NARRAR PARA CONSTRUIR
Memorias, educación identidad: las huellas del conflicto armado en Roncesvalles, Tolima Angie Bermúdez Molina Juliana Muñoz Calle Universidad del Valle - Sede Cali Facultad de Artes Integradas Escuela de Comunicación Social
NARRAR PARA CONSTRUIR
Memorias, educación identidad: las huellas del conflicto armado en Roncesvalles, Tolima Angie Bermúdez Molina Juliana Muñoz Calle Director Miguel Tejada Trabajo de grado para optar al título de COMUNICADOR SOCIAL Y PERIODISTA Universidad del Valle - Sede Cali Facultad de Artes Integradas Escuela de Comunicación Social Santiago de Cali
2023
Resumen: Narra para construir es un proyecto de intervención en comunicación-educación en el que se trabajan las huellas y memoria del conflicto armado en Roncesvalles-Tolima, implementando estrategias de comunicación con niños, padres y maestros de la Institución Educativa La Voz de la Tierra para dar cuenta de la memoria y así mismo, cultivar cultura de paz.
Los temas trabajados se han entretejido en la creación de un libro expandido, cuya obra de relatos y productos audiovisuales nos permite acercarnos a las diversas formas de contar y expresarse sobre la memoria del territorio. La creación de estos productos se suman a los trabajos artísticos, sociales y culturales que buscan llevar a cabo procesos de reparación simbólica con las víctimas.
Palabras claves: memoria, identidad, educación, cultura de paz, conflicto armado, postacuerdos.
A G R A D E C I M I E N T O A la comunidad de Roncesvalles, Tolima que generosamente compartió sus experiencias y vivencias relacionadas con el conflicto que marcó no sólo la historia de este territorio, sino que también sus vidas. Cada relato nos permitió comprender la complejidad y la profundidad de las circunstancias que abordamos en este trabajo. Agradecemos su apertura y disposición, así como su valentía al enfrentar los desafíos que la historia les ha presentado. A los maestros y directivos de la Institución Educativa Técnica “La voz de la tierra” quienes amablemente abrieron las puertas de sus aulas y sus memorias para dialogar con nosotras. Al profesor Jorge Caicedo que nos sembró confianza y anhelos para comenzar a construir este proyecto, sus enseñanzas y palabras nos acompañaron en cada viaje; al profesor Miguel Tejada que con su experiencia contribuyó a la calidad y profundidad de esta investigación; al
profesor Edgar Bolaños que desde la excelencia de su labor, aportó y acompañó al diseño de nuestro trabajo.
B I T Á C O R A Escribir sobre el camino que hemos recorrido para llegar hasta este punto es, sin duda, recordar que cada una de las etapas vividas, sufridas y amadas han dejado huellas significativas y decisivas para este proceso. De alguna manera, nos hace pensar en que hay senderos de vida destinados a cruzarse para unir sus rocas y seguir construyendo. En un sendero de esta historia estaba yo, Angie. Nacida y criada en el campo, en un municipio alejado de todo, que carecía de mucho, pero en tierra fértil y próspera que brindaba lo necesario. Un día, las montañas y ríos de ese pueblo empezaron a tener más pisadas que nunca en su historia. Refugiaban entre sus árboles a dos bandos que se llevaban consigo la paz del territorio.
La tranquilidad del paraíso verde había sido interrumpida y la niña temía cada vez que caía la noche, pues junto con ella venía el horror. La guerra estaba presente en cada rincón del pueblo: en la escuela, en la iglesia, en el parque, en las casas, en las fincas… la guerra se veía en hombres con armas, en la sangre de las carreteras, en las mamás que lloraban sus hijos, en los días sin clase, en los animales desnutridos porque el amo había sido asesinado. Esa guerra entró a su casa y la convirtió en víctima, pero pasaron muchos años para reconocerse como tal. Para ella era inconcebible que el dolor que vio durante tantos años y que sintió hasta las entrañas, lo hubiesen vivido más personas. Pero la realidad era otra, la realidad era que más allá de las montañas había millones de familias con un dolor profundo y pérdidas irreparables. La realidad era que millones de niños y niñas fueron arrebatados de sus familiares, asesinados y víctimas de desplazamiento.
Y, en el otro camino estaba yo, Juliana. A mis cinco años, vivía junto con mi familia en La Habana, un corregimiento de Buga. Sin comprenderlo bien, en una madrugada empacamos nuestras cosas, las subimos a un carro e iniciamos nuestro viaje para Cali. Dejábamos el pueblo, la casa, la finca, la escuela, a nuestros amigos y a la familia. Resulta que un día, esa guerra que está tan presente en los territorios rurales, interrumpió nuestra cotidianidad, tocó en la puerta de mi casa y a través de una carta en la que se exigía dinero a cambio de conservar a vida, se sembró una zozobra que nos terminó convirtiendo en unos números más en la lista de desplazados de este país.
Crecí preguntándome cómo aquellas montañas en las que dejaba mis pasos y eran testigo de aventuras, alegrías y encuentros, también eran las mismas que una vez se empañaron de sangre, retuvieron miedos, silencios y soportaron tanto dolor. La montaña y mi familia
campesina me narraron esas historias, y a la vez, me enseñaron de la esperanza, para crecer deseando un entorno más justo y pacifico.
Ambos senderos se encontraron en el 2019, cuando realizamos un análisis al trabajo de Rutas del Conflicto en su informe Ríos de vida y muerte. Este proyecto nos reveló un interés común por abordar la memoria y, en especial, el conflicto armado colombiano. Desde entonces, nos vinculamos frecuentemente a estos temas desde lo sonoro y lo escrito, para así realizar investigaciones tanto individuales o en conjunto sobre las memorias y la negación del conflicto. También, para sistematizar experiencias, construir relatos, realizar entrevistas, tener acercamientos a grupos o comunidades a partir de encuentros colectivos o individuales en los que dialogamos y escuchamos sus relatos.
Al momento de comenzar a definir nuestro enfoque para el trabajo de grado, tuvimos conversaciones en torno a esos temas que eran de nuestro interés y que se encontraban directamente relacionados con la guerra vivida en nuestro país: mujeres campesinas, la infancia y la educación de zonas rurales. Seleccionar y delimitar un tema fue un proceso difícil, pero lo fue aún más definir cuál sería el territorio con el que trabajaríamos, ya que teníamos interés en tres departamentos: Cauca, Valle del Cauca y Tolima. Cada uno nos brindaba una perspectiva distinta, así que debíamos definir cuál sería nuestra línea de investigación.
Sin duda, la certeza de comprender que desde nuestro campo profesional es pertinente generar espacios que incentiven narraciones en las que se identifiquen las formas en las que el conflicto impacta la memoria, la identidad, la educación y el desarrollo de vida de las comunidades, fue fundamental para decidir que queríamos trabajar con niños, padres y maestros del municipio de Roncesvalles Tolima; el pueblo al que yo, Juliana, he viajado desde que era una niña y que acogió a una parte de mi familia. También, es el pueblo donde nací y crecí yo, Angie.
Roncesvalles tiene 111 años de fundación y 99 años de ser erigido a categoría de municipio. Es principalmente una tierra lechera y agrícola. Se encuentra situado a 113 kilómetros de Ibagué y tiene alrededor de 7 mil habitantes. Está situado a casi 240 kilómetros de Planadas, el municipio tolimense en el que se encuentra Marquetalia, el corregimiento donde Pedro Antonio Marín Marín (1930-2008), alias Manuel Marulanda Vélez y Tirofijo, fundó las autodefensas campesinas tras el asesinato en enero de 1960 de Jacobo Prías Alape, Charro Negro, amnistiado por el ex presidente Gustavo Rojas Pinilla.
Y, dado que queríamos trabajar con una comunidad educativa, conectamos rápidamente con la única institución del municipio 1.E.T “La voz de la tierra”. Una institución que según la investigación realizada por un grupo de profesores y consignada en una reseña que reposa en el archivo de la sede principal, fue nombrada así por la novela “La Voz de la Tierra”obra literaria de un escritor contratado y traído desde Manizales por Vicente Gutiérrez Arango, habitante del municipio, para que escribiera sobre esas tierras. La Institución se creó mediante el decreto 1241 del 19 de mayo de 1960 y se inauguró el 24 de junio de 1961 siendo parte de un experimento de 11 Núcleos Escolares Rurales en Colombia, en municipios
remotos en los que la violencia liberal y conservadora había azotado a los pobladores y en donde se pensaba que podrían gestarse organizaciones o movimientos contrarios al gobierno nacional. Al comenzar la década de 1960 en Roncesvalles sólo habían dos escuelas públicas urbanas, una para varones y una para niñas, algunas escuelas rurales en las veredas, pero a las que casi nunca mandaban el maestro, y un colegio privado de primaria que dirigía la educadora Lucía Castro de Díaz, que fue cerrado poco después. Esa situación propiciaba una bajísima escolaridad en la población y, en consecuencia, una alta tasa de analfabetismo, salvo contadas excepciones como las de los hijos de algunos de los comerciantes más prósperos o los hijos de algunos finqueros que podían salir de la región y estudiar. Actualmente, la Institución cuenta con 16 sedes rurales en funcionamiento y 3 sedes urbanas con un aproximado total de 33 maestros, la mitad de ellos ejerciendo educación multigrado. Dicho contexto nos incentivó a explorar los impactos del conflicto en la memoria e identidad de niños, padres y maestros de la Institución Educativa La Voz de la Tierra. Además, es importante mencionar que, entre el 2000 y el 2010 diversos sucesos como la toma guerrillera, atentados con explosivos y armas largas, enfrentamientos, reclutamientos y otros hechos violentos, convirtieron a Roncesvalles en zona roja, concepto empleado en el Decreto 0717 de 1996 para definir aquellas áreas del país donde el conflicto armado tiende a radicalizarse y donde la ausencia estatal permite que se fortalezcan los grupos al margen de la ley. Esta situación nutre una serie de estigmas sociales, como el hecho de considerar que todo aquel que habitara el territorio era un guerrillero o estaba a favor de estos grupos. Nosotras, al enfocarnos en la comunidad educativa, también debíamos explorar cómo la escuela fue un escenario de disputa durante la presencia del conflicto armado en el territorio. Nuestro trabajo se ubicó en un contexto sociopolítico de postacuerdos, lo que implicaba considerar las fragilidades en cuanto a las pocas garantías de no repetición, ya que en Colombia aún hay territorios que viven el horror del conflicto armado y, al mismo tiempo, ha existido retraso en la implementación de los acuerdos.
Teniendo en cuenta lo anterior, logramos evidenciar las dinámicas, los cambios y las matices de un escenario aún por definir, un espacio de dudas y apuestas de toda suerte respecto al futuro y, así mismo, realizar cada uno de los objetivos de nuestro trabajo con el fin de identificar aquellas huellas del conflicto armado presentes en la comunidad. En el 2021 dimos inicio al proyecto mientras en Roncesvalles existía ausencia de grupos armados y de enfrentamientos. Además, en el país se estaban intentando desarrollar procesos de reparación y reconciliación. Es por ello que este trabajo se pensó como un aporte al quehacer periodístico y a las propuestas de investigación y creación en la línea de comunicación y educación para la consolidación de una cultura de paz. Y sin ser un objetivo inicial, también se convirtió en una apuesta para la reconstrucción de un concepto que la comunidad tiene muy arraigado por los hechos vividos.
Observar, explorar y escuchar estas huellas que dejó el conflicto armado fue el camino para ir identificando qué pasó en el territorio, cómo se vivió el conflicto armado, cómo se vivieron
las ausencias estatales, cómo se vivió la presencia de grupos al margen de la ley, cómo se vivió una infancia o una juventud en un territorio que era zona roja, cómo era ser padre en un territorio en el que ocurrían diferentes violencias, cómo fue enseñar en un contexto de guerra, qué situaciones enfrentó la comunidad educativa durante los tiempos del conflicto armado y cómo los maestros vivieron la censura y la disputa.
● Explorar sobre la escuela como escenario de disputa, nos permitió crear espacios de diálogos y de reflexión desde lo individual y lo colectivo para navegar y conocer las memorias de la comunidad educativa. Durante la presencia del conflicto armado, la escuela como proyecto social, cultural y territorial, enfrentó diversas dificultades para el desarrollo académico. Al enseñar en un territorio rural, la escuela ya tiene enfrente una serie de retos por asumir y afrontar: aquellas violencias estructurales en las zonas rurales y que están establecidas en el sistema educativo. Así que la escuela tenía unas necesidades básicas por cumplir, pero en lugar de comenzar a recibir herramientas para una educación de calidad e integral, debió asumir los desafíos de enseñar en medio del conflicto armado.
Los maestros no tuvieron las herramientas y el acompañamiento para saber cómo sobrellevar y ejercer la profesión de la manera más adecuada cuando se tiene como prioridad cuidar y preservar la vida.
Hay temas que no se abordaron por temor. Aquellas dinámicas que se vivían en la comunidad, también estaban presentes dentro de la institución. La confianza fue un tema clave, pero el temor no permitió crear espacios de diálogo para expresar emociones, sentimientos y pensamientos frente a las situaciones que vivían. Establecer y expresar una postura podría ser problemático. Había que cuidarse de caer en malentendidos y en falsos análisis que los pudieran vincular a favor o en contra de los grupos al margen de la ley. Así mismo debían cuidar sus posturas frente a todos los hechos que ocurrieron en el territorio: asesinatos, amenazas, reclutamientos, desapariciones.
Los maestros no podían oponerse a las acciones de los grupos armados cuando éstos ocupaban espacios dentro de la institución y, para colmo, imponían sus mensajes o consignas a los estudiantes. Mientras transcurrían las jornadas educativas podían quedar en medio de enfrentamientos o afrontar sucesos complejos la explosión en el pueblo, el asesinato de familiares de los estudiantes, toques de queda que no permitían el ingreso a las instituciones y la presencia de agentes de policía en las escuelas, lo que aumentaba el temor, pues las instituciones se podrían convertir en objetivos de ataque dado el gran número de uniformados que habitaban en estos espacios. A pesar de la censura establecida, los maestros sintieron que ejercieron otros roles, dentro y fuera del aula. En sus palabras, las circunstancias del conflicto y de las zonas rurales los llevó a ser “psicólogos, amigos, familia, maestros, consejeros, mediadores” para acompañar como fuese posible a sus alumnos y a la comunidad. Los maestros
fuera de la institución también se encontraban con todas las dinámicas del conflicto, siendo víctimas directas, con historias y dolores individuales fuera de la escuela. ● En el 2015 el Estado fue condenado por negligencia y omisión frente a la protección de los derechos de los agentes de policía que perdieron la vida en el ataque de las FARC, ocurrido el 14 de julio del 2000 en el Municipio de Roncesvalles, Tolima. Este es un hecho que la comunidad recuerda y por el cual se han realizado diversos procesos de reparación, memoria, reconocimiento y resignificación de los espacios. Así mismo, como ha sido el hecho que sintetiza lo difícil que fue vivir el conflicto armado en Roncesvalles, se le vincula directamente a las complejidades que enfrentan las comunidades rurales y campesinas de Colombia ante un estado que omite y es negligente con las necesidades y los derechos de los ciudadanos. La comunidad tiene presente que los hechos ocurridos en el año 2000 pudieron ser muy diferentes si no hubiesen padecido las ausencias estatales. Había conocimientos previos de que se acercaba un ataque al municipio y, aún así, en la estación de policía se encontraban 13 agentes que no iban a tener la capacidad de resistir el asalto guerrillero. En medio de los enfrentamientos, llegó lo que se conoce como avión “fantasma”, que fue poco exitoso y no contribuyó de manera significativa, ya que estuvo realizando sobrevuelos de manera permanente pero para reportar las acciones de los grupos armados y la situación de quienes se encontraban en la estación de policía.
