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Página 1 de 21Identidad de género y contexto escolar: una revisión documental
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Título en español Identidad de género y contexto escolar: una revisión documental

Título en inglés Gender Identity in the School Context: A Literature Review

Resumen

Este artículo presenta una revisión documental que analiza la influencia del contexto escolar en la configuración de la identidad de género de niñas, niños y adolescentes. La investigación examinó 50 estudios publicados en español, principalmente de contextos latinoamericanos y españoles. Los objetivos específicos fueron: analizar la literatura sobre la influencia educativa en la construcción de identidad de género, identificar los factores asociados a este proceso y sistematizar recomendaciones para entornos inclusivos. A través de siete apartados, el estudio muestra los diversos factores que se entrelazan en la configuración de la identidad de género en contextos escolares, destacando el papel fundamental de la escuela como reproductora de discursos y prácticas de género. Se evidenció que el currículo oculto, las masculinidades y feminidades hegemónicas, y la escasa formación docente perpetúan desigualdades de género en la escuela. No obstante, también se identificaron prácticas educativas transformadoras orientadas a la equidad e inclusión.

Como conclusión, se enfatiza la necesidad de políticas públicas que incorporen obligatoriamente la perspectiva de género en la formación inicial del profesorado para garantizar una educación más equitativa y respetuosa.

Palabras clave: identidad, género, educación inclusiva, ambiente educacional y perspectiva de género.

Abstract This article presents a documentary review that examines the influence of the school context on the construction of gender identity among children and adolescents. The study analyzed 50 Spanish-language publications, primarily from Latin American and Spanish contexts. The specific objectives were to: analyze existing literature on the educational influence in gender identity formation, identify factors involved in this process, and systematize recommendations for inclusive environments.

Structured into seven sections, the review highlights the various factors that intersect in the development of gender identity within school settings, emphasizing the key role of schools in reproducing gender-related discourses and practices. The findings reveal that the hidden curriculum, dominant forms of masculinity and femininity, and limited teacher training contribute to the perpetuation of gender inequalities in education. Nevertheless, the study also identified transformative educational practices aimed at promoting equity and inclusion.

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In conclusion, the article underscores the need for public policies that mandate the integration of a gender perspective in initial teacher education, in order to ensure a more equitable and respectful educational experience.

Keywords: identity, gender, inclusive education, educational environment, gender perspective

Introducción La identidad de género en Colombia ha ganado espacio a lo largo de los años, especialmente en las últimas décadas, aunque siempre ha existido diversidad en las identidades de género, fue en la segunda mitad del siglo XX cuando comenzaron a visibilizarse con mayor fuerza los derechos y la lucha por la igualdad de género. Durante las décadas de los 70 y 80, los movimientos sociales y la diversidad sexual empezaron a ganar mayor visibilidad, influenciados por eventos internacionales como los disturbios de Stonewall en 1969, los cuales marcaron el inicio del movimiento moderno por los derechos LGBT, tanto en Estados Unidos como en otras partes del mundo. Desde entonces, ha habido un avance progresivo en la legislación y las políticas públicas para proteger los derechos de las personas con identidades de género diversas.

La identidad de género ha evolucionado y se estudia desde diversas perspectivas. Judith Lorber la define como una construcción social que se perpetúa mediante instituciones como la familia, el estado y la cultura. Los roles de género se establecen a través de normas implícitas que asignan comportamientos específicos sin cuestionamiento crítico. La socialización de género comienza en la infancia y la adolescencia, influenciada por factores sociales, culturales y biológicos, con el entorno familiar y educativo desempeñando un papel clave en su desarrollo.

Por lo tanto, el objetivo de este estudio es realizar una revisión documental sobre cómo el contexto escolar influye en la configuración de la identidad de género en niños, niñas y adolescentes. A través de este análisis, se busca sistematizar las buenas prácticas y recomendaciones presentes en la literatura, que puedan aplicarse para promover un ambiente escolar inclusivo, así como identificar vacíos en la investigación y áreas que requieran mayor exploración, lo cual permitirá formular nuevas preguntas de investigación.

Metodología Este artículo surge del análisis de 50 publicaciones académicas seleccionadas en torno a las categorías clave de educación e identidad. Para garantizar la calidad y relevancia de los artículos analizados, se realizó una búsqueda bibliográfica en los repositorios de bibliotecas universitarias del país, al igual que en bases de datos como Google Académico, Redalyc, Dialnet, Scielo y artículos de revistas que están registradas en Publindex, posteriormente se establecieron criterios de inclusión que orientaron la selección de las fuentes, y una vez definidos estos parámetros, se organizó la información en una matriz que permitió estructurar los elementos clave para el análisis.

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Los artículos recopilados incluyen revisiones documentales y estudios científicos, en su mayoría de enfoque cualitativo, realizados principalmente en países de América Latina y, en menor medida, en España. El período de publicación de los artículos analizados se extiende desde el año 2003 hasta el 2024, lo que permite observar la evolución de los enfoques y debates en este campo durante más de dos décadas. Dentro de la matriz fue posible determinar que la teoría de la construcción social del género es la que más se repite en los textos analizados, y entre los autores más destacados que la abordan están Judith Butler, Marta Lamas, y Joan Scott. Asimismo, la teoría de las masculinidades y feminidades hegemónicas de R.W. Connell es otra de las perspectivas recurrentes. Estas teorías están presentes en múltiples menciones y son fundamentales para comprender la construcción histórica, social y cultural de las identidades de género. Además, otras teorías relevantes incluyen la teoría de la performatividad del género de Butler y la teoría de las representaciones sociales de Serge Moscovici, que enriquecen el análisis al explorar cómo las identidades de género se configuran y perpetúan en distintos contextos sociales.

