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COLORES QUE CUIDAN, PALABRAS QUE ABRAZAN: LOS

LENGUAJES EXPRESIVOS APOSTÁNDOLE AL CUIDADO DE SÍ Y DEL OTRO

DAYANNA KATHERINNE RAVE OCAMPO

DIANA MARCELA ALZATE TORRES

Asesora académica

MARIA PAULINA BETANCUR

Coordinadora institucional

UNIVERSIDAD DE CALDAS

FACULTAD DE CIENCIAS JURIDICAS Y SOCIALES

PROGRAMA DE TRABAJO SOCIAL

PRÁCTICA INSTITUCIONAL

FUNDACIÓN NUTRIR

PROGRAMA COMEDORES

MANIZALES

2026

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Tabla de contenido Resumen ...................................................................................................................................... 3 Introducción ............................................................................................................................... 4 Origen y consolidación de la propuesta de intervención..................................................... 5 Desarrollo del proceso ............................................................................................................ 10 Análisis reflexivo ..................................................................................................................... 21 Rol del trabajador social dentro del campo de práctica ................................................... 26 Recomendaciones .................................................................................................................... 28 Referencias bibliográficas ...................................................................................................... 31 Lista de Anexos ........................................................................................................................ 32

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Resumen El presente informe integra el proceso de práctica profesional y la sistematización de experiencias desarrollados en la Fundación Nutrir, específicamente en el comedor San Cayetano, con niños y niñas entre los 6 y 12 años y sus familias, la experiencia surgió a partir de la identificación de situaciones relacionadas con la naturalización de la violencia intergeneracional, las dificultades en la comunicación familiar y la presencia de relaciones interpersonales mediadas por prácticas violentas, aspectos que continuaban afectando las dinámicas de convivencia de la población participante.

Con el propósito de contribuir a la prevención de estas situaciones, se implementó una propuesta de intervención fundamentada en los lenguajes expresivos, orientada al fortalecimiento del cuidado de sí mismo y del otro mediante estrategias reflexivas, lúdicas y educativas. El proceso se desarrolló a través de encuentros formativos, actividades artísticas, experiencias teatrales, espacios simbólicos y visitas familiares que favorecieron la participación activa de niños, niñas y cuidadores, promoviendo escenarios de reflexión, expresión emocional y construcción colectiva de aprendizajes.

Conforme a esto, los resultados evidenciaron avances en habilidades relacionadas con la comunicación asertiva, el manejo de emociones, la empatía, las relaciones interpersonales y el reconocimiento de prácticas de cuidado. Asimismo, se identificaron procesos de reflexión frente a formas de violencia previamente normalizadas al igual que una mayor disposición para construir relaciones basadas en el diálogo, el respeto y la escucha dentro de los entornos familiares. De igual manera, la experiencia permitió reconocer las potencialidades de las metodologías expresivas para facilitar la participación y fortalecer vínculos entre los diferentes actores involucrados.

Por ello, la sistematización tuvo como propósito reflexionar sobre cómo los lenguajes expresivos contribuyen a que los niños, niñas y sus familias apropien el cuidado de sí y del otro desde la democratización de las relaciones familiares. A partir de la reconstrucción y análisis crítico de la experiencia, se identificó que el arte, el juego, el teatro y las actividades simbólicas favorecieron procesos de expresión emocional, participación, reconocimiento y

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construcción de relaciones más horizontales, estos hallazgos permitieron comprender que los lenguajes expresivos constituyen herramientas de intervención que trascienden lo recreativo y posibilitan escenarios de cuidado, transformación y fortalecimiento de las relaciones familiares.

Palabras clave: naturalización y reproducción de la violencia, lenguajes expresivos, cuidado de sí y del otro; democratización de las relaciones familiares, habilidades para la vida, familias.

Introducción La práctica de Trabajo Social se desarrolló en la Fundación Nutrir, específicamente en el comedor San Cayetano, mediante la ejecución del proyecto de intervención denominado “Colores que cuidan, palabras que abrazan: los lenguajes expresivos apostándole al cuidado de sí y del otro”. Esta propuesta estuvo orientada a la prevención y desnaturalización de la violencia intergeneracional, así como al fortalecimiento del cuidado de sí mismo y del otro en niños y niñas entre los 6 a 12 años y sus familias, a través de estrategias mediadas por los lenguajes expresivos.

La práctica se llevó a cabo con la participación de niños, niñas y sus familias vinculadas al comedor San Cayetano, espacio perteneciente a la Fundación Nutrir. El proceso inicialmente comenzó durante el periodo 2025-2 y el proyecto se presentó al igual que se dio su implementación durante el 2026-1, tuvo como propósito promover espacios de reflexión, participación y aprendizaje orientados al fortalecimiento de relaciones familiares democráticas, respetuosas y basadas en el cuidado mutuo.

La propuesta surge como continuidad del proceso adelantado por la practicante Tatiana Jaramillo Castaño (2025), denominado “Del silencio a la palabra: diálogos intergeneracionales de transformación”, a partir del cual se identificaron situaciones asociadas a una naturalización y reproducción de la violencia, el manejo emocional y la persistencia de prácticas relacionales violentas. En este sentido, la presente intervención se fundamentó en una evaluación exante que permitió actualizar y profundizar la comprensión

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de dichas situaciones, orientando la formulación de una propuesta acorde con las necesidades identificadas.

En cuanto a la estructura del presente informe, inicialmente se presenta el apartado denominado origen y consolidación de la propuesta de intervención, donde se exponen los antecedentes, fundamentos y elementos que dieron lugar al proyecto. Posteriormente, se desarrolla el proceso de intervención, describiendo las acciones implementadas y los resultados obtenidos. Seguidamente, se presenta un análisis reflexivo en torno a los alcances, limitaciones y aprendizajes construidos durante la práctica profesional. Luego se aborda el rol del trabajador social dentro del escenario de práctica y, finalmente, se exponen las recomendaciones orientadas al fortalecimiento y continuidad de los procesos desarrollados al igual que los anexos.

Origen y consolidación de la propuesta de intervención En relación con el escenario de práctica, la Fundación Nutrir se reconoce como una ONG sin ánimo de lucro orientada al acompañamiento integral de niños, niñas y familias en contextos de vulnerabilidad social, promoviendo procesos relacionados con la alimentación, la protección, el cuidado y el fortalecimiento en habilidades para la vida. A través de sus dos programas1, la fundación desarrolla acciones que trascienden el componente alimentario, convirtiéndose en espacios gestores de paz con un fuerte acompañamiento desde el componente social.

Dentro de estos espacios se encuentra el comedor San Cayetano, escenario donde se desarrolló el presente proceso de intervención, este comedor funciona en un salón comunal al igual que este la mayoría de comedores se encuentran en lugares adaptados para su funcionamiento como ciscos, casas en arriendo, salones comunales, entre otros. Durante la práctica, fue posible reconocer que este comedor representa para muchos niños y niñas un lugar seguro y protector, donde además de suplir necesidades alimentarias encuentran

1 Existen dos programas: Uno es Gestar Futuro que atiende a madres gestantes y lactantes. El otro es Comedores atienden a niños, niñas, madres gestantes y lactantes cuentan con 16 comedores ubicados en diferentes lugares (7 Manizales, 1 Villamaría, 1 Neira, 4 Chinchiná y 3 en Chocó) con modalidades de desayuno y almuerzo.

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espacios de escucha, acompañamiento y participación. Asimismo, el comedor se consolida como un escenario importante para el desarrollo de procesos preventivos y educativos.

La población participante estuvo conformada por 19 niños y niñas junto a sus respectivas familias (12 familias), quienes presentaban diferentes dinámicas sociales y familiares atravesadas por situaciones, dificultades comunicativas y limitadas herramientas para el manejo emocional y la resolución de conflictos. No obstante, también se identificaron importantes fortalezas dentro de la población, especialmente la disposición de muchas familias para participar en los encuentros, reflexionar sobre sus dinámicas familiares y fortalecer sus relaciones.

En relación con las dimensiones sociales e institucionales identificadas durante el proceso, se evidenció cómo factores asociados a las dinámicas familiares, las experiencias de crianza, el manejo emocional y las formas de comunicación influyen significativamente en las maneras en que los niños y niñas se relacionan consigo mismos y con los demás. Asimismo, se comprendió la importancia de generar procesos de acompañamiento desde escenarios institucionales que contribuyeran al fortalecimiento de vínculos protectores y a la promoción de relaciones más respetuosas dentro de las familias.

La consolidación de la presente propuesta partió de una evaluación exante mencionada anteriormente orientada a confirmar, actualizar y profundizar la comprensión de situaciones previamente identificadas de la practicante anterior. Para ello se desarrollaron procesos de observación participante y algunos encuentros formativos con los niños, niñas y sus familias, implementando estrategias como la cartografía corporal, el mapa de redes, las sillas conversadoras, las tarjetas de situaciones, la actividad denominada “Los superpoderes para resolver conflictos” y el árbol de la comunicación, estas herramientas permitieron comprender las dinámicas que utiliza la población para relacionarse al igual que entender las formas en que los participantes experimentaban y afrontaban situaciones en su día a día. Conforme a esto, los hallazgos obtenidos permitieron identificar como situación central la naturalización y reproducción de la violencia intergeneracional dentro de algunos contextos familiares, esta situación se manifestaba a través de prácticas y formas de

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relacionamiento que, pese a generar afectaciones en los vínculos familiares, eran asumidas como comportamientos normales o habituales dentro de los procesos de crianza y convivencia. Asimismo, la evaluación permitió profundizar en la comprensión de una situación emergente durante el proceso (la comunicación conflictiva) y como esta influye en las formas de relacionarse de las personas.

Durante los encuentros realizados se evidenció que algunos niños y niñas reaccionaban ante situaciones de conflicto mediante el enojo, la agresividad, el silencio o la imposición, reproduciendo formas de interacción aprendidas en sus contextos. De igual manera, varias familias manifestaron dificultades asociadas a la escucha, la expresión emocional y el establecimiento de diálogos respetuosos para la resolución de desacuerdos. Particularmente, la actividad denominada “Árbol de la comunicación” permitió identificar la situación anteriormente mencionada que se presentaba con frecuencia tanto los espacios de comedores como en los entornos familiares hay una alta comunicación conflictiva. (Ver anexo B) No obstante, la evaluación exante permitió comprender que las situaciones identificadas no debían analizarse únicamente desde una perspectiva centrada en las problemáticas. Paralelamente, se reconocieron capacidades, intereses y potencialidades presentes en los niños, niñas y sus familias, tales como la disposición para participar, la creatividad, la capacidad reflexiva y el interés por construir nuevas formas de relacionamiento, estos elementos se constituyeron en aspectos fundamentales para la consolidación de la propuesta de intervención.

Desde esta perspectiva, la apuesta profesional se orientó a reconocer a los participantes como sujetos con capacidades para cuestionar, resignificar y transformar aquellos imaginarios y prácticas que históricamente han legitimado formas violentas de relacionamiento, más que desarrollar una intervención centrada exclusivamente en las necesidades identificadas, se buscó potenciar las capacidades en la población, promoviendo su participación activa en la construcción de alternativas frente a las situaciones evidenciadas.

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Particularmente, durante la actividad denominada “Tarjetas de situaciones”, orientada a explorar la manera en que niños, niñas y familias interpretaban diversas situaciones relacionadas con la convivencia y los conflictos cotidianos, se observó una marcada inclinación hacia formas de expresión artísticas, corporales y creativas, los participantes manifestaron entusiasmo por representar situaciones, dramatizar experiencias, expresar emociones a través del movimiento y proponer alternativas de solución mediante ejercicios simbólicos y participativos. (Ver anexo C) Este hallazgo constituyó un punto de inflexión dentro de la construcción de la propuesta, pues permitió reconocer que las capacidades creativas y expresivas presentes en la población podían convertirse en una vía significativa para abordar las situaciones identificadas durante la evaluación exante. De esta manera, los lenguajes expresivos dejaron de ser entendidos únicamente como actividades complementarias y comenzaron a consolidarse como una alternativa metodológica capaz de favorecer procesos de reflexión, participación y transformación social.

A partir de estos hallazgos se consolidó el proyecto “Colores que cuidan, palabras que abrazan: los lenguajes expresivos apostándole al cuidado de sí y del otro”, orientado a fortalecer procesos de reflexión y aprendizaje colectivo que contribuyeran a la desnaturalización de la violencia, el fortalecimiento de la comunicación asertiva y la construcción de relaciones familiares más democráticas, la propuesta asumió el cuidado de sí y del otro como un eje transversal, comprendiendo que el reconocimiento de la propia dignidad y la del otro constituye una condición fundamental para la construcción de vínculos basados en el respeto, la escucha, el diálogo y la corresponsabilidad. Esta propuesta se sustentó teóricamente de una perspectiva sistémica planteada por Bertalanffy (1968), la cual permitió comprender que las situaciones identificadas no correspondían exclusivamente a comportamientos individuales de los niños y niñas, sino que se encontraban relacionadas con dinámicas familiares y relacionales más amplias. Desde esta mirada, la familia fue entendida como un sistema en permanente interacción, donde las acciones de cada integrante influyen en el funcionamiento del conjunto y donde las formas

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de comunicación, cuidado y convivencia impactan directamente en el bienestar de sus miembros.

En coherencia con esta perspectiva, los aportes de Virginia Satir (2002) permitieron comprender la importancia de la comunicación dentro de los sistemas familiares, reconociendo que las formas en que las personas expresan emociones, dialogan y afrontan los conflictos influyen significativamente en la construcción de vínculos saludables. Por ello, el fortalecimiento de la comunicación asertiva se constituyó en un elemento central para promover relaciones más respetuosas y menos atravesadas por dinámicas de violencia. Asimismo, los planteamientos de Michel Foucault (1988) orientaron la comprensión del cuidado de sí como una práctica reflexiva que posibilita el reconocimiento de la propia dignidad, el fortalecimiento de la autonomía y la construcción de formas de relación más conscientes con los demás, este concepto se articuló con la noción de cuidado del otro, entendiendo que el bienestar individual influye en el cuidado integral que le damos al otro. De igual manera, los aportes de Schmukler (1999) sobre la democratización de las relaciones permitieron orientar la intervención hacia la construcción de vínculos más horizontales dentro de las familias, favoreciendo escenarios donde niños, niñas y adultos pudieran expresar sus opiniones, emociones y necesidades desde condiciones de mayor participación, reconocimiento y equidad.

