FACULTAD DE
COMUNICACIONES
Y FILOLOGÍA 35 AÑOS:
UNA HISTORIA
QUE SEGUIMOS
CONSTRUYENDO
® Diciembre 2025 Fondo Editorial Facultad de Comunicaciones y Filología Universidad de Antioquia Coordinación editorial: César Alzate Vargas Apoyo editorial:
William Vásquez Avendaño Comité editorial:
Juliana Restrepo Santamaría Diana Ramírez Hoyos Paula Andrea Marín Colorado Diseño editorial:
Luisa Santa C o n t e n i d o
4 Muchas voces
cuentan esta historia Olga Vallejo Murcia
6 PRIMERA PARTE:
ESTUDIANTES
7 Mi lugar
Estefanía Salazar
9 Escuchar a mi
Mita: el refugio de mi infancia, la abuela que me enseñó a vivir Joan Manuel Guarín
11 Egresadas que
marcan la diferencia Dahiana Medina Arango
13 La ciudad
de Federico Christian Montoya
15 El pasillo que
no existe Hary Valeria Copete
17 Una historia que
se escribe hace muchísimo tiempo José Esaú Jaramillo Muñoz
19 Mi peor pesadilla
Laura Cortés Betancur
21 La caída
Sebastián Castro
23 Treinta y cinco
años haciendo historia Isabela Ceballos Zapata
25 La nueva casa
Daniel Esteban Gómez Penagos
27 Un sueño que
llegó a Yarumal Juliana Moreno Henao
29 Los susurros
del bloque 12 María José Vallejo
31 Anclado en 1990
Iván Felipe Adans Camargo
33 Una voz que crece
en las montañas María José Mazo Duque
35 El 12
Linda Valentina Ramírez
37 Facultad de
Comunicaciones y Filología Gerardo Antonio Correa Miranda
39 Ojalá hoy sí
nos escuchen Paulina Marín
41 Tü
Daniel Rendón Araque
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43 Una vida apurada
a nuestro ritmo María José Corrales Arenas
45 Cartas a Abril
Mariana Vélez
47 Treinta y cinco
años comunicando, dos años sembrando palabra en Yarumal Sofía Hernández Yepes
49 Desde Nuquí
hasta el bloque 12:
mi voz en la Facultad Mario Yesid Banguera Hurtado
51 Tres semestres
a la distancia Valentina Henao Molina
53 El primer paso
en la Facultad Valentina Maya Gallego
55 Treinta y cinco
años de evolución, trabajo y perseverancia Juan David Bonilla Chica
57 Pasillos y Libros
María Camila Sevilla Eusse
59 Más allá
del lenguaje, la puntuación en la vida Valentina Quiroz Moncada
60 La no becada
de los baños del bloque 12 Samuel Restrepo Agudelo
63 En mi casa me
enseñaron papá y mamá, pero yo no sigo reglas Juan Esteban Rojas Carmona (en memoria)
69 SEGUNDA PARTE:
OTRAS VOCES
70 Mensaje de
agradecimiento Elvia Elena Acevedo Moreno
71 Exámenes
César Alzate Vargas
73 Innovaciones
pedagógicas del pregrado CAM Gabriel Vieira Posada
77 500 malas
palabras Juan Guillermo Gómez García
79 El Laboratorio de
Fonética Laura Martínez Hernández
80 Una reflexión
sobre el quehacer investigativo en la Facultad de Comunicaciones y Filología Maritza Andrea Trujillo Rodríguez
83 Altaír, memoria
de un proyecto pionero Nora Helena Villa Orrego
91 La Facultad como
casa, como vida y como futuro William Vásquez Avendaño
94 El equipo
administrativo celebra los 35 años de la FCF
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MUCHAS
VOCES
CUENTAN
ESTA
HISTORIA
Olga Vallejo Murcia Decana E ra 1990 y habíamos crecido. El antiguo programa de Periodismo, pionero en Colombia, se había unido a los estudios de Comunicación Social y ambos se habían arraigado en la Facultad de Ciencias Sociales, su nicho natural, hasta que llegó el momento de expandirse y pensar en otros programas académicos que la sociedad venía pidiendo. Era 1990 y nació la Facultad de Comunicaciones. El crecimiento nunca paró. Llegaron otros programas, otras formas de interpretar, de narrar, de ver el mundo. Hoy somos Facultad de Comunicaciones y Filología. Estamos en el bloque 12 del campus Medellín, pero también somos multicampus y hacemos presencia en Yarumal, Apartadó, Turbo, Carepa, Santa Fe de Antioquia, Carmen de Viboral, Sonsón. Hoy estamos en la sociedad a través de nuestro estudiantado, de nuestros egresados y egresadas, nuestro profesorado, nuestros compañeros y compañeras del equipo administrativo. Es 2025 y permanecemos. Nos proyectamos al futuro.
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demostraciones de amor y, claro, uno que otro reproche y hasta alguna ensoñación sobre cómo serían la Facultad y esta alma mater nuestra, la Universidad de Antioquia, si de repente las afugias económicas desaparecieran.
La mayoría de quienes respondieron a la invitación se acogieron al límite de 500 palabras que propusimos, y hubo quienes requirieron una mayor extensión. Podían decir lo que quisieran: loas, disquisiciones academicistas, quejas, ensoñaciones, alegrías o tristezas. Eran bienvenidas las palabras que desearan dirigirle a esta comunidad que ahora alcanza las bodas de coral. Yo misma tengo para contar que me vinculé en el año 2003. Venía del Instituto Caro y Cuervo, hasta donde me llegó la invitación de un concurso de méritos al que me presenté con entusiasmo y con cierta curiosidad sobre cómo sería la ciudad en la que nací y de la que me había ido antes de terminar la infancia. A Medellín, pues, me trajo de vuelta la Facultad. Ha sido una experiencia interesante en muchos sentidos, vital en otros tantos, satisfactoria en definitiva. Puedo decir que he presenciado, pero también que he participado en esta historia. La FCF es el lugar donde he enseñado y he aprendido, he investigado, he administrado, y donde deseo culminar mi vida profesional. La mía es una de las muchas voces que hoy celebran estos 35 años.
Este es nuestro regalo de aniversario. Un compendio de imágenes y de voces, jóvenes unas, adultas otras, serias, risueñas, dulces, agrias, del alma todas. No es un informe de gestión ni una proyección sobre acciones a futuro. Lo que ofrecemos aquí son muchas de las formas en que se puede contar esta historia que hemos vivido y seguimos construyendo.
La FCF es el lugar donde he enseñado y he aprendido, he investigado, he administrado, y donde deseo culminar mi vida profesional. La mía es una de las muchas voces que hoy celebran estos 35 años.
Treinta y cinco años. Tantas historias y tantas formas de contarlas: a eso nos dedicamos aquí. Para conmemorar este aniversario, convocamos a quienes conforman nuestra comunidad a que nos contaran sus historias y nos hiciéramos entre todos y todas un regalo de cumpleaños: un compendio de relatos sobre cómo cada quien ve, vive, siente esta historia. Aquí están los testimonios de un par de docenas de estudiantes, de un grupo de docentes y del equipo administrativo sobre cómo llegaron, cómo han vivido o cómo se imaginan a la FCF. En estos testimonios encontramos muchas
P R I M E R A P A R T E :
ESTUDIANTES
Fotografía: Sebastián Castro, estudiante de Periodismo
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MI LUGAR
Estefanía Salazar Estudiante de Periodismo Campus Medellín E ran aquellos días de septiembre cuando en mi vida se avecinaban cambios, se respiraba un nuevo aire y uno de mis sueños más grandes se estaba cumpliendo: estudiar en la Universidad de Antioquia. Recuerdo que, en mi primer día de inducción, los nervios consumían mi cuerpo, el corazón me latía a mil, y algo en mi interior gritaba. Pero cuando entré en aquel auditorio, todos los miedos se apagaron. Fue entonces cuando comprendí que no solo pertenecía a la UdeA, sino que compartía con mis compañeros los mismos sueños, anhelos y la misma Facultad de Comunicaciones y Filología, donde viviríamos una de las etapas más transformadoras de nuestras vidas.
Estudiar en esta Facultad fue el inicio de algo nuevo, y a medida que pasaban los días, las semanas y los meses, un día nos levantamos y nos dimos cuenta de que ya habíamos pasado varios años aquí, parados en el bloque 12, compartiendo risas en las mesas de abajo con nuestros amigos mientras tomábamos café de la chacita de al lado. Estudiando infinitas ideas en las aulas con profesores que, con el tiempo, recordaríamos con aprecio. Nos cruzamos con personas que nos inspiraron y seguimos conociendo a otras que seguirán inspirándonos.
PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
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En esa primera semana de inducción, conocí muchos amigos que hasta el día de hoy me acompañan en mis andanzas, otros ya no están: algunos se cambiaron de carrera y otros simplemente decidieron que este no era su camino. Pero a cada uno de ellos le agradezco por permitirme descubrir que el compañerismo existe, que la gente de mi Facultad se apoya incondicionalmente, que estamos para escucharnos y que no estamos solos. Agradezco por esas charlas que tuve en mis momentos de crisis, porque al final del día siempre tuve a dónde llegar.
He recorrido toda la Universidad intentando encontrar mi lugar favorito, el lugar donde me sienta acogida. Uno de los recuerdos más presentes de mi primer semestre es cuando mis amigos de inducción y yo decidimos que la Facultad de Artes sería nuestro lugar de reuniones, y así fue por mucho tiempo. En ese entonces sentía que ese era mi lugar, pero al final del día, una parte de mí siempre le perteneció a mi Facultad. Con el paso de los años, sé que una parte de mí siempre volverá a donde fui feliz. No solo por sus salones en un sentido estructural, sino porque realmente la Facultad de Comunicaciones y Filología son las personas que la rodean: compañeros que te sonríen a la distancia, el personal de aseo y administrativo que te saluda y está dispuesto a ayudarte, los amigos que te escuchan, y los docentes que te animan a seguir construyendo y luchando por tus sueños. En el fondo, sé que mi lugar favorito es esta Facultad, por su gente, porque aquí me encontré, me construí, aprendí y espero que siga siendo así durante el tiempo que me quede acompañándolos.
He recorrido toda la Universidad intentando encontrar mi lugar favorito, el lugar donde me sienta acogida.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
ESCUCHAR
A MI MITA:
EL REFUGIO DE
MI INFANCIA,
LA ABUELA
QUE ME
ENSEÑÓ
A VIVIR
Joan Manuel Guarín Estudiante de Periodismo Campus Medellín D e la Operación Orión no guardo recuerdos, pero mi abuela sí. Ella fue de mis primeras entrevistas, con sus palabras empecé a entender que el periodismo sirve para darle forma a la memoria, pero también al amor.
Era mi segundo semestre estudiando periodismo, y como trabajo final de una de las materias surgió la oportunidad de escoger un tema para trabajar desde diferentes lenguajes: video, audio, fotografía. En la Facultad se nos ha insistido en encontrar en nuestras propias historias un punto de partida para narrar la realidad, y este trabajo fue justo eso. Hablamos del conflicto armado, pero desde nuestras familias; había oído que en Colombia todos somos víctimas de la violencia de forma directa o indirecta. Era paradójico contar historias horribles desde la voz de personas tan lindas, desde nuestras familias.
Fue entonces cuando pensé en mi abuela. Cruz Elena Toro, más conocida por mí como Mita. El día de la entrevista empezó a arreglarse con calma, todo un ritual para estar frente a la cámara de mi celular. Se maquilló frente al espejo de su habitación repasando el delineador que nunca falta en sus ojos, se puso una blusa clara, de esas que usa solo cuando va a salir, sus manos se movían inquietas, jugando con los dedos o acomodándose el cabello.
Al empezar a grabar empecé con el protocolo de siempre, le dije que me dijera su nombre a pesar de saberlo de memoria. Estaba nerviosa, respondía con frases cortas moviendo mucho sus manos. Tenía que insistir para que hablara más, pero detrás de esos nervios estaba mi abuela, la misma de siempre contándome sus vivencias e
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historias que compartimos y que no recordaba porque era demasiado pequeño para haber entendido.
Mientras ella hablaba, yo sentía que no solo estaba recuperando una parte de la memoria de ese barrio, sino también un fragmento de mi propia historia. Las risas de los vecinos en las aceras, los juegos que inventábamos con lo poco que había, el miedo a zonas cuando la violencia se hacía presente.
Me contó cómo había llegado a la comuna 13, siendo ya madre y en embarazo de su segundo hijo; hablamos de cómo entre esas calles y escalas levantó su hogar junto a mi abuelo. Yo apenas era un bebé cuando ocurrió la Operación Orión, pero ella recuerda esos días de miedo; el sonido de las balas, los helicópteros y las oraciones mientras mi abuelo salía a trabajar, mi mamá corría al bus y mis tíos iban a estudiar. Ella se quedaba conmigo protegiéndome como podía en una casa donde la violencia estaba cerca.
Años después de esa operación, muy cerca de nosotros, apenas a una pared de distancia se instaló una banda delincuencial, desde la sala podíamos escuchar sus conversaciones y desde la cocina ver cómo practicaban sus tiros al aire. En la entrevista mi abuela recuerda el día en que una bala casi rozó su cara mientras tendía la ropa. Fue entonces cuando mi familia decidió que no aguantarían más: dejaron atrás su casa para empezar desde cero, no por amenazas sino porque la violencia había gastado cada rincón de ese hogar. Mi abuela y mi abuelo se mudaron a una casa de tablas y piso de tierra, en un terreno comprado por él, en Antonio Nariño, otro de los barrios de San Javier. Y con el tiempo ese lugar se convirtió en el hogar de toda la familia. Después comprendí que esto no era solo un trabajo para entregar. La entrevista, la cámara, las palabras entrecortadas, incluso los silencios dejaron de ser solo un ejercicio académico. Sin darme cuenta, este trabajo se transformó en un homenaje para mi mita, en ese ir y venir de imágenes y palabras, me encontré con mis lágrimas y mi voz entre quebrada al narrar y entretejer su historia, nuestra historia. En su voz estaba la historia del conflicto urbano, sí, pero también mi infancia, y en su presencia aún nerviosa estaba todo su amor. Ese trabajo se convirtió en la manera de agradecerle a mi abuela por habernos mantenido firmes en medio de la tormenta. Por recordar que en medio de la violencia hay memoria, resistencia, esperanza y amor.
Contar la historia de mi abuela, de mi familia, es contar mi propia historia y descubrir que el periodismo permite narrarme a mí mismo a través de las voces que más quiero, es darle forma a la memoria, pero también al amor.
Hoy, al mirar atrás, entiendo que esa manera de escuchar y contar desde el afecto tal vez no nació aquí, en la Facultad de Comunicaciones y Filología, pero fue aquí donde aprendí a darle forma y voz a lo que siento. La Facultad me ha ayudado a pulir y dar voz a mis palabras, fue el Periodismo el que me enseñó que las memorias no solo se guardan: se transforman en historias que laten, se sienten y permanecen. Porque en cada trabajo, en cada palabra, hay un pedacito de nosotros intentando aprender a narrar la vida.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
EGRESADAS
QUE MARCAN
LA DIFERENCIA
Dahiana Medina Arango Estudiante de Comunicación Social Periodismo Campus Yarumal L a Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia celebra los logros de cuatro de sus egresadas, quienes han trascendido fronteras y se han posicionado como referentes en campos como el cine, el periodismo y la comunicación. Sus historias son testimonio vivo de la calidad académica y la influencia de la institución en el desarrollo social y cultural. Desde su fundación en 1960 como la Escuela de Periodismo, y su posterior transformación en la Facultad de Comunicaciones en 1990, la institución ha consolidado su oferta académica. En 1999 se crearon nuevos programas, entre ellos Periodismo y Comunicación Audiovisual y Multimedial, un paso clave para formar a los profesionales que hoy brillan a nivel global.
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Entre ellas se destaca Mariana Correa González, egresada de Comunicación Audiovisual y Multimedial, quien es finalista de los Premios Óscar Estudiantiles de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood con su proyecto de grado “Hoy lloverá”. Para Mariana, “llevar el nombre de la Universidad de Antioquia a esas instancias es una forma de demostrarle al mundo que en nuestra Universidad también se están haciendo muy buenas películas, con mucha calidad y con mucho corazón. Es una forma también de que la Facultad se posicione cada vez más como una escuela de cine de excelencia”.
En el ámbito del periodismo y la memoria histórica, Marta Ruiz Naranjo, egresada de Comunicación Social Periodismo, fue parte de la Comisión de la Verdad y participó en la presentación de su Informe Final. A lo largo de su carrera, ha sido reconocida con premios como el Rey de España y el Simón Bolívar. Según Marta, ser parte de la Comisión le permitió “superar la visión fragmentaria del conflicto que solemos tener a veces los periodistas, y tener un mapa completo y una visión más histórica y profunda del conflicto”. Por su parte, Paola Rueda López, comunicadora social - periodista, ha sido incluida en la lista de mujeres influyentes “Women To Watch 2022” de la Revista P&M. Como presidenta honoraria de la fundación Avon y creadora de liderazgomujer.com, trabaja para apoyar a mujeres en toda Latinoamérica. “Ser Women to Watch para mí es un privilegio y lo recibo con total gratitud y también con responsabilidad porque sé que un reconocimiento otorga visibilidad, entonces lo considero una oportunidad para aportar al cierre de la brecha de género”, explica Paola.
Finalmente, la egresada Perla Toro Castaño fue seleccionada como jurado del Premio Nacional de Periodismo Digital KienyKe 2022. Con una notable trayectoria en medios como Telemedellín, El Colombiano y El Tiempo, donde fue jefe de redacción digital, Perla ahora es responsable de comunicaciones de Comfama. “Esto representa un gran reconocimiento, pero también una gran responsabilidad porque se van a escoger unos trabajos que van a marcar pautas para el periodismo del país”, explica Perla.
Estas cuatro egresadas son la prueba del impacto duradero que la formación de la Facultad de Comunicaciones tiene en la sociedad, demostrando que sus profesionales están listos para enfrentar los desafíos de un mundo en constante cambio.
La Facultad de Comunicaciones tiene profesionales listos para enfrentar los desafíos de un mundo en constante cambio.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
LA CIUDAD
DE FEDERICO
Christian Montoya Estudiante de Periodismo Campus Medellín F ederico González había llegado a la alcaldía de Medellín con la convicción que lo distinguía de quienes lo antecedieron: gobernar no desde el espectáculo ni desde el cálculo electoral, sino desde la urgencia real de la ciudad. La política local había hecho del cemento un indicador de éxito, y entre sus asesores sonaba con fuerza la propuesta de hacer una piscina enorme en el parque Juan Pablo Segundo. “Lo único que le hace falta a Medellín es el mar”, decían. Pero para Federico, era otra cosa lo que hacía falta. Federico decidió escuchar lo que la gente venía reclamando hacía años. Las voces eran claras y persistentes: la Universidad de Antioquia, símbolo histórico de la educación pública en la región, se ahogaba en deudas y en abandono. Era consciente de que la universidad era el alma misma de la ciudad.
Federico organizó reuniones con estos colectivos y su lema fue Medellín, cada día mejor. Referiría luego que su enfoque era principalmente en educación: “Mi alma a Dios y mi corazón a la Universidad de Antioquia”.
[ F i c c i ó n ]
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El movimiento no tardó en encender la pólvora política. Andrés Javier Rendón, el gobernador, lo señaló en televisión de improvisar. Federico entonces respondería: “Arregle la casa primero, después arregle el mundo, mijo. Esa universidad es su responsabilidad como gobernador y ni siquiera sos consciente de tus maravillas”. Desde Bogotá, el presidente Gustavo Puertas hablaba de revolución en los balcones, pero en los pasillos negociaba barriles de petróleo. “Un alcalde populista que sueña con ser presidente”, lo llamó. Federico, sin titubeos, devolvió el golpe en una entrevista: “La diferencia, presidente, es que yo pienso en pupitres y usted piensa en ministerios y barriles. Pero esto no estaría mal si con sus excesos y sus delirios productivos se acordara de que tiene alma”. Federico mostró las deudas acumuladas por casi 350 mil millones en 2023 y comparó en público el costo de una reforma cosmética de unos 200 mil millones de un parque, con lo que equivalía en becas, sillas, profesores de planta y laboratorios. “¿Qué preferimos —preguntaba—, piscinas gigantes vacías o aulas llenas de jóvenes aprendiendo?”. Su insistencia se volvió incómoda: ni Rendón ni Puertas podían seguir ignorando a la universidad más emblemática de Antioquia.
Organizó una campaña de donación nacional que logró apoyos inesperados: empresarios, artistas, jubilados que recordaban sus años en la U y hasta un par de expresidentes. Los tres gobiernos terminaron aprobando la Tasa Especial de Educación Universitaria, un nuevo impuesto que recaudó cerca de 45 mil millones. Estos recursos fueron suficientes para solventar las deudas y que las aulas ya no tuvieran sillas vacías por escasez, sino por estudiantes que llegaban tarde.
El periódico De la Urbe, que había sobrevivido durante años como publicación semestral, se convirtió en un verdadero dominical. Sus páginas circularon por los cafés, los buses y las barberías de la ciudad. Los editores estudiantiles entregaron al alcalde el primer ejemplar en su versión renovada cuya portada fue: “¿Qué busca Federico en la Universidad?”.