Para el análisis de la información, se utilizó el programa Atlas.ti, que facilitó un análisis cualitativo de los datos textuales, generando las siguientes categorías analíticas:

● Identidad, infancia y adolescencia: Hace referencia a las concepciones y

representaciones de identidad y los roles de género que se construyen en la infancia y/o adolescencia.

● Influencia de la familia: Destaca el papel crucial de la familia en la construcción

de las identidades de género de niños, niñas y adolescentes, subrayando la necesidad de un trabajo articulado entre familia y escuela.

● Conciencia y prácticas de género en el profesorado: Analiza la importancia de

las creencias y prácticas del profesorado en la construcción de identidades de género, y su papel en promover o perpetuar discursos hegemónicos.

● Masculinidades y feminidades hegemónicas: Examina los medios a través de los

cuales se construyen las identidades de género en la escuela, considerando tanto la "hegemonía" como otras configuraciones alternativas.

● Violencia de género en el contexto escolar y dinámicas de poder: Aborda cómo

se manifiestan las formas de violencia de género en la escuela y las dinámicas de poder entre los diferentes actores de la comunidad educativa.

● Equidad e igualdad: Explora la relación entre la escuela y la construcción de

identidad, y cómo la institución puede promover procesos de emancipación en términos de equidad e igualdad.

● Influencia de los medios de comunicación: Aborda la influencia de los medios de

comunicación, particularmente las redes sociales, en la construcción de la identidad de género en adolescentes y jóvenes.

De esta manera, se logró una comprensión más profunda de los argumentos presentados por los autores y autoras en torno a los temas clave de la investigación. Identidad, infancia y adolescencia

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Los estudios analizados coinciden en que la identidad de género se construye como un proceso social y relacional desde las primeras etapas de vida, influido por la familia, la escuela, los pares y los discursos culturales dominantes (Balanta & Obispo, 2022; Vega et al., 2015; Sarmiento, 2022; Colás Bravo, 2007; Chala & Matoma, 2013; Leiva et al., 2021). Desde la infancia, las niñas y niños reproducen roles tradicionales de género aprendidos en el hogar y reforzados en la escuela. Balanta y Obispo (2022) identificaron cómo adolescentes continúan reproduciendo estereotipos asociados a la feminidad (fragilidad, cuidado) y a la masculinidad (fuerza, liderazgo), mientras que Vega et al. (2015) advierten la necesidad de visibilizar estas construcciones simbólicas para avanzar hacia una educación más inclusiva.

Chala y Matoma (2013) resaltan que los procesos educativos tempranos influyen directamente en la manera en que los sujetos interiorizan su identidad de género, destacando el rol de las instituciones escolares en la reproducción o transformación de estereotipos.

Sarmiento (2022) destaca que, en contextos escolares inclusivos, los jóvenes pueden cuestionar las normas tradicionales y construir identidades de género diversas, mientras que Colás Bravo (2007) subraya que la construcción de la identidad se vincula también al desarrollo de la autoestima y la percepción de pertenencia en los grupos escolares. Por otro lado, Leiva et al. (2021) encontraron que la inclusión, el respeto y el reconocimiento en el ámbito escolar fortalecen el autoconcepto y favorecen la aceptación de diversas identidades de género, es decir, que existe un impacto del sentido de comunidad escolar en el bienestar emocional de los adolescentes.

Sin embargo, los estudios también evidencian que persisten múltiples barreras, como el bullying, la discriminación y la falta de formación docente, que dificultan la libre expresión de la identidad de género en la infancia y adolescencia (Vega et al., 2015). La identidad de género en la infancia y adolescencia está influenciada por factores sociales y culturales, con la escuela desempeñando un rol indispensable en la reproducción o transformación de estereotipos. A pesar de algunos avances, la discriminación persiste, lo que resalta la necesidad de intervenciones educativas que promuevan el respeto y la aceptación de la diversidad desde temprana edad.

Partiendo de la relevancia de la socialización primaria en el proceso de construcción de la identidad de género, resulta pertinente analizar a continuación el papel que desempeña la familia en la configuración de estas identidades durante la infancia y la adolescencia, ya sea reforzando o cuestionando los modelos tradicionales en los primeros años de vida. Influencia de la familia La construcción de la identidad de género en la infancia y adolescencia es un proceso influenciado por diversos factores socioculturales, donde la familia ocupa un papel central. Mondaca (2021) sostiene que la familia representa el primer espacio de socialización en el que los niños interiorizan normas, valores y expectativas de género; desde esta perspectiva,

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las actitudes y expectativas de los cuidadores primarios pueden perpetuar modelos tradicionales o, en contraste, fomentar una visión más flexible de la identidad de género. Bonilla Aranda y Carvajal Arenas (2020) enfatizan en que las figuras masculinas en la familia desempeñan un papel determinante en la construcción de la masculinidad infantil. En contextos familiares donde se permite una expresión emocional libre y el respeto por el propio cuerpo, se facilita el desarrollo de identidades de género menos estereotipadas, asimismo, estos entornos propician una mayor equidad de género al evitar la imposición de normas restrictivas basadas en estereotipos tradicionales.

