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Entre la herida y la fisura: la literatura escrita por mujeres como posibilidad de resistencia

María Camila Calderón Castaño

Trabajo de grado presentado para optar al título de Licenciada en Educación Básica con énfasis en Humanidades, Lengua Castellana

Tutora Erica Elexandra Areiza Pérez, Doctora (PhD) en Educación

Universidad de Antioquia Facultad de Educación Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana Medellín, Antioquia, Colombia

2023

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Cita (Calderón Castaño, 2023) Referencia

Estilo APA 7 (2020) Calderón Castaño, M. C. (2023). Entre la herida y la fisura: la literatura escrita por mujeres como posibilidad de resistencia [Trabajo de grado profesional]. Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia.

Centro de Investigaciones Educativas y Pedagógicas (CIEP).

Repositorio Institucional: http://bibliotecadigital.udea.edu.co

Universidad de Antioquia - www.udea.edu.co

Rector: John Jairo Arboleda Céspedes.

Decano: Wilson Bolívar Buriticá.

Jefe departamento: Cartul Valérico Vargas Torres.

El contenido de esta obra corresponde al derecho de expresión de los autores y no compromete el pensamiento institucional de la Universidad de Antioquia ni desata su responsabilidad frente a terceros. Los autores asumen la responsabilidad por los derechos de autor y conexos.

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Dedicatoria

A Martín Jakob Calderón Sánchez

Agradecimientos

A mi hermano Cristhian Camilo Calderón Castaño, por fabricar conmigo desde la infancia fantasías de 17 pisos y enseñarme en ese juego el sentido de la palabra resistencia; a mi madre por ser la portadora de las primeras y más importantes palabras, a mi asesora Erica Areiza, por revelarme desde el inicio de la carrera que literatura y pedagogía son apuestas políticas vitales; a Ana Arroyave por ser mi más importante interlocutora y a las participantes del Club de lectura La siempreviva por regalarme la alegría de conocerlas y dotar de sentido esta escritura.

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Tabla de contenido Resumen...................................................................................................................................... 7 Abstract ....................................................................................................................................... 8 Introducción ................................................................................................................................ 9

1. El cuerpo, ¿una casa invadida? Construcción del problema .................................................... 11

Preámbulo a un cuerpo ............................................................................................................ 11 Otras voces, otros cuerpos: antecedentes investigativos ........................................................... 12 Descripción del problema: de opresiones y fisuras ................................................................... 18 La casa que posibilita la fisura ................................................................................................. 26 De las intenciones investigativas o propósitos .......................................................................... 30 En defensa de la voz que emerge o justificación....................................................................... 31

2. Construcción conceptual: habitar poética y políticamente la fisura ......................................... 34

Subjetividad política: reivindicaciones y resistencias ............................................................... 34 Formación literaria: de palabras y posturas .............................................................................. 44 De las fronteras del acceso a la frontera indómita ..................................................................... 45 Las mujeres toman la palabra y el mundo se transforma ........................................................... 52

3. Construcción metodológica: una ruta oportuna para ingresar a casa ....................................... 57

Acerca de la práctica pedagógica ............................................................................................. 57 La perspectiva de la investigación cualitativa o un piso epistemológico ................................... 58 Investigación narrativa-autobiográfica: las tramas de un mundo interior .................................. 60 Contexto y participantes .......................................................................................................... 65 Momentos y estrategias metodológicas: la experiencia que atraviesa los cuerpos ..................... 69

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Club de lectura La siempreviva ................................................................................................ 70 Perspectiva interpretativa: la relevancia de la experiencia ........................................................ 73 Consideraciones éticas: formas del cuidado a la palabra prestada ............................................. 76

4. Metanarrativas: las habitantes de la casa ................................................................................ 78

Margarita, una habitación a contraluz ...................................................................................... 80 Violetta, una habitación a oscuras ............................................................................................ 84 Jazmín, una habitación de engranajes ....................................................................................... 89 Remedios, una habitación en el campo ..................................................................................... 93 Milagros, una habitación en el agua ......................................................................................... 97

5. Líneas emergentes: comprensiones y ensanchamientos ........................................................ 101

Fisuras intencionadas ............................................................................................................. 101 Heridas que persisten ............................................................................................................. 107

6. Epílogo ................................................................................................................................ 113

Referencias .............................................................................................................................. 118

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Lista de figuras Figura 1. Fuegos, Yaneth posada, (2022). Cómic ...................................................................... 11 Figura 2. Reading Girl, Theodor Roussel, (1886). Óleo sobre lienzo. ........................................ 34 Figura 3. Franz Eybl, Girl Reading, (1850). Óleo sobre lienzo. ................................................ 44 Figura 4. Fuegos, Yaneth Posada, (2022). Cómic ..................................................................... 52 Figura 5. María Calderón, primera provocación, (2022). Fotografía. ....................................... 70 Figura 6. Yaneth posada, Fuegos, (2022). Cómic ...................................................................... 78 Figura 7. Louise Bourgeois, Femme Maison (1947). Óleo tinta. ................................................ 80 Figura 8. Sonia Gutiérrez, Y con unos lazos me izaron. (1979). Óleo sobre lienzo. ................... 84 Figura 9. Remedios Varo, Tiforal. (1947). Gouache/cartulina. .................................................. 89 Figura 10. Louise Bourgeois, Bed (1997). Grabado. ................................................................. 93 Figura 11. Ana Arroyave, mi cuerpo-mi casa. (2021). Escultura ............................................... 97 Figura 12. María Calderón, las siemprevivas. (2022). Fotografía ........................................... 101 Figura 13. Beatriz González, Estudio para la guerra. (2019). Óleo sobre lienzo. .................... 107 Figura 14. Ilaria Margutti, Recto/ Verso, (2014). .................................................................... 113

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Resumen

Propiciar el encuentro con la literatura escrita por mujeres y dimensionar sus efectos implica que las mujeres mismas cuestionen su propia realidad, se pregunten por sí mismas y las relaciones con el mundo en la construcción de subjetividad, lo que permite interpelar visiones hegemónicas y generar procesos de transformación. El proyecto se orienta a develar los testimonios de violencias y resistencias en el cuerpo femenino dentro de la literatura escrita por mujeres colombianas y se desarrolla en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, a través de un club de lectura para mujeres llamado La siempreviva. Esta apuesta se fundamentó en una investigación narrativa-autobiográfica que permitió ahondar en las trayectorias de vida de las participantes, en sus bagajes lectores y en los relatos que se escriben en un espacio bibliotecario. El trabajo hermenéutico derivó líneas de sentido que permiten reconocer heridas y construcciones subjetivas complejas, pero también, una fuerza femenina creadora. Una de las comprensiones fundamentales tiene que ver con el cuerpo pensado desde la literatura como un territorio de tensiones entre prácticas opresoras y resistentes, donde la palabra funge como invención, fisura y reivindicación, en últimas, como ejercicio de la subjetividad política de las mujeres en un contexto social y cultural atravesado por lógicas patriarcales y colonizadoras.

Palabras clave: literatura escrita por mujeres, cuerpo femenino, formación literaria, subjetividad política

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Abstract

Promoting the meeting with literature written by women and dimensioning its effects implies that women question their own reality, ask themselves and their relationships with the world about subjectivity construction, which allows themselves to question hegemonic visions and generate transformation processes. This project is aimed at revealing the testimonies of violence and resistance in the female body within literature written by Colombian women and was carried out at the Pilot Public Library of Medellín, through a reading club for women called "La siempreviva". This bet was based on a narrative-autobiographical investigation which allowed delving into participants' life trajectories, their reading backgrounds and stories that are written in a library space. The hermeneutic work derived lines of meaning that allow recognizing wounds and complex subjective constructions, but also a creative feminine force. One of the fundamental understandings is the female body thought from literature as a territory of tensions between oppressive and resistant practices, where the word works as an invention, fissure and claim, ultimately, as an exercise of the political subjectivity of women in a social and cultural context traversed by patriarchal and colonizing logics.

Keywords: literature written by women, female body, literary formation, political subjectivity

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Introducción

Este trabajo es el resultado de una trayectoria que comenzó hace dos años, a partir de un primer acercamiento producto del azar hacia la literatura escrita por mujeres, donde algunas obras terminaron sembrando en mí una inquietud por el lugar que ocupa el cuerpo femenino en las narraciones de las mujeres y por aquellas potencialidades que estos textos podrían habilitar en un espacio bibliotecario. Esta idea fue la responsable de generar aquel impulso creativo que me llevó a iniciar el viaje por aquellos espacios bibliotecarios poblados de letras de mujeres. Durante el proceso tuve la oportunidad de vivir nuevas experiencias personales y colectivas, encontrar tensiones y rupturas que otorgaron nuevas comprensiones acerca de la subjetividad política y la formación literaria.

La escritura de esta trayectoria se divide en cinco capítulos. El primero contiene aquellas tensiones y sentidos que me ayudaron a trazar el camino, los antecedentes investigativos, los propósitos y la contextualización de la Biblioteca Pública Piloto como escenario de práctica. En el segundo se abordan aquellas conversaciones con algunos autores y autoras que aportaron a la fundamentación de este proyecto y que alimentaron las bases teóricas en el campo de la formación literaria y de la subjetividad política. El tercero enuncia la ruta metodológica (narrativaautobiográfica), las características del club de lectura, las participantes, la construcción de sentidos a partir de una hermenéutica narrativa y aquellas posiciones éticas de cuidado a la palabra de las asistentes. En el cuarto se develan aquellas metanarrativas construidas a partir de los relatos de las participantes del club de lectura y en el quinto capítulo se sitúan las líneas de sentido emergentes.

Se hace especial énfasis en el cuarto capítulo, ya que su elaboración atiende a una construcción performativa que recoge aquellos relatos y subjetividades de las participantes en el club de lectura. Se presentan cinco metanarrativas o (habitaciones) que, a su vez son una interpretación de los relatos y narraciones elaboradas por ellas, donde se expresan sus testimonios,

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recuerdos y reflexiones de las implicaciones de tener un cuerpo femenino, para luego dar paso a aquellas líneas de sentido.

Se invita pues a recorrer estos relatos como las habitaciones de una casa, para encontrar allí aquellas heridas instaladas, debatidas y fisuras intencionadas y vitales en el cuerpo de las mujeres y en sus voces. Luego de estos abordajes se da cierre a este trayecto con un epílogo que aboga por ser una apertura hacia nuevas apuestas y caminos que convoquen las múltiples posibilidades que tiene la formación como una apuesta política.

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1. El cuerpo, ¿una casa invadida? Construcción del problema

Figura 1. Fuegos, Yaneth posada, (2022). Cómic

Casa vacía

Todos los días me deshago de la hierba que crece dentro de la casa pero crece de nuevo, rompe la casa y la deshoja.

A la casa entran todo el tiempo cosas que se hunden en la hierba.

Mi cuerpo es esta casa vacía A la que también yo entro pero que no me habita.

Andrea Cote (2013) Preámbulo a un cuerpo

Es este relato un movimiento, una escritura que también pretende ser cuerpo, una metáfora en constante transformación, una pregunta alrededor del cuerpo de las mujeres como un testimonio de violencias y resistencias; es esta una narración que habla de la pasión entendida como el sentido

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que se le otorga a la existencia a partir del lente creativo que la literatura ha sembrado en la vida de una maestra en formación.

La casa como metáfora para las intenciones de esta investigación sugiere un hogar, un territorio, una alusión; el cuerpo femenino es una casa que es necesario habitar, deshabitar, resignificar, que contiene heridas, pero también fisuras, que necesita ser habitada por la mujer, que necesita del fuego, al estilo prometeico; un fuego creador y emancipatorio.

Este fuego es entendido como el alumbramiento que se establece en el encuentro con la literatura, que, en este caso, al igual que en el mito griego, es un regalo que convoca a pensar en la renovación y la autonomía desde el conocimiento. Para este relato, este obsequio se me presentó con el título de Fuegos, una obra de Marguerite Yourcenar. Esta fue esa primera hoguera que avivó una revelación: las mujeres escriben.

Yacen en esta escritura encuentros y desencuentros a través de la palabra, la creación, la literatura y la resistencia como faros que alumbran un camino a seguir, como puentes que establecen vínculos entre la academia y la vida, porque este relato también pretende responder una pregunta que se hace vital para continuar el viaje, para entender la concepción de mundo, para comprender las configuraciones y deformaciones históricas alrededor del cuerpo de las mujeres.

De manera que este proyecto se entiende como un proceso de autorreconocimiento, una ruta a partir de la cual es posible entender el propio cuerpo y en la experiencia estética con la literatura, las imágenes, las configuraciones históricas, los lugares desde donde ha sido narrado y los discursos que lo habitan.

Otras voces, otros cuerpos: antecedentes investigativos

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En la búsqueda imprescindible de otras fuentes o trayectos recorridos que puedan iluminar el propio, establezco un encuentro con investigaciones que se han preguntado por la feminidad, la mujer en la escuela, las mujeres afro, la educación de mujeres populares, sus derechos1, las representaciones de sus cuerpos y sus implicaciones sociales en contextos formativos. La finalidad de este camino es encontrar otros puntos de convergencia o bifurcaciones para establecer un diálogo que permita entender cuáles han sido los lentes con los que se ha tratado el tema que me moviliza. Estos trabajos se sitúan en la última década para efectos de establecer un diálogo más vigente con autores, autoras y las líneas de investigación.

La tesis de Maestría Cuerpos que se vuelven relato: Reconociendo las subjetividades de las mujeres afrocolombianas de Andrea Patricia Franco González (2016), se presenta como una voz fundamental en la construcción de este camino. Este trabajo se orientó, tal como indica su autora, a comprender de qué manera se constituyen políticamente las subjetividades de un grupo de mujeres afrocolombianas adultas migrantes, desplazadas de sus lugares de origen y que habitan la ciudad de Medellín, a través de la recuperación de sus experiencias de vida, para aportar a la reflexión sobre procesos formativos en la ruta del reconocimiento, la recuperación del sujeto y la construcción de posibilidades de existencia en contextos complejos de recepción de población.

Esta autora reivindica la identidad de la mujer afrocolombiana a la luz de la constitución de 1991, donde se apostó por la construcción de la identidad colombiana y, de manera imperante, una de lo afrocolombiano dentro del contexto histórico del país. Además, reconoce la jerarquización y la discriminación a la mujer en un escenario que hace hincapié en la actualidad, en las reflexiones, preguntas y rutas que debemos tomar como sociedad para la no repetición de las desigualdades socioculturales. Para la autora lo pedagógico debe entrar en diálogo con la configuración de las subjetividades.

1 Colombia fue uno de los últimos países de América Latina en conceder derechos políticos a las mujeres, quienes por primera vez pudieron votar el primero de diciembre de 1957

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Esta investigación permitió reconocer que estas mujeres han construido espacios de identidad dentro de la ciudad de Medellín, también posibilitó comprender, a través de un ejercicio narrativo múltiple por parte de la autora, las experiencias vividas, así como su estar siendo en un ejercicio de escritura que se ubica en primera persona y que da cuenta de la construcción de subjetividades de estas mujeres en el territorio y la recuperación de sus experiencias.

A partir de lo que he venido planteando, la base de esta investigación ha sido la pregunta acerca de cómo la Pedagogía Social, desde su construcción política y crítica, ha permitido reconocer la configuración de las subjetividades de las mujeres afrocolombianas y la emergencia de lo pedagógico en contextos de discriminación y desigualdad. Una educación y formación para la vida, con los cuales se reivindican las construcciones que refutan aquellas verdades “universales” acerca de los sujetos y sus imaginarios.

La segunda voz a la que acudo es el trabajo de grado Afrodita pasa al espejo: Representaciones del cuerpo femenino y erotismo, desde el arte y la literatura en mujeres adolescentes de la Institución Educativa Javiera Londoño, de John Alexander Zapata Ramírez (2014), donde el eje principal se enfoca en las relaciones que estas mujeres tienen con sus cuerpos y de qué modo estas correspondencias, en ocasiones fallidas, configuran prácticas sociales de dominación.

De esta manera, aboga por la necesidad de una educación por y para la mujer, pensada principalmente desde el conocimiento de su propio cuerpo, a través de la experiencia estética con el arte y la literatura, para así tejer en esta población una exploración hacia otras construcciones y posibilidades del cuerpo femenino, diferentes al socialmente aceptado (el narco-cuerpo), es decir, una figura que atiende a estereotipos instaurados socialmente que pactan por el consumismo del mismo, interpelando la común aceptación de esta imagen de cuerpo como única posibilidad de existencia y único “prototipo” comúnmente validado. Según el autor, “los procesos formativos en

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donde la experiencia estética sea vinculada para la sensibilización de los educandos mediante el arte y la literatura posibilitan se dé el aprendizaje significativo, y vivencial” (Ramírez, 2014. p.19).

Se enfatiza con ello en que, a pesar de la falencia en el currículo escolar, se hace necesaria la exploración de la feminidad desde otras aristas, para así lograr procesos de formación que den cuenta de transformaciones de carácter crítico en la concepción de sí, siendo este trabajo investigativo un primer acercamiento importante, ya que resalta el valor de la experiencia estética en la escuela como un ámbito urgente en la construcción de otros modos de “ser mujer”.

Por su parte, en la investigación Tras los gestos rebeldes: narrativas e imágenes de mujer para desacomodar las formas y configurar una ética del cuidado de sí y de los otros, realizado por Lina María Palacios y Alejandro Hernández Flórez (2019), quienes se interesan, principalmente, por develar las imágenes de mujer que se evidencian en los ámbitos de la literatura, en el contexto neoliberal de la historia de la violencia en Colombia, donde la narración se establece como el puente principal para interrogar los supuestos colectivos sobre el ser mujer.

Esta propuesta resulta relevante con respecto a la propia, ya que establece un especial acento en la relación entre literatura, poesía y feminidad; a propósito de este acento, la disposición de la escritura poética que se desarrolla en este trabajo me pareció muy bien lograda; así mismo, coherente con la perspectiva biográfico- narrativa que orienta el desarrollo del proyecto, traza rutas en cuanto a lo que implica realizar un trabajo con jóvenes adolescentes, donde hay una pregunta específica por los gestos rebeldes detrás de las manifestaciones socialmente aceptadas acerca de la feminidad.

Otra investigación en la que fue necesario detenerse con minuciosa atención fue Tejer con los hilos de la propia voz: experiencias de lectura y escritura de Mujeres Populares, realizada por Carolina Cardona Orrego y Diana Patricia Caro Naranjo (2015), donde el propósito principal se enfocó en la reivindicación de la educación de la mujer en espacios no convencionales como un

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acto urgente, así como en las construcciones alrededor de la lectura y escritura de mujeres populares como prácticas de resistencia y emancipación.

Este trabajo es una apuesta por la educación de estas mujeres como un proyecto político en donde sus voces y saberes fungen como posibilidades de resistencia vitales para la construcción de sociedad y de sus propias prácticas, entendiendo que la participación y el acceso al lenguaje es una vía que hace posible la narración de sí y de los otros como oportunidad para pensarse como autoras de su propia historia (Naranjo & Caro, 2015, p.17).

Considero fundamental la propuesta de estas autoras puesto que habilita la posibilidad de pensar en espacios formativos alternativos como lugares vitales para la construcción de saber, aspecto primordial y potente para las sociedades. Su apuesta por la formación de mujeres populares adultas me parece pertinente, ya que el acento se establece en la elaboración de prácticas de cuidado, que abogan por un autonombrarse en el mundo y en ese proceso reconocer la propia historia y la opción de elaborar otra. La educación popular y su desarrollo da cuenta de un proceso de formación efectivo, vital para la sociedad y la educación de la mujer que resulta inaplazable en la construcción de la propia subjetividad y en la consolidación de lugares de enunciación a través de prácticas de lectura y escritura.

Otra de las voces que cobra especial importancia para este trabajo es La odisea de Telémaco o de la travesía de las jóvenes lectoras por el campo de la investigación literaria de María Alexandra Ruiz Mosquera (2015), una investigación que se realizó con estudiantes de bachillerato de diferentes instituciones educativas de la ciudad, todas ellas mujeres adolescentes. La autora da cuenta de su propuesta de manera inteligible a través de la metáfora del viaje (odiseas) que emprende con sus estudiantes (Las hijas de Odiseo),2 donde evidencia su capacidad narrativa, investigativa y docente; es un trabajo donde confluyen las experiencias de una maestra en

2Las Hijas de Odiseo es la metáfora que utiliza Ruiz (2015) para referirse a las estudiantes de los grados 9° 10° 11° provenientes de tres instituciones Educativas de la ciudad de Medellín, que acompañan su proyecto pedagógico e investigativo en el campo de la formación literaria.

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formación que se pregunta por las experiencias, tensiones y saberes que se generan en estudiantes de secundaria a partir de las prácticas investigativas desarrolladas por ellas en un proceso de formación literaria.

La autora comparte en sus hallazgos “los procesos de subjetivación que se dan en las estudiantes en su relación con la literatura implementando estrategias tales como: la construcción de autobiografías literarias, la discusión en grupos focales, la escritura de artículos académicos” (p.25). Evidencia entonces los objetivos alcanzados en el transcurso de su investigación dentro del proceso con las mujeres lectoras, manteniendo a lo largo de su narración la metáfora del viaje que se desarrolla en dos dimensiones: la formación literaria y la investigación literaria, por las cuales transita junto a sus estudiantes. Una de las derivas tiene que ver con que el proceso investigativo no escapa al proceso de formación literaria.

Encuentro en esta narración una construcción pedagógica potente para la formación de mujeres y las transformaciones que se dan en el discurso de estas en su encuentro con la obra literaria y la investigación; allí se puede apreciar de qué manera este acercamiento determina también ejercicios de escritura que dan cuenta de esas “otras” miradas y posibilidades que otorga la literatura con respecto a una postura crítica y reflexiva de la existencia.

La última voz a la que acudo se despliega en el trabajo Representaciones sociales de la lectura-escritura-oralidad en las voces afro femeninas: horizontes de sentido para prácticas bibliotecarias de educación lectora interculturales en la ciudad de Medellín de Natalia Duque Cardona (2013), investigación que se presenta como un tejido, hilado a partir de la reflexión permanente en torno al tema del lenguaje desde dos prácticas primordiales: la lectura y la escritura.

Para Duque, la biblioteca puede convertirse en un espacio de resistencia que impulsa lectores críticos y no compradores compulsivos de materiales bibliográficos, promoviendo la lectura -escritura-oralidad como prácticas sociopolíticas que permiten configurar un orden social

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equitativo y de bienestar colectivo. Siendo esta una investigación que se encuentra con la propia en el sentido que ambas se desarrollan en el espacio bibliotecario, entendido como un lugar que posibilita el encuentro con el otro y la literatura como prácticas sociales de resistencia.

Han sido los años de formación como bibliotecóloga, la praxis como promotora de lectura y la labor investigativa sobre el tema, los que pusieron a la autora en escena desde el espacio que habitó -la biblioteca- y a quienes lo construyeron -lectores- desde donde es posible reflexionar, propiciar y proponer mundos y modos de pensar desde la perspectiva de los estudios culturales y la interculturalidad. Desde instituciones socioculturales como la biblioteca, el proyecto es una apuesta política, pues busca visibilizar elementos representativos de la cultura afrocolombiana, dispuestos a dialogar con la sociedad.

En atención a los antecedentes rastreados puedo decir que mi trabajo comparte con las anteriores investigaciones un interés unánime por la literatura, las prácticas de resistencia y la formación de mujeres en espacios convencionales y no convencionales como ejes centrales de su desarrollo. De modo que mi relato se orienta a una pregunta por aquellas heridas y fisuras en sus cuerpos, no como una apuesta que se distinga por su novedad, sino por la ratificación de que se presenta como un ejercicio urgente y necesario en la democratización, acceso al conocimiento y la configuración de una apuesta política que reivindica la voz de las mujeres.