Finalmente, los postulados de Paulo Freire (1970) aportaron a la dimensión educativa de la propuesta, al comprender que los procesos de transformación social se fortalecen cuando las personas participan activamente en la reflexión crítica sobre sus propias realidades. Desde esta perspectiva, el diálogo, la participación y la construcción colectiva de aprendizajes se constituyeron en principios orientadores del proceso de intervención. En coherencia con estos referentes, la propuesta asumió una estrategia metodológica de carácter lúdico-educativo, dentro de la cual los lenguajes expresivos se configuraron como el principal medio para promover la participación, la reflexión y la construcción de aprendizajes significativos, el arte, la expresión corporal, el juego, la dramatización y otras formas de creación simbólica posibilitaron abordar situaciones relacionadas con la convivencia, las emociones y el cuidado desde experiencias cercanas a la realidad de los

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participantes, favoreciendo procesos de transformación construidos desde sus propias capacidades y potencialidades.

Desarrollo del proceso En cuanto a las fases del proceso de intervención, estas se sustentaron metodológicamente en el Modelo de Validación Humana propuesto por Virginia Satir (1983), el cual permite comprender cómo las experiencias, creencias y patrones relacionales influyen en la transmisión y reproducción de comportamientos dentro de los sistemas familiares. Desde esta perspectiva, Satir plantea tres fases: hacer contacto, caos e integración (Satir, 2002).

La fase de hacer contacto corresponde al momento inicial del proceso, en el cual se construyen vínculos de confianza con las personas participantes y se generan condiciones de seguridad que favorecen la expresión, la participación y el establecimiento de relaciones significativas. Posteriormente, la fase de caos se entiende como un momento de movilización y cuestionamiento, en el que emergen tensiones, resistencias y reflexiones frente a prácticas, creencias o dinámicas que han sido normalizadas dentro de los contextos familiares. Finalmente, la fase de integración hace referencia al proceso mediante el cual las personas incorporan nuevos aprendizajes, reconocen cambios en sus formas de relacionarse y avanzan hacia la apropiación de prácticas más conscientes y coherentes con los propósitos de transformación construidos durante la intervención.

Inicialmente se desarrolló una etapa de acercamiento, observación y evaluación exante que permitió reconocer las necesidades, dinámicas y fortalezas presentes dentro de la población participante. Posteriormente, se implementaron actividades orientadas a la consolidación de vínculos y sensibilización frente a temas relacionados con las emociones, la convivencia y el cuidado de sí mismo y del otro. Finalmente, se desarrollaron actividades de fortalecimiento y cierre donde los niños, niñas y familias pudieron apropiarse de los aprendizajes construidos durante el proceso.

A partir de lo anterior, el 21 de enero de 2026 se realizó la presentación formal de la propuesta de intervención por medio de unas estaciones donde se socializó con la población

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participante las actividades, estrategias y objetivos planteados para el desarrollo del proceso. Asimismo, se dieron a conocer las metas orientadas al fortalecimiento de la comunicación asertiva, la desnaturalización de prácticas violentas y la promoción de relaciones familiares basadas en el respeto, la empatía y el cuidado mutuo. Conforme a esto, la etapa 1 denominada “Primeros hilos de voces” (24 de febrero de 2026 – 09 de abril de 2026) estuvo orientada a promover la desnaturalización de la violencia en los niños, niñas y sus familias mediante la implementación de los lenguajes expresivos como herramientas de reflexión, participación y fortalecimiento del cuidado de sí mismo y del otro. Esta fase representó el inicio formal del proceso de intervención y se configuró como un momento de construcción de vínculos, escucha y reconocimiento de las dinámicas familiares presentes en la población participante contando con 19 niños, niñas y 12 familias (Ver anexo D) El nombre de esta etapa surge simbólicamente desde la idea de comenzar a “tejer voces”, comprendiendo que cada niño, niña y familia poseía experiencias, emociones y formas de relacionarse que requerían ser escuchadas y reconocidas dentro del proceso. Asimismo, esta fase permitió abrir espacios de diálogo y expresión donde los participantes pudieran reflexionar sobre sus prácticas cotidianas de convivencia y las formas en que algunas conductas violentas habían sido naturalizadas dentro de sus entornos familiares. Como primera estrategia, entre el 24, 25 y 26 de febrero y el 2, 3, 4 y 5 de marzo de 2026 se realizaron visitas familiares orientadas a identificar dinámicas familiares violentas y conductas naturalizadas dentro de los hogares de los participantes. Por medio de una telaraña de la presentación, la realización del plano familiar y la entrega del semáforo del buen trato, estas visitas permitieron generar un acercamiento más cercano y contextualizado a las realidades de cada familia, favoreciendo la construcción de vínculos de confianza y el reconocimiento de las necesidades particulares presentes dentro de cada uno. Durante estos encuentros fue posible identificar diferentes formas de comunicación atravesadas por el grito, las respuestas impulsivas, la poca escucha y algunas prácticas de crianza autoritarias que habían sido asumidas como normales dentro de las dinámicas cotidianas. Asimismo, se evidenció que muchas familias enfrentaban situaciones

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emocionales y sociales complejas relacionadas con el estrés, las dificultades económicas y las tensiones familiares, aspectos que influían directamente en las formas de convivencia dentro del hogar.

Sin embargo, las visitas familiares también permitieron reconocer importantes fortalezas dentro de las familias participantes, especialmente el interés por acompañar el proceso, la disposición al diálogo y el deseo de fortalecer las relaciones familiares. Estos espacios facilitaron además la construcción de confianza entre la practicante y la población, elemento fundamental para el desarrollo de las siguientes etapas del proyecto. Posteriormente, el 12 de marzo de 2026 se desarrolló el taller “Reconociendo mi familia”, donde por medio del dibujo y una dinámica para romper el hielo se promovió la importancia de cuidar a la familia todo esto orientado a reflexionar sobre las prácticas violentas naturalizadas dentro del entorno familiar. A través del dibujo de su familia por medio de un jardín, los niños, niñas y sus familias pudieron reconocer situaciones cotidianas relacionadas con el trato, las formas de comunicación y las maneras en que se resolvían los conflictos dentro del hogar. Durante el desarrollo de este taller comenzaron a emerger reflexiones importantes relacionadas con el impacto emocional de los gritos, las palabras ofensivas y las respuestas agresivas dentro de las relaciones familiares. Asimismo, se acordó con los participantes regarlo cada lunes para mantener fuerte a la familia. Como complemento a este proceso reflexivo, el 19 de marzo de 2026 se implementó el folleto interactivo “En mi familia todos contamos”, estrategia orientada al reconocimiento de dinámicas y conductas naturalizadas dentro del entorno familiar, este espacio permitió fortalecer procesos de participación y reflexión tanto en niños, niñas como en sus acudientes, promoviendo el reconocimiento de cada integrante familiar como sujeto importante dentro de la convivencia y el cuidado mutuo. A través de esta actividad se buscó generar conciencia frente a la importancia de la escucha, el diálogo y el respeto dentro de las relaciones familiares. Asimismo, permitió visibilizar la necesidad de construir relaciones más democráticas donde las emociones, opiniones y necesidades de niños y niñas fueran reconocidas y valoradas dentro de los entornos familiares.

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Continuando con el proceso, entre el 24, 25 y 26 de marzo de 2026 se desarrolló la campaña “Herramientas de amor”, orientada a proponer alternativas y estrategias para la desnaturalización de la violencia dentro de las dinámicas familiares, mediante mensajes reflexivos, actividades participativas y herramientas simbólicas, se promovieron formas de comunicación basadas en la empatía, la escucha y el respeto mutuo. Esta campaña permitió fortalecer reflexiones relacionadas con la importancia de transformar prácticas violentas por herramientas de diálogo y cuidado, promoviendo alternativas más asertivas para el manejo de conflictos familiares. Asimismo, posibilitó que los participantes reconocieran que el afecto, la escucha y la comunicación respetuosa también representan formas de cuidado y protección dentro de las relaciones cotidianas. Uno de los espacios más significativos desarrollados durante esta etapa fue la creación del “Rincón del Arte”, implementado el 09 de abril de 2026 como un espacio orientado a fomentar la creatividad y la expresión emocional mediante herramientas artísticas y simbólicas. Este lugar fue pensado como un escenario seguro donde los niños y niñas pudieran expresarse libremente, liberar emociones y fortalecer procesos de comunicación desde el arte.

El “Rincón del Arte” se consolidó rápidamente como un espacio significativo para los participantes, quienes mostraron gran interés y apropiación frente a las actividades desarrolladas allí. A través de dibujos, pinturas y expresiones creativas, muchos niños y niñas comenzaron a comunicar emociones, experiencias y pensamientos que en otros espacios no lograban expresar fácilmente. Asimismo, este escenario permitió fortalecer el sentido de pertenencia de los participantes frente al proyecto y generar ambientes de mayor confianza y tranquilidad dentro de los encuentros.

Finalmente, el 07 de abril de 2026 se desarrolló un cine-foro virtual orientado a introducir la apuesta relacionada con el cuidado de sí mismo y del otro como estrategia para desnaturalizar la violencia. Mediante recursos audiovisuales y espacios de diálogo, los participantes reflexionaron sobre la importancia del respeto, la empatía y el cuidado emocional dentro de las relaciones familiares y sociales.

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En términos generales, esta primera etapa permitió consolidar las bases vinculares y metodológicas del proceso de intervención, favoreciendo la construcción de confianza, la apertura emocional y la participación activa de niños, niñas y familias dentro del proyecto. Asimismo, posibilitó identificar las principales necesidades y fortalezas de la población, orientando progresivamente las siguientes fases del proceso hacia el fortalecimiento de relaciones familiares más democráticas, respetuosas y afectivas. La segunda etapa del proceso de intervención fue denominada “Habitando el caos para renacer entre colores” (14 de abril de 2026 – 30 de abril de 2026) , una fase orientada al fortalecimiento de la comunicación asertiva como herramienta fundamental para promover el respeto, la escucha y el diálogo dentro de los entornos familiares, el nombre de esta etapa surge desde una mirada simbólica y reflexiva frente a las tensiones emocionales, conflictos y dificultades comunicativas identificadas tanto en niños, niñas como en sus familias, comprendiendo que muchas veces es necesario reconocer el “caos” presente en las relaciones para comenzar procesos de transformación y construcción de nuevas formas de comunicación. (ver anexo E) Esta etapa representó un momento importante dentro del proceso de intervención, ya que reflexionar sobre cómo las palabras, los gestos y las maneras de relacionarse impactan emocionalmente a los integrantes de las familias. Asimismo, posibilitó reconocer que muchas conductas agresivas, respuestas impulsivas o dificultades de escucha habían sido aprendidas y normalizadas dentro de las dinámicas cotidianas, afectando directamente la convivencia familiar.

Como apertura de esta fase, el 14 de abril de 2026 se desarrolló el taller “Así hablamos en mi familia”, con la actividad de la loteria de la comunicación orientado a identificar las formas de comunicación y escucha entre los integrantes de las familias participantes. A través de actividades reflexivas y participativas, los niños y niñas pudieron reconocer cómo se comunicaban dentro de sus hogares, qué palabras eran frecuentes en sus relaciones cotidianas y de qué manera resolvían los conflictos familiares, evidenciando un frecuente uso del grito, la no escucha y la falta de demostraciones de cariño en sus familias.

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Asimismo, el taller posibilitó generar conciencia frente a la necesidad de fortalecer prácticas relacionadas con la escucha activa, el respeto por la palabra del otro y la validación emocional dentro de los espacios familiares. Desde Trabajo Social, esta actividad permitió promover procesos reflexivos orientados a cuestionar prácticas violentas naturalizadas y fortalecer alternativas de comunicación más democráticas y afectivas. Posteriormente, el 22 de abril de 2026 se implementó el taller de comunicación asertiva, desarrollado con niños, niñas, padres, madres y cuidadores, orientado a reflexionar sobre las formas de comunicarse asertivamente dentro de los diferentes contextos familiares y sociales. Este espacio se dividió por la actividad: “Las islas de la asertividad” contando con 4 islas “El respeto, la escucha activa, la empatía y la inteligencia emocional” este encuentro se consolidó como uno de los encuentros más significativos de la etapa, debido a que permitió involucrar activamente a las familias dentro del proceso de reflexión y construcción colectiva de herramientas comunicativas.

A través de dinámicas grupales, ejercicios participativos y actividades mediadas por los lenguajes expresivos, los participantes pudieron reconocer la importancia de expresar emociones y opiniones de manera clara, respetuosa y empática. Asimismo, se reflexionó mediante la creación de máscaras sobre cómo la comunicación asertiva no implica únicamente “hablar bien”, sino también evidencia como no ven los demás esto implica aprender a escuchar, respetar las emociones del otro y dialogar sin recurrir a prácticas poco asertivas De igual manera, comenzaron a evidenciarse pequeños cambios en las formas de interacción entre algunos participantes, especialmente en aspectos relacionados con el respeto por la palabra del otro, la disminución de respuestas impulsivas y una mayor disposición para dialogar frente a situaciones de desacuerdo. Estos avances permitieron reconocer que las estrategias lúdico-expresivas estaban favoreciendo procesos de participación y reflexión significativos dentro de la población. Como complemento a este proceso, entre el 24, 28 y 29 de abril de 2026 se implementaron las “Cápsulas de comunicación asertiva”, estrategia orientada a brindar herramientas relacionadas con el respeto, la escucha y el diálogo dentro de las relaciones

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familiares. Estas cápsulas se desarrollaron mediante mensajes reflexivos, actividades breves y herramientas pedagógicas donde participaron los niños y niñas de comedor San Cayetano como actores en cada representación visual orientada a fortalecer y brindar aprendizajes referentes a la comunicación asertiva.