La relación entre familia y escuela también es crucial en la configuración de la identidad de género. Aunque la escuela puede complementar la socialización familiar en la promoción de la inclusión y el respeto, Mondaca (2021) señala que en muchos casos las instituciones educativas refuerzan patrones discriminatorios o evitan abordar la diversidad de género. Bonilla Aranda y Carvajal Arenas (2020) resaltan que la instauración de normas y valores en la escuela influye en la autoimagen y en la percepción del género por parte de los estudiantes, por lo que la colaboración entre familia y escuela es fundamental para evitar la reproducción de estereotipos.

Desde un enfoque sociocultural, Armenta y Forzán (2020) exploran la presión social que ejercen tanto la familia como los pares en la construcción de la identidad de género en la adolescencia. Su estudio indica que los varones enfrentan una mayor presión para ajustarse a modelos de masculinidad hegemónica, en comparación con las mujeres. Balanta Mera y Obispo Salazar (2022) refuerzan esta idea al señalar que el sistema sexo/género sigue operando en la adolescencia, promoviendo la asociación de la masculinidad con la fuerza y el liderazgo, y de la feminidad con la fragilidad y la subordinación. No obstante, algunos adolescentes han manifestado incomodidad con estos roles de género, lo que ha dado lugar a nuevas formas de construcción identitaria.

En el contexto escolar, Sánchez et al. (2024) examinan la reproducción de normas de género en las instituciones educativas y las resistencias que surgen en torno a las masculinidades alternativas. Los autores demuestran que estos nuevos modelos de masculinidad enfrentan rechazo y estigmatización, lo que evidencia la urgencia de implementar intervenciones pedagógicas que transformen la percepción tradicional del género. Los estudios revisados coinciden en que la familia es el principal agente socializador en la construcción de la identidad de género, influyendo en la formación de roles y normas que pueden reforzar o desafiar estereotipos. También se reconoce el papel clave de la escuela en este proceso. Además, se identifican nuevas formas de expresión de la masculinidad y la feminidad, lo que refleja un cambio progresivo en la percepción del género en la sociedad actual Las divergencias en los estudios se centran en la magnitud e impacto de los cambios en la identidad de género. Mientras algunos investigadores ven estas nuevas formas de construcción de identidad como un avance significativo, otros advierten que la presión social sigue limitando la autoexpresión, especialmente en los varones. Sánchez et al. (2024) proponen intervenciones pedagógicas para fomentar la inclusión, pero otros estudios

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destacan la resistencia de las instituciones educativas a adoptar una perspectiva de género más amplia.

Aunque la familia cumple un papel inicial determinante, la escuela y, específicamente, el profesorado se convierte en actores centrales que median entre los discursos del hogar y los valores sociales. La siguiente sección profundiza en este rol clave del personal docente como agente de reproducción o transformación de las normas de género. Conciencia y prácticas de género en el profesorado El profesorado desempeña un papel relevante en la formación de identidades de género dentro del contexto educativo, ya que sus concepciones y prácticas pueden tanto reproducir discursos dominantes como fomentar una educación más equitativa e inclusiva. En esta línea, González Cervantes y Álvarez García (2024) destacan que en la educación preescolar las prácticas docentes resultan decisivas para que los niños construyan la percepción de su identidad y la de los demás. A través del currículo oculto, a menudo se refuerzan estereotipos de género, especialmente en eventos como el Día de la Madre o el Día del Padre.

De igual manera, los mismos autores advierten que los imaginarios sociales no solo afectan la percepción de género, sino que generan desigualdad y discriminación, al interiorizar modelos de comportamiento rígidos desde la infancia. En este sentido, Chaves Salas (2005) enfatiza en que el profesorado puede perpetuar estereotipos mediante el lenguaje y prácticas cotidianas, como el uso del masculino genérico o la asignación diferenciada de tareas en el aula.

Por su parte, Cerpa Reyes et al. (2023) evidencian que muchos docentes asocian la identidad de género exclusivamente a factores biológicos, lo cual refuerza la heteronormatividad e invisibiliza identidades no normativas. Además, su investigación señala que la falta de formación, la resistencia familiar y la ausencia de acciones institucionales concretas limitan la inclusión de estudiantes LGBTI. Frente a ello, proponen estrategias como la formación específica en diversidad sexual y de género, el uso de lenguaje inclusivo y la visibilización de referentes positivos. De una manera complementaria, Colás Bravo y Jiménez Cortés (2006) plantean una pedagogía de género basada en tres fases: sensibilización, formación docente y difusión de buenas prácticas. Además, identifican modalidades de conciencia de género (legitimadora, de resistencia y de proyecto), haciendo énfasis en que el lenguaje desempeña un rol crucial en la reproducción o cuestionamiento de los estereotipos.

Por otro lado, Bermúdez-Gutiérrez (2022) presenta el concepto de "giro pedagógico y corporal", exponiendo estrategias como el enfoque de corporeidad en la enseñanza, la transversalización de la perspectiva de género en el currículo, proyectos de equidad de género, promover las nuevas masculinidades y sororidad, así como una educación sexual integral.