Descripción del problema: de opresiones y fisuras

La literatura es fundamental en mi vida porque ha sido la generadora de grandes afectaciones de tipo intelectual, espiritual y emocional. Cuando inicié este viaje me dejé afectar, es decir, transformar por los textos que llegaron; uno de los más influyentes fue la obra Fuegos de Marguerite Yourcenar. Allí la escritora compone formas de la narración íntimamente pasionales y exquisitas, donde realiza una actualización de mitos griegos develando las Clitemnestras, los Safos, las Antígonas de la contemporaneidad.

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Posteriormente, toda la literatura que llegó a mis manos, con raras excepciones, estaba escrita por mujeres, pintada por una mujer o llena de personajes femeninos. Mi lente se volvió aún más específico: llegaban lecturas de Virginia Woolf, Piedad Bonnett, Helena Araujo, Marvel Moreno, Lina María Parra, Clarice Lispector, la antología de cuentos colombianos Cuerpos: veinte formas de habitar el mundo; como una especie de presagio, intuí que ellas llegaron para quedarse y que lo que su escritura tenía para decirme transformó de manera decisiva mi forma de asumir el mundo, narrarlo y confrontarlo de allí en adelante.

Empezaré pues describiendo cómo surge una primera inquietud acerca de las problemáticas alrededor del cuerpo de las mujeres. Ocurrió en el seminario de práctica profesional,3 a partir de un encuentro con el texto Sin miedo. Formas de resistencia a la violencia de hoy de Judith Butler, donde la autora afirma que:

[…] los límites de nuestros cuerpos no siempre están claros. En escenarios de misoginia y de apropiación violenta del cuerpo de la mujer, un hombre puede verla como una extensión de sí mismo. Si ella no le devuelve el reflejo de su poder, él la anulará para poder afirmar ese poder que siente como legítimamente suyo. (Butler, 2019, p.59)

De igual manera, la autora alude a las diferentes formas de resistencia que viven las sociedades actuales ante problemáticas de la contemporaneidad como el racismo, la xenofobia, los discursos de poder y las maneras sistemáticas que tiene la humanidad de aniquilarse mutuamente. La autora cita a Monserrat Sargot cuando esta habla del máximo, más grave y último acto de violencia que puede vivir una mujer: la muerte. Entiendo que estoy ante un texto que se presenta como una radiografía social que me confronta y me horroriza, simultáneamente me lleva a pensar en esas otras violencias que padecen las mujeres y que pueden ser de carácter simbólico, cotidianas, no-físicas.

3 La práctica profesional inició en el segundo semestre de 2021.

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A partir de esta lectura se teje un diálogo dentro de mi propia subjetividad y es la relación entre política y literatura en el cuerpo femenino; entiendo que en la literatura escrita por mujeres hay un lugar desde el cual escriben y que también es testimonio de la violencia: sus propios cuerpos. Como bien lo enuncia la profesora Golubov:

Son los cuerpos de las mujeres, entendidos como páginas en blanco o materia prima a la que se le da forma por medio de la creatividad masculina, precisamente lo que las escritoras retoman, pero describen y problematizan la corporalidad desde su propia experiencia para explicar sus propios esfuerzos creativos. (2012, p. 46)

Es entonces cuando aparece como un tipo de epifanía la metáfora del cuerpo femenino como una casa, a propósito del poema de Andrea Cote llamado Casa vacía. Esta metáfora es fundamental para este trabajo, pues retoma ese espacio analógico donde habitan las mujeres y sus historias de vida, las transformaciones, las reconstrucciones, las políticas que determinan y narran sus historias; las fisuras y las grietas. Un lugar donde existen diferentes problemáticas que se han enmarcado en la vida de estas.

Es una casa que ha sido históricamente habitada por otros, por los principales invasores del cuerpo de las mujeres como el Estado, la familia, la religión, la violencia; lo que ha generado múltiples heridas de carácter simbólico, físico, psicológico. Las heridas se presentan aquí como un acontecimiento donde confluyen, como huellas del pasado, violencias, sucesos llenos de opresión política. Por ejemplo, cuerpos que habitaron territorios llenos de conflictos y disputas padecieron diversas violencias como formas de dominación, tal como indica el reciente informe de la Comisión de la verdad 4, en el apartado que narra las experiencias de las mujeres y personas LGBTIQ+ en el marco del conflicto armado en Colombia.

4La Comisión para el esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición presenta una cartografía social de lo sucedido en el marco del conflicto interno colombiano en los últimos 60 años; surge a partir del Acuerdo Final

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El control se ejerció de muchas formas, por ejemplo, usando el cuerpo de las mujeres como lugar de conflicto, botín de guerra, fuente de placer, entretenimiento o compensación; como fuerza de trabajo, como espacio para dejar mensajes. Así se las obligó a disociarse de su cuerpo. Los actores armados se inscribieron en los cuerpos de las mujeres, los marcaron, los violentaron, los destrozaron, los despojaron de su humanidad. La violencia sexual fue una forma de control, de castigo, de esclavitud, un incentivo y una recompensa para los hombres por haber arriesgado la vida en batalla. (Comisión de la verdad, 2022, p.40)

Se hace evidente entonces que el cuerpo femenino es un territorio político que está constituido por ciertos discursos y configuraciones históricas, como lo menciona la profesora Zúñiga: “El cuerpo ha sido (y es) un territorio político, un espacio disputado entre fuerzas de control y fuerzas de emancipación” (2018, p.211). De modo que una primera herida de la cual es testimonio es la apropiación violenta del mismo, dando esto indicios de una herencia de problemáticas con respecto al ejercicio de la autonomía y los derechos sobre sus cuerpos. Siendo indiscutible esta relación de violencia-cuerpo femenino en los resultados del informe de la Comisión, al ser tomados como un territorio de colonización y control.

Es en el encuentro con la escritura femenina y la búsqueda de un hilo conductor, de una particularidad en sus narraciones, donde reconozco que existe un lugar desde donde escriben las mujeres y acerca de lo que escriben que también les es arrebatado: sus propios cuerpos. Como lo mencioné anteriormente, esta relación cuerpo-violencia se torna fundamental, ya que es en las voces de las escritoras donde se develan muchas de las principales opresiones.

establecido entre el gobierno colombiano y la guerrilla FARC-EP, y se inscribe en el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición – SIVJRNR. Es importante resaltar lo valiente e importante del ejercicio de esta comisión, ya que, apuesta por escuchar muchas voces, en especial la de las víctimas, sobre todo las más vulneradas y silenciadas históricamente como las mujeres.

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Los relatos con los que me encuentro son todos de mujeres escritoras, en su gran mayoría colombianas, que en sus universos narrativos dan cuenta de sus épocas, contextos sociales, pero también de las construcciones que se dan alrededor de sus cuerpos, del ejercicio de su sexualidad y la ficcionalización, incluso, de las propias vidas en sus obras, como en los casos concretos de Helena Araújo y Marvel Moreno.

Es luego de este encuentro donde emergen otras preguntas: ¿Qué han escrito las mujeres acerca de sus cuerpos? ¿Qué violencias y resistencias los habitan? ¿Son los cuerpos de las escritoras y de sus personajes un reflejo de la sociedad? La avidez por entender me lleva a explorar cada vez más las narraciones de variadas escritoras y encontrar allí referencias a la maternidad, a la medicina, a la religión, que son determinantes en la construcción de la ya mencionada metáfora que guía este relato: el cuerpo es una casa, pero no es una casa propia.

Es pues, este, un primer movimiento alrededor de la pregunta por el cuerpo de las mujeres como una casa deshabitada o invadida por otros como el Estado, la iglesia, la medicina, el esposo, los hijos, la industria farmacéutica, tal como sucede en el cuento El penúltimo cuerpo de Paola Guevara: “Invadida. Cuando el médico pronunció esta palabra, Emilia supo que no enfrentaba una experiencia del todo desconocida. Lo del cáncer era nuevo, claro, pero ¿invadida? Invadida estuvo siempre” (2019. p. 223).

Otro aspecto que vale la pena traer a colación tiene que ver con las concepciones de la mujer que se tenían en la época de la colonia y en la biblia evidenciadas en el texto Las mujeres en la historia de Colombia, sus derechos, sus deberes (2009), donde las autoras realizan un recorrido histórico por concepciones presentes en la biblia sobre el cuerpo de las mujeres y dictaminadas por ciertos intelectuales y seguidores de la religión católica como: “El nacimiento de una hija es una pérdida” [...] Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en una congregación” (Blanco y Cárdenas, p.145, 2009). Desde este ángulo, se podría concluir entonces que una herida social y determinante en la vida de las mujeres es nacer

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siendo mujer, que denota, según la religión, una gran culpa y responsabilidad. Siguiendo la línea cronológica que presenta este documento, en la época de la conquista:

Las mujeres eran vistas como seres débiles e indefensos, por lo que había que protegerlas; pero también se las consideraba malvadas e inclinadas al pecado desde tiempos de nuestra madre Eva, y por eso también era necesario vigilarlas. Así, siempre debían estar bajo la tutela de un hombre. (Blanco & Cárdenas, 2009, p.150)

Es decir, que la visión acerca del posicionamiento de estas en la sociedad no se transforma de manera radical, pues había que tener siempre un supervisor de las acciones que se ejercían en el ámbito de lo público, visión que se posterga y mantiene en el siglo XX. Este asunto es denunciado, decididamente, en la prosa de Helena Araújo.

A la luz de esto mencionaré las otras heridas que se hacen visibles en las narraciones de las escritoras, a propósito del ejercicio de autonomía en diferentes ámbitos; como en el cuento El tratamiento de Araújo donde también se revelan diferentes formas de la apropiación del cuerpo del personaje principal, Nora, quien funge como un alter ego de la vida de la propia escritora y es condenada por la corte eclesiástica en el año 1960 por no ser dadora de un hijo varón a su esposo:

Me habían prometido unos días de descanso, una beca de estudios y una ayuda para conseguir la tutela de los niños”. Que eso le habían prometido, repite una y otra vez gimoteante ensartando lo de los encierros, lo de esas pastillas, lo de esas drogas con que la pinchan hasta dejarla inconsciente, exánime, en coma, se diría. Y cuando despierta, misericordia, siente aún más miedo y la pinchan de nuevo con una morfina que le entiesa las piernas y le paraliza los brazos, eso es, queda paralizada. (Araújo, 2009, p.22)

En este momento la mujer no es considerada un sujeto de derecho por la constitución de 1886, por lo cual esta escritora pierde la custodia de sus hijos y es arrojada a un tipo de autoexilio

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en Suiza. “Dentro de la obra de Araújo, ese mundo es ficcionalizado mediante el juicio ante la Corte Eclesiástica que el personaje femenino debe atender justamente por haber alterado la identidad que le fue asignada de esposa, madre, mujer, mujer-de-la-alta-sociedad, etc.” (Sánchez, 2012. p.26).

¿De qué se habla entonces cuando se nombra el cuerpo femenino? ¿Qué han escrito las mujeres acerca de las implicaciones que conlleva tener un cuerpo de mujer? Con estos interrogantes a bordo me encuentro con la crítica literaria de Araújo en La Scherezada criolla. Ensayos sobre escritura femenina latinoamericana, un texto que habla específicamente de este fenómeno, de lo que significa ser mujer y escribir sobre un cuerpo de mujer:

Y sobra decir que esta represión en el discurso tiene mucho que ver con la represión de las pulsiones sexuales impuesta por una tradición religiosa que desde hace siglos ha impedido a la mujer reconocer su libido y asumir su cuerpo. Porque decir cuerpo es decir deseo, y en la sociedad patriarcal la mujer no sobrevive sino bajo la prohibición del deseo. (1989, p.22)

En definitiva, la construcción de lo que entendemos como cuerpo femenino se ha plasmado en diferentes cuentos, novelas y ensayos permitiendo a lectores y lectoras volver sobre el pasado, sobre la memoria, sobre lo que identifica, sobre lo que se cuestiona y lo que no. La literatura colombiana construida por mujeres está hecha a pulso y a contracorriente. Así pues, cuando es la voz femenina quien decide abordar el tema se moviliza el discurso, no solo al rol de “víctima” o de recipiente de actos violentos, sino también al rol de agente de la propia subjetividad que se hace consciente y toma partido, “¿cómo, dónde hallar ese lenguaje-cuerpo, lenguaje-deseo; cómo poetizar sin dejar de politizar? (Araújo,1985 p.460).

Se presenta esta escritura como una apuesta académica que decide habitar el cuerpo poética y políticamente, como un lugar de resistencia, que además es un territorio que a partir de la escritura se torna propio, como una patria que puede ser habitada.

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Emerge una postura reivindicativa según la cual, si el cuerpo es una casa habitada por otros, un lugar invadido, en el impulso emancipatorio de recuperar la autonomía y la capacidad de elección, es necesario quemar esa primera casa, irse, desterrarla de los invasores. Es en este punto donde pensar en las formas de violencia históricas hacia las mujeres, también invita a pensar en las formas en que estas han resistido y, de esta manera, el encuentro con la lectura de las escritoras otorga posibilidades de exploración y subjetivación de la construcción individual y colectiva; donde la fisura se presenta como los modos en que se narra lo que ha pasado, siendo la literatura y la escritura las líneas de fuga, las grietas en la casa invadida que convocan a explorar un territorio propio, un lugar, la palabra desde la cual es posible denunciar, evidenciar y desterrar a los colonizadores.

El cine colombiano también ha posibilitado una ruta de denuncia con respecto a las violencias que han afectado a las mujeres. Es en la película Chocó, del director Jhony Hendrix, donde precisamente la imagen de la casa quemada aparece como un anhelo, una especie de sueño místico al inicio de la película, con respecto al sentimiento de desesperación y angustia que tiene la protagonista debido al maltrato que recibe por parte del esposo; esa quema termina siendo el camino y la escena con la que finaliza la película, quemar la casa es el final para que se inicie otra vida. Otra película que sirve de referente es La mujer del animal de Víctor Gaviria que, quien es la mujer de un hombre desbordadamente violento en todas las esferas posibles; esta mujer que es raptada, violada, maltratada y despojada de todas sus relaciones, a lo largo de todo el film, permite reconocer que el sentimiento que prima es entender que las aberraciones a las que es sometida se dan solamente por el hecho de ser mujer y elegida por el animal para ser su presa. Esta mujer (Amparo) solo puede decidir sobre su vida al final de la película con la muerte del “animal”.

El arte es un vehículo para la experiencia, pero también para la denuncia, entonces cuando me encuentro ante esta cinta grabada en las periferias de la ciudad de Medellín, en la cual suceden a diario estas violencias y de manera alarmante estas relaciones de abuso, entiendo que es

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fundamental mantener la pregunta por la autonomía femenina. Sin duda, los espacios de formación son un lugar expedito para avivar tal interrogante.

La casa que posibilita la fisura

Cuando pienso en la Biblioteca Pública Piloto, como un mantra5 aparecen dos palabras: exilio y refugio, porque han sido los conceptos entre los cuales he fluctuado en la interacción con este espacio; exilio porque ser foránea en una ciudad abrumadora como Medellín6 se hace complejo y más aún en la adolescencia, de ahí el sentimiento de extrañeza y desarraigo que aún acompaña estos nostálgicos días; refugio porque es un lugar para todos, un espacio donde no importa quién soy, ni de dónde vengo; tengo acceso a una luz que se presenta tenue, al silencio y a la memoria como posibilidades en medio del caos matutino; este espacio se me presenta como un corazón tranquilo y vital que está en el epicentro de una ciudad que en esos primeros encuentros aún no amaba.

Han pasado diez años y hoy habito la biblioteca con un interés diferente, ya no de encontrar refugio, sino de entender este lugar como un espacio para la conversación colectiva entre mujeres, acerca de una inquietud común que nos convoca: el cuerpo femenino en la literatura escrita por mujeres.

La Biblioteca Pública se presenta ahora como la trinchera y la casa desde la cual las mujeres pueden pensar el propio cuerpo y leer escritoras, como el lugar que nos otorga la posibilidad de la memoria y los lazos con esas “otras voces” que en ocasiones se parecen tanto a las nuestras, sin ecos, solitarias, pero no por ello menos valiosas, poderosas y necesarias en la construcción de un lugar para la propia subjetividad.

5 Esta es una práctica utilizada en oriente para invocar a la divinidad o durante la meditación como un conjunto de sílabas, palabras o frases que se recitan.

6Cuando tenía 9 años, Medellín fue la ciudad en la que mis padres decidieron asentarse, luego de varios recorridos por otras ciudades del país.

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Es importante, en este punto, mencionar algunos acontecimientos acerca de la historia de La Biblioteca Pública Piloto de Medellín para América Latina. Fue fundada en el año 1952 como una iniciativa por parte de la UNESCO para “erradicar el analfabetismo” (Sánchez, 2022, p.22). Es la segunda Biblioteca Pública Piloto en el mundo, la primera fue en la India; la BPP cuenta en la actualidad con su Sede Central ubicada en el barrio Carlos E. Restrepo y cuatro de sus filiales que están ubicadas en barrios de Medellín (Campo Valdés y Florencia) y dos en corregimientos (San Antonio de Prado y San Cristóbal). La BPP es en este momento uno de los epicentros fundamentales para la cultura y la memoria en la Ciudad de Medellín.

Adicionalmente, la BPP tiene el principal archivo fotográfico del país y uno de los más importantes de América Latina:

En 2012, el archivo fotográfico de la Piloto fue declarado Registro Regional de Memoria del Mundo por el Comité Regional para América Latina y el Caribe MOWLAC y el Programa Memoria del Mundo de la Unesco. El archivo resguarda, en la actualidad, un millón setecientas mil imágenes en distintos formatos, en los que se recopila la historia de Colombia desde 1848 hasta el 2020. (Sánchez, 2022. p.24)

Este espacio es reconocido en los ámbitos mundial y local como un lugar fundamental para la democratización del conocimiento, que desempeña un papel importante para la formación de ciudadanos críticos, lectoras y lectores en lo vasto y ancho de la palabra, siendo un espacio de acceso público y un lugar para la exposición del arte y la cultura, que ha sido visitado por grandes escritores como Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Manuel Puig, entre otros.

De esta manera, a partir de las implicaciones que tiene hablar de la BPP como un referente internacional, para la ciudad y para mi vida, pienso en la biblioteca como un escenario de posibilidades, y como una casa que me acoge y que recibe a todo aquel que necesita encontrar una

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forma alterna en el relacionamiento con el mundo, es aquí donde cobra sentido preguntarse por el lugar de la biblioteca en la cotidianidad y la vida de las personas, como bien lo afirman Duque & Restrepo:

En un país como Colombia, donde andamos por el mundo, tristes, tristísimos, desasosegados en este planeta obtuso y patas arriba, llegar a una biblioteca llena de preguntas y oídos prestos, no es cosa menor. Las ciudades carecen de lugares dignos para el encuentro con el otro, de espacios que posibiliten el uso de los sentidos... A diario perdemos los parques, cerramos librerías, perdemos la calma y la tranquilidad; perdemos los ríos, la montaña. Nos perdemos a nosotros mismos y al otro, entre el tráfico, la juerga, los centros comerciales...La vida se va entre pantallas, sueños en venta y en ventanillas... balas, insultos, odios, miedo, robos, feminicidios y justificaciones injustificables, pero es probable que al levantar la mirada aparezca una biblioteca, un alto en el camino...esperanza”. (Duque & Restrepo, 2022. p.34)

Es así como la biblioteca se convierte en un escenario fundamental para el desarrollo de esta investigación, donde la apuesta formativa que se desarrolla es un club de lectura llamado La siempreviva7, en el cual el acercamiento a la escritura femenina permite poner en tensión las voces y formas de narrar de las escritoras y el acontecimiento que significa tener un cuerpo de mujer. Cabe aclarar que este espacio se pensó solo para acceso femenino, para que las asistentes al mismo establecieran una relación de comodidad y confianza, al entender que en esta ciudad se hace necesario y urgente un espacio de mujeres para mujeres, donde se posibilite conversar libremente de lo íntimo, personal, donde se pueda entender qué es lo que pasa en ese territorio (el cuerpo) de todos y de nadie, mediado por las voces de escritoras colombianas.

Como ya mencioné, se presenta la biblioteca como un lugar vital en la construcción de una posición política, en la democratización y resignificación del conocimiento, donde convergen condiciones de posibilidad como la apertura para el desarrollo de esta propuesta formativa, en la

7 Es también el nombre que recibe una flor (Gomphrena Globosa) con propiedades curativas y aromáticas.

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cual la atención hacia las voces femeninas y sus producciones se hace evidente también por parte de la biblioteca en la implementación del apartado de la cosmoteca -la biblioteca digital de la BPPque tiene por nombre Colombia según ellas8,se trata de una especie de “menú” que reúne libros, películas, canciones y obras de arte creadas por mujeres colombianas.

Es por lo anterior que este espacio resulta oportuno para develar las heridas y fisuras inscritas en los cuerpos femeninos, ya que es un lugar que posibilita el cuestionamiento a lo que históricamente ha sido aceptado como realidad: “Allí la biblioteca es ese lugar obvio y seguro para proteger y dinamizar las prácticas sociales que pueden hacer una diferencia en los destinos aparentemente determinados” (Duque & Restrepo, 2022, p.33). Donde la fisura funge como la posibilidad de generar espacios de resistencia y de agrietamiento voluntario de la realidad, donde se observa de manera crítica y reflexiva las formas en que ha sido objetivado, violentado y contado el cuerpo de las mujeres. Así pues, la BPP fue un escenario idóneo para que tanto las asistentes al club y yo como maestra en formación, lográramos construir miradas que atendieran a una comprensión sensible de nuestras realidades.

En esta instancia, es importante resaltar el papel significativo que adquieren las prácticas enmarcadas en el área de Lengua Castellana, como condiciones de posibilidad que pueden trasladarse a espacios no convencionales diferentes a la escuela, donde este relato es una invitación a las mujeres y a la sociedad en general, para movilizar continuamente los discursos con respecto al cuerpo de las mujeres a partir del lenguaje mismo y la literatura.

La biblioteca se presentó como la casa de todas, de las exiliadas, de las que no tenían un lugar y, en ese sentido, la formación literaria fue el puente desde el cual se pudo establecer un diálogo entre la triada: biblioteca, mujeres y literatura, que nos convocó a reflexionar

8 De este recurso se valió el club de lectura para el desarrollo de algunas sesiones. https://cosmoteca.gov.co/la-aprendiceria/coleccion/colombia-segun-ellas-1

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detenidamente alrededor de las preguntas: ¿Qué es lo que pasa en los cuerpos de las mujeres? ¿Qué han escrito las mujeres al respecto? ¿Por qué suceden estos actos de violencia y resistencia?

Cabe subrayar que esta apuesta formativa conversó de manera transversal con los discursos de la biblioteca que abogan por un espacio para todos y todas, donde tengan lugar las rutas para el diseño y la implementación de estrategias de aprendizaje y co-creación, que además posibiliten el desarrollo de una práctica en espacios alternativos, con un enfoque que apunta hacia la reflexión y el agenciamiento de unas posturas críticas con respecto a los discursos y problemáticas que habitan la contemporaneidad y las subjetividades de las personas que confluyen en estos espacios.

Lo planteado hasta ahora permite situar las preguntas que guiaron este proyecto de investigación, a saber, ¿De qué manera el cuerpo femenino se presenta como testimonio de violencias y resistencias en la literatura escrita por mujeres colombianas? ¿Qué posibilitan las experiencias de lectura vividas en el Club de lectura La siempreviva en los procesos de formación de las mujeres participantes?

De las intenciones investigativas o propósitos

El propósito primordial que orientó el camino de esta propuesta fue develar cuáles son los testimonios de violencias y resistencias en el cuerpo femenino dentro de la literatura escrita por mujeres colombianas, a partir de un proceso de formación en un espacio bibliotecario. De este horizonte se derivaron los propósitos específicos que atienden a: Problematizar los imaginarios de las mujeres asistentes al Club de lectura La siempreviva a través de sus experiencias personales asociadas al cuerpo, en términos de violencias y opresiones en sus historias de vida; Interpretar un corpus de obras literarias escritas por mujeres dentro de la literatura colombiana que recreen temas asociados al cuerpo de las mismas; Analizar la incidencia de esas lecturas en las configuraciones subjetivas y en los sentidos que se construyen alrededor del cuerpo femenino en las participantes del club de lectura.

