PA
PA' ORIENTE CAMINAMOS
EN DEFENSA DE LA VIDA
Diseño y maquetación Ilustración de portada Corrección de estilo Fotos Edición de fotos Cristian Rodrigo Aristizábal María Camila Patiño Santiago Pineda Juan Alberto Gómez María Fernanda Bernal María Camila Patiño Lizbeth Juliana Hernández Escritura de los textos Curso de Sociología Rural de la Universidad de Antioquia semestre 2022-1 Organizaciones En Marinilla Asociación de Mujeres Campesinas Buscando Futuro
(AMCABF)
En San Luis Asociación de Paneleros Juan Urbano Zapata (ASOPAJUZ) - Vereda Sopetrán Vigías del Río Dormilón Ecocagüí Tierrap La Ermita de las Aves Revisión de textos Olga Elena Jaramillo Título Claudia Milena Vásquez Luis Fernando Arango El contenido de este fanzine puede ser reproducido libremente
Presentación El material que tiene en sus manos es un fanzine elaborado por los y las estudiantes y la profesora del curso de Sociología Rural del semestre 2022-I, del departamento de Sociología de la Universidad de Antioquia. Tiene como propósito recoger, visibilizar y compartir las experiencias vividas durante la salida de campo del curso, un recorrido por los municipios de Marinilla, Granada y San Luis, entre el miércoles 30 de marzo y el sábado 2 de abril de 2022.
Fanzine es una palabra que puede parecer extraña y por eso queremos contarle que es la combinación de fan -que en inglés significa aficionado- y de magazine que es revista-. Se trata, en resumen, de una especie de revista hecha por aprendices o por quienes no son necesariamente profesionales en estas artes. Se caracteriza por ser una publicación autogestionada, que es posible por la colaboración y habilidades de distintas personas. Así fue en nuestro caso.
Unos días antes de la salida de campo, conversamos en clase sobre el material que elaboraríamos acerca de la experiencia. La idea de un fanzine fue de Luis y Rodrigo ayudó a impulsarla. Las expectativas sobre el viaje parecían ser mayores que los compromisos que adquiríamos con el fanzine y llegamos a un acuerdo con facilidad.
Cada grupo eligió una de las experiencias que conoceríamos durante la salida de campo y el acuerdo fue poner especial atención sobre la misma, de manera que, al regreso, pudieran construir un texto sobre ella. Emprendimos el viaje con la idea de que habría momentos para conversar acerca de cómo contar lo que estábamos viviendo en el fanzine. Sin embargo, las jornadas fueron largas y los tiempos para conversar apenas alcanzaron para compartir las impresiones de los diálogos con las distintas organizaciones y colectivos y los momentos compartidos en los caminos que anduvimos durante esos días.
Regresamos del Oriente Antioqueño y el fanzine seguía como un propósito en medio del torbellino de pensamientos, sensaciones, aprendizajes y preguntas que la salida de campo trajo consigo. Cada grupo escribió sobre alguna de las experiencias y eligió las fotografías que le parecían más adecuadas para acompañar el texto. El formato fue libre, de manera que algunos escritos son más extensos; mientras que unos se esfuerzan por describir los paisajes y recrean el momento del encuentro; otros hacen énfasis en los propósitos y alcances de estas experiencias colectivas y resaltan las voces de sus protagonistas e incluso hay relatos compuestos de versos que riman y recogen la esencia de lo vivido.
Al momento de escribir esta presentación, no tenemos todos los recursos para imprimir los ejemplares que quisiéramos hacer llegar a La Asociación de Mujeres Campesinas Buscando Futuro -AMCABF- en las veredas Cascajo Arriba y San José de Marinilla. Y en San Luis, a la Asociación Panelera “Juan Urbano Zapata” -ASOPAJUZde la vereda Sopetrán; la Corporación Ecoturística ECOCAGUÍ; el Movimiento Vigías del Río Dormilón, la Corporación TIERRAP, La Ermita de las Aves y el Mercado Campesino de San Luis. La autogestión y el trabajo colaborativo continuarán acompañando este fanzine mientras que su publicación en formato digital permitirá su difusión dentro de la Universidad y su lectura por parte de personas interesadas en estos temas y territorios.