Siguiendo esta misma línea, Bejarano Naranjo et al. (2022) muestran que algunas maestras reproducen normas de género sin cuestionarlas, lo que refleja la necesidad urgente de

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fortalecer la formación docente con enfoque de género para promover entornos escolares más inclusivos. También, Meza (2003) subraya que la falta de conciencia de género en los docentes puede perpetuar estigmas y prácticas excluyentes, afectando negativamente el bienestar estudiantil.

Escobar y Ulloa (2016) analizan textos escolares y concluyen que estos refuerzan estereotipos androcéntricos, contribuyendo a la reproducción de desigualdades de género. A partir de sus hallazgos, los autores insisten en la importancia de incorporar la perspectiva de género en la formación docente.

Del mismo modo, Carrera (2013) enfatiza que el educador social puede convertirse en un agente de cambio frente al maltrato escolar, si incorpora una pedagogía crítica y transgresora basada en la Teoría Queer. Esta propuesta se vincula con la necesidad de cultivar una conciencia crítica sobre las prácticas de género en las aulas. Por otro lado, Ramírez (2017) aporta una mirada complementaria al identificar la discriminación sexual como un problema persistente en el ámbito escolar, reforzado por prácticas pedagógicas heteronormativas. Frente a esto, propone una educación sexual integral que reconozca la diversidad y promueva el respeto y la equidad entre todos los estudiantes.

En cuanto a la educación primaria, Rincón Mora y Forero Ramírez (2021) manifiestan que hay un conocimiento limitado sobre el concepto de género entre los docentes, quienes, aunque muestran disposición para trabajar la igualdad, carecen de herramientas pedagógicas y apoyo institucional suficiente Desde una postura crítica, Gómez et al. (2016) advierten que, aunque existe igualdad formal en el acceso educativo, las escuelas siguen reproduciendo dinámicas patriarcales, a través del "espejismo de la igualdad", se invisibilizan desigualdades reales, lo que revela la importancia de incorporar asignaturas de coeducación en la formación inicial y permanente del profesorado.

También, Orellana Figueroa y Toledo Rubio (2021) recalcan la urgencia de capacitar a los docentes en diversidad sexual y de género, promoviendo prácticas pedagógicas basadas en derechos humanos para la creación de entornos seguros y respetuosos. Por último, Mendoza Lira, Standen Lillo y Pinto Lillo (2023) señalan que, si bien los docentes manifiestan actitudes positivas hacia la inclusión, aún existen confusiones conceptuales y falta de herramientas, lo que evidencia la necesidad de reformar los proyectos educativos y curriculares para atender de forma adecuada la diversidad en el aula. Tras el análisis de los diversos estudios presentados sobre la conciencia de género en el profesorado, es posible identificar importantes puntos de convergencia y elementos comunes que revelan patrones significativos en la comprensión de este fenómeno. En primer lugar, existe un amplio consenso entre los investigadores sobre el papel fundamental que desempeña el profesorado en la construcción de identidades de género en el contexto educativo. Desde González Cervantes y Álvarez García (2024) hasta Ramírez

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(2017), todos coinciden en que las prácticas docentes pueden tanto reforzar como transformar los estereotipos de género presentes en la sociedad. Un segundo aspecto en el que convergen los diferentes estudios es la identificación del currículo oculto como mecanismo de transmisión de normas de género. Tanto los trabajos de Chaves Salas (2005) como los de Bermúdez-Gutiérrez (2022) señalan que a través del lenguaje, la organización del espacio, la distribución de roles y los materiales didácticos, se comunican mensajes implícitos sobre lo que se espera de niños y niñas, reproduciendo así una visión androcéntrica del mundo.

Otro elemento recurrente es la preocupación por la falta de formación docente en perspectiva de género. Estudios como los de Cerpa Reyes et al. (2023), Escobar y Ulloa (2016) y Ramírez (2017) evidencian que muchos educadores carecen de herramientas para abordar la diversidad sexual y de género en el aula, lo que genera inseguridad y puede llegar a generar prácticas excluyentes.

Los estudios analizados también convergen en la necesidad de transformar las prácticas pedagógicas hacia enfoques más inclusivos. Las propuestas de Bermúdez-Gutiérrez (2022) sobre el giro pedagógico y corporal, el énfasis de Carrera (2013) en la pedagogía crítica y transgresora, y las recomendaciones de Ramírez (2017) sobre la educación sexual integral comparten el objetivo común de cuestionar las normas de género establecidas y promover una educación que valore la diversidad.

Finalmente, todos los estudios coinciden en señalar que la construcción de una educación equitativa necesita no sólo una transformación de las prácticas individuales del profesorado, sino también un cambio estructural en la cultura escolar. Esto implica revisar el currículo, los materiales educativos, el lenguaje institucional y las políticas educativas desde una perspectiva de género.

El análisis del rol docente evidencia cómo los estereotipos de género pueden ser perpetuados o desafiados dentro del aula. Para comprender mejor estas dinámicas, es necesario explorar las formas hegemónicas de género que se construyen y normalizan en el entorno escolar, por esta razón en la siguiente sección se examinan las masculinidades y feminidades hegemónicas como marcos que delimitan las posibilidades de expresión e identidad de niños, niñas y adolescentes.