Los pasillos de la Universidad eran un hervidero donde la palabra se volvía oficio y crítica. Allí se comprendía que el periodismo era una forma de resistencia y de memoria. Por eso, el recuerdo de Federico y quizás esa era la respuesta al mencionado titular, no era por el cemento ni por las piscinas monumentales que promete cualquier colegial, sino por haber encendido el alma de la ciudad que amamos. Allí se comprendía que el periodismo era una forma de resistencia y de memoria.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
EL PASILLO
QUE NO
EXISTE
Hary Valeria Copete Estudiante de periodismo Campus Medellín U na estudiante de veinte años camina por los pasillos de la Facultad de Comunicaciones y Filología, se encuentra un camino largo entre dos salones de la Facultad que nunca había visto, se queda pensando por unos minutos si entra al sitio o no, le gana la curiosidad por ingresar al pasillo. Cuando entra, todo a su alrededor cambia. Está en otra época, viaja al pasado, las aulas con las estructuras diferentes, los tableros verdes en los se tenía que escribir con tizas, las personas tenían una vestimenta de la época de los sesenta. Las mujeres con vestidos ceñidos al cuerpo hasta las rodillas, con tacones, sandalias o botas. Los hombres usaban trajes ajustados con colores vivos y les gustaba el cabello un poco largo.
Mía, la estudiante se sentía muy confundida. Buscaba el pasillo por el que ingresó, pero su indagación fue en vano, estaba demasiado angustiada, con miedo y desesperación, las personas la miraban raro se notaba que no, pertenecía al entorno. Mía estaba vestida como la mayoría de las chicas de los 2000 con jeans, blusa corta y tenis. [ F i c c i ó n ]
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Una chica muy amable se le acerca y le pregunta si está bien, Mía responde “No, estoy perdida, me siento en otra dimensión”. La chica la mira extrañada, Mía le explica rápidamente lo sucedido mientras caminaban la universidad.
La chica llamada Isabel escucha con atención mientras caminan por la universidad. Estudia comunicaciones y cursaba sexto semestre. En ese entonces, la Universidad de Antioquia solo comenzaba a explorar el campo del periodismo, nada más unos cursos y practicas experimentales, con un poco de intriga de Mía, Isabel decide ayudarla y le presenta a sus amigos.
Isaac y Santiago, los dos amantes de la literatura, se dedicaron a leer textos antiguos para ver si encuentran una explicación. Ana María y Andrea, apasionadas por la escritura deciden hacer una crónica sobre el hecho tan extraño, y compañeros interesados en la tecnología, intentan construir una máquina del tiempo con los recursos de la época, esto les ha tomado varios meses.
Mientras descubren cómo regresar al futuro, Mía disfruta al máximo esa época, conocer a las personas, cómo es estudiar sin internet, sin computadoras y celulares. Es un reto para ella adquirir estas nuevas técnicas, ir a la biblioteca a investigar un tema, escribir a puño y mano los trabajos, sin correos, redes sociales y WhatsApp. Aún así, supera esos desafíos cada día.
Mía aprovecha el tiempo, les enseña a usar el computador y los celulares, como hacer noticias audiovisuales y publicarlos en las redes y otras dinámicas de hacer periodismo y comunicaciones. En cambio, ella aprende más sobre el periódico, ir a las salas de redacción y conocer las máquinas grandes.
Se llega la hora de volver a su época y se despide de todos con un fuerte abrazo. Los estudiantes de filología, comunicaciones, periodismo y CAM se unen para que funcione bien la máquina del tiempo, cada uno en sus respectivos trabajos hace lo que le corresponde y en un abrir y cerrar de ojos Mía ya está en el bloque 12 como si hubiese despertado de un sueño, en el mismo pasillo que viajó a otra dimensión.
Mientras descubren cómo regresar al futuro, Mía disfruta al máximo esa época, conocer a las personas.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
UNA HISTORIA
QUE SE
ESCRIBE HACE
MUCHÍSIMO
TIEMPO
José Esaú Jaramillo Muñoz Estudiante de Comunicación Social Periodismo Campus Yarumal L a universidad y la vida académica en general enseñan que, aunque 500 palabras parezcan poco, son mucho si no se tiene claro sobre qué se va a escribir, algo que como dato curioso me estaba ocurriendo porque sabía que debía escribir sobre el aniversario número 35 de la facultad de comunicaciones y filología, pero no sabía que enfoque le daría a mi texto y tampoco sabía mucho sobre la facultad. La solución que encontré fue investigar un poco, algo que me permitió descubrir que la facultad tenía una historia muy interesante y al mismo tiempo el tema sobre el que quería escribir.
Es necesario un poco de contexto. Pensemos en los años 60, una época en la que en Colombia y el mundo estaban ocurriendo hechos variados como la formación de las Farc, un actor armado que estaría presente en el conflicto colombiano durante décadas, la carrera por ser los primeros seres humanos en pisar la Luna y, por supuesto, la creación de uno de los primeros programas pensados para formar a los futuros periodistas del país.
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Aunque se tenían buenas intenciones, desde el primer momento hubo que enfrentarse a los problemas, por ejemplo, la falta de profesores con formación y experiencia, porque según la historia de la facultad que se publicó por motivo de su aniversario número 30, casi ninguno de los periodistas empíricos que fueron elegidos como profesores realmente había enseñado antes, además de que a los jóvenes no les llamaba la atención estudiar periodismo debido a que durante mucho tiempo para ser periodista no había sido necesario ir a la universidad. El tiempo pasó y esos problemas se fueron superando, pero después tuvieron que enfrentarse a otros problemas, como el disponer de pocas máquinas de escribir, dificultades para hacer programas de televisión y falta de equipos en general, y aunque había muchas carencias, estás se “resolvieron” arreglando las máquinas de escribir o viendo las clases prácticas de televisión en el tablero. Pasó el tiempo hasta llegar la década de los noventa, momento en el cual algunos profesores y estudiantes que se citan en el documento que se publicó por motivo del aniversario número 30 de la Facultad, reflexionaron hasta concluir que el programa de periodismo realmente no pertenecía la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas. El programa estuvo a la deriva, hasta que descubrieron que, a pesar de su muy larga historia en la Universidad, Filología no era ofertado como carrera y tampoco se había sentido parte de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, de este “encuentro” nació la Facultad de Comunicaciones y Filología. En los años siguientes tampoco faltaron los problemas, pero también hubo logros como la creación de nuevos pregrados y postgrados como la maestría en periodismo y el doctorado en literatura.
Para concluir, el propósito de este pequeño texto es decir dos cosas: la primera, que, aunque la Facultad tiene 35 años, su historia se escribe desde mucho antes; y la segunda es que, aunque desde el principio la Facultad ha tenido que enfrentarse a muchas dificultades, la capacidad de resiliencia de los alumnos y profesores ha hecho que sea posible superarlas y seguir adelante.
En los años noventa, algunos profesores y estudiantes concluyeron que el programa de Periodismo no debía pertenecer a la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
MI PEOR
PESADILLA
Laura Cortés Betancur Estudiante de Periodismo Campus Medellín D esde niña, mi sueño siempre fue pasar a la Universidad de Antioquia. Mi madre estudió ahí, al igual que mi abuela. Cuando me admitieron en la Facultad de Comunicaciones y Filología, se volvió una extensión de mi hogar. Me abrió las puertas y me llenó de sueños, pero jamás imaginé que allí también experimentaría lo que en ese instante se convirtió en mi peor pesadilla.
Una de las cosas que más amo de la UdeA es que está llena de naturaleza, disfruto mucho sentarme en las mesitas del 12 y observar a mi alrededor, porque siempre me han gustado mucho los animales, aunque desde que tengo memoria les tengo miedo a las lagartijas. Creo que se trata de su forma de caminar, son expertas en quedarse quietas y luego sorprenderte con un salto o una velocidad estremecedora. Jamás les haría daño, pero me quedo congelada cuando veo una. He intentado combatir ese miedo desde hace años y fue uno de los retos que me puso la universidad, las iguanas.
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Es evidente el parecido que tienen las iguanas con las lagartijas: son lo mismo, pero en versión premium y legendaria. En varias ocasiones me he quedado tiesa al encontrarme con las premium, son del tamaño de una patineta y con una cola muy larga, son muy rápidas y aunque crean que estoy paranoica, estoy segura de que las he visto correr mirándome a los ojos, ellas pueden ver dentro de mi alma. Las premium me asustan por su velocidad, pero las iguanas nivel legendario me dejan completamente congelada, no creo que exagere cuando digo que miden más que un perro mediano y su cola es gruesa y larga. Se quedan tan quietas que dejas de verlas, se camuflan perfectamente en la naturaleza, ¿y adivinan dónde hay muchísima naturaleza? Exacto, en mi maravillosa UdeA. En varias ocasiones me he encontrado iguanas en la universidad, pero hubo un día en el que por poco piso una. Iba caminando entre la Facultad de Artes y la FCF, cuando un movimiento diminuto atrajo mi mirada al suelo y ahí estaba, mi pie a punto de pisar la cola de una iguana legendaria, quien volteó para verme de reojo. No exagero cuando digo que de un solo salto pasé al lado contrario de la acera y sin importarme quién me estuviera viendo, me moví lentamente y de lado por todo el borde del camino, con la intención de que ignorara mi existencia. Ese día quedé muy asustada, pero no fue el peor. Nada se compara al día en el que descubrí que una iguana podría caerme encima.
Iba camino a clase cuando un estruendo me sorprendió y en cuestión de segundos sonó un golpe seco en el piso. Era una iguana, acababa de caer de la rama de un árbol a unos dos pasos de donde yo estaba. No sé quién estaba más sorprendida, si ella o yo, al encontrarnos en una situación que jamás habíamos imaginado. Ella posiblemente no quiera volverse a montar a un árbol y yo posiblemente nunca olvidaré que existe la probabilidad de que una iguana me caiga encima cuando menos me lo espere. Así fue como la Universidad me llenó de sueños, pero también, de mi peor y más inesperada pesadilla. Es evidente el parecido que tienen las iguanas con las lagartijas: son lo mismo, pero en versión premium y legendaria.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
LA CAÍDA
Sebastián Castro Estudiante de Periodismo Campus Medellín E stando tan cerca de lograrlo, descubrí que esta caída no tiene piso. He permanecido suspendido, intentando cruzar de un bloque al otro, sintiéndome apenas sombra entre las pisadas. Me escondo bajo las personas y me quedo atrapado en sus penumbras. Algo en este lugar se aferra a mí con violencia: la incapacidad de decidir, de confesarme tramposo cuando crucé del bloque 11 al bloque 12. Esta caída tiene vértigo. Estoy a diez pasos del bloque 12 y tengo dos caminos: uno me aleja de él, el otro me acerca, pero cuando estoy a punto de decidir, me hago bruma. La elección se disuelve y yo con ella. Me paralizo, y en esa parálisis me descubro doble: uno que avanza sin convicción y otro que se queda, detenido, deseando una salida distinta.
Me asomé al pasillo largo y oscuro y volví a caer. Llegué a un destino ya vivido, y, aun así ruego, con clemencia, regresar al principio. Derramar mis pensamientos en formas, en personas, en raíces y no escupir palabras que me obliguen a narrar una historia que nunca quise atravesar.
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Me siento responsable por elegir algo que no quiero ser. Pero si no lo hago, me siento incapaz de lograr algo distinto. La responsabilidad se ha convertido en una carga que me reclama desde adentro: las sombras soy yo, reclamándome. Me he traicionado al elegir por perseguir, y me he dejado de lado por convicción. Cada paso que doy parece confirmar que he tomado una ruta que no me pertenece, pero que ya se ha adherido a mi piel como una marca imposible de borrar. Me tomó demasiado regresar hasta aquí, y ahora que vuelvo sigo cayendo. Levanto la mirada y la luz se disuelve: hacia abajo, soy únicamente caída; hacia arriba, un pequeño sol se aleja sin remedio. A veces me pregunto si esa luz alguna vez fue mía o si solo era un espejismo, un destello que confundí con destino. Me he quedado fijo en la baldosa donde yacen todas las sombras que un día eligieron ser lo que nunca quisieron. Y en ellas me reconozco: soy sus formas, sus palabras, sus derrotas. Soy esas sombras. Pero también, en ese espejo oscuro, descubro una verdad cruel: no soy distinto a quienes renunciaron, ni mejor, ni peor. Solo soy otro cuerpo suspendido en la caída, intentando sostener un sueño que no me corresponde.
Y, sin embargo, me resisto a aceptar que todo termina en las sombras. Porque incluso en la penumbra hay un temblor que me empuja a nombrar lo que no quiero callar: que sigo cayendo, pero la caída no me extingue. Tal vez en ese vértigo, en esa incertidumbre que no acaba, se oculte todavía la posibilidad de volver a elegir. Levanto la mirada y la luz se disuelve:
hacia abajo, soy únicamente caída; hacia arriba, un pequeño sol se aleja sin remedio.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
TREINTA Y
CINCO AÑOS
HACIENDO
HISTORIA
Isabela Ceballos Zapata Estudiante de Comunicación Social Periodismo Campus Yarumal L a Facultad de Comunicaciones y Filología celebra con orgullo sus 35 años de existencia, una trayectoria marcada por la formación integral de profesionales comprometidos con el pensamiento crítico, la transformación social y la producción de conocimiento. A lo largo de estas tres décadas y media, la Facultad ha desempeñado un papel fundamental en la difusión de saberes y en la consolidación de una comunidad académica que comprende la comunicación y el lenguaje como herramientas esenciales para la construcción de una sociedad más equitativa, reflexiva y participativa.
Desde su fundación, la Facultad ha trabajado incansablemente por consolidar una propuesta académica que combine rigurosidad teórica con compromiso social. Los programas ofrecidos, tanto de pregrado como de posgrado, han sido diseñados para responder a las demandas contemporáneas del país, articulando dimensiones epistemológicas, metodológicas y éticas que permiten formar ciudadanos capaces de interpretar, intervenir y transformar la realidad desde una perspectiva crítica y creativa. Desde 1990, año clave en su consolidación, y especialmente a partir de 2020 con su proceso
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de adecuación y modernización, la Facultad ha vivido una transformación profunda; esta evolución ha estado orientada a mejorar tanto los procesos internos como los externos, permitiendo ofrecer una educación de calidad, inclusiva y acorde con las exigencias de un mundo en constante cambio. Actualmente, la Facultad cuenta con múltiples semilleros de investigación, programas académicos diversificados y grupos de investigación reconocidos que trabajan en la expansión del conocimiento, así como en la tarea de acortar la distancia entre lo cotidiano y lo científico.
El enfoque humanista y pluralista que caracteriza a la Facultad se refleja en el interés por fortalecer la relación con las comunidades, reconociendo en ellas sujetos activos de conocimiento. En este sentido, la comunicación y el lenguaje han sido los vehículos a través de los cuales se han impulsado procesos de innovación que aportan de manera directa al desarrollo del país, en ámbitos tan diversos como el medio ambiente, la memoria histórica, la cultura, la educación, y las relaciones socioculturales. El diálogo constante con las realidades del territorio ha permitido que los proyectos académicos e investigativos no se queden en el aula, sino que se proyecten en iniciativas que transforman vidas.
La historia de la Facultad es, ante todo, una historia de compromiso, resistencia y transformación. Es un honor formar parte de una Facultad que ha sido reconocida por múltiples entidades de prestigio como el CINIPRED, el Ministerio de Educación Nacional, la Academia Colombiana de Relaciones Públicas y el CIPA, entre otros. Estos reconocimientos no solo evidencian la calidad de los procesos académicos, sino también el impacto social de los mismos. La participación activa en redes, congresos y escenarios de diálogo ha fortalecido el posicionamiento de la Facultad, permitiéndole establecer alianzas estratégicas y colaboraciones que enriquecen su quehacer académico. La Facultad de Comunicaciones y Filología no es solo un espacio de formación académica, sino un lugar donde se gesta pensamiento crítico, se defiende la libertad de expresión, se construyen narrativas de paz, y se apuesta por el fortalecimiento del tejido social.
Uno de los pilares fundamentales de esta Facultad ha sido siempre la investigación. A través de ella, se han explorado temáticas poco abordadas pero profundamente significativas para la vida cotidiana y las relaciones sociales. La investigación no solo ha permitido avanzar en la comprensión de las problemáticas locales, sino también visibilizar saberes ancestrales, lenguas nativas, prácticas culturales y discursos que forman parte del tejido social colombiano. La apuesta investigativa ha tenido como eje central la interdisciplinariedad y el trabajo colaborativo, aspectos claves para la construcción de una sociedad más justa y consciente de su diversidad. Hoy, al celebrar estos 35 años, se renueva el compromiso con la educación pública, con la excelencia académica y con la transformación social con miras hacia un futuro con esperanza, conscientes de los retos que se enfrentan día a día, pero también con la seguridad de que el camino recorrido ha dado las herramientas para seguir siendo una Facultad viva, dinámica y comprometida con los sueños colectivos de nuestra sociedad.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
LA NUEVA
CASA
Daniel Esteban Gómez Penagos Estudiante de Periodismo Campus Medellín C uando entré por primera vez al bloque 12 sentí que me había equivocado de Facultad. Todo era nuevo: los rostros, las conversaciones, incluso la energía del lugar, pero poco a poco entendí que el desconcierto también es una forma de crecer, que a veces sentirse fuera de lugar es la señal más clara de que estás empezando a encontrarte. Venía de un mundo completamente distinto, de las batas blancas, los libros de anatomía, las prácticas de laboratorio y de una aspiración que creía inamovible: ser médico. Al cabo de tres años de carrera en la misma Universidad de Antioquia algo dentro empezó a decirme que ese no era mi lugar, que lo que estaba haciendo no me hacía vibrar como yo quería. Dejar Medicina no fue una decisión fácil, fue dejar lo que pensé que era “la carrera de mi vida”, tras una reflexión consiente decidí entonces darle un giro a mi futuro y apostarle a un camino mucho más cercano a mis pasiones y a la forma en que quiero relacionarme con el mundo. Es así como decidí apostarle al periodismo como esa nueva gran meta. Fue saltar al vacío con los ojos cerrados, con la esperanza de que abajo hubiera algo que valiera la pena, y lo había. Aquí encontré algo que antes me faltaba: la posibilidad de expresar lo que pienso, de comprender que mi voz tiene un valor y que mi gran pasión, la fotografía, podía hacerla parte mi proyecto de vida.
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La pertenencia poco a poco se fue tejiendo en lo cotidiano. Recuerdo cómo salir de clase y sentarme con mis amigos en alguna mesita del bloque 12 me empezó a hacer sentir parte del paisaje, esos encuentros sencillos donde hablamos de la clase, lo que aprendimos y sobre nuestra cotidianidad me confirmaron que aquí también hay un lugar para mí. También conocí personas que viven el periodismo con una pasión que contagia, profesores y compañeros que me recordaron por qué este oficio es, como dijo el nobel de literatura Gabriel García Márquez, “el mejor del mundo”.
Hoy miro la Facultad como un trampolín, un impulso hacia las aspiraciones y metas que tengo, como parte de un proyecto mucho mayor. No solo me prepara para ser periodista: me da las herramientas para convertirme en el narrador visual que quiero ser, en alguien que viaja con una cámara en la mano, recogiendo memorias y transformándolas en historias que conecten, que conmuevan, que dejen huella. Ser estudiante de Periodismo en la Universidad de Antioquia significa haber tenido el coraje de girar el timón, de elegir lo que realmente me apasiona y de reconocer que este proceso, con lágrimas y alegrías, es parte del relato que estoy construyendo. Sé y espero que cuando me vea dentro de diez años ejerciendo todo lo que aspiro, voy a reconocer en este lugar el punto de partida de todo lo que me hace sentir orgulloso de ser quien soy. Recuerdo cómo salir de clase y sentarme con mis amigos en alguna mesita del bloque
12 me empezó a
hacer sentir parte del paisaje.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
UN SUEÑO
QUE LLEGÓ
A YARUMAL
Juliana Moreno Henao Estudiante de Comunicación Social Periodismo Campus Yarumal L a llegada de la Facultad de Comunicaciones y Filología a Yarumal cambió mi vida y la de muchos jóvenes del norte de Antioquia. Antes, estudiar Comunicación Social - Periodismo parecía un sueño lejano para quienes, como yo, no podíamos irnos a estudiar a Medellín por razones económicas o familiares. Hoy, ese sueño se hace realidad en las aulas del Campus Yarumal. Recuerdo con claridad el día en que me enteré de que abrirían el programa. Estaba en grado once y lo vi en el perfil de Facebook de la UdeA Sede Norte. Me sentí muy emocionada porque sabía que iba a tener algo bueno para estudiar en la región, ya que para mí no era posible irme a vivir a Medellín. Esa emoción reflejaba la esperanza que muchos sentimos, la certeza de que podíamos estudiar cerca de casa y construir un futuro en nuestro territorio.
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Hacer parte de la Facultad de Comunicaciones y Filología me ha ayudado a descubrir un mundo nuevo. Nunca había usado una cámara y tampoco sabía que la comunicación tenía tanto poder. Cada clase, cada práctica de investigación o lenguaje visual me han dado herramientas para entender cómo la comunicación se presenta en diferentes medios, formatos y como esta puede visibilizar problemas y abrir debates importantes.
