

Tomó un sorbo de café, comenzó a acariciar a Lucas, el siberiano de un año y medio que le ayudé a adoptar. Se aclaró la garganta y prosiguió.

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-Estamos hablando del gobierno de Pastrana, del presidente Andrés Pastrana. Dentro de la radicación de coca, obviamente se buscó penalizar directamente a quienes producían: campesinos de lugares perdidos en el país, sin infraestructura de ninguna naturaleza, ni en materia de vías ni en materia de salud ni educación. Campesinos colonos que llegaban al Putumayo por unas vías muy precarias. Obviamente sembraban el pancoger directamente, pero eso no les alcanzaba.

Lo curioso es que en vez de estimular una inversión social masiva que llevase al campesinado a buscar unas alternativas de cultivo, el Estado lo que hizo fue penalizarlos, y no atacar precisamente el consumo ni la comercialización. Entonces donde se encontraban los cultivos de cocaína detenían y metían a la cárcel a los campesinos. Ellos, los campesinos, lo que hicieron fue levantarse en protesta y lo que decidieron fue decir: hombre, ayúdenos ¿qué podemos hacer?

Nosotros descubrimos eventualmente en un estudio que hicimos cuánto cuesta producir un kilo de base de coca y cuánto cuesta llevar esa base a centros de consumo directo. Estábamos hablando de casi mil dólares la producción de un kilo de base de coca, mientras que en los EEUU se podía subir entre los 40 y 60 mil dólares.

Efraín detiene su relato, se levanta del sofá y vuelve a la cocina que queda justo al frente, toma nuevamente la prensa francesa y se sirve un poco más de café. Son las 2 de la tarde, afuera hace un día despejado y caluroso, y para él es el momento perfecto para tomar su bebida tan caliente como pudiera. Le agrega dos cucharadas de leche en polvo y un poquito de vainilla. Se recuesta en el mesón y continua:

- Lo curioso es que los campesinos nos decían: es muy fácil penalizar, pero aquí ¿quién nos

viene a comprar a nosotros el plátano, la yuca, los bananos, las frutas, la papaya o los aguacates? Para sacarlo de aquí tenemos que sacar todo con mula y debemos pasar horas hasta llegar a un centro de acopio. Mientras que por la coca vienen y recogen lo que producimos y no nos tenemos que mover. Con esto comen nuestras familias durante meses, mientras que en los centros de acopio tenemos que llegar a regalar el producto. Los fletes,

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el desplazamiento, las carreteras destrozadas por falta de inversión estatal en esta zona, todo esto hace que si el plátano antes costaba un peso, ahora cuesta tres, y para nosotros ya es perdida hablar de un plátano por un peso, cuando hemos gastado tres.

Pero por la cocaína vienen aquí. Ya tenemos el cultivo comprado, nosotros solo tenemos que raspar la coca, producir la base y esperar a que vengan. Nos pagan bien y con eso come mi familia, tenemos medicinas y tenemos como eventualmente sacar los niños a que se eduquen.

Cuando estuve trabajando para el instituto Helsinki como profesor para una de estas conferencias en Madrid, uno de los estudios que pude analizar hablaba de que Naciones Unidas y algunos organismos internacionales iban a aportar 800 millones de dólares para el Proceso de Paz. Yo estuve haciendo cuentas y Colombia tendría que invertir más de 100 mil millones de dólares en una inversión social trazada a lo largo y ancho del país, sobre todo en las zonas más marginales, que es donde la guerrilla está.

Inversión vial, porque sin vías no se puede sacar la producción del campesinado. Inversión en el agro, para que sea productivo y que erradiquen manualmente, para que así sea amigable con el medio ambiente. Y también que el Estado entre y diga: vamos a poner el precio del plátano, de la yuca o de lo que ustedes produzcan para estimularlos y ayudarlos a que esa producción, en vez de cocaína, sea rentable.

En ese momento terminó su último sorbo de su segunda taza de café, puso el vaso en el lavaplatos y volvió a sentarse en el sofá junto a mí. Lucas ya había decidido acostarse en un rincón de la sala, por lo que la que llegó al encuentro con mi tío fue la Mona, la que cataloga como su primogénita, la primera perrita que adoptó cuando volvió a Colombia.