Mientras transcurría la noche de horror, fue la comunidad misma quien se encargó de ayudarse entre sí, de cuidarse, de protegerse, de arriesgarse para salvar a otros, de consolarse y de refugiarse.
El refuerzo llegó al día siguiente, demasiado tarde.
● Aquellos que fueron niños y jóvenes durante la época del conflicto armado, crecieron y ahora son trabajadores de la tierra y ejercen otras labores o profesiones en el municipio. Estas personas nos dejaron ver, oír y sentir sus memorias y en ellas se puede evidenciar cómo fue ser niño y joven en un escenario con la presencia de grupos armados.
Intentar tener un desarrollo de vida bajo las dinámicas del conflicto armado, es uno de los hechos sociales más difíciles que puede vivir una comunidad. Es crecer con la urgencia de conservar la vida y para ello hay que comprender qué sucede en el territorio. Sin embargo, surge la inquietud de cómo abordar estos temas con los niños, aún cuando estos estaban presenciando los hechos en su propio entorno. Muchos niños y jóvenes abandonaron el municipio, ya que las familias temían por algún tipo de reclutamiento. Algunos de esos niños y jóvenes retornaron e hicieron su
vida. Otros jamás volvieron, pues es imposible separar al municipio de las huellas de la guerra y de las heridas que quedaron en los recuerdos.
Los que nunca se fueron, describen aquellos años como una época difícil y dolorosa. Entre las diversas situaciones y violencias que vivían, las pérdidas, las separaciones, las divisiones y los temores, ellos se preguntan cómo de alguna manera tanto horror comenzó a volverse parte de la cotidianidad. De hecho, de aquí se desprende la frase sobre “un día la guerra se convirtió en paisaje”, haciendo referencia a que el conflicto habitó sus montañas, sus palmas de cera, sus lagunas, sus fincas, su pueblo, su centro. Para la comunidad, el paisaje de Roncesvalles es un símbolo de paz y de honor; se sienten orgullosos cada vez que lo describen. Así que, al decir que la guerra se les convirtió en paisaje, aluden a que eran tan frecuentes los sucesos vinculados al conflicto, que comenzaron a sentir un tipo de resignación por lo que ocurría y llegaron a temer que nunca acabaría. No había espacios para hacerse preguntas y para cuestionar. Había mucha zozobra.
Así que estos niños y jóvenes abordaron muchos de estos procesos bajo aquellos silencios tan impuestos, en los que era más importante asumir los dolores que hacer preguntas. Aún así, al crecer han ido encontrado y buscando las formas y los espacios para expresarse, para reconocerse como víctimas en algunos casos y entablar diálogos con sus familias que, aunque esos recuerdos duelen, permiten sanar en colectivo. ● Ser padres en medio del conflicto armado fue para ellos enfrentar una diversidad de circunstancias con tal de proteger la vida de sus familias mientras intentaban sobrellevar los hechos de los que su territorio era víctima. La decisión de permanecer en el territorio durante estos años, trajo consigo el hecho de tener que educar a los hijos bajo unas dinámicas territoriales que estaban relacionadas al conflicto. Había que enseñarles la importancia de cuidar las palabras y de no caer en malentendidos que pudieran costarles la vida. Así mismo, en no caer en aquellas estrategias de manipulación discursiva que la guerrilla utilizaba como un intento de denigrar y presionar a la comunidad, tal como sucedía sí alguien se vinculaba sentimentalmente con miembros de la Policía Nacional. Los padres vivieron con un temor y una zozobra constante, y al mismo tiempo realizaban esfuerzos para que su familia no resultara afectada por alguna de estas dinámicas del conflicto armado. Cuando llegaban amenazas de reclutamientos, muchos padres prefirieron enviar a sus hijos a la ciudad o a otros espacios con el fin de que no corrieran ningún peligro en el territorio. Así que sacaron a los hijos entre colchones en horas de la madrugada.
Explorar los impactos del conflicto en la memoria de la comunidad de Roncesvalles, nos lleva a preguntarnos cómo se manifestaban en el escenario actual de post acuerdos,
identificando si: ¿estos impactos tienen alguna relación con posturas políticas?, ¿cómo se han vivido las transformaciones de un territorio marcado por el conflicto armado y que entró en un proceso post acuerdo?, ¿están buscando reafirmar sus valores?, ¿la Institución educativa habla actualmente de las memorias del conflicto?, ¿cuentan los maestros y comunidad en general con garantías para hablar de lo ocurrido?, ¿qué otras violencias se desprendieron de esa época?, ¿cuál es la postura respecto a la construcción de cultura de paz?, ¿cómo viven los procesos de reconciliación?
Comprendiendo que cada comunidad es única y puede experimentar la transformación de dicha identidad de manera diferente, dependiendo de factores como la naturaleza del conflicto, la duración y la intensidad de este, y las características culturales y sociales particulares de la comunidad, es importante mencionar que, en el caso de Roncesvalles Tolima, las pérdidas, el sufrimiento y la violencia generaron cambios significativos que se reflejan en diversos ámbitos.
● Después de las décadas en que la comunidad estuvo bajo el mando de las Farc y sus derechos se vieron vulnerados, los habitantes vivieron una época de tranquilidad y cese de enfrentamientos que permitió reanudar y fortalecer lazos que se habían roto; ellos describen la situación como una reconciliación con los suyos, pues durante años hubo una pérdida de confianza en el vecino o el amigo causada por los estigmas impuestos y el temor. Los títulos que les impusieron de ser “Zona Roja” y “Pueblo Guerrillero” son connotaciones que hoy intentan eliminar a través de procesos a través de los cuales se exalten los valores de sus habitantes, su amabilidad, el trabajo y el calor humano, además de incentivar encuentros con comunidades aledañas en su territorio para exponer las riquezas culturales, ambientales y humanas. Una imagen de ese deseo por eliminar los títulos que les fueron impuestos, es la forma en que describen su municipio en el podcast #1 de nuestra serie radial donde predominan las enunciaciones como “bello”, “hermoso”, “lo mejor que podemos tener”. ● Los abuelos y abuelas del territorio aún guardan en sus memorias la tragedia de aquellos tiempos y mencionan que es algo de lo que nunca han hablado y temen hacerlo, reflejando de este modo una carencia relevante de procesos psicológicos y de reconciliación visibles no sólo en estos episodios donde muchos prefieren callar, sino que también en las discusiones por las diferencias en posturas políticas y sociales; los más jóvenes aún hoy enfrentan las secuelas de la política de odio instaurada por los medios de comunicación en el contexto del plebiscito por la Paz el pasado 02 de octubre de 2016, cuando ganó el NO a nivel nacional con un 50.21% y, puntualmente en el Tolima con 59,71%. Y, hablando del municipio de Roncesvalles, el resultado no fue distinto: 51,33% a favor del No.
Ana Elena Abello Jiménez en su artículo“El odio como discurso político y su impacto en la construcción de paz: el caso del plebiscito por la paz” (2018), realiza un análisis en el que afirma la polarización que existía en Colombia y que fue incrementada por las campañas del plebiscito. Una polarización no de ideas, sino de
emociones, pues “la rabia y el miedo caracterizaron al NO, y la esperanza y la solidaridad caracterizaron al SÍ”. En Roncesvalles el principal medio de comunicación es la televisión, razón por la cual un gran número de personas no conocieron a profundidad las negociaciones, puesto que los noticieros privados, principales proveedores de información masiva sobre los asuntos de política interna, mantuvieron una propuesta sesgada sin información de calidad ni algún nivel de profundización respecto a los acuerdos. Convirtiendo a las comunidades afectadas por la guerra en protagonistas de una paradoja en la que mientras el gobierno y las FARC establecían un acuerdo de paz, las comunidades entraban en una dinámica de disenso, desacuerdos y malentendidos.
Muchas de las víctimas encontraban en las negociaciones una premiación para quienes hicieron daño, cuestionando de esta manera el papel de la justicia ante los hechos violentos. Un cuestionamiento que muchos en el país desarrollaban y que fue analizado en diversos medios. Andrei Gómez-Suárez señala que la campaña del NO polarizó al país para restringir de manera sustancial la posibilidad de entablar diálogos constructivos sobre el acuerdo final (Gómez-Suárez, 2016, p. 19). En particular, afirma que se utilizaron dispositivos retóricos que alimentaron el trauma colonial de “la negación del otro a través de narrativas que simplifican la realidad y justifican la violencia para alcanzar un fin” (Gómez-Suárez, 2016, p. 36). Estos dispositivos fueron: el castrochavismo, la impunidad, la idea de que Santos entrega Colombia a las FARC, la resistencia civil y la ideología de género (Gómez-Suárez, 2016). Una estrategia confirmada por el Director de la campaña del NO, quien afirmó que estaban buscando que “la gente saliera a votar verraca” (El colombiano, 2016). ● Las comunidades que han vivido conflictos armados, en este escenario de post acuerdos, se embarcan en procesos de memoria y conmemoraciones para recordar y honrar a aquellos que sufrieron y murieron durante el conflicto o para sanar en colectivo por los hechos que presenciaron en sus territorios. Estos rituales pueden contribuir a la construcción de una identidad compartida basada en la superación de la adversidad. Sin embargo, en el caso de Roncesvalles hay un panorama donde se cuestionan dichos procesos. En el municipio han hecho presencia algunas instituciones para llevar a cabo procesos de reparación con las víctimas, pero la comunidad ha sentido que dichos agentes se han enfocado en cierto grupo de personas que consideran víctimas directas de la guerra en su municipio y los procesos no abarcan a toda la comunidad. Adicionalmente, los encuentros, rituales y conmemoraciones se han enfocado en la cabecera municipal y no se han trasladado al campo, a las zonas rurales aledañas que también se vieron profundamente afectada y que hoy, ante la fragilidad de los acuerdos, siente temor, pues los rumores y las acciones violentas están llegando nuevamente a sus fincas. Los habitantes reclaman que, en muchos casos, los procesos de reparación se han concentrado en indemnizaciones, por lo que, para algunos de ellos, el discurso por parte de la Comisión de la Verdad se queda corto y se convierte en una situación de la
que algunas personas se aprovechan y buscan lucro. Ante este panorama, la falta de inclusión en los procesos de reparación simbólica puede obstaculizar la construcción de una identidad compartida y la superación colectiva de las secuelas del conflicto. Es esencial abordar las heridas de manera integral para fomentar la unidad y la cohesión social, puesto que si las instituciones se centran únicamente en ciertos sectores de la sociedad, es posible que reproduzcan desigualdades preexistentes. Por ejemplo, podrían dejar de lado a comunidades étnicas o regiones específicas, exacerbando las brechas sociales y económicas.
Hoy los habitantes de Roncesvalles necesitan llevar a cabo encuentros donde el sentir de todos sea valioso y escuchado. Es esencial que vivan procesos que les permitan reconocerse como víctimas, pues hacerlo válida y legítima las experiencias vividas durante el conflicto armado, una acción crucial para aquellos que han sufrido pérdidas, violencia o traumas, ya que les permite afirmar la realidad de sus vivencias y superar la posibilidad de ser ignorados o minimizados. Además, puede fortalecer el empoderamiento individual y colectivo; al aceptar y abordar la victimización, las personas pueden sentirse más capacitadas para participar en la reconstrucción de sus vidas y comunidades.
● En el contexto de postconflicto, compartir con quienes fueron victimarios se convierte en una forma compleja de interacción y, en algunos casos, puede considerarse como una violencia simbólica dependiendo de diversos factores, incluyendo la naturaleza de la interacción y el impacto emocional en las víctimas. Teniendo en cuenta el panorama descrito anteriormente, donde los procesos de reconciliación en la comunidad de Roncesvalles sólo han tenido en cuenta a pequeños grupos, muchos habitantes sí han considerado que existe una violencia simbólica, puesto que compartir con quienes en algún momento infringieron dolor es una experiencia intensa y, para algunos, angustiante. La presencia de quienes causaron sufrimiento revive traumas y genera un ambiente de tensión emocional para el que no estaban preparados.
Los encuentros que han tenido nunca se han abordado de manera cuidadosa y no se dieron en contextos equitativos. Cada vez que observan a los excombatientes, describen que su soberbia y verlos viviendo en mejores condiciones, intensifica los sentimientos de impotencia y desigualdad. Los roncesvallunos en general no han tenido un espacio donde los excombatientes se responsabilicen y ofrezcan perdón, no han vivido un encuentro de reconciliación, y por eso asumen que hay una negación de la realidad y una imposición de poder en la que no se abordan las raíces del conflicto. ● La censura y la disputa dentro de la escuela fue tan amplia que aún cuando cesaron los enfrentamientos y en el país se comenzaron a adelantar procesos de reconciliación, de alguna manera dentro de la comunidad educativa quedó el mensaje de que no era positivo hablar sobre los hechos ocurridos con relación al conflicto armado. Por esto, nos encontramos con maestros que por primera vez estaban compartiendo estas memorias, que estaban reflexionando frente a los acontecimientos y que sentían que
no contaban con las garantías necesarias para hablar libremente de los hechos a los que se vieron expuestos.
Los maestros que han vivido experiencias traumáticas durante la guerra experimentan dificultades para procesar y superar esos eventos, pues no han tenido un espacio seguro para hablar y la falta de garantías para expresar sus vivencias puede contribuir a la persistencia del trauma no resuelto y a posturas escépticas que cuestionan los procesos para la construcción de cultura de paz. En algunos casos nos encontramos con profesores que no creían en esta posibilidad y que sentían un profundo dolor al recordar los años en que sus aulas se veían acorraladas por el miedo. Ahora bien, si en el ámbito personal hay una ausencia de procesos de reparación, también hay un vacío en el papel de la escuela para trabajar la memoria del conflicto armado.
● Los colegios y escuelas evitan abordar la memoria del conflicto a causa del temor arraigado en la comunidad educativa. Este temor se deriva de diversas razones, como la posible polarización de opiniones entre estudiantes y padres, la presencia aún latente de tensiones políticas o sociales, y la inquietud de revivir traumas pasados. La omisión de este tema sensible puede perpetuar un silencio institucional que contribuye a la falta de comprensión sobre los eventos, limitando la capacidad de los estudiantes para procesar críticamente su entorno y participar en procesos de reconciliación y construcción de cultura de paz. Sin embargo, para que en el municipio se logre este objetivo, es vital, como mencionamos en el punto anterior, que los y las maestras y directivos tengan espacios en los que puedan abordar la memoria y sanar los hechos que afectaron su escenario laboral y sus vidas personales.
La educación puede desempeñar un papel crucial al abordar estas tensiones con sensibilidad y proporcionar un espacio seguro para la reflexión y el diálogo, fomentando así una comprensión más profunda y una participación informada en el proceso de construcción de una memoria colectiva en el escenario de postacuerdos. ● En la exploración de la memoria del conflicto armado se reveló la complejidad de la noción de "víctima" y cómo esto puede generar una gama de sentimientos y posturas dentro de la comunidad. El reconocimiento como víctima puede ser percibido de manera ambivalente. Algunos individuos pueden sentir que aceptar esa identificación implica revivir traumas y recuerdos dolorosos que preferirían dejar en el pasado. Para ellos, la etiqueta de "víctima" puede ser percibida como una carga adicional en su proceso de recuperación.