Con este material, queremos visibilizar y hacer un reconocimiento a las organizaciones y experiencias colectivas que generosamente nos permitieron ampliar el salón de clase a las veredas, ríos y caminos de estos municipios del Oriente Antioqueño y nutrir el proceso formativo del curso de Sociología Rural, del Departamento de Sociología de la Universidad de Antioquia, con apuestas y luchas por construir condiciones de dignidad para el campo. Este es el contenido del fanzine y usted puede elegir por dónde comenzar y terminar:
Contenido
AMCABF
Asociación de Mujeres Campesinas Buscando Futuro AMCABF. Vereda Cascajo Arriba. Municipio de Marinilla.
Por: Sara Arrieta, Carolina Graciano, Juliana Paniagua y Santiago Pérez
ASOPAJUZ
Asociación de Paneleros “Juan Urbano Zapata”. Vereda Sopetrán. Municipio de San Luis. Por: Luis Fernando Arango Cardona, Cristian Rodrigo Aristizábal, Santiago Pineda Correa, Yuli Paola Vargas Rodríguez.
Otro más de ASOPAJUZ Asociación de Paneleros “Juan Urbano Zapata” Vereda Sopetrán. Municipio de San Luis. Por: Maria Camila Patiño, Yudi Bibiana Correa Areiza y Sara Isabel Velilla Zapata
Contenido Resistir para existir como Vigías del Río Dormilón “De agua somos” Municipio de San Luis.
Por: Sarah Idárraga Cuadros, Juan Ignacio Restrepo Chavarría, Anny Nathaly Valdés Romano y Claudia Milena Vásquez Ramírez.
TIERRAP “La juventud: una revitalización del campo” Municipio de San Luis.
Por: Juliana Hernández, Maria Fernanda Bernal, Santiago Londoño, Sergio Alejando Calderón y Juan Pablo Henao La Ermita de las Aves. “Una familia, un bosque, un camino” Vereda El Cruce. Municipio de San Luis. Por: Olga Elena Jaramillo Gómez Mercado campesino de San Luis. “Una vez al mes” Por: Daniela Montoya Taborda, Julián Duarte Duque, Luz Marina Sánchez Mena, Natalia Salazar Casas y Yennifer Rivas Mosquera
Asociación de Mujeres Campesinas Eran, apenas, las ocho de la mañana y doña Rosa y Claudia ya tenían todo listo. Nos recibieron con muchas sonrisas y algo de tomar. Aunque el viento frío vacilaba alrededor de la casa, el sol parecía brillar con ahínco sobre aquellas montañas del Oriente Antioqueño. Que Marinilla es frío, dicen, pero el sol de aquél día, doña Rosa y Claudia, nos brindaron una experiencia más que cálida e inolvidable.
Doña Rosa Angélica Duque hace parte de La Asociación de Mujeres Campesinas Buscando Futuro
AMCABF,
una experiencia de organización y lucha que lleva más de veinte años arando el futuro de las nuevas generaciones. El colectivo impacta de manera positiva a unas sesenta mujeres y a sus familias, gesta espacios para el aprendizaje
de procesos sobre el cultivo de aromáticas y otros productos, y rescatando, de paso, el saber campesino ancestral. Así mismo, estos procesos generan un espacio de complicidad, escucha y apoyo en cuestiones que van más allá de lo económico y que afectan la vida de las mujeres, es decir, llevan a problematizar cuestiones que hasta hace un tiempo no se habían permitido pensar. En otras palabras, su eje transversal ha sido la formulación y ejecución de proyectos económico-productivos, que han servido para disputar el poder, no no tanto a los hombres sino al machismo. Buscan la manera de evidenciar la labor de la mujer campesina porque, tal y como dice doña Rosa, “es el trabajo más invisibilizado de todos”. Para ello emprenden alianzas municipales y departamentales para demostrar que la labor de las mujeres va mucho más allá de lo doméstico; que la economía y la política no son esferas exclusivas de los hombres, así como que las labores de la casa no son responsabilidad únicamente de las mujeres. Las palabras de doña Rosa, junto con las preguntas de los y las estudiantes que la visitábamos, eran acompañadas de un recorrido por la finca: vimos cómo elaborar insecticidas, contemplamos una huerta llena de verduras y legumbres y hasta algunas hojas secándose al sol: las mismas que serían luego transformadas en shampoos y otros productos orgánicos que hacen parte de sus proyectos productivos.