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En defensa de la voz que emerge o justificación

¿Qué implicaciones tiene preguntarse por el cuerpo de las mujeres en un contexto sociopolítico como el colombiano? ¿Por qué es importante preguntarse por el cuerpo femenino en el campo de la formación literaria? En un país como el nuestro, en el cual la vida de las personas se hace tan frágil y vulnerable -más aún la de las mujeres- tan insignificante ante los discursos de poder históricamente establecidos, donde los mecanismos de hiperproducción constante resultan asfixiantes para la construcción de una subjetividad que escape a los discursos neoliberales demoledores del espíritu, resulta fundamental que la academia posibilite y genere procesos de formación donde se problematicen estas construcciones sociales en las que el cuerpo de las mujeres parece un producto más de su avasallante maquinaria, siendo un “narco- cuerpo” (Ramírez, 2014) al servicio de prácticas culturales de consumo y un objeto de disputa.

A la luz de este panorama emerge la formación literaria como una ruta en la construcción de las subjetividades, bien lo escribe Petit: “lo que está en juego a partir de la lectura es la conquista o la reconquista de una posición de sujeto” (2001.p.70). En el contexto universitario, escolar y bibliotecario, no existe un plan curricular específico que atienda a la lectura de escritoras, como un eje fundamental en la formación de estudiantes, pues muchas veces este se reduce a la celebración del 8 de marzo9 como un tributo moribundo a lo que representan sus relatos. Resulta entonces necesario reconocer políticamente la potencia de las escritoras y la necesidad de incorporarlas a una lectura exhaustiva y académica que dé cuenta de las confrontaciones, los contextos y las configuraciones históricas a las que han sido sometidas, para una construcción de saber más equitativa que apunte a una democratización del conocimiento.

9 Fecha en que se conmemora el día internacional de los derechos de la mujer, de sus luchas y resistencias que, suele asumirse en las instituciones educativas como una ocasión para ofrecer chocolates y reconocer someramente a algunas mujeres destacadas en diferentes ámbitos de la cultura, el arte y la ciencia.

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De esta manera, se torna inaplazable la generación de espacios de saber en escenarios convencionales -como la escuela- y no convencionales que pongan el lente en las construcciones políticas y discursos alrededor del cuerpo de las mujeres, pero también de lo que emerge cuando estas deciden escribir; a propósito, por ejemplo, de la construcción de la biblioteca de escritoras colombianas impulsada por Pilar Quintana con el apoyo del Ministerio de Cultura como una iniciativa orientada al reconocimiento a las voces, saberes, escritura e importancia de un grupo de 18 escritoras entre las cuales se encuentran: Soledad Acosta de Samper, María Mercedes Carranza, Alba lucía Ángel, Emilia Pardo Umaña, Elisa Mújica, Francisca Josefa del Castillo, entre otras.

Así pues, la pregunta por la formación literaria en el contexto bibliotecario se hace necesaria y vital, ya que otorga rutas con respecto a las condiciones de posibilidad en la relación entre literatura, mujeres y biblioteca, donde se defiende la democratización del saber y que sean las mujeres mismas quienes puedan hablar y narrar sus propios cuerpos como un ejercicio político, como bien lo escribe el intelectual Estanislao Zuleta: “La democracia no es el derecho de la mayoría, es el derecho del otro a diferir: ¡Esa es la democracia que vale la pena defender o alcanzar!” (2020, p.57). Siendo el encuentro con estas escritoras una práctica de resistencia en la reconfiguración y reconstrucción de otros modos de ser mujer y de habitar un cuerpo femenino, pero también un ejercicio democrático en cuanto otorga la posibilidad de decir de otras maneras a las históricamente establecidas o aceptadas.

Ahora bien, esta apuesta formativa también es una propuesta que resalta una postura en educación que me parece fundamental y que he reivindicado en mi quehacer docente y es la voluntad en el aprendizaje, “Sólo puede ser eficaz una educación si busca enseñar a alguien algo que desea aprender” (Zuleta, 2020, p.45). Las mujeres que asistieron al club de lectura confluyeron en este lugar por un deseo de saber, de enterarse, de conversar abiertamente acerca de aquello de lo que normalmente no se habla porque resulta doloroso o tabú y donde la literatura surge como un puente pertinente y eficaz.

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Además, es importante mencionar que esta apuesta constituye un aporte a la comprensión de la literatura desde una perspectiva más amplia, como un artefacto político incluso, que reconoce las múltiples posibilidades otorgadas en la experiencia estética, en el ejercicio de crear y recrear sentidos alrededor de los discursos de poder que se instalan, reproducen y habitan en los cuerpos. Con ello se reafirma la necesidad de continuar gestando espacios académicos que posibiliten la construcción de saberes articulados con la realidad y la comprensión de las construcciones sociales y subjetivas.

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2. Construcción conceptual: habitar poética y políticamente la fisura

Leer para comprender. Esa ha sido la premisa fundamental y epicentro en la construcción de este apartado que da luces del diálogo que se estableció con esas otras voces, que no solo fungen ahora como antecedentes, sino como interlocutoras en la elaboración de una conversación que busca interpelar, entender y continuar construyendo un horizonte conceptual que posibilite la reflexión y la construcción permanente de conocimiento. Desde la certeza de que es la lectura una práctica determinante en la elaboración de sentido, este abordaje recoge esas comprensiones fundamentales e imprescindibles con respecto a los conceptos nodales que orientan este proyecto de investigación.

Figura 2. Reading Girl, Theodor Roussel, (1886). Óleo sobre lienzo.

Subjetividad política: reivindicaciones y resistencias

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Como maestra, realizar la fundamentación conceptual para el desarrollo de este apartado es encontrarme con una postura que articula y pone como principal actor de sus desarrollos al sujeto en relación con la política, lo que implica entender que desde la etimología latina subjectus se traduce como sujeto a, sometido a los dispositivos de sujeción y disciplinamiento heredados de la modernidad (Martínez y Cubides, 2012); es entender que la pregunta por el sujeto es una inquietud por comprender el lugar que se ocupa en la sociedad y la pregunta por la política es procurar entender cuáles son las fuerzas que la transitan.

De ahí que el horizonte de reflexión se oriente a dimensionar de qué manera esta relación deviene en una postura crítica en la construcción de la propia subjetividad y se evidencia en la conciencia y acciones propias. Ahondar en estos vínculos y tensiones permite hablar de las opresiones históricas hacia los cuerpos. Por ello resulta oportuno recurrir a los postulados de Foucault (1975) con respecto al cuerpo en Vigilar y Castigar, como un primer eslabón en la comprensión del lugar y la relevancia que ha tenido este concepto en la elaboración occidental de la concepción de sujeto. Se tiene entonces que:

[…] el cuerpo está también directamente inmerso en un campo político; las relaciones de poder operan sobre él una presa inmediata; lo cercan, lo marcan, lo doman, lo someten a suplicio, lo fuerzan a unos trabajos, lo obligan a unas ceremonias, exigen de él unos signos. Este cerco político del cuerpo va unido, de acuerdo con unas relaciones complejas y recíprocas, a la utilización económica del cuerpo; el cuerpo, en una buena parte, está imbuido de relaciones de poder y de dominación, como fuerza de producción; pero en cambio, su constitución como fuerza de trabajo sólo es posible si se halla prendido en un sistema de sujeción (en el que la necesidad es también un instrumento político cuidadosamente dispuesto, calculado y utilizado). El cuerpo sólo se convierte en fuerza útil cuando es a la vez cuerpo productivo y cuerpo sometido. (Foucault, 1975, p.26)

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Es en este sentido que entender las regulaciones, prohibiciones y construcciones del cuerpo, también es atender a la construcción de la subjetividad política, en tanto este es un territorio que se debate constantemente entre lo instituido y lo instituyente, de allí que se puede comprender como un concepto y un espacio en el que convergen las disputas de la política, entendiendo las tecnologías del cuerpo que, según Foucault (1975), operan como los aparatos de producción mediante los cuales se sujeta y se controla al mismo a lo largo de su existencia.

Este autor hace especial énfasis en las prácticas punitivas de las que ha sido objeto el cuerpo en los ejercicios penales a través de la historia y de qué manera los castigos en general y la prisión corresponden a tecnologías del poder que cuando se apropian del cuerpo se manifiestan a través de represalias físicas demoledoras, maquinarias para ejercer dolor, pero también, técnicas disciplinarias que apuntan al “alma” (1975), donde se habla de un cuerpo político en el cual la psiquiatría, la psicología y la educación tienen un papel en la manipulación y control que se ejerce sobre los “locos”, los niños, los colonizados y las minorías, a partir de la vigilancia y el castigo.

En este punto es de suma importancia resaltar las opresiones y formas de sujeción en el cuerpo de las mujeres como tecnologías del poder, de las que ya se ha hablado anteriormente, tales como el empalamiento de sus cuerpos para dejar mensajes en las comunidades donde habitaban, la muerte pública en hogueras debido a prácticas de medicina ancestral -mal llamadas brujería- la reclusión en centros médicos y psiquiátricos cuando decidieron desobedecer los mandatos familiares, sociales o maritales, nombrándolas locas y reduciendo sus existencias a despojos de sí mismas.

Con respecto a la concepción de sujeto, Foucault (1988) plantea que este “está inmerso en relaciones de producción y de significación, también se encuentra inmerso en relaciones de poder muy complejas” (p.03), aludiendo a dos significaciones que puede tener este concepto: ¨sometido a otro a través del control y la dependencia y sujeto atado a su propia identidad por la conciencia o el conocimiento de sí mismo. Ambos significados sugieren una forma de poder que subyuga y

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somete” (p.07). De igual manera, el autor establece una ruta para interpretar lo que implican las relaciones de poder y cómo se manifiestan; un ejemplo claro para comprender la locura sería conocer lo que pasa en el campo de la cordura, la legalidad en contrapeso con la ilegalidad y para las relaciones de poder, interviene diciendo que se deberían analizar las formas de resistencia y los intentos hechos para disociar estas relaciones, es decir que para Foucault, con respecto al sujeto hay unas relaciones de poder que deben medirse y equipararse en la medida en que también hay unas fuerzas que las resisten y donde se ejerce una tensión.

A la luz de lo anterior, es posible deducir que alrededor del sujeto siempre han existido fuerzas opuestas que lo constituyen y que se interrelacionan, que lo ponen en cuestión en cuanto exigen de él comportamientos, posturas y acciones encaminadas a unas formas de vida en contravía a las deseadas, de manera que Foucault sirve de lupa para poner atención a estas formas de sujeción, pero también a las maneras de oposición que el sujeto encuentra para hacer frente a las mismas.

Es importante exponer otras comprensiones que se han establecido históricamente alrededor del concepto de sujeto. Para ello se hace determinante acudir a Castoriadis (2002) cuando se refiere al sujeto como una entidad que no es dada, por el contrario, es un proyecto para hacer, para hacer advenir, es una posibilidad de todo ser humano, es una creación histórica que puede continuar en el tiempo, estableciendo un matiz conceptual con respecto a la concepción clásica que lo define como sujetado a, sometido a. Por su parte, Torres (2006), alude a la existencia de un sujeto colectivo o individual que se constituye como tal en la medida en que es capaz de reconocer y asumir los condicionamientos del contexto y tiene la voluntad para transformarlos y superarlos, desde prácticas encaminadas por visiones de la realidad contrarias a las hegemónicas.

Con lo dicho anteriormente, la condición y acción del sujeto se reivindican. De acuerdo con Martínez y Cubides, (2012) “el sujeto, como hemos planteado, no es una esencia, no tiene una identidad preestablecida; el sujeto implica un modo de ser y estar, una multiplicidad de acciones y posiciones y una producción social” (p.75). De manera tal que pensar en el sujeto como figura

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céntrica implica entender que existe un sujeto en cuanto se constituye a partir del ejercicio de cuestionar su ubicación social y con esto todo el universo de limitaciones y habilitaciones que son dadas “naturalmente” interpelando la realidad dada (Bonvillani, 2012).

Es por esto que pensar en las implicaciones de la subjetividad política en relación con las mujeres es clave, ya que el cuestionamiento de su ubicación social en la historia les ha permitido interpelar la realidad establecida y han decidido romper patrones de comportamiento, levantar sus voces para transformar sus posiciones, entendiendo que las formas en que han sido nombradas, encasilladas, no responde a una identidad inmutable, al contrario, esta ha sido una “verdad” que debe ser interrogada.

En consonancia con lo anterior, es trascendental desarrollar aquí lo que implica el proceso de subjetivación política para Rancière (2006), quien apela a la reivindicación de las minorías culturales frente a las culturas más hegemónicas, es decir, que los valores políticos universales no obedecen a las reglas particulares de las comunidades. La subjetivación es propuesta como una relación multivariable de diferentes perspectivas dentro del contexto de la resolución de conflictos y toma de decisiones. Es por esto que el proceso de subjetivación política se presenta como un primer derrotero en la pregunta por el lugar que ocupa el sujeto en la sociedad y de qué manera, a partir de estos ejercicios, de resistencia e interrogación, encuentra una redistribución de los roles sociales, de los cuerpos en colectividad, una manera de que aquellos que siempre han estado por fuera, puedan tener una forma de participación: “toda subjetivación es una desidentificación, el arrancamiento a la naturalidad de un lugar, la apertura de un espacio de sujeto donde cualquiera puede contarse porque es el espacio de una cuenta de los incontados” (p,53). De forma tal que para este autor la subjetivación política se presenta como un rechazo a través de acciones simbólicas y materiales hacia el lugar que el Estado y la organización social imponen a cada sujeto.

Con los rastreos realizados hasta ahora, se hace fundamental entender que “la política vista como consenso y proyecto de orden social integra y somete a los individuos a un sistema de

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relaciones y posiciones sociales que se formaliza a tal punto que se convierte en una estructura de dominación” (Martínez y Cubides, 2012, p.69), mientras que Rancière (2006), en sus diez tesis sobre la política, sostiene que:

la política no es el ejercicio del poder. La política debe ser definida por sí misma como un modo de actuar específico puesto en acto por un sujeto propio que depende de una racionalidad propia. Es la relación política que permite pensar al sujeto político y no lo contrario. (p.59)

Es decir, que se antepone o propone una alternativa a la paradoja clásica de mandar y obedecer; y es aquí donde en medio de las diferentes coyunturas políticas y transformaciones sociales tiene lugar la subjetividad política como el reposicionamiento de la voz de los “otros”, no en el sentido de los enemigos, por el contrario, los otros, como los despojados de una voz; como bien lo expone Rancière (2006), “escuchar como discurso lo que no era escuchado más que como ruido” (p.198).

Así pues, se tiene que, en la contemporaneidad, los conceptos de sujeto y política afirman Martínez y Cubides (2002), son categorías complejas, históricas y cambiantes, por tanto, posibles de ser transformadas, que otorgan luces sobre la elaboración inacabada de dos términos que se interrelacionan constantemente en las construcciones alrededor de la pregunta por el lugar que se ocupa en el mundo.

De acuerdo con lo anterior, preguntarse por la subjetividad política es también cuestionarse por los modos en que se ha devenido históricamente; esta no representa algo estático o que le pertenece solo al Estado y a sus organizaciones reguladoras del orden social, sino que atiende a otras formas de configurarse y reclamarse, al tiempo que remite a comprensiones alrededor del sujeto y la política como acciones y formas de habitar el mundo que están constantemente mediadas por las formas del poder y de qué manera se ejerce bajo la premisa de resolver o minimizar la pugna o tensión entre los intereses de dos opuestos.

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La subjetividad política, según Bonvillani (2012), hace visible la tensión entre la política, la subjetividad y los procesos de exclusión/ inclusión que operan en el marco del capitalismo, permite analizar los procesos de sujeción a un orden social (policial) y deja entrever las posibilidades de los procesos de emancipación subjetiva en procura de la igualdad de los sujetos. Como es el caso de las mujeres, sus cuerpos y sus discursos, que, aunque no representan una minoría en cuanto cantidad, sí en la ocupación de puestos de poder, visibilidad de sus posturas, reconocimiento de sus discursos, inmersas en la constante dicotomía de exclusión- inclusión de los escenarios políticos, culturales, pero también el pulso de las mismas en contra de estas formas de administración de lo público o lo social que las pone al margen, reclamando un lugar en los mismos.

Es de esta manera como se establece una relación íntima entre el sujeto que habita un espacio-tiempo determinado y la política, pues los múltiples fenómenos sociales surgen de manera emergente y continua. Este sujeto es un primer derrotero de la cadena histórica dentro de los diferentes proyectos de sociedad que se han instaurado y prefijado en el trasegar humano. Es decir, como indican Martínez & Cubides, (2012) “el sujeto es producido socialmente y que su autoconstitución pugna entre dos campos: lo instituido y lo instituyente'‘. (p.70)

Ahora bien, se entiende que:

Lo instituido, hace alusión a la fuerza hegemónica de los poderes dominantes que garantizan el estado de las cosas, aquí está incluida la economía, la política, las organizaciones, la familia, entre otras. Aparatos y mecanismos de sujeción y dominación que operan en y desde la sociedad en su conjunto y que portan mecanismos de reproducción culturalmente establecidos. (Martínez y Cubides, 2012, p.74)

Así pues, lo instituyente es más una capacidad de construcción frente a la forma instituida o dominante de pensar y establecer los símbolos, normas y códigos determinados socialmente que

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se han propuesto desde lo individual y lo colectivo, por lo tanto, es una postura alterna a lo instituido. Cuando el sujeto se pregunta desde la reflexión por su existencia se está inscribiendo en este terreno de lo instituyente, aclarando que la forma instituida-dominante no es la única posibilidad.

De lo anterior, es importante resaltar que el sujeto se ubica entonces como la estructura en la cual se interrelacionan constantemente estas dos categorías y de la cuales emerge la subjetividad política como capacidad agenciante, transformadora, vinculante y sensorial que permite dimensionar las tensiones y rupturas entre lo instituido y lo instituyente a través de las experiencias que acontecen en el sujeto, entendiendo que no se puede pensar en la misma sin estas dos fuerzas opuestas que se entremezclan y son codependientes.

Aquí es importante resaltar la fisura como imagen política, es decir, la fisura como el resultado de estas fuerzas que rondan al sujeto, para este caso puntual a las mujeres; fisurar la realidad es una apuesta política que aboga por la no aceptación de las condiciones dadas en la esfera pública, es un agrietar la realidad de una forma intencional en la propia subjetividad, que va más allá de las imposiciones sociales de comportamiento.

Desde este ángulo de comprensión, se asume que no existe una única manera de entender la subjetividad, ya que esta emerge de múltiples circunstancias y es plural como las elaboraciones colectivas y particulares de sujeto; son reconfiguraciones de pensamiento y práctica, así pues, es una postura contestataria, alterna, múltiple, que se manifiesta en diversas estancias. Es decir que cuando el sujeto genera e inventa el mundo que habita, al hacerlo se inventa a sí mismo. El ser humano imagina, despliega algo allí donde no había, transforma el planeta y en este acto se cambia a sí mismo. Dentro de la subjetividad política se permite la libre expresión, la configuración de interrogantes de orden confrontativo, la crítica como modo y línea de pensamiento, los actos creativos usando el trampolín artístico para transmutar, transmitir y compartir saberes, como

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definen Martínez y Cubides (2012), “actos creativos que devienen de una dimensión estética potenciada” (p.79)

Esta subjetividad política reside en multiplicidad de vectores de subjetivación: la necesidad, el deseo, las pulsiones, los instintos, el interés, el lenguaje, las leyes, el pensamiento, la voluntad, los sentimientos, los proyectos, entre otros; donde se asume que el ser humano es actividad, pero es actividad que crea, es un hacer que inventa, es un hacer que genera a diferencia de cualquier otro ser vivo (Martínez y Cubides, 2012).

La política ha estado tradicionalmente definida sobre relaciones dicotómicas y maniqueas como amigo – enemigo, público– privado, izquierda – derecha; y preguntarme por las subjetividades políticas es también interrogar las relaciones que existen entre estas contradicciones y la vida de los seres humanos, tanto hombres como mujeres. Esta relación la podemos evidenciar en la manera como entendemos y asumimos esta dicotomía de lo femenino o lo masculino. Siempre se ha asociado lo público con lo racional, con la inteligencia y lo cuantitativo, así mismo, ha estado direccionado al accionar político de los varones. Allí, por otro lado, lo privado ha estado asociado a actitudes y formas de actuar subjetivas, que no son tan racionales, que son más emocionales y pasionales y de ahí ese ambiente de desconfianza que se tiene, pues le confiere estos patrones o comportamientos a lo femenino.

Entonces preguntarse por lo que hay detrás de la acción política es indagar también por cómo actuamos los seres humanos, sentipensantes, que viven el mundo recreado desde la política a través de esos lenguajes, ubicarse de manera crítica en el espacio público para preguntarse por asuntos que parecen marginales, como por qué la obligatoriedad de la maternidad, cuál es el lugar de lo femenino para las mujeres, cómo debe asumirse un modelo de ser mujer. Son estos y otros asuntos que involucran pero que también encasillan la comprensión sobre la forma como actuamos políticamente.

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Las transformaciones sociales no pueden ser pensadas sin el sujeto, así como el sujeto no puede ser pensado sin las transformaciones sociales. Los sujetos, a su vez, son sujetos sociales, los cuales son susceptibles de ser interpretados desde su estudio y comprensión.

Habría que decir también que la subjetividad política se presenta como un concepto en constante transformación y del cual es necesario ocuparse, no es suficiente con la comprensión clásica y elitista de la política donde se entiende como el decir de unos cuantos, de unos pocos, poseedores del poder y casi que, de la verdad, sino como una construcción colectiva e individual de una forma de habitar el mundo y transformarlo.

Así pues, se podría plantear la subjetividad política, de la mano de Díaz (2012), como esa acción de reflexividad y creación que elabora el sujeto sobre sí mismo, en el plano de lo privado y lo público, desde los cuales interroga a las instituciones, cuestiona la realidad y a la sociedad; es allí donde se da el despliegue de la política como posibilidad, como su posibilidad.

En últimas, la subjetividad política se presenta como una posibilidad de fisurar la realidad y habitar en la fisura; en cuanto en el sujeto acontece lo instituido y lo instituyente, está sometido, sujetado a, pero también tensiona estas fuerzas, haciéndose valiente y entendiendo la fisura como eso que le pasa a su cuerpo en la tensión constante de fuerzas que pugnan por colonizar su sentir, saber y actuar; la fisura como capacidad agenciante y potenciadora que habilita otras formas de contar y habitar el mundo contrarias a las tradicionales y normativas; la fisura es la manera en que el sujeto encuentra la forma de agrietar la realidad y actuar sobre sus propios actos como un gesto en el que emerge la voz de los incontados.

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Formación literaria: de palabras y posturas

Figura 3. Franz Eybl, Girl Reading, (1850). Óleo sobre lienzo.

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¡Qué bueno regresar a mis libros! -término de los fatigados días- Casi compensa la abstinencia, y el dolor se olvida con el placer Como aromas que confortan a los invitados en el banquete, mientras esperan, esta fragancia aligera el tiempo hasta que llego a mi pequeña biblioteca Puede haber desolación afuera, lejanos pasos de hombres que padecen, pero la fiesta suprime la noche

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y hay campanas, interiormente.

Doy las gracias a estos Parientes del Estante.

Sus caras apergaminadas nos enamoran mientras esperamos, y nos satisfacen al alcanzarla Emily Dickinson (2012)

De las fronteras del acceso a la frontera indómita

Desde el inicio de esta investigación he hablado del cuerpo femenino entendido como una casa que alberga unas fisuras y grietas que constituyen la subjetividad y la formación de las mujeres como posibilidades de transgresión a las imposiciones de una sociedad violenta y segregante; entender entonces que este cuerpo se mueve entre dos fronteras: una que es prohibitiva, instituida, opresora, que niega su acceso al mundo de la cultura y otra que es instituyente, habilitante, donde reclama su derecho de acceso al mundo de las palabras.