Durante esta fase también se desarrolló el “Juego de las expresiones: Mímica”, implementado el 27 de abril de 2026 como parte de las actividades de operatividad2 orientadas al fortalecimiento de diferentes formas de expresión y comunicación. A través del juego corporal y la representación simbólica, mediante un saludo los niños y niñas pudieron explorar maneras alternativas de expresar emociones, pensamientos y situaciones cotidianas sin recurrir únicamente a la palabra.

Esta actividad permitió fortalecer habilidades relacionadas con la empatía, la observación y la comprensión emocional, ya que los participantes debían interpretar emociones, acciones y situaciones representadas por sus compañeros. Asimismo, favoreció reflexiones relacionadas con la importancia de reconocer que las emociones también se expresan mediante gestos, actitudes y comportamientos cotidianos. En términos generales, la etapa “Habitando el caos para renacer entre colores” representó un momento de profundización emocional y reflexiva dentro del proceso de intervención de las diferentes actividades desarrolladas, en donde fue posible cuestionar prácticas comunicativas violentas naturalizadas, fortalecer herramientas de diálogo y empáticas dentro de las relaciones familiares.

Asimismo, esta fase permitió evidenciar avances significativos en algunos niños y niñas relacionados con el manejo emocional, la escucha y la expresión de afecto hacia los demás, ellos inicialmente reaccionaban desde el enojo o el conflicto comenzaron progresivamente a mostrar mayor disposición para dialogar, participar en grupo y resolver desacuerdos mediante formas más tranquilas y respetuosas. De esta manera, la etapa se

2 Operatividad: Espacio de acompañamiento durante la hora en la que se brindan los almuerzos y apoyo a la manipuladora con el aporte solidario que hacen los beneficiarios.

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consolidó como un espacio de transformación donde el reconocimiento del “caos” permitió comenzar a construir nuevas posibilidades de relación y cuidado dentro de su día a día.

Por otra parte, la tercera etapa del proceso de intervención fue denominada “Cuando los colores encuentran su armonía” (04 de mayo de 2026 – 29 de mayo de 2026), una fase orientada al fortalecimiento de relaciones interpersonales respetuosas, el cuidado de sí mismo y del otro dentro de los entornos familiares, el nombre de esta etapa surge desde una mirada simbólica relacionada con la integración de los aprendizajes construidos durante el proceso, comprendiendo que así como los colores logran armonizar entre sí para crear nuevas formas y significados, también las relaciones humanas pueden transformarse mediante el diálogo, el respeto, la escucha y la empatía. (ver anexo F) Como parte inicial de esta fase, entre el 04, 05, 06 y 07 de mayo y posteriormente los días 11, 12 y 13 de mayo de 2026 se realizaron la segunda ronda de visitas familiares orientada a un espacio de meditación en pro de liberar tensiones y la elaboración de títeres como estrategia para reconocer las relaciones presentes dentro del entorno familiar y reflexionar sobre la necesidad de generar cambios en las dinámicas de convivencia. A través de esta actividad, los niños, niñas y sus familias participaron en espacios creativos y simbólicos donde pudieron construir personajes que representaban emociones, formas de comunicación y situaciones cotidianas relacionadas con sus experiencias familiares. La creación de títeres permitió generar escenarios de diálogo más cercanos y espontáneos, facilitando que muchos participantes expresaran emociones, pensamientos y experiencias que en otros espacios resultaban difíciles de comunicar. Asimismo, esta estrategia favoreció la reflexión frente a las formas en que las palabras, los gestos y las actitudes impactan las relaciones familiares, promoviendo la importancia del respeto, la escucha y el cuidado mutuo dentro de la convivencia cotidiana. Durante las visitas familiares también fue posible evidenciar avances relacionados con la participación y la apertura emocional de algunas familias, quienes comenzaron a involucrarse de manera más activa dentro del proceso de intervención. Del mismo modo, se llevó a cabo la conformación del manual de convivencia familiar, el cual permitió generar

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compromisos en cuanto al cuidado que merece recibir nuestra familia, terminando con las firmas de cada uno de ellos integrantes de la misma.

Posteriormente, el 19 de mayo de 2026 se hizo envió de la historieta digital “Antes y después” vía WhatsApp, estrategia orientada a promover relaciones interpersonales respetuosas mediante la reflexión sobre las transformaciones construidas a lo largo del proceso de intervención. A través de recursos visuales y narrativos, los participantes pudieron identificar cambios relacionados con la comunicación, la convivencia y las maneras de resolver conflictos dentro de sus entornos familiares.

Uno de los espacios más significativos desarrollados durante esta etapa fue la obra de teatro “El bosque de la amistad”, trabajada los días 14 y 21 de mayo de 2026, orientada al fortalecimiento del respeto, la escucha, la horizontalidad en las relaciones y el cuidado de sí mismo y del otro. Esta actividad se consolidó como una experiencia simbólica y expresiva donde los niños y niñas representaron, mediante personajes y narrativas construidas colectivamente, diferentes aprendizajes relacionados con la convivencia familiar y el manejo de las emociones.

La obra estuvo conformada por distintos personajes simbólicos como el elefante, el tigre, las hadas, la mariposa, las ranitas, la ardilla y los árboles, donde cada uno representaba cualidades relacionadas con el diálogo, el respeto, la empatía, la escucha y el trabajo en equipo. A través de la música, la narración y la representación teatral, los niños y niñas lograron expresar de manera creativa los aprendizajes construidos durante el proceso, generando además espacios de reflexión y participación para las familias asistentes, esto permitió evidenciar importantes avances relacionados con la seguridad, la participación y la expresión emocional de los participantes. Sumado a que, los niños y niñas que inicialmente presentaban dificultades para comunicarse o participar en grupo comenzaron a mostrar mayor confianza, disposición y apropiación frente a las actividades desarrolladas. Como cierre del proceso, el 29 de mayo de 2026 se desarrolló la estrategia “Mi mochila de herramientas”, implementada durante la operatividad del comedor comunitario y orientada a brindar herramientas relacionadas con las formas de comunicarse, relacionarse y cuidarse dentro de la familia. A través de mensajes simbólicos, recomendaciones y elementos

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construidos durante el proceso, esta actividad buscó que los niños y niñas reconocieran los aprendizajes adquiridos y pudieran llevar consigo herramientas emocionales y comunicativas para su vida cotidiana.

La entrega de las mochilas representó un cierre significativo y emocional tanto para la población participante como para la practicante, ya que simbolizaba no solo la culminación del proceso de intervención, sino también el reconocimiento de los aprendizajes, vínculos y transformaciones construidas colectivamente durante la práctica profesional. En términos generales, esta tercera etapa permitió consolidar procesos de reflexión, participación y fortalecimiento relacional tanto en niños, niñas como en sus familias. Asimismo, posibilitó evidenciar cómo los lenguajes expresivos, el arte, el teatro y las actividades simbólicas favorecen procesos de transformación emocional y construcción de relaciones más respetuosas, empáticas y democráticas dentro de los contextos familiares y comunitarios. Finalmente, la cuarta y última etapa del proceso de intervención fue denominada “Cerrar el lienzo: reconociendo lo que creamos y cuidamos”, desarrollada el 27 de mayo de 2026 como espacio de cierre, reconocimiento y socialización de los logros construidos a lo largo del proyecto. Esta fase simbolizó la culminación del proceso vivido por los niños, niñas, familias y actores institucionales participantes, comprendiendo el “lienzo” como representación de las experiencias, aprendizajes, vínculos y transformaciones construidas colectivamente durante la práctica profesional. (ver anexo G) El nombre de esta etapa surge desde una mirada simbólica relacionada con el arte y los lenguajes expresivos trabajados durante todo el proceso, entendiendo que cada actividad, reflexión y experiencia compartida fue dejando “pinceladas” dentro de las dinámicas familiares y personales de la población participante. Asimismo, esta fase permitió reconocer que los procesos de transformación no siempre se expresan en cambios absolutos o inmediatos, sino también en pequeños avances relacionados con la comunicación, la convivencia, la escucha y el cuidado mutuo.

Como actividad central de cierre se desarrolló la exhibición de arte “Lo que construimos juntos” y el “Cofre de compromisos”, espacios orientados a visibilizar el proceso vivido y reconocer las transformaciones construidas dentro de las dinámicas familiares y

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relacionales de los participantes. En esta actividad participaron niños, niñas, padres, madres, cuidadores, la practicante de Trabajo Social, la coordinadora institucional, la asistente social y la directora ejecutiva de la fundación consolidándose como un encuentro significativo de reconocimiento colectivo frente al proceso desarrollado. La exhibición de arte permitió socializar diferentes aprendizajes, materiales y experiencias construidas durante las etapas anteriores del proyecto, entre ellos dibujos, creaciones artísticas, elementos simbólicos, títeres y producciones elaboradas por los niños y niñas dentro de los espacios expresivos desarrollados. A través de este escenario fue posible evidenciar no solo la creatividad y participación de la población, sino también los aprendizajes relacionados con el respeto, la empatía, la comunicación asertiva y el cuidado de sí mismo y del otro.

Algunos participantes manifestaron sentirse más escuchados, tranquilos y capaces de dialogar frente a situaciones de conflicto, evidenciando pequeños cambios significativos dentro de sus relaciones cotidianas. Por su parte, el “Cofre de compromisos” se consolidó como una actividad simbólica orientada a fortalecer la continuidad de los aprendizajes construidos durante el proceso. A través de esto, cada que los niños, niñas y acudientes tengan una situación podrán acudir al cofre el cual contiene una pelota antiestrés, un cuaderno para colorear, unas bombas de la calma y colores para que pinten su sentir, quedara como instrumento tipo botiquín junto al rincón del arte.

En este sentido, este momento de cierre estuvo atravesado por emociones de gratitud, reconocimiento y reflexión frente al camino recorrido durante la práctica profesional. Asimismo, permitió fortalecer el sentido de pertenencia y apropiación de la población frente al proyecto, reconociendo que los procesos construidos desde el arte, la escucha y los lenguajes expresivos pueden generar experiencias significativas de transformación individual y colectiva. En términos generales, esta última etapa permitió consolidar el cierre metodológico y emocional del proceso de intervención, visibilizando los aprendizajes, vínculos y avances construidos junto a la población participante.

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Análisis reflexivo El proceso de práctica constituyó una experiencia significativa tanto para los niños, niñas y sus familias como para la construcción del ejercicio profesional en Trabajo Social, más allá del desarrollo de actividades y del cumplimiento de los objetivos planteados, esta experiencia permitió comprender de manera más profunda las dinámicas familiares, las formas en que se construyen las relaciones y los significados que las personas atribuyen al cuidado y la comunicación.

A lo largo del proceso fue posible reconocer que muchas de las prácticas, creencias e imaginarios presentes en las familias se encuentran atravesados por experiencias históricas de crianza y relacionamiento que, en ocasiones, contribuyen a la naturalización de formas de violencia que terminan reproduciéndose en la vida cotidiana. Sin embargo, también se evidenció que las familias poseen capacidades, recursos y potencialidades que pueden convertirse en puntos de partida para la transformación de dichas dinámicas cuando se generan espacios de reflexión, expresión, participación y diálogo. En este sentido, la experiencia permitió reafirmar que los procesos de cambio no se producen únicamente a partir de la transmisión de conocimientos o recomendaciones, sino mediante la construcción de escenarios donde las personas puedan reconocerse, expresar sus experiencias, cuestionar prácticas naturalizadas y construir nuevas formas de relacionamiento. Desde esta perspectiva, la práctica representó una oportunidad para fortalecer aprendizajes relacionados con la escucha, la empatía, la construcción de vínculos desde el respeto y la horizontalidad al igual que la necesidad de desarrollar procesos de acompañamiento que reconozcan tanto las dificultades como las potencialidades presentes en las familias.

Durante la práctica profesional, los cambios y transformaciones no se manifestaron de manera homogénea ni inmediata, sino que se fueron construyendo progresivamente a través de los encuentros formativos, las visitas familiares y las estrategias mediadas por los lenguajes expresivos. Dichas transformaciones fueron evidenciadas mediante la observación participante, la aplicación de instrumentos de medición inicial y final, así como a partir de los relatos y experiencias compartidas por los niños, niñas y sus familias durante el desarrollo

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de la intervención, fue posible reconocer cambios significativos tanto en los participantes como en sus familias, en la institución y en la propia construcción profesional de la estudiante en práctica.

En primer lugar, se identificaron avances importantes en los niños y niñas participantes relacionados con el fortalecimiento de habilidades para la vida, los resultados obtenidos mediante la aplicación del pretest y el postest mostraron variaciones significativas en dimensiones directamente relacionadas con los objetivos de la intervención. Cabe aclarar, que de los 19 niños y niñas, solo se realizó con 10 de ellos puesto que eran quienes se encontraban durante la aplicación del instrumento, en cuanto a el manejo de emociones y sentimientos se presentó una variación del 133 %, es decir, durante la etapa inicial de la medición 3 niños y niñas evidenciaban un reconocimiento de esta habilidad ósea el 30% , para el postest hubo incremento del 70% lo que significa que 4 niños mas reconocieron esta habilidad aumentando a 7 niños y niñas, es decir el 133%, claro esta que mediate la observación participante, las visitas familiares y los encuentros formativos se identifica un reconocimiento de esta habilidad en más niños y niñas.