Por otro lado, para algunos miembros de la comunidad, identificarse como víctimas representa un acto de valentía y una afirmación de la realidad que han enfrentado. Reconocerse como víctimas les permite reflexionar sobre el camino difícil que han recorrido, honrando sus experiencias y enfrentando abiertamente el dolor. Para estas
personas, la narrativa de la victimización es esencial para validar su sufrimiento y construir una comprensión más profunda de su propia historia. La existencia de una narrativa cuestionadora sobre si la comunidad es o no víctima refleja la complejidad de la identidad colectiva en contextos de conflicto. Puede haber debates internos sobre la naturaleza y el alcance de la victimización, ya que las circunstancias individuales varían significativamente. Este cuestionamiento puede derivar de la diversidad de experiencias dentro de la comunidad y de la percepción subjetiva de cada individuo sobre su propio papel en el conflicto. En última instancia, la reflexión sobre la identidad de "víctima" no solo destaca las diferencias individuales en la forma en que se aborda el pasado, sino que también subraya la necesidad de crear espacios seguros y comprensivos para que los miembros de la comunidad compartan con otras personas sus perspectivas y construyan colectivamente una narrativa que refleje la complejidad de sus experiencias. ● Después de que cesa el conflicto armado, el territorio enfrenta la persistencia de violencias estructurales que generan desafíos significativos para la construcción de cultura de paz. En Roncesvalles la situación no es diferente. A lo largo de la investigación se evidenciaron diferentes violencias presentes en el territorio y en la escuela. La comunidad en cada oportunidad que se presentaba nos manifestaba su interés para que el Estado se fije en ellos y en las necesidades de su territorio, para así prosperar después de la época del conflicto armado.
La corrupción institucional se ve reflejada en el deterioro de las vías que no permiten el desarrollo económico del municipio y que no reciben intervención por parte de los entes gubernamentales. Una situación que afecta profundamente a los productores y negocios de la región, quienes pierden dinero y productos en cada cierre de la vía por derrumbes o desbordamientos de la carretera. Por otra parte, la distribución desigual de recursos está presente en las instituciones educativas, puesto que no todas cuentan con los mismos equipos físicos y humanos para el desarrollo de una educación de calidad. Las escuelas de las veredas se ven profundamente afectadas por el deterioro de sus infraestructuras, y además no cuentan con equipos tecnológicos y, como se evidenció en el producto audiovisual desarrollado, los profesores se convierten en pulpos al manejar un gran número de estudiantes de diferentes grados. Otro tema es el transporte escolar, pues en zonas rurales como ésta es una necesidad latente, dado que las fincas se encuentran muy alejadas de los centros escolares y, desde hace varios años este servicio no está garantizado. Cada año deben unirse como comunidad y reclamar ante los diferentes entes para que sus hijos logren llegar y no tengan que realizar largas caminatas donde se exponen a los peligros del clima y del camino. Los desplazamientos forzados sin solución, la fragilidad institucional y el trauma psicosocial no abordado, son otras de las consecuencias que perpetúan la desigualdad y obstaculizan el desarrollo sostenible, requiriendo esfuerzos integrales para superar estas barreras y construir una base sólida para la paz y la reconciliación, pues la
comunidad desde el momento en que quedó bajo el mando de los grupos subversivos, ha perdido la credibilidad en los gobiernos y ha buscado las formas para salir de estas problemáticas sin el apoyo gubernamental y estatal.
● La transformación de un territorio marcado por el conflicto armado durante el proceso post acuerdo se manifiesta también en los cambios notables de los sonidos y las imágenes que configuran su paisaje. La reducción de la violencia armada da paso a un ambiente sonoro más tranquilo, donde los sonidos cotidianos y las expresiones de reconciliación cobran relevancia. En Roncesvalles, ahora es más cotidiano ver las callecitas habitadas hasta altas horas de la noche sin temor alguno; las familias se reúnen a escuchar la música favorita y los niños salen sin miedo a jugar en el parque. Ya no están en las paredes de las casas, los carteles escritos con letras negras y rojas que realizaban amenazas, tampoco los agujeros a causa de los disparos en las paredes de los colegios, ni el salón múltiple de la escuela está habitado por cientos de uniformados; las canchas ya no son escenario de polígono de tiro para práctica de los policías, ni tampoco hay cambuches del ejército en todos los campos verdes de los barrios y las veredas. Maestros y padres de familia en conjunto con la Alcaldía Municipal, reconstruyeron los hogares e instituciones; el arte contó historias de calidez y esperanza. La naturaleza y la vida silvestre regresaron a la escena y los eventos culturales y deportivos simbolizan la revitalización de la vida comunitaria. Y, aunque esta realidad la han vivido por mucho tiempo, la fragilidad de los proyectos políticos y culturales está latente.
Este trabajo nos permitió evidenciar cambios en este escenario de postacuerdos, que fortalecieron las ideas sobre la fragilidad de la no repetición y que además, contribuyen a los impactos a la memoria e identidad anteriormente mencionados.
Frente a la posibilidad de que el conflicto armado retorne al municipio, desde el principio nos preguntamos ¿Roncesvalles podría ser nuevamente una zona roja?, ¿se abordan los temas de la posible repetición del conflicto con las nuevas generaciones?, ¿en caso de la presencia del conflicto armado, desde lo educativo tendrán herramientas para afrontarlo?, ¿se abordan temas para la consolidación de una cultura de paz? A medida que desarrollamos el proyecto, aquellas dudas en un escenario de postacuerdos tan complejo, se fueron convirtiendo en grietas y en realidades.
Durante este proceso las dinámicas en la comunidad comenzaron a verse intervenidas por narrativas que aseguraban la presencia de insurgencias en el territorio; con el paso del tiempo, aquello que parecía ser un tema murmullos y rumores, comenzó a enunciarse desde las certezas y a través de acciones negativas contra la comunidad. Se generaron dudas, inquietudes y zozobras sobre el posible retorno de la guerra a la zona. Las noticias de robos, extorsiones, personas haciéndose pasar por insurgentes y la presencia de delincuentes en algunos espacios del territorio, generaron que así como los habitantes se hacían preguntas sobre qué tan posible o real era la situación, también, decidieron actuar con
prevención. Los profesores advierten a sus estudiantes para que no entrenen ni ensayen sus bailes hasta tarde, pues lo mejor es estar en casa temprano. Una parte de la comunidad educativa, considera que antes no tenían herramientas ni el conocimiento sobre cómo era ejercer su profesión bajo las dinámicas de la guerra y, aunque ya hayan pasado por esos sucesos, reconocen que estarían bajo situaciones muy vulnerables y un contexto doloroso y difícil.
Así mismo, en cuanto a la participación en nuestro proyecto, comenzamos a recibir diversos “no” por parte de miembros de la comunidad que en un principio habían estado dispuestos a ser parte del proceso, pero a medida que se fortalecen aquellas narrativas en el territorio sobre la presencia de insurgentes, las posturas y decisiones comenzaron a variar. Como investigadoras, entendíamos que nuestro trabajo estaba ligado a un contexto que estaba viviendo cambios, y de alguna manera, también lo estábamos experimentando. Comprendimos aquellos “no” y los cambios en la voluntad de participar en los espacios. Pero así mismo, mientras incrementaron los cambios, también se establecieron conversaciones con la comunidad educativa, en las que nos reflejaban el interés y la necesidad de extender el trabajo que estábamos realizando a las demás aulas y escuelas de las veredas. Esto nos permitió ver un escenario de postacuerdos con diversos matices, donde caben los miedos y las incertidumbres, pero también los intereses de trabajar en pro de la construcción de una cultura de paz.
Este escenario, difícil tanto para la comunidad como para nosotras, trajo consigo varios interrogantes y deseos de aportar a esa construcción. Razón por la cual, la ejecución del proyecto no sólo permitió evidenciar los puntos anteriormente expuestos, sino que también, catalizar y contribuir para que los roncesvallences mediante un conjunto de procedimientos, transiten el dolor de las dos violencias que expusimos anteriormente: una estructural, la que eufemísticamente denominamos abandono del estado, y que no es otra que la exclusión y la pobreza; y la del conflicto armado, que hasta cierto punto es la prolongación de la primera. Como hijas y caminantes de esa tierra, escuchamos en múltiples ocasiones la forma en que los habitantes de Roncesvalles mencionaban que llevaban consigo un amuleto, pero su referencia no tenía relación con la definición de la RAE:“Objeto pequeño que se lleva encima, al que se atribuye la virtud de alejar el mal o propiciar el bien”, su mención estaba ligada a una marca negativa, a que todos llevaban un collar en el pecho de ser “guerrilleros” pues venían de un pueblo que fue controlado por dichos grupos.
Y, aunque resulta impreciso el uso de esta imagen, es una huella en la comunidad. Al emprender nuestro viaje para conversar con la gente y trabajar con la institución escolar, logramos llevar a cabo un proyectO donde narramos la historia, contamos experiencias, hicimos cartillas, construimos imágenes, reconstruimos historias y sonidos y articulamos todo ello en libro expandido. Entonces nos preguntamos si, ¿este proyecto podría convertirse realmente en un amuleto que aleja el mal y propicia el bien para la comunidad?, ¿se podría decir que esto fue un conjuro?, ¿es un amuleto de los civiles contra la guerra y los guerreros, pero también contra un Estado que despoja a los ciudadanos e incumple sus
responsabilidades constitucionales y públicas?, ¿es un amuleto contra las violencias, las del conflicto armado y las del conflicto social? Son preguntas que dejamos abiertas y que podrán tener respuesta después de la implementación de las herramientas desarrolladas para la comunidad.
¿Pero cómo llevamos a cabo todo este proceso?, ¿qué herramientas utilizamos?, ¿cuáles fueron los productos y el proceso para la ejecución de los mismos? Recordemos que, hemos partido del hecho de que nos encontramos en uno de los escenarios más importantes en la historia colombiana: el post acuerdo de la paz con las FARC-EP. Esto ha generado que en muchos lugares se haya evidenciado el cese de los enfrentamientos y que se adelantarán significativos procesos con las comunidades y con las víctimas, posibilitando seguir conociendo las historias de un país que durante años vivió el conflicto armado. Sin embargo, debido a las situaciones sociopolíticas y al retraso que ha tenido durante los últimos años la implementación de los acuerdos de paz, hay zonas donde aún no se evidencian garantías de no repetición, generando que las comunidades teman por un posible retorno de enfrentamientos y que las dinámicas del conflicto afecten la vida de nuevas generaciones.
En el Tolima, departamento donde se le dio surgimiento a las FARC, se han asumido estos procesos con cuestionamientos y dudas. Así pasa en el municipio de Roncesvalles, que está ubicado al suroccidente del departamento y donde los paisajes y la comunidad tienen en sus memorias los años de dificultades, reclutamientos, desapariciones, violaciones a los derechos humanos y un sin fin de actos que asumieron al ser zona roja.
Aunque los enfrentamientos pararon, se reconoce que los procesos para la construcción de bases sólidas en la cultura de paz, requieren de tiempo, de numerosos esfuerzos y de un arduo trabajo, pues cada historia es importante y cada una merece ser escuchada. No obstante, al sentir fragilidad en la promesa de no repetición y ver que el conflicto continúa impactando la vida de los colombianos, crecen las incertidumbres en las zonas rurales. Reconocer que los hogares de nuestro país, sin importar la ubicación geográfica, tienen una historia por contar con relación al conflicto, es poner en el mapa a cada corregimiento rural y a cada comunidad campesina, quienes por años han sido los que llevan en sus espaldas el peso de una guerra que aún no cesa.
Así lo afirma El Centro Nacional de Memoria Histórica- CNMH- (2013) mencionando que el conflicto en el país no fue homogéneo; por el contrario, tuvo un carácter singular atendiendo a los intereses de los grupos armados, por lo que se ha evidenciado mayor afectación a las zonas rurales, “la guerra ha tenido una larga presencia y profundo impacto en el mundo rural, mientras que las ciudades han sido tocadas en momentos muy puntuales” (p.
13).
También, es probable que muchas de nuestras zonas rurales y nuestros campesinos sigan viviendo una situación que se ha entendido como abandono estatal, en el que las necesidades
de los territorios alejados no son priorizadas.
Teniendo en cuenta lo anterior y para reafirmar nuestra elección del departamento, nosotras tuvimos presente haber escuchado la frase “Tolima, la cuna de las Farc”, que siempre nos llamó la atención porque a mediados del siglo XX el país vivió años de disputas entre liberales y conservadores, y aquellas épocas de violencia generaron la creación de diversas guerrillas liberales y de oposición. En 1964, en el sur del departamento, en un pequeño territorio llamado Marquetalia, Pedro Antonio Marín, alias Manuel Marulanda Vélez o “Tirofijo”, fundó las FARC- EP. Algunos de estos hechos, y llevar la marca de ser “la cuna” de este movimiento subversivo pueden considerarse en los procesos de reparación, reconocimiento de la historia y reconciliación que asumen las comunidades en los procesos de paz.
Focalizando el trabajo en el municipio de Roncesvalles, nos preguntamos ¿qué tanto estos acontecimientos pueden marcar la identidad de un territorio y cuáles son las posturas sociales y políticas que se originan a partir de estos hechos?, ¿cómo lo expresan las víctimas y sobrevivientes?, ¿qué concepto tienen del conflicto?, ¿es un reflejo de estas posturas que en las votaciones del plebiscito del año 2016 en el Tolima ganara el “No” con un 59, 71%?, ¿qué otras violencias que generó el conflicto están presentes en el territorio? Planteamiento En la memoria individual y colectiva permanecen las huellas del conflicto armado y han intervenido en la identidad de la comunidad de Roncesvalles. Las identidades también han estado marcadas por los diferentes tipos de violencia que existen en el territorio y son características socioculturales que han hecho que se establezcan dinámicas de vida, narrativas, diferencias políticas y diversas posturas con las historias vinculadas a la guerra y a los procesos de reconocimiento y esclarecimiento que se llevan a cabo en el territorio. Teniendo en cuenta estos puntos, hay que precisar que ser maestro en una zona rural como lo es Roncesvalles, tiene unas especificaciones y dinámicas que nos interesa conocer, para así comprender cómo es ejercer su profesión en dicho espacio y sus conexiones con la memoria del conflicto armado.
La Institución Educativa Técnica “La voz de la tierra”, fue un escenario de disputa cuando el territorio era zona roja. Allí están presentes las huellas de aquella experiencia educativa en medio de la zozobra, al sentir la escuela como un lugar poco seguro, al pensar que en cualquier momento podrían ser atacados por diferentes agentes armados, al interrumpir los procesos educativos y al ejercer la docencia con censura y el temor. A esto se le suma que la escuela rural evidencia diferentes factores de violencia que se pueden ver reflejados en las malas infraestructuras, el difícil acceso a sus instalaciones, los pocos equipos y herramientas para el desarrollo de actividades.
Figura 1. Fotografía tomada por Angie Bermúdez en recorrido hacia la Institución Educativa La Voz de la Tierra. Las condiciones de la ruralidad para que un niño desarrolle su proceso académico son complejas, y sí a esta realidad se le suman las dinámicas violentas del conflicto, las cosas empeoran. Aunque a muchos/as les gustaba la escuela, no podían continuar en ella por numerosos factores. Muchos jóvenes abandonaron el pueblo y jamás volvieron por amenazas, intimidación y temor a reclutamientos.
