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Incidencias subjetivas en sujetos que han vivido en situaciones de violencia del Otro

Laura Cupajita Rodríguez

Trabajo de investigación presentado para optar al título de Magíster en Investigación Psicoanalítica

Asesora

Clara Cecilia Mesa Duque, Doctora (PhD)

Universidad de Antioquia Facultad de Ciencias Sociales y Humanas Maestría en Investigación Psicoanalítica Medellín, Antioquia, Colombia

2026

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Cita (Cupajita Rodríguez, 2026) Referencia

Estilo APA 7 (2020) Cupajita Rodríguez, L. (2026). Incidencias Subjetivas del conflicto en sujetos que han vivido en situaciones de Guerra [Tesis de maestría]. Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia.

Maestría en Investigación Psicoanalítica , Cohorte IX. Grupo de Investigación. Psicoanálisis, Sujeto y Sociedad

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Dedicatória

Esta tesis, más que un logro académico, es el reflejo de una constante búsqueda, un acto de fe en el conocimiento y en la vida misma. Con cada palabra y cada idea contenida en estas páginas, quiero honrar las raíces y los vientos que me han traído hasta aquí. A mi padre, Jorge Eliécer Cupajita Romero, en el eco de su legado. Aunque tu presencia física se desvaneció, tu espíritu de esfuerzo incansable y tu profunda dedicación siguen siendo el motor que impulsa cada paso, cada desafío superado en este camino académico. Tu ausencia es una presencia constante, una inspiración que trasciende el tiempo y me recuerda el valor de la constancia.

A mi madre, María Hilda Rodríguez Bonilla, mi fortaleza inquebrantable. Eres la manifestación viva del amor incondicional, la compañía fiel que ha sabido escuchar los silencios y ofrecer consuelo en la adversidad. Tu valentía para abrazar los cambios y tu capacidad de adaptación me han enseñado que la vida es un constante fluir, y que el verdadero hogar se construye con el alma. A mi hermana, Gabriela Cupajita Rodríguez, mi conciencia lúcida. En la bruma del desconcierto, tu voz serena y tu capacidad para anclarme en la realidad me han ofrecido una perspectiva más allá de lo evidente, un faro que disipa la confusión y me devuelve el equilibrio. A mi sobrino, Juan Felipe Lastra, mi recordatorio de la alegría genuina. Tu vitalidad desbordante y tu mirada inocente son el oasis en medio de la aridez, la chispa que me reconecta con la simpleza de la existencia y la infinita capacidad de asombro.

Y finalmente, a mí misma, por cada gota de esfuerzo, por cada desvelada, por la dedicación incansable, por las inquietudes que abrieron nuevas preguntas y por los fracasos que fueron abono para el crecimiento. Esta tesis es también el testimonio de una constancia forjada en la búsqueda de un saber, al encontrarme con un mundo nuevo de conocimiento que me ha abrazado y ha sido una guía constante.

Esta obra es para ustedes, los que habitan mis afectos más profundos, los que han sido y seguirán siendo la razón última de cada esfuerzo, con la gratitud por la bendición de su existencia y la mía propia en este recorrido.

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Agradecimientos La tesis que hoy presento, más que un cúmulo de palabras y conceptos, es el eco de un viaje, una inmersión en las profundidades del conocimiento y del propio ser. No podría haber arribado a este puerto sin las resonancias de aquellos que, con su presencia, su ausencia o su guía, han tejido los hilos de este trayecto.

Mi gratitud más íntima se ancla en el seno de mi familia, ese primer continente donde se forja la psique. A la memoria de mi padre, Jorge Eliécer Cupajita Romero, cuya partida no es sino la perpetuación de su espíritu en mí. Su legado, el del esfuerzo y la dedicación incansable, no fue una lección impuesta, sino una impronta que me ha impulsado a buscar en la academia no solo un fin, sino una disciplina del alma. Él sigue siendo esa voz que me susurra la constancia en cada desafío.

A mi madre, María Hilda Rodríguez Bonilla, mi anclaje más profundo. Eres esa compañía que abraza cada instante vivido, el consuelo en la desolación y el motor incansable que disipa el temor ante los cambios, incluso los más drásticos como el desarraigo de la ciudad natal. Tu presencia es el bálsamo que me permite transitar los senderos de la incertidumbre con la certeza de un apoyo incondicional.

A mi hermana, Gabriela Cupajita Rodríguez, mi faro en la niebla. En los momentos de mayor desconcierto, tu mirada, capaz de trascender la aparente complejidad de los problemas y anclarse en la tierra, ha sido la voz que me ha devuelto el aliento y la perspectiva. Eres ese pilar que sostiene cuando la lógica parece desvanecerse.

Y a mi sobrino, Juan Felipe Lastra, la chispa vital que irrumpe en el bloqueo. En el encuentro con los muros de la incertidumbre, sus ocurrencias y su espontaneidad infantil son un soplo de aire fresco, un recordatorio de que la vida pulsa más allá de la razón, ofreciendo un respiro que reconecta con el juego y la posibilidad.

En este sendero, la compañía se hizo presente en otras almas. A mis amigos, por esa voz de aliento oportuna, por el "¿cómo vas?" que, más que una pregunta, era un reconocimiento de la marcha. Y de manera muy especial, a Daniela Agudelo, porque juntas hemos surcado esta marea académica, compartiendo las angustias y los hallazgos, tejiendo un aprendizaje mutuo que hizo el camino menos solitario.

Al Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de Antioquia, mi gratitud por haber abierto sus puertas a esta búsqueda. Más allá de las aulas, este espacio ha sido un crisol de ideas, un

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terreno fértil donde la curiosidad pudo desplegarse. A cada uno de los profesores, por ser no solo transmisores de un saber, sino guías en la compleja urdimbre del pensamiento psicoanalítico. A mi asesora, Clara Cecilia Mesa Duque, mi reconocimiento va más allá de lo académico. Su guía experta, su paciencia y los constantes estímulos fueron, sin duda, la brújula para dar forma a este trabajo. Pero, sobre todo, su aceptación en un momento de profundo desconcierto personal fue el gesto que permitió reorientar mi camino, sembrando la confianza necesaria para que esta tesis pudiera germinar y crecer.

Finalmente, a Minciencias SGR Convocatoria 7 Alianza UNAL–UDEA, por el invaluable sostén que ha permitido esta inmersión. La beca del 100% no fue solo un apoyo económico, sino la posibilidad de dedicarme por completo a esta exploración, un privilegio que valoro profundamente. En el horizonte de esa utopía que soñó Eduardo Galeano, donde “la educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla”, apuestas que constituyen pasos concretos hacía un acceso más equitativo al conocimiento.

Cada palabra de este trabajo lleva implícita la resonancia de estas presencias, de estos encuentros que han moldeado no solo la tesis, sino la propia experiencia de habitar y pensar el mundo.

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Tabla de contenido Resumen ......................................................................................................................................... 13 Abstract .......................................................................................................................................... 14 Introducción ................................................................................................................................... 15

1. Capítulo I: El lente psicoanalítico: conceptualizando la violencia, la víctima y la subjetividad:

del fenómeno a la formalización. ................................................................................................... 22 1.1. Hacia una conceptualización de la violencia que viene del Otro. ....................................... 22 1.2. Definición del concepto victima ......................................................................................... 28 1.3. Emergencia del sujeto víctima ............................................................................................ 30 1.4. Comprensión de la subjetividad en contextos de violencia ................................................. 32

2. Objetivo general ......................................................................................................................... 34

2.1. Objetivos específicos ........................................................................................................... 34

3. El enfoque psicoanalítico ........................................................................................................... 35

4. La inscripción de la violencia en la subjetividad: una revisión de investigaciones

psicoanalíticas. ............................................................................................................................... 36

5. Justificación ................................................................................................................................ 43

6. Capítulo II: La evolución del concepto de trauma en la obra freudiana: implicaciones para la

subjetividad en contextos de guerra. .............................................................................................. 45 6.1. Primer momento: la teoría del trauma en la "neurosis de seducción" ................................. 48 6.2. Segundo momento: giro teórico- trauma fantasmático. Desde 1897 hasta 1920 ................ 56 6.2.1. Del trauma externo a la construcción psíquica ............................................................. 56 6.2.2. La dimensión económica del trauma ............................................................................ 56 6.2.3. De la seducción a la fantasía ......................................................................................... 58 6.3. Tercer momento: la reformulación del trauma en la obra freudiana ................................... 66 6.3.1. Una nueva conceptualización: la guerra como punto de inflexión teórica ................... 66 6.3.2. La compulsión a la repetición y la nueva teoría pulsional ............................................ 69

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6.3.3. Manifestaciones del trauma .......................................................................................... 71 6.3.4. Implicaciones para la técnica analítica y la constitución subjetiva............................... 72 6.3.5. El concepto de traumatismo en la obra de Colette Soler .............................................. 73 6.4. Variaciones en relación a los efectos de las experiencias para el sujeto ............................. 77 6.4.1. Figuras del Otro ............................................................................................................ 78 6.4.2. Accidentes de la historia individual .............................................................................. 84 6.4.3. Lo que depende del sujeto- “Factores Nativos” recursos o armas del sujeto ............... 87 6.5. Dimensión ética ................................................................................................................... 91 6.6. La dimensión paradójica de la satisfacción pulsional: una clave para la comprensión del trauma y la violencia .................................................................................................................. 96 6.6.1. La pulsión más allá del placer: Freud y la compulsión a la repetición ......................... 96 6.6.2. Lacan y el concepto de goce: el anudamiento del trauma en lo real ............................. 97

6.6.3. Una lectura desde Colette Soler: goce, lalengua y el trauma no simbolizable como

incidencia de la violencia ........................................................................................................ 98

7. Capítulo III: El decir de la experiencia: voces que resuenan de la violencia ........................... 101

7.1. Testimonios ....................................................................................................................... 103 7.1.1. Testimonio 1: «Violencias sexuales y reproductivas intrafilas en la guerrilla de las FARC - EP» .......................................................................................................................... 103 7.1.2. Testimonio 2: Entrevista 854-PR-02966. Mujer, excombatiente, Bloque Occidental.

............................................................................................................................................... 106

7.1.3. Testimonio 3: Excombatiente ..................................................................................... 107 7.1.4. Testimonio 4: Excombatiente ..................................................................................... 108 7.1.5. Testimonio 5: Monsieur G .......................................................................................... 109 7.1.6. Testimonio 6: Daniela (Entrevista Rioblanco). .......................................................... 111 7.1.7. Testimonio 7: Marcela ................................................................................................ 113 7.1.8. Testimonio 8: Andrés. ................................................................................................. 114 7.1.9. Testimonio 9: Elena. ................................................................................................... 116

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7.1.10. Testimonio 10: Valentina (Entrevista Rioblanco). ................................................... 117

8. De la experiencia al concepto: el trayecto metodológico dialéctico en la investigación

psicoanalítica de la violencia que viene del Otro. ........................................................................ 120 8.1. Metodología ...................................................................................................................... 120 8.2. Dimensiones del análisis psicoanalítico en los testimonios .............................................. 122 8.3. Figuras del Otro ................................................................................................................. 123 8.4. Encuentro con lo Real ....................................................................................................... 124 8.5. Marcas del encuentro con lo real ....................................................................................... 127 8.6. Respuesta subjetiva ........................................................................................................... 129 8.7. El Grafo del Deseo: formalización de la respuesta subjetiva ............................................ 131 8.7.1. El Lado Derecho: Las Formas de la Alteridad ............................................................ 133 8.7.2. El lado izquierdo: las respuestas del sujeto ................................................................. 134

9. Capitulo IV: Tramas del decir: hallazgos psicoanalíticos en los relatos de la violencia ......... 136

9.1. Análisis del Testimonio 1: Laura - La desarticulación del Otro y la inscripción del

traumatismo. ............................................................................................................................. 136 9.2. Análisis del Testimonio 2: Excombatiente - La irrupción del dolor y el cuerpo violentado en la escena del Otro. ............................................................................................................... 137 9.3. Análisis del Testimonio 3: Excombatiente - La infancia marcada y la búsqueda de un Otro que encarne la venganza. .......................................................................................................... 139 9.4. Análisis del Testimonio 4: Excombatiente - El trauma y la habituación al goce del Otro como destino subjetivo. ............................................................................................................ 140 9.5. Análisis del Testimonio 5: Monsieur G - El combate como forja de un goce paradojal y las marcas irrenunciables del traumatismo. ................................................................................... 141 9.6. Análisis del Testimonio 6: Daniela (Rioblanco) - El paraíso perdido y el río como testigo y refugio del traumatismo. .......................................................................................................... 143 9.7. Análisis del Testimonio 7: Marcela - La resignificación infantil de la balacera y el Otro social hostil. .............................................................................................................................. 144 9.8. Análisis del Testimonio 8: Joven de Ataco – La violencia como entorno existencial y la búsqueda de un Otro simbólico protector. ............................................................................... 145

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9.9. Análisis del Testimonio 9: Joven de Planadas - La violencia latente y el Otro de control en la cotidianeidad. ....................................................................................................................... 147

9.10. Análisis del Testimonio 10: Joven de Rioblanco - La herencia del traumatismo y la

resistencia a la victimización. ................................................................................................... 150

10. Capítulo V: Discusión: tramas del decir y la subjetividad marcada por la violencia............. 156

11. Conclusiones. ......................................................................................................................... 160

Referencias ................................................................................................................................... 168 Anexos .......................................................................................................................................... 173

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Lista de tablas

Tabla 1 Diferencia conceptuales entre trauma y traumatismo ...................................................... 46 Tabla 2 Síntesis Analítica de las Incidencias Subjetivas de la Violencia que Viene del Otro en los Testimonios. ........................................................................................................................... 151

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Lista de figuras

Figura 1 Un esquema sobre el trauma psíquico ............................................................................ 51 Figura 2 Aparato reflejo básico que muestra la dirección del proceso psíquico desde la percepción (P) hacia la motilidad (M). ........................................................................................... 61 Figura 3 Aparato psíquico mediante un esquema de inscripciones múltiples. ............................. 61 Figura 4 Esquema completo del aparato psíquico ......................................................................... 62 Figura 5 Ruptura de la protección antiestímulo según Freud. ...................................................... 68 Figura 6 Grafo del deseo. La relación del sujeto al Otro ............................................................ 132

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Siglas, acrónimos y abreviaturas

ELN

Ejército de Liberación Nacional

FARC

Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia

FARC-EP

Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo

GAOR

Grupos Armados Organizados Residuales

PDET

Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial

RRI

Reforma Rural Integral

RUV

Registro Único de Víctimas

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Resumen

Este estudio se propuso comprender la compleja incidencia subjetiva de la violencia que emana del Otro en el contexto colombiano. Desde una rigurosa aproximación metodológica de corte psicoanalítico, inspirada en los desarrollos de Sigmund Freud y Jacques Lacan, la investigación analizó diez testimonios de vida. Se profundizó en la distinción freudiana entre traumatismo y trauma psíquico, y se articularon conceptos lacanianos como lo Real, el Otro y el Goce, pilares fundamentales para la lectura de los fenómenos subjetivos.

Los resultados confirman que la violencia irrumpe como un encuentro contingente que desorganiza la economía psíquica, generando incidencias diversas y no uniformemente traumáticas. Se identificaron marcas psíquicas y formaciones inconscientes, evidenciando cómo cada sujeto forja respuestas singulares para negociar con el exceso de goce y la desestructuración de su constitución subjetiva. La tesis cuestiona modelos estandarizados de trauma y resiliencia, argumentando que las elaboraciones subjetivas se vinculan intrínsecamente a la falla estructural inherente al sujeto y a sus factores nativos.

Se concluye que la "respuesta subjetiva" a la violencia es una agencia inconsciente y ética, una invención singular que permite habitar las marcas y sostener el deseo. La investigación amplía la comprensión de la subjetividad frente a la violencia, subrayando la necesidad de un abordaje que reconozca la singularidad y la "decisión insondable del ser" en la elaboración del goce.

Palabras clave: Violencia, trauma psíquico, traumatismo, factores nativos, Psicoanálisis, testimonios.

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Abstract

This study aimed to understand the complex subjective incidence of violence emanating from the Other in the Colombian context. From a rigorous psychoanalytic methodological approach, inspired by the developments of Sigmund Freud and Jacques Lacan, the research analyzed ten life testimonies. It delved into the Freudian distinction between traumatism (traumatic event) and psychic trauma (psychic structure), and articulated Lacanian concepts such as the Real, the Other, and jouissance (goce), which are fundamental pillars for interpreting subjective phenomena. The results confirm that violence erupts as a contingent encounter that disorganizes the psychic economy, generating diverse and not uniformly traumatic incidences. Psychic marks and unconscious formations were identified, evidencing how each subject forges singular responses to negotiate with the excess of jouissance and the destructuring of their subjective constitution. The thesis questions standardized models of trauma and resilience, arguing that subjective elaborations are intrinsically linked to the inherent structural flaw of the subject and their native factors. It is concluded that the "subjective response" to violence is an unconscious and ethical agency, a singular invention that allows the subject to inhabit the marks and sustain desire. The research broadens the understanding of subjectivity in the face of violence, highlighting the need for an approach that recognizes the singularity and the "unfathomable decision of being" in the elaboration of jouissance.

Keywords: Violence, psychic trauma, traumatism, native factors, Psychoanalysis, testimonies.

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Introducción

La violencia, en sus múltiples y desoladoras manifestaciones, se ha instaurado como una constante ineludible en la trama de la existencia humana y en la configuración de las sociedades contemporáneas. En efecto, en cualquier dirección que se dirija la mirada, desde los conflictos geopolíticos a gran escala hasta las micro-violencias cotidianas, se evidencia cómo la lógica de la agresión se ha convertido en una fuerza disruptiva que, paradójicamente, parece regir gran parte de la interacción humana. Esta constatación, a su vez, nos confronta con una polaridad recurrente: por un lado, la figura visible y activa del agresor; por otro, la del sujeto que padece, la víctima, a menudo silenciada o reducida a una estadística. No obstante, desde una perspectiva que atienda a la complejidad de lo subjetivo, esta dicotomía entre agresores y víctimas se revela limitada para comprender a cabalidad un fenómeno. Así, más allá de la simple clasificación de roles, deja una impronta que inscribe diversas modalidades de incidencia subjetiva, las cuales esta investigación busca explorar en su singularidad, trascendiendo las conceptualizaciones unívocas. En el contexto colombiano, esta realidad de la violencia adquiere una particular complejidad debido a la prolongada duración de sus manifestaciones y sus profundas repercusiones en los sujetos. Con más de seis décadas de historia, la persistencia de esta violencia ha dejado una marca persistente en el tejido social y psíquico del país. La urgencia de indagar acerca de las incidencias de estas vivencias en la subjetividad se ha evidenciado de manera contundente a través de informes institucionales, como los de la Comisión para el esclarecimiento de la Verdad, la convivencia y la No Repetición (2022). La exposición de estas secuelas en tal documento subraya la imperiosa necesidad de un análisis que trascienda la mera descripción empírica para adentrarse en las configuraciones psíquicas que emergen en quienes han padecido directa o indirectamente los embates de dicha violencia.

Si bien el término conflicto armado se ha establecido en el discurso social y político para nombrar esta compleja realidad en Colombia, para esta investigación es crucial hacer una distinción metodológica y epistemológica fundamental. El psicoanálisis, por su naturaleza, no puede ni debe reducirse al análisis de fenómenos sociopolíticos del conflicto armado, en tanto son objetos de estudio de otras disciplinas. En este sentido, este trabajo de investigación se abstiene de abordar el conflicto armado en su dimensión sociopolítica, para centrarse en la violencia que viene del Otro como una fuerza que irrumpe en la economía psíquica.

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De acuerdo con el espíritu del planteamiento lacaniano de que para comprender los estragos que deja la violencia es preciso un salto de la fenomenología a una teoría estructural, esta investigación se valdrá de conceptos psicoanalíticos (como la pulsión de muerte freudiana) para indagar la posición ética que el sujeto construye frente a lo inasimilable, evitando la tendencia a medicalizar las problemáticas políticas o tratar las condiciones sociales como si fueran meras disfunciones psicológicas colectivas, una advertencia clave para el abordaje psicoanalítico de estas realidades.

La complejidad del fenómeno de la violencia, que se manifiesta en la reconfiguración constante de sus actores y en la persistencia de sus marcas, exige una aproximación que trascienda las explicaciones puramente sociológicas o históricas. Desde una perspectiva que reconoce la violencia como inherente al lazo social y arraigada en el núcleo mismo de los vínculos humanos, se comprende que su complejidad impide reducirla meramente a determinantes políticos, sociológicos, históricos, económicos o biológicos. La singularidad de sus incidencias en la subjetividad no se agota en la descripción de los hechos, sino que se ancla en las dinámicas psíquicas que operan más allá de la conciencia. Por ello, se hace indispensable indagar en cómo estas vivencias, lejos de ser meros eventos externos, inciden en la subjetividad, dando lugar a un análisis desde una perspectiva que atienda a lo inconsciente y a las complejas formas de su inscripción.

Fue precisamente en este ámbito de reflexión que la pregunta que inicialmente orientó esta investigación se basó en que ¿Acaso todo lo que proviene de ese Otro con mayúscula, incluso en su versión más violenta, tiene necesariamente un efecto traumático sobre el sujeto? Esta premisa inicial, si bien capta la magnitud del impacto de tales vivencias, pronto reveló su limitación para dar cuenta de la complejidad y diversidad de las respuestas subjetivas. La experiencia y la revisión bibliográfica sugerían que la mera exposición a eventos de alta intensidad no garantizaba, por sí misma, una inscripción psíquica unívoca. Por consiguiente, fue indispensable interrogar esta concepción y precisar las herramientas capaces de diferenciar las múltiples formas en que la psique lidia con lo que irrumpe.

En este contexto, si bien la opinión común o las interpretaciones desde otras disciplinas a menudo consideran la equivalencia entre el encuentro con la violencia y el trauma, el psicoanálisis propone una distancia fundamental. Desde esta perspectiva, el trauma no depende del factor

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externo, sino de su incidencia en la economía psíquica del sujeto. Nos hemos encontrado con la necesidad de someter a un análisis riguroso esta consideración extendida. Una consideración que ha enriquecido dicho análisis es la distinción entre traumatismo y trauma psíquico. En el marco de esta investigación, el traumatismo se comprende como el impacto directo y desbordante resultante de eventos violentos concretos —a saber: desplazamientos forzados, masacres o amenazas— que, por su cualidad de real desasosegante, puede manifestarse a nivel sintomático. Sin embargo, lo específicamente trauma psíquico (en sentido freudiano) alude a una vivencia reprimida ligada siempre a la naturaleza sexual, originario. No reside en el evento externo per se, sino en la alteración estructural fundamental en la constitución subjetiva que emerge cuando la irrupción que excede radicalmente las capacidades de ligazón y simbolización del psiquismo. Es la imposibilidad de inscripción o metabolización simbólica de lo inasimilable lo que define el trauma en el psicoanálisis, dejando al sujeto en una posición de desamparo. En este sentido, Colette Soler (1998) en su conferencia El Trauma enfatiza que “El traumatismo en su impacto, es real, puro real; las secuelas, son del sujeto, siempre” (p. 9), y critica la urgencia de oponerse al “discurso determinista sobre el traumatismo” (p. 9) que postula una relación biunívoca entre el evento externo y los efectos en los sujetos. Es en este horizonte de indagación sobre las complejas resonancias subjetivas de la violencia donde se inscribe la presente investigación. Su propósito central es abordar las incidencias subjetivas de la violencia que viene del Otro desde una perspectiva rigurosamente psicoanalítica, centrándose de manera particular en la distinción entre trauma psíquico y traumatismo. Lejos de conformarse con un análisis desde dimensiones sociológicas, históricas o geográficas que conciban las diversas manifestaciones de la violencia como un mero evento particular en Colombia, este estudio busca servirse del marco conceptual psicoanalítico para aislar y comprender el encuentro de lo real de la violencia, y cómo estas experiencias pueden llegar a incidir en la subjetividad más allá de su apariencia empírica.

Más allá de su anclaje disciplinar, la pertinencia de esta investigación radica en su potencial contribución a una comprensión más profunda de las incidencias y las respuestas subjetivas de la violencia que viene del Otro. Al ofrecer una perspectiva que complejiza la vivencia subjetiva, evitando su patologización o su reducción a categorías homogéneas, este estudio busca ofrecer nuevas herramientas conceptuales para abordar la complejidad de quienes han vivido en situaciones de violencia. Sus hallazgos podrían enriquecer el campo del psicoanálisis aplicado y proveer

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insumos valiosos para nuevas aproximaciones que reconozcan la subjetivación frente a la adversidad.

Esta búsqueda de las incidencias subjetivas encuentra un sólido anclaje en los fundamentos mismos del psicoanálisis, una disciplina que desde sus fundamentos se vio interpelada por las grandes convulsiones del siglo XX. De hecho, la experiencia de Sigmund Freud como testigo y pensador de las atrocidades de la Primera Guerra Mundial lo confrontó con la magnitud de la destructividad humana, impulsándolo a revisar y expandir su teoría. En este contexto de reflexión, a partir del Más allá del principio del placer y la subsiguiente formulación de la pulsión de muerte, donde el psicoanálisis forjó herramientas invaluables para comprender cómo ciertas dimensiones de la agresión, más allá de su apariencia manifiesta, logran irrumpir y desbordar el aparato psíquico, reorganizando o desorganizando la economía libidinal del sujeto. Su obra, por lo tanto, sienta las bases para analizar la persistencia de lo destructivo y su inscripción singular en la psique, un legado que esta investigación retoma para iluminar las marcas de la violencia en la subjetividad. En esta misma línea de confrontación con la violencia de la época, Jacques Lacan, cuya propia experiencia durante la Segunda Guerra Mundial, al servir en un hospital militar en París, lo confrontó directamente con la brutalidad de la época, también aportó una relectura fundamental del psicoanálisis que resulta indispensable para esta investigación. Lacan emergió en un momento de empobrecimiento del pensamiento psicoanalítico francés, revitalizando la disciplina con su célebre retorno a Freud. Sin embargo, su enfoque se distinguió por una profunda concentración en la naturaleza lingüística de la sintomatología psicológica y en la constitución del ser humano como un ser simbólico, intrínsicamente ligado a las estructuras del lenguaje y la lógica del significante. Esta perspectiva lacaniana es crucial para comprender el trauma no como una mera patología psiquiátrica (es el caso del Trastorno de Estrés Postraumático), sino en tanto una falla en la simbolización, un agujero en lo real que resiste la inscripción y que se manifiesta en la insistencia de la repetición. Sus desarrollos teóricos, ofrecen un antídoto conceptual a las visiones reduccionistas del trauma, permitiendo una indagación más profunda en las incidencias subjetivas de la violencia.

En este contexto, esta investigación interroga la complejidad de la violencia que viene del Otro en Colombia, partiendo de la premisa de que no puede ser reducido a un fenómeno intrínsecamente traumático. Se propone cuestionar, por ende, diversas conceptualizaciones extendidas. Primero, se indaga si su efecto psíquico se limita a la mera traumatización, proponiendo

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en cambio que este efecto depende fundamentalmente de la posición subjetiva de quien lo confronta. Segundo, se objeta la homogeneización de la categoría de 'víctima', abriendo la pregunta por las estrategias singulares de cada sujeto frente a lo real de la violencia. Y tercero, se problematiza la reducción del estudio a los traumas manifiestos, buscando analizar la potencia de cómo lo real insiste más allá de toda simbolización. De este modo, el estudio explora no los efectos preestablecidos de la violencia, sino las incidencias subjetivas que emergen ante su fractura fundante.

Se propone como objetivo general: Analizar las incidencias subjetivas que emergen en el sujeto frente al encuentro con la violencia del Otro, profundizando en cómo estas interpelan su posición.

Para alcanzar este objetivo general, se plantean los siguientes objetivos específicos: Conceptualizar las distinciones entre traumatismo y trauma psíquico, en el contexto de violencia que viene del Otro desde una perspectiva psicoanalítica.

Identificar, mediante el análisis de testimonios, las marcas psíquicas y las formaciones del inconsciente que revelan las incidencias subjetivas de quienes han vivido la violencia que viene del Otro.

Explorar la influencia de la violencia que viene del Otro en la reconfiguración de los vínculos sociales y la relación con el Otro en la subjetividad de los participantes.

Por ende, metodológicamente, se apoya en el análisis psicoanalítico de testimonios extraídos de los documentados por la Comisión para el esclarecimiento de la Verdad, la convivencia y la No Repetición, entrevistas propias y reseñado en dos investigaciones psicoanalíticas. Estos no son entendidos solo relatos factuales, sino formaciones del inconsciente donde se articulan tanto las respuestas como las incidencias de la violencia que viene del Otro. El análisis buscara identificar los significantes privilegiados, las formaciones sintomáticas y los mecanismos defensivos que revelan la posición subjetiva frente a la irrupción de la violencia. Esta aproximación, al centrarse en las incidencias subjetivas, permite comprender cómo cada uno lidia con la confrontación con lo que excede su capacidad de simbolización, conjugando sus recursos constitucionales y su particular modo de lidiar con el exceso inherente a dicha experiencia. En este orden de ideas, la presente investigación sostiene la hipótesis de que la violencia que viene del Otro, en su manifestación prolongada ha produciendo incidencias psíquicas que, si

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bien marcan un antes y un después, son abordadas por cada sujeto a través de respuestas singulares. El reconocimiento de esta alteración (incidencia) y de las modalidades subjetivas de respuesta es crucial para comprender la especificidad de las marcas que deja la vivencia. El desarrollo de esta investigación se estructura en cinco capítulos principales. El Capítulo I, titulado El Lente psicoanalítico: conceptualizando la violencia, la víctima y la subjetividad en contextos de violencia: del fenómeno a la formalización, establece el marco conceptual del estudio. En él se aborda la violencia que viene del Otro desde una definición psicoanalítica, examina críticamente el concepto de "víctima" en su dimensión jurídico-institucional y en su singularidad, y profundiza en la comprensión de la subjetividad en situaciones de violencia. Además, incluye una revisión de investigaciones psicoanalíticas relevantes, identificando sus aportes y vacíos en el campo de la inscripción de la violencia en la subjetividad.

Seguidamente, el Capítulo II, La evolución del concepto de trauma en la obra freudiana: Implicaciones para la subjetividad en contextos de violencia que viene del Otro, profundiza en el desarrollo teórico del trauma a través de la obra de Sigmund Freud y Jacques Lacan, explorando sus implicaciones específicas para la subjetividad en situaciones de violencia que emana del Otro. El Capítulo III, El trayecto metodológico dialéctico: la investigación psicoanalítica de la violencia que viene del Otro, detalla la aproximación metodológica empleada en el estudio. Se describe el diseño de investigación, las herramientas analíticas inspiradas en la clínica psicoanalítica y la recolección de los diez testimonios de vida que conforman el corpus del análisis, articulando la voz de la experiencia con el rigor del método.

Posteriormente, el Capítulo IV, Tramas del decir: hallazgos psicoanalíticos en los relatos de la violencia y las voces que resuenan de la experiencia, presenta y discute los hallazgos principales derivados del análisis en profundidad de los testimonios. Este capítulo articula las incidencias psíquicas y las respuestas subjetivas identificadas, poniendo de manifiesto cómo cada sujeto negocia con la marca de la violencia. Finalmente, el Capítulo V, Conclusiones, discusión y recomendaciones: proyecciones de la incidencia subjetiva de la violencia, sintetiza los principales hallazgos del estudio, discute sus implicaciones teóricas y clínicas, y propone recomendaciones para futuras investigaciones y abordajes psicosociales en contextos de violencia. La presente investigación se ha nutrido de una vasta bibliografía que abarca los fundamentos del psicoanálisis, estudios especializados sobre el trauma y la violencia que viene del Otro, así como análisis sobre la singularidad de la experiencia subjetiva. Está dirigida

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principalmente a psicoanalistas, profesionales de la salud mental, investigadores en ciencias sociales y humanas, y a todos aquellos interesados en comprender las complejas incidencias de la violencia en la subjetividad humana, particularmente en el contexto colombiano.

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1. Capítulo I: El lente psicoanalítico: conceptualizando la violencia, la víctima y la

subjetividad: del fenómeno a la formalización.

1.1. Hacia una conceptualización de la violencia que viene del Otro.

En Colombia, la violencia se presenta de maneras diversas y complejas, trascendiendo las descripciones históricas convencionales. En lugar de batallas campales entre ejércitos regulares, el país experimenta una intrincada red de manifestaciones violentas superpuestas en sus diversas regiones. Esta realidad se caracteriza por la constante metamorfosis de sus protagonistas y sus símbolos, pero invariablemente son las mismas poblaciones —campesinos, indígenas y residentes de áreas desatendidas por el Estado— quienes sufren las consecuencias. Actualmente, la situación del Catatumbo es un claro ejemplo de esta tragedia. En esta zona fértil cercana a la frontera con Venezuela, las comunidades subsisten en medio de confrontaciones armadas: el ELN, con una larga trayectoria en la región; las disidencias de las FARC, que no se adhirieron al acuerdo de paz; y una multiplicidad de grupos dedicados al narcotráfico, que utilizan el área como un punto estratégico para sus operaciones ilegales (Barral, 2025). En consecuencia, la situación actual muestra cómo las luchas de índole política de hace cincuenta años han evolucionado hacia una pugna violenta por el control de las rutas de estupefacientes y la recolección de tributos ilícitos. Los principios ideológicos que una vez impulsaron estas dinámicas de violencia pierden relevancia, siendo reemplazados por el objetivo primordial de asegurar el control sobre los envíos de drogas o armamento (Oficina de las Naciones Unidas contra la droga y el delito, 2025).

Esta violencia presenta una capacidad para reinventarse o multiplicarse como pequeños amos. Los mismos grupos que firmaron acuerdos de paz reaparecen con nuevos nombres. Las estructuras que decían combatir a la guerrilla terminan convertidas en maquinarias criminales. En el Bajo Cauca, en el sur de Bolívar, en el Guaviare, se ve cómo la violencia se adapta, muta, pero nunca desaparece. Los campesinos cuentan cómo ayer eran las FARC, hoy son las disidencias, mañana serán otros, pero siempre hay alguien armado decidiendo quién puede sembrar, quién debe pagar vacuna, qué joven terminará reclutado (Pino Montoya, 2014).

Lo que llega a interrogar cómo estos grupos que deberían ser enemigos a veces hacen negocios juntos, y al día siguiente se masacran entre sí. Hoy comparten una ruta del narcotráfico,

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mañana se disputan una mina de oro. Las comunidades quedan en medio, tratando de descifrar reglas no escritas que cambian constantemente. No es una guerra de trincheras, sino de fronteras invisibles que dividen veredas, de toques de queda no oficiales, de economías que florecen en la ilegalidad porque el Estado nunca llegó con alternativas (Ferrari & Vélez Quiroz, 2025). Después de seis décadas de diversas manifestaciones de violencia, lo que queda claro es que esta no es una confrontación convencional. Es un monstruo de mil cabezas que se alimenta de la pobreza, la ausencia estatal y la indiferencia nacional. Esta es la verdadera singularidad de la violencia en Colombia: su capacidad para volverse parte del paisaje, para normalizarse hasta hacerse invisible, mientras sigue marcando a fuego la vida de quienes nacen en los territorios. Este recorrido por las características de la violencia en Colombia, en su dimensión fenomenológica, nos confronta con la necesidad de una conceptualización que trascienda la mera descripción empírica. Es precisamente la persistencia de esta violencia, su capacidad de mutación, su carácter paradójico y su resistencia a las explicaciones puramente sociológicas o históricas. lo que exige un abordaje psicoanalítico. Desde esta perspectiva, Vélez (2010), en su investigación De la violencia a la subjetividad, plantea que la violencia puede ser conceptualizada como un síntoma particular del lazo social y un ataque directo al vínculo social mismo, inseparable de una interpretación que involucra la dimensión del sentido y la elección subjetiva. La pregunta que surge no es cómo definir el conflicto o la guerra desde el psicoanálisis, pues este no es su objeto de estudio, sino cómo la disciplina puede dar cuenta de las incidencias subjetivas de esta violencia en su complejidad. Jacques Lacan (1966), señala en su Tesis IV sobre la agresividad, que "pasar ahora de la subjetividad de la intención a la noción de una tendencia a la agresión es dar el salto de la fenomenología de nuestra experiencia a la metapsicología" (p. 75). En consonancia con este principio “dar el salto” (p. 75), el psicoanálisis se enfoca en la violencia que viene del Otro como una fuerza que irrumpe en la economía psíquica singular, permitiendo indagar en las incidencias y la posición ética que el sujeto construye frente a lo inasimilable, evitando reducir los problemas políticos a una cuestión de patológica o reducir los fenómenos sociales a explicaciones psicológicas, una advertencia clave para el abordaje psicoanalítico de estas realidades.

Esta complejidad del fenómeno de la violencia, que se manifiesta en la reconfiguración constante de sus actores y en la persistencia de sus marcas, exige una aproximación que trascienda las explicaciones puramente sociológicas o históricas. Desde una perspectiva que reconoce la

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violencia como inherente al lazo social y arraigada en el núcleo mismo de los vínculos humanos, se comprende que su complejidad impide reducirla meramente a determinantes políticos, sociológicos, históricos, económicos o biológicos.

La singularidad de sus incidencias en la subjetividad no se agota en la descripción de los hechos, sino que se ancla en las dinámicas psíquicas que operan más allá de la conciencia. A diferencia de la agresividad, que puede ser simbolizada y por ende reprimida, la violencia, en su núcleo, no está simbolizada; pertenece al orden de lo real y se presenta como una fuerza innombrable e imposible de integrar en el orden simbólico (Vélez, 2010). Por ello, se hace indispensable indagar en cómo estas vivencias, lejos de ser meros eventos externos, interpelan la estructura misma del sujeto, dando lugar a configuraciones psíquicas específicas que requieren un análisis desde una perspectiva que atienda a lo inconsciente y a las complejas formas de su inscripción Si bien el concepto de conflicto armado no figura explícitamente en los diccionarios formales del psicoanálisis, la noción de conflicto es, en efecto, central en nuestra disciplina. Freud la concibe como un combate estructural entre instancias psíquicas, una pugna inherente al aparato anímico. A lo largo de la historia del psicoanálisis, pensadores como Freud, quien reflexionó extensamente sobre la Primera Guerra Mundial, y Lacan, quien vivió las secuelas de la Segunda Guerra Mundial y las revueltas de Argelia, abordaron la guerra y la violencia desde una perspectiva que trasciende lo meramente sociopolítico.

Desde una perspectiva psicoanalítica, la violencia —que se manifiestan de formas diversas en los lazos sociales— no pueden reducirse exclusivamente a contradicciones materiales o antagonismos políticos coyunturales. Siguiendo los desarrollos de Freud y Lacan, estas expresiones de la violencia social responden a estructuras inconscientes que articulan mecanismos psíquicos fundamentales: el narcisismo de las pequeñas diferencias como matriz identitaria, la economía del goce en tanto motor pulsional, y la función del Nombre-del-Padre como operador simbólico regulador. Esta perspectiva permite interrogar la dimensión pulsional del conflicto, entendiendo que la pulsión de muerte (Tánatos) se encuentra operando en estas dinámicas de aniquilación y fragmentación, más allá de sus determinaciones sociohistóricas manifiestas. Así, la violencia que viene del Otro es vista no solo como un medio, sino como una manifestación de estas fuerzas psíquicas primarias que buscan la desintegración.

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Freud (1920), en Más allá del principio de placer, establece los fundamentos al conceptualizar la pulsión de muerte como "esfuerzo, inherente a lo orgánico vivo, de reproducción de un estado anterior" (p. 36). Esta compulsión repetitiva, de carácter "demoníaco" (p. 35), introduce una dimensión excesiva que escapa a la regulación homeostática del principio de placer. La importancia teórica de este planteamiento radica en que sitúa la violencia más allá de su mera contingencia social, elevándola a una dimensión estructural del psiquismo. Esto implica que no se trata de un medio instrumental para fines políticos o económicos determinados, sino de la manifestación de una dinámica psíquica primaria que persiste más allá de toda racionalización consciente.

Lacan retomará este punto de resistencia o aquello que está en el corazón de lo traumático para conceptualizar lo real como aquello que se rehúsa a la simbolización, lo que “no cesa de no escribirse” (Lacan, 1972/1973, p.114). En el contexto de la violencia que viene del Otro, lo real irrumpe bajo la forma de repeticiones sintomáticas que exceden cualquier elaboración narrativa: la reiteración de ciclos violentos, la imposibilidad de duelo colectivo.

En este sentido, la violencia puede ser entendida como una respuesta paliativa del sujeto frente a la emergencia de un real insoportable o inasimilable, especialmente cuando implica una ruptura del vínculo social, procediendo de una "elección forzada" (Vélez, 2010, p. 12) que desborda los límites del campo del Otro social. Žižek (2008), señala que “la violencia no es simplemente el más crudo de los encuentros con lo Real, sino que es inherente a este encuentro como tal: lo Real es violento precisamente en la medida en que resiste la simbolización” (p. 73). Esta comprensión de lo Real permite identificar el núcleo inasimilable que persiste en la subjetividad, más allá de toda representación, y que es el motor de la segregación y el odio. El texto Odio y Segregación (Cevasco & Zafiropoulos, 2001.) profundiza en cómo esta resistencia de lo Real a la simbolización da lugar a la construcción de ficciones simbólico-imaginarias que cohesionan el odio colectivo y operan en la Novela Nacional de una comunidad.

Este sustrato pulsional encuentra su expresión social específica a través de mecanismos de formación grupal que requieren la articulación del narcisismo de las pequeñas diferencias. Por lo cual, el pasaje de lo individual a lo colectivo se articula mediante lo que Freud (1930) denominó "narcisismo de las pequeñas diferencias" (p.111) en El malestar en la cultura. Esta noción revela que la cohesión identitaria del grupo depende constitutivamente de la exclusión de un otro, pero con una particularidad crucial: la intensidad del odio es inversamente proporcional a

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la distancia cultural. Es decir, cuanto más próxima es la comunidad atacada, más virulento resulta el rechazo, precisamente porque la cercanía amenaza las fronteras narcisistas del grupo. En el contexto colombiano, esto se evidencia en la virulencia de los enfrentamientos entre grupos con orígenes similares o con proximidad geográfica y cultural (de acuerdo con los mencionados en el Catatumbo: ELN, disidencias de las FARC, grupos de narcotráfico), donde la diferenciación de identidades se vuelve una cuestión de supervivencia y exclusión radical. El texto Odio y Segregación (Cevasco & Zafiropoulos., 2001) destaca cómo este mecanismo es fundamental para la segregación, mostrando que el odio más acérrimo no se dirige a lo completamente ajeno, sino a lo familiar que amenaza la propia unicidad identitaria.

Lacan (1964), profundiza esta dinámica al introducir la función del significante amo (S1) en la estructura del discurso. La identificación colectiva requiere la producción de un significante que unifique al grupo, pero esta operación genera necesariamente un resto inasimilable. Este objeto-causa del deseo opera como condición de posibilidad de la cohesión grupal al encarnar la falta estructural del sujeto que el grupo intenta velar, pero como punto de fijación del odio hacia aquel que encarna la diferencia irreductible, proyectando en él ese resto inasimilable que el grupo no puede integrar. La construcción de identidades excluyentes y la producción de un "enemigo absoluto" son manifestaciones de la violencia que viene del Otro que se anudan a la función del significante amo. En el contexto colombiano, por ejemplo, la construcción de identidades excluyentes —el caso de la guerrilla, los paramilitares, el Estado, pero también las disidencias, los grupos de delincuencia común y Grupos Armados Organizados Residuales (GAOR)— revela cómo cada formación discursiva produce su propio resto, su enemigo absoluto que debe ser eliminado para preservar la consistencia identitaria. Esto permite comprender que la aniquilación simbólica o real del otro es vista como esencial para la cohesión y la fantasía del grupo. Esta dinámica identitaria adquiere su verdadero potencial destructivo cuando se articula con la economía del goce, concepto central en la teorización lacaniana. Entendiéndolo como una satisfacción paradójica que excede y contradice el principio del placer freudiano. No se trata de placer en sentido estricto, sino de un exceso libidinal —frecuentemente doloroso— ligado a la transgresión de límites simbólicos. A diferencia del placer, que opera en tanto regulador homeostático del equilibrio psíquico, el goce implica una fijación al trauma, un retorno compulsivo a aquello mismo que produce sufrimiento. La economía del goce es fundamental para comprender la persistencia de las incidencias subjetivas de la violencia que viene del Otro, incluso en sus

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manifestaciones más irracionales. Explica por qué, más allá del displacer y la búsqueda de supervivencia, el sujeto puede quedar fijado a un exceso que se repite, y cómo esta satisfacción paradójica alimenta las dinámicas de violencia sacrificial en el ámbito colectivo. El Odio al goce del Otro (Cevasco & Zafiropoulos, 2001) es una manifestación clave de esta economía, donde la segregación se sustenta en la fantasía de que el otro goza de algo que el sujeto o el grupo no posee, lo que debe ser aniquilado.

En el ámbito colectivo, el goce se manifiesta a través de lo que puede denominarse violencia sacrificial: la comunidad no solo se cohesiona mediante la exclusión del otro, sino que requiere la circulación de un exceso afectivo (odio, entusiasmo bélico, sacrificio "heroico") que sustenta la economía libidinal del grupo. Lacan (1969-70), asocia esta dinámica tanto a la lógica del capitalismo como a las formaciones totalitarias, mostrando cómo ambos sistemas requieren la producción constante de un plus-de-gozar que alimenta su reproducción. Lacan (1969-70), desarrolla la noción de la declinación de la función social de la imago paterna como operador simbólico fundamental, concepto que resulta crucial para comprender las formas contemporáneas de odio colectivo. Cuando falla la función paterna que, según el mito freudiano de Tótem y tabú (1913), introduce la mediación simbólica entre el sujeto y su goce, emergen figuras sustitutivas que prometen restablecer un orden perdido a través de la exclusión violenta del otro.

Esta configuración explica por qué, en contextos de crisis de las instituciones simbólicas tradicionales (Estado, familia, religión), las identidades colectivas adoptan formas particularmente rígidas y excluyentes. En la violencia que viene del Otro, esta dinámica se expresa en la proliferación de padres gozadores (comandantes, líderes carismáticos, cabecillas) que ofrecen identificaciones totalizantes a cambio de la entrega incondicional al grupo y el odio absoluto y la destrucción hacia el enemigo. La debilidad de la ley simbólica abre paso a la ley de la fuerza y el terror, donde el líder carismático se presenta como la única garantía de orden, reforzando la lógica segregacionista.

Por lo cual, la articulación de estos conceptos —pulsión de muerte, narcisismo grupal, economía del goce y declive de la función simbólica— permite comprender que el odio colectivo no constituye una anomalía sino un síntoma de lo real lacaniano: aquello que irrumpe cuando fracasan las mediaciones simbólicas que organizan el lazo social.

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En el contexto específico de las manifestaciones de violencia en Colombia, esta perspectiva revela que la violencia no puede ser abordada únicamente desde estrategias racionales de resolución de conflictos o redistribución de recursos. Es necesario interrogar las formaciones inconscientes que sostienen las identificaciones excluyentes, los modos de goce que alimentan la perpetuación del conflicto, y las condiciones simbólicas que posibilitarían formas alternativas de lazo social. En última instancia, la violencia puede interpretarse como un saber esencialmente ignorado por el sujeto y, a su vez, un límite del discurso y del lazo social mismo, que se impone cuando el vínculo social se degrada o cuando las mediaciones simbólicas fallan en su función reguladora (Vélez, 2010). De igual manera, este marco conceptual ilumina el lugar de la población civil, que no es un mero observador, sino un sujeto expuesto a la violencia dirigida, convirtiéndose en el principal blanco de los antagonismos y, por ende, en el terreno donde se manifiesta con mayor crudeza el surgimiento de las víctimas. Así, la aproximación psicoanalítica a la violencia permite trascender sus manifestaciones empíricas para desvelar una matriz inconsciente donde operan fuerzas pulsionales y lógicas segregativas que desafían la comprensión racional y exigen un abordaje que reconozca su dimensión subjetiva, ofreciendo una vía para conceptualizar la violencia no como un evento histórico, sino un síntoma del lazo social marcado por la violencia que viene del Otro.

1.2. Definición del concepto victima

El concepto de víctima encierra una dualidad fundamental en el contexto de violencia que viene del Otro en Colombia. Por un lado, desde el ámbito jurídico-institucional, el término adquiere precisiones técnicas esenciales para su operatividad legal. Ley 1448 de 2011: (Ley de Víctimas y Restitución de Tierras) establece en su artículo 3° una definición precisa:

Son víctimas aquellas personas que individual o colectivamente hayan sufrido un daño por hechos ocurridos a partir del 1° de enero de 1985, como consecuencia de violaciones graves a los derechos humanos o infracciones al Derecho Internacional Humanitario derivadas de las dinámicas de violencia sociopolítica interna. (Colombia. Congreso de la República,

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Esta definición incluye actos de desplazamiento forzado, homicidio, desaparición forzada, tortura, violencia sexual y reclutamiento de menores, entre otros. Para materializar este reconocimiento, la ley creó el Registro Único de Víctimas (RUV), sistema que documenta, verifica y certifica la condición de víctima. Las cifras son elocuentes: más de 9.7 millones de personas inscritas hasta 2023. Este mecanismo responde a una necesidad práctica de cuantificación y organización, permitiendo el acceso a medidas de reparación administrativa, restitución de tierras y atención psicosocial. El Estado requiere estos parámetros claros para distinguir entre quienes merecen reparación y quienes no, entre los daños reconocibles y los que quedan fuera del marco legal.

Sin embargo, detrás de esta estructuración jurídica y administrativa subyace una realidad más compleja e inasible. La experiencia concreta del sufrimiento humano provocado por la violencia que viene del Otro trasciende constantemente estas categorías oficiales. Mientras la ley establece criterios objetivos (fechas, tipos de delitos, grados de parentesco), el dolor se manifiesta en formas que resisten toda clasificación. Las pérdidas y las secuelas de la violencia sociopolítica no se dejan contener completamente por formularios, procedimientos o indemnizaciones (Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, 2014).

Esta tensión entre lo cuantificable y lo inefable revela los límites inherentes a cualquier intento institucional de abordar plenamente las consecuencias de la violencia que viene del Otro. La Ley 1448 representa un avance histórico en el reconocimiento de las víctimas, pero simultáneamente muestra cómo las experiencias poseen dimensiones que escapan a los marcos legales. El verdadero desafío consiste en emplear las herramientas jurídicas sin perder de vista que tras cada caso registrado hay una historia que no se agota en parámetros administrativos, una realidad humana que persiste como resto irreducible más allá de toda reparación institucional (Congreso de Colombia, 2011) El concepto de víctima encierra una paradoja fundamental. Por un lado, parámetros: son víctimas quienes hayan sufrido daños específicos, documentables y cuantificables dentro de un marco temporal preciso (desde 1985). Sin embargo, en este proceso de catalogación institucional surge una pregunta: ¿qué queda fuera del registro? ¿Qué dimensiones de la experiencia victimizante no pueden ser capturadas por formularios y protocolos? El Estado necesita convertir el dolor en datos verificables (fechas, tipos de delitos, nombres de actores armados) para poder actuar. Pero en este proceso, algo esencial se pierde: el testimonio

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verdadero no es solo el que aporta información útil para procesos judiciales, sino el que señala precisamente lo que no puede ser completamente dicho o reparado. Por lo cual, se está apuntando a esa zona gris donde el lenguaje jurídico resulta insuficiente (Fajardo, 2014). El RUV, con toda su importancia práctica, opera como un archivo que clasifica el sufrimiento. Pero el testimonio auténtico de las víctimas a menudo cuestiona esta misma clasificación, mostrando cómo la experiencia contiene elementos que desafían las categorías de víctima/perpetrador, verdad oficial/verdad personal. La fuerza del testimonio radica precisamente en señalar los límites de los sistemas diseñados para escucharlo (Unidad para las Víctimas, s.f.). Esta tensión revela un dilema irresoluble: el Estado debe documentar para reparar, pero al documentar, inevitablemente deja fuera lo más íntimo del dolor. Las cifras de la violencia que viene del Otro (9.7 millones de víctimas registradas) son al mismo tiempo necesarias e insuficientes. Necesarias porque permiten acciones concretas de justicia; insuficientes porque no logran capturar lo que cada víctima lleva consigo una experiencia indeleble e intraducible. En este sentido, el verdadero testimonio no es el que confirma lo que ya sabemos de la violencia, sino el que nos confronta con lo que nunca podremos comprender del todo (Vargas, et al., 2013).

1.3. Emergencia del sujeto víctima

El concepto de víctima en el discurso contemporáneo se debate entre una doble tensión. Por un lado, asiste a su reducción a una categoría pasiva, entendida como aquel que ha padecido o recibido de forma inerte una violencia del otro, a menudo impuesta por narrativas institucionales y sociales que buscan homogeneizar la experiencia del sufrimiento. Por otra parte, emerge con fuerza su capacidad para interpelar al sujeto singular, cuya vivencia desborda y desafía los límites de lo decible. Esta paradoja fundamental nos sitúa ante una pregunta incómoda: ¿cómo abordar, desde el lenguaje, aquello que parece resistirse a ser dicho?

La psicoanalista Colette Soler (1998) en su conferencia El trauma ofrece una clave importante cuando vincula la noción de víctima con lo que en términos lacanianos llamamos "forclusión de lo real" (p. 1) - ese núcleo traumático que se resiste obstinadamente a la simbolización. Pero es quizás en la reflexión sobre los campos de exterminio donde esta paradoja alcanza su expresión más descarnada. Giorgio Agamben (1999), al estudiar los testimonios de Auschwitz confronta con una verdad perturbadora: el verdadero testigo es precisamente aquel que

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no puede testimoniar; señala que "Los hundidos, los musulmanes, los testigos integrales [...] no han devuelto ningún testimonio" (p. 72). Esta afirmación, lejos de ser una paradoja retórica, obliga a repensar radicalmente la comprensión del testimonio.

Para profundizar en esta idea, Soler (1998), define el trauma como un "encuentro inesperado" (p. 1) que desborda completamente las coordenadas simbólicas. En este punto, su reflexión dialoga de manera productiva con la de Agamben, quien insiste en que todo testimonio auténtico contiene en su centro "algo como una imposibilidad de testimoniar" (Agamben, 1999, p. 18). Ambos pensadores, desde tradiciones distintas, coinciden en señalar ese resto irreductible que persiste más allá de los intentos de comprensión.

Si se detiene a examinar la estructura del testimonio según Agamben (1999), descubrimos una doble imposibilidad que resulta iluminadora:

En primer lugar, se encuentra con la figura del “musulmán - ese ser humano reducido a su expresión más desnuda, que ha perdido incluso la capacidad básica de articular su experiencia. De acuerdo con lo que señala el autor, estos "hundidos" habían perdido "el poder de observar, recordar y expresarse" (Agamben, 1999, p. 73). En segundo término, están los supervivientes, quienes testimonian desde una posición paradójica: "nosotros hablamos por ellos, por delegación" (p. 73), siguiendo a Primo Levi.

Esta estructura se revela particularmente productiva cuando se pone en diálogo con la distinción que establece Soler (1998) entre diferentes formas de trauma y traumatismos. Por un lado, estarían aquellos que implican claramente al Otro ("los traumas de la guerra y del sexo, que implican la voluntad de goce del Otro", p. 1); por otro, las catástrofes que se presentan como "lo más real de lo real" (p. 1).

La psicoanalista Jaramillo (2008) en su artículo ¿Víctimas o sujetos?, publicado en el libro Conflicto armado: memoria, trauma y subjetividad, aporta una perspectiva valiosa al señalar la necesidad de transformar "la cifra en un sujeto que sufre de manera singular" (p. 109). En su trabajo con víctimas de violencia, observa cómo sus narrativas oscilan constantemente entre el desvalimiento y la agencia. Este movimiento pendular recuerda la advertencia de Soler, frente a la importancia de distinguir entre el trauma como "encuentro con lo real" y el proceso posterior de elaboración, donde "la participación subjetiva no falta nunca" (Soler, 1998, p. 9). A partir de estas experiencias límite, las instituciones responden con mecanismos que buscan, según Soler (1998), fabricar un "Otro reparador [...] en nombre de la solidaridad" (p. 2).

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Según, Agamben (1999), través del concepto de "zona gris" (p. 53), estos intentos suelen generar nuevas formas de violencia simbólica. Jaramillo (2008), lo expresa con crudeza al referirse a lo que denomina "la segunda violación" (p. 117): ese momento en que se exige a las víctimas traducir su dolor inenarrable a los fríos formularios burocráticos.

Las iniciativas de memoria histórica, pese a su indudable valor, tropiezan una y otra vez con lo que Soler (2002) describe como: "Le réel du trauma est hors-sens1"(p. 20). Ante esta imposibilidad radical, el psicoanálisis propone una ética paradójica: "Laisser le hors-sens au horssens (Soler, 2002, p. 20)2. En un gesto similar, Agamben (1999) recuerda que en el testimonio auténtico "el lenguaje es lo que queda cuando se ha perdido todo lo demás" (p. 145). Por lo cual, cuando se observa cómo opera el significante "víctima" en el tejido social, se descubre lo que Lacan identificaría como un "síntoma social". Soler (2002) lo expresa con precisión: "Ce qui ne peut être symbolisé revient dans les chiffres, dans les monuments, dans la répétition bureaucratique"3 (p. 30). Esta dinámica revela una paradoja fundamental: mientras los mecanismos cuantificables intentan nombrar lo innombrable, los testimonios individuales nos recuerdan que "Le réel comme blessure qui ne se suture pas”4 (Soler, 2002, p. 73).

1.4. Comprensión de la subjetividad en contextos de violencia

Teniendo en cuenta el recorrido realizado para identificar el fenómeno que se pretende abordar, es necesario señalar cómo el título de esta investigación, Incidencias subjetivas en sujetos que han vivido en situaciones de violencia del Otro, pone en evidencia los elementos centrales a explorar. El fenómeno en cuestión gira en torno a la experiencia de violencia que viene del Otro en Colombia, con un interés específico en cómo estas vivencias inciden en su subjetividad. Sin embargo, el giro de esta investigación no radica en un análisis psicológico o social convencional, sino en la indagación de los procesos internos que los sujetos han atravesado frente a la violencia. Se busca comprender cómo la exposición a la violencia que viene del Otro ha podido configurado

1 Lo real del trauma está fuera-de-sentido. Traducción propia. (Soler, 2002, p. 20). 2 Dejar lo fuera-de-sentido en su fuera-de-sentido. Traducción propia. (Soler, 2002, p. 20) 3 Lo que no puede ser simbolizado retorna en las cifras, en los monumentos, en la repetición burocrática. Traducción propia. (Soler, 2002, p. 30).

4 Lo real como herida que no se sutura. Traducción propia. (Soler, 2002, p. 73).

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su identidad, sus modos de relacionarse con el mundo y sus respuestas ante situaciones de violencia.

Este enfoque permite trascender las categorías tradicionales de víctima y victimario, para adentrarse en la singularidad y en las formas en que la guerra ha colonizado su psiquis, su lenguaje y su memoria. Así, la investigación interroga cómo los sujetos negocian, resisten o se adaptan a las ruinas de un orden simbólico fracturado, ofreciendo una mirada profunda sobre la relación entre violencia, subjetividad en contextos de violencia.

De acuerdo con lo anterior, el trauma no es un evento externo que impacta al sujeto, sino un encuentro con lo Real que irrumpe de manera inesperada y desborda las capacidades simbólicas del individuo. Lo Real, en términos lacanianos, es aquello que resiste a la simbolización, un exceso que no puede ser integrado en el orden simbólico y que, por tanto, genera una efracción en la subjetividad. Este encuentro con lo Real no solo desorganiza la experiencia del sujeto, sino que también lo confronta con una dimensión de lo imposible de nombrar, de lo que no puede ser representado ni elaborado completamente (Soler, 1998).

En el contexto colombiano, este encuentro con lo Real de la violencia se manifiesta en las múltiples formas que han fracturado el tejido social y simbólico. Sin embargo, lo que interesa destacar en esta investigación no es solo el impacto con la violencia, sino las armas del sujeto frente a este encuentro. Es decir, cómo los sujetos, se enfrentan, resistir o elaborar las marcas dejadas por la violencia que viene del Otro. Estas armas no son defensas en el sentido clásico, sino invenciones singulares que permiten al sujeto negociar con lo Real y encontrar formas de reinscribir su experiencia en el orden simbólico. En este marco de comprensión de la subjetividad, la presente investigación se propone indagar: ¿Cómo la violencia que viene del Otro incide en la subjetividad de quienes lo han vivido, desde una perspectiva psicoanalítica?" Los objetivos de esta investigación se han formulado acorde con la nueva perspectiva psicoanalítica, centrando el foco en cómo las vivencias relacionadas con la violencia que viene del Otro pueden o no impactar la subjetividad de los sujetos.

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2. Objetivo general

Analizar las incidencias subjetivas que emergen en el sujeto frente al encuentro con la violencia del Otro, profundizando en cómo estas interpelan su posición.

2.1. Objetivos específicos

• Conceptualizar las distinciones entre traumatismo y trauma psíquico, así como la noción de

falla estructural, en el contexto de violencia que viene del Otro desde una perspectiva psicoanalítica.

• Identificar, mediante el análisis de testimonios, las marcas psíquicas y las formaciones del

inconsciente que revelan las incidencias subjetivas de quienes han vivido la violencia que viene del Otro.

• Explorar la influencia de la violencia que viene del Otro en la reconfiguración de los vínculos

sociales y la relación con el Otro en la subjetividad de los participantes.

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3. El enfoque psicoanalítico

El enfoque psicoanalítico en esta investigación permite realizar aproximaciones que difieren de otros estudios centrados en datos empíricos o evaluaciones objetivas, al privilegiar la dimensión subjetiva sin buscar conclusiones definitivas. La presente investigación sostiene la hipótesis de que la violencia que viene del Otro ha producido incidencias psíquicas que, si bien marcan un antes y un después, son abordadas por cada sujeto a través de respuestas singulares. Para explorar esta hipótesis, el análisis se centrará en la singularidad de los testimonios, los cuales serán abordados a través de diversas fuentes, incluyendo los volúmenes de la Comisión de la Verdad, entrevistas propias, y testimonios provenientes de otras investigaciones. Además, al trabajar desde el psicoanálisis, no se busca simplificar el fenómeno ni extraer verdades absolutas. Se reconoce la posibilidad de que estos sujetos hayan desarrollado distintas formas de lidiar con la violencia, siempre desde la propia lógica interna del sujeto. El interés está puesto en las narrativas individuales y cómo ellas, de alguna manera, podrían ofrecer indicios sobre las formas en que la violencia ha sido integrada en su vida psíquica. En este sentido, la investigación se orienta a indagar posibles incidencias subjetivas que podrían haber surgido a raíz de la vivencia de la violencia que viene del Otro. La función central de estos relatos radica en que no son meros registros de hechos, sino un acceso privilegiado a la inscripción inconsciente. A través de su análisis, se espera que los testimonios revelen las formaciones del inconsciente (a partir de síntomas, lapsus, repeticiones o fantasmas) y las armas singulares que cada sujeto ha forjado para hacer frente a lo inasimilable de la experiencia. Es decir, se busca comprender cómo lo Real de la violencia se anuda a su existencia singular y las diversas maneras en que el sujeto intenta, o fracasa en, simbolizarlo. Al dejar abierta la interpretación de estos efectos y no imponer respuestas preestablecidas, se respeta la irreducible singularidad de cada sujeto y se privilegia la emergencia de aquello que el sujeto inconscientemente "sabe" sobre su propio sufrimiento, en una ética que valora lo inefable de la experiencia.

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4. La inscripción de la violencia en la subjetividad: una revisión de investigaciones

psicoanalíticas.

Las investigaciones en el marco de las dinámicas de la violencia sociopolítica en Colombia, desde la perspectiva psicoanalítica, han iluminado dimensiones esenciales del sufrimiento humano que escapan a los enfoques cuantitativos y estadísticos. Sin embargo, estas aproximaciones, enfrentan desafíos epistemológicos y metodológicos que revelan vacíos significativos. Un análisis detallado de los estudios existentes permite identificar sus contribuciones, también las oportunidades para profundizar en la comprensión de cómo lo real de la violencia se inscribe en la subjetividad, más allá de su contextualización histórica o social.

Este debate se enriquece, por ejemplo, con investigaciones como la de Orejuela et al. (2009), quienes en su seminario El psicoanálisis, el amor y la guerra, donde se analiza cómo las guerras modernas buscan infundir terror constante, bloqueando la simbolización del trauma a través del lenguaje. Este enfoque, aplicable a las manifestaciones de violencia en Colombia, revela un patrón recurrente: violencia no solo ataca cuerpos, sino que fractura la subjetividad colectiva, un eje que estudios posteriores retomarán desde diversos ángulos.

En esta línea, el trabajo de los psicoanalistas Mesa Duque & Muñoz López (2011) un su estudio psicoanalítico titulado El niño homicida: la estirpe de Caín, sobre niños homicidas en Colombia cuestionó tempranamente las premisas jurídicas que asumen la inocencia inherente de la infancia. Desde el psicoanálisis, los autores plantearon una paradoja: la ley, al negar la capacidad de responsabilidad subjetiva en menores bajo criterios cronológicos, perpetuaba una "impotencia simbólica" que agudizaba la repetición de actos violentos. Sus entrevistas con jóvenes desmovilizados revelaron un mecanismo psíquico clave: la ausencia de un "asentimiento subjetivo" —es decir, la posibilidad de que el sujeto se reconozca responsable de su acto— los condenaba a un circuito mortífero donde la muerte propia o ajena se volvía inevitable. Este hallazgo, centrado en la singularidad del caso clínico, sentó las bases para estudios posteriores al desafiar las narrativas que equiparan victimarios con víctimas.

Frente a esta atención a lo singular, surge un contraste relevante, Álvarez García (2009), al analizar el secuestro como experiencia psíquica, cuestionó las generalizaciones psicológicas sobre el trauma. Mediante entrevistas a sujetos, demostró que el secuestro no es traumático, sino que depende de arreglos subjetivos para procesar el dolor, un hallazgo que no sólo desestabiliza

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enfoques homogenizantes, sino que anticipa discusiones actuales sobre la agencia en contextos de irrupción violenta.

En Aristizábal et al. (2012), ofrecieron un aporte relevante al comparar víctimas y victimarios, destacando diferencias en la experiencia del trauma; mientras las víctimas asumían su sufrimiento como destino inevitable, los victimarios reconocían cierta agencia al vincularse a grupos armados. Sin embargo, su metodología —basada en categorías preestablecidas como "pensamientos obsesivos" (p. 141)— homogenizó experiencias irreductiblemente únicas. Este enfoque, aunque valioso, reveló una tensión metodológica: por ejemplo, la culpa en un victimario podría ligarse a un mandato patriarcal de proteger a la familia, mientras que en una víctima de desplazamiento forzado se vincularía a la imposibilidad de cumplir roles maternales. Estas limitaciones no solo cuestionaron las generalizaciones psicológicas, sino que subrayaron la necesidad de integrar lo singular en futuras investigaciones.

Precisamente en respuesta a este vacío, Castro-Sardi (2019), analizó la masacre de Bojayá a través del concepto lacaniano de lo Real, identificando síntomas colectivos como pesadillas recurrentes y transmisión transgeneracional del trauma. Su estudio destacó invenciones culturales —como el Cristo mutilado— en tanto herramientas de resistencia simbólica. No obstante, quedó pendiente una pregunta crucial: ¿de qué modo este símbolo, al encarnar la irreparabilidad del trauma, dialogaba con las fantasías de culpa inconscientes en la subjetividad individual? Esta omisión abrió un flanco teórico que pronto sería abordado desde otras perspectivas. La interrogante de Castro-Sardi encontró eco parcial en Pérez Betancur (2020), quien examinó cómo mitos literarios en obras como Cien años de soledad transformaban eventos traumáticos en núcleos identitarios colectivos. Sin embargo, su enfoque macroestructural — centrado en patrones culturales amplios— pasó por alto un matiz esencial: la imbricación concreta entre estos mitos y las fantasías inconscientes de sujetos particulares. Esta dualidad entre lo colectivo y lo individual emergería como eje central en investigaciones posteriores. La tensión entre lo singular y lo colectivo fue abordada críticamente por Parra Giraldo (2019), cuyo análisis psicosocial de la narración como estrategia de resistencia subjetiva marcó un punto de inflexión. Al demostrar que reconstruir la memoria histórica a través de relatos individuales no solo mitigaba el sufrimiento, sino que desafiaba la condición pasiva de "víctima", su trabajo estableció un diálogo productivo con Castro-Sardi (2019) & Pérez Betancur (2020). Parra Giraldo enfatizó que la simbolización cultural —ya sea a través de mitos o rituales— solo

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adquiría potencia transformadora al anclarse en la escucha de voces singulares. Sin embargo, advirtió sobre un riesgo contemporáneo: la cooptación estatal de la narración bajo lógicas asistencialistas que reducen la reparación a medidas materialistas, ignorando que el acto de narrar implica un "derecho a la palabra" que confronta la impunidad (Parra Giraldo, 2019, p. 208). En este contexto teórico, la investigación de Restrepo (2021), en relación con el trauma y el duelo en madres de Granada (Antioquia) aportó una perspectiva profundamente singular. Su trabajo exploró cómo la pérdida violenta de un hijo no solo desencadenaba un duelo, sino que configuraba un trauma psíquico resistente a la elaboración simbólica. Estas muertes, caracterizadas por su brutalidad y falta de sentido, generaban un "duelo neurótico imposible" (p. 67); un estado donde la fijación al trauma y la imposibilidad de resignar el objeto perdido se perpetuaban como síntomas recurrentes.

A través de entrevistas con las madres, Restrepo, identificó un mecanismo psíquico paradójico en el recuerdo episódico del hijo fallecido —asociado con dolor y tristeza— se convertía en un vínculo perpetuo con lo perdido, generando un "resto incurable" que resistía cualquier intento de simbolización. Este hallazgo no solo complejizó las teorías clásicas del duelo, sino que reveló las limitaciones de los marcos culturales tradicionales para procesar el duelo en contextos de violencia que viene del Otro.

