Leer y Releer · 2026
Breviario del Mundial
El balompié, como todo deporte de asociación, es democrático y multifacético, una actividad en la que todo cabe, aunque finalmente no lo sea. Es indudable que a la fiebre futbolera se le pueden endilgar tantas bondades como demonios injertos, soslayando en ello todo lo humano de quienes, como espectadores, practicantes, competidores profesionales, analistas, entrenadores, apostadores, empresarios o detractores, se involucran con este invento inglés, surgido en Londres hacia 1862, cuya estructura y reglas son la base del que hoy se practica, aunque tenga variantes en algunos países o culturas (fútbol americano, fútbol australiano, fútbol gaélico y rugby, entre otros). De aquella primera Asociación Inglesa de Fútbol, inaugurada con la Copa de Inglaterra, hasta hoy, ha crecido tanto el reconocimiento de este deporte que no hay lugar en el planeta que al menos no tenga una pequeña representación masculina o femenina en esta práctica. Razones de este tipo motivaron la creación de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), en 1904, y el primer encuentro de competición para selecciones, instalado oficialmente en 1930, con 13 equipos representando a sus países para aquella contienda denominada “Mundial”, que coronó campeona a la selección de Uruguay. Además, sus organizadores plantearon la celebración de esta competición cada cuatro años, con variación de sede y la invitación para todos los países asociados a FIFA, dejando de jugarse solo en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Estos son solo algunos datos que engrosan la larga cronología futbolera, pero hay más para decir al respecto, como que el fútbol es otra lupa de nuestros dramas humanos, dimensiona lo maleable de nuestras emociones, la tendencia de ritualizar, el impulso de empeñar la ilusión al azar del triunfo o de la pérdida, con la sentencia “zubeldiana” de que en cualquiera de los casos, lo que sigue es pasar la página y volver a empezar, ¡claro!, con mayor comodidad para quien alardea de haber ganado, aumentando la efervescencia de la siguiente ilusión.