En la escuela se presenció el conflicto, las ausencias y las presencias violentas. Se tuvo que sostener, se tuvo que resistir. Y, aunque ya el territorio no es una zona roja, siguen teniendo las dificultades de la ruralidad. Aun así, sin garantías y herramientas, el sistema educativo espera que la escuela aborde temas de memoria y conflicto en pro de la construcción de paz, pero surgen las siguientes preguntas:
¿la escuela habla de la memoria de guerra a nuevas generaciones?, ¿cómo lo hace?, ¿tienen las herramientas para hacerlo?, ¿los maestros creen que es posible la construcción de una cultura de paz?
En cuanto a los otros públicos, es pertinente conocer cómo ha sido pertenecer, crecer y ser padres en una comunidad que ha presentado situaciones de vulnerabilidad y abandono estatal. También, cómo es ser niños en un escenario de post acuerdos, en el que hay una memoria por construir y una visión del conflicto armado por establecer y expresar. Aquella transmisión de lo vivido se puede reconocer y rastrear a través de experiencias de investigación centradas en los actos narrativos. Razón por la cual nos apoyamos en las herramientas de investigación y producción que nos ha brindado la universidad para comprender que los procesos de memoria se convierten en una forma de reconstruir, reflexionar y crear resiliencia en un país como Colombia donde la presencia del Estado en diferentes momentos no llega a todos los rincones del país.
Entendiendo este contexto nos preguntamos específicamente: ¿cómo el conflicto armado ha impactado la memoria y la identidad de niños, padres y maestros de la Institución Educativa La Voz de la Tierra del municipio de Roncesvalles Tolima?
Objetivos De este modo dimos a inicio a Narrar para construir. Memorias, educación identidad: las huellas del conflicto armado en Roncesvalles, Tolima cuyo objetivo general es explorar el impacto del conflicto en la memoria y la identidad de niños, padres y maestros de la Institución Educativa La Voz de la Tierra del Municipio de Roncesvalles Tolima. Para ello, planteamos los siguientes objetivos específicos que nos ayudaron a trazar el trabajo con la comunidad educativa:
1. Recopilar testimonios sobre las experiencias familiares y comunitarias, históricas,
relacionadas con el conflicto armado vivido en Roncesvalles Tolima a través de un trabajo de intervención social.
2. Realizar un libro expandido con los relatos y productos audiovisuales, explorando así
las narrativas y el territorio.
3. Propiciar dinámicas para comprender las prácticas de memoria.
4. Aportar a través de nuestro quehacer periodístico a la activación de procesos de paz
que han surgido en el país.
Estado del arte La memoria histórica como un vehículo para la dignificación de las voces de las víctimas, el esclarecimiento de las acciones violentas y la construcción de paz, no es un trabajo que se inició recientemente. La lucha por preservar la identidad y recordar todo aquello que nos ha formado, ha sido un proceso largo evidenciado en el gran volumen de información que se puede encontrar en diferentes medios y plataformas. Es por ello que para la búsqueda de referencias, se tuvieron en cuenta las siguientes líneas: memoria, educación rural, post acuerdo.
En primer lugar, no podríamos dejar de hablar de la memoria sin mencionar la Comisión de la Verdad, entidad que se estableció como parte del proceso de paz entre el Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), quienes el 24 de noviembre de 2016 firmaron el documento conocido como Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera. Dicha Comisión empezó a trabajar en noviembre de 2017 y estuvo compuesta por once comisionados con un enfoque importante en la recopilación de testimonios de víctimas y perpetradores, análisis de documentos y otras evidencias, y la emisión de informes sobre sus hallazgos. En su amplio trabajo para el esclarecimiento de los patrones y causas del conflicto armado interno reconoce a los niños y niñas como sujetos de derechos y víctimas. La mirada amplia y detallada de diversos hechos de vulnerabilidad a la ciudadanía en general, permite tener un
panorama de lo que implicó la guerra para el territorio colombiano. Pero, puntualmente nos interesa la ardua labor que han desarrollado con la población más joven. El libro “Un árbol con muchas verdades” (2020) lanzado en conmemoración del día del niño y escrito por Beatriz Eugenia Vallego, es una estrategia para explicar a los niños y niñas diversas facetas del conflicto armado y la importancia de escuchar las verdades de todos para construir una verdad compartida. Por otra parte, “Mi historia: La niñez que peleó la guerra en Colombia” (2021) es una composición de 24 cortos animados que relatan el reclutamiento forzado y la participación de menores de edad en el marco del conflicto armado colombiano. Son el resultado de talleres de narración de historias de niños y niñas excombatientes, quienes compartieron sus experiencias de violencia para crear cortometrajes en colaboración con animadores, animadoras y estudiantes de animación de Bogotá. Adicionalmente, “Escuelas de palabra” (2019) , una iniciativa pedagógica trabajada con 64 escuelas del país en nueve departamentos: Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, Sucre, La Guajira y San Andrés y Santa Catalina.Y, finalmente, “Mumo, el museo de los objetos”(2021) una exposición abierta que apuesta a la recolección de ideas y nociones de niños de primera infancia sobre la memoria de Colombia desde el arte.
Lo anterior establece una estrecha relación entre los procesos de memoria en la niñez y las estrategias de recolección de testimonios que reafirman nuestro interés por evidenciar de qué manera se impactó y sigue impactando la infancia en Roncesvalles. Ahora bien, nuestro enfoque no sólo está en la niñez, sino también en adultos, por lo que el trabajo realizado por el sociólogo y periodista Alfredo Molano, contribuye en gran medida al trabajo de comprensión de la Región Andina y el proceso que se vivió con lo que él llama “revancha terrateniente” en su libro Los años del tropel” (2017) donde además encontramos los nombres de nuestros territorios (Roncesvalles y La Habana, los municipios que llevamos en nuestra memoria).
Molano nos guía en la forma de escritura de lo que serán nuestras crónicas, pues su respeto a la integridad de los relatos es notable no sólo en este trabajo, también en “Crónicas del desarraigo” (2001), a través del cual refleja la mirada de cada uno de los actores y víctimas. Lo que nos permite tener una visión clara acerca del ritmo y los detalles en cada historia de vida.
Por otra parte, nos encontramos con “Voces desde la escuela de Bojayá en medio del conflicto armado: construcción de su memoria colectiva” (2014) un artículo donde se analizan los relatos de los integrantes del Colegio Departamental César Conto sobre la masacre perpetrada en Bojayá, evidenciando las huellas que dejó este hecho en la comunidad en general, pero en el que se destaca la ruptura de la comunidad educativa experimentada después de que el conflicto los obligó a desplazarse hacia Quibdó y la “carencia de políticas internas en el Colegio Departamental César Conto para hacer memoria de sus sucesos vividos en medio del conflicto armado y que dichas políticas permeen el proyecto educativo institucional” (Mosquera, Tique, p. 130)
En segundo lugar, la educación rural es un aspecto abordado muy detenidamente desde distintos ámbitos, entre ellos, encontramos tesis que buscan evidenciar a partir de las trayectorias de la educación rural en Colombia, así como de las dinámicas del conflicto armado en el país; los modos y estrategias por los grupos armados para quebrantar la vida cotidiana en la escuela rural. Puntualmente expondremos el trabajo de grado presentado para la Universidad Distrital Francisco José de Caldas por Nine Ballesteros, “Educación rural: una víctima (in)visible del conflicto armado interno. aportes para su comprensión desde las narrativas de maestros y maestras del departamento del Tolima” (2020) donde identifica las afectaciones a la educación rural en el marco del conflicto interno armado presentes en las narrativas de maestros y maestras del departamento.
Además, el documental “El camino del viento” (2013) dirigido por Diana Marcela Torres que retrata lo que en un país como Colombia significa el acceso a la educación cuando se deben afrontar determinadas condiciones físicas, económicas y culturales, que dificultan la comunicación y el aprendizaje, evidenciando las violencias estructurales. En el contexto de postacuerdo en el que estamos, podemos encontrar cuestionamientos acerca de la implementación de los planes y proyectos en el territorio, evidenciando ciertos desafíos en la ruralidad y la educación abordados en la investigación doctoral de Rodrigo Olaya López “El lugar de la memoria en Tiempos de Pos- Acuerdo: La Escuela como Camino de Retorno” (2011) por la cual se habla de la forma en que la construcción de una memoria en el aula no responde a delinear una cátedra de paz de carácter institucional con competencias ajenas a una realidad presente. La escuela y su memoria dibujan fundamentalmente el sujeto y su construcción en el aula. Es la memoria y su representación, bajo algunos aspectos de la vida, de la infancia de un ser que ha vivido y ha estado en medio de la guerra. El postacuerdo es un ámbito en el que debemos indagar a profundidad, asociándolo directamente al territorio del Tolima, pues a pesar de que hay estudios que evidencian los retos de este nuevo contexto, tal es el caso de “La paz entre lo urbano y lo rural: imaginarios de paz de niños y niñas sobre el posconflicto en Colombia” (2018) el cual expone las diferentes concepciones de estos actores, pero además, las diferencias que se encuentran entre los estudiantes urbanos y rurales, aún sigue faltando información al respecto. Finalmente, es sumamente importante recalcar que existen nuevas formas de narrar y de leer historias que se adaptan a la realidad actual en la que las nuevas generaciones consumimos contenido. Por ello, es necesario definir el concepto de narrativa transmedia, exponiendo que se trata de una forma de relatar una historia a través de distintas plataformas. Es decir, contenidos empleados en diferentes canales y que narran partes diferentes de la misma historia que se complementan entre sí. Manaira Araújo en su blog público de google leer.es, expresa en su texto “Narrativas transmedia, fomento de la lectura en el siglo XXI” publicado en 2017 que , “este tipo de literatura obtiene un lector-participante-admirador que versiona y refunde una y otra vez la historia original y se integra en ese universo narrativo”.
Un referente clave para este proceso fue Caminandar (2018) un trabajo realizado a partir del encuentro entre la comunidad de la isla de La Plata en Bahía Málaga, ubicada en el municipio de Buenaventura y el Laboratorio Hipermedia -HiperLab- de la Universidad del Valle. Es un libro expandido que amplia la experiencia de lectura a través de códigos QR impresos en el libro, recursos tecnológicos que ofrecen experiencias interactivas al usuario a partir de la combinación entre la dimensión virtual y la física con la utilización de dispositivos digitales; además, nutre todos los contextos con el uso de la fotografía, los vídeos 360°, las ubicaciones geográficas y las ilustraciones.
Metodología y método a aplicar Antes de llegar al territorio teníamos claro que debíamos trazar una ruta de trabajo y una metodología. Así que recordamos a la autora María Galeano quien expone que “un caso no puede representar al mundo, pero sí puede representar un mundo en el cual muchos casos se sienten reflejados” (Galeano, p. 63). Lo que nos permite concretar la importancia que tiene para nuestro proyecto el estudio de caso como metodología. Nos permitirá entender el impacto del conflicto colombiano como un problema, pero dentro de un contexto determinado (Roncesvalles) que no ignora los relatos de todo un país; por el contrario, los comprende a profundidad.
Para ello es relevante el acompañamiento y el apoyo de la narrativa como un método enfocado en las historias contadas por individuos que complementan y contrastan los documentos, registros y lecturas que dan cuenta de los eventos y sus efectos en cada persona. Pues es la narrativa una práctica humana que ha sido parte esencial de las artes y de la historia y que ha permitido, por eso mismo, consolidar a partir de ella propuestas metodológicas.
Y, es partiendo del Estudio de caso como metodología y la Narrativa como un método, que llegamos al suroccidente colombiano con unas lecturas previamente estudiadas que nos dieron a conocer la cruda historia que vivió un territorio al ser catalogado como “zona roja”. Bitácora de un viaje - 2022 Viajar a Roncesvalles es todo un reto dadas las condiciones geográficas. Si no se presentan imprevistos, son quince horas de viaje en bus desde Cali aproximadamente. Seis de esas horas son en carretera destapada y no se encuentra en un buen estado; las personas que se movilizan frecuentemente en estas vías y contribuyen al desarrollo económico del sector, son quienes asumen y buscan las soluciones para recuperar el paso de la vía cada vez que hay un derrumbe, un deslizamiento, un bloqueo, etc. También, hay casas a punto del colapso (una muestra de violencia estructural de las zonas rurales). Al llegar, se aprecia la
majestuosidad de sus paisajes, el cobijo de la niebla que amenaza con lluvia y, ante todo, el calor humano de las personas que están atentas a la llegada del bus. Figura 2. Fotografía tomada por Angie Bermúdez en su viaje hacia la cabecera municipal de Roncesvalles, Tolima. Para iniciar con nuestra intervención, analizamos los mecanismos que algunas escuelas están ya implementando para fortalecer la capacidad resiliente del entorno educativo, entiéndase el término resiliente como la “capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos” (Real Academia Española, 2023, definición
1).
Tal es el caso del programa de construcción de ambientes educativos resilientes, realizado con 13 profesores del colegio Santa Teresa de Jesús, de Fe y Alegría en la ciudad de Cali desarrollado a partir del modelo de los autores Benard, Henderson y Milstein (1996) quienes proponen seis pasos para la aplicación de esta estrategia: los tres primeros pasos en mitigar el riesgo e incluyen el enriquecer vínculos sociales, el fijar límites claros y el enseñar habilidades para la vida. Los últimos, contribuyen a construir resiliencia a través de tres grandes condiciones: brindar afecto y apoyo, establecer y transmitir expectativas elevadas y proveer oportunidades de participación significativa.
El modelo es flexible e involucra la participación activa de los maestros en la construcción de resiliencia a través de su propia formación en el campo, del beneficiarse de vínculos que se gestan entre colegas, de creer en sus conocimientos para trabajar y de utilizar los recursos que tienen a su haber en el salón de clase. No obstante, un punto fundamental por el que
analizamos este programa fue por la utilización del juego, el uso de la memoria, la narración, el arte y la comunicación como estrategias básicas para desarrollar y rescatar las capacidades propias de los niños.
Para nuestro proyecto Narrar para construir los relatos son esa llama que mantendrá viva y alentará cada paso, que dejarán huellas en el camino y que fortalecerán los vínculos. Al pensarnos estos encuentros, no buscamos intervenciones dedicadas sólo a retomar un suceso, sino que planteamos espacios en los que el diálogo y el uso de diversas herramientas, propicien el rememoramiento, se trabaje la resiliencia y, además, se cuestionen esas violencias estructurales y la fragilidad de la paz.
Asumimos el territorio como testigo y protagonista de hechos claves que han marcado su camino y han fortalecido las bases del presente de un pueblo que fue acorralado por la guerra; acontecimientos que han ayudado a trazar su historia y que, en muchos casos, por la gravedad de sus heridas se han dejado bajo tierra.
Primer acercamiento al índice Antes de realizar los encuentros del viaje, hicimos un primer acercamiento al índice de aquel producto (libro) que deseábamos construir. Era una guía necesaria para nosotras, ya que teníamos en nuestro plan una gran variedad de temas y productos, y de alguna forma esto nos permitió estar siempre conectadas al enfoque del trabajo.
Esto es importante porque desde un principio nos aseguraban que teníamos un proyecto extenso y, aunque se delimitó con los cuidados y el acompañamiento pertinente, continuaba siendo un proceso bastante amplio. Así que, este índice fue una excelente base para nuestros temarios, reuniones, entrevistas y rutas de trabajo.
