Fortaleciendo la forestería comunitaria: Participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en Bioeconomía en el Guaviare.
Strengthening Community Forestry: Active Social Participation of COOMAGUA in the Appropriation of Forest Management Projects Based on Bioeconomy in Guaviare.
Shallon Natalia Sanchez Quintero
Universidad Nacional de Colombia Sede Amazonia Leticia, Colombia
2026
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
Strengthening Community Forestry: Active Social Participation of COOMAGUA in the Appropriation of Forest Management Projects Based on Bioeconomy in Guaviare.
Shallon Natalia Sanchez Quintero
Tesis o trabajo de investigación presentada como requisito parcial para optar al título de: Magister en Estudios Amazónicos
Director:
Ph.D., en Economía German Ignacio Ochoa Zuluaga
Línea de Investigación:
SOSTENIBILIDAD, URBANIZACIÓN Y REGIÓN
Universidad Nacional de Colombia Sede Amazonia, Amazonia Leticia, Colombia
2026
IV Fortaleciendo la Forestería comunitaria: Participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en Bioeconomía en el Guaviare.
(Somos una selva tropical resiliente)
A Salvador, mi hijo, quien con su risa y su presencia me recuerda que la vida florece incluso en medio de la incertidumbre. Esta investigación también es tuya, porque en ella se siembran semillas de futuro.
A mis amigas, mujeres que han tejido con amor y firmeza los procesos de mi vida, llevando como bandera el cuidado, la compasión, la bondad, la empatía y el apoyo.
A la selva amazónica y, en especial, a la selva del Guaviare, por ser raíz, camino y horizonte. A mi tío Julio, cuya ausencia en estas tierras aún duele y cuya memoria me impulsa a persistir en la búsqueda de justicia y esperanza.
A mi familia, por su apoyo incondicional, porque nuestra historia también habita en esta investigación; nuestras luchas se honran en este camino. Y a todas las familias campesinas del Guaviare, que han transitado la violencia de este país y aún así apuestan por un mañana donde la selva y las comunidades caminen juntas.
Dedico estas páginas a la convicción de que la selva también es gente y se hace con la gente; que los seres humanos también somos selva: salvajes, biodiversos e interdependientes; con multiterritorialidades que solo pueden florecer en horizontalidad.
V
Agradecimientos Agradezco al territorio del Guaviare y a todos los seres que lo habitan: sus bosques, sus ríos y sus familias campesinas de COOMAGUA. A Martha y Flor Matilde, por sus galletas, risas y experiencias, y sobre todo por hacerme sentir en casa. A Anderson, Danilo, Zuly y su familia, por acogerme en sus hogares, escuchar mis historias y garantizar mi bienestar para poder llevar a cabo esta investigación. A Olmes, María de los Ángeles y sus hijos, por ser pioneros en la justicia ambiental. A Marlen y su familia, por los consejos y los chontaduros que salvaron los caminos de hambre y distancia. A Sandra Mahecha, por su valentía, fuerza y esperanza. A don Jaime y a Daniel Chitiva, por sus historias tan profundas y resilientes. A Daniel Bermúdez, por su constancia y participación en cada etapa del proyecto. A Hermides, por ese voto de confianza que hizo posible este ejercicio y me permitió llegar hasta este momento.
Al municipio de San José del Guaviare, inspiración y co-creador de este proyecto. Al equipo técnico del programa de forestería comunitaria de la FCDS, por sus preguntas que fueron más allá de lo laboral, por impulsarme a proponer esta investigación y por cada recorrido y aprendizaje compartido. A la FCDS, por abrirme las puertas al tejido de lo posible y ser puente y gestor de procesos. A mis amigos y amigas del Guaviare, por acogerme en sus casas y hacer de este lugar un hogar compartido, por ser mi familia amazónica. A ese grupo interdisciplinar que cree en la participación social como base de la investigación en la Amazonia, por hacer mi camino amable y enseñarme la vulnerabilidad, la historia y la apropiación intercultural.
A GEF Corazón de la Amazonia, ASOCAPRICHO, ASOPROCEGUA, ASOPROAGRO y Agroindustrias del Bosque Amazónico, por su apoyo en entrevistas, datos y experiencias que enriquecieron la triangulación de esta investigación. A la Universidad Nacional de Colombia, Ministerio de Ciencias y tecnología con su Beca bicentenario número 15. Especialmente UNAL Sede Amazonia y director de tesis, por ser mi hogar académico y fortalecer mi amor por la investigación intercultural y transdisciplinar.
Gracias infinitas a mi familia y a mis abuelos, por apoyarme en todas las formas posibles, inspirarme a ser constante, no rendirme y reconocerlos como mi red y sostén. A mis amigas del alma, por ser cómplices de aciertos y desaciertos, mi refugio y lugar seguro. A mis amigos forestales, por acompañar esta idea aun cuando sonaba descabellada e innovadora en nuestras áreas del conocimiento.
A mi pareja Fernando, por animarme a mirar el Guaviare con otros ojos, ser mi antropólogo de confianza, enseñarme a manejar moto en una semana y media y apostar juntos por otras formas de investigación y familia. Y en especial a Salvador Munay, por llegar a mi vida andino-amazónica, llenarla de colores, frutas, texturas y amor; gracias a tu existencia, porque esta investigación también es de tu coautoría.
VII
Resumen
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en Bioeconomía en el Guaviare.
Esta investigación analizó cómo se fortalece la forestería comunitaria en el Guaviare a partir de la participación activa campesina en el marco de la bioeconomía. El estudio se desarrolló entre 2024 y 2025 junto con los socios y socias de la cooperativa COOMAGUA, quienes se reconocieron y actuaron como protagonistas del proceso organizativo. Los objetivos específicos se centraron en: (i) identificar las percepciones campesinas sobre modelos de forestería comunitaria y su relación con alternativas económicas locales; (ii) mapear los actores estratégicos involucrados en el proceso y analizar sus niveles de interés, influencia y vínculos; y (iii) construir y analizar de manera participativa las cadenas de valor de seje (Oenocarpus bataua) y asaí (Euterpe precatoria).
Los resultados muestran que la forestería comunitaria no es un modelo acabado, sino un proceso híbrido donde conviven memorias de la coca, persistencia ganadera y nuevas apuestas por el bosque. La cooperativa COOMAGUA emerge como sujeto colectivo en construcción, atravesado por tensiones entre legalidad e identidad, autonomía y dependencia de la cooperación, transparencia interna y confianza comunitaria. El mapeo de actores evidenció un entramado complejo de relaciones entre campesinos, instituciones, ONG, aliados comerciales, actores socioecológicos y poderes no institucionales, que definen tanto posibilidades de bioeconomía como límites de gobernanza local.
El análisis de las cadenas de valor de seje y asaí permitió identificar potencialidades y cuellos de botella. Mientras el asaí ha logrado insertarse en nichos de mercado, enfrenta restricciones logísticas, sanitarias y de organización interna que limitan su escalamiento. El seje, aunque reconocido por sus aportes nutricionales, presenta un rezago comercial condicionado por baja diferenciación de mercado y dificultades para generar valor agregado local. En ambos casos, la sostenibilidad no depende solo de la disponibilidad ecológica del recurso, sino de la capacidad organizativa de COOMAGUA para coordinar actores, garantizar trazabilidad, diversificar productos y sostener acuerdos comunitarios.
Se concluye que la forestería comunitaria en el Guaviare solo será viable como bioeconomía situada y corresponsable, enraizada en las prácticas campesinas y acompañada de alianzas sólidas, políticas públicas sensibles y mecanismos de gobernanza que reconozcan al campesinado como actor político y territorial. Esta investigación aporta a la comprensión crítica de la forestería comunitaria como proceso organizativo y cultural, donde el bosque se consolida no solo como recurso económico, sino como horizonte de vida y dignidad.
Palabras clave: manejo forestal comunitario; sociobioeconomia; participación campesina; Amazonia; productos forestales no maderables.
VIII
Fortaleciendo la Forestería comunitaria: Participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en Bioeconomía en el Guaviare.
Abstract
Strengthening Community Forestry: Active Social Participation of COOMAGUA in the Appropriation of Forest Management Projects Based on Bioeconomy in Guaviare.
This research analyzed how community forestry is strengthened in Guaviare through active peasant participation within the framework of the bioeconomy. The study was conducted between 2024 and 2025 together with members of the COOMAGUA cooperative, who recognized themselves and acted as protagonists of the organizational process. The specific objectives were: (i) to identify peasant perceptions of community forestry models and their relation to local economic alternatives; (ii) to map the strategic actors involved in the process and analyze their levels of interest, influence, and links; and (iii) to jointly construct and analyze the value chains of seje (Oenocarpus bataua) and açaí (Euterpe precatoria).
The results show that community forestry is not a finished model but a hybrid process where memories of coca cultivation, cattle ranching practices, and new forest commitments coexist. COOMAGUA emerges as a collective actor in construction, marked by tensions between legality and identity, autonomy and dependence on external cooperation, internal transparency and community trust. The actor mapping revealed a complex network of relationships among peasants, institutions, NGOs, commercial partners, socio-ecological systems, and non-institutional powers, which shape both bioeconomic opportunities and limits to local governance.
The value chain analysis of seje and açaí identified both opportunities and bottlenecks. While açaí has gained access to niche markets, it faces logistical, sanitary, and organizational constraints that hinder its scaling. Seje, despite its recognized nutritional value, shows significant commercial lag due to low market differentiation and difficulties in generating local added value. In both cases, sustainability depends not only on the ecological availability of the resource but also on COOMAGUA’s organizational capacity to coordinate actors, ensure traceability, diversify products, and sustain community agreements.
It is concluded that community forestry in Guaviare will only be viable as a situated and co-responsible bioeconomy, rooted in peasant practices and supported by strong alliances, sensitive public policies, and governance mechanisms that acknowledge peasant communities as political and territorial actors. This research contributes to a critical understanding of community forestry as an organizational and cultural process, where the forest is consolidated not only as an economic resource but also as a horizon of life and dignity.
Keywords: community-based forest management; socio-bioeconomy; peasant participation; Amazon; non-timber forest products.
Contenido
1
Introducción ....................................................................................................................... 14
2
Marco teórico ..................................................................................................................... 22
2.1
Gobernanza forestal y manejo comunitario: disputas y aprendizajes en la Amazonía ........... 22
2.2
Economía solidaria y bioeconomía social: horizontes para la forestería comunitaria............. 23
2.3
Metodologías participativas: co-producción de conocimiento y enfoques cualitativos. ......... 25
2.4
Identidad campesina y territorialidad: disputas y resignificaciones en el Guaviare ................. 26
2.5
Coca, colonización y posconflicto: la construcción de paz en la Amazonía campesina ......... 27
2.6
Aprovechamiento de PFNM y cadenas de valor: retos y aprendizajes en la Amazonía colombiana: ....................................................................................................................................................... 28
3
Enfoque y proceso metodológico ...................................................................................... 30
3.1
Área de estudio ................................................................................................................................... 30
3.2
Fundamentos metodológicos ........................................................................................................... 31
3.3
Fases metodológicas del proceso investigativo ............................................................................. 33
4
Habitar el bosque desde lo campesino: aprendizajes, tensiones y esperanzas de la forestería comunitaria ................................................................................................................ 39
4.1
COOMAGUA: La esperanza de reaprender a caminar el bosque ............................................. 40
4.2
Cooperativa: la palabra que nos incluye ......................................................................................... 44
4.3
Campesinos: nuestro sentido ........................................................................................................... 50
4.4
Finca: apropiación territorial campesina ......................................................................................... 54
4.5
Selva: “La selva no se siembra, se hereda: tensiones entre destrucción, cuidado y esperanza”
58
4.6
Trabajar con coca: “Lo que dio de comer: memorias campesinas del trabajo con coca” ...... 61
4.7
Puentes, fronteras y autonomía: Fundaciones, ONGs y Proyectos en COOMAGUA ......... 65
4.8
Ganadería: entre tradición, sustento y transformación en el Guaviare ..................................... 69
4.9
De las semillas a las galletas: diversificación comunitaria en torno a los viveros y Las Caprichosas ....................................................................................................................................................... 72
5
Entre aliados, influencias y tensiones: el mapeo de la cadena de valor en el manejo forestal comunitario del Guaviare ............................................................................................. 77
5.1
Estructura para el mapeo de actores y su involucramiento en la cadena de valor: .................. 77
5.2
Identificación de actores ................................................................................................................... 79
5.3
Diversidad de actores ........................................................................................................................ 85
5.4
Involucramiento de los actores ........................................................................................................ 86
5.5
Grado de interés de los actores ........................................................................................................ 89
5.6
Grado de influencia de los actores en la forestería comunitaria y COOMAGUA .................. 91
5.7
Vínculo entre actores en la forestería comunitaria y COOMAGUA ........................................ 93
6
Más allá del fruto: aprendizajes y desafíos en la construcción colaborativa de cadenas de valor amazónicas ...................................................................................................................... 100
6.1
Enfoque diferencial: participación activa y dimensión organizativa: ....................................... 101
6.2
Justificación metodológica: ............................................................................................................. 102
6.3
Enfoque metodológico para la construcción de la cadena de valor: ....................................... 103
6.4
Segmentos funcionales de la cadena de valor de seje y asaí. ..................................................... 104
6.5
Asociación de actores por segmento y análisis de las relaciones: ............................................. 113
6.6
Cuellos de botella, limitaciones y oportunidades estratégicas en la cadena de valor: ............ 117
X Fortaleciendo la Forestería comunitaria: Participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en Bioeconomía en el Guaviare.
6.7
Análisis de participación activa y apropiación comunitaria: ..................................................... 124
7
Conclusiones y reflexiones finales ....................................................................................126
8
Bibliografía ........................................................................................................................134
Contenido XI
Lista de Tablas Pág.
Tabla 5-1: Diversidad de actores identificados en el mapeo de la forestería comunitaria en el Guaviare
................................................................................................................................................................................. 86
Tabla 5-2: Área sectorial de interés o influencia de los actores identificados ........................................... 87 Tabla 5-3: Sistemas socioecológicos de interés o influencia de los actores ............................................... 88 Tabla 5-4: Grado de interés de los actores en la forestería comunitaria y COOMAGUA ..................... 90 Tabla 5-5: Grado de influencia de los actores en la forestería comunitaria y COOMAGUA ............... 91 Tabla 5-6: criterios para esta clasificación del vinculo entre actores identificados en la forestería comunitaria y COOMAGUA. ............................................................................................................................ 94 Tabla 5-7: Vínculo entre actores en la forestería comunitaria y COOMAGUA ...................................... 95 Tabla 6-8: Topes de producción anuales en toneladas de seje y asaí según los documentos técnicos aprobados por CDA .......................................................................................................................................... 105 Tabla 6-9: Costos de por kilo (kg) en pesos colombianos (COP) de fruta fresca cosechada de asaí y seje
(2024, 2025). ........................................................................................................................................................ 106
Tabla 6-10: Costos en pesos colombianos (COP) proyectados para 500 kilogramos de fruta fresca de seje y 633 kilogramos de fruta fresca asaí. ...................................................................................................... 109 Tabla 6-11: Costos de cosecha sin utilidad, costos de cosecha con utilidad y costos de transformación por kilogramo y litro de producto final de asaí (pulpa) y seje (pulpa y aceite). ........................................ 110 Tabla 6-12: Costo por unidad de empaque y etiqueta de los productos derivados de los frutos de asaí y seje. ....................................................................................................................................................................... 111 Tabla 6-13: Costos de producción, costos de comercialización, y venta en pesos colombianos (COP) por kilogramo (Kg) de pulpa, mililitros (ml) y litro de aceite de los productos de asaí y seje. ............... 113 Tabla 6-14: Actores indirectos en la cadena de valor de asaí y seje en COOMAGUA ......................... 116 Tabla 6-15: Cuellos de botella en la cadena de valor de asaí y seje de COOMAGUA. ......................... 122
XII
Fortaleciendo la Forestería comunitaria: Participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en Bioeconomía en el Guaviare.
Lista de Figuras Figura 5-1: Mapeo de la red de relaciones que rodea a COOMAGUA..................................................... 96 Figura 6-2: Diagrama de procesos en transformación de fruta fresca de asaí y seje en pulpa y aceite.
............................................................................................................................................................................... 108
Figura 6-3: Mapeo de cadena de valor de seje y asaí de COOMAGUA, incluyendo actores claves, links y cuellos de botella. ............................................................................................................................................ 118
Lista de Gráficos Gráfica 5-1: Involucramiento de los actores en áreas sectoriales y sistemas socioecológicos. ............... 89 Gráfica 5-2: distribución de los actores según su grado de interés y de influencia en la forestería comunitaria y COOMAGUA. ........................................................................................................................... 93
Lista de Imágenes Imagen 1-1: Finalización del curso de Economía solidaria dirigido por la Universidad EAN – FCDS (requisito necesario para la creación y ser parte de la cooperativa), 2022. .................................................. 19 Imagen 1-2: Participación en la retroalimentación de avances, logros en el inventario forestal de PFNM y actividades a realizar para el 2022 por parte de los productores de ASOCAPRICHO, GEF Corazón de la Amazonía y FCDS. ..................................................................................................................................... 21 Imagen 3-3: Foto de la asamblea general de COOMAGUA en el establecimiento Las Caprichosas 21 de enero de 2024. ................................................................................................................................................. 34 Imagen 3-4: Entrevistas a socios y socias activos de COOMAGUA en sus fincas. ............................... 35 Imagen 3-5: Reunión de COOMAGUA con FCDS para definir pilotajes de cosecha 2024 ................ 35 Imagen 3-6: Pilotaje de cosecha de seje con COOMAGUA en 2024 ....................................................... 36 Imagen 3-7: Venta de aceite y jugo de seje en la feria Nuestra Tierra, San José del Guaviare 2024 .... 37
Contenido
XIII
Lista de Mapas Mapa 1-1: Superficie deforestada en Colombia, año 2024 según el reporte de Monitoreo de la superficie de bosque y la deforestación en Colombia. ...................................................................................................... 14 Mapa 3-2: Estado legal del territorio en la unidad de manejo forestal de la cooperativa multiactiva Familias de Chiribiquete COOMAGUA (derecha). Ubicación de los predios productivos en el bosque natural en la unidad de manejo forestal de COOMAGUA (izquierda). ...................................................... 31
Glosario de siglas y abreviaturas ADR – Agencia de Desarrollo Rural ASL – Amazon Sustainable Landscapes (Paisajes Sostenibles de la Amazonía) ASOCAPRICHO – Asociación de Juntas de Acción Comunal del Corregimiento El Capricho ASOFAPROCAGUA – Asociación de Familias Productoras Campesinas del Guaviare ASOPROAGRO – Asociación de Productores Agropecuarios del Guaviare ASOPROCEGUA – Asociación de Productores Campesinos del Guaviare CDA – Corporación para el Desarrollo Sostenible del Norte y Oriente Amazónico COOMAGUA – Cooperativa Multiactiva Familias de Chiribiquete CONPES – Consejo Nacional de Política Económica y Social EAN – Universidad EAN FAO – Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura FCDS – Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible GEF – Global Environment Facility (Fondo para el Medio Ambiente Mundial) ICA – Instituto Colombiano Agropecuario INVIMA – Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos JAC – Junta de Acción Comunal ONG – Organización no gubernamental ONF Andina – Oficina Nacional Forestal Andina PFNM – Productos Forestales No Maderables PNN – Parques Nacionales Naturales de Colombia SENA – Servicio Nacional de Aprendizaje SINCHI – Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas “SINCHI” SIAL – Sistemas Agroalimentarios Localizados WWF – World Wide Fund for Nature (Fondo Mundial para la Naturaleza)
1 Introducción
La Amazonía colombiana constituye cerca de 38,8 millones de hectáreas de bosque natural, es decir un 85% del territorio amazónico posee cobertura forestal. Sin embargo, es considerado uno de los núcleos con mayor número de alertas de deforestación en el país. A partir de los reportes más recientes del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), en 2024 la deforestación nacional alcanzó 113.608 hectáreas, lo que representó una reducción del 34% respecto al año 2021 (174.103 hectáreas). De esta cifra, aproximadamente el 68% se concentró en la Amazonía (Mapa 1-1), equivalente a más de 75.000 hectáreas, reportados principalmente en el arco amazónico: Caquetá (25.263 hectáreas deforestadas), Meta (27.107 hectáreas), Guaviare (16.908 hectáreas) y Putumayo (5.443 hectáreas) (IDEAM, 2025). A pesar de este aumento, el Ministerio de Ambiente destacó que la cifra se mantiene como la segunda más baja en más de dos décadas. No obstante, de los 18 núcleos activos identificados, 13 se ubican en la Amazonía, lo que reafirma la magnitud del desafío territorial en esta región estratégica para la regulación climática y la conservación de biodiversidad (IDEAM, 2025).
Mapa 1-1: Superficie deforestada en Colombia, año 2024 según el reporte de Monitoreo de la superficie de bosque y la deforestación en Colombia.
Fuente: Tomado de IDEAM (2025).
Introducción
15
La firma del Acuerdo Final de Paz entre el Gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ejército del Pueblo (FARC-EP) celebrada en 2016 transformó radicalmente la configuración ambiental y política de estas áreas. Durante el primer año posterior al acuerdo, la deforestación en la Amazonía aumentó un 44%, en gran medida como consecuencia del vacío de poder estatal y la reconfiguración de economías ilegales en territorios antes bajo control insurgente (Cano, 2023) . La ausencia de regulación efectiva del Estado facilitó la expansión de actividades como la ganadería extensiva, la apropiación irregular de baldíos, la apertura de vías ilegales y la siembra de cultivos de uso ilícito, todos ellos motores de deforestación en la región
(INFOAMAZONIA, 2018).
Los efectos acumulados han colocado al Guaviare entre los departamentos más afectados por la pérdida de bosque, condición que lo hace vulnerable a las decisiones políticas del gobierno nacional en turno. Esta vulnerabilidad compromete la gobernanza forestal, los derechos territoriales de las comunidades campesinas y la implementación de estrategias sostenibles de manejo (Rodriguez, 2022). La persistencia de actores armados no estatales y redes criminales vinculadas al acaparamiento de tierras o la tala ilegal ha profundizado esta problemática, debilitando las posibilidades de control ambiental y de desarrollo rural sostenible (Grattan, 2024). Así, la deforestación posacuerdo no solo evidencia la fragilidad institucional del Estado, sino que también subraya la urgencia de replantear los modelos de desarrollo y de gestión de los bosques en la Amazonía colombiana, donde se entrecruzan tensiones sociales, económicas y ecológicas que requieren respuestas integrales y sostenibles.
En este escenario de crisis de gobernanza y expansión de economías ilegales tras el Acuerdo de Paz, se hizo evidente la necesidad de fortalecer alternativas comunitarias que ofrecieran ingresos legítimos y garantizaran la conservación del bosque. Fue en este contexto donde el manejo forestal comunitario y el aprovechamiento sostenible de productos no maderables empezaron a ser reconocidos como estrategias clave para contener la deforestación y reconstruir la gobernanza territorial (Yepes et al., 2020). Por lo anterior, el gobierno nacional ha venido planteando estrategias de conservación forestal enfocadas a resolver las presiones que fomentan la deforestación.
El manejo forestal sostenible (MFS) ha evolucionado como una estrategia que busca armonizar la conservación de los bosques con el bienestar de las comunidades que dependen de ellos. Desde una perspectiva contemporánea, el MFS integra dimensiones ambientales, económicas y sociales, apuntando no solo a conservar la cobertura forestal, sino también a generar alternativas de desarrollo rural compatibles con la sostenibilidad (Yepes et al., 2020
En Colombia, este enfoque se materializa en la política de forestería comunitaria, impulsada por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, con apoyo de la FAO y la Unión Europea. Esta política reconoce el papel central de las comunidades en el uso sostenible de los bosques y promueve el fortalecimiento de su capital social, la diversificación económica y el acceso a mercados diferenciados (Yepes et al., 2019) Actualmente, existen 48 núcleos de manejo forestal comunitario distribuidos en diferentes regiones del país, con una cobertura aproximada de 35.000 hectáreas bajo esquemas comunitarios de gestión forestal, en departamentos como Guaviare, Caquetá y Putumayo (Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, 2020)
El Plan Integral de Contención de la Deforestación 2023 – 2026 ha ratificado el papel de la forestería comunitaria como herramienta estratégica para enfrentar la pérdida de bosque. Dentro de sus metas, se establece el fortalecimiento de estos núcleos mediante asistencia técnica, financiamiento y acompañamiento institucional, con el fin de consolidar modelos de gobernanza local que garanticen tanto la conservación como el bienestar comunitario (Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible,
2023).
Fortaleciendo la Forestería comunitaria: Participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en Bioeconomía en el Guaviare.
En el plano regional, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la FAO han insistido en que el futuro del manejo forestal en la región debe articularse con la bioeconomía, entendida como un modelo productivo basado en el aprovechamiento sostenible de la biodiversidad y el conocimiento tradicional, con potencial para generar empleo y reducir desigualdades rurales (Rodriguez G, 2017). En Colombia, esta perspectiva fue incorporada a través de la Misión de Bioeconomía del Departamento Nacional de Planeación (DNP), que proyecta que hacia 2030 al menos el 10 % del PIB nacional se derive de actividades bioeconómicas, especialmente en territorios amazónicos y andinos (Departamento Nacional de Planeación, 2020).
Experiencias latinoamericanas evidencian el potencial de integrar bioeconomía y forestería comunitaria. En Guatemala, las empresas forestales comunitarias de Petén han logrado gestionar concesiones en la Reserva de la Biosfera Maya bajo esquemas certificados que combinan aprovechamiento sostenible, diversificación de productos y participación activa de cooperativas campesinas (Stoian, Rodas, & Donovan, 2006). En Brasil, el desarrollo de cadenas de valor de frutos amazónicos como el açaí/asaí (Euterpe oleracea) y la juçara (Euterpe edulis) ha mostrado que el fortalecimiento organizativo de comunidades locales permite competir en mercados especializados sin sacrificar la integridad de los ecosistema (Dias et al., 2015).
De esta manera, tanto a nivel nacional como regional, el manejo forestal sostenible y la bioeconomía se perfilan como apuestas estructurales para enfrentar la deforestación y transformar las economías rurales. Para comprender estos desafíos en el Guaviare, resulta indispensable situarlos en la trayectoria histórica de la Amazonía colombiana, marcada por procesos de colonización y explotación que desde finales del siglo XIX transformaron sus bosques y comunidades.
Durante la fiebre del caucho (1879–1912), comenzó una colonización forzada y violenta que transformó la vida de los pueblos indígenas e impulsando lo que serían los primeros frentes de explotación extractiva en la selva. Esta etapa marcó el inicio del circuito de la Amazonía al mercado global a través de recursos forestales, dejando profundas huellas socioecologicas (Dominguez, 2005). Los pueblos indígenas no solo padecieron la violencia directa de este ciclo extractivo, sino que también se vieron insertados en sistemas de endeude y trabajo forzado que alteraron sus economías tradicionales y provocaron una profunda descomposición social (Dominguez, Gonzales, & Vanegas, 1991)
En el caso del Guaviare, la colonización se intensificó a mediados del siglo XX como parte de los procesos de expansión de la frontera agrícola en el país. La región, antes adscrita a la Comisaría del Vaupés, fue escenario de oleadas de migración campesina provenientes de los Llanos Orientales, el Tolima, Huila y Boyacá. Dichos movimientos estuvieron motivados por la búsqueda de tierras disponibles, la violencia bipartidista de mediados del siglo XX y, posteriormente, por la economía de la coca que se consolidó en los años ochenta (Molano, 1987), (Dominguez, Gonzales, & Vanegas, 1991) (Fajardo Londoño, 2020).
El relato de Alfredo Molano en Selva adentro: Una historia oral de la colonización del Guaviare (1987) es fundamental para comprender este proceso. A través de testimonios campesinos, Molano reconstruye cómo el poblamiento se dio en condiciones de precariedad y ausencia del Estado, con luchas por la tierra marcadas por la ley del más fuerte. La colonización no fue planificada ni acompañada institucionalmente, sino más bien resultado de la ocupación espontánea y conflictiva de los territorios, lo que generó dinámicas de apropiación individual del bosque y debilitó las formas comunitarias de organización.
En las décadas siguientes, el Guaviare se consolidó como un territorio de frontera donde confluyeron múltiples dinámicas: la expansión de la ganadería extensiva, el establecimiento de cultivos de coca como principal fuente de ingresos rurales y una urbanización acelerada que careció de planificación adecuada. De hecho, entre 1973 y 2005 la población urbana en el departamento creció a una tasa anual del 14,4 %,
Introducción
17
la más alta registrada en la Amazonía colombiana, según lo documenta Arcila, (2010). Este crecimiento abrupto estuvo ligado tanto al desplazamiento forzado como a la atracción ejercida por las economías ilícitas, consolidando núcleos urbanos desordenados y sin infraestructura básica.
En suma, la historia del Guaviare está atravesada por la colonización campesina y la desestructuración de los pueblos indígenas, quienes enfrentaron la pérdida de sus territorios y la erosión de sus formas tradicionales de vida. El bosque amazónico se fragmentó, las comunidades campesinas enfrentaron condiciones de alta vulnerabilidad y el Estado mantuvo una presencia institucional débil, limitada en muchos casos al control militar. Estas trayectorias convergen en un territorio marcado por la fragmentación social y ecológica, lo que hace aún más urgente la construcción de alternativas como la forestería comunitaria y la bioeconomía, capaces de reconciliar el manejo del bosque con las demandas de quienes lo habitan.
El departamento del Guaviare ha comenzado a estructurar una política forestal de largo plazo, reconociendo que la sostenibilidad territorial depende de articular conocimiento, ordenación y manejo comunitario de los bosques. El Plan de Desarrollo Forestal Departamental (2022), en su Eje Estratégico 2: Conocimiento, ordenación y manejo sostenible de bosques naturales, plantea diecisiete proyectos orientados a caracterizar la biodiversidad, la dinámica sucesional, el impacto del aprovechamiento maderable y no maderable, y las posibilidades de regeneración y domesticación de especies nativas (Guaviare, 2022).
Dentro de este eje, el Subprograma 3: Aprovechamiento de Bosques Naturales – Forestería Comunitaria ocupa un lugar central al proponer la creación de núcleos de desarrollo forestal comunitarios, el fomento de la asociatividad campesina y la generación de empresas locales con inserción directa en la cadena forestal. Asimismo, impulsa el aprovechamiento sostenible de productos forestales no maderables del bosque (PFNM), la implementación de técnicas silviculturales y protocolos de manejo diversificado, constituyéndose en la base institucional para fortalecer modelos de bioeconomía rural.
La relevancia de los PFNM ha sido ampliamente destacada en la literatura y en los diagnósticos sectoriales recientes. El Marco Conceptual, Herramientas Metodológicas e Insumos Cualitativos para La Planificación e Implementación del Manejo Forestal Sostenible. Caso de Estudio El Capricho, San José del Guaviare-Guaviare (Barrera Garcia, Giraldo Benavides, & Castro Rodriguez, 2020) muestra que la participación de estos productos en la producción forestal colombiana aumentó del 17,8 % en 2012 al 26,9 % en 2017, lo cual evidencia una transición hacia formas de uso más sostenibles y con mayor capacidad de generar ingresos comunitarios sin deforestación. Este enfoque resalta que los PFNM no solo aportan valor económico, sino que también visibilizan las externalidades positivas del bosque, en tanto garantizan servicios ecosistémicos y cohesionan procesos sociales en las comunidades locales.
En la misma línea, la Estrategia sectorial de la cadena de productos no maderables del bosque en Guaviare, con enfoque agroambiental y cero deforestación (Garcia, y otros, 2018) planteó metas hacia 2030 para consolidar cadenas de valor de especies amazónicas como el asaí (Euterpe precatoria), el seje (Oenocarpus bataua) y la canangucha (Mauritia flexuosa). Su propuesta busca aprovechar de manera sostenible entre 5.000 y 10.000 hectáreas de bosque natural bajo un modelo de “cero deforestación”, asegurando la participación activa de asociaciones campesinas e indígenas. El énfasis está en que la recolección de estos frutos, realizada sin talar el bosque, no solo contribuye a conservarlo, sino que ofrece alternativas económicas frente al modelo histórico de colonización, basado en la ganadería y los cultivos de uso ilícito.
Es así como el informe: avances de las salvaguardas ambientales y sociales identificadas en la Planeación Operativa para la implementación de los acuerdos de conservación, restauración y no deforestación, en el departamento de Guaviare – Corporación para el desarrollo sostenible del Norte y el Oriente Amazónico (CDA y GEF Corazón de la Amazonia, 2018) ha documentado la disposición de las familias
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campesinas del corregimiento de El Capricho (ASOCAPRICHO) para poner en marcha de estas agendas y traducirlas en acciones concretas de conservación.
Desde 2018, ASOCAPRICHO reúne a siete veredas del municipio de San José del Guaviare (Chuapal, Caño Nilo, Manaviri, Caño pescado, Tortuga, Caño Lajas y Paraiso) que han suscrito acuerdos voluntarios de conservación, implementado viveros comunitarios, promovido sistemas agroforestales y establecido compromisos colectivos de “cero deforestación” en áreas estratégicas de conectividad entre la Serranía de La Macarena y el Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete. Con el acompañamiento de instituciones como el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (SINCHI), la CDA, la Fundación para la Conservación y Desarrollo Sostenible (FCDS) y programas aliados al Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible como GEF Corazón de la Amazonía, este plan busca estabilizar la frontera agrícola y mejorar las condiciones de vida campesinas mediante el manejo forestal sostenible (CDA y GEF Corazón de la Amazonia, 2018).
La convergencia entre estos instrumentos revela una apuesta multiescalar. El Plan de Desarrollo Forestal Departamental define las directrices técnicas y de política pública; la Estrategia PFNM Guaviare prioriza especies y cadenas productivas con potencial de bioeconomía; junto con el Marco conceptual, herramientas metodológicas e insumos cualitativos para la Planificación e implementación del manejo forestal sostenible y los avances de las salvaguardas ambientales y sociales identificadas para CDA encarnan la acción política e institucional que involucra al campesinado en busca de materializar estos lineamientos en el territorio.
No obstante, estas políticas y estrategias no tendrían viabilidad sin la participación activa de las comunidades rurales. Diversos estudios señalan que los proyectos de forestería comunitaria solo logran incidencia cuando las comunidades campesinas son reconocidas como actores con agencia, capaces de tomar decisiones sobre el uso de los recursos, influir en el diseño de proyectos y ejercer control social sobre su implementación (CEPAL, FAO, & IICA, 2019). La inclusión de campesinos en espacios de planificación y en cadenas de valor fortalece el capital social, legitima las políticas públicas y genera aprendizajes colectivos que trascienden la dimensión económica.
En este sentido, la forestería comunitaria se convierte en un escenario donde confluyen múltiples actores: Estado, cooperación internacional, organizaciones sociales. Donde la legitimidad recae en la apropiación social de las familias que habitan los territorios. Para llevar a cabo el programa de forestería comunitaria en Guaviare, el SINCHI, GEF Corazón de la Amazonia y FCDS apoyaron el diagnóstico de especies potenciales de PFNM e inventario forestal en las veredas de ASOCAPRICHO desde el año 2018 hasta 2022, seguido de la participación en el curso de economía solidaria dirigido por la Universidad EAN – FCDS como requisito necesario para la creación de la cooperativa (Imagen 1-1). Con el fin de establecer la oferta natural de los bosques en pie y formalizar su aprovechamiento sostenible con el acompañamiento y aprobación de CDA (FCDS, 2023). De esta manera, el Guaviare se gesta hacia un modelo de forestería comunitaria y bioeconomía amazónica, donde la conservación se articula con la generación de ingresos y promueve la gobernanza local.
Introducción
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Imagen 1-1: Finalización del curso de Economía solidaria dirigido por la Universidad EAN – FCDS (requisito necesario para la creación y ser parte de la cooperativa), 2022.
Fuente: COOMAGUA, 2022.
Un resultado de estos esfuerzos fue la creación de la cooperativa multiactiva familias del Chiribiquete (COOMAGUA) inscrita en 2022, cuyo objetivo es desarrollar negocios asociados al bosque, ejecutando los permisos y autorizaciones de aprovechamiento forestal ya avalados. Ante este panorama de políticas e iniciativas, surge la pregunta central de esta tesis: ¿Cómo contribuir al fortalecimiento en la participación activa de las familias campesinas del Guaviare (COOMAGUA) en la forestería comunitaria y en la bioeconomía amazónica?
El propósito central de esta investigación fue la comprensión y potenciación de la participación social activa de la Cooperativa Multiactiva Familias de Chiribiquete (COOMAGUA) en la apropiación de proyectos basados en bioeconomía. En coherencia con este propósito, se desarrollaron tres objetivos específicos: identificar las percepciones de los socios y socias de COOMAGUA sobre los modelos de forestería comunitaria, analizando cómo los conciben y de qué manera se relacionan con sus economías actuales, entre ellas la ganadería, los sistemas agroforestales y los productos forestales no maderables. El segundo objetivo fue: comprender la relación e incidencia de los actores estratégicos vinculados a COOMAGUA en el manejo forestal comunitario, mediante un análisis de sus niveles de interés, influencia y los vínculos que configuran la gobernanza local y regional. Por último, el tercer objetivo analizó la dinámica y estructura de la cadena de valor construida participativamente de productos forestales no maderables, en este caso el asaí y seje, como base para fortalecer la apropiación de proyectos de forestería comunitaria y potenciar la capacidad organizativa de la cooperativa.
La apuesta consiste en demostrar que la sostenibilidad de los bosques amazónicos no depende únicamente de criterios técnicos de conservación o productividad económica, sino también de procesos sociales y organizativos que reconozcan a las familias campesinas como actores con agencia y capacidad de decisión. Para abordarla se diseñó una metodología participativa y situada, descrita a continuación:
Está investigación se desarrolló partiendo de la premisa de que los procesos de forestería comunitaria adquieren sentido cuando se construyen desde las voces y experiencias de quienes habitan y trabajan el bosque. Este enfoque reconoce que el conocimiento no se produce únicamente en los espacios académicos, sino también en la vida cotidiana campesina, donde se entrelazan prácticas productivas,
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relaciones sociales y memorias territoriales. En esa dirección, diversos autores sostienen que la construcción colectiva de conocimiento integra dimensiones cognitivas, prácticas e identitarias, reconociendo la subjetividad de los actores como parte constitutiva del proceso (Greenwood & Levin, 2007; Garcia Umba, 2022).
Fortmann, (2007) subraya que los enfoques participativos en contextos ecológicos y agroforestales ofrecen herramientas para abordar desafíos socioecológicos complejos, como la justicia ambiental, la equidad social y el reconocimiento de los saberes locales. Desde esta perspectiva, la investigación buscó ser más que una recopilación de datos: un ejercicio de diálogo y aprendizaje compartido con COOMAGUA, en el que cada fase metodológica se orientó a sus necesidades y aspiraciones colectivas.
En coherencia, el objetivo 1, centrado en identificar las percepciones de COOMAGUA sobre la forestería comunitaria y su relación con alternativas económicas, se abordó mediante entrevistas en finca, talleres y ejercicios colectivos, participación en espacios como observadora participante, favoreciendo la confianza y la conversación situada en la cotidianidad campesina. Como investigadora, mi presencia en las fincas me permitió comprender que las percepciones sobre la forestería comunitaria no se expresan únicamente en los discursos formales, sino en la cotidianidad campesina, donde se entrelazan prácticas, emociones y memorias del bosque. Estas entrevistas y conversaciones fueron transcritas y codificadas con base en los principios de la teoría fundamentada (Glaser & Strauss, 1967); (Strauss & Corbin, 1998), utilizando el software Atlas.ti para organizar las categorías emergentes y construir redes de coocurrencias a partir de criterios de densidad, enraizamiento y significados compartidos.
El objetivo 2, orientado a comprender la relación e incidencia de actores estratégicos en el manejo forestal comunitario, se desarrolló principalmente en el taller participativo de línea de tiempo complementado con: reuniones con aliados estratégicos, espacios autónomos y pilotos de trabajo. Sistematizado a partir del mapeo de actores siguiendo la propuesta de Reed (2008) adaptada por Mardones Rivera (2017). Esta metodología permitió clasificar a los actores según tipo de organización, escala geográfica, área sectorial de interés y sistemas socioecológicos, evaluando además sus niveles de interés e influencia en relación con COOMAGUA. En este taller reconstruimos junto con los socios y socias de COOMAGUA la memoria del proceso organizativo, reconociendo los hitos que han marcado su trayectoria y las tensiones que aún atraviesan la cooperativa. Los resultados se plasmaron en matrices que facilitaron la identificación de actores protagonistas, colaboradores, influyentes y observadores, lo que a su vez alimentó la reflexión colectiva sobre alianzas y gobernanza.
Finalmente, el objetivo 3, dirigido a la construcción participativa de la cadena de valor de los productos forestales no maderables, combinó información empírica de los pilotajes productivos con referentes teóricos e información secundaria sobre cadenas de valor. Por un lado, se retomaron experiencias comunitarias y discusiones colectivas con los socios de COOMAGUA; por otro, se adaptaron las propuestas de Gereffi, Humphrey, & Sturgeon (2005) y Escobedo Aguilar, Chaves Jaen, & Navarro (2018) quienes plantean un enfoque integral para identificar segmentos funcionales, vínculos de coordinación y mecanismos de gobernanza. Esta metodología permitió mapear, analizar y estructurar los procesos desde la recolección en bosque hasta la comercialización, incorporando tanto datos cuantitativos de costos y márgenes como las tensiones organizativas y sociales que atraviesan la experiencia de COOMAGUA.
En coherencia con este enfoque, la escritura de la tesis combina distintas voces narrativas. La primera persona singular aparece en los apartados donde se retoman mis notas de campo y experiencias situadas como investigadora, reconociendo que mi subjetividad también constituye una herramienta de análisis y comprensión (Clifford & Marcus, 1986; Scheper-Hughes, 1995). La primera persona plural se emplea para reflejar los espacios colectivos de diálogo, construcción y decisión compartidos con los socios y socias de COOMAGUA, en línea con la tradición de la investigación-acción participativa (Greenwood & Levin, 2007; Borda, Cómo investigar la realidad par transformarla, 2009; Barragan & Torres, 2017).
Introducción
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Finalmente, la tercera persona se utiliza para presentar los análisis y resultados de manera académica, asegurando el rigor metodológico y la validez de los hallazgos. Esta pluralidad de voces no constituye una debilidad, sino una estrategia de transparencia y coherencia con la naturaleza participativa del proceso, en la que coexisten la experiencia personal, la construcción colectiva y el análisis científico.
Más allá de los marcos conceptuales y metodológicos, este trabajo es también el resultado de un proceso compartido con COOMAGUA (Imagen 1-2), en el que me involucré como profesional, investigadora y colega de las familias campesinas. En este camino, no solo recolecté información, sino que compartí aprendizajes y preocupaciones con los socios y socias de la cooperativa, construyendo junto a ellos y ellas las preguntas y respuestas que dan forma a esta tesis.
La escritura de esta tesis se sustenta en un compromiso doble: por un lado, aportar una aproximación al debate académico sobre bioeconomía y forestería comunitaria amazónica; y por otro, generar un conocimiento situado que sea útil y significativo para la cooperativa en su proceso social empresarial. En ese sentido, la investigación no se limita a describir un caso de estudio, sino que se gesta como una herramienta para la acción organizativa, orientada a nutrir los aprendizajes y proyectar el lugar de COOMAGUA en el futuro de la bioeconomía amazónica, donde el bosque deje de ser frontera de colonización y se consolide como espacio de vida, sustento y resiliencia.
Imagen 1-2: Participación en la retroalimentación de avances, logros en el inventario forestal de PFNM y actividades a realizar para el 2022 por parte de los productores de ASOCAPRICHO, GEF Corazón de la Amazonía y FCDS.
Fuente: Equipo técnico de FCDS, 2022
2 Marco teórico
2.1 Gobernanza forestal y manejo comunitario: disputas y
aprendizajes en la Amazonía La gestión de los recursos forestales en América Latina ha estado marcada por una tensión permanente entre visiones globales de sostenibilidad y las prácticas locales de uso y conservación. Desde una perspectiva institucional, el Manejo Forestal Sostenible (MFS) se ha impulsado como estrategia para cumplir compromisos internacionales como los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el Convenio sobre Diversidad Biológica y los planes nacionales de acción REDD+ (Santos L. Y., 2018). Sin embargo, diversos autores advierten que estos marcos globales, aunque relevantes, tienden a invisibilizar la complejidad social y política de los territorios donde se implementan (Bray, 2010).
En este contexto, el manejo forestal comunitario (MFC) surge como una propuesta que busca reducir la brecha entre los bosques y la gente. Entendido como una sinergia entre políticas públicas, procesos sociales e instituciones locales, el MFC pretende fortalecer la gobernanza territorial y garantizar tanto el bienestar de las comunidades como la conservación de los ecosistemas (Sabogal, de Jong, Pokorny, & Louman, 2008; Gilmour, 2016; Santos L. Y., 2018). La experiencia internacional muestra que, en países como México, Nepal o India, el MFC ha permitido reconocer a las comunidades como protagonistas de la gestión forestal, desarrollando modelos de gobernanza colaborativa que trascienden el papel instrumental de “beneficiarios” (Petheram, Stephen, & Gilmour, 2004; Cossio, Menton, Cronkleton, & Larson , 2014).
La noción de gobernanza forestal resulta clave para entender estas experiencias. Desde los aportes de Ostrom, (1990) sobre los bienes comunes, hasta los estudios de Cronkleton, Pulhin, & Saigal (2012), se ha demostrado que los sistemas comunitarios pueden gestionar de manera más efectiva los recursos cuando existen reglas claras, legitimidad social y mecanismos de rendición de cuentas. Sin embargo, como advierte (Larson et al., 2021), el reconocimiento formal de los derechos comunitarios no siempre se traduce en autonomía real, pues persisten asimetrías en el acceso a mercados, financiamiento y conocimiento técnico.
Para el caso del Guaviare, el Plan Departamental de Desarrollo Forestal (Gobernación del Guaviare, 2020; Guaviare, 2022) constituye la línea base institucional de la gestión forestal. Este documento identifica problemáticas como la baja comercialización de productos maderables y no maderables, así como la débil articulación entre actores. A la vez, plantea oportunidades en arreglos agroforestales, sistemas silvopastoriles y modelos integrales de manejo, reconociendo la importancia de integrar a las poblaciones locales en las estrategias de bioeconomía regional.
Dentro de estos debates, el análisis de actores se ha convertido en un enfoque conceptual útil para comprender cómo se configura la gobernanza forestal. Reed, (2008) y Mardones Rivera, (2017) destacan
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que la interacción entre actores se debe analizar a partir de su diversidad organizativa, los niveles de interés e influencia, y las relaciones de cooperación o conflicto que establecen en torno al bosque. Esta perspectiva permite situar al MFC no como un proceso aislado, sino como el resultado de la interacción entre organizaciones comunitarias, instituciones estatales, ONG de cooperación y actores socioecológicos, cada uno con grados diferenciados de poder y legitimidad.
En este sentido, los estudios sobre gobernanza forestal en América Latina enfatizan que el MFC enfrenta el desafío de construir autonomía en medio de un entramado de actores externos. Como advierten (Brock, Cornwall, & Gaventa, 2001) muchas veces las comunidades son convocadas a “espacios invitados de participación”, donde su papel se limita a ejecutar proyectos diseñados externamente. (Bebbington, 1999; Lehmann & Bebbington, 1998)y (Lopez & Garcia, 2022) muestran que las ONG pueden funcionar como puentes que amplían el capital social y las oportunidades, pero también como filtros que subordinan las prioridades locales a las agendas de los financiadores. (Hartmannet al., 2023) advierten, además, que cuando un único actor concentra la mediación con la cooperación internacional, se incrementa el riesgo de dependencia.
Por ello, la gobernanza forestal comunitaria en la Amazonía debe leerse como un proceso político en disputa, donde lo central no es solo la existencia de normas o planes, sino la capacidad de las comunidades para negociar, redefinir y apropiarse de las decisiones sobre su territorio. Autores como Rosset & Pinheiro Barbosa (2021) insisten en que la autonomía no significa rechazar las alianzas externas, sino desarrollar la capacidad de integrarlas a los propios planes de vida. Así, el MFC en el Guaviare no se limita a cumplir con exigencias normativas, sino que representa una vía para que las comunidades campesinas amazónicas ejerzan soberanía sobre su territorio, construyendo un modelo de gobernanza forestal más horizontal, diverso y situado.
2.2 Economía solidaria y bioeconomía social: horizontes para la
forestería comunitaria La bioeconomía se ha posicionado en los últimos años como un paradigma central en las agendas de desarrollo sostenible y conservación, promovido por organismos internacionales como la OCDE y la Unión Europea. En este marco, se entiende principalmente como el uso de recursos biológicos para la producción de bienes y servicios, con fuerte énfasis en innovación tecnológica, biotecnología e inserción en mercados globales (Georgescu-Roegen, 1977) (OECD, 2009) (Gallego Marin, y otros, 2016). Sin embargo, esta visión ha sido criticada por su carácter tecnocrático y por reducir la biodiversidad a mera biomasa comercializable (Escobar, Sentipensar con la Tierra: Nuevas lecturas sobre desarrollo, territorio y diferencia, 2014); (Gudynas E. , 2011).
La economía de servicios y el neoliberalismo demuestra poca efectividad de acuerdo a las dinámicas naturales de los territorios, dada la desigualdad y los mecanismos unilaterales en las cadenas de valor actuales. Es por esto, que en la Misión internacional de los Sabios celebrada en 2019 considera la bioeconomia como la estrategia necesaria para las políticas económicas reflejadas en las regiones tropicales, además de mostrar la necesidad sobre establecer modelos económicos integrales que analicen las relaciones que existen en las dimensiones humanas, sociales y sobre todo las ecológicas (Henry, Pahun, & Trigo, 2014; Misión Internacional de Sabios, 2020).
En América Latina, distintos autores han planteado la necesidad de una bioeconomía situada, que reconozca las realidades culturales, ecológicas y sociales de los territorios. Escobar (2020) propone pensar la bioeconomía no como un simple motor de crecimiento, sino como parte de un horizonte de transiciones civilizatorias, donde se privilegian las relaciones entre comunidades, ecosistemas y culturas. De manera similar, Gudynas, (2011; 2017) señala que una bioeconomía crítica debe cuestionar el
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extractivismo y abrir paso a formas de producción sustentadas en la diversidad biológica y cultural. En este sentido, la sociobioeconomía amazónica (Abramovay, y otros, 2021) emerge como propuesta que vincula biodiversidad, justicia social y bienestar territorial, alejándose de la lógica de monocultivos o cadenas globales extractivas.
Carrizosa y colaboradores (2023) en el capítulo titulado ¿Para qué la Bioeconomía? Sustentan la necesidad de romper los paradigmas tradicionales de modelos económicos y revisar los esquemas propuestos por entidades como el Instituto Amazónico de investigaciones científicas SINCHI para el territorio amazónico en iniciativas de desarrollo territorial y manejo de la biodiversidad mediante el la sostenibilidad ambiental, social y económica y desarrollo tecnológico de productos derivados de los ecosistemas amazónicos, como productos forestales maderables y no maderables, servicios ecosistémicos, bioturismo, entre otros que garantizan cadenas de valor integrales y circulares de aprovechamiento de recursos del bosque.
El concepto de sociobioeconomía encuentra resonancia en la experiencia campesina amazónica, donde la sostenibilidad no se limita a la conservación de bosques en pie, sino que incluye prácticas cotidianas de cuidado, reciprocidad y reproducción de la vida. Como advierte (Leff, 2004), los territorios campesinos encarnan racionalidades ambientales propias, distintas a las visiones homogéneas del mercado o del desarrollo. Así, hablar de bioeconomía en contextos como el Guaviare implica reconocer que los productos forestales no maderables (PFNM) (como el asaí y el seje) no son solo materias primas, sino parte de sistemas culturales y económicos que sostienen la vida campesina.
En paralelo, la economía solidaria constituye un marco teórico fundamental para comprender los procesos organizativos de base comunitaria. A diferencia de la economía de mercado convencional, la economía solidaria enfatiza principios de cooperación, autogestión, reciprocidad y redistribución (Singer, 2009; Coraggio, 2011; Muradian & Cardenas, 2015). En el caso colombiano, el cooperativismo campesino ha sido una estrategia para acceder a mercados, negociar con instituciones y garantizar beneficios colectivos en territorios históricamente marginados.
Además, Coraggio, (2011) plantea que la economía solidaria no se limita a formas jurídicas de asociación, sino que constituye un campo de prácticas donde los vínculos sociales y el capital relacional son tan importantes como las transacciones económicas. Este enfoque permite entender experiencias como COOMAGUA no solo como proyectos empresariales, sino como sujetos colectivos en construcción, donde se cruzan aspiraciones de autonomía, esperanza y sostenibilidad.
La intersección entre sociobioeconomía y economía solidaria abre la posibilidad de construir un horizonte alternativo al extractivismo. En lugar de ver a las comunidades amazónicas como simples proveedoras de recursos, se las reconoce como protagonistas de la gestión territorial, capaces de diseñar modelos productivos en equilibrio con los ecosistemas. Este horizonte se expresa en prácticas concretas de COOMAGUA, donde la fijación colectiva de precios para el asaí y el seje, la rotación de turnos de cosecha y la decisión de reinvertir utilidades en fortalecer la cooperativa reflejan principios de cooperación y autogestión campesina. De este modo, la bioeconomía deja de ser un concepto técnico para convertirse en un campo político donde se disputan sentidos sobre el desarrollo, la conservación y la vida en la Amazonía.
Marco teórico
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2.3 Metodologías participativas: co-producción de conocimiento
y enfoques cualitativos.
Las metodologías participativas se han consolidado en América Latina como un campo de reflexión y práctica que cuestiona la investigación convencional y propone formas de producción de conocimiento basadas en la co-creación y el diálogo horizontal. A diferencia de los enfoques extractivos, donde los sujetos comunitarios son concebidos únicamente como informantes, la investigación participativa los reconoce como actores con agencia, capaces de incidir en el diseño, la implementación y la orientación de los procesos investigativos (Greenwood & Levin, 2007; Garcia Umba, 2022).
En este marco, la investigación-acción participativa (IAP) ha sido un referente central. Fals Borda (1994, 2009) planteó que la IAP constituye una estrategia política y epistemológica en la que los investigadores y las comunidades construyen conjuntamente conocimiento útil para la transformación social. Torres, (2006) amplió esta perspectiva, mostrando cómo la IAP en contextos rurales latinoamericanos se convierte en un mecanismo para disputar narrativas, fortalecer identidades y consolidar procesos organizativos en territorios atravesados por desigualdades históricas.
Desde la perspectiva ambiental y rural, los enfoques participativos han ofrecido herramientas para abordar problemáticas complejas que entrelazan lo ecológico y lo social. Fortmann (2007) subraya que, en el ámbito de la forestería comunitaria, las metodologías participativas permiten vincular justicia ambiental con prácticas de manejo local, en tanto reconocen los conocimientos campesinos e indígenas como parte constitutiva de la gestión sostenible de los recursos.
La investigación participativa no es homogénea ni responde a un único paradigma. Diversos autores destacan que se compone de múltiples corrientes y grados de implicación comunitaria. Ibañez, (1985) y Sandin (2003) señalan que el carácter cualitativo de estas metodologías radica en su capacidad de captar significados y contextos, mientras que autores más recientes como Zapata & Rondán (2016) o Camacho, Parrado, & Ariza, (2009) proponen la noción de investigación colaborativa, en la cual los ciclos de concertación, acción y reflexión son fundamentales para garantizar la pertinencia y legitimidad de los hallazgos.
Junto con la IAP, la teoría fundamentada (Grounded Theory) constituye otro marco metodológico relevante en la investigación cualitativa. Propuesta inicialmente por Glaser & Strauss, (1967) y desarrollada posteriormente por Strauss & Corbin (1998) la teoría fundamentada busca construir categorías analíticas emergentes a partir de los datos, en lugar de imponer marcos conceptuales previos. Charmaz, (2014) plantea incluso una versión constructivista de este enfoque, donde el análisis inductivo se combina con la reflexividad del investigador, subrayando que los hallazgos son siempre el resultado de una interacción situada.