Masculinidades y feminidades hegemónicas En el ambito educativo, las construcciones de género, especialmente las masculinidades y feminidades hegemónicas, configuran profundamente las identidades de niños, niñas y adolescentes. Diversas investigaciones analizadas coinciden señalando que estas construcciones no son naturales, sino producciones socioculturales que refuerzan desigualdades y limitan las posibilidades de la manifestación de la diversidad. En primer lugar, Ravetllat (2018) menciona que el reconocimiento de las identidades trans en la infancia y adolescencia exige una deconstrucción de las categorías tradicionales, valorando la diversidad de subjetividades y corporalidades más allá del esquema masculino/femenino. De manera complementaria, Espinosa, M. (2006) sostiene que la

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escuela debe sobrepasar las diferencias basadas en la biología, evitando reforzar estereotipos que perpetúan desigualdades en los ámbitos educativo, laboral y social. Asi mismo, Domínguez (2023) sostiene que los estereotipos masculinos, reforzados tanto en el hogar como en la escuela, promueven prácticas de violencia física, sexual y psicológica, así como dinámicas de discriminación sexista que afectan tanto a hombres como a mujeres. De esta misma manera, Rodríguez Menéndez (2007) analiza la masculinidad hegemónica en la escuela, caracterizada por la exaltación de la fuerza, la racionalidad, la competencia y la heterosexualidad obligatoria.

Por otro lado, González Jiménez (2009) destaca que el género, como categoría social y política, configura jerarquías que se reproducen en la escuela, donde se privilegia una masculinidad asociada al riesgo. En esta misma corriente, Diez Gutiérrez (2015) sostiene que el modelo dominante de masculinidad escolar se soporta mediante mecanismos como la homofobia, la violencia simbólica y el desprecio hacia lo femenino, reforzados por el currículo, el deporte y las relaciones entre pares.

A partir de un enfoque más cultural, Tobón, J. et al. (2009) muestran cómo las representaciones del rol masculino en adolescentes reproducen ideas de dominación y fuerza, aunque también reconocen que las masculinidades pueden renegociarse en función de los diversos contextos.

Respecto a las feminidades hegemónicas, Usma et al. (2023) exponen que en entornos rurales, las identidades femeninas siguen marcadas por estructuras patriarcales, la misoginia y la homofobia, aunque emergen nuevos movimientos de empoderamiento feminista que buscan transformar estas dinámicas. De esta manera, Benítez et al. (2015) exponen que los discursos de género aprendidos desde la infancia asocian lo femenino a tareas domésticas y de crianza, limitando la autonomía y diversidad de las niñas en contextos rurales. De forma crítica, Rodríguez (2015) advierte que los discursos escolares normalizan códigos y símbolos de poder que postergan lo femenino a posiciones de subordinación, perpetuando así, formas de ciudadanía y participación social excluyentes.

En común, los estudios revisados evidencian que tanto las masculinidades como las feminidades hegemónicas operan como estructuras de poder que legitiman desigualdades, generando modelos de género rígidos en el espacio escolar Así, Ravetllat (2018) resalta la importancia de reconocer los derechos de las identidades trans; Espinosa, M. (2006) y Tobón et al. (2009) enfatizan la necesidad de resignificar los roles de género tradicionales; Domínguez (2023) y Rodríguez Menéndez (2007) advierten sobre la reproducción de violencias de género en la escuela; y González Jiménez (2009) junto a Diez Gutiérrez (2015) proponen la transversalización de los Estudios de Género en las políticas educativas como estrategia de transformación.

Asi mismo, las estructuras hegemónicas de género no solo configuran identidades, sino que también legitiman prácticas de exclusión, discriminación y violencia. Por tanto, es fundamental analizar cómo estas expresiones de poder se manifiestan en el entorno escolar.

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La siguiente sección aborda las diversas formas de violencia de género que emergen en la escuela, así como las dinámicas de poder.

Violencia de género en el contexto escolar y dinámicas de poder La categoría “Violencia de género en el contexto escolar y dinámicas de poder”, en el marco de la reflexión sobre la identidad de género en espacios educativos, reúne estudios que enriquecen el debate disciplinar y pedagógico sobre este fenómeno en constante revisión.

Parada Olivares y Beroíza Valenzuela (2023) analizan la escuela como un ambiente donde se reproducen prácticas discriminatorias que perpetúan la violencia simbólica y los estereotipos de género, reforzando una masculinidad hegemónica que promueve el patriarcado. Frente a ello, proponen deconstruir los saberes tradicionales para construir una educación inclusiva sustentada en principios feministas.

Por otro lado, García Pérez et al. (2016) destacan que la violencia de género tiene manifestaciones tempranas en el ámbito escolar, subrayando la necesidad de implementar estrategias de coeducación y diagnósticos preventivos que visibilicen comportamientos de riesgo y propicien relaciones igualitarias.

De igual manera, Moreno Sánchez et al. (2020) visibilizan cómo los códigos lingüísticos restrictivos entre estudiantes promueven dinámicas de exclusión y violencia simbólica, legitimando la heteronormatividad. Por lo tanto, proponen una ética educativa que acompañe las inquietudes infantiles con empatía, reconociendo la diversidad como oportunidad para la transformación.