CAP. 1 PLANTEAMIENTOS GENERALES (brote, inicio)
1.1 Nacimiento del conflicto en el Tolima (cuna)
1.2 Roncesvalles (detalle del municipio, demográfico, ruralidad, lo cultural, las
violencias, plesbicito, el colegio)
CAP. 2 EL TERRUÑO: LO QUE SOY Y LO QUE SOMOS
2.1 El camino que inicio ( la mirada de los niño/as de Roncesvalles respecto a su
territorio y el campo)
2.2 El camino recorrido (la mirada de los padres en cuanto a su historia con el
territorio, crecer en el territorio y decidir desarrollar proyectos de vida en ese lugar )
2.3 El camino que acompaño ( la mirada de los maestros de Roncesvalles, su
vocación, su decisión de pertenecer al territorio)
CAP. 3 EN EL AULA Y MÁS ALLÁ DE LAS AULAS
3.1 Un escenario de disputa
3.2 La escuela aborda la memoria con nuevas generaciones
3.3 Condiciones de la ruralidad en el desarrollo académico
3.4 El vínculo de la memoria del territorio y el maestro
CAP. 4 ENTRE SOMBRAS Y SOMBRAS ESTÁ MI HOGAR
4.1 La mirada de un niño
4.2 Cuando bajó la niebla
4.3 Mediadores en tiempos de conflicto
CAP. 5 CENIZAS
5.1 Memoria de esperanza
5.2 Desde la fragilidad en los acuerdos y la posibilidad de repetición
5.3 Ausencia de balas, permanencia de conflictos (cómo nos soñamos ronces, que
necesitan ) Talleres y encuentros en el territorio Recorrimos el pueblo y la escuela, tuvimos reuniones con Alberto Antonio Vélez quien en ese entonces ejercía como rector de la Institución y con quien previamente habíamos tenido conversaciones y para quien habíamos realizado una carta en la que se comentaba los detalles e intenciones del proyecto. En este viaje era importante realizar talleres con padres y también con estudiantes, además, establecer espacios de diálogo con los maestros. Durante la planeación, para nosotras era muy importante la creación de un espacio seguro, cuya atmósfera estuviera cuidada. Teníamos públicos diferentes, así que las formas de desarrollar cada espacio iban a cambiar, por las dinámicas y las herramientas a implementar. Esas diferencias también nos acompañaban dentro de los grupos, pues en los padres teníamos diferentes edades, posturas, algunos habían vivido toda su vida en Roncesvalles, otros llegaron antes de ser zona roja o cuando ya lo era, unos se habían ido en diferentes ocasiones y regresaron, algunos eran profesionales, otros se dedican al cuidado del hogar o del campo. Buscábamos una diversidad que representara a la comunidad. Del mismo modo, fue con los niños y maestros.
Teníamos niños que vivían en las veredas, otros en el pueblo. Algunos estudiaban en clases multigrado, otros en las escuelas del pueblo con una dinámica diferente, puesto que en la zona urbana del municipio hay un mayor número de docentes y el desarrollo de la etapa escolar se lleva de forma normal. Algunos habían vivido toda su vida en Roncesvalles, otros habían salido a vivir a otros municipios y después retornaban al territorio; otros llegaron con
sus familias a cierta edad al territorio Algunos vivían en fincas y estaban vinculados a las labores del campo, otros estaban más conectados con las dinámicas dentro del pueblo. En cuanto a los maestros, teníamos de diferentes edades y trayectorias. Algunos, se criaron en el municipio y retomaron para ejercer la profesión en él. Otros, llegaron a través de programas para docentes donde la zona asignada o escogida fue Roncesvalles. Cada historia personal sobre el camino de ser profesor fue distinta y así mismo, aquellas que se vinculan al conflicto armado.
Figura 3. Fotografía tomada por Angie Bermúdez en el café de Roncesvalles, Tolima durante la planeación de talleres. Un aspecto importante que tuvimos en cuenta, era cómo abordar esos temas e historias tan difíciles para la comunidad sin caer en los prejuicios. Creemos que es importante identificar, previo a los encuentros, posturas de la comunidad frente al tema que se espera abordar. También, indagar qué procesos se han gestado en el municipio, cómo ha sido el vínculo de la comunidad con estas iniciativas para generar un espacio ameno, aunque se vayan a tratar temas e historias difíciles .
● El camino recorrido Así nombramos al taller con los padres. Realizamos tarjetas de invitación para convocar a los padres y las enviamos a través de whatsapp. Previamente tuvimos conversaciones con cada uno de ellos sobre el proyecto y el espacio que estábamos planeando; en este caso las invitaciones sólo fueron un método para formalizar el encuentro. Para lograr un espacio tranquilo y ameno, tuvimos en cuenta que en Roncesvalles es muy común tomar café en cualquier sitio del pueblo para entablar conversaciones. Así que iniciamos en mesa redonda, tomando café para aliviar el frío. Nos presentamos, les contamos de manera más amplia sobre el trabajo que estábamos realizando. Era el momento ideal para romper un poco con esa idea de que era un espacio para decir “respuestas perfectas”. Era en realidad un espacio para el diálogo.
Nuestro taller estuvo conformado por cuatro personas, la mayoría mujeres. Los padres no estuvieron acompañados de sus hijos. Fue un espacio en el que no fuimos interrumpidos u observados por personas externas al proyecto, precisamente para generar seguridad, confianza y tranquilidad. La sesión duró tres horas y estuvo dividida por diferentes temas que explicaremos a continuación:
El primer tema del que comenzamos a hablar fue el territorio; hicimos preguntas sobre cómo era crecer en Roncesvalles o cómo era la historia individual que cada uno tenía con él. También por qué habían decidido permanecer, desarrollar su vida y ser padres en el municipio. Hablamos sobre las dinámicas del lugar, la cultura y las cosas con las que se identificaban. Hicimos un ejercicio en el que mediante un formato podían escribir y contarnos sobre una persona representativa de Roncesvalles. Acudimos a la escritura cómo una herramienta fundamental para la narración, la expresión y que posteriormente se convirtió en un instrumento que capturó de manera física fragmentos del taller que una vez culminado nos remitió a lo vivido y permitió conectar con la esencia de los productos. Al momento de escribir nuestros relatos, fue interesante volver a estos ejercicios y analizar, ¿cómo describen a una persona?, ¿cuáles son los adjetivos?,¿cómo se narra? Esta primera parte fue muy interesante porque nos permitió identificar de dónde partía cada historia y la relación que cada persona del encuentro tenía con el municipio.
Figura 4. Fotografía tomada por Juliana Muñoz al escrito realizado por uno de los padres en el taller “El camino recorrido”. Para el segundo momento queríamos comenzar a introducir el tema del conflicto armado. Estaríamos abordando la memoria, las perspectivas históricas de la guerra, los recuerdos y las posturas.
Comenzamos utilizando el recurso de la fotografía: nos enfocamos en algunos trabajos del fotógrafo Jesús Abad Colorado, en los cuales retrata a diversas personas o escenarios que habían sido afectados por el conflicto armado.
Figura 5,6, 7, 8, 9, 10. Fotografías tomadas del artículo de la BBC Mundo “Las conmovedoras imágenes de Jesús Abad Colorado, el fotógrafo que mejor ha retratado el dolor de la guerra en Colombia” (2016) Aquí tuvimos una experiencia muy interesante, ya que las personas del taller de alguna manera intentaban relacionar las fotos con su pueblo. Había una foto de un municipio de Colombia con muchísimos escombros por los enfrentamientos y ellos nos preguntaban “¿esa es la esquina del parque?” “¿fue después de la toma?”. Cuando les mencionamos que no era Roncesvalles, se presentó una atmósfera de “verdad que también pasó en otros lugares”. Así que comenzamos a dialogar sobre cada fotografía y a contar las historias que había detrás de cada una. Algunas mostraban desplazamiento, masacres, escuelas y comunidades afectadas, algunas estaban siendo víctimas de paramilitares y otras de la guerrilla. Bernardo Pérez Salazar en su artículo “Expresiones regionales del paramilitarismo en Colombia: el caso del “Bloque Tolima” de las AUC” (2010) expone que la llegada al Tolima de las AUC tuvo lugar a partir de un encuentro en 1997 entre Carlos Castaño y campesinos pertenecientes a clanes familiares oriundos de la zona que se armaron auto denominándose “Rojo Ata”. A pesar de ello y la fuerte incidencia de este grupo en el departamento, la comunidad de Roncesvalles enfatizó en diferentes diálogos que quienes incursionaron en el municipio fueron las guerrillas, más no el paramilitarismo. Es por ello, que cuando fue zona roja al municipio lo llamaban un “pueblo guerrillero”.
Los padres comenzaron a contar sus historias. El vínculo que cada uno tenía con el conflicto armado. El hecho de que los llamarán “pueblo guerrillero”, fue un estigma que aún continúa generando peso porque consideran que invisibiliza todo lo bonito, todos los esfuerzos y los trabajos de campo tan significativos que realizan. Pues aseguran que, “Ronces era más que eso”.
Al compartir sus historias les preguntamos por qué decidieron permanecer en el territorio después de que fue zona roja; hablamos sobre el rol de ser padres en un escenario de post acuerdos, también sobre sí compartían o se les enseñaba a sus hijos las historias con relación al conflicto armado que ha ocurrido en el país o las que se vivieron en el municipio. Posteriormente pasamos a la elaboración de un cadáver exquisito, en el cual tendrían una casa dibujada con la frase “Entre sombras y sombras está mi hogar”; esta frase se vincula a uno de los capítulos de nuestro libro y se enfoca en las historias sobre la permanencia en el territorio cuando había del conflicto armado. Previo al desarrollo de la actividad, estuvimos compartiendo algunas frases que hablaban de manera específica sobre la guerra y compartimos entre todos reflexiones al escucharlas.
Continuando con la actividad, hicimos entrega de unos papelillos para facilitar la escritura sobre cómo se siente la guerra en el hogar: sonidos, emociones, pensamientos. Figura 11. Fotografía tomada por Juliana Muñoz al trabajo colectivo del taller para padres “El camino recorrido”. Para el siguiente momento, nos enfocamos en abordar el tema de vivir en un escenario en postacuerdos. Preguntamos sobre las transformaciones que había evidenciado en el territorio una vez comenzaron los acuerdos de paz, sobre la posibilidad de la no repetición, y las pocas garantías que existían en los territorios.
Nos hablaron sobre los sentimientos que tienen al ser padres en un escenario donde es frágil la posibilidad de no repetición. Y esto, nos llevó a dialogar y preguntar sobre los temas de construcción de paz, para identificar las posturas individuales sobre la paz y sobre los procesos que se vienen gestando en el país.
Para finalizar, partiendo de aquella noción sobre la fragilidad de la no repetición del conflicto armado, comenzamos a abordar los deseos que se tienen para el territorio. Escribieron cartas, en las que narraban sobre el territorio que deseaban construir para vivir. Figura 12. Fotografía tomada por Angie Bermúdez al escrito realizado por una de las madres en el taller “El camino recorrido”. Cerramos compartiendo reflexiones sobre el espacio, hicimos entrega de unas tarjetas individuales que llevamos con unos mensajes de agradecimiento por participar en el espacio. Se expresaron los sentimientos y emociones que generaba la experiencia y dimos cierre al encuentro con los padres.
Este taller fue muy significativo para nosotras porque nos permitió identificar la diversidad de posturas, reconocer historias, conocer los vínculos que se tienen con el territorio, el porqué muchos decidieron permanecer en él aún siendo zona roja. También cómo fue para cada uno de ellos reconocerse como víctima o aún no hacerlo.
● El camino que inicio Así nombramos el encuentro con los niños. Un espacio de dos horas y media con niños de entre 8 y 12 años de edad.
La primera parte del taller estuvo enfocada en conocer la relación que tenía cada niño con el territorio. Partimos de preguntas vinculadas a cómo era crecer en Roncesvalles. Conocimos cuáles eran las dinámicas que cada uno tenía con el campo, con la escuela y con la historia del territorio. Aquí, los niños realizaron dibujos donde podían representar al territorio y nos dejaron conocer reflexiones sobre cada elemento dibujado y el por qué era significativo. En estos dibujos predomina la producción y el trabajo de los campesinos.
Figura 13. Fotografía tomada por Angie Bermúdez al dibujo realizado por un de los niños en el taller “El camino que inicio” Figura 14. Fotografía tomada por Angie Bermúdez al dibujo realizado por un de los niños en el taller “El camino que inicio” Nos compartieron sobre sus sueños y los anhelos que tenían para su vida. También, nos expresaron que su territorio está incluido en sus proyectos culturales, económicos y familiares. Esto nos resultó interesante, ya que desde el espacio educativo hay una narrativa constante sobre cultivar el sentido de pertenencia por el territorio, indicando que, aunque salgas de él no se debe olvidar. Además de que es importante contribuir a su tierra porque es la comunidad misma quien ha vivido las ausencias estatales y quien reconoce las necesidades del lugar.
La segunda parte del taller estuvo enfocada en los temas del conflicto armado. Nos apoyamos en el campo audiovisual para comenzar a hacer preguntas que nos permitieran evidenciar cuál era la relación que cada uno de los niños tenía con las historias del territorio. Presentamos un cortometraje para niños que nos permitió abrir la conversación sobre cuáles han sido los medios que les han brindado información sobre los temas del conflicto, ¿la tv?, ¿los libros?, ¿alguna asignatura académica?, ¿ninguno?
Algunos de ellos mencionaron los relatos que habían escuchado de sus padres o familiares sobre la guerra que había ocurrido. Sin embargo, fueron enfáticos en que son temas que no se abordan con frecuencia en la institución educativa y, a pesar de que existe una materia llamada “cátedra de paz”, esta no tiene el enfoque que esperan para conocer sobre estos
temas. Al escuchar estos comentarios, reforzamos la idea de aportar a la institución herramientas que les permitan abordar la memoria y los conceptos de paz y guerra. El espacio permitió que se conocieran las perspectivas que cada niño tenía frente a los conceptos de guerra y de paz. Logramos hablar sobre las necesidades que se evidencian en el territorio y los sueños que cada uno tiene para el municipio. También se escribieron cartas a ese paraíso que se desea conservar y seguir construyendo.
Figura 15. Fotografía tomada por Angie Bermúdez al escrito realizado por un de los niños en el taller “El camino que inicio” Para nosotras este espacio fue muy significativo ya que nos permitió relacionarnos con un público muy importante para nuestro trabajo, una generación que, a pesar de no haber crecido en un territorio con conflicto armado, ha tenido que asumir las huellas del mismo y se ha relacionado con las memorias que habitan en los hogares y en la comunidad. Además, son parte de la institución educativa, logrando evidenciar las ausencias y los esfuerzos que se realizan dentro de los espacios académicos. Son niños y niñas que nos hablaron desde la esperanza.
Figura 16. Fotografía tomada por Juliana Muñoz al resultado colectivo de los niños en el taller “El camino que inicio” Entrevistas Una parte de nuestras entrevistas se llevó a cabo de manera presencial y otras por cuestiones de tiempo y de agenda se debieron realizar de manera virtual. Cuando viajamos había diferentes problemáticas vinculadas a la institución, altercados de estudiantes con profesores y la intervención de la policía de primera infancia en las instalaciones para controles de rutina, así que los directivos estaban solucionando y por ende tenían poco tiempo en sus agendas para hablar con nosotras. Sin embargo, estuvieron muy interesados en el proyecto y logramos conectar con los maestros. Este viaje nos permitió comenzar a fortalecer y establecer los vínculos de nuestro trabajo con la institución.