Su hospitalidad nos llevó también a conocer La Planta en donde doña Martha, quien también hace parte del colectivo, nos explicó detalladamente el proceso final de producción. Allí los productos sembrados y cosechados por las integrantes de la asociación se transforman en aceites esenciales, shampoos y hasta proteínas vegetarianas.
Además del carisma y de la amabilidad de doña Rosa, Claudia y doña Martha, sin olvidar el espléndido paisaje que no se libró de ser captado por varias cámaras, una experiencia invaluable fue la hamburguesa vegetariana y el fiambre en hoja de plátano que nos alimentaron ese día: delicioso de principio a fin fue toda una experiencia gastronómica que ciertamente materializaba lo que nos habían contado. Una alternativa saludable y amable con el medio ambiente que quedó grabada en nuestros corazones, así como la sonrisa de estas mujeres que aún nos da nostalgia recordar.
Asociación de Paneleros En el ala izquierda de aquella rutilante mariposa dibujada en el Oriente Antioqueño por el municipio de San Luis, 7 am y arranca el viaje hacia la dulzura de la montaña: “a caballo vamos pa´ el monte” o bueno por lo menos eso sonaba en mi cabeza , pero era la chiva la que emprendía la travesía. Unos minutos y el primer bocado ya nos endulzaba el alma; a nuestra derecha se desplegaba el cañón del Rio San Miguel que nos daba lo que sería la pruebita de la magia que se escondía entre las montañas de la denominada Perla verde del oriente.
Avanzábamos y aparecía ella: delgada y esbelta desfilaba a lado y lado de la carretera, caña por aquí y caña por allá; bailando de aquí para allá, como diciendo “Bienvenidos a la molienda, bienvenidos a Sopetrán”. Seguimos con el vaivén de las cañas hasta el final del camino. El dulce olor de la caña nos daba la bienvenida con don Carlos Olaya, presidente de la Asociación Panelera Juan Urbano Zapata ASOPAJUZ, una asociación que lleva más de 50 años en el territorio, y que ha hecho de Sopetrán la vereda más dulce del Oriente Antioqueño.
El calor de la bienvenida y del trapiche nos abrazaban; mientras tanto, Carlos nos contaba que 75 familias llegaban hasta ahí a lomo de mula con su caña para producir panela y algunas mujeres de la comunidad se juntan el primer día de la molienda para golpear la melaza de la panela hasta que esta se convierta en el delicioso blanqueado.
“El trapiche es de todos”, dice don Carlos. Funciona porque todos ponen para su sostenimiento y una parte de la producción queda para remunerar a quienes están en cada una de las fases de la transformación de la caña a la panela. Y pareciera que no solo el trapiche es de todos, la vida en general se empieza a mostrar como algo común: las vecinas y los vecinos son los amigos de siempre, con los que por años se han recorrido los caminos. La vereda pareciera una finca gigante que administran todos y todas, pues aquellos alambres que definen hasta dónde va lo mío y donde empieza lo de aquel no están; las divisiones están marcadas por la historia y los acuerdos comunes. Todos y todas se cuidan y se ayudan mutuamente.
“¡Individualista, individualista!” gritaba Simón en la cancha como forma de reclamo a un compañero que no le pasaba el balón. Un reclamo que en aquél escenario comunitario, declaraba la solidaridad y el apoyo mutuo que ha sido parte de sus vidas. El trapiche es el corazón de aquella dinámica de cooperación. Todos ponen, y así: todos resisten. La caña son las venas por las que corre la dulzura, la familia es la columna vertebral que mantiene en pie este proceso comunitario, el cerebro es la juntanza que planea y ejecuta cada acción que ha permitido que Sopetrán siga endulzando el Oriente Antioqueño y nuestros corazones con su deliciosa panela.