-Los campesinos me decían: queremos sentirnos útiles, y sabemos que estamos haciendo daño con esto, pero ¿cómo hacemos? No es persiguiéndonos a nosotros, es dándonos alternativas, porque sabemos que lo que se está haciendo es malo.

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También la inversión en salud es importante, ellos decían que muchas veces debían vender sus animalitos porque debían ir a hospitales donde les prestaran una mejor atención lejos de sus hogares y ¿quién les iba a dar la vivienda y comida mientras estaban allá? Y no menos importante la inversión en educación, que esté enfocada en el agro: en veterinaria, como agricultores, como ingenieros agrícolas, y si no es para ser profesional, por lo menos carreras técnicas, que ayuden a mejorar las condiciones de vida y educativas de esa gente.

Y en todo eso, yo haciendo cuentas, estamos hablando de más de 100 mil millones de dólares, y estamos hablando de que la comunidad internacional nos daba 800.

Mientras no se tenga en consideración que las causas de la violencia en Colombia se deben a la inequidad ¿Por qué aparece la guerrilla en Colombia? Hay que trabajar en las causas con una gran inversión social, para que ese campesino no tenga que entregar sus hijos a la guerra solo porque están viviendo mal.

Es una política estructural, de fondo, porque yo considero que esta guerrilla aparece como una respuesta a un fenómeno donde hay unos grandes latifundios y terratenientes que explotan una comunidad, y ellos, en los 60's, frente a la Guerra Fría, buscaron una solución a esta problemática endémica de este país a través de las armas, y ese es el peor ejercicio en materia social, porque se convierte en parte del problema: la violencia genera más violencia.

En ese momento interrumpí su discurso, no porque no creyera que era importante, sino porque sentía que, como me pasa muy seguido en mis conversaciones con él, divagábamos y nos perdíamos del tema principal.

-Entiendo el contexto político en el que nos movemos para esa época, pero entonces ¿qué pasó con los raspachines?

-Claro, volviendo al tema, llegan estos raspachines y se toman la Defensoría durante meses, incluso me tocó ver mujeres que tenían sus bebés en los corredores de la sede. Los

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ayudábamos como podíamos con comida, pero eran muchos. Hasta que finalmente se decidió retornar a estos raspachines de coca.

En mi opinión, creo que la llegada de los raspachines a la Defensoría fue una política llevada a cabo por la guerrilla, para generar un impacto en los medios de comunicación, para llamar la atención a la realidad de estos campesinos que estaban siendo procesados como delincuentes por el raspado de la cocaína, llamar la atención y decir que el problema no era de ellos. No quiero decir que esto se justifique, pero pasó, y de la forma en que pasó fue necesario una movilización tan masiva como esa, en la cual obviamente la defensoría fue parte y nos vimos inmersos.

- ¿Y por qué te asignaron a ti para ser parte de dicha movilización?

-Yo estaba metido en el Área de Promoción y Divulgación, y para mí el tema de la justicia social siempre me ha afectado, porque afecta la dignidad de la persona. Entonces de una u otra forma me vi inmerso.

Nos asignaron a no más de 5 o 6 en 10 buses, nos distribuyeron en cada uno de los buses, porque finalmente ellos accedieron a regresar. El Gobierno decidió un poco replantearse la política del procesamiento de los campesinos y se decidió que se iban a retornar a los lugares de donde procedían, que era el Putumayo. Se decide organizar un operativo muy grande porque eran unos 300 raspachines. Y nos montaron en alrededor de 10 buses, nosotros con nuestros escudos protectores: la gorra que decía "Defensoría del Pueblo", y alá, váyase al bosque.