Por otro lado, las relaciones interpersonales al iniciar 4 (40%) de ellos reconoce esta habilidad y al finalizar 5 (90%) la reconocen aumentando un 125 %, para la comunicación asertiva 3 (30%) y al finalizar 4 (60%) la identifican lo que evidencia un incremento del 100. Finalmente 3 (30%) reconocían la empatía al aplicar el pretest y los resultados de postest evidencian un aumento 1 (40%) ósea un 33 %. Estos resultados permiten inferir que los participantes fortalecieron capacidades asociadas al reconocimiento emocional, la expresión de sentimientos, el diálogo y la construcción de relaciones más respetuosas con sus pares y familiares. Asimismo, se observaron avances relacionados con el reconocimiento del cuidado de sí y del otro, ya que al inicio del proceso se identificó que siete niños y niñas no reconocían prácticas asociadas al cuidado de sí y al cuidado del otro; sin embargo, al finalizar la intervención, cinco participantes lograron fortalecer este reconocimiento, alcanzando un cumplimiento del 43 % frente a la meta propuesta.

Estos avances también se hicieron visibles en experiencias concretas observadas durante el proceso. De manera particular, como lo mencionaba la observación participante

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permitió identificar transformaciones significativas en dos niños beneficiarios que, al inicio de la intervención, presentaban dificultades asociadas al manejo de conflictos, respuestas impulsivas y formas de relacionamiento mediadas por conductas agresivas. A lo largo de los encuentros se observó una apropiación progresiva de herramientas asertivas. Asimismo, ambos participantes comenzaron a asumir roles de liderazgo positivo dentro de las actividades desarrolladas, promoviendo la participación de sus compañeros, apoyando los ejercicios grupales y convirtiéndose en referentes de convivencia dentro del grupo, estas experiencias permiten comprender que, cuando se generan escenarios de participación, escucha y reconocimiento, los niños y niñas pueden fortalecer capacidades que favorecen la construcción de relaciones más respetuosas, conscientes y democráticas. Las transformaciones observadas también trascendieron el ámbito individual y se hicieron visibles en las dinámicas familiares. A través de los encuentros formativos y las visitas familiares fue posible generar espacios de diálogo que permitieron a madres, padres y cuidadores reflexionar sobre sus formas de relacionamiento, reconocer situaciones que afectaban la convivencia y cuestionar prácticas que, en muchos casos, habían sido naturalizadas dentro de la cotidianidad familiar.

Lo anterior se refleja en los resultados obtenidos con padres, madres y cuidadores de las 12 familias participantes solo se les aplico a 7 de estas por cuestiones de tiempo donde la empatía presentó una variación del 500 %, es decir, al iniciar con la medición del instrumento muestra que solo 1 (14,29%) de los acudientes reconoce esta habilidad y al aplicar el postest se evidencia que 5 de esas 7 familias reconocen la empatía incrementando un 500% sumando las otras familias que mediante la mediación cualitativa por medio de la observación participante, los encuentros formativos y las visitas las familias reconocen la empatía. Adicionalmente, la comunicación asertiva y las relaciones interpersonales registraron una variación del 40 %, ósea que 5 (71%) identifica estas habilidades y al finalizar se muestra un incremento de 7 (100%), es decir 2 de esas familias que no la reconocían al finalizar se logró. A su vez, el manejo de emociones y sentimientos mostró un incremento del 25 %. , cabe aclara, que si bien los cambios no fueron homogéneos en todas las familias, estos resultados evidencian procesos de reflexión y apropiación de herramientas orientadas a

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fortalecer la convivencia familiar y a generar formas de interacción más respetuosas. De igual manera, se identificó que el 75 % de las familias participantes lograron desnaturalizar prácticas de violencia presentes en sus entornos familiares e incorporar herramientas relacionadas con el diálogo y la escucha como alternativas para la resolución de conflictos, lo que representa un avance significativo frente a la situación identificada durante la evaluación exante.

Más allá de los resultados cuantitativos, uno de los aspectos más significativos estuvo relacionado con las transformaciones subjetivas expresadas por algunas familias durante el proceso. Particularmente, una madre participante manifestó que la experiencia le permitió reconocer aspectos de su vida emocional que anteriormente no había logrado expresar, afirmando que: “Me enseñaste muchísimo a liberar expresiones que no tenía, apagar fuegos que habían consumido gran parte de mí; te agradezco por el amor que le tuviste a los niños”. Este relato evidencia cómo el proceso logró trascender los espacios formativos para generar reflexiones profundas frente a las emociones, el cuidado y las relaciones familiares, favoreciendo procesos de reconocimiento que impactaron no solo a los niños y niñas, sino también a los adultos responsables de su cuidado.

De igual manera, la experiencia generó aportes importantes para la Fundación Nutrir como escenario de práctica, al evidenciar el potencial de los lenguajes expresivos como herramientas de intervención social, el arte, el juego, la expresión corporal, las actividades simbólicas y los espacios de creación colectiva demostraron ser estrategias efectivas para promover la participación, facilitar la expresión emocional y el abordaje de situaciones desde metodologías cercanas a las realidades de los participantes. Asimismo, el proceso permitió aportar herramientas metodológicas que pueden ser retomadas en futuras intervenciones orientadas al fortalecimiento de la convivencia, la comunicación y la prevención de la violencia en contextos familiares, contribuyendo al fortalecimiento de las acciones desarrolladas por la fundación.

Por otro lado, si bien el proceso permitió evidenciar transformaciones significativas en los niños, niñas, sus familias, la institución y la propia construcción profesional de la estudiante en práctica, dichos avances no estuvieron exentos de desafíos, tensiones y

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situaciones que incidieron en el desarrollo de la intervención. En este sentido, resulta necesario reconocer aquellas condiciones que facilitaron y obstaculizaron el proceso, comprendiendo que toda intervención social se encuentra atravesada por múltiples factores que influyen en sus alcances y limitaciones.

Dentro de las principales dificultades identificadas se encontró la resistencia inicial de algunos participantes frente a la llegada de una nueva practicante. Durante las etapas inicial del proceso se evidenciaron actitudes de desconfianza, poca participación y dificultades para establecer vínculos, situación que representó un reto importante para la construcción de relaciones de cercanía con la población. No obstante, esta situación permitió comprender que la confianza no se impone ni se obtiene de manera inmediata, sino que se construye progresivamente a través de la presencia constante, la escucha, el respeto y el reconocimiento de las particularidades de cada participante.

De igual manera, el proceso implicó para la practicante enfrentarse a un contexto institucional y poblacional diferente, lo que exigió desarrollar capacidades de adaptación, observación y comprensión de las dinámicas propias del escenario de intervención. Comprender las realidades familiares, las formas de relacionamiento y las necesidades de la población requirió un ejercicio permanente de reflexión y flexibilidad profesional para responder de manera pertinente a las situaciones que emergían durante el proceso. Asimismo, uno de los principales desafíos estuvo relacionado con el carácter intergeneracional de la intervención, ya que las actividades debían responder simultáneamente a las características, intereses y necesidades de niños, niñas, madres, padres y cuidadores. Esta situación demandó constantes ajustes metodológicos, modificaciones en la planeación y la búsqueda permanente de estrategias que permitieran garantizar la participación y comprensión de todos los actores involucrados, lejos de constituirse únicamente como una dificultad, esta condición permitió reconocer la importancia de diseñar procesos flexibles capaces de adaptarse a las particularidades de cada grupo poblacional. Finalmente, es importante resaltar que las transformaciones no solo se evidenciaron en la población participante, sino también en la construcción profesional de la estudiante en práctica. El desarrollo de este proceso permitió fortalecer la seguridad personal y profesional,

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enfrentando progresivamente situaciones de timidez que inicialmente generaban incertidumbre frente al trabajo con grupos y familias. El acompañamiento constante a la población, la planeación de actividades y la necesidad de responder a las particularidades de cada contexto favorecieron el desarrollo de capacidades relacionadas con la orientación, el liderazgo, la comunicación y la construcción de vínculos significativos. Asimismo, permitió comprender que la intervención social no se limita a la ejecución de actividades, sino que implica un compromiso ético y humano orientado a acompañar procesos de transformación desde el reconocimiento de las capacidades, potencialidades y saberes de las personas. En este sentido, la práctica reafirmó la importancia de construir estrategias que, además de generar aprendizajes, contribuyan a nutrir la vida de las personas, fortalecer su bienestar emocional y favorecer escenarios donde puedan reconocerse como protagonistas de sus propios procesos de cambio.

Rol del trabajador social dentro del campo de práctica Dentro del escenario de práctica, el rol del Trabajo Social se posicionó principalmente desde la escucha, el acompañamiento y la construcción de espacios expresivos orientados al fortalecimiento emocional y relacional de niños, niñas y sus familias. Asimismo, el proceso permitió consolidar una imagen del trabajador social cercana, humana y sensible frente a las necesidades de la población. A través de las visitas familiares, los talleres participativos, las actividades artísticas y los espacios grupales, se fortalecieron vínculos de confianza con los niños, niñas y sus familias, posibilitando procesos de acompañamiento más horizontales y contextualizados a las realidades presentes dentro del comedor San Cayetano. Durante la práctica fue posible reconocer que muchas familias no requerían únicamente orientación frente a determinadas situaciones, sino también espacios donde pudieran sentirse escuchadas, comprendidas y acompañadas sin ser juzgadas. Desde esta perspectiva, el Trabajo Social se consolidó como una profesión capaz de generar procesos de intervención construidos desde el reconocimiento del otro, la validación emocional y el respeto por las experiencias de vida de cada participante.

En relación con el trabajo interdisciplinario, el proceso de práctica permitió articular acciones con diferentes actores institucionales presentes dentro de la Fundación Nutrir,

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especialmente con la coordinación institucional y los equipos de apoyo vinculados al comedor. Esta articulación favoreció el desarrollo de actividades, el acompañamiento a la población y la construcción de estrategias orientadas al fortalecimiento de los procesos familiares.

Asimismo, el trabajo conjunto con la asesora académica permitió fortalecer el proceso metodológico y reflexivo de la intervención, posibilitando revisar constantemente las estrategias implementadas y realizar ajustes acordes con las necesidades identificadas dentro de la población participante, este acompañamiento contribuyó significativamente al fortalecimiento del ejercicio profesional y al desarrollo de una práctica más crítica, ética y contextualizada.

Desde una mirada reflexiva, el proceso permitió reconocer la responsabilidad social y ética que posee el trabajador social dentro de escenarios comunitarios y familiares atravesados por situaciones de vulnerabilidad y violencia naturalizada. En muchos momentos de la práctica fue necesario actuar desde la sensibilidad, el respeto y la prudencia profesional frente a situaciones emocionales complejas presentes dentro de algunas familias, comprendiendo la importancia de acompañar los procesos sin imponer juicios o prácticas autoritarias.

Del mismo modo, la práctica permitió comprender que el Trabajo Social no debe centrarse únicamente en intervenir problemáticas visibles, sino también en fortalecer capacidades, reconocer potencialidades y construir procesos preventivos que favorezcan relaciones democráticas dentro de las familias y comunidades. Desde esta perspectiva, el proyecto permitió reafirmar la importancia de desarrollar intervenciones orientadas al cuidado, la convivencia y la promoción de vínculos protectores mediante metodologías participativas y humanizadas.

En cuanto al desarrollo de capacidades profesionales, el proceso fortaleció habilidades relacionadas con la escucha activa, la comunicación asertiva, la planeación metodológica, el trabajo con grupos y familias, la observación social y la capacidad de adaptación frente a diferentes situaciones presentes dentro del escenario de práctica. Asimismo, permitió fortalecer competencias relacionadas con la construcción de vínculos, el

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manejo de grupos y la implementación de estrategias lúdico-expresivas dentro de procesos de intervención social.

Otro de los aprendizajes significativos estuvo relacionado con la importancia de flexibilizar metodologías y adaptar estrategias de intervención de acuerdo con las dinámicas, necesidades y particularidades de los niños, niñas y familias participantes. Durante el proceso fue necesario realizar ajustes constantes frente a las actividades planeadas, comprendiendo que los procesos sociales requieren sensibilidad y capacidad de respuesta frente a las realidades cambiantes de la población.

Finalmente, la experiencia desarrollada en la Fundación Nutrir permitió consolidar una mirada del Trabajo Social centrada en el acompañamiento humano, la prevención y la construcción de procesos participativos orientados al fortalecimiento familiar y comunitario. El proceso de práctica posibilitó reconocer que las intervenciones construidas desde el arte, la escucha, la sensibilidad y los lenguajes expresivos pueden generar escenarios significativos de reflexión, cuidado y transformación social tanto para la población participante como para el ejercicio profesional del trabajador social.

Recomendaciones Como resultado del proceso de práctica profesional desarrollado en la Fundación Nutrir, se considera pertinente presentar algunas recomendaciones dirigidas a la institución, a la Universidad de Caldas, al Programa de Trabajo Social y a futuros profesionales que desarrollen procesos similares. Estas recomendaciones surgen de los aprendizajes construidos durante la intervención, de las situaciones identificadas en el acompañamiento a la población y de la reflexión crítica realizada sobre la experiencia profesional. En primer lugar, se recomienda a la Fundación Nutrir dar continuidad a procesos orientados a la prevención de la violencia y al fortalecimiento del cuidado de sí y del otro, reconociendo que las transformaciones relacionadas con las dinámicas familiares requieren procesos sostenidos en el tiempo. Asimismo, se considera importante priorizar este tipo de

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iniciativas en otros comedores de la Fundación, especialmente en aquellos donde se evidencien situaciones asociadas a la naturalización de la violencia, dificultades en la comunicación familiar y relaciones interpersonales conflictivas. De igual manera, se recomienda mantener la realización de visitas familiares previas y durante el desarrollo de los proyectos de intervención, debido a que estas facilitan el acercamiento a las realidades particulares de cada familia, fortalecen los vínculos con la población y permiten diseñar estrategias más pertinentes y acordes con sus necesidades, capacidades y contextos de vida.