La incorporación de software especializado, como Atlas.ti, ha facilitado la organización y visualización de datos en investigaciones participativas, pero lo esencial sigue siendo la perspectiva epistemológica: comprender que el conocimiento surge de las narrativas y prácticas cotidianas de los actores sociales, más que de categorías impuestas externamente (Glaser & Strauss, 1967); (Charmaz, 2014)
Un aporte adicional proviene del enfoque de co-producción de conocimiento, desarrollado por Jasanoff, (2004). Esta autora muestra que la ciencia y la sociedad no operan en esferas separadas, sino que se configuran mutuamente. Aplicado a contextos rurales y amazónicos, este enfoque enfatiza que los saberes campesinos, los aprendizajes organizativos y los marcos académicos se entrelazan para producir conocimiento válido y socialmente útil.
Fortaleciendo la Forestería comunitaria: Participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en Bioeconomía en el Guaviare.
Finalmente, la literatura reciente sobre metodologías aplicadas al manejo comunitario de recursos naturales en América Latina ha destacado la importancia del capital social, los bienes comunes y la cooperación como categorías analíticas (Sosa, Gutierrez, & Carrillo, 2014; Akamani, Impero, & Hall, 2015; Bustamante, Mariño, Cronkleton, & Sarmiento, 2021). Estas perspectivas reafirman que las metodologías participativas no son únicamente herramientas de recolección de información, sino también procesos pedagógicos y políticos que fortalecen la agencia colectiva, generan aprendizajes compartidos y consolidan formas alternativas de gobernanza en torno a los bosques.
En suma, las metodologías participativas y la teoría fundamentada ofrecen un marco conceptual que permite comprender los procesos de forestería comunitaria desde la perspectiva de los propios actores. Más que técnicas, constituyen apuestas epistemológicas y políticas que reconocen la subjetividad, la diversidad cultural y el carácter situado del conocimiento, aportando al fortalecimiento organizativo y a la construcción de alternativas de sostenibilidad en territorios amazónicos.
2.4 Identidad
campesina y territorialidad:
disputas y resignificaciones en el Guaviare La identidad campesina en Colombia y, en particular, en la Amazonía, no puede comprenderse de manera esencialista, sino como el resultado de procesos históricos de colonización, colonización forzada, resistencia y construcción territorial. Lejos de ser una categoría estática, el campesinado se configura a través de prácticas sociales, relaciones con la tierra y formas de organización colectiva que responden tanto a condiciones estructurales de exclusión como a dinámicas específicas de los territorios amazónicos (Molano, 1987; Fajardo Londoño, 2020). En esta perspectiva, Salgado (2012) subraya que la presencia campesina en la Amazonía colombiana no obedece únicamente a procesos de expansión espontánea de la frontera agrícola, sino a trayectorias de expulsión y reubicación forzada, lo que imprime a la colonización un carácter profundamente político. Desde allí, la identidad campesina se forja en la tensión entre despojo, arraigo y producción de nuevas territorialidades.
El concepto de territorialidad resulta central para comprender esta identidad. Desde la geografía crítica y la sociología latinoamericana, se ha planteado que los territorios no son simples extensiones geográficas, sino construcciones sociales, políticas y simbólicas que reflejan relaciones de poder y de pertenencia (Santos M. , 2000; Haesbaert, 2007). En este sentido, el campesinado amazónico produce territorialidad a través de sus prácticas cotidianas (agricultura, forestería, crianza de animales, conservación del bosque), pero también mediante sus luchas organizativas y la defensa de la vida en contextos de violencia y despojo. Como señala Salgado (2012), estas prácticas no solo permiten la reproducción material de la vida, sino que constituyen mecanismos activos de apropiación simbólica y política del territorio.
Autores como Leff (2004) han destacado que la racionalidad ambiental campesina constituye una alternativa frente a los modelos productivos dominantes, ya que articula el cuidado del bosque con la reproducción cultural y social de la vida. En el mismo sentido, Van der Ploeg (2012) sostiene que los nuevos campesinados en el siglo XXI se caracterizan por la diversificación de sus estrategias productivas, la apropiación de saberes híbridos y la capacidad de generar multiterritorialidades que desafían la dicotomía entre lo local y lo global. Estas aproximaciones dialogan con la lectura de Salgado (2012), al reconocer que la territorialidad campesina amazónica emerge de la interacción entre memorias de desplazamiento, prácticas productivas situadas y formas colectivas de organización.
En el caso colombiano, la identidad campesina amazónica ha estado atravesada por procesos de desterritorialización y reterritorialización. Salgado (2012) documenta cómo la colonización forzada en la
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Amazonía implicó no solo la pérdida de territorios previos, sino también la necesidad de reconstruir referentes de pertenencia y legitimidad en nuevos espacios. De manera complementaria, Hurtado (2023) muestra cómo la expansión de la frontera agrícola y la colonización en departamentos como Guaviare generaron pérdida de control territorial, desplazamiento de comunidades étnicas y degradación socioambiental. Sin embargo, también propiciaron experiencias de organización comunitaria, como la creación de veredas, juntas de acción comunal y cooperativas campesinas, que reconfiguraron el sentido de pertenencia y la apropiación del bosque (Cueto, 2014); (Del Cairo & Montenegro-Perini, 2015); (Salgado Ruíz, 2018).
El enfoque de la multiterritorialidad propuesto por Haesbaert (2013) resulta particularmente útil para analizar estos procesos, al señalar que los sujetos sociales pueden habitar y producir múltiples territorios simultáneamente: el espacio de la finca, la vereda, el municipio, el bosque y los mercados regionales. En el Guaviare, se expresa este concepto en la coexistencia de prácticas tradicionales de uso del bosque, actividades agropecuarias y vínculos con cadenas de valor emergentes de productos forestales no maderables.
La literatura también ha resaltado la importancia del capital social como componente de la identidad campesina. Bebbington (1999) argumenta que el capital social no solo facilita el acceso a recursos, sino que constituye una base de poder colectivo para negociar con instituciones y resistir procesos de exclusión. En el mismo sentido, Woolcock, (1998) y Machado, (2009) enfatizan que la confianza, las redes y las asociaciones campesinas son condiciones necesarias para consolidar proyectos de desarrollo endógeno y gobernanza local.
En síntesis, la identidad campesina amazónica se entiende como una construcción relacional y dinámica: no se define únicamente por el acceso a la tierra o por las prácticas productivas, sino también por los significados atribuidos al bosque, las formas de organización colectiva y la capacidad de disputar proyectos de desarrollo en escenarios de posconflicto. Así, la territorialidad campesina en el Guaviare constituye tanto un espacio material de subsistencia como un campo político y simbólico donde se tejen resistencias, se construyen alternativas de vida y se proyectan horizontes de sostenibilidad.
2.5 Coca, colonización y posconflicto: la construcción de paz en
la Amazonía campesina El Acuerdo Final de Paz firmado en 2016 entre el Gobierno colombiano y las FARC-EP introdujo el concepto de paz territorial, entendido como la construcción de paz desde los territorios a través de la participación activa de comunidades rurales y la implementación de proyectos de desarrollo alternativo (Bautista, Louise, Castro, & Groen, 2021). En la Amazonía, este enfoque se enfrenta a un contexto complejo, donde el posconflicto no significó la ausencia de violencia, sino la reconfiguración de actores armados, economías ilícitas y nuevas formas de presión sobre los bosques (Cano, 2023) (INFOAMAZONIA, 2018; Cano, 2023; Grattan, 2024).
Para Gonzales, Molina , & Montes, (2018) señalan que el postconflicto ha generado una paradoja socioambiental: mientras se abrieron espacios de participación para comunidades rurales, la retirada del control insurgente dejó vacíos de poder que fueron ocupados por economías ilegales y procesos acelerados de deforestación. Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (2025) más del 65 % de la deforestación nacional se concentra en la Amazonía, siendo Guaviare uno de los departamentos más afectados. Este escenario reafirma que la paz territorial no puede construirse sin abordar simultáneamente la gobernanza ambiental y la regulación de la frontera agrícola.
El concepto de paz territorial ha sido discutido ampliamente por autores que resaltan la necesidad de vincularlo con los derechos de las comunidades campesinas y étnicas. Quintero, Mantilla, & Roman,
Fortaleciendo la Forestería comunitaria: Participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en Bioeconomía en el Guaviare.
(2021) sostienen que la paz territorial en la Amazonía requiere reconocer la historicidad de la colonización, la persistencia de la coca como economía funcional y la importancia de construir alternativas productivas que no desconozcan las prácticas campesinas. Caguasango (2020) y Davalos, Bejarano, & Correa (2021) complementan esta visión al señalar que la sustitución de cultivos de uso ilícito no puede reducirse a un asunto técnico-productivo, sino que debe inscribirse en procesos más amplios de reconocimiento político y de justicia social.
La literatura también subraya que los territorios de posconflicto son espacios de disputa multiescalar. Según Theidon, (2012) la construcción de paz no solo implica desmovilización de actores armados, sino también la transformación de estructuras sociales y económicas que sostuvieron el conflicto. En la Amazonía colombiana, estas disputas se expresan en el acceso a tierras, la gobernanza de los bosques y la tensión entre proyectos extractivos, conservacionistas y comunitarios.
En este marco, la coca constituye un elemento central. Lejos de ser únicamente un cultivo de uso Ilícito, ha funcionado históricamente como una economía de subsistencia y como base de sociabilidad y organización en regiones como el Guaviare (Molano, 1987; Ramirez, 2001). Negar este papel sería desconocer una parte fundamental de la identidad campesina amazónica. Como advierte Le Tourneau & Bursztyn, (2010) los procesos de colonización amazónica han estado marcados por contradicciones entre políticas agrarias y ambientales, donde la coca operó como articulador de economías y como motor de colonización.
En este sentido, el posconflicto no puede leerse como un punto de quiebre absoluto, sino como un escenario de continuidades y resignificaciones. La paz territorial en el Guaviare está atravesada por la necesidad de diseñar modelos productivos alternativos (como la forestería comunitaria y la bioeconomía) que reconozcan tanto la historia de colonización como la importancia del campesinado en la gestión de los bosques. La construcción de paz, por tanto, no se limita a la implementación de programas estatales, sino que se juega en las prácticas cotidianas de las comunidades que buscan reconciliar conservación, sustento y dignidad en territorios históricamente marginados.
2.6 Aprovechamiento de PFNM y cadenas de valor: retos y
aprendizajes en la Amazonía colombiana:
Los productos forestales no maderables (PFNM) han adquirido creciente relevancia en los debates académicos y de política pública sobre desarrollo sostenible en regiones tropicales. Se entiende por PFNM a todos aquellos bienes de origen biológico que se obtienen de los bosques, excluyendo la madera, tales como frutos, semillas, fibras, resinas, gomas y productos de fauna silvestre (Gottret & Stoian, 2011). Estos productos no solo poseen un valor económico, sino también social, cultural y ecológico, en tanto sostienen medios de vida locales, contribuyen a la seguridad alimentaria y promueven la conservación de los ecosistemas.
En América Latina, los PFNM han sido promovidos como una alternativa frente a los modelos extractivistas tradicionales. Diversos estudios muestran que su aprovechamiento controlado puede contribuir a reducir la deforestación, generar ingresos comunitarios y fortalecer la organización local (Stoian D. , 2005; Belcher & Schreckenberg, 2007). En países como Brasil, las cadenas de valor del asaí (E. oleracea) y la castaña (Bertholletia excelsa) se han consolidado como referentes de integración entre mercados nacionales e internacionales y comunidades amazónicas (Santos, Sena, & Homma, 2012; Pacheco & Paudel, 2012).
La literatura sobre cadenas de valor ha permitido ampliar la mirada sobre los PFNM, más allá de su producción primaria. Gereffi, Humphrey, & Sturgeon (2005) proponen que las cadenas de valor deben analizarse en términos de segmentos funcionales (producción, transformación, comercialización,
Marco teórico
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consumo) y de los mecanismos de gobernanza que las articulan. Kaplinsky y Morris (2001) complementan esta visión al enfatizar la importancia de la agregación de valor, la equidad en la distribución de beneficios y la sostenibilidad en los eslabones productivos. En el caso de los PFNM amazónicos, estos enfoques resultan especialmente útiles para visibilizar los cuellos de botella que enfrentan las comunidades campesinas: bajos volúmenes de producción, limitada infraestructura de transformación, acceso desigual a mercados y dependencia de intermediarios. En Colombia, el Instituto SINCHI en la investigación realizada por Barrera Garcia, Giraldo Benavides, & Castro Rodriguez (2020) y el (CONPES 4050 de 2021 han señalado que los PFNM constituyen un eje estratégico para la consolidación de una bioeconomía amazónica. Estas políticas destacan el potencial de especies como el asaí, el seje, el cacay (Caryodendron orinocense) y la canangucha (Mauritia flexuosa), en tanto pueden generar cadenas de valor circulares que integren sostenibilidad ambiental, inclusión social y competitividad económica. Sin embargo, también advierten que la ausencia de rutas claras de aprovechamiento, las barreras logísticas y la débil capacidad organizativa de las comunidades limitan el escalamiento de estas iniciativas.
Un aspecto central en la discusión sobre PFNM es la tensión entre uso sostenible y extractivismo. Autores como Pinedo-Vasquez, Hecht, & Padoch, (2011) y Hecht (2013) han planteado que el aprovechamiento de recursos amazónicos puede reproducir lógicas extractivas si no se acompaña de fortalecimiento comunitario, planificación territorial y regulación clara. En contraste, cuando los PFNM se insertan en proyectos de forestería comunitaria, acompañados de procesos organizativos sólidos, pueden convertirse en ejes de desarrollo alternativo y de conservación activa del bosque (Stoian, Donovan, Fisk, & Muldoon, 2012).
Por tanto, el análisis de cadenas de valor de PFNM no debe limitarse a medir rentabilidad económica. Debe incluir también dimensiones sociales, culturales y políticas: cómo se distribuyen los beneficios, qué papel cumplen las mujeres y jóvenes en la recolección y transformación, qué actores concentran el poder en los nodos de la cadena y qué relaciones de dependencia o autonomía se configuran. En este sentido, las cadenas de valor se convierten en escenarios donde se disputan proyectos de desarrollo y donde se juega la capacidad de las comunidades amazónicas para apropiarse de la bioeconomía en sus propios términos.
3 Enfoque y proceso metodológico
3.1 Área de estudio
El Guaviare se encuentra en la región amazónica noroccidental de Colombia, limita al norte con los departamentos del Meta y Vichada, al oriente con el departamento de Guainía y Vaupés, al sur con los departamentos de Vaupés y Caquetá, al occidente con los departamentos de Caquetá y Meta. Constituye un corredor estratégico de conectividad biológica entre la Orinoquia y la Amazonia. Según (Orozco, 2022), es uno de los departamentos con mayor diversidad de ecosistemas, donde conviven selvas húmedas tropicales, sabanas naturales, ríos y sistemas de humedales. Esta condición ha convertido la región en un espacio central para los debates nacionales sobre deforestación, manejo forestal y alternativas de producción sostenible. A la vez, se trata de un territorio con una fuerte impronta campesina: procesos de colonización desde mediados del siglo XX han configurado una sociedad rural diversa, en la que se entrelazan trayectorias de migración, prácticas agrícolas y experiencias de organización comunitaria (Armenteras, Schneider, & Dávalos, 2019).
De acuerdo con cifras del Censo Nacional de Población y Vivienda - CNPV (2020) y las proyecciones oficiales para el Guaviare, la población total del departamento se estimaba en aproximadamente 88.490 personas, de las cuales cerca de 38.500 viven en zonas rurales y alrededor de 49.990 en zonas urbanas. La población indígena registrada fue de 6.856 personas, distribuidas en 26 resguardos pertenecientes a pueblos como Carapana, Carijona, Desano, Jiw (Guayabero), Nukak (Makú), Piratapuyos, Puinave, Sikuani, Siriano, Tucano, Wanano, Kurripako y Piaroa. Además, más de 39.500 personas mayores de 15 años se identificaron como campesinas, lo cual subraya la relevancia agrícola y comunitaria en la estructura social del departamento.
La investigación se llevó a cabo en las veredas Chuapal, Manaviri, Caño Pescado, Caño Lajas, Tortuga, Paraiso y Caño Nilo, ubicadas en el municipio de San José del Guaviare. Estos territorios se encuentran en la zona de transición entre la Orinoquia y la Amazonia, albergando cerca de 97 familias campesinas que se han suscrito al programa de forestería comunitaria por medio de la ejecución de ONGs y aliados gubernamentales. Como resultado de este ejercicio en septiembre de 2022 de constituye ante cámara de comercio la cooperativa COOMAGUA, integrada por 19 socios y socias campesinas, de las cuales 11 se mantienen activas. Es así como se entrelaza un espacio de gran riqueza ecológica y cultural, pero también afectado por dinámicas de colonización, conflictos por el uso del suelo y presiones extractivas.
Los espacios como fincas, salones comunales, reuniones en la capital del departamento, talleres y espacios colectivos (por ejemplo, el corregimiento de El Capricho) fueron escenarios centrales de participación y relacionamiento en esta investigación. Estos lugares no solo sirvieron como sitios de encuentro y producción de datos, sino que condensan el sentido de pertenencia campesino-amazónico, así como las tensiones propias de habitar la frontera agrícola. De este modo, el área de estudio refleja tanto la materialidad del territorio (bosques, ríos, parcelas y caminos) como la dimensión social y simbólica que da forma a los procesos de forestería comunitaria que anima esta tesis.
Enfoque y proceso metodológico
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En el Mapa 3-2 se presenta la ubicación de las veredas de la Unidad de Manejo Forestal de la Cooperativa Multiactiva Familias de Chiribiquete COOMAGUA. El mapa de la izquierda muestra la distribución espacial de los predios de las familias campesinas que otorgaron el permiso o autorización de aprovechamiento de asai y seje a la cooperativa en relación con coberturas de bosque, áreas de conservación y espacios productivos. El mapa de la derecha, por su parte, ilustra el estado legal del territorio, enfocándose en las determinantes ambientales nacionales y regionales de los predios. Estos insumos cartográficos permiten comprender la estrecha relación entre bosque, territorio campesino y gobernanza comunitaria, aspectos fundamentales para el análisis de forestería comunitaria desarrollado en esta investigación.
Fuente: FCDS, 2022
3.2 Fundamentos metodológicos
La presente investigación se construyó como un proceso participativo, situado y transdisciplinario, orientado a comprender las dinámicas de la forestería comunitaria en el Guaviare desde la experiencia concreta de COOMAGUA. Como señalan Hernández Sampieri, Fernández Collado, & Baptista Lucio (2014), el diseño metodológico debe responder tanto a los objetivos como a la naturaleza del fenómeno estudiado; en este caso, procesos organizativos y territoriales en los que la frontera entre acción y conocimiento es difusa.
De allí la necesidad de adoptar un enfoque flexible e inductivo, capaz de articular momentos de indagación académica con prácticas colectivas de manejo forestal y fortalecimiento organizativo. Esta orientación se nutre de los planteamientos de Ibañez, (1985), Sandin, (2003), Francés, Alaminos, Penalva-Verdú, & Santacreu, (2015), así como de aportes recientes sobre metodologías colaborativas Mapa 3-2: Estado legal del territorio en la unidad de manejo forestal de la cooperativa multiactiva Familias de Chiribiquete COOMAGUA (derecha). Ubicación de los predios productivos en el bosque natural en la unidad de manejo forestal de COOMAGUA (izquierda).
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(Zapata & Rondán, 2016; Camacho, Parrado, & Ariza, 2009), quienes resaltan la importancia de concebir la investigación como praxis, en la que los sujetos investigados se transforman en actores activos de la producción de conocimiento. Más que adscribirse a una corriente metodológica cerrada, la estrategia asumió rasgos centrales de la investigación colaborativa: ciclos de concertación, acción y reflexión que garantizaron la pertinencia de los hallazgos y su apropiación comunitaria.
Desde esta perspectiva, la información documental y empírica se concibe como complementaria: los registros de archivo, informes institucionales y actas de asamblea no son simples insumos secundarios, sino evidencias que enriquecen y contrastan los relatos y prácticas observadas en el territorio (Reed, 2008; Gutiérrez & Carrillo, 2014; Akamani et al., 2015; Bartlett, 2018; Rivera & López, 2020; Mendoza et al., 2020; Bustamante et al., 2021). De esta revisión emergieron criterios que guiaron el diseño metodológico: el capital social como motor de organización; los bienes comunes como categoría de análisis para el bosque y sus productos; la tensión entre intereses individuales y colectivos; la relevancia de las relaciones interdisciplinares; y la necesidad de reconocer la incidencia y colaboración como ejes de la acción comunitaria.
Posicionamiento de la investigadora y pluralidad de voces
Un aspecto central de los fundamentos metodológicos fue reconocer mi rol como investigadora vinculada al proceso organizativo. Esta relación no surgió con la aprobación formal de la investigación, sino que tiene un recorrido previo. Comencé en 2021 como profesional de campo de la FCDS, en el marco del programa de forestería comunitaria. Allí acompañé a los productores vinculados al inventario forestal de productos forestales no maderables, particularmente asaí y seje. La experiencia de recorrer parcelas, organizar salidas de campo y compartir la cotidianidad campesina del Guaviare fue decisiva para generar vínculos de confianza con los socios y socias.
Además de mi labor técnica en el inventario, participé como observadora y facilitadora en otras actividades de forestería comunitaria, lo que me permitió conocer a distintos productores y reconocer la diversidad de trayectorias presentes en la región. Paralelamente, contribuí a la elaboración del documento técnico para el aprovechamiento de asaí y seje presentado ante la CDA, lo cual reforzó mi papel como puente entre el lenguaje institucional y las dinámicas comunitarias. Fue en ese cruce, entre las preguntas que nos formulábamos en campo productores y técnicos, y las incertidumbres expresadas por los socios de COOMAGUA sobre “cómo se come esto”, que se gestó la necesidad de esta investigación.
En encuentros informales previos con algunos socios y socias se discutieron las preguntas iniciales y los objetivos preliminares de esta investigación. Estos insumos fueron retomados en la asamblea general de enero de 2024, donde la cooperativa en pleno ajustó y enriqueció los alcances de la propuesta. En ese espacio, los socios y socias activas de COOMAGUA me reconocieron formalmente como investigadora de la organización, asignándome la responsabilidad de conducir el análisis académico de los resultados y de elaborar productos de socialización, entre ellos el póster que condensó la línea de tiempo y visión colectiva de la cooperativa. Este doble movimiento (primero, la construcción colectiva de las preguntas, y luego la definición explícita de mi rol académico en el marco de la asamblea) consolidó la legitimidad del proceso y constituye la base participativa sobre la cual se desarrolla esta investigación, fortalecida además por mi trayectoria previa de trabajo en campo junto a los productores.
En coherencia, la escritura de esta tesis recurre de manera consciente a una pluralidad de voces narrativas. La primera persona singular (“yo”) aparece en pasajes que recogen mi experiencia de campo y notas reflexivas; la primera persona plural (“nosotros”) se utiliza para narrar actividades colectivas y decisiones compartidas con COOMAGUA; y la tercera persona se reserva para los apartados de análisis académico, donde se busca mayor distancia y sistematización. Esta elección no es un recurso estilístico, sino una decisión ética y política que reconoce la coautoría de los socios en la construcción del conocimiento, evitando que la investigación hable sobre ellos y, en cambio, hable con ellos.
Enfoque y proceso metodológico
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La subjetividad en esta pesquisa no se entiende como un sesgo a corregir, sino como un principio epistemológico. Tal como sostienen Haraway, (1991) y Santos, (2009) todo conocimiento es situado y parcial; su valor radica en reconocer las condiciones históricas, sociales y personales desde las cuales se produce. Mi trayectoria de acompañamiento a COOMAGUA desde 2021 configuró un lugar de enunciación que no podía ser neutral ni externo: los aprendizajes, vínculos y tensiones vividas en campo se transformaron en insumos analíticos que enriquecieron la comprensión de la forestería comunitaria. Reconocer esta posición es también un acto de honestidad académica, pues explicita que las interpretaciones presentadas en esta tesis emergen de un diálogo permanente entre mi voz como investigadora y las voces campesinas de la cooperativa.
Más aún, la subjetividad se complementa con la reflexividad: una conciencia crítica de cómo mis decisiones metodológicas (qué preguntar, cómo interpretar, cómo escribir) influyeron en la producción de resultados. Denzin, (2018) advierte que toda investigación cualitativa es un acto interpretativo atravesado por relaciones de poder y diálogo. Reconocerlo no debilita el rigor, sino que lo fortalece, al hacer visibles las mediaciones que sostienen el proceso investigativo. En este sentido, la pluralidad de voces narrativas responde a la necesidad de articular la dimensión personal, colectiva y académica de la investigación, situando la construcción de conocimiento en la intersección entre práctica comunitaria y reflexión científica.
Finalmente, este posicionamiento dialoga con perspectivas latinoamericanas que entienden el conocimiento como inseparable de la vida y el territorio. Van der Ploeg, (2012) resalta el carácter práctico y situado del saber campesino, mientras que Escobar, (2014) subraya la importancia de la territorialidad y la bioculturalidad en la producción de alternativas al desarrollo. Desde esta mirada, la tesis no pretende imponer un marco externo, sino acompañar un proceso que ya existe en el territorio, reconociendo que el bosque, las fincas y los espacios colectivos de COOMAGUA son al mismo tiempo escenarios de producción material y de producción de conocimiento.
3.3 Fases metodológicas del proceso investigativo
El diseño metodológico de esta investigación se estructuró bajo la lógica de un proceso participativo con los socios y socias activas de COOMAGUA, donde cada fase no fue entendida como una etapa lineal ni aislada, sino como un ciclo retroalimentado que combinó momentos colectivos con responsabilidades académicas específicas. En la tradición de la investigación participativa, las fases representan hitos que orientan el camino, pero su verdadero valor radica en cómo se construyeron de manera situada, ajustándose a las dinámicas de COOMAGUA y a las condiciones del territorio amazónico.
A diferencia de metodologías extractivas que dividen tajantemente entre “recoger datos” y “analizar resultados”, aquí cada fase integró espacios de diálogo, práctica comunitaria y reflexión académica. Esto permitió que la investigación no solo respondiera a preguntas de la academia, sino que también se articulara a los desafíos organizativos de la cooperativa. En palabras de Greenwood y Levin (2007), la participación no debe leerse como una técnica complementaria, sino como una forma de producir conocimiento pertinente y transformador.
En este marco, las fases de investigación se concibieron como momentos de validación colectiva y de responsabilidad compartida, donde la cooperativa definía los énfasis, mientras que yo asumí la sistematización y el análisis académico. Este doble movimiento (el co-diseño de las fases con COOMAGUA y la conducción del análisis desde la investigación) consolidó el carácter participativo del proceso.
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Fases del proceso investigativo:
Concertación y acuerdos éticos (2023–2024): antes del inicio formal, realicé encuentros informales con algunos socios y socias para proponer preguntas y objetivos preliminares. Este proceso culminó en la asamblea general de enero de 2024 (Imagen 3-3), donde acordamos colectivamente los objetivos y roles de la investigación. En ese espacio, COOMAGUA me reconoció formalmente como investigadora de la cooperativa y me asignó la responsabilidad del análisis académico. Como parte de los acuerdos, elaboramos y firmamos el consentimiento informado, anexo al acta de asamblea (Ver anexo B).
Imagen 3-3: Foto de la asamblea general de COOMAGUA en el establecimiento Las Caprichosas 21 de enero de 2024.
Fuente: COOMAGUA, 2024
Levantamiento cualitativo: entre febrero y marzo de 2024, realizamos entrevistas en finca, charlas participativas y recorridos que permitieron recoger trayectorias personales y percepciones sobre el bosque y la forestería comunitaria. Estas entrevistas se adaptaron a la vida cotidiana campesina: ordeños, recorridos en potreros o reuniones comunales (ver Imagen 3-4). En paralelo, construimos juntos la línea de tiempo participativa, donde se plasmaron momentos clave de la cooperativa, sus logros y visiones de futuro. Siguiendo la lógica de la teoría fundamentada (Glaser & Strauss, 1967; Hernández Sampieri et al., 2014), el procesamiento de esta información lo realicé mediante el software Atlas.ti, codificando, agrupando y representando gráficamente redes de coocurrencias que facilitaron la construcción de categorías analíticas (Ver anexo A, C).
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Imagen 3-4: Entrevistas a socios y socias activos de COOMAGUA en sus fincas.
Fuente: COOMAGUA, 2024
Integración de registros cuantitativos: a partir de pilotajes productivos de asaí y seje construidos conjuntamente entre COOMAGUA y la FCDS, sistematicé datos de cosecha y transformación (volúmenes, costos, tiempos) (Imagen 3-5). Estos registros, producidos principalmente por los socios en cuadrillas y talleres, se cruzaron con la contabilidad interna y cálculos técnicos. Este ejercicio permitió evidenciar brechas entre lo proyectado en los planes de manejo y lo alcanzado en la práctica, a la vez que fortaleció la triangulación entre narrativas, documentos y cifras.
Imagen 3-5: Reunión de COOMAGUA con FCDS para definir pilotajes de cosecha 2024
Fuente: COOMAGUA, 2024
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Pilotajes productivos, cosecha y transformación (2024): el 13 y 14 de marzo de 2024, realizamos junto con FCDS los primeros ejercicios de cosecha de seje en predios de socios (ver Imagen 3-6). Aunque se esperaba recolectar 500 kg, las lluvias y la falta de experiencia en equipos de altura redujeron la cifra a 206 kg. Esta limitación, lejos de ser un fracaso, reveló aprendizajes sobre logística, liderazgo y roles internos: la dependencia de pocos socios activos, la necesidad de relevo generacional y la importancia de planear con antelación insumos, transporte y tiempos. Posteriormente, en la planta de ASOPROAGRO, participamos en el proceso de transformación, con la presencia activa de jóvenes de COOMAGUA. Allí se evidenciaron tanto fallas en el uso de maquinaria como la capacidad de innovación y resolución de problemas del grupo (Ver anexo A).
Imagen 3-6: Pilotaje de cosecha de seje con COOMAGUA en 2024
Fuente: COOMAGUA, 2024
El siguiente año, COOMAGUA con FCDS realizaron un pilotaje de cosecha de asaí, contratando el servicio de maquilado con Agroindustrias del Bosque Amazónico S.A.S., logrando recolectar 633 kg de fruta fresca. A partir de estos dos escenarios, analicé el proceso bajo el enfoque de cadenas de valor, retomando los aportes de Gereffi, Humphrey y Sturgeon (2005) sobre cadenas globales y los de Escobedo Aguilar, Chaves Jaén y Navarro (2018) en torno a cadenas comunitarias.
Comercialización y socialización: en marzo de 2024, participamos en la feria Nuestra Tierra en San José del Guaviare, presentando productos derivados del seje: aceite, limonada (ver Imagen 3-7) y galletas elaboradas por las Caprichosas. Aunque las ventas fueron limitadas, la experiencia visibilizó a la cooperativa, permitió recoger percepciones de consumidores y evidenció que factores como presentación, narrativa territorial y degustación son claves en la aceptación de los productos. En el caso del asaí, se gestionó su circulación mediante redes sociales, la tienda Las Caprichosas y el voz a voz, lo que permitió ensayar mecanismos de posicionamiento local (Ver anexo A).
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Imagen 3-7: Venta de aceite y jugo de seje en la feria Nuestra Tierra, San José del Guaviare 2024
Fuente: COOMAGUA, 2024
Cierre y validación (2025): en abril de 2025, durante el cierre del programa de forestería comunitaria en El Capricho liderado por la FCDS, presentó los aprendizajes acumulados desde 2018, espacio que permitió contrastar los resultados de esta investigación con testimonios de socios, productores y aliados. Este espacio no solo sirvió como balance técnico, sino como un ejercicio de reflexión política sobre el futuro de la forestería comunitaria en el Guaviare. En coherencia con los objetivos, validamos los hallazgos y abrimos nuevas preguntas sobre sostenibilidad, gobernanza y autonomía organizativa (ver Anexo D).
Las fases aquí descritas no deben entenderse únicamente como hitos metodológicos, sino como un proceso de co-construcción. Cada una aportó aprendizajes diferenciados: la concertación consolidó la legitimidad del proceso; las entrevistas y talleres visibilizaron memorias y tensiones; los pilotajes mostraron las brechas entre planeación y práctica; la comercialización reveló los retos del mercado; y el cierre permitió reflexionar sobre sostenibilidad y gobernanza.
Este carácter iterativo responde a lo que Kemmis & McTaggart, (2005) denominan ciclos de planificación, acción, observación y reflexión, propios de la investigación participativa. En esta espiral, cada fase alimentó a la siguiente, permitiendo reorientar estrategias sin perder de vista los objetivos colectivos. De esta manera, la investigación se desarrolló como un entramado metodológico donde la voz de COOMAGUA y mi responsabilidad académica se entrelazaron, produciendo conocimiento riguroso y socialmente pertinente.
En síntesis, las fases metodológicas no solo permitieron documentar el proceso vivido por COOMAGUA, sino también vincular cada objetivo de investigación con técnicas y marcos analíticos específicos. Así, el primer objetivo se trabajó desde entrevistas en finca y ejercicios colectivos, analizados con teoría fundamentada (Glaser & Strauss, 1967) y el software Atlas.ti; el segundo objetivo se sustentó en el mapeo de actores siguiendo las propuestas de Reed (2008) en Mardones (2017), variables que definimos colectivamente con aliados estratégicos, para asegurar pertinencia territorial; y el tercer objetivo articuló la experiencia de los pilotajes productivos con metodologías de cadenas de valor (Gereffi et al., 2005; Escobedo et al., 2018).
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No obstante, reconozco que la sistematización, el análisis de la información y la construcción de hallazgos fueron realizados por mí sin contar en esta etapa con la retroalimentación directa de la cooperativa. Factores contextuales propios del territorio amazónico (como la situación de orden público, las agendas y compromisos de los socios y la dispersión geográfica de sus viviendas), junto con condiciones personales como la maternidad, limitaron la posibilidad de generar espacios de devolución colectiva en esta fase final. Por ello, el pasado 13 de diciembre de 2025 se llevó a cabo la retroalimentación de los resultados, reflexiones y pasos a seguir de la investigación con los socios y socias activas de COOMAGUA y STRATA (Consultora ambiental interesada en continuar con la investigación). De esta manera, la devolución no solo asegura transparencia y validez compartida, sino que también fortalece la apropiación comunitaria de los conocimientos construidos, garantizando que la tesis aporte tanto al campo académico como a los procesos sociales de la cooperativa.
4 Habitar
el bosque desde lo campesino:
aprendizajes, tensiones y esperanzas de la forestería comunitaria Habitar el bosque desde lo campesino implica más que residir en un territorio: es reconocer la trama de relaciones que las familias tejen con la selva, con sus economías y con sus organizaciones. En las voces de los socios y socias de COOMAGUA aparecen recuerdos de llegada, luchas por la tierra, aprendizajes frente a la forestería comunitaria y esperanzas que sostienen el presente. Este capítulo aborda las percepciones que los socios y socias de COOMAGUA tienen sobre los modelos de forestería comunitaria y su relación con las alternativas económicas que configuran su vida cotidiana.
Desde el inicio de esta investigación establecí una comunicación constante con el presidente de la cooperativa y con los socios activos, con el fin de concertar colectivamente el enfoque participativo de la investigación. Este diálogo inicial permitió formularnos, de manera conjunta, las preguntas centrales, así como acordar los pasos para la producción y sistematización de la información primaria necesaria para alcanzar los objetivos planteados.
En la primera asamblea general en la que se concertó la propuesta de tesis, se definieron los alcances metodológicos del trabajo y se realizaron los ajustes requeridos para que tanto COOMAGUA como el ejercicio académico respondieran de manera pertinente a las inquietudes de investigación. Como resultado de esta deliberación, los socios y socias decidieron que el método más adecuado para abordar este objetivo sería la realización de entrevistas a profundidad en sus propias fincas. Esta elección respondió, por un lado, a las limitaciones logísticas que implica reunir a todos los asociados en un solo lugar (debido a la dispersión geográfica de las veredas, los compromisos institucionales y las exigencias del trabajo rural) y, por otro, a la necesidad de propiciar conversaciones más fluidas y de confianza, ancladas en la cotidianidad campesina.
Las entrevistas se desarrollaron en un marco de vida diaria, como charlas acompañadas por grabadoras de voz, a partir de preguntas abiertas sobre la historia familiar, la llegada al Guaviare, las formas de relacionarse con el monte y el bosque, las interferencias externas en el territorio, el papel de la cooperativa y las proyecciones hacia el futuro colectivo. Posteriormente, las transcripciones fueron codificadas siguiendo los principios de la teoría fundamentada, utilizando el software Atlas.ti como herramienta para organizar categorías emergentes y construir redes de coocurrencia.
El trabajo con diez entrevistas a asociados y asociadas permitió identificar categorías emergentes con base en tres criterios principales: la densidad de códigos (cantidad de citas asociadas), el enraizamiento (frecuencia con que aparecen en distintos discursos) y las relaciones semánticas entre categorías (definidas a través de redes de coocurrencia y memos analíticos). A estos criterios técnicos se sumó una ponderación cualitativa fundamentada en la relevancia que los propios asociados de COOMAGUA
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
otorgaron a ciertos temas durante el trabajo de campo, reconociendo así los sentires organizativos y territoriales como referentes legítimos de análisis.
De este proceso emergieron nueve categorías centrales que expresan múltiples sentidos, tensiones y aspiraciones en torno al manejo forestal comunitario, el rol de COOMAGUA y las trayectorias económicas de las familias campesinas en el Guaviare. Cada categoría se desarrolla en tres bloques: (1) descripción conceptual y contextual, (2) citas significativas y códigos asociados, y (3) un análisis interpretativo y crítico. Este recorrido busca profundizar en los significados que los asociados construyen sobre su experiencia organizativa, económica y territorial, y dar cuenta de cómo habitan el bosque desde lo campesino, entre aprendizajes, tensiones y esperanzas.
Durante el proceso de codificación y análisis con teoría fundamentada, comprendí que no era posible reunir bajo una sola categoría las menciones a “la cooperativa” y a “COOMAGUA”. Aunque a simple vista parecen sinónimos, en las entrevistas y talleres los socios les atribuyeron significados distintos. Hablar de “la cooperativa” remitía a la figura formal y administrativa exigida por la normatividad, mientras que nombrar “COOMAGUA” evocaba una identidad colectiva cargada de orgullo, luchas y horizontes compartidos. Esta diferencia emergente en el discurso llevó a reconocerlas como dos categorías analíticas independientes, lo que permite visibilizar tanto la dimensión legal-institucional como la dimensión simbólica y vivencial que los campesinos asocian con su organización.
4.1 COOMAGUA: La esperanza de reaprender a caminar el
bosque
Las voces de COOMAGUA
Nos levantamos muy temprano con Danilo para dirigirnos a lo que sería nuestro cuarto día de entrevistas. Esa madrugada fue particularmente exigente: las fincas que visitaríamos quedaban en una de las zonas más apartadas entre los socios, la vereda Tortuga. Sabíamos que necesitábamos tiempo suficiente, pues esa semana las lluvias habían sido impredecibles y las vías estaban frecuentemente intransitables para las motos. Por ello, desayunamos rápido, empacamos las maletas y salimos con los primeros rayos del sol en un recorrido de aproximadamente dos horas y media desde Caño Nilo.
En el camino nos encontramos con Martha y su esposo, quienes bajaban desde El Capricho para recibirnos en la entrevista. Ellos no habitan de manera permanente la finca vinculada al proyecto de forestería comunitaria y a las iniciativas de asaí y seje, lo cual es comprensible: las fincas de Martha, María de los Ángeles y Olmes son de las más alejadas del centro poblado, lo que complejiza cualquier proceso colectivo. Finalmente, llegamos cerca de las nueve de la mañana, empapados por una lluvia que nos sorprendió hacia las 8:30 a. m. Todo ese trayecto me sirvió para pensar y reflexionar sobre lo que implica, en la cotidianidad campesina, ser hoy parte de COOMAGUA.
Allí, en medio de la vida rural, hablar de COOMAGUA no es simplemente hablar de una cooperativa: es hablar de una posibilidad. De una idea que nació ante la necesidad de organizarse, de asociarse para innovar, del cansancio de esperar proyectos que no generaban confianza y del deseo de construir algo propio en colectivo. La palabra que más resonó fue “esperanza”, junto con expresiones como visión empresarial, anhelo e iniciativa. Para algunos, una esperanza ingenua; para otros, una que se tramita legalmente, que gestiona permisos, que falla y vuelve a intentarlo. Esa es la esperanza que COOMAGUA ha venido encarnando desde su constitución formal.
Habitar el bosque desde lo campesino: aprendizajes, tensiones y esperanzas de la forestería comunitaria
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COOMAGUA surge como una necesidad latente de consolidar una figura empresarial que permitiera la comercialización de PFNM, considerados estratégicos por el Instituto SINCHI en el inventario de 2019. Para ello, la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS), a través de su programa de forestería comunitaria (liderado inicialmente por Angélica Rojas y posteriormente por Raúl Gómez) desplegó un equipo técnico en el que participé como ingeniera forestal de campo. Nuestro trabajo consistió en acompañar técnicamente la formulación y radicación de planes de manejo forestal ante la Corporación CDA, enfocados en dos PFNM clave por su abundancia, frecuencia y dominancia: el asaí y el seje.
Para poder tramitar los permisos de aprovechamiento era indispensable resolver una pregunta fundamental: ¿a nombre de quién se haría el aprovechamiento? ¿Quién asumiría el liderazgo de un proceso colectivo que abarca más de 90 fincas? En diversos espacios participativos, FCDS y otras organizaciones sociales comenzaron a socializar con los productores la importancia de crear una figura asociativa que facilitara la cosecha, transformación y comercialización de estos frutos, así como otras actividades derivadas de proyectos de conservación y cooperación internacional.
Como parte de esta estrategia, FCDS propuso la realización de un curso de economía solidaria impartido por la Universidad EAN, que los productores aceptaron. Esta formación les permitió tomar decisiones informadas sobre el tipo de figura organizativa que deseaban conformar y bajo qué parámetros. La cooperativa fue la figura elegida, la más votada por los estudiantes del curso, quienes posteriormente se convirtieron en los miembros fundadores de COOMAGUA. En septiembre de 2022 se formalizó su inscripción en la Cámara de Comercio como cooperativa empresarial, con estatutos, representantes y objetivos definidos. Ese mismo mes, se celebró la graduación del curso y se recibió una donación de un fondo rotatorio por parte de la Embajada de Noruega para dar inicio a las actividades productivas de la cooperativa.
Lo que revela el tejido guaviarense
En las entrevistas, COOMAGUA aparece como un punto de convergencia: el lugar donde se depositan las expectativas de una economía distinta, pero también las tensiones entre lo que se sueña y lo que se logra materializar. La cooperativa es narrada como la entidad que hace posible la comercialización de frutos del bosque. Martha lo expresó de manera directa:
Pues que es como la línea fundamental que a través de ella podemos comercializar los frutos que hay en el bosque. Esa es como la entidad... Digamos, hoy en día todo funciona siempre y cuando sea asociativamente. Porque si no vamos individual no hay nada. (Martha, socia de COOMAGUA, corregimiento El Capricho)
La necesidad de actuar colectivamente resuena en otros testimonios, donde aparecen expresiones como “nos integramos” o “una sola dirección”. María de los Ángeles, por ejemplo, subraya la función de COOMAGUA en la compra y venta de diferentes frutos amazónicos:
...Por eso yo veo a COOMAGUA, pues, que ahí es donde vamos a comprar el seje. Todas las frutas que hay. Porque yo creo que ya van a comprar no solo el seje y el asaí, sino yo creo que van a comprar muchas frutas de las fincas… (María de los Ángeles, socia de COOMAGUA, vereda Tortuga)
En la red conceptual COOMAGUA aparece como un nodo de alta densidad, vinculado a categorías como Fundación, Proyectos, Finca y Cooperativa. Esto indica que, para los entrevistados, hablar de COOMAGUA es hablar de cómo se proyecta colectivamente la vida en el bosque y en la organización.
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
Sin embargo, también emergen miradas críticas frente a las limitaciones: expresiones como “empresas de papel” o “todo implica plata” muestran la conciencia sobre los obstáculos que enfrentan.
Hermides Moreno recordó las giras y reuniones realizadas para socializar la creación de la cooperativa:
Se ha hecho mucha pedagogía en la cuestión de las personas, invitarlas... tuvimos una gira, en varias reuniones. Yo estuve aquí, estuve en Pescado, estuvimos en El Capricho, pues, compartiéndoles qué era la cooperativa, cómo funcionaba la cooperativa, cuál iba a ser el objeto social de la cooperativa, la visión de la cooperativa. No solamente se iba a dedicar a recoger frutos del bosque, sino también iba a tener los viveros, iba a tener los meliponarios, iba a buscar beneficios para las vitrinas de las Caprichosas. Entonces, pues, todo eso se hizo, pero no ha tenido mucho auge con las personas. (Hermides Moreno, gerente de COOMAGUA, vereda Paraiso).
Uno de los pilares de COOMAGUA es garantizar que la mayoría de las familias campesinas de las siete veredas puedan afiliarse y recibir beneficios. Martha enfatiza que la decisión inicial buscaba beneficiar a todos:
Es la unión, donde por medio de un buen grupo, buena comprensión, buen diálogo, en todo se puede llegar lejos, porque todo empieza por ahí: tener esa empatía para ser líderes, saber escuchar. Todos tomaron la mejor decisión, que ese beneficio sea para todos, porque eso es el desarrollo de esta comunidad. Ese es como el primer logro que hemos logrado, y ojalá se corone el objetivo completo: conformar una empresa como tal de estos frutos amazónicos. Y que es algo muy valioso, y que está ahí, saber aprovecharlo. (Martha, socia de COOMAGUA, corregimiento El Capricho)
La sostenibilidad organizativa también está atravesada por la necesidad de reconocimiento y justicia en el trabajo. María lo resume así: “Bueno, que le reconozcan algo. Porque, de todas maneras, poco o mucho, uno está apoyando y ayudando a aportar ese…” (María de los Ángeles, socia de COOMAGUA, vereda Tortuga)
En mi experiencia como profesional acompañante y ahora como tesista vinculada a COOMAGUA, he podido observar que las formas de construir confianza no dependen tanto de discursos técnicos, sino del voz a voz: lo que vecinos, amigos o familiares dicen sobre el funcionamiento de la organización. Esa dinámica ha sido tan decisiva como los talleres formales.
Además de fomentar trabajo comunitario, COOMAGUA también busca alianzas con instituciones. La Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS) ha jugado un papel central desde 2018, acompañando proyectos y cadenas de valor en torno al asaí y al seje. Sin embargo, esa presencia prolongada también ha generado interrogantes sobre la autonomía de la cooperativa. Hermides lo expresó con franqueza:
Pues yo lo único que le he planteado es eso básicamente a la Fundación, porque la Fundación es la que tiene más… ¿cómo le dijera?... Pues la que le ha metido la ficha a esto: le ha metido plata, le ha metido desgaste, le ha metido personal. Y yo le he dicho, mire, está pasando esto y esto y esto, pero no se toman medidas correctivas, no pasa nada. Yo a Angélica y a Raúl, desde el año pasado, antes de que comenzara todo ese proceso, cuando nos dieron los permisos de aprovechamiento, les decía: ‘mire que la gente no se pone al día, mire lo que estamos haciendo, mire que nadie va a reuniones, que nadie quiere afiliarse…’, pero no se tomaron medidas. (Hermides, gerente de COOMAGUA, vereda Paraiso
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Esto nos lleva a una pregunta crucial: ¿qué tan autónoma es COOMAGUA en la toma de decisiones y qué grado de incidencia sigue teniendo la FCDS en su misión y visión institucional? Hoy, con casi tres años de existencia legal, COOMAGUA cuenta con permisos de aprovechamiento, pero apenas con 19 socios activos. El desafío es claro: ampliar su base social y fortalecer su capacidad de convocatoria, para que la esperanza de “caminar el bosque” se convierta en un proceso sostenido desde adentro.
Lo que se dialoga desde la teoría
La experiencia de COOMAGUA obliga a repensar los marcos tradicionales con los que suele analizarse la organización comunitaria. A primera vista, podría asumirse como una figura jurídica más, creada en el marco de un proyecto productivo. Sin embargo, lo que las entrevistas revelan (y lo que he podido acompañar vivencialmente desde 2021) es que COOMAGUA es, ante todo, un proceso en experimentación: una apuesta por trabajar con los bosques desde la legalidad, sin tumbarlos, atravesada por temporalidades múltiples, deseos colectivos y tensiones con actores externos.
La creación de una figura organizativa para manejar productos forestales no maderables respondió tanto a exigencias institucionales de formalización (condición para acceder a permisos de aprovechamiento, fondos de cooperación y canales de comercialización) como a una necesidad territorial de construir futuro desde el bosque, impulsado desde la asociatividad. En ese cruce entre normas y deseos se configura COOMAGUA.
Desde la perspectiva de la bioeconomía situada, como han planteado Gudynas & Infante (2016) y Escobar, (2020), no se trata solo de producir bienes con base biológica, sino de tejer relaciones sostenibles entre cultura, economía y ecosistemas, reconociendo a las comunidades locales como sujetos políticos de las decisiones territoriales. Esta apuesta enfrenta tensiones estructurales en regiones como el Guaviare, donde los campesinos han vivido procesos de colonización forzada, prácticas extractivas, cultivos de uso ilícito y formas de ocupación que han desconocido sus realidades sociales y ecológicas. Como documenta Salgado (2012), la colonización amazónica en Colombia fue, en gran medida, el resultado de dinámicas de expulsión política, jurídica y militar que obligaron al campesinado a reconfigurar sus formas de habitar y relacionarse con el bosque. En este sentido, como advierte Franco (2013), numerosos programas de desarrollo rural se han implementado de manera desarticulada frente a estas trayectorias históricas, invisibilizando memorias y modos locales de vida. En este contexto, una bioeconomía situada solo puede emerger si reconoce dichas trayectorias campesinas y su derecho a redefinir el uso del bosque más allá de marcos estandarizados de conservación o productividad.
COOMAGUA no surge en el vacío: está atravesada por una larga historia de proyectos, asistencias técnicas discontinuas y promesas incumplidas. De allí que aparezcan expresiones como “empresa de papel” o “todo implica plata”, que dan cuenta tanto del temor al fracaso como de la memoria de procesos que no lograron consolidarse. Frente a ello, COOMAGUA encarna una esperanza organizada, que requiere tiempo, confianza y legitimidad para sostenerse.
Esta experiencia también puede leerse desde la economía social y solidaria. Como plantea Coraggio (2011, 2017), estas formas económicas no se reducen a estructuras administrativas o figuras jurídicas, sino que constituyen un campo de prácticas sociales sustentadas en la reciprocidad, la autogestión y la reproducción ampliada de la vida. En este marco, la viabilidad de las iniciativas solidarias depende en gran medida de la densidad de los vínculos sociales y del arraigo territorial que las sostiene, más que de su inserción inmediata en el mercado. En COOMAGUA, el voz a voz, el vecino confiable y el trabajo colectivo se convierten en mecanismos centrales para convocar nuevas afiliaciones, activar la producción y hacer circular la información, dando cuenta de una economía que se construye desde relaciones de confianza y cooperación previas, propias del tejido campesino amazónico.
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
Sin embargo, el análisis muestra que la cooperativa no ha alcanzado aún plena autonomía frente a la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible. Si bien la FCDS fue decisiva en su creación, muchas decisiones estratégicas y expectativas continúan dependiendo de ese vínculo. Esta situación remite a un dilema clásico de la gobernanza colaborativa: cómo transitar del acompañamiento técnico hacia la autogestión política sin romper los lazos con actores aliados. Desde una perspectiva relacional, la gobernanza no puede entenderse únicamente como un ejercicio de gestión o coordinación administrativa, sino como un proceso de interacción entre múltiples actores interdependientes, en el que se negocian responsabilidades, capacidades y formas legítimas de decisión colectiva (Kooiman, 2003).
En contextos latinoamericanos marcados por desigualdades históricas y reconfiguraciones institucionales, estos arreglos de gobernanza suelen emerger como respuestas híbridas a las limitaciones del Estado y del mercado, pero también pueden reproducir relaciones de dependencia si no se fortalecen las capacidades políticas de los actores locales (Grugel & Riggirozzi, 2018). En este sentido, la gobernanza en COOMAGUA se presenta no solo como un desafío organizativo, sino como un proceso en disputa, donde la construcción de autonomía implica consolidar la capacidad de decisión colectiva desde el territorio, sin desconocer la complejidad de las alianzas que han hecho posible su existencia.
En este sentido, COOMAGUA puede entenderse como una forma organizativa relacional Escobar, (2014) donde lo que está en juego no es únicamente la figura de una cooperativa, sino un proceso de reconfiguración del vínculo entre campesinado, bosque y economía. Se trata, en última instancia, de una pedagogía territorial que se escribe entre la palma de seje, el asaí, las decisiones colectivas y la lluvia que interrumpe el camino.
Como investigadora, comprendí que COOMAGUA me permitió ver cómo los campesinos construyen futuro desde condiciones adversas. Escuchar sus voces, entre la esperanza y la crítica, me hizo entender que la forestería comunitaria no es un modelo acabado, sino un camino que se recorre colectivamente, con tropiezos y aprendizajes, pero siempre con el bosque como horizonte.
En conclusión, hablar de COOMAGUA es hablar de un proceso organizativo que combina la legalidad exigida por las instituciones con los sueños y esperanzas del campesinado amazónico. Sus relatos muestran tanto la potencia simbólica de reconocerse como sujetos colectivos, como las tensiones de depender de trámites, recursos externos y acompañamientos técnicos. Esta ambivalencia nos conduce a la siguiente categoría: la cooperativa, entendida por los socios como la cara más formal y administrativa del proceso, aquella que asegura papeles y estatutos, pero que también condiciona el modo en que la organización logra proyectarse hacia el futuro.
4.2 Cooperativa: la palabra que nos incluye
El nacimiento de una forma propia de organización
Recuerdo que, a inicios del año 2022, al equipo de forestería comunitaria de la FCDS nos correspondió construir una línea de tiempo para retroalimentar a los productores sobre el proceso en marcha. La idea era compartir para qué habían servido los inventarios forestales y los proyectos de pequeñas donaciones (conocidos en ese momento bajo ese nombre, y actualmente llamados Bosques Productivos). Mi compañera forestal y yo diseñamos una metodología participativa para dialogar y construir esa línea de tiempo de manera conjunta. Visitamos veredas estratégicas como Caño Pescado, Caño Nilo y Chuapal, con el propósito de hacer memoria colectiva y planear el año 2022.
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En esas reuniones emergió con fuerza una necesidad concreta: asociarse bajo una figura organizativa que permitiera comercializar productos del bosque y respaldar jurídicamente los permisos de aprovechamiento. Si bien existía ASOCAPRICHO, su objeto social no estaba alineado con las estrategias de conservación que venían impulsando la Fundación y otras entidades. Jaime Castillo lo expresó así:
Entonces es muy importante, al tal punto que se ha llegado de que nosotros debíamos de organizarnos más como veredas, como comunidad que seamos organizados, de tener una cooperativa o una asociación donde nosotros podamos canalizar más recursos, tener más recursos para un desarrollo mejor, y tener aprovechamiento también de los recursos naturales. (Jaime Castillo, socio de COOMAGUA, vereda Caño Pescado)
En la conversación que sostuve con Anderson, en medio de la lluvia matutina en su finca de la vereda Manaviri, cerca del Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete. Observando el relicto de bosque que decidió conservar, me compartió:
La razón de ser de la cooperativa es netamente conservación. Conservación, restauración y no deforestación. Esa es la ley de la cooperativa. Y con esas iniciativas que estamos haciendo con los cooperantes, es poder escalar, o más allá, poder… (Anderson, socio de COOMAGUA, vereda Manaviri).