Iniciamos la ruta desde Bogotá, pero cuando ya estábamos cerca, el camino se tornó aterrador, había toque de queda y estaba la guerrilla parando. Solo esperábamos una mina en mitad del camino para salir en átomos volando. Recuerdo ver muchos carros quemados en la vía. El aire se cortaba con solo abrir la boca, y a mí se me ocurre decir: como nos han alumbrado con antorchas para que pasemos todos iluminados. Todos me voltean a mirar y

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me dicen: qué cosas dices, pero estábamos tan estresados que nos soltamos a reír. El viaje se demoró un día y medio, más o menos, es que las condiciones no eran las más adecuadas.

La ruta desde Bogotá hacia el Putumayo por carretera comprende alrededor de 705 km, que en condiciones normales tomaría un aproximado de 12 horas y media de viaje.

Cuando llegamos la guerrilla estaba supervisando, pero en ese momento fue cuando nosotros entrevistamos a los raspachines de una forma más directa y pudimos hablar con ellos sobre la producción de la base de coca, lo que costaba, lo que significaba para ellos producirla, las ventajas que eso daba y por qué el narcotráfico era tan productivo y cómo, eventualmente, ellos sufrían para producir algo legítimo y el Gobierno ni siquiera los tenía en cuenta. Hablamos, comimos, y luego ya por la tarde nos regresamos en carros particulares, también con controles de guerrilla, y la cosa siguió así. Nosotros regresamos.

La política no cambió, los raspachines siguieron en la misma circunstancia y estamos hablando, 24 años después, que se están repitiendo las mismas historias y no se ha mejorado ni un céntimo las condiciones de esa gente, porque ni siquiera ha habido inversión.

La cara de decepción y tristeza que puso cuando terminó su narración fue impactante. Aunque habíamos iniciado por querer resolver mi duda sobre qué es la guerra partiendo de todo lo que sucedió desde inicios del 2022 con Ucrania y Rusia, el pasado de nuestro país, Colombia, fue el punto de partida para comprender que no hay necesidad de ver afuera para entender qué es la guerra, su entramado en la sociedad y lo difícil que puede ser salir de ella.

Se levantó de su asiento, volvió a servirse un café y se asomó un rato para ver la tarde tan fresca y tranquila que estaba haciendo fuera. Nos quedamos en silencio un momento, mientras él terminaba su bebida y yo jugaba un rato con los perros. Cuando se sentó, comenzó nuevamente a hablar:

-

Que pesar, pero no hubo una política consistente, porque meses después se inicia el proceso de paz en San Vicente. Esa es otra historia bastante interesante, pues, aunque yo no participe durante todo el proceso, si fue una experiencia enriquecedora, sobre todo para hablar sobre

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cómo vive la Colombia olvidada por el Estado, la Colombia en guerra. Allá en el Cagüan se habló de las políticas, se inicia el desarme y la zona controlada.

Según un texto publicado por Indepaz "El Caguán, como se le conoce popularmente a este proceso, es tal vez el más famoso intento de paz que hayan realizado la guerrilla de las FARC-EP y el gobierno colombiano. Se desarrolló desde 1998 hasta 2002, teniendo como principal escenario una zona de despeje comprendida por los municipios de Mesetas, La Uribe, La Macarena, Villahermosa y San Vicente del Caguán, con una dimensión de 47.000 kilómetros cuadrados" [3].

De este intento por negociar La Paz por parte del Gobierno Pastrana surgieron muchos eventos que marcarían la historia del país, así como valiosos aprendizajes para el proceso de paz que llevó a cabo el expresidente Santos en el 2012. Y es que uno de sus más grandes errores, como lo menciona el profesor de la Universidad Nacional de Colombia, Jaime Zuluaga, en un artículo publicado por Razón Pública en el 2012, es comenzar un proceso de paz con una guerra aún en curso, con una guerrilla que no ha decidido salir de ella y comenzar realmente un diálogo de paz, pues aún tenían muy firme su creencia de poder ganar.

"El control de la Zona de Distensión se dejó enteramente en manos de las FARC, sin acordar una reglamentación clara para su funcionamiento. Adecuadamente reglamentada, otro habría sido el manejo de las discrepancias" [4], menciona Zuluaga como otro error cometido durante este proceso, pues este grupo guerrillero aprovechó esta situación.