Además, Restrepo (2021), destacó cómo la religión operaba como recurso simbólico provisional para estas madres, ofreciendo un sentido transitorio a la pérdida. Sin embargo, advirtió que este recurso, aunque valioso, resultaba insuficiente para tramitar el duelo de manera concluyente. Este planteamiento resonó con los estudios de Parra Giraldo (2019) y Castro-Sardi (2019), quienes ya habían señalado que las prácticas culturales y religiosas —pese a su papel como herramientas de resistencia— no garantizaban una resolución completa del sufrimiento. Avanzando hacia formas específicas de violencia de género, el estudio de Arango-Arias et al. (2023), profundizó en la intersección entre trauma, violencia sexual y mecanismos psíquicos de defensa. A través del testimonio de una excombatiente de las FARC-EP víctima de abuso sexual, los autores exploraron cómo la identificación con el personaje ficticio de Azumi (una princesa guerrera) y la fetichización del fusil como objeto fálico funcionaban como dispositivos subjetivos para enfrentar la repetición traumática.

El análisis reveló que, pese a la vulnerabilidad de la entrevistada, su identificación con Azumi le permitía construir una narrativa de agencia donde el fusil simbolizaba tanto una defensa

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contra el Otro abusador como un taponamiento imaginario ante la falta. Articulado a través del fantasma lacaniano ($<>a), este arreglo subjetivo evidenciaba cómo la compulsión de repetición —manifestada en sueños de violencia— coexistía con intentos fallidos de interrumpir el ciclo del trauma, como actos suicidas frustrados por la aparición fantasmática de la figura materna (Arango- Arias et al., 2023).

Esta investigación no solo complementó los hallazgos de Parra Giraldo (2019) sobre narrativas de resistencia, sino que dialogó críticamente con Aristizábal et al. (2012). Mientras estos últimos asociaban la agencia con elecciones conscientes en victimarios, Arango et al. (2023), demostraron que, en víctimas de violencia sexual, la agencia se articulaba a través de mecanismos inconscientes y defensas fantasmáticas —un matiz que amplía radicalmente el concepto. La investigación de Pérez Betancur (2023), abordó esta brecha teórica desde una perspectiva lacaniana innovadora. Centrándose en el concepto de parlêtre (sujeto hablante), argumentó que la violencia no es solo una ruptura del lazo social, sino una forma de continuidad que se integra en el discurso subjetivo. A través de casos como el de Monsieur G (exmilitar) y Madame B (desplazada), demostró cómo los actos violentos se incorporan a la economía psíquica como satisfacciones pulsionales institucionalmente validadas.

Uno de los aportes clave de Pérez Betancur radicó en su análisis de los procesos de subjetivación: mediante testimonios como los de Monsieur V (secuestrado), mostró cómo los sujetos transforman la discontinuidad traumática en narrativas personales. Este enfoque no solo complementó estudios previos (Castro-Sardi, 2019; Parra Giraldo, 2019), sino que profundizó en la relación entre simbolización cultural y elaboración psíquica individual. Metodológicamente, el estudio destacó por su rigor al articular conceptos freudianos y lacanianos con testimonios clínicos, evitando simplificaciones diagnósticas. Al enfocarse en la singularidad de cada sujeto, Pérez Betancur, propuso que la violencia —más que un mero acto disruptivo— deja marcas subjetivas que requieren ser elaboradas dentro de la economía psíquica individual.

Los estudios analizados revelan una tensión epistemológica fundamental: el psicoanálisis, centrado en la singularidad de las incidencias psíquicas y las marcas en la subjetividad, versus las ciencias sociales, enfocadas en patrones estructurales. Mientras el primero insiste en que el trauma se arraiga en la historia libidinal de cada sujeto, las segundas lo contextualizan en marcos históricos

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y políticos. No obstante, esta aparente divergencia abre oportunidades para diálogos interdisciplinarios fructíferos.

Investigaciones como las de Mesa Duque & Muñoz López (2011), demostraron que abordar la responsabilidad subjetiva en actos violentos trasciende dicotomías simplistas entre víctimas y victimarios. A su vez, estudios recientes —como los de Parra Giraldo (2019) y Restrepo (2021)— coinciden en que la simbolización colectiva solo adquiere potencia transformadora al anclarse en experiencias singulares. Restrepo (2021), por ejemplo, ilustró cómo el duelo imposible de madres en Granada resiste la elaboración simbólica, mientras Arango-Arias et al. (2023), revelaron cómo mecanismos inconscientes articulan agencia en medio de la victimización. Estos hallazgos subrayan dos imperativos: primero, evitar homogenizaciones al abordar fenómenos colectivos como masacres o violencia sexual, pues estos se filtran siempre a través de arreglos subjetivos únicos. Segundo, trascender el asistencialismo materialista en políticas de reparación, como advirtió Parra Giraldo (2019), el derecho a la palabra confronta la impunidad de modos que las indemnizaciones económicas no logran. En última instancia, integrar el rigor clínico con análisis sociohistóricos permitiría crear espacios donde cada relato de dolor sea reconocido en su hondura irrepetible, sin perder su vinculación con luchas colectivas. La revisión de los estudios psicoanalíticos sobre las manifestaciones de la violencia que viene del Otro, desde sus aproximaciones iniciales hasta las más recientes, desvela un campo de investigación vibrante y en constante evolución, marcado por tensiones epistemológicas y desafíos metodológicos que justifican nuevas indagaciones.

Un primer eje de análisis revela una progresiva ampliación del objeto de estudio más allá del concepto clínico de traumatismo para abarcar las diversas incidencias psíquicas y marcas en la subjetividad que la violencia prolongada inscribe. Mientras Orejuela et al. (2009), sentaron las bases al destacar la fractura de la subjetividad colectiva por el terror y el bloqueo de la simbolización, Álvarez García (2009), introdujo una sofisticación crucial al demostrar que la experiencia del secuestro no es inherentemente traumática, sino que su impacto depende de "arreglos subjetivos" singulares. Esta línea se profundiza con Pérez Betancur (2023), quien complejiza la idea de la violencia como mera ruptura, mostrando una continuidad que se integra en la economía psíquica y da lugar a satisfacciones pulsionales y procesos de subjetivación que transforman la discontinuidad traumática en narrativa. Estos estudios, en conjunto, invitan a

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trascender las generalizaciones del trauma para explorar la diversidad de formas en que lo violento es incorporado y procesado psíquicamente.

Un segundo punto neurálgico en este recorrido es la tensión entre la singularidad de la experiencia subjetiva y la necesidad de comprender fenómenos colectivos. Mesa & Muñoz (2011), en su análisis del niño homicida, o Restrepo (2021), al abordar el "duelo imposible" (p. 62) de las madres de Granada, ofrecen penetrantes inmersiones en la singularidad del caso, revelando mecanismos psíquicos profundos como la ausencia de asentimiento subjetivo o el "resto incurable" del duelo. Sin embargo, estudios de Aristizábal et al. (2012), aunque valiosos en su comparación entre víctimas y victimarios, mostraron las limitaciones de metodologías que, al operar con categorías preestablecidas, tienden a homogeneizar experiencias irreductiblemente únicas. Esta tensión subraya la crítica de Parra Giraldo (2019), a las narrativas asistencialistas que coaptan el "derecho a la vida” (p. 193) singular, reduciendo la reparación a medidas materialistas y perdiendo la potencia transformadora de los relatos individuales. La necesidad de integrar lo singular, sin reducir uno al otro, emerge como un imperativo metodológico y ético. En tercer lugar, la revisión expone una fascinante exploración de la agencia subjetiva y la complejidad de las posiciones de víctima/victimario. Mesa & Muñoz (2011) fueron pioneros al cuestionar la inocencia legal de la infancia y explorar la responsabilidad subjetiva en actos violentos, sentando las bases para desestabilizar la dicotomía simplista. Posteriormente, Aristizábal et al. (2012) señalaron una "agencia" (p. 150) en los victimarios, si bien con limitaciones metodológicas. El aporte crucial aquí lo introduce Arango-Arias et al. (2023), quienes demuestran que, incluso en contextos de victimización extrema (la violencia sexual en excombatientes), la agencia puede articularse a través de mecanismos inconscientes y defensas fantasmáticas, como la identificación con figuras míticas o la fetichización de objetos. Esto amplía radicalmente la comprensión de la agencia, situándola más allá de las decisiones conscientes y revelando la compleja dialéctica entre el desvalimiento y la invención subjetiva. Finalmente, los estudios analizados (notablemente Castro-Sardi, 2019, y Pérez Betancur, 2020) han abordado la irrupción de lo Real y su resistencia a la simbolización, así como el papel de los mitos y las invenciones culturales como herramientas de resistencia. No obstante, esta revisión identifica un vacío crítico persistente: la articulación precisa entre estas invenciones simbólicas colectivas y las fantasías inconscientes que operan en la subjetividad individual. La pregunta pendiente de Castro-Sardi sobre la culpa inconsciente y la observación de Pérez Betancur

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respecto al paso por alto de la 'imbricación concreta' entre mitos y fantasías individuales, señalan una brecha epistemológica y metodológica clave en la comprensión de cómo lo colectivo y lo singular se anudan en la psique.

Es precisamente en la exploración de las incidencias subjetivas que emergen de la violencia que viene del Otro donde se inscribe la presente investigación, marcando así su originalidad. Al centrarse en la singularidad de las respuestas subjetivas a la violencia y en la búsqueda de su lógica inconsciente en los testimonios, este estudio aspira a profundizar en cómo esta forma particular de irrupción violenta altera y reconfigura la subjetividad individual. De este modo, se busca contribuir a una comprensión más profunda de cómo esta manifestación de lo real deja marcas en la subjetividad, y cómo cada sujeto, desde su propia economía psíquica, lucha por dar sentido y elaborar aquello que se resiste a la simbolización plena. Este enfoque particular no solo complementa el cuerpo de literatura existente, sino que propone una vía novedosa para abordar la complejidad de la subjetividad en contextos de incidencia psíquica de la violencia, trascendiendo las generalizaciones y situando la voz singular en el centro del análisis.

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5. Justificación

A pesar de los avances en la comprensión de lo real de la violencia, persiste un vacío en las investigaciones que aborden la dimensión subjetiva en poblaciones específicas afectadas por las manifestaciones de la violencia que viene del Otro. Un estudio delimitado geográficamente en esta región permitiría aportar conocimientos situados sobre las diversas respuestas inconscientes que han posibilitado a los sujetos hacer frente a la disrupción psíquica provocada por el trauma. Este enfoque se sustentará en el análisis de testimonios de la Comisión de la Verdad y entrevistas a profundidad, que permitirán rastrear no solo lo dicho, sino también las fracturas en el relato, los silencios significativos, las repeticiones sintomáticas que revelan lo real de la violencia. La escasez de investigaciones que aborden desde una perspectiva psicoanalítica cómo los sujetos en el Tolima han elaborado estrategias subjetivas frente al trauma —más allá de la noción convencional de resiliencia—, o cómo las dinámicas familiares y comunitarias operan como matrices simbólicas que influyen en la inscripción y elaboración del trauma en la vida psíquica, representa un vacío significativo. Por ello, resulta fundamental profundizar en estas dimensiones para comprender cómo la violencia se inscribe en la subjetividad y cómo los individuos negocian con las marcas dejadas por el encuentro real con la violencia en su proceso de subjetivación. Para ello, se recurrirá a un enfoque teórico- fenomenológico que articule los testimonios con conceptos psicoanalíticos, escuchando lo singular de cada relato según el principio psicoanalítico del "uno por uno". La inclusión de testimonios, enriqueció la investigación al permitir contrastar narrativas producidas en diferentes contextos institucionales y temporales. Esta pluralidad de fuentes nos permitió acceder a diversas formas en que lo real de estas dinámicas de violencia irrumpe en el discurso.

En este punto, la reflexión de Giorgio Agamben (2000) sobre el testimonio en Lo que queda de Auschwitz, adquiere relevancia, pues plantea que el testimonio verdadero no solo transmite lo vivido, sino que también porta una laguna, una imposibilidad de decir lo indecible. Agamben señala que "los verdaderos testigos, los testigos integrales, son los que no han testimoniado ni hubieran podido hacerlo" (p. 17). Esta paradoja —testimoniar lo intestimoniable— resuena en la experiencia de los sujetos, cuyas voces a menudo se ven silenciadas por la magnitud de la violencia o por la ausencia de un lenguaje que pueda dar cuenta de lo vivido.

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Asimismo, resulta crucial la realización de estudios longitudinales que permitan rastrear cómo el trauma, entendido como un proceso de nachträglichkeit (Freud, 1920), se resignifica a lo largo del tiempo en sujetos expuestos a la violencia, indagando en las transformaciones de sus defensas psíquicas, sus síntomas y sus modos de relación con el Otro. Este enfoque permitiría no solo comprender la temporalidad del trauma en su dimensión retroactiva, sino también cómo las estructuras simbólicas y fantasmáticas se reconfiguran en el devenir de la experiencia traumática. En este contexto, los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) representan una iniciativa gubernamental clave en el marco de la Reforma Rural Integral (RRI), establecida tras el Acuerdo de Paz de 2016 entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP. Estos programas buscan transformar estructuralmente las zonas rurales más afectadas por la violencia que viene del Otro, la pobreza, las economías ilícitas y la debilidad institucional. En el departamento del Tolima, los municipios PDET de Ataco, Chaparral, Planadas y Rioblanco fueron seleccionados debido a su alta afectación por la violencia, la presencia de economías ilícitas y los bajos niveles de desarrollo socioeconómico.

Desde una perspectiva psicoanalítica, estos municipios ofrecen un contexto único para explorar cómo la violencia ha reconfigurado la subjetividad, quienes, inmersos en un entorno donde la ley simbólica ha sido sustituida por la arbitrariedad de la violencia, desarrollan estrategias singulares para negociar con las ruinas de un orden social colapsado. La particularidad de estos territorios radica en que no solo son escenarios de intervención socioeconómica, sino también espacios donde la subjetividad se ve profundamente marcada por la experiencia de la violencia. La revisión crítica de la literatura evidencia que, si bien se ha avanzado en comprender el trauma desde lo colectivo (Castro-Sardi, 2019) y lo singular (Restrepo, 2021), persiste una brecha en estudios que articulen ambos niveles en contextos específicos como el Tolima. Aquí, la violencia que viene del Otro, no solo ha fracturado el orden simbólico, sino que ha generado incidencias subjetivas que desafían las categorías universales de 'víctima' o 'resiliencia'. Este vacío justifica la presente investigación, que busca no solo dar voz, sino también interrogar las condiciones mismas del testimonio, tal como lo sugiere Agamben (2000), al reflexionar sobre la zona gris donde las categorías de víctima y victimario se desdibujan. En este sentido, el estudio propuesto no solo aportará a la comprensión del trauma, sino que también cuestionará los límites del lenguaje para dar cuenta de lo vivido, explorando cómo lo no dicho —aquello que resiste la simbolización— se manifiesta en la subjetividad y en las formas de resistencia psíquica.

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6. Capítulo II: La evolución del concepto de trauma en la obra freudiana: implicaciones

para la subjetividad en contextos de guerra.

De acuerdo con la pregunta que nos hemos formulado como fundamento de esta investigación implica dar cuenta de las incidencias subjetivas de la violencia que viene del Otro a la luz de la teoría psicoanalítica, y en principio se partió de la hipótesis general de que la guerra o cualquiera de sus manifestaciones son "traumáticas", nos encontramos con que el desafío para el psicoanálisis —como bien advierte Colette Soler (2006)— es evitar simplificaciones reduccionistas que confundan el trauma psíquico como estructura con el traumatismo como evento. Esta distinción es fundamental para comprender que no todo lo que proviene de la violencia del Otro es automáticamente traumático, y para desentrañar las complejas y singulares formas en que la violencia externa impacta la psique. No se trata de catalogar traumas universales ni de reducir el conflicto a un enfrentamiento binario entre víctimas y victimarios, sino de comprender cómo lo real de la violencia irrumpe en la economía psíquica de cada sujeto de manera singular. Por esta razón, dedicaremos este capítulo a revisar la noción de trauma en el psicoanálisis para someterla a su vez al estudio comparativo de una noción con implicaciones diferentes: la de traumatismo. Esta distinción no es un mero tecnicismo, sino una cuestión epistemológica crucial para la presente investigación en su abordaje de la violencia que viene del Otro. Para precisar esta diferencia fundamental, presentamos el siguiente cuadro comparativo, [Figura 1], que evidencia la distinción entre trauma (estructura psíquica) y traumatismo (evento histórico) y permite comprender que: 1) lo traumático no es el evento en sí, sino su articulación con la fantasía inconsciente; 2) la categoría de víctima inocente aplicada al traumatismo oculta que el trauma psíquico tiene una elección inconsciente del sujeto (Soler, 2006); y, 3) aporta herramientas para analizar la violencia diferenciando sus efectos sociales (traumatismos) de sus estructuras subjetivas (trauma), evitando tanto la psicologización de lo social como la patologización de lo político.

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Tabla 1 Diferencia conceptuales entre trauma y traumatismo Trauma (estructura) Traumatismo (evento) El sujeto es inmanente a su trauma Accidentes de la Historia Sexual No sexuales Originario Ni originarios Elección del sujeto Ni constitutivos Genérico Ni genéricos Síntomas estructurales Postraumático Automatón Tyché

Víctima inocente Nota. Elaboración basada en los conceptos teóricos analizados en la investigación. Esta distinción teórica encuentra su verificación empírica en los estudios de Freud sobre las neurosis de guerra en veteranos, desarrollados en Más allá del principio del placer (1920), donde queda demostrado que, si bien el traumatismo (el bombardeo, la muerte del compañero de trinchera) constituye un evento observable y cuantificable, el trauma propiamente dicho reside en el modo particular en que dicho acontecimiento se enlaza con la economía pulsional preexistente del sujeto.

Freud analizó estos casos para cuestionar las teorías médicas dominantes de su época — que reducían el trauma a un daño físico o neurológico (modelo de «choque mecánico»)—, demostrando que la intensidad de los síntomas no dependía de la gravedad objetiva del combate, sino de su resonancia en conflictos inconscientes.

En este sentido, el psicoanálisis —a diferencia de otros enfoques psicológicos o psiquiátricos— no se plantea como pregunta central "qué eventos son traumáticos", sino más bien ¿por qué determinados acontecimientos devienen traumáticos para ciertos sujetos mientras que para otros no? Este interrogante, de profundas implicaciones clínicas y epistemológicas, exige como veremos a lo largo de este capítulo atender simultáneamente a dos dimensiones irreductibles;

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por un lado, la estructura (el trauma entendido como agujero en lo simbólico, en la terminología lacaniana), y por otro, los accidentes de la historia (el traumatismo en tanto encuentro singular con lo real de la violencia).

El concepto de trauma ha ocupado un lugar central en la teoría psicoanalítica desde sus mismos orígenes, experimentando una notable evolución a lo largo de la obra freudiana. Este capítulo propone trazar los recorridos históricos y teóricos que han marcado dicha transformación, desde las primeras formulaciones decimonónicas hasta las elaboraciones contemporáneas. Es crucial subrayar que esta evolución no siguió un camino lineal ni predecible, sino que estuvo marcada por la confluencia compleja de fenómenos sociales, médicos y psicológicos que emergieron en contextos históricos específicos. Los accidentes ferroviarios, los infortunios laborales, el surgimiento de los sistemas de compensación por daños y los intensos debates en torno a la histeria conformaron un entramado multifacético que dio lugar a interpretaciones diversas y a menudo contrapuestas sobre la naturaleza del trauma.

En consecuencia, el trauma dejó de ser entendido como un fenómeno puramente mecánico o físico para ser conceptualizado como un proceso psíquico complejo. Las características que permitieron distinguir el trauma psíquico del orgánico incluyeron: el intervalo temporal entre el suceso y la aparición de los síntomas, las manifestaciones clínicas específicas y, sobre todo, el papel determinante de los factores psíquicos en su etiología. Estos elementos sentaron las bases para una comprensión más matizada y profunda del trauma, que encontraría en la obra freudiana su desarrollo más sistemático.

En las páginas que siguen, partimos del principio fundamental según el cual las experiencias significativas en la vida de un sujeto no sólo dejan huellas en su aparato psíquico, sino que participan activamente en la constitución misma de su subjetividad. Desde esta perspectiva, exploramos cómo el concepto de trauma evoluciona desde las primeras formulaciones freudianas —la teoría de la seducción y la neurosis traumática— hasta sus desarrollos posteriores en Más allá del principio de placer (1920). Este recorrido nos permitirá demostrar cómo la teorización freudiana sobre el trauma no sólo representó un punto de inflexión en la historia de la psicopatología, sino que estableció las bases para comprender la íntima relación entre las experiencias traumáticas y la construcción de la subjetividad.

Siguiendo el hilo conductor de la teoría freudiana, es fundamental comprender que, pese a las aparentes contradicciones entre los diferentes momentos de su obra, Freud logró construir una

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concepción coherente del trauma, tal como lo ha destacado agudamente Colette Soler en De un trauma a otro (2006). No obstante, conviene subrayar que en el marco del psicoanálisis el trauma conserva siempre un estatuto hipotético antes que de certeza absoluta. "El trauma no es nada más que una hipótesis" (Soler, 2006, p. 45), afirmación que refuerza la idea según la cual las experiencias traumáticas no son nunca completamente accesibles ni comprensibles para el sujeto que las padece. Este enfoque permite conceptualizar el trauma no como un hecho aislado y objetivable, sino como un proceso que se inscribe de manera indirecta en la psique, dejando rastros y huellas que el análisis se propone seguir.

Esta perspectiva nos permite cuestionar críticamente el supuesto según el cual las experiencias traumáticas influyen de manera directa y unívoca en la configuración subjetiva. Por el contrario, el trauma debe entenderse como un proceso complejo que moviliza múltiples mecanismos psíquicos: la represión, la fantasía inconsciente, la compulsión a la repetición, entre otros. Estos mecanismos, que serán analizados en detalle a lo largo del capítulo, permiten comprender por qué el trauma no puede reducirse nunca a un mero evento externo.

6.1. Primer momento: la teoría del trauma en la "neurosis de seducción"

El concepto de trauma en la obra freudiana comienza a tomar forma en sus primeros estudios sobre la histeria, donde Freud y Breuer desarrollan una teoría basada en la observación clínica de las pacientes histéricas. En este contexto, el trauma es concebido como un acontecimiento psíquico cuya carga emocional no puede ser procesada o asimilada en el momento de su ocurrencia, lo que provoca una repercusión en el aparato psíquico, desencadenando síntomas somáticos.

En este primer momento, Freud (1893), en su obra sobre los fenómenos histéricos comienza reconociendo la importancia de Charcot en el entendimiento de la histeria al referir que “todos nuestros recientes progresos en la inteligencia y el discernimiento de la histeria se remontan a los trabajos de Charcot” (p. 29). Este reconocimiento es crucial, porque establece un punto de partida para el debate sobre la etiología de la histeria. En particular, se muestra agradecido por la manera en que Charcot ayudó a identificar las “parálisis traumáticas que aparecen en la histeria” (p. 29), un hallazgo que en su momento fue revolucionario.

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No obstante, Freud, aunque admirador de Charcot, se aparta de él al proponer que el trauma en cuestión no es necesariamente un evento físico:

Este trauma debe cumplir ciertas condiciones; tiene que ser grave, o sea, de tal índole que a él se conecte la representación de un peligro mortal, una amenaza para la existencia; empero, no ha de serlo en el sentido de que a raíz de él cese la actividad psíquica. (Freud, 1893, p. 30).

Aquí, se introduce un concepto novedoso: el trauma no es un accidente físico que deja una marca visible en el cuerpo. Más bien, lo que importa es que el suceso traumático esté acompañado de un afecto de terror, es decir, un componente emocional intenso que marca al sujeto y así alcance significatividad. Por su parte, Freud, platea que “tampoco en el gran trauma mecánico de la histeria traumática es el factor mecánico el eficaz, sino que lo es el afecto de terror, el trauma psíquico” (Freud, 1893, pp. 32-33). Esta distinción entre el "trauma mecánico" y el "trauma psíquico" es una de las primeras y más importantes "perlas" de Freud para nuestra investigación, pues ya desde este momento temprano se establece que la incidencia de la violencia en la subjetividad no radica en el evento externo en sí mismo, sino en su resonancia afectiva y en la capacidad o incapacidad del psiquismo para ligar esa carga.

En este contexto, Freud y Breuer establecieron un factor temporal fundamental en la permanencia del síntoma, señalando una desproporción significativa entre el tiempo de duración del síntoma y el acontecimiento aislado que lo provocó. Freud, retomando el descubrimiento de Breuer, “los síntomas de la histeria (dejando de lado los estigmas) derivan su determinismo de ciertas vivencias de eficacia traumática que el enfermo ha tenido, como símbolos mnémicos de las cuales ellos son reproducidos en su vida psíquica” (Freud, 1896, pp. 192-193). La eficacia póstuma del trauma se evidencia cuando la causa desencadenante continúa actuando en el inconsciente durante un período de latencia.

Esta temporalidad se hace evidente en el concepto de nachträglich (a posteriori), que es indisociable del estudio sobre la histeria:

en las funciones psíquicas cabe distinguir algo (monto de afecto, suma de excitación) que tiene todas las propiedades de una cantidad —aunque no poseamos medio alguno para

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medirla—; algo que es susceptible de aumento, disminución, desplazamiento y descarga, y se difunde por las huellas mnémicas de las representaciones como lo haría una carga eléctrica por la superficie de los cuerpos (Freud, 1984, p. 61).

La conceptualización del Nachträglichkeit es una herramienta fundamental para esta tesis. Permite comprender que las incidencias subjetivas de la violencia que viene del Otro no es un impacto inmediato y lineal, sino un proceso de resignificación retroactiva. Un evento vivido en un momento de inmadurez psíquica puede adquirir su carácter traumático solo a posteriori, cuando nuevas experiencias o la maduración sexual le confieren un sentido que desborda la capacidad de ligadura del sujeto. Esta dinámica es crucial para analizar la complejidad de las marcas de la violencia en la psique.

Freud (1895) describe el caso de una paciente cuya fobia a entrar sola a tiendas encubría un trauma sexual infantil. El síntoma actuó como formación sustitutiva al desplazar el afecto traumático hacia un estímulo aparentemente inocuo (la risa de los empleados), enmascarando la agresión original. Sin embargo, el análisis reveló que este evento remitía a una experiencia traumática previa (Escena I): a los ocho años, un pastelero le había agredido sexualmente, riéndose al hacerlo. La fobia actuó, así como una formación sustitutiva, desplazando el afecto traumático hacia un objeto externo aparentemente inocuo El análisis revela que ambas escenas traumáticas se conectan a través de un significante común: la risa. La carcajada de los empleados en la tienda activó el recuerdo de la risa del pastelero durante el atentado, estableciendo un enlace asociativo inconsciente. Además, la situación presentaba una semejanza estructural: en ambos casos, Emma se hallaba sola en un comercio. Tras la pubertad, el recuerdo del abuso —junto al contacto genital— adquirió una carga sexual que, al no poder ser integrada, se trasmutó en angustia. Este afecto, desligado de su origen real, se proyectó entonces como un temor al presente: la fantasía de que los empleados pudieran repetir la agresión. El caso de Emma, aunque en el contexto de un trauma sexual infantil, ilustra de forma prístina la fenomenología de cómo una violencia proveniente del Otro (la agresión del pastelero) se inscribe y se resignifica psíquicamente. Demuestra que no es el evento en sí, sino su articulación a posteriori con la fantasía y la madurez del sujeto, lo que lo vuelve patógeno, confirmando que las incidencias de la violencia son producto de una compleja elaboración subjetiva.

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Este caso ejemplifica la transición freudiana en la comprensión del trauma —dentro del estudio de la histeria— desde un modelo centrado en lo somático hacia uno psíquico-determinista. El síntoma histérico (en este caso, la fobia de Emma) no deriva de una lesión orgánica, sino de la incapacidad de ligar psíquicamente un evento de carga sexual traumática. Así, la reacción fóbica no responde al episodio de los empleados (Escena II), sino a su función como pantalla mnémica: reactiva la escena infantil (Escena I) y la resignifica tras la pubertad, cuando el componente sexual, antes incomprensible, deviene fuente de angustia.

Figura 1 Un esquema sobre el trauma psíquico

Nota. Un esquema sobre el trauma psíquico. Adaptado de Escribir el trauma, de Freud a Lacan (p. 76), por S. L. Berta, 2014, Letra Viva. Copyright 2014 por Letra Viva.

Es a partir de esta comprensión que Freud define el trauma psíquico; "Llamamos traumas psíquicos a las vivencias que desencadenaron el afecto originario, y cuya excitación fue convertida luego en un fenómeno somático" (Freud, 1895, p. 220). De esta forma, el trauma se convierte en un agente patógeno que transforma la excitación psíquica en una manifestación física, somática, característica principal de la histeria. Esta definición temprana ya subraya que la incidencia de la violencia sobre el sujeto se procesa mediante una "conversión" psíquica, no como una mera lesión directa.

Además, sostiene que la sexualidad juega un papel crucial en la génesis de estos traumas, señalando que “el factor sexual es, con mucho, el más importante y el de mayor fecundidad patológica” (Freud, 1893-1895, p.256). Sin embargo, aclara que no se trata de que las necesidades sexuales sean más potentes en los histéricos que en los sanos, sino que “los histéricos enferman

Escena 2 Escena 1 Trauma

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por ellas, y en buena parte por su empeño en combatirlas, por su defensa frente a la sexualidad” (Freud, 1893-1895, p.256). Las representaciones combatidas por la defensa y convertidas poseen contenido sexual y forman en buena parte la base de la histeria de pubertad. Esta idea introduce el trauma no solo como un evento aislado, sino como una vivencia afectivamente significativa que, al ser reprimida {desalojada} de la conciencia, se convierte en la fuente de manifestaciones patológicas.

Continuando con su desarrollo, se evidencia que, en sus estudios sobre la histeria, introduce lo que él denominó la Teoría de la Seducción, un desarrollo teórico fundamental que marcaría un punto de inflexión en la comprensión de la etiología de la histeria. Esta teoría representa un descubrimiento que el propio Freud consideraba revolucionario, al punto de describirlo como "el descubrimiento de un caput Nili de la neuropatología" (Freud, 1896, p. 202). En su formulación central, planteaba que "en la base de todo caso de histeria se encuentran una o varias vivencias — reproducibles por el trabajo analítico, no obstante que el intervalo pueda alcanzar decenios— de experiencia sexual prematura, y pertenecientes a edad temprana de la niñez" (Freud, 1896, p. 202). Esta conceptualización marcaba una ruptura significativa con las teorías previas sobre la histeria, que la atribuían principalmente a factores hereditarios o a traumas actuales. Proponiendo, en cambio, que la causa fundamental de los síntomas histéricos radica en experiencias traumáticas sexuales ocurridas en la infancia, generalmente vividas de manera pasiva y con displacer. Esta teoría no era solo la identificación del factor sexual, sino especialmente la temporalidad que establecía entre el evento traumático infantil y la aparición posterior de los síntomas. En su desarrollo de la teoría de la neurosis de seducción, elabora una comprensión sobre cómo las experiencias sexuales tempranas afectan el desarrollo psíquico. A partir de sus observaciones clínicas, establece que estas vivencias infantiles presentan características específicas y uniformes, siendo "de contenido sexual, pero de índole mucho más uniforme que las escenas de pubertad anteriormente halladas [...] se trata de unas experiencias sexuales en el cuerpo propio, de un comercio sexual (en sentido lato)" (Freud, 1896, p. 202). Esta especificidad de las experiencias traumáticas tempranas es crucial para entender su papel en el desarrollo posterior de la neurosis. Planteando que estas experiencias de naturaleza sexual en la niñez son un factor determinante en el desarrollo de la neurosis por dos razones fundamentales: primero, por su ocurrencia en un momento del desarrollo en que el aparato psíquico no está preparado para procesarlas, y segundo, por el exceso de excitación que estos eventos generan en el aparato

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anímico. La importancia del factor temporal se evidencia cuando señala que "no son las vivencias mismas las que poseen efecto traumático, sino sólo su reanimación como recuerdo, después que el individuo ha ingresado en la madurez sexual” (Freud, 1896, p. 165). “el recuerdo desplegará un poder que le faltó totalmente al acontecimiento mismo; el recuerdo obrará como si fuera un acontecimiento actual. Hay, por así decir, acción postuma {posthume) de un trauma sexual” (Freud, 1896, p.153).

Esta conceptualización introduce un mecanismo de defensa psíquico específico que intenta lidiar con esta sobrecarga de excitación. El aparato psíquico, incapaz de procesar estas experiencias en el momento de su ocurrencia, las reprime, pero estas permanecen activas en el inconsciente, emergiendo posteriormente como síntomas cuando son reactivadas por experiencias posteriores a la pubertad.

Al abordar el fenómeno de la histeria, Freud introduce un concepto clave para entender el procesamiento de las experiencias traumáticas: la abreacción. Este término, desarrollado junto con Breuer, describe el proceso mediante el cual el individuo libera o descarga la emoción asociada a un evento traumático. Sin embargo, la importancia de este concepto va más allá de una simple descarga emocional. En los casos de histeria, Freud (1896) observa que "los síntomas de la histeria (dejando de lado los estigmas) derivan su determinismo de ciertas vivencias de eficacia traumática que el enfermo ha tenido, como símbolos mnémicos de las cuales ellos son reproducidos en su vida psíquica" (pp. 192-193).

La particularidad del proceso en la histeria radica en que el paciente no logra completar esta liberación emocional, lo cual tiene importantes consecuencias. Según las observaciones clínicas, el trauma psíquico puede impedir la reacción (abreacción) por diferentes vías: ya sea porque la naturaleza del evento traumático no permite una reacción adecuada (como en el caso de los duelos), ya sea por el estado psíquico del paciente (momentos de afectos gravemente paralizantes o estados crepusculares), o por una combinación de ambos factores (Freud, 1893). Esta imposibilidad de abreacción adecuada es fundamental para entender por qué ciertos recuerdos mantienen su carga afectiva y continúan generando síntomas.

La complejidad del trauma sexual infantil radica en lo que Freud subraya en 1896: estos recuerdos «nunca son conscientes» en los pacientes histéricos. Aquí se revela un mecanismo decisivo: el poder patógeno del trauma no depende únicamente de la falta de abreacción (descarga emocional en el momento del evento), sino de su fijación en el inconsciente como un núcleo no

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simbolizado. Al permanecer fuera del alcance de la conciencia, el trauma evade toda elaboración psíquica, actuando como un punto de fuga que distorsiona la realidad posterior. En cuanto a la relación entre el trauma y los síntomas, se desarrolla una comprensión compleja que va más allá de una simple relación causa-efecto. Si bien sugiere que el trauma actúa como un "factor ocasionador" (Freud, 1893, p. 32), también observa que "no en todos los casos es tan transparente la determinación del síntoma por el trauma psíquico" (Freud, 1893, p. 35). Esta no-transparencia se explica por el complejo mecanismo mediante el cual el trauma infantil se vincula con los síntomas posteriores.

El proceso implica lo que Freud denomina "encadenamiento de recuerdos", donde "todas las veces el recuerdo de vivencias anteriores, despertado por vía asociativa, coopera en la causación del síntoma [...] las cadenas asociativas singulares; se hallan vivencias de las que han partido dos o más síntomas" (Freud, 1896, p. 196). Esta conceptualización explica por qué la relación entre el trauma original y el síntoma no siempre es evidente: no es el accidente en sí lo que constituye la causa eficiente, sino aquello que, a partir de la causa desencadenante, continúa actuando en el inconsciente mediante la temporalidad y la fijación.

La formación de síntomas sigue además un patrón temporal específico. Freud (1896) observa que:

La formación de síntomas histéricos empieza, no de manera excepcional, sino más bien regularmente, con el octavo año, y que las vivencias sexuales, que no exteriorizan ningún efecto inmediato, todas las veces se remontan más atrás, hasta el tercero o cuarto, o hasta el segundo año de vida (pp. 210-211).

Esta observación es crucial porque establece una correlación temporal precisa entre el momento del trauma original y la aparición de los síntomas, proporcionando una base más sólida para la comprensión del mecanismo patógeno.

Freud establece una diferenciación importante entre las neurosis de guerra y las neuropsicosis de defensa, que permite comprender mejor la especificidad del trauma sexual infantil. Esta diferenciación es crucial porque, mientras en las primeras los síntomas están vinculados a excitaciones recientes no procesadas, en las neuropsicosis de defensa el papel del trauma sexual infantil resulta fundamental en la formación de los síntomas neuróticos.

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Para explicar este proceso, Freud observa que "no son las vivencias mismas las que poseen efecto traumático, sino sólo su reanimación como recuerdo, después que el individuo ha ingresado en la madurez sexual" (Freud, 1896, p. 165). En las neuropsicosis de defensa, el trauma sexual precede a la pubertad y desencadena un mecanismo psíquico de defensa específico, que actúa como una respuesta a la sobrecarga de excitación que el aparato anímico no puede manejar. En cuanto a la etiología de las neurosis, se debe reconocer en teoría que los influjos etiológicos, diferentes entre sí por su dignidad y modalidad de relación con el efecto que producen, pueden dividirse en tres clases: 1) condiciones, que son indispensables para que se produzca la afección respectiva, pero que son de naturaleza universal y se las encuentra de igual modo en la etiología de muchas otras afecciones; 2) causas concurrentes, que comparten el carácter de las condiciones en cuanto a funcionar en la acusación de otras afecciones lo mismo que en la de la afección considerada, pero que no son indispensables para que esta última se produzca; 3) causas específicas, tan indispensables como las condiciones, pero de naturaleza estricta" (Freud, 1896, p.

146).

Esta fórmula permite entender por qué en las neuropsicosis de defensa, el trauma sexual precede a la pubertad y desencadena un mecanismo psíquico de defensa específico, que actúa como una respuesta a la sobrecarga de excitación que el aparato anímico no puede manejar. La diferencia fundamental radica en que el trauma infantil, al ocurrir en un momento de inmadurez psíquica y sexual, genera efectos diferentes y más profundos que los traumas ocurridos en la edad adulta. Esta línea de investigación lleva a Freud a una conclusión fundamental sobre la naturaleza del síntoma histérico: no es una reproducción literal del trauma, sino una simbolización del mismo. Como señala, "la determinación del síntoma por el trauma psíquico... consiste en una referencia simbólica" (Freud, 1893, p. 35). Esta comprensión implica que el síntoma es una expresión indirecta del conflicto psíquico relacionado con el trauma no resuelto, donde "existe un propósito de expresar el estado psíquico mediante uno corporal" (Freud, 1893, p. 35). Los síntomas son, por tanto, expresiones físicas de un conflicto mental no elaborado, que encuentran en el cuerpo una forma de manifestación simbólica.

Este enfoque sobre el trauma —revolucionario para su época— no solo cuestionó el paradigma somático dominante (Charcot), sino que redefinió la causalidad psíquica: el trauma ya no era un evento externo, sino un proceso de resignificación a posteriori (Nachträglichkeit). Sin embargo, la teoría inicial (1895-1897) contenía una tensión no resuelta: ¿eran los síntomas

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producto de abusos reales o de fantasías estructurantes? El propio Freud lo aclararía en 1924, al añadir a sus Estudios sobre la histeria una nota donde cuestiona su error metodológico: «Por aquel tiempo yo aún no sabía distinguir entre las fantasías [...] y unos recuerdos reales» (1896/1924, p. 169). Esta rectificación, lejos de debilitar su modelo, lo profundiza: ahora el trauma es una verdad psíquica, no un hecho empírico.

Esta rectificación posterior no invalida completamente la teoría del trauma, pero sí la modifica sustancialmente. Esta evolución en su pensamiento llevaría al desarrollo de conceptos fundamentales como la fantasía inconsciente y la sexualidad infantil, que serían elaborados en sus trabajos posteriores. En síntesis, el "Primer momento" freudiano, a pesar de sus rectificaciones, establece los pilares para una fenomenología psicoanalítica de la violencia: el trauma es psíquico, no meramente físico; su eficacia es a posteriori; se inscribe en el inconsciente mediante la fijación y la falla en la abreacción; y su poder patógeno reside en su verdad psíquica y su articulación con la sexualidad infantil y la fantasía.

6.2. Segundo momento: giro teórico- trauma fantasmático. Desde 1897 hasta 1920

6.2.1. Del trauma externo a la construcción psíquica

El segundo momento en la evolución freudiana del trauma representa un punto de inflexión fundamental en la teoría psicoanalítica. Tras abandonar su hipótesis inicial sobre la neurosis de seducción hacia 1897, Freud desarrolla una concepción radicalmente distinta del trauma, que ya no lo entiende como un evento externo verificable, sino como una construcción psíquica estructurada por la fantasía inconsciente y la temporalidad retroactiva. Este giro teórico no implica simplemente un cambio de perspectiva, sino una reconfiguración epistemológica que redefine la naturaleza misma de lo traumático.

6.2.2. La dimensión económica del trauma

El concepto de trauma adquiere ahora una dimensión esencialmente económica. Freud, lo concibe como un aflujo de estímulos —externos o internos— que irrumpen en el psiquismo generando un exceso de energía no ligada. Este desequilibrio cuantitativo, al no poder ser

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metabolizado a través de los mecanismos habituales de descarga, representación o represión, produce efectos patógenos duraderos. Estos pueden manifestarse tanto en síntomas somáticos (parálisis o amnesias histéricas) como en fenómenos repetitivos (sueños traumáticos o acting out). La novedad radical de este enfoque reside en que lo traumático no se define por la naturaleza del evento en sí, sino por su resonancia en la economía psíquica del sujeto. Esta reformulación permite a Freud establecer una distinción clínica crucial entre dos modalidades de trauma. Por un lado, la neurosis histérica, cuyo origen se sitúa en conflictos sexuales infantiles reprimidos y reelaborados fantasmáticamente.

Por otro lado, la neurosis guerra, desencadenada por eventos actuales de intensidad catastrófica que exceden la capacidad de procesamiento del aparato psíquico. Esta diferenciación no solo refleja una evolución en el pensamiento freudiano —del trauma como fantasía infantil al trauma como evento real—, sino que anticipa tensiones teóricas fundamentales que seguirán desarrollándose: ¿es el trauma primordialmente un fenómeno externo (guerra, accidente) o una experiencia subjetivamente inasimilable?

Esta distinción entre neurosis histérica y neurosis de guerra es clave para nuestra investigación, dado que nos obliga a considerar las diferentes modalidades de la violencia que viene del Otro y sus efectos. Permite diferenciar entre una violencia que se inscribe en la estructura fantasmática (en la histeria) y una violencia que irrumpe como un exceso, desbordando las defensas psíquicas, abriendo así el campo a las incidencias subjetivas.

La neurosis de guerra en particular, obligará a Freud a replantear la primacía absoluta de la sexualidad en la etiología de las neurosis, abriendo interrogantes que resonarán en desarrollos posteriores. Este período de transición sienta así las bases para la última gran reformulación freudiana del trauma, por ende, en Más allá del principio de placer (1920), con la introducción de la compulsión a la repetición y la pulsión de muerte. La tensión entre trauma como realidad externa y construcción fantasmática, lejos de resolverse, se convertirá en un fértil campo de exploración para el psicoanálisis contemporáneo.

El caso paradigmático del Hombre de los lobos (1918), ilustra esta nueva concepción. Freud analiza cómo un sueño infantil con lobos blancos —interpretado como reelaboración fantasmática de una posible escena primaria— adquiere valor traumático no por su correspondencia con un evento real, sino por su resignificación posterior en la economía psíquica del paciente. Aquí, lo

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traumático no es el contenido manifiesto del sueño, sino su función como nudo de significación inconsciente. Este caso es un pilar de este segundo momento, porque demuestra cómo las incidencias de la violencia (en este caso, una posible escena de seducción) se constituyen en trauma no por su "realidad histórica", sino por su "realidad psíquica" y su poder de resignificación a posteriori, revelando la compleja interconexión entre fantasía, inconsciente y síntoma frente a lo que viene del Otro.

Este segundo momento teórico implica, en última instancia, una redefinición de la causalidad psíquica. El trauma se comprende de forma más profunda, no siendo una causa lineal de los síntomas, sino como un proceso complejo de significación retroactiva donde fantasía y realidad se entrelazan inextricablemente. La clínica psicoanalítica dejará así de buscar "recuerdos verdaderos" para concentrarse en las verdades psíquicas que estructuran el inconsciente.

6.2.3. De la seducción a la fantasía

El año 1897 constituye un hito decisivo en la evolución freudiana del trauma. La célebre confesión a Fliess -"Ya no creo más en mi neurótica" (Freud, 1897, p. 301)- marca el abandono de la teoría de la seducción como explicación etiológica universal de las neurosis. Aunque esta fecha se sitúa en un momento aún pre-psicoanalítico en el desarrollo formal de su obra, este viraje teórico no fue una arbitrariedad, sino resultado de una acumulación crítica de observaciones clínicas que revelaban inconsistencias fundamentales: la recurrente imposibilidad de verificar los presuntos abusos infantiles y la implausibilidad estadística de una generalizada perversión paterna. La transformación conceptual más radical reside en lo que Freud denomina "la intelección cierta de que en lo inconciente no existe un signo de realidad, de suerte que no se puede distinguir la verdad de la ficción investida con afecto" (1897, p. 301-302). Esta epifanía teórica se inscribe en un marco más amplio de reformulación del aparato psíquico, prefigurado en La Carta 52 (1896) donde Freud bosqueja su modelo de transcripciones mnémicas estratificadas: desde los signos perceptivos (Ps) hasta las representaciones-palabra del preconsciente (Prc), pasando por las huellas inconscientes (Ic) organizadas causalmente (Freud, 1896, p. 274).

Este andamiaje conceptual permite replantear el trauma no como evento factual, sino como falla en los procesos de transcripción psíquica. La "denegación {Versagung} de la traducción" que Freud (1986) equipara clínicamente con la represión- ocurre cuando el displacer obstruye la

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necesaria transformación semántica entre estratos. Así, ciertos contenidos quedan fijados en registros arcaicos, generando núcleos no integrados que perturban la economía psíquica. La fantasía adquiere así estatuto de realidad psíquica, no como mera invención sino como construcción con efectos clínicos tangibles. Freud descubre que las llamadas escenas de seducción son con frecuencia elaboraciones fantasmáticas que, aunque no correspondan a eventos reales, operan como traumas efectivos al condensar conflictos pulsionales esenciales. Este giro implica una redefinición del síntoma como formación de compromiso que expresa, a través de la repetición, lo que no pudo inscribirse adecuadamente en el orden simbólico.

El modelo de transcripción estratificada revela además la temporalidad peculiar del trauma. Lo que en un momento fue registrado como percepción fragmentaria, adquiere su potencial traumático retroactivamente, al ser reinvestido desde organizaciones psíquicas posteriores. Esta concepción dinámica anticipa hallazgos contemporáneos sobre la maleabilidad de la memoria. Al respecto, Freud señala que "la fantasía sexual se adueña casi siempre del tema de los padres" (Freud, 1896, p. 302), indicando que las fantasías no son arbitrarias, sino que se organizan alrededor de ciertos temas fundamentales.

El abandono de la teoría de la seducción no implica un simple descarte del valor del trauma, sino una reconceptualización profunda de su naturaleza y funcionamiento. Freud reconoce que lo que está en juego no es la realidad material del evento traumático, sino su inscripción y reescritura en el aparato psíquico.

En este sentido, el trauma adquiere un nuevo estatuto, vinculado íntimamente con la sexualidad infantil y sus fantasías. Las fantasías de seducción son ahora entendidas como construcciones que emergen como defensas psíquicas ante la imposibilidad de satisfacer la pulsión sexual, en especial la masturbación, fenómeno que ya no considera sólo accidental o traumático, sino parte de la constitución psíquica del sujeto desde la infancia. La noción de nachträglich (a posterioridad) adquiere aquí una importancia crucial. Freud observa que las experiencias infantiles pueden adquirir un valor traumático sólo retroactivamente, cuando son reinscritas en un nuevo contexto psíquico. En la Carta 52, Freud, plantea que "las trascripciones que se siguen unas a otras constituyen la operación psíquica de épocas sucesivas de la vida" (Freud, 1896, pp. 275-276). Esta temporalidad específica del trauma implica que no es el evento lo que resulta traumático, sino su reinscripción posterior en el aparato psíquico.

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Este replanteamiento teórico tiene consecuencias fundamentales para la comprensión de la formación de síntomas. Ya no se trata de recuperar un evento traumático real, sino de comprender cómo las fantasías y las inscripciones psíquicas operan en la constitución del síntoma. Los síntomas neuróticos aparecen ahora como formaciones complejas que involucran tanto la fantasía como la realidad psíquica. Freud, indica que "en lo inconsciente no existe un signo de realidad, de suerte que no se puede distinguir la verdad de la ficción investigada con afecto" (Freud, 1897, pp. 301- 302), lo que subraya la importancia de la realidad psíquica en la formación de síntomas. La fantasía, lejos de ser una simple invención o mentira, se revela como una construcción psíquica necesaria y estructurante. De hecho, se llega a considerar que las fantasías psíquicas son el preludio de la organización psíquica, sugiriendo que juegan un papel elemental en la constitución misma del aparato psíquico. Este giro teórico no sólo modifica la comprensión del trauma y la fantasía, sino que establece las bases para una nueva concepción del aparato psíquico y su funcionamiento.

En consecuencia, el trauma fantasmático emerge como un concepto que articula la compleja relación entre realidad material y realidad psíquica, entre evento y fantasía, entre inscripción y reescritura. Este momento teórico resulta fundamental en la evolución del pensamiento freudiano, pues establece las bases para desarrollos posteriores cruciales, como la teoría de la sexualidad infantil y la importancia de las fantasías originarias en la constitución del psiquismo. Por lo cual, La distinción entre trauma (que ordena la realidad psíquica) y traumatismo (que parte de la realidad material) es el pilar central de este segundo momento. Nos permite analizar que la violencia que viene del Otro no impacta al sujeto como un hecho objetivo, sino como una verdad psíquica singularmente construida, una fantasía con valor de realidad que genera síntomas y organiza la subjetividad.

Los sistemas de representación constituyen un momento determinante en la teorización del trauma fantasmático, en cuanto permiten comprender cómo la inscripción y reescritura de las experiencias traumáticas se articulan en diferentes niveles del aparato psíquico. Si en el giro teórico de 1897 Freud había establecido que "en lo inconsciente no existe un signo de realidad, de suerte que no se puede distinguir la verdad de la ficción investida con afecto" (pp. 301-302), ahora se trata de elucidar el mecanismo preciso por el cual opera esta particular economía psíquica. Este modelo de transcripciones explica por qué ciertas experiencias infantiles solo adquieren valor traumático a posteriori, como veremos en el rol de las fantasías. En el texto La

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interpretación de los sueños (1900), Freud propone pensar este aparato a través de sucesivos esquemas que permiten visualizar su funcionamiento. El primero de ellos representa lo que él denomina un "aparato reflejo", donde "el proceso psíquico trascurre, en general, desde el extremo de la percepción hacia el de la motilidad" (p. 531).

Figura 2 Aparato reflejo básico que muestra la dirección del proceso psíquico desde la percepción (P) hacia la motilidad (M).

Nota. Esquema de Freud sobre el aparato reflejo básico que muestra la dirección del proceso psíquico desde la percepción (P) hacia la motilidad (M). Reproducido de La interpretación de los sueños (segunda parte), Vol. 5 de las Obras completas de Sigmund Freud (p. 531), 1900-01, Amorrortu Editores.

Este aparato compuesto del sistema ψ tiene una dirección y es responsable por la memoria. La actividad psíquica afectada y causada por estímulos internos y externos es formulada como un sistema eferente, por lo que tiende a la descarga de energía, dividiéndose en dos polos: sensorial y motor. Las percepciones se vincularán por inscripción y transcripción a las huellas mnémicas, cuya función es la memoria inconsciente. Sin embargo, esta concepción resulta insuficiente para explicar el funcionamiento del trauma fantasmático, pues no da cuenta de cómo las experiencias dejan huellas psíquicas durables ni explica cómo estas huellas pueden reactivarse posteriormente. Para resolver estas limitaciones, Freud introduce un segundo esquema que incorpora los sistemas mnémicos:

Figura 3 Aparato psíquico mediante un esquema de inscripciones múltiples.

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Nota. Freud presenta su teoría del aparato psíquico mediante un esquema de inscripciones múltiples. El sistema de percepción (P) capta impresiones sensoriales sin retenerlas, mientras que los sistemas mnémicos (Mn, Mn', Mn'') organizan las huellas mnémicas en diversos niveles de complejidad. Reproducido de La interpretación de los sueños (segunda parte), Vol. 5 de las Obras completas de Sigmund Freud (p.532), 1900-01, Amorrortu Editores.

Este esquema introduce una distinción crucial:

Suponemos que un sistema del aparato, el delantero, recibe los estímulos perceptivos, pero nada conserva de ellos y por tanto carece de memoria, y que tras él hay un segundo sistema que traspone la excitación momentánea del primero a huellas permanentes (Freud, 1900, p.

532).

Freud señala que las huellas mnémicas (Hm) representan diferentes sistemas de inscripción donde el mismo material puede experimentar múltiples fijaciones. La importancia de este segundo esquema para la comprensión del trauma fantasmático radica en que permite entender cómo una misma experiencia traumática puede inscribirse en diferentes niveles del aparato psíquico, explica la posibilidad de que estas inscripciones sean reactivadas posteriormente e introduce la noción de que las huellas pueden reordenarse según "nuevos nexos" (p. 532).

Figura 4 Esquema completo del aparato psíquico

Nota. Esquema que introduce la distinción entre sistemas Icc y Prcc, mostrando la complejidad del aparato psíquico y sus diferentes niveles de procesamiento. Reproducido de "La interpretación de los sueños (segunda parte)", Vol. 5 de las Obras completas de Sigmund Freud (p. 534), por S. Freud, 1900-01, Amorrortu Editores.

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En este tercer esquema, Freud establece que las percepciones que tienen efecto sobre el sistema P (polo perceptivo/polo sensorial/sistema perceptivo) conservan como duradero algo más que su contenido. Se enlazan a la memoria por asociación y, más significativamente, por los diferentes sistemas de memoria (huellas mnémicas), la misma excitación propagada por el sistema Icc/Prcc sufrirá fijaciones (Fixierung) diversas. El primer sistema tendrá fijación por simultaneidad, y los que están más alejados del mismo material podrán ordenarse conforme otras relaciones: semejanza, contigüidad, etc.

Es importante señalar que las huellas mnémicas no son susceptibles de significación (Bedeutung) psíquica por sí mismas. Solamente en el sistema Prcc se ofrece esa posibilidad. Como se establece en:

La representación consciente abarca la representación-cosa más la correspondiente representación-palabra, y la inconsciente es la representación-cosa sola. El sistema Icc contiene las investiduras de cosa de los objetos, que son las investiduras de objeto primeras y genuinas; el sistema Prcc nace cuando esa representación-cosa es sobreinvestida por el enlace con las representaciones-palabra que le corresponden" (Freud, 1915. p. 198).

El proceso de inscripción psíquica en Freud se articula mediante tres formas específicas de regresión que estructuran la dinámica del aparato mental. Como precisa "Distinguimos entonces tres modos de regresión: a) una regresión tópica [...] b) una regresión temporal [...] c) una regresión formal" (Freud, 1900/1991, pp. 541-542). Esta tríada no constituye una mera clasificación, sino que revela los mecanismos fundamentales mediante los cuales lo pretérito irrumpe en la experiencia actual. La regresión tópica, vinculada al sistema ψ, muestra cómo las conexiones entre instancias psíquicas permiten o bloquean el acceso a ciertos contenidos. La particularidad de la regresión temporal merece especial atención. Freud (1900), subraya que implica "un retorno a las estructuras psíquicas más antiguas, especialmente las percepciones, Wz (Wahrnehmungszeichen)" (p. 541), lo que demuestra cómo el aparato mental conserva registros sensoriales primarios que escapan a la elaboración simbólica posterior. Este hallazgo es crucial para comprender la naturaleza de las huellas traumáticas, que mantienen una cualidad sensorial cruda y no metabolizada. La regresión formal, por su parte, revela cómo en ciertas

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condiciones "modos de expresión y de figuración primitivos sustituyen a los habituales" (Freud, 1900/1991, p. 542), fenómeno observable en los sueños y síntomas neuróticos. Los sistemas mnémicos son particularmente sensibles a estos procesos regresivos. Freud describe este movimiento como una "marcha hacia atrás (Rückschreite) dentro del aparato, que va desde el complejo de representaciones hasta las huellas mnémicas" (1900, p. 542). En condiciones normales, este proceso no supera el nivel de las imágenes mnémicas, pero en situaciones traumáticas - como demuestra el caso del Hombre de los Lobos - puede alcanzar una vivacidad perceptiva inquietante. Esta observación clínica es fundamental para entender cómo el trauma trasciende lo meramente representacional para adquirir cualidades alucinatorias. La organización de las representaciones mentales varía radicalmente según el sistema psíquico donde se inscriben. Freud (1915) establece una distinción capital: "El sistema Icc contiene las investiduras de cosa de los objetos, que son las investiduras de objeto primeras y genuinas; el sistema Prcc nace cuando esa representación-cosa es sobreinvestida por el enlace con las representaciones-palabra que le corresponden" (p. 198). Esta diferenciación explica por qué ciertas experiencias traumáticas permanecen como núcleos no simbolizados - meras "representacionescosa" - incapaces de integrarse al discurso consciente.

El funcionamiento del inconsciente revela una lógica particular que desafía nuestra comprensión lineal del tiempo. Freud (1915) enfatiza que "los procesos del sistema Icc son atemporales [...] no están ordenados con arreglo al tiempo, no se modifican por el transcurso de este ni, en general, tienen relación alguna con él" (p. 184). Esta cualidad explica la persistencia de lo traumático, pues como añade el autor, "en el inconciente, a nada puede ponerse fin, nada es pasado ni está olvidado" (Freud, 1900/1991, p. 569). La clínica psicoanalítica muestra cotidianamente cómo experiencias aparentemente superadas mantienen intacta su carga afectiva. El caso del Hombre de los Lobos (1918) representa una demostración clínica fundamental de los principios teóricos freudianos sobre el trauma. El célebre sueño donde aparecen "unos cuantos lobos blancos" sentados en un nogal (Freud, 1918/1991, p. 29) no es simplemente un contenido onírico, sino una formación psíquica que condensa múltiples temporalidades. Como señala Freud, lo esencial radica en dos características: "el total reposo e inmovilidad de los lobos, y segundo, la tensa atención con que todos ellos lo miraban" (Freud, 1917-1919, p. 33). Esta cualidad de escena congelada - donde la mirada paralizante de los lobos captura al sujeto - revela la naturaleza peculiar del trauma como experiencia que queda fijada fuera del tiempo cronológico.

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La construcción de este fantasma requirió un prolongado trabajo analítico. Freud destaca que "obtenerla fue una tarea cuya solución abarcó varios años" (1918 [1914], p. 32), evidenciando cómo los núcleos traumáticos resisten su integración simbólica. Este proceso confirma su hipótesis temprana sobre la memoria como registro múltiple: "la memoria no preexiste de manera simple, sino múltiple, está registrada en diversas variedades de signos" (1896, p. 274). La compleja génesis del fantasma muestra precisamente estas sucesivas reelaboraciones de un material psíquico que nunca es idéntico a sí mismo.

Freud llega así a una concepción sofisticada del trauma: no como simple contenido reprimido, sino como falla estructural en los procesos de representación. Su conclusión es reveladora: "el significado de los traumas de la temprana infancia residiría en aportar a eso inconsciente un material que lo protege de ser consumido por el desarrollo subsiguiente" (1918 [1914], p. 109). Esta paradoja - donde el trauma es a la vez disruptivo y estructurante - explica por qué los procesos primarios (condensación y desplazamiento) nunca logran una elaboración completa, generando formaciones sintomáticas que persisten como sustitutos imperfectos de lo irreductiblemente no representado.

En definitiva, el "Segundo momento" freudiano nos provee de una teoría robusta para analizar las incidencias subjetivas de la violencia que viene del Otro. Ya no se trata de un evento externo sino de una compleja construcción psíquica donde la fantasía, la atemporalidad del inconsciente y la falla en la representación son constitutivas del trauma. Cada uno de los conceptos desarrollados aquí —desde la dimensión económica y el Nachträglichkeit hasta los sistemas de transcripción y el rol de la fantasía en la neurosis de seducción rectificada— son herramientas esenciales para comprender cómo lo inasimilable de la violencia se inscribe, persiste y se manifiesta en la subjetividad, superando la causalidad lineal y profundizando en la singularidad de su efecto.

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6.3. Tercer momento: la reformulación del trauma en la obra freudiana

6.3.1. Una nueva conceptualización: la guerra como punto de inflexión teórica

La irrupción de la Primera Guerra Mundial no solo confrontó a Freud con una realidad histórica inédita que desafiaba la comprensión del padecimiento psíquico, sino que produjo una verdadera conmoción epistemológica en su teorización del trauma. Ante la urgencia y la masividad de las neurosis de guerra (Freud, 1919), cuya presentación clínica contradecía los marcos explicativos previos, se vio obligado a replantear la relación entre: El evento real (la guerra como experiencia disruptiva), La economía psíquica (el exceso de excitación que no puede ser ligado), y La temporalidad (la repetición como fracaso de la elaboración). Este giro conceptual puede rastrearse inicialmente en la obra De guerra y muerte (1915), donde Freud advierte una particular perturbación en la actitud hacia la muerte que revela los límites de la cultura para contener la violencia pulsional.

La guerra ha de barrer con este tratamiento convencional de la muerte. Esta ya no se deja desmentir {verleugnen}; es preciso creer en ella. Los hombres mueren realmente; y ya no individuo por individuo, sino multitudes de ellos, a menudo decenas de miles un solo día. Ya no es una contingencia (Freud, 1915, p. 292).

Esta imposibilidad de desmentida (Verleugnung) de la muerte marca un primer quiebre en la conceptualización. Ya no se trata simplemente de un conflicto entre representaciones psíquicas o mociones pulsionales reprimidas, sino de una realidad que desborda las posibilidades de elaboración psíquicas. Lo traumático emerge aquí en su dimensión más radical: como aquello que excede las capacidades de ligadura del aparato psíquico.

En este contexto, la originalidad de la formulación freudiana radica en que trasciende la dicotomía entre realidad externa e interna. Como Freud desarrollará posteriormente en la Conferencia 18ª:

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La expresión «traumática» no tiene otro sentido que ese, el económico. La aplicamos a una vivencia que en un breve lapso provoca en la vida anímica un exceso tal en la intensidad de estímulo que su tramitación o finiquitación {Aufarbeitung} por las vías habituales y normales fracasa, de donde por fuerza resultan trastornos duraderos para la economía energética (Freud, 1916-1917, p. 252).

Esta definición sitúa el trauma en un plano cuantitativo -no cualitativo-, donde el aparato psíquico colapsa ante una magnitud de excitación imposible de ligar. Lo revolucionario de esta reformulación es que el trauma ya no depende exclusivamente de un conflicto psíquico previo (como la sexualidad infantil reprimida), sino de una falla en la capacidad de ligar estímulos hiperintensos. Esto permite explicar por primera vez por qué eventos externos catastróficos — como la guerra— pueden ser traumáticos incluso en sujetos sin historial neurótico: no por su contenido simbólico, sino porque desbordan los recursos del aparato psíquico. Así, Freud abre un marco para entender el trauma más allá de la fantasía, enfatizando una dimensión económica que sigue siendo de orden pulsional.

Para comprender mejor esta dimensión económica del trauma, Freud desarrolla el concepto central de la barrera antiestímulo (Reizschutz). Como señala: "Para el organismo vivo, la tarea de protegerse contra los estímulos es casi más importante que la de recibirlos" (Freud, 1920, p. 27). El trauma es conceptualizado como una ruptura de esta protección esencial que deja al aparato psíquico expuesto a un exceso de excitación que no puede procesar. En consecuencia, la tarea primordial frente al trauma se convierte en "dominar el estímulo, ligar psíquicamente los volúmenes de estímulo que penetraron violentamente" (Freud, 1920, p. 29).

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Figura 5 Ruptura de la protección antiestímulo según Freud.

Nota. Imagen creada por el autor. La figura ilustra la conceptualización freudiana del trauma como ruptura de la protección anti estímulo. En el panel superior se observa el funcionamiento normal del sistema P-Cc con su barrera protectora intacta, mientras que en el panel inferior se representa el estado traumático donde la protección es perforada por un exceso de excitación.

La imposición de las neurosis de guerra como fenómeno clínico masivo y disruptivo forzó a Freud a una articulación más precisa entre economía psíquica y temporalidad; al observar la especificidad de estos cuadros, Freud (1919) estableció que el factor sorpresa y la ausencia de preparación angustiosa impedían la elaboración temporal del acontecimiento, produciendo una ruptura en la continuidad psíquica que se manifiesta en la compulsión a la repetición en tanto, “las neurosis de guerra, en la medida en que se diferencian por particulares cualidades de las neurosis corrientes de tiempos de paz, deben concebirse como unas neurosis traumáticas que fueron posibilitadas o favorecidas por un conflicto yoico” (Freud, 1919, p. 206). Esta afirmación no es meramente descriptiva, sino que revela un cambio epistemológico en la comprensión freudiana del trauma, donde el factor desencadenante ya no es un conflicto entre representaciones, sino la incapacidad del yo para tramitar una excitación que desborda sus recursos psíquicos. Este giro teórico implica tres consecuencias fundamentales:

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• Primacía de lo económico: el trauma ya no se explica por el contenido del conflicto (como en

las neurosis de transferencia), sino por "trastornos duraderos para la economía energética" (Freud, 1917, p. 252).

• Estatuto del yo: el "conflicto yoico" señala la fragilidad de las instancias psíquicas ante lo real

de la guerra, confirmando que "el yo no es dueño en su propia casa" (Freud, 1917, p. 284).

• Nuevo paradigma: la compulsión de repetición en las neurosis de guerra manifiesta el retorno

de lo no ligado, anticipando la conceptualización de la pulsión de muerte expuesta en la obra Más allá del principio de placer (1920).

6.3.2. La compulsión a la repetición y la nueva teoría pulsional

Este giro teórico se vuelve particularmente urgente al estudiar las neurosis de guerra, cuyos síntomas —sueños repetitivos, ataques de angustia— desafían las conceptualizaciones previas. En tanto Freud (1920), alude que “nos proporcionan así una perspectiva sobre una función del aparato anímico que, sin contradecir al principio de placer, es empero independiente de él y parece más originaria que el propósito de ganar placer y evitar displacer" (p. 31). Esta observación cobra especial relevancia cuando Freud se enfrenta a un fenómeno que contradice directamente uno de los pilares fundamentales de su teorización previa: la concepción del sueño como realización de deseo.

Precisamente en estos sueños traumáticos —donde el paciente revive el evento catastrófico— Freud identifica un principio más arcaico que el placer. Observa que “estos sueños buscan recuperar el dominio sobre el estímulo por medio de un desarrollo de angustia cuya omisión causó la neurosis traumática" (Freud, 1920, p. 31). Esta dinámica revela una paradoja: el aparato psíquico, en lugar de evitar el displacer, repite lo insoportable en un intento fallido de dominarlo. Esta dimensión económica del trauma se articula de manera particular con una temporalidad específica que se evidencia en las neurosis de guerra:

La vida onírica de la neurosis traumática muestra este carácter: reconduce al enfermo, una y otra vez, a la situación de su accidente, de la cual despierta con renovado terror [...] no provoca el suficiente asombro: se cree que si la vivencia traumática lo asedia de continuo mientras duerme, ello prueba la fuerza de la impresión que le provocó (Freud, 1920, p. 13).

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Esta compulsión de repetición que se manifiesta en los sueños traumáticos contradice el principio del placer, revelando una temporalidad peculiar donde el pasado traumático no logra inscribirse como pasado. Con referencia a este fenómeno Freud (1914), señala que “el analizado no recuerda nada de lo olvidado o reprimido, sino que lo vive de nuevo. No lo reproduce como recuerdo sino como acto, lo repite sin saber, naturalmente, que lo repite” (p. 152); esta observación clínica resulta fundamental para comprender la dimensión temporal del trauma en las neurosis de guerra, pues señala cómo la imposibilidad de inscripción simbólica conduce a una particular modalidad de retorno que desafía la temporalidad lineal.

La observación sistemática de los fenómenos de repetición en las neurosis traumáticas, especialmente en el contexto bélico, fue clave para esta reformulación:

El enfermo —se sostiene— está, por así decir, fijado psíquicamente al trauma. Tales fijaciones a la vivencia que desencadenó la enfermedad nos son conocidas desde hace tiempo en la histeria. Breuer y Freud manifestaron en 1893 que «el histérico padece por la mayor parte de reminiscencias». También respecto de las neurosis de guerra, observadores como Ferenczi y Simmel explicaron muchos síntomas motores por una fijación al momento del trauma (Freud, 1920 p. 13).

Este fenómeno de fijación, que el principio del placer no lograba explicar, demostró ser insuficiente para comprender estos comportamientos auto-perpetuados de revivir el displacer, lo que condujo a una reformulación fundamental de su teoría pulsional. La compulsión de repetición se manifiesta en la transferencia, donde el paciente revive los patrones relacionales y afectivos del pasado, a menudo de manera inconsciente. Este fenómeno se convierte en un terreno privilegiado para el trabajo analítico, permitiendo la actualización de lo traumático en un nuevo contexto. Sin embargo, el desafío que impone la compulsión de repetición llevó a Freud a postular una fuerza más allá del principio del placer. Esta idea culmina con la introducción de la pulsión de muerte, una tendencia inherente al organismo a regresar a un estado de no animación, a lo inorgánico, una búsqueda de la estabilidad total y la reducción de la tensión a cero.