Asimismo, se sugiere considerar la asignación de estudiantes en práctica para el comedor Samaria, teniendo en cuenta el interés, la participación constante de los niños, niñas y sus familias, así como la presencia de situaciones relacionadas con la naturalización de la violencia y la necesidad de continuar fortaleciendo procesos de acompañamiento, prevención y promoción del bienestar familiar.

Por otra parte, se recomienda continuar promoviendo el uso de los lenguajes expresivos como estrategia de intervención social, dado que durante el proceso se evidenció que el arte, el juego, el teatro, la expresión corporal y las actividades creativas favorecen la participación, la expresión emocional, la construcción de vínculos y la reflexión frente a situaciones que afectan la convivencia familiar. Estas metodologías permiten acercar los procesos de intervención a la realidad de la población de una manera más significativa, participativa y transformadora.

De igual forma, se considera importante fortalecer y dar continuidad al espacio denominado “Rincón del Arte”, procurando su conservación, uso permanente y adecuada dotación de materiales. Durante el proceso, este espacio se consolidó como un escenario de expresión, creatividad, reconocimiento emocional y construcción de relaciones basadas en el respeto y el cuidado mutuo, adquiriendo un significado importante para los niños y niñas participantes.

También se recomienda realizar seguimiento a aquellos niños, niñas y familias que evidenciaron avances significativos durante el proceso, con el fin de fortalecer los logros

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alcanzados y prevenir posibles retrocesos frente a las dinámicas familiares abordadas. El acompañamiento continuo puede favorecer la consolidación de los cambios generados y contribuir a la sostenibilidad de los procesos de transformación iniciados. En cuanto a la Universidad de Caldas y al Programa de Trabajo Social, se recomienda fortalecer la articulación entre el proceso de práctica profesional y el ejercicio de sistematización. Aunque ambos espacios se plantean como procesos complementarios, durante la experiencia se percibieron en ocasiones como ejercicios paralelos con tiempos, exigencias y productos diferenciados, lo que puede generar sobrecarga académica y dificultar la comprensión de su relación. En este sentido, resulta pertinente promover mayores niveles de coordinación entre los espacios académicos, favoreciendo orientaciones conjuntas que permitan reconocer la sistematización como una herramienta de reflexión, análisis y producción de conocimiento derivada de la práctica profesional. Asimismo, se recomienda continuar fortaleciendo la formación de los estudiantes en metodologías participativas, creativas y expresivas para la intervención social. La experiencia permitió evidenciar que estas estrategias facilitan el acercamiento a las comunidades, promueven la participación activa y posibilitan el abordaje de problemáticas complejas desde enfoques más humanos, sensibles y contextualizados. Finalmente, a los futuros estudiantes en práctica profesional se les recomienda asumir los procesos de intervención desde una postura ética, crítica y reflexiva, reconociendo que la construcción de vínculos de confianza con la población requiere tiempo, escucha, empatía y compromiso. Asimismo, se sugiere mantener una actitud flexible frente a la planeación de las acciones, comprendiendo que las dinámicas sociales son cambiantes y que la capacidad de adaptación constituye una herramienta fundamental para el ejercicio profesional. Del mismo modo, resulta importante reconocer las capacidades, saberes y potencialidades de las comunidades, promoviendo procesos participativos que trasciendan una mirada centrada exclusivamente en las problemáticas y favorezcan la construcción colectiva de alternativas de transformación.

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Referencias bibliográficas  Bandura, A. (1973). Aggression: A social learning analysis. Prentice-Hall.  Congreso de la República de Colombia. (2024). Ley 2383 de 2024: Por medio de la cual se promueve de manera transversal la educación socioemocional de niñas, niños y adolescentes en los niveles de educación preescolar, básica y media, dentro de un marco de desarrollo integral. Diario Oficial No. 52.377. https://www.suinjuriscol.gov.co  Foucault, M. (2002). La hermenéutica del sujeto. Fondo de Cultura Económica.  Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido (2.ª ed.). Siglo XXI Editores.  Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF). (2006). Código de la Infancia y la Adolescencia (Ley 1098 de 2006).

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 Ley 294 de 1996. (1996, 22 de julio). Por la cual se desarrolla el artículo 42 de la Constitución Política y se dictan normas para prevenir, remediar y sancionar la violencia intrafamiliar. Diario Oficial No. 42.836.

https://www.icbf.gov.co/cargues/avance/compilacion/docs/pdf/ley_0294_1996.pdf  Naciones Unidas. (1948). Declaración Universal de Derechos Humanos. https://www.un.org/es/about-us/universal-declaration-of-human-rights  Naciones Unidas. (2023). Informe Mundial sobre la Violencia contra los Niños. Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.  Pardo Alañón, M. M. (2016). La violencia intergeneracional en el subconsciente familiar. Trabajo Social Hoy, 78, 67-84.

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 Von Bertalanffy, L. (1968). General system theory: Foundations, development, applications. George Braziller.

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Lista de Anexos

Pág Anexo A Registro fotográfico de los encuentros formativos para hacer la lectura de la evaluación exante

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Anexo B Registro de encuentro formativo donde emerge la situación de una comunicación conflictiva

33

Anexo C Registro de encuentro formativo donde se evidencian sus potencialidades

33

Anexo D Registro fotográfico fase 1

34

Anexo E Registro fotográfico fase 2

34

Anexo F Registro fotográfico fase 3

35

Anexo G Registro fotográfico fase 4

35

Anexo H Planeciones pdf documento adjunto

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Anexo I Plan operativo pdf documento adjunto

p. 33

Anexo A Registro fotográfico de los encuentros formativos para hacer la lectura de la evaluación exante

Cartografía Corporal

Mapa de redes Sillas conversadoras

Anexo B Registro de encuentro formativo donde emerge la situación de una comunicación conflictiva

Anexo C Registro de encuentro formativo donde se evidencian sus potencialidades

p. 34

Anexo D Registro fotográfico fase 1

Anexo E Registro fotográfico fase 2

p. 35

Anexo F Registro fotográfico fase 3

Anexo G Registro fotográfico fase 4

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Anexo H Planeciones pdf documento adjunto

p. 37

(página sin texto)

p. 38

(página sin texto)

p. 39

(página sin texto)

p. 40

(página sin texto)

p. 41

(página sin texto)

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Anexo I Plan operativo pdf documento adjunto

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FASES

OBJETIVOS

ACTIVIDAD

TEMA

POBLACIÓN

FECHAS

Etapa de socialización y contacto:

Tejiendo colores, tejiendo cuidado Socializar al colectivo de familia, la Fundación Nutrir, padres, madres y/o cuidadores, niños y niñas del comedor San Cayetano, la propuesta que se va a desarrollar. Socialización magistral

Socialización del proyecto: Colores que cuidan, palabras que abrazan: Los lenguajes expresivos apostándole al cuidado de sí y del otro.

 Asesora académica  Colectivo familia  Practicante Trabajo Social

21 de enero

2026

 Asesora académica  Equipo gestión social  Directora ejecutiva  Practicante Trabajo Social

18 de

febrero

2026

Recorrido por las estaciones:

Colores que cuidan, palabras que abrazan.

 Niños, niñas (6-12 años)  Padres, madres y/o cuidadores  Practicante Trabajo Social

12 de

febrero

2026

Etapa 1: Hacer contacto Primeros hilos de voces Promover la desnaturalización de la violencia en los niños, niñas y sus familias a través de la implementación de los lenguajes expresivos, que les permita apropiar el cuidado de sí y del otro en aras de la democratización en las relaciones.

Visitas familiares Identificar dinámicas familiares violentas y conductas naturalizadas.

 Niños, niñas (6-12 años)  Padres, madres y/o cuidadores

24, 25 y 26 de febrero

2,3,4 y 5 de marzo

Taller:

“Reconociendo mi familia”

Reflexionar sobre las practicas violentas naturalizadas en el entorno familiar

 Niños, niñas (6-12 años)  Padres, madres y/o cuidadores

12 de marzo

de 2026

p. 44

Folleto interactivo: “En mi familia todos contamos”

Reconocer las dinámicas y conductas naturalizadas.

 Niños, niñas (6-12 años)  Padres, madres y/o cuidadores  Practicante Trabajo Social

19 de marzo

de 2026 Campaña:

“Herramientas de amor”

Proponer tips y alternativas para la desnaturalización de la violencia.

 Niños, niñas (6-12 años)  Padres, madres y/o cuidadores  Practicante Trabajo Social 24,25 y 26 de marzo de

2026

Espacio: “El rincón del arte”

Fomentar la creatividad mediante un espacio artístico, para ellos.

Buscando generar conciencia sobre las prácticas normalizadas.

 Niños, niñas (6-12 años)  Padres, madres y/o cuidadores

09 de abril

de 2026 Cine-foro virtual

Introducción Apuesta cuidado del sí y del otro.

Promover el cuidado de sí mismo y del otro como estrategia para desnaturalizar la violencia.

 Niños, niñas (6-12 años)  Padres, madres y/o cuidadores

07 de abril

de 2026 Etapa 2: Caos Habitando el caos para renacer entre colores Fomentar la comunicación asertiva con el fin de fortalecer el respeto, la escucha y el diálogo en los entornos familiares.

Taller: “Así hablamos en mi familia” Identificar las formas de comunicación y escucha entre los integrantes de la familia.

 Niños, niñas (6-12 años)

14 de abril

de 2026

p. 45

Taller comunicación asertiva

Reflexionar sobre las formas de comunicarnos asertivamente

 Niños, niñas (6-12 años)  Padres, madres y/o cuidadores  Practicante Trabajo Social

22 de abril

de 2026

Cápsulas de comunicación asertiva (Respeto, escucha y diálogo)

Brindar herramientas para reconocer la comunicación asertiva.

 Niños, niñas (6-12 años)  Padres, madres y/o cuidadores

24, 28 y 29 de abril de

2026

Juego de las expresiones:

Mímica (Operatividad)

Fortalecer las diferentes formas de expresión, para reflexionar sobre las formas de comunicación asertiva y el respeto por el otro.

 Niños, niñas (6-12 años)

27 de abril

de 2026 Taller:

“Elaboración de máscaras” Evaluar en las familias el uso de la comunicación asertiva, escucha y el diálogo.

 Niños, niñas (6-12 años)  Padres, madres y/o cuidadores  Practicante Trabajo Social

30 de abril

de 2026 Etapa 3:

Integración Cuando los colores encuentran su armonía Incentivar relaciones interpersonales respetuosas, que garantice el cuidado de sí y del otro.

Visitas Familiares:

“Elaboración de títeres”

Reconocer las relaciones en el entorno familiar y la necesidad de generar cambios

 Niños, niñas (6-12 años)  Padres, madres y/o cuidadores  Practicante Trabajo Social 04, 05, 06 y

07 de mayo

11, 12 y 13 de mayo

p. 46

Historieta digital:

“Antes y después”

Promover relaciones interpersonales respetuosas  Padres, madres y/o cuidadores

19 de mayo

de 2026 Obra de teatro:

“El bosque de la amistad”

Fomentar el respeto, escucha y horizontalidad en las relaciones al igual que el cuidado de sí y del otro.

 Niños, niñas (6-12 años)  Padres, madres y/o cuidadores  Practicante Trabajo Social

14 y 21 de

mayo 2026 Mi mochila de herramientas (Operatividad)

Tips sobre las formas que tiene para comunicarse, relacionarse y cuidarse en familia.

 Niños, niñas (6-12 años)

29 de mayo

2026

Etapa 4:

Cerrar el lienzo:

reconociendo lo que creamos y cuidamos Cierre del proceso y socialización de los logros del proyecto Exhibición de arte “Lo que construimos juntos” y cofre de compromisos

Visibilizar el proceso y reconocer la transformación en sus dinámicas.

 Niños, niñas (6-12 años)  Padres, madres y/o cuidadores  Practicante Trabajo Social  Asesora académica  Coordinadora Institucional

27 de mayo

de 2026

p. 47

Exposición magistral

Socializar y sustentar los resultados del proyecto social.

 Asesora académica  Colectivo familia  Practicantes T.S

02 de junio

de 2026

 Asesora académica  Equipo gestión social  Directora ejecutiva  Practicante T.S

03 de junio

de 2026

INFORME DE SISTEMATIZACIÓN

p. 48

HABITANDO EL COLOR: CAMINOS DE CUIDADO Y TRANSFORMACIÓN

DAYANNA KATHERINNE RAVE OCAMPO

YOLANDA MEDINA BERMUDEZ

Docente de sistematización

UNIVERSIDAD DE CALDAS

FACULTAD DE CIENCIAS JURIDICAS Y SOCIALES

PROGRAMA DE TRABAJO SOCIAL

MANIZALES

2026

p. 49

Tabla de Contenido INTRODUCCIÓN ............................................................................................................ 3 JUSTIFICACIÓN ............................................................................................................. 4 CONTEXTO .................................................................................................................... 6 CONCEPCIÓN DE LA SISTEMATIZACIÓN ................................................................. 10 Pregunta eje .................................................................................................................. 11 Objetivo general ......................................................................................................... 11 Objetivos específicos ................................................................................................. 12 SABERES DE ACCIÓN ................................................................................................ 13 Del cuidado naturalizado a la transformación consciente: Familias, niños y niñas reconstruyendo entornos. .......................................................................................... 13 La construcción de vínculos participativos y respetuosos para la democratización de las relaciones familiares ................................................Error! Bookmark not defined. Las experiencias lúdicas y los lenguajes expresivos como herramientas de cuidado, participación y transformación relacional ......................Error! Bookmark not defined. CONCLUSIONES.......................................................................................................... 21 RECOMENDACIONES ................................................................................................. 23 REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS .............................................................................. 24 ANEXOS MATRIZ Y MAPAS CONCEPTUALES…. ..................................................... 25 MATRIZ METODOLÓGICA DE SISTEMATIZACIÓN ................................................ 25 MAPAS CONCEPTUALES ........................................................................................ 27

p. 50

INTRODUCCIÓN

El presente informe de sistematización recoge la experiencia de práctica profesional desarrollada en la Fundación Nutrir, específicamente en el programa Comedores1, a través del proyecto social: “Colores que cuidan, palabras que abrazan: los lenguajes expresivos apostándole al cuidado de sí y del otro”2. En este sentido, el informe presenta el contexto institucional y poblacional de la experiencia, concepción de la sistematización, pregunta eje y objetivos, saberes de acción, concusiones y recomendaciones.