Antes de realizar nuestras entrevistas preparamos el temario, un documento con preguntas claves de la conexión con el territorio, su vocación de ser maestros, como era ejercer la profesión en el territorio, por qué decidieron permanecer, cuáles eran las adversidades que acompañan su camino de educadores, cómo ejercieron el rol en la época que Roncesvalles fue zona roja, su posición sobre ser o no mediadores en tiempos de conflictos, el manejo desde la escuela de la memoria del conflicto armado, social y político, las disputas o violencias que consideraban seguían presentes, los retos que tiene la escuela en los procesos históricos y su apuesta a la construcción de cultura de paz. Con estos interrogantes, tuvimos una ruta en las conversaciones y en los temas a tratar. Fue una base fundamental que nos brindó soporte y nos preparó para esos espacios. Es clave aprovechar el tiempo para preparar los encuentros, ya que esto permite analizar si estamos trabajando bajo la línea correcta e indicada según los objetivos de la investigación.
Mientras las entrevistas con los padres eran colectivas y participaron 4 personas, las entrevistas a los maestros eran individuales. Conversamos con 5 maestros, 2 de primaria y 3 de bachillerato. Lo ideal en estas últimas entrevistas era que el espacio fuese cómodo, que el maestro no tuviera interrupciones y lograra expresarse tranquilamente. Sin embargo, mientras el maestro estuviera dentro de la institución educativa, iba a estar en un movimiento constante y con muchas cosas por resolver. Para nosotras, fue clave ser pacientes, esperar, ser comprensivas y tener la mejor disposición para que a pesar de los inconvenientes se desarrollarán las entrevistas.
El encuentro iniciaba conociendo la historia personal y el por qué decidieron ser maestros. Un momento donde nos compartían los momentos exactos donde decidieron que esa sería su profesión y el proceso para llegar a enseñar en La Voz de la Tierra. El siguiente momento estuvo enfocado en cómo era ser maestro en Roncesvalles y qué los llevaba (motivaciones, visiones, intereses) a decidir permanecer y ejercer la profesión en este territorio. De este modo, terminábamos hablando de la experiencia de hacer docencia en zonas rurales. Nos hablaban sobre las adversidades que acompañaban el camino de ser maestro y las formas en que la vocación se va fortaleciendo. Se preguntó cómo era el vínculo o el tipo de relación que establecen los maestros de Roncesvalles con la comunidad y cómo eran esas dinámicas.
Posteriormente el foco se ponía en abordar el vínculo del conflicto armado con la institución educativa. También, se preguntó si se estuvo presente cuando la escuela fue un escenario de disputa por el conflicto. Aquí nos contaron cómo fue ejercer el rol en esos tiempos y la ausencia de herramientas para ejercer la profesión en un contexto de guerra, no contaban con acompañamiento psicológico ni estaban capacitados en resolución de conflictos y mediación que pudiese ayudar a mitigar tensiones y promover la paz dentro y fuera del aula. Esta parte fue muy relevante porque surgieron diversas historias sobre la vivencia de cada maestro con relación al conflicto. Nos hablaron sobre situaciones difíciles y dolorosas vividas tanto a nivel personal, como desde el rol de ser maestro. Algunos nos mencionaron que jamás habían hablado sobre estos temas, afirmación clave para nuestra investigación, pues al tratar los temas académicos había un ritmo cómodo, a diferencia de cuando se realizaban las introducciones sobre el conflicto y los hechos de violencia, pues se tornaba un poco más denso porque no tenían las respuestas con facilidad.
Después de las entrevistas hablábamos de la escuela en un escenario de post acuerdos: ¿la institución aborda la memoria del conflicto con las nuevas generaciones?, ¿la institución y los maestros tendrán herramientas para ejercer la profesión en caso tal de que nuevamente se presenten enfrentamientos en el territorio? Algunos maestros respondieron que cuando todo eso pasó no tenían las herramientas y que en ese entonces no sabían muy bien qué hacer. Al preguntar por un posible retorno de enfrentamientos, algunos decían que era probable que muchos supieran qué cosas hacer, pero la mayoría aseguró que estarían otra vez sin herramientas y en situaciones muy vulnerables.
Después, las conversaciones estuvieron enfocadas en las violencias que están presentes en el territorio y que ellos evidencian siendo parte de la institución educativa. Algunas corresponden a las huellas qué dejó el conflicto y otras a las ausencias estatales que están presentes en la escuela rural.
Para finalizar, nos centramos en el trabajo de la escuela para la construcción de una cultura de paz. Tuvimos posturas y respuestas muy variadas; algunos maestros nos dijeron que no creían en la paz, que no existía o que no creían que algún día se lograra y la vincularon directamente a los discursos políticos. Fue bastante impactante para nosotras. También, tuvimos maestros que nos decían que sí creían en la paz, que trabajan por ello y bajo esa visión se radica su vocación.
Nosotras sabíamos que no estábamos desde una postura de confrontación, nuestra intención era fomentar procesos con la institución y con la comunidad. Estábamos escuchando, reconociendo, conociendo, uniendo los hilos de las memorias que nos estaban compartiendo a través de cada conversación ¿Fueron impactantes algunas conversaciones o declaraciones?, ¿tuvimos una diversidad de emociones frente a los temas que estábamos trabajando? Sí. Nunca olvidaremos el momento en el que la primera maestra nos dijo que no creía en la paz. Al culminar la entrevista ambas quedamos un poco reflexivas y pensamos en lo mucho que se espera que los maestros crean en la paz, confíen en un porvenir sosegado y un mejor futuro. Sin embargo, muchos de ellos han sido víctimas que no han pasado por procesos de reconocimiento y esclarecimiento desde el ámbito personal y mucho menos, desde el ámbito profesional.
Nuestras entrevistas virtuales nos preocupaban un poco, ya que la conectividad en el municipio es débil. Pero logramos resolverlo sin ningún inconveniente. Como lo mencionamos anteriormente, preferíamos las entrevistas de manera presencial. Sin embargo, al tener un trabajo que se está realizando con una comunidad que está lejos de Cali, acudir a este tipo de herramientas es algo muy valioso. Si algo podemos asegurar es que cada entrevista aportó de manera significativa para nuestra investigación y el desarrollo de este trabajo. Admiramos a los maestros de la ruralidad, pues su fuerza y su vocación trascienden las aulas.
Figura 17. Fotografía tomada a través de screenshot en entrevista virtual con maestra de la Institución Educativa. Figura 18. Fotografía tomada a través de screenshot en entrevista virtual con maestra de la Institución Educativa. Recorrido No podríamos culminar este primer viaje sin realizar acercamientos a la comunidad. Aunque teníamos la idea de realizar algún tipo de vox pop como producto radial que estuviese en nuestro libro, nuestra intención en este primer viaje radicaba más en el hecho de tener cercanía con la comunidad y comenzar a hablar sobre los temas de la investigación con ellos. Fue así como comenzamos a dar recorridos por la zona e íbamos realizando pequeñas entrevistas a los habitantes de Roncesvalles. No había una programación previa, sino que lo hicimos mientras desarrollaban actividades cotidianas: desde los puestos de trabajo, las reuniones en la cafetería o en algún lugar del pueblo. Tuvimos un enfoque muy ligado al desarrollo de nuestros talleres y el desarrollo de nuestras entrevistas. Pues las preguntas tenían como enfoque el territorio, la memoria del conflicto armado y la construcción de una cultura de paz. Aquí nos contaban historias, posturas y deseos frente a la comunidad. Fue un momento muy especial para reconocer diversas voces y para conectar con los espacios y las personas.
Figura 19, 20, 21. Fotografías tomadas por Angie Bermúdez en entrevistas a los habitantes de Roncesvalles, Tolima. Finalizando 2022- Iniciando 2023 Antes de contar sobre las experiencias del siguiente viaje, contaremos sobre el trabajo previo. Cuando tienes una comunidad que no puedes visitar con frecuencia para tu trabajo de grado, cada viaje debe ser planificado de manera correcta. Nosotras teníamos que acomodar nuestras agendas laborales y personales para lograr viajar. Y, para que ese viaje cumpliera con los objetivos establecidos, nos apoyamos en nuestro cronograma y planes de trabajo. Debemos recordar que, estaríamos en un territorio donde no íbamos a tener las mismas herramientas tecnológicas que se encuentran en otros espacios. Además, no podíamos decir “volvemos en 15 días”. Por ello, aunque no estábamos en el territorio, mantuvimos contacto mientras nos encontrábamos en Cali, seguimos realizando entrevistas, reuniones y conversaciones por medio de la virtualidad. Es una cuestión de no perder la conexión con quienes están vinculados al proyecto.
Con respecto a los cambios en nuestro trabajo, por un tiempo tomamos la decisión de que en lugar de realizar un libro de relatos, queríamos apostarle a un libro enfocado en la literatura infantil que abordara precisamente esta historia del territorio. Imaginábamos a un niño del campo, de Ronces, explorando su territorio y conociendo la memoria que habita en él. Por supuesto vinculando a nuestros diferentes públicos, que eran: los niños, los padres y los maestros. Estuvimos muy aferradas a esta idea por mucho tiempo, hicimos estructuras del libro, toda la narrativa de la historia y, además, realizamos pequeñas muestras de cómo nos imaginábamos el diseño. Sin embargo, esta idea fue descartada cuando identificamos que para lograr un buen desarrollo del mismo, eran fundamentales ilustraciones con alto nivel de detalle y, aunque contábamos con conocimientos en diseño, debíamos aceptar que no era una línea en la que nos sintiéramos totalmente seguras. Así que, retomamos la creación de un libro de relatos. Con el tiempo aprendimos a tomar decisiones de manera más rápida, aprendimos a entender la ruta de nuestro trabajo. Aunque llegaron muchas ideas, tuvimos que aprender a filtrarlas sin bloquear los procesos creativos.
También, a pesar de que desde el principio queríamos ofrecer herramientas para que los maestros abordarán temas de la memoria del conflicto armado en la institución, fue después del primer viaje en agosto del 2022 y de culminar entrevistas, que logramos visualizar la forma de hacerlo posible. De aquí surge la idea de elaborar unas cartillas para los maestros, ya que la institución estaba muy interesada en cómo podríamos transmitir a la comunidad educativa aquellos temas que estábamos desarrollando en los talleres y en las entrevistas de nuestro trabajo.
En este tiempo organizamos el material. Revisamos nuestros audios y nuestras anotaciones para prepararnos para el siguiente viaje.
Bitácora de un viaje - Abril y Mayo del 2023 En este viaje teníamos varios objetivos por cumplir. Debíamos acercarnos a una escuela ubicada en una vereda del municipio para conectar con los grados de kínder a quinto y conocer cómo funciona la dinámica de la educación multigrado. Además, se debían realizar entrevistas a los maestros al retomar nuestra presencia en la institución. En cuanto a nuestros productos, para este viaje realizaríamos la grabación de un video enfocado en la educación rural y ampliaríamos las grabaciones para nuestro podcast. Figura 22. Fotografía tomada por Angie Bermúdez después del taller con padres de familia de la Institución Educativa.
Entrevistas Continuamos realizando entrevistas que ampliaron nuestra investigación. Fue muy interesante porque tuvimos dos experiencias diferentes al realizarlas. Por un lado, tuvimos maestros muy dispuestos a compartirnos sus historias y también muy interesados en saber cómo podíamos aportar desde lo que estábamos realizando a su profesión. Pero también estábamos enfrentando muchos “no”. Comprender los inconvenientes, los “no puedo” y la infinidad de situaciones que se presentan puede ser todo un reto. Además de que puede ser frustrante. Nosotras procuramos concentrarnos en lo positivo, en los aprendizajes, en los “sí” y las buenas disposiciones, pero sin desconocer que cada “no” era importante. Había cambios en las dinámicas del territorio; de hecho se mencionaba mucho sobre la posible presencia de grupos armados en la zona. Para nosotras entender que había cambios, era también evidenciar que llevábamos un buen tiempo acompañando al territorio con nuestra investigación y que iniciamos el proyecto con unos planteamientos que se han ido nutriendo y fortaleciendo. Ahora que estábamos en la recta final del trabajo podíamos notar cambios, algunos de estos se acercaban a lo mencionado sobre la fragilidad de los acuerdos en los territorios, las dificultades al no tener garantías de no repetición, la vulnerabilidad de las comunidades y de la escuela rural.
Aún así, en este viaje tuvimos entrevistas que fueron muy significativas para nutrir el proceso. En una entrevista mientras hablábamos sobre la memoria del conflicto armado, un profesor comenzó a reflexionar sobre el hecho de que nunca había hablado de esos temas con sus alumnos. Él se encontraba muy impactado por su propia reflexión y se decía a sí mismo que él debería hablar sobre eso con ellos y más aún siendo un maestro de sociales. Nos preguntaba mientras se lo afirmaba así mismo: ” yo debería hablar sobre esto, ¿cierto?”. A eso nos referimos cuando mencionamos que cada entrevista con los maestros fue una experiencia diferente, valiosa, con muchos aprendizajes, cuestionamientos y emociones. Pero lo más importante es que cada entrevista se mantuvo desde un lugar seguro. Generar y acompañar procesos fue muy gratificante.
Escuela rural - Documental Nos acercamos a la escuela San José de la Vereda San Marcos. Aquí nos encontramos con la profesora Yalenna, quien desde el primer momento nos permitió conectar con su clase multigrado. Aunque se habló primero con el rector de la institución y se mostraron cartas donde se avalaba el proyecto, es fundamental tener conversaciones con la maestra porque hay que generar vínculos con la comunidad y con cada persona que se relaciona con el proyecto. No se trabaja con imposiciones; este es un proceso que permite crear lazos. Ella fue una maestra conectada con el desarrollo de nuestros productos visuales, sonoros y escritos, y esto sucedió porque ella estuvo interesada en todo el proceso.
Los procesos siempre serán lo más importante para nosotras.
Una vez tuvimos la aprobación de la maestra, el siguiente paso era compartir la información a los padres de familia. Cuando trabajas con niños, es muy importante la autorización de los padres. Además, para nosotras siempre fue clave expandir la información sobre el trabajo que estábamos haciendo en el territorio y el enfoque que se implementaría. Esto lo logramos al reunirnos con los directivos y maestros de la institución quienes replicaron la información a los estudiantes y padres de familia. Además, realizamos recorridos en el casco urbano hablando con la comunidad de la ejecución del proyecto.
Antes de llegar con los equipos, nos acercamos a las jornadas de la escuela. Los niños nos conocieron, observamos las dinámicas de la maestra con los estudiantes. Eso fue importante para entender los espacios y las formas de trabajar. También, para establecer cómo sería nuestro desarrollo del trabajo y aquello que deseábamos contar.
Queríamos grabar a un niño y acompañar su camino a casa. Para ello se requería un niño que no le tuviera miedo a la cámara, que no perdiera su espontaneidad y naturalidad. En el audiovisual nos enseñan que hay personas que tienen un “ángel” para cada trabajo. Nosotras hicimos esa búsqueda en la cual se van creando los primeros vínculos: hablar con los niños, que te puedan conocer y hacer preguntas, jugar con ellos y compartir sus espacios. Así conocimos a Cristopher, el niño de nuestro documento de observación. Conocer a Cristopher nos llevó a conocer su familia. Fuimos hasta su casa para hablar con su mamá y contarle sobre el proyecto, no se enteró a través de un texto, ni de una carta, ni por la maestra: fue por nosotras y de manera presencial. La familia de Christopher siempre estuvo muy dispuesta a colaborar y a participar en el proyecto. Esto fue muy significativo para nosotras.