-Pero entonces los diálogos de paz entorpecieron el proceso para los raspachines de coca. Y desde tu perspectiva, ¿cómo fueron esos diálogos? - Le pregunté.

-Creo que mi perspectiva fue un tanto personal porque yo fui uno de los seleccionados de esa Defensoría que le tocó irse a San Vicente del Cagüan. ¿A qué? Yo creo que lo que hicieron y lo que buscaban con la Defensoría en ese entonces, es que fuéramos garantes, con nuestros escudos: el chalequito y la gorrita, mostrando una imagen de: nosotros aquí somos neutrales, no me toque, no me mire y usted no me influya, simplemente queremos observar todo el proceso de desarme y distensión.

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- ¿Y cómo recibiste la noticia de: te vas para San Vicente del Caguán? ¿Quién te lo dijo?

-Yo no recuerdo muy bien si fue el defensor el que me lo informó. Me dijo: doctor, ¿usted se quiere ir para San Vicente por su trabajo y lo que ha hecho? ¿Qué le parece? A mí me encantó e inmediatamente acepté, ¡qué oportunidad! Yo la sigo poniendo aún ahora en mi hoja de vida. Participé en las negociaciones y en el proceso de San Vicente del Caguán Encantado, dije. Partí a los días de recibir la noticia. Empaqué mi escudo de la Defensoría del Pueblo, mi gorra, bloqueador solar, jeans, porque antes no había esta ropa tan cómoda que tenemos ahora, con la que yo ando aquí en la finca. También empaqué los utensilios de aseo y pare de contar. ¿Cuánto me voy? que ocho días, quince días, un mes. Es que no sabíamos, no sabíamos.

San Vicente del Cagüan y los municipios aledaños que hicieron parte de la zona de distensión se convirtieron durante tres años en un territorio con control total por parte de las Farc, todo esto debido al acuerdo logrado entre Andrés Pastrana, el entonces presidente, y Manuel Marulanda (alias Tirofijo), cabecilla de este grupo guerrillero, el cuál era crear una zona desmilitarizada como una garantía para el diálogo. Allí, tanto el control político y militar de la zona fueron cedidos completamente a las Farc.

-

Me enviaron a San Vicente del Cagüan junto con dos colegas y quedamos como en un pueblito, donde obviamente la guerrilla determinaba las normas y la implementación del orden público. Entre esos estaba prohibido el consumo de bebidas alcohólicas y sustancias psicotrópicas. Y por supuesto, el abuso sexual a menores o cualquier tipo de violación en estas circunstancias estaba prohibido. Nosotros estuvimos desde noviembre hasta enero.

La guerrilla pasaba por el pueblo, nos miraba, sabían siempre donde estábamos, nosotros comíamos en un restaurante cerca del lugar donde nos hospedamos, y mirábamos como la guerrilla iba aplicando los cuatros convenios de Ginebra, sus protocolos adicionales, el respeto a esta normativa y a la población civil.

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Los Cuatro Convenios de Ginebra son, como se menciona en un artículo publicado por el Comité Internacional De La Cruz Roja, “tratados internacionales que contienen las principales normas destinadas a limitar la barbarie de la guerra. Protegen a las personas que no participan en las hostilidades (civiles, personal sanitario, miembros de organizaciones humanitarias) y a los que ya no pueden seguir participando en los combates (heridos, enfermos, náufragos, prisioneros de guerra)” [5].

Y claro, como una persona que busca respuestas sobre la guerra, saber sobre Los Convenios de Ginebra debe ser una lección básica. Sin embargo, no está demás repasarla, para entender la misión de los Organismos Internacionales y de las ONG en escenarios de guerra internacionales.

Estos cuatro convenios ayudan a mitigar los efectos que un conflicto armado internacional puede tener en una sociedad. Y es que de manera muy resumida se puede decir que son:

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Convenio de Ginebra para aliviar la suerte que corren los heridos y los enfermos de las Fuerzas Armadas en campaña.