La presencia de la Facultad en Yarumal no solo está formando profesionales, también está cambiando la vida de quienes antes no tenían oportunidades cerca de casa. Jóvenes de municipios vecinos ahora pueden aprender a narrar sus propias historias y trabajar por sus comunidades sin tener que mudarse a Medellín u otros lugares. Este proceso educativo nos da no solo conocimiento, sino también oportunidades y esperanzas de ser mejores en el futuro. Para mí, estudiar en la Universidad de Antioquia y hacer parte de la Facultad es más que una experiencia académica. Estudiar aquí es muy importante porque me hace sentir que puedo cumplir mi sueño y crecer sin tener que irme de mi pueblo. Este sentimiento refleja lo que significa para muchos de nosotros tener la universidad tan cerca y contar con la posibilidad de formarnos con calidad sin dejar nuestras raíces.
La llegada de la Facultad de Comunicaciones y Filología a Yarumal demuestra que la educación puede acercarse a quienes la necesitamos y que nuestros sueños no tienen que depender de viajar lejos para cumplirlos.
Solo me queda agradecerle a la Universidad de Antioquia, pero especialmente a la Facultad de Comunicaciones y Filología, por su presencia en las regiones y por estos casi dos años en el campus Yarumal. Gracias a ustedes tenemos la oportunidad de formarnos, crecer académica, profesionalmente, y cumplir nuestros sueños sin tener que alejarnos de nuestro territorio. Con cada semestre, curso y aprendizaje queda más claro que estudiar Comunicación Social Periodismo en el campus Yarumal es una oportunidad real para crecer, cumplir sueños y transformar vidas.
La presencia de la Facultad en Yarumal no solo está formando profesionales, también está cambiando la vida de quienes antes no tenían oportunidades cerca de casa.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
LOS
SUSURROS
DEL
BLOQUE 12
María José Vallejo Estudiante de Periodismo Campus Medellín E scondido entre los árboles de mango, los cedros americanos y las pestañas de mula está ubicado un edificio cuadrado, construido a base de ladrillos con un letrero verde que tiene tallado un número blanco: 12. El edificio es la sede de la Facultad de Comunicaciones y Filología, donde diariamente se escucha la melodía de músicos expertos y novatos, proveniente de sus violines y violonchelos, junto a las conversaciones ruidosas de los estudiantes apurados en los pasillos, que en su mayoría no alcanzan a percibir los susurros lúgubres de los espíritus atrapados en este lugar, presos por las paradoja. Este edificio tiene cuatro pisos y dispares habitantes, desde los filósofos de paso lento y pesado, los bibliotecólogos con sus brazos ocupados de textos, los comunicadores que andan en manada, los de CAM con sus manos sosteniendo la cámara y un lente teleobjetivo, los filólogos que dejan palabras complejas entre las grietas y los periodistas, que cargan con la mala fama de no saber guardar secretos. pero que en realidad es su deseo por contar historias.
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Solo algunos de los estudiantes de los pregrados logran percibir los susurros, susurros que son como maldiciones porque a los comunicadores, les recuerdan la desconexión de su lengua con sus pensamientos, equivocaciones de las palabras más simples en eventos públicos, con los filósofos truecan los conceptos metafísicos por poemas melosos y palabras disonantes, a los filólogos les murmuran que sus posibilidades están en hacer cualquier cosa pero no ficción, y en contraste, los periodistas escuchan cómo la realidad se aleja de cualquier cosa sobre la que puedan escribir, a los bibliotecólogos les cambia el orden del abecedario haciendo que las palabras dejan de tener sentido, como cuando se repite una palabra una y otra vez y empiezan a sonar extrañas e inexistentes, mientras que a los estudiantes de CAM les difuminan su concepto de iluminación, para cambiarlo por ángulos distorsionados que de reiterada observación y análisis terminan siendo equivalentes a la propia oscuridad. Todos los afectados concuerdan en una cosa, los susurros confusos al pisar el 12.
A este extraño fenómeno lo llaman Cruciatus desde que un filólogo le dijo así un día, una palabra del latín que significa dolor en español. Los susurros afectan principalmente a estudiantes inseguros que le huyen a la palabra, los encuentros, y les temen a profesores estrictos. Todos son conscientes de estos, pero nadie dice nada en público, debido a la vergüenza que les genera revelar sus propios defectos y verse frente al desnudo estupor de no saber qué hacer con sus paradojas. Sin embargo, entre cielo y tierra no hay nada oculto para siempre, pronto surgieron osados que crearon alternativas que se pasaron de voz en voz: las brujas de la Facultad recomendaban un tinto frío en la noche con tres gotas de aguardiente para evitar estos susurros, los docentes una visita a Bienestar Universitario, y el personal del aseo, ocasionalmente les echaba una gota de agua bendita a los baldes con que trapeaban los pasillos, por si las moscas. Entre todo esto falta descubrir cuál es la más efectiva, que pueda iluminar a estos estudiantes atormentados.
A este extraño fenómeno lo llaman Cruciatus desde que un filólogo le dijo así un día, una palabra del latín que significa dolor en español.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
ANCLADO
EN 1990 Iván Felipe Adans Camargo Estudiante de Periodismo Campus Medellín B ajo la sombra de un virgen lente, estaba en la mira aquella humilde sonrisa de tan extraña mujer que amé. Era periodista y yo solamente un hombre, sin cargos ni posiciones. Ese día le había pedido un retrato para un trabajo de clase. Muchas veces, con suerte, nuestros ojos llegaban al encuentro, o bien sentados en aquellas rocosas sillas de metal o en el corre corre que provoca la academia.
Cada vez los días dilataban nuestras intenciones y, por un azar consciente, nos presentamos. Su nombre era Lisa y era de Pueblo Viejo, un municipio besado por el mar de la costa caribe colombiana. –Me pareces muy lindo –dijo con tierno acento. –Me pareces increíblemente hermosa –comenté. [ F i c c i ó n ]
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Pasamos un semestre entero navegando el mundo del otro, todo ello entre el tabaco, la mariguana y la cúpula de sonidos que venían del museo. Estaba padeciendo de un amor profundo, dolorosamente existencial. Me mostró el folclore sonoro de la costa, específicamente, el bullerengue y la champeta. Afuera de aquellos espacios académicos, compartíamos a través del baile una íntima felicidad mientras tomábamos aquel vino argentino que vendían en el D1, bastante amargo para mi gusto. Las clases se fueron derritiendo con tan efervescente calor emocional conjugado por los dos. El bloque 12 lo habíamos enterrado. Ahora era mi cuarto o el suyo, las letras o el baile.
Sin embargo, en un mes de julio, la fatalidad o el destino se abrió en esta inefable aventura. Los tiempos que alguna vez garantizaron vitalidad se empezaron a reducir, los ojos padecían de miedo al verse y las sonrisas que nacían al detectar la presencia del otro empezaron a marchitarse. Ninguno de los dos sabía el porqué. Así que, evitando un prematuro desenlace, intervine. –Lisa, ¿ya no me quieres? –le dije al verla sentada en esa oficina improvisada.
–Te quiero, te amo –había confesado.
–¿Por qué hay entonces esta amarga distancia?
–No lo sé, algo se acerca quizás.
–¿Qué se acerca? –pregunté.
–Un efecto, una energía misteriosa, quizás un cambio o un fin. Enojado, me retiré.
Me filtré por aquel pasillo largo conocido como la “L”. En mis audífonos empezaba a marchar aquella estrofa que aún reverbera en mi espíritu: “no habrá remedio infalible”. Era 1990, un compás de versos que expresaban mi situación. Tenía como empresa mostrársela a Lisa, pero la oportunidad nunca llegó.
Esa fue la última vez que la vi, nunca supe si volvió a la universidad, si deseó el intento del contacto o si solo me olvidó. No obstante, no hay peor desgracia que ser el último en masticar la verdad, pues pronto llegó a mí la nómada noticia de su fallecimiento. Ahora soy periodista y bajo la sombra de un virgen lente, estoy en la mira de una mujer que no conozco. Hace 35 años había pasado algo similar.
Estaba padeciendo de un amor profundo, dolorosamente existencial.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
UNA VOZ QUE
CRECE EN LAS
MONTAÑAS
María José Mazo Duque Estudiante de Comunicación Social Periodismo Campus Yarumal T reinta y cinco años no son pocos. Es el tiempo justo para echar raíces profundas, dejar huellas en generaciones de estudiantes y ofrecer al país un coro de voces críticas y creativas. Hoy, la Facultad de Comunicaciones y Filología de la Universidad de Antioquia celebra sus 35 años, y yo me uno a la celebración desde un lugar que, hace apenas un año y medio, se convirtió en mi hogar universitario: el campus de Yarumal. Yarumal es un municipio montañoso, repleto de historias que merecen ser contadas, pero aún sentimos la falta de medios de comunicación sólidos y cercanos. Aquí, la información se transmite de boca en boca, en la esquina de la plaza o en las pantallas pequeñas de los celulares, más que a través de medios locales que recojan las voces de la comunidad. Por eso, la llegada del pregrado de Comunicación no es solo una apuesta académica: es una oportunidad de abrir un camino, de tender un puente entre la gente y su derecho a ser escuchada.
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Cuando supe que podía estudiar Comunicación en mi propio territorio, comprendí que no se trataba únicamente de un logro personal, sino de un sueño compartido. No todos los pueblos tienen la fortuna de contar con un programa universitario que forme comunicadores. En nuestro caso, la Facultad nos ha extendido su mano para que, desde aquí, podamos aprender a narrar nuestras realidades, a darles voz a quienes históricamente han permanecido en silencio. Este aniversario de la Facultad es, para nosotros en Yarumal, una invitación a pensar el papel que desempeñamos como futuros comunicadores. Somos herederos de una tradición que ha formado periodistas, escritores, críticos, investigadores y artistas. Pero también somos pioneros: estamos llamados a darle a Yarumal el reconocimiento que se ha postergado, a demostrar que desde estas montañas también pueden surgir proyectos culturales, medios de comunicación comunitarios y narrativas propias. En las clases hemos aprendido que comunicar es mucho más que transmitir información; es conectar, emocionar y, sobre todo, dar voz a quienes no la tienen. Y esa misión cobra un valor especial en nuestro municipio, donde los relatos de campesinos, mujeres, jóvenes y líderes sociales esperan ser escuchados. La Facultad, con sus 35 años de experiencia, nos da las herramientas para que esas voces no se pierdan en el viento frío de la montaña, sino que encuentren un espacio digno y visible.
Treinta y cinco años después de su fundación, la Facultad sigue creciendo y demostrando que la educación pública puede transformar territorios. Llegar a Yarumal es prueba de ello: significa descentralizar el conocimiento, reconocer que en cada región hay talentos y realidades que merecen atención. Para nosotros, es como recibir una semilla. Ahora nos corresponde sembrarla, cuidarla y verla florecer en forma de proyectos periodísticos, culturales y comunitarios que fortalezcan la identidad de nuestro pueblo.
Por eso, más que una celebración del pasado, este aniversario es una apuesta por el futuro. La Facultad nos recuerda que la comunicación es un acto de esperanza. Y en Yarumal, donde tanto falta por contar, esa esperanza ya empezó a tomar la palabra. La Facultad nos ha extendido su mano para que, desde aquí, podamos aprender a narrar nuestras realidades, a darles voz a quienes históricamente han permanecido en silencio.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
EL 12 Linda Valentina Ramírez Estudiante de Periodismo Campus Medellín L a primera vez que transité por el 12, los nervios y la emoción predominaban en mí. Era un lugar desconocido, lleno de personas y experiencias por descubrir, un nuevo escenario en el que parte de mi historia iba a quedar. Los capítulos que ahí se creasen se añadirían a la línea de mi vida poco a poco. Hace dos años que hago parte de esta comunidad. Estoy agradecida de estar acá, ya que me he rodeado de personas que suman de manera positiva a mi entorno, y me he nutrido de experiencias que me hacen bien. La Universidad de Antioquia es más que una institución académica, es la suma de todas esas generaciones que dejan una huella imborrable en el corazón de otros. Sus muros albergan memorias: con sus grafitis, pinturas, posters, las risas, los miedos, las confesiones que nunca salieron a la luz, los suspiros de los enamorados, discusiones sin resolver, voces que aún resuenan y sobre todo sueños que se empiezan a construir.
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Las anécdotas que aquí se hacen serán imborrables, como las risas de mis amigas, las historias de los profes, el primer trabajo grupal, y hasta la primera vez que tuve a un capucho tan cerca. Por cierto, los tropeles no son tan agradables cuando los gases lacrimógenos penetran en la nariz y ojos, lo digo por experiencia propia. Poco a poco dejó de ser un laberinto desconocido, porque ya reconozco los rostros de mis compañeros, de quienes pasan de largo, de los profesores, y con el pasar del tiempo el 12 pasó a convertirse en un lugar de encuentro, y de batallas personales: levantarse temprano a clase de 6:00 en medio del cansancio, enfrentar los nervios con el cuerpo tembloroso por una exposición, atreverse a alzar la mano en medio de un debate, y cuestionarse si la elección de la carrera fue correcta.
Es un espacio que va más allá de lo académico: es tejer amistades, compartir un tinto para recargarse de energía, contar el chisme del día, y desatrasarse de la cotidianidad. Es aprender que la universidad no solo se reduce en parciales, ni notas. Es los vínculos que se crean en una conversación casual, los ánimos que te dan cuando en casa las cosas no van bien y comprender las luchas internas que todos tenemos por pertenecer a este lugar.
Eso y mucho más es pertenecer a la Facultad de Comunicaciones y Filología, el bloque 12 que se encuentra en medio de mucha vegetación, que se acompaña de la melodía de los instrumentos de los estudiantes de Arte, y que se caracteriza por albergar a una comunidad apasionada por la palabra, el pensamiento crítico, y las múltiples formas de expresión.
Es aprender que la universidad no solo se reduce en parciales, ni notas.
Es los vínculos que se crean en una conversación casual.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
FACULTAD DE
COMUNICACIONES
Y FILOLOGÍA
Gerardo Antonio Correa Miranda Estudiante de Comunicación Social Periodismo Campus Yarumal L a Facultad de Comunicaciones y Filología de la Universidad de Antioquia a lo largo del tiempo se ha consolidado como un espacio de formación integral, con una fuerte unión con la región y con el país, al llevar a cabo procesos académicos, investigativos y culturales que dejan huellas en la historia de la educación superior del país.
La Facultad fue fundada oficialmente el 19 de diciembre de 1990, con la decanatura de Olga Castaño Martínez. Actualmente, su decana es Olga Vallejo Murcia. La Facultad se ha caracterizado por ofrecer una formación profesional a través de diversos programas académicos, entre ellos: Comunicación Audiovisual y Multimedia, Comunicaciones, Comunicación Social – Periodismo, Filología Hispánica, Periodismo y Español como Lengua Extranjera. Estos programas no solo han nutrido el campo laboral, sino que también han fortalecido el pensamiento crítico y la producción cultural en distintos escenarios sociales.
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Sin embargo, la historia de esta Facultad comienza mucho antes. En los años sesenta se creó la Escuela de Periodismo, perteneciente a la Facultad de Educación, con el fin de dar respuesta a la necesidad de profesionalizar la práctica periodística en la región. En 1965 la unidad adoptó el nombre de Escuela de Ciencias de la Comunicación, con el propósito de formar profesionales en comunicación social desde una perspectiva académica y crítica. Posteriormente, en 1968, la escuela dejó de pertenecer a la Facultad de Educación y pasó a integrarse a la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades, con el título de Licenciatura en Ciencias de la Comunicación. Con el paso del tiempo, este proceso de crecimiento permitió la creación de la Facultad de Comunicaciones y Filología en 1990, que unificó al Departamento de Comunicación Social, al Departamento de Lingüística y Literatura, al Centro de Investigaciones y Extensión y a la Sección de Medios y Producción. En ese sentido, comenzó una etapa de consolidación institucional, con los nuevos programas de pregrado y posgrado, así como con la expansión de la investigación en el campo de las comunicaciones y las humanidades. También fue en esta etapa cuando se fortalecieron proyectos de extensión universitaria, publicaciones académicas y actividades culturales. En 2009, como parte de su compromiso con la inclusión y la descentralización, la Facultad implementó la estrategia de regionalización, lo que permitió llevar la oferta de programas académicos a diferentes regiones del departamento de Antioquia. Gracias a esta política, estudiantes de diversas zonas rurales y urbanas han podido acceder a una formación de calidad sin necesidad de trasladarse permanentemente a Medellín, ampliando así el impacto social de la Universidad. Hoy, en 2025, la Facultad celebra 35 años de existencia como tal, pero más de seis décadas de historia en la formación en comunicación y periodismo. Su labor ha aportado de manera decisiva al desarrollo cultural, académico y social del país, mostrándola como un referente nacional e internacional en estos campos. La Facultad no solo se dedica a formar profesionales, sino también a cultivar investigadores y creadores capaces de interpretar y transformar la realidad social a través del lenguaje, la comunicación y la cultura. De esta manera, la Facultad de Comunicaciones y Filología es hoy un espacio en el que la tradición y la modernidad marcan la memoria y la historia. Su recorrido demuestra que la educación en Comunicación y Filología no es únicamente un ejercicio académico, sino también una apuesta por construir una sociedad más crítica, democrática y consciente de su diversidad cultural, formando no solo profesionales, sino personas empáticas y éticas. La Facultad no solo se dedica a formar profesionales, sino también a cultivar investigadores y creadores.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
OJALÁ
HOY SÍ NOS
ESCUCHEN
Paulina Marín Estudiante de Periodismo Campus Medellín L legó a casa directo a su habitación. Estaba cansada, fueron casi ocho horas de recorrer la ciudad desde la UdeA hasta el Politécnico Jaime Isaza. Se quitó los tenis gastados por los casi dos meses de marchas diarias, puso sobre la mesa de noche un cartel que decía “Cuando todo sea privado seremos privados de todo” y se tiró sobre la cama. Quería darse un baño, pero realmente no tenía fuerzas. Se aseguró de programar la alarma para levantarse temprano y salir de nuevo a las calles, con la esperanza de que mañana se escucharían las exigencias de estudiantes, profes y trabajadores de diferentes universidades de Colombia sobre que el gobierno debía tomar medidas para salvar la educación superior pública.
En la madrugada, la despertaron las notificaciones de su teléfono. Sus compañeros y los grupos de WhatsApp de las coordinadoras estudiantil y multiestamentaria escribían que ya no habría marcha, que todo se había solucionado. Era como un sueño, pero de esos que de lo irreales son ridículos.
—¿Cómo carajos se va a solucionar todo de la noche a la mañana? —se preguntaba, feliz, pero sobre todo desconfiada. Encendió el televisor.
[ F i c c i ó n ]
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—Se acaba de aprobar la llamada reforma integral a la ley 30 de 1992 y con ello los artículos 86 y 87. Esto quiere decir que cambiara la manera en que se financia la educación pública en el país, pues se usara el índice de Costos a la educación Superior en lugar del Índice de Precios al Consumidor, o el que dé un mayor valor entre ambos. Según el Ministerio de Educación este cambio en el modelo de financiación busca garantizar que los recursos destinados a las universidades se ajusten mejor a sus costos reales —decían los medios nacionales. No creía lo que escuchaba y la utopía no acababa ahí. El departamento de Antioquia había aumentado el presupuesto que daba a estas universidades, y en el caso particular de la UdeA, decidió pasar del 3,6% al 20%. Incluso el distrito de Medellín se comprometió a aportar con al menos un 5%.
Salió corriendo para la U. Las diferentes facultades preparaban proyectos dirigidos a la gente, ya no tendrían que vender sus investigaciones para subsistir.
Cuando llegó a Comunicaciones y Filología, su facultad, se le encharcaron los ojos, los profes estaban recuperando los espacios que a mordiscos les había arrebatado la austeridad. Perdió la tristeza y el miedo que le generaba el pensar en que los estudiantes nuevos no conocieran a quienes le habían enseñado a amar el periodismo. Ahora no tendrían que competir entre cohortes para ver quién podía obtener recursos dirigidos a proyectos y salidas de campo —¡Estamos financiados! —gritaba y celebraba.
Se dirigió a Plazoleta Barrientos para comprarse una empanada en Frito Gay, cuando vio que un grupo de capuchos —¿Y estos por qué salen hoy?, ¿no deberían estar celebrando?—lanzaron la primera papa dirigida a la calle Barranquilla, el estallido sonaba como el tono Homecoming Alarma de Samsung.
Todo había sido producto de su cuerpo dormido y su imaginación despierta. Se levantó y dio un baño con agua fría. Desayunó y se pintó en la cara un cuaderno y un lápiz como acto político, agarró el cartel, salió a esperar el bus mientras tarareaba su arenga favorita: “Se avisa al público de la república que la U pública se va a acabar para que salga a la calle pública y no la deje privatizar”. —Ojalá hoy sí nos escuchen —se dijo.
“Cuando todo sea privado seremos privados de todo”
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
TÜ Daniel Rendón Araque Estudiante de Periodismo Campus Medellín T ü nació en el Amazonas y llegó a Antioquia a muy corta edad. Cuando le preguntaban de dónde era, ella contestaba: de “Amazoquia”, pues sentía un gran amor por aquella selva que fue su cuna, y también por las montañas que la recibieron.