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La pulsión de muerte emerge como concepto que permite explicar esta tendencia fundamental del aparato psíquico a la repetición y a la auto-aniquilación, presente no solo en el trauma, sino estructurando lo humano. Esta nueva dualidad pulsional (Eros y Tánatos) implica que el conflicto psíquico no se reduce a la represión de deseos sexuales, sino a la compleja interacción entre fuerzas de vida y de muerte. La agresividad, por ejemplo, es entendida como una manifestación de la pulsión de muerte vuelta hacia el exterior. Freud señala: "Cuando Freud escribe: “osaremos suponer que en la vida anímica existe realmente una compulsión de repetición que se instaura más allá del principio de placer” (Freud, 1920, p. 22), esta idea anticipa su posterior desarrollo; la pulsión de muerte no se limita a lo traumático, sino que estructura lo humano.

6.3.3. Manifestaciones del trauma

La nueva conceptualización del trauma y la pulsión de muerte modifican también la comprensión freudiana de la angustia. En Inhibición, síntoma y angustia (1926), la angustia ya no es vista como resultado de la libido reprimida, sino como una señal de peligro que emite el yo ante una situación traumática o la amenaza de ella, una señal de desvalimiento frente a una magnitud de excitación inmanejable. El desvalimiento es el estado original del sujeto ante lo incomprensible de la excitación desbordante. Esta perspectiva permite comprender la angustia no solo como un fenómeno individual, sino también en su dimensión vincular y social, cuando los lazos que proveen sostén se ven afectados por el impacto traumático.

En este contexto, la contrainvestidura adquiere una nueva relevancia como mecanismo defensivo. La necesidad de mantener la represión de las representaciones ligadas a lo traumático requiere un gasto constante de energía psíquica. Freud señala: "la contrainvestidura es el gasto de energía que el yo emplea para mantener la represión" (Freud, 1926, pp. 29-30). Esta contrainvestidura, sin embargo, no siempre es suficiente y puede conducir a la repetición transferencial, donde el pasado no recordado se actúa en el presente, ofreciendo una oportunidad para su reelaboración. El conflicto psíquico, así, se sitúa entre la contrainvestidura defensiva del yo y el empuje de las pulsiones.

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6.3.4. Implicaciones para la técnica analítica y la constitución subjetiva

Estas reformulaciones tienen profundas implicaciones para la técnica analítica. El trabajo de la cura no se limita a la interpretación de los contenidos inconscientes, sino que se orienta hacia la "ligadura" de la excitación traumática que se presenta en la repetición. El analista se convierte en un agente que ayuda al paciente a metabolizar lo inelaborado, a pasar del acto de la repetición al recuerdo y a la significación. La comprensión de que “la represión {esfuerzo de desalojo} que esta no consiste en un proceso que se cumpla de una vez, sino que reclama un gasto permanente" (Freud, 1926, p. 147) profundiza la comprensión del trabajo de ligadura psíquica y sus manifestaciones en la transferencia.

La distinción entre dolor, duelo y angustia que Freud desarrolla permite una comprensión más matizada de las diferentes respuestas psíquicas ante la pérdida y el trauma. Su formulación de que "el dolor es, por tanto, la genuina reacción frente a la pérdida del objeto; la angustia lo es frente al peligro que esa pérdida conlleva, y en ulterior desplazamiento, al peligro de la pérdida misma del objeto" (Freud, 1926, p. 159) introduce una diferenciación fundamental que enriquece la comprensión de la fenomenología del trauma.

La importancia de estas reformulaciones teóricas se hace evidente en sus implicaciones para la técnica analítica. La comprensión de que “la represión {esfuerzo de desalojo} que esta no consiste en un proceso que se cumpla de una vez, sino que reclama un gasto permanente" (Freud, 1926, p. 147) profundiza la comprensión del trabajo de ligadura psíquica y sus manifestaciones en la transferencia. El trabajo analítico debe considerar no solo la interpretación del contenido reprimido sino también el complejo trabajo de elaboración psíquica que el trauma requiere. Esta reformulación teórica culmina en una nueva comprensión de la relación entre trauma y constitución subjetiva. El trauma ya no puede pensarse como un mero accidente en la historia del sujeto sino como un elemento constitutivo del psiquismo que requiere un trabajo constante de elaboración y ligadura. Esta perspectiva enriquece sustancialmente la comprensión del trauma y sus consecuencias para la teoría y la práctica psicoanalítica.

El recorrido exhaustivo por la conceptualización freudiana del trauma, que culmina en su reformulación más allá del principio de placer, no es una elección arbitraria en esta investigación. Constituye una decisión conceptual estratégica, fundamental para abordar con la precisión requerida las incidencias subjetivas de la violencia que proviene del Otro.

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Este camino a través de la evolución del pensamiento freudiano se vuelve indispensable precisamente porque permite trascender de una concepción lineal o simplista del trauma. Nos capacita para comprender que la violencia que viene del Otro, en su vasta y compleja realidad, no es un "evento traumático" homogéneo que impacta de la misma manera a todos los sujetos. Por el contrario, es un escenario donde la violencia ejercida por el Otro despliega una serie de fuerzas desbordantes. Es en la interacción de estas fuerzas con la economía psíquica singular que emergen las neurosis traumáticas, esas incidencias subjetivas específicas que definen la esencia del padecimiento.

Al seguir la propia travesía de Freud —desde las neurosis de transferencia hasta la centralidad de las neurosis de guerra, y el salto conceptual hacia Más allá del principio de placer (1920), esta investigación subraya la necesidad de una teoría del trauma que pueda dar cuenta de la irrupción de lo real en su dimensión más brutal: aquello que excede la capacidad de ligadura del aparato psíquico. Se busca, con ello, destacar que la violencia del Otro no solo afecta a través de contenidos simbólicos o conflictos internos preexistentes, sino a través de una sobrecarga que perfora las defensas psíquicas, dejando al sujeto en un estado de desvalimiento primordial ante lo inasimilable.

6.3.5. El concepto de traumatismo en la obra de Colette Soler

El recorrido por la conceptualización freudiana del trauma psíquico nos ha mostrado cómo el psicoanálisis abordó inicialmente los efectos de la violencia sobre el aparato psíquico. Sin embargo, las formas contemporáneas de violencia —particularmente aquellas vinculadas a la violencia que viene del Otro — plantean desafíos que requieren nuevas herramientas conceptuales. La obra de Colette Soler ofrece una perspectiva que, sin abandonar los fundamentos psicoanalíticos, permite pensar las especificidades de la violencia contemporánea a través del concepto de traumatismo. Esta noción se distingue del trauma psíquico freudiano en aspectos fundamentales que resultan cruciales para comprender los efectos de la violencia en esta investigación.

Colette Soler desarrolla una noción psicoanalítica del traumatismo que articula dimensiones clave como el automatón, los accidentes contingentes de la historia y lo real lacaniano, lo que le permite ofrecer una perspectiva singular sobre este fenómeno. Su enfoque no solo establece un

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diálogo crítico con la tradición freudiana y lacaniana, sino que también interroga los desafíos específicos de nuestra época, marcada por una creciente fragilidad de lo simbólico. En Advenimientos de lo real, de la angustia al síntoma (2015-2016), Soler subraya el carácter disruptivo del traumatismo al señalar que "el acontecimiento que da pánico pulveriza precisamente este saber que constituía nuestra seguridad" (p. 11). Esta idea revela cómo el traumatismo no se reduce a un mero impacto externo, sino que desarticula las certezas que sostenían al sujeto, exponiéndolo a lo real sin mediación.

Más recientemente, en L'époque des traumatismes (2005), profundiza en la historicidad del trauma al afirmar: "Nous vivons une époque où les traumatismes se multiplient, non pas parce que le réel serait plus violent, mais parce que nos amortisseurs symboliques sont défaillants"5 (p. 89). Esta observación resulta crucial: Soler no solo vincula el aumento aparente de los traumas con una crisis de lo simbólico, el declive de las narrativas, las instituciones y las ficciones que antes estructuraban el lazo social, sino que también desplaza la pregunta ¿hay más violencia? En su formulación, Soler define el traumatismo como: "Le traumatisme est un des noms que l'on donne à l'effraction du malheur quand il vient du dehors, par surprise, sans que l'on puisse l'imputer au sujet qui en subit les conséquences avec l'effroi" (p. 11)6. Esta definición marca una diferencia crucial con el trauma estructural freudiano, pues enfatiza tres características fundamentales:

la exterioridad radical del acontecimiento su carácter imprevisible la posición de pasividad del sujeto.

Esta perspectiva se refuerza cuando Soler analiza la temporalidad traumática: lo traumático obedece a "la temporalidad abrupta de un acontecimiento que fractura la continuidad de la existencia, ya sea individual o colectiva" (Soler, 2015-2016, p. 4). Lo crucial no es únicamente la violencia de lo real, sino la ausencia de mediaciones simbólicas capaces de amortiguar su impacto.

5 Vivimos una época en la que los traumas se multiplican, no porque lo real sea más violento, sino porque nuestros amortiguadores simbólicos están fallando. Traducción propia. (Soler, 2005, p. 89). 6 El traumatismo es uno de los nombres que se da a la efracción de la desgracia cuando viene de fuera, por sorpresa, sin que se pueda imputar al sujeto que sufre las consecuencias con espanto. Traducción propia. (Soler, 2005, p. 11).

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De hecho, Soler (2005) advierte una paradoja propia de nuestra época: "L'époque actuelle produit une paradoxale vulnérabilité: plus nous croyons nous protéger, plus nous sommes exposés au troumatisme" (p. 15)7.

Esta vulnerabilidad paradójica se explica por la naturaleza misma de lo traumático, que Soler (2005) precisa: "On le réfère, à juste titre, à un réel qui vous tombe dessus, un réel impossible à anticiper ou à éviter, autrement dit un réel qui exclut le sujet, sans rapport à l'inconscient ou au désir propre de chacun" (p. 11)8 Esta definición encuentra su complemento en Advenimientos de lo real, de la angustia al síntoma, al establecer que la consecuencia es irreversible: "C'est un réel qui se rencontre et face auquel, comme on dit, le sujet 'n'en peut mais', sauf à ce qu'il en porte les séquelles, comme autant de traces que l'on croit inoubliables" (p. 19)9, dejando marcas imborrables que testimonian el colapso momentáneo de las defensas psíquicas.

La originalidad de la perspectiva de Soler se manifiesta plenamente cuando retoma y desarrolla el concepto lacaniano de "troumatisme": "il y a... 'troumatisme', comme disait Lacan, et toutes les occurrences extrêmes du trop, trop de violence, d'abus, de risques, d'horreur, etc., sont susceptibles de faire... traumatisme, ou 'trop-matisme', si on veut" (2005, p. 73)10. Esta formulación captura la esencia del traumatismo como encuentro con un exceso que perfora las defensas simbólicas del sujeto, y que se distingue en dos modalidades: "D'un côté, il désigne le réel au sens de la Chose extime, qu'elle se présente du côté du sujet ou de l'Autre. D'un autre côté, il réfère aux grandes catastrophes, éruption, tremblement de terre, inondation, etc. qui balayent les installations humaines"11 (Soler, 2005, p. 43).

En su obra posterior De un trauma al otro, Soler (2015) lleva esta reflexión al terreno de lo social, analizando cómo "El discurso actual, el del capitalismo globalizante [...] es angustiante y

7 La época actual produce una paradójica vulnerabilidad: cuanto más creemos protegernos, más expuestos estamos al troumatismo.

8 Se lo refiere, con razón, a un real que te cae encima, un real imposible de anticipar o de evitar, es decir, un real que excluye al sujeto, sin relación con el inconsciente o con el deseo propio de cada uno. Traducción propia. 9 Es un real que se encuentra y frente al cual, como se dice, el sujeto 'no puede hacer nada', salvo portar las secuelas, como tantas huellas que se creen inolvidables. Traducción propia.

10 existe el 'troumatismo', como decía Lacan, y todas las ocurrencias extremas del demasiado, demasiado de violencia, de abuso, de riesgos, de horror, etc., son susceptibles de hacer... traumatismo, o 'demasiado-matismo', si se quiere. Traducción propia.

11 Por un lado, designa lo real en el sentido de la Cosa éxtima, ya se presente del lado del sujeto o del Otro. Por otro lado, se refiere a las grandes catástrofes, erupción, terremoto, inundación, etc. que arrasan las instalaciones humanas. Traducción propia.

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productor de traumatismo"(p. 12). Aquí establece una conexión fundamental entre las transformaciones sociales y la subjetividad contemporánea, caracterizada por lo que denomina "la fragmentación de los vínculos sociales" (p. 13).

En este contexto, el traumatismo adopta formas colectivas: "traumatismos de las guerras [...] del terrorismo, de las violencias urbanas [...] de los atentados sexuales, de la reorganización constante del trabajo y también de las grandes catástrofes de la técnica [...] sin olvidar [...] catástrofes naturales" (p. 11).

Por lo cual, un aporte de Soler (2015) es su distinción clínica entre dos tipos de trauma: "Hay dos tipos de traumatizados. Están los sujetos, en tanto traumatizados de origen, ellos han olvidado [...] los traumatizados de la guerra [...] son caracterizados [...] por el olvido imposible" (p. 51). Esta diferencia explica por qué "los traumas de la civilización no construyen memoria" (p. 51), sino que persisten como imágenes repetitivas, fenómeno que relaciona con lo que Freud llamaba "las alucinaciones" (p. 51).

En contraste con enfoques que reducen al sujeto a una víctima meramente pasiva, Soler plantea una ética psicoanalítica distintiva. Esta perspectiva reconoce que "el sujeto es inmanente a su traumatismo" (2015, p. 10), es decir, que existe una relación constitutiva entre el sujeto y su experiencia traumática que va más allá de la simple victimización externa. Esta posición se clarifica cuando Soler precisa: "según la mirada del psicoanálisis, el origen traumático no permite al sujeto salir bien librado y mantenerse completamente inocente frente al destino que él se labra" (p. 10). Aquí no se trata de culpabilizar a la víctima, sino de reconocer que el sujeto mantiene una relación singular con su trauma, una implicación subjetiva que abre posibilidades de elaboración.

Esta ética psicoanalítica permite articular dos dimensiones aparentemente contradictorias: por un lado, la dimensión colectiva del sufrimiento contemporáneo —los traumas sociales, económicos y civilizatorios que afectan masivamente a los sujetos—; por otro lado, "las fuerzas del sujeto" (p. 52) para elaborar y resignificar su experiencia traumática. La contribución teórica de Soler encuentra su síntesis más precisa en su definición de 2005: "Le traumatisme est toujours l'effraction d'une violence, d'un excès, qui assaille le sujet dans son

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corps par surprise et qui est générateur d'effet pour le sujet. Dans tous les cas, c'est une violence qui touche le vivant, là où l'on peut dire qu'elle touche la vie même" 12(p. 3) La articulación que Soler establece entre los accidentes contingentes de la historia y la estructura subjetiva constituye el núcleo de su contribución en esta investigación. Su trabajo ofrece herramientas conceptuales cruciales para comprender la violencia contemporáneo, especialmente en un contexto donde la fragilidad de los amortiguadores simbólicos expone a los sujetos de manera creciente a encuentros traumáticos con lo real.

6.4. Variaciones en relación a los efectos de las experiencias para el sujeto

En su Carta 69, fechada el 21 de septiembre de 1897, Sigmund Freud expresa un momento crucial de duda y revisión en su teoría psicoanalítica. Esta carta, dirigida a su amigo Wilhelm Fliess, marca el comienzo de un distanciamiento significativo de su teoría inicial sobre la "neurosis de seducción". Según esta teoría, desarrollada en sus primeros estudios sobre la histeria, las neurosis se originaban en experiencias reales de seducción ocurridas durante la infancia. Freud había concebido inicialmente el trauma como una causa primaria para explicar la aparición de los síntomas, presentándolo como una respuesta directa y sencilla a la pregunta sobre el origen del malestar: “¿Por qué está enferma?”.

En este primer momento, el trauma era visto como un evento accidental y contingente en la vida del sujeto, una causa externa derivada de sucesos fortuitos en la historia del individuo. La enfermedad se explicaba como resultado de estos accidentes biográficos, como el caso de la seducción por parte del padre, tal como Freud planteaba en sus primeros desarrollos. Sin embargo, a medida que Freud avanza en su autoanálisis y en su trabajo con pacientes, comienza a cuestionar la realidad de estos recuerdos y a considerar la posibilidad de que muchos de ellos sean más fantasías inconscientes que eventos históricos reales. En la Carta 69, Freud escribe “Ya no creo más en mi ‘neurótica” (p. 301), refiriéndose a su teoría de la seducción, que ubicaba en el origen del síntoma un trauma real y concreto. Este descubrimiento lleva a Freud a

12 El traumatismo es siempre la efracción de una violencia, de un exceso, que asalta al sujeto en su cuerpo por sorpresa y que es generador de efecto para el sujeto. En todos los casos, es una violencia que toca lo viviente, allí donde se puede decir que toca la vida misma. Traducción propia. (Soler, 2005, p.3).

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replantear el trauma como una máscara del fantasma, sugiriendo que, en la neurosis, el trauma es en realidad un fantasma de trauma y no un hecho accidental.

Freud empieza a diferenciar entre la realidad objetiva y una otra realidad que denomina realidad psíquica, un concepto que destaca la influencia del imaginario en la vida psíquica del sujeto. Esta realidad psíquica no debe ser vista simplemente como una invención, sino como una construcción del inconsciente que ejerce una influencia equiparable a la de los eventos reales. Esta realidad psíquica se forma a partir de los efectos del encuentro con lo traumático; sin embargo, esos efectos no se entienden como una relación causal directa. En lugar de eso, la fantasía actúa como una interpretación subjetiva del acontecimiento traumático. Lo fundamental es cómo el sujeto interpreta estos eventos. Freud comienza a cuestionar la veracidad de los recuerdos traumáticos, dando mayor relevancia a la realidad psíquica y a la forma en que los sujetos elaboran y reconfiguran sus experiencias traumáticas Por ende, no existe una relación directa y simple entre el evento considerado traumático y la respuesta del sujeto; es fundamental tener en cuenta las variaciones posibles en esta interacción. Colette Soler, siguiendo a Freud y a Lacan, distingue tres tipos de relaciones entre el evento traumático y sus marcas en el sujeto: una que depende de lo que proviene del Otro, que denomina “Figuras del Otro”; otra que se refiere a los accidentes o contingencias de la historia personal, denominados “Accidentes de la historia individual”; y una tercera que se centra en la singularidad de la respuesta del sujeto, a la que llama “Factores nativos [natifs]” (pp. 69-73).

6.4.1. Figuras del Otro

En la primera variación propuesta por Colette Soler, profundiza cómo las figuras del Otro juegan un papel crucial como un agente activo que influye en cómo se desarrollan las diferencias entre individuos en un contexto social. No como producto de una biología o su individual, sino que el entorno social juega un papel formativo. Soler señala que "en este nivel el factor de la sociedad entra en juego y desempeña un rol en la fabricación de las diferencias individuales, según los individuos que la componen" (pp. 69-70).

Esta afirmación subraya la importancia de las figuras del Otro en el desarrollo psíquico y la formación de la identidad de cada sujeto, como los padres, cuidadores, o autoridades sociales, la

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violencia, las transgresiones, negligencias, pero también los sentimientos de afecto, cuidado y bienestar.

Soler sostiene que la estructura psíquica de los individuos no se forma en aislamiento, sino que está profundamente influenciada por las interacciones con su entorno social y, en particular, con las figuras significativas que habitan en él. Estas figuras del Otro social no solo actúan como transmisoras de normas y valores, sino que también desempeñan un papel crucial en la forma en que el sujeto internaliza y enfrenta sus propios deseos y conflictos. El trauma, según esta perspectiva, se origina cuando el Otro, sobre quien se depositan expectativas, es percibido como decepcionante o insuficiente. En consecuencia, el Otro se convierte en un factor en la experiencia traumática. Freud no ve este fenómeno como un simple encuentro fallido, sino como una manifestación del fracaso estructural inherente a las expectativas dirigidas al Otro.

Siguiendo esta línea, Freud había señalado la importancia del Otro en la constitución del sujeto, particularmente en el marco del Complejo de Edipo, donde las figuras parentales y las normas sociales que estas representan juegan un papel decisivo en la estructuración del inconsciente. En este contexto, el padre y la madre, como representantes del Otro, introducen al niño en el orden simbólico y en las leyes del deseo, mediando el conflicto entre las pulsiones y las exigencias sociales.

Esta dinámica se desarrolla principalmente durante el periodo edípico, cuando el niño enfrenta el deseo hacia el progenitor del sexo opuesto y la rivalidad con el del mismo sexo. Freud sostiene que es a través de la identificación con los padres y la aceptación de la prohibición del incesto que el niño internaliza las normas y leyes sociales, lo que contribuye a la formación del superyó y a la regulación de sus deseos (Freud, 1923).

En este proceso, las prohibiciones impuestas por las figuras del Otro generan mecanismos de defensa. Además, Freud establece que las neurosis no sólo derivan de la dinámica familiar, sino también del contexto sociocultural que moldea las figuras del Otro y sus influencias. Así, la subjetividad emerge en un constante diálogo entre el sujeto y los significantes que recibe del Otro, lo que refleja cómo las contingencias sociales y culturales son esenciales para comprender la diversidad de respuestas y estructuras psíquicas.

Por otra parte, en Moisés y la religión monoteísta, Freud (1939) aborda el trauma desde una perspectiva histórica y colectiva, explorando cómo los eventos contingentes afectan al individuo,

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a los pueblos y las culturas. En esta obra, Freud (1939) plantea que los traumas históricos pueden dejar huellas duraderas en la identidad colectiva, afectando la memoria y el comportamiento de generaciones posteriores “Y si llegamos a averiguar que los traumas eficientes y olvidados se refieren en uno y otro caso a la vida dentro de la familia humana, lo saludaremos como un suplemento en extremo bienvenido” (p.77).

Al comparar el trauma colectivo con el trauma individual, se destaca que ambos operan bajo una lógica similar de represión y retorno de lo reprimido. Así como un individuo puede reprimir un trauma y luego manifestarlo en forma de síntomas, una comunidad o cultura también puede reprimir un trauma histórico, como el asesinato de Moisés por el pueblo judío, y luego revivirlo en forma de creencias religiosas o mitos colectivos.

Esta idea se refleja en el hecho de que “la primera forma en que se manifiesta la religión dentro de la historia humana, así como a comprobar que desde el comienzo mismo la religión se enlaza con configuraciones sociales y obligaciones morales” (Freud, 1939, p. 80). La religión, la violencia o guerra (El Otro), por tanto, emerge como un mecanismo de manifestación, donde las configuraciones sociales y las obligaciones morales se entrelazan con las respuestas de símbolos y prácticas culturales que mantienen viva la memoria del trauma de una forma que puede ser socialmente aceptable o significativa.

Freud teoriza que el monoteísmo judío, fundado por Moisés, se origina a partir de un trauma colectivo ligado a la figura de Moisés y su asesinato por el pueblo que él mismo había liberado. Según Freud, Moisés, un líder egipcio que introdujo la adoración de un solo Dios, “Moisés quien imprimió en el pueblo judío este rasgo, significativo para todo el futuro. Elevó su sentimiento de sí asegurándoles que eran el pueblo elegido de Dios, les impartió la santidad [cf. pág. 116] y los comprometió a segregarse de los demás” (p. 103). Freud argumenta que este trauma colectivo se repite y se reconfigura simbólicamente en las prácticas religiosas posteriores, especialmente a través de la culpa y la necesidad de redención.

Además, señala cómo la figura del gran hombre o líder carismático, como lo fue Moisés, ejerce una influencia doble sobre sus seguidores, tanto a través de su personalidad como de las ideas que promueve. Según Freud, "el gran hombre influye sobre sus prójimos por dos caminos: el de su personalidad y el de la idea por la cual aboga" (Freud, 1939, p. 106). En el caso de Moisés, su figura fue determinante no solo por introducir una nueva estructura religiosa —el monoteísmo—

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sino por encarnar un rol paternal que respondía a una profunda necesidad en la masa de tener una autoridad a quien admirar y seguir.

Esta añoranza del padre, presente desde la niñez, es lo que conecta la figura del líder con los deseos inconscientes de la comunidad. Moisés, como líder, fue idealizado y, tras su asesinato, su imagen se perpetuó en el inconsciente colectivo del pueblo judío, convirtiéndose en un rasgo simbólico que organizó la identidad y los valores de la comunidad. Así, la influencia de Moisés no se limitó a sus ideas, sino que su figura paterna, como señala Freud, cumplió una función clave en la estructuración de la psique colectiva, donde las figuras del Otro —en este caso, Moisés— no solo transmiten ideas, sino que se vinculan a deseos y añoranzas profundamente arraigadas en el inconsciente de las masas.

El evento de violencia, se expande a nivel cultural y se transmite a través de generaciones, configurando no sólo la religión, sino también la identidad y la historia de un pueblo. Freud utiliza esta teoría para explorar cómo las civilizaciones procesan el sufrimiento y la violencia fundacional, y cómo estos elementos se inscriben en las estructuras culturales y psíquicas colectivas. En este sentido, la figura del "gran hombre", como lo fue Moisés, funciona como una figura del Otro, en el sentido propuesto por Colette Soler, que señala la dimensión perturbadora del Otro que se manifiesta a través de experiencias biográficas marcadas por el exceso. Este exceso se relaciona con un goce experimentado como algo demasiado intenso o abrumador. Lo característico es que no está vinculada al amor ni favorece la creación de vínculos sociales significativos, de hecho, va más allá de lo que podemos ver en la superficie o expresar a través del lenguaje común. En este caso, la figura de Moisés, marcada por su asesinato y el subsecuente trauma reprimido, se entrelaza con la necesidad inconsciente de las masas de identificarse con una figura paterna. Esta figura del Otro no solo media la internalización de la ley y el orden simbólico, sino que también transmite las huellas históricas que sigue afectando tanto la estructura psíquica individual como la colectiva. Así, el Otro, encarnado en el "gran hombre", se convierte en el vehículo a través del cual las sociedades reviven y repiten los traumas fundacionales que dan forma a sus configuraciones culturales y psíquicas.

En este punto, se puede traer en relación lo que Lacan, también distingue entre la figura del padre [parent] traumático y la del psicoanalista, afirmando que "todo padre traumático está en suma en la posición que el psicoanalista. La diferencia es que el psicoanalista, por su posición, reproduce la neurosis, mientras que el padre [parent] traumático la produce inocentemente"

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(Lacan, 1972, p. 150). Esta aseveración es fundamental para comprender la naturaleza de la producción del síntoma: mientras el analista, a través de su intervención deliberada en la transferencia, busca reactivar y elaborar la neurosis para su resolución, el padre opera desde una posición inconsciente y estructural. La inocencia del padre no se refiere aquí a la ausencia de culpa moral por un acto deliberado, sino a la falta de intencionalidad consciente en la producción de los efectos que se viven como traumáticos. Estos efectos emergen precisamente de la función simbólica que el padre encarna y de las inevitables fallas de esta función en la modulación del deseo y la relación del sujeto con el goce.

Soler profundiza en esta distinción para argumentar que el padre traumático actúa desde una posición estructural. Su influencia no se limita a su presencia o ausencia en el ámbito doméstico, sino que radica en la función simbólica que encarna, aquella que introduce la ley, pero también la castración y, por ende, modula la relación del sujeto con su deseo y con su goce. Es esta falla o límite inherente a la función del Otro como garante absoluto del sentido o de la completud lo que, de forma estructural, puede producir un punto de trauma. Así, la violencia que viene del Otro, en su dimensión más fundamental, no se reduce únicamente a una agresión intencional, sino que puede arraigarse en las limitaciones intrínsecas a la función del Otro en la constitución subjetiva, generando incidencias que el psiquismo deberá trabajar constantemente para ligar y simbolizar.

Soler (2013), plantea que el trauma ligado a la estructura del lenguaje es una condición universal, ajena a las variaciones individuales: "Hay traumatismo para todos: el Otro, el lugar del significante, no lo sabe todo del goce" (p. 70). Esta afirmación revela una paradoja fundamental: el lenguaje, en tanto mediación simbólica, no solo posibilita la subjetividad, sino que también introduce una fractura inherente. La violencia de esta inscripción —que Lacan ubicaría en el orden de lo real— no es un accidente biográfico, sino una marca estructural que condiciona la relación del sujeto con el deseo y la ley.

Ahora bien, ¿cómo se articula esta dimensión universal con las manifestaciones concretas del trauma? aquí emerge una distinción crucial entre trauma (como condición estructural) y traumatismo (como irrupción contingente de un real exterior). El traumatismo sería el encuentro mismo con aquello que irrumpe sin mediación simbólica, lo que Soler describe como un real que 'te cae encima' sin relación con el inconsciente o deseo del sujeto. En este nivel —el del exceso—

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, las figuras de la violencia que viene del Otro no solo ejercen violencia material, sino que destruyen los amortiguadores simbólicos que mediaban la relación con lo real.

Soler lo expresa con precisión: se trata de un "trop-matisme de goce percibido, ajeno al amor […] poco ligante" (2013, p. 71). Esta fórmula subraya la doble cara del Otro: por un lado, su falla estructural (no sabe todo del goce); por otro, su rostro obsceno, donde el goce se manifiesta como pura violencia, sin mediación simbólica. Es en este exceso —en el punto donde el Otro fracasa como garante de sentido— donde se configura una red de marcas traumáticas que reorganizan la identidad del sujeto.

Lacan ofrece una clave para entender este proceso: las fantasías inconscientes no solo estructuran la experiencia, sino que también compensan el horror al vacío del Otro. Así, el trauma no es un evento aislado, sino una inscripción en el registro del demasiado (Soler, 2013), un exceso que desborda los recursos psíquicos del sujeto. En contextos de violencia, esto implica que la violencia explícita es solo el primer eslabón de una cadena que resuena en lo más íntimo del deseo, reconfigurando incluso la posibilidad de imaginar un futuro.

Esta intrincada red conceptual que entrelaza la figura del Otro – desde su función estructurante en la constitución subjetiva hasta su rostro más obsceno como fuente de un goce traumático – se vuelve indispensable para comprender las complejas incidencias subjetivas de la violencia que viene del Otro. Si bien la violencia es el detonante, su particularidad no reside en su materialidad, sino en su capacidad para disolver los velos simbólicos y confrontar al sujeto con un real abrumador que excede toda mediación.

En el contexto de la violencia que emana del Otro, las figuras del Otro (agentes de violencia, líderes carismáticos que imponen un mandato, o incluso la ausencia de un Otro garante de la ley) no solo ejercen un poder material, sino que actúan como vehículos de este trop-matisme, un exceso de goce que, al no estar ligado al amor o a la creación de vínculos, se vuelve desintegrador. Las consecuencias de esta dinámica para la subjetividad son profundas:

Reorganización identitaria anclada en el exceso: el trauma, entendido como una inscripción en el "registro del demasiado", implica una reconfiguración radical de la identidad del sujeto. Aquello que "te cae encima" desde el Otro violento no es un mero accidente biográfico, sino una marca que altera la relación del sujeto con su deseo, con la ley y, fundamentalmente, con la posibilidad misma de construir un futuro. La subjetividad queda anclada en una repetición que busca ligar lo inligable, con un goce que se impone sin mediación posible.

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Destrucción de los amortiguadores simbólicos: la violencia del Otro en estos escenarios de profunda desorganización social no solo daña físicamente, sino que ataca directamente los recursos simbólicos y las fantasías inconscientes que, como señala Lacan, compensan el "horror al vacío del Otro". Cuando estos amortiguadores colapsan, el sujeto queda expuesto a un real insoportable, perdiendo las herramientas psíquicas para metabolizar la experiencia y para darle un sentido. Esta ruptura dificulta la simbolización y la elaboración, llevando a una persistencia del padecimiento. Implicaciones para la transmisión y la memoria colectiva: la teorización de Freud en "Moisés" sobre el trauma histórico y colectivo se potencia aquí al comprender que la violencia del Otro en situaciones de ruptura del lazo social deja huellas que trascienden las generaciones. La figura del "gran hombre" (líderes, figuras de autoridad o incluso de transgresión) puede operar como un vector de estas marcas, perpetuando un goce violento o una añoranza que organiza la identidad colectiva, a menudo de formas inconscientes que se manifiestan en mitos, narrativas o incluso en la perpetuación de ciclos de violencia. Esto subraya cómo la incidencia subjetiva de la violencia se articula con la memoria histórica y la dinámica social.

Por lo cual, esta articulación del Otro como agente activo de la violencia traumática, desde la constitución subjetiva hasta la dimensión colectiva, nos proporciona un marco analítico robusto para desentrañar las complejas formas en que la violencia que emana del Otro se inscribe en lo más íntimo de la psique. Permite comprender que las "neurosis traumáticas" son el resultado de un tropmatisme que reorganiza la subjetividad, revelando la profunda y particular manera en que la agresión proveniente del Otro se inscribe en la intimidad de la subjetividad, y exigiendo una escucha y una conceptualización igualmente complejas para abordar el padecimiento y la posibilidad de un porvenir.

6.4.2. Accidentes de la historia individual

Este apartado profundiza en los accidentes de la historia individual, conceptualización crucial para comprender la dimensión contingente, revelando cómo ciertos encuentros con lo Real dejan marcas que configuran al sujeto y complejizan la respuesta a la pregunta de investigación. Los accidentes de la historia individual representan una elaboración teórica a en la obra de Colette Soler (2015), desarrollada específicamente en Lo que queda de la infancia (p. 71), donde la autora construye una comprensión psicoanalítica particular de aquellos acontecimientos

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contingentes que dejan una marca permanente en la constitución subjetiva. Esta conceptualización se sitúa dentro del marco teórico lacaniano, aunque introduce elementos distintivos que permiten abordar la relación compleja entre contingencia y estructura en la formación del sujeto del inconsciente.

Por ende, los accidentes de la historia individual constituyen acontecimientos contingentes de goce que se establecen de manera permanente en la estructura subjetiva, determinando las modalidades específicas de satisfacción que caracterizan a cada sujeto. Estos acontecimientos trascienden la dimensión meramente biográfica para constituirse en encuentros particulares con lo real que producen marcas indelebles en el aparato psíquico, estableciendo las coordenadas singulares del goce para cada individuo.

Soler (2011), especifica que estos accidentes "tocan a menudo la relación con el Otro: separación, duelo, seducción, abuso, enfermedad del niño o del otro" (p. 71). Esta enumeración ilustra el carácter fundamentalmente relacional de estos acontecimientos, que invariablemente involucran una perturbación significativa en el vínculo con el Otro primordial. Se distinguen por su naturaleza esencialmente contingente. No obedecen a una lógica necesaria ni pueden derivarse de la estructura universal del sujeto. Como observa Soler (2011), respecto a este tipo de contingencias que "inscriben la verdad de un sujeto, la variedad de las causas del desvalimiento posible es muy amplia y, además, irrefutable" (p. 71). Esta contingencia, no obstante, adquiere un valor estructural una vez que se produce el encuentro. El accidente supera su carácter fortuito inicial para transformarse en un elemento organizador de la economía libidinal del sujeto.

La característica central de estos accidentes radica en su capacidad para generar una fijación específica de goce. Soler (2011) explica que se trata de "acontecimientos de goce que se fijan de modo contingente y que ya no cesan de escribirse, decidiendo las futuras modalidades de goce corporal" (p. 71).

Esta fijación opera más allá del principio del placer, inscribiéndose en el registro de lo que Lacan denomina jouissance. No se trata únicamente de recuerdos traumáticos, sino de modalidades particulares de satisfacción que quedan establecidas de manera definitiva en la estructura subjetiva. Por lo cual, poseen dos características lógicas fundamentales que los definen: son "inanticipables, sin razón y definitivos" (Soler, 2011, p. 71). Esta doble característica los diferencia

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radicalmente tanto de los síntomas neuróticos, que pueden ser analizados y potencialmente modificados, como de los eventos biográficos ordinarios, que admiten elaboración simbólica. La inanticipabilidad refiere a su imposibilidad de ser previstos o evitados, mientras que la irrefutabilidad indica que, una vez producidos, no pueden ser negados ni eliminados de la estructura subjetiva.

La teorización lacaniana sobre el encuentro con lo real encuentra su ejemplificación paradigmática en el análisis del sueño del padre cuyo hijo yace muerto en la habitación contigua. Este ejemplo, retomado por Lacan del análisis freudiano, ilustra precisamente cómo operan los accidentes de la historia individual en tanto encuentros con lo real que desbordan la capacidad de simbolización.

Como señala Lacan (1964), "¿Qué despierta? ¿No es, acaso, en el sueño otra realidad?" (p. 66). Esta "otra realidad" se manifiesta en las palabras del niño muerto: "Padre, ¿acaso no ves que ardo?" (p. 66). Lo crucial aquí es que el sueño no funciona simplemente como realización de deseo en el sentido freudiano, sino que revela la manera en que el sueño sirve como pantalla para un encuentro con lo real que resulta insoportable.

Este ejemplo permite comprender cómo los accidentes de la historia individual operan como encuentros con lo real que dejan una marca indeleble en la estructura subjetiva. El despertar del padre no responde únicamente al estímulo externo (el olor a quemado), sino al encuentro traumático con la dimensión de lo real que el sueño intentaba velar. Precisamente esta dialéctica entre realidad aparente y lo real irreductible es lo que Lacan (1964) teoriza al distinguir "lo real puede representarse por el accidente, el ruidito, ese poco-derealidad que da fe de que no soñamos", pero esta realidad aparente encubre "la otra realidad escondida tras la falta de lo que hace las veces de representación" (p. 68). Esta distinción permite comprender por qué los accidentes de la historia individual no pueden reducirse a su dimensión fáctica o biográfica. Lo que aparece como accidente en la realidad cotidiana encubre un encuentro más fundamental con lo real que escapa a toda representación adecuada. Es precisamente esta dimensión de lo irrepresentable lo que produce la fijación de goce característica de estos accidentes.

Retomando la distinción lacaniana entre automatón y tyché desarrollada en El Seminario 11, los accidentes de la historia individual se ubican del lado de la tyché, es decir, del encuentro

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fallido con lo real. Como precisa Lacan (1964), la tyché es "el encuentro con lo real" que "se presenta en forma de lo que en él hay de desabrido" (p. 64).

No se reducen a la repetición significante (automatón), sino que apuntan hacia algo más fundamental: el encuentro con aquello que resiste la inscripción simbólica. Esta resistencia configura lo que Lacan denomina el núcleo traumático que orienta toda la economía subjetiva posterior.

La importancia teórica de esta distinción reside en que los accidentes de la historia individual no se prestan a la elaboración simbólica en el sentido tradicional. Mientras que los síntomas pueden ser interpretados y las formaciones del inconsciente descifradas, estos accidentes permanecen como puntos de imposible que estructuran silenciosamente las modalidades del goce. Su "desabrimiento" no puede ser diluido o transformado completamente mediante la palabra, sino únicamente reconocido en su función constitutiva para comprender su impacto en la subjetividad. En consecuencia, los accidentes de la historia individual revelan la dimensión más radical de la singularidad subjetiva: aquella que no puede ser normalizada, educada o integrada completamente al orden simbólico. Constituyen el punto donde la contingencia se hace destino, donde lo que pudo no haber sido se convierte en aquello que no puede dejar de ser. Esta paradoja temporal —lo contingente que se vuelve necesario— define la textura misma de la subjetividad y establece los límites mismos de la simbolización frente a lo Real inasimilable, una reflexión fundamental para entender la incidencia de la violencia que viene del Otro.

6.4.3. Lo que depende del sujeto- “Factores Nativos” recursos o armas del sujeto

Este apartado se adentrará en los factores nativos del sujeto, una dimensión fundamental que ilumina la singularidad de las respuestas a la violencia que viene del Otro y permite comprender por qué las incidencias subjetivas no son uniformes, sino que se configuran en la compleja interacción entre la agresión externa y los recursos constitucionales intrínsecos del individuo, lo cual es crucial para abordar la pregunta central de esta tesis.

Soler enfatiza como elemento fundamental los factores nativos del individuo, aquellas características inherentes que determinan sus respuestas y reacciones particulares ante un encuentro con lo Real. Estos recursos intrínsecos, únicos en cada persona, constituyen la base inalienable desde la cual el sujeto se posiciona y responde ante las exigencias de lo real. Si bien se trata de un

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componente sobre el cual no es posible ejercer un control consciente o directo, su reconocimiento resulta esencial para toda comprensión rigurosa de la constitución subjetiva. Ignorar esta dimensión sería reducir la experiencia del trauma a una causalidad externa y pasiva, perdiendo de vista la complejidad de la elaboración psíquica singular y, por ende, la diversidad de las incidencias subjetivas que buscamos comprender.

Esta perspectiva introduce una dimensión crucial para esta investigación, dado que enriquece la comprensión psicoanalítica del trauma. Si bien el psicoanálisis es reconocido por su teorización sobre el trauma originario, la dimensión que se desprende de la teoría freudiana no se centra exclusivamente en el impacto proveniente del Otro y de los accidentes de la historia, sino en la manera singular en que cada sujeto procesa y responde a esa influencia externa. El trauma originario no radica únicamente en la naturaleza del evento traumático procedente del Otro, sino de forma decisiva en los mecanismos particulares que el sujeto desarrolla para afrontarlo, mecanismos que están íntimamente ligados a su dotación constitucional. Esta mirada abre el camino para entender la asombrosa diversidad de las incidencias subjetivas ante la violencia que viene del Otro.

La conceptualización freudiana del desvalimiento emerge aquí como un factor constitutivo del trauma que opera en una doble dimensión: material y psíquica, cada una correspondiente a distintos tipos de peligro. Como se señala en Inhibición, síntoma y angustia:

el yo no puede protegerse de peligros pulsionales internos de manera tan eficaz como de una porción de la realidad que le es ajena. Conectado íntimamente con el ello él mismo, sólo puede defenderse del peligro pulsional limitando su propia organización y aviniéndose a la formación de síntoma como sustituto del daño que infirió a la pulsión (Freud, 1926, p.146).

Esta cita no solo ilustra la vulnerabilidad inherente del yo, sino que articula la disposición individual al trauma como una intersección fundamental entre el desvalimiento material, vinculado al peligro realista del exterior, y el desvalimiento psíquico, asociado al irrefrenable peligro pulsional interno.

La relevancia de esta distinción se evidencia cuando Freud sostiene que "la angustia demuestra ser producto del desvalimiento psíquico del lactante, que es el obvio correspondiente de

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su desvalimiento biológico" (1926, p. 130). es la matriz que establece las condiciones para la emergencia de disposiciones individuales singulares frente al trauma, donde los recursos del sujeto se constituyen como respuestas únicas ante los peligros que lo acechan desde ambas esferas. Cuando Freud (1926) afirma que "la situación que valora como «peligro» y de la cual quiere resguardarse es la de la insatisfacción, el aumento de la tensión de necesidad, frente al cual es impotente" (p. 129), está señalando cómo estas disposiciones individuales se configuran en la temprana experiencia del desvalimiento. Este planteamiento conduce a comprender que las variaciones en la capacidad traumática no dependen del evento exterior o de la intensidad pulsional abstracta, sino de la particular configuración de recursos que cada sujeto desarrolla en su encuentro con ambas dimensiones del peligro. Se establece así una teoría que reconoce la singularidad de las respuestas subjetivas en la constitución misma del aparato psíquico, lo que es crucial para entender la diversidad de incidencias subjetivas que se puede llegar a encontrar. Los factores nativos encuentran una articulación teórica significativa con los desarrollos lacanianos respecto a la subjetiva, posicionándose como la base desde la cual el sujeto responde de manera particular a los encuentros estructurales que marcan su constitución, sin reducirse a meras variaciones individuales superficiales. Como señala Lacan (1964) en el Seminario XI: "Freud, cuando capta la repetición en el juego de su nieto, en el fort-da reiterado, puede muy bien destacar que el niño tapona el efecto de la desaparición de su madre haciéndose el agente de ésta". Esta observación es fundamental, pues permite comprender cómo los recursos intrínsecos del sujeto se ponen en juego en la elaboración de lo traumático, no como mera pasividad receptiva, sino como agencia singular que participa activamente en la construcción de modalidades específicas de respuesta frente a la falta y el real del trauma.

La dimensión sexual, que Lacan sitúa como "punto esencial central", permite profundizar en la comprensión de cómo los factores nativos operan en la estructuración psíquica. No se trata simplemente de una cuestión de contenido sexual específico, sino de entender lo sexual como un punto privilegiado donde se manifiesta la singularidad constitucional del sujeto en su relación con el goce y la falta. Esta perspectiva enriquece la comprensión de cómo los recursos intrínsecos del sujeto se movilizan en relación con lo sexual como dimensión estructural fundamental. El fantasma adquiere una importancia particular en esta articulación teórica. Cuando Lacan afirma que debemos detectar el lugar de lo real, que va del trauma al fantasma -en tanto que fantasma nunca es sino la pantalla que disimula algo absolutamente primero, determinante en la

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función de la repetición, permite entender cómo los factores nativos participan en la construcción de esta pantalla fantasmática. El fantasma, lejos de ser un mero producto imaginario, opera como una elaboración singular que el sujeto construye, utilizando sus recursos intrínsecos específicos, para hacer frente a lo inasimilable del trauma, estableciendo una modalidad única de relación con ese Real insoportable.

La función de los sueños en relación con lo traumático ofrece otra perspectiva para comprender la operación de estos factores. Lacan se interroga: "¿Cómo puede el sueño, portador del deseo del sujeto, producir lo que hace surgir repetidamente al trauma- si no su propio rostro, al menos la pantalla que nos indica que todavía está detrás?" (Lacan, 1964, p. 63). Esta interrogante es crucial, pues permite comprender cómo los recursos del sujeto participan en la elaboración onírica del trauma, no solo como un intento de realización de deseo, sino como una modalidad singular y profundamente particular de procesamiento que revela la especificidad de cada constitución subjetiva ante lo que desborda.

El momento del despertar adquiere una significación especial cuando se considera desde esta perspectiva. Lacan describe que "el encuentro, siempre fallido, se dio entre el sueño y el despertar, entre quien sigue durmiendo y cuyo sueño no sabemos, y quien sólo soñó para no despertar", Esto permite comprender cómo los recursos del sujeto operan en ese espacio liminal entre el sueño y la vigilia, donde la singularidad subjetiva se manifiesta de manera privilegiada. Este espacio intermedio revela la manera específica en que cada sujeto se las arregla con las exigencias de su constitución particular, mostrando la resistencia y creatividad de su psique frente a la irrupción de lo real.

En definitiva, los factores nativos no pueden comprenderse como características predeterminadas e inmutables, sino como modalidades singulares de respuesta ante las exigencias estructurales de la constitución subjetiva. La "elección forzada" o "decisión insondable del ser" que describe la teoría lacaniana puede entenderse como el modo en que estos factores se cristalizan en una posición subjetiva particular, estableciendo las coordenadas específicas desde las cuales cada sujeto procesará los accidentes de su historia individual.

Es pertinente, en este punto, establecer un contraste con la noción de resiliencia, ampliamente utilizada para describir la capacidad de un individuo de afrontar y superar adversidades, e incluso salir fortalecido de ellas. Si bien los "factores nativos" pueden parecer, a primera vista, análogos a los recursos internos que la resiliencia destaca, la perspectiva

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psicoanalítica introduce una diferencia crucial. Mientras que la resiliencia a menudo se enfoca en la adaptación exitosa, el "volver a la normalidad" o el desarrollo consciente de estrategias de afrontamiento, los factores nativos operan desde una dimensión más fundamental e inconsciente de la constitución subjetiva. No se trata de una capacidad de "rebotar" o de una fortaleza que necesariamente conduce a un equilibrio ideal, sino de las modalidades singulares y a veces paradójicas con las que el sujeto, desde su desvalimiento original, se las arregla con el Real y su goce.

Esta "capacidad" inherente puede manifestarse tanto en la formación de síntomas como en fijaciones de goce que, aunque estructurantes, no son necesariamente adaptativas ni buscan el bienestar consciente. Los factores nativos, por tanto, nos invitan a indagar más allá de la aparente superación, en las profundas y a menudo silenciosas maneras en que lo irrepresentable de la violencia se anuda a la existencia de cada sujeto.

En consecuencia, los factores nativos representan la dimensión constitucional intrínseca que cada sujeto aporta a su encuentro con lo traumático, determinando no solo la intensidad de la respuesta, sino, crucialmente, las modalidades específicas de elaboración y procesamiento de la violencia que viene del Otro. Esta dimensión constitucional no opera como una limitación determinista, sino como el punto de partida singular desde el cual cada sujeto desarrolla sus recursos particulares para hacer frente a los imperativos de su estructura y a los encuentros contingentes que marcarán su historia. Lo que esta sección enseña fundamentalmente es que la incidencia subjetiva de la violencia, en su manifestación clínica y en la forma en que el sufrimiento se inscribe, es siempre una respuesta singular, arraigada en la particularidad de la constitución de cada sujeto. Esta perspectiva resulta indispensable para aprehender el vasto espectro de anudamientos del trauma en la subjetividad colombiana y para reconocer la agencia (inconsciente) del sujeto en la configuración de su propio destino frente a lo traumático, acercándonos así a una comprensión más plena de las incidencias subjetivas en nuestra pregunta de investigación.

6.5. Dimensión ética

La articulación entre los factores nativos y la dimensión ética del sujeto constituye un punto nodal para comprender las respuestas singulares frente a lo real. Esta conjunción no solo permite interrogar la naturaleza de los recursos propios del sujeto, sino también, y de manera fundamental,

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el modo en que estos se entrelazan con lo que Lacan (1996) denomina la "insondable decisión del ser" (p. 175). Para nuestra investigación, esto es clave: la incidencia subjetiva de la violencia que viene del Otro no es solo una reacción, sino una toma de posición singular y ética del sujeto frente a lo inasimilable, donde sus recursos nativos son el soporte de esa decisión. Esta relación adquiere mayor profundidad al considerar lo que Soler (2014), denomina "estructuras ético-clínicas" (p. 77). Lo que significa que la forma en que un sujeto se posiciona éticamente ante la violencia no es aleatoria; está ligada a su estructura, lo que permite diferenciar las incidencias subjetivas en cada caso particular.

La cuestión del trauma ilumina particularmente esta perspectiva. Como señala Soler (2016), la ética del psicoanálisis se sitúa "a partir de una posición definida en relación con lo real, lo que implica evidentemente un deseo específico" (p. 793). La Fórmula del fantasma ($◊a) permite conceptualizar esta articulación de los recursos propios que operarían como elementos para velar lo real, mientras que la oposición del sujeto frente a real implica una decisión ética irreductible a dichas herramientas. Aquí se anuda la pregunta ética con la incidencia: los factores nativos, aunque puedan intentar velar o simbolizar el impacto de la violencia que viene del Otro (como lo indica el fantasma), no anulan la necesidad de una decisión ética radical del sujeto para posicionarse frente a ese real inasimilable.

El concepto de troumatisme —término que Lacan utiliza para teorizar cómo el trauma genera una discontinuidad en la cadena significante, un punto de imposibilidad de simbolización, un vacío en la estructura del sentido y un encuentro con lo real que no puede ser integrado en la red simbólica— enriquece esta perspectiva. Este concepto alude al agujero en el Otro que se manifiesta en el traumatismo infantil, cuando el sujeto se encuentra con un Otro que no responde. Como señala Soler (2019), "el trauma infantil es un trauma benéfico [...] ya que, por doloroso que sea, produce efectos de separación del Otro parental" (p. 23). Las capacidades innatas no solo funcionan como medios para enfrentar este encuentro fallido, sino que su implementación está marcada por la posición singular que el sujeto asume frente a esta falta estructural. El troumatisme es clave para comprender la dimensión ética de la incidencia de la violencia. La violencia que viene del Otro puede generar un agujero en el sentido, y es precisamente frente a este vacío donde los factores nativos del sujeto se ponen en juego en una decisión ética sobre cómo se posicionará frente a lo insoportable de lo real.

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La política del psicoanálisis, como plantea Soler (2016), consiste en "que el sujeto se someta al interrogante de su goce" (p. 784). Esta perspectiva revela que las disposiciones subjetivas operan en una articulación compleja, donde la posición ética resulta crucial. Así, cualquier transformación de estas herramientas debe contemplarse en su configuración singular con la posición del sujeto, trascendiendo cualquier aproximación estandarizada o colectivizante. En el contexto de la violencia, esta "política del psicoanálisis" nos orienta a indagar cómo la incidencia subjetiva interpela al sujeto en su goce. Las respuestas no provienen de una norma externa, sino de una posición ética singular que los factores nativos del sujeto le permiten construir frente a la violencia que viene del Otro.

La especificidad de las herramientas del sujeto debe entenderse en el marco de una temporalidad particular que Freud (1896) establece cuando señala que las neurosis "sobrevienen con las mismas ocasiones que sus afectos-modelo, toda vez que la ocasión cumpla además dos condiciones: que sea de índole sexual y suceda en el período anterior a la madurez sexual" (p. 260). Esta estructuración temporal es relevante en tanto sugiere que la singularidad de la respuesta ética se forja en momentos cruciales de la constitución del sujeto, incidiendo en la forma en que se asume una posición.

La importancia de esta temporalidad se evidencia especialmente en el concepto de nachträglich (a posteriori), que revela lo que está en juego en la construcción de una modalidad particular de historización. Freud (1896) lo desarrolla cuando afirma que "aquí se realiza la única posibilidad de que, con efecto retardado {nachtraglich}, un recuerdo produzca un desprendimiento más intenso que a su turno la vivencia correspondiente" (p. 261). Esta conceptualización temporal permite entender estos factores no como elementos predeterminados, sino como modalidades de respuesta que se configuran en el encuentro entre el tiempo del trauma y la constitución subjetiva. El Nachträglichkeit es la base de la temporalidad ética de la incidencia de la violencia. Los factores nativos permiten que la respuesta singular no sea una mera reacción inmediata, sino una construcción activa y a posteriori de sentido frente al impacto de la violencia, donde el sujeto decide cómo historizar lo que le ocurrió.

La cuestión del placer y el displacer emerge como un punto crucial donde cada sujeto debe encontrar su modalidad particular de respuesta. Los mecanismos defensivos se detallan: "Existe una tendencia defensiva normal [...] la repugnancia a guiar la energía psíquica de suerte que genere displacer" y la defensa nociva "cuando se dirige contra representaciones que pueden desprender un

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displacer nuevo también siendo recuerdos" (Freud, 1896, p. 261). Esta distinción entre defensa normal y patológica permite comprender los factores nativos como la base desde la cual se desarrollan modalidades defensivas específicas para cada estructura. La gestión del placer y el displacer, mediada por los factores nativos, es constitutiva de la respuesta ética del sujeto frente a la violencia. La distinción entre defensa normal y patológica ilustra cómo esa decisión singular puede llevar a formas de evitación o elaboración que, aunque dolorosas, son la vía que el sujeto encuentra para tramitar lo inasimilable, revelando una ética de su propia economía psíquica. La dimensión económica, ligada a los factores nativos, nos enseña que la respuesta ética a la violencia no es solo de orden simbólico, sino que se anuda a la cantidad de excitación que el sujeto puede ligar o tolerar, en tanto “el mecanismo psíquico no parece preparado para esta excepción" (Freud, 1896, p. 261) frente a ciertos desbordes, implicando que la ética del sujeto se forja en la singularidad de cómo gestiona ese exceso.

Un elemento fundamental que se pone en juego es la modalidad defensiva particular que cada sujeto desarrollará; es que cada uno construye una manifestación directa de su posición ética frente a la incidencia de la violencia. "La represión puede sobrevenir por el hecho de que el recuerdo placentero, en sí mismo, desprenda displacer en la reproducción de años posteriores" (Freud, 1896, p. 263). Esta observación revela que lo que está en juego para cada sujeto es la construcción de un mecanismo defensivo singular que deberá articular placer y displacer de manera única. En este contexto, la dimensión del reproche emerge como un elemento central que cada sujeto deberá procesar de manera particular.

Según Freud (1896), "el afecto-reproche puede, por diversos estados psíquicos, mudarse en otros afectos que luego entran en la conciencia con más nitidez que él mismo; así, en angustia, hipocondría, delirio de persecución, vergüenza" (p. 264). La represión, el reproche y sus transformaciones en otros afectos no son solo mecanismos, sino la solución singular que el sujeto encuentra para tramitar el displacer inherente al encuentro con la violencia que viene del Otro, incluso si esta solución es patológica.

Para cada estructura, se juega una modalidad particular de retorno y procesamiento. En la paranoia, Freud (1896) señala que "el displacer que se genera es atribuido al prójimo según el esquema psíquico de la proyección" (p. 266). En la histeria, "la represión {esfuerzo de desalojo} no acontece por formación de una representación contraria hiperintensa, sino por refuerzo de una representación-frontera" (p. 269). En la neurosis obsesiva, el reproche retorna "inalterado, pero rara

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vez de suerte de atraer sobre sí la atención" (p. 264). Estas distintas modalidades revelan que lo que está en juego es la construcción de una respuesta estructural singular. Estas distintas modalidades estructurales son la expresión de cómo cada sujeto, con sus factores nativos, procesa y retorna lo inasimilable de la violencia. En ellas se revela la singularidad de la incidencia y la ética subyacente al sufrimiento, como soluciones estructurales a la posición del sujeto frente a lo real. La trayectoria de la enfermedad que Freud (1896) establece como "1) La vivencia sexual prematura traumática; 2) Su represión a raíz de una ocasión posterior; 3) Un estadio de defensa lograda; 4) El estadio en que las representaciones reprimidas retornan" (p. 262), permite comprender cómo los recursos del sujeto operan en cada momento de esta secuencia. Este desarrollo temporal se articula con lo que Lacan conceptualizará posteriormente como la "insondable decisión del ser", permitiendo entender los factores nativos no como determinantes absolutos, sino como condiciones de posibilidad para la respuesta subjetiva. Esta comprensión de la temporalidad de la incidencia de la violencia, desde la perspectiva freudiana, ilustra cómo los factores nativos son las condiciones de posibilidad para la decisión ética del sujeto frente a la violencia que viene del Otro. No son un destino fijo, sino el sustrato a partir del cual el sujeto, en una "insondable decisión", construye su respuesta singular a lo traumático. La cuestión de la "decisión insondable del ser" se evidencia cuando Freud (1896) menciona que "debemos sumirnos hasta lo profundo del enigma psicológico si pretendemos inquirir de dónde proviene el displacer que una estimulación sexual prematura está destinada a desprender" (p. 261). Este "enigma psicológico" apunta precisamente a lo que se juega para cada sujeto: la necesidad de construir una respuesta singular frente a lo traumático que no está determinada por ningún factor externo. Este "enigma psicológico" nos devuelve a la pregunta ética fundamental de nuestra tesis: ¿de dónde viene la respuesta subjetiva frente a la violencia? Los factores nativos no predeterminan esa respuesta, sino que son la base material para una decisión ética insondable que cada sujeto, singularmente, debe construir frente a la irrupción de ese encuentro con lo Real. La articulación entre factores nativos y dimensión ética cobra especial relevancia al considerar que esta "no preparación" estructural requiere una respuesta singular del sujeto, donde las herramientas del sujeto operan como base material para una decisión ética que no está predeterminada. Finalmente, lo que se juega es la construcción de una posición ética singular frente al goce. Cuando Freud (1896) menciona que "los neuróticos obsesivos son personas que están en peligro de que toda la tensión sexual cotidianamente producida se les mude en reproche" (p. 266),

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está señalando la necesidad de cada sujeto de encontrar una manera particular de posicionarse frente a su propio goce, una respuesta que no está predeterminada, sino que debe ser construida en la singularidad de cada caso. Este recorrido sobre la dimensión ética, lejos de diluirse, se vuelve contundente para la tesis. Afirma que las incidencias subjetivas de la violencia del Otro son, en esencia, una pregunta ética. Los factores nativos son las herramientas constitucionales que el sujeto posee para forjar una posición ética singular frente al goce y al displacer que la violencia provoca. Esta perspectiva es indispensable para nuestra investigación, porque permite comprender que las respuestas a la violencia no como meras reacciones, sino como soluciones singulares, activas e inconscientemente éticas que cada sujeto construye en su confrontación con lo inasimilable.

6.6. La dimensión paradójica de la satisfacción pulsional: una clave para la comprensión

del trauma y la violencia

Para comprender las complejas incidencias subjetivas de la violencia que viene del Otro y las singulares respuestas que los sujetos construyen frente a ella, es indispensable adentrarse en la dimensión paradójica de la satisfacción pulsional tal como la desarrolla el psicoanálisis freudiano y lacaniano. Este recorrido teórico no busca una exposición exhaustiva de los conceptos, sino establecer las bases que permiten analizar cómo el sufrimiento y la repetición, lejos de ser meros obstáculos, pueden estar intrínsecamente ligados a formas de satisfacción inconsciente, lo cual es crucial para nuestra pregunta de investigación.

6.6.1. La pulsión más allá del placer: Freud y la compulsión a la repetición

Freud definió la pulsión como una fuerza constante, de origen interno, cuya satisfacción busca una modificación de su fuente de estímulo. A diferencia de los estímulos externos que pueden ser evitados, la pulsión es ineludible. Sin embargo, en sus formulaciones de Pulsiones y destinos de pulsión, Freud (1915), anticipa que esta satisfacción no siempre se traduce en placer en su sentido convencional. Observa, por ejemplo, en fenómenos como el sadismo y el masoquismo, que la satisfacción pulsional puede vincularse directamente con el dolor, donde el sujeto obtiene un goce paradójico al infligir o recibir sufrimiento. Este punto es fundamental: el dolor no es

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meramente displacentero, sino que puede adquirir una carga libidinal que lo transforma en una fuente de satisfacción.

Esta idea se profundiza en Más allá del principio del placer, donde Freud (1920) introduce un giro teórico al confrontar fenómenos clínicos, como los sueños traumáticos o la compulsión a la repetición, que no podían explicarse únicamente por la búsqueda de placer. La compulsión a la repetición, la tendencia a revivir activamente experiencias dolorosas o traumáticas, reveló la existencia de una fuerza psíquica más allá del principio de placer. Freud (1920) afirma que "La compulsión a la repetición nos recuerda algo que parece ser más originario, más elemental, más pulsional que el principio de placer al que desplaza" (p. 23). Esta repetición, al no estar orientada al placer, sugiere la acción de una pulsión más fundamental –la pulsión de muerte– que busca restablecer un estado anterior, incluso si este implica la disolución o el sufrimiento. Para nuestra investigación, este concepto es vital: nos permite entender la insistencia de las marcas de la violencia en la subjetividad, no como un mero recuerdo, sino como una dinámica inconsciente que busca una forma de satisfacción en la repetición misma del displacer.

6.6.2. Lacan y el concepto de goce: el anudamiento del trauma en lo real

Jacques Lacan retoma las formulaciones freudianas, pero las reformula a través de su concepto de goce (jouissance), que se vuelve central para comprender la dimensión paradójica de la satisfacción más allá del principio del placer. Para Lacan, el goce no se reduce a la búsqueda de placer, sino que incluye una dimensión de exceso y de sufrimiento. Lacan (1973), lo define como "aquello que va más allá del principio del placer, aquello que no se puede reducir a la búsqueda de placer, sino que incluye una dimensión de exceso y de dolor" (p. 45). El concepto de goce permite a Lacan explicar cómo el trauma, en la teoría lacaniana, no es simplemente un evento externo que deja una huella, sino un encuentro con lo Real que desborda la capacidad de simbolización del sujeto. Este encuentro, al ser imposible de inscribir plenamente en el orden simbólico, persiste como un núcleo de goce que insiste en la repetición. Lacan (1973) señala que "el trauma es aquello que no cesa de no inscribirse, aquello que retorna en la repetición como un goce que el sujeto no puede evitar" (p. 56). En este sentido, la repetición de lo traumático no es un fracaso o un intento fallido de dominar el evento, sino una manifestación de este goce que

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el sujeto "no puede dejar de buscar, incluso cuando sabe que le causará dolor" (Miller, 1998, p.

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Asimismo, la relación entre goce y ley simbólica es crucial: la ley, al prohibir el goce, paradójicamente lo estructura y lo hace posible como un exceso. Esto se manifiesta en el síntoma, que no es solo una formación del inconsciente susceptible de interpretación, sino una forma de goce que se repite. Comprender el trauma bajo esta luz implica que no es algo que pueda ser simplemente "curado" o "superado", sino algo que el sujeto debe aprender a habitar. El análisis busca ayudar al sujeto a encontrar una manera singular de vivir con esa insistencia de lo real, en lugar de intentar eliminarla.

En síntesis, este recorrido conceptual sobre la satisfacción pulsional paradójica, la compulsión a la repetición y el goce lacaniano, nos proporciona las herramientas para abordar la pregunta de nuestra investigación. Nos permite analizar las incidencias subjetivas de la violencia que viene del Otro no solo como un sufrimiento psíquico, sino como una compleja inscripción de lo traumático en la economía pulsional del sujeto, donde la persistencia y la repetición pueden estar al servicio de una forma de goce que escapa a la lógica del placer consciente y que da cuenta de las respuestas singulares que los sujetos han forjado ante la radicalidad de la violencia.

6.6.3. Una lectura desde Colette Soler: goce, lalengua y el trauma no simbolizable como

incidencia de la violencia

Para comprender las incidencias subjetivas de la violencia que viene del Otro y la posición de las víctimas frente a ella, la teorización del goce en Colette Soler ofrece una perspectiva contemporánea indispensable. Esta elaboración culmina la discusión sobre cómo el trauma, en tanto encuentro con lo Real, genera un goce que excede la lógica del placer y desafía la simbolización. Soler postula que todo acontecimiento traumático implica un goce específico, el "goce del parlêtre, del hablanteser que no cesa de caer bajo el efecto del lenguaje y del discurso" (Soler, 2015, p. 57). Esta distinción es crucial para nuestra investigación, pues nos permite analizar cómo la satisfacción en el sufrimiento se anuda a lo no simbolizable de la violencia, modelando así las respuestas subjetivas de las víctimas.

Soler subraya una dimensión del goce anterior a la estructuración del lenguaje, ligada a la lalengua – la impronta material y sonora de las primeras palabras oídas, cargadas de goce. Esta

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articulación se manifiesta en los "goce-signos", que emergen del encuentro primordial entre el cuerpo y lalengua (Soler, 2015, p. 91). Desde esta perspectiva, la violencia que viene del Otro impacta a la víctima en un nivel más allá del sentido, imprimiendo el goce traumático en el cuerpo. Esta inscripción constituye la base de la posición subjetiva frente al trauma, una posición que no es una elección consciente, sino un efecto constitutivo de cómo el goce no simbolizable se anuda a la existencia de cada sujeto.

Para profundizar en estas incidencias, Soler distingue dos modalidades del inconsciente: el "inconsciente-lenguaje", ligado al sentido y descifrable, y el "inconsciente-la lalengua", que opera en el registro de lo real y es un saber inexpugnable que afecta directamente al cuerpo (Soler, 2015,

p. 93). La violencia que viene del Otro, en su radicalidad, golpea el inconsciente-la lalengua de la

víctima, generando efectos de goce que no pueden ser interpretados, sino solo constatados en sus manifestaciones sintomáticas (Soler, 2015, p. 78). La "materialidad de la palabra" o "motérialité" (Soler, 2015, p. 88) explica cómo las marcas de esta violencia se condensan en el cuerpo de la víctima, siendo el sustrato de los síntomas y las respuestas subjetivas que emergen en el intento de lidiar con este goce insoportable.

La articulación entre goce y trauma en Soler es clave: el trauma no es un mero accidente, sino un elemento estructural vinculado a cómo el goce se inscribe en el cuerpo a través del lenguaje (Soler, 2015, p. 88). En este marco, la posición de la víctima frente a la violencia se define por su encuentro con un goce que desborda la capacidad de simbolización. El "analfabetismo" que el análisis busca (Soler, 2015, p. 94) se refiere a confrontar ese real del goce que no puede ser totalmente simbolizado, y que constituye el núcleo irreducible del síntoma en la víctima. Aquí, la ética de la víctima no radica en una elección racional del sufrimiento, sino en la posibilidad de construir una posición subjetiva –una forma de hacer con– ese goce impuesto, incluso si este escapa el sentido. Implica la agencia (inconsciente) de la víctima para generar invenciones singulares que permitan habitar ese real sin ser aniquilado por él.

Un punto fundamental para el estudio de la violencia sociopolítica es la distinción de Soler entre el goce ligado al inconsciente individual y los "traumas de la civilización que no construyen memoria" (Soler, 2015, p. 50). Este último concepto es directamente relevante para la posición de las víctimas en el contexto de violencia, donde la violencia masiva y persistente puede generar un goce que se resiste a ser incorporado en una narrativa histórica o colectiva coherente. Esta incapacidad de simbolización colectiva subraya la necesidad de una aproximación al "uno por uno",

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escuchando las respuestas subjetivas singulares y la agencia inconsciente que cada víctima despliega para negociar con el goce impuesto.

En síntesis, la teorización de Colette Soler sobre el goce, lalengua y el trauma ofrece un marco indispensable para comprender las incidencias subjetivas de la violencia que viene del Otro. Su aporte nos permite profundizar en la posición de la víctima no como un estado pasivo, sino como una relación activa —aunque inconsciente— con el goce no simbolizable. Este enfoque es crucial para analizar las respuestas subjetivas y la agencia del sujeto que, incluso en los contextos más extremos de violencia, logra forjar modos singulares de habitar el trauma. Asimismo, nos capacita para interrogar la ética de la víctima en su confrontación con aquello que no cesa de no inscribirse en lo real. Con este apartado, culmina la fundamentación teórica, brindando las herramientas esenciales para el análisis de los testimonios de esta investigación.

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7. Capítulo III: El decir de la experiencia: voces que resuenan de la violencia

Este capítulo tiene como propósito fundamental presentar el material empírico que constituye la base de esta investigación. Lejos de ser meros datos, los relatos de vida aquí consignados representan la irrupción de lo Real de la violencia en la experiencia de los sujetos, y constituyen el punto de partida indispensable desde el cual se ha construido la comprensión psicoanalítica de sus incidencias subjetivas en esta investigación. Se presentan estos testimonios en su forma más directa, permitiendo que la singularidad de cada decir resuene por sí misma. En consonancia con la perspectiva que guía esta investigación, el presente capítulo valora cada relato como una expresión singular e irreductible de la experiencia de la violencia. Es importante aclarar que nuestro abordaje de estos testimonios no es de naturaleza terapéutica. Aunque son narrativas que revelan procesos de elaboración y subjetivación de lo vivido, no son considerados casos clínicos en sentido estricto, ni la escucha aquí implica una transferencia analítica en el sentido de la cura. Nuestro interés se centra en cómo cada sujeto ha intentado dar sentido a lo vivido e integrar su experiencia en su propio discurso; cómo, en el acto de narrar, se hace patente la singularidad de su organización psíquica —es decir, cómo organiza y da sentido a su experiencia desde la lógica del inconsciente— y el lugar que ocupa el significante de la violencia para cada uno: esa marca subjetiva que permanece después de los hechos. El relato personal, en este sentido, se vuelve fundamental porque configura el lugar que el sujeto ocupa en el mundo y sus relaciones con los demás.