El día de la graduación del curso de economía solidaria fue especialmente significativo. Allí estuvimos representantes de la FCDS, la Embajada de Noruega y la Universidad EAN, junto con la mayoría de los productores y productoras. Ese día se visibilizó a varias mujeres que, desde el inicio, apostaron por la figura organizativa: Martha, Flor Matilde, Marlen, Sandra y María de los Ángeles. Ellas defendieron la cooperativa no solo como estructura legal, sino como legado familiar y comunitario. Ese acto simbolizó mucho más que el cierre de un proceso formativo: fue la materialización del anhelo de construir una economía campesina basada en el bosque, impulsada en el marco de los Acuerdos de Paz y en territorios donde muchos habían dejado atrás la coca como cultivo de uso Ilícito.
Desde allí comenzó un camino que ya no estaba solo en manos de familias con iniciativas de conservación, sino que empezaba a tomar forma como empresa campesina en el norte del Guaviare. En casa de Olmes y María, él relató lo que se espera alcanzar.
Y también las cooperativas son para eso, para seguirle dando empleo a los muchachos que no están haciendo nada. Ahorita llegan las cosechas y todo. Si se llega a un buen futuro y a cosechar en seje y asaí, y ya tenemos los permisos, pues entonces ya necesitamos gente aquí en la vereda, muchachos, para que ganen un incentivo ahí, trabajando en recoger el fruto de las palmas. (Olmes, socio de COOMAGUA, vereda Tortuga)
Quienes se refieren a “la cooperativa” lo hacen desde un lugar de pertenencia. No la nombran como una entidad lejana, sino como parte de su cotidianidad. En sus palabras aparecen frases como “nosotros en la cooperativa”, “lo que estamos sacando” o “las decisiones que tomamos entre todos”. Hermides lo resume con una metáfora:
Debemos entre todos fortalecerla, porque eso es como un piñón, es un engranaje que entre todos tenemos que ir girando alrededor para que funcione. Porque si la dejamos solo de papel, no funciona. Eso es una unión de todos, y tomar buenas decisiones, y que sea en beneficio de todos. (Hermides, gerente de COOMAGUA, vereda Paraiso)
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
La cooperativa es también un espacio pedagógico: allí se aprende a hablar en público, a organizar turnos, a gestionar trámites y a confiar en los demás. Como sintetiza Anderson: “cooperativa es poder. Es ir un paso más allá de lo que es una asociación. Es el trabajo asociativo, pero también comprometido.” (Anderson, socio de COOMAGUA, vereda Manavirí)
En los escenarios internos de la cooperativa, tanto en esta investigación como en los encuentros con otras organizaciones, se percibe un fuerte sentido de apropiación por parte de los socios activos. Hermides, Anderson, Olmes, Martha y Flor Matilde lideran conversaciones, defienden el papel de la cooperativa y buscan insertarla en nuevas apuestas de conservación y desarrollo rural. Desde mi rol, fui testigo del respaldo que la cooperativa me ofreció para hacer parte de sus decisiones colectivas. Por eso, en cada espacio preguntaba: ¿qué significa ser cooperativa para ustedes? ¿Cómo influye esto en su vida diaria y en su visión como campesinos empresarios?
Las respuestas evidencian tanto entusiasmo como cautela. Un socio lo expresó con convicción:
Yo le pongo que, así como vamos, yo le cogí la vuelta. Si esto sale bien, y yo sé que así va a salir lo de la cooperativa, y que haya un comercio bueno, que esto sea verdaderamente estable, yo le pongo... no muy lejos: cinco años. (socio de COOMAGUA).
Una de las decisiones más memorables fue la elección del nombre. Hermides recuerda con orgullo cómo, durante una mesa organizada por la Universidad EAN junto con Yesíd, surgió la propuesta de llamarla
COOMAGUA:
Desde el momento en que la creamos… porque nosotros acá en Don Yesíd fue que comenzamos con el nombre. Y pues digamos prácticamente de lo que hicimos el trabajo nosotros, fue que nació el nombre de COOMAGUA. ¿Cómo nació el nombre? Pues eso es como lo más representativo, digamos que yo haya hecho, aportar eso, por el nombre… poner el trabajo para que eso de verdad tenga un nombre, una validez, una legalidad. Eso es como lo más significativo. (Hermides Moreno, gerente de COOMAGUA, vereda Paraiso)
Nombrar fue un acto de afirmación: COOMAGUA no es solo una sigla legal, sino una palabra que guarda la memoria del proceso, los sueños compartidos y el deseo de construir un camino propio desde las veredas del Guaviare. Aunque el entusiasmo es palpable, también persisten dudas sobre si logrará consolidarse y evitar convertirse en una empresa de papel. En ese sentido, la cooperativa es tanto estructura legal como estructura afectiva: un engranaje donde se construyen relaciones de solidaridad, emerge desacuerdos y se activa una práctica organizativa que antes estaba dispersa y que ahora empieza a tomar forma.
La cooperativa: entre papeles, trámites y la formalidad exigida
La cooperativa es, para muchos, el lugar donde se entreteje la vida organizativa con los sueños de permanencia en el territorio. No se trata únicamente de una estructura con estatutos, sino de un proceso vivo que se gesta en la charla cotidiana, en las reuniones con organizaciones, en los viveros y en la voz que se corre de finca en finca. A través de los testimonios, se revela un tejido en constante construcción, que depende del compromiso, la confianza y la posibilidad de que el bosque (ese que siempre ha estado allí) deje también frutos colectivos.
Daniel Chitiva lo expresó mientras recorríamos su finca y mostraba su banco semillero:
Bueno, a mí me entusiasma aprovechar el fruto del bosque, porque eso es bueno y cualquier ingreso que le llegue a uno es bueno. Trabajar con la cooperativa es bueno, porque pueden llegar
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ayudas de otros lados, de otras entidades. Porque las ayudas de otros lados entran por el lado de las cooperativas, por el lado de entidades asociadas. Claro, porque de resto no llega nada. Entonces, por ahí puede haber una posibilidad de que a uno le ingrese cualquier dinero para otros. (Daniel Chitiva, socio de COOMAGUA, vereda Chuapal)
Aunque la cooperativa ya cuenta con figura legal, su legitimidad se juega en lo que logra hacer y en cómo se siente. Se legitima cuando recoge frutos, cuando paga un jornal, cuando ofrece oportunidades a los hijos o cuando convoca una reunión que escucha y no solo informa. La red conceptual construida en Atlas.ti muestra que la categoría Cooperativa se enlaza con otras como Trabajo, Campesino, Vereda, Producción, Organización y Fundación, confirmando que no es un concepto abstracto: está imbricado en la vida misma del territorio.
Sandra Mahecha recordó su participación desde los primeros momentos:
Pues nosotros desde el principio yo estuve en el cuento de formar la cooperativa de cuando empezó la convocatoria, las reuniones en todas yo (en Chuapal) ayudé a organizar los grupos para el curso de cooperativismo. En todos ellos tuve y cuando dijimos que tocaba crear la cooperativa dijimos que tocaba una persona que fuera mejor dicho, prácticamente hasta pagarle un sueldo para que solamente hiciera ese trabajo porque es que una persona de finca le queda muy duro a no ser de que pague los obreros y esto, pero le queda muy duro, a uno de finquero le queda muy duro, muy duro para hacer dos trabajos a la vez, porque eso ser gerente eso es bravo y nosotros sabíamos que toca a esa persona pagarle, si yo no sé Don Hermides pues por eso yo hice la pregunta que días y él dice que no. (Sandra, socia de COOMAGUA, vereda Caño Pescado)
Como señala Sandra, este tejido tiene hilos flojos: decisiones concentradas en pocos actores, falta de información clara sobre beneficios y dudas sobre la sostenibilidad del modelo. Daniel Chitiva lo resumió con claridad:
El principio de la cooperativa, que las cosas funcionen bien, es que haya honestidad, que las cosas, que no hayan dos, tres personas que se apoderen de las cosas, de la plata, si hay ingresos, cualquier cosa, que den informes, que si hay un tesoro de 10 millones, 20 millones, que si hay 30, 30 asociados, que esos 30 asociados sepan que hay 30 millones ahí en ahorro, que hay tantos gastos en tales cosas, que así sea mensualmente o dos meses, rindan cuentas a todos los asociados, para que una asociación no se mame, no se canse, porque es que lo que pasa es que la gente muchas veces, uno puede dejar así, bueno, listo, hacemos que hagan sus cosas allá, pero la gente se cansa de mirar las cosas mal, y de que hagan las cosas mal, fíjense que una asociación no echa pa’lante. (Daniel Chitiva, socio de COOMAGUA, vereda Chuapal)
Las entrevistas también muestran que la cooperativa es una memoria viva de intentos fallidos. En las veredas circulan historias de asociaciones que no funcionaron, de proyectos que terminaron en frustración. Ese escepticismo no impide el deseo: lo hace más real, más complejo. Lo que se teje no es una ilusión ingenua, sino un proceso con cicatrices y orgullo de haberlo levantado por sí mismos. Daniel lo recordó así:
Estábamos montando unas plataneras muy buenas. Por allí y por ahí abajo. Allí en el Paraiso. Y aquí también montamos unas plataneras. Pero hermosas. Unos racimonones de plátano muy hermosos. Y cuando hubo la cosecha del plátano para llevarlo. Resulta que el plátano no valía un peso. ¿Y sabe qué? Que el plátano se llevaba una volqueta de plátano. Y cuando les tocó fue regalarlo. (Daniel Chitiva, socio de COOMAGUA, vereda Chuapal)
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Durante la asamblea general a comienzos de 2024 surgió otra tensión: la definición del predio para la planta de transformación de frutos amazónicos y la rendición de cuentas de la tienda comunitaria. Marlen lo expresó con inconformidad:
Ya tenemos problemas por eso. Yo siempre le pedí que hiciéramos cuentas cada mes, y se molestó conmigo. Nosotros trabajamos, trabajamos, y toda la plata la administra otro. No se sabe qué se hace. Aunque sean cincuenta pesos, hay que saber qué queda, qué se hace. Esos cincuenta pesos pueden servir para un plato, para otra cosa. (Marlen, socia de COOMAGUA, vereda Caño Pescado)
Finalmente, se decidió por mayoría comprar un predio ofrecido por Don Chato, ubicado en las afueras del centro poblado, confiando en que pronto tendrá acceso a servicios públicos para la planta financiada por la Embajada de Noruega y USAID. Daniel Bermúdez resaltó la importancia de que todo quede en manos de la cooperativa:
A eso voy resulta que por eso por eso dije que la cooperativa la quiero que sea propia y de nosotros. Porque siempre de pronto hubo terquedades de algún lado de otro lado, de pronto yo fui terco también, por un lado. De que querían que la cooperativa quedara en otro lado y no quedara como propia, pero yo fui uno de los que me decidí a decir no la cooperativa la quiero que sea propia porque nosotros podemos ahí. Es más fácil hablar con la asociación completa, pero es que ya cuando es un lote individual que es que están las estafas. Es del dueño, no es de nosotros, nosotros nos toca salir a cualquier momento y salir a volar. No, para mí no sabe eso. (Daniel Bermúdez, socio de COOMAGUA, vereda Chuapal).
Estas tensiones revelaron dos aprendizajes: la necesidad de institucionalizar la rendición de cuentas y la rotación de roles, y la importancia de que todo quede a nombre de la cooperativa. Jaime Castillo lo planteó con firmeza:
Yo creo que esta cooperativa debe tener reuniones, ojalá, unas asambleas generales donde se toque el tema y donde todos estemos con la cooperativa. Porque la realidad es que hay unos poquitos y otros no. Entonces no estamos trabajando todos por un mismo, sea una misma línea o un mismo futuro. Entonces yo creo que de 90 o no sé cuántos afiliados hay, a 18 o 20, la cooperativa le falta como organizarla, ver a qué se le puede hacer, cómo nos vinculamos todos. O sea, entre más grande sea la cooperativa, mucho mejor. (Jaime Castillo, socio de COOMAGUA, vereda Caño Pescado
Aunque la votación sobre el predio fue un paso, la construcción de la planta no inició. Tras nuevas conversaciones, la Embajada de Noruega decidió entregar recursos para un tercer predio, bajo figura de donación directa a nombre de COOMAGUA, en la vereda Cristal. Ese terreno ofrece mayor seguridad jurídica, acceso proyectado a servicios públicos y ubicación estratégica para la transformación de frutos amazónicos.
Este giro coincidió con la salida de USAID de Colombia en 2025, derivada de los retiros de fondos decretados por la Administración del presidente Donald Trump. Aunque en años anteriores existió cierta continuidad en programas de desarrollo rural y ambiental, el retiro abrupto de este año interrumpió procesos estratégicos como Amazonía Mía. Para COOMAGUA, esta salida significó un llamado a fortalecer su gobernanza interna y depender cada vez más de su propia capacidad organizativa, en lugar de la cooperación internacional.
¿Qué dice la organización campesina sobre sí misma?
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Escuchar a los socios de COOMAGUA hablar de la cooperativa no es simplemente registrar una experiencia organizativa. Es, sobre todo, adentrarse en una forma situada de producir sentido sobre lo colectivo. Lejos de las definiciones normativas que circulan en manuales técnicos, lo que emerge aquí es una práctica viva que mezcla legalidad con afecto, trámite con esperanza, rutina con deseo. No se trata solo de estatutos, sino de aprender a caminar juntos entre contradicciones y sueños.
Lo que se dice en las veredas (y también lo que se calla) recuerda que la organización campesina no es una meta alcanzada, sino una práctica en permanente disputa. Como plantean Kroeker y Bebbington (1997), las organizaciones rurales están atravesadas por tensiones entre la autonomía comunitaria, la dependencia de cooperantes externos y la necesidad de sostenerse material y simbólicamente. En COOMAGUA, esas tensiones aparecen en cada decisión: la discusión sobre el predio para la planta de transformación, el manejo de los recursos de la tienda o la participación desigual en las asambleas.
Desde esta perspectiva, la cooperativa puede entenderse como un sujeto colectivo emergente. Nombrarse como “nosotros en la cooperativa” no es solo usar una etiqueta administrativa, sino reconfigurar la identidad campesina en clave organizativa. Esto remite a lo que Aguilera et al. (2021) denominan subjetividades organizativas rurales, formas de asumir agencia, pertenencia y proyección desde el arraigo. Sin embargo, este sujeto no es homogéneo: las disputas sobre la tienda, el predio de Martha o el predio de Don Chato muestran que la confianza debe cultivarse con mecanismos de transparencia y rendición de cuentas. Woolcock (1998) advierte que el capital social no basta por sí mismo para generar eficacia colectiva: requiere reglas claras de gestión interna.
A ello se suma la dimensión afectiva. Como señala Guevara (2020), “las organizaciones comunitarias no son solo espacios de gestión, sino territorios de sentido”. En COOMAGUA, los conflictos por la localización de la planta o las quejas por la administración de recursos no son únicamente técnicos: expresan qué se entiende por justo y verdaderamente colectivo. En este marco, Machado (2009) enfatiza que el capital social campesino no se induce desde afuera, sino que se construye desde las redes de reciprocidad propias. En COOMAGUA esto se traduce en aprendizajes que brotan en la finca, en la voz de las mujeres que gestionan la tienda o en los jóvenes que cosechan seje, más que en informes o capacitaciones.
La relación con la cooperación internacional también plantea dilemas. Alatorre y Aguilar (1994) advertían que muchas ONG, en lugar de potenciar autonomía, reproducen lógicas tecnocráticas que dificultan la organización desde abajo. La trayectoria de COOMAGUA lo confirma: aunque actores como FCDS, la Embajada de Noruega o USAID han sido claves para infraestructura y permisos, también han generado condiciones externas que no siempre coinciden con los ritmos comunitarios. La compra del predio en la vereda Cristal, donado a nombre de la cooperativa con recursos de Noruega, resolvió un problema técnico, pero expuso las tensiones entre decisiones institucionales y expectativas campesinas.
Estos dilemas no son excepcionales. Acevedo-Osorio et al. (2018) muestran que la agricultura familiar enfrenta tensiones constantes con modelos extractivistas de desarrollo rural, y que las cooperativas campesinas se constituyen en alternativas que articulan economía, política y cultura desde racionalidades territoriales. COOMAGUA es parte de esa lógica: busca habitar el bosque de manera legal, rentable y digna, sin renunciar a los vínculos comunitarios.
En este sentido, la cooperativa se encuentra en una fase transitoria: dejó de ser un proyecto en papel, pero aún no consolida plenamente su cohesión interna. Esa transición es, sin embargo, rica en aprendizajes porque permite ver cómo una comunidad se organiza desde sí misma, con sus ritmos, contradicciones y esperanzas. Más que reproducir modelos externos, COOMAGUA es una apuesta por reaprender a organizarse desde la historia campesina y amazónica: desde la finca, desde el monte, desde la voz de las mujeres y los jóvenes, desde el cansancio, pero también desde el deseo.
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
Comprendí que acompañar este proceso fue también un ejercicio de desaprender las definiciones rígidas de cooperativismo que aprendí en manuales técnicos. En COOMAGUA, la cooperativa se entiende, se vive y se siente de otra manera: como un territorio organizativo en disputa, que me permitió ver la organización campesina no como un resultado, sino como un camino que se construye a diario en diálogo con el bosque.
En suma, la cooperativa aparece en los relatos campesinos como una estructura formal necesaria, pero también como un espacio vivo de aprendizajes, tensiones y afectos. Es estatuto y es conversación en la finca; es trámite y es esperanza. Sus dilemas alrededor de la transparencia, la participación y la dependencia externa muestran que aún está en construcción, pero precisamente allí radica su valor: en ser un laboratorio de organización comunitaria en tiempo real. Esta mirada nos conduce hacia la siguiente categoría, donde se exploran las prácticas cotidianas en la finca, espacio donde lo organizativo, lo productivo y lo familiar se entrelazan en la vida campesina amazónica.
4.3 Campesinos: nuestro sentido
Ser campesino no es cualquier cosa
Cuando escucho hablar a los socios y socias de COOMAGUA, lo que emerge no es solo una definición funcional de lo que significa ser campesino, sino una afirmación de existencia: una forma de estar en el mundo que reclama reconocimiento, respeto y, sobre todo, dignidad. En medio de la selva, donde el Estado llega poco y la historia ha sido tejida entre cultivos, desplazamientos y retornos, ser campesino no es un título; es una práctica de vida.
Recuerdo una de las entrevistas realizadas en la vereda Caño Pescado, donde Don Jaime Castillo, líder con trayectoria en distintos procesos organizativos, me dijo con convicción:
Pero nosotros los campesinos, pues, no lo mirábamos con buenos ojos, porque, de todas maneras, venían era de pronto a prohibirnos que no debíamos de tumbar ni seguir arrasando con la naturaleza. (Jaime Castillo, socio de COOMAGUA, vereda Caño Pescado)
Esta categoría no aparece aislada. En el tejido de coocurrencias, campesinos se vincula con cooperativa, finca, trabajo, selva, ganadería y proyectos. Ello revela que el sujeto campesino se configura en una red densa de prácticas, relaciones y tensiones. A diferencia de otras categorías más técnicas, como cooperativa o proyectos, esta se sitúa desde la identidad: campesino es quien siembra, pero también quien sueña, conserva y resiste.
Lo que se escucha en los testimonios va más allá de una autodefinición: es también una interpelación a las instituciones, a las ONG y a los profesionales (incluyéndome) que llegamos con manuales, expectativas y fichas técnicas. Anderson lo dijo sin rodeos:
Sí, es que el campesino ha tenido en su cabeza que la única manera de usted poder verle un fruto a ese pedacito de tierra... sí es bosque, si es rastrojo, es convertirlo en una unidad productiva. Y como en estos momentos el bosque no ha sido rentable, entonces lo convierten, ya sea para hacer un cultivo cualquiera, o para convertirlo en pasto. (Anderson, socio de COOMAGUA, vereda Manavirí)
Habitar el bosque desde lo campesino: aprendizajes, tensiones y esperanzas de la forestería comunitaria
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Este bloque de relatos revela también una dimensión de orgullo. Si bien muchos asumen su identidad con cierta carga de cansancio (por la invisibilización, por las promesas incumplidas), también hay una reafirmación poderosa en la forma campesina de habitar el mundo. La organización familiar, el deseo de heredar la tierra y el trabajo colectivo en la finca son formas concretas de resistencia. Anderson lo recordó en su testimonio sobre la historia de vida familiar:
Mi papá insistió en que tuviéramos una finquita donde trabajar. Y entonces, él no nos dio parte de la plata; mi mamá puso la mitad de esa finca, y la otra parte la compramos en sociedad con mi hermano. (Anderson, socio de COOMAGUA, vereda Manavirí)
Desde mi rol como acompañante técnica, he sido testigo de cómo este orgullo se traduce en acciones concretas: en la manera en que cuidan sus fincas, en cómo comparten semillas, en la planificación de cosechas basada en el conocimiento acumulado. Este saber situado (ancestral, técnico y vivencial a la vez) no aparece en los formularios, pero lo sostiene todo. Esa forma de reconocer y trabajar el territorio ha permitido a los socios de COOMAGUA fortalecer un tejido social vinculado con la permanencia digna en la selva amazónica.
Daniel Chitiva lo expresó en medio de la conversación sobre su vida familiar:
Bueno, pues yo esa casita la hice ya hace ratito, pero eso fue una proyección de trabajar, de seguir haciendo corrales, casas. Y ya después, con mi pareja que vive ahorita… un día por ahí en San José, yo era amigo de un hermano de ella, él compraba marranos y yo lo acompañaba... (Daniel Chitiva, socio de COOMAGUA, vereda Chuapal)
La cooperativa, entonces, no puede entenderse sin este sujeto colectivo que la habita. No existe COOMAGUA sin campesinos, ni proyectos sin territorio. Y este territorio no es solo geografía: es memoria, cuerpo, historia compartida.
Campesinos en tierra ajena: aprender a habitar el monte
Una de las cosas que más me marcó durante el trabajo de campo fue ver cómo, detrás de cada socio y socia de COOMAGUA, hay una historia de llegada, de tránsito, de adaptación. La mayoría no nació en el Guaviare: vinieron desde otras regiones, desplazados por la violencia, buscando tierra o huyendo de la pobreza. Pero al llegar no solo trajeron herramientas y semillas: trajeron también una forma de entender el mundo. Y tuvieron que aprender otra.
Martha lo explicó con palabras sencillas, pero cargadas de sentido:
La primera casa en donde nací, porque fue como el primer lugar, ¿cierto? pero igual acá fue la mejor forma de uno subsistir ha sido acá, porque en Santander es donde nosotros vivíamos. era muy duro para sobrevivir, la economía muy difícil entonces. sí, el Guaviare ha sido excelente, así como un Paraiso. contamos con todo, con muchas cosas muy importantes y valiosas. (Martha, socia de COOMAGUA, corregimiento El Capricho)
Este sentimiento de extranjería fue constante en varios relatos. No se trataba solo de llegar a un nuevo lugar, sino de reaprender a vivir: el suelo es distinto, los cultivos no responden igual, las distancias se miden en horas de barro, no en kilómetros, y el monte (tan temido al principio) se va volviendo compañía. En este proceso, los saberes campesinos no se desechan: se transforman. Jaime Castillo lo narró con una mezcla de orgullo y cansancio: “Cuando yo llegué al Guaviare, aquí las vías eran pésimas
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para entrar aquí. Eso era el barrial1 a la rodilla.” (Jaime Castillo, socio de COOMAGUA, vereda Caño Pescado)
Olmes recordó su infancia en el campo con sencillez:
Allá en ese pueblito nací y me crie allá hasta los 17 años, allá hice toda mi primaria en la escuela, una escuela de San Pedro, hice mi primaria hasta quinto primaria porque yo no tengo más estudió. (Olmes, socio de COOMAGUA, vereda Tortuga).
Esta adaptación no ha sido solo agrícola: ha sido profundamente cultural. Quienes antes hablaban del “campo” ahora hablan del “monte”; quienes veían el bosque como obstáculo, hoy lo piensan como sustento. Esa resignificación del territorio ha sido clave para que COOMAGUA tome fuerza: la cooperativa no nace sobre un suelo vacío, sino sobre territorios reconstruidos desde la experiencia migrante y campesina.
Comprendí que este tránsito ha sido también una forma de sanar. Varias familias llegaron al Guaviare tras años de desplazamiento, cultivos de uso ilícito o despojo. Aunque algunas nacieron en la región, sus vivencias estuvieron atravesadas por entradas y salidas constantes, de acuerdo con las condiciones sociales de cada época. En las conversaciones, el monte aparece como un lugar que les permite recomenzar, sembrar sin miedo, construir casa con tiempo y criar hijos con esperanza. Pero también es un lugar donde se cargan duelos y se enfrentan soledades.
María de los Ángeles lo compartió al hablar de la crianza de sus hijos:
Que yo ya tengo, pues todo le han enseñado, prácticamente le ha tocado con muchas manos, pero yo creo que mi Dios la va a tener. Yo le digo: mamá, en todo pasa así, vendrán tormentas y aguaceros, pero llega la calma. Esfuerzos por superarse, porque usted no debe depender de un hombre: el estudio nadie se lo quita. Y ya, yo digo que ella donde está ya me espera, que para junio está haciendo esas prácticas. (María de los Ángeles, socia de COOMAGUA, vereda Tortuga))
Martha recordó su propia experiencia como mujer campesina recién llegada:
Sí, yo llegué donde una tía y con mis hermanos a trabajar, a cocinar para los trabajadores. Ellos tenían chagras, coqueras, a limpiar chagras, fumigar, lo que tocara, yo cocinaba y me iba a trabajar. O sea, madrugaba, hacía desayuno y adelantaba el almuerzo y me iba a trabajar y me ganaba los dos ingresos. (Martha, socia de COOMAGUA, corregimiento El Capricho)
Por eso, cuando COOMAGUA apuesta por el manejo forestal comunitario, no está solo defendiendo el bosque: está también tejiendo arraigo. Está diciendo: aquí nos quedamos, aquí aprendimos a vivir, aquí sembramos nuestra nueva vida. En ese cruce entre lo que trajeron de sus tierras de origen y lo que han ido aprendiendo del bosque amazónico, se configura un campesinado particular: el campesinado guaviarense. No es el mismo de Santander, Casanare, Cundinamarca o Bogotá, sino uno que ha forjado su identidad en la combinación con la selva, la lluvia, los caminos de trocha y ahora, con los frutos amazónicos.
1 Barrial: tener barro en las rodillas producto de transitar en la selva.
Habitar el bosque desde lo campesino: aprendizajes, tensiones y esperanzas de la forestería comunitaria
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Ser campesino en Guaviare: identidad en tránsito, organización desde la selva.
Escuchar a los socios de COOMAGUA hablar de su identidad campesina no es simplemente registrar una autoafirmación. Es, ante todo, entrar en una narrativa de pertenencia, arraigo y resistencia que se construye en la selva, no desde lo desconocido, sino desde lo vivido. En sus voces no hay romanticismo, sino memoria activa: la del que llegó desplazado, del que sembró con lo que tenía, del que fue aprendiendo a habitar la humedad del monte, a cuidar lo poco y a compartir lo justo. En esa enunciación del “ser campesino” hay una afirmación política, una reapropiación del derecho a quedarse que es tanto individual como colectiva y territorial.
Este proceso de arraigo campesino en territorios de frontera, como el Guaviare, no es exclusivo de COOMAGUA. En otros puntos de la Amazonía colombiana, comunidades desplazadas por conflictos o pobreza han reconstruido desde el monte una forma propia de habitar. Como advierte Cueto (2014), en contextos de colonización como el del Alto Inírida, los campesinos no solo enfrentan desafíos ecológicos o económicos, sino también simbólicos: deben reaprender el monte, resignificar el bosque y reconstruir sus formas de organización social. En ese tránsito, la identidad campesina se redefine no como esencia homogénea, sino como configuración histórica situada, cargada de tensiones, saberes y resistencias. Hurtado (2023) lo denomina reterritorialización: el paso de habitar un suelo ajeno a considerarlo propio, mediante prácticas que entrelazan cultivo, organización comunitaria y cuidado colectivo.
Acevedo-Osorio et al. (2019) recuerdan que la agricultura familiar en Colombia ha sido marginada del modelo dominante de desarrollo rural, pese a su aporte a la soberanía alimentaria, al cuidado territorial y a la producción de tejidos sociales. En el Guaviare, estas tensiones se manifiestan en la presión por cumplir con exigencias de trazabilidad o infraestructura impuestas por agendas externas, mientras aún se está resolviendo cómo construir confianza entre vecinos, cómo compartir aprendizajes o cómo garantizar la transparencia en el manejo de recursos. Machado (2009) advierte que estas organizaciones rurales deben sortear el desajuste entre sus tiempos y los marcos institucionales de cooperación, que muchas veces desconocen los ritmos campesinos.
Como señala García (1995), el campesinado guaviarense ha generado sus propias formas de organización desde la práctica cotidiana: veredas, juntas de acción comunal, normas locales. Ese tejido sostiene hoy experiencias como COOMAGUA, donde el arraigo no es solo físico, sino también emocional y simbólico. En la misma línea, Sabogal et al. (2008) destacan que el manejo forestal comunitario implica no solo gestión técnica, sino apropiación social del bosque. Al asumir esta apuesta, COOMAGUA no está simplemente produciendo un aceite o comercializando frutos: está proyectando una forma campesina de habitar el bosque, con sus tiempos, afectos y contradicciones.
Salgado Ruíz (2018) sintetiza bien esta complejidad: en Guaviare la identidad campesina es mezcla de trayectorias migrantes, saberes agrícolas, memoria del conflicto y aprendizajes ecológicos entretejidos en décadas de vida en la selva y la finca. Por eso, lo que ocurre con COOMAGUA no es un simple proceso asociativo: es una afirmación de existencia campesina amazónica. Es un decir: estamos aquí, sembramos aquí, resistimos aquí. Con contradicciones y errores, pero también con apuestas y sueños.
Lo campesino en Guaviare no se define solo por la producción, sino por la capacidad de construir futuro en medio de condiciones adversas. Escuchar a los socios de COOMAGUA me permitió ver cómo la identidad campesina se convierte en sujeto político, capaz de disputar sentidos sobre el bosque, el territorio y la vida misma.
Por ultimo, la categoría Campesinos muestra que COOMAGUA no se entiende sin las trayectorias de quienes la sostienen: hombres y mujeres que llegaron desde distintos rincones del país, que aprendieron
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a habitar el monte y que hoy se reconocen como actores políticos y territoriales. Su identidad no es solo memoria, sino práctica viva de resistencia y de arraigo en la selva amazónica. Esta afirmación de existencia campesina encuentra en la finca su escenario más concreto: allí donde se siembra, se cría, se conversa y se proyecta el futuro familiar y colectivo. La siguiente categoría profundiza precisamente en ese espacio cotidiano, donde lo organizativo se cruza con lo productivo y lo afectivo, tejiendo las bases de la forestería comunitaria en el Guaviare.
4.4 Finca: apropiación territorial campesina
La finca no es solo tierra: es arraigo, historia y sustento
Cuando los socios y socias de COOMAGUA hablan de su finca, no se refieren únicamente a un terreno delimitado por linderos o títulos de propiedad. Hablan de un espacio vivo, tejido con esfuerzo, memorias, luchas y afectos. La finca no aparece como una categoría técnica, sino como un territorio construido: se tumba, se limpia, se siembra, se habita, se hereda.
Recuerdo que una mañana me dirigí a visitar la finca de Sandra Mahecha. Imaginé que nuestra conversación transcurriría bajo un árbol o en su cocina con café recién colado. Pero Sandra no estaba en ninguno de esos lugares. La encontré en el corral, ordeñando vacas y aislando becerros. Le pregunté si podíamos hacer la entrevista más tarde, a lo que respondió con sinceridad: “estoy ocupada”. Entonces comprendí que esta es la vida campesina. Le dije que la acompañaba en sus labores, y así fue: caminando entre estacas y baldes, hablamos de la finca, de sus sueños y de la región. Esa escena me dio una clave profunda: la finca no se cuenta desde la distancia, se vive desde adentro.
Sandra lo resumió con claridad al explicar la dificultad de combinar la vida productiva con las responsabilidades organizativas:
Porque es que una persona de finca le queda muy duro, a no ser que pague los obreros y esto, pero le queda muy duro. A uno de finquero le queda muy duro, muy duro para hacer dos trabajos a la vez. (Sandra, socia de COOMAGUA, vereda Caño Pescado)
Esta afirmación encierra no solo la exigencia física del trabajo rural, sino también la complejidad de sostener un espacio que articula lo productivo, lo doméstico y lo comunitario. En la red de coocurrencias, finca se conecta con ganadería, selva, tierra, trabajo, potreros, construcción, proyectos y familia. Esta constelación revela que la finca condensa una dimensión material (ordenación del suelo, uso del tiempo, cultivo o cría) y una dimensión simbólica: es lugar de crianza, organización familiar y lucha por la permanencia.
Olmes lo expresó al hablar de sus planes de manejo:
Sí, pero esto yo, pienso arreglar lo que es potrero, organizarlos, y lo que es selva meter al proyecto porque son más o menos unas 30 hectáreas. Esto será más adelantico porque es que ahorita, nosotros hace un año que la compramos. (Olmes, socio de COOMAGUA, vereda Tortuga).
La finca, así, se asocia directamente con los sistemas productivos campesinos, pero también con proyectos institucionales y vínculos con organizaciones. Es base para integrarse en iniciativas de manejo forestal comunitario, como las de COOMAGUA, pero también es el lugar desde donde se configura el día a día, las decisiones familiares y las apuestas por el futuro. Martha lo explicó de manera sencilla:
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Bueno, por mí no he tenido ganado, digamos porque no tengo una finca con potreros donde se tiene ganado… Entonces el bosque sí aporta muchas cosas en mí personalmente. Entonces no he realizado la ganadería como actividad. (Martha, socia de COOMAGUA, corregimiento El Capricho)
Acompañando estos procesos, he visto cómo tener una finca no es solamente un logro económico, sino una afirmación de existencia: “aquí estamos, aquí sembramos, aquí resistimos”. Ese arraigo se manifiesta en lo cotidiano: alistar el ganado, organizar los potreros, preparar el desayuno, asistir a reuniones con ONG o encuentros comunitarios. La finca es escuela de vida.
En el Guaviare, las fincas actuales son el resultado de múltiples transiciones: de selva a cultivo de uso Ilícito, de coca a pasto, de pasto a ganadería, de rastrojo a fragmentos de bosque conservado. Esta trayectoria revela que la finca también es respuesta a la historia reciente del conflicto armado, al abandono institucional y a la resiliencia campesina. Por eso, toda entidad que quiera trabajar en la región debe reconocer que las fincas no son espacios neutros: son nodos vivos donde se juega la viabilidad de los proyectos, la posibilidad de participación real y el alcance territorial del manejo forestal comunitario.
En ese sentido, la finca no solo es economía: es también política. Es una forma de afirmar el derecho a habitar el territorio amazónico como campesinos, no como colonos transitorios ni como agentes del extractivismo. Desde COOMAGUA, ese derecho se ejerce sembrando, cuidando, debatiendo y apostando por otro futuro posible: desde la finca hacia el bosque, y desde el bosque hacia los campesinos.
Lo que se hace en la finca: cuerpos, tiempos y relaciones.
En las fincas de COOMAGUA se hace de todo. Se siembra plátano, yuca, maíz; se crían animales; se construyen cercas; se cuidan los nacederos de agua. Pero más allá de las prácticas productivas, lo que se hace en la finca es vida: se madruga, se cocina, se forman los hijos, se organizan mingas, se sueña con una casa mejor o con ampliar el potrero. En los testimonios analizados aparecen frases como “yo tengo mi finca”, “empezamos a organizar”, “la candela se comió todo el potrero”, que evidencian una cotidianidad marcada por el trabajo constante, las decisiones familiares y las relaciones de reciprocidad.
Marlen describe con orgullo la forma en que ha organizado el área destinada al autoconsumo: “Sí, yo creo. cacao, cercas ahí, árboles frutales para sembrar ahí, plátano y ya pues cuando ahorita yo ya tengo ya listo, ya estoy comiendo yuca y plátano.” (Marlen, socia de COOMAGUA, vereda Caño Pescado)
Jaime Castillo rememora cómo el cultivo de yuca y maíz se integra a las dinámicas familiares: “Se sembraba el maíz y se le regaba pasto, se aprovechaba la cosecha de maíz y pasto y la labranza, la yuca por ahí al lado también.” (Jaime Castillo, socio de COOMAGUA, vereda Caño Pescado)
Estas prácticas reflejan saberes campesinos que han sido trasladados, adaptados y reconstruidos en el Guaviare. Históricamente, la llegada de familias campesinas a esta región estuvo marcada por una lógica de ordenamiento productivo que valoraba la tierra según su transformación: pasto limpio por encima del bosque, potrero sobre selva. Anderson lo explicó con franqueza al hablar de estrategias familiares para generar ingresos:
Actualmente no hay alguna entrada económica a las familias. Es por eso que eso yo decía la única manera es tumbarlo, convertirlo en una pradera, convertirlo en un cultivo de yuca de plátano, de maracuyá, de chontaduro y ahí sí poder sacar algo, de lo contrario no hay garantías. (Anderson, socio de COOMAGUA, vereda Manavirí)
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
Esta mirada transformó profundamente la Amazonía: donde hubo selvas continuas, hoy persisten relictos. Sin embargo, los relatos de los socios muestran un giro: un reconocimiento del valor del bosque, del agua, del suelo vivo. María recordó cómo una visita a la Finca Cosmopolitana (modelo promovido por FCDS) fue clave para repensar su finca:
Yo me vine desde esa vez con esa, y yo, que me iba a tomar ni un polita, empecé hacer a ese espacio que yo había dañado de caño de mi hasta la entrada, empecé a organizar la finca, a sembrar y fue cuando entré a GEF. (María de los Ángeles, socia de COOMAGUA, vereda Tortuga)
Uno de los aspectos más relevantes es que la finca no es una unidad aislada, sino parte de una red social, ecológica y política. Las decisiones sobre qué sembrar, cómo manejar el suelo o cuándo vender se entrelazan con las dinámicas de la cooperativa, los programas de conservación, los ciclos del mercado y, sobre todo, con las relaciones de confianza entre vecinos y familiares. Marlen lo expresó con claridad: “Yo volví, dejé reforestar otra vez eso y el agua se seca para la parte donde está el vecino, pero de lo mío para abajo el agua se sostiene en el grado que es.” (Marlen, socia de COOMAGUA, vereda Caño Pescado)
En muchas entrevistas aparece el papel estructural de las mujeres en la gestión cotidiana. Son ellas quienes siembran, cocinan, planifican, administran los recursos y educan. Por eso, hablar del trabajo en la finca también es hablar de la distribución de roles, del tiempo de cuidado y del conocimiento intergeneracional. Martha, formada en el SENA, comparte su visión de conservación con determinación:
Para mí era dejarlo ahí para cuidar el agua, los animales, y que a través de conservarlo ahí pudiera tener un incentivo. Eso era mi enfoque, entonces yo dije, yo quiero conseguir una tierra, pero no quiero para tumbarlo, no quiero y se me metió eso. (Martha, socia de COOMAGUA, corregimiento El Capricho)
Las fincas no son estáticas: se transforman, se fragmentan, se amplían o se reconvierten. Algunos socios mencionan su tránsito de la coca al cacao, o del potrero al agroforestal. María lo expresó con entusiasmo: “Hay 60 entre naranjos, mandarinos y aguacates, injertado ya también muy bonito, logramos hacer el agroforestal hermoso que me descansé en la casa.” (María de los Ángeles, socia de COOMAGUA, vereda Tortuga)
Estas transformaciones no son meramente técnicas: son decisiones profundamente políticas. Constituyen una forma de responder a las exigencias del contexto, a las normativas ambientales, a los incentivos de proyectos externos, pero también a las propias convicciones sobre cómo habitar y cuidar el territorio. En COOMAGUA, la finca es un espacio donde se siembra comida, pero también se cultiva comunidad, autonomía y esperanza.
Habitar la finca, producir territorio: tensiones y aprendizajes desde lo campesino-amazónico
La finca, en el contexto campesino-amazónico del Guaviare, no puede reducirse a una unidad productiva o a un polígono dentro de un mapa catastral. Es una construcción socioterritorial compleja que condensa historia, desplazamientos, memorias y deseos. En los relatos de los socios de COOMAGUA se revela como un espacio donde se produce no solo alimento, sino también afecto, vínculos, formas de habitar y sentidos de pertenencia. No es casual que, en las narraciones, la finca aparezca entrelazada con palabras como trabajo, potrero, selva, ganado o construcción. La finca es el lugar donde se entrecruzan cuerpos, tiempos y relaciones.
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Como señala Escobar, (2014), los territorios deben entenderse no como espacios fijos, sino como configuraciones de vida donde se tejen relaciones afectivas, simbólicas y políticas. Desde esta mirada, la finca campesina en la Amazonía constituye un lugar en sentido profundo: un espacio vivido y resignificado cotidianamente, donde se disputa la forma de estar en el mundo. Esta visión desafía las lecturas técnicas de muchos programas de desarrollo rural, que suelen abordarla como terreno a intervenir según metas productivas, sin reconocer los entramados sociales y ecológicos que la sostienen.
Haesbaert (2013) complementa esta comprensión al plantear que los espacios rurales son multiterritoriales: condensan múltiples capas de sentido, experiencias y pertenencias. En COOMAGUA, cada finca trae consigo fragmentos de otras tierras: la parcela que se dejó en Caquetá, el lote perdido en medio del conflicto armado, la tierra soñada en Santander o el baldío limpiado con esfuerzo familiar. Esta multiterritorialidad se expresa tanto en las prácticas agrícolas como en los imaginarios que configuran la vida en el campo. La finca es memoria del desarraigo y, a la vez, espacio de reterritorialización (Hurtado, 2023).
Desde una perspectiva crítica, la finca es también un campo de disputa. Las narraciones campesinas evidencian tensiones entre las expectativas de sostenibilidad impulsadas por la cooperación internacional y las urgencias económicas de las familias. Santos M. , (2000) advertía que el espacio es una construcción social atravesada por relaciones de poder; en el Guaviare, la finca está en la encrucijada entre deforestación y conservación, entre ganadería extensiva y apuesta agroforestal, entre mercado y necesidades domésticas.
Leff (2004) aporta otra dimensión clave al sugerir que estas fincas expresan una racionalidad ambiental campesina, distinta a la visión tecnocrática del desarrollo. Para la familia campesina, un fragmento de monte que antes era visto como improductivo se convierte en reserva de agua, fuente de leña, medicina o alimento animal. Estas decisiones, como plantea Van der Ploeg, (2012), se ven tensionadas por la dependencia de los mercados globalizados, generando procesos de reconstrucción del campesinado. En este sentido, cada finca es expresión concreta de reapropiación y resiliencia frente a la homogeneización del capital.
Los campesinos de COOMAGUA no son depositarios pasivos de saberes tradicionales, sino agentes activos que recrean, actualizan y transmiten conocimiento. La finca funciona como un archivo viviente: allí se experimenta con combinaciones de cultivos, se ensayan prácticas nuevas, se aprende del error o del consejo del vecino. Esta dimensión vivencial configura la posibilidad de una sostenibilidad territorializada, no impuesta, sino apropiada, que cambia según las vivencias y la respuesta del entorno.
Las dinámicas de las fincas deben leerse también en relación con el avance de la frontera agrícola. Como plantea Sastre (2012) este proceso no es lineal ni homogéneo, sino condicionado por trayectorias familiares, decisiones comunitarias, memorias de desplazamiento y dinámicas institucionales. Las fincas del Guaviare no son réplicas unas de otras: cada una responde de manera situada a condiciones ecológicas, sociales y políticas. La frontera agrícola no es solo expansión material, sino también fenómeno simbólico y subjetivo, que redefine lo que es habitable, productivo o valioso.
En suma, las fincas de los socios de COOMAGUA son territorios en disputa, pero también en construcción. Reflejan la lucha cotidiana por habitar la selva desde lo campesino, lo digno y lo posible. Entenderlas solo desde indicadores productivos sería negarlas en su riqueza y complejidad. Esta categoría no es solo una unidad de análisis, sino un pilar desde el cual se concentra la relación entre campesinado y Amazonía: una relación tejida con machete, tierra, palabra y esperanza.
En conclusión, la finca campesina en el Guaviare no puede comprenderse como un simple terreno productivo: es escuela, refugio, archivo de memorias y espacio de disputa política. En ella se entrelazan
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la vida cotidiana, las trayectorias migrantes, las apuestas organizativas y la defensa del bosque. La cooperativa COOMAGUA encuentra en cada finca su base material y simbólica, pues allí germinan las decisiones que dan sentido al manejo forestal comunitario. Este recorrido nos lleva a la siguiente categoría: la selva, ese espacio que, más allá de ser paisaje, constituye el horizonte vital desde el cual los campesinos guaviarenses se reconocen y proyectan su futuro colectivo
4.5 Selva: “La selva no se siembra, se hereda: tensiones entre
destrucción, cuidado y esperanza” Lo que quedó en pie: memorias de monte, culpa y compromiso
La selva, en las voces de quienes hoy integran COOMAGUA, no es una categoría abstracta ni un ente natural distante. Es, ante todo, un territorio vivido, heredado, intervenido y, en muchos casos, también destruido. Su evocación en las entrevistas remite a un antes y un después: antes, cuando era monte virgen y espeso; después, cuando llegó la necesidad (y muchas veces la ilusión) de convertirla en potrero o cultivo.
Sí, señora, venía con la ilusión de tumbar montaña y hacer potreros y trabajar con la ganadería. Sí. Se llegó a tumbar selva, a destruir la naturaleza, como se dice y ya dándose cuenta uno del error que uno está cometiendo […] pues, es harto el daño que se está haciendo con esta tierra y con el futuro de nuestros hijos y nuestros nietos. Relata Jaime Castillo, reconociendo con pesar la carga de ese acto.
Durante años, la selva fue sinónimo de atraso y tierra improductiva. Pero también ha sido memoria de lucha, de llegada y de colonización campesina. Para muchas personas, la selva era simplemente lo que había al llegar. Marlen recuerda: “Sí, y nosotros era corriendo y corriendo porque eso era solo selva cuando eso. Un monte cerrado que fue cediendo ante el avance de la finca, el machete, la coca y la ganadería.” (Marlen, socia de COOMAGUA, vereda Caño Pescado)
En medio de estos relatos emergen otras formas de ver. La selva como “el pedacito que no se tumbó”, como el lugar que “ahora hay que dejar quieto”. En Daniel Chitiva este tránsito está marcado por una pérdida: “Yo he dejado de tumbar selva. No he vuelto a tumbar porque el compañero que yo tenía […] vino a tumbar como unas dos hectáreas y un palo lo mató.” (Daniel Chitiva, socio de COOMAGUA, vereda Chuapal)
El cuidado de franjas de bosque no es solo una decisión personal. Surge también de conversaciones y aprendizajes colectivos. Así lo cuenta Daniel Bermudez, tras hablar con un vecino:
Don Julio ya lleva un poco tiempo de que le iba dándole a la selva, pero ya dijo no, no le voy a dar más. Le dije, vea, esa selva que usted tiene ahí le puede servir. Usted vivir de ella, sí. ( Daniel Bermudez, socio de COOMAGUA, vereda Chuapal)
En este reconocimiento, la selva deja de ser solo objeto de uso para convertirse en un espacio con valor propio, que se conserva por experiencia vivida y por la esperanza de un futuro distinto. Incluso se transforma en requisito de pertenencia y orgullo: recuerda Marlen.
Por tener el bosque, por eso me pude meter a la fundación porque el que no tuviera solo pastos no lo metían a uno. (Marlen, socia de COOMAGUA, vereda Caño Pescado)
Habitar el bosque desde lo campesino: aprendizajes, tensiones y esperanzas de la forestería comunitaria
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La selva aparece entonces como marcador de identidad: se es distinto si se conserva, si se hereda, si se aprende del monte. No es solo naturaleza; es también una dimensión ética y política del habitar amazónico.
Lo que se hace en la selva: entre la recolección, la conservación y la vida campesina
La selva no solo es lo que quedó en pie; es también un escenario activo, cargado de prácticas que oscilan entre el uso, el cuidado y la transformación. En ella se recolecta, se camina, se delimita y, en algunos casos, se sueña. Muchos de los frutos amazónicos que hoy permiten posicionar a COOMAGUA (como el seje y el asaí) nacen de forma silvestre en los relictos de selva que aún persisten. Como relata Jaime:
De lo que se va a aprovechar y relacionado a lo que se está trabajando es el seje y el asaí, que son dos frutos que se dan en la selva naturalmente, no necesita uno sembrarlos ni nada, la misma naturaleza los produce. (Jaime Castillo, socio de COOMAGUA, vereda Caño Pescado).
Esta afirmación condensa una visión del bosque como territorio proveedor, donde los recursos no se imponen, sino que se descubren y se reconocen. Aunque la lógica agrícola convencional dominó históricamente los discursos de desarrollo rural en Colombia, los socios y socias de COOMAGUA están aprendiendo a caminar de otra forma el monte: recolectar sin devastar, identificar lo que sobrevive en los fragmentos de selva y trabajar con lo que la naturaleza regala.
Sin embargo, estas prácticas no están exentas de tensiones. Durante años, la selva fue utilizada como fuente de extracción de madera o como frontera de expansión agropecuaria. La tumba y quema aparece reiteradamente como la primera relación establecida con el bosque guaviarense. Anderson recuerda:
Sí, mi papá iba tumbando e iba sembrando pasto, le iba botando pasto, iba tumbando, iba sembrando. Entonces, cuando ya acabaron la coca, yo tenía el trabajo adelantado. (Anderson, socio de COOMAGUA, vereda Manavirí).
Sandra lo resume con crudeza:
De verdad que la cultura de nosotros era que cada año teníamos que tumbar, así no supiéramos ni para qué, pero había que tumbar. (Sandra, socia de COOMAGUA, vereda Caño Pescado).
En este contexto, la selva se convirtió en un espacio negociado: algunos fragmentos se conservaban por exigencia de proyectos o figuras de reserva, mientras otros se abrían para potreros y cultivos. La ganadería, en particular, ha tenido un peso estructural en la región, apareciendo en las narraciones como el contrapunto del bosque: “lo que se abre” frente a “lo que se deja quieto”.
Hoy, en contraste, la participación en proyectos de forestería comunitaria ha impulsado nuevas prácticas y reflexiones. Marlen recuerda cómo al inicio confundía “forestería” con “flores”, y luego decidió quedarse por el deseo de aprender e implementar en su finca lo discutido colectivamente. (Marlen, socia de COOMAGUA, vereda Caño Pescado).
Los cambios se evidencian en la preocupación por dejar franjas junto a caños, observar la variación del clima o reforestar potreros. Daniel Chitiva lo expresa con contundencia:
Yo después de haber sido un tipo tumbador de selva, bravo para tumbar harta selva… hoy en día ya me da pesar tumbar, porque sé que es un daño… y sé que entre más tumbe uno selva, el clima se va a calentar más. (Daniel Chitiva, socio de COOMAGUA, vereda Chuapal).
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
A esta resignificación contribuyen también los incentivos. Martha destaca la ayuda recibida a través del GEF Corazón de la Amazonía, mientras María de los Ángeles advierte que cuidar el bosque sin apoyo económico es difícil de sostener. Ambas coinciden en que el cuidado necesita traducirse en beneficios tangibles para las familias.
Finalmente, varios socios plantean la posibilidad de que la selva conviva con otras formas de producción. Jaime propone reforestar potreros agotados y Olmes sugiere reemplazar gradualmente la ganadería si el seje y el asaí resultan rentables. En estas voces, el bosque deja de ser un fondo pasivo y se piensa como alternativa concreta, capaz de sostener la vida campesina si logra integrarse a las economías familiares.
La selva en la bioeconomía social: entre el valor simbólico, el uso sostenible y el derecho a permanecer.
Habitar la selva, transformarla y conservarla no han sido decisiones separadas, sino parte de un mismo proceso histórico que atraviesa a las familias campesinas del Guaviare. El territorio no fue recibido como una promesa de conservación, sino como monte denso que hubo que “domar” para sobrevivir. Sin embargo, lo que hoy emerge en las voces campesinas asociadas a COOMAGUA es una pregunta fundamental: ¿puede el bosque en pie sostener la vida? Y si puede, ¿cómo garantizar que su cuidado represente no solo una obligación moral o legal, sino también un derecho económico y organizativo?
La bioeconomía, entendida desde una perspectiva social, ofrece una respuesta posible. No se trata de imponer esquemas de mercado sobre el bosque, sino de construir, desde la experiencia local, un modelo de aprovechamiento sostenible y situado. Frente a las versiones tecnocráticas de la bioeconomía centradas en innovación y biotecnología; (Gudynas E. , 2011; Escobar, 2014), la experiencia de COOMAGUA encarna una forma de bioeconomía popular y campesina, en la que el conocimiento del monte, la organización comunitaria y los frutos no maderables como el seje y el asaí se integran en sistemas productivos que buscan equilibrio entre conservación y bienestar.
Este enfoque dialoga directamente con la noción de manejo forestal comunitario como sinergia entre políticas, instituciones, ciencia y procesos sociales (Santos et al., 2018). En lugar de ver el bosque como un bien externo a las comunidades, el manejo forestal comunitario plantea que los campesinos sean protagonistas del territorio, capaces de generar economías sostenibles si cuentan con autonomía, acompañamiento técnico y acceso real a mercados (Sabogal, de Jong, Pokorny, & Louman, 2008).
Las entrevistas evidencian que los saberes campesinos sobre el monte (dejar franjas junto a caños, observar el clima, diferenciar especies, reconocer “lo que da la selva”) constituyen tecnologías sociales invisibilizadas por las políticas centralizadas. Reconocerlas implica entender la bioeconomía no solo como valorización de productos, sino también de procesos, trayectorias y formas de habitar colectivamente.
En este sentido, la propuesta de una bioeconomía social y ecológica (Gudynas E. , 2011; Rodriguez G, 2017); permite abrir una mirada que no reduce el bosque a biomasa para el mercado, sino que lo entiende como un sistema complejo de relaciones, donde confluyen ciclos ecológicos, conocimientos tradicionales y vínculos afectivos. Para COOMAGUA, esta visión se traduce en un modelo de producción basado en la diversidad biológica, con autonomía organizativa y sostenibilidad ecológica. El aprovechamiento del seje y el asaí deja de ser simple extracción y se resignifica como parte del sustento y del proyecto de vida campesino.
No obstante, persisten obstáculos. Como señaló María de los Ángeles, cuidar el bosque sin apoyo económico no es sostenible. El discurso ambiental no basta si no se traduce en ingresos dignos. Por ello,
Habitar el bosque desde lo campesino: aprendizajes, tensiones y esperanzas de la forestería comunitaria
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las políticas de incentivos, la formación técnica y el fortalecimiento organizativo deben ocupar un lugar central en cualquier estrategia de manejo forestal comunitario. No se trata solo de conservar la selva, sino de permitir que los campesinos vivan del y con el bosque, sin sacrificar su autonomía ni su dignidad.
En este camino, resulta clave la noción de sociobioeconomía amazónica (Garrett, y otros, 2023), que propone economías basadas en el uso sustentable de bosques en pie y ríos saludables, garantizando biodiversidad y justicia territorial. A diferencia de narrativas que ven en la bioeconomía un motor de crecimiento, la sociobioeconomía visibiliza el potencial de economías intensivas en saberes locales, capaces de sostener sistemas resilientes sin sacrificar el bosque. Esta visión no es meramente técnica, sino política: exige reconocer a quienes ya cuidan y producen en y desde la selva, ofreciendo alternativas reales al extractivismo.