Rodríguez Sánchez, Pinilla Puentes y Bohórquez González (2023) muestran que los estereotipos de género se interiorizan desde edades tempranas, configurando relaciones de poder desiguales. Aunque persisten imaginarios sexistas reforzados por los medios de comunicación, también emergen discursos infantiles que cuestionan los roles tradicionales. Por su parte, Castillo y Gamboa (2013) manifiestan que la educación ha reforzado históricamente las jerarquías de género a través del currículo oculto, el lenguaje y la organización escolar, a pesar de los avances normativos. Subrayan que la igualdad formal no garantiza una igualdad real, y que es necesario un cambio profundo en valores y prácticas escolares.

Torres y Hurtado (2016) analizan cómo el lenguaje actúa como un dispositivo de control social en contextos educativos, generando jerarquías mediante insultos y apodos que se naturalizan en espacios de baja supervisión institucional, mostrando cómo la identidad de género se negocia constantemente en las interacciones escolares. En relación con la violencia de género entre adolescentes, Molero et al. (2016) destacan que esta problemática está asociada a estereotipos de género, antecedentes familiares de violencia y dinámicas de poder desiguales, enfatizando en la necesidad de programas de prevención temprana que fomenten relaciones igualitarias.

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Finalmente, Porras (2022) revisa el abordaje de la violencia de género en el ámbito escolar latinoamericano, evidenciando la urgencia de implementar políticas educativas inclusivas y enfoques interdisciplinarios sensibles a la diversidad de experiencias de género. De esta manera, los estudios revisados coinciden en reconocer que la escuela no es un espacio neutral, sino un escenario donde se pueden reproducir desigualdades de género a través de prácticas simbólicas, lingüísticas y/o curriculares. Es así que existe un consenso sobre la importancia de intervenir desde edades tempranas, fortalecer la capacitación docente y promover practicas educativas inclusivas que cuestionen la hegemonía patriarcal. Sin embargo, difieren en el énfasis de sus propuestas: mientras algunos estudios destacan el papel del lenguaje y los códigos de interacción (Torres y Hurtado, 2016; Moreno Sánchez et al., 2020), otros centran su atención en las dinámicas institucionales y estructurales (Castillo y Gamboa, 2013; Porras, 2022), lo que evidencia la complejidad multifacética del fenómeno y la necesidad de respuestas educativas integrales.

Frente a las manifestaciones de violencia y desigualdad, surge la necesidad de construir enfoques que promuevan la justicia social y el reconocimiento de la diversidad. La noción de equidad e igualdad en la educación se posiciona como una respuesta transformadora. La siguiente sección analizará las estrategias pedagógicas que buscan crear una escuela más justa e inclusiva para todas las identidades de género.

Equidad e igualdad Gonzales y Hernández del Cristo (2018) consideran que la identidad es un proceso vivencial incidido por factores sociales, biológicos y geográficos, y caracterizado por su diversidad. Desde esta perspectiva, destacan que la escuela desempeña un rol crucial al seleccionar, proyectar y fomentar elementos que configuran la identidad. Proponen que la educación debe promover el respeto a la diversidad mediante un enfoque histórico que permita a los educandos reflexionar críticamente sobre su origen y su rol en la sociedad, incorporando un enfoque de género que analice las raíces de la desigualdad y redefinir los roles tradicionales.

De forma crítica, Londoño y Mira (2021) subrayan que la construcción de la identidad de género, aunque individual, está fuertemente influenciada por la cultura, la religión y las normas sociales, lo cual genera una visión binaria limitada que margina las identidades diversas.

Por otro lado, González et al. (2019) examinan cómo las normas escolares sobre la vestimenta y la apariencia imponen modelos estereotipados de género, reforzados por los medios de comunicación y el mercado. Si bien reconocen avances hacia una mayor equidad, advierten que las tensiones entre tradiciones rígidas y demandas de inclusión siguen siendo un desafío para el sistema educativo.

Desde otra perspectiva, Vásquez (2023) resalta la importancia de la escuela como espacio para transformar imaginarios sociales respecto a la identidad de género, destacando la necesidad de una educación sexual con enfoque diferencial

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Finalmente, Sirvent, Coutiño y Pérez (2015) argumentan que los sistemas educativos han perpetuado desigualdades históricas mediante currículos ocultos y prácticas pedagógicas estereotipadas. Proponen la transversalización del enfoque de género en todos los niveles educativos, la formación docente específica y la transformación estructural de las relaciones de poder en la escuela.