En nuestro segundo día por el Oriente Antioqueño, después de una cálida bienvenida que nos brindó el colectivo de mujeres de AMCABF en el municipio de Marinilla, y después de tener una noche reparadora en la vereda San Francisco, emprendemos nuevamente nuestro camino. Avistamos el río San Miguel, alegre, mágico y deslumbrante, para encontrar esos lazos de hermandad que hacen propios a la bella gente del Oriente; la conjunción con el majestuoso río Dormilón, como un solo ser, para dotar de sabiduría, vitalidad; encausando y llevando adherida la consigna de resistencia, por la cual su gente ha luchado y se ha fortalecido tanto en este bello territorio. El brillante amanecer nos hace un guiño para continuar nuestro recorrido. Esta vez nos dirigimos a la vereda Sopetrán, para invitarnos a evidenciar cómo en conjunto se transforma la historia de una comunidad, y formar así una asociación propia de familias paneleras en pro del beneficio de todos, reconocida como la Asociación Panelera Juan Urbano Zapata, ASOPAJUZ. Don Carlos, de manera cordial nos daba la bienvenida. Asociación de Paneleros
Nosotros, un grupo de curiosos, al que le comparte los saberes propios que dotan se sentido a los sopetranences: esa caña de azúcar que transforman, a través de ciertos procesos, para lograr obtener la panela.
Como el río San Miguel y el río Dormilón, pasamos por maestros que se conjugan entre sí, para configurar un saber tan auténtico, que solo con el trabajo comunitario se podría lograr. Don Iván, desde su gentileza y su agradable sonrisa por nuestra visita, nos revelaba que las familias de la vereda que tienen sus cultivos de caña de azúcar, llevan a manera de confianza y credibilidad sus cañas en sus diferentes características para ver su producto final: la panela. Primero hay lavar la caña; luego se pasa por la despulpadora para separar sus jugos y azúcares, luego vierten estos líquidos en un contenedor para separar la melaza. Un poco más adentro del trapiche está Edwin, el atizador, alimentando el corazón del trapiche de la asociación, encendiendo constantemente el motor que da vida a la flamante transformación de la caña.
Así, como esa linealidad de saberes, seguimos nuestro recorrido por el trapiche de la Asociación Panelera, ASOPAJUZ, y nos encontramos con Yeison, el contrahornero. Sin pausar su función de revolver los líquidos derivados de la caña, los fogones orgánicamente confluyen en ese proceso mancomunado que dota de sentido ese enlace funcional para que todas las piezas unidas generen el resultado de un satisfactorio producto final, el mismo que beneficia a estas decenas de familias paneleras.
Es por esto que su aporte, como el de cada uno de los que conforman la asociación, genera una contribución de saberes, de vitalidad y fuerza óptima para considerar en este caso específico: el punto exacto para pasar la mezcla de fogón en fogón es la representación de la madurez de ese proceso comunitario. Así se consolida también con la experiencia que ha traído consigo Don Otoniel que, desde la práctica, nos explica que cada detalle es de suma importancia para elaborar la mejor panela del oriente.
Ese dinamismo que vemos de principio a fin, lo reconocemos como el acto más puro y solemne de cómo el trabajo en equipo genera bienestar. Bienestar que contemplamos en Ana, en Paola, en Arcángel y en Miguel, quienes juntos, como si fueran uno solo ser, dan los últimos toques en el proceso de convertir la caña de azúcar en panela: moldeando, separando, empacando, y sellando lotes consecutivos que ayudaran a muchas familias a seguir en pie cada día. Y develar así que la molienda, en sus más de cincuenta años, se ha mantenido sólida a pesar de las adversidades; que unidos, de forma orgánica y natural, como el encuentro que se forja entre el río San Miguel y el río Dormilón, desde sus riquezas, pueden contribuir a actos de lucha, de resistencia y de supervivencia.