Estos testimonios no pretenden ser paradigmáticos ni ejemplares en un sentido universal. Los hemos seleccionado precisamente para rescatar la singularidad de la manera en que cada sujeto se relaciona con lo real de la violencia. Desde la perspectiva psicoanalítica, estos relatos nos permiten vislumbrar cómo se anuda la cuestión del acto en este contexto, así como las diversas formas de simbolización y sus límites frente a lo real de la experiencia. Aquí cobra sentido el 'uno por uno' que caracteriza al psicoanálisis: cada voz, cada relato, nos revela una manera única de posicionarse frente a lo vivido. En las palabras de estos sujetos —en sus elecciones lingüísticas, sus silencios, sus énfasis— encontramos huellas de esa experiencia singular que no se deja reducir a categorías generales.

Es fundamental comprender que un testimonio no se reduce a la mera descripción de hechos objetivos ni a la realidad del fenómeno en sí. Por el contrario, se configura como un relato singular,

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una manera particular de articular los acontecimientos dentro de las limitaciones y potencialidades que ofrece el lenguaje. En este sentido, el testimonio revela cómo un sujeto organiza y elabora ciertos sucesos en su discurso, un proceso en el cual siempre hay un elemento que escapa a la simbolización plena. Como bien señala la psicoanalista Geneviève Morel, en su texto Testimonio y Real (2001), 'un testimonio logrado debe transmitir la relación con lo real de quien lo enuncia' (p.229). Esta afirmación captura la esencia del testimonio: no es solo un recuento factual, sino una huella discursiva del encuentro con lo inasimilable, con lo real. En esta tensión entre lo expresable y lo inefable, entre lo simbolizado y aquello que persiste como un resto, el testimonio adquiere su valor distintivo para nuestra investigación.

A continuación, presentaré los testimonios:

Iniciamos con el relato de Laura, una excombatiente de las FARC-EP, quien testimonia la violencia intrafilas y la imposición de una lealtad que borra la humanidad, al presenciar un 'consejo de guerra' y el fusilamiento de una compañera. Este segundo testimonio nos sumerge en la experiencia de una excombatiente del Bloque Occidental que nos comparte el proceso de un aborto inducido en las filas en un contexto de violencia. El tercer relato nos introduce en la infancia de otra excombatiente, marcada por el abuso sexual a temprana edad, un hecho que la impulsaría hacia la guerrilla en busca de venganza y que la llevaría a desarrollar una relación con la violencia y las armas. A continuación, leemos la voz de un excombatiente que, siendo apenas un niño, fue testigo del asesinato de su padre, lo que lo condujo a unirse a la guerrilla y a enfrentar un proceso que lo llevó a habituarse a la violencia. El testimonio de Monsieur G, un exmilitar, nos ofrece una reflexión sobre la experiencia en combate y los sentimientos que marcan la experiencia de la violencia. Daniela nos transporta a su infancia rural en Río Blanco, donde la naturaleza y la libertad se entrelazan con el sonido del río, un refugio emocional que aún hoy, en medio de la violencia, le sigue brindando una conexión profunda con la paz. Marcela nos comparte su niñez en una comunidad rural, donde las balaceras se convertían, desde su perspectiva infantil, en anécdotas curiosas, revelando una particular forma de afrontar el peligro. Andrés nos lleva a su niñez entre la finca y el pueblo, donde la conexión con la naturaleza, el trabajo agrícola y el deporte, junto a la compañía de sus padres, se constituyen en su fuente de paz y en el escape de las preocupaciones cotidianas. El relato de Elena nos acerca a la realidad del control territorial en su pueblo de origen y cómo, aunque no vivió directamente la violencia que viene del Otro, sus consecuencias y la aspiración a una nueva vida en la ciudad marcan su experiencia. Finalmente, Valentina, una joven

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de 16 años, nos muestra cómo las secuelas de la violencia, como el desplazamiento y las dificultades económicas, la han impulsado a la proactividad y a la búsqueda de un futuro, buscando salir adelante.

7.1. Testimonios

7.1.1. Testimonio 1: «Violencias sexuales y reproductivas intrafilas en la guerrilla de las

FARC - EP»

Fuente: Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición

- Capítulo de Mujeres y personas LGBTIQ+ (2022). Entrevista 393- VI -00007. Excombatiente de

las FARC - EP. Frente Amazonas.

A continuación, se presentan fragmentos clave del testimonio de Laura, una excombatiente, cuya experiencia narra un consejo de guerra a una mujer cercana, evidenciando las relaciones de poder desiguales y el impacto subjetivo de tales eventos. El testimonio completo se encuentra disponible en el Anexo 1.

Fragmentos Claves:

El testimonio de Laura comienza con la descripción de la captura de una compañera y su reacción inicial ante el hecho:

Estábamos desayunando juntas cuando vinieron, la amarraron pues. La encañonaron le quitaron el armamento, le colocaron una cadena en el cuello. Yo me quedé ahí como asustada, decía "Dios mío que pasó" yo siempre busco mi Dios y allá es prohibido nombrar a Dios, pero yo siempre llevaba eso de mí formación como niña. "Ay Dios mío que pasó aquí” (Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, 2022, p. 10).

Posteriormente, Laura relata el anuncio de un "consejo de guerra" y la advertencia que recibe al respecto:

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[...] cuando dijeron "vamos a hacer consejo de guerra a fulana" y yo dije "¿cómo así consejo de guerra? ¿Qué es eso?" yo no sabía qué era eso. Entonces un guerrillero antiguo me dice "Pues recluta, usted ahorita va a ver que es un consejo de guerra a ver si usted sube la moral" (Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, 2022,

p. 10).

La narración continúa con la acusación formal y el proceso de enjuiciamiento que culmina en la exigencia de fusilamiento:

“Que a [nombre sensible] se le va a hacer un consejo de guerra por relajo sexual". O sea, relajo sexual allá es estar con él uno y con él otro y as [...] mi compañera, casi mi prima, ahí amarrada como si fuera un animal. Yo decía "¿Dios mío qué pasó?" le leyeron el acta, le nombraron un defensor que la iba a defender y el que la acusaba y los 5 jurados. En ese entonces todo mundo empezó a decir "que la fusilen, que la ajusticien, denla de muerte" (Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, 2022,

p. 10).

Laura describe el momento de la ejecución de su compañera y la percepción de normalidad del hecho en el entorno:

Cuando yo ya miré que la pasaron a ella amarrada, amarrada como si no significara nada, como si la vida de un ser humano no valiera, o sea no. Eso bien duro, contar eso, pero, o sea, tener que ver morir, escuchar los tiros, escuchar los gritos. Finalmente, la mataron, la fusilaron y para todo el mundo era normal (Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, 2022, p. 10 - 11).

El testimonio finaliza con la explicación recibida sobre el acto y la exigencia de lealtad:

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[...] me dijo "Sí, ya averiguamos y esa era su prima y pues duro decirlo, pero si usted se pone también así, con uno y con otro pues también toca matarla" yo les dije "pero porque, sabiendo que los mismos hombres son los que las buscan y ellos mismos buscan que las maten es como injusto" dijo "pero así es la disciplina" me dijo "usted viene a favor de las FARC o a favor de quién" (Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, 2022, p. 10- 11).

p. 106

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7.1.2. Testimonio 2: Entrevista 854-PR-02966. Mujer, excombatiente, Bloque Occidental.

Fuente: Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición

- Capítulo de Mujeres y personas LGBTIQ+ (2022)

Este testimonio relata la experiencia de un aborto inducido dentro de las filas y las difíciles circunstancias que lo rodearon. El testimonio completo se encuentra disponible en el Anexo 2. Fragmentos Claves:

La excombatiente describe el dolor de otra mujer durante un procedimiento y la reacción de quienes la rodeaban:

Ella estaba ahí en el frente, pero no conocí de su ingreso ni nada, la verdad era la primera vez que yo la miraba y ya llevaba como 2 años en la guerrilla. Como gritó tanto y lloraba tanto por el dolor me tocó sacarla de ahí para una finca donde había un solo trabajador, un cuidandero y me fui con los míos, con los de mi escuadra por los niños que había en esa finca porque ellos preguntan, ellos ahí todos asustados y ahí supo que le habíamos hecho eso. Entonces, el médico se queda con ella en una habitación, yo distribuyo la guardia, nadie durmió ese día porque ella lloró demasiado, ella gritaba mucho, eso le dolió demasiado a ella (Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, 2022, p.12 ).

La narración detalla el procedimiento de aborto, la salida del feto y un incidente posterior con un animal en la oscuridad:

y eso que a ella le hicieron aborto, no fue legrado, sino que le indujeron el medicamento y el fetico salió y un gato se lo llevó y los muchachos detrás del gato, golpeando, tirándole cosas para sacárselo y de noche que también para mirar era imposible porque no había luz (Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, 2022, p.12 ).

Finalmente, el relato describe las complicaciones del procedimiento, incluyendo la retención de la placenta y el intenso dolor asociado:

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El problema es que a ella le sale el fetico, pero a ella se le queda la placenta pegada y eso sí duele demasiado, hay que sacarla raspando, yo ahí no estuve presente, pero fue peor los gritos, fue terrible eso (Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, 2022, p.12 ).

7.1.3. Testimonio 3: Excombatiente

Fuente: Tesis de maestría (Función y efectos de la participación entusiasmada en la guerra como respuesta subjetiva de los niños excombatientes del conflicto armado colombiano. Por: Agustín Muñoz - 2010. p. 141 Este testimonio aborda la experiencia de una excombatiente que, siendo niña, sufrió un abuso que la marcó, derivando en un proceso que la llevó a las filas y a una particular relación con la vida combatiente y las armas. El testimonio completo se encuentra disponible en el Anexo 3. Fragmentos Claves:

El testimonio comienza con el relato de un evento en su niñez, incluyendo un abuso y una amenaza explícita:

cuando yo estaba pequeña, con nueve años y medio o diez años, unos señores de un grupo ahí, un grupo que se llama el X, pues que no eran ni el Y, ni Z, sino dizque el X, ¿lo conoce?... esos señores me cogieron y abusaron de mí... Ellos llegaron donde unas amiguitas mías y yo que estábamos jugando en el colegio en el descanso, nos convidaron a que nos fuéramos para el grupo...yo les dije que no... entonces ellos me cogieron y me llevaron para unos árboles, me amarraron, me quitaron la ropa y...abusaron de mí. Me dijeron que si yo decía algo me mataban o mataban a toda mi familia, mi mamá, mi papá y mi hermanito... (Muñoz, 2010. p. 141).

Posteriormente, la excombatiente describe las repercusiones inmediatas del evento en su comportamiento y estado anímico, junto con un deseo de venganza:

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Después que se fueron dije que me iba vengar de ellos, se iba llegar el día que los iba a matar a todos... la afectó del todo, no volví a jugar. No volví a jugar ni a salir, me quedaba encerrada en la casa, no podía ver un hombre porque ahí mismo salía corriendo donde mi mamá, [...] yo antes era muy alegre, después de eso ya me mantenía como toda achilada, muerta del miedo... (Muñoz, 2010. p. 141).

Finalmente, el relato aborda su ingreso a la guerrilla, el destino de sus agresores, y la percepción sobre su rol y una particular relación con las armas:

... para saber que no lo pude hacer, a los días de haber ingresado a la guerrilla supe que el ejército los había matado, pero ya era demasiado tarde, ya estaba adentro... yo decía que allá me moría yo había nacido para eso, ser combatiente y que iba morir siendo combatiente,.. es que a mí eso ya me fascinaba, las armas y todo eso. (Muñoz, 2010. p.

141).

7.1.4. Testimonio 4: Excombatiente

Fuente: Tesis de maestría (Función y efectos de la participación entusiasmada en la guerra como respuesta subjetiva de los niños excombatientes del conflicto armado colombiano) Por Agustín Muñoz. p. 144 Este testimonio aborda la experiencia de un excombatiente que, siendo niño, presenció el asesinato de su padre, lo que lo llevó a unirse a la guerrilla en busca de venganza. Su relato describe un proceso de desensibilización a la violencia y una eventual habituación a la misma. El testimonio completo se encuentra disponible en el Anexo 4.

Fragmentos Claves:

El testimonio comienza con el relato de un evento en la niñez del combatiente, que lo lleva a unirse a la guerrilla con un propósito de venganza:

Yo antes era calmadito, vivía en el Cauca con unos indios, todo bien, tranquilo, pero unos paras mataron a mi papá; tenía yo 7, 8 años, lo mataron ahí en frente de nosotros, de mi mamá y todo. Desde ese día, como fuera yo solo pensaba en vengarme de esos manes, por

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eso también fue que me metí a la guerrilla, porque yo sabía que con ellos me podía vengar... (Muñoz, 2010. p. 144).

El relato continúa con la descripción de una situación en la que, siendo aún un niño, se le ordena ejecutar a una persona, detallando su conflicto interno y la realización del acto: Era un pelaito apenas, de 11 años, entonces estábamos con un señor amarrado, no sabía si había hecho algo o no, si era paraco o no y el comando me dijo: -vea chino, péguele un tiro a este hijueputa que no quiere colaborar- yo estaba muy asustado, tenía ganas de ponerme a llorar, pero sabía que me tocaba porque si no me pegaban a mí, el señor me miraba como suplicándome, en la mirada se podía ver que tenía hijos, que tenía familia, en la mirada se podía ver lo que me pedía, yo lo quería soltar, pero no podía, le pegué el tiro y ya, los otros lo picaron (Muñoz, 2010. p. 144)

Finalmente, el testimonio describe el proceso de habituación a la violencia, incluyendo el desarrollo de una preferencia por la sangre y síntomas físicos cuando no había combate:

Pase maluco como una semana, no comía, soñaba con el señor, pero ahí me fui acostumbrando y me empezó a gustar la sangre. Después me daba más pesar matar una gallina que a un man, a mí porque me cogieron, si no yo seguiría por allá, ya me había acostumbrado uno se acostumbraba, tanto que el día que no había que matar uno se enfermaba, le daba vómito y estaba uno como maluco, mariado"( Muñoz, 2010. p. 144).

7.1.5. Testimonio 5: Monsieur G

Fuente: Tesis doctoral (La violence à la lumière de la psychanalyse ou l’acte persistant du parlêtre) Por José Alejandro Pérez Betancur, 2023.

Este testimonio proviene de un exmilitar que reflexiona sobre sus 17 años de servicio, la pérdida de su "inocencia" y los complejos sentimientos asociados a su experiencia, incluyendo el arrepentimiento por ciertas emociones durante el combate y el dolor por la pérdida de sus soldados. El testimonio completo se encuentra disponible en el Anexo 5.

Fragmentos Claves:

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El testimonio comienza con la presentación del sujeto, incluyendo su edad actual, situación familiar y su trayectoria profesional como militar:

Tengo 39 años, actualmente soy padre de una niña de 15, de una familia de cuatro integrantes: papá, mamá, una hermana mayor y yo. [...] Y, pues, fui dentro de esa historia profesional y mi historia de vida, fui militar 17 años. Ingreso a los 15 para cumplir 16, el 6 de enero y me… el 6 de enero del 2000 ingreso y me retiro el 17 de agosto del 2017. Me retiro con el grado de Capitán. Eso es como brevemente quién soy (Pérez Betancur, 2023.

p. 329).

El relato continúa con la descripción de su niñez y la reflexión sobre la pérdida de una cualidad personal asociada a la inocencia:

Listo. Y si te pregunto por tu historia, ¿cómo empezaría eso? O sea, ¿cuál es la historia de G?\nAh, no. ¿G? G nació muy parchado en Amagá, Antioquia, que es un municipio aquí a

45 minutos de Medellín. Hijo de un padre avicultor, madre ama de casa. Nazco muy

tranquilo, hombre. Digamos que esos primeros años de vida son en la finca y yo siempre voy a apuntar a que esos años de vida… le doy cierta tranquilidad y una inocencia tardía porque lo fui como hasta… disfruté mi niñez mucho, mucho, porque…\n¿Por qué hablás de inocencia? o sea, ¿hubo algo que se perdió en algún momento?\nSí. La gente que me conoce dice: “Marica, como eras de tierno, o sea, vos eras súper tierno, vos eras especial, eras de mucho contacto físico, eras muy sensible...” Me gustaba escribir, incluso me gustaba mucho pintar. Digamos que hubo una valoración inicial temprana porque yo dibujaba con la izquierda y coloreaba con... (Pérez Betancur, 2023. p. 329 - 330)

Finalmente, el testimonio aborda su experiencia en operaciones militares, sus sentimientos complejos al respecto, incluyendo un arrepentimiento por sensaciones de placer, y el dolor por la pérdida de sus soldados:

... ver como un objetivo operacional, como una misión; pero lo hice. Y ese placer que sentí, no sé placer asociado a qué… eso sí a lo sexual no, nunca sentí una excitación por eso, pero

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sí me sentía más hombre, ¿sí? “Marica, es que yo lo hice”, ¿sí? Yo pavoneaba, ¿sí? O sea. Marica, yo hice esto. Yo llevé a esa tropa a la victoria. Yo quité esa biga. Entonces me arrepiento de haber sentido placer. Me arrepiento a veces de haber visto videos míos en operaciones y decir: “Ah, qué chimba, marica, como cayó ese hijueputa.” No debí haber hecho eso. No, debí haberlo hecho porque era mi misión, no debí haber sentido eso. Pero las emociones no las puedo controlar. No sé, quisiera… ¿de qué me arrepiento? De haber sentido placer. De eso sí me arrepiento. Me arrepiento y ya no se puede cambiar. Ya si va a haber un momento en que uno sea juzgado por eso, tocará afrontar lo que venga. Tocará afrontarlo. Pero sí tengo la cara en alto y que nunca hice algo fuera de la ley o… ¿me dejé llevar de mis emociones? Sí. Y dolor de mis cuatro soldados muertos. Los 19 de febrero pa’ mí es un dolor. Porque eran mis soldados y estaban bajo mi mando. Entonces eso sí me genera a veces angustia de qué habrá sido de los hijos de ellos. ¿Qué pasa si yo no hubiera tomado esa decisión? ¿Dónde estarían? ¿Dónde estaríamos? Pero bueno. Eso fue lo que nos tocó y, pues, hoy en día trato de ser objetivo. A veces me cuesta un poquito la capacidad de negociación y... (Pérez Betancur, 2023. p. 344-345).

7.1.6. Testimonio 6: Daniela (Entrevista Rioblanco).

Fuente: Entrevista realizada por la investigadora.

Este testimonio, de Daniela, describe su infancia y la crianza en una vereda rural, destacando la profunda conexión con la naturaleza, las costumbres familiares y el impacto duradero del entorno en su bienestar emocional. El testimonio completo se encuentra disponible en el Anexo

6.

Fragmentos Claves:

El testimonio comienza con la descripción del lugar de crianza del sujeto, resaltando la ubicación geográfica y la atmósfera de libertad y conexión con la naturaleza: «Lugar donde cuando yo crecí, eh, vereda El Cambrí, del sector Puerto de Saldaña, un municipio de Río Blanco. Finca El Edén, nada más. Eh, una finca que quedaba a la orilla de la caballería. Ahora ya la caballería aquel día puerto día Herrera. Herrera, la vía central prácticamente. Y a la orilla del río, nosotros vivíamos a la ribera del río. Este lugar donde nosotros crecimos fue por mucho tiempo, por muchos tiempos, digamos, por ahí hasta el 96, 97. Fue un

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lugar muy tranquilo. muy tranquilo, mi papá, mi papá era un atleta y él se la a pesar de tener su finca él se ha mucho deporte. Entonces él nos hacía madrugar con él a hacer ejercicios por todas las actividades, por porque a ir a bañarnos al río, manteníamos en el río todos los días y no almorzábamos y no nos llevaban al río. Y teníamos un contacto muy cercano como con la finca y una libertad de movernos para todos lados. Teníamos una que una libertad hermosísima.» (Daniela, comunicación personal, 27 de febrero de 2025).

El relato continúa detallando las rutinas familiares y la interacción con el entorno natural, incluyendo actividades al aire libre y la relación con los vecinos:

Contacto con todos los vecinos. Eh, podíamos madrugar tipo 4, 5 de la mañana, salir a la calle a trotar con papá, a la carretera trotar con papá, carretera arriba, carretera abajo. Eh, bañarnos en el río el día que quisiéramos a medida de que lloviera. Y tener como toda esa libertad verdad, era un eh clima hermosísimo. Eh, mi familia se compone por se componía en ese momento por mi papá, mi mamá, un tío, hermano de mi papá y un tío que era especial... una cochinita delgadita. Y una tabla para que no la pisaran los mosquitos. Y le armábamos una cama prácticamente a la orilla del río. Y ellos ahí se recostaban, papá y mamá se recostaban ahí. O sea, nosotros lo bañábamos. Entonces, de esa manera mi mamá no comenzaban a picarle los mosquitos, a molestar, que no íbamos para la casa, no (Daniela, comunicación personal, 27 de febrero de 2025).

Finalmente, el testimonio describe la importancia central del río en su vida, tanto en momentos de celebración como de refugio emocional durante la adolescencia, y cómo el sonido del río le sigue brindando paz:

Entonces, nosotros controlamos toda la situación así. Y ahí aprendimos a nadar, tomamos agua hasta que nos aburrimos. Y y que y Y era todo nosotros, era para celebrar un cumpleaños, papá sacaba el día. Eh, mi mamá, así tuviéramos la casa, aquí le digo yo fue unos unos 50 metros del río, yo creo. Sin embargo, nosotros había un cumpleaños, íbamos a hacer el rancho al río, todo era en el río y todo y ya no nos lo pasábamos allá. Y era como los momentos que más pasme daba, ya cuando estuve más grandecita ya Yo llegaba los momentos que me enojaba, comenzaba a pegarme como duro la adolescencia y yo me

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enojaba y me iba para el río. Estaba lo ah durmiendo en el playón grande que había al frente de la casa. Y ahí me acostaba los brazos. Yo decía que me iban a llevar me iba a llevar el man por la señorita y no tenía nada que saber bien en el río. Pero el sonido del río muy relajante. Es el contacto más bonito yo no puedo atender como con Dios. Entonces es como la cosa, lo recuerdo que más paz me da. Y cada si puedo lo hago. Así puedo voy No dejo la orilla del río, escucharlo sonar. Solo escuchar... (Daniela, comunicación personal, 27 de febrero de 2025).

7.1.7. Testimonio 7: Marcela

Fuente: Entrevista realizada por la investigadora Este testimonio, de Marcela, describe su infancia en una zona rural y agrícola, la dinámica de su comunidad y familia, y un recuerdo específico relacionado con el encuentro con lo real de la Violencia, interpretado por ella desde una perspectiva particular. El testimonio completo se encuentra disponible en el Anexo 7.

Fragmentos Claves:

El testimonio comienza con la descripción del entorno rural de su infancia y adolescencia, y su percepción de la comunidad, resaltando la hostilidad percibida hacia su madre:

A ver, lo describiría como una zona principalmente rural. Agrícola. Y, sí, con una característica principalmente rural. Aquí lo que nos rodea son Montañas ... De mi comunidad, la adolescencia recuerdo que era como muy dispersa, indiferente, que eran algo conflictivos. Y que eran un poco machistas. Y poco solidarios. Es que yo crecí en una finca y pues mi mamá era madre cabeza de familia y los demás vecinos eran todos hombres, entonces Siempre eran como muy hostiles con ella. Entonces como que no tengo recuerdos de una comunidad unida de pronto o una comunidad ¿cómo decirlo? No sé, empática (Marcela, comunicación personal, 29 de febrero de 2025).

La narración continúa con las actividades y momentos que disfrutaba durante su adolescencia, enfocándose en el tiempo con amigas y familia, y pasatiempos personales:

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Qué momentos. Bueno, en las actividades pues yo creo que era sobre todo pasar tiempo pronto con mis amigas, pues por ese entonces estaba en el colegio y la mayoría de las tardes después del colegio me quedaba aquí con dos amigas. Hacíamos tareas, compartíamos y luego me iba para la finca y los fines de semana pues estaba en la casa con mi mamá y mis hermanas Y y ya compartían familia y entresemana compartía con mis amigos del colegio. Actividades pues estar al aire libre, leer y escuchar música (Marcela, comunicación personal, 29 de febrero de 2025).

Finalmente, el testimonio aborda un recuerdo particular de un evento de balacera, destacando cómo, a pesar de la situación de riesgo, su experiencia se enfoca en aspectos anecdóticos desde su perspectiva infantil:

... recuerdo que estábamos en la casa de la abuela y pues nos metimos en el sótano y recuerdo que no es un recuerdo para mí que sea traumante, es más bien como una anécdota divertida porque recuerdo que estábamos mis dos primitos y yo, obviamente pues ahí ahí también estaban mis hermanos y eso, pero no lo recuerdo mucho, recuerdo puntualmente que estaban primitos primitos debajo de la cama. Ahí escondidos como no, mientras pasaban, pero digamos que de cierta forma nosotros ni siquiera sabíamos realmente que que estaba pasando. Simplemente estábamos siguiendo como pues me imagino como que lo que nos decían los adultos. Y pues yo sé que en varias ocasiones tuvimos que ir al sótano de la abuela para protegernos de alguna balacera, pero digamos que puntualmente que recuerde es es, pero no lo recuerdo con como con miedo, con dolor o con tristeza, sino más bien como que me acuerdo de mis primitos y yo allá debajo de la cama como susurrando y sin saber exactamente qué estaba pasando. Entonces me parece más bien como anecdótico, chistoso (Marcela, comunicación personal, 29 de febrero de 2025).

7.1.8. Testimonio 8: Andrés.

Fuente: Entrevista realizada por la investigadora Este testimonio, de Andrés, narra su experiencia de crecimiento dividida entre la vida en una finca y el pueblo, destacando su conexión con la naturaleza, las actividades familiares y el

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deporte, así como la tranquilidad que encuentra en su lugar de origen y la mención de un compañero afectado por la violencia. El testimonio completo se encuentra disponible en el Anexo 8. Fragmentos Claves:

El testimonio comienza con la descripción de la crianza del sujeto, compartida entre un entorno rural y urbano, y su conexión con el trabajo agrícola y la familia:

Eh, pues yo me que Nosotros crecimos en el pueblo y también al mismo momento en la finca. Recuerdo más o menos como hasta los 7 años viví constantemente en la finca, ¿sí? Y ahí en adelante pues si ya fue en el pueblo, igualmente pues los fines de semana o cuando se podía pues vivíamos en la finca. Y había yo a mi papá y a mi mamá con las cosas de la finca. ... No, pues de la finca, de los trabajos que hacíamos con mis papás, de la convivencia que tenía con con los animales, ¿sí? Con todo el trabajo relacionado con la finca (Andrés, comunicación personal, 26 de febrero de 2025).

El relato continúa con las actividades que disfrutaba durante su infancia y adolescencia, destacando su participación en deportes y la afinidad por las labores del campo:

En el pueblo pues mi infancia con mi mis compañeros, el colegio, gustaba mucho hacer el deporte, ¿sí? Estudiabas en el pueblo. Sí, sí, estudiaba en el pueblo. Resulta que sí. ¿Y qué momentos eh positivos podría recordarte alguna actividad que disfrutabas en tu adolescencia? ¿En mi adolescencia? Sí. me destacaba mucho. Pues en todos los deportes, pero más que todo con el fútbol, el microfútbol. ¿Sí? En el pueblo de eso. Y en la finca pues siempre me ha gustado mucho la el tema de la ganadería, todo ese tema de de relacionado con la finca, el campo, los animales (Andrés, comunicación personal, 26 de febrero de

2025).

Finalmente, el testimonio aborda la mención de un compañero afectado por la violencia y describe la finca y la compañía de sus padres como un lugar y fuente de paz y liberación de las preocupaciones:

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Y también contaba así de que a veces hablaba que no que tal chino que fue mi compañero pues lo mataron y así. ... Un lugar como yo te digo, te dije, yo tengo mucho precio por por la finca. ¿Sí? Y no tanto pues también influye como lugar la finca, pero las personas mis papás. Que ellos viven de siempre ahí hay a mi ira ya. Es muy satisfactoria y gratificante, ¿sí? Como uno se siente pues al lado de estas personas que no quieren mucho y se sienten uno tranquilo pueden acompañar y todo y también pues el ambiente que se vive. Eso es un lugar muy tranquilo, la naturaleza y también cuando uno tiene uno contacto con tanto con personas y también con el tema de la tecnología y ahí se no hay nada de de celulares, redes sociales ni nada de eso. Entonces, como que uno se libera todo eso y que se olvida muchas veces de problemas que uno tiene (Andrés, comunicación personal, 26 de febrero de 2025).

7.1.9. Testimonio 9: Elena.

Fuente: Entrevista realizada por la investigadora Este testimonio, de Elena, relata su experiencia de vida, incluyendo su infancia en Planadas, la mudanza a Ibagué por razones familiares de salud, y su percepción sobre el encuentro con la violencia que viene del Otro y el control territorial ejercido por un grupo en su comunidad. El testimonio completo se encuentra disponible en el Anexo 9.

Fragmentos Claves:

El testimonio comienza con el relato del sujeto sobre su infancia temprana y la decisión de su familia de mudarse por motivos de salud de un familiar:

Pues recuerdo hasta los 5 años siempre estuvimos con XXX. Bueno, estuvimos todos mis hermanos, ahí nació mi hermanito chiquito y nos fuimos a vivir a Ibagué. En Ibagué vivíamos Daniela, mi mamá, mi hermanito y yo. ... Porque mi hermanita nació con una condición, entonces teníamos que estar llevando a los al médico, citas y todo eso, entonces pues como nos quedaba muy lejos para para transportarnos. Entonces mi mamá decidió irnos a vivir allá (Elena, comunicación personal, 05 de abril de 2025).

El relato continúa con la percepción del sujeto sobre la presencia de la violencia en su lugar de origen y el control ejercido por un grupo armado en la vida diaria de la comunidad:

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En ese tiempo ya no había, había un proceso de paz, entonces ya no ya no había eh lo del conflicto armado. Hasta donde tengo memoria nunca, o sea, yo nunca he vivido eso. Pero siempre pues las FARC siempre ha tenido el control del pueblo de que después de las 7 de la noche uno puede salir en la calle. Eh lo de los... (Elena, comunicación personal, 5 de abril de 2025).

Finalmente, el testimonio aborda las regulaciones y consecuencias impuestas por el control del grupo armado, así como los planes y aspiraciones futuras del sujeto para sí misma y su familia:

Pues a veces cuando digamos hay peleas en el pueblo de una vez los llaman los mandan a llamar, les sacan multas y si no pagan pues se tienen que ir del pueblo, no pueden volver. ... quiero hacer una carrera, terminar de estudiar. Eh, si Dios quiere pues irme del pueblo pues con mi mamá y mi hija y empezar pues una nueva vida en la ciudad, pues porque todo es muy diferente (Elena, comunicación personal, 5 de abril de 2025).

7.1.10. Testimonio 10: Valentina (Entrevista Rioblanco).

Fuente: Entrevista realizada por la investigadora Este testimonio, de Valentina, una joven de 16 años, narra cómo, aunque no vivió directamente los eventos iniciales, experimentó las secuelas de un período de alteración en su municipio, afectando a su familia con desplazamiento y dificultades económicas. Su relato se centra en la importancia de la proactividad. El testimonio completo se encuentra disponible en el Anexo 10.

Fragmentos Claves:

El testimonio comienza con la descripción del impacto de eventos pasados en la comunidad y la familia de la entrevistada, especialmente en su situación económica y el desplazamiento forzado:

Mira, eh nosotros pues aquí el conflicto armado como tal fue en el año 2000. Mi familia, todos mis abuelos y mis papás y todos lo vivieron Eh, o sea, lo vivieron en ese momento.

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Yo no estuve como en el momento, pero pues viví como las secuelas que dejó el conflicto en el municipio. Nosotros en ese tiempo vivíamos en una avenida que se llama Puerto Saldaña, que fue el centro, mejor dicho, de ahi se veía todo. Entonces, pues vivían ellos, ¿no? Porque yo no existía. Pero eh la verdad sí sí marcó algo grande porque en ese tiempo teníamos como sea, como la economía también de nosotros, de mis abuelos, de todo, bajó mucho porque pues ellos se tuvieron que eh Sí, se tuvieron que ir de allá y venirse para acá para Río Blanco y pues acá no tenían nada, ni donde vivir, ni nada. Entonces, pues acá les tocó duro... (Valentina, comunicación personal, 28 de abril de 2025).

La narración continúa con las reflexiones del sujeto sobre la superación personal, y la importancia de no caer en el victimismo:

Que la verdad he aprendido que hay situaciones muy complicadas y para muchas personas, porque muchas personas han vivido cosas mucho peores. Y pues que, y pues que hay que aprender a sobrellevar las cosas, no hay que victimizarse todo el tiempo esperar que otra persona venga a solucionar o si no tratar de salir adelante. Salir adelante y mirar cómo se va a mejorar, cómo va a ser para el futuro y tratar de no victimizarse siempre. Siento que eso es lo que más aprendí en toda esa cuestión (Valentina, comunicación personal, 28 de abril de 2025).

Finalmente, el testimonio aborda la crítica a la falta de ayuda hacia las personas desplazadas y la insistencia en la necesidad de perseverar y superar los obstáculos:

Te voy a decir, pues yo diría que eso, que también hay que entender que pues hay personas que son muy inconscientes en el sentido de que se llega como desplazado en el pues no son la experiencia de mis padres y todo eso. Se llega desplazado y como que hay personas que no buscan darle la oportunidad o sino como que, pues son como un obstáculo, ¿me entiendes? Entonces hay que tratar de ser conscientes también en ese sentido. Y qué y pues como te decía, hay que seguir adelante eh no importa el obstáculo que se presente ahora (Valentina, comunicación personal, 28 de abril de 2025).

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En este capítulo, hemos presentado las voces singulares que constituyen el material empírico de esta investigación. Lejos de ser meros recuentos de hechos, cada testimonio ha sido una irrupción de lo Real de la violencia, delineando las complejas formas en que los sujetos intentan dar sentido y articular lo inarticulable.

Es precisamente en la escucha atenta de estos relatos que han emergido situaciones recurrentes, las cuales dan cuenta del encuentro singular de cada sujeto con esta experiencia de violencia. La reiteración de estas situaciones nos ha permitido, de una manera más formal, extraer las características que nos llevaron a identificar y establecer las dimensiones que guían nuestro análisis.

Estos testimonios, abordados desde una perspectiva psicoanalítica, han permitido vislumbrar no solo las marcas de la violencia en la psique individual, sino también la diversidad de mecanismos de simbolización y sus límites. La singularidad de cada decir, esa "marca discursiva de un encuentro con lo real", reafirma la aproximación 'uno por uno' que guía este estudio, subrayando que la comprensión de la violencia se enriquece en la escucha atenta de cómo cada sujeto organiza su experiencia en el discurso. Los testimonios aquí consignados, con autenticidad, abren paso a las elaboraciones conceptuales que se profundizarán a continuación, donde se desentrañarán las incidencias subjetivas de estos encuentros con la violencia a través de las dimensiones que han surgido de estos mismos relatos.

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8. De la experiencia al concepto: el trayecto metodológico dialéctico en la investigación

psicoanalítica de la violencia que viene del Otro.

8.1. Metodología

Habiendo compartido los relatos que constituyen el corazón de nuestra investigación, este espacio se dedica a desvelar cómo tejimos el camino metodológico que nos permitió construir un saber psicoanalítico sobre las profundas incidencias subjetivas de la violencia que emerge del Otro. En plena sintonía con el marco teórico y conceptual que hemos explorado, diseñamos una aproximación que entrelaza la teoría con una suerte de lectura minuciosa de esos testimonios. Como señaló Lacan (1964/1977), "En lo que a mí respecta, nunca me he considerado un investigador. Como dijo una vez Picasso, para gran escándalo de quienes lo rodeaban: no busco, encuentro" (p. 15). Esta afirmación resume de manera vívida nuestra propia posición metodológica: lejos de partir con ideas preestablecidas o hipótesis rígidas, nuestra mirada se posa en la organización singular del discurso de cada quien, abriéndonos a lo que emerge en los testimonios como un encuentro con lo Real de la violencia. Así, la propia inmersión teórica ha agudizado nuestras preguntas, permitiendo que la vivacidad de cada testimonio guíe tanto el desarrollo conceptual como la hondura de nuestra exploración. El análisis de este material se convierte, entonces, en una lectura atenta, iluminada por conceptos psicoanalíticos que, a su vez, se van puliendo y madurando en este diálogo constante.

Como señala Freud (1915) en Pulsiones y destinos de pulsión, "ninguna ciencia, ni aun la más exacta, empieza con definiciones" (p. 113), sino que avanza en un movimiento dialéctico entre la observación y la teorización. En nuestro caso, el primer momento de acercamiento inicial al fenómeno de la violencia que viene del Otro se dio a través de la escucha atenta de los testimonios de entrevistas propias y otras fuentes relevantes. Este primer momento, donde aplicamos las "ideas abstractas recogidas de alguna otra parte" (Freud, 1915, p. 113) — que vienen de nuestra exploración bibliográfica y del marco psicoanalítico ya delineado– al material vivo. Esto nos permitió empezar a vislumbrar patrones emergentes y pinceladas fundamentales de cómo la violencia del Otro se inscribe en la subjetividad. De este encuentro entre la experiencia y la teoría, brotó de manera orgánica nuestra pregunta central: ¿Cómo la violencia que viene del Otro incide en la subjetividad de quienes la han vivido, desde una perspectiva psicoanalítica? Este ir y venir

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entre el fenómeno y el concepto ha sido el motor que ha afinado el desarrollo de toda esta investigación, conformando lo que llamamos el momento de los fundamentos teóricos. Para lograr nuestro propósito de establecer un diálogo entre el saber psicoanalítico y el análisis de la violencia que nos viene del Otro, implementamos una estrategia metodológica que se nutrió de diversas fuentes. El corpus empírico, presentado en detalle en el Capítulo 3, fue conformado cuidadosamente a partir de testimonios provenientes de los archivos de la Comisión de la Verdad, entrevistas de investigaciones previas y entrevistas propias. Estos últimos, representan encuentros de palabra cuya técnica se especifica como propia de la investigación psicoanalítica. Al abordarlos, la clave fue reconocer los tiempos de la significación y la interpretación ya implícita en lo enunciado por los sujetos. Esto implicó una necesaria desconfianza hacia los sentidos unívocos o inmediatos, invitando a una suspensión de significación para permitir que emergieran las resonancias más profundas.

Esta diversidad de materiales nos permitió integrar perspectivas variadas —desde excombatientes hasta testigos— de distintas regiones donde se manifestaron estas vivencias de violencia. Esta articulación de materiales no solo enriqueció nuestro campo de estudio, sino que facilitó una comparación crítica entre narrativas producidas en contextos institucionales y aquellas surgidas en espacios más íntimos, esenciales para nuestro abordaje. El segundo momento de nuestra labor implicó un acercamiento sistemático a la experiencia concreta, tal como se manifestó en el corpus empírico del Capítulo 3, para así construir nuestras categorías de análisis y adentrarnos en la interpretación profunda. Aquí, siguiendo la enseñanza freudiana de que los conceptos deben "determinarse por relaciones significativas con el material empírico" (1915/1992, p. 113), nos propusimos indagar en aspectos específicos de la complejidad del fenómeno. Este abordaje no solo nos permitió contrastar nuestras preguntas iniciales, sino que nos mantuvo abiertos a la emergencia de categorías nuevas que no habíamos previsto —lo que, en la lógica de Freud (1915/1992), sería como "lo reprimido" irrumpiendo en la teoría (p. 113)—, enriqueciendo enormemente nuestra comprensión sobre cómo la violencia del Otro se inscribe en la subjetividad.

El tercer momento nos llevó de vuelta a la teoría, para releer, a la luz de los conceptos, los problemas que emergían de los testimonios, incluso aquellos que inicialmente no habíamos considerado. Este diálogo constante entre teoría y experiencia, que Freud (1915) compara con el "progreso del conocimiento [que] no tolera rigidez alguna" (p. 113), enriqueció de forma sustancial

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nuestro entramado analítico. Finalmente, el cuarto momento se dedicó a la elaboración de las conclusiones, donde evaluamos las respuestas que fuimos encontrando, la solidez de nuestras hipótesis y las nuevas dimensiones que se abrieron. En sintonía con lo que nos enseña el psicoanálisis, entendemos que cualquier intento de cierre conceptual es siempre provisorio frente a lo Real de la experiencia, y que el saber que logramos producir sobre la violencia, en su singularidad subjetiva, es siempre un saber que se inscribe en la falta, un 'no-todo' que se resiste a ser completamente apresado por el lenguaje Este movimiento investigativo, que nos lleva de la experiencia a la formalización de los conceptos y luego de vuelta, exige trabajar al mismo tiempo en dos planos: el empírico y el teórico. La referencia a Freud (1915) en Pulsiones y destinos de pulsión no es casual, pues resalta cómo el conocimiento se construye en este ir y venir entre lo que observamos y lo que conceptualizamos, entre lo particular y lo general, en un proceso que es a la vez riguroso y, a la vez, permeable a lo inesperado, donde "se comportan como convenciones vivas, no como dogmas” (p.113).

8.2. Dimensiones del análisis psicoanalítico en los testimonios

Desde la perspectiva de esta investigación, la violencia que viene del Otro no se reduce a sus manifestaciones en cuerpos o territorios, sino que su inscripción nodal se da en la trama simbólica que constituye al sujeto. En el análisis de los testimonios —que entendemos como el decir del sujeto frente a lo real de la violencia— hemos podido delimitar cuatro dimensiones analíticas fundamentales. Estas dimensiones, a saber: las Figuras del Otro, El encuentro con lo Real, Las Marcas de lo real y las Respuestas Subjetivas, no fueron impuestas teóricamente. Por el contrario, emergieron de un riguroso proceso de lectura y relectura de los relatos, en un movimiento dialéctico entre el material empírico y nuestro marco psicoanalítico. Fue en esta confrontación donde identificamos patrones recurrentes en cómo los sujetos significan su experiencia de la violencia. Lejos de ser categorías estáticas, operan como vectores dinámicos que posibilitan leer el trabajo psíquico de sujetos confrontados a la violencia. Este enfoque evita reducir mecánicamente la experiencia a una categoría de 'trauma', manteniendo así la fidelidad a la complejidad inherente a cada relato.

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8.3. Figuras del Otro

En el corazón de cada historia de violencia puede haber una pregunta callada: ¿a quién le hablo cuando narro lo que viví? Los testimonios no son monólogos en el vacío, sino voces que buscan, a tientas, un oído que las reciba. En esta búsqueda se revela una verdad profunda: no existimos como sujetos aislados, sino en diálogo permanente con esos Otros que dan forma a nuestro mundo - el Estado que prometió protección, la comunidad que calló o resistió, la justicia que llegó tarde o nunca llegó.

El psicoanálisis nos ayuda a nombrar esta dimensión fundamental de la experiencia humana. Lacan nos enseñó que el Otro no es simplemente 'otra persona', sino ese tejido invisible de lenguaje, ley y cultura que nos precede y nos constituye. En contextos de guerra, este tejido se rasga: el Otro que debería garantizar seguridad se vuelve amenazante o ausente; las instituciones que debían proteger fallan de maneras impensables; los códigos compartidos que permitían entender el mundo colapsan.

El concepto del Otro en la obra de Lacan constituye una piedra angular para comprender la constitución subjetiva y sus vicisitudes de la violencia que viene del Otro. Como señala Lacan (1957-1958) en su Seminario V: Las formaciones del inconsciente, el Otro no representa meramente una alteridad externa, sino la estructura simbólica que precede y determina al sujeto. Esta alteridad radical se manifiesta como "tesoro de los significantes" (Lacan, 1957-1958, p. 45), es decir, como el orden lingüístico que posibilita la existencia del sujeto pero que, simultáneamente, lo aliena en una red de significaciones ajenas. En el análisis de testimonios, esta dimensión se revela con particular crudeza: los relatos no emergen desde una interioridad autónoma, sino que están siempre dirigidos a un Otro -el Estado, la justicia, la memoria colectiva- cuya respuesta resulta constitutivamente fallida.

La violencia inherente a esta relación se articula en tres registros lacanianos. En lo simbólico, el Otro opera como ley, tal como Freud (1913), anticipara en Tótem y tabú al vincular el surgimiento del orden cultural con el parricidio fundador. Lacan (1966) radicaliza esta idea en "Subversión del sujeto y dialéctica del deseo"(p.141), mostrando cómo la ley simbólica se instaura mediante una exclusión originaria que marca al sujeto con una falta estructural. En lo imaginario, el Otro aparece como semejante —esa figura ambivalente que, siguiendo el estadio del espejo (Lacan, 1949), oscila entre identificación y amenaza. Esta relación, fundada

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en la imagen especular, es siempre dual y marcada por la rivalidad y el desconocimiento. En contextos de violencia, el semejante puede transformarse en perseguidor, y la identificación puede volverse una trampa, evidenciando la fragilidad de la propia imagen y la constante vulnerabilidad ante la mirada ajena.

Finalmente, en lo real, el Otro se manifiesta como lo imposible de simbolizar: aquello que irrumpe de manera inasimilable. Esta dimensión del Otro no es la figura del semejante ni la ley simbólica, sino la presencia de lo radicalmente ajeno, lo que Freud (1930) exploró en El malestar en la cultura como fuente de sufrimiento ineludible proveniente de la naturaleza, el propio cuerpo y las relaciones con otros, desvelando así su faceta nociva y amenazante. Su irrupción desorganiza el orden de lo previsible, confrontando al sujeto con la ausencia de sentido y la contingencia radical. Esta triple articulación permite comprender por qué el testimonio nunca es un relato unívoco o que agote la verdad de lo vivido, sino un intento fallido de suturar la brecha entre lo vivido y lo decible. Como señala Lacan (1959-1960) en el Seminario VII, el sujeto está condenado a "decir lo que no puede decirse" (p. 123). Esta paradoja, que se agudiza en contextos de violencia, no expresa un déficit lingüístico, sino el encuentro con lo real de su experiencia —aquello que resiste a ser integrado en el orden simbólico del Otro y que, como explora Soler (2015-2016) en "¿De qué tenemos miedo?", puede manifestarse como un acontecimiento inesperado que pulveriza el saber que constituía la seguridad del sujeto. La irrupción de lo real, al derrumbar todo saber previo y desorganizar las regulaciones de un funcionamiento ordenado, confronta al sujeto con lo inasimilable, pudiendo llevar a mecanismos de defensa como el olvido o la repetición

8.4. Encuentro con lo Real

En los testimonios de violencia, emergen relatos donde los sujetos describen momentos en que fueron tomados por sorpresa, cuando la realidad se presentó de manera abrupta e inesperada, desbordando toda capacidad de previsión o control. Se refieren a eventos que irrumpieron cuando menos pensaron, dejando una sensación de desprotección o de no saber qué hacer. Esta dimensión del encuentro con lo real, que se manifiesta como lo inesperado, trasciende la mera contingencia para revelar una estructura fundamental en la economía psíquica del sujeto, desafiando radicalmente los mecanismos de anticipación y simbolización.

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Freud (1926) estableció en Inhibición, síntoma y angustia una distinción crucial entre tres modalidades afectivas: el miedo, dirigido hacia un objeto determinado; la angustia, como señal ante lo desconocido; y el terror, que emerge cuando "falta esa sobreinvestidura preparatoria; el yo es tomado por sorpresa" (Freud, 1926/1992, p. 162). Esta última modalidad revela que lo verdaderamente inesperado no reside en lo imprevisto como tal, sino en aquello que excede las capacidades de procesamiento del aparato psíquico, dejándolo en estado de desprotección y "sin recursos".

Lacan desarrolla esta problemática freudiana a través de la distinción aristotélica entre tyché y automaton, conceptos que adquieren en su enseñanza una significación precisa para pensar el encuentro con lo real. El automaton corresponde al registro de la repetición significante, “del retorno, del regreso, de la insistencia de los signos, a que nos somete el principio del placer" (Lacan, 1964/1987, p. 55). Por el contrario, la tyché designa "el encuentro con lo real" (Lacan, 1964/1987,

p. 62), ese momento de ruptura donde lo real irrumpe más allá de toda mediación simbólica. La

tyché no es simplemente lo accidental, sino "en el encuentro como encuentro siempre fallido" (Lacan, 1964/1987, p. 68).

Este encuentro con lo real, si bien estructuralmente fallido, no siempre conlleva a una desorganización psíquica insuperable. La dimensión de desborde o exceso surge cuando este encuentro excede las capacidades de simbolización del sujeto, dejándolo en estado de desprotección. Esta distinción explica por qué ciertos elementos aparentemente insignificantes — un olor, una tonalidad, un detalle visual— pueden adquirir una potencia desestructurante en algunos casos: funcionan como puntos de fuga en lo simbólico cuando el encuentro no puede ser metabolizado simbólicamente.

Por ende, es crucial distinguir entre el encuentro con lo real como estructura fundamental y el trauma como modalidad específica de este encuentro. No todo encuentro con lo real es traumático; existe una diferencia entre el encuentro estructural —que es constitutivo del sujeto— y el encuentro traumático —que excede las capacidades de simbolización. Colette Soler, en su curso "Advenimientos de lo real, de la angustia al síntoma" (2015- 2016), profundiza en cómo lo real irrumpe de forma inesperada y desorganizadora, conectando esta experiencia directamente con el pánico y el trauma. Soler explica que el pánico se desata frente a un acontecimiento imprevisto que impacta a individuos o grupos (Soler, 2015-2016, p. 10).

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En el ámbito colectivo, este tipo de pánico suele ser provocado por accidentes, como la falta de liderazgo, ataques sorpresivos (aunque a veces anunciados), fallas técnicas (como en sistemas ferroviarios) o problemas en la gestión de multitudes durante eventos como peregrinaciones (Soler, 2015-2016, p. 10). Soler también señala que la idea de pánico ganó relevancia a principios del siglo XX con la Primera Guerra Mundial (Soler, 2015-2016, p. 10), y que la expresión "crisis de pánico" se ha vuelto cada vez más común, llegando a reemplazar en muchos contextos a la "crisis de angustia", lo que sugiere un cambio significativo en la comprensión de estas reacciones (Soler, 2015-2016, p. 10).

La irrupción de lo inesperado en el pánico, según Soler, anula el conocimiento que confería seguridad al sujeto (Soler, 2015-2016, p. 11). Esto implica una alteración radical de la percepción de la realidad, despojando al individuo de las referencias de lugar, tiempo e identidad que son fundamentales para su conciencia (Soler, 2015-2016, p. 11). Soler aclara que la conciencia humana funciona con una "anticipación subliminal" de lo que está por venir (Soler, 2015-2016, p. 11), y es precisamente este saber anticipatorio lo que el pánico destruye, dando lugar a sentimientos de pavor, terror u horror; la terminología para describir este miedo provocado por un suceso accidental e imprevisto es vasta (Soler, 2015-2016, p. 11).

Este desmantelamiento de las referencias, tanto personales como colectivas, es una característica distintiva del pánico, que "desorganiza, deshace las regulaciones de un funcionamiento previamente ordenado", ya sea en el ámbito financiero, en las dinámicas de las multitudes, o en las intenciones y referentes individuales (Soler, 2015-2016, pp. 10-11). El origen del término "pánico" se asocia al dios Pan, quien tenía la capacidad de "trastornar y asustar los espíritus", convirtiéndolo en sinónimo de una locura extrema y desorganizadora (Soler, 2015-2016,

p. 11). Como ejemplo, Soler menciona los atentados de París de 2015, los cuales ilustran cómo un

acontecimiento inesperado puede generar una noche de pánico generalizado, estupor y una angustia compartida con consecuencias masivas, evidenciando una ruptura radical en la experiencia (Soler, 2015-2016, p. 3). En este sentido, la esencia de un acontecimiento radica en su capacidad de crear una discontinuidad (Soler, 2015-2016, p. 3).

Soler aborda el trauma al describirlo como una "situación de desamparo, definida como el encuentro con una excitación insuperable" (Soler, 2015, p. 15). Esta situación se produce cuando un "real que le cae encima" se presenta como "imposible de anticipar o de vencer" (Soler, 2015- 2016, p. 15), dejando al sujeto "sin recursos" (Soler, 2015-2016, p. 15). En el contexto del pánico,

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el sujeto se ve "tomado por sorpresa" ante una situación irremediable, como el riesgo de aniquilación en atentados, catástrofes naturales como un tsunami o una erupción volcánica repentina (Soler, 2015-2016, p. 14). Lo específicamente traumático no es el encuentro con lo real en sí mismo, sino la incapacidad del aparato psíquico para simbolizar dicho encuentro. Desde esta perspectiva, el trauma se manifiesta como una repetición constante en la acción, dado que aquello que no logra ser simbolizado persiste de manera incesante.

El encuentro con lo real puede manifestarse de tres maneras: como encuentro estructural (que es constitutivo del sujeto), como encuentro contingente (que puede ser simbolizado), y como encuentro traumático (que excede las capacidades de procesamiento). Solo en esta última modalidad lo real se posiciona como aquello que "no cesa de no escribirse", resistiendo cualquier simbolización definitiva (Lacan, 1972-1973, p. 114).

La dimensión temporal de lo inesperado revela su naturaleza paradójica: se trata de una temporalidad que escapa a la cronología lineal, instaurándose como una repetición de lo nuevo. Colette Soler (2015-2016) profundiza en las marcas dejadas por lo inesperado, observando cómo la irrupción de lo real se inscribe como una discontinuidad que impacta la experiencia subjetiva más allá de la mera contingencia.

Para concluir, el encuentro con lo Real, conceptualizado por Lacan como tyché, se revela como una dimensión inherente y estructural de la experiencia subjetiva. Se trata de un encuentro fundamentalmente fallido, que por su propia naturaleza excede la anticipación y la plena simbolización, dejando al sujeto en un estado de desprotección y enfrentado a lo que no puede asimilar completamente. Esta imposibilidad de integrar lo real es lo que genera diversas afectaciones psíquicas y se manifiesta en la persistencia de aquello que, por no poder escribirse del todo, no cesa de no hacerlo, conformando una discontinuidad esencial en la economía psíquica y evidenciando un miedo radical que Lacan asoció con el motivo que impulsa a alguien a buscar el análisis (Soler, 2015-2016, p. 14), una perspectiva que no se reduce al sufrimiento como única fuerza motriz (Soler, 2015-2016, p. 14).

8.5. Marcas del encuentro con lo real

Habiendo profundizado en el carácter disruptivo del encuentro con lo Real y en la compleja función de las Figuras del Otro en la experiencia de la violencia, se hace indispensable

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ahora abordar las marcas que estos fenómenos inscriben en la subjetividad. No se trata simplemente de los hechos vividos, sino de la particular forma en que lo inasimilable deja una marca en el discurso y la psique de quienes testimonian, configurando modalidades específicas de presencia y ausencia en el relato.

La dimensión de lo real en los testimonios de la violencia no se reduce a una sola forma de manifestación, sino que opera a través de dos modalidades fundamentales en la economía psíquica del sujeto. Por un lado, se encuentra aquello que resiste la inscripción en lo simbólico, manifestándose como un vacío o agujero en la narración. Por otro lado, emerge aquello que, sin lograr ser olvidado o integrado plenamente, insiste en el campo de lo real. Freud (1915) establece una diferencia crucial entre lo reprimido primario (Urverdrängt) — que constituye un núcleo irreductible a la representación (Lo inconsciente, O.C. XIV, p. 193)— y lo reprimido secundario (Verdrängt), que, habiendo sido alguna vez consciente, retorna de manera deformada (La represión, O.C. XIV, p. 146). En los testimonios, esta dualidad se expresa en dos fenómenos discursivos claramente diferenciables:

La primera modalidad, aquello que resiste la inscripción en lo simbólico, se manifiesta como un vacío estructural, un punto ciego en la narración. No se trata de un simple olvido o de algo reprimido que pueda retornar deformado, sino de una imposibilidad constitutiva: el sujeto no puede representar ese fragmento de lo real, pues nunca estuvo inscrito en el orden simbólico. Aquí, la marca de lo real adopta la forma de silencios abruptos, frases interrumpidas o relatos que giran en círculos sin alcanzar el núcleo de lo inasimilable. Como señala Lacan, lo real es "lo que no cesa de no inscribirse" (Seminario XX, 1972-1973/2006, p. 95), un agujero en lo simbólico que, sin embargo, determina la posición del sujeto.

La segunda modalidad, aquello que insiste en el campo de lo real (lo imborrable), corresponde a experiencias que, aunque no logran ser reprimidas, tampoco pueden integrarse plenamente al relato. A diferencia de lo reprimido, estas marcas no retornan deformadas, sino que constituyen una fijación que persiste con una precisión alucinatoria. Tal como Freud (1917) describiera, la fijación implica que el sujeto queda "atrapado en el pasado", incapaz de "acabar con la situación traumática" y compelido a su repetición inconsciente. Esto se manifiesta en los testimonios como el olor a pólvora, el sonido de un grito, la imagen recurrente de un rostro. En los testimonios aparecen como detalles que el narrador repite sin variaciones, a menudo con una carga afectiva desproporcionada. Sin embargo, no todas las marcas son imborrables: solo aquellas ligadas

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a un encuentro con lo real que desborda su capacidad de simbolizar —es decir, con "lo imposible" (Lacan, 1973/2006, p. 167)— adquieren este carácter irreductible.

La clave, entonces, radica en distinguir entre marcas que resisten la simbolización (lo real traumático) y fijaciones que, aunque persistentes, admiten cierto trabajo psíquico. Por lo cual, en el análisis de testimonios, esto implica identificar qué elementos funcionan como puntos de opacidad (lo que resiste la inscripción) y cuáles como insistencias sensoriales (lo imborrable), sin confundirlos con meras repeticiones discursivas o énfasis retóricos. En conclusión, la marca de lo real en los relatos de la violencia no es unívoca: se bifurca entre lo que nunca pudo ser dicho y lo que no cesa de insistir.

8.6. Respuesta subjetiva

Ahora bien, si como hemos señalado en los puntos anteriores, no todo encuentro con lo real de la violencia adquiere un estatuto traumático, ni todas las marcas psíquicas se inscriben de la misma manera, la pregunta fundamental que emerge es: ¿de qué depende la diferencia? Efectivamente, el modo en que cada sujeto responde a la irrupción de lo real constituye el problema clave. Esta perspectiva, que subraya la posición del sujeto y su "elección" (no siempre consciente) frente al goce del Otro, fue ya planteada por Freud.

Desde la perspectiva freudiana, estas respuestas emergen como formaciones de compromiso entre las exigencias pulsionales y las demandas de la realidad, manifestándose a través de síntomas, actos fallidos o repeticiones que delatan un núcleo traumático no elaborado. En Más allá del principio de placer, Freud (1920) revela cómo ciertas conductas aparentemente irracionales —como los sueños traumáticos recurrentes que "reconducen tan regularmente al enfermo a la situación en que sufrió el accidente" (p. 31 ), o los juegos infantiles que recrean situaciones dolorosas, como el niño que repite la partida de su madre arrojando objetos (p. 14- 15)— representan intentos fallidos de dominio psíquico, gobernados por una compulsión de repetición que trasciende el principio de placer (p. 23).

Este fenómeno demuestra que el aparato psíquico, ante lo imposible de ser plenamente simbolizado, recurre a la repetición como mecanismo de ligadura de aquello que irrumpe como exceso traumático, "entonces, la tarea planteada es más bien esta otra: dominar el estímulo, ligar psíquicamente los volúmenes de estímulo que penetraron violentamente a fin de conducirlos,

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después, a su tramitación" (Freud, 1920, p. 29). Freud subraya que estas repeticiones, aunque displacenteras, buscan "recuperar el dominio sobre el estímulo" (p. 31), evidenciando así la lucha del sujeto por integrar lo traumático en su economía psíquica.

La conceptualización freudiana adquiere mayor complejidad en Inhibición, síntoma y angustia (Freud, 1926), donde se enfatiza el carácter adaptativo de las respuestas subjetivas. Freud plantea que el síntoma, lejos de ser meramente patológico, constituye una "formación sustitutiva" (p. 137) que surge como "indicio y sustituto de una satisfacción pulsional interceptada" (p. 87), es decir, una solución creativa del psiquismo para manejar conflictos intrapsíquicos irreconciliables. En este sentido, el síntoma no es solo un fenómeno defensivo, sino también un intento de "reconciliación" entre las demandas del ello y las restricciones del yo, como señala Freud al describir cómo el yo "intenta cancelar la ajenidad y el aislamiento del síntoma, aprovechando toda oportunidad para ligarlo de algún modo a sí e incorporarlo a su organización" (p. 94). Lacan, por su parte, radicaliza esta perspectiva al situar la respuesta subjetiva en el registro del lenguaje y la estructura simbólica. En “Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis" (1953), el psicoanalista francés postula que el sujeto se constituye en y por el lenguaje, de modo que sus respuestas están inevitablemente mediadas por el orden significante. Para Lacan, el trauma representa una falla en la simbolización - un agujero en lo simbólico que persiste como real -, y las respuestas subjetivas emergen como intentos de bordear ese vacío estructural. Esto se manifiesta en testimonios a través de formaciones lingüísticas particulares: metáforas que condensan múltiples significados, metonimias que desplazan el afecto o significantes amo que organizan el relato.

La teoría lacaniana adquiere especial relevancia al analizar la dimensión subjetiva. En El Seminario 11 (1964), Lacan, enfatiza que toda respuesta subjetiva implica necesariamente un destinatario —el Otro como instancia simbólica—. Esto permite comprender por qué muchos testimonios adoptan la forma de interpelaciones directas o de apelaciones a una instancia trascendente. La respuesta subjetiva se revela así no como un fenómeno meramente individual, sino como un acto de lenguaje que busca inscribir lo traumático en el registro de lo simbólico, convocando a un Otro que debe reconocer y validar la experiencia.

La articulación entre ambas perspectivas ofrece herramientas valiosas para el análisis de testimonios. Mientras Freud provee un marco para comprender las dinámicas intrapsíquicas del trauma, Lacan permite explorar cómo estas dinámicas se inscriben en el lenguaje y se dirigen al

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campo social. Juntos, revelan que las respuestas subjetivas en testimonios de violencia no son simples relatos factuales, sino formaciones complejas donde convergen lo individual y lo colectivo, lo dicho y lo no dicho, la memoria y el olvido. El desafío analítico consiste, precisamente, en leer estas respuestas no por su contenido manifiesto, sino por su estructura y sus fallas - esos momentos donde el lenguaje se quiebra y deja asomar lo real de la experiencia traumática. A partir del recorrido teórico desarrollado, planteamos como hipótesis que la condición de "traumático" de una experiencia frente a la violencia no reside en la intensidad del evento en sí, sino fundamentalmente en el modo en que cada sujeto responde a la irrupción de lo real. Efectivamente, esta respuesta constituye el problema clave, donde la condición del trauma depende de la elección del sujeto frente al goce del Otro, tal como ya había sido planteado por el mismo Freud desde los orígenes del psicoanálisis. En consecuencia, para abordar esta problemática y comprender la particularidad del sujeto y sus modalidades de relación con el Otro, retomamos la noción de respuestas subjetivas desde el modelo teórico lacaniano del Grafo del Deseo, un dispositivo que nos permitirá desentrañar dicha "elección" y sus modalidades de relación con el Otro.

8.7. El Grafo del Deseo: formalización de la respuesta subjetiva

Este dispositivo conceptual fundamental formaliza las intrincadas relaciones de compenetración entre el sujeto y el Otro. Este modelo topológico no ubica al sujeto en un punto específico, sino que todo el Grafo representa la constitución misma del sujeto, articulando lógicamente los términos que le confieren su singularidad en el psicoanálisis. Sus componentes se presentan en tres niveles diferentes, aunque indisociables, que corresponden a los registros lacanianos:

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Figura 6 Grafo del deseo. La relación del sujeto al Otro

• Primer Nivel (Registro Imaginario): Representa la relación especular entre el yo (moi) y la

imagen del semejante [i(a)]. Este nivel evidencia la dimensión de alienación inherente a la formación del yo y su insuficiencia para dar cuenta de la complejidad total de la emergencia del sujeto.

• Segundo Nivel (Registro Simbólico): Formaliza las incidencias del lenguaje en la constitución

subjetiva. Muestra el doble cruce entre el discurso (la toma de la palabra) y la cadena significante. Aquí se produce un efecto de significación que trasciende los elementos individuales (semantemas), y se sitúa al Gran Otro (A) como el código o tesoro de los significantes, del cual el sentido es encontrado retroactivamente.

• Tercer Nivel (Registro de lo Real): En este nivel se aborda la dimensión del goce. Se plantea

la pulsión ($◊D) como el resultado de la incidencia del significante en el cuerpo, un resto de esta operación. La pulsión se ubica en el estrato superior del Grafo, revelando el lugar crucial que Lacan le otorga como un efecto sofisticado y no como una fuerza primitiva. Aquí se formalizan los límites del Otro como tesoro de los significantes y se evidencia la imposibilidad de representación del goce, una dimensión central en los testimonios investigados.

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El Grafo puede conceptualizarse además a partir de dos secciones principales, derecha e izquierda, que son esenciales para comprender la dinámica de las respuestas subjetivas:

8.7.1. El Lado Derecho: Las Formas de la Alteridad

Este lado del Grafo presenta los elementos que preexisten al sujeto o que entran en relación con el sujeto desde un momento original, configurando las diversas instancias del Otro y del deseo que interpelan al sujeto y a las que este responde:

• La imagen del semejante [i(a)]: Es la captación imaginaria inicial, la imagen que dota de una

entidad localizada a la experiencia fragmentada del cuerpo del viviente. Esta imagen constituye la primera alienación del sujeto en su propia envoltura.

• El Gran Otro (A): Una dimensión multifacética que abarca la primera incidencia del lenguaje

sobre el cuerpo del viviente, a través de la voz o del cuidado. Representa el "código" o el conjunto de significantes disponibles que estructuran el mundo. También remite a la referencia mítica del padre como legislador, e incluso a la figura hegeliana del amo, con su versión absoluta vinculada a la muerte, como el lugar donde se supone que el padre asesinado sostenía todo el goce.

• El deseo del Otro (d): Representa la pregunta que el sujeto formula ante la exterioridad sobre

lo que el Otro desea de él. El deseo humano no es una apetencia interna autónoma, sino que se constituye a partir de esta forma de alteridad, siendo fundamentalmente el deseo del Otro.

• La pulsión ($◊D): La forma más radical de la alteridad, un empuje que es ajeno al sujeto y

cuyos destinos escapan a su dirección consciente. Es el resto de la incidencia del significante en el cuerpo, ubicándose en el estrato superior del Grafo. Esta posición indica su carácter de resultado de una compleja operación del Otro. En este nivel de goce se manifiesta la imposibilidad de representación, haciendo referencia al resto pulsional de experiencias extremas (como la violencia) que persiste en la vida civil y se expresa bajo denominaciones que marcan su estatuto de alteridad, por ejemplo, en la vivencia de un "monstruo" o una "maldad" que invade al sujeto.

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8.7.2. El lado izquierdo: las respuestas del sujeto

Este lado del Grafo formaliza las formaciones psíquicas que constituyen las respuestas del sujeto, es decir, cómo este se posiciona y lidia con lo que proviene del Otro y con la irrupción de lo real:

• La Angustia [S(A)]: Ocupa un lugar primordial en el nivel superior, vinculado al registro de lo

real. La angustia se erige como la respuesta límite del sujeto cuando fallan las mediaciones simbólicas e imaginarias. Emerge ante la confrontación directa con lo real sin velo, en un momento en que otras modalidades de respuesta (yo, fantasma, síntoma) resultan insuficientes. La angustia, entonces, señala un encuentro con lo que no puede ser tramitado por las vías habituales de lo simbólico y lo imaginario, constituyendo un estado de desamparo y deslocalización. En este lugar de la respuesta límite, pueden incluirse respuestas formuladas por Lacan en su Seminario 10, como el pasaje al acto.

• El fantasma ($◊a): Es la estructura fundamental que organiza las respuestas del sujeto,

funcionando como una matriz imaginario-simbólica que media entre el deseo del Otro y la angustia. El fantasma procura una respuesta a la pregunta "¿Qué me quiere el Otro?" y configura una escena donde el sujeto encuentra una posición, incluso si esta implica sufrimiento. En el Grafo, se ubica en el segundo piso, evidenciando cómo el sujeto ($) se articula con el objeto a como causa de su deseo, configurando así su realidad particular.

• El síntoma [s(A)]: Representa una respuesta cifrada que condensa un núcleo de goce

inconsciente. Esta modalidad de respuesta revela cómo el sujeto, a través de una formación sintomática, repite aquello que resiste la significación plena. El síntoma constituye una formación de compromiso que intenta tramitar lo real mediante el retorno de lo reprimido, conservando su carácter enigmático como una respuesta del sujeto frente a lo que no puede ser completamente simbolizado.

• El yo (m): No es un núcleo autónomo, sino una formación imaginaria que se constituye en

respuesta a las demandas del Otro. En el primer piso del Grafo, el yo se forma a través de identificaciones (como el yo ideal), buscando estabilizar una imagen unitaria frente a la división inherente al sujeto ($). Sin embargo, esta respuesta es siempre parcial y alienante, dado que el yo nunca coincide plenamente con el sujeto del inconsciente.

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En conclusión, el Grafo del Deseo, con su intrincada topología, demuestra que el sujeto, en tanto respuesta, se instituye no solo por su posición frente a lo real, sino esencialmente por su articulación dialéctica con el campo del Otro y la estructura significante. Las respuestas subjetivas formalizadas en el Grafo (angustia, fantasma, síntoma, yo) son las modalidades mediante las cuales el sujeto intenta bordear lo imposible y sostener su deseo. La utilidad de este dispositivo radica precisamente en permitirnos comprender que existen diversas respuestas frente a la violencia que viene del Otro, y es en la identificación y el análisis de estas diferentes modalidades de respuesta donde reside el foco principal de esta investigación. Esta perspectiva permite comprender que una experiencia no reside únicamente en la magnitud del evento, sino en la "elección" insondable y singular del sujeto en su posición frente al goce del Otro.