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Convenio de Ginebra para aliviar la suerte que corren los heridos y los enfermos de las Fuerzas Armadas en campaña

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Convenio de Ginebra relativo al trato debido a los prisioneros de guerra

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Convenio de Ginebra relativo a la protección debida a las personas civiles en tiempo de guerra

Y aunque suene un poco desventajoso, pues en nuestro contexto bélico las Fuerzas Armadas son un bando y el otro está compuesto por grupos beligerantes, estos acuerdos contienen un artículo que los amplía cuando se trata de conflictos no internacionales, como el nuestro, y cobija también a “quienes hayan depuesto las armas o las personas que se encuentren fuera de combate por enfermedad o heridas deberán ser objeto de trato humanitario, sin distinción alguna de índole desfavorable basada en la raza, el color, la religión o la creencia, el sexo, el nacimiento o la fortuna o cualquier otro criterio análogo”.

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Llegamos en carro oficial, con lo cual nosotros tuvimos que irnos en unos jeeps oficiales desde Bogotá hasta San Vicente. Nos identificamos, ya nos distribuyeron directamente, nosotros ya teníamos lugares asignados y me imagino que dentro de la política institucional ya sabíamos dónde nos iban a dejar como puntos estratégicos. Nos quedamos en un hotelito de medio pelo, no recuerdo si tenía baño privado, no lo recuerdo. Mucho calor, ventilador, toldillos porque nos picaban los zancudos mucho y ¡ay! mijita, se me subieron las garrapatas, quizá por las visitas a las veredas, a las zonas marginales. Me tuve que afeitar todo porque tenía garrapatas desde la punta del dedo gordo hasta la cabeza. Fue la única forma. Donde tenía pelo, piernas, todo. Todo garrapatas.

No pude evitar soltar una pequeña risa pensando en esa situación. Mi tío es una persona que se preocupa por siempre verse prolijo y limpio, aunque pase tiempo en la finca, jugando con sus perras, recogiendo su cosecha de plátanos o cultivando albahaca y perejil, siempre llega a ducharse, cambiarse y aplicarse perfume. Por lo que imaginarlo en aquella situación era, cuando menos, curioso.

- Pobre tío, debiste sufrir bastante allá. Y ¿cómo te fue con la comida?

-

Ah, eso sí era abundante como para campesinos. Entonces habíamos contratado a una señora que nos cocinó durante el viaje. ¡Ay, mijita! El desayuno era con fruta que ellos mismos cultivaban: sandía, papayas gigantes, plátanos, arroz y carne. Terminé gordo. Le decía a nuestra cocinera que no yo no comía tanto y ella solo me respondía: ¡Ay, mijo! Usted coma.

-

Tío, ¿y cuándo tenías que ir a las veredas qué era lo que hacías?

-

Ah, ir a acompañar, a mirar como ellos estaban haciendo, mirar por ejemplo, en algunos casos mirábamos algunos organismos multilaterales, como por ejemplo la Cruz Roja Internacional, como estaba haciendo sus trabajos de preparación y formación en Derecho Internacional, mirar cómo se estaba aplicando y cómo estaba la comunidad, preguntarles, hablar con ellos.

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-

¿Y llamabas o te mantenías en contacto con alguien mientras estabas allá?

-

Sí, claro. Llamaba a mi mamá y a mi pareja, eventualmente. Yo creo que lo hacía cada dos o tres días cuando estaba ahí, que me daba tristeza: Ay, joder, esto está horrible. Ay, mamá. ¿Cómo estás? Yo no le decía cómo estaba.

-

¿Te dio muy duro estar allá?

-

A veces sí, porque era de lunes a lunes igual, y ellos allá. ¿Y esto para dónde va? ¿Y esto si va a tener sentido, esto si tiene sentido?

-

¿Y tú qué pensabas en ese momento?

-

Para mí por lo menos que no afecten a la población civil. Pero igual que sigo pensando hoy, mientras no haya una inversión social esto no tiene sentido. No te digo, hace 24 años y están repitiendo las mismas historias de toda la vida. Señores, hay que invertir, necesitamos equidad y distribución, tienen que hacer autopistas, accesos.

-

Tío, ¿y no te tocó tener conversaciones con la guerrilla?