En conjunto, los estudios analizados coinciden en reconocer que la escuela no es un espacio neutral, sino un agente activo en la reproducción o transformación de los imaginarios de género. Mientras Gonzales y Hernández del Cristo (2018) y Sirvent, Coutiño y Pérez (2015) proponen una transformación estructural de los enfoques educativos, Londoño y Mira (2021) enfocan su atención en la inclusión de identidades trans y en la creación de entornos libres de prejuicios. González et al. (2019) y Vásquez (2023) enfatizan las tensiones entre las normas tradicionales, las dinámicas culturales y la necesidad de innovación pedagógica. Coinciden en que la educación debe evolucionar para promover una ciudadanía crítica, empática y respetuosa de la diversidad de género. Aunque el entorno educativo es un eje central en la socialización de género, no puede analizarse de manera aislada. Los medios de comunicación, y en particular las redes sociales, ejercen una influencia creciente en la construcción y validación de identidades de género, especialmente en adolescentes. A continuación, se examina cómo estas plataformas actúan como espacios de representación y disputa de los imaginarios de género. Influencia de los medios de comunicación Los medios de comunicación, especialmente las redes sociales, han transformado profundamente los procesos de socialización y la construcción de la identidad. Rivera Barreto (2024) destaca que estas plataformas juegan un papel fundamental en la configuración de la identidad de género en adolescentes y jóvenes, propiciando estereotipos que moldean tanto la autoimagen como la forma de proyectarse socialmente. Introduce el concepto de identidad digital, entendida como una representación flexible y mutable que los individuos que crean en los espacios virtuales, donde las representaciones corporales, sujetas a ideales de belleza, afectan particularmente a mujeres y adolescentes, reforzando estereotipos estéticos.

Complementariamente, Gil y Ovallos (2019) sostienen que la influencia de las redes sociales en la construcción identitaria de los adolescentes se da en mayor medida a través de la identificación con influencers de las redes sociales. Los jóvenes tienden a adoptar conductas, expresiones y estilos de vida de aquellas figuras públicas con quienes sienten afinidad, demostrando que la construcción de la identidad está mediada por modelos de conducta ofrecidos en los contenidos digitales.

Por su parte, Martínez et al. (2023) centran su atención en el impacto específico de la red social TikTok en niños y niñas de primaria, concluyendo que esta plataforma influye directamente en la construcción identitaria de género. A través de modismos, conductas y tendencias promovidas por influencers, la identidad de género de los menores es moldeada de manera cambiante y dependiente de contenidos externos, lo que evidencia la falta de un proceso crítico en la apropiación de su identidad.

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En conjunto, los estudios coinciden en señalar el papel central de las redes sociales en la configuración de la identidad de género y la subjetividad juvenil. Todos reconocen que las plataformas digitales median la manera en que los jóvenes construyen y expresan quiénes son. Sin embargo, existen matices importantes: mientras Rivera Barreto (2024) subraya el refuerzo de estereotipos de género y la afectación de la autoimagen a través de la identidad digital, Gil y Ovallos (2019) enfatizan el rol de la identificación con modelos de conducta más que la adopción consciente a estereotipos. A su vez, Martínez et al. (2023) documentan cómo en plataformas como TikTok, la identidad de género de los menores se ve condicionada de manera fluctuante por las preferencias y tendencias de terceros. Resultados

A partir del análisis de 50 documentos académicos publicados entre 2003 y 2024, se identificaron siete categorías que articulan la relación entre identidad de género y contexto escolar. Las categorías son: identidad en la infancia y adolescencia, influencia de la familia, conciencia y prácticas de género en el profesorado, masculinidades y feminidades hegemónicas, violencia de género en el contexto escolar, equidad e igualdad, e influencia de los medios de comunicación. A continuación, se sintetizan los principales hallazgos de cada categoría.

La identidad de género en la infancia y la adolescencia Los estudios coinciden en que la identidad de género se configura en la infancia y adolescencia mediante la interacción de factores familiares, escolares y socioculturales (Balanta y Obispo, 2022; Vega et al., 2015; Sarmiento, 2022). Durante estas etapas formativas, el entorno familiar constituye el primer espacio de socialización de roles de género, reforzando o cuestionando los estereotipos tradicionales. A su vez, la escuela y los pares actúan como escenarios donde se consolidan las identidades de género, mediadas por discursos culturales dominantes.

Influencia de la familia y articulación con la escuela La familia sigue siendo el principal agente socializador en la configuración de la identidad de género, como sostienen Mondaca (2021) y Bonilla Aranda y Carvajal Arenas (2020). En hogares donde se promueven el respeto corporal y la expresión emocional, se posibilitan experiencias de género menos rígidas. Sin embargo, Armenta y Forzán (2020) advierten que las presiones familiares, especialmente hacia los varones, perpetúan mandatos de masculinidad hegemónica.

La literatura revisada también resalta la importancia de una articulación efectiva entre familia y escuela para evitar contradicciones y tensiones que afectan la vivencia identitaria de los estudiantes (Mondaca, 2021).

Conciencia y prácticas del profesorado Los estudios coinciden en señalar que el profesorado desempeña un rol fundamental en la formación de identidades de género en el contexto escolar (González Cervantes & Álvarez

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García, 2024; Cerpa Reyes et al., 2023; Chaves Salas, 2005; Bermúdez-Gutiérrez, 2022). A través de sus prácticas pedagógicas, los docentes pueden reproducir o cuestionar estereotipos de género de manera consciente o inconsciente. Un factor crítico en este proceso es el currículo oculto, manifestado en actividades institucionales, el lenguaje, los roles asignados en clase y los materiales didácticos, que refuerzan normas tradicionales de género (Chaves Salas, 2005; Escobar & Ulloa, 2016).