Así pues, existe una frontera en la cual habita la literatura como posibilidad de sublimación, de supervivencia, espacio de reconstrucción del ser; es este lugar el que por siglos ha sido velado para las mujeres, tal como lo menciona Esther Tusquets, en el prólogo del libro Las mujeres que leen son peligrosas (2006), donde realiza una apertura que da cuenta de los niveles y formas de acceso de las mujeres al espacio literario, como un primer eslabón en el acercamiento al mundo de la cultura y la sospecha de la práctica de la lectura como una práctica peligrosa y perturbadora de las buenas costumbres, sobre todo del hogar y la moral.

Estas consideraciones con respecto a la amenaza que significa el acceso a la literatura por parte de las mujeres, se manifiestan en la sospecha de que es una práctica que pone al sujeto en otra dimensión crítica con respecto a sí mismo y a los demás, lo que desencadena una renuncia por parte de las mujeres a las exigencias de una sociedad injusta y desigual, y su maquinaria de

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producción basada en la explotación de unos por otros y sobre todo de estas como fuerza de trabajo, sostenimiento del hogar y la familia; es a través del acceso al mundo de la lectura, como un primer eslabón en el acceso al mundo de la cultura que se atreven a confrontar los estándares socialmente instaurados como regla inamovible de existencia. Como es el caso de Madame Bovary, el personaje emblemático de Gustave Flaubert que, al encontrarse con otras formas de vida en la narración, pone en cuestión la propia realidad y decide transformar la propia.

En consonancia con lo anterior, Bollman ofrece pistas respecto a las tensiones que se han presentado en diferentes épocas, sobre todo en el siglo XVII, cuando una mujer se encuentra con la lectura:

Las mujeres que aprendían a leer en esa época eran efectivamente peligrosas. Porque la mujer que lee conquista no sólo un espacio de libertad al que sólo ella tiene acceso, sino que consigue al mismo tiempo un sentimiento de autoestima que la hace independiente. Por otra parte, ella se forja su propia visión del mundo, una imagen que no necesariamente coincide con la que le han transmitido sus ascendientes y la tradición, ni tampoco con la del hombre. (2006, p.28)

Es bien sabido entonces que el hacerse camino en el cosmos literario no ha sido una tarea fácil o ligera, por el contrario, ha atravesado varios momentos de prohibiciones, tanto que “la lectura femenina, en particular, se efectuaba de forma no sistemática, dispersa, y no raras veces, en secreto” (Bollman, 2006, p.30), en muchas ocasiones interrumpida por las labores domésticas, la presencia de familiares en contra de esta adquisición; es así como estas prácticas de lectura no se tornaron decisivas por el tiempo invertido en las mismas, sino por la intensidad de la experiencia emocional que la lectura desencadenaba en las lectoras.

Se trata, desde luego, de una persecución histórica por parte de moralistas y religiosos hacia la comprensión de una realidad diferente a la dada. Skliar la define como “una guerra a muerte

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contra las novelas por considerarlas atentatorias y desestabilizadoras de las instituciones sociales” (2005, p.21). Es valioso entender que leer para las mujeres ha sido una experiencia para la libertad individual y la emancipación, de manera que preguntarse por los efectos de la palabra es menester de la pedagogía como un escenario que posibilita pensar de manera crítica y diferente el mundo; no una pedagogía que abogue por la conservación de valores morales opresores, inquisitivos; sino, que los interpele.

En este sentido, es relevante mencionar las preguntas que Montes (1999) plantea con respecto a la importancia de la enseñanza de la literatura: “¿Por qué enseñar literatura? ¿Por qué insistir en que la literatura forma parte de la vida de las personas? ¿Dónde está esto que llamamos literatura? ¿Dónde debemos ponerla? “(p.50), preguntas que son determinantes para el desarrollo de este trabajo pues, ¿se puede realmente enseñar literatura? ¿de qué se habla cuando se habla de enseñar la literatura? Es en este punto de la problematización donde vale la pena preguntarse por las relaciones entre literatura y pedagogía.

Se trata de atender a la literatura en relación con la pedagogía no en un sentido pragmático, útil, que se ajuste a una lógica de la producción, sino, una forma de asumir el mundo y la vida con una sensibilidad distinta; la formación literaria no se preocupa por fórmulas, recetarios o maneras de abordar un texto lógicamente para que el sujeto aprenda cuáles son las partes de una oración, no descuartiza la obra literaria, la toma por su valor estético, por las afectaciones al sujeto, que va de la mano con lo que propone Farina (2005), quien habla de una pedagogía de las afecciones que busca proponer espacios de formación que supongan una experimentación con lo que desborda las formas de ser del sujeto. Esta autora plantea que:

Una pedagogía de las afecciones buscaría favorecer prácticas de problematización y resistencia a la homogeneización de los modos de vida, capaces de hacer ver y conducir lo paradójico, lo irregular y lo heterogéneo que componen la realidad cotidiana del sujeto. (p.13)

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A propósito de esa relación entre literatura y pedagogía, vale la pena acudir a Frigerio (2004), quien retoma el concepto de transmisión en educación, no como esa tarea mecánica e ilusoria de la educación conservadora de transmitir información en un sentido completo, o como una relación jerárquica donde uno es transmisor y el otro receptor, sino como posibilidad de vínculo entre maestro-estudiante, entendiendo que venimos al mundo con una herencia preestablecida y que esta es algo inherente a la condición humana, que en los avatares de la educación como menciona, se da otro tipo de transmisión que convoca al maestro en el trabajo de la educación como un acto político que se preocupa y entiende cuáles son los procesos que esta tarea implica.

La idea que Frigerio desarrolla tiene que ver con lo que se podría nombrar como la bella, la dulce obstinación de la literatura, y la transmisión como el proceso donde esta obstinación se da a un otro, pero en el proceso de ofrecimiento también se hace recíproca, es decir, que la transmisión en educación se pregunta por lo que hay dentro y fuera de este proceso, lo fragmentario, lo buscado, lo perdido, lo traducido, lo que pasa, lo que se pasa, lo que nos ha sido pasado y que ese intercambio, tanto en lo que se ofrece como en lo que significa para un otro con sensibilidades, posturas, y perspectivas diferentes, permite pensar que lo propuesto allí deviene para el otro en propio; como bien lo expresa Pétit (2009), “La lectura es un arte que, más que enseñarse, se transmite” (p.16).

Así pues, Skliar (2005) y Larrosa (2003) definen esta relación como un constante de ires y venires, de tensiones y coqueteos, de distancias y acercamientos, donde el cuestionamiento no es qué tan pedagogizante es la literatura, sino comprender hasta qué punto la experiencia literaria es capaz de interrumpir o modificar la pedagogía misma; y lograr entender qué afectaciones se generan en el sujeto en el encuentro con el texto literario, que es tan diferente de los demás textos.

En este sentido, vale la pena recordar los aportes de Montes (1999), puesto que la literatura no se reduce a una cuestión moralizante, por el contrario, la invitación que hacen muchas obras literarias es al desacomodo, a recibir la experiencia del mundo de una manera diferente, no

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necesariamente agradable o amable como lo menciona Kronfly (2016), autor que habla de una patria literaria como un territorio que convoca a la transgresión y a la sensibilidad del mundo apartado de los lugares comunes y cuyo trabajo es hacer estallar aquellos espejos condescendientes que nos devuelven los relatos derivados de las convenciones. Es en esa disrupción donde precisamente tiene lugar la formación literaria, como un espejo, que es oportuno para la reflexión y la pregunta; el autor interpela el espejo complaciente de la bruja de Blancanieves, lo que lleva a pensar en aquellas imágenes de nosotros mismos o ajenas que nos devuelve la literatura, que no necesariamente son bellas o deseadas, pues también pueden estar asociadas a aquello que repudiamos o ignoramos. De eso se trata, de que el espejo devele aquellas heridas que no sabíamos que estaban, que teníamos y es desde estas afectaciones que se puede hablar de una transformación.

A propósito de las imágenes dolorosas o no reconocidas en el encuentro con el texto literario, que también atiende a una experiencia estética de las heridas y fisuras que alimentan este relato, es importante entender que la experiencia literaria es un encuentro con lo sublime y no con lo bello, como plantea Byung-Chul Han (2018), estableciendo una diferencia entre estas dos características de la sensibilidad:

[…] lo bello es menudo y delicado, leve y tierno. Se caracteriza por la tersura y la lisura. Lo sublime es grande, macizo, tenebroso, agreste y rudo. Causa dolor y horror. Pero es sano en la medida en que conmueve enérgicamente al ánimo, mientras que lo bello lo aletarga”. (p.33)

Así pues, en la experiencia literaria hay una conmoción por el encuentro con lo sublime, eso que no es perfecto, que otorga al sujeto la capacidad de estremecerse y recibir la experiencia en un principio con malestar, o desagrado pero que invita a la modificación de la propia subjetividad, es por esto que la fisura es la resistencia a lo terso, a la superficie, a la mentira de que nada pasa en los cuerpos, de los cuerpos bellos en un sentido mercantil; la fisura es la evidencia de la vida y las heridas, es sublime porque no es una imagen complaciente, sino que recuerda un hecho

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al que se hizo resistencia, hay una historia y una capacidad de agenciamiento en la existencia de la misma.

Volver entonces aquí sobre el concepto de formación literaria como un concepto en contravía de las formas convencionales en que se ha enseñado la misma, la mecanización y mercantilización de la que ha sido objeto, las disecciones rutinarias del texto literario que lo despojan, en muchas ocasiones, de la riqueza exploratoria del artificio de la palabra que se transforma en ficción. Es lo que expone también Montes (1999) afirmando que esta no sirve para modificar de una manera determinante las condiciones del mundo o para saciar las necesidades elementales de las personas, pero sí como una posibilidad de ensanchar la frontera indómita territorio de la imaginación y la sensibilidad- de construir imaginarios, de recuperar el sentido de los gestos, el juego. Es valioso aquí aquel poema de Peri-Rossi (2003, p.30):

XIV

Ninguna palabra nunca ningún discurso -ni Freud, ni Martísirvió para detener la mano la máquina del torturador pero cuando una palabra escrita en el margen en la página en la pared sirve para aliviar el dolor de un torturado, la literatura tiene sentido.

Justamente de eso se trata, del no pragmatismo de la literatura en un sentido convencional y es eso lo que la hace tan trascendental e importante, porque pertenece al territorio del detenimiento; “leer es un acto de aislamiento amable. Leyendo nos volvemos inaccesibles de una manera discreta” (Bollman, 2006, p.34), hay una abstracción cuando se lee, un espacio íntimo en

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el que el sujeto se permite el encuentro con un otro que plasmó otras realidades y consigo mismo para el disfrute, reflexión o cuestionamiento de lo escrito; el camino de la ficción como una alternativa a vivir otras vidas a través de la pluma de otros, para saber que no somos los mismos cuando terminamos una obra, para entender que la literatura se hace pedagógica en cuanto genera afectaciones en el modo de percibir la realidad dada y que aporta herramientas para el deseo de otros mundo posibles.

En esta línea de sentido, la literatura ofrece metáforas desde las que se puede interpretar la condición humana y la formación literaria se ocupa de la riqueza misma del texto literario. Se trata de una puesta en escena entre los convocados al proceso de formación para permitirse la afectación de la experiencia literaria y tomar de allí lo que le resulte interesante, sublime y necesario para la construcción de sí, que es también una construcción intersubjetiva, relacional, simbólica, ética y política.

De manera tal que se habita poéticamente la fisura cuando se reclama y se ejerce el derecho a la desobediencia, poetizando la experiencia estética que ha sido negada, como el acceso a un mundo hasta el momento desconocido; como bien lo afirma Bollman (2006), las implicaciones de la lectura llevan a una identificación con lo que un otro ha llevado al papel, que permite la exploración y la amplitud del propio horizonte emocional. “[…]Y no se resignan a cerrar el libro sin que algo haya cambiado en su propia vida. “El libro se convierte en iniciación”. (p.16)

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Las mujeres toman la palabra y el mundo se transforma

Figura 4. Fuegos, Yaneth Posada, (2022). Cómic

Pero aquí estamos, guardando una mujer que, como ella misma bien dice, ya ha sido incendiada.

Clarice Lispector (2016)

La palabra es un artefacto. Es por esto que cuando las mujeres toman la palabra el mundo se transforma, han aprendido que tienen derecho a la resonancia de sus voces y sus plumas, son ahora capaces de nombrar aquello que ha constituido sus subjetividades, sus dolores y resistencias; el mundo se transforma porque ahora tienen un relato que estuvo extraviado, porque la palabra que estuvo por mucho tiempo silenciada también lo constituye.

Cuando se menciona que la palabra es un artefacto también se comprende por sus cualidades detonantes, explosivas, por los efectos y afectaciones en los sujetos y en la cotidianidad de los mismos, así pues, hacer uso de la palabra para las mujeres; tomarla, reclamarla, alude a una

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intención de modificar las condiciones y reordenar el mundo, las maneras en las que ha sido contada la humanidad, para decir: “aquí está mi palabra”, que también hace parte, merece ser escuchada y de esta manera prender fuego a las formas convencionales en que ha sido narrado el mundo y añadir contrastes, matices al relato común.

De allí que Martínez y Cubides (2012), a través de los postulados que nombran como premisas, sustentan que “otro mundo es posible y su reconfiguración exige sujetos políticos con capacidades para pensar, actuar y construir lo social y lo político desde otras maneras” (p.70). Cuando en el marco de las tensiones sociales, del hacerse consciente de la posición y el asumir una postura crítica y política, las mujeres vistas históricamente como minorías políticas, cuerpos sometidos, sujetos subyugados, deciden fisurar la realidad a través de su escritura e interpelar la sociedad que las rodea, que las atañe, que las engendra, el mundo se transforma; como bien lo dice Rancière (2006), “Tomar la palabra” para distanciarse de una identificación opresora es un procedimiento simbólico que se realiza a partir de la comprensión de que se pertenece a un colectivo que ha sido sistemáticamente despojado de la posibilidad de nombrarse a sí mismo, y con eso, adquirir visibilidad pública, inscribiendo la “palabra re-apropiada” en un destino común.

Es en este sentido cuando entra en acción la literatura escrita por mujeres y una construcción narrativa diferente de la realidad, un contar sus propios cuerpos, sus testimonios de vida, la ficcionalización de sus vidas. De ese modo surge la elaboración de un mundo diferente, que ha sido en gran parte narrado por hombres. ¿Cómo es el mundo narrado por las mujeres? ¿Qué cambia cuando lo narran ellas? ¿Qué pasa cuando es una mujer escribiendo sobre el deseo, el sexo, la soledad, la familia y la infancia?

A la luz de lo anterior, es importante entender cuál es el mundo que se transforma cuando una mujer decide tomar la pluma; y es que estas transformaciones apuntan no solo a la configuración de un mundo común diferente, también a un universo personal, propio, que se separa de las formas habituales en que le ha sido contada su propia historia. Vale la pena traer a colación

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a Pétit cuando escribe sobre lo que significa el proceso de adquisición del conocimiento: “con frecuencia el saber es pensado como la clave de la libertad, como un medio de no quedar al margen de su tiempo, como un medio de participar en el mundo y de encontrar un lugar en él” (2001, p.109).

La palabra se convierte entonces para las mujeres en el trampolín para el acceso a la cultura y al conocimiento, y en la posibilidad de ocupar un lugar, es la herramienta para intervenir en él, para sublimar su existencia relatándola, dejando evidencia de esta en el deseo de trascender.

Es importante recordar a Simone de Beauvoir y su recuento histórico de lo que implica ser mujer en las esferas sociales, políticas y culturales de la sociedad en su obra El segundo sexo (2014), yendo más allá de las implicaciones biológicas y situando las diferentes tensiones que se generan cuando decide escribir y la hostilidad que desencadena esta posición entre los varones de la época. Expone el caso de Lady Whinhilsea, en el siglo XVII, una joven noble y sin hijos que como bien dice la autora, tenía capacidades sensibles y poéticas, pero en vista de las diferentes burlas, escándalos y provocaciones de las que fue objeto termina escribiendo:

¡ay! ¡Una mujer que toma la pluma es considerada como una criatura tan presuntuosa.

que no tiene remedio alguno en redimir su crimen! (p.95)

Es así como en sus ejemplos también incluye a otras mujeres, que fungen como excepciones, que pudieron vivir de sus plumas “como hombres”, no sin antes encontrarse con grandes obstáculos, ridiculizaciones e insultos que en muchos casos las obligaban a ocultarse en sus dominios condenadas a la locura, el escándalo y el temor. Es con Virginia Woolf (1980) en su famoso ensayo sobre la literatura femenina Una habitación propia, que quedan en evidencia la hostilidad que suscita una mujer escritora en su medio y las numerosas apologías que escriben médicos y escritores sobre por qué no debe permitirse a una mujer escribir, cuestión que se le

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adjudica a varias razones, pero una de las principales, es la participación de ésta en espacios reservados sólo para la palabra “válida” que es la masculina.

La construcción de sociedad ha establecido sus bases entre las comunes escisiones de bueno/ malo, masculino/femenino, negro/ blanco, dictaminando que existe siempre un “otro” diferente a un “yo” sobre el que empiezan a emerger discursos de xenofobia, segregación; es por esto que “En el momento en que las mujeres empiezan a participar en la elaboración del mundo, ese mundo es todavía un mundo que pertenece a los hombres: ellos no lo dudan, ellas lo dudan apenas. Negarse a ser lo otro” (Beauvoir, 2014, p.23).

Es aquí cuando la otredad surge como la base o el eslabón de posibilidad de las sociedades occidentales civilizadas en la elaboración del imperio de explotación de unos seres por otros, es decir, que el discurso de la otredad así como del control y las tecnologías del cuerpo atienden a un estado de dominación y producción que se basa en quiénes son más o mejores merecedores y quiénes no, de allí que las mujeres y sus cuerpos sean la herramienta a través de la cual se ha constituido el mundo históricamente, por esta razón cuando las mujeres deciden tomar la pluma, se ejerce un acto de subjetivación, emancipación y transgresión del mundo dado, por lo cual se convierten en objeto de persecución, ya que están accediendo a una forma de alterar el mundo conocido.

De manera tal que tomar la palabra por parte de las mujeres es un ejercicio de participación en la elaboración de sociedad y político en un sentido de apropiación de la misma; por lo cual se hacen imperantes espacios de formación dentro y fuera de la escuela que se opongan a los convencionalismos de la enseñanza de la literatura, para que opere una práctica que se preocupe por el papel de las mujeres en la misma, de lo que leen, escriben y piensan otras mujeres; para poner en cuestión el discurso desde el que han sido narradas y que se quiere transformar.

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De modo que, el sujeto es y se hace político en lo que devela, en lo que adviene, en lo que transforma a partir de expresiones creadoras y estéticas en encuentro con y para otros, en la acción colectiva de construir conocimiento, generar insatisfacciones, tensiones. Es por esto que la formación literaria hace parte de una democratización de los saberes que pone como agentes principales a las mujeres, que como bien lo expresa Petit (2001), “Hoy día se abre una posibilidad de profundizar la relación entre los términos “lectura” y “democratización”, y eso gracias a las mujeres. Para empezar porque los iniciadores del libro en su mayoría son mujeres” (p.122).

Es así como la pregunta por la formación literaria para y desde las mujeres resulta impostergable, ya que comparten referencias, símbolos e historias de vida, además de unos sistemas de relaciones que se dan entre la verdad, la identidad y la alteridad, que atienden a otras formas de pensar y narrar el mundo; son los indicios de la subjetivación política y su trascendencia.

En este sentido, la literatura y la formación literaria son dos condiciones de posibilidad que se hacen políticas en cuanto le otorgan al sujeto la oportunidad de aprender a poner en palabras sus sentimientos, la certeza de que hay una manera de resquebrajar la realidad dada, de vivir otras vidas, de encontrarse con otros mundos posibles, de ir a otros universos sensibles; es en el encuentro con la palabra de esas otras mujeres donde se posibilita un agenciamiento propio. Un lugar en el mundo también es la palabra.

Finalmente, preguntarse acerca de las razones de por qué el mundo se transforma cuando toman la pluma las mujeres, por qué pueden ahora contar sus experiencias, lo que implica ser mujer, sus condiciones de acceso, los oficios que desempeñan, el matiz y la sensibilidad con que habitan sus propias casas, es decir, sus cuerpos. Porque ahora esa palabra toma fuerza y carácter de validez cuando el mundo entiende que ese relato es necesario para lograr entender mejor qué es lo que hemos hecho los unos de los otros a lo largo de la historia. Porque “quizá no hay peor sufrimiento que estar privado de palabras para darle sentido a lo que vivimos” (Pétit, 2001, p.114), de manera tal que la literatura es política.

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3. Construcción metodológica: una ruta oportuna para ingresar a casa

Acerca de la práctica pedagógica

Como maestra en formación y en el desarrollo de mi ejercicio pedagógico retomo las palabras de Freire (2018): “No hay enseñanza sin investigación ni investigación sin enseñanza. Esos quehaceres se encuentran cada uno en el cuerpo del otro” (p.30). Las palabras de este maestro y filósofo son precisas para comprender la labor magisterial como práctica inseparable de la pregunta, la problematización, la perplejidad y la búsqueda de comprensiones y transformaciones de la realidad social y educativa. De modo que partir de la convicción de que el maestro es investigador, supone asumir que el ejercicio de la profesión puede ser al mismo tiempo un continuo acto de indagación que, como bien lo sugiere el pedagogo brasilero, exige del maestro cualidades específicas como postura crítica, reflexión, compromiso y respeto a la autonomía de los otros.

De manera tal que comprender la práctica pedagógica como un ejercicio investigativo permite entender la naturaleza misma de este proyecto, en el cual las apuestas académicas se sitúan alrededor de reflexiones políticas, investigativas, donde como maestra en formación privilegio de manera vital la formación literaria y la subjetividad política, desde las cuales me permito las afectaciones y los interrogantes que me posibilitan transitar la experiencia en espacios bibliotecarios.

Es preciso mencionar que estas búsquedas son intencionadas para esbozar una mirada que permita develar la naturaleza de mi devenir maestra- investigadora, con la intención de llevar a cabo una práctica que defiende una interpretación del mundo a partir de la lectura y la escritura, que privilegia la conversación y el diálogo propio, con otros y por otros; contrario a convencionalismos que buscan determinar qué es lo medible o cuantificable en la educación.

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La perspectiva de la investigación cualitativa o un piso epistemológico

El enfoque epistemológico desde el cual he concretado este trabajo es de índole cualitativo. Mi interés alrededor de la literatura escrita por mujeres busca comprender aquellas tensiones y saberes que emergen en la misma. Así pues, la Biblioteca Pública Piloto se sitúa como un escenario fundamental para el desarrollo de esta propuesta investigativa, donde se posibilita poner en cuestión el carácter transformador de la literatura escrita por mujeres, su circulación en espacios formativos con intereses que van más allá de lo pragmático y aquellos diálogos generados en el marco de un club de lectura para mujeres.

Ahora bien, la literatura es un campo que se configura a partir de metáforas y de un espacio analógico de la realidad que exige lecturas responsables, profundas y detenidas en las cuales se vislumbre mi apropiación no solo como observadora, sino también como participante implicada en los escenarios de formación. Además de ello, por su naturaleza de remisión al mundo de lo sensible, las expresiones por analogía y testimonios de la vida transformados en ficción, el trabajo no puede ser cuantitativo y objetivo respecto a los datos; por el contrario, supone una perspectiva de interpretación que implica la subjetividad, pues es una elaboración estética que despliega temas existenciales que atraviesan y acompañan la condición humana.

Es de esta manera que la apuesta por la subjetividad política y la formación literaria, reclaman una postura plural que otorgue posibilidades de interpretación más sutiles y amplias, que datos generalizables, verificables y comprobables. Es decir, un sentido interpretativo que permita la comprensión de los relatos, tensiones y reivindicaciones que han atravesado las diversas historias de las mujeres escritoras y lectoras.