Nos llevamos los saberes, las sonrisas, las anécdotas que cada persona de la asociación nos brindó tan amablemente. Las familias de los asociados, quienes con sus manos y deliciosa sazón nos brindaron desayuno en la mañana, y nos acogieron por unos instantes en su hogar mientras continuábamos con nuestro recorrido. Los niños que, con su alegría y sus miradas tímidas, nos dieron su aceptación como propiamente nos decían “estudiantes universitarios” visitando su vereda de Sopetrán. Paola y su hijo, mientras esperábamos que todos los compañeros pudieran vivir esta experiencia en el trapiche, nos mostraban el proceso en el cual el “conejo”, con un debido moldeo, llega a convertirse en el famoso “blanquiao”. En la tarde el padre de Paola, ya jubilado de la asociación, llegaría al punto de encuentro con unos deliciosos fiambres elaborados por su familia. Cada detalle, como manifestaba Don Otoniel, fue vital en este maravilloso recorrido. Nos vamos muy agradecidos por enseñarnos qué es vivir en comunidad.
Resistir para existir como Vigías del “De agua somos” “Del agua brotó la vida. Los ríos son la sangre que nutre la tierra, y están hechas de agua las células que nos piensan, las lágrimas que nos lloran y la memoria que nos recuerda. La memoria nos cuenta que los desiertos de hoy fueron los bosques de ayer, y que el mundo seco supo ser mundo mojado, en aquellos remotos tiempos en que el agua y la tierra eran de nadie y eran de todos.” (Eduardo Galeano. Los hijos de los días)
El río es de nadie y es de todos. El río es la memoria viva de la historia de los pueblos, atraviesa con sus corrientes las cotidianidades de las personas que se asientan a construir vidas cerca a sus orillas, y se convierten en cuidadores de la esperanza que allí fluye.
El cuidado del río, del agua que somos, es una lucha constante que se puede encontrar en la Perla Verde del Oriente Antioqueño, un lugar que nos recibió para compartirnos la historia del río que los despertó, los juntó y les enseñó a resistir para existir como vigías. La Perla Verde es como conocen al municipio de San Luis. Un pueblo de verdes montañas y ríos de tonalidades azulinas, unas calles llenas de dignidad y unas montañas donde campesinos y campesinas construyen comunidad. Es este lugar, además, el hogar de Vigías del Río Dormilón, un movimiento que desde el 2013 ha juntado a hombres y mujeres para hacerle frente a un Estado que sobrepone sus intereses mercantilistas sobre otras formas de sentipensar los territorios basados en la sostenibilidad de la vida. Vigías ha logrado detener la instalación de centrales hidroeléctricas en el Río Dormilón y poner esta situación en el debate público, además de dotar de sentidos la lucha por la defensa del territorio.
Luchar colectivamente entonces, ha implicado caminar, juntarse, preguntar e incomodar a quiénes no quieren un río para todos y todas. La defensa pasa por meterse en él, bañarse en sus aguas, compartir con la familia en sus bordes, jugar en sus corrientes como estrategias de resistencia, pues a los intereses privados les molesta que el río sea el hogar para el disfrute libre, al acceso de todos y todas.
Otras formas de resistencia también han pasado por soportar el sol, los zapatos gastados de tanto marchar, el sudor, la desesperanza y el cansancio que genera la indolencia de muchos funcionarios que no comprenden el valor y la riqueza del río desde la importancia ambiental, comunitaria, política y territorial. El río duerme porque hay quién lo cuide. El río hoy está abierto para todos y todas porque hay quien lo defienda. El río, debería ser un bien de cuidado, no de disputa.
“Vigías del Río Dormilón somos todos y todas” es una de las frases que dicen con mucha convicción los integrantes de Vigías y además le añaden en medio de la conversa que ni siquiera es requisito ser sanluisano; basta con querer que el río no esté privatizado y las ganas de aportar a preservarlo.