Por otro lado, la intervención se llevó a cabo principalmente en el comedor San Cayetano3, escenario en el que se dio continuidad al proceso desarrollado por la anterior practicante de Trabajo Social, el cual permitió identificar necesidades relacionadas con las dinámicas familiares, la comunicación y la naturalización de la violencia. Asimismo, algunas actividades tuvieron réplica en el comedor Pastoral4, donde se realizó acompañamiento a niños, niñas entre los 6 y 12 años, así como a padres, madres y cuidadores.

De esta manera, la experiencia surgió a partir de situaciones relacionadas con la naturalización y reproducción de la violencia, la comunicación conflictiva y las relaciones interpersonales violentas dentro de las familias. Frente a ello, se construyó una propuesta educativa y psicosocial basada en estrategias lúdicas y lenguajes expresivos, orientada al fortalecimiento del cuidado de sí y del otro, la libre expresión, la comunicación asertiva y la construcción de relaciones respetuosas; desde esta apuesta, el arte, el juego, el teatro y las diferentes actividades expresivas se constituyeron como herramientas que permitieron generar espacios seguros de escucha, reflexión y transformación colectiva.

1 “En los comedores Nutrir diariamente se alimentan niños y niñas entre los 6 meses y los 12 años, y madres gestantes y lactantes de los barrios más vulnerables de los municipios de Manizales, Villamaría, Chinchiná y Quibdó (Choco). Los desayunos y almuerzos suministrados por la Fundación Nutrir cubren el 56% del requerimiento nutricional que tiene un niño o una gestante, de acuerdo con sus condiciones para tener un desarrollo adecuado (Fundación Nutrir, s.f., párr.1).

2 Proyecto de intervención en práctica

3 Lugar donde se realizó la intervención

4 Comedor donde se presto acompañamiento con encuentros formativos y se replicaron actividades del proyecto.

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A partir de esto, emergieron tres saberes de acción principales, el primero permitió comprender cómo el cuidado de sí favorece procesos de reconocimiento y transformación en las relaciones con los otros. El segundo evidenció que la democratización de las relaciones familiares posibilita formas de participación más igualitarias, donde niños y niñas son escuchados y reconocidos dentro de las dinámicas familiares. Finalmente, el tercero permitió reconocer que las experiencias lúdicas y los lenguajes expresivos favorecen la construcción de espacios seguros de expresión, participación y fortalecimiento de vínculos familiares.

Con base en la anterior, la presente sistematización se constituyó como un ejercicio de reflexión crítica sobre la experiencia vivida, permitiendo recuperar aprendizajes, tensiones, desafíos y transformaciones emergidas durante el proceso de intervención.

JUSTIFICACIÓN

La presente sistematización se justifica por la necesidad de recuperar, analizar e interpretar críticamente la experiencia de intervención desarrollada con niños, niñas y familias en el marco de la práctica profesional, permitiendo trascender la descripción de las acciones realizadas para comprender los aprendizajes, hallazgos y transformaciones que emergieron durante el proceso, especialmente en relación con el uso de los lenguajes expresivos como estrategia para promover el cuidado, la participación y la reflexión sobre las relaciones familiares. Asimismo, la sistematización aporta a la construcción de conocimiento desde la práctica del Trabajo Social, al visibilizar experiencias, metodologías y aprendizajes que pueden orientar futuras intervenciones y fortalecer la comprensión de los procesos de acompañamiento familiar desde perspectivas más humanas, participativas y centradas en las potencialidades de los sujetos.

Asimismo, la sistematización permitió comprender los aprendizajes y transformaciones emergidas durante el proceso de intervención, evidenciando cómo los espacios expresivos favorecieron la participación, el fortalecimiento de vínculos

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familiares y la reflexión frente a prácticas violentas naturalizadas. De igual manera, este ejercicio aportó al fortalecimiento del quehacer profesional en Trabajo Social, al permitir analizar críticamente las metodologías implementadas y comprender la importancia de construir intervenciones más sensibles, horizontales y centradas en las capacidades de las familias. Así, la sistematización no solo permitió comprender la experiencia vivida, sino también generar aprendizajes y aportes para futuras intervenciones con poblaciones atravesadas por contextos de vulnerabilidad de igual manera permitió potenciar las capacidades que tiene la población con la intervención.

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CONTEXTO

El proyecto social objeto de sistematización “Colores que cuidan, palabras que abrazan: Los lenguajes expresivos apostándole al cuidado de sí y del otro” fue llevado a cabo en la Fundación Nutrir una ONG sin ánimo de lucro, esta organización con 40 años de funcionamiento surgió bajo la influencia de un grupo de manizaleños preocupados por la malnutrición infantil de los niños y niñas, la sede principal de la Fundación Nutrir se encuentra ubicada en el barrio Alta Suiza, Manizales- Caldas, algunas de las áreas estratégicas de la fundación y se concentra el programa Comedores. Por otro lado, en el barrio San José, Manizales- Caldas se sitúa el programa Gestar futuro5.La misión de Nutrir es: “transformar vidas generando bienestar a través de programas integrales de nutrición dirigidos a niños, niñas, madres gestantes y lactantes, con dos Programas Misionales: Comedores Nutrir y Gestar Futuro” (Fundación Nutrir, 2021, párr. 5). La Fundación, cuenta con un plan de acción que se divide en macrobjetivos, el primero se encuentra en la visión: “lograr que para el 2025 el 70% de la población se le garantice condiciones nutricionales adecuadas a través de una sana alimentación y hábitos de vida saludable, aparte de esto generar información nutricional como un insumo en la toma de decisión de la política pública local”. (Fundación Nutrir, s.f). Cabe resaltar, que esta visión fue alcanzada y para el 2025 se llegó al peso y talla adecuado de todos los beneficiarios también dentro de estos macrobjetivos, está la gestión con entidades que hacen para obtener apoyo como: Las universidades que desarrollan prácticas profesionales, los líderes de juntas de acción comunal que facilitan espacios, los voluntariados en comedores, el apadrinamiento y las cuotas solidarias como estrategias de corresponsabilidad.

En la Fundación Nutrir la práctica fue ubicada en el área social, un espacio que brindaba acompañamiento psicosocial e integral a los beneficiarios. Allí, el equipo psicosocial orientaba y hacía seguimiento a los beneficiarios tanto de su alimentación

5 “Brinda atención integral a las madres gestantes jóvenes y adolescentes de la ciudad de Manizales en condición de vulnerabilidad, con el objetivo evitar el bajo peso al nacer y el retraso en talla en niños y niñas menores de dos (2) años, a través del empoderamiento de las madres. Las madres reciben acompañamiento desde la gestación durante los primeros mil días de vida de los niños, con el fin de lograr unas condiciones de vida tanto de los niños como de las familias” (Fundación Nutrir, s.f., párr.2).

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como de su fortalecimiento en habilidades para la vida además se busca prevenir riesgos psicosociales en pro de fomentar relaciones basadas en el respeto, la comunicación y el cuidado mutuo. Dentro de las funciones, se brindaba apoyo en diversas actividades del área social, tales como:

 Desarrollo y acompañamiento en encuentros formativos.

 Apoyo en el club lector de la fundación, tomando la asistencia de los niños y manteniendo el orden durante la lectura.

 Participación en la caracterización de las poblaciones durante el proceso de matrícula de nuevos beneficiarios.

 Fomento de las habilidades para la vida, eje central del trabajo de la Fundación, que busca que las personas enfrenten adecuadamente los desafíos cotidianos, tomen decisiones saludables y promuevan el respeto. La práctica se desarrolló específicamente en el programa Comedores, el cual buscaba cubrir el 70% de los requerimientos nutricionales de los niños y niñas beneficiarios mediante procesos de alimentación, seguimiento nutricional y acompañamiento psicosocial. Este programa contaba con 16 comedores6 distribuidos en diferentes sectores, entre ellos el comedor San Cayetano, lugar donde realizo el proceso de intervención, el comedor correspondía a uno de los espacios con mayor cobertura de la fundación, atendiendo aproximadamente a 77 niños y niñas provenientes tanto del sector como de barrios aledaños de Manizales. El espacio funcionaba en un salón comunal adaptado como comedor, donde diariamente se ofrecían servicios de alimentación al igual que acompañamiento integral a los beneficiarios en condiciones de vulnerabilidad social y económica, muchos de los niños y niñas asistían al comedor debido a la cercanía con las instituciones educativas en las que se encontraban escolarizados, convirtiéndose este espacio no solo en un lugar de alimentación, sino también en un escenario de protección, cuidado y construcción de vínculos. Además, la población beneficiaria se encontraba atravesada por diversas situaciones sociales, entre ellas desplazamiento, violencia intrafamiliar, dificultades

6 Los comedores estaban ubicados 7 en Manizales, 1 en Neira y 1 Villamaría, 4 en Chinchiná y 3 en Chocó.

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económicas y naturalización de violencia en sus entornos familiares; esto incidía directamente en las relaciones interpersonales de la población, evidenciándose prácticas de comunicación conflictiva, dificultades en la gestión emocional y expresiones no asertivas. Así mismo, se identificaban dinámicas de crianza basadas en castigos, invalidación emocional y limitadas herramientas para la resolución pacífica de conflictos, afectando principalmente el reconocimiento de sí mismos y de los otros dentro de las relaciones familiares. Frente a ello, surgió la necesidad de generar espacios de intervención psicosocial orientados al fortalecimiento del cuidado de sí y del otro, la expresión emocional y la construcción de relaciones más respetuosas con un enfoque expresivo y lúdico.

En este contexto, se dio continuidad al proceso de intervención desarrollado previamente por la practicante anterior de Trabajo Social, quien había identificado situaciones relacionadas con la naturalización de la violencia intergeneracional, la invisibilización de la voz de los niños y niñas, la baja corresponsabilidad en la crianza y la escasa implementación de estrategias asertivas para la gestión emocional y la resolución de conflictos (Jaramillo, 2025). Al retomar dicho proceso mediante encuentros formativos, observaciones y una evaluación exante, se confirmó la vigencia de estas situaciones, evidenciándose que muchas familias continuaban reproduciendo prácticas violentas y formas de comunicación conflictivas que afectaban la convivencia en las familias.

Conforme a esto, se identificaron como principales nodos problematizadores la naturalización y reproducción de la violencia en las familias y en los espacios del comedor, así como la presencia de una comunicación conflictiva que afecta la convivencia estas dinámicas generaban relaciones interpersonales violentas y evidencian un limitado conocimiento de herramientas asertivas que permitieran a los participantes expresar emociones, deseos y opiniones de manera clara y respetuosa. Además, se observó que, debido a las experiencias de violencia vividas, muchos niños, niñas y cuidadores presentaban un debilitamiento de prácticas de cuidado, lo que se manifiesta en la invalidación de sí mismos y de otros, la invisibilización de sus derechos y el debilitamiento de su identidad.

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A partir de ello, se planteó la necesidad de fortalecer procesos orientados al reconocimiento, el cuidado y la transformación de las dinámicas familiares mediante estrategias expresivas diferentes a las tradicionalmente utilizadas en los espacios formativos. El proceso de intervención se desarrolló entonces a través de una propuesta educativa y psicosocial estructurada por fases, inspirada en la perspectiva de Virginia Satir, quien comprende las dinámicas familiares desde la transformación de la comunicación, las emociones y las relaciones interpersonales. De esta manera, el proyecto: “Colores que cuidan, palabras que abrazan: los lenguajes expresivos apostándole al cuidado de sí y del otro” fue concebido como una apuesta orientada al reconocimiento de prácticas naturalizadas, la expresión emocional y el fortalecimiento de vínculos familiares.

La propuesta metodológica se desarrolló mediante encuentros lúdicos, expresivos y artísticos dirigidos a niños, niñas, padres, madres y cuidadores, incorporando actividades como talleres reflexivos, visitas familiares, obra de teatro, cine-foro, elaboración de máscaras, títeres, historietas, folletos, capsulas asertivas, espacios de arte, entre otros. Los lenguajes expresivos se constituyeron como una herramienta valiosa para acercarse a la población, ya que permitieron generar espacios donde los participantes pudieran expresarse de manera libre y sin temor al señalamiento. A través de las actividades desarrolladas durante los encuentros formativos, se construyeron colectivamente ambientes seguros basados en la escucha, la participación y el respeto mutuo, favoreciendo la expresión de emociones, experiencias y reflexiones que difícilmente eran compartidas en otros escenarios.

Más allá de ser talleres tradicionales, estos espacios se transformaron en experiencias poco convencionales de liberación emocional, reconocimiento y construcción colectiva. Desde el arte, el juego y las diferentes estrategias expresivas implementadas, fue posible fortalecer las relaciones familiares desde el amor, el respeto y la comunicación asertiva, promoviendo además la reflexión frente a prácticas violentas naturalizadas en los entornos familiares. Asimismo, la experiencia permitió comprender el cuidado no únicamente como una acción dirigida hacia el otro desde el sacrificio o la invisibilización personal, sino también como un proceso que implica reconocimiento

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individual y cuidado de sí mismo. Desde esta apuesta, los lenguajes expresivos se constituyeron en herramientas de cuidado, reconocimiento y transformación, favoreciendo relaciones más respetuosas, horizontales y basadas en el cuidado mutuo.