Acompañamos jornadas en la escuela y también a Cristopher de camino a casa, mientras realizamos grabaciones con nuestro celular, con el fin de ir estableciendo la línea narrativa y audiovisual que deseábamos tener.
Figura 23, 24, 25, 26, 27, 28, 29, 30. Fotografías tomadas por Juliana Muñoz en trabajo de campo para la realización del documento de observación.
Productos Después de llevar a cabo la metodología con la comunidad educativa y sortear el desafío de conectar temas y problemas simultáneamente (territorio, educación y memoria del conflicto armado), el trabajo se concentró en entretejer las piezas de este proyecto. Realizamos varios proyectos en uno: uno de producción comunicativa, uno de intervención educativa y, de manera más amplia, una estrategia de comunicación a través de redes sociales. Mediante estas obras, esperamos aportar a los trabajos artísticos, sociales y culturales que buscan llevar a cabo procesos de reparación simbólica de las víctimas. Esperamos aportar a los estudios históricos que actualmente se realizan sobre las implicaciones que tuvo la guerra en nuestro país, teniendo como enfoque los impactos del conflicto armado en esta comunidad. También, para contribuir a la consolidación de una paz estable, duradera y territorial.
Adicionalmente, con el desarrollo de estos productos, como mencionamos anteriormente, creemos posible un diálogo para que la imagen del amuleto que lleva la comunidad de Roncesvalles, se transforme y estas herramientas se conviertan en elementos a los que se les atribuya la virtud de alejar el mal y propiciar el bien.
Libro Uno de nuestros objetivos fue realizar un producto que, apoyándose en el formato tradicional, incluyera enlaces a recursos externos como páginas web, plataformas de música y video. En este contexto, el concepto indicado es "libro expandido", una obra con relatos y productos audiovisuales en el que exploramos formas expresivas, formas de contar y abordar el territorio.
Para ello, debimos realizar y cumplir con estos otros objetivos:
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Recopilar testimonios sobre las experiencias familiares y comunitarias, históricas, relacionadas con el conflicto armado vivido en Roncesvalles Tolima a través de un trabajo de intervención social.
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Propiciar dinámicas para comprender las prácticas de memoria a través de encuentros en los que el arte permita dialogar y comprender los procesos.
Nuestro libro recibe el nombre de Narrar para construir, está dividido en tres etapas. La primera etapa está enfocada en las memorias relacionadas al conflicto armado (lo que pasó). La segunda etapa está enfocada en situaciones actuales que se desprenden a raíz del conflicto armado y se vinculan a la identidad de la comunidad. La tercera parte, la compone una serie de mensajes para los públicos con los que trabajamos el proyecto: infancia, padres, maestros y comunidad de Roncesvalles.
Cada relato fue construido partiendo de las conversaciones e historias que nos contaron durante la investigación. Por ejemplo: teníamos el tema de los padres en medio del conflicto armado y una situación específica que era la salida de los jóvenes entre colchones debido a los reclutamientos en la zona; teniendo el tema y la situación seleccionada, recopilamos las experiencias, historias, emociones, sensaciones y reflexiones alrededor de ello para elaborar el relato. Así mismo fue con cada capítulo del libro.
Decidimos que tendríamos diferentes formas de narrar a través del libro porque de alguna manera es lo que buscamos impulsar con el proyecto. Por esta razón, algunos capítulos están escritos en primera persona y otros en tercera persona. También hay diversidad en los formatos, algunos son tipo entrevistas o cartas.
En el libro se encuentran distribuidos 8 códigos QR que permiten llegar a la página web, a los podcast y al audiovisual (documento de observación).
Esta es la estructura del libro:
Narrar para construir Memoria, educación e identidad: huellas del conflicto armado en Roncesvalles, Tolima
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Introducción ● Aquí se añade código QR al podcast #1
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Capítulo 1 Para este primer capítulo decidimos realizar textos vinculados a los acontecimientos de cuando el territorio fue zona roja. Así que seleccionamos hechos que estuvieran relacionados con los tres grupos con los que trabajamos: niños, padres de familia y maestros. También, estos relatos tenían que estar conectados con los escenarios trabajados, es decir, con Roncesvalles y de manera delimitada, con la escuela ( La voz de la Tierra).
Hicimos una preselección de temas, situaciones, historias y públicos para la construcción de cada uno de los relatos. Era importante que existiera esta conexión y que además se abordaran cada uno de los puntos que nos habíamos trazado como meta durante el proyecto.
Alberto Este relato tiene como enfoque abordar las memorias sobre los enfrentamientos y hechos de violencia en el territorio cuando éste era zona roja. Nos apoyamos en las memorias compartidas por los padres de familia que estuvieron presentes en el desarrollo del proyecto. Utilizamos un narrador omnisciente y una línea apoyada en detalles cronológicos.
● Aquí se añade código QR al podcast #2 La explosión Relato construido a partir de las memorias de un adulto joven cuando era estudiante. En esta historia era importante evidenciar las dinámicas del conflicto que tenía que asumir la comunidad. Nuevamente se utiliza un narrador omnisciente. ● Aquí se añade código QR al podcast #3 La vocación y la vida Este relato tiene como enfoque abordar las diversas memorias y situaciones que vivieron los maestros en sus aulas. Utilizamos un narrador omnisciente para contar sobre un hecho que varios profesores recordaron durante las entrevistas realizadas: el día en el que asesinaron al padre de una de sus alumnas mientras la jóven estaba en clase.
La historia se narra desde un presente en el que se recuerdan los hechos, anotaciones como “la profesora aún recuerda”, “describe los acontecimientos como” nos permite acudir a nuestras experiencias y sensaciones vividas con los maestros durante los espacios de diálogo.
● Aquí se añade código QR al podcast #4 El camino recorrido Relato construido a partir de situaciones que vivieron padres del municipio como lo fue tener que sacar a sus hijos del municipio por temor a los reclutamientos. ● Aquí se añade código QR al podcast #5 Cuando bajó la niebla Relato construido a partir de un testimonio sobre el reconocimiento como víctima; se vinculan las diferentes experiencias, emociones y mensajes claves alrededor del tema.
- Capítulo 2
Para este segundo capítulo decidimos realizar textos que estuvieran vinculados a situaciones y hechos en un escenario de postacuerdos. En este capítulo nos podemos acercar más al tema de identidad de la comunidad, a raíz de las historias y memorias del conflicto armado.
Nuevamente, hicimos una preselección de temas, situaciones, historias y públicos para la construcción de cada uno de estos relatos. En este capítulo, nos situamos en el contexto sociopolítico actual para evidenciar posturas y realidades de la comunidad, tanto en temas educativos, como en temas de memoria y reparación, conectándose a cada uno de los públicos con los que trabajamos: los niños, los padres y los maestros. La escuela de Luz Relato construido a partir de la observación y el acompañamiento a la escuela San José de la vereda San Marcos. Se abordan los desafíos de la educación multigrado y los esfuerzos de la comunidad educativa.
Tiene una narración en tercera persona.
● Aquí se añade código QR al Documento de observación (audiovisual) La paz Para estos relatos, quisimos aludir a dos posturas sobre la paz por medio de narraciones en primera persona construidas a partir de las conversaciones realizadas durante el proyecto. Decidimos escribirlas como si fueran fragmentos de entrevista. Nuevamente, es un relato que refleja la recolección de nuestras experiencias y emociones frente al desarrollo de las entrevistas y las posturas sociopolíticas y personales de las personas entrevistadas. Hay dos posturas: una que está a favor de la construcción de paz y otra que duda que sea posible. Por medio de estos relatos se pudo poner en contraste dos posturas tan establecidas en el territorio; se pudo considerar la complejidad de los relatos, vivencias e imaginarios que refuerzan sesgos, creencias y narrativas.
Hay un lugar Este relato se construyó conociendo y escuchando la experiencia de un niño al llegar a vivir al territorio. Aquí se aborda una de las situaciones más difíciles para la comunidad y es el estigma de ser considerado un pueblo guerrillero. También el hecho de que Roncesvalles es un lugar en el que muchas personas de otros lugares llegaron y
se quedaron porque en él encontraron su hogar.
La carta Relato construido a partir de diversas situaciones que se presentaron en entornos familiares, entre ellas el hecho de decidir permanecer, construir una vida en el territorio a pesar de que fuera una zona roja. Por ejemplo las decisiones de terminar los estudios, comenzar a trabajar, tener una familia, realizar proyectos por el territorio, etc. A las personas que se quedaron en el territorio también les han confrontado su decisión con un ¿por qué te quedas ahí? Aún incluso cuando cesaron los enfrentamientos, vivir en un territorio rural expuesto a diferentes violencias y ausencias estatales, sigue propiciando esta pregunta: ¿por qué te quedas ahí? Quisimos acudir a una narración en primera persona y al formato de la carta, ya que son formas que antes utilizaban para la comunicación y la conservación de los mensajes.
Tejiendo el camino Relato construido a partir de experiencias en un escenario de postacuerdos. Para este último relato nos apoyamos más en una línea de cuento corto para abordar uno de los temas centrales en el desarrollo del proyecto y era el hecho de no hablar sobre el conflicto armado con las nuevas generaciones
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Capítulo 3 En este capítulo elaboramos cuatro textos dedicados a cada uno de los públicos con los que trabajamos en nuestro proyecto. Expusimos, a través de ellos, nuestros sentimientos y percepciones del proceso vivido.
Además, estos textos nos permiten conectar con el último código QR que tiene como propósito invitar a las personas que están conociendo nuestro proyecto a que compartan un mensaje para el territorio.
A la infancia maestra ● Aquí se añade código QR al podcast #6 A los guardianes de la educación A los padres de la tierra bonita del Tolima A la belleza de tus memorias
Tu carta al paraíso ● Aquí se añade código QR a la página web, en la pestaña “cartas al paraíso”. Para nosotras era importante finalizar tanto el libro como en la página web con una invitación a seguir escribiendo historias y mensajes alrededor de la construcción de paz. Nosotras concluimos cada uno de nuestros encuentros, con espacios que nos permitieran reflexionar y dialogar sobre un presente justo y un futuro en bienestar.
Indice final
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Introducción
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Capítulo I Alberto La explosión La vocación y la vida El camino recorrido Cuando bajó la niebla
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Capítulo II La escuela de Luz La paz Hay un lugar La carta Tejiendo el camino
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Capítulo III A la infancia maestra A los guardianes de la educación A los padres de la tierra bonita del Tolima A la belleza de tus memorias Página web La página web es una extensión a la experiencia del libro y un medio para comunicar a través de los sonidos y de las imágenes. Aquí se encuentran el documento audiovisual de observación y los podcast, acompañados de imágenes y textos que mantienen la conexión de
los temas.
La página también posibilita que a través de ella se llegue al libro y que, además, se establezcan nuevos canales para contar y públicos a los cuales podemos llegar para que conozcan sobre el territorio y las memorias que en él habitan. Por medio del diseño y montaje de esta página buscamos cumplir con uno de nuestros objetivos del proyecto: aportar a través de nuestro quehacer periodístico a la activación de procesos de paz que han surgido en el país.
El desarrollo de la página web fue un proceso que comenzó a consolidarse una vez tuvimos elaborados cada uno de los productos finales. No obstante, la estructura de la página la desarrollamos mucho antes de realizar los productos, puesto que al ser una extensión del libro, debía ser una experiencia de navegación que conectara de manera coherente con cada uno de los temas que íbamos a trabajar. Es importante aclarar que para nosotras la página debía funcionar estando vinculada al libro o no. Es decir, las personas pueden llegar a ella porque están realizando lectura del libro y utilizan los códigos QR, pero también pueden encontrar la página web, conocer el proyecto y obtener información sonora y visual que los lleve al libro en busca de los relatos.
Decidimos que nuestra página web tendría: introducción, textos, fotografías, podcast, documento de observación y una pestaña para enviar mensajes a la comunidad. Dichos mensajes posteriormente serán replicados en Instagram y Facebook para que la comunidad de Roncesvalles pueda hacer lectura de los mismos.
Una vez culminada la elaboración de los productos, pasamos a realizar el montaje de la página, para la cual se requería una línea de diseño que debía tener coherencia con los enfoques del proyecto y lo que éste significaba. Es por ello que nos decidimos por espacios limpios con textos cortos donde prevalecen un banner totalmente ligados a los paisajes exhuberantes del territorio y detalles como cintas, recortes, papel deteriorado y fotografías que conectaran con la idea de libros, escritos y memorias.
Teniendo en cuenta que le apostamos a que toda la comunidad del territorio logre apreciar este trabajo, tuvimos en cuenta que la información fuese clara y concisa, sin obstáculos o acciones que resulten complicadas en la navegación, puesto que, entendiendo la lógica actual, quienes tienen mayor apropiación de estos medios son los niños y jóvenes, pero los padres o abuelos hasta ahora están intentando apropiarse de los mismos y prefieren consultar medios que los lleven directamente a lo que están buscando.
Documento de observación Estuvimos acompañando y realizando tomas de apoyo para establecer lo que queríamos contar y las maneras de hacerlo. Queríamos evidenciar las condiciones y dinámicas de la educación rural multigrado. Nos encontramos con una maestra “pulpo” o “todera” y en constante movimiento, quien tiene a su cargo estudiantes desde kínder hasta quinto de
primaria, todos en un mismo salón. Enseña matemáticas, inglés, sociales, artística, educación física, español, ciencias, etc. Pocas veces la vemos en su escritorio, ya que siempre está moviéndose en el salón para acercarse a cada grupo dependiendo de la actividad que se esté realizando.
Los estudiantes también entienden la dinámica; se van moviendo en el salón a medida que van transcurriendo las clases. Van formando grupos con sus pupitres dependiendo la asignatura que les corresponde tomar.
Mientras en la escuela estaban realizando algunos arreglos en la infraestructura, a causa de un árbol que se había caído, generando un poco de ruido durante las jornadas. Para el documento de observación, el cual recibe este nombre porque no entra completamente al término “documental”, establecimos como concepto narrativo un movimiento de adentro hacia afuera. Es decir, mostrar primero el universo de la escuela y después sumergirnos entre las montañas de la vida rural mientras acompañamos a Cristopher. Queríamos una cámara cercana, que no se sintiera invasiva en el espacio y sus dinámicas. Queríamos sostener la naturalidad de las clases y la relación de la maestra con sus alumnos. Estábamos observando, siendo parte. Después, nuestra intención se centra en un solo niño, así que de ese universo colectivo (la escuela) nos quedamos con una historia individual (Cristopher). Consideramos que esa historia puede representar la de muchos otros, pues así como Cristopher, todos están retornando a casa en un escenario rural. Christopher tiene 6 años, está aprendiendo a leer y también está aprendiendo los números. Todos los días debe bajar una extensa montaña para llegar a la escuela y, así mismo, al culminar la jornada debe subirla A veces se queda jugando un rato en el parque, postergando la caminata a casa. Él le llama “la loma”. Sale del colegio y, en la primera casa, se quita los zapatos del colegio, los empaca en su maleta y se pone las botas. Lleva una gorra para protegerse del sol.