Desde la investigación participativa, esto implica reconocer la subjetividad de quienes producen conocimiento en el territorio. Como señalan Greenwood & Levin (2007) y Fortmann, (2007) no se trata de estudiar la selva como objeto, sino de construir metodologías que integren experiencias y saberes situados. COOMAGUA representa, en este sentido, no solo una cooperativa económica, sino un espacio político y pedagógico donde se ensayan nuevas formas de relación con el bosque.
El bosque deja de ser “lo que quedó” tras la tumba y quema, para convertirse en “lo que queda por imaginar y sostener”. La transición hacia una bioeconomía social amazónica no puede darse sin campesinos organizados, sin políticas que valoren su trabajo, ni sin una ética territorial que reconozca el valor de lo que crece sin sembrarse. Conservar la selva, en este contexto, no es preservar un relicto del pasado, sino abrir posibilidades para el futuro.
Es así como la selva en el Guaviare no puede entenderse como un mero telón de fondo natural. Es memoria de colonización y de pérdida, pero también de aprendizajes, resistencias y nuevas posibilidades. En ella se entrecruzan la historia de la tumba y quema con las prácticas emergentes de cuidado, las ilusiones de progreso con las búsquedas de sostenibilidad, y los dolores individuales con las apuestas colectivas. Para las familias campesinas organizadas en COOMAGUA, la selva es a la vez herencia y proyecto: espacio material de sustento, escenario de relaciones afectivas y símbolo político desde el cual se reconfiguran identidades y se ensayan futuros posibles.
4.6 Trabajar con coca: “Lo que dio de comer: memorias
campesinas del trabajo con coca” Trabajar con coca: entre lo que dio de comer y lo que ya no se quiere nombrar
Hablar de la coca en el Guaviare no es simplemente aludir a un cultivo de uso Ilícito ni a un territorio amazónico estigmatizado. Es abrir una historia densa, compleja y profundamente humana, que atraviesa lo económico, lo familiar, lo político y lo afectivo. Para muchas familias de COOMAGUA, trabajar con coca fue durante años no solo una alternativa, sino la única forma de sostenerse. Sin embargo, sigue siendo un tema poco nombrado, muchas veces tabú, cargado de silencios y de juicios externos.
Recuerdo que una mañana, al dirigirme a la finca de Daniel Chitiva para una entrevista, me compartió parte de su historia mientras caminábamos el predio. Con tono cauteloso, me preguntó si podía hablar sobre su experiencia con la coca, aclarando que esperaba no meterse en problemas. Ese gesto de desconfianza revela algo profundo: la coca no se cuenta fácilmente, aunque esté inscrita en cada hectárea abierta, en cada casa levantada y en cada parcela que hoy se cultiva legalmente.
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
Reconocer ese pasado es, para muchos, reivindicar el derecho a ser escuchados sin ser criminalizados. Como lo expresó Daniel Bermúdez, ese fue el camino que les permitió sobrevivir, que les enseñó a trabajar y que moldeó su relación con el bosque amazónico:
Raspábamos coca hasta terminar. Porque se me han raspado como unas 2.500 plantas y le ayudábamos a varios a raspar. Y para qué, yo salí bravo para raspar. Yo me raspaba por ahí 20 arrobas al mediodía. (Daniel Bermúdez, socio de COOMAGUA, vereda Chuapal).
La categoría “trabajar con coca” no aparece en las entrevistas como juicio, sino como un hecho vivido, aún presente en el cuerpo y la memoria. Algunos lo nombran sin rodeos (“con coca todo”), mientras otros lo rodean con frases en clave o pausas que cargan el relato de tensión. La coca fue economía, pero también identidad, destreza, comunidad y migración. Anderson lo recuerda como el motivo de llegada al Guaviare: “No, yo nací en el sur del Tolima… pero llegamos porque por la bonanza de la coca mi papá se vino. Mi papá fue químico.” (Anderson, socio de COOMAGUA, vereda Manavirí)
El trabajo con coca estructuró la territorialidad del Guaviare: organizó flujos de personas, herramientas y mercancías; generó redes de aprendizaje técnico-popular alrededor de la raspa, la química, los cambullones y los laboratorios rústicos. Muchos de los términos que aún circulan en las veredas (temporadas, arrobas, rutas) emergen de esa experiencia. En ese sentido, trabajar con coca no fue solo una actividad agrícola, sino una forma de habitar y producir territorio.
Al mismo tiempo, la mayoría de quienes relatan ese pasado marcan una distancia clara, no solo temporal, sino también moral y emocional. La coca es lo que se dejó atrás, lo que trajo riesgos, persecuciones y rupturas familiares. Marlen lo recuerda desde la precariedad laboral:
Yo ya me fui, me fui por allá de obrera, como los obreros, a trabajar y raspar coca. Porque el señor con el que fui, pues era también un pobre como uno. No tenía una casa para llevarlo a uno. A mí me tocó irme de obrera, lo mismo que cualquier obrero a trabajar. (Marlen, socia de COOMAGUA, vereda Caño Pescado).
Otros testimonios muestran la decisión de apartarse. Daniel Bermúdez lo expresa con gratitud y alivio: “No, nada, nada, no teníamos nada. Estábamos empezando y ya pues dando gracias a Dios… después pensé y dije: yo no trabajo más en eso.” (Daniel Bermúdez, socio de COOMAGUA, vereda Chuapal).
La coca fue estructura económica, pero también territorio emocional, marca biográfica y umbral de transformación. Hoy, aunque ya no se siembre en la mayoría de predios de los socios de COOMAGUA, su huella persiste: en las casas construidas, en las rutas abiertas, en las historias familiares, en el saber acumulado y en la forma en que se concibe el trabajo. Martha lo recuerda como experiencia compartida en familia:
Allá hay familia por parte de mi papá y también por parte de mi mamá. Y entonces ya me vine a trabajar por ahí en lo que tocara: de guisa, a raspar, a echar bomba, lo que tocara. Y así… (Martha, socia de COOMAGUA, corregimiento El Capricho)
Hablar de la coca es, en suma, hablar de historia. Permite comprender cómo se configuró el Guaviare rural, cómo se poblaron sus veredas y cómo se forjó el vínculo entre selva y economía campesina. No es posible pensar el presente (ni proyectar un modelo alternativo basado en bioeconomía o forestería comunitaria) sin reconocer esa experiencia. Este relato no busca justificar ni condenar: pretende comprender, desde adentro y con matices, lo que fue y lo que aún sigue siendo difícil de nombrar.
Lo que se hacía, lo que se aprendía: trabajar con coca como escuela del monte
Habitar el bosque desde lo campesino: aprendizajes, tensiones y esperanzas de la forestería comunitaria
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Lo anterior mostró el peso histórico de la coca en la configuración del Guaviare. Este segundo se centra en lo que significaba trabajar con ella: los saberes que requería, los roles que se ejercían y la forma en que se aprendía en el monte, sin escuela ni formación técnica formal, pero con una disciplina ruda, diaria y exigente. Quienes trabajaron con coca adquirieron conocimientos que aún hoy permanecen en sus cuerpos, en su manera de trabajar la finca y en su capacidad de adaptarse al entorno.
En muchos casos, estos aprendizajes se transmitieron dentro de las familias. Marlen lo recuerda con detalle:
Y pues mi papá, el lujo que yo me llevo es que ellos nos enseñaron a trabajar, a trabajar en todo. Raspamos, él nos medía tareas con los obreros. Fuimos unas personas de coger mucha hoja, raspar, raspar… porque era que uno cogía platica por ahí y uno ayudaba en la casa, cargar leña, agua, hacer mucho de todo. Nosotros éramos obreros de él. (Marlen, socia de COOMAGUA, vereda Caño Pescado).
No se trataba solo de arrancar hojas. Había que distinguir calidades, calcular rendimientos, saber cuándo la planta estaba lista, combinar variedades, preparar mezclas y obtener “buena pasta”. Era un conocimiento técnico, aunque nunca se reconociera como tal. Olmes describe cómo escaló en esa cadena:
...Pero todo ello empecé como raspachín. Después fui ayudante de la química y después ya entré como químico general. Cuando yo me fui del Capricho, me fui pa’l monte, pa’l lado de Tigra. Yo ya llegué siendo ayudante, pero yo la química me la sabía de cerca porque uno de ayudante conoce la química. (Olmes, socio de COOMAGUA, vereda Tortuga).
Los oficios eran múltiples: raspadores, químicos, aguateros, encargados de picar la hoja, cocineras y guardianes. Las cuadrillas se organizaban según confianza o necesidad, y el “cambullón” funcionaba como unidad de producción temporal, impulsada por el interés del patrón en maximizar la producción. Daniel Chitiva recuerda su entrada a ese mundo:
Sí, yo me rendía el piso. Y entonces después de eso, había unos químicos que le estaban dando duro, entonces el patrón me dijo, Dios mío, Dios mío. Él me decía: ‘Josita, métete al cambullón de ayudante, porque estoy perdiendo, me están robando’. Entonces el man me metió al cambullón. Bueno, entonces de ahí yo ya me entré a trabajar con él y trabajé un poco de años, hartos años trabajé en cambullones... (Daniel Chitiva, socio de COOMAGUA, vereda Chuapal).
Este trabajo enseñaba eficacia y resistencia, pero también inculcaba un fuerte individualismo. Aunque se trabajaba en grupo, cada persona pensaba en su porción, en su pago, en su salida del monte. No había construcción comunitaria de base, sino destreza y fragmentación. Sandra lo expresa con claridad al reflexionar sobre el presente:
Yo creo que por eso ha estado como difícil el tema de la cooperativa, porque hay mucho negativismo. O sea, la gente no… la gente es muy individual. La coca nos enseñó a eso, a ser individualistas. (Sandra, socia de COOMAGUA, vereda Caño Pescado).
En paralelo, el monte se convirtió en un aula sin muros. Allí se aprendía a leer los caminos, organizarse para permanecer semanas aislados, sobrevivir con lo mínimo y resistir jornadas extenuantes. Esas habilidades hoy se reconocen en la forma de trabajar la finca, recolectar frutos o sembrar especies nativas.
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
El papel de las mujeres fue decisivo. Aunque ninguna mencionó haber sido química, sí participaron en las distintas fases: desde la siembra y el raspe hasta la preparación de alimentos para las cuadrillas. Sus oficios, poco reconocidos, fueron centrales. Como afirma Marlen: “Con coca todo, hasta ahorita que vino el PENIS (Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito), toda la vida yo trabajé con coca.” (Marlen, socia de COOMAGUA, vereda Caño Pescado).
En suma, el trabajo con coca fue una escuela no formal de destreza física, improvisación y conocimiento del territorio. Aunque marcado por el individualismo, dejó aprendizajes que hoy se resignifican en clave de forestería comunitaria: la disciplina del trabajo, la capacidad de adaptación y la lectura del entorno se transforman ahora en recursos para sostener proyectos campesinos ligados al bosque y a la construcción de alternativas legales.
Lo que dejó la coca: transiciones, fragmentos y oportunidades para otra economía del bosque
Hablar de coca en contextos como el de COOMAGUA implica romper con la lógica binaria que divide los territorios entre “ilegales” y “productivos”, “culpables” y “redimidos”. Desde los relatos recogidos en este proceso, trabajar con coca fue una práctica común, funcional y, en muchos casos, inevitable. No es posible comprender la historia reciente del Guaviare (ni la emergencia de sus organizaciones comunitarias) sin reconocer que la coca no solo financió la subsistencia, sino que también estructuró formas de relación social, ordenamiento territorial y agencia económica. Negar esa historia sería también negar la dignidad de quienes hicieron de ella su sustento en un escenario sin alternativas.
La memoria cocalera no es una anécdota del pasado, sino una experiencia que sigue moldeando las formas de habitar el bosque. Haber trabajado con coca no fue un hecho aislado o individual: es una experiencia compartida, una economía que definió territorios, desplazó bosques y configuró subjetividades. Por eso, cualquier transición hacia modelos sostenibles debe partir de esta historia, no para glorificarla ni para criminalizarla, sino para comprender su potencia y sus heridas.
Como lo han demostrado Carrillo, (2013), en el caso del Caquetá afrodescendiente, y Caguasango (2020), en su caracterización del campesinado amazónico noroccidental, el cultivo de coca no debe entenderse como un fenómeno marginal, sino como una respuesta estructural frente al abandono estatal, la precariedad de derechos territoriales y la urgencia de sostener la vida. En ambos casos, la coca transformó no solo el paisaje físico, sino también el tejido social, las relaciones de género y las formas de organización campesina. Estos trabajos advierten que toda propuesta de transición debe reconocer esas trayectorias, pues las memorias productivas también son afectivas y políticas.
En el caso de COOMAGUA, esta historia cobra especial relevancia. La cooperativa no nace de cero ni como resultado espontáneo de una política pública. Surge en un territorio moldeado por economías informales, aprendizajes en el monte, relaciones ambivalentes con el bosque y, sobre todo, por una experiencia colectiva marcada por el cultivo de coca como escuela no formal de trabajo, subsistencia y conocimiento territorial. La bioeconomía, en este contexto, no puede ser entendida como una fórmula neutra o despolitizada. Una bioeconomía social y campesina debe incorporar críticamente esta memoria y ofrecer posibilidades reales de dignificación y reconfiguración del vínculo con el territorio.
Como plantea Cronkleton, Bray, & Medina (2011) los sistemas de gobernanza forestal local solo funcionan cuando reconocen el “legado institucional informal” que ya existe en las comunidades, incluso si proviene de prácticas no legales. En este caso, ese legado se llama cambullón, raspe, economía de subsistencia, autonomía campesina. No se trata de validarlo acríticamente, sino de entender cómo estas formas de organización (aunque nacidas en condiciones de ilegalidad) generaron aprendizajes relevantes para los actuales procesos de manejo forestal comunitario.
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La propuesta de Bermúdez y Garzón (2020) sobre un “catálogo de pequeñas soluciones” resulta útil para pensar las transiciones en territorios como el Guaviare. Estos autores cuestionan los enfoques centralistas de sustitución de cultivos, señalando que su fracaso radica en ignorar las trayectorias territoriales y las capacidades locales. En lugar de soluciones homogéneas, abogan por propuestas modestas y construidas desde abajo. No obstante, como lo demuestra la experiencia de COOMAGUA, los procesos comunitarios no emergen únicamente desde lo local, sino como híbridos entre modelos externos (cooperación internacional, proyectos de REDD+, incentivos verdes) y formas de reapropiación campesina.
Esta tensión entre lo impuesto y lo apropiado es clave para pensar una bioeconomía situada. Como señalan Dávalos et al. (2021), la coca no debe ser vista como la principal causa de deforestación en la Amazonía: en muchos casos fue apenas la puerta de entrada, mientras que la ganadería extensiva consolidó el modelo de apertura de la finca. Esta lectura permite comprender que el campesinado colonizador no es un sujeto destructor por esencia, sino una población históricamente desplazada que ocupó un vacío institucional y reprodujo las formas productivas dominantes. Frente a ello, las políticas de conservación que no reconocen las trayectorias de la coca corren el riesgo de ser tan excluyentes como las que las reprimieron.
Tal como lo argumentan Quintero, Mantilla, & Roman (2021), la implementación del Acuerdo de Paz en zonas cocaleras debía ir más allá de la sustitución productiva: implicaba reconstruir confianza y garantizar condiciones estructurales para una vida digna. La realidad fue otra. Con el cambio de gobierno en 2018 y la frase pública de “hacer trizas los Acuerdos de Paz”, la implementación sufrió un retroceso profundo: programas de sustitución inconclusos, incumplimiento de pagos a familias vinculadas al PENIS y un recrudecimiento de la violencia rural.
Estas omisiones reforzaron la precariedad de comunidades campesinas que habían apostado por dejar la coca. De allí que la transición hacia el manejo forestal comunitario no pueda limitarse a lo técnico o ambiental: debe ser organizativa, económica, cultural y profundamente política. No se trata solo de cambiar cultivos, sino de reconstruir tejido social, dignificar saberes campesinos y ofrecer alternativas económicas que no reproduzcan la lógica del abandono.
4.7 Puentes, fronteras y autonomía: Fundaciones, ONGs y
Proyectos en COOMAGUA Entre aliados y promotores: el significado de fundaciones, ONGs y proyectos en el territorio
En el contexto de COOMAGUA, las palabras fundación, ONG y proyecto no son simples etiquetas institucionales: son presencias que marcan el ritmo de la vida organizativa y productiva, que acompañan, orientan y, en ocasiones, también condicionan los caminos de la cooperativa. La categoría Fundación está directamente asociada a la (FCDS), reconocida por los socios y socias como el actor externo más incidente en el proceso. Para ellos, “la Fundación” es sinónimo de apoyo técnico, acceso a capacitaciones, insumos y proyectos, pero también de la principal referencia en conservación y manejo forestal comunitario. Como lo expresa Olmes:
Mucho empleo porque a la Fundación en este momento en el departamento que está manejando. Más o menos casi unas 30 personas, yo creo. 30 empleos más o menos entre técnicos, ingenieros y todo, pues son del departamento, son muy pocos los que vienen de Bogotá. (Olmes, socio de COOMAGUA, vereda Tortuga).
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
En mi experiencia como profesional forestal durante el tiempo que trabajé con FCDS, confirmé que la constancia es clave para fortalecer la confianza. Lo viví en 2022, cuando recorrimos las siete veredas para retroalimentar el programa de forestería comunitaria y revisar los permisos de aprovechamiento de frutos de palma y seje. En esos encuentros, los productores expresaban deseos de continuar vinculados, pero también dudas y desconfianzas: unos querían seguir, otros no. La expectativa común era que las promesas de mejora en las fincas y en la economía se cumplieran. Por eso fue fundamental no solo mostrar la línea de tiempo de lo que venía haciendo la Fundación, sino también escuchar cómo estaban apropiando el proceso.
Las ONGs, aunque no siempre han tenido la continuidad de la FCDS, han estado presentes en distintos momentos, aportando recursos, infraestructura, actividades de fortalecimiento organizativo o comercial. Los socios suelen identificarlas más por los nombres de las personas que las lideran que por sus siglas. Jaime Castillo lo ve como una oportunidad: “Le propuse a ella inclusive que de pronto si por medio de algunas ONGs hubiera eso donde pronto ponen su eslogan.” (Jaime Castillo, socio de COOMAGUA, vereda Caño Pescado).
La categoría Proyectos reúne iniciativas puntuales, de corta o mediana duración, gestionadas por fundaciones, ONGs u otras entidades. En el imaginario de COOMAGUA, un proyecto llega con un propósito concreto (“mejorar la recolección”, “hacer la planta de aceite”, “montar un vivero”) y deja huellas materiales y simbólicas en el territorio. Marlen lo describe así:
Si sale algún proyecto, de todas maneras, nos van a venir a enseñar el SENA, muchas cosas van a venir a aprender. Y ahí aprendemos para colocarnos en la finca. Pues metámonos a ver qué aprendemos. (Marlen, socia de COOMAGUA, vereda Caño Pescado).
Para algunos jóvenes, estas alianzas funcionan como puentes hacia otras oportunidades. Anderson lo explica desde su vínculo con el proyecto GEF Corazón de la Amazonía:
Yo pues ahorita voy a comenzar a trabajar otro año con el proyecto tiene Corazón de la Amazonía para fortalecer bueno parte de mis actividades también es fortalecer a las juntas, poder ayudarlos en redactar un documento, un derecho de petición, digamos que las cosas sean más fáciles. Para las juntas y para el proyecto en temas de comunicaciones en temas de información. (Anderson, socio de COOMAGUA, vereda Manavirí).
No obstante, los proyectos también cargan críticas: su inestabilidad, la corta duración y la imposición de esquemas descontextualizados. Daniel Bermúdez lo expresa con claridad: “Y entonces, pues ese es el tema de que a uno lo desmoralizan es porque no los proyectos no se cumplen como son.” (Daniel Bermúdez, socio de COOMAGUA, vereda Chuapal).
Estas tensiones se reflejan también en la participación interna. Como comenta Hermides:
Hay personas, que a mí me consta, de los proyectos de pequeñas donaciones y los pequeños proyectos productivos, que no han ido a la primera reunión, que mandan para la esposa si alcanza una reunión, que les mandan a entregar las cosas y ni quieren. Pero cuando se las van a entregar, le llegan las cosas, ¿sí me entienden? son los que andan en la hamaca. (Hermides, gerente de COOMAGUA, vereda Paraiso).
En conjunto, estas tres categorías dibujan el mapa de las alianzas externas que, en mayor o menor medida, han moldeado el presente y las aspiraciones de COOMAGUA. Son, al mismo tiempo, puentes que conectan a la cooperativa con redes más amplias y fronteras que ponen a prueba su autonomía.
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Huellas y transformaciones: la incidencia de fundaciones, ONGs y proyectos en COOMAGUA
La presencia de fundaciones, ONGs y proyectos en COOMAGUA no solo ha dejado infraestructura, capacitaciones o insumos: ha incidido en la manera en que la cooperativa organiza su trabajo, distribuye responsabilidades y se proyecta hacia el futuro. En particular, el acompañamiento sostenido de la FCDS ha permitido consolidar procesos de manejo forestal comunitario, comercialización de frutos de palma y seje, o implementación de viveros y cercamientos. Esta continuidad ha sido clave para mantener cohesión interna y fortalecer liderazgos que de otro modo habrían sido frágiles o dispersos.
En una capacitación de 2022 sobre extracción de frutos, organizada por Agroindustrias del Bosque Amazónico S.A.S, la FCDS y productores locales, se evidenció un diálogo de saberes alrededor de las fases de limpieza, escaldado, despulpado y conservación. Las preguntas de los participantes se centraban en cómo transportar los frutos, quién lideraría los procesos y cómo involucrar a los jóvenes en la planta de transformación. Aunque persistía cierta desconfianza, la motivación por avanzar en la comercialización fortaleció la idea de consolidar una figura empresarial.
Uno de los impactos más notables de estas alianzas ha sido la ampliación de capacidades técnicas y organizativas. Los socios reconocen que han aprendido desde prácticas de recolección sostenible hasta gestión documental para formalizar permisos. Sin embargo, también perciben que estos avances dependen de la presencia externa; cuando un proyecto se detiene, las dinámicas internas tienden a desacelerarse. Martha recuerda cómo esta oportunidad marcó su trayectoria:
A mí siempre el tema del medio ambiente siempre me llamaba la atención, yo me acercaba por ahí y me ponía a escuchar, llegaba y me gotereaba a las reuniones. […] Con GEF, después seguimos el tema; ya vino lo de pequeñas donaciones con la fundación. Ya lo de GEF, uno de los requisitos era que tocaba tener 50 hectáreas en bosque. (Martha, socia de COOMAGUA, corregimiento El Capricho).
Las alianzas también han abierto redes más allá del territorio, conectando a COOMAGUA con compradores y espacios institucionales. No obstante, esta exposición trae tensiones. Daniel Bermúdez cuestiona la falta de articulación entre los tiempos de los proyectos y las condiciones del territorio:
Estos árboles… nosotros hubiéramos podido entregar en el tiempo que están los árboles de entregar, pero no se nos dio porque la vez pasada nosotros entregamos en el verano y en el verano todo se murieron […] Yo fui uno de los que más quejas puse de que por qué tenía que ser en el verano para entregar. (Daniel Bermúdez, socio de COOMAGUA, vereda Chuapal).
La inestabilidad de algunos proyectos produce un doble efecto: ilusiona cuando llega, pero desmoraliza si no cumple expectativas, generando división y desconfianza. Hermides recuerda cómo la continuidad de programas internacionales permitió articular procesos locales:
Ahí comenzamos con el proyecto. Entonces ahí ya estuvimos dos años. Casi tres años en ese proyecto que fue GEF Cinco. […] Terminamos eso. Y ya arrancó lo que fue el GEF Seis. Y fue cuando ya comenzamos con el proceso de forestería comunitaria, que ya es más cercano a lo que es el proceso de COOMAGUA. (Hermides, gerente de COOMAGUA, vereda Paraiso.
En abril de 2025, durante la relatoría del cierre de la primera fase del programa de forestería comunitaria de FCDS, quedó claro que para muchos productores la permanencia con una entidad abre camino a nuevos aliados. Así como GEF dio paso a FCDS, ahora la Fundación es vista como puente hacia otros actores. Estos encuentros condensan años de trabajo en pocas horas y ponen en evidencia tanto el
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
esfuerzo de las organizaciones por mostrar resultados a la cooperación internacional, como la necesidad de los campesinos de no quedarse sin aliados que garanticen continuidad y seguridad para sus proyectos.
En síntesis, la incidencia de fundaciones, ONGs y proyectos en COOMAGUA se traduce en una tensión constante entre fortalecimiento y dependencia, entre apertura de oportunidades y adaptación a marcos que no siempre nacen del territorio.
Entre la dependencia y la agencia: lecturas críticas de las alianzas externas
Las alianzas con fundaciones, ONGs y proyectos, inmersas en la vida de COOMAGUA y del campesinado guaviarense, no se limitan a flujos de recursos o asistencia técnica: son relaciones políticas que reconfiguran modos de hacer, pensar y decidir en el territorio. En el caso de la FCDS, su permanencia y capacidad de incidencia han sido decisivas para la creación de la cooperativa y el desarrollo de procesos que, sin ese respaldo, serían inviables en el corto plazo.
Sin embargo, esta centralidad plantea preguntas sobre la autonomía: ¿qué margen de decisión real tiene la cooperativa cuando ritmos, formatos y prioridades están condicionados por agendas externas? Bebbington (1994, 1999) advirtió que las ONGs pueden actuar como “puentes” que amplían capital social y oportunidades, pero también como mediadores que filtran demandas locales para ajustarlas a marcos de financiadores. En esta tensión, los vínculos funcionan como palancas que facilitan acceso a mercados, formación y visibilidad institucional, pero también como fronteras que pueden desplazar prioridades comunitarias y convertir a los campesinos en ejecutores de agendas externas. Brock et al. (2001) denominaron este fenómeno “espacios invitados de participación”, donde la comunidad entra en procesos ya definidos y con incidencia limitada.
La experiencia de COOMAGUA confirma lo que plantean López y García (2022) sobre redes de cooperación: su sostenibilidad depende de confianza y reciprocidad, no solo de recursos. Cuando un actor concentra el control (como la FCDS), aumenta el riesgo de dependencia. Sin embargo, la participación activa en formulación y gestión de proyectos puede reducir esa asimetría. Hartmann et al. (2019) describen cómo las ONGs, al actuar como nodos centrales, incrementan el acceso a oportunidades, pero también concentran poder de intermediación. Para COOMAGUA, el reto es usar esas conexiones para articular redes más horizontales y diversificadas que fortalezcan su resiliencia organizativa.
En el contexto del posconflicto, las ONGs cumplen un rol estratégico al suplir la limitada presencia estatal. (Ropero, 2016) advierte que su aporte solo será transformador si pasa de la asistencia puntual a la construcción de capacidades locales sostenibles. La experiencia de COOMAGUA muestra que la continuidad y articulación de proyectos (como los impulsados por FCDS) son claves para evitar la fragmentación, pero también confirman el riesgo de reproducir relaciones verticales si la comunidad no participa activamente en el diseño y ejecución. Rooset y Barbosa (2021) recuerdan que la autonomía no implica ausencia de alianzas, sino capacidad de negociar desde los propios intereses y mantener control sobre las decisiones estratégicas.
En este sentido, el desafío de COOMAGUA es sostener un equilibrio entre aprovechar recursos, conocimientos y conexiones, y preservar su capacidad de actuar desde sus prioridades y tiempos. Como muestran las voces campesinas recogidas en campo, la continuidad con un aliado fuerte se valora, pero también se asocia al riesgo de exclusiones y dependencia. Estas alianzas, más que medirse en términos de “éxito” o “fracaso”, deben analizarse como espacios donde la comunidad negocia, resignifica o resiste las reglas externas. Allí reside su potencial transformador: que COOMAGUA utilice los vínculos para ampliar su margen de decisión, fortalecer su estructura interna y avanzar hacia un modelo de forestería comunitaria donde la autonomía no sea concesión, sino práctica cotidiana.
Habitar el bosque desde lo campesino: aprendizajes, tensiones y esperanzas de la forestería comunitaria
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4.8 Ganadería: entre tradición, sustento y transformación en el
Guaviare
La ganadería vista desde adentro: relatos y sentidos en COOMAGUA
Para COOMAGUA, la ganadería es mucho más que una actividad productiva: constituye una tradición arraigada en la identidad campesina del Guaviare, asociada al sueño de “tener finca” y “vivir de la leche”. En la memoria colectiva, criar ganado ha representado sustento estable, ingreso rápido en momentos de necesidad y garantía de comercio en un contexto económico cambiante. La frase repetida en las entrevistas (“el ganado es bendito”) sintetiza esa percepción de seguridad y solvencia, lo que explica su peso en la economía regional.
La llegada de muchos pobladores al Guaviare estuvo marcada por el propósito de abrir potreros y levantar hatos, atraídos por la reputación de la tierra como “muy buena para ganadería”, por la cercanía a la Orinoquia (territorio reconocido por su potencial ganadero) y por la estabilidad que ofrecía frente a economías inestables como la coca. Así, la ganadería se convirtió no solo en medio de vida, sino también en símbolo de progreso y de haber “logrado” un lugar en el territorio.
En los recorridos de campo, fue común escuchar relatos sobre las jornadas que comienzan de madrugada: ordeño, cuidado de becerros, traslado de niños a la escuela y, después, retorno a los potreros para encerrar el ganado. Estas escenas, narradas por socios como Jaime Castillo y Olmes, reflejan la intensidad física y la centralidad de la ganadería en la vida campesina, donde la familia entera participa en el trabajo diario y donde incluso tareas aparentemente rutinarias (como encerrar un becerro o recorrer largas distancias) condensan la relación con el territorio.
No obstante, el significado de la ganadería no es estático. Transformaciones normativas, proyectos de conservación y cambios en la percepción ambiental han llevado a algunos socios a hablar de “ganadería sostenible” o a reducir el número de reses, incorporando cercas vivas y sistemas silvopastoriles. María describe este tránsito en su finca:
Ahorita ya uno ya… o sea, de esa forma ya no piensa ahorita. Antes uno decía que una vez tocaba hacer, porque eso yo creo que lo pensaba todo mundo, pero piensan así los que no tienen conocimiento. Extensiones y extensiones de pasto para mantener 50 o 60 vacas… ya ahorita uno se dio cuenta de que en 40 hectáreas se puede, porque la finca de abajo sostiene 70 animales en solo 40 hectáreas de pasto. (María, socia de COOMAGUA, vereda Tortuga).
Con la implementación de sistemas silvopastoriles y cercas vivas, el paisaje también ha cambiado:
Porque con los silvopastoriles de camino en los territorios y con los silvopastoriles de lo que implementamos del PENIS, yo logré estabilizar un área especialmente para poder tener ahorita mi ganado. Sus cercas vivas… manejar esos proyectos de una manera… el valor que uno le daba a tener un potrero pelado… ahorita tener la urbanización… usted voltea a mirar y ya no ve ese potrero pelado, ¿no? (María, socia de COOMAGUA, vereda Tortuga).
La ganadería sigue siendo un punto de orgullo y un eje de las aspiraciones familiares, pero también es un desafío en el marco de nuevas propuestas de bioeconomía. Anderson lo resume así:
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
Todos queríamos en un pasado tener una finca ganadera, porque, pues igual, el ganado bien o mal les ha dado la lechecita. Algunos para el estudio… entonces ha sido, digamos, que de las líneas principales en la economía en el Guaviare ha sido la ganadería. Entonces todo el mundo nos vamos enfocaos allá, porque, pues, es una de las líneas que más garantiza el comercio; si hubiera otra línea que lo garantizara, la gente estaría haciendo otra cosa. (Anderson, socio de COOMAGUA, vereda Manavirí)
En la misma conversación, él reconoce que algunos campesinos han diversificado, reemplazando potreros por cultivos como el chontaduro, más rentables por hectárea. Esta comparación evidencia que, aunque la ganadería mantiene su centralidad cultural y económica, el territorio se encuentra en un punto de inflexión: entre la persistencia de modelos tradicionales y la apertura a formas más sostenibles de manejo, donde bosque, agua y ganado se integran en una visión compartida del territorio.
Del corral al salón comunal: la ganadería en la dinámica organizativa
La dinámica de la ganadería en la vida de los socios y socias de COOMAGUA no solo se refleja en relatos personales: también condiciona la participación en programas, proyectos y espacios de decisión. En más de una ocasión, las prioridades ganaderas han marcado la agenda y la interacción con entidades externas.
Un ejemplo ilustrativo fue la socialización del programa de bosques productivos impulsado por FCDS. Aunque incluía sistemas agroforestales, corredores productivos, manejo de abejas nativas y recuperación de bosque, no contemplaba directamente la principal actividad de la mayoría de socios: la ganadería. Como recuerda Jaime Castillo:
Pues aquí llegué trabajando también con ganado, sí. Fue la aspiración de uno cuando llegué al Guaviare: trabajar con ganado porque decían que aquí la tierra era muy buena para la ganadería. El propósito de uno cuando se venía para el Guaviare era la ganadería. (Jaime Castillo, socio de COOMAGUA, vereda Caño Pescado).
Las demandas de los productores giraban alrededor del mejoramiento de potreros, la sanidad animal y la infraestructura. La frase recurrente “el ganado es bendito” refleja la seguridad que brinda. Olmes lo expresa así:
El ganado es cultural. El ganado es cómo… así como dice: el ganado es bendito porque usted se sintió urgido sin nada y usted llegó y se llevó una vaca y la vendió; usted se desvaró de una vez. Pero usted… y en vez de las cosechas también tiene su conflicto. (Olmes, socio de COOMAGUA, vereda Tortuga).
En el cierre del programa de forestería comunitaria, la línea más demandada fue la de recuperación natural del bosque, que entregaba insumos para aislar áreas de pastoreo y proteger nacederos de agua. Jaime Castillo explicó la transformación en la visión de finca:
Anteriormente no hablábamos de ninguna conservación. Anteriormente hablábamos era cuántas hectáreas íbamos a tumbar y cuándo vamos a quemar y cuántas cabezas de ganado nos caben en la finca. […] Pero ya después de que la CDA y el gobierno nacional sacaron los decretos y leyes donde ahora es prohibido tumbar, pues la gente ha hecho conciencia de que sí es un error destruir la naturaleza. (Jaime Castillo, socio de COOMAGUA, vereda Caño Pescado).
Habitar el bosque desde lo campesino: aprendizajes, tensiones y esperanzas de la forestería comunitaria
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Incluso la organización de reuniones y talleres está determinada por la lógica ganadera: se programan hacia las diez de la mañana, después del ordeño y las labores iniciales en el potrero, y considerando los largos desplazamientos desde las fincas. Para FCDS y otras organizaciones, esta condición es “impajaritable”: un desafío logístico que refleja el peso cultural y económico de la ganadería en el Guaviare.
En conversación sobre el futuro, Daniel Chitiva reconocía la posibilidad de que el monte llegara a competir con la ganadería: “De pronto, hay posibilidad, que, así como están molestando las entidades y toda la vaina por el ganado, por las deforestaciones, claro, hay posibilidad.” (Daniel Chitiva, socio de COOMAGUA, vereda Chuapal).
Estos testimonios muestran que la ganadería no es solo un sector productivo: es una fuerza que incide en cómo se diseñan, implementan y evalúan los proyectos. Adaptar las propuestas de forestería comunitaria y bioeconomía a esta realidad es condición necesaria para lograr apropiación comunitaria. Como lo resume Sandra Mahecha: “Pues de ser zona cocalera a ser ahorita ganadera y pues queriendo trabajar en el bosque.” (Sandra, socia de COOMAGUA, vereda Caño Pescado)
Entre el potrero y el bosque: tensiones y transiciones de la ganadería en el manejo forestal comunitario
Hablar de ganadería en el Guaviare es hablar de colonización amazónica, ampliación de la frontera agrícola y tensiones entre conservación y desarrollo. Para COOMAGUA, comprenderla no significa reducirla a cifras de cabezas de ganado o hectáreas de pasto, sino reconocer su peso cultural, su lugar en las memorias de poblamiento y su impacto en el ordenamiento territorial. Tal como lo muestran Bautista (2020) y Melo (2023), la ganadería se consolidó como un proyecto de vida campesino, asociado a la promesa de estabilidad económica y pertenencia territorial, aunque también ligada a deforestación, emisiones de gases y transformaciones irreversibles en los ecosistemas amazónicos.
Bautista (2020) señala que en el Guaviare la ganadería se expandió sobre bosques primarios y secundarios, convirtiéndose en una de las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero. Incluso cuando se introducen prácticas de intensificación (entendida como el método que busca tener más animales por unidad de área mediante la optimización de potreros ya establecidos), el efecto ha sido limitado: en la región, esta estrategia no ha logrado sustituir la lógica de apertura de nuevas áreas. Algunos productores reducen tumba y quema, pero otros mantienen la expansión como vía de crecimiento, mostrando la paradoja de una práctica que asegura ingresos y, al mismo tiempo, reproduce la presión sobre el bosque.
Melo (2023) complementa esta visión al describir la ganadería amazónica como una configuración de paisaje e historia ambiental: los potreros transforman el suelo, instauran cercas y corrales como marcas simbólicas y definen formas de habitar el territorio. En COOMAGUA, esto se refleja en cómo las fincas ganaderas son también espacios de socialización y organización comunitaria. La tensión surge al intentar integrar una actividad históricamente deforestadora en propuestas de conservación. El documento de CIAT y Visión Amazonía sobre sistemas silvopastoriles (Sotelo, y otros, 2017)plantea rutas posibles, como la incorporación de árboles en potreros o la diversificación productiva, coincidiendo con testimonios de socios que han experimentado estas transiciones.
Las reflexiones de Ceballos (2022) sobre el Caquetá resultan útiles para el Guaviare: la expansión ganadera ha sido estrategia de consolidación territorial en la frontera amazónica, configurando paisajes de arraigo campesino, pero también de deforestación. Uriarte, y otros, (2023) advierten que los sistemas ganaderos en la Amazonía son poco sostenibles si no integran alternativas como los silvopastoriles o el uso múltiple del bosque, pues degradan suelos y reducen la resiliencia ecosistémica. En la misma línea, Le Tourneau & Bursztyn, (2010) entienden la ganadería como estrategia de ocupación y control
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
territorial, mientras Hecht (2013) resalta que su avance responde a políticas de desarrollo y mercados globales, donde el bosque aparece tanto como obstáculo como recurso.
Armenteras et al. (2019) muestran que la expansión ganadera está directamente correlacionada con pérdida de conectividad ecológica y fragmentación de hábitats, hallazgos que dialogan con la experiencia de COOMAGUA. Macedo y otros (2012), en el caso brasileño, evidencian que las políticas de intensificación no redujeron la deforestación porque la lógica extensiva continuó predominando, un paralelismo que advierte sobre los límites de las soluciones técnicas en contextos como el Guaviare.
COOMAGUA se encuentra en una encrucijada: por un lado, la ganadería representa sustento, memoria y arraigo; por otro, debe reconfigurarse para articularse a proyectos de manejo forestal comunitario y bioeconomía. Bautista (2020) advierte que cualquier estrategia de conservación que ignore la centralidad de la ganadería en las economías rurales está condenada al fracaso; la clave no es erradicarla, sino transformarla. Como resume Sandra Mahecha, la región ha pasado “de ser zona cocalera a ser ahorita ganadera y pues queriendo trabajar en el bosque”, mostrando que las transiciones no son rupturas, sino procesos híbridos donde conviven la persistencia del ganado y la búsqueda de alternativas.
En conclusión, la ganadería en el Guaviare es más que una actividad productiva: constituye memoria de poblamiento, sustento económico y símbolo de arraigo campesino. Al mismo tiempo, es una de las principales presiones sobre los bosques, que hoy se debate entre la persistencia de modelos extensivos y la exploración de alternativas más sostenibles. Para COOMAGUA, la ganadería no es solo un desafío ambiental, sino también un componente de identidad y de vida cotidiana que debe ser integrado críticamente en las propuestas de manejo forestal comunitario y bioeconomía.
4.9 De las semillas a las galletas: diversificación comunitaria en
torno a los viveros y Las Caprichosas Entre la germinación y la cocina: memorias y relatos en torno a viveros y Las Caprichosas
Los viveros comunitarios aparecen en los relatos de los socios de COOMAGUA como espacios donde germinan no solo plántulas, sino también aprendizajes y responsabilidades colectivas. Están estrechamente vinculados a proyectos como el GEF Corazón de la Amazonia y la FCDS, que impulsaron la certificación y compra de material vegetal. Aunque solo cuatro cuentan actualmente con certificación del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), otros viveros siguen apoyando para cumplir compromisos contractuales, evidenciando cooperación entre familias.
En un encuentro convocado en 2023 por la profesional de viveros de la FCDS se discutió la calidad de plántulas, la cantidad entregada por cada vivero y la participación de quienes están certificados y quienes no. Se subrayó la necesidad de insumos adecuados (bolsas de siembra, semillas disponibles) y la importancia de cumplir las cantidades pactadas. Varios socios expresaron dificultades por la falta de materiales y el tiempo que estas labores demandan frente a otras tareas cotidianas. La profesional insistió en que el contrato incluía penalidades y debía asumirse con autonomía, ya que son los socios quienes reciben los ingresos. También se resaltó la estacionalidad: el contrato se suspendió hasta la llegada de lluvias, que garantizan la viabilidad de las plántulas.
María expresó cómo los proyectos han ampliado horizontes: “Pero ya si la fundación sigue apoyándole, sigue uno como ya... Ya nos dieron para las abejas, ya nos dieron que no es ilegal vender la miel. El vivero también ya también le dieron que también ya es certificado.” (María, socia de COOMAGUA).
Habitar el bosque desde lo campesino: aprendizajes, tensiones y esperanzas de la forestería comunitaria
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Martha, por su parte, señaló la importancia de estas iniciativas en su experiencia: “Cuando hubo los primeros proyectos, yo no había ingresado […] después ya llegaron pequeñas donaciones donde nos postulamos en proyectos como el vivero, lo de Caprichosas, servicios del bosque y después lo de meliponicultura.” (Martha, socia de COOMAGUA, corregimiento El Capricho)
También emergen voces críticas. Hermides comentó: “De los viveros hasta ahora vamos a ver, pero en este momento no he recibido nada.” (Hermides, gerente de COOMAGUA, vereda Paraiso)
Los viveros condensan, así, un valor técnico y económico, pero también tensiones en torno a la transparencia y los beneficios percibidos.
Por su parte, Las Caprichosas surgieron como una experiencia organizativa de mujeres de la vereda El Capricho, convocadas para transformar frutos amazónicos en alimentos como tortas, galletas y helados. Aunque en 2024 la iniciativa se fragmentó por problemas de confianza y roles, su legado permanece en la tienda comunitaria, que hoy es un punto clave de la vida de COOMAGUA. Allí se comercializan productos derivados de las frutas amazónicas, se reciben insumos, se almacenan herramientas y, sobre todo, se realizan reuniones autónomas de la cooperativa. La inauguración de la tienda marcó un hito: un espacio propio para encuentros y degustación de alimentos amazónicos, como tortas de asaí o jugo de copoazú elaborados por Las Caprichosas. Con el tiempo, la tienda se consolidó como espacio autónomo de diálogo, acuerdos y discusiones, cargado de valor simbólico para la comunidad.
Las entrevistas reflejan tanto tensiones como orgullo. Una socia señaló: “Y por eso es el problema que hay ahorita con las Caprichosas porque éramos seis y ya pues tenemos problemas ahorita, porque le pedí que hiciéramos cuenta cada mes.”
Otra socia destacó el carácter colectivo:
“Porque ya habíamos trabajado en un restaurante como compañeras, como familia, pues que sí, ¿por qué no armábamos un grupo? Porque nos habían explicado que se podía agrupar de cinco personas para hacer superalimentos2, que es lo de las Caprichosas.”
En otra voz se hace evidente su papel simbólico: “Las Caprichosas están produciendo sus galletas, pero la idea es que nosotros le saquemos muchísimas más valor agregado al seje combinado junto con nosotros, propiedades de frutas en el que tengamos.”
En conjunto, esta categoría refleja cómo la organización campesina no se limita a la extracción de productos forestales, sino que impulsa experiencias de restauración (viveros) y de transformación (Las Caprichosas). Ambas, aunque distintas, están atravesadas por la cooperación, el aprendizaje colectivo y la búsqueda de sostenibilidad, donde lo técnico y lo simbólico se entretejen en la forestería comunitaria.
Entre ingresos y aprendizajes: la incidencia de viveros y Las Caprichosas en la cooperativa
Los viveros comunitarios marcaron un hito en COOMAGUA al permitir uno de los primeros contratos directos con instituciones como la FCDS. Este paso significó ingresos para varias familias y nuevas
2 En los testimonios, “superalimentos” se refiere a la denominación empleada en capacitaciones institucionales para describir productos con alto valor nutricional y potencial de mercado, como frutos amazónicos transformados en tortas, galletas o bebidas.
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
responsabilidades que exigieron cooperación entre viveros certificados y no certificados. Como lo explicó Jaime Castillo:
También nos ha colaborado con viveros. Aquí tenemos alrededor de unos diez viveros en la región, cuatro certificados, donde nosotros mismos producimos el material vegetal. En la cual eso va a ser utilizado para los proyectos que misma la fundación los va a sacar. (Jaime Castillo, socio de COOMAGUA, vereda Caño Pescado).
Aunque solo cuatro viveros cuentan con aval del ICA, los demás cumplen un papel clave para garantizar las entregas. Sin embargo, la distribución de beneficios ha generado tensiones. Hermides lo resumió así:
…muchas personas que no entendieron cómo funcionaba eso, entonces no le invirtieron al vivero, la idea era que ese saldo era para que yo ajustara mi vivero, me organizara mejor, le metiera plata al vivero, pero todo eso se volvió fue de bolsillo… entonces ya tocaba más trabajo y ya no íbamos a ganar tanto, eso fue bueno y fue malo. Sí, no sé si es verdad. (Hermides, gerente de COOMAGUA, vereda Paraiso).
Más allá de lo económico, los viveros obligaron a COOMAGUA a asumir aprendizajes técnicos y organizativos. La exigencia de cumplir con estándares de calidad y cronogramas definidos por instituciones externas generó fricciones con las dinámicas campesinas y la estacionalidad del territorio. Daniel Bermúdez lo expresó con claridad:
Yo fui uno de los que más quejas puse de que por qué tenía que ser en el verano para entregar, que porque es que el proyecto lo formulamos ahorita y nos dan la licitación para tal tiempo y de ese tiempo no pegaba. (Daniel Bermúdez, socio de COOMAGUA, vereda Chuapal).
De estas experiencias surgieron aprendizajes colectivos sobre gestión de contratos, registro de plántulas y autonomía para cumplir obligaciones sin depender totalmente de la mediación institucional. Como señaló Hermides:
La cooperativa lo que va a buscar es eso, que todos podamos, muy parecido a la resolución que hicimos de viveros hoy, debe ser muy concertado, debe ser muy equitativo, debe ser muy democrático, para que todos participen y todos se beneficien de eso… (Hermides, gerente de COOMAGUA, vereda Paraiso).
En contraste, Las Caprichosas han incidido desde una dimensión simbólica y social. Aunque el grupo de mujeres se fragmentó y hoy solo permanecen dos integrantes, la tienda comunitaria se consolidó como espacio de referencia para COOMAGUA. Allí se realizan reuniones, se reciben insumos y se comercializan productos derivados de los frutos amazónicos.
Martha expresó cómo esta experiencia materializó un sueño personal: “Yo decía que uno de mis sueños era tener algún día una heladería. Y pues como daba la oportunidad.” (Martha, socia de COOMAGUA, corregimiento El Capricho).
Este lugar trascendió su origen y se convirtió en sede informal de la cooperativa, un nodo de socialización, acuerdos y decisiones colectivas. La incidencia simbólica también otorgó prestigio a COOMAGUA, al vincularla con el mundo de los alimentos amazónicos. Hermides lo explicó de esta forma:
Las Caprichosas… tampoco es algo que esté funcionando, pero que también nos involucra a todos. Ahí nosotros le colaboramos haciéndole las compras, apoyando, pero es un tema que no
Habitar el bosque desde lo campesino: aprendizajes, tensiones y esperanzas de la forestería comunitaria
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está funcionando y si eso solo funciona porque doña Marta está ahí, doña Flor está ahí. (Hermides, gerente de COOMAGUA, vereda Paraiso).
En suma, viveros y Las Caprichosas han incidido de formas diferenciadas pero complementarias. Los viveros aportaron ingresos monetarios y aprendizajes técnicos, mientras que Las Caprichosas fortalecieron la cohesión simbólica y la autonomía organizativa. Ambos muestran cómo COOMAGUA ha ampliado su radio de acción más allá de la simple venta de productos forestales, explorando caminos de restauración y transformación que sostienen la cadena de valor comunitaria.
Finalmente, estas iniciativas responden a necesidades diversas: el viverismo permite transmitir conocimientos locales sobre la siembra y crecimiento de plantas amazónicas, mientras que la cocina y la transformación de frutos (denominados en capacitaciones como “superalimentos”) representan una práctica con enfoque de género que potencia el diálogo de saberes y la resiliencia campesina en territorios amazónicos.
Más allá de la producción: viveros y Las Caprichosas en clave de sostenibilidad campesina
Las experiencias de los viveros y de Las Caprichosas revelan una resiliencia organizativa campesina que se construye desde saberes culturales, capacidades sociales y estrategias colectivas situadas (López Bracamonte & Limón, 2017). En clave de género, la elaboración de alimentos amazónicos y la gestión de la tienda reconfiguran roles y visibilizan trabajos históricamente invisibilizados, disputando el control de los recursos y abriendo circuitos agroecológicos y de feria (García, 2013). En este contexto, la autonomía alimentaria y los espacios de siembra o cocina condensan identidades y poder femenino, al tiempo que ponen de relieve las tensiones introducidas por las políticas y los mercados globales (Palacio & Nieto, 2013).
La experiencia de COOMAGUA muestra que la bioeconomía no se reduce a sustituir cultivos o mercantilizar productos del bosque, sino que se resignifica como bioeconomía situada, anclada en el territorio amazónico y en la capacidad campesina de diversificar economías. Tal como señala Oyama (2022), la bioeconomía adquiere sentido cuando reconoce prácticas locales de cuidado, los ritmos del ecosistema y las dinámicas comunitarias que sostienen el bosque. En esta línea, los viveros y la transformación de frutos amazónicos generan ingresos sin desarraigar a las familias, funcionando como alternativas frente a la presión extractiva. Experiencias regionales muestran que la bioeconomía puede enfrentar el cambio climático siempre que fortalezca capacidades locales y mantenga vínculos estrechos con los ecosistemas (Nascimento et al., 2024). En el caso de COOMAGUA, estas apuestas se complementan con lo observado en otras iniciativas amazónicas de manejo forestal comunitario, donde la organización social resulta clave para articular conservación, ingresos y autonomía campesina (Cossio et al., 2014).
No obstante, estos procesos también reflejan tensiones entre lógicas institucionales y campesinas. Programas como GEF Corazón de la Amazonia o FCDS han abierto oportunidades de ingresos y reconocimiento, pero a menudo imponen tiempos, formatos y exigencias que chocan con la organización social y las rutinas del trabajo familiar. Escobar (2012) y Gómez et al. (2021) advierten que los modelos institucionales tienden a homogeneizar territorios bajo un discurso técnico de eficiencia y gobernanza global, desconociendo la pluralidad de prácticas locales. En COOMAGUA, lo que para las instituciones es un “contrato con entregas programadas”, para los socios significa reorganizar rutinas familiares, decidir entre siembras, cosechas o viveros, y lidiar con un clima impredecible. Como señala Franco (2013), esta distancia refleja la brecha entre agendas multilaterales y realidades amazónicas, donde las comunidades buscan sostener autonomía en medio de marcos externos poco adaptables.
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
Al mismo tiempo, la cooperativa ha sabido apropiar y resignificar el discurso de conservación. La tienda de Las Caprichosas, más que un espacio de comercialización, legitima a COOMAGUA como actor del manejo forestal comunitario en clave de bioeconomía. Escobar (2012) recuerda que los lenguajes de conservación y desarrollo no son neutrales, sino formas de ordenar territorios. En El Capricho, dichos lenguajes se transformaron en símbolos de orgullo y pertenencia: galletas, helados y tortas amazónicas se convirtieron en emblemas colectivos, al igual que ocurre en el ecoturismo campesino descrito por Montenegro (2022).
Finalmente, estas experiencias dejan aprendizajes que trascienden lo económico y se inscriben en la memoria organizativa de COOMAGUA. Franco (2013) muestra que los vacíos de las agendas externas suelen llenarse con creatividad y cooperación local. Cada plántula cultivada y cada alimento producido son aprendizajes colectivos que sostienen un proyecto común. Tal como plantean Leff y Santos (2004, 2022), el conocimiento campesino es inseparable de la vida y del territorio; en COOMAGUA se expresa en la capacidad de tejer prácticas económicas y simbólicas que abren camino hacia una bioeconomía situada, crítica y profundamente amazónica.
5 Entre aliados, influencias y tensiones: el mapeo
de la cadena de valor en el manejo forestal comunitario del Guaviare El mapeo de actores constituye una herramienta central para comprender cómo se teje la forestería comunitaria en el Guaviare. Más allá de identificar quiénes participan, este ejercicio revela las relaciones de poder, cooperación y conflicto que atraviesan el manejo de los productos forestales no maderables (PFNM), en particular el asaí y el seje. En este capítulo se presentan los resultados del segundo objetivo de la investigación, que buscó comprender la relación e incidencia de los actores estratégicos vinculados a COOMAGUA, analizando sus niveles de interés, influencia y los vínculos que configuran la gobernanza local y regional.
Este análisis no parte de una mirada técnica desprovista de contexto, sino de una aproximación participativa que reconoce a las familias campesinas como sujetos con agencia en la construcción de redes y alianzas. Tal como señalan Reed (2008) y Mardones (2017), los procesos de manejo forestal comunitario no pueden explicarse sin considerar la diversidad de actores que influyen en ellos y las tensiones que emergen en sus interacciones. En el caso del Guaviare, estas interacciones oscilan entre la cooperación institucional, la mediación de organizaciones no gubernamentales, la presencia intermitente de entidades públicas, las dinámicas de los mercados locales y la incidencia de actores de poder no institucional que marcan la vida cotidiana en los territorios.
De esta forma, el capítulo pone en evidencia que la forestería comunitaria no se limita a los bosques en pie ni a los frutos que se transforman en pulpa o aceite. Se trata de un proceso que depende de alianzas estratégicas, influencias cruzadas y tensiones permanentes, en el que se definen no solo oportunidades de bioeconomía, sino también los márgenes de autonomía organizativa de COOMAGUA. El mapeo de actores se convierte así en un espejo de las disputas y aprendizajes que acompañan la construcción de la cooperativa, iluminando las posibilidades y limitaciones de avanzar hacia una gobernanza forestal más justa y situada en la Amazonía campesina.
5.1 Estructura para el mapeo de actores y su involucramiento en
la cadena de valor:
El mapeo de actores presentado en este capítulo no se elaboró como un ejercicio aislado ni en una sola sesión de trabajo, sino que se fue tejiendo progresivamente a partir de la línea de tiempo participativa y
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
de las actividades cotidianas de COOMAGUA en las que estuvimos presentes. En el recorrido del proceso organizativo, distintos espacios (entrevistas, reuniones con aliados comerciales, pilotajes productivos, encuentros con ONG y actores institucionales) fueron aportando información valiosa sobre quiénes acompañan, regulan, apoyan o tensionan la forestería comunitaria en el Guaviare.
Por lo anterior, participé en estas actividades, observando y registrando las interacciones. Al sistematizar estos insumos en campo, pude constatar que la identificación de actores no surgía de listas abstractas, sino de experiencias vividas: quién facilitó permisos, quién compró la pulpa, quién ofreció formación técnica, quién impuso requisitos sanitarios, quién apoyó la asociatividad campesina. Es así como fuimos construyendo juntos insumos para este mapeo. la matriz y el diagrama presentados como resultado de estos espacios reconoce que el conocimiento de base proviene de la interacción constante de la cooperativa con su red de relaciones.