Tü soñaba con poder investigar, escribir y contar, algún día, sus propias historias y las de los viajes de sus ancestros. En sus tiempos libres, Tü jugaba a ser periodista. Usaba una rama como micrófono y entrevistaba a sus hermanos. En las mañanas, mientras desayunaban, contaba lo que había sucedido el día anterior. La familia entera vivía informadísima de todo: que se cayó un árbol, que las frutas estaban escasas, que las fuertes lluvias, que las iguanas se pelearon… ¡Todo!
[ F i c c i ó n ]
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Un día, mientras Tü jugaba en el Parque Norte, escuchó que una multitud se acercaba entre gritos, silbidos, aplausos y arengas. Tü se sintió atraída y decidió chismosear más de cerca. ¡No podía creer lo que estaban viendo sus ojos! Era como si toda la vida hubiera esperado aquella señal. Tü corrió hacia su casa, reunió a toda su familia y les dijo:
—¡Familia! ¡Ingresaré a la Universidad de Antioquia! —¡¿Tü?! ¡¿Acaso una ardilla te golpeó en la cabeza?! Ni siquiera podrás presentar el examen de admisión —le reclamó su padre, mientras su madre y sus dos hermanos se lamentaban. Tü se retiró en silencio, muy segura de sí misma, y contestaba entre dientes:
—¡Ya verán! Desde mañana mismo comenzaré mis clases de Periodismo en la UdeA... “Compañero mirón, únase al montón, su hijo es estudiante…” —cantaba en voz baja.
Tü no durmió esa noche. Estaba ansiosa por ir a la U. En cuanto escuchó el eco del primer gallo que cantó en San Cristóbal, tomó tres hojas, salió corriendo, trepó sobre uno de los techos de la U, saltó de bloque en bloque buscando las clases de Periodismo y, a las 06:00 de la mañana en punto, Tü saltó por una de las ventanas del Bloque
12 y se sentó en una de las rejas del techo, mientras los estudiantes
que estaban allí sonreían, le tomaban fotos y señalaban: —¡Miren! ¡Un tití!
Tü se sintió atraída y decidió chismosear más de cerca.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
UNA VIDA
APURADA
A NUESTRO
RITMO
María José Corrales Arenas Estudiante de Comunicación Social Periodismo Campus Yarumal U na mañana cualquiera en la Seccional Norte de la Universidad de Antioquia, el sol ya estaba alto cuando los primeros estudiantes cruzaron la entrada. Algunos con paso apurado para alcanzar la clase y otros sin mayor prisa, cargando cuadernos, termos de agua y un café para empezar el día. El de Yarumal tiene un ambiente distinto al de los grandes campus. No hay pasillos llenos de estudiantes ni cafeterías atiborradas dentro de sus muros. Entre semana, lo común es encontrarse con pocos compañeros, siempre los mismos rostros que se cruzan en los corredores. Esa tranquilidad le da un aire particular a la vida universitaria, aquí todo parece más cercano y humano.
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Estudiar Comunicación Social Periodismo en este espacio es aprender a ver historias en lo cotidiano. No hace falta un bullicio de multitudes para tener algo que contar; basta con observar lo que sucede alrededor. Al llegar a clase, se siente esa diferencia. Los grupos son pequeños, lo que hace inevitable que todos participemos. No hay oportunidad de pasar desapercibidos. Cada intervención, cada opinión y cada duda se convierten en parte de la conversación. En esas dinámicas se aprende que comunicar no es solo hablar, sino también escuchar y construir juntos.
Los pasillos, aunque tranquilos, tienen su propio movimiento. Se ve al compañero que llega en moto con el casco en la mano, al grupo que aprovecha la sombra para repasar apuntes, o al profesor que cruza con un manojo de libros bajo el brazo o con su computador. No son escenas ruidosas ni multitudinarias, pero sí constantes, como pequeñas señales de que la universidad se vive en lo simple. Salir a buscar algo de comer o un café también hace parte de la rutina. Como no hay cafetería dentro del campus, la vida universitaria se mezcla con la del pueblo. Los estudiantes se dispersan en las tiendas cercanas, conversan en las aceras o se encuentran de casualidad en el camino. Esos momentos fuera de los muros también forman parte de lo que significa estudiar aquí, porque muestran cómo la universidad se conecta con su entorno.
Lo que más marca la experiencia es la manera en que el programa se adapta a ese ambiente. Estudiar comunicación en la Seccional Norte no significa tener menos, sino vivir de otra manera lo académico. Con pocos compañeros se aprende a conocerse mejor, a trabajar en equipo y a valorar cada palabra. Las discusiones en clase, las exposiciones y los talleres no se sienten lejanos ni impersonales; al contrario, invitan a apropiarse del aprendizaje y a ponerlo en práctica en la vida diaria.
Al final del día, los pasillos vuelven a quedar casi vacíos. El sol empieza a bajar y algunos salen para sus casas mientras otros se quedan un poco más conversando en la U. Ese silencio que regresa no es aburrido ni vacío; es parte de la identidad de la seccional. Es el recordatorio de que aquí, en medio de la calma y de la rutina sencilla, se forman comunicadores que aprenden a encontrar historias donde muchos no mirarían.
Estudiar comunicación en la Seccional Norte no significa tener menos, sino vivir de otra manera lo académico.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
CARTAS
A ABRIL
Mariana Vélez Estudiante de Periodismo Campus Medellín
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H oy te vi por primera vez. Lo admito, lloré. Me sentí parte de ti y no pude contener las lágrimas, pero ¿sabes? Mi llanto no solo es de felicidad, es también de frustración, de miedo, de incertidumbre. Temo no ser suficiente para ti, temo no ser admitida y tener que aceptar con el orgullo herido estar en otro lugar y fingir que encajo, que pienso como ellos, que me río de sus chistes disfrazados de clasismo y cubiertos de privilegio; tengo miedo de no tener las capacidades suficientes para superar tu prueba y perderme de la libertad que me ofreces. Hoy le pedí a un extraño que me guiara hacia ti, al subir las escaleras tu número doce me dio la bienvenida y desde ese momento te sostuve la mirada. Observé tus peculiares paredes rayadas, leí los mensajes que ellas contenían y al parecer tenemos un gusto en común: la política y el feminismo. Si logro conquistarte, ya tenemos algunos temas para conversar. Disculpa si mi mirada te resultó invasiva, estaba exaltada por la diversidad que albergas; tus cabellos exóticos, tus ropas de colores, tus voces fuertes, tus risas contagiosas y las chucherías que me vendiste. No te conozco y ya te quiero, Abril. Espérame, con éxito volveré por ti.
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Hoy salí temprano rumbo a nuestro encuentro ¿Acaso me recuerdas? Hace tiempo que te hice una promesa. Un intento fallido casi nos separa, pero soy perseverante, Abril, y te deseo de verdad. Si vieras la expresión de mi rostro cuando me dijeron que te volvería a ver, al instante te imaginé tan bella e imponente como la primera vez. Me siento expectante por los años que nos esperan juntas, en pocas horas te exploré y quise entablar una conversación contigo bajo tus sombrillas rojas mientras divisaba los árboles que se movían por tu aliento fresco. Hoy me conociste, me viste vulnerable ante este nuevo comienzo, sentiste cómo la timidez salió de mi cuerpo mientras fluían las primeras ideas en las conversaciones. Hoy quisiste educarme y yo con gusto acepté.
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Sé que últimamente no hemos estado bien. Pero no te preocupes, no se trata de ti. Me has enseñado más de lo que imaginaba en estos dos años. Has sido fiel compañera en la construcción de amistades, me motivas a proyectar la voz frente a un público, me retas a conversar con desconocidos y desafías la agudeza con que narro sus historias, logras ponerme incómoda, amplías el potencial que poseo, me confrontas, me retas; solo que a veces me confundes. No sé qué nos depara el futuro, Abril, solo pienso que hoy recordé por qué te quiero.
Un hombre me encontró en el centro de la ciudad. Ese hombre confió en mí. Lo que él no sabe es que su vida atravesada por el conflicto fue la partícula de Dios que detonó de nuevo mi pasión, me regresó a ti, a la primera lágrima, al primer anhelo, al primer amor. Ese día juré que volvería, hoy renuevo mis votos y prometo que no te dejo ir, Abril.
No sé qué nos depara el futuro, Abril, solo pienso que hoy recordé por qué te quiero.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
TREINTA Y
CINCO AÑOS
COMUNICANDO,
DOS AÑOS
SEMBRANDO
PALABRA
EN YARUMAL
Sofía Hernández Yepes Estudiante de Comunicación Social Periodismo Campus Yarumal E ntre montañas que huelen a historia, café recién colado y tardes de neblina, Yarumal guarda un rincón donde la palabra empezó a echar raíces. Hace dos años, llegó aquí algo más que una carrera universitaria: llegó una esperanza. La Facultad de Comunicaciones y Periodismo de la Universidad de Antioquia abrió sus puertas en este territorio como parte de una historia que ya lleva 35 años contándose desde Medellín. Desde 1989, esta Facultad ha formado comunicadores con criterio, con corazón, con ganas de transformar. Pero fue en 2023 cuando esa historia decidió extenderse, salir de la ciudad, y venir a escuchar lo que las regiones tienen por decir. Desde entonces, en Yarumal también se piensa la comunicación. Se vive. Se sueña. Y aunque el proceso apenas comienza, algo es claro: aquí ya se está escribiendo una historia propia.
En estos dos años, la Facultad ha sido mucho más que un lugar de clases. Ha sido punto de encuentro, refugio, puente. Ha sido el espacio donde muchos jóvenes –que tal vez pensaron que estudiar era un sueño lejano– se han dado cuenta de que sí, que sí es posible. Que pueden quedarse en su tierra, que pueden contarla, que su voz también importa.
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Aquí no se trata solo de aprender a hacer entrevistas o redactar una noticia. Se trata de entender el entorno. De mirar con otros ojos lo que siempre ha estado ahí. De escuchar al abuelo que narra la historia del pueblo mejor que cualquier libro. De darle valor a lo cotidiano, a lo que otros pasan por alto.
Yarumal, con su alma campesina y su gente cálida, ha sabido recibir a la Facultad. Pero también le ha enseñado. Porque comunicar desde aquí implica otra sensibilidad. Una que nace del contacto directo con la comunidad, del diálogo con los barrios, con las veredas, con los caminos de tierra y las sonrisas sinceras.
Ya se han visto proyectos hermosos. Emisoras escolares que se encienden con voces jóvenes. Historias locales que vuelven a la luz gracias a la memoria viva de quienes las vivieron. Medios alternativos donde la cultura campesina no solo se celebra, sino que se defiende. Porque en este rincón del norte antioqueño, la comunicación no es solo una herramienta: es también una forma de resistir. Nada de esto sería posible sin quienes creen en el poder de la educación. Profesores que madrugan, viajan, y llegan con el mismo entusiasmo de siempre. Estudiantes que, pese al cansancio o las dificultades, no renuncian a sus ganas de aprender. Familias que apoyan, que se enorgullecen, que acompañan cada paso. Cada historia aquí está hecha de esfuerzo, de afecto, de convicción. Hoy celebramos 35 años de la Facultad en todo el departamento. Y celebramos, con igual alegría, estos dos primeros años en Yarumal. Un inicio que emociona, que inspira, que nos recuerda que sembrar palabra en las regiones no es solo justo: es urgente. El camino apenas comienza. Pero ya se siente la fuerza con la que avanza.
Porque aún hay muchas historias por contar. Porque aún hay muchas voces por escuchar. Porque comunicar desde Yarumal no es solo una posibilidad académica: es una decisión de vida. Es una forma de decirle al país que aquí también se piensa, se siente, se sueña en grande.
Desde estas montañas seguimos narrando, imaginando, resistiendo. Porque la palabra no se detiene. Y aquí, en el corazón del norte antioqueño, seguirá creciendo.
Porque en este rincón del norte antioqueño, la comunicación no es solo una herramienta:
es también una forma de resistir.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
DESDE NUQUÍ
HASTA EL
BLOQUE 12:
MI VOZ EN
LA FACULTAD
Mario Yesid Banguera Hurtado Estudiante de Periodismo Campus Medellín C uando cierro los ojos y pienso en el camino que me trajo hasta la Facultad de Comunicaciones y Filología, escuchó primero el sonido del mar. Crecí en Nuquí, en la costa pacífica colombiana, donde las olas son más que paisaje: son compañía, son conversación. Desde niño soñaba con contar historias, con llevar la voz de mi pueblo a otros rincones, para que el país supiera que allí, entre selva y océano, hay cultura, hay lucha y hay alegría.
Llegar a Medellín fue un salto enorme. Dejé atrás el olor a sal, los cantos de las ballenas y las risas de mis vecinos para encontrarme con el ruido de los buses, las montañas y un frío que me costó acostumbrarme. El Bloque 12 se convirtió en mi nuevo puerto, un puerto hecho de palabras, libros y voces diversas. Recuerdo mi primer día: el bullicio de los pasillos, los murales llenos de mensajes y la sensación de estar en un lugar donde todos tienen algo por decir y, sobre todo, donde cada historia importa. Allí comprendí que la comunicación no es solo informar: es construir puentes entre mundos que muchas veces no se escuchan.
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La Facultad me enseñó que nuestras raíces son fuertes. En cada clase, mientras debatimos teorías y analizamos discursos, pensaba en cómo esas herramientas podían servirle a mi comunidad, a mi gente de Nuquí, que tantas veces ha sido silenciada. Entendí que comunicar también es resistir, es preservar la memoria y dignificar la identidad.
Una de las experiencias más significativas fue en un taller de crónica. La profesora nos pidió escribir sobre un lugar que nos definiera. No lo dudé: escribí sobre las playas de Termales, sobre el olor a coco en las mañanas y el sonido de los botes de madera que salen al mar. Cuando leí mi texto en voz alta, sentí que el aula entera viajó conmigo al Pacífico. Algunos compañeros se me acercaron después para decirme que querían conocer Nuquí. Ese día confirmé que mi voz, aunque venida de lejos, tenía un lugar en esta Facultad. Hoy, en los 35 años de la Facultad, me siento parte de esa historia. Una historia tejida con acentos diferentes, con sueños colectivos y con la certeza de que la palabra transforma realidades. Si algo he aprendido aquí es que la comunicación no tiene fronteras: lo mismo sirve para denunciar una injusticia que para celebrar la vida, para sanar una herida o sembrar esperanza.
Desde Nuquí hasta Medellín, el camino ha sido largo, pero cada paso ha valido la pena. En la Facultad no solo me hice comunicador: también reafirmó mi compromiso con quienes esperan que sus historias sean contadas. Y en eso sigo, con la misma convicción con la que escuchaba las olas de mi tierra, sabiendo que cada palabra, por pequeña que parezca, puede cambiar el mundo.
Cuando leí mi texto en voz alta, sentí que el aula entera viajó conmigo al Pacífico.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
TRES
SEMESTRES A
LA DISTANCIA
Valentina Henao Molina Estudiante de Comunicación Social y Periodismo Campus Yarumal E studiar Comunicación Social y Pperiodismo en la sede norte de la Universidad de Antioquia es para mí como un sueño hecho realidad; hacer parte de la universidad que formó a mi bisabuela como enfermera, a mi madre como tecnóloga en alimentos y a mi padre como regente de farmacia y abogado, es un gran motivo de orgullo, aún más, cuando pertenezco a la Facultad de Comunicaciones y Filología. He cursado tres semestres de mi carrera y todavía no he tenido la oportunidad de conocer el famoso bloque 12 de la sede central, el corazón de mi Facultad. Mi experiencia en el campus Yarumal ha sido muy grata, me he cruzado en mi camino con personas de las cuales tengo la oportunidad de adquirir conocimientos a diario, como maestros llenos de experiencia y conocimientos que de la manera más generosa los comparten a diario con sus estudiantes. Así mismo, he vivido momentos muy enriquecedores para mi formación profesional y personal, los cuales han sido fundamentales para moldear en mi ser una gran comunicadora social periodista. Sin embargo, no se puede negar que estudiar en regiones tiene sus limitaciones, lo que hace aún más retadora la dinámica de formarse lejos de la sede central.
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Para mí, estudiar Comunicación Social Periodismo es mucho más que solo hacer una carrera profesional, es adquirir una vocación y tener las herramientas fundamentales para narrar realidades desde diversos puntos de vista, para escuchar las voces que no son escuchadas y hacer que estas sean oídas fuerte y claro. Dentro de mí ha existido un profundo anhelo desde que recibí la noticia de que había ingresado a la Universidad: conocer el bloque 12, el lugar donde se ha de respirar la historia de mi Facultad en sus pasillos y salones y del cual ahora hago parte.
Desde mi perspectiva, este lugar tiene un significado simbólico con mi proceso de formación, pues es la representación de mi vínculo con las raíces de mi carrera, es también un contraste entre mis vivencias tranquilas en la sede norte, lugar en que se desenvuelve mi vida en la Universidad, donde el ambiente es lleno de calma y con poco movimiento entre los salones y zonas comunes del edificio, con mis ansias de sentir a flor de piel las dinámicas que se deben vivir a diario en la Facultad, donde el entorno es lleno de personas, de fauna y flora, de los comercios de los estudiantes, de deportistas entrenando y zonas comunes muy concurridas que conforman el entramado de significados que es hacer parte de la Universidad de Antioquia. Cada día, cada semestre que paso dentro del campus Yarumal, es una invitación constante a ser perseverante con mis estudios, a abrazar mi proceso formativo y a no perder la ilusión de pisar las instalaciones de la sede central, ya que ser estudiante de la Universidad de Antioquia, sin importar a qué campus pertenezcas, significa hacer parte de una historia que continúa viva y en constante evolución, una historia que, aunque retadora, tiene el poder de transformarnos para siempre.
Este lugar tiene un significado simbólico con mi proceso de formación, pues es la representación de mi vínculo con las raíces de mi carrera.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
EL PRIMER
PASO EN LA
FACULTAD
Valentina Maya Gallego Estudiante de Periodismo Campus Medellín L a primera vez que puse un pie en la Facultad de Comunicaciones y Filología fue hace dos años. Aún era menor de edad y, al ver el enorme número 12 plasmado en una gran placa de metal, me sentí diminuta. No puedo negar que, por un momento, tuve miedo: una sensación extraña, pues para mí estar allí significaba cumplir un sueño.
Como pude, encontré el salón donde comenzaría la inducción. Al entrar vi a muchas personas, casi todas muy jóvenes, quizá de mi misma edad o tal vez uno o dos años mayores, poco más. El miedo continuaba. Observaba a todos los que estaban sentados en ese mismo salón y solo me preguntaba si sentirían, al menos, algo parecido a lo que yo sentía.
La actividad comenzó y con ella llegaron varias sorpresas para mí. Me di cuenta de que en la universidad contábamos con odontólogo, que había un cuarto de lactancia y que los demás espacios —como canchas, gimnasios, zonas didácticas y húmedas— podían ser utilizados por todos.
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También me enteré de que la facultad tenía un lugar al que los estudiantes podíamos acudir en caso de no sentirnos bien por alguna situación, ya fuese relacionada con la vida universitaria o con nuestra vida personal. Además, existía la posibilidad de hablar con un psicólogo, sin costo alguno, que estaba dispuesto a iniciar un proceso con nosotros.
Después de escuchar todo esto, extrañamente seguía con miedo, quizá porque siempre he temido a los inicios, a lo desconocido y a la soledad. Ese día, en el receso, me dispuse a buscar algo de comer. Mientras bajaba las escaleras hacia el primer piso, comencé a ver personas con todos los estilos: algunos vestían de oscuro y otros con ropa más colorida. La variedad de maquillajes era todo un paisaje para mí, que siempre tuve miedo de expresarme y de vestirme como me sintiera más cómoda y feliz, pues venía de un barrio donde ser diferente era ser la mancha de color en una tela blanca. Cuando empecé a caminar por la Facultad, y en general por toda la universidad —en busca de mi almuerzo—, me di cuenta de la gran diversidad que allí existía. No me refería únicamente a la ropa o al maquillaje: también noté las diferencias en los acentos y en los rasgos físicos, que me permitían suponer, de manera un poco superficial y apresurada, de qué zona del país provenían las personas o al menos acercarme a una idea.
Al fin pude comer y, mientras volvía al salón donde continuaría la inducción, me di cuenta de que ya no tenía miedo, ni mucho menos me sentía diminuta, ya que, en mi ardua tarea de descifrar de dónde provenían aquellos a quienes me encontraba en la facultad y en los pasillos de la universidad, pude concluir que en esos pasillos hay espacio para todos, sin importar cómo te vistas o maquilles, de dónde vengas, cómo hables o, en general, cómo te veas. Al ver el enorme número 12 plasmado en una gran placa de metal, me sentí diminuta.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
TREINTA Y
CINCO AÑOS
DE EVOLUCIÓN,
TRABAJO Y
PERSEVERANCIA
Juan David Bonilla Chica Estudiante de Comunicación Social Periodismo Campus Yarumal L a importancia de una calidad profesional en las comunicaciones y el periodismo ha fortalecido la educación universitaria estableciéndose en un área de estudios esenciales para las facultades de letras y humanidades. La iniciativa del trabajo periodístico dinamiza las discusiones académicas y el rol de comunicaciones ha fortalecido tanto las empresas privadas como el sector educativo, siendo identificado como un eje para la difusión del conocimiento y el desarrollo social. Por su influencia en los medios de comunicación que transmiten las ideas y el activismo social del periodismo, la formación de profesionales íntegros y conscientes de su papel pone en las prioridades de la academia universitaria una lucha activa por brindar a la sociedad personas con principios éticos y comprometidas con una sociedad justa y en paz. En una Antioquia pujante en los años 60, que desarrolló a Medellín en la ciudad importante que es hoy, el periodista diputado de la asamblea Julián Pérez, que no solo participando activamente en la política departamental sino también desarrollando las posibilidades de nuevas generaciones en acceder a la educación superior pública, estableció el inicio con un proyecto de ordenanza de la creación de la Escuela de Periodismo como un primer paso para lograr la institucionalización de las comunicaciones dentro de la alma mater.