-

Sí, claro, pero no recuerdo, porque era tal el temor a que eventualmente me pudiesen vincular como si yo fuese guerrillero, que siempre procuraba verme neutral. Pero si me llegué a sentar con uno de los guerrilleros en jefe, por ejemplo, de esa zona. Le preguntaba qué pensaba del Derecho Internacional Humanitario. Para mi sorpresa era un hombre informado, lo que me hacía preguntar

Pero como te digo, siempre estaba el temor de no verme neutral, por lo que traté de ser muy independiente. En contra de lo de como soy. Porque si tú me ves como observador internacional aquí en Nariño, Colombia, o en México, o en República Dominicana, yo me siento a hablar con la población y preguntarle cómo se encuentra. Pero aquí era diferente,

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era guerrilla, y eran intimidantes, siempre estaban armados, siempre mantenían una distancia, eran ellos la autoridad. Y además la ejercían, uno se sentía que ellos estaban acá y el poder lo tenían ellos. Entonces traté de ser muy, muy imparcial y muy independiente, y no pude tener conversaciones profundas con ellas. Es triste porque me hubiese gustado saber cómo un estudiante de la de Antioquia o de la Nacional termina tomando armas y matando seres humanos.

Para por un momento, revisa su celular, se excusa y responde un par de mensajes. Mientras tanto, pensaba en lo triste que se me hacía el que no hubiese tenido una conversación directa con ellos, a pesar de que hay muchas que se pueden escuchar en internet, por ejemplo las realizadas en los juicios durante el proceso de paz que se llevó hace poco en el país, el poder tener la visión de mi tío ahí involucrada, para que él, de primera mano, me pudiera transmitir el por qué personas que no hacían parte de un contexto bélico desde el inicio de sus vidas (como es el caso de muchos hombres y mujeres que finalmente se unen a estos grupos armados porque desde su infancia estuvieron en contacto con ellos y fueron, de alguna forma, influenciados por su entorno), se habían unido voluntariamente en esta guerra sin cuartel.

Carraspea por un momento, y vuelvo en sí de mis pensamientos. Retomo la grabación donde la había pausado para no tener espacios en blanco mientras estaba ocupado y procedo a preguntarle:

-

¿Tuviste entonces alguna experiencia que te marcará durante este viaje?

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Hubo un caso donde un campesino bebió de más y abusó de una menor, por lo que lo iban a ejecutar. Fue muy curioso porque me tocó meterme en ese caso y terminé en medio de casi una ejecución, y salvándole la vida a este hombre. Me decían: ah, es que usted es paramilitar. ¿Por qué? ¿Por qué le estoy diciendo que usted no puede ejecutar a un civil que no está enfrentándose a usted con armas y ustedes están abusando el estatuto de beligerancia, que implica el respeto de los cuatro convenios de Ginebra, de los dos protocolos adicionales, entre ellos, no vincular a la población civil y, eso lleva, a que como se respeta, solo las altas partes contratantes, esto es, los Estados, pueden reconocer a otro sujeto interpartes, esto es, a uno igual a mí, entonces, si yo respeto como un grupo armado

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que busca a través de las armas desestabilizar un régimen "pseudo-democratico" que viola los derechos humanos y aplasta a la población civil por inequidad (porque Colombia es uno de los países más inequitativos del continente), pues eventualmente se le podría reconocer.

Y es que hay que recordar el caso de Chávez, que en el 2012 amenazó a Colombia diciendo que le iba a otorgar el estatuto de beligerancia a la guerrilla como si fuese una prerrogativa que tiene el Estado. Y si la tiene, pero si respeta esos convenios de Ginebra. Entonces fui muy claro y les advertí: ustedes no pueden ejecutar a una persona civil que ha cometido un delito, porque Colombia no aplica la pena de muerte. Si hubiese un debido proceso para juzgar a un civil por un tribunal militar "de guerrilleros", que igual está prohibido porque en Colombia los militares jamás podrán procesar a civiles, igualmente en este caso se aplicaría para la guerrilla, que está cumpliendo las funciones de mantenimiento de orden público y de justicia, entonces tendría que aplicar todos esos principios. ¿Qué pasó? La nebulosa: ahh qué es esto tan complicado, usted es paramilitar, usted es de extrema derecha.