En este sentido. Se puede afirmar que el procedimiento metodológico siguió cinco pasos:
1. Levantamiento de insumos en campo: notas de entrevistas, actas de reuniones con ONG e
instituciones públicas, observaciones en pilotajes de recolección, transformación y comercialización.
2. Reconstrucción de la línea de tiempo participativa: identificación de momentos clave
donde aparecieron actores (p. ej., creación de COOMAGUA, firma de acuerdos con CDA, primeras ventas de asaí y seje, procesos de formación con SENA y EAN).
3. Clasificación inicial de actores: agrupación según tipo de organización, escala geográfica, área
sectorial y sistema socioecológico involucrado.
4. Análisis de interés e influencia: valoración de cada actor según el nivel de compromiso con
COOMAGUA y el grado de poder para facilitar o limitar su proceso.
5. Construcción de la matriz y del diagrama relacional: integración de todas las variables en
un instrumento analítico que muestra no solo quiénes son los actores, sino cómo se relacionan, con qué nivel de involucramiento y qué papel cumplen en la cadena de valor.
Un aspecto metodológico clave fue diferenciar entre involucramiento y compromiso. El compromiso implica una decisión explícita y sostenida de apoyar o participar en el proceso organizativo; el involucramiento, en cambio, refleja las múltiples formas en que los actores terminan haciendo parte de la cadena, ya sea mediante normas regulatorias, provisión de servicios, compras, procesos de formación o influencia política. Esta distinción permitió reconocer que, además de los aliados comprometidos con el fortalecimiento de COOMAGUA, existen otros actores que, aunque no buscan deliberadamente acompañar a la cooperativa, inciden de manera decisiva en su desarrollo.
Para Reed (2008) advierte que la participación se debe analizar en una escala que va desde acciones pasivas hasta compromisos sostenidos, mientras que la guía metodológica de FSG (2021) enfatiza que mapear conexiones y niveles de influencia visibiliza dependencias y vacíos en la gobernanza. Estudios recientes, como los de Guise et al. (2024) y Mairomi et al. (2025), muestran que actores con bajo compromiso institucional pueden tener un involucramiento operativo significativo, lo que valida la necesidad de contemplar ambas categorías en el análisis.
Finalmente, la sistematización de estos hallazgos dio lugar a la matriz de mapeo de actores y al esquema gráfico que acompañan este capítulo. Estos productos no solo cumplen una función analítica, sino que
Entre aliados, influencias y tensiones: el mapeo de la cadena de valor en el manejo forestal comunitario del Guaviare
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se constituyen en herramientas de gobernanza para COOMAGUA: les permiten identificar con claridad quiénes están en su entorno, de qué manera se vinculan y qué tipo de alianzas estratégicas, colaboraciones puntuales o tensiones estructurales condicionan su caminar en la forestería comunitaria. Tal como sugieren Reed (2008) y Laituri (2023), el valor de estos instrumentos radica en que no se limitan a enlistar organizaciones, sino que ayudan a las comunidades a comprender las relaciones de poder y los modos de involucramiento que atraviesan sus proyectos. En este sentido, para los socios y socias de la cooperativa, la matriz y el diagrama se convierten en un espejo de su red de relaciones: una herramienta práctica para planear, negociar y fortalecer su autonomía en el marco de la bioeconomía amazónica.
En suma, el mapeo de actores permitió a COOMAGUA situarse dentro de un entramado relacional más amplio que trasciende lo estrictamente productivo. No se trata únicamente de enumerar aliados o contrapartes, sino de comprender cómo distintos niveles de involucramiento y compromiso inciden en las posibilidades de sostener la forestería comunitaria en el Guaviare. Este ejercicio, al visibilizar vínculos, dependencias y tensiones, aportó a la cooperativa una herramienta de autoconocimiento y de planeación estratégica, donde se reconoce que cada decisión organizativa está atravesada por relaciones sociales, políticas y económicas más complejas.
Para definir el fenómeno afectado: el manejo forestal comunitario, el campesinado guaviarense y la propia existencia de COOMAGUA, implica entender cómo se vive esta experiencia en la práctica. La creación de la cooperativa en 2022 no fue un acto administrativo aislado, sino la cristalización de un proceso histórico de colonización campesina, luchas por el bosque y aprendizajes colectivos. Como lo narran los propios socios en sus memorias, fundar COOMAGUA significó decidir juntos que el bosque podía convertirse en sustento, en alternativa frente a la ganadería o la coca, y en un espacio de reconocimiento social. Es desde esa acción colectiva que la forestería comunitaria deja de ser una categoría de política pública y se vuelve una experiencia viva que organiza el presente y proyecta futuros posibles para las familias del Guaviare.
5.2 Identificación de actores
La identificación de actores vinculados a la forestería comunitaria en el Guaviare constituyó un paso fundamental para comprender el entramado de relaciones en el que se inscribe COOMAGUA. Este ejercicio permitió reconocer no solo a las familias campesinas que protagonizan el proceso, sino también a las instituciones públicas, las organizaciones no gubernamentales, los aliados comerciales, las entidades educativas y los propios sistemas socioecológicos que configuran la vida en el territorio. Presentar a estos actores de manera descriptiva resulta necesario antes de avanzar en su clasificación, pues ofrece al lector una mirada clara sobre quiénes conforman este escenario y cuáles son sus principales características. Así, se da cuenta de la diversidad de presencias que inciden en el manejo forestal comunitario, desde el nivel local hasta el internacional, y de cómo la cooperativa se teje en medio de alianzas, tensiones y apoyos diferenciados.
COOMAGUA
La Cooperativa Multiactiva Familias de Chiribiquete (COOMAGUA) es el actor central del proceso de forestería comunitaria en el Guaviare. Creada en 2022 tras un proceso de formación en economía solidaria, se consolidó como la plataforma organizativa que articula la producción, el aprovechamiento de PFNM, los viveros y los sistemas agroforestales. Su papel trasciende lo económico: es un espacio de toma de decisiones colectivas, de representación campesina y de construcción de confianza entre
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familias. Al estar en el centro de las relaciones, COOMAGUA actúa como puente entre los productores rurales y los aliados institucionales, comerciales y de cooperación.
ASOCAPRICHO (Juntas de Acción Comunal de las siete veredas)
ASOCAPRICHO agrupa a las JAC de siete veredas del corregimiento El Capricho (Chuapal, Caño Nilo, Manaviri, Caño Pescado, Tortuga, Caño Lajas y Paraiso). Esta organización es la raíz social del proceso, pues desde 2018 promovió acuerdos voluntarios de conservación, viveros comunitarios y sistemas agroforestales. Su experiencia previa permitió que la forestería comunitaria tuviera un anclaje territorial real. ASOCAPRICHO representa la capacidad de movilización y liderazgo local, que fue clave para la creación y consolidación de COOMAGUA.
Mujeres campesinas (ASOFAPROCAGUA)
El grupo de mujeres campesinas organizadas en ASOFAPROCAGUA ha tenido un rol decisivo en la consolidación de viveros y en el manejo de productos forestales no maderables. Su aporte no se limita al trabajo productivo: también articulan tareas de cuidado y de transmisión de saberes, lo que les otorga un papel estratégico en la sostenibilidad social y cultural de la cooperativa. La organización de mujeres ha abierto espacios de autonomía y ha visibilizado la centralidad del trabajo femenino en la forestería comunitaria.
Jóvenes rurales
Los jóvenes rurales participan de manera intermitente en los procesos de capacitación técnica y en actividades de campo como recolección, viveros y restauración. Representan el relevo generacional y su permanencia depende de las oportunidades educativas y laborales en el territorio. Aunque su influencia ha sido menor en la toma de decisiones, su papel técnico y su entusiasmo son reconocidos por los socios como una condición necesaria para darle sostenibilidad a COOMAGUA en el futuro.
Productores del programa de forestería comunitaria
Son las familias directamente involucradas en la implementación del programa de forestería comunitaria. Su acción se concentra en el diseño de parcelas agroforestales, en la recolección de frutos de seje y asaí, y en el cumplimiento de acuerdos de conservación productiva. Constituyen la base operativa del proceso, pues sin su trabajo cotidiano en el bosque y en la finca no existiría la materia prima que sostiene la cadena de valor.
Viveristas
Los viveristas son actores estructurales de la cooperativa. Actualmente existe una red de viveros comunitarios con cuatro viveros certificados, que aportan tanto a la restauración ecológica como a la diversificación productiva. Los viveristas aportan conocimiento local sobre especies y temporadas, complementando la asistencia técnica externa. Sus acciones han comenzado a generar ingresos concretos y fortalecen los indicadores de conservación y restauración exigidos por los programas institucionales.
Productores de PFNM
Este grupo está conformado por las familias dedicadas a la recolección y comercialización de frutos amazónicos, principalmente seje y asaí. Su trabajo es estacional, ligado a las cosechas y a la cercanía de los bosques con cuerpos de agua. Se apoyan en permisos de aprovechamiento aprobados por la CDA,
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lo que les permite operar en la legalidad. Son actores clave porque aportan la materia prima que alimenta las cadenas de valor y generan vínculos directos con los mercados locales y regionales.
Tienda COOMAGUA
La Tienda COOMAGUA no es solo un espacio de comercialización de productos, sino un lugar de encuentro y toma de decisiones para los socios de la cooperativa. Allí confluyen dinámicas organizativas, económicas y sociales: se discuten precios, se planifican actividades y se fortalecen los lazos comunitarios. Es un actor protagonista porque materializa la idea de la cooperativa como sujeto colectivo, al tiempo que proyecta una imagen de COOMAGUA hacia la comunidad local y hacia posibles aliados externos.
Alcaldía de San José del Guaviare
La Alcaldía de San José del Guaviare ha tenido una participación intermitente en iniciativas relacionadas con la forestería comunitaria. Su apoyo depende en gran medida de la administración de turno y de la capacidad de articulación con programas externos. Aunque su interés en el proceso se reconoce, su nivel de influencia ha sido bajo, lo que limita su papel a acompañamientos puntuales en actividades ambientales o de planificación.
Gobernación del Guaviare
La Gobernación representa un actor institucional de escala regional. Su vinculación con procesos de forestería comunitaria se ha dado a través de convenios y proyectos específicos que buscan apoyar la organización campesina y la planificación territorial. Sin embargo, su incidencia ha sido más estructural que cotidiana: está presente en las discusiones interinstitucionales, pero su apoyo directo a COOMAGUA ha sido esporádico.
Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible
El Ministerio de Ambiente constituye un actor influyente al definir las políticas y normativas marco de la forestería comunitaria en Colombia. Aunque no tiene presencia operativa directa en el Guaviare, sus lineamientos regulan los permisos, la planeación y las estrategias de conservación que afectan a COOMAGUA. Su influencia se siente más en la configuración del marco institucional que en la interacción diaria con la cooperativa.
Corporación para el Desarrollo Sostenible del Norte y Oriente Amazónico (CDA)
La CDA es el actor institucional con mayor protagonismo para COOMAGUA, pues es la autoridad ambiental regional encargada de otorgar permisos, aprobar planes prediales y hacer seguimiento al aprovechamiento de PFNM. Su rol ha sido decisivo en la autorización del aprovechamiento persistente de asaí y seje, sin el cual la cooperativa no podría avanzar. Además, su acompañamiento técnico refuerza la legitimidad y sostenibilidad de los procesos de forestería comunitaria en la región.
Instituto Colombiano Agropecuario (ICA)
El ICA actúa principalmente en temas de inspección y certificación sanitaria. Su incidencia se concentra en la regulación de viveros y en el control de procesos productivos que requieren aval técnico para su formalización. Aunque su interés en la forestería comunitaria ha sido bajo, su nivel de influencia es alto, dado que las exigencias sanitarias condicionan la operación de los viveros y la salida de productos a mercados formales.
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
Parques Nacionales Naturales (PNN)
Parques Nacionales Naturales, como autoridad ambiental en las áreas protegidas, no interviene de manera directa en las veredas donde opera COOMAGUA, pero sí participa en mesas técnicas e iniciativas de conectividad ecológica. Su rol se centra en asegurar la coherencia entre las actividades productivas campesinas y los objetivos de conservación de la Amazonía. Su presencia, aunque indirecta, influye en la delimitación de las posibilidades de aprovechamiento y uso del bosque.
Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS)
La FCDS es el principal ejecutor técnico del programa de forestería comunitaria en el Guaviare. Ha canalizado recursos de cooperación internacional, coordinado procesos de formación y liderado la planificación de las cadenas de valor de PFNM. Su acompañamiento ha sido constante y estructural, convirtiéndola en un aliado estratégico y protagonista del proceso. Al mismo tiempo, su centralidad genera debates sobre el riesgo de dependencia frente a un solo actor de cooperación.
Proyecto GEF Corazón de la Amazonía
El Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) ha sido un financiador clave del programa de forestería comunitaria, en particular a través de proyectos implementados por la FCDS y otros aliados. Su incidencia se refleja en la provisión de recursos para inventarios forestales, formación comunitaria y desarrollo de cadenas de valor. Aunque su relación con COOMAGUA es indirecta, se percibe como un actor colaborador que aporta estabilidad financiera a los procesos locales.
Fondo Patrimonio Natural
El Fondo Patrimonio Natural ha funcionado como canal financiero para proyectos de conservación en el Guaviare. Su participación fue más visible en fases previas del programa, apoyando esquemas de incentivos y fortalecimiento organizativo. Actualmente su presencia es limitada, pero se reconoce su papel histórico en sentar bases para la articulación entre comunidades, ONG y cooperación internacional.
WWF Colombia
WWF Colombia ha acompañado procesos de planificación territorial y fortalecimiento comunitario en el Guaviare, aunque su relación con COOMAGUA ha sido intermitente y puntual. Su involucramiento ha servido para visibilizar la forestería comunitaria en escenarios más amplios, pero su influencia directa en las actividades de la cooperativa ha sido baja, lo que lo ubica como un actor más observador que protagonista.
ONF Andina
ONF Andina ha aportado herramientas técnicas para el ordenamiento predial y la parcelación, así como equipos para la cosecha de frutos forestales no maderables. Su relación con COOMAGUA fue más estrecha en las etapas iniciales, contribuyendo a estructurar el proceso desde el punto de vista técnico. Aunque su presencia actual es menor, se le reconoce como un colaborador que dejó capacidades instaladas en la cooperativa.
Banco Mundial / ASL
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El Banco Mundial, a través de la iniciativa Amazon Sustainable Landscapes (ASL), ha financiado estrategias regionales de conservación y manejo forestal. Su relación con COOMAGUA es indirecta, dado que los recursos se canalizan por medio de aliados como la FCDS o el SINCHI. No obstante, su influencia es relevante en el diseño de agendas regionales que enmarcan el trabajo de la cooperativa, aunque sin un compromiso específico con su fortalecimiento.
ASOPROAGRO
La Asociación de Productores Agropecuarios del Guaviare (ASOPROAGRO) es un aliado comercial campesino de escala regional. Su relación con COOMAGUA se centra en la compra y transformación de frutos amazónicos como el seje y el asaí. Esta organización ha permitido abrir canales de comercialización intercampesinos, lo que fortalece las posibilidades de venta y reduce la dependencia exclusiva de intermediarios externos. Su involucramiento es colaborador, en tanto promueve vínculos horizontales entre asociaciones de base rural.
Alimento de Selva
Alimento de Selva es un emprendimiento regional con enfoque bioeconómico que ha establecido vínculos comerciales con COOMAGUA para la compra de PFNM. Se caracteriza por fomentar circuitos alternativos de comercialización que valoran el origen amazónico de los productos. Aunque su escala de acción es más reducida, su relación con la cooperativa representa una apuesta por diversificar mercados y explorar nichos de valor agregado.
ASOPROCEGUA
La Asociación de Productores Campesinos del Guaviare (ASOPROCEGUA) es otro aliado estratégico en la comercialización de frutos amazónicos. Su papel ha sido facilitar la transformación y salida de productos hacia mercados regionales, contribuyendo a la articulación entre asociaciones campesinas del departamento. Su involucramiento con COOMAGUA refleja la importancia de la cooperación interorganizacional para sostener cadenas de valor más sólidas y menos fragmentadas.
Agroindustrias del Bosque Amazónico SAS
Agroindustrias del Bosque Amazónico SAS es una empresa familiar regional que transforma frutos amazónicos en aceites y pulpas, con registro INVIMA. Ha desarrollado una relación estable con COOMAGUA, participando en procesos de transformación local de seje y asaí. Su papel es clave porque conecta la producción campesina con estándares de calidad y certificación, abriendo posibilidades de acceso a mercados más exigentes. De este modo, se ubica como un colaborador estratégico en la consolidación de cadenas de valor amazónicas.
Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA)
El SENA se ha consolidado como un aliado formativo clave para COOMAGUA. Su participación se concentra en la capacitación técnica en viveros, procesos de transformación y liderazgo juvenil. La institución ha aportado programas de formación que fortalecen las capacidades locales y permiten que los jóvenes rurales adquieran herramientas útiles para vincularse de manera más activa al manejo forestal comunitario. Aunque su rol es colaborador, su incidencia es significativa en la construcción de capital humano para la cooperativa.
Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (SINCHI)
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El Instituto SINCHI es un referente nacional en investigación amazónica y ha generado insumos técnicos de gran relevancia para la forestería comunitaria. Sus estudios de biodiversidad, servicios ecosistémicos y cadenas de valor han sido utilizados por entidades como la CDA y la FCDS para fundamentar decisiones en el territorio. Aunque su presencia en campo con COOMAGUA es limitada, su influencia es alta al proporcionar conocimiento científico que respalda y legitima los procesos locales.
Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt
El Instituto Humboldt ha desarrollado investigaciones en temas de servicios ecosistémicos, gobernanza ambiental y monitoreo de biodiversidad en la Amazonía. Su relación con COOMAGUA se dio a través de ejercicios de monitoreo acústico de fauna en fincas campesinas, lo que permitió a los socios vincular el conocimiento científico con sus prácticas cotidianas. Aunque su apoyo ha sido puntual, contribuyó a posicionar la forestería comunitaria dentro de debates nacionales sobre conservación y bioeconomía.
Universidad EAN
La Universidad EAN ha acompañado el proceso de COOMAGUA en la estructuración de planes de negocio y asesorías en bioeconomía. Su participación fue clave en la fase de creación de la cooperativa, pues dictó el curso de economía solidaria que permitió formalizar la organización. De esta manera, su rol va más allá de la formación técnica, ya que aportó herramientas para pensar a COOMAGUA como sujeto colectivo con capacidad empresarial en el marco de la bioeconomía amazónica.
Escuela rural El Capricho
La Escuela rural El Capricho representa el vínculo entre educación comunitaria y forestería. Ha participado en procesos de sensibilización ambiental y formación básica de jóvenes vinculados al programa. Su presencia muestra que la forestería comunitaria no se limita a los espacios de producción, sino que se extiende a los entornos escolares, donde se construye conciencia ambiental y se transmiten valores comunitarios a nuevas generaciones.
Bosque y selva
El bosque constituye el eje central de la forestería comunitaria en el Guaviare. Más allá de ser fuente de frutos como el seje y el asaí, es un territorio simbólico y político donde se definen prácticas de conservación, acceso a recursos y sentidos de pertenencia campesina. La selva, en tanto espacio habitado y trabajado, condensa tensiones entre conservación y producción, y es el escenario donde la cooperativa despliega sus estrategias de aprovechamiento sostenible y restauración.
Ríos, caños y quebradas
Los ríos, caños y quebradas son actores fundamentales para la forestería comunitaria, pues determinan la localización y disponibilidad de frutos amazónicos. El asaí, en particular, se asocia a zonas de várzea y orillas de caño, lo que hace de estas aguas un elemento indispensable para la recolección. Además de su papel productivo, son espacios de movilidad, comunicación y vida cotidiana para las familias campesinas. Su conservación resulta vital para sostener la base ecológica del programa.
Finca campesina
La finca es el espacio cotidiano donde se articulan producción, vivienda y organización. En ella se siembran los viveros, se desarrollan sistemas agroforestales y se entrelazan prácticas de subsistencia con actividades comerciales. Más que una unidad productiva, la finca es un territorio simbólico donde se
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construyen identidades y se transmiten memorias. Es también el lugar donde COOMAGUA se materializa como experiencia colectiva, pues desde allí los socios aportan frutos, trabajo y decisiones para sostener la cooperativa.
Campesinos ganaderos
Los campesinos ganaderos representan una parte importante del sistema productivo regional. Su relación con el bosque es ambivalente: por un lado, la ganadería extensiva ha impulsado la deforestación; por otro, muchos de ellos participan en procesos de forestería comunitaria y buscan alternativas de diversificación. Reconocerlos como actores diferenciados permite comprender los desafíos de compatibilizar la producción pecuaria con la conservación del bosque y el aprovechamiento de PFNM.
Grupos armados (actores de poder no institucional)
Los grupos armados constituyen un actor no institucional que incide de manera directa en la vida cotidiana del Guaviare. Su presencia condiciona la movilidad, el acceso a territorios y las dinámicas de seguridad en torno a la forestería comunitaria. Aunque no son aliados ni actores deseados por la cooperativa, su influencia es innegable y genera un contexto de tensión en el que se toman decisiones organizativas. Reconocerlos en el mapeo no implica legitimarlos, sino visibilizar que forman parte del entramado de poder que atraviesa los territorios campesinos amazónicos.
La identificación de estos treinta y tres actores ofrece un panorama amplio y situado del ecosistema organizativo en el que se inscribe COOMAGUA. Más que un inventario, constituye un reflejo de las múltiples relaciones que atraviesan la forestería comunitaria, desde los espacios íntimos de la finca hasta las agendas de cooperación internacional. Este ejercicio permitió reconocer a cada actor en su especificidad y visibilizar que el proceso organizativo campesino no se desarrolla en aislamiento, sino en diálogo permanente con instituciones, mercados, conocimientos técnicos, dinámicas ecológicas y fuerzas de poder que configuran el territorio amazónico.
5.3 Diversidad de actores
La diversidad de actores identificados en este estudio responde a la naturaleza compleja y situada del Guaviare. El mapeo obligó a ir más allá de las categorías tradicionales de análisis, incorporando no solo a organizaciones comunitarias, estatales o privadas, sino también a actores socioecológicos (como el bosque, los ríos y la finca) y a actores de poder no institucional, como los grupos armados. Esta inclusión reconoce que la gobernanza de la forestería comunitaria no puede explicarse únicamente desde lo formal, sino que se encuentra atravesada por relaciones materiales, simbólicas y políticas que inciden de manera directa en las posibilidades de acción colectiva de COOMAGUA.
La forestería comunitaria en el Guaviare se sostiene en una trama diversa de actores que no puede reducirse a categorías convencionales. El mapeo mostró que esta diversidad es situada, pues responde a las condiciones históricas, sociales y políticas del territorio. Así, junto a organizaciones comunitarias y locales como COOMAGUA, ASOCAPRICHO o la Tienda COOMAGUA, aparecen instituciones públicas encargadas de la regulación ambiental y sanitaria (CDA, ICA, MinAmbiente), ONG y agencias de cooperación que financian y acompañan (FCDS, GEF, WWF), aliados privados que articulan mercados (ASOPROAGRO, Agroindustrias del Bosque Amazónico SAS), y actores educativos y de investigación que aportan formación y conocimiento (SENA, SINCHI, Humboldt, EAN).
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
Lo distintivo de este caso es la inclusión de relaciones socioecológicas y actores de poder no institucional. Reconocer al bosque, los ríos y la finca como actores permite evidenciar que la forestería comunitaria está anclada en sistemas vivos que condicionan la disponibilidad de frutos y la vida campesina. A su vez, la presencia de grupos armados revela cómo dinámicas externas e incontrolables influyen en las decisiones organizativas, aun sin buscarlo. Esta amplitud en la identificación de actores refleja que la gobernanza forestal no ocurre solo entre instituciones y comunidades, sino en un escenario donde naturaleza, mercado, Estado y poderes informales se entrecruzan.
A continuación, en Tabla 5-1se presenta la clasificación para los 33 actores:
Tabla 5-1: Diversidad de actores identificados en el mapeo de la forestería comunitaria en el Guaviare Categoría Actores identificados
1. Organizaciones
comunitarias y locales COOMAGUA; ASOCAPRICHO (JAC de las siete veredas); Mujeres campesinas (ASOFAPROCAGUA); Jóvenes rurales; Productores del programa de forestería comunitaria; Viveristas; Productores de PFNM; Tienda COOMAGUA
2. Instituciones
públicas Alcaldía de San José del Guaviare; Gobernación del Guaviare; Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible; CDA; ICA; Parques Nacionales Naturales (PNN)
3. ONG y cooperación
internacional Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS); Proyecto GEF; Fondo Patrimonio Natural; WWF Colombia; ONF Andina; Banco Mundial / ASL
4. Privados y
comerciales ASOPROAGRO; Alimento de Selva; ASOPROCEGUA; Agroindustrias del Bosque Amazónico SAS
5. Instituciones
educativas y de investigación SENA; Instituto SINCHI; Instituto Humboldt; Universidad EAN; Escuela rural El Capricho
6. Relaciones
socioecológicas Bosque y selva; Ríos, caños y quebradas; Finca campesina
7. Actores de poder no
institucional Grupos armados Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo con COOMAGUA (2024–2025). La organización de los actores en estas siete categorías muestra la complejidad del entramado en el que se mueve COOMAGUA. Más allá de la multiplicidad de nombres, esta clasificación permite dimensionar cómo la forestería comunitaria se construye en un espacio de interacciones heterogéneas, donde convergen instituciones, mercados, comunidades, ecosistemas y dinámicas de poder. Este reconocimiento es la base para analizar, cómo se involucran los actores y cuáles son sus áreas sectoriales y socioecológicas de incidencia.
5.4 Involucramiento de los actores
Área sectorial de interés o influencia El involucramiento de los actores se expresa en las áreas específicas donde concentran su interés y despliegan su influencia. Estas áreas no son homogéneas ni estáticas, pues responden tanto a las
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capacidades de cada actor como a las demandas del territorio. Mientras algunos se centran en la producción forestal y el aprovechamiento de PFNM, otros lo hacen en la comercialización y la apertura de mercados. Las instituciones públicas orientan su acción hacia la regulación, los permisos y la gobernanza forestal, en tanto que las ONG y la cooperación internacional suelen enfocarse en la asistencia técnica, la planificación y la canalización de recursos financieros. Por su parte, las instituciones educativas y de investigación aportan en la formación técnica y la generación de conocimiento, que luego se traduce en capacidades instaladas en las comunidades (ver Tabla 5-2).
Esta diversidad sectorial muestra que la forestería comunitaria en el Guaviare no se sostiene en un solo frente, sino en la articulación entre múltiples agendas que interactúan de manera simultánea y, en ocasiones, contradictoria. El fortalecimiento de COOMAGUA depende de cómo estas agendas logran converger en objetivos compartidos, pero también de cómo se manejan las tensiones que emergen entre ellas: la presión por cumplir requisitos normativos frente a las limitaciones logísticas locales; la necesidad de mantener prácticas tradicionales frente a las exigencias de los mercados; o la tensión entre proyectos de conservación institucionales y los intereses productivos campesinos. Así, el involucramiento sectorial revela tanto oportunidades de colaboración como escenarios de disputa que atraviesan el desarrollo organizativo de la cooperativa.
Tabla 5-2: Área sectorial de interés o influencia de los actores identificados Área sectorial Actores vinculados Producción forestal (aprovechamiento de PFNM, cosecha comunitaria) Productores de PFNM; Productores del programa de forestería comunitaria; COOMAGUA; ASOCAPRICHO; Mujeres campesinas; Jóvenes rurales Viveros y restauración Viveristas; Mujeres campesinas; ASOCAPRICHO; CDA;
SENA
Sistemas agroforestales Productores del programa de forestería comunitaria; Campesinos ganaderos; COOMAGUA; ASOCAPRICHO Herramientas para manejo forestal (infraestructura, equipos, empaque, transporte) Agroindustrias del Bosque Amazónico SAS; Alimento de Selva; ASOPROAGRO; ASOPROCEGUA; ONF Andina Organización y asociatividad campesina COOMAGUA; Tienda COOMAGUA; ASOCAPRICHO; Mujeres campesinas
(ASOFAPROCAGUA); FCDS; EAN
Educación y formación técnica SENA; Universidad EAN; Escuela rural El Capricho Comercialización y cadenas de valor Agroindustrias del Bosque Amazónico SAS; ASOPROAGRO; Alimento de Selva; ASOPROCEGUA; Tienda COOMAGUA Planificación territorial y gobernanza forestal CDA; MinAmbiente; Gobernación; Alcaldía; WWF; ONF Andina Asistencia técnica y monitoreo FCDS; SINCHI; Humboldt; ONF Andina; PNN Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo con COOMAGUA (2024–2025). La distribución de actores en estas áreas revela que el proceso de forestería comunitaria en COOMAGUA se sostiene en una articulación multisectorial, donde la producción campesina se enlaza con agendas de educación, gobernanza, monitoreo, restauración y mercado. Esta amplitud confirma que la forestería comunitaria es, al mismo tiempo, un proyecto económico, ambiental, organizativo y cultural.
Sistemas socioecológicos de interés o influencia
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
El involucramiento de los actores también se manifiesta en los sistemas socioecológicos donde concentran su acción. Reconocer estos sistemas como actores en sí mismos permite comprender que el bosque, la finca o los cuerpos de agua no son simples escenarios donde ocurre la producción, sino territorios vivos que sostienen las prácticas, los vínculos comunitarios y los significados culturales. Cada actor se relaciona de manera distinta con estos sistemas: mientras los productores dependen directamente del bosque y de los caños para recolectar frutos, los viveristas intervienen en zonas de restauración y los campesinos ganaderos en áreas agropecuarias intensivas. Al incluirlos como parte del mapeo, se evidencian no solo sus aportes materiales, sino también las tensiones y limitaciones que imponen a la forestería comunitaria.
La Tabla 5-3 muestra cómo estos sistemas socioecológicos se entrecruzan con los actores identificados, revelando una red de relaciones que trasciende la lógica productiva para adentrarse en dimensiones ecológicas y culturales. El bosque, los ríos y la finca no pueden entenderse únicamente como recursos, sino como espacios que estructuran la gobernanza y la vida campesina. Este cruce confirma que la sostenibilidad de COOMAGUA depende tanto de los acuerdos sociales y organizativos como de la capacidad de mantener en equilibrio los sistemas naturales que hacen posible la producción. En este sentido, los sistemas socioecológicos actúan como escenario, condición y límite de la forestería comunitaria en el Guaviare.
Tabla 5-3: Sistemas socioecológicos de interés o influencia de los actores Sistema socioecológico Actores vinculados Bosque natural Productores de PFNM; Productores del programa de forestería comunitaria; CDA; PNN; FCDS; WWF Sistemas agroforestales Campesinos ganaderos; Productores del programa de forestería comunitaria; Viveristas; COOMAGUA;
ASOCAPRICHO
Zonas de restauración ecológica Viveristas; Mujeres campesinas; FCDS; CDA Cuerpos de agua dulce (ríos, caños, quebradas) Productores de PFNM; ASOCAPRICHO; Jóvenes rurales;
CDA
Áreas de uso agropecuario intensivo Campesinos ganaderos; Gobernación; Alcaldía Territorios culturales (espacios de encuentro, escuela, tienda) Tienda COOMAGUA; Escuela rural El Capricho; Mujeres campesinas; Jóvenes rurales; COOMAGUA Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo con COOMAGUA (2024–2025).
La Gráfica 5-1: Involucramiento de los actores en áreas sectoriales y sistemas socioecológicos.sintetiza cómo los actores identificados se distribuyen en función de sus áreas sectoriales y de los sistemas socioecológicos de interés o influencia. Se observa que la mayor concentración se da en los ámbitos de producción forestal, organización y asociatividad y bosque natural, lo que confirma que la base de la forestería comunitaria en el Guaviare descansa en la acción campesina organizada y en la disponibilidad ecológica del bosque.
Al mismo tiempo, la presencia de actores en sistemas agroforestales, cuerpos de agua y territorios culturales revela que el involucramiento no se restringe a la dimensión productiva, sino que se extiende a espacios de restauración, educación y vida comunitaria. Esta distribución evidencia que la gobernanza de COOMAGUA se construye en la intersección entre lo social y lo ecológico, y que cualquier estrategia de fortalecimiento debe reconocer esa multiescalaridad de intereses y escenarios.
Entre aliados, influencias y tensiones: el mapeo de la cadena de valor en el manejo forestal comunitario del Guaviare
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Gráfica 5-1: Involucramiento de los actores en áreas sectoriales y sistemas socioecológicos.
Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo con COOMAGUA (2024–2025).
El cruce entre actores y sistemas socioecológicos confirma que la forestería comunitaria no se limita a parcelas productivas, sino que se despliega en territorios híbridos donde se intersectan bosque, finca, agua y espacios culturales. Esta perspectiva permite ver que la gobernanza de COOMAGUA se juega tanto en la productividad del seje y el asaí como en la sostenibilidad de los ríos, la selva y los vínculos comunitarios.
5.5 Grado de interés de los actores
El grado de interés permite valorar el nivel de compromiso, afinidad o prioridad que los actores otorgan a la forestería comunitaria y al rol de COOMAGUA en este proceso. No todos los actores miran el bosque y sus productos con la misma importancia: para algunos, la forestería es un eje central de su agenda institucional o de su vida cotidiana; para otros, es un tema marginal que solo aparece asociado a proyectos puntuales o a exigencias normativas. Siguiendo la adaptación metodológica de López (2001) en Mardones (2017), se establecieron tres niveles de interés: alto (3), medio (2) y bajo (1).
El interés alto corresponde a aquellos actores que se encuentran activamente involucrados en el proceso, como COOMAGUA, los productores de PFNM, los viveristas o la CDA, que reconocen la forestería comunitaria como parte de su razón de ser y de su práctica cotidiana. El interés medio agrupa a actores que se relacionan ocasionalmente o como parte de otras agendas, como la Gobernación, la Alcaldía o algunas ONG que participan en proyectos específicos. El interés bajo identifica a actores cuya conexión con el proceso es débil, ya sea porque sus prioridades están en otros sectores (como el ICA) o porque su accionar se centra en escalas externas al territorio.
En la Tabla 5-4 se presentan los actores según su grado de interés.
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
Tabla 5-4: Grado de interés de los actores en la forestería comunitaria y COOMAGUA Actor Grado de interés
COOMAGUA
Alto (3)
ASOCAPRICHO
Alto (3) Mujeres campesinas (ASOFAPROCAGUA) Alto (3) Jóvenes rurales Medio (2) Productores forestería comunitaria Alto (3) Viveristas Alto (3) Productores de PFNM Alto (3) Tienda COOMAGUA Alto (3) Alcaldía San José del Guaviare Medio (2) Gobernación del Guaviare Medio (2) MinAmbiente Medio (2)
CDA
Alto (3)
ICA
Bajo (1)
PNN
Medio (2)
FCDS
Alto (3) Proyecto GEF Medio (2) Fondo Patrimonio Natural Medio (2) WWF Colombia Bajo (1) ONF Andina Alto (3) Banco Mundial / ASL Medio (2)
ASOPROAGRO
Alto (3) Alimento de Selva Alto (3)
ASOPROCEGUA
Alto (3) Agroindustrias Bosque Amazónico SAS Alto (3)
SENA
Alto (3)
SINCHI
Medio (2) Humboldt Medio (2) Universidad EAN Alto (3) Escuela rural El Capricho Medio (2) Bosque y selva Alto (3) Ríos, caños y quebradas Alto (3) Finca campesina Alto (3) Campesinos ganaderos Medio (2) Grupos armados Bajo (1) Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo con COOMAGUA (2024–2025).
La evaluación del grado de interés muestra que la forestería comunitaria convoca un núcleo fuerte de actores altamente comprometidos, entre ellos la propia cooperativa, los productores y algunos aliados estratégicos. Sin embargo, también deja ver la presencia de actores con interés intermedio o bajo, cuya participación es esporádica o instrumental. Esta heterogeneidad confirma que COOMAGUA debe navegar en un escenario donde conviven compromisos sólidos con presencias fluctuantes, lo que obliga a diseñar estrategias diferenciadas de relacionamiento y negociación.
Entre aliados, influencias y tensiones: el mapeo de la cadena de valor en el manejo forestal comunitario del Guaviare
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5.6 Grado de influencia de los actores en la forestería
comunitaria y COOMAGUA
El grado de influencia se refiere a la capacidad que tienen los actores para afectar, facilitar, frenar o definir el rumbo de la forestería comunitaria en el Guaviare, incluyendo su poder simbólico, técnico, institucional o económico. Tal como lo plantea la adaptación metodológica de López (2001) en Mardones (2017), se evalúan tres niveles: alta (3), media (2) y baja (1). Esta escala permite reconocer que no todos los actores influyen de la misma forma: algunos pueden tomar decisiones directas sobre el uso de los recursos y la organización comunitaria; otros, aunque interesados, tienen una incidencia limitada; y hay quienes, a pesar de su bajo involucramiento, poseen un poder estructural que puede condicionar el proceso.
En este sentido, los actores con influencia alta son aquellos con capacidad normativa, de financiación o de control técnico, como la CDA, el ICA o la FCDS, así como la propia COOMAGUA, que concentra la gobernanza interna. En el nivel medio se ubican actores que, aunque no definen de manera absoluta el rumbo del proceso, inciden en aspectos claves de formación, monitoreo o articulación institucional, como el SENA, el SINCHI o la Gobernación. Finalmente, los actores con influencia baja son aquellos cuya participación, aunque reconocida, no modifica sustancialmente las decisiones estratégicas, como las asociaciones juveniles o ciertos aliados comerciales de menor escala. En Tabla 5-5 se representan los actores identificados según su influencia para COOMAGUA la forestería comunitaria.
Tabla 5-5: Grado de influencia de los actores en la forestería comunitaria y COOMAGUA Actor Grado de influencia
COOMAGUA
Alta (3)
ASOCAPRICHO
Media (2) Mujeres campesinas (ASOFAPROCAGUA) Media (2) Jóvenes rurales Baja (1) Productores forestería comunitaria Alta (3) Viveristas Alta (3) Productores de PFNM Alta (3) Tienda COOMAGUA Alta (3) Alcaldía San José del Guaviare Baja (1) Gobernación del Guaviare Media (2) MinAmbiente Alta (3)
CDA
Alta (3)
ICA
Alta (3)
PNN
Media (2)
FCDS
Alta (3) Proyecto GEF Media (2) Fondo Patrimonio Natural Media (2) WWF Colombia Media (2) ONF Andina Media (2)
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
Actor Grado de influencia Banco Mundial / ASL Media (2)
ASOPROAGRO
Media (2) Alimento de Selva Baja (1)
ASOPROCEGUA
Media (2) Agroindustrias Bosque Amazónico SAS Alta (3)
SENA
Media (2)
SINCHI
Media (2) Humboldt Media (2) Universidad EAN Media (2) Escuela rural El Capricho Baja (1) Bosque y selva Alta (3) Ríos, caños y quebradas Alta (3) Finca campesina Alta (3) Campesinos ganaderos Media (2) Grupos armados Alta (3) Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo con COOMAGUA (2024–2025). El análisis del grado de influencia revela que la forestería comunitaria se desenvuelve en un campo de fuerzas donde conviven actores comunitarios con alta capacidad de decisión, instituciones con poder normativo y financiero, y sistemas socioecológicos que condicionan materialmente el proceso. La presencia de actores con influencia baja no los hace irrelevantes: en muchos casos, su acción puntual puede inclinar decisiones o abrir espacios de innovación. Este panorama confirma que el fortalecimiento de COOMAGUA depende no solo del compromiso de sus socios, sino de la capacidad de negociar y articularse con actores de alto poder, manteniendo autonomía frente a ellos.
La Gráfica 5-2: distribución de los actores según su grado de interés y de influencia en la forestería comunitaria y COOMAGUA. presenta la distribución de los actores según su grado de interés y de influencia en la forestería comunitaria y COOMAGUA. Este esquema permite observar de manera comparativa cómo se concentran los actores en cada nivel, visibilizando no solo quiénes priorizan el proceso, sino también quiénes tienen capacidad real para incidir en sus decisiones y resultados.
Entre aliados, influencias y tensiones: el mapeo de la cadena de valor en el manejo forestal comunitario del Guaviare
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Gráfica 5-2: distribución de los actores según su grado de interés y de influencia en la forestería comunitaria y COOMAGUA.
Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo con COOMAGUA (2024–2025).
La lectura conjunta de ambos gráficos muestra un panorama complejo: mientras un grupo amplio de actores manifiesta un alto interés en el fortalecimiento de COOMAGUA, el poder de decisión efectiva se encuentra más disperso entre actores comunitarios, institucionales y socioecológicos. Esta combinación evidencia que el éxito de la forestería comunitaria depende de sostener alianzas con quienes poseen influencia estructural, sin perder de vista el compromiso cotidiano de quienes, desde el territorio, garantizan la continuidad del proceso.
5.7 Vínculo entre actores en la forestería comunitaria y
COOMAGUA
El cruce entre el grado de interés y el grado de influencia permitió clasificar a los actores en cuatro tipos de vínculos: protagonistas, colaboradores, influyentes y observadores. Esta tipología, adaptada de López (2001) en Mardones (2017), hace visible no solo las relaciones de cercanía y compromiso, sino también las tensiones que atraviesan la forestería comunitaria en el Guaviare. Para COOMAGUA, este ejercicio no es un mapa abstracto: es una herramienta concreta que les permite reconocer con quiénes pueden contar de manera estructural, quienes apoyan desde agendas paralelas, quienes ejercen poder sin un compromiso real y quiénes simplemente orbitan en el proceso. Este ejercicio permitió derivar cuatro categorías de relación: protagonistas, colaboradores, influyentes y observadores. La Tabla 5-6 resume los criterios utilizados para esta clasificación, mostrando cómo diferentes combinaciones de interés e influencia expresan posiciones diferenciadas frente al proceso.
Los protagonistas son aquellos actores con interés e influencia altos, considerados estructurales por su capacidad de decisión y compromiso sostenido. Los colaboradores se caracterizan por un alto interés, aunque su influencia sea limitada; son quienes acompañan activamente pero no tienen poder decisorio. Los influyentes poseen capacidad estructural para definir el rumbo del proceso, aunque su interés sea bajo o secundario, lo que los hace actores estratégicos pero distantes. Finalmente, los observadores presentan interés e influencia medios o bajos, participando de manera secundaria o marginal. Esta
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clasificación constituye la base para analizar la manera en que COOMAGUA debe relacionarse con cada grupo, reconociendo tanto las oportunidades de alianza como las tensiones que emergen de estos vínculos.
Tabla 5-6: criterios para esta clasificación del vinculo entre actores identificados en la forestería comunitaria y COOMAGUA.
Interés Influencia Vínculo Significado
3 (Alta)
3 (Alta)
Protagonista Actores clave: toman decisiones, están comprometidos, son estructurales.
3 (Alta)
2 (Media)
Colaborador Apoyan el proceso activamente, aunque no tienen todo el poder.
3 (Alta)
1 (Baja)
Colaborador Están muy comprometidos, pero sin capacidad de incidencia.
2
(Media)
3 (Alta)
Influyente Tienen poder estructural, pero su interés es funcional o no prioritario.
2
(Media)
2 (Media)
Observador Participan de manera puntual o secundaria, sin protagonismo.
2
(Media)
1 (Baja)
Observador Presencia débil, sin compromiso claro ni poder de decisión.
1 (Baja)
3 (Alta)
Influyente Actores con poder, pero desinteresados o desconectados del proceso.
1 (Baja)
2 (Media)
Observador Poca conexión con el proceso, aunque cierta presencia.
1 (Baja)
1 (Baja)
Observador Actor marginal: ni comprometido ni con capacidad de incidir.
Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo con COOMAGUA (2024–2025).
Para la cooperativa (ver Tabla 5-7), los protagonistas son aquellos actores que garantizan la sostenibilidad de la experiencia: los propios socios (productores, viveristas, mujeres, jóvenes), la Tienda COOMAGUA y la CDA como autoridad ambiental. Son los que “están siempre”, en las palabras de los campesinos, porque representan la vida cotidiana del proceso. Los colaboradores, como la FCDS, el SENA, ONF Andina o la Universidad EAN, aparecen como aliados estratégicos que aportan formación, acompañamiento técnico o recursos puntuales, pero cuya permanencia depende de proyectos y coyunturas. Los influyentes, como el ICA, el MinAmbiente o el Banco Mundial/ASL, encarnan el poder institucional y financiero que define reglas del juego y abre o cierra puertas, aun sin estar plenamente comprometidos con la realidad de las familias campesinas. Finalmente, los observadores, entre los que se encuentran algunas ONG de presencia intermitente, la Gobernación o la Alcaldía, están presentes de manera tangencial, lo que para la cooperativa significa que “aparecen cuando hay evento, pero no en el trabajo de campo”.
La investigación refleja las tensiones entre dependencia y autonomía. El hecho de que los protagonistas incluyan al bosque, a los ríos y a la finca confirma que la forestería comunitaria se construye sobre vínculos socioecológicos tan relevantes como los institucionales. Al mismo tiempo, evidencia que actores con alto poder (influyentes) pueden frenar o distorsionar procesos si la cooperativa no desarrolla capacidades de negociación y de incidencia política. La clasificación no es estática: un actor puede moverse de colaborador a protagonista si se fortalece el compromiso, o puede degradarse de observador a influyente si gana poder sin aumentar su interés.
Para los otros actores más relevantes, esta tipología revela también cómo son percibidos en el territorio. La FCDS, por ejemplo, aunque con interés alto, es vista por algunos socios como un colaborador y no
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como protagonista, lo que cuestiona la dependencia que a veces se genera hacia ONG ejecutoras. El ICA, en cambio, aparece como influyente pese a su bajo interés, mostrando que la dimensión normativa puede pesar más que la afinidad con el proceso. Esta lectura ayuda a que las instituciones reconozcan que, para la comunidad, no basta con aparecer en los informes: lo que define el vínculo es la combinación de interés real y capacidad de incidir en la práctica.
El valor del ejercicio para COOMAGUA radica en que convierte la complejidad de sus relaciones en un mapa comprensible y utilizable. Al identificar a sus protagonistas, la cooperativa reafirma su propia centralidad y la importancia de los actores comunitarios. Al ubicar a los colaboradores, entiende dónde están las oportunidades de alianza y aprendizaje. Al reconocer a los influyentes, sabe con quién es debe negociar con cuidado y estrategia. Y al visibilizar a los observadores, dimensiona los vacíos de acompañamiento que aún persisten. En este sentido, el vínculo entre actores se convierte en una brújula para orientar decisiones organizativas, fortalecer su autonomía y planificar con mayor claridad la construcción de la forestería comunitaria en el Guaviare.
Tabla 5-7: Vínculo entre actores en la forestería comunitaria y COOMAGUA Tipo de vínculo Actores Protagonistas (interés alto + influencia alta) COOMAGUA; Productores del programa de forestería comunitaria; Viveristas; Productores de PFNM; Tienda COOMAGUA; CDA; Bosque y selva; Ríos, caños y quebradas; Finca campesina Colaboradores (interés alto + influencia media/baja)
ASOCAPRICHO;
Mujeres campesinas
(ASOFAPROCAGUA);
FCDS; ONF Andina; SENA; Universidad EAN; Escuela rural El Capricho; ASOPROAGRO; Alimento de Selva; ASOPROCEGUA Influyentes (influencia alta + interés medio/bajo) ICA; MinAmbiente; Agroindustrias del Bosque Amazónico SAS; Campesinos ganaderos; Grupos armados Observadores (interés e influencia medios o bajos) Jóvenes rurales; Alcaldía de San José del Guaviare; Gobernación del Guaviare; PNN; Proyecto GEF; Fondo Patrimonio Natural; WWF Colombia; Banco Mundial/ASL; SINCHI; Humboldt Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo con COOMAGUA (2024–2025).
El análisis de los vínculos muestra que COOMAGUA se mueve en un escenario donde coexisten protagonistas comunitarios, colaboradores estratégicos, influyentes con poder externo y observadores de presencia marginal. Esta tipología permite entender la lógica relacional de la forestería comunitaria y abre la puerta para representarla visualmente. El mapa de actores en la Figura 5-1 sintetiza visualmente la red de relaciones que rodea a COOMAGUA, confirmando su papel como nodo central en la forestería comunitaria del Guaviare. La representación muestra cómo la cooperativa articula actores comunitarios, institucionales, privados, de cooperación internacional y socioecológicos, cada uno con distinto nivel de protagonismo, colaboración, influencia u observación.
Entre aliados, influencias y tensiones: el mapeo de la cadena de valor en el manejo forestal comunitario del Guaviare
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Figura 5-1: Mapeo de la red de relaciones que rodea a COOMAGUA.
Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo con COOMAGUA (2024–2025).
Entre aliados, influencias y tensiones: el mapeo de la cadena de valor en el manejo forestal comunitario del Guaviare
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El hecho de que la finca, los ríos y el bosque aparezcan con la misma relevancia gráfica que las instituciones refleja el carácter situado de este mapeo, donde la naturaleza no es un telón de fondo sino un actor fundamental en la vida campesina. Al mismo tiempo, la inclusión de los grupos armados en la red (aunque no como aliados) visibiliza su incidencia en la regulación informal del territorio, recordando que la gobernanza forestal se da en un entramado donde conviven reglas estatales, dinámicas comunitarias y poderes no institucionales. La matriz del mapeo de actores (ver Anexo E) recoge de manera detallada las variables que sustentan esta clasificación. En conjunto, ambos instrumentos ofrecen a la cooperativa una herramienta de gobernanza para orientar decisiones y fortalecer su autonomía en el territorio.
Análisis de los vínculos entre actores, forestería comunitaria y COOMAGUA.
El mapeo de actores permitió identificar que la forestería comunitaria en el Guaviare no se sostiene en un conjunto armónico de aliados, sino en una red compleja atravesada por tensiones, desigualdades y asimetrías de poder. Desde la mirada de COOMAGUA, los protagonistas comunitarios (productores, viveristas, mujeres y jóvenes) son quienes sostienen el proceso en la práctica cotidiana, mientras que las instituciones y ONG se mueven entre la colaboración y la influencia, de acuerdo con sus agendas. Esta clasificación, aunque analítica, no es rígida: los actores pueden moverse entre categorías según coyunturas, recursos y relaciones políticas, lo que refleja la naturaleza dinámica de la gobernanza comunitaria.
Autores como Larson y Soto (2008) y Grimble y Wellard (1997) han señalado que la gobernanza forestal comunitaria se define en la interacción entre actores con intereses diversos, donde la influencia no siempre corresponde al compromiso. En el caso de COOMAGUA, esta tensión es evidente: actores con gran poder estructural, como el ICA o el MinAmbiente, aparecen como influyentes pese a mostrar bajo interés por el proceso campesino; mientras que otros, como los viveristas y productores de PFNM, muestran alto compromiso, pero carecen de incidencia institucional. Esta brecha confirma lo planteado por Leff (2004) y Escobar (2020), en el sentido de que los proyectos de sustentabilidad en territorios periféricos deben leerse no solo como prácticas técnicas, sino como campos de disputa política por el poder de definir qué se entiende por conservación, desarrollo o bioeconomía.
En este escenario, el conflicto armado emerge como un actor ineludible. Los grupos armados ejercen un poder informal que se traduce en normas internas y permisos paralelos sobre el uso del bosque, condicionando de facto la forestería comunitaria. En 2024, por ejemplo, prohibieron la realización del pilotaje de asaí, paralizando un componente clave del programa. Estas disposiciones, invisibles en los marcos normativos oficiales, tienen efectos directos sobre la vida campesina y sobre las posibilidades de consolidar proyectos bioeconómicos. Como advierten Le Tourneau y Bursztyn (2010), la Amazonía no puede entenderse sin reconocer la coexistencia de políticas formales y órdenes territoriales informales, donde actores armados configuran territorialidades mediante coerción y control social.
Reconocer a los grupos armados como actores influyentes (aunque no comprometidos) no significa legitimarlos, sino visibilizar la forma en que su poder atraviesa los procesos de manejo forestal. Como plantea Haesbaert (2013), los territorios amazónicos deben pensarse como multiterritorios, donde se superponen racionalidades estatales, comunitarias, mercantiles y armadas. Para COOMAGUA, esta multiterritorialidad se traduce en un margen estrecho de maniobra: mientras buscan cumplir normas estatales y responder a mercados emergentes, también deben adaptarse a disposiciones informales que afectan su seguridad y su autonomía.
El ejercicio de clasificación y mapeo cobra aquí un valor adicional: permite a la cooperativa reconocer que no todas las limitaciones provienen de vacíos de mercado o de la ausencia estatal, sino también de estructuras de poder informal que inciden en la vida diaria. Esta lectura crítica les otorga herramientas
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
para planear con realismo, identificar aliados confiables y dimensionar riesgos. Al mismo tiempo, abre preguntas más amplias sobre la posibilidad de construir una bioeconomía amazónica en contextos atravesados por violencia armada, lo que exige pensar la forestería comunitaria no solo como un proyecto productivo, sino también como una estrategia de resistencia y construcción de paz desde abajo.
El mapeo de actores mostró que la forestería comunitaria en el Guaviare no se despliega en un escenario lineal ni armónico, sino en una red de relaciones atravesadas por compromisos, tensiones y poderes desiguales. Para COOMAGUA, este ejercicio permitió reconocer quiénes son sus aliados estructurales, qué actores colaboran de manera intermitente, quienes ejercen poder sin interés real y cuáles permanecen como observadores marginales. Al mismo tiempo, visibilizó la centralidad de los sistemas socioecológicos (bosque, ríos y finca) y la incidencia de actores informales como los grupos armados, que configuran territorialidades paralelas.
6 Más allá del fruto: aprendizajes y desafíos en la
construcción colaborativa de cadenas de valor amazónicas El desarrollo del tercer objetivo de esta investigación, analiza y mapea la cadena de valor de los productos derivados de los frutos: seje y asaí. Frutos de palmas amazónicas con creciente importancia para las economías campesinas con procesos en marcha de forestería comunitaria en Guaviare dado que estas especies están amparadas bajo inventarios forestales para su aprovechamiento y dos planes de manejo forestal aprobados por la Corporación Autónoma Regional del Norte Amazónico – CDA en el año
2023.
A partir de mi experiencia como profesional de FCDS e investigadora, nos surgieron inquietudes a los socios y socias de COOMAGUA, luego de su inscripción como cooperativa en septiembre de 2022 y los radicados de aprovechamiento forestal de los frutos por parte de CDA. Esto nos llevó a preguntas relacionadas hacia el futuro y puesta en marcha de la cadena de valor de estos frutos, preguntas estuvieron formuladas en: ¿Quiénes? ¿Como? ¿Cuanto? ¿Tiempos? ¿A dónde? ¿Costos? Es así, como de manera participativa por medio de alianzas con instituciones no gubernamentales y estatales pusimos en marcha pilotajes de cosecha, transformación y comercialización de estos frutos en el año 2024 y 2025.
En el presente ejercicio de cadena de valor se prefiere describir de manera conceptual cada término de acuerdo con los enfoques técnicos y organizativos además de una mirada territorial situada:
• Se nombra segmentos funcionales a las diferentes fases del proceso productivo, que abordan la recolección hasta la comercialización, donde ocurren actividades puntuales como cosecha, transformación, transporte, empaque, etc. Esta definición se apoya en el enfoque funcional adoptado por la FAO, (2014) y por Lundy, Gottret, Cifuentes, Ostertag, & Best, (2004), en sus análisis de sistemas agroalimentarios localizados (SIAL).
• El término eslabones, adoptado del inglés links, hace referencia a los vínculos o relaciones que promueven dichos segmentos, descritos como acuerdos comerciales, contratos verbales o escritos, flujos de información, mecanismos de coordinación, o relaciones institucionales. Según (Kaplinsky & Morris, (2001) y Gereffi, Humphrey, & Sturgeon (2005), estos eslabones hablan de las distintas figuras de gobernanza que establecen cómo se distribuye el valor y quién controla el flujo de bienes e información.