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9. Capitulo IV: Tramas del decir: hallazgos psicoanalíticos en los relatos de la violencia

Este capítulo se adentra en la interpretación de los testimonios recopilados, explorándolos como formaciones del inconsciente que permiten indagar en las incidencias subjetivas de la violencia que viene del Otro. A partir del marco conceptual psicoanalítico y las dimensiones de análisis (Figuras del Otro, Encuentro con lo Real (Lo Inesperado), Huellas de lo Real y Respuestas Subjetivas) desarrolladas en la metodología, se presenta una reflexión rigurosa sobre cómo los sujetos articulan sus experiencias de violencia. Se privilegia la singularidad de cada relato, buscando las marcas que resisten la simbolización y las estrategias discursivas y prácticas que emergen para negociar con esas experiencias límite.

9.1. Análisis del Testimonio 1: Laura - La desarticulación del Otro y la inscripción del

traumatismo.

El relato de Laura nos sitúa ante un encuentro con lo Real en su vertiente más aniquiladora. La escena del "consejo de guerra" y el fusilamiento de su compañera, a quien describe como "casi mi prima", irrumpe de manera abrupta en su cotidianidad, despojándola de cualquier previsión. Laura lo vive en esa primera reacción de incredulidad y desamparo: "Yo me quedé ahí como asustada, decía “Dios mío qué pasó” (Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, 2022, p. 10). Esta exclamación, cargada de una referencia a un orden superior y prohibida en ese contexto, revela la fractura de sus marcos de referencia previos y la ineficacia de su simbolización frente a la atrocidad. La pregunta de Laura, "¿cómo así consejo de guerra? ¿Qué es eso?" (Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, 2022, p. 10), subraya la aniquilación de su saber previo, ese "saber que constituía nuestra seguridad" que, como señala Soler (2015-2016), es pulverizado por el traumatismo. La organización armada, en este escenario, se configura como una de las Figuras del Otro más implacables. No solo legisla sobre la vida y la muerte, sino que lo hace a través de una lógica deshumanizante: la mujer es "amarrada como si fuera un animal" y reducida a la equivalencia de un "relajo sexual". Este Otro, encarnado en la figura del "guerrillero antiguo" que la interpela ("¿usted viene a favor de las FARC o a favor de quién?"), ejerce un goce del Otro (Lacan, 1964) que excede los límites de la ley y se impone sobre el cuerpo y la vida de los sujetos. La

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"normalidad" con la que el fusilamiento es percibido por otros ("para todo el mundo era normal") es la evidencia de la identificación colectiva con esta figura del Otro que encarna el amo, mientras que Laura se mantiene en la posición de la pregunta, resistiendo la total alienación a esa "disciplina" que le parece "injusta".

Las consecuencias de este encuentro se inscriben como Marcas de lo real en la psique de Laura. Su afirmación "bien duro, contar eso, pero, o sea, tener que ver morir, escuchar los tiros, escuchar los gritos" (Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, 2022). no remite a un recuerdo olvidado o reprimido, como sucedería en el trauma psíquico freudiano de origen, sino a un traumatismo que permanece como "lo imposible de olvidar" (Soler, 2015). Esta insistencia de la experiencia en su memoria, que "suspende de la lógica de su vida cotidiana", es una característica clave de este tipo de traumatismo. La "marca discursiva de un encuentro con lo real" se hace patente en la dificultad de enunciación, en el "o sea" que busca ligar lo inarticulable de la vivencia.

Frente a esta efracción, la respuesta subjetiva de Laura se manifiesta en una doble vertiente. Por un lado, la resistencia a la lógica del Otro que la interpela: "pero porque, sabiendo que los mismos hombres son los que las buscan y ellos mismos buscan que las maten es como injusto". Esta objeción, nacida de una ética singular, es una forma de mantener su posición subjetiva ante la disolución de la humanidad. Por otro lado, su persistente invocación a "Dios mío" —a pesar de estar prohibido— es un intento de anudarse a un Otro simbólico que le dé sentido o contención frente al desamparo radical que experimenta. Laura, así, revela cómo el sujeto, incluso en las condiciones más extremas, busca articular una respuesta, un modo de ligadura que le permita sostenerse frente al goce inasimilable de la violencia del Otro y las huellas imborrables que esta inscribe.

9.2. Análisis del Testimonio 2: Excombatiente - La irrupción del dolor y el cuerpo

violentado en la escena del Otro.

Prosiguiendo en nuestra exploración de cómo la violencia que viene del Otro se inscribe en la psique de los sujetos, el testimonio de esta excombatiente del Bloque Occidental teje una dolorosa red con el relato de Laura. Aquí volvemos a confrontarnos con las implacables lógicas internas de la organización armada y la deshumanización que allí se impone, aunque manifestada

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en la intimidad brutal de un cuerpo sufriente. La escena central es un aborto inducido, un encuentro con lo Real de una intensidad desbordante. La insistencia en el sufrimiento físico —"gritó tanto y lloraba tanto por el dolor", "ella lloró demasiado, ella gritaba mucho, eso le dolió demasiado a ella", "fue peor los gritos, fue terrible eso" (Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, 2022).— evidencia cómo el cuerpo es asaltado por un exceso de estímulo, un "asaltar al sujeto en su cuerpo por sorpresa" (Soler, 2005, p. 3). Esto inscribe un traumatismo, una vivencia sin velo, donde el goce desborda el límite de lo simbólico (Lacan, 1964). La organización, como una de las Figuras del Otro, se revela aquí no como protectora, sino como impositiva, regulando los cuerpos hasta sus últimas consecuencias. La narradora, al describir su rol funcional ("me tocó sacarla de ahí", "yo distribuyo la guardia") (Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, 2022), nos muestra cómo se ve interpelada por la lógica de este Otro, asumiendo una función dentro de un sistema que normaliza la brutalidad. La precariedad de la asistencia —"nadie durmió ese día porque ella lloró demasiado", "no había luz", "se le queda la placenta pegada y eso sí duele demasiado, hay que sacarla raspando" (Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, 2022)— revela la dimensión más cruda del goce del Otro que se impone. La imagen del "fetico" que "salió y un gato se lo llevó y los muchachos detrás del gato, golpeando, tirándole cosas para sacárselo" es un detalle grotesco que pulveriza cualquier atisbo de dignidad y evidencia la radical pasividad del sujeto ante la irrupción de tal violencia.

Este evento deja Marcas de lo real no solo en la mujer que lo padece directamente, sino también en la narradora, quien, a pesar de su función, no puede evitar la consternación: "fue terrible eso". Esta frase final, una suerte de puntuación subjetiva, señala la inscripción de un traumatismo en la testigo. Este tipo de traumatismo persiste como una vivencia imposible de olvidar, "que se cree inolvidable" (Soler, 2015-2016, p. 19), a diferencia del trauma psíquico freudiano que es reprimido. La respuesta subjetiva de la narradora se articula en una posición de testigo que, aunque asume su rol impuesto, se distancia por la fuerza de lo que testimonia. El cuidado de los niños de la finca, "porque ellos preguntan, ellos ahí todos asustados", revela un intento de proteger la inocencia frente a la irrupción de una realidad que desborda la lógica infantil, mostrando un esfuerzo por sostener un resto de humanidad y de ligadura simbólica en un escenario de desolación.

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9.3. Análisis del Testimonio 3: Excombatiente - La infancia marcada y la búsqueda de un

Otro que encarne la venganza.

Este tercer testimonio, el de otra excombatiente, teje una hebra distintiva en la red de experiencias de violencia, al introducirnos a la profunda y duradera marca de un trauma psíquico de origen. A diferencia de los traumatismos que hemos explorado en los relatos de Laura y la excombatiente del Bloque Occidental —eventos de efracción externa que persisten como lo inolvidable—, este testimonio nos remite a una "infancia marcada por el abuso sexual a temprana edad". Freud (1920, 1926) nos enseña que el trauma psíquico, a menudo ligado a vivencias sexuales precoces, se caracteriza por ser reprimido, lo que impide al sujeto "saber" conscientemente de su existencia. No es un evento que insista en la memoria con la misma crudeza, sino un núcleo afectivo que se inscribe de manera latente, generando efectos cuyas causas permanecen veladas. Frente a la huella de este trauma originario, la respuesta subjetiva de esta mujer se articula en una búsqueda activa y singular: la "venganza". Su decisión de unirse a la guerrilla no es una mera elección circunstancial, sino una compleja "elección" inconsciente que busca, en las Figuras del Otro encarnadas en la organización armada, el medio para ligar y tramitar el goce inasimilable que el abuso sexual infantil ha implicado. A diferencia de la pasividad o el desamparo inicial de Laura frente al fusilamiento, o la de la mujer en el aborto, aquí el sujeto se lanza a la acción en un intento de invertir la posición de víctima. La guerrilla, en su promesa de fuerza y retribución, se convierte en un Otro que, en su discurso y en su violencia instrumental, parece ofrecer una vía para la restitución de una supuesta deuda o la descarga de una pulsión agresiva, un intento de domeñar el goce del Otro que la violentó.

Esta búsqueda de "venganza" conduce a una "relación compleja con la violencia y las armas", una de las Marcas de lo real en su subjetividad. Esta relación, lejos de ser una simple consecuencia, es un índice de cómo la propia violencia se convierte en un modo de goce para el sujeto, una forma de responder a la irrupción de lo Real que la afectó profundamente. Es posible vislumbrar aquí una compulsión a la repetición, donde el ejercicio de la violencia no solo es un medio, sino que puede convertirse en un fin que busca restituir una posición de poder o de control perdida. Esta excombatiente, al integrarse en la dinámica violenta del grupo, encuentra una estructura donde puede, a su vez, infligir aquello que le fue infligido, buscando una suerte de justicia pulsional que se distingue de la justicia simbólica. El testimonio, por tanto, nos permite

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ahondar en las intrincadas respuestas subjetivas que emergen frente al trauma, donde el sujeto, en su singularidad, puede hallar en el Otro de la guerra un camino para intentar dar cuenta de su propia herida.

9.4. Análisis del Testimonio 4: Excombatiente - El trauma y la habituación al goce del Otro como destino subjetivo.

El relato de este excombatiente introduce un punto de inflexión radical en la vida de un sujeto, configurando un encuentro con lo Real en su forma más descarnada: el asesinato del padre, presenciado en la inerme posición de "apenas un niño". Este evento, de una exterioridad abrumadora y que perfora la protección psíquica, se inscribe como un traumatismo en los términos de Colette Soler (2005): un exceso de violencia que "asalta al sujeto en su cuerpo por sorpresa" (p. 3), un real imposible de anticipar o evitar, y que genera una "consecuencia irreversible" que deja huellas imborrables (Soler, 2015-2016, p. 19). A diferencia de un trauma psíquico freudiano que podría ser reprimido, este acontecimiento se fija en la memoria, "insistiendo y suspendiendo la lógica de la vida cotidiana" del sujeto.

Frente a la desolación y el desamparo provocados por esta efracción, la decisión de "unirse a la guerrilla" se erige como una respuesta subjetiva que intenta dar un destino a lo insoportable. No es simplemente una elección pragmática, sino una "elección" inconsciente que busca, en las Figuras del Otro encarnadas en la organización armada, un nuevo marco simbólico y una estructura que le permitan anudarse a un lazo social y, quizás, procesar el goce inherente al traumatismo inicial. Al igual que en el testimonio de la excombatiente que buscaba venganza por el abuso, aquí la guerrilla se presenta como un Otro que, a través de su disciplina y sus lógicas de poder, ofrece un semblante de sentido o control frente a la desregulación pulsional y la fragmentación que el evento traumático ha generado, prometiendo una vía para la acción.

Este ingreso a la guerrilla lo conduce a "un brutal proceso de desensibilización que lo llevó a habituarse a la violencia". Esta "habituación" y la "pérdida de la inocencia" son Marcas de lo real que se inscriben profundamente en su subjetividad. El sujeto no solo fue testigo pasivo, sino que se vio inmerso en un proceso activo donde la violencia se convirtió en parte constitutiva de su existencia. No se trata de un olvido de lo traumático, sino de una transformación de la sensibilidad misma, una adaptación forzada a un exceso constante. La subjetividad es reconfigurada de tal

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manera que "la violencia" deja de ser el objeto de espanto inicial para volverse el entorno. Esta marca, si bien puede ser vista como una defensa para no ser desintegrado, también revela una forma de ligadura pulsional, una manera de integrar el goce del Otro que se ejerce y se padece en el campo de la violencia. La vida cotidiana se reconfigura en torno a esta nueva realidad, y el sujeto encuentra, o es compelido a encontrar, una posición dentro de esa lógica. Este testimonio, en su concisión, permite indagar en cómo el sujeto, frente a un encuentro traumático fundante, puede redefinir su propia subjetividad, asumiendo una posición activa que, sin embargo, lo transforma de manera irreversible en su relación con el goce y la violencia del Otro.

9.5. Análisis del Testimonio 5: Monsieur G - El combate como forja de un goce paradojal y

las marcas irrenunciables del traumatismo.

El testimonio de Monsieur G, un exmilitar, nos adentra en una de las aristas más complejas y perturbadoras del encuentro con lo Real en el contexto de la violencia: aquella que se vive y se ejerce desde la participación activa en el combate. Su relato no solo aborda la "pérdida de la inocencia" que la guerra impone, sino que revela una relación íntima y paradójica con el goce, que se manifiesta tanto en el "placer de la victoria" como en una perturbadora satisfacción al ver al "enemigo" caer: "Me arrepiento de haber sentido placer. Me arrepiento a veces de haber visto videos míos en operaciones y decir: 'Ah, qué chimba, marica, como cayó ese hijueputa” (Pérez Betancur, 2023). Esta confesión pone de manifiesto la transgresión de un límite subjetivo y moral, donde el goce excede el principio del placer y se anuda a la pulsión de muerte, propia de la devastación que inflige la violencia. Este real del combate, que irrumpe con su cuota de imprevisibilidad y de confrontación con la aniquilación propia y ajena, funda un traumatismo en el sentido lacaniano, un agujero en lo simbólico que no puede ser totalmente ligado. Es una experiencia que, por su intensidad y por su naturaleza límite, deja al sujeto confrontado con un real no domesticable por el lenguaje ordinario.

Las Figuras del Otro se presentan de manera dual en este escenario, ejerciendo una potente interpelación sobre el sujeto. Por un lado, la institución militar encarnada en sus mandos y en la "Casa Presidencial" se configura como un Otro de la demanda, que exige "resultados" y "cuerpos" ("Falsos Positivos"). Esta demanda no solo revela una lógica perversa que deshumaniza al adversario, sino que lleva al sujeto a la transgresión de la ley simbólica, sumergiéndolo en una

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economía de goce específica. El militar es interpelado a convertirse en un instrumento de la violencia institucional, legitimada por un discurso de eficacia y poder que subsume la ética. Por otro lado, el "ethos del combate" y la camaradería con sus "cuatro soldados muertos" configuran un Otro de la pertenencia y el deber, cuya pérdida genera una deuda simbólica y afectiva. Este Otro del campo de batalla, con sus códigos de supervivencia y muerte, coexiste con un Otro del arrepentimiento que emerge a posteriori, confrontando al sujeto con el peso de sus actos y el "malestar" de un goce que lo desborda y lo interroga éticamente.

Las experiencias de combate y sus incidencias dejan profundas Marcas de lo real en la subjetividad de Monsieur G. La herida por mina que le costó una pierna es una marca corporal indeleble que inscribe el real de la castración y la fragmentación en su propio cuerpo. La sensación de sentirse "tan a medias, tan feo sin la prótesis" (Pérez Betancur, 2023) no es solo una discapacidad física, sino un síntoma de cómo el traumatismo ha alterado su imagen corporal y su sentido de completitud. Este real corporal insiste, funcionando como un recordatorio constante de la violencia padecida. Su arrepentimiento por haber sentido "placer" al ver morir al "enemigo" es otra marca en su psique, un resto ético que lo persigue, una objeción interna a la deshumanización vivida. Además, su "dolor de mis cuatro soldados muertos. Los 19 de febrero pa’ mí es un dolor" (Pérez Betancur, 2023) es una marca afectiva que se repite anualmente, demostrando cómo lo Real de la pérdida no cesa de hacerse presente en una temporalidad que escapa a la cronología lineal (Lacan, 1973, p. 72), marcando su calendario con la ausencia y la rememoración de una tragedia. Estas marcas no son reprimidas, sino que insisten en la conciencia, exigiendo una elaboración continua. Frente a estas marcas y el goce experimentado, las respuestas subjetivas de Monsieur G se manifiestan en una compleja serie de síntomas y formaciones de compromiso, revelando la lucha del sujeto por integrar lo traumático en su economía psíquica y por encontrar un modo de anudarse. Su dificultad para amar "incondicionalmente" a su hija y su incapacidad para el amor romántico son expresiones de cómo el traumatismo de la violencia ha afectado su capacidad de establecer lazos libidinales plenos, posiblemente por el miedo a la pérdida o la dificultad para confiar. La sensación de sentirse "tan a medias, tan feo sin la prótesis" es un reflejo de su yo buscando estabilizar una imagen unitaria frente a la fragmentación psíquica y corporal que el traumatismo ha provocado.

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9.6. Análisis del Testimonio 6: Daniela (Rioblanco) - El paraíso perdido y el río como testigo y refugio del traumatismo.

El testimonio de Daniela sobre su infancia en la vereda El Cambrí, "Finca El Edén", un lugar que describe con una "libertad hermosísima" "a la orilla del río", nos introduce en un encuentro con lo Real que se despliega en la armonía con la naturaleza. Esta existencia, marcada por un tiempo de "muchos tiempos, digamos, por ahí hasta el 96, 97. Fue un lugar muy tranquilo. muy tranquilo", donde su padre, un "atleta", los hacía "madrugar con él a hacer ejercicios por todas las actividades, por porque a ir a a bañarnos al río, manteníamos en el río todos los días", configura un goce ligado a la vida al aire libre y la conexión familiar. Las Figuras del Otro se encarnan aquí en la protección y la guía de sus padres, quienes no solo propiciaban esa "libertad de movernos para todos lados" y el contacto con los vecinos, sino que también manifestaban un goce en la simplicidad del cuidado, como se observa en la "cochinita delgadita" y la tabla que le armaban a su madre para "no pisaran los mosquitos", y la "cama prácticamente a la orilla del río". Este idílico escenario, sin embargo, se ve inevitablemente afectado por el contexto de violencia que viene del Otro, que, si bien no se detalla explícitamente en el fragmento, se intuye como el catalizador de un traumatismo por pérdida, una interrupción de esa existencia edénica. La importancia central del río como espacio de celebración ("todo era en el río" para un cumpleaños) y refugio emocional durante su adolescencia ("Yo llegaba los momentos que me enojaba, comenzaba a pegarme como duro la la adolescencia y yo me enojaba y me iba para el río"), se convierte en una de las Marcas de lo real en su subjetividad. El "sonido del río muy relajante" que le sigue brindando paz Es el contacto más bonito yo no puedo atender como con Dios. Entonces es como la cosa, lo recuerdo que más paz me da. Y cada si puedo lo hago. Así puedo voy No dejo la orilla del río, escucharlo sonar. Solo escuchar... (Daniela, comunicación personal, 27 de febrero de 2025) no es solo una nostalgia, sino una huella que insiste, un resto de ese paraíso perdido que busca apaciguar el traumatismo.

Frente a la inminente o ya sucedida irrupción de la violencia en ese Edén, la principal respuesta subjetiva de Daniela, evidenciada en este fragmento, es la persistencia en la búsqueda de ese goce pacífico ligado al río. La frase "No dejo la orilla del río, escucharlo sonar. Solo escuchar..." no es un mero detalle, sino una formación de compromiso. Es un intento del psiquismo por recrear, o al menos invocar, la "libertad hermosísima" y la "paz" de un tiempo anterior, una defensa activa

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contra la angustia o la melancolía por lo perdido. Esta capacidad para encontrar "paz" en este recuerdo y en la escucha del río revela una forma de ligadura singular a un elemento del real (el río) que se convierte en un significante privilegiado de su bienestar psíquico, un lugar de apaciguamiento frente a las inclemencias de la vida.

9.7. Análisis del Testimonio 7: Marcela - La resignificación infantil de la balacera y el Otro social hostil.

El testimonio de Marcela nos transporta a una infancia en una "zona principalmente rural. Agrícola" rodeada de "Montañas", un entorno que contrasta con su percepción de una comunidad "muy dispersa, indiferente, que eran algo conflictivos. Y que eran un poco machistas. Y poco solidarios". Esta hostilidad, especialmente hacia su madre —"mi mamá era madre cabeza de familia y los demás vecinos eran todos hombres, entonces Siempre eran como muy hostiles con ella"— configura una de las Figuras del Otro que se manifiesta en la ausencia de empatía y la presencia de un machismo que ejerce una violencia sutil pero constante. El goce del Otro aquí no se presenta en la confrontación armada directa, sino en la exclusión y la falta de solidaridad que impone un Otro social deshumanizante, un contraste con el Otro familiar protector de Daniela. A pesar de este entorno, Marcela hallaba respiro en las actividades de su adolescencia: "pasar tiempo pronto con mis amigas", "hacíamos tareas, compartíamos", y con su familia, "compartían familia y entresemana compartía con mis amigos del colegio", sumergiéndose en pasatiempos como "estar al aire libre, leer y escuchar música", lo que le permitía construir un espacio de ligadura simbólica frente a la aridez de su comunidad.

El encuentro con lo Real de la violencia armada emerge en un recuerdo de balacera que la lleva al sótano de su abuela. Sin embargo, lo singular de este testimonio reside en la respuesta subjetiva de Marcela, quien lo percibe no como un evento "traumante", sino "más bien como una anécdota divertida". A diferencia de la angustia y el horror de Laura o el militar, Marcela lo recuerda desde una perspectiva infantil, centrándose en el detalle de sus "primitos y yo allá debajo de la cama como susurrando y sin saber exactamente qué estaba pasando". Esta peculiar interpretación, donde el miedo o el dolor son minimizados, sugiere un mecanismo psíquico que pudo haber operado para protegerla del impacto directo del traumatismo en ese momento. Al afirmar que "no lo recuerdo con como con miedo, con dolor o con tristeza, sino más bien como que

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me acuerdo de mis primitos y yo allá debajo de la cama", Marcela evidencia que el real de la balacera, si bien ocurrió, no se inscribió en su psique con la fuerza desorganizadora de otros testimonios.

Las Marcas de lo real en su caso no son las huellas de un dolor insoportable, sino la resignificación de un evento potencialmente traumático como algo "anecdótico, chistoso". Esta particularidad podría ser un indicio de cómo la subjetividad infantil puede reconfigurar el encuentro con el exceso para hacerlo asimilable, quizás incluso como una forma temprana de defensa frente a lo incomprensible. La repetición de ir "en varias ocasiones tuvimos que ir al sótano de la abuela para protegernos de alguna balacera" podría haber llevado a una cierta habituación o a la construcción de un ritual protector que, paradójicamente, despojó al evento de su carga traumática original, permitiéndole ser procesado a través de la anécdota, un registro diferente de lo inolvidable. La aparente ausencia de una insistencia angustiante por parte de Marcela ofrece una perspectiva valiosa sobre la diversidad de respuestas subjetivas y los destinos del traumatismo en la economía psíquica, mostrando que no todos los sujetos inscriben la violencia de la misma manera.

9.8. Análisis del Testimonio 8: Joven de Ataco – La violencia como entorno existencial y la búsqueda de un Otro simbólico protector.

El testimonio de este joven de Ataco nos introduce a una vivencia de la violencia que viene del Otro, si bien está marcada por el miedo y la incertidumbre, se diferencia de los relatos anteriores por una suerte de "cotidianeidad" con el riesgo. Su infancia transcurrió entre el pueblo y la finca, un entorno de trabajo y deporte, que, sin embargo, se ve constantemente perforado por la inminencia de la violencia. El encuentro con lo Real en este caso no es un evento único y fulminante (como el fusilamiento para Laura o el asesinato del padre), sino una presencia insidiosa y recurrente: "el problema de inseguridad, el conflicto", "muchas veces se presentan, sabes que en el campo". Recuerda que los grupos armados "llegaban en la noche" y golpeaban la puerta, generando un estado de alerta que, aunque se hizo "costumbre", nunca dejó de ser un peligro: "estábamos como acostumbrados, pero también era un peligro estar ahí porque ellos duraban unas dos noches y anochecían y se desaparecían" (Andrés, Comunicación personal, 26 de febrero de 2025). Este tipo de experiencia continuada inscribe un traumatismo en el sentido de Soler, un "trop-matisme"

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(demasiado traumatismo) que, aunque no siempre se manifiesta como una efracción sorpresiva, sí es un exceso constante que perturba la lógica de la vida cotidiana. Las Figuras del Otro se presentan aquí en una dualidad: por un lado, la guerrilla y el ejército como un Otro de la violencia que impone su ley y su presencia a través de enfrentamientos "llegó el ejército. Y el problema ahí era que subieron un enfrentamiento"(Andrés, Comunicación personal, 26 de febrero de 2025), las tomas guerrilleras "esa sí la recuerdo que yo estaba como estaba pequeñito y fue la última que yo se metieron al pueblo” (Andrés, Comunicación personal, 26 de febrero de 2025) y el riesgo de reclutamiento "el riesgo de que ha conocido una zona rural, pues zona roja y está el riesgo de reclutamiento" (Andrés, Comunicación personal, 26 de febrero de 2025). Este Otro de la guerra ejerce un goce del Otro que se manifiesta en la amenaza latente de la vida y la libertad. Por otro lado, y crucialmente para este testimonio, la figura de los padres, especialmente la madre, se erige como un Otro simbólico protector. La madre "siempre nos nos tenía el desayuno"(Andrés, Comunicación personal, 26 de febrero de 2025), y fundamentalmente, "siempre nos decía eso. Siempre nos han inculcado de ahí que tuviéramos mucho cuidado con quién andábamos, qué nos ofrecían y que no nos dejáramos pues influenciar por por esas cosas” (Andrés, Comunicación personal, 26 de febrero de 2025). Esta constante advertencia y la "realidad" que le mostraban funcionan como un dique al llamado de goce del Otro armado. Las Marcas de lo real en su subjetividad son evidentes en la persistencia de la angustia y en las huellas sensoriales. A diferencia del exmilitar que experimentó el goce en la violencia, este joven vive el miedo y la tristeza como afectos predominantes. Los sonidos "escucha una explosión fuerte dice, 'Uy, madre, estallaron un cilindro o algo así'" (Andrés, Comunicación personal, 26 de febrero de 2025) y los lugares ("lugares sí") provocan el retorno de la vivencia. Un recuerdo particularmente impactante es el de los "guerrilleros muertos" tras un enfrentamiento:

yo lo alcancé a pasar por ese lugar y pues verlo y pues fue como un recuerdo que tengo ahí feo. Sí, porque eso es una muy fuerte. Sí, pero hay personas pues muertas, sangradas, vueltonadas, sí. Y más uno pequeñito (Andrés, Comunicación personal, 26 de febrero de

2025).

Este encuentro con la muerte directa es una huella indeleble, un traumatismo que permanece "como dice, momentos difíciles, feos, duros, entonces como que le quedan a uno ahí". Además,

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sus sueños recurrentes de violencia y enfrentamientos "sueño bastante con con lo de la guerrilla", "mucha mucha violencia que llegan y que llegan y comienzan con un enfrentamiento y una vez se sueña que pierde pues son familiares así me ha pasado con mis hermanos, con mis padres” (Andrés, Comunicación personal, 26 de febrero de 2025) evidencian que el real de la guerra, si bien no fue reprimido, sigue insistiendo en su psique, como "aquello que se cree inolvidable". Las respuestas subjetivas de este joven se articulan en la búsqueda constante de protección y la proyección hacia el futuro. Su primera reacción es "encerrarse. Ellos estaban escondidos", una defensa inicial frente a la irrupción del peligro. La preocupación y el miedo se vuelven un afecto constante: "uno siempre estás como preocupado por eso", y esta angustia se contagia de la figura materna: "Si mi mamá tiene miedo y eso usted preocupa, pues uno también debe tener miedo y preocuparse" (Andrés, Comunicación personal, 26 de febrero de 2025). Sin embargo, la influencia de sus padres es determinante en su elección de vida: "nosotros teníamos que salir del colegio y pues salir de allá y a estudiar, no quedarnos allá poder salir adelante" (Andrés, Comunicación personal, 26 de febrero de 2025). Esta decisión de estudiar y no quedarse en el pueblo es una respuesta subjetiva que intenta construir un futuro por fuera de la lógica de la violencia, diferenciándose de aquellos que "cogían mal los caminos, solamente con la vaina del conflicto sin otras cosas" (Andrés, Comunicación personal, 26 de febrero de 2025). Su sentido de pertenencia y aprecio por el pueblo y la finca, a pesar del miedo y la tristeza que le genera la posibilidad de que la inseguridad "vuelva a suceder", demuestra un anudamiento a sus raíces, mientras que el contacto con la naturaleza y sus padres en la finca le proporciona una "paz" y un escape de la "tecnología y ahí se no hay nada de celulares, redes sociales"(Andrés, Comunicación personal, 26 de febrero de 2025), revelando un lugar de apaciguamiento frente al exceso del goce. Su preocupación actual por el resurgimiento de la inseguridad es una evidencia de cómo el traumatismo, aunque tramitado, siempre deja un resto de angustia latente.

9.9. Análisis del Testimonio 9: Joven de Planadas - La violencia latente y el Otro de control en la cotidianeidad.

El testimonio de la joven de Planadas nos introduce a una modalidad particular del encuentro con lo Real de la violencia: aquella que, si bien no ha sido vivida directamente como una situación de guerra o una balacera constante en su experiencia personal ("yo nunca he vivido

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eso”), se manifiesta como una presencia latente y un control social que permea la vida cotidiana. La FARC, a pesar de los procesos de paz "había un proceso de paz, entonces ya no ya no había eh lo del conflicto armado" (Elena, Comunicación personal, 5 de abril de 2025), sigue ejerciendo un control tangible sobre el pueblo "siempre ha tenido el control del pueblo" (Elena, Comunicación personal, 5 de abril de 2025), dictando normas como el toque de queda "después de las 7 de la noche uno puede salir en la calle" (Elena, Comunicación personal, 5 de abril de 2025), y regulando comportamientos "lo de los marihuaneros y todo eso" (Elena, Comunicación personal, 5 de abril de 2025). Este control es una forma de violencia estructural, una presión constante que, aunque no explote en combates, sí impone una disciplina sobre los cuerpos y los lazos sociales, configurando un real que, si bien no la traumatiza de forma directa en el presente, sí la condiciona. El único traumatismo directo que recuerda es un enfrentamiento a los 6 o 7 años en la finca de su tía, donde "caían muchas bombas" y pasaban "soldados heridos". Este evento se inscribe como algo que "no se me olvida", una marca indeleble, pero a la vez, el hecho de no recordarlo "muy bien" sugiere una defensa psíquica para no ser desbordada por el horror. Las Figuras del Otro en este testimonio son multifacéticas. Por un lado, la FARC y los grupos armados son el Otro que ejerce el control y la autoridad, un "padre que está ausente, pero que tiene autoridad" (Elena, Comunicación personal, 5 de abril de 2025), Este Otro impone reglas, cobra "vacunas" a comerciantes, y emite "panfletos" con amenazas y órdenes de expulsión del pueblo "ciertos nombres de las personas que se tienen que ir del pueblo" (Elena, Comunicación personal, 5 de abril de 2025). Su goce se manifiesta en el poder de regular las vidas, incluso de forma arbitraria, y en la vigilancia constante a través de "sapos" que "saben todo todo todo todo lo del pueblo" (Elena, Comunicación personal, 5 de abril de 2025). Este Otro genera miedo y control, pero, también una paradójica sensación de seguridad frente a la delincuencia común ("aquí no roban"). Por otro lado, la madre de la joven se erige como un Otro protector y transmisor de una ley de precaución: "mi mamá me enseñó desde muy pequeña pues con esa gente muy lejos, o sea, nunca he hablado con nadie de esa gente" (Elena, Comunicación personal, 5 de abril de 2025), "era muy peligroso incluso nombrarlos” (Elena, Comunicación personal, 5 de abril de 2025), Ella le inculcó "que tuviéramos mucho cuidado con quién andábamos, qué nos ofrecían y que no nos dejáramos pues influenciar por esas cosas" (Elena, Comunicación personal, 5 de abril de 2025). Este Otro materno funciona como un dique al llamado de goce del Otro armado, enseñando a mantener distancia y a preservar la integridad subjetiva.

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Las Marcas de lo real en la joven no son las de un trauma psíquico reprimido, sino las de una vivencia indirecta que la afecta a nivel de su percepción del mundo y sus relaciones. El temor que le generan los panfletos "A veces sí, cuando hay panfletos y todo eso sí trato de no salir" (Elena, Comunicación personal, 5 de abril de 2025), y la presencia del ejército "cuando los veo siempre me da como miedo" (Elena, Comunicación personal, 5 de abril de 2025), son marcas de una angustia latente. A pesar de la "tranquilidad" superficial del pueblo "vivimos muy tranquilos en ese sentido" (Elena, Comunicación personal, 5 de abril de 2025), la joven reconoce el miedo por "lo que mi mamá me cuenta que ella vivió y por lo que podría generar eso pues en mí o en muchas personas” (Elena, Comunicación personal, 5 de abril de 2025), Esta es una marca de la violencia transgeneracional, un miedo heredado que la lleva a pensar que "es algo como que no se olvida nunca" y que "viviría como con miedo todo el tiempo" si la situación se agravara. La muerte de su amigo, asesinado por un carro bomba en el Cauca, es otra marca dolorosa, un "pesar" que revela cómo la violencia, aunque lejana, puede impactar directamente a su círculo cercano, confirmando la brutalidad de ese Otro. Además, el silencio posterior a los entierros "después del entierro y eso ya no se vuelve a murmurar nada" (Elena, Comunicación personal, 5 de abril de 2025), por temor a ser "escuchando", es otra marca de la imposición del goce del Otro que clausura la palabra. Frente a esta violencia latente y el Otro de control, las respuestas subjetivas de la joven son variadas. Una es la "costumbre" a la situación de vigilancia y control "estábamos como acostumbrados” (Elena, Comunicación personal, 5 de abril de 2025), lo que muestra una adaptación psíquica a un entorno hostil. Otra es la prudencia y la distancia social que le inculcó su madre: "siempre trato de ni siquiera hablar con ellos", y la evitación de involucrarse sentimentalmente con personas relacionadas con la violencia para no ser expulsada del pueblo "entonces, por eso yo no me involucro con ningún caso" (Elena, Comunicación personal, 5 de abril de 2025). Estas son defensas activas para mantener su posición sujeta y proteger su lazo social. La llegada de su hija XXX marca un "antes y un después", cambiando su perspectiva de vida ("pienso más en ella"), disminuyendo su vida social "desde que nació XXX ya no” (Elena, Comunicación personal, 5 de abril de 2025), y reforzando su deseo de un futuro. Su principal proyecto y respuesta subjetiva a la inminencia de la violencia es el deseo de "estudiar" y "irme del pueblo pues con mi mamá y mi hija" para buscar "más oportunidades de salir adelante" y escapar del chisme y el control social excesivo "siempre todo el tiempo la gente se mete en su vida"(Elena, Comunicación personal, 5 de

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abril de 2025). Este plan de vida es una clara articulación de su deseo de libertad y seguridad, una forma de reorientar su existencia por fuera de las marcas de la violencia.

9.10. Análisis del Testimonio 10: Joven de Rioblanco - La herencia del traumatismo y la

resistencia a la victimización.

El testimonio de esta joven de Rioblanco, de 16 años, nos sumerge en un encuentro con lo Real de la violencia que se hereda y se inscribe de manera indirecta. Aunque ella no vivió directamente el momento de mayor impacto de la violencia en el año 2000 "Yo no estuve como en el momento” (Valentina, Comunicación personal, 28 de abril de 2025), sí experimentó y fue profundamente marcada por las "secuelas que dejó el conflicto en el municipio (Valentina, Comunicación personal, 28 de abril de 2025). La destrucción de su hogar ancestral en Puerto Saldaña, la "bajada" económica de su familia, y el desplazamiento forzado en este caso constituyen un traumatismo colectivo que se transmite generacionalmente. El regreso a un "todo destruido, todo acabado" forzó un "volver a empezar de cero" en un contexto de "crisis económica complicada". Este real de la devastación material y social, aunque no fue vivido por ella en su origen, se inscribe en su psique a través de la experiencia de la reconstrucción y la falta, afectando su niñez. El hecho de que sus abuelos sigan viviendo "donde fue todo" mantiene la presencia de ese traumatismo del pasado en su presente.

Las Figuras del Otro en este relato son complejas y se transforman con el tiempo. Los grupos armados que generaron el desplazamiento y la destrucción representan un Otro de la violencia que impone un goce devastador, desarticulando el lazo social preexistente y el comercio vibrante del "puerto". La gente, antes "muy unida", se volvió "más egoísta" , pensando "en ellos y ya", lo que señala una marca de la desconfianza y la fragmentación social impuesta por la violencia. Sin embargo, frente a este Otro desintegrador, la familia de la joven, especialmente sus abuelos y padres, se erige como un Otro simbólico protector y resiliente. Ellos no solo le brindaron un "gran apoyo" y "oportunidades", sino que también le inculcaron una filosofía de vida: "nunca victimizarse" y "seguir adelante". Este Otro familiar la "aterrizó" en la realidad de su origen, permitiéndole comprender y enfrentar los prejuicios sin ser "afectada". Las Marcas de lo real en la joven no son solo las de la crisis económica y la reconstrucción física (la casa "en ruinas", los "escombros"), sino también las marcas de un pueblo que "todavía

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no se recupera de eso" y de una gente que "ya no es igual". La tristeza que le genera regresar a su pueblo natal, que se siente "muy solo", es una marca afectiva de la pérdida de la comunidad y la unión. La historia del asesinato de su amigo cercano a la casa de sus abuelos, injusto y arbitrario, es una marca vicaria de la brutalidad de la violencia, que la "afecta mucho el saber todo lo que mi familia tuvo que pasar". La experiencia de ser etiquetada como "guerrilla" por venir del "puerto" es otra marca social, un prejuicio que refleja la distorsión y los "mitos" que la violencia produce en la percepción del Otro.

Las respuestas subjetivas de la joven. Están conformadas, en primer lugar, la "costumbre" y la "normalización" de la situación fueron mecanismos de adaptación para sobrellevar la realidad. Aunque reconoce la crudeza de lo que le contaban, su capacidad para discernir entre los "mitos" y la "realidad" "yo no no no lo vi en el momento, entonces yo les decía, 'No, pero tampoco es así” (Valentina, Comunicación personal, 28 de abril de 2025) le permitió no ser "afectada tanto" por los prejuicios. Su facilidad para "adaptarse a otros entornos", incluso en el contexto de una exigencia académica diferente, demuestra una plasticidad subjetiva. La decisión de estudiar una carrera y construir un futuro, así como su firme decisión de "no negociar" la unión con su familia y no "abandonar mi pueblo" y su "historia", son respuestas subjetivas que anudan su deseo a la posibilidad de resignificar su pasado. Su proyecto de emprendimiento con el café, con su hermano, es una forma de "salir adelante" no desde la victimización, sino desde la construcción de una memoria histórica activa y productiva. Esta joven representa un sujeto que, a pesar de las marcas heredadas de la violencia del Otro, elige la agencia y la esperanza como vías para trascender el dolor y transformar su historia.

Tabla 2 Síntesis Analítica de las Incidencias Subjetivas de la Violencia que Viene del Otro en los Testimonios.

Testimonio Encuentro con lo Real Figuras del Otro Marcas de lo real Respuestas Subjetivas

1. Laura

Fusilamiento de compañera (traumatismo por efracción) Otro armado deshumanizante (goce del Otro); Otro simbólico (Dios) Dificultad de enunciación, persistencia del evento; Resistencia a la injusticia Resistencia ética, invocación a un Otro simbólico (Dios)

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2.

Excombatiente (Bloque Occidental)

Aborto inducido (traumatismo corporal por exceso de goce) Otro armado impositivo, regulador del cuerpo; Otro social deshumanizante Insistencia del sufrimiento físico; Traumatismo en la testigo (lo inolvidable) Posición de testigo que se distancia, intento de proteger la inocencia infantil

3.

Excombatiente (Abuso infantil) Abuso sexual infantil (trauma psíquico de origen, reprimido) Otro armado como vehículo de venganza; Otro de goce pulsional Relación compleja con la violencia/armas; Goce en la agresión, compulsión a la repetición Búsqueda activa de venganza; Inversión de posición de víctima

4.

Excombatiente (Padre asesinado) Asesinato del padre presenciado (traumatismo fundante por efracción) Otro armado (guerrilla) como estructura y destino; Otro del desamparo Habituación a la violencia; Pérdida de la inocencia Búsqueda de anudamiento social; Adaptación a la lógica de la violencia

5. Monsieur G

(Exmilitar) Combate, muerte propia y ajena; Herida por mina (traumatismo, goce en la aniquilación) Otro institucional demandante de "cuerpos"; Otro del combate y la pérdida "Placer" en la violencia (goce), arrepentimiento, pérdida de una pierna (castración), dolor por soldados (lo inolvidable) Lucha por integrar goce y pérdida; Búsqueda de paz en la naturaleza; Dificultad en lazos afectivos

6. Daniela

(Rioblanco) Interrupción de "paraíso" infantil (traumatismo por pérdida del Edén) Otro familiar protector; Otro de la naturaleza (río) Río como significante de paz y refugio; Persistencia de un goce pacífico Búsqueda de goce pacífico en el río; Anudamiento a un resto de bienestar psíquico

7. Marcela

Balacera, irrupción de violencia armada Otro social hostil (machismo, indiferencia); Otro de la familia (abuela) Resignificación infantil ("anécdota divertida"); Ausencia de miedo/dolor recordado Mecanismo de protección infantil; Despojo de carga traumática

8. Joven de

Ataco Violencia como entorno constante (traumatismo por presencia insidiosa) Otro armado amenazante (riesgo de reclutamiento); Otro familiar protector (madre) Miedo persistente, angustia latente; Sueños recurrentes de violencia; Marcas sensoriales Búsqueda de protección; Proyección hacia el futuro (estudio); Anudamiento a la familia

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9. Joven de

Planadas Control social por violencia latente (ausencia de libertad) Otro armado controlador

(FARC,

"panfletos", "sapos"); Otro materno protector Miedo transgeneracional ("lo que mi mamá vivió"); Resto de angustia; Silencio por temor "Costumbre" a la situación; Prudencia y distancia; Proyecto de vida fuera del pueblo

10. Joven de

Rioblanco

Destrucción de hogar y desplazamiento (traumatismo colectivo heredado) Otro de la violencia (grupos armados); Otro familiar resiliente (abuelos, padres) Marcas de la devastación material y social; Tristeza por pérdida comunitaria; Prejuicios sociales Resistencia a la victimización; Proactividad (estudio, emprendimiento); Apego a la historia y comunidad Nota: Esta tabla presenta una síntesis de los hallazgos clave derivados del análisis de los diez testimonios recopilados. Organiza la información de cada experiencia según las dimensiones psicoanalíticas trabajadas: Encuentro con lo Real, Figuras del Otro, Marcas de lo real y Respuestas Subjetivas. Su propósito es ofrecer una visión comparativa y panorámica de las diversas formas en que la violencia se inscribe y es tramitada en la subjetividad de los participantes.

Este capítulo ha desplegado un mosaico de experiencias singulares, revelando cómo la violencia que viene del Otro se inscribe y resuena en la psique de los sujetos, conformando sus incidencias subjetivas. A través del análisis de diez testimonios, hemos profundizado en la intrincada relación entre el encuentro con lo Real, las Figuras del Otro que lo encarnan, las Marcas de lo real que se inscriben y las diversas Respuestas Subjetivas que los individuos articulan frente a lo inasimilable. La finalidad ha sido comprender cómo la irrupción de la violencia reconfigura la economía psíquica y el lazo social.

Hemos observado que el encuentro con lo Real de la violencia se manifiesta de múltiples maneras, desde la irrupción abrupta y devastadora de un fusilamiento (Testimonio 1), el asalto al cuerpo en un aborto forzado (Testimonio 2), o el asesinato brutal de un progenitor presenciado en la infancia (Testimonio 4), hasta la vivencia indirecta de la devastación de un territorio y su herencia generacional (Testimonio 10), o la presencia latente y controladora de un Otro armado en la cotidianeidad (Testimonio 9). Cada uno de estos encuentros ha puesto en jaque los marcos simbólicos preexistentes, confrontando al sujeto con un exceso que desborda la previsión y la lógica común, y de cuya asimilación nacen las singulares incidencias subjetivas. Las Figuras del Otro han emergido como fuerzas cambian y configuradoras de goce. Hemos visto el Otro implacable y deshumanizante de la organización armada (Testimonios 1, 2, 3, 4, 9, 10), el Otro institucional que demanda "resultados" (Testimonio de Monsieur G), el Otro

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social que deviene hostil y fragmentado (Testimonio 8, 11), y, crucialmente, el Otro protector de la familia y la comunidad (Testimonios 4, 9, 11), que en ocasiones actúa como un dique al goce mortífero y como soporte para la ligadura. La complejidad de estos Otros revela cómo el sujeto se inscribe y se defiende en una red de discursos y demandas que modelan su experiencia subjetiva de la violencia.

Las Marcas de lo real son la evidencia palpable de estas incidencias subjetivas. La distinción entre trauma psíquico (como el abuso infantil reprimido pero operante en el Testimonio

3) y traumatismo (la vivencia de efracción imposible de olvidar que persiste en la memoria y el

cuerpo, como en los Testimonios 1, 2, 4, Monsieur G, 9 y 11) ha sido fundamental para comprender la naturaleza de estas inscripciones. Estas marcas se manifiestan en la dificultad de enunciación, en el "o sea" que intenta ligar lo inarticulable (Testimonio 1), en el arrepentimiento persistente de un goce experimentado (Testimonio de Monsieur G), en la alteración de la imagen corporal (Testimonio de Monsieur G), en los sueños recurrentes (Testimonio 9), en la transformación del lazo social (Testimonio 11), y en la transmisión de miedos y silencios de una generación a otra (Testimonio 10). Constituyen lo que "no cesa de no escribirse" o lo que, aun escrito, insiste, revelando la particular forma en que el sujeto es afectado.

Finalmente, las Respuestas Subjetivas a la violencia del Otro demuestran la plasticidad y la agencia del sujeto en la conformación de estas incidencias. Hemos observado desde la resistencia a la lógica deshumanizante (Testimonio 1), la resignificación infantil de un evento potencialmente traumatismo (Testimonio 8), la búsqueda de venganza como un intento de tramitar un goce (Testimonio 3), la habituación a la violencia como una forma de defensa y adaptación (Testimonio 4, 9), hasta la búsqueda de apaciguamiento en la naturaleza (Testimonios 7, Monsieur G), la proactividad y la no victimización para construir un futuro (Testimonios 10, 11), y el apego a la familia como pilar fundamental de sostén. Estas respuestas, lejos de ser meras reacciones pasivas, son intentos activos del psiquismo por anudar lo desatado, por encontrar un destino al goce, y por sostener una posición sujeto frente a la fragmentación impuesta por lo Real de la violencia, moldeando así las incidencias subjetivas de cada individuo.

En síntesis, los testimonios analizados no solo nos permiten vislumbrar la brutalidad de la violencia que viene del Otro, sino, y quizás más significativamente, la compleja labor psíquica que los sujetos emprenden para habitar las marcas que esta deja. Estas vivencias, ya sean directas o indirectas, no solo moldean la identidad individual, sino que también reconfiguran el tejido social,

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la memoria colectiva y la posibilidad misma de un futuro, siempre en tensión con el peso innegable de lo real del traumatismo. La diversidad de las respuestas aquí expuestas subraya que, incluso frente a la más extrema violencia, el sujeto busca, a su manera, articular un decir y un hacer que le permitan seguir siendo, delineando así las profundas y variadas incidencias subjetivas de la violencia.

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10. Capítulo V: Discusión: tramas del decir y la subjetividad marcada por la violencia

La presente sección se adentra en la interpretación crítica y el análisis exhaustivo de los hallazgos que emergen de los diez testimonios recopilados, con el propósito fundamental de dar cuenta de las incidencias subjetivas de la violencia que viene del Otro en las narrativas de los sujetos que la han experimentado. Este análisis se realiza a la luz de la teoría psicoanalítica desarrollada en el Capítulo II y en directa respuesta a las preguntas de investigación que guiaron este estudio. Este ejercicio no se limita a la descripción fenomenológica de lo vivido, sino que busca desentrañar cómo lo real irrumpe en la economía psíquica de los sujetos, inscribiéndose y configurando respuestas que desafían las conceptualizaciones reduccionistas del sufrimiento. La pregunta que inicialmente orientó esta investigación se basó en la suposición extendida de que todo encuentro con la violencia, eran por definición, traumático. Sin embargo, la distinción fundamental entre trauma psíquico como estructura y traumatismo como evento, central en el desarrollo del Capítulo II a partir de la obra freudiana y las aportaciones de Colette Soler (2006), se revela aquí como la brújula conceptual indispensable para complejizar y refutar esta hipótesis inicial. Los testimonios demuestran que, si bien la violencia siempre deja una marca, la particularidad de su incidencia subjetiva reside en la forma en que lo real se articula con la economía pulsional del sujeto y su capacidad de simbolización, no en una fatalidad inherente al evento violento en sí mismo.

Precisamente, al abordar la interrogante sobre cómo la violencia que viene del Otro incide en la subjetividad de quienes la han vivido, desde una perspectiva psicoanalítica, los testimonios revelan una compleja fenomenología que excede la noción de un simple impacto. Los hallazgos muestran que lo real irrumpe con la fuerza de la tyché, un encuentro contingente e inesperado que rompe el velo de lo previsible y desorganiza la economía psíquica. El fusilamiento presenciado por Laura (T1) o la devastadora experiencia del combate de Monsieur G (T5) son paradigmáticos de esta efracción, donde la subjetividad se ve confrontada con un exceso que resiste la simbolización plena, un agujero en el saber que despoja al sujeto de sus marcos de referencia. La "desgracia" que irrumpe, ajena a la anticipación del automatón, precipita al sujeto a una confrontación con lo que carece de sentido preestablecido, dejando una marca imborrable en el psiquismo. No obstante, el análisis también expone que la violencia se configura de maneras más insidiosas; puede manifestarse como una presencia latente que modela la cotidianidad, un control social persistente

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que coarta la libertad individual (Joven de Planadas, T9), o incluso como una herencia generacional de devastación material y simbólica que, aunque no vivida directamente, se anuda al presente de los sujetos (Joven de Rioblanco, T10). En estos casos, la violencia se cuela por los intersticios de la vida, configurando un real de la falta o la restricción que modela la subjetividad de forma continua, demostrando que la incidencia de lo real no se limita al gran evento catastrófico, sino también a la corrosión silenciosa del lazo y el ambiente.

Esta diversidad de manifestaciones nos conduce directamente a la pregunta crucial: ¿por qué determinados acontecimientos devienen traumáticos para ciertos sujetos mientras que para otros no? El análisis riguroso de las Marcas de lo real que se inscriben en el sujeto ofrece la respuesta. Se ha observado que el trauma psíquico no se refiere al evento externo per se, sino a una "elección" inconsciente del sujeto, un agujero en lo simbólico, de naturaleza sexual y ligada a la pulsión. El testimonio del excombatiente (T3), marcado por un abuso infantil reprimido, ilustra esta dinámica: la experiencia temprana, aunque no conscientemente recordada, se inscribe como un trauma que se anuda a una economía pulsional preexistente, impulsando una búsqueda activa de venganza y una particular relación con la agresión. El trauma psíquico no es un mero "golpe" del exterior, sino un punto de encuentro entre lo real del evento y la fantasía inconsciente, un límite de la simbolización que organiza el goce del sujeto. Por otro lado, el traumatismo se refiere al evento histórico, al encuentro con ese real que irrumpe violentamente en la vida del sujeto y que, por su exceso, no puede ser plenamente integrado en el discurso. Las pérdidas corporales (Monsieur G, T5), los fusilamientos presenciados (Laura, T1), los desplazamientos y la destrucción de los hogares (Joven de Rioblanco, T10), o el miedo constante transmitido generacionalmente (Joven de Planadas, T9), son marcas de este traumatismo. Estas marcas no son solo recuerdos que persisten; se manifiestan como síntomas (sueños recurrentes en T9), como dificultades para ligar el horror en el lenguaje (la repetición del "o sea" en T1), o como un dolor que no cesa de presentarse en fechas específicas (Monsieur G, T5). La relevancia de esta distinción radica en que el traumatismo es un acontecimiento que confronta al sujeto con lo imposible de simbolizar, dejando una "huella" sin sentido, mientras que el trauma psíquico implica una articulación inconsciente con el deseo y el goce del sujeto, configurando una repetición que busca, paradójicamente, ligar lo inasimilable. Este punto es vital para comprender los factores nativos que influyen en las incidencias subjetivas en el contexto de violencia. La conceptualización de Colette Soler (2015) sobre los "traumas de la civilización que no construyen memoria” (p.50) cobra aquí una relevancia crítica.

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La violencia masiva y persistente que ha caracterizado a Colombia genera un goce que se resiste a ser incorporado en una narrativa histórica o colectiva coherente. Esta incapacidad de simbolización colectiva no solo perpetúa un ámbito de lo inasimilable en lo social, sino que también deja al sujeto en una posición de mayor vulnerabilidad, debiendo negociar singularmente con aquello que la comunidad no logra elaborar. El testimonio de la joven de Planadas (T9), quien hereda el miedo de su madre sin haber vivido directamente la violencia, o la experiencia de la joven de Rioblanco (T10), que lidia con la destrucción de un territorio y un lazo social fragmentado, son ejemplos palpables de cómo estos "traumas de la civilización" operan. En este contexto de violencia que viene del Otro y que no se agota en un evento singular, sino que permea el ambiente y la historia, la lalengua, ese balbuceo primario previo al lenguaje que vehiculiza el goce, puede emerger en la dificultad de dar cuenta de lo vivido, mostrando que lo que se inscribe va más allá de lo dicho y de lo recordado conscientemente.

Finalmente, la investigación ha arrojado luz sobre de dónde viene la respuesta subjetiva frente a la violencia. Las respuestas observadas no son pasivas, sino que reflejan una agencia del sujeto, a menudo inconsciente, en su intento por anudar lo desatado y encontrar un destino al goce. Lejos de la victimización absoluta, los testimonios revelan diversas modalidades de afrontamiento, que pueden ser comprendidas a la luz de las formalizaciones del Grafo del Deseo (Capítulo III), que ilustra las distintas respuestas del sujeto ante la demanda del Otro y la irrupción de lo real. Se observa desde la resistencia ética frente a la deshumanización y la injusticia (Laura, T1), una posición que afirma un límite al goce del Otro, hasta la búsqueda activa de venganza (excombatiente T3) como un intento de tramitar el goce inherente a un trauma, invirtiendo la posición de pasividad. Algunos sujetos desarrollan una "habituación" o "normalización" de la violencia (excombatiente T4, joven de Ataco T9, joven de Planadas T10), lo que, si bien es una forma de defensa para sobrevivir en entornos hostiles, no deja de ser una incidencia psíquica que reconfigura su relación con la angustia y el deseo.

La búsqueda de apaciguamiento en elementos del real resignificados (el río de Daniela, T7) representa la invención singular de un punto de estabilidad, un intento de anudar el sujeto a un resto de bienestar libidinal. En los testimonios de vivencia indirecta, la proactividad y la negativa a la victimización se manifiestan como estrategias de resistencia y construcción de futuro (joven de Planadas T10, joven de Rioblanco T11), impulsando proyectos de vida que buscan romper con el ciclo impuesto por la violencia y darle un sentido al sufrimiento heredado.

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El apego a la familia y la comunidad emerge recurrentemente como un pilar fundamental de sostén, facilitando la ligadura social y el acompañamiento en la elaboración de estas complejas incidencias subjetivas, confirmando la tesis de Soler sobre la "posición activa" de la víctima en su relación con el goce no simbolizable. Cada respuesta es un intento singular de anudar al sujeto a un lazo, de dar un sentido, aunque sea precario, a lo vivido, y de sostener el deseo frente a la fragmentación impuesta por lo Real de la violencia. La respuesta subjetiva no es un acto voluntario en un sentido consciente pleno, sino una maniobra del sujeto en su relación inconsciente con el goce no simbolizable, una invención singular que le permite habitar las marcas y mantener un vínculo con el deseo.

Por lo cual, esta discusión ha interpretado críticamente los resultados de los análisis de los testimonios, ofreciendo una respuesta detallada a las preguntas de investigación que guiaron este estudio. Al integrar los hallazgos empíricos con la rigurosidad de la teoría freudiana, Lacaniana y las aportaciones de Colette Soler, se confirma que la violencia que viene del Otro no produce efectos homogéneos, sino que da lugar a incidencias subjetivas diversas y profundamente arraigadas. La comprensión de estas marcas —sean efecto de trauma psíquico como estructura o de traumatismo como evento— y de las respuestas singulares que los sujetos construyen para negociar con ellas, ilumina la compleja fenomenología de la vida psíquica confrontada con la devastación. Se reafirma así la pertinencia de un abordaje "uno por uno" que, lejos de reducir el sufrimiento, permite reconocer la incesante labor del sujeto por articular un decir y un hacer, revelando la inagotable capacidad humana para la invención de vías de anudamiento frente a lo insoportable y la persistencia del goce, incluso en contextos de violencia.

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11. Conclusiones.

La presente investigación ha culminado un exhaustivo proceso de investigación que, lejos de postular una respuesta simplista a los efectos de la violencia, se propuso desentrañar la intrincada complejidad de la incidencia subjetiva que emana del Otro en el contexto colombiano. Partiendo de una hipótesis inicial que, si bien reconocía la profunda marca de la violencia, tendía a presuponer un carácter inherentemente traumático en todo encuentro con ella, la trayectoria de este estudio nos ha permitido una comprensión más matizada y multifacética de sus repercusiones. A través de la rigurosidad del método psicoanalítico, hemos transitado por las diversas dimensiones de esta problemática, culminando en interpretaciones finales que consolidan los hallazgos, confirman nuestra hipótesis inicial de manera enriquecida y amplían significativamente el campo de estudio sobre la subjetividad en situaciones de violencia.

El Capítulo I sentó las bases contextuales y conceptuales esenciales para esta investigación. En él, se introdujo la violencia en Colombia no solo como un fenómeno sociopolítico, sino como una realidad que perfora la trama de lo simbólico y afecta la constitución misma de la subjetividad. Por consiguiente, se justificó la necesidad imperante de una aproximación psicoanalítica para comprender sus efectos más allá de lo meramente manifiesto, delineando la concepción de la violencia que viene del Otro como una fuerza que interpela radicalmente la posición del sujeto (Castro-Sardi, 2019; Restrepo, 2021). Este capítulo, asimismo, identificó la brecha en la literatura sobre la articulación de lo colectivo y lo singular en contextos específicos, donde la violencia desdibuja categorías y exige interrogar los límites del lenguaje para dar cuenta de lo vivido, como sugiere Agamben (2000) al reflexionar sobre la zona gris donde las categorías se desdibujan. Profundizando en el andamiaje teórico que sustenta el análisis, el Capítulo II se dedicó a precisar los pilares conceptuales que guiarían la investigación. En este apartado, se revisó y complejizó la fundamental distinción freudiana entre trauma psíquico y traumatismo, diferenciando un evento externo desbordante de una estructura inconsciente del sujeto. Además, se articularon los conceptos lacanianos de lo Real, el Otro y el goce, lo cual fue crucial para trascender la hipótesis de una respuesta universalmente traumática, permitiendo una lectura más profunda de la experiencia subjetiva frente a la violencia. Este capítulo puso de manifiesto que lo que el psicoanálisis nos enseña para pensar los fenómenos de la violencia en el campo de lo social es necesario distinguir el trauma psíquico que es originario, siempre sexual, estructurante y que define

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la posición del sujeto ante el traumatismo que significa las implicaciones para los sujetos del encuentro con la violencia del Otro, entre ellas las diferentes formas de violencia esta lo social. La materialización empírica de este estudio se consolidó en el Capítulo III, donde se presentó la metodología de investigación y se contextualizaron los diez testimonios de vida que conformaron el corpus de análisis. La elección de una metodología extraída de los fundamentos psicoanalíticos fue fundamental (caso por caso), que permitió el acceso privilegiado a la singularidad de la experiencia, reconociendo el valor de cada relato como la expresión viva de la irrupción de lo Real en la existencia de los sujetos. En consecuencia, este capítulo posibilitó la comprensión de cómo se anuda la cuestión del acto y las diversas formas de simbolización en los discursos de los participantes, enfatizando que el interés se centró en la organización psíquica singular y el lugar del significante de la violencia.

Finalmente, el Capítulo IV se dedicó íntegramente al análisis e interpretación profunda de estos testimonios a la luz del marco teórico establecido. En este espacio, se identificó “El Encuentro con lo Real”, las "Marcas de lo Real", las "Figuras del Otro" y las "Respuestas Subjetivas", evidenciando no solo cómo la violencia inscribe marcas indelebles en la psique, sino también, y crucialmente, cómo cada sujeto, en su singularidad irreductible, forja estrategias inconscientes para tramitar con el exceso de goce y la fragmentación del lazo social impuestas por la violencia que viene del Otro, marcando un antes y un después en su constitución subjetiva. La investigación ha culminado en una comprensión profunda y matizada de la incidencia subjetiva de la violencia que proviene del Otro, cumpliendo cabalmente con los objetivos que guiaron este estudio.

El objetivo general, consistía en analizar las incidencias subjetivas que emergen del encuentro con la violencia que viene del Otro y cómo estas desafían la posición del sujeto, se ha resuelto positivamente. Los hallazgos confirmaron que la violencia, en su esencia, irrumpe como un encuentro contingente (la tyché, como Lacan retoma de Aristóteles), un acontecimiento inesperado que desorganiza la economía psíquica y quiebra los marcos de referencia previos del sujeto. Esta efracción de lo Real genera, en consecuencia, un agujero en el saber, confrontando al sujeto con un exceso que resiste la plena simbolización y reconfigura su relación con el goce. Asimismo, se demostró que esta incidencia es diversa, manifestándose desde eventos devastadores hasta presencias insidiosas que modelan la cotidianidad o se heredan generacionalmente, impactando de forma indirecta a la subjetividad.

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En cuanto a los objetivos específicos, se alcanzaron las siguientes conclusiones, enriqueciendo significativamente la perspectiva del campo:

En primer lugar, se logró una conceptualización rigurosa y diferenciada del traumatismo y el trauma psíquico. Se estableció que el traumatismo refiere a un accidente de la historia, un real imposible de anticipar o de evitar, es decir, un real que excluye al sujeto, la huella de un encuentro con lo real, que por su exceso resiste la plena simbolización y se manifiesta en la compulsión a la repetición. Son las escenas que pueden ser recordadas, los flashbacks o los sueños recurrentes (Olvido imposible) (T1, T5, T9). Freud (1920), en "Más allá del principio del placer", ya señalaba esta insistencia de lo traumatizante que irrumpe como un retorno de lo mismo, una vivencia que se inscribe en el psiquismo, si bien no se digiere simbólicamente, y que puede alcanzar la conciencia. Por el contrario, el trauma psíquico es un concepto de orden estructural y originario que define al sujeto, siendo siempre de naturaleza sexual. Se manifiesta como una falla estructural en los procesos de representación, impidiendo la plena simbolización de una excitación o encuentro con lo Real que desborda las capacidades del psiquismo, a menudo acompañado de un intenso afecto de terror. Esta falla se traduce en una fijación libidinal a la sexualidad infantil y a sus objetos parciales, constituyendo un núcleo de goce que insiste en la repetición. A diferencia del traumatismo, el trauma psíquico, al inscribirse en el inconsciente, es olvidado; sin embargo, este olvido es precisamente la condición de su inscripción y retorno en la repetición de forma enmascarada, un mecanismo necesario para la vida psíquica. En este sentido, el inconsciente opera como una memoria que 'no recuerda lo que uno sabe' (Soler, 1998, p.50 parafraseando a Lacan), fundamental para comprender la persistencia velada de esta fijación libidinal y su vinculación con el desvalimiento psíquico inherente a la constitución subjetiva.

En segundo lugar, se procedió a la identificación y análisis de las marcas psíquicas y formaciones inconscientes que revelan las incidencias subjetivas de la violencia. Los testimonios permitieron reconocer una riqueza de "Marcas de lo Real" que, lejos de ser homogéneas, abarcan desde la persistencia intrusiva de recuerdos (T1, T5), hasta alteraciones profundas en la imagen corporal y la capacidad de establecer lazos libidinales (T5), e incluso la "normalización" de la violencia como estrategia de supervivencia (T4, T9). Además, se identificaron formaciones inconscientes cruciales, como la búsqueda activa de venganza (T3), la habituación al goce (T4), la proyección de un "Otro" idealizado para apaciguar el sufrimiento (T6, T7), y una angustia persistente que impulsa la búsqueda de un futuro diferente (T8, T9, T10). De este modo, la

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investigación evidenció cómo la lalengua (Lacan, 1972-1973), en sus expresiones pre-lingüísticas y en las dificultades para nombrar el horror, vehiculiza un goce que trasciende las narrativas conscientes y las historias oficiales, indicando una inscripción que no pasa por la significación plena y que es característica del trauma psíquico.

Finalmente, se llevó a cabo una exploración profunda de la influencia de la violencia que viene del Otro en la reconfiguración de los lazos sociales y la relación con el Otro en la subjetividad de los participantes. Se concluyó que la violencia desarticula el orden simbólico, presentando "Figuras del Otro" duales: por un lado, un Otro implacable que impone su ley y su goce deshumanizante (la organización armada, T1, T2); por otro, emergen Otros que funcionan como puntos de anudamiento y sostén libidinal (la familia, la naturaleza, o la promesa de nuevas comunidades, T6, T7, T10). Se constató que la violencia masiva, al generar "traumas de la civilización que no construyen memoria" (Soler, 2015, p. 50), deja a los sujetos en una posición de mayor vulnerabilidad con lo imposible de olvidar. No obstante, en esta reconfiguración del lazo, emerge la agencia del sujeto en su relación con el Otro, incluso para rechazar la victimización y proyectar un futuro nuevo.

Por lo cual, la investigación partió de una hipótesis inicial que postulaba el carácter inherente de la marca de la violencia en la subjetividad, y su confirmación ha sido rotunda, aunque complejizada por los matices hallados. Los resultados obtenidos no solo confirman que la violencia que viene del Otro produce, efectivamente, incidencias psíquicas que marcan un antes y un después en la subjetividad, sino que, más allá de la mera reacción, el estudio demuestra que la incidencia no es uniforme ni automáticamente "traumática" en un sentido lineal o predecible. Por el contrario, es el producto de una compleja articulación entre lo real de la violencia (el traumatismo), la economía pulsional del sujeto y su singular capacidad de simbolización. La hipótesis de que las incidencias son abordadas por cada sujeto a través de respuestas singulares se ve plenamente confirmada y enriquecida por esta visión profunda.

En este sentido, se concluye que la respuesta subjetiva a la violencia no es pasiva, sino una agencia inconsciente del sujeto que busca incesantemente anudar lo desatado y encontrar un destino al goce. Estas respuestas son invenciones singulares y complejas, que abarcan desde la resistencia ética y la búsqueda de sentido, hasta la venganza, la habituación a la violencia, la búsqueda de apaciguamiento en elementos resignificados, o la proactividad y la negativa a la victimización. Cada una de ellas constituye una maniobra del sujeto en su relación inconsciente con el goce

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imposible de simbolizar, que le permite habitar las marcas y mantener un vínculo con el deseo, incluso en los contextos de mayor devastación.

Los hallazgos de esta tesis poseen profundas implicaciones para la comprensión y el abordaje de la violencia, permitiendo un diálogo crítico y epistemológico distinto con conceptualizaciones ampliamente difundidas como el estrés postraumático (TEPT) y la resiliencia, Este estudio subraya, desde la perspectiva psicoanalítica, la importancia crucial de los factores nativos y la subjetiva en la conformación de la experiencia de violencia, trascendiendo las lecturas meramente descriptivas o adaptativas como la sociología .

Se observó que los flashbacks y síntomas asociados al estrés postraumático presentes en varios testimonios (como los sueños recurrentes de violencia en el Testimonio 8 o las reacciones fisiológicas ante estímulos asociados en el Testimonio 5 de Monsieur G) no deben ser comprendidos como "fallos de memoria" o disfunciones neurofisiológicas, sino manifestaciones patentes del olvido imposible. Estos fenómenos son la expresión de un encuentro con lo real, que, al carecer de inscripción simbólica, insiste en su repetición pulsional, retornando como imágenes vivaces u homólogas a las alucinaciones. Contrario a la noción popular de estrés que "banaliza el trauma en lo cotidiano" (Soler, 2016. p. 528), estos fenómenos son efecto de un "biotraumatismo" (Soler, p. 531) que permanece “más acá del principio de placer", es decir, que no ha logrado la inscripción en Vorstellungen (representaciones) que permitiría el olvido y la elaboración propia del trauma psíquico. (Soler, 2016, p.550) El traumatismo, en este sentido, puede llevar a que la economía psíquica se vea forzada a organizarse alrededor de este real no tramitado, estructurando la relación del sujeto con el mundo, como se evidenció en el caso del excombatiente (Testimonio 4) con sus episodios de violencia reactiva. Por consiguiente, esto sugiere que las intervenciones terapéuticas deben ir más allá del mero control sintomático, buscando la construcción de narrativas integradoras que permitan al sujeto articular su experiencia con su goce y su deseo, aun cuando la plena simbolización de lo real sea imposible, evitando así la patologización universal y abriendo espacio para la singularidad de la respuesta. Para Soler (2016, p. 551) no se trata de "curar" o "darle sentido" al biotraumatismo, pues cualquier sentido sería "mentiroso". La clave es "hacer pasar lo real a la memoria", una memoria que, ella misma, puede permanecer "fuera de sentido", sin buscar una significación impostada.