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La perseverancia de un grupo de profesores empíricos fue desarrollando el equipo docente y los primeros estudiantes comenzaron a fluir por las aulas aprendiendo a comunicar con sentido crítico. La evolución durante las décadas trazó un camino de perseverancia y trabajo para ser espacio de desarrollo académico y profesional, superando e innovando en los diferentes escenarios de la sociedad la Universidad de Antioquia se sintoniza con el desarrollo de la prensa y relaciones públicas internacionales en Latinoamérica, se fundó en 1990 la actual Facultad de Comunicaciones y Filología. En pleno 2025 presenciamos la máxima expresión de la comunicación humana, las tecnologías de la información son ahora más que nunca un campo de innovación, lleno de posibilidades de desarrollo humano sin límite, pero también un espacio donde el conflicto humano se ha transformado en una batalla ideológica por la hegemonía cultural, una era marcada por la posverdad y la manipulación de grandes grupos económicos que tienen un poder nunca antes visto. La FCF es hoy en día un templo de la información y el derecho a la verdad, una facultad que desde el espíritu rebelde, siempre en la lucha por una sociedad más justa, el corazón de la ética de la comunicación dentro de la sociedad desde una Universidad de Antioquia independiente y crítica, víctima de quienes quieren silenciar no solo su espíritu revolucionario, sino también la escuela que durante tantas décadas y más allá de los 35 años que celebramos ha formado la esencia de un periodismo con principios éticos a favor de una sociedad mejor y profesionales de la comunicación comprometidos con la verdad, una representación del espíritu social que una escuela de educación superior pública brinda a los ciudadanos de nuestra región para elevar su voz en defensa de una humanidad consciente y crítica en un futuro tecnológico de posverdad, un templo que acoge la resistencia de un pueblo que seguirá trabajando por un futuro donde todavía importe la verdad y donde la voz de la humanidad se escuche entre el relato hegemónico del poder.
La FCF es hoy en día un templo de la información y el derecho a la verdad.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
PASILLOS
Y LIBROS
María Camila Sevilla Eusse Estudiante de Comunicación Social Periodismo Campus Yarumal D esde que entré por primera vez a la Facultad, algo en mí cambió. Recuerdo el sonido de los pasillos llenos de conversaciones, risas, pasos apurados. En ese momento, me sentí parte de algo más grande que yo misma. Era como si todas las historias que alguna vez había escuchado sobre la vida universitaria empezaran a cobrar sentido. Mi primer semestre fue un torbellino de emociones: la emoción de conocer personas nuevas, el miedo a no estar a la altura, la frustración de no entender algunos temas y la satisfacción de lograr pasarlos. Aprendí rápido que la Universidad no es solo un lugar donde se vienen a tomar apuntes y presentar exámenes, sino un espacio de transformación. Aquí he aprendido a cuestionar, a debatir y a defender mis ideas.
Hubo un día que nunca olvidaré: presenté mi primer proyecto en clase. Estaba tan nerviosa que sentía que mi voz temblaba más que mis manos. Pero al terminar, mis compañeros aplaudieron y el profesor me sonrió. Fue un momento pequeño, pero para mí significó un enorme empujón de confianza. Me demostró que podía estar allí, que tenía algo que decir y que valía la pena escucharlo.
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Lo que más me gusta de esta comunidad es la diversidad. Cada persona que conozco trae consigo una historia, una perspectiva distinta. He tenido conversaciones que me han hecho cambiar de opinión y otras que me han confirmado lo que pienso. Este intercambio me ha enseñado a respetar y a valorar las diferencias. También he aprendido que ser parte de esta Facultad no siempre es fácil. Hay noches de desvelo, trabajos de última hora y momentos de estrés en los que me pregunto por qué elegí esta carrera. Pero siempre que cruzo la puerta de la Universidad, recuerdo que este es el lugar donde estoy construyendo mi futuro.
Hoy miro atrás y me doy cuenta de que ya no soy la misma persona que llegó el primer día. He crecido, he fallado, he reído y he llorado. Y aunque el camino no ha sido perfecto, me siento agradecida de recorrerlo. La FCF se ha convertido en una segunda casa, un espacio donde he aprendido no solo sobre comunicación y periodismo, sino sobre mí misma.
Ser parte de esta comunidad significa pertenecer, aprender y compartir. Significa descubrir que no estamos solos y que cada paso que damos aquí nos acerca un poco más a quienes queremos ser. La FCF se ha convertido en una segunda casa, un espacio donde he aprendido no solo sobre comunicación y periodismo, sino sobre mí misma.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
MÁS ALLÁ
DEL LENGUAJE,
LA PUNTUACIÓN
EN LA VIDA
Valentina Quiroz Moncada Estudiante de Filología Hispánica Campus Medellín A lguna vez ocurrió iniciando la carrera de Filología Hispánica, que en la presentación de uno de los primeros trabajos escritos, tal como desde el colegio me costaba un poco la redacción y el uso de la puntuación. Por lo cual, en el escrito terminó primando mucho más la coma y el profesor al hacer una lectura del texto, me hizo la siguiente pregunta: —Tú eres muy afanada, ¿cierto?
De alguna manera la predominancia de la coma y la ausencia de puntos hablaba de una situación de vida acelerada. También había párrafos muy largos y pocos puntos aparte, ¿dónde no se estaba haciendo la pausa? La puntuación, ¿puede aplicarse solo al discurso o también a la vida?
En ese sentido, creo que la forma en la escribimos está relacionada con cómo nos percibimos o lo que pensamos en determinados momentos; después, puede que nos leamos y no estemos de acuerdo con las posturas pasadas, pero es nuestra memoria personal y la escritura preserva todo eso. Podría decirse que hay algo vivencial y político en el uso de los signos de puntuación, de los conectores del discurso y de las relaciones sintagmáticas; pues la política es la forma o el lugar que ocupamos en el mundo, por consiguiente, los recursos lingüísticos establecen relaciones sobre el lugar o la posición que ocupamos frente al texto.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
LA NO
BECADA
DE LOS
BAÑOS DEL
BLOQUE 12
Samuel Restrepo Agudelo Egresado de Filología Hispánica Estudiante de Licenciatura en Lengua Castellana Campus Medellín Para HispaJoder D espués de la guerra que duró mil días en el primer tercio del siglo xxi, el folclor colombiano tuvo la desgracia de perder a una de sus más recientes criaturas. La Patasola siguió poblando el imaginario de los paisas que sobrevivieron al ruido y la furia; cada abuelo rural siguió contándole a sus nietos la historia de la vez que venció al Diablo a machetazo limpio; la Madremonte mantuvo su belleza bíblica y el Mohán siguió asomándose en las orillas de los ríos en los que cada muchacha mitológica se bañaba. Con todo, la Universidad de Antioquia, el centro de gestación de castro-chavistas, de narco-socialistas y comuni-sindicalistas, fue, en los albores de la mitad del siglo xxi, víctima de un olvido. Las lumbreras que poblaron las aulas de la universidad decidieron no legar a las generaciones futuras el secreto de su ingenio; algunos de los nombres de aquellas figuras que descollaron llegan hasta nosotros justamente gracias a dicha discreción. Nos llegan otros nombres de años pasados, pero no el de la criatura que se ha difuminado de la memoria de los habitantes del bloque 12. La guerra del Alambrado comenzó cuando un alcalde (de cuyo nombre no conviene acordarse) determinó destruir el enrejado de la universidad. ¿El pretexto? La consabida democracia; el fin de la historia. Todos, arguyó el mandatario, merecían entrar a la universidad pública; fue una malinterpretación de la consigna «universidad pública
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para todos». Una vez aprobada la ley, los mendicantes que rodeaban la universidad dejaron de rodearla para ingresar en sus recintos; lo cual no fue, en un principio, una novedad y tampoco un problema. La convivencia entre estudiantes y pobres pedigüeños1 dejó de existir una vez los policías se asentaron en cada punto de entrada a los bloques de la Universidad. ¿La excusa? La protección del patrimonio público. ¿La justificación? La cantidad creciente de robos. El personal del Escuadrón Móvil Antidisturbios (para más señas, el esmad) construyó un nuevo bloque en la Ciudad Universitaria.2 ¿Cuál fue la razón del comienzo de la rencilla? El abaratamiento del precio de la droga del Aeropuerto. ¿La causa verdadera? La pérdida de empleo de los capuchos. En fin, es tema de libre interpretación, pero eso es política de comienzos del siglo que a nadie interesa. La guerra comenzó cuando un representante de una de las partes le pidió un florero a otra de las partes… El tema es que los baños del bloque 12 quedaron derruidos, y, con ellos, la criatura que tenía a aquellos lugares por su propio hábitat. Lorena se matriculó en Letras: Filología Hispánica en el segundo semestre del año 2005. Murió en condiciones clandestinas que algunos han llamado «vejez prematura». Fue velada en las mesitas del bloque 12, candela y panfleto en mano. Ha sido la única graduada post mortem en lo que va del siglo. Cuando vivía, era tímida como una tórtola; cuando tenía carne y huesos, nunca entró a un baño que no fuera el de su habitación. Sus evaluaciones eran sobresalientes y nadie supo 1 Es una redundancia en la mayoría de los casos, yo sé. 2 Una infracción al patrimonio público de la nación, ya que en la sede principal de la Universidad de Antioquia, Ciudad Universitaria, estaban prohibidas las reformas de este calibre; sin embargo, esto solo inquietó a un antiguo representante estudiantil del pregrado de Filología. nunca su secreto para la excelencia académica. Su amor por la alma mater la condenó a vagar por los rincones del Bloque 12; su lugar predilecto: los baños, como sucede con el resto de las niñas fantasma.3 Todos sabían que en la Universidad de Antioquia había tráfico de drogas, paramilitarismo, guerrilleros y genios peregrinos, lo cual no era impresionante; sin embargo, el asunto de los fantasmas era un desafío para el racionalismo y espíritu ilustrado de los udeanos. Piedras mágicas, sí; astrología védica, ¡sí!; catolicismo, tal vez; ¿pero seres sobrenaturales fantasmáticos? «Estamos muy grandes para eso». Es cierto: los vigilantes del Paraninfo de San Ignacio tenían clarísimo que los rectores difuntos seguían paseándose por los salones en los que alguna vez estudió Tomás Carrasquilla. En las madrugadas, en la Facultad de Artes, todos lo sabían, los instrumentos sonaban como si los tocara Lucifer. Era moneda de cambio que en la «ruta lechera»4 se sostenían relaciones sexuales5 sin ningún pudor; pero era desconocido que los gemidos de la zona no eran producto de haber hallado el punto G, sino los estertores de un espanto que no pudo ver cumplido su sueño de ser becada.
Lorena empañaba a su gusto el espejo de los baños cuando un estudiante entraba sin ninguna compañía y cuando el bloque 12 se había vaciado. Una vez el estudiante desprevenido terminaba de hacer su necesidad fisiológica en alguno de los cubículos, al ver el espejo podía encontrar, eureka, la respuesta a uno de los exámenes sobre 3 Vid. Myrtle Warren. Como toda persona con un promedio alto, su muerte fue poco original. 4 Comprendida por los bloques 1, 2, 5, 6 y 7. ¿Por qué ese era su nombre? Puntos suspensivos. 5 Mi corrector sugirió escribir «se tenía sexo» o «se culiaba», pero los vestigios de la moral protestante no me permiten escribir algo así.
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el formalismo del profe Thegreen. Alguien dice haber encontrado en el espejo la respuesta a un taller de un profe de nombre Alejandro en el que se preguntaba por la recurrencia del número tres en la morfología del embera-chamí. La investigadora Carantón le pedía que le explicara la etimología de la palabra “marica”. Las estudiantes Castañeda y García le pedían a Lorena lecturas que sirvieran para reestructurar el canon occidental: fan fiction, manga, grafitis de Pompeya, hilos de Twitter, listas medievales de mercado; todo vale. Se sabe de una profesora germanoparlante de barba prodigiosa que le cantaba al espectro, aunque nunca tuvo prueba fehaciente de su existencia. Lorena había logrado, ojo, explicar la diferencia entre fonética y fonología, cosa que ni siquiera había logrado el aclamado semillero encabezado por los profes Sandoval y Ortiz. ¿Cuál era el móvil de Lorena? Ya que no figuraba como estudiante activa por haber sido graduada sin su consentimiento, no había manera de saciar su compulsión por ser aprobada. La pobre tuvo que recurrir al fraude6 para poder recordar lo que se sentía recibir un 5,0. El fantasma conocía todas las respuestas a los cuestionarios de los exámenes y de los talleres; ¡tanto tiempo había rondado por las aulas de la Facultad de Comunicaciones y Filología! Los cuestionarios raramente cambiaban de semestre a semestre por pereza de los profesores y para provecho de los estudiantes. Sus mejores amigos, obviamente, eran los estudiantes que llevaban 39 semestres en la 6 Vale recordar que el glorioso Reglamento Estudiantil en su título quinto, capítulo I, artículo 240, numeral b señala (ambiguamente): «Sustracción de cuestionarios: Se entiende como tal no solo la sustracción u obtención de cuestionarios o parte de ellos para exámenes o pruebas evaluativas, sino el hecho de enterarse de su contenido»; para el cual se establecen las sanciones del artículo 241.
u; sin embargo, nunca se llevó bien con Rollo, por razones que no pude averiguar.7 Se ofendía hondamente cuando se la confundía con los fuegos fatuos, ya que el hábitat natural de ellos es el bloque
9. Lorena, incluso, era quien convocaba a las asambleas estudian-
tiles cuyo origen nadie conocía. Eso sí: no era ella quien organizaba las fiestas de final de semestre; siempre fue muy introvertida. Los estudiantes que necesitaran habilitar alguna materia (digamos, Literatura Antioqueña IV con Simón Restrepo), podían entrar en el baño, apagar las luces, encerrarse en un cubículo y rezar: «Lore, Lore, ¿dónde estás?». Cuando alguien clamaba por su auxilio porque no tenía idea de qué investigar en su trabajo de grado, podía llamarla así: «Ánima sola, párame bolas».
No nos llamemos a engaño: Lorena no era un espíritu inocente. No había ascendido al cielo ni había descendido a los infiernos por una connatural personalidad indecisa. Estaba en el limbo, en el mejor sentido de la palabra: muerta, pero no del todo; graduada, pero no completamente. Una vez los baños del bloque 12 fueron destruidos en aquella batalla apocalíptica, Lorena y su mito migraron a otro baño de otra universidad pública. ¿Dónde se encuentra? No tengo la menor idea. Me vendría bien su ayuda para escoger tema de investigación para la maestría. Sirvan estas líneas para encontrarla, donde quiera que esté aquel espíritu naturalmente solidario. 7 La investigación documental, por supuesto, sigue abierta. Los archivos aún no han sido digitalizados y expurgados en su totalidad. Después del colapso del internet en el 2048, las ediciones digitales de las revistas estudiantiles virtuales en las cuales se registraban las apariciones de Lorena, así como ella, han desaparecido.
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PRIMERA PARTE: ESTUDIANTES
EN MI CASA ME
ENSEÑARON
PAPÁ Y MAMÁ,
PERO YO NO
SIGO REGLAS
Juan Esteban Rojas Carmona (en memoria) Estudiante de Comunicaciones Campus Medellín M e piden una pequeña reseña para que los lectores sepan quién fue Juan Esteban Rojas Carmona. Me siento ante una pregunta importante. Voy a mi caja de objetos preciados y saco un papel, encuentro su letra. Esta hoja la escribió un día de febrero del 2024 para presentarse en clase. “Tengo 21 años. Me gusta el amarillo y me encanta el mar (llévenme)”. Sonrío. Lo recuerdo en clase. Con él me pasaba algo particular, lo extrañaba mucho si no iba. Con él me sentía tranquila, como si hubiera alguien diciendo que todo iba a estar bien. “Profe, como huele de rico su café, me recuerda a mi casa en Concordia”, me dijo un día cuando destapé mi termo. Le preocupaban los animales abandonados, el futuro o perder a su familia. Al final de la hoja de presentación decía que su sobrina lo hacía feliz, que le cambió su forma de ver el mundo y sacó su espíritu protector. Con frecuencia hablaba de la adopción, de querer formar una familia diversa; por eso, cuando pedí que escribieran sobre un tema que siempre les hubiera interesado mucho, escribió sobre eso. Lo recuerdo en un bus coordinando todo lo relacionado con la salida de campo a Valparaíso, montando en columpio, levantando el brazo para tratar de coger señal y sorprendernos con una canción; contándome que quería hacer una pasantía en Málaga, que le encantaba Málaga. Dibujó un girasol en esa hoja. Después supe que le gustaban mucho y por eso en las paredes del bloque 12 pintaron girasoles en su honor. Juanes siempre andaba de aquí para allá, trabajando, estudiando, sonriendo y alumbrando la vida de quienes lo conocimos. Sabemos que las vidas se acaban, pero es lindo vivirlas porque encontramos personas como él que nos enseñan a seguir la luz. Lina Marcela Marín Moreno
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Desmantelando el imaginario social sobre las familias homoparentales, buscando lo real y dejando las etiquetas.
Transcurren los años veinte en pleno siglo XXI y me encuentro hostigado, encerrado y con algo que me impide hablar; son ataduras, de eso estoy seguro. ¿Por qué me pasa?, seguro podrían ser problemas o, más bien, preocupaciones. No lo sé, supongo que es parte del proceso, apenas estoy creciendo. Ah, ya sé, tengo que ver la luz, necesito claridad, pero cómo lo hago si es un armario incómodo, si estiro los brazos me aporreo, si me pongo recto también lo hago, si estiro una pierna me verán; no sé qué hacer, ¿cómo controlo esto? Espera, espera, espera… Lo mejor será salir, no puedo estar acá para siempre. No les daré gusto a los demás, me dejaré ver. Soy Juanes, un joven homosexual que se encuentra en medio del caos y el desorden citadino, la misma confusión que pasa por mi mente a diario, el mismo problema y el miedo constante que no me deja estar en libertad. Pensar y recordar los murmullos o los reproches que recibo constantemente y sentir que hago parte de una sociedad para la cual soy un pecado andante me hacen recordar que vivo en la Colombia profunda, que encarna narrativas dolorosas. En Colombia, donde en tan solo un año fueron asesinadas 145 personas pertenecientes a la comunidad LGBTIQ+, y donde en cada esquina te sientes violentado y segregado por el simple hecho de tener gustos diversos al resto de la población que se considera “normal”. Esto me lleva a preguntarme: ¿qué esperanzas tenemos las personas LGBTIQ+ para formar una vida en familia en un país tan homofóbico como Colombia? En las siguientes páginas se evidenciarán relatos de personas que han sufrido de discriminación; abordaremos diferentes perspectivas acerca de los desafíos en la conformación de las familias homoparentales y encontrarás respuestas a mi temor por formar una familia no tradicional en un país tan tradicional. Tradición, rodeando a la llamada “familia” Para Hernández, Moncayo, Mora, Calero y Barbadillo, “la familia constituye el grupo más primario del ser humano; en ella el hombre inscribe sus primeros sentimientos, sus primeras vivencias e incorpora las principales pautas de comportamiento y le da un sentido a su vida”. Detengámonos un poco a analizar la manera en la que la sociedad se ha conformado bajo patrones heteropatriarcales, los cuales hacen que a diario las personas sigan los designios que el hombre blanco, cisgénero y privilegiado ha dispuesto. ¿Acaso debemos seguir estos lineamientos? La respuesta subjetiva que te podría dar es un rotundo no; sin embargo, sabemos que eso es complejo y requiere de una análisis social, político y hasta económico. Recordemos que aún culturalmente lo que dice el hombre, así es. Es parte de nuestro trabajo como sociedad cambiar esta imposición patriarcal y abrir camino a nuevas formas de vida; ¿por qué no permitir que coexistan en nuestra sociedad diversas maneras de pensamiento?
El trabajo para lograr un cambio es complejo, pues debemos situarnos en el contexto en el que vivimos. Es difícil encontrar caminos de libertad y diversidad en un país donde el catolicismo lo practican cerca de 45 millones de colombianos, y donde muchas de las reglas y comportamientos se rigen por creencias infundadas desde la religión. Hace décadas era impensable que la unión y muestras de cariño entre personas del mismo sexo fueran posibles.