• El concepto de actores se emplea para nombrar a las personas, organizaciones o instituciones que interactúan en uno o varios segmentos de la cadena, desde la ejecución de actividades, sistematizando, apoyando o condicionando la coordinación entre segmentos. Esta categoría le permite a la investigación un análisis más amplio de la participación, el poder y los sentidos
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atribuidos, como proponen Grimble & Wellard, (1997) y Escobedo Aguilar, Chaves Jaen, & Navarro, (2018)
El análisis conceptual permitió una lectura más profunda de la cadena de valor como un tejido sociotécnico, donde no solo se transforman productos de manera lógica o sistemática, sino también relaciones, saberes, decisiones y formas de gobernanza. El análisis se nutrió de información primaria generada en el territorio a partir de entrevistas semiestructuradas a profundidad, trabajo en campo en pilotos de transformación y comercialización regional, y alianzas comerciales llevadas a cabo en 2024, así como de referencias metodológicas provenientes de estudios regionales sobre productos forestales no maderables.
6.1 Enfoque diferencial: participación activa y dimensión
organizativa:
A diferencia de los enfoques tradicionales que analizan las cadenas de valor desde una lógica estrictamente económica o de eficiencia, el presente ejercicio incorpora una dimensión central para la forestería comunitaria en el Guaviare: la participación activa de COOMAGUA como actor colectivo que articula saberes, esfuerzos y decisiones desde lo organizativo.
Este enfoque reconoce que el valor de la cadena no reside únicamente en los ingresos generados o en la transformación técnica del producto, sino también en la posibilidad real de incidir, organizar y sostener acuerdos sociales en torno al uso del bosque. Por tanto, se considera que la capacidad organizativa de la cooperativa es un eslabón y un factor transversal, cuya debilidad actual constituye uno de los cuellos de botella más significativos.
Esta afirmación se sustenta en los hallazgos de entrevistas semi estructuradas a profundidad realizadas en 2024 con integrantes de COOMAGUA, talleres con aliados estratégicos como observadora participante en 2024 y 2025, en las cuales emergieron con claridad temas como:
• La sobrecarga de unos pocos liderazgos.
• La dificultad para sostener procesos colectivos estables.
• Las tensiones entre la figura legal de cooperativa y los sentidos más comunitarios de participación.
• La dependencia de proyectos externos para ejecutar actividades, sin autonomía presupuestal. Por tanto, el mapeo de la cadena de valor para seje y asaí incorpora no solo los flujos productivos y comerciales, sino también las condiciones sociales, organizativas y simbólicas que permiten o limitan que dicha cadena exista como proceso sostenible. El objetivo no es solo trazar quién hace qué, sino preguntarse cómo, con qué apoyo, y con qué nivel de participación real se ejerce cada función.
En coherencia con el carácter participativo de esta investigación y con el consentimiento de los socios y socias de COOMAGUA, se decidió mantener los nombres propios citados. Esta decisión responde a la necesidad de garantizar la transparencia y trazabilidad de sus aportes, así como de reconocerlos como sujetos políticos y organizativos con voz propia. Nombrarlos es, a la vez, un acto de reconocimiento y un mecanismo para fortalecer la participación activa, uno de los principios centrales de la forestería comunitaria y de esta tesis.
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
6.2 Justificación metodológica:
El análisis de cadenas de valor se concibe como una herramienta que permite comprender los flujos de bienes, actores, conocimientos y márgenes económicos asociados a un producto desde su origen hasta su consumo final. Para el caso de los productos forestales no maderables (PFNM) como el seje y el asaí, el enfoque de cadena de valor resulta particularmente útil, dado que permite visibilizar no solo los segmentos funcionales de la transformación del fruto, sino también los factores que inciden en la generación de valor agregado, las relaciones de poder y colaboración entre actores locales, institucionales y comerciales.
La metodología adoptada retoma los aportes de Escobedo Aguilar, Chaves Jaen, & Navarro, (2018) y se complementa con herramientas prácticas desarrolladas por la FAO y experiencias latinoamericanas en el análisis de cadenas productivas rurales, especialmente en comunidades forestales de Guatemala y procesos agroforestales de Honduras (FAO, 2014). Además, se revisó información secundaria regional, como la investigación sobre la cadena de valor del asaí y otros frutos amazónicos en el sur de la región amazónica elaborada por Castro Rodríguez, Barrera Garcia, Carrillo Bautista, & Hernandez Gomez, (2015). Si bien este estudio ofrece una base técnica relevante sobre estructura productiva y costos, para este caso de estudio se enfatiza una perspectiva complementaria centrada en la coordinación, las relaciones, los acuerdos, la gobernanza y la capacidad organizativa de COOMAGUA, como elementos distintivos de su apuesta de forestería comunitaria.
El procedimiento se estructuró en los siguientes pasos:
1. Identificación de los segmentos funcionales de la cadena: desde el capital forestal silvestre
con la ubicación de zonas, tasas y proyecciones de aprovechamiento de acuerdo al Plan de manejo aprobado por la corporación autónoma regional (CDA), recolección del fruto en bosque natural hasta su comercialización en mercados locales y nacionales, así como los eslabones (vínculos de coordinación, acuerdos, o flujos de información) que los conectan diferenciando según el tipo de producto final (pulpa o aceite).
2. Integración de datos económicos reales: levantados durante 2024 y 2025 a partir de pilotos
de transformación, ventas locales y estimaciones de maquila, empaque y transporte hacia Bogotá.
3. Asociación de actores por eslabón o vínculo: a partir de la matriz de mapeo de actores
elaborada con COOMAGUA, distinguiendo actores directos (productores, transformadores, actores del mercado) e indirectos (entidades de apoyo, técnicos, instituciones de apoyo).
4. Reconocimiento de cuellos de botella: que afectan el funcionamiento eficiente de la cadena,
incluyendo limitaciones logísticas, tecnológicas u organizativas.
5. Análisis estratégico de oportunidades de mejora: con base en la comparación entre cadenas
locales y experiencias similares en la región amazónica y mesoamericana.
Entre aliados, influencias y tensiones: el mapeo de la cadena de valor en el manejo forestal comunitario del Guaviare
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6.3 Enfoque metodológico para la construcción de la cadena de
valor:
La construcción de la cadena de valor se desarrolló bajo un enfoque transdisciplinario, combinando herramientas de análisis económico, organizativo y social. Se consideró no solo el flujo técnicoproductivo, sino también las condiciones que permiten o limitan la participación activa de los actores comunitarios en los procesos de forestería. La metodología se estructuró en cinco fases:
Fase 1 - Levantamiento de información territorial:
• Socialización y construcción de actividades con COOMAGUA para el piloto de transformación de frutos.
• Entrevistas semiestructuradas y no estructuradas con miembros de COOMAGUA durante 2024 y 2025.
• Observación y participación directa en pilotos de transformación de seje. • Apoyo y análisis de registros contables comunitarios, hojas de costos y presupuestos. • Sistematización de experiencias de comercialización (San José del Guaviare).
Fase 2 - Identificación de segmentos funcionales y eslabones.
• Se describen los segmentos funcionales de la cadena desde su oferta natural hasta consumo. • Se analizan los eslabones o vínculos entre estos segmentos, definido como los mecanismos que permiten el paso del fruto, la información y las decisiones de un punto a otro. Basado en reuniones que contó con la participación del equipo de FCDS y reunión con socios estratégicos locales:
a) Bosque natural de aprovechamiento de asaí y seje.
b) Recolección/cosecha.
c) Transporte del fruto.
d) Transformación (pulpa y aceite).
e) Empaque y etiquetado.
f) Comercialización local y nacional.
• Se diferencian rutas para pulpa y para aceite, así como canales locales vs externos.
Fase 3 - Mapeo de actores por segmentos y eslabones identificados
• Se utiliza la matriz de mapeo de actores de COOMAGUA (2025), validada en ejercicios internos y en las entrevistas realizadas.
• Se distingue entre actores directos en el ejercicio realizado con FCDS (2024) (productores, transportistas, transformadores) e indirectos (FCDS, CDA, PNNC, aliados comerciales, instituciones).
• Se vincula cada actor a su rol en el segmento y eslabón correspondiente y se indica su escala, tipo de organización, nivel de interés e influencia.
• Análisis de relaciones y/o eslabones.
Fase 4 - Cuellos de botella, limitaciones y oportunidades estratégicas en la cadena de valor
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• Se identifican restricciones técnicas, logísticas y organizativas, tales como: ▪ Limitada capacidad de secado ▪ Dependencia de maquila externa ▪ Dificultades en empaque ▪ Falencias organizativas internas de COOMAGUA • Se incluye como cuello estructural la capacidad organizativa de la cooperativa, basada en los testimonios recogidos y las reflexiones en la participación en los pilotos
Fase 5 - Análisis de participación activa y apropiación comunitaria.
• Se integra la perspectiva social, reconociendo que la participación activa no es uniforme. • Se contrasta lo formal (figura de cooperativa) con lo real (participación efectiva). • Se valora la participación como componente del valor en sí mismo, no como un accesorio del producto.
• Se interpreta la cadena de valor no solo como un instrumento técnico de gestión productiva, sino como una estrategia de fortalecimiento organizativo que requiere apropiación de los procesos de forestería.
• Esta perspectiva permite analizar cómo la participación activa de COOMAGUA en cada eslabón refleja o tensiona los principios del manejo forestal comunitario. 6.4 Segmentos funcionales de la cadena de valor de seje y asaí.
Se identificaron seis segmentos funcionales en la cadena de valor de los frutos de seje y asaí, diferenciando en cada caso el tipo de producto resultante (pulpa o aceite) y el destino de comercialización (local o nacional). Los anteriores están vinculados mediante eslabones (acuerdos, relaciones contractuales o mecanismos de coordinación) que permiten la continuidad del proceso. Los segmentos funcionales se organizan de la siguiente manera:
Bosque natural de aprovechamiento de asai y seje:
El aprovechamiento de los frutos de las palmas de asaí y seje en bosque natural reúne actualmente a 97 familias campesinas distribuidas en siete veredas de interés: Chuapal, Manaviri, Caño Nilo, Caño Pescado, Caño Lajas, Tortuga y Paraiso. Este segmento inicia la cadena de valor con un vínculo directo entre la oferta natural y la organización comunitaria, sostenido a través de alianzas clave como ASOCAPRICHO, que ha funcionado como puente para articular acuerdos con entidades gubernamentales y no gubernamentales (FCDS, Instituto SINCHI, CDA, GEF Corazón de la Amazonía).
Para que COOMAGUA pudiera acceder legalmente al aprovechamiento de frutos amazónicos, fue necesario un proceso previo liderado por terceros, en el cual se estableció la oferta natural disponible en los relictos de bosque de las veredas vinculadas. El Instituto SINCHI, junto con la FCDS y con apoyo del programa GEF Corazón de la Amazonía, realizó socializaciones comunitarias e inventarios forestales técnicos que permitieron reconocer los usos locales del bosque en pie, estimar la producción promedio por predio, régimen de tenencia, y priorizar productos forestales no maderables con potencial de manejo. Como resultado de este proceso se confirmó la pertinencia de trabajar con seje y asaí, lo cual fue posteriormente respaldado por estudios científicos y por las resoluciones de la CDA que aprobaron los planes de aprovechamiento forestal.
Entre aliados, influencias y tensiones: el mapeo de la cadena de valor en el manejo forestal comunitario del Guaviare
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De los 97 predios, diez cuentan con autorización de aprovechamiento forestal de PFNM, mientras que 87 operan bajo permiso de aprovechamiento. La cosecha se organiza bajo criterios técnicos: aprovechar hasta un 70 % de la población productiva y hasta un 50 % de los racimos maduros, siguiendo lineamientos de la CDA como autoridad ambiental. Este acuerdo técnico-normativo se traduce en un eslabón clave que regula el flujo del recurso y asegura la sostenibilidad.
Con base en estos lineamientos, COOMAGUA estructuró en sus documentos técnicos dos núcleos de aprovechamiento con centros de acopio en Caño Pescado y Chuapal, avalados en 2023. Estos puntos concentran la recolección y articulan cuadrillas de cosecha con líderes locales. Sin embargo, hasta la fecha no se tienen coordinados estos espacios dado que la cantidad de frutos aprovechados no justifica hacer uso de los núcleos. Aspectos cuantitativos de las resoluciones a considerar:
o Área total de aprovechamiento: 3.987,01 hectáreas o Dominio privado: 489,92 ha de bosque en pie o Dominio público: 3.497,09 ha de bosque en pie o Productividad estimada seje (2 núcleos): 3.864,12 toneladas o Productividad estimada asaí (2 núcleos): 1.683,52 toneladas
Estos datos establecen topes anuales de cosecha por especie, definidos técnica y logísticamente, garantizando trazabilidad y control (ver Tabla 6-8).
Tabla 6-8: Topes de producción anuales en toneladas de seje y asaí según los documentos técnicos aprobados por CDA Año Asaí (ton) Seje (ton)
1 y 2
676
1.014
3 hasta 10
1.352
2.028
Adaptado de: CDA,2023
En campo, COOMAGUA avanza en pruebas piloto para validar la productividad real y afinar la logística. Bajo liderazgo de FCDS, estos pilotos consolidan funciones: convocar productores inscritos en el inventario, fortalecer la afiliación a la cooperativa y asignar líderes de segmento que coordinen cuadrillas, herramientas y acceso al bosque.
Actualmente, Daniel Bermúdez coordina la logística de cosecha con el apoyo de Hermides Moreno y Martha Galeano, quienes han asumido un papel visible dentro de la cooperativa. La incorporación de nuevos productores progresa de manera lenta debido a factores como la desconfianza persistente, el impacto del clima en la fructificación, el mal estado de las vías y las condiciones de orden público. Esta situación genera tensiones organizativas que son debatidas en asambleas, donde líderes como Hermides insisten en la necesidad de fortalecer la confianza y de transitar de una recolección ocasional hacia un manejo planificado y comunitario.
La información clave sobre estado de fructificación aún se comparte de forma informal, vía llamadas, redes sociales o voz a voz. Una vez identificado el predio, el equipo logístico activa acuerdos verbales con finqueros, define precios (300 COP/kg o 400 COP/kg si es socio) y organiza la jornada de cosecha. No obstante, persiste el desafío de sistematizar registros prediales y consolidar un sistema trazable, más allá de la práctica informal.
Recolección o cosecha
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
La recolección o cosecha constituye un segmento funcional clave que articula la fase de aprovechamiento con el transporte. Esta actividad se desarrolla directamente en el bosque, iniciando con la identificación de palmas productivas, la verificación de la madurez de los racimos y la planificación de accesos. Los productores rurales, en su mayoría finqueros de las veredas priorizadas, comunican la disponibilidad del fruto mediante acuerdos verbales con socios activos de COOMAGUA. Estos acuerdos representan un eslabón fundamental: establecen confianza, reglas de pago y autorizan el ingreso a predios privados para la cosecha.
En la práctica, el finquero no sube a la palma; la cosecha requiere escaladores capacitados. Jóvenes formados por el SENA en trabajos de altura y trabajadores con experiencia local integran las cuadrillas. El pago es por kilo cosechado, lo que incentiva rendimiento y calidad. Daniel Bermúdez lidera la cuadrilla, coordina escaladores y ayudantes, organiza herramientas y gestiona la logística en campo. Hermides y Olmes suelen apoyar en supervisión y enlace con nuevos productores.
El paso a paso incluye: llegada de la cuadrilla al predio, verificación de palmas, preparación de insumos (cabuyas, limas, canastillas), ascenso del escalador, corte y descenso de racimos, limpieza preliminar y registro de cantidad cosechada. Este flujo garantiza que solo se aproveche el fruto maduro, cuidando la sostenibilidad del bosque.
Los costos se definen por categoría: pago al finquero (con diferencial por socio o no socio), pago a escaladores (promedio 1.000 COP/kg), materiales y transporte al centro de acopio. Cada uno de estos pasos evidencia la interacción entre actores y la dependencia de vínculos informales como base de la coordinación. No obstante, persiste el reto de sistematizar registros y formalizar acuerdos que hoy se sostienen principalmente en la confianza y el voz a voz. Costos y pagos en este segmento se describen a continuación (ver Tabla 6-9):
o Finquero no socio: 300 COP por kilo de fruto sin racimo.
o Finquero socio COOMAGUA: 500 COP por kilo.
o Escaladores: pago variable, 1.000 COP por kilo cosechado, ajustable según volumen. o Herramientas: cabuyas, limas, machetes, canastillas, compradas para uso recurrente. o Transporte: un moto carguero (400 kg de capacidad) traslada el fruto hasta la planta de transformación; cuando no se llena su capacidad, los costos se elevan. El conductor cobra jornal y se estima un costo promedio de transporte de 300 COP por kilo, con un costo diario de ~120.000 COP si se alcanza el tope de carga.
Tabla 6-9: Costos de por kilo (kg) en pesos colombianos (COP) de fruta fresca cosechada de asaí y seje (2024, 2025).
Concepto Seje (COP/kg) Asaí (COP/kg) Observaciones Pago productor afiliado (PA)
500
500
Igual en ambas especies Pago productor no afiliado
(PNA)
300
300
Igual en ambas especies Mano de obra cosecha
1.000
750
En el caso de asaí calculado real piloto 2025 Materiales de cosecha
60
60
Cabuyas, machetes, limas, canastillas Transporte predio-planta
300
753
Valores de asaí: ajustado piloto
2025
Salvoconducto
13
13
Obligatorio aprobado por CDA
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Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo con COOMAGUA (2024–2025).
Transporte del fruto
El transporte del fruto conecta la cosecha con la transformación, funcionando como un segmento sensible que depende de la coordinación inmediata entre productores, coordinadores logísticos y conductores. Una vez cosechado, el fruto se carga en canastillas y se traslada desde el predio hasta el punto de acopio o la planta aliada, usando principalmente motocargueros o camionetas.
Este traslado implica acuerdos verbales entre el coordinador de cosecha (Daniel Bermúdez), el conductor y los finqueros. El día previo se organiza la ruta de recolección, se imprime el salvoconducto emitido por la CDA y se alistan los insumos para proteger la carga.
El equipo verifica la carga mínima requerida para cubrir costos de combustible y jornal del conductor. El trayecto suele durar de tres a seis horas, dependiendo de la vereda y el estado de las vías. Para el asaí, altamente perecedero, la rapidez es esencial para mantener la calidad.
Este segmento revela un eslabón clave: la legalidad del transporte, garantizada por el salvoconducto diario, que debe coincidir exactamente con el volumen movilizado. El acuerdo verbal con el conductor y la coordinación de Hermides Moreno o Daniel Bermúdez aseguran que el fruto llegue sin deterioro.
Este flujo logístico se sostiene con medios de transporte comunes en la vida rural del Guaviare, no con vehículos especializados ni adaptados exclusivamente a la cadena de valor. La recolección de frutos se realiza principalmente en motos y motocargueros, y en algunos casos en camionetas, debido a las limitaciones que imponen las vías terciarias y el difícil acceso hasta las palmas en aprovechamiento. Estos mismos medios son empleados de manera cotidiana para el acopio de leche en la región, recorriendo finca a finca en condiciones de trocha.
De esta forma, aunque se garantiza la trazabilidad y la fluidez mínima de la cadena, persisten retos estructurales asociados a lluvias, al mal estado de las vías y a la dificultad de acumular cargas en zonas dispersas.
Transformación (pulpa y aceite)
Este segmento funcional comprende las actividades necesarias para transformar el fruto fresco de seje y asaí en pulpa estabilizada o en aceite virgen, según el producto final proyectado. Ambos frutos pueden destinarse a la obtención de pulpa congelada, mientras que en el caso del seje también se produce aceite como derivado. El proceso inicia con la recepción y lavado del fruto, seguido de una cocción controlada a fuego lento, sin alcanzar el punto de ebullición, lo que permite ablandar la pulpa y facilitar su desprendimiento de la semilla sin perder propiedades organolépticas y nutricionales. Posteriormente, se realiza el despulpado mediante despulpadora.
Para el asaí, la transformación se centra en estabilizar la pulpa y llevarla a congelación rápida con el fin de prevenir fermentaciones y garantizar su calidad. En el caso del seje, se estima que aproximadamente un 30 % de la fruta despulpada se destina a pulpa, mientras que el 70 % restante se orienta a la obtención de aceite. Para este último, la pulpa pasa a un proceso de secado en horno hasta obtener un 11% de humedad de fruta seca que puede extenderse entre uno y dos días, antes de continuar con la molienda, prensado, filtrado y decantado hasta obtener el aceite virgen (ver Figura 6-2).
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
Figura 6-2: Diagrama de procesos en transformación de fruta fresca de asaí y seje en pulpa y aceite.
Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo con COOMAGUA (2024–2025).
En coherencia con la hoja de ruta técnica, COOMAGUA proyecta una capacidad instalada de hasta 6,5 toneladas por jornada, considerando experiencias previas y la ficha técnica de los equipos de procesamiento. Para el seje, se planifica procesar 500 kg diarios en jornadas de 13 horas durante seis meses de cosecha, cubriendo dos picos productivos. Esto representa 156 días de operación anual y un total de 1.014 toneladas de fruta fresca, con la meta de duplicar esta capacidad a partir del tercer año. En el caso del asaí, la proyección sigue una dinámica similar: 500 kg diarios en jornadas de 13 horas, durante cuatro meses de cosecha, lo que equivale a 104 días operativos y un total inicial de 676 toneladas anuales de fruta fresca.
De acuerdo con las resoluciones de aprovechamiento aprobadas por la CDA, COOMAGUA cuenta con la autorización para este volumen anual, con la proyección de alcanzar 1.352 toneladas a partir del tercer año y hasta el décimo. Estas cifras corresponden a fruta fresca sin transformar, que posteriormente puede destinarse a la producción de pulpa congelada u otros derivados, en articulación con acuerdos comerciales y asociaciones que también trabajan con PFNM en el Guaviare.
Actualmente, COOMAGUA no cuenta con planta propia, por lo que esta fase se desarrolla mediante tercerización (outsourcing) a través de acuerdos de maquila con plantas de transformación de aliados como ASOPROSEGUA, Agroindustrias del Bosque Amazónico S.A.S y ASOPROAGRO. Este esquema es parte de la estrategia de consolidación comercial, pues garantiza que el fruto cumpla los estándares de inocuidad y registro Invima exigidos por la normatividad. No obstante, en una decisión reciente de la cooperativa en conjunto con FCDS, se concretó la compra del lote para la construcción de la planta propia en el casco urbano de El Cristal, gracias a recursos gestionados con la Embajada de Noruega. Esta infraestructura permitirá procesar el fruto localmente, reducir la dependencia de terceros.
El outsourcing actual implica un eslabón de coordinación complejo: se requiere articular volúmenes de materia prima, tiempos de entrega, disponibilidad de insumos y supervisión de cada fase del proceso. Para ello, COOMAGUA ha designado responsables operativos: Daniel Bermúdez, y en ocasiones Hermides, acompañan la operación para verificar protocolos y calidad. A su vez, Carlos Batero, socio que reside en San José del Guaviare, se encarga de compras de insumos y consumibles, facilitando la logística con las plantas aliadas.
Estos acuerdos de maquila no son simples contratos técnicos: representan vínculos vivos entre la cooperativa y sus aliados, que permiten sostener la trazabilidad, el cumplimiento de estándares sanitarios y la calidad del producto final. En este punto resulta clave reconocer que se están incorporando estándares formales propios de un proceso agroindustrial dentro de una cadena de valor construida por familias campesinas que apenas comienzan a incursionar en la transformación de frutos amazónicos.
Para garantizar la inocuidad, la planta debe contar con certificación Invima, personal responsable y al menos tres auxiliares para dividir tareas por fases. Las normas de higiene incluyen vestimenta blanca,
Entre aliados, influencias y tensiones: el mapeo de la cadena de valor en el manejo forestal comunitario del Guaviare
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calzado cerrado, guantes y tapabocas. Asimismo, el control de la temperatura del agua, la dosificación exacta y la planificación del flujo del fruto son fundamentales para minimizar mermas, evitar retrasos y asegurar una transformación eficiente
Un punto crítico identificado es contar siempre con mano de obra disponible y un responsable técnico, tanto en maquila como en planta propia. Cuando se terceriza, COOMAGUA debe garantizar que alguien supervise en sitio los insumos, resuelva ajustes operativos y mantenga la calidad del proceso. Este hecho resulta paradójico: un servicio que se supone idóneo y estandarizado termina implicando para la cooperativa un esfuerzo adicional y costos ocultos que no siempre se visibilizan.
A futuro, contar con una planta propia podría permitir asumir este control de manera interna, consolidando la gobernanza técnica y reforzando la capacidad organizativa como principios de la forestería comunitaria. Sin embargo, queda abierta la pregunta de cómo resolver esta tensión entre lo que la maquila promete y lo que realmente exige a las organizaciones comunitarias, interrogante que será retomado en el análisis y en las consideraciones finales.
Este segmento sintetiza los costos reales de convertir el fruto fresco de asaí y seje en pulpa o aceite, considerando mano de obra, logística e insumos según cada escenario (planta propia o maquila). Los valores proyectan volúmenes mínimos viables y tiempos operativos reales (ver Tabla 6-10).
Tabla 6-10: Costos en pesos colombianos (COP) proyectados para 500 kilogramos de fruta fresca de seje y 633 kilogramos de fruta fresca asaí.
Concepto Seje pulpa
(COP)
Seje aceite
(COP)
Asaí pulpa
(COP)
Observaciones Mano de obra transformación
708.000
708.000
Incluido en maquila seje: planta prestada, mano de obra propia Logística básica (alimentación, hospedaje)
665.000
665.000
90.000
asaí: alimentación pagada aparte Insumos y materiales operativos
727.000
727.000
Incluido en maquila seje: gas, utensilios, cloro, bolsas Maquila externa
-
-
1.266.000
asaí: tercerizada, incluye mano de obra Hielo
180.000
-
180.000
asaí: mantener cadena de frío Transporte pulpa (frío)
80.000
-
80.000
Igual valor se aplica para seje pulpa Subtotal transformación
2.360.000
2.100.000
1.616.000
Total real de cada escenario Costo por kg/litro
4.720
4.200
2.373
seje proyectado a 500 kg fruta fresca puesta en planta (mínimo rentable) Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo con COOMAGUA (2024–2025).
En el pilotaje de asaí realizado en 2025, el equipo de FCDS encargado de establecer los costos de producción y comercialización que apoya a COOMAGUA, establecieron 300 pesos de margen de productor como referencias base de utilidad. A continuación, en la Tabla 6-11 se presentan los costos de cosecha hasta transformación.
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
Tabla 6-11: Costos de cosecha sin utilidad, costos de cosecha con utilidad y costos de transformación por kilogramo y litro de producto final de asaí (pulpa) y seje (pulpa y aceite). Concepto Seje pulpa (COP/kg) Seje aceite (COP/litro) Asaí pulpa (COP/kg) Observaciones Costo cosecha sin utilidad
1.860
1.860
2.173
referencia base sin margen productor Costo cosecha con utilidad
2.173
2.173
2.376
incluye margen productor de 300 COP/kg Costo transformación
4.720
4.200
2.373
seje proyectado a 500 kg mínimo rentable Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo con COOMAGUA (2024–2025).
Empaque y etiquetado
Una vez obtenido el producto final, se realiza el proceso de empaque y rotulado, con presentaciones diferenciadas según el tipo de producto y el canal de venta. Para las pulpas congeladas de asaí y seje se utilizan bolsas selladas, usualmente en formatos de kilo o libra, mientras que para el aceite de seje se manejan frascos con gotero de 20 ml para el comercio local y botellas de 500 ml para distribución regional o nacional. Esta etapa es clave para garantizar la presentación, conservación y trazabilidad, especialmente cuando se busca acceder a mercados especializados que exigen atributos de marca claros y certificables.
Actualmente, este segmento depende de insumos externos, comprados principalmente en Bogotá (en este caso, una persona en Bogotá se encarga de hacer enlace con la empresa de empaques) y transportados hasta San José del Guaviare. A pesar de su importancia estratégica, el proceso de empaque y etiquetado se caracteriza por una baja estandarización: COOMAGUA no cuenta con una guía local de presentaciones, referencias ni gramajes definidos. Hoy se toman como referencia los formatos de Agroindustrias del Bosque Amazónico S.A.S. y algunos aliados comerciales locales, que dispone de presentaciones de 30 ml en adelante para aceite, y bolsas selladas con logos de cada asociación para pulpa. Sin embargo, esto limita la posibilidad de formalizar alianzas con canales de venta que exigen coherencia visual, loteo y rotulado acorde a normativas sanitarias y comerciales.
Si bien COOMAGUA cuenta con un logo institucional, aún no dispone de un diseño gráfico consolidado ni de un manual de imagen que defina paleta de colores, elementos de seguridad, lotes, sellos o información clave para captar al cliente. En la práctica, algunos productos circulan sin etiqueta o con rótulos básicos, producidos sin criterios técnicos de marca o marketing, reproduciendo un cuello de botella histórico que ya se ha identificado en cadenas de valor amazónicas donde la falta de una etiqueta eficaz retrasó el posicionamiento de un producto con alto potencial.
El caso de las salsas Majiña desarrollado por Muradian, Verschoor , Bolívar, & Ochoa (2012), desarrollado en Leticia con apoyo de SINCHI y actores institucionales, muestra cómo un producto con identidad territorial sólida puede enfrentar barreras críticas cuando el empaque, la etiqueta y la narrativa de calidad no se gestionan de forma consistente. A pesar de contar con innovación técnica, apoyo institucional y un producto auténtico, Majiña tuvo dificultades para sostener su presencia en supermercados debido a problemas logísticos, debilidades en el diseño de envoltorios y falta de control
Entre aliados, influencias y tensiones: el mapeo de la cadena de valor en el manejo forestal comunitario del Guaviare
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sobre los estándares de presentación. Este aprendizaje es clave para COOMAGUA: sin un segmento funcional de empaque y rotulado bien definido y estandarizado, se limita la capacidad de transmitir valor agregado, historia y origen, debilitando la inserción en mercados dinámicos.
Desde lo organizativo, la cooperativa no ha desarrollado una estrategia específica para convertir el empaque y la presentación en parte de su valor agregado diferencial. Esto representa una debilidad importante frente a los nichos de bioeconomía amazónica, donde la narrativa de origen, el diseño y la confianza en la trazabilidad son determinantes. A nivel local, la venta directa en la Tienda Comunitaria COOMAGUA opera con base en relaciones de confianza por medio de voz a voz que no demuestra la necesidad de exigencia de rótulos formales. No obstante, para consolidar una salida comercial regional o nacional, el fortalecimiento de este segmento de la cadena es indispensable.
En coherencia con la estructura de costos, para pulpas de asaí y seje se asume un empaque simple más una etiqueta de trazabilidad, con un valor aproximado de 330 COP/kg. En el caso del aceite de seje, se calcula un costo aproximado de 1.600 COP por unidad para cubrir frasco, gotero, sello y etiqueta, valores que se integran en la estructura final de costos de producción y comercialización (ver Tabla 6-12).
Tabla 6-12: Costo por unidad de empaque y etiqueta de los productos derivados de los frutos de asaí y seje.
Producto Empaque (COP/unit) Etiqueta (COP/unit) Total Empaque + Etiqueta (COP/unit) Asaí pulpa
130
200
330
Seje pulpa
130
200
330
Seje aceite (frasco + gotero)
1400
200
1.600
Seje aceite botella
1200
200
1400
Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo con COOMAGUA (2024–2025).
Comercialización local y nacional
Este segmento comprende las estrategias de venta directa que se desarrollan en ferias, mercados comunitarios y tiendas locales, principalmente en San José del Guaviare. Se basa en relaciones de confianza, vínculos personales y redes previamente establecidas, donde COOMAGUA se ha posicionado como referente regional de productos amazónicos. En estos canales, las exigencias en términos de estandarización de presentaciones y etiquetado formal son menores que en el mercado nacional, lo cual facilita la comercialización de productos incluso con rótulos básicos o sin etiqueta formalizada.
No obstante, la cercanía con el consumidor ofrece una ventaja clave: la retroalimentación directa sobre el sabor, la textura, el uso y la aceptación de los productos derivados del bosque. En las ferias locales y regionales, las socias de COOMAGUA (en su mayoría mujeres) han preparado tortas, helados y galletas a base de pulpas amazónicas. Estas presentaciones suelen tener buena acogida porque se ofrecen a precios accesibles que permiten al consumidor conocer y degustar los frutos sin arriesgar una inversión elevada. En la práctica, estas preparaciones se han convertido en las de mayor venta dentro de los espacios feriales, aunque ello no implica que sean necesariamente las más rentables: quienes las elaboran no siempre calculan con precisión los costos de producción ni las utilidades obtenidas, lo que puede limitar su sostenibilidad económica. Más allá de su venta inmediata, estas experiencias funcionan como ensayos piloto, pues permiten a la cooperativa experimentar con la aceptación de nuevos productos y validar qué presentaciones resultan más atractivas para el consumidor, aun cuando no se haya realizado todavía un análisis riguroso de su viabilidad comercial
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
COOMAGUA ha identificado que su presencia en estos espacios debe ir más allá de la venta de materia prima. Por ello, promueve la degustación de productos transformados como bebidas de asaí y seje, galletas y otras preparaciones locales, que amplían la atracción del público y posicionan el uso versátil de los frutos amazónicos. Además, ha comenzado a visibilizar otros productos como chontaduro, copoazú o cocona, reforzando así una narrativa de aprovechamiento integral del bosque. Desde lo organizativo, persisten tensiones importantes: la participación en ferias y eventos suele concentrarse en un grupo reducido de líderes, en parte por las dificultades logísticas de los y las socias que viven en veredas alejadas o carecen de transporte.
Esta situación ha generado la percepción de “los mismos de siempre” ocupando los espacios públicos de representación. Durante el trabajo de campo se acompañó a dos mujeres rurales, socias activas de COOMAGUA, quienes participaron por primera vez en una feria local. A pesar de su timidez inicial, con el acompañamiento técnico lograron explicar sus productos, interactuar con los clientes y comprender la importancia de estos escenarios. Este ejemplo refuerza la necesidad de diseñar estrategias de empoderamiento y formación, especialmente para ampliar la participación de mujeres y socios que históricamente no han tenido visibilidad en espacios urbanos y empresariales como San José del Guaviare.
Para proyectar las ventas en mercados fuera del departamento, especialmente en ciudades como Bogotá (donde hay creciente interés por productos amazónicos transformados) COOMAGUA requiere condiciones técnicas específicas: conservación en cadena de frío para pulpas, empaque estandarizado y etiquetado formal, transporte especializado y alianzas comerciales previas. Actualmente, la cooperativa no cuenta con acuerdos consolidados a nivel nacional, aunque identifica este segmento como una oportunidad estratégica para fortalecer su sostenibilidad económica.
Por ello, se encuentra en la búsqueda de preacuerdos con restaurantes, mercados solidarios y marcas conscientes que valoren la calidad del producto, su origen campesino y amazónico. En ese sentido, una vía relevante podría ser la incorporación de COOMAGUA en políticas públicas de compras locales, como la Ley 2046 de 2020 y los esquemas de compras públicas impulsados por la ADR, que promueven que parte del abastecimiento institucional (por ejemplo, para alimentación escolar) se realice directamente con productores de la agricultura campesina, familiar y comunitaria (Congreso de la República de Colombia, 2020). Esta línea de acción podría abrir una ventana importante para explorar nuevos mercados institucionales para los productos amazónicos transformados, al tiempo que fortalece la economía rural y la inclusión organizativa.
La falta de alianzas estables a nivel nacional evidencia un cuello de botella transversal: la dificultad para estandarizar presentaciones y formalizar el etiquetado afecta directamente la definición de precios y los compromisos de venta. Cuando uno de los segmentos (oferta natural, recolección, transformación, empaque) presenta retrasos o variabilidad, el precio final del fruto o producto transformado se ajusta de forma improvisada, limitando la capacidad de COOMAGUA para sostener una propuesta comercial sólida y predecible.
Esta situación también ha representado un reto para FCDS como aliado técnico, pues pese a explorar oportunidades de comercialización en Bogotá, aún no se logra establecer precios estables al por mayor o al detal que reflejen de forma justa los costos reales de cada proceso sin afectar la viabilidad comercial en la ciudad. El fortalecimiento de este segmento requiere no solo clarificar quién coordina y cómo participa COOMAGUA en los acuerdos comerciales, sino también mejorar la articulación interna y la consistencia técnica de toda la cadena de valor. Solo así será posible responder a mercados que exigen cumplimiento, trazabilidad y precios justos para productores y compradores.
Entre aliados, influencias y tensiones: el mapeo de la cadena de valor en el manejo forestal comunitario del Guaviare
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De acuerdo con la estructura de costos calculada (ver Tabla 6-13), la tabla de comercialización detalla cómo se integran los valores de cosecha, transformación, transporte, empaque y etiquetado, proyectando márgenes de rentabilidad promedio del 40%. Esta información permite a la cooperativa estimar precios de venta locales y regionales, identificar márgenes realistas y anticipar la viabilidad económica de cada presentación, con base en escenarios que reflejan el equilibrio entre costos reales y demandas de mercado.
Tabla 6-13: Costos de producción, costos de comercialización, y venta en pesos colombianos (COP) por kilogramo (Kg) de pulpa, mililitros (ml) y litro de aceite de los productos de asaí y seje. Producto Asaí pulpa (kg) Seje pulpa (kg) Seje aceite
(20
ml) Seje aceite (1 litro, regional) Costo producción (COP/unit)
4.879
7.393
3.802
194.350
Empaque + etiqueta (COP/unit)
330
330
1.600
2.400
Transporte regional (COP/unit)
700
700
N/A
12.500
Costo total local (COP/unit)
5.209
7.723
5.402
N/A Costo total regional (COP/unit)
5.909
8.423
N/A
209.250
Precio venta local (COP/unit)
17.000
16.000
15.000
N/A Precio venta regional (COP/unit)
21.000
Desconocido N/A
500.000
Ganancia local
11.791
8.277
9.598
N/A Ganancia regional
15.091
N/A N/A
290.750
Precio recomendado (40% margen)
7.373
10.812
7.563
268.090
Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo con COOMAGUA (2024–2025).
6.5 Asociación de actores por segmento y análisis de las
relaciones:
Para organizar los actores por segmento funcional se siguió la matriz de mapeo desarrollada con COOMAGUA. Esta matriz clasifica cada actor según:
• Tipo de organización (comunitaria, institucional, ONG, privada, educativa, etc.); • Rol en el eslabón (ejecuta, apoya, regula, compra, promueve); • Escala de acción (local, municipal, regional); • Nivel de interés e influencia.
• Tipo de vínculo: protagonista, colaborador, observador o influyente.
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
A partir de esta estructura, se identificaron y analizaron las relaciones entre los actores y COOMAGUA mediante los eslabones de vinculación, entendidos como formas de colaboración, regulación, apoyo o comercialización. Esta fase retoma el enfoque metodológico de Escobedo Aguilar, Chaves Jaen, & Navarro, (2018), que enfatiza la necesidad de mapear no solo actores, sino también los tipos de relación que configuran la cadena de valor y sus implicaciones organizativas.
El análisis distingue relaciones organizativas estructurales, propias de los socios productores y de la cooperativa como figura compuesta. Estas relaciones constituyen la base formal de la cadena de valor, pero su solidez real depende de la confianza interna, la participación efectiva y la coherencia entre la estructura legal y la práctica cotidiana del manejo forestal comunitario.
Las relaciones técnicas o contractuales se establecen con actores operativos como escaladores, transportistas, viveristas y maquiladores. En su mayoría, estas relaciones son de carácter informal, sostenidas mediante acuerdos verbales y, en algunos casos, contratos puntuales ajustados a cada ciclo de aprovechamiento y transformación. Su continuidad depende de la disponibilidad de fruto, la capacidad logística y la confianza recíproca entre coordinadores y trabajadores rurales.
Las relaciones institucionales normativas vinculan a COOMAGUA con autoridades como la CDA, INVIMA y la Policía Ambiental, quienes autorizan, regulan y garantizan la trazabilidad y legalidad de cada segmento productivo. Estos eslabones no generan valor económico directo, pero aseguran que el flujo del fruto y sus productos derivados cumpla con los estándares ambientales y sanitarios vigentes.
De forma transversal, destacan las relaciones de acompañamiento estratégico, encabezadas por FCDS, que actúa como vínculo articulador entre segmentos. Su papel combina apoyo técnico, coordinación logística, fortalecimiento organizativo y facilitación de alianzas comerciales. Su presencia resulta clave para superar cuellos de botella internos, como la limitada capacidad organizativa, y para abrir oportunidades en mercados regionales o nacionales.
Se reconocen también relaciones informales o condicionales, como los acuerdos con campesinos vecinos o finqueros no afiliados que permiten o restringen el acceso a palmas de asaí y seje. Estas relaciones, basadas en la confianza comunitaria, son esenciales para garantizar volúmenes suficientes de cosecha, aunque su flexibilidad las hace vulnerables a tensiones socioterritoriales.
Finalmente, emergen relaciones potenciales con posibles distribuidores y aliados comerciales aún en consolidación. Estas se manifiestan en ferias comunitarias y en puntos de venta directa como la Tienda COOMAGUA, y representan oportunidades para fortalecer el segmento de comercialización local y nacional, siempre que se logre estandarizar el empaque, formalizar el etiquetado y garantizar volúmenes consistentes.
El mapeo confirma que actores como los productores, transportistas, transformadores y la Tienda COOMAGUA concentran alta influencia e interés, siendo protagonistas de la cadena de valor. FCDS se ubica como colaborador estratégico de fuerte incidencia, mientras que entidades normativas como la CDA y INVIMA operan como actores influyentes. Redes académicas, medios locales y consumidores representan vínculos emergentes, cuya articulación fortalecerá la apropiación y sostenibilidad de la cadena.
a) Actores indirectos
Además de los actores directamente vinculados a cada segmento funcional, esta investigación reconoce la relevancia de mapear a los actores indirectos: aquellos que no intervienen de manera operativa en el
Entre aliados, influencias y tensiones: el mapeo de la cadena de valor en el manejo forestal comunitario del Guaviare
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flujo técnico-productivo, pero que inciden de forma significativa en la legitimidad, sostenibilidad y proyección de la cadena de valor. En territorios rurales amazónicos, estos actores resultan claves, pues los procesos productivos están mediados por factores institucionales, socioecológicos y políticos más amplios.
Se identificaron seis áreas de influencia para clasificar a estos actores:
• Normativa (autoridades que emiten reglas y autorizaciones) • Educativa (espacios de formación técnica o comunitaria) • Financiera (organismos que aportan recursos) • Investigativa (instituciones que generan conocimiento y datos) • Comunicacional (actores que visibilizan los procesos) • Territorial (ecosistemas y dinámicas ambientales que condicionan el aprovechamiento)
Entre los actores indirectos, se destacan las universidades, por su papel en la formación crítica, el acompañamiento académico y la construcción metodológica situada. Instituciones como la Universidad Nacional o la Universidad EAN han facilitado metodologías participativas, fortalecido capacidades organizativas y visibilizado los productos de COOMAGUA en escenarios académicos y públicos. De forma complementaria, entidades como el Instituto SINCHI, aunque sin presencia constante en el territorio de COOMAGUA, han producido estudios clave sobre productos forestales no maderables (PFNM), caracterización de mercados y aportes al enfoque de bioeconomía. Este respaldo técnico influye indirectamente en decisiones estratégicas de la cooperativa.
Los medios de comunicación comunitarios, si bien con una participación a veces marginal, juegan un rol importante en la visibilización o invisibilización de los procesos locales. Asimismo, se destacan las redes de forestería comunitaria, concebidas como espacios de intercambio de saberes y experiencias entre organizaciones del país. Estas redes, en muchos casos impulsadas por ONGs o instancias estatales, fortalecen capacidades colectivas, articulan alianzas y amplían la voz del enfoque comunitario de manejo forestal. En el caso de COOMAGUA, la participación en dichas redes aún es incipiente, pero representa un camino estratégico hacia el fortalecimiento organizativo.
También se incluyen factores socioecológicos, representados por el bosque, las fuentes de agua y los sistemas productivos mixtos como los potreros. Aunque no se traten de actores en sentido convencional, su dinámica condiciona directamente la viabilidad del aprovechamiento: desde la disponibilidad del fruto hasta la mano de obra rural estacional, pasando por la seguridad en las rutas de recolección. Aspectos como el clima, la estacionalidad y los efectos del cambio climático inciden de forma directa en la productividad de los ciclos de asaí y seje.
Se reconoce la presencia de grupos armados como actores de poder no institucional, con incidencia directa sobre los dos primeros segmentos de la cadena: aprovechamiento y recolección. Estos actores ejercen control territorial sobre zonas clave para el acceso a los recursos, afectando de forma directa actividades como la cosecha y el transporte. En 2024, su presencia impidió incluso la ejecución del piloto de recolección de asaí. Esta realidad obliga a COOMAGUA a implementar estrategias continuas de negociación comunitaria, conciliación y gestión del riesgo territorial.
Así, se confirma que las relaciones socioambientales en el territorio son profundamente complejas: el ecosistema no es solo proveedor de recursos, sino una entidad viva con la que se interactúa, mientras que las dinámicas de poder (formales e informales) moldean el alcance y la forma de los procesos productivos comunitarios.
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
En la Tabla 6-14 sintetiza los actores indirectos identificados:
Tabla 6-14: Actores indirectos en la cadena de valor de asaí y seje en COOMAGUA Actor Tipo de organización Escala Área de influencia Segmento funcional donde inciden Tipo de relación Territorios y ecosistemas (bosque, agua, potreros) Relación socioecológica Local Disponibilid ad de fruto, acceso, sostenibilida d territorial Recolección
,
transformac ión estacional Condicion ante ecológica y simbólica Grupos armados Actor de poder no institucional Local/Regi onal Control territorial, acceso a recursos, seguridad del proceso Recolección y transporte Condicion ante restrictiva, informal Proyectos de cooperación futuros (ONGs) Cooperación internacional/O NGs Variable Financiamie nto, asistencia técnica, fortalecimie nto institucional Toda la cadena Potencial, estratégica ONGs (internacionales/fina ncieras) Cooperación internacional/fin anciera Internacio nal Financiamie nto ambiental, líneas de política Transversal Financiera
,
estructural
,
estratégica Instituto SINCHI Centro de investigación pública Nacional Caracterizac ión de
PFNM,
estudios de mercado, bioeconomí a Diseño de cadena, comercializa ción nacional Técnica, científica, referencial Instituto Humboldt Investigación pública Nacional Biodiversida d, monitoreo, valoración ecológica Manejo del recurso, sostenibilida d ecológica Científica, técnica Universidades (Nacional,
EAN,
otras) Educativa Nacional Formación, investigació n, acompañam iento metodológic o Transversal Académic a, formativa, estratégica
Entre aliados, influencias y tensiones: el mapeo de la cadena de valor en el manejo forestal comunitario del Guaviare
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Actor Tipo de organización Escala Área de influencia Segmento funcional donde inciden Tipo de relación Redes de forestería comunitaria Red temática Nacional Intercambio de saberes, aprendizajes y experiencias organizativa s Fortalecimie nto organizativo Colaborati va, asociativa Medios de comunicación local Comunicación comunitaria Local Visibilidad y legitimidad territorial Comercializ ación local Simbólica, informativ a Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo con COOMAGUA (2024–2025).
Redes de forestería comunitaria
Las redes de forestería comunitaria son espacios de articulación entre organizaciones comunitarias, técnicas, académicas y de la sociedad civil, orientados al manejo sostenible del bosque, el aprovechamiento de PFNM y el fortalecimiento de economías locales basadas en bioeconomía. Aunque no participan de manera operativa en la cadena de valor, su incidencia es estratégica para el fortalecimiento organizativo, la circulación de aprendizajes y la proyección política ante tomadores de decisión y organismos de cooperación.
En el ámbito nacional, destacan la Mesa Interinstitucional de Bioeconomía, coordinada por el Departamento Nacional de Planeación (DNP) (2022), la Red de Reservas Naturales de la Sociedad Civil y la Mesa Nacional de PFNM, aunque esta última con articulación irregular. Iniciativas como el Pacto Intersectorial por la Madera Legal y plataformas de comercio ético impulsadas por WWF han promovido certificación y gobernanza colaborativa. A nivel amazónico, resalta la Red Amazónica de Iniciativas Sociobioeconómicas (RAÍS), que articula experiencias entre Colombia y Brasil, y el Grupo Técnico de Bioeconomía Amazónica, liderado por el Instituto SINCHI y MinCiencias (Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas SINCHI., 2023).
En el Guaviare aún no existe una red formal de forestería comunitaria, aunque la FCDS ha facilitado espacios interveredales y ferias comunitarias, además de la Mesa Departamental Ambiental. La participación activa de COOMAGUA en estos escenarios (formales o en construcción) constituye una oportunidad estratégica para su posicionamiento regional y nacional. Por su trayectoria en el manejo de PFNM como el asaí y seje, su inclusión en estas redes le permitiría incidir en políticas públicas, acceder a alianzas comerciales éticas y consolidarse como referente organizativo de la bioeconomía amazónica.
6.6 Cuellos de botella, limitaciones y oportunidades estratégicas
en la cadena de valor:
El análisis de la cadena de valor evidencia una estructura compleja donde interactúan factores técnicos, logísticos, organizativos, normativos y simbólicos. A lo largo de los segmentos funcionales (desde el aprovechamiento en bosque en pie hasta la comercialización nacional) emergen múltiples cuellos de botella que condicionan el flujo fluido de los productos, la agregación de valor y, sobre todo, la sostenibilidad organizativa del proceso. Ver Figura 6-3
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
Figura 6-3: Mapeo de cadena de valor de seje y asaí de COOMAGUA, incluyendo actores claves, links y cuellos de botella.
Entre aliados, influencias y tensiones: el mapeo de la cadena de valor en el manejo forestal comunitario del Guaviare
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Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo con COOMAGUA (2024–2025).
Uno de los principales cuellos de botella transversales identificados (ver Tabla 6-15) es la capacidad organizativa de COOMAGUA. Aunque la cooperativa cuenta con una junta directiva activa y ha consolidado aprendizajes a través de pilotos de transformación y comercialización, persisten debilidades estructurales relacionadas con la concentración de tareas en unos pocos líderes, la baja participación de socios en roles clave, y la dificultad para consolidar procesos sostenibles más allá de proyectos puntuales. Esta fragilidad organizativa afecta la coordinación entre segmentos de la cadena y limita la apropiación comunitaria de los procesos, lo cual es especialmente crítico en un enfoque que busca fortalecer la forestería comunitaria.
Desde el enfoque funcional de cadenas de valor propuesto por Gereffi, Humphrey, & Sturgeon (2005) retomado por Escobedo Aguilar (2012)y Escobedo Aguilar, Chaves Jaen, & Navarro (2018), la coordinación (entendida como la capacidad de orquestar información, decisiones y flujos de producto entre segmentos) resulta clave para comprender los puntos críticos de esta cadena. En COOMAGUA, la coordinación aún depende de acuerdos informales, vínculos personales y liderazgo individual, lo que dificulta establecer una gobernanza estable del proceso productivo. Por ejemplo, la información sobre el estado de fructificación circula vía voz a voz, sin un sistema consolidado de monitoreo ni plataformas de registro. Esto genera desarticulaciones entre la cosecha, el transporte y la transformación, y afecta la calidad del producto final.
A nivel técnico y logístico, se identifican cuellos de botella específicos por segmento. En la recolección, existe una limitada disponibilidad de escaladores capacitados y pagos estandarizados y justos para esta actividad, especialmente para asaí, lo que reduce la capacidad operativa durante los picos productivos. Además, la dependencia del acceso a predios de terceros y la presencia de actores armados no institucionales condicionan el acceso al recurso, implicando riesgos de seguridad y limitaciones territoriales. Estas restricciones son estructurales y requieren estrategias diferenciadas, como protocolos comunitarios de seguridad y esquemas de incentivos para productores aliados.
En el transporte del fruto, los altos costos asociados a volúmenes pequeños, el mal estado de las vías veredales y las restricciones normativas vinculadas al salvoconducto complican la logística. Si bien COOMAGUA cuenta con motocargueros, la dispersión geográfica y la estacionalidad del fruto generan altos costos por kilogramo transportado, impactando directamente la rentabilidad. Estas limitaciones podrían mitigarse con una mejor programación comunitaria, acuerdos compartidos de uso del transporte y gestión anticipada de rutas.
En la etapa de transformación, el cuello de botella central es la dependencia de maquila externa. Aunque se han establecido alianzas con plantas locales, la falta de planta propia restringe el control técnico, la trazabilidad y la posibilidad de cumplir con estándares sanitarios como la certificación Invima. A esto se suma una limitada comprensión técnica-operativa por parte de los socios, lo cual restringe su participación en el proceso y reproduce una lógica de externalización que debilita la apropiación organizativa del valor agregado.
El segmento de empaque y etiquetado presenta cuellos de botella recurrentes en cadenas amazónicas (Stoian, Rodas, & Donovan, 2006); (Escobedo Aguilar, 2012); (Muradian, Verschoor , Bolívar, & Ochoa, 2012): falta de estandarización de presentaciones, inexistencia de un manual de marca, ausencia de registro legal y compra de insumos en Bogotá. Esta debilidad no solo afecta la presentación del producto, sino también su inserción en mercados que exigen trazabilidad, identidad gráfica y narrativa territorial clara. Aquí, la ausencia de una estrategia colectiva de comunicación y mercadeo limita el posicionamiento político y simbólico de la cadena de valor.
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
En la comercialización, tanto local como nacional, persisten limitaciones organizativas y estratégicas. A nivel local, la baja participación de socios en ferias y vitrinas comunitarias reduce la apropiación colectiva del proceso y refuerza la percepción de representaciones restringidas a “los mismos de siempre”. A nivel nacional, la falta de alianzas comerciales estables, la ausencia de puntos de recepción con cadena de frío y la variabilidad de precios sin una estandarización sólida constituyen barreras directas para escalar la cadena sin perder su anclaje territorial. Estos factores limitan el control sobre la cadena y refuerzan la dependencia de aliados externos para la toma de decisiones estratégicas.
No obstante, también se identifican oportunidades estratégicas clave. La base organizativa de COOMAGUA, los aprendizajes derivados de los pilotos de transformación, la existencia de aliados comerciales comprometidos configura un escenario fértil para consolidar la cadena con mayor autonomía técnica y organizativa. En este proceso, cobra especial relevancia la construcción de una identidad regional que permita transitar de los imaginarios asociados a la violencia, la coca y la ganadería hacia una narrativa campesina basada en el bosque en pie y la forestería comunitaria. Una muestra de ello es la trayectoria de la marca Las Caprichosas (fortalecida con el apoyo de la FCDS y otras entidades estatales y no gubernamentales) y la Tienda COOMAGUA, que han funcionado como referentes comerciales y simbólicos tanto a nivel regional como nacional. Estas iniciativas no solo generan reconocimiento de los productos amazónicos, sino que también contribuyen a resignificar el territorio y a proyectar una identidad campesina amazónica afín con los intereses de conservación y con un modelo productivo sostenible en el norte amazónico.
En síntesis, los cuellos de botella en la cadena de valor de asaí y seje de COOMAGUA no pueden entenderse como fallas técnicas aisladas, sino como expresiones de una tensión estructural entre los ideales de forestería comunitaria y las condiciones reales de implementación. Superarlos exige más que inversiones o capacitaciones puntuales: requiere una estrategia integral que articule participación activa, fortalecimiento organizativo, control territorial y posicionamiento político en redes de bioeconomía. Solo así será posible transitar de una cadena fragmentada hacia un proceso colectivo con gobernanza propia, donde el valor no solo se mide en ingresos, sino en apropiación comunitaria del bosque y sus frutos.