Mientras caminábamos la montaña, nos iba contando historias. Aún cuando teníamos la cámara en mano o el celular, él interactuaba con nosotras con naturalidad. Hicimos tomas cercanas, de planos medios largos donde es evidente que vamos a la par del niño, caminando a su lado y conversando. Las otras tomas son en planos generales, con el propósito de mostrar a Christopher en medio de la inmensidad del paisaje que él habita. En el documento de observación hay tomas realizadas con celular, lo cual nos recuerda algo que siempre nos mencionaba el profesor Jorge Caicedo sobre “hacer cosas con medios que sean cercanos a la comunidad”, con el propósito de evidenciar que es posible al utilizar herramientas cercanas a la comunidad contar sobre el territorio. Hemos llamado a este trabajo Fuera del aula y, aunque gran parte de las tomas transcurren dentro de la escuela, hemos seleccionado este nombre porque nos interesa exponer las dinámicas y los contextos en que viven los niños, niñas y adolescentes del municipio.
Muchos de ellos se ven expuestos a las inclemencias del clima, al deterioro de sus escuelas, al desarrollo de clases interrumpidas por los pequeños arreglos que realiza la misma comunidad para que tengan un espacio ameno. Christopher es sólo uno de los cientos de niños que caminan por largas jornadas hacia su lugar educativo.
Decidimos elaborar un producto que parte de nuestra mirada, cuyo ritmo puede mostrar cómo ambas hemos observado al territorio y nos vinculamos a él. En este documento no estamos narrando de manera literal la memoria del conflicto armado, peros sí la invocamos de manera indirecta, mostrando la cotidianidad de la escuela, la situación de los espacios y de la práctica docente; tampoco añadimos formatos de entrevistas a la maestra, ni complementamos con la construcción de algún paisaje sonoro y musicalización. En este producto se retrata la realidad de un día en la escuela, de una maestra enseñando a cinco grados distintos, a pequeños con edades distintas y competencias distintas, a niños que aman el campo y tienen cientos de historias en él, a una Institución que después del conflicto armado vivido en sus aulas, se ve inmersa en una violencia estructural que impide el desarrollo de una educación de calidad. Podcast Nuestro podcast recibe el nombre de Voces al silencio. Son seis piezas que permiten abordar desde el sonido los diferentes públicos y temas que trabajamos en la investigación. Las producciones se pueden encontrar como dijimos anteriormente en la página web, pero también en la plataforma de Spotify.
Voces al Silencio surgió de una profunda necesidad por nutrir los relatos escritos que habíamos realizado y como una herramienta que busca ser escuchada en el territorio nacional. Este podcast es un acto de resistencia contra el silencio, una declaración de que, aunque la historia haya intentado enterrar estas vivencias, las voces de las víctimas son valiosas y están reconstruyendo sus caminos y trazando rutas para la construcción de cultura de paz. En el diseño de las seis piezas sonoras queríamos tener presentes los detalles y realizar una cartografía sonora para que quienes no conozcan el territorio se sumerjan en la paz de los campos y, para que ellos que hacen parte de él, se sintieran retratados de manera digna. En Roncesvalles prevalece la música tradicional, el canto de los loros orejiamarillos y el ruido de la leche en los baldes, elementos presentes a lo largo de los productos sonoros y que en ocasiones se ven interrumpidos por las atmósferas de conflicto que vivieron los roncesvallunos. Aunque pudiésemos haber retratado esos sonidos con otros experimentales, quisimos mantener la cruda esencia de las noches de horror, de los helicópteros, de las balas, de las sirenas con efectos encontrados en bancos abiertos de internet. En algunos episodios podemos escuchar las voces de los participantes acompañadas del ruido de los buses, del viento, de los niños en clases y, son detalles que no quisimos omitir, porque hacen parte de esa esencia y de esas huellas del diario vivir del pueblo.
Además, quisimos incluir la música de grupos propios de la región que dedican letras a su tierra, que aman la guitarra y reunirse con amigos en sus casas para cantarle a la fortaleza de su tierra y su gente.
Algo que comparten todos los capítulos es un cabezote con dos emociones distintas: zozobra y tranquilidad. La primera evocada a partir del viento fuerte y la segunda con los pájaros y ríos de Roncesvalles. Dos escenarios que exploramos a lo largo de este proyecto y que la comunidad tiene muy presentes como un antes que no desean volver a vivir y un después que quieren preservar.
En este mismo cabezote utilizamos el término “resiliencia” y nos parece importante aclarar que, si bien a lo largo de los últimos años ha sido implementado en diferentes escenarios e incluso se ha dicho que se convirtió en un término de moda, la implementación de él en nuestro podcast no se limita a un uso superficial; no es un slogan. La resiliencia en esta serie, no es un término sugerido e impuesto por nosotras, es un término que fue y es utilizado por la propia comunidad. En su cotidianidad, esta noción se manifiesta en la fortaleza de las redes sociales y la solidaridad entre individuos que, a pesar de las adversidades, persisten en compartir recursos, experiencias y apoyo para enfrentar los desafíos. Este tejido de apoyo mutuo se convierte en testimonio de la capacidad de recuperación de la población. Asimismo, en el ejercicio social y colectivo de un tejido de memorias, la resiliencia se entreteje en las narrativas personales, donde los habitantes reinterpretan sus experiencias, destacando aspectos de superación y reconstrucción. Además, a través de expresiones culturales como el arte y la música, se plasma una resiliencia activa que contribuye a la construcción de una memoria colectiva, preservando hechos, tradiciones y reafirmando la identidad cultural. Capítulo 1: El terruño: lo que soy y lo que somos Esta pieza de 6 minutos y 7 segundos privilegia las voces de algunos habitantes del municipio. Para ella no buscábamos responder qué es el terruño y cómo son quienes habitan allí, aunque debemos reconocer que muchas de las intervenciones sí nos acercan a la esencia de su gente, a su relación con Roncesvalles, a su deseo de habitarlo pese a la historia. En este podcast queríamos acercarnos y acercar al oyente con la comunidad, con su manera de describir el territorio, con esas frases que se conviertan en su identidad y no en clichés. Pero también es una pieza que introduce a la historia de conflicto armado vivida por todos ellos. Capítulo 2: Lamento de un paraíso Este podcast de 11 minutos y 44 segundos es una crónica sonora de los hechos vividos en el municipio en el año 2000. En ella se recrean los momentos descritos por sus habitantes. Hay personas que en muchos casos no son presentadas a lo largo de la pieza, no porque nos hayan manifestado una prevención directa, sino porque decidimos cuidarlos y respetar sus testimonios.
A partir de la pieza podrían surgir preguntas tales cómo: ¿todos en el pueblo se identifican con el dolor y la tragedia sufrida por los policías?, ¿podría uno decir que el sentir general del
pueblo, hoy en día, coincide enteramente con el punto de vista de los policías? Cuestionamientos totalmente válidos y cuya respuesta se puede entrever que aún hoy, más de veinte años después de la Toma Guerrillera, se realiza en el parque municipal cada 14 de julio un acto conmemorativo con cientos de personas no sólo del casco urbano de Roncesvalles, sino también de cada una de las veredas, en honor a la memoria de los trece policías asesinados. Sin duda, no podemos asegurar que el 100% de los habitantes simpatiza totalmente con la Policía Nacional, pero sí que el dolor de los hechos vive en la memoria de la comunidad que a pesar de vivir en el Tolima, región que tuvo un papel protagónico en la configuración y nacimiento de las Farc, hoy reprocha y quiere romper con el estigma de ser un pueblo guerrillero.
Finalmente, en el producto sonoro se expone un punto clave acerca de la condena al Estado “por inactividad u omisión en el deber positivo de protección de los derechos de la población civil y agentes de policía” (2014), este asunto de total relevancia no fue profundizado en la pieza puesto que no era el objetivo de la misma, sin embargo, es un precedente que se tiene en cuenta para las conclusiones de esta investigación.
Capítulo 3: En medio de los escombros Este podcast de 7 minutos y 9 segundos, es una crónica sobre la bomba que estalló en un restaurante del municipio después de algunos años de tranquilidad. A partir de ella afirmamos que la guerra en Colombia afectó de manera más grave y dolorosa a la gente del campo, a las personas empobrecidas y también a las comunidades indígenas, afros y, en los últimos años, a los migrantes. A lo largo de la escucha nos encontramos con las voces de la familia directamente afectada y miembros de la comunidad que vivieron el acontecimiento de manera traumática.
Capítulo 4: En el aula y más allá de las aulas En esta pieza sonora de 28 minutos y 12 segundos están plasmadas las diferentes perspectivas de los y las maestras del territorio. En ella, quisimos hacer partícipes los diálogos con aquellos profesores que llevan décadas enseñando en la Institución, a los profesores que llegaron desde otros lugares y aquellos que se graduaron allí y después de hacer su proceso universitario regresan para educar. Nos encontramos con quienes creen en la paz y trabajan por ella, con los que tuvieron que permanecer en silencio, otros que ahora se cuestionan si deberían o no hablar de esas memorias. Sin duda, es una pieza que recoge todas las opiniones sin confrontarlas ni juzgarlas. Es el podcast más extenso de nuestra serie y, a pesar de que no profundiza en la vida de cada uno de ellos, sí brinda una perspectiva de lo que ha sido ejercer su rol en un contexto de post acuerdo.
Capítulo 5: El camino recorrido Este producto sonoro de 11 minutos y 44 segundos, es el resultado de una conversación con padres de la Institución. A través de ella nos exponen sus caminos a partir del relato y la forma en que esa guerra impactó sus vidas. En esta pieza entendemos que el estigma de ser
un “pueblo guerrillero” fue impuesto, según sus relatos, cuando los grupos armados se apoderaron del municipio después de la toma guerrillera y ejercieron el mando por una larga temporada. Desde entonces, el camino de los habitantes ha estado acompañado de un “amuleto”1 -como lo menciona una de ellas- que quieren romper.
Capítulo 6: Semillas de esperanza Nuestro último capítulo de la serie sonora es corto y conciso. Son nueve minutos en los que dispusimos un espacio para las nuevas generaciones. En ella realizamos un ejercicio de vox pop para reunir definiciones e imágenes de lo que es la paz para niños y jóvenes, evidenciando que desde las Instituciones no hay un abordaje complejo de lo que históricamente, contextualmente y territorialmente hay detrás de este concepto. Es una oportunidad para que, con el paso del tiempo y la implementación de los talleres diseñados para que los profesores ejecuten, veamos si hay cambios o variaciones en sus respuestas. Cartillas Como le hemos mencionado, mantuvimos una buena relación con la institución y con cada maestro con el que tuvimos la oportunidad de realizar algún tipo de entrevista o conversación al respecto. Al final se enfatiza en lo importante que sería dialogar un poco sobre aquellos temas que han hablado y abordado con nosotras.
Realizamos las cartillas, llamadas Más allá del aula con la intención de aportar significativamente a los procesos de memoria y de construcción de una cultura de paz dentro de la Institución Educativa la Voz de la Tierra.
Las cartillas están diseñadas para tres públicos: el primero está enfocado en abordar los grados de kínder a quinto; es decir, a los maestros que trabajan la educación multigrado en las veredas. El segundo está enfocado en trabajar con los grados de sexto a octavo y el tercero está enfocado en los grados noveno a once. Para cada público se estableció un tipo de cartilla que contiene un número de actividades que permitirán el desarrollo de temas claves con los estudiantes.
Pensamos y hemos planificado estas cartillas como un instrumento útil para los maestros. Como un banco de recursos que les permita abordar temas de construcción de paz, reconociendo las herramientas y las posibilidades con las que cuenta la institución para implementar los temas y ejecutarlos.
En las cartillas no todo está dicho; es una herramienta para trabajar en conjunto para que los maestros puedan ampliar sus experiencias pedagógicas y seguir sumando ideas, propuestas y 1 En la comunidad fue utilizado varias veces este símbolo para hacer referencia a un tipo de marca, como aquello que se lleva encima y no cómo un objeto al que se le atribuye el poder de deshacer el mal y propiciar el bien. Así que, aunque es un poco imprecisa el uso de la imagen, hemos decidido mencionarla en la investigación por la reiteración de la comunidad.
cambios. Pues nuestro trabajo en la comunidad siempre partió de la invitación y de la colectividad. Aunque las cartillas no están vinculadas directamente a nuestro producto final, es decir a nuestro libro de relatos, es probablemente uno de los trabajos más importantes que hemos desarrollado para darle fin a este proyecto, puesto que para nosotras es indispensable un proceso en el que todos estamos entregando y recibiendo.
Es importante mencionar que la relevancia del proyecto radicó en ofrecer herramientas a un grupo de docentes, estudiantes y padres, con el propósito de abordar la memoria del conflicto de manera reflexiva y compasiva en los entornos educativos. También, para fortalecer los procesos de construcción de cultura de paz en un escenario donde aunque ahora hay ausencia de enfrentamientos armados, siguen presentes las marcas del conflicto. Es por ello que se realizó la cartilla Más allá de las aulas. Un producto que fue entregado al rector actual Héctor Javier Puentes, con quien se dialogó acerca de la implementación de la estrategia y se acordó que en el Comité Académico se establecería una fecha especial en el año para la ejecución con los estudiantes. En el primer encuentro, como diseñadoras de la estrategia, realizaremos el acompañamiento a los y las maestras para aclarar dudas, orientar e intercambiar saberes en pro de enriquecer cada taller. En el momento de la entrega se evidenció una gran acogida por parte de los directivos quienes expresaron que son temas fundamentales en el desarrollo de los y las estudiantes dado el contexto actual. Por otra parte, buscaremos mantener el proyecto a través de las redes sociales, en las cuales se expondrán los productos, encuentros y mensajes enviados a la página web. Además, se buscará incluir las cartillas en otros espacios culturales que ofrece la Alcaldía de Roncesvalles de encuentros comunitarios que enriquezcan los procesos de paz y reconciliación.
Finalmente, en este camino de vivir y al encontrarse nuestros senderos, hemos recorrido nuestra historia, la de los nuestros y la de otros tantos para cuestionarnos e investigar, para crecer desde lo individual y lo colectivo. Al realizar este trabajo estuvimos buscando respuestas, porque cuando éramos niñas y veíamos los impactos del conflicto nunca pudimos hacer preguntas. En cambio ahora una pregunta nos permitió establecer vínculos, crear espacios y narrar para construir.
Entender nuestras propias huellas, nos ha permitido ser más genuinas en el desarrollo de este trabajo, ya que por encima de toda diferencia existe empatía y sensibilidad ante cada dolor y cada historia con la que nos hemos cruzado.
Reconocemos que estas motivaciones profesionales nacen desde unas personales, pues nunca hemos desvinculado nuestra vocación periodística y como comunicadoras de aquellos intereses personales por escuchar historias y compartir espacios, para entender las raíces de este conflicto armado, social y político, el cual dejó y continúa dejando huellas de guerra en el país. Pero, en especial, estos intereses están enfocados en poder trabajar y contribuir a la implementación de procesos significativos con las comunidades rurales de este país.
Nosotras creemos en la paz. Creemos en ella como víctimas, como una vallecaucana y una tolimense, como las jóvenes que aman el campo y honran a quienes lo habitan. Creemos en la paz como hijas de manos campesinas, artesanas y obreras.
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Cita: Bermúdez Molina, Angie, Muñoz Calle, Juliana (2023), Narrar para construir : memorias, educación e identidad: huellas del conflicto armado en Roncesvalles, Tolima, Universidad del Valle, p. N. https://hdl.handle.net/10893/31959