Yo quedé enfrentándome al comandante y le empecé a decir: “¿Usted cómo lo va a matar? Usted no lo puede matar. ¿Usted quiere el estatuto de beligerancia? Usted no lo puede matar. Si lo hace, eso es un crimen. Y se considera un crimen de guerra. Es que estoy aquí. Usted no lo puede matar. Así de sencillo. Lo mata a él, me mata a mí”. Y sí fue curioso, fue una de las circunstancias, así como coyunturales, que me hayan tocado a mí en la vida, porque, aunque he trabajado en países en posconflicto como Timor del Este, Ruanda, Kosovo, Honduras y Ecuador, nunca viví una situación límite así allá, solo en Colombia.

Finalmente, no lo ejecutan. Y el caso eventualmente lo ventilamos con los colegas. No sé en qué paró. Se hizo un pequeño informe. No sé en qué quedó. No lo ejecutaron. Por lo menos quedé yo satisfecho.

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¿Pero el campesino era población civil? - le pregunto.

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Sí, claro, totalmente. Se emborrachó y estaba prohibido emborracharse y abusó de una menor.

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Entonces en el San Vicente del Caguán no solamente estaban la guerrilla y ustedes sino también población civil.

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Claro, es que San Vicente del Caguán y toda la zona de distensión es del tamaño de Suiza. O sea, estamos hablando como de todo el Valle de Aburrá, distendido, con toda su población civil. Y yo como guerrilla tengo que proteger a toda la población civil. Pero están bajo las normas de la guerrilla y ellos son la policía, el sistema judicial, todo. Y el Estado se llama como un estado paralelo que viene ahí a cubrir, porque por eso fue el proceso de paz.

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¿Por qué se escogió ese lugar, San Vicente del Caguán?

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Porque era una de las bases históricas de la guerrilla. Además, que era una zona de olvido y vacío completo de Estado. Entonces ellos se convierten en la voz de los que no tienen voz. Hello, I'm Robin Hood. I'm here to help you so give me your support if not I’m going to kill you. Es que son así.

Siempre me ha causado particular gracia, y aunque a lo largo de esta entrevista no se nota tanto, mi tío suele mezclar idiomas cuando habla. Y menciono idiomas en plural ya que, por su trabajo y sus intereses personales, sabe alrededor de 5: español, inglés, portugués, francés e italiano.

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Entonces, ¿qué pasó? Nos regresamos a Bogotá. Promoción y divulgación. Yo era uno de los encargados de divulgar y luego habíamos salido. Yo había pasado ya de Promoción y Divulgación y del 95 al 97 ya estaba en la Dirección Nacional de Trámite de Quejas… cuando empezaron las amenazas.

Entra una llamada a su celular, veo que es de un amigo y le hago señas para que la tome. Ya para este punto llevamos más de dos horas de conversación, varias tazas de café y cuatro perros desesperados por salir a jugar. El tiempo en la finca pasa lento, se siente así, como si la quietud alrededor no permitiera sentirlo. Me pregunto si después de todo lo que vivió, mi tío encuentre en

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este sitio algo parecido a una armonía interna, a un acuerdo consigo mismo de experimentar ahora su propio proceso de paz.

Finaliza su llamada luego de 10 minutos con su clásico “bye bye” y se sienta en el sofá.

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Mi niña, ya va a ser de noche, ¿qué quieres cenar? ¿Quieres que paremos aquí y preparemos algo primero?

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Podríamos finalizar primero, para que nos dediquemos a cocinar, tal vez una boloñesaaquel hombre de 56 años, esbelto, delgado, con pocas canas tanto en su cabello como en su corta barba, era, además de un gran conocedor, un excelente cocinero.