Seguido a lo anterior, en la misma conversación, los ojos y gestos de Claudia Milena, integrante de Ecocaguí y Vigías del Río Dormilón, hablan por sí solos. Se ve en ella la sensibilidad y fuerza que ha forjado las aguas; los caminos recorridos desde el turismo comunitario que lidera y la certeza de que lo hecho desde la organización comunitaria vale la pena cuando ve niños y niñas nadando en las aguas, jóvenes haciendo arte desde el río con sus canciones, y el reconocimiento de que el río Dormilón los despertó para enseñarles a luchar.
Como Nelson, Álvaro y Claudia, del agua de San Luis han brotado vidas desobedientes, tercas y resistentes que creen fielmente en lo colectivo; lo gestado desde abajo, lo impulsado por la imparable búsqueda de que en el centro esté la defensa de la vida y los ríos libres.
“La juventud: una revitalización del campo” Otra de las paradas de nuestra salida de campo al Oriente Antioqueño tuvo lugar en el municipio de San Luis, un territorio mágico compuesto por 48 veredas y un corregimiento. Un pueblo rodeado por espesos bosques húmedos tropicales y un escenario donde existe un proceso de jóvenes que desde el 2018 ha venido acumulando importantes y diversas experiencias relacionadas con el trabajo comunitario, el turismo ecológico y la intervención en el territorio a través de espacios artísticos y culturales. Su nombre es TIERRAP, una corporación juvenil que marcó nuestra corta pero nutrida estancia en la Perla Verde del Oriente Antioqueño.
Llegamos a San Luis la tarde soleada del jueves. Con las caras enrojecidas del calor y con la expectativa de poder adentrarnos en el municipio a través de la mirada de los distintos colectivos que allí se han gestado. Iniciamos con un recorrido por el Dormilón —río insignia del municipio y por lo tanto, de la lucha por la defensa del territorio— y por su charco La Planta: el más grande del Oriente Antioqueño y uno de los lugares más representativos de este río. Una imponente cascada de 50 de ancho y unos 30 de caída, nos sorprendió por su belleza y por la historia de la lucha que muchos sanluisanos han emprendido, trazando un camino de resistencia para preservar este tesoro hídrico que ha estado en la mira de proyectos hidroeléctricos. Todo este recorrido lo hicimos acompañados de Ecocagüí, a quienes agradecemos por guiar nuestro paso por el río y de quienes aprendimos que la lucha por la defensa del territorio también pasa por repensar nuevas formas de turismo.
Luego salimos al coliseo, donde un mural de colores vibrantes captó nuestra atención. “DORMILÓN” en el centro de la pared. Dormilón es el árbol que resguarda la ribera y su característica flor amarilla hace parte del mural. Dos mujeres acompañaban la gigante frase, una campesina tejiendo su cabello azul, que según nos explicó Juanes, integrante de TIERRAP, significa el entrelazamiento de las corrientes del río como una forma de ejemplificar la unidad y resistencia que se teje gracias al Dormilón. Al otro lado, una mujer verde con árboles en su espalda y con venas como afluentes de agua, nos dan a entender que es la pachamama. Ella, con su sonrisa grande y sus líneas de expresión como surcos de la tierra: es la pieza fundamental de este mural. Se pintó en el año 2020, en medio de la pandemia, junto a Bonampak, colectivo gráfico de la ciudad de Medellín con el que Tierrap ha venido trabajando en intervenciones artísticas desde hace varios años.
Dubán Quinchía, es uno de los integrantes de la Corporación TIERRAP, quien se ha destacado por su sencillez, su trato cordial, su capacidad de gestión y su disposición para defender el territorio y la vida campesina desde diversos frentes: desde lo artístico y cultural, hasta la promoción de prácticas tradicionalmente campesinas como el intercambio y la preservación de semillas. Dubán fie el guía en nuestro recorrido por la calle Colombia, la más larga de la cabecera municipal que, según nos contó, poco a poco se ha ido convirtiendo en una galería de arte al aire libre ya que proyectan la realización del festival nacional de muralismo Dormilón Fest. Actualmente hay tres murales que cuentan historias del territorio a la vez que embellecen esta calle cardinal del pueblo: el primero está ubicado en el colegio y, por supuesto, tiene al árbol dormilón en primer plano, así como La Planta, el tutelar cerro El Castellón, la mariposa morpho azul y un colibrí. Más adelante nos espera un mural que nuevamente destaca las montañas del municipio y los afluentes que corren por él. “Perla Verde” dice el mural, haciendo alusión a las riquezas naturales de San Luis. Por último, nos encontramos el primer muralgraffiti que hizo Tierrap en colaboración con un colectivo de artistas de Moravia, donde se resalta la figura campesina con un rostro ubicado en el centro de la pared.