La ruta de la investigación cualitativa ofrece multitud de posibilidades de interpretación donde tienen cabida la experiencia de los sujetos, las acciones creativas alrededor de la conversación y la palabra, los grupos de discusión. Como maestra de literatura mi compromiso

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emerge de manera íntima con la interpretación de las cotidianidades, partiendo de las observaciones y reflexiones que apuesten de manera profunda a la formación literaria y a las subjetividades políticas que se manifiestan en los procesos. Como indica Galeano (2004) respecto a la investigación cualitativa, “rescata la importancia de la subjetividad, la asume, y es ella la garante y el vehículo a través del cual se logra el conocimiento de la realidad humana” (p.18). Esto se comprende a partir de cierta convicción y es que los procesos de investigación también se cimentan desde y con el otro, con sus experiencias, sus vivencias, sus imaginarios.

El interés de mi ejercicio formativo es movilizar la formación literaria como un acontecimiento continuo e ininterrumpido de transmisión dentro de las realidades de las mujeres, donde la experiencia personal no sobrepasa ni puede sobrepasar la de los demás; donde la otredad es la que hace posible hablar del encuentro entre la biblioteca y la formación. Así pues, la investigación cualitativa permite desplegar significados compartidos, ubicándose en este contexto bibliotecario en el cual habitan las participantes, validando así la pluralidad de las experiencias a través de la interpretación de los relatos para proponer transformaciones y posibilidades a la cotidianidad de las mismas.

Dentro de este paradigma se concibe la realidad como una multiplicidad, es decir, no hay una sola; lo que hace que su campo de estudio sean los fenómenos sociales, las experiencias, las voces y las prácticas de los sujetos. En este tipo de investigación se hace indispensable reflexionar el contexto, explorarlo y enfrentarlo con la disposición de redescubrir y recuperar los acontecimientos que allí suceden, así como los relatos que se producen a partir de la intervención e interacción que se da en el mismo.

Esto quiere decir que lo cualitativo estudia y deriva comprensiones desde la propia vida, la interacción, la conversación, las preguntas y el acercamiento con quienes habitaron este proceso conmigo. La investigación cualitativa me permite, como maestra investigadora, situar a los agentes

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interpretantes como creadores de saber, que expresan narrativas donde el conocimiento es una producción constructiva, conjunta e interpretativa de la experiencia y la realidad.

Investigación narrativa-autobiográfica: las tramas de un mundo interior

Por la naturaleza de esta investigación, esta perspectiva fue la más pertinente para el desarrollo de la misma, ya que permitió una mirada del entorno en el que participé y la lectura del mismo como un texto, además de componer diversas interpretaciones con las participantes que hicieron parte del proyecto. La heterogeneidad de los textos que acompañaron este camino da cuenta de relatos como experiencias de vida que se manifiestan en subjetividades situadas en un contexto social y plural que permite interrelacionarse con un otro que escucha y también cuenta su historia.

La narración es presentada entonces como la ruta para exponer las diversas dimensiones de la experiencia vivida, ya que funge como la construcción social de la realidad, donde el relato se configura a partir de lo que se vive y experimenta; es allí donde se genera el conocimiento y, de esta manera, las narrativas propias y la de las participantes tienen la posibilidad de entretejerse en una constante interacción.

Con respecto a su implementación en el entorno educativo, la investigación narrativaautobiográfica surge a partir del giro hermenéutico en el siglo XX, como bien lo exponen Yedaide, Álvarez, & Porta (2015). Esto a propósito del cuestionamiento al estudio de lo humano desde lógicas que atienden a las exigencias positivistas de la “rigurosidad” de la ciencia, para dar cabida a otras prácticas del conocer que habilitan proyectos de investigación por fuera de estas imposiciones epistémicas.

La narrativa autobiográfica, en palabras de estos autores, “propone asomarse al paisaje de la suspensión de pretensiones científicas absolutas –a las cuales condena por su voluntad

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hegemónica– y mostrar la potencia de la narrativa específicamente por su singularidad, su localidad y su inmediatez” (p.29). Es decir, reivindica otras formas de construir conocimiento, distanciándose de visiones que privilegian discursos coloniales y totalizantes.

De allí que se cuestione un régimen de verdad como autoridad, exponiendo la pregunta: ¿Quién puede decir qué es verdad? Donde la respuesta a este interrogante da cuenta también de las formas de distribución del poder y lo inequitativo que resulta tomar en consideración ciertas voces en contraste con otras. Lo que propone el enfoque narrativo es, por el contrario, otorgar un lugar a la experiencia de los sujetos, sobre todo a aquellos que no han tenido participación en la sociedad, pues sus relatos también constituyen la experiencia de la humanidad.

Estos relatos comprenden una “autointerpretación” que hace de sí el sujeto en la medida en que se narra, y así otorgarle un sentido a su propia realidad disponiendo sus acciones y sentires y, por medio de este proceso, constituir una subjetividad propia donde la experiencia se convierte en relato, en palabras de Bruner (2003, p.106), en “eventos verbalizados”, es decir, un suceso interpretativo que inspira otros mundos posibles y otras versiones de la existencia y la cultura. Así pues, el relato también opera como posibilidad de “los otros”, los que no tenían un lugar, ni un espacio; constituye un despliegue de la subjetividad política en cuanto su discurso es tomado como parte del mundo y la realidad que habita.

La experiencia narrada, así como los sentidos de la formación literaria y la subjetividad política operan como andamiaje metodológico que me posibilita un encuentro personal con la palabra propia y la de otras. Este encuentro íntimo implica la lectura de las realidades y cotidianidades en las historias de vida de las mujeres.

La investigación narrativa - autobiográfica tiene varias aristas: puede pensarse, como un otorgamiento interpretativo al sentir de la vida privada del sujeto; vale la pena recordar el famoso motto feminista “lo personal es político” (Arfuch, 2010, p.33), que les otorga una legitimación a

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aquellos sucesos íntimos, domésticos o privados de la vida de las mujeres. Es válido mencionar entonces que es en este movimiento donde se acentúa la relevancia del relato personal, donde este ocupa un lugar de verdad que le pertenece al sujeto en el cual la narración es la evidencia de la experiencia humana propia e individual, que trasciende los límites de la lógica y la cuantificación y es justo allí donde radica su valor.

Otros aspectos importantes en esta perspectiva metodológica tienen que ver con la conversación y el aprendizaje de los otros y con ellos, pues propone una relación desde la alteridad, desde el respeto y la consciencia de la riqueza de la misma en términos de los matices que contiene, con un otro que piensa de manera distinta, con aquel que es irreductible a nuestros deseos y a nuestra voluntad.

La investigación narrativa no obedece a una manera convencional de investigar, pues se diferencia de otros métodos en cuanto no parte de una forma preestablecida para su desarrollo, ya que sus recursos más significativos son la narración y el relato; así, esta línea por definición lleva a otras líneas para la construcción de conocimientos y significados, pues extrae desde la experiencia cotidiana de los sujetos sus interpretaciones del mundo.

Como bien menciona Paul Ricoeur:

Resulta que la ficción, principalmente la ficción narrativa, es una dimensión irreducible de la comprensión de sí. Si es cierto que la ficción sólo se completa en la vida y que la vida sólo se comprende a través de las historias que contamos sobre ella, entonces, podemos decir que una vida examinada, en el sentido de la palabra que tomamos prestada al principio a Sócrates, es una vida narrada. (2006, p.20)

Es así como esta perspectiva da cuenta de la importancia de la narración para el entendimiento de la propia vida y de los efectos socioculturales de la misma; esto unido a la

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convicción de que es en el relato donde se pueden poner en cuestión las producciones culturales que reflejan no sólo la condición humana, sino también las apuestas personales, la incertidumbre y el devenir del mundo en el que se habita.

Por otra parte, la narrativa puede pensarse en relación con la investigación desde las ciencias sociales y la educación, así como en la literatura, pues asume las historias de vida como un método de investigación que da cuenta precisamente del testimonio oral de los testigos y sobrevivientes, en contextos de guerra, por ejemplo-. Así reconoce que estos testimonios son parte fundamental de la reconstrucción histórica de los acontecimientos. Tal como lo exponen Connelly y Clandinin,

La razón principal para el uso de la narrativa en la investigación educativa es que los seres humanos somos organismos contadores de historias, organismos que, individual y socialmente, vivimos vidas relatadas. El estudio de la narrativa, por lo tanto, es el estudio de la forma en que los seres humanos experimentamos el mundo. (1995, p.1)

De allí que esta perspectiva investigativa no solo pretende validar la experiencia de los sujetos, sino que también es una exploración de las narrativas sociales, culturales, familiares, en las que su experiencia dentro de estas instituciones constituye el mundo y al ser narrada se ofrece al mismo.

De manera tal que la metodología de investigación elegida atiende a una convicción personal con respecto a la construcción del saber y a la forma como me pregunté por mi papel en la formación, a partir de una relación de horizontalidad con respecto a mis propios relatos de vida y a los de las participantes. Así pues, entiendo que la narración y la elaboración de historias se tornan vitales para reflexionar sobre las apuestas y desafíos que tienen la formación y la literatura por delante.

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Dentro de las rutas para implementar este tipo de investigación se encuentran la conversación, los relatos de un grupo de personas donde se recopilan recuerdos, memorias, fotografías, artefactos personales a partir de los cuales se consignan sus experiencias individuales siguiendo una temporalidad, dotando de significando las mismas en las diferentes etapas de sus vidas.

La intención de esta perspectiva es contar historias individuales a través de las experiencias, donde los eventos y las acciones contadas por las participantes se toman como un insumo, por lo tanto, la narración es construida por el investigador que se interrelaciona con la narrativa de las implicadas.

Una de las principales características de los estudios narrativos reside en que los relatos de los participantes cuentan historias individuales que dan cuenta de los contextos y situaciones de una sociedad en general, es partir de ellos que se puede realizar una reconstrucción histórica de los acontecimientos. Estos relatos se sitúan en lugares y situaciones específicas, como lo afirma Delory:

El relato transforma los acontecimientos, las acciones y las personas de la vivencia en episodios, intrigas y personajes; ordena los acontecimientos en el tiempo y construye, entre ellos, relaciones de causa, de consecuencia y de finalidad, dando así un lugar y un sentido a lo ocasional, a lo fortuito, a lo heterogéneo. Con el relato, el hombre crea el propio personaje de su vida y le procura una historia. (2016, p.59)

Como lo menciona la autora, la vida tiene un lugar en los relatos, ya que estos facilitan los caminos para el cuestionamiento y entendimiento de la propia existencia. Así pues, la escritura no se presenta como una herramienta de las historias personales, sino como una ruta para tener una posición y una actitud hacia el mundo y sus acontecimientos, una vía de detenimiento e interés por comprender aquello que nos constituye seres humanos.

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A la luz de lo anterior, se deduce que la existencia no se configura como una simple enumeración de eventos, ya que la vida no se constituye de manera individual, al contrario, se transforma en colectiva, ya que el narrador de su propia vida hace parte de un contexto histórico, político y cultural y su relato es un “relato del mundo” (Delory, 2016, p79.), es por esto que cada una de las participantes de este proyecto contiene un microrrelato de vida y experiencia que tiene correspondencia con otros y se interconecta casi de manera rizomática, configurando así un macrorrelato conjunto.

Es preciso entonces entender que, en la necesidad de nombrar, narrar y a partir de allí construir una nueva realidad, emerge una apuesta por la creación y la identidad de las personas inmersas en la escritura y la oralidad. Narrar se presenta pues como la posibilidad de construir, reconstruir, tejer y destejer los hilos de sentido de la existencia, pero principalmente interpretarla; vale la pena resaltar las palabras de Delory: “no hay vida humana sin relato. Los hombres pasan su vida contándola. Para sí mismos y para los demás” (2016, p.67), que se fusiona con las bellas palabras del nobel de literatura Gabriel García Márquez: “la vida no es lo que uno vivió, sino lo que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla” (2002, p.2).

Contexto y participantes

Como ya se mencionó, el escenario donde se desarrolló este proyecto de investigación fue la Biblioteca Pública Piloto. El primer acercamiento a este espacio se concretó a inicios del segundo semestre de 2021, a través de diversas reuniones con las instituciones involucradas (Universidad de Antioquia y Biblioteca). Fue a comienzos del mes de abril de 2022 cuando el Club de lectura La siempreviva dio apertura a su proceso. Este se llevó a cabo en la sala experimental II, espacio siempre rememorado con gratitud y aprecio.

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Más adelante se enunciarán las características y particularidades del club, no sin antes aclarar que fue un espacio donde la literatura escrita por mujeres y su lectura fueron el epicentro del trabajo, acompañado de ejercicios de escritura y conversación, y de otras expresiones artísticas como el cortometraje y la música.

Es en este punto donde, con un inmenso agradecimiento y gratos recuerdos, quiero esbozar algunas semblanzas de aquellas mujeres que habitaron este espacio con sus preguntas, silencios, risas y lágrimas; ellas acompañaron este viaje por la investigación que se presentó confrontativo, doloroso, amable e iluminador en las inquietudes y respuestas que emergieron a su lado. Resulta imposible esbozar el perfil de cada una de ellas por la amplitud de los mismos, pero también imposible no mencionar esas características vitales de sus personalidades y con las cuales decidieron nombrarse al inicio de las sesiones.

Es importante aclarar que el club de lectura se presentó en un principio como un espacio íntimo y tímido que luego se transformó en un murmullo de ciudad; inició con 5 asistentes, pero luego se fue presentando como un lugar particular que creció y en el cual fluctuaron algunas mujeres con sus presencias y ausencias. Es por esto que mencionaré a aquellas que permanecieron, a pesar del abrumador horario que elegí para las sesiones, un desacierto de principiante que ellas dulcemente perdonaron y acompañaron.

En este punto quiero traer con la escritura aquellas singularidades con las que se presentó cada una: una politóloga de la ciudad de Bogotá, una desarrolladora de software que ha vivido en Medellín, una joven estudiante de Artes Plásticas de la misma ciudad, una estudiante de Historia de la Universidad Nacional, una ingeniera mecánica proveniente de México, y dos psicólogas además entrañables amigas-, que decidieron abandonar sus empleos y dedicarse a recorrer espacios de ciudad para responder a preguntas personales.

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Quisiera iniciar con la semblanza de Margarita, una joven brillante, de voz apacible y preguntas certeras que venía de la ciudad de Bogotá con los ojos más luminosos y deseosos de nuevas palabras que yo había visto en años, una prudencia implacable; con su presencia otorgaba la sensación de estar a salvo, y con sus preguntas todo lo contrario. Ella acompañó todas las sesiones del club; recuerdo su aparición en el primer encuentro como un bálsamo ante la incertidumbre de si llegarían o no mujeres al espacio; recuerdo una de sus intervenciones en esta misma sesión: “si el cuerpo es una casa, entonces es de otros, uno siempre arregla o dispone la casa para otros”. Estas palabras fueron impactantes para las demás y para mí, puesto que nunca me había detenido en esta metáfora con tal intensidad. Margarita fue una presencia vital y siempre creyó en la potencialidad de la propuesta, tanto que en sesiones posteriores trajo a otras mujeres para que se enteraran, para que conversaran y leyeran con las demás esos temas de los que nunca hablábamos o escribíamos, pero eran comunes y cotidianos para todas.

Otra mujer que quiero mencionar es Milagros, quien para efectos de esta semblanza le hace justicia a su nombre; ella es importante porque no solo fue asistente del club, sino amiga y cómplice en la ejecución del mismo, una mujer extremadamente sensible e inteligente, que compartió sus conocimientos acerca del collage en el club de lectura para la elaboración de las libretas que serían nuestras bitácoras de viaje, que puso a disposición del mismo aquellas lecturas que conocía, que con su tacto y delicadeza estuvo dispuesta a escuchar cada una de las historias y sentires expuestos en el espacio; una mujer que cuestionó su propia subjetividad, su manera de relacionarse con su cuerpo y su entorno a partir de cada lectura y cada encuentro. Milagros participó en todas las sesiones y acompañó largas horas de conversaciones con respecto a la construcción del club, las heridas y fisuras que iba dejando entrever en cada una de nosotras.

Es el turno de Violetta, la mujer más joven que acompañó el club; recuerdo que siempre era la primera en llegar, su presencia le otorgó todo el sentido a la palabra co-creación en el desarrollo de La siempreviva; siempre tenía recomendaciones de películas, poemas, escritoras. Su palabra es la de una mujer joven y disciplinada, que se acercó al club con la inquietud de la feminidad, la

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propia y la de las mujeres en la colonia, tema que sería su proyecto de tesis de pregrado. Violetta también es de Bogotá y compartía chistes y lugares con Margarita que las demás no entendíamos, pero agradecíamos esa cuota de familiaridad que se regalaban mutuamente en ese lugar lejos de casa y nos reíamos de no entender. De esta mujer conservo la firmeza de su fragilidad, la ternura de su voz y lo importante de abrazar la soledad como un regalo.

Es la ocasión para la semblanza de Jazmín, una mujer de 24 años proveniente de México, amiga de Margarita quien venía de vacaciones a Medellín y asistió a un gran porcentaje de los encuentros; la recuerdo por su gran alegría en todas las sesiones y por la potencia de sus escritos al negarse a ver su cuerpo y el de las demás mujeres como una herida o como un accidente ocasionado por otros, recuerdo la dulce fuerza de su resistencia a las formas convencionales de estar en sociedad y su asistencia al club y su habitar esta ciudad como un escape y un refugio a las normas familiares, laborales y académicas que se tornan algunas veces cárceles del ser. Gracias a ella pudimos escuchar historias de violencia y de casos de muerte y desaparición fuertes en el contexto de otro país y también entender que este tipo de violencias hacia las mujeres trasciende toda frontera.

Finalmente está Remedios, la mayor de todas nosotras, una mujer con una mirada bondadosa, del color del mar y también profunda como el mismo, con un recorrido académico y profesional amplio; el don de la palabra la constituye, sus manos sabias y largas mapearon muchas de las sesiones con la emoción de las nuevas lecturas y los descubrimientos que estas implicaban. Sus aportes certeros y concretos fueron un faro para el desarrollo del club, sin dejar de lado una sensibilidad amable con la literatura y los relatos compartidos en el espacio. De Remedios recuerdo, sobre todo, su mirada de confianza con mis propuestas para las lecturas y la emoción con la que las recibió.

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Así pues, son muchas las mujeres que lastimosamente no alcanzo a mencionar, pero agradezco a cada una de ellas por habitar y crear este espacio conmigo; son ellas, sus palabras, afectos, experiencias y particularidades, las que otorgaron sentido a esta investigación.

Momentos y estrategias metodológicas: la experiencia que atraviesa los cuerpos

Llegada a este punto es necesario realizar algunas claridades con respecto a la creación y fundamentación del Club de lectura La siempreviva y de un club de lectura como tal. Es bien sabido que no se encuentran significativas descripciones que den cuenta específicamente de la relevancia de estos espacios a nivel formativo, salvo algunas investigaciones donde de manera escueta se definen las principales características que deben tener este tipo de espacios.

Iniciaré pues este apartado hablando de las características particulares del Club La siempreviva, no sin antes establecer una claridad con respecto a lo significativo que se tornan estos lugares en mi formación como maestra y estudiante. Cuando era adolescente asistí a un club de lectura en el parque Biblioteca Presbítero José Luis Arroyave en San Javier llamado Álgebra de estrellas, donde se gestó en primera medida mi vocación y amor por la literatura y sus diferentes manifestaciones y en donde me preparaba sin saberlo y de manera intuitiva para ese espacio amado en La Piloto.

Fue de este modo como se gestó un primer camino en el campo de la mediación de lectura, de manera tal que iniciaré explicitando aquello que usualmente se suele llevar a cabo en un espacio como un club de lectura, para luego dar paso a aquellas estrategias que se utilizaron en La siempreviva, para llegar a ciertas comprensiones con respecto a las inquietudes que tuvimos las mujeres asistentes al mismo, alrededor del cuerpo femenino en la literatura escrita por mujeres.

El escritor Oscar Carreño, afirma que la creación del club de lectura se remonta al ágora griega y a las reuniones de salón en la época de la ilustración, donde “un grupo de notables debatían

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sobre los libros que les llegaban de allende el continente” (2013, p.26). Es bien sabido que un club de lectura se constituye como una reunión de personas interesadas en un tema en común y en ciertas obras literarias, donde se lee por separado y en los encuentros se establece una discusión o debate respecto a las lecturas. Esto como característica común, pero valga aclarar, que no se necesita ser un erudito con respecto a un tema o una persona con una gran trayectoria en el mundo literario para tener acceso a estos espacios, sino quizá una necesidad de comprender el mundo de la mano de otros y en comunidad a partir del acercamiento estético a la literatura.

Club de lectura La siempreviva

Figura 5. María Calderón, primera provocación, (2022). Fotografía.

Siempreviva Es una siempre muerta; su aridez tiende a la eternidad.

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Su nombre en Griego vale por “sol de oro” Clarice Lispector (2020)

El espacio del club de lectura se presentó desde la figura del ritual, en el cual la vela representaba una invitación a la conexión con el fuego, que se exhibe como alumbramiento pero también como representación simbólica del mismo que nos ayuda a incendiar la casa, para desterrarla de los invasores; el libro como epicentro de la reunión, el elemento que intenciona los encuentros, el gestor de esa palabra hasta el momento oculta que venía siempre a revelarnos algo de las propias heridas y resistencias que configuraban el cuerpo de nosotras lectoras y ellas escritoras. Un separador como iniciación, un obsequio ante las pausas necesarias o ignoradas que implica una lectura visceral y honesta; la canela como aquella propiedad olfativa a la que incitaba el espacio y las copias como la invitación a aperturar los sentidos a partir de las lecturas que haríamos.

Este club se caracterizó por ser un espacio de co-creación donde hubo una relación de horizontalidad entre la propuesta llevada a cabo por mí como investigadora y mediadora, pero también por las participantes como habitantes y posibilitadoras del espacio, ya que sin sus presencias no se hubiese llevado a cabo. Los recursos principales de los que se valió el club fueron la lectura y la escritura, donde la literatura escrita por mujeres fue el recurso primordial para su desarrollo, pues en todas las sesiones leímos diferentes autoras del ámbito nacional y algunas extranjeras.

A continuación, mencionaré a aquellas autoras que leímos y a quienes agradecemos su presencia, el valor, la fuerza y brillantez de sus relatos. Iniciamos pues con la escritora colombiana Marvel Moreno y su cuento La peregrina, luego con la también colombiana Helena Araújo con su texto El tratamiento, posteriormente procedimos a leer a Paola Guevara con El penúltimo cuerpo, después leímos el ensayo de Florence Thomas Habitar, la obra de teatro de Clarice Lispector, La

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joven pecadora y los ángeles furiosos, algunos capítulos de El tiempo de las amazonas de Marvel Moreno, el cuento Mi debilidad de Margarita García Robayo; y siempre, antes de la lectura de estas obras, leíamos los poemas de autoras como Piedad Bonnet, Andrea Cote, María Mercedes Carranza, Blanca Varela, Rosario Castellanos, Clarice Lispector, Carolina Coronado.

Así pues, la base del club fueron los cuentos, al mismo tiempo que la poesía, los cortometrajes, el collage y la escritura, es decir, el club también posibilitó escenarios de creación donde la inquietud personal y la pregunta por nuestros cuerpos fue la ruta desde la que habilitamos caminos. Las sesiones tenían lugar todos los lunes a las 3:30 p.m.

Ahora bien, es vital exponer las razones del nombre del club, La siempreviva, que también es el nombre de una planta con propiedades curativas para combatir enfermedades como la amigdalitis y la pérdida de voz, entre otras. Las hojas de esta flor se consideran antimaláricas y se utilizan para tratar esta y otras enfermedades. Este espacio de lectura funge como una reivindicación de la voz femenina a través del encuentro con la lectura, siendo la curación que posibilita la flor siempreviva la analogía de los cuerpos femeninos que resisten, que retoman y reclaman la recuperación de la voz propia y colectiva. Resulta valioso entonces evocar aquellas palabras tan determinantes de la participante Margarita: “siempreviva es un nombre que me convoca a pensar en aquello que resiste”.