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Asimismo, la investigación cuestiona la capacidad de la noción popular de resiliencia para aprehender la profundidad y complejidad de las elaboraciones subjetivas frente a la violencia. Los hallazgos muestran que las respuestas singulares trascienden la lógica de una simple 'superación' del traumatismo o un retorno a un equilibrio pre-traumático. La capacidad de Daniela (Testimonio

6) para encontrar paz en el sonido del río o el firme proyecto cafetero de la joven de Rioblanco

(Testimonio 10) que resiste la precarización, no deben ser comprendidas bajo la égida de 'fortalezas innatas' o de una mera adaptación exitosa, sino como obra del inconsciente y singulares orientadas a crear puntos de anudamiento cuando el lazo social y la subjetividad han sido fracturados. Lo que a menudo se engloba bajo el término de resiliencia es, desde esta tesis, un complejo proceso de reanudación simbólica y una invención singular del sujeto frente a lo inasimilable, una posición activa denomina las 'fuerzas del sujeto' que movilizan el 'núcleo fantasmático'. Se trata de una posición activa (Soler, 2015, p. 12) del sujeto frente al goce no simbolizable, que busca dar un destino a lo que no cesa de no inscribirse y sostener el deseo frente a la fragmentación impuesta por lo Real de la violencia. Esta investigación, por tanto, no busca redefinir la resiliencia, sino evidenciar las limitaciones conceptuales de esta categoría para captar la singularidad y la agencia inconsciente de los sujetos frente a la irrupción de lo real traumatizante, especialmente el “agujero en el Otro” (Soler, 2015, p. 65), que es constitutivo del trauma psíquico. Soler señala que "los traumatismos de los que hablamos hoy, los que proliferan en el nuevo siglo, se presentan en la forma de accidentes a la historia, peripecias que la historia actual multiplica, son entonces, figuras de la contingencia" (p.527), distinguiéndolos del trauma psíquico de base. La noción de resiliencia a menudo pasa por alto cómo "el umbral de lo que traumatiza ha bajado" históricamente, llevando a que se otorgue "la dignidad de trauma a ciertos hechos que son viejos como el mundo", sin que antes se usara la noción de traumatismo para describirlos.

En este punto, la consideración de los "factores nativos" se vuelve crucial para la crítica de estas nociones, trascendiendo una visión lineal del trauma psíquico. Tal como se desarrolló en el Capítulo 2, los factores nativos corresponden a los recursos constitucionales intrínsecos del individuo, su base inalienable desde la cual el sujeto se posiciona y responde ante las exigencias de lo real. La investigación reveló que la violencia masiva y prolongada generó una particularidad en la subjetividad: la dificultad de crear "memoria construida" entendida como la inscripción del trauma psíquico en el inconsciente que permitiría su 'olvido' y elaboración (Soler, 2015, p. 51). Esta dificultad se debe a que la violencia persistente de la región constituye uno de esos

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"traumatismos de la civilización que no construyen memoria" (Soler, 2015, p. 50), generando un "olvido imposible" (Soler, 2015, p. 51).

Esta incapacidad de simbolización colectiva, un factor derivado de la persistencia y la naturaleza de la violencia que emana del Otro, no solo intensifica la 'situación de desamparo' del sujeto (Soler, 2015, p. 47) —definida como el encuentro con una 'excitación insuperable'—, sino que interactúa con los factores nativos individuales. Esto afecta la posibilidad de que el traumatismo encuentre un eco simbólico en la comunidad, dada la 'estructura de forclusión de un real' que caracteriza todo trauma psíquico (Soler, 2015, p. 59). Por lo tanto, las 'soluciones' que el sujeto forja no son meramente una cuestión de fortaleza individual, sino que se ven intrínsecamente ligadas a estas fallas estructurales del lazo social y la ausencia de una 'memoria construida' colectivamente que pudiera tramitar el goce.

Esto desafía la validez de modelos psicológicos estandarizados que no consideren estas particularidades locales y el profundo impacto del goce y los recursos singulares del sujeto. Implica que las políticas de reparación y los procesos de memoria histórica deben reconocer que el traumatismo no se 'supera' de forma lineal, sino que sus efectos (el trauma psíquico) se reconfiguran constantemente en la economía psíquica, exigiendo condiciones simbólicas para que el dolor individual encuentre eco en una comunidad capaz de acogerlo y resignificarlo. Es crucial entender que, para Soler (2016), el biotraumatismo no se cura dándole sentido, ya que cualquier sentido sería mentiroso; la labor es lograr que lo real pase a la memoria, una memoria que no necesariamente es del orden del sentido. Por tanto, el posconflicto no es solo un proceso político o jurídico, sino, fundamentalmente, un vasto y complejo proceso psíquico y social, donde la reconstrucción del lazo debe acompañar la elaboración del goce en un contexto atravesado por estas condiciones nativas y la 'decisión insondable del ser' que cada sujeto construye en su singularidad.

Esta investigación, si bien ha proporcionado una comprensión profunda y rigurosa de las incidencias subjetivas de la violencia, también abre nuevas interrogantes y aristas que invitan a futuras exploraciones. Reconociendo las limitaciones inherentes a cualquier estudio de esta naturaleza y la inagotable complejidad del objeto de estudio, proponemos las siguientes vías: Siguiendo el eje de la memoria y el lazo social: Si la violencia masiva genera "traumas de la civilización que no construyen memoria" –lo cual implica un encuentro con lo Real imposible de olvidar precisamente por no haber sido simbolizado– ¿qué es lo que, entonces, se transmite de

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una generación a otra? y cómo esta transmisión de lo "imposible de olvidar" configura la subjetividad de las nuevas generaciones? Investigar las formaciones inconscientes y los destinos de goce que se vehiculizan a través de los silencios, los síntomas o las repeticiones podría arrojar luz sobre las condiciones de la transmisión del legado de la violencia y su insistencia. ¿De qué manera las intervenciones psicosociales o las políticas de memoria y reparación logran o fracasan en tocar lo real del goce y la fantasía inconsciente de los sujetos, más allá de lo manifiesto o lo jurídico? Los hallazgos sugieren que las soluciones que no abordan la dimensión singular del goce y la elección inconsciente en la constitución del trauma psíquico pueden ser insuficientes o incluso generar nuevas formas de síntoma. Futuras investigaciones podrían evaluar críticamente la eficacia simbólica de estas estrategias desde una perspectiva psicoanalítica rigurosa. ¿Cómo se articulan las manifestaciones del goce sádico y masoquista, observadas en testimonios como el de Monsieur G o el excombatiente que busca venganza, con las dinámicas macro-sociales de la violencia y la impunidad en Colombia? Explorar la dialéctica entre el goce y el goce del Otro social en la perpetuación de ciclos de violencia y la configuración de subjetividades en un contexto atravesado por la violencia que viene del Otro podría ofrecer una comprensión más completa y crítica de la violencia.

La investigación, por tanto, no se cierra en una conclusión definitiva, sino que se proyecta como un eslabón fundamental en una cadena de saber que continúa interrogando la experiencia humana frente a lo insoportable, reiterando que la tarea no es "sanar" el trauma psíquico —pues algunas heridas son indelebles—, sino transformarlo en una fuente de conocimiento, creación y, paradójicamente, en posibilidad de futuro.

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Anexos

Anexo 1 Violencias Sexuales Intrafilas – FARC

Entrevista 393- VI -00007. Excombatiente de las FARC -EP. Frente Amazonas. Así también lo narró Laura, otra excombatiente, quien además mencionó cómo se le hizo un consejo de guerra a una mujer cuyo comportamiento no era aceptado. Esta mujer era una persona muy cercana para Laura, por lo que el impacto de su muerte fue particularmente duro. La decisión y la regulación de la vida de las mujeres en el interior de la organización no solo fue cruel y autoritaria, sino que también evidencia las relaciones de poder supremamente desiguales: «Estábamos desayunando juntas cuando vinieron, la amarraron pues. La encañonaron le quitaron el armamento, le colocaron una cadena en el cuello. Yo me quedé ahí como asustada, decía "Dios mío que pasó" yo siempre busco mi Dios y allá es prohibido nombrar a Dios, pero yo siempre llevaba eso de mí formación como niña. "Ay Dios mío que pasó aquí” [...] cuando dijeron "vamos a hacer consejo de guerra a fulana" y yo dije "¿cómo así consejo de guerra? ¿Qué es eso?" yo no sabía qué era eso. Entonces un guerrillero antiguo me dice "Pues recluta, usted ahorita va a ver que es un consejo de guerra a ver si usted sube la moral" [...] “Que a [nombre sensible] se le va a hacer un consejo de guerra por relajo sexual". O sea, relajo sexual allá es estar con él uno y con él otro y as [...] mi compañera, casi mi prima, ahí amarrada como si fuera un animal. Yo decía "¿Dios mío qué pasó?" le leyeron el acta, le nombraron un defensor que la iba a defender y el que la acusaba y los 5 jurados. En ese entonces todo mundo empezó a decir "que la fusilen, que la ajusticien, denla de muerte". Cuando yo ya miré que la pasaron a ella amarrada, amarrada como si no significara nada, como si la vida de un ser humano no valiera, o sea no. Eso bien duro, contar eso, pero, o sea, tener que ver morir, escuchar los tiros, escuchar los gritos. Finalmente, la mataron, la fusilaron y para todo el mundo era normal [...] me dijo "Sí, ya averiguamos y esa era su prima y pues duro decirlo, pero si usted se pone también así, con uno y con otro pues también toca matarla" yo les dije "pero porque, sabiendo que los mismos hombres son los que las buscan y ellos mismos buscan que las maten es como injusto" dijo "pero así es la disciplina" me dijo "usted viene a favor de las FARC o a favor de quién"

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Anexo 2 Testimonio 2 Entrevista 854-PR-02966. Mujer, excombatiente, Bloque Occidental.

Ella estaba ahí en el frente, pero no conocí de su ingreso ni nada, la verdad era la primera vez que yo la miraba y ya llevaba como 2 años en la guerrilla. Como gritó tanto y lloraba tanto por el dolor me tocó sacarla de ahí para una finca donde había un solo trabajador, un cuidandero y me fui con los míos, con los de mi escuadra por los niños que había en esa finca porque ellos preguntan, ellos ahí todos asustados y ahí supo que le habíamos hecho eso. Entonces, el médico se queda con ella en una habitación, yo distribuyo la guardia, nadie durmió ese día porque ella lloró demasiado, ella gritaba mucho, eso le dolió demasiado a ella y eso que a ella le hicieron aborto, no fue legrado, sino que le indujeron el medicamento y el fetico salió y un gato se lo llevó y los muchachos detrás del gato, golpeando, tirándole cosas para sacárselo y de noche que también para mirar era imposible porque no había luz. El problema es que a ella le sale el fetico, pero a ella se le queda la placenta pegada y eso sí duele demasiado, hay que sacarla raspando, yo ahí no estuve presente, pero fue peor los gritos, fue terrible eso.

Anexo 3 Excombatiente - La infancia marcada y la búsqueda de un Otro que encarne la venganza. Muñoz López, A. (2010).

cuando yo estaba pequeña, con nueve años y medio o diez años, unos señores de un grupo ahí, un grupo que se llama el X, pues que no eran ni el Y, ni Z, sino izque el X, ¿lo conoce?... esos señores me cogieron y abusaron de mí....Ellos llegaron donde unas amiguitas mías y yo que estábamos jugando en el colegio en el descanso, nos convidaron a que nos fuéramos para el grupo...yo les dije que no... entonces ellos me cogieron y me llevaron para unos árboles, me amarraron, me quitaron la ropa y...abusaron de mi. Me dijeron que si yo decía algo me mataban o mataban a toda mi familia, mi mamá, mi papá y mi hermanito... Después que se fueron dije que me iba vengar de ellos, se iba llegar el día que los iba a matar a todos... la afectó del todo, no volví a jugar. No volví a jugar ni a salir, me quedaba encerrada en la casa, no podía ver un hombre por que ahí mismo salía corriendo donde mi mamá, [...] yo antes era muy alegre, después de eso ya me mantenía como toda achilada, muerta del miedo... para saber que no lo pude hacer, a los días de haber ingresado a la guerrilla supe que el ejército los había matado, pero ya era demasiado tarde,

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ya estaba adentro... yo decía que allá me moría yo había nacido para eso, ser combatiente y que iba morir siendo combatiente,...es que a mi eso ya me fascinaba, las armas y todo eso."

Anexo 4: Excombatiente - El trauma y la habituación al goce del Otro como destino subjetivo. Muñoz López, A. (2010).

Yo antes era calmadito, vivía en el Cauca con unos indios, todo bien, tranquilo, pero unos paras mataron a mi papá; tenía yo 7, 8 años, lo mataron ahí en frente de nosotros, de mi mamá y todo. Desde ese día, como fuera yo solo pensaba en vengarme de esos manes, por eso también fue que me metí a la guerrilla, por que yo sabía que con ellos me podía vengar... Era un pelaito apenas, de 11 años, entonces estábamos con un señor amarrado, no sabía si había hecho algo o no, si era paraco o no y el comando me dijo: -vea chino, péguele un tiro a este hijueputa que no quiere colaborar- yo estaba muy asustado, tenía ganas de ponerme a llorar, pero sabía que me tocaba por que si no me pegaban a mi, el señor me miraba como suplicándome, en la mirada se podía ver que tenía hijos, que tenía familia, en la mirada se podía ver lo que me pedía, yo lo quería soltar, pero no podía, le pegué el tiro y ya, los otros lo picaron. Pase maluco como una semana, no comía, soñaba con el señor, pero ahí me fui acostumbrando y me empezó a gustar la sangre. Después me daba más pesar matar una gallina que a un man, a mí por que me cogieron, si no yo seguiría por allá, ya me había acostumbrado uno se acostumbraba, tanto que el día que no había que matar uno se enfermaba, le daba vómito y estaba uno como maluco, mariado."

Anexo 5: Monsieur G - El combate como forja de un goce paradojal y las marcas irrenunciables del traumatismo (Pérez, 2023).

Tengo 39 años, actualmente soy padre de una niña de 15, de una familia de cuatro integrantes: papá, mamá, una hermana mayor y yo. [...] Y, pues, fui dentro de esa historia profesional y mi historia de vida, fui militar 17 años. Ingreso a los 15 para cumplir 16, el 6 de enero y me… el 6 de enero del 2000 ingreso y me retiro el 17 de agosto del 2017. Me retiro con el grado de Capitán. Eso es como brevemente quién soy.

Listo. Y si te pregunto por tu historia, ¿cómo empezaría eso? O sea, ¿cuál es la historia de G? Ah, no. ¿G? G nació muy parchado en Amagá, Antioquia, que es un municipio aquí a 45 minutos de Medellín. Hijo de un padre avicultor, madre ama de casa. Nazco muy tranquilo, hombre. Digamos que esos primeros años de vida son en la finca y yo siempre voy a apuntar a que esos años de vida… le doy cierta tranquilidad y una inocencia tardía porque lo fui como hasta… disfruté mi niñez mucho, mucho, porque… ¿Por qué hablás de inocencia? o sea, ¿hubo algo que se perdió en algún momento?

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Sí. La gente que me conoce dice: “Marica, como eras de tierno, o sea, vos eras súper tierno, vos eras especial, eras de mucho contacto físico, eras muy sensible...” Me gustaba escribir, incluso me gustaba mucho pintar. Digamos que hubo una valoración inicial temprana porque yo dibujaba con la izquierda y coloreaba con la derecha casi en simultánea. Entonces, pues, obviamente: “Ay, este muchacho con esa habilidad” No, no. No tenía ninguna habilidad sobre eso literalmente.

¿Y en qué momento se cayó todo eso?

Cuando la mina. O sea, bueno. Ya empecé a crecer y empecé a perderle el gusto, ¿sí? Cuando empecé a crecer, obviamente en décimo digamos que ahí hubo una… ese afán de encajar socialmente. Uno tan pelado. Pero entonces claro, yo me ponía a dibujar y como que ya empieza uno la etapa de la adolescencia, las peladitas, los compañeros: “Ah, no, este güevón dibujando.” No sé qué. Entonces como que lo empecé yo, obviamente… ¿Era mal vista esa parte sensible?

Sí, sí. Como: “Ah, este…” Y yo: “Eh, pues…” Sí. Y ya después con la mina tuve una afectación en el brazo derecho. Yo soy… a pesar de que soy zurdo pero coloreaba con la derecha, me gustaba… eso, me gustaba dibujar y colorear en simultáneo. Pues, no en simultánea, era muy seguido: terminaba, descansaba y paraba. Terminaba… y así.

Cuando hablás de la mina, eso adelanta muchas cosas.

Sí, sí. Lo que pasa es que como me dijiste que por qué dejé de pintar. Bueno, entonces… y estudio hasta quinto de primaria en Amagá. Luego mis papás me mandan para Medellín a donde mi abuelita, mi abuela materna, ¿sí? Allá vivía mi abuela, mi abuelo, un tío y una prima, ¿listo? Era una casa grande, de esas matronas, antiguas. Allá me crié. Obviamente para esa época hubo la apertura económica del presidente Gaviria.

El 91.

Entonces la industria se viene a… la industria del pollo se viene a pique porque el pollo que entraba de Venezuela entraba al 15% de lo que valía un pollo acá. Entonces mis papás también dicen: “Bueno. No queremos criar una finca. Yo no te quiero en un corte, no te quiero ver en el agro. Si venís acá es porque querás, pero te vas a estudiar a Medellín.” Entonces ellos me mandan a estudiar [...] ahí como que se desarrolla el cambio. Obviamente, yo era un niño de campo, obviamente era un niño de campo, un niño grande, porque yo siempre fui una talla superior a la de la edad. Entonces, obviamente me choco con la ciudad. Obviamente, Medellín, época de los 90’s.

¿Cómo fue ese choque?

Al principio, me dio muy duro porque yo era al que llamaban “El Bobo Grande”, ¿sí? “El Bobo Grande”, que este güevón tan grande. Pero era muy noble. O sea, es que yo era… no estoy tratando de ser “yoísta” ni mucho menos, pero la nobleza no es pecado reconocerla y lo era, o sea, y yo dejaba incluso… más que noble, era hasta pendejo; porque a veces dejaba como que pasaran por mí como por ese temor a la… “No, no me gusta, pues, como pelear. No me gusta.” Entonces hasta que un día como que un man me la monta, le clavo un manazo y descubro que yo estoy en esa… superior en esa cadena.

Y, ¿por qué le metiste un manazo?

Porque yo cargaba riñonera. Entonces yo fui a pasar en unas graderías y él me cogió la riñonera u no me dejaba pasar, y yo no lo conocía. Era mayor. Ah, yo me volteé y “tráquete” y ahí “Uuuuh.” Y ya entonces descubrí la belleza de la fuerza. Entonces ya con eso, bueno. Entonces mi abuela… mi abuela era una persona que me impactó… que tuvo mucho que ver en mi crianza. Porque mi abuela no era machista, porque ella decía: “En la casa, todos hacemos. Todos…” pero digamos que era de un pensamiento muy libertino: “Tenga varias… ¿pa’ qué se va a comprometer?... vaya tome aguardiente, eso… empieza joven” Entonces digamos que a los 15, 14 años, yo me tomaba mis aguardientes y mi abuela… cuando mi mamá venía, mi mamá no fue que se desatendió. Yo todos los fines de semana, terminaba el viernes y ahí mismo cogía un bus a las tres de la tarde pa’ Amagá y me devolvía en la tarde. Empecé a crecer, empecé a conocer niñas, empieza la adolescencia uno ya con el traguito y ya como que dilataba la ida. Ahí no me quedaba el viernes, me tenía que madrugar el sábado y así. Entonces fue muy bacano porque la alternaba entre campo y ciudad. Y, si bien, la situación era apretada, no era, pues, precaria; entonces como que tenía… pues, yo pasaba muy rico. Y ya ahí a los… sí, ya me gradúo de 15, pa’ cumplir 16. Y: “Bueno, ¿usted qué va a hacer con su vida, mijo? ¿Usted qué?” Entonces yo tenía una tía que me decía: “No te vas pa’l Ejército. Lo que querás, te pongo el carro… ” En esa época estaba recién salido el Swift. “No, te doy Swift, la carrera que querás, donde querás…” Yo quería ingeniería mecánica por un lado, entonces yo decía: “Ay, qué rico ingeniería mecánica.” Entonces yo decía: “Ah, no, yo quiero el Ejército.”

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¿Qué era lo que te llamaba la atención del Ejército?

Misión del Deber.

¿Es decir…?

Yo entré… yo entré por la serie Misión del Deber. Punto.

¿La serie?

La serie […] Misión del Deber. Es de un escuadrón que está en Vietnam, entonces muestra todo; pero lo muestra desde un punto de vista muy bacano, muy humano.

¿Desde el lado de los militares?

Sí, desde el lado de los militares, cómo es su día a día en su vida. Obviamente, tiene acción, pero, pues, yo decía “Ah, qué nota” si la canción la banda sonora es Paint it Black, pues, de… entonces, pues, uno… a mí eso me marcó. Mi mamá dice que yo siempre quise, pero pienso que la mayoría de niños admiran a un soldado, al policía. Entonces yo: “¡Ay! ¿Cómo?” Entonces yo sí quería los helicópteros, la explosiones. Entonces yo me voy… hice yo papeles. Me acuerdo que Monseñor me decía: “G, no se vaya pa’ allá. Usted allá no dura un mes.” Era el director, el rector. Y yo decía: “Ah, yo me voy, yo me voy, yo me voy.” Cuando salieron los resultados: “Sí, señor. Pasó.” Pues, porque realmente en la Escuela Militar son cupos muy limitados. Entonces yo pasé. Me voy un 6 de enero con… ay, ¿cómo fue?... me voy con mi papá, él me lleva… ah, no. Primero fui a recoger los equipos y todo en diciembre. Yo no tenía familia, nadie en Bogotá, pero un primo, el hijo de un amigo de la familia estaba allá, entonces como que me recibió las cositas y eso; porque allá uno necesita, pues, como un acudiente. Y ahí llego a la Escuela Militar. Tres años de formación como cadete, posteriormente alférez. Me lo sollé.

¿Cómo fue esa formación? ¿Cómo fue para vos todo?

Me tocó ese proceso de humanización del conflicto, donde ese Ejército vasto, de la patada al pecho, de todo eso, ya estaba evolucionando y ya no. Venga, venga, venga. No vamos a maltratar a la gente. Hay otras formas de ejercer control, otras formas de sembrar la disciplina. Entonces la presión, obviamente el trasnocho, acostumbrarse a la marcialidad, acostumbrarse a esa vida prusiana, donde vos tenés que seguir un régimen, una uniformidad.

¿Qué se entiende por vida prusiana?

La prusiana… “prusiano” viene del Ejército alemán. O sea, el Ejército alemán tuvo mucho impacto en el Ejército colombiano. De hecho, cuando uno mira en la historia a los alemanes, los primeros mariscales que llegan a acá son alemanes; por eso, incluso, el uniforme de nosotros, los cascos, de época son muy una copia de los alemanes: la virola en punta y todo eso es una copia. Entonces viene del Ejército prusiano, del Ejército alemán. Entonces las costumbres prusianas. Por eso la “Schüler”. Frank Schüler, el alemán, usaba ese corte y ahí se vuelve la Schüler, pues, no sé cómo se diga “Schüler”, pues, pero, en todo caso, así le decíamos. Entonces me dio muy duro porque, obviamente, yo venía de Medellín… llegar a Bogotá, ese hijueputa frío; obviamente, yo era el “chacho” yo estaba… yo no sé, yo era el “chacho” pa’ los pelados yo era el chacho. Yo era… yo tenía pelo, yo tenía pelo y era, obviamente las niñas y entonces me hubiera encantado ese cuento. Entonces llegar allá, jueputa, los primeros tres meses no poder salir. Y yo: “Mierda, ¿yo qué hice?” La diana sonaba “papaprá, papaprá” y yo era: “Mierda. Otra vez esta vida de mierda.” Nunca llamé a mi familia llorando pero me metí unas lloradas. Yo decía. “Esta mierda. No voy a poder, no voy a poder, no voy a poder.” ¿Qué era lo que te hacía sufrir? ¿El encierro y el madrugón?

El trasnocho, el encierro, el ritmo, pararse a las cuatro de la mañana a trotar en ese frío, de ahí, piscina, de ahí vaya pa’ clases, uno con ese sueño, llegue, labores asignadas, pase a la hora del almuerzo, de ahí pase a la formación, de ahí tiene media hora para descansar, de ahí vuelva a dejar el alojamiento listo y vuelva otra vez a clase, vuelva, coma, formación, clase nocturna y vaya a dormir. Y si debe cuentas, voltée en la noche. Voltear es el castigo físico, pero el castigo de hacer actividad física. Yo volteé esta vida y la otra porque a mí se me quedaban cosas tiradas, tendía mal la cama, me faltó siempre ese orden clásico, o sea, la línea perfecta, se me quedaban los zapatos sucios, me afeitaba mal… cosas tan mínimas pero eso es parte de la formación. No había redes sociales en esa época, eso era lo chévere, digo yo, porque estabas ausente de la realidad del otro. Yo creo que pa’ esa época, ¿qué estaría? Hi5, no sé. El plan de uno era irse pa’ la sala de cómputo a meterse a StarMedia, chat naranja, a buscar amigas en Bogotá. Entonces, tres años… después salí seleccionado pa’ la banda de guerra de la Escuela Militar… [...]

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Tiene que ser imponente. Entonces me seleccionaron y yo: “Hijueputa” a eso le dicen la mafia: usted entra pero no sale, o sea, no es voluntario. O sea, “¿Usted viene pa’ qué?” “Vientos” “Va, va pa’ vientos.”. “No, yo no sé nada.” “Aprende.” “¿Usted va pa’ percusión? Va.” Entonces yo obviamente yo empecé abajo, empecé abajo. Cadete, cadete de primer año. Entonces los bastones van en pirámide: en la punta de la pirámide está el más antiguo y de ahí pa’ allá solo llega uno y empezamos cuatro desde los primeros años. Empiezo a ascender, empiezo a disfrutarlo, empiezo a… físicamente me empieza a ir mejor, físicamente; yo llegué perverso. Pues, entré tan joven, pero uno… entre los otros había pelados muy, muy tesos físicamente. Empiezo a cogerle el gusto al mando. El mando es una cosa hermosa, se me… empiezo como oficial. Llega el primer curso que hago que es el “Curso Contra Guerrillas” Ese curso desaparece en el año 2003.

¿Qué es el “Curso Contra Guerrillas”?

El Curso Contra Guerrillas era el curso básico de combate de guerrillas. Entrabas a un curso donde vos te ibas… ¿cuánto duraba? ¿Dos meses? Duraba dos meses en Tolemaida y de unas fases que es el curso… vos llegabas como puro perro acabado: oreja y güevas no más… así. Porque ese calor. Vos llegás así súper acabado pero te enseñan lo que es la guerra de guerrillas. ¿vos tenés que ver ese curso por obligación para pasar a qué mando?

Sí, todos. A ya pasábamos a alféreces, pasábamos a alumnos de último año.

¿Y era obligatorio este curso? ¿Para vos qué quería decir “guerrilla”?

Odio. Odio. Para mí, y lo seguiré aceptando con un respeto absoluto por la ley y los D.D.H.H., para mí no eran humanos, ¿sí? O sea, nos… ¿Antes del curso ya?

Sí, sí, sí, sí. Siempre les tuve demasiado odio. Nunca tuve un contacto con ellos. Nunca los vi, yo nunca los vi antes de. Nunca, ¿sí? O sea, cero. A ver, ¿quién…? Yo sentía por ellos ganas. Ganas de encontrarlos, ganas de salir a pelear con ellos. Obviamente, todavía no conocía el miedo de un combate.

¿Nunca había salido a campo como tal?

No, salíamos en campaña, pero esos son simulacros en espacios controlados. Son cadetes, o sea, que maten a un oficial, es la guerra; pero que maten a un cadete, es imposible, pues. Eso sería el pecado más grande pa’ un Ejército. El cadete es el niño consentido de las Fuerzas Militares.

Entonces hay que cuidarlo.

Hay que cuidarlo.

Llegás a este Curso Anti – Guerrilla.

Llego al Curso Contra Guerrillas y me gustó mucho. Me dan la ametralladora. Esa hijueputa pesaba mucho. Pero, claro, como yo era grande y en ese momento ya estaba físicamente bien, entonces cogí la ametralladora. En el Curso Contra Guerrillas mueren… ¿uno o dos? Yo creo que uno… Ah, no. Solo murió P, porque nos coge una bacteria en esa zona; como ahí mismo hacíamos las letrinas y todo, y eso se… con el tiempo, con el tiempo, el manejo de esos residuos, pues, obviamente no es que oliera, no, eso estaba bien controlado entre comillas, pero la bacteria se regó y nos dio una bronconeumonía. ¿En el monte?

En Tolemaida, ¿sí? Esa es la brigada más grande que tiene el Ejército. Entonces allá era el campo de entrenamiento. Se llevaron… empezaron síntomas respiratorios, se llevaron a dos compañeros pa’ Ibagué, Girardota. Murió uno. Alerta. Llegan los Hércules a recogernos porque tienen que evacuarnos rápido pa’ Bogotá. Cuando yo estoy haciendo las formaciones, yo empiezo a (sonidos imitando la asfixia) empiezo a que no podía respirar, y yo iba a hablar y no pude y entonces lo que cogí fue el fusil y lo tiré en el piso duro. Pues, eso en el Ejército es un pecado. Dejar caer el fusil es un pecado. Entonces todo el mundo volteó: “¿Qué hubo?” y ya cuando me vieron yo estaba… yo solo me recuerdo cuando me estaban metiendo en una tina llena de hielo, porque eso eran protocolos porque entonces eso sube la temperatura de una y en ese calor. Tolemaida es un infierno. Eso es Santa Fe de Antioquia más caliente. Entonces yo me metí en esa tina. Yo ya, cuando a lo último, que yo empiezo a recobrar es cuando me van subiendo al Hércules en camilla con oxígeno, los compañeros míos asustados. Y ya me llevan a Bogotá, me estabilizan. No pasó a mayores,

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pero mató a un compañero, pues, a P. Llego del Curso Contra Guerrillas, quedo de tercer puesto. Nunca fui competitivo en los puestos. Pues, no.

¿Tercer puesto? ¿Cómo funciona eso? O sea, ¿por nota, por…?

Hay tres calificaciones: administrativa, técnica y táctica… y obviamente la física. Entonces vos tenés que… te sacan un puntaje, y por puntaje sacás un promedio y de ahí sacás los puestos. Los últimos puestos, por lo general, no tienen distintivo. Obviamente si los… cada curso de un Ejército tiene un distintivo. Antes, ya ahorita los han quitado mucho. Pero uno tenía un distintivo, pues, de Contra Guerrillas. Yo llego y yo iba a hacer auxiliar del Curso Contra Guerrillas siguiente. Ya iba a ser yo táctico de los nuevos que iban a hacer el Curso Contra Guerrillas, iba a ser auxiliar. Resulta que no, el Coronel Gómez, ese man me dice: “No, venga. Yo lo necesito a usted. Usted no se me va. Usted se queda en la Banda de Guerra.” Y yo. “Uy, mi coronel, pero yo tengo que dar fase de mando.” “No, usted hace fase de mando en la Banda de Guerra.” Anteriormente, existía el “Brigadier Mayor”. El Brigadier Mayor es alumno distinguido por promedio. A mí no me daba el promedio pa’ ser alumno distinguido. Pero es que, obviamente, ahí estamos juntando que yo estuve administrando empresas allá, las materias técnicas, tácticas y todo. Entonces había gente muy buena, a mí no me daba el promedio.

¿Qué edad tenías en ese momento ya?

18 años. Entonces yo llego y me dicen: “No. Usted va a ser Brigadier Mayor y me nombran Brigadier Mayor. Y obviamente los compañeros decían: “Marica, ese pa’ ser Brigadier Mayor.” Tenías que ser de los 15 primeros puestos. Éramos 244. Y entonces: “Este hijueputa cómo es que es Brigadier Mayor. ¿Pero en qué momento si este es…?” O sea, eran por ahí, yo creo que era puesto… cuando yo ascendí a alférez y llegué a Contra Guerrillas; obviamente en Contra Guerrillas había sido tercer puesto y eso me subió mucho de… y quedé como en el cincuenta y algo. Pero no me daba pa’ ser Brigadier Mayor. Entonces decían: “¡Marica, un Brigadier Mayor de batallón!” O sea, yo tenía dos estrellitas. O sea, está tu arma, ya había seleccionado mi arma. Yo salgo de infantería. Me ponen dos estrellitas. Obviamente, yo no… a donde llegaban los mismos compañeros míos y me tenían que saludar. “Mi Brigadier Mayor.” “Mi Brigadier…” Entonces ahí empecé a disfrutar más el mando. La Banda Guerra era mía. Y la Banda Guerra de la Escuela Militar de Cadetes General José María Córdova. 277 hombres bajo tu mando y tu responsabilidad. Sos el alumno con mayor responsabilidad de la Escuela Militar porque si una banda toca mal, se caga una ceremonia. Y estamos hablando de que una ceremonia es con el Presidente y el Ministro de Defensa, y los altos mandos. Entonces todo tenía qué ser. Entonces yo tenía autonomía, yo decía “A formar la banda.” Y ellos tenían que salir a formar. Yo a esos pelados los cogía y los volvía una hilacha cuando la cagaban.

¿Eras duro?

Sí, todavía me recuerdan, o sea, todavía me encuentro oficiales que ya en grado son superiores a mí, por ejemplo, mayores y me dicen: “Mi Capitán…” yo me retiro como Capitán… “¿Mi Capitán? Uy, mi capitán sí era una gonorrea de Brigadier Mayor de la banda. Yo me acuerdo que ese man llegaba y todo el mundo quería llorar.”

¿Y por qué esa dureza?

Porque para mí la dureza es excelencia y formación. Y mi banda tenía que sonar perfecto y mi banda tenía que ser una banda marcial, tenía que destacarse. No podía recibir un llamado de atención de parte de un director de Escuela o de un subdirector. Ya, y les decía: “Bastón Mayor, pase al frente.” Hijueputa, y pasaban al frente y decía: “¿Le queda grande, hermano? ¿Yo me vuelvo a dejar llamar la atención por estos maricones?” Y ya ahí sí me pasa el primer cacharro en mi vida militar. Que, entonces, yo cargaba ajís. Ají en polvo, lo mezclaba con ají líquido y lo ponía ahí un poquito. Entonces al que la cagaba, le echaba ají. Entonces hay compañeros que me ven y me dicen ahí mismo: “¡AJÍÍÍÍÍÍÍÍÍ!” Porque yo gritaba mucho. Yo me cagué la voz allá a punta de gritar, yo no era tan gangoso y yo a todo el mundo le embutía ají. Porque el ají a los vientos, se les sueltan un poquito los labios, usted los silba, entonces tocan mejor. Pero entonces yo lo hacía de castigo, se los embutía así a todo el que la cagaba. Y una vez un man era alérgico al ají, lo tuvieron que operar. Casi me echan de la Escuela esa vez. Y ya ahí haciendo, haciendo, salgo para el Batallón Voltígeros de Infantería número 46 en Carepa, Antioquia. Parte de responsabilidad de lo del Cañón de la Llorona, que históricamente había sido una de las zonas más golpeadas. Salgo a una zona que estaba… la guerra de guerrillas tiene unas fases y en esa fase había… estaban ya saliendo de las guerras en bloque, que era anteriormente que llegaba un bloque de 800 hombres a tomar… no, ya habían aprendido del terrorismo, entonces eran pequeñas células. Entonces era una brigada 17 que no tenía resultados operacionales. Llegaron los subtenientes nuevos, tenían moral de que estos pelados ya iban a patrullar. Los primeros meses, compañía e instrucción y me mandaron a patrullar. Habían pasado dos semanas y un soldado se me acerca en la noche y me dice: “Mi teniente, mi Teniente, es que allí hay tropa en el río. ¿Usted…?” Y yo, pues, yo soy la única unidad acá entonces timbro a la unidad por radio, validan por radio unidades adyacentes. No hay. Ah, no. Eso es guerrilla. “Decida, comandante.” Decida Comandante fue que yo puse… emplacé a mi gente y emplacé ametralladoras, y me alejé desde lo alto. Nosotros estábamos… o sea, teníamos una posición y ellos estaban

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haciendo el desayuno. Entonces me dice el Sargento: “Mi, Teniente, lancemos la proclama.” La proclama es “Quietos. Somos tropas del Ejército Nacional, de rodillas, manos a la cabeza” Entonces yo digo esa mierda, eso me vuela la… entonces yo le digo: “¿Usted es que es bobo? Después de mí, todos disparan.” Disparo yo en primero y se prende. Ese es mi primer combate, o sea, ¡Puta, mi primer combate!

Esta proclama, ¿cómo funciona? ¿Tiene un estatuto legal? ¿Es obligatoria?

Es obligatoria.

¿Y vos lo sabías, que era obligatoria?

Es que no iba a dejar vivos. Los muertos no denuncian. No se le olvide, o sea… ¿Eso lo pensaste?

Sí, no, los muertos no demandan. O sea, ningún muerto puede demandar. ¿Cuál proclama ni qué hijueputas? Esa brigada llevaba siete meses sin un solo resultado y esa sola noche le entrego yo siete guerrilleros abatidos en combate. Que eran los totales.

Que eran los totales. Siete guerrilleros, 26 millones de pesos de extorsión, no me acuerdo si llevaban explosivos, llevaban todos tenían fusil… el resultado era una belleza.

¿Guerrilleros de qué guerrilla?

Por allá eran FARC. Entonces, obviamente, llego yo, un subteniente que lleva dos semanas en el monte, capitanes que llevaban seis meses y no habían dado un resultado y yo doy con este chepazo... entonces, obvio: “¡Este es mi muchacho!” ¿Vos cómo te sentiste, el ego? O sea, porque vos decís “entrego siete guerrilleros muertos” ¿Cómo es… qué esa entrega? Esa entrega es un camello porque ya nos habían advertido de la legalidad de los procedimientos. Entonces, estamos en una época que es la época en donde más o menos se dan los “Falsos Positivos” en el… en grueso. Ya había evidencias muy mínimas pero había. Y entonces yo dije: “No.” Cuando dimos los resultados, entramos a aseguras, validamos que no hubiera vivos, tatatatatá, informe por radio… el coronel llamándome: “Muchacho, recoja…” “No, mi coronel. Hasta que no me entren de Policía, de Fiscalía y de CTI, yo no dejo que estos cuerpos me los muevan y yo ya cerré.” Y empecé a cerrar con cinta la zona “No pasa nadie.” Y yo me paro en la mitad. Los soldados aseguran, yo espero. Llegan a las… eso fue en la madrugada, llegaron… por ahí a las 10 u 11 de la mañana ya llegaron todos. Llegó un apoyo helicoportado, llegó mi comandante a apoyarme: “¡Este es mi muchacho! Venga pa’ acá.”

¿Vos te sentías orgulloso?

Claro. La Fiscalía llega. Todo legal, los manes armados, no hay que esperar a que ellos disparen, ya están armados, ya son una amenaza. Yo tomo fotos, yo hago… videos no hice, pues, por tener cámara análoga en esa época. Tomo las fotos porque es bueno, para tu… pues, para tu cuaderno de comandante tener todo eso en el cuaderno, todo lo anotás. Firma testigo. Yo entrego… firma CTI, firma Fiscalía. La tropa se va al batallón. Entonces llevábamos, dos semanas y dos semanas que nos estábamos devolviendo pa’l batallón. “Entonces, muchachos, se van quince días de permiso. G se va quince días de permiso.” Llego y había candidaturas para Aviación Ejército y Fuerzas Especiales. Y entonces yo: “¡Ay! ¿Cómo? ¿Piloto? Yo quiero ser piloto. Overol, gafas oscuras, aeropuertos… Esto es lo mío. Helicóptero… Entonces yo iba a viajar. Sale la tropa mía, pero me dicen: “Marica, no, viene el Ministro de Defensa y a usted le van a imponer la Medalla de Orden Público.” Yo soy el primero de mi curso en ganarse una medalla de Orden Público, porque… ¿Qué es la Medalla de Orden Público?

La Medalla de Orden Público es por resultados operacionales, ¿sí? En esa época la daban por, aproximadamente, una operación de un objetivo de alto valor, o por cinco guerrilleros en una sola operación, o nueve acumulados en tres meses. Y vos habías entregado siete de una.

Siete de una. Tome su Medalla de Orden Público. Soy el primero en tener una medalla. La Gris, se llama, porque es gris como (…) Bueno, entonces el señor: “Gracias.” Bueno, me mandan pa’ Medellín porque voy a Bogotá a presentar las pruebas. Cuando yo llego al Aeropuerto Olaya Herrera, están llegando en el helipuerto, están llegando unos manes de… Ah, bueno. Llego al Pedro Justo

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Berrío porque es el batallón que está ahí al lado, porque salía en un vuelo militar de ahí, ya, en cambio: “¡Ah! ¿Usted fue el suiche de los siete?” O sea, ya habían sonado. Y yo: “¡Ah! ¡Esto no es cierto!” “Suiche, ¿usted cuánto lleva?” Suiche se le dice a los subtenientes porque son como los shuiches: lo último que usted apaga y lo primero que se prende. En un batallón, el subteniente es el último en acostarse y el primero en levantarse. “Suiche…” ¿Suiches… solo los superiores le pueden decir ‘suiche’?

Sí, sí. Solo los superiores. Ya de ahí pa’ abajo, no. Entonces “¡Ah, suiche! Uy, gono… Oiga, suiche, verraco usted.” Y yo: “Ah, gracias, mi Capitán. Gracias, mi Mayor.” Entonces, ese día llegó el batallón. Yo no sabía que… ese batallón era pa’ mí los comandos. Por primera vez en mi vida después de una operación. Yo los había visto en demostraciones, en la Escuela Militar porque, obviamente, van es a hacer es demostraciones y son los de mostrar. Cuando llegan dos helicópteros Black Hawk. Un helicóptero de los Black Hawk, se baja el piloto con el técnico, revisando los impactos y se empiezan a bajar los comandos barbados, vueltos mierda, sucios, untados de sangre bajando unos guerrilleros muertos en costales… y llego… y no sé, es que estoy con la imagen acá cuando el comandante de la unidad se… un mayor se pone la boina… el man súper sucio, barbado, y se pone las gafas con la boina vino tinto. Y yo: “¡Ah! Esto es un mensaje divino.” En esa época era súper creyente. “Esto es un mensaje divino. Dios me lo puso acá, yo voy pa’ las Fuerzas Especiales.” Entonces vos llegás y es como si te dijeran a vos en psicología: ¿en qué se quiere especializar? “Ah, no. Yo quiero ser clínico… yo quiero ser.” “Ah, no. Muchacho, venga.” Primero hacen unos exámenes generales de actitud psicofísica, técnica, táctica y administrativa para que estés bien. Cuando sí, te dicen: “Bueno.” Miden por resultados, por antigüedad, pa’ dónde se quieren ir.” Obviamente los más antiguos empiezan a escoger Fuerza Aérea, Aviación, Aviación, Aviación Ejército… pero yo tenía más resultados: tenía siete guerrilleros. Eso es… “¿Pa’ dónde va, suiche?” “Me quiero ir para Fuerzas Especiales.” Paso los exámenes, pero a la semana me dicen: “No, usted no se puede ir. Es que usted nos lleva seis meses como subteniente y va es pa’ la Unidad de la Minoría Selecta. Te vamos a agregar al Batallón Colombia por estos meses que faltan.” Entonces me agregaron al Batallón Colombia.

¿Qué es el Batallón Colombia?

El Batallón Colombia es lo más… es uno de los batallones insignia porque es el primer batallón de infantería. Queda en Tolemaida. Entonces me mandan pa’ Girardot, sur del Tolima. Y llego al sur del Tolima y mi unidad monta un falso retén. Y monta un retén más adelante, el falso retén y no me dejan pasar unos manes. Y más adelante a los manes los capturo e iban con un camión lleno de droga. “¡Este suiche es mi muchacho, ome!” Ahí me empieza a señalar un poquito la institución porque yo creo que yo habré entregado por ahí una tonelada de… en ese carro podrían haber llevado por ahí una tonelada de droga. Y lo que yo vi en los informes, eran como 400 kilos y yo dije “Se perdió aquí.” ¿Sí? Y me sacan a mí de la zona y ya paso a la brigada de Fuerzas Especiales en la… [...] ¿Qué edad tenés en ese momento?

Ahí tengo 19 años.

¿Qué está pasando en tu vida personal además de lo profesional… todo ese Ejército?

Amiguitas. Amiguitas. Mi familia, pues, bien contentos, pero tampoco les contaba mucho detalle. Bueno. ¿Tu familia sabía que habías abatido siete guerrilleros?

Ah, sí. Yo les contaba orgulloso. Mi mamá, pues, obviamente mi mamá: “No. ¿Qué más hacemos? Cuídese mucho.” Pues, obviamente las mamás sufren mucho en eso, pero mi mamá nunca me expresó, pues, como ese dolor. Mi mamá sí me hablaba mucho de la sensación de muerte, o sea, que yo qué sentía, pero no. Ella me preguntó y yo le dije una frase que me enseñaron… pues, eso me lo preguntó muchos años después, pues, yo fui a una comisión con los americanos y los americanos en la… en el Fuerte Virginia, pues, que es un fuerte de las Fuerzas Especiales de ellos donde llevan a las Fuerzas Especiales Colombianas, ellos decían: “Tu dios te da la vida, nosotros te la quitamos.” ¿Sí? Entonces a mí esa frase se me metió y yo decía, o sea, el poder mío es quitar estos y yo… si lo requiero, ¿sí? Entonces, obviamente ya… ¿Te daba como poder?

Sí, sí, sí. La sensación de poder. O sea, yo era TAP. TAP es Tirador de Alta Precisión. Y en Estados Unidos hago el curso de Sniper, que es un francotirador, pues. Entonces ellos son egocéntricos, obviamente. Son gringos, son gringos. Y eso se le pega a uno. Ah, bueno, entonces espere. Entonces en la brigada de Fuerzas Especiales paso, hago el curso de Fuerzas Especiales. Es un curso

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internacional. Quedo otra vez de tercero pero los dos primeros eran un americano y un panameño. Entonces yo fui el primero colombiano. Entonces si vos quedás primero en curso de Fuerzas Especiales, te jala. Entonces hice intercambio de alas con los panameños… con los gringos de entrada, hice una capacitación en tiro con los panameños y tengo las alas ecuatorianas, tengo las alas, pues, de paracaidismo; ya ahí empecé el curso de paracaidismo. Entonces yo empecé terminando cursos. Entonces yo el pecho lleno de laticas. Ya llego, me asignan el Batallón de Fuerzas Especiales número 3: la niña fea de las Fuerzas Especiales. [...] Porque mi jefe decía algo. Que él no sabía si yo era valiente o bruto y que eso era un muy buen… una muy buena forma de sostenerse en las Fuerzas Especiales.

¿Y para vos? ¿Vos eras valiente o bruto?

Ah, un poquito de las dos. A mí me parece que un poquito de las dos, porque hoy en día cuando ya hago un análisis de riesgo digo “Uy, no. No, pero, ¿cómo hacía eso? No.” A veces me pongo a ver y a veces veo videos operacionales de esos que nosotros grabamos y yo decía “No, marica, es que enserio.” Pero era más brutalidad que valentía, la verdad. La línea es muy delgada, pero sí tiende más a la brutalidad. Y obviamente al narcisismo, no sé. A ese síndrome no especificado de Supermán que ya había estado en varios combates y nunca me ha pasado nada y me han pasado tiros en la ropa pero a mí no.

[...] Mucho miedo, mucho. El miedo es… lo que pasa es que el miedo… la diferencia, diría yo, que dentro de un militar, un militar que ha guerreado, es que ese miedo en un segundo lo convierte en su única opción de vida. Ese estrés ahí sí, netamente (…) otras veces yo decía: “Jueputa. Pero tengo que hacer ese control de miedo porque es que estos güevones que están acá dependen de mí. El soldado puede llevar veinte años y vos llevar seis como oficial, pero el soldado depende de vos. El soldado es un niño en el combate. Entonces yo quité todo lo que yo llevaba, el equipo, porque yo tenía que sacar al soldado de armamento; voy con el otro soldado, cargo a mis soldados, cargo el armamento y corremos. Cuando yo llego a la panga, que es el bote de la armada, arrancamos. Eso sonaba el “tin, tin, tin.” Como pegaba en esas placas y yo ya estaba muy agitado. Pero como un bulldog, así. Pero yo creí que era el peso, obviamente yo estoy con la adrenalina estalladísima. Yo metía… en los combates yo metía manzana con pólvora. Eso es… eso daba un pequeño efecto ahí. Eso es… ¿Comías… metías manzana con pólvora?

Sí. Eso es… y mucho chimú. Yo comía mucho chimú.

¿Qué es?

Chimú es una… es un energizante natural de los indígenas. Eso tiene un poquito de pasta de coca, entonces, obviamente, también te… entonces vos lo… te lo ponés debajo de la lengua, no podés tragar y todo el tiempo escupiendo. Pero te mantiene… ¿qué tiene? Ya ni me acuerdo ya. Bueno, cuando el enfermero me dice: “Mi Teniente, hay mucha sangre. Ellos se están muriendo.” Y yo ahí mismo me dijo: “No. La sangre es suya.” Claro, cuando yo me miro acá atrás, a mí me bajaba la sangre así. Ahí sí me mareé. Ahí sí yo “Ay, jueputa.”

¿Era la primera vez que te daban un tiro?

No, la segunda, pero a mí ya me habían dado uno acá en Ituango. En el puente pescadero. Allá me dieron uno pero fue acá, pues, un roce culo. Paso, entonces… ya ahí me operan. Ya ahí me operan. Posterior a eso, yo estaba en recuperación, tres meses de incapacidad, pero yo cumplo dos porque a los dos me piden el apoyo de evacuar unos… una unidad que había sido abatida en el Urabá antioqueño. Ya estamos hablando de que habían pasado… eso fue en el 2010, 12… yo paso a la unidad. Yo todavía tenía los puntos, todavía estaba… todavía medio… Entonces me dicen: “Vamos a hacer una incursión aérea por paracaidismo.” Llegan a la zona, aseguran, neutralizan a los postras. Un postra guerrillero son antiminas que van dejando… minando; entra el equipo de desminado, desminan y salta el resto de unidad a extraer los cuerpos. Resultado de los cuerpos: 21 soldados muertos, dos suboficiales y un oficial, ¿cierto? El oficial era compañero mío.

¿Qué le pasó? ¿Cómo…?

Ellos recibieron una información falsa, solo que ellos no tenían apoyo. No eran como una unidad tan entrenada. Igual, pues, bajo las condiciones, así hubiéramos sido nosotros, nos hubieran… y empiezan a lloverles balones bomba y balas de todo lado. Una trampa, pues. Una “bolsa” se llama eso en la guerra. Que es una bolsa, literal. Metés algo en una bolsa. Cerrás. Y lo que está adentro, está muerto. Eso es una bolsa. Pero los cogen vivos, al compañero mío lo tasajearon, ¿sí? Y después le dan un tiro de gracia.

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¿Lo “tasajearon” es…?

Lo cortaron con machete.

¿Es como una tortura o…?

Es una tortura. Ellos… lo que pasa es que nosotros llegamos y ya ellos habían velado.

¿Eso es guerrilla?

Sí, ellos habían velado. La “Negra” Karina fue la de eso, incluso. A ellos los habían velado y velado es que los cogen y arman una velación. Sino que eso es… algunos dirán que eso es magia negra, otros dirán que es brujería, otros dirán que es santería… bueno, pa’ nosotros es una ofensa que puede tener un soldado. Acto seguido, varios montículos de carne; porque ellos cogen, los pican totalmente y encima les ponen la cabeza.

¿Guerrilla? ¿Era la guerrilla la que hacía esto?

Ajám. Entonces, obviamente yo me enveneno después de ver esto. Yo le digo. “Mi Coronel, hermano, sáqueme de acá. Vea, mi Coronel, métame armamento y métame todo lo que nos quede porque yo voy a ir detrás de esta gente.” En la evacuación de los cuerpos nos entra todo. O sea, nos entra todo es que yo cargaba fusil, fusil de alta precisión y pistola. O sea, de un solo armamento ya llevaba 19 kilos. Saco ropa, sin ropa. Métame munición. Y raciones de comida porque yo no voy a parar a cocinar. Y arranque, papá. Solicito apoyo del fantasma y empieza a escanear, y empieza a coger uno por uno los grupos. Entregamos… ¿Ibas con cuántas personas?

23 hombres. O sea, contándome. Ah, bueno, de esa unidad se salvan cuatro, que se tiran entre los muertos, otros se tiran por una cañada, se tiran, se esconden. Ellos cuentan cómo es y yo quedé como muy envenenado, y yo: “Estos hijueputas. No les voy a dejar pasar ni media.” Entonces esos fantasmas nos empiezan a dar como ubicaciones de rastros y firmas de calor. Nosotros vamos y empezamos a dar resultados. Todos los días. Tres, cuatro bajas. Tres, cuatro bajas. Yo ni las entregaba. Aseguraba, marcaba zona en GPS, un flasher y arranque. Un flasher es una luz que solo ven los pilotos con los lentes. O sea, ¿pero eran guerrilleros que encontraba solos, aislados en el monte?

Ellos se van disipando por grupos, porque la guerrilla en este momento ya cogen su grupito y se van pa’ su vereda, y pasan a ser nobles campesinos. Entonces ya yo los… ya empiezo a coger, ya empiezo a coger pero hay un grupo que es el grupo grande que va con Karina. Yo empiezo a ir. Eso fue un 10 de febrero. Un 10 de febrero. Llevaba nueve días de operaciones, sin bañarnos, nada; o sea, estamos hablando de que la barba donde yo la tengo acá, yo creo que entré afeitado y a los nueve días podría estar así o más larga. El estrés, flacos, pero queríamos sangre. Estábamos… obviamente éramos la fuerza despreciable, nosotros queríamos… era una operación que ya se volvió presidencial. Ya la operación había adquirido el carácter presidencial: es que ya el presidente le dice al Ministro de Defensa y a los comandos de fuerza: “Todos los apoyos pasan a operación.”

[...] Entonces yo me voy y… y ya el agotamiento nos puede. Estábamos a dos diítas de Karina. La habíamos estado… pero teníamos cercada y acordonada la zona, pero el clima estaba en contra de nosotros. Todo estaba en contra de la operación. O sea, no podía haber vuelos de apoyo, los miras no entraban, los camir tampoco… Teníamos el apoyo de varios helicópteros pero solo zonas de ametrallamiento, entonces estábamos muy limitados. Y, por reglas de combate, no se puede bombardear a menos de cien metros. Entonces, obviamente, ellos estaban muy cerca a poblaciones, entonces todo tenía que ser a punta de infantería. Venían otra tropa, otras dos: el Batallón de Fuerzas Especiales 2 venía cerrando por arriba y el 4 venía cerrando por otro lado neutralizando también. Esa fue una operación que hicimos muy buena, que hicimos muy grande. De ahí ya llega el evento, pues, de la mina. El 19 de febrero.

¿Fue en esta operación?

Sí, sí. Fue en una zona minada. El error fue mío porque yo estaba muy agotado y había dos opciones de camino y yo tomé un poquito… el más fácil, literal, en cuestión de geografía. Y, obviamente, allí es que ya caímos en el campo minado. Me matan cuatro soldados, dos en el momento y dos posteriormente en el hospital de Apartadó. Cuando me sacan a mí, yo estaba en la camilla; yo todavía me acuerdo claramente de ese evento, en un pasillo. Y el médico le dice al General, el General C que era, pues, el Comandante mío. Le dice: “No, ya no se lo lleven pa’ Medellín. Ese muchacho no llega vivo.”

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¿Qué te pasó?

Hice un… entré en shock, un shock… ya se me olvidó, ¿cómo se llama eso? pues, la pérdida de sangre fue demasiada. Pues, porque igual a las 8:26, el helicóptero pudo entrar hasta las 8:40. Fuerza Aérea no quiso entrar, que porque las condiciones climáticas y de orden público no eran seguras para la aeronave, entonces mientras venían unos pilotos de Montería que habían hecho muchas operaciones conmigo, el Capitán Rojas, él dijo: “No, a ese muchacho no lo dejo morir. Mi General. Autoríceme ya el combustible, yo… yo saco a esa gente.”

¿Eran 23 personas? ¿Mueren cuatro?

Mueren cuatro, me hieren el perro pero el perro no muere, y dos más heridos.

Y vos fuiste el que pisó la mina.

Sí, sí. Era el único que tenía minas en el pie, pues, heridas en el miembro inferior. Entonces la mina es una explosión cónica, entonces obviamente tenían heridas en carótida y… en carótida, otros en ventrículo, Villadiego tenía múltiples y Palma también tenía múltiples.

¿Qué pasa en ese momento? ¿Sos vos el que…?

Yo me iba a suicidar. Porque es que cuando yo caigo, obviamente no sé cuánto habrá tardado como la reacción, pero eso fue muy inmediato, yo me intenté parar y a mí ya no me daba. Entonces obviamente yo cargaba el arnés, saco la linterna, me miro yo el pantalón y eran como unos mochos, una bermuda, todo se había quemado, pues, las piernas muy heridas, pero cuando yo me levanto el pie izquierdo, yo tenía mi pie, pero como quien dice debajo, en esta zona del talón, se había perdido toda la carne. Entonces yo veía el hueso calcáneo acá, todo. Entonces yo dije: “Yo nunca en mi vida voy a ser un discapacitado.” Saco la pistola y me la pongo en la boca, pero pensé en que a mi mamá no le iban a entregar la bandera. Porque los suicidas no reciben los honores. Entonces yo dije: no. El radio se dañó entonces fue muy difícil sacar comunicación. De ahí pasa… ah, bueno. Entonces el helicóptero llega a las 12:40. Pues, eso ya sí estaba muy mal. Ya cuando llega mi General C, en esa época era Coronel y yo solo veía la mano de él que me decía: “No se duerma.” Y yo solo veía que me daban unas cachetadas muy fuertes. Yo lo sentía muy duro. Y ya me evacúan para allá, llego a las 3:30 al Olaya Herrera. A mí me decían Miami, porque cuando llego al Olaya Herrera, claro, había unas palmeras y yo decía: “Pero, ¿por qué me trajeron a Miami?” Entonces, desde ahí, me quedé Miami. Yo muero clínicamente cuando salgo del Olaya y llego al Hospital Pablo Tobón Uribe con 12 minutos perdidos de consciencia y con muerte clínica. El médico dice: “Este muchacho no. No se me puede morir.” Pero le dicen: “Doctor, ya 12 minutos que lo trajeron, puede entrar en un daño cerebral severo. Entonces que…” No sé qué, blablablá. Todo lo que pueden, pues, como… todas las consecuencias que puede traer una hipoxia de ese tipo. La imagen se me metió en la cabeza, se me metió en la cabeza. Entonces uno se acuerda cuando esos suspiros y eso no se me olvida. Como esa sensación de esos suspiros, ese aire frío, frío, frío, yo solo sentí como que entró frío. Quedo prosopagnósico total.

¿Es decir?

No reconocía rostros. Cero rostros. Yo sabía que vos eras alguien, que me rodeaba pero ni idea. Con el pasar de los días reconocí a mi mamá y empezaron los recuerdos.

¿Qué edad tenías en ese momento?

Emmm, ¿29? 28, 29… Ay, jueputa. 27. Entre 27 y 29. Y yo “¡Ay!” Ya empiezo… a mi papá me demoré más en reconocerlo pero sabía que era alguien muy especial, pero no. Como que… ¿Y no tenías recuerdos de vivencias con esas personas?

Ya empiezo a adquirir, pero quedé con muchos baches. Por ejemplo, los grados de mi colegio son un montaje para mí. Yo veo y yo no puedo creer que eso sea real. Tengo muchos, muchos, muchos baches.

Y eso es a raíz de estos 12 minutos de muerte clínica.

Sí. Yo obviamente yo tenía una afectación del pre frontal y una parte temporoparietal. Entonces, tengo una necrosis del pre frontal. Pues, yo no tengo control de impulsos. Entonces si yo quería orinar, lo sacaba acá y orinaba acá. Entonces ahí viene una terapia larga. “Marica, contrólate.” Y yo: “¿Por qué?” ¿Cómo fue esa terapia?

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Como un perrito. “No orine acá.” “¿Por qué?” “Porque está mal visto.” “¿Y por qué está mal visto?” O sea, yo no entendía la moral. Hay una pérdida de la moral. La consciencia de moral, porque… ¿No hubo pérdida de lenguaje?

Sí hubo un poquito de afasia diría yo, porque es que… y yo creo que me quedé. Y yo creo que me quedé en algunos… yo voy a nombrar algo y soy como… “Y… mmmm…” que a veces es muy normal pero yo lo asocio mucho por ese lado a veces. Entonces parcho demasiado en el hospital. Digamos que yo era muy complicado antes; los amigos que me conocían… yo tengo amigos de 27, 28 años de amistad y me dicen: “Marica, vos sí eras muy complicado.”

¿Antes de este evento? ¿Complicado en qué sentido?

Ay, a mí nada me gustaba. Yo a toda hora estaba bravo. Eso lo conservo. O sea, digamos que… hay una frase de Avengers, cuando el Capitán América le pregunta a Bruce y le dice: “Doctor, vea, no es hora de que se enoje.” Y le dice Bruce que se cree todo (…): “Siempre estoy enojado.” Marica, soy yo. Siempre estoy puto. O sea, a mí ya nada me saca la rabia porque yo mantengo con rabia. ¿Y eso era antes de entrar al Ejército?

No, digamos que ya en la vida militar como que me volví muy así. A pesar de que nunca fui cuadriculado a pesar de que la vida militar pa’ mí siempre fue un trabajo. Yo salí de la brigada y era equis, pues. Me pasaba el policía a requisarme y yo “Ah, dale.” “¿Pero porque no te identificás?” Y yo: “¿Y por qué? ¿A él qué le importa yo qué putas? Pues.” Ah, si iba armado, sí. Obviamente. “Mire: aquí está todo. Está mi salvoconducto.” Entonces como que ahí está. Yo, pues, por qué me voy a complicar yo por algo. Vos me decías eras muy, pues, que tus compañeros decían que eras muy complicado. O sea que hubo un cambio con este… con este evento.

Sí. Digamos que… Vamos a hablar muy coloquialmente. Ni siquiera de los términos de los que buscáramos como psicología comprendiendo la madurez, ¿sí? O sea, no vamos a buscar ese tecnicismo de la capacidad adaptativa, no. Pensemos en la madurez como alguien adulto. Digamos que yo volví a sacar provecho de cualquier cosa en la vida. Me vuelvo demasiado inquieto, obviamente sí pierdo un poquito de capacidad atencional, entonces digamos que no es un déficit. Sí es un déficit, pero es un déficit con traumatismo, ¿sí? Obviamente estuve un año con morfina. El miedo era a la adicción que yo iba a desarrollar. Cuando salgo, salgo a punta de oxicodona. Y yo decía: “ No. Yo no me voy a cagar la vida con drogas.” Dejo las drogas, pues, porque literal me la pasaba muy dopado. Y me da muy duro andar sin prótesis, andar sin prótesis. Cuando me entregan la prótesis, ya como que “Uuufff. Ya.” Duele mucho físicamente, pero emocionalmente me sentía súper bien. Y hoy en día sigue eso, o sea, yo no te salgo si tengo que mandar a hacer mantenimiento de la prótesis y de muletas. No me da miedo mostrarlo. Yo mantengo de bermudas, yo me la quito si me cansa, pero yo no te salgo de la casa sin mi prótesis.

¿Qué significa para vos eso?

Todo. O sea, todo porque yo no quiero ser ese discapacitado dependiente, ¿sí? O sea, mi imagen… si yo no me siento fuerte, si no me siento capaz y no me siento autónomo, no estoy bien. No estoy bien. O sea, ¿Depositás mucho en una prótesis? Sí. Deposito mucho. Deposito mucho porque es que es solo un pie, pero es que es tu capacidad de movilizarte, es tu autonomía, es… marica… ¿Y vos volvés al Ejército después de esto? ¿Cuánto tiempo después?

Yo vuelvo al Ejército, vuelvo a la Brigada de Fuerzas Especiales, vuelvo a hacer operaciones, estoy con el Pelotón de Morteros Especial, doy un resultado operacional, como tirador de alta precisión damos muy buen resultado, participo como unidad de redacción en la Operación… ya se me fue el nombre… Fénix, que es la que se hace en fronteras con el Ecuador. La hacemos antes de retirarme. Pero una ONG pone una denuncia de que yo soy un no-combatiente ante el Derecho Internacional Humanitario. ¿Qué quiere decir eso?

Que yo ya no puedo ir a pelear.

¿Por qué?

Porque ya me falta una pierna. Y ante la ley nacional yo ya soy una persona con derecho a pensión porque yo ya no podía estar. Digamos que a los gringos no les importa. Yo estoy inscrito en Blackwater que es como la empresa más grande de Ejércitos privados; y es una bolsa de empleo pa’ los Militares de las Fuerzas Especiales. Salen cosas muy buenas, lo que pasa es que la gente se mal viajó con el término… con lo de Haití, pero digamos que Haití es una empresa una gonorrea y Blackwater es una empresa reconocida

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y establecida. Pero acá sí es un problema eso, entonces uno entiende. Entonces, como ejército privado, puedo participar en un conflicto, pero ya como un Ejército de un país, no. Tenía que estar en el campo administrativo, pensionado. Entonces allá me sacan de todos los esquemas de seguridad y me sacan de todo lado y me dejan en la calle.

¿Cómo recibís vos eso?

Ya estaba cansado un poquito, yo ya estaba un poquito cansado. Yo ya quería también como bajarle porque quería una vida. Quería una vida porque… incluso en estos días hacía un análisis y yo decía: “Marica, yo nunca me he enamorado.” Y yo: “Marica, voy a cumplir 40 años y no me he enamorado.” Porque si vos le tratás de dar muchos símbolos y muchos signos, muchos significados al amor; y son muy lindos pero todos tienen algunas características. Y yo decía: “Marica, yo me he sacrificado toda mi vida por una institución.” [...] Yo “Ay, como que quiero hacer una vida, quiero enamorarme” Entonces tan, no sé qué. A la mamá de mi hija la quise mucho. Una excelente mamá, pero no me enamoré. Es más, yo no estoy enamorado de mi hija, ¿sí? La quiero mucho, pero yo por mi hija no hago un sacrificio. Económica y financieramente sí, pero que yo tenga que cambiar algo de mi conducta por ella, no. No lo voy a hacer.

¿Porque considerás que el amor va con sacrificio?

Va con un poquito de sacrificio. Y de cambios y aceptación del otro. No. A mí lo que me emputa, me emputa, y se me sale y ya. No le vuelvo a hablar.

¿Pensás que eso tiene que ver con tu formación como militar o… o qué es más profundo?

Yo pienso que puede ser un poquito más profundo, incluso. Porque es que antes no lo hice, o sea. Yo creo que soy también demasiado egoísta. Yo perdí mucho la empatía con el otro.

¿La perdiste cuándo?

Digamos que la vida militar me contribuyó mucho, o sea, porque era una falsa empatía por la bandera. “Viva el pueblo”, “Protejo al débil” pero era más alimentar mi ego, ¿Sí? O sea… ¿Lo sabías desde ese momento o te diste cuenta con distancia?

Lo supe cuando, como tirador de alta precisión maté la primera vez a una persona viéndolo a los ojos. A 800 metros. ¿Cómo fue eso? ¿Eso fue después de las minas? ¿Antes? ¿Cómo fue eso?

No, antes. El tipo era un comandante de cuadrilla financiera del ELN y era un objetivo de valor intermedio, entonces le hicimos seguimiento y lo esperamos por cuatro días a que llegara a la casa. Entonces él estaba comiendo mirando el balcón, en esas casas que tienen, pues, su balconcito, su… el tipo estaba comiendo. Va la hija… va la hija y le dice algo y sale. Pido autorización, autorización, luz verde. Entonces ahí uno suspira. Telémetro: tantos. Viento: tantos. Hago pequeñas correcciones en el fusil. ¡Pam! Y se va. Siempre, antes de disparar, te miran. O sea, no sé qué será, pero te miran.

¿Y vos qué sentiste en ese momento?

En ese momento… esa mirada la tengo acá, ¿sí? Esa mirada como que la tengo acá, porque es como una mirada al infinito. Como que… yo siento como… ¿Es un tiro de gracia?

Sentí miedo. Sentí un poquito de miedo. Y yo: “Marica, ¿qué estoy haciendo?” O sea, como, jueputa. Es que yo ya había matado gente pero en combates, y todo el mundo dispara a todo lado, y obviamente las bajas son tuyas porque vos sos el Comandante, pero uno no sabe esos siete tiros de quién son. Este era uno solo. Y se lo pego acá. Exactamente se lo pego acá. Entonces le desprendo el cuello completamente y queda la cabeza tirada hacia acá adelante. Entonces el man cae. Y la gritería. ¿Vos qué sentís en ese momento?

Me monto. Entonces yo cojo, suelto el fusil, me acuesto así. Entonces estoy así. Estoy temblando así horrible, jueputa. Yo digo, ¿sí?… empiezo a hiperventilarme y yo: “Mierda. ¿Qué hice? (risas) Jueputa.” O sea, es que lo vi. Lo vi. Lo maté a… yo reporto, tran. Salgo, empezamos a salir, empezamos a salir, empezamos a salir, empezamos a salir… pues, obviamente, por ahí dicen: “Si escuchas mi disparo, estás feliz. Fallé. “¿sí? Es una munición subsónica; entonces, obviamente, cuando ellos llegaron al disparo, ya el muerto estaba ahí. Cuestión de… bueno. Pero me queda en la cabeza, me queda en la cabeza, me queda en la cabeza y yo: “¡Eh!