CONCEPCIÓN DE LA SISTEMATIZACIÓN

La sistematización se comprendió como un proceso de análisis, reflexión y comprensión crítica sobre la experiencia vivida durante el proceso de práctica profesional. A lo largo del desarrollo de la intervención, este ejercicio permitió reconocer con mayor profundidad las realidades que atravesaban los niños, niñas y familias acompañadas en el comedor San Cayetano, especialmente aquellas relacionadas con situaciones de vulnerabilidad, violencia y dificultades en las dinámicas familiares y de cuidado. Desde esta experiencia, la sistematización posibilitó entender cómo dichas realidades incidían en la vida cotidiana de la población y cómo, desde el Trabajo Social, podían construirse apuestas orientadas a la transformación y al fortalecimiento de relaciones más respetuosas y conscientes.

Este proceso no se limitó únicamente al análisis de la experiencia, sino que también implicó una reflexión constante frente a la práctica profesional, las metodologías implementadas y el propio rol como trabajadora social en formación, la experiencia permitió comprender que en la intervención social no existen prácticas absolutas ni formas únicas de actuar, sino procesos que deben construirse de manera participativa, reconociendo las particularidades de cada contexto y las voces de quienes hacen parte de él.

Asimismo, la sistematización se constituyó en una herramienta que permitió detenerse, organizar la experiencia y comprender de manera crítica las tensiones, aprendizajes y transformaciones emergidas durante el proceso de intervención. A través de este ejercicio fue posible identificar cómo los lenguajes expresivos, las estrategias lúdicas y los espacios de participación construidos colectivamente se convirtieron en herramientas significativas para favorecer la comunicación, la reflexión y el fortalecimiento de vínculos familiares. De igual manera, permitió reconocer que

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implementar una apuesta por el cuidado de sí y del otro en espacios atravesados por las situaciones anteriormente nombradas son una posibilidad para generar cuestionamientos y tensiones en las dinámicas familiares normalizadas. Desde esta perspectiva, la sistematización posibilitó reconocer las capacidades, disposiciones y apuestas de transformación presentes en las familias, entendiendo que, aunque existían dinámicas conflictivas y prácticas violentas naturalizadas, también había interés y apertura para construir formas distintas de comunicación, cuidado y convivencia.

En este sentido, sistematizar significó construir una reflexión con sentido sobre el proceso vivido, articulando teoría y práctica desde una mirada crítica, ética y humana, este ejercicio permitió analizar e interpretar de manera más consciente el impacto de la intervención realizada, así como comprender los aprendizajes construidos durante el acompañamiento a las familias. A partir de la reflexión sobre la experiencia, fue posible reconocer cómo las acciones desarrolladas desde los lenguajes expresivos y el cuidado de sí y del otro favorecieron procesos de escucha, participación, reconocimiento y transformación. Así, la sistematización se consolidó no solo como una metodología de análisis, sino también como una experiencia formativa que fortaleció el quehacer profesional y la comprensión del Trabajo Social desde una perspectiva sensible, reflexiva y comprometida con las realidades sociales.

Pregunta eje ¿Cómo contribuyen los lenguajes expresivos a que los niños, niñas y sus familias apropien el cuidado de sí y del otro desde la democratización de las relaciones familiares?

Objetivo general Reflexionar sobre los lenguajes expresivos que contribuyen a que los niños, niñas y sus familias apropien el cuidado de sí y del otro desde la democratización de las relaciones familiares.

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Objetivos específicos

1.

Reflexionar sobre las prácticas de cuidado mediante el reconocimiento de sí mismos que fortalezca la autoestima y la construcción de identidad.

2.

Analizar las dinámicas de la democratización en las relaciones familiares que fomenten la igualdad de voz, la participación equitativa y la toma de decisiones.

3.

Identificar en los espacios de experiencia lúdica la capacidad de apropiación del cuidado de si y del otro

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SABERES DE ACCIÓN

Del cuidado naturalizado a la transformación consciente: Familias, niños y niñas reconstruyendo entornos.

A partir del proceso vivido, comprendí que el cuidado de sí y del otro, no es simplemente un concepto aislado o una práctica diaria, sino una construcción que está profundamente ligada a nuestras historias de vida, experiencias y formas de relacionarnos configuradas en la familia. Es así, que en lo observado durante este proceso y los encuentros formativos pude comprender que ciertas acciones o dinámicas que realizamos están inscritas en el subconsciente como chip que se incorpora y actúa desde lo aprendido, conforme a eso cada aprendizaje que traemos tiene una raíz o una base, y confundimos el cuidado con ciertas prácticas no asertivas que culturalmente han sido aceptadas como: golpes para corregir, gritos para proteger o invalidación de emociones por temor, además de no brindar un cuidado hacia nosotros mismos puesto que no se tiene acostumbrado, sino en el bienestar del otro, confundiendo el cuidado por el otro, con el bienestar que deberíamos brindarnos.

En este marco, el proyecto “Colores cuidan, palabras que abrazan: los lenguajes expresivos apostándole al cuidado de sí y del otro”7, pretende por medio de lo lúdico acompañar y orientar a las familias que han sufrido situaciones de violencia en sus entornos en su proceso de reflexión y concientización de prácticas naturalizadas. Es así que, desde la apuesta por el cuidado se logra reconocer las propias emociones y experiencias, que permitan sanar donde se aprenda poner límites desde lo individual para así poder brindar unas relaciones desde el respeto, la empatía y el amor por el otro. Para Michel Foucault (2002) el “cuidado de sí” es una práctica ética que implica reflexión, autoconocimiento y transformación, desde esta perspectiva, comprendí que el cuidado inicia en la capacidad de cada persona de cuidarse a sí misma, reconocer emociones que antes no se podían expresar (miedo, enojo, felicidad, tristeza, etc.) experiencias pasadas como violencia, consumo, feminización del cuidado y sobre carga

7 Proyecto de intervención en práctica

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de funciones de manera que estas influyen en sus formas de interactuar con los otros, esto se relaciona directamente con lo evidenciado en las familias, donde muchas de las prácticas actuales están mediadas por vivencias no resueltas que se reproducen de generación en generación.

Por otro lado, durante el desarrollo de las actividades, las voces de los niños, niñas y cuidadores permitieron visibilizar situaciones que antes no eran cuestionadas, tales como una de las participantes que expresaba lo siguiente: “En mi casa es difícil hablar a veces pues todos son tercos y no suelen escuchar, prefieren guardarse lo que sienten y no decir nada, entonces está bien no ser tan expresivo hacia se evitan problemas “. (DC3 pág 3, párr 2) En coherencia con lo anterior, se afirma que visibilizar o poner en palabras lo normalizado, permite expresar aquello que se tiene como costumbre realizar permitiendo nombrar las experiencias, se evidencia un proceso de reflexión donde se resignifica lo que antes se asumía como “normal”. Así, me lleva a pensar que el cuidado también es una forma de amor, pero un amor que debe construirse desde la conciencia, el respeto y la validación del otro, donde esto implica desnaturalizar lo aprendido para construir nuevos aprendizajes que le aporte al bienestar en las familias. Por otra parte, encontré que el cuidado dentro de las familias sí tiene un impacto significativo en el bienestar, Según Reyes Rojas, et al. (2021) un estudio sobre bienestar familiar en Colombia, el nivel de bienestar agregado en las familias se ubica en un promedio de 3.71 sobre 6 (equivalente aproximadamente a un 61%), lo que evidencia que, aunque existen capacidades de cuidado y apoyo, aún hay aspectos por fortalecer en las dinámicas familiares, especialmente en lo emocional y relacional , este dato me permite comprender que el cuidado no está completamente consolidado, sino que es un proceso en construcción como ya lo mencione.

Además, lo que emerge de este proceso evidencia una alerta por producir cambios, pues existe una sobre carga de funciones, emociones y experiencias en las familias donde es importante aprender a gestionarlas. Por ello, se deben generar espacios donde las familias puedan cuestionarse, reconocerse y transformar sus

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prácticas, es decir, fortalecer habilidades como la comunicación y la validación emocional, entendiendo que el cuidado también se aprende y se construye. Por eso cada espacio brindando durante este proceso desde el uso de los lenguajes expresivos8 ha permitido generar reflexión, para orientar mejor el proceso debido a esto las familias se sienten más acompañadas, según algunas voces que: “exponen que los encuentros les permiten salirse de lo cotidiano y aprender a cómo tratar mejor a sus hijos, al igual que reconocer que ciertas situaciones que vivían no deberían naturalizarse. Así mismo, estos espacios permiten reconocer la importancia del cuidado y como este transforma realidades desde lo micro hasta lo macro según expresa una participante: “Trato de cuidarme mucho desde mi salud metal, lo personal y mi educación para despejar mi mente, así puedo brindar un mejor cuidado desde la tranquilidad y la tolerancia”. (DC4, pág 4, párr. 2) En consonancia, esto invita a reflexionar sobre la importancia de reconocerse como sujeto de cuidado, entendiendo que no es posible brindar un acompañamiento afectivo, paciente y respetuoso si primero no se han atendido las propias necesidades, pone en evidencia que el cuidado trasciende lo físico, donde se fortalecen las relaciones familiares, es así que cuando cuando una persona logra “despejar su mente”, no solo regula sus emociones, sino que también transforma la manera en que se vincula con los demás, favoreciendo entornos más sanos y comprensivos.

Al conectar este proceso, con la política pública de cuidado en Colombia de 2020, se reconoce que esta no solo busca garantizar servicios, sino también transformar las formas en que se comprende y se ejerce el cuidado en la sociedad, iniciativas como el Sistema de Cuidado, impulsadas en ciudades como Bogotá, promueven la corresponsabilidad entre el Estado, la familia y la comunidad, reconociendo el cuidado como un derecho. En este sentido, la política pública aporta a este proceso al visibilizar

8 Son espacios donde se utiliza lo expresivo como el arte, la música, la expresión corporal y verbal para reflexionar sobre las prácticas de violencia naturalizadas en los entornos familiares. De esta manera, se busca fomentar la concientización y la transformación de las dinámicas aprendidas a través de estrategias lúdico-educativas. Estas actividades resultan significativas para la población, ya que muestran gran interés y participación en espacios creativos, manuales y poco convencionales, favoreciendo así la apropiación de los aprendizajes y el fortalecimiento de procesos orientados al cambio y a la construcción de relaciones respetuosas.

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la importancia del cuidado de sí y del otro, especialmente en contextos donde se han naturalizado prácticas que afectan el bienestar emocional y relacional, respalda la necesidad de generar espacios formativos y de acompañamiento como los desarrollados en este proyecto, los cuales permiten a las familias reflexionar, resignificar y transformar sus dinámicas cotidianas.

Como reflexión final, comprendí que el cuidado no es un acto espontáneo ni individual, sino una construcción social y relacional que requiere conciencia, aprendizaje y transformación constante. Apostarle al cuidado de sí y del otro en familias que han vivido situaciones de violencia implica abrir caminos hacia la sanación, la empatía y la reconstrucción de vínculos, entendiendo que solo al desnaturalizar prácticas aprendidas es posible construir entornos más amorosos, respetuosos y protectores para los niños, niñas y sus familias.

La construcción de vínculos participativos y respetuosos para la democratización de las relaciones familiares Durante el proceso fue posible identificar que muchas de las relaciones familiares se encontraban atravesadas por prácticas autoritarias y formas de comunicación verticales, donde la voz de los niños y niñas era limitada o poco validada dentro de los espacios familiares. Desde la perspectiva de Paulo Freire (1970), el diálogo y la participación permiten reconocer al otro como sujeto activo dentro de los procesos relacionales y educativos, aspecto que se hizo fundamental dentro de la experiencia desarrollada.

Estas situaciones se hicieron visibles en diferentes encuentros formativos, donde algunos niños expresaban que en sus familias no podían participar en conversaciones o decisiones familiares, durante uno de los espacios desarrollados, dos beneficiarios manifestaron que: “En la casa solo habla una persona” (DC5, pág 3, párr. 2) y que ellos no estaban acostumbrados a opinar porque sentían que “los niños no podían decir nada” (DC5, pág 2, párr 3). En este sentido, estas voces permitieron reconocer cómo muchas dinámicas familiares continuaban reproduciendo relaciones jerárquicas donde los

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adultos asumían el control total de la comunicación, limitando procesos de escucha y participación dentro de las dinámicas familiares, evidenciaron cómo algunos niños y niñas habían naturalizado el silenciamiento de sus emociones y opiniones dentro de las relaciones familiares, llegando incluso a sorprenderse cuando en los encuentros se les preguntaba qué pensaban o qué sentían frente a determinadas situaciones. Frente a ello, los encuentros construidos desde lo expresivo y lo lúdico comenzaron a generar espacios diferentes de interacción y diálogo. A través de actividades teatrales, juegos, conversaciones grupales y ejercicios artísticos, niños, niñas y cuidadores empezaron a reflexionar sobre la importancia de escuchar al otro y reconocer que dentro de la familia todas las voces tienen valor, una de las actividades que favoreció significativamente este proceso fue la elaboración y socialización de un folleto reflexivo relacionado con la comunicación asertiva y la convivencia familiar. De esta manera, la actividad se construyó de manera participativa, permitiendo que las familias escribieran, dibujaran y reflexionaran sobre aquellas prácticas que fortalecían o afectaban las relaciones dentro del hogar.