Tabla 6-15: Cuellos de botella en la cadena de valor de asaí y seje de COOMAGUA. Segmento funcional Tipo de cuello de botella Cuello de botella Interno / Externo Actores implicados Eslabón de coordinación afectado Oportunidad estratégica identificada Aprovechamiento en bosque en pie Organizativo Falta de relevo y sostenibilidad en los liderazgos Interno Junta Directiva
COOMAGUA
Coordinación de cuadrillas y predios Relevo generacional, formación comunitaria y distribución de roles en la junta Territorial / de poder Presencia de actores armados en zonas clave de cosecha Externo Grupos armados, productores Seguridad y acceso al recurso Estrategias comunitarias de manejo del riesgo territorial, evaluación de rutas seguras Recolección Técnico Escasez de escaladores capacitados y disponibles para cosechas Interno Jóvenes rurales,
COOMAGUA
Formación y convocatoria a cosechas Procesos formativos con
SENA,
incentivos intergeneracionales, continuidad en convocatorias Logístico / Territorial Dependencia del acceso a predios privados, a veces sin permiso formal Externo Finqueros no afiliados Acuerdos de cosecha Incentivos para afiliación, acuerdos comunitarios más estables Informativo / organizativo Variabilidad en la cosecha y falta de monitoreo formal sobre estado de frutos Interno
COOMAGUA,
productores Información para programación de cosechas Desarrollo de sistema de monitoreo comunitario del fruto, uso de herramientas locales (mapas, calendarios, alertas comunitarias) Transporte del fruto Logístico / económico Altos costos por cargas pequeñas y mal estado de las vías Externo Transportistas, gobiernos locales Programación de rutas y logística Sistema comunitario rotativo de transporte, planificación de cargas y articulación institucional con alcaldías Normativo / administrativo Restricciones y trámites del salvoconducto Interno / Externo
CDA,
COOMAGUA
Documentación y trazabilidad Designación de responsables logísticos, seguimiento y formación para trazabilidad Transformación Técnico / organizativo Rentabilidad de plantas externas para maquila Interno / Externo
COOMAGUA,
maquiladores Acuerdos productivos y control de calidad Fortalecimiento de alianzas con plantas y planta propia de transformación
Entre aliados, influencias y tensiones: el mapeo de la cadena de valor en el manejo forestal comunitario del Guaviare
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Segmento funcional Tipo de cuello de botella Cuello de botella Interno / Externo Actores implicados Eslabón de coordinación afectado Oportunidad estratégica identificada Organizativo / técnico Bajo conocimiento de los socios sobre el proceso de transformación Interno
COOMAGUA,
operarios rurales Gobernanza técnica Creación de escuelas comunitarias de transformación, formación certificada por fases del proceso Empaque y etiquetado Comercial / técnico Ausencia de diseño estandarizado de empaque y marca registrada Interno
COOMAGUA,
aliados comerciales Imagen y trazabilidad del producto Alianza para diseño gráfico, manual de marca, registro ante SIC y diferenciación por nicho de mercado Comercialización local y nacional Organizativo / social Baja participación de socios en ferias y actividades comerciales Interno Socios de
COOMAGUA
Representación y visibilización Programas de empoderamiento con enfoque de género y juventud, incentivos rotativos y acompañamiento técnico Comercial / estratégico Falta de acuerdos sólidos con compradores y precios estandarizados Externo
COOMAGUA,
aliados estratégicos Formalización de acuerdos comerciales Construcción de plan comercial progresivo, identificación de aliados éticos, definición de lista de precios según canal y presentación del producto Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo con COOMAGUA (2024–2025).
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
6.7 Análisis de participación activa y apropiación comunitaria:
Las entrevistas y la observación participante muestran una concentración de la participación en un núcleo histórico, mientras que jóvenes y mujeres enfrentan barreras logísticas, económicas y simbólicas. Las ferias regionales ilustran bien esta limitación: los altos costos de desplazamiento y la falta de acompañamiento reducen la asistencia, reforzando la percepción de que “siempre participan los mismos”. Aun así, emergen procesos de apropiación paulatina (mujeres en ferias, jóvenes capacitados, apoyos en empaque) que evidencian cómo la participación se amplía cuando existen condiciones habilitantes como el acompañamiento sensible, el reconocimiento simbólico y los incentivos claros.
La cadena de valor no puede entenderse solo como una secuencia técnica, sino como un entramado relacional y político donde cada segmento implica disputa, negociación y creación de valor comunitario. En este marco, la participación activa no es un accesorio instrumental, sino un valor estructurante de la forestería comunitaria.
Un contraste con el estudio del SINCHI sobre el asaí en La Pedrera (Castro Rodríguez, Barrera Garcia, Carrillo Bautista, & Hernandez Gomez, 2015) muestra el énfasis institucional en cumplimiento normativo, eficiencia y escalabilidad. Si bien este enfoque resulta útil para planificar y diseñar políticas, se distancia de las dimensiones territoriales y sociopolíticas que marcan el proceso en el Guaviare. En COOMAGUA, el plan de manejo surge de acuerdos comunitarios y diálogos entre saberes (no solo de un expediente avalado por la CDA); el bosque se concibe como espacio habitado y cuidado, no como simple superficie extractiva. En este sentido, los activos de COOMAGUA no se reducen a la tierra o la infraestructura básica: incluyen bienes sociales e intangibles como la legitimidad comunitaria, la confianza con aliados institucionales y la marca Las Caprichosas, que simboliza la apropiación de un relato colectivo del bosque en pie.
El caso Majiña (APAA–SINCHI) confirma que apostar por identidad y biodiversidad no basta si se opera solo desde la oferta: la falta de articulación con dinámicas de mercado generó cuellos de botella en empaque, etiquetado y exigencias comerciales (Muradian, Verschoor, Bolívar y Ochoa, 2012). En términos de gobernanza de mercado, la sostenibilidad depende tanto de las capacidades internas como de los arreglos institucionales habilitantes (Muradian et al., 2012).
Por otro lado, la experiencia ecuatoriana del perfume de palo santo ilustra una gobernanza coordinada y orientada a la demanda (universidad-ONG-empresa), con NCI como articuladora social. En el caso de COOMAGUA, FCDS ha priorizado el acompañamiento técnico, con menor atención a las dimensiones sociales y comunicativas. Mientras en Ecuador un fondo de microcréditos reinvirtió valor en las comunidades, en COOMAGUA estos mecanismos redistributivos aún no han emergido de manera activa, debido a la falta de un ancla comercial clara y a la débil institucionalidad local. En clave de las “relaciones cautivas” planteadas por Muradian et al. (2012), la sostenibilidad de los vínculos depende de altos niveles de coordinación, reconocimiento mutuo y redistribución explícita del valor.
Así, las cadenas incluyentes no se construyen únicamente con eficiencia productiva: requieren una arquitectura compleja de valores, políticas y actores. Este debate reubica los límites distributivos de la bioeconomía, atravesados por la segmentación del consumo y el poder adquisitivo (Amorim et al., 2024). Para COOMAGUA, esta arquitectura se expresa en una bioeconomía que otorga valor agregado no solo a la pulpa o al aceite, sino también a la organización social, la identidad campesina amazónica y la capacidad de transformar el cuidado del bosque en estrategia económica.
En el caso del asaí, resulta crucial distinguir comercialmente entre Euterpe oleracea (cespitosa, cultivada en várzea mediante esquemas mecanizados) y E. precatoria (solitaria, de bosque natural y manejo
A.
Anexo: Trabajo en campo
125
comunitario). No se trata de “otro asaí”, sino de sistemas socioecológicos distintos que exigen lógicas productivas, organizativas y éticas diferenciadas (Amorim et al., 2024). Los estudios de Pepper y Alves (2017) muestran la coexistencia tensa entre agroextractivismo tradicional y agroindustria mecanizada: aunque los pequeños productores sostienen gran parte de la oferta nacional, los beneficios del auge global se concentran fuera de los territorios. Las respuestas comunitarias (venta directa, sistemas participativos de garantía) resuenan con la búsqueda de autonomía en COOMAGUA. La experiencia con la juçara (E. edulis) en la Mata Atlántica (Trevisan et al., 2015) evidencia la concentración empresarial (82 % en 2011) y condiciones informales que reflejan desventajas estructurales frente a los modelos mecanizados de E. oleracea.
Por otro lado, las certificaciones globales (ECOCERT, IBD) resultan costosas e inaccesibles para pequeños productores, mientras que los sistemas participativos de garantía emergen como opciones más viables y contextualizadas. De allí el llamado al Estado: impulsar I+D, asistencia técnica y financiamiento específicos para modelos agroforestales (Trevisan et al., 2015). La evidencia ecológica en la Amazonía oriental muestra que los bosques certificados conservan mayor diversidad y área basal sin reducir la densidad de E. oleracea (Damasco et al., 2022), lo cual abre la posibilidad de combinar productividad y conservación tanto para seje como para asaí cuyo aprovechamiento es en bosque en pie (Ocampo, Fernandez, & Castro, 2013).
En el caso de COOMAGUA, la resolución de aprovechamiento expedida por la CDA ha permitido acceder a permisos y salvoconductos. No obstante, si los esquemas de certificación no calibran sus costos y procedimientos al contexto campesino, pueden convertirse en barreras de entrada que limitan la participación sin apoyos externos (Trevisan et al., 2015). La alternativa es concebir la certificación como un proceso organizativo, traduciendo criterios ecológicos en herramientas comprensibles y ajustadas a escalas locales, incorporando evaluación participativa y fortaleciendo el diálogo intercultural con la CDA.
La experiencia de Amazonbai (Bailique) (FSC en manejo, cadena de custodia y servicios ecosistémicos; inversión del 5 % en educación; avances en denominación de origen) muestra cómo la gobernanza comunitaria y la articulación intergeneracional pueden sostener la producción (Pinheiro, 2022). Persiste, sin embargo, el reto de competir con empresas que, sin certificación, ofrecen precios más bajos y acaparan mercados; su respuesta ha sido apostar por la liofilización, el sorbet y la diferenciación por origen. Para COOMAGUA, este ejemplo resalta la necesidad de fortalecer capacidades internas como la sistematización contable de cada segmento y la viabilidad financiera de subproductos, tarea aún pendiente para garantizar transparencia, planificación financiera y sostenibilidad a largo plazo.
En Colombia, Corpocampo representa un modelo empresarial escalable (certificaciones, planta portuaria, exportación, inversión de impacto), pionero en el mercado (Guerrero Duitama, Caicedo Díaz y Benavides Ballén, 2020). Su lógica prioriza trazabilidad, volumen y estandarización, dejando menos espacio a la apropiación de excedentes comunitarios, a la toma de decisiones territoriales y a la construcción colectiva de valor. El contraste con COOMAGUA es nítido: entre el escalamiento estandarizado y la diferenciación territorial basada en identidad campesina y circuitos cortos. Mientras Corpocampo cubre toda la cadena bajo parámetros globales, COOMAGUA ha consolidado sus mayores capacidades en los tres primeros segmentos (aprovechamiento, logística y transformación inicial), donde la participación activa de sus socios y socias constituye su principal fortaleza.
7 Conclusiones y reflexiones finales
7.1 Conclusiones
Las ideas aquí presentadas responden de manera directa a los objetivos específicos planteados, y en su conjunto permiten abordar el objetivo general orientado a comprender cómo se fortalece la forestería comunitaria desde la participación activa campesina en el marco de la bioeconomía. Más que un balance cerrado, estas páginas buscan ofrecer aprendizajes y preguntas abiertas que reconozcan la complejidad del Guaviare y los desafíos de pensar la Amazonia desde lo campesino.
Las metodologías participativas fueron el corazón de este camino, pues permitieron que los hallazgos no surgieran de una mirada externa, sino de un proceso de co-construcción en el que la voz campesina fue protagonista. Cada línea de tiempo, cada taller y cada conversación en la finca se convirtieron en espacios donde el conocimiento académico se entrelazó con la experiencia local, generando resultados que no hubieran sido posibles sin esa interacción horizontal. La confianza depositada en mí por los socios y socias de COOMAGUA fue fundamental: no solo abrió las puertas para convivir y aprender en su cotidianidad, sino que otorgó legitimidad al proceso investigativo. Haber compartido tiempos, trabajos y afectos me permitió comprender que esta investigación no fue únicamente sobre COOMAGUA, sino con COOMAGUA, y que las características que me posibilitaron estar en el territorio (escuchar, acompañar y aprender en la práctica) fueron tan decisivas como las herramientas conceptuales o metodológicas.
El primer objetivo de esta investigación planteaba la identificación de las percepciones de los socios y socias de COOMAGUA sobre los modelos de forestería comunitaria, analizando cómo los conciben y de qué manera los relacionan con sus alternativas económicas actuales. Los hallazgos muestran que hablar de forestería comunitaria en el Guaviare es hablar, al mismo tiempo, de historias de colonización, de economías campesinas híbridas y de búsquedas constantes por habitar el bosque con dignidad. Desde esta perspectiva, el proceso de COOMAGUA no puede entenderse como un proyecto técnico aislado, sino como parte de una cultura campesina guaviarense que combina memorias de la coca, la persistencia de la ganadería y las apuestas emergentes por una bioeconomía situada.
Ser campesino en Guaviare no se define únicamente por la producción agrícola o pecuaria, sino por la capacidad de construir futuro en medio de condiciones adversas. La investigación permitió ver cómo la identidad campesina se transforma en sujeto político, capaz de disputar sentidos sobre el bosque, el territorio y la vida misma. Esta identidad se materializa en la finca, espacio que opera como archivo viviente: allí se ensayan combinaciones de cultivos, se transmiten saberes entre generaciones y se toman decisiones que conectan lo productivo con lo organizativo y lo afectivo. La finca es, al mismo tiempo, refugio, escuela y escenario de disputa política, y en ella se siembra no solo alimento, sino también el sentido de pertenencia que sostiene la cooperativa.
La selva, por su parte, para las familias campesinas en COOMAGUA, deja de ser percibida un simple remanente tras la tumba y quema, y pasa a ser horizonte vital y político; al mismo tiempo es concebida
A.
Anexo: Trabajo en campo
127
como herencia y proyecto, en otras palabras, como espacio material de sustento y un símbolo desde el cual se reconfiguran identidades y se proyectan futuros posibles. De esta manera, los campesinos han adoptado términos como conservación, biodiversidad o sostenibilidad, apropiados inicialmente por ONG e instituciones. Sin embargo, más allá del discurso, el tránsito hacia un modelo de vida basado en el bosque depende de que ese camino sea económicamente viable frente a otras líneas productivas. Mientras la conservación y el manejo sostenible no tengan una valoración económica equiparable a la ganadería, esta seguirá siendo el principal sustento cotidiano. Dicho de otro modo, la esperanza campesina no está en abandonar la ganadería de inmediato, sino en que el bosque llegue a ser rentable para dedicarse a él de manera plena, confirmando en la práctica lo que ya se expresa en los lenguajes de la conservación.
La trayectoria de la coca también aparece resignificada. Lejos de ser borrado, ese pasado se reconoce como una escuela de destrezas y aprendizajes (disciplina, lectura del entorno, capacidad de resistencia) que hoy se transforman en recursos para sostener proyectos comunitarios ligados al bosque. La transición no fue sencilla: los incumplimientos del Estado en el marco de los Acuerdos de Paz profundizaron la precariedad de quienes habían apostado por dejar la coca, reforzando la idea de que la sustitución no podía ser solo técnica o productiva, sino también organizativa y política. En este escenario, la forestería comunitaria aparece como una alternativa que reconstruye tejido social y dignifica el saber campesino.
La ganadería, en cambio, representa un dilema aún abierto. Es memoria de poblamiento, sustento económico y símbolo de arraigo campesino, pero también presión constante sobre los bosques. Para COOMAGUA, no se trata de erradicarla, sino de transformarla, integrándola críticamente a proyectos de bioeconomía y manejo forestal. Este hallazgo confirma que las transiciones no son rupturas radicales, sino procesos híbridos donde conviven la persistencia de prácticas tradicionales con la búsqueda de alternativas sostenibles.
Las experiencias en torno a los viveros y la tienda de Las Caprichosas muestran la capacidad de resignificar discursos externos de conservación y bioeconomía. Lo que para las instituciones se presenta como contratos y entregas programadas, para los socios significa reorganizar rutinas familiares, experimentar con la tierra y crear productos que generan orgullo colectivo. En este proceso, la forestería comunitaria no se limita a la extracción de frutos, sino que se transforma en prácticas cotidianas que combinan economía, identidad y memoria, ampliando el horizonte de lo posible en la Amazonia campesina.
En conjunto, el Objetivo 1 permitió comprender que COOMAGUA no es solo una figura legal ni un resultado de proyectos de cooperación. Es un proceso organizativo en construcción, atravesado por tensiones y dependencias, pero también cargado de aprendizajes, creatividad y esperanza. Lejos de reproducir la idea de la Amazonia como un “cementerio de proyectos”, la cooperativa se sostiene como un laboratorio vivo donde se ensayan formas de gobernanza campesina en tiempo real. Para que este tránsito del “cementerio” al “laboratorio” sea sostenible, no basta con la voluntad local: se requieren alianzas sólidas, equipos transdisciplinarios y acompañamientos que superen miradas extractivistas o individualistas, promoviendo enfoques colaborativos e integrales que vinculen lo local con lo nacional e internacional.
El análisis permitió también distinguir dos planos que en el habla campesina suelen confundirse: COOMAGUA como proceso organizativo (conversación en la finca, aprendizaje colectivo, espacio afectivo) y la cooperativa como figura legal (estatutos, participación formal, relaciones institucionales). Para los socios, consolidar la cooperativa sigue siendo una esperanza: dotarla de mayor autonomía, transparencia y capacidad de decisión es visto como un paso imprescindible para sostener la forestería comunitaria en el tiempo. En esta línea, los aportes de Sociedad Bosquesina (Gasché & Vela Mendoza, 2012a; 2012b) muestran que valores como autonomía, libertad, reciprocidad y autoridad real no son
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
categorías abstractas, sino prácticas cotidianas de democracia activa en comunidades amazónicas. Esa perspectiva ayuda a comprender que la consolidación de COOMAGUA no solo depende de trámites o apoyos externos, sino de la capacidad de sus socios para hacer de la cooperativa un espacio vivido de autonomía y decisión colectiva. Esa esperanza, más que ingenuidad, constituye la fuerza vital que proyecta a COOMAGUA hacia el futuro, como un actor colectivo capaz de articular saberes campesinos con agendas de conservación, bioeconomía y participación real.
El segundo objetivo de esta investigación buscó comprender la relación e incidencia de los actores estratégicos vinculados a COOMAGUA, analizando sus niveles de interés, influencia y los vínculos que configuran la gobernanza local y regional. Los hallazgos muestran que el mapeo de actores no fue un simple ejercicio técnico de clasificación, sino un proceso participativo y reflexivo en el que la cooperativa pudo reconocerse dentro de una red compleja de relaciones. Este ejercicio permitió identificar quiénes acompañan, regulan, apoyan o tensionan el manejo forestal comunitario, pero sobre todo reveló que cada decisión organizativa está atravesada por dinámicas sociales, políticas y económicas más amplias que el ámbito productivo.
En primer lugar, el valor del mapeo radicó en su carácter participativo. Las relaciones no fueron identificadas en listas abstractas, sino a partir de experiencias concretas: quién facilitó permisos, quién compró la pulpa, quién ofreció formación técnica, quién impuso requisitos sanitarios. Así, la matriz y el diagrama elaborados no solo cumplen una función analítica, sino que se constituyen en instrumentos de gobernanza para planear con mayor claridad y fortalecer la autonomía organizativa. Como señalan Reed (2008) y Laituri et al. (2023), el verdadero valor de estas metodologías está en que no se limitan a enlistar actores, sino que ayudan a visibilizar relaciones de poder y dependencias que influyen en las posibilidades de acción comunitaria. La distinción entre involucramiento y compromiso resultó clave para comprender que algunos actores, aunque no buscan deliberadamente apoyar a COOMAGUA, terminan condicionando su desarrollo, como es el caso de autoridades regulatorias, intermediarios comerciales o entidades de control sanitario.
En segundo lugar, el mapeo permitió visibilizar tensiones, dependencias y asimetrías de poder. Los campesinos y viveristas, con alto interés, pero escasa incidencia institucional, contrastan con entidades que poseen gran influencia, pero bajo compromiso con la forestería comunitaria. Esta desigualdad refleja lo que Grimble y Wellard (1997) describen como la paradoja de los procesos participativos: quienes están más implicados en el día a día no siempre tienen la capacidad de incidir en las decisiones estratégicas. La diversidad de actores identificados (comunitarios, institucionales, de cooperación, privados, educativos, socioecológicos y de poder no institucional) confirma, como plantean Larson y Soto (2008), que la gobernanza forestal comunitaria se configura en la interacción de múltiples intereses, donde la cooperación convive con la competencia y el conflicto.
Dentro de este panorama, los grupos armados ilegales aparecen como actores incómodos pero ineludibles. Su presencia en el Guaviare condiciona la movilidad, el acceso a los bosques en pie y las dinámicas de seguridad en torno a la recolección de frutos. Aunque COOMAGUA no los reconoce como aliados, no puede ignorar que sus decisiones organizativas se toman en un contexto de presión latente. La recolección en ríos, caños y zonas de selva no ocurre en un vacío, sino en territorios vigilados e intervenidos por estos actores armados que regulan de facto el tránsito y el uso de los recursos. Esta realidad confirma lo que Mardones (2017) advierte: la gobernanza comunitaria no es un campo neutral, sino que se construye en medio de tensiones políticas y relaciones de poder asimétricas, donde incluso los actores no institucionales inciden en los márgenes de acción de las comunidades.
El análisis también mostró lo que no está: en ninguna parte del proceso aparece un papel protagónico de la alcaldía, la gobernación o los ministerios. Esta ausencia configura el escenario de abandono estatal que caracteriza a la Amazonia guaviarense. La falta de presencia institucional pública robusta en procesos
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Anexo: Trabajo en campo
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de manejo forestal comunitario confirma que son las comunidades, apoyadas de manera fragmentaria por ONG o cooperación internacional, quienes cargan con el peso de sostener iniciativas que en teoría deberían contar con respaldo estatal. Este vacío, lejos de ser anecdótico, refuerza la precariedad estructural en que se desarrolla la forestería comunitaria y plantea interrogantes urgentes sobre la responsabilidad estatal en la consolidación de economías locales sostenibles.
En tercer lugar, el mapeo mostró que el involucramiento de actores no se restringe a la dimensión productiva, sino que se extiende a sistemas socioecológicos y espacios culturales. El bosque, la finca y los cuerpos de agua emergen como actores en sí mismos, pues determinan la disponibilidad de frutos y las formas de habitar el territorio. Incluirlos en el análisis permitió comprender que la sostenibilidad de COOMAGUA depende tanto de acuerdos sociales y organizativos, como de la capacidad de mantener en equilibrio los sistemas naturales que sostienen la vida campesina. Tal como plantean Leff (2004) y Escobar (2012), no se trata solo de gestionar recursos, sino de reconocer que naturaleza y cultura se entrelazan en formas situadas de gobernanza territorial.
Más que un producto técnico, el mapeo se convirtió en una herramienta de gobernanza y de resistencia: permitió a COOMAGUA reconocerse en su entramado de relaciones, identificar aliados estratégicos y visibilizar las tensiones y dependencias que atraviesan su proceso. En este sentido, no solo ofrece a la cooperativa una brújula para planear con realismo y fortalecer su autonomía, sino que también abre caminos hacia una bioeconomía amazónica situada, donde la sostenibilidad se construye desde abajo, entre la organización campesina y la pluralidad de actores (institucionales, comunitarios, socioecológicos y armados) que disputan y condicionan el territorio. El Objetivo 2 mostró, así, que la forestería comunitaria en el Guaviare no se limita al bosque en pie o a la pulpa transformada, sino que es también un campo de relaciones políticas en el que COOMAGUA busca afirmarse como sujeto colectivo, con la esperanza de proyectar su experiencia hacia alianzas más sólidas y horizontes de autonomía real.
El tercer objetivo de esta investigación logró la construcción, análisis y estructura participativa de la cadena de valor de seje y asaí, como base para la apropiación de proyectos de forestería comunitaria centrados en bioeconomía. En el trabajo con COOMAGUA fue evidente que la participación activa no se reduce a la ejecución puntual de tareas en la cadena, sino que constituye un proceso dinámico de apropiación territorial, circulación de saberes y aprendizaje organizativo. Cada segmento (desde la recolección en bosque en pie hasta el empaque final) se configuró como un espacio de disputa y de creación colectiva, donde los campesinos ensayan formas de sostener su autonomía y, al mismo tiempo, se ven condicionados por reglas externas, demandas de mercado y limitaciones organizativas.
Desde el punto de vista organizativo, se constató que la cadena de valor no puede asumirse como un trayecto lineal ni completamente controlado por la cooperativa. El dilema de la maquila refleja esta tensión: si bien pagar por el servicio de maquilado ofrece un proceso estandarizado, demanda costos ocultos de supervisión que cuestionan la capacidad de COOMAGUA para asumirlos. A la inversa, montar una planta propia implica asumir costos fijos y responsabilidades técnicas para las cuales aún no existe suficiente preparación. Este contraste entre lo “ideal” y lo “real” confirma lo que Escobedo (2019) señala como cuellos de botella organizativos en cadenas amazónicas, y lo que Muradian, et al. (2012) denominan el desafío de construir cadenas incluyentes: la gobernanza no se logra centralizando funciones en una sola organización, sino articulando redes de corresponsabilidad. De ahí la importancia de pensar en una bioeconomía realista, donde COOMAGUA concentre esfuerzos en los segmentos donde tiene mayor legitimidad (recolección, acopio, parte de la transformación) y articule alianzas para aquellos que demandan experticia o infraestructura más especializada.
En este panorama, la participación activa emergió como valor estructurante de la forestería comunitaria. Aunque persisten desigualdades (participación concentrada en un núcleo histórico, sobrecarga de roles en eslabones críticos, barreras para mujeres y jóvenes), se evidencian también procesos de apropiación paulatina: mujeres que ganaron protagonismo en ferias locales, jóvenes capacitados para la cosecha y
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
socios que asumieron tareas en empaque y comercialización. Estas experiencias muestran que la cadena no es solo un espacio técnico de eficiencia, sino un entramado de relaciones sociales donde se disputa la visibilidad, el reconocimiento y la redistribución de valor. Como señalan Grimble y Wellard (1997), los procesos participativos suelen estar atravesados por asimetrías de poder, pero estas pueden convertirse en oportunidades de aprendizaje colectivo si existen condiciones habilitantes como acompañamiento sensible, reconocimiento simbólico e incentivos claros.
Un hallazgo clave de este objetivo es que, aunque COOMAGUA cuenta con mayor oferta natural frutos de seje que asaí, estos productos no enfrentan las mismas condiciones de mercado. El asaí se beneficia de las luchas y disputas históricas locales, regionales y un mercado internacional en auge, aunque con limitaciones derivadas de su ecología como palma solitaria. El seje, en cambio, sigue siendo un fruto rezagado: posee un gran potencial nutricional y cultural, con un aceite de alta calidad y valor culinario, pero carece de un reconocimiento comercial comparable. Su ventaja comparativa radica en ese perfil lipídico y en los usos culinarios locales; su cuello de botella, en la baja recordación de marca y la ausencia de recetas familiares que lo integren en la dieta cotidiana. Esta asimetría plantea una pregunta de fondo: ¿qué vacíos persisten en el reconocimiento y posicionamiento de frutos amazónicos distintos al asaí? Y, sobre todo, ¿cómo lograr que productos como el seje transiten del anonimato a convertirse en referentes de consumo en Colombia, tal como ocurre con otras frutas de reconocimiento nacional?
La difusión académica es necesaria, pero insuficiente. Se requieren estrategias que traduzcan estos frutos al lenguaje cotidiano, incorporándolos en prácticas culinarias, narrativas mediáticas y programas de consumo masivo. Un camino posible es la adquisición pública de alimentos regionales, mediante programas como la alimentación escolar (PAE), que integren productos amazónicos como el seje y generen una demanda estable respaldada por políticas estatales (da Conceição Cabral, Siqueira, Frazao, & Tomchinsky, 2025). Otro camino son las alianzas con cocinas regionales y movimientos gastronómicos que reinterpreten estos frutos en clave colombiana y cotidiana, favoreciendo la apropiación cultural y la cercanía del consumidor. Solo cuando el seje logre insertarse en ese terreno de lo cotidiano podrá competir con la ganadería y consolidarse como un sustento económico real para las familias campesinas.
La comparación con experiencias como Majiña en el Amazonas colombiano, Amazonbai en Bailique o Corpocampo en Tumaco revela que las cadenas comunitarias enfrentan dilemas comunes: la tensión entre autonomía y exigencias de mercado, la dificultad de sostenerse sin apoyos institucionales sólidos y el riesgo de invisibilizar el tejido comunitario en la búsqueda de certificaciones o trazabilidad. Frente a estos desafíos, la experiencia de COOMAGUA aporta una lección: más que replicar modelos agroindustriales, la bioeconomía comunitaria debe anclarse en su territorio, diferenciando sus productos no solo por calidad físico-química, sino por la historia de resistencia, cuidado y decisión colectiva que los sostiene. Esta reflexión conecta con lo que Escobar (2012) denomina posdesarrollo: la posibilidad de construir futuros alternativos que no se subordinan a las lógicas hegemónicas del mercado global, sino que se enraízan en las prácticas locales de sostenibilidad y autonomía.
En síntesis, el Objetivo 3 permitió comprender que la construcción de cadenas de valor comunitarias es tanto un desafío económico como político y cultural. Más que un producto técnico, la cadena de seje y asaí es un campo de disputa donde se cruzan normas, mercados y saberes locales. La participación activa de COOMAGUA le da fuerza y legitimidad, pero la consolidación de estas cadenas depende de alianzas sólidas, de políticas públicas sensibles y de un esfuerzo por ampliar la difusión más allá de lo académico. El reto no es únicamente vender pulpa o aceite: es lograr que el asaí y, especialmente el seje, se inserten en mercados dinámicos capaces de generar demanda estable y reconocimiento territorial. Aunque difícilmente estos frutos se conviertan en símbolos de identidad nacional en el corto o mediano plazo, sí pueden posicionarse como referentes amazónicos en circuitos gastronómicos, comerciales e
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Anexo: Trabajo en campo
131
institucionales, abriendo camino para que la bioeconomía deje de ser promesa y se convierta en práctica concreta de sostenibilidad y justicia territorial.
En conjunto, los tres objetivos de esta investigación permiten afirmar que la forestería comunitaria en el Guaviare no es un simple modelo técnico ni una receta de política pública: es un proceso vivo, atravesado por tensiones, aprendizajes y disputas que se tejen desde la cotidianidad campesina. El Objetivo 1 mostró que la cultura guaviarense rural sostiene a COOMAGUA como un laboratorio organizativo en tiempo real, donde la cooperativa es a la vez esperanza y desafío; el Objetivo 2 evidenció que la gobernanza comunitaria se juega en un campo relacional amplio, donde actores institucionales, comunitarios, socioecológicos y armados definen márgenes de autonomía y posibilidades de acción; y el Objetivo 3 permitió comprender que las cadenas de valor de seje y asaí son más que trayectorias económicas: son espacios de disputa y creación colectiva donde se entrecruzan lo técnico, lo simbólico y lo político.
La forestería comunitaria en COOMAGUA se fortalece cuando: (i) la participación activa ordena lo organizativo y lo productivo; (ii) la gobernanza relacional reconoce asimetrías (incluidos actores no institucionales) y construye alianzas corresponsables; (iii) la bioeconomía se asume como un proceso realista y situado, que combina especialización comunitaria y redes (eslabones) para segmentos intensivos en capital o tecnología; y (iv) la cooperativa se consolida como un espacio vivido de autonomía y decisión colectiva, distinto del proceso organizativo más amplio, pero en diálogo permanente con él.
Limitaciones y salvaguardas. La investigación enfrentó restricciones propias del contexto: la presencia de actores armados ilegales condicionó la movilidad y el acceso a ciertas áreas de bosque, lo que pudo limitar la densidad de observación en algunos puntos. Se priorizaron rutas seguras, horarios concertados y anonimato de fuentes, y se compensaron posibles sesgos mediante la triangulación de entrevistas, talleres y registros de campo. Estas medidas no eliminan las limitaciones, pero sí fortalecieron la validez ética y metodológica del trabajo.
Recomendaciones de política pública.
1. A partir de los hallazgos, se identifican rutas concretas para apoyar la forestería comunitaria en
clave de bioeconomía situada:
2. Incluir productos amazónicos como el seje en programas de alimentación escolar (PAE) y en
esquemas de adquisición pública de alimentos regionales, que garanticen un mercado estable y recurrente para las comunidades.
3. Crear líneas de finanzas mixtas (cooperación internacional y banca de desarrollo) para costear
infraestructura modular de frío y transformación, bajo esquemas de gobernanza compartida que reduzcan riesgos para las cooperativas.
4. Incorporar indicadores de bioeconomía situada que valoren la participación, la redistribución
de valor y la salud ecosistémica, más allá de métricas productivas o de exportación.
5. Ajustar los requisitos sanitarios y de trazabilidad a las realidades de los productos forestales no
maderables silvestres, reduciendo costos transaccionales y reconociendo la especificidad ecológica de la Amazonía.
6. Fortalecer el segmento de comercialización mediante apoyos institucionales a estudios de
mercado, estrategias de diseño, desarrollo de marca, publicidad y apertura de canales comerciales. Este segmento, tradicionalmente débil en la mayoría de las cadenas campesinas,
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
resulta crucial para que productos como el seje y el asaí logren posicionarse más allá del ámbito local y alcancen mercados dinámicos.
Las reflexiones finales abren también preguntas hacia el futuro: ¿cómo consolidar cooperativas campesinas en territorios históricamente marcados por la fragilidad institucional y la violencia? ¿cómo lograr que productos amazónicos como el seje y el asaí alcancen un reconocimiento social y cultural sostenido en los mercados nacionales? ¿cómo diseñar políticas públicas y alianzas internacionales que reconozcan la especificidad amazónica y no la subsuman en modelos extractivos o agroindustriales?
Más que respuestas cerradas, esta tesis ofrece pistas y aprendizajes. Entre ellos, que la forestería comunitaria solo será sostenible si se piensa como una bioeconomía transdisciplinaria, corresponsable y realista; que la autonomía organizativa requiere tanto de alianzas externas como de fortalecimiento interno; y que los frutos del bosque, más allá de su valor nutricional o comercial, son símbolos de resistencia y esperanza. Reconocer y potenciar estos procesos es, en última instancia, una apuesta por la justicia ambiental y territorial, y por imaginar futuros amazónicos construidos desde abajo, con los campesinos y campesinas como protagonistas.
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Zapata, F., & Rondán, V. (2016). LA INVESTIGACIÓN - ACCIÓN PARTICIPATIVA, Guía conceptual y metodológica del Instituto de Montaña. Lima: Instituto de Montaña.
A.
Anexo: Trabajo en campo Asamblea general 21 de enero 2024 A partir de las reuniones que se llevaron a cabo en el año 2023 con el representante legal de COOMAGUA, se propone el inicio de actividades de campo para enero de 2024 coincidiendo con la primera asamblea general de COOMAGUA que se llevó a cabo el día 21 de enero en la tienda de las caprichosas3. Esta asamblea tuvo como objetivo tratar los siguientes temas:
1. Entrega de cuentas de los socios que deben y aquellos que deben ponerse al día con las cuotas.
2. Eliminación de socios, por incumplimiento a las responsabilidades.
3. Acciones que se deben de poner en marcha, frente al proyecto de venta de material vegetal por
parte de los viveristas.
4. Entrega de la tarjeta y cuenta de ahorros para la cooperativa
5. Información de la articulación del cooperante ONF-ANDINA en el fortalecimiento de
capacidades y herramientas necesarias para llevar a cabo la el plan estratégico de cosecha de Seje y Asai.
6. Definición de la construcción de la planta de transformación.
7. Acuerdos de financiación y entrega del dinero al señor Jose Argemiro Urrego “Chato”.
8. Socialización y aprobación de la propuesta de investigación de maestría a cargo de la
estudiante Shalom Natalia Sanchez de la Universidad Nacional de Colombia.
9. Renuncia del representante legal
3 Emprendimiento de mujeres de las veredas Tortuga, Chuapal, Caño pescado y Capricho miembros de ASOFRAPOCAGUA para la comercialización de superalimentos con base de frutos amazónicos, en este emprendimiento se encuentran tres miembros de la cooperativa.
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
En esta asamblea se concertaron temas relacionados a la gestión de la cooperativa para el presente año, los compromisos acordados con otras entidades y la puesta en marcha del fondo rotatorio (Fondo donado por la embajada de Noruega) y la planta de transformación que está supervisado por FCDS4 y requiere de un reglamento de uso por parte de la cooperativa para su desembolso.
En esta asamblea general se dedicó un espacio para la socialización de la presente investigación haciendo un resumen de lo vivido en el territorio, las aproximaciones academias y los pasos metodológicos afrontados en el año 2023. También, se comentó los primeros acercamientos con el representante legal donde se concertaron las necesidades identificadas en la investigación y la importancia de la investigación participativa activa durante todo el desarrollo de la investigación.
Con esta premisa se describieron los objetivos, propuestas metodológicas y alcance de la investigación, su aporte a las actividades y necesidades de la cooperativa. Como resultado, acordamos lo siguiente:
Los miembros activos de la cooperativa están de acuerdo y entusiasmados por la investigación afirmando que “Es importante que las Universidades conozcan los procesos que lleva la cooperativa, sepan y aporten en lo que estamos haciendo”. Además de resaltar que “Conocemos la trayectoria de Shalom en el territorio, lleva trabajando con nosotros en la construcción de planes de manejos y todos conocen la calidad de su trabajo, usted es una de nosotros así que cuenta con nuestro apoyo” -Olmes y Carlos Batero
Con respecto a los objetivos de la investigación sugerimos los siguientes cambios:
4 Fundación para el desarrollo sostenible organización no gubernamental que acompaña a COOMAGUA en el programa de forestería comunitaria.
Imagen 1: Asamblea general 21 de enero 2024 con los miembros de COOMAGUA. (Navarro,
2024)
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Anexo: Trabajo en campo
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• Por decisión de los miembros de la Cooperativa, proponen realizar la investigación con los miembros activos, es decir, con aquellos que estén al día en la cuota mensual, hasta la fecha exceptuando algunos como Pablo Castillo que por problemas de salud no ha podido ponerse al día. Por esta razón se decide comenzar la investigación con 11 miembros activos en su mayoría presentes en la asamblea.
• La técnica de grupos focales para el primer objetivo no es la más adecuada para abordar las percepciones sobre el manejo forestal comunitario, puesto que uno de los desafíos que enfrenta la cooperativa son espacios y tiempos para realizar los encuentros grupales. En este sentido, proponemos entrevistas informales a profundidad ya que permite adentrarse en los quehaceres de cada uno de los miembros de la cooperativa, recoger sus experiencias, expectativas y sentires. Dejando como actividad final un taller participativo grupal por medio de una línea de tiempo para consolidar las perspectivas de COOMAGUA sobre el manejo de la selva o bosques. Como producto para esta actividad es la infografía sobre el desarrollo del objetivo mostrando la trayectoria de los miembros de COOMAGUA, su creación y expectativas a futuro con el desarrollo de la cooperativa.
• Para abordar el segundo objetivo, proponemos que en la misma entrevista informal a profundidad con cada miembro de la cooperativa mencionar y profundizar sobre los actores que han sido claves en la forestería comunitaria, en la creación y desarrollo de COOMAGUA. También en la importancia y la participación de la investigación en actividades, encuentros, mesas de trabajo con actores clave como FCDS, GEF, ONF ANDINA para la ejecución de actividades relacionadas a la cosecha de asai y seje que se requiere abordar este año. • Con respecto a las preguntas orientadoras para las entrevistas informales a profundad, se hace énfasis en resaltar las trayectorias de cada miembro, su llegada al territorio y la vinculación a procesos de forestería comunitaria, como se ven a futuro y su relación con la selva. • Los miembros de COOMAGUA proponen que apoye desde mis saberes en el plan estratégico de cosecha de asai y seje que tienen planteado para este año con FCDS con el fin de articular saberes en esta actividad crucial para los procesos financieros y sostenibles de la cooperativa, de tal manera que esto apunte de manera significativa al tercer objetivo ya que se resalta la necesidad de la construcción, análisis y reflexión de la cadena de valor participativa para la cosecha, comercialización y transformación de los frutos en 2024.
De esta manera, quedan pactados los compromisos con todos los asistentes, queda aprobado y avalado con los cambios sugeridos para la puesta en marcha de la tesis de investigación. Por consiguiente, acordamos iniciar la primera semana de febrero las charlas con cada uno de los miembros en sus predios, enviando un listado por medio del grupo de WhatsApp para avisarles la fecha y hora de visita, también les solicite tener a la mano material audiovisual que crean o consideren que se deba incorporar en el taller participativo (línea de tiempo). Por último, quedamos en realizar el consentimiento informado para el inicio de las actividades de tal manera que se respetará los objetivos de cada una de las partes durante toda la investigación.
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Imagen 2. Foto de la asamblea general de COOMAGUA en el establecimiento Las Caprichosas 21 de enero de 2024.
Elaboración de consentimiento informado y guion para entrevistas a profundidad Consentimiento informado
Conforme a lo trabajado en la asamblea general se construyó la versión del siguiente consentimiento informado que consta de las siguientes apreciaciones:
▪ Perfil de la investigadora, intenciones para realizar la investigación, objetivos y alcances de la investigación ▪ Rol que desempeña la cooperativa en la presente investigación ▪ Voluntariedad y confidencialidad: tratamiento de datos personales ▪ Quien y quienes forman parte de la investigación ▪ Beneficios y riesgos.
▪ Compromisos en la socialización durante toda la investigación ▪ Firma de las partes, se anexa al acta de la asamblea general del 21 de enero de 2024. Este consentimiento informado se ajustó a partir de la revisión y aprobación por parte de las directivas de COOMAGUA y el director de la investigación.
Guíon para entrevistas a profundidad:
A partir de lo acordado con en la asamblea y las necesidades planteadas para realizar una línea de tiempo que cuente los sentires, experiencias y expectativas de quienes conforman la cooperativa, revise mi diario de campo realizado en la asamblea junto con la información documental sugerida en la metodología y registrada en el territorio. Se propone el uso de grabadoras y notas de campo. Con esto desarrolle la base
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de un guion que tuviera los siguientes aspectos priorizados por los miembros de la cooperativa (Anexo B):
▪ Presentación y Contextualización (15 minutos).
▪ Proponer breve recorrido por la Finca o actividad cotidiana (30 minutos). ▪ Entrevista Participativa (45 minutos).
▪ Preguntas sobre Definición de Colectivo o Comunidad (10 minutos). ▪ Conclusiones y Compromisos (10 minutos).
▪ Despedida (10 minutos).
Para la elaboración de este guión me base en lo sugerido por el director y lo descrito por Bustamante., 2021 en la estructura de escenarios de visión sobre las perspectivas de manejo forestal comunitario. Situado al territorio y las activades cotidianas de los miembros de COOMAGUA. Fue necesario imprimir esta estructura, explicarla a cada miembro y preguntarles si estaban de acuerdo antes de dar inicio a la entrevista, también propuse un esquema menos formal en el que se dialogara por medio de charlas, donde ellos podían preguntarme y enriquecer el espacio planteado.
Desafíos: Ajustar el guion a un tiempo y dinámicas que sean flexibles acordes a los quehaceres de los miembros de COOMAGUA.
Entrevistas informales a profundidad
Con el guión ajustado y avalado por algunos miembros de la cooperativa y el director, nos reunimos por medio de diálogos virtuales con Anderson (presidente de COOMAGUA), quien me ayudo con la logística para llevar a cabo las entrevistas, se consideraron los siguientes aspectos logísticos iniciando el
5 de febrero y culminando el viernes 9 de febrero:
▪ Selección de visitas por miembro y desplazamiento por día:
o Dia 1: Daniel Chitiva (Chuapal), Anderson Urrea (Manaviri) y Daniel Bermúdez (Chuapal).
o Dia 2: Sandra Mahecha (Caño Pescado), Marlen Gaitán (Tortuga) y Jaime Castillo (Caño Pescado) o Dia 3: Capacitación de meliponicultura por parte de FCDS, se acompaña al evento no se realizan entrevistas o Día 4: Martha Galeano (Tortuga) y Familia Olmes - María de los Ángeles Gaitán (Tortuga).
o Día 5: Reunión de viveristas y visita a Hermides Moreno (Paraíso). ▪ Hospedaje y alimentación para la actividad: Se acordó con Anderson hospedarme en la casa de su suegra que vive en Rosales, vereda que se localiza entre Chuapal y Caño Pescado la cual conecta con las veredas a visitar. Así mismo, los miembros de COOMAGUA estaban dispuestos a dar la alimentación necesaria en el trayecto de cada día en cada predio visitado. ▪ Transporte y seguridad rural: Para movilizarme en las veredas es necesario el uso de motocicleta, ya que es el vehículo que permite llegar a cada uno de los predios dado el estado de las vías rurales que presenta el territorio. Teniendo en cuenta mi poca o nula experiencia en este vehículo concertamos con Anderson la contratación de un sabedor local que conociera las veredas y las personas a visitar y cuente con experiencia vehicular para poder transportarme. Esta opción nos pareció estratégica ya que por manuales de convivencia de las autoridades locales es necesario que cuente con una persona del territorio, el consentimiento informado dada la eventualidad de algún reten o solicitud de la información a recopilar. ▪ Imprevistos: Contar con dinero extra para abastecer la gasolina de la moto, alimentación en caso de no llegar a un predio y vías alternas de acuerdo a los arreglos o eventos naturales que pueden presentarse.
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Por lo anterior, me dirijo el día 4 de febrero a la vereda Rosales para pernotar en el predio de la familia del presidente de COOMAGUA.
Desarrollo de las entrevistas informales a profundidad En el primer día de visitas surgieron los siguientes cambios:
▪ Se entrevisto primero a Daniel Chitiva, dado que no estaría en la tarde en su predio por lo cual me solicita hacer la entrevista en la mañana, donde se hace un breve recorrido por su predio mientras se desarrolla la entrevista.
▪ Daniel Bermúdez no estaba en el predio dado que le toco viajar de carácter urgente a San José del Guaviare por lo cual se reprograma para nueva fecha.
▪ Seguido a la entrevista de Daniel Chitiva, nos dirigimos al predio de Anderson quien nos recibe en la casa de su madre que es su vecina, escampamos de la lluvia torrencial de medio día en el territorio amazónico, posteriormente nos dirigimos para su predio en el cual nos relata las actividades que lleva a cabo con FCDS y otras organizaciones sobre sistemas agroforestales, la necesidad de trastearse de San José a un lugar cerca de su predio para estar pendiente de las actividades y por motivos de seguridad dado que han estado decomisando sistemas fotovoltaicos, a raíz de la ausencia de personas en las viviendas, esto comentado en la última asamblea propuesta por la junta de acción comunal de las veredas que hacen parte del municipio de San José del Guaviare en el cual hace presencia la autoridad local.
Segundo día:
▪ El día comenzó con la entrevista a Sandra Mahecha, en esta ocasión Sandra se encontraba en los quehaceres pecuarios de ordeño y cerramiento del ganado por lo cual la grabación de la entrevista quedo con el audio lejano y bastante ruido externo, cuestión que dificulto la trascripción. Seguido a esto, evidencie lo demandante y exigente que son las labores diarias del campesino guaviarense que vive de la ganadería, ya que consiste en actividades que comienzan en la madrugada hasta la tarde, que dependen de la cantidad de personas y animales para optimizar tiempos.
▪ Nos dimos cuenta con Sandra y Darío (el conductor de la moto) que había una reunión programada por FCDS para el monitoreo sonoro comunitario la cual no estaba contemplada en el itinerario lo que retraso la entrevista con Jaime Castillo ya que el participaba en esa Imagen 3. Entrevistas día 1, 2024
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Anexo: Trabajo en campo
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actividad junto con Marlen Gaitán quien me solicita visitar el predio en horas de la tarde dado que tiene que irse para San José por temas de salud.
▪ Al presentarse esas eventualidades decidimos hacer la entrevista de Jaime y Marlen en la tarde sin embargo no contábamos con la lejanía del predio de Marlen en Tortuga y la casa donde me hospedaba, factor que dificulto el viaje de regreso dado que no recomiendan transitar después de las 6 por las vías rurales.
Tercer día:
• Estuvimos los miembros de COOMAGUA y demas productores en la capacitación dictada por el equipo de FCDS sobre meliponicultura, hablaron sobre expectivas y aprendizajes en la practicas de trampas y traspaso de abejas meliponas a colmenas. Posterior a la charla introductoria, se realizaron dos ejercicios practicos, cada integrante dibujaba lo que considera que es la importancia de las abejas sin aguijon y luego nos dirigimos a la practica de rescate de abejas y traslado a la colmena.
Imagen 4. Día dos entrevistas. 2024
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• Para esta actividad asumi el rol de observador no participante ya que esta actividad involucra a quienes llevan un proyecto asociado a meliponicultura con la entidad. Sin embargo pude evidenciar que la mayoria de familias que tienen proyectos de meliponas tambien son miembros de COOMAGUA, junto con otros proyectos más.
Cuarto día:
▪ Acordamos vernos con Martha Galeano y su esposo en la vereda Rosales muy temprano ya que ella actualmente vive en el casco urbano del Capricho y su predio lo tiene en la vereda La Tortuga. La distancia del Casco urbano al predio de Martha dura en moto aproximadamente tres horas dado que esta zona fue la ultima colonización dada su cercanía a los limites con el parque Nacional Natural Chiribiquete. A Martha le preocupa las nuevas directrices de la autoridad local por el decomiso de sistemas fotovoltaicos no usados por ausencia de los propietarios, espera a futuro ser más frecuente en su predio para estar depender económicamente de las actividades que tienen con entidades como FCDS y GEF Corazón de la Amazonia.
▪ Seguido a esto, recorrimos un trayecto de aproximadamente 45 minutos para llegar a la casa de la familia de Olmes y su familia, actualmente Olmes y María de los Ángeles Gaitán son pareja y tienen 2 hijos pequeños, por lo que sugerimos visitarlos en su casa y hacer la entrevista para ambos, puesto que son miembros activos dedicados a diferentes actividades. Me sorprendió ver lo lejos que se encuentra ubicado el predio y las diferentes reuniones a las cuales son convocados, la tendencia a llegar tarde a los eventos y al reparto de quehaceres como cuidar los niños, sumado a que son lideres en la vereda Tortuga y en tema de forestería comunitaria. Imagen 5: Capacitación en rescate y encajonamiento de abejas meliponas en el predio de Jaime Castillo,
2024
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Anexo: Trabajo en campo
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Quinto día:
▪ En conversaciones vía WhatsApp con Daniel Bermúdez se acordó visitar el predio en la mañana cerca de las 7 am, dado que Daniel pertenece al grupo de viveristas quienes tenían concertada una reunión a las 10 am, en la caseta comunal de Chuapal. Este escenario permitió conocer sobre las diferentes actividades que participa Daniel dado a que también pertenece al grupo de meliponicultura, y es miembro activo de COOMAGUA.
▪ Cabe resaltar que la comunicación con Daniel y con los demás se baso en el internet de los colegios veredales, ya que dentro las veredas la señal es inestable y el acceso a internet es casi nulo. Por lo que se requería ciertas paradas durante los trayectos para confirmar visitas de los días siguientes. ▪ La entrevista se demoró un poco más de lo acordado ya que se tocaron otros temas que fueron considerados importantes por Daniel a lo largo de la charla. Seguido a esto y por el compromiso pendiente, nos dirigimos hacia la caseta comunal de Chuapal para apoyar a COOMAGUA en la reunión de viveristas.
▪ En esta reunión asistieron dos profesionales del equipo de FCDS enfocados a viveros en la región, ellos abrieron el espacio para que los miembros de COOMAGUA que cuentan con la certificación del ICA para el manejo de plántulas frutales amazónicas se organizarán de acuerdo al contrato que entra en ejecución luego de cese de actividades por factores climáticos. ▪ Como asistentes de COOMAGUA estuvieron: Daniel Chitiva y Daniela Batero, Jaime Castillo, Hermides Moreno, Daniel Bermúdez, María de los Ángeles Gaitán, Anderson Urrea. Como productores potenciales de COOMAGUA estuvo Dionicio Álvarez. La dinámica consistió en el diagnóstico de la oferta de especies actuales en cada vivero y la distribución de las especies a entregar para fin de mes de marzo y principios de abril en el núcleo Guayabero y Cristalina. Colaboré con la sistematización del listado de especies por vivero y algunas recomendaciones logísticas. En esta reunión reflexione sobre las actividades actuales de los miembros de COOMAGUA, la actividad de viveros genera en este momento contribución económica, ya que tienen dos contratos luego de tener 4 viveros certificados ante el ICA.
▪ La duración de la reunión fue de más de tres horas por lo cual decidimos con Hermides Moreno hacer la entrevista en la caseta municipal, dado que irme hasta la finca a esa hora y con el tiempo de lluvias de la semana sería complicado mi regreso al casco urbano sumado al desplazamiento sin conocedor local. Por lo tanto, llevamos a cabo la entrevista con algunos inconvenientes como el ruido de la lluvia en el tejado, el afán de Hermides de no mojarse o coger la lluvia en el camino, además de las actividades pendientes por hacer en su finca.
Imagen 6. Quinto día de trabajo en campo, visitas a Martha Galeano y Familia Maria de los ángeles - Olmes,
2024
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Imagen 7: Reunión de viveristas, miembros de COOMAGUA y equipo FCDS.
Línea de tiempo participativa
Para la construcción de la línea de tiempo participativa que describiera los aspectos más relevantes de las entrevistas informales a profundidad retome los apuntes de campo realizados en la charla con el fin de evidenciar los temáticas cruciales o determinantes en la historia de COOMAGUA y su visión a futuro, a continuación, se enuncian los aspectos:
La línea de tiempo se divide en cuatro categorías claves identificadas en las entrevistas que son abordadas en cuatro plantillas para su participación en el taller:
• Somos Guaviarenses: llegada y experiencias en el territorio del Guaviare. • Inicio en Actividades de Manejo Forestal: Aspectos que reflejen los primeros pasos de los miembros de COOMAGUA en el manejo forestal.
• Creación y primeros pasos de la Cooperativa: el proceso de creación de la cooperativa, eventos y logros clave durante los primeros meses de la cooperativa, como proyectos iniciales y desafíos superados.
• Visión a Futuro: resaltar las expectativas y visiones a futuro de los miembros
Aspectos claves para cada categoría:
• Momentos Claves: para representar los momentos clave en la historia de la cooperativa. Esto permitirá que estos momentos destaquen visualmente en la línea de tiempo. • Sentires: los aspectos emocionales o sentimientos asociados con la experiencia de los miembros. Esto puede incluir momentos de alegría, gratitud, superación, etc.
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Anexo: Trabajo en campo
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• Aspectos Culturales y tradicionales: para resaltar los aspectos culturales y tradiciones importantes para la cooperativa.
• Logros y Reconocimientos: para destacar logros y reconocimientos significativos. • Desafíos Superados: para representar los desafíos superados y las adversidades que la cooperativa ha enfrentado con éxito.
• Relación con el bosque: resaltar la conexión especial que la cooperativa tiene con la naturaleza y los bosques.
• Participaciones locales: simbolizar la participación activa de la cooperativa en la comunidad local.
• Cambios Positivos momentos en los que el manejo forestal comunitario ha tenido un impacto positivo en la vida de los miembros.
En las plantillas diseñadas por categoría se asignaron colores a cada aspecto dado que los colores no solo pueden hacer que la línea de tiempo sea visualmente atractiva, sino que también pueden ayudar a categorizar y organizar la información de manera clara. De esta manera, se programo la reunión para el taller de línea de tiempo participativo, 24 de febrero fecha acordada por todos los miembros en el salón comunal de la vereda Caño Pescado. En esta actividad tuvo participación la profesional social de FCDS quien se ofreció a acompañarme para conocer más sobre COOMAGUA.