El club de lectura se configuró como un acontecimiento para quienes lo habitamos, pues se puso sobre la mesa una condición que tenemos como mujeres y es nuestros cuerpos como un territorio, pero más importante, el acceso a la voz y la escritura de otras mujeres que manifiestan las implicaciones de ser mujer, tener un cuerpo y lo que eso desencadena, de manera tal que este espacio fue un primer acercamiento a escritoras de diferentes épocas que narraron su experiencia, sus testimonios, en forma de ficción o auto ficción para hacernos conscientes de un trasegar histórico.

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Vale la pena recordar que, como ya se señaló, en este tipo de propuestas las lecturas se efectúan por separado y es en los encuentros donde se discuten; la particularidad de La siempreviva es que las lecturas se realizaban en el horario mismo de las sesiones, entendiendo las dinámicas de la modernidad y los afanes de la cotidianidad, considerando este encuentro un posibilitador de cierto detenimiento y pausa, como un regalo para compartir la lectura y las imágenes que de allí emergían. En palabras de Carreño: “La lectura exige soledad, el club de lectura exige compañía” (Carreño, 2013, p.26)

Así pues, el espacio se configuró como un lugar en el que nos permitimos ser escuchadas, ser escritoras, abrazar vulnerabilidades y representar un mundo en el que éramos portadoras de una voz propia validada y escuchada por otras. Es importante resaltar que las asistentes al club fueron mujeres con una gran capacidad de abstracción, lectura crítica y escritura creativa, que con su frecuencia, permanencia y tacto hicieron del espacio un escenario vital para el despliegue de las subjetividades y la formación.

Perspectiva interpretativa: la relevancia de la experiencia

Como bien se ha planteado, esta perspectiva narrativa- autobiográfica se inscribe dentro del giro hermenéutico de las ciencias sociales, el cual tiene como eje central, desmitificar aquella intencionalidad de las llamadas ciencias duras del conocimiento o el conocimiento científico de que la verdad es cuantificable, medible y legitimada desde ciertos regímenes de poder y dominación. Se interpela, de este modo, aquella dicotomía en el campo narrativo que insistía en oponer los relatos con pretensión de verdad y los relatos de ficción.

Es importante recordar que la investigación biográfico-narrativa se nutre de las ciencias sociales; Antonio Bolívar (2010), en una entrevista realizada por Luis Porta, la define como un lugar de encuentro o interseccionalidad entre las mismas que contiene a la antropología, la

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lingüística, la historia, la filosofía, la psicología, entre otras; ya que es en diálogo con estas otras ciencias que se construye el relato biográfico (p.203).

Así pues, cuando se habla de esta forma de hacer investigación se debe tener en cuenta que los ejes principales se concentran en la comprensión e interpretación de los sujetos, la subjetividad e intersubjetividad de los mismos, así como sus experiencias, las cuales tienen un sentido y dan cuenta de ciertas realidades particulares y al mismo tiempo colectivas.

De modo que lo que esta perspectiva hermenéutica busca, como bien lo explican Porta y Flores (2017), es comprender los fenómenos sociales -por lo tanto a la educación- y realizar una lectura de los mismos como textos, lo que implica, en el marco de mi proyecto de investigación, pensar la experiencia de las mujeres asistentes al club de lectura con respecto a sus propios cuerpos como un fenómeno social y una experiencia subjetiva susceptibles de ser interpretados, comprendidos y leídos; donde a partir de la narración y el contar sus experiencias, estas se transforman en relato, que en este enfoque es tomado como un género discursivo específico, a partir del cual se da un diálogo entre las narrativas de las participantes y la propia, posibilitando una relación de coautoría e imbricación de estas.

En este sentido, la hermenéutica reivindica, como lo expresa MacIntyre (1984) en Porta y Flores (2017), que “vivimos narrativamente nuestras vidas y entendemos nuestras vidas en términos narrativos, entonces la forma narrativa es la apropiada para entender las acciones de los demás” (p.686). De manera que este enfoque se sustenta en la tesis que sostiene que los seres humanos construimos nuestra existencia dentro de una estructura narrativa, por lo cual esta perspectiva dialogó con lo vivido en el espacio formativo del club de lectura, donde la vida fue aquellas historias que nos contamos, leímos y nos sucedieron.

Es así como la investigación narrativa permite, en palabras de Bolívar (2010), “otorgar toda su relevancia a la dimensión discursiva de la individualidad, a los modos como los humanos

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vivencian y dan significado “al mundo de la vida” mediante el lenguaje” (p.204). De este modo se le confiere fuerza y validez a la palabra de los sujetos y a sus conocimientos personales como parte de una subjetividad propia necesaria para el conocimiento social, es decir, un discurso donde todas las voces y testimonios importan.

Ahora bien, resulta pertinente recalcar aquellos rasgos que componen los relatos según Ricoeur; este autor hace énfasis en dos características esenciales, la trama y el acontecimiento, donde la trama “es el conjunto de combinaciones mediante las cuales los acontecimientos se transforman en una historia o —correlativamente— una historia se extrae de acontecimientos. La trama es la mediadora entre el acontecimiento y la historia. El acontecimiento “no es sólo una incidencia, algo que sucede, sino un componente narrativo” (2000, p.192). Así pues, los relatos de las mujeres están compuestos de estas dos particularidades que constituyen los momentos de los relatos propios.

A la luz de lo anterior, es importante desarrollar el carácter cronológico de las narraciones, la temporalidad entre la trama y los acontecimientos para que estos tengan cierta coherencia; y sustento como lo plantea Ricoeur, “lo que se desarrolla en el tiempo, puede narrarse” (p.190). Es decir, que la trama y los acontecimientos que componen el relato de las mujeres tienen una cronología, un tiempo en que sucede el acontecimiento, en que se cuenta colectivamente y en el que se narra, se configura un relato; y la manera desde la que puede comprenderse dicho suceso de la experiencia vital es en la escritura de ese relato particular.

En concordancia con lo enunciado, es posible señalar que el resultado de una investigación narrativa se soporta en narraciones. Es por eso que el desarrollo posterior de este trabajo son los relatos de las mujeres participantes, a modo de metanarrativas, donde sus voces y la propia se imbrican en un texto que devela las formas en que han habitado sus cuerpos en la literatura y en la vida. La elaboración de estos textos responde a la necesidad de, a partir de la metáfora y la trama,

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reconstruir aquellos sucesos reales o “ficcionales” que constituyen la subjetividad y la voz particular de cada mujer que habitó el espacio del club de lectura.

Consideraciones éticas: formas del cuidado a la palabra prestada

Es importante explicitar aquellos cuidados éticos que se tuvieron en cuenta durante la realización del Club de lectura La siempreviva. Así pues, en el transcurso de las intervenciones en el contexto bibliotecario la participación de las integrantes estuvo fundamentada desde el concepto de co-creación, es decir que los encuentros en el mismo se desarrollaban a partir de intervenciones colectivas, donde las intervenciones de las asistentes fueron fundamentales para el desarrollo de este proyecto, pues es a partir de sus realizaciones escritas y de las conversaciones en el espacio que se pudo dar vida y culminación a este trabajo de investigación.

Es preciso mencionar que se realizó con ellas un consentimiento para el tratamiento de la información aquí plasmada, ejercicio que estuvo precedido de un encuadre acerca de los propósitos y alcances de la propuesta. Asimismo, al inicio de cada sesión se les consultaba si era posible grabar, a lo que ninguna puso objeción. Es fundamental aclarar que ninguno de los nombres utilizados corresponde a los nombres reales; son creaciones con el propósito de construir la trama de los relatos para cuidar sus identidades e intimidades.

Cabe aclarar que las creaciones de las participantes no se usaron con la intención de ser convenientes a los resultados investigativos. Este proyecto contó con unos propósitos claros, y no se intentó coaccionar los procesos de las participantes para el cumplimiento de los mismos, por eso se hizo trascendental regresar a las grabaciones de las sesiones, a las conversaciones realizadas y a una relectura de sus escritos para evitar confusiones con respecto a sentires, pensamientos y narraciones.

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Habría que decir también que el club de lectura se constituyó como un espacio para abordar temáticas comunes al sentir de las mujeres, temáticas que suelen ser dolorosas, pero que es preciso nombrar, por lo que la mediación que se pudo llevar a cabo fue importante en el sentido en que es necesario democratizar el conocimiento y el acceso de las comunidades a esos sentires, experiencias, creaciones y exploraciones de las implicaciones de tener un cuerpo femenino en la literatura y en la vida.

Es por esto que, hablar de las implicaciones de tener un cuerpo femenino, de las violencias y resistencias que lo circundan a partir de las expresiones artísticas como la literatura escrita por mujeres, el arte y la música, también es disponer de estos escenarios formativos y de estas prácticas para que las comunidades y las personas tengan la posibilidad de experimentar o redescubrir una realidad que había estado sutilmente solapada y tener acceso a otra disposición de la misma.

Finalmente, estas consideraciones éticas también implican un proceso de devolución a todas las partes involucradas. De allí el compromiso de dar a conocer el informe final a las participantes y de ponerlo a disposición de quienes laboran en la Biblioteca Pública Piloto. Esta puesta en común contempló también el proceso de socialización estipulado por la Facultad de Educación.

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4. Metanarrativas: las habitantes de la casa

Figura 6. Yaneth posada, Fuegos, (2022). Cómic

Si la prosa es una casa, la poesía es alguien en llamas corriendo a través de ella Anne Carson (2018)

Es tiempo de darle un lugar a las narraciones que emergieron a lo largo de las sesiones del club de lectura llevadas a cabo en la Biblioteca. Presentaré pues las líneas de sentido emergentes a partir de la metáfora del cuerpo femenino como una casa en la que resuenan sentidos presentes en la brillante obra de Virginia Woolf Una habitación propia. En estos despliegues, los cuerpos y los relatos de las mujeres que alimentaron este espacio son habitaciones de una casa, con sus particularidades, sus cimientos, sus construcciones y distribuciones de un espacio propio; de

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manera tal que estos relatos develan aquellas interpretaciones, posturas, resistencias, sentires y dolores de los cuales son testimonio sus narraciones. Se retoma aquí el término de “producción performativa” de Luis Porta (2021, p.4), que atiende a la construcción de unas metanarrativas donde confluyen las voces de las participantes del club, pero también la mía como narradora e investigadora, para componer esta sinfonía de voces en términos de la sensibilidad creativa, en la cual tiene cabida la construcción de un relato que dé cuenta de aquellos interludios entre lo que pasa en la vida y lo que se narra. Es importante aclarar que no existe una prevalencia de un relato sobre otro, ni un orden específico, cada uno es valioso por sí mismo.

Es importante resaltar que estas metanarrativas emergen a partir de la imbricación de dos narraciones que se propusieron en algunas sesiones, una orientada desde la pregunta ¿el cuerpo femenino es una herida?, y la segunda que invitaba a componer un relato sobre un hecho violento del que hubieran sido objeto o que recordaran en alguna amiga, pariente, una noticia, para finalmente reconstruir el concepto que le otorgaban a la metáfora del cuerpo como una casa. Compongo pues, estos relatos, a partir de esas tramas.

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Margarita, una habitación a contraluz

Figura 7. Louise Bourgeois, Femme Maison (1947). Óleo tinta.

Pero tal vez cualquier casa, cualquier casa podía, con el tiempo, convertirse en guarida, y acogerme en su penumbra benévola, tibia y tranquilizadora Natalia Ginzburg (2017)

Me llamo Margarita, vivo en el trópico, en un país muy cercano a la línea ecuatorial donde no se presentan estaciones definidas, sino épocas de lluvia o sequía con leves variaciones de temperatura, así que el modo exacto en el que se manifiestan las estaciones del año depende de la geografía del lugar. Yo por mi parte, no me siento tan cerca al trópico, me siento ubicada en otra geografía diferente a la real. Soy de Bogotá, toda mi vida estuve allí y ahora decido irme, pero no sabía que irme implicaría vivir las estaciones y sus variaciones aquí adentro, en este cuerpo y allí

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afuera en esa otra ciudad desde la que ahora escribo: Medellín. Es este pues el relato de mi trasegar por las estaciones.

Otoño (Del latín autumnus):

” Es incómodo mirarse a cada instante cada vez que remuevo los escombros e intento poner en orden los rincones del alma.

Ahora llegó tarde el invierno.”

En otoño llegué a Medellín, se dice que en esta estación la sensación imperante es la de melancolía y tristeza por aquello que ha muerto y que las noches comienzan a hacerse más largas que los días. Supongo que una parte de mí murió al venir a este lugar, que estoy haciéndome un duelo, que Bogotá representa una muerte más en mi vida, una que observo y me observa, quiero deshacerme de este sentimiento, pero esta estación insiste en permanecer, mi ropa habla por mí, esos artilugios extraños con los cuales le damos la cara al mundo queriendo decirle algo o ignorándolo, mis ropas por estos días son azules -el color de la tristeza- me pongo buzos y pantalones anchos, porque quiero quizá de manera inconsciente estar cómoda en el duelo.

En otoño la vida también se prepara para la llegada de la siguiente estación y yo me quiero preparar también; de posibilidades, de literatura para enfrentar esta estación extraña y hasta el momento desconocida. Me entero de un club de lectura para mujeres en la Biblioteca Pública Piloto y asisto queriendo encontrar un lugar en el cual pueda hablar de aquello que me pasa y no encuentro la manera de poner en palabras. Me gusta conversar, pero últimamente el silencio se hace dictador por un impulso que desconozco.

Invierno (Del latín hibernus) “Es difícil extrañarse a sí misma como es difícil reparar la gotera en la

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mitad del pecho.”

Aquí adentro llueve, hay inundaciones, se congela la vida, voy caminando, sintiendo este frío en los huesos, estas goteras que no paran en la mitad de mi cuerpo y allá afuera en la calle. Siempre fui una mujer feliz, la más feliz de la familia- ¿qué me pasa? -me pregunto-. No hay respuesta.

En invierno leemos a Piedad Bonnet y a Andrea Cote, el espacio ha crecido, mi mejor amiga va conmigo al club, este lugar es compasivo con mis estaciones, con mi silencio y con mi voz tenue -me gusta mi voz- hablamos de la metáfora del cuerpo como una casa y me parece tan demoledor pensar en que la casa siempre se arregla para otros, para extranjeros, visitantes.

Cierro los ojos mientras ella lee, miro adentro, voy a la casa que es mi cuerpo, la recorro, la observo, cuántas ruinas de otros tiempos, cuanto pasado empolvado, cuantas estructuras enmohecidas por el invierno, habitaciones cerradas, plantas congeladas, muertas, enredaderas que se volvieron cadáveres, que desoladora y escalofriante se me hace esta casa, tan ajena, tan desconocida y recóndita.

El texto que leímos sobre la casa-cuerpo se llama habitar de Florence Thomas, fue como un espejo extraño, mirarme por dentro, barrer cuidadosamente los espacios vacíos, volverlos a llenar de sentido; nunca en mi vida había comprendido que se pudieran cerrar los ojos y empezar a organizarse. ¿Yo sí estoy habitando esta casa o me es ajena? La respuesta de no sentir que quiero habitarme es válida, como también entender que he permitido que otros me habiten, que otras cosas que no me gustan estén allí, y que también tengo la posibilidad de cambiarlo, de ser mi casa. En ese sentido es impresionante saber que puedo habitar y también incinerar la casa.

Abro los ojos, la lectura terminó y yo aún no salgo de este frío y estremecedor invierno. Hay una lágrima que se congela antes de brotar, el invierno está en mis ojos.

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Primavera (Del latín primum veris) cerrar los ojos- sanar mirar hacia adentro buscar en la oscuridad sanar, hallar, limpiar.

son tantos oficios para alguien que solo quiere contemplar, contemplarse.

Llegó la primavera, hoy me pongo mi vestido largo de flores que es mi vestido favorito, me miro al espejo ese día y pienso: estoy brillando. Lo que florece en mi vestido son las ganas de existir, Bogotá ya no es un duelo, ya no es una herida, ahora cicatriza, va conmigo, pero no pesa, disfruto esta ciudad donde curiosamente hoy hay un guayacán amarillo en la entrada de la Biblioteca, imponente y bello.

En la primavera camino con mis amigas, nos reímos, hacemos chistes, hoy leemos a Marvel Moreno y su autocrítica, las brazadas contracorriente que da la niña del cuento intentando dejar atrás la culpa, la herida, el castigo. ¿Las brazadas que da la niña son hacia una muerte voluntaria? Me siento identificada con esa niña, cierro nuevamente los ojos mientras ellas leen, una brazada, dos, tres, se acaba el cuento, siento temor, no sé qué le pasó, me siento esa niña, pero entiendo que quiero volver a la playa, mi lugar ahora no está en ir contracorriente, quiero disfrutar mi primavera, ver las flores crecer, al sol acercarse; en la playa están mis padres, mis amigos, mis sueños, estoy yo llamándome.

Verano (del latín veranum) me invento un cuerpo/una vida con lo poco que me queda, un suspiro que se me escapa entre los dedos

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como el agua, como mi propia sangre.

Aquí está el verano, la última de las estaciones que quiero contar. Sigo en Medellín, el gran acontecimiento del verano es la cercanía del sol, las plantas florecen, miro hacia arriba, hay tanta luz, el sol está cerca, y con él la sensación de calidez y abrigo que había olvidado; brota una lágrima que se descongeló que no es de tristeza, estoy feliz, vital; lloro y sonrío porque entiendo que esta sangre que me recorre, este cuerpo que me inventé, esa casa que incendié y después reconstruí es el cuerpo con el que hoy recibo este sol que ilumina todos los cuartos, las cicatrices, mis plantas.

En verano una lágrima cae, el sol la incinera y yo pienso con una frenética tranquilidad: este cuerpo es más que una máquina que produce y cualquier lugar es mi casa, porque es mi cuerpo. A donde sea que vaya está mi hogar, porque está adentro, este calor que abriga mi casa en verano es la calidez de haberla encontrado.

Violetta, una habitación a oscuras

Figura 8. Sonia Gutiérrez, Y con unos lazos me izaron. (1979). Óleo sobre lienzo.

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sobre la infame ciudad pasó una bandada de aves que huían pavoridas estremeciendo el cielo con su torvo silencio.

Las gentes apenas si elevaron la vista, tan grande era su empeño de vivir, tan pobre era su tiempo. Una noche ficticia se hizo por un instante, y un olor a cadáver se apoderó del aire y las calles, los árboles, los techos enmudecieron con la lluvia de estiércol en las frentes.

Piedad Bonnet (2015)

Acto 1: Apertura

Mi nombre es Violetta, con doble T, tengo 20 años, soy géminis y de manera irrisoria me gusta pensar en la conexión imaginaria que conjugan los seres humanos con las estrellas, para intentar descifrar lo que son y lo que quieren ser como una búsqueda perpetua de la fe, sospecho que asumir que soy géminis y creerlo es una forma de la fe, como también lo es el acto de venir a esta ciudad en búsqueda de una identidad.

También me gusta el color verde, me hace pensar en la calma de la casa que dejé en el campo en este vertiginoso deseo de entender quién soy- aparte de ser géminis- y que me apasiona la academia, estudio Historia en la Universidad Nacional, fumo esporádicamente y uso gafas como una especie de amuleto que me permite ver el mundo con el aumento que necesito.

Hace unos días me enteré de la existencia de un club de lectura para mujeres y en diálogo con mi búsqueda personal y el anteproyecto de mi trabajo de grado me uno a la iniciativa de este espacio en búsqueda de referentes femeninos en la literatura colombiana. Y terminé encontrando

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una variación de la casa, como bien dice el slogan de la Biblioteca Pública Piloto, “la casa de todos”, donde conocí un grupo de mujeres que a partir de la lectura de escritoras colombianas se permitieron la sublimación, la pregunta y la búsqueda de alternativas y maneras de pensar la condición femenina en las obras de las escritoras, pero también en sus propias vidas. Desde que llegué a esta ciudad el sentimiento imperante es el de la orfandad, me siento un poco fuera de lugar, pero a gusto, es una extraña dicotomía y supongo que eso es inherente a la condición humana.

Aun así y aceptando esta extraña dualidad que me habita por estos días, cuando escucho la palabra exilio en la narrativa de la escritora Helena Araújo, comprendo que ese es el nombre del sentimiento que emerge de mí actualmente, soy una exiliada, (de mi cuerpo) al igual que Helena, de mi ciudad (Bogotá) al igual que Helena. Encontrarme con esta escritora se parece pues a un tipo de giro, cambio de sentido de los engranajes de la literatura y más aún, la colombiana. La sorpresa se hace aún más intensa cuando en la calidad de su obra se descubre a una mujer de una inteligencia brillante, suspicaz: es políglota, escritora, crítica literaria, profesora y si acaso su obra se llega a mencionar en círculos académicos y literarios.

Entre ires y venires, viajes en circular Coonatra por los altibajos de esta ciudad, clases en la universidad, los lunes se tornan en alivio al sentirme por primera vez, desde que llegué a esta ciudad, en un tipo de hogar. Recuerdo específicamente una sesión en la cual se nos planteó la pregunta acerca de si el cuerpo es una herida y como un incendio apaciguado que surge de mi libreta escribí lo siguiente:

Este cuerpo no es una herida.

es un resurgir, recuperación.

de las palabras cortopunzantes de los raspones del disentimiento y las fracturas de la imagen.

Este es un cuerpo en reconstrucción

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es mi madre, mi abuela, sus dolores y silencios el grito, y el abandono.

Fue herida, herida que ahora cicatriza.

son retazos, tejido en compañía de otros.

Violetta.

Acto 2: tajito a tajito, un crimen fáctico.

El tic tac de mi reloj avanza, me aproximo a las formas del olvido y de la memoria. Retorné a Bogotá por azares de la casualidad que aún no alcanzo a comprender y en los cuales no quiero indagar. Mientras desempaco mi maleta me ocupo de calzones, libros, peluches, camisas sucias, toallas gastadas por el uso y veo aquella libreta que construimos en el club, tomo una pausa, me siento, y me dispongo a abrir un tipo de sarcófago; tajito a tajito, un crimen fáctico es el nombre del relato que escribí a partir del título amarillista de la prensa local de Bogotá: “Mujer descuartizada en un basurero”. Título que me obstino en no olvidar.

Hay una multiplicidad de sinónimos para la palabra descuartizar, entre ellos están: desmembrar, despedazar, picar, dividir, tallar, recortar, rajar, podar, desintegrar, rebanar, tallar; a simple vista podría inferirse que se hace referencia a acciones asociadas a un vegetal, una fruta o incluso a una obra de arte, pero no hay relación, estos sinónimos podrían leerse como la sucesión de momentos que el asesino implementó para exponer el espectáculo macabro de la muerte.

Intento recorrer con mi pluma su itinerario: fue un domingo, la ciudad solitaria, el bus que no avanza más allá de la pendiente, el hijo que la espera con las tareas hechas, las cocas del almuerzo por lavar, el abrazo que la espera, tomar un atajo es una solución rápida a la prontitud del deseo de llegar, no se percata, no intuye, no hay alarmas, pero hay una mirada que la sigue, que la

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acecha, el verbo descuartizar se conjuga igual que el verbo cazar y eso es lo que le pasa a Mercedes esa noche.

La descuartizó, tajito a tajito, de manera minuciosa, pero sin la pulcritud de un médico especializado. Un cuerpo descuartizado es un nido brumoso e insípido de entrañas y sangre, un espectáculo grotesco que el asesino le quiere obsequiar al mundo, porque es de lo único que es capaz, y yo pienso en el poema de Baudelaire una carroña, la putrefacción de los cuerpos y su descomposición es inseparable a los mismos, ¿quién le da la potestad al asesino de elegir el momento en que inicia la descomposición? ¿Qué razones guían su deseo de anular un cuerpo que no quiere ver vivo?

Cuando quiero volver a la noticia de ese periódico local para reconstruir este relato, las palabras “mujer descuartizada” en Google arrojan aproximadamente 11.000 resultados. Y yo pienso que, aunque en mi cuerpo hay heridas, cuchillos que esquivo, que no permito que me alcancen, me aterra pensar en que ese cuerpo puede ser el mío, el de mi madre antes de ser mi madre, mi hermana, mi amiga, mi profe.