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En una sociedad de fines del siglo XX, donde se consideraba como norma tener una familia extensa y tradicional con padre, madre e hijos, no se consideraba la idea de poder conformar núcleos familiares distintos a estos. Sin embargo, poco a poco eso ha cambiado. Según Cuevas (S.F), esta nueva estructura familiar se define como aquella en la que uno o los dos miembros de la pareja son homosexuales. Al parecer, suena muy lindo en palabras del autor; sin embargo, este modelo de familia no goza todavía del reconocimiento social, despertando una clara desconfianza a la hora de plantear que las parejas homosexuales tengan el derecho a educar y criar a sus hijos e hijas.
Y es que, si nos situamos en nuestro país, la constitución de la familia colombiana se debe, en gran parte, a la época de la colonización. Las creencias y los modelos de vida fueron instaurados en nuestras tierras latinoamericanas por aquellos que, en un principio, venían a descubrir un nuevo mundo, pero terminaron por instaurar su cultura en pueblos originarios de nuestro continente. Esto provocó que a lo largo del siglo XX se pensara en la familia como prolífica, patriarcal y nuclear, donde el ideal era tener familias extensas que prolongaran los linajes y descendencias (Pachón, 2007). Por eso es difícil pensar en temas tan sensibles socialmente como la conformación de una familia diversa, monoparental, homoparental, etc. Pero, ¿qué es eso de familia homoparental? Según Angulo, Granados y González, “las familias homoparentales son aquellas cuyas figuras parentales están conformadas por personas del mismo sexo. Se refieren a las personas gays y lesbianas que, como pareja, acceden a la maternidad o paternidad, como a las familias constituidas por un pareja gay o lesbiana que educa y vive con los hijos de alguno de sus miembros, producto de una relación heterosexual previa”. El concepto es relevante y cada vez toma más fuerza en la sociedad contemporánea; sin embargo, aún hay múltiples prejuicios alrededor de este tipo de actos, esto se explica con los aportes de la Dra. Virginia Barragán Pérez de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de México, en donde habla del concepto prejuicio encubierto, explicando que es esa forma de satanizar la práctica de unión familiar diversa. Esto es lo que dice en sus propias palabras, y lo cual extenderemos en los postulados de aquí en adelante: Pareciera que actualmente se considera políticamente correcto decir que la homosexualidad está bien, sin embargo, al hablar de los derechos al matrimonio y adopción que tienen estas parejas todavía hay prejuicios, muchos de ellos basados en miedo y desconocimiento (Barragán, 2021). En medio del estereotipo Ahora bien, los roles de género son un factor fundamental para entender las dinámicas familiares, ya que estos son los papeles o funciones que se asignan de forma diferenciada a hombres y mujeres. El “trabajo reproductivo” (crianza, educación y cuidado de la familia y del hogar) se consideran funciones femeninas, mientras que el “trabajo productivo” (actividad laboral y económica) está destinado para los varones como proveedores de la familia (Proyecto Equal, 2007). Esto lo podemos conectar también con el trabajo realizado por Amaia Pérez en su libro Subversión feminista de la economía, donde se evidencia que la labor del cuidado está asociada a las mujeres y por
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ello el heteropatriarcado ha generado que la desigualdad económica está directamente relacionada con el género de los individuos. Con esto se evidencia cómo socialmente se ha impuesto una guía para conformar una familia, y cuando esto no se sigue según la tradición, surgen notables segregaciones y repudios. Es lo que vive a diario la comunidad LGBTIQ+ y más aún cuando personas que pertenecen a ella forman familias homoparentales, enfrentando situaciones en las que los comentarios más habituales son que la homosexualidad es una enfermedad incurable, o que esta misma se transmite y por ello deben alejar a sus hijos, o que los homosexuales destruyen familias y valores, entre otras tantas cosas que se escuchan cotidianamente. Aquí es donde conocemos en realidad lo que tienen que vivir a diario las personas que deciden conformar familias homoparentales. Juan José, joven gay y estudiante de diseño de Medellín, quien en una entrevista realizada comentó que en la sociedad aún se observan de forma negativa estos temas, pero que en su caso personal priman el respeto y la bondad en este tipo de situaciones. Él nos cuenta que ser criado en una familia que lo apoyó en todo momento le ha permitido tener un pensamiento muy liberal. Considera que la crianza de una familia tradicional y una familia homoparental depende de la persona a cargo del infante, pues considera que en muchos casos, la educación y enseñanza que familias homoparentales les dan a sus hijos está fundada en el amor y el respeto, en contraste con los múltiples casos de violencias y maltrato que escuchamos por parte de familias tradicionales. De esta manera, hace una crítica a la doble moral de la sociedad, donde se ve mal que parejas del mismo sexo les den todo el amor del mundo a sus hijos, mientras se normaliza efectuar violencia hacia los más pequeños.
Esa presión social es lo que hace que los estereotipos tengan validez en miles de vidas y familias. Karenina Álvarez, en su charla TEDx “Madre no solo hay una”, expone los vacíos legales a los que se tienen que exponer los padres y madres con familias homoparentales, así como los propios hijos. Allí se abordan las decisiones que desde la gobernabilidad no se han efectuado para que las familias homoparentales y diversas puedan acceder a los mismos derechos con los que cuentan las demás, viéndolos como los “diferentes” y generando sesgos en los contextos en los que estas familias habitan a diario. Esto también es parte de los estereotipos y el estigma que desde lo legal generan brechas sociales, económicas y de demás índole. Privilegio producto del capital Pero las familias homoparentales no solo tienen que estar expuestas a los estigmas que la sociedad genera por el tabú; también han sido sometidas a la desigualdad que, desde el mercado y el capital, ha categorizado por clases sociales a las personas. Nuevamente, Amaia Pérez nos habla sobre las notables inequidades que existen ¿Por qué no permitir que coexistan en nuestra sociedad diversas maneras de pensamiento?
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en torno al trabajo del hombre frente a la mujer, subrayando que hay ciertos grupos que gozan de un privilegio desproporcionado. Este aspecto también aplica a la hora de formar familias que desafían la llamada “normalidad”, pues recordemos que para establecer familias homoparentales es necesario acudir a inseminación artificial, adopción, entre otras vías, procesos que, en la práctica, son sumamente costosos y a los cuales solo podrían acceder una escasa parte de la población.
Allí también recurrimos a lo dicho por Amaia Pérez respecto a la interseccionalidad, un marco de análisis que permite entender cómo las estructuras sociales y económicas interactúan entre sí. No es lo mismo ser una mujer lesbiana, blanca, clase alta y proveniente de un país del norte que ser una mujer lesbiana, negra, pobre y con raíces africanas. Esto muestra una gran diferencia entre los privilegios que socialmente nos han segmentado por grupos. Por ello, hablamos de que los desafíos también los impone quien controla el capital; quien no tenga el dinero suficiente para formar una familia homoparental, estaría atado a nunca tenerla así lo deseara.
Un camino por recorrer Ahora, ¿por qué me interesa tanto esto? Como ya lo dije con anterioridad, soy un hombre homosexual que se enfrenta a pensamientos constantes sobre cómo conformar una familia en un país tan homofóbico, peligroso y nocivo para la comunidad LGBTIQ+. Me preocupa la dificultad de criar a un hijo dentro de los estereotipos, las creencias y el maltrato. Entiendo que no es nada fácil y que el camino que se debe construir para que esta sociedad sea un lugar seguro está muy lejos de alcanzarse, pero también reconozco los avances que se han hecho a lo largo de la historia. En la actualidad, “salir del clóset” es más normal y cotidiano de lo que muchos piensan; las políticas públicas realizadas por los estados son aún más liberales, y las opciones de adopción ya no son un delito para parejas del mismo sexo. Esto sugiere un camino, de algún modo, más seguro, aunque persisten las preocupaciones que me genera el odio promovido desde la religión y las creencias tradicionales del heteropatriarcado. Esto me hace pensar en que tener una familia homoparental aún no es seguro.
El panorama todavía es incierto, pero la concepción de sociedades más libres e inclusivas han generado que la adopción para parejas del mismo sexo esté amparada bajo leyes y directrices de los diferentes países. Por ejemplo, en el artículo 16 de la Declaración Universal de Derechos Humanos se exige que se reconozcan los diversos tipos de organización familiar: “Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutar de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio”. Esto deja abierta la posibilidad de establecer familias no tradicionales. Es importante hacer una crítica al establishment o llamado grupo de poder, dominante o la élite que controla todas las esferas que entablan las sociedades. Es fundamental cuestionar estas maneras de gobernar el mundo desde la comodidad y lo tradicional. Hoy en día es necesario hablar y generar incomodidad acerca de temas como la expansión de esa visión binaria de hombre y mujer, así como cuestionar las normas preestablecidas de género. Es aquí donde se evidencia
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que lo esencial para transformar una sociedad es hablar de las diversas formas de amar y de las nuevas maneras de generar paternidad y maternidad, como lo ha dicho Beatriz Preciado en su Testo Yonqui: Por un lado, no hay dos sexos, sino una multiplicidad de configuraciones genéticas, cromosómicas, hormonales, genitales, sexuales y sensuales. Por otro lado, es necesario derribar la programación de género lo cual supone romper con los binarios: feminidad/masculinidad, heterosexualidad/ homosexualidad; cuestionar los límites del deseo (a quién y cómo desear); apostar por una identidad no esencialista, fija que excluye al otro; además de cuestionar las instituciones que han configurado la familia (el matrimonio, la paternidad). Que por toda Latinoamérica recorra una ola de resistencia a la heteronormatividad, que lleguen generaciones más libres donde se abra la posibilidad de entablar diálogos diferentes a los ya establecidos y se dé la posibilidad de tener nuevos modelos de vida. Quiero amar en libertad, criar a mis hijos sin que la sociedad me juzgue o me ponga límites, y que, sobre todo, el mundo se entere de que el amor no se define por un género. Una buena crianza requiere incomodar y cuestionarnos los estándares normativos por los que durante años se han establecido las sociedades. Por último, no dejemos que la modernidad nos nuble los deseos de libertad, pues, al fin y al cabo, hay fortaleza si se lucha por lo que no está bien. Referencias Ambrosio, R. (28 de septiembre de 2021). Actualidades en el tema de la homoparentalidad. Gaceta informativo oficial de la Universidad Nacional Autónoma de México. Tomado de: https://gaceta. facmed.unam.mx/index.php/2021/09/28/ actualidades-en-el-tema-de-la-homoparentalidad/ Director Wilson Castañeda. (2023). No se mata lo que no se olvida: Informe sobre la situación de los derechos humanos de personas LGBTIQ+ en Colombia 2022. Corporación Caribe Afirmativo, Colombia. Tomado de: https:// caribeafirmativo.lgbt/wp-content/ uploads/2023/03/INFORME-DDHH- LGBTIQ2023-CA.pdf Fernández, M. (2014). Nuevas realidades entorno a la familia: Familias homoparentales y la adopción. Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, México. Tomado de: https://www.uaeh.edu.mx/scige/ boletin/actopan/n1/e1.html Karenina Álvarez. TEDx talks (9 de mayo de 2022). Familias Homoparentales: Madre no solo hay una. Youtube. Tomado de: https:// www.youtube.com/watch?v=5Yyansjuyn0 Laguna, Ó. (2016). Crítica a los conceptos homoparentalidad y familia homoparental: alcances y límites desde el enfoque de las relaciones y vínculos parentales de las personas de diversidad sexual. Instituto de las Mujeres del Distrito Federal, México. Tomado de: https://www.scielo.org. mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid =S1405-94362016000100007 Montalbán, Domínguez, Castilla. (S.F). La construcción social de la realidad homoparental: nuevos retos para el Trabajo Social. Facultad de Estudios Sociales y del Trabajo. Universidad de Málaga. Tomado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/ articulo/4642359.pdf Nicolás Cortés. (Abril 12 de 2017). Colombia, entre los diez países más católicos del mundo. Medio de comunicación El tiempo, Colombia. Tomado de: https://www. eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/ colombia-es-uno-de-los-diez-paises-mascatolicos-del-mundo-77648 Pachón, X. (2007). La familia en Colombia a lo largo del siglo XX. Colección CES, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá. Tomado de: https://repositorio. unal.edu.co/bitstream/handle/unal/2966/ 12CAPI11.pdf?sequence=10&isAllowed=y Palencia, Correa. (S.F). Familia homoparental: Un reto para la sociedad del siglo XXI. Universidad Cooperativa de Colombia. Tomado de: https://repository.ucc.edu. co/server/api/core/bitstreams/1b9cf1aa-9a4d-4c76-a247-c285871c7729/ content Pérez, A. (2014). Subversión feminista de la economía. Aportes para un debate sobre el conflicto capital-vida. Traficante de sueños, Madrid. Tomado de: https://drive.google. com/file/d/1LYAq6mOjkhFYHJqUVcSXr76 ORMVLARof/view?pli=1 Preciado, B. (2008). Testo Yonqui. Editorial Espasa, Calve S.A. España. Tomado de: https://www.sociologianecesaria. com/2020/12/capitalismofarmapornografico.html Valle, M. (2018). La familia: principal contexto de aprendizaje de los roles de género. Facultad de educación y trabajo social, Universidad de Valladolid. Tomado de: https://uvadoc.uva.es/bitstream/ handle/10324/32528/TFG-G3227.pdf?sequence=1&isAllowed=y#:~:text=Los%20 roles%20de%20g%C3%A9nero%20 son,hogar)%20se%20consideran%20 funciones%20femeninas
S E G U N D A P A R T E :
OTRAS VOCES
Foto: Karen Osorio Urrea
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SEGUNDA PARTE: OTRAS VOCES
MENSAJE DE
AGRADECIMIENTO
Elvia Elena Acevedo Moreno Profesora de Periodismo L os 35 años de la FCF coinciden con el año de mi jubilación. ¡Solo tengo agradecimientos!
En la UdeA hice mi pregrado (me gradué meses antes de que Comunicación Social-Periodismo pasara a formar parte de la nueva Facultad) y mi maestría. Y a la UdeA volví en 2006 como profesora de cátedra, inicialmente.
¡Qué orgullo haber estudiado en la UdeA! ¡Y qué maravilloso fue haber regresado a la FCF como profesora! Ha sido un espacio ideal para trabajar por la libertad que se respira, el respeto, la cordialidad, la cercanía con las nuevas generaciones, el contacto permanente con el conocimiento, la posibilidad siempre abierta para investigar y emprender nuevos proyectos.
Gracias, colegas, profesores, estudiantes, egresados, por la oportunidad brindada durante todo este tiempo. Sé que la FCF continuará creciendo e impactando positivamente a quienes por aquí pasen.
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SEGUNDA PARTE: OTRAS VOCES
EXÁMENES
César Alzate Vargas Profesor de Periodismo U no quiere que todos pasen, que para todos haya universidad: esa ilusión de que habrá futuro, aunque lo más importante es el presente. El presente que es la Universidad, donde casi todos somos tan felices en ciertos momentos de la vida; el futuro que es esa parte de la vida en que cada vez somos menos jóvenes, no necesariamente menos felices. Solo unos pocos pasarán, lo lamentable es que para pocos es la universidad. En esta tarde de octubre cuido exámenes de admisión en el 12-105: en nuestro bloque, sí, aunque esta aula no es nuestra. Es de Idiomas. Por la mañana fueron veinte. Quince mujeres y cinco hombres, aspirantes a Medicina como primera opción. Pensé en la abrumadora mayoría que son ellas ahora: la educación está ayudando a cerrar la horrenda brecha que a lo largo de la historia las ha apartado de los puestos de mando de la sociedad. En la segunda jornada del día, sin embargo, la proporción es opuesta: doce hombres y cinco mujeres (otros tres hombres no acudieron al examen). Ingeniería Aeroespacial. Da otro tanto que pensar esto sobre los roles a futuro, pero lo más importante es creer que por ahora estamos sentando las bases para una sociedad equitativa en que ya no seremos nosotros a costa de ellas, sino nosotros y nosotras conviviendo en una sociedad mejor.
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Treinta y ocho octubres atrás, cuando no existía ninguno de los diecisiete hombres y las veinte mujeres cuyos exámenes cuido hoy, y tampoco existía la Facultad de la que ahora soy profesor, fui uno de ellos. Presenté el examen en uno de esos auditorios del bloque
3 que me gustan. Un domingo de pocas semanas después, fui a
una tienda del barrio a comprar El Colombiano para consultar la lista de admitidos. La explosión de júbilo que me produjo encontrar mi cédula en esa lista aún resuena en todos los campos de mi vida. Estudié Comunicación Social y Periodismo porque entonces no ofrecían lo segundo separado de lo primero, pero bastante he llegado a valorar la imposición del destino que además de periodista me hizo comunicador. Dos años largos después de mi ingreso, el departamento de Comunicación Social se escindió de la Facultad de Ciencias Sociales para formar la de Comunicaciones, colonizar el bloque 12 y multiplicarse durante las siguientes tres décadas y media en seis pregrados y un sinfín de posgrados. Ninguno de los muchachos ni de las muchachas cuyos exámenes de admisión vigilo en este lunes de octubre de 2025 será mi colega. Pienso, sin embargo, que la circunstancia de coincidir con ellos y con ellas, así como la de que mi propio programa académico –el Periodismo– haya estado arraigado en otras facultades y escuelas, es una metáfora adecuada para identificar lo que se hace en un centro de estudios como mi Facultad: propiciar un diálogo de saberes entre seres humanos y culturas, y entre oficios y profesiones, que redundará siempre en una mejor humanidad. Una que ruede menos al abismo.
La explosión de júbilo que me produjo encontrar mi cédula en esa lista aún resuena en todos los campos de mi vida.
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SEGUNDA PARTE: OTRAS VOCES
INNOVACIONES
PEDAGÓGICAS
DEL
PREGRADO
CAM
Gabriel Vieira Posada Profesor de Comunicación Audiovisual y Multimedial El carácter modular del pregrado CAM C uando la profesora y exdecana Olga Castaño me invitó a integrar el primer equipo docente y de diseño curricular para un nuevo pregrado que iba a nacer en la Facultad de Comunicaciones, llamado Comunicación audiovisual y multimedial (CAM), me atrajo el carácter profundamente innovador del plan de estudios. Con la profesora Castaño y la profesora Elena Correa, nos pusimos dos tareas: encontrar los docentes idóneos y a la vez afinar la implementación del diseño curricular, único dentro del contexto de los pregrados con vocación audiovisual en Colombia. El primer aspecto innovador del pregrado CAM es su carácter modular; en este diseño, un grupo de asignaturas o cursos satélites gravita en torno a un Taller Central, el cual se enfoca en la producción de obras artísticas, formuladas y desarrolladas a lo largo de 16 semanas lectivas. Dichas creaciones del Taller Central responden al problema específico que plantea cada semestre, mientras los cursos satélites cubren la formación en aspectos como la historia, las narrativas, el contexto, las escuelas teóricas y movimientos artísticos, y aspectos de la investigación aplicada, entre otros.
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En esta lista de problemas observamos cómo cada Taller central abarca una oportunidad laboral concreta para los estudiantes. En otras palabras, el pregrado reta a los estudiantes cada semestre a iniciarse y profundizar en conocimientos que definen un oficio o actividad profesional. En efecto, los estudiantes del pregrado CAM se forman como fotógrafos durante el primer semestre, como sonidistas durante el segundo, como documentalistas en el tercero, como realizadores de ficción en el cuarto, como creadores para televisión en el quinto y como desarrolladores multimedia en el sexto semestre, antes de lanzarse a su investigación de trabajo de grado o a su práctica académica empresarial. Debido a las múltiples ventajas que tiene esta concepción modular del pregrado, se ha imitado posteriormente en otros programas académicos e instituciones universitarias, pero en ese entonces fue radicalmente disruptiva. Según mi experiencia de 20 años en la enseñanza audiovisual, este diseño curricular tiene la ventaja de enfocar a los estudiantes desde el primer semestre en una praxis exigente y bien fundamentada del objeto de estudio profesional. Es evidente el contraste con el modelo pedagógico de la mayoría de los pregrados en esta disciplina, construidos sobre “ciclos de fundamentación” de cuatro o cinco semestres, que aceptan grupos numerosos de alumnos de varias líneas vocacionales desde el primer semestre. Ese enfoque explica el poco o ningún acceso real de los estudiantes a los equipos técnicos de la institución durante los ciclos de fundamentación. En cambio, el pregrado CAM pone a disposición de los 25 estudiantes recién admitidos a primer semestre, sus cámaras y accesorios fotográficos, así como sus laboratorios analógicos y digitales, desde el comienzo de las clases. Una vez cumplidos los ocho semestres del plan de estudios, los estudiantes demuestran una gran solvencia en la operación de los equipos y programas computacionales que van a encontrar en su práctica profesional, y también una capacidad para descubrir soluciones a partir de referentes, modelos y escuelas de pensamiento del mundo audiovisual y mutimedial, guiados por una secuencia de formación de creciente complejidad. Desde esta perspectiva, la labor de los fotógrafos (problema del semestre 1) puede desarrollarse en solitario, sin contratiempos importantes. Asimismo, un grupo muy reducido de personas puede idear y desarrollar las producciones auditivas y de banda sonora que propone el semestre 2. Más adelante, la práctica de los documentalistas (semestre 3) requiere de cubrir varios roles simultáneamente, es decir constituir un equipo mediano de trabajo con roles específicos, tales como la investigación temática, el análisis y validación de fuentes, los procesos de captura de imágenes y de sonido directo, y la posproducción, entre otros.