En la reunión asistieron cuatro de los once miembros convocados para la reunión, dado que se programo con quince días de anticipación, algunos de los eventos que causaron la ausencia de los miembros fueron los siguientes: Muerte de un conocido de las veredas Caño Pescado y Chuapal, evento en la tienda de las Caprichosas (Martha Galeano y Flor Matilde) entre otros. Martha y Flor Matilde ofrecieron refrigerio para diez personas de parte de COOMAGUA para la actividad la cual ayudo muchísimo para llevar a cabo con tranquilidad la actividad planteada.
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
Imagen 9. Plantilla de línea de tiempo de las dos últimas categorías en blanco (izquierda) y diligenciada por los miembros de COOMAGUA (derecha).
Imagen 8. Plantilla de línea de tiempo de las dos primeras categorías en blanco (izquierda) y diligenciada por los miembros de COOMAGUA (derecha).
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Anexo: Trabajo en campo
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Taller de preacuerdos comerciales y parámetros a considerar en la estrategia del plan de cosecha de asai y seje
Paralelamente a las actividades descritas anteriormente, FCDS venia organizando una reunión con las directivas de COOMAGUA para establecer unos pre acuerdos comerciales con actores comerciales regionales identificados en pasadas ruedas de negocio, alguno de estos es: •
ASOPROSEGUA
•
ASOPROAGRO
•
ALIMENTO DE SELVA
•
AGROINDUSTRIAS DEL BOSQUE AMAZONICO
Esta reunión se llevo a cabo el día 16 de febrero en las instalaciones de FCDS, contó con la asistencia de Olmes Rodriguez. Sin embargo, hubo aspectos determinantes en la inasistencia de la directiva convocada que evidencie luego de las entrevistas. La información de asistencia al encuentro se difundió con 8 días de anticipación por medio de WhatsApp. Si bien esta plataforma facilita la divulgación no garantiza que la información sea leída y confirmada por los lectores. Se esperaba la participación del representante legal, presidente y vicepresidente, tan solo asistió el presidente y de manera esporádica porque estaba en otras actividades de acuerdo a su trabajo.
La ausencia del representante legal se debe a las inconformidades que presento en la asamblea, donde estableció que no asistiría a más reuniones en San José del Guaviare puesto que tenia abandonada su Imagen 10. Taller de línea de tiempo participativa con los miembros de COOMAGUA, 2024
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finca y las actividades de su terreno. Este panorama fue preocupante para FCDS ya que tenia citada durante todo el día a los aliados comerciales y se esperaba llegar a la firma con alguno de ellos. A pesar de estos percances, COOMAGUA solicito mi asistencia al evento con el fin de apoyar esta actividad y complementara con las directivas en el plan de cosecha. Durante la jornada de la mañana con el equipo de FCDS establecimos parámetros a considerar para estimar los kilogramos de materia prima de frutos de palma necesarios para hacer el plan de cosecha como son: ▪ Calendarios ecológicos de cosecha de asai y seje, incluyendo la traviesa5. ▪ Materiales para la cosecha: Equipo de alturas, lonas, tijeras de poda, serruchos para corte de racimos, guantes, entre otros.
▪ Transporte: Moto o moto carguero, capacidad en kilos, distribución en canastilla o lonas. ▪ Calidad y maduración del fruto para venta ▪ Mano de obra necesaria ▪ Salvoconducto de movilización ▪ Imprevistos
Se propone la participación permanente de COOMAGUA en aspectos relacionado a precios de mano de obra, dado que este plan estará liderado por los miembros y son ellos quienes experimentan la sostenibilidad del aprovechamiento de estos frutos. Además, de los costos en territorio necesarios para la cosecha y movilización de materia prima.
La reunión con cada aliado comercial sirvió mucho para considerar las cantidades mínimas que COOMAGUA puede comercializar por año, dado que depende de la capacidad de almacenamiento, el tiempo de producción y la oferta para establecer un precio de materia prima.
Los aspectos más importantes que resaltaron los aliados comerciales fueron los siguientes: ▪ El precio de materia prima en kilogramos de asai es muy más alto en comparación con el precio del seje, ya que es un producto conocido y bien distribuido, mientras seje no presenta una entrada lo suficiente robusta en el mercado, por lo cual su precio disminuye. ▪ La mayoría de aliados solicita recibir la materia prima limpia y en canastillas, descontando frutos no viables. Para el caso de asai recomiendan cosechar y movilizar el mismo día ya que pierde calidad el fruto y seje recomiendan no superar las 48 horas después de cosechado para llevar a planta de transformación.
▪ Es importante estandarizar los procesos de maquila con ASOPROAGRO, ya que ambos tienen maquinas para la transformación y necesitan protocolos para cada especie. ▪ El pago de cada aliado a COOMAGUA se hace de contado posterior a la recepción de la materia prima, esto implica contar con una capacidad de inversión tal, que permita solventar los costos fijos del proceso de cosecha y movilización.
▪ Los aliados resaltan la cantidad de toneladas que posee COOMAGUA en su permiso de aprovechamiento describiendo su importancia, puesto que se tiene poca oferta de materia prima.
5 Traviesa: temporada de menor cosecha de fruto según la especie
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Imagen 12: Tablero de trabajo con los aspectos logísticos, operativos y comerciales necesarios para la puesta en marcha del plan de cosecha.
Taller participativo costos de cosecha y transformación de seje
Como conclusión del taller de preacuerdos comerciales, se enfatizó la importancia de hablar con todos los miembros y directivas de COOMAGUA para establecer con ellos las rutas a seguir, también viabilizar la participación, roles y administración de los recursos y equipos que actualmente se tienen para realizar la actividad de cosecha. Como recomendación de los aliados comerciales se priorizo el aprovechamiento de la traviesa que actualmente presenta la palma seje dando los primeros pasos y aprendizajes sobre costos reales de cosecha y comercialización.
Imagen 11. Taller Plan de cosecha con aliados comerciales, parámetros para la realización de preacuerdos comerciales
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En este sentido el pasado 16 de febrero se concreta una próxima reunión en Caño Pescado con fecha del 8 de marzo convocando a todos los miembros de la cooperativa, dado las siguientes inquietudes presentadas en este caso por el representante legal:
▪ Definir precios y rutas para las cosechas.
▪ Contratación de cuadrillas, número efectivo de personas en cosecha. ▪ El desembolso del fondo rotatorio implica un documento que ya diligencio la cooperativa, son embargo existen dos perspectivas entre FCDS y lo descrito por COOMAGUA. ▪ Es preciso aclarar con todos los miembros de COOMAGUA las funciones para la activación del fondo rotatorio, sus inversiones y tasa de reingreso.
▪ Hermides hace énfasis en socializar los puntos del fondo rotatorio para que los miembros de COOMAGUA tengan claridad de cómo será la administración y cuál será la función de este fondo.
▪ Hermides comenta que existen dos convenios con FCDS, el primero el fondo rotatorio y el segundo apoyo para los gastos de cosecha para el primer año de aprovechamiento. Sin embargo, existe incertidumbre sobre los términos de cada convenio y como se ajustan para el presente año.
Con el contexto mencionado anteriormente, se gestiona la logística y convocatoria de los miembros de la cooperativa y productores potenciales a la reunión del 8 de marzo, esta reunión inicia a las 9 de la mañana con la participación de:
Tabla 1. Asistentes reunión taller parcipativo.
Miembros de COOMAGUA Productores potenciales Olmes Rodríguez Gildardo Álvarez Anderson Urrea Álvaro Forero Daniel Chitiva
Sandra Mahecha
Jaime Castillo
William Efrén Castillo
Martha Galeano
Carlos Batero
Daniel Bermúdez
Hermides Moreno
Por parte de FCDS asistieron:
• Emilio Rodríguez • Raúl Peña • Mileidy Huertas • Viviana Gonzales
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Anexo: Trabajo en campo
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• Mayerli Álvarez
Contenido del día:
1. Convenio FCDS – COOMAGUA
Emilio describe la trayectoria del programa de forestería comunitaria en el territorio. Les recuerda a los miembros las cantidades de permitidas según el permiso y autorización de frutos de seje (1014 ton) y asai (674 ton) para los dos primeros años. Por otro lado, describe la carta de intención que existe entre las partes para el aprovechamiento de seje y asai, que incluye el apoyo técnico, económico y jurídico. Se lee minuciosamente el presente convenio de tal manera que COOMAGUA este informada y de acuerdo con descrito, se hace énfasis que este convenio lo firma el representante legal. El convenio se desglosa de dos fuentes de financiación, la primera por parte de la embajada de Noruega y la segunda por parte de Amazonia Mía. Para la ejecución del convenio es necesario resolver la situación del predio para la construcción de la planta de transformación ya que los recursos del presente convenio incluyen el apoyo para esta infraestructura.
El estado actual del predio presenta los siguientes particulares: actualmente se encuentra COOMAGUA pagando por cuotas la compra del lote, no se tiene instalación de red eléctrica y acueducto veredal para la construcción de la infraestructura. A su vez que se desconoce el estado actual del predo en temas de tenencia de propiedad para dar paso a la ejecución.
FCDS informa a COOMAGUA que se tiene un plazo máximo para la ejecución de los recursos hasta el 30 de junio (Amazonia mía) y octubre de 2024 (Noruega).
El rubro de este convenio es de un total de 216.000.000 distribuido en: Fondo rotatorio con un valor de 50.000.000, dotación 50.000.000 y construcción, fortalecimiento de capacidades y operativo de cosecha con 160.000.000.
Sandra Mahecha, Anderson y Hermides recalcan la importancia de garantizar los servicios básicos en el lote para la construcción de la planta de transformación Para la veeduría de la ejecución del convenio que tiene vigencia de un año se requiere la participación constante de un comité técnico compuesto por el representante legal, Coordinador de forestería comunitaria FCDS, miembro de COOMAGUA de vigilancia.
Por último, Viviana hace énfasis en la necesidad de construir de manera conjunta el plan de negocios y la disposición de la dotación de maquila en vez de la transformación resaltando la importancia de que COOMAGUA se apropie de estos ejercicios.
2. Plan de Cosecha:
Para el plan de cosecha nos apoyamos Mileidy, Viviana, algunos miembros de COOMAGUA y yo dado que conocemos el territorio y aspectos a tener en cuenta para la ejecución. Surge la necesidad de aprovechar 500 kilogramos de seje dado que es la cantidad mínima para el funcionamiento de la planta de transformación, se comenta la participación de COOMAGUA en la feria Mi tierra que tiene lugar en los espacios del SENA en San José del Guaviare el próximo 24 de marzo.
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
Concertamos la necesidad de 3 personas por cuadrilla con un total de dos cuadrillas para la trasformación de pulpa y aceite. Además de la revisión de equipos de COOMAGUA para usarlos en el proceso de Maquila.
Daniel Bermúdez se postula como líder del componente de cosecha de seje para esta actividad, dado que el conoce como se hace la actividad y tiene un equipo de escaladores que viven en la vereda. Se postula a Olmes para hacer los pagos a la cuadrilla de cosecha de seje. Martha y Hermides se encargan de contactar al moto carguero y abastecer de combustible, así mismo, de revisar y cargar los equipos para trasladarlos a la planta de transformación de ASOPROAGRO donde se realizará toda la fase de transformación.
Se recalca la participación del productor en la guianza de sitios potenciales donde se encuentran los frutos de palma en este caso seje para llevar la cuadrilla y cercanía del moto carguero. Contemplar alimentación, refrigerio e imprevistos que surjan en la fase de cosecha, como las compras necesarias para llevar a cabo el 13 de marzo. Carlos Batero se postula como responsable de las compras en San José del Guaviare.
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Anexo: Trabajo en campo
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Imagen 13. Orden del día, aspectos a considerar en el plan de cosecha Imagen 14. Actividades asociados a costos para el plan de cosecha.
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Imagen 15. Desglose de costos, actividades y roles para la cosecha y transformación para el plan de cosecha de seje-
A.
Anexo: Trabajo en campo
153
Fase de cosecha de seje FCDS programa la fase de cosecha de seje para el día miércoles 13 de marzo, para este día se cuenta con la participación de Daniel Bermúdez como líder de cosecha, la asistencia del moto carguero, equipo de FCDS. Una de las implicaciones para el aprovechamiento de los frutos de palma es contar con buen tiempo, esto significa que en las horas de la mañana no debe estar lloviendo, ya que esto dificulta el ascenso a las palmas y pone en riesgo al equipo cosechador.
Para esta actividad, fue necesario revisar el equipo de ascenso, entregado hace un año por FCDS para estas actividades, revisar los manuales de uso, manejo y armada de todo el equipo de seguridad. Disponer de los materiales necesarios para la desgranada, como son: guantes, lonas, cuerdas para enganchar el racimo, lona reflectiva para colocar debajo de la palma, hidratación para el equipo, cascos y gafas de Imagen 16. Reunión FCDS – COOMAGUA 8 de marzo de 2024.
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seguridad, entre otros factores que se requieren. Por último, nos distribuimos en grupos para cosechar de acuerdo a la oferta natural de frutos de seje para la fecha.
Importante resaltar que los mismos miembros de COOMAGUA describieron en el transcurso de la semana que la traviesa de seje estaba pasando dado que las lluvias registradas en las dos ultimas semanas tumbaron la mayoría de frutos maduros que se tenían registrados en las veredas potenciales. Esto dificulto la elección del predio a cosechar dado que teníamos como meta la cosecha de 500 kg de fruta madura.
En el transcurso del día nos dimos cuenta de los siguientes aspectos que tuvieron impacto en la fase de cosecha:
• No llegaron todos los integrantes convocados para la cuadrilla de cosecha lo que implico más tiempo en la fase de cosecha dentro de la selva.
• Ninguno tenia experiencia en el uso del equipo de altura, por lo cual necesitamos leer el manual de instrucciones y verificar que todos tuvieran las condiciones adecuadas. • La jornada empezó tarde dado que los participantes que venían de San José del Guaviare presentaron retrasos por problemas de en la vía.
• Dada la poca oferta de seje con fruto maduro en los predios priorizados, a ultimo minuto se decide ir al predio de Reynaldo Beltrán, sin embargo, este no alcanza a completar la meta, registrando un total de 110 kg.
• Los miembros de COOMAGUA que se comprometieron a estar en la actividad llegaron tarde o no estuvieron en todo el proceso lo cual molesto al equipo de trabajo ya que Daniel Bermúdez estaba solo liderando solo esta actividad.
A.
Anexo: Trabajo en campo
155
Con base en la poca oferta registrada en el predio de Reynaldo Beltrán se decide con la cuadrilla ir el siguiente día al predio del señor Álvaro Forero en la vereda Chuapal puesto que sostiene tener una traviesa de seje que puede ser cosechada. Esta actividad se realiza el día 14 de marzo en compañía del moto carguero y de la cuadrilla de trabajo liderada por Daniel Bermúdez. Las conclusiones de esta actividad según me cuenta Daniel Bermúdez es la poca oferta de fruto maduro presentada esta semana con respecto a la monitoreada hace 15 días, por lo que no se logro la meta de 500 kg si no de 206 kg sumado con lo recogido el día anterior. Este panorama, perjudico la fase de transformación dado que no se pudo utilizar el equipo con toda su capacidad, así mismo, la cantidad de aceite o pulpa se ve afectada por la cantidad mínima de materia prima disponible.
Imagen 17. Fase de cosecha liderada por Daniel Bermúdez en la casa de Reynaldo Beltrán
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Imagen 18. Equipo de cosecha 13 de marzo de 2024 Fase de transformación en planta de seje
En la fase de transformación contamos con 206 kilogramos distribuidos en 130 kilogramos para pulpa de fruta y 76 kilogramos para aceite. En esta fase contamos con la participación de dos jóvenes delegados por los miembros de COOMAGUA para aprender y apoyar la etapa de transformación en las instalaciones de ASOPROAGRO, en donde se llevaron los equipos como: Despulpadora, Horno de secado y estufa.
Esta actividad fue liderada por la ingeniera de alimentos de FCDS Viviana Gonzales, quien designo actividades a cada uno de los asistentes, nos capacito en lavado de equipos y asignación de quehaceres necesarios para cumplir con las normas que se requieren en plantas de producción de alimentos.
A.
Anexo: Trabajo en campo
157
Estas actividades constan de las siguientes fases que desglosare a continuación:
▪ Limpieza y desinfección ▪ Escaldado ▪ Despulpado ▪ Secado ▪ Molido ▪ Prensado ▪ Filtrado ▪ Envasar ▪ Almacenar.
Estas fases estuvieron lideradas por cada uno de los asistentes entre esos quien participo de manera constante y permanente fue Daniel Bermúdez, dado que no asistieron quienes se comprometieron a liderar este proceso Anderson y María de los Ángeles. Esta situación, fue solventada con mi participación que no estaba programa de manera constante y la participación de Jhon Barrios periodista de FCDS. Los jóvenes que asistieron a esta actividad fueron Sebastián y Junior, hermano e hijo de dos miembros de la cooperativa, claves para esa transferencia generacional que han solicitado las partes. Además de recibir la capacitación, dentro de los compromisos de COOMAGUA se estableció el pago a los asistentes a la fase de transformación para calcular los costos netos de lo que se requiere para llevar a cabo esta actividad. Fase de comercialización de seje.
Este proceso duro aproximadamente 4 días iniciando el día viernes 15 de marzo y culminando el 16 de marzo. Durante este proceso evidenciamos los siguientes imprevistos:
• Los equipos de transformación de COOMAGUA estuvieron sin uso por más de un año y no se hizo ninguna capacitación al respecto, por lo que no funcionaron al momento de ponerlos en operación para el caso de la despulpadora, eso sin contar con la perdida de garantía • El horno secador presento fallas en el motor dado a una mala secada después del proceso de desinfección, esto perjudico los indicadores a evaluar para este equipo. • La afectación a los equipos de planta, implico en el alquiler de los equipos de ASOPROAGRO para llevar a cabo toda la actividad.
• La ausencia de los miembros de COOMAGUA implico jornadas extensas de trabajo desde 8 am a 10 pm durante los 4 días, con el fin de dar cumplimiento a la feria de emprendimientos del 24 de marzo.
• Los requerimientos logísticos se solventaron durante la actividad donde muchas veces nos tocaba parar actividades para conseguir el material o el insumo para continuar las labores. • Resaltamos la importancia y apropiación de Daniel Bermúdez en el proceso de transformación gracias a los conocimientos en pastelería y panadería como de su experiencia en la transformación artesanal del aceite y pulpa de seje.
• Los jóvenes estuvieron atentos y apropiados de todo el proceso, innovando en cada una de las fases, procurando la buena comunicación en equipo y la resolución de imprevistos en corto plazo.
• La planta de ASOPROAGRO no posee agua de acueducto, consta de tanques de almacenamiento lo cual dificulto la actividad en el segundo día porque nos quedamos sin agua para los procesos de escaldado y despulpado. Esta situación puso a reflexionar a Daniel Bermúdez sobre el proceso del lote que tienen planteado para la planta de transformación.
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Imagen 19. preparación de equipos y organización de materia prima para iniciar proceso de transformación.
A.
Anexo: Trabajo en campo
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Imagen 20. Proceso de despulpado equipo de transformación
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Imagen 21. Distribución del trabajo, procesos y planillas para el proceso de transformación. Fase de comercialización Feria Nuestra tierra San José del Guaviare
La feria Nuestra tierra estuvo programada para el 24 y 25 de marzo, para esta ocasión se contó con la participación de un stand de COOMAGUA para la presentación y sonde de mercado del aceite de seje. Esta muestra comercial fue un proyecto piloto que realizaron el año pasado, dado a que por tiempos y rendimientos no alcanzo la materia prima para sacar el aceite requerido para la feria. En esta actividad contamos con dos puestos comerciales, el primero con el puesto de las CAPRICHOSAS, ofreciendo los productos de galletería y pulpa de seje. El segundo puesto liderado por Sandra Mahecha y Damaris, ambas pertenecientes a los miembros de COOMAGUA, como las lideres comerciales para el aceite de seje y limonada de seje, producto innovador del resultado del proceso de transformación.
Aspectos relevantes durante esta actividad:
• No contemplamos la degustación comercial del aceite por lo cual nos tocó buscar goteros y material para tener la muestra abierta al público.
• El espacio fue compartido con el emprendimiento de Sabores Rupestres con su presentación de mermeladas amazónicas, productos que promovieron la muestra del aceite seje.
A.
Anexo: Trabajo en campo
161
• Sandra Mahecha estaba nerviosa porque era su primera vez como asesora comercial del aceite, desafío que supo solventar muy bien a lo largo de la jornada, además del acompañamiento de su hija en toda la jornada.
• Damaris presenta muy bien la limonada de seje, salvo que estuvo intermitente durante la jornada, se mostró interesada por aprender más de este proceso.
• El precio del aceite fue atractivo ya que promocionamos precio de feria a 40.000 esto como un chequeo de mercado conocer la apreciación de la gente.
• Se vendieron un total de 10 aceites, 6 en la feria y 4 en Bogotá. La presentación fue crucial para la venta además de su precio, puesto que conocer el contexto y la ventaja de ser producto forestal no maderable. Mostro ventajas con respecto a otros aceites comerciales. • Vimos la importancia de resaltar estos espacios como escenarios de aprendizaje continuo, para Sandra este proceso fue enriquecedor además de demostrar sus capacidades para la venta se profundizo en la necesidad de apropiarse de los productos a comercializar por todo el trasfondo que lleva.
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Imagen 22. Puesto Comercial las Caprichosas.
Imagen 23. Sandra y Damaris con el aceite y limonada de seje en la feria Nuestra Tierra 24 de marzo.
A.
Anexo: Trabajo en campo
163
Imagen 23. Productos de seje en puesto de venta de COOMAGUA Feria Nuestra Tierra 24 de marzo de 2024.
B.
Anexo:
Consentimiento informado para la participación en una investigación
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
A.
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
A.
C.
Anexo: Guion para la Visita a las Fincas (Entrevista Participativa de escenarios de visión sobre percepciones en Manejo del Bosque, desarrollo económico y Unión del Cooperativa):
1. Presentación y Contextualización (15 minutos):
• Saludo y presentación.
• Breve explicación del propósito de la visita centrado en compartir experiencias sobre cómo han cuidado y aprovechado juntos el bosque, así como cómo esto ha influido en el desarrollo económico.
• Solicitud de material audiovisual:
• Introducción: "Antes de empezar, me encantaría tener una comprensión más completa del contexto y la historia de COOMAGUA. ¿Sería posible que, durante nuestra visita, compartieran algún material visual o documentos que consideren importantes para ilustrar la evolución del manejo del bosque y las actividades que considere importantes?" • Explicación del Propósito:
• "La idea es enriquecer nuestra conversación y comprensión. Puede ser cualquier cosa, desde fotografías antiguas hasta mapas, registros o cualquier documento que crean que refleja la historia y el trabajo del colectivo. Esto nos ayudará a construir una línea de tiempo más precisa y significativa." • Asegurar la Comodidad:
• "Quiero enfatizar que su participación es completamente voluntaria, y cualquier material que compartan será tratado con el mayor respeto y confidencialidad. La idea es construir juntos un relato fiel y enriquecedor de su experiencia."
• Durante el Recorrido por la Finca:
• "Mientras caminamos por la finca y conversamos sobre sus experiencias, si en algún momento surgen fotografías, documentos o cualquier material visual que les gustaría compartir, por favor siéntanse libres de hacerlo. Será de gran ayuda para nuestra investigación."
• Permiso para Grabar: Explicar claramente el propósito de la grabación y cómo se utilizará la información. Asegurarme de destacar que su participación es voluntaria y que cualquier información sensible será tratada con confidencialidad.
"Previamente, me gustaría obtener su permiso para grabar esta conversación. La grabadora de voz se utilizará para asegurarnos de no perder ningún detalle importante y facilitar el análisis posterior. ¿Están cómodos con eso?"
Esperar su aprobación y continuar.
2. Proponer breve recorrido por la Finca o actividad cotidiana (30 minutos):
Preguntas observacionales y contextuales:
A.
Anexo: Trabajo en campo
171
• Pasado: ¿Podría contarme alguna historia del pasado de cómo ustedes, como colectivo o familia, han cuidado y utilizado el bosque?
• Presente: ¿Qué actividades están haciendo actualmente en el bosque que beneficien a todas las familias en la cooperativa?
• Futuro: ¿Cómo visualiza que la cooperativa pueda seguir cuidando y usando el bosque en el futuro?
3. Entrevista Participativa (45 minutos):
Buscar un entorno como para sentar a los participantes para la conversación. Preguntas sobre Cuidado del Bosque y Unión del Colectivo:
• Pasado: ¿Cuándo piensa en el bosque, hay alguna experiencia pasada que te haga sentir orgulloso/a como parte de la cooperativa?
• Presente: ¿Cómo describiría la forma actual en que todos o usted trabajan para cuidar el bosque? • Futuro: ¿Puedes compartir alguna visión o sueño para la cooperativa en relación con el bosque?
4. Pregunta sobre Definición de Colectivo o Comunidad (10 minutos):
Definición: ¿Cómo definiría la palabra "cooperativa" o "comunidad" en el contexto de cómo trabajan juntos en el bosque?
Preguntas sobre Desarrollo Económico Campesino (20 minutos):
• Pasado: ¿Cómo las actividades que realizan en el bosque han contribuido al desarrollo económico en el pasado?
• Presente: ¿Hay alguna actividad actual en el bosque que esté generando ingresos para las familias?
• Futuro: ¿Cómo te gustaría que el bosque contribuyera al desarrollo económico en el futuro?
5. Conclusiones y Compromisos (10 minutos):
• Pasado: Resumen de los puntos clave discutidos en el pasado. • Presente: Preguntas abiertas sobre aspectos actuales importantes. • Futuro: Compromisos para el taller de línea de tiempo, destacando la importancia de construir juntos un futuro sostenible.
6. Despedida (10 minutos):
• Agradecimiento por la colaboración y por compartir sus vivencias. • Recordatorio del próximo taller de línea de tiempo y la importancia de continuar construyendo juntos.
• Informarles sobre el listado y actividades próximas de COOMAGUA en el plan estratégico de cosecha (revisar reunión del viernes con FCDS)
D.
RELATORÍA No. 1 DE 2025 Cierre del Programa de Forestería Comunitaria Fecha: 30 de abril de 2025 Hora: 9:00 a.m. a 3:00 p.m.
Lugar: Caseta comunal El Capricho Participantes:
• Productores inscritos en el programa de forestería comunitaria • Socios y junta directiva de COOMAGUA • Equipo FCDS • Tesista de COOMAGUA
1. Inicio y bienvenida
El evento inició con una actividad rompehielo dirigida por el equipo de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS), que permitió a los participantes saludarse y preparar el ambiente para el diálogo.
La coordinadora Angélica Rojas dio la bienvenida al encuentro resaltando la importancia de El Capricho como un pilar para el desarrollo del Guaviare. Recordó el año 2018 como el punto de partida del programa de forestería comunitaria, época en la que aún no se tenía claridad sobre el concepto ni su relevancia para la región. Insistió en la necesidad de evaluar lo que ha ocurrido entre 2018 y 2025, destacando tanto los avances como los aspectos por mejorar. Mencionó la importancia de reconocer el papel clave de las juntas de acción comunal en la toma de decisiones, señalando con énfasis: “Hay que traer el rejo afinado”.
Harold Ospino compartió su experiencia desde que ingresó al programa, cuando cerca de 100 productores se inscribieron con interés en participar. Reiteró el compromiso constante de la Fundación con este proceso y cómo el programa ha abierto nuevas oportunidades para las familias de las veredas. Hizo un recorrido por cada una de las etapas y proyectos del programa, destacando su pertinencia y valor para las comunidades.
Juliana, parte del equipo de FCDS, invitó a reflexionar sobre las experiencias vividas en el programa y a escribir en los formatos entregados los aprendizajes y saberes construidos. Raúl Gómez, líder forestal
A.
Anexo: Trabajo en campo
173
del programa, motivó al grupo a expresar con ejemplos concretos lo aprendido, proponiendo que la conversación se desarrollara de forma participativa.
2. Dialogo participativo algunos productores y equipo de Forestería Comunitaria
FCDS sobre lo valioso del programa.
• Nancy Rodríguez:
expresó su agradecimiento al equipo de FCDS por los proyectos ejecutados, destacando especialmente la iniciativa de cercar los caños, ya que esto ha evitado que el ganado los dañe. También resaltó lo significativo de trabajar con la corporación CDA en la gestión de permisos domésticos y en la conservación de las orillas de las quebradas.
• Raúl Gómez:
explicó que esta estrategia permitió acercar la corporación a los territorios, demostrando que el acceso a los permisos es posible. En total, se otorgaron 91 permisos individuales. • Jaime Castillo:
reconoció el trabajo de FCDS y manifestó su deseo de que esto solo sea la clausura de una primera etapa. Recordó que anteriormente solo se pensaba en el ganado, lo que estaba provocando la pérdida de fuentes hídricas. Señaló también algunas falencias, como la distribución del material vegetal, que en varios casos llegó en condiciones no adecuadas, ocasionando desperdicios. Mencionó como ejemplo árboles que costaban entre 2.500 y 3.000 pesos colombianos y que se secaron por mal manejo. Para él, el mejor proyecto ha sido la protección de cuencas hidrográficas, ya que tiene un impacto directo en el ambiente. Concluyó diciendo que aún tienen esperanzas en la continuidad del programa y desean saber si seguirá adelante.
• Astrid:
agradeció a la Fundación por el trabajo desarrollado a través del programa de forestería comunitaria. • Rudby:
manifestó que fue un privilegio reencontrarse con los productores y el equipo de FCDS, y resaltó la trayectoria del programa en la región. Lo que más valoró fue la planificación de la finca, ya que le permitió aprender a dejar quieta la selva, a cuidarla, y a no talar los árboles innecesariamente. • Luis:
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
compartió que la experiencia fue muy bonita. Como él lo expresó, “uno es un novato” y gracias al programa comprendió que todo se puede lograr en conjunto. Destacó especialmente el proyecto de apicultura, y expresó su deseo de que el programa continúe.
• Reinaldo:
agradeció por los conocimientos adquiridos, sobre todo en la protección de los caños y en cómo llevar un orden en la finca. Manifestó su esperanza de que el proyecto permanezca en el tiempo. • Álvaro:
también expresó sus agradecimientos por los aprendizajes y la experiencia vivida. • Luis (del colegio de El Capricho):
manifestó con entusiasmo que el colegio fue tenido en cuenta por la FCDS dentro del programa. Afirmó que todo lo prometido fue cumplido, lo que generó satisfacción en los estudiantes. Concluyó que, a la luz de los resultados, el programa debería continuar.
• Milena:
agradeció a FCDS por los proyectos implementados y aseguró que gracias a estos la finca ha mejorado. Señaló que los campesinos ya no viven solo de la leche, sino que han diversificado sus actividades. Mencionó la entrega de árboles de chocolate y expresó su deseo de seguir fortaleciendo estos espacios. • Luis Urrego:
resaltó que este tipo de proyectos fortalecen las fincas, no solo por los materiales sino también por las charlas y viajes organizados. Animó a que el programa continúe en la región y afirmó su respaldo para seguir participando en forestería comunitaria.
• David Reyes:
invitó a pensar de forma distinta, como parte del sentido que ha tenido el proceso para los participantes. • Delphia:
afirmó que uno de los pilares fundamentales del programa fue el acto de sembrar un árbol y aprender a conservarlo por 20 o 25 años. Consideró esencial que el proceso siga motivando y tenga un impacto positivo en las nuevas generaciones.
• Marlen:
expresó estar muy contenta con el programa, ya que ha generado mejoras en su finca. Comentó que gracias a este se animó a participar y se sintió orgullosa del viaje en el que pudo participar. Aseguró que FCDS cumplió con lo prometido y expresó su deseo de que el trabajo continúe.
A.
Anexo: Trabajo en campo
175
3. Palabras del representante legal de COOMAGUA:
Hermides Moreno, representante legal y gerente de COOMAGUA, tomó la palabra para presentarse ante los asistentes. Señaló que COOMAGUA es un fruto directo del proceso de forestería comunitaria y felicitó a quienes han sido parte del camino recorrido. Reconoció que, aunque no ha sido fácil, los compromisos asumidos se han cumplido y se han superado diversas dificultades. Destacó que desde septiembre de 2022 la cooperativa está legalmente constituida y que se han logrado importantes avances. El proceso ha sido diverso, especialmente por la variedad de frutos trabajados, lo cual considera un indicador de éxito. Subrayó que quienes integran la cooperativa tienen claro el rumbo y que la meta es sumar más manos al proyecto. Informó que ya cuentan con permisos de aprovechamiento para seje y asaí, aunque las condiciones de seguridad, el cambio climático y la falta de organización en las cosechas han impedido su implementación.
En relación con la meliponicultura, comentó que ya se tienen los permisos aprobados por la CDA. En cuanto a los viveros, se han logrado cuatro viveros certificados y se firmó un contrato con FCDS para la entrega de material vegetal. Además, se está explorando la posibilidad de consolidar un proyecto que permita vincular socios interesados en el desarrollo regional, mediante la consecución de recursos. Hermides hizo una crítica a ASOCAPRICHO, mencionando que es una asociación de papel que no cuenta con estructura ni requisitos para presentarse a convocatorias. En contraste, destacó que COOMAGUA está lista para participar en proyectos y ampliar su base de socios. Actualmente cuenta con 15 personas, pero se necesita más gente para potenciar el uso de frutos como el asaí y el seje. Reiteró la necesidad de articularse con los finqueros, contar con información a tiempo y garantizar una remuneración económica para quienes apoyen los procesos desde la cooperativa. Concluyó extendiendo
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
una invitación abierta a unirse a la familia de COOMAGUA y resaltó la importancia de establecer estrategias más cómodas de participación.
Jaime Castillo preguntó con interés qué se ha logrado hasta ahora en la cooperativa.
4. Dialogo participativo algunos productores y equipo de Forestería Comunitaria
FCDS sobre qué cosas cambiaría del programa.
• Productor 1:
sugirió que la FCDS realice seguimiento a los proveedores de vivero, especialmente en lo relacionado con la mezcla del sustrato, para garantizar que las plantas lleguen en buenas condiciones. • Luz:
agradeció a la Fundación por el trabajo realizado y recomendó que las plántulas sean entregadas a tiempo. • Nubia Quintero:
comentó que es importante que los árboles se entreguen en el momento adecuado, ya que los retrasos afectan el desarrollo de los proyectos.
• Obviedo Martínez:
insistió en que los materiales deben llegar a tiempo, y no en época de verano cuando las condiciones no favorecen la siembra. También propuso apoyar a los productores en el acceso al agua para el ganado, especialmente ahora que ya se han instalado cercas.
• Daniela:
resaltó la importancia de que las plántulas lleguen en buen estado y sugirió hacer seguimiento al estado del producto entregado.
• Raúl Gómez:
intervino para explicar las causas de los problemas con la calidad del material vegetal, aclarando que estos son aprendizajes que permiten mejorar la gestión en futuras entregas.
A.
Anexo: Trabajo en campo
177
• Jaime Castillo:
consideró que una de las falencias del programa fue no haber contratado adecuadamente la entrega de los árboles, lo cual generó retrasos significativos.
• Raúl Gómez:
agregó que hubo factores de orden público que afectaron la logística y entrega del material en su momento.
• Productor 2:
propuso contratar a personas de las veredas para labores relacionadas con cultivos como el cacao y los cítricos, especialmente aquellos productores que no tienen ganado.
• María:
explicó que esta primera fase fue un proceso de aprendizaje y que por eso mismo hay voluntad de seguir avanzando y mejorando.
FCDS está interesado en continuar con el proyecto.
5. Actividad grupal liderada por FCDS
El equipo de FCDS organizó una actividad grupal con los participantes, dividiéndolos en tres grupos de trabajo. Cada grupo abordó una temática diferente, rotando entre ellas de manera simultánea:
• Evaluación de aspectos positivos y negativos del programa de forestería comunitaria, usando una dinámica con caritas (feliz, indiferente y triste). Se resaltó que las necesidades pueden variar entre productores.
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
• Línea de tiempo del programa, repasando su evolución desde la llegada de la forestería comunitaria, considerando aspectos sociales, económicos, ambientales y políticos.
• Entrevistas lideradas por Juliana, quien formuló preguntas relacionadas con la percepción del programa y los sentimientos y expectativas de los participantes respecto al proceso.
6. Cierre y conclusiones del evento
A.
Anexo: Trabajo en campo
179
Angélica Rojas compartió unas palabras finales, resaltando la experiencia vivida a través del programa y los avances logrados, tanto en términos ambientales como en el rendimiento económico de las fincas. Harold Ospino habló sobre las proyecciones del programa de forestería comunitaria, mencionando que la Embajada de Noruega ha mostrado interés en darle continuidad por tres años más. Explicó que el objetivo es seguir fortaleciendo el bienestar de las familias mediante una valoración económica del bosque. Se planteó que la forestería comunitaria es una estrategia de desarrollo que empodera a las poblaciones locales, promoviendo medios de vida sostenibles y autogestión en la conservación. La visión es que las comunidades puedan ser las principales gestoras del proceso, sin depender únicamente de la cooperación internacional.
Angélica destacó que esto requiere una nueva fase con compromisos y reglas del juego distintas. Se insistió en que la forestería comunitaria debe verse como una herramienta de gobernanza y ordenamiento territorial a nivel regional, y que lo más importante es continuar fortaleciendo la capacidad de los asociados, especialmente en planificación predial sostenible.
7. Compromisos COOMAGUA -FCDS.
Durante el cierre del evento, se establecieron compromisos específicos relacionados con la posible compra del predio El Cristal:
- Se debe justificar la compra del predio El Cristal, ya que existe una oportunidad concreta de adquisición.
- La fecha límite para el pago del predio es el 31 de mayo, por lo que urge avanzar en el proceso de
titulación colectiva.
- Es necesario revisar los aspectos jurídicos relacionados con las donaciones para colectivos, y elaborar
un acta con los compromisos que asume COOMAGUA en esta adquisición. Esta acta debe anexarse a los documentos de titulación.
- El predio será recibido a nombre de COOMAGUA.
- El acta debe indicar quiénes estarán a cargo de la vigilancia y funcionamiento del predio. Andrés y
Wendy brindarán apoyo en este aspecto.
- Noruega ha hecho una excepción para la compra de este predio, debido a los beneficios que traerá a la
región.
- Se convoca a una reunión extraordinaria el próximo 12 de mayo a las 9:00 a.m. en el lote El Cristal. Se deberá llevar una minuta
completa de la reunión para su aprobación en asamblea.
- Andrés será responsable de alistar los documentos de COOMAGUA y se deberá reflexionar colectivamente sobre las responsabilidades que
esto implica.
E.
Matriz Mapeo de actores de COOMAGUA
Actor
Breve descripció n
Tipo de organizació n
Escala geográfica
Interé s (1-3)
Influenci a (1-3)
Vínculo entre actores
ÁREA SECTORIAL
DE INTERÉS
SISTEMA
Observacione s cualitativas Producción forestal Viveros forestales y restauración Sistemas agroforestales Herramientas para el manejo Organización y asociatividad Educación y formación Comercialización y cadenas Planificación territorial y Asistencia técnica y monitoreo Bosque natural Sistemas agroforestales Zonas de restauración Cuerpos de agua dulce Áreas de uso agropecuario Territorios culturales
COOMAGUA
Organización comunitaria campesina con personería jurídica de cooperativa. Lidera el programa de forestería comunitaria en Guaviare y coordina procesos de producción, transformación, comercialización y formación con enfoque territorial.
Organizaciones locales
Local
3
3
Protagonist a
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X Actor central del proceso.
Coordina acciones productivas, organizativas y formativas. Punto de conexión entre aliados institucionales y productores rurales.
Agrupa liderazgo comunitario local, su
A.
Anexo: Trabajo en campo
181
ASOCAPRICHO
(JAC
de las 7 veredas) Asociación integrada por líderes y Juntas de Acción Comunal de siete veredas del área rural de San José del Guaviare. Promueve la organización comunitaria en torno al bosque, los acuerdos de conservación y la forestería comunitaria.
Organizaciones locales
Local
3
2
Colaborado r
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X historia y sus dinamicas. Su capacidad de movilización territorial ha sido clave para la expansión del programa forestería Comunitaria
Mujeres campesinas
(ASOFAPROCAGUA
)
Grupo de mujeres rurales con liderazgo en viveros, recolección de productos forestales no maderables y procesos de formación. Fortalecen el rol del cuidado, la alimentación y la
economía campesina en la forestería
comunitaria.
Organizaciones locales
Local
3
2
Colaborado r
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
Han jugado un rol fundamental en viveros y
PFNM.
Integran trabajo productivo y tareas de cuidado, aportando al arraigo territorial.
Jóvenes rurales
Grupo de jóvenes que participan como técnicos, asistentes de campo o emprendedores rurales. Involucrados en viveros parcelas y procesos de formación, son clave para el relevo generacional en la gestión del bosque.
Organizaciones locales
Local
3
1
Colaborado r
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X Su participación como técnicos ha sido intermitente y es clave. Representan el relevo generacional, aunque su permanencia depende de oportunidades educativas y laborales.
Productores del programa de forestería comunitaria Familias campesinas que participan activamente en el programa de forestería comunitaria. Implementan actividades de aprovechamiento forestal, restauración y manejo productivo de los bosques en sus parcelas.
Organizaciones locales
Local
3
2
Colaborado r
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X Son la base operativa del programa.
Participan en el diseño de parcelas SAF, acuerdos de uso, y acciones de conservación productiva.
Viveristas Productores locales que se dedican a la propagación de especies nativas en viveros comunitarios. Son responsables
del mantenimiento, producción y
distribución de plántulas para
restauración y forestería comunitaria.
Actores clave en COOMAGUA, linea productiva que ya esta dando ganancias a los socios.
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
Organizaciones locales
Local
3
3
Protagonist a
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X Aportando a los indicadores de restauración ecológica y conservacion. Su conocimiento local sobre especies y temporadas complementa los saberes técnicos externos.
Actualmente tienen una red de viveristas con 4 viveros certificados
Productores de
PFNM
Recolectores y transformadores de productos forestales no maderables como seje, açaí o copoazú. Participan en las cadenas de valor del bosque y en estrategias de uso sostenible que
articulan conservación y economía rural.
Organizaciones locales
Local
3
3
Protagonist a
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
Vinculados a cadenas de valor de frutos como seje y asaí. Su actividad se concentra en temporadas específicas de recolección, muchas veces en zonas cercanas a cuerpos de agua. Las actividades se realizan en los bosques de las fincas que cuentan con permisos y autorizaciones de aprovechamiento aprobadas.
Tienda
COOMAGUA
Espacio comunitario operado por COOMAGUA que articula comercialización local de productos forestales, víveres y elementos para el trabajo rural. También funciona como punto de encuentro y abastecimiento para familias de la cooperativa.
Organizaciones locales
Local
3
3
Protagonist a
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
Espacio físico y social de encuentro campesino. Allí se gestionan decisiones organizativas, venta de productos y fortalecimiento de vínculos entre los productores y socios de COOMAGUA.
A.
Anexo: Trabajo en campo
183
Alcaldía de San José del Guaviare
Entidad pública de nivel municipal. Tiene competencia en desarrollo rural, infraestructura y ordenamiento territorial.
Ha participado en articulaciones interinstitucionales en torno a proyectos productivos y ambientales.
Instituciones públicas
Municipal
2
1
Observador
X
X
X
X
X
X
X
X
Ha participado de forma intermitente en iniciativas ambientales. Su apoyo depende de la administración de turno y de articulaciones externas.
Gobernación del Guaviare
Autoridad política departamental. Apoya el programa de forestería comunitaria a través de recursos para capacitación, planificación predial, incentivos forestales y articulación con otras entidades del orden nacional.
Instituciones públicas
Regional
2
2
Observador
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
Apoya procesos mediante convenios o proyectos específicos. Su incidencia es importante en escalas interinstitucionales, aunque no sostenida.
SENA
Entidad pública de formación técnica y tecnológica. Desarrolla procesos educativos en viveros, transformación de PFNM, emprendimiento y sostenibilidad con jóvenes y adultos del sector rural en Guaviare.
Instituciones educativas y de investigación
Regional
3
2
Colaborado r
X
X
X
X
X
X
X
X
X
Aliado formativo clave. Ha contribuido a procesos de capacitación forestal, transformación y liderazgo técnico juvenil.
Ministerio de Ambiente Entidad nacional rectora de la política ambiental. Su rol en forestería comunitaria se relaciona con normativas, trazabilidad y estrategias nacionales de uso sostenible del bosque y cambio climático.
Instituciones públicas
Nacional
2
3
Influyente
X
X
X
X
X
X
X
X
X
Define normativas y políticas marco.
Tiene incidencia estructural pero no opera directamente en el territorio con
COOMAGUA.
Instituto SINCHI Instituto de investigación científica especializado en la
Instituciones educativas y de investigación
Nacional
2
3
Influyente
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
Ha generado insumos técnicos y de monitoreo. Su conocimiento ha sido usado por
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
Amazonia colombiana. Apoya procesos de monitoreo, enriquecimiento forestal, valoración de PFNM y asistencia técnica con enfoque territorial.
entidades como FCDS y CDA para apoyar decisiones.
CDA
Autoridad ambiental regional en el Guaviare. Participa en licenciamiento,
monitoreo y acompañamiento técnico a
procesos comunitarios de manejo forestal, restauración y conservación.
Instituciones públicas
Regional
3
3
Protagonist a
X
X
X
X
X
X
X
X
Autoridad ambiental regional. Clave para trámites, licencias, planes prediales y seguimiento técnico de los bosques naturales.
Actualmente aprobo el aprovechamiento forestal persistente de frutos de asai y seje.
ICA
Entidad pública encargada de la sanidad agropecuaria y certificaciones. Participa en inspección de productos, control fitosanitario y regulación para la transformación y comercialización de productos derivados del bosque.
Instituciones públicas
Nacional
1
3
Influyente
X
X
X
X
X
X
X
Tiene funciones de inspección y certificación sanitaria. Ha participado en procesos de control y normatividad para los viveros forestales
PNN
Autoridad ambiental nacional en áreas protegidas. Su rol se relaciona con el ordenamiento de zonas de amortiguamiento conservación del bosque y armonización de la forestería comunitaria con las figuras de protección.
Instituciones públicas
Nacional
2
2
Observador
X
X
X
X
X
X
X
X
Aunque no opera directamente en las veredas del programa, participa en mesas técnicas e iniciativas de conectividad ecológica.
Fundación FCDS ONG ambiental aliada del programa de forestería comunitaria. Acompaña técnicamente procesos de planificación, restauración, monitoreo, viveros y
ONGs y cooperación internacional
Regional
3
3
Protagonist a
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X Principal ejecutor técnico del programa de forestería comunitaria.
Canaliza cooperación internacional
A.
Anexo: Trabajo en campo
185
acuerdos productivos con comunidades rurales del Guaviare.
(USAID, Embajada de Noruega), coordina procesos de planificación, formación y comercialización.
Fondo Patrimonio Natural
Entidad de cooperación que canaliza recursos financieros para la conservación. Apoya acuerdos voluntarios de uso sostenible del bosque y proyectos de forestería comunitaria desde una perspectiva de desarrollo sostenible.
ONGs y cooperación internacional
Nacional
2
2
Observador
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
Participó como canal financiero de proyectos de conservación en fases previas. Su rol ha sido indirecto pero clave en el diseño de esquemas de incentivos.
Proyecto GEF Programa financiado por cooperación internacional para fortalecer la gobernanza territorial y la conservación en la Amazonia. En Guaviare, ha impulsado el modelo de forestería comunitaria y acuerdos de conservación.
ONGs y cooperación internacional
Nacional
3
2
Colaborado r
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
Financiador estructural del programa de forestería comunitaria. Su incidencia se dio en conjunto con la Fundación FCDS.
WWF Colombia ONG ambiental de escala nacional e internacional. Promueve estrategias de conservación, cadenas de valor sostenibles y gobernanza participativa en bosques amazónicos, incluyendo iniciativas productivas comunitarias.
ONGs y cooperación internacional
Nacional
1
2
Observador
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
ONG que ha acompañado procesos de planificación territorial y fortalecimiento comunitario en otras zonas del Guaviare.
Ha tenido presencia muy intermitente en eventos con
COOMAGUA.
ONF Andina ONG internacional especializada en ordenación forestal y monitoreo. Ha trabajado en parcelaciones, cartografía
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
Aportó herramientas técnicas para ordenamiento predial y parcelación.
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
forestal y acompañamiento técnico a procesos comunitarios en zonas de posconflicto.
ONGs y cooperación internacional Regional
3
1
Colaborado r Su vínculo con COOMAGUA fue más fuerte en etapas iniciales del proceso, ademas de aportar equipos de alturas para la cosecha de
PFNM.
Banco Mundial / ASL
Entidad financiadora de programas de conservación y desarrollo sostenible en la Amazonia. Ha apoyado la estructuración de esquemas de forestería comunitaria y acuerdos productivos en áreas de posconflicto.
ONGs y cooperación internacional
Internaciona l
2
1
Observador
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
Financiador de estrategias regionales de conservación. Ha apoyado indirectamente a COOMAGUA a través de proyectos implementados por aliados como FCDS y SINCHI.
Escuela rural El Capricho
Institución educativa de nivel básico y medio ubicada en zona rural. Participa en procesos de formación ambiental y de identidad territorial con niños, niñas y jóvenes vinculados a familias productoras del programa forestal.
Instituciones educativas y de investigación
Local
3
1
Colaborado r
X
X
X
X
X
X
X
X
Espacio educativo rural. Ha sido parte de procesos de sensibilización ambiental y formación técnica de jóvenes vinculados al programa.
Instituto Humboldt Centro de investigación en biodiversidad y servicios ecosistémicos. Aporta conocimiento técnico y científico para la gestión del bosque, los sistemas socioecológicos y la valoración de productos forestales.
Instituciones educativas y de investigación
Nacional
2
1
Observador
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
Ha desarrollado investigaciones y recomendaciones sobre servicios ecosistémicos y gobernanza ambiental en la Amazonia. Su vinculación con COOMAGUA ha sido con los socios en monitoreo acustico de fauna en los bosques de cada finca.
A.
Anexo: Trabajo en campo
187
Universidad EAN Institución de educación superior que ha desarrollado procesos de fortalecimiento empresarial y diseño de cadenas de valor sostenibles con organizaciones comunitarias en la Amazonia.
Instituciones educativas y de investigación
Nacional
2
2
Observador
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
Acompañó la estructuración de planes de negocio y asesorías en bioeconomía. Ha colaborado puntualmente en la valorización de
PFNM.
Medios de comunicación local (radio comunitaria)
Radios comunitarias que cubren la zona rural del Guaviare. Difunden información sobre el programa de forestería comunitaria, promueven la
identidad campesina y fortalecen el
tejido social y cultural.
Medios de comunicación local
Local
1
1
Observador
X
X
Han contribuido a visibilizar el proceso en espacios radiales comunitarios. Su rol ha sido más social y cultural que técnico o político.
Bosque o selva
Sistema ecológico y cultural que sostiene la vida campesina y comunitaria. Es un espacio de historia, memoria y sentires para las familias rurales, donde se entrelazan la producción, la espiritualidad y el cuidado del territorio. Representa la base viva del programa de forestería comunitaria y el ideal de conservación colectiva.
Relaciones socioecológicas
Local
3
3
Protagonist a
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
Es el eje central ecológico, productivo y simbólico del programa. Da sentido a la forestería comunitaria como estrategia de vida campesina.
Ríos, caños y quebradas
Sistemas de agua dulce esenciales para la vida en el territorio. Aportan a la reproducción de especies, a las prácticas productivas y culturales, y son parte integral del paisaje manejado por los quienes las habitan.
Relaciones socioecológicas
Local
3
3
Protagonist a
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X Ecosistemas fundamentales para la biodiversidad, la agricultura y la recolección de frutos como el asaí. Son parte integral de la lógica territorial de
COOMAGUA.
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
Potreros o áreas abiertas
Espacios dedicados tradicionalmente a la ganadería o a la apertura de cultivos. Representan una presión sobre el bosque, pero también una oportunidad para prácticas de restauración, sistemas agroforestales o usos sostenibles del suelo.
Relaciones socioecológicas
Local
X
X
X
X
X
X
X
X Representan el uso extensivo del suelo, en tensión con los objetivos de conservación. Se reconocen como áreas de potencial transición hacia sistemas sostenibles.
Finca
Unidad productiva campesina donde confluyen el trabajo, la familia, la vida cotidiana y la relación con el bosque. Es el lugar donde se implementa el modelo de forestería comunitaria, articulando cultivos, conservación y territorio.
Relaciones socioecológicas
Local
3
2
Colaborado r
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
Unidad territorial básica donde se articula el bosque, la producción, la vivienda y la vida campesina. Centro operativo del modelo de forestería.
Campesinos ganaderos
Productores rurales que desarrollan actividades ganaderas como parte de su economía familiar. Su relación con el bosque varía entre tensión y posibilidad de transición hacia modelos sostenibles como sistemas silvopastoriles.
Organizaciones locales
Local
2
2
Observador
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X Grupo clave para comprender la dinámica del territorio. Su vinculación con el programa es variable, y representa tanto retos como oportunidades para la sostenibilidad.
Grupo armado ilegal Actor de poder no institucional presente en algunas zonas rurales del Guaviare. Su influencia territorial afecta la movilidad, la seguridad y las dinámicas de implementación del programa de forestería comunitaria.
Actores de poder no institucional
Regional
1
3
Influyente
X
X
X
X
X
X
X
Actor de poder territorial no institucional. Su presencia limita el acceso, la movilidad y la implementación de proyectos en algunas zonas.Sus directrices condicionan el manejo del territorio y los productos que
A.
Anexo: Trabajo en campo
189
coomercializa
COOMAGUA
ASOPROAGRO
Asociación campesina regional que cosecha y comercializa frutos amazónicos. Es socio comercial de COOMAGUA para la compra de materia prima de açaí y seje en el Guaviare, promoviendo encadenamientos productivos con enfoque territorial.
Organizaciones locales
Regional
3
2
Colaborado r
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X Asociación campesina regional que compra y transforma frutos amazónicos a
COOMAGUA.
Aliado comercial estratégico en la cadena de valor del seje y asaí.
Alimento de Selva Emprendimiento enfocado en el aprovechamiento sostenible de frutos del bosque amazónico. Actúa como aliado comercial de COOMAGUA para la compra de açaí y seje, con un enfoque en bioeconomía desde los territorios.
Instituciones privadas
Regional
3
2
Colaborado r
X
X
X
X
X
X
X
X
Emprendimiento con enfoque bioeconómico. Ha establecido relaciones comerciales con COOMAGUA para la compra de PFNM, fomentando circuitos alternativos de comercialización.
ASOPROCEGUA
Asociación campesina regional que comercializa productos forestales no maderables. Coopera con COOMAGUA como comprador de
frutos amazónicos, especialmente açaí y
seje, articulando circuitos cortos de comercialización.
Organizaciones locales
Regional
3
2
Colaborado r
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X Asociación regional aliada en la comercialización de frutos amazónicos.
Su cooperación en transformacion de PFNM refuerza la articulación intercampesina y la salida de producto a mercados.
Agroindustrias del Bosque Amazónico
SAS
Empresa familiar localizada en San José del Guaviare, dedicada a la transformación de aceites vegetales. Vinculada como socia comercial de COOMAGUA en la compra de frutos
Regional
3
2
X
X
X
X
X
X
X
X
X
Empresa familiar que transforma frutos amazónicos en aceites. Ha desarrollado relaciones comerciales
Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare.
amazónicos, contribuyendo a la valorización de productos del bosque Instituciones privadas Colaborado r sostenibles con COOMAGUA y participa en procesos de transformación local de pulpa y aceite para
COOMAGUA.
Actualmente cuenta con registro
INVIMA.
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Cita: Sanchez Quintero, Shallon Natalia (2026), Fortaleciendo la forestería comunitaria: participación social activa de COOMAGUA en la apropiación de proyectos de manejo forestal basados en bioeconomía en el Guaviare., Universidad Nacional de Colombia, p. N. https://repositorio.unal.edu.co/handle/unal/89671