Luego de terminar el recorrido por los murales que imprimen estampas de identidad y memoria a la calle Colombia, nos adentramos en el parque principal y hallamos cobijo debajo del palo de mango, un espacio de gran importancia para Tierrap y para otros colectivos de San Luis: es un lugar de congregación para los habitantes del municipio porque su sombra amansa el sol de las tardes y atenúa el calor que agobia hasta al más oriundo. Allí, bajo el árbol, sentados en círculo, Juanes, Wilder y Dubán nos hablaron de la identidad campesina y de las cotidianidades del mundo rural. Nos contaban cómo, desde su mirada y su trabajo en la guianza turística, veían la posibilidad de integrar una propuesta de rutas agroturísticas en el municipio, que hagan partícipes a los visitantes de la región de esta identidad campesina y del quehacer en el campo, para hacer posible una mayor conexión y amor por la tierra, por sembrar y por lograr una soberanía alimentaria.
La pasión y el manejo de los temas que tenían los jóvenes de Tierrap era admirable y evidente. Nos contaron con nostalgia que antaño a San Luis lo reconocían como el pueblo de las heliconias y que soñaban una ruta dulce en la vereda Sopetrán. Allí veían una experiencia comunitaria muy valiosa y con muchas opciones de réplica. Dicha ruta dulce, y otras propuestas agroturísticas, representan para Tierrap la posibilidad de que los jóvenes que se van de San Luis a las ciudades en busca de oportunidades puedan permanecer en el territorio; que haya un relevo generacional en la vida campesina y encuentren en el turismo una vía de trabajo que haga partícipe a la comunidad y les de sostenimiento.
La corporación también participa en el mercado campesino. La conservación de semillas nativas y criollas también se ha posicionado como un horizonte importante para Tierrap. Estos jóvenes creen que este camino es en el fondo una estrategia fundamental para conservar la cuenca del río Samaná norte.
Estos jóvenes también resaltan la importancia que tuvo para el colectivo la formalización como corporación, las posibilidades que esta figura les abrió, que se reflejó positivamente en apuestas como la del Ecoparque El Castellón, un lugar de importancia ancestral para los sanluisanos y que Tierrap ha propendido por fortalecer a través de la apropiación y resignificación de la comunidad por
este espacio. Tal iniciativa también se une al esfuerzo de proteger la cuenca de la quebrada La Risaralda, un afluente esencial que abastece de agua al municipio. Como si lo anterior fuera poco, en esta experiencia juvenil las mujeres también han tenido un papel transversal y fundamental. En la casa Tierrap nos recibió Sandra, ingeniera ambiental que ha acompañado el proceso desde hace seis meses; ayuda fundamentalmente en la construcción y el fortalecimiento de huertas comunitarias. Sandra, con su cálida sonrisa y su emoción incontenible, nos mostró también varios videoclips musicales que han realizado. Los hijos del maíz es el nombre de uno de los vídeos realizado por los chicos del semillero de escritura lírica, donde resaltan el sentido de pertenencia por el municipio que se manifiesta a través de las resistencias por la defensa del territorio, de la vida campesina, del arte y la cultura.