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Está bien. ¿En qué nos quedamos? Ah, sí, las amenazas. Entonces yo tenía un contestador y creo que esas grabaciones se las entregué en su momento directamente al Defensor del Pueblo. ¿Era yo un alto funcionario? No, no era yo un alto funcionario, era un profesional especializado Grado 18. Empecé a recibir llamadas en las que me decían que yo era paramilitar, lo que me hacía pensar que eran los guerrilleros del Cagüan. Pero también comencé a recibir amenazas más concretas, de paramilitares que me decían: usted, guerrillero, su hermano pequeño, estudiante del colegio tal, su mamá sale a tales horas a misa. No le va a pasar nada a usted, pero su familia le va a pagar el precio. Me pareció increíble ¿Cuál es más preciso? ¿La guerrilla o los paramilitares? Los dos son igual de aterradores, pero unos tienen una información que otros no tienen.

Que lo maten a uno, pues uno dice pues es que me lo busqué, hombre, estoy ayudando a la gente y esto es parte de ese riesgo. Pero mi mamá y mi hermano… Entonces fui con el defensor y me dice: “usted se va para Alemania o se va para Europa, en todo caso”. Y dije no, no, no, no, no, de hecho, yo ya me había gestionado para irme eventualmente a hacer unas pasantías a Naciones Unidas, pero primero quería perfeccionar mi inglés. Y así es como termino vendiendo el apartamento que recién había comprado en el barrio Los Rosales, en Bogotá, vendiendo mis cosas y vendiendo mi carro. Me llevé como quince mil

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dólares y me fui para Nueva York a perfeccionar mi inglés y aplicar a pasantías. Y ahí empezó mi periplo en Naciones Unidas.

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Bueno, yo creo que entonces ya es todo por Colombia, por el momento que acabamos, porque ya nos vamos a Nueva York.

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Sí, fui a Nueva York a estudiar para mejorar mi inglés. Y ahora es tan curioso, si no hablo con el vecino de mi finca, prácticamente mi vida sería toda en inglés. Es muy curioso. Bueno amor, me pusiste a hablar y estoy agotado. Mira, hasta me quité la chaqueta. Me hizo quitar la chaqueta esta berraca, pero bueno, vamos a cocinar ahora sí que muero de hambre.

Y así finaliza nuestra primera sesión, este primer capítulo de nuestra travesía intentando encontrar una respuesta a ¿qué es la guerra? Si les puedo dar unos breves pensamientos que saco de aquellas experiencias vividas por mi tío, es que, en un conflicto armado, sobre todo como el de Colombia, que durante tantos años ha persistido y que, aún a día de hoy prevalece, siempre los que terminan perdiendo son la población civil.

Una guerra se supone está regulada por acuerdos, como los del Convenio de Ginebra, sin embargo, ¿realmente es la guerra algo tan fácil de controlar y medir como para regular de aquella forma? ¿En situaciones así es posible reconocer en el otro a un sujeto protegido por normas que no son propias y que quizás nunca lleguen a tener consecuencias reales?

La guerra es un entramado difícil de comprender, difícil de parar, difícil de finiquitar, y de esta conversación me doy cuenta que aún me falta mucho para comprender, mucho por ver y que las preguntas, quizás, solo se acumularán, y que hechos como el de Ucrania y Rusia, cuyos efectos económicos hemos comenzado a sentir en países tan alejados, quizás tengan mucha más tela por cortar.

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Referencias

[1] K. v. Clausewitz, De la guerra, Librodot , 2002.

[2] «Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana,» de Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana, Madrid,, Espasa Calpe, 1925, pp. 35-184.

[3] Indepaz, «El Caguán,» 26 Abril 2013. [En línea]. Available: https://www.indepaz.org.co/wpcontent/uploads/2013/04/El_Caguan.pdf.

[4] J. Zuluaga, «El síndrome de El Caguán: lecciones de un fracaso,» Razón Pública, 2012. [5] Comité Internacional De La Cruz Roja, «Los Convenios de Ginebra y sus Comentarios,» 3 Febrero 2015. [En línea]. Available: https://www.icrc.org/es/derecho-y-politicas/losconvenios-de-ginebra-y-sus-comentarios.

Cita: Montoya Pérez, María Isabel (2025), Y, ¿Qué es la guerra? Crónicas de posconflictos, Universidad de Antioquia, p. N. https://hdl.handle.net/10495/45840