Otro hallazgo recurrente es que la mayoría de las acciones inclusivas en las aulas dependen más de iniciativas individuales que de políticas escolares formales, reflejando una débil institucionalización de la perspectiva de género (Rincón Mora & Forero Ramírez, 2021). Masculinidades y feminidades hegemónicas en la escuela La escuela es un espacio donde se construyen y validan ciertos modelos hegemónicos. La masculinidad dominante, asociada al control, la dureza y la heterosexualidad, se refuerza en prácticas escolares como el deporte competitivo o las dinámicas de grupo entre pares (Rodríguez Menéndez, 2007 y Domínguez, 2023). En paralelo, las feminidades tradicionales, especialmente en contextos rurales, siguen asociadas al cuidado, la sumisión y la invisibilidad en la toma de decisiones.

A pesar de ello, los estudios también visibilizan resistencias emergentes que permiten cuestionar estos moldes y abrir espacio a expresiones identitarias más plurales. Violencia simbólica y exclusión Los autores coinciden en que las instituciones escolares no siempre logran ser espacios seguros para estudiantes con identidades no normativas. Carrera (2013) y Ramírez (2017) evidencian que las prácticas educativas pueden reproducir exclusiones, vulnerando así los derechos sexuales y afectivos. Estas violencias, muchas veces simbólicas, se manifiestan en silencios, omisiones o actitudes normalizadas que invisibilizan la diversidad. Equidad e igualdad en el contexto escolar Las investigaciones revisadas coinciden en señalar que el entorno escolar puede convertirse en un espacio estratégico para promover procesos de emancipación y transformación social a favor de la equidad e igualdad. Sin embargo, también evidencian que aún persiste una brecha entre los principios normativos de inclusión y la práctica educativa cotidiana. Autores como Colás (2007) y Ramírez (2017) insisten en que una escuela verdaderamente equitativa no solo debe evitar la discriminación, sino también generar activamente condiciones de participación, reconocimiento y justicia para todas las identidades de género.

Influencia de los medios de comunicación Si bien esta categoría no ocupa un lugar central en la mayoría de los estudios, algunos trabajos señalan que los medios de comunicación, especialmente las redes sociales, desempeñan un papel importante en los procesos de construcción y exploración de la

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identidad de género durante la infancia y la adolescencia. Estos espacios digitales pueden funcionar como escenarios de afirmación y visibilidad para identidades no normativas, pero también pueden reproducir estereotipos excluyentes.

Conclusiones

La presente revisión documental permitió identificar cómo el contexto escolar influye en la configuración de la identidad de género en la infancia y adolescencia, reconociendo avances importantes en términos de inclusión, pero también persistencias en la reproducción de estereotipos de género tradicionales.

Entre las limitaciones del estudio, es importante señalar que el análisis se centró exclusivamente en documentos de habla hispana, principalmente latinoamericanos y, en menor medida, españoles. Esta característica podría restringir la diversidad de enfoques y perspectivas, particularmente aquellas provenientes de otras regiones del mundo donde los debates sobre identidad de género y educación presentan matices distintos. En cuanto a los vacíos, se identificó la necesidad de ampliar las investigaciones sobre la construcción de la identidad de género en relación con los medios digitales. Aunque algunas investigaciones abordan las redes sociales, aún es escasa la producción académica que explore cómo otros espacios digitales, como los videojuegos y plataformas interactivas, pueden influir en los procesos de socialización de género en niños, niñas y adolescentes. Respecto a la dirección de la investigación, se evidenció que la gran mayoría de los estudios analizados coinciden en señalar la necesidad de capacitar al profesorado en perspectivas de género. No obstante, a partir del análisis realizado, proponemos que las acciones no se limiten únicamente a la formación voluntaria o a iniciativas aisladas. Consideramos que es fundamental que se impulsen políticas públicas que incorporen, de manera obligatoria, asignaturas sobre estudios de género en la formación docente. De esta manera, se garantiza que el conocimiento en equidad de género no dependa de la voluntad individual, sino que sea parte del currículo universitario, contribuyendo así a la construcción de una educación más justa, inclusiva y democrática desde sus cimientos. Recomendaciones y buenas prácticas Uno de los objetivos específicos de esta revisión fue identificar prácticas educativas que promuevan ambientes inclusivos. Entre las recomendaciones más frecuentes se destacan:

● Transversalización del enfoque de género en el currículo, no sólo como

un tema puntual, sino como eje ético y pedagógico de toda la formación (Colás Bravo y Jiménez Cortés, 2006).

● Formación docente continua en diversidad sexual y de género, que

permita al profesorado reflexionar sobre sus propias prácticas y creencias, para transformarlas en prácticas más equitativas (Cerpa Reyes et al., 2023; Gómez et al., 2016).

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● Creación de protocolos institucionales claros contra la discriminación,

que incluyan mecanismos de acompañamiento emocional para estudiantes LGBTIQ+ (Ramírez, 2017).

● Visibilización de referentes positivos, tanto en materiales educativos como

en la narrativa institucional (Escobar y Ulloa, 2016).

● Trabajo colaborativo con las familias y la comunidad, reconociendo que

la escuela no actúa de forma aislada (Mondaca, 2021; Sánchez et al., 2024).

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Cita: Paez Umaña, Tatiana Liceth, Lastra Garcia Herreros, Stephanie (2025), Identidad de género y contexto escolar: una revisión documental, Universidad El Bosque, p. N. https://hdl.handle.net/20.500.12495/14721