La exhibición de lo que quedó del cuerpo de Mercedes se torna incómoda, bochornosa para los transeúntes, niños atónitos que no alcanzan a unir las partes e imaginar que eso era un cuerpo, los perros callejeros guiados por el hambre, hombres con trajes blancos inspeccionando e intentando juntar las partes, si es que se le puede llamar partes a lo que quedó. Las declaraciones del asesino dicen que obedecía un mandato divino, estaba siendo iluminado por el señor y que nunca quiso hacerle daño a la mujer; 20 años de cárcel, sentencia un juez, cumple solo 11, después prisión domiciliaria, se desconoce su paradero.

El estremecimiento leyendo lo que escribí se torna en espasmo, en malestar, comprendo que escribir lo que le pasó a Mercedes, recordarlo, es mi manera de no ser descuartizada, de no abarrotar el olvido nunca más, ni en este cuerpo, ni en mi palabra, comprender también, como

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escribió Margarita García Robayo, en su cuento Mi debilidad: “saberme un espécimen frágil es mi talón de Aquiles. El mío y el de todas las demás. A los seis años decreté que, si no había otras cosas que suplieran esa falla irremediable, ser mujer era una desgracia” (2018, p.67)

Acto 3: claroscuros

A tientas encuentro en los claroscuros de mi memoria, de mis búsquedas quién soy y la convicción de que no quiero callarme, ni exiliarme y que mi libreta es como un disparo en mitad de la noche apática, en la que quizá están descuartizando otros cuerpos, izando banderas de violencia y muerte con el cuerpo de una mujer

Ahora tengo tres certezas, son pocas, pero inamovibles de lo que soy:

1. La identidad es algo mutable. no es una condición estática.

2. No quiero morir a manos de un hombre.

3. Tener un cuerpo femenino constituye un territorio de violencia y resistencia

conjuntamente.

Jazmín, una habitación de engranajes

Figura 9. Remedios Varo, Tiforal. (1947). Gouache/cartulina.

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Acuérdate María, que tu eres la casa y las paredes que viniste a derrumbar Andrea Cote (2003)

Correr: es un verbo regular que implica acción, movimiento, aceleración. Me gusta la fuerza de la que son capaces mis piernas al correr, me gusta el lugar anónimo adónde va mi mente cuando corro. Nunca me detuve a cuestionar nada en la trayectoria de mi vida, ni mi elección profesional, ni los mandatos familiares, ni las implicaciones de ser o no mujer en el mundo, esas son cosas que suelen hacer las personas tristes y yo no soy una de ellas.

Sin embargo, existen momentos que son como relámpagos, precipitaciones hacia situaciones desconocidas y este es uno de ellos; la soledad de mi habitación me hace imaginar otras vidas, otros mundos posibles, hay confusión, malestar, terminé la universidad, tengo una familia bella, un futuro prometedor. ¿Por qué entonces este nudo en el estómago que sube hasta mi garganta y se desparrama por mis ojos? Siento que en cualquier momento van a estallar gritos aterradores inmovilizando todo a mi alrededor.

Nuevamente estoy corriendo, pero ya no encuentro el lugar anónimo en mi mente que me hacía permanecer sosegada, activa, controlada; vuelve el relámpago en forma de lágrima y me digo: “tengo que parar”.

Parar: también es un verbo regular, detenerse es un sinónimo y este es un día luminoso y brillante, papá entra a mi cuarto con una aromática, me dice que reconsidere la decisión, que irme no solucionará nada, que huir de la vida no es la manera indicada de afrontar los problemas.

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- No estoy huyendo papá -le respondo- me estoy deteniendo. Su mirada se pone líquida al

igual que la mía, nos abrazamos y lo tranquilizo diciéndole que será poco tiempo.

Viajar: es un verbo transitivo, y yo me siento ahora un poco así -en tránsito- ¿hacia qué? ¿hacia quién? No lo sé, pero me tranquiliza estar lejos de todo lo que en algún momento fue cómodo y no me detuve a mirar; mi cámara ahora es el lente con el que me permito la introspección, la distancia y la contemplación de una vida donde puedo elegir no correr.

Medellín se me presenta como una ciudad dulce y amarilla, en la que me permito transitar y viajar, me hospedo en un barrio que se llama La floresta y se me hace tan particular ese nombre que hoy me quiero vestir de flores, dejar los tenis de lado y llevar mi cámara para capturar flores en el camino, voy con una amiga que me invita a un club de lectura donde al parecer se reúnen solo mujeres y leen escritoras, acepto como quien no se resiste a ningún mandato del azar.

Este lugar que en un principio consideré inofensivo, no lo fue. Me hice preguntas hasta el momento ocultas y fui consciente de dos conceptos que atravesaban y constituían mi vida desde el nacimiento: cuerpo y mujer ¿Y si quizá mi afán, mi aceleración venía del deseo de evadir justamente esto? Porque esto es una condición, tener un cuerpo femenino es una condición con la que he experimentado y atravesado los días, pero reflexionarlo no.

Estudié una carrera que a grandes rasgos se encarga de la relación y modelación entre las máquinas y el ser humano, para el pragmatismo y la economización de los recursos de la humanidad; siempre creí en el pragmatismo de las acciones y de los cuerpos, de la agilidad con que se pueden alcanzar ciertos objetivos yendo a ese lugar anónimo de la mente, a propósito de permanecer corriendo; y es aquí donde viene nuevamente el abismo ante la pregunta que se hace en este espacio de lectura, ¿el cuerpo es una herida? La pregunta en sí me genera tanto malestar, tanta rabia, me desajusta; no puedo evitar resistirme a contestar, a querer interpelar su formulación

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y recibo un: “puedes también contrarrestar la pregunta”. Pido un lápiz en préstamo, tomo mi agenda y esto escribí:

“No me gusta pensar que mi cuerpo es una herida, mi cuerpo es una máquina compleja, una coincidencia casi improbable y coexistiendo con otras máquinas complejas de la misma condición, una coincidencia de energía que existe para trascender y solo vivir hasta desintegrarse, mi cuerpo no es una herida. Mi cuerpo solo está siendo”.

La sesión termina, es hora de regresar al barrio de las flores, y yo me siento extraña, sin un verbo con el cual nombrar lo que me pasa, es un tipo de desacomodo, de desajuste en mi interior que se intenta reorganizar; la pregunta quedó instalada en mi cuerpo como una propagación de otros interrogantes.

Vuelvo entonces a esta habitación extraña y apacible, que es tan blanca, tan despojada de todo lo que una vez colgué, seleccioné, pinté y acomodé en un cuarto que ahora siento distante; aquí no hay recortes de revistas, afiches de mis personajes favoritos, fotos familiares, estoy sola y eso me hace sentir en calma; en una habitación que no sabe que existo, acepto con gratitud la palidez de sus paredes que no me dicen nada de mí.

Se hizo de noche, me siento y tomo nuevamente la libreta -olvidé devolver el lápiz- sigo escribiendo: “me resisto a pensar en que mi cuerpo es una herida, porque me duele que tenga que doler, porque el padecer no es una condición que quiero para este cuerpo mío, la naturaleza de mi cuerpo no es doler, es la herramienta que tengo con el mundo para recorrerlo. Porque no lo concibo como una carga”.

Han pasado unos cuantos meses, estoy de nuevo en mi país, reviso las fotografías del tiempo en que armoniosamente me detuve por primera vez en mi vida, evoco con nostalgia y alegría aquel tiempo en que me permití existir sin ninguna otra obligación, salvo la de encontrarme; las imágenes

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que me devuelve mi cámara tienen amigas inigualables, paisajes donde me sentí a salvo y en paz, calles donde sentí todo el peso de la palabra “perdida”, cafés que conservo como un abrazo, y la última fotografía es de una frase que escribí en el avión de regreso: mi cuerpo no es una herida, es la casa que quiero tener dentro de él.

Remedios, una habitación en el campo

Figura 10. Louise Bourgeois, Bed (1997). Grabado.

He encontrado entre mis papeles una especie de nota de intenciones: explorar el abismo entre la espantosa realidad de lo que ocurre, en el momento que ocurre y la extraña realidad que reviste, años después, lo que ha ocurrido Annie Ernaux (2016)

Mis ojos son azules, los abro, los cierro, los palpo, son ojos justos y agradecidos, hoy recordé su color- porque a veces en la cotidianidad, uno suele olvidarse de esas cosas, como el

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color de sus ojos- mientras camino por Medellín, esta ciudad de calles injustas, calles en las que se maquilla la pobreza y que han olvidado la tranquilidad de respirar un aire limpio de avaricia y fatalidad. Pienso en que, así como esta ciudad tiene muchos matices, mi cuerpo también, ahora que he crecido. Me gustan mis ojos porque han aprendido a mirar con perspicacia y a abrazar con sutileza a aquellos a quienes amo o respeto, también mis ojos me han guiado hasta aquí, hasta la voluptuosidad de este recuerdo que aparece como un relámpago y que me hace pensar en aquella frase de “recordar es volver a pasar por el corazón” y en lo enigmática que es la misma, porque cuando recuerdo aquel suceso lo que pasa por mi corazón no es un sentimiento de gratitud, de alegría o confortable, por el contrario, es de rabia e impotencia.

Para poder contar aquel recuerdo es necesario empezar hablando de mí, soy una mujer adulta, vivo con mi mejor amiga, a quien considero una hermana en la travesía de habitar y soportar una ciudad como esta. Mi madre aún vive, intento verla los fines de semana cuando voy al campo a reconciliarme conmigo, a respirar aire real y dotar de sentido a la palabra cuidado, que se materializa en las atenciones de mi madre y en la aromática de citronela que compartimos en la mañana, el jardín que cuidamos y al que le hablamos. Es curioso, cuando veo a mi madre, es como verme, más adelante, una proyección de Remedios en un futuro ya no tan lejano, y es como si hubiese luchado toda mi vida por separarme de esa imagen que me seguía como una sombra y de la cual no pude desprenderme, a la cual ahora retorno en la tranquilidad de aceptar las herencias; comprendo en los gestos y los ritmos del cuerpo de mi madre, el regalo con el que vine, y la ofrenda de su protección, tenemos los mismos ojos mi madre y yo, azules, un azul que no es azulito, ni azulado, ni azulejo, simplemente azul.

Son las 4:00 p.m. en casa de mamá, hace un frío que abriga, observo las plantas, mi favorita es el anturio rosado que floreció hace dos días; mamá le habla con una dulzura que me hace sentir a salvo. Me tomo una aromática y le pregunto si desea también una, voy a la cocina, la preparo, regreso y como un deja vu cae una de las tazas, siento vértigo, miedo, y un frío escalofriante atravesarme en ese instante, pienso en Eva y entiendo que su recuerdo esa tarde vino para quedarse.

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Eva Gómez fue la más entrañable amiga de infancia que tuve, tenía los ojos más tristes que he mirado y yo creía que esa tristeza obedecía a un tipo de nostalgia conocida en el campo, que da la inmensidad de la montaña, la fuerza del agua y el conocer el espíritu de los animales, hasta el día en que, en aquel colegio de monjas, pasado el mediodía y encerrada en el baño del colegio, entendí que la tristeza de mi amiga obedecía a una perversión aterradora de la cual nunca me percaté. Ahora son las 9:00 p.m, mamá duerme en la habitación del lado, escucho el murmullo de los grillos, veo la tinta de mi lapicero en la libreta y me atrevo a escribir aquel suceso vomitivo y aterrador de la vida de mi amiga, como un tipo de deuda, como un tipo de catarsis, como una manera de hacer justicia.

La cama de la infamia:

Tal vez mi padre tuvo razón Remedios, me dijo Eva en aquel baño, cuando al nacer las mujeres de la casa, el abuelo siempre se quejó nombrando los nacimientos como: “más comida para los perros”, verbigracia la del abuelo de mi amiga, que mucho abusó de sus hermosas nietas. Esto sucedió en esos días en que al quedarse viudo, era acompañado en las noches por las jovencitas, estas bellas chicas, las nietas que querían al abuelo y que fueron dispuestas por la madre para hacerle compañía al supuesto triste y acongojado anciano; sufrieron en carne propia las punzadas de un pene erecto que las atravesaba aún con la resistencia que con un miedo helado oponían las chicas, quienes usaban como escudo inútil las cobijas, apretándolas con toda la fuerza para no ser atrapadas, lo que implicaba ser raptadas.

El pánico se apoderó de cada una de ellas, quienes, por turnos, día por medio tenían que cumplir con la espeluznante labor de hacerle compañía al anciano y la pregunta que les surgía no cabía en sus mentes adolescentes respecto a ¿cómo un abuelo puede llegar a convertirse en el monstruo que socava y violenta la integridad de sus nietas? El miedo y el silencio al unísono hicieron de este suceso una secuencia de actos abusivos interminables noche tras noche, durante

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un año. Nunca nadie supo nada, aunque cada una de las tres chicas sabía de su propia fragilidad sometida al designio de la familia.

Amaneció y terminé de escribir sin poder conciliar el sueño, lamentando la profunda desesperación y la soledad por la que atravesó mi amiga. En aquella época ambas teníamos miedo, denunciar no era una palabra válida para ninguna. -Las cosas eran como eran- me dijo Eva esa tarde, la vida siguió pasando, el pacto secreto del silencio se perpetuó y la fatalidad que rodeaba aquel suceso congeló nuestra cercanía, haciéndonos más lejanas de allí en adelante en los años que quedaron de colegio. Yo fui a la ciudad, enviada por mamá para tener acceso a la universidad. La distancia física y emocional entre Eva y yo se hizo cada vez más larga y no supe nunca más nada de ella.

Son las 6:00 a.m. de una mañana soleada, mamá me pregunta por qué no dormí y entonces decido contarle aquel suceso salvaje y repugnante, hay un silencio hondo y largo entre las dos, la aromática que trae mamá en las manos tiene una frase que dice: “hay que perderse varias veces para encontrar el verdadero camino”, y yo pienso en mi amiga y su mirada perdida luego de la confesión en el baño, el silencio es un tipo de muerte y yo no puedo reparar lo que le pasó a ella y a sus hermanas, pero aquí está mi palabra que lo nombra, mi libreta que lo atestigua, para que sea testimonio de las atrocidades que se dan al interior de la institución llamada “familia”.

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Milagros, una habitación en el agua

Figura 11. Ana Arroyave, mi cuerpo-mi casa. (2021). Escultura

¡Es por arriba, máquina: saltá!

Leila Guerriero (2019)

En el borde: ¿de cuánta agua está constituido un cuerpo humano? Según internet, entre el 50% y el 65% del peso corporal es agua. Tengo una fascinación desbordada, gigante por el mar y el agua, me siento a salvo cuando me sumerjo, cuando nado; una brazada y se alejan los pensamientos confusos, segunda brazada ya no pienso, tercera brazada somos mi cuerpo y yo en un territorio no apto para vivir, pero sintiendo todo lo contrario; debí ser una ballena jorobada en otra vida -me digo- fuerte, protectora, imponente y sin miedo, estoy aquí dando brazadas contracorriente como en la vida real, imaginando lo que sería no tener este cuerpo de mujer, esta condición tan pesada - mucho más que el cuerpo de una ballena- El agua es mi lugar seguro acompañada de seres microscópicos, de organismos casi invisibles y otros no tanto, tan diferentes a mí, siento un respeto profundo y honesto por todo lo que en estas aguas está, no es mi casa, lo sé; pero dentro del agua me he sentido más en un hogar que en cualquier otro sitio.

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En el fondo: Milagros es suave, pequeña, ágil; a veces la imagino como una muñeca que me habita, entra en mí, se zambulle, primero llega por el río de mis venas y sube por mis piernas, luego se revuelca en el remolino de mi estómago donde pasan tormentas de emociones que trato de evadir. Con afecto y emoción llega a mi pecho, a la laguna eléctrica de mis sentimientos que se llama melancolía, se hospeda, es su lugar favorito en mi cuerpo, es una laguna peligrosa y bella, porque la melancolía es la alegría de estar tristes y Milagros lo sabe, después llega al laberinto de mis pensamientos, los toca, los estimula, los acaricia, pero no se queda mucho tiempo allí; a veces es un lugar a oscuras donde hay niebla y no le gustan los climas demasiado fríos por eso antes de irse enciende velas y hace fogatas para que los pensamientos estén a salvo.

En cambio esta que sí soy yo, la de carne y hueso, se siente pesada, ella que habla, piensa, imagina y se mueve de manera automática; creo que en realidad ella es la verdadera muñeca en una densa realidad terrestre de rutinas y quehaceres diarios, donde no nada, sino que camina por senderos puntiagudos y espinosos, no es fácil para esta mujer caminar, la vida se le hace tan compleja, no siente admiración ni respeto por estos otros animales que sí comparten la casa cotidiana de las preocupaciones, la producción y el consumo. En este plano terrestre ella entiende que es en cuanto compre, en cuanto aparente, en cuanto sea capaz de acallar a otros mediante el grito y la fuerza, esta Milagros automática no se conecta, va de manera mecánica intentando sobreponerse a un ecosistema contaminado y brusco, va casi muda, su palabra -piensa- es inútil ante un mundo sordo y por eso existe la Milagros ágil y suave, la microscópica que necesita un espacio que en el mundo exterior no encuentra, por eso está adentro. Nadando.

La Milagros automática, asiste a un club de lectura con la esperanza de encontrarle un sentido a la palabra “cuerpo” ese territorio del que escribe, piensa todo el tiempo, que le pesa, del que quisiera en ocasiones deshacerse, asiste también por un impulso de cuidado a su amiga que emprende sola esa travesía y a la cual no quiere dejar ahogar en la misma, en este lugar encontró

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que las mujeres que había allí se sentían igualmente asfixiadas, con variaciones de sí mismas en su interior intentando, así como ella, otorgarle un sentido a la palabra cuerpo femenino.

Para sobrevivir las crueles cotidianidades terrestres he aprendido puntos de fuga, momentos en los que sus manos son ágiles como en el agua, labores inútiles para el pragmatismo de esta devastadora época, ejercicios donde puede estar en silencio y a salvo, algunos de ellos son el collage, el dibujo y la pintura, en este club encuentra que sus manos pueden ayudarle a otras manos a desmenuzar, reconstruir y encontrar por vías exploradas o no, lo que significa ser mujer, comienza a hablar, a poner en palabras lo que piensa y siente de sí misma, de las escritoras que lee, se ríe, llora, encuentra un espacio donde la Milagros microscópica empieza también a sentirse a salvo, este lugar se parece mucho a la laguna llamada melancolía que está en su pecho, aquí también siente que bucea.

Milagros, la microscópica, lleva un vestido de baño verde, de una sola pieza, no le gustan los vestidos de baño “sexys” aquí no los necesita, aquí no importa ser sexy, aquí importa nadar libremente, incluso podría hacerlo desnuda, pero prefiere el vestido de baño verde que tiene plantas estampadas, porque es la imagen que la vincula con aquel plano terrestre, las hojas en su vestido de baño son el vínculo entre la Milagros microscópica y la Milagros terrestre.

En la superficie: El club de lectura terminó, ese lugar terrestre donde podía nadar sin sentirme asfixiada. Hoy rememoro aquellos días, aquellas mujeres, lo que escribí, lo que sentí, hoy también compré un labial violeta, quería uno Vinotinto, pero la vendedora solo tenía uno violeta, lo aplico frente al espejo, bordeo las curvas de mi boca y hago una especie de ¡plop¡ con mis labios, sonrío frente a la imagen que me devuelve el espejo, el vestido de baño verde espera en mi mochila, hoy iré a nadar y escucho que la Milagros microscópica dice, es decir; yo digo en voz alta: Asumiré mi voz. Asumiré mi cuerpo que es tan fuerte como el de una ballena y tan grande que es mi hogar a donde sea que vaya, porque resistir también es darle a la Milagros microscópica un lugar y una

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voz en un mundo donde no todos son sordos. En esta cotidianidad de tierra y agua también aprendo a nadar.

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5. Líneas emergentes: comprensiones y ensanchamientos

Fisuras intencionadas

Figura 12. María Calderón, las siemprevivas. (2022). Fotografía

A lo largo de este escrito se ha hecho referencia a la fisura como imagen poética, como posibilidad, como el agenciamiento y la posición de las mujeres frente a su palabra, al asumir su voz y sus relatos como narraciones necesarias del mundo porque también lo constituyen.

Existe también una diferencia importante entre la herida y la fisura como las metáforas gestantes de este proyecto, por su lado las heridas atienden a ciertos dolores, cicatrices, moretones en el cuerpo y la psique, tanto de las mujeres asistentes al club de lectura, como de las escritoras que se leyeron, mientras que la fisura es aquella grieta intencional que se le hace a la casa -que es

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el cuerpo- para que entre la luz y se develen aquellos abandonos, violencias; la fisura atiende a una forma de agrietar pactos epistémicos, silencios generacionales, miedos escalofriantes.

Así pues, el proceso de escritura de las metanarrativas, los relatos de las mujeres a partir del encuentro con la palabra de mujeres escritoras y lo que acontece en los mismos, es un fisurar la realidad que se tenía, es decir, hay ciertas concepciones, miramientos y posturas tanto en el discurso como en la práctica, pero en el encuentro y elaboración con estos textos y otras manifestaciones artísticas es donde estas realidades, autopercepciones y sentimientos se empiezan a transformar, a mutar, a decir otras cosas de sí mismas.

Vale la pena entonces recordar el texto Habitar de Florence Thomas, donde expone de manera muy bella la construcción de la casa de las mujeres como un espacio que está en elaboración:

No puedo todavía hablar de mi casa, porque, a pesar de lo paradójico que puede parecer, no tengo casa. Las mujeres todavía no tienen casa. SON casas, son lugares para los otros y las otras, envolturas para el otro, claustros para la vida, abrigos para los hijos, para las hijas, y esto las ha ocupado tanto que no han podido pensar su casa, ni mucho menos construirla. Y mientras tanto nunca habitan en ningún lugar. Solo son habitadas. Y todas las casas que han ocupado no fueron diseñadas ni pensadas para ellas. Han sido reinas de un reinado que nunca fue diseñado para ellas. Es que las casas reflejan la historia de los hombres, es decir de los varones. Las casas que a menudo se asocian con el universo interior, con lo doméstico y lo más privado, sin embargo, no pertenecen a las mujeres, no las significan.” (1998, p.95)

Así pues, hablar de las fisuras intencionadas a la casa, es también hacerse consciente de la demolición, reestructuración, construcción de una casa propia y de esa de antaño que no lo era, donde la fisura funge como aquella marca que existe para alertar sobre los invasores. Así que

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agrietar la casa se asume como una posibilidad para hacer aparecer otras maneras de relacionarse consigo misma.

A la luz de lo anterior, vale la pena resaltar algunos fragmentos de aquellos cuentos abordados en el club de lectura La siempreviva para ver reflejadas allí esas fisuras que generan las mujeres personaje-escritora-lectora, en los mismos. En estos dos cuentos de Marvel Moreno, son la madre y la abuela las reproductoras de toda una cadena de restricción, violencia, pudor y vergüenza hacia el cuerpo de las hijas y nietas, fundamentadas en la idea de salvaguardar la integridad, la virginidad, el buen juicio y la inocencia de estas, con el pretexto de la religión y con sus cristos y oraciones como banderas para lograr su cometido. Es bello y necesario ver aquellas resistencias y tensiones que oponen los personajes a estas prácticas y discursos.