Casa Tierrap es un espacio que se construye al calor del debate, de la cooperación, de la reflexión y la movilización. Los estantes llenos de libros, las repisas con semillas, el patio hecho huerta, las múltiples voluntades que se encuentran para aportar desde sus saberes y haceres a la lucha por la vida digna en San Luís y en el Oriente Antioqueño, hacen que este espacio se sienta como un lugar cercano, donde las puertas están abiertas siempre para seguir tejiendo juntanzas en pro de las mayorías.
de Las Aves La Ermita de las Aves es una familia, es un bosque, es un camino.
Es también la historia de tres generaciones que nacieron y, a la vez, han dado a luz a La Ermita.
Los abuelos consiguieron esa tierra bosque, sembraron alimentos, cuidaron la familia y aserraron madera como lo hicieron sus parientes y paisanos. Gabriela y Marta, las hijas, crecieron en La Ermita, trabajan duro para ser coherentes con lo que piensan, se han forjado con otras mujeres, están dispuestas a la organización comunitaria y se forman ahora como Tecnólogas en Turismo.
A Sebastián, el nieto, la guerra no lo dejó crecer en La Ermita, pero siempre escuchó el río y los pájaros. Regresó a San Luis, se forma como ecólogo y guía turístico y ha hecho de La Ermita su proyecto profesional.
Se nombran como una familia bosquesina que quiere seguir con su vida campesina mientras acogen turistas que quieran recorrer su bosque, avistar sus pájaros, aprender de sus resistencias en este territorio y saborear sus delicias.
La Ermita de las Aves está tejida de luchas. Sus caminos cuentan historias de arrieros, tabaco, maíz y madera. Sus bosques son refugio de biodiversidad. Allí se dibuja un proyecto de ecoturismo que busca cuidar y compartir sus historias.
Mercado Campesino de Una vez al mes
El primer sábado de abril, desde temprano, fuimos testigos de la fiesta que representa el mercado sanluisano.
Un sábado al mes, decenas de campesinos salen al pueblo, con sus cosechas, artesanías y sabores llenan de colores y aromas el parque principal.
De toldo en toldo fuimos, envueltos por la esencia del cacao y del café recién molido, la dulzura de la panela, de las conservas y del vino. Vimos plantas ornamentales y tejidos con técnicas ancestrales, Todo esto, expuesto en la vitrina, en pleno parque principal.
Un día de cada mes, los campesinos tienen un lugar en el corazón del pueblo, aunque son ellos mismos su verdadero corazón. Nos hablaron de sus productos, del esfuerzo que les precede Y en su sonrisa orgullosa, la prueba de que todo valió. “Sanluisano compra a sanluisano”, decían al pasar… Un sábado al mes, es el pueblo el escenario para el intercambio de saberes y sabores entre artesanas y emprendedores, campesinas y productores, que una vez al mes bajan, de sus veredas, al mercado campesino, dando ejemplo de dignidad, resistencia y tradición.
Facultad de Ciencias Sociales y Humanas Departamento de Sociología Curso de Sociología Rural Universidad de Antioquia
2022
Cita: Arrieta Villa, Sara, Graciano Saldarriaga, Ivette Carolina, Paniagua Barrientos, Juliana, Pérez Rodríguez, Santiago, Arango Cardona, Luis Fernando, Aristizábal Giraldo, Cristian Rodrigo, Pineda Correa, Santiago, Vargas Rodríguez, Yuli Paola, Patiño Orozco, Maria Camila, Correa Areiza, Yudi Bibiana, Velilla Zapata, Sara Isabel, Idárraga Cuadros, Sarah, Restrepo Chavarría, Juan Ignacio, Valdés Romano, Anny Nathal, Vásquez Ramírez, Claudia Milena, Hernández Galvis, Lizbeth Juliana, Bernal Ortega, María Fernanda, Londoño Agudelo, Santiago, Calderón, Sergio Alejando, Henao Cifuentes, Juan Pablo, Jaramillo Gómez, Olga Elena, Montoya Taborda, Daniela, Duarte Duque, Julián, Sánchez Mena, Luz Marina, Salazar Casas, Natalia, Rivas Mosquera, Yennifer (2022), Pa' Oriente caminamos en defensa de la vida, Universidad de Antioquia, p. N. https://hdl.handle.net/10495/48803