Basados en esas experiencias, los estudiantes del cuarto semestre se preparan para crear ficciones cinematográficas cortas, cuyas exigencias en términos de roles son más altas, y por lo tanto crece el número de integrantes del equipo de trabajo. En la práctica, por ejemplo, cuando un grupo del cuarto semestre de CAM tiene más de 20 alumnos, se realizan tres cortometrajes importantes como trabajo final de semestre, mientras que cuando llegan menos de
20 estudiantes al semestre 4, se realizan dos cortometrajes. De
esta manera, al avanzar al quinto semestre, los estudiantes pueden asumir sin dificultad la variedad de roles que caracteriza la producción de los medios de masas, con exploraciones por distintos
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géneros narrativos y formatos televisivos y digitales. Por último, el sexto semestre profundiza en las creaciones interactivas, que se caracterizan por ser la sumatoria de una gran cantidad de roles especializados, puesto que integran actividades de investigación, escritura, diseño gráfico, animaciones, producción de clips de video y podcasts de audio, desarrollos interactivos para aplicaciones computacionales o para la web.
La investigación-creación:
una práctica teorizada y colaborativa Como dijimos, el Taller central es el curso del plan de estudios alrededor del cual gravitan los demás cursos del semestre y abarca un problema por resolver relacionado con un oficio o rama de la práctica laboral. Ahora, dicho Taller está integrado por dos momentos diferenciados: el primer momento propone a los estudiantes el análisis crítico grupal de referentes conceptuales, modelos teóricos y análisis de casos, mientras el otro momento se reserva para la práctica, que se desprende de los aprendizajes anteriores. Esto tiene una gran significación, porque las prácticas realizadas en el Taller central no son meras acciones instrumentalizadas de los conceptos que definen el lenguaje audiovisual, sino que cada grupo de estudiantes del Taller aborda ejercicios prácticos de dificultad creciente en una atmósfera que combina investigación y creación. La interpretación de los conceptos coexiste con las exploraciones prácticas de creación. El resultado es la utilización consciente de los equipos técnicos necesarios en el marco de la construcción colectiva y colaborativa de microrrelatos, pasando por la ideación, la escritura, la planeación, la filmación y el montaje visual y sonoro. Cada uno de estos resultados prácticos, ya sean los filminutos completados cada semana o el microrrelato final, son evaluados grupalmente, antes de avanzar a la siguiente sesión del Taller. Cambio de rumbo en el perfil del egresado de CAM: de directores a colectivos creadores Después de ocho años de haber iniciado labores en el pregrado de Comunicación Audiovisual y Multimedial, se materializaron algunos cambios curriculares y metodológicos, con los cuales se buscaba aplicar didácticas que se enfocaran cada vez más en fomentar los procesos colaborativos entre los estudiantes. Como resultado de estas transformaciones, se introdujeron ejercicios grupales en el Taller central que promueven entre los estudiantes del tercer semestre, y siguientes, a que se constituyan como colectivos de creación dentro del mismo pregrado.
Este giro metodológico en la formación representó una afortunada evolución en el perfil de nuestros egresados, ya que cambió la manera como los estudiantes se asumen como miembros activos de un ente colectivo de creación, y no ya como realizadores o directores individuales de contenidos. Dicho de otro modo, los egresados de las nuevas cohortes de CAM llegan al mundo laboral con una vivencia concreta de los retos que plantea la asociación con otros compañeros para potenciar la creación colaborativa. Al llegar al final de su ciclo de estudios, los estudiantes han tenido el tiempo suficiente, a lo largo de varios semestres, para probarse en distintos roles de la producción, también para cambiarse eventualmente de
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un colectivo a otro, o fundar uno nuevo. En resumen, los estudiantes descubren su lugar como individuos creativos en compañía de personas afines del mismo pregrado, listos para ejecutar en equipo los diferentes roles que exige una producción audiovisual o multimedial en el medio profesional.
La tasa de empleabilidad y el éxito de nuestros egresados en la actualidad, confirma que el perfil actual del comunicador audiovisual y multimedial de nuestra Facultad es uno de los más completos y competitivos entre los pregrados existentes en el país en esta disciplina. Afiche Leidy, Simón Mesa Soto mejor corto en Cannes Afiche LLaves de ikú, Melissa Acevedo Colectivo Dodo animación en Cannes El miedo y la galllina, Freddy Fortich La Calle Estéreo, Santiago León Rodaje Los Nadie, Sebastián Mesa Rodaje cortometraje, Ladrillos Afiche Pequeñas Batallas
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SEGUNDA PARTE: OTRAS VOCES
500 MALAS
PALABRAS
Juan Guillermo Gómez García Profesor de Filología Hispánica P or azar, huida o destino manifiesto me correspondió coordinar el primer trayecto del recién instituido pregrado de Filología Hispánica, de nuestra Facultad de Comunicaciones. Era el año 2005. El llamado del entonces decano Édison Neira me caía del cielo lindo como un ángel de la guarda del que me había olvidado desde mi infancia. Surtió un efecto de bálsamo académico y terapia moral debido a las persecuciones infames de que había sido víctima por años (como siglos) en la Facultad de Ciencias Asociales e Inhumanas, por razones que podría calificar una pitonisa de rabia cósmica. La coordinación por siete años fue francamente inolvidable para las partes involucradas. Para los estudiantes, mis colegas y el firmante de esta declaración. Hace poco la querida amiga María Claudia González se adelantó a un reconocimiento a mi labor conjetural por haber dado una identidad de cuerpo profesoral y creo también estudiantil a este experimento muy sudamericano. Escribía Manuel González Prada (a quien he enseñado también por quince años) que en estas patrias en perpetuo ensayo, irremediablemente, enseñamos aprendiendo y aprendemos enseñando.
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Como coordinador del pregrado, me correspondió, o mejor, asumí la asignatura de Introducción a los Estudios Literarios, en el horario de
6 pm a 10 pm. Se trataba del recorrido de la cultura literaria alema-
na de Winckelmann a Hölderlin, en el entendido de que la literatura alemana era el último capítulo de la modernidad literaria europea, es decir, que contenía todas las demás estéticas anteriores y posteriores (esto no lo comprendió, les decía a mis estudiantes, Curtius al exaltar nostálgicamente la literatura medieval como corpus inmaculado occidental). El centro álgido era el Fragmento 116 de Friedrich Schlegel y su novelle Lucinde, que traduje para indicar su importancia impostergable. Era una obra “totalmente fracasada” (Lukács), es decir, era su mérito indiscutible hasta el presente. Recuerdo y todos los presentes deben recordar la noche en que un estudiante energúmeno se exaltó, al leerles la entrada FE del Diccionario Filosófico de Voltaire. Este “gran señor de las letras” narra que una tarde el príncipe Pico de la Mirandola en charla con el papa Alejandro VI especulaban sobre la paternidad del recién nacido hijo de Lucrecia, hija del Santo Padre. Las alternativas factibles se resumían así: si era hija de su Santo Padre, o de su hijo, el Duque de Valentonois, o de su esposo Alfonso de Aragón que pasaba por impotente. Para eso “está la fe”. Un estudiante, pletórico de fe (era evangélico), y fuera de sí trató de agredirme y como pude esquivé su golpe predeciblemente mortal. Quise levantar un disciplinario y me ganó la comprensión de verlo sinceramente arrepentido unos días después.
Los estudiantes fueron cómplices de mi altamente antipedagógico método de exponer durante más de cuatro horas anécdotas de este tipo y replicaban solo escabulléndose de clase sigilosamente hacia las diez y media, ante el cierre de las puertas del Metro. Me moderé. Agotado de esta fiesta pedagógica, hice un año sabático. Nunca más aburrido.
Tuve una monitora, Paula Quiceno, quien murió inmolada en un accidente de carretera vía la Costa. Al revisar las actas del pregrado encontré solo sus poemas. Claro: era una metáfora. La coordinación por siete años fue francamente inolvidable para las partes involucradas.
Para los estudiantes, mis colegas ...
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SEGUNDA PARTE: OTRAS VOCES
EL
LABORATORIO
DE FONÉTICA
Laura Martínez Hernández Monitora E l Laboratorio de Fonética de la Universidad de Antioquia se consolidó en 2010 con la instalación de una cabina insonorizada en el aula 12-108, diseñada por el Instituto de Acústica Aplicada de Argentina y con tecnología especializada para garantizar aislamiento acústico. Fue fruto de la gestión iniciada en 2004 por los docentes Édison Neira Palacio y María Claudia González Rátiva. La función principal de esta instancia es el registro de sonidos, voz y habla de alta calidad con fines docentes, investigativos y de extensión (Imagen 1). Desde entonces, el Laboratorio de Fonética se convirtió en un referente académico, científico y cultural. Allí se captura, edita y analiza el habla y el sonido para prácticas de enseñanza-aprendizaje (Imagen 2), estudios lingüísticos, y se apoya la realización de pódcasts y la logística de eventos académicos, principalmente. Su misión y visión lo proyectan como referente en registro sonoro y centro de estudios fónicos, ya que cuenta con materiales y recursos que son patrimonio académico y muchos se proyectan a través de sus redes sociales.
Prácticas académicas Creación de corpus
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SEGUNDA PARTE: OTRAS VOCES
UNA REFLEXIÓN
SOBRE EL
QUEHACER
INVESTIGATIVO
EN LA
FACULTAD DE
COMUNICACIONES
Y FILOLOGÍA
Maritza Andrea Trujillo Rodríguez Coordinadora del componente de Formación en Investigación L a Facultad de Comunicaciones y Filología, en sus 35 años, se ha destacado por el arduo trabajo investigativo de su profesorado y estudiantado, cuyos intereses, aprendizajes, saberes y metodologías de trabajo tienen una amplia variedad. Por eso, el pasado mes de septiembre dimos lugar al encuentro “Conversemos sobre investigación: aprendizajes y enseñanzas”, con la intención de darle espacio a la reflexión sobre el sentido profundo que tiene la investigación, la multiplicidad de formas en que la abordamos y las huellas que ha dejado en nuestras vidas. En esta conversación, participaron cinco grupos de investigación (el Grupo de Estudios Lingüísticos Regionales; Comunicación, Periodismo y Sociedad; Colombia: Tradiciones de la palabra; Contracampo: grupo de investigación-creación audiovisual y multimedial, y el Grupo de Estudios Sociolingüísticos), al igual que jóvenes investigadores y estudiantes integrantes de los semilleros de Lingüística Computacional; Comunicación, Cambio Social y Construcción de Paz; Imagen Algoritmo; Corpus Ex machina, y Edición Crítica. Todas las reflexiones que allí se dieron permitieron reconocer que, en medio de la polifonía de voces y saberes, y sin importar el lugar de enunciación de cada persona, semillero o grupo, la investigación tiene puntos de coincidencia que trascienden desde los ámbitos académicos para impactar a las sociedades.
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Fuimos más allá de las típicas preguntas por los resultados de una u otra investigación, para adentrarnos en entender las diversas sendas que docentes y estudiantes recorren cuando investigan: la sensibilidad que se necesita para crear puentes con comunidades y sus realidades o el diseño de unas formas analíticas particulares para estudiar un corpus literario y enlazarlo con la práctica social. Esta pluralidad de enfoques que habitan en la investigación de la Facultad, que abarcan lo social, comunitario, computacional, histórico y la experimentación como herramienta para investigar y crear, pone en evidencia que la investigación requiere no solo unas rutas metodológicas claramente definidas, sino que precisa de sensibilidad, pasión y creatividad.
Identificamos una fuerte relación entre la investigación y las comunidades, que tienen un rol central con propuestas en las que, por ejemplo, han participado madres víctimas del conflicto, o victimarios, o en las que se indaga por los repertorios de paz de mujeres de diferentes regiones del departamento o comunidades que hablan lenguas minoritarias. Así, en la Facultad ha sido importante la construcción de conocimiento de manera colectiva, partiendo del reconocimiento de los saberes previos de las comunidades y promoviendo su participación en la coautoría de los productos de investigación. Esto evidencia que investigar es un diálogo constante que trasciende la mera comprensión para convertirse en una herramienta de transformación, forjando vínculos de confianza, reciprocidad y aprendizaje mutuo.
Pero el impacto de la investigación también resuena en el diseño de herramientas digitales y corpus lingüísticos para la enseñanza del español como lengua extranjera, en los análisis de obras literarias, en la elaboración de un diccionario del español del Valle de Aburrá, en la recuperación de las voces de mujeres silenciadas por la historia o en la pregunta por las emociones que se suscitan en el cine documental colombiano. Con esto, nos dimos cuenta del valor que puede tener hacer uso de diversas herramientas para investigar, la creación de recursos que puedan usarse en otras investigaciones o la imperante necesidad de hacer proyectos en torno a la investigación-creación como un camino para pensar, experimentar, crear y generar conocimiento a partir de la articulación entre diferentes saberes. En la Facultad ha sido importante la construcción de conocimiento de manera colectiva.
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Por su parte, para los y las estudiantes, ser jóvenes investigadores de la Universidad de Antioquia y participar en semilleros de investigación, representa un espacio formativo que despierta su curiosidad y que les permiten entender los aportes de las herramientas metodológicas en su quehacer profesional. Los semilleros son una estrategia para pensar más allá de los salones de clases, acercarse al trabajo de las y los docentes investigadores y para fortalecer su proyección académica.
Finalmente, tanto docentes como estudiantes coincidimos en la importancia de mantener viva la curiosidad, construir relaciones de confianza con las personas que se investiga y abrazar los desafíos como parte del proceso. Es un camino en el que se requiere conjugar la pasión individual, la creatividad y el compromiso ético y social. Esta conversación fue el reflejo de décadas de trabajo investigativo en la Facultad, una demostración de que el conocimiento se ha gestado desde múltiples escenarios, con distintos lenguajes y metodologías, pero siempre con el propósito común de comprender mejor nuestro mundo para contribuir a su transformación desde la Universidad. La importancia de mantener viva la curiosidad, construir relaciones de confianza con las personas que se investiga y abrazar los desafíos como parte del proceso.
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SEGUNDA PARTE: OTRAS VOCES
ALTAÍR,
MEMORIA DE
UN PROYECTO
PIONERO
Nora Helena Villa Orrego Profesora de Comunicación Audiovisual y Multimedial Campus Medellín
I. Una mirada a sus orígenes y evolución
C omo producto del trabajo y de las reflexiones que habían tenido lugar en los diferentes cursos de radio del pregrado en Comunicación Social Periodismo, sobre el impacto de las emergentes Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), los entonces estudiantes de último semestre Luz Dary Gil, César Olaya y Bibian Galeano proponen llevar a cabo un proyecto de investigación aplicada orientado a la creación de una emisora virtual universitaria.
Foto: Archivo personal de María Helena Vivas López.
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El proyecto de investigación que finalmente le dio origen a Altaír se formuló como un laboratorio experimental ligado a los cursos de radio del pregrado. En 1999 se presenta ante el CIEC (Centro de Investigaciones y Extensión de la Facultad de Comunicaciones), como proyecto de investigación aplicada de menor cuantía en el que figuraban como responsables: por la administración de la Facultad, la decana María Helena Vivas López y el Jefe de Departamento Javier Ignacio Muñoz; como investigadora principal, la profesora Lucía Restrepo Cuartas; y como estudiantes en formación, Luz Dary Gil y Gustavo Carrasquilla Gómez.
Con el respaldo de la administración de la Facultad se nombró el personal requerido para activar el proyecto en esta primera fase. Además se tuvo como parte del equipo de trabajo a un asesor científico que fue clave en el proceso de montaje de la plataforma y de los software pertinentes para este tipo de iniciativa, el ingeniero Mario Trujillo Vargas. El 14 de abril de 2000 tuvo lugar la primera emisión on line de la que sería hasta entonces la única emisora en su género en América Latina.
La profesora Lucía Restrepo Cuartas nos acompaña a todas y a todos quienes tuvimos la oportunidad de formarnos al cobijo de su calidez y orientación académica. Su impronta como líder de este espacio trascendió hasta la emergencia de lazos y vínculos que atesoramos aún hoy, y que nos hicieron -y nos hacen- familia. Quiso compartir por escrito algunas sensaciones sobre aquella época: “En el momento en que nace la idea de esta radio universitaria en la Web, queríamos aludir a la señal más alta en el ciber-espacio, y buscando información que pudiera estar relacionada con el asunto apareció Altaír como la estrella más brillante en la Constelación del Águila. Era este el reto que queríamos asumir desde la Facultad, un compromiso que se expresaría a partir de emisiones en la Web sobre diferentes temas tratados por los estudiantes de la carrera de Comunicación Social Periodismo”.
La profesora María Helena Vivas López me envió un texto al que tituló “Acerca de Altaír: de proyecto experimental a laboratorio virtual” y que muestra cuán retador era poner en marcha en aquel momento un proyecto de estas características y lo significativo que era tener el apoyo de la decanatura de la Facultad: “La creación de Radio Altaír, como se llamó inicialmente lo que hoy es Altaír como laboratorio hipermedia, es el producto de varios hechos:
La necesidad de la transformación curricular y las políticas institucionales al respecto «La necesidad de transformar los currículos obedece a una política de la Universidad de Antioquia, fijada en su Plan de Desarrollo Una Universidad para un Nuevo Siglo de las Luces. Dicha política tiene relación también con las recomendaciones de la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo, “Colombia: Al Filo de la Oportunidad” (1995) y con los resultados de los Informes Monitor sobre Competitividad, entre otros, en los cuales se encontró que la educación tiene poca relación con la realidad del país y que es necesaria la formación de alto nivel (maestrías y doctorados) para lograr el avance de la ciencia y la tecnología y posibilitar el mejoramiento de la calidad de vida de los colombianos».
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La constitución de grupos de trabajo académico por áreas Entre 1999 y 2002, grupos de trabajo académico, por áreas, hicieron discusiones sobre los objetos de estudio y generaron propuestas de nuevas carreras, al considerar el avance de los campos de estudio y aplicación de la comunicación, el análisis de las necesidades culturales, sociales y económicas de la región y el país; los nuevos escenarios tecnológicos; los cambios en los medios de comunicación y en las organizaciones empresariales y sociales, entre otros factores. Se conceptuó que el pregrado de Comunicación Social Periodismo, tal como estaba diseñado desde los años 70, no podía dar respuesta a estas necesidades.
La iniciativa de innovación por parte de estudiantes y el liderazgo de dos profesores Un grupo de estudiantes de la materia de radio propuso en el curso explorar las posibilidades de crear en la Facultad una emisora virtual. La profesora Lucía Restrepo Cuartas, orientadora del curso, acogió la idea y formó un primer equipo de trabajo que formuló un proyecto de investigación, con la asesoría tecnológica del profesor de ingeniería Mario Trujillo, en el año 2000. Iniciaron su experimentación en una oficina del primer piso del bloque 12, con una enorme grabadora analógica, un computador de la época, sin conexión permanente a Internet.
El proyecto de investigación recibió el apoyo económico y ese fue el impulso necesario para hacer realidad la Emisora Virtual. No fue fácil sustentar ante las directivas centrales de la Universidad la necesidad de esta emisora, ya que por ser una iniciativa de innovación recibió opiniones en el sentido de no ver la necesidad de tener “otra emisora”, adicional a las dos existentes en A.M. y F.M. Coincidencias entre la creación de la Emisora Cultural de la Universidad de Antioquia en 1933 y la creación de Radio Altaír La creación de la Emisora de la Universidad de Antioquia en los años
30 fue fruto también de la experimentación de los profesores de físi-
ca José J. Sierra y Próspero Ruiz.
Ha llegado el momento en que la luz de la Alma Máter se coloque sobre el candelabro para que brille e ilumine a todos los de la casa, no es justo que su enseñanza se circunscriba al área del aula, desperdiciando un elevado porcentaje del poder instructor de su doctrina. El pensamiento y la idea necesitan volar como el ave y correr como el viento, pero en la Universidad encontrarán la aceleración de la luz cabalgando sobre el electrón (José J. Sierra).
El nacimiento de la Emisora Cultural se considera el primer hito de la extensión universitaria en Colombia.
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Hicieron sus experimentos con una pequeña emisora de onda corta en 1933, la cual inicia oficialmente sus transmisiones como Emisora Cultural y Experimental en 1938.
El nacimiento de la Emisora Cultural se considera el primer hito de la extensión universitaria en Colombia, en la Universidad de Antioquia, tal como ocurrió con la primera Emisora Virtual en Latinoamérica, Radio Altaír.
Investigación, extensión y docencia La articulación entre los tres ejes misionales de la Universidad ha sido un atributo característico del trabajo en Altaír desde sus orígenes. Como principio metodológico, esto se ha traducido en una lectura de los intereses y las apuestas del profesorado y el estudiantado vinculado al laboratorio, desde las posibilidades que estos han ofrecido para la formulación de proyectos de investigación, proyectos de extensión y oportunidades formativas para las actividades docentes en la Facultad de Comunicaciones.