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¡Jueputa, hombre! ¿Y por qué me da miedo?” Cuando sentí miedo, no, era como… como un regocijo tan fuerte. “Si es que este perro lo que estaba haciendo… irrespetando a los perros.” Y después sentí como: “Ah…” como “no somos nada” O sea, yo dije: “Jueputa, no somos nada.” Eso mismo le hice yo a ellos, y en cualquier momento me lo pueden hacer a mí. Pero es como los perros: olí la sangre. Yo dije: “Puta, mándenme a operaciones. Yo necesito volver a hacer esto.”

¿Cuántas personas mataste en tu vida?

Tiros certificados como francotirador 27. Los tengo contados. 27.

¿Qué representan para vos esos 27?

La fama que me precede, ¿sí? ¿Sí? Yo tengo la fama que preceden los que dejan trazo. Yo tengo el 4. De los cuatro soldados que me mataron. ¿Para mí?… me han buscado muchas caídas y me han buscado muchas caídas es que la Brigada de Fuerzas Especiales tuvo… si vos ves los Falsos Positivos, ninguno es de las Fuerzas. O sea, sí hay comandos. Sí, hay comandos, hay metidos pero no las unidades. O sea, nosotros teníamos la presión directa de Casa Presidencial. Y es verdad, Uribe nos presionaba horrible, pero nunca nos dijo “Maten a un civil.” O sea, no le estoy metiendo política al baile, estoy contando los… O sea, yo soy de la política: marica, si a mí me dicen que este hijueputa compañero mío mató a un campesino inocente y me dicen: “Fusílelo.” Yo lo fusilo. Entonces yo juré proteger a una bandera de un país. No justifica nada la cobardía de matar a alguien inocente. Entonces de ahí yo llamé… digamos que es una falsa empatía lo que te decía, pero, pues, realmente como que dejo de percibir y de sentir muchas cosas por el otro. No sé.

¿Y eso vuelve en algún momento o… o sentís que seguís siendo esa persona?

Yo siento que… que sí desarrollé una empatía con personas muy cercanas. Y sigo desarrollando empatía con el débil. Me da mucho pesar… lo que pasa es que pesar no es empatía. Pero a veces siento ese dolor de otra persona que está como… o sea, yo no puedo ver que alguien sea maltratado, no puedo ver que alguien esté vulnerable ni que alguien esté abusando porque no, no, no. Yo no puedo. O sea, incluso yo dejé de andar armado. Yo tengo mi pistola personal y yo dejé de andar armado, pero yo no me quiero meter en problemas por algo. Si están robando a alguien, ¿pa´ qué le voy a meter un tiro a un ladrón? La legalidad me ampara, pero… [...] ¿Para vos qué quiere decir el significante “Violencia”?

Acciones críticas y decididas, ¿sí? Críticas porque las tenés que tomar en un momento de reacción. Primarias. Primarias pero medidas. Medidas en el sentido en que no te podés extralimitar. Pues, son medidas radicales, ¿sí? En mi violencia, ¿sí? Cuando soy violento eso es lo que pienso. Y la violencia en general la veo como ese… ese desencadenante o esa involución social que hemos tenido de un país donde, lastimosamente, se han perdido las oportunidades; un país donde dominó la mala vida; donde, si vos hacés una recolección histórica y un análisis del conflicto, desde la historia precolombina lo vemos, vemos que no evolucionamos. O sea, alguna vez estuve en una charla sobre la violencia colombiana, pero se enfocaron a lo precolombino, y era muy bacano ver que, si bien éramos un pueblo no muy violento entre los diferentes cacicazgos, era un pueblo apático entre los cacicazgos. Un pueblo sin unión. La violencia es el resultado de toda esa inestabilidad y toda esa presión que tuvo Colombia en ese falso desarrollo que tuvimos por muchos años, y que hemos venido teniendo. La violencia es miedo. Es miedo a lo que no puedo ser y miedo a lo que es el otro. La violencia es esa capacidad irracional de resolver el conflicto. Y, lastimosamente, es… es la medida más fácil. Cuando yo no estoy conforme con algo, reacciono violentamente. Tan simple como eso. Soy grosero: una reacción violenta. Así hace otro porque soy incapaz de demostrar mi punto de vista, de demostrar mi capacidad. Y es la forma más fácil de obtener algo también, o sea, qué fácil es ser violento con el otro. Qué difícil es ignorar. A mí me ha costado mucho. Ya lo hago y me siento orgulloso de eso, porque vos me podés decir lo que sea y yo difícilmente voy a reaccionar. Pero cuando reacciono, reacciono muy feo, pero no pierdo los controles, los estribos. Que es como cuando yo digo: vos estás peleando y vos ves un par de niños; niño llamo yo, pues, a cualquier adulto, que se van a pelear y se dejan llevar por esa ira. No, yo lo que hago es controlarme y la utilizo a mi favor. La violencia para mí también es miedo. Miedo de… pero el miedo que me genera la violencia no es hacia mí. No le tengo miedo a un violento, pero tengo capacidad de defenderme. Le tengo miedo a un violento con mis papás, con las personas que quiero. Por eso a veces me da miedo enamorarme, porque me da miedo que alguien le haga daño a esa otra persona y yo digo: jueputa, es que estamos en una sociedad súper violenta, ¿qué tal le hagan daño? ¿Qué va a pasar?

[...] ¿Para vos cómo fue elaborar esto que te pasó, esta experiencia?

Me dolió más retirarme del Ejército.

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¿Fue más doloroso?

Yo lloré. A veces, lloro. Mis compañeros en este momento son Tenientes Generales o Comandantes de Batallón. Y yo digo que, a veces, me da envidia. O sea, te soy muy sincero. A veces yo digo que me da envidia porque, obviamente era mi objetivo de vida. Listo. [...] A veces veo mis uniformes y yo digo: “Qué rico volverme a poner el uniforme.” ¿Sí? O sea. No, y me duele. O sea, a mí tocar ese tema me... me… Con eso que decíamos ahorita y la identificación, ¿vos cómo has trabajado eso? ¿Cómo pensás esa identificación y ese uniforme?

Siempre me pareció muy mañé el militar que quiere verse militar de civil, ¿sí? Pero hoy en día me cuesta mucho no verme como exmilitar, ¿sí? O sea. En estos días mi mamá me dijo: “Ay, mande foto de por allá donde está.” Entonces yo decía: “Marica, yo me sigo viendo muy exmilitar.” En muchas actitudes, en cosas tan simples como las gafas que uso, como todo […] Entonces sí como en muchas actitudes, que, si bien no sé si es mi ojo engañado de querer, pues, como… como eso todavía tenerlo; todavía cargo cosas. Por ejemplo, yo voy pa’l monte, entonces yo me pongo una... pues, pa’l calor, entonces, todavía tengo una jata del Sinaí que la cargué por años. Entonces muchas cosas como que todavía me asocian y como que todavía no soy capaz de dejarlas. O sea, ¿es una cosa que cargás? ¿Es un… cómo el hábito del monje?

Sí, es como el hábito. Exacto. Como que lo dejo. Entonces, por ejemplo, hoy no lo tengo porque se me perdieron los pines, pero siempre uso acá el distintivo de las Fuerzas Armadas Especiales acá abajo en la solapita. Entonces yo lo llevo acá, y bueno. ¿Sí? La boina, la calavera, las flechas de Fuerzas Especiales, las alas de paracaidismo.

¿Hay una calavera en la imagen de las Fuerzas Especiales?

Sí. Sí, siempre se impregnan como con calaveras.

¿Por qué fue más duro retirarte del Ejército y cómo tomaste esa decisión?

Eso es duro. Ve, fue una impotencia. Porque yo ascendía a Mayor en diciembre del 2017, entonces yo vi que hacía dos años no ascendía a nadie herido. Entonces yo dije: “Marica, ¿ahí qué pasa?” Entonces el Segundo Comandante del Ejército era muy amigo mío, pues, un General con el que ya había trabajado mucho. Le dije: “Mirá, ¿yo asciendo? Y me dijo: “Chino, espere, que el comité…” Y yo: “No, mi General. No nos vengamos con güevonadas. Dígame si asciendo o no.” “No, por el conflicto. Usted ya tiene derecho a pensión.” Y yo: “Ah, mi General, yo me retiro.” “Pero, chino, espere.” Y yo: “No. Yo no voy a esperar. Yo no voy a ser Capitán mientras mis compañeros son Mayores.” Cuando se vienen los hijueputas oficiales más condecorados, hay… en este momento, creo que hay tres compañeros más condecorados que yo. Pues, de orden público. Hay unos que tienen más, pero son porque vienen con unos cargos administrativos donde dan otro tipo de medallas. Pero yo, a la fecha, cuando yo fui a ascender Mayor, yo tenía catorce medallas. Y tenía compañeros con una, con dos, compañeros que eran excombatientes con honores, con seis. Yo tenía catorce, ve, doce cursos de combate. Tenía las de paracaidismo con estrella azul que son, sobretodo, operacionales. Cosas que yo decía: jueputa, es que yo tengo asegurado ser Comandante de Batallón de Fuerzas Especiales. Entonces yo me retiro. Y me retiré. ¿En qué año fue?

En el 2017. Y cuando me retiro, jueputa, la última vez que me puse el uniforme yo lloré, pataleé, me despedí de mi perro, pues, un perro que teníamos allá en el destacamento y yo lo abrazaba. Conan. Y el perro lloraba, yo lloraba. Y me dio muy, muy, muy duro. ¿Era renunciar a qué?

A mí. Era renunciar a lo que yo era, era renunciar al mando, era renunciar al uniforme, era renunciar al poder, era renunciar a las aspiraciones que tenía, era empezar de cero. O sea, era empezar que yo me gradué con pelados que no sé, tendrían 22, 23 años o menos y yo iba en la misma de ellos, era un recién graduado. Me dio muy duro, o sea, me dio súper, súper, súper duro. La pierna también, no voy a decir que no.

¿Para vos eso fue un trauma?

¿Qué?

¿La pierna?

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Lo que vino después. Verme sin una pierna, sí. Incluso a veces. No me gusta mirarme sin prótesis. Yo me veo a un espejo con prótesis… pero sin prótesis me siento como… como… como tan a medias… como que… me siento tan feo. Qué muñón tan feo. ¿Tuviste que elaborar eso? ¿Cómo fue ese proceso o cómo…? ¿O todavía no te sentís aceptado completamente? Por ejemplo, cuando me voy a desnudar con alguien por primera vez. Me da cosita. Todavía me da como que… como que… igual lo muestro, igual, pues… pero… pero a veces no es fácil. Y, digamos que, la imagen de quererme ver fuerte, de quererme ver grande es un compensatorio de lo que no tengo, de los que no soy ya. Una retroalimentación que me hacían en […] la psicóloga me dijo: “¿Qué tan consciente sos de que eres discapacitado?” Y yo le dije: “Mucho.” Y me dijo: “¿Sí?” y yo le dije: “Sí. Tanto que lo niego.” O sea, soy tan consciente, que lo niego. [...] Nadie es indispensable. Pero es porque yo le meto el culo a todo. Porque a mí no me da miedo irme pa’l monte, no me da miedo ir a una vereda a irme a parar. Me para la guerrilla “¿Qué hubo, cucho? ¿Qué más, hermano?” “No, yo voy es camellando.” ¿Me devuelvo? Me devuelvo. No tengo problema. Pa’… “Ingeniero, ¿pa’ dónde va?” Pues, como tengo un uniforme, todo el mundo cree que yo soy ingeniero. [...] ¿Y te has encontrado con guerrillos?

Sí, sí, sí, sí.

¿Y qué pasa en ese momento?

Ya soy consciente de que ya no soy un soldado.

¿Sentís ese odio que sentías?

Sí, sí, sí, sí, sí, sí. O sea, los veo y los veo muertos. Como “Ay, tan rico verlos muertos.” (Risas) Porque es que hay algo que no sé si eso es lo aprende uno… ve, eso es algo que me dejó la violencia, digamos. Ver tantos muertos… yo veo a alguien y lo imagino muerto. Cómo es la cara de un muerto. O sea, cómo pierde esa gesticulación, cómo pierde esa vida y cómo el rostro de muerto. Y eso me parece… feo. O sea, porque ver a alguien e imaginártelo cómo sería la cara de muerto. Y lo he hecho con mucha gente. Por eso cuando muere un ser querido o conocido, no lo miro. Porque no quiero saber si estaba equivocado o si tenía razón. Lo que no quiero es: que tenía razón y dijera: “Ay, sí. Yo sabía que se iba a ver así muerto.” Quiero aclarar: no es que yo lo quiera ver muerto, no. Me lo imagino cómo es su rostro.

[...] ¿Vos hacés sueños relacionados con tus vivencias en el Ejército?

Sí. Muchos. Muchos.

¿Cuál se te ocurre?

Que no tengo botas. Que me levanto y estoy con el uniforme, y sin botas y tengo formación. La agonía de no tener botas y salir descalzo a una formación. Sueño que tengo munición y estoy en combate, y disparo y la bala hace esto: se cae. Y yo soy “¡Puta!” y cargo, y cargo, y cargo y no me dispara bien y yo soy… esa agonía. Y el sueño más recurrente pa’ mí sí es volar. O sea, y salgo volando, o sea, y que me están persiguiendo, y me van a matar y salgo volando; y me tiro por los árboles y me tiro por unos despeñaderos y empiezo a planear. Eso lo sueño demasiado. Demasiado. Pero nunca he tenido. Como esos sueños muy relacionados con estrés postraumático, no. No.

¿A vos estos significantes de ‘Víctima’ y ‘Victimario’ a qué te remiten?

Víctima, el inocente. Victimario, el guerrillero, ¿sí? Alguna vez una novia que tuve me decía… ella había… era odontóloga y que ella había trabajado pa’ la guerrilla, porque le tocó, ¿sí? Le dijeron: “Venga, la necesitamos” Y se la llevaron por allá y la devolvieron. Y le pagaron, inclusive. Le pagaron súper bien. Me decía: “¡Pero es que eran niños! Yo vi gente que era noble. Eran personas.” ¿Cierto? Para mí no lo van a ser nunca.

[...] No creo en el perdón. No creo en el perdón, no pido perdón, no creo. No pido perdón. A nadie le pido perdón. Digamos que por eso no tengo un dios, porque yo a nadie le voy a pedir perdón. No me arrepiento de lo que he hecho. Pero tampoco creo en la inocencia del otro y no creo que alguien se arrepienta completamente de algo. Creo que si lo hicimos fue un momento de decisión y como

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decisión, tenés que cargar con esa responsabilidad. Entonces no tenés por qué pedir perdón. ¿Por qué te vas a arrepentir si lo hiciste en su momento porque querías?

¿Cómo decidís tatuarte las 27…? ¿Cómo se dice eso? ¿Bajas? ¿Y los cuatro…?

Porque era la fama que me precedía. Yo me lo hice en ese momento por ellos. Porque, como tirador, vos tenés un retablo, donde vas diciendo cuánto llevás o cuántas distancias. Llenás unos cuadros.

¿Pero en ese momento ya sabías que no iban a ser más de 27?

En ese momento, no. En ese momento ya había salido del Comando de Destacamento de Tiradores y dije: “Yo creo que ya. Ya de aquí… solo voy a contar lo que haya hecho con mi regimiento.” Entonces… entonces en ese momento me retiro de, pues, sí. Esa mirada, esa mirada que me describís… Que todos miran. Eso se queda. Yo me acuerdo de todos. Me acuerdo de todos y no es que no los deje ir; ya no los odio. En su momento los odiaba. Y si me decís “¿Me siento orgulloso? “ Sí, me siento orgulloso porque hice un juramento, y creo que protegí a quienes debía. Nunca cometí una baja irregular, nunca nada.

¿Cómo te relacionás vos con tu historia? ¿La compartís con otras personas?

No me avergüenza. Y si alguien pregunta, yo le digo: “Si va a preguntar, no me va a cuestionar.” ¿Sí? O sea, yo se la comparto con el… no me vaya a decir “Ay, qué pecado” No.

¿Te has sentido juzgado?

A veces. Mucho.

¿Por quién, por ejemplo?

En la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía, son a veces como súper “Hey, pero, ¿por qué?” “¿Por qué? Porque era mi misión.” Por algunas personas de mi círculo, que “¡Ay, pero qué pecado!” Pero más si… pero no me he sentido, pues, como recriminado, pero sí juzgado. Entonces… a veces me da como rabia que crean que uno entró al Ejército porque no podía más o que lo soldados son eso. Pero me siento tranquilo y no me da miedo aceptar lo que soy, lo que fui. [...] Hay una frase, que no me acuerdo quién la dijo, y es que “Los soldados solo tendremos paz el día de la muerte.” O después de la muerte. Obviamente, voy a llevar esa carga de ser soldado siempre, ese peso moral, ese dolor y esa impotencia de ver actos de crueldad de otros. Obviamente, tengo miedo de no poderme defender un día. Pienso que… que la vida es un ciclo, pero no todo se cierra y no todo se acaba, ¿sí? y en este caso es por elección mía. En este caso es porque a veces me gusta ver mis fotos y recordar. Y vivir ese momento. Pero la guerra, si bien el tema es ‘violencia’ pero la guerra, que fue lo que yo viví, no lo puedo desligar: obviamente ‘guerra’ es ‘violencia’, obviamente deja marcas, deja algunas tallas en tu ser que vos. “Jueputa.” A veces las querés borrar. Si vos le metés el cuento etéreo a esto, te ayuda. Y si “¿Qué somos?” Según la creencia de cada quién, ¿sí? ¿Tenemos un alma? ¿Y qué pasó con esas almas? ¿Qué pasó con esas energías? Yo no soy creyente, pero a veces digo: “Marica, y ¿qué tal? ¿Qué pasará después de mi muerte? ¿Será que voy a recibir una condena? ¿Será que voy a ser juzgado por un ente superior o simplemente seré como un perrito? : Que me morí y ya quedó la carne ahí y ya.” O sea… se apagó el cerebro. ¡Bum! Entonces a veces sí me da miedo qué pueda venir después, pero no me arrepiento. Nunca me voy a arrepentir.

¿Sentís que podés ser juzgado por algo en ese sentido?

Siento que no estoy en capacidad de decir que voy a ser juzgado o que no voy a ser juzgado. Elegí no creer, pero mi elección no quiere decir que sea la verdad. Obviamente vengo de una casa católica, un hogar católico y digo: “Jueputa. Bueno, yo hice las cosas por el bien del otro.” Yo vivo los diez mandamientos. Sin creer en ellos, pero no le robo a nadie… bueno, “no matarás.” Pero la Iglesia dice que, en ese caso, yo podía. Pero… pero me da miedo es que alguien cercano a mí pague lo que yo he hecho si lo que hice fue malo. Porque lo disfruté. Y hay unos rasgos antisociales que yo no voy a poder negar ni me hace interés negarlos, porque sé que hay rasgos antisociales en lo que hacíamos, en lo que éramos. Y en lo que yo era en particular, pues, no hablemos en plural. Porque lo disfruté y a veces me arrepiento de disfrutarlo, no de haberlo hecho. O sea, lo dejé de ver como un objetivo operacional, como una misión; pero lo hice. Y ese placer que sentí, no sé placer asociado a qué… eso sí a lo sexual no, nunca sentí una excitación por eso, pero sí me sentía más hombre, ¿sí? “Marica, es que yo lo hice”, ¿sí? Yo pavoneaba, ¿sí? O sea. Marica, yo hice esto. Yo

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llevé a esa tropa a la victoria. Yo quité esa biga. Entonces me arrepiento de haber sentido placer. Me arrepiento a veces de haber visto videos míos en operaciones y decir: “Ah, qué chimba, marica, como cayó ese hijueputa.” No debí haber hecho eso. No, debí haberlo hecho porque era mi misión, no debí haber sentido eso. Pero las emociones no las puedo controlar. No sé, quisiera… ¿de qué me arrepiento? De haber sentido placer. De eso sí me arrepiento. Me arrepiento y ya no se puede cambiar. Ya si va a haber un momento en que uno sea juzgado por eso, tocará afrontar lo que venga. Tocará afrontarlo. Pero sí tengo la cara en alto y que nunca hice algo fuera de la ley o… ¿me dejé llevar de mis emociones? Sí. Y dolor de mis cuatro soldados muertos. Los 19 de febrero pa’ mí es un dolor. Porque eran mis soldados y estaban bajo mi mando. Entonces eso sí me genera a veces angustia de qué habrá sido de los hijos de ellos. ¿Qué pasa si yo no hubiera tomado esa decisión? ¿Dónde estarían? ¿Dónde estaríamos? Pero bueno. Eso fue lo que nos tocó y, pues, hoy en día trato de ser objetivo. A veces me cuesta un poquito la capacidad de negociación y todo, pero ya voy dejando de ser tan radical lentamente.

Anexo 6: Daniela (Rioblanco) - El paraíso perdido y el río como testigo y refugio del traumatismo.

me podrías describir el lugar donde creciste.

Lugar donde cuando yo crecí, eh, vereda El Cambrí, del sector Puerto de Saldaña, un municipio de Río Blanco. Finca El Edén, nada más. Eh, una finca que quedaba a la orilla de la caballería. Ahora ya la caballería aquel día puerto día Herrera. Herrera, la la vía central prácticamente. Y a la orilla del río, nosotros vivíamos a la ribera del río. Este lugar donde nosotros crecimos fue por por mucho tiempo, por muchos tiempos, digamos, por ahí hasta el 96, 97. Fue Fue Fue un lugar muy tranquilo. muy tranquilo, mi papá, mi papá era un atleta y él él se la a pesar de tener su finca él se ha mucho deporte.

Entonces él nos hacía madrugar con él a hacer ejercicios por todas las actividades, por porque a ir a a bañarnos al río, manteníamos en el río todos los días y no almorzábamos y no nos llevaban al río. Y teníamos un contacto muy cercano como con la finca y una libertad de movernos para todos lados. Teníamos una una que una una libertad hermosísima. Contacto con todos los vecinos. Eh, podíamos madrugar tipo 4, 5 de la mañana, salir a la calle a trotar con papá, a la carretera trotar con papá, carretera arriba, carretera abajo. Eh, bañarnos en el río el día que quisiéramos a medida de que lloviera. Y tener como toda esa libertad verdad, era un eh clima hermosísimo.

Eh, mi familia se compone por se componía en ese momento por mi papá, mi mamá, un tío, hermano de mi papá y un tío que era especial. Mis dos hermanos y yo, mi hermana y mi hermano y yo. Y y sí, para esa época yo tendría que por ahí unos 10 años yo creo. Con unos 10 añitos, 9 10 añitos. Era muy rico, muy rico vivir, dependíamos netamente del aguacate.

La finca era totalmente aguacatera. Cultivaba cultivos de caña, de cacao, de otras cosas, pero era el el lo más importante de lo que de vendiamos todo era el aguacate.

Pero sí era una unos tiempos muy bonitos, la integración entre las comunidades era hermosísimo, de escuela en escuela, las veredas como se se daba mucho y todavía se da mucho el microfútbol, el fútbol de de en cancha pequeña. Y y era muy normal salir por las tardecitas, tipo 6 de la tarde salía la gente de trabajar y se reunía en la canchita que había para jugar mí, tíos, más porque estábamos paja de época, estábamos estrenando cancha. Y y jugar microfútbol y la familia pues alrededor de los papás de los jugadores, los muchachos. Entonces era era un ambiente muy bonito, muy bonito de todos.

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¿Qué momentos recuerdas que disfrutabas?

Bueno, ya en mi adolescencia. recuerdo, el río. Yo creo que lo que más disfrutábamos nosotros era el río. yo. Yo principalmente. Yo principalmente tengo una conexión con el río muy bonita. Y y qué y y mis papás, mis papás normalmente nos dedicábamos mucho tiempo y cuando ellos acaban ese tiempo para dedicarnos era la orilla del río. Era como siempre la orilla del río, eso es lo que yo más recuerdo de mi adolescencia, las cosas positivas en en medio de todo que ya ya para mi para mi adolescencia estaba un poco más compleja la situación porque ya no era lo mismo que en el 97. Ya póngale 98, 99. Se puso un poco como más densa la situación, entonces ya ya había muy pocos espacios eh fuera de la casa que fueran como seguros.

Entonces, lo único era la la Rivera del Río. Nosotros nos íbamos y nos estábamos allá, compartimos con papi, con mami, en Sancocho a la orilla del Río. Y como como esos espacios los que yo más presente tengo. ¿ cómo era un día normal para ti?

Bueno, en la época de mi adolescencia, un día normal era ir a la escuela. Primero, madrugar, ya hacíamos los ejercicios ya para mi adolescencia, hacíamos los ejercicios dentro de la casa, debajo de la ramada. Teníamos que correr eh alrededor de la ramada porque ya no podíamos no podíamos usar la carretera porque desde 6 a 6 de la mañana no tenía que circular gente. Eh, se da la libertad para circular. Que se ha prohibido el paso de la gente en la carretera.

Entonces, y mi papá ya no podía madrugar a ser a bañarse Eh, hasta que fuera después de las 6 de la mañana. Y hacíamos ejercicio, ya muy ciega y media de la mañana nos mandaban para la escuela. Nos mandaban para la escuela o mi papá mismo iba y nos llevaba, dependiendo de cómo estuviéramos la situación, si no si no se ha escuchado nada extraño, papá nos llevaba él mismo a la escuela. Nos llevaba y se devolvía y si no se tornaba con mi mamá. Y ya íbamos a estudiar, a mirar a ver qué ha pasado porque casi siempre había una noticia diferente. Eh, como nosotros el el el centro de la guerra en ese momento fue el río en el que nosotros estábamos. Entonces, eh casi todos éramos la la la misma que daba la orilla del río. Entonces, cuando no era que había muerto más abajo, había muerto más arriba y que lo habían echado al río, que estaba la orilla de la carretera o que cualquier cosa de esas. Yo siempre era como la novedad dentro de los estudiantes, entre los papás eh el que pasaba o el que había pasado el día anterior. Y más si no fin de semana.

Y y ya estudiábamos, estábamos con éramos más de 25 alumnos. Compartíamos ahí dentro de la escuela y ahí nos íbamos para la casa. Después de mediodía acompañábamos a a mi papá a la finca. Lo acompañábamos a recoger el ganado, a abonar el ajúcate, a estar pendiente.

Y hacer tareas y en la noche muy a las 4 de la tarde, 5 de la tarde ya todo el mundo les pegando para la casa porque a las 6 de la tarde todos teníamos que estar en la casa. Todos por seguridad teníamos que estar ya los cada uno en su casita. Nosotros por lo menos no teníamos luz. Entonces logramos compartir mucho por eso, que no teníamos luz ni televisión.

Entonces al no tener ese tipo de de cosas nada más era el radio. Entonces papá escuchaba noticias en la radio y ya nos compartíamos, jugábamos un rato y nos acostábamos a dormir, entonces eso era como el como el el diario vivir a a menos de que hubiera algo extraordinario porque papá era presidente de junta y cuando no era presidente, él siempre hacía parte de la junta de acción comunal.

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Entonces, siempre que pasaba algo así como relacionado con muertes o cosas así, siempre los mandaban a ellos a hacer levantamiento, hacer cosas así. Pero de resto, era un día, digamos, tranquilo.

¿Y cómo te sentía respecto a que no podían salir o que ya tenían que irse antesitos para que no los cogiera la noche?

En un principio, mi papá trató de camuflar la situación diciéndonos que que simplemente, bueno, con nosotros más usábamos, mi hermana era muy fanática de hacer ejercicio, era demasiado fanática que yo era más bien floja, así que Entonces, mi papá decía que no salíamos por mí mejor. Pero pero sí comencé a no haber eh haber muy limitado a mi papá. A ver muy limitado a mi papá y al mismo tiempo cuando limitaban ellos al ver ese peligro, pues nos limitaban más.

Ya nosotros no podíamos ir a poner el agua solos, ya ya que ya había veces que cuando había nosotros dábamos cuenta, si ellos nos lo dijeran, nos dábamos cuenta cuando había un muerto para la parte de arriba de la sabicera para la parte de abajo porque ellos no nos dejaban transitar. No nos dejaban transitar aquí tuviéramos la emergencia más grande y no nos mandaban para allá. O nos encegueaban. O cuando había habido un muerto que lo echaran al río, entonces nosotros no íbamos al río.

Y mi mamá dice, "No, hoy no, no, hoy no nos vamos a ir, nosotros no más es que no tenemos hambre, llévenos al río, así nos nos da hambre." Y dice, "No, hoy no, hoy comen y si no van a comer pues no comen, pero no vamos a ir." Ellos ya comen empezamos nosotros a entender la dinámica por más que ellos no nos informaran de lo que estaba pasando. Porque mi papá simplemente decía, "No, hoy no vamos a madrugar. Hoy hoy nada más tal cosa." Mi hermana se paraba con el apante de hacer ejercicio y decía, "Mi papá dice, "No, no, ya no. Vamos a hacerlos acá. Vamos a hacerlos acá." Y me dijo, "No, que vamos a caminar, a Cuevaca." No. Vámonos, estamos acá. Acá hacemos el ejercicio y nos organizamos y nos vamos para la casa, para el para la escuela. Entonces, ya uno comenzaba, aunque no los papás no le informara porque mi papá y mi mamá trataron de, en especial mi papá, de como hacernos vivir muy normal en medio del entorno.

Ya no podíamos salir solos, ya eh había días que no nos dejaba salir de la casa. Y era como porque ellos sabían que estaba había personal muy informado por ahí en la zona o que había habido algún incidente antes. Entonces, papá y mamá nomás eran como muy alejado de usted. Y más bien lo que hacía era que nosotros O sea, evitar que nosotros tuviéramos contacto con ella.

Y ya uno por curioso, ya uno por por accidente, miraba cosas, pues que de pronto mi papá y mi mamá habían habían evitado al máximo que nosotros viéramos como ver un muerto, como como el con tener encuentros con con con los paramilitares o con cosas, ellos evitaban al máximo que nosotros tuviéramos ese tipo de situaciones. Entonces, más por eso si a ellos los encerraban, pues a nosotros nos encerraban más.

Entonces, sí era muy incómodo y sí se sí se sentía y se convertía en sentir de una otra manera, yo fuera la mayor. Yo comencé a a percibir la la situación y más porque una vez llegaron a la casa y pues no o sea un motivo especial. Entonces, mi tío se escuchaba un programa que se llamaba era de los soldados, lo daban en la radio. Una como una novela de los soldados.

Se llamaba Héroes de la Patria, algo así. Algo así. Algo así. Este caso era de los soldados y mi tío miraba escuchaba mucho radio porque él no tenía mayor movilidad ni O sea, él era un hombre grande, acorpado, pero él no tenía un

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cerebro como el mío. Entonces, él se sentaba y a escuchar esa radio. Entonces, él tenía muy claro el lenguaje de de de los militares.

Y y cuando él veía un militar, cuando él veía un militar una persona uniformada el bando que fuera, él se le presentaba como si fuera militar. Pues lo saludaba como si fuera militar, ¿me entiende? Y y era en medio de la inocencia de mi abuelo, de mi tío. Entonces, una vez llegó llegó la O sea, nosotros estamos en un territorio que mandaba los paramilitares, pero que cuando quería entraba la guerrilla.

Entonces, nosotros estábamos a la orilla de la carretera y éramos éramos que era estábamos bien a la orilla de la carretera y esa carretera cuando no subían los unos bajaban los otros. Eh, entonces una vez pasó la guerrilla y mi tío estaba en la en el andén, ellos estaban en el andén de la calle, fue a escuchar ahí. Cuando cuando ellos llegaron, este mi tío pues era la cara amable que llegaba, o sea, que llegaba a la casa y la primera cara amable que encontraba era la de mi tío. Y mi tío se lo saludó.

Eh, y este qué y este Él llegaba y estaba. Sí, y entonces llegó y lo saludó normal, lo saludó como como como saludar a un militar. Y y lo cogieron y le dieron una golpiza tan horrible.

Ahí yo entendí que nosotros no estábamos siendo hasta cuando yo pude enfrentarle a papá y y mi papá se paró y mi papá simplemente mi mamá le decía, "Él es como un niño, él es como un niño, ¿lo entiende?" Y y que y y mi llamó a mi papá, nos mandó a llamar a mi papá y mi papá vino y lo único que hizo fue pedirle al señor que le permitiera hablar, que mire, que era que que él era una persona que que era especial, que no sé qué, que se cuándo. Pero pero lo trataron horrible.

Trataron horrible, lo maltrataron. Y mi tío no Entonces, es que iba a entender. Es que iba a entender ya de ahí para allá casi todos los soldados eran malos, entendían que todos eran malos. Y y era por eso, porque ahora todos lo redondeaban en una sola cosa. Y ya tocó coger a a mi tío y meterlo para la parte de atrás de la casa, mantenerlo en la parte de atrás de la casa.

Porque ya con él no me podía controlar lo que lo que el hombre O sea, cómo él reaccionaba con la gente, que ella tocó mantenerlo detrás de la casa. Pero Entonces ahí yo comencé a entender que nosotros no teníamos ningún tipo de libertad que nosotros estábamos siendo estábamos, o sea, siendo dominados de una manera que no no era la de nosotros, porque nosotros teníamos una libertad muy distinta, nosotros jugábamos como mi tío a los soldados. Eso era un juego normal.

Sí, como como darle vida a la novela. Entonces, ya nosotros nos la pasábamos en eso. Era el único contacto como con la televisión, digamos, así que teníamos. Y así era por la radio. Entonces, sí, ya en ese tiempo nosotros nos comenzamos a decir como muy vulnerables, entonces ya voy como para el 99. Al 99 ya ya que ya ya era más complejo. hubo momentos en la vida cotidiana que cambiaba por lo que ocurría alrededor.

Claro. Muchos. Muchos porque Se puede ver que nosotros nunca nos vimos afectados de muertes de de personas familiares de nosotros, ¿no es cierto? Muy muy cercanos.

Pero y hay gente que no valora tanto la libertad como de pronto la llega a valorar alguien que le limita el todo. Que con quién conversa, el que lo visita no lo puede visitar los familiares, el el cómo se puede movilizar y para dónde se puede movilizar. Todo eso es es algo que cambia totalmente la vida cotidiana de una persona. De un niño, de un adolescente, de lo que sea.

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Los adultos de pronto en medio de todo de sumadores, ya entienden que hay una deuda alrededor y que y que eso genera un peligro y que aunque ellos no hagan parte de esa guerra, o sea, no hagan, no sean no estén militeando dentro de esa guerra de todas maneras este Eh, aunque no estén militeando dentro de esa guerra siempre tienen que mantener como como muy muy precavidos, cuidarse, cuidar la familia, para guardar todo lo que tienen a su alrededor, las cosas que han construido y todo.

Y de pronto terminan agachando la cabeza y agachando la cabeza y cediendo a muchas cosas con tal de mantenerse en un sitio que por años lucharon por tener como una finca, una casita y por lugar como mantener integrado a una familia. Y sin embargo, uno tiene que como asumir tantas cosas entre esas perder espacio, libertad, tradiciones, muchas cosas por por hacer caso, porque se le termina devolviendo su O sea, sumiso a hacer caso y no se puede salir, no se puede traer gente si hay un desconocido, no se no se puede determinar si mataban una persona y no daban la orden de levantarlo esa persona y se quedara en la calle así la humanidad de uno dijera que tocaba hacerse un levantamiento, que tocaba hacerse un tiro de ese, no, no, tocaba simplemente de hasta que no dieran la orden de levantarlos. Hasta que no dieran la orden de de decir, "Se puede mover para para tal parte." O sea, comienzan a verse tan limitados que sí todo cambia. Muchas cosas cambian eh en la vida cotidiana.

¿Y qué hacías para manejar ese miedo o esa incertidumbre?

Yo creo que mi papá mi papá, mi mamá era demasiado nerviosa.

Mi mamá es demasiado nerviosa, mi mamá tiene incluso en ese momento está desgastando unos problemas de corazón muy serio. Entonces mi papá era como esa persona papá es una persona muy cómica, digámoslo así. Él a todo le buscaba el chiste, la charla, nos sacaba el cuerpo para no no hablarnos de algunos temas. Para hacernos como vivir ¿Cómo le digo yo?

como la propia realidad de nosotros, una realidad distinta, ¿sí? Entonces, simplemente si si él no quería que nosotros nos diéramos cuenta de algo, pues entonces él nos cambiaba la torta de alguna manera, pero no nos no nos dejaba tener mucho contacto. Pero ya cuando eso pasaba, que simplemente nos hablaba, papá llegaba el momento de que conversaba con otros amigos, simplemente no podemos salir, no vamos a ir. Eh, es que por qué mataron a ese señor, ¿por qué ese señor se murió? ¿Por qué está allá?

¿Por qué no lo quitan de ahí si ya huele a feo? No, porque es que no dejan por tal cosa y luego era malo, no sabemos, decía papá. No sabemos, pero tampoco lo conocemos y no no podemos hacer nada. Y él comenzaba a explicarnos, explicarnos ya cuando yo fui creyendo un poquito más.

Ya papá simplemente decía, "No, mami, simplemente no preguntemos tanto, no nos hagamos tantas tantas preguntas, simplemente entendamos que los malos están haciendo sus cosas y nosotros Nosotros tenemos que estar acá. Ya. Vaya a hacer tal cosa, vaya a hacer tal otra y nos acaba el cuento. No nos no nos dejaba casi y así yo creo que le pasaba a la mayoría de los papás.

Ya yo estaba en un tema de adolescencia que uno lo hacía más que que vivir en incertidumbre, uno quería saber qué pasaba. ¿Y me entiende? ¿Sabe por qué no lo dejaba mirar un muerto? ¿Por qué no lo dejaban ir y y saber, o sea, encontrar como la razón llegar la razón del porqué se había muerto la persona. Que ya nosotros en la escuela teníamos un combito de amigos y nosotros nos volábamos a ir a mirar qué pasaba.

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Cuando los papás se iban a hacer levantamiento o alguna cosa, nosotros ya habíamos llegado de alguna manera a mirar qué pasaba. A mirar por qué se había muerto o cualquier cosa así.

Que incluso tuvimos experiencias muy pesadas por estar de curiosos, por estar de curiosos y es más porque uno a la final en la en la adolescencia no es tanto el miedo y la incertidumbre, sino la curiosidad y la y las ganas de de de querer hacer que las cosas funcionen diferentes. si entiende la mente de un adulto, dice, "Esto está hasta aquí voy a llegar y ya." ¿Sí me entiende?

Pero un adolescente o un o un niño tiene una idea más como más fantasiosa de las cosas, ¿sí? Entonces, cree que puede resolver las cosas como como de manera más fácil.

Entonces, si si nosotros éramos muy demasiado curiosos, pero papi era uno que cuando por lo menos habían balaceras o habían cosas así, simplemente papá buscaba la manera de de que todos estuviéramos en la casa, mamá de ponerse a orar, eh de de que estuviéramos integrados, lo más importante para él apenas sonaba un tiro o cualquier cosa era que todos estuviéramos en la casa.

Y tocaba que ir hasta la escuela por nosotros iba y nos encerraban en la calle y nos teníamos ahí hasta que mi papá considerara seguro que pudiéramos volver a salir. Y y así y sí fue muy duro y más que acercando a los al año 2000 porque se necesita tiempo ya incluso hubo un momento en los que se ponía tan complicada la cosa que nos tocaba. Mi mamá se llenó tanto de nervios y mi mamá no hacía a dormir con ropa y con zapatos. Ya todo el tiempo no hacía dormir con ropa y con zapatos.

Ya llegar a una época en la que teníamos que dormir sin zapato no le daba frío. Y y que y y todo eso era por el temor que mi mamá tenía y ese temor a mí nosotros nos nos daba como miedo, pero al mismo tiempo curiosidad, ¿sabes qué? Era por qué mi mamá tenía tanto mi papá trataba de camuflarlo muy bien, pero pero mamá mamá no, mamá era más evidente.

Pero sí, todas ese tipo de cosas pues le sentaron a uno nervios, eh miedo, pero como le digo, era más como la curiosidad y el deseo de de que las cosas volvieran como que deja la normalidad. Eh, ahorita nombrabas que hacían como fantasía. ¿Qué fantasías recuerdas?

Ah, y acabar con los malos. Esa era la mayor fantasía.

La mayor fantasía era uno poder separarse para en la valla y decir qué es lo que pensaba. ¿Sí? Poder separarse y y decir, ¿no? Yo no estoy de acuerdo. ¿Sí? Una vez me dijeron y yo creo que esa fantasía se terminó o o se calmó en el momento en el que una vez fue una reunión de de presidente en el en la finca, en la en la escuela de la finca. O sea, que reunieron un montón de presidentes. Y y un señor que se paró y dijo, "Qué pena con usted, pero yo no voy ni con el uno ni con el otro." Y esa vez se hizo una reunión. Prácticamente nosotros estábamos en clase. Nosotros estábamos en clase y y llegaron. Llegó para mí un requero para caminar.

Llegaron y se pararon y y comienza a llegar gente. Gente civil. Pero no de ahí de la vereda. Resulta que improvisaron una reunión con presidentes, con sí como con líderes. Y los metieron todos ahí. A nosotros nos mandaron nos mandaron para el otro salón.

Y hubo un momento en el que un señor se paró y dijo Yo no estoy yo no estoy cuando mi papá le contaba a mi mamá porque nosotros teníamos en el otro salón que simplemente no estaba de acuerdo y no era parte de ningún equipo de

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ningún grupo. Entonces el señor decía que él no toleraba los grises. Que existían negros y existían blancos. No había grises. En la vida no existían los grises.

Que siempre una persona jalaba para un lado y jalaba para el otro. Entonces, que o estaban con ellos o no estaban con ellos. O eran enemigos de ellos. Entonces, el señor nos entregó un sombrero grandísimo porque cuando nosotros nos sacaron del colegio, nos sacaron de la escuela, después de eso, lo único que quedó como a yo creo que fueron 2 m del personaje fue el sombrero, un sombrero grande.

Y y el señor se paró y él dijo que no. Y que qué pena, pero que él no jugaba eso. Y no era ni iba con la gubilla ni compartía ninguna cosa que hiciera la gubilla y menos con ellos. Él había comprado una finca, estaba trabajando una finca, iba a sacar adelante una finca y una familia y no le importaba nada más. No queda nada más que ver con ellos, que si ellos iban a matar, que me mataran. No queda nada más que ver con ellos.

Fue más lo suficiente para que ese señor lo matara. De frente de todo el mundo. Que para y dijera eso. Entonces, ese día papá en medio de la del conocimiento que tenía de la curiosidad, de las preguntas, de tantas cosas que nosotros hacíamos. Ese día, papá Sí, cuando nos llevó para la casa, que lo único que yo alcancé a ver fue el sombrero del señor en el suelo.

Cuando llegó para la casa, papá se fue con mi mamá, nos dejaron en la pieza y se fue con mi mamá y dijo que lloraba de la tristeza. Y él lloraba de de ver la impotencia de tener que que guardarse lo que pensaba, sí. Sí, todo. Entonces ese día mamá se sentó con nosotros y mamá entre nosotros con la curiosidad de qué va sabe por qué el tiro, de porqué todo. Y y por qué no la sacaba aquí con bien. Yo salí.

Este, entonces mamá que le dijo, "No, maita, lo que pasa es que nosotros eh vivimos en esta y en esta y en esta situación y nosotros sencillamente no podemos opinar. ¿Lo entiendes? Y nosotros y nosotros no, pues está mal, digámosle entonces a tal a la policía, digámosle a la al ejército, mire qué tal cosa. La digo, "Pa, no." simplemente nosotros vamos a hacer que mientras todo esto pasa, porque mi papá siempre tuvo la esperanza de que eso iba a pasar. O sea, mientras todo esto pasa, nosotros vamos a quedar calladitos. Mi mamá decía, "No, nosotros vamos a vender la finca y nos vamos a ir de acá, pero la finca nosotros no valíamos sentados en la situación en la que estaba." Por por la misma por el mismo conflicto este, bueno, nadie nadie buscaba comprar para helado.

Entonces, pues ahí fue donde yo tuve un contacto más serio con la realidad y tuve que ir de un otra manera de pensar que que eso de hacer justicia y eso de que uno se paraba y decía, "Venga, ustedes no son ya caballas en o o o defender a alguien era una cosa totalmente imposible." ¿Sí? Porque pone en riesgo a la familia de uno. Y mi papá no lo ha demostrado de esa manera.

Y ya nosotros no nunca más, o sea, porque la mayor fantasía que nosotros teníamos era como eso, como pues defender los espacios que tenía, defender la libertad que teníamos y defender a la misma familia de uno, pero uno es traidor chiquitico, ¿no? Que cree superhéroes. ¿Pero cuál? palabras que mi papá me habia dicho para cambiar el tema. A ver. Mi papá O algún chiste que Cuando la mayor cosa cuando a veces decíamos eh o a veces pasaba algo y se iba, no, es que que ellos me tienen miedo. Cuando nosotros le preguntábamos por qué le ha pasado algo a alguien y nosotros papá decía, "No, acá no porque ellos me tienen miedo." decía papá.

O o qué o algo se iba y decía Yo ya lo sé. Yo ya lo solucioné. O sea, como que a nosotros no nos llegaban las las cosas malas de pronto porque él lo había y le daba miedo de eso. ¿Sí, me entiendes?

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Como mostrándose como como muy como mostrando de una otra manera dentro de la boicocha seguridad seguridad. Pero pues era como lo máximo que él veía y todavía tienen la hábito de decir, eh, no es papi y la dice, "Ah, no, es que no vienen porque ay, tiene miedo." O O que o o yo les dije que no hicieran eso, ya no lo hicieron. O cuando llegaba la avioneta o alguna cosa y dice, "No, yo yo lo saqué." Yo lo saqué por eso los otros fue pero cosa así.

¿Has notado que ciertos sonidos, colores o lugares provocan que que como sudoración, angustia que aunque no haya peligro?

El hombro y la cabecera.

Muchas partes de la cabecera, muchas partes de la cabecera aquí uno de uno o de otra manera memoriza memoriza sitios, memoriza por lo menos en la cabecera hay unas piedras grandes en la carretera hay una piedra grande. Donde una vez mataron como tres personas que no sabemos quién eran, pero hablaban pastusa. Eso era lo único que o la referencia que tenía la comunidad era que eran pastusa. Porque cuando lo fueron a matar, pues hablaban pastores, eran desconocidos, nadie los conoció. Pero entonces esa esa ese sitio sí fue Sí marcó mucho tanto para mí con para mi hermana.

Porque nosotros pasando para la escuela, fuimos una de las primeras que vimos que vimos los como los muertos, ¿me entiende? Porque eso nos los dejaron levantar de una vez. Y mi papá esa vez no papá había tenido fiebre el día antes. Entonces él no y como nada celulares ni nada de las cosas. Simplemente hicieron normal, nos mandaron a estudiar normal. ¿Qué pasó con él? No.

Eh, este que este Ah, sí. Y esa vez tuvimos un contacto tan como tan de cerca como tan tan violento en su momento porque íbamos en una recocha con mi hermana y y moleste y moleste y la una le pisaba los cordones a la otra cuando cuando la cabeza. Eh, estaba un escenario, una piedra grande.

Una piedra grande y me encontré esa piedra grande y y al lado de esa piedra grande estaban las tres personas muertas. Entonces, mi hermana quedó como en shock. Ella no hablaba, no daba un paso más. Apenas ya como que respiraba. Ni para atrás ni para adelante ya.

Y y Yo pues sí tenía mucha curiosidad, en un momento mucho susto, me acuerdo mucho que daba mucho susto, pero pero pero me creen me quedé mirando. Me quedé mirando hasta que como que reaccioné y me llevé a mi hermana para la casa, que yo le conté a papá, papá se bajó. Eh, se reunió con otras personas y averiguaron si podían levantar los cercos porque han quedado muy a la orilla de la cabecera.

Y ya, y entonces ese pedazo pasar por ahí. Yo paso acá, que voy a visitar a mis papás porque mis papás todavía viven en el mismo sector, o sea, no en la misma vereda, pero sí en el mismo sector. Se ha comprado una finca más para arriba. Entonces, cada que yo voy a visitarlos, siempre siempre que siempre me recuerda mucho ese espacio. A pesar de que ha cambiado mucho porque el río como la ribera del río queda muy cerca de la cabecera. Prácticamente usted va por el la cabecera y el río siempre lo lleva a un lado. Y Entonces, se lo iba a hecho cambiar mucho la cabaña, se ha comido partecitas de la cabaña y cosas así. Entonces, hay muchos recuerdos que la misma abuela lo ha ido llevando. Pero pero esa esa parte no, esa parte está ahí.

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Y uno pasa ahí y todavía la piedra está aunque este verde ya la piedra todavía le recuerda a uno es el río el río porque el río es es es aunque ha sido ha cambiado mucho porque ha mi hermano el caudal todo siempre y hay como ese aroma de yo que le recuerda a uno cosas. Como eso. Ese aroma que te puede ¿Qué te recuerda? Mi familia, tanto lo bueno como lo malo. Porque por lo malo no, porque el destino yo nosotros no a la final no percibimos nada malo en comparación a lo que mucha familia que vivieron. Nosotros simplemente aunque pudimos haber perdido libertad, infancia y y muchas cosas. Como este que perdió mucho más. Hay que decir que perdió muchísimo más.

Pero pero el río, el río es un río muy especial porque él es tiene un caudal muy fuerte, en un caudal demasiado fuerte. Pero aunque parezca misterioso o parezca tonto, el río se enloquece con la muerte. El río no puede estar así. Con él, él a veces está normal. Sí, con su causal fuerte y todo, él es oscuro. Como como agua panaloso, le dijimos a nosotros. Y y él está y él es muy oscuro. Pero cuando solo cuando llueve usted lo ve crecer alto. Solo cuando llueve él crece mucho. Y crece el causal y se vuelve brucio. Pero había veces que estábamos en un verano, por lo menos para el entre entre el 92 y el 2001 un verano tan fuerte.

Y lo único que se veían lo que le dio el río era cuando le cayó al muerto. Y la gente lo lo queda superclaro. Y por lo menos ahorita último hubo un accidente y se cayó un carro al río. Hubieron siete muertos. Y ese río es muy incontrolable. ¿Cuál es cantidad de tiempo? Fue como unos 8 días que no no pudieran encontrar los cuerpos. Porque no, no yo no dejaba. La era superburúsca. Estando en verano.

Me dice si hay algo Y y el olor de él cuando está ha crecido es No sé, solo le le recuerdo inmediatamente como esa época en la que caían muertos allí. Él se se ponía tan tan espesso y comenzaba a botar ese olor. No lo No le digo que fuera un olor satánico de Satanás, no, un olor era como a agua, como Sí, normal. Pero Pero qué Pero Pero si le recuerda uno a eso. Recuerda uno como esos tiempos.

hay muchas cosas que que cuando que cuando uno las vive, hay cosas que uno las puede conversar, pero hay otras que no, simplemente jamás entendería a la gente lo que otra persona percibe o siente. Más porque más porque qué, porque hay personas que ven como muy normales cosas que para uno eran algo extraordinario y hay otras personas que ven extraordinario lo que para uno era normal. Entonces, si hay muchas cosas uno puede escribir un Eh, eso extraordinario que me dices que para ustedes podían ser, pero para otras personas no podrías profundizar un poquito.

Yo creo que que las cosas que que para nosotros era extraordinario era por ejemplo lo puede puede bajar al pueblo. Bajar al pueblo y venir a mercar a una hora, una hora de distancia.

Venir a mercar o ir más bien al puerto, que era el sitio más cercano y más concurrido para nosotros ir a comprar la carne. Media hora. No, ya están y quedan unos máximo máximo media hora. Y de allá era aquí, papá, mi papá, nosotros éramos tres, tres hijos. Que mi papá llevaba un fin de semana uno, otro fin de semana el otro, otro fin de semana el otro y volví a nosotros.

Y que nos tocara ese ese momento de ir era para nosotros muy chero, porque ella ponía uno de los zapatos que utilizaba solo para salir. Eh, el vestido que que que solamente era para salir con los zapatos. Y y esperaron tanto ese momento para que un momento Y la última vez que a mí me sacaron a llevar al Puerto Salgar a comprar la casa.

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No me acuerdo mucho que que íbamos en el carro y el carro que iba delante de nosotros llevaba, mi amor, donde están el kit de cortelería.

Y todo y perdón y llegar llegar que llegar Un momento que nos para paraban el carro porque era un punto en el que paraban los carros y ahí como que llamaban, o sea, comenzaban a mirar cédulas, cédulas, cédulas, cédulas y eran personas a las que las llamaban y las dejaban abajo del carro. Entonces, para volver a subir a los carros. Y, o sea, que la gente las volvía a tener cerquita. Bueno, y y esa vez iba una señora, ahí me tenía muy muy con mucha la vestimenta de ella, porque pues normalmente uno la falda no O sea, uno no se veía como decía ella, o sea, una vestimenta bárbara. Que te dan unas botas, unas botas de material de como el cuero, unas cosas así. Si este caso eran unas botas negras. Unas botas negras y tenía una falda ar amplia, parecía como lo que mi mamá escribía como el Como haga de cuenta lo que uno podría escribir una gitana, haga de cuenta. Una falda así larga, ancha, colorida. Y una falda ancha colorida y esas botas.

Y ahí me causaba mucha curiosidad, porque yo iba a la parte de atrás del cabro y sí, se le veía curioso. Cuando a ella la bajaron del cabro Entonces yo le pregunté, "Papá, ¿qué por qué?" Dijo él, "Que no, que no sabía." Y me metió otra conver se puso a conversar con otro señor, tan y ya llegamos al puerto, hicimos las compras, papá vio que ya vamos a hacer las compras muy rápido, las compró y nos vinimos.

Nosotros yo creo que demoramos en una hora, 2 horas más, cuando nos traían papá nos llevaba, comíamos crema, que que eso era un lujo. Pero papá nos llevaba ahí, siempre nos llevaba, nos daba crema. Comprabamos los panes y nos íbamos para la casa. Hicimos todo superrápido y nos devolvimos. Nos esperamos en la línea y nos devolvimos. Cuando nosotros devolvimos, la señora estaba a un borde de la carretera que quedaba alto y ya llama y salto el muerto, lo llaman ahora. Ahí era una una curva. Una curva amplia y seguía por dos curvas más. Si esto es el caso, nunca nosotros pasamos la señora la falda larga. Cuando nosotros pasamos la señora la falda larga, estaba ahí, lloraba, lloraba, lloraba.

Entonces, yo le pregunté a papá, papá simplemente, cuando yo comencé a preguntar, porque el carro lo pararon porque ¿Qué le dieron? ¿Y qué le dieron? Una célula, ¿verdad? ¿Y qué le pidieron todo? Eh, papá simplemente me abrazó con la mano, pero al mismo tiempo que con la mano me abrazaba, como que me me tapaba la cara con el pecho de él. ¿Entiendes? Me metió como en el regazo de él y me apretaba y yo entre más le preguntaba al man, me apretaba. Y y ya. Nos fuimos.

Y en el camino íbamos dando cuando el Bueno, volvieron todo el mundo volvió y subió y salieron y huyeron. Afortunadamente no dejaron ninguno de ellos había ido. Solamente quedó la señora llorando. La señora seguía llorando ahí al borde de la cabecera. Y lloraba, y lloraba y y y qué es.

Cuando nosotros dimos la segunda curva de la cabecera, en ese momento se escucharon dos tiros muy duros. Entonces, cuando yo escuché eso le pregunté a mi papá, "¿Qué eres, papá pólvora?" No le digo pólvora. Y ya. No dijo nada más. No vimos. Cuando el otro día nosotros subimos y nos han volado unos becerros de los corrales. Cuando nosotros el otro día como a las 11 del día subimos a buscar los los terneros. En el río había una una persona con botas negras y la falta, pero de reversa. Se le veían los interiores. Porque la falda, claro, en la velocidad la falda le tapaba el resto de cuerpo. Pero se le veían las botas. Y la falda era así colorida.

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Así se viera totalmente, o sea, yo se viera totalmente envuelta en un chido de colores era la falda. Recuerdo mucho que era la falda de la señora y las botas de la señora. Había una que la tenía casi afuera, pero pero tenía las botas todas ahí. El cuerpo no la bajó muy lejos porque se quedó en un como en un playón grande de piedras. Hasta ahí llegó y el río creció, pero ya quedó en ese playón.

Entonces, yo ese día le dije a mi hermana, "Esa señora estaba llorando." Claro, nosotros pasamos esa señora estaba llorando. Cuando le encontramos a papá, entonces yo le decía, "Papá, mira que tal cosa." Y papá lo que hizo fue que me metí a la casa y mi mamá se sentó conmigo y yo puse a conversar yo mami. Hay cosas que no se preguntan tanto. Hay cosas que no se preguntan tanto y no se dicen tanto. Ya, usted vio eso, usted ya, ya pasó. No tiene por qué estar preguntando tanta cosa. Y ahí en adelante no lo volvimos a sacar del cuerpo.

No nos vuelven a llegar a ningún lado, a ningún lado porque yo es tan preguntona. Entonces hay hay muchas cosas que sí cambiaron demasiado y que una o otra manera uno recuerda de una manera bonita y de otra manera muy triste. Porque que para lo que para uno era muy satisfactorio, pero para el cuarto ya se volvió algo muy demasiado difícil. Eh, en estos momentos has tenido sueños o que recuerdes algún evento? No, mira que no, yo casi no sueño. Casi no sueño. Solo cuando paso paso por sitios tengo recuerdos muy claros de cosas Y le cuento mucho eso a mis hijos. Pero pero yo trato de contarles mucho, trato de contarles mucho porque porque no debe de conocer y casi todos los recuerdos vivos que tengo, yo trato de transmitírselos, pero de una manera de la que ellos entiendan el porqué. las cosas, porque yo siento que papá y mi mamá hubieran sido más claros con nosotros, de pronto nosotros hubiéramos entendido mejor la situación. Pero ellos como que no quería ver como dañar esa infancia que nosotros tenían. Sino como Sí, como cuidarnos de sentirnos de sentir miedo. Yo creo que eso era lo que buscaba papá y mamá en determinado momento. Y yo trato de hacerlo distinto con mis hijos, alejándolos del miedo Para que sean como precavidos para que para que no no sean tan sanos. Ya está inocente a tantas cosas. Los sueños que se pierden, porque yo me acuerdo mucho de mi papá para esa época tenía papá para el 2000 tenía que pagar la finca.

Y teníamos la mejor cosecha que quisiéramos haber tenido. Si nos tocó dejar la finca pues vamos a ir a meter una piecita por acá, afortunadamente tenemos donde meterlo. Pero todo el atraso que hubo cuando mi hijo para mi familia, para mí, las posibilidades que ya no me he podido preparar después de tener condiciones de vida muy distintas. Yo se la he Yo le he hecho la culpa de eso a la deuda. ¿Me entiendes?

Y hay muchas cosas como esas que el estado jamás no va a reconocer. Simplemente se basan en otras cosas. Eh, si usted se le murió un familiar, si usted se le murió Si yo no digo que sea de compensar, sino de evitar, ¿sí? Y y qué. Incluso una vez alguien dijo, "Bueno, es que ni se acordará." Que ni se acordará porque estaba muy chiquita. No, cada quien tiene una versión diferente. Cada quien tiene una manera de ver las cosas.

Nosotros veíamos de pronto con mucha felicidad y con mucha fantasía, o de manera muy fantasiosa lo que estaba pasando alrededor de nosotros, pero estábamos viviendo la guerra. Y lo mismo pasa en el entorno de en cualquier entorno.

Te agradezco eh pues su honestidad….

Anexo 7: Marcela - La resignificación infantil de la balacera y el Otro social hostil.

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¿cómo podrías describir el lugar donde creciste?

A ver, lo describiría como una zona principalmente rural. Agrícola. Y, sí, con una característica principalmente rural. Aquí lo que nos rodea son Montañas ¿Qué recuerdas de tu comunidad?

De mi comunidad, recuerdo que era como muy dispersa, indiferente, que eran algo conflictivos. Y que eran un poco machistas. Y poco solidarios. Es que yo crecí en una finca y pues mi mamá era madre cabeza de familia y los demás vecinos eran todos hombres, entonces Siempre eran como muy hostiles con ella. Entonces como que no tengo recuerdos de una comunidad unida de pronto o una comunidad ¿cómo decirlo? No sé, empática. Entonces digamos que no tengo así como bonitos recuerdos por decirlo alguno. ¿Y quién vivía contigo?

2: Vivía mi mamá, mis dos hermanos y yo.

¿Qué momentos o actividades disfrutabas?

Qué momentos. Bueno, en las actividades pues yo creo que era sobre todo pasar tiempo pronto con mis amigas, pues por ese entonces estaba en el colegio y la mayoría de las tardes después del colegio me quedaba aquí con dos amigas. Hacíamos tareas, compartíamos y luego me iba para la finca y los fines de semana pues estaba en la casa con mi mamá y mis hermanas Y y ya compartían familia y entresemana compartía con mis amigos del colegio. Actividades pues estar al aire libre en el campo, ya fuera jugando con mis primos o mis hermanos. Eh, a veces salíamos también a caminar. Y eran así, eran como actividades muy rurales. Y ese tiempo con tus amigas ¿Cómo era?

Pues básicamente salíamos del colegio, a veces yo me quedaba a almorzar, eh luego subíamos o nos quedábamos en el cuarto de alguna, revisábamos los cuadernos que habían de tareas, hacíamos las tareas y luego nos poníamos a hablar tonterías, cosas de chicas, como qué vimos en la revista tal o qué vimos en tal parte o algo una cosa que haya pasado en el colegio, cosas así generales de adolescentes.

Y luego a eso por ahí de las 4:35, pues yo ya me iba para mi casita otra vez para la finca. ¿Y te ibas caminando? Sí, caminando porque solo eran 15 minutos.

¿Me podrías describir un día como era un día normal para ti en esa época? : Un día normal, ahora hago memoria.

Yo vivo en la finca como hasta los 15 creo, Porque el último año ya nos vinimos para acá para el pueblo. Entonces, yo recuerdo que me levantaba como eso de las 6 de la mañana. 6, sí, como a las 6. Me arreglaba, o sea, me bañaba, me colocaba el uniforme Luego pasaba a desayunar, mi mamá siempre me preparaba el desayuno todos los días. Ah, esperaba a mis hermanos, bueno, al del medio, que era el que estaba en el colegio, el pequeño pues apenas estaba empezando la escuela. Y luego llegábamos al pueblo. Aquí en el pueblo teníamos una casa y ahí llegábamos a cambiarnos de zapatos porque a veces el camino estaba sucio, entonces usábamos botas y cuando llegábamos aquí al pueblo, pues nos poníamos los zapatos. Luego nos cambiábamos y ya entraba a clases como a las 7 y 15 o , 7 y 30.

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Y ahí estaba pues toda la mañana en el colegio y dependiendo de si habían tareas o tenía algún plan con con mis amiguitas, pues me quedaba.

Si no había nada, pues simplemente salía del colegio, me iba para la finca, a eso de la 1 de la tarde estaba almorzando y ya por la tarde pues no hacía mayor cosa porque revisaba los cuadernos y si no tenía nada para hacer, pues simplemente estaba ahí en la casa con mi mamá y mis hermanos y ya, eso era un día digamos que cotidiano. ¿Y por qué tomaron la decisión de irse para Gaitania?

El último año creo que fue principalmente porque mi mamá ya llevaba 15 años en la finca sola, o sea, trabajando sola y yo ya estaba en el último año de colegio pues yo ya le había manifestado a ella que yo me quería ir a estudiar y pues mi hermano el que me seguía ya le faltaban también como 2 años nada más para graduarse en Ah, y pues también ya estaba un poco cansada, entonces decidió dejar la finca como para irse a vivir al pueblo y a punto vivir de una manera más descansada, por decir así.

Entonces, básicamente en ese momento fue por eso, más por eso.

Pues no sé, yo creo que una vez es que da tan bien como con ciertos temores o ciertos traumas, digamos, particularmente en el caso de nosotros, pues gracias a Dios no tuvimos ninguna afectación física ni nunca nos vimos como familia pues inmersos como en una situación compleja. Ningún familiar pues resultó ni ningún familiar falleció. Pero pues crecimos en ese entorno. Yo personalmente el conflicto lo viví alrededor de los 7 años que inició O sea, que fue la primera vez que escuché un disparo y supe que era guerrillero y que era guerrillero. Y luego como hasta los 16, más o menos, porque a partir de los 17 Bueno, a los 17 creo que ya me fui para Ibagué. Y ya por eso de los 16, 17 eh el conflicto había mermado. Entonces se puede decir que el rango de puede ser desde los 7 hasta los 16 años. Que yo haya presenciado o vivido en medio del conflicto. Y pues que nos haya marcado, no sé, yo creo que que siempre quedan como esas esas historias, ¿no?

A veces uno se encuentra con amigos y se pone a comenzar a conversar y pues a la mesa el tema de cuando vivíamos X o ya situación mientras estábamos en la escuela o estábamos en el colegio o teniendo un día cotidiano. Entonces como que ay, recuerda la vez que estábamos en el parque y pasó esto, recuerda la vez que estábamos en clase con no sé qué profesor y pasó esto.

Entonces digamos que no queda con como con esos recuerdos, a veces queda con temores, otras veces queda como con ansiedades, Y pues otras personas que ya tuvieron que pasar por hechos más difíciles como fue el pronto el fallecimiento de un familiar o o cosas así, pues obviamente ya queda en contra más más fuertes, de pronto con resentimientos, venganzas.

Entonces pues no sé, o sea, pues no sé, puntualmente qué decir, pero pues obviamente sí sí es existe una afectación porque ya cuando nos sentamos a hablar, pues uno se da cuenta que cada persona lo vivió desde su punto de vista y pues lo sintió como a su manera, ¿no? Okay. Y cuando me hablas de temores, trauma, recuerdos o ansiedad. Eh, ¿me podrías pues dar más información respecto a eso?

Hm, pues digamos que había veces que uno estaba en el colegio, nosotros nos teníamos que movilizar de pues de la finca al pueblo. Mi hermano y yo porque estábamos en el colegio. Y cuando estábamos en la finca y estábamos en la escuela, pues era de la finca a la escuela.

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Entonces, había que habían enfrentamientos y esos enfrentamientos ocurrían a cualquier hora del día. Entonces, digamos que temores pues que uno a veces salía a estudiar y uno salía con miedo y que pronto en el camino pudiera pasar algo.

Ansiedad es pues lo mismo, que uno salía ahí caminando y uno estaba tranquilo cuando de la nada uno pensaba, "Ay, qué tal que ahorita haya algún enfrentamiento y yo esté por la carretera o mi hermanito esté por la carretera o mi hermanito venga de la escuela o bueno ese tipo de cosas.

Entonces, digamos que había cierto temor de que uno no podía desarrollar la vida cotidiana de manera pues tranquila, porque inclusive mi mamá también a veces era como que voy a ir, pero pues no sé, o a veces después de que había algún enfrentamiento eh al día siguiente íbamos a hacer algún favor a la casa del vecino y mi mamá era como que mucho cuidado, o sea, la casa podía estar a 5 minutos de distancia, pero ella siempre era como mucho cuidado Vayan superrápido, den la razón y se devuelven superrápido por el si si ven a alguien o ven algo, caminen muy rápido y vuelvan a a la casa.

Entonces digamos que que era como eso, ¿no? O a veces cuando cuando uno sabía de alguien que que le hubiera pasado algo en algo relacionado con la familia, pues también ellos tenían temor porque uno los escuchaba que decían cosas como que no, le pasó esto a mi tío o le pasó esto con mi primo y ahora nos vamos a tener que ir del pueblo o o nos están amenazando o o cosas así.

Entonces, como que no era sencillo pues llevar una vida con normalidad, ¿sí? Y pues una vida tranquila, ¿no? Porque a veces estábamos comiendo, desayunando y a la nada pum un un enfrentamiento. Entonces, digamos que son cosas muy cotidianas, pero con nosotros no podíamos vivir de manera tranquila. Entonces, yo iría Para ti, ¿qué era lo más difícil de ser adolescente en este contexto?

Lo más difícil.

No sé, yo creo que de pronto no poder ¿Cómo vivir un día a día con normalidad? O tenerse que vivir de ciertas actividades o o de ciertas personas, no sé.

Como a veces cuando nos ponían de que no se podía dirigir a a X persona, digamos a veces a mí me pasaba que pues uno en su inocencia, ¿no? Porque era un pues si iba a ser como un niño, ¿no? Un niño. Entonces como que decían que no se les podía hablar al ejército porque estaba prohibido. Entonces yo a veces veía que mi abuelita le salía porque mi abuelita pues decía, "Buenos días." o un soldado pasaba y lo saludaba y le montaba conversación. Y yo pensaba, "Pues Dios, mi abuelita, ¿por qué está hablando con ese soldado? Qué miedo, le van a hacer algo." Pero pues obviamente no era hasta ese extremo, ¿no? Pero digamos que eh pues sí, o sea, yo creo que lo más difícil fue que a veces uno como que vivía con miedo de cosas que uno no vería tener miedo. Como por ejemplo, dirigirle la palabra a alguien, decirle un buenos días a una persona que pasó por el el lado suyo.

O o lo que decía, yo ir tranquilamente a mi finca y y no ir pensando, "Ay, será que mientras voy caminando va a haber una balacera." O yo quedarme en la casa de mi abuelita y que mi mamá se fuera para la finca y y qué y y quedarme pensando, "Ay, qué tal que haya una balacera mientras mi mamá va para la finca." Entonces, yo creo que también es eso, ¿no? O sea, como como pensar en ese tipo de cosas.

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Okay. ¿Y qué hacías para manejar esa incertidumbre o ese miedo? Yo No, yo yo recuerdo que en ese momento yo lo único que hacía era como orar. Pues digamos que nosotros siempre hemos sido como cristianos y mi abuelita pues fue la que pues yo siempre tengo recuerdo de de haber aprendido a orar por mi abuela. Y digamos que a través de mi abuela pues aprendí como fue como como la persona que me condujo hacia hacia la parte espiritual. Y pues yo que recuerde que Yo hiciera para tranquilizarme, orar. Era lo único que hacía, pero así como que realizar otro tipo de cosas, pues en el momento no no recuerdo.

No, y de pronto estar cerca, pues cuando era más chiquita, de pronto buscar a mi mamá, hacerme como al lado de ella, pero ya un poquito más grandecita de eso.

Cuando repites ese no sé es porque Como que no hay palabras para explicar lo que lo que sucedió o o por qué. Que pues fueron cosas que pasaron ya hace pues ya hace como a ver tengo 27, como 10, 11 años. Bueno, y si es de los y si me lo pongo desde los 7 serían como 20 años.