Durante el desarrollo del folleto, los niños y niñas identificaron situaciones que habían normalizado en su vida cotidiana, como los gritos, la invalidación de emociones, la falta de escucha y la descalificación de sus opiniones. A partir de ello, emergieron reflexiones relacionadas con la importancia de expresar los sentimientos, ser escuchados y participar en los espacios familiares. Asimismo, se cuestionó la idea de que el regaño o el silencio son las únicas formas de resolver los conflictos, reconociendo el diálogo, la escucha y el respeto como prácticas que favorecen relaciones más cuidadosas y respetuosas estas reflexiones permitieron visibilizar experiencias que afectan su bienestar emocional y reconocer alternativas para fortalecer la convivencia. De igual manera, varios niños comenzaron progresivamente a participar con mayor seguridad, expresando emociones y pensamientos que anteriormente evitaban compartir. En diferentes encuentros algunos manifestaban sentirse felices porque “por fin podían hablar” o porque sus cuidadores empezaban a escucharlos más dentro del hogar. Asimismo, algunos padres y madres reconocieron que muchas veces invalidaban

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las emociones de sus hijos sin darse cuenta y que los encuentros les habían permitido reflexionar sobre otras maneras de comunicarse y relacionarse desde el respeto y la escucha, estas experiencias permitieron comprender que democratizar las relaciones familiares no significa únicamente distribuir responsabilidades, sino también construir vínculos donde todas las personas puedan participar, expresarse y sentirse reconocidas. Desde esta experiencia fue posible reconocer que cuando las familias generan espacios de escucha y participación, se fortalecen procesos de reconocimiento individual y colectivo que favorecen relaciones más sanas y respetuosas. En este sentido, los lenguajes expresivos y las experiencias lúdicas se constituyeron como herramientas fundamentales para promover el diálogo, cuestionar prácticas naturalizadas y construir formas de convivencia más democráticas basadas en la comunicación asertiva, la participación y el cuidado mutuo. Asimismo, este proceso se relacionó con lo planteado en la Ley 1098 de 2006, la cual reconoce a los niños, niñas y adolescentes como sujetos de derechos y resalta la importancia de garantizar su participación, escucha y desarrollo integral dentro de los entornos familiares y sociales.

Las experiencias lúdicas y los lenguajes expresivos como herramientas de cuidado, participación y transformación relacional.

A partir de la reflexión crítica sobre la experiencia desarrollada emergió el saber de acción relacionado con las experiencias lúdicas y los lenguajes expresivos como herramientas de cuidado, participación y transformación relacional. Durante el proceso fue posible comprender que las estrategias tradicionales de intervención muchas veces limitaban la participación y expresión de la población, especialmente en contextos atravesados por experiencias de violencia, invalidación emocional y dificultades para comunicar lo que sentían. Frente a ello, las actividades construidas desde el arte, el juego, el teatro y las experiencias simbólicas permitieron generar espacios diferentes, donde niños, niñas y cuidadores podían expresarse de manera libre, creativa y sin temor al señalamiento. Desde la perspectiva de Virginia Satir (1988), la expresión emocional y la comunicación auténtica favorecen procesos de transformación dentro de las dinámicas familiares, permitiendo fortalecer el reconocimiento y las relaciones entre las personas.

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Asimismo, la UNESCO (2006) reconoce las expresiones artísticas y culturales como herramientas que favorecen el desarrollo integral, la participación, la construcción de paz y la transformación social, especialmente en contextos atravesados por vulnerabilidad y violencia.

A lo largo de los encuentros se evidenció que la población conectaba significativamente con las actividades manuales, simbólicas y poco convencionales, ya que estas les permitían hablar y reflexionar sobre situaciones difíciles de una manera más cercana y segura, más allá de realizar talleres tradicionales, las experiencias desarrolladas se fueron convirtiendo en espacios de confianza y escucha, muchos niños, niñas y cuidadores comenzaban a participar con mayor disposición cuando las actividades implicaban pintar, actuar, crear, construir o expresar emociones desde diferentes lenguajes artísticos. Incluso algunos niños manifestaban sentirse más tranquilos porque “aquí sí podían hablar sin miedo” (DC2, pág 5, párr. 2) porque “nadie se burlaba de lo que sentían”. Estas voces permitieron comprender que lo expresivo no solo facilitaba la participación, sino que también ayudaba a generar procesos de reconocimiento y validación emocional frente a experiencias que generalmente permanecían silenciadas dentro de sus entornos familiares.

Una de las experiencias más significativas dentro del proceso fue la construcción del “Rincón del Arte”, un espacio simbólico creado colectivamente con la población y concebido como un lugar seguro de expresión y cuidado. Durante este encuentro, los participantes realizaron inicialmente la actividad del avión de papel, donde escribían o dibujaban aquello que les dolía, los ponía tristes o querían dejar ir. Posteriormente, lanzaban el avión como un acto simbólico de liberación, representando la posibilidad de soltar aquello que les hacía daño o que no querían seguir repitiendo dentro de sus vidas y relaciones familiares. Esta actividad permitió que muchos participantes comenzaran a expresar emociones y situaciones que normalmente guardaban en silencio. Algunos niños escribían palabras relacionadas con peleas familiares, gritos o tristezas, mientras otros manifestaban que querían “dejar de sentir miedo” o “que en la casa no pelearan tanto”.

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Posteriormente, se consolidó el “Rincón del Arte” como un espacio construido colectivamente para el encuentro, la expresión y la participación. La apropiación de este lugar permitió que niños, niñas y cuidadores reconocieran la importancia de contar con escenarios seguros donde pudieran expresar sus emociones, compartir experiencias y sentirse escuchados sin temor al juicio, de esta experiencia surgieron reflexiones relacionadas con el valor de la escucha, el reconocimiento de las emociones y la necesidad de generar espacios de diálogo dentro de las dinámicas familiares y comunitarias. Asimismo, se comprendió que disponer de lugares destinados a la expresión y al encuentro fortalece los vínculos, favorece la participación y contribuye a la construcción de relaciones más respetuosas, empáticas y basadas en el cuidado mutuo. En este sentido, el Rincón del Arte trascendió lo físico para convertirse en un símbolo de reconocimiento, pertenencia y transformación colectiva. Durante este encuentro también se retomaron los aportes de Sigmund Freud frente a la catarsis, entendida como la posibilidad de expresar y liberar emociones guardadas, esto permitió que varios participantes reflexionaran sobre la importancia de “soltar” aquello que les generaba dolor o malestar emocional. En relación con ello, una madre participante expresaba que “nunca había escuchado que así se podía soltar lo que dolía” (DC2, pág 2, párr. 2), reflexión que evidenció cómo las actividades simbólicas permitieron a la población comprender sus emociones desde nuevas perspectivas y generar procesos de re significación frente a sus experiencias. Asimismo, el “Rincón del Arte” permitió fortalecer la apropiación colectiva de los encuentros y generar vínculos más cercanos entre la población participante, el buzón de la expresión9, incorporado dentro de este espacio, se convirtió en otra herramienta significativa para que niños, niñas y cuidadores pudieran expresar aquello que sentían, les disgustaba o querían transformar dentro de sus vidas y relaciones ya que muchas veces, a través de dibujos, escritos o mensajes, la población lograba comunicar emociones que difícilmente expresaban verbalmente en otros espacios. Algunos niños

9 Herramienta estratégica para permitir la expresión emocional, experiencias cotidianas, sueños, incomodidades entre otros de los niños, niñas y sus familias.

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dejaban mensajes relacionados con el deseo de “tener una familia más tranquila” o “que los escucharan más”, mientras algunos cuidadores escribían reflexiones relacionadas con el cansancio emocional y la necesidad de aprender nuevas maneras de comunicarse y cuidar, esto permitió comprender que los lenguajes expresivos funcionan como mediadores emocionales y relacionales que favorecen la construcción de confianza, escucha y participación.

Desde este proceso, fue posible reconocer que las experiencias lúdicas y expresivas favorecen la construcción de espacios seguros donde las personas pueden sentirse libres para expresar emociones, reflexionar sobre sus vivencias y fortalecer sus relaciones familiares y comunitarias. Asimismo, permitió comprender que el arte, el juego y las estrategias simbólicas no son únicamente actividades recreativas, sino herramientas de intervención psicosocial que posibilitan procesos de reconocimiento, participación, comunicación y transformación dentro de contextos atravesados por la violencia y la vulnerabilidad social.

CONCLUSIONES

A lo largo del proceso fue posible comprender que las experiencias lúdicas y los lenguajes expresivos no solo facilitaron la participación de niños, niñas y cuidadores, sino que se constituyeron en una puerta para acercarse a sus emociones, experiencias y formas de comprender el mundo. El arte, el juego, el teatro y las actividades simbólicas permitieron construir espacios seguros donde la población logró expresarse libremente, compartir situaciones de su vida cotidiana y reflexionar sobre prácticas que anteriormente habían sido naturalizadas dentro de sus relaciones familiares. Esto permitió comprender que muchas veces la población no necesitaba únicamente orientación, sino también espacios humanos donde pudieran sentirse escuchados, reconocidos y libres de expresar aquello que permanecía silenciado debido a las experiencias de violencia, invalidación emocional y conflictos familiares presentes en sus contextos. De igual manera, el proceso permitió comprender que la educación emocional y la transformación de prácticas naturalizadas requieren procesos continuos

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y de largo plazo aunque durante la experiencia fue posible evidenciar reflexiones y transformaciones significativas relacionadas con la comunicación asertiva, el cuidado y la participación familiar, también se identificó la necesidad de continuar fortaleciendo procesos relacionados con la gestión emocional, especialmente frente al enojo y las formas en que este se manifiesta dentro de las dinámicas familiares, en varios encuentros se evidenció cómo muchas situaciones de conflicto surgían desde emociones reprimidas, dificultades para expresar inconformidades y formas de comunicación aprendidas desde el grito, la agresividad o la invalidación.

Otro aspecto importante que dejó la experiencia fue reconocer que los procesos de transformación familiar requieren el compromiso y la participación conjunta de niños, niñas, padres, madres y cuidadores. A lo largo del proyecto se evidenció que los cambios más significativos surgían cuando las familias participaban activamente de los espacios y lograban reflexionar colectivamente sobre sus dinámicas de convivencia familiar, esto permitió comprender que no es suficiente intervenir únicamente con los niños y niñas, sino que también es necesario fortalecer el acompañamiento a las familias, ya que estas representan el principal espacio de socialización, cuidado y construcción emocional. Finalmente, La sistematización permitió comprender que los lenguajes expresivos constituyen una estrategia significativa para promover procesos de reflexión, participación y reconocimiento emocional en niños, niñas y sus familias. El análisis de la experiencia evidenció que estos lenguajes favorecen la expresión de vivencias, el cuestionamiento de prácticas relacionales naturalizadas y la construcción de vínculos basados en la escucha, el respeto y el cuidado mutuo. Asimismo, permitió reconocer la importancia de desarrollar procesos de intervención que no se centren exclusivamente en las necesidades o problemáticas de la población, sino también en sus capacidades, recursos y potencialidades para transformar sus realidades. En este sentido, la experiencia mostró que el reconocimiento de las fortalezas de niños, niñas y familias puede complementarse con la atención de sus necesidades, posibilitando intervenciones más integrales, participativas y orientadas al fortalecimiento de los sujetos. Finalmente, esta experiencia permitió resignificar el papel del Trabajo Social como una práctica que,

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desde lo sensible, lo creativo y lo relacional, contribuye a la transformación de las relaciones familiares y comunitarias.

RECOMENDACIONES

1.

Se recomienda continuar desarrollando procesos de sistematización que permitan profundizar en la comprensión de los aportes de los lenguajes expresivos en la intervención social con familias ya que la experiencia evidenció que el arte, el juego y las estrategias simbólicas favorecen la participación, la expresión emocional y la reflexión sobre las relaciones familiares; sin embargo, resulta pertinente seguir generando conocimiento que permita comprender con mayor profundidad sus alcances, limitaciones y posibilidades en distintos contextos de intervención.

2.

Se recomienda fortalecer la producción de conocimiento desde las prácticas de Trabajo Social mediante ejercicios permanentes de reflexión crítica sobre las experiencias de intervención. La sistematización permitió reconocer la importancia de comprender a las familias no solo desde sus necesidades y problemáticas, sino también desde sus capacidades, recursos y potencialidades, aportando elementos para la construcción de intervenciones más integrales, participativas y orientadas al fortalecimiento de los sujetos y sus relaciones.

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REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

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Foucault, M. (2002). La hermenéutica del sujeto. Fondo de Cultura Económica.

Fundación Nutrir. (2025). Fundación Nutrir – Sobre nosotros.

Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores.

Gilligan, C. (1982). In a different voice: Psychological theory and women’s development. Harvard University Press.

Jaramillo Castaño, T. A. (2025). Del silencio a la palabra: diálogos intergeneracionales de transformación [Proyecto de práctica institucional, Universidad de Caldas, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Programa de Trabajo Social]. Fundación Nutrir.

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Política Nacional de Cuidado – CONPES 4143. (2025). Política nacional de cuidado (Documento CONPES 4143). Departamento Nacional de Planeación.

Reyes Rojas, M., Cerchiaro, E., Bermúdez-Jaimes, M., Carbonell, O., et al. (2021). Factores de resiliencia y bienestar en familias colombianas. Interdisciplinaria, 38(3), 117–138. https://doi.org/10.16888/interd.2021.38.3.7

Satir, V. (1988). Nuevas relaciones humanas en el núcleo familiar. Editorial Pax México.

UNESCO. (2006). Hoja de ruta para la educación artística. Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

Vygotsky, L. S. (1979). El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Crítica.

Walsh, F. (2004). Resiliencia familiar: estrategias para su fortalecimiento. Amorrortu Editores.

Artículo Redalyc sobre cuidado y relaciones familiares.

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ANEXOS MATRIZ Y MAPAS CONCEPTUALES….

MATRIZ METODOLÓGICA DE SISTEMATIZACIÓN

Dayanna Katherinne Rave Ocampo Pregunta eje: ¿Cómo contribuyen los LENGUAJES EXPRESIVOS a que los niños, niñas y sus familias apropien el CUIDADO DE SÍ Y DEL OTRO desde la

DEMOCRATIZACIÓN DE LAS RELACIONES FAMILIARES?

Objetivo general: Reflexionar sobre los lenguajes expresivos que contribuyen a que los niños, niñas y sus familias apropien el cuidado de sí y del otro desde la democratización de las relaciones familiares.

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MAPAS CONCEPTUALES

Cita: Rave Ocampo, Dayanna Katherinne (2026), Colores que cuidan, palabras que abrazan: Los lenguajes expresivos apostándole al cuidado de sí y del otro, Universidad de Caldas, p. N. https://repositorio.ucaldas.edu.co/handle/ucaldas/27390