RAM, RAC y Radio Altaír Universitaria:
Radio digital múltiple En tiempos en los cuales la multiplexación de una señal de radio en espectro apenas estaba empezando a darse en los países con tecnología DAB (Digital Audio Broadcasting), el grupo de trabajo del laboratorio decidió aventurarse en una empresa emocionante, la cual consistió en que en lugar de tener en línea una emisora universitaria, fuese posible contar con tres. Este periodo contuvo el diseño, montaje y lanzamiento de tres portales diferentes, cada uno con su propia propuesta sonora y su señal en línea, además de una orientación particular en cuanto a público y audiencia. Radio Altaír Universitaria se mantuvo como emisora y portal de corte generalista, atendiendo el espíritu original del proyecto como laboratorio radial para profesores y estudiantes. Radio Altaír Música -RAM-, orientada al público joven, fue la primera propuesta de radio digital con programación 24 horas, siete días a la semana, de música creada bajo licencias Creative Commons para su uso y difusión sin pago de derechos de autor. Finalmente, Radio Altaír Colombia -RAC- fue pensada como una propuesta de conexión sonora con las colombianas y los colombianos residentes en el exterior. Hablamos de tiempos en los que pocas radiodifusoras nacionales disponían de acceso a sus señales a través de Internet. Altaír en la historia de la Educación Virtual en la UdeA Con el auspicio de Edatel, y en alianza con el área de Lingüística y Literatura, en el 2001 se creó y lanzó una de las primeras apuestas en educación virtual en la Facultad -y en la Universidad-, consistente en dos cursos en línea en Literatura colombiana y Lengua castellana, los cuales fueron llevados a toda Antioquia por la empresa de telecomunicaciones departamental. Este desarrollo se materializó en un portal llamado “Altaír Educativo” y supuso el diseño y montaje del primer sitio anidado a la web principal de la emisora radial, en el cual se instaló un sistema LMS (Learning Management System). El liderazgo estudiantil en la consolidación de un laboratorio académico La mayoría de los altairosos y altairosas más apasionados fueron primero colaboradores y luego desempeñaban otros roles. Maritza Sánchez sabe mejor que nadie lo que eso significa y cuánto contribuyó a su formación profesional su paso por Altaír, en sus palabras:
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“Para que un laboratorio universitario de experimentación digital logre mantenerse abierto y evolucionar (antes, a principio de este siglo; ahora, en tiempos de inteligencias artificiales que parecen tan autosuficientes), se necesitan personas, más que máquinas y desarrollos tecnológicos sofisticados y complejos. Personas comunes y corrientes (estudiantes y profes, personas directivas, aliadas y amigas) con voluntad y ganas de dedicar tiempo de vida a la experimentación y a la colaboración; humildes para abrazar el error y la incertidumbre, para adaptarse; preparadas para comunicar lo alternativo y lo no convencional; abiertas a celebrar los descubrimientos y la creación colectiva de contenidos que no se asemejan a lo hegemónico, a más de lo mismo, a lo obligatorio”. Uno de los estudiantes que trabajó en Altaír por aquella época fue Alan Correa Sierra, quien recuerda: “Mi experiencia en Altaír inició como monitor, en el año 2006 bajo la dirección de Maritza Sánchez, esto representó en mi carrera académica y profesional un encuentro con las vanguardias digitales, la experimentación y el trabajo colaborativo”. Tiempo después, Alan sería uno de los directores de Altaír. En una etapa transicional en la que Maritza Sánchez estaba por dejar el laboratorio, llegó a apoyar el equipo de trabajo el profesor Alejandro Cock Peláez; quienes tuvimos el placer de conocerlo sabemos que además de un profesional muy cualificado, era un ser humano encantador: enérgico, espontáneo, amable y muy alegre. Andrés Montaño Hernández recuerda que, aunque el profesor Cock estuvo poco tiempo acompañando a Altaír, “se puso al frente de una serie de procesos, hizo muy buen equipo con los estudiantes, entendió las dinámicas de creación, les dio mucha libertad para trabajar y fue una persona muy bella, muy querida por todo el equipo humano. Lo que hicimos con él fue consolidar todo lo que veníamos haciendo con Maritza, que era planear el nuevo diseño, las nuevas parrillas de programación y demás, él nos ayudó mucho en el inicio de esa etapa”.
Por mi parte, cuando llegué a Altaír, como directora, en septiembre de 2009, me llené de ese espíritu especial que poseía y posee el laboratorio, tomé el relevo y supe que a partir de ese momento los aprendizajes no tendrían límites, los integrantes del equipo de trabajo con el que me encontré tenían verdadera pasión por lo que hacían, pero justamente en ese momento, casi todos habían concluido sus estudios; después de hacer las convocatorias respectivas, los estudiantes seleccionados cumplían con el perfil solicitado, pero no habían tenido un contacto directo con la dinámica de trabajo de Altaír; sin embargo, todos estaban superemocionados por esta oportunidad. Con ese capital humano invaluable orienté mis esfuerzos a que Altaír siguiera transformándose progresivamente como producto de la reflexión sobre el ciberespacio, la exploración de nuevos lenguajes y la elaboración permanente de mensajes originales. Me llené de ese espíritu especial que poseía y posee el laboratorio.
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Mientras todos intentábamos adaptarnos, encontré en Andrés Montaño Hernández a un estudiante comprometido que no solo me mostró lo que se hacía en el laboratorio, sino que también aportó muchas ideas y tendió puentes muy valiosos con los colaboradores del momento.
Otro de los miembros de ese equipo de trabajo era Diego Londoño, quien ya tenía un programa muy interesante: “Música somos”. Llegamos a tener una serie de nuevos artistas y bandas locales que querían darse a conocer a través de Altaír; entonces, después de firmar un formato de cesión de derechos, tocaban en vivo. El componente innovador que decidimos aportar fue que cada presentación se transmitía en streaming de video para promover la interacción, lo que era una experiencia muy emocionante.
Celebrar la primera década de Altaír, en el 2010, como correspondía, y seguir manteniendo su reconocimiento en el entorno académico y social durante los siguientes años, nos llevó a hacer presencia en los espacios en los que el laboratorio participaba habitualmente, pero con energías renovadas, fue así como tuvimos el segundo lugar en Campus Party 2010 y una mención de honor en Campus Party 2011, ganamos un reconocimiento especial en la categoría de “colectivos digitales” en la Fiesta del Libro y la Cultura 2011; además, en el 2010 obtuvimos una beca y en el 2011 la volvimos a obtener, para realizar auditorios remotos, de eventos de la Dirección Nacional de Servicios Virtuales de la Universidad Nacional de Colombia y la Fundación Karisma.
Altaír dio para todo, y la investigación ha sido un eje muy importante de su quehacer; por eso, en 2010, Juan Bernardo Hoyos Ramos (estudiante del pregrado en Comunicaciones) realizó un estudio orientado a la evaluación o diagnóstico de comunicaciones en Altaír, bajo la asesoría académica del profesor Óscar Fernando López Zuluaga. Andrea Molina, Vanessa López, Isabel Cristina Vargas Recuero, Diego Londoño, Andrés Montaño Hernández y Rubén Castaño, como estudiantes vinculados al laboratorio, hicieron aportes muy importantes en aquel momento, al igual que el profesor Andrés Duarte Al final de mi ciclo como directora de Altaír en 2013, sentí que se había trabajado en los tres ejes misionales de la Universidad aportando a la investigación, a la docencia y a la extensión, en una dinámica de trabajo colaborativo que cautivó mis ideas y sentimientos. La profesora Natalia Restrepo compartía mi deseo de que el laboratorio continuara creciendo y dejando huella; por eso nos cuenta cómo fue este episodio de su vida: “Durante los años 2013 y 2014 tuve la oportunidad de dirigir el Laboratorio Altaír. Impulsamos la creación del Semillero de Investigación en Narrativas Transmedia, concebido como un espacio para explorar las posibilidades del relato en entornos digitales e interactivos. Este semillero permitió a los estudiantes acercarse desde la teoría y la práctica de unas formas de producción muy novedosas para la época, anticipando dinámicas de producción que hoy son centrales en la comunicación contemporánea”.
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En retrospectiva, considero que Altaír fue, ante todo, un espacio de formación y práctica transdisciplinar, donde confluyeron distintos lenguajes, competencias y sensibilidades: desde la ilustración y la producción audiovisual, hasta el periodismo narrativo y la comunicación digital. Para los estudiantes, esta experiencia fue una oportunidad invaluable para experimentar con sus intereses profesionales antes de las prácticas académicas formales, construir un portafolio sólido y, sobre todo, comprender la relación entre el aprendizaje y la práctica creativa.
Cuando Natalia Restrepo terminó su periodo como directora, el laboratorio estuvo a cargo del profesor Juan Camilo Arboleda, quien ya no está con nosotros .Natalia comparte sus apreciaciones sobre el profesor Arboleda: “Durante su paso por Altaír, fue un aliado en el proceso de transformación académica. Su mirada teórica y su curiosidad intelectual contribuyeron de manera decisiva a una reorientación que ya venía cursando hacia las nuevas narrativas emergentes, especialmente las transmedia. Como profesor auxiliar, aportó un enfoque actualizado que permitió repensar el papel del laboratorio frente a los cambios del ecosistema comunicativo y abrir camino a nuevas formas de experimentar y aprender desde lo digital”. Posteriormente asumió la dirección de Altaír, entre julio de 2014 y diciembre de 2015, Lucas Jaramillo M, quien comparte lo siguiente: “Durante mi paso por el laboratorio Altaír, busqué consolidarlo como un espacio vivo de experimentación narrativa y tecnológica, donde los estudiantes pudieran explorar la convergencia entre medios, ideas y emociones. Lo que más recuerdo de esa etapa es la energía creativa de los estudiantes, la pluralidad de sus miradas y la sensación de participar en un laboratorio de futuro”. Nora Helena Villa Orrego Natalia Restrepo Maritza Sánchez María Helena Vivas López Alejandro Cock Peláez.
Foto archivo personal Margarita María Peláez Mejía Juan Camilo Arboleda.
Foto del archivo de la FCF
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II. Un vistazo al presente y futuro
Caminar por la senda formativa, expresiva y creativa de Altaír, permite apreciar no solo los diversos aportes que le ha hecho a la Facultad, a la Universidad y a la sociedad y el reconocimiento que ha ganado a nivel local, nacional e internacional a lo largo de los años, sino también lo que significa en la actualidad y hacia dónde se proyecta; a propósito, el profesor Robinsson Mejía nos acompaña a darle un vistazo al pasado cercano, al presente y al futuro más próximo de Altaír: “Con la llegada de la pandemia, gran parte de los procesos del Laboratorio Altaír se vieron interrumpidos. Las restricciones afectaron el desarrollo de proyectos y la dinámica colaborativa que caracterizaba al espacio. A esto se sumaron dificultades técnicas, entre ellas una serie de ciberataques que comprometieron la seguridad del sitio web, lo que obligó a retirarlo temporalmente y suspender las actualizaciones digitales del laboratorio.
A principios del año 2021, Altaír retomó su rumbo. Esta nueva etapa se orientó a revitalizar el laboratorio y fortalecer su papel como espacio de creación sonora. Su primera apuesta consistió en la producción de podcasts que visibilizaran los otros laboratorios de la Facultad, dando origen a proyectos como Vándalos o Marchantes del laboratorio OCAM, Zombies en medio del laboratorio ENMEDIO y Filofonías, del componente sonoro de la Facultad. El impulso renovado de Altaír se tradujo en un fortalecimiento de su presencia en redes sociales y en la apertura de un nuevo canal en Spotify. Estos logros marcaron el inicio de una etapa en la que lo sonoro cobró protagonismo en un mundo mediático cada vez más convergente, lleno de desafíos en la creación y distribución de contenidos.
En octubre de 2021, la llegada del profesor Andrés Torres a la dirección de Altaír favoreció la consolidación de un equipo interdisciplinario que integró al estudiante Luca Arboleda y a la estudiante Saraí Palacios, promoviendo una visión que fortaleció la experimentación sonora en el programa CAM.
En junio de 2025 el profesor Andrés Torres deja la dirección de Altaír y se dispone a adelantar estudios doctorales. Desde entonces Altaír continua consolidando su oferta de podcast, desde los ya existentes, hasta dos nuevas producciones como: “Desenfocado”, dedicado al análisis del cine desde diversas corrientes de pensamiento, y “Sin Silencios”, centrado en la reflexión sobre las violencias basadas en género. Mirando hacia el 2026, el laboratorio proyecta la incorporación de un grupo de interés en creación sonora y la incursión en el campo del videocast, reafirmando su esencia como una radio convergente. De esta forma, Altaír se mantiene vigente no solo en la memoria de generaciones de estudiantes de la Facultad, sino también en el quehacer formativo de quienes mantienen encendida la señal de la estrella más brillante de la constelación del Águila.
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SEGUNDA PARTE: OTRAS VOCES
LA
FACULTAD
COMO
CASA,
COMO VIDA
Y COMO
FUTURO
William Vásquez Avendaño Comunicador de la Facultad H ablar de la Facultad de Comunicaciones y Filología es, es como contar la historia de gran parte de mi vida. No solo porque aquí me formé como profesional, sino porque en cada rincón, en cada rostro, en cada recuerdo, hay un pedazo de lo que soy hoy. Llegué en 1997, en el segundo semestre, después de un año de espera que estuvo marcado por el servicio militar y por un paro que retrasó mis sueños. Esa larga espera se convirtió en la semilla de una enorme expectativa: poder iniciar mis estudios de Comunicación Social Periodismo en la Universidad de Antioquia, la única oportunidad que tenía para cumplir ese sueño, de ser profesional, de acceder a la educación superior. Desde el primer día, la Facultad se volvió mi casa. Recuerdo con emoción las experiencias que marcaron aquellos años noventa: la cafetería de “Hello Kitty” y sus conversaciones que duraban más que el tinto que nos tomábamos, el muro del bloque 12 donde colgábamos la programación de los partidos, los torneos en las plazoletas entre estudiantes y profesores, los campeonatos de microfútbol femenino, las discusiones apasionadas en las mesas del
12 y la paciencia para esperar un turno en los computadores de las
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salas de cómputo, cuando aún eran un recurso escaso y valioso, al cual muchos de nosotros no podíamos acceder. Cada uno de esos momentos me enseñó tanto como las clases: me enseñó a compartir, a debatir, a construir en colectivo, a sentir que estaba en el lugar correcto.
En 2003, tras un camino lleno de aprendizajes y retos, logré graduarme. Ese título significó mucho más que un logro académico: fue la confirmación de que los sacrificios, las esperas y los esfuerzos habían valido la pena. Ser egresado de esta Facultad ha sido siempre un orgullo y una responsabilidad, porque con ese diploma en mano también asumí el compromiso de honrar lo aprendido en cada oportunidad laboral que tuve.
La vida profesional me llevó a otros espacios de la Universidad, pero en 2018 regresé a la FCF, ahora como su comunicador. Volver fue reencontrarme con mis raíces, con los pasillos y aulas que me vieron crecer, con colegas que fueron mis compañeros de estudio y que hoy son docentes que forman nuevas generaciones. También con profesores que alguna vez me dieron clase y que hoy me permiten compartir con ellos proyectos, ideas y sueños. Esa convivencia entre memorias y presente es una de las riquezas más grandes de la Facultad: su gente.
El recurso humano de esta casa académica es invaluable. Profesores y profesoras que entregan su vida a la formación con pasión y rigor; compañeros y colegas que comparten el amor por la universidad pública; estudiantes que día a día le inyectan energía, creatividad y nuevas perspectivas al trabajo académico. Yo he tenido la fortuna de verlos desde distintos roles: como estudiante, como egresado y como comunicador. En todos los casos, he comprobado que la Facultad no solo forma profesionales de altísima calidad, sino también personas con conciencia social, con espíritu crítico y con un compromiso real con su entorno.
Gracias a la FCF también pude cumplir otro proyecto pendiente: mi formación como especialista. Ese paso me permitió fortalecer mi perfil y, al mismo tiempo, entregarle más a esta casa que tanto me ha dado. Cada estrategia de comunicación, cada proyecto que lidero, cada palabra que escribo en nombre de la Facultad está atravesada por ese doble sentimiento: gratitud y sentido de pertenencia. Pero si algo me llena de orgullo es ver cómo esta unidad académica ha trascendido, por más de 15 años, más allá de sus muros en la ciudad universitaria. Hoy somos una Facultad Multicampus, presente en las regiones del departamento, ampliando las oportunidades de formación y llevando la calidad académica que nos caracteriza a distintos territorios. Esa visión de descentralizar, de pensar en la sociedad en su conjunto, de apostar por la educación pública como un derecho, habla de una FCF que no solo celebra su pasado, sino que construye futuro.
En estos 35 años, la Facultad de Comunicaciones y Filología se ha consolidado como un referente en literatura, lingüística, comunicación y periodismo, pero, sobre todo, como un lugar donde se siembran proyectos de vida. Yo soy uno de ellos. La Facultad me permitió cumplir el sueño de ser comunicador social-periodista, me dio la oportunidad de crecer, de volver y de retribuir lo recibido.
Una historia que seguimos construyendo
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Hoy, cuando camino por el bloque 12, sigo sintiendo que estoy en casa. Veo a mis antiguos profesores que ahora son colegas, a mis compañeros que ahora son maestros, a los nuevos estudiantes que llegan con los mismos sueños que yo tuve hace casi tres décadas. En ese cruce de tiempos y generaciones confirmo lo esencial: esta Facultad es una familia. Una familia que me formó, que me acogió, que me inspira y que me invita cada día a seguir creyendo en la educación pública como motor de cambio.
Por eso, a la FCF solo puedo decirle gracias. Gracias por ser mi casa, mi escuela y mi proyecto de vida. Gracias por estos 35 años en los que ha formado profesionales que honran su nombre en todo el país. Gracias por permitirme sentirme parte de una historia que sigue escribiéndose con pasión, con calidad y con compromiso social. Porque la Facultad de Comunicaciones y Filología no es solo un lugar: es una voz coral hecha de memorias y de sueños; es un tejido de palabras, de libros, de ideas y de afectos; es un puente tendido entre lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos. En sus aulas aprendimos a escribir y a narrar el mundo, pero también a transformarlo; en sus pasillos descubrimos que la vida se escribe en colectivo; en su gente confirmamos que el conocimiento es, al mismo tiempo, raíz y horizonte.
Hoy celebro sus 35 años como quien celebra un aniversario propio, con la certeza de que cada historia que brota en esta Facultad es también un latido de futuro. Y si algo me acompaña desde entonces es esta convicción: amar a la Facultad es, también, amar la vida que me dio y el mañana que seguimos construyendo juntos. En estos 35 años, la Facultad de Comunicaciones y Filología se ha consolidado como un referente en literatura, lingüística, comunicación y periodismo, pero, sobre todo, como un lugar donde se siembran proyectos de vida.
Yo soy uno de ellos.
Una historia que seguimos construyendo
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SEGUNDA PARTE: OTRAS VOCES
EL EQUIPO
ADMINISTRATIVO
CELEBRA
LOS 35 AÑOS
DE LA FCF
L a Facultad de Comunicaciones y Filología es un espacio querido y valorado por las personas que día a día ocupamos las distintas oficinas administrativas del bloque 10 y del bloque
12. En este 2025, cuando celebramos los 35 años de creación
de la Facultad, queremos desear, ante todo, que nuestro interactuar siga siendo armónico. Así mismo, que las relaciones en todos los campus donde estamos presentes sean cada vez más humanas: solo así podremos ser parte de una FCF libre de violencias, inclusiva y solidaria.
Este equipo de trabajo reafirma su compromiso con la Universidad de Antioquia pública, abierta, crítica e innovadora. Y bajo su cobijo, aporta a la consolidación de la FCF como una dependencia líder y ejemplar en la gestión administrativa, sin la cual ninguno de los ejes misionales podría alcanzar sus metas como lo hace hoy. Así, la FCF cuenta con el compromiso, la inteligencia y la dedicación de este grupo de profesionales para cumplir con sus objetivos en bien de la sociedad a la que nos debemos.
¡Muchos años más de vida próspera para la FCF! El equipo administrativo le canta a FCF en sus 35 años Letra colectiva, música de la IA
Una historia que seguimos construyendo
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Cita: Vallejo Murcia, Olga, Salazar, Estefanía, Guarín, Joan Manuel, Medina Arango, Dahiana, Montoya, Christian, Copete, Hary Valeria, Jaramillo Muñoz, José Esáu, Cortés Betancur, Laura, Castro, Sebastián, Ceballos Zapata, Isabela, Gómez Penagos, Daniel Esteban, Moreno Henao, Juliana, Vallejo, María José, Adans Camargo, Iván Felipe, Mazo Duque, María José, Ramírez, Linda Valentina, Correa Miranda, Gerardo Antonio, Marín, Paulina, Rendón Araque, Daniel, Corrales Arenas, María José, Vélez, Mariana, Banguera Hurtado, Mario Yesid, Henao Molina, Valentina, Maya Callego, Valentina, Bonilla Chica, Juan David, Sevilla Eusse, María Camila, Quiroz Moncada, Valentina, Restrepo Agudelo, Samuel, Rojas Carmona, Juan Esteban, Acevedo Moreno, Elvia Elena, Alzate Vargas, César, Vieira Posada, Gabriel, Gómez García, Juan Guillermo, Martínez Hernández, Laura, Trujillo Rodríguez, Maritza Andrea, Villa Orrego, Nora Helena, Vásquez Avendaño, William (2025), Facultad de Comunicaciones y Filología 35 años : una historia que seguimos construyendo, Universidad de Antioquia, p. N. https://hdl.handle.net/10495/48819