Entonces digamos que hay cosas que de pronto yo reconstruyo, pero no sé si lo estoy reconstruyendo desde un acuerdo desde una percepción o desde una realidad. Entonces hay cositas que yo tengo como que en mi mente un poquito olvidadas. Entonces ahí es como que digo porque estoy haciendo como memoria. Pero yo creería que es más quitado por eso. respondo de esa manera porque son recuerdos de hace mucho tiempo.

Entonces, no sé si estoy narrando desde la exactitud o desde la percepción o desde el recuerdo, entonces hay cositas que como que intento recordar y no sé si sean tan precisas. Entonces es más que todo por eso. ¿Y en algún momento has tenido sueños que te recuerden alguna situación particular que hayas vivido? No, no, sueños no, nunca, ni pesadilla ni ni nada, así como que yo pueda decir que me trae la memoria, no. Okay. ¿Has notado que ciertos sonidos, lugares, olores provocan reacciones que intensas que aunque no haya un peligro real puede ser ocasión de de reaccionar de esa manera.

Sí. Sí, pues no, que me que me que me genere un trauma. No, mentiras, eso yo creo que eso podría ser un trauma, no sé.

Bueno, o sea, no como que me ponga mal, o sea, que yo me ponga que nerviosa que que me voy a hacer, no, pero si tengo una reacción y es con los con la pirotecnia, pero no necesariamente con los juegos artificiales, sino con los que llaman voladores, que usan mucho en las ferias. Que ellos hacen un sonido como estallido y luego salen y explotan. No me gustan. No me gustan, no me gustan y no me gustan.

Y yo lo relaciono con eso, con que de pronto de pronto no sé, yo supongo que me traen recuerdos subconscientes de disparos, bombas o cosas así. Pero o sea, es como que así como que me molesta. Uy, que por eso voladores no lo soporto. Entonces, sí, eso. ¿Cómo es tu reacción al momento de escuchar esos voladores? Ah, como un perrito. Como el perrito cuando escucha pirotec que se asusta, normal cuando pum y yo como que qué pasó y luego ya veo que es un volador y pues no es que esté ahí con el corazón a mil ni nada, pero sí, o sea, cuando el primero está allí así como que me Ay, me asusté. Pero, pero ya, es eso.

Algo de lo que has vivido, sientes que si es imposible explicar con palabras.

No, no. Yo creo que no porque pues ha sido un tema como recurrente, digamos que cuando uno crece en estos entornos de violencia eh es un tema que pues se habla en muchos partes, ¿no? En el en la aula de clases, con los amigos, con la familia, eh no sé.

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Entonces, o sea, como que he tenido muchos entornos en los que he podido compartir y he podido escuchar a otros, ¿sí? Entonces, eh pues creo que lo que siento al respecto en algún momento, pues lo he podido expresar, ya sea conversando con otras personas o en espacios como estos Entonces, yo diría que hasta el momento sí, sí he podido describir con palabras.

Y cómo reaccionas al momento de que escucha esos voladores? No, reacción física no tengo. O sea, como que de pronto me vaya a poner con algún tipo de de reacción física en particular, ¿no? Okay. Eh, y en esos momentos, Y los perritos lo primero que hacen es pum, meterse debajo de la cama. No, pero era chiste, ¿no?

No, obviamente si se escucha un volador, yo sigo haciendo mis actividades no con normalidad, pero no me gustan. O sea, no me gustan y no me gustan y no creo que me vayan a gustar nunca porque ese esa explosión no no me gusta, o sea, me genera como incomodidad, como molestia, como que Sí, o sea, como que el el primero como que me asusta, no en un nivel alto que yo diga que me puse nerviosa, que que ya voy a parar lo que estoy haciendo para irme a sentado, no, pero sí me genera incomodidad. Okay.

Eh, hay recuerdos que vuelven sin aviso como si se detuviera el tiempo.

Hm, recuerdos. No. Es que digamos que pues en medio de toda esta situación que fue desagradable y eso, pues aparte de de haber vivido en ese entorno como tan tan feo tenemos tuvimos, no sé, es que no sé cómo decirlo. Bueno, o sea, gracias a Dios, no nos pasó ningún evento que nos afectara de manera tan fuerte como otras personas, ¿no? Entonces yo creo que de pronto por eso, aunque tengo recuerdos y cosas, pues no no me siento como como se podría centrar, digamos, personas que tuvieron que ver a sus padres o hermanos. fallecieron. O tuvieron que presenciar de pronto una persona morir enfrente de ellos o vieron cuerpos de de personas fallecidas, que pues yo sé que yo tengo amigos que en algún momento lo vieron y lo pasaron.

Entonces, yo creo que esas son cosas que podrían quedarse más grabadas, ¿sí? O sea, yo tengo recuerdos como de de escuchar o quedar en medio de disparos y cosas así, pero pues nunca gracias a Dios nos pasó nada. Entonces yo tengo como los sustos es más que todo de eso, ¿no?

Como de de de eso, pero así como que yo recuerdo que se me venga una imagen, que me traumatice Tú me acabas de decir que estuviste como en medio de un enfrentamiento. ¿Podrías profundizar un poquito más? De varios. De uno no de varios.

Pues no, era simplemente cuando lo que narré al principio, cuando uno estaba haciendo X o Y cosa y de la nada empezaban disparos. Entonces uno estaba en medio. En, porque pues siempre los disparos y esas cosas eran como de montaña a montaña. Entonces, lo que hubiera en medio de esas dos montañas pues quedaba ahí atrapado. Entonces, pues a veces estábamos acá en pueblo en la casa de la abuela, con los primos, con la abuela, con las tías y quedábamos ahí encerrados todos. O a veces estábamos en la finca solo con mi mamá, mis hermanos o un par de trabajadores y pues quedábamos ahí y eso era como estar en medio. Y uno quedaba en medio de los disparos. ¿Y cuándo quedabas en medio qué hacían o qué posición tomabas?

No, pues recuerdo que siempre buscábamos un lugar pues usualmente era como que buscar el lugar más seguro de la casa, pero eso era más como una percepción como para uno tranquilizarse, porque en realidad daba igual en qué parte

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se hiciera porque pues una casa normales. Digamos que no está hecha para para resguardarlo usted de ese tipo de cosas, ¿sí?

O sea, una casa normal fácilmente por un vidrio, por el techo, a través de un una pared puede pasar un disparo. Entonces, uno, digamos que me imagino que para tranquilizarse un poco, ¿no? Siempre decían como que no, hagámosnos en esta habitación que de pronto puede ser un poco más seguro o hagámosnos en la cocina. Por ejemplo, en la casa de mi abuelita ella tenía un sótano, entonces era como el lugar seguro, o sea, era como la percepción familiar de que en el sótano de la abuela nunca nos iba a pasar nada. Porque era un sótano. Pero como digo, o sea, era eso era como más una como, no sé, como una estrategia, tal vez que tendría uno mismo para tranquilizarse o o autotranquilizarse. Entonces, sí, o sea, siempre era como buscar el lugar más seguro de la casa, quedarse ahí todos juntos.

Y y esperar a que pasara.

¿Y tú te sentías segura en esos lugares que buscaban? En el en el sótano de la abuela sí. Porque era un sótano. Yo no creía que como que, ay, no, es el Pero en la finca no.

En la finca yo no me sentía insegura, pero en la finca no me sentía segura pues las viviendas rurales están localizadas de manera aisladas, ¿sí? Entonces, digamos, en el caso particular de mi casa, ella estaba ubicada en un espacio en el que las cuatro paredes que encierran la vivienda estaban abiertas. Entonces, digamos que uno quedaba con esa sensación de que usted estaba en medio en medio, o sea, que usted estaba literal en medio del fuego cruzado. Entonces, como digo ahí, era chistoso no decir, "Vámonos para tal cuarto, vámonos para tal otro." Que eso es más seguro que el otro porque en realidad todo todo daban igual. Entonces, pues lo lo más importante para mí era estar siempre con mi mamá y mis hermanos. Eso para mí era lo más importante. Y pues ya quedarme donde estuviéramos todos juntos, pero que yo decirme que yo me sentía segura en la finca, no. En la casa de la abuela, sí. Y lo que hacia para calmarme era quedarme ahí, respirar y y quedarme ahí sentada porque no podíamos hacer nada, o sea, a veces ni siquiera podíamos como tomar algo porque si, o sea, donde usted se quedó ahí se quedó Si se está en la cocina se quedó en la cocina, pero si se quedó en el cuarto ni me voy a decir que va a ir por un vaso de agua porque quién va a ir.

Entonces no, uno se quedó ahí todos juntos y y y ya yo recuerdo que yo me siempre me sentaba como como en un espacio así ahí si había una silla pues me sentaba en la silla. Si tocaban el suelo pues me sentaba en el suelo y pues dependiendo de cuántas personas había pues uno o hablaba o o simplemente se quedaba en silencio. Cosas así. ¿Recuerdas algún evento así que haya durado un tiempo prolongado más de lo normal? Sí. Sí, pero fue fue porque O sea, yo creo que esa vez se nos hizo muy extenso, pero es que fue una vez un enfrentamiento que tuvimos, bueno, que tuvimos no, que tuvieron de noche.

Porque digamos que los enfrentamientos de noche daban más miedo porque la gente decía, es que esa es la cosa, que uno a veces de niño desarrolla también muchos temores porque los adultos alrededor de uno dicen muchas cosas. Entonces uno También señalan como de miedos.

Yo recuerdo que siempre escuchaba que decían como que no, es que los enfrentamientos de noche son peores porque de noche no ellos no ven las casas, entonces es más probable que le caiga una bomba así en supercrueles o les caiga

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un o les caigan balas o cosas así. Entonces, uno de noche pues eh vivía como Sí, o sea, como que era peor. Y nosotros nunca hasta ese momento nunca habíamos vivido un enfrentamiento en la finca solos de noche. siempre los enfrentamientos que habíamos vivido de noche, había sido en el pueblo, nunca nos había tocado uno en la finca y un día nos tocó. Y estábamos solos mis hermanitos, mi mamá y yo. Entonces, yo no recuerdo exactamente cuánto duró eso, yo creería que por ahí 2 horas, 3, pero para nosotros fue como si hubiera durado toda la noche, pero era porque estábamos solos y pues estábamos todos muy asustados. Entonces, yo creería que eso es ese. ¿Y esa noche recuerdas cómo dormiste o o cómo fue esa noche?

Pues la verdad, creo que No sé, pues ya estábamos durmiendo y no era tan tarde, porque uno en la finca usualmente se acuesta eso de las 8, bueno, no sé si todavía, bueno, pero en ese entonces nosotros nos acostábamos a eso como de las 8 8 media. Y me acuerdo que nosotros ya estábamos acostados cuando empezó.

Y pues nada, mi mamá se levantó, salió al corredor, encendió el bombillo del corredor, encendió el bombillo del patio. Y luego nos encerramos en la habitación y creo que nos acostamos debajo de la cama. Creo. Sí, creo que esa vez tuvimos que amanecer como Creo que ella cogió un colchón y lo puso debajo en la cama y nos acostamos debajo de la cama porque era como como una forma de cubrirse. Y creo que amanecimos ahí, yo yo no me acuerdo en qué momento terminó la balacera, yo me acuerdo que ya iban como 2 horas. Pero al final nos quedamos dormidos y ya en algún punto terminarían, no recuerdo exactamente, pues al final dormimos. ¿Cómo podrías describir esa experiencia?

Desagradable, una experiencia desagradable porque Nosotros en general tenemos, o sea, aquí Gaitania es un lugar, como decía al inicio, es un lugar rural y es un lugar muy bonito y es un lugar lugar muy agradable. Entonces, si a uno le preguntan qué tal su niñez en Gaitania, pues usted si deja de lado la parte del conflicto, usted va a decir, "No, genial, salíamos a jugar a la calle, salíamos al campo, íbamos a la finca, jugábamos, cogíamos naranjas, comíamos guayabas, corríamos, bajábamos de la escuela con todos los niños jugando, o sea, si uno mete esa parte, uno tuvo una niña genial.

Pero ya cuando uno viene y pone la otra parte, pues uno dice, "Pero y a veces que toca salir corriendo por esto, por otro, eso." Entonces yo diría que esa parte pues desagradable, triste y y pues no sé, desagradable, triste. Y esa otra parte me escribiste realmente esa la parte feliz de salir al parque, jugar, los árboles, correr y la parte es agradable como la podrías describir.

Pues la parte de esa agradable era era lo que decíamos, digamos, que a veces, bueno, a mí no me pasó, pero a mis primitos una vez les pasó que estaban en el parque jugando Y de la nada una balacera y ellos les tocó sol ir corriendo y hacerse en como en unos muritos que habían ahí en el parque y y pues tirarse en ahí mientras pasaba. Entonces, digamos, esas eran las partes feas, que usted estaba jugando de lo más feliz cuando pum, una balacera y y corra para su casa o corra y métase en el primer lugar que vio dependiendo de que de qué tan fuerte estuviera.

Anexo 8 Joven de Ataco – La violencia como entorno existencial y la búsqueda de un Otro simbólico protector.

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Eh, pues yo Nosotros crecimos en el pueblo y también al mismo momento en la finca. Recuerdo más o menos como hasta los 7 años viví constantemente en la finca, ¿sí? Y ahí en adelante pues si ya fue en el pueblo, igualmente pues los fines de semana o cuando se podía pues vivíamos en la finca. Y había yo a mi papá y a mi mamá con las cosas de la finca.

Y el pueblo y la acompañándolos. Y del pueblo a la finca 20 minutos a cerca. Se queda en el kilómetro 10 Sí, cerca.

¿Y qué recuerdas de tu comunidad?

¿Qué recuerdo? Sí. Pero precisamente en qué.

¿Qué recuerdos tienes del pueblo o de la finca o con quién vivías?

No, pues de la finca, de los trabajos que hacíamos con mis papás, de la convivencia que tenía con con los animales, ¿sí? Con todo el trabajo relacionado con la finca. En el pueblo pues mi infancia con mi mis compañeros, el colegio, gustaba mucho hacer el deporte, estudiaba en el pueblo.

¿Y qué momentos eh positivos podría recordarte alguna actividad que disfrutabas? me destacaba mucho. Pues en todos los deportes, pero más que todo con el fútbol, el microfútbol. ¿Sí? En el pueblo de eso. Y en la finca pues siempre me ha gustado mucho la el tema de la ganadería, todo ese tema de de relacionado con la finca, el campo, los animales.

Allá en Ataco que que se siembra es buena. Eh, pues lo que más lo principal es como el café. Pero donde nosotros por lo que no estaba el nivel porque estaba a 600 m sobre el nivel del mar, no más que todo era el maíz, maíz, plátano, yuca, ¿sí? Y pues lo otro sería la otra actividad pues la ganadería. ¿Y cómo era un día para ti en esa época?

Eh, pues no se levantaba para el colegio, mi mamá siempre nos nos tenía el desayuno, si uno se alistaba, si iba uno para el colegio, pues estaba uno en el colegio, tomaba los descansos, las clases, luego uno regresaba a la casa y almorzaba, luego pues mareaba mucho porque algunos días me iba para la finca a llevar a mi papá y a mi mamá o a veces pues me quedaba en el pueblo después del almuerzo me Me reunía con mis compañeros para hacer tareas y luego pues jugar.

Y luego en la noche pues ya volver a la casa, comer y y dormir. Y cuando iba a África pues le ayudaban las diferentes tareas a mi papá y pues se bajaba uno tardecito sobre la noche para el pueblo. Como te dije, como estamos a menos de 7 años y vi de siento en la finca. Ajá. Luego vi en adelante en el pueblo, pero en la semana podía ir a la finca una, dos, tres, cuatro veces. ¿Sí? Pero iban las tardes por lo que en el día os estudiaban. Okay. ¿ ¿Qué les tomó la decisión de ya no estar en la finca y ya despedirse para el pueblo? Sí. Porque tomaron esa decisión.

El problema de inseguridad, el conflicto. En la finca sí éramos cinco, mi papá, mi mamá, mis tres hermanos y yo pues seis. Pero en el pueblo normalmente vivía con pues mis padres, mis hermanos, una fue mi abuela y dos tíos. Okay.

¿Cómo crees que influyó esta situación a tu vida?

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Bastante. Porque muchas veces más se presenta, sabes que en el campo, ¿cierto? Y aquellas personas pues que no tienen un acceso a educación o no tienen, digamos, los recursos para acceder a la educación, pues llegan a estas personas lo que hacen es eh pues decirle mentiras, ¿sí? Crearle ilusiones, falsas expectativas para llevarse. Y muchas veces pues pierden oportunidades o no las tienen y pues tomanla que está más a la mano o lo que lo primero le ofrece. Pero se sí afectó bastante en su momento. Igual sigue afectando. Eh, ¿en algún momento a ti te llegaron a hacer a dar falsas expectativas?

Sí, no, no, no, mira que gracias a Dios nosotros pues en la finca se presentaron ocasiones donde pues llegaron pues por ejemplo la guerrilla, ¿sí? Pero nosotros nunca nunca nunca nos hicieron daño, pues eso sí fue como un escaso especial, ¿sí? Y lo que te dije, por ese motivo fue que nosotros nos decidimos irnos para el para el pueblo. Igual porque mi mamá y mi papá siempre pues se preocupaban bastante por nosotros, ellos no querían pues de que pronto los nos reclutaran. Igual yo estaba muy pequeño, más que tú eras mis otros dos hermanos que ya estaban entre 12 y 10 años.

¿Tú recuerdas algún momento específico de de un suceso que haya ocurrido para que tus papás hayan tomado pues esa decisión y haya cambiado tu vida cotidiana?

Sí, sí, porque eh como te decía, algunas veces llegaron, ¿sí? Y recuerdo tanto que una de las últimas veces fue que eh ellos siempre llegaban en la noche. Ellos no se movían en el día.

Y entonces estábamos durmiendo y como sobre, bueno, no recuerdo bien a qué horas, pero en la noche llegaron y golpearon y pues eran todos ellos y luego Pues mi mamá muy nerviosa y nosotros pues ya estábamos como acostumbrados, pero también era un peligro estar ahí porque ellos duraban una dos noches y anochecían y se desaparecían.

Y una de esas recuerdo fue que ellos se van y como a los dos días llegó el ejército. Y el problema ahí era que subieron un enfrentamiento y nosotros como éramos una población vulnerable podíamos estar entre entre ese conflicto entre ellos Sí, pues puede uno tener ahí pues sí, los problemas de que en enfrentamiento pues se pueden perder vidas y temas así. Entonces, a partir de eso pues que mi mamá, mi papá Tomaron la decisión. Y también otra vez bueno, algunas veces se habían enfrentamientos cerca de la fin que se escuchaban todo eso, ¿sí? Entonces, todo eso pues hizo que mis papás tomaran la decisión de ir no te siento para el pueblo. Eh, ¿tú recuerdas cuando pues esos eventos? Y también en en el pueblo, en el pueblo recuerdo cuando fue la última No sé si he escuchado lo de las tomas guerrilleras.

Esa sí la recuerdo que yo estaba como estaba pequeñito y fue la última que se metieron al pueblo y todo eso y yo estaba en la escuela y mi mamá me fue a recoger y todo el mundo pues corriendo para las casas de escondrijos. El riesgo de que ha conocido una zona rural, pues zona roja y está el riesgo de reclutamiento. Mi mamá siempre nos decía eso. Siempre nos han inculcado de ahí que tuviéramos mucho cuidado con quién andábamos, qué nos ofrecían y que no nos dejáramos pues influenciar por por esas cosas.

Siempre ya nos ha aclarado ahí que que pues con mentiras, con mentiras ese tipo de persona pues le hacen ilusiones a Único. Gracias a Dios, mi mamá y mi papá siempre nos inculcan ahora mismo. Nos avisaron sobre todo ese tema. Le mostraron la realidad. Sí, la realidad.

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¿Qué hacías para manejar en esas tomas o cuando estabas en la finca y escuchabas eh los disparos o cuando pues se quedaban esos días ahí en la finca para manejar esa como esa incertidumbre o miedo? Eh, inicialmente encerrarse. Ellos estaban escondidos y vi que uno como cuando uno se le quita la ganas de comer de todo, ¿sí? Están nerviosos y uno siempre estás como preocupado por eso. Pero sí, recuerdo que siempre es con eh buscamos escondernos, escondernos, protegernos y mi mamá siempre como sí a que jugáramos y fuéramos algo diferente, pero uno realmente ya era uno más consciente de las cosas. Entonces, uno como por por cualquier cosa no se puede distraer. Y cuando veías esa reacción de tu mamá, ¿tú qué llegabas a pensar?

Que pues yo ya la reacción de mi mamá yo decía, "Si mi mamá tiene miedo y eso usted preocupa, pues uno también debe tener miedo y preocuparse." Porque los padres siempre tratan a uno de de protegerlo de del mal. ¿cuándo vuelves al pueblo, notas que de alguna otra manera sonidos o lugares o olores pueden provocar como reacciones que vuelvan otra vez a revivir ese momento? Sí, lugares sí. No sonidos, bueno, sonidos Sí, porque uno escucha pues uno que desde los cilindros, las bombas de los cilindros y uno escucha decir que si uno escucha una explosión fuerte dice, "Uy, madre, estallaron un cilindro o algo así." Y luego es claro, sí porque también en una ocasión de esas cuando la toma eh hubo un enfrentamiento fuerte saliendo del pueblo y pues en huyeron varias varios guerrilleros muertos y eso. Y pues recuerdo que yo lo alcancé a pasar por ese lugar y pues verlo y pues fue como un recuerdo que tengo ahí feo.

Sí, porque eso es una muy fuerte. Sí, pero hay personas pues muertas, sangradas, vueltonadas, sí. Y más uno pequeñito, pues uno más pequeño no tan Eh, al inicio cuando uno se los encontraba pues uno le daba mucho miedo porque usted ve a ver esas personas ahí en en botas con con esos uniformes y con arma y sabiendo que lo pueden reclutar a uno o desaparecer. Entonces eh sí recuerdo mucho que a mí me da mucho miedo mucho miedo a verlos. Sí, entonces uno tratará de esconderse. Ya después uno como que acostumbrado. Y me refiero de que verlos por uno solo, uno cuando está acompañado pues uno siente como la protección bueno, normalmente con mis papás uno se siente protegido. Cuando uno niño, pero uno solo por ahí. Ver uno uno, dos, tres personas de esas. ¿Sí?

me acuerdo mucho que que uno le da como ese escalofrío, como ese como como a veces como no tima el miedo. Se recuerda la sensación.. Pues buscarme pues uno conocía bien lo de la lo de la finca y eso pues uno a esconderse por todo por donde pudiera esquivándolos.

Aunque pues a nosotros nos Claro, cuando era niño le preguntaban más que todo de cosas de del ejército y eso sí, pero No. Le preguntaron mucho sobre el tema de seguridad por ahí. Sí recuerdo eso. Como si han visto que pasa ejército o Sí, sí, era eso. Ah, estaba por acá el ejército, por acá viene el ejército, ¿sí? O personas desconocidas y así. Eh, actualmente hay recuerdos que vuelven sin aviso como si el tiempo se detuviera y volvieras otra vez? No, recuerdos, a veces uno sueña, sí, uno sueña a veces muchos, yo sí tengo eso de que sueño bastante con con lo de la guerrilla.

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Yo tengo una hermanita, ella es mi hermana menor que yo, un año y medio y ella sí quedó como con No sé ya quedó con tantos malos recuerdos más de eso. Ella no puede escuchar un ruido así un como un tiro. No, ya le tiene pavor a esas cosas.

No, yo sueño mucho así con la Sí, como enfrentamientos y y tengo mucho eh los sueños con enfrentamientos y en el pueblo y en la finca y más que todo pues ahora que No sé, también uno como que atraer las cosas como uno a veces se pone a pensar y además que mis papás viven en la finca.

Entonces, uno preocupado porque realmente la situación ahorita se ha puesto complicada y uno es, ay, ojalá que a mis papás no pues cuando estén que no lleguen ellos nuevamente con la inseguridad que había antes y eso. Entonces, uno pensando en esas cosas como que atraer los sueños, pienso yo, porque sí me pasa. Un sueño que he tenido es mucha mucha violencia que llegan y que llegan y comienzan con un enfrentamiento y una vez se sueña de que pierde pues son familiares así me ha pasado con mis hermanos, con mis padres y pues uno en sueño uno no sabe si es verdad o no es verdad y eso es horrible sentir el agradecimiento. Pero sí sí sí me pasa. ¿Sientes que de alguna o otra manera tu vida quedaron eventos congelados por lo que viviste? Sí, porque uno tiene recuerdos de eso y son como dice, momentos difíciles, feos, duros, entonces como que le quedan a uno ahí. También recuerdo Pero eso ya fue más grande, ya estaba como un . Mis dos hermanos mayores estaban en la universidad y bajaron en vacaciones en la en octubre. Y y ellos fueron al pueblo y en ese momento mi papá estaba operado y pues estaba en la finca y otro los tres nos quedamos como una semana en la finca. Y estando un día llegamos de hacer un nuevo oficio tipo las 4 de la tarde con un enfrentamiento ahí cerca y con esa una ahí con el tema de explotar. Ese recuerdo lo tengo muy muy claro de que se estallaron muchos cilindros, cilindros bombas. Recuerdo una vez que en otro día vamos a pescar.

Nosotros comenzamos a esquiar a llegábamos a arreglar las cosas y mi mi hermano me dijo, "No, no le no le pongamos cuidado a eso, vamos." Y como era por momentos que está ya y ráfagas eso así. Pero siempre eran lejos. Y no, y salimos que a pescar y luego otra y vuelven eso y no. Nosotros nos tocó poder ir a esconder todo, todo en en la casa y así como estábamos nos nos nos salimos corriendo para la carretera.

Es que la finca de nosotros la carretera son como 500 m a otro, ¿sí? Y entonces cuando llegó el por ahí estaba haciendo como barrear el cóctel. Entonces mi hermano, no, tengamos cuidado, no le vamos a ver porque nos pasan por falsos positivos, que porque uno trabaja de campo y dicen con ropa dañada, manchada, en botas, con sombreros, sí, no sé.

Y nosotros llegamos al borde de carretera y vimos una casa y nos escondimos porque por ahí sale el helicóptero y sí, ese sí lo tengo bien presente, la última vez que tuve una situación así. Eh, y digamos cuando cuando recuerdas eso que piensas o o que llega el momento de creer volver otra vez al pues ataco a la finca. Pues es que cuando recuerdo eso eh me da es como como miedo y tristeza de que vuelva a suceder eso en el pueblo, Porque por ejemplo, yo tengo un sentido de pertenencia muy grande y aprecio por el pueblo y por la finca. ¿Sí? Entonces es a uno como que le genera esa sensación de miedo y tristeza de que vuelva a pasar eso. A pasar, pues eso es que vuelvan digamos otra vez allá enfrentamiento, la inseguridad. Pues sabiendo que en estos momentos la inseguridad pues ha aumentado bastante

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Sí, en toda parte, pero uno la el que la vive pues pues yo no no la he visto, pero yo uno mis papás uno conoce gente por ahí de de otras veredas y pues realmente cuentan de que la situación está complicada. Para lo que estaba hace dos, tres, 4 años atrás.

Y algo que mi mamá si nos decía de que nosotros teníamos que salir del colegio y pues salir de allá y a estudiar, no quedarnos allá poder salir adelante. Ya siempre nos inculcaba eso de que que nunca nos dejáramos influenciar por esas personas porque le prometían cielo y tierra, pero realmente las cosas no son así. Y eso como que nos impulsaba y que no no quedarnos solamente con el bueno, mi casa. Quedarme en el pueblo, ser quedarme allá, sino me motivó que yo tenía que salir adelante, ¿sí? Y salir a estudiar ser, como dice, por ahí alguien en la vida.

Ahora que he vuelto el pueblo antes era muy sano y ahora con la minería hay mucha delincuencia, hay la eso no se presenta al ladrón, mucha gente viciosa, ¿sí? Que son niños que uno increíble pues de cierto modo mi infancia fue muy muy sana, ¿sí? Porque no había tanto mundo. Pero ahora con eso en la de la minería que hace como 2 años para acá ha tenido bastante auge.

Han llegado mucha muchas personas de diferentes lugares al pueblo. ¿Sí? Y se ha aumentado eso lo del lo de pues todo lo de la inseguridad, lo de drogas, ¿sí?

. Y yo tengo un compañero, ¿cómo te digo? Nosotros cuidábamos la finca se ha quitado 15 o 20 minutos del pueblo. Tengo otro compañero que seguía como a 2 horas 2 horas y media.

era más más adentro y él sí le tocó más duro eso. Le recuerdo tanto que él llegó para hacer el bachillerato en ese esto, pero sí nos contaba eso de que para él era muy normal eh el diario de ver a a los guerrilleros. Y además después de que él volviera y eso que con mismos compañeros de él eran guerrilleros después. ¿Sí? Él sí lo vivió más más cerca.

Y también contaba así de que a veces hablaba que no que que tal chino que fue mi compañero pues lo mataron y así.

Anexo 9 Elena Joven de Planadas - La violencia latente y el Otro de control en la cotidianeidad. P1: ¿qué perspectiva o qué eh puedes decirme cómo era tu comunidad cuando eras pequeña, cuando eras niña? P2: Pues recuerdo hasta los 5 años siempre estuvimos con mi hermana. Bueno, estuvimos todos mis hermanos, ahí nació mi hermanito chiquito y nos fuimos a vivir a Ibagué. En Ibagué vivíamos hermana, mi mamá, mi hermanito y yo.

P1: ¿Por qué tomaron la decisión de venirse a vivir a Ibagué?

P2: Porque mi hermanita nació con una condición, entonces teníamos que estar llevando a los al médico, citas y todo eso, entonces pues como nos quedaba muy lejos para para transportarnos. Entonces mi mamá decidió irnos a vivir allá. P1: Eh, tú viviste en la época del conflicto armado o estabas en ibagué?

P2: No. En ese tiempo ya no había, había un proceso de paz, entonces ya no ya no había eh lo del conflicto armado.

Hasta donde tengo memoria nunca, o sea, yo nunca he vivido eso. Pero siempre pues las FARC siempre ha tenido el control del pueblo de que después de las 7 de la noche uno puede salir en la calle. Eh lo de los marihuaneros y todo eso, entonces ellos siempre son ellos los que han tenido el control. Pero como tal el conflicto no lo he vivido. Pero aún así, todavía están así tomando el control de la de ese monitoreo. Sí, sí, siempre.

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P1: ¿Cómo recuerdas en el primer momento o en un momento dado que te hablaron del conflicto armado o de las FARC cuando eras pequeña?

P2: Pues mi mamá me dice que hasta cuando XXX era pequeña, todavía había lo del conflicto armado, que en cualquier momento había balaceras, caían bombas, todo eso.

Entonces, eh pues mi mamá siempre trabajaba en la casa, pues porque el pueblo nunca ha tenido así mucho trabajo. Entonces, ella siempre ha trabajado como vendedora, lavando ropa. Y en ese tiempo ella decía que sí había mucho conflicto, incluso en ese tiempo el portón de la casa era de madera y la casa de nosotros tiene un patio grande que conecta con el con el patio de la parroquia. Y entonces mi mamá me cuenta que tumbaron el el portón, entraron porque estaban tomando el pueblo, entraron y pues por el micrófono de la parroquia le hablaban a la policía que, por favor, se entregaran. Pero no fue P1: Y pero eso te lo dijo tu mamá, ¿tú no lo viviste o no recuerdas que haya sucedido? P2: No, yo lo único que recuerdo es que en un tiempo para una cosecha de café yo tenía como 6 años o 7. Nos fuimos a cuidarle la finca a mi tía, que está como a 10 minuticos de acá del pueblo. Esa vez sí recuerdo quedó un enfrentamiento y la finca quedó como en medio de dos cañas. Y caían muchas bombas.

Me acuerdo que estábamos muy pequeños. Y pasaban soldados heridos y todo eso, pero pues, o sea, nosotros en la casa. Pero pues veíamos todo. Esa fue la única vez que yo como que lo viví.

P1: ¿Y algo cambió desde ese momento?

P2: No, pues porque, o sea, como que no lo recuerdo muy bien, pero pues no se me olvida. no se olvida ese momento exacto.

P1:. ¿Y recuerdas algo de cómo era tu comunidad antes, ahora, ha cambiado o sigue siendo la misma comunidad? P2: No, siempre sigue siendo la misma. Desde que tengo memoria siempre ha sido igual. P1: ¿Y cómo es? P2: El pueblo como tal, ¿sí?. Eh, pues qué te dijera.

Es muy pues vivimos, o sea, muy tranquilos, no nos roban, no pues por lo que le digo que la guerrilla mantiene mucho el control de eso, entonces pues aquí no roban eh nada de eso. La gente pues vive muy tranquila, dejan cualquier cosa fuera, nada se pierde y nada. Vivimos muy tranquilos en ese sentido. Y pues la comunidad siempre vimos como todos relacionados.

Pues los de la cuadra siempre todos nos hablamos, nunca hay conflictos ni nada.

P1: Vivir en en esa situación, digamos, de que alguna otra manera saben que las FARC tienen una seguridad o tienen un control te ha permitido saber o experimentar algo respecto a tu vida, a la perspectiva que tienes del presente y del futuro.

P2: siento seguridad o si salgo pues me da temor o eh si salgo de noche puede sucederme algo o algún familiar. No, pues porque pues en este momento pues siempre me la paso trabajando ahí acá en la casa y pues nunca sucedió nunca sucedió nada, nunca sucedió nada de que hayan muertos o eso, pues desde el proceso de paz y pues tampoco han habido conflictos ni nada de eso, entonces pues pues uno siempre sale hasta que los negocios lo cierran, que son hasta las 10 de la noche, las panaderías.

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Eh, los otros negocios pues los cerraron a las 8 de la noche, pero entonces uno siempre sale como hasta antesitos de esa hora y ya, pero pues nunca he sentido como miedo de salir y eso no. A veces sí, cuando hay panfletos y todo eso sí trato de no salir.

P1: ¿Y esos panfletos qué dicen?

P2: Eh, ahí es cuando le comunican a uno que hasta la hora que que hay para salir, a veces mandan ciertos nombres de las personas que se tienen que ir del pueblo, pues porque pronto son marihuanero o o sí mantienen mucho en la calle, no, o sea, como que no cumplen las reglas, entonces pues mandan ciertos nombres, no estado y eso. Y pues me he dado cuenta de que cada cierto tiempo hay reuniones en el territorio de ellos, de los comerciantes que son las vacunas que ellos cobran. Y respecto a esos panfletos respecto a ese toque que da a los nombres que pues ya dicen directamente quién se tiene que estar y quién no puede estar en ese en el pueblo. P1: ¿cómo te sientes respecto a eso?

P2: Pues a veces sí me da como un poquito de miedo, pero entonces me da como miedo por el pueblo y que de pronto va a haber conflicto, pero pues en mi caso, o sea, sobre mí, no porque pues nosotros nunca hemos tenido problemas con nadie ni ni nada de eso, entonces pues vivimos tranquilas por ese lado.

P1: ¿tú tienes un negocio?

P2: Pues no sé cómo reaccionaría en ese caso, pues porque pues nosotros tenemos un negocio pues de arepas, o sea Hablamos de eso y todo. No tenemos un negocio grande y hasta donde tengo entendido pues le piden es como a los de las compras de café, a los supermercados y todo eso.

P1: ¿Y cuando piensas que les piden vacunas a ellos eh que llegas a pensar o cómo te sientes? P2: Pues no sé porque todo es como, o sea, son cosas que le cuentan a uno, pero entonces no es algo como muy concreto ni se sabe cuánto dinero ni nada de eso. Entonces siempre son como reuniones de ellos, solamente los comerciantes tampoco son pocos, pero sí ciertas personas y de ellos hacen reuniones, hablan de las de lo que tienen que cómo manejarse y todo eso.

P1: Estos actores armados, ¿qué me puedes contar?

P2: Ellos nunca se ven aquí en el pueblo. A veces el ejército llega hacer rondas P1: Y cuando el ejército llega a hacer rondas. ¿Cómo ves la situación o qué se te viene a la mente? P2: Pues cuando no los veo siempre me da como miedo porque pienso que pronto es algo que está sucediendo, que no se sabe, porque cuando los veo son muchos pues por todas las calles haciendo como vigilando y eso. Y la policía así pues casi no sale a la calle, mantiene siempre la estación de policía.

P1: ¿Qué no estarías dispuesta a negociar respecto a tu vida?

P2: Aquí los únicos que vemos que están como relacionados con ellos son los que están en la zona, Bueno, hay un campamento donde viven los excombatientes que queda como a media hora acá.

Entonces, ellos pues ellos sí mantienen acá en el pueblo y ellos pues vienen a comprarnos a nosotros, pero entonces yo trato pues mi mamá me enseñó desde muy pequeña pues con esa gente muy lejos, o sea, nunca he hablado con nadie de esa gente y Mi papá vive con una excombatiente.

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Entonces ella me contaba muchas cosas que sucedían, que ella hizo y todo eso, entonces siempre como que trato de no hablar de eso con nadie, pues porque mi mamá me cuenta que en el tiempo de ella era muy peligroso incluso nombrarlos, o sea, no se podían ni nombrar. Entonces por eso yo siempre no hablo con nadie así. Y entonces Yo creo que no estaría dispuesta a negociar pues que no sé. No sé. Cuando dices que digamos que mantienes distancia con esos combatientes y que en épocas anteriores no se podían nombrar. P1: ¿podrías profundizar?

P2: Pues porque hay personas, he tenido amigas que se han involucrado con ellas, con esas personas sentimentalmente, entonces las hacen ir del pueblo. Entonces, es un pueblo donde como a todos lados, son muy chistosos. O sea, todo el mundo sabe todo. Entonces, yo siempre trato de ni siquiera hablar con ellos. Ellos vienen, me compran arepas y eso yo los atiendo normalmente, pero de eso nada.

Y y pues también por lo que le digo a mi mamá porque en ese tiempo si era muy peligroso entrar a hablar con ellos, hubieron varias mujeres de acá que tenían estaban sentimentalmente con algunos, los metieron a la cárcel, duraron mucho tiempo en la cárcel. Ahora pues ya viven acá en el condado nuevamente, pero pues ya no tienen ya ellos ni siquiera no pueden ver hablando ni con la policía ni nada de eso.

Porque en ese tiempo pues si era muy complicado de que una mujer estuviera involucrada con un soldado, un policía o una un hombre de las partes. Y ahora pues las hacen ir Porque todavía pues hay muchas mujeres que les gustan los policías y eso, pero pues también las hacen ir. Entonces, por eso yo no no me involucro con ningún caso. P1: ¿Cuando piensas que de ese control eh estás de acuerdo o o que puedes llegar a pensar? P2: Pues en cierto modo pues mantienen pues muy controlado y todo, pero pues por ese lado muy bien porque vimos muy, o sea, no hay ladrones ni nada de eso. Pero por otro lado pues siempre me da como miedo en cualquier momento pues pueden hacer un enfrentamiento o alguna cosa de esas y eso sí me da mucho miedo. P1: ¿Pero te da miedo por lo que te han contado o te da miedo por lo que puedes llegar a pensar que puede suceder? P2: Me da miedo por las dos cosas. Por lo que mi mamá me cuenta que ella vivió y por lo que podría generar eso pues en en mí o en muchas personas.

P1: ¿Y qué podría llegar a generar?

P2: Pues siento que es algo como que no se olvida nunca y siento que viviría como con miedo todo el tiempo tiempo de de saber que pues en cualquier momento puede volver a pasar lo mismo y pues ahora teniendo esa lista pues mucho más miedo porque me da O sea, no sé cómo reaccionaría teniendo a la niña chiquita y eso. P1: ¿Y qué has pensado de que, digamos, llegara el caso de un enfrentamiento? ¿Cómo podrías llegar a enfrentar esa situación?

P2: Pues la verdad nunca he pensado porque no sé pues Porque a veces uno reacciona como en el momento de que suceden las cosas, pero pues nunca piensa cómo va a reaccionar estando bueno, viviendo esa situación. P1: ¿Qué crees que te puede diferenciar a ti de otros, respecto a la manera de enfrentar una situación? P2: Pues no sé, pues pienso que Pues que todas las personas no pensamos lo mismo, o sea, todas no reaccionamos lo mismo y pues siento que pues ahora que tengo hacer XXX pues eso me diferencia un poquito y que pienso más en ella. P1: Entonces de alguna otra manera la llegada de XXX ha cambiado tu perspectiva de vida?

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P2: Sí, pues porque antes antes sí mantenía mucho en la calle, pues tenía muchos amigos y eso sí duramos hasta tarde en la calle y todo eso, pero pues desde que nació ya no.

P1: Hay un momento de tu vida que marcó un antes y un después.

P2: No, pues No. Pues primero pues mi hermanito que nos pues nos marcó mucho y mi hija de resto pues siempre casi todo ha sido igual.

P1: ¿Cómo te imaginas en el futuro?

P2: Pues espero poder estudiar, seguir estudiando y estar bien económicamente para poder ayudar a mi hija también. Y fuera del pueblo.

P1: te gustaría irte?

P2: Sí. Pues primero porque siento que aquí no hay como muchas oportunidades de salir adelante y segundo porque siempre todo el tiempo la gente se mete en su vida. y las personas siento que lo toman como muy normal el control y los chismes porque como que están acostumbrados a que siempre han tenido el control. Entonces, pues siento que lo toman como normal, o sea, viven como con eso ya, pero pues no viven con miedo ni nada de eso. P1: ¿Tú crees que una persona que vive en ese control por el grupo armado aprenden algo? P2: No, pues no creo. O pues no sé. No sé cómo lo toma la gente, pues porque de pronto aprenden a vivir de pronto. De cierto modo aprenden a vivir pues haciendo lo que ellos dicen, pero pues no creo que aprendan. P1: ¿Y tú has aprendido algo respecto al lugar donde vives?

P2: Pues casi toda mi vida he vivido acá y pues casi siempre todo lo que he aprendido es por mi mamá porque nunca hemos sido así como de tener muchos amigos y eso.

y cuando llegan los panfletos hay unas personas que hacen caso y se van, otras que no. Entonces pues lo que le decía ahorita que pues uno como que está consciente que ellos tienen el control, pero pues nunca nunca los vemos en el pueblo ni nunca hay enfrentamiento ni nada de eso, entonces pues siempre vivimos tranquilos. Pero pues conscientes de que de que ellos son los que tienen el control. Como como ese ese padre que está ausente, pero que tiene autoridad. Sí. Entonces cualquier cosa puede venir y les puede regañar. P1: ¿Y siempre piensas en eso en que la comunidad está así porque ellos?

P2: Sí, pues siempre he pensado lo mismo, pues porque nunca qué pues porque porque siempre muchas veces pues hay rumores de qué cosas que van a suceder, pero pues nunca suceden. Entonces, pues también siento que en cierto modo la gente ya no como que no cree mucho.

P1: ¿Qué te gustaría que otros entendieran de ese municipio? o de tu experiencia al vivir en ese en ese lugar en Gaitania. P2: Pues Pues digamos Gaitania y Planada son dos pueblos totalmente diferentes. ¿Sí? Eh y dos mundos muy distintos. Entonces, pues Gaitania mucho más sano que planadas, acá no hay ladrones, casi no hay viciosos y todo eso. En planadas si se ve mucho mucho más eso. Pero pues hay mucho más comercio y todo eso. Es como una ciudad chiquita. Gaitania es digamos un barrio de Ibagué. Pero o sea, aquí no hay alcaldía, aquí hay hospital. Entonces, solamente para los primeros auxilios y todo eso. Todo lo que tenga que hacer, la registraduría, la notaría, todo eso tiene que ir a planadas. Porque aquí no hay.

Aquí usted encuentra pues almacenes, eh restaurantes, bares y todo eso, pero lo más importante siempre toca ir a planadas, porque aquí no hay banco ni nada de eso.

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P1: Y respecto a que le qué te gustaría que otras personas entiendan o o si te dicen, "Tienes que describir a Gaitania qué les gustaría que dijera".

P2: No, pues me gusta mucho el pueblo pues porque pues los primeros meses del año son muy solos, pues porque pasan las fiestas, las fiestas siempre son en enero y diciembre, entonces queda muy solo. Pero es un pueblo que tiene mucho comercio por el café y el frijol y pues me gustaba vivir acá, pues porque aquí tenemos la casa de nosotros y pues siempre hemos vivido acá con mi mamá y es un pueblo muy sano. Un pueblo muy sano donde pues todo el mundo conoce a todo el mundo, pues a la gente que no puede ayuda, se ayudan mutuamente.

Cuando uno nombra a Gaitania y siempre como que la guerrilla y de que hay mucha gente que cree que para no entrar al pueblo tiene que tener carnet de la guerrilla para poder entrar y todo eso, pero no. Eso es totalmente mentira. Aquí pueden ir los que quieran y ya. Obviamente pues mantiene muy pendientes de todo. Porque ellos saben todo todo todo todo lo del pueblo. Ellos saben quiénes entran y quiénes no. Si ellos saben todo pues porque también tienen gente pues Pues nosotros le decimos que son sapos de la guerrilla, Pues porque son los que viven, así les decimos nosotros.

Pues porque son los que viven, o sea, pues con nosotros y todo y pues son amigos de todo el mundo y están pendientes de lo que uno diga o no diga de ellos para contar.

Hace poco, hace el año pasado, como a finales de año, tres muchachos se desaparecieron del pueblo totalmente. Y ellos trabajaban con ellos y pues, o sea, eran sapos y se desaparecieron del pueblo porque ya se fueron a trabajar con ellos directamente pues a lo mejor.

Me acuerdo cuando yo tenía como 14 años, 15, tenía un amigo y él hablaba mucho con ellos. Entonces, eh pues ya me cogió mucha confianza y me contó que él le hacía favores a ellos y razones y todo eso. Eh, él se perdió un tiempo, se fue a trabajar con ellos allá. Él supo algo que iban a hacer y lo metieron a la cárcel, duró como 4 años en la cárcel, salió, el año pasado salió a principio de año y volvió a trabajar con ellos. Y hace más o menos en noviembre del año pasado iban en una camioneta en el Cauca cerca del caqueta disculpe y que un carro bomba lo mato. Pues me dio mucho pensar porque yo pues siempre le decía como que no trabajara con ellos y todo eso. Y pues era conocido de todo el pueblo.

P1: Y cuando llegan esas noticias al pueblo, ¿qué se rumora o cómo se siente el ambiente? P2: No, pues siempre pues como era conocido de todo el pueblo, era acá el pueblo, pues siempre pues todo el mundo hablamos de que qué pesar, de pues todo el mundo sabía que él trabajaba con ellos, que estaban en la cárcel y por eso. Y que pues estando en la cárcel y volvió a salir, pero pues quiso seguir trabajando con ellos, incluso él no podía volver al pueblo y él apenas salió de la cárcel se fue a para acá. Y pues se murmuró unos diitas eso, pues uno siempre ahí los acompaña al entierro y eso, pero después del entierro y eso ya no se vuelve a murmurar nada. P1: ¿Y por qué?

P2: Pues porque siempre porque trabajaba con ellos y eso, entonces pues la gente como que no. Pues porque siempre uno sabe quién está trabajando con ellos o algo o quién está escuchando y pues por un comentario o algo pueden pues pasar muchas cosas.

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Pues a veces cuando digamos hay peleas en el pueblo de una vez los llaman los mandan a llamar, les sacan multas y si no pagan pues se tienen que ir del pueblo, no pueden volver.

P1: Ya para finalizar, ¿qué planes y proyectos tienes para futuro?

P2: quiero hacer una carrera, terminar de estudiar. Eh, si Dios quiere pues irme del pueblo pues con mi mamá y mi hija y empezar pues una nueva vida en la ciudad, pues porque todo es muy diferente. P1: muchísimas gracias...

Anexo 10 Joven de Rioblanco - La herencia del traumatismo y la resistencia a la victimización.

P1: ¿Tú cuántos años tienes?

P2: 16.

P1: ¿Y vives en Rioblanco?

P2: Si en el casco urbano P1: ¿y estás estudiando?

P2: Sí, señora. Pues ya salí en el colegio el año pasado. Ahorita estoy haciendo papeles para entrar en una universidad que se llama San Camilo.Es virtual es que es que apenas estoy haciendo el proceso y la verdad no no hace mucho. Pero pues hay cosas.

Lo que pasa es que ya como tal si no estoy mal, esta semana me llega el correo para ya iniciar las clases. P1: Bueno, me gustaría que me contaras un poquito de cómo era el lugar donde vivías cuando eras muy pequeña. P2: Mira, eh nosotros pues aquí el conflicto armado como tal fue en el año 2000. Mi familia, todos mis abuelos y mis papás y todos lo vivieron Eh, o sea, lo vivieron en ese momento. Yo no estuve como en el momento, pero pues viví como las secuelas que dejó el conflicto en el municipio. Nosotros en ese tiempo vivíamos en una avenida que se llama Puerto Saldaña, que fue el centro, mejor dicho, de ahi se veía todo. Entonces, pues vivían ellos, ¿no? Porque yo no existía.

Pero eh la verdad sí sí marcó algo grande porque en ese tiempo teníamos como sea, como la economía también de nosotros, de mis abuelos, de todo, bajó mucho porque pues ellos se tuvieron que eh Sí, se tuvieron que ir de allá y venirse para acá para Río Blanco y pues acá no tenían nada, ni donde vivir, ni nada. Entonces, pues acá les tocó duro, les tocó pues desplazados.

Por un tiempo, luego cuando volvieron, pues ya todo estaba destruido, todo estaba acabado, pues prácticamente volver a empezar. Entonces, pues eso también marcó mucho en pues en mi niñez, en todo porque ya no era no era lo mismo. Pero igualmente pues, no sé, como que no se acostumbra a eso y ya pues he podido salir adelante. mis papás también y ahorita vivimos acá, mis abuelos siguen viviendo ya donde fue todo, pero pues ya.Si siempre pues me hacen muchas cosas, pero ya mucho mejor.

P1: cuando me dices que se acostumbran a eso, ¿a qué haces a qué dices que se acostumbran? Pues lo que pasa es que después de eso pues todo quedó destruido. Entonces poco a poco mi familia fue otra vez y pues toda la gente por allá fue volviendo a reconstruirse, ¿entiende?

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Entonces pues no cuando yo sola estaba chiquita, nosotros teníamos una casa que era pues se estaba en ruinas. Teníamos que volver a construir, a mi abuelito le tocó que volver a empezar a sembrar, el cafetal, que todo eso. Entonces prácticamente como que volvimos a empezar de cero. En el momento que yo nací y todo eso estábamos en una pues en una crisis económica pues eh complicada. Entonces pues seguimos adaptando, pero poco a poco pues vamos saliendo de eso.

P1: ¿ que recuerdas de cuando eras pequeña, porque si me dices que naciste cuando había una crisis económica, ¿qué recuerdas respecto a a lo que estabas viviendo, al lugar donde vivías?

P2: Pues me acuerdo mucho que, cuando era muy pequeña la casa donde vivíamos era una casa grande, pero era escombros, o sea, las paredes estaban dañadas y no tenía techo, entonces poco a poco mis abuelos fueron poniéndole y todo eso. Pero todo era muy diferente, la gente y todavía eso también marco de recuerdos en la gente, la gente ya casi no es igual.

Pero la gente ya pues me dice que no, ya no es igual, no sé. Siento que el pueblo como tal, quedó como no sé, como que todavía no se recupera de eso. Pero recuerdo mucho eso y todavía usted va y hay muchos escombros, muchos escombros.

P1: Y cuando me dices que la gente no era igual a que hace referencia, P2: Pues mamita dice que pues antes eran como muy unidas, ¿me entiende? Para todo eran muy unidos. El puerto era un sitio porque pues ahí es como un centro poblado, es una ruta de rioblanco a herrera, entonces ahí llegaba mucha gente de otras veredas, como el horizonte de muchas veredas, ahí a vender café, entonces era mucho comercio que se manejaba. Después de la guerra la gente pues tuvo que buscar otras partes, ahorita el comercio en el puerto es muy poco. Además, la gente, no sé, la gente se volvió como más egoísta, ¿se entiende? Como más como más ellos piensan en ellos y ya, o sea, ya no volvieron a ser como la comunidad que eran antes. P1: ¿Qué te ha permitido seguir siendo tú en medio de todo esto?

P2: Pues, no sé, desde pequeña, no sé, digo que la crianza, mis abuelos siempre estuvieron muy ahí muy pendientes, mis papás, pues siempre tuve una familia muy unida.

Siempre he tenido una familia muy unida y a pesar de eso, pues siguieron adelante y siempre dándome las oportunidades que tengo en el momento.

P1: , ¿Qué has descubierto en ti que por el conflicto armado no conocías?

P2: Pues cuando yo llegue a Rioblanco, pues acá los niños, o sea, cuando yo entré a estudiar acá al colegio, los niños eran, bueno, los muchachos todo, como que les causaba miedo, ¿sí me entiendes? No no no les causaba miedo yo o si no como que yo venía de allá y como que me preguntaban y eso qué es, cómo es, ¿verdad? O sea, la gente como que tiene también crea muchos mitos, ¿sí me entiendes?

O sea, sí pasan muchas cosas, pero pues la gente acá como que le mete también más cosas. Entonces como que me preguntaban y yo llegaba y yo no decía, "No, pero eso tampoco es tan así." Eh y a veces decía a mí, pero usted se como hace, se se no le da miedo, usted tal cosa. Yo no, o sea, como que a frente me di cuenta que como que uno se acostumbra a eso, o sea, como que uno lo normalizar, ¿me entiendes?

Y pues para mí no era cosa que era del otro mundo, pero para ellos sí era como que ay, pero ustedes como tal cosa. P1: Y me podrías dar un ejemplo de lo que te decían de que creían los mitos y cuál sería la realidad.

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P2: Pues lo que pasa es que allá eh pues la gente pues la mataban, la bajaban de los carros, eh la mataban, la echaban al río, en la casa en que nosotros vivimos en el momento en el que viven mis abuelos en el momento. Ahí bajaban la gente porque al pie de la carretera entonces ahí bajaban a la gente y queda un poquito retirada bien del caso urbano. Entonces eh bajaban la gente los carros, eh la metían a la casa, las mataban, dicen, no sé, dicen que algunas la los sí, los despacharon y los echaban al río, ¿entienden? Entonces pues lo que yo tengo entendido lo que sí sé que es verdad era que la baja bajaban a la gente, hablaban con ellos y miraban si los dejaban vivos o y si los echaban al rio. Pero entonces la gente acá era como que los picaban, como que todo eso, que mire, que lo mataban, que lo mataban ahí, o sea, muchas cosas. Pues yo no no no lo vi en el momento, entonces yo les decía, "No, pero tampoco es así." Entonces ellos pensaban que también, o sea, en ese especial ya llegó para acá como en el 2012, pues ya había llevado mucho tiempo de la guerra. Entonces yo le decía, "No, Pero ahorita no es así, ahorita ya no se ve eso, ahorita todo eso. Pero la gente toda pensaba que todavía pasaba eso, ¿me entiende? Entonces como que le tenían como cierto cierto pavor. Yo decía, "No, pero no es así."

P1:Y respecto ahora cómo era la sociedad o el lugar donde vivías respecto al hoy. Si tú digamos, yo sé que tú no vives allá en estos momentos, pero si tú vas de vez en cuando, ¿qué diferencia ves desde el 2000, digámosle, 10 que ya tenías dos, tres años o 11 al 2025?

P2: La verdad, eh ahorita siento que Yo voy de visita, voy de visita a mis abuelos, pero casi no me gusta entrar como tal al casco urbano , no me gusta. Porque no sé, se siente maluco, no sé, la gente la gente ya no es no es como no es como era.

No sé, cuando estaba más chiquita como que pues uno cuando es niño con la felicidad y todo se entraba, saludaba a todo el mundo, tiene todo el mundo es como que saludaba, con alegría. Pero ahorita no, ahorita es diferente se entre con que todo el mundo en lo suyo, como que no es muy unida la gente. No es muy admirable. Entonces, no sé, de pronto ahorita también mucha gente se está yendo otra vez.

Eh, está como muy solo, como que usted entre es como solo, como no sé, es como triste. Se le genera como tristeza en el momento o es lo que a mí me la percepción que yo tengo.

P1: ¿Qué recuerdas de que cambió la vida cotidiana cuando llegaron?

Pues cuando naciste respecto al momento en que te viniste ya para Río Blanco P2: cuando vivía allá pues nosotros tenemos la casa al pie de de la carretera, pero pues tenemos la finca hacia arriba porque a pesar de todo, pues era en el campo, nos pasaban jugando, que vamos a ordeñar, que vamos a hacer tal cosa, con mi abuelo para arriba y para abajo. Y salí al puerto, jugabamos por ahí en el parque, tal. Cuando yo ya me vine para acá, pues acá es todo muy diferente, o sea, en como tal en el pueblo. Y sí, fue un cambio drástico los primeros días y eso y luego entró la pandemia y pues fue peor.

Pero qué, pero pero pues me fui adaptando poco a poco, pues con las amistades y todo, pero si fue un cambio porque pues allá en el campo todo era diferente, ¿entiende? Todo todo. Pero poco a poco sí, me fui adaptando acá. Y Yo siento que para mí es es fácil adaptarme a otros entornos. Ay, no sé. Pero pues no sé, pues siempre me he adaptado como como a varios cosas.

P1: ¿Me podrías dar un ejemplo? De de una de un momento que tú tuviste que adaptar.

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P2: Pues diría que Pues no sé, pues sería como que en el puerto eh pues la vida era muy diferente. Eh, pues yo estaba llendo para arriba y para abajo en la finca, luego estudiaba, llegaba a la casa y me la pasaba así. Ya aquí y en Río Blanco, pues es diferente.

Acá yo comencé pues a estudiar, acá el estudio fue mucho muy diferente, o sea, era muy diferente ya, nosotros prácticamente íbamos a recochar. Acá era diferente, fue una cosa que me tuve que adaptar así rapidísimo. Eh, pues adaptarme también a como al entorno acá porque acá, o sea, como que los del puerto, o sea, es como Acá tienen dicho que si se viene en el puerto, ustedes es guerrilla.

Entonces, como a ese entorno también hubo un tiempo que los chinos eran canciones eh con el cuento de que ay, que te raspo, que que no, que ojo, que nos pegan a plomo, o sea, cosas así comentarios. Pero pues yo les decía, o sea, eso no es así y tal cosa y me fue adaptando y ellos también se fueron adaptando como a que eso no era así y todo eso y ya, o sea, pasó como eso. Entonces, pues yo diría que eso.

P1: ¿Y cómo te sentiste cuando te decían porque estabas muy pequeña, te decían que pues eras un guerrillero. P2: Sí, pero yo tenía como 12 años, pero mira que para mí no fue tan complicado porque pues mi familia siempre me, no sé, me me habló todo como era. Y me dijo todo como era y me dijeron, o sea, yo yo venía muy aterrizadita, ¿sí me entiende?

Entonces, cuando yo me decían, yo decía, "O sea, pues embarrada porque me molestan con eso y eso no es así, me daba rabia." Pero después vi que era recochando y poco a poco los hice entender que tampoco era así. Entonces como que eso fue cambiando, pero tampoco me afectó tanto porque ya venía como como consciente de las cosas. P1: ¿Qué decisiones importantes has tenido que tomar en estos tiempos?

P2: Eh, ahorita eh pues lo de la carrera, ¿en qué me voy a enfocar? ¿Para qué me va a servir para mi futuro? Pues ahorita estoy trabajando, estoy estudiando. Voy a estudiar que diga, entonces pues eh esas son como las decisiones más importantes que he tomado en el momento. Salí del colegio y pues no sé, es un cambio brusco salir del colegio y hasta mirar como qué voy a hacer. Eso es una decisión bastante difícil.

P1: ¿Qué cosas no has estado dispuesta a negociar? Pase lo que pase.

P2: Diría que no sé, pues ahorita mi enfoque más grande es como mi futuro, ¿qué voy a hacer? Mi familia, no negociaría por ningún motivo separarme de mi familia. Y no sé, pues buscando oportunidades como sea para mí, para mi entorno. Eh, sí, yo diría que no más así es, no abandonar a mi familia por más de que este en este pueblo he vivido muchas cosas, diría que tampoco abandonar mi pueblo, o sea, y y mi historia porque de cierta manera, aunque el conflicto pues trajo muchas cosas malas, también trajo una historia y una una memoria histórica muy grande. y la verdad no no me avergüenzo de eso ni ni ni me complejo ni nada de eso.

sino que para mí es una historia que hay que contar y que y pues yo diría que eso, en las cosas que no no lo sé. P1: ¿Qué historia contarias de tu pueblo?

P2: Uy. Nosotros en año cuando fue mi mamá en la Universidad de Tolima, no, sí, la Universidad de Tolima hizo una un centro de memoria histórica en en en el puerto, hace un tiempo. Nosotros vimos mucho eso y mi mamá estuvo, uf, mi papá dice me deje tema. Yo diría que uf, hay mucho para contar, mucho.

Usted era acerca de muchas personas allá en el puerto, personas, o sea, que han tenido mucho tiempo ahí bebiendo. Y eso sé que me impresionaba las historias que le cuentan.

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tanto para contar porque pues no he vivido tanto, pero sí como que me han dicho de lo que pasó. Y la verdad que Uy, o sea, ha cambiado mucho en la guerra y el conflicto trajo muchos cambios al puerto y como tal al municipio. Como en temas económicos, en comercio. Eh, diría que también psicológicamente para las personas porque hubo cambios grandísimos, muchas personas tuvieron que irse desplazadas.

Algunos volvimos, algunos nunca volvieron ni nunca van a volver. Y que y Pues no sé, nosotros volvimos, empezamos de cero y todo, pero pues ha sido muy difícil, ha sido muy difícil volver a recuperar y no se ha podido recuperar lo que había antes. O sea, eso fue muy muy drástico para como para las familias, como para la vereda, todo. P1: Cuando hablas de esos cambios económicos, psicológicos, esos cambios vienen de que las personas van, vienen. ¿Me podrías como profundizar un poquito?

P2: Lo que pasa es que pues yo te decía que antes la verdad era muy comercial. Bajaba todo el café, todos los ahí mismo bajaban el café, llevaban la remesa, todo. Ahorita después de la guerra ya no pasa eso. Ahorita ya es complicado porque lo más es que ahorita está volviendo como a querer crecer, pero no se puede porque igual siguen los grupos armados siguen, no como antes, pero igual siguen cobrando vacunas, siguen haciendo cositas que pues pues la gente como que ya vive con eso, ¿sí me entiende? Pero entonces es complicado como para usted llegar y poner un negocio, es complicado.

Eh, eso viene muchas cositas, entonces por eso ya el comercio no es igual y siento que no va a poder ser igual. Y el tema de las personas, chavo, tío. En el tema de las personas, como te decía, o sea, ya no sé como que no hay una unión entre todos, sino que cada uno como por su lado, como que vive y ya.

Pero entonces usted no no es como muchachos, me pongo mucho a mirar los niños, o sea, como que no, usted no les ve como aspiraciones, como que quiere hacer tal cosa, tiene que tal otra. No sé, usted ya entra al pueblo y es como triste. O sea, para mí es triste entrar y ver. Es muy triste.

P1: ¿Qué te diferencia a ti de las otras personas en la manera en que enfrentas esta situación? P2: Yo siento que pues de cierta manera viví y experimenté muchas cosas, pero pues lo hice y ya, o sea, sigo adelante. Seguí adelante y quiero seguir, quiero necesito ver muchos más para mi futuro, con mi familia, con todo y también eso y también tengo un gran apoyo de pronto tal vez eso me diferencia con otras personas, no es que las otras personas no quieran salir adelante, sino que muchas veces no tienen suficiente apoyo que necesitan. Y que yo siento que se sobre llevar muy bien la situación, igual que está mi familia, mis papás, mi hermano, todo. Entonces, yo siento que lo he sabido llevar.

P1: ¿Entonces, esas personas que iba a tener estaban apoyando serían es quiénes?

P2: Mi familia, serían mis abuelos, mis papás, eh sí, mis padres que fueron también vivieron en sí vivieron todo todo todo.

Y pues me cuentan mucho y me dicen que o sea que yo tengo que seguir adelante y que hay que seguir adelante y que eso es una o sea es una historia de cierta manera fea, pero sigue siendo una historia del pueblo y que yo tengo que seguir adelante y eso me importa.

Sí, lo que pasa es que mis abuelos y toda mi familia trataron de nunca victimizarse. O si no, yo aunque si trajo muchas cosas, siempre me guiaron, no hay que tener que victimizarse, sino que hay que seguir adelante. Y eso es lo que pasa mucho también en el pueblo y en el puerto. Toda la gente trata como de victimizarse, victimizarse, pero tampoco hacen

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nada para seguir. O sea, están estancados tratando de victimizarse que otra persona venga y le solucione y así no va a ser.

Entonces, pues tal vez es eso. siempre me crearon con eso. Y pues lo otro de un hecho así que me marcó sí pues son muchas historias, créame que uf, son demasiadas. Eh, una de esas era que mi abuelito era el presidente de la Junta Comunal. En ese tiempo él vivía un poquito más abajo del puerto en una era un poquito más como 20 minutos que él se llama Campredón. Ahí pues una vez él era presidente de la Junta Comunal.

Entonces una vez mataron a un señor cerca de la casa, lo bajaron del carro, lo mataron y lo dejaron ahí. A mi abuelo y a las personas de ahí les tocó que ir a como tal hacerle todo el procedimiento porque en ese tiempo, o sea, venían, pero venían la persona que tenía que ir a hacer todo el procedimiento llegaba muy tarde, entonces era muy cuando él fue él le dijeron, o sea, mataron a alguien allí que quiere recogerlo vamos y hace el procedimiento, mirar quién era Él se fue pues ya le ha tocado varias veces en serio o proceso.

Cuando él llegó era un familiar, era un amigo muy muy cercano a él y mi abuelito me cuenta que fue una sensación muy fea porque pues él nunca él no iba o sea, con la presunción que pues iba a ser esa persona, ¿sí me entiende? Y que pues le dio mucha tristeza, mucha mucha tristeza y que lo ha matado injustamente porque esa persona no no o sea, por chismes por cosas de que que porque el señor tenía un carro y el problema es que en ese tiempo pues estaban dos grupos, ¿cierto? De la guerrilla y los paramilitares.

Entonces, si usted viene y usted tiene un carro, usted viene y le dicen, "Tiene que llevarme a un grupo de la guerrilla." Tiene que llevarme a tal parte o si no pues lo mato o si no tal cosa. Pues qué hace usted, usted lo lleva, ¿cierto? Luego vienen los otros y le dicen lo mismo, pues usted tiene que cargarnos. Entonces, el señor estaba en eso. pero entonces no estaba con ningún grupo, simplemente llegaban y cada rato lo amenazaban, pensando qué tenía que hacer, hacerla. Entonces mi abuelito le pareció que era una injusticia muy grande saber que lo había matado tan injustamente y él no sabía qué persona era y llegar y tener que recogerlo, levantarlo, hacer todo el proceso. Pues no sé, a mí me me marcó mucho esa historia porque pues para mi mamá y todo mi familia fue muy triste. Vale, me imagino que debe ser una porque él sabía el tipo de persona que era.

Actualmente pienso en eso y me afecta mucho el saber todo lo que mi familia tuvo que pasar. La verdad, uy, yo tengo un pensamiento muy grande con mi futuro. Eh, pues ahorita estoy estudiando lo de comunicaciones y marketing, pero quiero enfocarme más. Mi mamá siempre me da consejos y mis abuelos todo como emprendedores, ¿me entiende? Entonces tengo un emprendimiento grande con el tema del café, entonces tengo un proyecto grande con el tema de café, mi hermano tiene 12 años, él se está enfocando en eso, está haciendo es un está aprendiendo de barismo y catación. Entonces, tengo un proyecto grande con eso y quiero emprender.

Entonces, si voy a comenzar a estudiar, voy a seguir trabajando, eh poco a poco voy a ir armando, voy a ir eh buscando la manera y para ver si puedo montar el emprendimiento que tengo. También el emprendimiento se llama dulces ahora pasa.

Son eh bebidas, son bebidas a base de café, todo con con cosas de café, cosas de la tierra, todo eso con una historia muy grande, o sea, pues nosotros viendo desde el conflicto eh la forma de salir adelante,. Es es una trayectoria donde estamos mi hermano y yo.

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pues tenemos como las bases, como Y nosotros acá hace poquito hicimos el año pasado, hicieron una feria de café en acá en el pueblo, en el municipio. Nosotros sacamos el proyecto, pero en el tiempo pues yo estaba terminando de estudiar y todo y como que quedó pausado. Entonces yo siempre me toca ponerme a trabajar, ahorita estoy entrando a la universidad, entonces está como pausado el proyecto.

Pero en eso en ese en ese tiempo lo lo sacamos y pues la idea es volverlo a retomar, pero mucho mejor, o sea, darle pinta más ideas, mirar cómo lo hacemos que ser, presentarnos en más en más lugares y todo eso. P2: Que la verdad he aprendido que hay situaciones muy complicadas y para muchas personas, porque muchas personas han vivido cosas mucho peores. Y pues que y pues que hay que aprender a sobrellevar las cosas, no hay que victimizarse todo el tiempo esperar que otra persona venga a solucionar o si no tratar de salir adelante. Salir adelante y mirar cómo se va a mejorar, cómo va a ser para el futuro y tratar de no victimizarse siempre. Siento que eso es lo que más aprendí en toda esa cuestión.

P1:¿Qué te gustaría en que otros entiendan de tu experiencia?

P2: Te voy a decir, pues yo diría que eso, que también hay que entender que pues hay personas que son muy inconscientes en el sentido de que se llega como desplazado en el pues no son la experiencia de mis padres y todo eso. Se llega desplazado y como que hay personas que no buscan darle la oportunidad o sino como que pues son como un obstáculo, ¿me entiendes? Entonces hay que tratar de ser conscientes también en ese sentido. Y que y pues como te decía, hay que seguir adelante eh no importa el obstáculo que se presente ahora.

Cita: Cupajita Rodriguez, Laura (2026), Incidencias subjetivas en sujetos que han vivido en situaciones de violencia del Otro, Universidad de Antioquia, p. N. https://hdl.handle.net/10495/50792