En la “La peregrina” de Marvel Moreno (1990) encontramos:

“Ana Victoria se sentía en peligro, como si un oscuro animal venido del fondo del tiempo se preparara para arrancarle el alma.” (p.115)

“[…] la impresión de existir latiendo al ritmo del universo. Era otra, era única, era ella. Sentía que su propia identidad le había sido revelada de golpe, que su cuerpo tenía al fin una razón de ser” (p. 116)

“Ana Victoria le bastaba ver sus ojos cuando regresaba de la calle para saber que había estado esperándola con angustia y la vergüenza de tener como hija a una libertina ... La muerte de tío Luis pareció animarla. Fue entonces cuando sacó del olvido lanzas y reliquias y comenzó a invitar al palacio a su confesor y su parentela de mojigatas” (p.119)

En “Autocrítica” (1980) de la misma autora leemos:

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Sólo comprendí que de allí en adelante debía obedecerla porque ella se habría propuesto salvar mi inocencia (todavía no sé muy bien lo que eso significa), y luego, que una niña decente llevaba trenzado el pelo. Siempre he odiado la forma como me estira los cabellos al peinarme cada mañana: sobre todo los pelitos de la frente y los de la nuca que me los hala hasta sacarme lágrimas; después debo ahuecarme mechón por mechón, lo suficiente para que deje de dolerme, pero sin que ella se dé cuenta. (1980, p.64)

Ahora vivo rezando: en el colegio, antes de entrar y salir de cada clase, en casa, con mi abuela, sigo las letanías que pasa el radio al atardecer. Y si me despierto de noche y tengo mucho miedo, digo una avemaría conteniendo la respiración. Es horrible el miedo. (p.67)

De esta manera, se puede leer cómo la culpa, la vergüenza, el malestar hacia el placer, hacia el desenfado, incluso el cabello suelto, son herencias perpetuadas particularmente por mujeres. Ahora bien, es importante señalar que, si bien este trabajo busca reivindicar aquellas búsquedas, escrituras y posturas de las mujeres escritoras, no niega que, en muchos casos, han sido también las mujeres las reproductoras de todo un sistema de creencias, represión y violencia donde son ellas, sus descendientes, amigas o hermanas quienes padecen y cargan con el castigo y la culpa. En la escritura de Marvel Moreno está muy presente esta figura de la madre-abuela coercitiva, violenta, armada de crucifijos y oraciones para despojar de vitalidad y fuerza todo aquello que se presenta como reprochable o moralmente incorrecto.

Me doy cuenta de que quisiera hablar de la culpa en la escritura femenina, donde pareciera que en sus narraciones existe un destino fatal y es el cuerpo femenino, donde se les advierte que la escritura no es un asunto para señoritas, que lo que tienen para decir no es válido, ni importante. De allí que articular una voz y decir que ese cuerpo es asumido no como una herida, ni como una carga es levantar cadenas opresoras de distanciamiento con lo propio, es un posicionamiento político y estético para nombrar que puede dejar de doler, que hay otras alternativas y formas de vinculación con el cuerpo. Así pues, uno de los mecanismos de fuga que han encontrado las mujeres

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para dejar de lado aquel sentimiento tan cristiano, tan útil a la gran maquinaria de valores inquisitivos, ha sido la escritura. Escribir entonces para las mujeres es hacerle una fisura a la culpa.

En este sentido, vale la pena ahondar en las reflexiones de Arango (2022) cuando habla de la formación de mujeres en América Latina, dice:

La literatura escrita por mujeres que se hace bajo la conciencia de nuestra historia es subalterna y sostiene una conciencia en litigio, es decir, hace justicia (donde abunda la injusticia) rompe con pactos de silencio con el patriarcado y con el discurso homogeneizador de la identidad nacional. (p.123)

Así pues, comprender, como bien lo dice la maestra, que “a través de la literatura, las mujeres hicimos texto de nuestra experiencia” (p.123) y aquí se hace imperante no desconocer que cuando la mujer escritora habla en sus relatos de su cuerpo como un primer territorio de experiencias, como un testimonio de causas y luchas, no significa que es de lo único que habla, escribe o piensa, y es por el hecho de que pareciera que escribir y ser mujer fuese una afrenta al orden de las cosas, pero escribir sobre el cuerpo se hace trascendental porque es la primera condición, lo que la hace “lo otro” extraño ante los ojos desconcertantes del mundo que le ha negado históricamente su palabra.

Por su parte, la escritora Albalucía Ángel (2004) habla de la escritura de mujeres en América Latina como una tensión constante en la cual existe “un sistema de convenciones y representaciones que ha sometido a la mujer a silenciar la visión femenina del mundo, esta actitud la de (su) palabra se ha convertido en posición.” (p.69), es decir, que el acto de escribir y exponer su palabra es una posición política, estética que ha defendido, que sigue cultivando, atravesada por toda una herencia de mujeres escritoras que se leen y se escuchan entre ellas.

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Hace algunos unos días veía el libro de cuentos cosas peores de Margarita García Robayo en la biblioteca central de la Universidad de Antioquia Carlos Gaviria Díaz, y que aparezca pequeño, nuevo, sin historial de préstamo entre grandes nombres de la literatura colombiana (hombres en su mayoría) como Gabriel García Márquez se me hace una extraña casualidad, una sutil y poderosa victoria, Margarita ha ganado para el resto de escritoras un lugar de posibilidad y no solo por el azar de aparecer entre otros títulos de escritores, sino por la potencia de su voz, la brillantez y fuerza de su escritura reveladora e inteligente.

En este punto quisiera aclarar una particularidad y es que en la mayoría de las obras que abordamos en el club de lectura los relatos no hablan específicamente de la resistencia, la mayoría son dolorosos, tristes, fatales, pero el acto de escribirlos, contarlos, sublimarlos, poetizar la experiencia, es allí donde se fisura históricamente la realidad, es el acto de resistencia mayor que tiene una mujer, poblar su casa de palabras y sentidos propios para sí misma, en vez de hijos y muebles para un otro que no es ella. De tal manera que la potencia de la fisura y su acto máximo de resistencia es como afirma Farina (2005)

Producir sentido es también resistir. Es de algún modo resistir por activación y no por bloqueo. Proceder a la producción de referencias, que se comprometan con las nuevas composiciones de realidad, es producir sentido a partir de los estremecimientos sufridos en la propia experiencia individual y colectiva. (p.278)

Ese es el ejercicio de las mujeres escritoras, lectoras, el producir sentido a partir de aquellas afectaciones por la lectura y la escritura en el proceso. A manera de conclusión, rescatar las palabras de una de las participantes del club de lectura La siempreviva cuando en una entrevista le hago la siguiente pregunta: ¿de qué manera crees que las mujeres resisten? su respuesta fue: “¿sabes algo? resistir se parece mucho a eso que hacíamos en el club; leernos, acompañarnos, escribir, hacernos preguntas, salir conmovidas, tristes o eufóricas, la palabra nueva que llegaba cada sesión; creo que esa era nuestra forma de resistencia, y por supuesto que esas mujeres que leíamos de siglos pasados

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tuvieran la valentía de escribir” ¿Para qué entonces la fisura? Para romper con las imposiciones, para dejar entrar luz propia-es decir, la palabra propia- a la casa- que es el cuerpo- sin que duela, sin reproches.

Heridas que persisten

Figura 13. Beatriz González, Estudio para la guerra. (2019). Óleo sobre lienzo.

Llegada a este punto hablar de las heridas en los cuerpos, en los discursos, en las formas de violencia ejercidas en los mismos, es mucho más fácil porque es aún más evidente, pero no menos doloroso, como decía una de las asistentes al club antes de leer su relato de un hecho violento: “es que son tantos que no sé por dónde empezar”. Así las cosas, iniciaré nombrando aquellas heridas explícitas en las obras de las escritoras que leímos, para luego hablar del cuerpo-casa aún no conquistado, por las descuartizaciones físicas y simbólicas que atraviesa el cuerpo y la palabra femenina en el devenir histórico. En este apartado se hablará entonces de aquello que aún duele y no ha logrado cicatrizar, ni en la historia política y cultural del país, que también es la historia de las mujeres; ni en sus cuerpos.

Es importante resaltar que esta línea emergente surge a partir de lo develado en las metanarrativas, relatos de resistencia, pero también relatos donde el dolor, la violencia, el miedo

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insisten en permanecer inscritos en los cuerpos de las mujeres, en sus narraciones y en las maneras en que se descuartizan tajito a tajito sus cuerpos, o en las camas de la infancia que aún son testigos del dolor, la complicidad y la impunidad de los episodios de violencia y abuso.

Vale la pena rescatar lo que se expone en otras escrituras, de otras latitudes, acerca de la concepción del cuerpo de las mujeres- también como una casa- pero que no les pertenece a ellas, al respecto Helene de Cixous en La risa de la medusa. Ensayos sobre la escritura, escribe:

No ha podido habitar su “propia” casa, su propio cuerpo [...]No te muevas, pues corres el riesgo de caer. Sobre todo, no vayas al bosque. Y hemos interiorizado el horror a lo oscuro. No han tenido ojos para ellas mismas. No han ido a explorar su casa. Su sexo les asusta aún ahora. Les han colonizado el cuerpo del que no se atreven a gozar. La mujer tiene miedo y asco de la mujer. (1995, p.21)

Así pues, la relación entre literatura escrita por mujeres- cuerpo femenino es indisoluble porque es evidente, pero no solo en esto han centrado su atención, en la gran mayoría de las obras de la escritora colombiana Pilar Quintana, su interés se enfoca en aquellas complejidades, voces, temores, preocupaciones del universo femenino, vale la pena recordar algunos apartados de Los abismos para indagar aquellas precipitaciones al vacío de sí mismas de las que son rehenes los personajes de sus novelas:

“Los abismos” (2021)- Pilar Quintana.

Pensé en las mujeres muertas. Asomarse a un precipicio era mirar en sus ojos. En los de Gloria Inés, igual de altiva que una yegua y más tarde reventada contra el andén. Miré a mi mamá, que estaba inclinada como yo hacia el abismo. (p.153)

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“Entonces lo vi en sus ojos. El abismo dentro de ella, igual al de las mujeres muertas, al de Gloria Inés, una grieta sin fondo que nada podía llenar”. (p.194)

“[…]sujeté a mi mamá por la muñeca, fuerte, para que no pudiera irse, para saber si se levantaba y mantenerla conmigo en este lado de la casa” (p.195)

Luego está la escritora Piedad Bonnet con su poema, Asalto en el cual es irrebatible la crueldad y el desamparo al que es sometido el cuerpo de una mujer, que se intuye por las imágenes que ofrece el poema, donde se hace un recorrido entre la amargura, el atropello, el perdón y la palabra como ese artefacto de redención que tiene el personaje.

Asalto.

(A Teresa) Echaron sal sobre mis ojos.

Sólo lograron Que viera más allá de donde suele ver el inocente y el propio corazón acontecido.

Pisaron mis magnolias, escupieron el pan iluminado de mi día, y perdoné porque es amplia la luz y en ella cabe toda el agua que borra las heridas.

Como turbios ladrones asaltaron al alba el silencio inocente de mis habitaciones mancillando de barro las baldosas pulidas y despertando con su tropel a las recientes aves.

Miré por la ventana al mundo, ancho y ajeno como mi pecho inmenso de palabras.

(Bonnet, 2014, p.30)

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Por último, están las escritoras Helena Araújo y Clarice Lispector con dos mujeres, una que es sometida a vejaciones en un hospital psiquiátrico por resistirse a decir que está loca y desobedecer los mandatos familiares y otra que es quemada públicamente sin que pueda pronunciar una sola palabra al respecto, se tiene entonces, por un lado que está el artefacto de la palabra negada, en el caso de Nora donde es rebatida, acallada y en la pecadora quemada y los ángeles armoniosos, la de una palabra que no es escuchada en ningún momento, todos los personajes de la obra teatral (sacerdote, esposo, amante, pueblo…) tienen algo para decir con respecto a la mujer que está siendo juzgada, todos con la autoridad de poner su palabra como puñal, arrepentimiento, maldición; excepto aquella que están a punto de incendiar, siendo todos estos actos impecablemente agresivos que tienen lugar en el cuerpo de ambas.

“El tratamiento” (2009) - Helena Araújo.

“[...] un tropel de gente entra precipitándose, enfermeras y monjas y súbitamente el portero con un cordel en la mano, qué susto, esa gente abalanzándose sobre Nora, esa gente cogiéndola y amarrándola y trincándola aunque se debata y patalee y patalee ya están liándola y atándola, así proteste manoteando y chillando cuando entre todos la alzan y la transportan, y Nora oye su propia voz suplicando que la suelten porque no está loca, no, no está loca aunque toda esa gente la arrastre, la vaya arrastrando, la vaya forzando, la vaya cargando y se la vaya llevando en vilo mientras Nora protesta y chilla y suplica que ella por favor no está loca, no está loca, no, no, no está loca.” (p.26)

“La pecadora quemada y los ángeles armoniosos” (2016) - Clarice Lispector.

Pueblo: Que hable la que va a morir.

Sacerdote: Dejadla. Temo de esta mujer que es nuestra una palabra que sea suya. Pueblo: Que hable la que va a morir.

Amante: Dejadla. No veis que está tan sola.

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Pueblo: Que hable, que hable y que hable.

Ángeles invisibles: Que no hable…que no hable…ya casi no la necesitamos. Pueblo: Que hable, que hable y que etcétera.

Sacerdote: Tomad su muerte como palabra. (p.80)

De esta manera, se puede leer en todos los fragmentos de las obras que el despojo de la palabra es solo el inicio de una serie de ofensas y ultrajes hacia los personajes, siendo un último acto el asesinato del personaje o en lo que es peor, el deseo de auto exterminio por parte del mismo, como en Los abismos de pilar quintana, que es un tipo de radiografía de lo que sucede en la realidad en la psique y emocionalidad de las mujeres, aún más en el contexto de un país como el nuestro.

A la luz de lo anterior, se hace imperante resaltar aquellos escenarios de la realidad nacional donde el cuerpo femenino ha sido testimonio de todos los actos de crueldad y violencia imaginados, como aquella evidencia de que no es una fábula o una creación onírica de la realidad, al respecto Sol Astrid Giraldo Escobar en su texto cuerpo de mujer: modelo para armar expone que:

Las mujeres a quiénes no se les permitía hablar de política, de pronto se convirtieron en las protagonistas de un conflicto en el que no pidieron participar. En el centro de los campos devastados por la guerra estaba la casa y la mujer estaba en el centro de esa casa. Entonces, sufrieron por no poder detener la avalancha del desorden físico y simbólico que destruyó sus territorios privados. La casa, prótesis de su cuerpo protector, se resquebrajó. (2010, p.118)

Con lo anterior se expone aquel epicentro del que era sujeto la mujer en Colombia antes de estallar las innumerables guerras que han erosionado la realidad política del país en los últimos años, pero que se convierte en objeto de este, como lo demuestra el informe nacional de violencia sexual en el conflicto armado, La guerra inscrita en el cuerpo. Informe nacional de violencia sexual en el conflicto armado. En este documento se realiza una recopilación geográfica de los

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múltiples, diversos y escalofriantes sucesos de violencia en el país en el cual fueron objeto las mujeres.

En Colombia la relación de desigualdad e inequidad entre hombres y mujeres ha sustentado una relación de explotación, subordinación y apropiación de los cuerpos de las mujeres. Esta apropiación física y simbólica se evidencia en la materialidad de sus cuerpos y es el resultado de una relación de poder, donde los hombres poseen un privilegio legitimado socialmente y una posición de dominio que les permite controlar, ordenar y disponer los cuerpos de las mujeres, de los niños, de las niñas y de otros seres. La apropiación individual y colectiva del cuerpo de las mujeres implica una desposesión subjetiva, la pérdida de autonomía corporal y su reducción simbólica a la figura de objeto. (2017, p.71)

Resulta entonces aterradora y devastadora la historia del cuerpo- casa de las mujeres en la literatura escrita por mujeres, y en la historia nacional, tantas formas de la muerte a las cuales son supeditadas las subjetividades de las mujeres, expresadas en aquella frase de la metanarrativa de Remedios “más comida para los perros”, sin embargo la pregunta es ¿por qué es necesario hablar de las heridas que tenemos abiertas? porque allí se agencia la posibilidad de la movilización de solo ser víctimas o reproductoras pasivas o inconscientes de todo un sistema enfermo y agresivo con la existencia de esa subjetividad alterna, constituida como “lo otro” también porque es una apertura y una ruta para iniciar el proceso de la cicatrización de las mismas y el proceso de reparación y no repetición que se hace tan urgente y necesario en la realidad política de nuestro país.

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6. Epílogo

Figura 14. Ilaria Margutti, Recto/ Verso, (2014).

Mi cuerpo es una antorcha que alumbra los espantos que la razón construye en sus tinieblas. Hay que bajar al cuerpo, muy adentro, tocar el centro ardiente, abrirlo y propagar el gozo de la lava.

Chantall Maillard (2001)

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El techo del cuarto donde vivo está hecho de icopor, cubierto con varias capas de pintura y cemento; el tiempo ha hecho su labor implacable y ha dejado rastro en esta pared superior, está encima de mí, la observo, la recorro, buscando las palabras para cerrar este escrito. Hay varias grietas, pequeños huecos rizomáticos por donde a veces entran goteras o hálitos de luz de la terraza, una estructura tan rígida, tan concreta con sus capas de cemento y tiene grietas; son un montón, chiquitas, casi imperceptibles, pero miles si uno se detiene a mirar. Son como fisuras, así somos las mujeres en esta realidad nacional que insiste en negarnos, en hacernos invisibles, pero si nos detenemos a escuchar, a leer, somos muchas, más de las que quisieran, estamos aquí contando lo que ha pasado, en la infancia, en la juventud, en la adultez, y esa es nuestra resistencia, allí es donde crecen las siemprevivas.

Escribir este trabajo de grado para mí fue mirar aquellas fisuras en los cuerpos, en la literatura, en la pedagogía, en la subjetividad política, entender que somos muchas, imperceptibles al ojo desprevenido y hostil; esas hendiduras me permitieron ver aquellas heridas de las que está constituido el cuerpo de las mujeres, sus narraciones, sus testimonios, que son también reflejo de la historia política de un país que las ha negado, descuartizado, violentado e invisibilizado, un país que necesita escuchar y leer el relato de esas mujeres que lo habitan como una casa, pero que les es ajena, en la que no están seguras, ni respaldadas, ni cuidadas. Pienso que quizá la historia política de nuestro país se parece al cuerpo de una mujer, que se niega a morir; es una historia como mala hierba que resiste -como el amor- y que tiene que aprender de sus cicatrices, de lo que se ha hecho para no seguir haciendo heridas más profundas, irreparables.

Habría que decir también que la literatura escrita por mujeres y las implicaciones de la misma en el escenario formativo deben pensarse como un compromiso y un ejercicio por parte de maestros y maestras que abogan por otorgarle un lugar de reconocimiento a las voces femeninas y a su escritura, no solamente como un relato que constituye el mundo, sino como una necesidad y una apuesta política para la construcción de una sociedad justa, en la cual se dejen atrás aquellas

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diferencias entre opuestos como cuáles son mejores o peores voces; sino, reconocer en la literatura una posibilidad para comprender y desplegar aquellos significados velados de la condición humana para así leernos todos y todas allí.

De manera que, he llegado al final de este camino, de este viaje, que ha sido pura travesía, euforia, alegría, confrontación; me siento al igual que la viajera que retorna, revisa su mochila y comprueba con asombro y nostalgia que ya no es la misma, con la satisfacción del recorrido y de los descubrimientos; pero el viaje es rizomático, en espiral, y siempre se renueva con la decisión de cada mujer de emprender un trayecto al interior de sí misma.

En este cierre, es necesario hablar de la confirmación de la Biblioteca como un espacio narrativo y formativo por excelencia, en el que se pueden desplegar las subjetividades de las personas de manera tranquila. En ella se gestó la literatura escrita por mujeres como un acto estético y político, donde se impulsaron la lectura y la escritura como una apuesta para la autointerpretación y el desarrollo de espacios de co-creación; de igual manera, este despliegue de subjetividades y apuestas sembró en las mujeres participantes del proceso de investigación una mirada reflexiva, crítica y renovada de las implicaciones del acto de leer, escribir y ser mujer, al tiempo que aportó en la sublimación de sus experiencias a partir del reconocimiento de las diferentes escritoras como una labor inacabada y vital.

Así pues, de este camino emerge una maestra que se asume como tal, con una voz propia y con el deseo de compartir siempre una parte del mundo sensible con aquellas personas que deseen y atiendan el llamado de la literatura como una experiencia esencial y necesaria para la existencia y el desarrollo de la consciencia de sí. También queda una comprensión fundamental en mi devenir educadora y es asumir la formación como un ejercicio pleno, poderoso, emancipatorio cuando se concibe como un proceso conjunto, donde es la voluntad de comprender y el hacer colectivo lo que posibilita el descubrimiento de otros mundos posibles.

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Es por ello que, luego de este viaje soy una maestra con una postura que aboga por una formación literaria desde las afectaciones, para hacer estallar aquellos espejos mentirosamente complacientes, desde el encuentro con la obra literaria como un momento de goce y malestar, un viaje al interior de sí, de cual nunca -y que alegría-se regresa igual; para permitir que esta postura permanezca, se debe reafirmar la transgresión del canon literario para transformar ese régimen oficial, para dejar de verlo como una imposición y trasladarlo como una promesa de enseñanza, una invitación a la exploración, a fisurar aquellos esquemas impuestos en el encuentro formativo, donde emerge la pregunta por lo que hay del otro lado.

También de este proceso emerge un desafío para investigaciones posteriores, para la academia en general y para entes institucionales y estatales; y es que deben pensarse espacios formativos para públicos de mujeres diversos, multiculturales, es decir, que el acceso a la lectura de literatura escrita por mujeres se disponga no solo para mujeres que frecuentan las bibliotecas públicas, sino, también para mujeres afro, indígenas, madres solteras, mujeres víctimas del conflicto armado, adolescentes, mujeres mayores, con diferentes condiciones de acceso a nivel cultural, social y político. Y que esta participación diversa y abierta tenga lugar en diferentes contextos como escuelas, centros culturales, juntas de acción comunal, centros barriales, ya que se hace imperante que se conozca, trabaje y explore en la obra de diferentes narradoras, para que exista un proceso de autorreconocimiento y de exploración en sus relatos y no solo de autoras renombradas, sino también, aquellas memorias subalternas, escritoras negras, indígenas, que en este proyecto lastimosamente no se alcanzaron a abordar.

Con lo dicho anteriormente se busca tensionar y avivar, en posteriores investigaciones, preguntas como ¿Cuáles mujeres pueden llegar a tener acceso a la lectura de literatura escrita por mujeres? ¿Cómo hacer desaparecer aquellas barreras de acceso al mundo literario? Si bien es cierto que la literatura es política y el despliegue de subjetividades que deriva su encuentro en los sujetos es mutable y en movimiento, también es cierto que el encuentro con la misma está determinado en muchas ocasiones por muros de tipo social, cultural, económico; es menester entonces de las

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instituciones públicas y privadas, espacios formativos y profesionales ocuparse de condiciones óptimas de acceso, apropiación y disposición de espacios y material literario, creación de grupos y escenarios de discusión donde se asuma la apuesta literaria como un eje fundamental y necesario.

Vale la pena poner especial atención en aquellos discursos actuales en los ámbitos político, cultural y social con respecto a la lectura y escritura de las mujeres, detenerse en sus argumentos y premisas, para no permitir que se transforme el acontecimiento del reconocimiento de las voces de brillantes escritoras en un asunto de novedad editorial o escena mediática que se olvidará prontamente, sino como una oportunidad histórica en la que han tenido lugar las luchas y resistencias de diferentes mujeres de todo el mundo por tener un “lugar” en la mesa.

Dentro de los aportes a los que aspira esta investigación en el mundo de la academia está el de generar una provocación para futuros maestros y maestras, alrededor de preguntas por el lugar que ocupan las mujeres en diferentes ámbitos académicos, literarios, formativos, comunitarios y por el modo en que la educación, con la belleza de la interrogación como bandera, dispone los escenarios y las posibilidades para que se puedan generar resistencias y fisuras a discursos invisibilizadores del quehacer de las mismas.

Concluyo pues, este camino, invitando a todas y todos los que se sientan convocados por este texto a explorar, sumergirse y dejarse afectar por el lente creativo y bello que otorga la lectura de la obra de mujeres escritoras -no solamente colombianas- para que se permitan las afectaciones estéticas, eso que pasa en el borde, en el otro lado de las cosas, como un lugar de posibilidad en la experiencia que es vivir a través de la literatura.

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Cita: Calderón Castaño, María Camila (2023), Entre la herida y la fisura : la literatura escrita por mujeres como posibilidad de resistencia, Universidad de Antioquia, p. N. https://hdl.handle.net/10495/36328